La Publicidad: Felicidad Ficticia

Estamos viendo televisión y de pronto aparece un anuncio bastante peculiar, puedo ver como salen varias personas dando testimonios sobre como algún producto les cambió la vida y hasta se permiten decir que los hizo mejores personas. Así que viene a mi mente la siguiente pregunta ¿Qué será ese producto milagroso del que hablan los hombres y las mujeres del anuncio? Bueno para mi sorpresa e indignación resulta ser que lo que estaban promocionando en las conocidas ventas por televisión es una almohada que corrige su postura al dormir. Ahora bien uno esperaría que cualquier individuo que vea esto, pueda comprender fácilmente el falso mensaje que se nos transmite en este tipo de publicidad, al relacionar el echo de comprar esta almohada con un cambio radical de vida. Mas el creciente éxito de las ventas por televisión en los últimos años parece presentarnos una realidad muy alejada de lo que dicta el sentido común. Así que me pregunto, ¿qué será eso que tiene la publicidad que nos logra manipular de una manera tan descarada y que con costos nos damos cuenta? Vivimos en una sociedad consumista por excelencia donde nos queda muy claro que uno de los mayores aliados del consumismo, viene a ser la publicidad. Sin ella, básicamente el comercio no avanza. Resulta indispensable que las personas lleguemos a pensar que “necesitamos” algún producto en especial para mejorar nuestra vida. Y es eso lo que dicen hacer los publicistas, vendernos el producto que les fue encargado anunciar. Por medio de vallas, comerciales televisivos, campañas y ferias. Ahora bien ¿qué pasa cuando estos anuncios pretenden no solo vendernos un producto, sino todo un estilo de vida, aspiraciones, sueños, metas, valores? Es ahí cuando se cruza la línea de la ética y vienen casos de manipulación como el anuncio citado anteriormente. Viéndolo desde un punto de vista crítico parece muy razonable que la persona simplemente apague el televisor y se de cuenta de lo que realmente tratan de venderle. Mas cuando nos vemos bombardeados por publicidad diciéndonos que comer, donde ir, como vestir e incluso como pensar, terminamos viviendo en una especie de nube donde recibimos estas ideas y sin cuestionarnos su mensaje de fondo de manera crítica y objetiva, las asimilamos como parte de nuestro día a día. Piénselo de la siguiente manera: Está usted en el supermercado y pasa por la sección de cereales. De pronto recuerda que aun le queda un poco de cereal de chocolate en su casa pero está por terminarse. Además en las últimas semanas ha sentido que “aumentó de peso”, no se ha pesado desde hace meses, pero tiene la “sensación”. Usted no lo está notando pero por su mente en ese momento está pasando el último anuncio de la campaña de Special k!, donde una mujer, que cabe resaltar es ya delgada, se preocupa por los kilos que aumentó luego de las fiestas de fin de año. Por lo que decide comerse un delicioso plato del nuevo Special k! Con fresas. Mientras toma la caja del estante, aunque no le guste admitirlo, su deseo de fondo no es bajar de peso, sino lograr la vitalidad, individualidad y la decisión de la mujer del comercial (refiriéndose a una mujer, en este caso específico). Es aquí cuando el pensamiento objetivo dicta que si sus deseos son llevar una vida más sana podría optar por comparar la cantidad de químicos dañinos para su cuerpo que contienen los productos light, con la cantidad que contiene el cereal de chocolate que compró el mes pasado. Así notaría que la caja que ahora lleva en su carrito, tiene igual o mayor cantidad de químicos que su compra del mes

anterior. Este sería un ejemplo clásico para explicar el denominado “círculo vicioso de consumo” en el que nos vemos involucrados todos los días. Las compañías necesitan vender y para vender, deben de promocionar sus productos. Lo que da origen a la siguiente cadena: 1. Trabajamos para ganar dinero y poder comprar cosas. 2. Durante todo el día nos vemos bombardeados con publicidad sobre lo que debemos tener para llevar una vida “digna” y sentirnos bien. 3.Cuando llega el fin de mes, con el dinero del sueldo nos compramos ese algo de moda que vimos anunciado en todas las vitrinas a lo largo del mes. Y así sentimos que encajamos un poco más en la sociedad. 4. Luego llegamos a la casa y lo primero que sale al encender el televisor es la nueva versión de ese algo de moda que acabamos de comprar. 5. Por lo que tenemos que trabajar otra vez para ganar el dinero y comprar ese nuevo algo. Lo que hace que el ciclo vuelva a iniciar. Parece un ciclo muy primitivo, pero la cruda verdad es que logra el efecto propuesto en la sociedad. Nos hacen sentirnos miserables para que compremos y compramos para no sentirnos miserables. ¿No parece tener salida o sí? Terminamos así viviendo en un mundo que ha sido alterado para que valoremos, todo aquello que las compañías quieren que, pensemos, debería importarnos. Por lo general, se asocia con bienes materiales, que es lo que las compañías pretenden vendernos. Se entrecruza la idea de tener una vida exitosa con vivir en un barrio fino, tener un carro del año o poseer lo adelantos tecnológicos de moda. Lo que brinda a la mayoría de la población una falsa visión de lo que es la vida, dejando de lado el compartir con los demás, valores como la solidaridad, el respeto, la confianza, la vida en familia, la honestidad... Las personas trabajan todas sus vidas, para alcanzar los ideales que nos muestra la televisión o las vallas publicitarias. Cuando, los pocos que los “alcanzan”, se enfrentan a la realidad de que nada de lo que se muestra en los anuncios les va a dar la confianza, la belleza o la alegría que derrochan los personajes de los mismos vuelven a desear más de lo que no pueden tener.. La enorme mayoría de la población que no llega a alcanzar el ideal publicitario, termina casi siempre viviendo de tarjetas de crédito que financian a la vez sus fantasías de consumo. Por lo que cada vez es más común saber de propiedades embargadas por los bancos, a manera de pago, a personas que no fueron capaces de pagar las deudas adquiridas mediante alarmantes cifras de crédito. Lo que nos lleva a uno de los temas que a mi parecer deberían causar más indignación en la población: Las campañas publicitarias de los bancos. Si lo valoramos de la siguiente manera, un banco ni siquiera nos está vendiendo un bien material, por lo que comienzan, descaradamente a vendernos sus propias ideologías. Es ahí cuando nos resulta normal ver frases como: “BAC, valores como los tuyos”. Mientras veo un rótulo como este me pregunto ¿Qué valores puede tener la banca privada? Estamos hablando de compañías que se nutren a base de la especulación realizada tomando como base el dinero de sus propios clientes. Mas son capaces de sacar una campaña donde afirman “compartir el valor de la solidaridad”.

Está claro que el mayor ingreso para una compañía bancaria viene de los intereses que obtienen mediante sus préstamos y créditos, pero el afiche que encuentra usted en la puerta del banco, afirma que “compartimos el valor del ahorro”. Estamos frente a una evidente contradicción que quedaría muy clara si no fuera porque la mayoría de la población vive sumida en esta nube de ideales ficticios que quieren hacernos pensar que todo el el mundo es perfecto y bondadoso por el echo de serlo. Otro tipo de campaña que me parece denigrante para la sociedad son las campañas de licores y tabaco. En las que como no pueden vender el producto como algo “bueno” o “que te hace bien”, nos veden un falso estilo de vida de alguien que consume sus productos. En un anuncio de cigarros siempre salen personas sanas, hermosas y felices, cabe resaltar que generalmente están rodeadas de bienes materiales de elevados precios, cuando lo que nos están ofreciendo es una adicción sumamente dañina para el cuerpo. Que lo último que nos va a traer son mejoras en nuestro nivel y calidad de vida. En cuanto a los licores un factor que se observa en casi todos los anuncios es que los personajes siempre están acompañados y divirtiéndose. Asociando de esta forma el consumo de licor con mayor popularidad. Aunque parezca sorprendente nuestra mente acepta y asimila esta asociación. Al pensar en cerveza por ejemplo, posiblemente lleguen a su mente imágenes de mujeres semi vestidas o ¿porqué no? “Mejor una rubia, mejor una Pilsen”. Este tipo de slogan a mi parecer perdió todo el sentido que pudo tener en un principio, ya que lo único que se muestra en el anuncio es el cuerpo de una mujer. Transmitiendo no solo un mensaje sexista sino que también publicitando el estereotipo de la mujer rubia. Vivimos en una sociedad consumista por excelencia donde nos queda muy claro que uno de los mayores aliados del consumismo, viene a ser la publicidad. Sin ella, básicamente el comercio no avanza. Resulta indispensable que las personas lleguemos a pensar que “necesitamos” algún producto en especial para mejorar nuestra vida. Y es eso lo que dicen hacer los publicistas, vendernos el producto que les fue encargado anunciar. Por medio de vallas, comerciales televisivos, campañas y ferias. Ahora bien ¿qué pasa cuando estos anuncios pretenden no solo vendernos un producto, sino todo un estilo de vida, aspiraciones, sueños, metas, valores? Es ahí cuando se cruza la línea de la ética y vienen casos de manipulación como el anuncio citado anteriormente. Viéndolo desde un punto de vista crítico parece muy razonable que la persona simplemente apague el televisor y se de cuenta de lo que realmente tratan de venderle. Mas cuando nos vemos bombardeados por publicidad diciéndonos que comer, donde ir, como vestir e incluso como pensar, terminamos viviendo en una especie de nube donde recibimos estas ideas y sin cuestionarnos su mensaje de fondo de manera crítica y objetiva, las asimilamos como parte de nuestro día a día. Piénselo de la siguiente manera: Está usted en el supermercado y pasa por la sección de cereales. De pronto recuerda que aun le queda un poco de cereal de chocolate en su casa pero está por terminarse. Además en las últimas semanas ha sentido que “aumentó de peso”, no se ha pesado desde hace meses, pero tiene la “sensación”. Usted no lo está notando pero por su mente en ese momento está pasando el último anuncio de la campaña de Special k!, donde una mujer, que cabe resaltar es ya delgada, se preocupa por los kilos que aumentó luego de las fiestas de fin de año. Por lo que decide comerse un

delicioso plato del nuevo Special k! Con fresas. Mientras toma la caja del estante, aunque no le guste admitirlo, su deseo de fondo no es bajar de peso, sino lograr la vitalidad, individualidad y la decisión de la mujer del comercial (refiriéndose a una mujer, en este caso específico). Es aquí cuando el pensamiento objetivo dicta que si sus deseos son llevar una vida más sana podría optar por comparar la cantidad de químicos dañinos para su cuerpo que contienen los productos light, con la cantidad que contiene el cereal de chocolate que compró el mes pasado. Así notaría que la caja que ahora lleva en su carrito, tiene igual o mayor cantidad de químicos que su compra del mes anterior. Estamos viendo televisión y de pronto aparece un anuncio bastante peculiar, puedo ver como salen varias personas dando testimonios sobre como algún producto les cambió la vida y hasta se permiten decir que los hizo mejores personas. Así que viene a mi mente la siguiente pregunta ¿Qué será ese producto milagroso del que hablan los hombres y las mujeres del anuncio? Bueno para mi sorpresa e indignación resulta ser que lo que estaban promocionando en las conocidas ventas por televisión es una almohada que corrige su postura al dormir. Ahora bien uno esperaría que cualquier individuo que vea esto, pueda comprender fácilmente el falso mensaje que se nos transmite en este tipo de publicidad, al relacionar el echo de comprar esta almohada con un cambio radical de vida. Mas el creciente éxito de las ventas por televisión en los últimos años parece presentarnos una realidad muy alejada de lo que dicta el sentido común. Así que me pregunto, ¿qué será eso que tiene la publicidad que nos logra manipular de una manera tan descarada y que con costos nos damos cuenta? Las personas trabajan todas sus vidas, para alcanzar los ideales que nos muestra la televisión o las vallas publicitarias. Cuando, los pocos que los “alcanzan”, se enfrentan a la realidad de que nada de lo que se muestra en los anuncios les va a dar la confianza, la belleza o la alegría que derrochan los personajes de los mismos vuelven a desear más de lo que no pueden tener.. La enorme mayoría de la población que no llega a alcanzar el ideal publicitario, termina casi siempre viviendo de tarjetas de crédito que financian a la vez sus fantasías de consumo. Por lo que cada vez es más común saber de propiedades embargadas por los bancos, a manera de pago, a personas que no fueron capaces de pagar las deudas adquiridas mediante alarmantes cifras de crédito. Otro tipo de campaña que me parece denigrante para la sociedad son las campañas de licores y tabaco. En las que como no pueden vender el producto como algo “bueno” o “que te hace bien”, nos veden un falso estilo de vida de alguien que consume sus productos. En un anuncio de cigarros siempre salen personas sanas, hermosas y felices, cabe resaltar que generalmente están rodeadas de bienes materiales de elevados precios, cuando lo que nos están ofreciendo es una adicción sumamente dañina para el cuerpo. Que lo último que nos va a traer son mejoras en nuestro nivel y calidad de vida. En cuanto a los licores un factor que se observa en casi todos los anuncios es que los personajes siempre están acompañados y divirtiéndose. Asociando de esta forma el consumo de licor con mayor popularidad. Aunque parezca sorprendente nuestra mente acepta y asimila esta asociación. Al pensar en cerveza por ejemplo, posiblemente lleguen a su mente imágenes de mujeres semi vestidas o ¿porqué no? “Mejor una rubia, mejor una Pilsen”. Este tipo de slogan a mi parecer perdió todo el sentido que pudo tener en un principio.

Gracias a todos estos ejemplos podemos observar como la sociedad se ve fuertemente influenciada por los intereses comerciales de unos pocos. Que en el fondo terminan beneficiándose de nuestro sufrimiento al no poder alcanzar los ideales que plantean. Que aprovecho para mencionar, están impuestos para que nadie los pueda alcanzar y poder así mantenernos convencidos de que es eso lo que todos desean. Fomentando de paso la diferencia de clases entre los que tienen la posibilidad de comprar artículos y los que no. Básicamente es así como se divide la sociedad moderna ¿no? Quien puede financiar el ideal publicitario para su estilo de vida, pertenece a la clase alta y todo aquel que se resigna a desear lo que otros poseen, termina siendo la clase baja. Como punto medio encontramos a una creciente clase de clientes bancarios que se financian por medio de préstamos y tarjetas de crédito, pero ¿para que comprar algo con dinero de una tarjeta, que no es mío y que sé que no voy a tener? No,el razonamiento es cosa del pasado ya que según VISA: la vida es ahora. Básicamente lo que nos están diciendo es endéudese todo lo que pueda y no piense en como va a pagar. Simplemente viva el momento. Olvídese de planificar porque eso es cosa del pasado. Y acompañan el comercial con personas comprando lo que desean o visitando lugares exóticos para así fomentar los gastos impulsivos o “gustitos” que terminan siendo lo que mueve a las tarjetas de crédito en el mundo. Lo que culmina en periodos de crisis económicas mundiales, gracias a que la banca termina especulando con dinero que es de su propio capital. ¿No es este un precio muy alto que pagar por favorecer a unos pocos? Espero que de alguna manera el mundo se llegue a dar cuenta de las violaciones a los códigos morales que realizan los vendedores con tal de generar más ganancias. Y que los publicistas dejen de aprovecharse de los sentimientos de los demás para hacer que la gente compre lo que se les pide promocionar. Tal vez llegue así el día en que empiecen a vender los productos por sus verdaderas virtudes, a fabricar artículos que verdaderamente nos ayuden en nuestro día a día y estén pensados para durar. Que todos en la sociedad empecemos a valorar, como nos engañan, juegan con nuestras aspiraciones, sueños y metas. Las manipulan y moldean a su conveniencia o a la del “mercado”. Para controlar nuestra forma de vestir, de hablar, y hasta de pensar. ¿Dónde queda la esencia del ser humano y su grandiosa capacidad de imaginar y crear cuando nos imponen todo aquello que hace de este mundo un lugar mágico? Los reto a rescatar esos pequeños detalles que nos definen como seres humanos, a dejar de pensar que solo hay una manera correcta de hacer las cosas y sobre todo a que hagamos un esfuerzo por comenzar a pensar críticamente, a informarnos y a formar nuestra propia conciencia sobre lo que es el mundo y nuestra misión en él. En que dediquemos un poco de nuestro tiempo a nosotros mismos, a nuestra mente, a limpiarla y ordenarla ya que una persona con sus ideas claras jamás se verá influenciada por vanidades e ideas ajenas a su propia conciencia.

Colegio Calasanz Hispanocostarricense Departamento de Español “La publicidad: Felicidad Ficticia” Profesor: Antonio Porras Alumna: Soledad Albán Sección: 10-B Fecha de entrega: 8/4/11