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los okupas

Víctor Soto Martínez

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En la mitad del camino de mi vida me encontré en una selva oscura… Y algo peor aún: aquella selva era verde. Witold Gombrowicz, Ferdydurke

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Un joven okupa va en su bicicleta, pedaleando tranquilamente. Es de madrugada, pero hay carrete, y no es raro que un joven esté en la calle a esa hora. El joven llega a una esquina, se detiene. Entonces, por causas que se desconocen, una bomba, que el joven lleva en su mochila, estalla. Del joven sólo quedará un cadáver desmembrado. Lejos del cuerpo, su cabeza (su rostro) yacerá irreconocible. Días después, la polémica está instalada. Para la opinión pública el joven no sólo es culpable de su trágico destino, sino que lo tiene bien merecido. Y es que se trata de un sujeto peligroso, sospechoso de lanzar bombas molotov a La Moneda en protestas estudiantiles. Entonces, la prensa se empecina en buscar las causas de los efectos, desentrañando una línea de acción, un patrón lógico que una los puntos, que no deje nada sin explicar. Encuentran al movimiento okupa, al anarquismo. Los fiscales se apuran en allanar casas y edificios. Otros jóvenes son fichados. Los sociólogos aparecen en los medios de comunicación, hablando sobre la marginalidad suburbana, sobre la alienación juvenil. Pero todos estos hechos son misteriosos. ¿Quién era ese joven? ¿Cómo era? ¿Por qué llevaba una bomba en la mochila? ¿Quería agredir a un tercero? Y si es así, ¿cómo fue posible que este “experto en artefactos explosivos” sufriera una detonación accidental de su propio aparato? Los motivos siempre son difíciles de esclarecer. Los motivos son aquello con lo que más se especula, pero a la larga siempre se llega a meras hipótesis (imposibles de comprobar). Yo creo firmemente que ni siquiera podemos conocer los motivos profundos de las cosas que hacemos nosotros mismos. Eso me pasa con lo que voy a relatar ahora. No puedo decir que mi historia (ensayo autobiográfico, novela o lo que sea) corresponda con los hechos puros.

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algo de absurdo. llega a ser un poco baladí. 4 . y yo con mi pequeñez moral. como verán. y que ahora sólo podemos intentar reconstruir. con su patético radicalismo. Dicho parecido no está oculto en la experiencia de la okupación -que. en todo caso. un pretexto. con toda su fe en la utopía. no siempre directos.sino en esos motivos espurios que desconocemos. Y podría decir que no se pareció en nada a la experiencia del okupa desmembrado (ahora mismo podría inventar una alegoría. algo de arbitrario. él. Quiero creer. podría interpretar un símbolo a partir de ese desmembramiento: más adelante sí que se verán símbolos. Pero mi experiencia tuvo algo de irreal. pero por ahora más vale no perder tiempo en estas cosas).Yo también fui okupa. con mis dudas permanentes. que ese joven okupa y yo tenemos algún parecido.

pero nadie me responde. ya que todo mi saber se reduce a unos cuantos eventos que nunca han sido esclarecidos. sin embargo. Ya lo estoy viendo: las hojas que caen y el viento suave que inunda el pueblo en una disposición casi cinematográfica. cuando el otoño recién empezaba a cubrir las avenidas del pueblo con su tono rojizo. Sin embargo. Yo. la bruma se acerca. a mis propias lágrimas vertidas en un par de segundos por motivos contradictorios. Un color revestido de amarillo inunda el aire del lugar. controvertido. Quizás poner todo sobre el papel me ayude a juntar las piezas o sacar algo en limpio: Regresé a mi pueblo un día de marzo (el año no nos importa). Mateo lucha contra esta interpretación. Pasan los minutos. a mi limitada percepción de los hechos. cae el ocaso. Escribo –desde ya. Aún nos embargaba levemente el calor del verano. A lo lejos. pero yo sólo puedo entregarme a su insólita verdad. también. desde la plena conciencia. Según Mateo todo se inició una noche de abril. 5 . este mínimo dato ha sido. no puedo quitar de mi memoria el (tal vez. Digo en voz alta: me encanta la hora de penumbra. y sólo se ven las siluetas de los techos recortados contra el cielo gris. falso) recuerdo de una plácida tarde de marzo.Advierto desde ya que no escribo desde el atroz conocimiento.por y a través de la ignorancia. Alguien me habla pero no lo escucho. casi a contrapelo.

Podía decir -con evidente disgusto. Digo esto a propósito de cierta conexión (ridícula. Pero ahí está la gran (e 6 . Diarios). de estar mintiendo. Porque. en cierta forma. La palabra cubriría aquí ética y estética: la palabra realmente debe ser capaz de describir el mundo. el escritor debía verse totalmente reflejado en cada palabra que conformara su escritura o de lo contrario se convertía en un mentiroso. por mucho tiempo no me atreví a nombrar casi nada. Pero dudaba. y luego la queja de haber usado las palabras incorrectas. tal como éste se piensa. Como dice la sabiduría popular: somos esclavos de nuestras palabras. en un falseador no de los hechos sino de las emociones: Sí. si bastara enunciar una palabra para que uno pudiera alejarse con la tranquila convicción de haberla llenado enteramente de sí mismo (28 de diciembre de 1910. Pero el lenguaje también provee un espacio público y es. evitaba toda forma de designación (por sutil que fuera). Debido a estas y otras espurias razones. El mar. si solo se tratara de palabras. notará una imagen que se repite cada cierto tiempo: el escritor debatiéndose frente a la página escrita. una imposición. Si uno lee los diarios de Kafka. dirán algunos) entre la sinceridad y el lenguaje. La mesa. Nombrar sería una forma de apropiación. acaso la forma más básica de propiedad privada.Ella. Nosotros. que no voy a desarrollar aquí. para Kafka.Estamos acostumbrados a los nombres: todo debe tener un nombre y ese nombre debe ser apropiado para la cosa que designamos. por lo mismo. mis palabras no eran sinceras. poseyéndola. una cosa dada. Alguien dijo que al nombrar una cosa estamos.

califica como un amigo. Un nombre que pasa casi desapercibido entre los nombres de los balnearios chilenos. Una heterotopía. Sólo se salvaba Mateo (que no tiene nada de apóstol. para avanzar tenemos que nombrar: nombrar es nuestro gran imperativo. primero pequeños fragmentos que no lograban completar la madeja de hechos que habían tapizado mi vida. Hasta hace una semana yo no me atrevía a darle un escenario concreto a mi locura: prefería decir simplemente el pueblo. haciendo de este mundo un lugar menos insufrible. y más tarde fluidamente. más habitable). la palabra es una imposición. Las palabras no fluyen como fluye el agua del río (de hecho. Ese nombre que se me escapaba y que igualmente me atormentaba era el nombre harto vulgar de Algarrobo. un animal visto desde lejos. sino uno de esos amigos de café de centro. Las palabras no son una expresión natural del ser humano. Poco a poco me fui soltando y empecé a recordar. no un amigo demasiado cercano. un balneario de clase media. la casa. y por lo mismo. el lenguaje está preconfigurado. 7 . la idea de que las palabras y las cosas tienen que ir absolutamente unidas? Si nos tomáramos en serio estos vericuetos analíticos. la historia de nuestra locura. y por eso. Un nombre desprovisto de todo ulterior significado poético. Entonces. esta imagen es producto de una construcción social de varios miles de años). casi inexistente. a saber. Pero es necesario superar esta sensación de paradoja. con los cuales aprendemos el arte de no entrar en detalles y evitar los puntos sobre las íes. deberíamos detener inmediatamente este relato. nuestra locura común. ¿de qué verdad hablaba Kafka? ¿Hablaba en serio o era todo una impostación? Y suponiendo que hablara en serio. y por lo tanto. un animal pintado con un pincel tan fino como el pelo de la cola de un camello. ellos. Más que inexistente: un lugar donde los adjetivos no pegaban con los sustantivos. ¿quiere decir esto que lo kafkiano no es otra cosa que un esbozo de una idea esquizofrénica.insalvable) dificultad: como decíamos antes.

Leí a Kant (que para mis profesores era un dios) con cierto tedio y a también leí a Hegel (que para mis compañeros era un dios) con cierta repulsión. Entré a estudiar filosofía con La República bajo el brazo. Leí a Foucault y decidí pensar que la vida era una locura. He regresado a los estudios de forma intermitente. pero aún no me he decidido a volver a las pistas de manera definitiva. pero esto no es relevante o al menos no debería serlo. Yo me llamo Víctor Soto. pero pronto tendí a hacerme marxiano (y luego post-moderno). la mención de San Alfonso del Mar. en este animalejo que rompió el jarrón. He llegado a la trabajosa conclusión de que un nombre es sólo un nombre. A esas alturas ya no era católico. Primero leí a Nietzsche en el colegio y decidí ser filósofo. un nombre que suena a liturgia y menarquia por partes iguales. pero yo estaba cuerdo y ese conocimiento se me hacía insoportable. La única conclusión posible es que estoy cansado. Recién entonces conocí a los okupas. casi tanto como las de Rousseau. Llegué a tercer año de filosofía y luego congelé. tal vez mi tiempo haya pasado. Un tiempo me hice marxista. pero me apasionaron las Confesiones de San Agustín. Leí con pasión a la Escuela de Frankfurt y dejé de creer en la vida. Un día volví a leer a Nietzsche y decidí que ya no quería ser filósofo. Hecha esta aclaración inicial. no podemos vernos reflejados en él más que en cualquier otro. podríamos desenvolver la madeja. Mi cansancio es absolutamente e irremediablemente vital. Los franceses del siglo de las luces no llegaron a entusiasmarme. Por ese tiempo nos enseñaron una interpretación católica de Heiddegger y de Hannah Arendt. 8 .Por supuesto que no cabe aquí. Recién entonces me interesé en los griegos. ir tirando color sobre el lienzo expectante (¿o temeroso?) y acabar de una vez por todas la incertidumbre. Luego me salté impunemente a Santo Tomás de Aquino.

Tenía algo de definitivo y. y jugar con la idea de colonia tolstoyana. daba lo mismo venderla que regalarla. una entre muchas. sus atroces quejidos. Pero aún así ese letrero me ponía los pelos de punta. los muertos que yacían bajo sus cimientos? Para mí. yo mismo. desechar así como así sus derruidas paredes. noté que no me motivaba la idea de desechar la propiedad en un sentido altruista y absoluto. Y después de hacerme anarquista. Pues bien. transformarme en un fantasma. esta reticencia a regalar la casa.La okupación era una posible vía de escape. por eso mismo. Y esa prematura nostalgia me hizo concebir una posibilidad desquiciada: ¿y si uno de nosotros no se marchaba? ¿Y si ese simple pedazo de papel que los ingenuos llaman contrato no eliminara el antiguo orden de cosas? Quizás hubiera podido. bakunista o bakuniano. La primera vez que lo pensé fue el día en que mi madre colocó un letrero en nuestra antigua casa (vivíamos en Viña del Mar). No ocurrió de la noche a la mañana. era una invitación a la tragedia. pero así fue. la transferencia de las propiedades o como quieran llamarlo. pero la única que implicaba cierta poética no de la decadencia sino de la acción. El letrero decía en letras blancas sobre un fondo rojo: SE VENDE No es que tenga problemas con la circulación de los bienes. una poética de la paradoja y de la desmesura. me llevó desde un sentido de pertenencia infladísimo al otro extremo: perdí toda noción de propiedad. ¿Vender la casa de la infancia. ser el espíritu que producía ese desalojo (un desalojo es también una okupación). Era 9 . comprenderán.

También las conocí a ellas. y sostendríamos en el Metro conversaciones sobre la mejora de nuestro status social. mejor aún.todo lo contrario: era la nostalgia o el anhelo de un tipo de propiedad que habíamos perdido. nos estaba amordazando y atando sutilmente. pero la universidad era el arquetipo o. ya no quedaba tiempo que perder. y a Perec. y seríamos sobreprotectores y obligaríamos a nuestros hijos a no consumir drogas ni emborracharse. todo este conocimiento fue tan casual que no vale la pena urdir la trama sutil de los encuentros y desencuentros. de los ataques y las retiradas. y empezaríamos a guardar fotos de nuestros hijos en la billetera. y conoceríamos el orgullo desmedido de formar una familia y al diablo todos los demás. cualquier día podríamos transformarnos en oficinistas cansados o en abogados. la vieja arcadia que nos reunía y nos distanciaba a la vez. Pero todo esto lo dijo. Un día nos emborrachamos en una plaza pública. Sin embargo. Tampoco éramos todos de la misma universidad. ni siquiera narraremos aquí la eterna conversación que nos fue atando en ideas cada vez más ilusorias. Creo que yo fui el más afectado. claro. Y. No podría decir quién fue el ideólogo. y frecuentaríamos los happy hours de Providencia o del Golf. Analizamos. por el amor de Dios. el posible modus operandi: cubrimos desde la embestida violenta hasta la penetración sutil. que no existía o que existía sólo en nuestro recuerdo. 10 . pero un día surgió la idea de realizar una okupación con todas las de la ley (esto es un decir ya que se trata de una acción ilegal). Despertamos mojados por el rocío y con un dolor de cabeza agudo. que nombro aquí sólo de manera reticente: Sabrina y Ana Karina. decía Perec. La vida. a fondo. en realidad. con una sola frase genial (“la vida nos está amordazando”) y no tuvimos tiempo de decir nada más porque era demasiado tarde para detenerse en explicaciones y alguien paró una micro y llegamos al terminal de buses y tomamos un bus con un destino casi incierto. al Jota. Tuve la suerte o desdicha de conocerlos en la universidad (aunque no todos estudiábamos lo mismo –sólo Mateo era mi compañero en la Facultad de Filosofía). Así llegué a conocer a Mateo.

Regresé a mi pueblo un día de marzo. Recordaba los veranos que pasé en ese balneario (a los siete. la casa de Viña y con ello toda una identidad caía por el pozo de la indiferencia. Decir mi pueblo es. Algún tiempo después supe que la casa efectivamente le pertenecía a una familia antiquísima de la zona. pero aún no he logrado convencerme de ninguna hipótesis. El Jota me respondió con algún ardid legal. un invento. Okupamos una casa abandonada. en realidad. en cierta forma. a los quince y a los dieciocho años) y reemplazaba con ellos los recuerdos –más relevantes. He intentado responder esto. En realidad. que según el Jota era propiedad municipal. la casa de Viña. a la infancia? ¿Vivirla de nuevo? Dejando de lado estas legítimas interrogantes. lo importante es la substitución que se había producido en mi mente. ¿Regresar. El problema -que aún permanece. mencionó algo relativo a la reforma agraria y un decreto ley de los años ochenta. Esto era. Algarrobo funciona como la proyección de un deseo (el símbolo visible de un deseo oculto).es el por qué de su huida. las calles de la ciudad real. haciendo conexiones genealógicas. inexacto. por qué el abandono. acaso. y con el tiempo esta convicción me llevó a borrar la verdadera casa. no lo tengo claro. Lo cierto es que me atribuí una frágil pertenencia a esas playas y a esas casas antiguas. 11 . ya que la casa era evidentemente propiedad de una familia acomodada. a los ocho. Quizás sea motivo de algún estudio futuro. que.del colegio. de un día para otro. Nadie sabe por qué recuerda lo que recuerda. entrevistando a familiares. dejó de habitar allí. No hay que ser Proust para darse cuenta de esto.

el moho se apoderaba de la madera en estado de putrefacción. el origen de la propiedad no era relevante para nosotros. los contornos desafiaban las reglas de la perspectiva. pero esto no nos importó. Todo era feo y quebradizo. Los primeros días fueron de una precariedad absoluta. las camas estaban desechas como si los habitantes de la casa hubieran tenido que salir huyendo. tú y yo hemos perdido…”.En todo caso. Perec dijo algo sobre la fealdad y en ese momento exacto se bajó los pantalones. dentro de un refrigerador malo había un game-boy que todavía funcionaba. Nada era lógico. pero el terreno lo compensaba. No era muy grande. Nunca entendí el gesto. Creo que mencionó el nombre de Duchamp y se puso a correr por los pasillos laberínticos de la casa. las puertas no cerraban y las ventanas no abrían. parecía haber sido siempre un poco de tierra durísima y plantas secas. No ha vuelto a decir nada más. pero todavía recuerdo cómo nos miraba a todos: con las manos en alto y una sonrisa de triunfo. Ni siquiera se podía vislumbrar si había sido hermoso alguna vez. Y esto precisamente fue lo que me llenó de nostalgia. una licencia excesiva: si el mundo puede ser acotado en una frase entonces no vale la pena). La fachada de la casa era de color naranja y tenía un pequeño jardín totalmente seco. 12 . Quizás sea necesario proporcionar ciertos detalles. había unos lienzos en las paredes que contenían frases cursis como “Al perderte yo a ti. adentro las cosas estaban desparramadas: junto a una pecera que nunca se utilizó se veía una bicicleta con las ruedas pinchadas. y un largo etcétera (la palabra etcétera es. una nostalgia casi ficticia. Esto es lo que más recuerdo: la tristeza que me provocó dicho jardín. Perec encontró un álbum de fotos que mostraba sólo objetos viejos y paisajes. también aquí. La casa era (en un principio) sólo eso: una casa. más bien. Había agua y no fue demasiado difícil colgarnos de la luz.

patéticamente. y. porque conoce su propio final insoslayable. Lo que realmente nos duele no es la belleza. cadáveres humanos que acaban confundiéndose con el paisaje. se ha perdido. apariciones. municiones en el piso. tapada por la erosión. mientras todo lo que es (lo que está siendo) cae en el tráfago de lo cotidiano. que la muerte está ahí pero cubierta de sal. no hay nada tan terrible como una casa abandonada. 13 . en vez de dar un paso al costado. los posters pegados a la pared. Reconstruimos. y los olores en general. sino esa pálida fealdad que -sabemos.En realidad. ¿Se han sentido tristes por una montaña o un valle?. con todo lo que ha sido atravesado por la conciencia humana. una conciencia triste. epifanías. Y creemos que el olor a polvo y encierro. Lo que nos conmueve es la repetición constante (y permanente a raíz de la acción de la memoria) que reconstruye los años inmóviles en nuestro subconsciente. todos estos restos inmóviles sobre la arena para evidenciar que la batalla efectivamente existió. Todos los lugares donde ha estado el hombre se llenan de ese asqueroso estupefaciente de la memorabilia. la absurda decoración pasada de moda. y ya no alcanza a ser. pero en un grado mínimo. como si la imperiosa huida hubiera impedido cualquier mirada hacia atrás. reinterpretamos. como si la basura nostálgica fuera lo único que somos capaces de producir y que nos separa de la naturaleza. una imagen de la incomplitud. se aferra con dientes y uñas a la cama. son manifestaciones casi metafísicas.nos pertenece: las ropas apolilladas. Todo precipitado. una vez que esta llega. Tiene que ver con el artificio. pero más aún porque no se resigna a la hora tantos años esperada. Restos de armas.. Quizás sí.. los sillones antiguos. luchando contra médicos y enfermeras. Es como toparse con el vestigio de una batalla. contra enfermedades terribles y sueros e inyecciones.

en un objeto. sabores originales. Como diría Proust. un torrente de palabras insignificantes en ese momento e imágenes contradictorias que se aglutinaban debajo de mis párpados. Y sé que la baba intentaba salir de la boca. 14 . incluso ahora no puedo clavarlos en esta página como se clavaría una fotografía en un diario mural. nunca antes sentidos. que nos ordenaba barrer o abrir la llave de paso. o el hábito. shocks eléctricos en mi cabeza. Porque los verdaderos pensamientos siempre son escurridizos. recuerdos. no estaban hilvanados en mi cabeza. Sé que había colores. debajo de mi lengua. de la opinión dominante. imágenes retorcidas. Todo fluía en mí como un río. solo podía ser él mismo. de esa permanencia. Consignas revolucionarias inventadas para los burros (y adornadas con la polera del Che Guevara). no lo hizo superar la propia subjetividad. sin embargo. Es decir. o la voz imponente del Jota. Al final. en mi paladar. Rimbaud intentó ser todos los hombres.pruebas. redescubiertos por un cerebro que prefiere indagar siempre en las capas inferiores de sí mismo a elaborar experiencias nuevas. si se quiere. pero se dio cuenta que esto no era posible. sin embargo. Y todo lo que podía articular eran frases sacadas del sentido común. y las acciones revolucionarias perdían lentamente su fuerza inicial. En esto pensaba ese día en que okupamos la casa. La objetivación de su experiencia. se trata de la costumbre. el problema también es estructural. Los pensamientos. del small talking. y por los comentarios irónicos de Mateo. inundando los porqués y los cómos. Pero también esta sensación pasó y fue superada por el temor de Ana Karina a las arañas. en mis tímpanos. toda su locura acabó convertida en un solo libro.

que el laberinto éramos nosotros. penetrantes. Siento que su personalidad o gran parte de su personalidad se fundió con la mía. porque ya no es posible distinguir los pensamientos propios de los pensamientos ajenos. Incluso hoy. finalmente. cuando una persona produce un impacto demasiado profundo en nosotros. El problema que me producía –y aún me produce. sino también. si quisiera describir a una mujer de la cual estuve enamorado hace años. Ana Karina -siempre dispuesta a encontrar explicaciones a las incongruencias de la realidad. Pero esta opinión cae en el vacío porque no les he hablado aún de Ana Karina. la casa demostraba una capacidad interminable de plegarse y desplegarse. parecía apenas una suerte de cabaña. Por dentro. podríamos decir. Sus pasillos y recovecos le daban cierta amplitud y un poderoso espejo en el fondo del pasillo principal daba esa impresión de realidad invertida que todos apreciamos los primeros días (luego se transformó en un motivo de miedo y. que claramente estamos lejos (nuestra lejanía no es sólo física. Los datos sobre su personalidad. a los ojos del lego. se 15 . entonces ocurre que ya no podemos mirarla con el nivel de distancia que quisiéramos (una distancia a todas luces necesaria). poéticamente. de ir y venir entre el tedio mortuorio y la cópula fugaz. en cambio.La casa era un laberinto. en cambio. etaria) me cuesta mirarla con la distancia debida. Generalmente. y que lo único diverso que me queda de ella es una capa más exterior. de locura).dijo.el mero hecho de hablar sobre ella radica en la dificultad que entraña describir a una persona. sólo podría decirles que tenía pelo castaño y unos ojos oscuros. cuando esa persona empieza a formar parte integrante de nuestros pensamientos al punto que uno deja de notar su influencia. Por fuera. Por ejemplo.

que portaba un lienzo envuelto en un papel. Los insultos no se dejaron esperar. Entonces. casi en cámara lenta. sacaron a la calle guanacos y zorrillos. aunque me parecía que aquellas calles no tenían nada de particular. como si estuviera enfrascada en pensamientos lejanos y mortecinos. Para colmo de males. es justo decirlo. Aunque. la rabia se había empezado a desvanecer.derriten y caen como relojes. pero ella se negó. Luego. Ahora bien. Luego dijo algo sobre la desolación de las calles por las que transitábamos y yo asentí. cuando choqué con ella. mientras la gente huía aterrorizada. Resulta que por mi culpa su obra se había dañado irreparablemente. giró hacia mí con los ojos llorosos. Sin embargo. los detalles se me escapan) por la Alameda. Ofrecí pagarle un nuevo lienzo o los materiales. muchas personas suelen caer en la caricatura sin darse cuenta: tienen una conciencia tan grande de sí mismos que ya no pueden romper ese molde que los racionalistas llamaron sujeto. si quisiera decir algo de Ana Karina diría que nació un día de invierno y que parece sacada de una película en blanco y negro. ese día había protestas en el centro y pronto se hizo imperioso encontrar un lugar donde cobijarse. y es el gesto que hizo cuando nos conocimos. Allí ella me miró por fin. gentil y diligentemente. podré retener algún gesto pero su totalidad se pierde. Sólo me queda ese conjunto inconexo de ademanes que tuvieron la virtud de ser demasiado vagos. Ambos corrimos juntos y nos metimos por unas callejuelas que parecían dejadas a su suerte. al menos en mi mente. un gesto sí podría caracterizarla. yo también lloraba. atrasado para tomar la micro. 16 . el gas lacrimógeno había hecho su efecto. Yo caminaba (o corría. Al mismo tiempo debo admitir cierta injusticia en toda descripción: no hay forma de describir a una persona sin caer en la caricatura. lumas y pistolas. Ambos habíamos perdido algo: ella había perdido su obra y yo había perdido buena parte de mi dignidad. Evitó mirarme. porque la honorabilísima polizía había estimado que la participación ciudadana había propasado los límites del orden público.

En un punto de la reunión. De pronto era como si fuéramos todos amigos y eso me llenó de una sensación de seguridad. el silencio como una forma de interacción acaso más civilizada. Una conjunción de trazos hermosos. Cuando lo vi. con el silencio. Sabrina estudiaba música. y no se lo diré nunca. obsesionados con el escritor francés. Perec realmente se llamaba así: sus padres. más bien.Ese día terminé acompañándola a su casa. me pareció que constituía una perfecta invocación a la muerte. 17 . le pusieron Juan Perec Pérez. Vivía en un viejo departamento en la calle Namur que arrendaba con dos amigos: Perec y Sabrina (sobre quien hablaré más adelante). Era cosa de ver el cuadro: los rojos y los amarillos mezclados. como casi todo lo que me parece verdadero. Según él. No se lo dije. me escabullí para ver el lienzo dañado de Ana Karina. un toque de granate y el negro. En un punto pusieron a The Doors y Perec se ofreció a copiarme el disco. palabras que no discutiré aquí pero que aquel día me dejaron bastante pensativo (fueron las únicas que pronunció o que yo alcancé a escuchar) y que luego terminé olvidando y desechando. y. pero en ese momento supe dos cosas: primero. pero parecía obsesionada. Todos estudiaban carreras artísticas. el nombre le había servido como una especie de seguro en una carrera tan despiadada como arte. que yo estaba prematuramente enamorado de ella. que nunca estaríamos juntos. la tela un poco rasgada. acto seguido. Justo ese día había una especie de fiesta y nos quedamos hasta tarde tomando vino. según sus propias palabras. pero con una pequeña salvedad: la tela estaba rasgada.

Las cosas empezaron a cambiar el día que el Jota estaba sentado afuera. -¿Qué vamos a quemar? –le pregunté. En un punto. o a los nudos de la madera que nos observaban a cada momento. por lo que no pude ver su expresión. Pero para eso hay que quemar la casa primero. leyendo un libro del poeta argentino César Castaglia. Entonces me enojé y grité que si no ayudaba se iba a tener que ir. porque es el símbolo de la propiedad. Sonreía. titulado Vómitos y coprofagia. yo limpiaba y Ana Karina se encargaba del huerto (economía de subsistencia). de lo que significa la propiedad para nosotros.Pasaron varias noches. pero sonreía desde otra parte. Nos sentíamos como de vacaciones: nuestro cambio de vida no parecía definitivo. -Pero si la hemos convertido en una propiedad común. Todavía no nos acostumbrábamos a la casa. Tenía puestos sus lentes de sol. -Todo lo que merece ser quemado. Mateo y Sabrina preparaban el almuerzo. estaban levemente torcidos. un lugar lejano que ninguno de nosotros podría dilucidar nunca. -Voy a quemar la casa –dijo con una tranquilidad envidiable. El Jota me daba la espalda. para que ayudara en algo. Sus labios. -¿Vas a colaborar con el grupo? –le pregunté. eso sí. 18 . Perec había salido. Hay que dinamitarlo todo. muy lentamente. a sus sonidos nocturnos. Él siguió leyendo sin inmutarse. a los crujidos del techo. -¿Qué? -Todo esto es una mierda. pero pronto se dio vuelta. fui a increpar al Jota. por lo que no se veían sus ojos.

El Jota era misterioso. Según Ana Karina vivía huyendo de algo y sus actos no respondían tanto a ideologías o a una consecuencia sistemática con su forma de pensar. intuiciones fugaces. como no pude describir a Ana Karina. cambios repentinos. No sabía entonces nada de él. son ávidos lectores de títulos. ven.. Estudiaba o había estudiado alguna vez ciencias políticas. mientras él no cesaba de lanzar imprecaciones notables en contra de lo que se le pasara por delante. una tensión que en ese momento no supe vislumbrar. Pero eso no importa. Se había integrado al grupo por medio de Mateo. anotadores marginales de frases célebres y sumisos acatadores del líder del respectivo partido o cualquier revolucionario que esté de moda). como toda esta sociedad burguesa. lanzando sus lentes de sol lejos. Ante la pregunta de sus 19 . Pero ya sabemos que Ana Karina es una explicadora compulsiva y su afán de sistema le quita cierto peso a estas declaraciones. Ayúdame a hacer fuego. Pero lo importante es que yo estaba ahí. y vivía en una casa-acuario.compramos la parafina. el verdor inevitable de una vida dedicada a un afán único. podemos quemarlo todo y salvarnos –dijo. Es una perversión. contratapas y resúmenes.-¿Común a quién? ¿Has visto más gente que nosotros?. acompañando al Jota a comprar parafina. sino que tenían que ver con estados de ánimo. una casa-selva donde abundaba el verde. ese pintor que pintaba sólo cuadros verdes. Lo seguí como un perro a su amo. aunque no entendía absolutamente nada. pero se notaba que había leído más que el común de los activistas (que. y eso me alarmó un poco. Lo cierto es que entre ellos existía cierta tensión. Tenía el discurso propio de un activista universitario. Creí ver en sus ojos el fuego irrisorio de ese pintor que describe Juan Emar en Ayer. -La casa es de madera así que va arder rápido.. El Jota hablaba como un artista. No puedo describir al Jota. En el negocio de la esquina –que estaba realmente bien equipado (incluso se podía pagar con tarjeta). por lo general. -¿Por qué? -Los por qué son inútiles aquí.

Ana Karina fue la única que pudo hacer desistir al Jota de su idea de quemar la casa. Yo no sabía qué hacer. Entonces llegamos a la casa y el Jota empezó a verter la parafina sobre las paredes. El Jota es como ese pintor. Bastó una palabra y él lanzó el receptáculo de parafina y se puso a llorar en sus faldas. era él mismo. pero me parece que el burgués degollado. 20 . Justicia divina.visitantes –los protagonistas del libro de Emar. Cogito ergo sum. Degollaría a unos burgueses para obtener el debido equilibrio cromático de su obra. Teorías del amor y del sexo. Aparecieron otros libros y nuevas teorías. Pero era común en él hablar con ironías y no nos hizo demasiada gracia. Desde esa noche durmieron juntos. Mateo fue a increpar al Jota. mientras Sabrina gritaba histéricamente (lo cual no era coherente con su apología del silencio). el pintor respondía enloquecido que lo compensaría con el color rojo. El libro de César Castaglia desapareció misteriosamente. como La paz sea con vosotros. el rojo de la sangre burguesa. mientras ella le acariciaba la cabeza. en este caso. Estaba de rodillas y lloraba como un niño. El Jota se llamaba a sí mismo un activista renovado.de si conocía una forma de compensar el verde de sus cuadros. El precio de su cambio era demasiado alto. gritando consignas incoherentes.

Creo que lo atravesaba una especie de tedio vital. que se entremezclaba siempre con consignas políticas y teorías filosóficas. Era una persona interesante. todo apunta a que Ana Karina nunca llegó a conocer todo esto. y otras cosas por el estilo. En realidad. pero había algo extraño en el Jota. En realidad.Cuando le pregunté a Ana Karina qué se sentía tirar con un hombre desquiciado. estas son sólo especulaciones). 21 . Su sicología. Luego se puso a hablar de Foucault y yo sólo podía morderme los labios y asentir. una vez más. Sin embargo. nunca me va a quedar del todo clara. porque siempre estaba dispuesto a inventar cosas nuevas: se pasaba el día pensando en temáticas diversas. entonces la idea misma de locura cae como una imposición de la mayoría a una minoría que sólo ha cometido un ínfimo pecado: ser diferente. ella no se disgustó. se interesaba por todo. algo que superaba cualquier intento de racionalización. porque me figuraba que ella sí podía tener acceso real a sus motivaciones profundas. una suerte de nihilismo un poco grunge. pero empezó a darme una lata sobre la esencia de la normalidad. Los motivos de lo que hacía se me escapan tal como se me escapan los motivos del joven okupa desmembrado. y sus acciones precisamente no tienen mayor explicación. y que el Jota se siguió mostrando con ella sólo superficialmente (no creo que ella quisiera indagar mucho más: me parece que la fascinación que ella sentía por el Jota estaba atravesada por una indagación en su propia individualidad. Por eso me interesaba la impresión que Ana Karina podía tener de él. no puedo trazar con precisión un perfil del Jota. sólo poseo de él los datos externos. Me dijo: la normalidad es un triángulo de cuatro lados. Si la normalidad era un porcentaje de la población. sin embargo. Teóricamente tenía razón. y no era más que un fragmento de su viaje iniciático. una estadística pero no una verdad científica. sus acciones. pero.

-Es que no nos sentimos como una pareja todavía. lo que pasa es que ustedes no parecen la típica pareja. Yo argüí que no era justa con Perec: el día de su performance había hecho un frío horrible. eso es todo. No es que no me interese o que esté en contra de las convenciones sociales. Pero no es por eso. en realidad es que estoy en contra de las convenciones sociales. -Somos bastante compatibles. Del sexo con el Jota. -¿Y por qué quieres saber todo eso? -Mera curiosidad… Además. mientras nos reíamos del extraño cariz que habían tomado los acontecimientos. ¿Y a ti? Se rió. -Ahí está la razón de ser del mundo –dije yo. ¿A qué iba? -No sé. ¿para qué quieres saberlo? -Estoy conversando no más… O sea. todo era problemático. -¿Tienes algún problema con eso? -No. para nada. Mira. Me parece un dato y nada más. 22 . el sexo con el Jota es… Es como hacer el amor con un terrorista islámico. era algo sobre la vida. En ese momento. En realidad. Creí que íbamos a hablar de sexo. ¿Por qué? ¿Ha hablado contigo sobre eso? -Ya no habla con nadie. pero estar allí. pero es que… A ver… Sí. Se quedó mudo de verdad. ¿Te acuerdas de lo que dijo antes? -Era algo sobre arte… Una cuestión medio estética… -No. Me dijo que el Jota era definitivamente mejor dotado que Perec. -Todo es extraño –le dije.Reiteré mi pregunta: cómo se siente tirar con un hombre desquiciado. conversando de esos temas era como lanzarse de cara contra un montón de piedras. una estadística. pensé que parecíamos dos ex esposos conversando y esta perspectiva del problema me entristeció. -¡No está desquiciado! Y en todo caso.Primero Perec hizo su performance artística y comenzó un voto de silencio. no me parecen compatibles.

pero no podían abandonarlo. La condesa Báthory. -Es como en ese cuento de Bolaño. -El arquetipo de la mujer vampiro. Entonces ella gritó y yo salí corriendo por los laberintos de la casa. Deberías escucharlo. -Pero sigue hablando de revolución… -Es inevitable. el Jota tuvo esa crisis. -Bueno. pero lo interesante es que sólo un par de días después. -O los dos somos mujeres. una suave mezcla de olores y movimientos precarios. -Las Frinés de Baudelaire. llorando a los pies de la madre. Debiste haberlo visto después. Las amantes confundidas de Baudelaire. -Preferiría no estar ahí. no. Ellos 23 . Pero era su amante homosexual. Hay que escuchar lo que dicen las mujeres cuando están haciendo el amor… ¿te acuerdas? -Sí. A veces hablamos sobre el arte y él dice que es la única forma de revolución que nos va quedando. Estoy escapando. ni su novia.-Bueno. Putas asesinas. Ahí estaban: Perec y Sabrina hacían el amor. Me vieron. De pronto. entré a una habitación cualquiera. Era como una poesía hablada. Era su amante. Lo sé… Las cosas que me dice al oído. -Gesto típicamente masculino. ni su esposa. -Según él no lo recuerda. Gritábamos y reíamos. querrás decir. Les hice el signo del silencio. cuando se puso a llorar en mis faldas. -Entonces los dos devinieron en hombres. el Jota es la mujer aquí. -No. pero yo me escabullí por la infinidad de puertas especulares. Las amigas de Proust. -Se lo voy a decir –dije riéndome. Sólo sabe que quiere cambiar su forma de vida. porque la está viviendo. -¡Le voy a decir! Ella reía e intentaba agarrarme. Es como si nuestros sexos se hubieran invertido ese día. Yo no era su madre.

gracias a ese deseo que no llegaba a consumarse. reprimía cualquier expresión de su voz. pero ese deseo era –según la gran explicadora. nunca podrían separarse.asintieron. Que se sabía que Perec la deseaba. 24 . Perec no hablaba. Él simbolizaría su deseo y también su goce. pero ella gritaba y decía cosas de una intensidad que nunca había oído.una especie de motor. su única posibilidad de goce. una etapa necesaria. un motor que mantenía la relación. Entonces se me ocurrió que Perec había dejado de hablar para materializar el silencio que Sabrina siempre había anhelado. liberándola y transformándola. Y por ser una alegoría. pero a la vez inusualmente frágil. Ana Karina ya se había ido. Sabrina ocupaba el lugar de Perec y Perec se había transformado en una especie de alegoría. Perec habría descubierto el secreto del silencio sólo para lograr entrar a una nueva etapa de la relación. una relación que. Cuando salí. liberándola así de su falta de palabras. evolucionaba siempre en direcciones insospechadas. Una vez yo le había preguntado a Ana Karina si había algo entre Perec y Sabrina y ella me había dicho que no.

Era el mismo problema que tiene el asambleísmo como forma de organización política. y. desprovista de crítica. de ansias de poder. se formaban y se disgregaban con la misma rapidez. el problema es inconmensurable. pero es una evocación ciega. volviendo sobre esa antigua fórmula burguesa: Anarquista = delincuente Aunque Mateo probablemente le agregaría nuevas fórmulas que bien pueden actuar como catalizadores de la opinión pública y la autoridad moral de los curas y las monjitas de la caridad: Delincuente = flaite Flaite = pobre Pobre = resignado Pobre = aspiracional Visto así. sobre las discusiones y comisiones que. No sé bien cómo explicarlo: era una especie de nihilismo no buscado. el timón. y nos hace caminar en el desierto y bla bla bla. sobre todo en esos primeros días. concepto que a los niñitos que componen los círculos artísticos nacionales. con 25 . Todo lo resolvería la palabra superestructura. que hacía que nuestras palabras se perdieran en direcciones circulares. lo que es peor. Y eso que no hemos metido aquí problemas existenciales o la cuestión de la alienación contemporánea.Sobre la organización okupa. sólo puedo decir que persistía en nosotros el problema de la dirección. pero en una escala más reducida (lo reducido no minimizaba los problemas. al contrario. Ahorita mismo se habla de todo esto como de un movimiento criminal. lo que neutraliza cualquier atisbo de golpe de timón. era como si se le hubiera puesto una lupa a los problemas cotidianos de cualquier estructura politizada).

toda razón, les parece “heavy”. Pero volvamos al diagnóstico socio-político de nuestro Shile querido, patriarcal, agrícola y autoritario (y no contemos aquí con el proyecto liberalillo del Chile Bicentenario, lleno de mimos sobre zancos y otras pelotudeces insípidas). El movimiento okupa, con toda razón, provoca rechazo entre la vieja con pálpito y la dueña de casa. Implica el rechazo radical de todas las formas de propiedad que sostienen la práctica capitalista neoliberal. Y como el capitalismo es, en efecto, una práctica, la okupación también toma la forma de práctica cotidiana, permanente y activa. Una propiedad no se usa, llegan los okupas: la propiedad se usa y se socializa. Un sitio baldío se transforma en un centro social o cultural y más encima se termina con el problema de la marginalidad suburbana. Todo parece parte de una política social consistente y focalizada. Pero, claro, ¿qué pasó con la profilaxis del buen cliente burgués y el loteo incesante de las ciudades ultramodernas? ¿Dejaremos que todo sea vertido en el cagadero? Entonces se concretan los ánimos de contradicción (reacción) y los edificios tomados pasan a ser desalojados. Se erradica a las ratas y a los insectos en una acción varsoviana: todo limpio, y rápido. El problema con este diagnóstico (el gran problema) era un problema doble. Por un lado decía relación con la naturaleza de nuestro específico idilio algarrobino. Nosotros no pertenecíamos a la marginalidad suburbana. La sociología establece, con rigor estadístico y probabilístico, la naturaleza estrictamente marginal del movimiento. Y en estas cosas el médico-sociólogo hace su diagnóstico y el púlpito no tiene más que acatar de buena gana: éramos unos outsiders y por eso fuimos okupas solitarios, ermitaños en los acantilados mentales donde se escribía una novela y no un panfleto político. Como diría un amigo escritor: fuimos víctimas autoculpables de un abajismo patético de carácter suburbano. El otro lado del problema era más bien global. Era una cuestión de definición de los márgenes efectivos del movimiento político o socio-político, considerado como un todo, es decir, era una cuestión de pretensiones y

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estrategias de poder concretas. ¿Hasta dónde se puede socializar una corriente ideológica que, mal que mal, se basa en una inconformidad natural hacia los proyectos políticos conjugada con el más rabioso individualismo? ¿Eran los okupas hijos de su tiempo, o verdaderos interlocutores de un tiempo venidero?

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-No es fácil superar estas contradicciones –dice Mateo. -Para construir un verdadero movimiento político alternativo, es necesario, sin embargo, que inventemos nuevos conceptos –advierto. -Eso ya lo dijeron en los sesenta y terminaron haciendo puras estupideces. ¿Dónde están ellos ahora? En el gobierno, en los cargos públicos. En las empresas. -O en comunidades ecológicas –acoto. -¿Dónde quedaron esas huevadas del hombre nuevo, las novelas para lectores-macho, la nueva ola francesa? Todos ellos intentaron la construcción de lenguajes nuevos. -Carla Cordua dice que la originalidad es imposible, porque el lenguaje de alguna manera siempre viene predeterminado. Al respetar el alfabeto en nuestras construcciones verbales estamos aplicando el fruto de una imposición. -Barthes diría que todo lenguaje es fascista –interrumpe Mateo. -Y yo diría que deberíamos comer algo, son como las tres de la tarde. -Ni cagando entro en este momento: está ese huevón del Jota pontificando sobre la intimidad en la pareja. -¿Cuál crees que es el rollo de ese huevón? –pregunto. -No tiene rollo. Es un ser absolutamente insípido y vacío. Todo lo que hace es como una actuación: está ejecutando el rol del activista político comprometido, el rol del huevón intachable, perfectito, moralista… -O sea, no le crees ni una huevá. -Exacto. Es un ser totalmente externo, pura forma sin contenido. -Yo creo que hay algo de él que se nos escapa. -Quizá un miedo a madurar.

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tú mismo citaste a la Karla Kordua. ¿De qué me sirve decir polizía en vez de policía? -Es una cuestión libertaria –respondo. -Es que ser okupa me complica… O sea. 1ero zurge komo una necezidad de una tribu urbana konkreta y de repente ze konbierte en una weá ashí artíshtica… -La berda no te toy kaxando ni una wea. -Es ke zu vizión relativiza el problema. -No kreo muxo en la weá kontracultural… Al final ze konbierte en la mizma mierda. -Bullshit. -¿Livertaria? ¿Eso no lo dijo también Unamuno hace ochocientos años? -¿Kómo liberarse de las travas vurguesas si no empesamos a liberarnos de la escritura vurguesa? -Weón. en la cuestión de lenguaje okupa está lo más importante del movimiento. Siento placer en todo lo que no tiene forma –dice Mateo. si teni razon. tan suelto de cuerpo… -Por eso te digo: deberíamos empezar a hablar como okupas. el lenguaje es pura faxada. -Ya te dije.-Pero ahí seríamos todos culpables. -La palabra clave es “como”. -En todo caso. -Todo ez inútil. ninguno está conforme con esta situación. Eres el más estructurado. pero inzizto en ke zu inzidenzia ez marjinal. obio que no bai a kambiar el modelo neoliberal diziendo todo con zeta. Porque del hecho de ke el lenguaje ziempre zea impuesto no se deduze ke no ze pueda innobar dentro del lenguaje. En el fondo. Por eso no crees en lo que estamos haciendo: sabes que nunca vamos a ser okupas. 29 . igual el lenguage influlle. Hablar como okupas para empezar a ser como okupas. decirlo así. -Yo sí. -no inporta. -O zea. pero por lo meno podí rebelarte kontra loz webones ke imponen laz reglaz en ezte paíz.

30 .-puta podriamo zeguir dizkutiendo toda la tarde. y zi bamo a komer mejor? -ezta el xanta del j adentro mejor bamo a komer afuera. LLo inbito. pero zigue aziendo un ambre terrible.

tal vez por indígenas (esto es un decir. es necesario –desde donde estábamos. Desde allí se puede observar todo el litoral (al fondo. está el Yeco). Después de eso. que es la única forma sensata de llegar a la playa). y atravesar un sendero muy poco transitado. es necesario caminar entre senderos establecidos precariamente entre la vegetación. hay que atravesar los roqueríos (todo esto es preciso hacerlo en la mañana. El Yeco es un balneario cercano a Algarrobo. No sé qué habrá pasado con los otros. Por ahí. pasar el acantilado mayor. y Perec. enfrentándose a las altas hierbas. pero que no es muy buena para el baño y que siempre pasa (misteriosamente) vacía.saltar los muros de piedra que protegen el sector de los acantilados. y luego atravesar el pequeño pueblo de Mirasol (también se puede llegar por la carretera. Después de los roqueríos viene una playa extensa. cuando la marea está baja). La conquistada De esos felices días iniciales me gusta recordar la excursión al Yeco que hicimos con Perec y Ana Karina. 31 . Desde ahí se llega a una playita muy íntima que en los tiempos de mi infancia siempre estaba vacía (ahora es común ver varias familias que se juntan allí). con su silencio. Después viene una subida espectacular hasta lo alto de un cerro que cae hacia el mar. pero estoy seguro de la presencia de esos dos. parecía respetar esa especie de vínculo. ya que siempre han existido lugareños que se preocupan por mantener la pasada. pero esto no tiene ninguna gracia).En el horizonte de mi mente se ha escondido el sol: Ella no existe no más. Primero. Yo no perdía la esperanza de estar con ella. puesto ahí quién sabe cuándo. Hacia el extremo de Mirasol hay una pequeña pasada hacia las quebradas que forman un humedal que no tiene nombre. Los Jaivas. Pero llegar al Yeco no es tan fácil como suena. Hay que bajar por ahí. donde siempre hay gente que se tira en alas delta.

Un viento leve nos helaba la cara. Una neblina inusitada había empezado a cubrir parte del cerro.dijo Ana Karina girando con los brazos abiertos. Los buenos artistas. Lo único que es propio de los hombres es este proceso (dicho en lenguaje materialista. quien vio la tierra prometida. debatiéndonos entre seguir o no seguir. en los acantilados de Algarrobo. ahí llegamos a una verdadera encrucijada: bajar o no bajar. entonces podríamos reemplazar la labor de un artista por la labor de una máquina. Así. en realidad. era natural que nos preguntáramos si el viaje no se convertía en un objetivo en sí mismo. ahí estábamos. Por eso la vida es inexplicable. Ese es el paradigma del arte. luchan contra fuerzas indefinibles que los alejan de la vida pública. pero murió antes de alcanzarla. -Vamos –dije yo. el trabajo). porque no tiene marco de comparación. En fin.Sin embargo. -Me gustaría ir hasta la punta misma del roquerío. Tal vez éramos como Moisés. aunque me moría de miedo. Bueno.me dijo de pronto Ana Karina. y la única alegría propia del arte está dentro de sí misma: el goce no es posible fuera de esa órbita invisible. Las olas estallaban espumosamente contra las rocas. fue el Jota en uno de sus tantos desvaríos el que me llevó a esta reflexión: la muerte no constituye nada ni ordena nada. Ahí. Porque si el arte estuviera sólo en las obras terminadas y no en los procesos. al menos. -Es como Alturas de Macchu Picchu. que los arrojan fuera de la normalidad. y el mar rugía furioso bajo nuestros pies. Si viajar al Yeco había constituido nuestro objetivo vital durante todo ese día. Por eso yo siempre desconfié de esa idea tan griega de que sólo podemos saber si un hombre fue feliz después de su muerte. 32 . Los artistas están condenados a trabajar permanentemente sin ver los frutos de su trabajo. la vida del hombre también es un proceso que no está nunca acabado. El arte invoca el sufrimiento. no es una obra definitiva.

en todo meloso. Al final.-¿Qué era el hombre? ¿En qué parte de su conversación abierta…?. Creí que se iba a lanzar. caminamos hacia donde estaba Perec. Todavía recuerdo lo apretados que estábamos en la punta del precipicio para no caernos. Iba a seguir despilfarrando citas rokhianas. entre risas. En cambio. -No es que el libro sea tan malo –defendí yo –El problema es que después de la página cien te aburres del tono nerudiano. Alucinado. -No te molestes. Caminante ante un mar de niebla –me dijo Ana Karina al oído. retrocedió unos pasos. mientras nosotros discutíamos sobre nuestros gustos poéticos. -Prefiero a Pablo de Rokha. Después de mirarnos largamente apretó el gatillo. el pasado es el porvenir de los desengañados y los túmulos”. cayó por su propia vacuidad evidente. Él no se dio vuelta ni siquiera. toda cita (en definitiva.pero forma parte de un mal libro. sin necesidad de crítica. Perec caminaba por la cornisa del acantilado. en pose reflexiva. y este hecho eliminó toda poesía ulterior. Perec. que la foto había salido corrida. 33 . -Ese poema es muy bueno –me interrumpió Ana Karina. ya que. -¿Qué cosa? -“Todo lo miramos en pasado. tomados de la mano (yo intentando ocultar mi nerviosismo). Estaba asomado ante el abismo. pero sólo tomó en sus manos una cámara imaginaria. Es de Friedrich. Está haciendo una cita. todo engaño). -Quiero retener este momento –dijo Ana Karina. pero todo esto cayó solo. y el pasado. -Ese es nuestro problema. se pone muy monótono. el pasado. con su mímica habitual. y sus manos agarrándome el brazo.empecé a recitar. Yo dije. -¡Perec! –grité. al principio estás abrumado. el olor de su pelo.

Los tres vamos en silencio. ensangrentada. En ese caso sería arte. La comedia del arte Escribir desde cierto ángulo inesperado. -Podría ser una estatua de cera. -Es como para rechazar la carne –apunto. caminamos de vuelta a casa. -No olvides que es una carnicería de provincia –me dice Mateo. en medio de una carnicería. con una mirada lateral. Dice que la persona no acostumbrada a la cocina carnívora no establece automáticamente la inferencia de que la carne exhibida procede de un cuerpo muerto (animal) y no de un cadáver (humano). -Es una performance artística.“Porque sabido es que lo que realmente amamos nos es esquivo. Sólo se puede recordar con nitidez lo que nos es indiferente. Arte Vaca. Como si quisiera decirnos que no existe verdadera diferencia entre un pedazo de cera y un pedazo de carne. -Esto es un nuevo arte: Cow Art. Emigrar. ¿volverse una copia inanimada. fría y perfecta no había sido el constante empeño de Camondo durante su vida?” Adolfo Couve. Body Art para animales. Escribir desde un extremo. Son pruebas infalibles del odio y el amor. Perec entonces sufre un ataque de tos. -¿La vaca se automutiló? -No. -Para Coetzee se trata de una especie de canibalismo. -¿En todas las carnicerías es así? –le pregunto a Perec. difícil de recomponer en la memoria. El arte de la tortura. Además. pero él se encoge de hombros. lamentablemente la vaca no tiene voluntad. la ciudad donde estudiamos y nos desvivimos. Evitar el Centro. Después de estas disquisiciones. 34 . Esto lo pienso mientras observo una cabeza de vaca.

y corre hacia las habitaciones. Una vez escrita. Mientras ella y Mateo cocinan. Nadie se entera de este hallazgo. Sabrina se cubre. Dice que renuncia al arte (sus gritos parecen sacados de una novela de monstruos). Grita una sarta de garabatos que nunca le había escuchado. Entonces Perec abre la boca y Sabrina grita. Perec corre tras ella. 35 . Lo que yo un poco antes vi como el retrato inequívoco de Sabrina no era más que una proyección de mi mente. que lanzaban agitados trazos contra la hoja en blanco. como si la hubiéramos dibujado con tinta invisible. la descripción nos parece insuficiente. Ana Karina dibuja en una croquera diminuta. Una miniatura de Sabrina. Ana Karina. En el comedor. hermoso. todos actúan como si la croquera nunca hubiera existido. Un par de metros más allá. El espectáculo tiene la hermosura de una película muda.Cuando llegamos a la casa nos sorprendemos al ver a Sabrina completamente desnuda sobre el sofá. El retrato que Ana Karina está haciendo es. Me parece que todo lo real tiene esa misma falencia. Nadie quiere hablar. o al menos de haber visto las manos finas de Ana Karina que la dibujaban. Cuando queremos decirlo se nos escurre de las manos. que está formada por líneas rectas y ángulos agudos). como si acabara de despertar de un sueño demasiado largo y profundo. a diferencia de Ana Karina. como si quisiera apoderarse de ella. con rabia. Cuando la abro descubro que todas sus páginas están en blanco. curvilínea. me digo. en un espacio mínimo. todo a un mismo tiempo. ¿Pero era tan así? Yo estaba seguro de haber visto a Sabrina. yo me escabullo y robo de una vez y para siempre la pequeña croquera. el Jota escribe un libelo acusatorio en contra del tribunal constitucional. lanza la croquera contra la pared. Condensa las facciones y curvas del cuerpo de Sabrina (que es apenas un poco rellena.

pero en exiguas cantidades. Sentíamos que nos estábamos liberando del capitalismo (las pensiones que nos enviaban a mí y a Mateo eran ignoradas por nuestros compañeros). mientras que su madre provenía de una familia adinerada). por espacio de segundos. y a veces ayudaba en la fabricación de las artesanías (pero nunca en su venta). el plan original se hacía agua. Todos colaborábamos en la casa. esto incluye. el Jota vendía marihuana. Sabrina había pasado a ser la encargada del huerto que había iniciado Ana Karina. que provenían de diversas fuentes: Ana Karina y Perec vendían artesanías. En realidad. Éramos sólo 36 . No hemos hablado aquí de las familias.Pasaban los días invernales de aquel año con una rapidez incuestionable. Mateo tenía algunos ahorros y yo también recibía una ínfima cuota mensual (las llamadas telefónicas diarias a través del teléfono público del negocio eran el precio que debía pagar por dicha cuota. por supuesto. Perec y Sabrina habían sacado el título el año anterior (sus carreras duraban sólo cuatro años). Ana Karina. En realidad. La idea de establecer una comunidad abierta no tenía correlato con la realidad. no pensaba en nada más que ese inefable dolor. soportar los variados insultos. Era como si el tiempo nos hubiera puesto bajo amenaza. El Jota tenía veintiocho años y su vida era un misterio. Teníamos recursos limitados. y las imágenes de mi familia –protestando por la escapada del hijo. A mí a veces me daba una extraña angustia. yo era el caso más problemático. de los incesantes problemas. Mateo era de una familia de millonarios hippies que le aguantaban todo (su padre había sido del MIR.se sucedían en forma vertiginosa. pero luego se había enriquecido con la minería en los años noventa. llantos y alharacas). rogando a Dios por el regreso del hijo pródigo. me dolía el estómago repentinamente y.

-Yo creo que podemos sacar algunas conclusiones –dijo un día Mateo. pero no ganas. Si queríamos hacer un acto político debíamos inmolarnos e inmolar. como acto político nos ha faltado publicidad. sosteníamos largas conversaciones sobre lo que estábamos haciendo.nosotros. A veces.En primer lugar. Pero en realidad. para los misántropos y ermitaños. de paso. En tercer lugar… -La okupación no es un acto revolucionario –interrumpió el Jota. la mayoría clientes con pinta de artistas visuales de cuneta. Creo que hemos sido parcialmente exitosos en desligarnos del sistema. a pesar de ciertas reticencias iniciales la okupación ha sido bastante fructífera. Si bien pegamos algunos carteles en Algarrobo sur (vivíamos en Algarrobo norte. Los imbéciles del gobierno venderían hasta a sus madres por poder. el Jota invitaba a gente muy extraña. A veces. los cuales apenas se quedaban por una noche o dos. el sector más desolado de la ciudad) nadie se había acercado a la casa y el sendo cartel que anunciaba “Centro Social Pablo de Rokha” (nombre debido claramente a la influencia de Ana Karina) se enmohecía lentamente. hay pobreza… -¿Qué mierda puede hacer alguien contra los homicidios? ¡Es la naturaleza humana! -¿Y la pobreza? -Eso es asunto del gobierno. Es una idea perfecta para los seres cansados. la casa. El presidente se bajaría los pantalones para conseguir un trato económico 37 . -¿Qué? ¿Te refieres a nuestra okupación o a la idea de okupación? -La okupación es una utopía post-utópica. Hay homicidios todos los días. lo cual me llevó a entender las palabras del Jota el día en que tuvo ese acceso repentino de locura. Con esto me refiero a… -¿El gobierno? ¿Sabes lo que vi esta semana? En la sección “política” vi cómo el gobierno se aliaba con la oposición para no sé qué nueva forma de privatización. Pero ese era un paso que ninguno de nosotros estaba dispuesto a dar. la casa éramos nosotros seis. El otro día vi los titulares de un diario local. En segundo lugar.

con una sonrisa demediada. creí ver unas nubes muy negras. Pero nunca se va a masificar. 38 . lo cual me indicó que era una señal falsa. para purificarme. aunque esté cubierto de mierda. A lo lejos. y lo va a utilizar gustoso. ¿Tú crees que a esta gente le interesa la pobreza? -Creo que estamos hablando de cosas distintas. Los políticos se dedican a la pederastia y al tráfico de influencias con fondos ilimitados.con las transnacionales. para limpiarme. El Jota respondió. -Todo apunta a la misma mierda. Para ser juez de la Corte Suprema o del Tribunal Constitucional es condición previa practicarse una lobotomía. No. y que mis indagaciones poéticas no servían en un momento como ese. Dale mucho poder a un hombre y lo podrás agarrar de las pelotas. pronunciando todo muy correctamente: -Dale un poco de poder a un hombre. la okupación no es un acto revolucionario. Vine aquí para liberarme de la mierda. -¿Por qué? –preguntó Mateo. demasiado obvia quizás. Es un acto libertario. señal obvia de tormenta. que ojalá se masificara. La pregunta pendió entre ellos por un buen rato. no sé si con una expresión de derrota o cansado de hablar contra esa pared en que se había transformado el Jota.

En fin. Estos lapsos siempre eran extraños. conversaciones. intentos desesperados por sacarle una palabra. Dispuestos a esa insensatez que las personas sensatas denominan ‘hablar en serio’. ya lo dije en un principio: nosotros no éramos marginales. pero queríamos que el mundo no nos cambiara. pero estaba claro que teníamos visiones distintas (incluso opuestas) sobre lo que significaba la okupación. la experiencia ya era demasiado ambiciosa. por eso mismo la idea calzaba perfectamente. donde. en nuestro nuevo gurú. injustificado. Imagino a un cura okupa. Su silencio era siempre algo que motivaba reacciones. Un reality show. Y aún así. no éramos suficientemente entregados al sistema como para que la idea funcionara a cabalidad. No estábamos cambiando al mundo. Perec era una parte fundamental. Esos días. estuvieron marcados por los interminables debates. es más. Un día dijo que ya no le interesaba hablar sobre la posible existencia de Dios ni sobre metafísica. Un combo okupa. arte o cualquier tema que implicara alejarse del mundo de los sentidos. como dije. Una proliferación necesaria. podemos decir que nuestras intenciones originales y los resultados de la experiencia caían por sí solos en un remolino irracional. 39 . Ya perdíamos el recuerdo de su voz y cualquier cosa que dijera sería considerado como ajeno. política. El Jota. a un conductor de televisión okupa. estaba irascible. Se había convertido. según recuerdo. dos okupas por el precio de uno. a fuerza de un socratismo excesivo. Le gustaba hablar de sexo. por otro lado. Y puestas así las cosas.Las cosas no pasaron a mayores. como dicho por otra persona. a un periodista okupa. pero al menos ahora matizaba las conversaciones con una que otra digresión.

40 . lees un libro y es sexo.-Me interesa la intimidad. ¿no crees? -Puede ser. -Las cosas que configuran la intimidad entre dos personas. -Interesante. Sabrina. y también lo que configura el mundo de los placeres y el amor. pero en ese momento sólo me pareció aterrador. que es el gran tema. Todo es fálico y la mujer que no tiene orgasmos vaginales es inmadura. ella se dio vuelta con una mirada increíblemente coqueta y lo besó. Mateo probablemente lo hace de una manera muy aburrida. Me interesa la intimidad como ese espacio de lucha cotidiana en que los deseos buscan su placer. de persona en persona. Se besaron por casi un minuto. Yo rogué para que al Jota no se le ocurriera desnudarse y tener sexo con Ana Karina en ese preciso momento diciendo “esto no lo hizo Freud”. Apuesto que todos ustedes se masturban de formas muy distintas. pero a mí no me conoces –indicó Sabrina. mientras se acercaba a Ana Karina. -Entonces hay que quemarse –respondió el Jota. Es una visión machista y plana del sexo. Además. pero también cierta conciliación con el otro. Te comes una papa frita y estás pensando en el sexo. -No le hagas caso –intervino Ana Karina. gritando. Ana Karina es zurda. -“El infierno son los otros” –recitó Mateo (una cita que no venía a cuento). Perec con los labios muy cerrados. -¿Y qué pasa con Freud? –preguntó incoherentemente Mateo. porque se trata de espacios que varían de pareja en pareja. Víctor lo debe hacer compulsivamente. lo transforma en algo demasiado clínico. El Jota era capaz de cualquier cosa para demostrar su punto de vista. -Freud encasilla todo en el sexo. Esto es como el ADN. Yo soy ambidiestro. -Es un saber intuitivo. ves la luna y es sexo. es el tema que ha sido menos tratado por la filosofía –continuó el Jota. Luego de los abrazos de rigor. -Yo hablo de los espacios ocultos. pero meticulosa.Está loco. como algo ridículo. ahora. esos que nunca van a ser terreno de la filosofía. Todo esto se ve. la tomaba por la cintura (ella estaba de espaldas) y la abrazaba.

y luego pensaba en el Jota. son una exageración. parecía tranquila. Una mirada que. Intenté dormir. En fin. los motivos (que ya advertimos serían siempre hipotéticos. Tenía una mirada dura. me acosté particularmente atribulado. Casi todas las noches me imaginaba al Dostoievski de Noches Blancas caminando por nuestro patio. Ya lo dije: estaba enamorado de Ana Karina. como si estuviera representando un papel en una mala teleserie. estoica. una silueta. una evidencia de lo que las palabras no pueden hacer). rusa. compuesta por dos camarotes. que tenía una cama de dos plazas. a pesar de todo. idioma que no conozco. Pero recuerdo que después de hablar muy seriamente se echaba a reír y la expresión de su rostro se volvía irónica. En sueños hablaba con él y le preguntaba si el amor realmente existía. Sabrina y Ana Karina eran capaces de las más íntimas declaraciones). si se pudiera poner todo esto por escrito. Esa noche. desprovisto de epítetos (los epítetos terminan enlodando toda situación. En una.Era el típico comentario de Ana Karina: siempre optaba por bajarle el perfil a las cosas. quizás podríamos explicar las causas. pero no una figura corpórea). por lo cual sus palabras siguen siendo un misterio. o por parecer tolerante. Entonces me volvía a sentir como a los quince años. después de dos horas de conversaciones sobre sexo (bajo el efecto del vino. El frío del invierno se hacía sentir. En la casa había tres habitaciones. Él me respondía en ruso. Todo parecía actuado (me venía a la mente la horrible palabra 41 . cada vez más lejos. más que como una persona: una mujer que llora en un cine viendo una película muda (un contorno. dormíamos yo y Mateo. Pero eran estas conversaciones las que la mostraban como una Idea. A ratos soñaba (o recordaba en sueños) el momento en que Ana Karina lloraba durante aquella manifestación donde la conocí. siempre acaban realzando lo que no necesita ser realzado. insatisfactorios). llorando en las faldas de Ana Karina. En la tercera pieza dormían Perec y Sabrina. porque realzan. si se encontrara una especie de idioma clínico. como si la convivencia nos hubiera hecho más huraños que antes. dormían Ana Karina y el Jota. En otra. desprovisto de poesía.

incluso. Me levanté. 42 . Recuerdo su nombre (nunca olvido un nombre) pero no recuerdo su rostro. Le dice. Caminé por las calles de tierra de Algarrobo norte. Recordé de pronto el final de Manhattan. ese miedo incomprensible que (pensaba) me había alejado de ella. Su risa parecía sacada de una película de horror. sentía que la perdía. tal vez con cierto egoísmo (realismo diría yo) que no quiere que vaya porque cuando regrese ya no será inocente.performático). Después de caminar mucho llegué a un pub. que ambos íbamos perdiendo nuestra inocencia. Pero lo de Ana Karina era incomprensible. En el pub conocí a una mujer. pensando en Ana Karina y en mi propia timidez. cuando el personaje de Woody Allen intenta convencer a su amante (una joven de dieciocho años) que desista de viajar a Europa. tras lo cual ella se rió. Cuando me preguntó cómo me llamaba yo sólo atiné a responder Dostoievski. No sé si alguien se despertó en ese momento. demasiado obvio. Decidí emborracharme. Era. me puse la ropa y salí a caminar. La noche era perfecta para ello. pero sólo recuerdo haberle dado un tímido beso. Lo mismo me ocurría con Ana Karina. Lo de Perec y Sabrina me parecía entendible.

por lo tanto. Entendí que era nuestro intento desesperado de pertenecer y. le respondí. como chatarra espacial. que la convivencia en la casa era prácticamente insostenible. y creo que pensé en la muerte (pero esto fue después) y me acerqué a hablar con ella. sino que eran realmente indiferentes al resto de nosotros. temeroso de que siguiera enojada 43 . Después de la borrachera. pero él sabía que mis aflicciones eran de otra índole. Esto lo pensé después de la segunda vez que vomité en el viejo baño de la casa. Y como una prueba de que la vida imita al arte y no al revés. dos cosas me quedaron claras.No conozco las fechas. pero todos estábamos irritables. pero me sentía igualmente borracho. Este hecho no dejó de dolerme. No es que llegáramos a odiarnos. me dijo. Por otro lado. para que no se sintiera mal. Sentía que era lo único que me ataba al mundo. porque sentí que Ana Karina se ponía en contra mía y. al mismo tiempo. se sabía débil para enfrentarlo. escuché la pelea entre Ana Karina y el Jota. Sólo puedo encogerme de hombros y sonreír irónicamente. Yo también. Perec y Sabrina no sólo aparentaban indiferencia. de permanecer. Primero. que si me soltaba volaría impulsado por la fuerza centrífuga a través del universo. y que las luchas de poder me tenían sin cuidado. Lo segundo que me quedó claro fue que la okupación había fracasado. que escapan a nuestro control. Mateo odiaba al Jota y eso estaba claro. Me sostenía del WC con desesperación. su unión con el Jota era cada vez más fuerte. El Jota y Ana Karina hicieron un escándalo cuando supieron que había salido en la noche. Sin embargo. Sólo puedo fingir que nada me importa demasiado. Ya había despertado. todo sucedió con la rapidez de las cosas que no están premeditadas.

-Bueno. 44 . o el exilio no es un simple intersticio. Según él. -¿Por qué? -Tiene una extraña idea de lo que significa la independencia. El viaje es la búsqueda de cierta libertad. Su mirada era dura. No me ha contado mucho de ella. De ahí surge esa peligrosa obsesión que algunos llaman patriotismo. pero me dijo que este viaje era una huida para él. pero ya saben. por eso estamos aquí. el hombre busca la libertad por sobre todas las cosas. Pasaron varios minutos antes que la conversación se estableciera. como la mirada de Dostoievski. lleva varios años viajando. El viaje no es el exilio momentáneo. por el contrario. -¿Sabías que vivió con una mina por varios años? -¿En serio? ¿Quién? -No lo sé. pero sólo para las festividades. Por eso no le gusta este sistema político: dice que al disfrazarse de liberalismo oculta la esclavitud en que la gente vive sumida. a lo que ha visto siempre. Pero no todo el mundo está dispuesto a emigrar. En realidad.conmigo. Se escapó de su casa cuando tenía dieciséis años. Víctor. El viaje es lo contrario al turismo. El viaje es la emigración. Se llama Beatriz. Por supuesto. El Jota. Salimos de la casa y enfilamos rumbo a la playa. De repente. notamos que todos habían desaparecido y Ana Karina decidió que nos tocaba a nosotros desaparecer también. -¿Considera esto un viaje? -No entiendes lo que implica hacer un viaje. se trató de un viaje concertado: sus padres se opusieron. ¿Qué me importa poder elegir entre dos productos en el mercado? La idea de lo que es la verdadera libertad se ha perdido. la gente prefiere aferrarse a lo que tiene más a mano. volvió a la casa familiar. la ley de las compensaciones lo establece: el Jota había ocupado mi lugar. pero él insistió hasta que lo dejaron hacer lo que quisiera. -El Jota es una persona difícil –me dijo de pronto. -Lo sé. en cambio. Toda su vida en realidad.

-Sí, pero él a veces es demasiado radical. Todo le parece una carga: formar una familia, tener una pareja estable, trabajar. Por eso vive huyendo de todo: no quiere que nada lo reprima. -Yo creo que su mente es asquerosamente represiva. -Tiene que aceptar esa forma de esclavitud. Ya sabes: ser un sujeto histórico y bla, bla bla. Ana Karina se rió. No me quedó claro de qué se estaba riendo exactamente. -El otro día me dijo, medio en broma, que quería ser tan libre como el marqués de Sade –añadió entre risitas. -¿Y tú estarías preparada para ese tipo de libertad? –le pregunté. -¡Oye! Estás cruzando nuestro límite de intimidad. -Perdóname, no escuché la alarma. -Tú sabes a lo que me refiero. -Ya sé: nos conocemos demasiado –dije yo, fingiendo indiferencia. Creo que solté una risa estrepitosa y extemporánea. Pensar en estas pequeñas conversaciones idiotas me da un poco de rabia. Me veo a mí mismo como una persona en extremo teórica, víctima de cierto romanticismo mal entendido. Demasiado joven, quizás, aunque ya superaba los 21 años. Ella también era así, pero las manifestaciones de su inmadurez eran totalmente distintas. Era una especie de inocencia latente en todos sus actos, una fuerza irracional que la obligaba a estar buscando permanentemente experiencias vitales desconocidas, explorándose a sí misma, su cuerpo y su individualidad, como se explora una adolescente. Las formas, los gestos, aún no estaban definidos, por lo que todavía podía ensayar nuevas maneras de sostener su cigarro, o de mirarme, podía inventar miradas que mezclaban ternura y coquetería, podía acercarse a una distancia irrisoria y luego alejarse de mí con asco, podía poner sus manos sobre sus caderas o mover ligeramente su cabeza con ademán irritado (e irritante). Un adulto plenamente formado no es capaz de esta variabilidad, de esta gama infinita de posturas y gestos. Un adulto es

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incapaz de producir esta diversidad de personajes: ya es uno y la máscara de ese único personaje se ha fijado sobre su rostro con un pegamento indisoluble. Entra en el cajón chino de la vejez y se queda ahí, habitando en espacios cerrados, compuestos por lo que antes fueron gustos circunstanciales: una canción, un periódico favorito, una vestimenta, un libro sobre el velador, una rutina, una mujer, una concepción de la vida. Era un hecho de la causa que nosotros todavía no estábamos plenamente formados, y si bien eso puede ser un punto en contra en cuanto a la virtud o en cuanto al carácter, era, en este caso, una ventaja evidente: estábamos libres de la erosión humana, de esas sales y parásitos que se adhieren a las personas y que otros llaman hipocresía. En fin, aquel día bajamos a la playa por unos senderos que alguien había abierto en el cerro. Cruzamos entre medio de plantas y ortigas. El espectáculo me conmovió. Los senderos se bifurcaban y se volvían a juntar. Estaban tan bien formados que empecé a pensar que su estructura se debía a la obra de un militar, con fines estratégicos. Al fondo, el sol seguía tan extraño como antes: una tenue naranja flotando en medio del espacio, y nosotros con ella. Pasamos una encrucijada. -La luz parece falsa –dijo Ana Karina, quien miraba todas las cosas como se mira una obra de arte. Me reí de esta frase. -Esto me recuerda a una estudiante de cine que conocí –le dije- Estábamos filmando una película de zombis en un bosque, pero ella no estaba contenta con los árboles. Le parecía que les faltaba realismo. -No se trata de eso: parece un atardecer, pero son las tres de la tarde. Era cierto. Todo estaba apacible y a la vez todo era extraño. Las cosas estaban desfasadas, el viento soplaba a destiempo, los pastizales formaban pequeños tirabuzones incompresibles. Pensé que era perfecto para un final. Nosotros dos caminando en medio de esos senderos abiertos en la nada. Ella se adelantaría un poco en la profundidad del cerro. Me miraría desde lejos, como diciéndome algo, pero yo no entendería o me haría el desentendido. Finalmente, sin que nada lo provocase, ambos nos echaríamos a reír.

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Caminábamos por la playa. Algarrobo es perfecto en esta época del año: una ciudad invernal que no sabe que es una ciudad invernal. Ese desconocimiento es lo mejor, lo que hace que la ciudad se mantenga en un estado de permanente placidez, que sea de un gris tan decididamente gris. -Estas olas son horribles –comentó Ana Karina. -Todos los veranos muere algún bañista justo en este sector –añadí yo –Lo sé porque solía pasar mis veranos aquí. -Quizás por eso tú no eres de los que se bañan en el mar. -La playa es un lugar donde se va a tomar sol, jugar paletas, comer palmeras y temer al mar. Ana Karina sonrió, pero no dijo nada. Entonces se me ocurrió preguntarle algo que había querido preguntarle desde hacía varios días. -¿Es cierto que renunciaste al arte? Ana Karina me miró como sobresaltada. Mi pregunta no era pertinente, y por esto mismo insistí en ella. Finalmente, habló. -No lo sé. No sé qué hacer con mi vida. Seguir o intentar otro ángulo me parece tan extenuante. Estuve mucho tiempo metida en Foto, hasta quisimos formar ese colectivo artístico con Perec y Sabrina, pero ahora estoy empezando a dudar. ¿Qué voy a sacar con esto? ¿Quise yo alguna vez ser artista realmente? -Eso no se decide. Tú eres una artista. Eres la persona más artística que conozco, hasta firmas los cheques artísticamente. -Idiota. -No, en serio. Siempre he envidiado esa mosca que haces. Yo soy tan cuadrado que escribo mi nombre y le pongo unas rayas encima.

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Tienen miedo de parecer eruditos. ya te dije. Todos se creen grandes artistas. que no quiero jefes. o con la parodia que ellos dos estaban filmando. Lo mismo ocurre con los artistas visuales. no sé si pertenezco a ese mundo. -¿Y por qué renuncias entonces? -Algo me pasó mientras dibujaba a Sabrina. los más originales.. sentí de repente que el dibujo era siempre lo mismo. Era evidente que la renuncia de Ana Karina al arte era momentánea. de la inteligencia. Lo peor es que esa soberbia se manifiesta en provincianismo: los escritores escriben como si fueran los primeros. Pensé en esa misteriosa Beatriz que Ana Karina había nombrado. Sentía que algo se me escapaba. Me quedé un largo rato 48 . que son peores aún. del diálogo culto. Asentí porque no se me ocurrió qué otra cosa hacer. Y no hablemos de los cineastas. Sin embargo. dejando de lado los cheques. ¿El Jota huía del sistema o realmente huía de esa extraña mujer? En eso pensé que el nombre de Beatriz no era un detalle sin importancia (y lamentablemente después supe que tenía razón). desconociendo descaradamente a sus predecesores. ¿Por la libertad que te da. ¿por qué quisiste estudiar arte? -No lo sé. me dio rabia. En Chile el arte es la industria de lo snob… Y también es la industria de la soberbia. -Pero tú siempre has sabido eso… -Lo sé –respondió ella. no sé. -Entonces.-Bueno. Sentí que todo tenía algo que ver con el Jota. creo. que quiero hacer algo. Desde niña me he dicho que quiero tener el control de mi vida. -¿Y…? -Y.. Era como estar dibujando con agua sobre una piedra: tenía que repetir el mismo acto una y otra vez para que no se desvaneciera el dibujo. puede ser?. No tenía sentido. crear algo nuevo que sólo me pertenezca a mí… Ser artista es una forma de lograr eso. del homenaje. de la cita. pero no tienen idea de nada.

los contornos. porque así lo disponían las convenciones sociales y el delicado equilibrio de la casa. En un punto el agua alcanzó nuestros pies. Después de pasarlo. Las olas reventaban con fuerza y las nubes ocultaban el sol anaranjado. sólo asentía y me reía con ella. -¿Quién es? –me preguntó Ana Karina. En realidad. pero él salió corriendo. A medida que caminábamos. Nos reíamos atolondradamente. se pusiera extremadamente coqueta. Luego lo vi anotando algo en un pequeñísimo cuaderno. empapados pero felices. La tomé del brazo. Seguimos caminando. 49 . notando ese nerviosismo. Ana Karina se encaramó sobre mí para evitar seguir mojándose y ambos caímos al agua. para ser sinceros. miré hacia atrás y noté que su rostro también había girado hacia nosotros. hasta que pasamos junto a un hombre de unos cincuenta años que se vestía como pescador y recogía conchitas. Era verdad. -No puede ser… ¿Él no vive en Concón? La pregunta me agarró de improviso. me contaba chistes. noté que le miraba el culo descaradamente a Ana Karina. en medio de la arena. como la croquera que yo había rescatado de la muerte. Mi imaginación me jugaba una mala pasada.enfrascado en estas divagaciones. Entonces creí reconocer al poeta Claudio Bertoni. como si olvidara súbitamente que nuestro papel en la comedia nos forzaba a evitar toda intimidad. -Creo que es Claudio Bertoni. Me puse a cantar en voz baja una canción cebolla que sonaba en la radio local. se reía. Ese pequeño roce era suficiente para ponerme nervioso y para que Ana Karina. me di cuenta que hacía como que recogía conchitas. -Estoy seguro que era Claudio Bertoni –insistí. Ana Karina me hablaba de temas diversos. En un punto mientras caminábamos nuestras manos se rozaron. agarrados del brazo. su interés estaba en otra parte. Bueno. pero yo no escuchaba. las siluetas se iban poniendo más confusas. creo que lo llamé. No podía tratarse del verdadero Claudio Bertoni. que éramos amigos y que ella debía verme como tal. Le dije algo. para convencerme a mí mismo de que no me estaba volviendo loco.

la ciudad de mi infancia. Daba la sensación de estar atrapados. estáticos. Conformaban la heterotopía. en realidad. y ella se incorporó. pero tengo la sensación de que en Viña siempre está lloviznando. La desperté en el momento en que llegábamos a la plaza de Viña. olor a podredumbre. Le dije esto a Ana Karina y ella se rió sin razón. un lugar sacado de una novela de ciencia ficción. ¿A dónde vamos? -No tengo idea. tomamos una micro y atravesamos las dunas. pero de ninguna forma el Centro. Había tanta gente que habría sido casi imposible pararse en ese momento. un lugar laberíntico y pesado. acercándonos a Viña del Mar. pero Concón y Algarrobo eran.-Sería demasiada coincidencia. No sé por qué. por el contrario. Tuve una sensación de déja vu. apoyada en mi hombro. Recuerdo que pasamos por Las deliciosas. clausurada. le dije. la mayor parte personas cansadas después de una larga jornada laboral. Luego. Lloviznaba. Al centro posiblemente. en rigor. 50 . camiones. Ana Karina se quedó dormida. Aquí nos bajamos. tierra. Entonces se me ocurrió la respuesta: Bertoni vivía en Concón. enfilamos rumbo por la calle Álvarez. Él no vive por aquí. sino por las calles desoladas de Concón. y también el deseo de darle un beso en los labios apenas cerrados. En un punto. La calle Álvarez intervenida. El centro de Viña. -¿Y? –me preguntó Ana Karina-. Tuvimos que luchar contra la masa de gente y salimos a empujones del vehículo que ya se ponía de nuevo en movimiento. la micro se empezó a llenar de gente. Era como estar en una guerra: trincheras. pero para ello tuvimos que atravesar la línea férrea (que estaba. Luego. Tan así fue que de repente nos vimos caminando no por las calles húmedas de Algarrobo sur. ya que se construía un sendo metro que unía casi toda la quinta región). luces rojas. la misma ciudad. una casa repleta de engaños. donde nos compramos dos empanadas de queso.

Y cada chaqueta tenía su clan de chaquetas similares. uno de esos establecimientos comerciales que ayudan a los jóvenes a sacar buenos resultados en las pruebas de ingreso a la universidad. salir de ahí. Pero entonces habría que sacarse también la camisa. Éste. tal vez. Y mientras 51 . Miré mi propia chaqueta: azul marino. Venían hacía mí y sus ojos destilaban odio. en particular. Tengo lenguaje y es la prueba que requiere más preparación. corrí por las calles viñamarinas. Y tú. el frío es el aliado primordial que tienen las chaquetas en su interés uniformador. apenas interrumpida por las evidencias de una ciudad eternamente destruyéndose y deconstruyéndose. pero nosotros no podíamos evitar prolongar nuestra caminata. como años antes. -Sí. En eso. ¿qué quieres hacer en el futuro? ¿Y tú? ¿Qué música te gusta? ¿Qué series de televisión te gustan? De pronto. Hablábamos. Eso hice. que los unía y desunía. curiosos por indagar datos de la vida del otro. yo no quería entrar. el pantalón. verdes. que nos podemos seguir sacando chaquetas. una solución. ¿Dónde se ha visto semejante absurdidad? ¿En qué otra parte puede tener tanto peso una simple chaqueta? Sacarse la chaqueta sería. uniformada. Había chaquetas rojas. Veía las formas desproporcionadas de esos cuerpos y esa vestimenta horrible. una caminata que en realidad era una sola y larga conversación. como dos perfectos extraños que recién se conocen. amarillas. llegamos a un lugar muy iluminado. donde se reunía lo que identifiqué como algo parecido a la élite local. pero el cuerpo también habrá adquirido esa asquerosa tonalidad azul. pero quedamos de juntarnos pronto. -Parece que tengo clases ahora –me dijo de súbito Ana Karina. Necesitaba un escape. Nos despedimos. pensé después. grises. noté que se acercaban hacia mí varios de mis compañeros de colegio. yo debería entrar también. era como un mall colegial. Sin embargo. El frío. todo lo que clama azul marino y entonces darse cuenta que la desnudez total no existe. azules. todo lo que clama chaqueta.Se hacía de noche. en realidad.

Me desdoblaba para vigilar mejor cada uno de mis actos. -¡Ana Karina!. y sentía que era el momento de ponerle fin a todo ello. no tuve miedo. Y la naturalidad con que iba descalza sobre la arena me llenó de seguridad. desprovisto de algo. las personas y las cosas pierden sus contornos. una visión de mí mismo en tercera persona. Pero no sabría asegurarlo: cuando pienso en ese período de mi vida todas las imágenes se superponen. -¿Qué ocurre? ¿Por qué transpiras tanto? -Descubrí una cosa. perdido. No era un temor físico. ¿Por qué les temía a mis compañeros…? Ante sus miradas me sentía siempre indefenso. Quiero enseñarte cosas sobre el placer. Pero el temor era más sutil. no era yo mismo. Concón y Viña del Mar. Nunca fui golpeado. todo se convierte en una historia dentro de otra historia. Pensé en mis compañeros de curso. Me acerqué a sus labios a pesar de que todo mi intelecto me decía que no me acercara. en un sueño. a lo más me convertí en el objeto de sus burlas. en la zona imprecisa que delimitaba Algarrobo y Concón. Aún hoy no sé identificar qué era lo que yo temía. -Cállate. estás desvariando. Quiero que me enseñes las formas más elaboradas del placer. y por una vez. Soy una voluntad que no tiene sentido y quiero ser tu amante. mis músculos se contraían. no era ni siquiera un temor a la burla. Iba descalza. pensaba en Ana Karina y en mi infancia. Era preciso actuar. lleno de tensión y nerviosismo ante cualquier evento extraño. Fue Ana Karina la que me despertó. Sentí en ese instante que había dejado atrás al niño que se acurrucaba en el vientre de la madre.grité. A lo mejor ése era precisamente mi temor. las ciudades que conformaban la heterotopía. Mi respiración se alteraba. una cosa importante.corría. Corría junto al mar. el abandono de lo que significaba ser yo. -¿Qué descubriste? -No le tengo miedo a la humanidad. 52 . Entonces me acerqué. pero sí puedo asegurarles que me afectaba profundamente.

sé que es una persona difícil. caminatas y metáforas.repetían una enigmática palabra: -Nada. -No sabía que te gustaba –me dijo. un deseo… algo? Ana Karina miró el suelo. La respuesta fue una pequeña lágrima inerte que caía por su mejilla. mientras sus labios –los labios que previamente yo había besado y habían querido ser besados.Sé lo que esto implica. -No quiero ser melodramático ni cursi. 53 . pero creo que me estoy enamorando de ti. pero sí sus ojos que se abrieron al instante. pero creo que lo nuestro puede durar. calles y ciudades. y estos entremeses de lo cotidiano se fusionaban con la realidad circundante. Claudio Bertoni era un punto a lo lejos. ahora definitivamente. y luego sus manos y su rostro y todos ellos giraron a destiempo y se alejaron de mí. -Y por mí. recorrían sueños y recuerdos.La besé y sus labios no se resistieron. Ya se estaba ocultando el sol. sus ojos repasaban algo hacia su interior. -Yo amo al Jota –me dijo. ¿qué sientes? ¿Existe una tensión.

Es insoportable. Le pregunté si hablaba metafóricamente. Cada vez estoy más seguro de escuchar realmente esa nota. Era como si jugáramos. -Yo no escucho nada..del escape? 54 . Por unos días todo pareció volver a la normalidad. Estos accesos de misticismo que le venían a Mateo cada cierto tiempo me importunaban bastante. como si todo fuera una representación. el fin del camino? ¿Es que quería escapar –también..En el camino de vuelta no nos hablamos. El Jota anunció que había cocinado fideos con salsa y Ana Karina se arrojó a sus brazos. me parece que es un Do sostenido. ¡Escucha! Ahí está de nuevo. Sin embargo. Mateo me dijo que a veces escuchaba el sonido de un piano: una sola tecla negra (sostenida) que se repetía incesantemente. Pero había una sensación extraña en el trasfondo de todos nuestros gestos. quizás castigándome por haber sido tan imbécil. acaso. pero que no podían soslayarse. como diría Claudio Bertoni. -Porque no estás escuchando realmente. Y esto le producía un malestar físico. Un Do sostenido muy claro. ¿Y su batalla a muerte contra el sistema? ¿No era este. no una nota sostenida. Los escuché deliberadamente. Cuando al fin llegamos a la casa era de noche y nos esperaban. No nos hicieron preguntas. detalles si se quiere. con el pasar de los días yo también empecé a notar. Era la mirada del Jota. Todo lo hacía con una especie de indiferencia que no me cuadraba. -No lo sé. Esa noche los escuché teniendo sexo. Me había desenmascarado demasiado pronto. por ejemplo. Culeando. Desconfío de todo misticismo y de toda metafísica. Como si planeara dejarnos. pero sí otras cosas.

la mujer que había provocado su “huida”.Mi memoria había retenido. Y es que la omisión de este término difícil nos la acercaba más y más. En la casa no celebrábamos cumpleaños. Todas las cuestiones sobre el futuro se reducían a planes estratégicos. jugueteaban a cada momento. el espejo del fondo se trizaba. Tendíamos. se reían más fuerte. al individualismo. todo sonaba como en un concierto de Bela Bartok. un nuevo signo de exploración gestual. ¿Cuál era la verdad sobre aquello? ¿Esta mujer era importante para su vida o era un simple nombre al pasar? Me parece que todo esto sucedió hacia fin de año. como si la casa hubiera querido tragarnos a todos. y demostraban que todavía no se acoplaba a los esquemas rutinarios de la madurez. y mediante esta operación. la ex del Jota. Era un pecado empezar a elucubrar sobre cuestiones pueriles como el matrimonio. actuados. Ellos se esforzaban en demostrar que el amor lo imbuía todo. los muebles crecían a una velocidad inusitada. la relación de Ana Karina y el Jota se caía a pedazos frente a nosotros. 55 .guardaban cierta compostura eran Sabrina y Perec. ya que todas las cosas que hacíamos al interior de la casa estaban conducidas a retardarla. Eran desmedidos. Los únicos que –creo. me parece. el trabajo. el nombre de Beatriz. con una música de fondo apabullante. ni pensábamos en nuestros futuros personales. los hijos. Escapaban de su conducta habitual. Los ruidos de la casa desentonaban. nosotros no podíamos dejar de pensar en ella. En plena tarde se encerraban en su pieza a tener sexo y Ana Karina gritaba como loca. casi todos. hablaban en voz baja. Los gritos de Ana Karina eran. Estábamos condenados a hacernos viejos a fuerza de no pensar en nuestra vejez. perspectivas de la lucha futura. En cambio. la soledad se empezaba a hacer presente. las ollas retumbaban. Y cuando hacían el amor los platos caían al piso. se miraban. pero una vez más las fechas son escurridizas. histérica. Sentía que los muebles se hacían cada vez más grandes. no sé por qué razón.

poemas de Rimbaud. la esposa de Abraham. a pasto. pero no su cuerpo desnudo tal cual era físicamente sino lo que su cuerpo conformaba para mí. dispuesta a sacrificar su existencia artística por la ilusión de un orden. hablarle. una madre que no sabe que es madre. un invento que ha fabricado su imaginación. en el papel de Agar. opacando los movimientos. era una gran desconocida. sentía en su piel un olor a tierra mojada. Pero. culeando sin mirarse. recuerdos de otras mujeres. ignorada incluso por su dios absolutamente machista y patriarcal. cubiertos de sal. llenarla de mis 56 . mientras ella cocina o lava los platos. todo convertido en resignación cristiana y absurda. acelerando el proceso de descomposición. sin embargo. A veces. Pensaba en las circunstancias que me habían alejado de Ana Karina. Caminaba por el barrio para quitarme la rabia. suspirando para sus adentros y admirando un cuadro estático del esposo. Y lamía sus pezones erotizados. o peor aún. Trozos de canciones. A pesar de todo aquello. Me parecía que ella se había esforzado para permanecer dentro de su papel de polola perfecta. me despertaba en la noche imaginando su cuerpo desnudo. las palabras no dichas entre comida y comida. La imaginé representando a Sara. A veces. no perdí la ilusión por completo. la ilusión del hombre artista que yace en el suelo imaginando poemas o composiciones que nunca escribirá. a eucaliptos.Esta locura me obligaba a salir de la casa sofocante. ¿es que había estado alguna vez cerca de ella? En el fondo. decirle cosas chistosas. dentro de su papel de madre y esposa entregada prematuramente a los sufrimientos de la vida conyugal. intentaba acercarme a ella. Culeando. A veces lloraba como un niño mientras recorría las calles con nombres de poetas olvidados. ¿Por qué me había arrojado sobre ella? ¿Cómo había creído siquiera que ella podía estar interesada en mí? Y. películas pornográficas. el tiempo agitándose temblorosamente entre ambos. el beso había sido real. cánticos guturales. exiliada en el desierto. con un hijo a cuestas. en días largos y calurosos. Pero la rabia regresaba aún en estos sueños a reclamar mi cabeza. cuadros impresionistas. Por el contrario.

propias ideas. en sus ideas que viajan por extraños caminos. no puedo evitar pensar que las respuestas a su vacío creativo radican en su propio cuerpo. Ella no me respondía. pero nunca parecía desordenado. me acercaba a ella cuando la veía en sus clásicas reflexiones. bailado entre su pelo y el viento. una imagen vívida dibujada por un artista). Ahora he llegado a creer que fueron estas conversaciones las que hicieron que su deseo por el Jota se acrecentara. siempre se agitaba un poco. Ella me diría que la belleza no es uno de los objetivos (explícitos) del arte moderno. En estas ocasiones yo me acercaba sigilosamente y hacía algún comentario pueril sobre la decadencia del arte. que las cosas tenían que mantenerse como estaban.y me respondía con la mirada fija en el horizonte. incitaciones a llenar los puntos. Me sorprendía su uso del verbo “tener” para referirse a todo. De vez en cuando formaba una O con las volutas de humo. En esas ocasiones se veía más hermosa que nunca. A veces me descubro pensando que el fracaso de Ana Karina como artista ha sido no poder crear algo más hermoso que ella misma. Me encantaba cuando el viento agitaba levemente su pelo (tenía el pelo corto. Y no estaba en nosotros la posibilidad de forzar las cosas. valiente. todo aparentaba un vals sutil. Todo “tenía” que ser de alguna manera. que su deseo se acrecentara aparentemente. En un punto de la conversación. en cada gesto (cada gesto que anhela la construcción de una forma). a veces llenos de sensatez. Ella me decía (a veces violentamente) que la cortara. y otras veces llenos de cabos sueltos. ya lo 57 . construyéndome la imagen de un hombre sensible y apasionado. light. Ella fumaba su cigarro –Viceroy. sentada en una silla de playa. Hablábamos. yo le tiraba una indirecta relativa a lo que había sucedido ese día en la playa. Por ejemplo. Luego. en el patio. pero que el lector avezado puede llegar a ver en cada palabra. con el cuello completamente erguido. formando una figura de estilo griego. los vacíos entre punto y punto que ella desconoce. seguro de mí mismo. como si no hubiera oído. yo insistía. parecía sintonizado con el viento. en su tono de voz. Sin embargo. porque. Digo. Entonces ella daba por terminada la conversación y volvía a entrar a la casa (a esas alturas ya era de noche).

Pero estas son especulaciones. Quizás esta es la razón de que Ana Karina forzara las cosas.saben. 58 . que se doblegara ante el Jota como lo hizo. Tanto ella como el Jota sabían que aquello no duraría. no era más que una gran representación.

que se iba insuflando en sus tímpanos. era yo quien hablaba. Me quedé callado. Yo también había pensado algo parecido. Mateo seguía escuchando la tecla negra. -¿Tú crees que los pacos nos van a sacar? Mateo dudó. pero cuando pienso de nuevo en ese período de nuestra estancia en la casa. Segundo. no nos van a sacar. No nos dijimos nada más esa tarde. Me había autoconvencido de que mis monólogos eran no sólo entretenidos sino que 59 . Ese era ciertamente un problema. la cuestión legal. acompañé a Perec a hacer las compras. -¿Cómo ‘al final’? -Al final de todo. me parece una época insufrible. Al menos fracasó según los parámetros que nos llevaron a venir aquí. Cuando estaba con él era capaz de hablar de cualquier cosa. No vamos a durar mucho más en esta casa. ¿no te das cuenta? Falta aire en la casa. -No. Intentaba que no se notara. Estamos paralizados. -¿Entonces? ¿Te aburriste? ¿Te quieres ir? -Yo no… Pero el proyecto fracasó. Después de esa breve conversación. Todos estábamos agotados. -Yo creo que hemos llegado al final –me dijo un día. Pero si hubiera podido conocer el futuro le habría dado la razón al énfasis de Mateo. negrísima. Como siempre.Mientras transcurrían los días mi desesperación se acrecentaba. Ya nos habrían sacado a estas alturas. -¿Y qué pasó con las palabras de Perec? ¿Te acuerdas: “la vida nos está amordazando”? -Primero que nada. la frase era “la vida nos está acogotando”. claro que sin tanto dramatismo.

quijotesco. ocho marraquetas. Plátanos. No era solamente la inversión de las afonías de la que hablé en un principio. ironía. huevos. con el eje primordial. pero hacía un tiempo (poco después de quedarse sin palabras) se la había afeitado. Sabrina. vienesas. Ahora teníamos que conformarnos con la voz de Sabrina (que no era mala. Ana Karina principalmente. bebida cola (el sucedáneo más barato que existiera). detalles femeninos. como podrán notar. la excitación sutilmente 60 . sino algo más. Mientras nos dedicábamos a estas labores. y su rostro era muy flaco. No podía ser tan simple como eso de que los opuestos se atraen. física. pruebas de nuestra ineptitud masculina. Su tez era blanca. onduladas. Siempre que íbamos a hacer las compras. esta idea permanecía irrefutable. Perec tenía el pelo ensortijado. El huerto. sus formas eran curvas. un encubrimiento. Pero lo que filosofaba era siempre un engaño. redondas. mantequilla. una cualidad. por el contrario. Había algo que no calzaba. yo filosofaba. pensaba en otras cosas. agudeza. En realidad. Muchas veces Sabrina lo hacía añadir una que otra cosa. pero también en la extraña unión que habían configurado Perec y Sabrina. ejecutaba La conquistada a la perfección. Donde Perec era quebrada ella era la sutil enredadera. con la vaca sagrada o algo por el estilo). no era capaz de suplir aún nuestras necesidades alimenticias. Cuando todavía hablaba. tomates –a Sabrina le encantaba el tomate-. pero que no alcanzaba a llenar el vacío que dejaba la voz de Perec). era un poco rellenita. eróticas. leche semi-descremada (aunque el Jota insistía en tomar leche entera. como si eso lo fuera a unir más con lo autóctono. alternando entre grupos metaleros y Los Jaivas. Antes llevaba barba. la flor abierta y roja. Y como él callaba. manzanas. Siempre llevaba puesta alguna polera de un grupo musical. Perec sacaba una hoja de su cuaderno donde anotaba una lista improvisada. el calor abrasante. para parecerse más al escritor. cerveza. por así decirlo. lechuga.también denotaban erudición.

un grupo de minas lesbianas que había rayado un par de murallas en el sector. Sus peroratas sobre compositores. o algo así. Un ejemplo de este afán de ocultamiento está en la reunión que ella organizó con el Colectivo Lesbos. desde luego. el Jota se sumó gustoso a la reunión. a transformar sus propias palabras en un miasma purulento. etcétera). la que amenazó con expulsarnos. o sobre el estilo ondulado de Schumann. entrar a conocer la lucha urbana. difusos. Este exceso de seriedad me llevó a tomar una determinación que hoy juzgo estúpida. su actitud había adquirido tintes definitivos. cosa que nos valió la desaprobación inmediata de Sabrina. pero Sabrina me miró con odio. sus rasgos –alguna vez móviles. Las chicas se lo tomaron con humor. o sobre la música atonal. porque significaba politizar un nuevo espacio. Pensé súbitamente que Perec se había callado para poder hablar con más elocuencia que antes. sus gestos se habían hiperbolizado. Por otro lado. porque tendían a ocultarla. ¿Cómo esperar encontrarse con un colectivo de esta naturaleza en un pueblucho como ese? Mateo y yo hicimos algunas bromas estúpidas antes de que llegaran las chicas. que este grupo representaba. el incienso. Como era de esperar. pero suave. la imagen de Sabrina se había vuelto más difusa que antes.se habían quedado fijos en una especie de fotografía. y a medida que el alcohol empezó a fluir. Diría que era un símbolo de madurez. por ejemplo.púrpura. no tenía la fuerza eléctrica que tenía el pelo de Perec. pero. eran insufribles. El Jota se puso a pontificar sobre la pornografía (la pornografía como comercialización y humillación de la mujer. que era fanático de las películas de lesbianas. De hecho. Algo no cuajaba. ella estuvo bastante agresiva conmigo. pero puede ser que esta atribución sea excesiva. sobre la quinta sinfonía de Mahler. en plena reunión. Durante el resto de la noche. cotidiana. solo en un plano retórico: -El otro día me dijiste que no estabas de acuerdo con la idea de penalizar el femicidio… 61 . Su pelo era ondulado. ahora todo lo hacía de forma más explícita. pero que en aquel momento solo me pareció temeraria: les dije a las chicas.

tal vez. O quizás me decía que se podía vivir sin hablar. una performance que había durado. De más está decir que no volvimos a juntarnos con el Colectivo Lesbos. esto era lo que pensaba realmente mientras filosofaba con Perec. que no lo había abandonado en forma definitiva. quien hacía acotaciones gramscianas. Y las palabras cubrían esto. Algo se había perdido. un lujo innecesario. Y luego volvíamos a la casa cargados de bolsas. o mientras esperábamos que nos atendieran.-¿Cómo era el chiste que contaron antes que las chicas llegaran…? -¿Has leído a Susan Sontag…? -¿Por qué citaste a Safo…? ¿Estás tratando de decirle algo a las chiquillas? -¿Quién era Gertrude Stein? -¿Qué te parece el término tortillera? Yo te he escuchado decirlo un par de veces. El Jota y Sabrina se mimetizaban en un afán intelectual que difícilmente estaba conectado con nuestra permanencia en la okupación. como diciéndome que el sonido seguía adentro suyo. porque en definitiva no sabía qué chucha estaba haciendo en la casa. lo tapaban con barro y hojas secas.. que todo aquello era una fase. hablaba hasta por los codos. incluso había perdido su amor por la música. Esa noche me di cuenta de que todo era dar vueltas sobre lo mismo. Sabrina hablaba porque no sabía qué decir. solo interrumpida por el Jota. En fin. acotaciones que a Mateo le daban mucha rabia.. demasiado tiempo. ingenuamente. ¿no?. se ponía a silbar. Y luego hablaba. Y ahora pienso que quizás me estaba tranquilizando. sin decir palabra. -¿Qué opinas de la pornografía? Porque tú ves mucha pornografía. Cosas así. Quizás. un experimento. que las palabras eran. Que me estaba diciendo que él era el 62 . a veces. y él. en el fondo. tanto así que no podía evitar comentarme por lo bajo que el Jota no tenía ni puta idea de quién era Gramsci. Pero lo más importante de la anécdota es que me demostró la naturaleza del nuevo lenguaje de Sabrina.

y que todas esas melodías que antes pululaban en su cabeza. 63 . ahora vivían con él. la música que Sabrina había perdido.guardián de la música de Sabrina.

La verdad es que en esa época fracasa una y otra vez en el acercamiento al otro sexo. Juega con la idea del suicidio. pero el joven no puede poseerlas. a una Constanza o a una Josefina? El nombre más recurrente es Beatriz. Se siente demasiado feo como para abordarlas: se mira en el espejo y ve un rostro en parte deforme. dice. por favor”. Está recorriendo. habiendo perdido el año escolar. al punto que ha empezado a dudar de su propia sexualidad. Culpa en su momento a la educación autoritaria y represiva que recibió en el liceo de hombres. pero también de dudas. teme al resto de los hombres. Se siente demasiado femenino. pero sus contornos son imprecisos. Termina estudiando en uno de esos institutos 2x1. Las otras son de verdad. ¿A quién están dedicados? ¿A una Beatriz. Luego entra a estudiar ciencias políticas en una universidad pública de Santiago. Le entrega el diploma a su padre y le dice “ya no me huevees. la duda permanente. pero se sabe demasiado cobarde para llevarla a cabo. A esas alturas. Lee mucho. mantiene la frustración de ser virgen. Por esos días sueña con emigrar. salpicado de espinillas.Me gustaría imaginar por un momento las causas. con el viaje. Imaginar al Jota en su adolescencia: un joven hipersensible que garabatea poemas en un cuaderno del colegio. el nerviosismo que intentará toda su vida de erradicar por completo. Una vez más se harta de todo. Entonces conoce a una mujer y recuerda los nombres que escribió y tarjó en sus cuadernos de la 64 . Lee a Bolaño y se imbuye de un neoromanticismo visceral. quizás demasiado (¿se puede leer demasiado? Cervantes respondió esta pregunta afirmativamente). Alcanza a terminar la carrera. pero no regresa sino hasta varios meses después. Llama periódicamente. pero decide no ejercerla jamás. A los dieciséis años llama a su madre desde un teléfono público de Antofagasta.

son egoístas y enfermizos. Parece una relación incestuosa. O al menos. El problema no es el amor. Y lo peor de todo: no es un símbolo original. Esto por ahora. apenas un año. En los años sucesivos sus nuevas relaciones fracasan por culpa de su obsesión con esta mujer que representa el ideal de su adolescencia. lo que choca con la opinión de su familia. Beatriz es un pretexto para darle un sentido a la idiotez que son. Beatriz obedece a una necesidad de sentido. Beatriz representa el sacrificio. Son una idiotez porque no van a ninguna parte más que a la muerte. La mujer también lo busca. en realidad. incesantemente.adolescencia. * 65 . Descubre el sexo. Pero un mundo de sexo comprometido es un mundo terrible: se pierden las proporciones y la realidad se contrae. es cuestión de que nos detengamos en ellas para que notemos que no tienen más sentido que la apropiación y el aburrimiento. Al final. En el principio es igual de timorato que en sus experiencias anteriores. Parecen dos salvajes jugando en el barro. Buscamos la asfixia voluntariamente. aburrido. la necesidad de martirio. en el fondo. Beatriz es un símbolo. eso es lo que me parece. Beatriz. las relaciones amorosas*. es una fachada. sino que se trata de una de las representaciones más manidas de la literatura occidental. pero también la parte nefasta de toda relación. Si bien estas pueden ser capaces de darle un sentido a la vida. Sin embargo. pronto se van a vivir juntos. Los momentos de felicidad duran poco. Un mundo de sexo sin compromiso es un mundo lánguido. queda la muerte. sino la cantidad de expectativas que deposita la gente en las relaciones amorosas. la autoinmolación.

La kultura de la basura. La casa estaba llena de gente: atiborrada.“la llevaba”. Creo que todos lo sabíamos. quien era el más entusiasmado con el nuevo cariz que habían tomado los acontecimientos. ya que la tecla negra seguía sonando detrás de los muebles en continua expansión) el proyecto nos empezó a abandonar. informando las reglas de la okupación con un tonito burocrático o simplemente al estilo boy scout. compañero. sin embargo. porque no comulgábamos con la punkería adolescente. Por el contrario. nunca asistió mucha gente a los recitales. respetando las formalidades contraculturales. Pero a la par con el éxito (un éxito relativo. ungido por los okupas algarrobinos. Lamentablemente. y pronto se trocó la palabra debate por la palabra discurso. y la pleitesía al dios Jota. saturada. empezaron a ser muy exitosas. la mayor parte de la gente solía irse (lo que denotaba 66 . algunos colectivos (ciertamente no el Colectivo Lesbos) se nos unían en las tareas de difusión y kontrainformación (empezamos a editar un pasquín semanal. la jerga dicotómica. En la noche. en cambio.La okupación. Venía gente a preguntar por el proyecto. aglutinada. El único problema era que el Jota empezó a acaparar las miradas. que sólo duró dos meses). y había que estar hablando todo el rato con los nuevos feligreses. lo nuestro parecía una ramada izquierdista con sabor a empanada y vino tinto. y una vez a la semana hacíamos un pequeño recital. En las noches a veces se quedaba gente y nos emborrachábamos con ellos. agarraba cierto ritmo. colmada demencialmente. Las jornadas de debate. Totalmente desconectado de lo que -en términos cultural propagandísticos. contra lo que sostenía Mateo. Y es que durante el día apenas podíamos hablar de los antiguos temas. incluso el Jota.

-¿Qué es “abrir” el grupo? Ana Karina empezó a repetir. con ironía. -Parece que de verdad somos okupas. Y eso significa abrir el grupo. o. incluir. -No es eso. 67 . -Hay que incluir al resto de la comunidad en la casa. pero luego siguieron en lo suyo.cierta debilidad en nuestra convocatoria. y hoy nadie se quedó a pasar la noche.intervino Ana Karina. Todos me miraron. Entonces noté que la soledad era un alivio. No sé si ya corría el mes de febrero cuando nos encontramos. Estamos muy cerrados. -Explícate. y sin saber por qué. y el Jota permaneció en silencio. Incluso he pensado que tal vez -no quisiera arriesgar mucho en esta elucubración. el verbo incluir. -Separarnos –interrumpí –Abrir el grupo implica separarnos. compañerorespondió el Jota. La okupación es un estado mental. como un mantra. -No. -Yo estoy de acuerdo con el Jota. nuevamente solos. Una prueba de esto es que nadie se ha quedado de forma permanente. incluir. la falsedad de todo el asunto de la okupación) y sólo quedaban grupos aislados que se dedicaban principalmente a fumar pito y tomar cerveza.todo lo que sucedió después se debe a la alienación en que nos había sumergido el repentino éxito de la casa okupa. hay que abrir más el espacio común. pero asintiendo con la cabeza. de pronto. y me parece que todos pensábamos que aquella soledad había que atesorarla y aprovecharla al máximo. gesto que a Mateo lo sacaba de quicio. -Pero es que estos pendejos están haciendo turismo –respondió Mateo.dijo Mateo. lisa y llanamente. Al debate ingresó Sabrina con frases vehementes en apoyo a Ana Karina. -Hay que trascender. Tenemos que abrir el grupo. -¿Trascender a qué? ¿Qué pelotudez se te ocurrió ahora? El Jota no le respondió. si a este huevón hay que aterrizarlo –me dijo Mateo por lo bajo.

No creo que sea necesario describir minuciosamente las situaciones que se fueron sucediendo a un paso vertiginoso aquella noche. Si les pasa algo. Lo único cierto es que la discusión había llegado a un punto álgido. o para tener una oportunidad más con Ana Karina. Los detalles. Con Sabrina yo era el amigo sensible. Pero a la vez sabemos que la imagen que nos entregan es falsa. profundo. por lo demás. quién propuso jugar póker. los símbolos de esa noche son imposibles de descifrar racionalmente. Todavía no he logrado esclarecer quién sacó las cartas. un punto donde bien pueden ocurrir dos cosas: 1) La separación definitiva del grupo. No es así. hasta las cosas más íntimas. Con Mateo era dependiente. Con Ana Karina actuaba como el perfecto esposo. les pedimos detalles escabrosos. hizo el único gesto que podría salvarnos de la dicotomía: sacó una botella de pisco. ganó la segunda opción. con la elocuencia que lo caracterizaba. Con Perec era reflexivo. Sus vidas corren junto con las nuestras. como si el alcohol y el juego fueran a eliminar los eventos anteriores. pero ahora he llegado a creer que fui yo mismo. Por mucho tiempo pensé que había sido el Jota. necesitado de afecto. la vista gorda. Como deben intuir. inteligente. Y les hacemos preguntas. la guerra a muerte. es como si nos pasara a nosotros. queremos saber todo sobre ellos. propiciada por Perec. Estas palabras no quieren ser una justificación. Una amiga o un amigo son capaces de producirnos un efecto muy parecido al que nos produce una amante. Todo lo que ocurrió fue sacado de una película surrealista. quizás para sacarme la depresión de encima. la amistad es una mera manifestación del fenómeno amoroso). Con el primer trago retienes todavía alguna 68 . El Jota no era mi amigo. siempre son escurridizos. Nos creamos imágenes ante los demás. quien. comprensivo. Y está claro que se trataba de una desgracia amorosa (la amistad y el amor no están desvinculados. pero lo respetaba. 2) El soslayamiento del conflicto. Hay gente que cree que la amistad escapa de los problemas de una relación erótica.En ese momento noté que la verdadera desgracia nos concernía a todos.

se sentían forzadas. directo hacia la noche que no tiene raíces. Ana Karina nos propuso “enriquecer” nuestro juego de póker. el rostro risueño de Perec. Al principio las risas. lo mismo los días siguientes: una serie de hechos que nunca podrá ser analizada en forma cronológica. del bolsillo y la billetera. Pero la noche se fue distendiendo poco a poco. torpe). La economía del placebo. y otros dos partían a comprar bebida a la botillería de la esquina (copete no nos faltaba). hablando (yo) sobre la evolución de la izquierda desde la revolución francesa en adelante. Las teclas negras empezaron a alternar con fluidez. todos sus movimientos que fluían con una armonía que yo nunca había visto (ella era. En un momento empezamos a apostar plata de verdad y sacamos una segunda botella. quien dio inmediatamente un paso al costado. si aparecían. como diciendo que no creía realmente en los celos. Creo que fue en ese momento en el que los nombres empezaron a difuminarse en mi mente. el que a su vez parecía rumiar para sí los discursos que aquella noche no pudo pronunciar. que Sabrina era una mujer libre y como intuyendo un plan que se gestaba en el subconsciente de todos nosotros. Íbamos en un mar mareado. el Jota rebatiendo cada punto. por ejemplo. que nos controlan con una inactividad sutil. cantando desafinadamente.fracción de lo que ves a tu alrededor. hermosa como nunca. el rostro inescrutable de Ana Karina. como si recién nos conociéramos. Mateo seguía mirando con odio al Jota. y así mientras alguien abría la tercera botella. De esa noche estoy destinado a obtener en mi memoria sólo flashbacks repentinos. Todo fluía: el alcohol. mientras ella y yo conversábamos. más bien. los lugares perdieron su vigencia. ebrio como estaba alcancé a vislumbrar la inutilidad de tanto dato suelto que nos obligan a retener. para reducirnos a números y tarjetas. las fichas. la falta de poesía. 69 . más lúcido que nunca (tras la quinta piscola) y mis ojos de pronto enfocados en Sabrina. Es la filosofía del plástico. Así. la mirada fastidiada de Mateo. y Perec. y la casa se empezó a ensanchar a la par con los muebles. Quizás nuestro descarado coqueteo fue lo que aceleró las cosas. la mirada maliciosa de Sabrina. contemplaba el rostro siempre recio del Jota. las cartas.

mirándome con malicia. -¿Cómo una prenda? -Ropa. el farol que no alumbra y otras huevadas del mismo tenor. claro. las confidencias sexuales. con el alcohol que fluye ágilmente por los vasos sanguíneos. No tiene relevancia si es efectivamente el mismo momento. todo es parte de la misma borrachera que se va gestando a lo largo y ancho de nuestras vidas. se me ocurren frases manidas como homo ludens. al final. denotaba cierto aire de suficiencia. De pronto el juego se convirtió en algo distinto. me saqué los pantalones de una sola vez. Intenté sostener la mirada de Ana Karina. Pero esto. con las prendas que van formando un montoncito cada vez mayor en el suelo de madera.-Víctor ya perdió todas sus fichas –le comentó a Sabrina. del saborcillo a jarabe en la parte posterior de la lengua. provenientes de diferentes épocas de mi vida. pero Sabrina intervino: -Kari –odiaba cuando le decía “Kari”. no tiene importancia. o sigues jugando sujeto a alguna condición. todo esto que va cubriendo con una cortina agujereada los instintos básicos: la sed de ese mareo indefinible. y los labios 70 . -No tenías por qué partir con los pantalones –me dijo riendo Sabrina. más bien. qué se yo. creo que en mi memoria se han combinado hechos diversos. era para ella como un (primer) round ganado. el pobre es el más pudoroso de todos.O te vas. -¿Qué condición? -Te sacas alguna prenda. arte performático. Esta afirmación sí que me exasperó. menso. En efecto. la kultura chupística. diría yo.Yo creo que tenemos dos opciones –añadió. así que. por lo general soy contrario a todo tipo de diminutivos -déjalo tranquilo. estimulado por el alcohol. El juego sería el símbolo de algo que se encuentra un poco más allá de los hechos puros. Ana Karina no se reía. No sé si todo esto ocurrió en la misma noche. sólo que se va gestando de manera descontinuada: Primero reanudamos el juego de póker.

pero Mateo declina y prefiere quedarse completamente desnudo. las penitencias. y la humedad del beso y las bocas expectantes. menos el pobre de Mateo. pero pronto estoy odiando su beso sin lengua. como si el cielorraso hubiera amenazado una vaga llovizna sangrienta. la mixtura del aire en la pieza oscura. en calzones diminutos. alguien se ha hecho la vista gorda. quien la besa con los labios cerrados. con un olor a algas y vegetación sudorosa. predicando con el ejemplo. por fin. la lengua entumecida y la risa fácil. y así avanza la noche sacada de cuajo desde lo profundo de los humedales. y de repente los flashbacks de un pasado más lejano. no sé si lo dice en serio o es una más de sus bromas ahuevonadas. y como todo aquello que ya no existe. me toca besar al Jota y nos damos un beso con la boca apretada al máximo. apretados –duros como las rocas de los acantilados de Algarrobo. y las manos sobre la rodilla o el brazo alrededor de los hombros –las amistades verdaderas siempre están teñidas por esta ambigüedad-.me toca besar a Ana Karina. hombre o mujer. la emperatriz de la experiencia sexual. la gran puta de babilonia. con la décima piscola. apostándolo todo a una mano terrible (apenas un par) y aunque la trampa se nota. a Ana Karina semidesnuda. con una sensación vívida y alegre acariciándonos la piel y entonces -justo entonces. aunque luego el Jota me empieza a meter cuco con su etapa de experimentación sexual en el liceo de hombres. las manos que no saben quedarse quietas. y luego les toca a Mateo y al Jota. y Ana Karina creyéndose no sé qué. la botellita. entonces. y el juego sigue. los pechos no muy exuberantes pero como de diosa griega. los hombres intentando ocultar una erección: El Jota empieza a jugar mal a propósito. y tengo mala suerte. siento 71 . y todos nos reímos. sus labios duros. y las voces que van elevando lentamente su intensidad. la canción al borde de las lágrimas. a pasos agigantados.de alguien. mientras el juego sigue y empiezo a comprender hacia dónde ha girado la comedia. pero a quien ella insiste. y ahora está mordiendo los pezones de Ana Karina. y el Jota hace un comentario sobre el tamaño. desde la tímida proposición de Ana Karina a sus pechos que rozan apenas (sin ser esto una consecuencia prevista) el pecho desnudo y lampiño de Perec.

cuando Ana Karina era feliz y no se había convertido aún en las rocas. la sigue siempre como una devota). y Mateo ídem. como viejas aristocráticas desarrollando una coreografía primitiva. en un día nublado. y luego… 72 . sus lenguas se tocan deliciosamente. Sabrina la sigue (Sabrina. Las mujeres se besan. El Jota es el único que sigue con el pantalón puesto (pero según amenaza no lleva slip). El deseo queda detenido en una imagen confusa. Todo está fríamente calculado. debo besar a Sabrina y olvidarme de Ana Karina para siempre. la primera de un color casi cálido -rojizo-. anterior a la sangre. Ahora yo debo besar a Sabrina. pequeñas las de Sabrina. pero todo está fríamente calculado. Yo no estoy desnudo. en el fondo. y las aureolas de sus pechos. Estudio minuciosamente a las Frinés. admira a Ana Karina. Podría saborear el cuerpo salado de Ana Karina. siempre nublado. me caigo al precipicio. como una película en blanco y negro. Perec sólo tiene puesto un sombrero de huaso. que rompen contra los acantilados mientras Perec hace una cita fotográfica parado casi en la cornisa. las duras rocas impenetrables: Me mira. Si me levanto de mi asiento. la segunda oscura.nuevamente las olas que rompen. pero sé que lo estaré pronto. o como en una película de Bertolucci. Las piernas de ambas están cruzadas. “como mirando el abismo”. Nuestras ropas forman un montón en el piso. en un orden perfecto. la imita. Como en una película de Godard. mayores las de Ana Karina. aprendida en los colegios de monjas o en libros prohibidos para los hombres. Ana Karina se saca el calzón diminuto. perdidas en un océano blanco. Todo está fríamente calculado.

Más allá. como si me fuera a morir en ese mismo momento. Eran los Montescos y los Capuletos enfrentándose. dentro de mi atormentado cerebro. Sin embargo. como un barco ebrio. Poco a poco me recompuse. en el living.Las piernas. ahora pienso que era algo que iba a pasar de todas formas y que para ese entonces nuestros días como grupo okupa ya estaban contados. todo esto se amontonaba sobre mi cabeza y me golpeaba con fuerza. Decidí caminar lejos de la casa. sus palabras en mi oído. debajo de la mesa. desvanecido. si alejarme de una imagen espantosa (todos revueltos en el piso. el único que parecía inmune a la fiesta. la respiración de Sabrina en mi cuello. Me levanté. los dos desnudos. o se trató más bien de un sueño alcoholizado? ¿Estos hechos nos unían o nos separaban? Desde el principio creí que todo fue un plan de Ana Karina para iniciar el proceso de descomposición del grupo. No sé cómo llamar a lo que ocurrió. No era una caña cualquiera. Me vestí provisoriamente y luego caminé a tientas por la habitación. Sólo recuerdo realmente el día siguiente. Salí. Afuera había un sol abrasante. y luego caí sobre mi propio vómito. biológica de nuestro encuentro nocturno. fisiológica. en el comedor. sin posibilidad de tregua. El Jota había salido. Las palabras que había pronunciado el día anterior. entre violines y timbales desesperados. Una vez afuera tuve una sensación horrible. ¿Qué ocurrió a ciencia cierta? ¿Quién tocó a quién? ¿Nos tocamos realmente. no sé cuál sea la realidad física. abrazando a Sabrina. Todavía trastabillaba. envueltos en un poncho de gaucho. tropezándome patéticamente cada cinco 73 . Vomité en el huerto. los brazos. sin saber qué buscaba. Mateo y Perec envolvían a Ana Karina. como cadáveres apilados) o encontrar al Jota. las manos quedaron mezcladas esa noche. pero yo sentía frío.

De pronto. junto a Sabrina. acaso? -No. -¿Cómo está esa caña? –me preguntó. Todavía tenía en la retina el cuerpo desnudo de Ana Karina entre Mateo y Perec. y por lo tanto. -Todos nos vamos a morir. -Pero yo me voy a morir hoy día. Todo parecía sacado de un sueño. igual que yo. No me sorprendió encontrarme con él porque un par de veces nos había contado sobre la belleza del espectáculo de los alas delta. sino dónde estamos. compañero. al vacío. probablemente dando vueltas en círculo por el pueblo. protegida por dos guardianes de piedra. me encontré ante un acantilado por el que se lanzaban personas en alas delta. Ahora que lo pienso no estaba demasiado lejos de la casa. Y yo. totalmente expuesto. -Horrible. Entre toda la gente había un grupo de espectadores que. Estuve allí mucho rato. -Yo no creo en la muerte –me dijo. Me acerqué sigilosamente. Era como jugar a ser Dédalo e Ícaro. si tienen un pacto con los dioses o simplemente depositan toda su confianza en la buena suerte. La muerte es parte de un proceso natural. Y a mí no me interesa lo inevitable. El Jota se rió a carcajadas (reacción que yo no esperaba).pasos. En ese grupo estaba el Jota. 74 . es inevitable. Parecía enajenado. No sé cuánto rato caminé. pero él ya me había visto. pero fuera de mi alcance. sin dejar de mirar el espectáculo. No me interesa ser inmortal. Y yo no tenía puta idea de dónde estaba. -¿Vas a ser inmortal. como una evidencia de mi derrota: su cuerpo desnudo. Muchas veces me he preguntado si esos hombres están conscientes de esto. con una intrepidez impresionante. Una vez oí a una profesora de filosofía decir que lo importante no era tanto saber quiénes somos. como si las identidades hubieran sido cambiadas en la confusión de la noche. Creo que me voy a morir. observando el procedimiento y los rostros de los hombres que se lanzaban. observaban el espectáculo fascinados (o aterrorizados).

75 . Imagínate una tribu de personas que nacen con el gen de la inmortalidad. decrépitos. ¿no somos dueños de nuestra muerte? ¿No es la muerte lo que define al hombre? -Típico error de estudiante de filosofía. no sé cómo la gente puede pasarse la vida sin preguntarse por la muerte. permanece aún como un misterio. Lo que define al hombre es su conciencia sobre el inevitable cese de sus funciones corporales. Pensaba que para ustedes las cosas son o no son. o no a cualquier costo. sobre su vida. pero no a la muerte. sin desesperarse por la muerte –la cabeza me daba vueltas mientras decía esto. Es peor que la muerte. ni menos con alguien como el Jota. y más aún. no envejecer. -No me entiendes: lo que la gente quiere es mantener la vitalidad eternamente. La muerte no define nada más que el cese de nuestras funciones corporales. pero creí en ese momento que debía estirar lo máximo posible la conversación. Hombres sin memoria. que para todos nosotros. Imagínate sus cuerpos a los 200 años. totalmente envejecidos. quizás con la esperanza de llegar a alguna conclusión satisfactoria sobre el pensamiento del Jota. -Entonces. -Pero es una forma de inmortalidad. da exactamente lo mismo… ¿Sabes lo que dice el Código Civil sobre la muerte? -No. -La gente le teme a la vejez. No tenía realmente las fuerzas necesarias para llevar a cabo un debate intelectual. y creo que incluso para Ana Karina. Lo que les importa es la juventud. pero sin posibilidad de morir. por el contrario. -Pensé que para ustedes los filósofos no existía el “casi”. ¿no? -Esa no es la idea arquetípica de la inmortalidad. -Bueno. entonces no quieren realmente ser inmortales. -Es casi lo mismo. o mejor dicho. -Te equivocas… en un cincuenta por ciento.-Yo. -Bueno.

¿la ves? Yo busco a otra persona en alas delta. Arrojados. Perdidos. -Bonita idea. -Nuestro problema. De pronto. -¡No veo a nadie! –grito con fuerza para que el Jota me escuche. -No se puede. Creí que me iba a caer. Él grita de felicidad. pero el Jota lo impidió. Yo. por el contrario. volando sin rumbo fijo. mis pies colgando en la nada sin forma. pero no hay nadie. el Jota se suma. a la velocidad de la luz. como si fuera en alas delta. -¿Cómo se puede vivir así? –le pregunté. sólo puedo gritar por mi vida. Por un momento mis rodillas no me sostuvieron. volando por los acantilados de Algarrobo. arrojados. compañero! 76 . ahí viene precisamente. pero me sorprendió la tranquilidad con la que el Jota hablaba sobre ella. No es que no la hubiera pensado antes. y ahora vamos los dos volando. por una de esas corrientes de aire que sólo existen en Algarrobo. Esta idea me dejó helado.-La muerte es un plazo indefinido. me grita. -¡Me viene siguiendo! ¿No la ves? ¡Cuídate de ella. es cómo vivir sabiendo que en cualquier momento podemos morir. solo frente al mundo. Tenemos que olvidarnos de todo. solo en la inmensidad del mar (el mar fundido con el sol). solo. porque el pensamiento eventualmente va a llegar a su conclusión lógica. joven. “¡Acuérdate de la posición de los pies!”. sintiéndose vivo. Es un plazo porque sabemos que va a llegar. el Jota grita un nombre que me da escalofríos: -¡Qué diría Beatriz ahora. compañero! Mira. y no se puede vivir teniendo la cabeza puesta en su conclusión lógica. En eso. como arrojados por un viento insospechable. Los alas delta caen y vuelven a subir. Mientras me levantaba sentí una especie de vértigo. compañero. pero es indefinido porque no sabemos cuándo. Ese es el problema de la filosofía: no se puede vivir pensando en estas cosas.

El Jota hace un tirabuzón en el aire..Lo sé. y donde todos iremos al morir. -¡Creo que Beatriz me alcanza. y ya no lo veo más. sólo nuestras sombras recortadas sobre la superficie del mar. ¡Dile a Ana Karina que la amo! Entonces. 77 .Pero no hay nadie. le confieso que yo también estoy enamorado de Ana Karina. -¡Lo sé! –dice él. compañero… Espero que volvamos a vernos.. que es una especie de espejo gigante. compañero!. como sacudido por un extraño afán de honestidad. donde se va dibujando invertidamente nuestra efímera vida.

-Utilizando números reales. Se llaman números imaginarios. Al parecer. ¿cómo se resuelve? -Ahí me cagaste… -Con los números imaginarios. multiplicado por sí mismo. y me miraba con unos ojos que denotaban aparentemente comprensión (aunque ahora creo que no había nada que comprender). las fórmulas. se rió a carcajadas y me dijo algo muy extraño sobre las matemáticas: -¿Cómo sacas tú la raíz cuadrada de menos uno? -No se puede –me apuré en responder. se quedó parado antes de la entrada. Existen. obviamente. Pero aquí está la clave. Pero existen en otra dimensión. -Ah. claro. porque… -intenté recordar el colegio. cuando llegamos a la casa. conversamos sobre filosofía. aunque en verdad sólo hablaba por hablar. -¿Por qué? -Bueno. Yo no puedo tener un número negativo que. Quería decir algo. algo íntimo. compañero. ¿Podría decirme algo a mí. quien era amigo íntimo de Mateo (su mayor rival dentro de la casa)? ¿Podría decírmelo a mí. claramente existen. pero eso no significa que no existan. me arroje otro número negativo. Tanto así fue que. Mientras caminábamos de vuelta a la casa.Me había desmayado. ¿Has pensado 78 . pero dudaba. los dogmasPorque no se puede no más. su virtual enemigo en lo que se refería a su relación con Ana Karina? Tras mucho rato en silencio. dichas divagaciones le apasionaban. compañero. El Jota estaba al lado mío.respondí sin tener la menor idea de lo que me decía. -Entonces.

en eso? Los matemáticos pueden ver esa dimensión. enfocado en el viento que agitaba su largo pelo castaño. ¿Y qué pasa con el lenguaje de esa otra dimensión? -No creo que los matemáticos se refieran a eso con lo de “otra dimensión”. claro. mejor dicho. y me iba envolviendo en sudor. -Sea lo que sea. volvía a mí la melodía que conformaban los violines y los timbales. Es cosa de imaginárselo. Cuántas cosas existen que no tienen explicación racional. que no está vedado. y yo me perdía y divagaba. Pero. se refieren a un campo de la realidad que está vedado para el resto de las personas… O. pero sin solución de continuidad. con incómodos tartamudeos. no entiendes nada… El Jota hablaba y yo sabía que era necesario retener cada una de sus palabras en mi memoria. pero su pensamiento iba. como siempre. mucho más rápido que el mío. ellos manejan esos números. Yo sólo pude asentir. ¿Y si la imaginación es el reflejo de esa otra dimensión? -“La imaginación al poder”. Víctor. las claves para desentrañar su pensamiento. ¿Qué era lo que me acercaba y a la vez me separaba del Jota? ¿Por qué tenía esa sensación de ser una especie de doble? Poco a poco. porque en esas palabras se encerraba una confesión íntima. -¿A qué se refieren. Entiendo. -No. un sudor frío y molesto. entonces? -Quizás es un concepto que no pueden explicar de otra forma. 79 . o cuya explicación no descansa en nada que exista corpóreamente en la realidad. sus ideas se expresaban atolondradamente. lamentablemente los matemáticos sólo trabajan con números. -Piensa en los números imaginarios. Y después creo que volví a vomitar. trabajan con ellos.

me interesó de la exposición una sala en la que nadie entraba. lo cierto es que si uno aplica semen sobre una hoja blanca. un artista belga que hace dibujos acompañándolos con sangre. Pues bien. podías notar una locura incipiente. La sangre era café. y es precisamente el gran negador del semen en la historia universal. y de rostro sombrío. que como todos sabemos tiene tintes político-religiosos. marcó el fin de algunas amistades. incluso. en todo caso. Estaba un poco escondida y no poseía la fuerza provocadora de las otras 80 . y también. a los pocos días se verá amarillo. con el objetivo de levantar una candidatura paralela a los gremialistas. Como me dijo Ana Karina. al año siguiente se lanzó como candidato por los mentados gremialistas. Aparte del semen. Al menos eso es lo que se ve en las obras de Jan Fabre. a lo más de un amarillo pálido. conformado por ella. por lo que se unió al grupo político de Ana Karina. al final perdieron contra el movimiento gremial por un par de votos. La experiencia. había marcado un antes y un después en la vida de los integrantes de Cashual Art. semen y lágrimas. por supuesto. y si bien obtuvieron mucho apoyo de los artistas visuales. Ana Karina tenía un compañero de arte que mezclaba semen con sus óleos. al hablar con él. Perec y dos compañeras más.Fui hace unos días a ver la exposición de Jan Fabre. de factores externos. o quizás. y el apogeo de otras. dependiendo de la persona. A veces. que en la universidad de Ana Karina ganaban prácticamente todos los años. muy alto. el semen tenía un color amarillo intenso. rojizo. Lo interesante de la historia es que el tipo que pintaba con semen. Recordé cierta conversación que tuve en la casa okupa con Ana Karina: ella creía que el semen era blanco. que una pintura hecha con semen adquiriría una tonalidad blanquecina. El grupo se llamó Cashual Art. Este tipo estaba interesado en la política. Era un tipo extraño.

De pronto. y fue ahí que noté que ese ruido estaba puesto no para mostrar. y pasó mucho rato antes de que uno de los guardias se diera cuenta de mi presencia. El ruido de fondo había cesado. llena de gatitos embalsamados. pidiendo ayuda. Poco a poco. Creo que fue en ese instante en que me puse a llorar. notar la abismal diferencia entre uno y otro. En ese momento. Esta fue la obra que más me gustó (y me horrorizó). Pero lo peor no era eso. pero estaba demasiado oscuro. Los gatitos parecían. Era una sala oscura. De la nada surgía un ruido entre metálico y vidrioso. donde Fabre se debatía entre el escándalo y la pelotudez. Intentaban arribar a unos platitos con leche que había al otro lado de los vidrios. vivos. Se encaramaban a unas placas de vidrio que. pero no es idéntico. como si emergieran del suelo. creo que pude pensarlo. Estos eran gatos que Fabre había encontrado muertos en las calles de Amberes.salitas. un alarido profundo. era la última persona allí. Y también se sentía como un grito sordo. sólo entonces supe que debía escribir todo esto. erguidas. sino para ocultar. Intenté ver los ojos de los gatitos. pero yo no había oído. gimiendo tímidamente. Sólo entonces surgieron con fuerza los recuerdos de la casa okupa. como si los gatos realmente intentaran arañar los cristales que los cercaban. 81 . Era un ruido como de agonía. El sonido de la muerte se parece al silencio. de fantasma o de cadáver. Ocultaba el ruido verdadero de los gatitos agonizando. sin embargo. Cada cual estaba atrapado en su propia cárcel de cristal. Alguien había anunciado que se cerraba. atravesaban la habitación. de lucha. fueron apagando las luces en todo el museo.

Me encogí de hombros. se sentía de forma invariable. -¿Qué pasa? -Quiero hablarte de la Kari. La tecla negra persistía en su negrura. Sabrina rompió el hechizo que me sometía a la repetitiva labor: -Víctor. sin embargo.Aquí se acaba la ironía. Mateo dice que la merma se debió a las extrañas vibraciones que proyectábamos como grupo. Nos volvimos más eficientes a fuerza de evitar las recurrentes peleas. Cada comida era un combate. como si el tema no me interesara. Contra lo que Mateo anhelaba. En esas circunstancias. Notoriamente no quería ser escuchada por los demás. Pero como dije antes. Ni siquiera podría precisar un nuevo carrete. furias. el plan de Ana Karina sólo le agregó celeridad a un proceso que nosotros no podíamos evitar. -El otro día la Kari estaba llorando desconsolada en su pieza. La tensión. Esto demostraría que el objetivo de Ana Karina de dividir el grupo para “abrirlo” a la comunidad caía por su propio peso. los jóvenes algarrobinos dejaron de frecuentar la casa. Me acerqué. eso sí. Conversé con ella. trabajar era una especie de huida. un apasionamiento irracional por cada mínimo problema que se suscitaba entre nosotros. -Así se pone cuando está sometida a mucho estrés. -¿Le hizo algo? 82 . -No es sólo eso. Me dijo algo sobre el Jota. quiero decirte algo. gritos. Poco a poco. espectáculos como el del juego de póker no se repitieron en los días sucesivos. los cuerpos agitados revolvían la casa a través de peleas permanentes. Un día que trabajaba en el huerto.

concreta. se podría decir que como un amante. se la pasa desvariando sobre números imaginarios y física cuántica. Yo creo que su presencia fantasmal sólo es capaz de iluminar un poco la imagen que nos habíamos hecho del Jota. el director de orquesta moviendo su largo pelo canoso de un lado para otro.-No. Pensaba en la angustia de Ana Karina. Yo la apreté fuerte con mis brazos. ¿Podríamos ser capaces de describirla? ¿Podríamos decir algo sobre ella si su irrupción en nuestras vidas fue tan arbitraria. los timbales. todo se colaba en mi cerebro como una droga. metafísica o como quieran llamarla. su olor a avellanas. Beatriz encarnaba. tan repentina? Y aquí volvemos a los motivos. A mí también me dio la lata hace unos días. -Eso no tiene nada de raro. Pensaba en esto cuando Sabrina me abrazó. su pelo teñido de un color rojizo. Pero ya no sabía en qué consistía nuestra relación. Los violines. una Beatriz no sé cuánto… Víctor. todo eso. Su huida real. cualquier cosa relacionada con esa tal Beatriz me importaba muchísimo. -Se casó como a los veintiuno con una mina mayor que él. Por un momento pensé que volvería a desmayarme. contra una historia repleta de fantasmas y cosas no dichas. es tan raro todo… Llevamos un año viviendo con este tipo y no sabemos nada de él. -El Jota estaba casado. sobre su ex. pero lo que ella decía con un vago tono de sorpresa a mí ya no me importaba. y su huida figurada. Muchas noches antes había querido besarla. A veces era capaz de odiarla –como en el evento del Colectivo Lesbos. Es un problema del Jota. Y también pensé en la huida del Jota. quien debía competir contra un pasado. sus ojos café. En esos breves momentos rompía mi resistencia y toda ella. pero no nos sirve para desentrañar los motivos profundos de todo lo que ocurrió después. En realidad. quizás. el cello. no. empujado 83 . Asentí. -También dijo algo muy extraño.pero otras veces me sorprendía a mí mismo mirándola con una ternura empalagosa. Volví a encogerme de hombros hipócritamente. La música volvió a resonar en mi cerebro.

84 . Ella también denotaba cierto interés. pero uno podía verse el rostro perfectamente. Me levanté sin hacer ruido. Y así el Jota también estaba obligado a soportar a una virgen loca. en aquel momento entendí mucho mejor sus acciones. que no tenía una filosofía clara. nos besamos en los labios. a pesar de los ronquidos. El Jota constituía ese hombre postmetafísico. pero el deseo sólo progresaba kafkianamente. pero fue un beso fraternal. Contra lo que podrían suponer. y que. Sentía dolor en el brazo derecho y una presión horrible en mi cuello. experimentarlo todo. no era sólo el problema erótico. si bien podía hablar mucho desde un punto de vista teórico. Me sentía dividido por la mitad. nuestro momento ya había pasado. se podría decir que el hecho incluso lo reivindicaba. había querido ser todos los hombres. hacer todos los oficios. nunca sería capaz de ejecutar los actos necesarios para convertirme en un hombre completo. Incluso el matrimonio. a pesar de todo. Pero. como Rimbaud. los suspiros y los quejidos de la madera vieja. esa noche fue la causa principal de que nunca pasara nada mayor entre nosotros. a diferencia de mí mismo. era vano. en realidad. Demediado como me encontraba. En la noche no pude dormir. y el goce se alejaba de nosotros día tras día. Como Rimbaud. Mateo roncaba. El intento. como en la historia del vizconde demediado. ese gran catalizador del deseo. Comprendí por fin su filosofía de vida. Sin embargo. y también comprendí que él era consecuente con esa filosofía. estaba más silenciosa que nunca. el Jota estaba condenado a no llegar a ninguna conclusión lógica. La casa. la noche del póker no había resuelto tampoco la ecuación: ahora caminábamos a tientas por el tabú.por el alcohol. No era sólo la cuestión de Sabrina y Ana Karina. sólo pude ver al Jota. ese ateo fatalista arrojado sobre la vida en el que yo aspiraba a convertirme. y creo que. Así que el Jota había estado casado. Al final. Tenía algunas trizaduras. Entonces me percaté del amplio pasillo y el espejo al final. Era una especie de lenguaje tabú. También estaba el nombre de Beatriz que no me dejaba tranquilo. vivir su temporada en el infierno.

fatalmente. ideas que se sostenían en deseos vagos y motivos irreconocibles. una realidad hiperbólica. un producto de nuestra imaginación. a la larga. pero que a la larga resultaría poco certero. 85 . entregándome sólo un fragmento. La naturaleza parecía querer ocultar la vida nocturna. y un cello precioso que lo sostenía todo. Me reí. porque en la vida real no existían verdaderas alternativas. una imagen expresionista. solo y con el cuerpo dividido por el deseo y el dolor. Sentí el disparo. Había luna creciente y viento fresco. estaba solo. y recordé al Jota intentando quemarlo todo.que pronto perderíamos. llena de ondulaciones. y la vida sólo era posible envueltos en esa inocencia –en esa ignorancia. números imaginarios. lo que existía siempre existía realmente. porque siempre existían fisuras. Sentí en el ambiente un raro olor a parafina. Entonces vi la figura moviéndose en las sombras de la casa.Salí de la casa. De pronto. una realidad fabricada de interpretaciones y contrainterpretaciones. esto es. de violines y timbales. y nada era. y el viento me golpeaba suavemente el rostro. una realidad construida en torno a un análisis minucioso.

86 . Beatriz. claro que no. -Perdóname… -atiné a decir. Pronto la figura salió de las sombras y pude apreciar a una hermosa mujer de unos treinta y cinco años. -Baja el arma.¿Crees que esto es fácil? -No. ¿cómo podría estarlo ella? -Eres muy poco hombre… -dijo ahogándose en las palabras. para seguirte el juego. -Me cagaste la vida –me dijo. por favor… Deja el arma. el poderoso espejo en el fondo del pasillo. y esto me devolvió de súbito la personalidad (y me indicó que había pasado un enorme peligro innecesariamente). No atiné a decir nada más que eso.. que no he leído tú huevá de Dante?. La mujer no acertó el primer tiro. tus cuestiones de filosofía. Eres un enfermo. por favor. para escucharte tus invenciones.-José Javier. como una novia que hubiera escapado de su propio matrimonio. intentando que se diera cuenta que yo no era el Jota. José Javier –repetía la mujer apuntándome con el arma. Pero resolvámoslo de manera racional. -Beatriz… Dale con que me llamo Beatriz. tus teorías sadomasoquistas… En eso apareció el verdadero Jota. llorando. pero su torpeza hizo que todo el mundo se despertara: no sólo mis amigos. que todos estamos aquí para rendirte pleitesía. ¿Crees que soy una tonta. de pelo rojo otoñal. vestida entera de blanco. Crees que la vida es una mentira. Salí a la luz. José Javier.. sino que todo el barrio de Algarrobo Norte. Pero entonces pensé en el espejo. Si yo mismo no estaba seguro de mi identidad.

Mateo y Perec lo ayudaron. y no podíamos hacer nada. al parecer se habían encargado de llamar a los carabineros. -Está con su papá. el Jota se lanzó sobre ella y se escuchó un disparo y luego los dos cayeron al piso. Estaba conversando con tu amiguito. hijo de puta. Te voy a matar. un egoísta… Vengo de hablar con tu familia. El Jota estaba ensangrentado. cobarde. inmovilizando de paso a la mujer. La bala le había llegado en pleno pecho.. alertados.¿Te acuerdas? -Tú me dijiste que cuidarías a la niña como si fuera tu hija. -¡Okupa! Para de huevear. maricón de mierda. quien también había caído aturdida. verdad? -Es tu hija también. el que mandaste a que te defendiera. -Beatriz… ¿Cómo está tu hija? ¿No la trajiste. De pronto. sobre todo porque ella necesita alguien estable.-¡José Javier!. 87 . -No te hagas el inteligente ahora… Quítate esa expresión calmada de la cara. Hubo un largo silencio y ambos se miraron. Fueron ellos los que me dijeron que estabas aquí… -Supongo que no les mostraste ninguna pistola. Están muy preocupados.Eres lo único que tengo. un poco ahogada. -Ahora soy okupa. Nosotros estábamos alrededor. Eres un pendejo de mierda. Me la quitó el muy… Tú eres lo único –la mujer tosió. -Te recuerdo que yo no soy el padre -respondió el Jota muy calmado. Muy preocupados. -Lo más difícil que hecho fue alejarme de ella. crece un poquito. Te voy a matar y después voy a quemar tu puta casa. huevón. No puedo volver contigo. La mujer manejaba la perspectiva de todo el lugar. Los vecinos. -No eres capaz. -Me acabo de tomar una dosis de cicuta… Ya no me importa nada.

pero lo cierto es que todo prendió rápido. Pero la herida era terrible. o algo por el estilo. de nuestra falta de ética. Tuve suerte. tras la confusión del primer disparo. divagando. las llamas que el Jota alguna vez había invocado sepultaban la casa definitivamente. me dijeron que la mujer ya había muerto. El Jota seguía vivo. 88 . lo que aceleró el proceso. Los hechos no nos ocurrían a nosotros.El Jota no se levantaba. se sentía tan pequeña. Sabrina corrió a llamar a una ambulancia. la vida era una película psicodélica. Yo detenía a Ana Karina. Sentíamos un extraño vértigo. No sé cómo es que nadie notó la parafina. ya que alcancé a salir por una de las ventanas de atrás. Yo por mi parte estaba dentro de la casa. que no había nada más que hacer. el símbolo de la evolución humana pero también de nuestro fracaso moral. El fuego era una imagen fascinante y terrible. Si no hubiéramos estado en shock quizás habríamos podido reaccionar antes. La casa ya no existe. que si el Jota moría todos debíamos morir. Víctor. pero los hechos estaban consumados. penetrándolo todo. pero lo más probable es que alguien. La casa ardía y con ella se completaba nuestro fracaso: las llamas decían más que cualquier elucubración filosófica o poética. -¡Cállate! Estás en shock. y cualquier cosa que hiciéramos podría infectarla. Tuve que atravesar el fuego. Ana Karina se acercó con una venda que improvisó con papel higiénico. La Divina Comedia. Le volví a repetir que se calmara. buscando el kit de emergencias que guardábamos. el fuego terrible que invadía la casa. -Déjame entrar a la casa. la extraña mujer había arrojado parafina sobre las paredes. haya botado accidentalmente una lámpara. Mírame –tome su rostro con mis manos. pero esto no me queda claro). No se sabe a ciencia cierta cómo comenzó el fuego. Cuando logré salir. absurda. tan vulnerable. Además. quien lloraba desconsolada y decía que ahora todos debíamos morir. recitando extraños versos (al parecer.

porque no había otra lectura posible en la sangre –el semen. y si la casa había simbolizado nuestra resistencia. ahora el sueño de la casa nos abandonaba. nuestros tímidos besos que no habían llegado a consumarse. 89 . y sin redención posible.Y mientras decía eso renunciaba a ella definitivamente. Y así. intentando convencerme yo también de que las maderas se carbonizaban. deteniéndola. sin ganas de luchar ya. sentía cómo ambos ahogábamos nuestras conversaciones. que nuestra experiencia okupa también se había carbonizado. las lágrimas no admiten otra lectura que no sea la tragedia. la sangre. nuestras miradas furtivas. abrazándola. nuestros coqueteos.

Detalles sobre el Jota o sobre Beatriz. -No… Ya sé demasiado… -¿Ah sí? -No porque haya investigado sobre el caso. y su risa me pareció. Quizás había adquirido algunas frases que antes no le eran usuales. Ella se rió. por mail. hoy fue un típico día invernal. De hecho. Tal vez era el tonito profesoral que. -Ya sé. como es el Café Delires del centro de Santiago. frío. no había cambiado mucho. -¿Qué quieres decir con eso? -Quieres saber detalles. pero me costaría dilucidar cuáles son. pero yo advertía una diferencia. 90 . después de un año entero trabajando en un colegio privado. Este libro se ha gestado a partir de la memoria. idéntica a la risa del Jota. Sólo diré que ella se veía igual de hermosa que antes (tal vez tenía el pelo un poco más largo). al menos. una diferencia vital. -Bien por ti. Nos contactamos un par de días atrás. No. le había afectado. entonces.Hoy me junté con Ana Karina. -Estoy escribiendo un libro sobre la casa okupa –le dije en un punto de la conversación. Físicamente. y decidimos juntarnos en un lugar neutral. es una especie de biografía. brumoso. No voy a transformarme en el cronista de nuestros múltiples saludos o de las partidas falsas de una conversación incómoda. por un nanosegundo. Por suerte para nosotros. nada más. detalles para un epílogo. Surgió y va a morir desde la ignorancia. no he investigado absolutamente nada. por qué me llamaste.

-¿Y qué vas a hacer? -Por ahora nada. me ayudaba a objetivar la situación. de hecho. coqueteando descaradamente. -Estás muy bien informada –le dije en tono irónico. me hacía pensar que yo era un tercero imparcial. -Sí. Pero no lo sacó de improviso. -Alguna vez odié al Jota. pero luego se arrepintió. Me gustaría mandártelos a ti… Me odié a mí mismo en ese momento. La gracia es que en vez de prueba tenía que hacer una tesis. -¿Cómo va tu carrera? -No sé si quiero volver… Tuve que mandar una serie de solicitudes para que no me echaran… El semestre pasado descongelé. Entregué dos ensayos que escribí alguna vez sobre la filosofía del arte contemporáneo y me pasaron con cuatro. -Bueno.-Me refería a que no necesito ni deseo saber nada más… ¿Qué me importa Beatriz? ¿Vamos a cambiar las cosas por pensar en ella? -¿Y no quieres saber tampoco detalles escabrosos sobre el Jota? Nos miramos a los ojos por primera vez en la conversación: ella sabía lo que estaba haciendo con su hostilidad. -¿Quieres mostrarle tus escritos a alguien? -No lo sé. pero yo estaba preparado para cualquier cosa. en una semana vamos a cumplir nueve meses. El libro. sino que se puso a juguetear con el cigarro entre sus dedos. me servía de escudo. Ella abrió la boca. supe que estabas pololeando –me dijo. -Pensaba que tenías problemas con las relaciones amorosas. queriendo decir algo. pero ya no. Hacía eso cuando se ponía nerviosa. -Sólo me gusta evidenciar que no eliminan el problema de fondo… Pero nunca me he negado a ellas. O sea. sin mirarme. -Me dijeron que vivían juntos. mientras sacaba su tercer cigarro de la tarde. 91 . poniéndome en evidencia. e inscribí un par de ramos por cumplir. escribir.

en las volutas de su cigarro.. Yo también me reí. como si no estuviera conversando conmigo. Eso fue lo que me dio la fuerza para tomar esta decisión. Ni siquiera anhelaba ya que me propusiera salir a caminar por el centro y recordar viejos tiempos. también. Me quedé callado. No lo hice a propósito. porque tú siempre me dijiste que la pintura era lo mío. me voy de Chile.-Y tú. -De hecho. con leves tartamudeos (¡cuán parecida era al Jota en todos sus ademanes!). vamos a vivir en un departamento chiquito cerca del obelisco. -¿Y por cuánto tiempo te vas? -No lo sé. como antiguos amantes que conversan sobre el amor y la muerte. acostado en la entrada de la casa. Este lapso que pasó en silencio me horrorizó: me hizo escuchar nuevamente los gemidos de los gatitos de Jan Fabre. que me acordé de ti. ya de 92 . esa era una motivación para hablar contigo –comenzó diciendo. mirando a su alrededor. Pero ahora lo voy a hacer… Va a ir Sabrina. -Sí.. un poco sonrojado. ese siempre fue tu sueño. ¿volviste al arte? –le dije. Como cuando fui con mi hermana y su ex pololo. e incluso grabamos un video experimental con Sabrina. Pero pronto me di cuenta de que el nuevo tema de conversación la perturbaba. intentando alargar el tiempo para así llegar a una conclusión satisfactoria. pero en realidad tenía ganas de salir corriendo. ojalá –dijo riéndose. no quería llamar su atención ni que me dijera frases bonitas. Hace un mes exacto volví a dibujar y pintar. -Qué bien. para desviar la conversación.Me voy a ir a Buenos Aires con mi hermana. -Bueno. ¿volviste a pintar? -¡Sí!. -Sí. Se enfocó. -¿El que era músico? -Sí… Bueno. -Pero. la cosa es que por fin me voy. Para siempre. midiendo su respuesta. y también se me ocurrieron ideas para instalaciones. y ver el rostro inmóvil del Jota. silenciosa. quería decirte eso.

Nos reímos un buen rato elucubrando sobre el silencio. No quería que me dijera que siempre me iba a recordar.Sigue sin hablar… Es tan raro… Sabrina me ha dicho que ni siquiera cuando hacían el amor él hablaba. Además. a espaldas de ella. 93 . que ella nunca me iba a decir eso. sería espectacular preguntarle a Susan Sontag. sin solución de continuidad. “La vida nos está mutilando”. claro. -Me encanta Susan Sontag… ¿Llega a alguna conclusión satisfactoria? -No sé… ¿Cómo decir algo satisfactorio sobre el silencio? ¿Cómo describirlo con palabras? No se puede. Los demás sólo emiten sonidos gorilescos. Por un momento llegué a olvidar el tema de su autoexilio. para ella nada es definitivo. me dijo el otro día que estaba pensando irse a vivir a otra casa okupa. -Perec está bien –me dijo sin que yo se lo preguntara (en realidad. Nuestra relación era así: siempre elucubrando sobre los temas más anodinos. -¿Y sus proyectos políticos? ¿Siguen en pie? -Sí. para rellenar el vacío que había provocado mi mirada melancólica. -Fue su última frase coherente… No sé. a lo más gritan cosas sin sentido. y sabía. -¿Cómo está Mateo? –me preguntó en un momento dado. me había juntado varias veces con Perec en el año.vuelta de todo. Ella escribió un ensayo que se llama La invención del silencio.esa emoción propia de los sentimentalistas: la nostalgia. Los más expresivos. por supuesto). De hecho. donde analiza el silencio en el arte moderno. Quizás por eso siguió hablando. Dijo que quería experimentar “realmente” el movimiento okupa. No le hicieron ningún atado. -Bien… Retomó la carrera. y no concibe –al menos no como yo. -¿Qué le habrá pasado? ¿Cuál será su motivación para un silencio tan largo? -No sé. por lo demás. -Los hombres no hablan cuando hacen el amor. porque no está en su personalidad decir frases melosas. Me lo he preguntado mucho estos días… -¿Y te acuerdas que fue él el que empezó todo? Nunca me voy a olvidar de su frase. vive el día a día.

y ya no sentía esa imperiosa necesidad de saber todo sobre ella.. Lo hago por mí –respondió enojada. luego dando una última pitada a su cuarto cigarro. -El Jota no creía en los lutos. luego apagándolo sobre el cenicero con una fuerza desmedida. Y es que parecía un chiste: nuestra gravedad. interrumpiéndose de pronto. nuestros delirios de grandeza. al otro lado del vidrio. En un punto. pensé que me iba a quedar sin habla. Ana Karina se rió. El día iba pasando junto con el sonido de nuestras voces. Al mismo tiempo. Todavía estoy de luto… Enfrascada en la pega no más.No estoy enamorada de un recuerdo… Tú nunca entendiste mi relación con el Jota… ¿Todavía no te das cuenta? -¿De qué? ¿De por qué me rechazaste ese día en la playa?. le pregunté si había tenido alguna experiencia amorosa ese año. para Mateo. como Perec. -No estoy… -comenzó. intentando desentrañar la realidad de la calle. -No. una especie de incentivo.Quería ir a una okupación que tuviera un poco más de “realidad”. con esto de la bomba que le explotó a ese tipo… Esta paranoia anti-okupa que hay ahora es. -Bueno… Pero no puedes vivir enamorada de un recuerdo. eso es todo. mirándome con odio primero. -No te rechacé a ti… Mi vida no gira en torno a ti. Sicoanalízame. Algo había ocurrido en el transcurso de ese año. Retomamos la conversación. 94 . Me quedé callado.. -¿No hay más misterio que eso? ¿No hay una motivación inconsciente…? -No lo sé. todavía no lo sé. No. o en torno al Jota… Pero en ese momento yo lo quería a él. De pronto noté que el misterio en torno a Ana Karina no me preocupaba tanto. hablando de cosas más bien impersonales. empecé a mirar por la ventana. -No lo hago por él. Además. Aprovechando ese momento de distensión. como la política nacional o los nuevos movimientos urbanos. esa esquiva realidad que está siempre afuera.

Sus gestos se ajustaban –por fin. -Obvio. para dividirnos el pago de la cuenta. pero nos seguiremos viendo –dije. de actriz antigua. ambos –en el mismo café. es cosa de contactarse no más –dijo ella. de unas notas que debía poner y de un libro de clases. También me hablaba de todos los trámites que había que hacer para irse a vivir a Buenos Aires. sudorosos. y que entonces (mientras se ajustaba el pelo con su expresión fina. -Bueno. Tenía por fin la imagen completa. y fue esa simple frase –el uso del eufemismo. sacábamos la chequera o la tarjeta de crédito (ella) o un fajo de billetes de luca (yo) que llevaban todo el día guardados en mis bolsillos. por mientras. 95 .con nitidez y su sentido profundo nos envolvía.De repente. de todos sus deberes. como para convencerme de que su partida no era para siempre.habíamos pedido la cuenta al unísono. en blanco y negro. Recordé que hace un par de años. sino también por qué se había aferrado del Jota con tanta pasión. abriendo sus grandes ojos negros: Ya no era joven. Ella me miraba con una pequeña expresión de conformidad. y comprendía no sólo el luto. Ana Karina me hablaba.lo que me hizo terminar de comprender lo que ya al principio de la conversación había intuido. con una expresión de conformidad. diciendo en inglés: Check. me di cuenta que estábamos mirando la boleta. please! Ahora hacíamos cálculos. como una trágica actriz de París o Buenos Aires) no pudo sino remecerme.