SOBRE LA VIOLENCIA CAUSADA POR LA RELIGIÓN

Escribo estas líneas a raíz de la situación de violencia que desató recientemente un largometraje de poca monta, realizado por uno de los tantos productores norteamericanos, alusivo a una imagen caricaturesca del profeta fundador del Islam, Mahoma, y que terminó con la muerte de cuatro diplomáticos estadounidenses en Libia, incluyendo el embajador. En principio, no creo que el video haya sido la única causa, sino el detonante de tan atroces actos, acompañados de multitudinarias manifestaciones en diferentes países islámicos, desde Sudán hasta Túnez y Afganistán. Es bien sabido que Estados Unidos, debido a su apoyo a Israel en su conflicto con Palestina, y las guerras que ha mantenido en los países islámicos, no tiene la más popular de las imágenes ante los creyentes de la fe islámica, que a su vez cuenta con numerosos individuos adeptos a los movimientos extremistas, tan rápidos para el odio como para poner en práctica demostraciones violentas. En algunos artículos de diarios locales noté las reacciones de algunos representantes de la fe islámica, en las cuales pedían comprensión, a la vez que condenaban el video, por considerarlo como una grave ofensa de individuos con claras tendencias antiislámicas. Pedían respeto a su fe, pero creo que el antagonismo entre Occidente y el Islam es demasiado fuerte para que eso suceda. Occidente, a través de su evolución histórica como sociedad libre, ha defendido firmemente el derecho a la libertad de expresión, entre tantos otros derechos humanos, en tanto que el Islam defiende su espiritualidad y su imaginario, muy por encima de los derechos humanos de sus individuos. Uno de estos representantes decía textualmente “Es importante que en Occidente se entienda que en nuestra cultura, nuestra tradición y nuestra fe, lo sagrado todavía tiene un lugar muy importante que, tal vez, no se le da en otras sociedades hoy en día”. Creo tener algunas dificultades en pasar por alto esta ironía, pero así como para el Islam, lo sagrado es lo más importante, en Occidente, a través de sus procesos históricos de transformación, procesos que apenas están iniciando en el mundo islámico, ha llegado a un punto en el que considera de vital importancia la defensa de los derechos humanos, tan atacados por la misma fe islámica, como por otras religiones. Son entonces dos ideologías totalmente opuestas que no pueden convivir pacíficamente en el mismo mundo, por lo que tarde o temprano, una de ellas tendrá que desaparecer, la más débil, según la teoría evolucionista, que ha demostrado con la historia su validez.

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