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Control celular mediante luz

Ciertas moléculas fotosensibles permiten manipular de forma remota y no invasiva procesos biológicos y farmacológicos
l uso de la luz para estudiar sistemas biológicos empezó con la observación visual de organismos vivos. Desde los primeros microscopios, los instrumentos ópticos han avanzado hasta los dispositivos de fluorescencia más modernos. En la actualidad existe un gran interés en el uso de la luz como herramienta no solo para observar, sino también para manipular procesos biológicos. Este nuevo enfoque se enmarca en la tendencia hacia una investigación biomédica cuantitativa y predictiva, que requiere ir más allá de la mera descripción de los procesos fisiológicos y fisiopatológicos, hasta su alteración voluntaria, sea con la intención de verificar hipótesis sobre su funcionamiento o con fines terapéuticos. Para ambos propósitos (observación y manipulación), la luz ofrece múltiples ventajas técnicas: atraviesa con facilidad numerosos tejidos sin alterarlos (no es invasiva), proporciona una elevada resolución espacial (subcelular) y temporal (de milésimas de segundo o menos), y permite introducir elementos que interaccionen con la luz de forma específica (estructuras fotosensibles) y sin perjuicio para el uso de otras técnicas. Control remoto En el caso de la manipulación, la luz permite controlar de forma remota la activi40 0 –40 –80 10 5 0 0 50 100 150 Tiempo (segundos) 200 250

BIOINGENIERÍA

E

dad de moléculas fotosensibles, grupos de proteínas, células individuales y circuitos celulares que gobiernan comportamientos específicos de un organismo. Mediante estas técnicas, el experimentador puede alterar la concentración de señalizadores intracelulares esenciales como el calcio, el inositol trifosfato, el diacilglicerol o el adenosín monofosfato cíclico; puede provocar o impedir el ensamblaje de proteínas necesarias para determinadas funciones celulares; o regular a voluntad el potencial de membrana de las células mediante el flujo de protones, sodio, potasio y cloruro. Dado que el potencial de membrana determina la actividad eléctrica de las neuronas, la luz permite también estimular o inhibir la generación de impulsos nerviosos. Cuando el control remoto de la actividad neuronal se restringe a un determinado circuito neuronal, la tarea de la que este se ocupa queda bajo el control de la luz. En organismos modelo como el nematodo Caenorhabditis elegans, cuyas 305 neuronas desempeñan una función bien documentada, se ha conseguido controlar, mediante luz y con gran precisión, la locomoción y la estimulación sensorial. Asimismo, a partir de la combinación de este control óptico remoto y la medida óptica de la actividad neuronal, se han realizado experimentos fi-

siológicos en animales vivos únicamente con luz; ahora se están ensayando en organismos más complejos (moscas, peces, ratones, ratas y monos). Fotosensibilización Existen varias estrategias para dotar de sensibilidad lumínica a las proteínas implicadas en un proceso biológico. Todas se basan en la presencia de moléculas que al absorber luz pueden cambiar reversiblemente de forma (como los derivados sintéticos del azobenceno o el retinal, naturalmente contenido en las rodopsinas, proteínas fotosensibles de los órganos visuales), o bien pueden romper irreversiblemente enlaces químicos (como los derivados del nitrobencilo o del nitrofenilo, compuestos sintéticos que al descomponerse con luz permiten liberar fármacos o iones). En octubre de 2008, Junto con Ehud Y. Isacoff, de la Universidad de California en Berkeley y el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, el autor publicó en Science un artículo de revisión que ahondaba en el diseño de proteínas fotosensibles. Según cuál sea la interacción entre la molécula fotosensible y su proteína diana, distinguimos entre proteínas fotosensibles naturales, proteínas fotosensibilizadas químicamente y bioligandos fotosensibles. En las primeras (naturales), la estructura

Mediante fotoestimulación es posible controlar la neurotransmisión entre una neurona fotosensibilizada (derecha, verde) y una neurona postsináptica adyacente (en contacto con un electrodo). Como puede observarse en el registro del potencial de membrana (gráfico superior) y en la frecuencia de potenciales de acción postsinápticos (gráfico inferior), la longitud de onda de la fotoestimulación permite ajustar la frecuencia de los impulsos neuronales: mayor con luz violeta, intermedia con luz azul y menor con luz verde.

Mercè Izquierdo-Serra

Frecuencia de excitación (hercios)

Potencial de membrana (milivoltios)

Octubre 2012, InvestigacionyCiencia.es  11

Panorama
fotosensible la produce el propio organismo y se halla asociada a la proteína. Los ejemplos más comunes corresponden a la canalrrodopsina-2 y la halorrodopsina, que permiten, respectivamente, activar e inhibir con luz la respuesta eléctrica de neuronas mediante técnicas denominadas optogenéticas [véase «Control del cerebro por medio de la luz», por Karl Deisseroth; Investigación y Ciencia, enero de 2011]. El éxito de estas rodopsinas ha provocado en los últimos años una búsqueda de aplicaciones similares basadas en las numerosas proteínas fotosensibles vegetales. Aunque el potencial de esta aproximación es enorme, hay que considerar que la sobreexpresión de proteínas puede entrañar una alteración de la fisiología del organismo, además de requerir métodos invasivos (como la utilización de vectores virales) que las hacen cuestionables terapéuticamente. En las proteínas fotosensibilizadas químicamente, la molécula fotosensible es sintética y se une permanentemente a la proteína mediante una reacción química. Esta estrategia, aplicada con éxito a receptores de acetilcolina, de glutamato y a canales de potasio, puede considerarse una forma de nanoingeniería de proteínas, ya que los compuestos utilizados constituyen «prótesis moleculares» de dimensiones nanométricas. Estas proteínas fotosensibilizadas también permiten controlar con luz la actividad neuronal y el comportamiento animal. Aunque inicialmente se han empleado proteínas modificadas genéticamente para facilitar su reactividad, la aplicación de compuestos fotosensibles sintéticos a proteínas naturales reviste gran interés, ya que permitiría controlar con luz rutas de señalización celular y hasta organismos enteros sin ninguna manipulación genética previa. Los bioligandos fotosensibles son pequeñas moléculas sintéticas que se di­ funden libremente y actúan a modo de ligandos y moduladores de proteínas, uniéndose reversiblemente a ellas. Un importante ejemplo corresponde a los ligandos «enjaulados» (caged ligands), que liberan sustancias activas al fotodescomponerse y que permitieron por primera vez manipular mediante luz el comportamiento de animales [véase «Observación y control del cerebro», por Gero Miesenböck; Investigación y Ciencia, diciembre de 2008]. Otros bioligandos fotosensibles experimentan cambios de forma reversible con la luz, de modo que alteran el efecto que ejercen sobre sus proteínas diana. Estos fármacos «fotorregulables» encierran un gran potencial terapéutico y constituyen los pioneros del naciente campo de la optofarmacología. En nuestro laboratorio estamos desarrollando bioligandos fotosensibles y técnicas de fotosensibilización de proteínas que permiten controlar con luz los dos procesos fundamentales de la neurotransmisión: la endocitosis (formación de vesículas hacia el interior de la neurona) y la exocitosis (liberación a la hendidura sináptica del contenido de las vesículas). La endocitosis se controla mediante inhibidores fotosensibles del ensamblaje y la escisión de vesículas endocíticas. La exocitosis, regulada por el calcio, se modula a través de canales iónicos permeables a calcio fotosensibilizados. Estas herra mientas nos permiten manipular la neurotransmisión de forma remota y con gran resolución espacial y temporal, lo que facilita el estudio de sus mecanismos moleculares y alteraciones patológicas. —Pau Gorostiza Profesor de investigación ICREA Instituto de Bioingeniería de Cataluña Barcelona

Un nuevo giro en la detección de agujeros negros
Los agujeros negros deforman las propiedades del espacio circundante. Los efectos que ese fenómeno induce sobre los rayos de luz deberían poder detectarse desde la Tierra
uando en 1610 Galileo apuntó al cielo con su telescopio, comenzó una revolución singular en la historia de la ciencia. Con el nuevo instrumento, el astrónomo italiano contempló la Luna, los satélites de Júpiter, las manchas del Sol y toda una multitud de fenómenos celestes que nadie había observado con anterioridad. Las consecuencias de aquellos descubrimientos no se ciñeron al ámbito de la física y la astronomía, sino que cambiaron por completo nuestra forma de entender el universo. Si nos detenemos un momento a reflexionar sobre lo que hizo posible aquel gigantesco avance del conocimiento, convendremos en que fue una nueva técnica observacional. Por supuesto, Galileo se sirvió solo del espectro visible. Hoy, en cambio, podemos observar el universo en un amplísimo intervalo de longitudes de onda que cubre desde las ondas de radio hasta los rayos X

astroFÍSIC A

C

y gamma. No solo eso: podemos también medir y extraer información a partir de otras propiedades de la luz. Empleamos datos temporales cuando los objetos astronómicos emiten pulsos electromagnéticos, estudiamos la polarización de la luz para analizar el campo magnético del Sol y otras fuentes, y aprovechamos la información espacial para localizar los astros o evaluar su tamaño. Junto con otros colaboradores, en un artículo publicado el año pasado en la re­ vista Nature Physics propusimos emplear otro elemento más de esta serie para estudiar uno de los objetos más esquivos de la astronomía moderna: los agujeros negros. La información que consideramos que será útil para las próximas generaciones de astrónomos es el momento angular de los campos electromagnéticos. En 1936, Richard Beth demostró con un cuidado montaje experimental que la luz

polarizada circularmente hacía rotar un elemento birrefringente (uno cuyo índice de refracción depende de la orientación del material), lo que implicaba la transferencia de momento angular entre la luz y la materia. Pero los campos electromagnéticos pueden transportar momento angular mediante otro mecanismo: el momento angular orbital. Para entender este fenómeno, podemos imaginar los rayos de un haz girando alrededor de su eje de propagación y formando una espiral, como si el frente de ondas trazase una estructura similar a una escalera de caracol. En el eje de propagación se forma un vórtice óptico, en cuyo núcleo no hay luz. Las técnicas de generación y detección de este tipo de haces luminosos son hoy habituales en los laboratorios de óptica y se emplean en multitud de aplicaciones (microscopía, litografía u óptica de láseres).

12  INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, octubre 2012