You are on page 1of 440

Digitized by the Internet Archive
in

2010 with funding from
University of Toronto

http://www.archive.org/details/ellibrorojo1520101riva

EL LIBRO ROJO

— — ———

—— —— —

—— — — — —

3DE VEISTT.A.
correspondería de JUÁREZ Y MONTLUC,
Antiguo Cónsul General de México

Acompañada de numerosas cartas de personajes
relativas á la Expedición de México

políticos,

Restunen: Prefacio histórico.
tulo
I.

I- Eleesser, cuñado de Jecker. (185S-1860)II. El Presidente Juárez. III. Morny y las minas de So-

— Autobiografía. — Capí-

nora.

— Capítulo

II.

Los bonos de Jecker.
dical de exportación.

(1861).— I- Almonte é Hidalgo.— II. III. Saligny. IV. Cámara Sin-

— Capítulo

III.

(1862).

I-

El prín-

Lorencez y Zaragoza. III. Cartas al Emperador. IV. El genei'al Forey. V. Sus proclama*. VI. Jecker protegido del ministro de Prusia.
cipe auatriaco.
II.

VII. El Congreso Mexicano.

VIII Drouyn de Lhuys.

- Capítulo IV. (1363)-— I. El Gobierno Mexicano aprueba los pasos conciliatorios de su Cónsul General en París.

II.

Nuevas proclamas

del general Forey.

III.

Una
los

consecuencia del negocio Jecker -^IV. Proceso de
CónMiles.

V. Entrada de las tropas en México.
II.

VI.

El Marqués de Montholon.— Capítulo V. (1851-1865)I.

El Imperio en México.

1867

¡la catástrofe!

pítulo V/. (1867-1872)II.

—Ca-

I.

México

se levanta.

Juárez entra en México.— IV. III. Guerra de Prusia.

Conclusión.

V. Ultima carta de Juárez.
etc.

Documen1

tos JUSTIFICATIVOS, etc,
Ejemplar, rústica

S

50

Para pedidos:

ÁNGEL POLA

México, calle de Tacuba núm. 25
Advbbtencia.. Ningún pedido será servido sin el pago anticipado de su importe. El pago en timbres postales tiene un recargo de 15 por ciento.

editor. Pola. MANUEL PAYNO. núm. 25 . calle de Tacuba.EL LIBRO ROJO 15SO — iseT* VICENTE RIYÁ PALACIO. MATEOS Y RAFAEL MARTÍNEZ DE LA TORRE TOivro I • MÉXICO 1905 A. JUAN A.

Asegurada la propiedad de esta obra conforme á la ley .

Abre los ojos. . y observa asombrado en los últimos días el Oriente * La narración de nado monarca. Izo- Un coztli. y recostándose en una piedra labrada misteriosa y simbólicamente. gallardo mancebo que hacía veces de una divinidad. levanta la vista á los cielos. se refiere de este infortuen este artículo enteramen- te ajustada á las historias y crónicas antiguas. Repentinamente sus ojos se cierran. su ca- beza se inclina. y no puede ni aún explicarse confusamente lo que le ha pasado. * Era ca. tiene un sueño siniestro. Un profundo silencio reinaba en la gran capital del Imperio Azte- y las estrellas de un cielo limpio y despe- jado se retrataban en las tranquilas aguas de los lagos y en los canales de la ciudad. procura recordar alguna cosa. la media noche.MOCTEZUMA. Sale á la plataforma del templo. y que por esto le llamaban velaba silencioso y reverente en lo alto del templo del dios de la guerra.

pero quedó pensativo todo el día. Nadie se atrevía á interpretar la aparición misteriosa de los cielos. En la noche él mismo permaneció en observación en la azotea de su palacio. les dijo.una grande estrella roja con una inmensa cauda blanca que cubría al parecer toda la extensión del Imperio. Moctezuma mandó llamar á "Encerrad." Moctezuma dudó. todos estos adivinos y astrólogos en unas jaulas. y no les daréis de (1) La aparición de este cometa que tanto miedo causó á los mexicanos. del sol doraron las torres del templo. anoche he visto una grande estrella de Izocoztli al fuego en los cielos. Ninguno había visto nada. y así. permaneció hasta que el los primeros rayos cielos. dijo. parece que es la que señala Arago en su Catálogo en el año de 1514. Alzó en- tonces estrella Izocoztli la vista á los había desaparecido (1). á los justicias. casi sin vida. Apenas ha mirado este fenómeno terrible en el firmamento. . Al día siguiente mandó llamar a todos los adivinos y hechiceros de la ciudad. y la II del le medio día se dirigió al palacio Emperador. y á cosa de las once vio aparecer repentinamente la fatal estrella roja. cuando cae con la faz contra la tierra. ''Señor temible y poderoso.

Diego Duráxk. quizá con el la intención de ir á lá corte de Texcoco. y á los pocos días los muchachos de las escuelas arrastraban de unas sogas amarradas al cuello a los adivinos de las provincias. pero mismo momento espesas nubes cubrieron ron el el ciclo.9 20mer ni de beber. y traedme arrastrando del cuello por las calles á todos los que teniendo la obligación de obreino ros servar los cielos y de interpretar las señales de los dioses. ' visto. Así se cumplió la voluntad del muy grande y poderoso Señor Moctezuma 11(1). España por Fr. los rayos atravesa- horizonte. nada han dicho á su Rey. 'Marchad después por todos los lugares de ' mi y haced que las casas de los hechicey adivinos sean saqueadas y quemadas. en el Emperador se dirigió al lago. que dejaban contra las esquinas de la ciudad los pedazos sangrientos de sus miembros. iluminándolo de una luz si- niestra. ni nada han La orden se ejecutó. . III Una tarde. Es mi voluntad que mueran de hambre y de sed. publicada por D. José Fernando Eomirez. y las aguas del lago comenzaron á (1) Historia de las Indias de N. xico murieron rabiosos de Los hechiceros de Méhambre y de sed en las jaulas.

Otra vez una negra tempestad descargó sobre la ciudad. crujió repentinamente. Netzahualpilli era un Rey anciano. si fuese la hoja de un temblor hizo estremecer coun árbol el templo maatra- y un gran pájaro de forma extraña vesó por encima de la ciudad. Los poderosos y magníficos reyes de México y de Texcoco tuvieron una entrevista solemne. como si tuviesen una gran caldera de fuego en el fondo. y tenía el don de la profecía. el Un rayo incendió templo. é interpretaba los sueños y los fenómenos de la naturaleza. lleno de bondad y de sabiduría. construido de intento con con mucho fuertes maderos. Imaginó aplacar la cólera de los dioses y mandó traer una gran piedra de sacrificios que había ordenado antes se labrase esmero. Llede justicia. tomó asiento frente de . Moctezuma no pudo ya dominar su inquietud y su miedo. y la enorme piedra se al hundió en las aguas. y mandó llamar al sabio Rey de Texcoco. Al pasar la piedra por el puente de Xoloco.10 agitarse y á hervir. lle- vándose consigo sumo sacerdote y á la ma- yor parte de los que la conducían. dando siniestros graznidos. te Moctezuma se retiró á su palacio más trisy abatido. gó ante Moctezuma. En ese día mo yor.

pues. pálido. Esa señal de los cielos ya es vieja. Es- — ta señal era precursora de la otra —¿Qué — continuó el más funesta. y todo será por permisión del Señor de las alturas. ó nuevas gue- — — rras? — Otra cosa todavía más terrible. temblaba sin poder articular ya una palabra.11 él. del Señor del día y de la noche. Moctezuma. ' Moctezuma no pudo ya contener su emo- . la estrella? —pre- guntó Moctezuma con una voz que apenas le salía de la garganta. ¿Anuncia hambre. una liebre corrió largas horas por los campos hasta que se entró en el salón de mi palacio. dijo gra- vemente el Rey texcocano. Señor. del Señor del aire y del fuego. ¿has visto la grande estrella roja con una inmensa ráfaga de luz blanca? La he visto. anuncia. dijo Moctezuma interrumpiendo — el silencio. habrá muertos innumerables y se perderán nuestros señoríos. grandes calamidades y desventuras. Antes de que apareciera la estrella. no quedará piedra sobre pie- dra. y es extraño que los astrólogos nada te hayan dicho. de Texcoco. ''Habrá en nuestras tierras y señoríos. casi sin aliento. continuó con voz solemne el Rey de Texcoco. contestó el Rey de Texcoco. peste. y largo rato permanecieron los dos taci- turnos y silenciosos.

á caballo los unos. contestó tristemente el Rey de Texcoco. de la voluntad de los dioses. me quepa en suerte la desdichada destrucción de México. Monarquía Indiana. Señoi* que dais que ¿cómo habéis permitido y habiendo pasado tantos Reyes y Señores poderosos. IV El 8 de noviembre de 1519 fué un día de sorpresa. En cuanto á mí. y lo has de ver. y á la noche se separaron con gran tristeza (1). . porque en cuanto vaya á mi reino moriré. (le y se echó á llorar diciendo: ''¡Oh. y todos revestidos de brillantes armaduras y (1) (2) Fr. á pie los otros. de admiración y de extraños sucesos en la gran ciudad de México. y vea yo la muerte de mis mujeres y de mis hijos? Adonde huir? adonde esconderme?" En vano el hombre quiere escapar. el Los dos Reyes estuvieron encerrados todo día conversando sobre cosas graves. Netzahualpilli murió en efecto el año siguiente (2). dioses poderosos. Diego Duran. quitáis la vida! — en tu tiempo. Torquemada. A eso de las dos de la tarde.— 12 Clon. Todo esto ha de suceder lo criado! ¡oh. una tropa de europeos. será la postrera vez que nos hablaremos en esta vida.

y armados de una manera formidable. se retiró á su palacio. seguida de un ejército tlaxcalteca. salió á recibir al capitán Hernando Cortés y le alojó en un edificio de un solo piso. Era el palacio de su padre Axayacatl.13 cascos de acero. y el son de sus cometas y atabales se prolongaba de calle en calle. hacían resonar las piedras y bal- dosas de la calzada principal con las herraduras de sus corceles. varios torreones y un baluarte ó piso alto en el centro. biertas de gente. estrujándose y aún exponiendo su vida por mirar de cerca á los hijos del sol y tocar sus armaduras y caballos. los dioses se mostraron más irritados. Al día siguiente. Se sacrificaron algunos prisioneros. las casas estaban cu- Hernando Cortés. ve- nía muy poderoso y terrible capitán D. estre- meció la Mujer y desde la azotea de . En el viento ondeaban los pendones con Castilla. que estaban siempre reservados para estas ocasiones pero . mandó que se hiciese en la montaña un sacrificio á los dioses Tlaloques. las canoas y barquillas cho- y en las calles se agol- paba la multitud. las armas de el y á la cabeza de esta tropa. después de haber cumplimentado á su huésped. Moctezuma. con un patio espacioso. Las azoteas de todas caban en los canales. acompañado de sus nobles. Moctezuma. vestido con sus ropas reales adornadas de esmeraldas y de oro. Se Blaíica.

lo demás que siga. el soplo de los indios podemos des- aparecer. Los españoles somos un puñado que con otros.14 SU palacio pudo contemplar asustado el Emlos perador azteca los penachos de nubes negras y fantásticas que cubrían la alta cima de gigantes del Anáhuac. Cortés tomó la palabra y dijo: "Vamos á acometer hoy una de nuestras mayores hazañas. irritados con la presencia tecas y orgullo de sus enemigos los tlaxcaly con las demasías que cometían los soldados españoles. de Dios y de Santiago. dieron muestras visibles si de hostilidad y de disgusto. V A los ocho días de estar Hernando Cortés en México. después de oir toda la tropa española una misa. si abandonar la capital ó si- Dos días estuvo somy pensativo. pero están Dios y la Virgen con nos- He escogido á vuesas mercedes para . y traerle á este patuarse en las calzadas. y es prender al monarca en medio de todo su pueblo y de sus guerreros. de rodillas y con ejemplar devoción. y al tercer día llamó á sus capitanes. está encomendado á la guarda lacio. 'He resuelto prender al Emperador Moctezuma. los aztecas. Cortés no sabía permanecer. les dijo." A la mañana siguiente. brío ' Su vida responde de la nuestra.

Los españoles se presentaron en ese momento. y de que saliesen prontamente los de la ciudad. cubiertos todos de armaduras completas. seguidos de algunos soldados. de ojos y cabellos negros. se dirigieron al palacio del Empera- dor de México. El suelo estaba cubierto de finas esteras de palma. bordadas de colores variados y con dibujos exquisitos. En el fondo el monarca estaba reclinado entre cojines. VI Moctezuma procuraba aparecer tranquilo y afable ante sus subditos. El salón en que estaba era espacioso. tapizado con mantas finas de algodón. Velázquez de León y Alonso de Avi' ' la. de tez more- na. Esto diciendo. Francisco de Lujo. . Gonzalo de Sandoval. pero no pensaba si- no en los medios de que quedasen contentos españoles. y sonreía alegremente dejando ver entre sus labios rojos dos blancas y parejas hileras de dientes. Las pisadas recias de los capitanes el que hael cían resonar sus espuelas en pavimento. y á su derredor había algunos nobles y una muchacha como de 16 años. señaló á Pedro de Alvarado. y estos caballeros.15 que me ayudéis á dar cima á esta arriesgada aventura.

cada vez estaba más alar- mado. ^^Malinche. Moctezuma." pensó entre Cortés. y pensaba en ello. pero do- minó su emoción y saludó á á ensayar el Cortés y á sus ' capitanes con la sonrisa en los labios. 'Voy sí. y además. Sandoval y Alonso de Avila examinaron con más atención los presentes. presentaron á Cortés en unas bandejas pintadas de colores. tenía gran deseo de que tú y tus capitanes me visitaran. esmeraldas. co- mo sapos.16 aire feroz é imponente que tenían. que observaba la fisonomía del capitán español. conchas. dijo. se puso algo pálido. preocupado. último arbitrio. primorosamente labradas. Lit joya que te voy á dar es mi cora- . los demás guardaban silencio. tengo para tí reservada una joya de más valor que el oro de todo mi — reino. apenas tos é inclinó la cabeza miró los objemaquinalmente. serpientes y conejos. El monarca dominó su orgullo. y al disimulo requerían el puño de sus espadas. inspiró temor á Moctezuma. "mosaicos de pluma de colibrí y otras maravillas del arte indígena. Cortés. le dijo: y dirigiéndose á — ^^Malinche. porque tenía preparadas algunas Joyas y preciosidades de mi reino para ofrecértelas." Los ministros y magnates que estaban cerca. y el verlos seguidos de algunos soldados. muchas figuras de oro. Olid.

os lle- varé á mis cuarteles. una hija que han hecho hermosa. --"Señor y Rey. Os doy gracias y os devuelvo á vuestra hermosa hija. y mi capitán P^scalante herido de muerte. y así he resuelto que entretanto viene este traidor y jo se le impone el castigo que merece. encendido de cóle- ra se levantó y exclamó con energía: 2 .'* la y al decir esto se levantó. tés. Malinche. dijo el capitán inclinándose respetuosamente. que es vuestro subdito. te cambió bruscamente de tono." Moctezuma se puso pálido. señor. pero reflexio- nó un momento y cambió de resolución. y ya soy casado en Cuba. donde permaneceréis ba- mi guarda. hizo un esfuer- zo y — "He venido. tomó por mano á la linda muchacha y la presentó á Cortés. le dijo con semblantorvo. la niña tener sola ' una se cubrió de rubor al verse rechazada. Su mirada expresaba la ternura que le inspiraron las palabras del Rey. á deciros que mis soldados han sido asesinados en la costa. Moctezuma quedó triste y corrido. y Cordespués de un momento. acordándose que era Rey. pero á poco. los dioses "Es mi hija. te mi religión me permi- mujer y no muchas. y todo por la traición de Cuauhpopoca. y que te doy para que sea tu mujer y tengas en ella una prenda de mi fe y de mi cariño.17 zón." Los ojos de Cortés se clavaron en la muchacha.

grimas rodaron por sus mejillas.— 18 ---"¿Desde cuándo se ha oído qué Un príncipe como yo. que (1) Prescott. en medio de las calles llenas de tráfico y de va. Moctezuma bajó los ojos. VII Un día con un sol resplandeciente y hermoso." dijo á Marina que le había exaunque suavemente. y si se resiste le traspasaremos el pecho con nuestros aceros. "Vamos. bullicio. plicado." mano á la espada ó al Todos entonces pusieron pomo del puñal (1). y dos gruesas lá- Cortés los contuvo. y que sería tratado respedirse prisionero en Cortés se tuosamente. Dejadnos prenderle. las amenazas el de los españoles. . Al día siguiente monarca mexicano era prisionero de Cortés. pero Velázquez de León. abandone su palacio para ren- manos de extranjeros?" dominó y trató con suavidad de persuadir al monarca de que no iba en calidad de prisionero. Histona de la Conquista. impaciente de tanta tardanza. dijo: "¿Para qué perdemos tiempo en discusiones con este bárbaro? Hemos avanzado mucho para retroceder ya. apareció una inmensa comitiEra un cacique ricamente vestido.

Las flechas. Los indígenas. Los soldados ejecutaron prontamente las órdenes. donde Corse dirigió al palacio salió tés tenía todavía sus cuarteles. y á poco pompa al de Moctey entró con la misma palacio de Axayacatl. . y dirigiéndose ti los soldados.19 traían en unas andas unos esclavos. Sobre cada hoguera había uno de los nobles. tés. ni procuraron defenderse ni profirieron una sola palabra. Seguíanle su hijo y quince nobles de la provincia. mudos de espanto. y á poco diez y siete hogueras esta- ban preparadas en el patio del palacio. servir? eso. Este cacique era Cuauhpopoca. ¿eres tú subdito de tó el Cortés con voz — Cacique. cabizbajo y vestido de una grosera túnica de henequén. Con una resolución el estoica se dejaron colocar en horrendo suplicio. Moctezuma? —contes—¿A qué otro señor podía cacique. les dijo: Atad á esos paganos y preparad las hogueras. que ya iba triste. contestó secamente Cor—Basta con le dijo terrible. Cortés y sus cai^ifanes recibieron al cacique. La comitiva zuma. el mismo que había matado á los soldados españoles y derrotado á Juan de E^-alante. El cacique estaba enfrente de su hijo. jabalinas y macanas depositadas en el templo mayor servirán de leña. amarrado de pies y manos.

calcinados. pero la pues eres el autor principal de Soldainfamia cometida con los españoles. par de Moctezuma y le puso bruscamente un grillos en los pies. Algún lúgubre se infelices. Sus sirvientes Rey al y grimas. gruesas columnas humo se oía el que levantaban de las hogueras. pecho Ahogados sollozos se escaparon del láderramaban del monarca. lía del pecho de aquellos españoles con la arma al brazo. acontecimiento siguieron lle- otros. dieron ver diez y siete esqueletos deformes. VIII A este fúnebre. Se huesos crugido de las carnes y de los saquejido tostaban. Cuando el de humo. tu crimen. Cortés volvió las espaldas á salió del aposento.— solUn dado. do ejecuta la orden que te he se acercó dado que había seguido á Cortés. Los y los artilleros con mecha en mano. se pugras y hediondas columnas retorcidos. —Monarca. presenciaban viento disipó las ne- el suplicio. Cuando de llegó al patio. quiero castigar siempre ces la muerte. más .20 la pieza Cortés se dirigió entonces á donde mere- estaba Moctezuma. pero el grave de todos fué la gada de Panfilo de Narvaez á Veracruz. negros. le dijo con acento feroz.

Se dirigieron á Tnnafivt. y se entregaban descuidados á la alegría. Tcmatvut (el sol). hasta que no quedó ninguno. tomó una resolución extrema. Tomiüut nos mata!! exclamaron varias voces. //roím^wí cae sobre nosotros. ataviados con sus más ricas vestiduras cubiertas de oro y esmeraldas. Cosa de 600 nobles concurrieron á la ceremonia. La sangre corría. seguido de cincuenta soldados armados.21 Cortés. y bajaba como una diestra cascada roja por las escaleras del templo. Los españoles arrancaban las joyas de los miembros destrozados azteca. que llamaban Texcalt. como en todas la ocasiones. y marchó violentamente rival. y sangrientos de se retiró la nol>leza Alvarado con trabajo á sus . Todos echa- ban á huir y querían las puertas. quien les dio licencia. dejó la guarda de ^loc- tezuma y de ciudad á Pedro de Alvarado. con la condición de que no llevasen armas ni hiciesen sacrificios humanos. Bailaban sus danzas y arcito-9^ como les llamaban los españoles. pero eran recibidos por las picas de los soldados que guardaban Alvarado y los suyos mataban á y siniestra. salir. como le llamaban al los indios. encuentro de su En el mes de mayo los aztecas acostumbraban hacer una solemne fiesta. cuando entró Alvarado al templo. en memoria de la traslación del dios de la guerra al templo mayor.

barrían con la artillería las masas compactas de indígenas.22 cuarteles. Los españoles hacian salidas. y las mismas mujeres corrían ayudando al ataque. México y salvó á Alvarado. después de haber venci- Narv'aez. hécholo prisionero é incorporegresó á rado sus tropas. ' —¿Qué tengo que hacer ya con el Malin- . sa. y sus esfuerzos para pelear se agotaban. Todos comenzaban á desconfiar. cada vez con más furor. ni capitular. maderos y piedras. ni rendirse. cumbir. Los cadáveres amontonados interrumpían el paso de las frenéticas calles. Al cabo de allos españoles volvieron á encon- gunos días salir trarse en la última extremidad. que volvían á cerrarse y á cargar con hondas. que estaba ya á punto de su- Los combates siguieron sin interrupción. IX Hernando do á Cortés. Cortés requirió á Moctezuma para que se interpusiera con sus subditos y cesara la guerra. resuelta á acabar con sus asesinos. Toda ía población se levantó en ma- furiosa y desesperada. los heridos daban lastimo- sos gemidos. á murmurar contra su capitán. porque hubieran sido sacrificados á los. No podían los ído- de la ciudad.

gritaron con "Vil mujer. monarca indigno. su furor redobló. pero tuvo que disculparse. noble azteca.23 che?—respondió despechado. cuando cesó y cayeron con el rostro en tie- Hubo un silencio profundo. Esa fué la señal del nue- vo combate. ' Un to. una nube de flechas. que eran sus padre Olmedo y Olid interpusie- ron su influjo y le persuadieron á que se mostrase y hablase a su pueblo. de piedras y de dardos nublaron por un momento el aire. revistióse de su más rico traje real. y subió al baluarte ó piso principal del palacio. no te queremos ya que nos mandes. ceder por Esto cambió súbitamente al le pueblo. se acercó al baluar- como una ave de blandió airadamente su arco. Moctezuma que inter- habló. y disparó una flecha al Rey. caer favoritos. los guerreros suspendieron el ataque. dejándose sobre sus almohadones. y rabia. vergüenza de tus antepasados. y se dejó ver en la parte más saliente. Apeel nas la multitud notó la presencia de su moruido y la gritería. se prosternaron rra. y muchos narca. Moctezuma accedió. vestido fantásticamente rapiña. Un alarido aterrador salió como por una sola boca de todo el pueblo. ni siquiera verun solo momento. azteca degradado. que manifestarse el amigo de ellos. Peña y Orteguilla. y Moctezuma^ . los españoles. el Marina.

hecho su pueblo. En cuanto pasó ror del pueblo azteca primer impulso del fuy vio llevar en brazos. su rabia cambió muerto al parecer. y no volvió á proferir una palabra. y buscó una arma con que acabar con sus días. X Moctezuma bitación. y á poco caj^ó del terrado del cuartel en un abatimiento sombrío. Las afrentas que había recibido de los españoles eran poca cosa cuando pensaba en la que le había . pero los nobles que le acompañaban trataron de calmar los dolores físicos y morales que le atormentaban. que se hablan abierto para pedir únicamente la muer^ te á los dioses. al . Cuando volvió en sí. cayó des- mayado en la azotea. Arrancóse de la cabeza una venda que le habían puesto. Rey. cerró después sus labios. rechazando resueltamente los alimentos que le le que hacía presentaban y las insinuaciones el padre Olmedo para que reciel biese el bautismo. su desesperación y despecho no conocieron límites. desconociéndole como su Señor y volviendo contra él sus armas. sus ojos erraban sobre las paredes del aposento y sobre las tristes fisonomías de los que le acom- pañaban. fué recogido por dos soldados y conducido á su hadonde permaneció sin conocimiento algunas horas.24 herido en la nuca por una piedra.

" Olid convocó á todos los oficiales. pero precisamente deberá che. levantó la voz: Señor capitán. Reunid inmediatamente un consejo de guerra. y mientras quedaban unos á la guarda de la fortaleza. digo que es necesario que salga cuanto antes de esta ciudad se/* (Je maldita. que tiene una tripulación en una nave que va á naufragar. Es necesario aprovechamos de los instantes y salir de la ciudad. Se discutió con calor si la retirada sería de día ó de noche. no- . le Moctezuma. Los bre él oficiales que habían tirado so- arrojaron las armas. os anuncio que os veréis último extremo de miseria. En cuanto al ejército español. reducido dijo.en pavor. otros se prosternala tierra. todos voceaban y disputaban hasta el grado de poner la mano en el puño de las espadas. En un momento tello. pero después tendréis grandes lionores y fortuna. Cortés tuvo que imponer silencio y que dirigir una mirada fiera el El consejo fué tumultuoso. por las calles. dijo. ron contra y la multitud. se fué dispersando lentamente "La muerte de ha llenado de miedo á estos bárbaros. otros entraron en el salón que hal:)itaba Cortés se dirigió á Olid. silenciosa y sobrecogida. como á los más insolentes oficiales. de silencio el soldado Bo- llamado al el astrólogo. Cortés.

la resolución que siempre habéis tenido para acabar los más apurados lances. se estremecieron sin embargo. pero cuidado. . Los pechos de los españoles. Así llegó la noche imponente y sombría. y todo anunciaba una tormenta en el cielo y una matanza en la tierra. —Saldremos Cortés.26 La disputa oyó la fiera. El silencio profundo que reinaba en la ciudad aumentaba más el pavor. cesó desde el momento que se opinión del astrólogo. XI En la tarde. zaron á llenar sus alforjas y maletas con cuanto pudo caber en ellas. Apenas los oficiales y soldados oyeron escuando corrieron al tesoro. esta noche precisamente. y encontrando el oro amontonado en el suelo. y aquella gente pero supersticiosa. comenta orden. y una masa de nubes negras y amenazadoras vino al parecer expresamente de la cumbre de los volcanes. dijo y armaos de Haced. fuertes y templados como sus aceros. Todos pensaron que quizá no verían el sol del nuevo día. pues. que podréis ser víctimas del mismo peso del oro que carguéis. el horizonte se fué nublando gradualmente. Tomad todo el oro y joyas que queráis. vuestros preparativos. obedeció la voluntad del simple soldado.

27

Moctezuma, mudo,
BUS cojines,

silencioso,

moría entre
del dolor

más

del despecho,

más

de haber visto
do,

el fin

sangriento de su reina-

que de

la herida
le

que tenía en

la cabeza.

Los nobles que
españoles,

acompañaban de

pie á su

derredor, observaban los preparativos de los

y

casi

adivinaban la suerte que

les

estaba reservada. Cortés, que creía que Moc-

tezuma había causado realmente la situación tremenda en que se hallaba, había cambiado
la afección

que concibió

al principio,

en un

odio profundo.

La tempestad que

se cernía hacía

ya algu-

nas horas sobre la ciudad, descargó por fin. Gruesas gotas de agua y granizos comenzaron
á caer en los terrados. Los relámpagos con su azufrosa y blanca luz, herían las armaduras de los caballeros, iluminaban sus fisono-

mías terribles, y entraban instantáneamente por una ventana estrecha á dar un lívido color al triste cuadro que presentaban el Emperador y sus caciques, esperando silenciosos que se cumpliese su inexorable destino.

El padre Olmedo dijo una misa, á
asistieron todos los capitanes

bada, Cortés organizó la

la que y soldados; acamarcha, y á las do-

ce de la noche del 19 de julio de 1520, en medio de una horrible tempestad, se abrieron las puertas de la fortaleza y abandonaron los

españoles aquellas murallas, testigos de sus


28

horribles padecimientos
lor (1).

y de su indómito va-

XII
¿Qué haremos con los prisioneros? preguntó uno de los oficiales á Cortés. Nunca será bien, si aun Dios nos tiene reservado el acabar esta empresa, que quede con vida el que ha sido el Rey de estos idólatras, ni ninguno de los que se llaman nobles ó caciques (2).

— —

un semblante torvo se presenMoctezuma y sus nobles, alumbrado escasamente y á intervalos por una hoguera de ocote media apagada. Acabad con estos bárbaros que tratan todavía de sacrificarnos, y echadlos por la azoTonativt con

en

el

salón donde estaba

tea á la calle, sobre la Tortuga de piedra, pa-

ra

que toda
el

la

ciudad se entretenga, y cercio-

rados los indios de que están muertos, no nos
estorben
paso.

Los indios se estremecieron j quisieron huir, ¿adonde? Se pusieron en pie y esperaron la muerte resueltamente. El Emperador apenas levantó la cabeza.
(1)

Prescott.

Historia de la Conquista.

adoptado para finalizar este escrito la ti-adición más probable de la muerte de Moctezuma, y puede verse en el tomo 10." del Boletín de Geograf^ia y Estadística la disquisición histórica hecha por el Sr. D. Fernando Ramírez,
(2)

Se

lia

39

Los soldados sacaron los estoques y comenzaron á herir á todos los que allí estaban. A
dieron cinco puñaladas (1). Concluida la matanza sacaron los cadáveres y los arrojaron por la azotea sobre la gran

Moctezuma

le

Tortuga, que estaba en la esquina de la forta-

y se incorporaron al resto de la tropa que avanzaba lentamente enti'e la lluvia y las tinieblas, resbalando en el lodo y en la sanleza,

gre de las calles.

Manuel Payno

(i)

Fr.

Diego Duran.

'

XICOTENCATL
Atravesaba
el

(1)

pequeño

ejército

de Hernán

Cortés la soberbia muralla de Tlaxcala que

defendía la frontera oriental de aquella indó-

mita República. Los soldados se detenían mirando con asombro aquel monumento gigantesco, que según la expresión de Prescott 'tan alta idea sugería del poder y fuerza del pueblo que le había levantado. Pero aquel paso, aquella fortaleza, cuya custodia tenían encargada los othomís, estaba entonces desguarnecida. El general español se puso á la cabeza de su caballería, é hizo atravesar por allí á sus soldados, exclamando
' '

lleno de fe
te,

y entusiasmo: "Soldados, adelan-

Cruz es nuestra bandera, y bajo esta señal venceremos:" y los guerreros españoles
la

hollaron el suelo de la libre República de Tlaxcalan.
Prescott, nistoria de México; Gomara, Ixtlilxo-

(1)
cliil,

Herrera, Camargo.

31

poaltecas

El ejército español y sus aliados los Zeincaminaban ordenadamente; Cortés

con sus jinetes llevaba la vanguardia; los Zempoaltecas la retaguardia. Aquella colum-

na atravesando la desierta llanura, parecía una serpiente monstruosa con la cabeza guarnecida de brillantes escamas de acero, y el cuerpo cubierto de pintadas y vistosas plu-

mas.
Cortés caminaba pensativo:
el

tenaz frun-

cimiento de su entrecejo, indicaba su profun-

da meditación: mil encontradas ideas y mil desacordes pensamientos debían luchar en el alma de aquel osado capitán, que con un puñado de hombres se lanzaba á acometer la empresa más grande que registra la historia
en sus anales.

Reinaba el silencio más profundo en la columna, y sólo se escuchaba el ruido sordo y confuso de las pisadas de los caballos.

De cuando en cuando.

Cortés se levantaba

sobre los estribos y dirigía ardientes miradas, como intentando descubrir algo á lo lejos: así

permanecía algunos momentos, nada alcanzaba á ver, y volvía silenciosamente á caer en
su meditación.

¿Qué esperaba, qué temía aquel hombre que procuraba así sondear los dilatados hori-

32

zontes?

—Esperaba

la vuelta

de sus embaja-

dores: temía la resolución del gol:>ierno de la

República de Tlaxcala.

Cuando Cortés determinó pasar con su
cito

ejér-

á la capital del imperio de Moteuczoma,

vaciló sobre el

camino que debía

llevar; era

su intención dejar á

un

lado la República de

Tlaxcala y tomar el camino de Cholula, país sometido al imperio de México y en donde es-

peraba encontrar favorable acogida, por las relaciones de amistad que le unían yá con el

emperador Moteuczoma.
Pero sus aliados los Zempoaltecas
sejaron otra cosa. Tlaxcala era
le

acon-

una Repúbli-

ca independiente y libre; sus hijos, belicosos é indomables, no habían consentido nunca el

yugo

del imperio Azteca,

vencedores en las

llanuras de Poyauhtlan: vencedores de Axa-

y vencedores después de Moteuczoma, patria les había hecho invencibles y les constituía irreconciliables enemigos
yacatl,
el

amor á su

de los mexicanos: los Zempoaltecas aconsejaron á Cortés que procurase hacer alianza con los de Tlaxcala, abonando encarecidamente el
valor y la lealtad de aquellos hombres. Comprendió Cortés que sus aliados tenían
razón,

y tomó decididamente

el

camino de

Tlaxcala, enviando delante de

como emba-

\

3^

jadores á cuatro Zempoaltecas para hablar al

senado de Tlaxcala, con un presente marcial qiie consistía en un casco de género carmesí, una espada y una: ballesta, y portadores de una carta en la que encomiaba el valor de los
Tlaxcaltecas, su constancia
tria,

y su amor á la pay concluía proponiéndoles una alianza con objeto de humillar y castigar al soberbio emperador de México. Los embajadores partieron; Cortés continuó y penetró en el terreno de la República, que aquéllos hubieran vuelto á dar notide su pmbajada.

su camino, atravesó la gran muralla tlaxcalteca
sin
cia

El ejército español avanzaba con rapidez;
el

general seguía cada

momento más

inquie-

no pudo contenerse, puso al galocaballo, pe su y una partida de jinetes le imito:

por

fin

tó,

acompañarle;
plorando
el

y algunos peones aceleraron el paso para así caminaron algún tiempo exterreno: de reptmte alcanzaron á

ver una pequeña partida de indios armados

que echaban á huir cuando vieron acercarse á
los españoles: los jinetes se lanzaron en su

persecución, y

muy

pronto íilcanzaron á los

fugitivos; pero éstos,

por

el

en vez de aterrorizara^, extraño aspecto de los caballos, hioio3

34

ron frente á los españoles y se prepararon a combatir.

Aquel puñado de

valientes hubiera sido

arrollado por la caballería,

si en el mismo momento un poderoso refuerzo no hubiera apa-

recido en su auxilio.

Los españoles' se detuvieron, y Cortés enuno de su comitiva para avisar á su ejército que apresurase la marcha. Entretanto los
vió

indios disparando sus flechas se arrojaron sobre los españoles, procurando romper sus lanzas

y arrancar á

los jinetes

de los caballos;

dos dé estos fueron muertos en aquella refriega, y degollados para llevarse las cabezas co-

mo trofeos
Rudo y

de guerra.

desigual era el combate, y mal lo hubieran pasado los españoles que allí acom-

pañaban á Cortés, á no haber llegado en su socorro
tería
'el

resto del ejército: desplegóse la infanlas descargas

en batalla, y

de

los

mos-

quetes y el terrible estruendo de las armas de fuego que por primera vez se escuchaba en
aquellas regiones, contuvieron á los enemigos

tra

que retirándose en buen orden y sin dar muesninguna dé pavor, dejáíon á los cristianos dueños del lugar del combate. Sobje aquel terreno se detuvieron los españoles, acampando, como señal del triunfo, sobre el mismo campo de batalla.

en nombre de la República. acompañado de tres mil aliados. se puso en marcha. embajadores de Cortés. cuando salieron á su encuentro los otros dos Zempoaltecas. y ofreciendo á éstos que serían bien recibidos en la ciudad. es- En efecto. Cortés creyó ó fingió creer en la d« aquellas palabras: cerró vigilancia. y el ejército de los cristianos. desaprobación del ataque que habían reci- bido los españoles.35 *"* Dos enviados Tlaxcaltecas y dos de los em- bajadores de Cortés se presentaron entonces la para manifestar. . de tres en de los cuales iba como siempre el denodado Cortés. No habían avanzado aún mucho terreno. Rompían fondo. á pocos momentos una gran ma- sa de Tlaxcaltecas se presentó blandiendo sus armas y lanzando alaridos guerreros. (i la marcha la cabeza los jinetes. después de haber asistido devotamente á la misa que celebró uno de los Amaneció el siguiente día. sin perderse un momento que era el 2 de septiembre de 1519. la buena fe noche y el ejérla cito se recogió. capellanes. anunciándole que el general Xicoténcatl les esperaba con un poderoso ejército y decidido á torbarles el paso á todo trance.

. y con un esfuerzo desesperado logró salir de aquella garganta y descender á la llanura. ' 'Santiago y á ellos. en donde era imposible que maniobrasen la hasta artillería ni los jinetes. se escuchó el alarido de guerra y comenzó un terrible combate. y así llegaron un desfiladero cortado por un arroyo. Cortés comprendió lo difícil de su situación. ' ' gritó Cortés con ron- ca voz. Los Tlaxcaltecas comenzaron á te. y las tientes. indicaban también que eran los guerreros de Xicoténcatl. y los jinetes bajando las lanzas arremetieron á aquella cerrada multitud. que su imaginación multiplicaba: era el ejército de Xicoténcatl que esperaba con ansia el mo- mento del combate.36 Cortés quif=io parlamentar. de piedras y de flechas vino á rebo- como única contestación. y una tar. dardos. ciegos por el arc^or del comba- comenzaron á perseguirlos. Sobre aquella multitud confusa se levantaba la bandera del joven general. una garza sobre una plumas y las mallas de los combaamarillas y rojas. sobre los férreos arneses de los españoles. era la enseña de la casa roca. de Tittcala. Sonaron los teponaxtles. Pero entonces sus asombrados ojos contemplaron allí un ejército de Tlaxcaltecas. retirarse: los españoles. pero aquellos lluvia de hombres nada escucharon.

como un pájaro nocturno no se atreve nunca á cruzar por y alumbrado por la luz del día. defendía su cabeza un casco que remedaba Ta cabeza de un águila cubierta de oro y salpicada de piedras preciosas. de semblante agradable. y sobre su frente ancha y despejada no se hubiera atrevido á cruzar nunca un pensamiento de traición. y sobre el cual ondeaba un soberbio penacho de plumas rojas y amarillas: una especie de tunicela de algodón bordada de leves plumas. llantes parecían penetrar. su elevado pecho estaba cubierto por una ajustada y gruesa cota de algodón sobre la que brillaba una rica coraza de escamas de oro y plata. sus nervudos brazos mostraban ricos brazaletes. y wsobre sus robustas espaldas descansaba un pequeño manto. los oscuros misterios del porvenir. sus ojos negros y brien los momentos de meditación del caudillo.37 Era Xicoténcatl. un joven hijo de uno de los ancianos más respetables entre los que componían el senado de Tlaxcala. Xicoténcatl era un hermoso tipo. De formas hercúleas. descendía hasta cerca de la rodilla. . el jefe de aquel ejército. formado también d<' un tejido de exquisitas plumas. también rojas y ama- un cielo sereno rillas. de andar majestuoso.

en el que estaban pintadas como divisa las casa de Tittcala. el alma guerrera de aqueel República. las fabulosas consejas que hacían de los españoles divinidades invencibles é hijos del con- ducía tro las huestes de la República al encuen- de aquellos extranjeros. y era que despreciando sol. ^< Cortés recogió sus heridos. y del valor. que había perdido en él ocho de sus más valientes capitanes. lla y era él. y descono- A El choque fué terrible: un día entero duró aquel combate. y en el brazo izquierdo un escudo. y sin pérdida de llegar al ce- tiempo continuó su marcha hasta . la encarnación del patriotismo él. y del cual pendía armas de la un rico penacho de plumas. tuvo que retirarse. despreciando los cobardes consejos del viejo Maxixcatzin que darse de que éstos manejaban quería la paz con los cristianos. Xicoténcatl.38 Llevaba en la mano derecha una pesada maza de madera erizada de puntas de itztli. y Xicoténcatl. con ese fany hermoso traje. y esperando el nuevo día para dar una nueva batalla. pero sin creer por esto que ha])ia sido vencido. hubiera podido tomarse por uno de esos semidioses de la Mitotástico logía griega: todo el ejército Tlaxcalteca le obedecía. y sin intimiel rayo y camiferoces naban sobre monstruos cidos.

y se preparaba. Cortés comprendió lo efídel triunfo. en cuya cima un tem- plo le prestó asilo para el descanso de aquella noche.•>l». al siguiente Cortés reflexionó (¿ue su situación era com- prometida. .'. en\áando nuevos embajadores á pro- poner á Xicoténcatl un armisticio. El sol apareció después puro y sereno.. Los embajadores volvieron con ta del joven caudillo: era la respues- un reto á muerte y día los ima amenaza de atacar cuarteles. lo acampó también muy cerca de mismo que los esel pañoles. Xicoténcatl Cortés. á combatir de nuevo. general español quiso pro- bar aún la benignidad y los medios de conciliación. .39 rro de Tzompatchtepetl. y á su luz comenzaron á desfilar peones y jinetes.:í. Sin embargo. y decidió salir á buscar en la ma- ñana siguiente á los Tlaxcaltecas.tz-. mero La inquietud devoraba su ni pecho. Se dio un día de descanso á las tropas. braban Los soldados cristianos y sus aliados celela victoria. Brilló la aurora del 5 de septiembre de 1519.Aih¡í. Su marcha era ordenada y silenciosa como de costumbre: cada uno de los soldados espe- .

Un océano de plumas de mil colores que ondulaban á merced del fresco viento de la mañana. ]^ En el horizonte. blica. aquella muchedumbre se lanzó sobré los españoles. y un espantoso alarido atronó los vientos. heridos por la luz del nuevo día. y entre el que brillaban como las fosforescencias del tnaren una noche tempestuosa. El espectáculo era sorprendente. El monótono sonido de los teponaxtles contestó aquel alarido de guerra: los guerreros indios se agitaron un momento. No hni)o uno solo de aquellos valientes pe- . cuando aquel ejército apareció á su vista en una extendida pradera. ' • emblema dé • la indómita Repú- Al presentarse el ejército de Cortés/ aquella multitud se estremeció. y todos sabían ya que su Valeroso general los llevaba á atacar resueltamente el campamento i'abá él del ejército de Xicoténcati: "''t'^'í'í'wi ^o.l Apenas habrían caminadóiin cuarto dé legua. y dominándolo todo. perdiéndose entre la bru- banderas y pendones de los distintos caciques Othomís y Tlaxcaltecas. y deispués. como un torrente que se desborda.40 cómbate de un moriíento á otro. y los ecos de las montañas lo repitieron confusamente. los arriesés dé 'dro y ^áta y las joyas preciosas de los cascos de los guerreros Tlaxcaltecas. el águila de oro con las las ma alas abiertas. orgullosa.

que flotaba después sobre arabos ejércitos. explicarse Las l)al¡is d(. Aquella era una hirviente catarata de hombres. Aquella carnicería nó puede ni comi)renderse. Ni los caballeros ni los infantes podían maniobrar. Pasó entonces una escena espantosa. de joyas y de estandartes. el silbido de las flechas. se mezclaban con el estrépito de las armas de fuego.41 chos castellanos. indes- criptible. los cañones y di. zaban Levantóse un rugido como el de una tem- pestad: los gritos de los combatientes que se miraban á cada momento más cerca. al través del cual cru- y amarillentos los rayos del sol. de armas. los sonidos de los te- pbnaxtles. Se escuchaban los golpes sordos de los aceros de los españoles sobre el desnudo j)echo de las los indios. y de los pífanos y de los atabales. los arcjibu- . como un tristes dosel. de plumas. y se estrecharon y se enlazaron. y como el ruido del granizo cjue azota una roca. El ejército de Xicoténcatl avanzaba rápidamente levantando un inmenso torbellino de polvo. Ix)S dos ejércitos se encontraron. que no sintiera un estremecimiento de pavor. como dos luchadores. el golpe de las flechas sobre armaduras de hierro de los soldados de ni Cortés.

Y el pueblo y el senado creyeron.42 ees se incrustaban en una espesa muralla de el carne humana. y entre las sombras miró las negras masas del ejército Tlaxcalteca que se ^cercaban. los y un cacique de que militaban á las órde- nes de Xicoténcatl huyó llevándose diez mil combatientes. y los sacerdotes dijeron al pueblo y al senado que los cristianos. . y la victoria se decidió por los cristianos. Llegó la noche y Xicoténcatl condujo sus huestes al ataque de los cuarteles de los espa= ñoles. La traición vino en a^aida de los españoles. debían ser atacados durante la noche. Era una especie de íiervor siniestro de com- y desaparecían unos bajo los pies de los otros. Xicoténcatl sintió en su corazón avivarse el entusiasmo y el amor á la patria. Xicoténcatl contaba con el sacerdocio. y puso en pie á sus soldados. para convertirse en batientes que se alzaban. y la sangre corría como agua de los arroyos. fango sangriento. Cortés velaba. protegidos por el sol. Las almas grandes son como el acero: se templan en el fuego. *** El pueblo y el senado de Tlaxcalan se desalentaron con la derrota.

cuando repeutiname^ite uua faja de luz roja ciñó el campamento. . españoles entraron triu^íaJíite& 4 Tlax. El senado de la Rei)úblic^. los cañones y los El senado de Tlaxcalan culpó la indomable arcabuces dieron la victoria á Cortés... El águila de aquella República lanzó un grito de duelo y huyó á las montañas.... pero espí- res. ritu grande de Hernán Cortés sintió lo prola fundamente ingrato de conducta del sena- do. Eran teca..43 Xicoténííatl llegó hasta el campo atrinche- rado de los españoles: un paso los separaba ya. calan. Xj el estampido de las armas de fuego despertó el eco de los montes... Los Tlaxcaltecas atacaban con furor. é interpuso su valimiento para que Xico- téncatl fuese restituido en sus honores. pero en esta vez como en otras.il del imperio Az- rrotado en la célebre cito de donde había salido fugitivo y casi deiwcffc (ri'iü\ con im ejéralia-f poderoso compuesto de españoUs y .. -I».. los primeros dias de marzo de 1521.-. que nada había hecho en favor de tria.. y le obligó á deponer Ivos las armas. la independencia de el la pa- temeroso del enojo de los conquist<adodestituyó al joven caudillo..f. constancia del joven caudillo..:j.. Cortés volvía sobre la capit.

camino de Tlaxcalan llegaba un grupo de peones y jinetes conduciendo en medio de sus filas á un prisionero. del lago: la tarde estaba serena Por el lles Atravesaron sin detenerse algunas de las cade la ciudad. El sol se ponía detrás de los montes que forman como un engaste á las cristalinas aguas y apacible. como se llamaban á de los naturales del En las filas los Tlaxcaltecas circulaban noticias alarmantes. pero con gran terror. y sobre todo del odio daban á sus aliaque Xicoténcatl pro- fesaba á esta alianza. las operaciones del sitio. que caminaba tan orgullosamente como si él viniera mandando aquella tropa. y según la opinión geileral. dejando á la ciudad de Texcoco. caltecas Estamos en Texcoco. aquella separación era provenida del mal trato que los españoles dos. Xicoténcatl había des- aparecido del campo. habían visto preparar una grande horca. en donde sin saber para quién. y se dirigieron sin vacilar á la grande horca colocada cerca de la orilla del lago. país.44 dos. Dióse la orden para que los Tlaxcaltecas se dirigieran para Tlacopan con objeto de co- menzar y los Tlaxemprendieron el camino. .

Los españoles deras. que der el español. ... algunos Tlaxcaltecas huían pantados. El caudillo de Tlaxcala. pero no se estremeció siquiera.v( m i ^ Itcente Rica Palacio.uj^l^ban j. con adesla A lo lejos..1 . *** La pálida y melancólica se ocultaba luz de la luna que en el horizonte.. espiraba suspendido de una horca. soldados de Cortés miración. porque aquel era el patíbulo de libertad de una nación.. Xicoténcatl. comprendió la suerte que le esperaba.^.45 El prisionero miro la horca. . Entonces se arrojaron sobre y le ataron. Porque aquel hombre era Xicoténcatl. rielando sobre la superficie tranquila de la laguna. el héroe de la independencia de aquella República. contestó la sentencia con comenzaba ya á comprenuna él sonrisa de desprecio. al pie de la cual los le contei. y Xicoténcatl no sabía temblar ante la muerte. alumbró un cuadro de muerte.. por haber fieles le notificaron su sentencia: debía morir por haber abandonado sus ban- dado este mal ejemplo á los Tlaxcaltecas.

rojo y candente. víctima.CÜAÜHTIMOO Los TRES Reyes Poco tiempo después déla salida de pañoles en la memorable Noche los es- Triste. se co- menzó á notar en los barrios de la ciudad una horrorosa enfermedad. Los médicos hacían uso de cuantas plantas benéficas conocían y de cuantos sortilegios les sugería la superstición. y todo era ineficaz. Eran las viruelas. como si con un fierro ardiendo hubiesen los verdugos marcado á la La mayor el parte morían á los cuatro ó cinco días devorados por te. que como el pri- . la boca. Los jóvenes y los niños eran atacados repentiiiamente de unas pústulas ro- jas que se sobreponían en el cuerpo las unas pifia. las narices. no formaban sino un conjunto de- forme. una fiebre ardien- y dejando en lecho los pedazos de sus carnes. á las otras como los botones de una y en breve tiempo los carrillos los ojos. antes desconocida entre los aztecas.

Era hijo del Rey Ahuizoü y de una princesa heredera del señorío de gallar- Tlaliehdco. fué atacado de las viruelas Igual suerte tocó al y murió después de un corto reinado. los mexicanos se apresuraron á elegir Emperador. sus ojos negros y rasgados denotaban á la vez que una dulce melancolía. Cuando se proponía un grande encuentro de los y marchar tal vez españoles. era do y bien proporcionado. La población estaba verdaderamente consternada. Rey de Tlacopan. Tenían algo de la belleza del ojo del . Después de la catástrofe de Moctezuma. que desalentaejército dos y casi perdidos se habían refugiado en la república de Tlaxcala.47 mero y más funesto presente de la Europa. A estas circunstancias y al indomable valor que había mostrado en los últimos combates. arrojando á los enemigos de la ciudad. y fué elegido Emperador. y recayó el mando en su hennano CuiÜahuatzin. una fuerza y una energía indo- mables. Tenía de 20 á 23 años. regalaba á la raza indígena un negro que vino entre las gentes de Panfilo de Narvaez. bravo joven que había reasumido el mando de las fuerzas aztecas el tanza que hizo Alvarado en desde la matemplo mayor y vencido á Hernán levantar al Cortés. Los az- tecas lloraron sobre los cadáveres de sus so- beranos y les tributaron los honores fúnebres que eran de costumbre. debió Cuauhtimoc su elevación.

y esto hacía que los aztecas le mirasen ..^ . reunía Cuauhtimoc las de sumo sacerdote. (^erep-do po? . reina del Anáhuac con la venida de los terri-!. A las funciones de general del ejército. creyendo también que los diohabían ya mitigado su enojo y que la abundancia y la victoria habían de borrar en lo futuro las plagas que habían caído sobre la. dros de que estaba entonces circundada lí^^^ capital. que le caía hasta los hombros. una numerosa procesión atravesaba: la ancha calle principal y se dirigía al tem-j^ pío mayor. torres y de papi|}as. Era este templo un ¡Qonjunto (|e^^ eclificios.^ das las casas fueron adornadas con arcos de flores. y olvidando por un momento la peste y las pasadas calamidades. ses bles hijos del sol. negra pomo el ébano. como una divinidad. Una mañana. y nadie pensó sino en la ceremonia de . to-. la ciudad se cubrió de gente. de. la coronación.48 ciervo y del orgullo y resolución de la mira- da del águila. La noticia de su elección voló de boca en boca por toda la tierra mexicana. bajo un cielo azul y diáfano que dejaba ver los pueblos lejanos que se r^-^j flejaban en las aguas del lago. las altas montañas y los frondosos y alegres bosques de ce-. iSu tez era aterciopelada y más blanca que inorenaj su cabellera. engastaba aquella fisonomía juvenil y guerrera. que erji el tipo perfecto y acabado de la raza ¡ noble del nuevo mundo.

formando con los huecos tina barda' de piedra das. y al último sobresalía. Següíaií' diez doncellas nobles con Luego mancebos con incensarios. iban delante. En la cabeza llevaba la mitra ó diadema real de los Emperadores aztecas. como la alta montaña entre las pequeñas colinas. En el Centro se 'éfeVaba una gran pirámide orientada á los cuatro puntos cardinales. Cerca esta- ban unas grandes piedras convexas llenas de figuras deformes. Rey de Texcoco. el gallardo Emperador de los aztecas con la rica vestidura real. recamada de figuras de oro y de verdes y vistosos chalchihuites. y las almenas coronadas con cráneos humanos. y sus largos cabellos en deáorden. horribles serpientes de granito. y una escalera casi vertical d^ icíeñ escalones conducía á la plataforma. encerrada la imagen horrenda del dios de la guerra. manchadas de sangre. oscuros de sus ojos y de sus narices. de juncos rojos en las manos. Después la nobleza. A su derecha iba Cohuanacoxtzin. diez 4 .49 donde estaban enroscaformando una comisa. hileras fantásticas que parecían repentinarnente ani- marse y devorar á el pié' los que pretendían poner en el santúarib'dé la saÜgüinariá dei- dad. y ramob. vestidos con sus luengas capas de color sombrío. de donde se elevaban blancas columnas de humo oloroso. Los sacerdotes. y en una torre principal de madera.

Se disTriste el sacrificio. tlaxcaltecas. los vistieron con una especie de túnica (xicolli) que tenía figurados con pintura calaveras y huesos de muerto. copan. Rey de Tla- A los tres Reyes seguían los prisioneros de guerra. con tres bor- mano izquierda un saco con incienso blanco y en la derecha un incensa- . con una corona de vistosas plumas en la cabeza y unos abanicos en la mano. De tiempo en tiempo esta procesión se detenía. españoles. hasta que llegó á la plataforma. Así fué subiendo las difíciles gradas del templo toda la numerosa concurrencia.50 á su izquierda Tetlepan-Quetzal. cholultecasy huexotzingas. Recuya fisonomía deforme estaba cubierta con una máscara de oro macizo. que daban á su fiso- nomía un aire imponente. Cuando los españoles se hincando en sus caró puntas de pedernal. en la les pusieron una calabaza las espaldas. llena de tabaco en las verdes. Los priresistían. se les obligaba nes algunas espinas de maguey sioneros se colocaron en dos hileras á los la- dos de ía piedra de yes entraron al sacrificios. que habían sido cogidos en la Noche y que estaban reservados para Los españoles caminaban desnudos. Los tres templo de HuitzilopozÜi. Los sacerdotes desnudaron á los Reyes. y se hacía danzar á los prisioneros. tinguían por la blancura de su piel y por las barbas largas y espesas.

El sacrificador. con una navaja de ohmli-atuí la el le hizo una profunda hcr rida en el costado izquierdo. hacía un ruido disonante y confu- meroso pueblo reunido en la so con cometas. se estremecieron. ofrecer al dios de la guerra todos los prisioneros. se miraron significándose una despedida eterna. Los españoles.51 rio. te cuatro días deberían ayunar y hacer peni- tencia. y los Reyes comenzaron á incensarlo. como si la muerte hubiera ya arrojado su helado soplo en sus semblantes. y algunas gotas de un sudor frío cayeron por sus mejillas moradas y huecas. y otros instrumenAcabada la ceremonia. mientras el nu- plataforma y en los patios. y acompañados de cuatro senadores y de los sacerdo- descendieron las gradas y entraron en la casa que llamaban Tlacochalco. El la sacrificio costumbre en comenzó en seguida. los Reyes vistieron de nuevo sus mantos reales. metió por ella mano y sacó entre borbotones de sangre corazón caliente y humeante de la víeti- . donde durantes. cuando vieron aproximarse á los terribles sacerdotes. pues era la coronación de un nuevo Rey. tambores tos. acos- tándole en ella y sujetándole fuertemente los pies y las manos. Así se acercaron al dios. Cuatro sacerdotes se apoderaron de un prisione- ro y le condujeron á la piedra convexa. La cara y la cabeza se las cubrieron con un velo verde.

' que inmóvil. y '^ff:/ allí con los Reyes. . el día que he recibido la corona del imperio. "'• "El Malinche y 'at — nú'estfó's eternos enemi- gos de Tlaxcala se preparan á hacernos de nuevo la guerra.el dolor. parecía entre la oscuridad alentar desde su frío altar de piedra el incansable furor de los sátrapas. se dirigió á su palacio. Luego que el joven Emperador salió de la oasa de retiro y cum- plió con todas las ceremonias religiosas. A los".qúe pronunciaban como unf amenaza '^ los oficiales aztecas: Estos son los hijos del las sol. almenas y aquellos ojos abiertos y conel traídos al tiempo de tnorir por. se hiz"© con todos los demás.''^ §us cabezas fueron clavadas en de las torres. cóh su gran bover. los senadores y los aiicifUiós caciquep'tuvo un so- lemne consejo. y ya muy entrada la noche todavía lé ofrecían corazones al incansable bebedor de sangré humana."y'¿ritró á ofrecerle al dios dé la guerra.españoles sé les cortó en pedazos: las piernas y los brazos fue- ron enviados á las provincias. con estas palabl§s. les dijo. pare- cían volverse á Tlaxcala. reclamando am- paro del conquistador.5S má. mientí-as los otros 'desbarrancaban al cadá- que liécho pedazos era recibido en el paLo misino que se Hizo con un prisionero. tio por otros sacerdotes. y yo. he prometido en mi corazón defender la tierta dé mis . ca sombría.

sufrir el padres y de mis dioses. y juraron también ayudar al monarca y perecer en la guerra. volyió á . En poco tiempo el reino aba^i4o y casi al pe- rece!.habían infundido el ánimo y la alegría Más de cincuenta mil hom- bres trabajaban de día y de noche. A los ocho días la peste había disminuido sus estragos. los demás estableciendo foi'tiíicaciones en la ciudad.cobrar ánimo y se dispuso á los ene- recibir.ieute á . algunas palomas blancas que habían atravesado por los terrados del pala- un cio. manifestando que si la raza extranjeros. Mandó embajadores y mesas oficiales á todas las Provincias con proposiciones de paz y prolisonjeras. los unos CQfl^struyendo flipcbas. denaba que se liuipiaseu los canales y se quemasen los muertos y que se hiciese un grande acopio de maíz en los almacenes reales.*. los macanas y escudos. Emperador personalmente recprría las maesmandaba reparar los daños hechos en la anterior campaña por los españoles. El tranza. pv:. todos serían víctimas azteca no se unía para arrojar á los enemigos y esclavos. y morir antes que yugo de los extranjeros. la .tristeza." Los reyes y los nobles prorrumpieron en grito de entusiasmo. en la ciudad. .s. y la zozobra habían desaparecido. otros profundizando los canales. r<^suelta y valieuteii.

54 II El Dos Sitio y el Asalto fuerzas. el derecho bárbaro de conquista contra el derecho eterno de la independencia. El carácter de acero de Cuauh- timoc. contra el carácter de fierro del capitán más tos valiente del siglo. ni los presagios intimidaron el ánimo fuerte de Cuauhtimoc. ni los riesgos y aventuras de la la Era la hombres de tal tamaño. Ni la sangre ya vertida. que historia de dos parecía que su sombra imponente era más empresa lucha nunca vista en . dos derechos. ni los desastres de la No- che Triste. nueva hasta ese toria momento en la his- humana. dos voluntades. contra la fuerza indígena sostenida indoma- ble carácter del monarca. como tampoco hicieron ni la leve mella en el corazón valiente del con- más quistador español. dos razas iban próximamente á chocarse. ni el estampido de la artillería. hubiera podido navegar auxilia- un La fuerza de Europa por el da por los descubrimientos del genio. y de este choque debería resultar un río de sangre humana donde bergantín. ni la fuerza de los caballos. la raza caucásica contra la raza india. Tales eran los elemenque iban á entrar en acción y en un com- bate á muerte.

terrible auxiliar. Estas fuerzas. Cortés salió de nuevo con sus fuerzas de la República de TlajfMéxico. Sus fuerzas se componían entonces de 86 caballos. El día úlcala y se dirigió rumlx> . 3 cañones gruesos de 15 más pequeños y 18 quintales de pólvora. El día alegre y sagrado para todo el orl)e del Nacimiento del Salvador del del año de 1520. 118 arcabuceros. Luego que el capitán español tuvo listos sus bergantines y reconoció que podían obrar l>ien en el lago. comenzó formalmente el sitio cortando la agua de Chapultepec. in- cristiano. y finalmente el asalto de la ciudad. que como se dice. las tropas in- vasoras entraban por las calles solas y tristes de Texcoco. en el curso del tiempo se aumentaron á 200 mil hombres. fantes. cosa de 25 mil hombres que la República de Tlaxcala había puesto á sus órdenes y 20 ó 25 mil Cholultecas y Huejotzingas. y con estii tropa emprendió el sitio formal. Cuauhtimoc por su parte tenía cosa de 200 mil hombres de guerra dentro de hi ciudad.55 alta y de mayor volumen que los gigantes móviles de la cordillera del Anáhuac. timo del año. al caer la tarde. y 150 mil en diversos pueblos que fueron ó vencidos antes por los españoles ó defeccio- naron por el influjo de Ixtlilxochitl. 700 infierro. el brazo derecho de Cortés en esta guerra. bravo y fué.'i mundo. impidiendo la entrada de víveres y atacando las cotizadas pa- .

desembarcó con la tripulación y comen- zó á subir por el escarpado cerro. 16.56 ra. y una nube de dardos y de piedras cayeron en centro.000 canoas (1). La fuerza naval al servicio del conquistador se componía de 13 b^. que debía operar desde Cuyoacún al mandaba. Gruesas pie- dras rodaban arrastrando á los asaltantes. . la se- confió al terrible Pedro de Alvarado. Después de una cruda fati- ga y de perder mucha gente. tercera. La primera división que d(?bía ocupar Tlacopan. y las ñechas y otras armas arrojadizas no los dejaban avanzar. Un alarido terrible se escuchó repentiníimente. Él se reservó el uiando de la marina. los españoles su- bieron basta la cumbre y mataron á todos los soldados. la confió á Gonzalo de Sandoval. CriíStó bal de Olid. Cortés pasó en un bergantín cerca de un gran peñón de.^Fué á los. Cortés hizo anclar el bergantín. cinco ip^e- ses de su llegada á Texcoco cuando ya decididamente organizó sus columnas. perdonando 4 las mujeres y á los (1) Torquemada.gantines y Qosa de. El primer combate de importancia fué en las aguas. la embarcación. . la. La gunda. y la que debía situarse en Ixtapalapa. pero después lo confirió á Rodríguez Villafuerte. y í^fthagun. . penetrar en la ciu^a^. piedra color de sangi-e que se levantaba solitario é imponente en medio del lago (el Peñón Viejo). .

Un. nocjie. las ondas los cadáve- los restos y destrozos de las piraguas. Cuauhtünoc era incansable. tomaron varias albarradas y destruyeron algunas casas. ecliaron á pique las canoas. La artillería y la fusilería comple. esta ocasión tu- vo condescendencia de dejarse guiar por uu plan que le propvuío. no dormía de y en medio del silencio reparaba todaños que eu el día habían liecho los los dos enemigos.57 niños que se habían refugiado allí creyendo de que ese punto era inexpugnable. y los pesados barcos. el lago ecitaba cubierto canoas tripuladas jjor los mejoretá guerreros resuelta- aztecas que se avanzaban remando menUí.onerQs fueron ahorcados. que tenía resolvió dar acampadas sus tropas un asalto^ y en á la intemperie. viento fresco hinchó las velas de la[ pspuadra española. se cpgieíon prisi. Cortés. taron la obra de destrucción. to- davía adornados con su3 vistosos penachos de plumas y sus vestiduras bordadas de vivos colores.' Cuando Cortés volvió á bordo. en los palos y en la jarcia de los bergantines que se retiraron á su fondeadero. balanceándose entre las bru. Los indio?. y pocos tos res momen- después notaban en y. surcando rápidos. y procuralia sorprenderlos en las horas de silencio y de reposo. que.mas del crepúsculo los cadáveres de los guerreros aztecas. Al varado y Oüd por su parte penetraron por las calzadas. las aguas.ol tesorero Jiüián de la .

En efecto. y Cortés. Cristóbal de Olea y acudieron y salvaron al capitán. Olea murió en el combate. como las olas la avalancha de un volcán. y desde las azoteas lanzando alaridos terribles. españoles las fortificaciones aztecas. arro- jan piedras y proyectiles sobre los combatientes. como de un mar enfu- recido. Los mexicanos. y Alderete el primero estaba cerca del gran mercado de Tlaltelolco. se precipitan sobre los enemigos. y Cortés con mil peligros y trabajos logró llegar al exde trofeo al un jefe tlaxcalteca . procuraban asegurarlo para presentarle como el más gran- Emperador. pie á tierra.58 Las columnas fe organizaron. se matan. Una masa sangrienta y confusa de hombres empujada por resistir. las mujeres. y así sucesivamente. Cortés reflexionó y se alarmó: era una celada en que hal)ían caído sus tropas. se arrojan á los canales. caía en el lago. se revuelven. repentinamente se escucha la corneta terrible de Cuauhtimoc que sonaba desde lo alto de un teocalli. guerreros y derribado por tierra. otra. sin que fuera posible ya ni huir ni ni aun pelear contra masas Cortés fué cogido por seis tan compactas que eran lanzadas con una fuerza irresistible. se puso á la cabeza de la infantería. Atacadas sucesivamente por los Alderete. pe- lean cuerpo á cuerpo. Así fueron penetrando hasta el interior. cedían después de una corta resistencia. y no había ya remedio.

frenética reco- rría las calles con teas encendidas. con la viva luz de un crepús- ver desde su culo rojo y gualda. callado. En la noche se encendieron luminarias en las plataformas de los templos y en las azoteas de las casas. estas escenas.59 tremo de de Tlacopan. arrancando dad. palacio. Cortés estaba vivo. Los la calle españoles quedaron completamente derrotados. los españoles pudieron campamento una larga procesión donde se distinguían sesenta y dos españoles desnudos que subían las gradas sangrientas del templo para ser en seguida sacrificados. donde ordenó 86 hiciese un vivo fuego de artillería para proteger la retirada y reunir los dispersos. y una multitud guerra. La guerra no estaba concluida con esta derrota. Había le rechazado todas las propuestas de paz que había hecho Cortés. llenos de espanto y con la mecha encendida en la mano. En la tarde. Cuauhtimoc permanecía en lo alto de su grave. triste quizá. . y la hambre y la peste devoraban ya á la ciu- Los cadáveres estaban amontonados y hediondos en las casas y callos: las gentes vivas discurrían á los pocos días de esta victoria como sombras en las calles. bailando y entonando cantos de Los españoles veían mudos. y su corazón fuerte temblaba pensando que quizá tendrían igual suerte que sus compañeros.

j Cortés por su parte. las oortezíig. personalmente sali^ á combatir j'á con- . jio. intervalos los lamentos. se propusi l^rgo sitio y apodemríie. cazando á las sa- bandijas para mantenerse. y con voz re- suelta dijo : ' 'Jía. Un día Cuaulitimoc vip dcsde la torre del templo de Tlaltelolco su ruina.6tV. los ni- mujeres que estaban dentro. La guerra y la hambre con' ' tinuaron. de- rribando los techos sobre los heridos. i. El ruido hueco y retumbante de hi. y ro- bando las telas. nuestros dioses y nuestra ciudad. y saciando la sed que les producía la ñebre y las heridas en las aguas cenagosas y sangrientas de los canales. j. y después los aliados con grandes . ¡jPviauhti- moc.de y . no de la ciudad. de los tírbqlps. i todos debemos perecer defendiendo nuestro honor. destruir las casas. maderos acababan ños y las de.Gon. Ija artillería las batia primero. pero se repuso inmediatamente. . y objetos que encontraban.)ero su ánimo no desfalleció ni un momento. Cincuenta mil hombres se ocupaban de demoler calles entera». al menos de los esconibros. quienas Cortés había enviado á rogarle con la paz. artillería acallaba. . Los grandes y negros ojos de Cuauhtimoc se humedecieron un momento: su corazón vaciló ante los ruegos de unos nobleíj á. Los lloioa yi lo§ alaridos subían á los cielos. repuesto de la derrota . el auxilio so terminar el nuevos aliados.

' fué llOvAdo ante el cton- . dfe'agbstb de' 1521. llevando á la princesa su mujer y á los reyes de Texcoco y Tlacopan. guin. tad á la princesa. y que Cortés concibió que tenía terreno donde retirarmaniobrase la caballería. que atención.tener la désti*uccióll: los soldados. García de Holel mandaba más gantines. y en poco tiempo y ayudado del viento la abordó. las ricas vestiduras de los'qtie iban en ella y llairió la la^ velocidad con que velero de los ber- remaban. y subió ' Mértó y arrogan tt? á la báve espiífiola . sin fuerzas por la hambre y la sed. no contestó sino con atacar de nuevo á los enemigos. «e retiró al barrio de Coyonacaxco y se embarcó en una gran canoa llamada la Parpantzm. Tomados los templos y los paparte la ciu- lacios y destruida en su allí mayor dad. emprendonde y dió un ataque simultáneo y terrible. pero eran recibidos por las espadas y lanzas de los destacamentos españoles que escombros se protegían esta destrucción. El tamafie de la embarcación." —dijo á Holguin. dio caza á la canoa real. Así que con los se llenaron los canales. y resuelto á defenderse hasta la última extremi- dad. tiró sus armr^s y se entregó prisione- 'Haced de mí lo qntí queráis. día de 8an Hipólito y á lá'hbra de' Vísperas. se arrojaban sobre los enemigos. Cuauhtimec ról.ea pie dijo su nombre con voz pero respeEl 13 entera. Cuauhtimoóifecibió nuevas propuestas de paz.-'-^* .

y después todo volvia á entrar en la obscuridad y el silencio. III El Tesoro y el Tobmento Al día siguiente de tal. Emperador de los azte- y ese día terminó para siempre la monar- quía y la nacionalidad indígena. y sus olas venían á estrellarse contra las ruinas. Esa noche comenzó á soplar un violento huracán. la rendición de la capi- Cortés se retiró á Coyoacán. Cortés y Cuauh- timoc permanecieron mudos y aterrados ante estas fuerzas tremendas de la naturaleza que completaban la ruina de la más grande y más hermosa ciudad del Nuevo Mundo. Los relámpagos alumbraban á la ciudad desolada. lla y el lago furioso se sa- de su seno.62 qiiistador el último cas. y comenzó la dominación de los reyes españoles. inundaba los barrios. los fragmentos de las torres eran arrancados. la espléndida pero tangri. Los grandes sucesos de la historia mexicana han sido marcados por terribles fenómenos de la naturaleza.tnta \ictoi)a . Los edificios demolidos acababan de caer. á los muertos sangrientos y los templos derribados. y los oficia- les y soldados solemnizaron con un banquete donde hubo vinos y tocino que habían recibido. le como llamaban los aztecas. el viento del infierno.

tra gonte? Corona. con la el carác- de tesorero de da por su cuenta. de acuerdo con Cuauhtimoc á quien tenía prisionero en Cuyoacán. Deseaban y más oro y piedras preciosas á montones. y que Por Santiago. que dice entre nues— dijo á Cortés antes de saludarle. inmensos tesoros de la Corona Azteca. exclamó Cortés como buscando una arma. y la sed del oro se encen- dió con el estímulo de los licores. Al día siguiente amanecieron pas- quines insultantes escritos en las paredes de las casas. que vuesa merced y de acuerdo con el Guatemuz ha ocultado los — Se dice. .63 que alcanzaron. se relajaron los resortes del respeto y de la subordinación. En esa orgía tormentosa donde bebieron y jugaron y donde no faltaron las mujeres que habían robado en la ciudad saqueada y enteramente aniquilada por los aliados. tomó la demanse —¿Sabéis. Supusieron que Cortés. lo Cortés fingió no comprender tó fríamente: nada y pregun- ¿Qué se dice? prosiguió Alderete con firmeza encarándose á Cortés. yo cortaré la lengua á quien — tal diga. había ocultado todos los oro y lo tesoros para apropiárselos y defraudar á la tropa su parte y al rey el quinto que le correspondía. señor. que habían recogido y tomado de las casas no era bastante. ter y Julián de Alderete.

Cortés se doiYiíh'6 y replicó con uha afectada amabilidad: Lo que se diCe'éÜ efecto es ¿([jué grave. pero no al tesorero del rey de España. El Guatemuz debe tener escondidos esos tesoros. Pedídsey si rió los entrega. senta cuatro Cjastellarios sa. borde del abismo. como un Cortés se puso pálido.crificados en las aras del demonio.'»"»>•: á' —Hay un niéáio los. y en último caso mandadle ahorcar. replicó Cortés secamente. y un castellano jamás falta á ella. —contestó secamente Alderete descubriéndoy haciendo aína profunda "reverencia.. pero acordaos de el que un amigo os ha venido á tender una mano cuando estabais en apareceréis en del rey. y España como un defraudador ladrón. a'dallár esas iiíul:- muraciones? •-''''' •'>'"' . contei^tó resii^ltamente Es mi prisionero y le he dado m'i palabra. . —786 cumple la-. pero no la que se ofrece á un infiel yá un bárbaro. cubí-i endose . dijo Alderete la cabeza y retirándose. M. ná(Ía de Cortés. se mordió los labios. palabra que se da á un castellano. sujctadló al tormento. Per- deréis vuestra gloria y vuestra conquista. — No. Acordaos del martirio de los sey.64 —Vos podéis cortáí se * la lengua á Vuestt'os sol- dados. — No. pero hacer pal'a i.^r-Gomo gustéis. eso. 'qxXe 64 juátíncá'íá los ojos de vuestros soldador y de S. .

sonrió tristemente y no contestó ni una sílaba á las inel cual furioso con con palabras soeces al monarca. Llamaron al conciliábulo al Maestre Juan que era cario. —¿Estoy acam en un — de el gritó retor- lecho rom>*f i'ontes- tó con firmeza el Emperador azteca.65 y volviendo las espaldas dijo: Os entrego Guatemuz. el médico. y dispusieron una grande vasija de barro con aceite hirviendo. á Murcia que era el boti- y al barbero Llerena y á otro llamado Santa Clara. haced con él lo que os agrade. — al Alderete salió con los ojos llenos de alegría. participó esta orden á los soldados. los ataron fuertemente á los maderos. y sacaron á Cuauhtimoc y al rey de Tlacopan y los llevaron al patio de una casa donde halos bía dispuestos unos maderos. ultrajó y el barbero comenzó á bañarles los pies con aquella resina hirviente. ciéndose —Señor. Los soldados se apoderaron de los Reyes. comprendió de lo que se trataba. mientras otro los acercaba unas teas encendidas. este desprecio. está el tesoro les Emperado- Cuauhtimoc vio aquel aparato aterrador.suplicio que debían dar al infortunado prisionero. . res? de —¿Dónde — preguntó Alderete. ¿no veis cómo sufro?— Rey de Tacuba. y no tar- daron en encontrar el género de . Fueron á la habitación que ocupaban los prisioneros. terpelaciones de Alderete.

y sólo se reco. . y los ret^ Cuauhtimoc. El capitán español contempló un momento aquellas nobles víctimas. dijo resistido la que ha — ' sol gieron algunas frioleras en la laguna. y no le encontrareis jamás. á quien se había llamado para exhortar y amonestar á los Reyes aztecas. no es capaz de huinillarse ahora como una débil mujer: el Tesoro de los Reyes de México lo he hundido en la laguna cuatro días antes del asalto de la ciudad. volviendo á poco en compañía de Cortés. Que nadie sea osado de contradecir lo que yo mando. y un de oro en un estanque.' El Rey de Tacuba se fortificó con esta he- roica resolución de Cuauhtimoc. El tesoro se buscó en vano. El padre Olmedo. y dijo con un "Desatad á acento que no admitía réplica: esos hombres y conducidles con cuidado á su habitación. no pudo contenerse. parece que cuida todavía. el gran La sombra de le los Em- peradores aztecas.T7-No os canséis. la muerte y la cólera de los dioses. que el hambre. y salió. dirigió una mirada terrible á los verdugos. Tanta firmeza conmovió el pecho de los solmismos que habían pedido el supHcio comenzaron á murmurar contra Aldedados. tesoro se encontrará. frieron el tormento sin exhalar y los dos su- un quejido. Cuando el poético lago de Texcoco se seque enteramente.

ló Atravesó gió cas. sin emno era de lo mejor.j. Cortés la esperanza le no quería volver atrás. á su lado á Cuauhtimoc y á lo^ dps Keyes cuba y Texcoco. de barran- de bosques oscuros donde no penetraban los caballos se y de pantanos intransitables hundian con todo y el jinete.M)l. la sed.. to Muchos exhalaron el último alienen aquellas sombrías encrucijadas. condujesen á su destino.67 IV Los TRES Ahorcados El año de 1525. Cristóbal de Olid se rebeen las Hibueras> Cortés envió un oficial con alguna tropa.. se diri- por un camino lleno de ríos. El hambre. Así llegó al territorio de un reino que Acallan. el istmo de Tehuantepec. donde soldados..! . . Su humor. los insectos y las eternas y desconocidas soledades acababan con las fuerzas físicas y con el ánimo de los los rayos del sol. y él mismo sentía la fatiga y el desaliento algunas veces.. eje Ja. y anun- ciaba que pronto podría encontrar una población donde guarecerse y tomai.guías que le bargo. Llevaba lla- maban como siempre • . . I . . pero impaciente al no recibir ninguna noticia. se puso en camino con una fuerza. resuelto á castigar severamente al infiel capitán.

y se levany escuchó que los Reyes platicaban alegremiente. gría de esos perros. Esta alegría le hizo mal. y sin saber la niéstico. Cortés trató de recogerse. hioiei'on alto en un pueblecillo que nom- braban Izancaxac. perecerán. penetró en la choza donde estaban los Reyes. A Cortés le formaron una habitación en las ruinas del templo. tó fatigas. los horas?— —¿Qué quieres á —Señor. procurando consolarse de sus penas y causa. —-¡Por Santiago! Esta era la plática y la aleexclamó Cortés lleno de y lanzándose fuera de las ruinas. pero estas ció á Cristóbal Mexicalcin. después de una fatigosa Jorna- da. cólera.Una tarde. El resto de la tropa acampó como pudo en el bosque. la tristeza Un no pudo conciliar el sueño. y los Reyes se alojaron á poca distancia en una choza de palmas. caciques y Cuauhtimoc tienen le dijo se- urdida una trama infernal: vos y todos los españoles que hay en la tierra. Cortés fijó los y puso la mano en al sacarla recono- puño de su espada. veramente Cortés. — . No había más que unas cuantas chozas sin techo y un teocalli arruinado. Un bulto casi arrastrándose como si fuera un animal deforme se deslizó ojos en aquella aparición el por entre aquellas ruinas. le irritó de una manera terrible. Ni un solo habitante ni un animal do- aumentaba bosque umbrío de altas ceibas de ese sitio.

se lanzaron detrás de les dijo. Los verdugos pusieron una cuerda al cuello del Rey. pero le vino repentinamente un (]uizá. Allí permaneció un momento fijo y de pie como una estatua. Voyá ahorcar á estos bárbaros que han urdido una trama para matarnos. rapto do locura. y lo mismo hicieron con los de Tacuba y Texcoco. y no quiero que se pierMarina. Cortés se re- tiró cabizbajo y pensativo á su aposento. "Llamad. Malinche. que también le había da su alma. Cuando Cuauhtimoc fué sacado de la cabana por los soldados que Cortés había llamado para la ejecución. que eran sus servidores y habían permanecido despiertos. al él. padye Varilla. y Tks estrellas solas con sus tímidos rayos alumbraban melancólica- mente esta misteriosa ejecución.69 Cervan Be jarano y Rodrigo Man ueco. se volvió con una firmeza increíble y le dirigió la palabra: "Bien sabía. lo que valían tus promesas. y te- nía por seguro que recibiría la muerte de tus manos. quiso interceder por ellos. los ojos vió. La noche estaba serena y apacible. y los colgaron en unas al' tas ceibas. Eran las tres de la mañana del segundo día de Carnaval del año de 1525. de arro]icntimionto midió á largos pasos la estancia y salió con . Dios te pedirá cuenta de mi muerte. ' ' seguido. pero vio de Cortés llenos de furia y no se atreEra nada más que una esclava.

70 espada desenvainada á cortar los lazos corredizos donde pendían los cuerpos de los Rela yes. Era ya tarde: Cuauhtimoc y el Rey de Tacuba estaban muertos. clavando sus ojos redondos y colorados en los cadáveres de los dos más poderosos monarcas del Nuevo Mundo. dos cadáveres se balanceaban al impulso de las brisas de la mañana. al día siguiente. el solitario pueblecillo. El de Texcoco cayó al suelo todavía con vida. Manuel Payno^ . Al abandonar el pequeño ejército de Cortés. Los buitres formaban en la atmosfera círculos fantásticos.

más . y sin poder fijarse definitivamente. Incierto estuvo por algún tiempo gober- nador y capitán general. tenía necesidad de salir de México. haría fíciles las muy di- comunicaciones.RODRIGO DE PAZ En el que se refiere quién era Rodrigo de Paz. y qué papel desempeñaba en méxico El muy magnífico señor Hernando Cortés. y se necesitaba establecer un gobierno provisional. porque conocía que entre los que le rodeaban había muchos. gobernador y capitán general de la Nueva España. con el objeto de sofocar y castigar la rebelión de Cristóbal de Olid. que los intereses del rey y la paz de la nueva colonia el atendiese y vigilase. sobre á quién elegiría para encargo tan delicado. Aquel viaje debía de ser largo y penoso : la distancia á que iba á encontrarse de la anti- gua capital del imperio Azteca.

Zuazo era un antiguo amigo de Cor- y su asesor en los negocios del gobierno Nueva España. al tesorero Alonso de Estrada y al contador Rodrigo de Albornoz. y á quien invistió también con los cargos de regidor y mayor de la ciudad.72 afectos á las riquezas y á la tiranía. hombre de grande espíritu y de mucha influencia con el pueblo. que ami- gos del buen gobierno y de la felicidad de los pueblos. Una vez organizado el gobierno. hizo urgido de la necesidad y apremiallamar al Lie. ^ Cortés determinó llevar consigo á la expedición de las Hibueras. seguro de alguacil que esto le daría mayor prestigio y aumen- taría el poder de que entonces gozaba. Rodrigo de Paz admitió con gusto las comisiones que le confiaba su primo. do por las circunstancias. en unión do Gonzalo de Salazar. veedor. Partió] Cortés. Zuazo. Por fin. quiso Her- nán Cortés cuidar de su hacienda y dejarla encomendada á persona para él de toda confianza. y para esto eligió á Rodrigo de Paz. y de Peralmindes de Chirino. primo suyo. Alonso de Zuazo. y el Lie. y los nombró gobernadores durante su ausencia. Estrada y . y Estrada y Albornoz hablan llegado á México en 1524. enviados por el rey de España para componer el Trités de la nal de Cuentas. á Chirino y Salazar. El Lie. factor.

asistiendo por primera vez al cabildo con el <iía el carácter de tales. estuvo que la espada hubiera dirimido la competencia. y de como Cortés las puso peores Apenas se había alejado Cortés mías cuan- de México. los dos tenientes-gobernadores echaron mano á los estoques. II De como las cosas del gobierno DE LA Nueva España iban mal. y luego partieron correos avisando á Cortés las desavenencias que ocurrían en la ciudad. muy Chirino y Salazar que a(íompan:ihan á Cor- . cuando Estrada y Albornoz. se disgustaron completamente. pero bla sido el escándalo ha- grande. Logróse contenerlos. los ánimos predispuestos se exaly siguiendo la costumbre de aquellos tiempos en que las armas entraban como I)arte de la razón en las cuestiones de los hombres de honor.gobernadores.78 Albornoz tomaron posesión del gobierno como tenientes. y en poco la en que taron. 4 de noviembre de 1524. que ya desde antes tenían entre sí motivos de rencor. tas jornadas El nombramiento de un alguacil fué el aparente motivo de encenderse una disputa.

rugi- dos pavorosos. como insonel dables vasos de roca. soplo de los huracanes. en donde los árboles se- culares crecían tan cerca unos de otros que se confundían sus ramajes. aullidos siniestros. supieron casi al mismo tiempo que él lo ocurrido en México. tragaban al desgraciado mas de que ponía en ellos su imprudente planta: vertiginosos precipicios en cuyo fondo se creía mirar de nuevo firmamento. silbos y gritos aterradores y . Habían llegado á Goazacoalcos. pero el camino era en extremo penoso y sembrado por todas partes de peligros. esto era lo que encon- traban por todas partes los que acompañaban á Cortés. Ijas tempestades pasaban algunas veces sus alas de fuego sobre aquella naturaleza exu- berante. traidores pantanos cubiertos con una engañosa capa de verdura. y los robustos troncos de las ceibas al se estremecían como una caña cimbradora. llenos de nubes y de tempestades^ serpientes y monstruos hasta entonces desconocidos.74 tés. y que parecían á los espantados ojos de los españoles. pero que estremeciéndose al soplo no los vientos. Por las de habitantes misteriosos. y vieron en esto un medio de separarse de su lado y tornar á la capital. salían de noches aquellas selvas se poblaban ellas en espantoso concierto. Inmensas selvas.

Cortés meditó aquella petición y accedió^ v la solicitud de Chirino y de íSalazar. al alzafc'á. M. ramas y bajo la yerba. aunque eran en apariencia amigos de Cortés. Albornoz. y procuraban desprestigiarle en la corte y hacerle caer de la gracia del Emperador. á los sonoros tumbos de Tos mares. \é - aborrecían secretamente. Estrada. Anhelaban por sejiararse de allí. sino que por el contrario les dio mandamieu- . Cortés lo sabía y lo conocía. con fosfórica millones de insectos de todos tamaños y figuras. Instaron. rogaron y suplicaron á Cortés pi- diéndole volver á México. los servicios tan importantes que podían prestar á los intereses de S.75' desconocidos. zonte. por eso no sólo no puso dificultad ninguna en la vuelta de Chirino y de ¡Salazar. Aquello era más sublime que lo que podían soportar las almas ruines de Salazar y de Chirino... . y cruzaban por los aires y entre las luz. El melancólico rumor del viento' eníré' las hojas se mezclaba algunas veces durante la noche do de al eco lejano la de los torrentes. Salazar y Chirino. y la nueva de los disturbios vino á presentarles una^ favorable oportunidad. mugi- tormenta que se en el hori. represejatándole lo y oportuna que sería su presencia en la capital.

división entonces se hizo más profun- Estrada y Albornoz se unieron para derribar á sus nuevos enemigos. La da. pero ellos les reconoció sin dificul- no se conformaron con eso. eran imprudentes testigos de sus acciones. sino que excluyeron á Estrada y á Albornoz y se apoderaron de la administración. El Ayuntamiento tad. no adal Lie. y no comprendiendo que sus desavenencias y torpezas en el gobierno debían dar el más com- pleto triunfo al esforzado conquistador.76 to asociándoles también al gobierno de la Nueva España. que ejercía tan decisiva influencia en el Cabildo y en la ciudad. creyendo en su fatuidad acabar con el poder de su favorecedor. la provisión del muy magnífico señor Hernando Cortés que los autorizaba para te- ner parte en el gobierno del reino. dieron la vuelta para México. satisfechos y orgullosos de lo que habían conseguido. mitiendo en su compañía más que Zuazo. y con objeto de conseguirlo quisieron y lograron atraer á su bando al alguacil mayor Rodrigo de Paz. Aquellos dos hombres que caminaban de mala fe con Cortés. sentaron en Salazar y Chirino llegaron á México y preel cabildo de 29 de diciembre de 1524. En aquel tiempo el Ayuntamiento de Mé- xico tenía una grandísinia importancia: "ante .

. manifes- tando que Salazar y Chiiino no tenían dere* cho de excluir á sus colegas del gobierno. y el cabildo aprobó es- (Ij Actas del Ayuntamiento de México. prestaban ante juramento." Por eso Rodrigo de Paz que deseaba favo* recer á Estrada y á Albornoz. é imponía la pena de muerte á los él que mis- desobedecieran las providencias que de mo emanaban. se presentó al cabildo en 17 de febrero de 1525. calificaba sus derechos y facultades. —Año de 1526. DIVIDIÉNDOLA EN CINCO PARTES El Lie. Zuazo resolviera en este negocio (1).— Cabo. El Ayuntamiento escuchó á Rodrigo de Paz. Aloman. nientes gobernadores. porque el mismo Cortés los reconocía aún co- mo tales tenientes gobernadores. en cartas que de él se habían recibido. él de- cidía las cuestioneb» graves que entre ellos se suscitaban. Zuazo resolvió que Estrada y Alte- bornoz volvieran á ser reconocidos como ta resolución.77 él presentaban sus nombramientos los goberél nadores. III Dé COMO CINCO ENEMIGOS COMULGARON CON UNA SOLA HOSTIA CONSAGRADA. y acordó que el Lie.

concibió el plan el re- te sultado apetecido.78 Salazar y Chirino protestaron. Esto acaecía Salazar. un instrumento para sus miras. ma ron reconocidos sin dificultad. el hombre entonces más audaz y más poderoso. al- Aquellos hombres tenían un temple de que era indudable que tales penas se llevarían á efecto. y para infundir el terror decretaron pena de muerte y perdim iento de bienes contra el Lie. é inquieto. y los creía fuertes porque contaban con la protección y apoyo de Rodrigo de Paz. el alcalde ó re- gidor que se "entrometiese" á aprobar lo que Zuazo había determinado. hombre ambicioso no podía estar tranquilo en aquella situación: quería mandar. como por una inspiración que debía darle dia- bólica. y mandar solo. Un una día repentinamente circuló en México noticia alarmante: el alguacil mayor es- taba preso en la casa de Salazar de orden de los tenientes gobernadores. y . y hacer de él Entonces. Rodrigo de Paz estaba preso. y Estrada y Albornoz asistieron al cabildo y fuetal. pero en cambio tenían que luchar con hombres de corazón altivo. y convenció hipócritamená sus colegas á decretar la prisión de Ro- drigo de Paz. Estrada y Albornoz le estorbaban. el 25 de febrero de 1525. Salazar necesitaba dividir á Paz de Estrada y Albornoz. Én efecto.

acercándose. co7i esposas de hierro en manos y arrastrando una larga y pele sada cadena. y quedó meditabundo. —Mira—dijo Salazar mostrándole la orden Rodrigo de Paz leyó aquella orden con esNo podía dudar. Saladar respetó aquella meditación. venganza? el —Mira Sí y después. ' como la de la mía hubiesi — Holgárame drigo — í?i á'e estar libre^ contestó Romis amigos hubieran triunfado. sus amigos le aban- de prisión firmada tamoién por Albornoz. Albornoz y Zuazo? |)'orque — De creer tengo. contemplo dijo — Duéleme —que á de verte en esa situación — le tal no habrías llegado.79 se paseaba tristemente en uno de la casa las los salones de de Salazar. premio de tus favores y servicios. Leyó la orden. ¿quieres libertad. Salazar entró y un rato en silencio. causa de Estrada defendisteras sido partidario. para ' no hay motivos lo contrario. esos hombres están conjurados contra tí y ansian tu muerte. —¿Crees por ventura en tus amigos Estrada. donaban y le traicionaban. inclinó la cabeza. y Peralmindes de Chi- . le dijo: — —contestó sordamente Rodrigo. panto. pe- — ro sigo la suerte á ellos reservada. Estrada y Zuazo. —Júranos amistad.

y aquel pacto. El día 19 de abril. cesario combatir. dijo. Estalló un disgusto terrible en el cabildo. la iglesia del cubierto sareligión. y Salazar. que tenía para sí que aun no llegaba el momento de obrar. apeló al engaño y la hipocresía. cuyo pernicioso influjo era ne- y para esto debían ellos de señal de unión rumores que había en el público. Zuazo y Albornoz conocieron la intriga que tramaban Salazar y Chirino. y así fué en efecto. dividiendo la hostia consagrada en unirse estrechamente. y acallar los como y para cinco partes. Aceptaron sejado por la los otros. y no eran hombres para callar sus rencores. amistad por la hostia Al día siguiente Rodrigo de Paz concurría Estrada. la amistad de Ro- drigo de Paz. Rodrigo de Paz se presentó en el cabildo é hizo reconocer á sus nue- muy . acon- más negra falsía y crilegamente con el manto de la cumplió en Francisco.80 riño y yo te pondremos leal libre y te vengaremos con- de tus enemigos. se convento de San Tan engañosa amistad debía desaparecer pronto. Nada le importaba. —Os juro sagrada al cabildo. concluyó proponiendo que todos los tenientes gobernadores comulgasen públicamente.

de donde tuvo que huir para salvar la vida. pensaron excitar al pueblo. y el fuego de la discordia se encendía á más y más cada momento.81 vos amigos Salazar y Chirino. los dos bandos estuvieron á punto de dió llegar á las el conflicto manos. repitióse el nes á cualquiera que se atreviese á oponerse á lo dispuesto. Albornoz y Paz día. como gobernadores. y sólo se impiporque el alcalde Francisco Dávila prohibió que se acudiese con armas en pro de uno ú otro partido. El 23 de mayo. Conducta tan prudente costó al alcalde ser maltratado y verse conducido á la cárcel. Estrada. IV De lo que hicieron Salazar y Chirixo con ZuAzo. á cada momento que- rían llegar á las manos los partidarios. lejos de conformarse. con entera exclusión de todos los de- más. Estrada y Albornoz. con pretexto de conrcr^ar la tranquilidad y evitar desgracias. Ziia- acuerdo y se impusieron doscientos azotes de pena y perdimiento de biezo. Las alarmas en la ciudad eran de todo el y de todos los días. En vano protestó con energía el Lie. suscitáronse gra- ves dificultades. poro más 6 .

cuando Salazar tuvo noticia de que de las Hibueras venían Gil González de Avila y Francisco de las Casas. licencia íi los ir que habían sido sus co- para hasta Medellín á con- ducir una cantidad que enviaban á S. que vivía en la casa de Cortés. M. . y se dio orden para enviarle inmediatamente á la Isla de Cuba. la gente de la ciudad con esta y Rodrigo de Paz ocurrió. Todo parecía haber terminado. y temeroso de que se unieran y volvieran sobre México. para calmarla. unos rino volvió á México con los prisioneros. Zuazo. Chirino alcanzó á los que habían sido sus y aunque ellos pretendieron resistirfrailes de San Francisco. pero aquel mismo día Rodrigo de Paz aprehendió al Lie. Alarmóse prisión. impidieron el conflicto. que se encentraron allí.82 bien con objeto de expeditar se el camino que habían trazado los gobernadores. Los gobernadores concedieron sin dificultad aquel permiso. hizo salir á Chirino con una tropa. y Chicolegas. al engaño de que por orden del Rey iba á la Isla á dar allí su residencia. y aparentando obediencia pidieron legas. se. Salieron Estrada y Albornoz. en persecución de Estrada y Albornoz. pero aun iban cerca de México. Estrada y Albornoz pensaron entonces en alejarse de sus enemigos. ordenaron que nadie en la ciudad llevase armas.

y no podía menos de encontrar un modo para atacar á Paz. echando por tierra su poder. é insistían. fué azotada porque afirmó que Cortés vivía. y fué sin duda tan ingenioso Cortés. Rodrigo de Paz Cortés. Procedióse á la venta de los bienes de to- dos los que habían acompañado al goberna- dor y capitán general. sintieron la necesidad de deshacerse de Rodrigo de Paz. como los anteriores. pero como apeló á las annas y se hizo de Cortés. con objeto de asi^gurarlos. Salazar y Chirino sostenían que Cortés debía al Rey setenta mil pesos. y todos preveían . y no creyó tan fácilmente la noticia. en las que se predicó un sermón. Celebráronse solemnes honras por el alma del conquistador.88 Dueños absolutos del gobierno Salazar y Chirino. Rodrigo de Paz administraba los bienes de cilla. Salazar era fecundo en todo género de mal- dades. moderando las alabanzas á Cortés por no ofender á Salazar. y Juana Man- mujer de Juan Valiente. por considerárseles difuntos. en tomar posesión de aquellos bienes. fu<*rt<' en la casa El asalto iba ya á darse. y sus mujeres fueron autorizadas para pasar á segundas nupcias. la Difundió la noticia de muerte de Hernán to- Aquella noticia debía estar apoyada en das las apariencias.

Refiérese cómo murió Rodrigo de Paz "Si los conquistadores eran crueles con otros ciones —dice D. Salazar y Chirino ofrecieron á Paz todas las garantías para su persona. á pesar de de 1525 asistió por última vez al cabildo. así lo probó la conducta de Sa- las promesas y juramentos de los gobernadores. no gozó mucho tiempo de libertad. cuando da. Paz abrió las gentes las puertas del palacio de Cortés Allí roy baron cuanto les fué posible. Lucas Alamán en sus Diserta—no eran por menos más benignos lo sí entre mismos. el mismo Estra- que estaba en calidad de prisionero.84 grandes catástrofes. . y el día 4 de agosto y de Chirino. é insultaron gravemente á muchas indias nobles que Cortés tenía allí recogidas para educarlas y casarlas. y los frailes de San Francisco. y así lo juraron ante los capitanes José de Al varado y Andrés de Tapia. lograron convencer á Paz que se rindiese.-' En lazar efecto. Paz determinó huir de la ciudad é ir en de Salazar se entraron. Rodrigo de Paz. que ejercían muy grande influencia en México. busca de Hernán Cortés á las Hibueras.

allí un Demasiado tarde de Paz. la acta de aquel día. sin escrúpulo de ninguna clase. y matan al que l)usca refugio y un consuelo. porque á pesar de esa grande amistad. llase por sagrado que fuese. todo era en su camino sombra sus despreciable sobre la cual cruzaba (H)n indiferencia. todo en manos era arma. porque después lo ahorcó su grande amigo Gonzalo de Salazar. que no atrope- con \áolencia. el alguacil mayor volvió nmy co- pronto á ser reducido á prisioli. ni su ambición encontraba obstáculo. la tañas: convidan dulcemente durante los ar- dores del día. La codicia desenfrenada de Salazar no nocía límites.85 Al calce de gora. Carlos de Sigüenza y Gón- que dice: "Esta es la última firma de Rodrigo de Paz en este libro. se lee una nota del célebre D. emponzoñada que esgrimía contra sus enemigos. era como la sombra venenosa de esos árboles que se encuentran en nuestras moncodicia y la ambición. lo comprendió Rodrigo mento Preso y encadenado esperaba de un moá otro que Salazar le enviara desterra- ." Terrible ironía encierran estas cortas líneas del ilustre historiador. leyes. amistad. Religión. Aquella alma era el aborto espantoso de la compañía de aquel hombre. gratitud.

había en el semblante del fiero gober- nador una sonrisa de amabilidad y un aire de benevolencia tan extraños. era como el hacha de un verdugo envuelto en un cresel pón azul. era un consorcio sacrilego. que Rodrigo de Paz se estremeció.com- . como muchos. Rodrigo dijo Salazar háste empeñado en labrar tu ruina. tú nos has en- gañado. era como un abismo cubierto con un cristal.86 que la Providencia le deparara un momento oportuno para huir é irse en busca de Cortés. — — — — No te comprendo —contestó Rodrigo de Paz procurando ocultar su indignación puedes reprochar de mi conducta? —¿qué —Rodrigo. de la franqueza simu- lada y de la perfidia debía resultar una cosa horrible: la hipocresía. Como todos los prisioneros. no do. — ¡Tesoros! —exclamó Rodrigo de Paz. Salazar se presentó en su ca- labozo. ba sino en Una mañana. La sonrisa del hombre de bien no podía el rostro del amoldarse sobre malvado. Bajo aquella hipócrita bondad se descubría fondo de una intenoión negra. tú ros tienes ocultos grandes teso- que pertenecían á Cortés. en cuya muerte. el monstruo. ó había creído ni un momento. Paz no pensala libertad. á pesar de que yo procuro salvarte. tan forzados.

¿por ventura me has entregado? absolutamente: ¿no se han inven- tariado los bienes? ¿no se han almonedado? ¿no habéis ya extraído el oro que depositado se hallaba en puesto de los réis? San Francisco? ¿no habéis disbienes de Gonzalo de Handoval y de otros capitanes?. v ' brazos y la cintura. —Bien. y cuanto tenía. entonces ¿qué más quevengo á dar contigo mi residenciacontestó fríamente Salazar—sino á —No tarte amonesque entregues esos tesoros. pi-endienclo —No me —Todo cuánto tenía Cortés engañes. comprendiendo que algo espantoso se preparaba contra él. lo lo Y Halazar salió violentamente del calabozo. capuchones y antifaces.87 adonde podía ir á parar todo aquello. le el ataron allí por los y sin escusentaron en un sitial. he dicho.' . Rodrigo le miró salir con terror.— ¡Tesoros! nada tengo. yo te contesto que mal pudiera entregar tesoros que no existen. Rodrigo. tú has querido. char sus razones. penetraron en el ajwsento: ttiudos y sombríos se acercaron al preso. hombres siniestramente cubiertos con Y y sin contestar á sus preguntas. no se engañaba: un momento después. está ya en tu poder. —Y —¿No? — N6.

88

Rodrigo creyó que había llegado para él el último instante, cerró los ojos y comenzó á murmurar una de esas oraciones, que perdidas muchas veces entre los vagos recuerdos de la niñez, vuelven puras y fervientes á la

memoria y á los labios del hombre, en lo? momentos de la suprema tribulación. Los verdugos con una destreza increíble quitaron el calzado y las calzas á Rodrigo, que esperando la muerte y como para no ver
la venir, cerraba los ojos

con obstinación.

De

repente

el infeliz

lanzó

un

grito

agudo

y desgarrador: aquellos hombres vertían sobre sus desnudos pies aceite hirviendo.

— ¡Jesús me ampare! — exclamaba— ¡Infames!

—Confiesa en dónde tienes ocultos esos gobercon una calma infernal soros—
dijo
el

te-

nador.

— He dicho
gía Rodrigo.

la

verdad

—contestó con ener-

— Pues adelahte.
Entonces siguió aquella espantosa operaque hacia hervir aquellas carnes; las llamas lación; tras el aceite vino el fuego, el fuego

mían como con placer aquellos pies ungidos, y sobre los que se tenía cuidado de seglar virtiendo aceite.

¡Salazar! Salazar!

—gritaba Rodrigo—no
ha llevado

seas cruel, todos sus tes'oros se los

89

Cortés á las Hibueras.
te lo juro!

déjame, déjame....

— Mientes—contestaba Salazar.
Y
el

tormento seguía, y aquellos pies ha-

bían perdido su forma, y en algunas partes ardían, y levantaban llamas, y se desprendía

de

ellos

un líquido

sangriento, espeso,

que

caía algunas veces encendido,
taba,

y

la piel se tos-

levantaba y se arrollaba, y los músculos se retorcían, y las carnes se hinchaban

y

se

rápidamente, y se abrasaban produciendo un ruido débil, pero horroroso.

Después de esto seguían
crujían y que estallaban
cristal,

los huesos,
si

que

como

fueran de
negras,

y

los

dedos comenzaron á desprender-

se

y á

caer,

como informes masas,

hinchadas, fétidas.

Y todo esto en medio de un humo denso, nauseabundo, y entre los giñtos y los aullidos, y las quejas y las maldiciones del infeliz
Rodrigo.

Los pies habían desaparecido; Salazar nada había logrado descubrir.
Rodrigo se desmayó por
fin,

y cesó

el tor-

mento.

La tarde de aquel mismo día, Rodrigo de Paz era sacado de su prisión y conducido hasta el pie de una horca que había en la plaza.
Rodrigo no podía caminar, porque
go
le

el fue-

había consumido

los pies

hasta los to-

billos,

y

le

llevaban entre cuatro hombres.

90

Al llegar al patíbulo, y en el momento en que el verdugo iba á colocarle el dogal, Salazar se apareció.

virás.

—Aun tiempo — —confiesa y Rodrigo con voz —¿Vivir?—
es
5

le dijo

vi-

-contestó

desfa-

llecida

y levantando una manta que cubría sus mutilados pies ¿y para qué quiero vivir así? y luego, dirigiéndose á los que le ro-

— deaban, —Señores,
hizo mentir.
Salazar,

gritó:
si

algunos de vosotros volvéis á

ver á Cortés, decidle que

me

perdone, por

haber dicho que

él se hal)ía

llevado sus teso-

ros á las Hibueras: el dolor del tormento

me

enfurecido entonces,

hizo á los

verdugos una señal; tendióse la cuerda, crujió el motón, y Rodrigo de Paz quedó suspendido en
la horca.
el

Así murió

primer revolucionario de Métodos, de la ingratitud
le

xico, víctima,

como

de

los

mismos hombres que

debían

el

po-

der de que gozaban.
Vicente

Riva Pnhicio.

LOS DOS ENJAULADOS

El Emisario
Era el domingo 28 de enero de 1526. Las compauas de las iglesias y monasterios de la ciudad de México llamaban á los fieles al sacrificio de la misa, y la multitud se agrupaba á las puertas de los templos. Los mexicanos recién convertidos eran los primeros y más solícitos en acudir á la misa; y era que había castigo de azotes para el c^ue
faltase.

Permitirán nuestros lectores que se inte-

rrumpa por un momento el hilo de nuestra comenzada narración, para referir, á propósito de la asistencia á la misa, una anécdota de la vida de Hernán Cortés. Luego que se establecieron en México, después de la toma de su capital, los primeros templos católicos, Hernán Cortés publicó una
ordenanza disponiendo que ninguno fuese
osado
(Ui

no

asistir á la

santa misa los domin-

92

gos y días de fiesta, desde antes del Canon, bajo la pena de azotes al que á dicha prevención faltase.

Un domingo comenzó
extrañó que
ligiosa
el

la misa,

y

la gente

general no se hubiera presen-

tado en la iglesia; pero conocida su piedad re-

y lo severo de sus ordenanzas, que á nadie exceptuaban, calcularon todos que enfermo estaría de gravedad.

De repente oyóse un rumor por la puerta de entrada, y todos los rostros se volvieron para mirar al que tan tarde llegaba exponiéndose así al castigo, y encontraron con asombro que era el mismo señor Hernando Cortés
que atravesó el gentío y fué á arrodillarse devotamente delante del altar. Concluyó la misa, y allí mismo, delante de
aquel concurso, Cortés fué despojado de
pilla
la ro-

y de la camisa y azotado en las espaldas desnudas por un sacerdote, conforme á
lo dispuesto

por su ordenanza.
existió

Consei-vóse el recuerdo de este suceso notable en

una pintura que

muchos años
el ce-

en una capilla que estaba situada en

menterio de Catedral, y fué ejemplo saludable para todos los habitantes de la ciudad.

Por eso apenas se escuchaban los primeros
tañidos de las campanas, todo
lía
el

mundo

sa-

con precipitación de su casa.

En el domingo á que nos referimos había también en México una gran novedad: elgo-

93

bernador Gonzalo

cié

Salazar daba

un ban-

quete á sus amigos en una casa de su propie-

dad en el barrio de San Cosme. Lucida comitiva acompañaba á Salazar y le cortejaba: damas y caballeros de la naciente nobleza de México, empleados superiores, caciques amigos, y detrás de todos, una escolta de más de doscientos hombres de toda su
confianza, perfectamente armados.

Aquella comitiva salió de
tés,

la casa

de Cor-

en donde vivía Salazar, y se dirigió por la calle ó calzada de Tacuba, para San Cos-

me;

los transelintes se

detenían para contemsalían á los bal-

plar tanto lujo, y las

damas

cones para mirar aquel soberbio acompaña-

miento: eran los primeros albores de la corte

de los virreyes.
este mismo momento, por otro lado de ciudad entraba un hombre que trazas tenía de haber atravesado un largo y difícil camino.
la

En

De

aquel hombre no podía decirse con se-

si em un soldado ó un paisano, porque lo parecía todo, aunque examinando detenidamente su destrozado traje nada podía inferirse de él. Sin embargo, en lo que no podía caber duda era en que caminaba de prisa y procuraba

guridad

recatarse de las gentes.

Atravesó sin deteners»» por las calles de
tapalapa,

Iz-

como

se
íi

llamaban
la plaza

las

que hoy son
se diri-

del Rastro, llegó

mayor y

94

gió sin vacilar al monasterio de
co.

San Francis-

estas calles había muy pocos transeúnporque todos se habían ido para la de Tacuba con objeto de ver al gobernador. El hombre misterioso aprovecho esta cir-

En

tes,

cunstancia, apretó el paso y

muy

pronto se

encontró en

el

monasterio de San Francisco.

gún

Aquel monasterio parecía una ciudad seel número de personas que dentro de él
apoderados absoluta-

esta,ban.

Chirino y Salazar,

mente del mando después de la muerte de Rodrigo de Paz, comenzaron á perseguir con
tal

encarnizamiento á los amigos de Cortés,

libertarse

ellos no encontraron otro medio de que buscar asilo en San Francisco. Por eso el recién venido se encontraba allí, con aquella gran multitud: pero sin duda aquel hombre tenía ya conocimiento de lo que ocurría, porque siguió allí con la misma conducta que en la calle: con nadie se detuvo ni á nadie habló hasta haber encontrado á Pedro de Paz, hermano de Rodrigo de Paz. Deseo hablar con vuestra merced á solas

que todos

— — dijo recién llegado. miró sin poderle reconocer. Pedro de Paz —Pero esto ha de ahora mismo—conel
le

ser

tinuó

el

Pedro

hombre. le miró con desconfianza, y luego

exclamó como resolviéndose:

95

—Vamos,
Dos horas después Pedro de Paz
refería á

algunos de los refugiados de San Francisco

que había llegado Martin Dorantes, lacayo
del

muy

magnífico señor Hernando Cortés,

con cartas de su amo, en las que destituía á
los gobernadores,

nombrando en su lugar á

Francisco de Casas.

Mostráronse las cartas, pero durante todo
el

día aquello permaneció con
secreto,

el

carácter de
las tapias

un

y nada

se

supo fuera de

del convento.

II

El Pregón
Llegó la noche, y en el azul purísimo del de México se elevó majestuosamente la

cielo

luna, plateando con sus rayos los edificios aztecas

que

se

construir jamás,

demolían para no volverse á rey las casas y los templos

que levantaban los conquistadores sobre aquellos

escombros.

Porque en aquellos días la Tonoztltlán de Moctezuma desaparecía para dar lugar á la México de Cortés. Serían las once de la noche, reinaba en la ciudad el más profundo silencio; ni un hombre se veía, transitar por las calles, parecía
(jue todos los habitantes
la

dormían el suefio de muerte; ni un ruido en las plazas, ni una

San Francisco los La vida toda de la ciudad parecía haberse el concentrado á esos dos lugares.96 luz en las ventanas. ni un eco siquiera de esas canciones ó de esas músicas que se escapan. en México. de Cortés la defensa. pero de la nobleza y los particulares reunieron más de cien personas. Cortés en su carta nombraba para goberna- dor á Francisco de Casas. En San en la casa Francisco se preparaba ataque. en las altas horas de la noche. La incertidumbre seguía. pero Francisco de Casas no estaba en México. del interior de las habitaciones losas. y no habían conseguido que fuera más que un alcalde y algunos regidores. tado Los retraídos en San Francisco habían cial Ayuntamiento. esto era todo. y lejano ladrido de los pocos perros que en- tonces había. y no falto quien que podía borrarse el nom- bre de Casas em la provisión de Cortés y sustituirle con otro más á propósito. Sin embargo. ni en la casa de Hernán Cortés dormía Salazar. y la noche avan- . llegara á opinar Mil arbitrios se propusieron. ni en el convento de allí retraídos. y era urgente proveer á la necesidad y colocar á otro en su lugar. en todas las ciudades populos po- El lánguido rumor del viento entre el cos árboles que entonces había.

¿tienes en él convento armas y caballos para estos hom- —Y para otros más—contestó Tapia.. impedirle que se fortalezca — y pueda resistirnos. ¿Tienes algún plan? —Sí. I j. dijo con solemnidad Al- varado — en este momento no tenemos aquí más que hombres de combate.. —Ante testó todo. hasta quinientos. los presentes '•(«••fii-.es(»!><. pecie de rugido. con una. hay que hacer? ^i)reguntó Andrés de Tapia que hasta aquel momento se consideraba como el jefe de los amigos de bien. picas. bres? tú. ¿qué — — —Y — — Cortés perseguidos por Salazar. y adelante. Andrés de Tapia.97 zaba. prender á ese hombre —con- Alvarado — quitarle el poder. . y todos sabían ya que el gobernador Salazar algo había maliciado y aprestaba sus tropas para atacar ó resistirse.¡. otras armas. resolución. —Bien. —¿Y hasta qué número puedes armar? arcnbuppi y —Con lanzas. pero demorir cididos á 6 á castigar la perfidia y la cien tiranía de ese .'.' monstruo V : ¿es verdad? Sí — contestaron — . ballestaf. —Pues —Escuchadme— díle. El tiempo vuela dijo Jorge de Alvarado y la indecisión es ahora nuestro mayor enemigo. 7 .

por si Salazar in- tentase algo contra el convento: fía en Dios. — — —Y nosotros con la justicia de nuestra causa. dispon que me sigan en momento treinta escogidos. y media hora después volvió diciendo á Jorge de Al varado: Los jinetes están listos. armas serán las que falten para darlas á nuestros partidarios. La luz de la luna reflejaba sobre las brillantes armaduras de treinta jinetes que como estatuas de hierro aguardabítii inmóviles Jas órdenes de su capitán. faltan brazos esgriman. esto jinetes lo ji- netes. en donde esperaba enconque acompañarle debían. allí estaban. Alvarado estrechó la mano de sus amigos.Con quinientos hombres resueltos me comprometo á batir á Salazar. con mil castellanos. Es que cuenta. que vale por un ejército: quinientos hom- bres — Pero aunque hay armas. montó en un soberbio caballo que un escude- — ro tenía de la brida en el patio del convento. tú entretanto te sa con el resto de la pones en son de defengente. En efecto. y mañana á la madrugada. y salió á la calle. Andrés de Tapia salió de la estancia en que hablaban. — Dios nos ayudará. trar á los . según sabemos. —¿Qué piensas hacer? —Ya verás: yo saldré con esos treinta que las me bastan.

repente el tropel de la ca- y gritos y pregones inusitados des- pertaron á los habitantes. donde les Hernán Cortés. las casas y Cuando la luna. y las ventanas y las puertas . de y y tanto se había sentido la fatal noticia de la muerte de Cortés. *^' Faltaban armas á Tapia y sobraban com- batientes. . en tas del Sr. los hombres se dii'igieron luego á San Francisco. Aquel extraño rumor lo causaban Jorge de Alvarado y los suyos que recorrían las calles de la ciudad pregonando: "que los que quisiesen servir al rey acudiesen inmediatamenmostrarían car- á San Francisco.99 Seguía reinando en la ciudad el silencio más profundo. de Alvarado había cumplido su prole la aurora hizo palidecer la luz mesa. Los mozos se reunieron inmediatamente á Jorge de Alvarado. que aquel pregón causó una vci ladera alegría. y de ballería.se abrieron casi simultáneamente y se llenaron de gente ansiosa de conocerla no- vedad. y en muy poco tiempo toda la ciudad se puso en movimiento. y las mujeres y los Pesaba tanto sobre Salazar ' ancianos quedaron en guarda de rogando á Dios por los suyos." la ciudad la tiranía de Ghirino.

á sofocar una sublevación de los naturales de Oaxaca. escaparon durante la noche con todos sus tesoros. En cuanto á su compañero Peralmindes Chirino. Peralmindes Chirino. Por esta causa Salazar se encontraba solo en México la noche en que los amigos de Cortés determinaron atacarle. tan mal gobernante como inepto general. á. podía haber salido con sus tropas en busca de sus enemigos y haberlos derrotado. Las noticias de cuanto pasaba en las calles y en San Francisco le llegaban á Salazar por momentos. la cual se había encerrado el gobernador Gonzalo de Salazar. había salido de México hacía ya algún tiempo. que se habían levantado y dado muerte á cincuenta españoles y á diez mil esclavos que trabajaban allí en las minas. con mengua de la vigilancia de Peralmindes. salió burlado en aquella empresa. que era.100 III La arremetida Mil castellanos y doce piezas de artillería eran la defensa de la casa de Hernán Cortés. porque eran aquellos inferiores en número y no contaban con artillería. porque rodeados los enemigos en un gran peñón adonde se habían refugiado. lo que parece. pero nada en .

pero sólo quinientos hombres paia combate. y como estaban prevenidos. un hombre que llegaba del rumbo de San Francisco se acercó á Salazar. ^¿Y crees tú que se atreverán á atacarme? ^Tal creo. porque reina entre ellos el mayor entusiasmo: han nombrado por ca- — — — — — pitanes a Jorge Alvarado. — ¡Que vengan! —dijo Salazar sonriéndose listos el y dirigiendo una mirada de satisfacción tropas y á sus cañones. señor. — ¡Miserables! ¿Y cuánta gente tienen? —Gran número de plebe. con los mecheros encendidos. y los artilleros. la mañana. . y han sido electos gobernadores interinos Alonso de Estrada y Rodrigo de Albornoz. En Señor le dijo el enemigo se pone en movimiento. y procuraba infundirles el odio y el rencor de que estaba poseído. á sus ¡A las armas! ¡á las armas! gritó á ese tiempo uno de los centinelas ¡el enemigo! ¡A las armas! repitieron todos. avanzadas y las tropas de combate y animaba á los soldados y á los capitanes. se colocaron al — — — — — lado de los cañones. en un momento se coronaron las azoteas de gente.101 hay tan tímido como una conciencia manchada. Salazar revisaba personalmente la artillería. las las reservas. Alvaro Saavedra y Andrés de Tapia.

y os seguiremos. pues habéis servido al rey.—Sed de que deseo la paz. Hernando Cortés: mostrad esa instrucción. testigos habéis dicho y á mí rae dijisteis. Salazar hizo salir á la calle te y formar enfrende sus troo'^ng-i ¡y de la casa de Cortés pas y de su artillería. En plaza mayor una columna á la cabeza de la cual iba Andrés de Tapia. bueno está. factor. —Señor táis factor y vosotros los que con él es- — gritó esforzando su robasta voz. y antes moriré ó saldré con ello. y sin reflexionar en lo que . señores. ¿para qué tenéis engañada tanta gente? vosotros. antes que él venga y os haga cuartos.102 por las calles del monasterio de San Francisco caminaba con dirección ala efecto. ^Tal instrucción del rey no tengo..teniades orden del consejo del rey para matar ó prender al gobernador D. q>iae. y allí se adelantó gallardamente Tapia hasta ponerse á la habla con Salazar. con el — — lente respuesta. me habéis perseguido. ni á vos la mostraría— contestó Salazar con orgullo ^más cuanto hago. Tapia escuchó con asomhro aquella insogos. dad agora ocasión á vuestros ami- Y que roguemos al gobernador interceda rey para que os haga merced. si no la hay. gi-an parte La columna de los sublevados se detíívo antes de desembocar á la plaza. pero estoy sin pasión: vos.

" y se unieron á los asaltantes. — 'gritó en momento el jefe de la artillería Don Luis — de Guzmán. Reunióse luego el Ayuntamiento. 6 — — Retirémonos este á la casa. Lo que era natural sucedió entonces: los que habían quedado fuera comenzaron á gritar: fugiarse dentro del edificio. señor. que los primeros que penetraron. . Salazar volvió el rostro con espanto. cerraron las puertas dejando á los demás afuera.108 hacía. dando espuelas á su caballo no se lanzó sobre Salazar gritando: — CabalUií-os. tomando á Salazar de un brazo el enemigo nos ataca por la retaguardia. pero el terror se había "Viva Cortés. imitando á sus jefes. otra columna. Entonces hubo una terrible confusión: los soldados. Desde este momento la derrota de Salazar fué inevitable. pregoná- ronse los nombramientos de Estrada y Albornoz V la destitución de Salazar v Chiiino. i — Calla. — ¡A — gritó Salazar retirándose el primero. creyendo que tenían muy cerca al enemigo. l)rendedl(^ si <iueréis ser traidores. doy fuego! exclamó Salazar arrebatando un mechero y precipitándose sobre un cañón. y en por la calle de Tacul^a desembocaba la casa! efecto. procuraron re- que apoderado de ellos era tan grande.

y con gran esfuerzo lograron salvarle. y le de- el primero que enconaprehendió. camina- . Saa- vedra y muchos de sus amigos. todos salían á las ventanas y corrían por las calles con gran alborozo para contemplar una extraña procesión. haciéndole salir por una puerta excusada. cuando toda la gente se lanzó sobre él para asesinarle.104 Pero Salazar no se rendía. muchachos y viejos. IV Las fieras Hombres. En medio la burla y la rechifla del de un grupo de soldados. entre populacho. El grito de guerra fué repetido. y comenzó el asalto. —Santiago y cierra España !~gritó Tapia arremetiendo á la casa. Jorge Alvarado fué tró á Salazar Apenas Alvarado podía defenderle. pero en la rribaron las un momento sus soldados puertas y entraron á la casa. Tapia cayó herido de una pedrada en cabeza. pero llegaron en su auxilio el mismo Tapia. pero apenas se supo que estaba preso. y sus soldados comenzaron á hacer fuego sobre los que pasaban acompañando á Tapia que publicaba aquellos nombramientos. mujeres.

los hombres se reían de él. una jaula Hernando de Torres salió y comenzó á trabajar con una actividad increíble. —¿Para quién mostrando Salazar. Los ancianos le ponían como ejemplo de la vanidad de las glorias humanas.105 ba un hombre a quien llevaban casi arrastrando de una gruesa cadena que tenía atada al cuello. á" quien agobiaban más que el peso de su cadena los insultos de la multitud. las mujeres le compadecían. Aquel hombre. Llegó después el caso de ponerle en una prisión. había Cuatro horas después. —preguntó Tapia la la jaula que estaba cerca de de . Aquel hombre. pero ninguna se consideró bastante fiera estrecha. ó más bien dicho. frente al palacio de ya dos fuertes jaulas formadas es esa otra? de vigas. ayudado de — — — — muchos. y los muchachos le arrojaban lodo y cascaras de fruta á la cara. dijeron todos. ni nadie quiso recibir en su casa á aquel excomulgado. Sí. aquella sombría y silenciosa. pero no deseaban su libertad. Haremos una jaula dijo el carpintero Hernando de Torres que se encontraba allí. era Gonzalo de Salazar. fué paseada así largo tiempo por todas las calles de la ciudad. Cortés.

y los conjurados intentaron cohe- char á los guardianes y abrir llaves falsas. V Dos GOTAS EN EL MAR Cortés volvió á México al saber cuanto ocu- en la ciudad. Salazar quedó encerrado en su jaula. Descubrióse la conspiración. quedaron allí sin espe- ranza de libertad en mucho tiempo. y un Escobar ella fué ahorcado. vino á ocupar puesto que se le ha- bía destinado. y así rría . Muy pronto Chirino. y comenzó para aquellos monstruos la época de la expiación. hecho prisionero por el Tapia. las jaulas con que hacía cabeza en pies. — Tienes razón. y se formó para ello un complot. Todos los días los muchachos rodeaban aquella jaula. y á sus cómplices se les cortaron las manos y los Salazar y Chirino. y atado en ella del cuello con una cadena. y se divertían en arrojar piedras y cieno á Salazar. como dos fieras encadenadas y enjauladas. pero sus enemigos no dejaban de trabajar contra él en la corte.106 compañero —Para Chirino. que viene en auxilio de su —contestó Hernando de Torres. no les faltaron amigos que pretendiesen libertarlos. Sin embargo.

los nombres de Salazar y de Chirino se pierden en la oscuridad. Tal fué Vicente Riva Palacio. de los primeros tiranos que tuvo México después de la coníjuista. Pasó después á España.107 es que no quiso volver á recibirse del gobier- no. Sa- lazar desobedeció á Soto. y desaparecen como dos gotas de agua que caen en Desde entonces el mar. Salazar quedó aún en la Nueva España intrigando con los visitadores y gobernadores que el rey enviaba. Sin embargo. le y en poco estuvo hubiese ahorcado. y Su prisión liabía comenzado en Enero de 1526: cerca de veinte meses estuvo encadena- do y enjaulado. Alonso de Estrada fué reconocido como gobernador. Entonces Salazar fué sacado de esto aconteció en Agosto de 1527. algunos dicen que Chirino á murió manos de la suerte los indios en Jalisco. la jaula. Hernando de que Soto no Soto. pero al salir de Cuba. . en compañía de la armada que mandaba D. donde se le confió el mando de una flota que venía á México. Chirino había sido puesto en libertad un poco antes. y después de mil peripecias.

Antón. ¿Piensa vuesa merced que en esta casca- ra de nuez lleguemos á Cádiz ó al Puerto de Palos? —Yo nutos. el piloto hizo señal despacio. una barca pequeña se desprendió del embarcadero de Veracruz y se hizo mar afuera. sacó de un estuche de baqueta un anteojo.LA SEVILLANA La Tempestad En una hermosa del tarde del mes de Octubre año de 1550. lo graduó á su vista y se puso á registrar el hori- . y un sombrerillo arriscado sin plumaje alguno. un viejo piloto manejando el timón. te lo diré. Cuando hubieron pasado los arrecifes. al estilo de los que usaban los que no se consideraban como hijodalgos. y un grueso personaje vestido con un largo gabán ó pellica oscura. á los remeros de que bogaran más y se dirigió al — hombre gordo. Iban en ella dos bogas. antes de cinco mi- El hombre gordo se puso en pie.

—Adelan- en descubrir Antón. Antón? Digo. La mar estaba tranquila. mi señor D. y la Covadonga al puerto. el —¿Qué horas son?—preguntó — Las cinco. al- las seis las seis dremos una tempestad. pero tan delgado — que más bien parece una espiga de trigo. y en el horizonte se aglomeraban algunas nubes de formas caprichosas. que lo que vuesa merced ve con el anteojo. á tomar su an- y a registrar el horizonte. Los bogas volvieron á tomar aliento. Jerónimo.109 zonte. ya soplará recio y muy — . —contestó hombre gordo zando vista — Pues á ó á y media tenla al sol. de vez en cuando se sentía. como un gordo volvió á ponerse en teojo Después de un cuarto de hora el hombre pie. O la Covadonga está ya subiendo la última escalera de las aguas. el sol brillante. lo he visto yo con mi vista natural. A los cinco minutos justos se volvió á sentar en la barca y le dijo al piloto: te. y volviéndo- se después al piloto le dijo: Creo haber descubierto en el horizonte alguna cosa como un palo. un viento caliente como si viniese del desierto de África. el piloto. ó yo no me llamo Antón de Peralta: pero antes que nosotros lleguemos a la Covadonga. ¿Qué dices. porque no tardaremos media hora los palos de la Covadonga. y la barca volaba alción en la superficie de las aguas.

El hombre gordo miro con cuidado rizonte. más bien que naturales. sin que á poco no haya soplado lo que se llama entre nosotros borrasca desecha. porque un viejo piloto español jamás retrocede ni ante las ondas ni ante los vientos. cuando el cielo está así — a la hora de ponerse ber tempestad. Mirad. formadas ó arregladas de intento. pero vuesa merced prefiriría mejor cenar esta noche un buen pescado en su casa y remojarlo con una bota de tinto. y nunca he visto en el horizonte rayas amarillas. vamos. ha dejado de haSi tenéis gran- el piloto. en vez de ex- .lio dichosos seremos jan Ilegal- si Dios y sus sántofe nos de- á los arrecifes. triste el ho- Las nubes de un amarillo opaco y como el fuego cuando va perdiendo su color rojizo con la luz del sol. formaban unas rayas uniformes y que parecían. Los marinos sabemos que nuestra sepultura es ancha y profunda. de interés en hablar á la Covadonga. Ni una sola vez. Las ráfagas de viento caliente se hacían sentir con más frecuencia. y nos horroriza la idea de ser machacados y encerrados debajo de la tierra. y de vez en cuando se oía Un ruido como si fuese el lejano disparo de un cañón. te —¿Y en qué nóstico? fundas para tan triste pro- —Conozco mucho estos mares. dijo el sol.

El mar tomaba un aspecto singular. á tomar un trago de vino. como el soldado y como el marino. Desde tierra veremos mejor los movimientos de la Covadonga. Vol- vámonos. como dices. No. viró la barca y dirigió la proa á Veracruz. formaba un ancho cía que comenzaba ó campo donde pareapagaba un incendio. la Covadonga un porque mi amigo tiene el alcalde de Mesta. dijo — el hombre gordo: tampoco á mí me gustan ni esas nubes ni ese ventarrón caliente. cuan- do sopla caliente á poco sopla frío. interés en saber si viealto personaje. Antón. combinándose con se el verde de las aguas. que el comerciante. cenar muy quietos en casa. Entonces no hay que tener miedo. Este es un negocio que pue- de valerme unos cuantos pesos de oro. ade- más de los que gane en el fierro y en el azogue que me vienen en el navio. Antón. Aquí en la Veracruz. no. y hasta encontrar á la Covadonga. y vale más. —Tenía yo mucho ne en ta. . sin responder palabra. Ruíz de la Moya sus barruntos de que el Rey man- dará un visitador con cartas y provisiones amplias. la luz amarillenta del sol. y quién sabe si la pasarán mal ciertos personajes.111 ponerse á que los pescados se cenen el vien- tre de vuesa merced. — debe morir en su oficio. y me acompañarás cuando lleguemos.

Los bogas redoblaron su esfuerzo. Al puerto. dijo D. y cuando la barca pasó los arrecifes y puso la proa al embarcadero. Por fin atracó al lado del embarcadero de madera. despedían un opaco y siniestro to del cielo estaba oscuro.112 el viento irregular soplaba por intervalos al Sur y al Sudeste. al parecer moribundas y enterrabrillo. La Covadonga estaba ya visible y se adelantaba resueltamente en medio de la tempestad que había estallado al entrar en el puerto. y tendrá cada uno un tonel de vino. las ondas se iban bordando de una franja de espuma. dijo el piloto. las líneas amarillas. el mar se hinchaba por momentos. el piloto rra llenos de En das instantes el aspecto del cielo cainbió. Si no llegamos en media hora no llegaremos nunca. multitud de gente en la playa veía aterrorizada aquella cascara de nuez que se hun- — — — día y volvía á aparecer entre la si fuera arrojada por el soplo de el espuma como un monstruo fondo del abismo. y el homdesde y los bogas saltaron á tieagua y de sudor. el viento Nordeste desencadenado silbaba. y de las fatídicas rayas amarillas parecía que brotaban gruesas nubes de un aspecto amenazador. las barcas sí. al puerto. amarradas danzaban y se chocaban entre y gruesas y estrepitosas olas iban á estrellarse y á hacer . el res- en un horizonte morado oscuro. Jerónimo. bogas. bre gordo.

mar II Doña Beatriz La Covadonga. ni la fatiga. que cualquiera barca se hubiera hecho mil pedazos. Continuó el reacio viento flo- parte de la noche. empujada más de una vez á los arrecifes. sin sentir ni la agua.113 crujir Iqs débiles tablados que entonces for- maban ba fija el embarcadero. pero el bravo marino español logró entrar al puerto. y el hombre gordo. y frente del islote de San Juan de Ulúa dio fondo. la Covadonga encendió una luz á proa y tiró un cañonazo. y se apresel taban á dar todo socorro posible á los náu8 . que creían que de un momento ú otro vendría ú la costa. estaba fijo y mirando las maniobras de la embarcación. ni el cansansio. los espectadores esta- La atención de todos en el barco atrevido que así desafiaba la tormenta. era inútil. pues estaba de tal manera furiosa. Si el la cañonazo era de socorro. estuvo á pique de ser hecha mil pedazos. juguete de las ondas. amarrando su barco con dos gruesas y pesadas anclas. á pesiir de las predicciones de todos los marinos y habitantes de Veracruz. Cuando cerró la noche. y el barco se mantuvo tando y resistiendo el azote de las corrí» -ntes que se estrellaban contra sus costados.

pero su esposa ha sufrido mucho en el temporal. be- bió su vino en compañía del piloto y volvió á la playa. en cuanto se llenó autoridad lo permitió. El día siguiente de esta cruel noche amaneció puro y brillante. y está desmayada ó tal vez muerta en la cámara. parvada de pájaros que caen sobre rodearon á la nave española. la llegada de un barco era un verdadero acontecimiento: la así.114 fragos. por cierto hoy Veracruz tan concu- rrido ni tan activo como otros puertos del Golfo y de las Antillas. y sobrenadando el cadáver del importante personaje que esperaba. Nuestro hombre gordo. bien relacionado — . y co- las mo una No es los granos. y uno de los primeros que subió la escala fué nuestro conocido Don Jerónimo. la cubierta de curiosos. y el viento había caído ondas poco á poco fueron disminuyendo. pero en los tiempos á (jue nos referimos. donde permaneció toda la noche esperando de un momento á otro ver hundi- dos sus botes de azogue y sus almadanetas de fierro. Don Jerónimo cenó bu pescado. de modo que a medio día se pudo barquear. que un Visitador. Viene nada menos. contestó el piloto. y todos los botes que dejó en buen estado la tormenta volaron por la bahía. procurando indagar si venía su cargamento de fierro y azogue y el personaje distinguido á quien buscaba.

se abrió paso por entre la muchedumbre. Era por cierto una mujer hermosa.115 por una parte con todas las autoridades. y nada hay comparable á una mujer española cuando es joven y positivamente bella. sin poder articular palabra ni moverse en algunos minutos. el pe- su estado de dejadez y de abandono. sa. La criatura que causó la admiración de Don Jerónimo estaba medio acostada en un banco de la cámara. pero que parecía colocado de intento por un hábil artista. . los hombros. zado. todo ello formaba ondas y contomos suaves que dejaba adivinar un traje de seda. y pesado y exigente por otra. do la El pecho. Su boca entreabierta dejaba ver entre sus labios algo pálidos una dentadura fuerte y no muy pequeña. Era de un blanco limpio. ligro. caía en y su largo y negro cabello ligeramente riun armonioso desorden realzanadmirable regularidad de sus facciones. y estorbos que había en la cubiery lo primero con que encontró su mirada fué á una mujer. pero cincelada y lustrolos cables logró penetrar en la cámara. La casualidad. y saltando por sobre ta. todo cooperaba á aumentar la belleza de esa mujer. grandes ojos cerrados que s®mbreaban unas rizadas pestañas y coronaban dos arqueadas y sedosas cejas. y quedó como pasmado. y su cabeza caía descuidadamente en unos cojines. la fatiga. algo maltratado y húmedo.

Quizá en tierra recobrará muerte . ción. le afección le puün poco los vestidos. veo que vuestra esposa ha hace meses sufrido mucho. granpoco morena. acarile después so la mano en el corazón. dijo dirigiéndole' al fuerte. dijo. pero la naturaleza débil las mu- al horror de una jeres no puede sobreponerse próxima. El temporal ha sido Los pehemos estado á punto de naufragar. daba á dejaba de imponer. de de ojo pequeño y vivo. sabiendo personaje un corte la de venir debería que Jeprimo mi por encargado estoy tan alto. pelo negro des entradas en la frente. carónimo Ruíz de la Mota. —Es un desmayo. procuró dirigirse al personaje —Señor. y no relo que podía llamarse un tez un presentaba más de cuarenta años. y ció '''"- suavemente solo la' frente.116 Cuando D. mi persona y mis servicios. Jerónimo volvió de la admira- que estahaba cercano á esa Venus que parecía que las bía dormido entre las blancas espumas y verdes ondas de la mar. Era El Visitador "se inclinó con dignidad. y yo. y de superioridad que no acercó con Sin contestar á Don Jerónimo se compuso á la dama desmayada. de ofreceros mi sa. los para Hgros y las aventuras se han hecho de hombres. y un con graechado hacia atrás con desorden pero su fisonomía un aire de audacia cia. hombre. y hombre gordo. le tomó el pulso.

Vena. Nueva admiración de Don Jerónimo. Aquellos grandes ojos negros como el azabache despedían rayos de amor y de luz. Visitador de México. que era un rico coHiercianto y que aventajaba mucho (^n sus negocios.117 SUS sentidos. la que hacer En hermosa dama pareció volver en sí. — el Por muchos años. agasajando cada vez i{\u' podía á los El Lie. y su señoría dispondrá lo se debe. no tuviera hoy la honra de. y vuestra señoría puede disponer de una buena barca que se portó ayer muy bien. esto. abrió los ojos y se incorporó. Don Jerónimo se mordía los labios. porque es el el olor de un barco no sentir. contestó inclinándose hombre gordo. pues salí con ella á encontrar á la Covadonga. Visitador llamaba Beatriz. hablar con —El Lie. 111 Et. Vena y la Doña dama. que así se hospedaron en la casa de puestro D. y de verdad que sin Dios y más á —Es mi propósito mi piloto Antón. se . Jerónimo. mientras el Licenciado envolvía en unas ropas á la encantadora mujer que había llegado á las Indias en medio de la más deshecha tormenta.

pues lo que realmente tenía era que en cerca de treinta horas. Así que estuvo repuesta y se encontró segura en una amplia y bien ventilada habitación.118 empleados y personajes influentes que ban de España á la colonia. qué noche! creo que si pienso más en ella me volveré loca. —No al sé por qué. desde donde se veía el mar quieto. El Licenciado no le contestó. por el mareo y el miedo no había comido. lado de mis flores. cuyas facciones denotaban una profunda tristeza. azul y brillante. de mi madre. de Pilar mi hermana. cambió inmediatamente. llega- Doña que Beatriz volvió á caer en un desmayo al llegar á la habitación. de mi vida por verme en mi casa de Sevilla. La América nos ha recibido con . y continuó mirando distraídamente al mar. sonrió y Vena. dijo. Jerónimo. se dirigió al Lie. deteniéndose un instante en cer suave vello que las hacía paredaría yo la mitad como un terciopelo al través de la luz. un placer que no tiene igual en la tierra. —Es un placer. verse libre y segura des- pués de una tormenta. Beatriz. que lo observaba. y más que todo una buena taza de vino y algunos alimentos. bajó los ojos. ¡Qué noche. pero los cuidados le prodigaron dos criadas negras que tenía D. la volvie- ron á la vida. y dos lágrimas el silenciosas rodaron por aquellas mejillas suaves.

119:

una tormenta, y yo no puedo ver estas playas secas y arenosas, y estos arrecifes terri;bles, sin

—Todo esto pasará,

que

se

me

cierre el corazón.

Beatriz, le contestó el

Licenciado saliendo de su distracción y pro-

curando poner un semblante mu,y afable. Dentro de pocos meses estaremos en Sevilla, en Granada, en Italia; pero no me hagas creer que te has arrepentido, porque eso sí me pondría de' veras
triste.

—Arrepentida,
preferiría

no; pero qué quieres; yo

—¿Estar con tu marido, acaso?
violentamente
tengo en
el

— repuso

Licenciado.
no, nunca.

— Con mi marido;
qxiB

Esta señal

el carrillo es

una garantía segu-

ra de

villana ama, pero

que nunca volveré ni á mirarle. Una seno perdona, Beatriz tenía, en efecto, una pequeña señal en el carrillo izquierdo. Bien, bien, dijo Vena, no hay que traer á la memoria recuerdos amargos. Pensemos en el porvenir, y es lo que nos toca.

le

—¿Traes tus cartas y tus provisiones? preguntó — Precisamente cartas del Rey, no; peBeatriz.
. ,

i.

las

ro

todo, ¿quién

instrucciones; y sobre puede dudar ? Don Jerónimo tocó suavemente la puerta y anunció que el Ayuntamiento quería felicitar al Visitador

basüm por ahora las

y ponerse á sus órdenes.

En

120

menos de media hora

el

Licenciado y

Doña

Beatriz salieron elegantemente vestidos á la
sala á recibir á la concurrencia.

taron

Los miembros del Ayuntamiento le presenun gran azafate de plata. Una comisión del comercio que llegó después, le presentó á Doña Beatriz, en una bandeja de oro,

una

sarta de gruesas perlas.

Las visitas y las comisiones se sucedieron unas á otras, y cada persona llevaba al Visitador ó á su esposa un objeto de valor ó al-

guna curiosidad. Terminó

la ceremonia,

y

el

Visitador y Beatriz pasaron al comedor, donde nuestro grueso y buen Don Jerónimo te-

nía dispuesta una suculenta mesa.

que

México avisando Vena, con cartas y provisioncÑ del Rey, muy importantes y secretas, había llegado á Veracruz, y dentro de pocos días pacorreo se despachó á
el Lie.

Un

saría á la capital.

En esa época era Virrey D. Antonio de Mendoza, hombre que poseía la confianza de la Corte, que había gobernado perfectamente la Nueva-España y que no tenía de esos enemigos tenaces y secretos que perdieron á Corel ánimo del Soun Visitador no dejó de chocarle; pero puesto que era un hecho que estaba en Veracruz, no había otro reme-

tés

más de una
así, la

ocasión en

berano;

llegada de

dio sino recibirle y obedecer.

En

cuanto á la Audiencia, era otra cosa,

131

Los Oidores quizá no tenían tan limpia su conciencia, la noticia los puso en cuidado, y
lo
sí,

primero que trataron y convinieron entre fué ganarse la confianza y protección del

personaje.

IV

La Audiencia
Vena y Doña Beatriz salieron al cabo de ocho días de la Veracruz, llenos de plata, de oro y de valiosas alhajas, custodiados por cuarenta lanzas jinetas. El camino fué una perpetua ovación. Los caciques, los justicias, los
vecinos principales salían á recibir á los nobles personajes, y los banquetes y los obse-

quios eran continuados. Tiegado á México, se
alojó en

una de

las casas principales

que

los

oidores le habían i)reparado, y á los tres días le mandaron respetuosamente pedir sus provin'Lone.-i

para darles cumplimiento.

El Licenciado contestó con la mayor franlas prnoidoiie>^,

queza y naturalidad, que él no había traído porque el Virrey Velasco que
estaba i)ara llegar, las tenía y entonces serían vistas y cumplidas por todos los vasallos de
S.

M.

La Audiencia se dio por satisfecha: llamó al Lie. Vena á sus ('.^trodox, le dio asiento en ellos, y con la mayor í'Sfrnpnlosidad le estuvo-

dando cuenta

é

instruyendo

(le

todos los

122

negocios graves que había pendientes, pro-

curando inspirarle una resolución favorable. Las horas en que el Licenciado acababa
esos importantes quehaceres, las

empleaba en

su casa en recibir á las personas
guidas.

más

distin-

Los encomenderos y todas

las

mu-

chas gentes interesadas en la

visita le lleva-

ban cuantiosos regalos de oro y plata para él, y de alhajas y perlas para Doña Beatriz. A la segunda semana de haber llegado el Visitador á México, ya tenía un valioso tesoro, que reunido al de Veracruz, formaba un respetable capital bastante para vivir con inde-

pendencia

el resto

de la vida.

Beatriz estaba rica: su hermosura deslum-

hró y causó sensación en México; pero cada vez estaba

más

triste,

y raro día no dejaba de

acordarse de su Sevilla y de derramar algu-

nas lágrimas. El Lie. Vena la tranquilizaba

y

le

aseguraba que antes de dos semanas

es-

tarían de vuelta en Veracruz

rían en la

y se embarcamisma Covadonga, que aun no se

daba á

la vela.

Un

día,

como de costumbre,

el

Licenciado

se fué á los estrados de la Audiencia, y allí llegó un correo expreso enviado de Veracruz,

que avisaba que
había llegado.

el

Virrey

Don Luis

Velasco

Al escuchar esta puso pálido, y un

noticia, el Licenciado se

ligero

temblor

se

observa

123

en sus labios; pero los oidores nada advirtieron, y él tuvo tiempo de reponerse.

—Qué me

place, les dijo,

que

el

buen Don

Luis haya llegado, y sin la tormenta que á mí me trajo á tierra. Quiera Dios que yo sin tormenta vuelva, y con el permiso de vuestras señorías

mañana

partiré á encontrar al

Virrey y á tomar las cartas y provisiones que me traerá, para que podamos continuar la
visita

para bien de S. M. y de sus reinos. Los oidores ofrecieron sus servicios al Vi-

y despidiéronse de él cordialmente, pues creían que con tanto presente que le habían hecho le tenían enteramente de su parte. El Licenciado salió de la Audiencia preci'
sitador,

pitadamente, se dirigió á su casa y entró buscando á Beatriz.
¿Estás enfermo?

el

— ¡Estás demudado! ¿Qué ha sucedido? — preguntó —Más me valiera haber muerto,—contestó Licenciado. — Corremos un gran y
te
le

Beatriz.

peligro,

esta

noche es necesario que salgamos de

la

ciudad.

Nada me preguntes

ahora, y recoja-

mos

nuestras joyas y nuestros tesoros.

124

V
Los AZOTES Y LA LOCA

Don Antonio de Mendoza, que había siempre desconfiado, hizo regresar violentamente
el

correo á Veracruz para que preguntara al
lo

nuevo Virey

que había.

Don

Luis de Velasco contestó que no ha-

bía tal visitador, que á su salida de España

no había tratado de mandar persona alguna, y que así ese Lie. Vena no era más que un impostor y un aventurero, y que el no traía para tal personaje cartas ni provisiola Corte

nes algunas.

Cuando los oidores supieron esta noticia, se mesaban los cabellos y pateaban de rabia. ¡Unos hombres tan Severos, tan respetablef? como ellos, burlados y robados por un mise-r
rabie!

El Virrey Mendoza, tranquilo y sin darse por enojado, pues él jamás fué víctima de tal
superchería, dictó enérgicas disposiciones,
las circuló

y

á los justicias déla tierra para que
al falso visitador.

aprehendiesen

Don Gonzalo de
se al Lie.

Vetanzos, gobernador de
el

Cholula, prendió en

momento de marchary
los

Vena y

á la linda Sevillana,

trajo á buen recaudo á México. El licenciado fué encerrado en la cárcel; la dama en una

125

casa de confianza, y se recogieron las joyas, oro y plata que les habían regalado, devol-

viéndose á sus dueños.

En
Lie.
leras,

breves días se instruyó la causa, y

el

Vena
y á

fué condenado á diez años de garecibir antes cuatrocientos azotes.

***

La misma nmltitud indolente y curiosa que
se agolpó á ver la entrada

solemne de

la no-

ble é interesante pareja, llenó las calles

y

los

balcones para presenciar la cruel ejecución.

Un
iba

montado y atado en una

hombre, que se podía llamar hermoso, bestia con albar-

da: llevaba las espaldas desnudas, pero su

semblante era altanero y fiero, y desafiaba las miradas insolentes de la multitud. El pregonero se detenía en cada esquina,

y gritaba

tres veces:

Esta es
el

la justicia

que

el

Key manda hacer en
baidor, por embaidor.

Lie.

Vena, por emgrito,

Apenas acababa aquel funesto
do
los

cuanes-

verdugos descargaban con todas sus

fuerzas diez varazos, contándolos con

una

pecie de complacencia.

Cuando hubo

la

infeliz licenciado

tumultuosa comitiva y el pasado cuatro esquinas, su

brío se había acabado, la sangre corría escu-

rriendo al suelo, y algunos pedazos de carne
se levantaban

de sus espaldas.

126

El pregón continuó, y los azotes también. En la sexta esquina, una hermosa mujer apareció,

encontrándose frente á frente con

el

azo-

tado. Abrió los ojos, llevó la
bellos,

mano

á los ca-

las calles

y empujando á la multitud corrió por dando lastimeros gritos. El Licen-

ciado la miró espantado, hizo un esfuerzo por romper sus ligaduras, pero un terrible azote del verdugo le hizo lanzar un gemido de do*
lor.

La
en
el

historia

no dice

si el

Lie.

Vena murió

suplicio ó fué al fin llevado á galeras.

Tampoco se sabe la suerte que corrió la hermosa fSevillana, víctima de un extravío y de un amor desgraciado.
Pasados algunos años de este suceso, se repor el vulgo que á las doce de la noche se aparecía la Sevillana y corría por las calles dando gemidos tan dolorosos que partían
fería
el

corazón.

Manuel Payno.

que estaba . víctima Virrey D. Luis de Velasco de los más acerbos dolores que le oca- sionaba una aguda enfermedad. y los golpes duros y compasados producían un eco triste en las calles solitarias y en las bóvedas y estre- chos corredores del monasterio. tocaba con la portería del convento de Santo Domingo de México.ALONSO DE AVILA Prologo. entregaba su alma á las tres Dios. — La confesión el Én una noche oscura y lluviosa de fin de Julio de 1564. y entre y cuatro de la mañana. Parece que dormido profundamente. un hombre envuelto en un raído y pardo ferreruelo. A ese mismo tiempo. era el único que no oía este ruido que sin interrupción continuaba. hasta que al fin una voz ronca y gruñona se escuchó del otro lado de la puerta. y al mismo tiempo el lego portero. escurriendo por todas partes la agua que había mojado su sombrero y grande estrépito vestidos. .

Fortún tenía expedita la entrada del sombrío é inmenso es el tas horas el reposo —¿Quién — — — monasterio. y en pocos minutos el rechinido de la enorme puerta anunció que el criado de D. acomodando en la cintura el manojo de llaves y tomando en la mano una linterna que despedía una luz rojiza. No hay que perder tiempo. dijo el lego. metió una de ellas en la chapa. Soy Pero Ledesma. Su Paternidad perdone. — . cuando se trata del alma de un cristiano y de un buen español. que está en la agonía. y todo lo que sea para la salud de la alma de tu amo que es bienhechor de nuestro convento. y su alma no espera más que al Muy Reverendo Padre Fr.128 una ventanilla se abrió y dejó pasar por sus pequeñas pero espesas barras de hierro un manojo de rayos de luz que fueron á iluminar las espesas y mojadas barbas del que tocaba. Eso es otra cosa. y qué quiere? preguntó desde adentro el lego portero con visible mal humor. debemos hacerlo. El lego sonó un gran manojo de llaves. pues parece que llueve fuerte. Pero. Domingo de la Anunciación para irse al otro mundo. criado de mi señor Fortún del Portillo. no hay que dormirse ni que perder tiempo. Espera un poco y arrímate al marco de la puerta. dijo el lego. imprudente que turba á esde este convento.

se puso una montera que le cubría las orejas y los ojos. Sufría un ataque agudo del hígado y estaba ya sin aliento ni fuerzas. La recámara estaba iluminada con velas de cera que ardían delante de diversas imágenes de santos. Luego que Fr. barba cerrada y cana. Los ojos eran hundidos. que encendió una tea de resina y le guió por las calles oscuras y llenas de charcos y de lodo. tendido en su lecho y en los últimos instantes de su vida. cara larga. El Reverendo mandó apagar algunas de las velas y retirar á todas las rezanderas. Domingo. y al escuchar el Reverendo Pa. hasta la casa del mori- bundo y penado caballero.129 Los dos personajes subieron la escalera y se internaron por los corredores oscuros. Fortún del Portillo era hombre como de más de cincuenta años.dre el nombre de Fortún del Portillo. Llegaron á la celda de Fr. tocaron. pero las enfermedades se los habían retirado casi hasta el cerebro. Domingo entró. y el cuello del paciente cubierto de reliquias y de escapularios. de- jando el uno un rastro de agua y el otro una nube de humo denso que despedía la meclia del farol. y envuelto en una especie de turca ó sayal negro salió en com-' pañía del criado. . todas las mujeres que asistían al enfermo y rezaban oraciones en coro se agolparon á su derredor y le besaron la mano. se levantó resignado.

se incorporó y se acercó más posible al confesor. y ha querido salvar mi alma del infierno. — No. —¿Creéis que Su Divina Majestad me per—preguntó enfermo después de haber confesado sus culpas. para desdejar para concluir cargo de mi conciencia. —Si os arrepentís sinceramente. — ¿Creéis. arrimó junto á la cama un tosco sillón y se dispuso á oír la confesión del enfermo. por su parte esfuerzos. tendréis donará? el el cielo seguro. en la fábrica de las capillas. y á que no os tan grave. creía. Domingo. padre. y quitándose su negra capa. interrumpió fe — dijo Docama del enfermo. que haría bien. alguna parte de lo poco que Dios me ha dado en esta tierra? . Bendita sea su divina el enfermo. —Confiad en Dios. Óleos?—respondió el creía el tiempo necesario para que oigáis mi confesión. mingo acercándose á los —¿Traéis Santos enfermo con una voz trabajosa. al contrario. y con mil lo replicó Fr. y quizá — Dios me ha permitido. muy la ¿qué es eso? os quizá aliviado Fr.130 —Vamos. que viva misericordia. señor Fortún. Dios todavía hará un milagro. pues Dios perdona los más grandes pecados. el cual.

¿y do ello es verdad? —Tan verdad. tan horrendo. grato y meritorio á do eso —Es que.. y no hay que perder tiempo. No hay que blasfemar ni dudar un solo instante de la misericordia de Dios. tengo otro pecado tan grande. Fr. — Es verdad. que es interrumpió el padre con entusiasinfinita. como que dentro de la presencia poco he de comparecer ante de Es muy grave. Decid. y éste le habló un momento en voz muy baja. Domingo dando to- involuntariamente un salto del sillón.131 —Seguramente. ¿No me absolvéis? ¿me cerráis las puertas del cielo? ¿he de morir así como un hereje. es los ojos el que con esfuerzo le salía ya de la garganta. contestó Domingo. — ¡¡Jesús!! —exclamó padre. El padre se acercó de nuevo al enfermo. Tode Dios. y en esto buscó su sayal negro y caló de nuevo la montera. Dios. Dominuna condición. mo. que dudo que Dios me lo perdone aun cuan- do dejara todo mi caudal al convento. no hay que tener empacho ni — — vergüenza á la hora de la muerte. Vamos. continuó enfermo con una voz Fr. depositad vuestro secreto en este Santo Tril)Unal. muy grave todo eso. pero os absuelvo con dijo Fr. sin esperanza ninguna?— dijo el enfermo — — con las lágrhnas en los ojos es verdad. El . go.

Parecía que se harendo salió á la sala bía vuelto loco. mientras y se comenzó á pasear hablando solo y haciendo diversas señas y ademanes con las manos. avisó á los deudos. se envolvió en su tur- y sin despedirse de nadie damente á la calle.1S2 padre se acercó le al enfermo y mediaron algu- nas palabras. remedio. Era que el Virrey había muerto casi á la misma hora que Fortún del Portillo. se volvió del otro lado. se dirigió contró allí salió precipita- al palacio y enllora- una multitud de gente que ba y se lamentaba amargamente. Después con toda solemnidad dio la absolución. y apenas hubo tiempo. ca. . sino dirigirse inmediatamente al visitador Valderrama. que entraron arroel reve- jando lastimosos lamentos. pues Fortún del Portillo hizo un gesto supre- mo. Domingo. y sin entrar en su convento tomó el rumbo donde vivía este célebre é importante personaje. — No hay otro Fr. sus ojos se cerra- ron y su alma voló á la eternidad. Luego que amaneció. preocupado con las últimas palabras que le dijo el moribundo. Fr. dijo en voz baja Domingo. apenas acertó a rezarle las últimas oraciones de la Iglesia.

y los conquistadores matados también por ese secreto im- penetrable que se llama muerte. do. había exhalado. y su mujer ahogada en Goatemala. y que á cierto tiempo nivela al opresor y al oprimido. á la víctima y al verdugo. y sus hijos y deudos eran los que se disputaban . su posen un pueblacho solitario y oscude España. aislado el el mismo día por un volcán conquistador Don Hernan- y despreciado de la corte. trer suspiro ro como cualquier miserable. la muerte y el tiempo habían ya arrebatado y reducido á polvo á los personajes que por un momento hemos animado en nuestros primeros capítulos y presentado como figuras principaleíí en el gran aconteci- miento de la conquista. El gran Tonatiut ha- bía muerto desbarrancado en Mochitilte. Los reyes aztecas y texcocanos habían sido inhumanamente matados por sus conquistadores. la generación de los primeros conquistadores se ha- terrible bía extinguido en cosa de cuarenta años. en una palabra.133 II El Marques del Valle En la época en que va á comenzar la acción del drama histórico que en compendio vamos á referir.

y de haberse salvado de grandes peligros en la batalla de San Quintín. el padre Cabo. . Era señor de Tlajjacoya y de Cuilapa. Algunos de los pormenores se encuentran esparcidos en las crónicas antiguas de los conventos. en estos estudios no hacemos sino animar á los personajes y ponerlos por un instante de bulto ante el lector. de Coyoacán.134 los honores. de Charo. y aun no dejó de alborotar también á los indígenas. entonces inmensas. el llas mando supremo y las más be- En porciones del territorio mexicano (1). y á tantos bienes y vasallos reunía el título de Marqués del Valle de Oaxaca. y especialmente de la curiosa noticia histórica escrita por D. sus aventuras no(l) Los datos están tomados de Torquemada. Manuel Orozco y Berra. así. Sus riquezas. de Cuernavaca. hijo del conquistador y de la noble señora Doña Juana de Zúñiga. de Tuxtla. que empeorase su situación. que esperaban siempre con la llegada de un nuevo gobernante. de Toluca. En esta vez se trataba de una persona cuya tradición era respetada de los indios mexicanos. regresaba á su patria á disfrutar de los honores y de las riquezas que le había dejado su padre. pero conservando en todo la verdad histórica. después de haber servido al sombrío monarca que tenía el nombre de Felipe II. el favor de que gozaba en la corte. principios del año de 1563 un grande acontecimiento ocupó á los habitantes de la nueva colonia. de Mexicapa. Don Martín Cortés.

y era seguido de nuichos caballeros que eran sus amigos. las como si fuese una plaza de guerra. señora de muchas prenle dieron tal prestigio. y un vestidos de diferentes y vistosos trajes. cada uno de los cuales He- . Su casa era á la vez un pa- lacio Pajes con ricas y doradas libreas. oro y terciopelo. mírez de Arellano. y en noches se veían brillar entre las almenas. lo hacía Cuando el Marqués salía á la calle.135 velescas de la juventud. El Marqués puso además de su parte cuanto le fué posible para sostener esta reputación y esta grandeza. El aspecto militar era todavía más imponente. si que México monarca de fiel este reino. compañías de jinetes y de arcabuceros estaban continuamente de fac- ción. su figura imponente y arrogante que recordaba la del gran conquistador. indígenas y españoles castillo. regularmente en un soberbio caballo de Andalucía enjaezado con seda. criados negro s. al no como el verdadero menos como su más y respetable imagen. Se hacía preceder de un paje con la celada en la cabeza y una gi*an lanza enarbolada. con los rayos de la luna. ^luchas piezas de artillería se veían en el espacioso patio. le vio. y el estar enlazado con Doña Ana Radas y clara nobleza. y da- mas hermosas é indias nobles que servían á Doña Ana con el mismo respeto que á una reina. los cascos de los soldados que con una enorme lanza hacían la guardia.

y labrados de oloroso bálsamo.136 vaha su servidumbre. y según más adelante diremos para la inteligencia de nueslectores. y el conjunto formaba una brillante cabalgada que levantaba torbellinos de polvo. esta- ban colocados contra las paredes y cubrían el espacio donde no había balcones 6 puertas. y pecheros y nobles y caciques salían de sus habitaciones á contemplar con una mezcla de curiosidad y de miedo al rico y poderoso Marqués del Valle. hacía resonar las toscas pie- dras de las pocas calles que había entonces empedradas. En el fondo había una imagen de Cristo Crucificado. Tales eran los espectáculos y las cosas que llamaban la atención en esos tiempos en la noble y leal ciu- muy tros dad de México. es hoy. y del techo pendían tres arañas enormes de plata. El suelo estaba cubierto con alfombras venecianas y con mantas todo bordadas de fuertes colores. Pesados escaños y toscos sillones cuyos brazos y pies se formaban de cabezas y garras de leones. III Los Hermanos Era un espacioso salón tapizado de seda color de grana hasta la altura de dos varas. á medio distinta de lo que amables y benévolos reedificar todavía. testimonio toda- .

de nariz larga y de boca grande. y el otro Alonso de Avila. un corpezuelo de una . y su mano derecha la llevaba frecuentemente al pomo de su larga espada. era pronto y rápido en los movimientos. hijo del conquivStador so y gallardo. accionaba mucho. de ojos negros y chispeantes. una idea fija le preocupaba. llevando en su ferreruelo la roja Cruz de Santiago. Detrás de D. Hablaba con entusiasmo y viveza. que tenía una cai)ucha á la usanza morisca para cubrir la cabeza. pero más tenía trazas de templo qué de habitación pro- fana dedicada á los saraos y banquetes. ]\Iartín Cortés. y manejaba con garbo y desarmas y el caballo: vestía un cape- de damasco encarnado bordado de plata.137 vía patente de la industria y civilización de la raza indígena. hermo- uno era D. Martín Cortés se entrael ron silenciosamente en ros: el salón dos caballe- también y de Doña Antonia Hermosilla. A pocos momenhijo del tos se presentó D. Luis Cortés. conquistador y de la hermosa Doña Marina. Era este un mancebo de cosa de veinticinco años. sombreada por un negro bigote con las puntas retorcidas hacia arriba. Al entrar en esta pieza no se sabía acertivamente lo que era. En este salón se hallaba el Marqués paseándose de un extremo á otro. con la cabeza baun dedo en la boca. y con muestras de que ja. de frente ancha. porque era pendenciero treza las llar y calavera.

al volver del extremo de la sala los miró. tela — —Precisamente nos han dicho — Que marquesa acaba de dar á luz con toda felicidad dos gemelos. por beneficio de Dios. y desarrugando su faz sonrió y les tendió la mano. inte- el ^ el marqués. y unas calzas de terciopelo negro. se quedaron en pie y guardaron silencio. Los llegaron casi al mismo es solo. eran las solemnidades del bautismo. dijo — el Marqués ponién- dose un dedo en la boca y cerrando la puery luego. Quedo. que las majestades reales queden asombradas de lo que aquí va á pasar. pero éste. ¿no verdad? —Me habían dicho que uno — rrumpió Alonso. contestó noticia? la que como hemos dicho tiempo. Marqués. ¡Hermanos! ¡Alonso! ¿sabéis ya la buena tres caballeros. quedo. — continuó: — Sentaos y evitemos las ceremo- . Quiero que haya unas daderamente reales.138 de seda tejida con plata y oro. y que —Reales son todas vuestras cosas. y ya veremos para después como son tan grandes como su abuelo y tan ricos como su padre. dirigiéndose á los caballeros. interrumpió Alonso de Avila. observando la distracción del Marqués. — Dos. y trales las hemos de volver de tal manera. ta. I^o que me preocupaba ahofiestas ver- ra enteramente.

y Valderrama no ha dado importancia á la denuncia y todo me lo ha confiado. llamándose hermanos y tir trechándose las manos. mi enemigo Virrey es ya muerto. se sentaron á depar- mayor confianza. repuso el Marqués. de go un gran cuidado?. No sé por qué tengo idea de que el juego de pelota. con la — — — algún —¿Algún duelo. tengo la acuerda del asunto. que ten¿Sabes. cuando . Marqués dijo Alonso cuidados los decir. y por tendréis siempre á mi fiel amigo Alonso es- de Avila. ha sido denunciado al visitador Valderrama. el pero no te inquietes por eso. Los caballeros. —Nada es más cierto. alguna dama Marqués. amor nuevo?— preguntó — Nada de pero quizá otra cosa más infiel. grave. he tranquilizado de tal manera que ni se casa. el hijo —Y audiencia. —Por mirada torva y la algo? —preguntó la maliciosa son- risa que observé en el Oidor Ceynos. tal pues que todos somos hermanos.139 nias. es que me dan risa y que á veces torno en placeres con mi espada. mi lo Por mi parte. ¿sabrá de Doña Marina. y tiene ya los hilos de la conjuración. de dados y de naipes que he puesto en mi casa con el intento de crearme partidarios y disimular nuestras reuniones. y como que vive en que hablarle frecuentemente. el eso.

. y ocupémo- Santiago! que entre mi hermano Gil y yo acabaremos á estocadas con esos viejos pergaminos. Lo que el padre quiso dar al Rey.140 lo encontré a^^er. y llegaron al salón gritos descompasados de los rumor y correr los tres caballeros con tizona en mano. dijo Don Luis Cortés. chocaban. todo fué uno. ¡Por Marqués. de uña parte. —En primer En que pedían Oír el lugar. y libre de la tiranía de España y del despotismo de los oidores y visitadores. y Alonso de Cervantes. contestó el Marqués. y los siguió de lejos hasta la calle de Martin de Aberraza. porque precisamente en medio de las festividades orgatal manera nuestros negocios. —Calma. Juan Val- . creo que nada ignora de cuanto está pasando. el hijo no lo quiere confirmar. Alonso. esto se escuchó en la calle el ruido seco se y estridente de espadas que favor. quede por nuestra. El Marqués tomó su sombrero y su espada. Luis Cortés. interrumpió D. . donde ya reñían furiosamente los dos hermanos Bocanegras y Hernando de Córdova. —Y qué tenemos que cuidarnos de seme—exclamó D. y sepamos cóino tienen de pasar que la tierra — esas fiestas del bautismo. contestó nizaremos de el nos del bautismo de los gemelos. jantes antiguallas. No hay que perder momentos.

Nájera. No tenía añadidos. Juan Juárez y Alonso PeralLa justicia había acudido y leuna estocada. El palacio' actual fué edificado por Cortés en el mismo lugar donde estaba la casa de Moctezuma. los corchetes cargaron al herido. cuarteles. y el Marqués y sus hernianos. regresaron tranquilamente á discutir la casa. IV El Bautismo Es necesario decir algunas palabras para explicar al lector cómo estaba la parte de la ciudad donde pasan referido las escenas que hemos y las que aun falta que contar. El Mar- vantaba en ese momento á Cervantes que había caído atravesado de qués tomó la defensa de los Bocanegras. como hoy. Teníu cuatro torreones.141 divieso. á no ser y á los porque loa alguaciles rogaron al Marqués los amigos que evitasen un disgusto en días de un acontecimiento tan fausto. y la pendencia habría comenzado de nuevo. á y fijar lo que ahora llamaríamos el programa de las solemnidades para el bauti^^ mo de los recién nacidos. dos puertas al frente y su balconería. En- vainaron todos las tizonas. de la otra. ta. ni la casa de moneda Don Martín Cortés lo vendió ni los al rey . sin ocuparse ya del suceso. y se dedicaron.

y en . y allí las canoas y piraguas desembarcaban sus efectos. donde está hoy la ca- Los portales de las Flores. y un canal venía pegado y con raras al costado del palacio el callejón y se prolongaba hasta de Dolores. Era un y triste con dos baluartes. la audiencia y se llama- otras oficinas se habían trasladado al palacio. había construcción de paredes altas sin balconería y estrechas ventanas. El lugar que ocupa hoy la Universidad era un pantano inmundo. El frente de estos palacios era como el de con torres en las esquinas y almeun azoteas. En una que es hoy del Mercado.142 de España en cosa de treinta y cinco mil pesos. daban vuelta por Tacuba. estaban edificados y tenían unas escaleras que descendían al canal. pues antes residían en las casas que ban del Estado. y se sa. el virrey. y entonces había un templo pequeño que llamaban la Iglesia Mayor. y poco antes de que pasaran los sucesos de que nos ocupamos. La Diputación no tenía edificio sólido la plaza portalería. y donde se alojaban los indios de Coyoacán cuando venían á verle. Las casas de Cortés ocupaban todo lo que hoy se llama el Emsa de Diligencias. el pedradillo. propiedad del conquistador. de la Fruta y otros dos pequeños. donde encontraba la tapia de una huerta inmencastillo. en las nas La catedral actual se comenzó á edificar posteriormente.

El aparato real que combino el marqués con sus hermanos y amigos. y que formada en su mayor parte con las piedras la- bradas y con los ídolos de los templos mexicanos que estaban situados á poco más ó me- nos en donde es hoy la calle de Santa Teresa. Esta topografía. Los padrinos fueron Don Luis de Castilla y Doña Juana de Sosa su mujer. La plaza mayor se formaba con estos edificios y estaba despejada y con un piso de tierra.143 la esquina frente al castillo del rece que había una la torre Marqués paaislada que llamala esquina se ban Torre del Reloj. estaba la casa de Alonso de Avila. donde ahora está la botica de Cervantes. que estaban cubiertos con los restos de las losas y piedras de los templos aztecas. Se construyó un primoroso tablado de cuatro varas de alto y seis ú ocho de ancho. y echó la agua á los gemelos el deán Don . que fué el señalado para el bautismo. con excepción de algunos tramos cercanos á las casas. se desplegó en toda su magnificencia el 30 de junio de 1566. nos permitirá tener una idea más aproximada del carácter de las festividades que se dispusieron para el bautismo de los dos gemelos. por donde podía pasar todo el acompañamiento desde el interior de la casa del marqués hasta la iglesia mayor. enteramente distinta de la que nos presenta hoy la plaza y sus cercanías. En de la primera llamaba de Ixtapalapa. calle del Reloj.

y cuanto animal se pudo recoger. entusiasmado y sorprendido con festividades que antes no se . doce caballeros armados de punta en blanco hicieron sobre el tablado dejrtn- un torneo y lucharon valerosamente. En seguida. ha- un lado un enorme tonel lleno de viel extremo daban de beber no tinto. que entero y de pie estaba colocado en el centro. liebres. y diestros cazadores vestidos a la usanza indígena organizaron una partida de caza que divertía á todo lo más granado de la nobleza que en los balcones gozaba de la extraña novedad de este espectáculo. como por enun espeso bosque donde se veían altos cedros. Dos á todo el pueblo. bía de En la puerta principal de la casa del marqués. canto. y otro de vino blanco en criados negros opuesto. Al salir la comitiva se disparó toda la artillería que se había sacado á la plazuela. que entrando al patio corto- taban en seguida grandes rebanadas de un ro asado. en La plaza mayor se convirtió. y al regresar se repitió la descarga.144 Juan Cliico de Molina. Este banquete se renovó cons- tantemente durante ocho días. Excusado es decir que el pueblo ocioso. cerróse completamente con altas cercas de césped. codornices y allí se pusieron venados. do asombrada á la multitud por el ])rillo y riqueza de sus armaduras y por su destreza en manejar las armas. encinas y otros árboles de la montaña.

Cuando se buscaba con titud. En medio de esta continua orgía so- lían aparecer tres bultos silenciosos envueltos en negros ferreruelos. mientras el pueblo comía sus trozos de toro asado. pues la situación entonces de la ciudad. y arrojaban con fus ojos. luminosos como los de las liienas. bulliciosa y elegante que rodeaba al marqués. favorecían toda clase de desvarios y de ilícitas alegrías. amenazantes miradas á la Juventud alegre. el juego y el amor. V La orgia y la conspiración Mientras el birse del verdadero pueblo se divierte sin apercimotivo de tanta bulla y de tanta fiesta. más empeño á estas tres sombras entre la muldesaparecían como si una hechicera inrepentinamente por los visible los arrebatara aires. El comedor era un salón que tenía má. la alegría. es necesario que entremos otra vez ál interior de la casa del Marqués y asis- tamos á uno de los espléndidos l)anqiietes en que se regalaba la nobleza. pasó una semana entre la borrachera.146' habían visto y que no se volverán á ver otra vez. que todo lo observaban y que de vez en cuando se descubrían.<? de 10 . los tablados y bosques artificiales y la holganza extraordinaria. un poco.

D. pero al entrar en la noche. Seguramente de Alonso de Martín. casi hasta el labrado artesón. platos y vasos de plata y oro como estaban colocados en los aparadores que cubrían la pared. con los techos formados con vigas labradas de oloroso cedro. cuando entró éste. Entraron al comedor en una de esas noches. D. echando una mi- rada á ta la espléndida mesa que estaba ya pueses invención — y aderezada. Martín y D. Fernando de Córdova y otra multitud de caballeros. Aun no se acababan de reunir y se saludaban y dábanse las manos. Luis y D. — dijo. exclamó D. D. rencia que su señor de la y no veían tampoco con indifehermano llegase á ser el rey y Nueva-España. Bernardino Pacheco de Bocanegra. D. Luis. . Lope de Sosa. D. todos amigos y partidarios del Marqués. y no sabemos completará esta festividad tan extraña. cómo — Por Dios.146 veinticinco varas de largo y siete de ancho. Diego Rodríguez Orozco. Hernán Gutiérrez. Lorenzo de Castilla. era necesario ponerse la mano en los ojos para no cegar con los reflejos de tantas vasijas. Avila. Extraña sorpresa. dijo D. que eran hombres por temperamento quietos. Tras de ellos fue- ron entrando sucesivamente D. D. Hernán Gutiérrez de Altamirano. pero que á la sazón tenían que seguir la corriente de los acontecimientos.

Este servicio de mesa.147 que esta vajilla con ser de tierra no es menos curiosa que la de plata. con excepción de una primorosa taza de oro que tenía la forma de una corona. Cada uno decía algo á propósito del servicio indígena. y que estaba intencionahnente colocada en el lugar preferente de la mesa en que debía sentarse el ^larqués del Valle. él nos manda la orden de que nos sentemos á la mesa. Por mi fé. y casi al iustiiute fué . El Marqués y sus amigos se pusieron á examinar la vajilla que por orden de Avila se había construido. que no sé lo que Avila tiene dispuesto. cuando se presentó un paje que habló al oído del Marqués y salió inmediatamente. el Deán Chico de Molina y otros más que habían entrado tomaron sus asientos y comenzaron á comer y á catar los ricos — — y exquisitos vinos españoles de que tan bien provistas estaban las bodegas del i)alaeio. que cada pieza era curiosidad digna de un museo. hecho por los indígenas mexicanos. Escuchóse el ruido del teponaxtle y de otros instrumentos indígenas. dijo el Marqués. caballeros. pero sea lo que fuere. Todos los Cíiballeros que hemos mencionado. y debemos obedecerle. había sido sustituido al de plata del Marqués que se hallaba distribuido en los aparadores. y era toda de barro tan primorosamente labrado.

y sus amigos el de los reyes y nobleza mexicana. se confesaron sus vasallos. —Al infierno tiérrez. Alonso de Avila desempeñaba el papel del emperador Azteca. unas coronas de laurel. valor. los comedor el emperador Moctezureyes de Texcoco y Tlacopan y mulal si titud de caciques nobles vestidos con tal pro- piedad. El vino circuló con profusión. los brindis comen- Acabada zaron y las conversaciones no tuvieron freno. que D. trabajo le habría costado reconocer á los españoles bajo el disfraz indígena. Hernando hubiese resuci- tado. El fingido Moctezuma puso en el cuello del Marqués un sartal de flores y de joyas de gran y los reyes colocaron en la cabeza del Marqués y de la Marquesa que se hallaba en una pieza inmediata.148 entrando ma. di- — jo Avila. y nosotros llenos de miedo por tres viejos estantiguas. con ellos. Días y semanas han transcurrido. y luego en coro toda aquella loca y alegre mascarada azteca dio un grito diciendo: ^^¡Oh. Saludaron al Marqués con la ceremonia in- dígena. No hay que perder un momento más. interrumpió Gu- . le reconocieron como á su único y legítimo soberano. qué bien ríasP ' les están las coronas á vuestras Seño- los esta ceremonia se incorporaron á convidados y se sentaron á comer.

recorrió los convidados. bajó los ojos y dijo á su compadre Castilla que estaba junto de él Es todo una chan: — za. la . el legítimo y futugrito de aproba- ro soberano de México. y un ción y de júbilo se escuchó en Marqués se el palacio. Veamos el plan. Alonso de Avila hizo sentar á los convidados. ha convenido en algún plan? —¿Por —interrogó Ñuño de Cha —Está definitivamente y voy á exse fijado. dijeron varios. El puso un poco encendido. una diversión de mis amigos. — — el un juego. Alonso de Avila uno á y luego volvió á sendiciendo: podemos hablar. todos somos se levantó. pero con la copa en la mano y brindando por Todos se levantaron. Los caballeros se pusieron en pie y llevaron la mano al puño de su espada. plicarlo en dos palabras. dijo Avila. sonrió. Luis de Castilla. porque van á ver perdidas sus riquezas con las nuevas leyes de España. . Silencio.146 —¿Todos uno á tarse los son de los nuestros? —preguntó D. los indígenas veneran la memoria del conquista- . y él en pie comenzó á hablar: de -^IjOS encomenderos todos están en nuestro favor. de Dios y y caiga la maldición excomunión de la Iglesia sobre que revele á los enemigos una sola palabra lo que aquí va á decirse. vez. la familia del jfin de Marqués.

y matándolos echaremos sus ca- . Aun no he concluido.150 dor y ría: aman al bleza adora al Marqués. oidores y visitadopie en nuestros cueel que vienen á poner ¡Viva la independencia. como para atacar á los del na- los y en medio de esta farsa caeremos sobre oidores. Cuando los oidores pasen por la esquina de esta casa donde está la torre. y lo mismo hicieron todos los demás. Se está construyendo un gran navio que se colocará en la plazuela como una de tantas cosas de la solemnidad de la toma de México. sacudamos el la tiranía y arroje- mos res llos. secundando el brindis con estrepitosos aplausos. viva marqués del Valle. nuestro señor!! Alonso bebió hasta la última gota del vino que tenía en un gran jarrón. Mar- — — tín descenderá vio. en que sale del palacio la procesión del Pendón. pero ese navio estará como el caballo de Troya. Todo está fijado para el día de San Hipólito mártir. á todos esos virreyes. ¿por qué hemos de sufrir por más tiempo el yugo y la dependencia de España? Hagámonos señores de la tierra que nuestros padres conquistaron con su sangre. D. la juventud y la noque es el modelo de la caballe- conque si contales cosas contamos. preñado de soldados y también meteremos unas cuantas piezas de artillería. gritó Alonso de Avila así que se hubo restablecido el silencio. dictemos leyes para nuestra felicidad.

pecto de incendio. Luis y á D. Una campana- da del templo mayor avisará k los hombres de armas que tendremos en la calle y se encargarán de dar muerte á D. I^ palabra miedo pronunciada entre hi- dalgos españoles hizo cambiar la escena. ya ardorosas por el li- —¿Tendremos miedo?— preguntó fieramente Alonso de Avila encarándose con los con- vidados. Espinosa.151 dáveres al canal 6 á la plaza. Realmente hacían bien. ¿Qué podían hacer tres viejos hu- rones metidos en sus casas y retirados del centro de la ciudad? El Deán Chico de Molina se levantó. bebieron y brindaron de la manera más terrible. á los oficiales reales y á to- das las personas que se opongan á la rebelión. el único poder el armado en México era Marqués. y pidiendo la atención y el silencio. Una capa encarnada que moverá en la azotea del palacio el Lie. de sangre y de asesinatos había hecho pasar alguna cosa como un viento frío en sus frentes cor. To- dos llenaron sus vasos. tomó solem- nemente la taza de oro y la puso en la cabe- . Los convidados quedaron nmdos. será la señal pa- ra el toque de las campanas. y á ese mismo tiempo las pondrá fuego al archivo y á todas oficinas para que no quede ni el nombre se el pros- del rey de Castilla. Fran-cisco de Velasco.

chanzas todas. que eran unas bolas de barro rellenas de harina ó ceniza. se deslizaban de vez en cuando unas figuras negras y misteriosas que desaparecían apenas alguno fijaba en ellas sus ojos. Castilla. El entusiasmo no tuvo límites. De en medio de este torbellino de borra- chos alegres y de atrevidos conspiradores. Luis de y bebió también. de Castilla. . dijo dirigiéndose de nuevo á su za de la cabeza. diciéndole: ¡Qué bien que está le á la cabeza de vuestra Señorial el Marqués compadre D. Luis y quitándose modestamente la ta- — Chanzas. y sin saber por qué. y los caballeros que tenían sus escuderos y sus corceles en los patios. los brindis siguieron hasta la media noche. pero al fin se levantaron los manteles. un ligero calosfrío. observó algo de esto una ocasión. la llenó de vino y bebió. El Marqués sintió. —A las chanzas pesadas. montaron á caballo y formaron una ri- ca y costosa Encamisada recorriendo y alborotando la ciudad con hachas encendidas y combatiendo y tirándose con alcanAas.152 za del Marqués. dijo D.

hemos dola. bosque desapareció de la plaza. Don Pedro de Villalobos y Don Jerónimo de Orozco. Los conspiradores se reunían de el del noche en la casa de Alonso de Avila. Su her- mano te Gil González apenas había esto.153 VI Los Oidores Terminadas las espléndidas fiestas del bau- tismo de los dos gemelos. Ceynos arrugando las alguacil que estaba en cejas. que era un departamento oscuro y sombrío del palacio. Reuniéronse un día en la Audiencia. tomado par- en todo co la mayor parte del tiempo cuidando y permanecía fuera de Méxiuna lo sabían. Los únicos que todo que todo lo observaban. y la casa Marqués era únicamente visitada por sus hermanos y por uno que otro caballero de su intimidad. la ciudad volvió á su estado aparente de quietud y monotonía. . —Todos los fieles vasallos de S. donde después se construyó tor al el — Supongo que todo lo sabéis. eran los oidores. que eran en ese tiempo el doctor Don Francisco de Ceynos. mercado y la Universidad. dijo el doc- despidiendo la puerta y cerránM. encomienda. cuyas ventanas daban á los sucios albañales que liabía.

Aquí tenemos también la denuncia de Velasco y de Villanueva. y si tenéis valor. —Es mismo que yo había pensado. fe en la y amor á nuestro soberano. — zá lo hemos oído á esos insolentes borrachos que se regalaban en casa del Marqués. no se necesita más sino que juguemos la partida. un día ú otro seremos asesinados. nen las armas y la fuerza. lo haré como lo digo. Nosotros lo sabemos también todo. pero repetimos. Domingo de la Anunciación me reveló la confesión de Fortún del Portillo. —Voy á . -^— otros realmente mismos indios de su parte? Nossomos impotentes y estamos ahorcarlos á No hay más remedio que lo todos. lo he dispuesto y salva la opinión de vuestras señorías. todavía más. y así. cuando ellos tiey á los encomen- deros y á los odiados. Bien sé que se corre riesgo. i)ero ¿cómo hacer. pero también es nuestra única salvación. diel jo Orozco. que era nada menos que el encargado de asesinarnos.154 presenciado escándalo de los desleales y traidores que quieren alzarse con la tierra. interrumpió Villalobos. Desde que el reverendo Fr. contestó el doctor Ceynos. porque de lo contrario. ¿cómo hacerlo? justicia decirlo. he seguido los pasos del Marqués y de los Avilas. y hoy puedo decir todo lo que está preparado para el día de San Hipólito mártir. qui.

— Poca. la suerte de nuestro presidenplie- dijeron los dos oidores. —Pues no hay más camino sino llamar dole que el al Marqués hoy mismo Rey manda que á la Audiencia. la obra.165 —Seguiremos te. degollaremos en seguida. lo los demás. —Lo sabemos. tenj- Un atento recado al marqués del Valle hi- zo que éste. le prenderemos. y sus criados basVi- —¿Tenéis gente dispuesta?—preguntó llalol)os. artille- de la casa del Marques. respondió Vi- y no hay que pensarlo mucho. todos deben reducirse á un mismo día y una misma hora. ó ajeno de la celada que se le . de ría lo contrario somos perdidos: uno solo que quede. sorprendidos de tanta audacia. de los Bocanegras y del Marqués: no nos faltarán. cony además cuidan del lance ene- migos personales de los Avilas. pero decidida y bien pagada. — Los dos oidores —Y sión en le se levantaron de su silla. diciénciertos pliegos se abran en su presencia. Una vez que esté aquí. —Ha llegado un navio á Veracruz con gos de España. — Entonces manos á llalobos. sacará la tarán para arrollarnos. mismo pri- que á todos Aquí á tenéis la lista de los conjurados. alborotará la ciudad. testó Ceynos.

156 día. mientras otro de los oidores con la gente mandó ocupar las puertas armada. sólo el doctor Ceynos clavó una mi- rada los soldados en el Marqués. M. ó demasiado confiado. diciéndole: al Mandad lo que deba hacerse. fija y fiera y pálido como la muerte. si escapaba con vi- . replicó Ceynos. Fué la promesa que hizo. acudiera inmese presentó diatamente. ni los ha habido en mi li- — — . que de antemano había preparado Ceynos. le ofrecie- mucha cortesía un asiento. Un momento. El doctor Ceynos se volvió resueltamente Marqués. Por traidor á S. Villalobos se dirigió al presidente. y le dijo con voz amenazadora: — "Daos preso por el Rey. Retiróse á un rincón de la pieza y murmuró algunas palabras como una plegaria. entregó sus armas. dijo. é hizo seña á que se acercasen. interrumpió el marqués ciego ¡Mentís! de ira y echando mano á su estoque. yo no soy traidor al Rey. y estoy á vuestras órdenes. Villalobos y Orozco se sobrecogieron creyendo que había llegado el último trance de su vida." ¿Por qué tengo de ser preso? — — contestó D. Luego que ron con en la sala. El Marqués reflexionó. — — naje. envainó el estoque. Martín levantándose de su asiento y mi- rando á las puertas.

con gorra de terciopelo con una pluma negra. Martín y D. á las siete de una oscura y lúgubre noche.167 comer á un número de presos ese mismo día de cada año. ajeno á la conspiración. con una enorme . A la misma hora fueron aprehendidos D. El Marqués fué llevado á una pieza que en el palacio estaba da. una comitiva fúnel^re se dirigía á la plaza mayor. Eran seguidos de muchos guardias ar- mados y de y el alguaciles con teas encendidas. ^Uonso de Avila iba montado en una muía con unos grillos en las manos. tal. VII Los Degollados El 3 de agosto de 1566. que fué reduuna estrecha prisión en la Torre del Arzobispado. el No escapó. verdugo. víspera de Santo Domingo. enmascarado. iba vestido de pardo y montado en otra muía. y una ropa 6 turca de damasco pardo. ni por su carácter sacerdo- cido á Deán Chico de Molina. como hemos di- cho. de dar de dispuesta de antemano por Ceynos. y una gruesa cadena de oro en el cuello. Su hermano Gil González. estaba vestido de negro. Luis Cortés y todos los convidados alegres á quienes hemos conocido en el magnífico corhedor de las casas del Empedradillo.

168 hacha en el hombro. precedía muy de cerca á los presos. quedando aquel paño fúnebre humedecido con la sangre de los dos alegres y bravos convi- labras que revelaban la dados del marqués del Valle. la población entera. á la iglesia de San Agustín. á la luz de un opaco cirio. aguardaban mudos y sombríos el desenlace y alderredor del terrible drama. lo custodiaba la gente de la Audiencia. los Ayudados por sus confeAvila subieron al tablado. la que zumbando trozó la cabeza del apuesto y gallardo Joven. y las calo alto bezas amanecieron al siguiente día clavadas en unas picas en la Diputación. de los torreones de Manuel Payno. Junto á las casas de cabildo estaba un tablado cubierto de paño negro. Los cuerpos mutilados se llevaron por un sacerdote y dos hombres. Alonso conspiración. amigos y enemigos confundidos en la dudosa sombra. . sores. y alumbrado con la trémula y escasa luz de algunas hachas. y las últimas oraciones no terminaban cuando el verdugo levantó en el aire su terrible hacha. con pa- confesó allí ser cierta la proximidad de la muerte. y lo mismo pasó con el inocente Gil González.

era un acontecimiento. Las noticias no se circulal)an en todo el vasto territorio por telégrafo. — Mttñoz. que era único por donde se comercio en la Nueva-España. como hoj. La Flota En alguno de dicho que hacía el los artículos anteriores al hemos puerto la entrada de un barco el de Veracruz. pero sí por medio de correos indígenas que atravesa- ban en pocíis horas distancias prodigiosas.SON MARTIN CORTES Mandaré decapitar A todos los sospechosos. de manera que podemos considerarlos como los telégrafos humanos. Con suplicios espantosos Haré' á Mc'ocico temblar. Rodríguez Galván. y difícilmente en cualquiera otro país del mundo las comunicacio- nes han de haber sido tan rápidas y tan se- . llenaba de júbilo á los habitantes. La llegada de las flotas que comenzaron n venir con regularidad desde 1561.

fué mayor para en la época á que vamos á refela generalidad de los . el Corregidor.160 el tiempo de los Reyes Aztecas. En México. todo se hacía con más pompa y solemnidad. La alegría. el Ayuntamiento el se reunía en cabil- cura aseaba y llenaba de gallardetes y de cirios la Iglesia. temblaban á la llegada de cada Flota. ya de las aventuras que habían corrido los barcos en una tan larga y peligrosa navegación. Subdelegado ó justicia mayor del pueblo. se vestía con todo el lujo posible. ya de las mercancías que tenían que recibir. en vez de alegrarse. Se cantaba una misa so- do pleno. por supuesto. y los comerciantes y labradores salían llenos de júbilo de su casa y se reunían en la plaza á referirse mutuamente las noticias que sabían. que algunas personas. lemne. porque las provisiones de la corte no siempre eran conformes con los deseos de los que aquí gobernaban. El día era de holgorio y de completa alegría. rirnos. que tenían sistemado de una manera notable el servicio de los correos. ya de la salud de los Reyes. las campanas se repicaban á todo vue- y los viejos vinos de España circulaban con profusión entre los buenos y honrados mercaderes. aunlo. Luego que á todo escape llegaba el correo á las poblaciones con la noticia de que la Flota había llegado con toda seguridad á Vera- guras como en México desde cruz.

liabían dado degollar á los heiinanos Avila. se disfrazaron de mercaderes. Los amigos del Marqués que veían su vida en peligro no economizaban ningún medio para salvarlo. Inmediatamente fletaron una embarcación pequeña. que visto en la narración anterior. que era nada menos que Don Gastón de Peralta. dos jóvenes amigos del Marqués y de los Avila se hallaban en Veracruz. y exquisitos llenas de los máfi valiosos efectos. nombrado virrey de la Nueva España. otros se á Veracruz con habían secretamente dirigídoel fin de trasladarse á Es- paña. Al tiempo que la Flota llegó. así que mientras unos trabajaban en México para proporcionarle la fuga ó embrollar la causa. mar- qués de Falces. se anunció que el muy noble y bravo general Don Pedro de las Roelas había Uegaíjo á Veracruz con la Capitana. aunque al mismo tiemcomo hemos man- po inspiró el más grande sobresalto á la au- diencia y á sus partidarios. Un día. En la Capitana venía un alto personaje.habitantes de México. y con pretexto de navegar para 11 . por artero y peligroso que fuese. diversos barcos de guerra y muchas naves mercantes. y tenían reducidos á prisión y encausados al marqués del Valle y á la mayor parte de los nobles y caballeros ricos é influentes de la ciudad. y cuando menos se esperaba.

nosotros somos mercaderes que hacemos viajes á Yucatán. pero hemos visto caer las — cabezas de los Avila y sabemos todo esto. han ultrajado á la mitad de han degollado á los Avila. y van á degollar á los Bocay van á degollar á Castilla. van á degollar á toda Nueva España. van á degollar al noble marnegras. y van á degollar al Deán Chico de Molina. Su señoría hará bien de no salir de la Capitana. pasadas y saludos de costumbre. pero ¿es cierto? ¿ó tratáis de burlaros del Virrey? ¡Dios nos defienda! dijeron los dos muchachos. darlas muy buenas. antes á la Capitana. por el ces. que eran los jóvenes más apuestos y más queridos de México. dijo quitándose con sencillez y ressombrero. porque es muy posible que también los oido- res quisieran . qués del Valle. — No el uno de peto ta. La tierra toda anda revuel- podemos ellos y los oidores la nobleza. y van á degollará los Sotelos. y van á degollar á doce padres de San Francisco y á dos de Santo Domingo.162 Campeche. interrumpió la el Marqués. mar y abordaron logrando ser recibidos general Roelas y por el marqués de False dieron á la —¿Qué preguntó noticias el me dais del las Reino?—les ceremonias Marqués. y van —Esos monstruos. y no nos atañen ninguna de estas cosas.

y buen viento de popa. vil canalla. contestó atrevido de los la palabra. ¿no el es ver- dad? —interrumpió el Marqués retrocediendo un el —Salvo más ba beza. á mí también. vehiticuatro alabarderos y de ji- doce de sus sirvientes armados de huizas . y en el chos dicen la verdad. Al cabo de seis días se llegó sino de. parecer de su señoría. muchachos que agachó humildemente y las Roelas. muchachos. y los despidió. será mejor que permanezcáis á bordo hasta recibir mejores —Id con Dios. acompañado netas. decidió á i)onerso en camino para México. les dijo el marino. y firmaban guardal)a el las noticias funestas del estado que conque Reino. — Degollarme paso. El marqués de Falces se quedó efectivaallí recibió cartas mente á bordo. dio ima patada en la cámara y echó uno de esos juramentos españoles que hacen estremecer una torre. adonde no después de un mes. que esos oidores son una fondo quizá estos muchaiioticiíis.163 . y volviéndose al Marqués. — Creo. le dijo. llevala ca- Don Pedro de que había escu- chado en silencio toda la conversación.

inmediatamencomenzó á conocer en todas las causas pendientes. tenían la artillería abocada contra las acciones la ciudad. de que los hacía más crueles. las violencias franco. asus- Cuando tados con su propia obra. á los simpáticos jóvenes á quienes degollaron. de México. El proceso del marqués del Valle se seguía por los oidores con actividad. y la policía vigilaba hasta de los muchachos que andaban Todas las noches temían que estallase una nueva conspiración y que ellos corrieran la misma suerte que habían deparado en la calle. y sobre todo respetaba la memoria del conquistador y estaba dispuesto á perdonar cualquier tes falta que sus descendien- hubiesen cometido. Don Gastón de tercer virrey marqués de )' Falces. los oidores. enemigo de de las persecuciones.164 II De LO VIVO Á LO PINTADO Peralta. pero el miedo. calmó la cólera de la nobleza y volvió á los ánimos retirar te la artillería Don Gastón mandó y las guardias. tercios armados re- corrían los barrios. era hombre generoso. el Virrey la negó. los moradores su perdida tranquilidad. llegó á México. los inclinaba á sen- . el Fiscal Céspedes de Cárdenas pidió la confiscación de los bienes.

conmovido. sacadle de ella y traedle Marqués con esta oró. esos bres están sedientos de sangre. los ojos en un femarqués del Valle. el mejor de los hijos de mi noble y valiente padre. informe del estado de no acabó de comer. mi presencia. á no haberlo impedido tan oportunamente noble Don hom- — Es verdad. el más inocente. Han conde- Don Luis el Cortés. — Guardad. cumplidos.165 tenciarle á muerte. Cosa de las ocho de la no- che llamó á su secretario Gordián Caeasano. mesa. Marqués. Don Gastón recibió. ¿Sabéis condenarán á muerte? el — Me habrían ya Gastón. degollado. El marqués del Valle. Vuestra cabeza me responde de todo. Marqués exaltado. al sentarse á la las causas. y tratemos ahora de concluir que los oidores os tivamente todos estos enojosos procesos. nado á muerte á es verdad. podía ser degollado frente de la Diputación. Marqués. la le dijo casa olvidará lo que os debe. para otra ocasión esos contestó el Virrey tendiéndole defini- mano. en el mismo patíbulo que los Avila. Era el —Don Gastón. ¡Pero eso no es posible! — ¡Villanos! — dijo . el hijo más querido de Cortés. sino que se retiró silencioso y pensativo á su cuarto. — Id á la prisión del den. jamás mi El secretario volvió antes de una hora con un hombre embozado hasta rreruelo negro.

Os salvaré el — Don Gastón. Don Gastón tocó la campanilla y el secrecaballero. — Iréis á casa de los oidores y los traeréis al palacio. partiréis para Espade Juan de Velasco. interrumpió marqués del os explicaré — Nada tenéis que explicarme traidores los ha habido en vuestro linaje. . tario entró. vos lo habéis tampoco quiero obligaros. diciéndoles que el servicio (ie S.166 al sonrió tristemente y contestó Marqués: Todo es posible en esta tierra y con estos hombres. los llama inmediatamente. buena pro os haga. y ni una palabra más. Escuchad. cuanto á vos. M. En ña en la os mata flota allá. No im- histórico de los españoles. llenos de odio y de rencor. ó porta. la Europa. Todo está dicho. Cumplo dicho éon mi conciencia y mi fe de hidalgo y de español. Si el Rey morid como cristiano y como que el Rey sabrá por qué mancha su manto con la sangre del que dio á Castilla el vasto reino de Nueva España: si os perdona. Tres viejos miserables. pero en revisión será condenado sólo á la conno fiscación y á servir á su costa diez años en Oran. me puede nombre costar la cuando menos Quiero salvar el el virreinato. Lo que voy á Don Gastón — hacer en este nTomento vida. no deben enviar al patíbulo á los hijos del capitán más grande que ha tenido Valle. Firmaré la sentencia de Don Luis.

en vez de estar encerrado en su prisión. — No podemos nos indicando al tratar ni hablar. y uno de vosotros le custodiará hasta ent negarle al comandante de la flota. La sentencia de muerte de Don Luis está firmada. pero serán decisivas. contestó tinuó: el Virrey secamente. y con- El marqués del Valle saldrá para España donde continuará su causa. y sin darles asiento. y quedará confirmada la confipcación de sus bienes. y hablará po- cas cosas.167 El secretario salió y el el marqués del Valle Virrey quedaron platicando familiar y y amistosamente de las cosas de la tierra y de las cosas de España.sorprendieron de encontrar al marqués del Valle en palacio. — dijo enca- rándose. ¿Lo entendéis? y vuestra . Ceynos. —Su señoría reñexionará. murmuró Ceynos — He reflexionado señor licenciado ya. mientras una per- sona que debía estar en la prisión se halla en Don Gastón tomó cia todo el aire resuelto é imperioso de quien tiene fijada en la concien- — una resolución irrevocable. El Virrey sí puede hablar. Los oidores llegaron y se . dijo Cey- Marqués. pero en revisión sólo tendrá la pena de servir diez años á su costa en Oran.

avi- sándome de todo esto por los primeros navios la próxima flota. Dadme la mano y prestad pleito-hovienaje ante mi secretario Gordián de Casasano y el caballero de Calatrava Don Pedro Bui. de México el día que yo os diga. os embarcaréis en la nao de Felipe Boquín. — Ni yo. vos saldréis —Marqués del Valle. protestamos que — El marqués del Valle. " Id con Dios. y dijo y una admirable firmeza: ras. continuó. y á los cincuenta días os presentaréis al consejo de Indias. iréis á San Lúcar de Barrameda ó á otro puerto de España. dijo el Vi- rrey. señores oidores. y que Dios os ayude y os guarde. Id con Dios! yo no — Señor Virrey. el coia una dignidad y oficios se entregan á caballe- ros con p/e¿to-/iomewaye. y sabed que con Marqués va . el el tercero. Señor Virrey. muchos par- camino y nos — Ni yo. interrumpió —Entonces yo me encargaré. de con- ducir á un preso semejante. el reo se fugará sin remedio. llamada la Esterlina. dijeron los oidores. dijo otro oidor. lleno de enojo quiso contestar al inicuo Ceynos. dijo Ceynos.168 cabeza responde de la seguridad del prisionero. Sus matarían. fortalezas — "Príncipes. tidarios nos atacarían en el me en- cargaré por todo el oro de las Indias. pero el noble Don gale- Gastón le contuvo. y ya veréis de qué manera.

mitió á España. decían también: "todos los sóida- . El Virrey siguió después ocupándose con afán de los asuntos de la colonia. fuesen robados y no llegasen al conocimiento de Felipe Todas las gentes. por medio del soborno. mü y otras muchas calumnias de esa especie. y decían comparándole con 'Esto sí que es au' diencia ' : de lo vivo á lo pintado. y particularmente de componer y embellecer el palacio.^ pero los oidores. al mismo tiempo que procuraron. cuando platicaban entre sí regocijándose del triunfo que iban á obtener en la corte. que tenía Iwmbrcs para alzarse con la tierra. las gentes decían. el Deán Chi- y dijo á su Marqués á bidos. pasaban de á Es- IjOS oidores furiosos escribieron cartas paña acusando los al Virrey de complicidad con treinta conjurados y diciendo. se deshacían en elogios al Virrey. la ciudad quedó tranquila. que los despachos que el mismo Virrey repor consiguiente II. El Virrey saludó con dignidad á los oidores secretario Gordián: acompañad al la casa y hacedle los honores de- •libertad al Los demás presos fueron puestos en día siguiente.169 también Don Luis su hermano y co de Molina. donde mandó pintar la batalla tal de San figu- Quintín. en la cual había ras número de que según treinta mü. al ver la mudanza que la se originó en el reino.

lo hacían parecer más bien un animal ser feroz que un humano. alto. Jara va murió afortunadamente durante la navegación. tó Don Gastón de Peralta. los hemos considerado como de carne y hueso en el informe que hemos dado dos que ha á España. de co- una boca de aceituna. Muñoz era hombre de más de 65 lor años. JEsto vo á lo sí es verdaderamente de lo vi- pintado. Eran tres fieras y no tres hombres.' 170 mandado pintar Don Gastón en el palacio. Alonso de se retiró á San Juan de Ulúa. sus facciones todas salientes y duras. acartonado. levan- una información y El Lie. ' III El Visitador Muñoz Felipe II. le removió virreinato y mandó de visitadores á los Licenciados Jara va. sorprendido de las bruscas disposiciones de la corte. Carrillo y Muñoz. de ojos torvos y hundidos. seco. todo. reve- laba su altanería. alarmado con las noticias que recibió de la Audiencia de México y con el si- lencio de del Don Gastón de Peralta. su crueldad y su orgullo. . y que le salían en desorden por toda la cara hasta cerca de los ojos. Carrillo y Muñoz llegaron á México repentina- mente. sus barbas gruesas co- mo las cerdas de un jabalí. de tosca y antipática. en fin.

y toda la hostilidad que los oidores hacían al buen marqués de Falces. quizá el alojamiento no ha sido digno de una tan grande persona. vive Dios! pero no tuvisteis valor para degollar al Marqués y á calaveras. llevó unas resmas de papel que contenían las causas que les ha- bían instruido á los conjurados con motivo del bautismo de los gemelos del Valle. sino á castigar á los traidores. degollasteis mancebos ¡Gran cosa. — Mil — perdones tenemos que pediros hule dijeron: mildemente. tosió estre- . nosotros degollamos —Ya á dos lo sé. se pre- sentó en la Audiencia. suB hermanos. —Señor —Ya xico. y esta noche temblará vengan acá esos papeles que Mé- con El secretario. ¿Qué habéis hecho para defender el trono de nuestro monarca Felipe y para atajar la cobardía ó quizá también la traición de ese Virrey débil? —Señor. se convirtió en bajeza y adulación tra- tándose de Muñoz. Yo no he venido aquí á alojarme bien 6 mal. veréis: llamáis procesos.171 Luego que descansó un par de días. sin poder andar de miedo. y la boca seca de manera que no pudo reslas diversas interpela- ponder una palabra á escrito ciones de INIuñoz. marqués del Muñoz caló unas grandes gafas.

dijo Muñoz después de cerrar los legajos con una especie cólera. la confiscación . dijo Muñoz. no acabarán nunca. hizo recorrer los estoques y armas contra su acerada cota de malla interior. fiscal Sande entró. — —Vuestra señoría Muñoz — Mu- tendrá la paciencia de hora. enredadas con tantas declaraciones y alegatos. —Se decreta. las nocer que á todo estaba prevenido. y leerá. señor fiscal.172 pitosamente hasta hacer estremecer la sala. infamia. mucho cui- Todos guardaron silencio. y tengan vuestra señoría y vosotros. entre el fiscal Sande. y comenDurante una hora ni —Que de El moscas turbaron el silencio. presentó á en una especie de somnolencia. sus ojos brilla- ron como los de una hiena en la noche. traición. Cuando Sande que había Muñoz lo escrito. eso es lo —Cobardía. y nosotros tenemos de acabarlas. y el fiscal San- de se sentó y se puso á escribir. Las causas. señores oidores. Muñoz abrió su gran boca. bajó la cabeza y quedó sumergido acabó. Sande? le preguntó ñoz. dado con vuestras cabezas. pues creo esperar un cuarto de haber adivinado su intento. ¿Qué escribís. j^ara dar á cozó á hojear las causas. que saco en limpio de estos papeles.

de Luis Ponce de León. de Francisco Pacheco. de Ñuño Chávez. de Hernando Bazán. Serán estrechas. de Pacheco Bocanegra. siglos. de Antonio Carvajal y de Gómez de Cáceres. Todo estos quedarán reducidos á una estre- cha prisión. —Entonces. de Diego Rodríguez. le dijo el fiscal. de Hernando de Córdova. sin dilación. incómodas. los justicias. de Don Martín su hermano. es menester cons- truir todas las prisiones que sean necesarias. y sin quitarse la gorra ni saludar. apenas habrá para veinte. por . En la noche. porque debemos estar entendidos que no se trata de regalar á los traidores á su Rey. de Arias Sotelo. salió de la Audiencia. de los calabozos de Muñoz. por las huertas. y se colocarán en los lugares más malsanos. Muñoz se levantó. recorrieron la ciudad asaltaron por las azoteas. ¿Me entendéis? Quiero que tengan fama en y que dos de dentro todos se acuerden en México. Volved — la hoja. de Agustín de Soto Mayor. desde las doce hasta la madrugada.173 de bienes del marqués del Valle. la historia. después de los en prisión. Muñoz tario volvió la hoja y preguntó al secrecárceles bastantes para de la Audiencia: — de doscientas personas? —Con perdón de su ¿Tendremos que se hallan más señoría.

entre tanto. y la pasaron en angustias. al caer la tarfueron ahorcados Góní^z de Victoria y Cristóbal de Oñate. aturdidos. y la consterna- ción y el llanto se veían en todos los semblantes. no acertaban ni en las respuestas ni en la manera de defenderse. y arrancaron de su lecho y de los brazos de sus esposas á las víctimas. y los presos. las familias Esa noche ninguna de de los presos durmió. de.174 los "corrales. Nadie se atrevía á hablar. aterrorizado . En guientes semanas este hombre feroz se ence- rró en su habitación sin dejarse hablar ni ver más que por sus secuaces. Muñoz dueño y las si- el arbitro de la ciudad de México. los papeles. llorando y encendiendo cirios á los santos para que libertasen de la muerte á sus deudos. y todos tem- blaban cuando veían pasar á satélites del visitador los siniestros de México. *** Una con les vez infundí do el espanto y las el pavor este golpe que hirió á más fué el principa- y nobles familias. secuestrando la ropa. El Ayuntamiento. la plata labrada. Las causas caminaban con esj)antosa rapidez. El día 8 de enero de 1568. los caballos y carruajes. todas las casas designadas. Amaneció el día siguiente.

Dos nobles ricos y principales caballeros. Carrillo firmaba todo lo que Muñoz dese cretaba. Antonio Ruíz de Castañeda y García de Albornoz. En cada esquina el pregonero se detenía y gritaba con toda la fuerza de sus pulmones: 'Esta es la justicia que manda ha' "cer S. M. fueron sacados violentamente. beza. de noche. Baltazar de Sotelo. El día 9 recorrió las calles una fúnebre procesión." el Llevados de este el modo hasta es- centro de la plaza píiblica (donde hoy tán los jardines). Juan Valdivieso.175 y temiendo ser ahorcado en cuerpo y solemnemente. Pero GóCáceres. atados de pies y manos. los oidores y los demás satélites del tiraJa se les exigieron gruesas A no. Don Baltazar y Don Pedro de Quesada. La consternación y rabia. Carrillo. verdugo les cortó la ca- mez de Diego Arias. que á título de sueldos se repartían Muñoz. aparecían custodiados por numerosos y feroces esbirros. y conducidos á Veracruz para ser embarcados para España. mayor parte de los ricos sumas de dinero. mán"danle degollar por ello. quien tal hace que "tal pague. á este hombre. dispuso alegres festividades para celebrar la llegada del visitador y la justicia que hacía en nombre del Rey. en sendas muías. el miedo Aseguran las tradiciones cambió en que una bue- . por traidor.

en las maneras de la mujer más bella y más célebre que pueda registrar la historia. fiel y amante con su hermano. Hijo de la hermosa Marina y del conquistador D. Muñoz quería vengarse en el hermano. Hernando. a Carrillo y a los oidores. y á libertarse á toda costa de la más horrenda y sangrienta tiranía.176 na parte de la gente principal se reunía en un barrio que se llamó por esto de los Rebeldes. por un error de la naturaleza no había heredado ni la fortaleza y brío personal de su padre. había seguido pasivamente todas las aventuras que ya hemos referido. pero sí la melancolía y la dulzura de la raza indígena. condescendiente por carácter. IV El tormento Martín Cortés. actor principal después de su hermano en este sangriento drama. en la fisonomía. conspiraban. enfer- mizo. resueltos á matar á Muñoz. extenuado. resignado como un hidalgo á sufrir heroicamente todas las consecuencias. Ya que el Marqués había escapado. era el mejor y más amable de los hombres. Mientras que pasaban en la plaza mayor . Débil. representada en los ojos. y en unas casas en ruina que había (donde hoy es la imprenta de Don Ignacio Cumplido).

le amarraron con muslos y espinillas. res de los pies. pero digno y firme. en el in- de las casas reales tenía lugar uno de esos actos bárbaros inventados por los hom- bres en nombre de la justicia.177 las ejecuciones terior que hemos referido. miraba fieramente á sus verdugos. fué llevado á la pieza destinada para el tormento en el palaque era húmeda y sombría. que era un tosco calíallete de madera con unos agujeros por donde pasaban las cuerdas y unos tornos para apretarlas. Don Martín sufrir el Cortés había sido condenado á la tormento ck la y los españoles vicios que agua y de los cordeles. y todo este aparato era terri- blemente apretado por el torni(iuetí' hasta punto que las cuerdas se le entraban en 12 el la . Le amarraron ambos brazos con un cordel que apretaron gradualmente para arrancarle una declaración. A medad que halúa cio. Juan Navarro y Pedro Baca y le le desnudaron colocaron en el potro del tormento. pues recibía una escasa luz por una alta ventana guarne- cida con gruesas barras de hierro. No habiendo dicho y le seis cordeles los brazos." Don Martín. pagaban así en el hijo los sermadre había prestado en la obra laboriosa y difícil de la conquista. pesar de una reciente y dolorosa enferpadecido. colocaron otros dos en los dedos pulga- nada. silencioso.

lastimándole la boca que pretendía cerrar á pesar de tener una trabilla que se lo impedía. Don Martín estuvo á punto de ahogarse. En co y rales. y nada desgraciado. — dijeron verdugos. á pesar é de su debilidad. tengo que añadir. hizo. y nada contestó. esto entraron Don Francisco de Velas- Don Antonio Mopues siendo Don Martín caballero del hábito de Santiago.178 carne y los dedos de los pies estaban á punto de arrancársele. Don Martín volvió una — la vista y amenazó con mirada á Muñoz y al Obispo. —Confesad. gritó Muñoz. conforme á los estatutos de la Orden debían asistir dos caballeros al el obispo de la Puebla suplicio. le echaron el cuarto jarro de agua. —He dicho verdad en causa. porque Don Martín se aho- terrible — gaba. Muñoz dispuso que se echase otro jarro de agua. Don Martín el volvió indignado la vista hacia Obispo. Entonces Muñoz. un esfuerzo pa- ra romper las ligaduras que le le martirizaban. Con esfuerzo. de agua. Muñoz ordenó otro jarro de agua. Nada dijo tampoco Don Martín. le mandó que se echase un jarro de agua. Otro jarro de agua. que desde la puerta vigi- laba la ejecución del tormento. — Muñoz. — —Otro le los la la dijo el jarro gritó .

el verdugo. pe- Don Martín moría. y lleno de despecho y de tristeza por el ultraje que había recibido. y la tierra se hubiera perdido desde entonces para España. creyéndolo muerto. oidores que había dispuesto y man- dado á Castilla el visitador \'aklerrama.'' El paciente cerró los ojos. Algunos días después Don Martín fué condenado á destierro perpetuo de todas las Indias. jarro. ro el infeliz — Puede morir. y los verdugos. y enfenno y maltratado. y Sacratísimo nombre de Dios que se duelan de mi. La justicia del Rey La tiranía de desde que Muñoz no coiioció ya límites empuñó definitivamente las rien- das del gobierno. se embarcó para la Península. Otro jarro fué administrado en efecto. vi- . donde murió á poco tiempo á consecuencia de sus martirios y pesares.179 —replicó Muñoz. que no diré más de aquí que me muera. suspendieron el tormento y le condujeron en ese estado á su prisión. sii el Rey. y con voz des- fallecida exclamó: por el ^^Ya he dicho la verdad. aunque muera. escuchando las muchas y justas (piejas de sus vasallos de México. observó otro —Otro y jarro. Los licenciados ^'iUanueva y Vasco de Puga. no liubiose puesto un remedio.

comisión de notificar á Muñoz la cédula de M. Villanueva y Vasco de Puga tuvieron que apechugar con todo el lance. para darse más importancia y pa- un acto de hipócrita devohabía retirado á pasar la Semana Santa al convento de Santo Domingo. Allí asis- tía á los oficios y ceremonias. Muñoz. un sitial y un cojín. se llenaron de tal espanto. con sus cartas y provisiones que mostraron únicamente á la Audiencia. poderosos é influentes entonces. que nin- guno quiso aceptar la S. todo re- camado de oro. Puga y Villanueva tuvieron. que muchas veces pasaban tres ó cuatro hojas del misal en vez de una. Muñoz atrave- saba con una estudiada gravedad los corredores del convento.180 nieron comisionados y con amplias facultades para remediar todos los malos que á causa del gobierno de Muñoz aquejaban á la Nue- va España. pero los oidores estaban ya tan aterrorizados. Acabados los oficios. se con un dosel de terciopelo carmesí. y en la iglesia había mandado poner un alto tablado ra hacer alarde de ción. rodeado de una frai- compañía de alabarderos. Los mismos les. El Martes Santo entraron secretamente á la ciudad. y cantaban los salmos de una manera extraña. y se encerraba en su celda á pensar á quiénes robaría los bienes y á quién encerraría en sus inmundos calabozos. como quien .

muy de mañana. por más instancias que le hicieron. Puga y Villanueva se descubrieron. . y no contestar. acompañados del secretario Sancho López do Agurto dice. tuvieron que esperar más de una hora hasta que otro paje se resolvió. contestó Muñoz y sin darles asiento ni quitarse la gorra. Muñoz despidió paje con una torva mirada. Encontráronse con paje del ser- pero rehusó formalmente despertar á Muñoz. de uno de esos que hoy nos quedan alpuesta y las pier- gunas muestras. Esta. y como se acostumbraba. y entonces Muñoz hizo entrar á su dormitorio á los tí licenciados.ba sentado en sillones antiguos. que echarse el y del vicio. la salud no es buena. avisó á su amo que unos caballeros con negocios de besarle la mucha importancia pretendían al mano. pero sería mejor si gente atrevida é importuna uo viniese desde la madrugada de Dios á turbar el sueño y el descanso en días tan santos y tan soleunies. así. con la gorra nas negligentemente tendidas sobre unos cojines de terciopelo galoneados de oro. — La noche fué mala. audaz dignó se se vistió Pasó otra media hora. se presentaron el en el convento. como quien va á cometer un crimen. y de puntillas y vacilando. preguntaron por su salud. y el Miércoles Santo. saludaron cortesmente.181 alma á las espaldas. alguacil mayor.

á — queriendo ganar un poco de tiempo. le dijo Villanueva. que era el más hicieron resuelto. leed esta cédula y noti- ficadla al licenciado Muñoz. seguidos de su alguacil. á la mitad de la cédula. se acercó al visitador. los oficios.182 Estas palabras encendieron la cólera de los oidores. volviez'on la espalda á Muñoz. Muñoz. Puga. y sin saludarle salieron de la celda. Villanueva. perdió el color. Agurto. tan humi- llado. y comen- zó á leer. y temiendo . y Villanueva. sacó del seno la provisión real. están sonando las ocho en el reloj del convento. tan cobarde. sobrecogido de miedo. tomó papel. y dijo con firmeza: — Señor el secretario. desviando con el pie los cojines que le estorbaban. que se cubrieron al instante la cabe- Muñoz quería levantarse á reprenderles le sin duda. za. — Dentro de horas. altanero y cruel. alentado y colérico también. Muñoz se quitó la gorra. A los primeros renglones. á los segundos. el hombre estaba tan abatido. recogió sus pier- nas y se puso en una postura decente. Agurto. pero con la una señal imperiosa mano. y — ¡Dentro de horas! Asistiré tres repitió dijo tres tres gritóle los tres. al fin de ella. cuanto antes había sido soberbio. — Dentro de horas. —Señor Dentro de tres horas saldréis de la ciudad. murmuró Muñoz. Muñoz.

recogió oro que pudo. El visitador se había marchado. vesar —Un caballero y un hidalgo no puede de Falces con una palabra. Si mis palabras os mortifican. — con un asesino y con un hombre el vil. que estiiba. y ropas y muebles en desorden. llegando á España. Una sola vez trató de saludarle y de trabar conversación sin embargo de las esperanzas que teatra- nía de que su conducta fuera aprobada. Don Gastón de Muñoz Muñoz con él. acompañado solo de Carri- que era su favorito. la ciudad se llenfi gentes salían de sus casas como de júbilo. sin cus- todia ninguna y llo. —dijo dignidad. oHo-*! Cuando los reverendos padres entraron á la celda á ofrecerle sus servicios y oraciones. tuvo que hacer junto con Peralta. de daros razón . y difundida la noticia en un momento. *** marqués de Falces. y disfrazado. por falta de un buque. papeles rotos.188 que el los oidores le mandaran degollar. y las si se hubie- sen repetido las espléndidas fiestas del Marqués. antes de que sonaran las once en el reloj. detenido en Veracruz. abandonó por la puerta excusada el convento de Santo Domingo. á pie. y tomó el camino de Veracruz. el viaje de mar. encontraron la cama deshecha. os haré la merced.

solicitaron audiencon la cia del Rey. Muñoz comenzó á méritos. sentado en un jilla con una mano en la me- fisonomía descompuesta y hundida. parecía la de un cadáver que después de una y la semana se hubiese sacado de la tumba. tua. vacilante y como ebrio. se retiró á otro aposento. hacer la relación de sus servicios y de sus Felipe se levantó entonces. Al día siguiente. á poco petrificado como una estapudo moverse. le miró fijamente. y salió de los aposentos reales. Muñoz devoró el insultó. los pajes que entraron á servirle el desayuno le encontraron muerto. y apenas acertó á cerrar la puerta para Muñoz quedó que nadie le viese. pensando vengarse más adelante. sino á gobernar. Así se cumplió la justicia de Dios y del Rey. Cuando llegó su turno á Muñoz. Felipe II estaba sentado. . Manuel Payno. y le dijo con enfado: las No os envié á Indias ci destruir. se escucharon con benevolencia sus explicaciones y se retiró á su casa contento y satisfecho. sillón. Una vez que llegaron. ni alzó siquiera la vista para mirarle. y vol- viéndole las espaldas. Falces fué muy bien recibido. y ni lo saludó.184 punta de mi espada. Con dificultad llegó á su casa.

y se hacía notable por la blancura de su cutis y por su hermosa cabellera.PEDRO DE AL VARAD O El Comendador la alegre turba de jóvenes aventureque llegaban de España á las ricas islas del mundo de Colón. fornido. Pero aquel sayo había servido mucho tiempo á aquel tío. Al llegar Alvarado á la América. y había nacido en Ba- Entre ros dajoz. Alto. único regalo quizá de un su tío. caballero de la Orden de Santiago. Este joven se llamaba Pedro de Alvarado. y aquel tío había llevado en . tan rubia como la que los poetas le atribuían al mismo Apolo. ostenta- ba orgullosamente un viejo sayo. parecía destina- do por su naturaleza á la guerra. Contaría este mancebo cuando más veinticinco años de edad. esbelto. se distinguía en el año de 1510 uno á quien sus compañeros daban el sobrenombre de el Comendador.

y para burlarse de Pedro y de su sayo. pero no consiguió borrar la señal del lu- gar que había ocupado. cuando Pedro de Alvarado se hizo el propietario el de la prenda. II El Capitán Los colonos de la Isla de Cuba estaban conmovidos con las noticias que circulaban entre ellos. y ni la resignación ni el enojo son poderosos para ha- Pedro de Alvarado tuvo que el apodo. y la indeleble huella fué denunciando por todas partes la historia y la categoría de su primer poseeno era posible que escapara á las perspicaces miradas de los audaces aventureros que pasaban á las Indias. y la le llamaron por bur- d Comendador. El gobernador Diego Velázquez había re- cibido nuevas de la expedición que por or- . los sobrenombres se popularizan inmediatamente.186 mismo tiempo la insignia de la orden. muy pronto condel sayo. quito de ella la cruz de Santia- go. Esto vinieron en llamarle. Entre soldados ó estudiantes. ofreciendo nada más que algún día llegaría por sus hechos á alcanzar verdaderamente aquella condecoracerlos olvidar. conformarse con ción. dor.

y ese capitán. se titulaba rado. y entonces. nombró "de Alvarado" al río de Papaloapan. y encontrando allí señales de una civilización muy adelantada dio á aquella tierra el nombre de Nueva-España. y que había dado ya su nombre á un río caudaloso en las tierras nuevamente descubiertas. no. en el que entró Pedro de Alvarado con su buque. Alvarado salió con Grijalva. El portador de aquellas noticias. "Grijalva" á otro de Tabasco.187 den suya emprendió Juan de Grijalva en busca de nuevas tierras. no era ya el joven desvalido á quien llamaban satíricamente el Comendador. no podían ser más satisfactorias. era el Grijalva en 1518. llamó "de San Martín. uno de los más famosos tro capitanes de la escuadrilla de que mandaba uno de los cuabuques de que aquella se componía. ' * 'el capitán Pedro de Alva- Bas nuevas que de su boca escuchó el gobernador Diego Veláz(|Uoz. y al volver á Cuba. una sierra. Pero Alvarado no era ya el pobre mozo que llevaba la vieja ropa de su tío. y después de haber rece- . Juan de Grijalva había costea- do la gran península de Yucatán descubier- ta por Francisco Hernández de Córdoba. que volvió cargado de riquezas á presentarlas á Diego Velázquez. no era otro que Pedro de Alvarado." con el nombre del primer soldado que la descubrió.

fué en- tregar á las hijas de los principales señores. Historia de la conquista de Nueva España. la el 19 de febrero de 1519. bajo las órdenes de Hernán Cortés. III TONATIUH Triunfante el ejército de Hernán Cortés. — Prescott. Disertaciones. y no sin duda la menor. y bien pronto. Pedro de Alvarado y cuatro hermanos suyos formaban parte de esta expedición (1). Para esta misión. y entre ellas. los habitantes de la ciudad recibieron á los españoles la el ^ más que como á como hermanos. Mil muestras de cariño se dieron por el se- pueblo á los conquistadores. nado y por el vencedores. (1) Alamán. como amigos y. entró á la capital de la República de Tlaxca- 22 de septiembre de 1519. La ambición se despertó con estas relaciorrido nes. Era expedición que caminaba á la con- quista de la Nueva-España. determinó enviar un mensajero al gobernador. y haber llegado hasta Ulúa el día de San Juan. Juan de Grijalva eligió al más distinguido de sus capitanes.188 un extenso litoral. once buques se desprendían de la Habana. Y el más distinguido era sin duda Pedro de Alvarado. .

El viejo Xicotencatl. tenía una hija que recibió también las aguas del bautismo. después de hacerlas bautizar. ligeramente entreabierta. mostraba las rojas encías y los her- mosos dientes que caracterizan á la raza in- dígena de México. ra de la doncella. fresca y nacarada. túnica de algodón bordada de plumas. del bautismo. Negra como tas el ala de un cuervo la cabellecoral. Aquella fantástica hermosura debía estar i). y sujetos por cintas bordadas de oro que subían entretejiéndose hasta cerca de la rodilla.ira el más famoso de los capitanes de Cortés. el padre del esforza- do y bizarro general de los ejércitos de Tlaxcala. estaba entretejida con sar- de cuentas de oro y de y en sus pies perfectamente modelados llevaba ligeros cacles de pieles ricamente adornados. y sus ojos ardientes parecían iluminar aquella encantadora fisonomía. su boca pequeña. porque aquella joven era la destinada perla y la llor de las bellas de Tlaxcala. que bajaba desde sus hombros dejando descubiertos su cuello y sus torneados brazos. y Al volver Doña Luisa de las ceremonias cuando iba ya á ser entrega- .al amor de los capitanes de Cortés. Doña Luisa era la más hermosa de las don- sus formas mórbidas y graciosas se adivinaban al través de la rica cellas tlaxcaltecas. y fué llamada desde entonces Doña Luisa.

la hija del viejo Xicotencatl. Y en cito quizá nadie merecía como él el el amor de ejér- aquella mujer. conducida de la mano por uno de los señores de Tlaxcala. todas hombre que debía las ser su dueño y su miradas de los españoles se clavaban en ella. En Doña Luisa. . ni calculaba sus fuerzas. como le llamaban los indígenas. las En la batalla de Tabasco. por el color rubio de su pelo. que quiere decir sol. Así llegaron hasta el el lugar en que estaba favorecido. tecas. ni contaba á sus enemigos. pero con los ojos bajos y encendida por el rubor. el joven Pedro de Al- varado se había distinguido entre todos por su arrojo y serenidad. ni desconfia- ba de su victoria y de su brazo. Alvarado 6 Tonatiuh. y grandes batallas que pequeño español había tenido que sostener contra los ejércitos Tlaxcaltecas mandados por el in- domable Xicotencatl. Doña Luisa caminaba majestuosamente. y todos esperaban con ansia el momento de saber quien sería el feliz mortal que iba á poseer á la Venus de Nueva España. y por ella se encendían todos los corazones. era el dueño de efecto.190 da al amante. — ¡Tonatiuh! —dijeron Tlaxcal— ¡Pedro de Alvarado! — exclamaron (el sol) los los es- pañoles.

soldado otras. pero Cor- que era entre aquellos hombres de coracomo el sol en medio de sus planetas. y como aconteció después en México. arrastró algunas veces á la imprudencia y á la tiranía.m Capitán unas veces. allí donde más se empeñaba la pelea se encontraba siempre Pedro de Alvarado. Sin embargo. Los naturales del país llamaron á Pedro de Alvarado desde los primeros días. bre. ese mismo ardor. osado capitán. se habría paso entre las compactas maestela sas del enemigo. zón de acero. tal del Tonatiuh siguió á Hernán Cortés á la capiimperio de Moctezuma. y ya hemos referido como ayudó á la ])risión del infeliz Emperador y la horrible matanza que en el mes "Texcatl" de los mexicanos (mayo de . en donde aterrorizó á los habitantes. como sucedió en la Isla de Cozumel. y el nombre de Tonatiuh se hizo céley fué durante mucho tiempo el terror de aquellas comarcas. siguiendo á los más audaces cuando peligro si le tomaban por una ca- sualidad la vanguardia. ó conduciéndolos al así le presentaban lugar de hacer- lo las peripecias del combate. Alvarado era más un proyectil que un hombre. Tonatiuh (boI). esa impele tuosidad no refrenada de sus pasiones. y dejaba tras de sí como una de sangre y de esterminio. refrenó los violentos ímpetus del tés.

una de las calles principales de esta ciu- siempre. Las fantásticas relaciones de Fray Marcos de Niza hacían aparecer aquellas comarcas como un ríos paraíso. y á tal peligro se vio expuesto. y en que los arroyos llevaban arenas de oro. y los metales y las perlas. Tonatiuh fué el asalto del Cortés volvió á sitiar á México. IV El Gobernador El Virrey de México D. todo se enconallí traba en fal^ulosa abundancia. ocultaba en sus entrañas de plata. Antonio de Mendoza ambicionaba descubrir y conquistar nuevas tierras en las costas del Océano Pacífico. que dio su nom- bre á dad. Dios derramaba allí todas las riquezas que podían ambicionar los hombres.192 1520) hizo Alvarado en mayor. y cuanto era capaz de cautivar el corazón ó los sentidos. Alvarado sos- tenía la retaguardia del ejército español. en el que una tierra. el atrio del templo En la célebre Noche Triste. y como el más esforzado de sus capitanes. distinguiéndose sobre todo en gran "Teocalli" de Tlaltelolco. inara- villosamente feraz. El Virrey Mendoza quiso ponerse de acueír .

el capitán de la escuadrilla de Juan de Grijalva.193 do y contar con el auxilio del gobernador y capitán general de Guatemala. por tierra. era el pobre avenrrey. Las noticias que traía no podían ser peores. caballero del hábito de Santiago y gobernador y capitán ge- neral de Guatemala. que tan poderoso se mostraba. según dicen algunos autores. á conferenciar con el Vi- y envió á las costas de Nueva Galicia una escuadra compuesta de doce naves. cuando un correo llegó preci- pitadamente y se presentó á Pedro de Alvarado. era Tonatiuh. en pueblo de Maravatío. era D.rti6 Alvarado para la costa. Pedro de Alvarado. de un ejército y de una escuadra. y de allí j59. Don Antonio de Mendoza y Alvarado el con- ferenciaron. con objeto de embarcarse y emprender su expedición. Los natiu-ales de Nueva Galicia se habían sublevado. El capitán general y gobernador de Guatemala. y el gobernador vino. turero de la isla de Cuba. No más que jo. Eran ya los momentos en que la tropa iba á embarcarse. entonces Alvarado estaba core- de resultas de un flechazo que había cibido en Soconusco. y el gobernáis . y que disponía tan fácilmente como mi rey. y la ciudad de Guadala- jara estaba en grande aprieto. los españoles habían sido derro- tados en el Mixton.

so en marcha. sino que quiso no llevar más tropas que las que él había traído. despreciaba á los sublevados. Los indios se habían fortificado. como enemigos á quienes estaba acostumbrado á vencer. orgulloso con sus antecedentes. rrota de Mixton. dijo Oñate "Dispongámonos al socorro cuando le vio partir que discurro necesario para los que nos le han venido á dar. pre- valeció entre ambos jíareceres el más desacerel y el capitán general de Guatemala no sólo determinó salir inmediatamente sobre enemigo. Pero los dos gobernadores pensaban acer^ ca del éxito de la campaña. la tropa se pu- y pocos días después el gobernador de Nueva Galicia y eí de Guatemala se encontraban en Tonalán." Aquellas palabras fueron como una profe- — — sía que no tardó en cumplirse. con sus riquezas y su poder. Cristóbal de Oñate. prudencia y desconfiaba del éxito.194 dor Cristóbal de Oñate imploraba de Al varad o. el auxilio Pedro de Alvarado no vaciló ni un instante. de distinta nera. sucede siempre en tales casos. con sus hazañas. con su nombre y con su gloría. ma- Alvarado. aconsejala ba Como tado. según al- . suspendióse el embarque. más cauto con la de- y conociendo las inexpugnables posiciones de los insurrectos.

decidido á tomar á viva fuerza aquella posición. y la y abundancia de las aguas ha- . Alvarado pie á tieprocuraba cubrir la retaguardia de su tropa. que chocando contra llar los árboles. Pedro de Alvarado comprendió que había morizados por el estrago y el acometido una empresa superior á sus fuerzas. situación era crítica. y dio la orden de retirada. ruido de aquella corriente no interrumpida de rocas. Empeñóse el combate y los asaltantes em- pezaron á trepar por la pendiente con raro denuedo. y comenzaron á rodar grandes peñascos. en las barrancas Mochitiltic. y esperaron resueltamente á los españoles. Trocáronse los papeles. que saliendo de sus atrincheramientos al observar el movimiento de los españoles. Alvarado no se intimidó. se puso al frente de los suyos. y los indios. los cristal. infundían el pavor entre los españoles. y según otros en Nochistlán. hacían esta- como si fueran de y arrastrando ate- en su caída cuantos obstáculos encontraban. El terreno era quebrado rra La resbaladizo. de perseguidos se convirtieron en perseguidores. pero los otros se resistieron con brío. y dando la señal del asalto. conteniendo con mucha dificultad al enemigo. que á cixda momento le acometía con mayores ímpetus.195 günos historiadores. procuraron cortarles la retirada.

Los soldados volaron . que parece que los indios nos han dejado. En un caballo flaco y por demás cansado. Pero el escribano no se dejaba convencer — tan fácilmente. como el pánico de una derrota y los no se disipa con facilidad. y mirando su afán le dijo: Sosegaos. y queriendo comunicarle con el deseo brío y ligereza. enemigos aflojaron en su persecución. Alvarado marchaba á pie detrás de él. un soldado llamado Baltazar Montoya. Montoya. Sin embargo. y seguía aguijando con furor al pobre animal. Lograron por íin subir á terreno más firme. aguijándole sin compasión. el caballo tropezó.196 cía casi intransitables aquellas angostas veredas. pero fué imposible. los soldados se- guían trepando con precipitación por aquellas cuestas. escriba- no le del ejército. y quiso evitar el choque. pareciéndole sin duda que el enemigo alcanzaba de un momento á otro. De lanzó repente. el animal ca- yó sobre él con todo su peso. que eran casi inaccesibles. trepajba por aquellas fragosi- dades. lo arrastró también en su caída. Montoya un grito y el animal despeñado comen- zó á rodar por la pendiente. y dejándolo sin al socorro (Je su ca- sentido. Pedro de Alvarado advirtió lo que estaba pasando casi sobre su cabeza.

Bartolomé de Estrada. Uno de lía. y otorgó su testamento ante los escriba- nos Diego Hurtado de Mendoza y Baltasar Montoya. el famoso Peexistir. tuvo la bastante serenidad para despojarse de su armadura y hacerla vestir á uno de los que con él estapitan. llévenme la cure con la resina de la penitencia. el mismo que había causado su desgracia. á fin de que se creyese que él iba bueno y que aun estaba en el combate. Esto acontecía Cristóbal de el 24 de junio de 1541. lleno de y Alvarado le confesó que de nadie sino suya era la culpa. sentimiento.197 Alvarado volvió en sí. por haber desoído los consejos prudentes de Oñate. dro de Alvarado había dejado de Su cadáver temala. do. contestó Alvarado. ban. y antes que topensó en sus soldados. fué trasportado después á Gua- Epilogo Era la noche del 11 de septiembre de 1541. y allí mismo se con- fesó. La noticia de la trágica muerte de Pedro de Alvarado acababa de llegar á Guatemala. El 4 de julio de 1541. Oñate llegó á verle. Llevaban á Pedro de Alvarado para Guadalajara. y (juerienclo evitar una completa derrota. sus capitanes preguntóle qué le do- —El donde alma. y en el camino encontraron al Br. y .

La cima de uno de ciudad.198 Cueva lloraba tamaña desgracia. que Beatriz de la Cueva y doce señoras acompañaban. se precipitó sobre las habitaciones. que venía como de las monta- y tres veces. (1) Cabo. —Mota Padilla. . que arrastrando inmensos peñascos. Varias damas de las principales familias de la población habían ocurrido á hacer compaBeatriz de la sin consuelo SU viuda Doña ñía á la afligida esposa del capitán general. por una.— M. Serían las dos de la mañana. perecieron aquella noche entre las ruinas de un oratorio en donde la Doña se habían refugiado (1). cuando se es- tremeció terriblemente la tierra. Los tres siglos. en la ciudad de Santiago. dos y se escuchó un pavoroso ruido subterráneo. García Icazbalceta en su artículo "Alvarado. Conquista Nueva Galicia. pero de te allí aquellos montes se desla parte prendió cayendo hacia opuesta de la mismo brotó un torren- impetuosísimo. donde estaba radicada. sepultando á seiscientas personas. S." -Diccionario de la de historia y geografía. Vicente Riva Palacio. citado por el Sr. fias.

se abrió el Seminario de San Pedro y San Pablo. gobernada á por Don Martín Enríquez de Almanza. Pasaba tranquilamente 1575. XIII. Los habitantes parecían olvidar sus penas y sus deseos de independencia. presentaba un cuadro en verdad lialagüeño para su metrópoli. I^a el año del Señor de la sazón Nueva España. y comenzar ban á sufrir. las minas anunciaban ya grandes bonanzas. sin murmurar. cuar- to Virrey. Evangelio según San Juan. En esto conocerán to- dos que sois mis discípulos.CARIDAD EVANGÉLICA " J 35. Estaba ya fundado el colegio de los jesuítas. si tuviereis amor los unos con los otros. Cap. el yugo de sus conquistadores. que después se llamó de San Cí regó rio. v el ca- . el comercio era activo. y las artes y las ciencias empezaban á tener su asiento en la capital de la colonia. (\w lueiro tuvo (1 nombre de San Ildefonso.

y una nube do tris- Una noche. . célebre por título. lonia. pintándole la felicidad de que se disfrutaba el oscuro cielo de Méxipuro y tachonado de estrellas. (1) Este cometa es sin duda el mismo que registra Arago en su catálogo bajo el número 32. apareció repentinamente un cometa (1). que fué conocido por colegio de Santos. parecía turbar la paz de y Don Martín Enríquez escribía en toda la Nueva España. negras y siniestras preocupaciones se apoderaron de los hombres más audaces. que no podían aún olvidar que un cometa había también anunciado á sus padres la llegada de los españoles. teza y desconsuelo pareció envolverlo todo desde aquel momento. Nada. Aquella era una terrible señal de grandes males para los sencillos descendientes de Moctezuma.200 ñónigo tesorero bleció el Don Francisco Santos esta- un colegio de pasantes nobles. y calculado por Halley y Woldsted. y que fué observado eu 1577 por Tycho-Brahe. pues. la cosatis- fecho al Rey. la caída del poderoso imperio de los aztecas y la esclavitud de su raza. y estuvo situado en la calle de la Acequia. Los ánimos comenzaron á turbarse. sobre co. por lo extra- ño de sus constituciones y porque en él vivieron muchas personas ilustres en México por su ciencia. más de un y sobre todo.

no tuvieron entonfenómenos se interanuncio de un cataclis- (U (Jubo. el cielo. concluyó el año de 1575 (1).201 El cometa era para todos el mensajero de grandes calamidades. el El terror y pretívban. á cosa de las ocho. y a(|uellos mo universal ya como el ya como el aviso celeste del próximo fin del mundo. pero no con esla desgracia era el to tornó la calma. Tres soles. otros pensando que indicaba hambres. creyendo unos que anunciaba guerras sangrientas. cansando el más terri- ble espanto á los mexicanos. Una mañana. Así. brillaron repentinamente también en el firmamento tres soles. 23. cometa algunos días sobre el hoy luego desapareció. libro 5. Loa luada. en medio de angustias y de temores. hasta la una de en que dos de ellos se apagaron. — Torque- cup. pero iguales. sólo que todos se per- dían en conjeturas. . tí. y otros suponiendo que traía la peste. sobresalto ces límites. Xo hubo quilo ni desde entonces un corazón tranespíritu sosegado: el presenti- un miento de Duró rizonte. tres sifflo» de líeanVo. par. tres soles que ca- minaron por la tarde. unánime.

ninguno de los atacados llegaba á salvarse. la peste más terrible y desoladora de cuantas se registran en los anales de la histo- Los síntomas de aquella espantosa enfertenían de extraños.203 *** Entrada apenas la primavera de 1576. salían con horror de sus habitaciones. Aquellos desgraciados. Aquella calamidad cundía de una Mianera . vagaban por los patios de sus casas ó por las calles. ni había médico ni remedio alguno medad nada que pudiera darles alivio. se desarrolló entre los naturales de la Nueva Es- paña ria. Anunciábase el mal por un fuerte dolor en la cabeza. y así desnudos y como locos. y en medio de una constante é inexplicable inquietud. y allí expuestos á la in- clemencia. y sin preceder causa alguna manifiesta. é inmediatamente sobrevenía la fiebre. como huyendo del fuego interior que los devoraba. pero una fiebre voraz. y sin auxilios de ninguna clase. en el último de los cuales tenían una gran hemorragia por las narices. expiraban. manera á los infelices epidemiados. el que agitaba de que no tal les permitía cubrirse ni con vestido más ligero. y sin embargo. después de nueve días de padecimientos.

cadáveres por donde quiera y en todas partes. en los caminos. expirantes (jue se abrazaban con hijos d inaniuia- do cuerpo de sus padres. Familias enteras morían agrupadas. madres moribundaíJ . el contagio había penetrado en todas las casas de los mexicanos. En las puertas de las casas y en las calles. presentaban un cuadro de muerte y desolación imposible de describir. y el miedo hizo también morir á muchos infelices. cadáveres en los canales. ni había quien atendiese á los enfermos.203 espantosa. en los campos. Los alrededores de la capital. que era el centro de la ciudad. sin que nada bastara á contenerla. —dice el padre Cabo — tan maligno do la tenienque no se puede explicar singularidad de que contagiándose casi ' todos los naturales. y "tenía carácter. montones de cadáveres. cadáveres en los patios. moría víc- tima del hambre y del abandono. Con la peste llegó también el hambre. en las canoas. los españoles é hijos de ellos gozaban de salud. ni quien procurase llevarles algunos alimentos: el que no sucuni- bía por la fuerza de la enfermedad. destinado exclusivamente para las habitaciones de la colonia española. los barrios que estaban fuera de la traza. los que quedaban libres huían con horror de los apestados: una tristeza profunda y un terror pánico se apoderaron de todos los corazones.

pálidos. En vano se apeló al auxilio de la ciencia. todo era sombrío y espantoso. uno de los médicos más célebres de aquellos tiempos. aquella desnudez expuesta á la luz del sol. al lado á presencia de la expirante madre. Algunas veces los moribundos tenían que y á las aves hacer un esfuerzo sobrenatural para ahuyentar á los perros. tanto por el número de los enfermos como porque no había ya quien los asistiese. El Virrey bispo Don Martín Enríquez y el ArzoDon Pedro Moya de Contreras pensaen establecer hospitales. cubiertos de sangre. y somismo de su agonizante prometido. procuró en el Hospital Real estudiar en . aquel ha- cinamiento de cuerpos en repugnantes posturas. niños inocentes que se arrastraban entre los cadáveres el de sus padres buscando abrigo y el alimento. Don Juan de la Fuente. que fué inxposible usar de este arbitrio. aquella soledad ante la muerte. pero demacrados. aquella raza que moría toda y quedaba insepulta: todo. á los lobos que se arrojaban ansiosos sobre el cadáver del hijo. en vano el'Dr. pe- ron ro al principio muy pronto la peste se hizo tan general. aquella confusión de sexos y de edades en los cadáveres. bre los restos de la esposa.204 que tenían sobre su regazo de tres ó cuatro las cabezas yertas de sus hijos. contraídos. Aquello era horrible.

ó fueran pasto de los animales. la peste se cebaba impla- mismo en tas del Atlántico vivían en los bla. el extenso territorio de México se ense hallan cuentran todos los climas. apenas se podía conseguir personas que estuvieran cavando constantemente sepulturas j^ara impedir que los cadáveres se corrompieran en las calles y en los campos. causal)a á otro la muerte con más violencia. de las cosy del Pacífico que en los que fríos valles de Toluca y de Puelos habitantes ó en las faldas del Tancítaro. pero se- guro el pronostico. Y sin cable lo embargo. y ya en aquellos momentos era un devaneo pensar en dar asistencia á los contagiados. todas las tempera- y pueblos situados casi á la altura de las eternas nieves. la Cuanto á un enfermo producía momentáneamente alivio. . El diagnóstico era imposible. mal.205 los cadáveres algo que le de los apestados. y los españoles miraban con espanto que iban á quedar solos en medio de aquel inmenso desierto. del IzUitzi- huatl ó del Zitlaltepetl. desaparecer de la *** En turas. Los mexicanos creían ya que su raza iba á tierra. y pueblos que viven bajo el ardiente sol de los trópicos. y descubrir indicase el origen y la causa del muerte.

barrios. el santo y sublime consuelo de la los Unos curaban con sus mismas manos á enfermos. viese á los apestados. eonio por la triste condición á que habían quedado reducidos después de la conquista. Llegó un día en que no había quien siquietú. Desde este les encomendó sol el momento el purísimo de la caridad iluminó aquella tierra. es la inmortal página de gloria para el clero mexicano. tos. Entonces. las ropas. es llos santos la aureola de luz con que aquese presenta- y apostólicos varones ron á pisar los umbrales de la eternidad para reclamar sus puestos entre los elegidos del Hombre-Dios. jesuítas. La historia de aquellos días de llanto y de tribulación para los desgraciados indígenas. sobre la que Dios hacía pesar una calamidad tan espantosa. los alimenauxilios de la religión. y cuidado de los enfermos. Dominicanos. los y so- bre todo. caridad. otros escuchaban sus confesiones y .206 Pero donde aquellos estragos se hacían inás espantosos era en la cai)ital. agustinos y fran- ciscanos se distribuyeron por las calles y los llevando las medicinas. tanto por el nja- yor número de habitantes. giones el Arzobispo Don Pedro Moya de reli- Contreras llamó á los superiores de las y comunidades.

é inspiraban la resigna- ción entre aquellos millares de víctimas que sucumbían diariamente.2Ó7 les administraban el Viático y la Extremaunlas casas ción. se tiene un inexplicable sentimiento de bienestar . El triunfo de la caridad se debió entonces á las comunidades religiosas. otrof? sacaban las calles los de y recogían de cadáveres para darles sepultura. curando á los enfer- mos y llevándoles ropa y alimentos. El ejemplo de los clérigos y de los frailes de la capital fué seguido con entusiasmo por el clero de las pro^'incias y por las familias de los españoles. La noche negra de la desolación hizo llar la estrella bri- pura de la caridad. ta- Tx)s curas de los pueblos no descansaban tampoco un instante en sus evangélicas reas. llenos de ese admirable espíritu de á sus hermanos. Las damas más principales andaban en las chozas de los infelices. Cuando se escribe una obra como el Libro Rojo. aquella era una terrible batalla que se daban la desgracia y la reina de las virtudes. qtie no pudo ser comprendido en el mundo hasta que el Cristo mismo vino á explicarlo. todos prodigaban consuelos y esperanzas. amor y todos. en que á cada paso se tropieza con un crimen ó con un acontecimiento originado por las malas pasiones de los hombres.

por los lejanos y oscuros callejones. de caridad. y se tásticamente ja luz el valle y las serranías el iluminaban fancon la rotrueno se reper- de los relámpagos. cuando el agua caía á torrentes.208 al encontrarse con acciones nobles y con hechos dignos de memoria eterna. ya se perdía en una casa para volver á brillar de nuevo. y cutía en las cañadas y entre las selvas. llena placer en describir ciertos rasse humanidad no tal como es. deteniéndose allí como . ser. porque hay un verdadero gos en que la tros ojos. frailes asolando á la Nueva España. la peste seguía El año de 1577 comenzó. muestra á nues- sino como debiera de abnegación. la estación de las aguas nunca viscomenzó con toda su fuerza. ya retrocedía. inundados y continuamente distinguir la incierta luz de un farolillo que ya avanzaba. cuando la tormenta descargaba su furia sobre la ciudad. pero como in- como invencibles gladiadores. ya bajaba haspeligrosos. porque aconteció que desde principios de abril. Pero esto no era un obstáculo para los que velaban por los apestados. En aquel año las estaciones parecían haberse conjurado también contra los desgraciados indígenas. de amor. Durante aquellas noches tempestuosas. los y los clérigos seguían luchando con la desgracia brazo á brazo. cosa hasta entonces ta. se podía ta el nivel de la tierra. y cansables.

á los niños huérfanos y abandonados para recogerlos. y en la mayor parte de ellas los frailes remaban.203 para alumbrar algo. dibujando con su indecisa claridad algunas sombras en las negras paredes de las casas. que debió hacer llorar de mismos ángeles. Eran los frailes mos para curarlos. de agustinos y de franciscacon la nos. á los que buscaban á los enfermoribundos para auxiliarlos. Misión heroica. Unas conducían esperanzas para los vivos. Pero aquella lucha debía tener también sus mártires entre los soldados de la caridad. para evitar que muriesen de hambre y de ternura á los frío. El rector de los jesuítas y un gran número de dominicanos. La historia no nos ha trasmitido ninguno los tes de nombres de aquellos héroes y de s\is acjue- llos mártires al referirnos hazañas. Las canoas cruzaban por todas partes. no por la peste cual no se contagiaron la terrible fatiga —sino — de resultas de y de la afección moral causada por la continua presencia de escenas trisy conmovedoras. á los cadáveres para darles sepultura. En los canales de la ciudad se representa- ban escenas y patéticas. y los tuvo. sucumbieron. terribles otras llevaban montones de cadáveres. y noso14 .

hizo que se guardara en el archÍA^o de la ciudad el testiinonio del número de muertos. ¥A Virrey. cesó casi repentinamente á fines de 1577. Historia de los dominicanos. Vicente Riva Palacio. Sahagún. . á la cual algunos llaman el INIatlatzahuatl. sólo podemos repetir lae sublimes palabras del Crucificado: "En cípulos. que por conducto de los gobernadores y corregidores se había informado escrupulosamente de cuanto acaecía. que dejó desiertas y tristes grandes ciudades y floridas campiñas. otros. (1) Cabo. y eran más de dos millones (1). ' esto conocerán todos si tuviereis amor los que sois mis disunos con los *** Aquella horrible peste. Dávila Padilla.' 210 tros al recordarlos. Historia de Nueva Es]paña. Los tres siglos.

relegada por muchos años á ria las polvosas librerías de los conventos. i'c cristiana á no conocían ni distancias.s verdade- ramente románticas de lo« nmchos religiosos que. el todo lo referían á Dios. tiene episodios que darían mate- para escribir muchos y divertidos volú- menes. si se quiere. es exactamente cierto. y cuando les sobrevenían algunos de esos contratiempos tan comunes en los largos viajes en tierras desconocidas y sem- bradas i)<)r toda« partes de [X'ligros. ni les asustaba ningún género de peligro. ni te- mían á las tormentas. Conocida y popular. sino . pero están olvidadas las aventura. y. no con indómi- to orgullo de los sanguinarios capitanes.FBAY MARCOS DE MENA Primera parte Lo que vamos á referir sería para novela exagerado. y morían. sin embargo. es la historia de los conquistadores españoles. Nuestra historia antigua. movidos del es})íritu evangélico y de esa rara heroicidad de convertir á la los idólatras.

Todo este movimiento se aumentaba con la llegada ó con la salida de una flota del puerto de Veracruz. porque las notas que de la Península Española venían á México y regresaban. el muy activo en México. y cada cierto período los comerciantes de todas las ciudades españolas ya fundadas. comenzaban á derramar sus raudales de plata. los aventureros que venían en busca de la fortuna. Hemos hablado de las flotas. y tendremos que volver más de una vez á este tema. ó regresaban. y funcionarios de la Corona que eran enviados de España. Aly gunas de las minas que después han sido célebres. y á veces con armaduras de acero como en los tiempos de la guerra. eran las más veces ó el principio ó el fin de sucesos importantes ó de raras aventuras. viaje al puerto para un . y se muchas reunían y emprendían con veces con sus familias.212 con la tranquila serenidad del verdadero creyente que ve en 8U última hora abiertas las eternas y diamantinas puertas de los cielos. comercio era ya. gran- des cargamentos transitaban desde Veracruz hasta Chihuahua. la agricultura vender los frutos de comprar los de ultramar. y aunque La Santa Hermandad había limpiado los caminos de ladrones. Cincuenta años después de la conquista. sus criados. ó atravesaban los caminos seguidos de escuderos y de criados armados con grandes lanzas.

ya perteneciente á la la Ademá. gozando de esa franca hospitalidad española. . que tenían por princi- pal objeto comprar.213 A mediados del año de 1553. y ellos servían de custodia á todos los buques mercantes que se reunían para hacer entonces una larga é incierta navegación. no conocían como hoy se conocen con tanüi precisión las corrientes. una la vela. Quizá en ninguna otra época como en esta vez bajó tanta gente á Veracruz. ya marina real. de cuatro mil personas. Pasaban. regalándolos con excelente pescado y con los más exquisitos vinos. los cayos y los arrecifes de que está sembrado todo ese mar que se llama de las Antillas. Era una verdadera feria. poco porte.s de Capitana había siempre otros barcos con algunos cañones y tropa. y marinos españoles. que tan generosamente sabían dar á sus amigos los comerciantes de Veracruz. entre amos. Los que tenían conocimientos se alojaron en las casas. vender y cambiar mercancías. cargadores y comerciantes. flota es- taba para darse á navio de mayor 6 La Capitana era el armado en guerra. criados. peligroso por demás en la cruel estación del invierno. ya porque así sucede siem- pre en barcos«de vela de muy ya también porque los aunque atrevitlos y resueltos. La gente de menos relaciones y valía formó barracas y campamentos en las afueras de la ciudad. i^orte.

214 Durante el día. pero poco interés tiene esta indagación histórica para lo demás de nuestra narración. y los ruidos un exal traño acompañamiento al bullicio y ruido hombres. pero cuando caía el sol. parecía que . el calor devorante mante- nía á todos los huéspedes dentro de sus im- provisadas habitaciones. amaneció uno hermoso y despejado. el baile. y cuando la brisa arrojaba por intervalos esas ráfagas perfumadas y consoladoras que dan la vida en las regiones tropicales. de los No hemos podido quién era el averiguar en la historia ella. Las noches se pasaban así. Las luces se encendían en todas las barracas. y comenzaba la música. las velas blancas se hinchaban. el misteriosos de la naturaleza formaban juego y la conversación. á poco sopló un viento favorable. Las anclas se comenzaron á levantar. Después de esperar varios días. todo comenzaba á animarse y á tomar un aspecto de alegría y de movimiento. balanceándose junto á Ulúa con el impulso de la marea. hasta que la flota aparejada anunció que sólo esperaba un buen viento para darse á la mar. cuando las ondas mansas comenzaban con un monótono ruido á lamer aquellas arenas de fuego. general de el En algún autor hemos leído nombre de Corso. y otros también ocupaban en la ciudad su tiempo en los negocios. y aquella multitud de barcos que habían esta- do sombríos y tristes.

Los deudos y amigos oculos botes. ocurrieron al muelle con el resto de sus equipajes. morena. que hacían viaje. y casi exponiéndose á caer en el agua saltaban en pateando y echando ternos cuando no lo podían hacer. siempre dejan es como en tierra lo menos otras tantas que las amen y se interesen por su suerte. faltaron. promesas }' bendiciones. y sus grandes ojos negros parecía que mandaban y exigían Esta la respeto. Henos do diamantes y piedras exquisitas de Era alta. Su labio sui^erior. como si fuese á asistir á un baile. porque mil gentes que se van. en una dama. Llegó parando imperiosamente con la mano á . un poco grueso y desdeñoso. j no de suponerse. Entre las personas que había en la playa. lágrimas. dama iba seguida de sumisión y el una donselos cella indígena y de cuatro negros. porque tal era su ansia. de cabeza orgullo- sa y levantada. casi todas fijaron su atención Se presentó al embarcadero vestida lujosamente de seda. que si perdían un minuto podían quedarse en tierra. y creían. y abrazos. Más de mil personas de todos sexos y edades. estaba sombreado con un ligero bozo. la garganta y los dedos de sus manos colores. agitación en el puerto fué sobre toda La ponderación. rrieron á despedirse á los embarcaderos.215 repentinamente se trasformaban en una gre ale- y blanca parvada de aves marinas. y caricias.

cuanto la vieron se lla entró primero. á ana lancha grande qne sin duda estaba preparada para ella." La materia de la conversación el momento. en seguida la dama dio resueltamente un paso. el origen y el motivo. Cuando recayó. teniendo en la cofrecillo mano un pe- de sándalo. saltando algunos á tierra para despejar el campo y ayudarla á embarcar. otros manifestaban que la amistad y ciertas consi- por su agilidad. pero otros llevaron á bordo de las naves esa idea supersticiosa y la comuni- Muchos caron á los demás pasajeros. podía ser frazado. á pesar de los balanceos de la lancha. la dama se sentó en la popa. se esparció la voz de que aquella mujer. y tomando el timón dijo en voz alta: ''A la nao de Farfán. otros equivocaban su nondjre. y causarles algún mal en rieron. y saltó con firmeza á uno de los bancos. en pusieron en pie y saludaron. quedando en pie un queño mo- mento. paseando su mirada por toda aquella multitud que cubría la playa que también y se fijaba en ella sura y por la los bogas se acomodaron y desviaron la lancha del muelle. sobre las maneras y hermosura de la dama. que también eran negros. muy y bien el diablo disel viaje. Unos creían conocerla. por su hermoriqueza de sus joyas.(lüe le estorbaban el paso. por la deraciones los obligaban á guardar silencio. tan arrogante Sin saberse tan resuelta. . La donce- y los marineros.

Fr. plata y perlas. Hemos (MI vano itrocurado . Fr. " En la noche. Mientras que navegan los bájelos rumljo á la de Habana. fatigados y tristes. reli. se recogieron más temprano. esa flota iban cuantiosos tesoros de oro. Los vecinos y comerciantes de Veracruz. todos del convento de Santo Domingo de México. tenemos que decir dos palabras la dama en <iuien también habremos probablemente lijado nuestra atención. Hernando Méndez. hasta que al caer la tarde se perdie- ron entre las brumas rojizas del crepúsculo. el campamento alegre de la víspera estuvo silencioso y oscuro. y l']n al día siguiente multitud de viajeros (jue regresaban á México cubrían los caminos.- que eran Fr. Juan Ferrer y Fr. poco á poco y una tras otra fueron saliendo las naves del canal. y quizá en ninguna otra se embarcó tal nú- mero de gente de caudal y de una posición notable.2lt El toque solemne de una campana en la plaza y un cañonazo (jue dií^paró la Capitana anunciaron que la flota partía. . Marcos de Mena. Entre los pasajeros iban cinco giosos. y en efecto. Diego de la Cruz. La dama altiva. se llamaba Doña Catalina. tomando el largo y alejándose. Juan de Mena. linda y orguUosa que hemos visto embarcarse en Veracru/. Fr.

218 hallar E!U apellido y su patria en las narracio- nes antiguas. se por negros y negras. cataban buenos vinos. rico y princimedio calavera y guapo. y rico con los productos de una encomienda en Tecama. fué lle . y sus manos y pies de una pequenez exagerada. Entre las visitas más constantes y más íntimas se contaba la de Don Bernardipal. inquieto y atrevido por los conquistadores. ce de León. y esto no se podía dudar al fijarse en el color de su tez. muy amigo del Marqués del Vay tomó una parte activa en todos los lances y conjuraciones de que hemos dado una idea en los artículos anteriores. en vajillas de mejor colección de muebles les servía plata. tenían la de Flandes y unas grandes pantallas de Venecia. Parece que era natural de la misma ciudad de México. asistían á todas las festividades y ceremonias. en de los las sus ojos rasgados y negros. caballero noble. que portaba siempre. só. en una de las casas principales. y su casa era visitada por los caballeros más principales de México. Malas lencarácter. Esta joven ca- no sabemos en qué época. español En y la apariencia los esposos vivían en paz felices. como la mayor parte de los hijos de ñloso estoque y luenga daga. Este personaje. con Juan Ponde bastantes relaciones é influjo en la ciudad. y producto de uno matrimonios de los conquistadores con hermosas indias nobles. no Bocanegra.

y digamos malicia. y el aunque llegue caso dv (jue te pongan en la cárcel y te den tormento. le —Toma. ni Bocanegra ni ninguna otra visita Doña un ne- gro esclavo que tenía. y que tal vez durante los años de 1550 í\ 1553 ningún incidente notable pasó. no veían de buen ojo Catalina. los hijos que Ponde las leyendas. no digas ni una sola palabra.^ít» <iue- dü callado. al oír la palabra tormento que tenía llenos de terror á los l)al)itant(>s. porque cuánto negro. ni Ponce de León estaba en Catalina llamó á su casa. Se llamaba Francisco. Te voy á hacer un encargo. suceda lo que suceda.219 guas decían que casa del las visitas de Bocanegra á la muy Encomendero de Tecama no eran inocentes. mucho mi ama. ce había tenido antes en otra mujer. Una noche que había llegado. nombre común que se ponía á los Africanos en México. me quieres. El negro. y era de toda su confianza. — contestó — Yo — mi ama mandar y Francisco dar da y todo por — Quizá no necesita de tanto. y cada quien se quedó con sus conjeturas y sospechas. el caso es que así vivía esta familia. pero de (juerer viella. dijo Doña C'ataiina dándole un . le dijo. y además. . de bastante viveza. — — — sé el á ningún otro lo haría más que á tí. se sí que. según se infiere á Doña Sea de esto lo que fuere.

tormento. y cuando yo te lo diga. y Francisco hacer todo. se arrodilló ante su ama.220 puño de monedas de te plata. abrirás prontamente y dejarás salir á Bocanegra. pues se trata de una verdadera bobada. nada dirás. conmovido y guardando al mismo tiempo su dinero. pero no alcanzando cómo pudieran en ningún caso ponerle en la cárcel y darle tormento por sólo abrir y cerrar la puerta de la casa de su ama. mi ama confiar en Francisco. tu estarás pegado á la puerta del zaguán. . nada te necesito. Francisco de- Francisco no decir nada. y se retiró siempre un poco triste. y el negro. no dejarás entrar á nadie si yo no te lo mando. yo hacer todo. y puedes Doña Catalina volvió la cara con muestras de enojo. pensando en el aun en da. pero para retirarte. Cuando D. Bernardino Bocanegra esté de visita. Si por algún motivo te preguntaren en alguna ocasión algo de esto. — Francisco querer mucho. y cuenta con que te daré tu libertad y todo el dinero que quieras. pero ten entendido que — — — ni el tormento deberás de confesar naEl negro prometió de nuevo á su ama que haría cuanto le tenía mandado. ¿Has entendido? Mi ama mandar. quería únicamen- probar si de verdad me querías. Levántate y no hay que asustarse. jar matar. Mi ama mandar.

—Abre. Bernar- atención y dino Bocanegra. y lo único que le llamaba la le recordaba el tormento. que ya otras noches había recibi- do igual orden. Doña Catalina salió al corredor y gritó á Francisco con una voz visiblemente temhlorosa y cortada: Francisco. diciendo: — Calle sola y negra. y al último se tranquilizaba diciendo: «Dormir dos — pues dormir ó platicar tres. Francisco hacía mil cuentas y cálculos en su cabeza. á Francisco abrió y Don Bernardino salió . listo. Francisco. Si alguno tocaba la puerta. le hablaba. Francisco inmediatamente decía: —Mi amo y mi ama dormir y yo no Apenas Doña Catalina Francisco. abrió el postigo suavemente. abre con cuidado y sin ruido. mientras que D. abrir. cuando abría la puerta á D. poco después de las doce. Don Bernardino. y registra si alguien pasa por la calle. pues. asomó su negra cabeza en una todavía más negra noche. examinó por todas partes y luego se retiró y volvió á cerrar. Juan Ponce de liCÓn entraba á su el casa apenas daban en las iglesias toque de ánimas.» Una noche. era que su amo D.221 semanas y Francisco cumplía con una minuciosa exactitud las órPasaron dos y tres denes de Doña Catalina. Bernardino Boca- negra salía á las dos ó las tres y á veces á las cuatro de la mañana.

fa- der articular una palabra se sentó para no La rol. no. dijo espan- la de Boque ardía en delante de la ima- con — — tado el negro. por el contrario. pero sintiendo alguna cosa húmeda en su mano que canegra.222 embozado hasta los ojos y vacilando como si hubiese bebido vino. te corazón. dormían fundamente. excepto esa luz vacilante del estaba lóbrega y oscura. si me daré dinero. en un escalón de la escalera. Doña Catalina. Francisco tuvo miedo. mucho dinero. Los dos relegados y encerrados en demás el cria- extremo pro- opuesto. esclavo de estoque — el Lucifer. . como de costumbre. y tan pronto pensó gritar. Dar tormento á Francisco. con sus grandes ojos amenazantes. casa. Don Bernardino caer. y notó que era sangre. De tres. como salirse y dejar abanla casa. no haces ciehago pedazos el obedeces. se tropezó al abrir — dijo el negro. con su gran cabellera suelta y tendida como un manto de terciopelo negro en las espaldas. — Don Bernardino emborrachar. Amo Ponce sí—y sin pomorir uno. — le dijo blan- si gritas ó si te gamente lo que te mande. medio desnuda. se acercó á un farolillo el descanso de la escalera. medio vestida. se presentó ante Francisco con un largo estoque en la mano. donada diendo —Mira. pero sus ideas tuvieron que cambiar repentinamente. gen de una Virgen. Ama no.

pero por aho- quedar tirado y te has de desmayado. á la cara. una mejilla. Doña Catalina mirando al ne- gro y tirando en un escalón la arma. sin marca al- guna. comen- . lo verás. y esto diciendo. que observó á la escasa luz del farol qse Francisco estaba ano- nadado. sino que con el susto y la pérdida de la sangre se desra aquí te has de fingir mayó efectivamente. pero el negro no tuvo necesidad de fingir. para que Des- pués curaré y te daré dinero. levántate. le y escuchó. Ahora lo demás. — No hay que asustarse. y le El negro dio un nas grito — No es nada. que los ladrones han herido. Doña Catalina. La cortada no era grave ni profunda. Francisco. se dirigió á la puerta. Sí. más tranquilo. lo bastante te y llevó la mano calla. que era un estoque común y ordinario. — — rajó con el estoque dijo Doña Catalina. — No herir á mí. pudo incorporarEs menester decir han matado y que á tí te —El amo está muerto. quiso hablar y la palabra se le anudó en la garganta. la abrió un poco y se aso- mó á las espesas tinieblas de la noche. ten ma se cal- y ü3^eme lo que te voy á decir. dijo — Bien. varió de tono.223 Francisco fiuiso arrodillarse y no pudo. y Te he cortado apete salga sangre.

y un puñado de alguaciles precedidos de un alcalde llegaban á la puerta. gritos y á pedir el favor de la jus- ga de ladrones ima plaque no se podía. manejado y Pe- netraron á la recámara y encontraron eii la cama á Juan Ponce de León cosido á puñaladas y nadando en su sangre. Entraron á la casa y encontraron en el descanso tirado á Francisco en un charco de sangre. demostraban que Ponce había tratado de defenderse. muy parecido al de nues- los alguaciles se apresu- raron á favorecerla y a creer cuanto les dijese. . las visi- ropas. el del y lo mismo hubieran hecho con negro. favor. gritó ¡favor. Una espada y un estoque tirados en el suelo. todo en desorden bles de haber sido y con señales revuelto. Doña Catalina les contó lo que le pareció conveniente. y como hemos cho que su traje era tra primera madre. seño- — Doña Catalina. andar en la población sino provisto de hachas de brea y seguido de media docena de criados armados.224 zando á dar ticia. Subieron y notaron los trastos. —Mi marido asesinado y mi esclavo bién. En ra los gritos de Doña Catalina habían sido es- cuchados. así es que antes de media hoesos años había materialmente tal. a las ocho de la noche. lleváronse el cadáver de Ponce. Los alguaciles recorrían las calles y la Justicia vigilaba. res! tamdi- mis alhajas robadas.

no queriendo cony durante ^i la. nada se le dio tormento. le dejaron de pronto y responsabilidad de Doña Catalina. confesó lo que había pasado con relación á puerta. Francisco. preguntar por Bocanegra. ¿Riñeron Ponce y Bocanegra. y durante njuclias semanas todo fué inútil. pero nada más.225 pero habiendo observado que se movía y que su herida no era grave. que como dama hermosa y principal.i obligado sólo presentarse á la justicia cuando fuese llamado. Entonces se mandó por se le puso en la cárcel. Como Ponce el suceso era rico y inuy relacionado. por súplicas de Doña Cata. y fesar ol negro Francisco. y no se le encontró ni en su casa ni en ninguna parte. y resultó de las indagaciones. de nadie. 6 entre el amante y la dama mataron al marido? Eso fué lo que nunal cargo ca se quiso ni se pudo averiguar. Lo que pasó efectivamente lo supieron Bocanegra. Doña Catalina y Dios. que desde la noche del suceso no se le había vuelto á ver en la calle. La justicia comenzp 15 . causó grande impresión en la ciu- dad. Se comenzai'on á hacer pesquisas. Dióse orden de prenderle. la casa quedó en lina. fué tratada con las mayores consideraciones. restablecido de su cortada. Doña y Catalina vistió de luto á todos los ella se encerró sin dejarse ver criados. Ocurrióle al Alcalde (jue dio auxilio á Doña Catalina.

sentenciándola á des- que terminara de sos á cada las Indias. la escuadra llegó después de catorce días á la vo el un cielo Habana. pero como entonces y ahora las leyes no se aplican á los poderosos. uno de los hijos y á entregar diez mil pede Ponce. se embarcaron otros. consiguió la causa. *** Seguramente terribles el viaje de la flota fué en los y peligrosos meses de Septiembre ú Octubre. que la no dice cuántos eran. á fuerza de dinero. que llevaba la doncella en el historia de sándalo. con de plomo y bordeando con trabajo. pero libre. Doña tierro Catalina. El esclavo Francisco.226 á obrar con actividad. reunió sus alhajas. y á las grandes riquezas que llevaban los barcos se ricos especuladores islas. Allí permaneció una semana. Tal era la dama que con cofrecillo dirección á España se embarcó en la nao de Gonzalo de Farfán. desembarcaron unos pasajeros. con su señal en la cara y medio desquebrajado por el tormento. tuvo también que hacer el viaje. Doña Catalina arregló sus negocios. levantó su casa. y así con una mar gruesa. pues soplaba por lo comém viento de proa. Al día siguiente se cubrió de nue- tiempo. añadieron algunos tesoros de los que poblaban entonces las .

Xo me obliguéis á deciros los motivos. La orgullosa mujer mandó á uno de sus negros á buscar pasaje. Vamos. pero marino fué que si al volver á la mar continuaba el tiempo malo.227 Antes de salir la flota de la Habana. si ella estaba á bordo la mandaría arrojar al agua. y llegó á decirle y en dos ó tres embarcaciones le fué rehusado. Catalina. Manuel Payno. desde que un tiempo de perros. y yo declaro que no os llevaré más á bordo. —Doña Catalina. el insistía en queinflexi- darse en la nave. le dijo. colérica. Los marinos somos así. es una traído idea. Farsali- fán se entró al camarote de la dama. . hasta que á ruego de los cinco padres dominicos fué admitida en el mismo barco en que ellos iban. mos de Veracruz hemos Doña ble.

como si pasase por su quilla el lomo peculiar del Golfo y de todo el de una ballena. poco oleaje. y hasta que la los cuatro días logró entrar en el ca- nal de la Florida. amoratados y espesos copos de nubes parece que salían de las a. Gruesos.FRAY MARCOS DE MENA Segunda parte Salió por fin la nota de la hermosa bahía de la Habana sm que el tiempo mejorase.el Morro. á la vez que las olas apenas se levantan media va- . dio vuelta al peñasco que hoy se llama.guas y llenaban el horizonte de una siniestra oscuridad. al parecer. de modo que algunas veces se ex- perimentan fuertes sacudimientos. El quinto día el cielo se puso más terrible y amenazador. de don- salir. los barcos se estremecían repentinamente. pero hervía como si tuviese una caldera en el fondo. y sin saberse de trataba de por qué. tanto así eran los vientos empujaban al Golfo de México. El mar tenía. Este es un fenómeno quizá mar de las Antillas.

el caso es que materialmente se ve que el barco tiene que abrirse paso en esa profunda é interminable oscuridad que cada vez es más negra y más pavorosa. que cerrando la noche arrecifes. y que no se sabe son los vapores que salen del agua. de lotes. las olas y el viento. zo sus señales. y otros atrevidos largaron. los demás barcos sólo encendieron uno á proa. comenzaron la maniobra. sin embargo. arrastrados por las aguas rápidas del Gvlf Stream. I^ noche borrascosa y amenazíidora ]ias6. ó los vapores que caen del cielo. de y el y arrastrados por sas.mente sus velas y quedaron cabeceando. y un cañonazo anunció que cada momento se aproximaba más el peligro. La Capitana hi- y todos los barcos. y los pas. que eran quizá treinta y que caminaban en conserva. de costas bajas y engañopeligro era. como dicen los marinos. unos arriaron completa. La no- che la llegó.229 ra en la movible superficie. todos los trapos. vinie- sen los barcos á dar en algún escollo. y rápidos como los alciones comenzaron á hundirse y á salir su- cesivamente de los abismos que ya con lo cio del -^dento re- comenzaban á formarse. La Capita- na encendió un farol á popa y otro á proa.i joros sa- . otros se quedaron con la vela mayor. El cais- nal de la Florida está lleno de cayos. sino llena de esas tinieblas flotantes que tanto pavor causan en si mar. sin novedad. no sólo oscura.

Un momento el astro del día se abrió paso por entre las capas de nubes é iluminó la superficie agitada del Océano. La nave de Farfán ganaba el largo. vdento se desencadenó y co- menzó á soplar con una furia nunca vista. y los que estaban armados comenzaron á poner seriales y á tirar. aunque el un cuarto al Nordeste. Todos los barcos encendieron las luces. La mayor parte de los capitanes. mientras el barco en que iban los padres las. unos reflejos entre amarillos y sangrientos que se notaban en algunas partes del horizonte. Cosa de el las once de la noche. El día se pasó así. pero al ponerse el sol. de ese Océano inmenso que azota con sus y fértiles olas las orillas frondosas rica de la Amé- y las arenas abrasadoras de la costa de los barcos África. conforme á las ordenanzas de . alarmaron á los capitanes y determinaron amainar las velas y esperar el viento á palo seco.230 ludaron con una especie de frenesí los primeros rayos del sol. y era fuerte. dominicos parecía visiblemente empujado á los arrecifes. aprovecharon el sol y comenzaron á desplegar sus veSólo la nave de Farfán conservaba únicamente la vela de foque y capeaba el viento. Otros barcos seguían sin poder- lo evitar el mismo rumbo. Todos habían conservado hasta cierto grado una distancia conveniente y se podía con el anteojo reconocer que la viento marcaba escuadra estaba completa.

Se apoderaron de ella y la subieron á cubierta. ni el espanto de los que estaban á Ijordo de había cada barco. Ya hemos dicho que más de mil personas distribuidas en buques que hoy llamaríamos miserables barquiehuelos. niños. En la nave en que iban los religiosos dominicos pasaba una escena todavía más terrible. que tenían la idea fija en la cabeza de que Doña Catalina era el diablo en persona. que sereno y resignado en medio de la tempestad rezaba y encomendaba su vida y la de sus compañeros al Señor que aplaca los maros y corría.231 marina. ni las lágrimas. y también algunos indios que en calidad de sirvientes acompañaban á sus amos á España. bajaron al camarote y encontraron á la dama presa del mareo y del terror de una muerte próxima. resueltos á arrojarla al mar. derribó á los que la conducían y corrió á buscar refugio cayendo á los pies y abrazando las rodillas de Fr. cierto número de cañonazos. . No es fácil describir ni la confusión. tida por el negro Francisco del peligro calla el ruido temible de los vientos. y entre ellas se encontraban muchas mujeres. pero adver- que y recobrando sus fuerzas y energía. Marcos de Mena. La mujer. esclavos. para advertir á los demás el peligro. se dejó conducir. que al principio no sabía de qué se trataba. Los pasajeros y marineros. ó al menos la causa de la tormenta.

pero en . si se y otra.232 Fray Marcos acogió con bondad á Doña Catalina. estrellándose contra cos- tado del barco. que parecía empujada por Satanás á estrellarse contra la de los dominicos. con palabras suaves y persuasivas temores y la cólera de los marinos. y se podían oírlos lamentos. los juramentos y los gritos que daban mvituamente los pilotos para evitar el que los barcos se estrellasen los unos contra los otros. Allí los religiosos comenzaron á rezar. el terror que se había apoderado de los marinos después de tres días de un tiempo tan duro. hizo que todos los pasajeros bajasen á la estrecha cá- mara. Una nao venía derecha con una rapidez tal. á cerca. La furia de la tempes- tad no dio por lo demás lugar á más converel Una ola. se llevó cuantos trastos encontró. y que ningún influjo malélos fico ejercía calmó Doña Catalina ni nadie en los vientos y en la mar. hizo tal vez que gobernaran mal. Las corrientes. azotó contra la cubierta á Fray Marcos. les dijo que todos estaban entregados á la y voluntad divina. A esa sucedió otra. el viento. y todos cayeron de rodillas implorando el perdón de sus pecados y la misericordia de Dios. y una lluvia como abriesen las cataratas del cielo. sación. Doña Catalina y á cuantos estaban y destrozando una parte de la obra muerta. el caso fué que las naos cada vez se juntaban más.

La escena que acabamos de referir se repitió.233 el tránsito se ola. Los religiosos que habían subido un momento á cubierta. se oyó un traquiy antes de cinco minutos el Océano se atravesó otra. do. una y las dos se chocaron. la de arrecifes. todo. y se salvaron. otras se hicieron pedazos contra los y otras fueron á y de los horrores de esta tremenda noche. las olas fueron disminuyendo. á las costas de la Florida. embarrancar en medio de las tinieblas Corso y otras cuatro ó cinco pudieron ganar la altíi mar. pues más así que todos los buques ó habían encallado ó se habían hecho pedazos y hundido. La nave de Farfán. palos. si la garganta oscura de algún mons- truo se hubiese abierto y vuelto á cerrar de- vorando la presa. arrojada por como había tragado naves. y se destrozaron mutuamente las naves. El viento ei*a cada vez más recio y las olas más altas y amenazadoras. *** Parece que la tempestad no había tenido designio que hacer perecer la lloüi. maniobrando con destreza y energía. y las corrientes alborotadas y contrariadas to- . lanzaron un grito de horror y comenzaron á absolver á los náufragos y á encomendar sus almas á la clemencia de Dios. el viento calmó. pasajeros.

En cuanto al pobre negro Francisco. aunque mojados y una cantidad más que suficiente de provisiones. Entre los trescientos que tocaron tierra. El peligro de la mar que era más próximo. De más de mil y quinientas personas que iban en tas la flota. ser atacados por ellas. sólo se salvaron cosa de trescien- y las que iban en las naves de Farfán. La costa estaba desierta: sin emmuchos se internaron y reconocieron . fueron des- embarcando sucesivamente los pasajeros con parte de los equipajes. no dio tiempo á que reflexionaran los desgraciados náufragos.234 nuevo día que habían sobrevivido. el caso fué que no se encontró entre los pasajeros. clavos y tablazón destrozada de los mismos barcos natural. y como la mar estaba ya mansa. bargo. Con el auxilio de las cuerdas. se presentó á su imaginación otro riesgo. contamos á los cinco religiosos dominicos. y las demás que como hemos dicho escaparon del desastre. á Doña Catalina y á su doncella que no abandonó el cofrecillo de sándalo. en el que no habían pensado. seguramente se lo llevó en la noche alguna ola sin que nadie lo advirtiera. pudiéronse hacer algunas balsas. Aquellas y no tardarían en tie- rras deberían estar llenas de tribus bárbaras é indomables. pero cuando se vieron salvos. y encontráronse á poca distancia de la tierra. El sol del marón su curso alumbro á los náufragos varados.

235 el país. La esperanza y la felicidad reinó. pero á La melos dida que se fueron acercando se pudo conocer que venían en son de paz. Una mañana. Esto tranquilizó de pronto á la desventurada colonia arrojada de improviso por las olas en aquella costa inhospitalaria. Los hombres examinaron todos los destrozos del naufragio. el país era pintoresco y re- y el clima suave había inÜuido en poner sus fuerzas y su salud. colonia so alarmó naturalmente. porque fértil. y los que habían perdido sus to quezas comenzaban á consolarse con que har- habían ganado con la vida salva y los miembros íntegros y completos. y no encontraron huellas ni señales de que hubiese ningunos habitantes. y pensaron. y otras provisiones que habían salvado y que les arrojaba la marea. se presentó á gran distancia una numerosa reunión de indios. al concluir la semana. i)ues. y los religio- sos procuraban conservar el orden haciendo que las provisiones se repartiesen con igualdad y que no se ocasionaran en el campamento disputas ni desorden alguno. las cajetas bizcocho. jos En estos traba- pasó una semana tranquila hasta donde ri- era posible. antes de tomar resolución alguna. pues traían . Las mujeres el se dedicaron á reunir los jamones. entre aquellos desgraciados. en establecer una especie de campamento. para aprovecharse de las maderas y jarcia y formar unas barracas.

á la cabeza de los españoles armados. pero con agrado. cooperaron á la defensa. armadas de y de lo*que encontraban. que consistían en dos ballestas y algunos estoques y espadas. arremetió briosamente contra los indios. desconfiando sin embargo. cuyo nombre. nos ha sido imposible indagar. El general de la flota. palos selvas.236 muchos pescados en las maque ofrecían á los náufragos con visibles muestras de contento. hiriéndolos con las espadas y hasta las mujeres. y esperó el resultado. y haciendo lumbre comenzaron a guisarlos y arcos rendidos. El general. y cargando dejando maltratadas á varias personas. y las mujeres se apresuraron á tomar los pescados. Cuando los náufragos estaban más confiados y saboreaban se armas que los pescados que les parecían deliciosos. los salvajes huyeron y so internaron en las y ballestas. Con temor. los indios se levantaron repentinamente. repetimos. lanza- ron un alarido terrible y dispararon sus flechas contra aquella reunión de mujeres y de niños inermes. reunió al disimulo á los hombres las más animosos. Después de cerca de una hora de combate eri el que todo fué gritos y confusión. les dio habían salvado. á tostarlos en las brazas. é indios y blancos en la mejor armonía se sentaron á regalarse con este repentino banquete de mariscos cos fres- y sabrosos. ellos con sus heridos y muertos. . fueron recibidos por la colonia. y nos.

Las mujeres y niños sentían más el «camino y la ocasión les obligaba á que alar- «gasen todos el paso. los los religiosos dominicos.237 Este incidente arrojó la consternación en campamento. y algunos del «todo. sin precauciones ningunas. les pa- recía el alarido fatal de los bárbaros. pues. cada ola que se estrellaba en la playa. El pánico se había apoderado de la colonia. sin que de nada valieran las órdenes del general ni los ruegos y exhortaciones de pie. conocida la distancia que hay desel sar hasta nuestra costa de Tamaude su grave error geográfico. que creían firmemente que estaría á tres días de camino. ¡Sentíanse la hambre y . y lo que sitio querían era huir á toda costa de aquel te. donde tenían por segura una desastrosa muerAl amanecer del día siguiente. muchos casi desnudos. y todos comenzaron á peny á discutir seriamente en el partido que deberían tomar. (Tampico). y otros llevándolos á pie. sin recoger la tomar una parte de pequeños. y hoy se puede juzgar bien. medio desnudos y descalzos. y resolvieron. Cada ruido en el bosque. El maestro Agustín Dávila Padilla dice: «Todos iban á más doscal- «Z08. ponerse en camino y seguir la costa hasta Panuco. cargando unos sus niños existían. sin que todavía madera que habían arrojado las aguas. de la Florida lipas. la desalos víveres tentada gente. cada silbido del viento. echaron á huir.

ordenó la marcha. en una palabra. autor de la Historia de la Provincia de Santiago de México. cargaban en brazos á los niños largos trechos.« 238 «el cansancio. y ha- fuego en la cabeza y fuego en los píes. ponían troncos de árboles para pasar los hayucos y riachuelos. pro«curando remediarlas descubriendo tierra de «cristianos y dándose prisa para descubrirla. Cinco ó seis días caminaron y poco hay de pronto que añadir á la patética narración que hemos copiado y que hace de este suceso el apostólico varón. que estaban ya cerciorados que la gente blanca no tenía armas de fuego. recogiendo algunos mariscos. que conservaba todavía algún imperio sobre su gente. Bus- caban también los depósitos de agua dulce. eran los ángeles protectores de aquella mise- . saHeron de las selvas y comenzaron á perseguir á los desventurados tirándoles de flechazos é inco- modándolos de cuantas maneras podían. alentaban á los cansados. Los religiosos dominicos to- maron la delantera y exploraban el camino. Los indios. afligía el calor ((bia de la arena. así. enternecíanse sus madres y «todos marchaban con grandes lástimas. Llo(fraban los niños. El general de la aniquilada flota. Trabajaban todo el día. yerbas y cuanto creían que podía servir de alimento. cavaban pozos en la arena y disponían para la noche el campamento en el lugar más cómodo. consolaban á las desgraciadas mujeres.

mucha consideración. Era necesario un continuo combate con y en la noche se hacía necesario que la mayor parte de los hombres de amias permaneciesen en vela para no ser sorprendidos. En el centro se colocaron á las mujeres. en que se refiere simplemente esta desastrosa peregrinación. Cualquiera. y y sobre todo de sed. renel frío didos de la fatiga.239 ra' gente abandonada en los infinitos desier- América del Norte. tempestuosas. más fuerte. heridos algunos de rabiosos todos de hambre. de manera que tos de la después del general era el único á quien obe- decían y respetaban. armados de una especie de mazas formadas con troncos de árbol. temblando con y la humedad. y la retaguardia la cubría el general. llevando los hombres más fuertes las ballestas y las armas. más joven. más activo que los otros religiosos. prestaban á todos servicios de sostener en el día los salvajes. puede figurarse el terror tes y los sufrimientos de aquellas genen las noches lóbregas. . para nadar y para reconocer las astucias de los enemigos. pues las más veces tenían que contentarse con las aguas salobres que encontraban. niños y anúlanos. Los negros é indígenas mexicanos que formaban parte de la expedición. servían como de exploradores ágiles para correr. Fray Marcos de Mena. con solo la lectura de estos renglones. fué investido de autoridad por todos los peregrinos. las fieohas.

tanto beber. aprovechando algunas hachas. instrumentos y cuerdas que había recogido el marino más cuerdo y más previsivo que los demás. y los peregrinos concibieron la idea de que hallándose ya muy cerca de Panuco. Cerca de dos semanas emplearon en das. orillas de un caudaloso y turbio que arrastrando sus pesadas aguas por y tristes. en labrarlos. Los indios hacía algunos días que habían desaparecido. bien que algunos. según el maestro Dávila. y sobre todo por Fray Marcos de Mena. su sed con Acamparon en las orillas. saciaron aquella agua dulce y saludable. en balsas sólidas en que atravey durante ese tiempo vivieron escasamente poniendo trampas á las aves y refin. un par de sar el río. Llamaron á este río «Bravo». comenzaron la construcción de una gran balsa. en formar. lle- garon á las río. les dio nuevo vigor y esperanza. alentados por el general. y creencia de que una vez pay orillas bajas entre remolinos recía impedirles la ^ sado ese río encontrarían á poca distancia el Panuco. y seguramente no puede ser otro más que el Mississippí. pamarcha de una manera definitiva.240 Así. cogiendo algunos mariscos y dividiéndose económicamente estos recursos. se bañaron cortar los árboles. murieron de y curaron las heriy con un vigor extraño. en medio de estas penas infinitas. habrían prescindido sus enemigos de la idea de mo- .

ron á martirizarlos. quedando así redu' cidos á unas cuantas hojas de espadas despuntadas y melladas por los diferentes servicios que habían hecho. y comenzagría. y era que mientras ellos habían pasado en las balsas. los Encendieron indios lumbradas alderredor de las víc16 . observaron que más de cien indios les seguían á distancia. cayeron heridos en su poder. Durante dos días los enemigos se mantuvieron á cierta distancia. Al día siguiente de haber pasado el río. pero les aconteció la irrepa- que un clérigo que iba en al agua una ropa sucia y vieja que no le servía. y tres españoles que quisieron con tan escasas ar- mas detener de ellos la furia de los indios. los salvajes lo habían hecho en sus canoas. Era ya muy entrada la tarde. por echar llestas. se acercaron y dispararon sus flechas durante más de una hora sin interrupción. y continuando siempre la dirección de la costa. \''arias mujeres y niños fueron heridos. Con esta lisonjera esperanza pasa- ron el gran río. pero cuando se cercioraron que los españoles no tenían las barable desgracia de la balsa. arrojase el paquete donde estaban las ballestas. y la nociie vino pronto. Apenas se apoderaron cuando lanzaron un grito de feroz aley llevándolos á una mota de arbustos que cerca había.241 lestarlos. los ataron con correas de piel í^ue desenredaron de su cintura.

proferir no se atrevían ni á moverse ni á una palabra. los alimentos. quizá era la pasado. presa del terror. durante todo río. baile infernal yá atizar las hogue- y terminado el baile. Doña Catalina sufría con \in valor verdaderamente heroico el cansancio. y se pusieron á bailar haciendo gestos y contorsiones diabólica». .242 timas. Espasaba á la vista de los peregrinos que. Volvían á cabo de un rato á co- menzar su ras. El cofrecillo y en cuanto á que mejor lo había de sándalo que llevaba el frío. la lluvia. Catalina. á quien por contar estas ra- Doña el viaje ras aventuras hemos el olvidado. los más jóvenes lanzaban sus flechas. Fatigados del baile. hasta paso del gran había con- servado su energía y su orgullo. les daba cierto aire de elegancia. cicatrizando la to sangre y las heridas con tizones ardiendo. intentaban cortar la lengua ó los brazos de sus prisioneros con toscos cuchillos de pedernal. mientras otros que la consideraban siempre recía vestida siempre de seda vestidos estuviesen mojados como la causa de todas las desgracias. Habiendo salvado alguna parte de su rico equipaje. le re- husaban todo género de auxilios y hasta el escaso alimento que se repartía. apa- y bien que los y maltratados. sir- viéndoles de blanco los ojos y la boca de los españoles. la llameaban la reina. de manera que muchos de los que podían conservar un resto de buen humor.

Un día dio un diamante del tamaño de un garbanzo por dos cangrejos. tomar ligiosa. dar todos el sus bienes á los pobres. sufrámosle con signación. Si está determinado que suframos el mismo martirio — que nuestros compañeros. hábito de re- y dedicar el resto de sus días á la penitencia y á la oración. otro un hernioso rubí por un pescado y un puñado de yerbas. otro una hermosa sarta de perlas por una poca de agua salobre." real- mas. como de- be suponerse. "Dios dispone todas las cosas y es dueño de nuestra vida. la abandonó su energía y su resolución. le confesó todos sus pecados é hizo voto solemne. había sido su tabla de salvación. y anegada en lágrimas cayó á los pies de Fray Marcos. obser- vó los crueles tormentos de los españoles. Cuando Doña Catalina abriendo sus grandes ojos que parecía penetraban con su luz los lejanos bosques. esperando siempre llegar con vida y con valiosas joyas al suspirado Panuco. y se abrirán para nosotros las puertas . servir á Doña Catalina al pensamiento. Entre los peregrinos. había personas que procuraban. otro una esmeralda por unos cuantos camarones.243 siempre la doncella. ofrezcamos al Señor nuestras del cielo. le dijo con una voz suave Fray Marcos dándole la bendición. pues encerraba sus alhajas. á cambio de las piedras preciosas. de si escapaba con vida.

morían en medio de más crueles dolores. estuvieron oyendo la confesión. y los indios bailaron y bailaron hasta que las hogueras se apagaron y la luz del nuevo día vino á alumbrar este cuadro de horror y de desolación. absolviendo y animando aquellas desconsoladas criaturas. y aquellos buenos religioen cuenta sus fatigas y sus pro- sos. mientras los prisioneros. sin tener pias penas. ata- dos en los matorrales. . los Manuel Payno.244 Otras de muchas personas imitaron el ejemplo Doña Catalina.

y un resto de ilusión y de es- peranza les hacía ver. y así que los dejaron como Adán. arrojando gritos y soltando diabólicas carcajadas. heridas. turas. la suspirada ranchería de Panuco. arrojaban lastimosos quejidos. Las madres estrechaban cony muchas de estas cria- tra su seno á sus hijos. presa de la fiebre. Tuvieron todos que continuar su marcha porque no había otro remedio. los despidieron. Los salvajes volvieron á aparecer á los dos días con unas fisonomías risueñas y placen- teras. y en vez de y conducirlos al martirio. como si fuera la gloria celestial. la fatiga se . se internaron en la selva.FRAY MARCOS DE MENA Terceea Parte Los salvajes. Se apoderaron de dos hombres que por atarlos habían quedado atrás. pero desde aquel los peregrinos momento el ánimo de quedó de tal suerte abatido que no tenían aliento ni para proporcionarse el preciso sustento. sedientas. sin hacerles otro daño. los comenzaron á desnudar.

246 Fué una da. luz. dejaron hecho pedazos muerto en ha- ciendo trizas la jaqueta y repartiéndose los fragmentos. Los salvajes se pusieron fuse quitó los pantalones: riosos. debió de ser mucha «la vergüenza de verse tan faltas del honesto . Dieron de pronto con un tartamu- do vizcayno. «que apenas hay oídos cristianos para poder«los oír sin «jerés se mucho sentimiento. niños. aver- «gonzada. tiendo sus enemigos que conservasen ni si- quiera brirse. Con este ejemplo por una parte. y aunque había otras parte «causas para esto. maestro «Dávila Padilla. un harapo ni un pañuelo con que cuel «Qué lástima tan extraña. una inspiración para los desdi- chados. Algunas mu- caían muertas. los salvajes que tendían su hombres. el cual con visible repugnancia pero no fué posible que de grado les entregara una jaqueta encarnada que tenía. dice «te perseguida. desnuda. hasta los religiosos tuvieron que desnudarse. sería ver aquella pobre gen- hambrienta. herida y con tanto tropel de males. le dispararon muchos flechazos y le el suelo. mujeres. no permi- y amagados por arco. á lo que también por señas contestaron afirmativamente. Ofrecer las ropas en cambio de la vi- no era nada. Los indios se acercaron de nuevo y si los pe- regrinoSj les hicieron señas de querían la ropa. y entonces entraron al campamento.

IjOH indios rieron.247 «abrigo que con tanta fuerza les enseña la na«turaleza. Parece que desde que salieron de la Flori- da los náufragos. pero pudo ocultar entre la arena el cofrecillo de sándalo. y comenzaron á vestirse con los trajes españoles. La manera como pasaron los ríos de Tejas y el que se llama hoy Bravo del Norte. y señala una jornada fatal habían pasado quizá sesenta crónica no puntualiza la en el río de las Palmas. de pronto. hasta el teció la cruel ferir. de esUi manera: más . La doncella tuvo igual suerte. y la sed era ya tixn grande que apenas alguno solía divisar un esó menos. y los náufragos tuvieron que continuar su doloroso camino en demanda de Panuco. Doña Cata- que entregar sus vestidos de seda á una india que á su vez se desnudó y se engalanó de una manera ridicula con el traje de la rica dama. burlaron y festejaron la invención así que vieron completamente des- nudos a todos lina tuvo los peregrinos. les Los indios. refiriéndola. que pre se les alejaba parecía que siemla y estaba en extremidad *de la tierra. se retiraron no sin disparar algunas saetas. á poco La infortunada gente atravesó un país enteramente desl)rovisto de agua pota])le. punto en que aconaventura que acabamos de re- días. y las alhajas que encerraba sirvieron para vivir algunos días más.

y los otros de las heridas y de las llagas que los piquetes de los insectos y el sol habían hecho en sus cuerpos. Su esperanza para no morir de la muerte más espantosa. que no se sabe si eran los mismos que los habían perseguido desde la Florida. de las mude este río' perecieron todas y hubo casos en que . era la lluvia. devorando poca agua con todo y el lodo. ú otros. ó cuando caía les era imposible reco- gerla. pues toda esa costa estaba llena de tribus cazadoras y feroces que los espaesto se agregó otro terrible A y más ñoles nunca pudieron ni conquistar ni reducir á la vida civilizada. pues es menester no olvidar que esta última parte de la peregrinación la hicieron completamente desnulos biles mas más dos. La descarga de la debilidad flechas y de golpes fué jeres tan y extremada. Cuando vieron un ancho. que á orillas ellas. y fatigados y sudorosos encontrala vida. las arenas y las piedrezuelas. se arrojaron voraces á beber sus frías aguas. dulce y cris- talino río.248 caso manantial en una peña. y veían con espanto que las arenas ar- dientes sorbían las gotas que á ellos darían la vida. ron la muerte donde creyeron hallar ataque de los indios. pues los déy enfermizos habían quedado regados en el camino muertos los unos de hambre y de sed. Así pudieron llegar al río de las Pal- fuertes y animosos. pero ó no caía del cielo. cuando la corría como un furioso. tal.

La Providencia quiso poner á prueba su fortaleza. por falta de por- No pudiéndonos menores. y á agenciar las facultades vertir á los Ínfleles sufrieron su destino rar. es decir. desesperados y "frenéticos se desperdigaron por los bosques. ó de hambre y de desamparo. ya sin ser posible den ni servir de nada los mutuos auxilios. iban á España á asuntos que podemos llamar espirituales. no omitiremos decir lo que alcancemos de los personajes que más han figurado en esta narración. de todas las personas y sufrimientos individuales. y su suerte sin murmuy bendiciendo hasta la última hora la Dios. tratando de salvar su vida ó de acabar con ella prontamente. llorando junto al cadáver sangriento de sus madres. joven robusto. buen estudiante y dotado de las sencillas y admimbles virtudes que inspira el crip- . Los cinco religiosos que hemos dicho se embarcaron en la flota. ocupar. Además de ta las mujeres. y después murieron probablemente matados por los indios. los pasaron de cincuenlos el or- hombres que también murieron. mano de Fray Diego de la Cruz era español.249 los niños quedaron abandonados. y pocos que quedaron. Difícilmente en naufragio alguno se puede contar una serie de aventuras tan horrorosas. y Fray Heniando Méndez era mexicano. y los medios de cony do civilizarlos.

pero todo fué inútil. se arroja- ron á contener y á exhortar á los bárbaros. conducta atroz de los conquistadores con deseaban una sangrienta y señalada venganza. última de nuestra breve vida.250 tianismo. dez. porque aquellos hijos de las selvas no entendían el idioma. con un valor que no lo da más que la verdadera virtud. á los niños. y los mios son muy grandes. en la carne morir. La vida. porque en esta triste jornada. — Hermano. Los religiosos fueron heto la y con las flechas encajadas y dejando un reguero de sangre. sino para y los dolores los martirios que estarei- mos pasando nos abrirán las puertas del . y por otra parte parece que. venido á ella para gozar. hermano. trasmitida á su conocimien- la raza indígena. al menos del martirio. sario resignarnos con la voluntad de Dios y confesar nuestros pecados. se apartaron de aquel campo de desolación y pudieron llegar á un lugar solitario donde ridos gravemente. Cuando los salvajes atacaron á los peregrinos en las orillas del río de las Palmas. — — y — No hemos sufrir. los dos religiosos quisieron defender á las mu- jeres y especialmente salvar. contestó con una voz apagada Fray Diego ^es un valle de lágrimas. he murmurado algunas veces de Dios y he dudado de su clemencia y amparo. así. — Fray Hernando Mén—tenemos pocas horas de Es necedijo vida.

—Hermano. revolaban alderredor de aquellos dos sangrientos y mudos esqueletos que continuaban con trabajo y silencio cavando sus sepulcros. y Dios nuestras almas. curiosas y alarmadas. vi- y cayó en la tierra moribundo. un esfuerzo supi'cmo y comenzaron á cavar sus sepulturas. en silencio y con unos palos de árbol que encontraron en la selva. El día estaba espléndido. las aves cantaban.251 no celestial. comenzaron á derramar lágrimas de arrepentimiento y á sacarse las jaras y los pedernales que tenían en las llagas dolorosas de su cuerpo. Fray Her- . Los dos hicieron religiosos. escuchar mutuamente su confesión y abrirse con el perdón las puertas del cielo. si en este trance bendecimos al Señor nuestro Padre que está en los cielos y confiamos en su misericordia infinita. el Los dos religiosos. Después tuvieron fuerza para arrodillarse. La tierra consagrada con nuestra sangre recibirá nuestros cuerpos. — Hernando Mén—mientras que nuestras fuerzas permidijo Fraj' lo tan. medio recostados en tronco añoso y arrugado de un árbol corpulento. saltaban en las ramas. dez. y algunas veces. cavaremos nuestras sepulturas y las bendeciremos. Las fuerzas de Fray Diego de la Cruz no le permitieron concluir la última tarea de su da.

sustentándose de raíces y de hojas de árboles. le lavó la sangre coagulada y le curó con yerbas mesi esta visita. hombre rico y considerado en México. había participado de los desastres de ]a expedición. Vázquez extrajo con cuidado las astillas y los pedernales de sus heridas. y que. era Francisco Vázquez. le rezó las últimas oraciones. Repentinamente apareció en aquella soledad el semblante de un amigo. acudió. dice el maestro Dávila. le le cerró los ojos. y enterró como pudo. á esperar su última hora. más joven y más fuerte. ya sin fuerzas. tomó á su hermano en brazos. llevándosele á otro pareció mejor. Anduvieron los dos algunos días. hasta que poco después la fuerza de las llagas acabó la vida del religioso. el seglar le derramado Vázquez. en vez de continuar su camino ha- . El religioso recibió hubiese bajado un ángel del cielo.252 nando Méndez. como ellos. le bendisi depositó suave y tiernamente como fuese él un niño dormido en la sepultura le había acabado de cavar. y amigo íntimo de los religiosos. como dicinales que le lugar que él conocía. y las arroy volvió al nudoso tronco. cortó algunas flores silvestres jó sobre la tumba de este santo. jo. que ya cubrió de are- na. natural de Villanue- va en España. después de haberle sepultado y las lágrimas que arranca la común desgracia sobre aquella santa é ignorada sepultura.

De las narraciones de este personaje está sacada. Fray Ignacio Ferrar y hacer. un barco. comenzaron en silencio á degiosos se sentaron en una orilla. . El cielo premió su constancia y su excelente corazón. y es bien difícil. la triste historia que he- Fray Juan Marcos Fray de Mena. en parte. de Mena. en una costa tan llena de'esteros y de corrientes diversas. los enemigos y hasta los insectos contribuían á aumentar el horror. á un río que está antes del Panuco. aumentar el triste Llegados al río. habían sobrevi\ddo. designar con exactitud los lugares. pero realmente no es esto de importancia para y sangriento colorido de estos cuadros donde el desierto. pues. pues á los dos ó tres días. con sus pies destrozados y sin más fuerza y apoyo que el que les inspiraba su alma enérgica y religiosa. el hambre.253 cia el Panuco. al caer una tarde. desde donde se dirigió á la capital. donde todos encontraban la muerte. der el gobierno de México para socorrer á los náufragos. los reli- y mirándose unos á otros con su cuerpo lleno de llagas. tuvo la increíble energía de empren- regreso hasta el punto del naufragio. Se dirigieron. dice la Crónica. le recogió y le condujo enviado por el á Veracruz. consultaron lo que debían y resolvieron seguir la suerte de las gentes que mos puesto ante los ojos del lector. resueltos a auxiliarlas hasta que las fuerzas les faltasen.

y arrojando gran gol«pe de agua por los colodrillos. tratando de desembarcar para tomar aliento y pensar á qué punto de la orilla opuesta se dirigirían. Abordaron á ella. se «vantaron las cabezas. cuando sintieron gente hacia sí. encontró una barca con dos remos que sin duda habían los indígenas dejado allí. como asienta el Maestro Dávila. Eran dos ballenatos que habían entrado de la mar. Túvolo y con razón en aquel trance como un mila- y dando aviso a sus compañeros. Miraban la corriente ancha é impetuosa del río. y el «resto del cuerpo descubierto. legro. pero apenas puso el pie. «las cabezas cubiertas con el agua. que parecían «isletas. y no concebían como lo pasarían. para evitar un nuevo encuentro con los salvajes. y entre plantas acuáticas. recorrió alguna parte de la orilla. todos embarcaron y comenzaron á bogar con dirección á un peñón negruzco que estaba en medio de las aguas y que les pareció una isla.254 rramar lágrimas. y tenían. Fray Marcos de Mena se apartó un poco. Fray Ignacio Ferrer desembarcó.» Fray Ignacio fué socorrido por sus compañeros que le tendieron un re- mo antes de que se hundiera. y pasado este incidente continuaron su navegación hasta . y en un recodo oculto. cuando la isla se movió y gruesos chorros de agua brotaron de aquello que habían tomado por una roca. se fueron río «abajo á la mar.

después con otro y otros. que apenas tenían ánimo para pedir agua.255 que dieron en una verdadera isleta donde pasaron la noche. siguiendo cerca de la playa «todo el día. Des«pués de media noche comenzaron á caminar (fcon gran prisa. A cación. el marisco muy miserablemen- Casi veinte días llevaron este paso sin ver «indios. Llegaron al fin los frailes y la demás grande que está antes del de «Panuco. dice nuestro cronista. aunque hallaban á algunos españoy otros muertos. Temprano al siguiente día llegaron á la orilla del río. cada uno procuraba su mejor que podía. habían adelanhasta entonces de se muerte. y comenzaron á dar orden cómo pausarle en balsas. y algu- nos heridos y traspasados de flechas. muy descuidados ya de ver «gente á un río . esperando por horas la muerte. Prosiguieron su camino todos jun«to8. y unos se apar- «les flechados «el aprieto era «remedio lo «taban de otros procurando cada cual adelan«tarsc por verse más presto en tierra de cris«tianos. hasta la noche que descubrieron «á los «tado. y dejando la embaremprendieron explorar el terreno hascuya ta encontrar á la desventurada gente en con tropezaron andar poco demanda iban. sustentán«dose de sólo «te. la playa siempre en la mano. un cadáver. que(f «daron los tres religiosos entre los muertos y «heridos. porque como grande. «la demás españoles que y excusado por eso. Aquella noche.

estos animales voraces acudían en un momento después un númecuerpo de los religio- que cubrieron el el sos. Apartó la vista el religioso de este espectácu- y en unión de sus compañeros se refugió en un espeso matorral donde no pudiesen los indios descubrirlos.256 «indios. y ro tal. y otros sucumbieLos religiosos. Al cabo de una hora comenzaron á sentir agudos pilo horrible. sin tener ya posibilidad de ocultarse entre unos matorraEl primer espectáculo que se presentó á vista de Fray Marcos fué Doña Catalina. de árboles. no lo estaban el y antes aprovecharon de los espatiempo de su «nar «ausencia en rehacerse de flechas. De los españoles unos trataron de huir y de esconderse. se defendieron. y por gael tiempo que los españoles les llevaban «de ventaja. ser otras que no podían más que troncos ó ramas nudosas ron. de salvar ni aun de auxiliar á sus compañeros.)) fué El resultado de esta maniobra de los indios un combate terrible y tenaz. aunque dando voces y alaridos pasaron muy cerca. quetes de hormigas. pero ellos «ñoles. y sus hermosos ojos y su seno carcomidos por los buitres. hacían para quitárselas con ramas y hojas de Las mismas plantas estaban cu- biertas también de gruesas capas de estos ani- . la traspasado su cuerpo de flechas. otros con las escasas armas. y no bastaba continuo esfuerzo que las plantas. trataron les.

uno en el lagrimal nadando en sangre. y salieron de aquel matorral. Cuando salieron del baño. cercanías. ya en al- guna otra })arte. y se echaron á la agua. cayeron en y los salvajes los dejaron ya muertos. y continuaron buscando á los demás españoles que se habían ocultado por las tierra. que pre- tírieron entregarse á las flechas de los indios. á Fray Ignacio Ferrer le mata- ron dándole en la cabeza con un tronco grueso de árbol. único medio posible de desembarazarse de los voraces insectos.257 ni.ilep. ya ilentro del agua en el la orilla del río. en- contraron inmediatamente una bandada de indios que los habían espiado y los esperaban. ganaron corriendo la orilla del río. entre ellos Mena le asestaron del ojo derecho. y á Fray Marcos de siete flechazos. Los tres. Su martirio llegó á tal grado. y cerca de 17 la noche. caso fur (jue todavía esca- paron algunos de la matanza. ron. t^jilvajcs se retiraron creyendo haber acabado su misión *** El instinto de (|uc la propia consen^ación hizo algunos de esos infelices se ocultasen. A el Fray Juan de Mena le chazo que to traspasó el le dieron un flepulmón y cayó muer- en acto. observando (juc los salvajes se habían . matando á todos los (pie encontra- Así pasó esc funesto día. y hxv sangrienta.

poríjue no tenían tienipq ni instrumentos para hacerlas profundasj y depositando allí aquellos cuerpos san- grientos.. su rostro.salieron cautelosamente á explorar el. . religiosos. y resolvieron enterrarlos.^-p ¡(^e . bálsai)io.Pái4V|co.CíVTíipo^ y se horrorizaron de verlo cubier^ to. facilidad con que le Hizo un esfuerzo. y venerados. Cuando salieron los primeros rayos del spl. jJÍk*. y jQon. levantóse pudo sacudir la poca de tierra había cubierto la piedad de sus amigos. y como les tenían no sólo una inmensa gratitud por quo les mci^ipSi siitio habían prestado. una leve ca- p^a 4p tierra encima. que era para ellos la tierra de promisión. Fijaron la atención en los ve^ los tre^. Cavaron lige- ramente unas sepulturas. Miró á todos lados y no observó sino cadftyeires sangrientos y desfigurados que co- . no pudiederramar abundantes lágri- mas. conti- nuarqn su peregrinaciónj en demanda siemp.|C}e cadiivíires. rezaron una oración. ex- perimentaba por consuelo una especie de Qomo si hubiesen ungido su cuerpo cpu 1^1. mañana . so en su cuerpo y que un negro velo cubría el contrario.ios roijp. de la noche cayó una fresca llusiguiente fué pura y hermosa. les echaron .vj(.258 retír^clpí. Mentía que tenía un gran pe- En el resto via. nevación sino se}". Fray Marcos de Mena se creyó presa de a\Vf^ ppsafiilla. y encomendíindose ellos mismos á Dios. pero en vez de sentir dolores.

y él ayudaría á que se alejasen de aquel fúnebre cementerio. habrían infundido á cual quitar otro hombre.aban á Her ya ña. de miedo y de cansancio se habían (juedado muertas estrechando á sus hijos en sus brazos. sin poder encontrar ni:'is que raíres. podrían estar todavía con vida. y de pronto parece que un vigor desconocido y so^ bre natural sangriento esqueleto. animado del senti- miento sublime de la caridad. . Nuestro re- miedo ligioso. como él. animaba á su ya descarnado y Uno por uno examinó encontró algunas madres qvie á sus tendidos é insepultos compañeros. por el contrario. Buscó en seguida algunos alinicMitotí. aquellos cadáveres desfigu- rados é insepultos á (quienes la muerte sorprendió en las siniestras posiciones que causan el dolor y la desesperación. para que de los cristianos no fuesen devorados por las fieras. entre los cuales de hambre. refrescada con la lluvia. Aquel desierto donde acababa de desaparecer todo vestigio de existencia humana. La tierra y arena en que había estado enterrado. había servido sin duda de me- dicina para mitigar la inñamacion de las heridas y de los piquetes de los insectos. hizo un esfuerzo supremo y se levanto alentado con la idea de que muchos.259 meu7.stu do Itis aves de rapi- encomendó á Díop. cumplió en aquel remoto })áramo con los últimos delilos restos y dio sepultura á cuantos pudo. Se pa.

un grado Haciendo que le era imposible moverse. donde bendiciendo las obras y de la naturaleza podría entregarle tranquilamente su alma. y la falta de cuidados. un esfuerzo se retiró de las orillas del al interior del país buscó más exhalar el un sitio mar y donde último suspiro. Al siguiente día se alejó de aquel sitio c-os.260 y juntando trozos de leña los encendió llegada la noche. Pudo llegar á la vertiente de agua. y dio gracias al Señor porque le había llevado á aquel paraje. formada casualmente por la vegetación exuberante de aquella costa.(jueUas fúnebres y solitarias tumbas. ya porque el religioso no podía dar un paso mas. y algunos árboles que parecían colocados de propósito. el que se habría . 3'^ tomó la orilla de la playa para proporcionar- se algunos mariscos. ocasionaron que sus llagas volviesen á inflamarse hasta tal. Había un mullido lecho de musgo. los movimientos que nía que hacer para proporcionarse que comer. pero el sol que tostaba te- su desnudo cuerpo. Se detuvo en una especie de gruta. y permaneció velando a. formaban una cabana. Cerca se escuchaba fuentecilla de agua. sació su ardiente sed y se recostó en se- guida en un lecho de hojas. el ruido apacible de una las aves habían escogido aquel lugar para la mansión de sus amores. Ya porque el sitio era agradable y pintoresco en extremo. resolvió quedarse allí.

contemplaba llena de veneración y de ternura.ing(. con locos pen«samientos. De esta serie incidentes se había (.onq)uesto gos. (jue i^uyendo descarriada había escapado de la fe- rocidad de los salvajes y podido vivir en los bosques. Ilaiabre. Tenderse en el lecho y apoderarse de sus párpados un sueño dulce y bienhechor.IimIiÍívcx pcrinien- tado un i)ljicer igual al i\ur lo proilnjo la vis- . Quién sabe cuántas horas estuvo así nuestro fraile. con los ojos le anegados de lágrimas. fatigas inficalor abrasador. hasfa <l(). los que ei-aii parecidas á las de demás.'is bu(>n religioso. hincada de rodillas. no ser verdadera la divinidad del 'f Redentor. Eira esta criatura una de tantas víctimas del naufragio. llagas. frío. todo fué uno. un poco.» -Cuando despertó de su sueño vio delante de sí una figura extraña. «le con la so- ledad misma. i^itas. y recordaba que durante este tiempo. Se frotó los reflexionó ojos.)aiii. como tener delante de sí al demonio «proponiéndole. tan pronto había creído oir en la gloria melodías dulcísimas y desconocidas. con con los torrentes.l de la guarda del maltratado solitario. peligros con los salvalas lleras. y entonces observó que una negra.261 creído preparado por el . sino engaño de los cristianos. jes. y de pronto creyó que era una terrible realidad. La excelente mujer contó al religioso sus aventuras. la vida de todos los náufra- <|U(' i'l su(u«sivamente fueron iiiurien- .

Fmy Marcos esperó lleno de ansiedad. Pudo más bien arrastrarse.262 til de aquella fea negra. En efecto. las y volvía á desaparecer. al solitario algunos ratos. todavía más monsdesorden de su lanuda cabellera. y en la cortei)or el truosa y por za de lo una fruta silvestre trajo agua. que se á tentar habían llenado de gusanos. se resolvió el último y supremo esfuerzo. y así llegó y terminó la noche sin que la negra se presentase. y la negra no pareció. podía arrancar á aquella naturaleza salvaje. La negra corrió á la fuente. en procurarse los auxilios que. Un lar el día llegó la hora. Fray Marcos urgido por é hambre y por los dolores inflamación de sus llagas. que no andar. y se puso en camino con dirección á Panuco. rezaba acompañaba con él. y que también podría. á duras penas. á ese Panuco faljuloso que había visto cerca desde el día de su naufragio. . hasta la orilla de un río. proporcionarle algunos mariscos. ocupándose en horas de su ausencia. durante doce ó quince días la negra aparecía con exactitud llagas del religioso provista de algun(^s alimentos. con la ayuda de Dios. lavó las y le aseguró que conocía ya varios lugares donde encontraría yerbas y raíces jjropias para comer. extenuado y flaco de sus miembros. que era por lo regu- medio día. y al cual casi ningu- no había podido llegar. le cu- raba. A los dos días perdiendo toda espC' la ranza.

i-rlói Hízoles una señal. le dijrron: <(Tatn. é iridicAndúle la l»ol)lación. del jxui de la muy blanca y rtiuy bien hhéonndnn\ Ib cu- brieron bien con la sábana. y observó dos hermosos mancebos de alta estatura y gallardo porte. recieron (Uíjándole absorto y 'pt'ff^úadído de que solo por la intervención de los ángeles puilo haber salvado su vida.i<Imi<.. para cerrarlos sin du- da para siempre. no pudiendo ya ni aún soportar l-a fuerza de la luz.pico.263 perdió las fuerzas y cayó en tierra. último esfuerzo '<!(? <^e fué capaz.>i: •-. que distaba sóhuueute algunos paTamjñcb» y desapa- sos. remando ágiles con dirección á un puel)lo de españoles ({uh estaba á trece leguas ta. en la un entusiasmo pequeña ciudad es- . Fué acogido difícil t'l religioso con dv pinlavsi'. que. Abrió' en aqueallí llos momentos los ojos. m!m. aimque estaban desniidos. sacaron de ella ima sábana blanca. levantaron del suelo á Fray ' Mai*coL*. no tenífeii áreos ni flechas.o. I^s mancebos saltaron á una barca qué estaba en el río. y clavó su rostro en tierra.-. ron agua y una «íorUi dehjada ticrní. le envolvieron en ella y le colocarori suavemente en la embarcación. Allí le de distancia en el la orilla opuesle die- sacaron con mismo tiento. eny comendando su alma á Dios.

El primero fué elecy to obispo de Oaxaoa. dejando á los religiosos asombrados con la narración de sus raras aventuras. adonde llegó á tocar á las raron. Cuando el Virrey Don Martín Enríquez ña para ron el el salió de Nueva-Espa- virreinato del Perú. y se quedó en el convento de la ciudad de los Reyes. M'imiel Vayao. Algún tiempo después tuvo que sufrir una dolorosa operación. y Fray Marcos de Me- na no quiso ya hacer otro nuevo viaje. fiaco. pues las heridas habían cerrado en falso. hasta que estuvo en estado de emprender su camino á México. aunque siempre descolorido. y á todos persuadidos de que sin la especial intervención de la Providencia.. y tenía dentro del cuerpo trozos de jara y de pedernal que los médicos tuvieron que extraerle. era imposible que hubiese podido resistir tanta fatiga y sobrevivir á las peligrosas heridas en el desamparo de la infinita soledad de los desiertos que había atravesado. le acompaña- Maestro Fray J^artolouié de Ledesma Fray Marcos de Mena. Las familias le agasajaron. El refirió sus aventuras y bendijo á las familias.264 pañola. resultado de sus inauditos padecimientos. Sobrevivió veintitrés años. donde murió santamente en el año de 1584. y sufriendo diversos males. le cu- mimaron con un cariño singular. le puertas de su santo convento. .

(|ni' se llamó el Siuito (^í¡- Luis de C"arab:ijal. daría motivo A escribir. hará formar á nuestros lectores la idea nías perfecta del carácter y procedimiento de esa terrible institución cio. insertando al pie de la letra algunas diligencias. las te- rribles persecuciones sición. las revelaciones curiosas que sufrió por la Inquique ante aquel tribunal hicieron Lia diversas pcrsoníis de di- cha familia. acerca de la observancia y ceremonias de la ley de Moisés. y el fin trágico de todas esas personas. necesario á los estrechos límites de esta ])ubli(ae¡ón. la mayor claridad posible.LA FAMILIA CABABAJAL Primera Parte La historia de la familia Carabajal. sino un gran libro. tales conjo exis- ten en las causas originales. no dos ó tres artículos. Nosotros uniremos al laconismo. sin einl)arg(). y jiunque esto al- gunas veces parezca r^vnsado. nativo del rein<» de . 1).

Gaspar. Luis. en el convento de Santo Domingo allí de México.su compañía á su cuñado D. llegó á Tampi00. que eran muy niños. D'? Catalina. D. 1). y haciendo al- gunas veces viajes al Mineral de Tasco. y el segundo con D^ Leonor.266 hombre de 45 años.* Leonor tenía una negociación de minas. adonde pa- saron todos á establecerse." nombrado por el Rey de España Gobernador del nuevo reino de León. además. en donde el marido de D'. viuda de Gabriel Herrera y la ma^'or de todos los hermanos. Miguel y Anica. fueron de Mé- xico dos comerciantes españoles. Esto motivó lia el viaje de toda la fami- para la capital de la colonia. Luis de Carabajal trajo en. . el primero con D'> Catalina. D. que había llegado poco tiem- po lia antes. Francisco Rodríguez de Matos y su mujer tenían un hijo llamado D. Antonio Díaz de Cáseres y Jorge de Almeida. Baltasar. por el año de Portugal. Francisco Rodríguez de Matos y á su hermana D^ Francisca Núñez de Carabajal. de 26 años de edad. y á los hijos de estos D^ Isabel. DI* Leonor. D. D^ Mariana. y casaron. 1583. viviendo al parecer cristiana y tranquilamente. Un año después de la llegada de esta fami- á la Provincia del Panuco. religioso.

por denuncia que contra ella se había hecho como observante de la ley de Moisés. dice el párrafo 45: «Si el reo es«tuviere negativo de sí y de otros cómplices. . ó por fuerza del tormento. reo confosase lisa y el pe- Y no bastaba que llanauvjnte la culpa. y á éste contra aquélla. é impresa en Madrid en 1574. para hablar en los términos propios. voluntariamente.267 *% En de el año de 1587 la mano de D? hierro de la Inquisición cayó sobre los Isabel. lla los infortunios de aqueporque la Inquisición. á los pa- dres contra los hijos. obligaba á los desgraciados reos á decir cuanto supiesen. sino que se le atormentaba para que confesara lo que de otros sabía. la mayor hermanos. porque en la Compilación de instrucciones del Oficio de la Santa Inquisición. y los inquisidores Bonibel. tificar Aquí dieron principio á los hijos contra los padres. El fiscal Dr. á la mujer contra el el marido. como se acostumbraba en aquel tribunal. cargando con todo so de ella. y García decretaron la prisión de D* Isay el secuestro (ó secresto) de sus bienes. que era lo que se llamaba tormento in capul alicnum. á los hermanos contra los hcrma'nos. Lobo Guerrero presentó su acusación. á tesáf lla familia. hecha en Toledo en el año de 15(]1.

y Fed ifjde Fonseca. («bricada. Copiaremos íntegra la ¡)arte rede esta diligencia. alienum. y d(í su madre D'. hasta el momento en que los dolores obligaron á confesar á aque- lla desgraciada. según su declaración. puss no ((propioH culpHts. presente para ello «Dr. que no tenía entonces. más que 30 años de edad. ci'C. pomí. mandaron leer y pro- anunciar la dicha sentencia de tormen«to. Lobo en cuya presencia se notificó á . alcaide. que ya no existía.* Francisca de Carabajal. de este Sandio Oficio.» 268 «dado caso de «pitt (jue haya de ser relajado. y por testigos Arias de Val«dez. «drá ser puesto á cuestión de tormento. isar)ei. y en caso de (jue se le el tal cael venza «tormento. y al principio no (juiso declarar que la había aprendido sino de su marido. dúpara que confiese sus D'} Isabíjl de Carabajal confesó ante los in- quisidores que era observante de la ley de Moisés. Entonces los inquisidores determinaron que se procedida á la diligencia lativa de tormento. la cual dierojí ((ron de susso contenida y por ellos ruy pronunciaestando en la dicha su audiencia el «de la mañana. dación aé ciadetoi- «Y luego «cha vista la negativa de la di- i). por(guerrero. fiscal «tero.

y que primero morilo «rá Dp8nu(ífV. y cámara del tormenlos adonde fueron luego Señores «In(|UÍsidores. Dosnudó- «se ella . la verdad. doifomtn^ **** «Y estando en si ella fué tornada á «amonestar que por reverencia de Dios ' " '• ' «diga la verdad «tanto trabajo. y luego so salieron de la "iiudieuciu. en camisa bacarnes de fuera.- .. i)or ella y padecerá en una M^iutro^' « ^^^'^^ mandado entrar y entró el Miy que la «nistro. y plegué á Dios que esto pare ' ' «en bien. á hora do las ' nueve y «cuarto de la mañana. . «Y con • ' ' esto fué «fué llevada á la «to. I mal le hace. no se quiere ver en «Dijo: justicia del Cielo venga so- «bre quien tanto .Y siendo leída y notificada la diJ)'.Y estando desnuda. fué tornada á ([\u' (•(' -«ja. -ÍM vaya sobre quien le hace pa«decer.Mi«dad. las «amonestar por reverenciado Dios . 11 «clio la verdad.H partos.'' «cha sentencia á la dicha «Dijo: Isabel. y que «ella ha dicho «por Dios que padeció «Cruz. ha dicho la ver. mandada llevar.. mosma diciendo. que ya ha di- t. ^^Notiüca.2CÁ) «]a. que decir que no sabe. . t. desnude. porque ella.

y y Luis de Carabajal. y la ratificaron en ella. mandados y estando amonestada que diga la ver«dad. y no hay otra «cosa ni sabe más. «Y mandóse dar una «jo: vuelta de cor- «dcl á los brazos: antes de dársela di- que esta es la verdad. «aquí en México. la enseñaron en toda descubría nada. y su madre la mal«decía si «ellos. y que aq\ií ha de mo«ligar los brazos flojamente. «Dijo: que «ra haber para ella «la ningún tormento pudiemayor que hacer- «fuera^ gran afrenta desnudar. esto le fueron «Y con «ligados. y no se acuerda del «tiempo en que la enseñaron y trata«ron. «rir.270 «diga la verdad. y «Moysen que hoy «con ellos la guardó. le «manos de dijeron y enseña- «ron todo lo que tiene dicho de la Ley «de Moysen. y dijo al Ministro la . i ocho meses que tiene cony Dios es testigo que ha di- «cho la verdad. sus ella. y mostrar sus carnes de y dolor para ella. la cual y la Ley de tiene confesado. que tamBalher- «bién «tazar D^ Francisca su madre. los «fesados. más de que esta la guardó en «veces. dijo: que ya la ha dicho y no la «quieren creer. y no quiera padecer «tanto trabajo.

observantes de la Ley de Moisés. en medio del tormento. ^^1^ ^|-^'^ ig^ dicha vuelta. diga la que «Amonestada ron'íei'írios brazos.271 que no hay dijo cosa. que la he dicho y me atormen«dicha. de cordel.' «ta «la que diga la verdad. denunciando á todas las personas. vinieron las causas de todas las personas testificadas por ella. que mandó dar y D* Isabel no pudo ya po. incluso el gotenia fué bernador del nwevo reino de León. ay desventu«rada. arrancadas á D'í Isabel por el tormento.testigo vaya por amor de Dios: es Dios que la he dicho. «tau. de su familia y ú uu gran número de persoiiíí»s„ de hpmbres y de mujeres. «. no otra porque y se verdad. resistir por más tiem' y allí. ¡Sólo íi la mitad de la declaración consin- tierpn los inquisidores cu cordeles. haga au oficio. y un número Toda increíble der^of? entró á la Inquisi- ción por esta causii. y dio "grandes gritos y voces. y vive Dios «(|U0 ine Ciustigan sin culpa^ vu^elfa'"^ K Amonestada «se . la familia Carabajal. dio segunda vuel^ le gritos que dio grandtíe de conleU y » la. que se aflojaran los Después de las rx)nftiSÍooes. comenzó una larga declaración. las cuales ú su turno denunciaron á otras. í<m. tnatan dejen.is. .

contra la «dicha D^ Francisca Núñez de Cara- que la debemos de condenar y «condenamos á que sea puesta á cues«tión de tormento. tanto tiempo «cuanto nuestra voluntad fuere. indicios y sos(q^echas que de él resultan. madre de todos los jóvenes Carabajal. para «que diga y confiese enteramente la «verdad. quemado en D'? Francisca. y fué en efecto la que más los de sus opuso para declarar en contra tormento la hizo faltar á sentimientos de su corazón. mismos aquí pintado con las sencillas palabras del proceso. pero el nías de su dolor testificó contra sus hijos. debía ser. y en las agoresistencia hijos. según y como ha sido amo- .272 presa. hasta sentenciarle á ser estatua. y contra quien se siguió. el proceso. qtie logró fugarse en Tasco. Christi sentencia. Baltasar. el terrible trance en que aquella desgraciada mujer fué obligada á dar su confesión. sin embargo. sobre las diminu«ciones que de su probanza y confe«siones resultan conforme á lo en esta «bajal. Hé Nomine Invócalo «Fallamos ateutos los autos y mé«ritos de este proceso. en el cual mandamos «que esté y persevere. á excepción de D. «causa votado.

y esta os la verdad. Bonilla. haciendo veces así la mesmo el «de ordinario estando en La dicha su «audiencia de «Dr. y la deesteSanFrancisca leída dicha D'.273 «nestada. «La cual dicha sientoncía de tor«mento fué dada y pronunciada por «los dichos Señores Inquisidores.^ «Núñez de Carabajal. que lue«go se salieron de la au«liencia. dijo: que ya di«ce que creyó derochannente en la I>'v «de Moyson. «to Oficio. llorando. y «tra. alcaide. con «los dichos. no á la nues- por no haber querido confesar «enteramente la verdad. sea «á su culpa y cargo. cirífói""" (Z^os rúbricas). de ella habiéui)ro- «dose hallado presentes á la dicha «nunciación Arias de Valdez. Inquisidor Lie. y por estar «negativa. y siéndole «y notificada «efecto y i'i davío á entender el la sasodiclia. licia- ó del se le siguiere efusión de «sangre. ó mutilación de miernljro. y IS . «Juzgando así lo sentenciamos y «mandamos. y el «dicho Sr. «y Pedro de Fonseca. I^i «susodicha. mañana fiscal presentes Lobo Guerrero. que si en «dicho tormento muriere 6 fuere «da. ]x>rtero. con apercibimiento y anio- «nestación que le haceino!^.

la mañana. y no la afrenten y desnuden. y afrentada. que la verdad es que ella «creyó derechamente en la Ley de «Moysen. y su alma irá á go«zar de Dios. Mo«Dijo: «rales. y no se (¡uiera ver en «este trabajo y peligro. y clamarán de«lante de Dios. y por librarse de los Señores ha dicho que creía en «ambas leyes. «Y con esto amonestada. deitonnen- "Y cou esto fué llevada á la cáma- «ra del tormento por el dieho alcaide. y sus hijos «quedarán huérfanos. por«que acjuí ha de morir. y ella morirá aquí mar«tir. pero que es burla. por enseñanza del Lie. «viva. «á la cual fueron luego los dichos Se- «ñores Incjuisidores. de quieu tiene pe- más que de su propia vida. á hora de las «ocho y media de «más ó menos. que «no creía en la Ley de Jesucristo sino «en la de Moysen. y (|ue lo demás se «lo levantan.274 «que se duelan de íala. ella y de los huér- «fanos de sus hijos. por<iue no saldrá de aíjuí «Inquisidores. y que «no la afrenten por amor de Dios. fué man- . y que miren que es mu«jer. poco tornada á «Y estando en ella fué «amonestar que por reverencia de Dios «diga la verdad.

en car«es triste «jos «nes de la cintura arriba.275 «(jue la «dada entrar. (jue es mujer y viuda y y con quien no se sufre ha«cer esto en el mundo. «Dijo á voces. «Dijo que )a vrniad toda «y (jue miren que quitan la lia dielio. y no hay «más que decir. fué tornada «á amonestar que diga la verdad. y estiindo ligados. madre á . desconsolada y viuda con hique clamarán á Dios. „Y estaiido dcsnuda. y no dé lugar á (juc se pase ade«lante. gado*^"""' «Fuéronkí mandados hgar los bra«zos flojamente. fué «vuelta á amonestar que diga la ver- «dad. ui sabe do más de que «Y miren que •dioncsta. Desnuda. dijo: ciud dijo de rudiWis llorando mitxho. en especial don«de hay tanta santidad. y «Y «ten. que todo es maldad.tí «te luego. y entró desnude. con «apercibimiento de que se pa'íará con «el tormento adelante. el Ministro. «y (¡ue vaya en remisión de sus cul«pas. que la maten ó den garroy no la desnuden ni afrenaunque la den mil muertes. «Z. y (|ue ya ha «dicho que creía eu la Ley de Moysen «y no en la de Jesucristo. y la camisa baja. con solo unos «zaragüelles.

que «-^-apretósele más. «Amonestada.276 (flos (I hijos. porque «la descoyuntan del todo y le acaban «la vida. que todo lo ha «confesado. «Amonestada que diga «fué «ta la verdad le mandado dar y muchos apretar una vuel- de cordel á los brazos. que se muere y «que le den la muerte junta. me mesmo y «muchas veces. Vuelta tercera. «amonestada que diga la verdad. que está libre. ay. Ponjue no — «dijo otra cosa. y «que ella encomienda su alma y ofre- que tal so «ce este martirio al «Esi3ejo de consolación «adoraron los Vuelta primera. y «que vaya en remisión de sus peca«dos. y dio "tos. con muchos gritos. y que no la quieren creer. muchos gri- que se muere. diosele. que en el libro de ha leído que !Macabeos. y que nunca tal entendió usara con una mujer. se le dio segunda «vuelta de cordel á los dichos brazos «en la mesma forma. «Y porque no quiso decir otra cosa. y si «más supiera lo dijera. dijo lo segunda. le «fué mandada dar tercera vuelta de «cordel en la mesma forma. y gritos diciendo: «dio —tanta muero: «crueldad. ya ha dicho que creía y adora«ba la Ley de Moysen y no la de Je- . diosele y «dijo. que no lo puede sufrir. tanta.

y que se duelan de este mar«tirio por amor del Stíñor. „ y liabiéndoscle dado las cinco vuelde cordel en la «tas dicha forma. «mandada tender y «amonestada que diga la verdad. quima'* «Diósele otra quinta vuelta de oor«del á los brazos. y no se le pudo sacar otra «cosa. y que ya. en la mesma forma. sino Moysen. ya se les acabó á sus «hijos su triste madre. «muere.sgo por no la. que hayan que «y la verdad. y dijo lo mesmo mu- «chas veces. Vuelta cuarta. «como él es.2?7 porque no la guarda)>a. sino gemir echada la cabeza so«bre los brazos «jo. de «la y dio nuiclios gritos. (jue se «muere. y dio gran«des voces que se muere y no lo puede «sufrir. ni tiene que decir «más de que lo hacen con ella cruel«meute. se le man- «dó dar y dio otra cuarta vuelta de cor«del.. toda dicho «ha y que se usucristo. «Amonestada que la diga. misericordia «le ella. y luego dique ya ha dicho la verdad y no «la (juitaen creer. y no «dé lugar á que se prosiga en el tor«mento con tanto riesgo de la vida. fué ligar 'en el potro. quedándole tanta parte «del que pasar y padecer. y cordeles. . lo cual to«do es á su cuenta y ri(. Monición.

y «esos no quiera Dios que los diga..á78 iKjuercr decir.&c. Doña .. «y es posible que esto se hace aquí con «las mujeres.. y des«dito «vejez. «dichada fué mi suerte. y que por reverencia de Dios di(fga ya la verdad. )) ' La fuerza más ticm]>o del á ánimo no pudo resistir por Ws dolores del cuerpo.. sino que triste «nací del vientre de mi madre. el y martirios (jiie «Y estando tendida en «vuelta amonestar en la potro fué for- mesma «ma.—^y diciendo esto. se le«vantó sobre el potro. con (]IK' excusaría los dice. y se duela y com«padezca. arrimada al po«tro. "ilolores i'it'o. y le«vantada. dijo. ni los sé. y que se le pongan los «garrotes y se prosiga al tormento. sea él ben- que aquí me tratan con tanta «crueldad nunca oída Jamás á mujer. —Y dijo: no «tengo qae decir sino testimonios. de rodillas. ni «los he de decir.. muslos «y espinillas. desgraciada pués de aquella lucha. y mi triste Y vuelta á tender en el po- — y mandada ligar brazos. y desla. «tro. la «susodicha* se volvió á levantar. y amonestada «dijo: no sé qué decir. -: úe sí propia.

279 Francisca. contra todas «las personas (pie de lo (pie en las dichas au- . y siendo necesario. de que se quejaba «por estar desnuda. lo dice «ahora de nuevo como testigo. y en ello se «ratifica y afirma. y es la verdad. dijo: que «está bien escrito. declarando contra todos ('• sus hijos se hijas. poquito más ó metorre- «nos. lo «continuaran hasta que enteramente confiese «verdad. hizo allí una que tala larga confesión. y •de dio. y (pe sea curada. «Acabóse esta diligencia y audiencia á las on«ce. «Y que luego fué desligada y puesta en una «cárcel cerca de la cámara del tormento. y «curada con cuidado los brazos y su persona. la ratificación }' en que ante houefitas pcrsona^'^ hizo cuando dijo: le fueron leídas estas declaraciones. desnuda y maltratada. dieron sultado que deseaban los Inquisidores. parecer con frío que Mandaron i)or cesar en el tormento con «protestación que le hicieron de que no late- «niendo suñcienteinente atormentada.» Las declaraciones arrancadas i)or el el mento á la desgraciada madre. antes de medio día. «Habiéndolo oido y entendido. y con al "gran dolor de estómago. Consta la diligencia en la suspendió esto la confesión «Y con y por parecer (jue la y dice así: dicha Dó- Francisca estíiha fatigada y afligida. y así la «tas mandaron desligar las vuel- de los brazos.

es. «Sti (f Baltasar Tlodríguez de Carabajal. viuda. su hijo. y que no lo dice Pasó ante mí. su tnárido. Luis de Carabajal. «Doña Leonor. dor. etc. mujer de Antonio Díaz de «Cáséíes. quisido]. «Doña Mariana. el mozo. hijo.» ral todos los hijos é hijas Siguieron adelante los procesos. «Francisco Rodríguez de Matos (difunto). «Doña Isabel. que con ellos no tuvieron los In- ni necesidad de ocurrir al tor- mento. todas sus hijas. (cDofia Catalina.— 280 «diencias tiene depuesto puedan resultar cul- «padns en cualquier manera. y particular y «nombradamente Contra (f Luis de Carabajal. no el gobernaen una de las audiencias pidió un plie- . y en genede Doña Francisca confesaron con tal espontaneidad todo cuanto sabían. doncella. «por odio. mujer de Pérez «Ferro. «Pedro de los Ríos. '«'Y '• contra cada una de ellas: presentes las «diclias honestns personas. ni enemistad. y «Doila'Catalina de León. mujer de Jorge de Almeida.

¿((uién Dios. sus liijos. «Y á tí sin tí. mi me sufriera? ¿quién me llevara?» Ninguna dificultad se pi-esentó en lo de adelante á los jueces para la terminación de la causa. á la que son iguales las pronunciadas. «Porque hace mi pecado más crecido "El ser tan digno tá de ser amado. á excepción de la de D. mas no porque he pecado "De tu clamor y clemencia me despido. de mí que fuera? «Y á mí ¿de mí.— Hé aquí la sentencia de Doña Francisca. "Temo. Señor. según la ley de Moisés. y los inquisidores pronunciaron sus sentencias que se leyeron en el auto de fe el 24 de febrero de 1590. «Recelóme. que fué conde. quién me librai-a «Si tu mano lá gracia no me diera? «Y i(Y á no ser yo. "Y espero en tu bondad ser perdonado. Baltaí^ar. tra este soneto: los días de ayuno. Señor. sin tí. Pre- y entre muchas se encuen- "Pequé. séguii' me 'tías.á8i go de papel para esciibir y presentar á la Inquisición unas oraciones en verso que él y su hermano Baltasar habían compuesto para sentólas en efecto. «¿Si no fuera por tí. aguardado. . contra todo. «Ser por mi ingratitud alwrrecido. (i mi Dios. según mi culpa.<. ¿(piién no te amara? no ser tú. ser punido.

y por ello haber caído é in«currido en sentencia de excomunión mayor «}' en todas las otras penas é inhabilidades en «que caen é incurren los herejes que debajo «de título y nombres de Cristianos hacen y «cometen semejantes delitos. «Carabajal haber sido hereje. judaisante. damos «y pronunciamos su intención por bien pro«bada. mas atento á que la suso«dicha en las confesiones que ante nos hizo . «los autos Nomine Invocnto.282 nado por ausente. lo mismo qne D. «desde el día y tiempo en que comenzó á co«mcter los dichos delitos. difunto. creyendo «salvarse en ella. após- y encubridora de ritos «berse pasado y convertido á la ley y hamuerta de «Moysen y sus y ceremonias. cuya declaración «en nos reservamos. los «cuales aplicamos á la cámara y fisco del Re}' «nuestro Señor y á su receptor en su nombre. Fallamos atentos y méritos de este proceso. Francis- co Rodríguez. por ende que debemos declarar y de- «claramos la dicha «tata. el dicho «Promotor fiscal haber probado bien y cum«plidamente su acusación y querella. su padre. á ser que- mados en uChristi estatua. y en confisca«ción y perdimiento de todos sus bienes. Y como quiera que con «buena conciencia la pudiéramos condenar «en las penas en.derecho establecidas contra «los tales herejes. fautora Doña Francisca Núñez de herejes.

y y estaba presta de cumplir cual(cquier penitencia que por nos le fuese impues((ta y abjurar los dicbos sus errores. y que ha confesado enteramente (da verdad. nues- «tra Santa Fe Católica.283 «mostró señales de contricción y arrepenti"íni(!nt().pecador. que- ((ñendo usar con ella de piedad y misericor((dia. {Protestando y ú nos penitencia con que de acjuí ade vivir en nuestra Santa (dante quería morir ((Fe Católica. de puro corazón y fe ((uo fingida. ((y públicamente abtie- dichos sus errores que ante nos y toda cuahpiicra otra herejía apostnsía. no encubriendo de sí ni de otras ((personas vivas ni difuntas cosa alguna. oir (i este pre- auto con los demás penitentes. y lo mandamos por la ella ((penitencia de ((tido. sino que se convierta y ((viva. le y hacer ((todo lo ((do. y ((jure los ((ue conf(>s. ((misericordia. al . la salga ((Sente ((po. j)i(licndc) á Dios Nuestro Heñor ])Gr'(dóii do sus delitos. hoy día de (pie en pena y hecho y comcpronunciación de esta (i ((nuestra t5entencia. demás que por nos fuese manda- que Dios no quiere la ((muerte del. si ansí es que la dicha Doña Francisconsiderando: ((Ca Núñez de Carabajal se convierta á. con dos aspas coloradas de Señor San ((Andrós y una vela de cera en las manos. allí ((adonde le sea leída. en cuer- con un hábito i)cnitencial de paño ama- ((rillo. la debemos de admitir y admitimos á ((reconciliación. y bocha la (licha abjuración.\dos.

» Lie. so pena de impenitente relapsa. — Lie. «cha sentencia de susso por los . «y la restituimos á la participación de «Santos Sacramentos y comunión de los fie«les católicos cristianos de ella. y la conde- «namos á «sible. uSantos García. y serle defendidas las «demás cosas y honras que por derecho co«mún. «y por esta nuestra sentencia definitiva. «y la unimos y reincorporamos al gremio y los «unión de la Madre Santa Iglesia Católica. Bonilla. oro.'""" «Dada y pronunciada fué esta diSi'es. leyes y pramáticas de estos Reynos é «instrucciones del Santo Oficio de la Inqui«sición á los semejantes inhábiles son prohi«bidos. la cárcel y hábito ])erpetuo irremi- cual guarde y cumpla en la parate y lugar que por nos le fuerx^ señalado. juz«gando así lo pronunciamos y mandamos en «estos autos y procesos. ciaiSíin. Todo lo cual mandamos que así guar- «de y cumpla. y guardo )>}' el «y cumpla las demás penitencias le esi^iritua- «les que por nos serán declaradas. plata y seda. Y de- «claramos la susodicha ser inhábil é iuca«paz ])ara poder traer sobre sí ni en su per"sona.— 284 «luaudaniDS absolver y absolvemos de cual«quier sentencia de excomunión en que por «razón de lo susodicho ha caido é incurrido. dicho hál)ito lo traiga públicamente «encima de todas sus vestiduras.

. so- «bre un cadalso y tribunal alto de ma- «dera (jue en ella había. y «Fernán Gutiérrez Altamirano. «caballero del hál)ito de Santiago. y el dicho Sr. d:ir pam una iden de esa dasf de documentos. «rrero. «Passó ante mí. no fórmula de ellas. es(ftando celebrando auto público de fe «dentro de la Iglesia mayor y Cate- «dral de esta ciudad de México. Matías.285 «Inquisidores que en ella afirmaron «sus nombres. D. fiscal mes de febreLobo Gue- «la dicha Francisca de este Santo Oficio. Francisco de Velasco. con las veces así (cmesmo de ordinario del arzobispado «de México (jue están en la cámara «del secreto de este Santo Oficio. presente el Dr. Inquisi- «dor Lie. D. y Núñez de Cara- «bajal con las insignias en la dicha «sentencia contenidas. Bonilla. «Rodrigo de Vivero y Rodrigo del Río.^^ Como aun cuando muchas todos conocen la personas han copiaré la oido hablar de las abjuraciones públicas. 24 del «ro de 1590. «Juan Altamirano. Pedro de los R'ins. D. sábado. de DofiM P'vancisca Niiñez de Carabajal. día «de 8to. y otras muchas «personas eclesiásticas y seculares. siendo á todo «ello presentes por testigos Diego de «Ibarra.

difunto. «Yo. y detesto. y aquella tengo y quiero tener y seguir «y en ella permanecer y morir y nunca me «apartar de ella. que «presente estoy. «y que he confesado de la «sen. y de siempre permane«cer en la unidad y ayuntamiento de la San«ta Iglesia. natural de la en Portugal. y de nunca «me apartar de esta obediencia por suación ó rige hoy día en especial por esta de que soy in«famada y acusada. y de Nuestro muy Santo Padre «Sixto V.286 Ahjnnición. Francisca Núñez. ritos Ley vieja de Moy- y cere]uonias de ella. de estar y ser sujeta á la obedien«cia del bienaventurado San Pedro. y de ser en defensión de esta San«herejía. y apar«to de mí toda y cualquier herejía. Carabajal. que y gobierna la Igle«sia. en espe«cial esta de que soy infamada y testificada. . y renuncio. si«gue y enseña la Santa Madre Iglesia de Ro«ma. por otro nombre «Doña Francisca de «Villa de Megodori. viuda de libre «Francisco Rodríguez de Matos. príncipe «de los Apóstoles y Vicario de Nuestro Señor «Jesucristo. y juro á Nuestro Señor Dios «y á los Santos cuatro Evangelios y á la señal «de la Cruz. y después á sus sucesores. de mi y espontanea vo- «luntad abjuro. Y confieso «por mi boca con puro y verdadero corazón «la Santa Fe Católica que tiene y predica.

el como penitenciados en y que salieauto público de el año de 1590. .n Iguales á esta sentencia y abjuración fueron las de todos los individuos. uno de los Sres. ni con no publicar y «y «tra ella fueren ó vinieren «ellos. ni «acompañar. (|ue sobre lo que allí había visto ú oido. Siendo testigos los «dichos. «y porque dijo «ella no sabía firmar. y á los presentes ruego «que de ello sean testigos. ni los favorecer. Pedro de los Rios. ni los receptar. ni visitar. Inquisidores. y quemado. ni dar. que rorvelase cuanto había oido hablar en las cárceles del Santo Oficio. Terminado un proceso en la Inquisición. ni enviar dádivas. al reo si no era relajado. ni «promesas. guardase el más profundo secreto. «y sea maldita y excomulgada. — Pasó ante mí. Bo- (oiilla. y pido al pre«sente secretario testimonio de esta mi con- y abjuración. y con esto la dicha Doña Francisca «fesión «Núfiez de Carabajal fué absuelta en forma. y si con- «tra en algún tiempo fuere 6 viniere que cai«ga é incurra en pena de impenitente relapsa. lo firmó por Lie. ni guiar. ni pres. se le celebrado en México exigían bajo de juramento dos cosas: primera. y st^gunda. varones y hembras de ron fe la familia Carabajal. y de perpcguir á los que con- y de los manifestar nle ayuntar á ellos.287 «ta Fe Católica. y por consecuencia entregado al brazo secular.

y que «no lo revele ni descubra eu manera . no ha «sabido ni entendido (jue en ellos se y avitiempo «haya liechp ni dicho cosa que deba «manifestar contra su recto y libre «ejercicio.jj luego fuéle recibido juramento ícen forma debida de derecbo á dicba so cargo del cual prometió decir «Doña Francisca Núñez de Caraba"jal. causa y proceso ha pasado. '^^ cánjei!" «Preguntada sobre el secreto «sos de cárcel.288 He cias: aquí como f^ ejecutaban esta^ diligen- • ' - i! :-. ni «que se hayan llevado ni traido reca«dos algunos de fuera ni de dentro. (iverdad. ni contra sus ministros. «ni ella los lleva. secreto. dijo: que en el «que ha estado presa eu las cárceles «secretas de este Santo Oficio. que tenga y guár«de secreto de todo lo que en su ne«gocio. y «de todo lo demás que o viere visto y «entendido en las cárceles de este San«to Oficio durante su prisión. ííiSíUi ^^jnraraen- (. y que será gra«vemente castigada. y so pena de «excomunión mayor.<>ií-> f. é que el Alcaide la «ha tratado bien y ha hecho bien su «oficio. (íFuéle mandado debajo del jura- «mento que tiene hecho.

que. Baltasar. Así terminó lia Carahajal. dicho. apóstata. y porque dicho Baltasar Rodríguez no «puede sor habido. do«onatista. haber «sido y ser hereje. y «así prometió de lo cumplir. fautor y encubridor de herejes. y en todas las que caen é incurren los hereapóstatas. de excomunión mayor. á la justicia y brazo sea ejecutada la pena «seglar para que en tal él «que en derecho «al presente el caso requiere. Fallamos atentos y méritos de dicho proceso. como hemos hubiera huyó sin que la Inquisición podido encontrarle nunca.289 «alguna directa ni indirectamente. en consecuencia de lo debemos declarar y declaramos el «dicho Baltasar Rodríguez de Carabajal. el di«cho Promotor fiscal haber probado bien y «cumplidamente su acusación. sin ex«ceder. uChristi «los autos Nomine Invocato. el primer proceso de la fami- y sólo agregaré la sentencia que recayó contra D. judaisante. «pudíendo ser habido. mandamos que en su Inestá- «gar sea sacada á este presente auto una 10 . las cuales mandamos que sean «ejecutadas en su persona y bienes y relaja«mos la persona del dicho Baltasar Rodríguez. y «por ello haber caido é incurrido en senten«cia «otra^ penas en «jes. tanto cuanto «de derecho ha sido necesario para haber vic«toria «cual que en esta causa.

y declaramos por «inhábiles ó incapaces á los hijos é hijas del «dicho Baltasar Rodríguez y á sus nietos por «línea masculina. Francisco Rodriguez de Matos. oro. «trero de su nombre. juzgando así lo pronun- «ciamos y «ellos. «Y acabada de leer. Y declara- muebles y raices ser confis«cados y pertenecer á la cámara y fisco del Rey "nuestro Señor. — mandamos en Lie. «se los aplicamos. —Santos estos escriptos (raraia. como «cos é de honra. y D. le«yes y pramáticas de estos Reynos é instnic«siásticos seglares. Bonilki. beneficios ni oficios. desde el día y tiempo que comenzó á (fcometer los dichos delitos. la cual esté presente al «tiempo que se leyere esta nuestra sentencia. . ansí ecle- y otros oficios públiy no poder traer armas. son prohibidos. ni andar á caballo. é incinerar.» 290 <fza 4ua"que repreyente su persona con una corode condenado y un Sambenito con las iny un le- «signias y figura de tal condenado. para poder haber ni poseer «dignidades. y por Estajsentencia se ejecutó al pie de la letra. «plata ni seda. Y por esta nuestra «sentencia definitiva. difunto. ni usar de «las demás cosas que por derecho comuij. y por esta nuestra sentencia. y á su receptor en su nom(fbre. «tivos del Santo Oficio álos semejantes inhá«biles. la dicha estatua sea en- «tregada á la justicia y brazo seglar para que da manden quemar «mos sus bienes.

D* Isabel. gobernador. el Hospital de demende San Hipólito. D. fué también relajado y quemado en estatua. Luis Carabajal. y á D'^ Francisca. D? Leonor. terrado de las Indias. na. Luis el joven. D'> Catalina y D? Maria- de Carabajal. en el mismo auto de fe. Como tes cárcel perpetua se señaló á D. . Vicente Riva Palacio.291 marido de D? Francisca. fué des- Así concluyó esta primera persecución que sufrió la familia de Francisco Rodríguez de Matos. una casa aislada que estaba el frente al Co- legio de Santiago Tlaltelolco.

celebraba la Inquisición un auto público de lían fe. allí Vamos la suerte á ver por qué estaban y cuál es que les esperaba. B^ Leonor. á J)^ Francisca de Carabajal y á sus bijos. el fiscal de en aquella época el Dr.LA FAMILIA CARABAJAL Segunda Parte El domingo 8 de diciembre de 1596. en la mayor de México. Luis. la Inquisición. por observantes de la ley el Por mes de enero de que lo era de Moisés. Lobo Guerrero y D. Martos Bohorques. acusó formalmente ante los Inquisidores Dr. 1595. Alonso de Peralta. y á este auto público sa- como penitenciados Doña Francisca NúD? Isabel ñez de Carabajal y sus bijos D. con la agravante circunstancia de que todas estas personas habían sido ya pro- . y delante de las Ca- Plaza sas de cabildo. y D? Catalina.

Dióse principio a las causas. *** caides Los Secretarios del Santo Olicio y l(^s Alandaban conslaiUementr escu('b. cuyos procedimientos. no es necesario explicarlos ni repetirlos. de las que nistros.293 en cesadas y reconciliadas por el año de 1590.nido . por más que ilícitos. unos individuos de la familia declararon contra los otros: vohaeron íi aparecer multitud de pei-sonas complicadas. Hay. siendo en todo semejantes á los que dejamos explicados en el capítulo anterior. y modos de enjuiciar en el Santo Ofi- en cuyo tribunal no se despreciaba medio alguno para conocer los pensamientos del acusado y para examinar su concien(ña. curiosas diligencias. f{ue fueron conducidos inmediatamente á las cárceles secretas del Santo Oficio. Luis no queremos privar á nuestros lectores. i)ara que se formen mejor idea del carácter de los MiCarabajal. Como de costumbre. orde- naron la prisión de los reos. se y acumularon sin testificaciones sobre testifi- caciones.j)reguntae capciosas á los acusados. cio. embargo. Ivos Inquisidores. en el proceso de D. estos medios parezcan reprobados é abora que está probibido á los jueces hasta hae^n. el miBirio delito como era natural.

Pedro de Mañosea. del cual sien- «do presente fué recibido juramento en for- «ma debida de derecho. en la siguiente: Declaración del Secretario Pedro de Mañosea «En la ciudad de México. y Luis compañía juntamente con Pedro de Fonseca. «Secretario de este Santo Oficio. por ejemplo. á 16 días del mes «de Octubre de mil y quinientos y noventa y «cinco años. so cargo del cual pro- «metió de decir verdad. Lobo Gue- y Lie. y dijo de ser de edad «de 32 años. Alonso de Peralta. y dijo: que «por descargo de su conciencia viene á decir «y manifestar lo que oyó á los «cinco y seis de este presente «siete horas hasta las tres. Así consta en muchas diligencias. Inquisidores Dr. clérigo. donde estaban juntos «Luis de Carabajal. poco más ó menos. estando en su audiencia de la «mañana los «rrero Sres.en las puertas de los calabozos de los presos. para saber sus conversaciones y delatarlas á los Inquisidores: y los presos eran encerrados juntos para que unos vinieran á delatar las pláticas y conversaciones de los otros. D. preso en este Santo Oñ«cio y reconciliado que ha sido por «Díaz. «llándose en todos estos cuatro días desde las ocho por la noche. á la «puerta de la cárcel. cuatro. pareció «en ella de su voluntad. Nota- . lia- mes y año. habiendo ido allí en «}' él.

conviniendo todas suf^ Por este declaraciones. dígame. y no quisiera yo tener tanto en la trasera «go como él —diciéndolo sucia- «mente. Señor Jesucristo y Ntra. y que tíimbién estaban en el infierno «Juan Garrido y su madre María Fernández.i>[. «diciéndolo por Ntro. «dijo al dicho Luis de Carabajal: —deje agora el infier- «de cantar. (i. que por «halx. clérigo. Y lo que pasa es. can«tando en voz alta un romance en que pare«ce alaba á Dios y ú sus grandezas. en que Carabajal la ley estaba resuelto á vivir y morir en Moisés. pur orden y iiiiuidado de lo.s di«chos Señores Inquisidores. al dicho Luis de Ca- que es muy conocido en la voz. y de los presos (pie sucesivamente fueron encerrando con Luis de Caiabajal. sin embargo.\ de los ..r durado poco no pudo prevenir este ni «entender cosa del para decirlo «bras. «Señora la Virgen. y de «(TíiKiKir de los Reyes. pcH* sus pala- Oyó que el dicho Luis Diaz.295 «rio de los Secretos de este Santo Oficio. de El 17 de marzo de ló^ñ. Alcaide de las cárceles "Secretas del. «que habiendo hallado «rabajal. ¿San Pedro en «no está? «rabajal — — y respondió el dicho Luis de Cafue- Sí.)» estilo fueron las declaraciones de Fonseca y de Gaspar de los lieyes.ude yes Plat<i se l(»s llo- presentó en la audienci.

que tenga cuenta con ellas y las rega«le. y otras letras «que están en el mesmo hueso. Y este después miró dentro en el melón «y halló cutre las pepitas y al cabo de él. que se pueden leer. «Lobo Guerrero para que lo viese. Inquisidor Dr. le dio un melón «comenzado que este le había dado para co«mer. llevando de cenar á Luis de Carabajal. de que hizo demostray luego como lo vio envuelto en dicho «tafetán. «sábado en la «preso en este Hanto Oficio. lo llevó al dicho Sr. nombrán«dolas. y las letras que están escritas en «dicho hueso. como morado. y las letras «que se siguen no se pueden leer. que están presas las dichas D'í Leonor y «su madre. entiende que es«tá presa con las demás y su madre. y le dijo que llevase aquel melón á D'} «Leonor de Carabajal. que se pueden Almas de mi co«leer. porque con «el tiempo que ha pasado se han revenido en «el dicho hueso de ahuacate. el noche. la cual. «por lo que el dicho Luis de Carabajal mu«chas veces ha diclio á este. y luego «dijo: que entiende el dicho Luis de Caraba«jal. porque ha dicho á este. dicen de esta manera: . su hermana.— 29G Inquisidores y dijo: «que por descargo de sU (fconciencia viene á decir y manifestar qm. un «hueso de ahuacate envuelto en un pedazo de «tafetán «ción. lo del presente mes y «año. el cual le «mandó que lo guardase para presentarlo en «el tribunal. dicen de «esta manera: Paciencia como Job.

y el dicho Luis de Carahadomingo siguiente.. «jal. y á ti y á ella tengo corazón.2t)7 <(iazua. bieiuiecn . 14 días del mesamo mes y año. «de Adonay. y en por así el dicho hueso hay otras letras que grillos «dicen: uestüy yo la tengo Gloria á Diva con m i D.inño decía así: <^Angel mió. N. bendita mía. que mrjor inaje es el del Parayso que el de Ca-stilhi. «en medio de él. le dio á este un pláutano pa- «Y que diese á la dicha D'. y en el dicho «ra «na.» Muchos recados escritos en huesos de agua- y en toque Luis de Carabajal profesaba á su madre y hermanas. y la fe ardiente que tenía en su religión. «hueso había escrito i(br leías. en- «vianie señas si estiU sola ó no. mártires mías. las letras siguientes: al- que los Angeles y Santos de Adonay en bendii(V9 «el Parayso nos esperan. sacada la carne que bastaba «para poner un hueso de ahuacate. tierno c. estaba me«tido el dicho hueso envuelto en un tafetán y «de la mesma color morada. Hay uno de estos recados ([ue no podemos menos de copiar. iba también escrito en un hueso de aguacate y dirigido á Dí Leonor. el mesmo. oiúteoa A. albricias. acuérdese Adoen «nay de «el la nuidre Santa.' Leonor su hermaen el cual plan taño con mucha sutileza. y dos ellos se descubro el cate siguió presentando el Alcaide. S. Yo pensé ir solo. que al parecer quie- «ven decir las dichas letras Aflonai/ Nueí^tro SeKHor.

¡quién pudiera contaros todo lo que el Señor me ha mtíslrado. tres semalifl. tuve ocho dias uqui.ste. la nos corone por sujirm^efé] nadie desmaye..qiá á poco hemos de ir á proje^ar la Eelicfión sao-a de los Ángeles y- Santos.? estuve en un calabozo. Luis para sus hermanas. que de a. y el vientre en que andu- vimos. dejase en los calabozos pluma. y á ver la^ tierra. sino que con objeto de saber lo que se escribía. y el agvn qvc bebiste. una Bihlia. con milagro. prest» nos veremos. tinta así consta en el expediente original. lindos el cielo ciixindo neos se han de hacer en Adonay dé. benditas de Adonay. Sin eml^argo. y la tierra 'pim. qtiesu vida con ayuda que Adonay mi Señor nos cuesta de esta cárcel es la gloria. 298 turado el pnn qve que comiste. }' }• papel . día y noche. por acordarme de vos. no solamente que admitiese esos recados de D. así cons- ta de los autos originales. y paroescribirse en ce increíble que tanto pudiese Un hueso de aguacate. ya me sacó Adonay mi Señor. mas con su ayuda. y fiestas ¡ Oh qué ricos jartor- dines. » Aun sigue más adelante esta carta. *** Los Inquisidores mandaron al Alcaide. y me puso donde veo el cielo. de mí me olvido. suya de Adonay. encargaron al dicho Alcaide que como al descuido llevase las correspondencias á quienes iban dirigidas. mtisicas nos esperan.

209 En ima de «Y para esas declaraciones. los dé á descuido y con mucha disimula dicha D'} Leonor. juntalas peras «mente con una de «dicho día así «de. «Alonso de Peralta. le dejo un tintero los muy «descuido. y advertido de mii'ar con mucho diere la dicha Leonor i)ara su «hermano D. y ande entregarlo lo traiga al tribimal.^ Leonor un })Iiego «de papel blanco y «que responda al pluma para ocasionarla á dicho su hermano. Luis de Caiubajal algún recado «tes «de frutas ó en otra cualquier manera. Gaspar de los Reyes Plata: «Y vistos los dichos papeles por los Sres. Dr. mandaron se le entreguen «al dicho Alcaide pana que entre algunas fru«Inquisidores. envuelto en algún lienzo. Lobo Guerrero y Lie. y que «con la mayor disinmlación en algún plánta- «no ó plántanos. visto que escribia on los hueal «808 de ahuacate. la mayor que hoy el mesmo exhibió dicho Alcai- como lo tiene «que esté «cuidado muy si le declarado en su dicho. para (jue . D. «tas y muy al «lación.» ce: hal)lando Más adelante hay una diligencia en que dide los papeles que como resuly enti'egó el Alcaide tado de esta intriga traidora escribió Luis de Carabajal. dice: íjue el dicho Luis de Carabajalpu- <fdiese escribir. le «dé también á la dicha D'. por mandado de dichos Seño- «res Inquisidores. (en esüís peras «venía escrito un recado).

y se observaba por re- que las declaraciones de los testi- . Luis y sus hermanas cayeron inocentemente en la red que les tendían aquellos hombres sin corazón. y se experimenta una extraña sensación al recorrer aquellas líneas mano de los qu(. y sostuvieron una larga co- rrespondencia por medio de cartas que. jamás el acusado debía conocer á los testigos ni saber su nombre. *** Según para el las reglas de procedimiento. viviendo en tan dura prisión rodeados de enetrazadas por la vacilante migos y de rar en traiciones. el más terrible de los Inquisidores de España. debía suprimirse esta parte como última precaución gla general de la declarapión al notificársela al reo. dadas Santo Oficio por el célebre Torquemada.300 use descubra la verdad y ae administre )) justi- «cia. por donde el reo pudiera adivinar ó venir en conocimiento de quién era el testigo. ellas. y próximos ya á expiuna hoguera. en el se coi)iaban íntegras proceso. mostraban una fe tan ardiente en sus doctrinas y una tan grande en- tereza de alma. observándose tanto cuidado en esto. antes de llegar á su destino. que si alguna circunstan- cia había en la declaración. se agregaron originales á la causa.. sin Muchas de embargo. D.

Uno de lia los testigos en la causa de la fami- Carabajal. así.301 gos. hubiera sabido que los Carabajales habían tenido la debilidad de denunciarle. fué llela Inquisición vado á y procesado. no quiso descubrir nada que pudiera perjudicar á los mismos que le habían traído á aquella situación. aun cuando testigo hubiera hablado en primera. al común icarne al reo. fué requerido como mente á declarar. y denunciado por ellos. En te efecto. pero cuando testigo. que puede dar una idea ((^npletíi de la heroica resohu-ión de aquel hombre y de la saña de sus jueces. no habría sufrido tan terribles tormentos en la In(juisición. Quizá si Manuel Díaz. al leerle á aquel la declaración. Confesó sus propias culpas. y su constancia venció la crueldad de los Inquisidores. si éste decía que el reo le había dicho tal cosa. se el pusieran en ter- cera i)ersona. Por esta circunstancia notable se hace preciso co- piar la diligencia de tormento. que así se llamaba este infeliz. increíble parece la energía el de es- hombre en sufrimiento. . se decía que un testigo declaraba que el reo había dicho á cierta persona aquello mismo. y esto provenía sin duda del misterio con que se guardaba el nombre de los testigos. se negó enérgicaVíctima de su lealtad. para que ni aun por esto pu- diese venir en conocimiento de quién era el testigo.

y «tanto trabajo. en carnes. fué tor«nado á amonestar que diga la verdad no dé lugar á que se pase adelanDijo: que si él no dijera la ver«dad. Mimstro*^ «Y con esto fué mandado lo entrar y «entró el Ministro. coTdlfáiot brazos. «y le dé esfuerzo para pasar este tra«bajo. como entenderá en discurso del tormento: dijo que él «ha dicho la verdad. y como él «defiende su verdad. amonesta«do que diga la verdad. «del á los brazos. donde fue- «ron los dichos Sres. «la cámara del tormento. „ Y estando en ella fué vuelto á amoque diga la «nestar verdad por reve- «rencia de Dios. «y estaudo desnudo. Monición. j^ mandó dar una vuelta de cory apretósele. y ligados. y que Desnudo. desnude. dijo que «dicho la verdad. él ha ^^^^ «Amonestado que diga la verdad. no se quiera ver en en que tiene tanto que «el «pasar y padecer.302 del tormento. «Fuéronle mandados ligar los bra«zos flojamente. diósele . Inquisidores y «ordinario como á las ocho horas y tres cuartos de la mañana. le ayude su Dios «y «te. con «unos zaragüelles de lienzo. que no viniera aquí.

los «se le dio sexta vuelta de cordel á . dijo: Dios. Ay de mí. que me «muero. se «que (f él «le dio tercera vuelta de cordel á los «brazos. «Amoucstado que diga la verdad. Amonestado que diga la verdad. quiat'^'*"' «Amonestado que diga la verdad. iextZ"*"'^ «Amonestado que diga la verdad. con grandes «me la vida. «ces. ay. «mátenme. «le se dio quinta vuelta de cordel á los «brazos. dio grandes voces. y quejábase mucho: "Dios. dio «grandes voces. que me muero. «ya he dicho la verdad.303 «dijo con voz muy baja: misericordia. que «ya la he dicho. «le se dio cuarta vuelta de cordel á los «brazos. ay. que sabe la verdad «que yo defiendo. que «tan. que me mamuchas veces y con grandes voque no puedo decir lo que no hi- me quítenme la vida. «ce. mátenme. dijo: ay Dios de mi alma. «Amonestado que diga la verdad. ay de mí. ay «de mí. se «le dio segunda vuelta de cordel. habed misericordia de mí. que yo no pue«do decir lo que no hice. «voces. cuarta?'"' matan. ya he dicho la verdad. segVñüa* tercera!'* ha dicho la verdad y callaba. quí«tenme la vida. me ayude. quítenay de mí.

clml'^^^. «dio voces y dijo que pluguiera a Dios «que hubiera hecho lo que le levan: «tan. '"^" tlvaí** hermano. «que no permitan que yo diga lo que . que «no he de decir lo c[ue no hice.^". que no puedo «decirlo que no hice. la septtaa!'^'^ «Amonestado que diga «se le dio la verdad. «que yo olgara cien mil vecQS que fue«ra verdad. «Amonestado que diga la verdad. décima vuelta de cordel. se «le dio octava vuelta de cordel á los «brazos. «Amonestado que diga la verdad. que «tengo cinco hijos. miren que tengo «cinco hijos. acábame de una «vez. y decia muchas veces. «acábame de una vez la vida. «ser ' «Preguntado qué es lo que habia de verdad y qué es lo que le levantan.304 «brazos: dio voces. he dicho. mis señores. ay de mí. ay. «Amonestado que diga la verdad. para no me ver en esto. . acá- «bame de una vez. «dijo que eso que está en ese proceso. iiona^"*^"* «se le dio nona vuelta de cordel en los «brazos: hayan misericordia de mí. «no hice. no sea parte el do«lor para que yo diga lo que no hice. séptima vuelta de cordel: «ay. señores mios. que «que ya ya la he dicho. «Be le dio la . ay de mí.

eso que está en que yo guai-do la ley de «Moysen porque no padezca mi cuer«Dijo: «ese proceso. Ilus- «trísimo. «acábame. muy amonest^ido con apercibimiento (^uc se «proseguirá el tormento. lo cual dijo á grandes vo«ces. se y apretó y el garrote del molledo Uoranilo. se le pucko sacar no «Preguntado qué habia de ser ver«dad. mandado y que se muslos y ligado y tliga pongan los garrotes á los «espinillas Cito. y que no él. «Pregmitado «ley de si es mejor guardar el la Moysen y padecer el alma. fué «la verdad. tendido. por que mi cuerpo no padeciera."'"*" y molledos. dijo: fc^r. (lijo . kY habiéndosele dado «tender y ligar en «le dichas «diez vueltas de cordel. quítcnmu 20 «tlcri'clio. y pluguiera á Dios que fuera ver(ídad. fué el potro. plugieraá la sacratísima Vír- «gen que fuera verdad cien mil veces «para que yo no padeciera.305 «y «sabia lo (]ue estaba eu mas. «po. «Y habiéndose «puestos. que dijo que fuera verdad palas «ra pedir misericordia. Potro. acábame. qué sé yo. «que padezca «Dijo: cuerpo. -priMiro*' «Amonestado que diga «le d'ió la verdad.

que la «ha dicho: ya se acabó la vida. hijos. que terceto. mu- «se le apretó el garrote «Amonestado que diga la verdad. y deciaconvoz baja: ay. y decía con voz baja mu«chas veces: acábame ya.-¿06 que ya la he dicho. quié^ «branme el brazo: acábele la vida de «una vez. «Amonestado que diga «se le apretó el garrote de la espinilla «derecha. acábenme de una vez. «hijos míos. muy baja dijo. «ay. «chas veces. quedaos con la verdad. señor. quedaos con Dios: ya he «dicho la verdad. hermano. hermano^ «que ya la he dicho. la verdad digo. Sexto. «que la ha dicho. y dijo con voz baja. ya «se mi vida me arranca. «Amonestado que diga la verdad^ «se le di6 y apretó el garrote del mus«lo derecho. «Amonestado que diga «se le apretó el garrote del la verdad. Cuarto. Ay. «Amoiiestado que diga la verdad^ (da vida. Quinto. Segundo. así ella «me valga. de la espinilla y con voz «izquierda. ya se acabó la vida. «se le apretó el garrote del molledo del «bíazo izquierdo. no permitan que yo «muera aquí. acábame la vida. «me matáis. «Dios. ay. muslo iz- «quierdo. .

agul-pri- «Pasósele la toca sobre la boca. . «y echado «cia un jarrillo de agua. así ella me valga.. que ya he dicho la ver«de la mi alma. Cuarto. « Echóscic otro jarro de agua la cuartillo. Dios ' ' .m feéptimo (cAmonestado que diga «se le dio la verdad. la forma. que ha- sáquenme de no permitan que muera aquí. Segundo. la «Echósele otro jarro de agua. me«tida hasta la garganta con un palo. ya con voz «dijo alta. lijil)iM'«tmesma . " •' «dad. «Amonestado que diga ^^^^ la verdad. la «mesma «mesma sexto. « Echósele otro jarro de agua. lo cual y quejábase mu«cho. ' y apretó el molledo del bra«zo derecho. y quitada la toca di«jo que ya ha dicho la verdad. «Echósele otro jarro de agua. Quinto. forma. como llorando: que ya la he di«echo. la «mesma forma. el que '' <do padece lo sabe. mandaron apretar todos los dichos «garrotes. «acábenme la vida de una vez. ay. dándosele vuelta: ay. «no permitan que diga lo que no hice. Tercero. ay.ftif ! he dicho. HoíoTiirjfmesma forma. acábenme la vida de una vez. dijo: un «aquí. forma. « Echósele otro jarro de agua. se*mát*1S¡ garrotes. y dijo algo mas alto: se«ñores.

undéci- «Echósele otro jarro de agua. y quitada la toca ((jo la di- que ya ha dicho la verdad. que ((tado sobre el potro. Echóscle otro jarro de agua. « la «mesma forma. amonestado «diga la verdad. la «mesma forma. y quitada la toca diajo que ya ha dicho la verdad. y levantado. Décimo. . y quejábase con voz vaüera que fuera más que y los garrotes ((Verdad. la «mesma forma. «Amonestado que diga la verdad. «cir algo. «mesma forma. > que ya ha dicho la verdad. y quitada la toca di«jo octavo. ella le valga. «Echósele otro jarro de agua. dijo ((así y preguntado si quiere deque la verdad ha dicho. no muera yo aquí. ha dicho «Amonestado que diga la verdad. «Quitada la argolla de hierro de la «garganta. «Fué mandado quitar sen«y desligar del potro. dijo que ya «la verdad. Duodéci- mo «Echósele otro jarro de agua.308 Séptimo. «Echósele otro jarro de agua. «mesma forma. «baja. la la N¡)veno. «mesma forma. «Echósele otro jarro de agua. ^. «fué tendido en el potro: dijo que no ver«se permita que diga lo que no es «dad: señores.

que ya la he di((cho. no lo ha- (cbiendo por suficientemente atormen{(tado (cnuar {(Y y con protestación de lo conticada y cuando que convenga.300 «se le tornó á poner la argolla de hie- «rro en el cuello. y dijo en voz algo ((alta: ay. Pedro de Mañosea. aun((que lastimado. soj^ortando nueve vueltas de corpotro del en los brazos. nuev<! garrotes en . no habia lission ni ((quebradura. «Passó ante mí. el sufrió también vi tormento. así Dios se acuerde de mi alma. lUmo. rá mayor parte de las como se veeste desgracia- más adelante.stigo le A pesar de todo. » t<. á este fué dado garrote. ((Lo cual ((Sres.. Sr. donde cu((rado y mirado á lo que pareció. ((Acabóse esta diligencia del tor-r «mentó como á las diez horas y media «de la mañana. en cuyo auto co- rrieron la misma suerte la personas de la familia Carabajal. asi se le notificó y dijo que lo oia. mujer de do y madre de sus cinco hijos. todo visto por los dichos ((daron cesar Inquisidores y ordinario. Isabel Rodríguez. y fué quemado en el av}to de fe del día 8 de diciembre de 1596. con esto fué desligado de los bra- ((Y (ízos y llevado á su cárcel. manen el tormento.

que en una de sus declaraciones dijo. que de allí «no sentía la irrisión adelante tanto «como y entendió este que aquel sue«ño fué una lumbre que Dios le quiso dar pa«ra que guardase la Ley de Moysen y entenantes. condenada á cárcel perpetua.» 310 y tres jarros de agua. Luis de Carabajal no tuvo fuerzas ni para sosteiier la fuerza del tormento. «diese la Sagrada Escritura. y quedó tan consolado. y Salomón le metió una cucharada «de aquel licor en la boca de este. después de lo cual confesó y salió también al auto de fe mencionado. «que no se . metida en «una f undula como de sombrero. sólo que ya entonces Luis de Carabafué conocido con el D jal nombre de José Lumso- broso porque declaró «Que Lumbroso tomó por un sueño que «años. y entonces «este despertó. el terror porque era tal que le causaban los Inquisidores. siguiéronse los procesos de su Luis de Carabajal siguió en la prisión. y madre y hermanas. «ñó. y que le de«cia Dios á Salomón: toma una curacha de «llena de «este licor y métela en la boca de este mu- «chacho. El marido tenía 36 años de edad y la mu- jer 32. estando preso en esta cárcel agora cinco y fué que soñó que via una redoma un licor muy precioso.

y fué conducido á su calabozo sin haber sufrido daño alguno de consideración. y arrancándose violentamente de las manos de sus conductores. Inquisidor Lie. cansado ya de sufrir y no teniendo más porvenir que la hoguera. Alon- ado de Peralta. D. no sin que antes se hubiera procurado. sá«bado 24 dias del mes de Agosto de mil y qui«nientos y noventa y seis años. quiso acabar de una vez con su vida. de la «OrdiMi (le S. al salir de la Audiencia Luis de Carabajal. Lobo Guerrero y «Peralta. (jualificadores de este «res Dr. convencerle de sus errores. haciéndole al)jurar de la ley de Moisés y convencerle de la de Jesucristo. Agustín. estando en «su Audiencia de la tarde los Sres. se arrojó al patio desde el corredor de la Audiencia.311 «haye eu . aquel infeliz. ella el Sr. para lo cual se echal)a mano en dichos casos de los maestros la Teología. presentes los Maestros . porque le tiemblan las carnes «en verle. más notal)li. Incjuisido- Alonso de Fray Pedro «de Agurto y Fray Diego do Contrcras.'s en cpso esta razón : Consta en el pror «Eu la ciudad de México. dia del Glo«rioso y bienaventurado Apóstol. conforme á lo dispuesto por las leyes que regían en la Iu(iuisición. Lie. D. Por fin.» Un día. Luis de Carabajal fué condenado. y conduciéndolo á su cárcel Gas- par de los Reyes y Pedro de Fonseca. le fué Pero aun en esto adversa la suerte.

«con lo que cesó la Audiencia y se salieron de <fella. ((dicho (de mandaron traer de su cárcel al Luis de Carabajal. . In- «quisidores lo mandaron llevar á su cárcel. «diicho proceso. que le dijeren. en la ley «Y visto lo susodicho. y á los dichos qualificadores se les man- «dó que guarden secreto debajo del juramen((to que tienen hecho. los dichos Sres. y que por amor de Dios esté ((atento á lo ellas. para satisfacerle habiendo estado con él tres horas y «y media. y contra todas causa. T^a ellas se siguió sentencia definitiva contra Luis de Carabajal. fué dicho como habian venido los dichos ((Maestros ((go Fray Pedro de Agurto y Fray Diede Contreras. di]o: ((morir «al que quería tener y creer. y siendo presente.312 «Sanito Oficio. según cumplidamente su acudu- y como probarle convino. fué la siguiente: Christi Nomine lavocato. para satisfacerle de las du«das que tiene.» 121 ascendió el A número de las personas testificadas ó acusadas por Luis de Carabajal en su proceso. vivir y que Dios Nuestro Señor dio Santo Moysen. ha- «ber probado bien y «sación. satisfaciéndole sus dudas y dicién«dole después qué era lo que quería creer y «de ((tener. el «Fallamos atentos los autos y méritos del dicho Promotor fiscal.

«ello y por haber caido y incurrido en sentencia de «excomunión mayor. apóstata de nuestra Santa Fé «Católica. y á su receptor en su nombre. y declaramos que el di«cho Luis de Carabajal haber sido y ser here«je. impe- «nitente relapso. así eclesiásticos «como s(ígl. cuya declaración «camos á la Cámara y fisco real «en nos reservamos. los cuales mandamos aplicar y apli» de Su Maffgestad. y estar de ella ligado y «en confiscación y perdimiento de todos sus «bienes. oro. ni [íoder traer sobn» sí ni sus prrso- «nas. y sus nietos por línea niasculina. ser «inhálales é incapaces. se hagan piadosamente con él. Vasco López de Bivero. co«rregidor de cstíi ciudad. l)eiioticios ni oficios. judaisante. juy simulado confitente. piedras preciosas r\\ . desde «el dia y tiempo que comenzw á cometer los «dichos delitos de herejía. ficto y encubridor de herejes.313 «mos y pronunciamos su intención por bien «probada. al cual rogamos y «encargamos como de derecho mejor pode- «mos. perLis. fautor «daisantes. y que debemos de rela«jar y relajamos la persona de dicho Luis de «Carabajal á la justicia y brazo seglar. y los inhabilitamos «para (]uo no puedan tener ni obtener dignir «dades. ospe- «cialmente al Lie. y decla^ «ramos los hijos y hijas del dicho Taiís de Ca- «rabajal. en consecuencia de lo cual. que deabemos de declarar. dogmatista pertinaz. plata. ni otros oficios ptíhlicos ó de «hoin*a.vr(>s.

. lar. D... ni «mun. . sobre unos cadalsos y tribunal alto «de madera que en ellas babia. á los «semejjintes inhábiles son prohibidas.. en las «celebrándose auto público de ]a «España. dia «de Ntra. se pronunció la sentencia siguiente: «En la ciudad de México. en la Plaza ma«yor de esta ciudad. Inquisidores apostólicos de esta Nueva «ella. en las Casas de cabildo «de ella. «lo juzgando así pronunciamos y mandamos en estos escri«tos. Entregado Luis de Carabajal al brazo secuacto continuo. de la Concepción. D. 8 dias del «mes de Diciembre de mil y quinientos . «Esta sentencia se pronunció estando cele«brando auto público de la fé.y no«venta y seis años. 8 dias «de Diciembre de mil y quinientos y noven«ta y seis años: estando en la Plaza mayor de Casas del Cabildo.... Mr. por los «Sres. Lobo Guerrero. haciéndose y fé. El «Lie. domingo. reconciliado que ha .» — » 314 paño fino. leyes y pramáticas de estos Reinos é «instrucciones y estilo del Santo Oficio. seda. ni traer armas. El Dr. fué leida una causa y sentencia con«tra Luis de Carabajal. ni ejercer. ni anidar á caballo. domingo. Juan de — — « Cervantes. camelote. y por ellos. Por es«ta nuestra sentencia definitiva...(. Sra. ni «usar de las otras cosas que por derecho co«corales. /(. Alonso de Peralta.

^15 «sido en est^ Santo Oficio. impenitente perti«naz. y en la parte y «lugar que para esto está señalado. y la culpa que resulta qontra «dicho Luis de Carabajal. has- «ta (lue se convicirta memoria. cu cenizas y di'l no haya Y por esta mi sentencia «definitiva. pronunció contra «to fué estando «sentado en su tribunal. y que se le él entrego «personalmente. Luis d^ Carabajal . y vista por el Lie. que manifieste su delipto. suerte Cumplióse la dicha sentencia.i misma cupo á la madre y heniianas do. caballero en «una bestia de albarda y con voz de pregone«ro. atenta la culpa «el que resulta contra dicho Luis de Carabajal. ansí lo pronuncio y Bivero. Lie. que lo debo de «condenar y condeno á que sea llevado j)or las «calles públicas de esta ciudad. por Su «Majestad. El.. juzgando. y l. sea (jue- «mado vivo y en «ni queile vivas llamas de fuego. que ^stá presente. «por la cual se manda relajar á la justicia y «brazo seglar por relapso. adonde para este efecllevado. la dicha causa y sentencia y re«mision fecha. Vasco López de Bi- «vero. sea llevado al «Tiangues de San Hipólito. la sentencia del tenor si- «guiente: «Fallo. corregidor de esta dicha ciudad.» «mando.

caballera. D? Catalina de Carabajal. Sólo D? Mariana de Carabaquedó por entonces libre. y murieron en el mismo día. una bestia de albarda. D^ Leonor de Carabajal y Luis de Carabajal. recobróla en efecto. en atención á que estaba demente. y entregada al brazo seglar en el auto de fe del 25 de marzo de KíOl. Diego Enríquez y Manuel de Lucena. fueron también relajados en persona. y con voz de pret|<elitQ. fué también quemada en el año de jal 160L *** D') terror Mariana de Carabajal. pero como se verá más adelante. Beatriz Enríquez. «gonero que manifieste su . Los Inquisidores esperaron con paciencia á que la recobrara.316 Y gún en el auto de 1 fe celebrado el 8 de di- ciembre de 596. que la debo «de condenar y condeno á que sea llevada por (das calles í<en públicas de esta ciudad. y fué juzgada y sentenciada á relajar. murieron en la hoguera.sea llevq-díí- . Manuel Díaz. perdió la razón. Ade- más de éstos. íisí: La sentencia del Corregidor dice «Fallo atenta la culpa (jue resulta contra la fídicha D^ Mariana de Carabajal. sin duda por el que le causaron los procesos seguidos contra su familia. D? Francisca de Carabajal y sus hijos D? Isabel de Carabajal. se- la relación original de dicho auto.

en el que murió D'^ que más lujo des- Mariana. logró escapar con vida de sangriento tribunal. en el todo lo de relación próximo publicaré una acontecido en aquel día. á lo que parelas garras del ce. verdaderamente. y en la parte señalado. y muera «garrote hasta que llamas de fuevivas en «luego sea quemada ceniza en convierta y de ella «go. se le dé «y lugar que para esto está naturalmente. para evitar este inconveniente. y que era entonces. Y por esta mi &C. «sentencia. una niña.«al Tiangues de San Hipólito.» En tes. y una tengan Rojo Libro ra que los lectores del número noticia exacta de aquel auto. fué sin duda en él sin el plegaron los Inquisidores.—EI Lie. Sería difícil hacer una descripción de que pareciera exa- pagerada. la más pequeña de todas las este manas. Morfonte. escrita por orden del que logré encontrar en los reSanto Oñcio. única persona que. hasta que se «no haya ni quede memoria. y vueltos archivos de ese tribunal. Vicente Riva Palacio. El auto de fe de 1601. . mismo auto salió entre los penitenherAnica.

se puso en obra para el ajDarato solene y suntuoso del dicho auto. en 25 de Marzo de 1601. . en la cual se da cierta y caval noticia de todo lo que por orden de estos Sres. siendo Inquisidores los Sres. y Promotor fiscal de sus caussas. Bernardo de Quiroz. con las particulares penitencias que les fueron impuestas. Martos de Bohorquez. Licenciados Don Alonso de Peralta y Gutierre. á la qual se añadirá la memoria y lista de los penitenciados que salieron á él. el Dr. muy verdadera del triunfo de la y auto general que se celebró por el Santo Oficio de esta nueva España.LA FAMILIA CARABAJAL Auto de Fe de 1601 Relación ííeo. años. y Real Corte de México. y el eííecto que hubo el cumplimiento de ellas. cuyo testimonio darán las personas que en esta ciudad se hallaron desde el dia de la publicación hasta el de su celebración.

señalando de término que avia de este dia hasta 25 de Marzo. escrita en dos tablas de piedra yncorrutible de su palabra. publicaron con voz de pregone- ros el dicho auto. ornato que semejantes publicalo ciones suelen llevar de Libreas. en que el divino Jesús bajando del seno de su Eterno Padre al profundo valle de umildad de la purísima Virgen María. trompetas. fué dar principio á este auto. las puertas del dando primer pregón á Sancto Oficio. y ley . tiempo acomodado á la ocasión en que su santa ley de fié católica olla- va los Cuellos de los que dejaban la luz. y junel to á su la calle comben to. 4?. Domingo felicísimo. 15 de Febrero de este año. para cuya solenidad salieron este dia de las casas del Santo Oficio y bastante número de familiares. y el último á la entrada de de Tacuba. que se contaron. junto á las casas de Cabildo. y tratar do su publicación. antes del medio dia. y obras.319 *** La primera prevención que tuvo effecto. 5?. y el Corregi- lo dor y Rejimienlo y otrarf muchas personas de mas Ylustre y noble de esta Ciudad. vino á damos nueva ley de gracia. Jueves. la qual se puso en hobra. calle de Sant Francisco. los el quales con atabales. y paseando mas cercano y público el de la plafti. y el segundo á las de Palacio. y el 39.

lo qual hizo y cumplió muy cavalmente. de ellas velasen pov su orden las qua- dras y prisiones de su casa. obrando lo mas esencial y de mo- . porque dentro. entendiendo por esto. ver que eran ya 10 de Marzo. por las sobras de la ley escripia. haciendo cuerpo de guardia en la Inquisición. la mas secreta. No causó poca admiración á la Ciudad. se destribuyó por los Sres. avia gran número de oficiales. la y por la casa del mal labrado évano. la coluna de nevado marfil y figura por lo fijurado. terso marmol. para que en cada una calles.- Inquisidores. así que para mayor solcnidad se elijió este dia tan acomodado y nacido paavia de celebrar. estorbando el paso á la jente que iva con armas no cono- cida.320 de gracia. y no se trataba de hacer el cadalso. hasí de carpintería como de pintura. y la causa de esto fué. que no sería tan suntuoso ni para tanta jente como después pareció. el saguan donde cada familiar procuró aventajarse la noche que le cupo llevando en su compañía jente luzida y noble. hasta el dia del auto. ra el hacto que en él se En el qual para el seguro de que no hubie-^ se fuga yn ausencia por los presos que avian de ser penitenciados. en una de sus plazas. de donde á la luz de muchos fuegos que se hade cían se repartían á hacer su vela. las noches de cada sema- naj entre los familiares. en las casas del Sancto Oficio.

teniendo el sitial en la capilla mayor de ella. virey de esta nueva España. el comedio y arrimado á los portales mercaderes y sederos en la i)laza pública de esta Ciudad. á medio . de donde ásu tiempo se ivan el llevando al cadalso según era necesario. to. 24 de Marzo. El sábado siguiente. el se leió el Edic- y predicó Provincial de los Franciscos. Y luego el segundo Domingo de quaresma. para su ornato. oficio de la Inquisición. asiento el Sto. á la sombra de una que para su guarda se avia edifi- cado con acuerdo y parecer de los Sres. y antes del sermón.321 sala grande mentó. al qual ocurrió la mas que sufrió la capacidad de la Iglesia y la autorizó con su presencia el Ilustrísimo conde de Monte Rey. Inquisidores. casi en de los que fué el de la Trasfiguraciou del Señor. hombre doctísimo y digno del sermón. por su muncha cristiandad y erudición y eloquoncia en ala- banza de la festividad y ensalsamiento de las obras del Sancto Oficio para gran confusión de los enemigos de nuestra santa ífé cathólicii. por escusar costas y gastos que en semejantes ocasiones se podia ofrecer adelante. qual cadalso se comenzó hacer á los 12 de este mes. 18 el de Marzo. se publicó jente edicto de la fé en la Ca- tedral de esta Ciudad. Fray Buenabentura de Paredes. y habiéndose sentado comenzaron los oficios divinos. y aprovechar en ellas las que el presente les avia causado.

aunque primera parte era mas alta que la segunda cantidad de una vara. adornada de buena clavasen. á la (jual se entrava por una puerta grande y fuerte. juntas higas á Y modo de aposento. ambas asian frente á la calle los lados de Sancto Domingo. fortificados con otros atravesados. y ambas unas muy lucidas barandas amarillo. se acabó la hobra del cadalso y su orna- to. y ambas se formaron sobre gruesos pilastrones de madera. la do de y á este modo tenia otro el tablasegunda parte. que tenia 18 gradas muy fuertes y bien laliradas. ra parte se subia por una escalera sercada. que hacian labor de claraboyas y sobre las puntas sus traviesas de buenas vigas.322 (lia. hazian los tablados una ceja de an- cho de una vara. porque cavan por lo alto la gente no subiese partes cer- arriba por los pilastrones. para (]ue la gente pudiese pasar de un lado á otro: esta primera parte tenia de alto 4 varas. y la segunda tres. y á de estas . respecto de que la gente obiese. varas. salvo que la escalera tenia 14 gradas. es- pintadas sobre campo blanco de á esta primecurecido con pardo y negro. y por la parte dentro con su serrojo y llave. pudiese ver y gozar de todo lo que en ella y esta división hacian una calle de ancho de 10 varas. de ancho de 2. el qiial era dividido en dos partes iguales. la de 60 varas en largo y 30 de ancho. en las quales se y so el plan ice pro cuyos lados en circuito.

y el ancho de 6.323 escaleras se formaron dos aposentos de dera. compañía baeia'de hacia Oriento. cuya subida tenia 12 gra- das divididas en tres partes unas de jaban á las otras. y á los colate- rales del cadahalso se hicieron 2 tablados pa- ra cabildos eclesiástico y seglar. devajo de la primera ma- y segunda parte. se hizo al lado de los portales un apar- tamiento. por el qual se avian de entrar los penitentes á su tablado. Desde la puerta de la primera parte se hiun palenque que de 80 varas de largo y seis de ancho. que con su muy g^an majestad. virey. cada qual con sus asientos. Sany demás gente de á ca vallo que los acompañase. las y las y pendientes las de su mitad sobrepu- de las otras casi media vara y te- . que su largo será de 80 varas. porque los cavallos no se estorvasen al apearse unos con chos poyos para en que se apeasen en to Oficio. y lovas que avian de servir de cárceles para la prendiese gente descomedida y descompuesta que se el dia del auto. se levantó un medio Teatro del ancho del tablado. porque la gente no estorvase su zo entrada. y á los lados de la puerta avia heél. por donde saliesen. muy le bien aderesados. con sus puertas. audiencia otros. y al modo de este palenque se hizo otro á la puerta de la se- gunda parte. Al principio. cada uno: algo espacioso. y sobre esta primera parte que hacia muro con los portales de los mercaderes.

—que mostraban la majestad de este lugar. hablando con los herejes y penitenciados. por las cuales podían subir tres personas juntas. 49. en confirmación de la verdad que siguen los fieles. Lib. en cuyo campo se leyan en letras latinas grandes. y será firme y estable.324 nían de ancho 2 varas. cua- tro escudos. una palma. 79. en cuyos lados y estreñios avia 2 Pedrestales prolongados que cada uno recibía en sí dos colunas quadradas de horden dórico. Y los costados de este cornisamento se labraron costosamente. do- . en cuyos lissos avia pintados unos escudos de muy buen artificio con las armas que luego se dirán. en los quales y en los de las co- lunas se pintaron las armas siguientes: En los primeros un cia cucliillo ensangrentado. con tres coronas. estas palabras: «Veritas stabit etfides convalescet Esdnis. que ha- y entre ellos forma de cruz con una hacha de armas. y por los lados subían unas barandas de 3 quartas de alto y da- ban vuelta á vara. como quien les decía. caj). y las basas y capiteles corría su cornisamento proporcionado á las colunas. vers. y por ellas un bien labrado friso. 34. y el Tribunas que serán de media planice tenia el largo de todas las las gradas y 4 varas de ancho. y en este friso había puestos por su orden. con mucho primor. y prevalecerá la fé con triunfo glorioso para vuestra confusión y desengaño. de alto de 4 varas. la verdad permanecerá.

Causam. Devajo del friso se formaba un buen espahueco do quatro varas. y en la mano por cuyo pié servia eini)uñada una cruz. bien guarnecido de oro y seda. sidor de la Iglesia Católica. cuidadoso protector da la fé. en cuyo campo se leyan en letras latinas «Exurje. un glovo de mundo. y em- presa digna de las obras del Sancto Oficio. (jue hacian muralla hasta el cielo abierto.32f> armas del glorioso 8ant Pedro mártir. todos ellos adornados de varios y agradables colores que hermoseaban con gran IjOS terceros tenian majestad. un brazo can sus brazaletes y grovas. el qual dividían en dos partes iguales. Domine. Indica.» unas llaves cruzadas enseñando en el ángulo de arriba una tiara con 3 coronas. ensignias debidas á la potestad Apostólica. por su longitud. unos doseles de terciopelo negro y damasco amacio rillo. y por orla un círculo redondo. adornado de oro y matices de sedas de colores tpie su grande primor hacia que á la . estaba mismos doseles y en la frente un dosel con su cielo de del ter- ciopelo negro. y primer inquiradas. Los quartos tenían los armas del glorioso Padre Sancto Domingo. Los segundos. salir á recibir las colunas y los I>(^ Tribunal. con senefas de brocado de tres altos. Tuam. en cuyo campo de sutilísimas y graciosas bordaduras descubría un muy gracioso escudc^grande.

la derecha del uno tenia una oliva. devocto. repartidas dorada. con varandas á los lados. Las dos guarnecidas de cordovan negro. en la qual ha via una es- calera de cinco gradas. y fran jones de oro y seda.326 de pincel. sobre muy ricas alfombras. y en su asiento un cojin de terciopelo y otro á los pies para el Sr. La primera de mano derecha con guarnición de terciopelo negro. ñecos. y no de menos primor. bordado. seis en cada lado del dosel pa- ra la Real Audiencia. por la qual se descendía á una ventana de las casas de los Portales que para este efec- . dos ángeles de artificiosa labor. Vi rey. y este dosel se apreció de toda costa en cinco mil pesos. con otras doce de lo mis- mo. insignias de la Justicia acompañada de la misericordia que este Sancto Tribunal luce en sus causas. en cuya cruz estaba un Cristo muy y por la suya. y á sus lados como por guarda vista parecían armas reales. para los Inquisidores. y la izquierda del otro una espada. y sobre este escudo estaba otro algo mas pequeño. muy prima y que con sus dos manos teman asido el escudo. y en las otras dos. y se acabó para este dia y ministerio. y su campo ocupa- ban tres sillas. con las armas del Sancto Oficio. y e» su campo las y en lugar de coronel una imperial corona. y todas con clavazón Por los lados de este dosel se entraba a la otra mitad del hueco.

guarnecida con fran jones. y á la cabecera un Dei grande guarnecido de chapas de oro de . aforradas de tafetán carmesí.327 to se abrió á modo de otra. y á sus pies una silla guarnecida de terciopelo carmesí y clavazón dorada. por donde se avajaba p«r gradas al suelo de tres salas grandes. y teche de lo mis- mo.s nes de oro y seda.4<//a/. el qual cubría una cama de damasco car- mesí.s tres puerta. en una cruz de asavachado évano. jaspeado á modo de taracea con clavos de oro. fluecos y franjas de oro y seda. en cuyo campo estaba una devota figura de Jesucristo Nuestro Señor. con almohadas y acericos de olanda. te que estaban se aderezó muy costosamen- aderezadas en esta manera. cu))ierto con un velo costosísimo. y en el comedio del lado principal estaba un dosel con su cielo de terciopelo carmesí. guarnecida de alamares. cuyas faces cayan dentro y fuera con sanefas y rodai)iés de broca- do. Huecos y boto. La primera con dosel de tercioel pelo y damasco carmesí. cubierto con una sobrecama de damasco carmesí y sanefas de vrocado. Huecos y borlas de oro y seda. sanefas de vrocado y guarnecido de oro y seda. labrados de labores muy primas y costosas con muchos matices de sedas para este efecto. cubierto el suelo de alfombras muy ricas de oro y seda. y á un la- do del dosel estaba un catre con colcliones de damasco carmesí. cortinas dobladas de lo mismo.

visagras. ta- chuelas y llave dorada. en damasco: devajo de cuya ta- pa estaba otra aforrada y colchada de raso un círculo vacío que caya sobre un vaso guarnecido con pasamacarmesí. nición con cordones de seda y oro con sus borque se hizo para prevención de la nece- sidad jantes ocasiones. por la parte de afuera y por de dentro. y otro de la to la ciopelo carmesí. la qual sala se cerró ve y se entregó á un paje de cámara del Virey. todo lo qual no se estrenó hasta este dia. como la primera. porque la gente del tablado no las enseñorease. La sigunda sala se aderezó con doseles de terciopelo carmesí. atravesado un paño de manos. y á su modo otro menor con un vaso de vidrio y la misma guarlas. adorna- da de cantidad de sillas imperiales. nos de chapas. humana que se podría ofrecer en semeDe mucha curiosidad y cosjunto á ella un bufete de plata. y dos bufetes con sobremesa de damasco y senefas de . y á la misma suerte al lado del dosel. labrado curiosamen- en te él de oro y seda carmesí. to. aforrada en ter- sanefas do vroeado bien guarnecida. cerradura. Y la ventana de esta sala tenia un encecon lla- rado curioso.328 mucha un lado de ella estaba un bufete con sobremesa de damasco carmesí y estima. y en su mitad oro. y al de cama estaba una caja de tres cuartas de aly poco menos de ancho.

que será paso del Virey para la primera. desviada de las gradas otras dos varas. y los demás jiara el des. re- y cada uno ocupaba un vaso. y junto á ella un banco de espaldar. en todo lo restante de la mitad de la primera parte. en los cuales se fomiaron con doseles ocho tretes apartados. correspondiente al dosel del Tribunal. La te tercera sala se arlíírezo de paños do cor- de muQcha estima. á la larga. Y volviendo al cadalso por las gradas y planicie de la primera parte.329 terciopelo carmesí. y á su lado. bordados de oro y seda devarios colores muy costosos sobre las sanefas' en cuyos campos estaban bordadas las armas" del Sancto Oficio cjue la hermoseaban mara- villosamente. Al lado derecho una mesa de dos varas de largo y una vara y cuarta de ancho. con una sobremesa deterciopelo negro y sanefas de vrocado. dejando por los lados principales unos vacíos angostos á la larga. ha- bla puestos con buen urden veinte vancos gran- y los delanteros cubiertos de alfombras para los Ministros mayores y abogados tlel 8anct<) Oficio. . y en cada uno de sus quatro lados te- nía tres escudos. que todo estaba adornado de alfombras ricas y puestas con mucho orden y concierto. y el suelo de estas dos salas estaba cubierto de alfombras muy ricas. lugar y asiento para el Secretario deeste Sancto Tribunal. bien del estaba guarnecida.

en cuyas esquinas y remates estaban puestos dos pulpitos quadrados. De suerte por un lado y otro. de que ornatos de terciopelo y brocado negro. y el pulpito de mano derecha se aderezó con laustres. bien guarnecido y bordado.aso consulado. guarnecidos con sus molduras y cejas. á la voz del relator no se fuese por alto y se oyese la pronunciación y letura en lo bajo. y Religiosos y gente que la mesa y bancos formaban un ¡)asadiso en ofreciese vajar el di a del y del mismo ancho para si se uno de los Sres. de buena tura. lugar para los caballeros de la casa del Virey. principal. el ñn de la primeal- ra parte. oficiales reales. sobre fuertes pilastrones que atravesaban la ca- . frente de las gradas de subida del Tribunal. Inquisidores auto á recibir alguna declaración de relajados. Y desde el fin de esta primera parte se hizo un pasadizo co- rrespondiente al que formavan los vancos. en fin las quales recibían sobre bien líjbrados ba- unas cúpulas ó medias naranjas. pintadas por la orden de las varandas y colunas del Tribunal que autorizaban y hermoseavan el cadalso maravillosamente. para predicar en él la palabra divina el dia del auto. religiosos caballeros y gente principal. co- mo suele acontecer Llega va esta calle hasta y aconteció este día. Y al lado izquierdo avia otros veinte vancos desviados de las gradas dos varas con ra que los la misma orden y compostudemás.

de 3 gradas. estaba una guacil silla. que como está declarado. lo restante al pasadiso hasta llegar al medio pirámide. y 2 de las varandas. una vara. de ancho de tres varas. en cada lado. sin ofensa de la peaña. por cuyos lados avia unas escaleras pcípieñas. por descendía al planicie del Tablailo. dejando espacio por los lados para que se pudiesen pasar de una parte á otra. cuyos vacíos ocupaban veinte vansi- cos grandes. y 4 varas antes de . se hizo sobre vancos de poco mas de 3 quaiias de ancho. (jue al fin de ella se formó de grai)or Y das para los i)enitentes. un hueco de vara y quarta en cuadro: en el del lado derecho del con sus varandas á tura.sai lie que dividía estas dos partes del cadalso los lados de la misma pinque llegaba al principio y comedio de la sigunda parte. á cuyo cargo era traer á la i)eaña los penitentes como se ivan llamando. la primera parte era mas aUa que la sigunda. Tribunal. Al principio de esta sigunda parte forma van las varandas del pasadiso. hasientos para los familiares pa- drinos de los penitentes. y el del lado izquierdo ocupava un vaneo mas 6 asiento pa- ra los alcaides de las cárceles secretas y per- petua. una vara antes donde se del pirámide. asiento para el al- mayor del Sancto Oficio. en cuya mitad se levantó una peaña de tres gradas. por el qual proseguían asta alto. donde avian de subir los penitentes á lioir sus sentencias.

y á pasadiso en varandas y basas y corlos remates el de las escalaras del antepecho del pirámide. Inquisidores mandaron haser de 2450 varas. y por los lados de estas gradas suvian asta su estremidad las varandas que cercavan el planicie de lofe ta- blados y las acompañavan. que se ligavan con las molduras de las nisas pintadas como lo demás. y su hueco sé serró de deque en él se avia de enserrar vastimentos. que su largo tenia 68 varas. y el ancho 34. . avia dos puertas de á vara por donde se entraba á su hueco. dividido en 3 partes. obrada con gran primor y artificio. si dellas tuviesen necesidad el dia del aucto. la qual hasia hasiento sobre un grueso morillo que subia por el remate y comedio tablas bien clavadas. 3^ su largo atravesaba todo el ancho del tablado. que será de vara y quarta en cuadro. agua y otras cosas. á modo de las gradas del Tribunal. Todo lo qual cubría la obra de una vela de anjeo nueva que los Sres.332 tio desta segunda parte se formó nn medio pi- rámide que asia frente el Tribunal. para resistencia del gran sol que por este tiempo hace en esta ciudad. á fin de esta segunda parte. prevenciones para los penitentes. y en las esquinas y rincones de las barandas su pusieron unos pilastrones. fijadas sobre fuertes pilastres con doce gradas que subían desminuyendose hasta su estremidad. do suerte que hacian lavor muy agradable á la vista.

donile han visto gran cantidad de cadalsos. que por cada lado. duplicadas las unas para este efecto y las otras pai'a hamarrar sus cabezas á poco menos de la mitad del alto de otros 3 morillos. porque el viento con la grandeza y fuga de la vela no los descompusiese de la igualdad y concierto que tenian y fué cosa de ver. y en frente de su comedio. que causó admiración el gran ingenio y artificios con que se puunos carrillos rillo. so: la qual por lo alto del Tribunal tenia un enserado de anjeo de 15 varas de largo y 10 de ancho. hasta fuertes presi- y amarrada por á 48 morillos altos y gruesos que con mucha igualdad y orden cercavan el cadalso. digo que á dicho do muchas personas fidodinaí^ que han so. y por lo alt(í . que aunque hizo munchos vientos durante el tiempo que estuvo puesta. se pusieron con el orden que los demas.333 por manos de dejarla puesta llas muy diestros maestros. para dos efectos. estuvieron tan firmes. y el otro para defensa del agua ái lloviese. desviados del por loB lados 4 varas. y de morillo á morillo avia 2 varas. andado miuicha parte de la cristiandad. y entre ella y el enserado se pusie- ron cantidad de esteras de palma. y por grandeza y lüf)r de este cadal- y de su traza y compostura. á 50 pasos. el uno para mas resistencia del sol al Tribunal. y la vela tan tirante. dicen . la qual subieron por que igualmente tenia cada mocon muy fuertes sogas.

víspera del una procesión muy solene. para lo qual se adornaron las calles por donde avia de pasar. so pela estado ó condición. y fué tanta compostu- ra y quietud de la gente (con esto). doseles. que ninguna persona de cualquier dia del auto. que no fueron menester las cárceles. para lo qual se juntaron en este Convento. se ordenó la tarde. no se atreviese á subir al cadalso el na de escomunion. sin su licencia. y de dar asiento á cada uno. á que asistió con su pre- . por el mandado del Santo Oficio. y solo el Notario Pedro de Fonseca tuvo cargo de ambas puertas. de telas y terciopelos. paño de corte. lo mas y mejor que sufria el caudal de los vecinos. y de el acudir á otras cosas menesterosas en so en el dia del auto. Inquisidores. y cabal aparato del venidero juicio de la en Convento de Santo Domingo de esta ciu- dad. que es cadal- dezas dignas que en este una de las granReyno se tienen á los mandatos del Santo Oficio. el Clero y Religiones con el mayor concurso de ellos que ser pudo. para entero fé. Este dia mandaron á pregonar los Sres. en que habia muncho que ver. Procision Entre las 3 y las 4 de auto.334 no haber sido ninguno semejante á su mucha majestad y hermosura. Imájenes de pincel y retratos.

nías cantidad de S0() velas de cera blanca. llevando por principio un estandarte de tafetán negro bien guarnecido. el Chantre de la capital de esta ciudad. á cuyos lados venian en dos hileras catorce familiares del Santo Oficio con cirios blancos. en D. Y á esta hora comenzó á salir la procesión guiada por á la plazeta de Sancto Domingo. de á media libra á cada uno la suya encendida. caballero del hábito de Santiago.335 senda el Lie. entre los mano de personas de crédito. y al presente lo es del Pirú. Inquisidores han fundado este año una Cofradía de Oficiales y familiares del Sancto Oficio. Y á buen trecho de este estandarte se siguia una cruz de plata dorada con velo y . de á cinco libras de cera. }• orden. y en su seguimiento venian en dos hileras el Clero y Religiones mezclados unos con otros. y ivan con muy buen cuales se repartieron por fidedinas. á la calle del Colegio mano derecha por de los Teatinos. en los quales se pusieron porque según lenguaje de los que de mas cerca an tratado las cosas de este auto. torciendo la de Palacio. Virey que fué de esta Nueva España. Melchor Gómez de nom- bre del Cabildo. encendidos y en ellos pintadas las armas de Sancto Do- mingo y Sant Pedro Mártir. los Sres. devajo del amparo y título de Sant Pedro Mártir on este Conv(mt<). Joan de Altamirano. D. yerno que fué de Don Luis de Velasco. Soria.

en cu- yos hombros. sembrado de estrellas. terciopelo negro. de bulto. villas y lugares con . y casi al remate de la precisión ivan doce Religio- sos de este convento revestidos con albas y casullas de terciopelo y brocado negro. sobre el globo de un mundo dorado y plateado. fijado en una peaña guarnecida con frontaleras de brocado. la qual era de buen tama- ño. pintada de verde. á canto d(í órgano. y de todas las ciudades. vida de todo el género huel mano dio remedio al daño que nos causó fruto del árbol de muerte. y luego la Capilla de la Iglesia mayor de esta ciudad. cirios y á sus lados catorce familiares con encendidos como los primeros. cantando Salmos acomodados á la ocasión en que ivan. y toda esta cantidad de familiares son de México. revistidos. hincados de adorando por ta la cruz.336 manga de ciriales lo. con su rétulo y por toalla una vuelde tafetán negro. con dos listas de oro orla. el que formaban el Cle- ro y Religiones en suave canto llano. guarnecido con puntas de seda y avalorio negro. y á sus lados dos de plata con manguillas de terciopeque llevavan Religiosos de la dicha Orden. cirios encendidos como los pasados. respondiendo en distinto coro y tono. y delante della en dos hileras sesenta familiares del Sancto Oficio. tro ángeles y en las esquinas quarodillas. remudándose de quatro en quatro venia el Árbol de la vida. en que Jesucris- to Nuestro Señor.

Cristoljal y dos Religiosos graves de su Orden revestidos do ornato de brocado negro bordado de oro y seda. y todas las orlas de los recasos de la cuchilla. d. con capa de brocado y una cruz de oro en las manos. y á las es(j[uinas de la peaña ivan quatro capellanes del Sancto Oficio. Sant Pedro Mártir. que para este dia se juntaron. el quivl ¡x)nia en orden la procesión. los Religiosos revestidos. media luna. y á los lados seis encendidos como los de hombres con alabardas nuevas.. mayor y familiares co^i eepque en sus principios tenían ui^os escudos grabados en ellos las armas de . muy curiosa. cubo y de varillas doradas. con sobrepellises y cirios Jos familiares. y el Notario de la Inquisición Pedro de Fonseca.e.^íincto Domiiigo y.337 de esta Nueva España. que llevaba en la mano una cruz de acero pavouiada con su tronquillos. y en último el Prior de este convento. caballeros de esta ciudad mudas las calles por . de Hortega. y Beruardino ^'asquez de Tapia y el Regidor Alonso de \'aldez. F. y al lado derecho del Prior iva el Chantre. el alguacil y ivan rigiendo esdel Sancto Oficio D. Lorenzo de los Rios. acompañándole á su lado el uno de ta procesión. entremetiendo el clero con las órdenes. Todo lo (pial causó tiintros de plata to ^ileiigÍQ q.^e. guarnecidas de terciopelo negro y tachueladas con tachuelas doradas.)^a4Qia. y detras la cruz ivan los perlados lo de las Ordenes.

mas de 50 mil personas. con alfombras. sillas y cojín de terciopelo negro. los quales á es- . la adoró con grande edificación del i^ueblo. estaba le el Virey. bien aderezerados. asiendo la adoración. cortinas. con cirios de cera blanca. por cuyo respeto y compañía se quedaron alli quatro religiosos de cada Orden. y los pajes de Su Señoría salie- ron de Palacio en cuerpo. en se- mejantes concursos dicen avia en ellas y en las ventanas y azoteas y plazas. y cantidad de familiares. el qual hizo su acatamiento debido. y esto en tiempo que ivan lle- nas de infinita gente. te junto á la Y llegado que fué el Estandar- puerta principal de Palacio. levantando las achas y umillando los cuerpos. so- bre la cual y en una de sus ventanas bien aderezada. según estilo de Palacio y corte.338 donde pasava. acompañándola asta el cadalso donde la subieron. que á la luz de gran número de cirios y achas velaron el divino lecho en que el reparador de nuestra caída murió. junto al Tribunal y sus gradas sobre un altar que avia hecho con muy rico ornamento. y allí dejaron la cera en medio del planicie de esta primera parte. con que recibieron la Sancta Cruz. mano derecha hacia el cadal- llegada que fué la Santa Cruz al sitial de Su Señoría. y luego dio la vuelta á so. quedó puesto asta las tres de la mañana del día del auto. encendidos. y en tanto número que á juicio de personas isperimentadas.

las casas gwadl mayor de esta ciudad. entre la alameda y Convento de los Descalzos Franciscanos de esta ciudad. Inquisidores. á quien le fué notificado por el Notario. Y á las dos de la mañana se comeuBÓ á decir misa en la capilla del Sto. del Santo Oficio. en toel por y das las parroquias y conventos destii ciutUd. en su peaña alta de cantería. que avian de morir quatro relajados. que esdonde los fijaron puesy de alli se fueron juntos á de Baltasar Mejia de Sahneron. Ipolito. y con . Notario y seis familiares. acompañada de los dichos Religiosos y familiares asta el dia. ixir borden de los Sres. quatro maderos con sus argollas. Oficio. pregoneros y verdugos para este dia. Y esta noche á las ocho llevó Pedro de Fonseca. con la decencia y reverencia debida. una cruz grande verde. en te dia salieron al auto. el que respondió que estaba presto de cumplir lo que Santo Oficio se le mandaba.339 ta hora la llevaron en procision cantando him- nos asta lo mas alto del medio pirámide y gradadas de penitentes'. en cuya estremidad la pusieron. y la puso cinquenta pasos desviada del quemadero que abajo se dirá. que conforme á los que avian de morir tuviase prevenida leña. al- tos con guardia. y entre la una y las dos de la noche por mandado del Santo Oficio el di- cho Notario y familiares llevaron al brasero que está echo de cantería en el Tianguis que llaman de S.

con incerosas é con 16 seguimiento otras en su los difuntos fujitivos y signias de fuego de Uevan escripto en ausentes relajados. y á cada uno doctos. y á penitente. y después penitencial. penitenciados. a las tres de la mañana. ta suerte prosiguió asta donceUa de que fueron tres hombres. almorzar á los de tle haber dado el alcayde InquisidoSres. hasta que amaneció. crisbuena de pondieron á las obligaciones competente el tiandad y virtud. y deshombres les entregaban un llegar á los relajados. con una vela de cera de lo qual. cuando estaban correstodos que nas. donde se ivan juntando. de su insignias poniendo á cada uno las penitencia y castigo. de los en el patio priquales avia ya gran número cada dos mero. acompañar los peniten- nombrándolos por sus nombres. después Este dia. mandaron los al segundo patio res sacarlos de sus cárceles de iva adonde se les las casas del Santo Oficio. otra vez lleran las Iglesias. abito y estatuas de difuntos. mas los y dos jiosos de las hórdenes. dellos tres familiares por guarda. memoria á los facio iva llamando por una miliares elegidos para tes.340 ser tiempo para conseguir el apenas se vaciaentero precepto eclesiástico. entre verde en las manos. después del Santo Ofifiscal el las quatro y las cinco. los que . y una en el aucto quemaron las de Caravajal que dos reliacompañavan pasado.

y nunca mas. y en los corredores vajos y patio del Santo Oficio. de la Ley muerta de Moysen que guarY á las seis de la mañana estaban ya puestos en borden de procesión. 50 .341 los pechos. la calle de Hanto Domingo. y dentro los guesos de los difuntos. con los curas y capellanes dellas. y número de dos cavallos. V lut^go. sentfidos. jenfe la qual. y suvieron á las gradas del me<lio pirámide. llevando por guia tres cruces de las parroquias. pintados en ellos unas calaveras. por y sus ven- [)lazas. en grada mas al- pie de la cruz. ta. y la última con insignia retorcida en la corosa de maestro domatista daba. ocupavan el mismo que el dia antes ubo en la procesión. basiendo campo á la procesión de penitentes: llegados al paleuí^ue de la segunda partt^ del cadalso. y por los lados. un relajado iiaja. en cuyo remate van tres ataúdes negros. con velos y mangas de terciopelo negro. guiados al cadalso. y en otm mas la doncella. sembradas de fuego. al donde fueron puestos y la en esta tnaneni. y en su seguimiento 124 penitentes. calvinista reyelde. los nombres. otros dos relajados. y á sus lados. entraron i)or él sin ningún eston'o. y media hora después comenzaron á salir por su puerta principal. con las 19 estatuas. tierra y delitos de^ los tres dellos lle- cada uno. fuesen con el alguacil mayor delante. fie suerte que fué necesario que los familiares sobre bien adereza- tanas y azoteas.

342 personas con avitos de reconciliación. que los tales la an de aver sacado cio. salió de tener en semejantes hoeasioues. y luego la Caballería y familiares y de- . pues se levantó á las 3 de la hasta mañana con dia. Y llegado que el fué. las esta- tuas igualmente. su señoría. 1er los rétulos. donde estavaii ya a punto con el Santo Oficio. he- chiceros. se pusieron en borden en esta manera: delante de todos los alguaciles de corte y ciudad. palacio á hoir misa. y luego otros por diversos delitos. dos veces casados. del Real Palacio de esta Corte. guiados por la calle arriba de Palacio. el sus caballeros y gente de donde estuvo en vela esto dando á entender con como tan cristianísimo Principe. torciendo á la del San- to Oficio á mano izquiíu-da. se repartieron en las varandas. de modo que parecían muy y los familiares padiúnos se sentaron en Vi rey esta sus vancos en la forma arriba dicha. antes del auto. por que el dia no alcanzase de quenta á lo muncho que en él avia que hacer en el. acompañado del audiencia Real y de su guardia. y después los penitentes del Santo Ofiluego con gran priesa. y estandarte de la fee cabildo de la Iglesia. calñldo y lo mas ilustre de la ciudad. No estuvo con poco cuidado el noche. por diversas sectas y leyes de Moysen. y adornavan las gradas de penitentes. blasfemos: en los lados del pirámide. de suerte que de lejos se po- dían bien.

cordones y borlas de oro. y en un buen caballo aderezado el alcayde de la cárcel perpetua. y á su lado iz' quierdo iva Don Joan Altamirano. y detras sus pajes y criados. y Ciudad. y en sus campos las armas del apóstol Sant Pedro. franjillas al pié. toda de oro. Vivero. y á su lado arcángel Sant Miguel. que por artificio arabas partes tienen sembrados algunos escu- dos bordados con muclio y primor. Príncipe de la Iglesia. yba la Santa Cruz de la fee. y con esta borden llegaron al cad. y sobre la vara de plata (leste estandarte. y luego Santo Oficio que llevava el estandarte de la fee. que iva en medio. por causa de que llevava asido con ambas manos sobre la silla. y en lo último Su Señoría el Virey.ilso á la'^ siete de la . con dos puntas. el arson delantero de el Fiscal del un cofre cerrado. de honguillos. y Sant Pedro Martyr. Rivera. que es de damasco carmesí. el qual es muy costoso y agradable á la vista. en cuyo seguimiento venían el Lie. y los de Santo el Domingo. el alguacil mayor y Ministros mayores de la Inquisición. y el Dr. consultores del Santo Oficio. con entremetidos unos con otros. y seda. que lleva- va las vorlas del estandarte. que iva á el lado derecho del Inquisidor mas antiguo.343 tras los Cavildos la Universidad. de la Iglesia y al fin dellos el Secretario. el qual lleva van de diestro dos personas. con sus df oro y seda. y la audiencia real por sus antigüedades.

Catedráticos y Religiosos graves caballeros. maestros Calificadores. el estandarte de la fee. y vajas. por (jeno que el Santo Oficio borque no uviese lugares señalados. y en las tres últimas. y asientos. cuyo cargo era llevar las sentencias a dadas por mano del Secretario. y en . y consultor del Santo Oficio. después de haver subido se asentaron en el Tribunal. izquierda.344 mañana. teniendo á su el fiscal del Sanfija- mano derecha. y al pié de las unas y otras gra- das avia repartidos 12 doctores de la Universidad. junto á la varanda de en el Lie. Patrocinadores y Comisarios de los Obispados de este Reyno. las gradas mano derecha del Tribu- en la primera. á los Relatores. y á mano tres gradas mas Altamirano. y mas bajo los cay Religiosos graves. en Priores tedráticos de las hordenes. en el qnal. Vasco López de Bique fué desta ciudad. el Notario Pedro de Fonseca. y Guardianes. de En nal. se assentó yero. y en las de mano izquierda. con el borden que avian venido. y al principio de las gradas del medio. se sentó to Oficio. Bernardino Vasquez Don Joan de Tapia y el Regidor Alonso de Valdes. y y riias bajo. y á su lado los Prelados de las hordenes Provincia- medio. corregidor les. por donde suvieron al Tribunal. que por no ser de la Real Audiencia se le dio este lugar. do en su el tablado. la primera. entremetidos unas personas graves con otras en bancos.

recaudo para escribir. Tribunal y de per- seguir y arruinar por todíis vias á los enemi- gos de nuestra Santa Fee Católica. en que estaban gravadas las armas del Santo Oficio. No estava con poco . y se ra de alto. el Secretnrio del Santo Oficio leyó el juramento que izo el todo el Puel)lo. catedrático de la Catedral de >[éxi- de Escritura. aforrado en terciopelo carmesí. tachuelas y llave de su asiento. sobre un libro misal. Don Juan de Servantí^s. puso sobre ella. se asentaron tro del estaban las relaciones los culpados. que tenia el misal. Cajiellan del San to Oficio. y como se ha dicho arriva.345 banco de espaldas de la mesa el Secretario con las llaves del dicho cofre. por su borden. por el tiempo tan corto que restaba. caliticüidor del Santo Oficio. en los vancos. que era de evael no. después del qual. arcediano co. A todo lo qual se dio principio con un Sermón breve. cerradura. y sentencias de y sobre la mesa. cx)n tintero y salvadera de plata. chapas. quatro leones de oro. y muy rico. Aranguren. fijados á el cuya figura hace demostración feroz por su guarda. en el mismo pulpito del Sf'rmon. el qual predicó con mucha asepcion de los oyentes. el Dr. y den- de oro. y á su ludo cstava el Dr. que tenia media vay media de ancho. todo guarnecido con visagras. y en las esquinas . revertido con un sobrepellis. y Juez ordinario de las causas de la fee. los demás del acompañamiento.

cursada en este niinisterio. y leydas aquellas y sacava otras.346 cuidado el secretario en el sacar de las sen- tencias del cofre por su borden. y desta suerte prosiguió como persona entendida. á quien yvan acon- sejando y amonestando por los mejores medios y caminos que podían. muy ne- cesaria en Y comenzando á leerse. á cada uno de naturaleza. el cofre. pertinaz. por los quales les fueron pronunciadas sus sentencias. las quales iva entregando las al Notario Pedro de Fonseca. y escribano público della. y bajados del cadalso. llama- va á la gradilla del pasadiso. se convirtiese á la'Ley Evanjelica y fee Católica. y á su lado izquierdo Juan Pérez de Rivera. los llevaron. de donde los llevaron por esta calle con voz de pregoneros. ponia en diestra. con- denado á quemar. donde estaba en un tablado puesto un siadornado de alfombras. y en «1 discurso del camino. por su nombre y basta que las causas de los relajados fueron leydas. que manifestaban sus delitos. confitente revelde. los penitentes. y á las 5 de la tarde se entregaron al brazo seglar. vivo. Muñoz Monforte. alemán calvinista. que las llevava á los Relatores. y á la entrada de calle de Sant Francisco. basta el quemadero. correjidor de esta Ciudad. y notificadas. y él. los Religiosos que acompañavan fic- á Simón de Santiago. familiar del Santo Oficio. to simulado. tial. y sentado en él Francisco el Dr. el qual agieu- .

con tanto senti- miento y lágrimas. todo el día. por las blasfemias que decía. y finalmente. por la gran misericordia donde se entiende en el cadalso. . con tan dulces palabras. que ponían silencio á los Relijiosos que ivan con ella.indola y abrazándola. (¡ue esto no es /or- za. comiendo que le daban. y era tan torpe de entendimiento que no aliaron caudal en él los Relijiosos para argüirle. fueron con muncha tibieza. y con sus argumentos convencerle de sus herrores. uvie- con demostración de contento. pidiendo á Dios misericordia de sus pecados conluego D'} . Y fesando la Santa foc católica. como ra de ir á vodas. la (jue enternecía á los que oyan. Mariana Nuñez de Carabajal. y munchoa que allí estavamos. sin querer tomar la cruz en las manos. Y porfiando les decía no des bosen padres. dando todos infinitas gracias á Dios Nuestro Se^ que con ella usa^ que está en carrera de salvación. l)>. y siempre tuvo una mordaza en la boca. qual aunque hacia demostraciones de morir cristianamente. murió quemado vivo.3«7 do poco casso se sonreía como lo lo izo en si el ca- dalso. murió con nmncha contrición. y con grande desvergüenza respondía. y para gloría de Jesucristo Nuestro Señor diré lo (pie dijo esta doncella va. como enojado. no anisa píidres.'s. y con el él murió Tomas de Fonseca Castellanos. doncella. por ñor. diciendo mil requiebros ala cruz que Uevava en las manos.

y por el mismo borden que avian llevado. y ce- rrando dia con luces de achas. de cuyas luces avia muncha cantidad. en dos ricas fuentes doradas. Boy muy contenta. Y prosiguiendo con las sentencias del cadalso asta que quiso anochecer. resj^ondiendo la hórgano con maravillosas voces que las ay en esta Iglesia Catedral. Este dia se reservó otro relajado. y delante muchas achas encendidas. el Inquisidor mas antiguo tomó la estola y el libro que trujeron dos capellanes del Santo Oficio. y comenzó en tono grave la ausolbcion. con un maestro diestrísimo. y fenecidas con nueva majestad y señorío. en las ventanas y puertas de la calle desde el cadalso hasta la Inquisición. volvieron á Oficio. alumbrándole con una vela de sera blanca. el Santo Virey y audiencias con el demás acompañamiento. que también salió al auto con ávitos de la conciliación eií . á morir Vi Fee de Nuestro Señor Jes^icristo.348 oyrnos razonando con una ermana (Anica) y sobrina. Y porque los familiares padrinos volviesen . que vastó á que se leyesen las causas el de dos en dos. que fué cosa de gran regocijo para los cristianos. y llegados se despidió el Virey y audiencúa. de quatro en quatro. puesta en un mechero de plata. y acavada á las ocho capilla en canto dé de la noche. la Inquisición. que en ella cau- saban gran claridad. y se volvió al Santo Oficio no se save porqué causn.

Domingo. y los de cárperpetua al Alcayde. donde se entregaron mayor. El Lunes siguiente. Sr. Miércoles y Jueforma de ves. de boro. presente el tíeqreUrio y del número de los qualas volvieron menos las diez y siete estatuas y maron. justicia. Alguacil de. . la tarde. y puestos en los mados á las varandas. " Penitentas de Sto. pasaron por medio encendidas. salió de PaUvcio. á azotar por las calles voz de pregoneros que manifestavan los delilos tos. acompaeste dia. con mangas de terciopelo ñores.349 del con sus ahijados. se volvieron los al Alcayal Santo Oücio. y tres relajados que que- que yvan á galeras. tavan las cruces áe las parroquias. cel Sancto Oücio. visorey de esNueva España. á los que á ello estavau condenados. adornadas demunchas calle la por guiando por el triunfo de la fee. el Conde de Monterey. y se entregaron al Alcayde y escribano de entradas de y los negros á sus amos. y los demás se llevaron á los lugares que se les señalaron por el ella. sin bordadas carmesí. y los Penitentes con sus vela« su por ahijados. se subieron al pasadiso arriyleras. se llevaron con testimo- nios de sus causas á la Cárcel de Corte. Y Illmo. y padrinos conocieron sus esdonde puerta la horden fueron vajando á velos. y setla. Martes. U Lunes 2ü de Marzo. en con públicas. se sacaron del Sancto Oücio. dos en él cadalso.

larga. conservando uso del Santo Oficio. con la qual izo mas princiun general que te- paseo por ella. . que todo aya nuevo ensalsamiento de su santa fee tros enemigos. y de la Iglesia Romana. y por la destruicion de los vicios. muy que existe también. . y su Divina Majestad puede. pues ocu- un espacio igual á la preinserta Vicente Riva Palacio. y prosel pere los sucesos en la estirpacion de las erejías. que sea en Gloria. demostrando la alegría el nia y todos deven tener. lo qual yzo á imitación de un paseo que por las mismas causas hizo el Rey D. que se ayo pre- sente. Felipe 2? nuestro Sr. por Triunfo de la Sancta Fee Católica. cuando el auto de Casaya. Este es el fiel —Laus Deo.350 fiado de su guardia y de la gente pal desta Ciudad. por cuyos méritos se sirva de amparar y ayudar y favorecer á tan Santo y necesario Tribunal. alabanza to confusión y abatimiento de nuesy gloria de JesucrisSr. y pecados. Sr. contra los erejes. y de su corte celestial. Nuestro y do su bendita Madre la Vir- jen María. so manuscrito que encontré en trasunto del original y curiolos archivos del Tribunal de la Inquisición: en cuanto á la liMa de 'penitenciados ^ excuso ponerla por ser paría quizá relación. co- mo merece. Plegué á Dios nuestro sido par Católica. Amen.

bien por su aversión á tumbres. no querían trabajar en el conquistadores. y soihetido el Anáhuac á la dominación de Es- paña. El emperador Carlos V liabía sido infonnado de que por el excesivo trabajo d que se condenaba los mexicanos por los conquistadores. Los mexicanos. con audiencia de sus consejeros y teólogos. comenzaron á llegar á México esclavos africanos conducidos á la tierra conquistada. ordenó. se habían producido sediciones y levantamientos más ó menos graves. por nuevamente amoB cuya sórdida codicia el no se saciaba con oro y la plata que los nalos turales del país podían extraer de sus minas. y que todo esto podía tener faüiles consecuencias para la corona de España. 6 bien por sus antiguas cosbeneficio de las minas con la tenacidad y constancia que deseaban los españoles.LOS TREINTA Y TRES NEGROS Casi en el mismo año de 1521 en que el imperio do Moctezuma fué derribado. que los ame(\ .

. anulando los repartimientos de indios que había hecho Cortés. ordenanzas que que ya en el año de 1527 Carlos V. dispuso que pudiesen redimirse paganmarcos de oro. recibiendo una animales. En un principio los esclavos eran empleael dos únicaniente en laboreo de las minas. y considerados como muy pronto á En efecto. De aquí vino para los españoles la necesi- dad de tener esclavos africanos. y que Cortés la hizo trasplantar á México. año de 1608 el número de los negros esclavos era ya tan crecido en la Nueva España. cuya planta aseguran algunos autores que fué lle- vada á las islas de América desde las Canarias por el inmortal Cristóbal Colón. entre otras mandó á México.352 ricanos fuesen libres de toda servidumbre. miserable retribución. pudieran enriquecer sus dueños. fué tan grade el número de los negros que se trajeron á la Nueva España. y tantas las ganancias que producían á sus amos. (1) Cabo. que trabajando día y noche en las minas. Los Tres Siglos. que apenas había una familia acomodada que no tuviera muchos de ellos á su Por el servicio (1). los negros casados do á sus amos veinte y en pro- porción los niños y las mujeres. pero poco después se ocuparon en las siembras y cultivo de la caña de azúcar.

la podían dar á un hombre y á una familia Las montañas convidaban á libertíid. no sólo porque el amor á la libertad es innato en el corazón. era para ellos casi imposible. y el trabajo de estos animales se suplía con los esclavos negros. En muías y los bueyes eran muy escasos en Nueva España. los caballos. Rescatarse conforme á las ordenanzas del emi)erador Carlos V. Necesariamente aquellos hombres pensaban en la libertad. que los esclavos negros y además en aquellos in- . A era sin la embargo muy dulce comparada con las de los infelices esclavos africanos.353 pesar de que la suerte de Iob indígtMias de Amériea era bien tiinte por el trato duro é inhumano que recibían de los conquistadores. La Nueva España estaba cubierta de bosques espesísimos é inexplorados. su tierra feraz podía cultivarse con poco trabajo. las selvas estabíin formadas en muchas partes de árboles cuyos frutos la subsistencia. el como no podrían reunir con asiduo trabajo de toda su vida: entonces pensaron lo que era natural. necesitaban pa- ra eso tanto oro. á los cuales se quería comunicar fuerza y vigor con ellátigo de los mayordomos. sino por huir de los bárbaros tratamientos ú que esta- ban expuestos todos los días y todo el día. las íieras que vivían en sus gru- tas oran más felices de los españoles. de que hemos hablado. aquellos primeros años.

Sin embargo. conocido entre los naturabras envolvían la y las somcañada de Aculzingo. escuchando con atención podían oirse en medio de aquellos ruidos con- . II Era luna. la perdiéndose en las noche del 30 de enero de 1609: la el horizonte. fértil nas el rumor de los árboles agitados el por los los vientos de la noche. Y los esclavos de las minas. estaban Dios. gobernando la Nueva España el virrey D. Luis de Velasco. la naturaleza y la libertad. Los negros comprendieron que al lado de el mensos desiertos fugitivo las ciudades de la colonia estaban las selvas en donde habitaban los ciervos.354 nada tendría que temer de sus perseguidores: la naturaleza ofrecía la independencia á los seres convertidos en esclavos por la civilización. y los lobos y las serpientes. . y murmullo de arroyos que bajan por las vertientes de las montañas. Entre aquellas sombras se escuchaba apecon el nombre de Zitlaltepec. apenas blancas nieves del soberbio alumbraba les Pico de Orizaba. de las casas y de Así estaban las cosas en los ingenios comenzaron á huir á los bosques. que al lado de la servidumbre y del látigo. el año de 1609.

extrañamente vestidos y armados: llevaban los unos. los otros. calzones de escudero con sucias medias. cuál éiíte gamuza. el otro abrigado con un el llo de de acucliilladas mangas. más allá se que aquellos trajes eran los desi)ojos de los pasajeros del camino de México á Veracruz.355 fusos. era sin duda el ruido que causaba la marcha de un gran gruj)o de hombres. calzas de una bordada de curial. gregüescos de terciopelo y calzas de seda hechas pedazos. . y aquel grupo parecía caminar en dirección del lugar que hoy ocupa la Villa de Córdoba. otros sonidos que no eran producidos ni por los vientos ni por las aguas. y rompiendo las malezas y los arbustos que se oponían á su paso. Cuando los primeros reflejos de la aurora comenzaron á teñir de rosa el espléndido cielo de la costa de Veracruz. ropilla de raso. en un tabardo de belludo: aqueparecía una mascarada. se in- La marcha de aquellos hombres no terrumpía. aquel iba encubierto con un balandrán. seguía su camino trepando una encumbrada cuesta. el grupo de hom- bres que se había sentido cruzar durante la noche por la cañada de Orizaba. cuál vestía una loba cubría sus desnudas espaldas con un elegante ferreruelo. Eran voces humanas. Era una tropa de negros. y podía asegurar- justillo estrecho. que caminaban apresuradamente conversando entre sí.

ma- canas. alabardas. metambién estaba que otros. un negro propiemás alguna con vestía que facciones. hondas. las más elevadas ne- Allí estaba situado un campamento de . Aquella extraña tropa estaría compuesta su cabeza.356 cuanto á las armas de aquellos homhabía cutre bres era curioso observar que flechas y arcos de los as^tecas. llegó meseta que coronaba una de sen*anías. caminaba en general un de todo elEiire abultadas de fornido. mazas. Trepando por aquellas escabrozas veredas angostos y peligrosos desfilay atravesando fin la tropa á una espaciosa por deros. y toscas alto. mayor despuñales. una macana. arcabuces En ellos y espadas de los conquistadores. y también meclia: de arcabuz pesado no im el producto de un parecía armamento aquel saqueo parcial. á la otro que llevaba á la cintura pendiente de un en la matalabarte bordado. que los y dad jor coarmado. extraordinaria en orden y lado de un negro que llevaba marcialAl mente una gran lanza de caballero al hom- con su arco bro y un carcax lleno de flechas desenfado gran con caminaba espalda. y todo en el confusión. l3allestas. puñaba una buena escopeta. y á jefe. escopetas. hachas. con de más de cien hombres. pues mostraba una luciente emestoque largo un y ceñía raza de acero.

padre Yanga. te guarde. — Dios Fraíi cisco. y se mezclaron entre los grupos de los que les aguardaban. Distinguíase en medio de todos ellos á un negro anciano pero robusto. contestó —¿Qué nuevas me de la Matosa? trae mi hijo Francisco — Malas nuevas. Cuando los recién llegados penetraron al los soldados se desbandaron orden de su jefe. tros })adrc ^'angu. pues? ¿algunos liermanoe nueshan muerto? blancos quiíien nuestra muerte: -r— No. dijo el anciano al otro su mano con aire paternal. los ayer se me ha presentado un liermano. sin esperar la campamento. era el cuartel general de todos los es- clavos que habían huido de la crueldad de sus amos buscando la libertad que iban á de- fender con las armas y á costa de sus vidas. y que pare- cía ser el patriarca de aquella tribu errante. (jUe . lejos. todo el campamento se se había mo- y hombres y mujeres apresuraban á recibirla. Francisco. — Buenos tendiendo días. á quien todos miraban con profundo respeto. La fuerza que llegaba había sido vista desde muy vido. malas uue- —¿Qué hay. y sólo el que había venido á la cabeza se dirigió en busca del anciano.8S7 gros.

y por eso me he replegado. ser sentidos noticia debe traer. ningún camino real. cosa de quinientos cincuenta hombres: mucha gente es en verdad. y se acercan extraviando veredas. mes- y españoles que se le han reunido de las estancias. ha salido de Puebla y me ha contado tra nosotros. y ha salido día veintiséis — Estamos á los treinta días. de Angola. y otros tantos no tenemos. pero no importa. Pon á tus gentes sobre las armas.358 es la —¿Qué ha contado? — Que de Puebla viene una expedición conte también como yo. y cerca de doscientos tizos más entre mulatos. llamádose Pedro González de Herrera. Es decir. ¿Hay vigi- lantes por todos lados? y es imposible que se acerquen sin Allí viene corriendo uno. ciento cincuenta indios flecheros. Pedro González de Herrera trae cien soldados españoles. Dios nos ayudará. cien aventureros. —Tal fin creo. — Sin duda la llegada del enemigo. á de disponer todas las tropas y prepararlas para el combate. ¿Por qué camino vienen? — — No han seguido — Sí. y yo voy al en- cuentro del vigilante . mándala un capitán vecino de el aquella ciudad. muy cerca debe venir ya.

y en un momento se formaron cuatrocientos negros. es á — Francisco. —¿Y para qué?—preguntó Francisco con extrañeza. —Para que obedecemos á Dios y escribir ese decirle al queremos nuestra libertad. si nos dan un pueblo para nosotros. y Francisco comenzó á disponer sus tropas. El trabajo no era grande. Cíiudillo de los sublevados. Los negros esüiban ya esperando del combate. preciso D. pitán 1). todos mados. si no nos vuelven á nuestros amos crueles.359 El viejo salió á encontrar al que llegaba. Pedro (4onzález de Herrera. pero (|ue bien? rá esa carta? — contestó Francisco. que si nos la conceden. ar- Yanga volvió. nombrado la jxjr Yanga. y el negro Francisco de la Ma- tosa era el general de las armas. que había meditado por es})acio de treinta años. señal . dijo. depondremos las armas. ¿Y quién — El español que tenemos prisionero. ¿te parece rey. Sí. el es])íritu El viejo Yanga era de atjuella revolución. lleva- Una hora después salía los negros del campamento de un español que llevaba una cíirta al ca- de Yanga. Pedro González.

360 III. Los dos campos enemigos podían observarse. Los soldados de González contaban en su abono con el número. la disciplina y la buena calidad de su armamento. Los de Yanga confiaban en lo fuerte de sus posiciones y en la justicia de su causa. 6 la vacilante claridad de algunas esque brillaban como las hogueras. que indudablemente debía de darse al día siguiente. en medio de la cual no se distinguía otra cosa que la lejana luz de algunas hogueras que parecían espacio. Entonces se pudo notar que en ambos campamentos se movían las tropas y se disponían trellas. . Esto acontecía el 21 de febrero de 1609. Pedro González de Herrera caminaron muchos días. trellas los combatientes. y los dos pequeños ejércitos se preparaban para el combate. Las tropas del capitán D. Llegó la noche: poco á poco los contornos de los árboles y de las montañas se fueron como desvaneciendo en el obscuro fondo del es- y luego no fué todo aquello mas que una niebla densa y misteriosa. y acamparon á la orilla de un caudaloso río y enfrente de las posiciones que ocupaban los negros. Cielo y tierra se confundían con sus sombras y con sus luces.

Los primeros albores de sin la mañana darían duda la señal de acometida. D. se detenía como . pero de repente observó que se había adelantado el animal. y durante toda ella sin duda uno solo de aquellos cora- zones (que ahora hace ya más de dos siglos y medio que dejaron de latir para siempre). Aquel animal no conocía que todos aquehombres. que mucho. y entre los cuales iba su amo. Don Pedro González dos. pero delante de gre y juguetón caminaba ale- un perrillo de uno de los sol- dados.361 Yanga y Francisco de la Matosa arreglaban la defensa. iba á la cabeza de toprocurando animar á suá soldados con él su ejemplo. Don Pedro le miraba casi sin jx'nsar en él. los asaltantes se y las columnas de pusieron en marcha. ya adelantándose. Brilló por fin la aurora. ya volviendo ligero á encontrar á la co- lumna (}ue seguía avanzando sin descansar. y Dios daría la victoria. que no estuviera conmovido con el peligro del día siguiente. Pedro González de Herrera preparaba el asalto. y por llos eso jugueteaba entre la maleza. en me- dio de un silencio sombrío. no hubo Así pasó toda la noche. caminaban al combate y á la muerte.

i los nenegros. pocas armas de fuego que este objeto tenían ya preparados. — ¡Una emboscada! — seguían. en dirección de la emboscada descuellos! repitió la — ¡Santiago y — ¡A cierra España! ¡á ellos! bierta por el perrillo.ÜÜ2 espantado y ladraba dando muestras de cólera. rodando en gran cantidad peñascos que para tantes. . haciendo fuego á su vez sobre las los asal- tecon acabarles huir procuraban hacerlos ó nían. los y gros. volviéndose á su tropa: columna. afirmóse el sombrero. El capitán desnudó su espada. brío de los asaltan- que trepaban y trepaban ganando siempre terreno y lanzando á sus enemigos una verdadera lluvia de balas. repitieron los se que le y la columna detuvo repentina- mente. Pedro com- que aquello significaba. y todos comenzaron á trepar velozmente por aquellos riscos. Los negros conocieron que la emboscada no surtiría ya efecto. el Pero nada contenía tes. ganando siempre terreno. . de piedras y de flechas. sobre armas comenzaron disparar sus teros . y con robusta voz gritó. mosqueTrabóse entonces el combate. — ¡Una emboscada! — prendiendo lo gritó D. y salieron á cortar los el paso.

huido volverían á hacerse fuertes en otro luy sería necesaria una nueva batalla. Yanga y los demás que le acompañaban. camino que habían sembrado de cadáveres y de heridos. no sin dejar recorrido. y aquella era una campaña tan penosa como estéril en sus resultados: los negros habían perdido al- guna gente. viendo que no era posible resistir más. Pedro (íonzáde Herrera. y quiso aprovechar los momentos de la victoria y dar otro sesgo á la lez Todo campaña. huyeron para los bosques. Ofreció el indulto á Yanga y :i los suyos: Hjáronst^ en los árboles ])or todas partes cédulas con este ofrecimiento. pero en compensación lo mismo había sucedido ásus perseguidores: la propor- ción era perfecta. el combate. que no daría más resultado que el que ésta había dado: conquistar á fuerza de sangre una posición l)oco tiempo. esto lo comprendió D. Aquello era un triunfo. y la suerte favorecía á los soldados de D. Pedro Gonzá- que al caer ya la tarde se apoderaron de el las posiciones de los negros. pero un triunfo tan efímero como costoso. Los negros que habían sus enemigos gar. no dejando en poder de más que algunos cadáveres. colocáronse en to- .Muchas horas duró lez. que había n-ecesidad de abandonar á y con el temor de volverla á en- contrar defendida al día siguiente.

se comprometían á entregar en lo su- cesivo todos los esclavos fugitivos á sus due- una remuneración. y el Virrey.. . Luis de Velasco el virrey.364 das las alturas banderas blancas. En el entretanto. En este intermedio D. para calmar los ánimos. el que Protestaban no haber tenido intención de de quien eran leales vasallos. había faltar Proponía una especie de convenio. Fray García Guerra. y al fin Yanga escribió al Virrey. y en efecto. mandó azotar públicamente á algunos negros que estaban ¡cresos por varios delitos. había sido llamado á España para el desempeño de un puesto de gran importancia en la Corte: le sucedió en el gobierno de la colonia el arzobispo de México D. cia y en el cual recibirían que se les nombrase. IV. mediante res. y pedían un pueblo en que vivir con sus hijos y mujeños. en esa confianza transcurrieron los años hasta 1612. Con esto pareció que todo había concluido. que se llamó de San Lorenzo. pero duró muy pocos meses. á Dios ni al rey. en mucho de debilidad. al cura y al justiconcedió El Virrey accedió á todo y rrenos para formar el les te- pueblo. en México había sido grande la alarma.

ó más bien dicho. la Audiencia tomó posesión del gobierno.365 porque un día al subir (i su coche no pudo tomar bien el estriljo. y todo esto dio margen . cayó. aseguraba que en uno do los bos<iues camino de México á Veracruz baldía un campamento en el que se contaban los negros Quit'. habían visto en las montañas de los alrededores. y las gentes se aterrorizaron. mil consejas á cual más extravagantes circulal)an por la nas.n del ix>r millares. y habían escuchado los salvajes aullidos de los negros bozales. gunos alirmaban que cuando todos los habitantes de México dormían. Apenas comenzó á gobernar la Audiencia. Todo esto se creyó. quién decía cjue durante las frías noches de Febrero misteriosas tropas ronda- ban alderredor de tos de las ciudades como i)or ejércial- fantasmas evocados un conjuro. murió de resultas del golpe. cuando se volvió á hablar de la sublevación do los negros. desde los terftídos de sus casas. hogueras que no podían menos de ser contraseñas. Muerto el virrey-arzobispo. y como era muy anciano. y el oidor decano Otalora se transladó al palacio de los virreyes. ellos. Mil noticias. la ciudad de México y por las ciudades veciEl nombre de Yanga y de t>ancisco de Matosa pasaban de una á otra boca pro- nunciados con espanto.

el Como la sublevación debía verificarse •Jueves Santo. Por casualidad. y como todos los ánimos estaban preocupados y esperando el terrible acontecimiento. . y comenzaron entonces á dictarse medidas de seguridad que no pro- ducían más efecto que aumentar el miedo. y hasta se fijó como plazo para esta sublevación el jueves de la Semana Santa. y esparció la alarma. y aquella alarma fué tan grande y tan espantoso el pánico que se apoderó de todos los vecinos.—Vetancourt. La Audiencia gobernadora participó también de aquel temor. — Torquemada. que nadie se atrevió á salir de su casa a cerciorarse de la verdad.366 á decir que los negros esclavos. se suspendieron las procesio- nes y fiestas de la Semana Mayor. el Jueves Santo á media noche entró á México una piara de cerdos. ayudados por los bozales. trataban de alzarse. el primero que oyó el gruñido de aquellos animales se figuró que eran las voces de los negros que entraban á la ciudad. En estas zozobras se pasaron la Semana Sany los días de Pascua (1). y en todos esos días á las oraciones de la noche no se en- contraba en las calles un solo transeúnte. hasta la maña- na del día ta siguiente. (1) Cabo.

á (iucontrar muerte después de una vida de esclavitud y sufrimiento. como un mar de donde pendían media ta y tres cadáveres. ción. cubiertos de harapos. los confesores que á grito herido encomendaban aquellas almas . y sobre todo aquellas mujeres que caminaban la mo- ribundos. luíra después trein- .i la misericordia de Dios. al patíbulo. casi Acpiellos hombres. lo cierto es <pie apenas pasó la Pascua. balcones y azoteas. mayor de El gentío era inmenso. escena era capaz de hacer estremecer de al horror mismo Nerón.867 No puede saberse con seguridad si la Au- diencia descubrió reabnente alguna conspira- un ejemplar ruidoso calmar ánimos y acobardar á los negros por si pensaban en rebelarse. se agitaba una multitud inmensa que borrascoso. plaza y calles. desde todas partes se L¿i contemplaba aquella espantosa matanza. y sobre todas acpiellas cabezas treinta y tres horcas. todo estaba lleno. en todas partes había espectadores. México presenció una de las más horrorosas ejecuciones de que haya memoria. ó (pliso con los ejecutados en Veintinueve negros y cuatro negras fueron el mi^mo dia y hora en la plaza la ciudad.

Mucho tiempo estuvieron allí aquellos tro- feos de civilización. or- nato digno de la grandeza de la Audiencia gobernadora. y con una hacha á cortarles las cabezas. hasta que la Audiencia la tuvo parte de que no era ya posible sufrir fetidez. y las mandó quitar y que se enterra- ran. Vicente Riva Palacio. y era que aún había un segundo acto más repugnante. pero la gen- te no se retiraba. Se estaban castigando cadáveres y derramando la descompuesta sangre de los muertos. en el año de 1G12. . Así se sofocó aquella soñada conspiración. Las treinta y tres cabezas se fijaron en es- carpias en la plaza mayor de la ciudad. Aquella escena era asquerosa. que se fijaban en escarpias.368 La ejecución había terminado. Los verdugos comenzaron á bajar los cadáveres.

se y sus suceso- ruidosas cuestiones y á complicadas intrigas para obtener los puestos . el cual llegó el 12 de septiembre de 1621. Pasó al Virreinato del Perú el Marqués de y le sucedió en el Gobierno do Carrillo de México D. la justicia no esta- ba de lo mejor administrada. míís bien que las leyes.EL TUMTJLTO DE 1624 Cíiiadalcázar. manera que no ni El país estaba infestado de bandidos. andar en las ciudades pasadas ciertas horas de la noche.i entregaban elevados en los conventos. poseedores de gran- des bienes y habiendo perdido las virtudes cristianas de que dieron ejemplo años antes los doce apóstoles de las Indias res. Los frailes de las diversas órdenes religiosas. y según el las po- cas narraciones de esos tiempos hay lugar pa- ra creer que favoritismo y la venalidad. de se podía salir ni á los caminos. robado y no pocas veces asesinado. Diego Mendoza y Pi- mentel. Marqués de Gelves y Conde de Priego. decidían de los muchos y 24 . sin ser atacado.

y aun á refrenar el poder inmenso que el llegado. Al papel siempre peligroso de reformador. á intervenir. en las inicuas sentencias de los jueces. estos clero había adquirido mezclándose en los ne- gocios civiles y decidiendo sobre las reyertas y cuestiones de las familias. á poner á raya á los Provinciales de los conventos. hombre también testarudo y aun poco escrupuloso. poniéndose del lado de los pobres. para elegir los medios de menguar la autoridad del Virrey y dominarle. de manera que por medio del despotismo y de la arbitrariedad quería corregir los vicios que la arbitrariedad y el despotismo habían entronizado. y que se había hecho de grande prestigio no sólo entre los eclesiásticos. á destituir á los empleados infieles. sino también entre el pueblo. El Marqués de Gelves. enterado de la mala situación de la Colonia á los pocos meses de quiso violentamente corregir todos males y comenzó á ahorcar á los ladrones. y esto produjo un choque terrible con la autoridad eclesiástica representada en el Arzobispo Don Juan Pérez de la Serna que había venido desde el año do 1613. criollos é indígenas. no dejaba escapar la oportunidad de . el Marqués de Gelves añadió mucho de su carácter impetuoso y bravo y de su voluntad indomable.370 largos pleitos que en esa misma época se ori- ginaban entre españoles. El Prelado.

A aun esta calamidad siguió siendo su precio reales. Pronto se presentó la ocasión. había monopolizado todo el maiz y el trigo y le vendía á precios exorbitantes sin que nadie pudiese competir con él. Todo esto lo explotaba perfectamente mal a\( nido con el cai'ácter tremendo del Virrey. El Marqués de Gelves que no tenía sin duda una idea tija sobre las obras del desagüe. no sólo mandó suspenderlas. .371 arrebatarle la popularidad que había adqui- rido con las reformas que hemos indicado. ) La estación lluvio- sa fué benigna y pasó sin novedad y con gran contento del Virrey. amigo íntimo del Virrey. y la exaltación llegó á su colmo cuando se supo que un caballero rico llamado Mejía. la de la carestía y escasez de maiz que llegó á valer cuaren- ta reales. y no era necesario mas (jue un pequeño incidente para que estallase abierta l)uebIo. sino que para dar una prueba de su inutilidad mandó romper el dique que contenía las aguas del río de Acalhuacáii (Cuautitlán. se desbordó sobre la ciudad y la anegó completamente. ix)s el común en esos tiem- de doce Esto indispuso los áni- mos. pero repentinamente en el mes de diciembre creció la laguna de Tex- coco. Malas lenguas dijeron que el Marqués tenía compañía con Mejía y ambos se habían embolsado grandes ganancias. obtenidas á cosüi del liambrc y de la miseria del el clero.

reclamando la intervención eclesiástica. Un personaje im- portante en Don Melchor Pérez de Varaez. e. cias y el Virrey recabó duras providenel princi- en contra del prelado. Tal fué pio y origen del terrible tumulto de 1624. la guerra entre las dos au- No tardó esto en suceder. El Virrey le nombró otro. se hallaba procesado. El Arzobispo quería que la au- toridad eclesiástica dominase sin contradic- . Sus jueces. y éste mandó al Arzobispo que levantase la excomunión. decretaron el embargo de sus bienes y papeles. tapando las puertas con cal y canto y poniéndole además una guardia de doce arcabuceros. le aprehendieron y le encerraron en una estrecha celda. y usando de los recursos que entonces como ahora se usaban. y de pronto excomulgó á los arcabuceros que le custodiaban. y Varaez entonces se escapó del convento de Santo Domingo. El Virrey ocurrió al delegado del Papa en Puebla. Varaez se dio trazas de elevar un memorial al Arzobispo. donde estaba retraído.372 y descaradamente toridades. y como el prelado no deseaba sino el momento de ponerse frente á frente con el Virrey. ofendidos. El Virrey lo que quería era que sin resistencia dominase la autoridad civil. Este no obedeció. y estaba resuelto á emplear la fuerza y la violencia pa- ra conseguirlo. recusó á su juez.sa éi)oca. otorgó la protección al preso.

el referir. El clérigo se levantó. y qué queréis? es- el secretario de Su Ilustrísima. cólera pregunto: —¿Quiénes —Soy ñoría ha sois vosotros. vino el día siguiente acompañado de montado en su secretario. Eran las primeras horas de la mañana. el cual.373 ción. después de muchos incidentes re- lativos al negocio de Varaez. Luego que los vio el Virrey. y por su parte estaba resuelto á esgrimir todas las armas de la Iglesia. aguardad. Salid de aquí al al clérigo. que si he llapara nada necesito al secreta- y no gusto de tener espías en mi palacio salid antes (^ue y vos. . con consentimiento Arzo- bispo. — rio. el y que sería d(. pero con apariencias de resignación se acercó que le hizo siiñal. Cerca de las ocho de la noche el Virrey asomó la cabeza poruña puerta. rojo como una al Virrey. y aml>i»s en- traron en el gabinete secreto. Un go día. El clérigo se sentó en la antesala á esperar que le llamase el Virrey. y ta otra persona es el eclesiástico que Su Se- mandado venir. ¿Está todavía ese clérigo que mantlé Haniar esta mañana? dijo á un ugier que hacía — la guardia. el cerez:i. mado momento. clérigo. El secretario salió más que de prisa y fué á referir al Arzobispo lo que había pasado.'] larclé- Virrey mando llamar á un rigo.

374 —¿Me responderéis como un cristiano y como un hombre lionnido á todo que os predijo gunte? — Virrey con voz áspera. no. lleno de miedo. —Tomad un caballo. bía satisfecho todas las interpelaciones. Don Diego de Armenteros. nada — ¡Armenteros! — firmaré. revestido de su cota de malla y con todas sus armas. hizo un signo de asentimiento con la cabeza. se pre- sentó por la puerta del costado. y con buena el escolta y á buen recaudo mandad en clérigo insolente al castillo de acto á este San Juan de Ulúa. El capitán Armenteros con una garra como . señor. con voz medio trémula pero per- ceptible. —¿Estáis dispuesto á que todo el esto se pon- ga por escrito bajo de vuestra firma? Virrey. y allí que le encierren en una bartolina hasta que yo mande otra cosa. gritó el Virrey. pero que nada firmaría — Por El última vez ¿no firmáis? —preguntó colérico el de Gelves. y entonces el Virrey le hizo multitud de preguntas difíciles y capciosas. — le dijo le El clérigo tuvo que revestirse de energía y contestó que por miramiento y respeto hasin licencia de su prelado. lo le el El clérigo. clérigo. á las que contestó el eclesiástico de la mejor manera que pudo. dijo: — No.

Este resistió. dijo entre dientes el Marqués. lleno de cólera. la misa era cantada y un grueso religioso comenzaba el sermón. cuan- do el escribano Tobar. al clérigo del brazo y le sacó del Arzobispo. manifestando Virrey que había incurrido en las censuras de la bula de la Cena. mirando • alejarse al clérigo el y al oficial. y el Virrey los echó de la sala: otros letrados opinaron. E\ 8 de diciembre de 1()24. Tx>s Oidores respondieron que no habían meditado el caso. saltando sobro la mul- titud de devotos que había en la iglesia. ElvSantísimo estaba descubierto. Al día siguiente al Arzobispo.375 de león cogió gabinete. solemnidad de la Purísima. los fieles se . trató con chos ^)relados la manera de anicpnlar rrey con las armas espirituales. por medio á de un notario. gran festividad en la catedral. y ahorrarse pasos se entienda con mi capitán Armenteros. subió al altar mayor á notificar un auto del Vi- rrey al Arzobispo. liubo del Rey. El Arzobispo. —Otro tanto he de hacer con si el se descuida. imagen que siendo el Virrey la no podía ser excomulgado. Pasaron algunos días. — Decidle clérigo á al Arzobispo (jue mande por su (]ue si quiere San Juan de Ulúa. mandó reclamar su clérigo. y el muVi- al Virrey por su parte reunió á varios letrados para consultar) es si podía ser excomulgado.

anunciándoles la discordia entre Iglesia el Príncipe de la y el representante de S. y la el lector el no pudo conmisa acabó á toda prisa. Figúrese escándalo que habría en los tiem- pos de que vamos hablando. y el son pausado y grave de las campanas llenaba de terror á los habitantes de la ciudad. y éste comisionó á un clérigo. que vino á México. el Rey de España. sus habitaciones cerradas das. manos y sella- echado de su palacio. . el padre predicador tinuar. M. y empezó á ejecutar todas las órdenes del Virrey. Las campanas no detuvieron ni un momen. echar á todos los familiares y clérigos y embargar los bienes y muebles que encontró. to al padre sacristán. comenzando por entrar al Ar- zobispado. Los Oidores dejaron sólo en el salón al Ar- zobispo y se dirigieron á contar el caso al Virrey. observando que en nada cedía Arzobispo. se hizo conducir en una silla de manos ante la Audiencia.376 alborotaron. sacristán de monjas. volviendo al cabo de tres ó cuatro ho- . El Arzobispo mandó tocar entredicho. y allí significó á los Oidores que no se y casi movería hasta obtener justicia. El Arzobispo. acudió al juez legado de Pue- bla. atrevido y resuelto. y antes bien dio á sus providencias un carácter más enérgico. mirando sus muebles en extrañas. el El Virrey.

y saldrá además desterrado del reino. Virrey me manda decir á Su Ilus- trísima que se vuelva inmediatamente al Palacio Arzobispal.377 rae un escribano llamado Osorio. ¿Le llevaré á pie. ti- y que no volvería á su palacio por no sufrir los ultrajes del sacristán poblano. justicia. á caballo ó en coche? — — — preguntó Armenteros. desde donde podrá pedir y si esto no hace. de grado ó por fuerza. pero muestra terrible .» El Arzobispo contestó al escribano que no reconocía superioridad en el Virrey. vos mismo con una partida de arcabuceros os apoderaréis. —A como pueda. le notifique que incurre en una multa de cuatro mil ducados. con tal que tiernos una en este país desorganizado. del respeto que se debe á la autoridail. ta. con este re- cado: — «El Sr. del Arzobispo Don Juan Pérez de la Serna. y que no había de obedecer ni sujetarse á tan atroz ranía. pie. El Virrey esperaba imi)aciente la respuesy luego que hubo escuchado la que le trasmitió el mismo escribano Osorio. gritó con voz de trueno: ¡¡Armenterosü — Don Diego Arraenteros se presentó por la puerta del costado armado hasta los dientes. y lo llevaréis á San Juan de Uk'ia á que haga compañía al clérigo insolente. En estix vez. se en una muía. dr cualquiera manera.

interrumpió Armen teros. murmuró el Arzobispo. alcalde del crimen. Ni un minuto. El coche está ya listo y los caballos de la es- colta impacientes. Es desagradable. Armenteros. donde el Arzobispo. — —Al menos me — se me concederán dos ó porque pues El Arzobispo se ahogaba de la cólera. Ni un segundo. esperaba todavía que le hicie- ran justicia los Oidores. contestó Terrones. y tomando bruscamente por el brazo al prelado. tener que ejecutar providencias tan duras. gentado en su silla do manos.378 no no deseo que vaya a morirse Disponed mi coche de camino y partid en el acto. tres —Espero que días para será permitido mandar por mis mami desayuno. y acomi^añado del Lie. añadió el teniente Perea. en momentos. Ni una hora. le dijo Terrones. se dirigió á la sala de la Audiencia. atravesaba las ca- . pero Su Ilustrísima deberá salir en este momento para San Juan de Ulúa. pues el estómago y les. Terrones. le hizo bajar las escaleras. del alguacil mayor Martín de Zavala y del teniente Perea. y cinco minutos después un coche á escape. mandó disponer el coche y la escolta de arcabuceros. envuelto en una nube de polvo y seguido de doce feroces — y corpulentos arcabuceros. escoltado por el valiente capitán — Armenteros.

379
lies

ciudad y conducía á su d(;,stierro al más temible y poderoso señor de Tenoxtitlán.
la

de

Los partidarios y amigos del Arzobispo tumodo de enviarle recados y cartas, manifestándole (jue lo que importaba era ganar tiempo y demorarse mucho en el camino; lo cual fácilmente logró con pretexto de sus envieron

fermedades y tratando con la mayor dulzura á Armenteros, que era un soldado brusco,
pero en
ló el
el fondo buen hombre. La Audiencia entretanto, atemorizada, anu-

auto del Virrey,

el

cual en

el

momento

(|ue lo

supo mandó prender y poner incomunicados en el calabozo á los Oidores, á los re-

latores y á los
nal,

demás dependientes

del tribu-

y envió un correo con instrucciones á Armenteros para que envolviese al Arzobis\H) en un colchón ó en nn petate, supuesto que estaba enfermo, y en una muln, como si fuese un fardo le sacase violentamente de los

líínites del

arzobispado.
se recibieron to-

En San Juan Teotihuacán
y
las

das estas noticias la noche del 14 de enero,

que comunicaron sus jtartidarios á Don Juan Pérez de la Serna eran más pormenorizadas é importantes; de manera que se resolvió á dar á su vez
el

un golpe

terrible y

:'i

jugar
pro-

tpdo por

el

todo.

En

la

misma noche

380

veyó y despachó á México dos edictos. Uno ellos excomulgaba al Virre}'', y el segundo intimaba la cesación á dívinis. En la mañana temprano y mientras Armenteros se ocupaba en organizar la marcha y procurarse caballos y tiros de remuda para que su viaje fuese tan acelerado como el Virrey se lo había ordenado, el Arzobispo logró escabullirse y entrar á la iglesia de San Frande
cisco.

Allí revistió los atavíos pontificales,

colocó al Divinísimo Sacramento en

una cus-

todia de oro y pedrería, que tomó en sus manos, y se puso en actitud resuelta en el altar

mayor.

Armenteros buscó á su prisionero para acompañarle á que subiera al coche; pero en vez de encontrarle, le informaron que estaba en la iglesia decidido á desobedecer la autoridad del Virrey.

El capitán, que era de genio atrabiliario y
de fuertes ímpetus, desnudó

echando un

terrible

un

furioso al

espada, y metió como templo, resuelto á atravesar de
la

juramento

se

parte á parte al prelado, y en efecto llegó hasta las gradas del altar mayor; pero la actitud

imponente del Arzobispo, su semblante sereno, aunque resuelto, y el temor y el respeto que le inspiraba el Sacramento encerrado en
el

resplandeciente relicario de oro, hicieron

tal

mente

impresión en su ánimo, que bajó lentala espada que tenía dirigida al pecho

381

de su prisionero, y cayó de rodillas suplicándole que encerrase la Hostia Sagrada en su
tiibemáculo, que de buen grado
le siguiese,

y que no comprometiese sus deberes de soldado, que tenía forzosamente que cumplir. El Arzobis^jo se mantuvo firme en la idea de no dejarse arrancar sino ix)r la fuerza del altar, y alguno de los documentos antiguos dice que permaneció cincuenta horas con la custodia en las manos. Como la gente del
l)ueblo,

y especialmente

los indígenas,

co-

menzaron á dar muestras de disgusto tomando decididamente el partido del Arzobispo, el capitán no se halló bastante fuerte con sus pocos arcabuceros para hacer frente á un motín popular, despachó un correo á México y prometió al prelado que con tal que sosegase
á la gente,
el
él

mismo

se interesaría para ([ue

le mandase volver á la capital en vez de continuar rumbo á Veracruz.

Virrey

***
El 15 de febrero de 1624 fué uno de los

más

notables y terribles de que hay
la colonia.

en los anales de
José Portillo,
plir

memoria Don muy de mañana comenzó á cumEl provisor
el

punto por punto

edicto del Arzobispo.

T.os
lialtía

y buenos cristianos que entonces extrañaron ol to(iuo de alba;
fieles el

muchos

pero creyeron que

sueño

les

había vencido

382

ó el diablo les había
rigiéronse á

hecho algo

sordof*.

Di-

misa y encontraron una

iglesia

cerrada, y otra y otra, recorriendo así la ciu-

dad
do

llena de templos, todos

mudos y

clausu-

ese mismo día hubiese acabade Jesucristo. Los sacristanes apenas asomaban la cabeza por el cuadrante

rados,

como

si

la religión

y decían á los conocidos palabras alarmantes y misteriosas; algunos clérigos y frailes con algo que llevaban oculto bajo de los hálutos atravesaban rápidamente las calles, las cam-

panas continuaban guardando un obstinado silencio. La alarma de los cristianos crecía por momentos, y pronto se propagó la noticia de que el Virrey estaba excomulgado y fijada la tablilla con el anatema terrible, en la
puerta

misma de la catedral. La gente se agolpó á leer la excomunión,

y las mujeres pedían con gritos y lamentos que se abrieran las puertas del templo. En estos momentos el escribano Osorio que tanhabía tomado en los acontecimientos, mayor en su coche, seguido de algunos negros esclavos, y á ese mismo tiempo i^asaban unos muchachos que veta parte

atravesaba la plaza

nían del mercado con unas grandes canastas

de verdura en
nocido

la cabeza,

y habiéndole

recoel

le gritaron ¡¡nuera el hereje!

¡muera

excomulgado! grito que fué repetido por la multitud que ya llenaba la plaza,
lo

que

xíasaba.

y que sabía ya Los esclavos de Osorio quisie-

383

ron dispersar á los muchachos, y éstos pusieron en el suelo las canastas y comenzaron á

y manzanas á la cara de los negros. Las demás gentes tomaron parte, la guardia del palacio salió con el sargento mayor á la cabeza, y entonces los amotitirar rábanos, zapotes

nados, que ya eran muchos, acudieron al cos-

tado de la catedral, que estaba en obra, y apoderándose de gruesas piedras y guijarros

hacían una descarga tan cerrada sobre

el co-

che de Osorio y
fugiándose en
tas.

sol)re los soldados,

que éstos
prisa, re-

tuvieron que retirarse
el

más

<iue

de

palacio y cerrando las puer-

*

El Virrey, furioso de cólera, revistió su ar-

madura, empuwó su espada y quiso salir á castigar á los insolentes, pero le contuvo el almirante Cevallos que estaba á su lado y era hombre de prudencia y de juicio. Bueno, no saldré en este momento, pe-

ro ¡voto á Dios!
tos ñialvados

que he de castigar á todos esy he de poner más horcas que árboles hay en la montaña. Esto diciendo salió á la azotea con un clarín que comenzó á dar toques que llamaban entonces rebato. í^i alarma se difundió i)or toda la part<_' de la ciudad que había permanecido (piieta, y que ignoraba los últimos

y

rebeldes,

acontecimientos, y j»r(Mito se vio la pinza y las avenidas principales llenjus de gente (jue

secundaba

los gritos

de » Muera

d

li€nje,\aba-

!•

384
el luter-ano,

jo

viva la fe de Jesucristo y viva la

Al toque siniestro del clarín, que quizá no había sonado de esa maneía desde
Iglesia.»

los días

de la conquista, acudieron
los

al

Palacio

empleados y una gran parte de la nobleza mexicana, y todos suplicaron al INlarqués, especialmente el Oidor Cisiieros, que se; hincó de rodillas, que levantase el destierro al Arzobispo y lo trajese á México, con lo cual todo quedaría sosegado. El Virrey accedió, aunque con visible repugnancia, y el inquisidor mayor salió de Palacio con un papel cjue contenía el ¡jerdón para todos los amotinados, y la orden de volver á su palacio al t<íinible Don Juan Pérez de la Serna, á quien hemos dejado en la iglesia de
las autoridades,

Teotihuacán, escudado con la resplandeciente

y sagrada custodia. Con esto habría terminado
ellos,

el

motín, pero

ni los 8ul)levados se fialian del Virrey ni éste

do

así

una actitud

hostil, sino

que permanecieron no sólo en haciendo cada fuerza

sus preparativos para volver á la lucha.

El pueblo continuaba agitado, vociferando y jurando en la plaza y en las calles, exigiendo que la audiencia reasumiera el gobierno, que las iglesias se abrieran y que se diese libertad á los {)res()s de la cárcel pública.; el Virrey, que á nada de esto podía acceder, mondó traer algunos quiMtales de pólvora; ¡de un
depósito que estaba á media legua de la ciu-

385

dad, sacó un siificionte

número de arcabuccfí de la armería de Palacio, armó á tós criados
i-eunir,

y dejicndientes que pudo
allí

la cabe-

za dé esta tropa subió á la azotea,'

y desde

intimó sumisión y obediencia á los conmuérete, f'

jurados. Estos, en vez de obedecer, contesta-

ron su amonestación con subidos

'f

comenzaron
la tropa

á tirar pedradas

íÍ

los balcon'es^'

El Virrey, enfurecido,
tas 6 heridas

mandó

hacer fuego'

á'

y más de cien personas cayei-on müeíen
la plaza

mayor.

El Marqués del Valle y
lla

el

Marqués de Vi-

Mayor habían hecho grandes esfuerzos por apaciguar la sedición, y como un medio de
conseguirlo ofrecieron que irían á encontrar
al

Arzobispo, á darle parte de que estaba en
las pasiones,

libertad

mar

y á suplicarle que influyese en calya bastante irritadas. Pro-

vistos estos dos personajes de excelentes ca-

ballos y de resueltos criados, atravesaron sin

obstáculo la multitud reunida en las calles,

y á galope tendido se dirigieron rumlto á San Juan Teotihuacán. En el camino encontraron ya al prelado de regreso, habiendo recibido
la

orden por conducto del alcalde Terrones?,
el

pero ya no era

intrépido Armcnteros y los
al

arcabuceros los que tenían preso

Arzobis-

po, sino el Arzobispo (piien los traía

no
25

sólo-

386

presos sino anonadados de susto y de ver-

güenza. Armenteros se mordía los labios y casi se arrepentía de no haber sacado por el

pescuezo al orgulloso pastor de la Iglesia.

Los pueblos todos del camino desde MéxiS. Juan se habían levantado, como se dice vulgarmente, y en tropel corrían á arrojarse á las plantas del Arzobispo imploco hasta

rando BU bendición y besando sus manos y el extremo de las ropas, como si fuese un santo mártir. A cada momento era necesario que
la

rez de la

comitiva se detuviese y que Don Juan PéSerna persuadiese al pueblo que Ar-

menteros era su amigo y que los arcabuceros no tenían ya más objeto sino tributarle los
honores debidos á su
clase.

De

otra suerte ha-

brían todos perecido hechos mil pedazos.

Luego que

se

supo en

la

ciudad

la proxi-

midad
cipales

del Arzobispo,

un concurso inmenso

compuesto de

las señoras y caballeros prinde multitud de personas, salió con y hachones á esperarlo á la Villa de Guadalu-

pe,

donde

llegó á las once

de

la

noche.

A co-

sa de las doce llegó á la Capital, y todas las

ventanas y balcones estaban abiertos é iluminados, las campanas se soltaron con un re-

pique general á vuelo, cohetes y bombas

es-

tallaban en los aires, y el populacho entusiasmado y tal vez embriagado, gritaba vivas

á la religión, y los clérigos y todos se

esti'U-

jaban y se lastimaban con

tal

de llegar

lo

más

reapar(!oió imjjoncnte \' en la y comenzó una acción entre el Maniués subido con sus hombres en la azotea ilel Palacio y el ¡HK l)lo })laza. El clamor de los heque cayeron víctimas de las balas disparadas por el Virrey. provisto de analnices trabucos. y la vista de los cadáridos veres inanimados y sangrientos. .E!n: menos de dos horas. el tumulto se desarrolló en la ciudad de una manera terrible. ber hecho esfuerzos por apagar Mientras que los marqueses. . coiTÍan en busca de Don Juan Pérez de la Serna. de la (pie for- maban el tiple los inlinilos muchachas que tomaron pavtia eiU esta refriega. ajilonirrado en la plaza. que no tenía más armas qu(> las pií'dras de la obra - de la catedral.387 cerca posible del Arzobispo para recibir 8U bendición. atronándolos aires con mía vocería infernal. desj^rtó en el do. to pueblo un furor hasta entonces desconociy los clérigos desarrollaron en ese momen- piración. y éste lenta y pacíficamente regresalxi de la manera que hemos explicado en el párrafo pre- cedente. el populacho. la vasta trama de la consque no cabe duda habían tejido desde pocos meses después de la llegada del Mar- oportuno toda qués de Gelves. después de hael fuego que comenzaba en las puertas del Palacio.

y jurados de una catedral seguido de varios con- más alta categoría. —Bien. El Virrey recurrió entonces al expediente supremo. en cuanto vieron ondear en el balcón priii^ cipal el glorioso tilla. y creyó que todo lo avanzado clérigo un se perdería. La inacción y el respeto del pueblo no se escapó á tales el ban el que dirigía desde los pormovimiento de las masas que atacaPalacio.388 El gran recurso del Marqués era el clarín. entró a la escale- y sacaron á poco una grande . y contra la cual nadie se atrevería. ¡voto á Dios! —exclamó actitud respetuoMarqués luego que vio atreverán á atacar sa del pueblo. pero se secó la garganta del trompetero antes que ninguna fuerza se acercase á dar auxilio al Palacio. con cuyos toques de guerra esperaba el auxilio de algunos piquetes de caballería. —no el la se la bandera del Rey. En un momento. y temible estandarte de Casel cesaron las pedradas y fuego de los arcabuces. ó llegará Armenteros. que con sola su lanza dispersaría á toda esta canalla. y en efecto. muy bien. Ya hemos visto que Armenteros venía realmente en el camino como prisionero del Arzobispo. que fué enarbolar la bandera real. que estaba ya completamente sitiado. y entretanto tendremos la caballería que debe estar cerca.

s de los balco- y con fuertes vigas de la catedral. multitud asalto.369 que aplicaron tomó en la mano un pcíjueño Crucifijo. gritó de nuevo el Vi- Los soldados no se atrevieron á tirar. y el y arrancó la bandera de Castilla y descendió con ella cayendo en brazos de la multitud. tiatal)an tomadas de la obra de romper las j)uer- . soldados! — rrey. que se atreve Palacio del Rey! El clérigo no se intimidó y continuó su- Los arcabuceros del Marqués apuntaron clérigo. (íruesas piedras iban á estrellar con estrépito las vidrieras nes. que en una mano tenían clérigo subió ha. el ¡fuego al clérigo. agarrándose con una mano de los escalones y con la otra presentando cada vez que podía el Crucifijo. gritó con voz terrible: — ¡Fuego! á asaltar biendo. — ¡Fuego. El clé- rigo tento. y puerta. y gritando vivas á la religión.sta el balcón un arcabuz ó una espada y en y alentaban á la la otra al un Crucifijo. comenzó con admiración de todos á subir los escalones. acaudilladas por frailes ó clérigos. Grandes partidas de conjurados desembocaron por las calles principales. El Marqués. al El clérigo siguió subiendo. El tumulto llegó en esc momento á su apogeo. que en el acto adivinó el inra al balcón principal.

el vento. sultado de esta ruidosa cuestión. comen- zaron á tocar á rebato. y mil hachas de brea encendidas y chispeantes fueron aplicadas á las puertas. ni quisieron acaudillar ninguna de las el numerosas partidas de revoltosos. repitieron este eco siniestro.» y todas las voces piedras. provistos de algunas mas y con una dispensa bien surtida. alentaban á los combatientes y gri- taban: ¡muera el Luterano! ¡muera el hereje. lejos de acobardarse ni dar muestras de debilidad. Ni suspendieron fijo la ceremonias el día que ee excomu- nión. cerraron en momento del tumulto las puertas del conarre- y aguardaron. y las campaiiaá de las iglesias. y viva la religión de Jesucristo! Los las útlicos frailes la que en nada se mezcla- ron fueron los de Merced. que no habéis arrojado á balazos á ese infame clérigo! Aquí he- . comenzaron á arrojar columnas de humo y lanzaron por fin una llama rojiza que fué saludada con júbilo por la multitud. El más horrible frene- sí se apoderó de la multitud. hasta entonces mudas. echaba rayos por sus ojos. que pocos momentos des- pués crujieron. con una voz de estentor. — ¡Miserables cobardes. Los frailes. Las puertas de Palacio no cedían á los gol- pes de las vigas 'ijuego voz gritó: y entonces una y al Palacio.390 tas del Palacio. El marqués de Gelves.

El clérigo Salazar. que asalel taVja el Palacio sin respetar ni á los frailes ni al Crucifijo con que incitaban al exterminio y á la matanza. que conocía una puerta que comunicaba con íi el Palacio. Los soldados. corrió {)ara (jue se ella. comcnzarí)n á hacer fuego sobre toda la multitud. to. Salazar. le traspasaré con mi espada. El incendio. y los criminales iban á perecer quemados. y se le encontraba por todas partes guiando ¡i los incendiarios. con el un arca- buz hacia fuego.raos de morir quemados todos antes de su- cumbir. progresaba. asaltando. prendien«lo fuego y saípieando las casas de los (jue eran ó suponían enemigos del Arzobispo. ])ues los asaltantes habían penetrado en los patios y rompían y forzaban puertas para llegar adonde estal)a el hereje y arrojarh^ á las llamas. exhortó á los criminales . las puertas abrían ya una boca de fuego y de humo. aterrorizados con ol aspecto decidido y terrible de Gelves. El fuego llegaba á la prisión. y primero que dé muestras de ceder. firme y cada voz más resueldefendía palmo á palmo el terreno. animado con un viento (jue comenzó á soplar. El Martpiés. (jue era seguramente director de toda la conjuración. y la plebe rabiosa se echó dando gritos y alaridos por las calles. las campanas no cesaban en sus tocpies fúnebres.

le arrancó de aquel sitio triunfo que esperar. Probablemente el almirante Cevallos. hicieron pedazos la puerta. donde el Virrey permaneció retraído hasta que salió para España. y con el tronco de su espada en la mano. robando alhajas y destrozando cuanto encontraban. y nohabía medio de arrancarle del puesto del peligro. salieron á los patios de Palacio y se dispersaron por libraran. lleno de humo y de polvo. y ambos. á los criminales y al Arzobispo. como buenos castellanos^ les diese un latido más su corazón.392 y éyioa con la desesperación que da el peligro. que le acompañó en esta funesta jornada. con un depósito de pólvora cer- cano y sobre el cual volaban las chispas. atravesaron aquella furiosa y frenética multitud y se dirigieron al convento de San Francisco. embozados. ya sin soldados porque muchos se habían fugado. todas las habitaciones. desafiaba impávido al incendio. rompiendo muebles. El Marqués de Gelves. salieron por la puerta ex-cus'ada. ni gloria donde no había ni que recoger. Manuel Payno. y sin que. sin parque construido. .

Sin embarjío. —El Hay más y lo lle en México una calle formada de los altos y suntuoHos odificioH. Ivos grandes zaguanes de ma- deras antiguas y labradas píireceu las entradas de unos castillos: en lo alto de las pare- des de los ctliHcios se proyectun las sombras y los alternados reÜejos de los faroles de una manera singular. en una ca- máa céntrico de la gran ciudad.DON JUAN MANUEL Poes Cierta noche apareció oid: Muerto de herida cruel. Don Fernando Pimentel En la calle. Privado del Virrey. es que podríamos llamar aristocrática. de día tiene un aspecto triste y de noche lúgubre. acaudalada principal. ¿Quién le hirió? — RoDKiGUEz Calvan. y donde ha- ce años vive gente comerciante. y tan pronto toman formas colosales y se suben á . y parece que de las cornisas churriguerescas de los balcones so des- prenden algunos fantasmas que tíin pronto w incrustan y se esconden en los zaguanes. Colocada en lo más poblado.

.. .: . Esa noche soplaban por intervalos unas ráfagas del viento helado de los volcanes. que era un hombre blanco con la venerable auréola de las canas . la calle de Don Juan Manuel... y el eco de mis pisadas en las losas de la acera se repercutía en toda la extensión de esa lúgubre á la vez que majestuosa calle...g..:%wU.. ..394 las cornisas ríen y allí se asoman y y muestran unos seml)lantes deformes y fantásticos á los que pasan.i. no hael aire que bía to más que un perro negro. una noche que se moría un amigo querido y que tuve que correr en husca de un virtuoso clérigo para que le echara la última bendición que el hombre cristiano apetece el día que parte para siemjjre de la vida. las luces de aceite más bien daban sombras que luz. El sereno dormía en la esquina arrebujado en su capotón azul..... y turbaba el silencio que también se interrumpía de vez en cuando con el graznido de alguna ave nocturna..'.vV.¿Lv. ventosa y fría... <. Así se presentó á mi imaginación una node las azoteas che oscura. caían repentinamente algunas gruesas gotas de via. Llegué en casa del sacerdote.i/ív.ivii.. flaco y macilenque roía los restos de un hueso arrojado por algún sirviente... negruzca de .... llu- arrebataba y azotaba contra las vidrieras oscuras de los balcones.. y la llama rojiza y pequeña temblaba siniestra en la alcuza lata.•... ..'..

embozado hasta los ojos en una larga ctii")a negfa. con pocas excepciones. Había grandes y buenos edificios junto de otros de un solo piso y de una pobre y defectuosa construcción otras casas tenían una grande y . y de Celada. Entraba de noche al palacio del Virrey. México estaba ya como quien dice trazado y formado. de adobes ó madera. decían (]ue antes de tocar la puerta excusada de palacio. había en otras. y permanecía varias horas conversando. se pcrsig- sacaba un estoque con puñon . no estaban completas. como en la muchos solares intercalados entre las casas y con una cerca de espinos secos. pero las calles. se dt'sembozaba. Nadie le veía salir. Era un personaje i>or Un\of> capítulos. y algunos que ]>ov curiosidad le observaban al entrar. alta cerca que cubría las huertas ó jardines. Don Juan Manuel aba tres veces.395 En no el afio de 1636 en que colocamos nues- tra narración. que es hoy San Bernardo. y la de que hablamos. la calle se hallaba como ahora de Don Juan Manuel la encontrarán los viajeros. rodeado de misterios y de sombras (]ue no dejaban nunca verle en toda la verdadera realidad. El pro])ietario de los solares y casas de ese rumbo era un caballero llamado Don Juan Manuel.

El sacó la tizona. Don Juan Manuel regaló cinco mil pesos á cada muchacha. y se decía que su esposa era una dama principal y de una rara hermosura. Don Juan Manuel era celoso. se daba disciplina todas las noches en la Iglesia más cerca- . muy jóvenes y bellas. Don Juan Manuel le acometieron seis era valiente. Nadie visitaba la casa. pues los cinco agresores habían sido heridos por el bravo caballero. Una noche bandidos con puñales. pues permanecía encerrada en su casa.396 de plata. examinaba el la punta y volvía á meter en la vaina. era hombre muy caritauna vez había ido á verSe contaba que le una viuda pobre que tenía dos niñas doncellas. porque confesaba y comulgaba cada ocho días. era Don Juan Manuel hombre no sólo vir- tuoso sino hasta santo. y jamás quiso ni conocerlas. pero nadie la había visto. se colocó de espaldas contra un zaguán y no dejó acercarse á ninguno de ellos hasta que por la esquina asomó una ronda que observó después los rastros de sangre. 3^ salía únicamente á misa á las cinco de la ma- ñana cubierta ion un mantón de lana negro. Los que alguesto. Don Juan Manuel tivo. le le reconocía. y sólo el confesor entraba de vez en cuando á tomar chocolate después de la misa. na vez vieron temían que Virrey ama- neciese algún día asesinado en su cama.

otros. por el contrario. y costeaba velas de cera y lámparas que ardían día y noche en esto decían de los templos. pero los más convenían en que de noche se por las calles le encontraba más sombrías. de semblante apay caritativo. y envuelto en una luenga capa. lo describían de derecho y arrogante. y se le podía asegurar que todos conocían y ninsi se i)re- guno le conocía realmente. misterioso in<' dt'finido que tanto halaga la imaginación humana. socorría á muchos pobres. de ojos expresivos y llenos de dulzura. entrando y sa- liendo en casas de mala apariencia. Todo ro en verdad era Don Juan Manuel. y con solo un corto bigote. asistía á las festividades de la Virgen. con espesa barba negra y ojos centellantes pequeños y muy hundidos. porque guntaba por sus señas.397 na. aseguraban que era de estatura regular. añadiendo los mejor informados que vestía siempre de negro. poetisa ó trastorna las cosas y las figuras. de fisonomía pálida y casi cetrina. unos alta estatura. que partiendo de un fondo de ver- dad. y de esto tienen origen la mayor par- . dándoles el carácter raro. Tamcible poco estaban todos conformes en cuanto á su traje. Estas eran lo que se llaman las liablillas del vulgo. peun hombre misterioso. mientras otros le co- nocían riquísiinos ferreruelos.

Repentinadevoción pasó á una melany tan profunda. el color un círculo mo- de su semblante blanco y limy pio. al- derredor de sus ojos apareció rado. tiguaban y ponían la cruz La verdad era tal vez que al Don Juan Manuel poder descubrir ni el tenía celos de su mujer. sino por terribles padecimientos físicos. en secreto. que revelaba desde luego que estaba devorado no sólo por una enfermedad moral. Sus mejillas se hundieron. de quien estaba lo- camente enamorado. algún nuevo rasgo al carácter de Don Juan Manuel. cerró en su casa. Después. y sin averiguar de una manera cierta quién era que le robaba su honra. tornóse en un amarillo opaco y lustroso. Una noche cadáver de un . nuel ha hecho pacto con el diablo. decían las viejas y las beatas: Don Juan May se sanenemigo malo. y de colía tan negra día consolarle.398 te de las leyendas y tradiciones de todos los Pasó y pasó el pueblos. tiempo. y con mil reservas. que nada po- mente el caballero se dio enteramente á la dela voción. estaba á punto de* se encontró el volverse loco de rabia y desesperación. y cada año se aña- día alguna particularidad. Por algún tiempo Don Juan Manuel se eny no se volvió á hablar de él.

La ciudad se llenó de terror porque algunos de los muertos pertenecían á familias conocidiis y honradas de la ciudad. los celos le cegaban y suponía cjue era ese alguno de los muchos que trataban de ofender y le á su honra. P]n el de la casa encontraba á alguno. no había alumbrado en la ciudad. se atribuyó á se encontrase ellos esta desgracia. y después periódicamente otros y otros más. otro cadáver tirado en las se cercanías de la que hoy llama calle de Don Juan Manuel. al día siguiente otro. y los bandidos abundaban. salía tonoches de su casa embozado ha. A los ocho días. Direspon- contestaba inocentemente choso lú (fiír transeúnte. Don Juan Matal nuel.sta los un agudo puñal desnudo en la momento que en las cercanías ojos y con mano. preguntaba: ¿(¡ué horas sonf el — Las once. Inmediatamente el vulgo inquirió quién era el autor de estos crímenes. el clavaba puñal en el y al mismo tienqx) le corazón ó en la gargau- . día Don Juan Manuel.380 hombre asesinado. t<nhes lu hora la (¡nc murrcí^. sin embargo. llamó la atención el que en los bolsillos del ves- tido de la víctima bastante cantidad de mo- nedas. seducido enteramente por el diablo habiéndole entregado su alma con le y de que señalase al las das amante de su esposa. pero como había en esa época una falta absoluta de vigilancia y de policía.

todo ei mundo callaba. y dejándole ya muerto y nadando en sn el sangre. y que aunque en secreto y con reservas se señalal:)a á al autor Don Juan Manuel como lo visible de estos crímenes.400 ta. regresaba á su casa. que los cadáveres se encontraban al día siguiente con todas sus ropas y prendas. concurría á la misa. daba sus li- mosnas y visitaba como de costumbre á su amigo el Yirre5^ Quién había de atreverse á acusar á un liombre acaudalado y respetable. se oía estruen- do pavoroso de la pesada puerta que se cerraba. morían víctimas del sanguinario furor que el demonio había inspirado á este extraño caballero. El hecho era que los asesinatos se cometían con frecuencia. ni qué pruebas podían presentarse. y era seguro que esa noche. transitaban por los dominios de Don Juan Manuel. Sin acompañados de dos 6 tres embargo. Don Juan Manuel. aunque triste y sombrío como hemos dicho. sabiendo exactamente la hora. se aventuraba en las calles desde las ocho en adelante. así. ni aun para pedir los Santos Óleos. pero en no había sino pruebas en contrario. y todo quedaba después en las tinielilas y en el silencio. Las horas más críticas eran desde las once hasta las doce de la noche. á no ser alguaciles. y nadie. había muchos que porque no creían en tan vulgares Consejas ó por absoluta necesidad. y cumplía con encerrarse .

Tesucristo atado en la pu<''S columna. hi'/o que la Madre Mariana. y hora le una misma la hizo ponerse en observación hasta <pie se cercioró <|ue em la puerta de casa (pu' habitaba Don . por ejemplo. (jue así la llamaban. no se veía más de una sola y lejana estrella en un cielo nebuloso. y no ci>rraba el postigo sino ilesde haber acabado de rezar sus créelos. En la calle oscura. tomara el hábito de beata y además hiciese la j)romesa de rezar un número de credos á la bahlemente donde hoy nífica finca del Sr. se acostaba antes de la me- y el día 25. Dozal) Preciosa Sangre.Tuan Manuel. Otra nooh«\ ha 2r. igual al día de cada mes. Había en la calle do Don Juan Manuel se encuentra la ({>ro- maguna casa de j>ohre apariencia y que era propiedad de una beata que tendría sus cincuenta años. Tjas más noches oía cerrarse con estruendo este ruido casi á una puerta. Era la luz que salía por un estrecho postigo de la casa de la luz.n rezar los veinticinco credos que le tocaban.401 en su casa desde que d(! so osíMuliíiha el totjue ¿Inimas. Alguna de las faltas de que es víctima la juventud cuando es demasiado confiada en el otro sexo. . em})leaba más de media hora (. sin (Mupcdrado. de modo que nunca dia noche. muda y la completanuMite sola desde las ocho de noche. que una como la beata Mariana que encendía una lamparita delante de una imagen de .

referido algo á desde este suceso el terror se au- mentó y bleg. .4Q^ tenía que re/iy de rodiperiuanccido había luuehos eredotí y quejiun escudió imagen. y á poco. y otro de- alcanzó casi en la misma puerta cuatro ó cinco de. trás Un hombre corrió.. que tes sospechas el suceuna audiencia del Virrey y le contó rió. Apagó en cia el ñn de uu.íi!.íloqoNfl! Se andamios de refería que de la los muchos escomhros y . se acostó llena ej^ji^aismo . su acto el do. las beatas. ya que habían levantado paá referir al confesor lo que había ver. fué las vehemensado y le dio parte también de . y no podía ser otro sino Don Juan Manuel.[• /'.caso de que Mariana había. y al día Mariana el cadásiguiente. y sin embargo. las apariciones fueron ya más terri- •r. pero el Virrey se que no había todas eran consejas del vulgo y todo ello. la llas delante de puntide lámpara. hablar ni que hacer .' de terror. El asesino de él le y de cosde allí. la casa de Mariana y le dio dolorosamentc gimió hombre puñaladas.^confesor obtuvo El tenía. entraba en Manuel.to- obra de la catedral salía . dijo al padre que so. la beata un hombre embozado te una puerta y que la casa dq Don Juan Era ella. en vez del estruendo suayemen-^ abría se que oyó tumbre. mes en que llas se dirigió al postigo y asomó la cabeza con precaución. El se alejó cayó á poca distancia.

llegaban á la calle de Don Juan Manuel y volvían con el ataúd. *** Así oí referir nuel. Lleva- lía del sepulcro. y el seno maternal. Esos cadáveres revestidos del hábito de los frailes. En el atrio de la catedral había una liorca^ elevaban en elia del pescuezo al hombr^. el oficio ban cargado un ataúd vacío. ya con un hombre atado de pies y manos. con fiebn. Cada semana se repetía t'sto. ile a|>a- Al calor del fogón de la cocina oí- mos nos dormimos en cosas siempre maravillasas y nuevas. ós<>ri:u\los príncipes generosos do vn y las magas iinr . y mo- rían á pocos días. de espectros y riciones. pues eran nada menos que todas las víctimas de Don Juan Manuel que se levantaban de sus sepulcros. Que las caras de esos monges eran unas calaveras á medio descarnar.403 dos los viernes á las doce de la noche una procesión de niongeH con uno« largos sayales y unoK capuchones negros que les cubrían la cara. regresaban á su caí^a . y los que por casualidad habían visto esta terrible i)roce7 sión. se dirigían en procesión por el cementerio mano y cantando de Catedral con unos gruesos cirios en la con una voz que parece sade difuntos. en la el cuento de Don y Juiui del Ma- edad de las ilusiones mun- do ideal de fanUismas. apagaban los cilios y cantaban el Miserere.

y que dilar tal como se la contó puntos de la que acaba de fiere en algunos hiscuanto á la parte exactamente leerse tórica. nmgún otro no habiendo encontrado copio la que escridato ni documento nuevo. que había consigo el virrey IJ. *** de que se suPasaron muchos años antes verdad en todo lo que piera lo que había de hasta que Don no parecía más que un cuento. en el título de la Calle la leyenda popucuya primera parte refiere su barbero. Dice asi: bió el finado conde de 1630 vivía en Mé«Por los años de 1623 á xico tural de Burgos. Juan El hecho cierto fué que Don Manuel que el amaneció repentinamente ahorcado. En llamado D. ó ¡estremeciéndonos avaros y de los espectros y las sombras de los ejemque brotan del sepulcro para malvados plo y enseñanza de los mortales. la Cortina. na- .con los das y benéficas. Juan Manuel de venido á esta America Solórzano. de Don Juan Manuel. literato distmguiJosé Gómez de la Cortina. y había fondo pueblo tenía razón. de todas nuesdo y además curioso indagador publicó un escrito con tras antiguas crónicas. marques de Diego Fernández de un caballero español muy principal. porque en el una historia terrible y verdadera. con la comitiva que trajo Córdova.

Hacia 1636 contrajo matrimonio D. mó posesión del virreinato de Nueva-España Juan Male hi- D. y ambos consortes pasaron á habitar una casa contigua al palacio del vi- Esta proximidad de habitaciones pareque estrechó mucho más las relaciones amistosas que existían entre el marqués y D. ce . y como en estos vamos siempre había tenido de las flotjis gran parte las quejas la Audiencia. nuel con este personaje fué tanta que se cieron cargos de ella al virrey en la corte de España. hija única de un rico minero de Zacatecas. cuya dote aumentó considerablemente las riquezas de su esposo.i sitar las casas de los particulares.405 y ya disfrutaba de grandes bienes de fortuna y consideración. á D. pintan- . llegando á tal grado que pasaban juntos la mayor parte del día. y no contribuyó poco á la ruidosa desgracia con que fueron recompensados sus servicios. Juan Manuel. Aumentó- cuando se suJuan ^hinuel la administración general de todos los ramos de rea^ se el desafecto hacia el virrey. Lope Díaz de Armendáriz. marqués de Cadereyta. po que daba hacitíuda. cuando toGuadiilcázar. La privanza que logró D. y por consigui(>nte la intervención que venían de la Península. Juan Manuel con D? Mariana Laguna. pronto empezaron al y representaciones rey. aunque no sin graves murmuraciones del público que no estaba acostumbrado ver á los virreyes virrey.

Por este tiempo llegó México la noticia de las victorias obtenidas en Francia por el ejército español á las órdenes del príncipe de Saboya. y aun le había dedicado algunos obsequios amorosos. y consiguieron que do al Felipe IV aprobase la confirmase á D. que penetró hasta la ciudad de Pontoise y puso en la mayor consternación á la capital de aquel reino. á quien un encadenamiento de desgracias había puesto en la necesidad de venir á implorar el am- que en tiempos más felices para ella la había distinguido en la corte. el En mismo buque que trajo estas nuevas. manifestó á D. plau- sibles entonces para los habitantes de co. Luego que el marqués supo la llegada de esa señora. llegó Méxilla- á Veracruz una señora española mada oficial D'7 Ana Porcel de Velasco.406 marqués con los colores más odiosos. Juan Manuel en á conducta del virrey y el goce de sus nuevas concesiones. Juan Manuel el placer que tendría en alojarla en México de un paro del virre}^. y amenazando con nna revolución más violenta que la que pocos años antes había angustiado á la Nueva-España. . puesto que inutilizaron los efectos de las cuantiosas sumas de dinero que envió á Madrid la Audiencia. Los resortes que el virrey puso en movimiento debieron de ser muy poderosos. de muy ilustre na- cimiento y de singular hermosura. en tiempo del marques de Gelves. viuda de un superior de marina.

Prudencio de Arnunidia. no fué la que menos se aprovechó de esta circunstancia. ofreció sus servicios al Virrey. (|Ue el cuando supo mismo el alcalde visitaba á su esposa con más frecuencia de la que exi- gía la urbanidad 6 llál)ase el deseo de ser útil.407 modo correspondiente (i su (^lase y al punto con- D.' Ana en su viaje desde Veracruz hasta la capital. sino sión todos los gastos que hizo que costeó con espléndida profuD'. debió de hallarla. y no solamente le cedió la casa que entonces habitaba. pero íegún se ve. ijue había México desde Ori/abn. deseando corresi)onder á esta! fianM. Juan Manuel sufría tranquilamente alcalde del crimen D. y á fuerza de buscar la ocasión de humillar al Virrey y de perjudicar á Don Juan Manuel. Francisco Vélez de Pereira. La Audiencia. año 1640 permanecía este i)reso en la cáren virtud de mandamiento del D. Ha- igualmente preso on la cárcel. puesto que á fines del cel pública. Tgnó- ranse los acontecimientos que mediaron des- de esta éjjoca hasta que se supieron en México las noticias del levantamiento de Catalu- ña. 8U prisión^ osperAndo un caml)io de fortuna. Juan. que desde la revolución del maríjués de (íelvcH había permanecido contraria á los Virreyes. y por mismo motivo un caballero muy rico llamado D. sirvió este suceso de pretexto á las autoridades» de México para ejercer terribles venganzas. (>n sido tniído á don- .

casi en los brazos de la adúltera esposa. tanto por vivir éste en ella. Este sugeto que era corresponsal de D. y en una de ellas dio muerte al alcalde D. Juan Manuel salió varias noches. Juan Manuel. cia por su parte Juan Manuel. Francisco Vélez de Pereira. El Virrey dobló sus esfuer- zos por salvar á D. cuando repentinamente amaneció su cadáver suspendido en la horca pública. y en donde el rigor de que había usado al desempeñar varios cargos públicos le había proporcionado la enemistad y el odio de todos los que aspiraban y á costa de las turbulencias públicas. 408 de poseía inmensos bienes.. suceso digno de la sombría y misteriosa políLa calle en que tica de aquellos tiempos acaeció la muerte del alcalde es la misma que hoy se llama de D. y ya empezaba á creerse que Don Juan Manuel saldría victorioso. D. Juan Manuel. un día del mes de Octubre de 1641. Fácilmente inferirse las consecuencias te pueden que debió tener esla acontecimiento. Audien- no se atrevía á manifestar al público los pormenores del delito. y de quien se había valido este último para arreglar el viaje de D? Ana Porcel de Velasco. halló el modo de facilitar á su amigo el medio de salir de la cárcel y de poder examinar por sí mismo la conducta de á vivir sin freno su mujer. como por haber construido la mayor parte de las casas que la formaban así es que entonces tenía el nombre de calle .

de referirme! dijo mi amigo lanzando un suspiro de aquellos que acostum- — — braba. y hacérse- pobre pueblo ¡Ah. y lo de la horca.409 ciudad. su debilidad fué el precio que pu- so el alcalde á la libertad de D. porque. y dar mil mi bar- l)oro. — Pues aun hay más. y era una de las extremidades de la el caserío de aquel la- do poco más allá del hospital de Jesús. ¡Qué reflexiones me inspira todo lo que acaba Ud. la razón por que no se atrevieron públicamente los oidores á quitarle la Y luego era preciso inven- tar lo del diablo. . á lo que parece. — Pues yo desde hoy miraré mento (pie esa calle con toda la veneración que se debe á un monu- nos recuerda los progresos de la ilustración del siglo en (pie hemos nacido. qué tiem- pos!!! —Yo 1). Juan Manuel era en cierto modo disculpable. la le contesté. y vea Ud. Juan vida — Lo creo lo tragar al así. Manuel Payno. Creo que conducta de la mujer de D. pues concluía Nueva. le aseguro á Ud. que desde hoy no gracias á vuelvo á entrar en mi casa sin acordanne de Juan Manuel.

nia.EL TAPADO agitación en México. monótona quietud de otros días había su- cedido una especie de movimiento febril. y las flotas que de la América salían para Europa. so pena de caer . y los piratas eran enemigos terribles para las colonias españolas. (. una animación extraordinaria y una conmoción verdadera en todas las clases de la sociedad. necesitaban ir cus- todiadas por navios de guerra. ha- bía cambiado repentinamente de situación. cargadas de tesoros ó ricas mercancías. ! ! Casi á mediados del siglo XVII se turbó i-e- pentinamente Antillas la tranquila posesión islas del que te- nían los españoles en las mar de las y en las costas de la tierra firme. y á la.1 comercio se interrumpió. Era que los piratas habían desembarcado en la nueva Veracruz.'iina gran La capital de la colode ordinario tan tranquila y pacífica. El mes de mayo de 1683 fué de .

áJuanCha- quez. . Gtxsi nn i'> < siempre salieron triunfantes en stis elfí- presas. El mar de las Antillas. hombres todas de un valor. años nl. como habían vencido á los gober- nadores de las ciudades y de las fortalezas. á Lorencillo.i saquear ciudades de importancia. porque los piratas atacaron y vencieron á los almirantes españoles. de Tampico y de otras ciudades de las islas y tierra firme. y hacían desembarcos con el ol)jeto de . atacaban á los de guerra. se publicó un bando en que prevenía el Virrey que en el término de dos horas se presentaran á tomar las ar- mas todos <|uiiu"c los hombres que tuvieran (1(> «lesde hasta sesenta. de la tarde. nois. de Veracruz. y se hicierím sucesivamente dueños l'orto- de Puerto-Príncipe. á Nicolás de Agramont. de Maracaibo. y aiTn esta prevención fué inútil algunas veces. Par esto se conmovió la población de México cuando á las tres el el viernes 21 de mayo de 1()83. los Los piratas no se contentaban con apresar buques mercantes. (íI seno mexicano y el golfo de Darien estaban constantemente cruAiiáos por piratas.-td.4tl en manos de los piratas. cuyas hazañas eran el asom- bro de los marinos del rey de España. una audacia y una sagacidad sin ejemplo. á Juan Morgan. á Lelo- áJuan Darien. de Bellü. y el dominio de aquellos mares perteneció sucesi- vamente á Mansveld.

castellano de Acapulco. Esta noticia era que poco antes de la llegada de los piratas. habían desembarcado en número de ocho mil hombres. II. se decía. que al día siguiente. y salían para Veracruz con gente armada los oidores D. nombrado visitador . Su Majestad. una noticia entre el pueblo. y como en del reino por los pueblos de su tránsito eran conocidos sus títulos y su investidura de visitador. los piratas. Martín de Solís. y se temía como seguro que se internasen en la tierra. el sábado 22. Mariscal de campo. á Veracruz. á porfía . Sin embargo. Frutos Delgado y D.412 Las noticias de Veracruz no podían ser más alarmantes. Marqués de San Vicente. que no de- jaba de ser de grande interés. según por Juan Chaquez y por el famoso mulato Lorencillo. El Marqués de San Vicente se puso en marcha inmediatamente para México. etc. acaudillados. El Virrey y la Audiencia desplegaron entonces tanta energía y. es decir. en medio de la terrible alar- ma que produjeron en la ciudad estas corría nuevas. había desembarel cado allí Don Antonio de Benavides. estaban ya formadas las compañías de infantería y caballería. sobre todo para Virrey y para la Audiencia. actividad.

de Don Antonio de Benavides causó grandísima impresión. pues. esi)añoles.413 y en todas partes (s])lén(l idamente. La venida. veían con una especie de placer la aparición de á residenciar á los señores mandaban en la Los oidores y los virreyes recibían por su parte la noticia de la llegada de un visitador como el anuncio de una calamidad. como llamaban los españoles á los mexicanos. más de un mismo (¡ue El vulgo comentó á su modo. lo los oidores nnirmuvaron á sus solas. aqm'l se preparó á divertirse con la lucha que il)an á emprender sus amos. visitador un simulaban en los festejos de su recepción la ira y el despecho que ardía en sus corazones. y se habían noml)rado capiftanes. y más de dos corazones latieron de placer y rostro palideció. Entretanto. los soldados se habían filiado por oístdsi como se ai'ostuní braba en aquella época. Había ya batallones de llos. . y siempre los criollos. aborrecía á sus opresores. y éstos se dispusieron á combatir y á poner en juego sus intrigas. seguía armándose en México gente pam salir en busca de los piratas á la Veracruz. de crio- de negros y de mulatos. á pesar de su aparente sumisión y fidelidad. se le asistía y obsequiaba La colonia. y mal direy que venía que en nombre del Nueva España.

el maestre de campo salió de la ciudad llevando más de dos mil homl)res y cuatro carros de equipaje. de al tesorero de la casa moneda Don Francisco de Medina Picazo. se esparció noticia de que por orden de la Audiencia había sido preso en Puebla el visitador D. Pero estas tropas iban con demasiada lentitud para la actividad de los piratas. y ape- nas se liabían alejado dos 6 tres jornadas de la noticia del México. y 8olís. á Domingo de Cantabrama.^ 414 El conde de Santiago fué electo maestre de campo de aquel improvisado ejército. á Juan de Dios y á Domingo de Larrea. La prisión de un visitador era en aquellos' tiemposun atentado gr. Antonio de Benavides. Después de los oidores Delgado. y por capitanes de sus compañías á Miguel de Vera. cuando ya había llegado á la capital saqueo de Veracruz y Ja retirada de Lorencillo. ¿Qué causas habían movido á la Audiencia para dar este paso? todo el mundo lo ignoraba y á todos causaba esto un verdadero asombro. xico la retirada de los piratas. Casi al mismo tiem})o que se supo en Méla. un hecho tan es- . III. al mariscal de Castilla Don Teobaldo de Gorraes.inde.

y ponían del lado de Benavides y otros ensalzaban cióiies del Virrey. pero te. que la gente comenzó á llamarle Tapado. representando su persona. y eutJV todos «ílios .» Tanto se había hablado de Benavides. más par- tefiían los afeotos I^a efervescencia que las razones. porque desde el medio día se supo que en aquella noche debía «entrar P. tan misteriosa había sido su conducta. y tan impenetrables la misión (pie traía y la causa de el su prisión. que la noche del día 4 de junio multitud de curiosos se diri- gían á his calles del Reloj. se el reino. Jíl visitador. casi era un delito de losa inajestad. pública llegó á su colmo el viernes 4 de junio. inviolable. y ])oner mano on ^'1. Antonio de Bcnavidcs y había quienes por lo muy bajo murmuraban unos <!iiié él Virrey y la Audiencia pretendían alzarse con lo qvic era natural. quí^ He considcral^a como ahora entre nosotrus i)ii('- de cousiderarse un golpe de Estado. como en toda división política. Antoivio de Benavides á México.41S candaloBo y de tan grave trascendencia. El público conienta])a asi la prisión de D. investido con las facultadep del soberano. o(]invalía á un sacrilegio. era sagrado. y este sobrenombre se papulaidzó tanto y con tanta rapidez. JNi las disposi- unos ni otros tenían en (jue fundarse.

. claridad de la luna. y sin embargo. todos alargaban todos se ponían sobre la punta de los pies. IV. los de la primera línea luchaban por no perder el puesto. Don Antonio de Benavides fué encerrado en un calabozo. y por el contrario más y más personas iban sonaje. —Ahí Las gentes se apiñaban. tanto interés causaba aquel perla Por fin. los ojos. que debía de llegar en aquella misma noche. nadie se retiraba. y el día 10 de junio le tomaron su primera declaración y se le consignó á la sala del crimen para que le juzgase. á pesar de la pudo ver otríf cosa que un hombre embozado en una gran capa negra. todos abrían desmesuradamente el cuello. los de atrás intentaban pasar adelante. nadie. Mucho se hizo esperar aquella entrada pa- ra la multitud que impaciente aguardaba des- de las oraciones de la noche. Diligencias inútiles. que caminaba montado en una muía y en medio de un grupo de alguaciles á caballo. llegando allí atraídas por la curiosidad.416 no se oía hablar de otra cosa que del Tapado. Ese hombro era el Tapado. después de las nueve de noche. como eléctricamente circuló esta voz: viene.

mesas ni oñ'ecimientos. y los t'aballeros que 27 le . D. los oidores el la y á su prudencia y sabiduría confiaron desempeño de una empresa en que ellos habían comenzado con tan ixx'o el éxito. sobre su misión. Tomás Antonio ^lanríipiez de la Cer- da. Los paj(\s dv S. ya con palabras duras que demostraban c^ue a<|uel hombre tenía una energía ^salvaje y una voluntad indomaV^le. los esfuerzos los oidores se estrellaron contra la fría re- serva de aquel extraño y misterioso personaJe. Entonces rrey feliz los oidores desesperaron y el Vi- tomó cartas en el asunto. ya con una sátira. sobre el objeto que <lc le traía á la Nueva España.417 procuró ol)tenor de él una eostfstación que diese alguna luz sobre sus an- En vano se tecedentes. no arredraban ni los tormentos y á quien no ablandaban proincreíble. Gobernaba entonces en México el Excmo. Benavides contestaba á las preguntas. á quien ni la muerte. y creyó ser más en sus tentativas que la Audiencia. marqués de la Laguna y conde de Paredes. E. y (j[ue había tomado posesión del gobierno en 30 de noviembre de IfiHO. Con una serenidad are fría que espantaba á sus con una sanmismos jueces. Sr. ya con una sonrisa de desprecio. vigésimo octavo Virrey. El viernes 11 de junio Virrey bajó al ca- labozo de Benavides y se encerró con él.

Entretanto. y al fin se separó de la puerta con el rostro sereno. deseando. aquellos La curiosidad de todos era terrible. El más audaz se acercó cautelosamente á la puerta caminando sobre la punta de los pies. saber algo. Los demás guardaban el más profundo simirando ávidamente el rostro del que escuchaba y procurando adivinar por los molencio vimientos de su rostro sus sensaciones para inferir de allí lo que estaba oyendo. Pero aquel hombre permaneció inmóvil por largo rato.418 acompañaban quedaron en do el la puerta esperan- resultado de aquella conversación. y se cruzaban apuestas acerca del éxito que tendría la visita del al Tapado. inclinóse hacia adelante y aplicó el oído á la cerradura. quitóse el sombrero. la conferencia se prolongaba. . apoyó sus manos sobre sus rodillas. y los de afuera con el pretexto de cuidar al Virrey comenzaron á tomarse algunas libertades que ninguno desaprobaba. y hacíanse allí hombres comentarios á cual Virrey más absurdos. teniendo en sus ojos esa mirada fija y perdida del hombre que reconcentra toda su atención para escuchar mejor. pero nada de cierto podía decirse. co- mo todos estaban. y se acaloraban las disputas. y los ánimos se exaltaban fácilmente en la discusión.

el Virrey y el Tapado lo supieron no más. que tendió sobre su frente aquella nube sombría? Dios. ¿Qué había pasado en aíjuella conferencia? ¿Qué ])udo decir el preso al poderoso maniués de la Laguna. tomó el camino de sus hatrecejo bitaciones.419 cierta —¿Qué hay?— preguntáronle todos en voz baja y simultáneamente. . Aquella conversación debía haberle afectado profundamente. pero el respeto que tenían al Virrey no . La curiosidad de sus acompañantes con la misteriosa conducta del Virrey. Por después de cuatro horas aquella puerta se abrió. atravesando la cárcel y los corre- dores de palacio sin contesüir á los ceremoniosos saludos le que le dirigían los que á su paso creció encontraban. salió del calabozo del Tapado. — Nada—contestó moviendo cabeza con especie de disgusto— nada. con el entenazmente fruncido y con la frente húmeda de sudor. murmullos casi la el aire que zumba De buena gana muchos habrían abierto incomprensibles la puerta con cualquier pretexto y entrado al calabozo. fin. pálido y sombrío.se los permitía. porque sin hablar una sola palabra á los que le esperaban. y el marqués de la Laguna. y aquel fué siempre uno do los impénestrables misterios eu esta causa.

) t)i. determinaron darle tormento.iin: te la •^..peclio de Benavides y lanzó un grito.. y como los oidores medio nada habían podido saber de Benavides. el y na- pudo hablar hasta siguiente día. En aquellos tiempos desgraciados la con- fesión se arrancaba á los acusados por del tormento. y pensó en el suicidio. el Tapado tenía el rostro cárdeno y que sus ojos parecían querer saltarse de las órbitas. el . pero seguramente tenía la convicción de que la muerte era preferible al tormento. volvió á encargarse del Ta- V. Una mañana del el carcelero entró al calabozo Tapado y el se encontró con que.420 El Virrey die le se encerró en su estancia. al principio El carcelero creyó piración fatigosa era bría dormido. El asustado carcelero apartó violentamen- ropa de la cama que cubría.. está acercándose enfermo! — exclamó — ¡Este hombre más y mirándole — ¡Se ahoga! —dijo espantado mirando que el rostro. acercóse á él que se hay oyó que su resel estertor más bien de un agonizante. . contra su costumbre. . preso estaba aún en su caipa.. La Audiencia pado. El Tapado no era un hombre á quien arredraban el potro ni la garrucha.

El carcelero se arrojó sobre le quitó el pañuelo de del cuello. tas desesperadamente. determilas diligencias los oidores. ¿Para qué describir })árliara ejecución? que pasó en aquella tormentos de ipie la jusel Ix)S ticia ordinaria eran los mismos usaba santo Tribunal de la Inquisición. y sobre poco más ó menos igual el modo de aplicarlos. — ¡Bravo el susto nos habéis dado! — le dijo carcelero — por poco os matáis. Y después de esto volvió á su tenaz silencio. tendid® que me — y se — Dios perdone contestó el Tapado bien cruel ha sido tu caridad. atraídos por los gritos. temerosos de que otra vez fue- más afortunado en pract¡(\ar naron cuanto antes lo del tormento. y Benavides había hecho un dotiraba de ambas punél. gal con un pañuelo. tened endebéis la vida.^ de prisión.4S1 — ¡Se está ahorcando este mal cristiano. Llegaron entonces otros dependiente. te lo Iva noticia del — suceso llegó á la Audiencia. su tentativa. las manos y luego se lo arrancó Ya era tiempo. un minuto más y D. y comenzaron á auxiliar al Tapado hasta liacerle volver en sí. y semejan t(!s las fórmulas y de la» moniciones. d(>l interrogatorio . Dios se lo perdone! En efecto. Anla tonio hubiera dejado de existir.

El Virrey nada decía de todo esto. y se ocupaba solo de los festejos que debían hacerse con motivo del bautismo de un hijo suyo que había nacido cinco ó seis días antes del en que dieron tor- mento al Tapado. D. Tapado la confesión más Y do el sin embargo. Antonio de Benavides. pero al día siguiente todo México sabía que iban á sacramentar al Tapado que estaba moribundo á consecuencia del martirio que le habían hecho sufrir los señores de la Sala del Crimen. VI ((Miércoles Lie. la humanidad han pasado ya para el Benavides sufría tormento con una ener- gía y presencia de ánimo que no se desmentía ni por un solo instante. dice el Antonio de Robles en su diario. y nada supieron los oidores de nuevo.422 Lo8 lectores del Libro Rojo conocen ya demasiado estas bárbaras prácticas. (fdía donde hemos tomado deSan . 14 de julio de 1683». su cuerpo no pudo to: tan duro tratamien- nada confesó. de estos datos. que por fortuna de siempre. espantoso debió haber si- sufrimiento de aquel hombre. y el dolor no arrancó al insignificante. parecía haberse olvidado completamente de D. porque si la fortaleza de su alma venció resistir al dolor.

6 se asomaban á los balco- nes para divertirse con los fuegos. Aquel día.423 «Buenaventura fué el bautismo del hijo del «Virrey. el palacio es- taba iluminado profusamente. de maesde campo. los tril)U- «bo mucho «Cenaron en palacio esta noche «nales de Audiencia. huconcurso. á las once y media. asistió la real Audiencia en la cato«dral. en la mar- «cha anduvo «tre el conde de Santiago. lleváronle en si«lla de manos la aya: bautizóle el señor arzo- «bispo en la pila de San Felipe de Jesús. marcharon todas las com- «pañías é hicieron salvas generales. mayor en todas di- y una muchedumbre alegre y bulliciosa se apiñaba delante de la habitación del Virrey escuchando las músicas de livs serenatas y confundienild sus llido <nit(>s ccín el <\«!<n- de los petardo- . dona«do de San Francisco que B. á caballo. y «das las religiones. trajo de Es- «paña. pues. acabóse la función á la una. damas y caballeros atravesaban los corredores y se reunían en las estancias. pu«siéronle José María Francisco omnium Sancto- ntnrvm. túvole de «padrino Fray Juan de la Concepción. era todo de fiestas y de regocijo en la corto del Virrey. lí. «En «lacio la noche se quemaron delante de pa- doce invenciones de fuego grandes. las ricas carrozas cruza])an la plazn recciones. en la nave del altar del Perdón.

acompañado nada más ficio del palacio. pero que formaba un pavoroso contraste con los perdidos ecos de las músicas y de los gritos de la multitud que gozaba. de algunos devotos. que el cura se negó á aceptar. mandó después que se aplicacompra de un palio para el Santí- La historia del Tapado ofrece á cada momento incidentes que sólo sirven para aumentar más y más el misterio que envuelve siempre á este célebre personaje. al visitador D. Don Antonio de Benavides recibió los últimos sacramentos y dio al cura mil pesos de manípulo. y que nos indu- cen á formar mil conjeturas. Antonio to de la de Benavides.424 Y en aquellos mismoH momentos. en medio de un silencio rrumpían allí más (^ue los moribundo y el chasquido triste de las hachas de cera con cpie alumbraban los asistentes. administraba el sacramen- Extrema Unción al misterioso marqués de San Vicente. en el edien uno de los más oscuros y tristes calabozos de la cárcel de corte. y que no intedébiles gemidos del que el Virrey la ran á simo. En efecto. ¿qué puede pensarse de un hombre sobre quien la justicia había ejercido tan rudamente su poder. El sacerdote murmuraba devotamente sus fervorosas oraciones en aquel apartado calabozo. un humilde sacerdote. que estaba moribundo .

pero el preso. el microoles 14. en de la colonia? Dar. era una cosa usada y muy sencilla para cualquiera de los ricos colonos de la Nueva España.425 íi consecuencia del tormento. infeliz desvalido. y que hacía tan fácilmente un regalo de esa clase á la Iglesia. cjue son el . ni relaciones aparentes con ninguna persona calabozo. esto es y una cosa en verdad llena de misterio. que restablecido de su pe- ligrosa la enfermedad seguía siendo juzgado por el Audiencia. todos comenzaron á disi)onerse para según las leyes asistir á ésta que. sin tener bienes conocidos de ninguna clase.\rse tres días después. ilcbía veriüc. y en iMi'xico se olvidaron do Benavides. y que había sido puesto ya en ejecuci»!)n y como una llos de justicia era en aque- tiempos un espectáculo público nniy con- currido. regalando mil. y la prác- tica. ei Tapado había sido condenado á muercapilla. es decir. vir Un año casi se pasó. olvidado en un una ciudad y en un reino al que llegaba por la primera vez. Tero lunes 10 de julio de 16S4 se supo que te. Benavides pasó en la capilla esos tres días de agonía. Kn efecto así aconteció. no mil sino cincuenta 6 cien mil pesos á la Iglesia.

llevando á su lado dos sacerdotes que le animaban á morir cristianamente. y en cada esquina el pregonero con voz atronadora publicaba ciado. nio de Benavides. la Plaza de Ar- mas y las calles cercanas se llenaron de cu- coronaron las azoteas. para hacerle una revelación: ¿qué le dijo? ja- más se supo. hizo aquella especie La fúnebre comitiva de paseo que se acostumbraba hacer con los reos. los sacerdotes redoblaron el centro de la plaza.426 más terrible de los castigos. y durante ellos hizo llamar á Castillo. marqués de San Vicente. fin el Amaneció por día 14. el sus fervorosas oraciones. las gentes una muchedumbre ansiosa de contemplar el suplicio de un hombre que ningún mal le había hecho y á quien solo de nombre conocía. Así llegaron hasta la horca que estaba en crimen y la Benavides fué bajado verdugo pasó el dogal alrededor de su cuello. Anto- la multitud. la de muía. visitador. vestido de negro y caballero en una muía salió de la cárcel rodeado de soldados. y el sol puro y brillante en medio de un cielo limpio y sereno. con el pecho cubierto de escapularios. Don Antonio de Benavides. sin sombrero. ñe! —murmuró — ¡Jesús y te acompaD. su el nombre del ajusti- pena que iba á sufrir. el secretario del Virrey. mariscal de campo y castellano de . alumbró con sus ardientes rayos riosos.

en México ó en España. la táculo. hasta hoy. no era ya más que un cadáver que mecía en la horca. gran plaza estaba es- El más impenetrable misterio vela toda ta historia. Después de esto. arroje la luz sol>re este. momentos. Un momento desierta. . el sol que haestos En sonaban los martillazos del bía ido palideciendo se eclipsó totalmente. impresionada con el especun terror supersticioso al ver que sol se obscurecía.427 Acapulco. sombrío episodio de nuestra historia colonial. Vicente Riva Palacio. sintió el muchedumbre. y huyó despavorida en después la todas direcciones. cuando en la plaza reverdugo que enclavaba en la horca la mano. los sacerdotes se retiraron y los verdugos descolgaron el cadáver. y conforme á la sentencia le cortaron las manos y la cabeza: una mano se clavó en la horca. ¿Quién era el Tapado? ¿á qué vino á ^léxico? ¿qué habló con el virrey? NaQuizá algún día el casual endie lo supo. cuentro de algún ignorado expediente. y se la otra y la cabeza fueron enviadas á Puebla.

.

— El Arzobispo Pérez de la Ser- na 369 393 410 Don Juan Manuel El Tapado . — Primera parte r.IISTÜICE. ». Págs. — Primera parte Peste. 9I — La Sevillana 108 127 Alon.S Segunda parte Tercera parte 245 La Familia Segunda Tercera Carahajal.so y Gil González de Avila Don La Maiífn Cortés 159 185 Pedro de Alvarado — Caridad Evangélica Fray Marcos de Mena. Vena. 199 2U 22. 265 292 31S 351 parte jiartc Los Treinta y tres Negros El Tumulto de 1624. . Moctezuma Xícotencatl II 7 30 Cuauhtimoc Rodrigo de Paz 46 71 Los dos enjaulados (Salazar y Chirino) El Lie.

1x .

MUY INTERESANTE LOS LECTORES é .

4 .

.

.

University of Toronto Library DO NOT REMOVE THE CARD FROM THIS POCKET .