Nº 86 · MARZO · 2007

RY COODER
DESCUBRE EL ROJO POLÍTICO

BUDDY HOLLY

UN TOTEM PARA LOS BEATLES

GEORGES MOUSTAKI
EL ETERNO LUCHADOR
ÓSCAR BRIZ YOKO ONO CHABUCA GRANDA FRANCISCO NIXON ZARPA

GUERRERO GARCÍA

EL REENCUENTRO CON LA VOZ DE 091

CARLOS TENA PRESENTA LAS 10 CANCIONES MÁS SEXY

Marzo 2007 · Número 86
STAFF
Consejo Editorial: Diego A. Manrique Juan Puchades Luis Lapuente Director: Juan Puchades Coordinador de Rockola: Carlos Pérez de Ziriza Diseño y maqueta: Víctor Palau Comunicació Gràfica Producción: Rosa García Administración: Teresa Blasco Textos y proceso gráfico: Ramón Puchades Ilustración: Manel Fontdevila, Manel Gimeno, Ibán Ramón, Jimmy Royalty, Sento. Fotografía: Liberto Peiró, Mariví Ibarrola. Corresponsal en Buenos Aires: Martín Pérez. Corresponsal en Nueva York: Fernando Navarro. Colaboradores: Santiago Alcanda, Moncho Alpuente, Ángel Carmona, Javier de Castro, Igor Cubillo, Chema Domínguez, Gernot Dudda, Vicente Fabuel, José Manuel Gómez, Pablo Gómez, Eduardo Guillot, J. F. León, Javier Losilla, Ángel Maeztu, Darío Manrique Núñez, Sergio Makaroff, Jesús Miguel Marcos, Javier Márquez, Fernando Neira, Jesús Ordovás, Álex Oró, Manuel Piñón, Blanca Plastic, Mónica Plaza, César Prieto, Jesús Rodríguez Lenin, Carmen Salmerón, Álvaro Sánchez R., Carlos Tena, Jordi Turtós, Josemi Valle, Darío Vico. Edita: Grupo Midons 2000 Empresa Editorial S.L. ISSN: 1139-6008 DL: V-4039-1998 Redacción y administración: Grupo Midons-Efe Eme C/ Archiduque Carlos, 28-4ª 46018 Valencia-España Tel: 96 358 07 08· Fax: 96 378 68 59 redaccion@efeeme.com www.efeeme.com Publicidad general: Tel: 96 358 07 08 publicidad@efeeme.com Publicidad sector musical: Luz Divina Gómez Tel: 914 636 214 luzdivina@luzca.e.telefonica.net EFE EME no se hace responsable de las opiniones de sus colaboradores. No se mantendrá correspondencia ni se devolverán los originales no solicitados. Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o procedimiento (incluidos los sistemas digitales), sin el permiso previo y por escrito de la empresa editora.

Sisa, sublime hacedor de discos malditos.

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Archivo
Los 33 discos malditos del pop español · 22

Rockola
Disco del mes: Peret · 2

Tam Tam
Souvenir Dale Boca Esbjörn Svenson Trio Oscar Briz Retrodelia Patricia Kraus Julio Fowler Al otro lado del rio 

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Retrovisor
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Zarpa · 48 El Profesor Microsurco · 5

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Exabruptos, revelaciones y todo lo que urge saber

Tamtam

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| CESAR PRIETO.

ras un par de años de silencio, el grupo pamplonés Souvenir nos sorprende con un nuevo disco, 64 (Jabalina). Con el francés como idioma exclusivo, las canciones tienden su peso hacia un camino sólo apuntado en discos anteriores y nunca hasta ahora trabajado a fondo: la música de baile. Patricia y Jaime Cristóbal nos explican su génesis y sus motivos. Siete años de carrera y por primera vez no contáis con el diseño de Aramburu. Patricia: Lo de cambiar no ha sido decisión nuestra, estábamos contentos con Javier Aramburu. Nos encontramos en la tesitura de pensar en alguien para el diseño y nos decidimos por Iker Spozio. Una muy afortunada decisión, ha hecho un trabajo fabuloso y ha reflejado muy bien nuestras intenciones. Nos encanta, tiene una personalidad propia difícil de encontrar en otros diseñadores. Y no sólo es este el cambio, sino que hay un nuevo sonido para Souvenir más atento a la música de baile, al synth pop y a los 80 ¿por qué este giro estilístico? Jaime: Nos gustan los cambios. En este caso el giro ha sido aún más acusado, pero realmente es el reflejo de nuestro momento vital y artístico. Por otro lado, quizá es la parte de nuestro bagaje musical que menos habíamos explorado hasta ahora. P: Necesitábamos el cambio para no aburrirnos, y con este disco esperamos divertirnos mucho. Ya habiáis experimentado con canciones de baile, como “Cherchez la femme”. También hay canciones como “Sous-marin”, que aún conservan esa intimidad de los Souvenir antiguos. P: Seguimos siendo fieles a las melodías elaboradas, pero en este disco nos hemos planteado un sonido más fuerte. J: Sí, el planteamiento en cuanto a los arreglos ha sido radicalmente distinto. Lo de “Sous-marin” era una cuenta pendiente, y aunque es la menos dance, no podíamos dejarla fuera. Creo que aporta un momento de calma plácida en medio del disco. Hay decenas de guiños, se adivinan líneas rítmicas de Visage, de Tina Charles, de John Foxx... Os decidís a recuperar unos 80 que nadie recuerda pero que han envejecido bien. J: He trabajado de forma bastante intuitiva, en cuanto a que no he buscado referencias conscientes. Por supuesto al manejar la paleta de sonidos de todos esos sintes clásicos, aparecen sonidos que evidentemente te remiten a esta canción de The Human League o de Yazoo. Mi conclusión es que son sonidos que en su momento pudieron parecer perecederos, y sin embargo me he dado

Souvenir
cuenta de que se han convertido en clásicos, igual que el sonido del Fender Rhodes o el del piano Wurlizer. Es muy llamativo comprobar que los nuevos sintetizadores no incorporan sonidos tan interesantes. También se percibe una acusada presencia de guitarras que habían desaparecido progresivamente de vuestros discos. J: Sí, es curioso cómo se asocia el tecno-pop con la muerte de las guitarras en un momento concreto de los 80; sin embargo muchas de las bandas más interesantes incorporaban sintetizadores y guitarras, y guitarras muy cortantes y originales. En mi caso he aportado mi estilo más twangy, una combinación con algo de originalidad, espero. En las letras se nota menos atención a los sentimientos y más a las sensaciones. Son casi como diez pequeños cortometrajes que marcan en conjunto un proceso vital. J: Bien visto. Hemos querido abandonar la carga autobiográfica, o de reflexión personal y construir historias de ficción. Creo que lo hemos conseguido, porque lo más autobiográfico que tiene el disco

Regalos para la pista
En su nuevo álbum, el pop de Souvenir se decanta hacia la música de baile.
es “Technicolor”, en la que nos declaramos fans de las películas rodadas en ese formato. No es precisamente muy introspectivo. P: En este disco nuestra prioridad es más musical, hacer un buen disco para bailar, y no tanto transmitir el tipo de cosas a las que en otros discos sí dimos prioridad. J: El disco es bastante cronológico en su secuencia, pasa un poco como en el anterior. Las dos primeras canciones que aún tienen algo anterior. Pero el disco está equilibrado en ese aspecto, también hay canciones de celebración y de catarsis. Y por último háblanos, Jaime de tus otros proyectos, de J’aime, de si piensas llevarlo adelante y dejar de darnos canciones con cuentagotas, del podcasting,... J: No tengo fecha fija para grabar un disco como J’aime. Estoy a gusto así. Supongo que Souvenir satisface mis ganas de hacer cosas, y tampoco me suelen quedar muchas energías al acabar cada trabajo... con mi Popcasting (www.geocities. com/popcastingpop) sí seguiré, disfruto mucho haciéndolo.

“Necesitábamos el cambio bailable para no aburrirnos”

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Dale boca
Una sección de Sergio Makaroff. Ilustración: Manel Gimeno..

Elogio de la rutina.

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urante años tuve a “rutina” como una mala palabra. Eran los tiempos de la supuesta revolución anarco/ hippie/sicodélica y rutina equivalía a continuismo con los valores burgueses, el orden y la vida gris. Correspondía a ser un sumiso, mediocre y triste eslabón de lo establecido, un esclavo del sistema. Abandoné los estudios, me enfrenté a mis padres y demás autoridades y me convertí en un melenudo marihuanero que componía canciones y viajaba con su guitarra haciendo auto-stop. Bien: aquella supuesta revolución no conmovió en lo más mínimo a los cimientos del sistema, que la devoró y la puso en venta como un gigante que, displicente, se quita la caspa del hombro. Algunas costumbres y rasgos culturales cambiaron, hay que reconocerlo. Hoy cualquiera puede practicar el sexo con mayor libertad, vestirse como le de la gana y fumarse un porro. Esto en el primer mundo, claro, porque según dónde aún puede costar muy caro. En lo que a mí respecta, sigo manteniendo –sueños revolucionarios aparte– el camino que elegí bajo el influjo de esos tiempos convulsos. Mis hábitos y preferencias están marcados por aquellas opciones tomadas en los años sesenta. Sólo que ahora me encanta la rutina. ¡Claro, es una diseñada al milímetro por mí! Ya lo dijo ese pequeño gran filósofo que es Prince: there’s joy in repetition. Hay placer en la repetición. Y tanto que sí. Voy tres veces por semana al gimnasio. No es que me guste, pero me lo impongo como dis-

ciplina y lo cumplo a rajatabla. Como un autómata o un robot, cada movimiento que hago está milimétricamente calcado de sí mismo. Preparo la mochila poniendo las cosas en el orden inverso al que las iré necesitando, siempre igual, siempre igual. Realizo las tablas de ejercicios en un orden estricto, inamovible. Nada cambia salvo el iPod. Sólo ahí se nota que hay vida detrás del muñeco programado. La samba brasileña se alterna con el rap y el funk al capricho de este voluntarioso servidor. ¡Hop, dos, tris, cua! Los lunes y los viernes viajo al centro de Barcelona para colaborar en el programa La hora L, de la Cadena Ser. Siempre voy un rato antes para poder recorrer a gusto las tiendas de discos de la calle Tallers y también FNAC, que está a dos pasos. Es una rutina tan dulce como la propia música que alegra mis días. Un ritual que repito como sumo sacerdote de mi propia vida. Los dividendos son tan jugosos como los suculentos frutos del Jardín del Edén: el otro día, sin ir más lejos, descubrí a los Delmore Brothers, pioneros del bluegrass. ¡Aleluya! Los martes canto una canción compuesta según los títulos sugeridos por los oyentes de Un altre món, programa de COM Radio. Eso implica que los miércoles descanso, los jueves y viernes compongo y los sábados, domingos y lunes practico la canción. Rutina, sí, pero ahora con inmejorables connotaciones: cambia la música, todo lo demás permanece. San Eloy, San Eloy, que me quede como estoy.

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| GERNOT DUDDA.

os noticias de última hora jalonan la significación de E.S.T. (Esbjörn Svensson Trio) en estas primeras semanas de 007. Por un lado el anuncio de su esperada gira por España este mismo mes. Por otro, la reciente obtención, en su propio país, Suecia, del equivalente al Grammy en la categoría de jazz por su excelente último trabajo, Tuesday wonderland, una “menudencia” más que añadir a su larga lista de premios. Esta entrevista con el líder de la banda “más original, cautivadora y dinámica” (según palabras del Jazzwise británico) fue mantenida por e-mail. Hay que interpretar por tanto la parquedad en las respuestas como una peculiar extensión de su mucho más elocuente léxico musical. Vuestro nuevo trabajo es menos minimalista que Viaticum, al añadir elementos más “tridimensionales”. Siempre tratamos de seguir la música. Y hacia aquí es adonde nos ha llevado esta vez. La melodía es un pilar crucial en vuestra música. ¿No es como una pequeña revolución teniendo en cuenta que un buen promedio de proyectos de jazz presta ahora mayor atención a la expresión y a la forma de tocar? Para nosotros la composición siempre ha sido nuestro objetivo. También es importante que la improvisación no se aparte nunca de la canción, que la cuide y se preocupe de ella más que desvirtuarla. No sé a qué otros grupos te refieres, pero en lo que a nosotros respecta, ésta ha sido siempre nuestra filosofía. Nadie piensa que pueda preocuparos a estas alturas lo que digan los puristas del jazz. ¿Es correcto? Estoy convencido de que nos han criticado. Pero no leo mucho acerca de nosotros, la verdad. La gente tiene todo el derecho del mundo a tener sus propias ideas. Simplemente no entiendo por qué puede haber alguien que piense que todo el mundo debería tocar de la misma manera. Hay tanta compenetración en E.S.T. que cuesta saber si ensayáis mucho o simplemente lleváis cada pieza al estudio perfectamente escrita. Ensayamos mucho, pero también hay un montón de partes improvisadas en nuestra música. Y procuramos mantener el máximo número posible de partes abiertas para hacer la música mejor, más natural y excitante. A la gente le gusta crear etiquetas y una de las más recientes es la de indie-jazz. ¿Habla realmente por vosotros? No lo sé. Estoy tan centrado en la música que no hay mucho tiempo realmente para pensar qué estilo de música tocamos. Por ejemplo, en EE.UU. consideran a The Bad Plus como un grupo indie-jazz, aunque no hay tantas semejanzas con su música como las que por ejemplo mantenéis con otros como Brad Mehldau o incluso Medeski Mar-

Esbjörn Svensson Trio
Destilería críptica
El grupo sueco es la gran esperanza blanca del jazz moderno y sin complejos. Este mes girarán por España presentando su más reciente álbum, Tuesday wonderland.
tin + Wood. Brad es uno de mis grandes favoritos, y probablemente su espíritu sea el mismo respecto de lo que nosotros hacemos. Estoy de acuerdo contigo en que compararnos con The Bad Plus es una mala reflexión. (Pero no dejo de pensar que son un gran trío). De todas formas, bandas como Radiohead o Sigur Ros se antojan perfectas compañeras de viaje para mucha de la música grabada en Tuesday wonderland... Puede, pero no conozco a estos grupos tanto. No escucho mucha música que digamos en este momento. ¿Habéis pensado en la posibilidad de incluir voces? ¿Funcionarían igual de bien? Estamos seguros de que funcionarían bien. Pero por el momento no estamos interesados a menos que Björk o alguien parecido nos llame.
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“Para nosotros la composición siempre ha sido nuestro objetivo”

Otro de los grandes alicientes de E.S.T. es la forma de titular las piezas. Tengo mucha curiosidad acerca de la idea que hay tras “Brewery of beggars” (destilería de pobres), por ejemplo. Imagina que el mundo sea una inmensa destilería que produce gente que no encuentra otra cosa que hacer que convertirse en pobres... ¿Y “Goldwrap”? Algo maravilloso, valioso, como recubierto de oro. ¿Por qué es tan importante para un grupo de jazz europeo aparecer en la portada de la revista Downbeat? Desde que tengo uso de razón sé que los músicos americanos de jazz han venido siempre a Europa a tocar. Pero en muy pocas ocasiones se ha dado el caso contrario. Si por aparecer en la portada de la biblia del jazz americano logramos cambiar esta tendencia, eso quiere decir que habrá muchos

Óscar Briz
La teoría de los lenguajes
El valenciano publica su cuarto disco en solitario, Quart creixent, marcado por la búsqueda de nuevos territorios sonoros con los que expresar su visión del mundo.
que se aleja del rock sin renegar totalmente de él, porque es parte del lenguaje que utilizo, pero aportando otras sonoridades y texturas. Han respetado mucho las maquetas que hice previamente, pero han trabajado con total libertad para aportar su punto de vista”. Procedente de la escena rock (lideró Banderas de Mayo y Beat Dealers, e incluso estuvo cinco meses de gira con los australianos The Whitlams), Briz busca en sus álbumes en solitario nuevos territorios de expresión. “Mi música está muy ligada a mi madurez personal. El rock, entendido como una manera de hedonismo y de dar rienda suelta a los instintos primarios, tiene una fuerza indudable, pero a medida que vas creciendo, la capacidad de sorpresa se va reduciendo. La energía permanece, pero los intereses cambian”. Los suyos, ahora, están enfocados hacia terrenos como el jazz y la música brasileña. “No
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| EDUARDO GUILLOT.

s uno de los músicos valencianos con trayectoria más regular, pese a vivir alejado de la capital (reside en L’Alcudia) y funcionar por libre. Tras el éxito crítico obtenido por Identitat aliena (004), Òscar Briz vuelve a ser noticia a raíz de la publicación de Quart creixent, su cuarto trabajo como solista, en el que vuelve a haber relevo en las labores de producción. “Escoger a Toni Xuclà en el disco anterior fue como lanzarme al vacío. Pensé que podía marcar un punto de inflexión y abrirme más puertas”, explica Briz. “Los resultados no me acabaron de satisfacer. Las fases de postproducción y masterización no se hicieron bien. De Quart creixent se han encargado Josep Pérez y Tony García, de Plastic Smile, a los que conozco bien. Tuvimos más tiempo para trabajar y pudimos cuidar los detalles”. La complicidad entre ellos impregna un disco en el que destaca una tremenda riqueza instrumental. “Ellos sabían que yo, desde hace ya algún tiempo, propongo un tipo de sonido

“Propongo un tipo de sonido que se aleja del rock sin renegar totalmente de él, porque es parte del lenguaje que utilizo”

son lenguajes que domine al cien por cien, pero me he acercado a ellos de una manera decidida, sin prejuicios. Hoy en día tenemos la suerte de poder acceder a muchos tipos de música”. Òscar Briz es un músico comprometido con su tiempo, pero no panfletario. Por eso reivindica el catalán como medio de expresión musical, pero no es un fundamentalista (Quart creixent incluye “La llamada”, cantada en castellano). “En el anterior disco tenía un par de canciones concebidas en portuñol, ‘Un home senzill’ y ‘Mar’, pero al final decidí cantarlas en catalán. Si te fijas bien, ‘La llamada’ es una rumba. Y eso fue determinante. Quizá, también es una manera de pedir que nadie me encasille en ningún sitio. Sólo reclamo libertad, y que nadie utilice lo que hago con ciertas finalidades con las que no comulgo totalmente”.

De estreno

Retrodelia

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Grupo con fondo blanco
Pop-rock en español (aunque elaboran la versión del disco en inglés), estética cuidada (tanto que hasta hay edición del LP en vinilo) y canciones potentes y con buena factura. Se presenta Retrodelia.
de Alaska. Hemos procurado que no cante demasiado una cosa y otra. Teníamos mucha influencia Beatle, y también nos influía mucho el revival que se está produciendo ahora del rollo ochenta. Procuramos fusionarlo y que tuviera suficiente personalidad. Si pudiera grabar el disco otra vez, le cambiaría otras cosas. Franz Ferdinad cambió arreglos para realizar un single… ¿Hasta que punto es importante la estética en el grupo? ¿Sois de las bandas que hacen los vídeos con el fondo blanco? Nuestro vídeo es con fondo blanco, claro, que le da un rollo muy retro. Si tuviera que elegir entre el retro de los sesenta, setenta y ochenta, creo que elegiría los sesenta: Doors, Kinks, Who,
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| ÁNGEL CARMONA.

aby Salaverri conoce el mundo de la industria musical. Trabaja dentro de ella. Su grupo, Retrodelia, entra a jugar en la maquinaria comercial, pero se reserva el derecho a imprimir gusto a las cosas. Sus canciones tenían un punto rock y otro electro, así que la idea de llamar a Juan de Dios Martín (productor de Deluxe) y a David Kano (de Cycle) es muy inteligente. Afirman que ven a Retrodelia en el mismo saco que a Deluxe, Lory Meyers, Zodiacs o Bonus. Bandas más allá del mundo indie que no renuncian a la comercialidad. En menos de un año, Retrodelia se ha formado, ha grabado un disco y prepara la edición en inglés. “Mi colega Mario y yo montábamos una fiesta cada año llamada Retrodelia. Era una fiesta retro muy guapa, en la que la gente tenía que venir disfrazada de los sesenta. Era el segundo viernes de Enero y, precisamente, este año que tenemos el grupo, no la hemos montado. Metíamos a 800 personas”. ¿Hasta qué punto define el nombre el concepto del grupo? Nos gustan muchos los sesenta, los setenta y los ochenta. La psicodelia está más en la estética y en el directo, pero el disco es más pop. En directo es más contundente. Para nosotros el disco se nos ha quedado un poco blandito. En el disco se presentan dos ondas: una más psicodélica y otra más electro, en la órbita

“No me he fijado en las letras en mi vida. Con la música siempre me quedo con el mensaje y el sonido”

Byrds, Love… También los setenta de Cream y el rollo Manchester de los ochenta. ¿Y cómo se traduce esto al español? Las canciones inicialmente se han hecho en inglés, y luego las hemos pasado al castellano. Ahora lo estamos terminando de grabar al inglés. Lo que contamos es lo mismo, pero no de la misma forma. El español te permite más comunicación. En Inglés lo notas todo un poco más lejano. ¿Y se consigue mantener la esencia de la letra de la canción? Yo no me he fijado en las letras en mi vida. Con la música siempre me quedo con el mensaje y el sonido. Para mí la voz es un instrumento más.

Un libro que ha tardado 40 años en ver la luz
Los Brincos fue el grupo más importante y creativo del pop español en la década de los 60, nuestros Beatles. Con la escisión de Juan & Junior, ganamos dos formaciones que competían en brillantez y talento. Un lujo que la historia no ha tratado demasiado bien; así, en los más de 40 años que han pasado desde su formación, esta es la primera biografía que se publica sobre ellos. Un completo y detallado homenaje con el que inauguramos la colección de libros BUENAS VIBRACIONES. Ya a la venta en librerías. Distribuye Prólogo: 934 562 000 www.efeeme.com

vibraciones

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~ ~ ~ BUENAS

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ÁNGEL CARMONA. einte años después de debutar, Patricia Kraus vuelve a utilizar su nombre para presentar un nuevo trabajo, Alma (Factoría Autor). Atrás quedaron sus trabajos con el batería Daniel Assante, y el grupo electrónico Wax Beat. Educada en la formación clásica por su padre, el inolvidable Alfredo Kraus, Patricia ejerció de díscola dirigiéndose al mundo del rock. Hoy su voz presenta una madurez idónea. Ha grabado canciones con una banda en su propio estudio dejando una sensación de profesionalidad absoluta. Canciones bien compuestas, buena labor en el estudio y una voz muy educada. Pasó por Operación Triunfo para dar clases, pero ese no es su rollo. No le gusta la halterofilia musical. ¿Desde cuándo tenías estas canciones? “El pescador” lo compuse con 17 años… y ahora tengo 40. Tengo canciones desde antes de los 0 años. Las grababa con una guitarra en casete. “Paso a paso” también tiene mucho tiempo. Se nota que es un tema más juvenil. ¿Qué faceta tuya te atrae más, la de intérprete o la de compositora? Me he metido en muchos follones, pero mi vocación es componer canciones. Siempre tengo mis proyectos en la cabeza y quería sacar este disco. Curiosamente, cuando el disco estaba casi terminado me llamaron de Operación Triunfo, pero el disco ya estaba casi terminado. ¿A quién crees que suenan estos temas? Hay algunos muy dylanianos, como “Viejo Tren”… Están como si las cantaras en la calle. También está Neil Young en “Buenas noches mi amor”, y homenajes a Pata Negra en “No me digas que no”, con acento del sur y todo. Puse una letra de coña, es un tema que salió de una improvisación. Un blues al estilo Nueva York, tipo ZZ Top. Es un poco gamberro. A cara de perro. Mi cultura es rock. He sido de la generación que vivimos la Movida. Mi cultura es Neil Young, Dylan, Lou Reed, Pink Floyd, Led Zeppelin… En los ochenta me encantaron los Clash, Siouxsie… Después de estos años de experimentos, lo que me apetece es seguir haciendo canciones y menos experimentos. ¿Y todavía tienes ganas de tocar en garitos? A mí me ha apetecido siempre el garito. Yo soy absolutamente rockera. Es lo que más he hecho. ¿Y qué decía tu padre? Mi padre no decía demasiado, no opinaba al respecto.

Rock desde dentro

Patricia Kraus

En los años 80 grabó dos discos solistas que tuvieron poca suerte. En los 90 se puso experimental. Ahora, en su tercer álbum en solitario, Patricia Kraus se presenta como la rockera que siempre fue.
¿Cómo se ha grabado el disco? Hemos partido de unas maquetas que hemos grabado todos juntos, a la antigua. Las maquetas ya estaban de puta madre. Llevamos el disco al estudio con ese espíritu de banda ¿Tienes una banda? Sí, tengo una banda de rock and roll (ríe). ¿Cómo los reclutaste? Fue un poco casual. Conocía a Steve Emery, que coproduce el disco. Él me fue trayendo a algunos músicos. A otros ya los conocía. Tener un estudio profesional tiene eso.
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“Me siento en un momento muy dulce como músico de rock, con ganas de tocar, de hacer furgoneta”

Muchos músicos pasan por allí y se establece una relación con ellos. ¿Tienes un estudio de grabación? Sí. El estudio lo uso con fines comerciales, pero sobre todo para grabar mis discos. Es un estudio pequeño, pero potente, con todo lo que me gusta, con teclados antiguos. ¿Cuántas canciones hay grabadas a la primera? Mi voz está casi toda grabada de primera o segunda toma. Con el paso del tiempo lo que se busca no es la perfección de la forma, sino sentirlo. Tienes que buscar el momento y sentirlo. De todos los proyectos por los que has pasado, ¿cuál te ha atraído más? La verdad es que me importa el hoy. Me siento en un momento muy dulce como músico de rock, con ganas de tocar, de hacer furgoneta… ¿Y de tener otra banda? No. Yo ya no tendré más grupos. Está muy bien, pero para eso sí que estoy muy mayor (risas).

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ÁNGEL CARMONA. a vieja y la nueva Trova Cubana son dos generaciones muy reconocidas dentro de la tradición musical cubana. Carlos Varela y otros compositores que permanecieron en la Isla han sido considerados como la “novísima trova”, ¿y que ha sido de la generación de músicos nacidos en Cuba, que nunca editaron un disco en su país? Julio Fowler es uno de ellos: “yo soy de lo que llamaron ‘los topos’. Somos de la misma generación que la novísima, pero de promociones distintas. Ellos militaron con la nueva trova. Carlos Varela tiene un discurso parecido al mío, pero él fue apoyado. Hoy en día es la representación contestataria oficial. Él es una visión crítica apoyada por el gobierno. En nosotros había un soplo de democracia, y queríamos sentirlo en nuestro país. Tengo amigos que han obedecido: algunos son funcionarios, otros están en las Fuerzas Armadas. Allí o eres revolucionario o eres contrarrevolucionario. Sigo creyendo que Cuba debe cambiar. Es un régimen que asfixia los proyectos de los creadores”. Fowler proviene de una familia del teatro. Sus padres eran artistas, y por su casa pasaba parte de la intelectualidad de la isla. Así, acabó relacionado con la tradición repentista: “es la improvisación en décimas, música rural. Desde pequeño siempre he estudiado el repentismo. Tengo una carrera como repentismo

Julio Fowler
Bailar pensando
Cubano exiliado en Madrid, Julio Fowler llega con un segundo disco en el que intenta aunar la canción de autor con los ritmos bailables.
tremenda. Es muy local, pero forma parte de mi biografía musical”. Estudió en el Instituto Superior de Arte de La Habana y se formó como actor. Y en esto llegó Fidel. marketing aprovechando su voz y su físico. Los rechazó todos. Hoy Julio Fowler está instalado física y mentalmente en Madrid. Desde esta ciudad, sus canciones lo mantienen en una atalaya desde donde no pierde ojo a su isla. También sus composiciones se han adaptado al lenguaje y las experiencias de la capital. Afirma Fowler que Buscando mi lugar mantiene el lenguaje musical de su promoción musical, en un disco que huele demasiado a estudio y que, por compensación, cuenta con grandes intérpretes. “Mi generación volvió a retomar el filin de César Portillo de la Luz, Elena Burke… Cuando llegó la revolución fue censurado. Nosotros volvemos a esa influencia jazz post- impresionista. Además sumábamos la crítica a la cultura cubana”. ¿Y qué más? Cuando se habla de bailar sin dejar de pensar es inevitable hablar de Rubén Blades. “El tema ‘Balsero’ tiene la misma estructura que ‘Pedro Navaja’, de Blades. Incluso intenté llamarlo para que tocara. Yo quiero hacer música bailable. Lo mismo pasa con Habana Abierta o Pavel. Es una reflexión mientras mueves el cuerpo. Ese referente es Rubén Blades, Willy Colón… Otro que me marcó mucho es Juan Luís Guerra”.

En el “insilio”
Buscando mi lugar (Factoría Autor) es el segundo disco de Julio Fowler. Ninguno se ha editado en cuba, “lo mismo le ha pasado a todos los de Habana Abierta, Amaury Gutierrez, Gema y Pavel… es la generación majadera, de resistencia. Yo no sólo era un cantautor, pertenecía a grupos excomulgados de la cultura cubana porque cuestionábamos la cultura cubana. Milité en varios proyectos y he asumido las consecuencias. Por ello estuve cinco años en Baradero trabajando con turistas. Fue un ‘insilio’ más que un exilio”. Cuando llegó a España le ofrecieron varios proyectos de puro
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“Cuba debe cambiar, allí o eres revolucionario o eres contrarrevolucionario. Es un régimen que asfixia los proyectos de los creadores”.

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Al otro lado del río
El Manual de Instrucciones de Rosario Bléfari

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| MARTÍN PÉREZ, desde Buenos Aires.

ún me acuerdo de la primera vez que escuche a Rosario Bléfari tocar en vivo los temas de Excursiones, su primer disco solista propiamente dicho. Y si digo que aún me acuerdo es porque fue realmente una de esas cosas que no sólo nunca se olvidan, sino que uno quisiera que todos hubiesen tenido la oportunidad de ver con sus propios ojos. Sucedió antes de que Rosario editase aquel disco, sucesor de Cara, ese experimento sin Suárez que es su verdadero primer disco. Cuando empezó a tocar en vivo los hermosos temas que luego formarían parte de Excursiones, y lo hacía de manera íntima, casi como si estuviese en el living de su casa. Suárez ya se había separado después de editar un EP con canciones de Le Mans para acompañarlos en su visita póstuma, y todos sabíamos que Rosario tenía canciones nuevas. Y fue un verano como éste, en que de golpe comenzó la peregrinación al subsuelo de Belleza y Felicidad, la extraña sala de arte barrial que revolucionó el mundo de la pintura porteña en los últimos años. Ahí, en el subsuelo de la esquina de Guardia Vieja y Acuña de Figueroa, cuando el barrio del Abasto pasa a ser Almagro pero tiene a pocas cuadras tanto a Villa Crespo como a Palermo metiendo su cola, que escuché por primera vez versos como “Yo creía que la vida estaba completa en la justa medida” o estribillos como “Adorarte es muy poco, adorarte no es nada”. Frases que al escucharlas por primera vez, uno creía que ya las sabía y podía cantarlas. Sin amplificación, Rosario cantaba acompañada por un guitarrista y una tabla a modo de percusión y no me acuerdo si había alguna otra cosa más. Lo que sí me acuerdo es que me di cuenta que estaba presenciando algo único, y sentí que por fin el Manual de Instrucciones ya no era necesario para disfrutar de Rosario Bléfari. Voy a explicar un poco más eso del Manual de Instrucciones. Cuando comenzaron, los Suárez era una banda que convocaba fanatismos y rechazos. Más de los segundos que de los primeros, a decir verdad. El mundo

indie porteño aún no estaba constituido como tal, y ellos eran más bien avant garde, a su manera. Mezclaban el ruido con la melodía y sus shows eran un gran viaje. Rosario no cantaba de una manera tradicional, y sus detractores decían simplemente que desafinaba. Recuerdo que entre mi grupo de compinches rockeros de la época era difícil convencerlos de que me acompañasen a ver a Suárez, y ese prejuicio duró entre ellos durante el resto de su carrera como grupo. Por entonces yo insistía en llevar amigos a ver al grupo, y me daba cuenta de que, para que lo aceptasen, en gran medida hacía falta un Manual de Instrucciones. Hay ciertos artistas que los necesitan: hay que buscar esa canción en su disco que los explique de la mejor manera y rezar para que esa noche su show sea de los buenos. Porque uno sabe que también tienen shows malos, y que si el amigo en cuestión escucha aquel otro tema de su disco en vez del correcto, es posible que no quiera saber más de ellos. A eso llamo el Manual de Instrucciones: hay artistas que suele ser necesario explicar, otros que se explican por si solos, en un instante. Y que no vale la pena andar explicando. Durante mucho tiempo, Suárez fue una de esas bandas que necesitó Manual de Instrucciones. Con el tiempo y los discos, se convirtieron en un referente del rock indie porteño. Sin embargo, nunca lograron catalizar eso en un éxito evidente que termine de cerrarle la boca a sus detractores. Lo que me maravilló aquella noche en Belleza y Felicidad fue que Rosario, abrazando decididamente ese tipo de canciones que había empezado a recorrer en el último álbum de Suárez (Excursiones, que abre con “Río Paraná”, lo más cercano a un hit que tuvo el grupo), se deshacía del Manual de Instrucciones para siempre. Esos temas acústicos decantaron en Estaciones, y lo que vino después fue aún más extraño. Cuando cualquier artista hubiese seguido explorando ese camino que funciona tan bien y acaba de descubrir, Rosario esperó dos años, y editó el año pasado un disco donde el rock reaparecía con fuerza, llamado Misterio relámpago. Alguna pista de esos cambios lo daban las portadas de sus discos, que parecían intercambiadas. Misterio relámpago luce una foto oscura, donde Rosario mira hacia una luz que esta a sus pies, como si

estuviese mirando en una bola de cristal el futuro o el pasado, algo que no está presente. Una foto ideal para la intimidad de Estaciones, que en cambio la mostraba en traje de baño y tacos [tacones], con la cara hacia arriba recibiendo una lluvia que bien podría ser el rock de este nuevo disco, como si supiese lo que venía, como si no hubiese abandonado nada, jamás. Misterio relámpago se completa con un flamante EP que acaba de salir en donde, con su nueva y joven banda, reversionea temas de su repertorio histórico. Versiones relámpago se llama el EP, un formato que cada vez se está viendo más por estas pampas. Lo grabó en las pausas de la grabación de su disco, y con él es posible terminar de llevarse en el bolsillo el verdadero Manual de Instrucciones de Rosario Bléfari. Una chica que rockea como pocas, y siempre muy cómoda desde los márgenes del rock local. Con fanáticos muy jóvenes, que la siguen donde vaya. Una actriz, porque también lo es, que canta, y cómo. Una hermosa mujer, madre también, que la última vez que se sentó frente a mí, con una mesa de café de por medio, tenía un resfrío fatal, y estuvo durante toda nuestra charla goteando casi literalmente de la nariz, con el pelo desordenado y las ideas bullendo, como siempre. Estaba hermosa, sépanlo. Y no dejen pasar cualquier oportunidad de conseguir sus discos. Puedes escuchar a Rosario Bléfari en: http://profile.myspace.com/index.cfm? fuseaction=user.viewprofile&friendID=29671484
GUIÓN Y DIBUJO: BOLAOCHO.

Periodista musical

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Ry
Cooder
Desde la siempre luminosa California, Ry Cooder, guitarrista y autor, compañero de leyendas y artífice de éxitos, publica My name is Buddy, un trabajo sobre las sombras de Norteamérica. Compuesto a partir de golpes de conciencia, el enésimo disco de Cooder es un ejemplo de su perfil de compositor irreductible, grabado entre amigos y dispuesto a bregar con el veto de quienes se den por aludidos.

La palabra indemne

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“He aprendido a hacer exactamente lo que deseo. Estoy agradecido con lo que hago, sin importarme lo que la gente pueda pensar sobre eso o sobre mí.”

S

| MÓNICA PLAZA.

i hubiera que seguir el rastro de Ry Cooder, no bastaría con repasar su discografía. Tras más de cuarenta años de carrera, ha probado suerte como artista en solitario, ha participado en proyectos colectivos de resultados impredecibles, como Buena Vista Social Club, y se ha dejado caer entre los Rolling Stones, James Taylor o Luz Casal, sin contar sus múltiples colaboraciones en compañía de gente como John Hiatt o Randy Newman. Ese recorrido, que enumerado se antoja agotador, ha proporcionado a Cooder un bagaje intangible y rico, capaz de inspirarlo de una y mil formas, hasta dar con recetas distintas y por eso motivadoras.

Quizá porque al mirar atrás Cooder no quiere elegir con qué se queda, hoy prefiere concentrarse en composiciones impulsadas por las ganas de contar algo con sentido y desahogar así una mente inquieta, acechada por pensamientos terribles y, al mismo tiempo, fuente de canciones. “Adoro este disco. Es lo que quería hacer y ya lo he hecho. Me encanta lo que estoy haciendo ahora; me encantó Chavez Ravine. He aprendido a hacer exactamente lo que deseo. Hoy, si cojo la guitarra y empiezo a componer, me gusta su sonido (antes, solía frustrarme). Puedo afirmar que estoy agradecido con lo que hago, sin importarme lo que la gente pueda pensar sobre eso o sobre mí.” Al haber perdido la cuenta de los álbumes editados, un artista como Cooder se ha desprendido también de la tensión que supone estar pendiente de lo que se hace y no tanto de lo que queda por hacer. My name is Buddy (Nonesuch/DRO, 2007) se suma al haber de Cooder de un modo particular, pues además de continuar en la brecha de la denuncia y el desacato a la dinámica norteamericana, la idea que lo produjo brotó de la casualidad: “La historia empieza en un anuncio que estaba pegado a un poste de teléfono en Vancouver (Canadá). Un amigo mío músico que conocí en Berkeley (California) vio el anuncio y lo cogió. Era una foto de Leadbelly, a quien se reconoce por sus manos, muy particulares, pero en lugar de su rostro, tenía la cara de un gato. La foto había sido retocada, y debajo ponía “Buddy”. También citaba una página web. Mi amigo cogió el anuncio, lo metió en un sobre y me lo mandó creyendo que me resultaría interesante, junto a una nota que decía “Tú sabrás qué hacer con esto”. Cuando lo
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vi, pensé “¿Qué demonios es esto?”. Como venía una dirección de Internet, la miré y resultó ser de una tienda de discos de Vancouver, llamada Red Cat Records, y Buddy, el gato que vivía allí”. Conocer a Buddy se convirtió desde ese momento en el objetivo de Cooder, que quedó fascinado por la extraña imagen de Leadbelly, el bluesman cuyas canciones, curiosamente, fueron versionadas por el californiano en su debut en solitario, en 1970. La combinación de aquella cara felina con el retrato de Leadbelly fue un motivo suficiente para ponerse a trabajar; primero, desde la invención, y después, en la composición. “La página web comunicaba que el gato Buddy había muerto, y lo que decía sobre él era muy interesante; era un gato que estaba siempre en la tienda y al que la gente visitaba. Así que pensé “Esto es genial. No necesito saber más”, y llamé por teléfono a Red Cat Records. Le conté al chico que respondió al teléfono quién era yo y lo que me había pasado, y lo primero que me dijo fue: “No eres Ry Cooder; ¡eres Bob y me tomas el pelo!”. Tuve que convencerlo de que era yo, y entonces le pregunté por Buddy, por cómo era y lo que hacía. Me dijo que Buddy había vivido diez años en la tienda, y que solía tumbarse junto a la caja registradora. Quise saber de dónde había salido, y resulta que lo habían encontrado en la calle, viviendo en una maleta. Esos datos me bastaron para entender que ahí había una historia, y de inmediato supe que quería contarla.” La mascota Buddy, que sesteaba plácidamente junto a las pilas de discos de aquella tienda canadiense, ejerció de chispa en el proceso creador de Cooder. Por un lado, crecía en él la necesidad de

cumplir el deber de manifestar sus pensamientos con respecto a circunstancias sociopolíticas de EE.UU., y por otro, a la ambición de dejar patente su disgusto se unía la esperanza de encontrar el formato musical más adecuado para ello. “Estuve dándole vueltas, y no tardé mucho en imaginar cómo podría ser esa historia: era un gato de color rojo, lo cual proporcionaba gran cantidad de información; ser rojo significaba que había nacido rojo y que se había convertido en un socialista, en un trabajador, en un proletario. Después estaba el asunto de la maleta, y debo decir que la primera canción que escribí fue “Suitcase in my hand”, cuyo título implica que se trata de un personaje que viaja con lo que tiene. La cuestión es que en la maleta no hay riqueza; no hay dinero. Eso no tenía interés alguno para mí. Al gato Buddy esas cosas no le importan lo más mínimo, porque está preocupado por otras, y sus preocupaciones salen de una reflexión: “Seré un gato rojo hasta el día de mi muerte”. En otras palabras, Buddy es un gato rojo de color y de creencias, y anda metido en líos porque los trabajadores siempre están protagonizando huelgas, piquetes o protestas”. En medio de un discurso casi incendiario para los estándares actuales, las intenciones de Cooder se mezclan con la utopía de estremecer al pueblo y reconquistar a base de la demostración empírica de lo nefasto el orgullo y la identidad de la clase trabajadora y, en suma, lo que él entiende como la enseña de su nación, herencia del sudor de los pioneros. Hoy, cuando el negocio alimenta Norteamérica, Cooder echa en falta el respeto a las personas como miembros de la sociedad y artífices de su trabajo, y ha convertido en canciones un itinerario de este apocalipsis: “Lo que ha ocurrido en EE.UU. tiene que ver con las grandes corporaciones. Ellas han tomado todo y han centralizado el trabajo, y además han encontrado la forma de manipular el sistema a través de esa cosa llamada “libre comercio”. La clase trabajadora americana luchó durante años para

lograr el reconocimiento de unos derechos básicos, como la semana de cuarenta horas, los seguros médicos para la protección en el trabajo o las vacaciones pagadas. Esto no se consiguió de la noche a la mañana, sino gracias a una costosa pelea, que se llevó por delante muchas vidas. Esas corporaciones comenzaron poco a poco a minar la independencia del Gobierno, con el fin de poder manejarlo, lo que les dio acceso al control de la legislación. De esta forma, han tenido la oportunidad de impulsar normas a su medida, y de ello se han valido para trasladar miles de puestos de trabajo a países como México, donde no tienen que pagar cuotas sindicales u otros beneficios laborales. Así fue como castigaron a los trabajadores americanos, y despojaron a la clase trabajadora de su identidad, al llevarse sus empleos lejos de sus legítimos dueños”. A medida que Cooder repasa los pormenores y la concepción del disco, se resiente su conciencia, imparable a la hora de expresar su ira: “Este proceso se ha completado ya, tras cuatro décadas. Lo llaman NAFTA “Tratado de Libre Comercio de América del Norte”, y no es más que una forma de arrebatar a la gente su única opción de ganar el dinero con que mantener a sus familias o dar una educación a sus hijos. Por último, es fundamental entender cómo la clase trabajadora ya no quiere seguir siéndolo. Los trabajadores ven la tele y los anuncios, y no dejan de repetirse “Yo no soy un trabajador; soy un comprador de centros comerciales”. Compran compulsivamente en malls a crédito, y eso los hace creer que han dejado de pertenecer al proletariado. El sistema transaccional, en el que todo vale dinero y la conciencia social ha desaparecido, se basa en la extinción del concepto de colectividad”. My name is Buddy alza la voz con valentía y riesgo. Cooder, que despierta en cualquier aficionado a la música infinidad de referencias, aprovecha este trabajo para configurar una obra artística global: a sus canciones, urdidas al servicio de la histo-

ria del gato protagonista, se une la aportación plástica de Vincent Valdez, cuyas ilustraciones adornan un libreto extra donde se narra la travesía de Buddy y su amigo, el ratón Lefty: “Buddy y Lefty recorren el camino de los Okies. Éste empieza en Oklahoma, desciende hacia el Sur para cruzar el desierto, y llega hasta California. Es el camino de la Gran Depresión, que hicieron miles de emigrantes huyendo de la pobreza, para terminar descubriendo que en California todo era, incluso, peor”. El relato musical, al que uno debe aproximarse a partir de las narraciones que el propio Cooder ha escrito para la ocasión, se postula como manifiesto y, simultáneamente, homenaje al quehacer de Woody Guthrie, Hank Williams, Gary Davis o Joe Hill; artistas que dejaron a la realidad empapar su ingenio, insomne ante cada cosa que vivieron. “Los derechos y las garantías están en nuestra Constitución y en la Bill of Rights; ambas, atacadas hoy en día. Todas estas cosas me han llevado a querer editar este disco, porque aborda cuestiones sobre las que nunca se habla.” Nada sería lo mismo si trabajar fuera cuestión de dinero. Por eso, después de haber ganado una posteridad como músico, Cooder ha preferido rodearse de amigos para grabar su último disco de estudio: “Todos estamos de vuelta, tras haber dedicado nuestras vidas a aprender a transmitir emociones a través de los instrumentos. Esa expresión es hoy madura, y diría que ésta es una cuestión vinculada a la edad. Creo que ahora hacemos sólo lo que queremos, y aunque se trabaja desde la libertad, y no desde la improvisación, sino que cuidadosamente se da forma a cada sonido. Los discos son, simultáneamente, una excusa para llamar a gente y hacer algo juntos.” Ry Cooder, que se mudó hace tiempo al territorio de la crítica, comparte con ilustres como Neil Young o Steve Earle el gusto por la proeza, aunque a él le parezca que ésa es la única senda y el resto de los mapas están equivocados.

“La grandes corporaciones comenzaron poco a poco a minar la independencia del Gobierno, con el fin de poder manejarlo, lo que les dio acceso al control de la legislación”

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Guerrero García
La voz de los 091 retoma la composición y la electricidad
Guerrero García es el nuevo proyecto de José Antonio García. En la aventura se ha unido el guitarra Toni Guerrero (de ahí el nombre del grupo), que procede de Chamaco, David Santiago al bajo y José Rueda a la batería. Su tarjeta de visita fue un EP editado por Selenita/ Coda Música y ahora se presentan en sociedad con el larga duración El cielo en mi cabeza.

E

| JOSEMI VALLE.

l disco da cobijo a once canciones rockeras construidas sobre preciosas melodías que juegan con abundantes combinaciones de acordes. Eso es lo más llamativo. Las guitarras nunca saltan a la zona roja, pero desprenden comedida ferocidad. Es rock, pero es indudable que simultáneamente su sónica se aprovecha de esa maravillosa adherencia que guardan las melodías pop. La voz de José Antonio García al instante abre puentes levadizos con el recuerdo de los añorados 091. También la presencia de su armónica.
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Aunque el nombre de Guerrero García hace alusión al primer apellido del guitarrista Toni Guerrero y del tuyo, parece más bien un apelativo a tu longeva trayectoria. Sí. Puede tener los dos significados. Yo ahora cuando veo el nombre de Guerrero García pienso que alude a nuestra esencia de luchadores del rock and roll. Cuando teníamos más o menos el proyecto encaminado y Toni y yo decidimos que queríamos hacer algo juntos vimos que teníamos que ponernos un nombre. Lógico. Se barajaron varios. Al principio pensamos ponerlo al revés, es decir García Guerrero, pero nos sonaba a lácteo. No cuadraba.

¿Cómo se gestó Guerrero García? Esto empezó hace dos años y medio. Yo tenía unas canciones medio maquetadas con un ordenador. Tenía ganas de grabar algo bien y quería sacarlo. Empezar a mandar maquetas a compañías. Entonces me fui a un pequeño estudio que tiene Toni y ahí fue donde empezó un poco todo. Empezamos los dos a componer juntos y a sacar ideas nuevas. De hecho tenemos un CD grabado con muchísimos temas que le llamamos Tormenta de ideas. Cuando tuvimos unas cuantas canciones montadas empecé a mandar maquetas a compañías de discos. Nadie me contestaba. Parece que no interesaba mucho a la industria. Decidí entonces subirlas a Internet. Me ha llamado la atención tu capacidad como compositor. En 091 no compusiste nada en tanto que estabas a la sombra de un gigante llamado Lapido. Sí sé que en Sin Perdón, en el disco Elefantes en mi jardín, te destapaste con una canción sublime cuya autoría te pertenece, “Vivir a medias”. Era mi canción favorita. Pero al margen de eso no sabíamos nada de tu faceta como autor. Casi todas las canciones de Sin Perdón eran mías, pero compartíamos la autoría. Esa canción que citas sí era mía, junto con Jesús Arias que puso la letra. Ahora en Guerrero García me he estrenado como compositor pleno. Vuelves a caer en la tentación de la electricidad, del rock que recuerde a los amplis y a las pedaleras después de haber pasado por la experiencia acústica de Mezcal. Quizá pasar de hacer versiones a repertorio propio es una manera de desintoxicarte de cierta comodidad. Son etapas de la vida. Después de todo el tiempo que estuve con 091 necesitaba oír mi voz y necesitaba sentir cómo cantaba. En 091 estaba bastante atormentado con los amplificadores que tenía a cada lado, los Marshalls, y la batería atrás, dándome golpes en el culo. Estaba saturado. Mi cuerpo

“A mí me ha gustado todo. No le hago ascos a nada. La línea que tenemos en Guerrero García aún no está definida. Yo quizá sea más duro aún”

necesitaba oír mi voz y explayarme. Así nació Mezcal. Por diversión y por tocar los temas que siempre alguna vez has querido cantar. Después de cinco o seis años así, necesitaba de nuevo la electricidad. De ahí decidí ir a casa de Toni a grabar las maquetas. Necesitaba algo eléctrico. En 091 eras lugarteniente, pero aquí parece que asumes tu condición de capitán del barco. ¿Llevas bien el nuevo rol adquirido? Es complicado, la verdad, aunque lo comparto con Toni. Yo me dedico a la parte de imagen del grupo. Toni se dedica más a llevar la parte musical. Pero me gusta. Es un grupo en el que quizá lucho más porque la composición es mía. Bueno, siempre he luchado en todo lo que he hecho. Pero esto me llega más. Intento llevarlo lo mejor que puedo, aunque no me molesta. ¿Por qué sacasteis un EP? ¿El material está incluido en el LP o son todo canciones nuevas? Sacar un EP con cuatro canciones y un vídeo fue por dar a conocer el grupo a nivel nacional. Fue dar un pistoletazo de salida. Era como sacar un caramelo. En el LP irán once canciones. Del EP se incluirá tres canciones. Una de ellas sólo estará por tanto en ese EP. El disco te delata como compositor. Te gusta mucho ese rock que se acerca al pop, o ese pop que flirtea con el rock. ¿Te encuentras cómodos en los territorios sonoros fronterizos? Yo empecé en la música en la época en que estaban The Pretenders y Dr. Feelgood. A mí me ha gustado todo. No le hago ascos a nada. La línea que tenemos ahora en Guerrero García aún no está definida. Yo quizá sea más duro aún. Lo que pasa es que hay un equilibrio entre los gustos de Toni y los míos. Quizá sea lo que tú dices: un pop duro o un rock blando. Yo me tiro para lo duro. Que sea más rock. De todas formas esa miscelánea resulta muy curiosa: una especie de rock con reminiscencias del pop defendido con una actitud de punk. ¡Viva la heterodoxia!

Efectivamente. De todos modos nosotros lo que intentamos es hacer una música muy personal, ser personales. Ya sabes que Andalucía es una tierra que tiene muchas raíces y nosotros tenemos un sentimiento muy particular. Quieras que no eso se tiene que reflejar en la forma de hacer música. Buscamos que sea algo muy personal. ¿De qué hablas en las canciones? En las letras intento contar cosas que me preocupan. Inevitablemente hablo del amor y del desamor. Aunque es muy difícil meter una letra en una estrofa que diga algo y que tenga sentido, yo intento hablar de cosas que me ocurren, cosas con las que no estoy de acuerdo, señalar aquello que está mal. Me parece que en tus textos se agazapa una idea: sacar brillo a lo ordinario para captar su carácter extraordinario. Me gusta. Está muy bien. Lo voy a copiar para cuando me vuelvan a preguntar de qué hablo en las canciones (risas). Lo define perfectamente. Tantos años después, ¿por qué sigues haciendo e interpretando canciones? ¿Hay algo de catarsis en el hecho de cantar? ¿Es verdad que el que canta su mal espanta? Yo no lo sé exactamente. Lo que sí recuerdo muy bien es que cuando era chico y estaba recogiendo aceitunas en Jaén me decían: niño, canta “El porompompero”. Y tengo la imagen de que me lanzaba y la gente me animaba. Desde entonces no he podido quitarme eso. Lo llevo dentro. Si no canto, no me hallo. No puedo vivir sin cantar. Me faltaría algo. Como si me quitaran un brazo. No sé por qué, pero es así. A pesar de que defendéis un rock atemporal, el despegue del grupo nació gracias a las nuevas tecnologías. Tu mujer grabó un vídeo del grupo con una canción y se subió a Myspace. ¿Podrías contarnos cómo fue eso? Fue después de grabar la maqueta. Empecé a enviar a compañías que no me hacían caso. La colgué en Internet y tampoco ocurrió nada. Un día veo que mi mujer había hecho un vídeo a mi hijo. Me gustó mucho. Entonces le pedí que me hiciera a mí un vídeo. Y lo grabamos. No teníamos ni banda. Sólo estábamos Toni y yo. Así grabamos el vídeo “El camino perdido”. A raíz de colgarlo hicimos otro más con un amigo, ya en plan profesional. Así empezó todo. Entonces el manager Chiqui Marros se llevó la maqueta y el vídeo a Madrid y dio con una compañía interesada.

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Agamenón Todos ríen de mí

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Archivo

33 discos malditos del pop español
A 33 revoluciones por minuto giraban los viejos vinilos. Y 33 han sido los discos seleccionados para esta lista de álbumes malditos del pop español. Cierto que dadas las peculiaridades de nuestro pop, podrían haber sido 333… ¿Por qué malditos? Por su calidad incuestionable; por haber sido ignorados en el momento de su publicación; porque el tiempo pasa por encima de ellos dejándolos en el rincón del olvido; porque, en muchos casos, jamás han conocido más edición que la primera en vinilo (o incluso sólo en casete); porque, en definitiva, no hace falta pactar con Belcebú para que la obra creativa de alguien pase a engrosar las filas del malditismo.

GUERSSEN, 1975 Los madrileños Agamenón, publicaron en 1975 este único álbum, producido por Alain Milhaud. Reeditado hace unos meses, Todos ríen de mí se revela un bonito devocionario del rock ácido psicodélico y el pop soleado de la Costa Oeste, con piezas resplandecientes como “Cuco Go Fly” o la que da título al disco.
LUIS LAPUENTE.

Augusto Algueró Tuset Street BSO
POLYDOR, 1968 De un film que pocos recuerdan, este apabullante soundtrack a la altura de los grandes clásicos europeos de la época. Grabado con músicos y voces londinenses, Algueró selló definitivamente su imagen de músico superdotado e intergeneracional firmando poderosas muestras de pop, soul y bossa de muchos, muchísimos quilates. A terrific cinematic masterpiece.
VICENTE FABUEL.

Javier Bergia Javier Bergia
EMI, 1985 Toda la obra del madrileño Bergia está cubierta de malditismo y desconocimiento; por ello, este primer disco es perfecto para representarla. Nunca reeditado, este LP presentaba a un cantautor rock de mirada lúcida y sinuosa. Textos penetrantes y músicas elaboradas que eluden lo vulgar. “La lluvia me gusta” o “Caramelo” siguen siendo canciones insuperables.
J. P.

Aurora Besos de caramelo
NUEVOS MEDIOS, 1990 Ketama al completo apoyando a la hija de uno de los componentes de Los Chorbos en un LP racial pero pop, salsero y con sus buenas dosis souleras. A nadie pareció importarle lo más mínimo su publicación, pero aquí (y en su siguiente y último LP) están algunos de los mejores momentos que deparó el Nuevo Flamenco, a la altura de Ray Heredia.
JUAN PUCHADES.

Los Auténticos Carlos Berlanga Canciones perdidas Indicios
DISCOS MEDICINALES, 1985 Cerrando el capítulo Auténticos, Miguel Ángel Villanueva (que luego daría forma a Plomos y Brujos), recuperó materiales originales e inéditos en esta cinta de casete que hoy pide a gritos ser editada (y remasterizada) en CD y así disfrutar del luminoso pop sin contemplaciones de este grupo maldito de la nueva ola que sólo dejó como legado oficial un par de singles.
J. P.

COMPADRES, 1994 Artista grande aunque injustamente banalizado, su obra se sitúa en el mismísimo centro neurálgico de los madrileños 80. El gran Indicios, equilibrada mezcla de pop, dance y bossa, lo mostraba ya ligeramente maduro contemplando desde su ventana cómo otros seguían la fiesta (a veces de interior) que él ayudó a poner en marcha.
V. F. 

La Búsqueda La Búsqueda
TRES CIPRESES, 1988 Fue un grupo extraño, surgido en un momento en el que parecían fuera de lugar. Sus dejes lorquianos y la voz grave de Francisco Albéniz resucitaban los aires poéticos del 7. Sus arreglos trompeteros los emparentaban a los James (si, los de Manchester) y fueron más reconocidos fuera (en Francia, sobre todo) que aquí. Una lástima, aunque nunca es tarde, aún siguen actuando y grabando.
JORDI TURTÓS.

Elkin & Nelson Ángeles y demonios
CBS, 1974 Naturales de Medellín (Colombia), los hermanos Elkin y Nelson Marín Vélez aterrizaron en España a principios de los años 70 para facturar, con producción de Juan Pardo, dos espléndidos discos de latin/glam/funk/jazz/rock, tórrido batiburrillo de ritmos y géneros, con piezas memorables como “Anacaona”, “Ain’t no sunshine” o “Jíbaro”.
L. L.

Joe Borsani Amigos entrañables en la oscuridad
BARSA PROMOCIONES, 1996 Un disparate en homenaje a los actores del cine español da paso a un disco juguetón, íntimo, sensible, que bebe del pop, del rock argentino y de los ritmos latinos. El fallecido Borsani (ex Tíos Queridos, ex Sissi), grabó un CD personal, acústico y frágil con el aliento de las cosas mínimas pero que de tan hermosas se tornan gigantescas. Emociones hechas canción.
J. P.

Los Chorbos El sonido caño roto
CBS, 1975 Arranca y esto parece la banda sonora de Shaft, pero no, cantan gitanos madrileños a ritmo de soul aflamencado. Detrás del sonido caño roto estaba el productor José Luis de Carlos, un maravilloso visionario que supo encauzar el descomunal caudal de Las Grecas y Los Chorbos (en los que militaba un joven Manzanita) y poner en marcha una experiencia tan breve como intensa.
J. P.

Los Especialistas Los Especialistas
CBS, 1991 Fueron pioneros al lado de Mestizos, Coyotes o 1 Japonesas, en mezclar, fusionar y recoger los primeros resultados del mestizaje sonoro y cultural. Su disco de debut dio un paso de gigante en muchos conceptos: asumió ecos del soukous africano, del merengue dominicano y ensanchó las autopistas rítmicas por las que evolucionar en el futuro. Aún es hora de que se les reconozca.
J. T.

Décima Víctima Un hombre sólo
GRABACIONES ACCIDENTALES, 1984 Dos suecos y un madrileño... Podría ser el comienzo de un chiste malo, pero no. Décima Víctima fue un grupo capaz de crear sonidos densos, glaciales, opresivos, musculados y épicos. En su segundo LP, los hermanos Krantz y Carlos Entrena demostraron que con pocos arreglos y sencillez compositiva se podían ofrecer canciones con gran empaque.
ÁLEx ORÓ.

Joaquín Carbonell Con la ayuda de todos
RCA, 1976 Turolense afincado en Zaragoza, grabó en Barcelona con los mediterráneos de La Rondalla de la Costa y Toti Soler. ¿Qué salió de ello? Un disco a contracorriente, musicalmente variado pero inspirado por Brassens. Un cantautor apegado a la tierra pero mirando al mar. Una lúdica rareza de aquellos años cantautoriles tan serios, tan sobrios y tan protestones
J. P.

Dolores Asa Nisi, Masa
POLYDOR, 1978 Una explosión de júbilo y libertad creativa protagonizada por Pedro Ruy-Blas, Jorge Pardo, Tomás San Miguel, José Antonio Galicia y otros francotiradores del jazz de fusión nacional. Flamenco negro y eléctrico, ensamblado en un enjambre de percusiones orgánicas, con un pie en Weather Report y otro en Paco de Lucía.
L. L.

Karina Lady Elizabeth
HISPAVOx, 1974 Rodrigo y Guzmán aportan canciones y Tony Luz escribe y produce con mimo (Karina era su mujer) un LP con el que la chica pop pega un salto estilístico: se pone seria en la cara A, mientras que en la B se aproxima desde una suerte de country-rock a clásicos anglosajones (Chuck Berry incluido) y algo tontorrones. A descubrir sin prejuicios.
J. P. 

Fania En busca de la tribu
Gasa, 1987 Fania era una cantautora pop encuadrable en el elegante mapa musical que también transitaban Esclarecidos. Notable buen gusto en la escritura (“Pasión gitana”, una canción que avanzaba el futuro que otros caminaron) y un primerizo Suso Saiz ajustando con sabiduría la producción. Se reeditó en CD acompañado del segundo disco de Fania.
J. P.

Lovely Luna Las cosas que nadie debe ver
MushrooM Pillow, 2004 La cara más folkie de los poliédricos Xoel López (Deluxe) y Félix Arias (Guru Deva). El espíritu de Vainica Doble y CRAG se les apareció a estos dos gallegos amantes de The Beatles, Simon & Garfunkel y Dylan, que en esta ocasión abandonaron el inglés (lengua vehicular de su primer trabajo) para pasarse al castellano. Un disco hermoso porque sí.
Á. o.

Remigi Palmero Humitat relativa
Pu PuT/Zafiro, 1979 Nunca reeditado, este disco es la mejor muestra de folk-rock que se haya grabado nunca en España. Un inagotable LP cantado en catalán, rico en texturas, colorista, magnífico en arreglos, producción y repertorio (con Julio Bustamante echando una mano). Pero si Humitat relativa es una pieza maldita, la cinta de casete Emparín, no se queda atrás.
J. P.

Rita Marley, Ignacio Scola y Gregorio Paniagua Spectacles for tribuffalos
TaBaTa MÚsiCa Y lETra, 1995 Impensable fantasía subterránea imaginada por el productor Ignacio Scola, el eslabón perdido en la saga de la viuda del reggae, sacerdotisa barroca en el altar del pop tierno y surreal, de la mano del multiinstrumentista Gregorio Paniagua, con guiños a Frank Zappa, Spike Jones, Billie Holiday y Pau Riba. Luminoso, impredecible, arrebatador.

Sergio Makaroff La buena vida
PDi, 1987 Eligió Barcelona en lugar de Madrid y eso, quizás, acabó pasándole factura. En Madrid no sería un maldito, seguro hubiese triunfado con sus colegas Calamaro, Rot y compañía. Pero este hedonista-narcisista prefirió el Mediterráneo para crear maravillas como La buena vida, un disco que mostraba un talento creador difícilmente asimilable por el establishment argentino-madrileño.
J. T.

l. l.

Ruper Ordorika Hausti da amphora
XoXoa, 1980 No sólo fue un magnífico debut; fue, además, la constatación de que en tiempos en los que el nihilismo post-punk anunciaba futuros eclécticos post-modernos, un cantautor educado en el rock (Ruper) y un escritor en ciernes (Bernardo Atxaga) tejieron uno de los discos más hermosos de la canción de autor no sólo de Euskadi sino de toda la península, de todos los tiempos.
J. T.

Gato Pérez Flaires de Barcelunya
EMi, 1982 Íntegramente en catalán, el Gato crea un territorio mítico que apenas entendió nadie, y menos su discográfica. Una banda contundente y un viaje a una geografía imposible, a una Cataluña de ritos nuevos que no existía oficialmente. Un costumbrismo del futuro. Y la primera versión de Sisa en clave rumbera.
César PriETo.

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Primavera Negra Flores encendidas
LA ROSA RECORDS, 1987 Disco de transición en el que Xavier Baró, alma y líder del grupo, deja de lado sus influencias rockeras para adentrarse en los caminos del folk. Baró nos cuenta historias de perdedores, de derrotas y “road movies” sonoras que convierten a este disco en un imprescindible y descarnado material sonoro.
Á. O.

Pedro María Sánchez Encuentro
POLYDOR, 1979 Lo lanzaron como producto para fans, pero el actor Pedro María Sánchez era un cantautor que por derecho debe figurar en la Tercera Vía del pop español (la de CRAG, José y Manuel...). Canciones sutiles, un cantante que sabe lo que se lleva entre manos y una producción soleada (de Eduardo Leiva), con el pop de la Costa Oeste en el punto de mira. Fascinante.
J. P.

Serpentina Blancamañana
ANNIKA, 004 Dada la injusta clandestinidad que luce su único disco se impone obligada presentación. Dos hermanos (Paco y María) entonando primorosas melodías susurradas al oído y tratadas con voces –y guitarras y xilófono– de insospechada exquisitez neoclásica. Una delicada anomalía repleta de ternura malévola, levemente surreal e incluso por momentos, psicodélica.
V. F.

La Romántica Banda Local La Romántica Banda Local
CFE, 1978 La voz arrastrada y resultona de Carlos Faraco marca las señas de identidad de la Romántica, una banda a contracorriente de casi todo, en ese himno lánguido del pop electroacústico hispano titulado “No me gusta el rock”. Estampas bohemias de la noche madrileña envueltas en celofanes de buen gusto melódico.
L. L.

Chicho Sánchez Ferlosio A contratiempo
DIAL, 1978 La transición, tiempos ya sin censura y aún sin censura industrial, y un disco erudito, ácrata e impublicable en otra época. Canciones grabadas en aparatos caseros –¡en el 78!–, consignas políticas, textos en latín, rebeldía libertaria contra el sistema... Casi no puede creerse hoy en día que esto existiera.
C. P.

Sisa Barcelona postal
EDIGSA, 1982 El disco favorito (y desconocido) de Sisa. Coescrito con Antoni Miralda para acompañar a una exposición sobre Barcelona, rescata las viejas señas de identidad cultural de la ciudad partiendo de imágenes rancias y feístas. Habaneras, fox trot, valses, rumbas, tangos y chanson, un hermoso homenaje a las almas paralelas de la Ciudad Condal.
L. L.

Alfonso Santisteban La nueva banda de Santisteban
BELTER, 1971 Tras las aventuras brasileiras del 68 el siguiente paso de Santisteban colmó las expectativas que pudiera generar un compositor de copla. Disco maldito por antonomasia perdido en años oscuros de forma infame, contenía su espectacular visión del scat femenino (dabadabadás) servido sobre oleadas de groove-funk y en clave absolutamente cañí. Olé.
V. F.

Slogan Cambia de cara
NUEVOS MEDIOS, 1983 En plena Movida madrileña, el locutor José Miguel Nieto factura un disco donde está la esencia del pop. Sin medios – no hay grupo, sólo máquinas– y bajo el nombre de Slogan construye canciones que suenan tan sinceras, tan bonitas y tan costumbristas como cualquiera que te venga a la cabeza de aquellos años.
C. P.

Toti Soler Lonely fire
RCA, 1979 Un catalán como Jordi (Toti) Soler, elemento esencial del rock progresivo catalán construyó a lo largo de los 70 una discografia impecable, tan delicada y fascinante como olvidada. En el 79 (El año de La leyenda del tiempo de Camarón), al lado de los hermanos Amador (Veneno, Pata Negra) inventaba las Bulerías de Menorca y desbordaba mediterraneidad sobre un flamenco que se abría al futuro.
J. T.

Malcom Scarpa Las cosas cambian
GRABACIONES EN EL MAR, 2004 El tono confesional de este peculiar cantautor rock pareció macerar cuando un buen día decidió usar el castellano. En clave costumbrista, irónica y desencantada, las nuevas y relucientes melodías añadían un romántico sprit de leve optimismo cotidiano insólito en días en los que los modernos cantautores parecen ir desangrándose por las esquinas.
V. F.

Los Santos Los Santos
FONOMUSIC, 1985 La mejor banda de pop surgida en el Bilbao de los años 80 fue condenada al malditismo por, evidentemente, surgir en el lugar equivocado en plena efervescencia del rock radikal. Sin embargo su único disco no merece el olvido. “Tuve una chica” es y será una de las mejores canciones pop de aquella época. “Vaquera en la arena”, “La modelo” o “Lo mejor” deberían ser clásicos.
J. T.

FICHA TÉCNICA Selección de Vicente Fabuel, Luis Lapuente, Diego A. Manrique, Álex Oró, César Prieto, Juan Puchades y Jordi Turtós. Coordinación de Juan Puchades. 

5

Georges Moustaki
Buceando en las caprichosas aguas de la memoria
Es una de las figuras capitales de la chanson francesa –y el que con más asiduidad se ha prodigado por España–, pero en esta ocasión no tiene disco nuevo, su nueva obra es el libro Siete cuentos fronterizos.

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E

| LOLA S. LÓPEZ.

l alejandrino renacido en Francia (“volví a nacer en París a los 17 años, en 1951”), no deja de sorprender con sus intensas y variadas creaciones, a pesar de sus 73 años. Profundo amador, deportista perseverante (“practico a diario ping pong”), motero incondicional (estuvo a punto de cambiar las dos ruedas por la música, de la mano del malogrado Christian Ravel), nos propone un libro de cuentos en su última incursión literaria. Siete cuentos fronterizos (Belaqva), para desengrasar las tuercas del cerebro. En su relato “El muro”, primero las codornices y después el fútbol, unen a la ciudad separada por la muralla levantada. ¿Es el fútbol un deporte de unión multicultural? Bueno, realmente todo fue un sueño que tuvo el chico protagonista. Cuando los sueños se convierten en realidad es genial. Es la materialización de la utopía. Hoy en día, el fútbol es, desgraciadamente un deporte que está muy mediatizado; si no fuera así, desde luego sería un deporte muy interesante como nexo de unión e integración. El deporte une, especialmente a los niños, que aún no tienen ideas preconcebidas. Personalmente me encanta el deporte, practicarlo, no solo delante de la tele, si no delante de alguien a quién yo llamo el partener, no el contrario. En “Los invasores”, la imaginación de los niños monta un lío tremendo entre los adultos. El poder de la imaginación; la imaginación al poder, esa gran consigna de mayo del 68. ¿Qué queda de aquello en este nuevo siglo? Queda pedir lo imposible. Se pensó que aquello era una auténtica revolución: “sed realistas, pedir lo imposible”. Pasado el mayo del 68, volvemos a lo anterior, a la “Revolución Presente”, como decía en mi canción; la única revolución posible sólo puede darse en el día a día, en el mundo de cada uno y así ir sumándose con el mundo del otro y del otro. Sin embargo la ironía parece una constante en sus canciones. Lo único que consigue desestabilizar las cosas es la imaginación, los sueños, el poder que generan. Lo más subversivo hoy en día son los bufones, graciosos e irónicos. Provocan la risa y bajo esa apariencia inocente, colocan las cosas en el lugar que le corresponden. Hablemos de Edith Piaf y su turbulenta relación. Debió ser extremadamente emotivo escribir letras para ella. Sí. A la hora de escribir, yo necesito de alguna manera haber sentido, vivido lo que estoy contando. Todas las canciones las he vivido, tienen un poso de realidad. Ella también sentía así. Cuando interpretaba una de las canciones más populares que hice para ella, “Millord”, se transformaba en una auténtica prostituta. Hay mucho de mí en mis canciones, sean de encargo o no. Me pasa como a Flauvert, cuando le preguntaban quién era madame Bovarie, decía: “madame Bovarie soy yo”. A mí me pasa lo mismo. En cuanto a Edith, nuestra relación profesional y sentimental no duró más de un año, sin embargo, fue tan profundamente intensa, tan apasionada en todos los sentidos, que aún hoy en día, cincuenta años después, siguen aflorando sentimientos y emociones que estaban escondidos en el magma volcánico en algún lugar de mi mente. Usted ha estado muchas veces en España. La primera vez en Barcelona, en el 71, invitado por su amigo Paco Ibáñez. La dictadura y el dictador aún seguían vivos. La última vez también ha sido en Barcelona, en el Festival del Mileni. ¿Cómo ve que nos sienta el paso del tiempo? La verdad es que España es como mi segunda casa. Vengo con mucha frecuencia, actúo en muchas ocasiones, tengo muchísimos amigos, especialmente en Barcelona. Me gusta la gente, el carácter mediterráneo, la comida, el modo de vida, la siesta… y en cuanto a aquel festival, lo recuerdo perfectamente, me censuraron durante cinco años por una canción que decía: “quién cantará flamenco en una España sin Franco” (risas). Tengo entendido que el flamenco es una de sus grandes pasiones musicales, ¿qué le atrae de él? Sí, el flamenco me atrae muchísimo, desde hace décadas. De hecho le he dedicado dos canciones a ese apasionamiento tan impresionante que posee. Yo pensaba que el término flamenco venía de Flandes; es la lengua materna en Bélgica. Conozco a Paco de Lucía, conocí a Camarón, los he visto muchas veces en Francia, también a Tomatito, a Mario Maya a Carmen Mora… El baile, tan temperamental, es realmente fascinante. ¿Tiene conocimiento del festival flamenco de la Camargue? Sí, sí, por supuesto, en el sur de Francia, he estado en alguna ocasión hace años. Es desconcertante, lleno de pasión. Está en torno a una romería de la Vierge Noire. Brasil es otro de los países claves en su vida. En su enriquecedor idilio, tradujo “Aguas de março” de Jobim, “Les eaux de mars”, se codeó y actuó con muchos de los miembros del movimiento rupturista Tropicalista. ¿Cómo fue todo aquello? La riqueza, la creatividad brasileña, su sensibilidad, atrapan. Tropicalia fue un poco anterior a mi primer viaje, no viví cómo se configuró, pero sí los resultados maravillosos; supuso un giro fundamental para la música brasileña. He conocido a Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque… aprendí muchísimo, por supuesto. Usted siempre fue muy crítico con lo que envuelve al negocio de la música. ¿Cómo lo ve ahora, con este nuevo concepto musical derivado de internet, o con las redes invisibles del pirateo? En principio no estoy en contra de la piratería. No se puede poner precio a los gustos musicales. Internet también es una gran ventaja para quines no pueden pagar los precios caros de una tienda. En cuanto a los directivos de la música, desde luego no juego en el mismo patio que ellos. Incluso OT ha sido muy criticado en Francia. También ha producido muchos amores. Es un programa que no sigo, pero en sus comienzos lo vi.

“La única revolución posible sólo puede darse en el día a día, en el mundo de cada uno y así ir sumándose con el mundo del otro y del otro”

“Lo más subversivo hoy en día son los bufones, graciosos e irónicos. Provocan la risa y bajo esa apariencia inocente, colocan las cosas en el lugar que le corresponden”

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HOLLY

Buddy

S
| J.F. LEÓN.

egún Don McLean, el 3 de febrero de 1959 es el día en el que murió la música. Así lo dice en su inmortal himno “American pie”, que se supone que no es otra cosa que el nombre del fatídico aeroplano que se convirtió en el ataúd de uno de los más talentosos pioneros del rock’n’roll. Al menos es lo que cuenta la leyenda, porque posteriormente hay quien aseguró que ese maldito ingenio volador carecía de nombre alguno y que sólo tenía un número de identificación: N3794N. En realidad Buddy Holly no inventó nada. No era un pionero como Chuck Berry o Bo Diddley. Tampoco era tan guapo como Elvis, y en lugar de su salvaje y provocativo movimiento de caderas se limitaba a mover compulsivamente la rodilla derecha mientras tocaba. 
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En realidad sí tenía algo muy especial, y es que en un tiempo en el que las tareas de composición, grabación e interpretación estaban claramente separadas en la mayoría de los casos, Buddy Holly era capaz de componer sus canciones, grabarlas sin necesidad de músicos de estudio y además ser un intérprete excepcional, con una enorme personalidad y carácter que imprimía a las mismas. Quizá por eso, pese a su aspecto de buen chico –y con esas gafas de pasta, que a primera vista le convertían en el más listo de la clase–, se había erigido en una de las figuras más importantes de ese movimiento cultural que bailaba al ritmo de la guitarra eléctrica. Además supo aunar como nadie la fiereza del rock’n’roll y la melodía del pop y es algo que no pasó desapercibido para casi nadie. Porque, si bien grababan versiones de Little Richard y Chuck Berry (por el fanatismo respectivo de Paul y John), musicalmente era a Buddy Holly a quien en buena medida le debían los Beatles esas canciones tan sumamente pegadizas que escribieron durante sus primeros años de vida, antes de que el ácido entrara en sus vidas y decidieran escribir unas letras con un poco más de literatura. No deja de ser una leyenda urbana que asistieran a alguno de los conciertos que Buddy Holly ofreció en Inglaterra, que, por cierto, le proporcionaron una reputación que casi le hizo igualar en las islas al mismísimo Elvis. Sí que asistió un amigo, Tony Bramwell, que les habló maravillas y les prestó sus discos. Pero sí que llegaron a tocar una de sus canciones, “Words of love” en concreto, algo que no debería extrañar viendo el enorme parentesco en el sonido y melodías de las primeras grabaciones de los Fab Four con el legado del chico de Lubbock. Incluso hay quien asegura que los Beatles (algo parecido a escarabajo) eligieron ese nombre a partir del nombre del grupo de Buddy Holly, los Crickets (los grillos). Pero ahí no acaba la cosa, porque Paul McCartney le rindió tributo produciendo el documental The real Buddy Holly story (1986), que contaba con entrevistas a Keith Richards (que también le admiraba, sólo hay que escuchar la versión del “Not fade away” que grabaron unos primerizos Stones), Phil y Don Everly, Sonny Curtis, Jerry Allison, la familia de Holly y el mismo McCartney. Pero su calado en Gran Bretaña fue más allá de Beatles y Rolling Stones, porque dicen que la suya fue la primera Fender Stratocaster que pisó Gran Bretaña y fue la principal responsable de que Hank Marvin de los Shadows, además de copiarle el look, la eligiera para su carrera, algo que sin duda condicionó definitivamente el sonido cristalino de su banda. No vamos a mencionar la infinidad de versiones que se han hecho de sus canciones (desde Cliff Richard a Linda Ronstadt, pasando por Humble Pie,

Era capaz de componer sus canciones, grabarlas sin necesidad de músicos de estudio y además ser un intérprete excepcional, con una enorme personalidad y carácter.

Rush, Grateful Dead, Bruce Springsteen, The Knack, James Taylor, Blind Faith, John Mellencamp, Foghat o Pearl Jam entre otros), pero no está de más recordar que además de Don McLean son muchos los que se han acordado de nuestro héroe y le han dedicado alguna de sus canciones. El caso más obvio y reciente fueron Weezer con “Buddy Holly”, una bonita tonada con un vídeo que recreaba esos días en los que el rock’n’roll volvía locos a los jóvenes. Pero tampoco deberíamos olvidar que Mike Berry & The Outlaws’ publicaron en 1961 el single “Tribute to Buddy Holly”. Y, años después, los Smithereens dedicaron “Maria Elena” a su viuda, y las Dixie Chicks recordaron su accidente y la estatua que le acababan de erigir en su ciudad con la canción “Lubbock or leave it”. Obviamente, Buddy Holly también tuvo el honor de fomar parte del primer grupo de músicos que entraron a formar parte del Rock and Roll Hall of Fame cuando se creó, en 1986. Hollywood también se hizo eco de su meteórica (aunque efímera carrera) con The Buddy Holly story (1978), que al actor Gary Buses le supuso una nominación a los Premios de la Academia como mejor intérprete. También circuló por Broadway y en Londres todavía se podía ver el musical hace un par de años. Pero los tributos del séptimo arte a su figura no se limitan a ese biopic, porque Steve Buscemi iba vestido de Buddy Holly en ese restaurante ultra cool al que acudieron a cenar John Travolta y Uma Thurman en Pulp fiction. También en los Simpsons ha aparecido dentro de un episodio de “Rasca y Pica” junto a sus compañeros de desastre, Ritchie Valens y Big Bopper. Incluso Bradley Denton escribió la novela Buddy Holly is alive and well on Ganymede, que arrancaba con las teles del planeta emitiendo un concierto de Buddy Holly desde Ganímedes. Podríamos seguir así casi hasta el infinito, pero el calado de su figura ya ha quedado bien patente con estos significativos ejemplos.

Supo aunar como nadie la fiereza del rock’n’roll y la melodía del pop.

que de niño aprendiese a tocar violín, piano y guitarra y que a los quince años, además de dominar las seis cuerdas, fuera también muy hábil con el banjo y la mandolina. Evidentemente no tardó en probar suerte y con su amigo de la infancia Bob Montgomery montó el dúo Buddy & Bob, que según ellos mismos practicaba “western and bop”, una etiqueta que no dejaba lugar a dudas respecto a su pasión por la música de raíces de su país, ya fuera blues o country, estilos que Holly combinaba con naturalidad y maestría. Como millares de jóvenes de su generación, Holly quedó marcado para siempre desde que vio sobre el escenario a ese tifón llamado Elvis Presley, pero él tuvo la posibilidad de verle de un modo realmente especial, ya que en el show que el futuro Rey ofreció en Lubbock a principios de 1955, Buddy & Bob fueron los encargados de abrir la velada. Quizá por eso pocos meses después decidieron añadir a su formación el contrabajo de Larry Welborn y la batería de Jerry Allison, pero ningún sello terminaba por interesarse por su trabajo. Elvis había hecho mella en el jovencito Holly, pero no tanto en su socio, que prefería seguir aferrado de un modo más ortodoxo al country y no tardó demasiado en producirse una amistosa separación. De ese modo Holly, Welborn y Allison se sentieron mucho más libres para zambullirse de lleno en ese mundo nuevo que se abría ante sus ojos, el rock’n’roll.

Los primeros tiempos

La historia

Charles Hardin “Buddy” Holley (la “e” se le cayó por el camino) nació el 7 de septiembre de 1936 en la tejana localidad de Lubbock y era el menor de cuatro hijos. Su familia estaba inmersa en la cultura musical y por eso no debería extrañar 
9

En enero de 1956 consiguieron una sesión de grabación en Nashville con Decca que en realidad supuso un verdadero engorro, ya que implicó la firma de un contrato que les ataba pero que no les proporcionó ni la fama ni el dinero que buscaban. Las cosas se habían complicado, pero en ese momento se cruzó en su camino Norman Petty, un músico reciclado en productor cuya única virtud fue intuir el potencial de Holly. En realidad era un jeta más dispuesto a beneficiarse del talento ajeno, pero al menos poseía un estudio en Clovis (Nuevo México) que permitió que Buddy y sus chicos pudieran pasar muchas horas probando y grabando sin coste alguno y, sobre todo, sin la presión que imponía el sistema de grabación ultrarrápido que se estilaba en los cincuenta. Con la incorporación de Niki Sullivan como guitarra rítmica se lanzaron a la búsqueda de la toma perfecta de su canción con más gancho, “That’ll be the day”. Poco más de dos minutos de clímax concentrado que auguraban éxito y que se convertía en la tabla a la que agarrarse para mantenerse a flote tras el revés de Decca. El título de la canción estaba tomado de la muletilla de John Wayne en la obra maestra de John Ford Centauros del desierto. La grabación le encantó a Coral Records, paradójicamente una filial de Decca que, pese a tal condición, también se veía afectada por el contrato previamente firmado por Holly con la casa madre. Nada esperanzador, porque Decca, pese a haber lanzado a Bill Haley, no había demostrado estar demasiado interesada en el rock’n’roll. Buddy, en cualquier caso, firmó otro contrato con Coral, aunque no estaba claro si

un álter ego (en realidad su nombre de pila) para eludir la exclusividad que Petty tenía sobre las nuevas canciones del cantante. “Not fade away”, “Everyday”, “Listen to me”, “Oh boy!”, “Peggy Sue”, “Maybe baby”, “Rave on”, “Heartbeat” e “It’s so easy” se convirtieron en una inmejorable carta de presentación a la par que se convirtieron en una de las principales influencias para los grupos de la Britsh Invassion. No hay que olvidar que “Words of love” fue una de las primeras ocasiones en que las voces se doblaron y en eso los Beatles, poco después, se convirtieron en auténticos maestros. También influyó en su enorme éxito en Gran Bretaña el hecho de que el sonido de su guitarra rítmica tuviera bastantes elementos en común con el skiffle, esa mezcla de country, jazz, blues y folk que se convirtió en el rock and roll autóctono de las islas.

Una vida corta

La suerte estaba echada y poco después de despegar el aparato se estrellaba en un maizal. Era la primera tragedia de ese tipo en la historia del rock’n’roll.
podrían lanzar sus canciones. Por aquellas fechas Welborn era reemplazado por Joe B. Mauldin y, finalmente, “That’ll be the day” fue editado por Brunswick (un sello más orientado hacia el jazz y el R&B), pero a nombre de los Crickets, para eludir el contrato con Decca. Pese a que en el contrato con el nuevo sello ponía que los Crickets estaban formados por Allison, Sullivan y Mauldin (algo que a la postre perjudicaría económicamente a los herederos de Holly), los capos de Decca se acabaron percatando de que ese “That’ll be the day” era uno de los temas que un tipo llamado Buddy Holly había grabado con ellos hacía poco más de un año y, sospechosamente, la voz del tal Holly se parecía mucho a la del cantante de los Crickets. Con la intermediación de Coral, Decca acabó liberando al cantante de su primer contrato y comenzó una liosa etapa de dualidad en la que sacó singles como solista con Coral al tiempo que lo hacía como miembro de los Crickets. Norman Petty, que de tonto no tenía un pelo, además de productor se acabó convirtiendo en manager y como derecho de pernada acabó colando su nombre en los créditos de casi todas las canciones. Además tenía una compañía editorial, Nor Va Jak Music, con la que, obviamente, Holly firmó un contrato. Pero para acabar de complicarlo todo, también acabó firmando posteriormente otro con una editorial distinta y de ahí que en los créditos de sus canciones aparezca el nombre de Charles Hardin,

Aparecieron en el programa de Ed Sullivan y sus nuevas grabaciones atesoraban una enorme calidad, pero los problemas surgieron cuando Holly se enamoró en Nueva York de María Elena Santiago, la recepcionista de la oficina de Murray Deutsch. Por otro lado, sus canciones iban ganando en complejidad y ya había sido necesario contar en algunas ocasiones con guitarristas de estudio, pero sin embargo las ventas de los singles habían descendido significativamente. El grupo se acabó disolviendo y los trapicheos de Norman Petty fueron descubiertos, había manipulado la contabilidad de la banda y se había metido en el bolsillo una ingente cantidad de dinero que no le correspondía. Recién casado y esperando ya un hijo, Holly se vio obligado a alistarse en una de esas giras que agrupaban a varios artistas para conseguir algo más de dinero. El 2 de febrero hacía muy mal tiempo y acababan de tocar en el

Surf Ballroom de Clear Lake (Iowa). Ya había pasado la medianoche y Holly no dudó en fletar un Beechcraft Bonanza que les llevase hasta Fargo. Así ganarían unas horas de descanso y que al menos diera tiempo para que sus ropas se secasen. Pero Big Bopper (un DJ reconvertido en cantante) estaba con la gripe y Waylon Jennings (un Cricket en ese momento) no dudó en cederle su plaza. El jovencísimo Ritchie Valens (que estaba en la cresta de la ola gracias al éxito de “La Bamba”) nunca había montado en un avión y pidió montarse en la avioneta. Así que Tommy Allsup (también músico de Holly) se jugó con él el asiento a cara o cruz y perdió. Esa moneda le mandó al autobús, pero en realidad le acabó salvando la vida, porque la suerte estaba echada y poco después de despegar el aparato se estrellaba en un maizal. Era la primera tragedia de ese tipo en la historia del rock’n’roll, aunque desgraciadamente tampoco gozó del eco que merecía. Los medios se centraron en otro accidente de aviación civil acaecido en el aeropuerto de La Guardia (Nueva York), ese mismo 3 de febrero de 1959, que implicó la muerte de 65 personas. Así se ponía fin a 18 meses de intensa carrera y a un matrimonio que había durado unos meses y que terminaría con aborto. Le enterraron en el cementerio de Lubbock y en la lápida, además de su nombre –correctamente escrito–, esculpieron la silueta de una Fender Stratocaster. Al menos las cosas cambiaron a nivel económico para María Elena cuando en 1975 Paul McCartney compró el catálogo de sus canciones a Norman Petty y comenzó a cobrar por vez primera hasta el último centavo que le correspondía por los derechos de autor de su difunto esposo, que no era poco. Porque sus discos comenzaron a reeditarse, se llevó su vida al cine y por fin se le hizo justicia a su inmenso talento.

A
| ÁNGEL MAEZTU

Discografía recomendada
tánica Beat Goes On (BGO), con remarcables notas informativas en su libreto, además. Es una referencia del año 001. La más apetecible antología de la leyenda tejana en las tiendas en este momento se titula Gold (Geffen, 005). Doble CD de 50 cortes, es, en realidad, una reedición con mejor sonido y nuevo título de la recopilación fechada en 199 The Buddy Holly collection. Aquí están prácticamente todas sus canciones importantes, aunque los méritos del legado del padre del R&R con mayor talento musical, alumbrado casi todo él en un período de sólo  años, no se agotan en éstas. Si únicamente se desea tener un CD sencillo de Holly, le elección deberá ser este otro recopilatorio: The very best of Buddy Holly and The Crickets (Universal, 1999). Es una introducción ideal y pone a nuestro alcance un total de 5 inmaculados cortes clásicos. A los completistas interesará un lanzamiento del Reino Unido que recoge rarezas escasamente conocidas, el material country & western y rockabilly de sus inicios como músico: Gotta roll! The early recordings 1949-1955 (Rev-Ola, 006). Por supuesto, no tienen la entidad de sus grabaciones posteriores, que modificaron el rostro del pop para siempre, pero no son desdeñables en su condición estética menor.

unque todavía no cuenta con un estuche de CDs remasterizados propio, obviamente merecido y que debería ser una realidad pronto, Buddy Holly está hoy dignamente publicado en formato digital. Sus dos históricos e indispensables álbumes lanz 5l debut The “chirping” Crickets, editado en 1957 a nombre de The Crickets, y el homónimo Buddy Holly, ya de 1958 y grabado con el respaldo de los mismos músicos que el disco previo) cuentan con sendas recuperaciones con bonus tracks, en el contexto de la serie “Rock ‘n’ roll 50th anniversary edition”. En el apartado de extras, la primera (Geffen, 004) ofrece 4 cortes procedentes de singles de la época, mientras que la segunda (de nuevo Geffen, 004) nos obsequia con  temas, de los que destacaremos el sublime “Take your time”, el tipo de número pop del que Lennon y McCartney aprendieron casi todo lo que compusieron en 196-1964. El contenido de estas dos seminales entregas de los años 50 también está disponible, si bien ya sin material añadido, en un único compacto del rey de la guitarra Fender Stratocaster, que debemos a la compañía bri- 

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Rockola
Coordina: Carlos Pérez de Ziriza.

Seleccionamos para tu disfrute

Canciones imprescindibles:

DISCO DEL MES

PEREt

Que levante el dedo
RUMBA CLASSICS/K INDUSTRIA

El Rey no abandona el trono

L

y nos pone a todos a bailar (y a pensar)

| JUAN PUCHADES.
a última vez que Peret publicó un disco con canciones nuevas, corría 1995; es decir, hace doce años. Aquel trabajo, Que disparen flores, antes del breve regreso de 2000 repasando algunos de sus temas más conocidos acompañado de jóvenes admiradores, parecía que definitivamente estaba condenado a ser el último. Todos pensábamos que Pedro Pubill Calaf, Peret, andaría retirado, atendiendo a sus cosas y ejerciendo a sus casi 71 años de bisabuelo o similar a tiempo completo. Pero no, hete aquí que el Rumbero Mayor está de vuelta, que el padre de la rumba catalana (o de Barcelona) tiene canciones nuevas. Y resulta que el Rey, en este Que levante el dedo está mejor que nunca. Y decir que Peret está mejor que nunca, es mucho decir, pues su listón casi siempre estuvo en lo más alto. Pero es verdad. Que levante el dedo nos devuelve, además de a un cantante con la voz macerada por el tiempo –pero con ese timbre tan querido–, al brillante compositor de antaño pero algo más sabio, incluso. La canción que titula el disco es la misma que lo abre, una defensa de la prostitución que sirve para que Peret y Celia Sánchez-Mustich

(coautora de la letra y firmante de la biografía oficial del Maestro), se adentren en las miserias e hipocresías que nos rodean (“El médico vende su ciencia / El artista su talento / El maestro su cultura / Y la iglesia / La iglesia nos vende el cielo [...] El que no venda miedo / Que levante el dedo / Ni grandes favores / Que levante el dedo / El que no venda su perro / Que levante el dedo”). No es la primera vez que Peret, a ritmo de rumba, hace balance del paisaje circundante: Tras el fin de la censura, y en discos como El jilguero (1980) o De cap a la palla (1981), arremetía contra arribistas de todo pelaje (¡incluso citaba nombres!) a ritmo de rumba, mientras iba dejando muestras de su espíritu pacifista, al que volvería en Que disparen flores. Si alguien creyó que la rumba sólo servía para mover las caderas, seguro que no escuchó con atención a Peret y a Gato Pérez. De todos modos, el mayor logró de Que levante el dedo es el sonido, la producción. Aspectos en los que Peret llevaba peleando desde el regreso postreligioso de finales de los años 80, aunque no siempre lograba dar con la sónica adecuada y eran las canciones las que se imponían a la técnica. Pero aquí todo funciona a la perfección. Xavi Pérez ha realizado un notable trabajo de producción, apostando por lo justo: las poderosas guitarras de Peret, bajo, percusiones, palmas y coros. Poco más. Lo que casi remite a sus primeras grabaciones, cuando él y sus palmeros-percusionistas sonaban como una máquina del ritmo sin necesidad de recurrir a nada más. Así, sabiendo lo que se llevan entre manos, transcurren diez canciones con el sello del Rey, incluso cuando las letras no son suyas. Aquí está el Peret divertido en “Jalamandrú”; el irónico en

“La fama no me cambiará”, canción que invita a diversas interpretaciones: ¿Peret se ríe de tanto pintamonas como tenemos que aguantar en la tele, lo hace de sí mismo o de algún compañero de profesión?; el flamenco heterodoxo (ojo, que Peret nunca fue flamenco; rumbero y de Barcelona, a mucha honra) en “Son para ti”, con esos aires arábigos; el pícaro en las vacilonas “Ella es así” y “Pícara María”; el que gusta de llevar canciones ajenas a su terreno en “Tú y las nubes”, de José Alfredo Jiménez; el que posee la clave del ritmo para poner a todo el mundo a bailar en “Xaví”. En suma, este es el Peret de hoy. Un señor a punto de cumplir 71 años pero con la cabeza bien despierta, la mano en plena forma para escribir y tocar ese furioso ventilador (¡que hay que ver cómo marcha en este disco!) y dejándonos algunas de las mejores canciones de su carrera. Si este disco nos llegase desde Estados Unidos y con la firma en producción de, por ejemplo, Rick Rubin, medio mundo se quedaría maravillado con él. Hablaríamos del regreso de un genio de la música popular. No seamos idiotas y no perdamos la oportunidad de disfrutarlo aunque venga de Mataró. Ahora que la rumba de Barcelona parece vivir una segunda juventud, festejemos que el Rey ha vuelto para recordarnos el camino de la verdad rumbera. Y es que Peret siempre será un predicador, incluso cuando no quiere serlo. Por último, un deseo personal: Don Pedro, por favor, que no pasen otros doce años para que podamos escucharle nuevas canciones. Todas.

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YOKO ONO Yes, I’m a witch
ASTRALWERKS Se la ama o se la odia, su figura y sus canciones soportan mal la indiferencia. Sí, es una bruja, una genuina bruja de los sonidos más atrevidos y singulares del pop, esa extraña categoría musical donde irrumpió un día de la mano de Lennon, ella que caminaba valiente sobre el hielo delgado de las vanguardias. Ahora, seis años después de su último álbum (el notable Blueprint for a sunrise), Yoko Ono reivindica su legado en el siglo XXI con una especie de grandes éxitos, si se nos permite el término. Un trabajo que la reúne con algunos de los artistas más interesantes de los últimos tiempos, que han elegido su pieza favorita del catálogo de Yoko, para interpretarla con ella según sus propias reglas. El experimento funciona por muchas razones: la cuidadosa selección de los artistas implicados en el proyecto, el repertorio irreprochable, la simbiosis casi siempre prodigiosa entre invitados y anfitriona, que alcanza por momentos cotas sublimes (“Kiss kiss kiss”, con Peaches; “Yes, I’m a witch”, con The Brother Brothers; “Sisters o sisters”, con Le Tigre; la excelsa “Walking on thin ice”, con el líder de Spiritualized, Jason Pierce). Otra vez maravillosa Yoko.
LUIS LAPUENTE.

SABOR DE GRACIA La cançó amb rumba
STRES MUSIC Estaban obligados a encontrarse algún día. Y ahora ya los dos géneros que han brotado en la música catalana del siglo XX funden sus equipajes en un disco de verdadero lujo. Catorce recuerdos de la nova cançó meneados con la batidora swing de la rumba catalana. Una labor detallada que le ha llevado meses y talento a Sicus Carbonell y a Sabor de Gracia. Meses de búsqueda para intentar no contar sólo con lo obvio y rastrear en piezas que están fuera de los cánones –ese sublime “Sifón” de Ia & Batiste, una estampa casi de Marsé con tremenda descarga a lo Fania–. Talento para organizar una orquesta que acompañe al grupo de manera infatigable y que dé cuerpo al acompañamiento básico de ventilador, bongos y palmas al añadirle vientos o cuerdas. Y a la esmerada producción la acompaña un elenco de colaboradores de verdadero lujo, escogidos con inteligencia entre la aristocracia de jóvenes promesas. La Troba Kung- Fú, el gitano brasileño D’Angelo o Manzanita Jr. aportan aire de celebración al homenaje a la cançó y a la buena salud de la rumba de Barcelona, que sigue de parranda pero muy viva.
CÉSAR PRIETO.

“Kiss kiss kiss”, “Yes, I’m a witch” , “Walking on thin ice”

“Sifón”, “Alenar”, “L’home estàtic”.

CATHY CLARET Gipsy flower
SUBTERFUGE Podemos seguir empeñados en emparentar a Cathy Claret con Françoise Hardy, Jeannete y una cierta bossa nova juguetona por vía flamenca. Pero basta ya, hace tiempo que Cathy Claret es ella misma y es mucho más que lo citado arriba. Cathy maneja su propio código para escribir canciones, su voz es personalísima y su música desborda sensualidad y optimismo aunque se ponga drámatica (“Tout me lasse”) o algunas canciones se adentren en contenidos sociales (“Ni con dinero”). Creciendo a ojos vista y disco a disco, en Gipsy flower destaca por los tratamientos musicales y unos originales y atrevidos arreglos (¿quién le da hoy protagonismo solista a una flauta, como sucede en “Siempre libre”. ¿Y esos aires psicodélicos que abren “We are dreamers” y luego se desvanecen en sedoso soul?). Seguir la carrera musical de Cathy resulta una aventura apasionante si tienes las orejas y el corazón abiertos y los dogmas te importan bien poco. Esto es música creada en libertad. Así hay que entenderla y disfrutarla.
JUAN PUCHADES.

J TEIxI BAND Voodo Bar
DRO ATLANTIC ¿Cuando uno no es un superventas, hay mejor recompensa que el aprecio, la simpatía y el reconocimiento? Todo esto lo tiene Javier Teixidor, un rockero con debilidad por la música negra que ha sabido sobrevivir a la leyenda de sus Mermelada. Rockero de guardia para muchos, sus discos siempre contienen varias piezas capaces de levantar el ánimo en cualquier concentración ociosa de buen gusto, y Voodoo bar no es una excepción. Se abre con un instrumental, sigue con una adaptación de “The ghetto” abierta a influencias latinas y asoman ribetes western en “Ciudad soledad”, pero lo que prevalece es el rock and roll blanco y el soul grueso blindado por rutilantes metales. En suma, resulta entrañable para los rockers porque, una vez más, Teixi no defrauda con una nueva muestra de fidelidad a un sonido, una raíz y una actitud. Y, aún así, se antoja una propuesta accesible para un público más amplio pese a que remite a la barra del bar, alude a la muerte, destila sensualidad cuando habla de labios de perdición y mujeres que engañan, matan y besan sin parar, y también inconformismo cuando espeta que “el mundo no hay Dios que lo pueda arreglar”.
IGOR CUBILLO.

“Ni con dinero”, “Siempre libre”, “Tout me lasse”.

“Lo quiero”, “Sonia Rey”, “Flores marcadas” 

TRIáNGULO DE AMOR BIZARRO Triángulo de Amor Bizarro
MUSHROOM PILLOW Éste es uno de los debuts nacionales más impactantes de los últimos años. No hay nada nuevo en su fundamento –post-punk + rock “indie” cantado en español–; pero convencen donde la mayoría naufraga: las canciones, su ser y su forma. Han comprendido que con poco se puede hacer mucho, y a base de superponer guitarras y ritmos incendiarios entregan auténticos bombazos como “El himno de la bala”, candidata desde ya a canción del año. Maman del descaro de “El hombre bala”, Parálisis Permanente, la tensión de Joy “El fantasma de la Division, la agresividad de Surfin’ Bichos y la transición”, “Para los sensualidad tóxica de Primal Scream. La seres atados (a las con- rabia animal de la voz se desvincula de la diciones terrenas)”. pasividad indie aportando un torrente de frescura. En las letras, una doble sensación: provocan sin ser zafios y hay rebeldía, pero no se atreven a concretar y pierden contenido, quizás presa de su propio escepticismo ante la realidad. Si el mundo tembló en 001 con The Strokes, España debería hacerlo en 007 con Triángulo de Amor Bizarro.
JESÚS MIGUEL MARCOS.

THE GOOD, THE BAD & THE QUEEN The Good, The Bad & The Queen
EMI Con los supergrupos de músicos ilustres se corre el riesgo de que el resultado acabe en un pastiche de egos hinchados. No es el caso de The Good, The Bad & The Queen: aquí todo está al servicio de Damon Albarn, un hombre polivalente que ha pisado en el rock alternativo (Blur), el pop electrónico (Gorillaz) o la música africana (su disco Mali music). Más o menos esas son las coordenadas de este álbum, aunque el eslabón más débil sea el último, pues se echa de menos una presencia más reconocible de Tony Allen, el batería que trabajara con Fela Kuti. En su lugar, hay mucha ambientación dub, pianos etéreos que recuerdan a las contribuciones de Albarn a la BSO de Trainspotting e incluso voces de helio. Dicen que están Allen, Paul Simonon (The Clash) o Simon Tong (The Verve), y que produce Danger Mouse (Gnarls Barkley), y lo creo porque sus nombres están en el libreto, pero en definitiva The Good, The Bad & The Queen es un disco en solitario de Albarn: el interesante experimento –aunque un poco repetitivo– de un músico inquieto.
DARÍO MANRIQUE NÚÑEZ.

“Herculean”, “Nature springs”, “A soldier’s tale”.

ÉTNICA

POR GERNOT DUDDA.

ARMENIA KILA & OKI NAVY BAND Kila & Oki How much is KILA/RESISTENCIA la De “enfant terrible” de música tradicional irlandesa, el yours? grupo Kila ha pasado a emular
SVOTA/RESISTENCIA Arto Tunçboyaciyan montó la Armenia Navy Band con el triple propósito de comunicar sus preciados valores de amor, respeto y verdad; considerarla una especie de testamento musical vital y demostrar que en Armenia todavía viven músicos suficientes para montar la banda de una Armada imposible cuyo país no es ribereño de nada. En línea con esto, su anterior trabajo reivindicaba cualidades para el jazz, pero aquí prima con gozo la tradición regional y esa dolorosa melancolía de los perdedores del Cáucaso que arrastran desde 1915. “Probemos un nuevo mundo”, “No olvido mi fe”, “Cada persona es una vida”. cierta condición talasocrática trabando pandilla con un músico del otro extremo del planeta. Con Oki, un virtuoso del tonkori (instrumento de cuerda de la isla de Hokkaido), ha registrado este trabajo en el que se siguen apreciando las contundentes maneras de los irlandeses en materia de percusión, en contraste con la sensualidad del nipón al tocar y al cantar en su lengua nativa, el ainu, que comparte espacio con el gaélico. Una experiencia que no guarda ni mucho menos como única sorpresa lo inusual de su carácter. “Topattumi”, “Ní liom féin”, “hAon dó”.

VARIOS MANOS AHALI Roots of rumba rock. Congo classics, 1953-55 NOTOPOULOS Yakinthos CRAMMED/NUEVOS MEDIOS
Una producción para indagar en las raíces de la rumba congoleña. Y sí, de forma mucho más pronunciada por lo añejo del sonido, tampoco nos hemos confundido: si no fuera por el lingala, cualquiera diría que no se trata una vez más de nuestros soneros mayores de Cuba. Intérpretes como Bowane, Liengo, Adikwa o Tino Mab asientan palos propios para el género (biguine, sebene, rumba, polka piké), no se arredran ante tan complejo acompasamiento rítmico y no paran de mofarse del hombre blanco. Cuestión de que la cosmopolita Kinshasa tuviera siempre dispuestas sus alforjas para las ricas vituallas que han bajado siempre por el río. “Esengo ya la beauté”, “Belito”, “Margarine fina”. RESISTENCIA Yakinthos es una grabación inmensa y toda una referencia para ese “to be or not to be” de las músicas tradicionales griegas. Este veterano clarinetista, flautista y compositor ateniense ha sabido buscar en la contigüidad del mundo bizantino sobre el helenismo clásico un argumento de celebración nacional. Puede que para él Grecia sea hoy un país limitado por guerras a las fronteras geográficas que mantiene, pero que no conoce límite entre el Monte Athos y sus alturas celestiales. Y todo un terrorista también: con ese chirriante atracón de zurna y bendir que es “Skepastí agorá” acaba de pegarle un zambombazo a las orillas que únen/ separan el Bósforo. Magistral. Todas. 

4

CHRIS KNIGHT Enough rope
BLUE ROSE/DOCK El country alternativo tiene un nombre cada vez más seguro para ponerse al frente del género en los próximos años, y ése es Chris Knight. Desde hace un tiempo se le cataloga como el nuevo Steve Earle, pero este cuarto disco deja ya claro que Knight no necesita comparaciones, que sólo se parece a sí mismo, aunque eso sí, lleve a gala una garra tan certera como la de Earle. Este Enough rope, producido por Gary Nicholson y mezclado –por cierto– por el socio de Earle, Ray Kennedy, presenta trece cortes potentes y bien rematados, en los que se pone de manifiesto que no por firmar unos textos fabulosos el de Kentucky está menos preocupado por obtener el mejor resultado sonoro de su disco. Atento a los detalles, los arreglos de este álbum son algo bueno a tenor de la sobriedad que suele marcar estas producciones. A este paso Chris Knight dejará de ser –o debería–, esa promesa de la que tanto se ha hablado para convertirse en palpable realidad comercial. Artísticamente, desde luego, ya lo es.
JAVIER MÁRQUEZ.

VARIOS Salmones distintos
CAMISETASPARATODOS En tiempos en los que un disco-tributo es una herramienta de marketing más que otra cosa, enternece ver un Homenaje Puro, el de los fans de la web camisetasparatodos.com a su ídolo Calamaro. No quiere esto decir que el reciente homenaje oficial Calamaro querido sea peor que Salmones distintos, pero éste sí es más libre y sorprendente. Al menos por la selección del repertorio, que incluye por ejemplo una buena cantidad de temas de El salmón. Los artistas que han colaborado desinteresadamente en Salmones distintos (el disco se descarga gratis en la citada web, portada incluida) son en su mayoría argentinos poco conocidos en nuestro país –y uno sospecha que también en el suyo–. Pero hay hallazgos valiosos, como la argentinísima versión de “Sin documentos”, de Falsos Profetas (bandoneón incluido), la bonita revisión de “Aquellos besos”, de Adrián Leguizamón o la cantautoril “Paloma”, de Matías Guerrero. La participación española (A Malagana y Copa Rota) pasa casi desapercibida entre los esfuerzos de los compatriotas de Calamaro, unos más acertados que otros, pero todos con el corazón en la mano.
DARÍO MANRIQUE NÚÑEZ.

“River Road”, “Dirt”, “Saved by Love”.

“Sin documentos”, “Aquellos besos”, “Paloma”.

JAZZ

POR PABLO SANZ.

D’3 3dd’3

QUADRANT RECORDS Jorge Pardo tiene en el D’ al otro triángulo expresivo de su jazz aflamencado, en el que el madrileño parece disponer de mucha más libertad creativa. Aquí las plazas de Benavent y Di Geraldo las ocupan el contrabajista Francis Pose y el baterista José Vázquez “Roper”, dos musicazos con menos relumbrón que aquellos, pero igualmente solventes e intrépidos. En su tercera entrega como grupo vuelven a descubrirnos un jazz con sensibilidades muy cercanas, aunque lanzado hacia delante. Los tres comparten causa, pero hacen la guerra por su lado, lo cual acaba traduciéndose en viaje de historias comunes y paralelas de gran emoción. “Vale la pena”, “Algo se quema”, “Huye huye”.

SONNY ROLLINS Sonny, please

DOxY/UNIVERSAL El disco llegó primero a través de Internet, pero ya figura con letras de honor en las estanterías españolas. Aunque Sonny Rollins no necesita de ninguna mercadotecnia, el trabajo aterriza en suelo español con un Grammy al “Mejor álbum de jazz instrumental” y las distinciones de “Artista de Jazz” y “Saxofonista del Año” por parte de las prestigiosas revistas JazzTimes y Down Beat. A su soplo vigoroso, dotado de una sonoridad subyugante y exclusiva, se le añade un fraseo improvisado difícil de superar entre las nuevas generaciones de saxofonistas y eso que el abuelo ya camino de los 80. A su lado, un sexteto con el que viene firmando sus últimas actuaciones, y en el que sobresalen con voz propia el el trombonista Clifton Anderson y el bajista Bob Cranshaw. “Sonny, please”, “Stairway to the stars” y “Park Palace Parade”.

STEFANO BOLLANI Piano solo

ECM/NUEVOS MEDIOS Stefano Bollani es el fiel espejo donde Enrico Rava se mira para ponerle todo tipo de pespuntes a la melodía, aunque en este su primer piano solo da generosas muestras de su propio liderazgo jazzístico. El disco iba a ser un homenaje a Sergey Prokofiev, aunque la cosa cambió radicalmente cuando el turinés se sentó frente al piano y comenzó a improvisar sobre sus universos musicales más cercanos, que van desde la canción melódica italiana (“A media luz”) a la modernidad de Brian –Beach Boys– Wilson (“Don’t talk”). Hay mucho sentimiento europeo en su teclado, pero sobre todo una gran madurez en el corazón que lo habita y que nos descubre un jazz sin complejos cargado de imaginación. “Do you know what it means to Miss New Orleans”, “Don’t talk”, “Promenade”. 

5

NUM9 The glow-worm’s resistance
ACUARELA No hay espacio para la innovación cuando lo que se pretende es tirar de recuerdos. Por eso sorprende que Coque Yturriaga se haya dejado tentar por el electro-pop para regresar al pasado, poniendo la memoria a disposición del ordenador, y la voz, a dormir entre sonidos varios. Así llega Num9, con la soledad como moneda de cambio para tirar de las canciones y un trasfondo metálico que hace crujir el disco desde el segundo uno. Después de soltar los lastres de “A giant step”, “A Migala, Yturriaga parece sentirse preparado foreign city”, “Perfect”. para un ejercicio de invocación y calma que apunta al minimalismo. Su primer álbum se ofrece como presentación de un universo propio, diseccionado a través de temas complejos e introvertidos, donde Bright Eyes podría sentirse como en casa, a la sombra de los ecos de múltiples cacharros, camuflado entre la bruma musical. No hay vacilación en The glow-worm’s resistance, concebido para vencer fantasmas, seguidor de estelas binarias y aprendiz de Ben Gibbard, perfecta combinación de inquietud y búsqueda.
MÓNICA PLAZA.

VARIOS We walk the line. A tribute to Johnny Cash
PLAYGROUND Homenajes a Johnny Cash y a su cancionero no faltaron estando éste con vida y menos aún una vez fallecido. Sin embargo, de todos ellos es probablemente éste el que parece más interesante y, desde luego, el más original. Se trata de la grabación en CD y DVD de (parte) de un concierto celebrado en una prisión de Oslo que recoge de este modo el testigo de los dos legendarios discos en directo del cantante desde sendas prisiones de “Give my love to Rose”, Estados Unidos. En este caso son cantantes “Folsom Prison Blues”, noruegos, de la escena folk, rock y country, “Long black veil”. los que se han subido al escenario de esa prisión para repasar algunas de las legendarias canciones del desaparecido “hombre de negro”. Gente como Paal Flaata, Thomas Dybdahl o Rita Eriksen se reunieron en diciembre de 00 para entonar “Folsom prison blues”, “Get rhythm”, “Big river” o “I walk the line”, y lograron unas críticas fabulosas. Ahora, por fin, se edita el evento acompañado de unas notas a cargo de Rosanne Cash, quien no oculta en ellas la emoción por este destacado homenaje a su padre.
JAVIER MÁRQUEZ.

THE SHINS Wincing the night away
SUB POP/EVERLASTING Son uno de los grupos más reverenciados del indie pop norteamericano, estatus totalmente merecido tras la aparición del estupendo Chutes too narrow (00). Desde Alburquerque, Nuevo México (y con dos hispanos en su formación), los Shins siguen siendo capaces en Wincing the night away de filtrar su amor por el pop de los 60 –de los Beach Boys a la psicodelia– en composiciones extrañamente emocionantes. Gran parte de la culpa la tiene la enfática y a veces chillona voz de James Mercer, un cantante que, dependiendo de cómo te pille, puede tocarte la fibra sensible o los nervios. Mercer, además, es el autor de las letras, opacas y surrealistas, pero llenas de imágenes sugerentes que hacen aún más enigmáticas canciones como “Australia” o “Phantom limb”. Wincing the night away, un disco más reposado, sólo a ratos alcanza la brillantez de su predecesor, pero aún así se puede aventurar que será uno de los mejores discos de pop de 007, pocos están a la altura de los Shins.
DARÍO MANRIQUE NÚÑEZ.

CABALLERO REYNALDO Hispano Olivetti
HALL OF FAME Con la libertad por bandera y la heterodoxia como santo y seña creativa, Luis González sigue reactivando de cuando en cuando desde Utiel (Valencia) la célula creativa de Caballero Reynaldo. En esta ocasión lo ha hecho tomando como materia prima las canciones de uno de sus más frecuentes partenaires, el exquisito Malcolm Scarpa, en el primero de una serie de cuatro álbumes dedicados a recrear repertorios ajenos. Y por mucho que la génesis del proyecto venga marcada bien por la pereza o bien la comodidad de las nuevas tecnologías, el resultado es de una caleidoscópica frescura, palpable en su incesante vaivén estilístico, tan sólo unido conceptualmente por los jugosos monólogos infantiles a modo de interludio (extraídos de ¿Qué te debo, Jose?, el libro escrito por Scarpa en 001). Desde el funk a la Gecko Turner (“Funkadella”) hasta el country más (“Instant soup”) o menos (“Cellophane house”) ortodoxo, pasando por ambrosías pop (“The girl I once knew”) o travesuras francófonas (“Tribute to La France”), todo el álbum es un rico viaje sin alforjas temporales .
CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

“Australia”, “Phantom limb”, “Turn on me”.

“Funkadella”, “The girl I once knew”, “This time (Malcolm is not my name)” 

6

TOP MODELS To The Maximum
BIP-BIP La banda liderada por Ricky Gil (ex Brighton 64) alcanza plena madurez artística con este potente y muy trabajado To The Maximum. Tercer aldabonazo discográfico de su actual trayectoria artística, el álbum en conjunto hace justicia, por fin, a un trío cuyo trabajo en vivo venía superando con creces a cualquiera de sus entregas de estudio hasta la fecha. Buenas melodías, ingente y contundente trabajo guitarrístico de distorsión en una sonoridad que, pese a conservar ese sello sixtie marca de la casa, no suena obsoleta en absoluto, tejiendo canciones de aquéllas que cuanto más se escuchan más le enganchan a uno. Fieles a la lengua de Su Graciosa Majestad y a las fuentes estilísticas que les vienen amamantando desde hace más de veinticinco años, la música que conforma este imponente y en ocasiones salvaje álbum logra que se los emparente con el punk-rock más intelectual. La entrega se completa con tres bonus tracks –en forma de vídeo, en este caso– que incluye “Beatiful señoritas” dirigido por David Trueba y censurado en según qué medios por su explícita sexualidad.
JAVIER DE CASTRO.

DESTROYER Rubies
MERGE Antiguo miembro de los New Pornographers y autor incansable de discos singulares, el nuevo trabajo del canadiense Dan Béjar, que es quien se esconde tras Destroyer, ha sido definido en alguna página web como “un proyecto similar a David Bowie grabando canciones de Bob Dylan”, esto es, enigmático y difícilmente calificable. Si bien la interpretación y el concepto global pudieran ser herederos del primero, unos textos para digerir despacio remiten al de Minnesota. Destacan unas guitarras para dejarse llevar que, canción tras canción, van dando identidad al conjunto, y son precisamente éstas las que marcan la distancia respecto a su anterior trabajo, Your blues, que se muestra así como puente entre el folk-rock de las primeras grabaciones y esta obra contemporáneo de marcada madurez. Si bien aquél contaba, en líneas generales, con mejores composiciones, este Rubies presenta a un Dan Béjar mucho más convencido de lo que está haciendo, por lo que la producción y la interpretación ganan con creces.
JAVIER MÁRQUEZ.

“Sugar baby”, “Kangaroo”, “Be the light”.

“Rubies”, “3000 flowers”, “Priest’s knees”.

KRISTI STASSINOPOULOU Taxidoscopio
RESISTENCIA Escritas en furgonetas y aviones, salas de espera de aeropuertos y camerinos, habitaciones de hotel o albergues, las canciones de Taxidoscopio han nacido y crecido en permanente ruta. Como el Zooropa de U –concebido en parecidas circunstancias–, todo el álbum se dispara hacia mil y una direcciones diferentes. Desde los nevados montes de Armenia hasta Almería por la Autovía del Mediterráneo. Volando al festival de Orejo o participando en las famosas jams del Hotel Wyndham de Montreal. Por esas portentosas bases rítmicas ricas en electrónica y percusiones locales, es posible que esta indómita griega –tributaria de Grace Slick y Patti Smith– haya seguido lo que Björk dejó de hacer en “Human behaviour”, justamente la primera canción de su primer álbum. Hay estribaciones hacia el norte –con el trance hipnótico de unos Hedningarna– y hacia el oeste: ella no oculta las infiltraciones de Kraftwerk en piezas como “Trans Europe van” o “Vale da lua”, que desprende la delicadeza de muchos de los números de Radioactivity.
GERNOT DUDDA.

THE FRANK AND WALTERS A renewed interest in happiness
FIF/ELEFANT Elefant nos descubre de nuevo el trabajo brillante y refinado de The Frank and Walters. Banda consolidada tras cinco álbumes originales y algún que otro recopilatorio de rarezas y directos a lo largo de sus casi quince años de trayectoria, nos ofrece en esta ocasión un trabajo algo más reposado que los anteriores, pero igual de agradable y apetecible a la escucha que cualquiera de ellos. Parece ser que la gestación de la mayoría de las canciones y su posterior trascripción en los diferentes estudios de grabación que las fueron acogiendo no fueron en absoluto pautadas, lo que dota al resultado obtenido de una reseñable espontaneidad. En lo estilístico, esta nueva colección de canciones se desenvuelve en una mayoría de medios tiempos, a base de ingenuos acercamientos al country, finas baladas y un buen ramillete de optimistas canciones pop. La nota media final de todo ello es en conjunto notable muy alto, demostrando que ni se les agotan las ideas ni sus composiciones dependen de modas más o menos fluctuantes.
JAVIER DE CASTRO.

“Trans Europe van”, “Jafa”, “S.E.S.C. tour”.

“Fight”, “Country boy”, “Hold on”. 

7

ELLIOTT MURPHY Coming home again
EMI MUSIC Elliott Murphy lleva una racha imparable. En los últimos años ha mantenido un ritmo de lanzamientos difícilmente comparable al de otros de su generación, novedades que incluyen apuestas como un álbum de blues puro, un disco doble en la tradición más clásica del rock o una colección de material inédito de toda su carrera. Pero el hecho de que Murphy esté cada ciertos meses como un reloj acaparando titulares no debe despistar sobre su verdadero talento. Su nuevo álbum es sin duda de lo mejor que ha compuesto y grabado en la última década. Recupera la chispa en el estudio (que nunca ha perdido en directo) de sus trabajos de los setenta, y ofrece así un disco de rock vibrante y contagioso. Sus cuidados textos están bien respaldados como de costumbre por la virtuosa guitarra de Olivier Durand, a la que se une, entre otros colaboradores, el teclista Kenny Margolis. Bebiendo de la actualidad y apoyándose en una cultura atemporal, Elliott Murphy vuelve así a firmar un álbum notable que sigue haciendo de él un artesano imprescindible.
JAVIER MÁRQUEZ.

VARIOS Un rayo de luz
OCHO Y MEDIO/AISGE/SUBTERFUGE Detrás de este proyecto pionero en su intención y resultado está la nobilísima causa de recaudar fondos para los actores y artistas mayores. Unidos y solidarios se han entregado al difícil papel de cantar. Aunque no todos logran dominar el complicado instrumento que es la voz, sí han sabido encontrar otra arista diferente al tema que cada uno interpreta, haciéndolo diferente y suyo. Gurruchaga (tan elegante en la versión remozada de “Pennies from heaven”), “Via con me” (Lola Fran Perea, Ana Belén, Leonor Watling Dueñas), “I wanna be (¡sublime versión de “Vete”, de Los Evil” (Victoria Abril), Amaya!), nos tenían ya acostumbrados. “Me quedo contigo” Otros, nos descubren su capacidad de emo(Luis Tosar). cionar también con la voz, como Luis Tosar y la delicadeza aterciopelada con la que mece “Me quedo contigo”, de Los Chunguitos. Maravillosas están Lola Dueñas (“Via con me”), Verónica Forqué (“Suspiros de España”) y Victoria Abril (“I wanna Be Evil”). Es una agradable noticia comprobar la versatilidad de nuestros actores. A la altura y preparados para deleitarnos con un buen musical.
CARMEN SALMERÓN.

“Pneumonia Alley”, “Marianne’s Garage Sale”, “Making friends with the dead”.

FRANCA MASU Aquamare
FELMAY/GALILEO Desde el bohemio barrio portuario de Alghero, en el norte de Cerdeña, Franca Masu exhibe –muy a lo Edith Piaf– todo su apasionado orgullo latino por las músicas del Mediterráneo e incluso más allá. Y como en Cainá, aquel clásico local del cine mudo de los años 0 del pasado siglo, rinde tributo a un mar que guarda un trágico destino para todo sardo que decida no regresar. Franca sabe cantar perfectamente –sin fisuras idiomáticas– en sardo, italiano, español e incluso catalán (“Cançó per a tu”), lengua de la que aún quedan vestigios en su propia ciudad. Se atreve con el tango y con la canción latinoamericana, que aborda con el garbo y arrojo característicos. Como en “Alfonsina y el mar”, tema al que reconoce haber llegado por Mercedes Sosa. Se disfrutan mucho ese único número dedicado al folclore local (“Sa mama ‘e s’abba”) y los escarceos con un género, el jazz, del que ella renegó hace tiempo (“Aquamare”). A su lado tiene a Mauro Palmas, gran inductor local del sonido de la mandolina.
GERNOT DUDDA.

CHRIS & CARLA Fly high brave dreamers
GLITTERHOUSE/DOCK Tras la aspereza eléctrica del convulso Acetylene, la pareja que lidera The Walkabouts ha decidido encerrarse en el dormitorio para dar forma a este nuevo disco, que acertadamente titulan con sus propios nombres. Chris Eckman y Carla Torgerson se adentran en terrenos de mayor intimidad, tanto en lo lírico como en lo musical, construyendo una obra que da hondura y sentido a su trayectoria. Un álbum delicado, reposado, matizado, melódicamente sobrio y con cierto aire solemne. Folk-rock guiado por las guitarras acústicas y una voz, la de Torgerson, con esa textura entre lo oscuro y lo tierno que es un valor añadido haya donde la deposite. La aparición de las guitarras eléctricas –motivos concretos– y la utilización del mellotron dibujan pasajes desérticos y pantanosos (“Taking leave of our senses”). Se aprecia también una sensibilidad próxima al jazz –trompeta y contrabajo en “Rising backwards”–, e instantes de rock más convencional (“Long slow river”) y country-blues (“Raise them hands”).
JESÚS MIGUEL MARCOS.

“Sa mama ‘e s’abba”, “Mirant estrelles”, “Aquamare”.

“Things we should have known”, “Taking leave of our senses”, “Ice station zebra”. 

8 

9

Reediciones y Recopilatorios
REEDICIÓN DEL MES LA BUENA VIDA Sencillos
SIESTA No es dada la industria del pop en nuestro país a ofrecer envoltorios preciosistas o a indagar en la historia. Así que debemos casi echar un brindis ante la aparición en una primorosa caja de cuatro discos de La Buena Vida ya descatalogados y uno de versiones esparcidas antes en diversos tributos. Cinco discos, pues, cada uno con nombre propio y con visiones diferentes, muestra de que el grupo estuvo alejado de la monotonía que a veces se le achaca. Si con Magnesia y Eureka buscaron invitar al baile y sorprendieron con texturas electrónicas a lo Saint Etienne, en el disco de versiones –Beatles, Velvet, Dinarama...– proclaman su devoción por los sonidos que entienden la elegancia como melancolía. Pero lo verdaderamente impresionante de la colección es la reedición de sus dos singles en vinilo, de secreta y devota admiración. A la manera de los grupos de Sarah diseñaron en sus primeros años hermosas y desnudas canciones, inocentes estampas costumbristas de aire abstraído que abrieron de nuevo para el pop español, en años tortuosos, la puerta de la intimidad y del buen gusto.
CÉSAR PRIETO.

Todas.

L

THE BEE GEES The studio albums 1967-1968

REPRISE-RHINO a banda más importante de la historia del pop australiano, probablemente la más injustamente vituperada por supuestos pecados que nunca lo fueron (el gusto por las baladas de impecable construcción melódica, los himnos memorables de la Era Disco, cabalgando sobre ese característico falsete, sólo igualado por los grandes de la música negra). Cierto, buena parte de la discografía de los Bee Gees no pasa de discreta y/o irritante, pero ésa es otra historia. Para quienes huyan de los estereotipos y los lugares comunes, este cofre de 6 CDs es un tesoro sorprendente, casi el cincuenta por ciento de la herencia esencial de los hermanos Barry, Maurice y Robin Gibb, los tres primeros trabajos del grupo, Bee Gees 1st (1967), Horizontal y Idea (ambos, 1968), expandidos con la habitual sabiduría de los compiladores de Rhino en sus versiones mono y estéreo, más abundantes caras B de singles y otras rarezas. Para completar el lote de imprescindibles habría que hacerse con los dos siguientes álbumes (Odessa y Cucumber castle) y seguir con Trafalgar (1971) y las gloriosas incursiones en la disco music del período 1975-79 (Main course, Children of the world, Here at last... Bee Gees... live y el extraordinario Spirits having flown). Mientras, sólo cabe disfrutar con el exquisito pop camerístico de estos discípulos aventajados de The Beatles y The Hollies. “Massachusets”, “New York mining disaster 1941”, “And the sun will shine” LUIS LAPUENTE.

LOS CHEYENES Sus singles y EP’s en RCA (1965-1967)
RAMA LAMA Si este disco lo hubieran titulado “todas sus grabaciones” u “obras completas”, habrían acabado antes. Y es que las 16 canciones que contiene son todo lo que grabaron Los Cheyenes. Su vida musical se limitó a sólo dos años, pero el recuerdo que dejaron (y que permanece en sus temas) es imperecedero porque Los Cheyenes fueron, junto a los también barceloneses Los Salvajes, lo más brutal que dio el rock español en los 60. Su sonido es puro rock de garajero. Sin “Válgame la Macarena”, medias tintas ni contemplaciones. Un ver“Conoces el final”, dadero martillazo rítmico que se fue encon“Estoy triste”. trando con la psicodelia y que incluso en las baladas logra sonar sucio y poderoso. Reeditado en diversas ocasiones, este material incendiario resulta básico para trazar una historia cabal del rock español en la década de los 60. Para los amantes del garaje o de los sonidos más rudos y sixties, también es pieza obligada.
JUAN PUCHADES.

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LOS KNACKS Los Knacks
NMV RECORDS Pudieron ser algo así como Los Mustang de Argentina, un grupo de beat especializado en versiones de los Fab Four lanzadas al mercado unas semanas antes que las grabaciones originales. Tras editar un sencillo en 1967 con las revisiones de “Submarino amarillo” y “Madera noruega”, Los Knacks se revelaron contra este destino y se quedaron sin su contrato con Phillips. Tardaron dos años en reemprender su carrera discográfica pero se mantuvieron fieles al sonido beat, que en esos momentos ya era algo completamente caduco en el resto del mundo. Sólo consiguieron grabar un puñado de singles cantados en inglés, hasta que en 1970 el gobierno obligó a los grupos a pasarse al castellano, lo que impidió que Los Knacks editaran el LP que ya tenían grabado. Este CD, con una preciosa presentación en forma y tamaño de single de vinilo, recupera los mejores momentos de esta banda de sonido personalísimo que supo defender su criterio artístico por encima de modas y presiones.
ÀLEx ORÓ.

THE TWILIGHTS Once upon a twilight
AZTEC MUSIC En una hipotética lista de los mejores discos de psicodelia grabados por grupos no residentes en Gran Bretaña, aparecería, sin ningún tipo de dudas, Once upon a twilight, el único LP de los australianos The Twilights, que gozó de enorme popularidad en las antípodas durante los sesenta. Colocaron ocho singles en listas entre 1966 y 1967, lo que les dio la oportunidad de grabar un álbum en Londres en pleno apogeo de los sonidos lisérgicos. Es un disco que “Devendra”, “What a hace acopio de todos los tópicos de la silly thing to do”, “Stop época. Por una parte, está pensado como he World for a day”. una unidad sonora y no una recopilación de singles. Por la otra, el productor David MacKay recurrió a los trucos de grabación que tan buenos resultados dieron a The Beatles en Sgt Peppers. Así, está trufado de armonías vocales llenas de ecos, sonidos exóticos que habría firmado George Harrison, letras llenas de segundas lecturas y teclados de influencia barroca. La reedición incluye las versiones estéreo y mono, así como un libreto en el que se detalla la historia de este imprescindible trabajo.
ÀLEx ORÓ.

“Algas y veneno”, “Me siento mal y deprimido”, “Te extrañaré”.

COCTEAU TWINS BBC Sessions
BELLA UNION/SINNAMON Inmersos de lleno en el revisionismo, Cocteau Twins aprovecharon los primeros años del siglo XXI para mirar atrás. Si la década previa vivió su ocaso y anunció varios recopilatorios para confortarse a sí mismos después de la separación, franqueada la pérdida, se pusieron a organizar el trabajo que quedó escondido. Así surgió BBC Sessions, compilación de sus apariciones radiofónicas y desván de grabaciones inclasificables, poco propicias para incluirse en álbumes organizados. El resultado, como cualquier disco de rarezas, llenó de satisfacción a los seguidores más entregados, a quienes todo lanzamiento firmado por los escoceses habría levantado el ánimo. Un disco doble ahora reeditado, cuyo CD inicial alberga sonidos hoy melancólicos por pretéritos, y entonces, desconsolados y novedosos, y cuya segunda parte continúa con la experimentación desesperada que tanta fama les reportó. De la mano de su propia discográfica, Cocteau Twins se asoman al pasado, pero no al escenario, del que huyeron hace tiempo.
MÓNICA PLAZA.

ROD STEWART If we fall in love
WARNER Si Rod Stewart se dedica a los covers, qué mejor que un recopilatorio con sus mejores canciones. Eso han debido pensar los compiladores de este álbum que hasta en su apariencia gráfica se asemeja a sus más recientes trabajos (es decir, diseño como si de un CD de serie barata se tratase, que algún enteradillo del marketing habrá deducido que eso es justo lo que ahora quiere el comprador de discos del viejo Rod). Al final, exento de sus buenas dosis de rock, lo que queda en una selección tan baladista como esta es la voz de Rod Stewart, mucha producción empalagosa y mucha canción fácilmente olvidable. Menos mal que se dejan caer “Tonight’s the night” (con ese puntito arrastrado tan suyo), “I don’t want to talk about it”, “You’re in my heart” o “Sailing” y el oyente, por un momento, sale del sopor en el que estaba cayendo. Una pena ver a un tío que tuvo talento y garra cómo ha terminado siendo pasto de las peores artimañas de la industria discogáfica. Un álbum completamente prescindible.
JUAN PUCHADES.

“Feathers-oar-blades”, “Ivo”, “Seekers who are lovers”.

“Tonight’s the night”, “You’re in my heart”, “Sailing”.

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DVD

NICK CAVE & THE BAD SEEDS The Abattoir Blues Tour
MUTE/VIRGIN Showman lleno de fuerza y de ganas, da gusto ver a Nick Cave sobre un escenario, aunque sea a través de un DVD. Ocurre con este doble que recoge dos actuaciones, una posterior a la salida de su último álbum, el excelente Abbatoir blues/ The lyre of Orpheus (004), y otra del año anterior: los Bad Seeds demuestran estar en plena forma, sin que pese la marcha de Blixa Bargeld, arropando a un Cave espectacular en voz y movimientos, siempre teatral. Los conciertos se completan con videoclips, un documental sobre la grabación del mencionado disco y otros dos CDs con más directos de la gira de 004. Un extenso resumen del comienzo de una nueva y prometedora época para Nick Cave.
DARÍO MANRIQUE NÚÑEZ.

DEEP PURPLE, LED ZEPPELIN, THIN LIZZY, BLACK SABBATH Hard Rock Masterpiece
CLASSIC ROCK Esta caja reúne cuatro títulos de la serie Classic Rock, dedicada evocar las claves creativas de algunos de los discos fundamentales del género a través de sus propios protagonistas y material de diversa procedencia. En este caso el criterio conceptual de la compilación ha sido su sonido “duro”, y así, los álbumes analizados son el Burn de Deep Purple, IV de Led Zeppelin, Live and dangerous de Thin Lizzy y Paranoid de Black Sabbath. Estos documentales no tienen la misma calidad que la serie Classic Album, pero no por eso dejan de resultar tan interesantes como recomendables.
JAVIER MÁRQUEZ.

PINK FLOYD Discos históricos
CLASSIC ROCK El primer álbum de la banda (Piper at the gates of dawn), el quinto (Atom heart mother, primero en alcanzar el número uno de las listas) y el noveno (Wish you were here, continuación de Dark side of the moon), analizados con detalle por los integrantes del grupo, colaboradores y críticos destacados. Aunque cada cual tendrá su disco favorito de Pink Floyd, estos DVDs no tienen desperdicio a tenor del material audiovisual y las entrevistas compiladas. Es cierto que ni el montaje ni la calidad de imagen en algunos momentos resulta excepcional, pero esos fallos quedan perdonados por la información aportada. Además, subtitulado en castellano, que siempre es de agradecer.
JAVIER MÁRQUEZ.

THE SMITHS Under review

SExY INTELLECTUAL Notable documental que analiza, paso a paso, la breve trayectoria de la banda de Morrissey y Marr, tomando como material los escasos clips grabados por Derek Jarman, algunas impagables apariciones en el Top of the Pops y un capítulo de entrevistas sin desperdicio: los productores Stephen Street, John Porter y Kenny Jones, los periodistas Paul Morley o Mark Simpson, el “quinto” Smith Craig Gannon y el siempre lenguaraz capo de Factory, Tony Wilson. Hora y media de metraje objetivo y valioso, muy lejos de la hagiografía visual, tan apta para fans como neófitos. Eso sí, sin subtítulos en castellano.
CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

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Libros
EL SELLO QUE COLTRANE IMPULSÓ Ashley Kahn
GLOBAL RYTHMN PRESS Respaldado por varios libros brillantes ubicados en el universo jazzístico, Ashley Kahn aborda ahora la tarea de recuperar la historia de un sello tan singular como imprescindible, Impulse Records, el hogar más acogedor en el que se movió su artista más reconocido, John Coltrane, pero también figuras como Ray Charles o Duke Ellington. Con un estilo ameno y preciso, Kahn recorre la trayectoria del sello dedicando especial atención a las grabaciones clave del mismo en fichas independientes. Imprescindible para los aficionados al jazz y no menos atractivo para cualquier aficionado musical medio.
JAVIER MÁRQUEZ.

YARDBIRDS. THE ULTIMATE RAVE-UP! Greg Russo
LENOIR Atención a la primera biografía editada en castellano de una de las bandas británicas míticas de los años 60. Pero no sólo por su trayectoria artística en sí, sino por haber albergado en sus filas nada más y nada menos que a E. Clapton, J. Beck y J. Page, tres de las más brillantes guitarras surgidas aquella década. Exhaustivo y muy revelador estudio histórico sobre la obra y difícil supervivencia de un grupo que navegó casi siempre a contracorriente de la comercialidad. Especialmente interesante un apartado que arroja luz, por fin, a los entresijos que ilustraron su finiquito y el nacimiento de Led Zeppelin de sus cenizas. Una lectura absolutamente imprescindible.
JAVIER DE CASTRO.

201 DISCOS PARA ENGANCHARSE AL POP/ ROCK ESPAñOL Varios
FUNDACIÓN AUTOR Tito Lesende y Fernando Neira han coordinado el trabajo de una decena de críticos para elaborar este interesante volumen que repasa cuatro décadas y media de música, año a año, en castellano. El tiempo va pasando un disco tras otro, del que se ofrecen los datos técnicos y abundante información sobre el autor del mismo. No es una historia de la música española reciente, pero como si lo fuese. Efectivo referente para consultas y confirmación de datos sobre estas obras fundamentales de una historia musical que se defiende bastante bien frente a otras, por más que algunos se empeñen en desprestigiarla.
JAVIER MÁRQUEZ.

LONE STAR. FRANK ZAPPA UN CONJUNTO EN EL INFIERNO Manuel de la Fuente DE ANTOLOGíA Ezequiel Moreno BIBLIOTECA NUEVA
Pese a que todo el mundo tiene bien fresca la imagen de la gira Vote for change contra Bush de hace tres años, no está de más recordar que artistas como Zappa ya abogaban por el activismo político contra Reagan en 1988, y de una forma más directa aún: incitando al voto a la juventud favoreciendo su inscripción en el censo en cada uno de sus conciertos. Eso sí, lo hacía sin apoyar explícitamente a los demócratas. Puso sobre el tapete la dudosa catadura moral de los ultraconservadores de la década de los 80 (telepredicadores incluidos) y luchó, casi en solitario, contra la censura en el rock, siempre con el arma de su cáustico sentido del humor. Todo ello queda detallado en este volumen, excepcionalmente completo y muy documentado.
CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.

MILENIO

Lone Star se suma a los grupos españoles de los sesenta que ya tienen biografía. En el caso del grupo barcelonés, la iniciativa tiene un mérito evidente por su longeva carrera artística, por la variedad de estilos que practicaron y por la cantidad de músicos que pasaron por sus filas. Ezequiel Moreno ha escrito una detalladísima historia, que incluye apéndices con toda la información disponible sobre los lanzamientos discográficos del grupo que lideró Pedro Gené. Sólo empaña este libro una redacción algo farragosa, que entorpece el placer de la lectura de la historia de un conjunto que atesoró calidad y buenas composiciones.
ÀLEx ORÓ.

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Retrovisor
Chabuca Granda
Inédita
Se publica un disco con grabaciones inéditas de la cantautora peruana fechadas en 1968. Se puede escuchar a la autora de “La flor de la canela” interpretando “Alfonsina y el mar” o cantando en francés e inglés.

Para entender el futuro, conocer el apsado

M
| JUAN PUCHADES.

aría Isabel Granda

Larco nació el  de septiembre de 190, en Cotabamba, Apurímac (Perú), en un asentamiento minero de cobre, en el sur profundo de los Andes, profundo por su subdesarrollo, pero no por la altura. Desde los tres años, reside en Lima, y comienza a cantar y a tocar la guitarra a los 1 años. Pero en su horizonte no está dedicarse a la canción Sus padres son burgueses cultos y la educan en el antirracismo en una sociedad mayormente mestiza. Así que no es extraño que la joven blanca y de ojos azules se deje seducir por el folclore peruano, esencialmente por el valse, ese ritmo calificado como hijo bastardo del vals vienés, nacido en el barrio negro limeño de Malambo, en el distrito de Rímac. Chabuca canta rancheras y boleros en reuniones sociales, pero son los ritmos peruanos los que la llevan a componer su primera canción, “Lima de veras”. Es 1950 y Chabuca Granda tiene 0 años, un poco tarde para comenzar a escribir canciones, pero el divorcio –que supuso un pequeño escándalo en la sociedad de la época–, le da alas. Sigue trabajando en una farmacia, pero continúa escribiendo canciones, como esa maravilla que le dedica a una joven mulata y que todos conoceremos como “La flor de la canela”. Chabuca Granda, ya intérprete y autora a finales de la década de los 50, tiene una voz propia, ahonda en el retrato humano, pinta paisajes de la realidad limeña menos agradable, pero en

Se podría trazar una línea imaginaria que desde Chile y pasando por Argentina uniría a Violeta Parra con Atahualpa Yupanqui y Chabuca Granda. Ellos fueron las grandes voces de la América del Sur orgullosa de su folclore y su poesía. Chabuca Granda murió en 198.

Las cintas recuperadas
El material inédito que recoge el disco Déjame que te cuente (Nuevos Medios), pertenece a una cinta encontrada hace poco en el estudio de grabación de la discográfica IEMPSA. Se trata de quince canciones grabadas de tirón el 1 de junio de 1968, sólo a guitarra y voz. Para esta edición sólo se ha añadido percusión. Son temas que nos presentan a una Chabuca Granda cantando en francés en la composición propia “La valse créole” o versioneando “Alfonsina y el mar” (de los argentinos Félix Luna y Ariel Ramírez), Chiquilín de Bachín (de los también argentinos Horacio Ferrer y, el genio, Astor Piazzolla) o, cerrando el disco, “Mañana will be tomorrow”, interpretada en inglés y que muchos conocerán por la interpretación de La Lupe. El resto del álbum es material de la propia Chabuca, con maravillas como “Un barco ciego” (“Como yo, el mar / se vuelve y se revuelve / dentro del mar prisión y prisionero, / se ve pasar cargado de naufragios / más allá de las olas y los años”), “El fusil del poeta”, “María Sueños”, “Pobre voz” (“Y después, ascender hasta el cielo en mi voz, / y gritando a los vientos llorar en las nubes, / y llover con la lluvia mi voz; / y al volver a los puentes, sin voz / retomarla en la risa del río hablador otra vez”) o “Vértigo”. En realidad, todo el disco es un maravilloso viaje musical alrededor de unas canciones impregnadas de una magia especial, con esa voz que ella misma es música.

sus manos y su hermosísima voz hasta la revolución adquiera tintes poéticos. Cuida hasta el extremo los textos y se los pasa al poeta y amigo César Calvo para que apunte errores, sugiera cambios y les dé su aprobación. El propio César Calvo la recordaba de este modo: “Era perfecta. Cuando decía esto ya está, ésa era una obra perfecta. Yo soy testigo de su evolución, más literaria que musical. Porque musicalmente ella es un genio de nacimiento. Si recibió alguna influencia, creo que es la de Pablo Milanés, a quien escuchó por primera vez el año 66, y a partir de entonces se puede ver un cambio en la melodía de Chabuca. No sé si una influencia musical en Milanés, pero sí un cambio en la dirección hacia donde iba el viento de Milanés. Cuando Chabuca lo escuchó, me dijo éste es un genio. ¿Quién es? Yo le dije que es un profesor cubano. ¿Qué edad tiene? Tendrá  años. Casi se desmaya. Este genio está haciendo lo que yo he querido hacer siempre: los lied, donde la melodía varía de una estrofa a otra, no se repite nunca, varía según la letra, según la intención”.
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Punto de Partida

Fran Fernández (Francisco Nixon)

Asegura Fran Fernández –integrante de Australian Blonde y La Costa Brava, y ahora solista bajo el nombre de Francisco Nixon, cuyo primer álbum consideramos en EFE EME como el mejor del año pasado– que ningún disco le ha cambiado la vida, pero sí que hay muchos que le gustan enormemente. Entre ellos, elige este de los Beach Boys.

The Beach Boys Sunflower CAPITOL, 1970

L

a muerte y la locura venden discos. Supongo que para los fans suponen una forma de “cerrar” la obra. Nadie quiere ver a Syd Barret haciendo discos con Eric Clapton, o cosas así. Tampoco a nadie le importa un pepino el sufrimiento de esas personas, pero esa es otra historia. Brian Wilson es el más importante genio loco de la música pop, pero en mi caso lamento que la locura haya eclipsado su genio. Cuando era adolescente los Beach Boys me resultaban bastante antipáticos porque eran el grupo que escuchaban los pijos surferos de mi colegio. Tuvieron que pasar unos cuantos años para que, a través de los grupos de Elephant 6 (Apples in Stereo, Olivia Tremor Control, etc.) y gente en España como Willy Carrot, empezara a tener un conocimiento cabal de su discografía. No voy a hablar de Pet sounds, me gustaría
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hablar un poco de Sunflower. Después de las crisis nerviosas sufridas por Brian Wilson tras la grabación de Good vibrations, este disco de 1970 tal vez sea el que más resista una comparación con aquel del 66, y supone a la vez un renacimiento, y (junto a Surf’s up. Van juntos en las reediciones de los CDs), un canto del cisne. Vuelven a componer todos juntos y a funcionar como grupo, estrenándose como compositores el hermano pequeño, Dennis Wilson y Bruce Johnston, el mercenario que habían contratado para suplir a Brian en los directos. Tal vez tenga uno de los mejores “encadenados” de la historia: “Deirdre”, “It’s about time”, “Tears in the morning”, “All I wanna do” y “Forever”. Hay algo que me atrae mucho en estas historias tan americanas de ascenso, caída y segunda oportunidad. Sin ir más lejos, pienso ir a ver Rocky Balboa. Y cada vez que escucho este disco una infinita sensación de belleza y melancolía se apodera de mí.

Los Imprescindibles
DE CARLOS TENA

Las diez canciones más sexy
En esta lista puedes encontrar diferentes canciones sexy: desde las más idóneas para un día de San Valentín, pasando por las que se deben poner de fondo a la hora de compartir líquidos, y llegando a las que podemos usar para provocar en nosotros mismos el sublime deseo de la copulación.
a edad me delata. Estuve pensando durante todas las fiestas navideñas en lo poco que vale el hombre (sexualmente, se entiende) a partir del climaterio masculino, que viene a ser, según indicios más que fiables ofrecidos por expertos en la cuestión, como la menstruación en las féminas. El único consuelo que me queda es hurgar en los sacos de la memoria individual o colectiva, para satisfacer mi curiosidad y la de algunos lectores (ojalá) encontrando canciones que, por su peculiar historia, hayan escandalizado alguna vez a esos rastreros fariseos que aplicaban la censura pública, para luego, en privado, tener algún momento de “amor propio” mientras ponían el disco de fondo a sus orgías. Por ello, en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, doy rienda suelta a mis fobias y filias, en asuntos de canciones sexy, sin importarme el que algunos melómanos pudieran interpretar estas líneas como un vasallaje a la bazofia musical que pudiera representar una determinada canción, o por el contrario, vieran una crítica radical a un solista o grupo que figura en la lista. Me ha costado tiempo, pero creo que vale la pena dedicarle un lugar a estas creaciones que están, por fortuna, bastante lejos de basura pop como la que firmó aquel grupo llamado Semen Up, cuyo solista, sin embargo, hubiera sido un más que eficaz doblador de películas pornográficas de serie B. Por una cuestión de buen gusto, corro un tupido velo sobre la canción “Lo estás haciendo muy bien”, cima de las provocaciones baratas de la Movida nacional. Fuera depresiones sexagenarias, que Bob Dylan, Paul McCartney, Mick Jagger, Jerry Lee Lewis, Miguel Ríos, Aute, Serrat, Johnny Hallyday, Adriano Celentano, Mina y otras aves canoras, siguen gorjeando a pesar de haber superado con creces esa edad. Y quien sabe si, además, pueden demostrar una más que envidiable salud a la hora de exultar el cuerpo. En esta lista puedes encontrar diferentes formas de canciones sexy: desde las más idóneas
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Serge Gainsbourg y Jane Birkin.

para un día de San Valentín, pasando por las que se deben poner de fondo a la hora de compartir líquidos, y llegando a las que podemos usar para provocar en nosotros mismos el sublime deseo de la copulación. Que haya suerte... y que añadas las propias, porque en asuntos tan íntimos, las aberraciones son más que respetables. Aún recuerdo una noche en la que una formidable folladora, solista de un afamado grupo español de los ochenta, me confesó su debilidad ante los discos de Sara Montiel. Y era cierto. No estarán todos los que tu desbordante conocimiento ha imaginado, pero creo que es una digna relación de títulos que deberían estar integrados en un solo CD. Si tienes las canciones, las ganas y el tiempo, grábatelas y véndelo en el top manta, eso sí, con un preservativo de regalo, hermano. Ah, el orden no implica prelación alguna. Colócalas en el orden que prefieras para... eso mismo

10 canciones:
“I WANT YOUR SEx”. George Michael.
No es que tenga la voz de Barry White, pero es una de las creaciones más sinceras del ex Wham. Todo a cuanto se refiere es desear sexo. Más de uno gozó de otro diciéndole: “La paciencia de un hombre tiene su límite, y yo he llegado a él. Dame tu sexo”.

“JE T’AIME, MOI NON PLUS”. Serge Gaingsbourg y Jane Birkin (o Brigitte Bardot, que las dos versiones existen).
Una de las grabaciones más gloriosas de finales de los sesenta, con un Gaingsbourg en plan ogro-que-seva-a-comer-a-Lolita, y una Birkin o Bardot, haciendo de inocentes perversas, capaces de poner en erección al más eunuco. Memorable la naturalidad de la frase: “Me corro, me corro, y lo hago sobre tus riñones...”

“WHY DON’T WE DO IT IN THE ROAD?”. The Beatles.
Uno de los temas menos conocidos del cuarteto de Liverpool. Una canción que no tiene mucha letra (apenas dos versos) pero es más que suficiente. Una obra sencilla para una pregunta estupenda: ¿Por qué no lo hacemos en la calle?”. Ella o él no se deciden porque siempre hay algún voyeur que anda husmeando hasta en la oscuridad de la urbe.

“STORIA D’MORE”. Adriano Celentano.
He aquí uno de los momentos más eróticos en la carrera del imprevisible intérprete de Serafino, filme antimilitarista donde los haya, en el que brilla por sí sola esta canción, adaptada por mi idolatrado Tonino Carotone como sólo él podía hacerlo. “Me estrechaba entre su cuerpo, me daba su boca, me decía ¡soy tuya¡ ... pero yo me quedaba como una piedra”. Eso es chulería. El acordeón final, envolviendo la historia, es más explícito que una imagen.

“JUSTIFY MY LOVE”. Madonna.
La reina de todos los sexos. Madonna provocando una vez más, aquí con la ayuda inestimable de Lenny Kravitz, con una de las canciones más eróticas jamás grabadas. No hay relación de temas de esta índole en la que no aparezca una obra de la Ciccone. Su parte más sexy; “No quiero ser tu mami, ni tampoco tu hermana. Sólo quiero ser tu amante. Quiero ser tu chica. Vamos, bésame”.

“I WANT YOU, I NEED YOU, I LOVE YOU”. Elvis Presley.
Mas de alguno se preguntará por qué no incluyo a su “ídolo”, pero el del tupé de Tupelo no puede estar ausente de una lista semejante, aunque a mí, particularmente, siempre me la trajo floja lo sexy que pudiera parecerles a las quinceañeras yanquis. Me excitaba más Jerry Lee Lewis, aunque esta canción contenga una buena dosis de gasolina para el pubis. Ahí es nada ese Presley diciendo, con el labio superior torcido y desafiante: “Acércate más, abrázame, hazme sentir la emoción del placer...”.

“I´M ON FIRE”. Bruce Springsteen.
Probablemente ya habrá más de una lectora o lector que haya soltado un denuesto ante la elección. Pues que se deje de prejuicios (hay que ver qué mal les cae el Boss a l@s chic@s modern@s) y que se vaya a la cama con un/a amante rockero/a, de es@s que sudan hasta por los codos y no utilizan desodorante. Muchos críticos se sorprendieron de que, por una vez, Bruce parecía un animal en celo, y en verdad que este tema tiene su miga. No queda nada mal cuando canta: “En la noche despierto empapado, envuelto en hojas mojadas, y escucho a lo lejos un tren de la carga que marcha en el centro de mi cabeza; solamente tú puedes refrescar mi deseo. Estoy ardiendo”.

“LAY, LADY, LAY”. Bob Dylan.
Como en el caso anterior, malas palabras a un lado, éste es probablemente uno de los títulos más atractivos escritos nunca, y el más sutil de Bob Dylan. El autor había dejado de fumar cuando lo registró, con lo que la voz áspera de antaño dio paso a una forma de cantar mucho más suave, una voz más dulce. La canción dibuja una escena sencilla en la que ella descansa en una cama de cobre, de color amarillo con hojas de satén en la cabecera, mientras es abrazada por su novio, que le hace el amor hasta que rompe el amanecer. Es una canción de sexo con glucosa, de esa que alguna vez hemos probado cuando jóvenes. “Me levanto para verte a la luz de la mañana, y sigo a tu lado alcanzado la noche contigo. Quédate, mi dama, quédate; permanece ahí mientras la noche exista”.

“LET’S GET IT ON”. Marvin Gaye.
No conozco a nadie que “pase del rhythm and blues”, y de su poder para excitar a un melómano. Marvin fue una de las cimas más elevadas de toda la historia, e incluso me atrevería a decir que aún lo es. Rindamos honores a la extraordinaria voz del infortunado hijo de pastor protestante asesino, y dejémonos llevar por ella hasta el lecho donde espera ese cuerpo divino. Me siento en el deber de advertir a la población en general, que esta canción tiene el peligro de conducirnos a la borrachera y a las orgías masivas. No digas que no lo advertí. “No hay nada malo cuando me amas, entregarte a ti misma no es un error si el amor es verdadero. Déjate llevar…”. Oreja, rabo y vuelta a la cama.

“WITH THESE HANDS”. Tom Jones.
Uno de los temas que el de Gales registró en uno de sus primeros discos, pero que jamás deja de interpretar en directo. Canción exacerbadamente romántica de los años cincuenta, que ocultaba los más sublimes y perversos instintos bajo versos de lo más lírico, consecuentemente con una época en la que la censura era lapidaria. La cantaron los edulcorantes Nelson Eddy y Jo Stafford, entre otros, pero la letra va más allá de lo dulce. “Con estas manos, me aferraré a tí, seré tuyo siempre y por un día. Con estas manos, te traeré un amor dulce, pero tan cálido como el mes de mayo. Seré un mar en tempestad, te traeré la marea, y nunca dejaré que te marches”. Esas son metáforas y no las de Sabina...
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Héroes de culto
| ÀLEx ORÓ.

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a llegan sembrando terror y maldad / en una nube mortal / en un rayo de luz infernal / en busca de la humanidad / nos destruirán, nos consumirán / nos descargarán su poder”. Con este espeluznante mensaje se abre Los cuatro jinetes del Apocalipsis, el primer disco que el grupo valenciano Zarpa grabó en 1978 y que, con el paso de los años, se ha convertido en una de las piezas más codiciadas de los coleccionistas de sonidos duros de todo el mundo. El grupo lo formaban cuatro chavales de Mislata (Valencia), entre los que estaban los hermanos Vicente y Eduardo Feijoo. El primero de ellos se encargaba de la guitarra y la voz, mientras que el segundo era el bajista. El resto de la banda la integraban Javier Hervías, que se ocupaba de la segunda guitarra, y Jesús Martínez, responsable de la batería. En esos primeros tiempos el grupo se hacía llamar Zarpa Rock. El disco fue grabado en directo en el estudio en una sola toma. Todo el proceso duró alrededor de una hora y media. Vicente Feijoo recuerda que “no había presupuesto para grabar por pistas. Nos metimos en el estudio separados únicamente por unas pantallas individuales”. En esa época, los miembros de Zarpa vivían para la música. “Ensayábamos entre cuatro y cinco horas diarias. Llevábamos más de un año tocando juntos y nuestro manager nos dijo que había llegado el momento de grabar unas canciones para poderlas editar en disco”. El manager en cuestión era Vicente López Carsí, responsable de Zeus Rock, la agencia que llevaba los “negocios” de los Zarpa. “Nosotros –explica el cantante del grupo– no entendíamos muy bien por qué teníamos que grabar un disco. Los vericuetos del negocio musical no era lo nuestro”. Tras superar las reticencias iniciales, Zarpa Rock graban los cinco temas que conformarían Los cuatro jinetes del apocalipsis. Canciones como la que da título al disco, “La contaminación”, “Llega la destrucción”, “La guerra cruel” o “El hambre” forman un conjunto sonoro muy sólido, con claras influencias de los “héroes” del hard rock de principios de los setenta como Deep Purple, Led Zeppelin o Black Sabbath, aunque ya apuntaba detalles de lo que, a principios de los ochenta, sería denominado como heavy metal. No obstante, el cantante asegura que sus artistas preferidos eran The Beatles, Eric Clapton y Status Quo.

Zarpa
Arañazos de rock
Zarpa fue uno de los grupos con más poderío de la escena del rock más duro hecho en España. Rozaron el éxito con la punta de los dedos pero siempre surgía algún imprevisto que impedía que la banda saliera adelante. Por primera vez, su debut discográfico ha sido reeditado en CD.

“Éramos apocalípticos”
Vicente Feijoo explica que el título del disco no fue elegido al azar. “Nosotros éramos un poco apocalípticos. Era una metáfora sobre nosotros mismos y un pequeño homenaje a la novela de Blasco Ibáñez, que era valenciano como nosotros”. En cuanto a las letras, “pretendíamos hacer una crítica de la sociedad siendo positivos. Era un desafío en 1978, siendo como éramos unos adolescentes”. Feijoo y el resto del grupo, se despreocuparon por los detalles de la plastificación del disco. “No

sé si se editaron 500, 600 o 1.000 copias”. Lo cierto es que la tirada debió ser cortísima, porque un ejemplar del debut de Zarpa Rock alcanzaría un valor incalculable en las subastas de Internet. Es más, muchos coleccionistas han dudado durante años de la existencia de Los cuatro jinetes del apocalipsis. Guerssen Records, la discográfica catalana dedicada a las reediciones de material sonoro de los 60 y los 70, ha creado un subsello llamado Iberian Rocks!!, cuya primera referencia es el debut de Zarpa. A este lanzamiento le seguirán títulos de Panzer, Santa o Sobredosis, licenciados y fabricados para ellos por Sony BMG.
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La reedición del disco en CD ha sido posible gracias a que Feijoo tenía una copia del master. Las cintas originales en bobina ancha, según Feijoo, “se pudrieron o se perdieron” después de que Vicente López Carsí cerrará Zeus Rock y se desvinculara del negocio musical.

Zarpa a secas
Tras la edición del disco, el cuarteto quitó la palabra “rock” del nombre del grupo. Poco a poco, Zarpa se hace con un espacio en los ambientes del heavy metal español. Telonean a la Ian Gillan Band, la formación que lideraba el ex

cantante de los años gloriosos de Deep Purple. Pero como solía ocurrir con todos los grupos españoles de los años sesenta y setenta, el servicio militar interrumpió la trayectoria del grupo. Pese a ello, la banda vuelve al estudio en 1979 para grabar el que hubiera tenido que ser su segundo larga duración. El título del nuevo artefacto sonoro era Adictos al crimen. Feijoo recuerda que la maqueta fue grabada “entre un poco antes y durante nuestra mili. Javier Hervías se fue voluntario a los 17 años y excepto yo que me fui con casi 0 años, todos los demás adelantaron su entrada en el ejército y durante ese periodo compusimos una buena colección de temas que algún día, supongo, verán la luz”. A principios de los ochenta, los Zarpa han liquidado sus obligaciones patrias pero el ambiente musical había cambiado mucho en dos años. Los miembros de la banda detectan que hay un nuevo tipo de público que va a los conciertos y que deben empezar desde cero para darse a conocer. Se suceden las actuaciones en vivo y Feijoo asegura que, tras un viaje a Madrid, “estuvimos a punto de incorporarnos a la Movida, pero supongo que nuestra música era demasiado dura y en aquella época música dura era lo mismo que decir música de barrio y violencia”. En esa época graban temas para un hipotético nuevo LP titulado Zarpasaurio (1981), que también se queda inédito. Finalmente en el 8 consiguen grabar y plastificar un disco titulado Ángeles o demonios para el sello Xirivella. El lanzamiento coincide en el tiempo con el momento de máximo esplendor del heavy metal en España y con Barón Rojo y Obús liderando las ventas de discos.

El primer disco, de 1978, con el paso de los años se ha convertido en una de las piezas más codiciadas de los coleccionistas de sonidos duros de todo el mundo.

época. El disco se tituló Herederos de un imperio (1984) y fue editado por Twins, la discográfica independiente dirigida por Paco Trinidad que acogió a bandas como Hombres G, Los Escándalos o Primavera Negra, entre otras. Fue el momento en que Zarpa obtuvo una mejor promoción: fueron “disco verde” en los 40 Principales y el Corte Inglés los invitó a tocar en uno de sus festivales, lo que demuestra la solidez comercial que tenían los sonidos metálicos en la primera mitad de los ochenta. Parecía que todo iba a salir de cara a Zarpa pero el día de la presentación oficial de Herederos de un imperio, el productor del disco, Ignacio Ruiz, tuvo un grave accidente de tráfico. En el siniestro el cuarteto de Mislata perdió buena parte de los vinilos, camisetas y diverso material promocional. El grupo frena en seco su evolución. “Todo quedó en suspenso, durante ese verano, todos nuestros proyectos se habían esfumado”, recuerda Feijoo. Ante esta situación, el grupo se pone a componer nuevo material que se incluiría en un nuevo trabajo titulado Progreso, que también quedó inédito.

Zarpazo al éxito
La edición de este disco permitió la grabación de un tercer LP en los estudios Doublewtronics de Madrid, uno de los epicentros musicales de esa

La desbandada
Zarpa decidió darse una última oportunidad en 1987. El grupo invirtió tres millones de pesetas de la época en la grabación del LP que tendría que
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ser su consagración. El cuarteto alquiló los estudios Aquarius de Ginebra. Desde el primer momento, surgen problemas con el productor “que trató de hacer lo que todo el mundo en aquella época: ¡cargarse el rock!”, recuerda Feijoo. En palabras más asequibles para todos aquellos que no estén muy habituados a la jerga “metálica” esto quiere decir que el pérfido helvético quiso incluir sintetizadores a los temas de Zarpa. En ruta hacia Europa, supuso el cuarto proyecto que se quedó sin plastificar de la historia del grupo. Tras este nuevo fracaso y después de sufrir contratiempos durante una década, el grupo se disuelve momentáneamente. En 199, Zarpa se da una última oportunidad: vuelven al estudio para grabar Como una locomotora que… ¿lo adivinan? También queda inédito. Definitivamente, la formación original del cuarteto se disuelve. En los 90, Feijoo no abandona su carrera musical y edita el LP Solar signs, un trabajo experimental alejado de los sonidos más metálicos. En 1997, el cantante decide recuperar el nombre de Zarpa para actuar en un concierto benéfico. La nueva formación del cuarteto está integrada por Rafa Játiva (guitarra), Gilbert Romero (bajo) y Manolo Cascales (batería). En esta nueva etapa el grupo graba y edita Luchadores por la paz (Jácara, 00), que tiene cierta repercusión comercial en los ambientes rockeros, llegándose a vender .000 copias. A partir de ahí, el sello alemán Karthago Records se interesa por ellos y les ofrece grabar un nuevo disco. Infierno aparece en 004 y se han vendido copias en Alemania, Polonia, Rusia, Corea, Serbia, Holanda, Italia, Grecia, Japón, Estados Unidos y Finlandia “sin dejar de cantar en castellano”, subraya Feijoo. En el CD se incluyó parte del material de En ruta hacia Europa, sin el tamiz electrónico al que fue sometido posteriormente. Ahora, el cantante prepara un nuevo trabajo para la disquera germana para el que ya tiene título: El yunque contra el martillo.

Operación Rescate
Rosendo

R
STANYAM, 1969

BSO Dame algo
DRO, 1997
En trío se grabó esta banda sonora de la película Dame algo, dirigida por Héctor Carré, y que resulta por derecho el trabajo más atípico de Rosendo. En el que, mezclando música y diálogos de la peli, Rosendo más se suelta y con más cosas se atreve, quizás porque se trata de la música incidental de la película –e instrumental– y ello le permitía salirse de su traje habitual, cediendo protagonismo a una guitarra que nunca ha sonado tan versátil: pasa de lo frágil de la última toma de “Yo me largo”, a la dureza noise de “Feliz cumpleaños”, o a los momentos tan brillantes, delicados y juguetones de las tomas 4 y 5 de “Veinte minutos”, “Agárralo y no lo sueltes” o “Comienza el chou 4”. Además, incorpora efectos, juega con los sonidos, crea ambientes como nunca hasta entonces, distorsiona y maneja recursos que jamás habríamos relacionado con él. Uno se pregunta dónde estuvo escondido este Rosendo tantos años. Es más, dónde se volvió a meter tras grabar estas músicas. A Rosendo soltarse el pelo –o dada la melena que luce, quizás recogérselo–, le sienta francamente bien. A sus veteranos seguidores menos ortodoxos no nos importaría que estos atrevimientos se prodigasen con más frecuencia.

| JUAN PUCHADES.

Extravagante
Rod McKuen
A boy named Charlie Brown

osendo Mercado –como firma este disco, no con el habitual y solitario Rosendo–, nos sorprendió a todos con aquel brutal primer LP de Leño (1978), por su frescura, desparpajo y descaro barrial. En las siguientes entregas de Leño, le redujo minutaje a las canciones y no le molestó abrir la mano a conceptos más pop de lo que se esperaba de un grupo de rock duro en el Madrid de los primeros años 80. Pero Leño era una banda peculiar e iba a su aire, afortunadamente, que para castigarnos en aquellos días con tropezones heavys hubo todo un contingente de adictos a la tachuela (Leño tampoco cayó en esto, y eso les honra). Ya en solitario, Rosendo ha sido fiel, hasta demasiado, al sonido descubierto con Leño. Sus movimientos musicales son los mínimos. La decisión más arriesgada que suele definir los discos del de Carabanchel acostumbra a ser si incluye teclados o no. Poco más. Sus álbumes se apoyan en su voz, sus personales letras, sus guitarras, sus melodías tendentes al rock pesadote pero sin pasarse y siempre tocando en formación de trío: bajo, guitarra y batería.

E

VICENTE FABUEL. l responsable de esta sección confía en que si algo debe de distinguir a sus habituales eso ha de ser la curiosidad. La que se precisa para zambullirse en la búsqueda de los hacedores de músicas inusuales que suelen desfilar por la misma. Sin ir más lejos, hoy la del polifacético Rod McKuen. Una breve semblanza de este literato norteamericano (California, 19), aún resumiendo salvajemente su trayectoria, debería decir que a finales de los años 50 empezó a escribir alineándose junto a la generación beat (Kerouac, Neal Cassady), y que enseguida comenzó a alternar su laureada faceta poética con todo tipo de actividades musicales, desde participar como actor en míticos films como Rock, pretty baby (59), a cantar jazz en

la banda de Lionel Hampton, desde grabar dos docenas de personalísimos discos propios, a traducir al inglés a Jacques Brel, con aquellos textos que para los sajones inmortalizaría Scott Walker. Sin olvidar que compuso íntegramente una de las cumbres de Sinatra, el álbum A man alone (69), o que en los 70 alternó sin despeinarse suites, sinfonías y piezas de cámara para orquesta nominadas con el Pulitzer, con coquetos guiños a la disco music (¿?). En fin, inaprensible. Detengámonos en la banda sonora que facturó para este film de dibujos con los Peanuts y que por aquí llamaron Carlitos y Snoopy (Bill Meléndez, 1969). El disco recogía algunas de sus mejores canciones, clásicas que han sobrevolado incluso por encima de su oscuro autor: “Jean” alcanzó el nº 1 de las listas en la voz de Oliver; “Natalie” y “We”, extraídas del film de culto Me, Natalie (Fred Coe, 1968) y compuestas junto a Henry Mancini, lo mostraba en una de sus su facetas más celebradas, la de “crooner afónico”, con su exquisito fraseo sin casi voz, apenas un susurro… Y el cimbreante corte que titula el álbum, prodigio de amabilidad y positivismo en pleno año 1968, pregonaba que Rod Mckuen era un outsider cuya forma de entender el arte nunca ha tenido demasiados visos de sobrevivir. Si cuatro décadas más tarde, milagrosamente, nos encontramos con que buena parte de su obra está reeditada digitalmente y que no hay ninguna necesidad de adquirir los mismos discos que todo el mundo adquiere, los amantes de las voces especiales –¡atención, atención!– tienen en McKuen un pequeño festín.

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Objeto de Deseo
Mano Negra
LP 5 cm. SYROS, 1994 VALOR: 150 Euros

Livre + Vinyl Picture

L

| VICENTE FABUEL.

legados a ese punto ligeramente obsceno en el que se mueve el coleccionismo, lo primero que convendría olvidar es que el nombre del grupo de Manu Chao homenajeaba al mítico grupo anarquista andaluz Mano Negra de finales del siglo XIX. Ha llovido mucho desde entonces y mejor lo dejamos ahí. Capítulo cerrado. Aquí hablamos en términos de golosinas para sibaritas afortunados y desprejuiciados, se habla de esos artefactos exclusivos como del que hoy se da fe, y que, o bien a) nunca lo ha visto nadie; b) algunos conocen a uno que dice que lo tiene, o c) que siempre haya algún incauto que levante el dedo y exclame excitado que una vez lo tuvo a mano en una librería y que, por supuesto, allí lo dejó a pesar de que su precio original,

entonces de 199 francos impreso en la contraportada, nos resulte hoy hasta ridículo Coincidiendo con la desbandada final del grupo en 1994, se editó con escaso éxito este entretenido disco-libro que repasaba fotográfica y cronológicamente la historia de la banda francesa. Entonces, tiempo de dudas que para nada permitían presagiar el enorme despegue posterior de su solista en una carrera llena de luces y sombras capitalizando el descontento juvenil por los efectos de la globalización. Mejor era, sin duda, el disco que lo acompañaba, un 10 pulgadas vinyl picture descrito como “Bande Original du libre” que contenía temas inéditos pertenecientes a las mismas sesiones del Casa Babylon, último disco de la banda y editado también ese mismo año. En el lenguaje del ramo la coletilla “collector’s tirage limité” preludia lo peor: duras negociaciones con finales poco afortunados para el sufrido coleccionista. O por el contrario, se dice también, justo castigo para todo aquel que sienta un desmedido afán por la exclusividad. El esnobismo cotiza caro. Y aunque a la hora de la verdad no importe gran cosa, podríamos buscar algún argumento sólido que justificase su adquisición. ¿Puede ser una buena coartada que de los cinco cortes que lleva el 10”: “Intro”, “The monkey”, “Blood and fire”, “On telephone” y “Viva Zapata”, tres de ellos sean inéditos y no muy desagradables? De cualquier forma, uno de los artefactos coleccionables punteros del grupo de Manu Chao.

Delicias a 45 r.p.m
Loquillo y Trogloditas
“Vaqueros del espacio”, “Hawai 5-0”
Tres Cipreses, 198

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| JUAN PUCHADES

“Todos los chicos en la playa”, “No bailes R ‘N’ R en el Corte Inglés”, “Pacífico”
Tres Cipreses, 198

stos son dos de los singles más extraños editados por Loquillo y Trogloditas en su primera época (no olvidemos “Autopista”), y de los que más se cotizan en el mercado de segunda mano; el precio de cada uno puede situarse, tranquilamente, entre los 90 y 10 euros. Pero a la vez reflejan uno de los momentos más divertidos de Loquillo y los suyos, con canciones de espíritu gamberro como “Vaqueros del espacio” (“tupés galácticos, cósmicos y fálicos”), con las que parecen reírse del prototipo rockabilly en el que se les había encuadrado con el primer LP de Loquillo, Los tiempos están cambiando. Y se atreven con golosinas como la muy conocida versión sixtie de “Hawai 5-0”, que fue sintonía de un espacio radiofónico de Jesús Ordovás en plena Movida. Recordemos que la producción del primer single corrió a cargo de los por entonces Burros Quimi Portet y Manolo García (el diseño también es suyo), además del periodista Jaime Gonzalo. Más robustos sonaban Trogloditas en la inmediata entrega en formato single, con tres trallazos escritos por Sabino Méndez: “Todos los chicos en la playa” (con su ritmo machacón y surfero-troglodita), “No bailes R ’N’ R en el Corte Inglés” (“No bailes rock ’n’ roll en El Corte Inglés, / Ríete de sus empresarios ye-yés. No bailes rock ’n’ roll en El Corte Inglés. No seas una figura pastel”. Cachondeo mordaz alrededor de la planta joven de los conocidos grandes almacenes) y “Pacífico” (una preciosista pieza, también de aires nostálgicos, como todas las de estos singles, y de contenido adolescente: “Haz tus sueños realidad, siempre es mejor que estudiar”). Son discos de búsqueda, en los que el grupo intenta dejar atrás el modelo rocker y mirar al futuro fuera ya de estereotipos. Lo consiguieron aquel mismo año con su segundo LP, El ritmo del garage. Los rockers del Clot pasaron a ser rockeros, en castellano y sin nostalgia.

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El Archivo del Profesor Microsurco
El Profesor Microsurco responde las consultas de los lectores

La línea caliente
Querido Profesor Microsurco: He leído en las páginas del número de febrero de Mojo una pregunta dirigida al archivero de esa revista que me parece que ya ha sido contestada en esta sección. Yo pensaba que había una especie de línea caliente entre los lunáticos que se dedican a contestar preguntas de los lectores, pero ya veo que no. ¿Estoy en lo cierto, Profesor? (Juan Martín Moreno. Valencia) Sí y no, mi dilecto amigo. No a tu segunda cuestión, por supuesto que no hay línea caliente alguna entre los archiveros. Faltaría más, compartir nuestros secretos con la competencia... Y sí a tu primera afirmación. En efecto, Fred Dellar, el Microsurco de Mojo, acostumbra a incluir en su sección Ask Fred (Pregúntale a Fred) una o dos preguntas para las que no ha encontrado respuesta. En el número 159 de la revista (febrero 007), la elegida para el apartado Help Fred! (¡Ayuda a Fred!) la formula Ángel Cuartiella Roca, que se interesa por el disco donde se ubica el tema “Who’ll take my dreams away”, que interpreta Marianne Faithfull en el film de Patrice Leconte Le fille sur le pont. Pues bien, el compañero Fred puede averiguar algo al respecto consultando el número 8 de EFE EME, donde este humilde Profesor contestaba así a la misma cuestión de Ángel Cuartiella: “Pues no lo tienes fácil, amigo, si quieres agenciarte esta rara avis en la obra de Mariana, compuesta al alimón con el sin par Angelo Badalamenti. “Who’ll take my dreams away” no se encuentra en ninguno de los discos oficiales ni recopilatorios de la Faithfull y me temo que la banda sonora del film de Leconte jamás llegó a publicarse como tal. Existe, eso sí, una bonita antología de piezas incluidas en las películas del director gabacho, titulada Le cinema de Patrice Leconte y publicada sólo en Francia el año 001 en el sello Playtime, con número de referencia PL 10061, que incluye dicho tema interpretado por Marianne Faithfull. Por desgracia, se trata de una edición limitada a solo 000 copias y hoy es bastante difícil encontrar una de ellas en las tiendas convencionales. Aunque el auténtico fan siempre es capaz de sacar petróleo buscando en páginas especializadas de la red...”.

Irons canta Dylan
Querido Profesor Microsurco: En alguna emisora de radio he escuchado una rara versión del tema de Bob Dylan “Make you feel my love”, una especie de nana muy bonita ejecutada por un intérprete de escasa voz aunque buen gusto. ¿Puedes ayudarme a encontrar esa versión? (Patricia Aréjula. Logroño). Imagino que te refieres a la que interpreta uno de nuestros actores favoritos, el imprescindible Jeremy Irons, en el álbum colectivo Unexpected dreams-Songs from the stars, editado el año pasado por Rhino. Se trata de un disco concebido por el productor Eric Vetro, parte de cuyos beneficios se dedican a financiar el Programa Educativo de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, y que reúne a un grupo de actores interpretando canciones de inspiración infantil. Jeremy Irons escogió para la ocasión esta bonita pieza de Dylan (del álbum Time out of mind), mientras Ewan McGregor hizo lo propio con “The sweetest gift” (una vieja canción de la nigeriana Sade) y Scarlett Johansson demostró buenas maneras vocales atacando el clásico “Summertime”, de George & Ira Gerswhin.

Tos los secretos
Querido Profesor Microsurco: He leído un montón de veces que una de las fechas míticas de la historia de la movida madrileña fue el concierto de homenaje a Canito, batería de Tos, celebrado en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, donde, al parecer, participaron un montón de bandas luego legendarias en esa escena musical. ¿Puedes ilustrarme acerca de lo que ocurrió con esa banda, Tos, de la que no he logrado encontrar ningún disco en las tiendas de segunda mano? (Lorenzo Valverde. Madrid) Con mucho gusto, amigo. En realidad, te será difícil encontrar grabaciones de Tos. Que yo sepa, tan sólo apareció en su día (198) un EP póstumo, titulado con su nombre (Tos) y editado por el sello Dos Rombos, cuyos escasos ejemplares deben cotizarse hoy a precios astronómicos. José Enrique Cano (Canito), baterista del grupo, falleció en accidente de tráfico el 1 de enero de 1981. Poco después, sus compañeros celebraron aquel homenaje, retransmitido en directo por la emisora Onda , mítica FM de Radio España, en el que decidieron cambiar su nombre por el hoy conocido de Los Secretos, ya con Pedro A. Díaz a las baquetas.

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Locos Gloriosos
Una sección de Luis Lapuente Ilustración: Sento.

Yoko Ono
La bruja del sol naciente

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ondenada a la hoguera de los proscritos del pop por un ejército de fans (en este caso, sí, apócope de fanáticos) de The Beatles, maldita entre las malditas de su estirpe, incomprendida y maltratada incluso por los más cercanos, Yoko Ono ha tenido la entereza de sobrevivir a tan dislocada leyenda negra, bien pertrechada de sus mejores armas, la ironía, el sentido del humor, el sabio distanciamiento, la tozudez de quien se sabe poseedora de verdades inmaculadas. Capaz de reírse de su propia reputación y de convertir la ofensa en virtud en el título de su último álbum (Yes, I’m a witch: Sí, soy una bruja), Yoko Ono Cox, encerrada en los círculos concéntricos que adornan su nombre, es ante todo la feliz superviviente de una brillante generación de músicos capaces de combinar su devoción por las vanguardias con su fascinación por la cultura pop, una artista de inmenso talento y sí, también, la mujer que acompañó a John Lennon, ese chico sensible y contradictorio, en su búsqueda de la madurez personal y creativa más allá de The Beatles.

Inventando las vanguardias
Yoko Ono nació el 18 de febrero de 19 en Tokyo, en el seno de una familia adinerada que emigró a Manhattan huyendo de las miserias provocadas en su país por la Segunda Guerra Mundial. En 1957 estudió composición en el prestigioso Sarah Lawrence College y enseguida unió su destino al de los vanguardistas multimedia del momento, los John Cage, Henry Flynt, David Tudor, La Monte Young, músicos antimúsicos coetáneos y compañeros de intereses artísticos de Andy Warhol. Interesada en todo tipo de disciplinas plásticas y abstractas, Yoko Ono formó parte del legendario grupo Fluxus, de la mano de su primer marido Toshi Ichiyanagui, y participó en numerosas performances y experimentos en los cenáculos más selectos del underground neoyorquino, llegando a cosechar excelentes críticas de la prensa especializada con sus actuaciones en el Carnegie Hall (1961) y en el Tokyo Cultural Center (196), en las que mezclaba con pasmosa originalidad el free jazz, la música contemporánea, la ópera, el kabuki, el rock’n’roll y la estética zen, con su inconfundible voz chirriante como hilo conductor. En 1964 inició su carrera cinematográfica con las películas experimentales Film script 5 y Film nº 1 (A walk to Taj Mahal), un camino que contaría años después con propuestas tan celebradas como Bottoms (1966, una sucesión de primeros planos de culos desnu-

dos), Rape (1969), Fly (1970), Erection (1971) y O sisters (197).

La balada de John y Yoko
En 1966, Yoko recaló en Londres con motivo de la inauguración de una de sus exposiciones en la Galería Indica. Por allí se dejó caer un John Lennon, siempre sediento de nuevas emociones y entre los dos surgió una improbable corriente de amor, que desembocó en el más manoseado, vilipendiado y malinterpretado de los matrimonios de la Era Pop. A partir de entonces, a Yoko se le acusó injustamente de los mayores desmanes (pervertir la inspiración de John, manipularle políticamente, precipitar la disolución de The Beatles, envenenar la relación de amistad entre Lennon y McCartney), mientras legiones de indocumentados musicales ridiculizaban su capacidad artística, oponiéndola a la de su marido. Por supuesto, la realidad apuntaba tozuda en sentido contrario: fue John quien se benefició de una paz espiritual insospechada, fue John quien ganó en originalidad como músico, fue John quien replanteó intelectualmente su maniquea visión del mundo al contacto con Yoko. Empeñada desde su residencia neoyorquina en distintas militancias radicales (desde el feminismo hasta el izquierdismo antisistema), Yoko Ono también recaló en el pop con una extraordinaria serie de álbumes incomprendidos en su día (los mejores: Fly, Season of glass y el cofre antológico Onobox), luego reivindicados por solistas y grupos
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del prestigio como Sonic Youth, B-5’s, Galaxie 500, Public Enemy, Spiritualized, John Cale, Le Tigre, The Flaming Lips o Elvis Costello. Tras el asesinato de John, Yoko alternó sus trabajos extramusicales con la grabación esporádica de discos casi siempre semisubterráneos y con el cuidado exquisito en la reedición de la herencia de Lennon. Entre las numerosas y merecidas distinciones que premian desde hace años el conjunto de su labor artística merece la pena destacar el Premio Internacional de las Artes Cristóbal Gabarrón, que recibió el año pasado en España.

DISCOGRAFÍA RECOMENDADA
Plastic Ono Band (Apple, 1970) Fly (Apple, 1971) Approximately infinite universe (Apple, 197) Feeling the space (Apple, 197) Season of glass (Geffen, 1981) Onobox (Rykodisc, 199) A story (Rykodisc, 1997) Yes, I’m a witch (Astralwerks, 007)