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TETANOS

Enfermedad infecciosa de curso agudo en general, caracterizada por contracciones espasmódicas, tónicas de algunos o de todos los músculos del animal. El agente causal es el clostridium o bacilus tetani de Nicolaier, anaerobio, esporógeno; obra por sus toxinas. La infección natural tiene lugar por la contaminación de las heridas cutáneas y mucosas con material que contenga bacilos y esporos, como tierra, estiércol y el cieno de los puntos encharcados. Motivan la infección las diversas heridas de la piel o de las mucosas, pero generalmente las que se acompañan de destrucción de los tejidos, hemorragias o acúmulo de exudados o de secreción morbosa, y por su localización, contactan fácilmente con tierra o en las cuales han penetrado cuerpos extraños en los tejidos profundos. En este concepto son especialmente temibles las clavaduras, punturas, rozaduras de la corona y, en general, las heridas de las partes bajas de los miembros; las heridas profundas de la castración y por la presión de atalajes; en caballos y perros, por la amputación de la cola; tras maniobras obstétricas en partos difíciles; en recién nacidos la contaminación de la herida umbilical; inyecciones hipodérmicas, mordeduras de perro, etc. El tétano consecutivo a la castración es a veces ocasionado por las manos impuras del operador o pinzas infectadas. Los animales domésticos, que más contraen el tétanos son los solípedos; después los bovinos, óvidos y caprinos, y es raro en cerdos y perros. Los animales jóvenes son más receptibles que los mayores; las infecciones umbilicales pueden producir casos múltiples en corderos y potros. Patogenia. Si los esporos penetran en tejido necrosado o en sangre extravasada, prosperan y producen toxinas. También ocurre en tejidos normales cuando se produce la infección con tierra que contiene esporos, porque con aquella han entrado otras bacterias que al luchar con las defensas orgánicas dejan el campo libre para la germinación de los esporos tetánicos. Por esto, el tétanos se desarrolla tras heridas pequeñas, pero con penetración de una astilla o a consecuencia de un foco purulento superficial, pero recubierto de una costra. La germinación de los esporos y la multiplicación de los bacilos tienen lugar sólo en los puntos de infección, y las bacterias únicamente desarrollan su acción patógena de modo indirecto, por sus productos tóxicos, absorbidos en su acción electiva por el sistema nervioso central. Actualmente se considera a la tetatoxoalbúmina como la toxina más importante. Las otras toxinas son: la tetanohemolisina hemolizante y la tetaespasmina que dan lugar a los síntomas específicos, a los espasmos, por tener gran afinidad por el sistema nervioso. Los venenos avanzan por la sustancia nerviosa o por los linfáticos peri o endoneurales hasta los centros a través de las placas motoras. A éstas pueden llegar las toxinas por difusión local, por los tejidos o por la sangre. Aunque los venenos se hallen en sangre circulante, se neutralizan fácilmente al constituirse una antitoxina por la terapia específica.

El aumento de la excitabilidad refleja de los centros motores del cerebro y de la médula se debe a la fijación de la toxina tetánica, al protoplasma de las células ganglionares motoras, las que una vez alteradas resultaría estimulada la excitación motora. La enfermedad no produce inmunidad y no se han precisado lesiones. Síntomas. La incubación es de 1 a 2 semanas, en particular en équidos. Al iniciarse la enfermedad, los pacientes se mueven a disgusto, los miembros los levantan rígidos, mastican y degluten con dificultad: está la cabeza tendida hacia adelante e inmóvil. Estos fenómenos indican ya el comienzo del espasmo de algunos grupos musculares, que en la mayoría de los casos empieza en la cabeza y luego se extiende hacia adelante o hacia atrás. Los enfermos están inmóviles en un punto, con la cabeza y el cuello extendidos hacia delante. Las orejas están erguidas: los ojos, con las pupilas dilatadas, están retraídos e inmóviles: las alas de la nariz están dirigidas hacia arriba. La boca se mantiene cerrada, y con gran esfuerzo apenas se consigue vencer el espasmo de los músculos masticadores y separar 1 a 2 centímetros los incisivos (trismo, quijada enclavijada). El espasmo de los constrictores de la faringe impide la deglución de la saliva, que sale por las comisuras de la boca. La musculatura de la prensa abdominal está contraída, y el abdomen, más o menos retraído. Los espasmos de la musculatura de los miembros determinan una actitud engallada, semejante a la de un burro de aserrar, y los animales apenas pueden levantar los pies del suelo. Les es especialmente difícil el girar, y a menudo imposible recular. Por la palpación se aprecia la musculatura muy tensa casi dura como tablas y los diversos músculos forman relieve. La excitabilidad reflejada está muy exaltada desde un principio. El tétano parcial, cuando permanece localizado hasta el fin, se acompaña de síntomas ligeros y la contracción misma de los grupos musculares afectos no suele llegar a un grado tan alto como en el tétanos generalizado. En los bóvidos, a causa de la supresión de los movimientos de la panza y de la rumia, se desarrolla con frecuencia meteorismo, con timpanización del ijar izquierdo. Cuando el curso es benigno, los síntomas, especialmente las contracturas espasmódicas de los músculos disminuyen hacia el final de la segunda semana y luego cesan del todo. La nutrición ejerce influencia en el curso, por cuanto en algunos casos la ingestión de alimento y bebidas es muy difícil o imposible, a causa del trismo; entonces los pacientes se agotan rápidamente. Diagnóstico. En los casos típicos de tétanos, los espasmos musculares tónicos con conservación de la conciencia y de la temperatura normal constituyen un cuadro morboso muy característico. Pronóstico. El tétanos es, las más de las veces, de curso desfavorable. La mortalidad oscila, en los équidos, entre 45 y 90 por 100; en los bóvidos es generalmente algo menor; en los óvidos, mayor, y en los animales jóvenes, en particular en los corderos, máxima. Tratamiento. El tratamiento preventivo del tétanos es de una gran seguridad: de aquí que toda herida sospechosa, las sufridas por accidente en la calle, en el campo, en tierras de labor, establos, etc.. más las operaciones que no se pueden realizar con asepsia, en las que seguramente habrá bacilos, además de

ser extirpados quirúrgicamente deben ser tratadas con la inyección profiláctica de 10 a 20 cc. de suero antitóxico, para los grandes animales y 4 a 5 a los pequeños. En las heridas contusas de curación difícil, la inyección se puede repetir 10 a 12 días después. La primera inyección debe hacerse en las primeras 29 horas o lo más en 48. Como tratamiento curativo, lo primero se desinfectará el foco infectante de modo riguroso. Si existe herida se quitará el tejido que parezca sospechoso y lavaremos la cavidad con una solución antiséptica lo más concentrada posible. Si la enfermedad se ha presentado después de la caudotomía, se seccionará la cola más arriba y se cauterizará la herida operatoria con hierro candente. A los enfermos se les albergará en un lugar tranquilo, al abrigo de los ruidos estrepitosos y de la luz solar directa. Se les evitará las exploraciones y los contactos superfluos. Mientras los pacientes pueden comer, se les da sustancias blandas de fácil ingestión, junto con agua fresca; más tarde, cuando el trismo incipiente dificulta la masticación, bebidas con harinas y salvado, eventualmente con huevos y vino. Cuando el trismo es muy pronunciado hay que recurrir a la alimentación artificial. El tratamiento sintomático tiene gran importancia, pues ayuda a sostener al enfermo y disminuye los trastornos que pueden originar la muerte inmediata. Las inhalaciones de cloroformo o de cloroformo y éter obran favorablemente sobre el trismo, y los animales toman fácilmente el alimento. También se usa desde antiguo, por su acción antiespasmódica, hidrato de cloral o éter (30 a 50 g. al día en enemas), morfina (0.2 a 0.5 g. bajo piel), etc.; en los animales pequeños, dosis relativamente menores, o la morfina. Están indicados los depresores del tono muscular, como la inyección intramuscular de sulfato de magnesia al 25 por 100 en la proporción de 2 cc. por kg. De peso vivo, para luchar contra las convulsiones. Se advierte que puede provocar parálisis respiratoria, contra la que se inyectará en vena cloruro cálcico al 5 por 100 y la respiración artificial. Se han obtenido curaciones paseando diariamente a los animales 15 a 30 minutos a paso lento, y también inyectando mañana y tarde una solución de ácido fénico al 2 por 100 en cantidad de 40 a 80 cc. según el tamaño del animal mayor, hasta apreciar la mejoría del enfermo. Nosotros hemos curado varios casos de tétanos en mulas que no dejaron de comer mediante inyecciones intravenosas de sulfato de magnesia y de urotropina cada dos días, empezando por 25 gramos y llegando hasta 40, disueltos en 100 o 200 cc. de suero fisiológico. Se atenderá al corazón con los tónicos usuales. Se han obtenido curaciones inyectando al caballo intravenosamente una dosis masiva de antitoxina, 200.000 unidades de suero antitetánico y 4 ampollas de 20 centímetros cúbicos de anatoxina tetánica (1 cada 4 a 5 días), y dos horas después, por la misma vía, de 1 a 2 cc. de adrenalina al milésimo (de una solución antigua que es menos tóxica) según el tamaño del équido, introduciéndola muy lentamente. Diariamente se repetirá la inyección de adrenalina durante 8 a 10 días.

En los pequeños animales, perros por ejemplo, se inyectarán de 20.000 a 100.000 unidades de suero, según la talla, y 4 ampollas de 20 cc. de anatoxina (1 cada 4 a 5 días). Para fines curativos se utiliza la penicilina en grandes dosis, asociada a la antitoxina, local e intravenosamente pero los casos graves no los mejora.