III Jorge Miguel Toledo: preso político en Caseros durante la última Dictadura Militar

por Claudia Marcela Nervi*

Sumario §1.- Prólogo. §2.- Recreando la historia en esta historia. §3.- El castigo en la sociedad civilizada. §4.- El panóptico. §5.- El mito de Bentham. §6.- La cárcel panóptica de Caseros. §7.- Técnicas empleadas por la doctrina del terror de Estado. §8.- Reglamentos carcelarios. §9.- La primavera del ’73 en Olavaria. §10.- El “negrito” Toledo, un chico brillante. §11.- Cómo era vivir en Caseros para los presos políticos. §12.- Qué significaba resistir la cárcel para el preso político. §13.- Conclusiones. Bibliografía. Agradecimientos Anexo.

§1.- Prólogo. El presente trabajo muestra como la cárcel y su aparato fueron , y aún son, pero más disimuladamente ,al menos para un observador común, una de las tantas herramientas de coacción que emplea el poder político de turno para doblegar la voluntad contraria de sus gobernados, fuera de las previsiones del Código Penal . Como época histórica delimito la de la última dictadura militar, casi en sus finales. Mas no dejo de tener en cuenta que cada período anterior de gobierno iba preparando los gobiernos de facto posteriores apoyados por los Estados Unidos, país al que le proporcionaban un mejor control regional. Se favorecía el etiquetamiento de cualquier argentino que se opusiera abiertamente al régimen, aprovechando el último gobierno del General Perón e Isabel de Perón para recabar datos, y no se demoraron en seguir fabricando cuerpos de presos políticos, para poner en la picota el ejemplo listo para aterrorizar y controlar a la sociedad de entonces. 30.000 fueron las almas víctimas del proceso. La historia, desde el punto de vista represor, era la de otros tantos subversivos prestos a deshacer en violencia a nuestra

*

Abogada, UNLZ.

sociedad , un ejército organizado que de ser así hubiera diezmado las filas en los cuarteles militares. No insistiré en el dicho algo popularizado de que, con esos 30.000 argentinos se destruyó la flor y nata de la sociedad de entonces, pero al documentarme respecto de las actividades sociales de los años 70, vacilo en no adherir a tal sentencia al conocer las acciones sociales entusiastas dirigidas a mejorar el entorno, aires nuevos y benéficos que tenían en la juventud sus más entusiastas planificadores y realizadores. Qué fuerza solidaria , no tan diferente a la de la minoría de la juventud de hoy, los animaba, de dónde les venía…. La protesta, la correlación de fuerzas ,el coraje , y, entre tantos muchachos de principios éticos elevados , estaba Jorge Miguel Toledo, movilizando gran cantidad de personas para enaltecer su standard de vida, allá, en su Olavaria natal. Era un muchachito brillante, quizás un líder natural. Una cabeza que debía decapitar la dictadura, porque no se doblegó aún encarcelado en Caseros Había que suprimirlo disimuladamente: era necesario, ya que había ingresado en la mira de las organizaciones de Derechos Humanos, que de todas maneras, no lo salvaron a pesar de tanta denuncia efectuada, puesto que se suicidó en su celda. Tal es el objeto de este trabajo, una cárcel panóptica, insalubre, la dictadura , para la cual esta cárcel fue un instrumento más de represión, y un preso político, el joven Contador Jorge Miguel Toledo, que tuvo valor manipulación del poder gobernante.Hoy me sacaron la capucha ¿cómo voy a llorar ahora justo ahora que tengo, ganas de llorar? ¿dónde esconderé las lágrimas ahora? ahora que me sacaron la capucha1. y altura moral para negarse a la

§2.- Recreando la historia en esta historia. Hace unos años atrás, en el año 2008, me habían mencionado brevemente en ―Capítulos de Psiquiatría y Criminología ―, charlas dispensadas por los profesionales del Hospital Moyano, la historia de Jorge Toledo, haciendo referencia a la participación de la ciencia médica en los manejos del poder; en este caso , al desplegado por la

1

www. muldia.com La canción de los presos. Eduardo Galeano. Entrevistas y artistas, 1962-1987.

dictadura militar de la última época, bastante

parecido al

régimen nazi con sus

tortuosos galenos , lo que consigné al pasar como unos dichos más a comprobar a futuro . Por qué este joven perduró en mi mente no lo sé exactamente, pero tal vez será porque viví mi adolescencia bajo la dictadura y aún recuerdo su impronta de manera indirecta mediante el terror y la estigmatización. He visto llevarse gente de sus hogares para devolverlas malamente golpeadas. Para un niño, que a un vecino lo golpeen y se le explique que ―algo habrá hecho‖, no es demasiado convincente aún tratándose de una mente en formación. Tal vez sea por eso , o bien , porque de alguna manera puede , en nuestra cíclica Historia Argentina , reaparecer otro Toledo ,en cualquier momento , vegetando en una cárcel alejada o bien, porque está ya comprobado que la cárcel y su aparato sirven para que se ponga en aislamiento a ciertas personas cuyo modo de pensar es diferente y constituyen un peligro para los dichos y hechos de los

gobernantes del momento. Y somos tan tontos que aún creemos en los etiquetamientos, a pesar de que ya se demostró todo por el método empírico de pruebas y errores; aún tendemos a condenar por lo externo y superficial. Lo primero que recabé en la reunión de materiales, fueron los pedidos reiterados de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos a los Cardenales Aramburu y Primatesta, explicitando el suicidio- el segundo producido en Caseros - del joven Toledo , y la situación comprometida en lo psiquiátrico de los presos allí detenidos, con más la ausencia de luz solar , de vital importancia y la reclusión en sus celdas por 21 horas seguidas, además del aislamiento del trato con los otros compañeros presos y la recepción de una atención médica inadecuada. Entre otras cosas ,pide esta Asociación a sus Eminencias que se pronuncien públicamente sobre la cuestión y pida la libertad de los detenidos por razones políticas. Por supuesto, en la contestación que dan sus Eminencias a este pedido desesperado, no hay nada que ayude a superar esa situación de angustia de los presos mencionados. No me detengo a consignarla, por hallarla sin valor moral, y los dejo librados a su propia conciencia, haciendo un paréntesis

respetuoso por todos los religiosos que, como algunos sacerdotes , entre los cuales incluyo a la Orden de los Palotinos, creían y practicaban que Jesús nos enseñó el amor y no la matanza. Afortunadamente, recibí otras informaciones que hicieron que Toledo aparezca ante mí como la persona que era y no ya una idea. Y de alguna manera que aparecieran sus sueños rotos. Lamentablemente su vida aún llena de sentido y noción de servicio se esfumó en esa cárcel llena de hongos que los vecinos temen hoy día que se destruya por

implosión por las enfermedades que puede causar. La familia de Toledo ha muerto, no parecería haber nadie que aún lo recuerde. Supongo que, en la Facultad de Ciencias Económicas, adonde tanto militó, algún grupo joven habrá rescatado su nombre y eso quizás sea todo, a excepción de que el afán del ser humano por el poder a costas de la violencia nunca termina y la desigualdad tampoco.

§3.- El castigo en la sociedad civilizada. En Argentina las primeras Instituciones penales fueron correccionales. Al inicio, en 1816, varias de estas funcionaban en Mendoza y en General San Martín, pero hacia 1870 se observó un escaso progreso al respecto de las prisiones argentinas. ―El modo de castigar a los delincuentes ilustra el grado de civilización de cada sociedad‖, era una de las máximas de la clase dirigente que, en el año 1852, se encargó de los destinos de nuestro país. La Constitución Nacional repudiaba cualquier uso del sistema carcelario para mortificación del penado. Decía el artículo 18 que las prisiones debían ser sanas y limpias, como proyecto derivado de la generación de la Batalla de Caseros. La primera Penitenciaría se abrió en 1870 en Buenos Aires, basada en una combinación de Pentonville en los que toca a la construcción y en lo que respecta a disciplina, en la cárcel de Auburn2 Intentaban evaluar la pertinencia de las teorías de Bentham y Beccaria sobre la responsabilidad del criminal, la proporcionalidad del castigo directamente enlazado al perjuicio social ocasionado, y la racionalidad de las recetas punitivas de la sociedad moderna. El pensamiento penal rioplatense sobre las penas estaba muy determinado por el contexto del caos legal del período post independiente y porque los trabajos sobre el tema –tesis doctorales- eran más sensibles a las ideas de homogeinización y codificación legales de Bentham que a su conocido proyecto de la prisión panóptica. Hasta 1880 los sueños de moderación punitiva coincidieron en un período prolongado de inestabilidad, en que el Estado Nacional fue repetidamente desafiado. La Penitenciaría sintetizaba muchos de los atributos del castigo civilizado de la Constitución, dándole también un sentido utilitario .En el ideario penitenciario los años de encierro eran un paréntesis que podía y debía emplearse para reformar ,por medio del

2

Prisons and Prison Systems: a global encyclopedia. Mitchel P. Roth. Library of Congress, Greenwood Press, USA. 2006, Traducción Claudia M. Nervi pág.12, 13. Libros de Google.

régimen de trabajo, higiene e instrucción, en cuya implementación el Estado tiene un papel transformador. Los planos del Ingeniero Bunge se inspiraban en las penitenciarías modelo a nivel mundial, de las que la prisión industrial de Pentonville era una de las principales referentes. Tenía diseño radial, idea de un control central y la separación celular de Bentham. El panóptico era un edificio poligonal o circular con celdas dispuestas en torno al centro de vigilancia sometiendo al penado al régimen de escrutinio constante, y vehiculizaba el mensaje reformador al maximizar la maleabilidad del penado y la eficiencia de las técnicas penitenciarias3.

§4.- El panóptico. Para Foucault la idea del panóptico no era nueva, ya que surgió en las épocas de la peste en Europa. Da la idea de un espacio cerrado, vigilado, en que todos los movimientos son controlados, registrados; el poder se ejerce por entero a través de una figura jerárquica continua. Es que el control de la peste requería de sistemas disciplinarios, apela a múltiples separaciones, distribución individualizante, organización en

profundidad de la vigilancia y control, intensificación y ramificación del poder. El apestado está prendido en una red meticulosa en la que las diferenciaciones individuales son los efectos coactivos de un poder que se multiplica, articula y subdivide, es el sueño de una comunidad disciplinada. Bentham sentó el principio de que el poder debía verse pero no ser verificable. El detenido –apestado tendrá ante sus ojos la torre central desde donde se lo espía. Inverificable, pues no sabrá si es mirado en determinados momentos. Habrá tabiques en el interior y pasos en zigzag, para pasar de un pabellón a otro. No se necesita de la fuerza: la sujeción real nace mecánicamente, aún de una relación ficticia, sin necesitar de la fuerza4. Respecto de Bentham, al tiempo que crea el modelo arquitectónico disciplinario burgués, en sus obras impulsa la las reformas de la legislación penal fundadas en el principio de legalidad. Su panóptico sirve para todos los edificios donde un grupo de

3

Violencias, delitos y justicias en la Argentina. Sandra Gayol, Gabriel Kessler. Universidad Nacional de Gral Sarmiento. Editorial Manantial, Bs. As. , año 2002, pags. 141,142,146,147,148, 151. 4 Vigilar y Castigar. Michel Foucault. Libros de Google, pág. 201,205,206.

personas deben ser vigiladas, desde la escuela al manicomio, desde la cárcel a las fábricas5.

§5.- El mito de Bentham. Bentham fue en realidad su mayor propagandista. Sólo practicó la abogacía durante 4 años y nunca expuso un caso ante las Cortes. Jamás fue juez, ni siquiera de Paz. Tampoco fue Parlamentario, y, aún así, se lo calificó como el más grande reformador de las leyes inglesas, y legislador del mundo. Ningún historiador del siglo XIX sobre leyes inglesas deja de tener opiniones sobre él. A pesar de esto quienes eran sus adoradores no dejaban de darse cuenta de la brecha que había entre lo que Bentham quería ver en el sistema legal y lo que verdaderamente el sistema legal era en el transcurso de ese siglo. Con las reformas de 1870 se relajó algo la Common Law que Bentham despreciaba, pero los abogados siguieron usando un lenguaje especializado y alejado del alcance de la comprensión de mucha gente lega. Y el principio de utilidad, a pesar de que formalmente era operativo en las consideraciones político- sociales británicas nunca fue reconocido como base para hacer leyes o reformarlas. Dados estos abismos es necesario hallar el cor del impacto verdadero de Bentham. Sus escritos sobre jurisprudencia llenaban varios volúmenes, algunos no publicados hasta el siglo XX. Sus nociones de ley penal se expresan sucintamente es su libro ―Introducción a los Principios de Moral y Legislación‖. Se lo reconoció luego de republicado en 1823, cuando ya Bentham era más conocido como autor del panóptico o casa de inspección en el que describís su prisión –fábrica modelo. Desde el comienzo el mismo Bentham era su mayor propagandista como reformador de la Ley. Se creía un genio, escribió cientos de planas y mandó cientos de cartas a los monarcas y estadistas de todo el mundo. En Inglaterra, se relacionó con todos aquellos que creía que podían implementar sus ideas. John Stuart Mill lo promocionó también porque era amigo de su padre llamándolo Maestro de Maestros. El otro espaldarazo se lo dieron dos historiadores distinguidos de fines del siglo XIX, Sir Stephen y Sir Maine6.

5

Cárcel y fábrica: los orígenes del sistema penitenciario. Dario Melossi y Máximo Pavarini. Editorial Siglo XXI, Mexico. Año 2003, pag 226. Libros de Google. 6 Evangelicalism, Penal Theory and the Politics of al Law Reform in England, 1808-1830, Richard Follett. Belgrave Press, 2001, UK., págs 4,5. Traducción Claudia Nervi. Libros de Google.

§6.- La cárcel panóptica de Caseros. Es una prisión panóptica ubicada en el barrio de Parque Patricios, Capital Federal. La concibió la dictadura militar de los años 60 acorde a un modelo desechado por insalubre de los EEUU. Se pensó destinarla a los presos a la espera de juicio , de hecho, el mismo Videla estuvo preso allí. Su construcción fue durante 20 años, de 1960 a 1979. Terminada en la presidencia de Videla, la nueva càrcel se abrió en 1979 pero para el alojamiento de los presos políticos. Se erigió cercana a la antigua prisión del mismo nombre, que originariamente se construyó como orfanato en 1880. A principios de 1950, Juan Perón empleó la parte vieja para alojar presos políticos. En el año 20º1, felizmente, se la cerró. Constaba de 22 pisos con forma de H, tenía 1500 celdas y estaba pensada para unos 200 presos. Cada celda medía 1,2 x 2,3 mts., y tenía una cama, un toilette, una silla y una mesa pequeña adosada al piso. El diseño de la cárcel era tal que la luz directa del sol no le llegaba a un gran número de los prisioneros, lo que le valió las críticas de las organizaciones de derechos humanos ya antes de su apertura por no constar de los standards mínimos de confort para el ser humano. La mayoría de los presos eran políticos, de izquierda o líderes de organizaciones estudiantiles ya arrestados por Perón en el período 1974/75. Así que ya estaban ―fichados‖ cuando Videla llegó al poder en el año 1976. Como los presos políticos estaban registrados por los grupos internacionales de derechos humanos, era más difícil matarlos o hacerlos desaparecer como se hacía con otras personas en la dictadura militar. El 23 de abril de 1979 en la inauguración de la cárcel de Caseros nueva, el Ministro de Justicia pronunció un discurso comentando que se parecía a un hotel 5 estrellas , elogiando su diseño como la encarnación de la última evidencia científica para proveer a la rehabilitación de delincuentes y subversivos con el mayor respeto por la dignidad humana otorgada a cualquier persona que ingresaba tras las puertas de aquella prisión.. No obstante, los presos contaban otra cosa; que la piel se les tornaba verdosa, que se les estropeaban los dientes. Dos de ellos se suicidaron – uno de ellos fue Jorge Toledo. Se los tenía en la celda 23 horas al día, era común que allí estuvieran semanas y meses en una temporada. A los presos políticos se les prohibía toda comunicación entre sí, por lo que desarrollaron un sistema de comunicación elaborado en códigos, del morse a señales de mano, y formas de pasarse notitas en miniatura, que llamaban caramelos, que guardaban en las fosas nasales e intercambiaban durante los pocos momentos en que se

les permitía acercarse. También sacaban el agua de los inodoros y hablaban bajo a través de los caños del sanitario, lo que les generaba infecciones de garganta. Si llegaban a ser descubiertos, se los castigaba con el aislamiento u otras formas de tortura7.

§7.- Técnicas empleadas por la doctrina del terror de Estado. Según lo han descripto quienes padecieron la tortura y la prisión durante la dictadura, el objetivo de esta doctrina era aniquilar físicamente a los reprimidos más activos y destruir política, moral y psíquicamente a los presos políticos llamados legales, asesinando a una parte de ellos. Se realizaba este cometido mediante diferentes técnicas, podían emplearse las de

lavado de cerebro, por medio de la tortura tanto psíquica, como física o moral. Mencionaré unas pocas. Entre las psíquicas pueden mencionarse los ataques represivos y coercitivos, con técnicas que apunten a la destrucción moral o de los vínculos solidarios, sociales y políticos, es decir, nadie puede pedir por otro, ni ayudarlo, porque la persona aislada se convierte en blanco fácil de la tortura y la represión. Puede también usarse de la privación y represión de la actividad sensorial mediante vendas en los ojos, celdas reducidas, biombos, gris de la penumbra, voces, aromas, alucinaciones, egocentrismo, reducción del campo de conciencia. Deprivación de la vida afectiva, vacío de las emociones y sentimientos positivos, represión de las experiencias afectivas, de la actividad artística e imaginación creadora, de la actividad social y grupal. Derrotar al Proceso implicaba pensar y actuar con cierto grado de libertad8. Durante la vigencia del estado de sitio, entre noviembre de 1974 y octubre de 1983, las presas y presos políticos, sus familiares y abogados y los miembros de organismos de derechos humanos denunciaron la implementación de un plan sistemático de aniquilamiento destinado a los más de 10 mil detenidos por razones políticas alojados en las distintas cárceles de ―máxima seguridad‖ a lo largo de todo el territorio argentino. El término aniquilamiento ha condensado sentidos y prácticas diversas que combinaron tanto el exterminio físico selectivo de algunos grupos de presos políticos como la (re)configuración y endurecimiento progresivo del régimen carcelario previsto para este

7 8

Wikileaks, Caseros Prison, traducción :Claudia M. Nervi. Penal de Rawson- Psicología represor- reprimido- 9-2-pdf Carlos Jose Samojedny.

tipo de detenidos – que, según se ha denunciado, buscaba quebrarlos, destruirlos política, psicológica y moralmente. Es decir, junto con la desaparición y el asesinato selectivo de detenidos, el encierro carcelario por razones políticas supuso una serie de regímenes de tinte violento y aniquilante. Ello así debido a que, tal como plantea Rita Segato, la ‗soberanía‘ completa no despliega solamente el ‗poder de muerte‘ sobre el grupo subyugado si no que apunta también a la subordinación psicológica y moral: Durante la vigencia del estado de sitio, entre noviembre de 1974 y octubre de 1983, las presas y presos políticos, sus familiares y abogados y los miembros de organismos de derechos humanos denunciaron la implementación de un plan sistemático de aniquilamiento destinado a los más de 10 mil detenidos por razones políticas alojados en las distintas cárceles de ―máxima seguridad‖ a lo largo de todo el territorio argentino. El término aniquilamiento ha condensado sentidos y prácticas diversas que combinaron tanto el exterminio físico selectivo de algunos grupos de presos políticos como la (re)configuración y endurecimiento progresivo del régimen carcelario previsto para este tipo de detenidos – que, según se ha denunciado, buscaba quebrarlos, destruirlos política, psicológica y moralmente. ―Sin la subordinación psicológica y moral del otro lo único que existe es poder de muerte, y el poder de muerte, por sí solo, no es soberanía. La soberanía completa es, en su fase más extrema, la de ‗hacer vivir o dejar morir‘. Sin dominio de la vida en cuanto vida, la dominación no puede completarse (…). El trazo por excelencia de la soberanía no es el poder de muerte sobre el subyugado sino su derrota psicológica y moral, y su transformación en audiencia receptora de la exhibición del poder de muerte discrecional del dominado‖ (Segato, 2004:7)

§8.- Reglamentos carcelarios. 1.- Presos políticos El primer reglamento carcelario – cuyas disposiciones debían ser ―estrictamente observadas‖ por los ―internos‖- fue aprobado el 26 de diciembre de 1974 (mediante el decreto 2023) por la presidente constitucional María Estela Martínez de Perón, un mes después de la declaración del estado de sitio. Pese a los aspectos destructivos denunciados, su ―finalidad [era] asegurar su guarda, proponer una ordenada convivencia entre ellos y preservar su salud física y mental‖. En principio, es notable la similitud que se observa entre este reglamento y la normativa referente a los detenidos

por delitos ―comunes‖: a primera vista – y teniendo en cuenta la forma y la estructura interna - pareciera que este Reglamento era un híbrido el reglamento para detenidos ―procesados‖ por delitos ―comunes‖ aprobado el 6 de junio de 1956 así como la Ley Penitenciaria Nacional del 14 de enero de 1958. Sin embargo, entre los ―deberes‖ de los ―internos‖, se puede encontrar una serie de pistas para iluminar las particularidades del régimen destinado a los detenidos a disposición del PEN: a) Obedecer las órdenes emanadas de la Dirección del Establecimiento y de los Agentes Penitenciarios, a los que debe respeto cualquiera sea su jerarquía y función; b) Abstenerse de cantar, silbar, gritar, mantener conversaciones furtivas, por señas o indecorosas, elevar la voz, practicar juegos prohibidos y, en general, todo acto u omisión que signifique una alteración al orden reinante; c) Cuidar el aseo de su persona permaneciendo con la barba rasurada, cabello reglamentario, uniforme sin alteraciones en su modelo original, y demás objetos provistos para su uso personal; d) Velar por sí mismos, en forma colectiva, por la higiene de su alojamiento y conservación de los lugares de uso o permanencia común; (…) f) Observar los horarios establecidos por la Dirección; g) Someterse íntegramente a las requisas de su persona, sector de alojamiento o efectos, debiendo quitarse las prendas de vestir para una revisación minuciosa cuando así se lo requiera; h) Abstenerse de cualquier otro acto de indisciplina y de hacer actividades políticas y/o gremiales (...) a. Los internos podrán formular individualmente sus peticiones y / o escritos a las autoridades del Establecimiento, constituyendo infracción disciplinaria grave toda petición en forma colectiva; quedando entendido que cada interno deberá formular su petición atendiendo a problemas personales, quedando prohibido ser portavoz de problemas de terceros y/o colectivos” (el destacado me pertenece y señala las diferencias entre el Reglamento de 1974 y el reglamento aplicable a los ―procesados‖ por delitos ―comunes‖). Este tipo de detenidos debía no sólo abstenerse de cualquier ―acto de indisciplina‖ – manteniendo las mismas ―medidas de corrección‖ previstas para los ―procesados‖ por

delitos comunes – sino también de hacer ―actividades políticas y/o gremiales‖. Esta prohibición reconocía explícitamente el carácter político de los detenidos a disposición del PEN. Y paradójicamente, a la vez que se montaba sobre las formas colectivas de organización del conjunto de los detenidos para la realización de las tareas de este tipo de detenidos debía no sólo abstenerse de cualquier ―acto de indisciplina‖ – manteniendo las mismas ―medidas de corrección‖ previstas para los ―procesados‖ por delitos comunes– sino también de hacer ―actividades políticas y/o gremiales‖. Esta prohibición reconocía explícitamente el carácter político de los detenidos a disposición del PEN. Y paradójicamente, a la vez que se montaba sobre las formas colectivas de organización del conjunto de los detenidos para la realización de las tareas de limpieza o, en la jerga carcelaria, fajina (―Velar por sí mismos, en forma colectiva, por la higiene de su alojamiento y conservación de los lugares de uso o permanencia común‖), impugnaba determinadas formas esa acción ―colectiva‖, al prohibir explícitamente la existencia de ―delegados‖ frente a las autoridades carcelarias, es decir, de detenidos que asumieran el rol de ser ―portavoz de problemas de terceros y/o colectivos‖. Esta amalgama de prohibiciones de la acción colectiva generó entre 1974 y 1976 enfrentamientos muy duros entre el personal penitenciario y los detenidos. Este reglamento de 1974 planteaba que a los detenidos que cumplieran con las ―obligaciones‖, se les reconocía los siguientes ―beneficios‖: recreos diarios al aire libre (sin especificar su duración y frecuencia); la posibilidad de adquirir distintos artículos en la ―proveeduría‖ de la Unidad con ―sus fondos particulares‖ (no colectivos); recibir una visita semanal de los familiares autorizados (salvo que estuvieran también detenidos) en ―locutorios‖ (es decir, sin contacto físico); mantener correspondencia ―previa censura‖; acceder a material educativo, libros y publicaciones y escuchar programas de radio, entre otras. ―La inobservancia de las obligaciones establecidas en este Reglamento, hará perder transitoriamente al interno, por resolución del Director del Establecimiento, o de quien lo reemplace, de todos o algunos de los beneficios acordados. Sin embargo, aún en tales casos podrá recibir una visita y escribir una carta al mes‖9. También este Reglamento habilitaba las ―requisas‖, es decir, la revisación sistemática – y en la mayoría de los casos, violenta- por parte del personal penitenciario de los

9

El Tratamiento Penitenciario y su dimensión productiva de identidades (1974-1983). En dossier ―La prisión política en Argentina, entre la Historia y la Memoria‖. Por Santiag o Garaño. Revista Iberoamericana. Instituto Iberoamericano de Berlín. N° previsto: 41. Pags. 5,6,17,18.

cuerpos y de los espacios habitados por los detenidos políticos (celdas, pabellones) por parte del personal penitenciario . Durante estas ―requisas‖ se buscaba desmantelar la estructura de militancia clandestina, montada puertas adentro de las celdas y pabellones. Es decir, en las ―requisas‖ se pretendía confiscar los materiales de lectura y discusión política que los distintos grupos de detenidos conservaban en sus celdas como parte de la resistencia y la prolongación de la militancia en la cárcel. El régimen carcelario configuraba una vida organizada por timbres y órdenes marciales. En primer lugar, preveía una hora de recreo por día y los detenidos tenían que estar encerrados en celdas individuales entre las 13 y las 17 horas —hora de la ―siesta‖— y entre las 21 y las 8 de la mañana. El resto del tiempo, podían circular por el pabellón. La luz se apagaba a las nueve de la noche y el silencio debía ser total. Sin embargo, denunciaban que no los dejaban dormir tranquilos: los despertaban sistemáticamente cada dos horas para hacer un recuento pateando la puerta, prendiendo y apagando la luz. La alimentación era deficiente y el hambre, una constante. Se imponía el pelo rapado y un uniforme obligatorio. A partir del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, se produjo un cambio sustancial: la desaparición forzada de personas y los centros clandestinos de detención se convirtieron en la modalidad represiva por excelencia del poder – aunque se combinaron con otras formas de represión, como la cárcel y el asesinato de los disidentes políticos. En relación a las políticas represivas previstas para la prisión política, el gobierno dictatorial no elaboró un nuevo reglamento penitenciario para los detenidos por razones políticas sino que se valió del que se había ensayado a partir de la implantación del estado de sitio. El 16 de junio de 1976 el presidente de facto Jorge Rafael Videla decretó hacer extensivo el régimen para la cárcel de Rawson – previsto en el reglamento aprobado en diciembre de 1974– a los todos los detenidos a disposición del PEN alojados en las diversas cárceles de ―máxima seguridad‖ del SPF y otros sistemas penitenciarios provinciales. Y junto con la extensión del régimen carcelario, se conformó un ―sistema represivo integrado‖ a nivel nacional ―bajo control operacional‖ de las autoridades militares: Mientras las mujeres detenidas fueron concentradas hacia finales de 1976 en la Unidad Penitenciaria Nº 2 del SPF – conocida como la cárcel de Villa Devoto – los varones fueron trasladados a las distintas cárceles de ―máxima seguridad‖ en un circuito que incluía los penales de La Plata, Sierra Chica, Rawson, Resistencia, Córdoba, entre otras.

Durante los primeros años de la dictadura, las autoridades dictatoriales dieron a conocer listas y cifras sobre los detenidos a disposición del PEN (de nuevos encarcelamientos; de ceses de detención; de libertades vigiladas; de expulsiones del país; de opciones para salir del país) al mismo tiempo que omitían referencias en todos los discursos públicos acerca de la existencia de desaparecidos y negaban el carácter político de las detenciones en las cárceles de ―máxima seguridad‖10. 2.-―Recuperación de Pensionistas‖ En julio de 1977 el Comandante de la Zona 1, General de División Carlos Guillermo Suárez Mason emitió una directiva secreta que preveía la implementación de la llamada ―Campaña: Recuperación de Pensionistas‖. En esta línea, se describía la ―organización interna‖ al interior de las cárceles de ―máxima seguridad‖ de los denominados ―delincuentes subversivos‖. Luego, se caracterizaba la ―situación psicológica‖ de los detenidos: ―Cohesión grupal‖: ―La motivación es ideológica pero contribuye la situación de dependencia y antagonismo ante las autoridades penitenciarias. Es la necesidad de unirse contra el enemigo común‖ Se disponía la clasificación de los llamados ―Delincuentes Subversivos‖ en tres grupos – G1, G2 y G3- y se explicitaban los criterios para hacerlo: a) Grupo 1: (Resistentes) Actitud negativa, presentan características de irrecuperabilidad. Indóciles. No tienen síntomas de desmoralización. Integran grupos y ejercen liderazgos. Presentan un fuerte sustento ideológico y de pertenencia hacia las BDS [Bandas de Delincuentes Subversivos]. b) Grupo 2: (Indefinidos) Sus actitudes no son nítidas o no pueden ser precisas. Presentan dudas. Requieren mayor observación y ser sometidos a la AS [Acción Sicológica] propia para obtener una definición. c) Grupo 3: (Dúctiles) No integran grupos con los resistentes. Tienden a colaborar con el personal SP [Servicio Penitenciario]. Presentan síntomas de desmoralización. Algunos pueden hacer público su rechazo o renegar de posturas ideológicas conexas con las BDS

10

Ibídem.

[Bandas de Delincuentes Subversivos]. Tienen voluntad para acceder a un proceso de recuperación. Ser clasificado dentro de cada uno de estos tres grupos no sólo implicaba la atribución de una categoría administrativa, sino que tenía consecuencias relativamente inmediatas: definía sus destinos carcelarios y, por lo tanto, el ―tratamiento‖ penitenciario al que estaban sometidos. En el caso de los detenidos por razones políticas, esta clasificación entre tres grupos – G1, G2, G3- les permitió a los presos políticos encontrar unas categorías carcelarias para explicitar y reconfigurar las jerarquías políticas –preexistentes a la cárcel, pero reforzadas y alteradas en su interior. A su vez, esta operación de clasificación delineó fronteras sociales que distinguieron al interior del campo de los presos políticos identidades específicas dos polos: los denominados ―recuperables‖ (acusados de quebrados) y los ―irrecuperables‖ (o inquebrantables ) como pares lógica,

administrativa y políticamente opuestos. Así se desplegó el poder creador de las categorías y prácticas administrativas: se delimitó un grupo de presos políticos, los clasificados por el personal penitenciario como ―irrecuperables‖ y sometidos a un régimen carcelario más estricto – que se distinguía de los ―recuperables‖ acusados de ser-estar quebrados, abandonar sus convicciones ,dejar la resistencia y convertirse en colaboradores de los penitenciarios. Entre el 5 y el 20 de septiembre de 1979, frente a las masivas denuncias de violaciones a los derechos humanos en nuestro país, una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos visitó la Argentina. En este marco, el gobierno dispuso una serie de medidas carcelarias tendientes dar una fachada de legalidad a las políticas represivas que, en el caso de las cárceles, supuso la aprobación de un reglamento carcelario destinado a los presos políticos; la inauguración de la cárcel de Caseros Nueva (con una importante población de detenidos políticos) y la divulgación de cifras oficiales sobre cantidad de detenidos legales -aunque no sobre los detenidos-desaparecidos. Es más, miembros de la Comisión realizaron una serie de ―observaciones in loco‖ e ―inspecciones oculares‖ en diferentes cárceles de Argentina – Villa Devoto, La Plata, Caseros Nueva, Olmos, Magdalena, Córdoba, Rawson, Resistencia- y en otros ―centros de detención‖, ―con el objeto de poder obtener en el terreno una apreciación objetiva de las condiciones en que se han encontrado y se encuentran los detenidos‖. En esta serie de visitas a las cárceles, distintos detenidos pudieron denunciar las condiciones de detención en las cárceles, en

el marco de otras denuncias por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y de las prácticas de represión ilegal. En 1979, el Presidente Videla modificó el Reglamento carcelario que no difiere sustancialmente del de 1974 a excepción del etiquetamiento nuevo dado a algunas categorías de presos: para hacer referencia a los genéricamente considerados presos políticos. Desde 1979 y hasta el 16 de noviembre de 1983 van a ser llamados ―DT detenidos‖ (―Detenidos Terroristas‖) y no ya ―internos‖, como planteaba el Reglamento de 1974. Por un lado, la denominación ―DT‖ buscaba, por un lado, superar el desorden burocrático que implicaba la superposición de status de detención y de autoridades que la habían ordenado: detenidos a disposición del PEN en virtud del estado de sitio; procesados y condenados por la justicia ordinaria o por la militar. Esta categoría los hacía susceptible de un ―tratamiento‖ diferencial del resto de los detenidos por delitos comunes, del que eran estrictamente separados y aislados. Otra de las novedades era la existencia de un ―equipo interdisciplinario‖ presidido por el Director de la Unidad y formado por los jefes de los servicios y por un delegado de la Autoridad Militar Luego de describir sus ―antecedentes personales y familiares‖, ―educación‖, ―trabajo‖, ―situación legal‖, ―antecedentes disciplinarios‖ dentro de la unidad penitenciaria, se presentaban las ―conclusiones‖. Además del juzgamiento moral acerca del comportamiento de los detenidos, la ―junta interdisciplinaria‖ ofrecía el ―pase al régimen de beneficios‖ (G3) mediante la ―firma del acta de arrepentimiento de actividades subversivas‖11. §9.- La primavera del ’73 en Olavarría. Reproduciendo el fenómeno de otros lugares con una gran población estudiantil- La Plata, Bahía Blanca, etc.- los estudiantes de Olavarria, al retornar a su patria chica, fueron aportando a los establecimientos educativos la radicalización política de los sectores medios. Profesionales que, de vuelta en su hogar, se irían sumando a los ya existentes cuadros políticos de Olavarria. Hubo las ―Orgas‖, agrupaciones político militares y verticalizadas, la ―instancia superior‖ de organización y conciencia política, que irían absorbiendo muchos de los grupitos pequeños. Los más notables: FAR- Fuerzas Armadas Revolucionarias-,

11

Ibídem.

marxistas de inspiración cubana, Montoneros , que eran más heterogéneos en su origen, los resultantes del grupo Tacuara –ex Nacionalistas-, peronistas y cristianos de izquierda.. La generación del 55, defraudada por la experiencia de Frondizi, formados en la Libertadora y la proscripción de ésta, despuntó con Onganía y terminó como sospechosa con Lanusse, al que se tildó de blando por intentar una salida con el consenso civil. Con la Iglesia Latinoamericana, hubo grupos militantes de base cristiana influenciados por el pensamiento de izquierda nacido en Cuba en los ‗60, y que hallaba par tanto al cristianismo como a la revolución. Entre los jóvenes atraía más la doctrina sumada a la acción que sería el ala izquierda peronista. Se entremezclaban en fábricas, barrios, escuelas, unidades básicas, y ya se perfilaban a principio de los ‗70 como el mayor grupo militante mediante tareas solidarias, muchos encuentros culturales y otros eventos que permitían los debates, experiencias que daban el pie para el reagruparse en mayores organizaciones. Los Cordobazos, Rosariazos y otras puebladas con sus manifestantes repudiando la dictadura y exigiendo elecciones libres fueron previos a 1973. El hilo más importante fue la campaña electoral que hizo triunfar al FREJULI (Cámpora.- Solano Lima) y Perón- Perón. En la marea pre electoral y por acción del trabajo militante juvenil surgían auténticos liderazgos en la juventud peronista, la JotaPé, que llegó a tomar el Consejo del Partido Justicialista en Olavaria, convirtiendo el local en una segunda Jabonería de Vieytes para el debate político de la ciudad. Hasta finales del 74 fue un hervidero político. La JotaPé pisaba fuerte en los barrios periféricos y villas serranas, hogar de sus integrantes, donde ellos habían desplegado una notable tarea solidaria. En las Universidades se luchaba por conservar la carrera de Ciencias Económicas. Del estudiantado surgieron dirigentes claramente orientados en política: nació la Juventud Universitaria Peronista, y el protagonismo de algunos elementos, como Jorge Miguel Toledo, un estudiante avanzado en Ciencias Económicas. Hay que precisar que de los 30000 desaparecidos sólo una ínfima parte formaba las BDT (bandas de delincuentes terroristas), y muchísimos jamás fueron guerrilleros, por sus mismas concepciones humanísticas no violentas, o bien, porque se habían

desvinculado por sus creencias personales con la organización de la cual formaban parte, o bien porque se habían reagrupado. La JotaPé adhería a Montoneros, otros

fundaron la JotaPé Lealtad y otros como Firmenich y Vaca Narvaja, criticaban la conducción Nacional. Ya no es posible dudar que el objetivo de la dictadura cívico- militar de Videla y Martínez de Hoz fue la modificación violenta de las relaciones de fuerza entre los sectores y clases sociales de la Argentina, una parte de las cadenas de dictaduras que impulsaban Nixon y Kissinger, realidad probada en la propia documentación de los EEUU. El Proceso de Reorganización Nacional tenía como objeto aniquilar, política, psíquica y físicamente cualquier oposición organizada y, de paso, desarticular toda organización colectiva que defendiese intereses populares por medio del terror, exterminando a la dirigencia. Comenzó el etiquetamiento sistemático preparando el terreno del golpe de 1976, la criminalización de la protesta social, el revanchismo patronal, la represión y la desaparición de los gremialistas más comprometidos con las bases. Militares como Verdura iniciaban vínculos sociales y acciones psicológicas hacia los principales líderes comunitarios, adoctrinando y repartiendo favores, a la manera de un señor feudal. La Iglesia se alió con el poder temporal aunque algunos Monseñores se mostraron comprometidos y se arriesgaron para ayudar a los feligreses caídos en desgracia. La cúpula episcopal aparecía indiferente. Las desapariciones comenzaban como un rumor lejano, con discursos y comunicados oficiales12. §10.- El “negrito” Toledo, un chico brillante. Sus notas en el colegio secundario eran altas, y, por consejo, decidió ingresar a Ciencias Económicas. Durante el período de 1972/73 fue un activista político universitario que logró para su Ciudad la apertura del 5° año de la carrera de Contador Público, que no existía y obligaba a los estudiantes de bajos recursos a abandonar la carrera. Cada convocatoria que organizaba atraía mucha gente y ello hizo que lo vieran como a líder político. Una vez recibido abrió su estudio en Olavarria, y abandonó la militancia activista, absorto por completo en sus tareas profesionales, por lo que, a la fecha del golpe militar, trabajaba en su profesión y no era activista.

12

Informe de la Memoria. Honorable Concejo Deliberante de Olavaria, 24-3-2001 www.asociacionnuncamas.org/biblioteca/informes/informedelamemoria.pdf.pgs

El Intendente local intentó convencerlo de que se fuera al Sur, pero Jorge no lo escuchó, convencido de que lo mismo lo encontrarían para matarlo y orgulloso de sus ideales. Lo secuestraron en su estudio en febrero de 1978 y lo introdujeron en Monte Peloni, una estancia antigua sin baños, pero que tenía un galpón que funcionaba como sala de torturas en el subsuelo. Allí la mayor parte de los presos eran liberados tras los interrogatorios y palizas de rigor, abandonados luego en la zona rural de manera que esparcieran el terror y posibilitar el control social sobre la gente. (Otros, con menos suerte, pasaban por el ―chupadero‖ de La Cacha en La Plata o por el Pozo de Banfield antes de ser arrojados al agua) Jorge Toledo pasó luego a La Huerta en Tandil, un predio rural. Lo juzgo y condenó un Consejo de Guerra especial a 6 años y medio de cárcel, por lo que siguió peregrinando por otros encierros, Sierra Chica, Azul, y, al final, Caseros…. En la inhumana Caseros panóptica, Jorge conoció a un profesional que fue liberado y partió a los EEUU. Por lo tanto hizo gestiones para lograr eso. En una reunión de evaluación compuesta por varios militares y profesionales psiquiatras entre otros, como la anteriormente aquí descripta, y ante su padre que iba periódicamente a verlo, un militar expresó que estaban dispuestos a conceder lo que pedía si firmaba que había realizado actividades subversivas de las cuales se arrepentía, a lo que se negó Toledo, puesto que nunca tuvo armas ni realizó jamás actividades subversivas. Y comentó: ―Si para seguir con mis padres y volver enfermo tengo que firmar, prefiero que me saquen cadáver de aquí. Qué digo en Olavarria a mis amigos y a la gente que conozco. Cómo les aconsejo a los chicos que no pongan bombas. Yo no firmo‖ El Presidente del Tribunal le dijo, ―Sabe Ud. A lo que se expone‖. Toledo contestó: ―Seguiré en política mientras pueda hacerlo. El país necesita bienestar y gente no corrompida en el gobierno‖ Dice su padre que a los 15 días Jorge se sentía enfermo, mal, sin ánimo. Sus manos estaban frías…No sabía si estaba vivo o muerto. Lo medicaban en las comidas para minarle la razón aniquilándolo a través de una neurosis carcelaria. El padre fue a ver al médico de la cárcel y lo increpa por el tratamiento. El médico estalló en llanto y le dice que está obligado a realizar esa tarea13.

13

Ibídem.

Se sobreentiende que ayudaron a que Jorge Toledo decidiera su propia muerte mediante la administración de antidepresivos y la quita de ellos súbita, para que el joven

experimentase semejante descompensación que lo llevara a una situación límite. No obstante ello, al estar todos aislados entre sí, no hay constancia final de que no fuera ayudado activamente por el personal de la cárcel en esa tarea de matarse.

§11.- Cómo era vivir en Caseros para los presos políticos. Cuenta un ex preso político que había una separación dentro de la cárcel de Caseros entre los presos comunes y los políticos. Los presos políticos estaban en los pisos 13 al 16, el piso 18 era para celdas de castigo. Los presos comunes estaban en los pisos 5 al 12. Dando como ejemplo al pabellón 14, que era como un pasillo con ventanas como rendijas, se desplegaba del lado de enfrente una batería de celdas chicas, todas con puertas de reja que corrían sobre rieles. Lo que permitía una observación continua de 24 horas y nula intimidad. Detrás de las paredes había un pasillo interno por el que circulaba un guardiacárcel. Miraban todo el tiempo. No había sol, a pesar de que la iluminación era permanente. Tenían tonos verdosos de piel. La comida era escasa y mala. Todos los días se levantaban con el mismo disco de Julio Iglesias, Abba o los Suquía por los altoparlantes. De noche se colocaban con zumbido al mínimo como para enloquecer. Tenían prohibido comunicarse entre sí aún a pocos metros de distancia no tenían que hablarse. Para la requisa debían estar desnudos. Tampoco podían tomar mate, reírse, cantar… Se ingeniaron en fabricar espejitos para observar al guardia o entretenerlo en una punta para que el resto de los presos ―funcionara‖. Se mensajeaban por medio del inodoro. Así se enteraron que Eduardo Schiavone, un preso del ERP, se había suicidado en 1980 aparentemente por la falta de sol: había estado preso 7 años. En Caseros, continúa relatando el ex preso político, había interrogatorios. Los hacían sentar en una oficina de a 12 personas, y preguntaban de todo, ideas políticas, religiosas, sociales; buscaban persuadirlos de que firmasen actas de arrepentimiento y que convencieran a sus familiares de no denunciar a las cárceles. Las psicólogas eran menos duras que las Asistentes Sociales. El médico psiquiatra comenzó a dar medicamentos a los presos, entre ellos a Jorge ―el Negrito ―Toledo, un militante de los Montoneros con depresión seria. Un día le daban

pastillas, al otro no. Entre los de su Pabellón se organizaron para contenerlo. En cada recreo uno de ellos lo acompañaba. Durante el día se quedaba aislado en su celda. Un día de 1982 no salió al recreo. Estaba sentado en su celda, con la cabeza gacha, lleno de angustia. Con 29 años, se ahorcó en su celda. Pensaron los internos que fue un crimen planeado, porque no le daban la medicación. La noche de la muerte, a las 3 de la madrugada, los carceleros les pasaron la Marcha Fúnebre por los altoparlantes14. Sus padres se enteraron a fines de julio de 1982 por un telegrama oficial de la muerte de su hijo Jorge que se había ahorcado en su propia celda. El cadáver en féretro cerrado les fue entregado a su padre en la Morgue de la cárcel de Caseros y trasladado a Olavarria15.

§12.- Qué significaba resistir la cárcel para el preso político. Cárceles, asesinatos y desapariciones— lejos de ser compartimentos estancos, se entrelazaban: la íntima articulación de cárceles y centros clandestinos de detención permitía la circulación de detenidos en uno y otro sentido. Muchos presos eran ―legalizados‖ en las cárceles, es decir, eran ―blanqueados‖ luego de un período de cautiverio en un centro clandestino de detención. En los centros clandestinos de detención la tortura era un mecanismo para producir la verdad, para arrancar la confesión y de esta manera encontrar un culpable. Era una ceremonia iniciática que buscaba obtener información útil para alimentar al poder desaparecedor de nuevos secuestrados y combinaba dos modalidades diferentes: era tanto un acto de inteligencia militar para producir información valiosa y útil una tecnología fría, aséptica y eficaz), como un ritual purificador, de castigo y venganza (un tormento inquisitorial, más brutal y menos eficiente que la anterior modalidad). La tortura buscaba arrasar con toda la resistencia del sujeto para modelarlo y adecuarlo a la lógica del poder desaparecedor y obtener todo conocimiento útil que los secuestrados pudieran esconder: pretendía hacerlos transparentes. Sin embargo, nunca logró la sumisión total16.
14

Detenidos –aparecidos. Presos y presas políticos desde Trelew a la Dictadura. Santiago Garaño, Werner Perthot. Editorial Biblos, Latitud Sur. Año 2007, 1ª. Edición, págs. 114,115, 116,120,121. 15 Informe de la Memoria. Honorable Concejo Deliberante de Olavaria, 24-3-2001 www.asociacionnuncamas.org/biblioteca/informes/informedelamemoria.pdf.pgs 16 ―Romper la vidriera, para que no se vea la trastienda‖. Sentidos, valores morales y prácticas de resistencia entre las presas políticas de la cárcel de Villa Devoto durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). Por Santiago Garaño. Págs. 105, 106.

La cárcel es un capítulo siempre posible en la vida de un revolucionario, ante tal perspectiva quedan dos opciones. La primera es la aceptación resignada que es una suerte de invernadero y abandonar la resistencia mientras dure, o mantenerla en un estado de latencia. Lo primero es funcional a los carceleros, lo segundo es el camino de los revolucionarios. Respecto a la experiencia carcelaria, hay gran cantidad de memorias privadas de ex presos y presas políticos, que permaneció largo tiempo en la sombra de la postdictadura. La frontera que separa lo decible de lo indecible, lo confesable y lo que no lo es , separa una memoria colectiva subterránea de la sociedad civil dominada o de grupos específicos de la memoria colectiva organizada que resume la imagen que tiene una sociedad mayoritaria o que el Estado desea que se imponga. Ser sobreviviente de una experiencia de represión política entraña gran parte de las dificultades para reconvertir la experiencia privada en algo público. La figura de horror es el desaparecido, el sobreviviente es una criatura regresante, un cuerpo que cuenta lo ocurrido en el campo clandestino de detención. Guarda la memoria del terror y lo que parece inaudible es el balance personal y político que estas voces elaboran del pasado. El tópico de la resistencia a las políticas carcelarias que buscaban la destrucción es un eje que estructura el relato carcelario y permite resignificar la experiencia de la prisión. Los presos políticos desarrollaron una resistencia a lo que consideraban un plan sistemático de aniquilamiento especialmente creado por los militares y el personal carcelario para destruirlos. Para alimentar la resistencia, algunos recomendaban la organización, como complemento de la ideología, la autodisciplina, la solidaridad y el uso de la experiencia indirecta. Estas prácticas eran la experiencia acumulada sobre prisión política en los gobiernos anteriores y fueron transmitidas oralmente durante la convivencia en los pabellones de presos políticos. Como expresó Foucault la prisión deber ser un aparato disciplinario exhaustivo, el cuerpo del detenido se convierte en blanco y objeto del poder, que intentará someterlo, perfeccionarlo a través de la manipulación calculada de gestos y comportamientos, debe ingresar en las multiplicidades ordenadas. En Argentina, antes que eso, se procuró el exterminio, el encierro que supone el olvido, la violencia descubierta. El ideal terapéutico que menciona Foucault y que preconizaba nuestra Constitución colisionó con las prácticas reales. Llegar a pensar la cárcel como escuela de la

militancia condice con el fracaso de ese ideal terapéutico de la prisión, convertida en escuela de la delincuencia. El cuerpo del preso político torturado era un territorio donde se libraba una batalla entre la disciplina carcelaria y la militante17.

§13.- Conclusión. Por todo lo que se expone, de manera acotada, en el presente trabajo, queda per se contestado cualquier interrogante sobre la funcionalidad de la cárcel y su aparato como herramienta eficaz para que el poder político de turno se imponga aún sobre el mismo pensamiento de los gobernados. Los oscuros y tortuosos caminos de la mente de quienes sometieron a sus propios compatriotas, a quienes debían, en verdad, proteger, a crueldades dignas de la Inquisición, inventando cargos o exagerándolos para servir mejor a propósitos de alineamiento hacia los EEUU durante la Guerra Fría está ya debidamente documentada, y no cabe duda de que ,quizás , tuvo algún punto de apoyo en la reacción armada de una minoría entre los militantes políticos que les dio

suficiente argumentación para la generalización de sus procedimientos. A ello debe sumársele el apoyo teórico práctico de los civiles, en los diversos estamentos sociales. La Escuela de las Américas contribuyó a las teorías militares sobre la represión de todo conato ―subversivo‖ , entendiendo subversión como derrocamiento de la estructura de autoridad, en este caso, el Estado, sin parar mientes sobre la autoridad moral de los gobiernos de facto argentinos, que sólo ostentaban the colour of law or authority, para emplear con la propiedad que da la legitimación aquél término; lamentablemente , ese cuerpo militar , tan bien entrenado en el avance contra los propios argentinos , no tuvo el honor de mostrar su valía en Malvinas, usando la guerra como el drama final del

derramamiento de sangre sin la planificación adecuada o estrategia, excitando el fervor popular ya bastante alicaído por la represión prolongada, con una cuestión

internacional perdida de antemano por los designios extranjeros a los que ellos mismos habían servido. La figura de Jorge Miguel Toledo permanece al lado de aquellos que, como él,

creyeron en el mejoramiento de la existencia de sus compatriotas, practicando activamente el pensamiento de que un mundo mejor es posible, no solo con dichos refinados sino con hechos concretos. No eran sus atormentadores quienes podían

17

Sentidos y práctica de la resistencia. Memorias de ex presas y presos políticos durante la última dictadura militar argentina ( 1976-1983). Por Santiago Garaño. HAFO I 41,2009. Págs. 5,6, 7,8, 17.18.19

cobijarse a la sombra del ideal sanmartiniano sino Toledo mismo, con muchos de sus contemporáneos desaparecidos o muertos, soldados valientes que nunca empuñaron un arma más que sus convicciones fecundantes. A la sombra de la terrible cárcel de Caseros, y de otras cárceles tenebrosas que no reeducan, sino que marchitan el alma, se quedó mucha de la flor de la juventud de entonces. ¿Podremos algún día retomar el respeto hacia nuestras Instituciones y realizarnos como país si no como Nación por nuestra diversidad de orígenes, el racismo y el desprecio siempre subyacente por lo diferente? En una especie de neurosis nacional hemos salido a vivar un mundial de fútbol en 1978, mientras nuestros compatriotas sufrían el horror de la muerte sólo por pensar en diferendo con el oficialismo. Si debe existir la represión de la cárcel, que sea la última ratio en nuestra escala de valores, luego de ofrecido a todos, sin excepción, lo bueno de la vida en sociedad por comparación, y efectuada la libre elección del sujeto. Ya en la Constitución de los Montañeses, en la época de la Revolución Francesa, se comentó que igualdad, libertad, fraternidad eran imposibles si, en especial, no se limaban las desigualdades. Contra eso luchó Jorge Toledo, por ello murió, y resistió hasta perder su bien único

Hablar brevemente con la abeja que pasa zumbando decirle a la hormiga que se apure con su pan para la compañera hormiga contemplar la araña admirar la belleza de sus patas portentosas y rogarle que suba más despacio por la tela son todas formas de la resistencia18

AGRADECIMIENTOS Al Licenciado Profesor SANTIAGO GARAÑO, por haberme facilitado material de su autoría para este trabajo

18

www. muldia.com La canción de los presos. Eduardo Galeano. Entrevistas y artistas, 1962-1987.

A la ASAMBLEA PERMANENTE POR LOS DERECHOS HUMANOS que me facilitó prontamente el material que preserva cuidadosamente y que a esta presentación se adjunta.

ANEXO

BIBLIOGRAFIA