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EL MONASTERIO DE SANTA CATALINA Y EL PATRIMONIO. MEDIO SIGLO DE IRRESPONSABILIDADES COMPARTIDAS. [II Parte] Arq. Ramón Gutiérrez.

CONICET-CEDODAL Ideas poco claras para restaurar los edificios patrimoniales Amainadas las amenazas anteriores, Monseñor Domingo Castagna, a la sazón Rector de la Iglesia escribe a la Comisión de Monumentos, indicando que le parece “propicia la oportunidad para devolverle su fachada original, de un puro estilo colonial”. Parecía un poco absurdo esta preocupación cuando todavía no se había encontrado un uso adecuado y sustentable del monasterio y estaba amenazado el conjunto por los proyectos de obras inmediatas[1]. Eran tiempos en que casi nada podía sorprendernos. La Comisión de Monumentos le escribe ahora al Arquitecto Rodolfo Berbery y le dice que ante el pedido anterior “resolvió encomendar a Ud. por su conocida versación en la materia el estudio y posibilidades de concretar el proyecto enunciado”[2]. A veces la burocracia y otras veces la carencia de recursos impiden dar pasos equivocados. Este ejemplo es uno de ellos, es bueno recordarlo. Los responsables del patrimonio se toman sus tiempos, los propietarios del Monasterio también A raíz de otra carta del Arquitecto Horacio Nazar, en el año 1981 y ya consumada la tropelía del edificio en altura el Vicepresidente de la Comisión Nacional de Museos y Lugares Históricos Dr. Carlos María Gelly y Obes explicitaría su posición [3]. Allí, un lustro después de los primeros escarceos Gelly y Obes nos cuenta que el Arzobispado va a instalar un Museo de Arte Sagrado iniciativa encomendada ahora a Monseñor Daniel Keegan y a la Archicofradía del Santísimo Sacramento de la catedral de Buenos Aires. Nos contaba también que la Municipalidad “tendría a su cargo la adecuación museológica y la restauración arquitectónica con un presupuesto de tres millones de dólares. Para dar noticia de la inminente tarea afirmaba el Dr. Gelly Obes que el Servicio Nacional de Arquitectura, por su parte estimó la restauración de los edificios de la Iglesia y claustro contiguo en dos mil quinientos millones de pesos” y para ser puntualísimo señala que ello fue “al 7 de mayo del corriente año”[4]. Lo notable es que lo que costaría restaurar una Iglesia que ya había sido “restaurada” hacía 15 años por un asesor de la Comisión de Monumentos y que la recorrida de Monseñor Keegan por los claustros restaurados más recientemente señalaba que habían sido clausurados “por razones de seguridad, para proteger el patrimonio artístico que va sumándose con destino al futuro museo”. A pesar de este reconocimiento de que el Monasterio era entonces un depósito de bienes artísticos trasladados de otras partes cuyas calidades y contenidos no estamos en condiciones de opinar, por no tener fuentes documentales, la queja del Dr. Gelly y Obes era precisa sobre la autorización que simultáneamente a la mudanza de las monjas se había autorizado el edificio de altura en torre que “modifica el asoleamiento del monumento histórico, elevando su porcentaje de humedad en un 90% con los deterioros que esto supone”. En definitiva una mala

situación para utilizarlo como depósito de tan valioso patrimonio artístico como se puede suponer para un Museo de la Iglesia argentina. No faltaron entonces entusiastas y un tanto inauditas propuestas de lectores. El Sr. Alberto Dorado se preocupaba que el Monasterio estuviera pintado como la iglesia del Pilar (que también era obra de Blanqui) en colores blanco y ocre, sin averiguar mucho si ello era original de Blanqui o del restaurador Ing. Millé. Apoyaba la idea del parque que engalanaría con alguna estatua de Lola Mora, seguramente atento a la dispersión que las esculturas de la misma habían posibilitado su traslado a las provincias y quizás, en aras de retomar la cultura de la clausura y del silencio que emergía del Monasterio sugería, con convicción, que la nueva plaza llevara el nombre de Victoria Ocampo que había nacido enfrente del Monasterio…[5] La movilización logra una norma protectora De todos modos la acción cívica de ciertos sectores había logrado la sanción el 26 de febrero de 1981 de la Ordenanza Municipal Nº 36476 que mencionamos con anterioridad que restringía la extensión de los edificios que se podrían construir en el predio, posibilitando entonces la realización de una plaza. En 1983 se volvió a generar el conflicto con una nueva intentona, ahora eliminando la mencionada Ordenanza que regulaba la altura a 12 metros para “levantar enormes edificios torres con el sólo propósito de lucro desdeñando la preservación histórica”[6]. 1983. Nuevas torres para Santa Catalina y opiniones sobre la especulación inmobiliaria El Intendente de facto Dr. Del Cioppo había dictado el 6 de julio de 1983 una Ordenanza Nº 39178 que no fue publicada en el Boletín Oficial, por la cual autorizaba “a la empresa Techint, actuales propietarios del solar a construir allí una torre gigantesca en abierta y flagrante violación de las normas impuestas por la anterior Ordenanza general 36476 plenamente vigente”[7]. Aparentemente el encargo de Techint se había canalizado hacia el estudio del arquitecto Juan Carlos López y sus asociados, lo que aseguraría a los problemas del entorno patrimonial el mal gusto y la banalidad de los shoppings posmodernos que los mencionados colegas ejercitaban con éxito en aquella época. Por su parte la Comisión “Pro urbanización Manzana del Convento de Santa Catalina” se había notificado por los arquitectos de SEPRA, Peralta Ramos y Beccar Varela y al asesor inmobiliario Sr. Fernando Giménez Zapiola que había un proyecto de construcción en el mencionado terreno y que se dirigieran a la Municipalidad haciéndole llegar su opinión, lo que efectivamente hacen [8]. El tema se volvió álgido en el año 1983, el arquitecto De Bary Tornquist, especializado en paisajismo en Estados Unidos, advertía sobre nuevas maniobras y recordaba que la antigua obra de la torre de Córdoba y San Martín había sido una bofetada paisajística que, además “de no guardar ninguna armonía, le arroja un despiadado cono de sombra que lo daña, en todo el sentido de la palabra dañar” [9]. En un editorial La Prensa advertía sobre el propósito de una empresa particular de levantar una torre de más de 20 pisos y reclamaba respeto a “uno de los poquísimo edificios del siglo XVIII que aun quedan en pie”[10].

En el mismo sentido la Academia Nacional de Bellas Artes, con la firma del Arquitecto Alfredo Casares, ex Decano de la Facultad de Arquitectura y del pintor Ary Brizzi decía que la manzana de las Catalinas “debe destinarse íntegramente a parque público, haciendo imposible por las vías legales que correspondan, la erección de otros edificios y efectuando las obras que sean necesarias para la puesta en valor de los fondos del Convento y la Iglesia mencionados”[11]. En la polémica terciaría entonces el Almirante Rojas quien ante la propuesta de dos estudios de arquitectos que elaboraron costosos y detallados proyectos de edificios en torre, advertía que el Convento quedaría “virtualmente ahogado, sin realce, sacrificado al Dios Mammón de los intereses inmobiliarios, sin sujeción a la lógica ni al buen sentido”[12]. Decía en su arenga que “simplemente ceder a la presión de los intereses muy restringidos” habría de confirmar la ominosa sospecha “de que Buenos Aires tiene un costado fenicio, desaprensivo para lo porteño y sin una autoridad que vele – como debe- efectivamente, por el bien común, que es la única razón de ser de todo gobierno”. En la misma línea un respetuoso editorial del periódico La Nueva Provincia de Bahía Blanca apoyaba la creación de una gran plaza pública recordando que “si la Municipalidad ha expropiado decenas de manzanas totalmente edificadas para facilitar el tránsito de vehículos, como la Avenida 9 de Julio y las cuestionadas autopistas, no puede considerarse en modo alguno, carente de fundamentos una inversión tan justificada como la creación de la mencionada plaza, para lo cual sería requisito previo expropiar media manzana”[13]. Con bastante unanimidad se manifestaban los medios de opinión y el vecindario por la preparación de un espacio verde en el mencionado sitio. Recordando los valores de la antigua arquitectura colonial se decía que por defectos urbanísticos conjuntos como estos “quedan prisioneros – absolutamente aislados del contexto y desprovistos, por lo tanto, de referencias significativas- de un entorno desvalorizador, extraño y hostil. Tal es el riesgo que corre el histórico edificio en la presente situación”[14]. La gestión de la colocación de una nueva torre junto al Monasterio estaba en manos de la empresa Techint, propietaria a la sazón del mencionado terreno. Otra carta del Almirante Rojas recordaba que “la firma constructora ha ideado planos que involucran una enorme arcada de unos 14 metros del altura sobre el nivel de la calzada a través de la cual, afirman, se verá perfectamente en convento. Pero, no se ha tenido en cuenta la ocultación del horizonte, el aplastamiento que resultará de la vecindad de estos dos descomunales edificios para el modesto tamaño de las Catalinas” [15]. Sin tener la cobertura legal de estar publicada la Ordenanza del Dr. Del Cioppo, la empresa Techint “está dando ya los pasos previos inmediatos encaminados a construir la torre (limpieza del terreno, casilla de obras, etc)” y Rojas criticaba que no se permitiesen a los ciudadanos comunes “de recursos limitados levantar edificios de más de un reducido número de pisos por razones de aguas corrientes, cloacas, electricidad, etc, pero a la poderosa firma Techint sí se le permite erigir un mastodonte que tanto perjudica un bien público, artístico e histórico”. Había también dos terrenos propiedad de SEGBA (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires) ubicados a una cuadra del lugar y se planteaba entonces estudiar otro tipo de soluciones como una permuta para evitar expropiaciones. En definitiva la acción de los vecinos ha servido en el tiempo para evitar nuevos atropellos edilicios, pero no para hacer cumplir la Ordenanza que posibilitaba la

transformación del solar en un espacio verde público. En 1984 la arquitecta Odilia Suárez en nombre del Consejo de Planificación Urbana convoca a una reunión para tratar las ideas respecto al entorno del Monasterio y el arquitecto Adolfo Enrique Storni, Vicepresidente de la CNMMLH designa al Arquitecto Rodolfo Berbery, como Asesor Consulto de la Comisión para concurrir a la reunión [16]. Nuevos proyectos para el terreno En el año 1984 se habría de realizar un importante Concurso privado en el cual serían invitados una serie de participantes pertenecientes al “Star System” internacional. Entre ellos cabe destacar la presencia de Aldo Rossi, Marco Zanuzo, César Pelli, Skidmore, Owings & Merrill (SOM) y entre los locales a Sánchez Elía, Peralta Ramos y Agostini (SEPRA) que tuvo incidencia en la acotación de las bases y criterios que presidieron la convocatoria. El anteproyecto elegido fue el de César Pelli cuya maqueta mostraba una gran torrepantalla separada del conjunto del Convento pero con notoria altura y que se habría de concretar en un anteproyecto ejecutivo en el año 1994. Otra iniciativa empresarial en 1984 le solicitó al arquitecto Eduardo Ellis un estudio de diseño urbano que indicara la manera de utilizar el espacio del terreno con alturas ponderadas que no pusieran en compromiso el entorno del monasterio. En 1988 el Arzobispado fue intimado por Obras Sanitarias de la Nación a realizar pagos por servicios sanitarios prestados entre 1980 y 1984 (cuando el monasterio estaba prácticamente en abandono) amenazando “la posibilidad de un remate público del inmueble en cuestión, como forma compulsiva del cumplimiento de la sentencia dictada”. El Arzobispado apelaba ante la Comisión Nacional por la eximición del pago de impuestos, tasas y contribuciones que le correspondía a la obra por su carácter de Monumento [17]. La Iglesia asume parcialmente su responsabilidad 25 años después de la salida de las monjas del Monasterio, el Arzobispado decide actuar para dar espacio a uno de los proyectos que había planteado en 1974, la creación de un Centro de Atención Espiritual que, a impulsos del Padre Rafael Braun y la tesonera acción del arquitecto Eduardo Ellis, concretaría el rescate de la restauración del templo y el claustro a comienzos del siglo XXI [18]. Lejos quedó el antiguo entusiasmo por el Museo de Arte Sacro, una iniciativa pendiente de la Iglesia argentina, que había destinado aquellas edificaciones a depósito de obras, algunas de las cuales quedaron abandonadas y perdidas en la desidia general de tantos años. El proyecto de recuperación tuvo apoyo de personas y empresas privadas que generosamente entendieron que el tema de la conservación del patrimonio debía comenzar por el bien cultural para luego atender adecuadamente el conflicto del entorno. Fue clara la comprensión de que sin un uso adecuado no habría forma de mantenimiento posible y ello ha sido definitivo para el éxito de las operaciones realizadas. Una de ellas fue el destino temporal del conjunto para la realización de una casa FOA en el año 2001 que, si bien generó alteraciones en lo edilicio, ellas se buscaron fueran compatibles con el carácter del conjunto y las nuevas funciones que el mismo adoptaría para sus nuevos usos [19]. Las mencionadas obras contaron con el aval de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos.

Las tareas de restauración llevadas a cabo sobre proyecto del arquitecto Eduardo Ellis, contando posteriormente con la colaboración de la arquitecta Susana Malnis aseguraron la consolidación y el uso adecuado del conjunto con el asesoramiento del arquitecto restaurador Marcelo Magadán potenciando nueva vida para el antiguo monasterio. Para ello fue menester modificar sustancialmente los vestigios de la antigua “restauración” y plantear un programa de actividades tendientes a hacer autosustentable el uso del edificio. A la vez los trabajos de la restauración de la iglesia y sus retablos habían avanzado notoriamente con la terminación de la fachada en el año 2005 [20]. Como señalaría con claridad el arquitecto Ellis “El Monasterio, con sus paredes blancas, sus árboles con flores, con sol durante las mañanas bajo un cielo azul, abierto de 8 a 20 horas, con uso intensivo a mediodía, se ha transformado en un oasis de paz en el centro de la ciudad”. Se cierne la tormenta La empresa Techint había vendido el terreno, pero las iniciativas inmobiliarias para ocuparlo no cejaban. Todavía faltaba ver un proyecto estrambótico del arquitecto Carlos Ott que en el año 2006 conmovió la posible tarea de recuperación patrimonial. Su diseño, en la línea de la torre AGBAR de Barcelona tenía 56 pisos con una altura de 196 metros. El desborde del promocionado arquitecto uruguayo era ya inenarrable y estimulaba una plena ocupación especulativa de total ruptura con la traza y el contexto del tejido urbano. Planteada entonces como una situación límite, la Municipalidad haría su parte a favor de los nuevos propietarios. Así, el estudio del Área de Protección Histórica (APH) que incluye a la manzana, fue llevada adelante mientras un gobierno municipal profundamente interesado por la evolución inmobiliaria de las empresas constructoras actuaría en consecuencia acelerando la autorización que permitiera construir una torre en el lugar. El nuevo trámite lo comenzó el estudio del arquitecto Parysow el 11 de agosto del año 2011. Así, cuando fue aprobada el Área de Protección de la zona, la torre ya estaba autorizada y se facilitaba la construcción de un edificio de 18 pisos de altura, (unos 60 metros) que nos retrotraen a la discusión del tema de hace más de tres décadas como sino no hubiéramos aprendido nada. El nuevo diseño de torre comprendía un Hotel 5 estrellas, Apart Hotel, viviendas, oficinas comerciales, y 6 subsuelos para de cocheras y estacionamiento comercial. Eduardo Ellis recordaba entonces que la nueva APH se “contradice con la decisión de aprobar un proyecto que destruiría uno de los pocos sitios recuperables del centro de la ciudad”[21]. El expediente comenzó a moverse sigilosamente para verificar la capacidad de resistencia de las instituciones. En marzo del año 2012 el arquitecto Roberto Parysow, del estudio Parysow y Schargrodsky envía a la Comisión de Monumentos una nota solicitando correr el muro sobre línea municipal de la calle Viamonte. Actuaban e nombre de la Inversora Santa Catalina de Siena (ISANCA SA)cuyo apoderado era el Sr. José Díaz [22]. ISANCA SA se consideraba por entonces propietaria de una Playa de Estacionamiento. La Comisión no autorizó esta actuación. La Sociedad Central de Arquitectos, con frecuencia opuesta a las restricciones de las APH, señalaba que “aún cuando el proyecto fue desarrollado por un estudio con probados antecedentes de excelencia en su labor arquitectónica debe tenerse en cuenta

aquello que sosteníamos meses atrás al oponernos a la aprobación del Área de Protección Histórica “Catedral al Norte”, también conocida como APH City. Llamamos la atención, en ese momento, sobre la necesidad de sancionar leyes coincidentes con el mandato del artículo 24 de la Ley 2930 – Plan Urbano Ambiental, que indica que debe dictarse un nuevo código urbanístico de acuerdo a una “normativa morfológica que deberá reconocer las características diferenciales de cada zona urbana según sus rasgos locales específicos”. De haberse procedido así el problema que hoy enfrentamos no podría haberse suscitado ya que una regulación por volumetrías hubiese resuelto de antemano las proporciones entre los edificios existentes, de altísimo valor patrimonial, y los nuevos volúmenes a edificar” [23]. Para ese entonces, la Sociedad “Basta de Demoler” presentó, junto con otras instituciones, un recurso de amparo pues de acuerdo “ al informe de un estudio de ingeniería estructural, tanto el convento como la iglesia correrían serio riesgo de colapso por la excavación del nuevo emprendimiento, dado que los cimientos y la estructura de los edificios del siglo XVIII sostenidos con ladrillos y argamasa de barro son extremadamente vulnerables”. Señalaban que el proyecto fue “aprobado por el Gobierno a pesar de las recomendaciones de distintos organismos consultivos del propio Gobierno: COPUA (Consejo del Plan Urbano Ambiental) y CAAP (Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales). Estos organismos recomendaron que no se aprobaran construcciones que superen la altura de los edificios históricos, con el fin de preservar la morfología de la manzana y destacar la fisonomía de los antiguos edificios, resaltando así su valor como íconos del área” [24]. En la acción de amparo se precisa además que la construcción cuestionada es “ un mega proyecto, con destino a oficinas comerciales, hotel 4/5 estrellas, viviendas, apart hotel, locales comerciales y estacionamientos con una superficie de parcela de 6.563,58 m2 y un FOT de 45.945,76 m2”. También el Juez Hugo Zuleta, en el marco de las actuaciones caratuladas “LA ASOCIACION CIVIL BASTA DE DEMOLER Y OTROS CONTRA GCBA Y SOBRE AMPARO (ART. 14 CCABA)” dispuso un reconocimiento judicial del predio ubicado entre la Avda. Córdoba 402 a 444, esquina Reconquista 710 a 790, esquina Viamonte 409 a 445, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ( Nomenclatura Catastral: Circunscripción 14, Sección 01, Manzana 40, Parcela 1c) y además citó a BdD, al Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a la empresa “ Inversora Santa Catalina de Siena S.A. BdD aseguró que “nadie se preocupó por evaluar el impacto ambiental real que podría ocasionar sobre el patrimonio histórico la construcción de una mole de cemento”. “El demandado es el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, quien con su accionar ha permitido y autorizado tremendo exabrupto, pegado a un monumento histórico perteneciente a todos los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires y atracción para un gran número de turistas que se acercan diariamente para visitarlo”. La Comisión Nacional de Museos Monumentos y Lugares Históricos ha señalado también al Municipio los inconvenientes diversos generados por unas potenciales actuaciones que configurarían las nuevas torres en el entorno del Monumento [25]. Nuevas presentaciones ante la Justicia señalan vicios en las tramitaciones realizadas para despojar al terreno adyacente al Monasterio el carácter de la tutela que tenía denunciando irregularidades en la concesión del Permiso de Obra. Así se expresa “El Código de Planeamiento Urbano establece la normativa aplicable a las distintas áreas de la Ciudad, fijando alturas máximas y demás condiciones para las obras nuevas. La DGIUR dictó la Resolución Nº 220, otorgando un permiso de obra que corresponde a la zonificación “C”. Sin embargo, la manzana del monasterio Santa Catalina de

Siena corresponde al Distrito AE16, según está delimitado en el artículo 5.4.7.16 del CPU: “comprende las manzanas circundadas por los ejes de las calles Florida, Paraguay Reconquista y Viamonte”, (página 228, Código de Planeamiento Urbano versión actualizada al 31/12/2006). Es decir que incluye la manzana en cuestión. Para esta área, el CPU establece la normativa: 6) Normas Urbanísticas para Obra Nueva; 6.1 Morfología Edilicia: se preservará el actual paisaje edilicio caracterizado por edificaciones de orden continuo, permitiéndose nuevas construcciones con fachadas y sobre la línea municipal de medianera a medianera y con altura limitada”. Ahora bien, al establecer las disposiciones particulares para cada zona, lo subdivide en tres zonas: 3) Zonificación. El distrito se subdivide en tres zonas conforme lo indica el Plano N° 5.4.7.16: Zona 1: Delimitada por los ejes de las calles Florida, Paraguay, San Martín y Viamonte. Zona 2: Delimitada por los ejes de las calles San Martín, Paraguay, Reconquista y Av. Córdoba. Pero omite la Zona 3, que correspondería a la manzana en cuestión. Dada esta incongruencia en el texto, observamos que en este artículo, el texto del CPU remite al texto original de la Ordenanza Nº 36476/81 donde esta área ya estaba afectada al Distrito de Arquitectura Especial –AE 16-, y donde sí están mencionadas las tres zonas, que incluyen a la manzana en cuestión : Zona 3 : Delimitada por los ejes de las calles San Martín, Paraguay, Reconquista y Av. Córdoba. Se interpreta que la omisión en el CPU se debió a un error y que la zona 3 existe y debía también ser mencionada en el plano. Por todo ello existe y pertenece al AE 16. Resumiendo: Señor Juez, el texto original de la Ordenanza Nº 36476 es el que estableció en el año 1981 este distrito de Zonificación AE16 pues en su artículo 5.4.7.16 especifica la zonificación que incluye a la manzana en cuestión. El permiso otorgado por la DGIUR no corresponde a la zonificación del área, por lo que existe violación clara y flagrante. Por otra parte, hay que tener presente que la primera lectura de la ley 3948 tiene fecha del 15/02/2011, debió haber inhibido la parcela en cuestión, no otorgando permisos de obra o demolición y, sin embargo, el 2 de marzo del mismo año el arquitecto Antonio Ledesma , Director de la DGIUR; dictó la Resolución Nº 220, la cual entendemos contraria a derecho y violatoria a las normas mencionadas, otorga el permiso para construir esta torre de 58 metros, en clara violación a la zona AE 16 que corresponde a esta manzana, con su morfología y su altura.Conclusión: el permiso otorgado para hacer una torre en este terreno no fue otorgado conforme la zonificación correspondiente al AE 16 con 12 metros de altura máxima, sino en forma ilegal amparándose en una zonificación C que no es aplicable y se convierte por esto mismo en nula de nulidad absoluta”[26]. En otro orden de cosas quienes apelan a la autorización incorrecta de construir la torre señalan el impacto negativo en el orden bioclimático sobre el Monasterio y la Iglesia al interrumpir el flujo de la brisa en verano, limitación a la iluminación natural y pérdida notable de calidad en el espacio claustral por invasión visual del cielo. También se señala la imposibilidad de recurrir a energía alternativa por la presencia de las sombras que genera la torre. Cerrar el ciclo de medio siglo de omisiones apelando al bien común antes que al negocio

Estamos pues ante el incierto panorama de medio siglo de acumulación de errores y omisiones, de idas y vueltas entre los protagonistas de esta historia, donde por suerte ha habido vecinos e instituciones que se han hecho escuchar aunque haya faltado la voluntad política para preservar definitivamente el patrimonio. Es pues necesario resolver este tema con la sensatez que tiene el reconocer los desaciertos y apostar a soluciones compatibles con los intereses del bien común. La preservación del patrimonio exige respuestas compatibles con el mismo, frente a las cuales el Gobierno de la Ciudad no puede mirar de soslayo, sino actuar en consonancia. Los intereses de los propietarios requiere respuestas responsables y por ende una expropiación justa como en variadas ocasiones ha realizado el mismo municipio para hacer obras de infraestructura o equipamiento, o encarar una negociación para encontrar un proyecto compatible con el sitio y el patrimonio, no atendiendo a una especulación inmobiliaria que favorece a ese propietario en desmedro de la ciudad. Las cartas están sobre la mesa, la historia tiene que servirnos para evitar reiterar los errores del `pasado. Cada uno de los protagonistas debe asumir su responsabilidad y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires debe tomar decisiones: o expropiar y convertir en espacio verde el lugar, como en algún momento resolvió o negociar un diseño de escala y usos compatibles con el patrimonio. No sigamos perdiendo el tiempo y actuemos con responsabilidad luego de medio siglo de ausencias, omisiones y dobles discursos de profesionales e instituciones. Aprender en los errores es una manera de superar el subdesarrollo, esto si hay voluntad de privilegiar y actuar con miras al bien común de la ciudad y sus vecinos.
[1] ACNMMLH. Carta del 8 de septiembre de 1978. [2] ACNMMLH. Carta del 29 de diciembre de 1978. [3] Nazar, Horacio E. “Historia de Santa Catalina”. En La Nación. Buenos Aires 1 de julio de 1981. [4] Gelly y Obes, Carlos María. “Monumento histórico”. En La Nación. Buenos Aires 16 de julio de 1981. [5] Dorado., Alberto. “Convento de las Catalinas”. En La Nación. Buenos Aires, 21 de julio de 1981 [6] Comisión Pro Urbanización de la Manzana del Convento de Santa Catalina. “Alertan acerca de la posible derogación de una Ordenanza comunal”. En La Razón. Buenos Aires, 9 de agosto de 1983. La Ordenanza está publicada en el Boletín Oficial Nº 16.483, según advertía el Arquitecto Ricardo De Bary Tornquist miembro de la Comisión en Clarín. Buenos Aires, 3 de octubre de 1983. [7] Rojas, Isaac Francisco. “Sobre el Convento de Santa Catalina”. En Tiempo Argentino. Buenos Aires, 24 de febrero de 1984. [8] ACNMMLH. Carta al Intendente Del Cioppo del 22 de junio de 1983. [9] De Bary Tornquist, Ricardo. “Convento de las catalinas”. En La Nación. Buenos Aires, 23 de junio de 1983. [10] “Solicitud pertinente”. Editorial de La Prensa. Buenos Aires, 22 de julio de 1983. [11] Academia Nacional de Bellas Artes. Carta al Intendente Municipal, 27 de Junio de 1983. [12] Rojas, Isaac Francisco. “Paisaje equilibrado”. En La Nación. Buenos Aires, 3 de agosto de 1983. [13] “Catalinas: una opción bastante clara”. Editorial en La Nueva Provincia. Bahía Blanca, 12 de agosto de 1983 [14] L.M.H. “El conflictivo futuro de una manzana histórica”. En Tiempo Argentino. Buenos Aires, 29 de agosto de 1983. [15] Rojas, Isaac Francisco. “Sobre el Convento de Santa Catalina”. En Tiempo Argentino. Buenos Aires, 24 de febrero de 1984. [16] ACNMMLH. Nota del 1 de Junio de 1984. [17] ACNMMLH.. Nota de Monseñor Arnaldo Canale del 29 de agosto de 1988. [18] Lanusse, Agustina. “Un refugio en pleno microcentro porteño”. En La Nación. Buenos Aires, 5 de junio de 2001 [19] Arteaga, Alicia. “Casa FOA se hará en un Convento”. En La Nación. Buenos Aires. Abril de 2001 y “Un Convento del siglo XXI” en 9 de septiembre de 2001. [20] “Santa Catalina con la cara limpia”. En La Nación. Buenos Aires, 22 de julio de 2005 [21] Ellis, Eduardo.”Patrimonio en riesgo”. En La Nación. Buenos Aires 22 de mayo de 2012. [22] ACNMMLH. Nota del 19 de marzo de 2012. Plano del año 2003. [23] Sociedad Central de Arquitectos. Subcomisión de Planeamiento y Medio Ambiente. Agosto de 2012. [24] “Presentan amparo por el Convento de Santa Catalina”. Buenos Aires. 15 de Mayo de 2012. http://www.noticiasurbanas.com.ar/info_item.shtml?sh_itm=573c15d16ece0e5387a5bf4d8e752eac [25] De Masi, Oscar Andrés. “Tiempo de relectura para los dos tomos de Andrés Millé acerca del Convento de Santa Catalina de Siena”. En Boletín Informativo Buenos Aires. Junio de 2012. (edición digital) [26] Basta de Demoler y otras personas e instituciones. Presentación al Juez.