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D E L F O N D O D E C U LT U R A E C O N Ó M I C A

ABRIL 2013

Los libros del Fondo eran como globos-sondas que nos llevaban hacia desconocidos continentes del espíritu —J O S É
A N T O N I O N O VA I S

Un agasajo postinero

Además 

EL FUTURO DE LAS LIBRERÍAS EN LA ERA DIGITAL

508

ISSN: 0185-3716

E DI TOR I A L

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Número imaginario
J. M . C A B A L L E R O B O N A L D
UN AG ASAJO POSTINERO: MEDIO SIGLO DEL FONDO EN MADRID —————————

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Medio siglo del Fondo en España
ANTONIO LOZANO

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Ventana de México en España
J O S É A N T O N I O N OVA I S

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La esencial María Elena Satostegui
R A FA E L VA R G A S

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Una aventura grotesca y kafkiana
JAV I E R P R A D E R A

rometió Agustín Lara —o quien haya compuesto el chotis de elogio a la ciudad del oso y el madroño— que cuando la chulona suya llegara a Madrid tendría toda clase de festejos: un imperio en Lavapiés, una alfombra floral en la Gran Vía, un baño ajerezado. Y antes de gozar las gracias del falso cumplido, presagiaba “un agasajo postinero con la crema de la intelectualidad”, como el que tuvo el Fondo de Cultura Económica hace 50 años, no en el bar Chicote sino en su flamante sede de la calle de Menéndez Pelayo. Llegó, pues, nuestra casa a Madrid en 1963 y entonces se inició una ya larga historia de cooperación e intercambio intelectual, de mutuas transformaciones. Este número de La Gaceta busca dar testimonio del momento en que el fce abrió lo que sería mucho más que una representación comercial. Los nexos del Fondo con España han sido muchos y de signo diverso. Daniel Cosío Villegas contó con decepción cómo su propuesta de publicar obras esenciales para la formación de economistas fue vista con desdén, en los primeros años de la década de 1930, por las mayores editoriales hispanas; esa falta de eco lo llevó a emprender la creación del fce en tierras mexicanas. Pocos años después, la migración forzada de los republicanos proveyó a la editorial de pericia y sensibilidad en las artes del libro, con lo que la naciente institución pudo crecer al ritmo que le pedía la sana ambición intelectual de su segundo director, Arnaldo Orfila Reynal. Fue por decisión suya que en 1963 el Fondo dio el trascendental paso de instalar una librería en Madrid, al frente de la cual quedó el entonces bisoño Javier Pradera, convertido con los años en un icono del periodismo y la edición. Dos periodistas, uno español y otro mexicano, revisan aquí cómo se dio la apertura de la representación comercial. Y retomamos una crónica de la época de ese hecho festivo, así como una carta en la que Pradera resume las tensiones políticas a las que vivía sometida la joven sucursal. Aderezan estos ejercicios de memoria tres estampas escritas por gente cercana al Fondo como lectores o a Pradera como amigos. Pero, como creemos que el pasado es sólo la presencia que nos ayuda a mirar el futuro, cerramos esta entrega con el provocador artículo de alguien dado a la prospectiva en el mundo del libro, Javier Celaya, colaborador español que lanza sus punzantes dardos y nos recuerda que la aventura de vender libros, sea hace 50 años, sea hoy, sea en el porvenir, está envuelta en gratísimos retos. W

P

José Carreño Carlón
D I R E C TO R G E N E R A L D E L F C E

León Muñoz Santini
ARTE Y DISEÑO

Tomás Granados Salinas
D I R E C TO R D E L A G AC E TA

Emmanuel Peña
F O R M AC I Ó N

Alejandro Cruz Atienza

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El futuro de las librerías en la era digital
JAV I E R C E L AYA
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J E F E D E R E DAC C I Ó N

Juana Laura Condado Rosas, María Antonia Segura Chávez, Ernesto Ramírez Morales
V E R S I Ó N PA R A I N T E R N E T

Ricardo Nudelman, Martha Cantú, Alejandro Valles Santo Tomás, Nina Álvarez-Icaza, Alejandra Vázquez
C O N S E J O E D I TO R I A L

Impresora y Encuadernadora Progreso, sa de cv
IMPRESIÓN

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CAPITEL NOVEDADES
ABRIL DE 2013

Suscr íbase en www.fondodeculturaeconomica.com/editorial/laGaceta/ lagaceta@fondodeculturaeconomica.com www.facebook.com/LaGacetadelFCE La Gaceta del Fondo de Cultura Económica es una publicación mensual editada por el Fondo de Cultura Económica, con domicilio en Carretera Picacho-Ajusco 227, Bosques del Pedregal, 14738, Tlalpan, Distrito Federal, México. Editor responsable: Tomás Granados Salinas. Certificado de Licitud de Título 8635 y de Licitud de Contenido 6080, expedidos por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas el 15 de junio de 1995. La Gaceta del Fondo de Cultura Económica es un nombre registrado en el Instituto Nacional del Derecho de Autor, con el número 04-2001-112210102100, el 22 de noviembre de 2001. Registro Postal, Publicación Periódica: pp09-0206. Distribuida por el propio Fondo de Cultura Económica. ISSN: 0185-3716
I L U S T R AC I Ó N D E P O R TA DA

Emmanuel Peña

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ABRIL DE 2013

Fotografía: ARCHIVO FCE / Ilustración: CÁSSIO LOREDANO

P O ES Í A

El día 23 de este mes, Caballero Bonald recibirá el premio Cervantes. Para festejar ese acontecimiento, el Fondo ha publicado Sombras le avisaron, una antología preparada por el propio escritor gaditano: “No sé si son mis poemas más aceptables —dice en una sencilla nota introductoria—, pero son los que yo prefiero.” De ese volumen que sintetiza 60 años de hacer versos hemos tomado estas líneas en torno a la incierta complicidad con quien busque asomarse a su lírica

Número imaginario
J. M . C A B A L L E R O B O N A L D

Lector que estás leyéndome en algún interino declive de la noche, ¿qué sabes tú de mí? ¿En qué despeñadero de qué historia podemos encontrarnos? Quienquiera que tú seas te exhorto a que me oigas, a que acudas hasta estos rudimentos del recuerdo donde me he convocado a duras penas para poder al fin reconocerme. Ven tú también si me oyes hasta aquí. Lector, número imaginario, azar copulativo, sustitúyeme y busca por esos vericuetos de la complicidad dónde, en qué instante se hizo veraz la vida que a medias inventamos. W

ABRIL DE 2013

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Fotografía: ARCHIVO FCE

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ABRIL DE 2013

DOSSIER

Un agasajo postinero

El Fondo abrió en Madrid una sucursal hecha y derecha apenas en abril de 1963. En memoria de ese medio siglo de intercambios librescos, ofrecemos aquí varios retratos del clima intelectual de esa época —antiintelectual, pues su rasgo principal era la censura— y hurgamos en los porqués de abrir esa filial. Complementamos con algunas veloces reflexiones sobre el impacto de nuestra casa editorial en la vida cultural de la Madre Patria

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Fotografía: ARCHIVO FCE

Establecer casa en España respondía, sí, a los intereses comerciales del Fondo, pero sobre todo a una concepción política. Nuestro director en esa época, Arnaldo Orifla Reynal, buscó combatir el ostracismo intelectual impuesto a la sociedad española por el régimen franquista y para ello contó con la sensible y eficaz labor de Javier Pradera. En estas páginas se describe el contexto cultural del momento en que el FCE se afincó en Madrid

ENSAYO

Medio siglo del Fondo en España
ANTONIO LOZANO

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ABRIL DE 2013

UN AG ASAJO POSTINERO: MEDIO SIGLO DEL FONDO EN MADRID

M ED I O S I GLO D EL FO ND O EN ES PA ÑA

AVENTURA QUIJOTESCA EN UN PLANETA HOSTIL

S

i en España hubiese imperado aunque fuese una mediana normalidad política y social, este artículo podría abrirse apuntando la idoneidad de que el Fondo de Cultura Económica (fce a partir de ahora) escogiera el 24 de abril de 1963, esto es, un día después de celebrarse el Día del Libro, para abrir su delegación en Madrid. Y quizá sería de recibo adornarse con alguna curiosidad acerca de cómo transcurrió tan festiva y popular jornada en celebración de la lectura, o detenerse en los títulos más vendidos o en los ganadores de los concursos florales convocados para la ocasión. Sin embargo, el fce envía una expedición a España con la que ampliar los horizontes culturales y educativos de sus hermanos hispanohablantes en un momento en que aquella parece antes un planeta conflictivo y hostil donde la misión puede abortarse en cualquier momento, obligando el fuego enemigo a regresar a toda prisa a la nave y poner expeditivo rumbo a casa, que un destino amigable que reciba con los brazos abiertos una iniciativa destinada a elevar el nivel intelectual de sus ciudadanos. Porque en España, el 24 de abril de 1963, igual que ha ocurrido cada día desde el año 1938 —antes pues del fin de la Guerra Civil— impera una Ley de Prensa que amordaza por la vía legislativa toda su producción intelectual. Bajo la dictadura franquista, el país vive inmerso en un estado de excepción permanente, que en el apartado de la publicación de libros se traduce en una censura que, de tan inmisericorde y paranoica, acaba cayendo en lo directamente ridículo. Para buscar un ejemplo casi sincrónico al aterrizaje del fce que ilustre el delirante panorama editorial con el que se iba a encontrar, el cual de paso da medida de la mentalidad quijotesca o de la propia locura de sus impulsores, podemos acudir a la figura de Juan Marsé. Empleado en un taller de joyería, el escritor había debutado en 1961 con Encerrados con un solo juguete (Seix Barral) y en 1963 se hallaba enfrascado en la elaboración de la novela que acabaría proyectándolo internacionalmente: Últimas tardes con Teresa. Sin saberlo, en los meses de julio, septiembre y noviembre de ese mismo año había saboteado la aparición de la misma al haber estampado su firma en unas cartas colectivas al Ministro de Información y Turismo en las que se solicitaba una ampliación de las libertades individuales de la ciudadanía. Fichado a raíz de ellas como comunista por las autoridades, el libro fue vetado, lo que obligó a su editorial a presentar un recurso. Y aquí empezó el carnaval. Aconsejado por su editor Carlos Barral, el autor solicitó una entrevista personal con el ministro Carlos Robles Piquer para tratar de reconducir la situación. Marsé rememoró que el director general de Información “me citó para almorzar en el Club de Prensa. Ya desde el principio me calmó diciéndome que se había leído el manuscrito a conciencia y que se iba a publicar. En cierta forma, se disculpaba por estar al frente de un equipo de censores heredado, gente mayor a la que no podía echar y que convertían el aparato censor en algo anacrónico. Sin embargo, insistió en que para tranquilidad de algunos de ellos había que sacrificar ciertas palabras. Así que empezó a decirme cosas como ‘en esta página encontramos dos veces la palabra «pechos», cambiemos uno de ellos por «senos»’. O se producían diálogos como este: ”—Aquí habría que eliminar el término ‘muslos’. ¿Por qué no inventas una palabra? Para eso están los escritores. ”—Yo no tengo talento para eso. ”—Pon ‘antepierna’. ”—Eso no es un muslo. ”También me conminó a suprimir ‘fino bigotito de alférez provisional’ de cara a no ofender al estamento militar. Sin embargo, decidí no quitarlo ya que era evidente que no iban a tomarse la molestia de leerse las correcciones. Lo más sorprendente fue quizás que no metieran mano en los capítulos en los que se incluían las cargas policiales durante las manifestaciones estudiantiles del 56 y del 57, limitándose a consideraciones de orden moral y sexual.” La siguiente novela de Juan Marsé, Si te dicen que caí, ya resultó insalvable pues había enfurecido muy especialmente a un falangista de lo más distinguido.

La publicó la editorial Novaro en México en 1974 y en España sólo pudo hacerlo tres años después con Franco ya muerto. Esta anécdota sobre la pieza del teatro del absurdo que experimentó Últimas tardes con Teresa habla por el conjunto de la vodevilesca situación que atravesaba España a primeros de los años sesenta. No fue hasta 1966 que se aprobó una nueva Ley de Prensa e Imprenta, también conocida como Ley Fraga, por su impulsor, el ministro de Información y Turismo del momento, Manuel Fraga Iribarne. Aunque teóricamente más laxa y permisiva que su predecesora, no acababa con la censura propiamente dicha sino que sustituía la fórmula de la censura previa por una de “Consulta voluntaria”. El editor podía someter o no la obra a evaluación, lo que desembocaba en que se autorizara su comercialización, se “desaconsejara” o se sugirieran recortes. Si decidía no hacerlo y probar suerte, confiando en que pasara inadvertida, la autoridad se reservaba la prerrogativa de secuestrar la edición en el caso de detectar a posteriori su inadecuación, con el consiguiente dispendio. Se ha citado a Novaro como valedora de Si te dicen que caí, lo que ha permitido introducir la importancia de México en el apoyo a aquellas obras de la literatura y del pensamiento de autoría española que eran víctimas de la persecución franquista. Existe una amplísima bibliografía al respecto, donde se citan numerosos ejemplos de títulos clave que tuvieron una primera oportunidad en el país mexicano, caso en 1966 de Señas de identidad de Juan Goytisolo. Exiliado en París de forma temprana, Goytisolo coincidió en la capital francesa con los cinco refugiados españoles que fundaron Ruedo Ibérico, sello consagrado a difundir de forma clandestina en España traducciones encaminadas a contarles a sus gentes la verdad sobre su historia reciente, descollando La Guerra Civil española de Hugh Thomas, curiosamente en ese mismo año 1963. MOVIMIENTOS BAJO CUERDA Lo que nos lleva de regreso al fce y a su quijotesco proyecto de implantación en España. Si las condiciones ya resultaban sobradamente adversas por el puño de hierro dictatorial, el hecho de que la casa madre de la editorial se hallara en México redoblaba las dificultades, pues la sola mención del nombre del país disparaba todas las alarmas entre las filas del régimen. Hemos de pensar que desde la Guerra Civil ambos países habían roto relaciones diplomáticas y comerciales. A esto se sumaba que, al final de la contienda, su identificación con el masivo y combativo exilio republicano colocaba a México muy arriba en su lista de enemigos exteriores de la patria. De aquí que citemos de forma recurrente el año 63, si bien esta fecha tiene un valor más simbólico que real, pues la verdadera semilla de la operación del desembarco del fce en Madrid se remonta dos décadas atrás. Junto con otros sellos latinoamericanos como Emecé, Sur, Losada o Editorial Sudamericana, el fce viene a cubrir el vacío generado por la carrera de obstáculos que les supone a sus colegas españoles ver sus títulos publicados, absorbiendo parte del mercado. Víctor Díaz Arciniega sintetiza los obstáculos y los ejercicios de contorsión de la misma en Historia de la casa. Fondo de Cultura Económica (1934-1996) (fce, 1996) señalando que: “Para poner los pies en España se necesitaron ¡20 años! de trabajo preparatorio, pues el gobierno del generalísimo Franco impidió el paso de todo aquello que tuviera algo que ver con la Segunda República, con la libertad de opinión y con los avances del conocimiento, entre otros de los muchos ‘problemas’ que identifican al Fondo de Cultura Económica ante el franquismo […] El fce comenzó formal y directamente a distribuir sus libros en España en 1944, a través de Francisco [Pérez] González de la Distribuidora Hispano-Argentina, empresa creada por el Fondo de Cultura Económica en Argentina para operar en Barcelona, pues la editorial no podía hacerlo en forma directa debido a que el franquismo lo impedía. Don Pedro se encargaba de llevar y distribuir entre los libreros españoles los libros mexicanos. Antes de ese año y de esos distribuidores y aún después y a pesar de ellos, los libros llegaban a España por vías indirectas: algunos distribuidores y libreros (ahora anónimos y casi siempre en forma individual) los compraban donde podían, los transportaban, introducían y vendían ‘bajo cuerda’ —sin pasar los rigores de la censura franquista—, por lo que la condición del fce era semiclandestina. Con esto, una de las distinciones de la editorial era el sambenito de la prohibición.”

¿Por qué, tras dos décadas de maniobras secretas y avances mínimos, el inicio de la década de los sesenta marca un punto de inflexión? ¿Qué se estaba cociendo en algunos sectores de la sociedad española que explique el que fce hallara de golpe el camino más labrado para sus propósitos de asentamiento cultural? Por un lado, en 1962 el régimen franquista suelta algo de lastre, en parte al ceder a la presión popular derivada de diversas huelgas de la ciudadanía, en parte por su interés en proyectar una imagen más tolerante al exterior y ver aceptada su petición de ingreso al Mercado Común Europeo. Por otro, la juventud española, sobre todo sus universitarios, imbuidos de los aires de libertad y de revuelta que llegan del exterior, y embriagados por las ideas marxistas que recorren el globo, comienzan a manifestar un ámbito combativo y a reclamar libertades, marco en el que el acceso a autores y libros de todos los espectros ideológicos cobra una enorme fuerza. De manera que una ganancia de oxígeno y una serie de convulsiones sociales de marcado acento juvenil dejan claro que el momento está maduro para un cierto aperturismo, lo que a su vez provoca que la idea de poner una pica en Flandes (o, en este caso, en Madrid) sea para los sellos latinoamericanos no sólo posible sino excitante. Que la viabilidad económica del proyecto sea más que dudosa, tanto que la sola capacidad de cubrir gastos pueda considerarse un éxito, deviene secundaria. La satisfacción de formar parte de una labor de regeneración cultural e intelectual compensa con creces las desventajas. Con todo, aunque “los tiempos están cambiando” tal y como reza la canción, de nuevo hay que matizar que el panorama sigue siendo mucho más complejo de lo que pueda parecer. Digamos pues que para el fce el año 1963 está inscrito con letras de oro en su historia por la inauguración de su filial madrileña, pero no es menos cierto que en toda la década de los sesenta sólo va a ser posible publicar un único título, una Antología de Miguel de Unamuno a cargo de José Luis L. Aranguren y José Agustín Goytisolo, que sufrirá su propio via crucis con la censura, la cual acabará imponiendo la eliminación de una línea del prólogo. Puesto que la actividad editorial propiamente dicha del fce no arrancará sino hasta 1974, la década que transcurre entre su asentamiento oficial en la capital española y la normalización de su labor profesional puede considerarse un periodo de exploración del enmarañado terreno, de familiarización con sus laberintos administrativos y límites legales, de establecimiento de contactos y de arduas negociaciones. Si antes hemos visto cómo el fce estuvo dos décadas tendiendo puentes clandestinos con España ante la toxicidad que desprendía a ojos del régimen franquista cuanto tuviera procedencia mexicana, ahora llega una década extra en la que, pese a salir a la luz del día y abrazar la legalidad, todavía es necesario comprender primero hasta dónde llega el aperturismo y, una vez descifrado el misterio, levantar estructuras y hacerse un nombre. Llegados a este punto, es de recibo detenerse en la figura de Javier Pradera. Y no sólo por su condición de punta de lanza de la delegación española, de “nuestro hombre en Madrid” que supuso para el fce en los primeros pasos de la aventura hispanoamericana, sino, igual o más relevante, porque su perfil ideológico e intelectual, su nivel cultural y su espíritu combativo, concentran muchas de las esencias de lo que el sello vino a representar. Y aun puede añadirse: su mezcla de erudición y de compromiso, así como su rigor, componen el modelo de intelectual y de escritor sobre el que el fce tuvo una marcada influencia, aquel que conectó y se sirvió más de su proyecto editorial, con el cual tiene hasta hoy una deuda de gratitud contraída. COLOCANDO LOS CIMIENTOS “Importante personaje, este Javier Pradera. Con clara vocación, según algunos de sus allegados, de eminencia gris —pese a su estatura que lo hace visible una cabeza por encima de los demás asistentes en cualquier rincón—, había sido uno de los ‘hijos rebeldes del Régimen’ que crispaban especialmente a Franco. Nieto del dirigente tradicionalista Víctor Pradera, estuvo entre los estudiantes antifranquistas detenidos durante los enfrentamientos de 1956 en la Universidad de Madrid.” “Importante”, “eminencia”, “rebelde”… así comienza retratando el periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán a Pradera en Pasando página. Autores

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Fotografía: ARCHIVO FCE

Javier Pradera y el Fondo
JOAQU Í N E S T E FA N Í A

UN AG ASAJO POSTINERO: MEDIO SIGLO DEL FONDO EN MADRID

MED I O S I GLO D EL FON DO E N E SPA Ñ A

yudo a Natalia Rodríguez Salmones, viuda de Javier Pradera, a desbrozar los papeles y la biblioteca de este último. Pradera fue el primer director que tuvo el Fondo de Cultura Económica en su delegación española (años 1963 a 1966). Entre los papeles que aparecen se encuentra íntegra la aventura de lograr abrir una institución como el Fondo, símbolo de la libertad intelectual, en la España del franquismo desarrollista, sus problemas con la censura oficial, su pelea para obtener autores españoles, su intercambio epistolar con el director general de la editorial Arnaldo Orfila, cuya destitución fue el origen de la dimisión solidaria de Javier del fce de Madrid y el paso de ambos a una nueva editorial, Siglo XXI. Entre los libros, la mayor parte de los que editó Pradera en Madrid, autores que consiguió para el fce antes que la matriz mexicana (Duverger, Luis Cernuda, Max Aub…) y, sobre todo, los que formaron parte de su educación sentimental, que es la de su generación y aun de la mía, que es un poco posterior (Marx, Engels, Gramsci, Furet, Cole, Kalecki y tantos otros…). Los libros más antiguos de la biblioteca de Pradera están abarquillados, aunque han resistido el paso del tiempo y muchos de ellos son ejemplares casi únicos, imposibles de encontrar incluso en las librerías de viejo. Algunos de ellos llevan las señas de identidad (traducción, autoría…) de intelectuales españoles del exilio mexicano que, cuando volvieron a España una vez muerto Franco, me fueron presentados por Pradera: los Manuel Andújar, Adolfo Sánchez Vázquez, Wenceslao Roces…, a los que los españoles (que ahora ya no les conocen ni saben de su existencia) debemos tanto por lo que contribuyeron a nuestra formación. Sus libros, como los de tantos otros, eran parte del contrabando que se vendía en las trastiendas de unas pocas librerías antifranquistas, y que era buscado con unción por quienes aborrecían de la escolástica oficial universitaria de los años sesenta y setenta. De todas las ciencias sociales que abordó el fce, probablemente la mejor tratada fue la economía, tal vez porque ése fue su propósito inicial, el de difundir los textos fundamentales en materia económica, muy pronto desbordado ante la conciencia de Orfila y los demás de que los lindes del conocimiento debían extenderse a todos los ámbitos. Entre los autores publicados por el Fondo subrayo tres esenciales para mí: Joan Robinson, la discípula predilecta de Keynes, que se definía como “keynesiana de izquierdas por antonomasia” y abominaba del “keynesianismo bastardo”, una modalidad de derechas que emergía de las lecciones del maestro de Cambridge; Albert Hirschman, el teórico del desarrollo desequilibrado, extraordinario conocedor de América Latina y teórico de las retóricas de la intransigencia que hizo suyas la revolución conservadora; y Raúl Prebisch, el maestro cepalino que reivindicó el capitalismo periférico y al que, ya muy mayor, en la década de los ochenta, conocí en España participando en la creación de la revista Pensamiento Iberoamericano. En aquel tiempo, la ideología oficial había corrido tanto hacia la derecha que Prebisch parecía a veces —estando en su sitio, sin moverse— un peligroso marxista. Este año se cumple medio siglo del aterrizaje del Fondo en Madrid. Del mismo modo que los ciudadanos biennacidos han agradecido el recibimiento y la atención que el presidente Lázaro Cárdenas y la comunidad intelectual mexicana tuvieron con los exiliados españoles de la Guerra Civil, los españoles del interior debemos saludar que el fce se instalase en España y tanto nos ayudase a ser libres y capaces de gobernarnos a nosotros mismos. Cuando Natalia Rodríguez Salmones ve la cara que pongo cuando entre los libros de Pradera aparece una primera edición de La acumulación de capital de la Robinson, del año 1956, me lo regala. Soy consciente de lo que me llevo. W

A

Joaquín Estefanía es periodista y economista. Fue director del diario El País entre 1988 y 1993.

y editores en la España democrática (Destino, 2003). Aunque licenciado en derecho, jamás pudo ejercer la profesión dado que su oposición al régimen franquista y su militancia en el Partido Comunista lo llevaron a ser expulsado del Cuerpo Jurídico del Ejército del Aire de Madrid. Encarcelado hasta en tres ocasiones, se contó entre los fundadores de El País, el periódico más relevante de la transición democrática, donde ejerció de editorialista y responsable de la sección de Opinión entre 1976 y 1986. Sus primeras tentativas en el mundo de la edición llegaron de la mano de su amigo el economista Gabriel Tortella, cuyo padre era copropietario de la editorial Tecnos. Su siguiente paso ya es el que nos compete, el de primer gerente y fundador de la filial del fce en España. Dos personas fueron determinantes en su elección. Por un lado, claro está, el Gran Jefe, Arnaldo Orfila Reynal, por el que Pradera demostrará una honda fidelidad. De la gerencia de la sucursal del fce en Buenos Aires, éste había sido promocionado en 1948 al cargo de director general en México, donde permanecería hasta 1965. Bajo su tutela, el catálogo del sello experimentó un crecimiento espectacular, alcanzando casi los novecientos títulos y lanzándose muchas colecciones diferentes. En sus propias palabras, el lema que lo animaba era “llevar la Universidad al hogar”, esto es, hacer accesible al lector un fondo de títulos que lo aprovisionaran de conocimientos culturales, tanto si había tenido la fortuna de poder cursar estudios universitarios como si no. Un proyecto de semejante ambición, encaminado llanamente a revitalizar la vida cultural no sólo de México sino de Latinoamérica, únicamente podía tener éxito si era capaz de desarrollar unas infraestructuras que lo llevaran a la práctica. Además de la apertura de la Librería Cosío Villegas en México, entre las iniciativas que descollaron durante la etapa de Orfila Reynal se cuentan la botadura de una sucursal en Santiago de Chile y otra en Madrid, adquiriendo esta última un gran simbolismo al tratarse de la primera de ámbito europeo. La segunda personalidad clave en el aterrizaje de Pradera al fce, a la postre la más crucial, fue María Elena Satostegui, la gerente de la sucursal en Argentina, quien se trasladó de Buenos Aires a Madrid a encargarse de los trámites pertinentes. Pradera no había sido el primer candidato del director, sino Manuel Andújar, escritor andaluz, responsable del departamento de promoción y publicidad de la editorial, pero sus antecedentes políticos le habían vetado la entrada a España en 1962. Fue así, tal y como explica Díaz Arciniega en Historia de la casa, que “María Elena Satostegui propuso para la gerencia de la sucursal española al joven Javier Pradera, en quien el fce encontró un promotor que desde el principio

se enganchó con el proyecto cultural de la editorial e hizo todo lo que estaba a su alcance para: 1] mejorar el mercado por medio de promoción directa en librerías, instituciones y ferias —Javier Abasolo se encargó de esta latosa tarea—; 2] reducir el número de libros prohibidos mediante una perseverante gestión de autorizaciones —para la que Pradera echó mano de una delicada y lenta labor de convencimiento—; 3] incrementar la presencia en la prensa diaria y en la especializada y crear dentro de las librerías un ambiente propicio para el cultivo de la inteligencia y el conocimiento. Poco después de la inauguración del local en Madrid y por sugerencia de José María Vidal Mesul (quien tuvo una librería en México pero decidió regresar a su patria), el 1 de junio de 1964 se inauguró en Barcelona una segunda sucursal, luego de que el mismo Vidal Mesul estudiara la viabilidad del mercado en Cataluña. Con el tiempo, la de Barcelona tuvo su propia representación en Palma de Mallorca. Para ambas casas, Javier Pradera en Madrid era el encargado de proveer los pedidos de Barcelona. Por tanto, a éste le tocaban los trámites de importación, autorización y distribución.” Javier Pradera multiplicó esfuerzos para lo que hoy diríamos “establecer una marca” con el desafío añadido de un régimen político no precisamente señero en materia de libertad ni amigo de las aventuras intelectuales, sobre todo si procedían del extranjero y aún menos si lo hacían de México. Los encontronazos con la censura española suponen toda un área de estudio que daría para infinidad de artículos. El propio Díaz Arciniega recuerda que dos de las mayores joyas del catálogo de la casa madre, Pedro Páramo de Juan Rulfo (publicada en 1955) y La región más transparente de Carlos Fuentes (aparecida en 1958), llamadas a convertirse en clásicos contemporáneos, fueron prohibidas por “subversivas”, engrosando ese porcentaje de entre 30 y 40 por ciento del total del catálogo del fce que fue inicialmente vetado. Sin embargo, vamos a detenernos un momento en el caso de la citada Antología de Miguel de Unamuno. Por varios motivos: por su valor histórico al ser el primer título del fce en comercializarse en Madrid, porque ilustra el proceder kafkiano que imperaba en el mundo editorial en España, porque perfila el modo de actuar y la personalidad de Javier Pradera y porque arroja algo de luz sobre su vínculo profesional con Arnaldo Orfila Reynal. Para hacerlo reproduzcamos algunos extractos de una misiva de Pradera a Orfila del 19 de octubre de 1964 —reproducida en Camarada Javier Pradera (Galaxia Gutenberg), de Santos Juliá—: “Continúo mi carta del día 11. Paso a relatarle in extenso las incidencias con Censura en torno a la Antología de Unamuno. Como le indiqué en carta de 1 de octubre, Ro-

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UN AG ASAJO POSTINERO: MEDIO SIGLO DEL FONDO EN MADRID

MED I O S I GLO D EL FO ND O EN ES PA ÑA

bles Piquer y Benítez mostraron bastante irritación por el planteamiento de conjunto de la obra. Ya en esta sesión nos pareció evidente que los textos antologizados serían finalmente respetados. […] En resumidas cuentas, las cosas han quedado igual que después de la primera entrevista, a efectos prácticos. Las enmiendas al ‘Apéndice de Marra’ no tienen demasiada importancia, y las rectificaciones al prólogo de Aranguren son mínimas. Lo que sí ha resultado nuevo en la segunda entrevista, y ello a pesar de la corrección y amabilidad del Sr. Benítez, es el feo tono de imposición, la rebusca cuasiinquisitorial y la pretensión increíble de que incluyéramos una nota del editor cantando las excelencias del Homenaje a Unamuno organizado por el Ministerio de Información. A lo largo de estas conversaciones, hemos dejado constancia de que las negociaciones en torno a frases o palabras censuradas se realizaban con nuestra protesta de principio, y que en última instancia sería la Dirección del Fondo quien determinará la conveniencia de aceptarlas. Realmente, a lo largo de la última entrevista pensé varias veces si esa pequeña caza de brujas no sería una provocación organizada para que el Fondo desistiera de editar en España. Lo pensé; y se lo dije también al Sr. Benítez, que hizo grandes protestas de simpatía al Fondo. Pasados unos días, y sin que mi opinión sea aún definitiva, creo, más bien, que estas penosas negociaciones son las que han de padecer todas las editoriales españolas, y que el trato dado al Fondo ha sido más bien preferente. Creo, también, que lo que se ha conseguido en la lucha contra la Censura se debe al prestigio de los escritores o empresas editoriales que la han protagonizado, y que no hay el menor desdoro en sumarse a esos regateos. Todo depende de que los originales no salgan desfigurados o seriamente mutilados de censura, caso en el que no se encuentra ni el Prólogo ni el Apéndice y, menos aún, la selección de textos. De todas formas, son Uds. quienes tienen la última palabra. Pienso, por ello, que debemos aplazar la tirada de la obra hasta recibir de Uds. —a ser posible cablegráficamente— la confirmación, aunque tanto en mi opinión como en la del Sr. Andújar —con quien me puse en comunicación telefónica por hallarse en Barcelona— debemos seguir adelante con la obra. ”Mañana marcho a Barcelona, de donde regresaré a finales de semana o a comienzos de la otra. Dejo para otra ocasión el relato de las conversaciones mantenidas con otros editores para la unificación de algunas condiciones comerciales. Le saluda muy cordialmente, Javier Pradera.” La alianza Pradera-Orfila duró hasta 1965, momento en que el segundo abandonó el fce tras la polémica desatada por la publicación de Los hijos de Sánchez del antropólogo estadounidense Oscar

Lewis, para fundar al año siguiente la editorial Siglo XXI. Pradera se solidariza con su director y presenta su dimisión, justo un año después de haberse dado de baja del Partido Comunista de España. En Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975 (Destino, 2002), el periodista y escritor Xavier Moret transcribe unas declaraciones en las que Pradera sintetiza su paso por la casa: “El trabajo era sacar de la censura todo lo que había. Coincidió con la entrada de Fraga en el Ministerio de Información y Turismo y sacamos cientos de libros. La censura prohibía los libros más peregrinos. Recuerdo que prohibieron La España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII y creo que también la Historia de los papas. Por otra parte, el comercio del libro prohibido era próspero. En los años cincuenta y sesenta proliferaron los importadores de América Latina y en cada capital de provincia había una librería que tenía de todo. Algún librero incluso recurría al truco de colocar algún libro autorizado en el cuarto del fondo, como si estuviera prohibido, y así lo vendía más caro.” Pese al fin del tándem que había tirado adelante la peripecia española, los cimientos de la delegación ya estaban puestos y el proyecto encaminado. El relajado contexto político y la habilidad negociadora de Pradera habían conseguido que el fce diera sus primeros pasos en su consolidación como un referente intelectual abierto al diálogo. En Historia de la casa leemos que “durante la gerencia de Javier Pradera en Madrid —y en menor escala— de José María Vidal en Barcelona, el fce creó dentro de sus propias instalaciones una especie de extraterritorialidad, por permitir el espacio físico indispensable para el desarrollo intelectual, tan obstaculizado por las autoridades franquistas. Esto se debía no sólo a Pradera, sino también al ambiente cultural español de aquellos años, tan ayuno de espacios en los que se pudiera sentir, respirar una libertad cultural como la que ejemplificaba el Catálogo General de la editorial, exhibido en los estantes atiborrados de libros […] La sucursal en España no estaba identificada con una militancia partidista, pese a que el gerente había pertenecido al Partido Comunista de España —cosa por lo demás común entre los hombres progresistas de aquellos años—, al que renunció en 1965, ni con sectarismo alguno. Por el contrario, así como el catálogo abarcaba de uno a otro extremo del pensamiento, igual era la sucursal, a la que tanto iban falangistas de probada y prestigiosa actividad gubernamental, como militantes del pensamiento progresista más radicalizado.” BALONES DE OXÍGENO El hecho de que, al incorporarse a Alianza Editorial, Javier Pradera tenga la vista puesta en la británica

Penguin y en el fce, que acaba de abandonar —pues planea lanzar la colección Alianza Universidad, que abarcará géneros como historia, pensamiento político, filosofía analítica, divulgación científica… (recordemos a este propósito la frase de Orfila según la cual buscaba “llevar la Universidad al hogar”), refleja hasta qué extremos el sello mexicano suponía un referente para cualquiera que deseara involucrarse en una ambiciosa empresa editorial. Aun dos décadas más tarde, el modelo seguía bien presente, dado que Pradera tuvo la idea de poner en marcha el proyecto Historia de la Teoría Política en seis volúmenes a imagen y semejanza de Historia de la teoría política de George Sabine, comercializado por el fce en 1963. Hemos visto que los sesenta son un periodo de tanteo, de prueba y error, de aclimatación a una promesa de aperturismo cuyos pormenores nunca se muestran, sino que hay que descubrir con paciencia y a riesgo de granjearse muchos disgustos. Dotado de un prestigio inmenso en México y creciendo sin descanso por toda Latinoamérica, el fce se suma con su incursión madrileña a un panorama de efervescencia editorial en España. Durante la década prodigiosa del movimiento hippie, de la lucha por los derechos civiles y de las revueltas estudiantiles que desembocarán en el mayo francés, el país asiste al nacimiento de casas tan prestigiosas como Alfaguara, Anagrama o Tusquets. Los vendavales de cambio son favorables también a la aparición o consolidación de Kairós, Crítica o Akal, muy centradas en la difusión de obras que reflejan la posición de la izquierda histórica, la comunista y de la contracultura, labor a la que se apuntan más tímidamente sellos hoy tan comerciales como Planeta o Grijalbo. También por reformista, si bien desde una óptica democristiana, cabe destacar a Edicusa, surgida en 1966 a partir de la revista Cuadernos para el Diálogo de dos años antes. Toda nueva iniciativa editorial que brotara en aquellos años en España con la mirilla puesta en ofrecer un catálogo de pensamiento y reflexión multidisciplinar, encaminado a la formación de ciudadanos instruidos y críticos, tenía una deuda con el fce, decano de estas labores en México desde 1934. El trabajo que se hacía en Hispanoamérica se trasladaba a España. Díaz Arciniega de nuevo: “Los del fce eran libros fundamentales para la formación intelectual de la sociedad. Y resultaban aún más apreciados porque la casi totalidad de la industria en lengua española, tanto la de España como la de Hispanoamérica, no era competitiva, no rebasaba sus propias fronteras y carecía de proyecto cultural —por decir lo menos— como sustento de una actividad editorial. Ante tal vacío, la respon-

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Fotografía: ARCHIVO FCE

Fotografías: ARCHIVO FCE

UN AG ASAJO POSTINERO: MEDIO SIGLO DEL FONDO EN MADRID

M ED I O S I GLO D EL FO ND O EN ES PA ÑA

JAVIER PRADERA MULTIPLICÓ ESFUERZOS
PARA LO QUE HOY DIRÍAMOS “ESTABLECER UNA MARCA” CON EL DESAFÍO AÑADIDO DE UN RÉGIMEN POLÍTICO NO PRECISAMENTE SEÑERO EN MATERIA DE LIBERTAD NI AMIGO DE LAS AVENTURAS INTELECTUALES, SOBRE TODO SI PROCEDÍAN DEL EXTRANJERO

Y AÚN MENOS SI LO HACÍAN DE MÉXICO

sabilidad del fce era mayor. Pues sus parámetros y referencias eran todo y eran nada; se tenían que crear sobre la base de la realidad social, económica, política, intelectual, cultural de los países de lengua española y lusitana.” Por descontado, también los lectores exigentes tenían una deuda con el fce, tal y como lo resumió a la perfección José Luis Aranguren el día de la inauguración de la sede en Madrid: “Para nosotros, los españoles que ahora en 1963 andamos entre los treinta y cuarenta años, los libros del Fondo han sido como balones de oxígeno en nuestros años estudiantiles, durante nuestro paso por las aulas universitarias. La labor editorial española en aquellas épocas era pobre, mezquina. La censura, más cruel, torpe. Para nosotros, los que yo a veces llamo la ‘generación del bache’ —los que no tuvimos edad para hacer la guerra, pero sí para que su recuerdo se nos grabara en nuestras mentes de niños— los libros del Fondo eran como globos-sondas que nos llevaban hacia desconocidos continentes del espíritu, del cual sólo sabíamos su existencia por nombre. ¡Y no era fácil encontrar los libros del Fondo! Su busca tenía toda la emoción del coleccionismo y el agridulce sabor de una semiclandestinidad, a decir verdad, nada peligrosa.” QUE NO SE TOQUE FONDO Y así llegamos hasta mediados de los setenta, a la transición democrática, cuando sigue sin poder publicarse todo, dado que la censura no desaparece formalmente en España sino hasta la entrada en vigor de la Constitución de 1978. A pesar de ello y, por supuesto, de no pocas excepciones, los márgenes de libertad son inauditos en comparación a cuanto se ha vivido desde el final de la Guerra Civil. En noviembre de 1974, justo a un año de la muerte del dictador Francisco Franco, el fce comienza a publicar con normalidad, introduciendo progresivamente a autores españoles en el catálogo. Antes la sucursal se ha transformado en una sociedad editorial con facultad para distribuir y editar libros, se ha ampliado la red comercial, se ha reforzado la presencia en libre-

rías y universidades, se ha mudado a un nuevo local y ha ampliado su nómina de trabajadores. Una mención muy significativa merece la inauguración de la Librería México en 1975, fundamental para cumplir con el objetivo de estrechar lazos con intelectuales, escritores y profesores, así como el lanzamiento de colecciones editoriales locales en 1977. Llegado ese 1974 que marca el principio de la travesía armoniosa, habían transcurrido treinta años desde las más tempranas y forzosamente furtivas aproximaciones al país y más de una década desde que se desprecintó la sucursal. Teorías sobre la ética, obra compilada por Philippa Foot, y El psicoanalista y el artista, de Daniel E. Schneider, comparten el honor de ser los primeros títulos en salir del horno, seguidos muy de cerca por Filosofía política de Anthony Quinton. El hecho de que en los años siguientes puedan aparecer, bien en primera edición o reimpresas, obras como La realidad y el deseo de Luis Cernuda, Economía socialista y mixta de Michal Kalecki, La arrogancia del poder de J. William Fulbright, La crisis española del siglo XX de Carlos M. Rama o La revolución y la guerra de España de Pierre Broué y Émile Témime, son síntoma de la entrada definitiva en una nueva era. El fce participa de los refrescantes aires renovadores que también permiten a compañeros como Alianza Editorial publicar a Friedrich Nietzsche, Marcel Proust o Herman Hesse, o a Taurus abastecer a las librerías con todo tipo de títulos de historia y de pensamiento, de politología y sociología. La creación, en 1993, de la Biblioteca Premio Cervantes, los convenios de colaboración con instituciones universitarias y de investigación, los convenios de edición que incluyen antologías de teatro español e hispanoamericano y las ediciones de los Clásicos de la Literatura Latinoamericana y del Caribe del Siglo XX suponen otros hitos de la sucursal española, que obviamente celebró como propio el honor de que el fce fuera distinguido en 1989 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Cabe rescatar, a modo de exégesis de cuanto se ha querido transmitir en esta pieza, las

palabras de Héctor Subirats, escritor y colaborador del fce en España, recogidas con motivo del galardón en un artículo de El País, que llevaba por título “La visión del fundador del fce”: “En su ensayo sobre el Fondo de Cultura Económica dice Enrique Krauze que el día que se intente una historia cultural de México y Latinoamérica se verá cómo, en lo que respecta a las ciencias sociales y al desarrollo de una industria editorial, Daniel Cosío Villegas fue un libertador constructor. Yo añadiría que esa historia tendrá que incluir los últimos 30 años de la historia de España. Por dos motivos fundamentales: porque a la visión del fundador [Cosío Villegas] se unen la de un grupo de intelectuales refugiados políticos españoles que dieron fuerza y lucidez al panorama cultural mexicano y, después, porque la participación del fce refrescando el terrorífico ambiente del franquismo fue decisiva […] En la primera etapa del fce en España, donde las tareas se limitaban a distribución y promoción, se consagraron un listado de títulos que podemos considerar clásicos de la resistencia intelectual antifranquista: La España ilustrada en la segunda mitad del siglo XVIII, La rama dorada, Erasmo y España, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, etcétera; además, se introduciría lo más relevante del pensamiento mexicano en la obra de Reyes, Paz, Rulfo, Fuentes, etcétera. La última aventura del fce es el lanzamiento de tres colecciones españolas en las que se ha incluido a María Zambrano, Ramón Gómez de la Serna, Fernando Savater, Rafael Argullol, Miguel Morey, Eugenio Trías, etcétera. En fin, que a pesar del título no parece que el Fondo se vaya al fondo.” W

Antonio Lozano, periodista, es autor de “Seix Barral: la editorial literaria (1950-2011)”, estudio de la historia de la editorial catalana a cien años de su fundación.

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A los pocos días de inaugurada la sucursal del Fondo en Madrid apareció en Novedades esta crónica de un acto sólo en apariencia comercial. La librería que ponía a la venta las obras editadas en México fue desde siempre un vaso comunicante con los académicos, los escritores, los políticos peninsulares. Con chispa y cierta grandilocuencia, el reportero celebra la apertura de esta “ventana de México” y hace votos por vencer la censura

A RTÍ C U LO

Ventana de México en España
J O S É A N T O N I O N OVA I S

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éxico ha abierto una ventana en Madrid; mejor dicho: tres. Los tres hermosos ventanales de la librería, de la sucursal, que el Fondo de Cultura Económica de México ha instalado en Madrid. Una librería amplia, sencilla —obra del arquitecto Fernández Alba—, funcional, decorada tan sólo con elementos simples: madera, cal y libros. La librería se encuentra en una avenida, otrora apartada y tranquila, hoy casi céntrica: avenida de Menéndez Pelayo, y el nombre —a pesar de todo el revuelo que en estos años se ha organizado en su torno— no desentona con la empresa. Sí, don Marcelino hubiera comprendido el generoso carácter del Fondo. Desde los ventanales de la librería se ven los árboles vetustos, familiares, del parque del Re-

tiro. Los árboles de los soldados, de las niñeras, de los niños. Quizá, y perdonen los lectores, me he excedido en lo que podía parecer la descripción de una simple librería. Pero no, no lo es. En ello hay dos motivos, primero uno al mismo tiempo histórico y periodístico. La librería del Fondo de Cultura Económica es la primera librería exclusivamente ibero —o latina, si ustedes lo prefieren— americana que se instala en la capital de España; el segundo es de carácter sentimental. Para nosotros, los españoles que andamos entre los treinta y cuarenta años, los libros del Fondo han sido como balones de oxígeno en nuestros años de estudiantes por las aulas universitarias. La labor editorial española en aquellas épocas era pobre, mezquina. La censura, más que cruel, torpe. Para nosotros, los que yo a veces llamo la “generación del bache” —los que no tuvimos edad para hacer la guerra, pero sí para que su recuerdo se nos grabara en nuestras mentes de niños— los libros del Fondo eran como globos-sondas que nos llevaban hacia desconocidos continentes del espí-

ritu, del cual sólo sabíamos su existencia por nombre. ¡Y no era fácil encontrar los libros del Fondo! Su busca tenía toda la emoción del coleccionismo y el agridulce sabor de una semiclandestinidad, a decir verdad, nada peligrosa. El profesor José Luis Muñoz Sampedro —excelente novelista y competente economista— recordaba, en el acto de inauguración de la librería, cómo los primeros libros económicos del Fondo, con sus cubiertas naranjas o verdes, llegaron a España cuando acababa de inaugurarse la primera facultad de economía, y de cómo él, entonces alumno de dicha facultad, tuvo que ir a veces a buscarlos a un domicilio privado: en el cuarto piso de una calleja madrileña. La admiración, el agradecimiento, de los intelectuales y estudiosos españoles hacia el Fondo quedó patente en el día de la inauguración de la librería. Todo el que cuenta algo en la vida intelectual española estaba allí. Prácticamente no faltaba nadie. Gentes que por sus posiciones ideológicas o por su postura ante la vida hubieran sido incapaces de encontrarse reunidas bajo un mismo techo, hicieron

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Fotografía: ARCHIVO FCE

Fotografía: LEÓN MUÑOZ SANTINI

UN AGASAJO POSTINERO: MEDIO SIGLO DEL FONDO EN MADRID

VE NTANA D E M ÉXI CO EN ES PA ÑA

Cumpleaños en España
MANUEL ORTUÑO

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durante un par de horas, de aquella inmensa sala tapizada de libros, un terreno neutral donde era tolerada la convivencia. El profesor Laín Entralgo habló de América. Laín es un gran catador de América y la ha recorrido varias veces de punta a extremo. El verbo de Laín es fácil y elegante. Su exposición clara. Su pensamiento ha ido evolucionando cada vez hacia horizontes más abiertos. Dijo el profesor Laín que frente a España —naturalmente se refería a la cultura española— había dos posturas americanas: la de la América panegírica, exultiva y rendida; y la de la América punzante, crítica, a veces amarga, a ratos injusta. Dio gracias, al Fondo, por haber recogido esas dos corrientes, “tan necesarias para todos los que en España nos ocupamos en las tares del espíritu”. El día antes, que por un azar era el aniversario de la muerte de Cervantes, se inauguró en la Biblioteca Nacional una exposición de la labor del Fondo. Uno de los profesores que gozan de más prestigio entre los universitarios españoles, don José Luis Aranguren, expuso en breves palabras lo que el Fondo había representado para los estudiosos españoles y cuál la huella que en ellos había dejado: “despejó a la inteligencia española de los prejuicios del culturanismo e hizo posible que se entendiesen palabras que parecían antagónicas como cultura y economía”. Al frente del Fondo en Madrid está el señor Javier Pradera. Su director, don Arnaldo Orfila Reynal, nos expresaba su “satisfacción y simpatía a todos, tanto autoridades oficiales como entidades privadas, a intelectuales en general, por las facilidades que había encontrado para realizar uno de los más viejos proyectos del Fondo: tener una sucursal en España”. Lo que viene a cumplirse al filo de la tercera década de su fundación.

¿Qué puede representar, dentro del momento cultural español, esta librería mexicana de la avenida de Menéndez Pelayo? Por de pronto un contacto más directo con los universitarios españoles. De este contacto, sin duda, saldrán beneficiados españoles y mexicanos. Los primeros porque al tener a la mano, de una forma directa, la labor del Fondo podrán aprovechar mejor la actividad de éste: creemos que los creadores mexicanos —hoy, salvo de los estudiosos, prácticamente desconocidos— encontrarán un campo en los lectores españoles. Los mexicanos y el Fondo también saldrán beneficiados. De este contacto, directo, vivo, oral, nacerán ideas, sugerencias que servirán para colmar ciertas lagunas que se notan en el catálogo del Fondo y en especial algunos vacíos en lo que se refiere a estudios sobre España. De este contacto directo entre el Fondo y las autoridades debe nacer una nueva comprensión; ésta —y dado el marchamo liberal con el que se autocalifica el nuevo equipo del Ministerio de la Información— puede traducirse, inmediatamente, en que se levante la prohibición de venta en España de cerca de un centenar de libros del catálogo del Fondo, que el anterior equipo no creyó conveniente que leyeran los españoles. México acaba de abrir una ventana en España: deseamos que siga abierta durante mucho tiempo y que ésta sea cada vez más amplia, más profunda, más bella. Ventana necesaria tanto para América como para España. W

l 24 de abril, el fce cumplirá 50 años de presencia ininterrumpida en Madrid. Es una gran ocasión y pretexto no sólo para rendir justo e imprescindible reconocimiento a su contribución intelectual a la salida de la larga noche que supuso la dictadura franquista en España, sino también para recordar algunos datos referidos a su propio desarrollo en el seno del amplio y extraordinario entramado cultural en el que muy pronto se convirtió el proyecto que Daniel Cosío Villegas, Eduardo Villaseñor y el grupo de investigadores y estudiosos de la Escuela Nacional de Economía pusieron en marcha. Daniel Cosío Villegas tuvo, durante más de una década, la responsabilidad, la inteligencia y el compromiso de orientar y consolidar el extraordinario desarrollo de la nueva empresa. Contó para ello, por otra parte, con la decisiva aportación del grupo de intelectuales españoles que, gracias a sus gestiones y las de Alfonso Reyes, fueron invitados por el presidente Cárdenas a considerar México como el lugar propio en el que seguir trabajando, y que en 1938 fundaron La Casa de España, más tarde convertida en El Colegio de México. En España, terminada la guerra mundial, empezaron a llegar los libros “rojos”, que así se conocían en los círculos restringidos que tenían acceso a ellos: rojos por el color de sus cubiertas, cada vez más imprescindibles para los estudiosos que trataban de acceder al pensamiento moderno y a la evolución de las ideas en el mundo exterior. De todo ello quedan algunos testigos en los estudiantes de políticas y económicas que, en esos años, con emoción y regocijo, se pasaban en clase y de “tapadillo” aquellos libros rojos. Entre tanto, el Fondo seguía su expansión en América, con presencia en Buenos Aires, São Paulo, Santiago de Chile, Lima, Montevideo y Caracas. Fue necesario esperar a 1963 para que se consiguiera establecer la filial española en Madrid. Aquel fue un año cargado de acontecimientos en España: huelgas, juicios y condenas a muerte, entre otras la de Julián Grimau, que provocó una oleada de protestas en todo el mundo. El primer director del fce en España fue Javier Pradera, abogado y periodista, que en las importantes revueltas de 1956 tuvo un destacado protagonismo, miembro en la clandestinidad del Partido Comunista de España (1955-1965) y opositor permanente al régimen de Franco. Ligado muy pronto al mundo editorial, sus contactos y su amistad con los directores del fce le llevaron a aceptar la difícil tarea de implantar y desarrollar en España una editorial que el franquismo había considerado desde siempre como un agente de subversión, objeto permanente de censura, rechazo y múltiples trabas a su funcionamiento. Javier Pradera se mantuvo en la dirección de la filial española hasta mediados del año 1967. Contaba Javier que, en sus años de dirección del Fondo, solo consiguió editar un título —Antología, de Miguel de Unamuno—, pero que su casi total dedicación consistió en bregar con la censura española hasta conseguir la introducción en España al menos de algunos de los libros que el régimen consideraba dignos de prohibición. En la dirección del fce en España se sucedieron, entonces, una importante relación de personalidades: Federico Álvarez, Arturo Azuela, Margarita de la Villa, María Luisa Capella y Marcelo Díaz, que con el paso del tiempo han hecho de esta institución editorial un espacio privilegiado de encuentro, diálogo e intercambio intelectual y cultural, y que sin duda seguirá ocupando un lugar central en las relaciones entre nuestras sociedades. W

José Antonio Novais, periodista, durante el franquismo fue corresponsal, entre otros diarios no españoles, de Le Monde y O Estado.

Manuel Ortuño, editor, fundó y dirige Trama Editorial.

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UN AG ASAJO POSTINERO: MEDIO SIGLO DEL FONDO EN MADRID

Discreta y eficiente, María Elena Satostegui fue el factótum del que se valió Arnaldo Orfila para sentar las bases —arquitectónicas, comerciales— de la filial del Fondo en España. Bajo la comprensible sombra que proyectó Javier Pradera a su paso por esa oficina, estaba esta excepcional mujer: rigurosa, solidaria, audaz, infatigable. A esbozar un merecido homenaje se dedica este artículo

A RTÍ C U LO

La esencial María Elena Satostegui
R A FA E L VA R G A S

e cumplen 50 años de la fundación de la sucursal del Fondo de Cultura Económica en España y, no sin razón, se recuerda constantemente que Javier Pradera, entonces a punto de cumplir 29 de edad (la sucursal se inauguró el 24 de abril, él cumpliría años cuatro días más tarde), se convirtió en el primer gerente que la empresa tuvo en aquellas latitudes. Pese a su juventud, Pradera destacaba ya por su militancia contra el franquismo —a los 21 se había enrolado en el Partido Comunista de España (pce)— y no tardaría en convertirse en una figura prominente del ámbito editorial, intelectual y periodístico de España. Al cabo de los 77 años que vivió era no sólo uno de los protagonistas de la llamada “transición democrática” de aquel país, sino un personaje legendario. Bajo la óptica de esa leyenda se le recuerda al frente de la sucursal española. Pero la sombra que la leyenda proyecta opaca la actuación de otra persona que fue tan o aun más importante que Pradera en ese impulso inicial: María Elena Satostegui. María Elena Satostegui era del tipo de personas capaces de realizar una labor de calidad extraordinaria y, de manera igualmente extraordinaria, desvanecerse en el aire después de haberla cumplido. Debido a esa absoluta modestia no se sabe casi nada de su biografía. Fue, claro, la primera esposa de Arnaldo Orfila pero, más allá de ese dato, las únicas huellas relativas a su persona son las de su trabajo. Se sabe, de refilón, que de joven estudió en un liceo para señoritas en Buenos Aires. ¿Por qué? Porque Hellén Ferro, conocido crítico de cine de la Ar-

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gentina de los años cincuenta y sesenta, cuenta en un ensayo a propósito de Ernesto Sabato que en 1937 Delia Etcheverry “fue separada de su cátedra en el liceo por haber prestado a una alumna, María Elena Satostegui, La mujer nueva, de Alexandra Mihailova Kolontai.” 1 Precisamente a finales de ese año Delia Etcheverry fundó, con Arnaldo Orfila y algunos otros intelectuales de La Plata, la Universidad Popular Alejandro Korn, y ello hace pensar que tal vez Orfila conoció a Satostegui a través de Etcheverry. En todo caso, el escueto indicio permite imaginar por dónde se enrumbó la joven alumna que en 1942 decidió casarse con Arnaldo Orfila, quien, como alguna vez recordaría —en una de las poquísimas evocaciones personales que hizo públicas— por esa época vivía de redactar libros por encargo, ya fuera sobre la higienización de la leche o el aprovechamiento del petróleo: “Escribía manuales. […] Por cada libro mensual me pagaban mil pesos. Con eso vivíamos todo el mes. Yo ya estaba casado con María Elena Satostegui, que ganaba 400 pesos dando clases en la Universidad. Era muy divertido, porque a la noche, cuando María Elena llegaba a casa, me decía: ‘Arnaldo, ¿cuántas páginas hiciste hoy?’ ‘Hoy no pude hacer más de diez’. ‘¿Cómo, no sabés que tenés que hacer quince al día para poder terminar el libro en un mes?’ Lo que sucedía era que en cuanto María Elena se iba a trabajar, yo me escapaba al café, a charlar con mis amigos…” 2

1 Hellén Ferro, “Pedazos de una amistad”, La rebelión de los poetas jóvenes (1960-1980) y otras memorias, Buenos Aires, Ediciones Margus, 2005, p. 196. 2 Guillermo Schavelzon, “Conversación en La Habana. Una entrevista con Arnaldo Orfi la Reynal”, en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica,

Orfila llegó a México con María Elena Satostegui en 1948, año en que Daniel Cosío Villegas lo invitó a asumir la dirección del Fondo. La pareja se divorció en 1951. Todo parece indicar que la separación fue amistosa. Seguramente lo fue. Luego de siete años en los que Delia Etcheverry se desempeñó como representante del Fondo en Argentina, Orfila nombró a Satostegui al frente de esa sucursal y, a partir de ese momento, se convertiría en la persona de su mayor confianza, y en la ejecutora de varios de los más importantes proyectos que él puso en marcha. Es ella, por ejemplo, quien se encarga de estudiar, a partir de mayo de 1953, las posibilidades de abrir una sucursal del Fondo en Chile, lo que ocurre en enero de 1954. Y será ella también, desde finales de 1962, la responsable de explorar el terreno para abrirle camino a las ediciones del Fondo de Cultura Económica en España. No será ése, por supuesto, el primer intento en tal sentido. El Fondo había empezado a distribuir algunos de sus libros en España en 1947 a través de Editora y Distribuidora Hispanoamericana, SA (edhasa), una pequeña empresa creada en sociedad con Emecé y Sudamericana. Pero “el resultado de 15 años de trabajo —como anota Orfila en 1962— no ha sido satisfactorio y el Fondo desea corregir deficiencias.” Así, Orfila viaja a Madrid en mayo de 1962 y se entrevista con escritores, libreros, editores, profesores universitarios, estudiantes, bibliotecarios, directivos de instituciones culturales, y en todos encuentra una vena de simpatía hacia el Fondo. A partir de ese sondeo decide que es hora de desembarcar en España con el grueso de la producción editorial.

núm. 412, abril de 2005, pp. 6-11 (disponible en línea: ow.ly/jM8Bb).

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Fotografía: ARCHIVO FCE

UN AG ASAJO POSTINERO: MEDIO SIGLO DEL FONDO EN MADRID

LA ESENCIAL MARÍA ELENA SATOST EGUI

II Instalar una sucursal del Fondo en España era —como lo dijo el propio Orfila en el discurso que pronunció la noche de la inauguración— “un viejo anhelo de la casa matriz desde sus años fundacionales”. Una variedad de motivos hacía abrigar ese anhelo. Mencionemos sólo dos. El primero, la historia: el Fondo había nacido como una afirmación de la capacidad intelectual mexicana frente al lamentable dejo de desdén colonialista con que incluso una mente tan brillante como la de José Ortega y Gasset contemplaba las iniciativas culturales formuladas desde esta orilla del Atlántico. (Como se sabe, después de escuchar la propuesta presentada por Cosío Villegas ante la junta administrativa de Espasa-Calpe, José Ortega y Gasset sentenció que “el día en que los latinoamericanos tuvieran algo que ver en la actividad editorial de España, la cultura española ‘se volvería una cena de negros’.”3) Ahí estaba la oportunidad de establecer una relación mucho más razonable en el plano cultural. El segundo, la economía: en el prospectivo que Orfila presenta a Ricardo Zevada, director del Banco Nacional de Comercio Exterior, en junio de 1962, se indica que México le compra a España una cantidad de libros cinco veces mayor que la que España le compra a México, y que es necesario mejorar las cifras de exportación.4 Hacia finales de noviembre de 1962 María Elena Satostegui se traslada a Madrid y comienza a buscar un espacio adecuado para el establecimiento de la sucursal y a recabar la información necesaria para su operación. La faena que le espera será enorme. En la medida en que es preciso comentar y consultar todo con Orfila, tendrá que escribir decenas de largas cartas llenas de datos y detalles. Casi doscientas al cabo de un año. Para el 29 de diciembre ya ha encontrado un local en el número 7 de la avenida Menéndez Pelayo, cerca del Parque del Retiro. Cuesta tres millones y medio de pesetas. Se autoriza su adquisición. El 1º de enero de 1963 le entregan las llaves y empiezan las obras para acondicionarlo. Orfila quiere que la representación comience a funcionar lo antes posible, y que la librería abra puertas al público el 31 de marzo. Ella sola (pues, aunque ya se notificó a Pradera de su designación, éste habrá de incorporarse apenas en marzo) tendrá que luchar con albañiles y arquitectos en medio del invierno más crudo que se haya registrado en España en muchos años. Hay días en que la temperatura alcanza los 14 grados bajo cero. (“No sabía que el frío podía producir tanto dolor”, le comenta a Orfila.) Gracias a las buenas relaciones que paulatinamente establece, al poco tiempo consigue un excelente préstamo del Banco Ibérico (más de un millón y medio de pesetas, a largo plazo y a una tasa de interés bajísima) que permitirá financiar en buena medida el costo del local y los gastos de instalación de la sucursal. Pero el clima hace que la obra se demore. “Los plazos que se plantean para la entrega de una obra nunca se cumplen”, le comenta a Orfila. El 18 de marzo de 1963 la junta de gobierno determina que el poder amplio que ella ostentaba se sustituya en favor de Javier Pradera, aunque Orfila decide que se quede como supervisora mientras Pradera prueba que es capaz de dirigir la representación. Se decide que permanezca en Madrid hasta concluir el indispensable balance de cuentas. Por azar —o por destino— la inauguración de la sucursal acabará realizándose el 24 de abril, un día después del aniversario luctuoso de Miguel de Cervantes Saavedra, fecha que en España está destinada a la celebración del libro. Pradera, por supuesto, no es un recién llegado al mundo del libro. Trabajaba para la editorial Tecnos cuando conoció a Orfila, en mayo de 1962. (Le pidió una entrevista a Orfila para aclarar un malentendido en torno a una obra de Eduardo Nicol que, impresa originalmente por el Fondo, Tecnos reeditó en España con autorización de Nicol, porque el impaciente filósofo creía que el Fondo ya no se

3 Gabriel Zaid, Daniel Cosío Villegas. Imprenta y vida pública, México, fce, 1985, p. 173. 4 Arnaldo Orfi la, “Memorándum sobre las actividades del Fondo de Cultura Económica en España. Para el Sr. Director del Banco de Comercio Exterior, Lic. Don Ricardo Zevada”, p. 1, copia conservada en el Archivo Histórico del fce.

interesaría por ella. Orfila se quedó con una buena impresión de Pradera y así se originó la candidatura de éste a la gerencia de la sucursal española.) Pero el trabajo que realizará para el Fondo sí tendrá muchos aspectos nuevos para él: resolver problemas de importación, lidiar con las demoras de los despachos y distribuir oportunamente, dar descuento a los libreros, asegurar pagos, lograr que las ventas cubran el resto del valor del local… las tareas son interminables. Felizmente la relación entre Pradera y Satostegui está signada por la cooperación y el afecto. Gracias a esa armonía, pronto se piensa en la creación de una sucursal más en Barcelona y se avanza mucho en ese sentido. Pero también muy pronto se advierte que la comercialización de los libros del Fondo será particularmente difícil bajo la censura que impone el franquismo. Es una época en la que se tiene que luchar de manera cotidiana contra la censura, que opera a través del Ministerio de Información y del Instituto Nacional del Libro Español (inle), pero esa circunstancia es en especial adversa para el Fondo porque para los franquistas todo lo que huela a mexicano huele a comunismo. (Hay que imaginar las enormes dificultades para que se apruebe la venta de un título como la Historia del pensamiento socialista, de George D. Cole.) Los permisos de importación tardan de 20 días a un mes por cada título. Todo lo que pueda considerarse como una alusión en contra del régimen franquista, aun la más mínima, lleva a que se impida la circulación del libro. Hay que luchar para que se autorice la venta de títulos como el Breviario número 165, La pintura del siglo XX, del argentino Jorge Romero Brest, cuyo pecado es criticar de paso la visita que Eva Perón hizo a Franco en 1947. Otros motivos de censura son: el elogio del control de la natalidad, las condenas contra Hernán Cortés, la crítica a la realeza española o que el autor de la obra sea un exiliado. Obras como Vida en claro de José Moreno Villa, Discurso de la novela española contemporánea de Max Aub, Cuestiones españolas de José Ferrater Mora, editados o comercializados por el Fondo, son objeto de largas y peliagudas negociaciones con autoridades de diversos ministerios y directivos del inle. Cuán difíciles y duras pueden ser las cosas por razones de censura es algo que se verá con toda claridad siete meses después. El 28 de septiembre —según el recuento que hace Javier Pradera en la carta enviada a Orfila que se reproduce en este número de La Gaceta— dos agentes de la Brigada Político Social se presentan en la sucursal con la intención de realizar un registro. No especifican por qué. Pradera se opone. Los agentes llaman a la Dirección de Seguridad, y se les ordena llevar a Pradera, aunque formalmente no como detenido. Lo que los agentes buscan sin decirlo es la copia de una película antifranquista realizada en Italia por Fernando Sánchez Drago, amigo de Pradera e introducida clandestinamente a España. La liga de Pradera con tal asunto se reduce al hecho de que poco tiempo antes, en una visita a España, Sánchez Drago pasó a saludar a Pradera a la sucursal. Por lo demás, no es ningún secreto que Pradera es militante del pce. Absurdamente, la situación lleva al registro de la vivienda de Pradera, donde los agentes encuentran libros “prohibidos”. Con ese pretexto quedará detenido más de cien días. Sólo hasta el 9 de enero de 1964 podrá reintegrarse a su trabajo en el Fondo, y sólo hasta el siguiente abril concluirá bien a bien el caso en su contra. Afligido por su prolongada detención y su forzada ausencia de sus tareas en el Fondo, Pradera le escribe a Orfila y le comunica que, consciente de lo delicado de su situación, entenderá perfectamente si se decide separarlo de su cargo. Por supuesto, Orfila y Satostegui deciden respaldarlo y sostenerlo. (“A Javier, que puede seguir tranquilo con respecto a nosotros pues el episodio no afecta el concepto que de él teníamos y mantenemos”, le escribe Orfila a Satostegui el 23 octubre.) Durante ese lapso, ella queda al frente de las actividades. La carga y el ritmo de trabajo que ha mantenido a lo largo de un año son tales que, cuando Pradera queda libre, ella se enferma de encefalitis gripal que, por fortuna, a pesar de ser dolorosa y paralizante no es grave. Hay un indicio de la fatiga que venía acumulando por la broma plasmada en una carta escrita el 21 de octubre anterior, dirigida a quien entonces era gerente general del Fondo, Fulvio Zama: “Creo que en retribución del uso que el Fondo hace de mí, debe-

ría editar mis memorias. Las estoy preparando en los momentos libres. Por suerte no hay más que tres sucursales.” (Habría sido maravilloso que las hubiese escrito. Pocas personas sabían tanto acerca de la historia del Fondo.) III Arnaldo Orfila no ignoraba que abrir una sucursal en España en pleno franquismo acarrearía problemas. Es admirable que haya decidido asumir semejante desafío, y que en ningún momento cejara en su empeño de ganar un lugar en un entorno de suyo difícil —más allá del régimen político— como el medio editorial español, donde las condiciones de comercialización eran muy diferentes a las de México. Por ejemplo, supo desde el primer momento que la inauguración de la sucursal había sido un fracaso en términos de repercusión en la prensa (así se lo dice a Satostegui en una carta del 15 de junio), pero, lejos de responsabilizar a nadie o desanimarse por ello, concluyó que habría que invertir un poco más de recursos en publicidad. Para dar a conocer la librería, Satostegui le comenta que tal vez convendría realizar exposiciones y otras actividades culturales, pero Orfila se opone, con razón, a que se haga cualquier cosa que salga del ámbito de los libros. Cualquier otra cosa los distraerá de esa batalla. Es impresionante ver cómo Orfila vigila hasta el menor detalle de lo que va ocurriendo con la sucursal en España, e impresionante asimismo su manera de trabajar de cara al futuro. Apenas abierta la sucursal española ya pensaba en la distribución de los títulos del Fondo en Portugal. Todo avanza con gran lentitud, pero él sabe que no hay más opción, que se necesita paciencia y perseverancia para resolver rompecabezas y sortear obstáculos. Son tantos los problemas por resolver que durante los años sesenta el Fondo de España sólo editó un libro (una antología de Miguel de Unamuno), hecho por José Luis L. Aranguren y José Agustín Goytisolo, no sin dificultades, pues la censura obligó a corregir unas líneas. No obstante, el mayor problema que enfrentó la sucursal española no fue la rigidez del franquismo, sino la defenestración de Arnaldo Orfila y la errónea política asumida por su sucesor, Salvador Azuela, quien al cabo de dos años devolvió la distribución de los libros del Fondo a edhasa sin haberse tomado siquiera la molestia de consultar su decisión con Pradera, lo que condujo a la renuncia de éste y al abandono de la incipiente representación en Barcelona. Una gran lástima, sobre todo si se piensa que muy poco tiempo después Pradera se convertiría en uno de los principales responsables del extraordinario éxito de Alianza Editorial, casa que lo acogió después de que él presentó su renuncia al Fondo a través de una carta absolutamente clara y valiente, tan pormenorizada y extensa como todas las que cruzaba con Orfila (de seis a siete cuartillas a máquina, siempre a renglón seguido), en la que le señaló a Azuela los graves errores que cometía. Una gran lástima, también, cuando se piensa cómo se dilapidaron los esfuerzos de Satostegui, “preciosa e inteligente mujer”, según la descripción del gran narrador chileno Manuel Rojas.

IV
Por suerte, “la afanosa María Elena Satostegui”, como la llamaba Jaime García Terrés, logró sobrevivir a la administración de Azuela, y dirigió durante treinta años la sucursal argentina del Fondo, literalmente hasta el día en que falleció, el 14 de noviembre de 1985. García Terrés lo informó así a través de las páginas de La Gaceta: “Ha muerto en Buenos Aires María Elena Satostegui. Ella fundó la sucursal del Fondo en Madrid y dirigía a la sazón la de Buenos Aires. Fue infatigable, leal y eficaz como pocos colaboradores de esta casa, que mucho le debe, y promovió hasta el fin los intereses de México en el extranjero. Descanse en paz.”5 W Rafael Vargas está al frente del programa Tierra Adentro, de la Dirección General de Publicaciones del CNCA.

5 Jaime García Terrés, “Litoral”, La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, núm. 180, diciembre de 1985, p. 15.

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UN AG ASAJO POSTINERO: MEDIO SIGLO DEL FONDO EN MADRID

La plenitud y el vacío
JUA N CRUZ

U

n editor es el que llena el vacío; un escritor es el que adivina el vacío, lo describe, lucha contra él, llena el espacio de su inquietud, al fin ve una luz, la traslada. La plenitud la producen ambos, el editor y el escritor, y es el lector el que completa el círculo. La escritura es una manera de llenar el vacío, pero si no hay quien la perciba en primer lugar, quien la canalice, quien la lleve al lector, la plenitud jamás hallará su punto máximo de existencia. La vida intelectual depende del pensador, del escritor, pero la relación de la vida intelectual con el público es cosa del editor. Sin el editor no existirían la discusión, la polémica, el conocimiento. Editar depende, a su vez, de una voluntad, de una luz; los editores son seres dotados de un sentido superpuesto: los escritores imaginan o deducen, están en su escritorio o en su rincón confrontándose con la realidad o con ellos mismos; los editores disponen de un enorme espejo en el que se reflejan las ansiedades de la gente. Él observa si el escritor ha conectado con ese rumor. Lo que la gente quiere ver, lo que la gente quiere saber, lo que la gente

necesita para llevar la plenitud, o un amago de plenitud, a su vacío. Así me imagino al editor. Y así me imaginé a Javier Pradera cuando supe lo que hacía. Él hablaba de su oficio, el de editor, como el de un intermediario. Decía Peter Mayer, durante años el editor de Penguin, que un editor es alguien que, mirando desde lo alto de una calle cómo se mueve la gente, de pronto tiene una idea que le sugiere la contemplación de esa multitud y en seguida sabe quién la puede convertir en un libro. Cuando vi por primera vez a Pradera fue en un pasillo de Alianza Editorial, en la calle Milán de Madrid, en 1976. Era alto, desgarbado, caminaba como sólo podía caminar Javier Pradera, con esa libertad soñolienta que tienen los demasiado altos, y llevaba un papel en la mano, en el que tomaba, aun andando, apuntes con un grueso bolígrafo azul. Me preguntó qué quería, yo le expresé muy brevemente los deseos que me llevaron a él, en seguida me dijo que se ocuparía, y siguió tomando notas. Lo vi hacer, lo vi regresar a su escritorio, y me llevé de allí la metáfora de un hombre aislado en sí mismo, era una especie de orfebre monástico. Luego siempre lo vi con un papel en la mano, paseando por la redacción de El País, yendo de un sitio a otro, buscando un dato, un pensamiento, una idea, buscando a otros. Y siempre con ese rotulador azul con el que corregía los textos de los editoriales o, en los últimos años,

sus propias columnas de opinión. Con mucha frecuencia entraba en mi despacho, se llevaba algunos libros que le interesaban y, al irse, se quedaba un minuto en el umbral de mi puerta para preguntarme por algo perentorio, algo que necesitara con cierta urgencia para hacerse una composición de lugar. Pasaban esas cosas, circunstanciales o no, y yo siempre tenía en mi mente la figura de aquel hombre en el pasillo de Alianza, con el bolígrafo en la mano, tomando notas al margen de un papel, seguramente editando un libro, preparándolo, mientras yo le contaba mi vida de precario periodista que quería su ayuda para seguir en el oficio, pues él era una importante figura en el periódico naciente, al que yo esperaba entrar. Finalmente su ayuda fue decisiva; me escuchaba como desde otro planeta, pero me estaba escuchando, aunque su atención pareciera estar en esa página, en el dato, en el pensamiento, en la idea. En el periódico fue igual: ensimismado en el dato, en el pensamiento, en la idea, buscándolos hasta debajo de las piedras. Fue, sin duda, el usuario más destacado y habitual de los servicios de documentación del diario, que quizá por casualidad dejaron de existir como tales arrasados no sólo porque ya la documentación está toda ella on line, o debería, sino porque ya no estaba Javier Pradera… Lo que él hacía era tratar de que el rigor de los libros, el que le debe un editor a los libros, se trasladara a su propio trabajo como editorialista o

como comentarista, o como lector; era un eficaz crítico de las obras ajenas, porque no sólo las discutía y se las sabía, sino porque andaba por dentro de su hechura, les veía las costuras, los malhechos, las cosas que a otros sólo les sobresaldrían como un fallo menor pero que ante sus ojos atentísimos se agigantaban como defectos que un libro (un texto) no se puede permitir. Él sabía que para que haya plenitud todo debe estar bien (en un libro, en un texto), y que si eso no era así sería incluso mejor el vacío. Como hubiera dicho Jorge Guillén del mundo, un texto tenía que estar bien hecho, exacto, no puede haber lagunas ni sobrentendidos. Un texto es un esfuerzo del autor, pero ha de ser aun un esfuerzo mayor del editor; éste ha de procurar que el lector no perciba ningún agujero, ningún vacío. Él trajo al periódico ese rigor del editor. Es curioso que ahora, siempre que pienso en él, que recuerdo su contribución a nuestro propio conocimiento, desde sus dos oficios, editor y periodista, se me venga tanto a la cabeza la palabra vacío. Y es que lo que nos dejó fue un vacío imposible de llenar. Y nos dio plenitud, de ese ejemplo vivimos. Gracias, editor Pradera. Gracias, amigo Javier. W

Juan Cruz, periodista de El País, fue director de Alfaguara.

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Reproducimos en seguida la carta que Javier Pradera envió a Arnaldo Orfila Reynal el 10 de diciembre de 1963, en la que se resumen algunas peripecias que la recién abierta representación comercial debió enfrentar. Proveniente del archivo histórico del Fondo, apareció recientemente en Camarada Javier Pradera, el libro en homenaje a ese periodista y editor que en 2012 preparó Santos Juliá para Galaxia Gutenberg

TESTI M O NI O

Una aventura grotesca y kafkiana
JAV I E R P R A D E R A

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a falta de portador ha retrasado quizá más de lo debido esta carta, pero dado el carácter de su contenido me ha parecido más oportuno, por temor a extravíos en el correo, esperar a poder remitírsela por conducto personal. Vaya por delante mi reconocimiento por el interés y la confianza con que ha considerado Ud. mis últimos percances. He de agradecerle, igualmente, la confianza que me demuestra al ratificar mi designación como gerente de la sucursal de Madrid. Independientemente de la arbitrariedad de que he sido objeto tal y como se la detallo más abajo , deseo asumir la responsabilidad que, de cara al Fondo, pueda corresponderme en este desgraciado asunto. En este sentido, deseo aclararle que si mi permanencia al frente de la sucursal puede plantear problemas dentro del Fondo o es incompatible con las líneas generales de su política, es para mí un imperativo de conciencia abandonar este trabajo. Aun a riesgo de caer en minuciosidades, voy a contarle en detalle la grotesca y kafkiana aventura que me han obligado a correr. El sábado 28 de septiembre, a la una y media de la tarde, se presentaron en los locales del Fondo dos agentes de la Brigada PolíticoSocial con la pretensión de realizar un registro, pero

sin exponer qué buscaban ni las razones que hacían suponer que el objeto de la pesquisa se encontrara en la sucursal. Les indiqué que deseaba hablar con el director general de Seguridad antes de [que] iniciaran su, descomunal por otra parte, tarea, y que, así mismo, exigía que el hecho se pusiera en conocimiento del ministro de Información y del director general de Información. A primera vista, y dado que no había nada que ocultar, puede parecer que me pasé de rígido. Sin embargo, sigo considerando que, a pesar de las desgraciadas consecuencias que esto me acarreó, actué correctamente. Las consecuencias que la invasión hubiera traído consigo desde las simplemente administrativas derivadas de abrir centenares de cajas, a las políticas en virtud del escándalo que el asalto del Fondo implicaba, y a las puramente comerciales implicadas en la lectura de las cartas y documentos hubieran sido enormemente negativas. Supuse por lo demás correctamente que la orden de registro había sido dada atolondradamente por algún jefe intermedio de la Brigada (la Brigada Político-Social dispone de órdenes de registro firmadas en blanco por el coronel Eymar) y que, además, la consulta permitiría ganar algunas horas, durante las cuales habría tiempo para demostrar que el objeto que buscaban, sea cual fuere, no podía hallarse en las oficinas del Fondo. Obede-

ciendo a mis requerimientos, los agentes llamaron a la Dirección General de Seguridad, recibiendo la orden de aplazar el registro y de llevarme, aunque no como detenido, a los locales de la policía. Una vez allí, pude enterarme de lo que la policía se traía entre manos. Fernando Sánchez Dragó, lector de español en la Universidad de Padua, había sido detenido, acusado de realizar actividades anarquistas en Italia, de donde había regresado a últimos de julio. Entre los cargos que se le hacían, figuraba el de haber traído a Madrid una película antifascista, que le había entregado personalmente Pietro Nenni para las Juventudes Socialistas ni que decir tiene, clandestinas de Madrid. Dragó, a quien conozco desde que fuimos detenidos por los sucesos de febrero de 1956, naturalmente me había visitado a su regreso de Italia, como suelen hacer todos los amigos que están mucho tiempo fuera de España. La policía, que le venía siguiendo desde hacía unas semanas, le había visto, sin duda, entrar en el Fondo. Tras un interrogatorio que no llegó a durar diez minutos, la policía constató que yo no tenía nada que ver con el asunto. Entretanto, sin embargo, la policía había realizado un largo y compensatorio registro en mi casa, que arrojó un resultado negativo en relación con lo que los agentes buscaban, pero que produjo, como consecuencia indirecta, una abundante

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UNA AVENTURA GROTESCA Y KAFKIANA

cosecha de libros, revistas, folletos y periódicos, así como de cartas y notas de trabajo personales. La primera criba realizada en mi casa fue bastante cómica: entre los libros requisados figuraban la versión castellana de un folleto de la John Birch, así [como] otras obras de profesionales del anticomunismo como Burnham, Carew Hunt, etcétera. Por una carencia de sentido del humor que no me perdono, yo mismo les advertí del carácter de esas obras, cuando inquisitorialmente me las mostraron en la Dirección mediada la tarde. En esa segunda criba, en la que desempeñé el papel involuntario de asesor, sólo retuvieron, de los libros, un Manual de marxismo-leninismo de Kuusinen editado por Grijalbo. Tuvieron mejor suerte en las revistas: seleccionaron números de Il Contemporaneo, Ibérica (revista editada en Nueva York por republicanos españoles exiliados), Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, Clarté, Pekin Information. También habían encontrado en casa algunos folletos o panfletos del ps y del pc españoles nunca más de un ejemplar que había recibido por correo y que había olvidado romper. De los papeles y cartas personales, cuyo reordenamiento al regresar a mi casa me ha entretenido muchas horas, no retuvieron nada, a pesar del molesto escudriñamiento a que los sometieron. A las diez de la noche me enteré [de] que mi mujer, que había asistido al registro, también estaba, en concepto de “invitada”, en los locales de la Dirección, así como un hermano de mi mujer y su esposa. Hacia esa hora, el secretario de la Brigada me comunicó que, tras las consultas por mí solicitadas, se había decidido no registrar el Fondo. La película ya había sido localizada. También me comunicó que seguramente esa misma noche mi mujer y yo podríamos volver a casa. Hacia las dos de la madrugada me informaron que el asunto se encontraba pendiente de resolución y que habríamos de pasar allí la noche, pero que, dado que sólo estábamos “retenidos”, dormiríamos en las oficinas de la Brigada Social y no en los calabozos. A la mañana siguiente, domingo, me anunciaron que mi mujer sería puesta en libertad esa misma tarde como efectivamente así fue pero que mi caso exigía nuevas consultas. En la noche del domingo, el jefe de la Brigada me informó que al día siguiente sería puesto a disposición del juez bajo el cargo de “propaganda ilegal” por los libros, revistas y folletos encontrados en mi casa. Ante mis protestas la tenencia de ejemplares únicos aun de hojas clandestinas antifranquistas no entra en la tipificación de “propaganda ilegal” , el jefe de la Brigada me respondió que, en efecto, yo tenía razón; pero que dadas las circunstancias, la policía no podía dejarme por sí misma en libertad sino que tenía que pasarme al juez que, sin duda, no me procesaría. También pasé la noche del domingo en un despacho de la Brigada. A la mañana siguiente, lunes, me enteré [de] que Dragó y otros tres muchachos más entre los que estaba el receptor de la película iban a ser enviados a jurisdicción militar. Como Ud. seguramente sabrá, la jurisdicción militar, hasta hace unos días en que se ha constituido un Juzgado y Tribunal de Orden Público compuesto por miembros de la carrera judicial, era la encargada de solventar los procesos políticos, instruyendo el sumario el famoso coronel Eymar y fallando las causas Consejos de Guerra militares. El hecho que la policía hiciera esa discriminación entre Dragó y sus compañeros y mi propio caso es, obviamente significativo. Por otro lado, me informaron también [de] que iban a ser pasados a la jurisdicción ordinaria mi cuñado José Antonio (que tiene 22 años) y un amigo suyo, a quien yo no conocía, que habían sido detenidos como “sospechosos” por su amistad con Dragó y a quienes habían encontrado en el registro domiciliario una serie de caricaturas antifranquistas muy graciosas por lo que pude ver dibujadas por el amigo de mi cuñado (Julio Ferrer, de 19 años, estudiante de segundo año de Filosofía y Letras). Aparte de la relación familiar, nada tenía que ver yo con esta cuestión. En este momento, pues, la policía había fallado el asunto, al hacer estos tres grupos, después de dejar en libertad a buen número de otros detenidos preventivos: Dragó y sus compañeros, acusados de haber constituido en Italia una Agrupación Democrática Popular Española compuesta de exiliados y trabajadores y empleados españoles residentes en

Italia de todas las tendencias políticas, de haber intervenido en mítines antifranquistas y de importar clandestinamente una película antifascista regalada por Nenni; José Antonio Sánchez Ferlosio, mi cuñado, y Julio Ferrer, depositario y autor respectivamente de las caricaturas, y yo, por la propaganda hallada en mi casa. El primer grupo pasaba a jurisdicción militar, y los otros dos expedientes, esto es, el mío, por un lado, y el de mi cuñado y su amigo, por otro, eran remitidos a la jurisdicción penal ordinaria. El mismo lunes, por la tarde, fuimos trasladados Ferrer, mi cuñado y yo a los calabozos del Juzgado de Guardia, en la plaza de las Salesas. Aunque hasta ahora he utilizado la expresión “jurisdicción ordinaria” para referirme a mi “lugar de destino”, he de aclararle que no es del todo correcta. En efecto, los presuntos delincuentes políticos cuya peligrosidad no les ha hecho merecedores de la jurisdicción militar, son remitidos a un juzgado especial Juzgado Especial de Propaganda Ilegal , desempeñado por un juez de instrucción que lo es al tiempo de uno de los veintitantos juzgados de primera instancia e instrucción que funcionan en la Audiencia de Madrid. Este juez especial es el encargado de instruir las diligencias y llevar el sumario; sin embargo, el juicio oral no tiene lugar ante ningún Tribunal especial, sino ante una de las salas de la Audiencia de Madrid. Puede Ud. suponer que la “especialidad” del Juzgado consiste en la designación por el gobierno de un juez del que se tenga la certeza que está compenetrado con el franquismo, con todas las consecuencias que esto trae consigo. De esta forma, se eliminan los riesgos de que el juez de turno, que puede ser uno de los veintitantos en funciones, discrepe, a la hora de procesar, de las indicaciones del fiscal. Hasta el viernes, esto es, hasta pasados cinco días de nuestra instalación en los calabozos del juzgado (como nota “folklórica” le diré que son calabozos colectivos de seis a diez personas en los que hay que dormir en el suelo), no fuimos llevados a presencia del juez. A pesar de que la maniobra ya era clara, yo seguía optimista. Aunque no ejerza, al fin y al cabo soy licenciado en derecho: creía imposible que me procesaran por hechos no tipificados como delito en el Código Penal. A todo esto, algunos amigos de la familia se habían interesado en la Dirección General de Seguridad por mi asunto, haciendo ver lo absurdo de enviar al juez a una persona por tener libros, revistas u hojas clandestinas que se encontraban en las casas de los mismos ministros. La policía arrojó la primera nube de humo: lo grave no era eso, sino que se me había ocupado un manifiesto de carácter comunista escrito a máquina del que se sospechaba que yo era el autor. La acusación era realmente peregrina. De ser así, ¿por qué la policía no me había interrogado sobre este punto? Es más: ¿por qué ni siquiera me lo había mostrado? Por otro lado, de existir ese manifiesto y la sospecha de que yo fuera el autor, ¿por qué la policía no me había interrogado más que sobre mis relaciones con Dragó (¡y con mi cuñado!) durante apenas un cuarto de hora, sin preguntarme nada sobre ningún otro tema, cosa lógica si se suponía que me dedicaba a hacer manifiestos? El viernes fuimos conducidos ante el juez. Después de un interrogatorio formal, le pregunté que si era cierto que se me acusaba de ser el autor de un manifiesto, haciéndole ver la anomalía que suponía que la policía no me hubiera preguntado sobre tal cuestión. De muy malos modos, me replicó que yo estaba acusado de tener en mi casa “propaganda ilegal” y que eso era todo. El manifiesto fantasma se resistía a darse a conocer. Salí convencido que no me procesaba. Luego fueron llamados mi cuñado y Ferrer. Naturalmente, el interrogatorio había sido formal: los autos de procesamiento estaban ya redactados de antemano. Para asombro de todos el auto de procesamiento nos englobaba a los tres, acusándonos de realizar propaganda ilegal contra el régimen y de mantener contactos con exiliados, designándonos como gente “de filiación comunista”. La primera cortina de humo del “manifiesto” no había servido. La segunda consistía en procesarme, no en expediente aparte por los libros y revistas encontrados en mi casa, sino en un expediente colectivo en el que las pruebas de cargo materiales, inadecuadas como tales para servir solas de base para el procesamiento, se hacían depender de inaprensibles y

misteriosos contactos. La maniobra se completó diez días después. La jurisdicción militar se había inhibido del asunto de Dragó y sus compañeros, pasándolos al Juzgado Especial de Propaganda ilegal. El juez dictó contra ellos el mismo auto de procesamiento que contra mi cuñado, Ferrer y contra mí. También se les atribuía “filiación comunista”. La cosa era realmente cómica: no sólo ninguno de ellos se había declarado comunista, sino que uno de ellos, Ángel de Lucas, el receptor de la película, figuraba en los atestados policiacos y en las declaraciones de los otros procesados como responsable en Madrid de las Juventudes Socialistas. Así pues, lo que la policía había desunido el juez se había encargado de ligar y unir. Mi nombre no figura ni en uno solo de los testimonios de los otros seis procesados. Pero eso lo sabemos sólo la policía, el juez y los procesados. De cara hacia afuera, el juez puede decir que la instrucción del sumario es secreta y que hay cosas que no pueden revelarse. Por tanto, hasta el momento del juicio oral, en el que no puedo no salir absuelto, la cortina de humo funcionará a la perfección. De lo demás, ya le habrá informado María Elena. A los siete días de ingresar en la Prisión de Carabanchel, el juez indicó que se solicitara mi prisión atenuada porque estaba dispuesto a concederla. La prisión atenuada es un expediente al que hay forzosamente que recurrir por una increíble anomalía de la legislación penal. En efecto, los delitos de “propaganda ilegal” tienen como pena en el Código la “prisión menor”, esto es, de seis meses y un día a seis años. La norma general es que los procesados a quienes se acusa de delitos sancionados con prisión menor no han de esperar en “prisión preventiva” a que se celebre el juicio sino que tienen derecho a menos que concurran circunstancias extraordinarias a la “libertad provisional bajo fianza”. Pues bien, un decreto-ley promulgado hace unos años modificó este precepto en el sentido de que los procesados por propaganda ilegal no pueden beneficiarse de la libertad provisional bajo fianza. Sin embargo, como esa medida no puede llevarse a efecto en la práctica, el juez ha de recurrir al expediente de la “prisión atenuada en el domicilio”. Una vez conseguido esto, es ya fácil conseguir lo que se denomina “ampliación de la prisión atenuada” que posibilita para ir al trabajo y que equivale a todos los efectos a la libertad provisional. Como Ud. sabe, la prisión atenuada no se me concedió hasta el 15 de noviembre pasado. Durante este tiempo, el juez, a través de personas interpuestas, me indicó la conveniencia de que renunciara al recurso contra el auto de procesamiento, del que conoce una Sala de la Audiencia. Aunque quizá ésta haya sido la causa del retraso en la concesión de la prisión atenuada, no hicimos caso de la presión y hemos seguido adelante con el recurso. No creo, de todas formas, que la Sala de la Audiencia revoque el auto de procesamiento, ya que esta medida muy rara vez es adoptada, entre otras cosas por “espíritu de cuerpo”. Pienso que el interés del juez en que no siguiéramos adelante con el recurso deriva más bien del temor a ser criticado por los magistrados de la Audiencia que, aunque ratifiquen su decisión, no dejarán de advertirle que es conveniente guardar mejor las formas. Terminaré la carta ratificándole lo que he escrito al comenzarla. La designación como gerente de la sucursal para España del Fondo ha sido una de las mayores satisfacciones que he tenido en mi vida. Cuando le escribí aceptando el nombramiento, no recurría a fórmulas convencionales al decirle que ello constituía para mí un honor. Seguir en mi trabajo, o volver a él en el futuro, o colaborar de una u otra forma con el Fondo, son deseos míos que no creo necesitan ser explicitados. Por otra parte, nunca podré olvidar el apoyo que Ud. me ha prestado tanto en el “marco institucional” como director del Fondo, como personalmente. Temo, sin embargo, que en México, por obra de los miles de kilómetros de distancia geográfica y ambiental, puedan primar los aspectos abstractos del caso y las consideraciones sobre la incertidumbre en el futuro. Quiero con ello decirle que puede Ud. decidir libremente sobre la conveniencia de que siga al frente de la sucursal de Madrid, en el sentido de que me doy perfecta cuenta de las razones que pueden asistir a la Junta para desaconsejar mi permanencia. Un cordial saludo, Javier Pradera W

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Ilustración: E M M A N U E L P E Ñ A

CAPITEL

Niñerías
n México solemos asociar abril con los niños porque el último día de este mes está dedicado, muchas veces sólo desde un ángulo comercial, a los más jóvenes de la tribu, pero en materia editorial tal vez deberíamos hacer esa asociación con marzo. A finales de ese mes se llevó a cabo, como cada año, la feria del libro infantil y juvenil de Bolonia, que ahora celebró su quincuagésimo cumpleaños, y se conocieron varias noticias que no sólo alegran sino que permiten imaginar un futuro un poco más luminoso en la relación de los infantes con la palabra impresa y con las imágenes.

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de una gran poesía y de la esencia original de la vida.” Además de esta obra de Verani, en el Fondo hemos publicado Las vanguardias literarias en Hispanoamérica. Manifiestos, proclamas y otros escritos
vida y pensamiento de méxico 1ª ed., 2013, 216 pp. 978 968 16 1349 3 $175

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arece de sentido aspirar a resumir aquí lo ocurrido en la animadísima Fiera del Libro per Ragazzi, pero podemos detenernos en al menos dos hechos que involucran a los latinoamericanos en general y en particular a unos cuantos mexicanos. Para celebrar el medio siglo de la feria se creó el Premio Bolonia al Mejor Editor Infantil del Año, que a partir de ahora se otorgará a entidades que se hayan distinguido por “el carácter creativo y la calidad de su oferta editorial”, con el propósito de “valorar los proyectos editoriales, las habilidades profesionales y el trabajo intelectual de las casas editoras”. Integrado por las empresas que participan en la propia feria, el jurado debió elegir a seis editoriales de otros tantos territorios en que, para emparejar un poco el terreno, se dividió al mundo. Los candidatos para la región centro y sudamericana (a donde la lingüística y no la geografía suele colocar a México) fueron la venezolana Ekaré, la brasileña Cosac Naify y tres casas mexicanas, de naturaleza agradable y armoniosamente contrastante: la tapatía Petra Ediciones y las chilangas Ediciones Tecolote y el fce.

su vida y la promesa del amor, encarnado en la figura de Eurídice, la joven amada que abandonó al enlistarse en el ejército. Así, sus pasos de retorno estarán guiados por los recuerdos de esta mujer y serán precisamente ellos los que le permitirán recuperar la armonía. El lector de esta obra descubrirá que los acontecimientos brutales y sanguinarios típicos de un conflicto bélico son amortiguados con gran maestría por el lenguaje poético de Aridjis.
letras mexicanas 1ª ed., 2013, 116 pp. 978 607 16 1264 9 $130

l premio se lo llevó a São Paulo la muy fina editorial fundada por Charles Cosac y Michael Naify hace década y media, con la que tenemos vínculos diversos (por ejemplo, está por aparecer con su sello y el nuestro, desde luego en portugués brasileño gracias a los buenos oficios de Ari Roitman y Paulina Wacht, Os filos do barro, de Octavio Paz, que se sumará a otro volumen de nuestro autor insignia: O arco e a lira). s de destacarse, sin embargo, que dos pequeñas empresas de nuestro país hayan figurado en la breve lista de candidatos. Aunque hay semejanzas obvias entre Petra Editores y Ediciones Tecolote —la dimensión, el hálito femenino de sus fundadoras y principales animadoras, la continua exploración gráfica, el tesón para tal vez doblarse pero nunca quebrarse—, estas dos casas han ampliado en las últimas dos décadas el horizonte libresco al que se enfrentan los jóvenes lectores mexicanos. La primera, fundada en 1990 por Peggy Espinosa —una audaz diseñadora que al experimentar con el tamaño de los libros, los papeles, la ensambladura de los elementos, nos recuerda ejemplarmente que la forma es fondo—, ofrece títulos para acercarse al arte, a la fotografía y a fenómenos ajenos a la candidez infantil como la migración o la tolerancia. La segunda, encabeza por Margarita Urrutia desde 1993, es sobre todo un vehículo para dar a conocer de un modo juguetón la his-

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OCTAVIO PAZ: EL POEMA COMO CAMINATA
HUGO J. V ER A NI

En este mes, en el que se conmemoran 15 años de la muerte de Octavio Paz, presentamos este abordaje original a su obra, surgido de un sueño en el que el teórico de origen uruguayo se vio avanzando del brazo del poeta a lo largo de una calle desierta. De aquella imagen surgió su inquietud por recorrer la poesía paciana desde la clave de la caminata, de analizar principalmente sus poemas largos y de reconocer en ellos el impulso trashumante que el Nobel mexicano imprimió en su versar y en su vida. Así, traza en estas páginas líneas de lectura que contextualizan los poemas de Paz dentro de la lírica en lengua española y de su relación con clásicos y contemporáneos; arroja luz sobre sus viajes e influencias; reflexiona sobre las experiencias individuales del poeta y su traducción versificada. En palabras de José Emilio Pacheco, se está ante un trabajo inteligente y riguroso que no excluye la claridad ni la belleza del estilo, que desemboca en “el conocimiento

ESMIRNA EN LLAMAS
HOMERO ARIDJIS

Con más de una decena de títulos publicados en el Fondo, entre los que se encuentran Antología poética, Diario de sueños, El libro de las nubes, Tiempo de ángeles, Los poemas solares y Ojos de otro mirar. Poesía 1960-2001, lanzamos ahora esta nueva novela del autor michoacano que, inspirada en el conflicto bélico entre Grecia y Turquía de principios del siglo xx, narra la historia de Nicias, un ex soldado y refugiado griego cuya forma de soportar el regreso a una patria transformada y parcialmente destruida tras el fragor de la guerra serán la evocación de los momentos más entrañables de

PASIONES Y OBSESIONES Secretos del oficio de escribir
SANDR A LORENZANO

En 2008, año en el que se cumplió una década de la muerte de Octavio Paz, la Universidad del Claustro de Sor Juana, con el apoyo de esta casa editorial, organizó el iv Encuentro Latinoamericano de Escritores, cuyas jornadas estuvieron dedicadas a la literatura, a las complicidades entre escritores y a las confesiones que sobre los

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NOV EDA D ES

secretos del oficio de escribir hicieran los autores convocados; es decir, a las pasiones y obsesiones de la escritura. De ahí se desprenden los textos (artículos, ensayos, cuentos, memorias y remembranzas) compilados en este volumen en el que el lector encontrará distintas aproximaciones a los procesos creativos de la escritura y a las manías que los autores. La nómina es extensa e incluye a narradores, poetas y académicos de la lengua como Daniela Adame, Mario Bellatin, Adolfo Castañón, Álvaro Enrigue, José María Espinasa, Myriam Moscona, Jorge Volpi y Heriberto Yépez, por mencionar algunos. Anterior a este volumen, hemos publicado Saudades y Aproximaciones a Sor Juana, de Sandra Lorenzano.
lengua y estudios literarios 1ª ed., 2012, 226 pp. 978 607 16 1195 6 $190

toria de México, aunque también apuesta por el arte y la divulgación de saberes científicos. ero hubo más mexicanos galardonados este año en la ciudad natal de Pier Paolo Pasolini. El premio New Horizons, al que aspiran editores árabes, latinoamericanos, asiáticos y africanos, recayó esta vez en el colorido Diccionario para armar, publicado por Alas y Raíces, ese brazo de iniciación artística del Conaculta, junto con El Colegio de México. Se trata de una caprichosa lista de palabras que dan pie a definiciones que no aspiran a la precisión léxica sino a plantear una duda o insinuar un relato. Coordinado por Miriam Martínez y Luis Fernando Lara, es asimismo un compacto y muy selecto catálogo de quienes hoy escriben e ilustran obras para niños y jóvenes, pues contiene textos de gente como Mónica Brozon o Vivian Mansour, y viñetas de Manuel Monroy o el omnipresente Alejandro Magallanes (todo ello cobijado por el diseño de quien también tiene a su cargo la vestimenta tipográfica de La Gaceta: León Muñoz Santini).

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EN POS DE LA FLAMA: LA LUCHA DE UN HOMBRE POR SALVAR EL MUNDO
SA M A NTH A POW ER

EL NIÑO QUE NADABA CON PIRAÑAS
D AV I D A L M O N D

EL OTRO Estudios sobre la ontología social contemporánea
MICH A EL THEUNISSEN

Originalmente publicado en 1965 y finalmente traducido a nuestro idioma, este tratado sobre los conceptos de otredad que Husserl, Heidegger, Sartre y Buber definieron en su obra filosófica permite adentrarse en uno de los temas más relevantes que han marcado el curso del pensamiento social y humanista desde el siglo xix. El trasvase al español que aquí presentamos se desprende de la segunda edición de la obra, que por decisión del autor permaneció idéntica a la primera salvo por un prefacio en el que explica dicha elección y actualiza algunos de los debates teóricos arrojados en sus páginas. El análisis que el filósofo alemán realiza sobre la relación que establecen el Yo y el Otro en el mundo, es decir, “el estar con”, permite no sólo conocer la obra de cuatro de los pensadores más influyentes de la filosofía occidental sino trazar un panorama amplio del devenir de esta disciplina a partir de una de sus discusiones nodales.
filosofía Traducción de Guy Georges Voet de Keyser 1ª ed., 2013, 590 pp. 978 607 16 1193 2 $360

La autora de esta obra biográfica, quien fue asistente especial de Barack Obama y directora general de Asuntos Multilaterales, no sólo conoció personalmente a Sérgio Vieira de Mello sino que ha estudiado su trayectoria desde 1994, año en el que se originó la investigación que hoy publicamos, una de las más completas y fieles al trabajo de quien fuera Alto Comisionado de Naciones Unidas para los derechos humanos y muriera en un ataque suicida en Bagdad en 2003. En esta interesante biografía, la autora sigue a Vieira a través de su carrera, explica su condición de exiliado, habla de sus aportaciones a la construcción de la paz y recuerda las transgresiones a las prácticas burocráticas de la onu que lo llevaron a convertirse en una de las figuras centrales de la diplomacia internacional durante las décadas finales del siglo xx. En 2005 publicamos Problema infernal. Estados Unidos en la era del genocidio, obra ganadora del Pulitzer de no ficción en la que Power analiza las reacciones del gobierno estadounidense frente a los mayores genocidios del siglo xx.
política y derecho Traducción de Emma Julieta Barreiro 1ª ed., 2012, 611 pp. 978 607 16 1192 5 $460

Ganador en 2010 del premio Hans Christian Andersen, considerado el Nobel de Literatura de obras para niños, este autor es reconocido por la manera en que aborda las crisis de la niñez y ofrece esperanza para salir de ellas, por lo que el jurado de dicho certamen se refirió a su trabajo como una “biblioterapia” que ofrece “actividad vital a los niños del mundo”. Esta novela, publicada en su lengua original el año pasado, da cuenta de las aventuras de Stanley Potts, un pequeño que tras la loca idea de su tío de transformar su casa en una enorme enlatadora de pescados, decide abandonar su hogar e incorporarse en una feria ambulante, donde descubrirá una peligrosa vocación que cambiará su vida. La novela está ilustrada por Oliver Jeffers, uno de los autores más destacados del Fondo, con quien además a trabajado en otros títulos como Perdido y encontrado, Cómo atrapar una estrella, De vuelta a casa y El increíble niño comelibros.
a la orilla del viento Ilustraciones de Oliver Jeffers Traducción de Ix-Nic Iruegas 1ª ed., 2013, 238 pp. 978 607 16 1268 7 $70

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n plena feria se supo que Isol, la versátil —y sabiamente irreverente— escritora e ilustradora argentina que tantas alegrías y sorpresas produce desde las obras que el Fondo ha publicado, fue la recipiendaria del Astrid Lindgren Memorial Award, que por su espíritu, por provenir de Suecia y por su dotación económica suele considerarse el Nobel de los hacedores de obras para niños y jóvenes. Desde que se estableció en 2003, han ganado el alma —es la sigla del galardón, no una referencia metafísica, aunque a veces la experiencia lectora puede hacernos creer, incluso a los más aferrados materialistas, que sí existe esa entidad fantasmagórica— prestigiados autores como Maurice Sendak e instituciones como el Banco del Libro, de Venezuela.

as obras de Isol suelen necesitar más de una lectura, pues sus relatos y planteamientos estéticos son engañosamente simples, por lo que conviene practicar al menos una segunda vuelta para extraer todo el jugo —irónico, provocador— de sus relatos. En noviembre de 2001, estas páginas alojaron una reseña suya de Jugar el juego de las formas, el libro que trata de la vida de Anthony Browne escrito por su hijo Joe; en ese texto, la nacida Marisol Misenta reflexionaba sobre los álbumes ilustrados: para ella, “la clave para ser un buen autor de [este tipo de obras] es saber narrar con imágenes, en ese espacio ubicado entre la plástica y la literatura”; es justamente en esa región fronteriza donde la propia Isol hace sus propias exploraciones. ematemos recapitulando una noticia que dará pie, pronto, a una nueva entrega de este Capitel: el nombramiento de Daniel Goldin al frente de la contrahecha Biblioteca Vasconcelos. Más de uno habrá visto con sorpresa y aun escepticismo la llegada de este veterano de la edición infantil y juvenil a una institución que ha quedado muy por debajo de sus expectativas. Si la vocación literaria de Goldin se trocó pronto en una de editor, ejercida en el Fondo primero como uno más del nutrido batallón de hacedores de libros para adultos y luego como inventor de la rama consagrada a los niños, hoy parece haber madurado esa transición hacia una actividad complejísima, casi inexistente en nuestro país, pero que por la crisis educativa y la esquizoide revolución digital es más apremiante que nunca: la formación de lectores fuera del ámbito escolar.

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ayan desde aquí, a diestra y siniestra, aplausos para todos estos compañeros de viaje. Tomás Granados Salinas

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Ilustraciones: E M M A N U E L P E Ñ A

Ya se sabe que, si escribir un libro es algo difícil, venderlo es sencillamente imposible. Y las cosas se pondrán peores para las librerías tradicionales. En este sacudidor dodecálogo sobre qué debería hacer un librero en esta era de transición, hay algo de ciencia ficción pero sobre todo una franca llamada de atención en la que, sin embargo, abunda el optimismo y el ingenio, elemento útiles para inventar el porvenir

A RTÍ C U LO

El futuro de las librerías en la era digital
JAV I E R C E L AYA

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l reto más importante que tienen que asumir las librerías es la rápida incorporación en sus tiendas físicas de una amplia gama de servicios online para atender mejor las necesidades de sus clientes, ya sean lectores en papel o digitales. Aunque parezca una incoherencia lo que acabo de manifestar, si se reflexiona con calma tiene mucho sentido. Si más o menos todos admitimos ya, aunque algunos lo hagan en voz baja, que internet ha cambiado radicalmente la manera en que los lectores buscan y encuentran todo tipo de autores y libros, ¿de verdad se piensa que las librerías pueden mantener su mismo papel en el siglo xxi sin asumir ninguna transformación? La sociedad está cambiando de hábitos de lectura y acceso a la información a un ritmo trepidante. Si las librerías no aceptan el reto de llevar a cabo una renovación

profunda de los procesos de búsqueda, compra y lectura de libros, difícilmente sobrevivirán en la era digital. Así como las editoriales han asumido que deben digitalizar todos sus libros para atender a los lectores que ya leen en todo tipo de pantallas, las librerías tienen que asumir lo antes posible que deben digitalizar los procesos de búsqueda y compra de los libros en sus propias tiendas físicas. Al igual que la “era Gutenberg” transformó radicalmente la manera de producir y comercializar los libros, la “era digital” renovará la forma en que descubriremos, compraremos y leeremos libros en el siglo xxi. En este contexto de cambio, las librerías físicas van a tener que redefinir su “papel” en la era digital. Las librerías se encuentran en una encrucijada de la que resulta muy difícil salir. Sus problemas son múltiples y se remontan a mucho antes de la llegada de la actual crisis financiera, pero la irrupción de internet en el mundo del libro ha agravado y acelerado los mismos. En pleno tiempo de crisis, las librerías van a tener que redefinir com-

pletamente su función y modelo de negocio en la era digital. Desgraciadamente, no les queda otra alternativa. A lo largo de este artículo describiré doce ideas que espero que ayuden a las librerías a entender el proceso de transformación que van a tener que asumir para garantizar su futuro rol en la era digital. Las ideas propuestas van desde la simple venta de libros electrónicos en las propias librerías físicas hasta la incorporación de tecnologías de última generación como el reconocimiento facial o tecnologías sensoriales para prestar servicios únicos a los lectores de ebooks. Algunos profesionales del mundo del libro se preguntarán si tiene sentido atender las necesidades de los lectores de libros electrónicos en una librería física. Yo sinceramente creo que sí y que es un grave error no hacerlo. De la misma forma que en la era analógica las librerías atendían a todo tipo de lectores vendiendo libros de tapa dura, bolsillo, libros en diferentes idiomas, colecciones, etcétera, en la nueva era digital las librerías deberían ofrecer, lo

antes posible, una amplia gama de servicios especialmente diseñados para atender las necesidades de los lectores de libros electrónicos. Es cierto que hoy en día representan un grupo minoritario de lectores, pero antes de lo que sospechamos serán la mayoría.

1. “TURISMO DE LIBRERÍAS”: DESCUBRE OFFLINE, COMPRA ONLINE La rápida implantación de todo tipo de dispositivos inteligentes, como tabletas y móviles táctiles, está cambiando los hábitos de descubrimiento de libros de muchos lectores. Cada día es más común ver a personas haciendo fotos de portadas de libros en la mesa de novedades de una librería. Esa persona está descubriendo ese libro en una tienda física, pero tomará la de-

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EL FUTURO DE LAS LIBRERÍAS EN LA ERA DIGITAL

cisión de compra más tarde frente a la pantalla de su ordenador personal. Al llegar a casa, se descargará el primer capítulo del libro que acaba de descubrir para ver si le engancha, leerá los comentarios de anteriores lectores, comprobará si alguno de sus amigos en las redes sociales ha hecho algún tipo de comentario sobre este libro, etcétera. Si alguno de estos procesos de acercamiento al libro le convence, entonces lo comprará, aunque probablemente lo haga en una plataforma de comercio electrónico ajena a la librería donde ha descubierto la obra. En otras palabras, la librería que ha pagado por el alquiler del espacio físico, así como las nóminas de las personas que trabajan allí, se ha convertido en el escaparate gratuito de las plataformas de comercio electrónico que se han llevado el pedido (posiblemente Amazon, Apple, Google Play o plataformas similares). La tienda física ha perdido la venta al no ofrecer in situ la posibilidad de comprar la versión digital de los libros que sus clientes están descubriendo en ese momento. Si pensáis que esto es algo anecdótico, os recomiendo que leáis la prensa y los blogs especializados del mundo anglosajón donde veréis que se trata de una práctica muy extendida en estos mercados y que tarde o temprano también llegará al mundo hispano, donde no debemos olvidar que adoramos los móviles inteligentes. Con el fin de evitar perder estos potenciales clientes y ventas, las librerías deberían “digitalizar” los procesos de búsqueda y compra de cualquier tipo de libro (papel o ebook) en sus propias tiendas. En vez de fotografiar la portada, la librería debería ofrecer al cliente la posibilidad de escanear un código qr o su correspondiente isbn para permitirle acceder a contenidos extra sobre el libro (descarga gratuita del primer capítulo, comentarios de otros lectores en Facebook o Twitter, reseñas publicadas sobre el libro, vídeo del autor…), así como ofrecerle en ese mismo momento la posibilidad de comprar la versión digital con el descuento apropiado.

2. CÓDIGOS QR PARA FOMENTAR EL DESCUBRIMIENTO Y LA COMPRA DE LAS VERSIONES ELECTRÓNICAS DE LOS LIBROS EN PAPEL Si como hemos visto los dispositivos móviles están cambiando la forma de descubrir los contenidos culturales en internet, la nueva generación de códigos qr cambiará los hábitos de compra de todo tipo de contenidos culturales (libros, música, revistas, etc.). Desde que fueron inventados en 1994 por una empresa perteneciente al grupo japonés Toyota, los códigos qr han agilizado diversos procesos de gestión en sectores como la automoción y el gran consumo. Su reciente llegada al mundo de la cultura supondrá una auténtica revolución en la forma en la que descubriremos nuevos libros y autores, como también tendrá un enorme impacto en la forma en que compramos estos contenidos, ya sea en formato papel o digital. Poco a poco iremos acostumbrándonos a ver estos pequeños “cuadros de Mondrian” en todas partes.

Hasta la fecha, el uso de este tipo de códigos en el mundo del libro se centraba básicamente en aportar a los lectores informaciones complementarias sobre el libro y algún que otro contenido extra. En los próximos meses veremos estos códigos en cualquier sitio: en los escaparates de las librerías, en el catálogo de una editorial, como complemento informativo a una inserción publicitaria, en la solapa de un libro o hasta dentro de una reseña de libros en periódicos. Su aplicación en el mundo del libro tiene muchas posibilidades. Imaginemos que una persona está leyendo la reseña de un libro en un periódico, suplemento cultural o revista literaria. Tras leer la reseña decide que quiere comprarlo. Tan sólo tiene que escanear el código y accederá a una plataforma de comercio electrónico que le permitirá llevar a cabo la compra. Si quiere adquirir la versión electrónica, la plataforma le enviará un enlace desde el que podrá descargarse el ebook. Si en cambio quiere comprar la versión en papel, el lector indicará a la plataforma a qué dirección postal quiere que le envíen el libro seleccionado. Este proceso de descubrimiento de nuevos libros y autores se puede multiplicar por mil dado que internet no tiene fronteras. Próximamente veremos estos códigos en las mesas de novedades de las propias librerías, que los utilizarán para agilizar procesos de compra de libros electrónicos así como para fidelizar clientes que prefieren leer en papel. Gracias al uso de estas nuevas tecnologías, las pequeñas y medianas librerías pueden hacer visible un mayor número de libros a sus clientes. Si por cualquier motivo se nos ha agotado un determinado libro, el librero puede imprimir la portada del mismo junto a un código qr y ofrecer a los lectores interesados la posibilidad de hacer el pedido online, ya sea para la versión en papel o digital. También los veremos en las bibliotecas, que los utilizarán para gestionar mejor los procesos de préstamo de libros. Pero lo más importante es que nos encontraremos con estos singulares grafismos en lugares insospechados y que permitirán a libreros, autores y editores dar a conocer sus libros más allá de los puntos de venta tradicionales. Así, nos toparemos con una extensión de la mesa de novedades de una librería en las paradas de autobús, en la cola del cine, a la salida de una obra de teatro, en una exposición de arte, dentro de un avión o viajando en tren.

la mesa de novedades descubre un libro que le interesa, la librería debería ofrecerle en ese mismo momento la posibilidad de comprar la versión digital con el descuento apropiado. En este sentido, la cadena de librerías norteamericana Barnes & Noble ofrece el servicio Read-In-Store (“leer en la tienda”) que permite leer gratis, hasta una hora diaria, cualquier libro electrónico mientras se está de visita en alguno de sus establecimientos. Sin lugar a dudas, este tipo de servicios online en la propia librería es una excelente idea puesto que fomenta que los lectores de ebooks visiten las tiendas físicas para descubrir y leer nuevos libros. Además, no sólo promueven el descubrimiento, indirectamente incitan a la compra de más libros.

denar la mesa de novedades para cada cliente, poniendo a la vista libros por los que anteriormente había expresado interés o recomendando libros siguiendo su historial de compra y lectura. Las nuevas tecnologías basadas en la geolocalización y la lectura social permiten este tipo de reordenación personalizada en los dispositivos inteligentes de los clientes que entran en la librería. Los resultados de esta redecoración a medida de la mesa de novedades pueden realizarse en las pantallas táctiles que describiremos a continuación o en los propios móviles de los clientes que han entrado en la tienda.

3. LECTURA GRATUITA DE EBOOKS EN LAS LIBRERÍAS FÍSICAS Las librerías que quieran tener un cometido en la era digital van a tener que reinventar la manera en que ayudan a descubrir y vender libros a los lectores de libros electrónicos en sus propias tiendas. Ya no basta con ordenar la mesa de novedades y el escaparte; los libreros tendrán que ofrecer a sus clientes una experiencia única en la tienda con el fin de estimular su decisión de compra, ya sea de libros en papel o digitales. Si un lector de libros digitales entra en una librería física y surcando

4. APOSTAR POR SISTEMAS DE RECOMENDACIÓN MÁS ALLÁ DE LA COMPRA Las librerías físicas están “ciegas” en la sociedad digital. Desconocen el perfil de la mayoría de quienes visitan sus tiendas. No saben si son ávidos lectores o personas que están buscando un regalo para otro lector. El verdadero valor añadido que aporta internet, más allá de la mera transacción comercial, es el conocimiento directo de tu cliente y su comportamiento en el proceso de compra, así como el análisis posterior del libro vendido. La compra de un libro no significa que le haya gustado al lector. Muchas veces un libro se nos cae de las manos porque la trama pierde interés, el personaje ya no nos gusta o simplemente alguien nos regala un libro que nos engancha y dejamos de leer el anterior. Estos comportamientos de lectura tras la compra de un libro, que son más habituales de lo que sospechamos, son desconocidos por la mayoría de las librerías. ¿Cómo un librero va a recomendarme un buen libro si desconoce el grado de satisfacción de lectura de la anterior compra? Frente a las recomendaciones algo categorizadas e impersonales de las actuales tecnologías de sugerencias de otros libros relacionados, los futuros sistemas de recomendación de libros basados en la satisfacción real de lectura permitirán a los libreros recomendar libros de forma muy personalizada ya que conocerán las afinidades reales de lectura de sus clientes, así como el grado de satisfacción que han tenido con cada uno de sus libros. Estas nuevas tecnologías analizan si hemos leído un libro hasta el final o no, si lo hemos dejado a la mitad, qué capítulos nos hemos saltado o si releemos un determinado autor todos los años. También podrán analizar, siempre y cuando el lector lo permita, qué hemos subrayado y anotado, así como qué partes del libro (personajes, tramas, etcétera) hemos compartido con otros lectores en un club de lectura online o en una red social especializada en libros. Estos datos sobre el comportamiento y grado de satisfacción reales del lector, que en el mundo analógico eran imposibles de obtener, se convertirán en el principal activo y ventaja competitiva de las librerías en la nueva era digital. Con estos datos en su poder, las librerías tienen la posibilidad de reor-

5. PANTALLAS TÁCTILES PARA ADENTRARSE EN LOS LIBROS Las librerías no deberían tardar mucho más tiempo en incorporar la tecnología táctil en las mesas de novedades. Las pantallas táctiles —que ya se usan en muchos dispositivos inteligentes como las tabletas— permiten tocar los contenidos de un libro. Decir “tocar” significa interactuar o adentrarse en lo que estamos descubriendo. Su incorporación en las librerías permitiría a los lectores ver videoentrevistas de sus autores preferidos, buscar libros, bucear en sus páginas, ver booktrailers, imágenes o textos relacionados, escanear en la pantalla códigos qr para obtener más información de un determinado libro o para comprar la versión digital, etcétera. Ya no basta con ofrecer un amplio abanico de novedades y fondo de libros a los lectores, hay que brindarles una nueva experiencia única con el apoyo del dispositivo móvil del usuario. En la era digital, el descubrimiento y compra de un libro en una librería física dejará de ser una actividad solitaria y analógica para convertirse en un proceso compartido con la tecnología. A los lectores de la era digital hay que ofrecerles una experiencia online, complementaria a su visita a una librería física, con el fin de estimular su decisión de compra.

6. ¿QUIÉN ERES, QUERIDO LECTOR? LA IRRUPCIÓN DEL RECONOCIMIENTO FACIAL Las grandes empresas de internet, como Google, Facebook y Apple, entre otras, están apostando fuertemente por el desarrollo de nuevos servicios basados en el reconocimiento facial de las personas, así como en el reconocimiento visual de todo tipo de objetos, lugares, etcétera. El desarrollo de estas funcionalidades va tan deprisa que hoy en día estas tecnologías pueden identificar qué persona está en una fotografía con tan sólo comparar el rostro de esa persona con otras 14 muestras. En cada foto, la tecnología guarda en su base de datos muestras de los ojos, nariz y boca de cada usuario para identificar posteriormente, cada vez con mayor exactitud, quién es quién en cada nueva fotografía subida a una plataforma

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EL FUTURO DE LAS LIBRERÍAS EN LA ERA DIGITAL

que alberga funcionalidades de reconocimiento facial. Imaginad que entráis en vuestra librería de toda la vida que se ha modernizado instalando una cámara de reconocimiento facial. Al entrar pensaste que se trataba de una cámara de seguridad, pero tu estimado librero te explica que ha sido instalada para darte un mejor servicio en tus siguientes visitas. Al volver al cabo de unos días, la cámara ha reconocido tu cara dado que le diste permiso al librero para incluir tu ficha en la base de datos de la cámara con tu historial de compra, afinidades de lectura y demás datos personales relacionados con tus lecturas habituales. Tras reconocerte, una gran pantalla táctil te da la bienvenida con tu nombre y te destaca una serie de libros y actividades que considera que deberías tener en cuenta durante esta nueva visita a la librería. Las recomendaciones de la pantalla están basadas en el comportamiento grabado de otros lectores con tus mismas afinidades que durante sus visitas hojearon y compraron los libros sugeridos. Los servicios derivados de las tecnologías basadas en el reconocimiento facial no se limitarán a nuestras visitas a una librería física, sino que también disfrutaremos de sus beneficios desde el ordenador de casa. El desarrollo de estos avances tendrá un impacto directo en la consolidación del comercio electrónico en el mundo hispano ya que estas tecnologías nos reconocerán a través de la cámara de nuestro ordenador reduciendo la inseguridad online al eliminar la suplantación de identidad en todos los procesos de compra por internet. No obstante, esta evolución tecnológica será ampliamente cuestionada por todo lo que afectará a nuestra intimidad, privacidad y demás derechos como consumidores y ciudadanos.

Algunos de los lectores dirán que esta tendencia es un ataque a la intimidad de las personas, mientras que muchos libreros lo verán como una oportunidad para conocer mejor a sus clientes y recomendarle contenidos más ajustados a su estado anímico en función de su comportamiento de lectura en cada momento.

7. AUGE DE LAS TECNOLOGÍAS SENSORIALES Si la anterior apuesta tecnológica nos había parecido cercana al género de la ciencia ficción, la siguiente tampoco dejará indiferentes a muchos lectores. Aunque las tecnologías sensoriales son una de las tendencias que aún necesitan algunos años más de desarrollo, disfrutaremos no obstante en poco tiempo de las aportaciones de estas innovaciones al sector cultural. Estas tecnologías ya son una realidad en otros sectores como el farmacéutico, donde se utilizan para prevenir infartos o derrames cerebrales registrando el estado anímico de las personas en relación con su vida diaria, dieta alimenticia, nivel de estrés, etcétera. Nuestros teléfonos móviles, tabletas, coches y ordenadores tendrán incorporado en su memoria un sensor, conectado vía inalámbrica a nuestra piel, que detectará nuestros diferentes estados de ánimo y nuestro tipo de consumo en cada uno de ellos. Dependiendo de si estamos tristes, alegres o cansados tras una larga jornada laboral, el sistema de recomendación de aquellas librerías que utilicen estas tecnologías podrá sugerir a sus clientes leer un determinado relato o libro, escuchar cierto audiolibro o leer determinada poesía.

8. LIBROS QUE RECOMIENDAN OTROS LIBROS Recomendación de un librero de toda la vida, sugerencias de lectura de nuestros amigos, la lista de los más vendidos en las librerías online, conversaciones sobre libros en blogs y redes sociales, algoritmos que generan recomendaciones según gustos… y ahora libros que nos recomiendan otras lecturas dentro del propio libro. En otras palabras: el libro se convierte en el algoritmo de búsqueda de nuevas lecturas. Varias startups están desarrollando nuevos algoritmos de inteligencia artificial que analizan el contenido de un libro y proponen a los lectores una relación de lecturas complementarias dentro del mismo. No se trata de “si te ha gustado este libro, te recomiendo este otro”. Es mucho más preciso: si te ha resultado interesante un párrafo en concreto, te recomienda leer un extracto relacionado de otro libro. Y si te interesa, puedes comprártelo en un solo clic. Tal y como hemos mencionado anteriormente, la mayoría de las plataformas de venta de libros por internet recomienda a sus clientes la lectura de otros libros basándose en la variable “compra”: personas que han comprado un determinado libro también han comprado supuestamente estos otros libros que te pueden interesar. Los lectores saben que estas tecnologías basadas en la variable “compra” les han permitido descubrir muchos libros y autores que desconocían, pero también se quejan de la escasa inversión en nuevas funcionalidades e innovaciones que se está dando en este tipo de sistemas de recomendación. En este contexto, la nueva generación de tecnologías de recomendación que se nutre de afinidades reales entre libros, más allá de la compra, se convertirá en la principal prescriptora en la red. El nuevo concepto de “libros que recomiendan otros libros” sofisticará la forma en la que descubrimos un libro, la compra del mismo y hasta la forma de leerlo. De una forma práctica, los lectores encuentran dentro de los libros que están leyendo párrafos relacionados con posibles futuras lecturas, así como reflexiones similares en contextos y tramas diferentes. Para los editores, esta nueva vanguardia tecnológica significa que podrán recomendar a sus lectores otros títulos de su propio catálogo de una forma mucho más útil y amable. Cuanto mayor tamaño y diversidad tenga el fondo de una editorial, las sugerencias de lecturas relacionadas serán más variadas y completas.

9. OFRECER EN LAS LIBRERÍAS CONTENIDO GENERADO POR LOS PROPIOS CLIENTES En la era digital, las librerías, además de vender libros en papel y ebooks, deberían convertirse en lugares donde sus clientes descubran los mejores contenidos generados por otros usuarios. La mayoría de los medios de comunicación, así como las editoriales y otras entidades de creación de contenidos profesionales, han restado importancia a los contenidos generados por los usuarios en internet (User Generated Content). Cuando se habla del contenido generado por los usuarios en internet casi siempre se cuestiona su calidad. Este contenido tan cuestionado abarca desde el simple artículo publicado en un blog o una web personal hasta todo tipo de creaciones individuales y colectivas a través de vídeos, podcasts, fotografía y wikis. Es cierto que en la red existe un montón de “contenidos basura”, o irrelevantes, si queremos ser más políticamente correctos, pero si somos sinceros encontraremos la misma proporción de “contenidos basura” en periódicos o en las mesas de novedades de las librerías que en internet. El mero hecho de que un artículo haya sido publicado en un medio de comunicación o que un libro tenga tapa dura no incrementa la calidad de sus contenidos. Al igual que en el mundo analógico los buenos libreros y bibliotecarios ofrecieron un gran servicio a los lectores separando “el grano de la paja” de todo lo que se publicaba en papel, en la nueva era digital deberían aportar este mismo servicio con los contenidos digitales. En la economía de la limitada atención en la que vivimos, los libreros deben entender que la lectura de un libro o una revista compite contra una inmensidad de contenidos generados por millones de usuarios, muchos de ellos de altísima calidad. Los buenos lectores agradecerán este servicio de separación del grano y la paja digital, hasta algunos de ellos estarán dispuestos a pagar por el mismo, y les hará volver una y otra vez a esa librería ya que les ayudará a navegar por el océano que representa internet.

un 5% de ebooks en el mercado estadunidense, lo que representa cerca de 30 millones de dólares anuales. En estos tiempos de vuelta al modelo del siglo xix (libreros que ejercían de editores), varias librerías como Amazon, Barnes & Noble o Kobo han tomado la iniciativa de crear plataformas de autoedición para atraer a autores y lectores interesados en estos nuevos modelos de publicación. Estas plataformas digitales no sólo facilitan el trabajo de creación de los escritores, sino que también les ofrecen servicios de promoción de pago (más vías de ingresos) para dar a conocer sus libros en las propias librerías. Varias de ellas están incluyendo estos nuevos títulos en sus mesas de novedades y sistemas de recomendación de libros.

10. APUESTA POR LA AUTOEDICIÓN Ante las nuevas oportunidades de negocio que representa el mencionado auge de los contenidos generados por los usuarios, varias librerías han decidido también apostar por la autoedición de los mismos como nuevas vías de ingresos complementarias a las ventas de los libros comercializados por el sector editorial. Así como en la era analógica los libreros y editores miraban por encima del hombro todas las iniciativas de autoedición, en la nueva era digital han llegado a la inteligente conclusión de que puede convertirse en una extraordinaria vía de ingresos complementaria a la edición tradicional. Gracias a la irrupción de plataformas como Lulu y Bubok, la autoedición ha ocupado un lugar destacado dentro del panorama del sector editorial. En términos de volumen, los libros de autoedición han supuesto entre un 3% y

11. CRECIENTE DEMANDA DE CONTENIDOS FRAGMENTADOS En la nueva era digital, el lector ya no estará tan dispuesto a pagar por la totalidad de un periódico, una revista o un libro. No tiene tiempo o no le interesa leer todos los contenidos que se le ofrecen y además sabe que la tecnología permite a los libreros ofrecerle los contenidos que desea de forma fragmentada. Aunque la industria editorial esté intentando retrasar lo máximo posible su aplicación, cada día es más consciente de que una de sus principales vías de ingresos en la era digital serán los micropagos derivados de la venta de contenidos fragmentados. Las cifras que recientemente ha facilitado Amazon indican que existe una creciente demanda de consumo de contenidos en formato breve o en modelo fragmentado. Según los datos aportados por la revista digital PaidContent, se calcula que Amazon ha ingresado más de un millón de dólares con la venta de dos millones de libros a través de su plataforma Kindle Singles. Una cifra nada desdeñable, más aún teniendo en cuenta que los precios de estos ejemplares oscilan entre los 0.99 y los 2.99 dólares. La fragmentación de contenidos obligará a las librerías y editoriales a redefinir su modelo de negocio dado que actualmente su estructura de costes está basada en la venta unitaria de un libro o una revista. En muy poco tiempo, este modelo se quedará obsoleto y tendrá que ofrecer a los lectores interesados en sus contenidos un servicio de micropagos calculando el número de capítulos o páginas leídas. En otras palabras, los usuarios sólo pagarán por los contenidos que han consumido.

12. EBOOKS CON GARANTÍA DE LECTURA: SI NO LO TERMINAS, TE LO CAMBIO POR OTRO En la era digital los libros pasan de ser un objeto que tocamos y compramos a convertirse en un simple servicio intangible que contratamos. En el

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EL FUTURO DE LAS LIBRERÍAS EN LA ERA DIGITAL

siglo xxi los lectores ya no poseemos un libro, tan sólo contratamos un servicio que nos permite acceder a unos determinados contenidos durante un cierto tiempo y en unas condiciones específicas. Esta realidad debe ser entendida y asumida lo antes posible por los profesionales del mundo del libro puesto que transforma radicalmente la relación entre las editoriales, las librerías y los lectores. El impacto más transcendente de este cambio de modelo de negocio es que las librerías dejarán de vender unidades (libros) para vender servicios alrededor de los contenidos. En este sentido, lo primero que deberían hacer las librerías es cambiar en sus páginas web el botón de “compra este libro” por “alquila este libro”, “accede a este libro”, “lee este libro en la nube” o alguna otra frase similar que describa realmente lo que el lector está adquiriendo. El botón “compra este libro” lleva a engaño ya que los lectores digitales no están comprando un libro, tan sólo están adquiriendo un servicio. En segundo lugar, las librerías, en colaboración con las editoriales, deberían definir una amplia gama de servicios de acceso a los libros digitales con el fin de atender las nuevas modalidades de consumo de los lectores en pantallas. Ante la imparable y creciente oferta de todo tipo de contenidos en internet, las librerías deberían entender que obtendrán más ingresos de sus clientes a través de la puesta en marcha de una amplia gama de servicios online que por los contenidos vendidos. ¿Qué quiero decir con ofrecer servicios alrededor de los contenidos? Para entender correctamente este nuevo paradigma de librería digital lo mejor es describir un par de posibles servicios. Por ejemplo, los lectores del siglo xxi tendrán una estrecha relación con aquellas librerías que les permitan devolver un libro digital que se han comprado hace tres meses pero que no han podido leer por falta de tiempo. Imaginaos que estamos en una librería física y descubrimos en la mesa de novedades el libro de un autor que desconocemos. El texto de la contraportada nos sorprende, varios de mis amigos en Twitter me dicen que es un libro interesante, el booktrailer me engancha y sin pensarlo más decido descargarlo en mi dispositivo de lectura. De camino a casa hojeamos las primeras páginas en el autobús. Pero por diferentes motivos —descubro al día siguiente otro libro, un amigo me regala uno que me apasiona, tengo demasiado trabajo y no tengo tiempo para leer nada…— nunca llego a leer más del 10% de ese libro y se queda en la carpeta de “pendientes de lectura”… En la era digital, las librerías deberían ofrecer a sus clientes un servicio de garantía de lectura que permitiera a los lectores devolver un libro no leído por otro. Más que “devolver el libro” estamos hablando de cambiar un archivo digital por otro. La idea de este nuevo servicio es muy simple: si un lector compra un libro electrónico con garantía de lectura, que lógicamente tendrá un precio más elevado que la versión sin garantía, podrá cambiarlo por otro libro en un plazo de tres meses en caso de que no haya leído más de un 10%. Las nuevas tecnologías en la nube permitirán a la librería saber si el lector se ha leído el libro hasta el final o si se le ha caído de las manos en las 20 primeras páginas… Como complemento a este innovador servicio, las librerías pueden

también ofrecer a los lectores la posibilidad de pagar sólo por el número de páginas leídas. En otras palabras: ¿que un lector sólo ha leído un 40% del libro?, pues paga el 40% del precio de venta al público; ¿que otra persona tan sólo ha leído un 10%?, pues paga el 10%; ¿que a otra persona le ha encantado el libro y se lo ha leído de una tirada?, pues paga la totalidad del precio. Pagar por lo que lees es un servicio ya implementado en algunos medios de comunicación y revistas, y que tiene toda la lógica de extenderse al mundo de los libros. En los próximos meses veremos grandes avances en el desarrollo tecnológico de estos nuevos servicios alrededor de contenidos para facilitar a los lectores la búsqueda y compra de los mismos. Entiendo que ambos ejemplos transforman radicalmente el actual modelo de negocio de venta unitaria, y que ambas ideas deben matizarse antes de ser implementadas, pero las librerías tienen que asumir que la nueva realidad digital (venta de servicios en vez de productos) les obligará a redefinir de forma tajante su actual modelo de gestión. Sinceramente creo que no les queda otra alternativa que asumir esta transformación si quieren tener un papel relevante en la futura sociedad digital. CONCLUSIÓN Tras exponer las tendencias tecnológicas e ideas que he compartido en este artículo, vuelvo a preguntar a los lectores: ¿de verdad pensáis que el mundo del libro va a permanecer inmune a la transformación que está teniendo lugar en la sociedad? En mi opinión creo que la mutación va a ser mucho más radical de lo que sospechamos. En este contexto de transformación constante, el futuro de las librerías físicas depende de la digitalización de la mayoría de los servicios que ofrecen actualmente a los lectores, independientemente de que lean libros en papel o en formato digital. Como hemos visto, ya no basta con ordenar la mesa de novedades y el escaparate de una librería. En la nueva era digital hay que ofrecer a los lectores una experiencia singular dentro de la tienda física con el fin de estimular su decisión de compra. Las librerías, al igual que las bibliotecas, deberían comenzar a tomar conciencia de las posibilidades que ofrece la incorporación de todo tipo de tecnologías en los propios establecimientos para dinamizar la venta de libros y fidelizar a los lectores. W Este artículo se publica bajo licencia Creative Commons 3.0 “Reconocimiento-No ComercialCompartir Igual”, se permite su copia y distribución por cualquier medio siempre que mantenga el reconocimiento del autor (Javier Celaya) y del medio publicado (La Gaceta del Fondo de Cultura Económica) y no se haga un uso comercial de la obra. Si altera o transforma esta obra, o genera una obra derivada, sólo puede distribuir la obra generada bajo una licencia idéntica a ésta.

Fe de erratas
Cruel más que meramente travieso, el duende de las imprentas se robó una columna entera de texto cuando preparábamos el número 507 de La Gaceta. Sospechamos que ese personajillo no comparte nuestra rusofilia (ése fue el tema de la edición de marzo) y por ello hurtó estos párrafos del artículo de David Foster Wallace “El Dostoievski de Joseph Frank”, que apareció en las páginas 13 a 18. Ofrecemos disculpas a nuestros lectores, a los herederos de Wallace y Frank (y a sus representantes) y al traductor del artículo mocho. Quedamos, aterrados, en espera de las renovadas ocurrencias del fabricante de erratas.
[…] no parecen capaces de insertar esos personajes en una trama creíble e interesante. Y otros —a menudo entre la vanguardia académica— que no parecen expertos/interesados ni en las tramas ni en los personajes, sino que el movimiento y el atractivo de sus libros se basa por completo en enrarecidas intenciones metaestéticas.) Lo que pasa con los personajes de Dostoievski es que están vivos. Y con eso no quiero decir tan sólo que estén bien trazados ni bien desarrollados ni que sean “redondos”. Los mejores de ellos siguen viviendo dentro de nosotros, para siempre, después de que los hemos conocido. Recuerde usted al orgulloso y patético Raskolnikov, al ingenuo Devushkin, a la hermosa y condenada Anastasia de El idiota,14 al adulador Lebiedev y al arácnido Hipólito de la misma novela; al ingenioso detective inconformista Porfirio Petrovich de Crimen y castigo (sin el cual probablemente hoy no existiría novela policial comercial con policías excéntricamente brillantes); Marmeladov, el repulsivo y patético borracho; o el vanidoso y noble adicto a la ruleta Alexei Ivanovich de El jugador; las prostitutas de corazón de oro Sonia y Liza; la cínicamente inocente Aglaya; o el increíblemente repelente Smerdiakov, esa máquina viviente de resentimiento baboso en el que personalmente veo partes de mí mismo a las que apenas soporto mirar; o los idealizados y demasiado humanos Mishkin y Aliosha, el Cristo humano condenado y el peregrino-niño triunfal, respectivamente. Estas y otras tantas criaturas de fmd están vivas —conservan lo que Frank llama su inmensa vitalidad— no porque sean simples tipos o facetas de seres humanos habilidosamente retratados, sino porque, al actuar en el seno de tramas verosímiles y moralmente atractivas, dramatizan las partes más profundas de todos los humanos, las partes más sumidas en el conflicto, las más graves: aquellas en las que hay más en juego. Además, aunque no terminen nunca de ser individuos en tres dimensiones, los personajes de Dostoievski consiguen encarnar verdaderas ideologías y filosofías de la vida: Raskolnikov, el egoísmo racional de la intelligentsia de 1860; Mishkin, el místico amor cristiano; el Hombre del Subsuelo, la influencia del positivismo europeo sobre el carácter ruso; Hipólito, la voluntad individual en lucha contra la inevitabilidad de la muerte; Alexei, la perversión del orgullo eslavófilo al afrontar la decadencia europea, y un largo etcétera… Lo importante aquí es que Dostoievski escribió en su literatura sobre las cosas que son realmente importantes. Escribió sobre la identidad, los valores morales, la muerte, la voluntad, la oposición entre amor espiritual y amor sexual, la codicia, la libertad, la obsesión, la razón, la fe, el suicidio. Y lo hizo sin reducir nunca sus personajes a portavoces ni sus libros a meros tratados. Su preocupación siempre fue cómo ser humano: es decir, cómo ser una verdadera persona, alguien cuya vida obedezca a valores y principios, y no una simple modalidad especialmente astuta de animal capacitado para la supervivencia. ¿Acaso es posible amar realmente a los demás? Si estoy solo y sufro, todos los que están fuera de mí son un alivio en potencia: los necesito. Pero ¿se puede amar en realidad aquello que uno necesita tanto? ¿Acaso una gran parte del amor no consiste en que te importe más lo que necesita la otra persona? ¿Cómo se supone que voy a subordinar mi necesidad abrumadora a unas necesidades ajenas que ni siquiera puedo sentir de forma directa? Y si no soy capaz de hacer eso, estoy condenado a la soledad, que es algo que ciertamente no quiero… así que de nuevo intento superar mi egoísmo por razones interesadas. ¿Hay alguna salida a este dilema? Es una ironía bien conocida el que Dostoievski, cuya obra es famosa por su compasión y rigor moral, era en muchos sentidos un cretino en la vida […]

Javier Celaya es socio-fundador del portal cultural Dosdoce.com.

14 (…que, igual que la Caddie de Faulkner, “estaba condenada y lo sabía”, y cuyo heroísmo consiste en su desafío altivo a un destino que al mismo tiempo propicia. fmd parece ser el primer narrador que entiende la profundidad con que alguna gente ama su sufrimiento, la forma en que lo usan y dependen de él. Nietzsche retomará esa intuición de Dostoievski y la convertirá en una piedra angular de su devastador ataque al cristianismo, lo cual resulta irónico: en nuestra cultura de “ateísmo ilustrado” somos en gran medida hijos de Nietzsche, herederos ideológicos suyos, y sin Dostoievski no habría existido Nietzsche, y sin embargo Dostoievski se cuenta entre los escritores más profundamente religiosos)

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Fotografía: © Lupe Marín

Con gran alegría queremos comunicarles que
Isol, autora de esta casa editorial, fue galardonada con el Premio Astrid Lindgren 2013 el pasado 26 de marzo en el marco de la 50ª Feria del Libro de Bolonia. Este premio es el segundo reconocimiento más importante en el ámbito de la literatura para niños y jóvenes.

Para Fondo de Cultura Económica es un orgullo haber sido su primer editor y contar hasta la fecha con diez libros publicados de esta extraordinaria autora, que también está nominada al Premio Hans Christian Andersen, máxima distinción de la literatura para niños. ¡Felicidades, Isol!

Premio Astrid Lindgren 2013
“Isol crea libros ilustrados para niños en los que trata a éstos de tú a tú. Sus imágenes vibran de energía y de intensas emociones. Con su contenida paleta de colores y soluciones plásticas siempre innovadoras ensancha las perspectivas tradicionales y amplía los límites del libro ilustrado como medio.” Mención del jurado “El premio más importante del mundo para la literatura infantil ha sido otorgado a una autora e ilustradora cuya obra expone los absurdos del mundo de los adultos.” The Guardian “Todos estamos de acuerdo en que el trabajo de Isol es fenomenal: caprichoso, divertido y siniestro, sólo de las mejores maneras.” The Paris Review

http://www.isol-isol.com.ar/

www.fondodeculturaeconomica.com