Entrevista

Tras una larga investigación, el historiador Rodolfo González Lebrero recreó los primeros 60 años de Buenos Aires. Ante La Justa, reveló detalles de la vida cotidiana en aquella pequeña aldea. Pág. 8

Derivados
Un documental hecho por la Defensoría del Pueblo relata las vicisitudes de miles de chicos que no encuentran vacantes en las escuelas de sus barrios y deben concurrir a establecimientos alejados de sus casas. Pág. 5

Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires

| NÚMERO 12 | MARZO - ABRIL 2009

EL DATO
Hace más de 770 días -el 3 de mayo de 2007 –la legislatura porteña sancionó la Ley de Prevención y Asistencia del Consumo de Sustancias Psicoactivas y de otras Prácticas de Riesgo Adictivo. Como ni el anterior Jefe de Gobierno ni el actual parecen haber tenido tiempo para reglamentarla, la norma no se aplica. Mientras los adictos se multiplican, la Ciudad sólo cuenta con tres centros para atenderlos y sólo uno de ellos, se dedica a emergencias. El paco y demás sustancias adictivas agradecen la demora.

Mujeres maltratadas

UNA TORTURA COTIDIANA
El feminicidio y el castigo físico a las mujeres, son expresiones brutales de una realidad de la que cotidianamente da cuenta la crónica policial. Pero todos los días en la Ciudad de Buenos Aires -dentro del propio hogar, en fábricas, talleres y oficinas o en la misma calle- miles de mujeres sufren otras formas menos visibles del maltrato: abuso verbal, humillación, acoso, discriminación. Una arraigada cultura machista que se sirve de la violencia para disciplinarlas, considera a la mujer un objeto de placer y pretende reducirla al rol de esclava doméstica. En los últimos tiempos se han registrado avances legislativos que no pueden ser subestimados y crecientes sectores sociales comenzaron a tomar conciencia de esta problemática, pero es mucho lo que resta hacer en materia de políticas públicas para ofrecerles a las víctimas asistencia integral y adecuada contención. Págs. 2 / 3

Gastón Recondo
Nacido en Villa Luro, se considera hijo adoptivo de Flores. Añora La Copla, un café donde los mozos envejecían con la bandeja en la mano.
Pág. 6

Balance
La Defensoría del Pueblo cada vez más activa. Así lo demuestra la rendición de cuentas sobre lo actuado por el organismo durante 2008.
Pág. 4

Rescate
Un añoso texto de la gran María Elena Walsh que recobra actualidad cada vez que retorna la polémica sobre a la pena de muerte.
Pág. 6

nota de tapa
EDITORIAL Violencia contra la mujer

LAS MARCAS INVISIBLES
LA DEFENSORÍA QUE VIENE
Por la Dra. Alicia Pierini (*)

La desigual distribución del poder y las relaciones asimétricas que se establecen entre varones y mujeres en las sociedades patriarcales promueven la desvalorización de lo femenino y su compulsiva subordinación a las reglas fijadas por la masculinidad. Así, se naturaliza la violencia doméstica en todas sus formas (física, emocional, sexual, económica) y las víctimas no encuentran protección ni contención. El Ministerio de Desarrollo Social porteño estima que uno de cada cuatro hogares de la Ciudad padece este flagelo, lo cual demanda la urgente adopción de políticas públicas para garantizar la asistencia integral y la protección física de las víctimas.
Ilustración: Agustín Cafferata Espina Sola ante el riesgo

E

l pasado 12 de febrero, la Legislatura porteña resolvió ratificarme como Defensora del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires por un nuevo período de 5 años. Esa decisión es un voto de confianza y, a la vez, un desafío: la nueva gestión no deberá ser más de lo mismo; porque cuando todo cambia, quien no lo hace retrocede. Por eso, en la etapa que se inicia asumiremos un doble compromiso: por un lado, consolidar todo lo que hizo de la Defensoría una institución confiable; por otro, renovar las herramientas y procederes utilizados para garantizar los derechos de los vecinos y ofrecerles las respuestas más adecuadas a sus problemas. Trabajar en equipo con personal que posee diversas formaciones profesionales e ideológicas no es fácil. Sin embargo, es posible cuando todos comparten la misma brújula -la vigencia de los derechos humanos- y caminan en una misma dirección. Por cierto, habrá diferencias en el lenguaje, en la elección de herramientas o de la oportunidad; pero el interés general y la vigencia constitucional amalgama a los casi doscientos profesionales y a los equipos de apoyo que dedican su tiempo a estudiar, diagnósticar y proponer solución a los conflictos que afectan a nuestra vecindad. Según la Constitución, el organismo unipersonal que es la Defensoría del Pueblo constituye, en lo real, un colectivo humano con vocación y energía intelectual al servicio de la sociedad. Si así pudo construirse hasta ahora, los años venideros obligan a consolidar este logro para abarcar más temas, profundizar su estudio y atender y servir a la sociedad en cada ocasión y lugar. La cuestión metropolitana será insoslayable. La Ciudad no es una isla; forma parte de un conglomerado urbano en cuyos variados escenarios -entre otros, espacios públicos, transportes, escuelas hospitales- su gente se entremezcla a diario y comparte problemas comunes que -como ocurre con la contaminación, la pobreza o la inseguridad- no respetan fronteras. Por ello, en los próximos años, la Defensoría deberá incorporar en sus diagnósticos tanto el contexto metropolitano como el sistema federal y, al abordar temas económicos, ecológicos o los vinculados con el delito organizado o la comunicación digital, no podrá soslayar el contexto mundial. A diario, llegan a nosotros problemas ligados con salud, educación, vivienda, trabajo digno, programas sociales y uso del espacio público; reclamos de consumidores y de, usuarios o de de ciudadanos disconformes con la administración del Estado, el tránsito, la seguridad alimentaria o preocupados por el delito, la contaminación, los derechos de los sectores vulnerables, la discriminación étnica, sexual o ideológica, las adicciones, la inseguridad vial, y decenas de otros temas. Las 106.978 consultas atendidas en 2008 y las 23.201 resoluciones firmadas en el último lustro dejan claro que la Defensoría del Pueblo es una institución dinámica, polifacética e idónea a la que buena parte de los vecinos recurren para asesorarse, asentar sus reclamos o encauzar sus conflictos. En síntesis, venimos de recorrer cinco años con aciertos y errores. Para los próximos nos proponemos consolidar los primeros, corregir los segundos y avanzar con la misma brújula a través de caminos que ensanchen y mejoren los ya transitados. ¡Que así sea!
(*) Defensora del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires

C

on alarmante frecuencia, la crónica policial informa del asesinato de mujeres cometidos por sus esposos, novios, amantes o convivientes y son miles las que cotidianamente acuden en busca de ayuda tras haber sido víctimas de alevosas golpizas. Empero esa es sólo la punta del iceberg de la violencia contra la mujer, porque son legión las que soportan el abuso verbal y psicológico, la descalificación, el chantaje emocional, el aislamiento, las amenazas, el acoso o las agresiones sexuales.

Precisamente, la invisibilidad social de esas vejaciones que no dejan marcas en el cuerpo hizo que, en la vida diaria, la violencia de género se ligara automáticamente al maltrato físico y se omitiera considerar como tal a otras prácticas tanto o más comunes, fruto de un sistema cultural patriarcal que afecta a uno de cada cuatro hogares, en el cual la mujer ocupa un lugar subordinado y -por tanto- debe cumplir los mandatos sociales a los que supuestamente está obligada, so pena de que se le apliquen correcciones punitivas, vistas como normales y hasta necesarias para disciplinarla. Enfrentar este infierno cotidiano supone que la víctima supere numerosos obstáculos: desde su dependencia económica del agresor que genera una asimetría de poder, hasta sus impedimentos para librarse de los sentimientos de culpa, fundados en la dificultad psicológica para reconocer el maltrato y en la ilusión de que el violento puede cambiar de actitud. Por tales motivos, excepcionalmente logran constituirse en demandantes activas, lo que generalmente ocurre en circunstancias de alto riesgo. Asimismo, no siempre encuentran escucha y ayuda en las dependencias públicas que deberían asistirlas. En efecto, tanto la falta de capacitación y formación del personal policial y judicial para brindar una adecuada atención, como la de quienes trabajan en los servicios de salud para identificar los casos, son elementos que contribuyen a potenciar el problema. En la Ciudad de Buenos Aires, rige la ley 1.265, cuya reglamentación regula los centros de información y asesoramiento que deben integrar los organismos públicos afectados a la problemática planteada, incluyendo a los hospitales de la Ciudad y los Distritos Escolares, y determina que no se requiera la presencia de un letrado para formular las denuncias, aunque se garantiza la asistencia jurídica gratuita a quienes la necesiten. Sin embargo, esta norma no se aplica porque siguen sin crearse los los Tribunales de Vecindad con competencia en la materia. También en el orden local, se sancionó en 2005 la ley 1688, cuyo objetivo principal es la prevención de la violencia familiar y doméstica, y la definición de acciones para la asistencia integral de sus víctimas, sean estas mujeres, varones, niñas, niños, adolescentes, adultos mayores o personas con necesidades especiales. La asistencia integral prevé tanto la existencia de centros de atención médica, psicológica, jurídica y social inmediata -es decir, la que se brinda durante las primeras 24 horas de la presentación- como de centros dedicados al seguimiento y recuperación de los afectados. No obstante, a más de tres años de la sanción de la ley que los instituyera, ningún hospital de la Ciudad cuenta con un Centro de Asistencia Inmediata (CAI) y ni siquiera se los

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Publicación. Mariela Rosen analiza la demanda de la población del conurbano sobre el sistema sanitario porteño en Los caminos de la salud en el Área Metropolitana de Buenos Aires II. Análisis motivacional, nueva entrega de la colección Políticas Públicas y Derechos.

Semaforos. Ante su falta en las cercanías de varias escuelas, la Defensoría envió al Jefe de Gabinete del Ejecutivo local una lista de 158 establecimientos que los reclaman e instó a que las autoridades adopten las medidas pertinentes.

Consigna & compañía

menciona en la programación presupuestaria del Ministerio de Salud. Sí existen comités, equipos y/o unidades que voluntariamente se dedican a la violencia familiar; aunque en ningún caso alcanzan a satisfacer los requisitos legales. En cuanto a la asistencia social, la norma señala que, cuando sea necesario, se facilitará el acceso de la víctima a albergues y a los beneficios de los programas de empleo y vivienda existentes, para los cuales gozarán de preferencia. También se dispone crear un Registro de Víctimas de Violencia Familiar que concentre toda la información necesaria para diseñar y ejecutar políticas públicas sobre el tema, y se establece que todos los hospitales públicos porteños cuenten con profesionales especializados en la problemática. La mayoría de los servicios porteños de asistencia a las víctimas está en la órbita de la Dirección General de la Mujer (DGM), que enfrenta una notable carencia de recursos. El organismo cuenta con una línea telefónica habilitada durante las 24 horas para contener y asesorar que recibe 11 mil llamadas anuales, una Casa Refugio de régimen cerrado con capacidad para 40 plazas que alberga a mujeres y niños en situación de alto riesgo, una Casa Medio Camino y una unidad convivencial, para facilitar la reinserción a través de talleres y cursos. De la DGM dependen, además, siete centros integrales que ofrecen contención interdisciplinaria y cuentan con atención psicológica especializada, asesoramiento gratuito y asistencia social. Muchas fueron las mujeres que recurrieron a la Defensoría del Pueblo para plantear sus necesidades derivadas de la violencia padecida. La mayoría, en situación de pobreza o indigencia y con necesidades alimentarias, fruto de los obstáculos que encontraron para acceder al programa Ciudadanía Porteña. Con Todo Derecho. Otras exponían su necesidad de una vivienda que las librara de compartir el techo con el agresor. Por ello, la Defensoría se propuso analizar el comportamiento de quienes se desempeñan en distintos organismos del Ejecutivo local y evaluar su capacidad para detectar la violencia, derivar a las víctimas y asignarles prioridad en lo referido a servicios sociales, patrocinio jurídico y protección física. Con ese propósito se requirió a los responsables de los programas del Ministerio de Desarrollo Social y del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) que informaran sobre los mecanismos que aplican para detectar situaciones de violencia doméstica y sobre la cantidad de solicitudes efectuadas por mujeres que la padecen. Cinco de los ocho funcionarios consultados dijeron que sus dependencias no identificaron casos de violencia doméstica. La mayoría reconoció carecer de registros o no remitió información sobre ellos a la Defensoría.

Otro indicador que evidencia el déficit en la detección y asesoramiento es la respuesta que dio la Procuración General de la Ciudad cuando la Defensoría del Pueblo le preguntó cuántas solicitudes elevaron los funcionarios públicos para que ese organismo patrocinara gratuitamente a las víctimas de violencia doméstica. La contestación fue tan breve como elocuente: no se registraron solicitudes de ese tipo por parte de agentes públicos. Más llamativo aún es que algunos programas hayan denegado injustificadamente el beneficio correspondiente aunque existiese un planteo explícito de la situación de violencia. Esto significa que las falencias van más allá de la falta de detección y, en algunos casos, llegan a constituirse en una práctica discriminatoria que afecta particularmente a las mujeres que habitan villas de emergencia, inquilinatos o asentamientos. Frente a este cuadro, la Defensoría emitió la resolución 4.102/07 en la que le recomendaba al entonces Ministro de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad que dispusiese los medios para que todos los servicios sociales en forma transversal estén al servicio de la detección, atención y seguimiento de situaciones de violencia familiar y para capacitar al personal de todos los programas sociales con el fin de atender a las víctimas de violencia de género así como también de garantizarles el acceso integral a la información que el caso amerite. A la fecha no se ha recibido respuesta alguna. En el caso del IVC, la ley 341 que crea el programa de créditos hipotecarios dispone que entre los hogares a los que se dará prioridad para acceder a los beneficios dispuestos por la norma se encuentran aquellos en los que se comprueben situaciones de violencia familiar que pusieren en riesgo la integridad de alguno de los componentes. No obstante, no se cuenta con un registro que permita identificar las solicitudes de créditos de mujeres víctimas de violencia doméstica. Según consta en las actuaciones de la Defensoría, se verificaron casos absurdos como la adjudicación de una misma vivienda en la que el denunciado viviría en la planta baja y la denunciante en la planta alta. Merced a la intervención del organismo que encabeza la doctora Alicia Pierini, se logró revertir esta decisión que colocaba a la víctima en una situación de vulnerabilidad absoluta. De lo expuesto, surge que es imperioso impulsar políticas públicas efectivas que garanticen la detección, el patrocinio legal, la asistencia psicológica y la protección física de la víctima, además de promover efectivamente su independencia social y económica por medio de la asignación de recursos que permitan proveerle vivienda y servicios sociales que eliminen el vínculo de dependencia que la une a su agresor.
Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires | 3

balance 2008
Un año de labor

INTENSO TRABAJO DE LA DEFENSORÍA
Colectivos que demoran y apilan pasajeros mientras evacuan humo negro. Servicios domiciliarios cortados o mal facturados. Escuelas privadas que niegan vacantes y escuelas públicas carentes de ellas. Hospitales que dan turno para dentro de 63 días. Publicidades engañosas y letras chicas que arrasan con la buena fe. Cotidianidades, al fin, que desdicen los mandatos legales, atentan contra la calidad de vida, generan malhumor social y hasta conductas violentas que tornan a la ciudad en una jungla de cemento.

P

ara aminorar los riesgos de esa peligrosa aventura que es vivir en las ciudades se requiere que el Estado garantice los derechos de los vecinos y que una aceitada red de servicios satisfaga las necesidades individuales y colectivas.

Sin embargo, hay ocasiones en que los funcionarios incumplen con sus obligaciones y las empresas de servicio están más atentas al lucro que a su función social. Ante estas indeseables eventualidades, la Constitución porteña dispuso que los vecinos contasen con un organismo encargado de defender, proteger y promocionar los derechos humanos y demás derechos e intereses individuales, colectivos y difusos tutelados en la Constitución Nacional, las leyes y esta Constitución, frente a los actos, hechos u omisiones de la administración o de prestadores de servicios públicos, como así también de los cometidos por fuerzas que ejerzan funciones de policía de seguridad local. Cumpliendo este mandato, la primera legislatura porteña sancionó en 1998 la Ley Nº 3 que creó la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y fijó sus atribuciones. El tiempo hizo que los porteños se familiarizasen con esta institución a la que acuden con frecuencia creciente en busca de orientación o solución para sus problemas. Así lo demuestran las cifras: mientras en 2004 la Defensoría atendió 48.936 consultas, en 2008 recibió 106.978. Vale decir que en el último lustro, los recurrentes se incrementaron en un 118 %.

Ante cada reclamo, la Defensoría evalúa si cuenta con fundamentos suficientes, si no se trata de un asunto juzgado y si quien lo formula no peca de mala fe; ya que la Ley 3 impide dar curso a las denuncias que incurran en estos vicios. Si la queja apunta a personas u organismos ajenos a su órbita de control, la Defensoría la deriva a la autoridad competente. Y si expresa un conflicto que no implica violación de derechos, asesora al consultante sobre posibles mecanismos de resolución. Fuera de estas alternativas, se da curso a la queja y se inicia una actuación para verificarla y recolectar pruebas que la sustenten. Muestra de la vitalidad del organismo son las 7.751 actuaciones iniciadas en 2008. Más de la mitad abordaron temas de salud, jubilaciones y pensiones; emergencias sociales; vivienda, PAMI; espacios verdes y arbolado, y comunicaciones. El resto se distribuyó entre otros 23 rubros encabezados por el de Educación que originó 342 actuaciones. Si la actuación evidencia la efectiva violación de algún derecho, la Defensoría emite una Resolución que eleva al responsable del área en la que ésta se produjo para que tome conocimiento, recordarle sus deberes, hacerle recomendaciones para que cese el perjuicio o proponerle medidas a adoptar. En 2008, la Defensora del Pueblo firmó 5.171 resoluciones. Si bien éstas no son vinculantes, quien las recibe debe resolver el problema que las originó o informar las razones que le impiden hacerlo. Si así no procede, la Defensoría puede hacer conocer los antecedentes del asunto y las recomendaciones propuestas al ministro o secretario del área, o a la máxima autoridad de la entidad involucrada. En caso de que estas instancias superiores no respondan adecuadamente, la Defensora del Pueblo debe informar a la Legislatura para que ésta obre en consecuencia. Mediante estos procederes, se solucionan muchos de los problemas que afectan a los vecinos. A veces, porque los responsables revisan sus actitudes; otras porque los organismos correspondientes sancionan a quienes incumplen con sus obligaciones. Como botón de muestra, digamos que a instancias de la Defensoría, el Ente Regulador de Servicios Públicos de la Ciudad multó en 500 mil pesos a la empresa concesionaria del subte porteño que hasta entonces se negaba a reintegrar el dinero del pasaje cuando interrumpía sus servicios.

Mire, tengo un problema…
Así suelen comenzar sus planteos quienes acuden a la Defensoría. Durante 2008, el grueso de esos problemas se vinculó con jubilaciones y pensiones (31 %); emergencias sociales (16%); vivienda (10 %); PAMI (5%); salud (4%) y disputas entre particulares (3%). En los últimos 5 años, la Defensoría del Pueblo presentó en la Legislatura más de 70 proyectos de ley, muchos de los cuales son hoy parte del marco normativo de la ciudad. Entre ellas, se destacan: LEY 1850: Regula la prestación del servicio de ambulancias LEY 1820: Prohíbe utilizar asbesto en industrias l LEY 2089: crea el Fondo Solidario Permanente para abuelos/as, padres y madres de desaparecidos l LEY 1696: Elimina restricciones a docentes extranjeros para ejercer su profesión l LEY 2202: Asegura el ejercicio del derecho a la identidad mediante el acceso a registros hospitalarios y civiles. l LEY 2681: Obliga a las escuelas de gestión privada a fundamentar su negativa a inscribir alumnos/as.
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No todo es control
Además de controlar, la Defensoría tiene otras atribuciones como la de proponer proyectos de ley para la Ciudad (Ver recuadro) o desarrollar iniciativas tendientes a garantizar los derechos de los vecinos. En tal sentido, en noviembre pasado, firmó un convenio con la Universidad de Buenos Aires tendiente, entre otras cosas, a desarrollar e implementar programas que mejoren la protección y defensa de los derechos humanos, individuales y sociales de los porteños; un recurso más para hacer de la jungla de cemento una ciudad vivible.

Además, una propuesta de Ley Marco de Seguridad Pública presentada por la Defensoría fue incluida por los legisladores en la recientemente aprobada Ley de Seguridad Metropolitana.
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postales
Un documental que da bronca

LA MALA EDUCACIÓN
Derivados es el nombre que el sistema educativo porteño da a los niños que -a falta de vacantes en las escuelas de sus barrios- concurren a establecimientos alejados de su lugar de pertenencia. Derivados es, también, el título del documental institucional en el que la Defensoría del Pueblo relata las historias de esos chicos y analiza el deterioro del vínculo de sus familias con la escuela y las negativas secuelas pedagógicas de un mecanismo adoptado por las autoridades desde 2001 para disimular la falta de escuelas en el sur de la ciudad.

¿Qué va a ser de tí lejos de casa?

VOCES DE FAMILIA
Jimena Velo: Mi hijo e va a la Escuela Nº 4 del DE 11 desde hace 7 años, cuando comenzó el Jardín. Cuando viaja solo le es difícil. Antes, cuando yo lo acompañaba, lo cuidaba, le llevaba la mochila y hacía que no lo empujaran. Pero ahora él siente que la gente lo empuja… Rogelio Hurtado: El traslado es la mayor dificultad. Tenemos que caminar media hora, 45 minutos. Si tomamos el colectivo, tenemos que esperarlo porque tarda y los hijos tienen que ir colgados. Hace varios años que pedimos el transporte escolar para los chicos pero lamentablemente nos cierran las puertas. Dicen que no hay presupuesto o que es una zona muy peligrosa a la que no pueden entrar los micros. Luisa Quiroz: En el barrio sólo hay escuelas de media jornada y no dan tiempo para que una pueda ir a hacer una changa. El viaje y todo eso no da para que puedas volver a buscarlo. Por eso tuve que buscar una escuela de jornada completa aunque me quede lejos. Eugenia Zelaya: Soy celadora de un micro. Hago un recorrido que sale desde Bonorino hasta la Escuela 21 del 7º y lleva chicos que tuvieron el mismo problema que los míos. Tengo que asegurar que los chicos lleguen bien a la escuela, que lleguen acompañados, que no se sientan solos y hacer de nexo con la familia de los nenes porque al estar tan alejados, los padres casi no van a la escuela.

Y

oni es un pibito de 8 años. En su barrio, las escuelas no abundan y las pocas que hay no tienen vacantes; por eso, lo derivaron a otra ubicada a 40 cuadras de su casa. Como el transporte escolar gratuito no pasa por allí, toma un colectivo impuntual donde acomoda su pequeña humanidad y su inmensa mochila entre una multitud adulta y poco amigable. Con suerte, llega a la escuela cuando suena la campana y aún quedan en la puerta madres que comentan las dificultades de los chicos para hacer la tarea que les dio la seño. Entre esas mamás, nunca está la suya porque a esa hora lleva a sus hermanitos a un Jardín que queda en otra parte de la ciudad.

Yoni es uno de los miles de chicos derivados sobre los que el Área de Derechos a la Educación, Cultura, Infancia y Juventud de la Defensoría puso el ojo para documentar en un video las penurias de estos niños escolarizados lejos casa y para quienes la interacción familia-escuela y el derecho a elegir dónde educarse es una ficción. El trabajo reúne testimonios de padres y docentes, de la recientemente fallecida pedagoga Berta Braslavsky y de Gustavo Lesbegueris, ex Defensor Adjunto y actual titular del Área de Derecho a la Educación del organismo. Falta, tal vez, la voz de los yonis; pero están sus miradas y sus gestos que lo dicen todo. En general, los derivados viven en barriadas aledañas al Riachuelo y su presencia en escuelas alejadas de sus casas comenzó a notarse hace algo más de una década. Poco después, el Censo Nacional de 2001 confirmó lo que hasta entonces suponían los maestros: mientras la ciudad había perdido al 6,4% de sus vecinos en sólo diez años, zonas como el Bajo de Flores, Pompeya, Soldati, Lugano y Villa Riachuelo -todas insertas en los distritos 19º y 21º- habían incrementado su población en un 4%. Con el crecimiento demográfico del sur porteño, se incrementó la demanda escolar en todos los niveles; pero la oferta permaneció casi estable. Al respecto, Lesbegueris destaca la desigual oferta educativa de la ciudad. Núñez y Belgrano -dice- pertenecen al DE 10º que cuenta con 6.200 alumnos distribuidos en 17 escuelas de Jornada Completa y 6 de Jornada Simple; en promedio, cada sección de grado tiene 19 alumnos. En Lugano -en cambio- el DE 21 tiene 9.600 alumnos en sus sólo 5 escuelas de Jornada Completa y 9 de Jornada Simple; en ellas, las aulas albergan en promedio 30 pibes, y algunas hasta a 40. Ni la sobrepoblación ni el hacinamiento logran absorber la creciente demanda del sur. Aunque la solución de fondo pase por construir allí nuevas escuelas, los sucesivos gobiernos optaron por una salida menos onerosa: crear miles de yonis que, más temprano que tarde, le reclamarán a la sociedad por las responsabilidades incumplidas.

PALABRA DOCENTE
Berta Braslavsky (pedagoga, miembro de la Academia Nacional de Educación): La escuela tiene que relacionarse con la vida cotidiana de su zona y los padres deben tener fácil acceso a ella; sino, pierda el sentido de institución vinculada a su medio. Francisco Cabrera (ex supervisor y Ciudadano Ilustre): Es muy importante que la escuela esté inserta en el barrio y forme parte de él. Siempre me opuse a que sacaran a los chicos de los lugares donde se sienten seguros. Marta Trídico (ex supervisora del DE 11º): Preocupa la falta de una política que se pregunte cuántas escuelas de nivel inicial necesitamos, cuántas de nivel primario, cuántas de nivel medio. Lamentablemente, no conozco que en el sur haya una escuela en construcción.

Ficha técnica
Título: Derivados. Investigación y trabajo de campo: Yamila Sansoulet, Mariela Otero y Gustavo Pane. Realización: Ana Caride Burgos. Cámara y sonido: Paola Mastrángelo. Edición: Daniel Gómez. Post Producción de Sonido: Juan Mac Lean y Mario Salvado. Música: Nacho y Los Caracoles.
Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires | 5

rescate

nacido y criado

LA PENA DE MUERTE
No es nuevo. Cada vez que un hecho de violencia criminal conmueve a la sociedad, se oyen voces destempladas que reclaman la pena de muerte para sus autores. En ocasiones, salen de gargantas dolidas por la angustia; en otras, de las de meros oportunistas. Hoy que el tema se ha reinstalado mediáticamente, La Justa dedica su habitual espacio de Porteñísimas al rescate de un texto medular que replica a los impulsores de la pena capital. Su autora es nada menos que María Elena Walsh y fue publicado originalmente por el diario Clarín en su edición del 12 de septiembre de 1991.

F

ui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.

Recondo

Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado. Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco. Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial. Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia. Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante. Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre. Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios. Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales. Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente. Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien. Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos. Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común. A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.

DE FLORES, POR ADOPCIÓN
Escribe Gastón Recondo(*)

A

unque nací en Villa Luro, me siento más cerca de Flores; porque allí viví desde los 8 hasta los 27 años. De mi primer barrio recuerdo con cariño un club de baby fútbol que estaba a la vuelta de mi casa y una plaza a la que yo llamaba la de las siete cuadras, porque esa era la distancia que la separaba de mi casa. También quedaron grabadas en mi memoria la desaparecida empanadería La Soguita y el almacén de Carlitos. Salvo sexto grado, el primario y el secundario los hice en el Ecleston School que estaba en Carabobo y Rivadavia; pero a la mayoría de mis amigos me los hice en la Parroquia de Lourdes. Aún hoy, me sigo encontrando con ellos. En el Ecleston la pasé bien, excepto en 1982, porque -como el colegio tenía nombre inglés- cuando estalló la Guerra de Malvinas, se recibían amenazas todos los días. Los maestros y los profesores nos cargaban a los chicos en un micro y nos llevaban al Parque Avellaneda. Yo no era de los que esperaba que llegara diciembre para que terminaran las clases. No me gustaba faltar y tuve asistencia perfecta en cuatro de los siete años del primario. Eso no significa que haya sido el mejor alumno, algo de lo que ni siquiera estuve cerca; pero disfrutaba el estar con mis compañeros con los que jugaba a la pelota en la calle después de clase. Claro que como asistíamos a doble turno no nos quedaba mucho tiempo libre. Los domingos iba a la cancha a ver a River.

www.defensoria.org.ar

En Flores, la heladería Venecia de Beltrán y Rivadavia hacía el helado de dulce de leche más rico que comí en mi vida. Pero si existe un lugar al que aún hoy sigo añorando es el café La Copla, donde solíamos merendar con los pibes. Allí, los jamones crudos colgaban del techo y los mozos envejecían ejerciendo su oficio. Casualmente, ahora su lugar lo ocupa una heladería. Me acuerdo que cuando salíamos de la parroquia acompañábamos a las chicas hasta sus casas. Claro, eran otros tiempos; creo que hoy tendría un poco de miedo.
(*) Periodista Deportivo

El sitio

Defensoría
del Pueblo
Carreras
Desde el 23 de marzo se inscribe para la tecnicatura y la licenciatura en Gestión de Políticas Públicas que organiza el Centro de Estudios para el Fortalecimiento Institucional de la Defensoría del Pueblo junto a la Universidad Nacional de Tres 6|

de la

agenda
de Febrero. Informes: cefi@defensoria.org.ar o 43384900 interno 7409.

17 años a recorres sus salas y participar de los talleres que se desarrollarán durante 8 encuentros. La cita será los lunes y viernes a las 16. Para informes, llamar al 4803-1040.

tengan entre 18 y 30 años y cursen carreras universitarias relacionadas con la cultura nipona. Inscripción durante todo el año. Informes: 48163111.

ofrece a toda la familia realizar observaciones astronómicas. La actividad es gratuita y está sujeta a las condiciones climáticas. Informes: 47719393.

Los jóvenes y el arte
El Centro Cultural Recoleta invita a adolescentes de 13 a

Becas
Para estudiantes avanzados de lengua japonesa que

Mirar las estrellas
Los sábados y domingos al anochecer, el Planetario

Recomendación. Al gobierno porteño para que pida al Ejecutivo nacional que declare zona restringida para el vuelo de aeronaves al espacio aéreo de la Reserva Ecológica Costanera Sur, afectado por la contaminación sonora que generan los helicópteros.

Kosiuko. La doctora Alicia Pierini presentó una nueva denuncia judicial contra los propietarios esa marca de indumentaria, a quienes señala como autores de los delitos de reducción a servidumbre, trata de personas y violación de la Ley de Migraciones.

defensoría en acción

Derecho por derecho

La Iniciativa

LOS PARQUIMETROS DE LA DISCORDIA

UNA DEUDA PENDIENTE

M

alditos parquímetros bien podría ser el nombre de una banda de rock pesado. Sin embargo, bajo esa denominación se agrupan vecinos del Barrio Norte que en noviembre de 2008 declararon la guerra a los parquímetros que el gobierno porteño había instalado en 66 cuadras de la coqueta barriada.

J

Mientras los vecinos cortaban calles argumentando que no se podían emplazar esos rigurosos aparatos en una zona residencial donde abundan los vehículos pero escasean los estacionamientos, las autoridades explicaban que se trataba de una medida experimental para desalentar el uso de automóviles particulares y que sólo se extendería por 90 días. Antes de que el plazo se cumpliera y frente a la pertinaz protesta, el 30 de enero el Jefe de Gobierno ordenó desactivar los parquímetros. No obstante, su funcionamiento había dejado como saldo múltiples actas de infracción labradas a quienes no lo respetaron. Desde entonces, el debate giró en torno a la validez de las multas aplicadas mientras duró la experiencia. Aunque muchos vecinos rechazaban la alternativa de pagarlas porque sostenían- se generaron por una incorrecta decisión de la Ciudad, el titular del Ejecutivo porteño les respondía de modo terminante y reiterativo: Las multas las deberán pagar porque el sistema estaba puesto a prueba durante 90 días. Se terminó el tiempo y quitamos los parquímetros para evaluar la situación, pero las multas que se hicieron por no cumplir con la norma, las tendrán que pagar. En medio de la polémica, la Defensoría del Pueblo recibió reclamos para que se declarase la invalidez de las multas y se reintegrara el importe abonado a quienes las hubiesen pagado. Atento a esos requerimientos, el organismo revisó de punta a punta el Código de Tránsito y Transporte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, aunque reconoció que esa norma habilita al Poder Ejecutivo de la Ciudad para dictar normas, transitorias y experimentales sobre estacionamiento en general, advirtió que por imperio de su artículo 7.1.17 no puede incluir en ellas la implementación de sistemas de medición tarifados, porque dichos sistemas deben ser establecidos exclusivamente por ley formal del Poder Legislativo. En otras palabras, el funcionamiento de parquímetros durante casi tres meses en distintas zonas de la ciudad había carecido del debido respaldo legal. En consecuencia, la Defensora del Pueblo recomendó a las autoridades que se dejaran sin efecto las actas de infracción labradas durante la frustrada experiencia y se las eliminase de los registros y bases de datos de la Dirección General de Administración de Infracciones. Asimismo, la Defensora requirió que la aplicación de un procedimiento ágil y sencillo que permita a quienes pagaron multas aplicadas durante la experiencia solicitar el reintegro de lo abonado o bien su compensación futura.

osé María Castiñeira de Dios es parte indisoluble de la construcción de la identidad porteña, destaca la Defensora del Pueblo, Alicia Pierini, al fundamentar el proyecto de ley que acaba de presentar en la Legislatura local para que el escritor, periodista, funcionario público y uno de los más eminentes poetas de la denominada Generación del 40, sea declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Nacido en Ushuaia el 30 de marzo de 1920, Castiñeira de Dios ingresó al ámbito de las letras de la mano de Leopoldo Marechal a quien le dijera en versos: También te vi reír/ junto a los asadores/ y saltaba tu pipa, como un clown, en tu boca,/mientras templabas la amistad/ y su hierro candente/ con la sabiduría/ de tu abuelo el herrero de las aguas cantábricas.

Entre su prolífica obra puede citarse Del ímpetu dichoso. (1942/3) -por la que obtuvo a los 22 años el Primer Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires- ; Campo sur. (1952); Testimonio cristiano. (1982); Del amor para siempre (1983); Obra poética. (1985) y Poesía religiosa. Antología. (1999). En 1984, la Sociedad Argentina de Escritores le otorgó la Faja de Honor y fue condecorado dos veces por el Estado español y distinguido con el título de Caballero de las Artes y las Ciencias por el gobierno de Francia, pero ninguna de sus actividades -entre las que cabe mencionar el paso por la función pública durante los gobiernos peronistaslograron apartarlo de la consecuente militancia política iniciada en la Junta Pro-Candidatura del Coronel Perón y ratificada tras el golpe de estado de 1955 como miembro del Comando Táctico en la Resistencia. Basándose en estos argumentos, Pierini subraya que el reconocimiento de la Ciudad de Buenos Aires a su obra y compromiso es una deuda pendiente.

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Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires | 7

Defensoría del Pueblo de la Ciudad
Dra. Alicia Pierini, Defensora del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Adjuntos: Arq. Atilio Alimena, Dr. Andrés Elisseche, Sr. Gerardo Gómez Coronado, Prof. Graciela Muñiz, Sr. José Palmiotti

STAFF
Dirección General: Alicia Pierini. Dirección Periodística: Pablo Fernández. Redacción: Francisco Capurro Robles, Jorge Rodríguez Correa. Diseño: Rony Smirnoff. Fotografía: Valeria Niccolini, Julieta Panebianco. Promoción: Alicia Korecky.

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NÚMERO 12

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MARZO - ABRIL 2009

Colaboraron en este número: Silvana Ferrary y Carolina Zocca

mano a mano
Rodolfo González Lebrero, historiador

AZAROSA BUENOS AIRES A
Licenciado en Historia, es docente de la UBA y de la Universidad Nacional de Luján. Los sábados a las 12 acompaña a Atilio Bleta en la conducción de Soltando Pájaros, programa de difusión histórica que emite Radio Nacional. Como investigador, rastreó el pasado colonial y tras un minucioso trabajo de archivo, publicó La Pequeña Aldea. Sociedad y economía en Buenos Aires (1580-1640), documentado ensayo académico de fácil y atractiva lectura. En un bar de su barrio -Caballito-, González Lebrero reveló a La Justa detalles de la vida cotidiana en la ciudad que nació como puerto pero que en sus primeros años diversificó su economía y desarrolló actividades que le permitieron sobrevivir hasta que el boom del comercio de ultramar de fines del siglo XVIII le asignara un nuevo lugar en el mundo. (Ver versión completa del diálogo en www.defensoria.org.ar/publicaciones/newsletter.php).

Buenos Aires -cuenta- la edificaron en un sitio poco hospitalario. Como no había bosques, faltaba leña y madera para edificar o fronda que guareciese del sol. Al comienzo, la leña se traía de Córdoba y la madera para construir, de Asunción. Pronto, los pobladores plantaron durazneros y con su poda entibiaron los hogares. Como parte de la pampa ondulada, la ciudad tenía altos y bajos separados por zanjones y arroyos que escurrían el agua de lluvia y convertían a las calles en lodazales. El paso de animales fue hundiendo las calzadas que quedaron a medio metro de las veredas. Además, entre las casas y el río se interponía una barranca con sólo dos o tres accesos a la playa; lo que incordiaba a quienes iban a pescar, lavar ropa o cargar y descargar mercancías. Como contracara, no faltaba alimento. Abundaban los ciervos, primer manjar que probaron los españoles y que migraron para eludir la voracidad de los recién llegados. Algo similar ocurrió con las nutrias, las vizcachas y los carpinchos. También comerían carne vacuna… No, preferían el cordero. Aunque más adelante los porteños la incorporarían a su menú, la carne vacuna fue, inicialmente, comida de aborígenes y esclavos o, salada y deshidratada, se convertía en el tasajo, con que los navegantes preparaban guisos, un plato marinero que se sumó a la dieta local. ¿Qué tan intenso era el movimiento naviero? Arribaban unos 8 navíos por año que permanecían no menos de 3 meses en puerto. Hasta 1640 llegaron 6.700 tripulantes, 4.500 pasajeros y 12.500 esclavos, cuyas largas estadías y demandas de albergue, alimentos y otros abastos impulsaron la economía porteña, al igual que los comerciantes del interior, carreteros, troperos y soldados que pasaban por la ciudad. Como, además, se aprovisionaban para afrontar largas travesías, Buenos Aires desarrolló una temprana producción rural (trigo, maíz, vid, legumbres, vacas, ovejas y cerdos) y un antecedente de la agroindustria con sus molinos, bodegas y fábricas de embutidos, entre otras. Estas actividades requerían mano de obra esclava y de gente con oficios, en general extranjera y tan importante que cuando la Corona ordenó expulsar a los extranjeros, el Cabildo respondió con un que se acate pero que no se cumpla; es que los vecinos no estaban dispuestos a prescindir de sus herreros, barberos o zapateros. Para la estampa escolar, los esclavos sólo realizaban tareas domésticas o vendían empanadas calientes… Hubo esclavos en casas de familia; pero la mayoría trabajaba en el campo. La vendedora de empanadas expresa un rasgo de la esclavitud en Buenos Aires, que toleraba ese tipo de actividades ejercidas por los esclavos para reunir dinero y comprar su libertad. Ante el drama de la esclavitud, esa alternativa suena idílica… Sí, pero no lo era. La geografía facilitaba la huida de los esclavos; de hecho, muchos se refugiaron en tolderías. Para evitarlo, sus propietarios les concedían alguna indulgencia, como ocurrió con la Negra Catalina. Su dueño, un tal Gonzalo de Carvajal, tenía una pulpería; pero, como daba mala fama, la puso a cargo de Catalina. Quien revise los libros de alcabala -impuesto a las ventas que cobraba la Corona- la encontrará jurando que su declaración de ventas era cierta. Que alguien que jurídicamente no era persona jurara y pagase impuestos sugiere la existencia de una élite entre los esclavos. ¿De qué se habría ocupado por entonces un Defensor del Pueblo? Recibiría quejas por la mugre y por los animales muertos y abandonados. También por los hospitales, que eran simples contenedores de agónicos. Tal vez, habría denunciado la impotencia del Cabildo que, ante una invasión de hormigas, sólo atinó a convocar a una procesión para rogar que desaparecieran. Tampoco faltaría algún paladín del decoro que protestara por las casas de juego y los presuntos prostíbulos instalados a orillas del Riachuelo. En fin, cosas de la agenda de entonces.

González Lebrero, el arte de indagar

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