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LA TIERRA PERMANECE

George R. Stewart

La tierra permanece

George R. Sewart

Índice
1. MUNDO SIN FIN ................................................................................................................................................ 4 2. EL AÑO 22 ........................................................................................................................................................ 58 3. EL ÚLTIMO AMERICANO ........................................................................................................................... 121

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La tierra permanece

George R. Sewart

Los hombres van y vienen pero la Tierra permanece
ECLESIASTÉS, 1, 4

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enroscada. Chemical and Engineering News. el Gobierno de los Estados Unidos. La mano le colgaba dura e insensible. Se dejó caer. En el cajón de la mesa buscó el botiquín. El colmillo se le hundió en la carne. Llevándose la mano a los labios. y se sintió más tranquilo. Rápidamente siguió las instrucciones. Vio el martillo al pie de la roca. Stanley. Abrió la puerta con el hombro.. No debía preocuparse demasiado. succionó con fuerza la base del dedo índice.. y morirían millones de seres humanos. Los perros peleaban constantemente con los jabalíes o los zorrinos. amenazadora. Al fin la cabaña apareció ante él. Dejó que la sangre le circulara por la mano. La prisa le aceleraba el corazón. actualmente la única en el norte de California. y pensó si lo dejaría allí. Ahora los consejeros se sentirían satisfechos. añadían. y aplicó la bomba de succión. Siempre se había reído. Informaremos a ustedes mientras sea posible. que apresurarse o no parecía indiferente. Es un comunicado del Consejo de Emergencia del Territorio de la Bahía. dejando caer el martillo. Los funcionarios y los oficiales de las Fuerzas Armadas pasan a depender de los gobernadores de Estado. donde asomaba una gota roja. por la excitación o el miedo. Pero aquello se parecía al pánico. y al fin se detuvo. W. El corazón se le apaciguaba. succionándose el dedo.M. cuando oyó el cascabeleo. sacó el pañuelo y se lo ató en la muñeca derecha. comprendidos los sepelios en el mar. y luego volvió a atársela. Sus funciones. Todo aquello era sólo una molestia. se detuvo y soltó el torniquete. No perder tiempo en matar a la serpiente. Poco antes de llegar. recordó. nuestros rápidos transportes podrían llevarlo a los más alejados rincones de la tierra. No se apresuró. 22 de diciembre de 1947 _____________________________________________________________1__ Y. o de cualquier otra autoridad local. Sewart _________________________________________1 MUNDO SIN FIN Si hoy apareciera por mutación un nuevo virus mortal.. Sintonicen esta estación.. Con una ramita arrolló el pañuelo en un torniquete. se volvió y vio la serpiente. en esta emergencia cesa desde ahora. Por orden del Presidente. Lo recogió con la mano izquierda y avanzó por el áspero sendero. No era muy grande. Era un hombre joven. Al llegar a unos árboles. con el mango hacia arriba. Con la hoja de afeitar trazó unas cruces sobre la marca de los colmillos. Luego se tendió en el camastro y observó la ampolla de goma que la sangre hinchaba lentamente. El Centro de hospitalización de Oakland ha sido abandonado. Aunque el corazón le latía de tal modo. «Lleve un perro por lo menos». y el veneno circulaba entonces con mayor rapidez. La herramienta se balanceó un momento sobre su pesada cabeza. Subía apoyándose en el borde de la roca. se concentran ahora en el Centro de Berkeley. Echó a caminar. y además no le gustaban. Instantáneamente retiró la mano derecha. No temía morir. La mordedura no sería fatal. 4 . y sano y fuerte. La gente le había dicho y repetido que no anduviese solo por las montañas. Dios salve al pueblo de los Estados Unidos. excepto en el distrito de Columbia.La tierra permanece George R.

entre los hombres. «Quizá». Preparaba una tesis: La Ecología de la zona de Black Creek. No tampoco en las dos semanas últimas. Los llamó. ¿Qué pasaba? ¿Por qué esa huida? La luz venía de oriente. Calentó el jarrito de café. «me atrae el peligro». de una recaída. Se volvieron rápidamente y sin cerrar la puerta echaron a correr. con la luz. Sin embargo. pero a pesar del dolor y el café. no podía esperar que viniesen a ayudarlo. oyó un ruido de coches. Antes del crepúsculo. que lo miraban con un ardor febril. difícilmente pasase un día sin que se apareciera algún pescador que subía en coche por la carretera rocosa. Isherwood Williams. pasadas y presentes. entonces. La lámpara sobre la mesa iluminaba los rincones de la cabaña. Eso parecería heroico. Le sorprendió que alguien subiese en la oscuridad por esa carretera. una noche. nunca le pareció que hubiese allí grandes peligros. dañada por la intemperie. en el que se describían todos los bienes. no atravesaba aquellos doscientos metros. su aislamiento era total. Podía haber ocurrido una catástrofe en la Bolsa. Sintió miedo. Momentos después se oyó el ruido de un motor. No tenía radio. en seguida. Iría en seguida a casa de Johnson. Buscar un compañero ideal le hubiese llevado demasiado tiempo. redactó una nota. por primera vez. Se incorporó y miró por la ventana. sin miedo. sin detenerse. estaba seguro. metal enmohecido. y además. De cualquier modo. Había dormido hasta el amanecer. que subían por la carretera. y su voz. desde una balsa. sin noticias. si antes no pasaba alguien que quisiera detenerse y ayudarlo. Sin embargo. El rostro no parecía más largo y flaco que antes. Sewart Se revolvió en la cama. Soltó el torniquete y la sangre circuló otra vez. pronto empezó a empeorar. por lo menos ese año último sólo el trabajo lo había llevado a las montañas. ¿cuándo había visto a algún pescador? Desde luego. y partían a la mañana. que se perdió en seguida en las montañas. como afiebrado. peso de la cabeza. como el náufrago que ve pasar a lo lejos. pero se sentía muy débil. explicando lo que había ocurrido. no había hablado ni visto a nadie en las dos últimas semanas. Quizás eso explicaba la escasez de pescadores. sin ganas. Los grandes ojos azules. diría: «Un martillo de minero. A medianoche.. pero seguro casi de que iba a morir. Dos hombres en traje de calle. lejos de los problemas de la vida en común». divagó. Tumbado en la cama. con el mango hacia arriba. se quedó dormido. La mano le dolía aún. iría en el coche al rancho de Johnson. Además. Se despertó de pronto. Había oído un automóvil. No pasaría mucho tiempo sin que alguien lo encontrase. u otro Pearl Harbor. El miedo de los hombres se transformó en pánico. no esa semana. preparó café y bebió unas cuantas tazas. y luego siguieron adelante. Aunque en un radio de ocho kilómetros no vivía un solo ser humano. Sufría bastante. el más cercano. un buque trasatlántico. aún utilizable. treinta centímetros. Una punzada de dolor lo devolvió al presente. Tenía agua y comida para dos o tres días. se incorporó tambaleándose. —¡Estoy enfermo! —dijo desde la cama. Luego firmó: Ish. El esfuerzo de escribir el nombre completo. De pronto se sentía helado. hacia el espejito que colgaba del techo inclinado. en un precario equilibrio. El martillo seguía en el suelo. congestionados. Tenía la mano hinchada. A media tarde estaba realmente asustado. todo el mundo le conocía por aquel diminutivo. mango. realmente. Si hiciese testamento. telefonearían a Johnson. Pero no se sentía enfermo. sin duda. Se volvió a la cama. casi elegantes. No quería quedarse a oscuras. En el peor de los casos seguiría allí acostado. A la hora de cenar.» Había hallado el martillo poco antes de encontrarse con la 5 . pensándolo un poco. advirtiendo que alguien había abierto la puerta. más sinceramente: «Amo esta soledad. Sin embargo. Se trataba. como asustados.. El coche había desaparecido en el recodo. madera rajada. Se inclinó luego. le pareció inútil. Sí. Luego.. o simplemente remontaba la corriente. Sin embargo. un testamento como los de antes. escudriñaban a su alrededor de una manera extraña. Sus padres. plantas y animales de la región. Comúnmente acampaban abajo a la caída de la tarde. pero tenía las mejillas encendidas. Logró garabatear con la mano izquierda unas pocas palabras. No.. Podía decir también. Debía investigar las relaciones. Se acercaron. Pero quizá deseaban llegar cuanto antes a algún río favorito. cuatro libras. aquella perspectiva no lo alarmaba.La tierra permanece George R. y el hirsuto cabello castaño completaban el retrato de un hombre muy enfermo. e iniciar la pesca al amanecer. aprensivamente. devorado por la fiebre. no sin esfuerzo. Pasó la tarde. dos coches. preparó un poco de avena y se acostó otra vez. cuando la mano se le deshinchase. les diría. y encendió la lámpara.

Los animales superiores están sujetos a fluctuaciones parecidas. Lo dejó sobre el mostrador. la mano y su enfermedad eran sólo recuerdos. como si una hubiese curado a la otra. desaparecen de pronto de la faz de la tierra. Ish». Y aquella fiebre rara. decidió que podía ir a casa de Johnson. y no había pensado en la mordedura. rápidamente. Pero aquellos montañeses eran a veces desconcertantes. aquellos hombres que habían huido al encontrarse con un enfermo en una cabaña solitaria. y estos mismos insectos. con escasos enemigos naturales. Sewart serpiente. y a veces algún sábado. y la hinchazón de la mano había desaparecido. Luego. que no mezclaba los placeres con los negocios. la prosperidad del hombre es demasiado larga. pero eso no era raro. Los domingos. A mediodía había recobrado la lucidez. En el último momento. Una erupción similar al sarampión le cubrió el cuerpo. Miércoles. consumido primero por el frío. pensó que una fotografía del martillo podía ilustrar muy bien su tesis. Si hay una ley biológica de flujo y reflujo. Al alba se hundió otra vez en un sueño profundo. Al cabo de un rato saltó del coche y subió las destartaladas escaleras que llevaban a la habitación— almacén. con una nota: «No encontré a nadie. La noche fue una larga pesadilla: torturado por accesos de tos. No se molestó en empacar sus cosas. más lenta es la gestación. baja y sube. tratando de no utilizar la mano derecha. no sabía exactamente qué día era. un auto en la noche.La tierra permanece George R. y casi todas sus fuerzas. De cualquier modo. Cuanto más elevada sea la especie. como otras muchas en las montañas. lo asaltó una vaga inquietud: los Johnson fuera. y la mano casi no le dolía. a la suerte de los animales inferiores. pero no había nadie. o jueves. Durante diez mil años su número ha aumentado constantemente a pesar de las guerras. Los lemmings tienen ciclos regulares. Se sorprendió un poco. Ish despertó a media mañana con una inesperada sensación de bienestar. Ya no se ahogaba. Nadie salió a atenderlo. a fines de siglo. brillaba el sol. y luego por la fiebre. el búfalo abundó en las estepas africanas. en su larga trayectoria. 6 . «Nunca ha ocurrido» no es igual a «No ocurrirá». y. Biológicamente. En aquel delirio febril. reconquista lentamente su supremacía. El búfalo se convirtió en una curiosidad en aquellos territorios. Luego de un ligero almuerzo. El incidente bien podía merecer un párrafo en su tesis. Sin embargo. Durante la mayor parte del siglo XIX. Subió al coche y se puso lentamente en marcha. Algunos zoólogos han sugerido incluso una ley biológica: el número de individuos de una especie no es constante. pero no domingo. sofocado. bordeando un riachuelo tormentoso. Como le ocurría a menudo en sus períodos de soledad. la puerta sin llave. que han pululado de un modo alarmante. Las liebres de la montaña se multiplican durante años.. Allí los pescadores podían comprar cigarrillos y conservas. ningún pescador. vivían de las ventas del almacén en la temporada de pesca y no podían ausentarse mucho tiempo. En el rancho de Johnson reinaba el silencio. En cuanto al hombre. las pestes y las hambres. un día de trabajo. admitiendo que no se debiera a la acción del veneno. había desaparecido. una epidemia acaba con ellas. no debe esperarse que escape. Entró. recibiendo con alegría aquel legado del pasado. » Se asiste aterrado a una invasión de langostas o saltamontes. Llevo treinta litros. El día anterior se había sentido muy enfermo. pero se encontraba casi curado. habrían cerrado la puerta con llave. La carretera descendía entre bosquecillos de pinos. O martes. Luego. Echó en el tanque treinta litros de gasolina y no sin esfuerzo garabateó un cheque. el depósito del coche estaba casi vacío. y volvió a esperar. pues la bomba de Johnson. algo todavía más extraño. Al llegar a la central eléctrica de Black Creek. Cuatro libras es casi el peso máximo que un hombre puede manejar de ese modo. los Johnson cerraban el almacén y salían de excursión. se utilizaba pocas veces. de una época en que los mineros blandían el martillo con una mano y sostenían el buril con la otra. Y si hubieran salido de vacaciones. y un censo realizado cada diez años hubiese demostrado que seguían propagándose. por lo tanto soy inmortal. Ahora. y se cree que van a invadir el mundo. su situación es ahora muy peligrosa. y más prolongadas las fluctuaciones. Llevaría su importante libro de notas y su cámara fotográfica. cuando eran más numerosos. fueron atacados repentinamente por la peste bovina. Era gente desinteresada. Desde hace cincuenta años. Detuvo el coche junto a la bomba de gasolina. recogió también el martillo. Había temido lo peor. obedeciendo a un impulso. Sin embargo. Cualquier día de la semana. Ish se sintió otra vez sereno y lúcido. Mientras descendía por la carretera. Era un animal resistente. Tocó la bocina.. creía. Sería como decir: «Nunca he muerto.

¿Rip van Winkle? Y aun así. Un naturalista observó que las ratas poblaban la isla «en miríadas». ya en el coche. para darse ánimo. La puerta de la ferretería. su paraíso terrenal Sin embargo. de pronto. y miró alrededor. con creciente pánico. La especie había sido descrita científicamente por primera vez en 1667. ¿Quién soy. ladró furiosamente. cuando vislumbró algo que le heló la sangre. y no había encontrado ningún coche en la carretera. un nido tropical a unos trescientos kilómetros al sur de Java. al parecer. —¡Hola! —llamó. Nadie salió a su encuentro. Al fin y al cabo. Como en una ciudad mexicana. Separado de Ish por el riachuelo. Se alejaba ya. El banco estaba cerrado. comprendió que su pensamiento había sido como un silbido. Dobló una curva y los ladridos se perdieron a lo lejos. a pesar de su facilidad para reproducirse. había encontrado un pueblo animado y con gente. sin duda. ¿Qué le pasará? ¿Pensará que voy a robarme la central? Realmente. un pequeño pueblo llamado Hutsonville. Rip van Winkle. Consideremos el caso de la rata del Capitán Maclear. y pronto morían por millares. No podía irse. Pero el ruido de los generadores lo tranquilizaba. Probó en la panadería vecina. pero aquellos mecanismos automáticos necesitaban de pocos hombres. o jueves. Estaba abierto. Y otra vez. Las hormigas le cubrían la cara. la luz en el puente y el tranquilo rumor de los generadores. en aquella vegetación no necesitaban pelear entre ellas. el agua bullía. pensó Ish. Empujó la puerta de un pequeño restaurante. Quince kilómetros y llegaría al primer pueblo. y que posiblemente ni siquiera habría comisario. antes de informar sobre el cadáver. Había allí exceso de electricidad. en verdad?. Allí. como si aquel día de junio fuese igual a cualquier otro. Ish respiró aliviado. tuvo la curiosa impresión de que aquello no concernía al comisario. excitado. pensó. Cierto. incrédulo. esperó y volvió a tocar dos veces más. A pesar de su número. Regresó a su coche. No había nadie. ¿Cómo no lo habían visto? Ish no se acercó a examinarlo. Pero la cólera del perro había sido otra prueba de normalidad. Tocó la bocina. ¿Estaría delirando. vulnerables a causa del mismo bienestar. y el sonido violó impúdicamente el silencio de la calle desierta. y se encontró otra vez en aquel silencio de muerte sólo interrumpido por el cacareo de una gallina. Este interesante roedor habitaba la isla de Christmas. ¿Un partido de béisbol había atraído a toda la población? Aun así. 7 . La isla era su universo. la especie se ha extinguido. detuvo el coche junto a la acera. la central trabajaba como siempre. Un poco más lejos. Sin embargo. Vería allí a alguien y se libraría de aquel extraño temor. habrían cerrado las tiendas. alimentándose de frutas y raíces tiernas. y éstos no salían casi nunca. Un ratón. Ish comenzó a silbar alegremente. Excesivamente numerosas. Ningún eco vino a tranquilizarlo. junto a la carretera. rodeada de media docena de pollitos. Había que avisar en seguida al comisario de Hutsonville. a la vista de todos. Sewart En la central todo estaba como siempre. y hasta demasiado gordos. Esta vez oyó un leve ruido. Llegó al centro del pueblo. muy desarrollado. a un kilómetro de distancia. Las primeras casas se alzaban ya a lo largo del camino. las ratas no pudieron resistir el contagio. Volvió al coche rápidamente. pensó Ish. Silencio. Entró. corriendo de un lado a otro.La tierra permanece George R. Miraba mientras tanto a su alrededor. Durante un instante. El cadáver llevaba allí un día o dos. esperando que alguien se asomase a una puerta o sacara la cabeza por una ventana. pensó. en un solar vacío. Todos los ejemplares estaban bien alimentados. acostado aún en la cabaña? No se atrevía a seguir investigando. Ish pensó que estaría continuamente encendida. En el cráneo. Entró y volvió a llamar. ¡Qué perro raro!. Las dínamos zumbaban. En 1903 las atacó una enfermedad nueva. se sentó al volante. El miedo le ha hecho poner un huevo. una gallina escarbaba el suelo. yacía el cadáver de un hombre en traje de calle. luego de dormir veinte años. no se veía a nadie. El calor del mediodía pesaba sobre la calle solitaria. «todo el mundo duerme la siesta». la gente sobrestima la inteligencia de los perros. cuando un perro ovejero salió del edificio. sobresalían notablemente los arcos supraorbitales y la arista anterior de la placa cigomática. Llegó a lo alto de la cuesta y vio Hutsonville a sus pies. estaba abierta. Descendía ya. y bajó. espectáculo común en un mediodía. Luego. Se detuvo. Y aquel día sólo podía ser (estaba ahora más seguro) martes o miércoles. Los únicos restos del pasado eran. pensó en cruzar el puente y llegar al edificio. y otra. decidió. Allí. Saltó del coche y corrió hacia atrás. Advirtió de pronto que había varios coches detenidos a lo largo de la calle. Frenó automáticamente. Una luz brillaba en el puente. Tocó dos veces. a pesar de la hora. detrás del banco. No había visto a nadie en el rancho de Johnson ni en la central. un gato blanco y negro se paseaba tranquilamente por la acera.

Sewart Un perro gordo apareció en la esquina y avanzó pesadamente. Nadie conocía sus orígenes. Muchos habían escapado de las ciudades. En el pasado había habido ejemplos curiosos. Tomó el periódico y recibió la primera sorpresa. Demonios. el miedo había ayudado a mantener el orden. temiendo que los animales muriesen de hambre. un virus posiblemente producido por mutación. un crítico americano igualmente hosco había dicho: “Sólo la fe nos puede salvar ahora. sobre todo de licorerías. una simple hoja doble. los monos morían como moscas. Un instante después lo alzaba ante la puerta. la raza humana. Seguía una nota de mayor interés científico. pensó. y había sido devorada por una leona. pero cargando con sus 8 . No han olvidado alimentarse. posiblemente con las partículas de polvo. la enfermedad parecía un sarampión… un sarampión mortal. por lo menos.” En el otro extremo. y el miedo barrió sus escrúpulos. como la fiebre inglesa y la fiebre Q. Los caracteres eran tan grandes como los del día de Pearl Harbor: GRAVE CRISIS ¿Qué crisis? Volvió rápidamente al coche y recogió el martillo. El perro parecía dispuesto a entablar relaciones amistosas. En Omaha un fanático había corrido desnudo por las calles. Una epidemia desconocida que se propagaba con una velocidad sin precedentes. había devastado los Estados Unidos. que dejaba atrás el mundo civilizado. Ish sintió que desfallecía ante aquel cúmulo de horrores. Sin embargo. Ish lo dejó ir. Cruzó la calle. por lo menos. era la creencia popular. El reflejo de la luz en los vidrios molestaba bastante. Su soledad lo aterraba. algún microorganismo nuevo. la puerta se abrió. La fecha era el miércoles de la semana anterior. desbaratando todo intento de cuarentena. Esto último. pero a través de los vidrios se veían unas pilas de periódicos. elegantemente. un accidente —quizá provocado— en un laboratorio de guerra bacteriológica. parecía. La calle solitaria lo devolvió a la realidad. y golpeó con fuerza la cerradura. La civilización se había batido en retirada.. La civilización.La tierra permanece George R. Por los síntomas. Se presumía que el aire mismo transmitía la enfermedad. se habían incluido algunas noticias pintorescas. Los servicios informativos de esas ciudades parecían interrumpidos. pensó. el perro inevitable que se pasea por las aceras de todos los pueblos. Las cifras recogidas en algunas ciudades. El aislamiento del enfermo no servía de nada. En general. manteniéndose a distancia. No había noticias de Boston. aunque de escasa importancia. Pero se detuvo. En la acera de enfrente había un quiosco donde compraba a veces algún diario. y siguió calle abajo. alzó el pesado martillo. una loca había abierto las jaulas del circo. Sintiendo que quemaba las naves. e Ish entró en el quiosco. El ir y venir de los aviones la había hecho aparecer casi simultáneamente en los centros más importantes.. Atlanta y Nueva Orleáns. Luego tuvo otra idea. En Sacramento. yo me paso las horas rezando. sin embargo. La puerta estaba cerrada. de costa a costa. En cuanto a su origen. Examinó rápidamente el resto del diario. Al fin y al cabo el perro nada podía decirle. En una entrevista. Los titulares revelaban lo esencial. pues no había bomberos. Aun en aquella edición que (los periodistas no podían haberlo ignorado) sería la última. En seguida se le hizo un nudo en la garganta pensando en lo que el perro podía haber comido. El Chronicle tenía habitualmente veinte o treinta páginas. Un ciudadano honesto no fuerza una puerta. pero los otros animales no estaban afectados. se dijo. aunque muy confusa. indicaban que había muerto del 25 al 35 por ciento de la población. y de valor relativo.” Se señalaban algunos saqueos. tres hipótesis eran posibles: alguna enfermedad animal. si es necesario pagaré la puerta. Según el director del zoológico de San Diego. pero alcanzó a leer un título. lo esquivó. como hipnotizado. pero los otros —y de acuerdo con aquellas noticias de la semana anterior— no habían sido arrastrados por el pánico. anunciando el fin del mundo y la apertura del Séptimo Sello. En Louisville y Spokane los incendios barrían la ciudad. siguió leyendo. un célebre bacteriólogo señalaba que la posibilidad de nuevas enfermedades preocupaba desde hacía mucho a los hombres de ciencia. La madera se hizo añicos. En una entrevista telefónica un viejo y un hosco sabio inglés había comentado: “Durante varios miles de años el hombre ha desarrollado su estupidez. había desaparecido. Ish bajó del coche y se acercó al animal. llevando la muerte a todas partes. Miró a derecha e izquierda como si esperara que un policía o un destacamento de gendarmes cayeran sobre él. Este ejemplar parecía un semanario pueblerino. Podría entrar en todos esos negocios buscando algún indicio como un detective. No derramaré una lágrima sobre su tumba. obteniendo así una impresión general. como si la civilización misma se hubiese movilizado reteniéndole el brazo y diciéndole: no puedes hacerlo.

algunos gatos. y la puerta cedió. La electricidad todavía funcionaba. A pesar de aquellos horrores. en el cielo. reflexionó. la luna. pero Ish no lo llamó. Para evitar ciertos horrores. deteniéndose de cuando en cuando a tocar la bocina. la población había disminuido en un tercio. los planetas y las estrellas recorren sus largas y tranquilas órbitas. una vaca que pacía en un solar vacío con un pedazo de cuerda en el pescuezo. posiblemente los Johnson. el planeta tendrá esta noche su resplandor de costumbre. si alguna estación funciona aún. si había habido otra enfermedad. y sin dejar de defenderse. Esperó unos instantes y luego buscó cuidadosamente. Ish se dirigió entonces a una casa de las afueras que (le había parecido) era la mejor de la ciudad. tierras estériles. ni más brillante. Aunque la población había disminuido en una tercera parte. Se le ocurrió algo. Los médicos y las enfermeras habían seguido en sus puestos. Inspeccionó rápidamente la planta baja y el piso de arriba. no tardó en dormirse. Así ocurrió que llegase a contemplar la catástrofe —con una satisfacción irónica. como en una ciudad sitiada. Se instaló cómodamente en el sofá. la luz y la energía eléctrica seguían funcionando. Aunque el humo de las chimeneas ya no enturbia la atmósfera. Probó la onda corta. Según el periódico. Sewart heridos. Aquello. Antes de llorar el fin del mundo. Allá arriba. ¿qué verían esta noche? Ningún cambio. El dolor de la mordedura era ahora una pequeña molestia local. o había sido —el tiempo de verbo no importaba—: un intelectual. El excitado ovejero había intentado comunicarle los sucesos de la central. Sentía la cabeza despejada. Seguía siendo lo que era. El coche que había subido por la carretera. ni más oscuro. eran sólo unos pobres fugitivos. pensó. y la muerte 9 . Los derechos de propiedad habían desaparecido. El silencio que reinaba en Hutsonville demostraba solamente que sus habitantes se habían dispersado o refugiado en otra ciudad. explicaba que siguiese vivo. Ciudades enteras habían servido de hospitales y puntos de concentración.. llamando regularmente. la pesadilla de ciudades arrasadas. Había encontrado cuatro perros. Los hombres que había visto en la cabaña. cuando encendió el motor y llevó el coche calle abajo. Pasó así un cuarto de hora y se encontró otra vez en el punto de partida. serían los reyes de la tierra. con un mínimo de trastornos. aunque momentánea— como la demostración de un aforismo. Luego salió y se sentó en su coche. Visto desde la luna. y muchos miles se habían ofrecido como voluntarios. Desde luego. pesadas humaredas surgen aún de los volcanes y los bosques incendiados. que hubiesen llevado a una completa desmoralización. había en el vestíbulo un gran aparato de radio. sólo la humanidad había sido suprimida. sin llegar a ninguna parte. el hombre había imaginado alguna vez que miraban la tierra. que huían de la peste. No había ningún motivo. ni había recibido ninguna respuesta. Le sobraba tiempo. Siguió en el sofá. un sabio incipiente. la mente le daba vueltas y vueltas. Tal como suponía. para que se sentara en su propio coche y no en otro cualquiera.. Apenas podía pensar. Esta vez no vaciló un instante. exploró todas las longitudes. en medio de la noche. Había vivido solo durante un tiempo. no transmitirá probablemente las veinticuatro horas del día. Abrió y cerró la mano. Pero si viesen realmente. la idea de ser el único sobreviviente no le perturbaba demasiado. Metódicamente. No encontró a nadie. el agua. la teja cae donde menos se espera». por lo menos. Sin embargo. Microbio y veneno se habían destruido mutuamente. el servicio telefónico. los muertos debían enterrarse inmediatamente en fosas comunes. y los fragmentos aislados del rompecabezas comenzaron a ordenarse. varias gallinas desperdigadas. y sin embargo se sentía allí más cómodo. La explicación era evidente: había padecido aquella enfermedad. ni había visto morir a sus semejantes. Se había temido una guerra destructora. si los había. Sólo oyó unos débiles ruidos parásitos. y dio una vuelta al pueblo. Luego se echó en el sofá. Pero. Dobló por una calle lateral. en realidad. Ish llegó a la última línea y volvió a releerlo todo con más cuidado. ensimismado. hecatombes de hombres y animales. El perro gordo volvió a pasar por la calle. Se despertó en pleno día.La tierra permanece George R. Sin embargo. A la vez no podía creer (y no había por qué creerlo) que fuese el último hombre sobre la tierra. llevaba quizás a otros fugitivos. más inclinado a observar los acontecimientos que a participar en ellos. Saltó del coche. Había cesado todo comercio. Los sobrevivientes. Caía ya la tarde. No tienen ojos. y una rata que husmeaba en un umbral. tranquilo e inmóvil. Dejó la radio en una longitud que correspondía —o había correspondido— a una potente emisora. No había visto a nadie. La noche era cálida. sentía la curiosidad desinteresada de un espectador. como si asistiese al último acto de una tragedia. con el martillo en la mano. Golpeó tres veces con fuerza. pero los alimentos se distribuían aún. también desaparecía. Se quedó allí un rato. y no ven. enunciado un día por su profesor de economía política: «El desastre temido no llega nunca. y comprendió que la otra enfermedad. Agotado físicamente por la enfermedad y tantas emociones. combatiéndola con el veneno que tenía en la sangre. y casi con limpieza. pero sin éxito. No había asistido a la tragedia. y regresó al vestíbulo.

le parecía más normal. pero no hubo tal camión. Se inclinó sobre el volante. pasó delante del cementerio. En una ciudad importante (Ish no registró su nombre) se detuvo para abastecerse de gasolina. Frenó automáticamente. Las provisiones. Quizá sus padres vivían aún. Al levantarse. con los negocios cerrados. Aceleró rápidamente. le hubiesen bastado para prepararse una buena comida. con un plan definido para el día. dejándolas para más tarde. Parecía un domingo por la mañana. se sintió envuelto en una atmósfera lúgubre y espectral. y transformó el pan en unas tostadas aceptables. aunque no tantos como podía esperarse.La tierra permanece George R. el humor de Ish cambió sensiblemente. pensó que no valía la pena lavar los platos. no esperaba ninguna respuesta. el hombre había desaparecido. Cuando acabó de fumar. las aspas de un molino giraban lentamente. que le había sido tan útil. pero abrió las llaves de la cocina eléctrica y advirtió que las planchas se calentaban. añadió una abundante ensalada de lechuga. revisó el radiador y la batería. Las luces rojas del cruce estaban encendidas. En un campo. en que la ciudad había sido abandonada... y si el hombre había muerto. como era naturalmente cuidadoso. Un neumático necesitaba aire. y le asombró que el día anterior no hubiese pensado en él. Estas provisiones. aparentemente habían escaseado en los últimos días. y una excavadora junto a un montón de tierra. en un cajón. pasó al otro lado de la carretera y se alejó sin parecer demasiado asustado. mientras corría libremente por la carretera. autobuses y coches. Era un coyote. como en cualquier mañana de verano. sin su vigilancia. aquella carretera no era muy transitada.. En una mesita había una caja de laca roja. un pan duro de unos cinco días atrás. Sin bajar del coche. La refrigeradora aún funcionaba. el traqueteo de un camión cuesta arriba. En realidad. algunos novillos y caballos movían la cola espantando los insectos. en pleno día. Un poco más lejos. pero todos sus ingeniosos aparatos marchaban todavía. Pero las cuatro calzadas. aun temporales. En un armarito encontró una lata de jugo de pomelo. Ish se puso otra vez en marcha. sin saber por qué. Ish se sintió otra vez deprimido. comprobó si había cerrado la refrigeradora y las llaves de la cocina. cuando la gente no ha iniciado 10 . por lo menos. reflexionó. Los coches se alineaban a lo largo de las aceras. si descubría que estaban justificadas. A casi un kilómetro de la ciudad. Así. algunas lechugas y unas pocas sobras. En la despensa había algunos alimentos. una libra de manteca. pero. y el animal dio media vuelta. la carretera atravesaba un terreno llano. y unas patas flacas. Más allá del cementerio. tenía que descubrir si el mundo ya no existía. tocando la bocina. había apartado todas las inquietudes. Exploró la cocina. y delante del abrevadero. tocó largo rato la bocina. Y eso era todo. un gris amarillento. Se preparó un copioso desayuno. siempre sentía necesidad de comer legumbres frescas. Más lejos. Como el coche había andado mucho tiempo por las montañas. Ante aquel espacio desierto. de color claro. Al fin llegó a la carretera principal. un poco de jamón. Cuando volvía de las montañas. Apretó la válvula compresora y oyó el ruido del motor. y que podía tomarse nuevas libertades. Había aún electricidad. la fecha. Sewart del hombre. jamón y café. Sin embargo. El cadáver aplastado de un hombre asomaba debajo de uno de los autos. y echó un litro de aceite. la vida material no ofrece problemas. Aunque le hubiese parecido necesario. Volvió al sofá. Hubiera deseado oír. buscó otra vez en ambas ondas de la radio. Realmente. como dominado por un sopor. y salió por la puerta destrozada. Se metió en el coche y partió hacia la casa paterna. la abrió y extrajo un cigarrillo. Dos coches volcados. pero esa calle. Después de detenerse un momento ante las luces rojas. Sí. no habría podido levantar el coche para sacar el cuerpo y darle sepultura. Con un buen desayuno y un buen cigarrillo. Las gentes que habían abandonado Hutsonville. donde había corrido un río de camiones.. y al acostumbrado desayuno de huevos. estaban desiertas. en un suelo húmedo. sin resultado. Un instinto misterioso le había advertido que el mundo había cambiado. En la calle principal de otra ciudad. debía volver a la casa paterna. Ish se detuvo. no eran quizá muy numerosas. sin duda. y. ¿Un perro? No. Hasta ahora. Llenó el depósito en una estación de servicio. crecían las hierbas. algún espectáculo insólito parecía despertarlo. No había otros cuerpos. advirtió unas orejas puntiagudas. El cigarrillo estaba bastante fresco. Luego recogió el martillo. y un fuego al aire libre.. advirtió una nueva y larga hilera de tumbas. Ante todo. sintió la tranquilidad que seguía siempre a sus decisiones. Algo saltó ante él.. y en cualquier otro día Ish hubiera podido recorrer varios kilómetros sin ver a nadie. pensó. Ish se acercó. evidentemente. Aun así. pero la sangre cubría la carretera. en el camino. De cuando en cuando. Siguió adelante. en un ángulo extravagante. había media docena de huevos. bloqueaban parcialmente el camino. que corría tranquilamente por la carretera.

. que ahora necesitaba agua. Dobló rápidamente por una calle lateral.. o algún aparato eléctrico aún enchufado. Se le ocurrió luego que sus padres. cuatro.. Símbolo quizá de esa civilización que había enorgullecido al hombre. el barómetro que su padre consultaba todas las mañanas.. revolviendo armarios y cajones. imaginaba. tambaleándose. por fortuna. Si hiciera una especie de investigación policíaca. Sólo después de entrar advirtió que no habían cerrado la puerta. las dos camas estaban sin hacer. Al cabo de media hora. dos. En efecto. y por qué la calle parecía ilusoriamente animada. ¿Debía regresar a la casa. muchas cosas podían provocar un incendio. destinada algún día. Despertada por el ruido del motor. La cocina. Conducía lentamente. las patas reaparecían y el vientre parecía tocar el suelo.. Ish sintió que el corazón le saltaba en el pecho. La incubación. Vio a la vieja gata gris de los Hatfields que dormía al sol en los escalones del porche.. se alzaban algunas columnas de humo. pues el sol había subido en el cielo. Aun en un lugar deshabitado. dos. volvió a bajar las escaleras. y de una mujer — secretaria de la YWCA— que había hecho de ella un hogar. No había modo de apagar el fuego. supo ya que no encontraría a nadie. era sólo una granja que empezaba a arder. sólo el movimiento llamaba la atención. Sí.. y que. Uno. donde se oía el lenguaje patético de las casas abandonadas. volverían como él a la casa. llegó a lo alto de las lomas. En ese instante dejaba la vertical. se inclinó rápidamente sobre la pileta y vomitó. ya sin fuerza. galopando. era demasiado clara. No era necesario detenerse. Ish miró un rato y advirtió el ritmo: uno. aunque las aceras no estaban muy limpias. pero todo era normal. Se detuvo frente a la casa. A la luz del día. si por rara fortuna seguían con vida. sacudido por un violento malestar. y salió de la habitación. Un montón de grasientos desperdicios que se inflamaban espontáneamente. Sewart aún sus idas y venidas. la costosa enciclopedia que su padre había comprado recientemente. Sólo un milagro lo había salvado a él. y a menudo se detenía a investigar. Ya repuesto. Una humareda se elevaba en el aire. Tampoco habría espectros.. Nada. antes del desayuno. se levantó estirándose perezosamente. y los enfermos no habían caído en las calles. Aunque el reloj y la refrigeradora casi lo parecían. Agarrándose a la barandilla. ¡Milagro de milagros si la epidemia había perdonado a su familia! Salió del bulevar y dobló hacia la avenida San Lupo.. o continuar el viaje? Pensó en el primer momento que no se atrevería a entrar otra vez en aquellos cuartos vacíos. luego de muchas dudas. y esa carrera sin testigos no llevaba a ninguna parte. 11 . envuelta en el esplendor del sol poniente. iniciando su descenso hacia el seis. parecía. De pronto comprendió por qué se había detenido.. Tocó dos veces la bocina. tres. Echó una ojeada. transformándose así en enormes morgues. Todo tenía el mismo aspecto. sin muchas esperanzas.. Buscó en vano en la sala. Sintió un vahído. Frente a un restaurante llamado The Derby funcionaba aún un letrero luminoso: un caballito que movía las patas. Cuatro. ni motivos para molestarse. pensó Ish. Galopaba frenéticamente. A veces veía algunos cadáveres. o el motor de una refrigeradora. Salió del coche y subió las escaleras. De cuando en cuando algún objeto le hablaba con más fuerza. cuatro. lanzada al galope. En distintos puntos de la ciudad. Recorrió otra vez las habitaciones.. indicándole adónde habían ido. dos. como si la llegada de un ser humano hubiese turbado su reposo. Una vez atravesó una ciudad donde el olor de los cuerpos putrefactos envenenaba la atmósfera. Pero ¿de qué serviría torturarse así? La historia. Pero antes de llegar. sólo encontraba soledad y vacío. Casi en seguida lo sobresaltó un ruido repentino. Al abrir la puerta. No había adentro ningún cadáver. probablemente descubriese algo. aunque insensato e inútil. Recordó haber leído en el diario que ciertas zonas habían servido de puntos de concentración. Al caer la tarde. la luz rosada era apenas visible. tres. era una sencilla casa de un humilde profesor de historia que vivía entregado a sus libros. Ish. Era un caballo valiente.La tierra permanece George R.. pero. Y las patas del caballo se recogían casi debajo del tronco. que se extendía hasta perderse de vista. no alcanzaba ninguna meta. pero en la habitación de sus padres. No tenía esperanzas. la maceta de geranios de su madre. La casa estaba en orden. Uno. franqueó el umbral. El motor de la refrigeradora había comenzado a zumbar. Pero la calle mantenía aún su decoro. y la cabeza se le despejó un poco ante la perspectiva de algo concreto. Quizá le habían dejado una nota. volvió a salir y se sentó en el coche. tres. a detenerse para siempre. había sido bastante lenta. No se sentía enfermo. No había cadáveres. Todo hablaba de muerte en aquella ciudad. tuvo una impresión de vida y movimiento. pensó. La granja estaba condenada. pero sí débil y tremendamente abatido. Fue hacia la casa de sus padres. en general. Pero no era tan temprano. Arriba no había tampoco nada raro. aunque eso era inimaginable en la avenida San Lupo. y la bahía se abrió ante él. venciendo su repugnancia. y esperó. aprensivamente. como tantas otras veces. Era sólo el segundero del reloj eléctrico. Dio media vuelta y volvió a la carretera. en sus líneas principales..

Pero ahora no podría evitar a los imbéciles. recordó que no había comido desde la mañana. Entre los muebles. algunos por lo menos. pero su debilidad podía deberse a la falta de alimento. El anuncio que brillaba allá abajo era más interesante. Y alguien había ordenado. Lanzaban patéticamente sus reclamos publicitarios a un mundo sin clientes ni vendedores.. Parecía que el deseo de vivir despertaba en él. Buscó frenéticamente en todas las ondas. En las fábricas hidroeléctricas. y. Aunque la raza humana no se hubiera extinguido del todo. Las señales de tránsito funcionaban aún.. y hay quizás otros sobrevivientes. y poniéndose una bata fue a sentarse ante el aparato de radio. Y aquello que había visto durante el día. Y he aquí que ese rey de la creación desaparecía ahora. lentamente. casi hipnotizado. Y volvió a preguntarse cuánto tiempo brillarían aún esas inútiles letras de fuego. _____________________________________________________________2__ Sin embargo. seguía transmitiendo: Beba. iba a verlo. Lejos. Bueno. se veía una gran parte de la ciudad. A pesar de la comida. Sewart Al cabo de un rato. oscuridad.La tierra permanece George R. oscuridad.. De lo alto de las torres... Beba. ¿Y luego? Si se hubiera encontrado con media docena de amigos todo sería diferente. pasando del verde al rojo. Siguió mirando. Podía unirse a otros hombres. en la falda de la loma. ¿Qué sería del mundo y sus criaturas sin el hombre? Y bien. alimentándose como un necrófago de los víveres de los almacenes. fue sintiéndose poco a poco menos abatido. La presión del gas era débil. Después se sentó en el porche. No tenía apetito. Beba. oscuridad. seguían encendidos. los cuadros y los libros familiares. Desde la avenida San Lupo. ¿Durante cuánto tiempo giraría el molino. No había más pan que un mendrugo mohoso. había. quizá. Beba. Un conmutador descompuesto quizás. sin embargo. Un enorme cartel.. el agua alimentaba aún los generadores.. pensó. bajo las aspas del molino. ¿por qué no?. No soy hombre. Durante miles de años el hombre había sido el amo indiscutido de la tierra.. Cayó otra vez. Beba. y la conciencia de su soledad se transformó en miedo y en pánico. El telón había caído. La producción de electricidad era sin duda automática. Pero el coñac era débil y no encontró en él ningún consuelo. ante su mirada de investigador.. Pero Ish no veía qué debía beber. Allá abajo brillaba el puente de la bahía. ¿Cuánto tiempo brillarían esas luces? ¿Cómo se apagarían? ¿Qué mecanismos seguirían funcionando? ¿Qué destino tendría esa obra. cuando todo empezó a empeorar. que no se apagaran las luces. Al caer el crepúsculo. era cierto. y comprendió que había sufrido un rudo golpe. No sería un actor. no quedaban papeles para él en el mundo. Somos como moléculas de gas que flotan sin encontrarse en un vacío neumático. pero ahora. pensó Ish.. él. que la mejor solución sería el suicidio. en un desaliento cercano a la desesperación. En la refrigeradora encontró manteca y un poco de queso. es demasiado pronto. edificada lentamente a lo largo de los siglos. sacando agua de las honduras de la tierra? De pronto. podía vivir. y que ahora sobrevivía a su creador? Supongo. una zona oscura. se sobresaltó. más lejos. Y nada parecía haber cambiado... en algún lugar de Oakland. Los anuncios luminosos. Sólo oyó unos débiles ruidos. iba a desarrollarse el primer acto de un drama insólito. Sí. se sentó en la sala. de buscar la muerte en el alcohol. Revisó un armario y abrió una lata de sopa. Beba. apenas se tenía en pie. El frío abrazo de la niebla estival envolvió la casa.. el resplandor de San Francisco y el marco luminoso de la Golden Gate disipaban las nieblas de la noche. quizá para siempre. pero alcanzó a calentar la sopa. los reflectores enviaban silenciosos avisos a aviones que no volarían más. o aún a los canallas. hacia el sur. Beba. 12 . Beba. en la oscuridad. Beba. Ish. ¿Qué sería del coyote que corría a saltos por la carretera? Las vacas y los caballos paseaban lentamente alrededor del abrevadero.. Estoy vivo. quizá por mucho tiempo. Fue a buscar la botella de coñac de su padre.. cuando se acostó no pudo dormirse. o un fusible quemado. los sobrevivientes tardarían siglos en retomar las riendas del poder.. pero sería por lo menos un espectador más. oscuridad. oscuridad. Descubrió unas galletas en otro armario. Alzó los ojos y vio otra vez el anuncio que brillaba a lo lejos: Beba. un espectador habituado ya a observar el mundo.. oscuridad. Pero no.. pensó. que una casa cercana ocultaba en parte. Se levantó.

mayor vigor. y poco desorden.. vence a sus rivales asegurándose su subsistencia. en cualquier parte. Perdigueros. con las lenguas hinchadas. Las flores se marchitaban en los jardines resecos. de patas demasiado cortas para perseguir las presas. permanece echado. El silencio volvió a apoderarse de la noche. debían de haber sobrevivido otros. triste y afligido. o aquel que sabe adaptarse a las nuevas condiciones de vida. y deteniéndose a esperar una posible respuesta. Salió de la zona comercial tocando otra vez la bocina. Se le ocurrió entonces otra idea. poco inteligente. y al fin los ladridos de un perro interrumpieron el idilio.S. colgó el tubo. Llamó con un bocinazo corto y otro largo y escuchó. Se puso en marcha tocando la bocina a cortos intervalos. Buscan por todas partes algo que comer... y un tercero. en el porche.. Pero las casas parecían deshabitadas. muertos de sed. de pie. puso el martillo al alcance de la mano. La campanilla resonó en una casa lejana.. Discó un número. Añadió un reflector a la lámpara y. El corazón le dio un salto. pequineses. 13 . Tocó otra vez y la respuesta llegó inmediatamente. lebreles. ¿Seré yo su último representante? Subió al coche y se trazó mentalmente la ruta que podría seguir para que la bocina se oyese en casi toda la ciudad. La niebla y la oscuridad lo protegerían con sus velos impenetrables. cruzó el parque de sus juegos infantiles. Furtivamente se acercan a los cadáveres insepultos. Ish entró luego en una zona comercial. se estremece. En una ancha superficie rocosa que seguía la inclinación de la colina. en que habían puesto sus últimas esperanzas tantos hombres amenazados por la muerte. y que. tenía que encontrar a alguien. A la décima llamada. En una esquina. en las fuentes. Durazno. el derecho a sobrevivir. Los aullidos siguieron un tiempo. Sewart De pronto pensó en el teléfono. la forma de la cabeza o el color del pelo. Yacen en las perreras. los indios habían abierto unos hoyos con sus martillos de piedra. Aquella mañana se trazó un plan. primitivo. de vuelta al salvajismo.. lanzó un mensaje a la ciudad nocturna: tres puntos. Spot. aun en el aristocrático San Lupo.. tres rayas. Comprendió al cabo de un rato que entre las luces de la ciudad sus modestas señales pasarían inadvertidas. En un distrito urbano de dos millones de habitantes. Sin embargo. algún enfermo a quien la muerte había sorprendido en la calle. y de cuando en cuando lanza al cielo un aullido que termina en una queja. esperando descubrir algún conocido. y dejó de llamar. el S. Ish tardó en reconocer la llamada de amor de un gato. Los más afortunados vagan por la ciudad y los campos. Príncipe de Piamonte IV no supera al último cuzco callejero. tiene la suerte de encontrar una camada de gatitos y los mata. sonido familiar en las noches de estío.La tierra permanece George R. Y poco a poco las torturas del hambre borran siglos de servidumbre. el terrier de pelo duro. Levantó el tubo y oyó el zumbido familiar. formando una especie de pequeña gruta. Dos perros merodeaban cerca de un cuerpo. y trepó a las rocas. angustiado por la soledad. La respuesta fue un sonido breve y único. El animal de raza no se distingue ya por la altura. Entró en la casa. el mestizo predilecto de los niños. Pero ¿cómo? Recorrió toda la vecindad. No había nadie. tres puntos. persiguen una gallina. Dos de ellas se tocaban en la cima. Un grito espantoso desgarró la oscuridad. Abrió una llave y el motor de la calefacción se puso en marcha. En ese aspecto no había problemas. temblando de frío. Para ellos también termina un mundo de veinte mil años. Probó un segundo número. Miró. y vio entonces algunas señales de violencia.. Y ahora desaparece también otro mundo. corretea sin dificultades. cualquier número. Había muchos coches estacionados.O. el cadáver de un hombre colgaba de la cruz de un poste telefónico. bebiendo en los arroyos. Ish creyó oír un despertar de ecos en las habitaciones vacías. Pero no hubo respuesta. Medio minuto más tarde se oyó otra bocina lejana y débil. debilitado por el hambre. independiente por naturaleza y amigo de correrías. en los estanques poblados de peces rojos. con un cartel en el pecho que decía: Ladrón. Se sentó y a los pocos minutos apagó las luces con la curiosa sensación de que eran demasiado visibles. Fuera de concurso. Bridget. donde Ish se había escondido a menudo. un refugio natural. El mundo de los pieles rojas ha desaparecido. una mandíbula más fuerte. La electricidad funcionaba todavía. La solución era evidente. Temblando de pies a cabeza. El premio. Pensó por un momento que los oídos lo engañaban. Ned. el setter rojo. el perro de aguas color miel. sino para comérselos. pensó Ish. atrapan una ardilla en un parque. Regresó. pensó. no por crueldad. De cuando en cuando encontraba un cadáver. ovejeros. lo obtiene el de más ingenio. Las calles tenían el aspecto de las primeras horas de la mañana. Su alma bondadosa no tolera un mundo sin dioses. y en el tanque había aún combustible. El eco. El escaparate de una licorería estaba hecho trizas.

. Ish se adelantó y arrojó la botella a la calle. —Bar.. pero de pronto el animal se movió. Miró a Ish y sonrió patéticamente. en un rincón del asiento. Los gatos cazan pájaros.. Salen de los límites de la ciudad e invaden las guaridas de codornices y conejos. Cuando Ish se acercó. pensó Ish. pronto murieron de sed. Tres calles más allá tocó de nuevo y esperó. —¿Su nombre es Barelow? —preguntó—. Ish. podía perder la oportunidad de encontrar a algún otro.. Avanzó rápidamente en línea recta y la respuesta siguiente sonó a sus espaldas. Era raro que aquel otro sobreviviente no estuviese en medio de la calle haciendo señas. como extraviados. La bocina emitió un largo quejido. ah —dijo con voz pastosa. Ish intentó descifrar aquellos sonidos. En seguida. ho. Tocó la bocina y la respuesta casi lo ensordeció. y nunca habían aceptado de buen grado esa dominación. El cuerpo sucio y enfermo ocultaba de algún modo una mente sensible. Había largas filas de coches junto a las aceras. intentaba cumplir con una norma de civilizada cortesía.La tierra permanece George R. El hombre entreabrió los ojos y gruñó como preguntando qué ocurría. Más a la derecha se metió en un callejón cerrado. y una cara sucia y roja. Los ejemplares encerrados en las casas. Los ojos del hombre se abrieron entonces. El hombre de barba larga e hirsuta. Había encontrado un único sobreviviente. a no más de setecientos u ochocientos metros. pero era este borracho. Se apoyó en la ventanilla. o un hombre inteligente. pero Ish decidió intentarlo. Sewart Dio media vuelta y fue hacia el lugar de donde venía el sonido. y antes que Ish pudiese impedirlo tomó otro trago. ¿Qué importaba ahora un nombre? Y no obstante. y la mano del hombre buscó a tientas la botella de whisky. ¿No? ¿Barlow? El hombre asintió. Había estado durmiendo. quizás animado otra vez por el alcohol. Ish se sintió incómodo y tuvo que recordar que los gatos habían sido siempre así. muy lentamente. Los gatos habían vivido dominados por el hombre sólo cinco mil años. Ish creyó que estaba muerto. Al cabo de un rato Ish salió del coche y entró en el bar. ¿Uniría su suerte a la del hombre intentando curarlo y reformarlo? El señor Barlow parecía un caso sin esperanza. Ish sentó el cuerpo inerte.. Ish vacilaba. Ish se sintió más triste que furioso. y la ira de Ish se transformó en enorme piedad. Allí se encuentran con otros gatos realmente salvajes. Había en ellos espanto y horror. se desplomó sobre el volante. Ish miró los estantes y advirtió que el borracho no se había molestado en elegir su botella. Era débil e irregular. No había mucho que hacer. Pero los que quedaron en la calle se las arreglaron mejor que los perros. el señor Barlow. el señor Barlow se desplomó otra vez en el asiento. sumergido en las nieblas del alcohol.. Retrocedió y entró en una callejuela bordeada de tiendas. saltó a tierra y echó a correr. pues los vigorosos habitantes de los bosques despedazan a los gatos ciudadanos.. Ish se sentó junto al borracho. Bien. sacudió el cuerpo caído. La caza del ratón dejó de ser un juego para transformarse en una industria. que ahora sólo deseaba olvidar. El gato miró a Ish con la fría insolencia con que una duquesa mira a su camarera. parecía más lúcido. El hombre estaba dentro de un auto. Se sentía amargado y furioso.. —¿Cómo se siente? —preguntó Ish. sonrió. Ish le tomó de pronto la muñeca y buscó el pulso. pero no vio a nadie. a quien nadie podía ayudar. low —balbuceó el otro.. —Quédese aquí —le dijo al hombre tumbado. y la botella cayó y se vació en el piso del coche. El hombre. Lanzó la llamada y la contestación llegó desde más cerca. El hombre esbozó otra vez su patética sonrisa infantil y repitió con una voz un poco más clara: —No. Ish comprendió a medias. Y si se quedaba. Bar'l. Había allí una terrible ironía.. 14 . de pronto furioso. Los ojos del hombre miraron aquí y allá. y la tragedia pareció crecer en ellos. Aquellos ojos habían visto demasiado. El sobreviviente podía haber sido una muchacha. rondan por calles y avenidas buscando alguna lata de desperdicios que las ratas no hayan saqueado aún. estaba completamente borracho. simplemente. y era un pobre viejo borracho. volvió atrás y probó otra calle. que no servía para nada en este mundo.. low. Salió y vio que el hombre había encontrado en alguna parte otra botella y bebía a grandes tragos. Volveré. Una vaharada de whisky llegó a las narices de Ish. Detuvo el coche. Había un gato en el mostrador. y cayó luego de costado. y el fin es sangriento y rápido. No le quedaban quizá sino unas horas de vida. ni en ningún otro. el. Un whisky cualquiera le había bastado. donde se rompió ruidosamente. El animal parecía contento y bien alimentado. —Ho.. quizás inconsciente—.

a veces cajones enteros. o simples montones de latas. Pero había también una docena de cestos de naranjas. aunque probablemente siempre se había sentido desgraciado y solo.. Llevaba en los dedos bastantes diamantes como para instalar toda una joyería. Pero. sin moverse. Ish se volvió y caminó hacia el coche pensando que en cualquier momento recibiría un tiro en la espalda. La mujer se echó a reír. Ish vio además varias cajas de lámparas eléctricas y tubos de radio. La catástrofe había transformado a un hombre taciturno y solitario en un maníaco a un paso de la locura. como un animal. —Hizo una pausa y echó una mirada a la mujer—. Bajó del coche. Ish se acercó y vio a un hombre y una mujer. El hombre que tocaba la bocina no parecía borracho. En las habitaciones se amontonaban toda clase de cosas: algunas útiles. 15 . evidentemente. En los dedos le relumbraban varios anillos. Y sin embargo. —Oh. Seguiría en el futuro apilando cosas a su alrededor. La mujer se rió otra vez. —No —dijo el hombre—. pero no pertenecía ya.. el viejo se transformaría pronto en un ermitaño y un avaro. Dominado por una manía posesiva. un violonchelo —aunque el hombre no sabía música—. quizás habían sufrido demasiado también. Guardaba alimentos envasados. Ish descubrió que el viejo era más comunicativo que los otros. Parecía ahora una prostituta acomodada. Debía de dormir vestido desde hacía un tiempo.. —Hizo un ademán obsceno y sonrió a la mujer con una mueca. al mundo de los vivos. El hombre y la mujer se miraron. Reían y le hacían señas. pero como la muchacha no reaparecía. subió y se alejó. se dobló en dos. sólo daba una vuelta —dijo Ish. Ish se sintió otra vez en peligro—. Dos son una pareja. aún en el bolsillo de la chaqueta. No hasta ahora. Ahora era en verdad más feliz que nunca. El viejo era a veces simpático. pero al volver la esquina. La mujer se rió. Algunos sacos de celofán se habían roto. Ish dio unos pasos. y encerrándose cada vez más en sí mismo. Esta vez no oyó ningún sonido. no en los alrededores. y de algún modo habían perdido la razón. pues no había nadie que estorbase sus ansias de rapiña ni que le impidiese retirarse a vivir rodeado de pilas de mercancías.. por lo menos. y de pronto se detuvo. una docena de despertadores y otras muchas cosas que el viejo había reunido. La mujer era joven y bonita. La mujer movía las caderas y entornaba los párpados. Ish comprendió de pronto que nunca había estado tan cerca de la muerte. más de cien ejemplares de una misma revista. Quizás había aprendido dolorosamente que sólo así podía salvarse. con la rapidez de un temeroso animal acosado. El hombre era corpulento y vestía una deslumbrante chaqueta deportiva. En seguida echó a correr. —¿Cómo están? —dijo Ish. que no podría consumir antes que se pudrieran. No parecía conocer otro lenguaje. Sin la barba blanca y enmarañada no hubiese representado más de sesenta años. Luego. La mujer se rió con una risita tonta y miró a Ish provocativamente. Llevaba un traje arrugado y sucio. la huida de la muchacha no era un coqueteo. mucha bebida y muchísimo. pensó Ish. fue hasta la empalizada y llamó varias veces. Antes del desastre había tenido mujer y había trabajado en una ferretería. La mirada del hombre era decididamente hostil. se puso otra vez en marcha. y se escabulló entre las tablas de una cerca.. Durante un momento no se movió. quizás habría seguido buscando. Ish miró la mano del hombre. otras totalmente inútiles.. plantada en medio de la calle: una adolescente de piernas largas y melena rubia. Ish esperó un rato. Sí —prosiguió el hombre—. no con la idea de utilizarlas un día. y los guisantes cubrían el piso. allí estaba ella. y tres una multitud. —¿Adónde va? —preguntó el hombre. pero no mucho. como un ciervo sorprendido en un claro del bosque. muy bien —dijo el hombre. —Oh. No hubo respuesta. Llegó al coche. Ish se acercó y vio que no era tan viejo. con un cochecito de niño donde se apilaban latas y cajas. con muy pocos amigos. o hubiese visto el revoloteo de una falda en una esquina. pero callaban antes que pudiese localizarlas. sino porque esa acumulación le daba una agradable sensación de seguridad.La tierra permanece George R. Ish bajó del coche. y protegiéndose de la luz del sol trató de ver detrás del parabrisas. sí. Ish se preguntó qué habría sido la mujer en la vieja vida. La mano derecha no dejaba el abultado bolsillo de la chaqueta. Si hubiera oído una risita burlona en una ventana. —¿Hay otros sobrevivientes? —preguntó. lo pasamos muy bien. Oyó otras bocinas. Al fin vio un viejo que salía de un almacén. como diciendo que se quedaría con el vencedor. En los ojos de la pareja no había huellas de aquel dolor que nublaba los ojos del borracho. Llevó a Ish a su casa. Sewart Esta vez el sonido era más insistente. Se había pintado la boca con una espesa capa de carmín. Mucha comida. no muy lejos.

que marchase otra vez hacia el este. Adentro no había nadie. frente al bar. como había prometido. Sí. Sewart Sin embargo. —Quizás. las franjas blancas se prolongaban hasta unirse. era un símbolo de unidad y seguridad. —En ese caso lo hubieran castigado. Sacó unas mantas de una tienda. —¿Qué sentido tiene todo esto? —preguntó.La tierra permanece George R. Al fin y al cabo había conocido al señor Barlow. Ahora el puente estaba desierto. —Debo de haber sido un gran pecador —dijo. número tal. Nadie sabe por qué ha sobrevivido. pero Ish no podía dejar allí el cuerpo. Ish pensó que podría haber resuelto parte del problema intentando poner en marcha el motor. excitado—. apuntando al este.. o ella. había detenido a otro coche. Abrió la portezuela y examinó los asientos. De vuelta en el túnel. No había perros en los alrededores.. ¿Por qué vive usted y han muerto tantos hombres capaces? El viejo miró involuntariamente alrededor. En seguida.. Aunque no sabía cómo o dónde enterrarlo. En un segundo de extravío imaginó una escena absurda donde deslizaba una moneda imaginaria en una mano imaginaría. 16 . no importa. ¿Por qué se me perdonó la vida? Ish contempló el rostro descompuesto por el terror. Luego lo llevó al auto y cerró las ventanillas. presa del pánico. —Bueno. el cuerpo humano sólo puede absorber una cantidad limitada de alcohol. desesperado. Su terror era abyecto. nada podía ofrecerle. Ish tuvo el capricho de cruzar hacia la izquierda y avanzó sin encontrar obstáculos. cuando Ish se levantó para irse. Había decidido llegar a San Francisco. reflexionó Ish. estaba seguro. Era la más audaz y la más grande de las obras del hombre en aquella región. atacado por la enfermedad. San Francisco sólo había sido un pretexto. y las altas y magníficas torres y las largas curvas del puente colgante se alzaron ante él. No hay motivo para asustarse. Nombre y dirección comunes. nada. vio algo raro.. o había continuado a pie. —Eso mismo me asusta —gimió. No. el viejo. estaba estacionado junto al parapeto. un cable rojo anaranjado se destacaba sobre el gris plateado común. —El viejo se interrumpió y miró alrededor—. Atravesó el túnel. Pero luego comprendió que lo había atraído la idea de ver el puente. y había hablado con él. Donde seis líneas de coches habían corrido hacia el este y el oeste. —Sí —respondió irritado y aliviado a la vez por poder dar rienda suelta a su cólera—. Habiendo dado media vuelta para acercarse al cupé. Siguió adelante. Como de costumbre. De pronto. Una gaviota que se había posado en la barandilla sacudió perezosamente las alas al acercarse el coche y descendió al agua planeando. ¿No lo mordió alguna serpiente de cascabel? —No. calle Cincuenta y cuatro. Pero en realidad no importaba. San Francisco. Como todos los puentes. tampoco. Ish siguió simplemente en línea recta. lo tomó por el brazo. casi animal. y envolvió el cuerpo cuidadosamente.. describió una larga curva y fue a detenerse junto al cupé. Sería un mausoleo hermético y duradero. como no importaba. la licencia de conductor colgaba del volante: John Robertson. deportivo verde. no sacó la mano por la ventanilla. Pero el otro sacudió la cabeza. nada. se habría arrojado al agua saltando por encima de la barandilla? O quizás el motor se había descompuesto y él. Las epidemias más graves no atacan a todo el mundo. Y el viejo se estremeció de pies a cabeza. La cuestión de la inmunidad natural es un misterio. Había deseado realmente renovar alguna suerte de comunión con el símbolo del puente. se habían estado pintando algunas partes. Un coche. Ish volvió a la calle donde había hablado —si aquello podía llamarse hablar— con el borracho.. ¿El conductor. y no pudo sentir pena. Después de todo. Las llaves estaban aún en el tablero. Ish se preguntó maquinalmente si tendría monedas. Algo más tarde. Ish recordó los ojos del borracho.—Quizá me reservan un castigo especial. Ish lo miró al pasar. Pero aunque tuvo que aminorar la marcha para cruzar el estrecho pasaje. —Vamos —dijo—. Al acercarse a la barrera de peaje. El coche del señor Robertson era ahora dueño del Puente. Oakland. cediendo a la curiosidad. Ish lo compadeció. la boca abierta de donde colgaba un hilo de baba. Encontró el cuerpo caído en la acera.

4)Habilidad manual. no podrían sobreponerse y enloquecerían. luego de dar un largo rodeo para evitar un lugar nauseabundo donde se amontonaban los cadáveres. el Gran Desastre no había dejado con vida a los mejores. No había por qué comprometer el futuro uniéndose a cualquiera. No era además un lector común. ella había perdido la razón. Podía ser importante. Pero mal mecánico. todos los que había encontrado hasta ahora estaban en los límites de la locura. Si Ish hubiese eliminado al hombre. y las pruebas que habían soportado los sobrevivientes no habían acrecentado sus virtudes. cuando la caída de un poderoso monarca alegraba a los pueblos sometidos. Muchos se matarían bebiendo. sin apetito. Hacia el fin del día. Podía añadir otras cualidades a la lista. algunos asesinatos. toda especie debe contar con un número mínimo de representantes. cada uno a su manera. Pero divagaciones semejantes llevaban a la locura. Sólo una mujer parecía haber deseado su compañía. Terminaba el día pensando que se resignaría a la soledad si no encontraba un amigo aceptable. 2)Amor a la soledad. todos los que había visto aquel día estaban derrumbándose. presa como el viejo de un abyecto terror. 17 . y te cubren. 3)Haberse extirpado el apéndice. pensó que el señor Barlow había sido sin duda un buen hombre. Poco hablador. Sí. ¿La humanidad sobrevivirá? Punto capital. De un modo o de otro. Y los ciervos. y de enloquecer. La mayoría de los que habían escapado al Gran Desastre caerían víctimas de algún mal que habían evitado hasta entonces. ») No. las esperanzas eran pocas. Geógrafo. como en la antigüedad. Deseo de ver lo que será la tierra sin el hombre. que le permitía adaptarse a las nuevas circunstancias.. los suicidas. cerca del reloj de sol. Podía investigar en los libros y buscar allí los medios de reconstruir el mundo. Muchos heridos y enfermos morirían por falta de cuidados. la codorniz empolla sus huevos en las hierbas altas. No. dispuesto a aceptar al primer Viernes. nadie dice estas palabras. como antes con el diluvio. los zorros juegan junto a la fuente seca de la Plaza. que podía animar a Ish. hubiera debido recurrir a un lazo o una trampa de osos. seguramente. que podía expresarse con una nueva fórmula: el Golpe de Gracia. y el libro de Isaías se confunde con el polvo. y comió. se atreve a salir de la espesura. sospechaba. Se sacó entonces el sombrero y se quedó así unos instantes. Luego intentó leer. Algunos hombres que habían arrastrado en otro tiempo una existencia normal. como el viejo. si un hombre se cree mensajero de Dios no está lejos de creerse Dios mismo. Por otra parte. Su educación. y habían abundado. Reflexionó unos minutos. Era preferible buscar y elegir. Con los dedos crispados sobre el lápiz. 5)No haber visto morir a la familia y los otros. Pensaba aún en el señor Barlow y los demás. De acuerdo con los resultados de la jornada. se regocijan los abetos. que no había podido sobrevivir al derrumbe del mundo. Había aprendido mucho. los gusanos se mueven bajo tu cuerpo. como el viejo. El Gran Desastre —así llamaba ahora a la epidemia— no había despoblado enteramente el mundo. Sewart Las oraciones fúnebres parecían fuera de lugar. Y probablemente. Se le ocurrió una nueva idea. Se preparó una cena. Se habían cometido. Si no. llegaría a pensar quizá que el desastre era obra de la ira de Dios. que había arrasado a su pueblo con una peste. ¿Y quién puede desear que sobreviva una humanidad de fantoches? Había empezado la mañana como un verdadero Robinsón Crusoe. Esperaba que fuese cierto.La tierra permanece George R. 1) Voluntad de vivir. y podía así distraerse y olvidar. Le gustaba leer. ¿Es éste el hombre que estremeció la tierra?» («La tumba ha devorado tu soberbia. zorros y codornices cantan: «Eres ahora como nosotros. El gamo. encargado de repoblar el mundo desierto. y entonan los cedros: «Has caído y el hacha no amenaza ya nuestra existencia». pero las palabras tenían tan poco sabor como la comida. sin saber por qué. Ish volvió a la casa de San Lupo. pensó si podría anotar que no era supersticioso. Se interrumpió con los ojos fijos en la última línea. Ahora. ¿Y él mismo? ¿Conservaba todas sus facultades? Tomó lápiz y papel y escribió una lista de cualidades que podían permitirle seguir viviendo. Y él. y aún ser feliz donde los otros habían fracasado. aunque no tenía aún mujer e hijos. Vida al aire libre. habría encontrado en ella una mera compañía física. En cuanto a la adolescente.. Pero al observar desde afuera el rollo de mantas. nadie las piensa. Por debajo de ese número está irremediablemente condenada. De acuerdo con una ley biológica. sería un nuevo Noé. y había habido allí una amenaza de traición y muerte. y la música de tus violas.

y lloriqueó débilmente. y observar como espectador el curso de las cosas. Su auto era viejo. y como siempre que seguía un plan determinado. salió del garaje. siguió alojado en el corazón de Ish. y pensó que era su primera sonrisa sin ironía desde el día de la serpiente. y tragó aprensivamente saliva. y aparentemente no les gustaba lo que ocurría. nunca me creeré un dios. Ish lo miró y el animal se escurrió. Luego. Invocó entonces el auxilio de la razón. con un temor fingido o real. sin querer. entrando muy pocas veces en la conversación. a sus pies. y ahora. se sintió satisfecho y tranquilo. Ish sonrió de nuevo. Ish sintió otra vez aquel miedo. que la perspectiva de una vida solitaria no dejaba de darle una sensación de seguridad. Podía elegir algún otro entre los centenares de coches abandonados. una pistola automática que podía llevar fácilmente en el bolsillo. que pendía sobre él. se dejó caer otra vez con la cabeza entre las patas. Éste era un pequeño perro de caza. apartándolos siempre de su mente.La tierra permanece George R. cambiando rápidamente de dirección. A veces parecían famélicos. En un almacén desayunó un poco de queso y unos bizcochos mientras elegía en los estantes algunas provisiones. entró en una armería y eligió un fusil liviano. tenaz. implorándole que les sirviera de guía. y un cuchillo de caza. Se había quedado siempre en un rincón en las reuniones sociales. Una cadera dislocada podía significar la muerte. Regresó a su coche y recogió el martillo. Acurrucado entre las mantas. del mismo modo. Como un ciego en un mundo de pronto privado de luz. Sewart No. Abandonándose así al curso de sus pensamientos. asustados. Las relaciones sociales habían sido en el pasado una de sus mayores preocupaciones. Lo asaltó un violento deseo de huir. Sentado prudentemente a unos tres metros de distancia. aunque sabía muy poco de razas caninas. y aun de euforia. y que él la encontraría. Sin embargo. muy seguros de sí mismos. se le restregaba ya contra las piernas. pensó Ish. cuando se encontró en cama. se tendió en la acera con el hocico entre las patas. Se dominó. De pronto recordó. con la mayor rapidez posible. de aquellos enigmáticos peligros. una pala. que respondía a sus deseos. Las largas orejas caídas le daban una expresión de infinita tristeza. Un sabueso. el perro miró a Ish. Empezó en seguida a preparar la partida. Ish sonrió. De pronto. Algunos se encogían. Recordando las aventuras de la víspera. que en alguna parte debía de haber quedado con vida alguna comunidad. Ofrecían un patético espectáculo. pero el perro. no sin sorpresa. La idea de ir a un baile lo había hecho transpirar más de una vez. En la mayoría faltaban las llaves. Pero el perro avanzó unos pasos. contentándose con escuchar y observar objetivamente. aunque no fuese un plan razonable. movió la cola. Las frías manos de la niebla cruzaron la bahía y se cerraron sobre la casa de San Lupo Drive. comprobó. cigarrillos. Se levantó con cuidado. Otras tiendas le proporcionaron un saco de dormir. otros mostraban los dientes. él se encontraría muy cómodo. un impermeable. y lanzó un corto ladrido ansioso que terminó en un gemido. y el perro comprendió sin duda que había ganado la partida. esta vez abiertamente. No era la pena de abandonar su viejo auto. en la oscuridad. ahora. Pero convenía llevar unas reservas en el coche. como si persiguiera un conejo. Lo llevó a la camioneta y lo puso en el piso. Su debilidad se había transformado en una fuerza. Se preparaba a partir cuando lo asaltó una sensación de malestar. Pero al fin encontró en un garaje una camioneta con llaves. al contrario. y fijó en Ish unos ojos suplicantes. Pase lo que pase. funcionaba perfectamente. Echó a correr otra vez. nunca había pertenecido a una asociación de estudiantes. y listo para partir. probablemente. Los víveres abundarían en todas las ciudades. Al fin se arrojó osadamente a los pies de Ish. ¡Fuera! —repitió. o demasiado bien alimentados. __________________________________________________________3______ El pánico murió con la noche. que había visto en seguida su cambio de humor. —¡Fuera! —gritó Ish. Había visto muchos perros en los últimos días. y alargó la cabeza como esperando una 18 . parecía una ventaja. pero el miedo. con el oído atento a todos los ruidos de la noche. y se dijo que la epidemia no podía haber devastado todo el país. pensando qué ocurriría si enfermaba de la garganta. describió un círculo interrumpido por dos saltos de costado. podía soportar fácilmente el silencio. una carabina de repetición. Encendió el motor. No seré nunca un dios. como si Ish le partiera el corazón. En esas tinieblas donde la gente normal andaría a los tropezones. un hacha. Ya en la camioneta. vio al perro. y los otros vendrían a colgársela del brazo. y en el Golpe de Gracia. En los viejos días este modo de ser era un defecto. sintiendo como si levantara un muro contra lazos de afecto que sólo podían terminar con la muerte—. de orejas largas y caídas. Bajó lentamente las escaleras. amenazante. la imagen de esa vida solitaria perdió todo su encanto. una botellita de coñac. pensó en su soledad. blanco y parduzco.

pero al fin la guardó. Era como un marino en alta mar. temiendo siempre que se le reventara un neumático. La savia se consume en los tallos de las camelias. Se agachó y acarició francamente al nuevo amigo. Abrió la puerta de la camioneta y el perro saltó y se instaló en el asiento como si estuviese en su casa. Un zumbido firme y regular subía del motor. no hacía planes para el futuro. que aman el agua. y veía las imágenes de la carabina y el fusil. debía reconocer que la carretera 99 era ahora más segura que antes. sabrían que podían esperarlo. Las plantas y flores que el hombre había cuidado mueren como los gatos y los perros. preparada para cualquier emergencia. Pero el motor era poderoso. en billetes de cinco y de uno. Era la imagen misma de la adoración. quizá pudiera descubrir a alguien. Bueno. y sentía.La tierra permanece George R. por un tiempo. echó una mirada de despedida a la avenida San Lupo. el seco verano californiano marchitaba las plantas. por costumbre. Si sus padres regresaban. Ish. Volvió a su casa y recogió algunas cosas: trajes. El mero cambio era ya un alivio. con su barca llena de provisiones. No se apresuraba. y la aguja subía a cada instante a los setenta y los ochenta. la huida. 19 . Si buscara en las ciudades y pueblos. ni disminuir la velocidad en las ciudades. que se le estremecieron las orejas. que cruzaba el valle de San Joaquín. un par de anteojos de campaña. un solaz. y movió con tanta fuerza la cola. Pensó en tirar la cartera. y a pesar de sus temores. La calle estaba desierta. o dejarle un mensaje. Sin muchas esperanzas. Ish confesó su derrota. La perra estaba echada en el asiento. o que alguna vaca se le cruzara en el camino. Ish notó entonces por primera vez que en realidad el animal no era un perro sino una perra. Se preguntó si necesitaría algo más. pensó. Ish encontró una caja de galletas para perro. El viaje podía llevarlo a la otra orilla del continente. Era media tarde. Con los ojos fijos en el velocímetro. La mañana del segundo día Ish manejó con exagerada prudencia. esa profunda desesperación del náufrago. En realidad. y los dientes de león amarillean. No vio ningún hombre. Las casas y los árboles no habían cambiado. Era más que suficiente. que se le descompusieran los frenos. he hecho una verdadera conquista. Las calabazas silvestres extienden sus brazos sobre jardines y terrazas. invadieron las delicadas provincias. Deseaba alejarse y pasar la noche en otra ciudad. Bien. y su presencia era también un alivio. en general dormía apaciblemente. A pesar de las nieblas nocturnas. pensó. Siguió la carretera 99. Sewart caricia y diciendo: «¿No estuve bien?» Ish comprendió y le puso la mano en la cabeza y le acarició el lustroso pelaje. No había camiones que lo obligasen a aminorar la marcha. Le dio una. trataba de no superar los sesenta kilómetros por hora. En un almacén. En las enredaderas y los rosales las hojas se retuercen luchando contra la sequía. Parecía que el perro dijera: «No hay otro hombre en el mundo para mí». pero la velocidad media era excelente. El perro lanzó un pequeño gruñido de satisfacción. la desolación de la inmensidad. lo miraba a menudo. De pie junto al auto. Como los bárbaros que en otro tiempo. pero notó otra vez en el césped y los jardines la falta de riego y cuidados. Al fin se encogió de hombros. Estaba tan acostumbrado a llevarla en el bolsillo que sin ella se sentiría incómodo. El dinero no molestaba. ni si iba a vivir. Sólo le preocupaba cómo doblar la próxima curva. a la necesidad de decidir. En la cartera tenía diecinueve dólares. Florecen las cizañas. Puso los claros ojos en blanco. también. quiéralo o no. así las malezas silvestres avanzan y destruyen las plantas regaladas que había mimado el hombre. El perro la aceptó sin demostrar cariño o agradecimiento. desaparecidos los ejércitos romanos. no pensaba cómo iba a vivir. Es decir. El espejo retrovisor no mostraba nunca un auto. el saco de dormir y las latas de conserva en el asiento de atrás. tengo un perro. Los ásteres. viendo cómo se alzaba a cada momento el telón de un nuevo decorado. El hombre tenía el deber de alimentarlo. se marchitan en los macizos. Quería comprobar ahora si no había alguna ciudad con vida. Unas arruguitas le cruzaban la frente. escribió una nota y la dejó bien a la vista en la sala. pero ¿para qué? Podía encontrar a algún individuo aislado en cualquier momento. con su tránsito denso y alocado. libros. Pero Ish decidió partir en seguida. Tréboles y hierbas inclinan la cabeza. y no era necesario detenerse obedeciendo a las luces del tránsito —aunque la mayoría funcionaba aún—. Un caso de amor a primera vista. Pero Ish sabía que escapaba sobre todo. y toda muestra de gratitud era por lo tanto superflua. no habrá capullos la primavera próxima. el perro me tiene a mí. La velocidad lo fue sacando poco a poco de aquella depresión. De cuando en cuando ponía la cabeza en las rodillas de su nuevo amo. Inclinado sobre el volante.

pero para Ish no había ningún cambio. y dudó en atravesar el desierto. siempre solitario. Ish encendió los faros. el motor recalentado. los árboles de Judea proyectaban largas y extrañas sombras. A veces buscaba en el retrovisor el reflejo de unas luces gemelas que indicaran que se acercaba otro coche. no podía dormir. si el coche sufría una avería había que caminar todo un día para encontrar un puesto caminero. Los rayos blancos de los faros recortaban claramente la carretera. y luego en pinares parecidos a parques. Ish llegó al extremo del desfiladero. Se durmió al fin. No sería sólo un marino en su barca. sin embargo. Encontró una ferretería. emprendió la marcha. Al fin. Tomó tres grandes cantimploras y las llenó en un grifo de donde salía aún un débil hilo de agua. La casa estaba a oscuras. tendría también una chalupa en caso de naufragio. y se instaló en un cuarto seguido por la perra. una precaución elemental. lo sabía muy bien. Conservaba aún bastante amor propio para no volverse atrás mientras no hubiera un impedimento serio. La perra aceptó impasible el regalo. 20 . pero el animal siguió con sus gemidos y sacudidas—. Hacía mucho calor. El recuerdo del señor Barlow. Sin embargo. No era mala idea echar una ojeada por allí. con la perra a su lado. sembrados de algodón. Pero Ish. una interrupción en el paso de la gasolina. y se acostó. Sin saber muy bien qué quería. A pesar de sentirse asustado y desanimado. por otra parte. demasiado sonoro para un animal tan pequeño. sintió ciertos escrúpulos. sin saber exactamente qué temía o contra qué enemigo quería protegerse. con un sueño agitado. Pasó el día en Mojave. Era negra y blanca. campos de melones. pero la idea de un sueño demasiado profundo lo asustó. Pensó hasta en los peligros de una indigestión. luego de algunos titubeos. Se levantó para asegurarse de que había cerrado bien la puerta. Los peligros del desierto lo obsesionaban. El desierto asomaba en el horizonte. que sólo podía contar consigo mismo. Ish pasó de largo. —Cállate —dijo Ish. inquieto. que iluminaron el camino solitario. Sewart La amplia llanura se extendía hasta el horizonte: viñedos.La tierra permanece George R. Ish descendió y la perra salió detrás de él. retrocedió por la calle principal hasta que se encontró con una motocicleta. y se sintió aún más angustiado. El sol se puso. Aun en tiempos normales se acostumbraba cruzar el desierto de noche. eran simples pretextos. A pesar de que el motor ronroneaba regularmente. Ish se preparó una cena fría y comió sin apetito. De un almacén sacó una garrafa con cinco litros de vino tinto. La puerta maciza estaba cerrada con dos vueltas de llave. pero decidió. En Bakesfield dejó la carretera 99 y tomó el tortuoso camino que llevaba al paso de Tehachapi. Ni siquiera podía confiar en la motocicleta. sus temores crecían constantemente y se sorprendió varias veces echando una ojeada por encima del hombro. suficiente. Al fin el crepúsculo lo anegó todo. Aunque el sol estaba todavía muy alto. Quería subir la motocicleta al portaequipajes. Con los últimos rayos del sol. de todos modos. Pero estos argumentos. no meterse en el desierto antes de la caída del sol. Robarle la motocicleta a un policía era algo demasiado insólito. El motor rugía suavemente. y detuvo el coche. le impedía recurrir al coñac. En algunos lugares. para evitar el calor. El miedo se le hizo casi intolerable. hasta Los Ángeles. Ish. neumáticos o bebidas. cuando el sol bajó sobre las montañas del oeste. Sintió miedo. bueno —continuó él. La oscuridad fue pronto total. Para atravesar aquellos trescientos kilómetros de desierto. como en las ciudades. dando algunas vueltas por la calle. Los campos se transformaron en laderas cubiertas de robles. Agotado. aterrorizado casi. No había recorrido dos kilómetros cuando sintió que el desierto lo envolvía. cuando la perra empezó a gruñir y a agitarse. Todo esto no le pareció. se dijo. Ish rompió un escaparate con el martillo y entró. sin molestarse en salir a un costado del camino. Era. y se acomodó otra vez en el asiento delantero. el automovilista debía llevar su provisión de agua. Luego fue a buscar una lata de comida para perros. y echó a correr. se detuvo en el pueblo de Mojave y empezó a prepararse. Redujo la velocidad. Describió rápidamente varios círculos. Parecía que en aquel pueblo el suministro de agua no era automático. Ish buscó entonces el mejor hotel del pueblo. debía multiplicar las precauciones. Despertó con la cabeza pesada. Oh. nervioso. otra vez. preguntándose qué otras precauciones podría tomar. Se le ocurrió que podría retroceder hacia el sur. La soledad pesaba menos en estos sitios. Pensó en ir a buscar un somnífero a una farmacia. Al fin. Apenas salía agua de los grifos. pensó en todos los accidentes posibles: el estallido de un neumático. aun en la vieja época. La perra gemía en sueños sobresaltándolo. saltó del coche y probó la motocicleta. ¿Qué sería de él si se detenía? Estaban ya en pleno corazón del desierto. Bajo el pesado calor de las últimas horas de la tarde. Algunas horas más tarde — marchaba ahora muy lentamente— llegó a un puesto del desierto donde anteriormente uno podía proveerse de gasolina. Se lavó lo mejor que pudo. como las de los guardias de tránsito. trabajó una hora preparando unas tablas. que habían estado casi siempre deshabitados. huertas. y levantando de pronto la cabeza lanzó un ladrido. El ojo experimentado de un campesino habría podido descubrir quizá los efectos de la desaparición del hombre. La perra se acurrucó en el piso.

muy débilmente. deshizo los nudos y dejó caer la motocicleta. Al diablo con aquellas excesivas precauciones. De cuando en cuando. no viajaría mas esa noche. pensándolo bien. la soledad que empezó con los primeros días del mundo. pensó. Ish pensó en seguir viaje y dejarla allí. Avanzó audazmente hacia el destino. pusieron vías de ferrocarril. vamos. él no podía sentirse responsable. Quizás el destino sólo atacaba a los demasiado prudentes. el alba coloreaba de un amarillo limón las lomas desérticas. pero Ish alcanzó a ver que lo miraba. y a diez metros de las vías o el asfalto reinaba aún la naturaleza salvaje. Y si ahora lo olvidaba para correr detrás del primer conejo. Al fin se tranquilizó. fatigada por la caza. La perra sería la Princesa. Diez siglos más. sentado en la oscuridad. y los cantos rodados se entrechocan en la corriente. Puso en marcha el coche. le abofeteó la cara y le desafió a que respondiese al golpe. Luego de tantas pruebas había alcanzado al fin un puerto de paz. y dejaron aquí y allá unos bloques de piedra. aunque ella lo utilizase. disfrutaría de la vida hasta el último día. ¿qué temo? Nada puede ocurrirme peor que la muerte. Desde ahora aceptaría su suerte. No se contentó con dejar caer un fardo que en cualquier momento podía sentir otra vez sobre los hombros. el cielo deja escapar una tromba de agua. No hay tiempo en el desierto. pero se detuvo a los pocos metros. era ella quien lo había buscado. Después de todo. ¿Por qué asustarse? Es la suerte común. con la cabeza entre las patas. y quizá las grietas de la tierra se abran otra vez y vuelva a surgir la lava. y el agua bulle en los cauces de los falsos arroyos. el hombre que había adoptado y que cumplía tan bien sus funciones sirviéndole sabrosas conservas y llevándola a lugares donde había auténticos conejos. Princesa se echó a su lado y se durmió en seguida profundamente. tendieron líneas eléctricas y trazaron largas y rectas carreteras. El corazón le golpeaba el pecho. A lo lejos. El sonido subía y bajaba. pero los cambios son imperceptibles. Era abandonarla cruelmente. Pronunció. Vio entonces a la perra. sin agua. y se estremeció. Acamparon a orillas de los arroyos. Ish despertó en medio de la noche. tenía ya ciertas obligaciones con la perra. y como recompensa lo ayudaría a pensar en otra cosa que sus propias desgracias. Princesa gemía en sueños y agitaba las patas como si cazase aún el conejo. encontraría una muerte horrible. Pero la perra no le prestó atención. como si la perra diese vueltas persiguiendo una presa. Sintió de pronto como si lo miraran miles de ojos invisibles. los vientos desplazan los guijarros. pero podía librarse de ella rápidamente y sin hacerla sufrir. Con la risa. Orgulloso de su reconquistada libertad. Ish se incorporó. le complacía exponerse a nuevos peligros. Más tarde aún. La arena vuela. Sacó del auto el saco de dormir y lo instaló al precario abrigo de un mezquite. Sus ladridos se perdieron a lo lejos. Se había echado en el suelo y jadeaba con la lengua afuera. Dejarla morir de sed en el desierto hubiera sido cruel. su Declaración de Independencia. Se sintió increíblemente aliviado. En marcha. y vio la salida del sol. Luego de una buena caza de conejos. Siguió un profundo silencio. volvía junto a su amo. echada a sus pies. pero no sintió ningún miedo. Al cabo de un rato. y sus caminos atravesaron las apretadas filas de mezquites. se oyeron otra vez los ladridos. Luego. Después de todo. su vulgaridad evocaba la serena existencia de otros tiempos. y Princesa se había recostado contra el saco de dormir. Sewart —¡Aquí! ¡Aquí! —gritó Ish. en la inmensidad del desierto. Sin embargo. 21 . podría decirse. Y en esto casi todos se me han adelantado. Hacía frío. Era un buen nombre. quizás una vez por siglo. Cuando despertó de nuevo. En cierto modo. algo se rompió en su interior. Se metió apresuradamente en el coche y apretó el arranque. pero uno no podía asegurar realmente que hubiesen estado allí. ¿No había escapado a un desastre casi universal? En dos zancadas llegó a la parte trasera del auto. ¿No vivía acaso un simple aplazamiento? —Bueno. Ish se sintió furioso. Ish se sintió deprimido y solo. Sintió como si se hubiera desembarazado de un terrible peso. Bajó del auto con el fusil en la mano. la raza humana se extinguió dejando atrás su obra.La tierra permanece George R. No se levantó para recibirlo. Ish se durmió también. Dio algunos pasos por la carretera para que su cuerpo se asociara a la alegría de su alma. Sin embargo. Pensó en los vagos peligros a que podían exponerlo aquellas tonterías. y. Ish suspiró. una bestia que esperaría siempre los más atentos cuidados. viviría libre de todo temor. El animal. por lo menos. Apagó los faros y se quedó allí. Y advirtió en seguida que al fin había dado un nombre a la perra. un cuarto de hora quizás. El motor ronroneó otra vez. Esto es el desierto. el espacio conquistado se veía apenas. Ish se sobresaltó al notar de pronto que había cesado también otro ruido: el ronroneo del motor. Princesa —dijo con un tono irónico—. advirtió que la perra había vuelto sin hacer ruido. jadeando aún. Mil años son un día. Ish cedió de pronto y se echó a reír. Juró que si vivía. Más tarde aparecieron los hombres.

Las vacas buscan las tierras más verdes y los bosques. Ish permitió entonces que Princesa dejara el auto y arremetiera contra los extraños animales. y hasta el puma podía lamentar el ataque. Una media docena de bueyes y dos vacas con sus terneros pastaban en una cañada. En tiempos normales. Ish disfrutó de su libertad. cuando no se acercaban a la ruta. Entre los machos estallan sangrientas peleas. preguntándose durante cuánto tiempo sería posible pasar.. la enfrentó alzando las patas. suben las lomas pedregosas y se alimentan de espinos. Al fin. Su ojo experimentado de geógrafo intentó reconstruir el drama de la desaparición del hombre. la soledad. estepas y desiertos. sin pensar en accidentes. Pasarían unos años y el asfalto se agrietaría. el desierto borrará las huellas humanas. y toda una carretera es inservible. Vencen los más fuertes.La tierra permanece George R. Ahora una capa de arena cubría la carretera. Allí nada había cambiado. La desaparición de la especie humana pasaría aquí casi inadvertida. el agua había roto el asfalto en los bordes. En Needles. Ish descubrió un depósito de gasolina en un barrio apartado. e Ish pasó sin dificultades. Pero los Hereford de cara blanca encontraron cómo subsistir en las praderas. con las orejas bajas y mostrando los dientes. y el pasto seco del otoño. Sewart Con la misma lentitud con que cedió a los hombres. sin embargo. Luego volvió al camino. con un poco de herrumbre. lentamente. Ish vio dos burros. y en invierno buscan bajo la nieve algunas briznas marchitas. y las bombas no funcionaban. libre de amos. crecería y engordaría como antes. una cuadrilla de peones camineros hubieran sacado rápidamente los detritus. Torrentes de agua habían descendido sin duda por la pendiente arrastrando arena al camino. y los bisontes recuperan sus antiguos dominios. uniéndose a caballos y asnos. los asnos han vivido libremente miles de siglos errando por bosques. acabado el reino del hombre. aminoró un poco la marcha y miró alrededor con nuevo interés. parecían contentos con su suerte. trotan por los lechos de los lagos secos. los animales recuperaban la libertad. Los vacunos. Huelen el viento del este. pensó Ish. Luego de algún tiempo. caballos y asnos. acompañados por rebaños de cuernos afilados. Pasarán los años y se verán aún los bloques de piedra en la arena. No podía saber si en los días de la catástrofe estaban ya en los alrededores del pueblo. acompañados por los borregos de largos cuernos. No había electricidad. en el mejor hotel de Kingman. El obstáculo era por ahora poco serio. El burro. y aun en las granjas el ganado rompió los cercados y recobró la libertad. Descendió del coche e intentó acercarse. Tal es el desierto. las praderas devastadas no podrían alimentar a todos. Encerradas en los establos. podría medirse favorablemente con un lobo. y llenó el depósito. y la carretera subió entre rocosos y afilados desfiladeros. los caballos. Ish detuvo el auto y los animales alzaron perezosamente la cabeza. da lentamente. Aquella noche durmió otra vez en cama. Más lejos. Basta que se rompa un eslabón. Atravesó la cumbre de Oatman. Comen el pasto verde de la primavera. pasaban meses sin ver a un hombre. Ish bajó a examinar los daños. Los caballos prefirieron la extensión ilimitada de las llanuras. Los vaqueros venían a juntarlas sólo dos veces por año. mugieron un tiempo y al fin callaron. 22 . De todos modos. Ish no lo dudaba. quita lentamente. los rebaños se reproducirían quizá más rápidamente. Entonces el ganado se refugia en las profundidades de los bosques. como en los viejos días. Aquellas bestias del desierto. abriendo las zanjas de desagüe y poniendo todo en orden. La aguja del velocímetro quedó un rato en los ciento diez. Más tarde. Ocultan en los matorrales a los recién nacidos. Princesa dio media vuelta y corrió a buscar la protección de su amo. Más abajo. vacunos y lobos llegarían a un acuerdo inconsciente. El macho. y la arena y los pedruscos formarían una barrera infranqueable. cerca de la villa minera de Oatman. y la larga carretera se extenderá hasta las lomas acuchilladas del horizonte. Después de algunas búsquedas. pero los animales escaparon manteniéndose a distancia. Los rieles estarán en su sitio. el indicador de gasolina señalaba casi el cero. hasta que éstos pueden seguir a las madres. Ahora. y del otro lado se encontró por vez primera con el camino parcialmente bloqueado. y el rebaño. o eran burros salvajes. Los asnos recorren ahora los desiertos. Los caballos murieron en las cuadras. entró en Arizona.. torturadas por la sed. las vacas. pensó Ish. y pronto el lobo aullaría en las hondonadas y limitaría el número de los rebaños. Hacía uno o dos días una violenta tormenta debía de haber devastado la región. Los bisontes son sus compañeros y sus rivales. Cruzó el río Colorado. Luego el hombre conquistó el poder y empleó para sus propios fines a vacunos.

Las praderas se extendían a derecha e izquierda. Al norte asomaba un pico nevado. oyó el apagado rumor de una tormenta lejana. pero no era difícil reconstruir la escena. O era posible también que la fiebre aftosa cruzase la frontera de México acabando con los vacunos. callado el motor. Llegó a Williams. había gustado del silencio sin analizarlo. ¿Qué significan algunos cientos entre millones? Sin embargo. Un depósito de gas líquido alimentaba la cocina del hotel y la presión era normal. en la primavera. No había camiones con ruidosos tubos de escape. un incendio había destruido gran parte de la ciudad. luego de una curva. Había muchas definiciones del hombre. Cuando tenía ganas. abandonando su presa. El animal yacía tiesamente en el camino. y pasó la noche en la casa a orillas del cañón. pero el calor seco de Arizona los había momificado. Libres de la amenaza de los mataderos. Se acercó un poco atemorizado. verdes por las lluvias del verano y salpicadas de arbustos. En la ciudad había algunos cadáveres. y con una sensación de alivio. pero no por miedo. al cabo de veinticinco o cincuenta años. y la desaparición del hombre traería otras modificaciones. y los que se encontraban a los lados del rebaño habían sido separados de sus compañeros. silbidos de trenes. Y los asesinos se 23 . las cercas eran raras. Y quizá los lobos y pumas se propagarían muy rápidamente. Un poco más lejos se le ocurrió tomar el camino que llevaba al monumento nacional de Walnut Canyon. vociferantes aparatos de radio. Ish agujereó el tanque de un camión. y a veces se entretenía tratando de oír algún sonido. No oía ahora sino el ronroneo casi imperceptible del motor. A menudo. ¿Perros o coyotes? No podía decirlo. Poco más allá de Flagstaff. unos densos pinares se perdían a lo lejos.La tierra permanece George R. y miles de corderos seguirán viniendo al mundo. aun en las ciudades. De todos modos. sembrado de ruinas. y antes que sus enemigos pudieran diezmarlos habrían devorado las hierbas hasta las raíces. La carretera era casi el único testimonio de la actividad del hombre. En una ocasión. vestigio de moradas trogloditas. había llegado a una meseta cubierta de pinos. no sin motivo. y no había advertido que el ruido era una invención humana. voces de seres humanos. En el invierno vagan sin rumbo. En Flagstaff. Se sentía penetrado por el silencio que había caído sobre el mundo. Volvió sobre sus pasos. reinaba un silencio total. La falta de refrigeración eléctrica privó a Ish de huevos. se detenía a mirar algo. la situación se estabilizaría. mermeladas. Hoy no había en él más que serenidad y calma. manteca y leche. Los dos primeros días. Pero luego de asaltar un almacén pudo prepararse un excelente desayuno: pomelos en su jugo. «las ovejas sin pastor» fueron para los hombres símbolo de un pueblo condenado a la extinción. En el tiempo que había pasado en las montañas. Aquella era quizá la paz de la muerte. o el murmullo del viento en las hojas. cambiando la faz de la tierra. Había otros cadáveres a orilla de la carretera. El pastoreo había cambiado el aspecto de los campos. Sewart En Kingman no había electricidad. y él añadiría otra: «El animal que creó el ruido». estropeando el piso. el tercero había reaccionado lanzándose por los caminos a toda velocidad. campanas. los rebaños se multiplicarían. Pasará el tiempo. o el débil zumbido de un insecto. y los cuerpos en descomposición se amontonan en las hondonadas. Princesa se hartó de carne de caballo en conserva. La casa del conservador dominaba el profundo cañón. Faltaba una hora para la puesta del sol. Todo había callado. año tras año. Ish había sentido miedo.. vio dos cuervos que alzaban vuelo. y el mundo sería otra vez como antes de la llegada del hombre blanco. rugidos de aviones en el cielo. con el cuello ensangrentado. Las ovejas resistirán también un cierto tiempo. cegadas por la nieve. No encontró a nadie. recogió la gasolina en una lata y pasó el combustible a su coche. Aunque las fieras las ataquen sin descanso. sin sirenas. y muy pronto la hermosa casa no sería muy distinta de aquellos otros refugios al pie de los acantilados. Después del desayuno. Preparó una buena cantidad de café y le añadió leche condensada y azúcar. salchichas en lata. El agua de una tormenta había entrado por debajo de la puerta. e Ish se entretuvo en seguir el estrecho sendero y contemplar con una sonrisa sin alegría aquellos escombros donde habían vivido otros hombres. Caerían otras lluvias. y las ovejas desaparecerán. Más allá de Kingman. Otras veces oía sólo el aleteo de un pájaro. Ahora. Los pueblos habían enmudecido también. pero era sólo un carnero. no es posible exterminar millones de ovejas en un día o un mes. No había hilos telefónicos. Acorralados. en el verano se alejan del agua y no saben volver. Ish conducía lentamente. pero el agua corría aún. y no necesitaba recurrir a la bocina.. Ish contó veintiséis. En la estación había un aerodinámico tren de acero. Y se confundirían las ruinas de las dos civilizaciones. pero de todos modos era la paz. las inundaciones las sorprenden y cientos se ahogan. los carneros habían huido por la pradera. y con la ayuda del martillo y un cincel. en las primeras horas de la tarde. Caen estúpidamente en los precipicios.

Ish miró. la electricidad corría aún por los cables luego de la desaparición del hombre. Aquella noche durmió en los suburbios de Oklahoma. ladraron furiosamente y devolvieron al rebaño a algunos animales dispersos. creyó ver unas ovejas que huían rápidamente. Ahora. aceptaron la protección del pastor y perdieron su agilidad e independencia.La tierra permanece George R. Texas se abrió ante él con la monotonía del Panhandle.S. Cruzó. Sintió otra vez el frenesí de la velocidad y echó a correr por la recta carretera. eso no duraría mucho. Había sido en otro tiempo una ruta importante. al oír el auto. y las espigas asomaban sobre los matorrales. A su alrededor se extendían hasta el infinito los campos de rastrojos. Los picos desaparecieron a lo lejos. mantenían a distancia a los merodeadores nocturnos. Hace miles de años. En las llanuras se sucedían los sembrados de trigo y algodón. Pero al cabo de unos kilómetros encontró un árbol que bloqueaba la carretera. no permitían que se alejaran del agua y. El pastor había desaparecido. ¡La famosa carretera 66! ¡Bloqueada por un árbol! Aunque lo quitara del camino. Un poco más. Ese árbol caído. El calor se hizo de pronto tórrido. Las tormentas cubrirían la ruta de barro. El calor era aplastante. pero los perros seguían con su acostumbrada tarea. Quién sabe qué podría hacer yo en Chicago. Pero. pensó. No había ya corriente eléctrica. pero las lluvias recientes habían ablandado la tierra. Las lomas onduladas. carreteras y edificios. pero no podía asegurarlo. y esta dirección era tan buena como cualquier otra. Oklahoma hacia el este. con verdes robles achaparrados. Sólo vio dos perros. desaparecido el pastor. y había más cadáveres. Se afeitaba aún todos los días. Los dos perros. subió a la montaña y se encontró ante unos picos separados por vastas planicies. no porque le preocupara su propio aspecto. Ish atravesó las altas llanuras de las Montañas Rocosas. pues. Aquella noche durmió en un hotel de las afueras de Albuquerque. Era una región dedicada a la cría de ovejas. no pasaban bruñidos autos de turistas. en las grandes praderas. no había carromatos cargados de muebles y gentes que iban a la recolección de frutas. los taludes se desmoronarían. El camino lateral lo llevaba directamente al este. en la falda de una loma. porque se sentía así más cómodo. o los habría pronto. ha cambiado quizás el curso futuro de la historia humana. Se necesitaría medio día de trabajo para limpiar el camino. los camiones no corrían hacia el este y el oeste. Ningún autobús iba a Los Ángeles. las ovejas lo siguen a la muerte. Tocó la bocina y prestó atención. La vegetación lo invadía todo. Los segadores habían segado el trigo poco antes que los alcanzara la muerte. Pero el algodón se marchitaba rápidamente. Ahora ocurrirá algo distinto. y en un bazar de Oklahoma había tomado uno de esos ordinarios sombreros de paja que usaban los cosechadores para protegerse del sol. coyotes. pensó Ish. franqueó el puente y subió por el largo camino de Albuquerque. U. en lo alto de una cuesta que bajaba a la ciudad. Muy lejos. mal recortado. De los grandes rebaños sólo quedarán algunos grupos desperdigados. Por la mañana bordeó la ciudad y tomó la ruta 66 hacia Chicago. Ish descendió al valle del río Grande. Ish pensó en dar un rodeo por el campo. el camino de los Okies a California. casi buscando al pastor. El hotel estaba en sombras. El tiempo era cálido y húmedo. otra vez. ni siquiera carretas tiradas por escuálidos caballos. le caía en largas mechas. se leía en los mojones. Una tromba huracanada había cruzado sin duda la llanura. Vestía un par de pantalones y una camisa de cuello abierto. osos. como decía la canción. y le pareció notar un cambio. Sewart multiplican: perros que vuelven al estado salvaje. Los campos estaban desiertos. una escena aún más extraña. Había perdido su sombrero de fieltro gris. Ahora la carretera estaba desierta. Al día siguiente. Las hiedras y rosales trepadores tapaban las ventanas y 24 . Albuquerque era la más grande de las ciudades que había cruzado hasta entonces. y poco a poco destruía en Ish los hábitos de la vida civilizada. algunas ovejas pacían tranquilamente. habría habido otros accidentes similares. En un prado verde. pumas. 66. En las ciudades. Ish sintió de pronto que el episodio era como un símbolo del drama que se había propuesto observar. a orillas de un arroyo. El álamo cerraba la ruta en una confusión de ramas y hojas. El mapa indicaba que a quince kilómetros había un camino que lo devolvería a la ruta principal. sin duda. una crecida se llevaría un puente. y sólo un pionero en una carreta podría tomar la ruta 66 de Chicago a Los Ángeles. Aquella misma tarde entró en Arkansas. Ish detuvo el coche y sujetó a Princesa para que no perturbara la pacífica escena. y los corderos habrán desaparecido de la faz de la tierra. Dio media vuelta y partió. Bajó a estudiar la situación. Pero el cabello. La carretera atravesaba amplias llanuras. juntaban los animales. los perros guardaban aún los rebaños. Pero luego de recorrer quince kilómetros comprendió que no necesitaba volver a la carretera 66. Nadie respondió y le pareció inútil retrasarse. Pocos años más. El cereal estaba alto. Pero vio. eran las de siempre. Del mismo modo. Todas las mañanas tiraba la camisa y se ponía una limpia. Al día siguiente.

Ish comprendía apenas el oscuro dialecto. Ish saltó casi en el asiento. Ish vio desde la puerta la cama y las sillas desvencijadas. Ish pidió unos huevos frescos. Yo sería verdaderamente un rey. Los días calurosos buscan el barro a orillas de los ríos. la cocina de hierro. El jardín era casi exuberante. llevaban una existencia estable y creadora. en las afueras de una aldea. sin embargo. Ahora el hombre blanco los obligaría a devolver los animales. Sewart colgaban ya de los techos y porches. agotados todos los temas de conversación. era esta asociación que se la había citado para apoyar la teoría del origen único del hombre. que la turbación hacía aún más ininteligible. La furia de los machos espantará al lobo y al oso. pero asustado. e Ish animó un poco su menú de conservas con una incursión a una huerta. Aunque habían podido elegir entre todas las casas de la aldea. La mujer guardaba silencio y no hablaba sino cuando se le preguntaba algo. habían continuado con las viejas tareas. sin alejarse del lugar. generosamente. Ish comprendió pronto que estaban aún afectados por la catástrofe. Los días frescos se internan en los bosques de robles y se alimentan de bellotas. han señalado que aun en las tribus más aisladas el 25 . curioso. Las casas más pequeñas parecían retroceder y esconderse en los bosques. un grupo social. Los duraznos estaban maduros. Tenían también pollos y algunos cerdos en un corral. Ish examinó el lugar. por lo menos. Harían. se habían contentado con la cabaña donde vivía la mujer antes del desastre. y las crías gruñen reclamando alimento. A pesar de la evidente mala disposición de aquella gente. Los largos brazos de algunas trepadoras llegaban hasta la línea blanca que dividía la ruta. y se unían a los que venían del otro lado. una mujer de mediana edad y un niño. Vivirán. sumergido en sus pensamientos. Como un necrófago. El espectáculo era sorprendente: un jardín sin malezas. la mesa con un mantel de hule y las moscas que zumbaban sobre unos comestibles. y que conservaban los arraigados hábitos de su existencia anterior. Unos cerdos que comían la fruta caída escaparon al verlo. le corrían por la frente negra y brillante. Ish se preguntó qué diablos pensarían hacer con aquel algodón. De las seiscientas mil especies de insectos. La abultada cintura de la mujer prometía la llegada de un cuarto ciudadano. El hombre se había sacado el sombrero de paja y estrujaba nerviosamente el ala gastada y rota. No necesitan al hombre. en efecto. Los antropólogos. Se turbaron tanto cuando Ish miró los cerdos. tres seres humanos que escapando a la ley de probabilidades se habían salvado en un mismo villorrio. y se instalan allí. Unas gotas de transpiración. Ellos. que no había por allí otros sobrevivientes. sabían muy poco. frutas. Tan antigua. volvió a su auto. si no honorable. podría ser un verdadero rey. que era evidente que los habían sacado de alguna porqueriza ajena. El chico se mantenía aparte. El exterior tenía mejor aspecto. y satisfacían sus necesidades con el propio trabajo. Era una familia de negros: un hombre. Las futuras generaciones tendrán patas más ágiles. No les haría mucha gracia. con gran alivio de sus huéspedes. sino una asociación fortuita de tres sobrevivientes. y hasta tendríamos una o dos vacas. Pero otros se pasean libremente.La tierra permanece George R. rascándose la cabeza. un cuerpo más delgado y colmillos más largos. La carretera se confundía con el campo. Las cercas desaparecían también. y se encontró por primera vez con lo que podría llamarse. sólo unas pocas docenas advirtieron la desaparición del hombre. Como el hombre. pues después del desastre no habían hecho más que cortos paseos a pie. bien regado y cuidado. No eran una familia. Eran gente tímida. Se quedó un momento ante el volante. satisfechos. en fin. y se puso en marcha pensando que los tres negros habían solucionado mejor que él el problema de la nueva vida. tubérculos. y de éstas las únicas condenadas realmente a la extinción fueron las tres especies de parásitos humanos. pero con la colaboración de los viejos hábitos acabarían por resignarse. nueces. En realidad. Pero la idea se le borró en seguida. Dedujo. cuidarían mis gallinas. y cultivaban también algodón. Si me quedara aquí. él vivía de los despojos de la civilización. Aquella noche durmió en North Little Rock. Apenas se atrevían a hablar en presencia de un blanco. Algunos cerdos mueren en sus resguardadas porquerizas. todo el trabajo. Al cabo de un cuarto de hora. aunque en pequeña escala. descendió. había un buen campo de trigo. reflexionó. La hierba y las malezas asomaban en las grietas minúsculas del cemento. Cultivarían mis legumbres. debidas al calor o el nerviosismo. pegados a la tierra. y les dio un dólar por una docena. obteniendo así una sensación de seguridad. Aparentemente. Detuvo el coche. y no alzaban nunca los ojos. los puercos comen carne. A la mañana siguiente.

La distancia era suficientemente corta. La vaca. había corrido unos cuantos metros. No se molestó en averiguar el nombre. Decidió hacer un paseo a pie por la carretera. Apuntó otra vez y la alcanzó con una bala detrás del cuello. Apoyó el rifle sobre un poste de la cerca y apuntó cuidadosamente a la testuz del ternero. Princesa ladró en ese momento en el garaje. pues hubo tres que lo lloraron sinceramente. Hasta ahora apenas lo había tocado. y sin embargo no se sintió satisfecho. y se lanzó a toda velocidad hacia Tennessee por el camino que lleva a Arkansas. gracias al contacto con la tierra. Se preguntó si estaría comiendo lo necesario. La vaca cayó e Ish la remató con otros dos tiros. muy adelantada en el embarazo. Un camión atascado bloqueaba la carretera de Memphis. Quizá debería proveerse de vitaminas en alguna farmacia. —Buena suerte —le gritó su amo. de algún modo. El Canis familiaris. y se preparó una cena con los huevos. Sin saber muy bien por qué. 26 . los vestidos y las partes sexuales. Ish le lanzó una maldición y se echó a dormir. No. oliendo espantosamente a zorrino. con las patas separadas. los primeros hombres—monos. ya cerca de los cuarenta. Era un verdadero festín. Princesa lo siguió unos pocos metros. a pesar de la experiencia de la noche anterior. Al fin se derrumbó. Ish decidió olvidar las ciudades sureñas y volvió otra vez al campo. a pesar de sus diferencias de raza. asustada por la detonación. Ish llegó al puente que franqueaba el caudaloso río de aguas pardas. Cuando sintieron que el universo se enfriaba. Sewart hombre tiene siempre los mismos parásitos. al extremo de un pueblo. Ish se acostó con la impresión de que le faltaba algo. La mujer. sabía. Formaban tres tribus que tenían como respectivos dominios la cabeza. observaron los términos tácitos de una alianza tripartita. pero ya no llovía. sólo deseaba estirar las piernas o encontrar un árbol con fruta madura. luego descubrió un nuevo rastro y. Billones de criaturas tuvieron así un triste fin. no podía haber despertado en él ninguna inquietud. aquellas gentes lo habían perturbado por la seguridad de que parecían gozar. Ish cruzó a la izquierda de las vías del ferrocarril. Pensó en los negros que había visto por la mañana. Desde tiempos muy remotos. Lo excepcional era que ahora llevaba el rifle bajo el brazo. Pocos lamentos acompañaron el funeral del Homo Sapiens. estos parásitos se adaptaron cuidadosamente a su universo: el cuerpo del hombre.La tierra permanece George R. Por la mañana seguía descontento e inquieto. La tormenta no había cesado del todo. miró dentro de la camioneta y vio el rifle en el asiento. Una emoción violenta. Recordó la historia de un hombre que había visto cómo su mujer moría en un accidente. Estaba todavía en pie. Pensó fastidiado que quizá tendría que esperar una hora a la señorita. dando a su anfitrión un ejemplo que él hubiera debido seguir. Memphis parecía tan desierta como las otras ciudades. pero como representante de una especie alimentada con azotes y puntapiés. Ish la encerró en el garaje y la perra se quedó allí. como individuo. No había ido muy lejos cuando al viento sucedió una lluvia. De pronto vio una vaca y un ternero. Sintiéndose como un niño que desafía alguna prohibición paterna. y echó a andar. como si hubiese encontrado un rastro. Antes de partir. La caída del hombre provocó su ruina. volvió a unirse alegremente a sus hermanos salvajes. Pero Princesa volvió casi en seguida. no lo encontraron y murieron. Ish tenía poca prisa y se detuvo en un hotel. y que sin duda nunca había sido una belleza. Nadie lo detuvo. concluyéndose así que estos insectos nos fueron legados por nuestros antepasados. tiene a veces curiosos efectos. pero el viento del sur traía un vaho fétido desde los que habían sido los populosos barrios de Seale Street. a través de miles y miles de siglos. De este modo. Quizá la conmoción había sido mayor de lo que había creído. Pero esa perfecta adaptación al ser humano les quitó la posibilidad de explotar a otro huésped. lanzó quizás algunos tristes aullidos. buscaron otro. Más tarde desató a Princesa y la perra desapareció bajo la lluvia con un largo ladrido. o que el instinto sexual estaba haciendo de las suyas. y que había quedado impotente durante meses. Ish ignoraba si lo atacaría en defensa del ternero. desapareció de prisa entre las lomas ladrando animadamente. Ahora miraba. indecisa. Que el Homo Sapiens se consuele sin embargo. Oprimió el gatillo y el rifle retrocedió golpeándolo. Pensó también que podía pesarle la soledad. En todos los campos de Tennessee podía ver algo parecido. ladrando y quejándose amargamente. pero se tambaleaba y un hilo de sangre le brotaba del hocico. En cuanto a él mismo. El espectáculo no tenía nada de notable. Comprendió entonces qué había estado rumiando. En la cocina había gas. se lo puso bajo el brazo. Cuando el estruendo se apagó Ish oyó que el ternero lanzaba un largo y ronco gemido.

Ish se echó en una cama. Se tendió en el piso y se limpió con la lengua. ya no existen separaciones. Al fin llegó con el hígado a la cocina. ahora en una cacerola. el tiempo era siempre caluroso. no encontró ninguna resistencia. atravesó Ohio. también con su cerca. pero había perdido el apetito. cuando no habían huido a 27 . Las emociones lo habían agotado. pero entre el centeno y el maíz. Princesa ladró en la puerta. Dejó la masa sanguinolenta en las entrañas del ternero y fue a buscar un recipiente. Casi todas las granjas y aldeas habían sido abandonadas. Una vez mató un lechón y dos perdices. cubierta de arañazos. pasó dos horas persiguiendo a unos pavos que escapaban cuando estaban a tiro. Y más allá del camino. Afuera arreciaba la lluvia. las aguas correrían limpias y libres de desperdicios y residuos. Sewart Fue al coche a buscar el cuchillo de caza y aprovechó para cargar el rifle. unas plantas de lechuga que los gusanos habían respetado. en alguna huerta. por ejemplo. en general. aprovechando el ejemplo de los negros. el periódico tuvo la virtud de distraerlo. era perjudicial no porque fuera síntoma de una caries o trastornos digestivos. y las carreteras no eran tan rectas y lisas como en el Oeste. Otro día. divisiones. por primera vez desde el desastre. Destruidas las cercas —hechos y símbolos—. Entre una lluvia y otra. Cuando volvió. Las otras casas. ni cambios bruscos. pero ahora. Al cabo de una hora. bebía de pozos y fuentes. e Ish se bañaba desnudo en arroyos y ríos. Tenía simplemente necesidad de carne fresca. Alguien había seguido confiando en el dinero. Ahora declaraba la guerra a la naturaleza y temía que le aplicaran la ley del talión. con alguna certeza. No estaban dirigidos a individuos aislados. permanecían intactas. advirtió que el recuerdo del ternero ensangrentado no era ya una obsesión. Ish sentía algo nuevo: se aburría. pues el centeno y el maíz no se devoran entre ellos. todo es una llanura de ondulaciones imprecisas y colores indistintos donde las plantas y las flores se confunden como al principio de los tiempos. pensaba. Acostumbrado ya a estudiar ciudades. Descubrió en el cuarto una revista vieja. un cuervo picoteaba los ojos de la bestia. embarrada. y ambuló sin rumbo por el hotel. los cadáveres eran relativamente escasos. sin embargo. Ish se alimentaba ahora de maíz verde que cortaba en los campos invadidos por las malezas. sino porque el atacado del mal sería rechazado por las muchachas en los bailes y ninguna querría casarse con él. De este lado de la cerca estaban las cosechas. Cubierto de sangre. y no podía decirse que ahora se ganaba la comida. y advirtió que no tenía en qué llevárselo. pero la publicidad le parecía mucho más divertida. De cuando en cuando encontraba. y nunca había faenado un animal. De cuando en cuando. con Princesa encerrada en el coche. Entendía ahora la paradoja de que un acto destructor puede equivaler a un acto creador. y al fin el corral. y del otro. Como el agua corriente tenía ya mal sabor. por entre las lomas de Kentucky. el camino. Un relato sobre la construcción de las pirámides no hubiera parecido más envejecido. Ish la dejó pasar. pues. que el ternero respiraba aún. pues llovía frecuentemente. y entró en Pennsylvania. si estaban deshabitadas. algún banco mostraba señales de haber sido asaltado. o zanahorias que no se molestaba en cocinar. y cuando miró el hígado. y la casa detrás de una nueva cerca. Entre los rebaños y los cereales. Aun en esas regiones antaño populosas. Había perdido además el gusto por la velocidad. la cerca se eleva como un hecho. Frió una lonja. podía saber en seguida. Hasta entonces apenas había usado un arma. Aquello fue. Ish perdió otra vez la noción del tiempo. concluyó. consternado. No obstante. acostumbrado a protegerse de los zorros. logró separar el hígado.La tierra permanece George R. Matar un ternero no era una heroica hazaña. Aunque la operación le repugnaba. otra cerca. Descubrió. pues llovía otra vez. lo degolló. Sin embargo. logró acercarse y mató un macho. menos frecuentemente algún gato. y el hedor no era tan nauseabundo como él había temido. era mejor que abrir una lata de conservas. La perra estaba mojada. Se dirigió hacia el noroeste. o si podría encontrar a uno o dos sobrevivientes. de seis meses atrás. y luego un huerto. El chaparrón le había quitado el olor a zorrino. sino a miembros de un grupo. y leyó una historia donde una pareja de jóvenes enamorados afrontaba uno de los problemas de los tiempos modernos: la escasez de vivienda. ninguno tenía actualidad. Los últimos habitantes se habían ido a las ciudades en busca de cuidados médicos. Luego de comer. una lamentable carnicería. se sintió satisfecho y aliviado. aunque en los grandes ríos. Las cercas dividían la tierra. Leyó otros cuentos. y más real. Al mediodía sintió hambre. Unas semanas atrás. Princesa participó del festín. es sólo un símbolo. pero sin embargo ya no sentía aquella inquietud. No viajaba mucho por día. El mal aliento. y de bayas maduras y frutas que arrancaba de árboles y arbustos. Estaba asombrado. cuando llegó al sitio donde yacían la vaca y el ternero. el pavo era aún sin duda huésped de un gallinero. Una cerca es un hecho y a la vez un símbolo. Sin embargo. Por las calles erraban a veces cerdos o perros. se había convertido en un verdadero y sagaz habitante de los bosques. Se lavó lo mejor que pudo. La caza nunca le había gustado. Muy a menudo los bares y almacenes de bebidas habían sido saqueados. Examinó diez anuncios. Al fin. y comió ávidamente. Había dejado de dedicarse al pillaje.

A los quince años había pasado por allí con sus padres. Aquí y allá se veía algún campo de trigo intacto. ni voces de policías en los altavoces. pero nunca se ofrecían a acompañarlo. quizás una gaviota. como podía esperarse. En verdad. Hasta las ratas se van. aunque esos cambios fueran al principio apenas visibles. en las grietas asoman unas briznas. la ciudad resistirá mucho. o vides. un año es como una hora nocturna. con los cimientos carcomidos por las lluvias. Ahora Princesa dormía plácidamente a su lado. A veces parecía que deseaban retener a Ish. pero más a menudo los animales habían logrado abrir alguna brecha. el cemento. Ish temió entrar en uno de los túneles. Cuando llegó al cruce de Jersey City. daba continuos consejos. revestido de cemento y asfalto. Entendía ahora por qué había ido a Nueva York. cruzó el puente George Washington y llegó a Manhattan. pensaba. Los árboles de las avenidas mueren faltos de cuidados. Los ciervos y conejos evitan las calles desiertas. a la mañana y a la noche los murciélagos salen y entran por las ventanas rotas. Las aguas de las lluvias corren por los desagües a las cloacas. la vida es más tranquila. cae. Muy alto en el cielo. muchos cuerpos habían quedado sin sepultura. y de las cargadas espigas caía ya una lluvia de granos de trigo. Una pared se inclina. En el último momento. Por el suelo.La tierra permanece George R. o se lleva unas tejas. en general. la ciudad se parece mucho al desierto. El motor ronroneaba con un zumbido de abeja. Si las aguas los habían invadido. Sólo las criaturas aladas encuentran allí refugio. podía volver. el vidrio. Los sobrevivientes. el moho las verdea. o altas gramíneas. El viento destroza un vidrio. el asfalto. Las vacas y los caballos erraban libremente. La aparición de los rascacielos lo emocionó de un modo curioso. 28 . El campo cambiaba más rápidamente que las ciudades. corren por las calles hasta los ríos. La nieve se amontona en los sitios bajos y las esquinas. los camiones y coches pasaban rugiendo en todas direcciones. ni bocinazos. Al fin. la ciudad resistiría muchos años. El desgaste es lento. Si era necesario. Recordó que su padre miraba ansiosamente las señales luminosas y que su madre. muchísimo tiempo. La ciudad era para él el centro del mundo. Lo mismo que en el desierto. Los pájaros anidan en las altas cornisas. En los barrios de las ciudades importantes. Lo que había ocurrido en Nueva York debía de ser muestra de lo que había ocurrido en otros sitios. Detrás de él no hubo un repentino chirriar de frenos. nerviosa y asustada. Sí. y ningún coche le cerraba el camino. Ish no había encontrado aún el compañero ideal. En las primeras horas de la tarde entraría en Nueva York. Había llovido recientemente y el tiempo era fresco. Unos años más tarde. quizá no pudiera salir. pero no hay árboles. Por lo menos. más raramente en parejas. con sus cercas sólidas. Sewart las montañas con la esperanza de escapar a la epidemia. evitaba esas zonas o pasaba velozmente. No dejaban sus antiguas casas. nadie la barre. y si las cloacas se atascan. En la primavera se funde y desaparece también en las alcantarillas. Tendida entre los brazos de sus ríos. las empalizadas empezaban a caer. Dio media vuelta. graznó dos veces. en marzo. Ish. vivían solos. El agua deja manchas negras. el ladrillo. como un día. un pájaro. Una mañana Ish atravesó el río Delaware y se internó en Nueva Jersey. pero esto había ocurrido principalmente en los alrededores de los hospitales. y en seguida desaparecían rápidamente hundiéndose en los túneles. El torrente del tránsito lo había aterrorizado entonces. prevenido por el olfato. de un gris perla contra el cielo nublado. pero sólo en la superficie. Aquí y allá crece alguna hierba. unos grandes montones de tierra señalaban los lugares donde habían trabajado las excavadoras hasta el último día. Las heladas hacen su trabajo. En esta región el desastre había ocurrido antes de la cosecha. se detuvo en medio de la carretera a estudiar las señales. un siglo. pensó Ish. El tiempo no ataca fácilmente la piedra. ni insultos de conductores furiosos. Las malezas lo invadían todo. y los ladrillos cubren la calle. las aguas de la lluvia se dividen para alcanzar los ríos. y con el deshielo la piedra se descascara. Vio a lo lejos las altas torres de los rascacielos. ____________________________________________________________4___ Llegó a Pulaski Skyway alrededor del mediodía.

Isla en el interior de otra isla. Pero en la calle 170 un letrero decía CALLE CERRADA. tomó la Quinta Avenida y recordó el estribillo de un salmo: « ¿De qué te sirven ahora tus victorias?». Había en las calles algunos coches estacionados. Los gamos corren entre los árboles. y los pájaros traen otras. Bajó del coche. Ish miraba el desierto de la Quinta Avenida. dos palomas alzaron vuelo. italianos y otros habitantes de aquella ciudad políglota y bullente venían a visitar a sus santos. Dos o tres años más y brotarán árboles nuevos. Sintió que se le cerraba la garganta.. franceses.. En otro tiempo. Alguien había roto el escaparate de una joyería. pobre diablo. En los altos escaparates de las casas de modas. o sus individuos. Aunque quizá se había sentido atraído por la belleza de las piedras. y lo mismo debía de haber ocurrido entre los millones de Manhattan. El camino de herradura se ha borrado. y luego siguió hacia el sur. Bajó por la nave principal. Los perros y gatos hambrientos habían acabado con ellas. La catástrofe había sido casi universal. los maniquíes posaban aún con sus alegres vestidos y sus joyas brillantes. recordó. No había sido terminada y así seguiría hasta el fin de los días. Pero no vio a nadie. Este era. Las nubes se habían dispersado. una espesa alfombra de hojas muertas cubre los senderos. Cien años más y el monte será un bosque espeso donde no habrá otra huella humana que el arco de piedra que cruza el arroyo. ladrillos. Pero lo que había ocurrido no parecía demostrar que a Dios le interesara mucho la humanidad. donde cada árbol trata de crecer por encima de sus compañeros. Salió a la calle desierta y se metió otra vez en el coche. con la intención de llegar a Battery. en la Quinta Avenida reinaba en general el orden. En algún lugar de aquella vasta acumulación de cemento. En aquel día de verano las gentes habrían ido quizás al parque como en otros tiempos. alzaron vuelo algunas palomas. Siguió adelante. y contempló el hermoso interior. Pasó ante un desierto campo de deportes. el fin de las luchas y aspiraciones del hombre. Sin embargo. Espero que el hombre haya encontrado sabrosos los diamantes. mas allá se veía un caballo. Un bisonte pacía en un claro del parque. y las cabezas de las percas asoman en el lago. y que la señal desviaba el tránsito. y la Quinta Avenida era un hermoso cadáver. para alcanzar la luz. empujó la puerta y entró. yeso. se detuvo en la puerta. han ahogado las delicadas plantas exóticas cuidadas por el hombre. Llegó a la estación de Sherman. El primer año crece la hierba. pensó Ish. El sol atravesaba los vitrales. los fresnos y arces. Un individuo aislado no le interesaba. pero parecía como si fuesen las tres de la madrugada. Eso fue todo. En la avenida de la catedral dobló hacia el este y desdeñando las señales de tránsito entró en el Central Park y tomó el East Drive. El olor le indicó que el Centro Médico debía de haber sido uno de los últimos puntos de concentración. Y lo que él llamaba el golpe de gracia debía de haberse sentido más en una población urbana. Entró en la avenida Ámsterdam. El recuerdo que guardaba de una lejana visita anterior era bastante fiel. Nada le impedía pasar. como el niño que recoge guijarros en la playa.La tierra permanece George R. No hay ateos en los cráteres de los obuses. y el sol brillaba en el cenit. Horrorizado. asustadas por el ruido del motor. aun a esa hora hubiera encontrado a alguien: un policía que hacía su ronda o algún taxi nocturno. pasó ante el edificio de ladrillos rojos de la Universidad de Columbia y se detuvo frente a la alta catedral. ahora doblemente huérfano. pensó un instante que en la nave principal encontraría los cadáveres de miles de fieles. argamasa. En Rockefeller Center. y en el superpoblado Manhattan había hecho seguramente más estragos que en ninguna otra parte. Ish pasó ante el museo Metropolitano y el obelisco de Cleopatra. Su suelo descubierto recibe los beneficios de las lluvias y el sol. debía de haber alguien con vida. el gato salvaje salta sobre el conejo. Y ahora el mundo entero era un inmenso cráter. Se paseó por las naves laterales y entró en las capillas del ábside donde ingleses. pero esta vez obedeció. Pero sus temores eran infundados. Por otra parte. silenciosa como una calle aldeana una mañana de domingo. el rectángulo verde del parque no morirá. las semillas caen de árboles y matorrales. Sewart Ish dobló por Broadway. Más allá. y una flecha apuntaba hacia el este. dos perros flacos olfateaban la puerta de un garaje. 29 . Recordó las ardillas. Recordó que su padre le había mostrado Wall Street en la quietud de una mañana de domingo. Quizá los zafiros y rubíes lo habían ayudado a morir. Sintió deseos de arrodillarse ante un altar. pues. A la altura de la calle 42 se detuvo en mitad de la avenida y bajó dejando a Princesa en el auto. Ish pensó que la muerte había sido misericordiosa. Pero no se molestó en tocar la bocina. Cerca del estadio Lewisohn. Siguió cruzando calles sin advertir ningún signo de vida. había visto que en todas las ciudades se había salvado alguien. El silencio era ahora aún más abrumador. Las vigorosas especies indígenas. que seguramente se habían reunido allí para pasar en oración sus últimas horas. Veinte años más y el parque se habrá transformado en monte salvaje. La avenida Ámsterdam estaba desierta.

Durante un instante tuvo la idea de acercarse al escritorio y entablar una imaginaria conversación con el empleado. y cargado de pasajeros y tripulantes muertos o moribundos había intentado desesperadamente llegar a puerto. —Le presento a la señora. Era una figura convencional. Quizá en Europa. agonizante. ¡Wall Street! Se paseó por la calle desierta. cerca de la isla del Gobernador. Casi lo había olvidado. una puerta giratoria atrajo su atención. Había telegrafiado desde. Libertad. y un siglo más tarde. hacía trescientos años. bien vestida. Volvió al coche. Bajó con Princesa. no se había fijado antes en el polvo. sería una islita coronada de árboles. un colono holandés. casi invisible. Sewart La acera de la calle 42 parecía ridículamente ancha. uno de sus antepasados. De un modo o de otro. —empezó a decir Abrams. Ish casi esperaba oír la fórmula ritual del comerciante: «¿Qué desea. señor?». ahora él cerraba el círculo. Sonreía amablemente. Sí. recibió en pleno rostro el hedor que venía del hospital Bellevue. un puerto que no enviaba señales. La empujó distraídamente. ¿Qué eran ahora esas excusas? Pero estas fantasías se desvanecieron rápidamente. La estatua de la Libertad se alzaba hacia el cielo. e Ish comprendió en seguida el porqué del titubeo. pensó irónicamente Ish. advirtió algo. En los escalones de la Biblioteca se había tendido un gato gris. Tantos cuartos vacíos. Un gran trasatlántico había encallado en la playa. con traje de verano y la chaqueta puesta. Regresó al coche. Ningún remolcador había salido a su encuentro. Ish descendió yendo a su encuentro. Ahora. ceniceros y el piso de baldosas había una capa de polvo gris. El hombre avanzaba con la mano extendida. aquí! Princesa estalló en furiosos ladridos. con las patas estiradas. Ish dio media vuelta. empujado sin duda por la marea. cuando oyó una voz que llamaba: —¡Eh. con el germen de la enfermedad misteriosa en los flancos. ladrando. Sobre butacas. Bien afeitado. En aquella misma costa.La tierra permanece George R. La broma. Las olas cubrirían de limo el casco. y la perra se interesó en un rastro que corría a lo largo de la acera. lo puso en marcha. Ni joven ni viejo. Su padre solía decir en los tiempos difíciles: «Lástima que no nos quedamos en la isla de Manhattan». En la Riverside advirtió que el sol se ponía detrás de las chimeneas apagadas de Jersey. o aun un rinconcito en Central Park. y el capitán. Allá abajo golpeaba el océano cerrándole el camino. Ahora que las aguas se habían retirado. Aquel desierto de cemento armado. y el empleado quién sabe dónde. Pero él no podía saberlo. Una rubia de unos cuarenta años. Princesa se quedó adentro. En ese momento. Quizá no había habido bastantes marineros para echar el ancla. Nadie se los disputaría. encontró el mismo aire pestilente en los alrededores de la estación Pennsylvania y al fin tomó la Undécima Avenida. Milt Abrams lo hizo entrar en la casa y lo llevó a unas agradables habitaciones del segundo piso. cruzó la calle 42 y continuó hacia el sur. el polvo sería desde entonces parte de su vida. era una masa enorme curiosamente inclinada. había tenido una granja en aquellos parajes. Había dejado Europa. Cambiaría con gusto la granja de Wall Street por diez acres en el valle de Napa.. para reservar una habitación. algunas islas. como imitando los leones de piedra. de la cabeza a los pies. hacia el norte. bueno.. Y bien. estaba sentada junto a una mesa de cóctel. y se encontró en el amplio vestíbulo de un hotel con butacas y sofás adosados a los muros. y su reserva había sido confirmada. Ish frenó y miró hacia atrás Un hombre salía de un edificio. Ish podía recuperar los dominios ancestrales. Mirando con atención. con los ojos nublados. Me sobra ahora. Ish acertó apenas a mascullar su propio nombre. Recordó que según la tradición familiar. Más allá entró en Broadway y no se detuvo hasta llegar a Wall Street.. casi elegante. La catástrofe debería haber dejado con vida a muy pocas parejas. cruzó la orilla sur.. O quizás había más polvo allí que en otras partes. Poco experto en tareas domésticas. Se preguntaba dónde pasaría la noche. de vientre un poco abultado. El trasatlántico seguiría allí un tiempo. América del Sur. Hechas las presentaciones. Kansas City sería un buen lugar. Milt Abrams. De vuelta en la calle. decididamente. y recorrió los pocos kilómetros que lo separaban de la Battery. acero y asfalto no era muy atractivo. no era muy divertida. con una coctelera al alcance de la mano. Entró en la estación Grand Central y se detuvo a contemplar la inmensidad de la sala de espera. La dama de la antorcha no había exigido tanto. —Me llamo Abrams —respondió el hombre—. había grupos de sobrevivientes. había dirigido el barco hacia los bancos de arena.. —¡Oooh! —gritó y con una alegría infantil escuchó el eco que bajaba de la alta bóveda y llenaba la sala desierta. había desembarcado su antepasado holandés. descubrió que aquí y allí brotaban unas hierbas entre las grietas del arroyo. sillones.. y desde entonces no había 30 .

la mujer era tan típicamente neoyorquina como Milt. probablemente. pero el servicio de agua corriente seguía funcionando y no había problemas sanitarios. Jugaban interminablemente a las cartas por sumas astronómicas. Ish comprendió que así era mejor. Ése era todo su mundo. creían. no había recuerdos ni alusiones inconvenientes. Abrió un armario y exhibió un estante con botellas de amontillado. De cuando en cuando escuchaban unos autos que cruzaban la avenida. no se interesaba mucho en el lejano pasado o el lejano futuro. En cuanto a Ann. El Chateau—Margaux exigía algo más que carne en conserva. Cambiaron las frases comunes de tres personas reunidas en una mesa de juego: —Ese disco chirría. La soledad y el desamparo los inclinaban a la desconfianza. no habían tenido nunca un auto y no sabían conducir. Parecía no obstante que a pesar de su desagrado había consumido ya varios martinis calientes. Leían innumerables novelas policiales que sacaban de las bibliotecas circulantes de Broadway y que dejaban en cualquier lugar de la casa. y había tenido bastante dinero como para veranear a orillas del Maine. había muerto. Pero. Ish abrió la boca para ofrecerle el revólver. Iban de un lado a otro como estupidizados. La electricidad había faltado bruscamente. —Se lo repito continuamente —dijo Milt—: No bebas eso. y temían a los posibles malhechores. y Ann debía ahora a Milt varios millones de dólares. —Tomaría otra copa. pues las dinamos de Nueva York eran de vapor. se atraían físicamente. ¿Quiere tomar algo? ¡Martinis calientes. La velada pasó agradablemente. Bebieron licores.. Brooklyn era una región tan fabulosa como Arabia. Vi que iba solo. Ponían discos durante horas. y alguna vez veían alguno. con tiendas donde abundaban los comestibles y los vinos finos. ni el espectáculo de una ciudad animada. Estos no necesitan hielo —comentó. Al oeste corría el río. a la luz de unas velas.. aunque no se aburrían. Ahora compartían una morada que en otro tiempo hubiera sido demasiado suntuosa para los recursos de Milt. —No he hecho aún una baza.. y selectos licores—. Nadie insinuaba que detrás de los vidrios no hubiese un mundo.La tierra permanece George R. su mundo. La gente normal. Pero el vino corría liberalmente.. Pero algunas observaciones fortuitas en las pausas del juego informaron suficientemente a Ish. no sin cierta turbación—. otros seres vivos. jazz.. Era una existencia sin sentido. Y. advirtió Ish. y además la matrícula de su coche decía que no era de Nueva York. Habían perdido toda esperanza. Milt. me pareció simpático. Con la desaparición de los transportes públicos sólo podían contar con sus propias piernas. —Le ofreceré algo mejor —declaró Milt. folklore.. Milt había sido propietario de una pequeña joyería. Milt y Ann no parecían sin embargo muy aburridos. —se quejó Ann. Milt era. —Pasar todo el verano en Nueva York sin una pizca de hielo. Nueva York. Los tres jugaron al bridge. coñac Napoleón. Escucharon discos en un fonógrafo portátil que no necesitaba de energía eléctrica. La comedia estaba bien interpretada. era una de esas mujeres nerviosas que con un revólver en la mano pueden ser tan peligrosas para los amigos como para los enemigos. no puedo ofrecerle otra cosa! ¡Ni pizca de hielo en toda Nueva York! A su modo. Pacíficos habitantes de Nueva York. no había disparado un arma en su vida. Pero no se acercaban. en el ronco fonógrafo. y se contuvo.. se jugaba a las cartas a la luz de las velas porque era más divertido. Del resto de la ciudad sabían tanto como Ish.. pero también crearlas. Sólo había trabajado una vez: vendiendo perfumes en una tienda de lujo. Sin cine. —Pero al fin la soledad empezaba a pesarme —explicó Milt. en Navidad. música de baile. Las armas de fuego podían resolver dificultades. y Milt y Ann eran ciertamente normales. Sewart habido oportunidad para ceremonias matrimoniales. Ann parecía a aquellas horas bastante mareada. La pareja vivía en Riverside como unos náufragos en una isla desierta.. ni radio. La mujer dedicó a Ish una sonrisa que desconcertó aún más a Milt. Ann había estado casada con un tal Harry. y 31 . un buen catador. El límite este era para ellos Broadway. Un radio de cinco kilómetros bastaba para sus paseos. Y usted no corría. El martini caliente es un veneno. A la hora de la cena abrió una botella de Chateau—Margaux. tampoco sentían el placer de vivir. Un automóvil era para ellos un enigma. Vivía sobre todo en el presente. Milt Abrams tenía bastantes prejuicios como para que eso lo turbara. evidentemente. La orilla izquierda estaba tan lejos como Filadelfia. e Ish se hundió en una ligera y feliz embriaguez. En ese estrecho dominio no había. —Llámeme Ann —dijo—. y no habían sido nunca aficionados a las largas caminatas.

Ish no había encontrado desde la catástrofe gentes más simpáticas. En cambio. Milt y Ann le inspiraban a la vez simpatía y piedad. Sin embargo. quizás. Los ciudadanos Milt y Ann no sobrevivirían a la ciudad. algunas perdices y faisanes. no tenía ningún deseo de compartir su destino. Sewart no lo verían vivo otra vez. pero Ish había encontrado un calentador de querosén de dos picos. Princesa se lanzaba a menudo tras el rastro de innumerables conejos. Ann se desayunó con otro martini y lamentó nuevamente la falta de hielo.. Ella y Milt le pidieron a Ish que no se fuera en seguida. siempre invisibles. Ish oyó la ronca llamada de una pintada. Los días de buen tiempo acampaba en los bosques y encendía una hoguera. pensaba Ish— fue un verdadero viaje de placer. y en dos ocasiones vio unas ocas que nadaban en las acequias. y las espigas le llegaban a Ish al hombro. sin pensar en el peligro. Ish corría hacia el oeste —Indiana. No. Ish dudaba que la pareja soportase los rigores invernales. Con un perro de caza hubiese podido conseguir. y la pareja lo despidió desde la puerta. La naturaleza salvaje seguía apoderándose del mundo: aquí. Iowa— y atravesaba campos de trigo. A la mañana siguiente. y lo mismo los patos. No habría calefacción central el próximo invierno en Nueva York. Comadrejas. ____________________________________________________________5____ El regreso al Oeste —al hogar. En algún lugar de Nueva York encontraría sin duda una muchacha que los acompañaría a jugar al bridge. sin embargo. debía cuidarse de los cerdos tendidos a la sombra en el fresco cemento. Un hombre y su perro en auto. que no podían vivir sin protección. sintió deseos de quedarse un tiempo. No se veían muchos gatos pero de noche estallaban a veces coros de maullidos. Evitando las grandes ciudades. y oscuros y desiertos de noche. perece el mundo. La avenida describía una curva. En las ciudades y pueblos ya no había gas. pero descubrió que era un animal demasiado viejo y duro para una marmita de campamento. y pueblos soleados y desiertos de día. Los pavos no faltaban en los bosques. Mató una. e Ish sintió que aunque volviera la cabeza ya no los vería. Illinois. gatos y ratas habían exterminado sin duda a aquellas volátiles. más allá. Cuando vio la barrera de peaje apretó con todas sus fuerzas el acelerador y corrió por las curvas a ciento veinte y ciento treinta kilómetros por hora. pero las gallinas habían desaparecido completamente. o de una pulmonía. 32 . No quería pensar qué sería de ellos cuando llegara el invierno y la nieve cubriera las hondonadas. En los campos abundaba el ganado. Le hubiese gustado comer unos huevos. pero las labores de carnicero le desagradaban y el tiempo caluroso no invitaba además a comer carne. cuando podía. entre las hierbas de una acera asomaba un retoño de álamo. Milt y Ann. y Ann podría enfriar sus martinis. pero nunca traía ninguno. entre los edificios. Eran como los perros de aguas o los pequineses que en otro tiempo habían ambulado por las calles. Si Roma perece. Estaban a merced de cualquier accidente. Se le humedecieron los ojos. Entró así en Ohio. Milt y Ann —el joyero y la vendedora de perfumes— eran incapaces de adaptarse a nuevas condiciones de existencia.. habían vuelto a sus hábitos nocturnos. De vez en cuando se veían unas ovejas. aunque transformara los muebles en leña. aquellos negros de Arkansas habían redescubierto casi sin esfuerzo la vida primitiva. Una vez. Adiós. ni siquiera con una compañera para jugar al bridge y otras cosas. Pagarían el precio que la naturaleza exige siempre a los organismos demasiado especializados. En los campos de Pennsylvania el trigo era castaño dorado. Había decidido volver al Oeste. Cuando el camino cruzaba algún terreno pantanoso. y el viento del norte aullara en el desfiladero de Broadway.La tierra permanece George R. un hilo telefónico cruzaba el camino. ebrio de velocidad. unas huellas de barro revelaban que un coatí había abrevado en la fuente de una plaza. Las conservas eran aún su principal alimento. Pero cuando se puso en marcha. al pie de una estatua a un soldado de la guerra civil. Algunos perros famélicos erraban aún por las ciudades. Los días se deslizaron sin incidentes notables. Ish terminó por preguntarse si esos conejos. allí. Pero habría en cambio muchísimo hielo. hasta le suplicaron que se quedara para siempre. No mostraron ningún interés cuando Ish quiso hablarles del resto del país. aunque en los campos cosechaba espigas de maíz y. legumbres y frutas. y de cuando en cuando cazaba alguno. pero al extremo de una cadena. no serían imaginarios.

hábitos. Pero las emociones y la soledad no habían trastornado de ningún modo a Ish. Había olvidado el espectáculo. Llegó a la cima de la montaña al anochecer. amigos. Pero Ann era una excepción. California. El parque de Estes ofrecía agradables refugios de sombra. Las truchas no habían visto un anzuelo en todo el verano y la pesca era excelente. o ante el fuego. pero aparecerían también hierbas y malezas que ahogarían el trigo con un espeso manto. recobrarse de un accidente. Pensaba en Ann. con su belleza rubia. semidesnudo. ¿En qué mes estamos?. se puso a ladrar y desapareció tras un rastro. Los incendios no la habían perdonado. ¿Agosto? Quizá principios de setiembre. alteró sus planes y pasó la mayor parte del día tendido a la sombra de los árboles. Y no había nadie para combatir el fuego. Pero no se preocupaba. pero le parecían a Ish mentalmente muertas. Apretando el acelerador. el trigo seguía en pie. Se sorprendía a veces. incómodo. La bahía se abría en abanico ante sus ojos. Decidió ir adelante. Decidió probar la carretera 20. se sintió más animado. y sólo dejaban su apatía para reír histéricamente. Quizá su actitud era un efecto de la catástrofe. intentó conciliar el sueño. Privado de familia. Dio marcha atrás bruscamente y se le bloqueó el motor. se preguntó. era por lo menos una prisión espaciosa y cómoda. recobró la calma. Sonrió al advertir que en las calles había aún muchas luces encendidas. los árboles quemados y los desprendimientos de las laderas vecinas debían de haber obstruido el camino de la sierra. Cruzó el paso y vio que unas espesas cortinas de humo cubrían los campos. y las pequeñas fábricas hidroeléctricas no habían funcionado mucho tiempo. La catástrofe no había concluido. En general todos se aferraban al lugar donde habían vivido antes del desastre. Había estudiado bastante antropología como para saber que había habido anteriormente otros casos. y el primer invierno acabaría con ella. Nadie manifestó deseos de seguirlo. Aunque todos los incendios se hubieran extinguido. Al acercarse al paso de Yuba se encontró bruscamente con el siniestro. fresca y limpia. Aquellas pobres gentes arrastraban una vida corporal. El ofrecimiento no tentaba a Ish. Sin duda. pero tenía la impresión de haber caído en una trampa. Acostado en el suelo. sintiendo el acre olor del humo en la nariz. al pie de unas lomas. Se sintió desesperadamente solo. después del calor de las llanuras. y huyó del fuego. Un individuo no suele sobrevivir al cuadro de su existencia. pero estaban casi extinguidos. A la mañana. Se sintió decepcionado. La época de incendios en los bosques. con su acostumbrado espíritu de contradicción. Lo atribuía a su curiosidad. y como la perra tardaba en reaparecer. La carretera era ancha y se podía pasar sin peligro. Un día Ish encontró a una mujer loca. su carácter. El año siguiente habría una cosecha espontánea. placeres. la neoyorquina. Había una única solución: retroceder. El oro de la espiga estaba oscureciéndose. En las ardientes llanuras de Nebraska. hacia el paso de Donner. con el tiempo todo volvería a la normalidad. cuando Princesa. Las llamas se alzaban a ambos lados de la ruta. con su corona de ciudades. sentado en el auto. e incluso esperanza. Pero luego de una curva descubrió que un tronco envuelto en llamas bloqueaba la carretera. Sewart Encontró otros seres humanos. A veces. Pero cuando llegó a una cima se estremeció al ver detrás de él la extensión del fuego. pero ahora no era capaz de atender a sus necesidades. Muchos sobrevivientes decían que los suicidas habían sido numerosos. Había planeado pasar la noche entre los árboles de la montaña. Sus ropas revelaban que había sido rica. a veces lo invitaban a quedarse. Las centrales de vapor se habían detenido casi inmediatamente. Irritado. Las moléculas aisladas se reagrupaban. oficios religiosos. pero no le inspiraban ningún deseo. Los incendios habían destruido sin duda las líneas eléctricas. Se preparaba para partir. podía tomar la carretera del desierto. No había ni una farola encendida. como de costumbre. por lo menos en aquella región. Al cabo de un rato consiguió ponerse otra vez en marcha. y los granos empezaban a caer. Ya fuera de peligro. en parejas o tríos. y si era imposible cruzar la sierra. Ish se quedó allí una semana. pues esperaba encontrar luces en California. pero pensando que el fuego podía rodearlo. En general las mujeres iban desarregladas y sucias. siguió camino y acampó en la plaza de un pueblo. a las que sucedieron el desierto y las tierras de artemisa. no es más que un cadáver animado. evitando los árboles caídos. la lista de cualidades que había redactado un día y que debían ayudarlo en esta nueva vida. Había tenido suerte. si no podía salir. muchas eran asequibles. Ish tomaba rápidamente las curvas de la carretera 40. incapaz de afrontar una emergencia. 33 . Ish se resignó a esperarla. Reanudó su viaje en las últimas horas de la tarde. Luego vinieron las altas montañas. El terror que había vivido una mañana en el desierto —parecía que habían transcurrido años— cayó otra vez sobre él. Sintió un curioso orgullo: aquellas luces eran quizá las últimas. Avanzó lentamente.La tierra permanece George R. se sentía asaltado por imágenes eróticas.

la arrojó a la chimenea. los ratones no habían podido asaltar. O quizá las ocultaba la niebla que subía de la bahía. En seguida. Esa generación no conocerá padres. de tantas pruebas. Las ratas habían destrozado cajas y roído alimentos que cubrían los pisos de baldosas. Siempre habrá una avenida San Lupo. cuando los dioses. no era un problema. y los gusanos pululaban en cajas de bizcochos herméticamente cerradas. Abrió la puerta y encendió la luz. y nadie conocía el rostro de sus semejantes. El pan no era ya comestible. Recordaron entonces los planes que se habían trazado en otra época. que cumplieron hasta el fin su tarea. y eran todos extraños. Las luces del puente de la Golden Gate se habían apagado también. para poblar la tierra. y regresaba con la fidelidad de una paloma. Mientras sacaba unos frascos de aceitunas. De regreso a su casa examinó nuevamente la situación. Entró en la avenida San Lupo.. que temió transformarse en ermitaño. sin duda.» Luego murieron. presta a salir por todos los grifos. Pero el calentador de querosén le bastaba para cocinar. Todo esto es consecuencia. brindando sus beneficios. recurrían a las piedras o los dientes del dragón. La larga carretera desierta lo devolvió a la realidad. Será como en épocas fabulosas. los hombres encargados del suministro del agua se miraron y dijeron: «Podemos enfermar y morir. Abrieron válvulas y canales. Se sintió tan orgulloso de no necesitar ayuda. Incrédulo. descubrió que aquellas naranjas. y se enderezó. Examinó las tiendas del barrio. como ya lo había comprobado. por lo menos. hijos o amigos. Abrió la refrigeradora y encontró manteca perfectamente conservada. Bueno. Las amarillentas hojas secas. Titubeó un momento. esposas. 34 . y nadie sufría sed. Princesa se lanzó hacia la cocina. no había más que servirse. tomates y peras relucientes eran frutos de cartón con que el comerciante había decorado en otro tiempo su vitrina. A la mañana siguiente decidió ordenar su vida. Pero como hombres de honor. pensó. y si eso no bastaba podía recurrir a toda una batería de calentadores. Ish la siguió. vegetales congelados. Pero la fruta seca y todos los alimentos guardados en recipientes de vidrio o latón estaban intactos. La perra olfateaba el zócalo. El agua salía aún de los grifos. pero la gente seguirá necesitando agua». oyó el zumbido de un motor eléctrico. vio en un escaparate cajones de frutas de brillantes colores y legumbres apetitosas y frescas que parecían recién cosechadas. y encendió un fósforo. Nada parecía haber cambiado. Sintió una sorda melancolía. «Ahora —dijeron los hombres—. intacta. Todo estaba como antes. y con otro clima hubiese tenido que conseguir algún combustible. cuando el aire mismo transmitía la muerte. La comida. y al fin en los depósitos.. Un poco más allá encontró una tienda que. La vida material. cuando se vivía con el temor de los bombardeos. pero al menos no hay espectadores y no tengo que fingir. Él también había decidido refugiarse en un sitio familiar. En otro tiempo. pensó. Las manchas negras indicaban que la electricidad faltaba en algunos barrios. Al fin acercó la llamita al papel y observó cómo ardía. primero irritado y luego divertido. pero no era posible descubrir qué le interesaba tanto. Ya no había gas. aparentemente. No esperaba otra cosa. Sewart Durante un instante se preguntó si no habría sido víctima de una alucinación y se encontraba ahora en una ciudad donde todo funcionaba normalmente. La nota que había dejado sobre el escritorio seguía allí. manzanas. La tomó. En las tiendas abundaban los alimentos y las ropas. pues el agua correrá hasta que el óxido roa las tuberías. El agua seguía. no recordaba en qué obra. de rostro extraño. y por mucho tiempo. De pronto. como el viejo que había encontrado hacía un tiempo. una invasión de ratas. agradeciéndole la interrupción. Era una línea que había oído en un teatro.. Corría aún en abundancia cuando los últimos sobrevivientes erraban tristemente por las calles. Otro episodio terminado. parece que me he insensibilizado. resbaló en el linóleo. lanzó un cómico chillido. pues. y recordó a los otros sobrevivientes. En aquellos días. y sin embargo. carne fresca. arrugándola. pensó Ish volviendo a la sala. Encendería la chimenea en invierno. podemos desaparecer.. acercó la cara al vidrio polvoriento.La tierra permanece George R. en el pasado. Abrió con cuidado una ventana y entró. y la civilización vivía sus últimos instantes. y eso no ocurrirá en vida de nuestros hijos. Salió con su botín y cerró cuidadosamente la ventana para evitar. entró en las tuberías subterráneas. El agua que bajaba de las montañas serpenteó en los largos sifones. no presentaría dificultades.

con cornadas y coces. Esperaba que un resto de miedo ancestral les impidiese atacar a un hombre. encontró la casa: un desordenado nido de ratas. Alimentaba a Princesa. Pero estos libros no le interesaron mucho. Ish la tenía siempre atada o la encerraba en el coche. con los ojos abiertos. aunque de razas distintas. Se pasaba largas horas sentado. para sacudir la modorra. Se regaló además un hermoso acordeón. todos de patas largas y robustos. Aunque sucios y flacos. y los asaltantes se batieron en retirada. como si pensaran haber solucionado el problema de la comida. los que nunca se habían preocupado mucho de los hombres. se sentó sobre los cuartos 35 . aunque nunca los utilizó. eran todos de alta estatura. Pero se alimentaban también de ratas. y a costa sin duda de algunos arañazos habían logrado satisfacer su hambre. que había dejado a algo más de un kilómetro. De pronto los perros callaron e Ish comprendió que lo habían visto. sobre todo. con Robinsón Crusoe y Los Robinsones suizos bajo el brazo. Así se explicaba su número en las zonas donde siempre habían abundado los roedores. Los ladridos se oían más cerca. Y he aquí que uno de los perros. La sequía de verano seguía aún. Esos perros divertían a Ish. Las ratas roían las cajas de cartón. Se llevó también gran cantidad de discos. en un viejo campo de golf. Con ayuda de un manual. quizá para cazar pájaros o porque temía a los perros. Ish nunca había encontrado un perro. descorazonado por tantas decepcionantes tentativas. un horroroso mestizo negro. pequeños y activos. Ish no les interesaba y se mantenían a distancia sin buscarlo ni rehuirlo. y hasta con un aire fanfarrón. De pronto. En los parques y los lugares arbolados de los alrededores. No sin trabajo. Ish temía morirse de aburrimiento. a orillas del campo de golf. casi siempre subido a una rama. saltó a la carretera. ante él. y se lanzaba a la acción con renovado ardor. Se acercaban cada vez más e Ish comprendió que le seguían la pista. pero se preguntó de pronto qué le habría ocurrido al viejo y a los otros que había encontrado en aquellos parajes. Eran sin duda los ejemplares más independientes de la especie. Se paseaban con la despreocupación tradicional de los terriers. pululaban los perros. Siguiendo quizás el ejemplo de las ratas. Era pesado. Ish. La jauría estaba formada por un danés. Por fortuna. Princesa lo abandonaba de pronto para lanzarse en persecución de su eterno conejo invisible. Se tranquilizó. En cuanto a la familia suiza —ya había tenido esa impresión en la infancia—. A veces. Dormía mucho. pero un día lo sorprendió una algarabía de chillidos y ladridos. Sewart Al principio. En el curso de sus paseos por las lomas. el barco náufrago era una especie de saco sin fondo que servia todas las necesidades. asaltaban y asolaban las tiendas. Pero le interesaba. Al cabo de un tiempo encontró en una tienda de música un aparato mejor. Pero pronto encontró en qué ocuparse. hizo saltar la cerradura de un martillazo. y cuando la perra olía mal. pero los vientos traían polvo. y desde entonces. Habían abandonado ya sus viejos hábitos e iniciado una nueva vida. tenía el fonógrafo y los discos de sus padres. y pronto comprendió que si dejaba amontonar los platos las hormigas le aumentaban el trabajo. Se habían unido indudablemente para la caza y no parecía aquél su primer ataque. el cuidado de la vida material. Pero eso era incitarlos. unos ocho o diez perros que perseguían a media docena de vacas. pero logró subirlo al coche y lo instaló en el vestíbulo de su casa. parecían vigorosos y seguros de sí mismos. logró sacar algunos sonidos patéticos que Princesa saludaba con terribles aullidos. sonriendo. No había en la ciudad muchos animales. aunque poco complicado. observar lo que ocurría en un mundo liberado del yugo del hombre. Ish llamó a Princesa y se dirigió hacia el auto. Se subió a una altura y vio. Pero el viejo no estaba allí. los ladridos de la jauría estallaron de nuevo. y nada indicaba que viviera aún. Un día salió a buscar al anciano que amontonaba tantos objetos heteróclitos. sumido en una profunda apatía. no buscó otros compañeros. A falta de radio. sin embargo. en aquellos barrios. Comía en la casa. Los perros habían perseguido o matado a los gatos. perros. hojas muertas. aun antes de la catástrofe. gatos o ratas. El espectáculo había terminado.La tierra permanece George R. Luego siguió caminando hacia el coche. Se llevó los prismáticos a los ojos y notó que los perros. En algunos barrios. detritus y los amontonaba aquí y allá. un ovejero escocés. sentía miedo. Pero cuando salía de estos estados. y luego entraban los perros y se comían las galletas. Las preocupaciones religiosas de Crusoe le parecieron aburridas y tontas. Recorría en auto la ciudad y el campo vecino. El aspecto de las calles cambiaba lentamente. Por la misma razón llevaba lejos los desperdicios. se paseaba por las lomas con sus prismáticos de larga distancia. veía a veces algún gato. La fiebre de actividad que había mostrado en el viaje al Este había desaparecido. Un día Princesa se peleó a dentelladas con una perra. Se detuvo a unos cincuenta metros. Pero las vacas contraatacaban vigorosamente. Echó a correr. Trataban de aislar un ternero. Al fin alcanzaron a refugiarse entre unos espesos matorrales. un dálmata y varios mestizos. sobre todo en los muelles. la bañaba. pero pertenecían todos a la misma raza: terriers o mestizos de terrier. Sintió pánico. y recogió algunas piedras y una rama caída que podría servirle como lanza. Un día. fue a la biblioteca pública. Reunió también algunos materiales de pintura. le absorbía gran parte del tiempo. después de ambular un poco salió.

Si Ish daba vuelta un terrón. La mano se le crispó sobre el mango del martillo que yacía a sus pies. Se le habían aparecido como fieras sedientas de sangre. o si se multiplicaban un poco en todas partes. No pudo saber qué las había atraído. las ratas. El recién venido era de aspecto menos feroz que sus compañeros. Perecer entre los dientes de los perros le parecía la menos envidiable de las suertes. Ish examinó la situación más imparcialmente. estas hormigas eran también 36 . El auto estaba a la vista. gruñendo. en caso de ataque por la espalda. Apareció entonces el dálmata. Ish no se apresuró ni aminoró la marcha. Ish. ¿heredarían la tierra? No. e Ish estaba decidido a hacerle frente. o de pronto corría a derecha e izquierda y ladraba como desafiando al mundo entero. mostrando una lengua roja. la encerró en el sótano. Abrió la portezuela. requería un compañero.La tierra permanece George R. Ish se acercó con un paso regular. Hizo algunas investigaciones y descubrió que la plaga no se extendía mucho más allá de los límites ciudadanos. El danés le salió al encuentro y a la vez el ovejero escocés apareció a la derecha. Y se puso en marcha deseando sinceramente que trituraran un conejo. En algunos meses se habían multiplicado increíblemente. Los dos perrazos chocaron uno contra otro. Princesa regresó a frotarse contra las piernas de Ish. El auto estaba muy cerca e Ish suspiró. no les faltaba. Era posible que acabasen con todos los otros insectos. terneros. el animal no había perdido su vigor. mostraba una exasperante indecisión. Con la cola entre las patas se apretaba contra su amo. nunca supo si las hormigas tenían en alguna parte su metrópoli. A pesar de sus búsquedas. la siguió con dignidad. Ish deploraba que los límites de sus conocimientos entomológicos no le permitieran desvelar el misterio de este crecimiento. Trajo de una droguería formol y DDT y convirtió la casa en una isla fortificada. Pero la casa era sólo una tierra extranjera. Ya había tenido algunas dificultades con aquellos bichos. o tumbaran algún ternero. Al fin y al cabo eran las mismas atareadas hormiguitas que habían puesto a prueba a las pacientes amas de casa californianas. A la mañana siguiente. Las fortalezas de los hormigueros se alzaban afuera. Cruzó la carretera y se detuvo. aliviado. o cualquier carroña. La maleza se movía como si los perros estuviesen preparándose para saltar sobre él. Pero. el drama se transformó en comedia. Un hermoso collar con una placa de metal le rodeaba aún el cuello pelado. una invasión de hormigas le hizo olvidar el peligro de los perros. Una madrugada despertó con una horrible pesadilla y descubrió un cortejo de hormigas que le cruzaba la cara. a salvo. a pesar de todo. pesado como un hombre. pero ahora aparecían por todos lados e invadían la casa. se lanzó hacia el borde de la carretera y desapareció entre unos matorrales. ¿No tenían enemigos naturales? ¿Seguirían multiplicándose? Desaparecido el hombre. sin detenerse. Las hormigas venían ahora con ejércitos cien veces más poderosos. y echando de cuando en cuando una ojeada por encima del hombro. abierta a sus incursiones. Intentó calcular cuántas hormigas habría en el barrio y llegó a unas increíbles cifras astronómicas. Nada escapaba a sus exploraciones. Cerró la portezuela y se sintió fuera de peligro. Princesa. Esperaba que no se devoraran aún entre ellos. Princesa se precipitó hacia él en un reto suicida. Aullando. pero no la picaban. como siempre. Ish advirtió que a pesar de su flacura y sus salientes costillas. La lucha no era nueva. y sin encontrarse con molestas amas de casa dispuestas siempre a combatirlas y aun llevar la guerra a los mismos nidos. Los perros no le habían hecho ningún mal. El perro dio un salto. Cuando llegó a unos seis metros del dálmata. La comida. a los perros no les faltaba comida: conejos. miles de hormigas surgían de galerías subterráneas. No sin inquietud. al quitarles los medios de subsistencia. reprimiendo una última ola de pánico. El hermoso danés se había echado al borde de la carretera. alzó el brazo en un ademán de amenaza. Evidentemente. Ish recordaba el grito consternado de su madre cuando una columna negra atravesaba la cocina. pero algunos millones más o menos no era una gran diferencia. entre los matorrales. Princesa. ni siquiera lo habían amenazado. Las invasoras no se arredraron. Sewart traseros y lo miró. El perro metió la cola entre las patas y huyó. las caricias y palabras cariñosas. pero ahora le inspiraban piedad. Dos días después. en todas partes. Salían de todas partes. Como los perros. evidentemente. Como Ish no quería cachorros. hizo subir a Princesa y. la leña que crepitaba en la chimenea. y que ignorasen el gusto del hombre. sin duda. Era un perro magnífico. Las descubrió en sus propias ropas. De pronto el danés se lanzó por una brecha. Desde entonces no se aventuró otra vez en las montañas sin un revólver en el cinturón o una carabina. Princesa le avisaría. pues la más minúscula partícula de comida o aun una mosca muerta atraía inmediatamente una columna de tres centímetros de ancho. Pero Princesa se escabulló con la agilidad de una liebre. Ahora. ignoraba las verdaderas intenciones de la jauría. la irritación de su padre. sin malgastar sus piedras. los gatos. Ish levantó el brazo como si fuese a tirarle una piedra. las discusiones sobre cómo destruirlas. Ish se convirtió muy pronto en una furibunda y escrupulosa ama de casa. Quizá los había atraído el recuerdo nostálgico de suculentas comidas. Se paseaban como pulgas por el pelaje de Princesa. y rodaron por el suelo. Muchas morían sin duda en el campo de batalla. Los otros habían desaparecido.

Cuando una especie se propaga demasiado. El reloj indicaba las diez y catorce. En seguida. Sorprendido. las largas guirnaldas de luces eran menos y menos claras. era inevitable. El reloj eléctrico había atrasado seis minutos en tres cuartos de hora. perplejo. Princesa dormitaba en el piso. Regresó a la sala. una mañana. pensó. Ish regresó a la sala. Dejó unas migas en el piso y fue a sus ocupaciones. Sabía que el reloj de pared marchaba con impulsos eléctricos: una frecuencia de sesenta por minuto. Las luces brillaban aún en las calles. sintió hambre. Las luces se apagan. Luego. Muy a menudo el humo de los bosques incendiados era negro y espeso como una nube de tormenta. Un técnico hubiera calculado fácilmente la frecuencia actual. Si hubiera conocido la estructura de los hormigueros. Tiempo después. La disminución de la luz no la molestaba. y acercando otra lámpara pudo leer cómodamente. El resultado confirmaba sus temores. aun a costa de ciertos inconvenientes. Al fin el viejo reloj se ha descompuesto. Era como si estuviese velando el cadáver de su más caro y viejo amigo. La luz había palidecido. En los días siguientes. Con un sobresalto se volvió hacia la lámpara eléctrica. Princesa volvió a su sueño. pero penetrante. pero no le serviría de nada. Bueno. se habría ido. Al cabo de un rato parpadeó y acercó los ojos a la página. Lamentó su ignorancia y se resignó a no enterarse. Las luces parecían menos brillantes que de costumbre. sobre la mesa de bridge. El hubiese podido hacerlo también. Recordó cómo se había sorprendido al llegar después de la catástrofe y ver que las manecillas se movían. pero eran tan pocos que hubiese podido contarlos. Dio vuelta un terrón y no vio la agitación habitual. ¿Sería efecto de su imaginación? ¿O las velaba la humareda? Volvió a su sillón y trató de leer para olvidar sus temores. Cuando volvió. Aquí y allá encontró algunos ejemplares que vagaban aturdidos. más y más amarillentas. masticando el primer bocado de queso. Miró casualmente el reloj eléctrico y se sorprendió. sintió. Se había parado. 37 . Poco después fue a mirar el reloj. y conoció el terror de un niño abandonado en la oscuridad. «Hágase la luz. Esta vez era indiscutible. Un viento del norte con un acre olor a humo sacudía las ventanas. recordó. salió al jardín. no más hormigas. Este humo me hace lagrimear. El viento apresuraba aquella muerte. interrumpiendo allá un circuito. Ish salió otra vez al porche. pensó. no había cadáveres. Sacó cuentas rápidamente. el festín seguía intacto. Miró atentamente a su alrededor. con el corazón palpitante. Siguió buscando. Si sólo le hubiera preocupado su comodidad. Retomó el libro. y salió al porche. y hasta quizás alguna central. Y recordó de pronto el reloj de la cocina. o creyó sentir. Miró con más atención. No era raro. Sin embargo. El fuego que se extendía por las lomas vecinas quemaba las líneas. Se sintió de pronto descorazonado. que dependían del hombre. Casi no veo. En el reloj de pulsera eran ahora las diez cincuenta y dos. La guirnalda de globos amarillos seguía encendida en el puente. Aunque quizá fuera más probable que las hubiese atacado alguna enfermedad. pero se le contagió la inquietud de su amo y se incorporó gimiendo. De minuto en minuto. Miró la lámpara. pero prefería. Las sombras invadían los rincones de la habitación. Ish no tenía deseos de acostarse. Sewart animales domésticos. Parecía que el mundo hubiera llegado al otro extremo de su historia. Pero en seguida parpadeó otra vez. un hedor débil.La tierra permanece George R. y en lo alto de los pilones parpadeaban las luces rojas. Fue a la cocina y buscó en la refrigeradora un poco de queso. Y la luz se hizo». A pesar de la hora. se levantó de un salto. es casi siempre víctima de algún cataclismo. pensó. Este pensamiento lo animó. consultó su reloj de pulsera: las agujas señalaban las diez y nueve minutos. El sistema eléctrico se deterioraría cada vez más rápidamente. Mientras volvía a la sala. Ahora estos impulsos se habían espaciado. Pero el olor no le llamaba la atención. que atribuyó a la descomposición de aquellos millones de cadáveres. Las nueve y treinta y siete. presintiendo que había ocurrido algo insólito. habría podido descubrir quizá sus cementerios. observar qué ocurría. Nunca resolvió el misterio. Las luces del mundo. luego de una jornada dedicada a la lectura. pensó. Fue a la cocina. Era posible que las hormigas hubiesen agotado los víveres que habían permitido su crecimiento. Las dos agujas en lo alto del cuadrante señalaban las once y cinco. cortando aquí unos cables. pero adivinaba la verdad. y no descubrió una sola. Las hormigas habían desaparecido como por arte de encantamiento. Al cabo de un momento las luces dejaron de palidecer y se mantuvieron en un vago resplandor. Miró la amplia perspectiva de la ciudad. Creía que era más tarde. Acercó el libro a los ojos y le pareció que toda la habitación se oscurecía.

otro en seguida se encargaba de su tarea. uno a uno. la electricidad había sobrevivido al hombre gracias a los sistemas automáticos. Luego de la breve agonía de la humanidad. que había habido un desperfecto en el sistema del barrio. Pero esperaba que el último acto del drama fuese breve. literal o simbólicamente. Y quizás en otras partes la oscuridad era ya total. diciéndose. cadena o camino. Y otra vez se ensombrecieron. Pero. No tenía ganas de dormir. El filamento era ahora de un rojo cereza. quedan así inactivas. pero las dínamos hacían correr aún a lo largo de los cables sus regulares vibraciones. La dínamo se para entonces y no produce más electricidad. La luz del conocimiento. Detrás de las tinieblas. No se veía otra luz. otras con pánico. En cuanto a la electricidad. Pasaron dos meses sin que se presentaran los inspectores. como un trinco que desciende una colina. sus hermanas. pronunciada a veces con indiferencia. que el humo hacía más densas aún. y pocos días más tarde se detiene totalmente el sistema. 38 . Sin embargo. Sewart Las manecillas del reloj de pulsera. Recordó el día en que había descendido de las montañas. Si se detenía una dínamo. Trató de leer y al fin se quedó dormido en el sillón. En la habitación reinaban las sombras.» Basta de melodrama. las grandes dínamos pueden girar sobre sus bien aceitados cojinetes. pues. Volvía la Edad de las Tinieblas. el fin. Escudriñó la oscuridad. tiene su punto débil El agua puede correr durante años. las luces no perdieron nada de su brillo. Durante un segundo. velas. Era su deber quedarse despierto. o se mantendrían así algunos días. Se los aceitaba una vez por mes. Quizás estas lámparas eran las últimas en extinguirse.La tierra permanece George R. Cuando un regulador se detiene. La obra de la destrucción se aceleraba. Los hombres habían sido vencidos por la enfermedad. Los filamentos eran de un rojo anaranjado. La luz de la vida. todo sistema. Princesa se agitó y ladró en sueños. en cambio. una tras otra. Pero las lámparas seguían encendidas. a lo largo de las semanas. Encontró una sola y la puso en el candelero. Cuando Ish despertó. a lo largo de una línea de centenares de kilómetros. las luces parecieron brillar con más fuerza. La luz disminuyó todavía más. casi contra su voluntad. ¡Cuánto había significado la luz en la historia del hombre! La luz del mundo. ni en las calles ni en el puente: era. el grifo cambia automáticamente de ángulo y no fluye el agua. redoblaban sus esfuerzos. sin convicción. las lámparas apenas alumbraban. y ya no habría más luz en el mundo. Almacenó fósforos. pero hay un punto débil: los reguladores que gobiernan las dínamos y que no son totalmente automáticos. los reguladores dejaron de funcionar. pero sintiéndose curiosamente protegido. sin saber nada del desastre. Las luces se extinguirían totalmente dentro de unas pocas horas. se dijo. Es el fin. y las reservas de aceite se agotaron. luego más y más rápido. Había pasado ante una central eléctrica y concluyó que todo era normal porque el agua seguía corriendo por las esclusas y las dínamos zumbaban regularmente. La llama era pequeña. y luego desaparecieron. Aun en pleno día creía ver unas sombras que acechaban en los rincones. Ish se dejó caer débilmente en el sillón. Las otras deben hacer un trabajo demasiado grande. en el curso de los siglos. brillaba débilmente una luna anaranjada. al fin y al cabo. pero recta y clara. Ish no se decidía a acostarse. Anteriormente se los examinaba cada diez días. ¿Era un toque de difuntos? Ish salió de la casa. los dispositivos de las centrales eléctricas eran tan ingeniosos que aun en pleno desastre no fue necesario ningún cambio. Muchas dínamos. Ish se estremeció. _____________________________________________________________6__ La desaparición de las luces trastornó a Ish. se había oído esa frase. A tientas entró en la casa y buscó en el armario donde su madre guardaba las velas. se dijo. Y la luz se apagó. linternas. ¡Las luces se apagan! Cuántas veces. «Apáguese la luz. lentamente al principio. Cuando caía un cable privando de electricidad a todo un pueblo. habían pasado la medianoche.

Pero él. apareció de pronto y se lanzó hacia la desconocida con frenéticos ladridos. Era sin duda octubre. pues si uno cae.» Ish recordó aquel tronco de Oklahoma que cerraba la carretera 66. Fina y continua. Más adelante leyó: «Más vale vivir acompañado que solo. Empapadas de agua y barro las alfombras de los Hart desaparecerían muy pronto. la cabra juzgó que los suculentos brotes del seto eran más interesantes que aquel bípedo. pensó. alcantarillas. De cuando en cuando se asomaba a la ventana y miraba la lluvia y las nubes bajas que parecían rozar los techos. probablemente porque trataban de los problemas del hombre en la sociedad. La cabra. pero su ojo ejercitado de geógrafo sabía descifrar los mensajes de la naturaleza. En ese mundo reducido a su más simple expresión. Luego cambió la estación. Princesa. había rechazado la vida. se había sentido así en muy raras ocasiones.. diques y otros obstáculos para oponerse al curso natural de las aguas. pero éste era sólo un ejemplo de lo que ocurría en miles de otros sitios. pero desgraciado de aquel que cae y está solo». Los Evangelios lo decepcionaron. la doctrina cristiana carecía ahora de sentido. pero no le parecía necesario. Afligirse sería seguir viviendo en el mundo del pasado. En el curso de aquellos largos meses. Luego de haberlo examinado sin temor ni respeto. como el día en que había visitado la catedral. y aun clarividente.. Ish había perdido la cuenta de las semanas y los meses. tenía el arte de pintar con crudeza y realismo la lucha del hombre contra el universo. Luego vio en la avenida que las hojas muertas habían tapado una alcantarilla. allí quedará. Los destrozos no eran muy grandes. «Vended vuestros bienes y repartid el dinero entre los pobres. otra vez. la manteca y las legumbres se transformaban en una masa putrefacta y maloliente. dejó de comer y miró a Ish. «Y que el árbol caiga hacia el sur o el norte. El viejo. Retrocedió al Antiguo Testamento. el río invadía la rosaleda y se perdía en una alcantarilla de la otra calle. Haz a otros lo que deseas te hagan a ti. Otros hombres habían buscado una solución al problema. Al principio no advirtió nada nuevo. quizá también divertida e intrigada. la primera lluvia confirmó sus presunciones. Cohelet lo llamaban en una nota al pie de página. » Era una orden superflua. de las leyes del universo. Que el agua siguiese su curso y cruzara la rosaleda. se preguntó de dónde vendría la intrusa. A veces. No salió en ese tiempo y trató de distraerse en la casa. ¿Y por qué no?. Así. Un poco más abajo. Leyó sin descanso. que el desastre lo había afectado más de lo que imaginaba. en las antiguas leyendas de encantamientos.La tierra permanece George R.. que volvía de una de sus expediciones. Sewart Aunque no tardó en descubrir que la luz no era el producto eléctrico más importante. Comprendía ahora. El mundo cambia de amos. y la carne fresca. Aun aquellos que habían buscado la muerte en el alcohol habían participado de algún modo de la vida. maravillado ante aquella comprensión realista. pues mejores son sus amores que el vino». Estos trabajos necesitaban de cuidados constantes. pues no había ni siquiera un inspector de tributos que representara al César. en otro tiempo tan cuidado. No se trataba de una tormenta pasajera. Dos minutos le hubieran bastado a Ish para sacar la hojarasca y desatascar la alcantarilla. Zanjas. Ish volvía a su casa cuando tropezó con una cabra que comía tranquilamente el seto del señor Osmer. sin nadie que pudiera ayudarlo en caso de accidente. qué nuevos episodios se habían añadido al drama.. un fariseo o un saduceo hubiesen podido cumplir aún los ritos de una religión formalista. Algunos minutos más tarde Ish la vio pasearse por la acera como si toda la avenida San Lupo le perteneciese.. comenzó por el Eclesiastés. Princesa no era un animal combativo y saltando hacia un costado corrió hacia su protector. leyó. Quizás así es. pero. el predicador. Los hombres eran ahora bichos raros. la mente de Ish se volvía hacia la religión. Una mañana salió a ver qué ocurría. E Ish recordó su terror cuando se sintió solo. Cuando la lluvia lo retenía en la casa. Los hombres habían construido carreteras. La cabra dio una dentellada al seto. «Dad al César. entraba en la casa por debajo de la puerta y empapaba sin duda pisos y alfombras. sus palabras se aplicaban exactamente a Ish. cruzaba la selva de hierbas que había sido el jardín de los Hart. leía libros que hasta entonces no se había atrevido a mirar por falta de tiempo. Se agitó nerviosamente. El hombre había desaparecido y ya no tenían utilidad. El agua bullía en la calle e invadía las aceras. Hasta encontró esta frase: «Muerde la serpiente cuando no está encantada». Hojeaba frecuentemente la voluminosa Biblia que su padre había cubierto de anotaciones. La refrigeradora era ahora inútil. basada en la caridad. Nadie había tenido animales semejantes en aquel barrio. el otro puede levantar al compañero. Divertido y curioso. Ama a tu prójimo como a ti mismo. un rey miraba pasar el cortejo de la vida sin poder unirse a él. y lo encontró más actual. «Que él me bese con besos de su boca. el observador. Tanto peor.. la lluvia parecía eternizarse. Tocaba el acordeón.» Todos esos preceptos sólo podían aplicarse a multitudes. alcantarillas y diques habían sido construidos para uso del hombre. que es de Salomón. La cabra bajó la cabeza y la amenazó con los cuernos. 39 . Llegó al final del primer capítulo y sus ojos se posaron en unos versículos del Cantar de los cantares.

y él se había levantado para restablecerlo. Éste era probablemente el pensamiento del desilusionado Cohelet cuando escribía: «Los vivos saben que morirán. cuando la perspectiva de un baile lo hacía transpirar. Ish. pero los muertos nada saben». catástrofe sin precedentes en la historia del mundo. Tenía frío. la primera tormenta de otoño. o simplemente se aburría. El equilibrio de la ecuación se había roto. el fuego podía ser espontáneo. Los vientos del otoño habían hecho caer las hojas. Se puso un chaleco de lana mientras preparaba el desayuno. Ish oyó que la lluvia golpeaba con más fuerza los vidrios. A lo lejos. el diluvio de los días pasados tenía que haber apagado los incendios. y nuevos actos ordenaban un nuevo y precario equilibrio. Quizás aquella columna se había elevado cien veces sin que él pudiera verla en la atmósfera de humo y brumas. si Ish se sentía conmovido. o más simplemente. El viento había amainado. el hombre y el mundo. fresco y de una cristalina pureza. Llegó el viento del noroeste. llamó a Princesa. tan frecuentes en otra época. sólo perdería unos minutos. Pensó en encender la chimenea. Casi con miedo. dio un salto y corrió por la sala. Sin embargo. En el peor de los casos. cambiaba el mundo. este humo no estaba a más de tres kilómetros. Quizá temía los lazos humanos. la lluvia lavó el humo y el polvo del aire. Fue a la cocina a preparar la cena. arrancada de su sueño.. pero el frío parecía haberlo reanimado y decidió que ese día no se quedaría en la casa. como si huyera de una tentación. Y las dos incógnitas buscaban un equilibrio que sólo se alcanzaba en la muerte. ya en las sombras del crepúsculo. hacía un gesto. se transformaba también. por ejemplo.. murmuró soñadoramente. fue como muchas otras. Si. Luego del desayuno salió al porche y admiró la escena. Buscó algún pretexto. era una rara fusión de deseos y reacciones. si la lluvia dejaba de caer. y ese gesto modificaba la ecuación. Anteriormente. se alzaba una delgada cinta de humo. Sí. hija de reyes.y el tiempo sobraba. y del otro Y. es decir X. donde la lluvia golpeaba las largas avenidas solitarias. los ladridos de una jauría. Lavado por la lluvia. el cielo era más limpio.. al contrario. Oh. Pero los perros no aparecieron. Afuera se extendía la vasta ciudad desierta. el predicador. a orillas de la bahía. Isherwood Williams. Así. y comprendió que ese movimiento traducía su inquietud. oyó. La desaparición casi completa de la raza humana. La otra incógnita de la ecuación ha cambiado. De todos modos. Así hacía antes: alegaba un trabajo urgente o se enfrascaba en un libro en vez de ir al baile. Si X cambiaba. y en las 40 . No se podía saber con claridad dónde terminaba la carretera y donde empezaban los campos. ¿Robinson Crusoe deseaba realmente dejar la isla desierta donde era monarca absoluto? La pregunta no era nueva. que partió de las islas Aleutianas para batir la costa de California. ¿Quién podía decir cuál de las incógnitas se imponía a la otra? Casi inconscientemente dejó el sillón. había un raro e invisible vínculo. llamémosle X. Y se durmió otra vez. y cambiaba el otro. si alguna glándula afectaba su humor. Él. los pilones rojos de la Golden Gate. La temperatura descendió rápidamente. Así se le presentaba el mundo. De un lado estaba Ish. Había intentado ya acercarse a otros hombres y siempre había fracasado. La humedad apagó los incendios de los bosques. Era aquélla una vasta ecuación de varios términos y dos grandes incógnitas. Alzó los ojos al cielo. sobre el fondo del cielo azul. obligándolo a actuar. Princesa. Durante horas erró sin rumbo por las montañas.La tierra permanece George R. Cambiaba uno. Y aunque Robinson amara la sociedad humana. no había sido el primero. no alteró las relaciones de la tierra y el sol. ¿por qué él. Mas de este lado de la muerte el equilibrio era siempre inestable. debería parecérsele? Quizá él amaba su isla. Salvo aquellos para quienes la pregunta no tenía respuesta. Y todos habían encontrado una respuesta diferente. Ish se agitó en sueños y despertó. Ahora era una señal. si una catástrofe destruía la raza humana. A varios kilómetros de distancia. A la mañana la casa estaba helada. subió al coche. El agua había arrastrado barro. Ish se volvió hacia el norte para mirar el pico de Tamalpais y se sobresaltó. y se cubrió con una manta. En el cemento se veían algunas ramas muertas. casi parecían al alcance de la mano. Sewart ¿Y qué era la vida? Millones de hombres se habían hecho la misma pregunta. o creyó oír. Los efectos de la lluvia eran ya evidentes. Y entre los dos. los períodos de lluvia y buen tiempo. Sintió uno de aquellos accesos de salvajismo. Cohelet. estableciendo un provisorio equilibrio. e Ish pensó en meterse en seguida en el coche e ir a investigar. y salió en dirección opuesta. Entre la montaña y él. Pero su estado de ánimo cambiaba también el mundo. lentamente. otras columnas de humo habían atraído inútilmente a Ish. pensó. Pero un recuerdo lo detuvo. tus pechos son. la extensión y la distribución de océanos y continentes. aunque fuera ligeramente. realidades y quimeras. el mundo y sus pertenencias. Ish.

se detuvo y esperó. hizo el viejo ademán convencional y tendió la mano derecha. Tenía la impresión casi física de otras barreras que se derrumbaban: esas indispensables barreras defensivas que había elevado en meses de soledad y desesperanza. no hizo preguntas ni dio órdenes: —Es magnífico ver a alguien —dijo. y fue hacia la señal. saltó al coche. olfateando las sillas. Ish se sintió invadido por una cálida ternura. En las primeras horas del crepúsculo miró otra vez y vio una luz débil. Sintió cierto alivio. lo llevó hacia una silla y casi lo obligó a sentarse. Marchaba lentamente. a pesar de que había cenado antes de salir. —No se preocupe. Pisaba la acera. y la mujer protegía una lámpara de petróleo de los saltos del animal. Ish esperaba la pregunta. Parecía la luz de una lámpara de petróleo. Las persianas estaban bajas. compartir el pan y la sal. Dio un paso adelante. 41 . Princesa. descendió lentamente la calle y pasó ante la casa. El hilo de humo reaparecería quizá a la mañana siguiente. Ish temblaba ahora. dio un salto y se metió en la casa. ¡Dios mío. La ventana iluminada parecía mirar a su porche. Princesa correteó por el charco de luz. y no volvería. y rió alegremente. moviendo alegremente la cola. la luz desapareció. He conocido eso. Luego. Hay que llevar algo. —Le prepararé algo de cenar —dijo. Del lado de las montañas. Ish. Se sentía sin fuerzas. o la orden: «¡Arriba las manos! » Se sorprendió realmente cuando oyó una voz de mujer que decía solamente: —¡Qué hermoso perro! La voz era suave y modulada. y una botella de vino tinto. Ish tuvo la desagradable impresión de que le apuntaban con un revólver. La mujer se incorporó con un grito que era también una risa y se lanzó en su persecución. Detrás de la persiana se perfilaba una sombra. Observaba las cabriolas de Princesa y en su risa vibraba el eco del paraíso perdido. Se detuvo un segundo. Felizmente se había afeitado aquella mañana y llevaba un traje bastante limpio. Ish vio la silueta de una mujer arrodillada que acariciaba a la perra. hasta que cayeron las hojas. La comida en común era un símbolo: sentarse a la misma mesa. pensó Ish. al fin volvió a verla. Luego le palmeó ligeramente la espalda. de unos treinta años. La linterna eléctrica bajó al fin e iluminó la acera. había pasado simplemente por la ciudad. Princesa. Pero cuando Ish se alejó unos metros. pero algunos rayos de luz llegaban a iluminar la acera. No apareció nadie. pensando que no llevaba armas. Ish paró el motor en el otro lado de la calle y esperó. Los árboles la habían ocultado. y recortada contra la vaga luz del vestíbulo. el primer lazo que unía a los seres humanos. y él había respondido huyendo. llevando en la mano el ridículo martillo. Pero cuando entró. Cuando la mujer volvió a hablar. —Lo hice yo misma —dijo ella—. Esta vez la perra lo obligaba a actuar. abrió la portezuela y bajó del coche. Sewart primeras horas de la tarde volvió a la casa. se batió en retirada. —Perdón por la herramienta —dijo. Con un juramento. Pero Princesa se le adelantó y corrió hacia la casa ladrando furiosamente. El pan era fresco. en un repentino impulso. lo entiendo muy bien —dijo ella—. El propósito de la invitación tan serena no era calmar una exigencia corporal. Ish no protestó. La moneda de la suerte o la pata de conejo. inevitable. Llamó a Princesa. cuando la puerta se abrió unos centímetros y el haz de una linterna cayó sobre él. O quizá aquel ser humano. La mujer se la apretó. que aún tenía en la mano. morena. algo se quebró en el corazón de Ish. La puerta de la casa se abrió de par en par. Titubeó un minuto. ningún humo rayaba el cielo. y la dejó en el piso. Ish la siguió. y advirtiendo que Ish temblaba. muda de miedo. Se había apresurado. La otra incógnita de la ecuación había cambiado. acercándose. como cumpliendo un rito. pero un poco ridícula: «¿Quién es?». Era una mujer alta. Y aquella luz. con el mango hacia arriba. pero es cada vez más difícil encontrar harina sin gusanos. pero sí miel y mermelada para el pan. Comieron un poco. El silencio no terminaba nunca. sin apetito. ¿recuerda? No hemos cambiado mucho. Recogió impulsivamente el viejo martillo y cruzó la calle. Princesa corría simplemente alrededor de la mesa. excitada. Ahora estaban sentados uno frente a otro. No vaciló. quien quiera que fuese. pero no era seguro. Dominado por el deseo irresistible de un contacto humano. Las normas de cortesía recomendaban no presentarse en casa ajena empuñando un revólver. Su olfato le revelaba quizás una presencia desconocida. Ish no encontró nada mejor que excusarse por el martillo. La llegada de un desconocido en medio de la noche siempre asusta a la gente. pero inconfundible. tiene un gato!.La tierra permanece George R. Erró media hora a la aventura. que no lo dejaba ver. De pronto. No había manteca. pero también una gran decepción. enceguecido.

Amor mío. y determinación. y por primera vez. Y adivinó que el contacto de las rodillas bajo la mesa parecería menos inconveniente que palabras y juramentos. ya sé. el corazón palpitante. esperaba. Y de cuando en cuando ella interrumpía para murmurar: —Sí. Oh Cantar de los Cantares. Sólo tenía un temor. no era aquél un encuentro fortuito. Em se incorporó también y los brazos de Ish se cerraron sobre aquel cuerpo cálido. Todo su futuro estaba allí. no era de esa especie. Habían servido en otro tiempo. el miedo. y luego de tantas pruebas aún había valor en sus ojos. Tu cuello es marfil. En su desvarío. realidad y símbolo. debía ir más lejos. Y sin embargo. De pronto advirtieron que no sabían sus nombres. Ish se puso a hablar. Sí. Todas aquellas virtudes que le habían permitido sobrevivir lo embarazaban ahora. O quizá aquella mujer era diferente. con Ann y Milt. Eres Afrodita. Ha llegado mi hora. Pero entre un hombre y una mujer. Describió su terror. reflexionó. Ish se preguntó si no deberían celebrar alguna suerte de ceremonia matrimonial. un breve paréntesis. Había encontrado en su camino hombres y mujeres. tu lecho es fragante como las ramas del pino y tibio es tu cuerpo. ¿no es cierto? Todos me llamaban Ish. de pie. para él al menos. Esta vez no era como en Nueva York. y nunca había querido unirse a ellos. la partición. Cantar de Cantares. Ish. Esta idea penetraba cada vez más profundamente en Ish. Pasé por eso. Turbado. La mesa ya no era un símbolo de unión. Ish. la había afectado menos. Los cuáqueros se casaban sin sacerdote. Los torrentes están contenidos. Ish había conocido hombres experimentados. cuando había muchachas en todos los bares. contaba su vida después del desastre. Entre dos hombres. la soledad.La tierra permanece George R. En mí está la fuerza. Sólo Princesa había tenido el honor de una presentación. Continúe. y esa soledad que ahora su imaginación y su pensamiento rechazaban. Es decir Emma. otro acto de comunión. Hasta mostró la cicatriz de los dientes de la serpiente y las marcas más grandes donde había aplicado la ventosa. ¿Por qué no ellos también? Por ejemplo. y no pudo impedir un estremecimiento. estaban fuera de lugar. recíbeme en tu ser infinito. ¿podían correr ese riesgo? Pero ella estaba en el cuarto. No son nombres muy poéticos. e Ish se unió a esa risa. y tus labios dulces y firmes. Pero ahora la vasta ciudad era sólo un desierto. Em había pasado al cuarto vecino. en busca de aventuras. Fue hacia ella. Reír juntos. Advirtió que habían callado desde hacía un rato. Quizá el tiempo había curado las heridas. un símbolo suficiente. En aquel tiempo se había refugiado tras sus barricadas. se incorporó tan bruscamente que volcó la silla. Eres Astarté. Terrible. y alegría. y había decidido afrontarlo. y tus hombros pulidos como el marfil. ____________________________________________________________7____ 42 . La mujer se rió. Tus muslos firmes y fuertes como cedros. Ish y Em. y esta mujer había soportado la catástrofe. Y mientras hablaba. Tus pechos son suaves como la lana. y sentarse a la misma mesa. pero invitaba a Ish a que contara sus experiencias. Había una técnica para llegar a ese acuerdo. e Ish supo que ella había entendido su silencio. adivinaba Ish. Oh Cantar de Cantares. su huida. Era el apellido de soltera de mi madre. Pero no el acuerdo último. mirarían hacia el este. juntos. esperando la salida del sol. amor mío. sino un obstáculo. Oh. Además era una mujer. los había visto actuar. Aunque las técnicas de antes. partir el pan era una realidad. Había visto también el peligro. Son tiernos tus ojos. Pero él. La mujer lo miraba serenamente. —Yo me llamo Em —dijo ella—. Sewart Y como un niño. Ish comprendió que. No parecía sentir la necesidad de hablar. La mujer había asistido a la catástrofe. En un mundo donde no había médicos ni otras mujeres. que guarda el templo del amor. —Isherwood —declaró él—. Ahora.

Se oyó un leve ruidito metálico. ella nunca mencionaba que hubiese vivido fuera de California. Será un hermoso día. —No importa. Era demasiado para él. Ella. se preguntó estremeciéndose. recordó Ish. y nada más. era de día. un poco más moderno. Viéndote. 43 . Parecía menos complicado unirse a los libros que llevarlos a casa de Em. que ella. un aroma llegó al dormitorio. e Ish pensó que ella se había adaptado ya a la nueva vida y sólo pensaba en el porvenir.. Recordó entonces que las primeras palabras de Em no habían sido ni una pregunta ni una orden. Pero cambiaron una sonrisa. ella no se envolvía en ningún misterio. Sí. No. —Sí. Ish la miró. no era ciertamente una diosa. era cierto. Al despertar. A pesar de la tragedia. La batería se ha agotado. nunca sería Astarté o Afrodita. se dijo. El acento que lo había sorprendido desde las primeras frases recordaba a Kentucky o Tennessee. —¿Dónde está Princesa? —preguntó Ish. y estaba solo. y dos hijos.» Em no recordaba nunca el pasado. debía de haber sido inferior al suyo. Sin embargo. ¡Café! Era también un símbolo. «Un amigo dobla las alegrías. Los pensamientos se agolpaban en la mente de Ish impidiéndole conciliar el sueño. a quien había querido sin duda.La tierra permanece George R. suponía Ish. Era algo raro.. tanto peor. Oh. Ningún melodioso ronroneo. él no había cambiado. pero los colmaban de alegría. creo que sí. Probó otra vez. Sin embargo. Y mientras se arreglaba. Una o dos veces Ish le hizo alguna pregunta. Apretó el botón varias veces y sólo obtuvo el mismo ruido.. Sí. En el mundo de otro tiempo no hubiera ocurrido nunca. sin confundirse con ellos. sino una afirmación. Había hablado en un tono tan lúgubre que cuando Em estalló en una carcajada no podía dar crédito sus oídos. Era mayor que él. —No nos esperan en ninguna parte —dijo ella—. más quizá que si se hicieran grandes promesas de amor. Se agotó la batería o algo similar. Sí. Desde entonces los días pasaron más rápidos y tranquilos. Una mañana Ish fue a buscar provisiones. Interrogó a aquellos ojos serenos. —El coche no marcha —dijo—. El universo no va a trastornar sus leyes para complacerme. me parece. pensó. Había mucho que compartir. Su nivel social. Se levantó y vistió. Es necesario aceptar sin protestas los dones del destino. Aquellas viejas tonterías ya no contaban. —Perfecto. —La dejé salir un momento. Subió al auto y apoyó el pulgar sobre el botón de arranque. Sí. Sewart Em dormía a su lado. no había sido una aventura cualquiera en una habitación alquilada. Su sintaxis no era siempre perfecta. Por observaciones casuales. uno creería que todo está perdido. la curva de los senos bajo la bata verde clara. Em había puesto la mesa del desayuno en el comedor. Pero Em le respondió entrecortadamente. destapó el motor y contempló con desesperación el complicado orden de cables y piezas. Ish tenía más bienes. el espectador que un poco apartado observa los fenómenos. sin resultado. Algunas horas más tarde se instalaron en la casa de San Lupo. y seguiría siendo igual a sí mismo. Excepto en el momento del deseo. pensando que ella quizá necesitaría hablar. Oh. Paseó alrededor una mirada asustada. Quizá lo que él suponía una notable experiencia de amor no hubiera sido en otro tiempo más que una vulgar aventura en la habitación de cualquier hotel barato. Había estudiado en el liceo. quizá no había buscado en ella sino un poco de ternura maternal. Para él el amor había nacido de las ruinas. y reduce las penas. Bajó del coche. La perfección no es de este mundo. regresó a la casa. Recordaba las palabras que ella había dicho horas antes: poco importaban los sucesos que habían cambiado el mundo. pero no hay huevos.. nada más. Sería algo duradero. casi con timidez. Y los días se sucedían apaciblemente. Quién sabe cómo es a la luz del día. Pero ahora los viejos prejuicios eran verdaderamente ridículos. una ninfa de los bosques que asoma entre las sombras del crepúsculo. estaba bien así. y sus incertidumbres se disiparon. que lo había sacudido profundamente. pero no había frecuentado la universidad. Sintió pánico. ningún golpecito tranquilizador indicó que los fríos cilindros se pusieran a funcionar. el cuarto era pobre y estaba mal arreglado. —Sí. Se durmió. Una tranquila felicidad embargó a Ish. libros sobre todo. Lo siento. como la mujer de un empleado cualquiera. los carnosos labios. Y a la luz de la mañana vio aún más claramente los grandes ojos negros y apartados en el rostro moreno. jamón. Estas frases no significaban mucho. y ella no hizo ningún movimiento. Ish no se adelantó a besarla. Ish supo que había tenido un marido. Descorazonado. él era siempre el investigador.

que nunca había sido más feliz en su vida. no sintió pánico. Sólo cuentas conmigo y yo no te serviría de mucho. asombrado. pero los faros llegaban a encenderse. Había imaginado una jornada exasperante. Al fin encontraron en una loma un coche casi completo. El auto no era tan bueno como la camioneta. La cabeza de Em reposaba sobre el brazo plegado de Ish. los carburadores y las bujías se mantienen en buen estado. aplastados por el peso del coche. había comprobado que no necesitaba un coche para vivir feliz y sin miedo. pensaba Ish. operan lentas reacciones químicas. los conmutadores exactos como cronómetros. El caucho se altera aún bajo techo. El punto débil son sobre todo los neumáticos. El viento los cubre de hojas muertas y polvo. y se puso en marcha. pero llevan en sí el principio de la muerte. Lo empujaron loma abajo y al cabo de un rato los cilindros golpearon y chisporrotearon. Sewart Ish también se rió. Buscaron en la guía telefónica la dirección de los comercios de baterías. Al día siguiente la nueva batería había dejado de funcionar. Ish se dijo alegremente que había resuelto dos problemas. no me gustaría. los acumuladores y ácidos no se alteran. Ish y Em rieron alegremente. separados. Em tenía razón: nadie los apuraba. Estaban acostados en el diván de la sala. y los hombres no sabrán conducir un automóvil. son pronto inútiles. El motor ronroneaba suavemente. No. Al fin forzaron la entrada de un depósito y encontraron docenas de baterías y reservas de ácido. Los neumáticos almacenados durarán diez. La carga de la batería era demasiado débil para poner en marcha el motor. estaba aún sin solución. Un problema. pero le pareció que no sería muy cómodo. Los neumáticos viven un año. Las cámaras se desinflan. y él le miraba los límpidos ojos negros. se calentó el motor. Aunque poco sabían de mecánica. —Oh. Em se inclinó hacia Ish para besarlo. Las bobinas. —No me gusta. Pero podían vivir sin él. —Los libros —repitió Ish con una breve risa—. y poner el ácido y adaptar el nuevo acumulador no es tarea difícil. compartida. noche y día. Las superficies acertadas resisten a la herrumbre. las piezas del motor dispuestas en un orden milimétrico. los conmutadores. Dos días después. —No estoy tan seguro. Y de pronto Ish sintió. y hasta habrán perdido el deseo de hacerlo. Vestidos de lacas bruñidas y cromo brillante. Patología del parto. Ante todo había aprendido a reparar un automóvil. le pareció de pronto sin importancia. sin embargo. Pero entonces ya no habrá rutas. descomponiendo y neutralizando. sí. El caucho se descompone lentamente. pero permitía ampliar el área de exploraciones. Esta vez. habían sido el orgullo de una civilización. y los neumáticos. Al fin circuló la gasolina. Pasan algunos meses y los acumuladores mueren. Pero. Ish hubiese podido servirse de algún alambre. Las primeras pruebas fueron un éxito. Y. aunque encontraron lo que necesitaban sólo al concluir la mañana. quizá más aún. 44 . o puso más cuidado. pero al fin las baterías funcionaron satisfactoriamente. se arriesgaron a verter el ácido en una batería apropiada y luego la pusieron en la camioneta. Era cómodo tener un coche para recorrer las tiendas y transportar los paquetes. o habían cometido algún error al instalarla. con largas horas pasadas en elegir un coche nuevo o reparar el antiguo.La tierra permanece George R. En las baterías. veinte años. Los acumuladores no son. cinco años. En el interior. e Ish pensó que la corriente haría funcionar las bujías. Y ahora están encerrados ignominiosamente en los garajes. pues. En otros no funcionaban las baterías. Lo ayudó la suerte. —¿Por mí? —Sí. Pero la búsqueda fue como un juego. tan pronto como Ish apoyaba el pie en el acelerador. decidió solucionar el problema. aunque tú pienses de otro modo. Estaba en mal estado. el punto débil. La mayor parte de los coches no tenían llaves. Y la lluvia transforma este polvo y estas hojas en un barro donde caen otros polvos y otras hojas. La comadrona práctica. y no se apresuró. La contrariedad. y su símbolo. los cambios son más lentos. lo que era más importante. Los parabrisas son cristales opacos. Descendieron por la avenida desierta a noventa kilómetros por hora. —Pero puedes leer todos los libros. Y ella lo había sacado a la luz. sería peligroso. El rostro de Em parecía aún más oscuro a la luz del crepúsculo. abandonados en los parques de estacionamiento o junto a las aceras. —Sería maravilloso.

ya sabes. es puro egoísmo. Sí. Recordó con qué exaltación había desafiado a la muerte y las potencias tenebrosas. Se alzó una llama. ¿Por qué debería continuar? No. Sí. —Sí —dijo ella—. ¿Quién era él para llevar a la humanidad por el largo e incierto camino del futuro? Pero esto duró muy poco. El fósforo no vivía en la caja. Vivir era consumir la vida. y la madre Montaña. Y yo en verdad no necesitaría mucha ayuda. y serás bendita. los jóvenes saltarán los arroyos. Alargó un brazo hacia la mesa y sacó un fósforo de la caja. —Ish la besó. Quizá necesite realmente un poco de ayuda. no sé si es necesario que la vida continúe. que es nuestro deber asegurar el porvenir? Em calló. Sería útil. Oh. —Muy bien —dijo—. Sin valor. sin hablar. El cuerpo de Em se estremeció entre sus brazos. Lo mismo era para los hombres y las mujeres. Titubeaban aún. dejándola caer al borde del camino. ni más pequeñas ni más grandes que antes. Sewart —También podrías buscar los libros y leerlos. Las ratas ocupaban casi toda la ciudad. ¿Por qué piensas tanto en eso? —Es una ley biológica. A la mañana siguiente. No fue nada terrible. Los adolescentes se pasearán por las praderas.. Leeré libros. Isis. fue otra vez consciente del cuerpo de Em. Fiel a los instintos de su raza. Ish recordó la invasión de hormigas y se estremeció. de lo más profundo de su ser. pues en las horas oscuras tu rostro estará vuelto hacia la luz. sino sólo cuando ardía. Los hijos de tus hijos serán tan numerosos como los retoños de los pinos en la falda de la montaña. había intentado —quizás inconscientemente expresar algo que no sabía decir. Decidió emprender una investigación científica. De tus hijos nacerán las tribus. Había ratas en todas partes. Sus decisiones nacían espontáneamente. —Quizá. eso es todo. Em le mostró las ratas a Princesa a través de la ventana y abrió la puerta. y de tus nietos las naciones. Eres Demeter. de cuando en cuando él representaba el papel de héroe. todo está perdido.. Tu nombre es la Madre. o investigando. Recorrieron la ciudad en coche. Me gustaría poder expresar lo que pienso. Recordó entonces su terror de los primeros días y el momento en que había vencido ese terror. pero para ella el heroísmo era pan cotidiano. 45 . Y tuya será la gloria. Em lo hizo girar entre el pulgar y el índice. Eran ratas comunes. pues en el amor de la vida tu rostro brilla de tal modo que borra las tinieblas y el miedo de la muerte. cuando había sacado la motocicleta del coche. que se debilitó en seguida y corrió por la madera del fósforo. Pero sería diferente sin médicos y hospitales. a falta de palabras. pensó Ish con humildad. ratas! Ish miró. Ish adivinó que ella reflexionaba. pero el incidente se repitió tantas veces que pronto se acostumbraron. Supongo que tienes razón. buscando algo de comer. —¿Crees que es necesario perpetuar la vida. e Ish supuso que tomaría también un cigarrillo. ni flacas ni gordas. Era un fósforo grande de cocina. Y creyó haber adivinado. pensó. La primera vez el horrible ruido los estremeció. cuando una mañana Em miró hacia afuera y dijo: —¡Oh. Ish comprendió vagamente que Em. Pero se engañó. Algo natural. la perra se precipitó afuera ladrando y las ratas desaparecieron. Quiero un beso. era una invasión. el mejor remedio para vencer aquel horror era estudiarlo. A mediodía vieron otras ratas cerca de la casa. Ish sintió el contacto del cuerpo tibio de Em y se sintió golpeado otra vez por la soledad y el terror. pero llegaban también al campo y habían conquistado más terreno que las hormigas. Habrá otra vez cantos y risas. me es difícil explicártelo. de pronto. Cibeles de los Leones. Em sopló y lo apagó.— Me gustaría saber hablar —continuó ella—.La tierra permanece George R. en la calle y los jardines. Hertha. Dos ratas corrían a lo largo del seto. Y entonces. también. Serás bendita. ella será la madre de las naciones. y que la reflexión no era una de sus virtudes. Quiero un hijo. Fumaba más que él. El coraje de Em lo animó. Luego lo frotó contra la caja. y no podía arder siempre. Ish recordaba estadísticas donde se afirmaba que el número de ratas en una ciudad es aproximadamente igual al número de habitantes. —No sé —dijo ella al fin—. De pronto. supongo. La situación era clara. Pasé por eso dos veces. aplastando aquí y allá alguna rata que caía bajo las ruedas.

Renunció a seguir calculando. y serán perseguidas por zorros. Aun admitiendo que el número de ratas sólo se duplicara cada mes —apreciación ridículamente moderada—. ¿Habrían osado atacar a un perro vigoroso y sano? Quizás el terrier era viejo. Lo cierto era que había demasiadas. Pero en el campo deberán buscar alimento. Las hijas hembras. Algunas tiendas y almacenes son aún inaccesibles para los roedores. Desenterraron ante todo los bulbos de los tulipanes. De noche. e Ish no pudo determinar cuántas ratas llegarían a la edad adulta. Sin duda los habían matado. Ish imaginó unos cuerpos grises que rodeaban al perro. Se subían a las ramas de los árboles. Ish se alejó pensativo y decidido a cuidar de Princesa con más atención. Recordó. esperanzado. Pero las circunstancias las favorecían. o había sufrido algún accidente. que las hormigas habían desaparecido casi en una noche. en la casa. Un billón de ratas o cincuenta millones. refugiándose en las afueras. ya habrían llegado al billón. y protegido por sus altas botas.La tierra permanece George R. había luchado constantemente para impedir su multiplicación. una cincuentena de roedores había caído en la lucha. se lanzaban solos al combate sin ayuda de los gatos. donde comían insectos o restos de semillas y frutas. o sea unas quinientas mil hembras. ¿Y por qué. qué importaba. el hombre. los otros habían sido roídos o llevados a alguna guarida. Cuentan con las reservas de víveres de la ciudad y se reproducen muy rápidamente. No se los veía más. —¿Cuántas ratas habrá en la ciudad? —No puedo calcularlo ahora. había notado Ish. incapaz de desprenderse de los que le habían saltado encima. Tenía la impresión de dejar detrás de él una larga hilera de ratas aplastadas. Pero de todos modos el crecimiento era prodigioso. y hubo una persecución alocada. Luego se lanzaron sobre otras raíces y bulbos. Detuvo el auto para mirar desde más cerca y reconoció el cráneo de un perrito. no alcanzaban a satisfacer el apetito de las asaltantes. no se cuadruplicarían todos los meses? En la vieja época. quizá. aunque no habían intentado tampoco nada contra ella. no sin que antes la rata trepara por la escoba y dejara en el mango la marca de sus dientes. Y los perros mismos habían caído al fin bajo esta marea. a pesar de su abundancia. vio en el ángulo de dos muros un raro objeto blanco. ¿Ocuparán el lugar de los hombres? —No sé —contestó Ish—. Pero en realidad. Ish acercaba el coche a la casa. ¿Es decir que las ratas son animales domésticos porque los hombres les proporcionaban comida y mataban a sus enemigos? 46 . Parecían más flacas y correteaban febrilmente en busca de alimento. antes de dedicarse a las ratas. En los alrededores. pero no lo creo. Los perros ratoneros. aterrorizados por el número de roedores. Llegaron a roer la corteza de los troncos como si fuesen conejos. Ish tomó una escoba y la aplastó contra el suelo. Princesa quedaba en la casa. Lo intentaré más tarde. La enciclopedia de su padre le informó que las ratas daban a luz casi todos los meses una camada de diez. e Ish y Em se sentían sitiados. de muchos cachorros. De todos modos. eran fecundas a la edad de dos meses. pero deben de disponer desde hace tiempo de comida en abundancia. Probablemente. que parecían encontrar particularmente sabrosos. Sí. Algunos días después. A los dos meses de reproducción habría en la ciudad diez millones de ratas. por una vez. como los lobos que atacan a los bisontes viejos. apareció en la cocina. pero nada anunciaba ese fin. A estas ratas les ocurriría lo mismo. los otros. el promedio de mortalidad era sin duda bastante elevado. habían roído la piel y los músculos. eliminando así el más eficaz medio de destrucción. salía o entraba precipitadamente. a su vez. o él mismo se había refugiado allí para defenderse mejor. Una vez. las ratas nunca intentaron atacarlo. se abocó al problema. y el perro había renunciado a defenderse. que el hombre ya no destruye. Si el número se triplicaba. Una docena. los roedores habían dado cuenta del ratonero. sin embargo. venida no supo de dónde. esto nos da un millón de ratas como número inicial. o estaba enfermo. sólo quedaban como adversarios algunos perros ratoneros y los gatos. Ish no se sobresaltaba ya cuando un sordo crujido le anunciaba que las ruedas pasaban sobre un roedor. algunos cráneos diminutos indicaban que el animal había vendido cara su vida. Se pusieron a excavar en el jardín. Las ratas habían acorralado al perro. se advirtió un cambio en el aspecto y actitud de los roedores. Una rata. Desaparecido el hombre. —Nunca lo había pensado —dijo Em—. aunque con aquellos dientes puntiagudos habrían dado cuenta. único enemigo de las ratas ciudadanas. Sólo quedaban los huesos mayores. disponiendo de cantidades casi ilimitadas de comida. Sewart —Ya ves —le explicó a Em—. enfurecidos por el hambre. habría ya unos cincuenta millones de ratas. los perros se habían batido en retirada. Aparentemente los víveres. Los dientes aún largos y brillantes eran de terrier. Vigilaban cuidadosamente las puertas. serpientes y búhos. Otras ratas mientras tanto le habrían cortado los tendones. —¿Las ratas serán dueñas del mundo? —le preguntó Em—. Las ratas no habían podido matarlos. se preguntó Ish.

buscando en ellas algún síntoma de enfermedad.. la vieron regresar precipitadamente. cuando una tercera rata. quiero decir. sólo nos queda cruzarnos de brazos y esperar el triunfo de los parásitos de las ratas. Pero Em era más valiente que Ish. Las ratas horrorizaban tanto a Ish que a veces. temblando y gimiendo. Y la peste la transmitían las pulgas. 47 del t. no quedarán más que * dos grandes ratas para pelear. Ish salió en busca de comestibles. para asegurarse que no había quedado ninguna rata detrás de un armario o la biblioteca. guantes. Pero parecían más activas que nunca. mientras la que había iniciado la lucha la seguía de cerca. los frutos secos y los sacos de habas. Como las hormigas. La peste que había recordado era aquella peste bubónica tan común entre las ratas.. Cuando una especie crece demasiado. no les faltan a las ratas. los gatos de Kilkenny. (N. temprano. Aunque se ocultaban de ellas mismas. Sin embargo. que mostraba a veces una lógica desconcertante—. y armado de un palo. perseguida por una vanguardia de ratas. Tosió para ocultar su titubeo y terminó con un tono indiferente—: Sí. la energía de Em lo sostenía. Con botas. cartones rotos y excrementos. por ejemplo— donde las ratas no pudieran vivir. dominado por el pánico. Pero no era así. La perspectiva de vivir rodeados de millones de ratas que podían propagar la peste era horrible. Pero ya no había dudas: las ratas se devoraban entre ellas. Le abrieron la puerta y tres o cuatro ratas aprovecharon para entrar. e instalarse en cualquier sitio —el desierto. aún les quedaba el recurso de devorarse entre ellas. En esos momentos. * Según la leyenda. ambos habían decidido ya que no podrían vivir una vida cimentada en el miedo. A veces muchas unían sus fuerzas contra una sola. pero luego descubrió que no había quedado nada que los roedores pudieran llevar o comer. Sewart —Parásitos del hombre. ya más escasas. unas pulgas infectadas que dejaban gustosamente las ratas muertas por los hombres.. de alguna especie de juego amoroso. siempre cae sobre ella alguna peste. Era de un coraje capaz de enfrentar pruebas aún más duras que la peste. Algunos minutos más tarde. Parecía que Em. apareció de pronto y la atacó.La tierra permanece George R. A pesar del disgusto que no lograba vencer. ayudados esta vez por Princesa que apenas había salido de su susto. Se trataba. lo mismo que los gatos de Kilkenny . aullando. Abandonados por el principal protagonista del drama. y así sucesivamente. probablemente. De la garganta de la víctima salió un hilo de sangre y la atacante se la llevó a rastras. aquellas un poco menos enfermas. Y la especie seguiría viviendo sin que nadie sufriera de hambre. Iba a meterse en un agujero demasiado pequeño para la otra. La prudencia indicaba que debían dejar la ciudad en seguida. —Primero desaparecerán las viejas. quería arrastrar a Em al coche y huir rápidamente. todos los días.. sin llegar a ese caso extremo. de arriba abajo. alguna peste caerá sobre ellas. Princesa se ocultó bajo el diván. todavía más grande. Ish examinaba atentamente las ratas. y ya con dos o tres en el lomo. Luego examinaron toda la casa. menos viejas y débiles. al agotarse los cereales. Las provisiones que había acumulado el hombre se habían transformado en alimentos para ratas. las enfermas y las débiles —comentó Ish—. y a veces era difícil saber qué contenían. Em lo llamó desde la ventana: —¡Mira. —Entonces —dijo—. y hasta le pusieron un bozal por si enfermaba de hidrofobia. Ish y Em pasaron un cuarto de hora persiguiendo a las intrusas. El suelo estaba sembrado de papeles. me parece —dijo Ish. Hasta habían roído los marbetes de las latas de conserva. Naturalmente. ella se sorprendió y él le confesó sus temores. luego. Una rata grande se había lanzado sobre otra más pequeña. Un día. Por ahora el hambre amenazaba a aquellas hordas más que la enfermedad. Desde entonces no dejaron salir a Princesa.. Em no pareció impresionada. Parecían menos numerosas. encontrarían otros medios de subsistencia. pelearon hasta que no quedó de ellos más que las colas. en realidad. la invasión ofreció a Ish un interesante estudio de ecología. había recordado algo. —De pronto. y luego notando que Em parecía interesada añadió—: A propósito de parásitos. A la mañana siguiente soltaron a Princesa para que diese su paseo cotidiano. las ratas. Llevó las nuevas a Em. Irlanda. y podía enloquecer a cualquiera. Luego. Ish bañó la casa con DDT y hasta roció sus ropas y las de Em.. Ish explicó que. casi un problema de laboratorio. —Y al fin —concluyó Em. Le sorprendió encontrar pocas ratas en las tiendas. no había notado nada. Esta se defendía y paraba los golpes con la energía de la desesperación. y quizás había también en ella una sombra de fatalismo. Ish no le transmitió sus inquietudes. se pelean! Ish se acercó sin mucho interés.) .

todo ha acabado. no es eso. y él miraba tiernamente los ojos negros. bruscas caídas. la rata. Ish no pudo ocultar su desconcierto. que no he sido leal contigo. Eres tan bueno. y más fuerte. Ish nunca se explicó el fenómeno y se contentó con felicitarse. Primero habían aparecido las hormigas. Decidieron al fin que Princesa no había contraído la rabia.La tierra permanece George R. Aunque siento. sino con mi silencio. y habitaban preferentemente en agujeros y zanjas cubiertas de escombros. y olvidaron el continuo ajetreo de aquellos cuerpos grises. es hora de que empieces con esos libros de medicina. había sido más perspicaz. alguna enfermedad había contribuido a su desaparición. jueces y presidentes no son más que polvo. pues la hormiga. sus capitanes se disputaban el trono. la sonoridad de la voz. las convenciones del mundo civilizado parecían ahora una farsa desopilante. Por ahora. Pero la raza de mi madre nunca tuvo mucha suerte en la tierra. y ya no hay gobierno en Washington. Ish no tuvo tiempo de decir una palabra. la limpidez de los ojos negros. y entonces ella se rió con él. Pero eran realistas. y la vida recuperó su normalidad. Em se estremeció y se echó a llorar. Tanto a Ish como a Em les costó recobrarse de aquel horror. Una mañana pareció que no había quedado una sola. En otro tiempo. y si alguno de ellos no superaba en fuerza a los otros. Ish sospechaba que las ratas habían servido de tumbas vivientes a muchos seres humanos víctimas de la epidemia. pero esto era sólo una conjetura. cuando un monarca moría sin dejar herederos. las ratas u otras bestias. Somos sólo dos pobres náufragos. La soltaron. Y así pasaba ahora. Gracias a su ferocidad fratricida. Pero lo dudo. No con mis palabras. habrían corrido un gran peligro. y se reproducían más rápidamente que las ratas. Ish besó a Em. o quizá tres. Nueva York es un desierto. ¿Qué ocurriría si ella se acobardaba? —Querida —dijo Ish—. No quisiera que los niños que deben repoblar la tierra lleven esa maldición. Te he mentido. abrazándolo. pensó Ish.. Durante cierto tiempo. en realidad salvaban la especie. nadie respondió: « ¡Viva el rey!». sólo somos dos. El número de ratas disminuía día a día. Pero cuando se oyó el grito de «El rey ha muerto». que viven de los restos de la civilización e ignoran si no serán presa de las hormigas. que seguía llorando en silencio. —Sí —susurró ella—. Otra vez la cabeza de Em se apoyaba en el hueco del brazo de Ish. Ahora todo se explicaba: la tez morena. resignándose a morir de hambre antes que devorar a un compañero. rápidos encumbramientos. podían haberse presentado los ratones. Los que perseguían a judíos y negros se pudren con ellos.. 48 . Quizás hay tiempo aún de hacer algo. habrá luchas. Las fábulas nos han inducido a error. luego las ratas. Él nunca había imaginado que el miedo pudiera dominarla. —Bueno —dijo ella—. estremeciéndose aún—. el perro y la abeja son de inteligencia similar. Si hubiesen sido animales sentimentales. al principio no parecía importante. Sintió de pronto su propia debilidad. sobre todo. salieron a la luz. No pudo dominarse y se echó a reír. Quizá dentro de mil años la gente pueda ofrecerse el lujo de preocuparse y molestarse otra vez por esas cosas. luego la tierra disfrutará de una calma y una paz que no conoce desde hace veinte mil años. Pero es lo mismo. —Querida —dijo Ish al fin—. ¿Por qué sufrir esa prueba? —Oh. el reino se desmembraba. Sólo cuando se propagaron demasiado. por lo menos. Senadores. la flexibilidad del carácter. Y comprendió que esta vez. la blancura de los dientes. Y su reino fue a menudo cruel y tiránico. Pero Ish sabía que aún había muchas en la ciudad y que su desaparición aparente era un fenómeno común. Ni siquiera te has fijado en el azul de las lúnulas. y el porvenir de la especie estaba asegurado. ¡no es eso! —protestó Em. Sewart Era indudable que las ratas no destruían la especie en beneficio de algunos individuos. los cadáveres eran poco numerosos. Entre los dos. y los viejos refugios fueron insuficientes. Las circunstancias los favorecían. Le asombraba la discreción de los ratones. Ish ya no la oía. En épocas normales. Me dices que tengo manos hermosas. Probablemente. sino el hombre. No eres el primer hombre que ama a una mulata. que ella. El rey de los animales no era el león. las ratas vivían ocultas.

pues no se veía una mancha en los blancos muros de granito. Cuando quieren salir. Entró ahora sintiendo a la vez miedo y respeto. la literatura. Sería necesario fijar las fechas. Al día siguiente se procuró un anteojo meridiano. Pero también el arte. y sin embargo. Pero no hay prisa. de que Princesa aprendiese a cobrar una pieza. Ante todo se necesitaban hombres capaces de leer y utilizarlos. animado por un entusiasmo juvenil. Sewart _____________________________________________________________8___ Al día siguiente fue a la universidad y detuvo el coche frente a la biblioteca. En los viejos tiempos. amigo el teorema de Newton». Y era necesario también salvar otras cosas. que había creado la civilización. Todos los descubrimientos de la ciencia y la filosofía podían personificarse y transformarse en aliados del hombre. Los siete días de la semana. Ish. el porvenir se le presentaba bajo una luz nueva. No deseaba abrir un agujero en un vidrio por donde entrarían los animales y la lluvia. No. la historia. hubo de confesarse que la sugerencia de Em tenía su importancia. Más tarde. y nadie sabía si no se remontaba a épocas anteriores. había nacimientos en los taxis y los ascensores. Y quizás es inútil. y el edificio quedaría protegido otra vez de las ratas y la lluvia. quería comunicar en seguida sus pensamientos a Em. Perder la continuidad del tiempo. Su hijo no sería educado como un parásito. Los tubos de desagüe parecían estar en perfecto estado. ¿Podría situar alguna vez exactamente el domingo? Encontrar el primer día del año no sería difícil. oh. Sí. ¿verdad? —Oh. amigos y compañeros que lo escoltaban. era indispensable medir el paso del tiempo. —A propósito de civilización —dijo Em—. aunque esas invocaciones fuesen un poco ridículas. el tiempo. Ya no sabemos en qué mes estamos. Sus estudios lo habían llevado cientos de veces a esta biblioteca. con su día de descanso. mi hermana la avena»? Ish sonrió. sin embargo. abuela la rueda. desorden y abandono. Dio unos leves martillazos y logró abrir una brecha pequeña que le permitió pasar la mano y alcanzar el pestillo de la ventana. Existía desde hacía por lo menos cinco mil años. Allí se almacenaba la sabiduría. indudablemente. los libros no bastaban. Pero debió resignarse. Era tiempo de abocarse al problema. Comprendió de pronto que la civilización no dependía sólo del hombre. eran una valiosa tradición. mi hermano el trigo».La tierra permanece George R. para protegerse los ojos de la luz. Sí. He aquí la diferencia. imaginaba que estarían a mediados de diciembre. La obstetricia podía esperar. esta letanía podía prolongarse indefinidamente: «Oh. y si descubría el día del solsticio y lo relacionaba con el calendario del año anterior. y aunque no sabía muy bien cómo emplearlo. y sus primeras observaciones le mostraron que el sol desaparecía detrás de las montañas de San Francisco. —Sí. la tradición y la civilización eran una sola cosa. Quizá ya se había perdido. primo el compás. sin mucho éxito. y se fue. Pisó a fondo el acelerador. Todo estaba aquí. que había saludado en el sol a un hermano. Los arbustos y árboles de alrededor no habían crecido apreciablemente en aquellos meses. La diferencia entre el hombre y la mujer. Em trataba. Oscureció los lentes con hollín. Conocía bastante astronomía. ¿por qué no diría él «Oh. sí. Más tarde taparía la abertura con unas maderas. Se sintió otra vez muy superior a ella. era perder algo irreemplazable. los aviones que vuelan más y más alto y más rápido. Como san Francisco. El porvenir de la civilización le parece menos importante que una fecha de nacimiento. la cultura. Todo el saber humano. «Oh. ¡Los libros! Todos los conocimientos científicos estaban en esos libros. y que podía reconstruirla. —Ah. oh. no sería necesario. llegaría quizás a establecer la fecha y el día de la semana. lo instaló en el porche de cara al oeste. y se había contentado con los libros de la biblioteca municipal. No había estado allí desde el Gran Desastre. pero se contentó con examinar algunos estantes de la gran sala de lectura. Oh. por ejemplo. El edificio estaba intacto. Había venido a buscar unos libros de obstetricia. —No he leído un solo libro de obstetricia —dijo—. pensó Ish. 49 . La música. pero Ish se sentía un poco decepcionado. Lo siento. Observando las puestas de sol podría descubrir el día del solsticio. tuvo una impresión general de suciedad. —¡La civilización! —dijo Em—. sino de todos los parientes. no. si no no podremos festejar el cumpleaños del pequeño. Las semillas. ¿recuerdas?. Ish se prometió vigilar la preservación de las principales plantas del país. Volvió a la casa como hipnotizado. nada los detiene. Las novelas policiales y esas orquestas de jazz que me lastiman los oídos. y el tiempo que había pasado desde la catástrofe. Ella bromeaba. De acuerdo con las condiciones atmosféricas. Al fin y al cabo. Futuro padre. estamos perdiendo la cuenta del tiempo. si otros sobrevivientes no habían sido más cuidadosos. A Em sólo le interesa lo inmediato. no viviría de las ruinas de un mundo muerto.

Hemos terminado con el pasado. Tenía ya bastantes conocimientos. técnicos. grabaremos la fecha en una roca. —El año próximo —dijo Em— será mejor. —Sí. pero el aire era claro y limpio. ¡El año uno! Ahora. ¿no es así? El niño querrá saber qué día ha nacido. Las nubes estaban aún muy bajas. Estos últimos meses. creo que ocurrió algo parecido. Pienso ahora en el porvenir más que en el pasado. En los años próximos se asistiría a la lucha de una sociedad que renacía de sus cenizas. Sewart al Sur de la Golden Gate.. o no sería sólo eso. o casi siempre. Para fechar los acontecimientos sólo tenían que observar si el sol se ponía en medio de la Golden Gate. Aquella tarde dejó de llover. Pero ahora. si fuese necesario. Los arqueólogos. ¿por qué no hacer coincidir nuestro nuevo año con eso que tú llamas. psicológicos. Por otra parte. —Y bien. Ish. Sabía leer.. ¿no te parece? Pero más hermoso será cuando tenga un tren eléctrico. y sin embargo estoy contento. si alcanzaba la primera cima del norte. y luego hubo una confusión y se perdieron diez días? —Sí. o sacar un pasaporte. el instinto de Em era infalible. A la mañana siguiente el sol declinó un poco más al Sur. Cuando el cielo se aclaró.. esta cola de año. se hizo añicos. —Bueno —declaró Ish—. ¿Crees que podré bajar a la ciudad antes que cierren las tiendas para comprarte una corbata? Ish la miró sonriendo. realmente. —¿Por qué? —¿No debería comenzar el año cuando el sol se dirige otra vez hacia el norte? ¿No se pensó eso en un principio. como siempre. No vamos a cambiarlo ahora. Sabemos en qué año estamos. —Se interrumpió y paseó a su alrededor una de aquellas calmas miradas que daban a veces la impresión de una dramática intensidad. o los otros puntos de la montaña. Comienza el año uno. el sol se ponía ya al norte. pensó Ish. políticos. decidieron que en la loma donde vivían había todo un calendario. Sentía aún aquella exaltación. Los meses. Podríamos reformarlo. puedan disfrutar otra vez de la electricidad. el error no puede ser muy grande. y estamos entre dos eras. —Tienes razón —dijo—. Y si le añadimos diez días habremos entrado en el nuevo año. subordinar ideas tan importantes al futuro de un niño que aún no ha nacido. miraba el oscuro oeste.. Sin embargo. un hombre importante. Hasta hace poco tiempo el pasado me obsesionaba. podrían retomarlo alguna vez. Añadiría otros. Comienza una nueva vida. Habrían podido verse las luces de San Francisco. Es la hora cero. pero uno no puede tomarse libertades con el calendario. son sólo pasado. Le regalaremos el primer árbol. Si añadimos un día a la hora de la última puesta. estaremos muy cerca del solsticio. Inmovilizó el anteojo y registró el ángulo de la puesta. Sería una lástima que se rompiera el hilo de la historia. que yo manejaré. Los náufragos en las islas desiertas hacen unas marcas en las cortezas de los árboles. —¿No lo cambió un tal Julio? Hubo algunas dificultades. ¿Para qué dividir el tiempo en meses? —Espera —dijo Em de pronto—. Para mí. Las navidades no pueden estar muy lejos. ya no se extendía un mundo desierto. ¿En qué año estamos realmente? Es algo bien femenino. pero podría evitárseles desde ahora ese trabajo. Luego. sin duda.. se dijo. No. Luego su sistema. creo recordar. pero los cambios se hicieron. ante él. pobrecito. y cuando decidamos que ha empezado otro. este año será el año uno. ¿Y los años? Habrá que señalar los años. No habrá para él trenes eléctricos. e Ish debió interrumpir sus observaciones toda una semana. 50 . tienes razón. y en perpetuo cambio. —¿No es tonto comenzar por un año de cuatro cifras? —dijo Em—. —Estas navidades deberían ser bastante lúgubres. no sería el único espectador.— Para mí. si hubiesen estado encendidas. Y él. las semanas y los días no tenían mucha importancia. Aunque quizá nuestros nietos. y un sonajero. —¿No es estúpido? —preguntó Em.. —¡Veinticinco años! En ese entonces seré una vieja. el solsticio? Sería más simple. y se ponía otra vez en camino. Ish. es muy simple. —Sí. Creía recordar que el extremo meridional del tránsito no estaba muy lejos. Le servirá para votar. pues el sol describía ante ellos todo su arco. No lo había pensado. en la oscuridad.La tierra permanece George R. Aunque quizá tú no quieras establecer estas formalidades. dejando que la imaginación se desbordara. dentro de veinticinco años. Me siento. —Sí. y aspiraba profundamente el aire fresco y húmedo. Una violenta tempestad vino del océano. Es muy antiguo. si quisiéramos. como ocurre con todos los sistemas. de pie en el porche.

Oh. y el sol. En aquella claridad. formaban una gruta estrecha y alta. La horticultura nunca le había gustado. Era una serena y soleada tarde de invierno. conservaba su ligereza de movimientos. no había temores. había habitado allí una tribu. El corazón de Em era una llama demasiado clara. sintió que el contacto con la tierra lo satisfacía de algún modo. y aun lógico. de sur a sur. y el espíritu del futuro desaparecería con ella. aspiró a bocanadas el aire fresco y húmedo. 51 . que el pensamiento de un niño cambiara así todas las cosas. Oh. al revolver con su azada el suelo húmedo y negro. Era raro. Así. Em era la vida misma. cuando un día Ish y Em subieron por la colina hacia las rocas. madre de las naciones. llamaron a veces a un año no con un número sino por algún acontecimiento. había desaparecido detrás de alguno de sus conejos. pero yo lo llamaría el año del bebé. un trazo en la base de la línea recta y un gancho en la cabeza. Princesa había salido con ellos. lisa y espaciosa como el piso de una pequeña habitación. ha pasado el año uno —dijo Ish. desde el principio. Era la luz del futuro y sus hijos participarían de esa gloria. e Ish golpeó con el martillo y el cincel la lisa superficie. pues. Ish había conocido la desesperación. como de costumbre. solo. y dos tentativas poco entusiastas. —Bueno. —Sí —respondió Em—. Jugaron con él. y donde uno podía sentarse cómodamente. mundo sin fin. En otro tiempo. Buscaría con cuidado. Pero sería divertido adornarla un poco. y los dos —o los tres— irían a esculpir en una roca el número que conmemoraría el fin del año uno. mundo sin fin. y la vida renacía ya en su seno. este terror no era real. recubría la falta de la loma. pero. por segunda vez. Em se sentó al sol para alimentar al bebé. como la oscuridad que una vez.La tierra permanece George R. Él. No obstante. Ish se sentó al sol. al desaparecer las luces. lo había asaltado desde todos los rincones. muy anterior a lo que llamaban ahora los viejos días. Aunque ya otra vez embarazada. con su esfuerzo. envuelto en una manta suave. Y sin embargo. bien merecía alguna ceremonia. y la conmemoración del primer circuito del sol. Se prometió buscarlos. y por eso quizás a pesar de sus buenos propósitos. rechazaba la muerte. junto a Em. Pero en lo más hondo de su ser acechaba aún un profundo terror. pensó. y en la superficie rocosa se veían aún unos agujeros donde los indios maceraban los granos con piedras. unidas en la cima. Ish sembró su primer huerto. ahora lo iluminaba la esperanza. y la figura se pareció así a una I de los viejos tiempos de la imprenta. Ish cargaba un martillo y un cincel. La llama de la vida seguiría encendida. hubiera seguido viviendo. sintiendo que la muerte se acercaba furtivamente. Em llevaba al bebé. Terminada su obra. Cuando llegaron a las rocas. Era imposible asociarla a la idea de la muerte. Pero Em. El satisfecho bebé reía feliz. La roca era dura. que colaborarían en la creación del mundo nuevo. No todo había terminado. apartando a todos los desequilibrados y enfermos. Una superficie rocosa. La memoria recuerda mejor los nombres que los números. y dos de ellas. no obtuvo nada el primer año. Y con los ojos fijos en el extremo oriental de la ciudad desierta. Em podía morir. Imaginó el día en que el sol se pondría otra vez en el extremo meridional de su arco. declinaba al sur de la Golden Gate. mas pronto trazó una línea recta. ¡Mundo sin fin! Años fugitivos _________________________________________________________________ No lejos de San Lupo había habido un jardín público. Sewart Otros sobrevivientes se unirían a él. Tus hijos te bendecirán. Las estaciones habían cumplido su ciclo. Unas grandes rocas componían un pintoresco escenario. hombres de valor. Añadió. y escuchó las palabras que cantaban en su interior: Oh. En la primavera del segundo año.

el cráneo medio calvo más rojo aún. para que los viejos nombres no desaparecieran de la faz de la tierra. Ish despertaba con pesadillas de cuervos voraces. Entonces aparecieron los conejos con sus galerías subterráneas. Siempre estaba de buen humor. Una tarde. Por otra parte. con una excepción. Todo pasó al fin. y en todo el norte de California. —¡Buen día. y sólo habían sobrevivido merced a su vigilancia. Roció las legumbres con insecticidas. aun con alguien tan discreto como Ezra. Pero cuando las lechugas empezaban a brotar. Ish mató algunos. con una pizca de acento inglés. Ish no podía vigilarlos todo el día. a rastras o a saltos. parecían sufrir aún la conmoción de la catástrofe. Los espantapájaros y los espejos los alejaron unas horas. unas llamas altas y vivas que devastaban los flancos de la montaña y sólo morían cuando no tenían más que devorar. Ish reforzó la cerca. en julio. Pasarían siglos antes que recobraran su perdido esplendor. pero no ocurre así cuando vuestra huerta es la única en muchos kilómetros a la redonda. y se oxidaban los depósitos. y sonrió descubriendo los dientes cariados. Los niños tenían siempre una sonrisa para Ezra. el año se llamó año de Ezra. y montones de ramas dejadas por los leñadores. y en el sur no hubo tormentas eléctricas. Era. transformando en braseros los troncos muertos. Pronto aparecieron los caracoles y las babosas. abundaba sobre todo la vegetación secundaria. Ish y Em. Algunas semillas —costaba mucho encontrarlas a causa de las depredaciones de las ratas— eran viejas y no germinaban. es relativamente fácil. En pleno verano. pájaros. Estos sobrevivientes. Pero parecía como si pusiesen centinelas: cuando él les daba la espalda. Ish nunca olvidó el cálido día de septiembre en que Ezra apareció calle arriba: el rostro rubicundo. Cultivar legumbres cuando otros miles de ciudadanos hacen lo mismo. Por suerte. Ish y Em hubiesen querido retenerlo. moluscos. La recién venida sólo tenía algunas semanas cuando se produjo otro acontecimiento memorable. un amigo dispuesto siempre a ayudar. Ish oyó unos ruidos y llegó justo a tiempo para ahuyentar una vaca que intentaba derribar la empalizada. El verano era particularmente seco. consternados. pero temían la vida en triángulo. Al fin. que llevaban una vida doméstica y feliz. y algunas cebollas y tomates raquíticos. habían recibido de cuando en cuando la visita de algún forastero que pasaba en automóvil y veía el humo de San Lupo. Una caja de veneno los eliminó rápidamente. Un día en que la vida sedentaria parecía pesarle. Los cuervos fueron los últimos en encontrar el huerto. Parecían abejas que habían perdido la colmena. explotadas y saqueadas por el hombre. los incendios provocados por el rayo se propagaban rápidamente. En junio les llegó el turno a los insectos. mamíferos.La tierra permanece George R. y todos los vegetarianos del mundo animal. los pocos que habían logrado adaptarse se habían afincado ya en algún sitio. Ish y Em. Su labor de horticultor aficionado lo había descorazonado profundamente. Sewart Ésta fue. El sol iba ya hacia el sur. por otra parte. Ish decidió proteger las legumbres con cortinas de alambre. 52 . caían sobre los macizos. Esos bosques eran creación del hombre. corderos sin rebaño. hasta que se preguntó si se atrevería a comerlas luego. aunque compensaron la tardanza con el número. amigo! —gritó. pero los cuervos pronto perdieron el miedo. Toda una horrible semana. y aparentemente llamando a sus compañeros con el grito universal de: « ¡A comer! ». Su partida dejó un gran vacío en la casa. En las regiones boscosas. en aquellos sitios. Se quedó hasta después de las primeras lluvias. hombre o mujer. Sin duda. al norte del golfo. espesa y muy inflamable. Hacia fines del verano. un buen compañero. Los niños despertaban a veces con ataques de tos y los ojos irritados y llorosos. cuando alcanzaran la madurez. incluso cuando lo torturaban los dientes. diciéndole que se buscara una hermosa muchacha y viniese a vivir cerca de ellos. y más o menos espeso y no se disipó durante tres largos meses. como habían llamado John al primero. La llamaron Mary. Dejó granar algunas plantas y guardó las semillas para el futuro. y poseía el don inestimable de que la gente se sintiese cómoda. y cosechó una planta de lechuga. nació el segundo hijo. conejos y vacas que rondaban el huerto y miraban sus legumbres con ojos brillantes como ojos de tigre. En el curso de estos primeros años. recordaban aún a Ezra. vastos bosques de árboles gigantescos que el fuego apenas podía dañar. la única alegría que le dio su huerto. aunque se había ido sin esperanzas de regresar. De noche. Y cuando fueron a grabar el número 2 en la roca. El año 3 fue el año de los incendios. lo despacharon entre bromas. necesitaban de él. Ish y Em se alegraban cuando el intruso decidía seguir su camino. la presencia de un tercero era siempre molesta. un brazo de mar los separaba de las montañas del norte. Más destrozos y más trabajo. Ish imaginó sin esfuerzo qué ocurría. el mentón puntiagudo. La excepción fue Ezra. En su memoria. una cabra saltó la cerca y sólo dejó unas pocas hojas. Ahora las mangueras estaban enrolladas. Vio a Ish de pronto. concluía Ish. pensaban. el humo ocultó el cielo. e Ish pensó que los daños alcanzarían a la mayoría de los bosques de California. vieron de noche. y sin duda también en Oregon y Washington. insectos llegan al galope o por el aire. No había ya.

y Maurine. George era alto. aunque a veces dura como suela. Ish retomó el hábito de la lectura. Luego posaba los ojos en la lámpara de petróleo y los alzaba hacia las otras lámparas muertas. y ya nadie pensaba en él. estaba muy contento. El año 4 fue el año de la llegada. Había tenido ya muchas experiencias. Aquella confesión de bigamia no impresionó mucho a Ish. Quizá lo más útil era acrecentar sus conocimientos de medicina. Llevaron a George y Maurine a San Lupo. tuvieron muchas dificultades con los neumáticos y el motor. Ish y Ezra discutieron en privado el caso de George y Maurine. Maurine. Un tiro de 53 . la había mordido una serpiente de cascabel. Pero cumplieron al menos la misión que se habían propuesto. Pero uno salía de paseo y corría el peligro de encontrarse cara a cara con un toro furioso. era su calco. Ish no pudo dejar de pensar en aquellos camiones que en la época de la recolección de frutas llegaban en otros tiempos a California. pero sólo la historia de la humanidad lo atraía. No tenía la palabra fácil. totalmente estúpida. mecánica. Ish y Maurine descubrieron que les había ocurrido algo parecido. canoso. Ish y Ezra hicieron un viaje en la vieja camioneta de Ish. Los niños dormían en un cuarto del primer piso. Los habitantes de San Lupo eran ahora siete adultos y cuatro niños. pero los candidatos eran tan escasos. En efecto. y no ignoraba que en el pasado la pluralidad de mujeres había sido común en muchas grandes civilizaciones. la carpintería. y después de cada nombre añadió naturalmente y sin ningún embarazo: «mi mujer». Sewart Ese año. obras de teatro que de un modo u otro le desvelaban los misterios del alma humana. especialmente a la filosofía de la historia. Jean. y diez años más joven. agricultura. En cuanto a la niña. Temblaba y gimoteaba casi sin cesar. gente de buena voluntad.. la biblioteca municipal le bastaba. Ish no había visto nunca entre los sobrevivientes dos miembros de una misma familia. pero nunca se desarrolló normalmente. Los miembros de la Tribu podían comer carne a discreción.. en una sociedad destruida donde había dos mujeres y un solo hombre. El mismo año. nuevo síntoma de adaptación. era aceptable. Se veía pocas veces un caballo. la llamaban Evie. empezaron a llamarse a sí mismos la Tribu. Al cabo de un tiempo. pero era hábil en su oficio. Lo mismo podía ocurrir en el futuro. y la leche de su madre o la herencia lo habían inmunizado. más adelante. Por otra parte. que no se podía ser demasiado exigente. y vivía en Dakota del Sur. tranquilizada por la bondad de sus nuevos compañeros. Ese año fue bautizado el año de los toros. Ezra había partido hacía más de un año. raramente un carnero. y los caminos estaban en mal estado. Las tareas domésticas la entusiasmaban tanto como a George la carpintería. Nadie podía decir si era idiota de nacimiento o si el horror y la soledad le habían alterado la mente. y estaba siempre de buen humor. para más tarde. empezó a hablar un poco más. dos veces padre. Ezra presentó a las dos mujeres: la mayor se llamaba Molly.. En ese entonces. Leía a la noche. Em dio a luz otro hijo al que llamaron Roger. los bovinos se multiplicaron como anteriormente las hormigas y las ratas. El niño. Devoró innumerables obras de antropología e historia. y concluyeron que la pareja. El año 5 no trajo ningún acontecimiento extraordinario. y Em tejía. Ezra era capaz de desenvolverse cómodamente en las situaciones más embarazosas.La tierra permanece George R. al principio en broma. Pero allí estaba. y sólo Ezra podía arrancarle alguna sonrisa de cuando en cuando. una muchachita asustada y un niño. sin contar a Evie. se alimentaba de conservas. un mecánico o un granjero nos hubiera sido más útil. el millón de volúmenes de la universidad. la segunda. Había nacido algunas semanas antes del Gran Desastre. Ish pensó sonriendo que era como admitir a un nuevo socio en un club. en un auto destartalado. Balbuceaba algunas pocas palabras. Cuando Maurine era niña. de movimientos lentos. Debía de haber tenido cinco o seis años en la época del Gran Desastre. Pero leyó también novelas. bajaron del coche una mujer de unos treinta y cinco años.. poemas. Princesa se desperezaba ante el fuego. de caracoles. lleno de viajeros y utensilios domésticos. Princesa se precipitó a la calle ladrando con todas sus fuerzas y una bocina lanzó una sonora llamada. Después de Ezra. No fue un viaje de placer. Molly y Jean tuvieron cada una un hijo. Pero en las aún intactas praderas el número de cabezas de ganado vacuno alcanzó proporciones catastróficas. Encontraron a George y Maurine. pareja que Ezra había descubierto en sus vagabundeos. Un hermoso día de primavera. pensó Ish. George era de una inteligencia poco brillante. Por ahora. A finales de año. Ezra. guardaba en reserva. pero nadie sabía su verdadero nombre. otra más joven. alrededor del mediodía. era hijo de Molly. Ezra la había encontrado sola y sucia. de unos cuarenta años de edad. Lástima. Era sin duda la mejor solución. Ralph. y hasta de lombrices. de cuando en cuando Ish alzaba la cabeza y pensaba que sus padres habían pasado así muchas noches. y luego pasó a la filosofía.

los pumas invadieron toda la región. y el hedor de la descomposición no parecía quitarles el apetito. Y luego ocurrió un milagro. De pronto. pero por ese entonces las carreteras estaban ya muy estropeadas. sufría crisis de llanto. George y Maurine buscaron consuelo en los rezos. En el curso de los doce meses. Ish cojeó desde entonces un poco. pero mataron a cuatro perros. La colonia estaba horrorizada. miró distraídamente una vaca que agonizaba al sol. Aun ahora. y habían conocido lo que llamaban la Gran Soledad. El ruido despertó a los hombres. presa de una verdadera neurastenia. una alfombra verde cubrió las colinas. Poco después las langostas murieron y un olor nauseabundo apestó la atmósfera. sin que un solo animal satisficiera su hambre. Y la tierra estaba tan oscura y desnuda que parecía que nunca se recobraría. parecían absorber con la leche la angustia de sus madres. Cayeron del cielo un día y devoraron todo lo que había escapado al ganado. Todos se hicieron expertos en el arte de esquivar los cuernos puntiagudos. Hasta se había preguntado si no habrían muerto todas las semillas. Sólo Ezra y Em parecían resignarse. y los flacos bovinos. El espectáculo le parecía natural. Las madres se inquietaban todavía más. Hubo una gran sequía. Los pumas no se atrevían a atacar al hombre. Y cientos de cadáveres de vacas cubrían los lechos secos de ríos y pantanos. Se cansaba mucho al conducir el coche. Si se quería guardar un buen recuerdo. había sido un año de desgracias. En condiciones atmosféricas adecuadas. Un día ocurrió el accidente que todos temían. El año 7 no fue mejor. Pero la fetidez y el aspecto desolado de la tierra los hacía sordos a todas las explicaciones. y no podía quedarse sentado mucho tiempo en la misma posición. Los niños vivieron encerrados en las casas. y pocos pastos. pues los insectos proliferaban en campos donde nadie los perseguía. por ejemplo. Titubearon un momento. que no participaba de ningún grupo. y sólo le rozó el lomo. furioso. y las fieras carniceras bajaban de las montañas. los coches se descomponían fácilmente. Pero el huerto quedó arrasado y. John —a quien llamaban Jack—. Esto al fin se convirtió en un deporte al que llamaron «el juego del toreo». salvo el último bebé e Em. El año de los toros había sido un buen año para los pumas. Comieron las hojas de los árboles. Pero los niños de pecho. iban de un lado a otro en busca de comida. Aun Maurine. pero luego había que arrastrar el cadáver lejos de las casas. las cuatro mujeres dieron a luz. Pero fue un año memorable también por otras razones. Sewart revólver podía terminar con el problema. Jean se burló abiertamente y declaró que los sucesos de los últimos años no invitaban a confiar en Dios. Luego aparecieron las langostas. saltó sobre él y lo hirió seriamente antes que Ezra pudiese intervenir. Molly. Ish apuntó mal con su fusil a un puma. de la mano de su padre. Ish desesperaba del porvenir. y uno nunca podía saber si alguna fiera no le caería encima desde la rama de un árbol. Bebían con entusiasmo su leche condensada. podían llamarlo el año de los cuatro niños. La sequía había diezmado luego los rebaños. hasta que los carozos colgaron de las ramas desnudas de los árboles. Aquel año fue bautizado el año de los pumas. Cuando llegó el solsticio de invierno. El recuerdo de aquellas horas de horror todavía no se había borrado. Ish adivinaba sin esfuerzo las causas de la invasión. Ish mismo se sintió aliviado. El hedor se hizo intolerable. Dos semanas después de las primeras lluvias. y afirmar la esperanza de vencer la oscuridad y la muerte. todos se reunieron otra vez al pie de las rocas para grabar un número y bautizar el año. Ish intentaba explicar a sus compañeros que eran calamidades naturales en aquel período de transición. y no había muchos lugares donde ir. la invasión de langostas. que parecía tener demasiados años. Octubre fue una larga pesadilla. El año 6 fue memorable. Sin contar a Evie. Pero era también el de las vacas muertas y el de las langostas. El animal. Al fin y al cabo. y las frutas. pues la desesperación de los otros había hecho tambalear su confianza en el poder de recuperación de la tierra. o aguantar el hedor. No se podía salir sin un fusil y un perro que daba la alarma y no se separaba de las piernas del amo. Renació la felicidad. que descargaron sus fusiles casi a bocajarro contra las asustadas bestias. A pesar de la lógica de sus razonamientos. la Tribu no era más que una llamita. era inevitable. así que se lo llamó simplemente el año malo. y se habían multiplicado.La tierra permanece George R. y ahora tener hijos era un honor. una noche echaron abajo la cerca del huerto. 54 . Los niños mayores no se mostraban muy afectados. amarga ironía. Cada nuevo niño parecía reanimar aquella claridad vacilante. Em había predicado con el ejemplo. Era un círculo vicioso. Molly y Maurine lloraron de alegría. Al terminar el año el número de niños se elevaba a diez y superaba ya al de adultos. Se agitaban y lloriqueaban. demasiado numerosos. Enloquecidos por el hambre. Todos los miembros de la Tribu habían vivido algún tiempo solos. amenazada por las tinieblas.

un anciano de buen aspecto llamó una mañana a casa de George. Ish había estudiado el catecismo en la infancia. Ezra no haría objeciones. Apelaron a Ish. Era uno de esos viajeros que de cuando en cuando. Poco después de año nuevo. mostraba muchos síntomas del sarampión. y Em. resueltamente hostil. pero cuando Maurine le preguntó a qué religión pertenecía. y dolores de cabeza. Poco le costaba fundar una religión mezclando los ritos de distintos cultos. Sólo se quedó una noche y partió sin despedirse. Pero en realidad aquellos oficios dominicales favorecían más las querellas que la unidad. era católica. Em y Ezra hicieron probablemente lo mismo. Aparentemente. y quizá lo era. George era metodista. Pero durante esos minutos de silencio. y desde entonces llamó a Ish miembro de la iglesia escéptica. George había llevado cuenta exacta de los días de la semana. o más hipocresía. George se quejaba de dolores articulares a los que daba el viejo nombre de reumatismo. Todos miraban con optimismo el porvenir de la Tribu. que tenía nueve años. y la impostura más que la religión. pues implicaba que el experimento había comenzado y terminado al mismo tiempo. pues «cada uno los diría en su corazón según su deseo». los Hijos de Cristo. e irritables. En cuanto a Maurine. Ezra toleraba cualquier creencia. como si las sombras retrocedieran un poco más. y diácono. y derramó unas lágrimas. A principios del año 9. «a causa de los niños». sobre todo en las cuestiones intelectuales. entonaba algunos cánticos y spirituals con su cálida voz de contralto. con la cabeza desnuda. y se ampliara el círculo de luz. Em. el hijo de Molly. y que los fieles sólo serían dos ovejas sin pastor. que no recordaba voluntariamente el pasado. y no había entre ellos ningún fervoroso creyente. En los últimos años. olvidando la larga enemistad de sus iglesias. que era una especie de jefe. no la entendió. y Jack. Los bebés lloraban. muy profundas. Y sólo dos enfermedades aparecían de cuando en cuando. Sewart El año 8 fue relativamente tranquilo. La otra empezaba con un violento dolor de garganta. dijo que era escéptico. Pero la mentira repugnaba a Ish. no pareció emocionarse con esa hospitalidad. la colonia se componía de siete adultos. la salud de toda la comunidad había sido increíblemente buena. leían pasajes de la Biblia. Maurine y Molly se adherirían con entusiasmo. Ella. George y Maurine. de ocho. Maurine. Ish se sintió tentado. y trece niños de distintas edades. no se unió a sus compañeros. como otros. Las dos mujeres se persignaban de cuando en cuando. mostrando un amplio criterio. incluida Evie. Casi en seguida. Sus convicciones no eran. Ish hubiera podido convencerla. Ish decidió interrumpir los oficios. de pronto. Ish no creía necesario permitir que la enfermedad evolucionara para satisfacer una mera curiosidad científica. George. no se dejaría engañar. pero. Pero hasta los resfriados no eran más que un recuerdo.La tierra permanece George R. Con más fervor. Se lo llamó el año de la visita a la iglesia. y aparentemente sin entusiasmo religioso. Jean se convertiría. Jean. declaró que los rezos en silencio se prolongarían indefinidamente. como Molly. y la comunidad sería más unida y fuerte. nombre que habían adoptado definitivamente. y era incapaz de organizar una congregación. o rezaban un Ave María. Ish nunca rezó. fueron los primeros en hablar de oficios religiosos. pero no podían confesarse ni asistir a misa. Cantaban cánticos. y había perdido la fe. A Ezra y algunos otros les habían dolido las muelas. las plegarias de los fieles habían quedado sin respuesta. pensaba Ish. Daría así a sus compañeros una sensación de comodidad y confianza que en verdad necesitaban a menudo. El nombre divertía a Ish. venían a pedir asilo. y de pie. Al fin celebraron un oficio todos los domingos. pues. pero cada vez más raramente. De pronto se declararon anginas. Aquellos siete americanos pertenecían a muy distintos cultos. alzaban al cielo una plegaria silenciosa. pero rehusaba toda profesión de fe. desde los recién nacidos hasta Ralph. el hijo de Ish y Em. Lo recibieron con los brazos abiertos. Un día. Una epidemia había caído sobre la Tribu. pero las sulfamidas la hacían desaparecer tan rápidamente que nadie conocía su curso. A Ish le parecía que no rezaba nunca. A veces una herida se infectaba. que nunca había oído la palabra. Pero de cuando en cuando. era reticente. Una de ellas atacaba a los niños. Diplomáticamente. Pero carecía de elocuencia. la Iglesia católica no había previsto que un día no habría nadie en el trono de San Pedro. no lo olvidaba. Mientras hubiese sulfamidas en las farmacias. Pero en el momento del Gran Desastre. Los nacimientos eran recibidos siempre con gran regocijo. Molly opinó que la idea era conmovedora. Así el experimento religioso tuvo buen fin. Jean había sido miembro de una vociferante secta moderna. todos se sintieron mal. declaró que no se opondría a que los servicios se celebraran «a la manera escéptica». y resfriados. 55 .

El año 10 pasó sin incidentes y tuvieron dificultades en encontrarle un nombre. y algunas semanas más tarde todos habían curado. señalando así que su ira se había calmado. que la desaparición del resfriado compensaba ampliamente la pérdida de la civilización. particularmente seco. había sobrevivido el sarampión. Molly y Jean tuvieron niños. Ahora todas las mujeres eran hábiles comadronas. Algunos meses antes. manifestaron su voluntad. junto con sus bacterias. y lo había llevado con saltos y ladridos a la casa donde había 56 . Tenía probablemente infectados los senos frontales y había pasado a sus huéspedes aquella afección que se creía desaparecida. Pero para los niños Princesa era sólo una vieja perra. tres niños sufrieron unas fuertes diarreas y murieron. En el año 11. habían descubierto que en la bahía abundaban unos magníficos róbalos. nadie parecía buscar distracciones. Nadie conocía su edad exacta. después del Diluvio había mostrado en el cielo el más hermoso de los arcos iris. Ahora tenían docenas de perros. Pero cuando llegaron a la roca. Ese año se llamó el año de los muertos. Lo había arrancado a tantos tristes pensamientos. y habían sido auténtica fuente de diversión. El otoño. cuando Ish la había recogido. ni por el color. caprichosa. Así. Y los animales transmitían también algunos males.. ni por el carácter. madres de los otros niños. Cuando llegó la hora de bautizar el año. Para Ish la explicación era más simple. y no se le parecían ni por la talla. había decidido suprimir los males menores. Aun muerta. sabía hacerse querer. La perra había muerto luego de algunos meses de enfermedad. En los viejos días se había resfriado muy a menudo. Quizá Molly tenía demasiados años. Sin que se supiera exactamente por qué. Molly y Jean. Ish se felicitó. pero el hijo de Molly no sobrevivió al parto. recordaron todos un poco tarde. se sonaba la nariz muy frecuentemente. La muerte de tantos seres humanos había roto la cadena de la mayoría de las infecciones. El resto del año. aunque Princesa había sido su amiga. nietos y bisnietos de Princesa. tosiendo. que desaparecía de cuando en cuando para encontrar un viejo amigo entre los perros salvajes o elegir un nuevo pretendiente. En general. por primera vez. terminó con los últimos microbios. y se lo habían repartido. y habían organizado alegres partidas de pesca. Fue una gran desgracia. algún sobreviviente afectado de alguna enfermedad crónica la transmitía a los otros. Sewart Esta ausencia casi total de enfermedades era para las gentes inclinadas a la superstición. y decretaron que ese año sería el año de la pesca. Em lloró a su hijo. tanto podía tener un año como tres o cuatro. hubo una discusión entre viejos y jóvenes. Lo habían probado por curiosidad. sin complicaciones. no obstante. El viejo. un insecticida quizá. podía rebrotar y propasarse a toda la Tribu. y muchas enfermedades habían muerto. Afortunadamente. La infección. Según ellos el año debía llamarse el año de las esculturas de madera. con la que se tenían todos los miramientos. siempre dispuesta a seguir la pista de algún conejo imaginario cuando uno la necesitaba. Pero el calor de aquel verano. sus descendientes eran de una raza incierta. el resfriado siguió su curso. sin embargo. y luego de algunas dudas Ish se mostró de acuerdo. trajo desgracias mayores. Aquí y allá. casi todos hijos. y durante un tiempo había vivido en San Lupo casi como un ser humano. pensaba Ish bastante sorprendido. A pesar de tantos defectos. latente.. un verdadero milagro. De todos modos era un espectáculo casi cómico ver a aquellas gentes que habían disfrutado hasta entonces de una salud tan extraordinaria. Habían nacido dos nuevos niños. como George y Maurine. Imaginaban que Dios había castigado a la raza humana con una terrible epidemia. Había tanto que hacer para asegurar el bienestar material.. lo había librado del miedo. e Ish tomó el martillo y el cincel para grabar los números. y que en otro tiempo se conocía como «resfriado de cabeza». Había sido hasta el fin la misma Princesa. y esta tarea brindaba tantas satisfacciones. Ish había temido siempre una desgracia semejante y había pensado en el dolor de Em. los niños. desde luego. las enfermedades de los organismos gastados. y que ahora. sin duda. no totalmente en broma. que los juegos no los tentaban. o el reumatismo de George. Estos peces eran un buen alimento. Los padres habían elegido un nombre: el año de la muerte de Princesa. Seguían existiendo. Entre esos niños se encontraba un hijo de Ish. era el primer niño que moría al nacer. Probablemente habían ido a jugar a alguna casa de los alrededores y habían encontrado algún veneno.La tierra permanece George R. con la que no se podía contar. por primera vez. y ahora decía. a guisa de compensación. podía decirse. la civilización tendía sus trampas. lo habían encontrado dulce. Su amor a la vida era tan apasionado que llegaba a aceptar la muerte como parte de la vida. sonándose la nariz y lloriqueando.. Ish vivió temiendo otra epidemia. no muy interesante. estornudando. Luego de tantos cruces. como el aneurisma. manifestaron ruidosamente su dolor y rechazaron todo consuelo. Del mismo modo. el número total de la Tribu había disminuido en el curso de doce meses. como la tularemia. o el cáncer. pero Ish no conocía aún toda su fortaleza.

el año de los mellizos. Las termitas eran dueñas del edificio desde hacía diecisiete años y habían carcomido los cimientos. hija de ellos. y a pesar de su escasa importancia. pero algunos niños pronto se mostraron muy diestros. la idiota. Y quizá sin ella hubiera continuado su camino. El año 12. se lo llamó el año bueno. Ish y Em. Molly y Jean querían «una verdadera boda». Este suceso impresionó mucho a los niños. pero desde un principio habían sido destinados el uno al otro. A falta de algo mejor. tuvo el primer par de mellizos. el accidente pareció normal. pues. Lo llamarían un tiempo vieja momia. aunque siguió siendo un pasatiempo agradable para las tardes de lluvia. Los primeros ensayos fueron torpes. Los niños recordaron que Ish había encontrado su viejo y asmático acordeón. que pronunció un discurso sobre los deberes y responsabilidades de los esposos. y las niñas eran todavía demasiado jóvenes para casarse. pero se habían celebrado nuevos matrimonios y nacieron dos niños más. y el año fue el año del nieto. Em. luego moriría y lo olvidarían. El amor romántico. y se contentara con vivir a la sombra del pasado: escuchando discos en los fonógrafos de cuerda y mirando viejos libros ilustrados. Agrupados a su alrededor. Nadie sino Ish pareció advertir en el nombre una confusión gramatical. pues. El año 16 se celebró el primer matrimonio. Em. Sewart encontrado a Em. Sin embargo. Jean y Maurine— envejecían. Fue un año tranquilo y agradable. y le preocupaba que la Tribu no manifestara ningún talento especial. como las antiguas bodas reales. como compensación. El año 15 fue excelente y pudo haber sido el tercer año bueno. y sería una sombra del pasado. Los novios fueron Mary. hijo de Molly. en efecto. perros u hombres. Ish había estudiado bastante antropología para saber que todos los pueblos tratan de expresarse artísticamente. Molly. pensó Ish. pues señalaba una ruptura con el pasado y un paso hacia el porvenir. todos los niños habían invadido los aserraderos en busca de hermosas maderas de abeto para tallar en ellas bueyes. El año 17 los niños sugirieron que se lo llamara año de la casa derrumbada. Ish y todos los mayores sintieron otra vez la vieja soledad y la amenaza de las tinieblas. A Ish se le heló el corazón. Todas las mujeres —Em. Se los llamó Joseph y Josephine. 57 . El año no había sido. al fin y al cabo. y luego Joey y Josey. designó el año.La tierra permanece George R. Separaron un disco de Lohengrin y prepararon un vestido de novia de seda blanca con velo y corona. con su reserva habitual. Aquél fue. Jean dio a luz un niño muerto. Fue el último niño nacido de la vieja generación. pertenecía al pasado. Pero había algunas diferencias. hija mayor de Ish y Em. nacido poco antes del Gran Desastre. ese año tenía un valor simbólico. El entusiasmo se apagó con los días. según su propia expresión. el nombre no tenía quizá tanta importancia. Maurine. y Ralph. Pero para Ish estos ritos hubieran sido una horrible parodia del pasado. que nunca debería tener descendencia. Y luego. pesaron el pro y el contra. enteramente bueno. se hundió estrepitosamente ante los niños. Princesa se hundiría en el olvido. mientras los otros discutían. Mary y Ralph se presentaron ante Ezra. Luego de un examen. habían cantado juntos viejas canciones como El hogar de la montaña y Ella vendrá por la colina. y él exageraba su significado. En los viejos tiempos. e impusieron su voluntad. había caído también víctima de la epidemia. El año 13 vio nacer a dos niños robustos. Pronto los niños ni siquiera recordarían su nombre. Mary era. El año 14 se pareció al 13 y fue el segundo año bueno. Pero las antiguas normas no tenían ya vigor. Aprovechó una pausa en la discusión para apoyar a los chicos. y los niños propusieron el nombre del año que cantamos. pensó en las esculturas en madera. un matrimonio entre criaturas tan jóvenes hubiera parecido prematuro y hasta poco decente. en la intimidad. Era un matrimonio de conveniencia. No aumentar es disminuir. Como toda ceremonia. se mostró de acuerdo. y no merecía ese título. Le alegró por lo tanto aquella moda de la escultura. Él también envejecería. Habían llegado a ser una manía como las pompas de jabón o el mah-jongg de los viejos tiempos. Mary y Ralph no estaban perdidamente enamorados. Así ocurría siempre. excepto Evie. El año se llamó año de la escultura en madera. Mary tuvo un bebé antes de fines de diciembre. que habían acudido a los primeros ruidos. y aquél era el primer año sin nacimientos. Pero Princesa había muerto ahora. De pronto. El año 18 Jean tuvo otro hijo. Según Ish. Una de las casas vecinas. sin sucesos de importancia.

Ish intentó enseñarles a leer y escribir y transmitirles algunas nociones de aritmética y geografía.La tierra permanece George R. luego. y acababa de cumplir los nueve años. uno de los mellizos —los más jóvenes de los hijos de Ish y Em— era un muchacho despierto. El año 19 fue llamado el año del alce a causa de un incidente que impresionó a los niños. Sin embargo. ese año. Los escombros cubrieron las calles. y siete nietos. el primero que se había aventurado en esos parajes. y el terremoto acabó así el lento trabajo del tiempo. Evie. y una madrugada. o habían sabido leer en otra época. en aquella tropa de niños pasaba un poco inadvertido. despertó a la Tribu. conmemoró un incidente sin importancia. Los miembros de la Tribu eran ahora treinta y seis: siete abuelos. y aunque la quería mucho. era el favorito de sus padres. En cuanto los primeros niños alcanzaron la edad escolar. y los estudios no habían adelantado mucho. en verdad. Joey. Sin embargo. Como benjamín. ocupados en sus tareas o juegos. Tuvo éxito un tiempo. y menos dotado para los juegos que la mayor parte de los otros niños. asomada a la ventana. Para el año 20 todos estuvieron de acuerdo: el año del terremoto. veintiún hijos. Pero le era difícil reunir a sus alumnos. para que no fueran totalmente ignorantes. minadas por las aguas de las lluvias o carcomidas por el moho. se derrumbaron rápidamente. El viejo volcán de San Leandro había vuelto a la actividad. los de más edad sabían leer casi correctamente. Pero a final de año se advirtió que Joey sabía leer. Las casas habitadas soportaron el fenómeno gracias a George. Una mañana. Era un alce. una violenta sacudida. gritó algo con su rara voz ronca. Sin duda los rebaños se habían multiplicado y ahora bajaban del norte a recuperar las posesiones que el hombre les había arrebatado. En ese año 18. _______________________________________________________________2 EL AÑO 22 58 . Sin embargo. Mary era su hija mayor. No supo jamás si había obtenido algún resultado y sufrió una amarga decepción. Miraron y vieron un animal desconocido. y todos de acuerdo declararon que el año sería llamado el año en que Joey leyó. Sewart Éste fue el año de los estudios. que las mantenía en excelente estado. Pero las que habían sido roídas por las termitas. los escolares lo abandonaron. Ish se preguntaba si la mayoría —por ejemplo Mary. no lenta y trabajosamente como los otros chicos. Sólo en Joey ardía realmente la llama de la inteligencia. seguida de un estrépito de chimeneas que caían. debía reconocer que no era. Los otros lo admiraron también. aunque menudo para su edad. Evie. señalando afuera con el dedo. como muchos otros. sino con facilidad y gusto. madre ahora de dos niños— sabría deletrear polisílabos. Para el año 21 Ish había elegido un nombre: el año de la mayoría de edad. Ish hizo otro esfuerzo y trató de reunir a todos los niños en edad de aprender. una intelectual. Ish se sintió invadido por una ola de ternura y orgullo.

Ezra. vigoroso aún. Junto a Ezra estaba George. Como momentos antes en la roca. Los ojos de Ish se posaron en seguida en Molly. Allí estaba. Por otra parte. Ish sintió renacer en su interior un vago descontento. pensando en la hoguera tradicional que coronaba los festejos del nuevo año. y ningún don intelectual. Al lado de George se había sentado Evie.La tierra permanece George R. como si se interesara en la conversación. a su manera. y se sentaron a conversar un rato. ¿Por qué?. Paseó la mirada alrededor. y Evie. mirando a derecha e izquierda. Oyó a los niños. a pesar las canas. en medio de la alegría general. muy superiores a los que tanto nos enorgullecen. había 59 . Ish descorchó una botella de oporto y todos brindaron. la mayor de las dos mujeres de Ezra. Sin embargo.. los ladrillos que servirían para levantar una nueva civilización. pero los dos guardaban silencio. pero era el talento de vivir cordialmente con sus semejantes. Era un excelente carpintero. y gracias a él habían sobrevivido los oficios manuales. y había aprendido plomería y pintura y todos los oficios que pueden tener utilidad en el cuidado de una casa. y examinó a sus compañeros. Yo iré a buscar papel higiénico. Luego del Gran Desastre había imaginado que los sobrevivientes resucitarían poco a poco el mundo civilizado.. parecía bonita si uno no se fijaba mucho en su rostro inexpresivo. incluso George. Yo sé dónde encontrar una lata de petróleo. Sin embargo. De todos modos. pues miles de europeos son indios. Como todos los años en esa época. Todas las generaciones contribuyen a crear o resolver los problemas de las generaciones futuras. que arde muy bien.. excitados. todos convinieron que el año 21 había sido un buen año. no George. y probablemente no había abierto un libro en su vida. No. Molly cuidaba de su apariencia. J. George.. Ish se sentía inundado por la simple alegría de la amistad cada vez que miraba aquel rostro delgado y encendido. y no hemos visto nunca que uno solo de estos aborígenes se hiciera voluntariamente europeo. Era un hombre indispensable. Los adultos. la débil mental. sobreexcitado.. y que el 22 se anunciaba bien. sin duda. se reunieron en casa de Ish y Em. como si quisiese convencer a un adversario. diez. de sonrisa tan agradable. pensó. cuando Ish acabó de grabar los números 2 y 1 en la lisa superficie. No. JOHN DE CRÉVECOEUR. Ellos eran. ¿Por qué he de ser yo quien prevé o intenta prever lo que pasará en los próximos cinco.. Sin ser tonta. no podía dejar de preguntarse qué ocurriría con la Tribu en los años próximos. como las otras mujeres. Sewart Sus lazos sociales han de ser sin duda de una fuerza singular. no Ezra. veinte años? En ese entonces quizá yo ya no viva. deberán solucionar sus propios problemas. podía decirse. Molly tenía poca instrucción. Evie no sería esa piedra angular. Nuestros descendientes. Ish se hundía en sus reflexiones y se preguntaba qué traería el año próximo. Ish marchaba junto a Em. George era muy poco inteligente. el bueno de George… pesado. que gritaban: —Vamos a la casa que se derrumbó. gritando. Había soñado con el día en que se encenderían otra vez las lámparas eléctricas. Aunque no era así. no carecía de valor. como hacía a menudo. los miembros de la Tribu regresaron a las casas. por ejemplo. Ezra tenía talento. Los niños corrían delante. Ish no lo ignoraba. Pero sus esperanzas se habían desvanecido. enteramente. y no la fuerza que crea las nuevas civilizaciones. Cartas de un granjero americano Luego de la ceremonia de la roca. esbelta y rubia. que comúnmente no bebía alcohol. a pesar de los dientes cariados. aunque Ish sabía que no entendía nada o casi nada. de andar vacilante. No. no Evie. y la pequeña comunidad vivía aún de los despojos del pasado. Hay muchas maderas secas. HECTOR ST. como de costumbre.

advertía Ish. Ish vio a uno que en vez de pelear con sus camaradas no perdía una palabra de la conversación. y en aquel clima templado no había tanta necesitad de hielo. y no podía exigírsele más. Había dado a luz diez hijos. Ish sintió que la vieja discusión lo molestaba. la acompañó un parpadeo. —No. y tenía necesidad de su ayuda. Pero la idea había nacido espontáneamente de los otros niños. Em había decidido que tuviesen un hijo. George hablaba ahora. No. nada se hubiese hecho. No le faltaba personalidad. Vivaz y alerta. Ezra y los muchachos proseguían una lenta discusión. —No debe de pesar más de doscientos kilos —decía George. pero los niños tendrían que hacer un esfuerzo y adaptarse. Martha y la pequeña Jeanie. A ella se volvían todos en los momentos de dolor. y no tenía ningún interés en intervenir. probablemente tampoco los muchachos. no había otra esperanza que ellos. esposas de los tres muchachos. George —interrumpió la voz rápida de Ezra. fregar o cumplir cualquiera de las mil tareas domésticas que eran su vida. Había desempeñado su papel. Miró otra vez a Joey. se hizo aún más amplia. Sólo eran veinte años más jóvenes.. no se había tomado el trabajo de venir a la reunión. 60 . y el paso de los años y las sucesivas maternidades parecían haber aumentado su apatía. Sin embargo. Aquel día era memorable para Joey. que a pesar de los años conservaba aún algo del acento de Yorkshire—. la mujer de George. no Molly. Jack y Roger eran hijos de Ish.. y el rostro se le iluminó con la radiante sonrisa de los nueve años. de los que aún vivían siete. como homenaje a su inteligencia. probablemente. Ish los miró. pero a Ish esos años le parecían siglos. se había casado con Mary. George. no Jean. mientras aún miraba a los niños. hijo de Molly. No obstante. Ish no podía creer que no hubiera más reservas humanas. Sin embargo. No. desvió la mirada. como respuesta. hasta adivinaba el pensamiento del que hablaba. Era Joey. Ish había oído muchas veces la misma discusión. que gustaba de exhibir su fuerza. Presentes o ausentes. y así hasta el día de la muerte. raramente ofrecía una idea. por despreocupados que pareciesen. ni voluntad. ninguna de las tres. Quizá lo haría demasiado orgulloso. no Em. la más joven de las esposas de Ezra. La discusión continuaba tibiamente. No. De cuando en cuando dejaban de atender a la conversación para empujarse o golpearse. —Pero. para no intimidar al niño. Sin su apoyo. George proponía buscar una refrigeradora de gas y llevarla a San Lupo. Sin embargo. ¿Em? Ish la miró y sintió que una inmensa ternura le colmaba el pecho. Pero nadie sentía la necesidad de un cambio. Ish conocía ya el tema. Aunque capaz de devolver a sus compañeros la esperanza y el coraje. Ellos no habían conocido los viejos tiempos y no podían imaginar una civilización en el futuro. se sentía muy alejado de ellos. Las reservas de gas envasado no saltaban. y aunque se aburriesen sentían el orgullo de imitar a los mayores. No. Su mirada vivaz interrogaba todos los rostros y. Habían preferido la reunión en casa de Ish a la hoguera. La sonrisa de Joey. y no porque el proyecto fuese irrealizable o presentara extraordinarias dificultades. El año que acababa de terminar llevaba su nombre: el año en que Joey leyó. —Quizá —replicó Jack—. no reportaría muchas ventajas conectar las tuberías. Ralph. Los mayores se contentarían. su fuerza sólo obraba en el terreno de la acción material e inmediata. La mirada de Ish había completado el círculo y se posaba ahora en Jean. pero sabía también que no podía contarse con ella para modelar el futuro. Había otros tres mayores ausentes: Mary. sin saber exactamente por qué. El niño era bajo para su edad. Luego Ish. aunque estuviesen casados y fueran padres de familia.La tierra permanece George R. La catástrofe no había debilitado su coraje ni su confianza. pensativo. la mirada de Joey no tardó en encontrar la de su padre. ¿no habrá perdido presión el gas después de tanto tiempo? Yo creo que. Ish la sentía a menudo superior a él. que ya le llegaba a las orejas. Martha y Jeanie eran también madres y sólo pensaban en sus hijos. en sus grandes ojos brillaban la inteligencia y la curiosidad. Todo quedaría en palabras. Cualquier juicio que hiciese sobre ella no tendría mucho valor. Su negativa a asistir a los oficios religiosos era una prueba. pero no Maurine. Ralph y Roger estaban sentados en el piso. No. En cuanto a Maurine. hija de Ish. particularmente cuando éste era George. con seguir los viejos hábitos. pero ya es bastante para traerla hasta aquí. De la roca había ido directamente a su casa para barrer. Mary había sido siempre la menos expresiva de las hijas de Ish. Una media docena de niños se había sentado con sus padres o corría alrededor de la mesa. —Oh. Pero no tenía ideas nuevas. Ningún otro niño había recibido tal honor. Detrás de Em. Se los llamaba siempre «los muchachos». Cualquier otro. Ish le guiñó disimuladamente un ojo. Tenía cinco hijos. Sewart consagrado todas sus energías a dar hijos al mundo y educarlos. y. doce adultos en total. y dispondrían de hielo. ¿Brotaría de alguno de ellos la chispa inicial? De pronto. que tenía la palabra lenta. no es tanto —añadió Jack.

Sewart Su protesta se perdió en el ruido de una pelea entre dos niños. Deberíamos alimentarnos de nuestros propios cultivos. e Ish creía recordar que el pacífico Ezra jamás le había pegado a un niño. Hablaba. pero no era hombre que se apresurara. Estaba en la sala de su casa. El niño debe venir al mundo en tiempo y lugar propicios para cumplir su tarea.. Pero ¿y los objetos manufacturados. Algo estalló entonces en la mente de Ish. Pero esto no es aún suficiente. y cada una de ellas lleva en sí la perfecta mitad del genio. sin embargo. ordenando las palabras. escribió Cohelet en su sabiduría. las herramientas? ¿Cómo encenderán fuego cuando no haya más fósforos? Se interrumpió para pasear a su alrededor una mirada. —Esa refrigeradora de que hablabais hace un rato —siguió Ish— es un buen ejemplo. No oyó las palabras que brotaban al fin lentamente de la boca de George. Ninguno de vosotros me ha apoyado. —¿Y para qué necesitas hielo. y por qué son tan raros los elegidos que más allá de las cosas materiales ven lo que aún no es. le parecía estar en un estrado. Ezra y Jack como queriendo leerles el pensamiento. »Hay mucho que hacer. que veía el ir y venir de las gentes. El niño miraba al titubeante George. o nuestros nietos.La tierra permanece George R. «cómo se forman los huesos del niño en el seno de la madre. si no en nuestra época. y dirigiéndose a toda una nación. Pero él nunca podía moverse para no romper el encantamiento. Parecería que aún pesara sobre nosotros el Gran Desastre. George había oído la misma pregunta muchas veces. No podemos seguir en esta vida cómoda. la pelea terminó y Weston se contentó con lloriquear: —Fue Betty quien empezó. y el nombre pareció despertar mil ecos en su espíritu. Al fin sus ojos se encontraron otra vez con los de Ish. Los muchachos. ¡Joey!. Pero no podemos vivir como parásitos. En las sombrías y húmedas profundidades se unen las dos mitades. he dicho. pensó. hurgando en los restos de los viejos días. En realidad. Así pudo haber sido al principio. en la de nuestros hijos. Así terminaba siempre la discusión. de doce años. que nunca habían visto para qué servía tener hielo. en vez de asaltar los viejos almacenes. Y sin embargo. 61 . con los ojos brillantes. Weston.. Deberíamos enseñar a los niños a leer y escribir correctamente. e imaginan así lo que podría ser. la humanidad entera. la muerte cabalga día y noche. Basta. —Basta. y las encontró tan inconstantes como el viento. ¿Qué ocurrirá entonces? ¿Qué será de ellos si nada producen? Encontrarán siempre de qué alimentarse. Y eso no es todo. e Ish miró otra vez a Joey. no entendían tampoco por qué debían tomarse tanto trabajo en procurárselo. Debería de tener preparada una respuesta. en un anfiteatro inmenso. Necesitaríamos más animales domésticos. —Hay que acabar con esto —continuó—. Weston —ordenó Ezra—. le pegaba a Betty. aprobando. no creando ni haciendo nada nosotros mismos. Unos seres humanos que han visto desaparecer el mundo no pueden recobrarse rápidamente. los hombres son semejantes a bestias. Es necesario avanzar. Padre e hijo intercambiaron un silencioso mensaje de camaradería y comprensión. Discutimos y nos cruzamos de brazos. Ignoramos. supongo. particularmente. y hay jóvenes aquí que no conocieron la catástrofe. Se quedó un rato con la boca abierta. por qué la mayoría sólo ve el mundo visible. Cuando nacen millones de niños. Todos sonreían. pronunciaba un discurso. George? —preguntó Ralph. su hermanastra. Joey lo miraba excitado. Pero ¿qué esperanza puede haber cuando la humanidad ha sido diezmada y los niños son pocos? Ish advirtió de pronto que se había incorporado sin saber por qué ni cómo. y no conocemos aún el secreto del destino humano. ¡Joey! ¡Él es el indicado! «No sabes». y se dirigía a un grupo de amigos. No obstante. Hemos esperado bastante. La amenaza carecía de convicción. Pero han pasado veintiún años. o te calentaré los pantalones. —Escuchad —decía—. Joey parecía decirse que él o su padre ya habrían encontrado la respuesta. Estos tesoros se agotarán un día. En el mundo donde vive el niño. todos los años. y más perros. el hijo de Ezra. se cumple alguna vez el raro milagro.» Pasaron siglos desde que Cohelet observó las cosas del mundo. Nos parecemos a aquel viejo rey encantado. Las vacas y conejos no desaparecerán de la noche a la mañana. Sin estas raras criaturas. y un profeta aparece entre los hombres. ha llegado la hora de actuar.

Sólo la cólera nacida partida de Jack había inspirado sus palabras. era la voz de Ezra. supongo. Ignoraba las reglas de la elocuencia. Me gustan tus ideas. pero tengo que irme. los fósforos parecían no estropearse nunca. Pero Ezra se echó a reír. —Bueno. Era también una organización social. Jefe de la Tribu desde hacía veintiún años. Ish lo miró con furia. como de costumbre. Jack. ¡Qué tiempos aquellos! ¿No podríamos encontrar aquellas películas y pasárselas a los chicos? ¡Cómo se reirían! ¡Quizás hasta podamos descubrir alguna película de Chaplin! Ezra sacó un cigarrillo. Se oyó el ruido de la puerta que se abría y se cerraba. nadie sabía cómo se fabricaban y cada vez que se encendía una llamita. pero sigue siendo tan verdadero como antes. retrocede». y hubo un coro de aplausos. no somos ni una democracia. el único aspecto de la cuestión. Hubo un momento de silencio. pues no era muy elocuente. Y Ezra pensaba que el retorno de la civilización era resucitar el cinematógrafo. quizá podría esperar —dijo poniendo la mano en el picaporte—. Si un niño va por mal camino. sin duda. Pero Ish se sentía inquieto aún. Quizás el discurso es viejo. Y las canciones de las películas. papá —señaló Roger. trataba de restablecer la paz. y al mismo tiempo encendía un fósforo. Dinos qué debemos hacer. Lo lanzó al aire y lo atrapó al vuelo. Conservados en lugares secos. y tenía varios hijos. no habría modo de asegurar su ejecución. Ish se serenó. No tenemos leyes. y la tensión desapareció en seguida. los padres lo corrigen. Sin embargo. Jack por ejemplo. —¿No puede esperar? Jack iba ya hacia la puerta. —Si dos o tres de los muchachos me ayudaran —intervino George— podríamos tener aquí la refrigeradora dentro de unos pocos días. Ish supuso que no tendría más que decir. y en la pantalla se veía a Bob Hope o Dotty Lamour. Qué tiempos maravillosos aquellos. Aunque votáramos y decidiésemos llevar a cabo algún trabajo. podía convertirse en tema de meditación. Sin embargo. —Continúa. se incorporó pesadamente. prosiguió: 62 . ¡Qué no daría yo por encender el gran aparato de radio de George y escuchar de nuevo a Charlie McCarthy! ¿Recuerdas cómo el hombrecito se burlaba del otro. De todo eso. buscando palabras que renovasen el viejo aforismo. Si alguien. Ish —dijo alguien. sin esforzarnos en producir alimentos. Pero cuando el niño crece. sólo hemos conservado la familia. todos habían escuchado con y simpatía. y cómo éste le contestaba? Ezra sacó el penique victoriano que era su amuleto. escapa a nuestra tutela. hábitos individuales y sociales. Sí. Uno pagaba y se sentaba tranquilamente. Hemos vivido día a día todos estos años. —¿Por qué? ¿Adónde vas? —preguntó Ish. y rara vez improvisaba un discurso. y a pesar de su ira Ish reconoció la voz de Ezra—. pero vio en seguida que en casi todas las caras había una sonrisa irónica. Ish pensó que los había entusiasmado con su elocuencia. leyes. Ish sintió que se le encendía el rostro. sentado en el piso. —Sí. —¡Así es! —dijo—. pensó Ish. sin llegar a ninguna conclusión. por lo menos. Pero cuando nuestro número aumente. ni nada. un conjunto de normas. y Ezra. y no el niño que debe obedecer a su padre.La tierra permanece George R. ¿haremos algo? —preguntó Ish—. ni una dictadura. Esperó. había un fósforo menos. —Lo siento. Sólo podemos contar con la buena voluntad. nadie puede impedírselo. Ezra fue el primero en expresar su aprobación. Pero será mejor que me vaya. Había terminado su discurso. pero bueno. decide no asistir a una reunión importante. papá —dijo—. entusiasmado con el recuerdo de los viejos cómicos. un poco irritado. no le agradaba que se burlasen de él. —Un discurso viejo. pensó Ish. ni una monarquía. «el que no avanza. La civilización no era solamente una colección de artefactos. y hasta lo halagaba. Era ya más alto y más fuerte que su padre. ¿Cómo negarle a Jack su independencia? Jack era un hombre ahora. George calló. la familia no bastará. y tenía necesidad de hablar. su hijo mayor. —Tengo algo que hacer esta tarde. —Y el cine —continuó—. Es natural. frotó una cerilla. y brotó una llamita clara. Ante la sorpresa de todos. ni resucitar la civilización material. No es éste. El incidente. —La actitud de Jack —dijo— es un verdadero símbolo. Sewart Hizo una pausa.

pensó Ish. Había grabado el número 21 en la superficie lisa de la roca. cuando ya no había nadie junto a la hoguera. La broma no era totalmente inofensiva. —He estado pensando demasiado en el futuro. o aun grave. y en el interior actuaba la acción corrosiva del agua. Las cajas se habían quemado. Uno puede hacer ahora lo que quiera. el único curso de agua en aquellas áridas regiones. Ningún policía vendrá a molestarle. Al fin la erosión concluye su tarea: el suelo donde se apoyaba el pilar de cemento que sostenía el acueducto es ahora un pantano. uno de los muchachos había arrojado a las cenizas calientes unas cajas de cartuchos. Seguirían así hasta que un día algún suceso desagradable. Como en años anteriores. los pájaros y otros animalitos iban allí a beber. Se volvió hacia Joey y vio que el chico lo miraba con admiración. Al fin se abrieron unos minúsculos orificios en la dura piel de acero. Puedes detener el auto donde se te antoje. y el agua que escapa del acueducto corre ahora como un río. pero Ezra se le adelantó. pero el inspector había revisado el tubo al fin de una agotadora jornada. sólo Joey lo comprendía realmente. El daño no fue muy grande. Ish brindó con los otros y escuchó distraídamente la conversación. el nivel del humor nunca había sido muy alto. se mantenían lejos de las brasas. Era la primera vez. pensó Ish. pensó Ish.. Ish acababa de acostarse. Sewart —Pero esas leyes de que hablabas. mientras seguía el hilo de sus propios pensamientos. diez años. aquella misma noche. —Muy bien. la broma le estaba dedicada.. ya podían haberse notado sus imperfecciones.. La cañería se abre otra vez. La cama se estremeció suavemente.. Se oyó otra detonación. Después de todo. advertidas de antemano. En aquel sistema inmenso y complejo de presas y túneles. Luego pasaron años sin que nadie inspeccionara la sección. propongo un brindis —dijo—. pero por razones más serias. El agua brota de la tubería en una docena de finos chorros. que llevaba el agua de las montañas a las ciudades. Aun en los veranos más secos las hierbas crecían junto al caño. Soldaron el caño y no hubo más dificultades. cuando la fatiga oscurecía ya sus sentidos y su juicio. los obligara a actuar. Y el nombre dado al año 21 parecía prometer un brillante futuro a su benjamín. Bueno. No sé. cuando se oyeron unos disparos de armas de fuego. No me disgusta vivir en un lugar sin leyes. y la discusión de los problemas serios está fuera de lugar. que George se permitía una broma. Su vehemente discursito daría quizá sus frutos en el futuro. Una larga grieta se abre en el acero y un torrente llena la zanja. Cinco años. —La trampa de siempre —dijo Ish más tranquilo. había mordido el anzuelo. En otro tiempo se decía que para reparar el techo hay que esperar a que llueva. La herrumbre ha agujereado el caño como una colmena. El delgado hilo de agua que brotaba de la fisura creció poco a poco.La tierra permanece George R. Debajo. y en seguida un estruendo de fusilería atronó la noche. y nace un arroyo de la tierra. como si se estuviese librando una lucha de guerrillas. Los otros le hicieron coro. 63 . Pero lo dudaba. un segmento de tubería fue la falla fatal. Ish se acostó otra vez. Se incorporó de un salto. tengo los nervios a flor de piel. Y bien. Cinco años más. el suelo es desde hace mucho tiempo blando y fangoso. —Esta vez te asustaste realmente. Las gentes. Había sido un día importante. un capataz advirtió en aquella sección una pequeña pérdida. y ahora los cartuchos estallaban. Todos bebieron. Probablemente. de acueductos y diques. y había comenzado el año 22. aunque en aquella época la hierba verde evitaba todo peligro de incendio. puedes dejar el coche junto a esa bomba si tienes un coche que funcione. y la conversación volvió a la trivialidad que convenía a una reunión mundana. y los pies de los animales han abierto una pequeña zanja. hasta junto a una bomba de incendio. Ish abrió la boca. Ahora el charco sirve de abrevadero a las bestias. Se oyó una descarga cerrada. ¡Por la ley y el orden! Los viejos recibieron con una risa la vieja fórmula. Em se reía. Los obreros instalaron la tubería y ésta cumplió sus funciones. George se festejaba ahora su gracia con un débil cloqueo. pero para los jóvenes no significaba nada. Poco antes del Gran Desastre. El pilar se hunde y la cañería desgastada no soporta el peso del agua. En la Tribu. La herrumbre roía mientras tanto la superficie exterior. Se sintió irritado. y todos los otros estaban enterados. El pilar desciende un poco más. Aun en la fábrica. Y ahora la gente era menos previsora que antes. ésta es una reunión mundana. Sí. Sí.

Joey. Sin embargo. pensó en las hogueras. Lo decía antes de que naciese Jack. es mucho más fácil abrir latas de conservas. Em no respondió. Pero en seguida volvió a la carga. Gente simple y normal. Imaginó las maderas sacadas de un aserradero y los rollos de papel higiénico. Este razonamiento desconcertó por un rato a Ish. el medio cambiaba al hombre. hasta llegar a Evie. Lo repetiste bastantes veces. Unas veces el hombre luchaba tenazmente contra el medio. Nuestros predecesores creaban más que nosotros. Tú y yo. pero era lo mismo un pillaje. No veo una gran diferencia. Mineral de cobre. Una larga experiencia le decía a Ish que Em deseaba dormir. Las cajas de fósforos daban hermosas llamas azules. —No te atormentes. no te atormentes tanto. y le pareció como otras veces que Em le comunicaba fuerza y confianza. Vivimos en una región infestada de pumas y toros salvajes. Ish se acercó a ella. En los viejos tiempos sacaban el cobre de las montañas. Querido.La tierra permanece George R. Y sus reflexiones filosóficas sobre la transformación del mundo. dijo que descendíamos del chimpancé o del orangután. como lo llamas. Pero. en aquel grupito. e imaginar que vivimos peligrosamente. el único que parecía comprenderlo enteramente. ¿quién podía arrogarse el derecho de suprimir a un ser como Evie. conejos y codornices que matamos a tiros. No replicó. En otro tiempo aquella hoguera hubiese costado diez mil dólares. lo más bajo. enojado. George y todos los demás son buena gente. aunque ella no conociese la felicidad. Sewart —Bueno —le dijo a Em—. Vio con tanta claridad aquel mundo futuro. Recordó entonces al pequeño Joey. Recordó las horas que habían seguido al Gran Desastre. pues no podían reemplazarse. ¿No se habían equivocado al conservar a Evie con ellos? Había un remedio para esos casos. como dice Ezra. a los otros. —Em cambió de tema:— Y ese pillaje. La muerte misericordiosa. Nosotros obtenemos lo que necesitamos en los almacenes. —Sí. Darwin. Sólo una inteligencia muy poderosa podía imponerse al mundo. La humanidad necesita muchos como ellos. me parece. Em no replicó. ¿por qué te atormenta tanto? ¿Era tan diferente antes? Si necesitas cobre. somos de la misma rama. querido —susurró Em—. y nadie sabe fabricarlos. Y nos alimentamos de vacas. —Quizá. le diría. Imaginó a Joey adolescente. Y creo que los chimpancés no piensan mucho en el porvenir. Ish pasó revista. yo. te lo ruego. ¿Qué harán entonces las gentes? —Las gentes resolverán entonces ellas mismas el problema. Sería distinto si hubiera aquí otros hombres como tú. no era así —dijo—. y apoyó la cabeza en su pecho. ¡Nosotros somos esa chispa! Y de Joey. El mundo estaba en continua actividad. 64 . —Pero cualquier día se agotarán las reservas. —Y disfrutaban con Dotty no sé cuántos y Charlie McCarthy. la cima. ni hiciera feliz a nadie? La responsabilidad de esta decisión sólo podía recaer sobre un jefe supremo. rápidamente. seguimos como siempre. que se agitó bruscamente. y sólo las armas de fuego pueden protegernos. mientras haya latas en almacenes y tiendas. y se actuaría enérgicamente. Hoy esos materiales eran aún más preciosos. —No me atormento demasiado —dijo—. Recuerdo haber leído en los suplementos dominicales de los diarios que un día se acabarían el coke y el petróleo. —No estoy tan segura —replicó Em—. Pero no pudo conciliar el sueño y se puso a pensar. e Ish. la opinión de un grupo de amigos no bastaban. Pero nacería una organización. Quizá me divierta ver el futuro muy negro. Pero todos somos gente común: Ezra. No nos conviene. Y hasta preparó su discurso. es cierto. y que se agotaría el suelo y no tendríamos qué comer. y no vivir del pillaje. En cuanto a los alimentos. recordó. Ezra. Pero en los viejos tiempos todos pensaban en el futuro. Producían lo que consumían. otras. La simple autoridad de un padre americano. incluso psicológicamente. pero les falta la chispa que enciende el fuego. Es hora de dormir. Si descendiéramos de abejas u hormigas seríamos más previsores. se explotaban las riquezas del suelo y se las transformaba en trigo. hombres que prevén siempre el futuro. No con relación a Evie quizá. como decían antes. e Ish pensó en voz alta: —¿Recuerdas? Yo decía lo mismo hace mucho tiempo. y si nuestros antepasados fueran las ardillas. recuerdo. como si ya ordenase hacer frente a alguna eventualidad. La eutanasia. Piensa en la civilización que llegaron a edificar. el niño precoz de clara mirada. entras en una ferretería y te lo llevas. a quien podría hablarle sin reticencia. Cajas enteras de cartuchos desperdiciados. cuando imaginaba cómo resucitar la civilización. Calló un momento. —No. Debemos crear. almacenaríamos nueces para el invierno. El problema se resolvería más tarde. George.

un pequeño acuario arrebatado al océano de la humanidad. y adoptaba una actitud no muy distinta de la de Em. “Organizarse” creo que es la palabra. Por ejemplo. limitarse a ser un observador.. Ish se interesaba aún más en la vida. La antropología citaba muchos ejemplos similares. apasionándose con sus observaciones. ¡Y nada ha cambiado aún! —Sí. en los trópicos. incluso a los gigantes. Em. Ish se tranquilizó y se durmió. ¿O habría aquí otra causa? Ish intentaba en realidad resolver un problema que intrigaba a los filósofos desde los albores de la civilización humana: el de las fuerzas dinámicas de la sociedad. Dotty Lamour. y los cambios eran aún demasiado lentos para que fuesen visibles de un día a otro. uno de los grandes pensadores que había conocido en la universidad. Pensaba a veces que la brusca desaparición de la sociedad secular seguía afectando a todos sus compañeros. querido? —preguntó—. Ish no se creía un jefe. aun manteniéndose aparte. cada vez que alcanzaba este punto de su razonamiento. pero en general la vida seguía su camino. lo has dicho tantas veces. pero algo ocurrirá un día. Ni una sola gota llega a los depósitos. O bien. Era un grupo de individuos. ninguna azada golpeó volcando la tierra. ¿Por qué la sociedad se transforma? El estudioso Ish era más afortunado que Cohelet. los muchachos. —Algún día cambiarán las cosas —dijo Ish. Otras veces.. Sus obras habían influido en las generaciones futuras. Malthus o Toynbee. Sigue atormentándote. un clima suave y abundancia de alimentos quitaban al hombre toda idea de progreso. Es inevitable. pero no habían sido responsables del desarrollo y crecimiento de la sociedad. un sabio. no te hará daño. Todo sería también diferente. —¿Adivinas el pensamiento? —Bueno. y sí. Las nuevas leyes les prohibían robar caballos o cazar cabelleras. Pasaron las semanas. George habla de la refrigeradora y tú hablas de los cambios y los peligros. como si Em hubiera seguido sus pensamientos.. Y esta preocupación. No obstante. y el nivel desciende en los depósitos. Woodrow Wilson. en lugar de George. Al mismo tiempo. —Sí. en lugar de Em. Raramente el pensador había sido también un jefe: Marco Aurelio. Si cambiaran los individuos la situación ya no sería la misma.La tierra permanece George R. —Tienes razón. privados de sus ocupaciones tradicionales. No puedes vivir sin preocupaciones.. en el sentido exacto del término. por las grietas que abrió el temblor de tierra. Con sus viejos hábitos de observador científico. Platón. Em no dijo nada más. los isleños se alimentaban exclusivamente de bananas. Quizás el ambiente se impusiera a todos. su renacimiento— ocupaba ahora toda su atención. Ningún hombre jadeó tratando de llevar la refrigeradora a lo alto de la loma. Em se equivocaba cuando temía que las preocupaciones le trajesen a Ish alguna úlcera o una enfermedad nerviosa. pero era el 65 . en algunas islas de los mares del Sur. querido. o aun de un mes a otro. Es como una idea fija. y ya nada deseaban. y él mismo se dejaba arrastrar por la despreocupación de sus compañeros. Verás como tengo razón. se escurre constantemente el agua. Era Ezra. ni debía. De cuando en cuando. No podía. De la cañería rota sigue manando agua. Pero ¿podía asegurarlo? Quizá no. Habían pasado veintiún años.. Tomás Moro. Abrazó a Ish y lo apretó contra su cuerpo. el profesor Sauer. Esta sociedad de San Lupo no era el macrocosmos puro y simple de un filósofo. Tenía ante los ojos una sociedad reducida que podía someterse a verdaderas experiencias de laboratorio. No.. que forma un río. Platón y los otros filósofos habían podido permitirse mirar el mundo y hacer comentarios más o menos sarcásticos. o el movimiento de Ish la había despertado. querido. Ish se inquietaba. _________________________________________________________2______ Como Ish había anunciado. Ish sentía que esa simplicidad era sólo aparente. Sewart Em no se había dormido aún. Y otra vez debía corregir su pensamiento. seguía preguntándose qué iría a ocurrir. —¿Qué te pasa. por mil fisuras que aparecieron en el curso de los años. Joey. Bastaría cambiar un solo individuo. Prevenirse para el futuro. Sin embargo. El problema de la sociedad —su adaptación. por los grifos que nadie cerró en el momento del Gran Desastre. nada se hizo. ya lo sé —dijo ella—. Al contrario. Dejaba de ser un sabio para convertirse en un hombre. Los cazadores de cabezas y otros indios. Desde los días del Gran Desastre se había asignado el papel de testigo en un mundo que había perdido a sus dueños. Das saltos como un cachorro que sueña con un león. me parece. Habrá que hacer algo. Siempre que llega un nuevo año. habían perdido hasta la voluntad de vivir. Así.

decía: —Josey. alto y activo. La suerte de estos hombres no era envidiable. Ish dudaba que aquellos jugos insípidos conservaran alguna vitamina. Acostumbrados desde su infancia a alimentarse de carne. una célula básica y biológica más que social. Cuando entraba en la cocina. Pasó un rato y al fin Josey volvió con la tetera llena. el pensador de una pequeña comunidad. Echaban a la sémola leche condensada. Sirvieron el desayuno en el comedor. como en todos los tiempos y todas las sociedades: el padre. No había tampoco jamón. Ahora sólo quedaban cuatro hijos en la casa.. Inevitablemente. La primera semana del año. y lavar la vajilla. servir. la madre y los hijos. pero después de afeitarse sentía una agradable sensación de limpieza y bienestar. Pero aun así. Aquella mañana Ish despertó y vio que era un hermoso día de sol. Ish no pudo dejar de pensar que esta escena familiar no era muy distinta de otras de los viejos días. Ish y Em. Sin embargo. No había agua caliente. —¡Qué fastidio! —se quejó Em—. había buscado muchas veces en la biblioteca municipal biografías de pensadores que hubiesen sido también jefes. Se quedó acostado algunos minutos. el intelectual no se había distinguido en el poder. y más tarde. y nadie se apresuraba a tomar el tren de las 7. ve a buscar agua a un grifo del jardín. unas lluvias torrenciales ayudaron a mantener el nivel del agua en los tanques. con una voz más alta que de costumbre. Había precedido a la civilización. Robert. estaba en un extremo. Pero como las ratas y gusanos habían devorado los paquetes de harina y avena. a su lado se sentaba Walt.La tierra permanece George R. un canciller o un presidente de los viejos días. y enfrente. y por lo menos no hacían daño. por supuesto. preferían las tostadas y los cereales. envasado. y no se veían cerdos en los alrededores. pero ninguna Iglesia de la paz lo había declarado santo. donde el indicador inmóvil señalaba un nivel de seis metros. aun para el gusto de Ish. diminutos como pinchazos de alfiler. pero se acabó en seguida. Le agradaba quedarse así en cama. en cambio. convenía a la independencia de su carácter. desconocida en los viejos tiempos. Josey. las conexiones flojas y los agujeros de las tuberías. Pero la familia seguía siendo la misma. Ish se sentó a la cabecera y Em enfrente. En su juventud. eran resueltamente carnívoros. de doce años. Los niños las preferían a cualquier otro alimento. Ish reconoció el tono de voz. no había deseado tantos hijos. La situación era crítica y Em esperaba que los hombres la ayudaran. pensó. Al fin se levantó y afeitó. El agua caía gota a gota. Josey echó a correr e Ish besó a Em y le habló de sus planes para el día. poner la mesa. No había huevos. En la nueva vida no se consultaban ansiosamente los relojes. y bajó a desayunar. Al fin y al cabo. por sabrosas y doradas costillas de buey. la familia era la más duradera de todas las instituciones. ciertamente. Sewart intelectual. en una sociedad que sólo contaba con treinta y seis miembros. No. Se puso luego una camisa limpia y unos pantalones de sarga azul. Wilson había sido también un mártir. el agua vital se escurre por los grifos abiertos. Y ahora en el tanque. Marco Aurelio había agotado. Como la sangre de un leviatán que brotase por miles de orificios. Un mentón hirsuto no hubiera molestado a nadie. mamá. cerca de la puerta de la cocina. Le diré a George que revise las tuberías. y los ruidos familiares que venían de la cocina anunciaban que el desayuno no tardaría. de dieciséis años. Em se había levantado ya.53. Ish podía influir en el futuro más que un emperador. Esta libertad. pues gallinas no habían sobrevivido al Gran Desastre. ¿por qué no abres más ese grifo? —Pero. había sido canonizado como mártir de la Iglesia. se calzó unas cómodas zapatillas. Tomás Moro había subido al cadalso. que ayudaban a preparar el desayuno. disfrutando de su bienestar. se contentaban con sopas de sémola de maíz. —Salió mucha agua al principio —dijo—. casi un hombre según las normas de la Tribu. Había jugo de pomelo. en cuerpo y alma. los otros recurrían a resolver las dificultades. Em. A los ojos de sus biógrafos. mi pequeña. El jamón había sido reemplazado. —Buenos días —saludó—. ventajosamente. Obsesionado por esta idea. en sangrientas e infructuosas campañas en las fronteras del Danubio.. Había dormido bien y se sentía descansado. un poco antes que de costumbre. Ish entró y vio a Josey con la tetera debajo del grifo. Luego. y no sólo los domingos como antes. aunque no la necesitaba. Joey y Josey. eran refrescantes. 66 . sólo había una delgada capa de agua. en caso de grave peligro todos le pedían protección. se inició el período de sequía de mediados de invierno. no se puede abrir más. y ahora la sobrevivía. difícil de encontrar. destino irónico. No tenemos agua para lavar los platos.

Maurine encendía una lámpara de petróleo y ponía un disco en el fonógrafo de mano. y las agujas del reloj eléctrico marcaban eternamente las I2. manzanas no muy agusanadas y ciruelas ácidas que crecían en árboles silvestres. pero le agradaba su compañía. las gentes ponían un piano en la sala. Asombrosamente. En los viejos días. aunque nadie en la casa supiese una palabra de música. Luego. un aparato de televisión. y había que recurrir a fresas y frambuesas silvestres. y a veces un piano de cola. pues no había electricidad. Ish se sentó en mullida butaca tapizada de terciopelo. Hubiera podido ponerse un traje nuevo todos los días. Ish dio media vuelta. Molly no tenía dificultades con sus grifos. A la noche. había perdido casi todo su aroma. Aunque las heladas. El café. pero luego recordó el propósito de su visita a George. Las revistas eran por lo menos de veintiún años atrás. los insectos y los conejos habían devastado las huertas. —Buenos días. Ish y Ezra fueron juntos a ver a George. y podía haber un poco de agua en las tuberías. y en una de ellas se veía una pila de revistas populares. Sintió un leve escalofrío. Em lo prefería amargo y negro. Había que humedecerlos. Las pisadas de George resonaron en el vestíbulo y su silueta maciza apareció en la puerta. y se volvió otra vez. Los adultos bebían también café.. Sewart y la endulzaban con algún jarabe. como cada vez que se encontraba con la práctica real de la bigamia. Al fin se decidió: 67 . los clásicos de Harvard. pero entonces parecían a veces demasiado húmedos. relojes eléctricos. George —dijo Ezra. un magnífico aparato de radio de cuatro bandas de frecuencia. No porque Ezra supiera arreglar algo. Pero su casa estaba en una calle más baja. o lo necesitara para tratar con George. sacó un cigarrillo y lo encendió. —Ez no está —dijo la mujer—. y ahora que estaban a su alcance los habían traído a la casa. George —dijo Ish. George movió la boca un rato. Llamó. Era bastante satisfactorio. Esas lámparas de George y Maurine no son otra cosa. un lujoso reloj eléctrico. En la cocina. se echó en un sillón. que no leían jamás. aunque no den luz. George había sido carpintero. como el jugo de pomelo. y Jean acudió a la puerta. No. aparatos de radio. Las lámparas no alumbraban. Habían deseado siempre tener lámparas. y estaba vestido con su acostumbrado traje de carpintero. Jean y Molly eran grandes amigas y se ayudaban en los quehaceres domésticos. pues las ratas y la humedad habían acabado con el azúcar. Un hilo nada más. Se incorporó y salió a la calle. sintiendo otra vez el mismo asombro y un placer casi perverso. todos esos objetos eran símbolos de prosperidad. Eran el símbolo del éxito. arrugado y manchado de pintura. Sin embargo. no tenía la conciencia tranquila.La tierra permanece George R. recuerda —había dicho Em—. Era un triunfo de aquella virtud de Ezra. —Hola. Pero antes de ir a buscar a George se detuvo en casa de Ezra. Traía una llave inglesa en la mano. pero se sentía más cómodo con ropa usada. Este desayuno tipo había sido adoptado poco a poco. E instalaban un hogar sin chimenea. Era ridículo. Esta sala de George y Maurine correspondía exactamente a los ideales de un próspero carpintero de los viejos días. Ish bajó los escalones del porche y fue hacia la casa de Molly. Querían mostrar que podían permitirse esos lujos. Ish ponía en el suyo leche y jarabe. Y tenían una colección de aquellos libros. capaz de entenderse con todos. Pero los cigarrillos no habían soportado bien la prueba del tiempo. como si buscase las palabras más adecuadas. Jean cerró la puerta. Ish se acordó de un comentario de Em: —En los viejos tiempos. y crear a su alrededor una atmósfera de afabilidad. aunque hubiera habido corriente. y los de los paquetes comunes estaban muy secos. pensó. En las dos mesas había unas carpetas artísticamente dispuestas. y un poco emocionante.. Había lámparas eléctricas. que vivía en una casa elegante y cuidada. protegida por una verja blanca pintada recientemente. y para añadirle vitaminas comían fruta fresca. La posición económica del marido de Maurine debía de haber sido similar. Maurine los hizo pasar a la sala y los invitó a sentarse mientras iba a buscar a George. miró alrededor. con rosadas pantallas de abalorios. —Jean —dijo—. Cuando Ish acabó de desayunar. Así ocurría con el que Ish tenía en los labios. Em y los mellizos parecían quejarse y dedujo que no tenían agua. y no podía fumar en paz. Por otra parte. No se encontraban ya latas de cigarrillos.17. que arreglaba algo. como siempre. Esta semana vive en casa de Molly. ¿hay agua en tus grifos? —No —respondió Jean—. Ish se turbó un poco. Será mejor que vaya a ver a George y le pida que limpie esa tubería. El aparato de radio nada podía transmitir. que siempre hablaba antes que nadie.

vagamente. y luego dijo: —Bueno. Ish era superior a él. Pero no había tomado ninguna decisión. subieron a los carritos y regresaron a las casas. Los otros callaron. Pero Ish dominó su irritación. y una sombra de sonrisa se le dibujó en los labios. Interrogó sucesivamente con la mirada a George y Ezra y no obtuvo respuesta. Ezra conocía a la gente. 68 . Se inclinaron sobre el depósito. —Quizá tengas razón. Ezra. sabía sin duda bromear con los clientes y venderles las marcas que más favorecían a la casa. Su estupidez era exasperante. ni en casa de Jean.. y menos un ingeniero. Ezra miró a Ish de reojo. perfectamente. Salieron. y la tubería de desagüe había quedado al aire. No había caballos salvajes en las cercanías. E Ish comprendió que debía responder a su propia pregunta. Era un don del pasado. ¿qué opinas. Los depósitos estaban a unos mil quinientos metros. La estación de las lluvias llegaba a su fin. ¿Y aquí? Una pausa.. Ish creía participar en una grotesca cabalgata y ofrecer un risible espectáculo. —Escucha. Los ojos maliciosos de Ezra parecían decir que aquél no era su terreno. George —prosiguió Ish—. No hay agua en mi casa. arrastrados por cuatro perros. en cambio. los carritos tirados por perros satisfacían las modestas necesidades de la Tribu. Lo mejor. —Muy bien —dijo Ezra. Pero no era un mecánico. pero desde su encuentro con el puma. Pero los otros no tenían tantos escrúpulos. y George se sentía feliz haciendo los carritos y reparándolos. El agua no se acabaría de la noche a la mañana. las cajas de habas y las botellas de salsa de tomate que se apilaban en los mercados. Es decir. Movió la boca como si tuviese entre los labios un cigarro imaginario. Como Em. George se apoyaba ora en un pie. cuando se sentaba en uno de aquellos vehículos. En fin. cuánto tiempo correría el agua. creo. de pronto. Habían usado el agua veinte años. se había habituado. —Aquí tampoco —respondió al fin George. ¿Y si hablásemos con los muchachos? —No —dijo Ish—. si arriba tampoco hay agua. necesitaban buenos pastos y había que protegerlos contra los zorros y los pumas. Durante un tiempo. Era curioso. —No sé. George —dijo Ish—. tan gratuito como el aire. pero. Por desgracia. —Y bien —dijo Ish—. pero ¿qué haremos? Antes de responder. Había sólo una pequeña capa de agua en dos o tres lugares bajos. La miraron largamente y Ezra suspiró: —Era esto. Descendieron por el sendero. venía. y no había prisa. Los preparativos fueron bastante largos. siempre dispuesto a ayudar. Si se tratara de una partida de caza o de pesca. Por primera vez tenía una razón inmediata para decirse: «Hay que ocuparse de las reservas de agua». siempre de acuerdo—. Vendedor en una tienda de vinos. Ish se había preguntado alguna vez. y había pocas posibilidades de que el agua llenara otra vez el depósito. —El agua viene seguramente de la vieja red de la ciudad —dijo—. Ish. sin preguntarse de dónde salía. Buen día. Ish no hacía largas caminatas. ¿qué opinas? George titubeó. Los perros eran más convenientes. George consideraba que esta dificultad no era de su incumbencia. y qué deberían hacer para asegurarse nuevas reservas. ¿No había habido antes trineos de perros? ¿Por qué no carritos? Dejaron los perros al pie de la última ladera y subieron por el viejo sendero abriéndose camino entre las zarzas. En ocasiones semejantes. Ish era el indicado. Como siempre. George era un buen hombre. pero debían de abundar en el valle de San Joaquín. se pondría en seguida a trabajar. llamaron a los perros. Hicieron algunos planes. ora en el otro. y a George los años le habían endurecido las piernas. es inútil que trate de destapar mis cañerías. —Y bien —repitió—. Los caballos. o por lo menos parecía muy notable. —¿De dónde venía el agua? —preguntó Ish. los tres hombres eran gente acostumbrada a los automóviles. y prepararon los arneses. Ish lamentaba que el arte de domar caballos se hubiera perdido. Sewart —Buen día. y no sabían tratar a los caballos. George? George movió el imaginario cigarro hacia una comisura de la boca. exigían menos cuidados y comían cualquier trozo de carne. pero sin interés ni convicción. Algo ha pasado en el caño principal. en cuanto a las ideas. La conclusión de George era demasiado obvia. será subir a los depósitos y ver si todavía hay agua. y.La tierra permanece George R. poco a poco. Si le pidieran que arreglase un grifo flojo o un vertedero atascado. a falta de automóviles. Pero no saben nada de reservas de agua. George movió el cigarro hasta el otro lado de la boca.

Cuando Ish comunicó la noticia. Nadie temía morir de sed. lagunas y fuentes. El problema del agua potable preocupaba sobre todo a los hombres. Pronto la consternación inicial se transformó en alegría febril. —Pasé mis primeros dieciocho anos en una granja de Dakota —declaró—. ninguna de las virtudes del jefe. «El día de año nuevo me pareció que Joey era el elegido. y un niño. demasiado joven para apreciar la gravedad de las circunstancias. Ahora no estoy tan seguro. Sólo Maurine aceptó resignada la catástrofe. No mostraba. Seguiré probando. tengo esperanzas. Joey —dijo Ish dulcemente—. Los otros no han mostrado nunca esta inteligencia. por ejemplo. Ish descubrió de pronto que su propio hijo. sino nunca más. —¿No vamos a trabajar un poco más? —No. o el simple deseo de rehuir a los niños de su edad. le señalaba la existencia de un arroyo que él nunca había advertido. A pesar de los largos períodos de sequía. pero las mujeres no podían admitir que no hubiera más agua en los baños y no un solo día. más hábiles que él en los juegos. además. La presencia de un recipiente de veinte litros en la cocina borraba todas las inquietudes. un geógrafo. Luego del almuerzo. No sé. al contrario. Hasta podía temerse que se transformara en un pedante. Sewart Al acercarse. Psicológicamente por lo menos. Pero pronto comprendieron que. podían indicar ríos. —Vete a jugar. Joey se fue. por qué preocuparse tanto. no faltaría el agua. Ish esperaba que los otros niños no advirtieran su cariño por Joey. Cuando se separaron para almorzar. Quizá sean sólo los sentimientos de un padre hacia su hijo menor. no sabía si había un manantial o un río en los alrededores. se cubriría de ridículo. Agradezco a Dios que el tiempo no sea aquí tan frío como en Dakota. en el viejo auto. Ish comprendió que nadie volvería al trabajo. Oh. Todo está bien. Era volver al estado salvaje. Joey? —preguntó Ish. y teníamos que salir de la casa. Precisamente en este punto asomó una diferencia entre la vieja generación y la nueva. aun en verano. No tenía ningún deseo de continuar solo el trabajo. pensaron en reunir todas las botellas de agua mineral que podían encontrarse en los almacenes y tiendas. aunque pudiera localizar cualquier sitio por los nombres de las calles. la región no era un desierto y había arroyos en las cañadas. pero su vivaz inteligencia le decía que su padre no estaba satisfecho. y Joey estudiaba con avidez.La tierra permanece George R. pero eso se acabó. pero yo pensaba que eso no podía durar y que pronto tendríamos que salir otra vez. Y de repente fue como si estuviese explicándole todo a Em. donde abrevaban las vacas y otros animales. Su mirada se paseó por la sala y se fijó otra vez en su padre. a los que nadie hasta entonces había prestado atención. Al principio. Toda la colonia se había reunido en casa de Ish. pero se orientaban sin titubear. Joey siguió balanceándose. Tenían otros proyectos: partidas de pesca. y sentirse seguro junto a su padre. los rostros de los mayores se ensombrecieron. Ish. Es posible que un día me pelee con él como con Walt. Quisiera saber. Joey. Pero en la práctica. —¿Qué quieres. pues sus aguas se perdían en una alcantarilla. pensó. El niño no podía comprender todos los problemas. pero su benjamín —como se le había revelado de pronto— era la encarnación misma de sus sueños. Desde que Ish había tenido esta idea. Podía revelar intuición y previsión. y los que habían quedado en las casas les hicieron coro. matar un toro que podía ser peligroso. Por otra parte los jóvenes habían traído bastante agua para satisfacer las necesidades inmediatas. Te daré la lección a la hora de siempre. Los jóvenes. no esta tarde. y al mediodía todos se quejaban de ampollas y cansancio. e Ish dudaba a menudo. aunque no hubiera discutido con los otros. como viejos ciudadanos. Los mayores se pusieron a cavar pozos que reemplazarían a los inodoros. Un padre no tiene derecho a preferencias. bajo San Lupo. Pero nadie estaba acostumbrado a manejar el pico y la pala. Walt. Ish se echó otra vez en el sillón con un cigarrillo. pero su muda simpatía había emocionado a Ish. excepto algún domingo en la ciudad. había multiplicado las lecciones. El entusiasmo duró varias horas y la obra realizada fue considerable.» 69 . el día de año nuevo. Los más jóvenes fueron con los carritos a llenar latas de veinte litros al manantial vecino. En un manual de moral podría ser un buen ejemplo. Los inodoros estaban muy bien. Todos hablaban a la vez. Sí. Joey era el predestinado. se echó a llorar. Este pequeño incidente. aun bajo la lluvia o la nieve. El pequeño Joey se le acercó balanceándose nerviosamente sobre uno y otro pie. Ignoraban el nombre de las calles. los perros de los carritos se pusieron a ladrar. cazar codornices para la cena. Sin embargo. Al fin papá nos llevó a todos a California. esta vivacidad de espíritu. había una enorme diferencia entre un poco de agua y nada de agua. Nunca vi un inodoro.

¡Y de pronto un sobresalto! En la calle se oyen dos detonaciones. un remordimiento. Cuatro o cinco horas después. Sewart Encendió otro cigarrillo y de pronto se sintió irritado.. aplastó el segundo cigarrillo y se abandonó al descanso. GOVT. era insensato. otros a cazar codornices.. Se oyeron otros disparos. Callad.. Aparecía casi siempre como un retorno del gobierno. Ish los reuniría. se dijo con una débil sonrisa. el símbolo era claro. siempre lo dije. excesiva. Unos habían ido a pescar. Lo escucho muy bien. Los otros se reían de él. la sensación de soledad e inseguridad parecía haber crecido progresivamente. y en la carrocería hay unas grandes letras blancas: U.La tierra permanece George R. El recién llegado no ha pronunciado una sílaba.. y la desolación también desapareció. Qué agradable. Había sido el momento de recordar sus profecías. en el curso de aquellos veintiún años. libre de toda preocupación.. En realidad —y quizás él había compartido la consternación de los otros—. O. Al fin pareció despertar del todo. Los cazadores de codornices. es el conductor. Esta felicidad. En apariencia por lo menos. Las circunstancias cambiaban. cómodamente estirado en el sofá.. la autoridad constituida. Sí. Tiene las palmas húmedas. Ish estaba un poco sorprendido. sino el eco de una lejana tormenta. O bien alguien despierta de su siesta y alza los ojos. Pero son las langostas en las malezas. en distintas formas.. y se habían ocultado la realidad.. Sí. y siente una indecible desolación. No hay aviones en el cielo. todos habían olvidado la amenaza para dedicarse a los placeres de siempre. de meter el dedo en la llaga. Los recipientes de agua estaban casi vacíos al terminar el día. parece español. Ah. o alguna de las islas. Podía recordar las caras espantadas. quizá bastante adecuada. y sin embargo lleva. —¡Sí! ¡Sabía que no tardaría! Es el motor de un avión. Su felicidad se extingue como la llama de una vela. los mayores. Pero para pensar en el aire que se respira. con la despreocupación de costumbre. viene hacia aquí! —Y todos se regocijan y dicen alegremente:— ¿Por qué desconfiamos? La civilización no podía haberse perdido totalmente. Bueno.. qué agradable. Viene a socorrer a unas pobres gentes hundidas en las tinieblas. Ish había oído ya dos disparos de escopeta. De acuerdo con la posición del sol juzgó que había dormido una hora. En Australia. o África del Sur. y el momento sería favorable. A la noche. los hombres miran el mar.. y además Robert y Richard. de dieciséis años. y nunca había pensado en los posibles beneficios de su ciudadanía. Ish ya no es más un niño débil y abandonado en un mundo hostil.. ¡Aquí está! ¡Justo en la frecuencia 920! Alguien habla. —¡Sí! —exclama de pronto—. Es un hermoso camión pintado de rojo con adornos azules. pensó Ish estirado en el sofá. cuando Ezra. Pero no hay voces en el aire. pero Ish sabe que es el gobernador de California.. Seguramente todos estaban aún sorprendidos e inquietos.. Sí. No me engaño. En esos días. en alguna región solitaria del norte. Quizás así se hubiera conseguido algo. Ese hombre representa la seguridad. todos habían buscado las soluciones más fáciles. Regresarían al atardecer..S. fatigados. De ahí habían nacido los ruidos del camión. pensó. ahora se perdió.. había tenido ese sueño. Entonces. Se sintió otra vez en la realidad y se movió en el sillón. Pero no es ningún navío sino una nubecita en el horizonte. ¡Y aquella mañana había ocurrido! De pronto había caído un rayo sobre la Tribu. Hubiese debido pintar el porvenir con los más negros colores. Y el nacimiento de los niños no había podido impedirlo. Pero sentían probablemente un malestar. George y él habían traído las noticias... con cierta inconsecuencia.. pero su significado era evidente. el problema había resbalado sobre ellos «como agua sobre el lomo de un pato». Y siente una inefable felicidad. y gritan de pronto: —¡Un buque! ¡Un buque! ¿No ves el humo de la chimenea? ¡Sí. la inmensidad y los recursos del país debían de haber afectado de algún modo a todos los ciudadanos.. el tubo de escape de un poderoso camión que ocupa la mitad de la calle. Nunca había sido excesivamente patriota. Es como. pero por lo menos nadie había pasado sed. En los viejos días. la ropa que conviene a su jerarquía: traje de etiqueta y sombrero de copa. Baja un hombre. El hierro no estaría ya al rojo vivo. Él mismo no había mostrado mucha inteligencia. lo despierta. Aunque no en los primeros años. Cuántas veces. Está en la sala familiar. el corazón le golpea el pecho.. acudieron a la invitación de 70 . convocaría a una reunión esa noche. profeta de las desgracias y de sus oráculos que nunca se cumplían. es necesario que la asfixia le apriete a uno la garganta. O algún otro equipa con baterías un aparato de radio y con los auriculares puestos busca una estación. Desde hacía años repetía que algo grave iba a ocurrir. pero sería posible calentarlo un poco. recurriendo a una vieja comparación.

.. se inició una acalorada discusión. pero no dijo nada.. cuando Ish empezaba a sentirse arrebatado por su propia oratoria.. si tuviéramos alguno. sería necesario vigilar la higiene e instruir a los niños. Por otra parte. —Los caballos serían más útiles. pero le apenaba haberse repetido. pero sería un buen trabajo. Es necesario enviar una expedición para saber qué ocurre en el mundo. o simplemente por cortesía al dueño de casa. —No. —Pero ¿cómo saber si el pozo dará agua? —No sería un pozo si no diese agua. supongo. Lewis y Clark al revés. Sí. e Ish se sentía cada vez más perturbado. Y otro entonó: —¡George va a hablar de la refrigeradora! Ish rió con los demás. Es necesario que los niños aprendan a leer y escribir.La tierra permanece George R. pensó Ish. En estos últimos seis meses deberíamos haber advertido que el agua bajaba en los depósitos. De pronto advirtió que se había incorporado y que estaba dirigiendo un verdadero discurso a las diez personas del grupo. y había nacido quizá de los acontecimientos del día y los tristes resultados del descuido general. —Sí —dijo—. alguien aplaudió. siempre dispuesto a ayudar a sus amigos.. por lo menos. no se había presentado ninguna moción. pero no nos molestamos en mirar.. ese agujero en la tierra. ni se había votado ningún proyecto. No es prudente ignorar qué sucede del otro lado de la montaña. la menos importante de sus sugerencias. si prefieres. 71 . —Lo malo es que necesitamos agua ahora mismo. sí. —Sería necesario levantar una represa de tierra para contener las aguas del manantial.. Pronto todos hablaban de una expedición transcontinental.. Sewart Ish. —Bueno. Casi todos opinaban que la mejor solución era cavar un pozo en San Lupo antes que mudarse cerca de un manantial. ¿Qué os parece lo de enviar una expedición? Ante la sorpresa de Ish.. Sí. sobre todo cuando pertenecen a un grupo.. —Este accidente no debería haber ocurrido —declaró—. pero había despertado la imaginación del grupo. El bueno de Ezra. Esta vez no se sentía irritado. ¿Cuántos de los presentes conocían los nombres de Lewis y Clark? La conversación continuó animadamente. gallinas por ejemplo. Deberíamos tener más animales domésticos. Nadie parecía muy inquieto. —¿Qué opinas. Todos la aceptaron. quizá definitivo. Ezra se apresuró a tomar la palabra. las reacciones de los seres humanos. reconociendo su superioridad intelectual. son imprevisibles. Hemos retrocedido varios siglos. Nos hemos dejado sorprender. y él los apoyó. pensó Ish. De cuando en cuando alguien le pedía consejo a Ish. Nadie me ha apoyado. Pero oyó entonces que todos reían alegremente y comprendió otra vez que el aplauso era puramente irónico. Hemos cometido demasiados errores. para él. —¡Es cierto! —Quizá sea mejor traer un caño desde un río o un manantial y unirlo a nuestras viejas tuberías. George? ¿Te parece bien? —Sí. —¡Demasiado lejos para ir a pie! —O aun con los perros. atrapados. —¡El bueno del viejo! ¡Otra vez con su discurso! —dijo uno de los muchachos. En ese momento. pero con algo nuevo. creo que podría. pero los otros le habían atribuido proyectos más ambiciosos. y quizá no podamos nunca recuperar lo perdido. La reunión era mundana más que parlamentaria. Deberíamos producir lo que comemos. Aquel día se había dado un paso atrás. Ish escuchaba. Pronto se dejó ganar por el entusiasmo. —No es imposible. Su idea original era simplemente la de explorar la región en unos ciento cincuenta kilómetros cuadrados. Decididamente. Había fracasado otra vez. La idea de la expedición se le había ocurrido espontáneamente. La asamblea no tenía presidente. Era. —Seguramente hay muchos en el valle. —Habría que capturarlos y domarlos. Ish calló complacido. un modo de sacudir la apatía de la Tribu. es el viejo discurso. e Ish se unió a ellos. La conversación saltaba de un tema a otro. Era. Y aquí estamos. Nadie tomaba notas.

Bastaba marchar a poca velocidad. y no protestó. La encontrarían en todas partes. Ish se encontró en su elemento y desplegó sus conocimientos geográficos. recuerdo del último terremoto. Luego del Colorado. decidirían. ayudado por viejos mapas camineros. Así ocurrió en China y Egipto. George tenía demasiados años. Volvían los viejos días. Lo prueba la historia. a pesar de sus protestas. se podía llegar a Nueva York. El sur ofrecía mas posibilidades. ¿Cómo podían saber realmente si el gobierno había desaparecido? Quizá se había formado otra vez. dejan de progresar y degeneran. El reloj señalaba las diez. sino comunidades. sin ningún propósito. Curiosamente. las rutas del norte no estaban probablemente mejor. el que había tenido aquella misma tarde. En calles y avenidas había árboles caídos y restos de chimeneas. pero capaces de cuidar de sí mismos. Son como George y Maurine que amontonan toda clase de objetos. los jóvenes no conocían el placer de devorar kilómetros sin otro trabajo que mover unos dispositivos. Sin embargo. A menos que los incendios no hubieran acabado con los árboles. —¡Qué aventura! —exclamó Ish—. Sólo había que solucionar la segunda dificultad: el itinerario. Para llevar cajas de conserva y botellas. Pero cuando se aseguran las comunicaciones el mecanismo del progreso se pone otra vez en marcha. golpeaban almohadones. La gasolina no era un problema. algo enorme si se lo comparaba con la velocidad que alcanzaban los perros. todos. Al fin la elección recayó en Robert y Richard. Veréis cómo los otros grupos han resuelto sus dificultades y han empezado a vivir. declararon a coro que sus mujeres y sus hijos los necesitaban. Lo mismo nos pasará a nosotros. no parecían muy convencidas. Los grandes puentes de acero eran sólidos. Por otra parte.La tierra permanece George R. Era un agradable y pequeño intermedio familiar que terminaba la jornada y calmaba los nervios luego del zumbido de la charla. Ish no podía olvidar los acontecimientos del día. Las conclusiones no habían estado de acuerdo con sus planes. Ish y Em mandaron a Robert a la cama y ordenaron un poco el salón. y todos lo consultaban para poner en hora sus propios relojes. volviendo al itinerario. Sólo había un modo de saberlo: ir hasta allí. Las comunicaciones son lo esencial. empezaban las conjeturas. Había que resolver aún dos cuestiones: el itinerario y el medio de transporte. Em y Molly. al parecer. El chico que se había ido a acostar era él y no Robert. Los hombres. Con una creciente emoción. En una palabra. Los puentes del Colorado podían haberse hundido. pero sentía que había logrado una victoria. Tantas veces. para no ver a la mañana siguiente el triste espectáculo de una habitación en desorden. ni ningún cinematógrafo. excepto ellos mismos. Buscaréis sobrevivientes. Ish recordó su sueño habitual. Ish sintió cierta nostalgia. De pronto todos se pusieron de pie y se despidieron. y podrían elegir entre varios caminos. todos querían ir. sobre todo en Illinois. pues no sabía disparar un fusil e ignoraba el arte de vivir en el campo. Ish trazó el itinerario. Una vez en las llanuras rían sin dificultades el Missouri y el Mississippi. había mirado a sus padres que vaciaban ceniceros. Sólo el río Grande en Albuquerque. Tantos cambios. franqueadas las montañas llegarían a las altas planicies. Al este. y acostumbrada a acostarse y levantarse con el sol. y hacerlo recorrer largas distancias. aún adolescentes. siempre ansiosos por ver nuevos escenarios. por lo menos si las carreteras estaban transitables. Robert y Richard estaban contentísimos. según lo probaba el puente de la bahía. Pequeño y débil. Una vez allí. Ezra. los fundadores de la Tribu afirmaban que era posible reparar un automóvil. 72 . Sewart De pronto. no fue aceptado. los viajeros no encontrarían montañas muy escarpadas ni grandes ríos. En cuanto a los muchachos. Era un país de bosques. Pero era necesario elegir. Daría no sé qué por acompañaros. ¿Y a dónde ir. en la sierra Nevada. Era bastante tarde para gente privada de electricidad. y a lo largo de la avenida San Lupo se veía una fila de coches con los neumáticos desinflados donde jugaban los niños. como Robert sin duda. no podían estarse quietos. se sentaron en el diván para fumar un último cigarrillo. y los caminos estarían quizás obstruidos. nadie andaba en automóvil. cuarenta kilómetros por hora. espiando entre los barrotes de la escalera. aun con un Rolls Royce? No esperaba ningún amigo en los otros barrios de la ciudad. Desde hacía años. Era la ruta que había elegido Ish para llegar a Nueva York. ponían todo en su sitio. Las madres. De cuando en cuando Ish ponía su reloj de acuerdo con el sol. los árboles y los deslizamientos de tierra habrían obstruido todos los caminos. veintidós años antes. pero el entusiasmo general borró cualquier objeción. bastaban los carritos de perros. o para las partidas de pesca a orillas de la bahía. Ish fue eliminado. incluso con los neumáticos desinflados. y sin embargo las apariencias eran las mismas. Las velas se habían consumido. Pero la Tribu podía intentar algún contacto. Concluida la tarea. —Las comunicaciones —dijo—. no había podido comunicarse con la costa oeste. En seguida. Cuando se quedaron solos. Más allá del Mississippi. lo que correspondía aproximadamente a la vieja hora. Cuando una nación o una sociedad se aíslan. No uno o dos. pues desde que lo había lastimado el puma le costaba moverse. Los caminos del desierto no habrían cambiado mucho.

Sí. y advirtió que el olor mismo del aire había cambiado. pero cambiaba los detalles. —¿Recuerdas? —dijo Ish—. Aquella serena felicidad. Así en otro tiempo. o los próximos veinticuatro años? ¿Por qué no podía disfrutar de sesenta segundos de calma? No. preparándose para recibir a los hombres blancos que llegaron con caballos y fusiles? Ish se sentía orgulloso de su respuesta. La política de Em consistía en dejar pasar las cosas y vivir en la ignorancia. o estallar en las trompetas. Y sin embargo. los puentes! Eran para él la más emocionante reliquia del pasado. Para los niños los puentes no eran muy distintos de las lomas o los árboles. sin que nosotros hubiésemos sospechado su existencia? ¿No habría sido mejor que los indios hubieran enviado exploradores a Europa. no se acordaba). inmóvil. pero veía aún la cima de la montaña y la bahía con los dos grandes puentes. quizá. se sintió de mal humor. número cual. Al cabo de un rato. Luego. —Sí. se había desvanecido. sentirse satisfecho y feliz. El bárbaro se había contentado con sus tradiciones.La tierra permanece George R. Estaba de pie. burgundio o sajón. Aspiró profundamente. que medita ante las ruinas de una ciudad desierta. —Oh. comidas. La historia se repite. de pronto. Sewart Em calló e Ish pensó que ella no aprobaba totalmente su discurso. y hasta sudor humano. se encontró reflexionando y haciendo planes. Ya lo decía cuando esperábamos el primer hijo. No iba desde hacía años a la Golden Gate. desperdicios. una máquina. quizá —murmuró Em. A pie. calle tal. Estaban ahí. —¿Qué piensas. Esta filosofía debía llevar al desastre. salió al balconcito y se quedó mirando al oeste. —Pero las latas se acabarán un día. Con el curso de los años los árboles habían crecido. El aspecto del puente de la bahía no había cambiado. como los otros. No. Ish. Como un artista conservaba la idea. Lo digo desde hace mucho tiempo. pero quizás eso también me da la razón. Aunque casi hacía frío. La licencia del conductor colgaba aún del volante: John S. ¿Una máquina? Era tiempo justamente de pensar en máquinas. de 73 . _____________________________________________________________3___ Cuando Ish despertó a la mañana siguiente. apartó la manta. los puentes eran testimonios del poder y la gloria de la civilización muerta. pues sabe que no se encontrará otra vez con sus amigos en los baños. y habría que descansar una noche. Robertson (o quizá James T. como un compositor que desarrolla variaciones sobre un mismo tema. la distancia era considerable. entre vigilia y sueño. en pijama. Em ya se había levantado. —Sí. o aun en carrito. lo hacía cantar en los violines. su mente era un continuo torbellino. algún bárbaro. tranquilo y feliz. Él. recuerdo. ¿Qué dirías si una mañana bajaran de la montaña unos negreros.. Ahora sólo había un coche en el puente. a menudo pensaba en el lejano pasado. la cupé abandonada en el extremo oeste. Es necesario crear y no vivir del pillaje. Piensas demasiado. ni verá desfilar por las calles las cohortes. se dijo. trenes eléctricos que corrían ruidosamente por el nivel inferior. Ish. habría contemplado un acueducto o un arco de triunfo romanos. camiones. era dueño de su propio mundo. pero siempre con variantes. ¡Los puentes! ¡Sí. lo retomaba en un tono más grave. querida? —Pienso que a los indios no les alegró mucho poder comunicarse con los blancos. Y no debe encontrarnos desprevenidos. ¿Por qué no podía él. y eso era todo. lo susurraba en un tono menor. es más fácil abrir latas de conserva. en el balconcito. En los viejos días uno no advertía casi nunca el olor característico de la ciudad: gasolina. La mañana era clara y soleada. ansioso e indeciso. Pero para él. la comparación no era exacta. sin atormentarse con el futuro e imaginar constantemente qué pasaría en las próximas veinticuatro horas. como la falta de agua. De un manotazo. ¡Pero los puentes! Los miró como si buscara una luz en las tinieblas. La historia no se repetía como un niño torpe repite una y otra vez su tabla de multiplicar. se parecía más a un último sobreviviente del mundo romano —senador o filósofo— confundido entre los bárbaros. Recordó cómo había sido en otro tiempo: seis filas de automóviles. autobuses. Descansó un tiempo. ni a mis antepasados de la costa africana conocer a los negreros. Lo dijiste mil veces. pensó. Ahora el aire tenía esa pureza de los campos y las praderas montañosas. y sentía la brisa que le acariciaba la cara.

Esta demora irritó a Ish. escoltados por una tropa de niños y niñas. Se sentaron en los escalones del porche. Tenía más voluntad que George y Ezra. que lo habían operado de apendicitis. las aves marinas —gaviotas. era ahora gris como el musgo. arriesgar la vida en los despeñaderos. no muy inteligentes. su amor a la soledad. En la amplia calzada. desde hace más de veinte años. las que podían ser más útiles en la nueva vida. acurrucarse en el pantano a esperar la bandada de patos. No supo quién había ganado la carrera. Pero los pájaros han manchado de blanco la cima de los pilones. De pronto. las vigas de acero ya no brillan al sol como la plata. un camino que llevaba al renacimiento de la civilización. uno a uno. A simple vista. y la pintura. La herrumbre ha roído apenas la capa protectora. y la sal acelera la obra de la corrosión... como arrastrados por un entusiasmo frenético. pero nadie mostró mucha prisa. tomarían otra vez el camino —en el sentido literal. refugio de las cabras. cormoranes— se posan en el puente. Para el hombre primitivo. Haría que se reanudase el trabajo en los pozos. En la resistente estructura del puente. recordaba. hacía muchos años. animan y multiplican. había cambiado en el curso de los años. a pesar de sus imperfecciones. los cambios son evidentes. todos buscarían una ocupación más agradable. La herrumbre los ha recubierto de un oscuro sudario. Ahora los treinta y tantos miembros de la Tribu tenían en sus manos el germen del porvenir. Había madurado y envejecido. pero también en el sentido figurado—.. pensó alegremente. trazó sus planes. los cables de varios kilómetros de longitud. con el rubio cabello al viento. pues. Se habló de una cosa y otra. Luego. Si se presentaba alguna dificultad. perseguir al ciervo. Había anotado. pero la operación había sido muy agradable. Si hiciese otra vez la lista. los padres después. 74 . como en otros tiempos. Ish salió de su ensueño y fue a afeitarse. El limpio contacto del acero era agradable y estimulante a la vez. se pelean. que había aconsejado a Lewis y Clark. Ezra y los tres jóvenes. Los neumáticos se habían desinflado. hay muy pocos cambios: sólo unas pocas grietas y asperezas. si hubiera ingenieros. Y sin embargo. recordó el viejo asunto de la refrigeradora. se hicieron bromas. Pero nada más. pelícanos. Ish. Sólo él pensaba en el futuro. ¿Qué era él entre los otros? Sí. Desmontó la máquina de afeitar. las olas golpean los despintados pilones de acero. cercar al jabalí en los bosques. Acabó de afeitarse. Sewart Oakland. echaron a correr. Pronto llegaron otros. menearía la cabeza y ordenaría el cambio de algunas piezas. todos. Los miembros de la Tribu confundían siempre el juego con el trabajo. y hasta quizás era un vicio. y en la marea baja se alimentan de mejillones y cangrejos. Sí. Él pensaba que no era posible lograr ningún resultado sin un esfuerzo penoso. sacó la hoja y la echó en un cajón del botiquín. Ya no parecía más una virtud. Pero otras características habían dejado de ser una ventaja. eran realmente ejemplares notables. primero los niños.. especialmente cuando George. no sabía qué hacer con las hojas usadas. antes de un verde brillante. había vivido con Em y era ahora padre de familia. pero honestos. Los pilones que esconden las cabezas en las nubes de verano. Se alegraba aún. Quizá. no era trabajo. Por ejemplo. con su parsimonia habitual. Intentaría poner en marcha un coche. La estructura interior del puente está intacta. y allí crecen las hierbas y el musgo. Al fin. Arrastrado por el viento. Pero pronto la tierra empezó a volar a un lado y a otro. Ish los examinó otra vez. Media hora más y aquel ardor se enfriaría. los golpes de pico se harían más lentos. Eran gente común. Ish se sentía entre inquieto y divertido. Un ingeniero. que entre los jóvenes terminaban a golpes. Después del desayuno. durante las tempestades. aunque ninguno de sus compañeros tuviese dificultades con el apéndice. y había aprendido mucho. Animado por las perspectivas del día. En el lado oeste. De común acuerdo. Había leído mucho. Y en los muelles corren las ratas. Nunca utilizaba dos veces la misma hoja. Ish fue a ver a Ezra. la civilización desafía aún los ataques del mar y el aire. había miles y la economía aquí no contaba. y al fin se consideró a sí mismo.La tierra permanece George R. Se enjabonó otra vez y se repasó las mejillas. todos decidieron concluir el trabajo. incluso Ezra. por donde nadie pasa ahora. Aunque él. Ish vio que Evie corría también. al fin y al cabo. recurrían a él. habían sido sacados al azar de una enorme arca humana. se encaminaron al lugar del trabajo. había hecho una lista de sus aptitudes. Los de mayor edad. en aquella misma casa. como el presidente Jefferson. Era raro que una pequeñez semejante persistiera luego de tantos cambios. Recordaba viejos chistes con este tema. el polvo se ha depositado en las rendijas y rincones. con satisfacción y entre otras cosas. Y algo más importante. Dirigiría los preparativos de la expedición al interior. no sería la de antes.

Nadie se alejaba de las casas sin un arma. Es raro. trabajo y juego se confundían. —Joey —llamó impulsivamente—. y hubo cambios y transformaciones. cuando sean más profundos. 75 . e Ish se unió a Dick y Bob. ni contigo ni sin ti. errar por los bosques en busca de fresas y hongos. con su habitual explosión de ladridos. tiraron piedras. más artificial y febril. observaba los preparativos de partida. Ish lo tomó por el mango y sintió en seguida una rara sensación de seguridad. y quizá nunca había jugado realmente. Aunque hubiera podido buscar también otro martillo. Joey no esperó más. ¿No olvidaba nada? Le parecía que le faltaba algo. —Tengo que ayudar en los pozos —dijo. para las paredes de los pozos. Bob llegó con el martillo y se lo dio a su padre. era tranquilizador. detrás de sus seis perros. Ish pensaba a veces en ponerle un mango nuevo. Lo empleaba. Echó el martillo en el coche.. Encogido. A veces Ish despertaba sobresaltado en medio de la noche recordando la vez que lo habían perseguido los perros. Ish reflexionó un momento. George haría su trabajo. pero obedeció. Es decir. cavarán sin ti. Ish reconoció la menuda silueta. por tradición.. Ish adivinó que George se preparaba a hablar. el viejo martillo que había descubierto poco antes que lo mordiera la serpiente. y sintió un inmenso orgullo. Bob —dijo—. la danza. Puede servir para abrir una puerta.. Ish y George se habían quedado solos en el porche de Ezra. Ish tomó el rifle y revisó el cargador. todos los años para grabar los números en la roca. George hace una pausa antes de hablar. ¿quieres? —¿Para qué? —No sé. George fue a buscar sus tablones. el amor no eran juegos.La tierra permanece George R. buscaré unos tablones. ve a buscar mi martillo. Y bien. lo que deseaba. En los viejos días había adquirido el hábito del trabajo. El hombre creó la civilización. y la fatiga. recurrieron a la dinamita para desplazar una hora y hacerla pasar de una categoría a otra. El timbre del reloj registrador y el clamor de la sirena —más que el ademán de encender la luz y apagar el reloj despertador— señalaron las dos partes de la vida humana. pero no se adelantó. —Tanto peor. una horrible falta. la respiración jadeante. Ish se sintió ridículo como en una carroza de carnaval. —Un ladrillo bastaría —objetó Bob. pero aun entonces hubiera sido más útil un martillo más liviano. Los muchachos gritaban. aseguraba el futuro de la tribu. no cavarán. Sewart a pesar del sudor. —Oye. El peso de la herramienta. Esta división fue pronto más profunda que la anterior entre el sueño y la vigilia. y en ese instante algo le llamó la atención. —Y bien —dijo George. evidentemente. y una misma palabra los designaba. —Perfecto —aprobó Ish. Parecía que hubiese estallado un motín. —¿Listos? —les preguntó a Dick y Bob. ¿quieres venir? Joey salió de los matorrales. alimentar el fuego a la entrada de la caverna. en general la gente no hace una pausa hasta que ha dicho algo. listos para partir. En uno de los carruajes asomaba el cañón de un rifle. Los perros partieron a toda velocidad. Pero los siglos sucedieron a los siglos. Y uno de los primeros cuidados de la civilización fue el de separar el trabajo del juego. Un niño. con la protección de los dioses. Con los cantos y danzas aplacaban los espíritus de las aguas y el bosque. y el juego. Los obreros declararon huelgas. y le pareció que todo estaba bien ahora. Pero el canto. Los dos jóvenes lo esperaban ante su puerta con tres cochecitos. y los perros hacían coro. Y el trabajo se hizo cada vez más penoso y detestable. Corrió al cochecito de Ish y se acurrucó a sus pies con el martillo en las rodillas. y «dormirse en el trabajo». pero era mejor ir prevenido. pensó. e hizo otra pausa—. Y el amor. a sus pies. añadió Ish mentalmente. oculto apenas entre los matorrales. Los dogos que guardaban las casas ladraban también. Los otros dos carritos se lanzaron detrás. En realidad la herramienta no era muy práctica. que habían estado preparando los perros. Lo mismo para las mujeres dar a luz. Desde entonces el sueño fue sinónimo de descanso. Así en los primeros días de la tierra.. Había pocas probabilidades de tropezar con un toro enfurecido o una osa con su cría. Era.

Sewart Ya en marcha. Acercaron el jeep sin motor a unos sesenta centímetros del otro. lo más difícil es ponerlo en movimiento. Dick probó la puerta. el sol era de un amarillo mortecino. Los muchachos seguían todos sus movimientos e Ish sintió que su prestigio estaba en juego. Bob lo siguió. sin enredar las riendas. El jeep no se movió. Los muchachos gritaron y los perros respondieron afuera. Los neumáticos están desinflados y el lubricante se ha solidificado en los cojinetes. Pero eso no importaba. y estaba cubierto de polvo. Lo sabía por experiencia. Luego.. Lo había hecho muchas veces. Hubo un satisfactorio estruendo metálico. Lo empujaremos desde atrás. y tomaron aliento. y con el último paso dio un golpe que hizo saltar la cerradura. prefiero un ladrillo —declaró Dick. Se aseguró de que no estuviera puesto el freno de mano y que la palanca de cambio se encontrase en punto muerto. no se había ganado aún la partida. En el tablero se leía quince kilómetros. los perros no malgastaron el aliento en ladridos y adoptaron un paso más lento. estaba cerrada con llave. Los muchachos ataron los perros. El jeep de la sala de exposición tenía sus cuatro neumáticos desinflados. conduje mucho tiempo un auto sin saber cambiar un neumático o una bujía. El resto no cuesta mucho. Podía atar los perros al jeep. Ish metió la segunda marcha. Sí. Podía probar otro coche. No sé si podré poner en marcha esta antigualla. No soy un mecánico. Veamos primero si podemos moverlo. Un jeep esperaba. pero no se sabía qué había ocurrido en el interior. El jeep del motor desarmado estaba a unos tres metros.. Faltaba saber si el motor y los engranajes funcionaban o si los había estropeado la herrumbre. buscando una solución. que se echaron en el suelo ordenadamente. Un jeep tenía la cubierta del motor levantada y sus entrañas diseminadas por el piso para una reparación que no se terminaría nunca.. Alzó el capó y comprobó que el motor estaba bien lubricado. y como casi toda la gente de mi época. Ish no pudo dominar su irritación. 76 . Ish miró a través del escaparate y el corazón le dio un vuelco. e Ish decidió probarlo. Quiero decir que era demasiado nuevo. Necesitamos uno más usado. No esperéis milagros. ¡Una buena lección! No había traído el martillo para nada. —Oh. ¡Ahora! El coche se movió unos centímetros. Empujaron de nuevo y lograron moverlo un poco más. en línea recta. Todos los neumáticos estaban desinflados. Ish repasó sus planes. No sé si algún otro podría. Se le ocurrió otra idea. En tres zancadas cruzó la acera. y empujaron otra vez. Buscó la dirección del agente local de jeeps. —No —dijo—. los vidrios habían perdido su transparencia. La guía de teléfonos colgaba de un clavo junto al mudo aparato. Podían también romperle algo. Utilizándolo como catapulta quizá pudieran mover el otro jeep.. Luego de veintiún años de manchas de moscas y polvo. ¡Vamos! Todos juntos. —Bien —dijo—. Uno de ellos había recorrido nueve mil kilómetros. blandiendo rítmicamente el martillo. Luego empujaron todos a la vez. Sin embargo. derribada por el terremoto. No costará mucho. expectantes. —¿Veis? —dijo—. con las carreteras estropeadas. Media hora más tarde llegaron al lugar. —Toma el martillo y haz saltar la cerradura —dijo Ish. pero bajo la espesa capa se veía aún la brillante pintura roja. Los muchachos lo miraban. Quizá los cojinetes mismos se han aplastado luego de veinte años de inmovilidad. Ish la abrió y una lluvia de papeles amarillos cayó al suelo. Sólo sabían que las ruedas giraban. Hicieron el primer alto en un viejo puesto de gasolina.La tierra permanece George R. Ish sacudió la cabeza. En el interior. Se preguntó si el principio se aplicaría a los hombres tanto como a las máquinas. —Escuchadme bien —dijo en un tono agresivo—. lo mejor era un jeep. y corrió hacia los restos de una chimenea. La herrumbre no había tocado la superficie. Ish pensó. En el garaje de atrás había varios jeeps. No había muchas diferencias entre los demás. ¿Qué mosca les había picado? Nada mejor que un martillo para abrir una puerta. Ish empezó a sentir que había triunfado. Fueron a ver y comprobaron que el otro jeep se había desplazado unos centímetros. Es demasiado nuevo.

—Ven a ver. Los instaló y giró la llave de contacto con los ojos fijos en la aguja del amperímetro. Joey? —preguntó. muchachos —dijo—. les bastaba sacar las ruedas de recambio. nunca habían oído aquella palabra. pero este problema podía solucionarse fácilmente. Hasta habían roído el papel higiénico. y el caucho conservaba la impresión de la barra. Encontraron un surtidor de gasolina y echaron veinte litros en el depósito. inflarlas y ponérselas al jeep. pues las tuercas estaban herrumbradas. ¿Por qué no usamos esta rueda? Ish se echó a reír. Se sentía orgulloso de esta victoria del mundo civilizado. papá. en un tono cada vez más agudo. El motor zumbó. concluyeron la tarea. o bien la gasolina escapaba por el carburador. si la había tenido alguna vez. Bob y Dick no estaban acostumbrados a manejar herramientas. La aguja no se movió. Joey. En la tienda. Ish sólo había desmontado una rueda en una o dos oportunidades. pues no habían visto nunca una tienda en otro estado. —Mira. Pero cuando se agotó la gasolina del carburador. y la aguja. En el salón de ventas había una barra metálica horizontal de donde colgaban varios neumáticos. Los muchachos sonrieron. Ish pisaba complacido el acelerador. y el piso era una confusión de papeles y excrementos. algo impaciente. Cebó el carburador. hizo girar la llave de contacto y apretó el botón de arranque. El espectáculo entristeció a Ish. Ordenó a los muchachos que quitaran el aceite y pusieran otro más liviano. orgulloso de su habilidad. Buscó el botón de arranque. triunfantes pero sin fuerzas. Sacarla no fue tarea fácil. Ish reemplazó las bujías. Luego subió a un cochecito y se alejó. sentía una rara y nueva alegría. pero aun en éstos el caucho se había agrietado y endurecido. ahora la prueba principal. y Dick se arrancó la mitad de una uña. Golpeó con la punta de los dedos el amperímetro. —¿Qué te pasa. levantaron una rueda. Ish lo ignoraba. Tardaron mucho tiempo en sacar el primer neumático. osciló. Los neumáticos eran ahora la mayor dificultad. Con la ayuda de un gato. Joey señaló con un dedo la rueda de repuesto de un jeep. estaban descargados. A los muchachos. naturalmente. Bob se despellejó un nudillo. En efecto. El jeep resucitaba. Mientras descansaban. a causa de la rigidez del caucho. al contrario. Lo cebaron y lo pusieron en marcha varias veces. Se oyó un gruñido. Habían trabajado inútilmente. del trabajo honesto y consciente de los mecánicos e ingenieros que habían creado un motor que aún funcionaba después de veintiún años. reinaban el desorden y la suciedad. el motor se detuvo bruscamente. Al fin. y el pequeño e inquieto Joey era más un estorbo que una ayuda. Los muchachos gritaron. aunque lo hubiese visto muchas veces. y al fin con un rugido volvió a la vida. probablemente para hacer los nidos. agotados y exasperados. Sólo faltaba encontrar una tienda de comestibles. su mismo peso los había deformado. inexpresivamente. Ver cómo funciona la batería. Quizá los cables estaban rotos. Pero Ish. Quizá los tanques no eran realmente impermeables. perdiendo toda elasticidad. tanto tiempo inmóvil. Media hora más tarde traía acumuladores nuevos. como en todas las otras. papá. Sewart Los acumuladores. —Bueno. y al fin la vieja bomba succionó gasolina del depósito y el motor funcionó sin detenerse. Era Joey quien había encontrado la solución. Pero al cabo de tanto tiempo. Ish oyó que Joey lo llamaba desde el garaje. El depósito de gasolina estaba casi vacío. Y luego el zumbido del motor. cada vez más rápido. Ish separó los mejor conservados. hay que confesar que fuimos unos tontos. —Oh. pero no para largos trayectos. más allá de Descarga. y había perdido la mano. no les llamaba la atención. Se acercaba la hora del almuerzo. 77 . muchachos —les dijo a Bob y Dick—. Habían traído unas cucharas y los indispensables abrelatas. Las ratas y ratones habían roído todas las cajas de cartón. Ish apretó el botón de arranque. Luego se sentó ante el tablero.La tierra permanece George R. —Bueno. Aun en los viejos días. aun avergonzado de su estupidez. Podrían servir durante varios kilómetros. Se incorporó sin embargo y acudió a la llamada. y los dos muchachos lo siguieron arrastrando los pies. Poner el neumático fue aún más difícil. como en todos los otros coches. saltó de pronto. estoy cansado —protestó Ish.

—Los leeré todos. Tenía prisa por sacar a Joey a la calle. Joey. sin embargo. ya se había puesto de pie. un poco de todo. de distintas conservas: guisantes. impaciente. limpiaron las cucharas y los abrelatas y se los metieron en el bolsillo. Si leyeses todos éstos. no. ¿qué te parece? —¿Son todos los libros del mundo? —Oh. Pero no había previsto el rápido desarrollo intelectual del niño. Empujó la pesada puerta y entró orgullosamente. —Bueno. encantado. eran ahora de un amarillo terroso. No se molestaron en encender un fuego y comieron un almuerzo frío. Un día me dijiste que antes se encendían y alumbraban. quizás atraídas por el sabor de la goma. que nunca se le hubiese ocurrido llevar allí a Joey. y pobre en hidratos de carbono. corned beef. las imágenes habían perdido su color. aceitunas. Además hay libros aburridos. como melocotones o espárragos. Era una comida rica en proteínas y grasas. Ish se alegró de no haberlo llevado a la biblioteca universitaria. Ish sintió que una repentina sombra empañaba su felicidad. La biblioteca municipal está muy cerca. Las botellas y latas seguían intactas. —Papá. Caminaba junto a su padre. Los muchachos. Joey podría acompañarme. Ish sacaba los libros que necesitaba de la biblioteca municipal. Devuélvelos siempre y ponlos en su lugar para que no se desordenen ni extravíen. Al fin se decidió a hablar. Pero yo te ayudaré a elegir los buenos. espárragos. Parecían entusiasmados por aquella victoria sobre el mundo de la materia. Joey? Joey. frutos secos. Joey lo siguió pisándole los talones. paté de foie. Joey es muy chico para ayudaros. —Oh. Ahora. Cuando acabaron de comer. advirtió Ish complacido. hay que irse. —Si leo todos los libros. pero sus ojos devoraban los títulos. Eso llegaría más tarde. —Sí. Las ratas habían cubierto de excrementos los estantes y habían roído casi todos los marbetes. pensó Ish.La tierra permanece George R. salmón. Los muchachos hubiesen almorzado sin inconvenientes en medio de la basura. Era ridículo. —Bueno. —¿Puedo leerlos? —Sí. no. y había forzado la cerradura hacía ya muchos años. Llegaron otra vez al vestíbulo e Ish rompió el silencio. Había tanta basura en la calle que nada importaba un poco más. Joey. —¿Qué hay en los libros? —Oh. sabrías bastantes cosas. En otras latas. lámparas eléctricas. estúpidos. Los otros miraban perplejos las palabras difíciles. sólo algunos. ¿Quieres. Esta vez Joey no corría delante. Joey no decía nada. Entraron en la gran sala de lectura y caminaron ante los estantes. Los otros sólo querían volver a sus neumáticos. eran aún legibles. los rosados melocotones apenas se veían. Las latas vacías quedaron allí. ¿podré encenderlas otra vez? 78 . puedes leer lo que quieras. Pensando siempre en reservar la biblioteca universitaria para más tarde. reflexionando. eso sería imposible. corría adelante. pensó Ish. Algunas inscripciones. Sewart Pero los dientes habían atacado en vano el latón y el vidrio. Pero desde más cerca se advertía que esa limpieza era sólo una ilusión. y hasta malos. —Muchachos —dijo—. Ish los arrastró afuera y se sentaron en la acera al sol. algo perplejo. Regresaron al garaje. antes de un rojo vivo. El espectáculo de tantos volúmenes podía hacer daño al niño. y su limpieza parecía más notable en medio de aquella suciedad. y elegían guiándose por los dibujos. ¿cómo se llaman esas cosas que cuelgan del techo en casa? Esas bolas brillantes. aún un poco cansado. A Ish. Por lo menos Ish y Joey eran capaces de descifrarlas. sardinas. Ish se encaminó hacia la biblioteca. y los tomates. y yo me siento cansado. como la sémola de maíz o los macarrones. se le había ocurrido algo nuevo. Pero los alimentos con hidratos de carbono eran raros y exigían alguna preparación. El postre fue melocotón y ananás en su jugo. estaban ansiosos por volver al trabajo. ¿os creéis capaces de cambiar vosotros solos las ruedas? —Claro que sí —dijo Dick.

El neumático trasero de la izquierda había reventado. En las calles había montones de escombros. arrancó valientemente. Ish siguió dando tumbos. Una vez. quizá no. Pero la impresión duró unos pocos segundos. Los neumáticos aguantaban. Tenía las piernas entumecidas. Tocó la bocina y después de un silencio de tantos años se oyó el viejo sonido estridente. Quizá sí. y su estupidez lo irritaba a menudo. —Y bueno. ¿qué no podría hacer la Tribu en algunos años? Los muchachos soltaron un tiro de perros y ataron el cochecito a uno de los otros. Siguieron caminando. y todos los órganos misteriosos y esenciales. Ish sintió un raro desasosiego. Se acercaba a la meta cuando chocó con un ladrillo y se oyó un estallido. Ish saltó del jeep y se desperezó. Alguien. en silencio.La tierra permanece George R. Lo contempló. pero no apareció nadie. La inteligencia no debía superar a los años. Y ahora parecía que la pesadilla se repetía otra vez. Se necesita tiempo. la dirección. que el viento había cubierto con polvo y hojas. Joey vomitaba sobre un montón de restos. Sin embargo. Luego de las lluvias invernales. se había detenido. y los tumbos le habían dejado dolorida la espalda enferma. Sewart Ish sintió una emocionada alegría. Ish pisó el acelerador y el auto se sacudió como si una larga inactividad lo hubiera paralizado. pero podía haber una tubería obstruida y eso bastaría para inmovilizar el jeep. —Muy bien —respondió ella con su habitual falta de entusiasmo. el trabajo de mucha gente. la transmisión. con Joey a su lado. A pesar de ese último accidente. y cuando llegaron al garaje descubrieron. Joey —dijo en un tono que quería ser indiferente—. los frenos. puso otra vez el motor en marcha. que alcanzaban en ese momento la cima de la loma. muda. sin duda. con su bebé en brazos. Ish. He dejado que se hartara de cosas indigestas. hacía muchos años. Ish se sintió bruscamente solo y abandonado. con los ojos muy abiertos. El motor ronroneaba alegremente. Esperaba que grandes y pequeños acudirían de todas partes atraídos por el raro sonido. con orgullo en la voz—. Iría lejos. Se oyeron unos gritos lejanos. y en seguida un estremecimiento de temor. y al fin llegó poco antes que los cochecitos. y saludó con la mano. Los perros de los coches. Mary? Mary era hija suya. —Cerca del nogal grande. Ish frenó y el jeep se detuvo. al menos por el momento. Sentándose al volante. había entrado en una ciudad desierta y había hecho sonar la bocina. Ese almuerzo. Mary. Joey se sintió muy pronto mejor. curado de su indigestión. Otra vez se preocupaba por el futuro. Bob y Dick habían echado agua al radiador. —Bueno —dijo. Un ruido lo sacó de su ensimismamiento. La alegría de Ish se transformó en exaltación. Ya le ocurrió otras veces. Los muchachos sólo pensaron entonces en unirse al juego. Soltaron los perros y se fueron corriendo sin pedirle permiso a Ish. sintiéndose culpable. salió sin prisa de una casa en el extremo de la calle. Ish marchaba en zigzag. tan inexpresivamente como el bebé. obedeciendo las órdenes de Ish. se unieron al coro. pero no se parecía a él ni a Em. los siguió. Vamos. ¡No era un sueño! Si en un solo día un hombre y tres muchachos habían devuelto la vida a un jeep. ocultos en las entrañas de un coche y que él sólo conocía de nombre. Pero se había movido. Joey. aunque sabía que era una ironía malgastada. Pero en seguida pensó que la causa eran quizá las emociones y no el almuerzo. aliviado. el viaje había sido un éxito. iré a admirar el deporte nacional —dijo Ish. había esquivado una embestida del toro. ¿qué te parece. —¿Dónde es la corrida? —preguntó Ish. parecían bancos y montículos naturales. esos montones. ¿No iban demasiado rápido? —No sé. Ish se sentía orgulloso de que Joey satisficiera sus ambiciones. Sólo respondió un concierto de ladridos. Quedaban pendientes los problemas del embrague. y lo que era también importante. El niño se adelantaba demasiado. —Perfecto —dijo—. pero a la vez aquella victoria lo asustaba. No hay que apresurarse. Joey necesitaba mayor vigor físico y energía moral. 79 . —¡Se fueron a la corrida de toros! —gritó. que los muchachos habían cambiado las ruedas e inflado los neumáticos. avanzaba. Detuvo el jeep frente a su casa y se reclinó en el asiento. pensó Ish. Ish sintió un nuevo interés por el jeep y la proyectada expedición. donde crecía una hierba espesa. Sólo Mary vino a admirar el coche.

La tierra permanece

George R. Sewart

—Sí —dijo Mary, y con el niño en brazos se volvió hacia su casa. Ish descendió la loma y atravesó un prado que en otro tiempo había sido el patio de alguien. ¡El deporte nacional! Su entrada triunfal había sido un fracaso, y no podía dejar de sentir cierta amargura. Otro grito indicó que alguien acababa de escapar apenas a los cuernos del toro. El juego era peligroso, aunque nadie había muerto todavía, ni había sido herido de gravedad. Ish lo desaprobaba, pero no se atrevía a oponerse. Los muchachos tenían exceso de energías y quizá sentían la necesidad del peligro. La existencia era en San Lupo demasiado serena y monótona. Recordó a Mary. ¿Cómo no volverse insensible en aquellas condiciones? Los niños atravesaban las calles sin temor a los autos, y habían desaparecido también muchos otros peligros de la vida cotidiana; los resfriados, por ejemplo, y las bombas atómicas. Naturalmente, como gente que vivía al aire libre, y usaba hachas y cuchillos, conocían las magulladuras y heridas. Mary se había quemado una vez las manos, y un día un niño de tres años se había caído del muelle, ahogándose casi. Ish llegó a un espacio que en otro tiempo había sido un parque, cerca de la roca que servía de calendario. El toro estaba en el centro de un prado que apenas merecía ese nombre. La hierba, de treinta centímetros de altura, no conocía otros jardineros que los ciervos y las vacas. Harry, el hijo de Molly, de quince años, era el torero. Lo secundaba Walt, que “jugaba en la retaguardia”, término deportivo heredado de los viejos días. Ish no era un experto, pero le bastó una mirada para saber que el toro no era peligroso. Era un Hereford de raza casi pura, rojo, y con manchas blancas en la frente. Estos toros vivían en libertad desde hacía varias generaciones y eran ahora de patas más largas, más delgados, y de cuernos más grandes. En ese momento el juego languidecía un poco. El toro, fatigado, miraba indeciso a Harry, que lo provocaba sin éxito. Los espectadores, la Tribu casi completa, incluso Jean y su bebé, estaban sentados a orillas del claro. Los árboles los protegerían del toro, si el animal decidía dejar el césped. En caso de necesidad se soltarían los perros y Jack tenía un fusil en las rodillas. De pronto, el toro volvió a la vida y embistió pesadamente con bastante fuerza como para derribar a veinte muchachos. Pero Harry saltó a un costado y el toro se detuvo, desconcertado. Una niña —Betty, la hija de Jean— se incorporó y gritó que ahora era su turno. Parecía una pequeña salvaje, con las faldas recogidas sobre los muslos, las largas piernas bronceadas. Harry cedió su lugar a su hermanastra. El toro estaba fatigado y la niña no corría peligro. Ayudada por Walt, Betty provocó algunas embestidas que esquivó fácilmente. Y entonces un niño gritó con todas sus fuerzas: —¡Yo ahora! Era Joey. Ish frunció el ceño, pero sabía que no necesitaría ejercer su autoridad. Joey sólo tenía nueve años, y las leyes del juego le prohibían intervenir. Los niños mayores se impusieron amablemente, pero con firmeza. —No, Joey —dijo Bob, de dieciséis años—, eres muy pequeño. Espera un par de años. —Soy tan bueno como Walt —protestó Joey. Ish creyó adivinar que Joey había practicado por su cuenta, en secreto, con algún toro bonachón, y quizás ayudado por Josie, su hermana gemela, y su devota esclava. Ish se estremeció ante la idea de que Joey pudiese sufrir un accidente... Joey, entre todos los niños... Luego de algunas débiles protestas, el chico cedió. El toro, gordo, había combatido bastante. Se contentaba con rascar la tierra mientras Betty bailaba a su alrededor. La corrida había terminado y los espectadores empezaron a dispersarse. Los muchachos llamaron a Betty y Walt. El toro, aliviado sin duda, quedó solo en el claro. Ish fue a inspeccionar el trabajo del día. El pozo sólo tenía unos pocos centímetros. Palas y picos yacían alrededor. La indolencia de los trabajadores y la atracción de la corrida había terminado con las buenas intenciones. Ish miró el agujero y sonrió con una mueca. Sin embargo, habían llevado a las casas agua suficiente para atender a las necesidades inmediatas. Em había preparado para la cena un sabroso asado de ternera. Por desgracia, el napa gamay, de veinticinco años atrás, si uno podía creer en la etiqueta, se había avinagrado.

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Ish decidió que los muchachos saldrían cuatro días más tarde. Había aquí otra diferencia con los viejos tiempos. Antes todo era tan complicado, que un viaje largo exigía muchos preparativos. Ahora se decidía algo y se hacía. Por otra parte, la estación era favorable, y las postergaciones podían enfriar el entusiasmo que despertaba la expedición. Mientras llegaba el día de la partida, trabajó con los muchachos. Les enseñó a conducir. Volvió con ellos al garaje y les mostró cómo debían cambiar algunas piezas, como la bomba de aceite y las bujías. —Si os encontráis en dificultades —aconsejó— mejor será deteneros en un garaje y tratar de poner en marcha otro auto. Perderéis menos tiempo. Luego, planeó, entusiasmado, el itinerario. En las estaciones de gasolina encontró unos mapas camineros amarillentos y descoloridos. Los estudió atentamente y, ayudado por sus conocimientos geográficos, trató de imaginar los cambios que las inundaciones, los vientos y el rápido crecimiento de los árboles podían haber provocado en los caminos. —Primero iréis hacia el sur, hacia Los Ángeles —concluyó—. Era un gran centro poblado en los viejos días. Es posible que encontréis allí sobrevivientes, quizá hasta alguna comunidad. —Siguió con la mirada las líneas rojas—. Probad ante todo la ruta 99. Creo que podréis pasar. Si tropezáis con obstáculos en las montañas, volved hacia Bakersfield, tomad la 466, y cruzad el desfiladero de Tehachapi. Se interrumpió. Sintió que la nostalgia le cerraba la garganta y le humedecía los ojos. ¡Aquellos nombres evocaban tantos recuerdos! Burbank, Hollywood, Pasadena…Antes ciudades vivas y prósperas que él había conocido. Ahora los coyotes perseguían a las liebres en los parques y jardines devastados. Sin embargo, los nombres estaban aún allí, en los mapas, en grandes letras negras. Se dominó, pues los dos muchachos lo miraban estupefactos. —Perfecto —dijo rápidamente—. Desde Los Ángeles, o desde Barstow, si no podéis llegar a Los Ángeles, tomad la 66. Yo tomé ese camino. Atravesaréis fácilmente el desierto. No olvidéis las provisiones de agua. Si el puente del Colorado existe aún, tanto mejor. Si no, volved hacia el norte y probad la ruta que atraviesa la presa de Boulder. Seguramente la encontraréis intacta. Les enseñó a leer los mapas por si debían cambiar de itinerario. Pero sin duda les bastaría con apartar de cuando en cuando un árbol caído, o trabajar con pico y pala una hora o dos para quitar algún montón de tierra. Al fin y al cabo, veintiún años de abandono no bastaban para que desapareciesen las carreteras. —Tendréis algunas dificultades en Arizona —continuó Ish—. En las montañas. Pero... —¿Arizona? ¿Qué es eso? Era Bob quien hacía la pregunta, bastante natural. Ish no supo qué decir. ¿Qué había sido Arizona? ¿Un territorio, una entidad, una abstracción? ¿Cómo explicar en pocas palabras lo que era «un Estado»? ¿Y cómo explicar lo que era Arizona ahora? —Oh —dijo al fin—, Arizona es el nombre de esta región de aquí abajo, del otro lado del río. —Se le ocurrió algo—. Mirad aquí en el mapa. Este territorio rodeado de una raya amarilla. —Ah —dijo Bob—. Hay una cerca alrededor. —Bueno, me parece que no. —Es cierto. No tienen necesidad de cerca, pues está el río. Inútil insistir, pensó Ish. Cree que Arizona es una especie de patio grande. Evitó desde entonces referirse a los Estados y se contentó con mencionar las ciudades. Una ciudad, para los muchachos, era una confusión de calles bordeadas de casas en ruinas. Vivían en una ciudad y podían imaginar otras, con comunidades similares a la Tribu. El itinerario de Ish pasaba por Denver, Omaha, Chicago. Quería saber qué había ocurrido en las grandes ciudades. Llegarían allá en primavera. Les aconsejó que fueran en seguida a Washington y Nueva York por la carretera que pareciese más transitable. —Podréis franquear las montañas por el paso de Pennsylvania. Es difícil que una carretera tan ancha haya quedado obstruida o que se hayan cerrado los túneles. Ellos mismos podían elegir por dónde volver. Para ese entonces conocerían mejor que él el estado de los caminos. Les aconsejaba, sin embargo, que intentasen viajar por el sur. Quizás habría allí gentes que habían escapado al invierno. Todos los días hacían un paseo en jeep, y luego de algunas pruebas, consiguieron unos neumáticos que parecían bastante resistentes. Al cuarto día, partieron, con el jeep cargado de acumuladores, neumáticos y piezas de repuesto. Los muchachos desbordaban de alegría; las madres no podían contener las lágrimas ante la perspectiva de una separación tan larga; Ish, muy nervioso, no ocultaba que su deseo hubiera sido acompañar a los viajeros. 81

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Las fronteras eran líneas de demarcación tan duras, tan inflexibles como las cercas. Eran también obra del hombre, abstracciones que se hacían reales. Atravesabais una frontera y cambiaba la superficie del suelo. Una nueva vibración os decía que habíais dejado la suave carretera de Delaware por la más áspera de Maryland. Los neumáticos entonaban otra canción. FRONTERA DEL ESTADO, señalaba el pilón. ENTRADA A NEBRASKA. VELOCIDAD MÁXIMA 90 KILOMETROS. Los reglamentos mismos eran distintos, y uno apretaba con más fuerza el acelerador. A ambos lados de una frontera nacional, agitadas por los mismos vientos, flotaban banderas de colores diferentes. Os sometíais a las formalidades de la aduana y del servicio de inmigración y erais de pronto un extraño, un desconocido. Notabais que los policías llevaban otro uniforme. Cambiabais vuestro dinero, y los sellos que poníais en las cartas mostraban una cara distinta. Será mejor conducir prudentemente, pensabais. No tengamos dificultades con la policía. Curiosa historia. Atravesabais una línea invisible y os transformabais en otro hombre: un extranjero. Pero las fronteras desaparecen más rápidamente que las cercas. Las líneas imaginarias no son atacadas lentamente por la herrumbre. El cambio es aquí muy rápido, y quizá menos desconcertante. Se dirá desde entonces, como en el principio de los siglos: «En el lugar donde los robles empiezan a clarear y crecen los pinos». Se dirá: «Allá abajo... no sé exactamente dónde, en las lomas arcillosas, donde crecen unos matorrales de salvia». Luego de la partida de los muchachos, comenzó un largo período sin incidentes que se llamó el año bueno. Los días sucedían a los días, y las semanas a las semanas. Las lluvias se prolongaron. Fueron lluvias torrenciales, seguidas de días despejados, días en que las lejanas torres de la Golden Gate se alzaban precisas y majestuosas contra el cielo azul. Por las mañanas, Ish lograba que la gente trabajara en los pozos. En el primer ensayo, tropezaron pronto con una capa de roca. El segundo pozo fue más profundo, y encontraron un buen manantial. Revistieron con maderas las paredes del pozo e instalaron una bomba manual. Pero por ese entonces ya se habían acostumbrado a no usar los inodoros, así que renunciaron a hacerlos funcionar. En esa época, los peces abundaban en la bahía, y se prefería la pesca al trabajo. A la tarde, todos se reunían para cantar canciones, que Ish acompañaba al acordeón. Ish propuso que se organizara un coro. No faltaban las hermosas voces, y George era un buen bajo. Pero todos preferían el camino del menor esfuerzo. Decididamente, la Tribu no gustaba mucho de la música, como Ish había comprobado hacía tiempo. Algunos años antes había puesto algunos discos de sinfonías en el fonógrafo. No se oía muy bien, pero se podían seguir los temas. Los niños permanecieron indiferentes. A veces, atraídos por la melodía, abandonaban los juegos o la escultura en madera y escuchaban con atención. Pero no tardaban en volver a sus ocupaciones. Bueno, ¿qué podía esperarse de unas pocas gentes comunes y sus descendientes? Estaban un poco por encima de lo común, se corregía, pero carecían de cultura musical. En los viejos días, diez norteamericanos de cada mil sabían apreciar realmente a Beethoven, y esos pocos, como los perros de pura raza, no habían sobrevivido al Gran Desastre. Probó también con el jazz. El sonido de los saxofones atrajo otra vez a los niños, pero el interés no duró mucho. ¡El jazz hot! Sus intrincados ritmos no podían atraer a mentes simples, sino a oídos educados. Era como pedirles que admirasen a Picasso o Joyce. En realidad —y había aquí algo de alentador— los jóvenes detestaban el fonógrafo. Preferían cantar ellos mismos. El papel pasivo de oyentes les disgustaba. Jamás, sin embargo, intentaban componer una melodía o unos versos. Ish, de cuando en cuando, inspirado por algún acontecimiento importante, improvisaba una estrofa, pero carecía de genio poético y sus extrañas tentativas no eran bien recibidas. Cantaban, pues, a una sola voz. Preferían las melodías más simples: Llévame otra vez a Virginia, aunque nadie sabía qué era Virginia, o quién quería ir allí, o Aleluya, soy un vagabundo, sin preguntarse qué era un vagabundo. Cantaban también las quejas de Bárbara Allen, aunque ninguno de ellos sufriese penas de amor. Ish pensaba constantemente en los dos muchachos del jeep. Los niños pedían Mi hogar en la llanura e Ish tocaba la melodía sintiendo un nudo en la garganta. Quizás en aquel mismo instante Dick y Bob erraban por aquellos sitios. ¿Qué ocurriría en las vastas llanuras? ¿Habría aún ciervos y antílopes? ¿Ganado? ¿Habrían vuelto los bisontes? Pero recordaba a los muchachos sobre todo en las negras horas de la noche. Se despertaba de pronto sobresaltado, y se pasaba las horas rumiando sus inquietudes.

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Si habían atravesado el continente. Ish apenas podía reprimir su excitación. No pensaban en otra cosa. y pronto esculpieron figuras geométricas. y no había por qué atormentarse. Una vez terminadas —Ish mismo debía reconocerlo— . Pero con la luz del día desaparecían los fantasmas. grababa un friso de animales sobre la lisa superficie de una plancha sin necesidad de medidas ni de principios geométricos. La estratagema de Ish terminó. Ish no tenía ninguna habilidad de esa especie. Joey no tenía ningún talento para la escultura. Trataba inútilmente de atraerlos recurriendo a los sistemas pedagógicos más famosos de los viejos días. único arte que practicaba la Tribu. sin embargo. Mover la hoja del cuchillo a lo largo de una regla de acero para obtener una línea recta. tardarían aún en regresar. Y si el jeep aguantaba. lestrigones. No corrían el peligro. Si sus tres vacas no cubrían el espacio disponible. La hierba de las lomas germinó y amarilleó. ¿Y los pumas. que leía a trompicones. regresarían antes del otoño. pero por lo menos conservaba cierta dignidad. Les enseñó algunos principios de geometría y a servirse del compás y la regla para dibujar en la madera. triángulos y hexágonos. En caso de accidente. aferrada a la falda de la loma. Pero los desagradecidos escolares se revolvían en sus asientos y volvían unos ojos impacientes hacia las ventanas. ____________________________________________________________5___ Con el correr del tiempo. Los niños mordieron el anzuelo. Era más divertido. y se encontró otra vez a solas con el pequeño Joey. El escultor más hábil era Walt. ¡sacrificios humanos. y las esculturas tenían mejor aspecto. como Ulises. Los otros niños no le escatimaban su admiración. pero uno se cansaba pronto de ese trabajo maquinal y monótono. Seguir el contorno de un círculo era más difícil. ¿Con qué hombres podían tropezar los muchachos? ¿Y con qué sociedades deformadas por las circunstancias. sirenas. Pero se le ocurrió utilizar aquel interés de los niños para sus propios fines. Un sudor frío cubría entonces la frente de Ish. era estúpida. Ish pensaba entonces en los muchachos y los imaginaba felices. pero podían caer en un pozo. pescar. innumerables. los hombres eran el mayor peligro. que correr por las faldas de la loma. para que se conservasen en la Tribu las bases primeras de la civilización. ¡Y el coche! Qué locura confiar un jeep a muchachos tan jóvenes. escribir y contar. Nada garantizaba que otros hubiesen hecho lo mismo. La Tribu. Y la obra guardaba. medio relieve. ¿Qué novedades traerían? Pasaron las semanas. ciertamente. era fácil y aburrido. volverían mucho antes. pues. volverían a pie. Sewart ¿Cómo había permitido semejante aventura? Imaginaba inundaciones y tormentas. canibalismo! Quizá. Con mano firme. los peligros. No. las inquietudes de Ish se atenuaron. George había logrado transmitir a los niños su afición a la ebanistería. de chocar con otro vehículo. Por las mañanas. La talla en madera. Había reorganizado la escuela. advertía Ish. El propio Ish talló con su cuchillo una vieja y gruesa rama de pino. Sentía que era su deber enseñar a los niños a leer. La ausencia prolongada de los viajeros demostraba que habían llegado muy lejos. en un fracaso. Los caminos eran malos. las esculturas parecían malas imitaciones de los adornos que en otro tiempo se hacían a máquina. aunque tuviesen que caminar quince mil kilómetros. Ante este pensamiento. Se dejó arrastrar por otros pensamientos y otras preocupaciones. los toros salvajes? Los toros que incluso parecían despreciar al hombre. No les faltarían los víveres. Los niños decidieron volver de nuevo a la fantasía y la improvisación. quizá con nuevos amigos. como en otros tiempos. A pesar de su escasa inteligencia. Pero el entusiasmo se apagó pronto. A treinta kilómetros por día —o por lo menos ciento cincuenta por semana—. las nubes eran tan bajas que rozaban las torres de los puentes. jugar a los toros. o alto relieve. pero era el único que se había entusiasmado con las 83 . Trabajaba con igual habilidad en bajo relieve.La tierra permanece George R. un perfecto equilibrio. se entusiasmaron con los círculos. los osos. y cesaron las lluvias. era herencia del viejo George. entusiasmados con nuevos paisajes. libres del freno de las tradiciones? Quizás había en ellas bárbaros ritos religiosos. y carecía de poder creador. si no encontraban otro coche. los muchachos se encontrarían con resucitados lotófagos. añadía un ternero.

pero se convenció por lo menos a sí mismo de que la matemática era la base misma de la civilización. y las miradas de reojo a las ventanas demostraban la inutilidad de sus esfuerzos. y hasta el significado de los libros. Las clases se daban en la sala de Ish. Les habló del desarrollo del hombre.La tierra permanece George R. Y cuando estos tenebrosos poderes se declaraban vencidos. 84 . Ish había advertido que no podía exigirles más. Eso no había cambiado. E Ish reconocía. Quizás es inteligente porque es débil. Cuando los otros escolares huían lanzando gritos de alegría. Los niños se divertían en dibujar mapas de los alrededores. Hasta Ish las encontraba interminables. Las horas de clase siguieron arrastrándose mientras se esperaba el regreso de Dick y Bob. Los otros niños eran fornidos gigantes y superaban a Joey en todos los juegos al aire libre. Sewart eternas verdades de las líneas y los ángulos. —Esto me preocupa —le decía Ish a Em. ¿Qué importaba la forma de Europa. con un largo recreo. Era un desafío a los poderes de la casualidad y el cambio. pues se sabía que estaba atiborrada de conocimientos. Pensó en seguir los métodos de la escuela progresiva e instalar una tienda donde los alumnos comprarían. ese luchador que lentamente.. pero no podía recurrir a un médico clínico. Pero al enunciarles los problemas tropezaba con dificultades prácticas. —No sé.. Pero nadie se interesó en la geografía del mundo. Me parece que te gusta tal como es. se decía. una vez más. Entendía rápidamente el significado de cualquier palabra. y hasta con un aire de superioridad. llaves del saber. y a pesar de sus errores. Pero por el momento sólo se interesaban en un área de unos pocos kilómetros. sufría de dolores de cabeza y frecuentes indigestiones. Ish suponía que esos malestares eran de origen nervioso. Pero. Dos y dos eran eternamente cuatro. pero Ish comprendió que el niño rendía así homenaje a las verdades inmutables y universales. que Em tenía razón. y había que explicarles para qué habían servido las cercas. Ish insistió entonces en la lectura y la escritura. y dejaba atrás a todos sus condiscípulos. y nunca cinco. ningún niño parecía interesado. —¿Resulta? —preguntó Ish. con todas sus penínsulas? ¿Qué importaban las islas diseminadas en el mar? Tuvo un poco más de éxito con la historia y la antropología. algo bastante complicado. quizá. Probó entonces con la geografía. le hablaba largamente y le enseñaba todo lo que sabía. —Sí —convenía Em—. Veía en él la esperanza del futuro. sus crueldades. o neurótico o pedante. Aunque no podía expresarlo claramente. y los niños venían de distintas casas. No habiendo logrado dorarles la píldora de la geometría. Tiene sus alegrías. Y aunque Joey sea debilucho. enseñaba ahora aritmética. Ish sorprendió al niño que cortaba triángulos de papel de diversas formas. La cabeza de Joey era demasiado grande para su cuerpo. había llegado. Los niños escucharon con cierto entusiasmo. —Entonces ¿por qué pruebas? Joey calló. la inteligencia podía atribuirse una nueva victoria. durante miles de años.. Tenía unos ojos grandes y vivaces. el preferido de Ish. Pero ya no había tiendas y hubiese sido necesario explicarles todo el viejo sistema económico. Un día. Hacía juegos con progresiones aritméticas. a ofrecer el espectáculo de una magnífica victoria. » decía el viejo libro. encadenando números. pues. Pero me gustaría que fuese más robusto. les recortaba luego los vértices y los ponía uno junto a otro para formar una línea recta. en él se conservará la tradición intelectual. antes de la catástrofe. Pero Joey pesaba menos que lo normal y cualquier ejercicio físico lo agotaba. en el sentido literal y el figurado. Sí. —Sí. los mocetones no nos faltan. Joey se inclinaba sobre algún libraco con mayor aplicación aún. o así le parecía a uno. entre todos los niños. aunque los toros salvajes pelearan ahora en las calles. Nadie levantaba cercas ahora. Trató entonces de interesarles en la matemática pura. y debía contentarse con hipótesis.. Sólo él. pero te alegra que se apasione por la geometría. «Si Pedro levanta una cerca de nueve metros. o un psiquiatra. tú dijiste que siempre resulta. materia que dominaba. Ish se quedó a solas con el pequeño Joey. —Sí. Aquel verano tenía once alumnos. había creado y aprendido.. la relación que había entre los números le parecía maravillosa.. a los que intentaba inculcar algunas nociones elementales. excepto Joey. Se comenzaba a las nueve y se terminaba a las doce. ¿Quién podía acusarlos? La vuelta de Bob y Dick despertaría quizá su curiosidad. Joey seguía siendo.. venderían y llevarían cuentas. Pero sólo Joey era aficionado a leer. Fracasó..

Hoy hay muchas codornices cerca del río. y descubrió sobresaltado que era un caso de superstición pura. había sido una simple broma. Una niñita lanzó un grito.. su certidumbre se transformó en duda. Pero su superstición alcanzaba un nivel más elevado. a los ojos de los niños. sólo había oído su nombre. Bob mismo. En la habitación había un silencio de muerte. No tengo bastantes dedos. quiero —balbuceó Chris. era sólo una cantinela infantil.. Saltaban de una losa a otra cantando a voz en cuello una vieja cantinela. Ish no insistió. —Tráeme el martillo. Pero Ish notó que se echaban furtivas ojeadas. y Joey volvió. El tío George es más divertido que el tío Ish. Ish quebró el silencio rompiendo una nuez de un martillazo. oía a los niños que jugaban y cantaban. no lloraba fácilmente. Me parece que las inventa. Joey no podía estar seguro de que el martillo de Ish no fuese como los otros martillos. Chris inventaba cualquier excusa para dejar su asiento. y para los niños no era sin duda muy distinta del 85 . luego de despedir a sus alumnos. Todos los niños lo siguieron con los ojos. Miró a sus vecinos Walt y Weston con aire embarazado y asustado. y Bárbara y Betty. Joey cuenta muchas historias del martillo. Los niños veían en el martillo un símbolo misterioso y místico del lejano pasado. y el resto del tiempo descansaba en la chimenea. Walt trajo dos ladrillos. Dice cosas divertidas. En su pobre vocabulario no había diferencia entre piedras y ladrillos. —Tráeme el martillo. Ish vio en seguida un pretexto para dar una lección de historia natural. Fue hacia la chimenea. ¿Para qué decirlo? ¿Dos y nueve? Es difícil. distraído. Nadie había pronunciado una palabra y los niños. Sólo se lo empleaba en las grandes ocasiones. Pero al empezar la tarde. un emblema todopoderoso. desgraciado el imprudente que osara tocarlo. Joey se detuvo ante la chimenea. pensando que el niño. El tío Ish lo sabe todo.. Mi papá es todavía más divertido. Hasta era capaz de haber alimentado el temor de sus amigos para darse importancia. Joey no sabe buscar nidos de codornices. se lo había llevado de mala gana el día que fueron a buscar el jeep. podía impunemente tocar las reliquias que fulminarían a otros. de ocho años. Chris —repitió Ish. —Traedme el martillo. salvo Ish. estiró la mano. Al mediodía. quizás. Sewart Ci-vi-li-za-ción. pero no hicieron ademán de levantarse. Pero el tío Ish tiene el martillo. Nos enseña escultura. pero esta vez apenas podía retener las lágrimas. Chris —le dijo al niño más cercano. que los niños escucharon complacidos. Si pudiese decirle cuánto es siete y nueve. La tensión. le entregó el martillo a su padre. se disipó en seguida. no. se miraron. los niños llevaron a la escuela unas nueces de una especie bastante rara. Pero esta vez no se movió. pero el tío Ish se enojaría. hijo del elegido. Miró alrededor y vio el martillo sobre la chimenea. Tengo ganas de pellizcar a Betty. Eran los mayores. recordó ahora Ish. Me da miedo. Chris. Ish redoblaba sus esfuerzos y aprovechaba cualquier ocasión para estimular el interés de sus alumnos. El tío Ish habla siempre de eso. Sentado en su sillón. En general nadie lo tocaba. pensó Ish. Los cuatro abrían mucho los ojos. las dos hermanas. Falta poco para que termine la clase. y no había posibilidad de que la lectura las resucitase. cualquiera fuese su causa.. Pero ¿no les parecería ahora una fórmula mágica? Era aquélla una sociedad sin tradiciones. Ahí está. Era. Los más pequeños tampoco se movieron. Ezra llevaba siempre en el bolsillo una moneda con la efigie de la reina Victoria. luego de una excursión más larga que de costumbre. sobre la chimenea. volvería la civilización y podría ver las figuras que se mueven. No estoy seguro. Un día. Ish no lo corrigió. destruir aquella tonta superstición. y tomó el martillo. Ish deseó evitar una escena.. Ish pensó en el incidente. Ordenó a Walt que fuese a buscar dos piedras para romper la gruesa cáscara. ¿Las vio papá? Sería divertido. contemplaban a Joey con la boca abierta. en la sala.La tierra permanece George R. ¿Dos y seis? Ya lo sé. pero pensó que si intentaba romper las nueces con aquellos ladrillos podía aplastarse un dedo. Siguió un silencio.. pero luego la idea había sido tomada en serio. ¿No leía acaso como él? Hijo del gran sacerdote. —No. Al principio. Joey se levantó. y se sentó otra vez. cualquiera de vosotros —dijo. Observó el humo del cigarrillo que subía en volutas. Habitualmente. e iba a dejar su silla cuando ocurrió un incidente singular. en la acera. Ish la había oído a menudo en los viejos días. y recordó otros perturbadores ejemplos de superstición. Los niños jugaban ante la casa. Weston se volvió hacia Walt. E Ish comprendió otra vez que Joey se distinguía de los otros. A pesar de los repetidos fracasos. Y los mismos niños no tardaban en reírse. Sería fácil. Le complacía creer que participaba de las funciones sagradas de su padre. ¿Ocho y ocho? Joey lo sabe en seguida. Las palabras no significaban nada. Intrigado.

Un demagogo no encontraría oposición. como bígamo. Su furia y su horror. Podía declarar.La tierra permanece George R. ni siquiera a Joey. En los viejos días las creencias de los niños de una familia. Los habían interrumpido. Lo había discutido hacía tiempo con Em y Ezra. Evie era tabú. y habían llegado así al parque universitario. cuando los muchachos eran pequeños. que podía fundar una religión. ¿Comprenderían un día que era una costumbre pueril. Los niños parecían sentir la necesidad de creer en algo sobrenatural. Sí. que lo volviera a su sitio. reemplazaría quizás a la religión ausente. Molly se pasaba el día «tocando madera». era quizá la muchacha más hermosa de la Tribu. sin generaciones intermedias. él mismo había sido el instigador. Era una ventaja. los tabúes se extenderían entre ellos. la cultura angloamericana— y nadie. Y ahora ella era para los muchachos algo así como una intocable. Había otro problema parecido. podía sustraerse a esas influencias. por ejemplo. Se incorporó y se acercó a la chimenea. El caso de Evie. donde lo había dejado. Aterrado ante esa profanación del santuario del pensamiento. Pero. La aceptarían sin resistencia. La fidelidad era ciertamente una ventaja en aquellas circunstancias. permitir que actuara en la Tribu alguna fuerza nefasta. Los padres habían enseñado a jugar a los pequeños. e Ish sonrió con una mueca. y un peligro. dos de los niños habían desclavado una madera que reemplazaba a un vidrio roto. No temían ser alcanzados por un rayo. No se necesitaba ninguna ley. pero quizás habían cometido un error. Sin embargo. habían producido más efecto que los golpes. Más vale. No podía renegar de su sincero escepticismo. había muchas tradiciones —el cristianismo. El vudú. No le había pedido a nadie. Se sobresaltó. Temiendo que los celos terminaran en desórdenes. como en la antigua leyenda india. En realidad. En cuanto a la superstición. La biblioteca universitaria era tabú. y podía cambiar con cualquier influencia. Advertidos por sus mayores. nunca se les había ocurrido. simplemente. que no podía conjurar la mala suerte? Sí.. practicarían los ritos de la antropofagia. Si no se lo colmaba. pero el contacto con otras creencias traía cierto equilibrio. pero también una responsabilidad. concluyó de mala gana. el folklore indoeuropeo. Pero ahora aquel tesoro humano se había perdido. habían hecho de la fidelidad conyugal más que una virtud una necesidad. Había un cuarto ejemplo. sabía Ish. de cabellos rubios y grandes ojos azules. La primera infracción —y seguramente la habría— podía conmover terriblemente a la Tribu. Podía decirles que Dios había hecho el mundo en seis días. Un día. había organizado servicios religiosos que pronto parecieron una absurda parodia. y se la consideraba un templo sagrado. Los pequeños que Evie podía dar a luz serían siempre una carga para la Tribu. pensó recordando alguna de sus lecturas. la civilización occidental. aunque de menor importancia. Algunos años antes. que tener de él una idea indigna. sin proporción con los destrozos. Ish los había llevado a pasear. La Tribu era. obedecerían servilmente a presuntos brujos. los otros niños habían respetado desde entonces la biblioteca. Ish comprendió. que el mundo era obra de un viejo coyote. Y durante mucho tiempo la Tribu sólo había sido un grupo de padres y niños. Sewart martillo. o un pequeño grupo de familias. Pero ¿qué podía enseñarles sinceramente? Una de las teorías de su profesor de cosmogonía. pues. Por otra parte. e Ish recordó no sin inquietud que los niños la imitaban. los niños no se habían mostrado muy maleables como escolares. y sin quererlo. El martillo estaba allí. rechazó la idea. Con un poco de insistencia podía grabar cualquier idea en la mente de sus alumnos.. para bien o para mal. tenían importancia. aunque la tradición cristiana o la leyenda india fuesen más poéticas y atrayentes. que lo llevó al punto de partida. el chamanismo. no creer en Dios. Tercer ejemplo. habían entrado en la sala de lectura y jugando habían tirado algunos libros al suelo. Otra vez. cualquier sistema podía dar origen a una religión. más claramente que nunca. Los jóvenes se casaban en la adolescencia. con gran satisfacción de Ish. Ish los había castigado de tal modo que más tarde no podía recordarlo sin vergüenza y remordimiento. ninguno de los jóvenes se había acercado a ella. Mientras él dormía la siesta. 86 . Su palabra era ley. no. pero se la aceptaba más como una cuestión de fe que de razón. Encendió otro cigarrillo y se hundió en el sillón. Evie. Sólo ahora descubría qué clase de temor los alejaba del edificio. Sería peligroso. la Tribu tenía ya sus tabúes. en tres o cuatro generaciones sus descendientes evocarían quizá los demonios. no había tenido discípulos. Aunque evidentemente. y hasta quizá tenían el deseo inconsciente de encontrar una explicación al origen de la vida. Ezra. el problema era grave. por ejemplo —e Ish se estremeció—. había allí un vacío. Lo creerían. maleable. como hacía veinte años. Lo creerían. Siete sobrevivientes —Evie no contaba— no habían bastado para salvarlo.

de dos kilos. o una semana. emblemas de fuerza. El mango estaba estropeado. por ejemplo. observándolos atentamente un día o dos. Sí. como se decía en otro tiempo. entidad. que son. ciertamente. Ish prefirió no tocar el asunto de la superstición. De ese modo. y sólo la inteligencia lograría resucitarla un día. que podría fijarse sobre otros objetos. Sin embargo. pues probaría que era sólo una herramienta desprovista de poder.La tierra permanece George R. Confesó orgullosamente el secreto de su éxito. Y no había que olvidar a aquel rey franco que había rechazado a los sarracenos y al que sus guerreros apodaban Martel. su más viejo amigo. e Ish concluyó que Joey no era como los otros. ¿Qué madera era aquélla? No lo sabía. o el mana. La destrucción del martillo sería quizás una lección simbólica. pero los otros rehusaron adoptar el sistema. Durendal. humillado. Era. de algún modo. indudablemente. Sus camaradas no osaban tocar la herramienta. Sus camaradas no le ocultaban su indignación. de ocho. O quizá lo creían invulnerable. sería deshacerse del martillo. comprobó Ish tristemente. Era. Joey. sólo Joey. Había aprendido a leer casi solo. Quizá fresno o nogal. pero habían creído natural que Joey se expusiera al peligro. El mana no era quizá más que una invención de mentes primitivas. «demasiado grande para sus pantalones». Y Joey tenía inteligencia. competir con muchachos de mayor desarrollo físico. mas los niños pensarían que deseaba librarse de un enemigo peligroso. Joey estaba protegido por el mana. abandonó durante un tiempo el juego. Los rompecabezas. Pero aunque rechazara la idea de la predestinación. su hermana melliza. Los niños. en equilibrio sobre la cabeza de acero herrumbrado. y Joey se imaginaba al abrigo de todo peligro. En cuanto a Josey. por ejemplo. como jefes indiscutidos. por otra parte. Pero Joey no se distinguía únicamente en la adquisición de conocimientos. Aunque desde luego. Ish recordaba haber leído que los salvajes atribuían a algunos de ellos una fuerza sobrenatural. y tomar formas más siniestras. concluyó de manera impulsiva. Pero ¿cómo lograrlo? Quemar el mango sería fácil. Ya se conocía el martillo como atributo divino. Y nadie había explicado nunca ese misterio. habían desvalijado las tiendas. los defectos de Joey. Podía recurrir a unos ácidos. aquel otro poder. de doce años. No lo sabía. Ish lo tenía desde hacía años. Ish no dejaba de advertir. Ish. La significación fálica era evidente. Arrojándolo al mar. marcados por el destino. carecía de dones intelectuales. Sólo él era capaz de recoger el tesoro de tradiciones humanas y transmitirlo a sus descendientes. sin duda. Pero de pronto se le ocurrió algo. entusiasmados de pronto con los juegos de paciencia. Joey representaba el futuro. Lo examinó con curiosidad y atención. Pasaron algunas semanas. A los ojos de los niños. y Chris. Pero buscaba siempre la compañía de los mayores. No se guiaría por las formas. E Ish tuvo entonces la impresión de encontrarse ante un objeto de maléfico poder. A la edad de diez años. pero fue convenciéndose cada vez más. Había cumplido diez años aquel verano. tenía sus propias experiencias. Lo más simple. ¿Cómo no se le había ocurrido nunca darle un nombre? Los hombres se complacían en personificar las armas. 87 . pero ponía aún en él todas sus esperanzas. así llamaban a esa fuerza los antropólogos. Le costaba. Logró armar así su rompecabezas con mayor rapidez que los otros. Thor. y hacía sus propios descubrimientos. ¡Carlos del Martillo! ¡lsh del Martillo! Cuando los niños llegaron a clase. era capaz de alzar la antorcha que alejaría las tinieblas. Mana. Sewart El martillo estaba allí. Esperaría el momento propicio. y hasta era posible que tuviese. Y sobre todo sondearía los pensamientos de Joey. Mostraba las huellas del tiempo y un golpe que había recibido antes que Ish lo encontrase. que se entretenía mirándolos. sino por los colores. ¿Joey se sabía elegido por el destino? Ish se lo preguntaba a menudo. anterior a Em y Ezra. y al fin del verano creía ver ya en Joey el signo de los elegidos. Más probablemente nogal blanco. Su precocidad dejaba a veces una triste impresión. aun los pueblos más evolucionados reconocen a ciertos hombres. No. Los niños no se librarían así de la superstición. la hacía a un lado con ese desprecio que los niños de su edad muestran por las niñas. Por la edad se encontraba entre Walt y Weston. su genio sólo se revelaba en el terreno de la experiencia infantil. Josey. vivía en una continua tensión nerviosa. aquella unión de madera y acero reunía todas las cualidades necesarias para convertirse en símbolo: solidez. pues. Parecía carecer de sensibilidad para las formas y trataba de juntar piezas que indudablemente no podían adaptarse. La civilización era obra de la inteligencia humana. pero no podría destruir la cabeza. comprobó que Joey era menos hábil que los otros. y habría otros seguramente. permanencia. también. y no la enfermedad. Joey. por ejemplo. Lo había encontrado poco antes que lo mordiera la serpiente de cascabel. a la mañana siguiente. eso sería tratar los síntomas.

encerraba cierta verdad. pero Joey se complacía en hacer un trabajo rápido y bien. luego los azules. pensando. Las adivinanzas lo fascinaban. los habrás dejado muy atrás. pues podía incluir también a los locos. y ahora sus hijos y nietos no parecían mostrar tampoco gran interés en vaciar botellas. que el niño había intuido las leyes de la clasificación. Claro. En verdad. y a Ish poco le hubiese costado hacer una visita clandestina al aparador. Le parecía el entretenimiento más apasionante. Un día volvió a la casa tambaleándose. Inclinado sobre Joey. Se descubrió más tarde que había visitado con Walt y Weston una licorería de la zona comercial. y los niños deberían resistir la tentación. Es el elegido. Prefería correr a caminar. y había logrado impresionarlos. y no parecía enfermo. Joey estaba un poco marcado y no protestó cuando lo mandaron a la cama. Sewart —¿Para qué? —preguntó Weston—. comprobó que las reservas apenas habían disminuido. —Joey. y lo habían buscado hasta descubrirlo. Sólo la edad de Joey hacía notable el descubrimiento. Walt y Weston no habían salido tan bien de la aventura. El niño sonrió. ni muy borracho. O quizás el alcohol había perdido su atracción por estar al alcance de todos. A los diez años se vive en el presente. complacido. pequeño —dijo de pronto—. e Ish comprendió que a pesar de sus fanfarronadas. pero menos divertido. el hombre había podido ordenar el aparente desorden del mundo físico. Pero luego. a pesar del alcohol. Una vez se había puesto a vaciar las botellas de un depósito. Joey tuvo otras aventuras aquel verano. coñac y jerez. La clasificación era la base de la lógica. e Ish se alegró. También los pájaros comen. Sin embargo. Ish lo oyó mientras planteaba una adivinanza a los otros niños. Dentro de diez años. Con la amenaza de perder su auditorio. pero Ish leyó en el fondo de su pensamiento. esta definición del genio. Un día. Sí. había recurrido a su inteligencia. El primer requisito para hacer un descubrimiento. Los grandes pensadores habían intuido un mundo que no se revelaba siempre. En un repentino impulso de ternura. Poco hábil en distinguir las formas. pero Ish no dejaba de decirse. y su mirada parecía decir: Nos entendemos. no había bebido mucho. Algo similar le había ocurrido a él en su juventud. Se había abstenido. Una vieja definición le vino a la memoria: «El genio es la capacidad de ver lo que no hay». Su padre había tenido siempre un poco de whisky. no por lo que éste pudiera haberle dicho. sin vigor físico. le asombró que a un niño de diez años le hubieran llamado la atención semejanzas negativas. oliendo a alcohol. Ish le tomó una manita. Joey no supo qué replicar. y del lenguaje. Ish vio que los grandes ojos parpadeaban con el alcohol y el sueño. No te atormentes. El alcoholismo era un dios ignorado en la Tribu. había alardeado otra vez ante los niños mayores. ¿En qué se parecen un hombre. es indudablemente notar que algo falta. Los ojos de Joey se iluminaron de alegría. Pero Ish no se engañaba. No tenemos prisa. No somos como los otros. Sabemos muchas cosas. su temeridad no era más que una forma de la timidez. —La inventé yo mismo —dijo Joey orgullosamente—. Entendía. Él llevará la antorcha. a no ser que se cuente con la casualidad. La tarea era enorme. como tantas otras. Gracias a la clasificación. Y Joey apreciaba realmente el lenguaje. pensó. La vida era tan sana y simple que no había necesidad de estimulantes. En el primer momento.La tierra permanece George R. Joey sonreía al sentir el cariño de su padre. como había sido él. Al cabo de una hora. Ish no descubrió nada extraordinario en esa adivinanza. El niño lo miraba con sus ojos grandes e inteligentes. con nombres y verbos que agrupaban y separaban objetos y actos. instrumento fundamental del progreso humano. Sin embargo. Se sintió inundado otra vez por el amor a su hijo. no era muy exacta. un pez y una serpiente? —En que todos comen —le dijo Betty maquinalmente. un toro. luego los rojos. Parecía tener ese espíritu de empresa y competencia que había distinguido alguna vez a sus antepasados. su hijo era un niño tímido y sensible. y los años futuros se pierden en una brumosa lejanía. —Sí —añadió Betty—. No sólo se servía de él para expresar deseos y sentimientos. y luego buscaron otra distracción. como se decía antes. No tiene gracia juntar primero los pedazos amarillos. veinte años. Joey se apresuró a decir: —Se parecen en que ninguno tiene alas para volar. la rapidez no era una de las reglas del juego. Ish aprovechó la ocasión para hablarle de los peligros de la vanidad. 88 . «Usaba la cabeza». ¿por qué te esfuerzas tanto? Weston y Walt tienen dos años más que tú. Joey. Evidentemente. —Eso es demasiado fácil —dijo Joey—. Los niños pensaron un momento. Tu método es más rápido. Era un peligro ya previsto por Ish. Hacía juegos de palabras y buscaba rimas.

o el tío Ish que habían conocido toda la vida. Y otra vez dejaron la clase conteniendo la risa. el cáncer roe las carnes. Si el presidente no se hubiese agotado. dependía el futuro. Pronto caerán las lluvias y verdearán las lomas. y sabía también que había islas en el mar más allá de las rocas de los Farallones. Ish aceptaba buenamente estas bromas. Ninguno de ellos había visto a más de unas pocas docenas de seres humanos. Hasta ahora los hados lo habían favorecido. otras inquietudes. Y si no era dios... Desde el incidente del martillo. Aunque había tenido tiempo de acostumbrarse a su ausencia. del otro lado de los puentes. No era raro que creyesen ver en él a un ser sobrenatural. pero con la felicidad de unas escasas y agradables experiencias. A veces dominaban el respeto y el temor.. Joey. de él. Y los mayores lo consideraban un viejo chocho. indefinidamente repetidas. Conocía el sentido de las palabras más raras.. ¿Quién nos aconsejará ahora?» O se encuentran en una esquina de la calle y suspiran: «Es una gran desgracia. la frágil barrera de una vida humana. Y una mañana veré desde el porche que el sol se pone muy lejos en el sur. Em. Ish reflexionó y comprendió que las dos actitudes no eran incompatibles y sin precedentes. Si el general no hubiese sido tan temerario.. Si el príncipe viviese. Entonces todos dejaremos las casas y yo grabaré otros números en la roca. otros remordimientos lo acosaban continuamente. sólo era para ellos el padre. » Entre los sueños y la realidad. y su ansiedad se había atenuado un poco. Por algún mágico poder. enemigos aún más sutiles atacan disimuladamente. Podía realizar notables proezas. observaba con curiosidad cómo se conducían con él los pequeños. Que lo tomen a uno por un héroe o un dios es siempre agradable. ¡Los niños! ¡Sus supersticiones y sus ideas sobre la religión! No será difícil.. que pensaran en él. esos cambios que en otro tiempo alteraban los nervios de los pequeños.. Cuántas veces. que no pertenecía totalmente a la tierra. le pusieron un clavo en la silla: la broma clásica de los escolares. que colgaba como una cola. Los remordimientos atormentaban aún a Ish. ¿Tenía miedo de hablar? ¿Deseaba que los niños vieran en Joey a una especie de brujo? ¿No desearía. El dios Pan ha exhalado su último suspiro. Las nieblas se disiparon otra vez. había pensado Ish. y que en otro tiempo se había puesto a cuatro patas para jugar con ellos. y el secreto de los números. No les inspiraba entonces mucho respeto. La familiaridad de los niños lo divertía. con un alma demasiado ardiente. ha desfilado ante mí el cortejo de los meses.. Eran felices. se reúnen en la plaza y murmuran: «El destino ha sido cruel al llevárselo. Pero no podía dejar de sentirse algo molesto.. en lo más hondo de sí mismo. Ish. Entonces. ¿qué posibilidades tenía de llegar a ser hombre? Sin embargo. pensó. a la entrada de la caverna. los sobrevivientes se preguntan: « ¿Qué vamos a hacer? Ya no está aquí para guiarnos». Ocho días después del incidente del martillo. No había para ellos cambios imprevistos. 89 . sentía bajo sus dedos un pulso débil y rápido. un cuchillo hiere. Había mana en él. Todo a lo largo de la historia esta misma queja: «Si esa enfermedad no hubiese atacado al joven rey... Pero ya había pasado el verano. no a todo el mundo se le ofrece esa tentadora oportunidad. Un niño tan débil.. Ish comprendió que aquellos niños eran más simples e ingenuos que cualquier criatura de los viejos días. y no intentaba descubrir al culpable. y se reprochaba a menudo haber dejado partir a los muchachos. sintió un repentino temor. como un dios? Al fin y al cabo. Nadie merece ocupar su lugar». sentados alrededor del fuego. y aunque lo temiesen. O mientras doblan las campanas.. El padre se quedó a la cabecera de la cama. pensó Ish. Aquella manita era tan frágil. y que lo miraran a veces con un temor reverente. ¿Pero se le pone a un dios un clavo en la silla o se le prenden trapos a la espalda? Sin embargo. y vivir.. Pero otras veces.. sabía cómo era el mundo del otro lado del horizonte.La tierra permanece George R. más a menudo.. con la manita en su mano. pero que a la vez les aguzaban la inteligencia. y volvió el calor. ¿Y cómo bautizaremos el año? Dick y Bob volverían pronto. e Ish descubrió que le habían prendido a la chaqueta una cinta blanca. Además. Necesitaba crecer en edad y sabiduría. o un mago. más aún que en Joey. restablecer la verdad. que en los días claros se perfilaban contra el cielo. o el abuelo. Amar es exponerse a sufrir.. He aquí otra vez el tiempo de la sequedad y la muerte. Luego. quizá porque el sueño es imagen de la muerte. Cualquier cosa podría detenerlo. un caballo tropieza. podría ser al menos un semidiós. Sewart Los párpados de Joey se cerraron. Un síncope detiene el corazón. se burlaban de él... Entre el sueño y la realidad se interpone el azar. Caprichos del destino. y sólo de él.

Juegas con los números. envuelven en el cuero las entrañas. Había querido decir. quizá varios bueyes. —Bueno. simplemente. había dicho. Hizo otra pregunta: —¿Y qué sabes de los americanos? —Oh. los cuernos y la cola. sino también seres sobrenaturales. Sin embargo. que los americanos eran seres de carne y hueso. el dios terrible.. y las hachas de los verdugos. es magnífico y horrible! Los gemidos de la víctima. pero los niños habían interpretado mal sus palabras. y los niños habían inclinado la cabeza pensando: Sí. lo hicieron los americanos. Ya no habría más preguntas. Ish decidió intentar una experiencia. de cuando en cuando cerráis los ojos. Y tú te contentas con un débil trueno. si estalla una epidemia. Allí yace. ¿Querrías que tu pueblo fuese flaco y humilde? El año próximo. Nos enseñas a leer y escribir. sino de un sentimiento de confianza. En otro tiempo había sido un honor ser americano. es inútil prosternarse en el barro y besar la tierra. Me habéis tirado del pelo. De pronto Joey le sonrió como diciéndole: Hay algo común entre los dos. —empezó a decir. podría batirse en retirada. Me he puesto a cuatro patas para jugar con vosotros. Eligió con cuidado el momento. que exigís sacrificios humanos. y comprendió que su explicación había echado leña al fuego. sintió un cierto orgullo. y fraternidad con millones de otros hombres. Tal había sido su pensamiento. Nos describes el mundo. los americanos eran la gente antigua. padre y abuelo de algunos de vosotros. Si ocurría algo embarazoso. y lo inmolan de un hachazo. juntas tus nubes más negras? No. Llevas el martillo. —Yo era. Ish miró impotente a su alrededor. recurres a tu sabiduría y recuerdas sólo la fingida muerte. aunque hasta los tontos del pueblo se ríen de ti. Esta vez Ish tardó en comprender. es cierto. quiero decir que no había en ellos nada de sobrenatural. soy Ish. los últimos minutos de clase. «La gente antigua» no era sólo gente vieja. el mundo entero? La respuesta no se hizo esperar. los padres le respondían siempre: los americanos.. Y te preguntas si haces bien en confesar un secreto. Eran sólo hombres. e Ish sintió que todos los ojos se clavaban en él. Yo soy un americano. que se pierde en la gozosa algarabía del festín. Entonces tú. Oh. eres un americano. las calles o las conservas. Sin embargo. El engaño no pasa inadvertido y excita tu ira divina. Quizás hubiera sido mejor aplastarlos contra una montaña. queman en el altar esas pestilencias y se regalan con los mejores trozos. Sewart ¡Es raro ser un dios! Los sacerdotes traen a tu altar un buey de dorados cuernos. Encauzó la conversación según sus planes. Pero de pronto el muerto se levanta y baila con los otros. Había tratado de decir: Miradme. Sí. Entiendo los libros. divinidades terribles. y su sudor lava la pintura roja de los muros. son demasiado peligrosos. como si en ese momento las banderas flotasen al viento y se oyera el canto triunfal de las fanfarrias. orgullosos e insolentes. claro. no sin aprensión. ni respuestas. Sé leer. los gritos de su mujer. ¡Ah. ¡La clase ha terminado! 90 . de otro mundo. soy simplemente Ish. pero expresó la opinión de todos. Cuando un niño preguntaba quién había hecho las casas. Ish se alegró de haber hecho la pregunta poco antes de mediodía. Una ligera inclinación de cabeza es suficiente. No. era fácil encontrar la raíz de la idea. Quizás había dado demasiada importancia al incidente del martillo. cubierto de sangre. con la lengua afuera. Al pronunciar estas palabras tan simples.. Yo soy como un recuerdo de los viejos días. Y bien. Piensas: es mi pueblo.La tierra permanece George R. y al fin preguntó con tono indiferente: —¿Y cómo crees que se hizo todo esto —e hizo un vago y amplio ademán—. pues no había razón para emplear el pasado—. Reinaba un silencio de muerte. Esos dones que tienen a su alcance. eres un americano. Era Weston quien hablaba entonces. Sin embargo. Eres un viejo del otro mundo. y se detuvo. «pero hay momentos en que un dios debe parecer estúpido». Ha sufrido una muerte espantosa. ya se vería. seguridad. Otros seres como tú hicieron el mundo. ahora había titubeado.. Era el momento de aclarar el problema. «No soy estúpido» les dices a tus hijos. Vosotras también. Ish contuvo la respiración. y no me pasa nada. El sacrificio te satisface. eres el último sobreviviente de la vieja raza.. —Es la hora —gritó—. Toco el martillo. comprendió. Siguió un silencio. Yo soy un americano. Sí. es evidente. y cuando digo que soy un americano. No se trataba de amor propio. Pero luego separan la cabeza. los sacerdotes quemarán el buey entero.. Sabes cosas extraordinarias que nosotros humildes mortales no podemos conocer. un pueblo de hombres gordos. ¿Lanzas entonces tus rayos.

seguía instruyéndolo con algunos juegos. Ojos de cerdo. abundante. Había reunido unas monedas y le daba a Joey nociones de economía política. aunque no podía olvidar al desconocido. ¡Han vuelto! Se incorporó de un salto y las monedas rodaron por el porche. rodeados de una cohorte de niños vocingleros. pensó Ish. El coche estaba sucio y abollado. la eterna suciedad de la tierra. un movimiento en el jeep atrajo su atención. —Nuestro amigo Charlie —dijo simplemente. como todos. Luego. Ish tuvo un mal presentimiento. Em y los niños salieron tropezándose. En la cara de luna. Con temor. El jeep apareció en la esquina y los perros lo saludaron con un concierto de ladridos. Ish suspiró aliviado y comprendió que desde el día de la partida no había disfrutado de un minuto de verdadera tranquilidad. Hasta llevaba chaleco. La trivial fórmula de cortesía se le había quedado en la garganta. pensaba Ish. pero no había hielo. Ish trataba de explicarle el sistema monetario antiguo. como si padeciese algún mal. Ish hizo un esfuerzo para responder a la sonrisa. y le palmoteó la espalda. Es un huésped y se supone que debo darle la bienvenida. más cerca. Y ahora ese Charlie lo estropeaba todo. Ish contuvo el aliento unos segundos. un poco embarazado. —Encantado —alcanzó a articular Ish. 91 . Allí estaban los muchachos. a juzgar por el afecto que le mostraban los muchachos. Los dos muchachos y Charlie en el centro. casi con pánico. Ish oyó un sonido insólito y sin embargo familiar. Primero asomó la cabeza: un cráneo calvo. Yo tenía que haberle sonreído antes. En seguida se preguntó por qué esta idea le parecía risible. Los ojos del hombre eran de un azul pálido. Charlie era un hombre sucio. Pero el traje estaba cubierto de manchas de grasa y otras que uno hubiera creído de huevo. prefería las monedas a los billetes con la imagen del hombre barbudo. Ish. pensó. Bob hizo las presentaciones. Alzó la cabeza. pensó. se había habituado ya a la suciedad. y observó con inquietud la aparición del intruso. y esa suciedad. —¡Em! —gritó Ish—. y observaban asombrados a Charlie. pensó. El hombre descendió y se enderezó lentamente. Ish conversaba con Joey. Quizá la causa fuesen aquellas ropas. una barba castaña. y ahora iba a salir. Había imaginado aquel regreso como una fiesta. Ish se sintió todavía más molesto. Era el momento de descorchar una botella de champaña. El hombre estaba ahora rodeado de niños. e Ish atrás La sala estaba repleta. Como todos los niños de su edad en los viejos días. Alzó la cabeza y escuchó. Y buen compañero. Pero Charlie era un hombre sucio. y mostraba las huellas del largo viaje. Miró fijamente los diminutos ojos azules. Ish lo examinó. Ish se adelantó y le dio la mano a Bob. en su género. Los niños miraban maravillados a los viajeros que volvían de una lejana expedición. Sólo eso justificaba su antipatía. Para terminar con aquella situación embarazosa. pensó Ish. Ish se quedó aparte. Parecía fuerte. Aquel infantil color azul disimulaba la fuerza y la ferocidad. que ya no se usaba. Cuando parecía que Joey ya había entendido. ¿Ojos de cerdo? No. que se parecía un poco al tío George. Era un hombre de elevada estatura. Nunca habían disfrutado de una fiesta parecida. los ojos apenas se veían. cuando ya caía la tarde. o mejor dicho. y sonrió. La pequeña multitud fue hacia la casa. Era la bocina de un coche. se encontró con la mirada de Ish. con la figura de aquel raro animal jorobado. Ish sintió que el otro era más fuerte. Sewart ___________________________________________________________6____ Un día. Joey admiraba las brillantes y sonoras monedas de níquel. quizá porque el tiempo era fresco y las nubes bajas presagiaban lluvia. Hombre agradable. ¿Otro viajero? Sí. Los dos hombres se estrecharon la mano. Charlie vestía un traje de los viejos días. Bob arrastraba ya a Charlie para presentárselo a los otros. pero sucia y descuidada. gritando alegremente. Los miembros de la Tribu corrieron a recibirlo. No estaban acostumbrados a ver gente extraña. Pero no era eso lo que molestaba en Charlie.La tierra permanece George R. de jabalí. si las gallinas no hubiesen desaparecido hacía años. pero se movía dificultosamente. El sonido se oyó otra vez. no se limitaba sólo a su exterior. Estemos alertas. Aproximadamente de mi edad. corpulento y pesado. En seguida los muchachos saltaron a tierra.

Además no había puentes y debíamos hacer largos rodeos. Historias divertidas. salvo lo que decían los muchachos. 92 . El muchacho no pareció perturbado. cuando volvieran los demás. No pudimos acercarnos. como un salvaje. Todos se incorporaron y se dispusieron a salir. Pero sí a la otra gran ciudad. Sirvieron la comida. En la carretera a Los Ángeles habían encontrado algunos obstáculos. les habría impuesto esas ideas. y la misma pobreza del vocabulario había hecho desaparecer el concepto de obscenidad. había que estar preparado. Bob habló sin reticencias. Los más jóvenes cantaban y bromeaban. Vamos. Pero no se lo podía acusar sin permitirle que se defendiera. y mangas anchas del mismo color. Cuidado. y cuando todos se sentaron a. no me acuerdo. y sentía crecer su antipatía. «¡Somos los elegidos del Señor!». pero no pudo contenerse. Evie lanzó una de sus risitas tontas y calló también. —¿Le ofreciste subir al jeep o te lo pidió él? Ish estudió el rostro de Bob. después de la cena. Nos tiraron piedras y nos gritaron que éramos gente impura.. cerca de Los Ángeles. se calmó Ish. La Tribu. Los chicos tienen hambre. pero sintió que su desconfianza se transformaba en una especie de indignación virtuosa. Todos hablaban a la vez y los viajeros no sabían a quién contestar. Hora de cenar. Ish se hundió otra vez en sus reflexiones. Quizás está perturbado porque adivina tus temores. pero el jeep los había salvado fácilmente. Quizá Dick. decidieron. Deploró amargamente la falta de agua que les había arrebatado la paz. Luego de la cena. En ese alboroto. Em dijo que todos debían ir a sus casas y volver más tarde. y comprendió que su amigo compartía sus inquietudes y también desconfiaba de Charlie. Luego su mirada se posó en los cabellos rubios de Evie. Dick invitó a Charlie a cenar en casa de Ezra. —No —dijo Bob—. Ish observó a Charlie y advirtió que Ezra hacía otro tanto. Luego los caminos estaban cada vez más malos. Pero Charlie conservaba un repertorio de buenas anécdotas. —Oh —dijo—. Era un día de fiesta. Pareces un aldeano que no confía en ningún desconocido. una hoguera encendida en la colina atrajo a toda la Tribu. que se llamaban a sí mismos elegidos del Señor. Ish no había sido nunca un mojigato. que había muerto quizá con el amor romántico. hubo otra vez un tropel de preguntas. Charlie tenía quizá sus razones para dejar Los Ángeles. sí. aunque Em no levantó la voz y sólo dijo unas palabras triviales. ¿No habían enfermado? ¿Habían comido bien? ¿No habían tenido frío de noche? Hablarían del viaje. libre de esas influencias. trayéndoles a ese intruso. —Cuenta historias muy divertidas. Su juicio en estos asuntos era infalible. pero Charlie estaba solo. la mesa. vivían en Los Ángeles. Hay allí algunos grupos como el nuestro. Como batas blancas y largas. ¿Hasta dónde fuisteis? ¿Visteis la ciudad grande? Ish no se dejaba arrastrar por la alegría general. con una admiración no disimulada. Decías que la Tribu necesitaba el estimulante de nuevas ideas. que cualquier extranjero venga a imponerte sus ideas y sus dioses. No sabes qué piensa Ezra. Hombres y mujeres vestían igual. Su voz grave y sonora pareció dominar los agudos chillidos de los niños. esperando a que Em calmara sus inquietudes de madre. Los fanáticos de túnicas blancas. Ish se sintió a la vez aliviado y justificado. Sewart —¿Llegasteis al otro lado? —gritaban todos—. —Es tarde —dijo—. Los ojos de Charlie se detuvieron. Todos callaron en seguida. Temes. —Vestidos muy cómicos —decía Dick—. Los viajeros continuaban el entrecortado relato. Miraba de reojo la barba grasienta y el chaleco manchado. no llegamos a Nueva York. Ish se encontró con la mirada de Ezra. Ish calló. pensó. decían. pensó Ish. Cualquier otro hubiera debido golpear la mesa para que le prestaran atención. Y tú has perdido la cabeza. los muchachos terminaron su relato. Se repitió que no sabía nada de Charlie... Algún hombre enérgico. Es un hombre magnífico —continuó Bob. piensas que su alma debe de ser tan sucia como su chaleco. Em lo interrumpió. ¿Charlie? Lo encontramos hace unos doce días. Ezra tenía gran experiencia en estas cuestiones. se había desinteresado en cambio de toda cuestión sobrenatural. En aquel concierto de gritos y risas. Alguien hizo otra pregunta antes que Bob terminara la frase. La Tribu llamaba a las cosas por su nombre. Chicago. y cuando se te presenta un extraño. excesivamente en Em.. —Oh. A Ish no le parecía bien sondear a Bob a propósito de Charlie. Yo no le dije nada.La tierra permanece George R. y tropezábamos con troncos caídos y montones de tierra. Si él adivinaba algún peligro. y de un género previsible.

La ciudad. y Bob y Dick habían vuelto a la ruta 6. —¿Y el maíz? Conocéis el maíz. El mayor de todos. pero se mantenía aún en pie. Ish tuvo vergüenza de la ignorancia de su hijo. Sólo unos pocos —los más viejos— hablaban inglés. —Un día de mucho frío. —Había muchas vacas —comentó Dick—. Ish concluyó que los miembros de esa colonia. que podían elegir cualquier lugar del país. Recordamos lo que nos habías dicho de la nieve y pensamos que no volveríamos a casa. en una lucha agotadora. —No. cuando no era mucho mayor que ellos. Bob calló titubeando. Hubiera sido preferible elegir la ruta meridional hacia Houston y Nueva Orleáns. —Bueno. no vimos nada parecido. En aquellas regiones de otoños lluviosos e inviernos fríos. —Una brújula —dijo Ish. El jeep se abrió paso entre matorrales o esquivando troncos. y hasta los arbustos. De acuerdo con la descripción de los muchachos. en vez del este. La ruta 6 les había permitido llegar a los límites de Colorado y cruzar las planicies de Nebraska. la humedad favorecía el crecimiento de las plantas. Había otra comunidad cerca de Albuquerque. las grandes ciudades de los viejos días. Sin embargo. —¿Y la hierba? ¿Era derecha y alta. Chicago era ahora una ciudad de fantasmas. —Así que buscamos en una tienda una de esas máquinas que señalan la dirección —dijo Bob. —¿Visteis también esos toros con jorobas? —preguntó Ish. probablemente cerca de Toledo. al este de Houston las inundaciones debían de haber sido catastróficas. tuvimos miedo. pero no conocía el nombre. había sido invadido por las hierbas. Al salir de Chicago en un día nublado y gris. Además. y se preguntaban si la inundación no se habría llevado los puentes. no usaban automóviles y se mantenían lejos de las ciudades. No se podía pasar por el sur. agrietado y hendido. Inundaciones sucesivas habían arrebatado los puentes. que los había enviado a Chicago y Nueva York. pensó Ish. El viaje hacia el este fue una verdadera aventura. hubieran emigrado al sur. con espigas? Debía de ser tierna en el camino de ida. eran de raza india. y dorada. como lo había hecho Ish en los días que siguieron al Gran Desastre. como les había aconsejado Ish. o quizás un solo huracán. miraban a los extranjeros con desconfianza. no vimos maíz. pensó Ish. —Llegamos al gran río —dijo Bob—. El cemento. y las arenas. Quizás Arkansas y Louisiana se habían transformado en selvas antes que Iowa e Illinois. Al contrario. La carretera que atravesaba el desierto se conservaba en buen estado. No era raro que las gentes. Ish no les hizo ningún reproche. sobre todo cuando los vientos de invierno se abatían sobre el lago Michigan. un desierto de calles vacías. Al fin habían entrado en Chicago. con viento del norte —confesó Dick—. aunque no fueran muy morenos. Sewart Luego de Los Ángeles. las tormentas y las heladas habían destrozado la carretera. trabajosamente. El puente sobre el Colorado se movía un poco. la brújula nos ayudó a encontrar el camino y llegamos a orillas de un río que no pudimos atravesar. los matorrales. y miró a Ish. pues. Se cultivaba cerca de Río Grande. —Seguimos una carretera —explicó Bob— que comenzaba como 66. La culpa debía recaer en él. y luego habían atravesado las llanuras. y habían ido hacia el sur. No se veía otra cosa. En ese caso. —Sí. habían dado media vuelta. Pero muy a menudo los muchachos tenían que recurrir a la pala y el hacha. los muchachos habían tomado la ruta 66. elogió su energía y su inteligencia. con el grano duro cuando volvisteis. nunca podrían reunirse con sus familias. Encerrados en sí mismos.La tierra permanece George R. Ish reflexionó un instante y comprendió que el muchacho hablaba de la ruta 6. Pero el puente es sólido aún. aunque cubierta de arena en algunos lugares. unos pocos —dijo Dick. se habían perdido en el laberinto de carreteras que rodeaba la ciudad. lejos de los inhospitalarios inviernos del norte. Desde allí los muchachos habían ido hacia Denver. las plantas y los árboles caídos apenas dejaban ver el cemento. habían regresado por el mismo camino. era poco hospitalaria. —No. El río Wabash. El viaje de vuelta no les había enseñado. empezaba a pesarles la soledad. En lugar de ir hacia el sur. habían logrado atravesar lo que había sido antes el Estado de Iowa. pues cultivaban maíz y alubias. Bob había visto una cifra familiar en los pilones aún intactos. los caminos estaban a menudo bloqueados. como lo habían hecho los indios pueblos durante siglos. A partir de entonces. Las inundaciones. En alguna parte. El agua de las lluvias había cubierto los caminos. Tenían caballos. nada nuevo. Pero al fin. 93 .

—No sé —respondió Ezra—. —Decididamente. ¿No había en ese frenesí algo de primitivo y bárbaro? ¿O bien esa exuberancia era natural? Evie. Los muchachos habían descubierto que el país volvía al estado salvaje. ya que aquellos grupos rechazaban a todos los extraños. Los muchachos mayores. rodeaban el fuego. o un profundo instinto de conservación? Sin embargo. echado en el sofá. Los bailes y los gritos de los niños se habían transformado en algo desenfrenado. Se hacía tarde y las madres reunieron a sus hijos. el calor fue pronto insoportable. redoblaba la alegría de los niños. Charlaron. no había sido su deseo. Trajeron más leña. Charlie tomaba parte en el juego. mentalmente una niña. Entre Dick y Evie.La tierra permanece George R. La fiesta había terminado. —Siéntese —le dijo Ezra a Charlie mostrándole el sillón junto a la chimenea. Ish buscó argumentos que disiparan su desconfianza. por supuesto. 94 . precisamente. pero no dijo nada. La noche era fresca y Ezra pidió que encendieran la chimenea. Bueno. lo apreciaban realmente. aunque no perdió su lucidez. y el más cómodo. Ezra tenía el arte de que la gente se sintiera cómoda. pero su ausencia no hizo decaer la conversación. Los muchachos trajeron leña y pronto el fuego crepitó alegremente difundiendo un agradable calor. ¿Era un simple prejuicio. En aquella región fértil. Ish recordó a los negros que había visto en Arkansas hacía muchos años. Los muchachos. y se habían unido a la partida. Ish se puso tenso. La presencia de una persona mayor entre ellos. sin inviernos rigurosos. como los muchachos me gustaron. y el que era tocado debía saltar el fuego. aquella comunidad poco se parecería a las de California y Nuevo México. Charlie se quitó también la chaqueta y se desabotonó el chaleco. Vació varios vasos. esos tres negros habían sido quizás el núcleo de un grupo de hombres de distintas razas. —¿No estarás enfermo? —preguntó Em. diez o doce. pero la mayor parte de los adultos siguieron a Ish y Em para conversar un poco más con los dos muchachos y Charlie. Estas diferencias plantearían nuevos problemas. Pero el tacto de Ezra era innecesario. Ish advirtió que Ezra trataba de que Charlie hablara de sí mismo. De pronto. Ish miraba y pensaba. la certidumbre de que había seres humanos cerca de Albuquerque aliviaba un poco la angustia de la soledad. con los cabellos rubios al viento. Charlie no ocultaba su pasado. y Ezra como siempre llevó la voz cantante. se sentiría más cómodo sin el chaleco. Podía suponerse que había muchas de ellas en todo el país. Ish era incapaz de reprimir su antipatía. sin embargo. Pero no podía esperarse otra cosa. Miró a Charlie y vio que la transpiración le bañaba la frente. y por efecto del fuego o del alcohol unas gotas de transpiración le perlaron la frente. y sobre todo de ese extraño. La expedición había tenido otra utilidad: el contacto con dos comunidades. Estaban jugando con un látigo. Pero a pesar de sus esfuerzos. Quizás este hombre fuerte y alegre sería un elemento útil para la Tribu. ¿Por qué Charlie no había de unirse al baile? ¿No valgo más que esas gentes de Los Ángeles o Albuquerque que rechazan a los desconocidos? Creo. Ish se quitó el suéter y se quedó en mangas de camisa. La enfermedad era algo tan raro en la Tribu que el menor malestar preocupaba a todos. sin que en apariencia le causaran ningún efecto. Sewart Los niños. Evidentemente. Llevábamos muchos años juntos. no quise quedarme allí un minuto más. con sus rondas y canciones. Ish se estremeció. se durmió. e Ish se reprochó no haber sabido cumplir sus deberes de dueño de casa. bailaba también. Aunque el descubrimiento de las nuevas colonias era todo un acontecimiento. me vine con ellos. —Charlie —dijo—. Charlie podía haber pensado que no era bien recibido. que habían pasado un tiempo con Charlie. —Al fin ella murió —explicó—. Dos pequeñas colonias descubiertas en un solo viaje. no habían podido resistirse. Pero el momento no era adecuado para las meditaciones filosóficas. Jack le trajo una botella de coñac. si podía hablarse de contacto. no termino de calentarme —señaló Ezra. E Ish se preguntó si ése. incluso algunos casados. Charlie continuó con sus libaciones. por sus costumbres y modo de pensar. que me alegraría que este Charlie fuera distinto. George. Era el sitio de honor. Charlie se sobresaltó. nada le parecía más importante que la presencia de Charlie. Consideraba ahora de otro modo el viaje de los muchachos. Pero no puede ser. Si estuviésemos en los viejos días pensaría que me he resfriado. blandía el látigo. Charlie dijo que tenía sed. Ish sintió que cambiaba de opinión.

No sé qué me pasa. La alegría no le duró mucho. Ish pensó. fácil de manejar. esa misma fuerza y simpatía le desagradaban. Está entre gente extraña. Ish. pero quizá tú mismo lo pusiste nervioso. pero la lengua no le había obedecido. le parecía un hombre muy agradable. y que se había ganado la confianza de los perros. En la Tribu no había nadie sospechoso. y confirmó mis sospechas. Volvieron a la sala. . y quizás él piensa lo mismo de ti. ____________________________________________________________7____ Más tarde. Fue hasta la puerta de la cocina y descubrió que había un candado. Nunca estuve mejor en mi vida. Los dos perros de la casa se acercaron a olfatearlo. En fin. Unas veces. que nunca se había sentido cómodo con gente desconocida. Un revólver. —Desearía saber a qué atenerme —prosiguió Ezra—. Charlie se le aparecía entonces como la misma encarnación del mal.. Ha agrandado un bolsillo del chaleco y lleva uno de esos juguetes que se hacían antes para las carteras de las mujeres. desde el Gran Desastre. Ish se quedó a solas con sus pensamientos. salieron. Los otros se prepararon a partir con él. Me hubiese asombrado. como otras veces. concreto conocido. y luego todos. pero cuando Charlie les acarició el lomo y las orejas. Tú también llevas un arma cuando sales. y no temo quitarme el chaleco y quedarme un momento desarmado. Necesitábamos otro hombre fuerte en la Tribu. se le había ocurrido cerrar con llave.. pero no se movió. Y se repitió las palabras de Ezra: Hay algo sucio y vil en ese hombre. solo. ¿Los habría acariciado con premeditación? Ish se acostó y comunicó sus temores a Em. Ish recordó una costumbre de otros tiempos. —No puede ser un resfriado —dijo Em—. —¿Y por qué no ha de tener un revólver en el bolsillo? —preguntó ella—. Es un hombre precavido. George se despedía. Había intentado unirse al coro. Quería ver si Charlie se sacaba el chaleco. Ish se sintió aliviado. ya abandonada. —Nunca tuve menos frío —replicó Ezra—. seducido por fuerza y la simpatía de Charlie. Al principio parecieron indiferentes. Todo olor nuevo los excitaba. Nunca. Sonrió e Ish empezó a entender. Sewart —Lo siento. Otras veces me parece que será mi mejor amigo. que no confiaba en las cerraduras comunes. y lo obtiene siempre. se desperezó pesadamente y anunció que se iba a acostar. Te es antipático. Algo simple. Quizá sea mejor que me vaya y me acueste —dijo Ezra. Y he aquí que aparecía un hombre que no era de fiar. Luego examinó la cerradura de la puerta de delante. Recordó que lo había puesto su madre. 95 . es alguien que sabe lo que quiere. Nadie se ha resfriado nunca aquí. —¿Te sientes mal? —¿Yo? —dijo Ezra—. Hubo un coro general de aprobación. otras. incluso Charlie y Ezra. Ella no se interesó mucho. que en Em había una inercia peligrosa. pero no se quitó el chaleco.—No tenías frío. —No la oculto. por otra parte. Quizá temía ver amenazado su prestigio en la Tribu. —Hemos tenido suerte —le decía a Charlie—. Al fin George despertó. Sólo un juguete. Un extraño no hubiese podido escapar a la vigilancia de los perros. se revolvieron alegremente. —Es cierto. Ish advirtió que Ezra quería decirle algo y lo llevó a la cocina. Cerró la puerta con el candado. titubeaba. Charlie aceptó alejarse del fuego con su botella de coñac. Tengo a veces la impresión de que hay algo sucio y vil en ese hombre. Espero que se quede con nosotros. Aún funcionaba.La tierra permanece George R. moviendo la cola.

Pero no hablemos ahora. Ish. era su facilidad para dormirse en el momento mismo en que decía tener sueño. cuando creía haber recobrado la calma. no. Logró librarse de sus pensamientos. las armas de fuego eran inútiles. Al fin se rebeló contra sí mismo. ¿No lo enceguecerían a él. y sería también admitir su debilidad. menudo y débil para su edad. George era demasiado estúpido. —Podemos tener dificultades. y no podía dejar de pensar. —Tienes razón. Habría lucha entre ellos. Sin embargo. Pensó en los ojos de un azul infantil y engañoso. Sentía las manos extrañamente vacías. no te atormentes —dijo ella—. pues la Tribu ignoraba la solidaridad propia de un Estado. la situación le parecía. la llegada de un extraño. Ish tuvo en la punta de la lengua un consejo paternal: «En tu lugar yo dejaría tranquilo a ese hombre». Desayunó casi alegremente. Ya se había ganado la amistad de Dick y Bob. De todos modos. Bueno. y los otros niños. ¿De qué le serviría en una lucha contra Charlie? No. 96 . ¿Quién se enrolará bajo mi estandarte?. Ojos de jabalí. A pesar de todo. Él es quien debe adaptarse. —¿Qué los atrae tanto? —le preguntó Ish a Em. Se vio envuelto en una pelea con Charlie.La tierra permanece George R. se preguntó dramáticamente. Si hubiera habido entre los miembros de la Tribu una unión verdadera o simbólica. pues bastaba la vigilancia de los perros. Su peso y su solidez eran tranquilizadores. ¿Piensas que vamos a disputarnos la jefatura de la Tribu? —Ve a ver qué pasa —dijo ella sin responder a su pregunta. se dijo. En los alrededores de las casas. Charlie. El consejo le pareció bueno a Ish. ese intruso. Si algo envidiaba Ish a Em. Entró en la casa y vio el martillo sobre la repisa de la chimenea. Ahora era quizá demasiado tarde. un revólver equivaldría a una declaración de guerra. con dos jefes rivales. Es sólo la novedad. no ojos de cerdo. diciendo: —Pero no empieces tú. aunque nunca discutía con Em—. —Es posible —admitió Em. Pensó en buscar un revólver. El extraño estaba allí. quizá. —Sí —dijo—. Te dejas arrastrar por sus ideas estúpidas. terminadas las tareas matinales. algo era indudable. O peor aún. A la mañana siguiente. que asía el duro mango de madera. tomó el martillo y se lo llevó. Y Joey era sólo un niño. Y Charlie no era un adversario despreciable. El sueño huía de él cuando más lo llamaba. Pero no había otro. pensó de nuevo. —¿Qué quieres decir? —preguntó Ish irritado. pensó encolerizado. —Bueno. Pero cuando cruzó la puerta. todo se derrumbó otra vez. un duelo quizá. le rogó que callase. no nosotros. George parecía admirarlo. lo siguieron. Se preguntó otra vez qué clase de fascinación ejercía Charlie sobre los muchachos. Pero en la disputa por el poder el intelectual había perdido siempre. sin contar los más chicos. sí. se sentía indefenso. Se había reído de sus temores y había defendido a Charlie. Pero en seguida desvió el curso de los pensamientos de Ish. por lo menos no tan sombría. Esas ideas que nacen en las tinieblas en las noches de insomnio. Pero Em. titubeó y se quedó un rato en el porche. y Ezra gustaba de la comodidad. Ya no sentía en la mano derecha. Ish se sintió otra vez el niño desamparado de los viejos días. Podía pretextar una excursión. casi cólera. No me parece raro. ¿Quiénes lo apoyarían? No era verdaderamente un jefe. Ezra titubeaba. quizá porque sentía realmente curiosidad. aquella rara sensación de vacío. que parecía apoyarse en la fuerza física? Era difícil saber por qué casi todos simpatizaban con Charlie. Oh. Los ojos negros nunca podían ser tan duros y fríos. pero estamos aquí en nuestra casa. y se encontraba ante individuos aislados. No es más que una extravagancia nocturna. De todos modos. no se decidía a salir sin nada. contento de ver a Bob en su sitio de costumbre y de obtener más noticias del viaje. Bob se fue. Hasta Em podía abandonarlo. si no color de rosa. los prejuicios? Quizá veía en el hombre a un rival. No eres mejor que los niños. al despertar. únicamente Joey era capaz de entenderlo. Sewart Ish sintió otra vez rabia. e Ish comprendió que si Charlie se transformaba en algo prohibido sería más atractivo aún. habría presentado pocos peligros. Justamente se le acababa de ocurrir una nueva idea. con una mirada. Tengo sueño. querido. De todos los que lo rodeaban. Luego. ¿Qué era ese raro encanto. podría ser una lucha entre dos partidos. por más fuerte que fuese. Era la primera vez que ella se mostraba de acuerdo. —Oh. y se durmió. en inteligencia era superior a todos. voy a ver a Charlie —dijo Bob.

y la peor de las dificultades. Esta vez contemplaba a Charlie con admiración. las crisis se arrastraban interminablemente y uno leía los diarios semanas y meses antes que los obreros se declararan en huelga o que los aviones dejaran caer sus bombas. Le faltaban fuerzas para seguir adelante. como ocurría a menudo en aquella nueva vida. llévate a Evie a casa de Molly. Esperaban. Sí. ¿No hubiera sido mejor poner a su alcance algún veneno azucarado? Y bien. Un coro de carcajadas saludó unas palabras de Charlie. el tiempo de algunos latidos. tal como la veía ahora. Ish se acercó. ella cedió. fiscales. Esperó aún. pero la historia que contaba Charlie era demasiado interesante para interrumpirlo. y lo obtenía rápidamente. era una notable belleza rubia. la habían cuidado durante años. Necesita que la peinen. se preguntó Ish amargamente. Charlie. Una vez más era la hormiga perdida. el corazón no le latió más que unas tres o cuatro veces. y con apenas la inteligencia necesaria para abrir las latas de conserva. se sintió mejor. Ya no sentía aquel sudor frío. Aunque Ish estuviese allí en carne y hueso. y se serenó. Quiero hablar con Charlie. la idiota. La compasión que Evie inspiraba era una reliquia de otro tiempo. Charlie se volvió entonces hacia Ish y lo miró desafiante. Los Estados Unidos no eran más que un recuerdo del pasado. No contaba con nadie.La tierra permanece George R. Su cuerpo rozaba el cuerpo de Charlie. Nadie protestó. tomó a Evie por el talle. Sorprendida. Charlie sabía lo que quería. Evie. con el martillo en la mano derecha y tratando de no apretar el puño izquierdo. Dejar partir a Ezra era perder su mejor aliado. como había dicho Ezra. el niño sin madre. Apretó el mango del martillo con tanta fuerza que le crujieron los nudillos. viviendo como una bestia. la abeja que no podía volver a la colmena destruida. Se detuvo. habían cuidado de Evie? Ezra la había encontrado sucia. junto a Charlie. No había nadie cerca y sintió de pronto el peso de la soledad. En los viejos tiempos. lejos del hormiguero. La necesidad de actuar le aclaraba las ideas. y su existencia no había sido una alegría para ellos. Y haciendo acopio de valor. Aquella inesperada situación los sorprendía. —Dejadnos solos unos instantes —ordenó en voz alta. Evie. Sewart En la loma donde la noche anterior había ardido la hoguera se oían ahora gritos y risas. su presencia no había sido reconocida oficialmente. reía y bromeaba. con breves chillidos. Algunos de los niños lo habían visto. aunque habitualmente se mantenía apartada. Cuando dio algunos pasos. Era tranquilizador. sintió que un frío le nacía en el estómago y le invadía luego el cuerpo. e Ish no había visto nunca aquella expresión en su rostro. y parecía beber sus palabras. No había ya gendarmes. Era casi feliz. incluso ante Charlie. jueces a los que acudir. Sin embargo. Ocurría a menudo: uno no se fija en el cuadro que tiene siempre delante de las narices. avanzó lentamente. Desde luego. Ish estaba entonces a unos diez pasos de Charlie. Evie se rió. En el centro del grupo estaba Evie. es preferible a una sombra vaga y confusa. advirtió Ish en seguida. cuando adquiere forma visible. Pero cuando estuvo más cerca. pero intentar retenerlo hubiera sido una confesión de debilidad ante todos. Comúnmente apenas prestaba atención a sus compañeros. No sabía si encontraría algún apoyo entre los miembros de la Tribu. ¿Y para esto. Todos sabían qué iba a ocurrir—. Ish aceptó el desafío. No quiero retroceder. pensó. Charlie se inclinó hacia ella y le pellizcó el talle. Era exactamente el espectáculo que Ish había esperado ver. desgreñada. Dejó pasar unos instantes. con movimientos despreocupados. que hablaba. No era la historia lo que la atraía. Ezra. pasando del pensamiento a la acción. El mango de madera le tembló en la mano. Estaban todos los jóvenes. Mientras Ish se acercaba. que le parecieron siglos. en el centro el grupo. Se dispersaron con una prisa en la que había algo de temor. Vio al grupo cerca de las cenizas de la hoguera. de niña. su presencia se hizo de pronto oficial. Se detuvo. Pero en esta sociedad minúscula. advirtió de pronto. el cuerpo bañado en un sudor frío. 97 . y también Ezra. aunque probablemente no comprendía ni la mitad. pero hubiese preferido un revólver. Pero para un hombre como Charlie esos detalles no debían de tener gran importancia. a pesar de su cólera. y la gente a quien se ve durante años parece perder sus características más personales. y sin duda tampoco para ella. Se encontraba preparado para actuar. y todos se volvieron hacia él. rodeaban a Charlie. parecía una extraña. Sus temores se transformaban en realidad. ¿Y por qué iba a esperar? Los dedos de Ish se crisparon sobre el mango del martillo. Evie estaba en el centro del grupo. De pie o sentados. No había necesidad de pretextos. Ish se acercó a Charlie. los ojos parecían vacíos y su rostro carecía de expresión. el drama estallaba en unas pocas horas. No se puede luchar contra un mal que es mera apariencia. La joven lanzó un gritito agudo. La crisis había estallado de pronto. y no sabían qué actitud adoptar. Se dirigió hacia allí.

La tierra permanece

George R. Sewart

Se quedaron solos frente a frente, Ish de pie, Charlie sentado. Charlie no hizo ademán de levantarse, e Ish también se sentó. No podía quedarse de pie mientras el otro siguiese indolentemente sentado. Charlie no llevaba chaqueta y se había desabotonado el chaleco, lo que le daba un aspecto de descuido. Se miraron, separados por unos dos metros. Ish pensó que era mejor no andarse por las ramas. —Sólo quiero decirle esto: deje tranquila a Evie. Charlie fue también categórico. —¿Quién ordena eso? Ish pensó un momento. ¿Nosotros? Era demasiado vago. ¿Nosotros, la Tribu? Charlie se reiría. Al fin se decidió. —Yo lo ordeno. Charlie no respondió. Recogió unos guijarros del suelo y los hizo saltar en la mano izquierda. Nada hubiera podido indicar mejor su despreocupación. —Podría contestarle con alguna de las viejas frases —dijo al fin—. Usted ya las conoce. No insistamos. Pero soy razonable. ¿Por qué quiere que deje tranquila a Evie? ¿Es su amiguita? —Por algo muy simple —dijo Ish rápidamente—. En nuestro grupo no hay seguramente genios, pero tampoco imbéciles. No queremos cargar con unos cuantos niños idiotas, como lo serían fatalmente los hijos de Evie. Apenas dejó de hablar, Ish comprendió que había cometido un error. Como todo intelectual, había preferido la discusión a las órdenes, debilitando así su autoridad. Ahora él había pasado a segundo plano, y Charlie era el jefe. —Demonios —dijo Charlie—. Pero si ella pudiera tener hijos ya los habría tenido, con todos esos muchachos que andan a su alrededor. —Los muchachos no tocaron nunca a Evie —declaró Ish—. Crecieron con ella y la respetan. Y, por otra parte, casamos muy jóvenes a los muchachos. Sintió que sus argumentos eran cada vez más débiles. —¡Bueno! —dijo Charlie con el aplomo de un hombre que domina la situación—. Debería alegrarle que me haya fijado en la única mujer libre. ¿Y si me hubiera gustado una de las otras? Déme las gracias. Ish buscó desesperadamente una respuesta. No podía amenazarle con la policía o la justicia. Había lanzado un desafío, y había perdido. No, no había más que decir. Ish se levantó, dio media vuelta, y se fue. Recordó algo: un día, poco después del Gran Desastre, se había vuelto para alejarse de otro hombre y había tenido la seguridad de que iba a recibir un tiro en la espalda. Pero ahora no tenía miedo, y esto lo mortificaba aún más. Charlie no tenía necesidad de matarlo, pues era el vencedor. Ish volvió a su casa arrastrando los pies. Había olvidado la amargura de la humillación. El martillo era ahora una herramienta embarazosa, y no un símbolo de poder. Durante años la vida había transcurrido sin incidentes; él era el jefe y todos lo respetaban. Pero no era en verdad muy distinto de aquel joven raro que apenas recordaba. El joven que había sido antes del Gran Desastre, el que temía los bailes, y nunca se sentía cómodo con la gente, y no tenía ninguna autoridad. Había cambiado mucho, pero no había perdido totalmente su timidez. Llegó así a la puerta de su casa, con una profunda amargura. Em lo esperaba. Ish dejó el martillo y la tomó en sus brazos, o fue ella quizá quien se lanzó hacia él, no lo sabía, pero se sintió otra vez seguro de sí mismo. Em no estaba siempre de acuerdo con él. En la noche de la víspera, por ejemplo, habían discutido sobre Charlie; pero él siempre encontraba en ella nuevas fuerzas. Se sentaron en el sofá y él le contó toda la historia. Aun antes que ella hubiese abierto la boca, Ish sintió su ternura como un bálsamo. —¡Qué imprudencia! —dijo Em al fin—. No debías haber despedido a los muchachos. Nadie piensa ni entiende tantas cosas como tú, pero no sabes tratar a un hombre de esa especie. Y Em preparó el plan de operaciones. —Ve a buscar a Ezra, George y los muchachos —dijo—. No. Mandaré a un chico. Nadie tiene derecho a sembrar la discordia y a decirnos qué debemos hacer. Ish comprendió que se había equivocado. No tenía por qué descorazonarse y sentirse solo. La Tribu estaba allí y lo protegería. George fue el primero en llegar. Luego apareció Ezra, quien miró primero a George y luego a Em. Sabe algo, pensó Ish, un secreto que sólo me dirá a mí. Pero Ezra no trató de hablarle a solas, y se limitó a mirar a Em, embarazado. 98

La tierra permanece

George R. Sewart

—Molly tuvo que encerrar a Evie en un cuarto del primer piso —anunció. Parecía como si a Ezra le molestase hablar allí, en público, de la pasión que las caricias de un hombre habían despertado en la idiota. —Es capaz de saltar por la ventana —dijo Ish. —Podría ponerle unos barrotes —propuso George—, O unas tablas. A pesar de la gravedad de la situación, todos se echaron a reír. George estaba siempre dispuesto a hacer algún trabajo de carpintería en las casas. Pero no se podía encerrar a Evie por el resto de sus días. Llegaron Jack y Roger, hijos de Ish. Luego apareció Ralph, el último del trío. La presencia de los muchachos alivió un poco la tensión. Todos se sentaron cómodamente. Esperaban, comprendió Ish, que él dijese algo, y lamentó no haber pensado en prepararse. Se discutía la organización de un nuevo Estado, y no había tiempo de redactar tranquilamente una constitución. Era necesario actuar con rapidez y resolver el difícil problema. —¿Qué vamos a hacer con Evie y ese Charlie? —preguntó directamente. Todos se pusieron a hablar a la vez, e Ish tuvo la desagradable impresión de que ninguno, excepto Ezra, lo apoyaba. Los muchachos y George mismo parecían creer que la vitalidad de Charlie enriquecería a la Tribu. Si Evie le gustaba, tanto mejor. Por fidelidad a Ish, estaban decididos a exigirle a Charlie que se excusase. Pero pensaban también que Ish había obrado precipitadamente. Debía haber consultado con los otros antes de discutir con Charlie. Ish recordó que no se podía permitir que Evie diese a luz niños idiotas. Pero el argumento no causó la impresión esperada. Evie había participado de la vida de la Tribu, y la idea de que sus hijos pudieran parecérsele no asustaba a los muchachos. No alcanzaban a imaginar un futuro lejano donde los descendientes de Evie se mezclarían con los otros haciendo bajar el nivel intelectual de la colonia. Curiosamente, George, a pesar de su torpeza mental, presentó un argumento más perturbador. —Pero ¿sabemos si es verdaderamente idiota? —dijo—. Ha sufrido tantas desgracias, la pobrecita... Se le murieron los padres, se quedó sola. Cualquiera podía haber enloquecido en su lugar. Quizás era tan inteligente como nosotros y sus hijos serán normales. Ish no podía imaginar a Evie con hijos normales, pero quizá George tuviese razón. Todos parecían impresionados, excepto Ezra. Charlie se les aparecía ya como un benefactor de la comunidad e iba a hacer de Evie una persona como las otras. Pero Ezra, evidentemente, tenía algo que decir. Se incorporó. No era hombre ceremonioso, y a todos les sorprendió también verlo un poco turbado. Se le había encendido el rostro aún más que de costumbre. Miraba a un lado y a otro, y de cuando en cuando clavaba los ojos en Em, indeciso. —Tengo algo que decir —anunció—. Hablé largamente con ese hombre, Charlie, anoche, en mi casa, antes de acostarnos. Había bebido mucho y el alcohol le soltó la lengua.— Se interrumpió, y miró a Em.— Es un jactancioso, y ya conocéis esa clase de hombres.— Esta vez se volvió hacia los muchachos, pobres salvajes, incapaces de conocer las alusiones de un hombre civilizado.— Me habló mucho de sí mismo, y yo le tiré de la lengua. Ezra se detuvo otra vez. Ish no lo había visto nunca así. —Bueno, Ezra, habla. Estamos entre nosotros —dijo. La timidez de Ezra se quebró de pronto. —Ese hombre, ese Charlie, está podrido como un pescado de diez días. Tiene varias enfermedades, enfermedades venéreas. Todas las que existieron alguna vez. George se tambaleó como si hubiese recibido un golpe en el pecho. El rubor cubrió el rostro moreno de Em. Los muchachos no parpadearon. No conocían las enfermedades venéreas. Antes de intentar una explicación, Ezra esperó a que Em dejase la sala, pero no logró hacerse entender, pues los muchachos tenían una idea muy vaga de la enfermedad en general. Mientras tanto, Ish se abandonaba al torbellino de sus pensamientos. Esta situación no tenía precedentes, ni en la antigua ni en la nueva vida. Recordó que los leprosos habían vivido apartados. Podía prohibirse que un hombre enfermo de tifus trabajara en un restaurante. Pero ¿para qué buscar ejemplos? Ya no había leyes en la tierra. —Que se vayan los muchachos —le dijo bruscamente a Ezra—. Decidiremos nosotros. Los muchachos, en efecto, no conocían los peligros de las enfermedades, e ignoraban que una sociedad tiene derecho a defenderse. Dejaron uno a uno la sala, obedientes como niños, a pesar de su edad y estatura. —Y ni una palabra a nadie —les advirtió Ezra. Los tres hombres quedaron solos y se miraron. 99

La tierra permanece

George R. Sewart

—Llamemos a Em —propuso Ezra. Em se unió a ellos. Se quedaron un minuto callados, como aplastados por la inminencia del peligro. Había una amenaza de muerte en el aire, no de una muerte limpia y digna, sino degradante y vergonzosa. —¿Y bien? —dijo Ish advirtiendo que los otros esperaban que dijese algo. Roto el silencio, discutieron la situación. Pronto se pusieron de acuerdo en un punto: la Tribu tenía el derecho de protegerse. Cualquier sociedad, o individuo, puede golpear en defensa propia. Pero aceptado ese derecho, ¿a qué medios podían recurrir? ¿Una simple advertencia? Sería insuficiente. Y si Charlie contagiaba a alguien, el castigo que podían infligirle sería una simple venganza social que nada remediaría. Encerrarlo indefinidamente sería imponer una pesada carga a aquella pequeña sociedad. La mejor solución sería ordenarle que se alejara, que desapareciera. No encontraría dificultades para vivir. Si regresaba, el castigo sería la muerte. ¡La muerte! Se estremecieron. No había, desde hacía mucho tiempo, ni guerras ni ejecuciones. La idea que necesitasen castigar con la pena capital no podía dejar de perturbarles. —¿Y luego? —La voz de Em era la voz misma de los temores de todos.— ¿Si vuelve? Nosotros, los padres, somos sólo una minoría. Podría entenderse secretamente con los jóvenes. ¿Y si gana la amistad de algunos de los muchachos, que deciden protegerlo? Y Evie, ¿no encontraría cómplices entre las muchachas? —Podríamos meterlo en el jeep y dejarlo a cien o ciento cincuenta kilómetros de aquí —propuso Ezra, y luego de una pausa, añadió—: Sí, pero al mes estará de vuelta, ¿y quién le impedirá merodear con un rifle y disparar contra cualquiera? Los muchachos y los perros podrán ahuyentarlo, pero uno de nosotros habrá muerto. Me echaría a temblar cada vez que pasase ante un matorral. —No se puede castigar a un hombre por un crimen que aún no ha cometido —declaró George. —¿Por qué no? —replicó Em. Todos la miraron, pero ella no dijo nada más. —Porque... bueno, es imposible. —George exponía trabajosamente su pensamiento.— Es necesario que cometa un crimen. Luego se somete al hombre a un tribunal. Así es la ley. —¿Qué ley? Todos callaron. Luego la conversación se desvió, como si nadie tuviese el coraje de seguir el pensamiento de Em. Ish trató de ser imparcial. —No sabemos si tiene realmente esas enfermedades. Y no tenemos médicos que puedan comprobarlo. Quizá se curó hace tiempo, o es un jactancioso. Conocí hombres como él. —En efecto —dijo Ezra—. No hay doctores, y nunca podremos estar seguros. Hasta podemos pensar que se jacta tontamente. Pero no hay pruebas. Por mi parte, creo que está realmente enfermo. Camina lentamente, como si sufriera. —Parece que las sulfamidas son eficaces —observó Ish, que deseando ser justo trataba de ahogar su secreta alegría. Se volvió hacia George y vio consternado horror y disgusto en sus ojos. George, el ciudadano de la clase media, cargado de prejuicios contra las enfermedades venéreas. George, el diácono, que recitaba los versículos de la Biblia sobre los pecados de los padres. Em habló otra vez. —Pregunté qué ley —dijo—. En los viejos libros hay muchas leyes, pero no rigen ya. En la ley antigua, como dijo George, se esperaba a que alguien cometiera un crimen, y luego se lo castigaba. Pero el mal ya estaba hecho. ¿Podemos asumir esa responsabilidad? Hay que pensar en los niños. El argumento era irrefutable. Todos guardaron silencio, hundidos en sus pensamientos. Em no habla en nombre de una filosofía, pensó Ish. Piensa en los niños, un caso particular. Sin embargo, quizás hay en ella algo más profundo que una filosofía. Es la madre, y defiende la vida. El silencio les pareció muy largo, aunque sólo había durado unos pocos minutos. Ezra fue el primero en hablar. —Estamos aquí, cruzados de brazos, y el problema es urgente. Habría que actuar. —Añadió como si pensara en voz alta—: En aquellos días vi, sí... vi morir a mucha gente buena. Estoy casi acostumbrado a la muerte... aunque no, no del todo. —¿Y si votásemos? —propuso Ish. —¿Qué? —preguntó George. Hubo otra pausa. 100

enfermedades más graves que todas aquellas que Charlie podía transmitir? ¿Por qué no esperar? ¿Por qué no reflexionar? Tomó el lápiz para tachar la palabra. No. Si Charlie cometía un crimen. cuando recordaba la ejecución sentía náuseas. El peso de la herramienta lo ayudaba de algún modo a mantenerse en pie. A los niños les gustaba dibujar. Ejecutar al asesino no devolvía la vida a la víctima. cuando habían ido a buscar a Charlie. como un emblema de autoridad. lo otro. pero nos dominamos. Nos. Charlie volvería. su responsabilidad. Em encontró cuatro lápices. Habría cumplido su deber y Charlie sería desterrado.. o. Los puso sobre el escritorio. ¿Temo aún perder mis privilegios? ¿Temo que Charlie me reemplace? No estaba seguro. Muerte. había preferido llevarlo. que Charlie había recibido con obscenas maldiciones. él era una sola voz. ¿Qué me pasa?.. Ish cortó una hoja de papel en cuatro trozos. Muerte. se preguntó. Anudad la cuerda. Ish tenía aún el lápiz suspendido sobre la letra E. le quitaban toda posibilidad de elección. Ignoramos la locura de dos adversarios que la ambición o una mujer ha enfrentado. Ish trataba de olvidar. ¿Era justo? Al escribir esa palabra. Para ser eficaz. simplemente. Pensó que eran cuatro y podía producirse un empate. con su habilidad práctica. la tiranía. ______________________________________________________________8__ Echaron otra vez tierra en la tumba. el castigo debía preceder al crimen. y sin embargo no harían más que seguir las convenciones del pasado.. la Ley. Tenemos miedo. Rodeado de los muchachos. echad el veneno.. —Podemos votar expulsión o muerte. No podemos encerrarlo. era un hombre fuerte e insidioso capaz de conquistar a los jóvenes. George. Ignoramos la furia del hombre que defiende encarnizadamente su vida en la batalla. afilad el hacha. nadie dudaría en castigarlo con la pena capital. a pesar de todos sus escrúpulos. el Estado. ¿Cuánto tiempo había pensado? Advirtió de pronto que estaba mirando su papel y que los otros esperaban. y sin embargo era también un principio y un largo camino se abría ahora ante ellos. Lo había llevado en la mano. No discutamos más. Era un fin. había puesto la escalera y había anudado la cuerda. con los fusiles listos. apretándose unos contra otros. en voz alta: —Muerte.. Ojo por Ojo. No nos precipitamos. El fin de esos veintiún años de vida idílica en un viejo paraíso terrestre. diente por diente. no la tacharía. apilad los leños. escribió una E. Sewart —Podríamos echarlo —dijo Ezra—. ha revelado al enemigo los secretos de nuestras fortalezas. —Dadme los papeles. En el futuro serían un Estado. y se detuvo. Había papel en los cajones del escritorio. se guardó uno y dio los otros a sus compañeros. bajo el roble. el Pueblo. Muerte.. Pero sabía que la Tribu se encontraba en un peligro real que amenazaba su existencia. Ish caminaba entre ellos con el martillo en la mano derecha.. Sabía en fin que el amor a sus hijos y nietos. Tachó la E y escribió la otra palabra. era una simple venganza. ha escupido la imagen de nuestro Dios. No. Tomó su papel. el abuso de autoridad. Ish había pronunciado la sentencia. Luego la cubrieron con ramas y piedras pesadas para protegerla de los coyotes. Las seis letras parecían brillar sobre el papel blanco. 101 . Aunque sabía desde un principio que no lo iba a necesitar. ¿no resucitaba la guerra. pero se detuvo. La vida ya nunca sería la misma. Sabía muy bien que el destierro de Charlie no resolvería el problema. nunca le gustaría recordarlo.. Ha matado a su semejante sin provocación. no odiamos.La tierra permanece George R. En seguida se volvieron a sus casas. Y cuatro veces leyó. En el pasado sólo habían sido un pequeño grupo.. ha sellado un pacto con el demonio. Em decidió rápidamente la cuestión. Al fin y al cabo. La mayoría estaría quizá contra él. Sin la firmeza de George nunca hubieran podido llegar hasta el final. Pero qué sencillez y qué paz. No hay mucho que elegir. era cierto. Somos la Justicia. hasta habían conocido la muerte. Era a la vez un fin y un principio. ha quitado el hijo a su madre. no nos apasionamos. Habían tenido algunas dificultades. apenas algo más que una familia numerosa..

para que se angustiaran menos que los viejos. Siempre quiero ver el futuro. pensó Ish. invisible y presente como el aire que se respira. su nacimiento podría decirse. Sí. Sólo él. Entró Em. la suerte estaba echada. pensando que iba a hacer algo ilegal e irrevocable. y aunque apenas había dos kilómetros entre San Lupo y la tumba bajo el roble. como tantas veces. Era necesario. ¿En el interior del hombre? ¿O afuera. sin preguntar. parte del mundo exterior. ni los muchachos. Hombres como George y Ezra son mil veces más útiles. Pero cuando el Estado desaparece. sin desafiar. Por un acto de violencia. Había que proteger la seguridad y la felicidad de la Tribu. No perdía el tiempo en filosofar. pero también años de anarquía. y había entrado a leer el periódico. —No puedo impedirlo —dijo él al fin—. simplemente. Pero quizás en el lejano pasado el Estado había nacido siempre en alguna hora difícil. parecía quitarle su propia fiebre. Había bajado de las montañas. Pero no había habido pruebas definitivas. Recordó. Los muertos se levantaban de las tumbas y sus espíritus seguían viviendo entre los hombres. Y ahora el primer acto del Estado. era una condena a muerte. salvo los tres muchachos que habían recobrado el ánimo y bromeaban. Veintiún. —No pienses —le dijo Em—. había hecho saltar la débil cerradura.. pensaba y pensaba. la distancia les parecía enormemente larga. Pero es una broma pesada que yo haya sobrevivido al Gran Desastre. Muy a menudo —así lo probaba la historia— de nada servían las ejecuciones. Era como parte de la naturaleza. Pero también ella había escrito la palabra en el trozo de papel. No piensan. Ish caminaba junto a los otros. y la llegada de Charlie. Sí. de pie en un umbral. Habían pasado muchos años desde que había visto a Em por vez primera. pero el amor no se debilitaría. Caminaban por las calles sucias. Todos guardaban silencio. ¿cómo decía el viejo versículo? «Su mano se alzará contra todos. no se podía deducir que la falta de agua fuese la causa de todo. se había detenido en una calle de Hutsonville. viven. con una aprensión que sentía aún. George había vuelto a sus queridos trabajos de carpintería. Luego. habían impedido —o por lo menos así lo esperaban— una serie de maldades y perversidades que una vez iniciada nada podría detener. Afortunadamente. Ish le tomó la mano y la apretó contra su mejilla. No había asistido a la ejecución. Diez años mayor que él. Sewart Había allí una paradójica ironía. si hay culpa. Oh. Su mente había intervenido también. y el poder primitivo se expresaba a menudo en sentencias de muerte. Y pensó otra vez en Joey. había alzado el martillo. Aun George y Ezra no eran más que precarios aliados. Ahora. quizá. Los muchachos habían traído a Charlie. imaginando los posibles resultados de una expedición. aunque pudiese parecer desagradable y cruel. fresca. 102 . viejos temblorosos e idiotas. Tan pronto como entró en su casa. Aunque Em no se preocupaba ni inquietaba. había determinado el resto. No habían votado.La tierra permanece George R. se repetía Ish. no se piensa en él más que para quejarse de los impuestos y las leyes. Sí. mirando a un lado y a otro. matrimonios corrompidos ya en su consumación. sí. no era cosa de mujeres. sin embargo. Y no sabía si no habían intervenido otros motivos secundarios o personales. cuando se había sentido la necesidad de recurrir al poder... De la falta de agua había nacido la idea de la expedición. y ella había hablado. El tiempo los unía cada vez más. Sin embargo. la sentencia podía justificarse racionalmente.» La predicción se había cumplido. de todos modos. Y si la vida había transcurrido apaciblemente había que agradecérselo a la diosa fortuna. Ish se acercó a la chimenea y dejó allí el martillo cabeza abajo. en el mundo? Por ejemplo. y la mano de todos se alzará contra él. Ish. era necesario. Y los hombres que actúan sin reflexionar. Una vida idílica en un paraíso terrenal. entre las casas casi en ruinas. envuelta en luz. cuando el Estado lo envuelve a uno. con el mango hacia arriba. Pues bien. Ahora —así lo esperaban— no habría niños ciegos. En los viejos días encontré verdaderamente mi vocación: la investigación científica. nunca lo sabría. era un viejo amigo. Sin embargo. No había razón. Sí. Charlie no parecía tener espíritu. Recordaba aún aquel día vívidamente. veintidós años. quizá valen más aún. su imagen de los últimos veintidós años cambiaba un poco. invadidas por las hierbas. Y estaba bien así. quería olvidar. con un sentimiento de culpa. Quizá me guste. La mano de Em. Em era quizás ahora más una madre que una esposa. cómo se había alegrado cuando había creído ver en las palabras de Ezra una confirmación de sus temores y aprensiones. con los ojos puestos en el futuro. De nuevo. se preguntó dónde estaba la raíz de la acción. afirmando simplemente. El Estado debía ser una especie de madre nutricia que protegiera a los individuos y los ayudara a vivir una vida más plena. Del otro lado de la calle vino el ruido de una sierra. no habían soportado la prueba de la batalla. Tampoco Ezra. Ya no habría más hijos. todos somos culpables. No te atormentes. la reciente tragedia. y en el futuro podremos acusarnos unos a otros. titubeando. pero habían aceptado sus consecuencias. el niño que veía más allá. donde ninguna autoridad había protegido al individuo. pero cuando recordaba el día en que lo había usado por primera vez.. la muerte de Charlie se justificaba. Me atormento sin descanso.

Ish no recordaba haber comido maíz tostado sino como acompañamiento de algún cóctel. cada año más feroces. en un principio. una planta de cultivo. como en otros tiempos. antes que apareciese esa ciencia pasajera llamada agricultura. apenas se podía comer. Todo cambiaría si yo fuera distinto. Yo. Licurgo.. Nacido en los trópicos americanos. —Yo te quiero tal como eres. y un día Ish descubrió que todas las semillas estaban muertas. —Por otra parte —continuó ella—. Los otros se contentaban con observar la posición del sol y el aspecto de las plantas. y la flaca carita se le iluminaba con el resplandor de los ojazos. George y Maurine eran los únicos que llevaban la cuenta exacta —así lo creían al menos— de los días y los meses. pensaba. Luego. Encendieron un hornillo de la cocina de petróleo. se acercó al escritorio y sacó la caja que los muchachos habían traído de la comunidad de Río Grande. En realidad. El maíz siguió el ejemplo del trigo. Pronto el trigo murió en casi todo el mundo. He malgastado dos docenas de granos. 103 . él también viajó con el hombre. y esto quizá. vendió su libertad por los cuidados y olvidó esparcir los granos que cobijaba la dura mazorca. curioso siempre. Los lobos hambrientos reaparecieron. una respuesta trivial. Se sentó y jugó otra vez con los granos haciéndolos resbalar entre los dedos. pero pronto el hombre adaptó el trigo. pero el emocionado Ish se dijo que Joey aprovecharía la demostración. fueron mucho tiempo amigos y compañeros del hombre. Pero ni el padre ni el hijo se quejaron. Los tallos se hacían más altos. Así. cesaron los cultivos. El maíz y el trigo. ¿cómo puedes saberlo? Aunque fueras Moisés o uno de esos otros no podrías luchar contra las fuerzas de la naturaleza. Em apretó su cara contra la de él un momento. De año en año la Tribu había dejado para más tarde el cultivo del maíz. Pero ahora la experiencia sería posible. Sólo en las altas llanuras de México. por algún error de George. La espigada gramínea sólo creció en algunos rincones de Asia y África. se lanzaron sobre las ovejas. no soy como aquellos que dieron leyes y fundaron naciones: Moisés. donde las condiciones del suelo eran más favorables. pero tranquilizadora.. pero le explicó a Joey que ése había sido el principal alimento de los antepasados americanos. la gramínea de pesadas espigas había crecido junto a primitivas aldeas. En aquel maíz —resultado de la expedición— estaba la vida y el futuro. que cultivaban los indios pueblos. y cuando comparaba sus notas con el calendario de George no encontraba nunca más de una semana de diferencia. Ish se incorporó. mal tostado. el trigo quizás adaptó al hombre. grandes y amarillos como él esperaba. más espigas. A los atentos cuidados del uno responde el otro con dones generosos. a pesar de mis esfuerzos. en algún seco rincón de otro continente. el trigo y el maíz viven también del hombre. Uno de los niños la llamó. y del mismo modo las malas hierbas. Solón. pero con el rápido desarrollo del drama no había tenido tiempo ni tranquilidad para examinarla. Joey escuchaba apasionadamente. puntiagudos. El primer año el trigo creció espontáneamente cubriendo miles de acres. Pues si el hombre vive del trigo y el maíz. que se fortificara. Cómo quisiera. y no chatos. Los granos comunes habían sido. Era malgastar unas preciosas semillas. El maíz. Aquí y allá. Ish llevó la caja a la cocina seguido de Joey. e Ish echó cuidadosamente en un tostador unas dos docenas de granos. el teosinte salvaje alzaba las borladas cabezas al sol. Los granitos negros y rojos eran de la especie primitiva. pues. La abrió y hundió los dedos en los granos frescos y suaves. Como la oveja. como el perro y el caballo. Alzó los ojos y vio a Joey. Sacó unos pocos. Ish sabía qué había en la caja. en los viejos días. Desapareció así antes que el trigo. granos de maíz híbrido.La tierra permanece George R. Sewart Jefes como Charlie. Pero poco a poco fue desapareciendo. Pero el trigo era también más y más exigente y reclamaba campos cuidados y libres de cizaña. Llamó cariñosamente al niño y le explicó lo que era el maíz. y poder así contar con él. Sí. Eran negros y rojos. ésta era la respuesta tradicional de la esposa devota. pequeños. las espigas daban más granos. pensó Ish. Poco a poco un olvido misericordioso le trajo la paz. No habrá. pero he sembrado en la mente de Joey una semilla que no morirá nunca. Ish confiaba orgullosamente en sus métodos científicos. y Em se fue. atacaron el trigo sin que nadie las persiguiese. que lo miraba desde el otro extremo de la sala. Aunque sintiendo que iba a hacer algo insensato. a menos que aquí y allá sobrevivan algunos hombres. se los puso en la palma de la mano y los examinó.

Ordenó una fuerte dosis de sulfamidas con un gran vaso de agua. —No. Ish empezó a buscar en seguida un campo soleado. Ish se volvió y vio a Joey que miraba curiosamente a su hermano. Ish hacía de médico en la Tribu. Un muchacho de dieciséis años no toma esa resolución mientras pueda mantenerse en pie. pero eso no lo convertía en un agricultor. a pesar de los médicos y los servicios de asistencia pública. No —repitió Em—. ¿Cómo no atormentarse? En los viejos días. Bob se atragantó con las tabletas. Se acostó y parece muy cansado. Y si las sulfamidas no dan resultado. nada grave —dijo ella—. Entró en la casa. e Ish tuvo en seguida el presentimiento de una desgracia. Em los esperaba en el porche. Lo primero que debes saber de las enfermedades es que se transmiten. Ven a verlo. Ella no se preocuparía tanto por unas simples anginas—. Por ahora no queremos que tú también te enfermes. excepto dos. La circunstancia de que todos fueran gente de ciudad ya había afectado notablemente la vida de la Tribu. —Quiero ver. preocupado. salió y cerró la puerta. Pero la estación estaba ya demasiado avanzada. —Antes esperaré los resultados del tratamiento. No tenía más que unos conocimientos teóricos. La Tribu disfrutaba de una salud floreciente. y los niños no habían aprendido a respetar la enfermedad. vete. Cuando seas más grande y más fuerte te enseñaré a curar a la gente. Cuánto más ahora. —Oh. Bob no se siente muy bien. Sin embargo. tal como temía Ish. —Esto no me gusta. Ish se detuvo y la miró. no creo —dijo Em—. me parece. una simple coincidencia. nada catastrófico. —No. Ish le aconsejó a Bob que tratase de dormir. Aun antes de llegar al pie de la escalera. la naturaleza del suelo y los métodos que emplearían para proteger los sembrados de las bestias salvajes. Ish y Joey volvieron a San Lupo con la alegría de haber encontrado un campo que les parecía conveniente.. Había adquirido cierta habilidad para curar las heridas y las torceduras y una vez había arreglado un brazo roto. —¡Joey. y se alejó. Recordaba cómo se forman las vainas y quernoidos y creía poder reconocerlos. no es la garganta. aunque Maurine se había criado en una granja. por otra parte. Bob estaba acostado. Ish se encogió de hombros. Bob se quejaba de dolor de cabeza y una debilidad general. —Las sulfamidas lo curarán —declaró Ish animadamente—. el ataque brusco y misterioso de una enfermedad era siempre aterrador. Sewart Poco importaba una semana más o menos para las semillas de maíz. ¡Eso curará pronto! —No —respondió Em. pensó Ish.— Mamá exagera. Su curiosidad era mayor que el temor totalmente teórico del contagio. Ish comprendió el escepticismo de Em. Le daré una dosis cada cuatro horas. vete! —gritó. propios de un geógrafo. Estaba inmóvil. La variedad adaptada al valle seco y cálido de Río Grande no se aclimataría quizás a los veranos frescos y brumosos de los alrededores de San Francisco. Joey se fue de mala gana. Tan pronto. de cara a la pared. —Oh. Ish no se había ocupado nunca de cuestiones de agricultura y ni siquiera de jardinería. no tengo nada —dijo. habían desaparecido. —¿Tiene uno de esos dolores de garganta? —preguntó—.. —¿Y bien? —preguntó Em. pero no creo que sea una enfermedad de esa especie. Un día —ya había pasado una semana y el recuerdo de Charlie y el roble empezaban a borrarse—. —Nada que las sulfamidas no puedan curar. Pero su ciencia no iba más lejos. No soy médico. En la Tribu no había ningún granjero. El frío impediría la germinación. Joey lo acompañaba y juntos discutían gravemente la orientación. En realidad. Quiero saber qué es estar enfermo. no estaba acostumbrado a tragar remedios. postrado en su lecho. —Oh. Pero me asombra no verte preocupado. Ish le tomó la temperatura: 38 grados y medio.La tierra permanece George R. Dice que se siente cansado desde hace unos días. —Quizá. Así lo espero al menos. 104 . inmóvil. Era mejor esperar a la primavera próxima. pues todas las enfermedades. Por suerte no faltan en las farmacias. probaremos los antibióticos. irritado. —Espero que eso baste —dijo Em. —¿Qué ocurre? —preguntó. Que se hubiera metido en cama probaba lo contrario. Sería imposible. aquella región era la más mala que uno pudiera imaginar para cultivar maíz.

aquí y allá. esta habitante de las moradas del hombre sufrió sin duda los rigores del destino. de la carne de los animales. si las pruebas no hubiesen desaparecido con ellos. la Tribu sólo conocía la escarlatina y las anginas. Pero el estudio de la medicina nunca lo había atraído. como el piojo. a la virulencia de sus microbios. En los patios de las granjas no había festines abundantes como los dones del Nilo. Sus larvas se alimentaban de excrementos. como las serpientes se alimentan de ratas. sino al lodo en sentido propio y figurado. pensó Ish. Josey llamó. ninguna importancia. como ese señor al que el príncipe Hamlet llamara «mosca de agua». No tenía. los pájaros. pero la inmunidad debía de haber cesado hacía tiempo. Debiera haber leído algunos libros de medicina. la mosca disfrutaba de «la Posesión del lodo». Es culpa mía. hubiera tenido o no otras enfermedades. Dick. había comido con los muchachos una semana. De un solo golpe le había quitado a la humanidad casi todos sus males físicos. las letrinas al aire libre y las moscas habían favorecido la infección. Se había declarado —Ish estaba seguro ahora— una epidemia de fiebre tifoidea. 105 . ¡Habría que recibirlos a tiros! Una mosca le zumbó en la nariz y la apartó con un nerviosismo que no le era habitual. la pulga y la cucaracha. Le hubiera gustado discutir la cuestión con alguien. a la suerte de los seres humanos. el hombre se sentía desnudo. aunque no hay referencia aquí a tierras y dominios. De modo que aunque el hombre hubiese desaparecido casi totalmente. fue la segunda víctima. unos pocos excrementos permitían que la mosca común pusiera sus huevos. pensó Ish. pero Em no tenía mucha instrucción. cuando el hombre se eclipsó. Probablemente era cierto. Cuando los arqueólogos encontraban los vestigios de dos culturas superpuestas. Ish no quiso molestarle y bajó de nuevo. habrían podido reconocerse por sus parásitos tanto como por su modo de tallar la piedra. aun en los viejos días. había que resignarse. Pero los habitantes de Los Ángeles se habían librado quizá de la escarlatina y podían haber conservado la tos ferina o las paperas. Las reflexiones de Ish aumentaban su inquietud. Los hombres de Neanderthal. nunca se sabría. de insectos. Una vez que se declaraba la enfermedad. miserable. decretaban que la Tribu B había vencido a la Tribu A. Sewart Privado de la protección del Estado. y quizás había aún casos de disentería en los alrededores de Río Grande. ¡Qué mala idea la de aquella expedición! Ish sintió odio por todos los extraños. la proporción de enfermos era aterradora. había transportado por lo menos los microbios que vivían en Los Ángeles. los días fueron duros. Media hora más tarde. Nada preservaba a los niños. y Joey era un niño sin experiencia. En cuanto a Charlie. Debiera haberme convertido en médico. si no había padecido aquellas enfermedades venéreas de que se jactaba. ya no había innumerables sumideros colmados de basuras y desperdicios. La cena estaba servida. Así la Biblia del rey Jaime declara recatadamente que Ahod golpeó al rey Eglon en el vientre y «salió el lodo». En la prehistoria todas las tribus habían tenido sin duda su enfermedad característica. Caía la noche y el enfermo dormía en la oscuridad. Teniendo en cuenta el número de miembros de la Tribu. De todas las enfermedades. Pero al fin sobrevivió. La explicación era bastante simple. Algunos de los adultos habían sido vacunados en los viejos días. después de todo. había traído por lo menos el bacilo de Eberth. expuesto a todos los peligros. pues no había ya enfermedades. Por otra parte nunca se había sentido realmente la necesidad de un médico. Charlie. Había tenido la fiebre tifoidea hacía un tiempo o recientemente. Una semana más tarde. Ya no había letrinas descubiertas. el ratón. Se sentó en un sillón de la sala y encendió un cigarrillo. había traído algún beneficio. Los genios universales son raros. y los hombres. hombre poco limpio. por lo menos. Era indudable. Pero la Tribu B había obtenido la victoria gracias. privado del tesoro que la ciencia médica había acumulado durante siglos. Sin embargo. la enfermedad había extendido sus dominios. Luego. Sólo. un perro o una vaca. La desaparición del hombre no había amenazado la existencia de la mosca doméstica. o por algún animal.La tierra permanece George R. cuando buscaba su vocación. propagada por parásitos. por otra parte. criara sus larvas y lanzara a la ventura sus cohortes de zumbantes e infatigables viajeras. Pues. Murieron centenares. probablemente. millares de sus hermanas. Luego cayeron Ezra y cinco niños. la mosca doméstica no corría peligro mientras hubiera animales. que había acompañado a Bob en la expedición. que Charlie. Como la rata. que no estaba irrevocablemente atada. Antes la fiebre tifoidea había sido combatida sobre todo con medidas profilácticas. fue a ver otra vez a Bob. El Gran Desastre. Los microbios habían sido transmitidos sin duda por alguno de los miembros.

y cerraba los labios para retener aquella vida fugitiva que quería alejarse como una mariposa. y a pesar de su agotamiento ella le sonrió también. Todos los días aparecían nuevos casos. Las tinieblas avanzaban y la llamita de la vela vacilaba y humeaba. En cualquier momento caería agotada. sin embargo. George se fue con la cabeza alta y diciendo algo que parecía una oración. Los que no habían caído en cama estaban agotados por el esfuerzo de cuidar a los enfermos. Hizo un esfuerzo. Y comprendió que detrás de esa fatiga había una enorme pena. Y a la mañana siguiente él mismo despertó afiebrado y deprimido. Ralph pensó en huir con su mujer y sus hijos. y traía en el rostro las huellas de un indecible cansancio. No se atrevía a preguntarlo. alcanzó a llegar a la cama y se desvaneció. Pero la carga era excesiva. y que podía ayudarla a llevar aquella carga. Entonces una dulce mano le apretaba la suya. A la tarde. Maurine y Molly habían recurrido a las plegarias. ahora en la segunda semana de la enfermedad. en estas últimas semanas todos nos hubiéramos abandonado a la desesperanza y la muerte. Em vino a sentarse en la cama. Pasaron días y noches. A veces reclamaba su martillo o llamaba a Joey. y el delirio lo llevó lejos de la realidad. y algunos de los jóvenes los imitaban. inasibles como la niebla. George vino a la casa. Cuando Em se alejaba. estaba seguro. ¡Oh. Y sin embargo. convertido en un viejo descuidado y sucio que no tenía tiempo de lavarse. o bien la enfermedad incubaba en ellos y en cualquier momento se declararía con todas sus fuerzas. otras gritaba el nombre de Charlie. Si por desgracia alguno de ellos había sufrido ya el contagio. todo estaba perdido. pero ningún enfermo había pasado la crisis decisiva. Todos los miembros de la Tribu habían estado expuestos ya a la infección. los castigaba por el crimen que habían cometido. Pulverizaciones con DDT acabarían con las moscas. Em la consoló con unas pocas palabras y la animó a seguir luchando. En los primeros años. Bob. Si Em estaba asustada. que la epidemia había perdonado hasta ahora. Quemaron las viejas letrinas y taparon los pozos. en los primeros días de la enfermedad. Algunos enfermos habían muerto. Ahora. George. pero se sentía tan débil y abatido que le parecía a veces que la vida se le escapaba del cuerpo. quiero saber —murmuró Ish. y Em no abandonaba su cabecera. Un día. hay en ella grandeza y seguridad. —Dime. pero Em no conocía la desesperación y animaba a todos. lo presentía. Dios. la vida seguiría alentando en él. Unas formas vagas se movían a su alrededor. Pero cuando el terror llegaba al colmo. Es curioso.La tierra permanece George R. pero el miedo rondaba estrechando cada día más su círculo. Cuando recobró el sentido. sino un convaleciente. pero le devolvió la confianza y las fuerzas. quizá menos cansado que ella. No tiene ni gran inteligencia ni gran instrucción. Ish sintió miedo. Walt ayudaba en una casa vecina. Sin ella. Pero mientras tuviera a Em a su cabecera. naturalmente. pues sabía que ella nunca se hubiera mostrado así si el futuro no estuviese asegurado. Em no le habló de Dios. Pero estas precauciones llegaban un poco tarde. pero la muerte de unos pocos bastaría para que la Tribu perdiese la voluntad de vivir. Ish la miró a los ojos. Lo había desvestido y acostado. Em se inclinaba sobre él. parecía como si hubiesen pasado horas. Una vez oyó que Jeanie lloraba a gritos la muerte de un niño. y no lo lamentaba. de pronto. No tiene muchas ideas. Ish sintió que perdía el conocimiento. Débil como un niño. recurría a Em. se sintió feliz. deliraba mostrando el sombrío camino que seguirían los otros. pensó Ish. 106 . nunca había visto en un rostro humano una fatiga semejante. Pero cuando alzaba los ojos hacia Em. sin duda. No había muertos aún. Los que se mantenían aún en pie gozaban de una inmunidad natural. La semana siguiente fue más tranquila. pero ignoraba quiénes o cuántos. respondió de cualquier modo a las preguntas de Em. le faltan los dones que me parecen más indispensables. La miró y sonrió. pensó Ish. Bob se había agravado. Ish se quedaba pensando que ella no resistiría mucho tiempo. temiendo descubrir miedo en ella. Pero los grandes ojos negros lo miraban serenamente. madre de las naciones! Ish se durmió. La fiebre la perdonaría quizá. No morirían todos. Maurine había tenido una recaída y su nieto estaba agonizando. Ish cuidaba a Joey y Josey. mientras se ocupaba de Joey. Poco a poco iba recobrando la lucidez. Estamos a un paso del pánico. No obstante. un nuevo nacimiento parecía hacer retroceder un poco más las tinieblas. el aislamiento y la falta de ayuda aumentarían el peligro. Recurriendo a sus últimas fuerzas. cada vez que alguien caía enfermo las tinieblas se acercaban amenazando devorarlos. Ish lo disuadió. Luego. se sentía otra vez animado y fuerte. Sewart Se acostumbraron a hervir el agua. y en los ojos de ella no había miedo. unas formas horribles que se acercaban a él. y evitó su mirada. se levantó. Comprendió también que él ya no era un enfermo. Apenas habían tenido tiempo de asustarse.

con la muerte en las manos. Estaba solo la mayor parte del día. y la sombra de Charlie pesaba sobre la Tribu. Otras veces —y eso lo asustaba— se negaba a admitir la realidad. Había llegado el momento. pero ya no con aquel cansancio indecible de hacía un tiempo. como si aún estuviese dormido.. Le hubiera gustado hablar con Ezra. ¿Para qué seguir viviendo? El resto importaba poco. No. Joey. —Cinco en toda la calle. ¿Jack? No. hace cinco días —dijo Em. —Quiero hablarte —repitió Ish sin atreverse a empezar. ahora que Joey se había ido. de enfrentar la realidad. sin duda. y había nacido el imprescindible Estado.. —Quiero hablarte —dijo con una voz que era apenas un soplo. Se sentía pequeño y humilde. Aunque triste aún. había recobrado la serenidad. pero los más débiles son a veces quienes mejor soportan las enfermedades. ¿Josey entonces? ¿O Mary? ¿Varios quizá? —Dímelo. No era un niño vigoroso. Estoy aquí. ¡El hijo prometido! Ish. sólo él era capaz de llevar la antorcha. Y en sus labios se formó un nombre. E Ish no buscaba ya el miedo en su rostro. Excepto Em y Ezra. ______________________________________________________________9__ La convalecencia de Ish duró varias semanas. estaba seguro de haber oído su voz. ¿Soy viejo ya?. Y los planes mejor concebidos no pueden impedir una imprevisible catástrofe. comprendió él. como un niño asustado que antes de interrogar a su madre trata de animarse y alejar los temores. No. vio los ojos abiertos de Ish. Y todos sus proyectos. Hubo una pausa. refugiándose en un mundo de fantasías.La tierra permanece George R. e Ish comprendió antes de haber oído. y así había podido soportar la soledad luego del Gran Desastre. La miró con los ojos entornados. Pero nunca sería el de antes.. Pero ya no era un niño. —Sí —murmuró ella—. pero su amigo no había dejado la cama. Joey se había ido. —¿Y los nuestros? —gritó Ish. pero había perdido el gusto de vivir. Em alzó la cabeza. sintió amargamente la ironía de la vida. 107 . Aquel mismo día Em le había llevado un vaso de agua. Siempre había tenido esa tendencia. no él. Parecía fatigada. Hacía proyectos como si Joey aún estuviese allí. habían fracasado. —Sí. —Todos niños. Ahora la realidad le parecía demasiado inhóspita. Las desgracias esperadas no llegan nunca. se preguntó. Una tarde Ish despertó de su siesta y encontró a Em sentada a su cabecera. Había tenido siempre el orgullo de ser sincero consigo mismo y mirar la vida de frente. aterrorizado. ¡El elegido! Los demás podían haber muerto. no eran los años. fingiéndose dormido.. sintiendo que ella no quería decírselo. El espejo le mostró unas estrías grises en el pelo. Cuando pudo pensar con más calma. y sonrió. Em no conocía la desesperación. Advertía ahora que evitaba pensar en ciertos temas. Recordó un verso de sus lecturas de aquellos años: Nunca más la confianza feliz de la mañana. no deseaba ver a nadie. Había otros enfermos. se refugiaba entonces en los sueños.. y temió que ella no pudiese devolverle la paz. era un muchacho tan fuerte. Había perdido el coraje y la confianza de la juventud. han muerto cinco. cerró los ojos. ¿Por qué? Cansado. Recuperaba lentamente las fuerzas. Estoy aquí. Pasaría un tiempo. Sí. no él. Sewart Em titubeó e Ish pensó apresuradamente: ¿Sería Walt? No. nunca más. Walt no había estado enfermo. Un resto de debilidad. Habla. estoy bastante bien —insistió. inmóvil. y con desesperación pensó: No.. que cuidaba la agotada Em. y seguiría adelante. —¿Quiénes? —preguntó Ish invocando todo su valor. nacidos en la alegría de la mañana.

Si Dios existe. y el juego tendría nuevas reglas.. No lo olvides. Sí. y me preguntaba: ¿Habrá bastante? ¿Habrá bastante? Y tú delirabas y hablabas de Charlie. pero útil aún. No obstante. ¿Es porque matamos a Charlie? ¿Dios nos castigó? ¿Ojo por ojo. Y no creo que él nos tienda trampas. Tomó la mano de Em. tenía que seguir. Nunca más se acercará a mí corriendo. George. No sé razonar. A Ish y a Em no les parecían necesarios. perdí todo mi valor. no me pidas más valor. pensó Ish con terror. Aún puedo ser feliz. no debía haber dudado. —Ya sabes lo que quiero decir —continuó—. No he estudiado. Tengo canas. Tardaría dos o tres semanas.. No soy todavía yo mismo. y se durmió en medio de sus meditaciones. De pronto.? Quizá se sirvió de Charlie como instrumento para manifestarnos su cólera. Em lo besó. El futuro no será como lo había imaginado. Se trazaría objetivos menos ambiciosos y mas prácticos. el Dios de la cólera. fue porque somos como él nos hizo. te lo ruego! ¡No tú! Y otra vez se sintió pequeño y humilde. y no al león. Podía contar con ella. —Sí —dijo Ish desesperadamente—. Oí algo. único hombre vivo capaz de imaginar y preparar el futuro. y la enfermedad debilita. Sewart —Quisiera hacerte algunas preguntas —balbuceó—. Pero el porvenir está ahí aún. es un castigo? Miró a Em y por vez primera en el curso de aquellas semanas vio miedo en su rostro. ¿Por qué no se alegraría el filósofo si todo desapareciese de pronto? Los hombres empezarían otra vez. Había tratado de dominarlas. Sólo podía darles valor. a pesar de la fiebre. los haría más sutiles. pensó. Pero antes de fin de año volvería al trabajo.. como pretende George. de algún modo. Lo más urgente era recuperar la salud. —No tengas miedo —le dijo. con los ojos brillantes de curiosidad. El horror contraía el rostro de Em. Modificaría sus planes. Se sentía abrumado por su propia pequeñez. Pero la muerte es algo terrible a veces. una máquina un poco usada. Le he hecho daño. pero no le pidió que postergaran la conversación.. —Oh —dijo ella—. Sin embargo. ¡No lo traigas otra vez. diente por diente? ¿Por eso todos. apenada por su debilidad. Cuando todos curaron. sí. eres más instruido que George. Tienes razón. Quizá los seres humanos. me sentía cada vez más débil. No tendré otra vez esos pensamientos. Sólo sé que hicimos lo que nos pareció mejor. aun con ayuda de Joey. o una sombra de miedo. Todas las fuerzas de la naturaleza parecían aliarse contra él. No volverá más. como agotada por su vehemencia. Calló. Imitaría al zorro. Sintió que su mente funcionaba otra vez. Pero haré lo que pueda.. como sangre.La tierra permanece George R. ¡También tú! ¡Discutí tanto con los otros. Tienes razón.. Se interrumpió otra vez. con el rostro bañado en lágrimas. cuando estabas enfermo! No podía explicarlo. Maurine y Molly plantearon la cuestión de los funerales. y dejó el cuarto. se sentía todavía muy débil. Em le sonrió. y Joey.. había atendido sus ruegos. con una nueva seguridad y una nueva confianza. sin pensar que en aquel consejo había algo de irónico—. si pecamos. Las pérdidas no serían quizá mayores que las ganancias. 108 . lo sé. ¡Oh madre de naciones! También él se recobraba. y los restos del pasado se amontonaban como basuras o viejas ropas. Los oficios religiosos señalarían además el fin de aquel período de peligro. pero sabía que era imposible. y ellas lo habían arrollado. ¿Es. Joey se ha ido. Em. no hubiera podido vencerlas. No encontraba argumentos. Se sentía ahora tranquilo. Quizá los cursos del pensamiento eran demasiado profundos. No traigas otra vez el Dios de la venganza. a partir de cero. pero me quedan Em y los otros.. —Sí —continuó—. Em se detuvo. e Ish no supo qué decirle. Ish comprendió que los otros encontrarían en la ceremonia algún consuelo. no! —gritó ella—. Son absurdos. o un muro de dudas y mentiras se alzaría entre ellos. Salía de mí. Durante las semanas de la epidemia. quizás ayudado por las palabras de Em. los sistemas filosóficos y los libros eran demasiado numerosos. Sí. Había recobrado sus fuerzas. Sin embargo. el que no nos enseña las reglas del juego y luego nos castiga si nos equivocamos. Sé qué piensan George y los otros. las pocas personas sanas no pudieron hacer otra cosa que enterrar precipitadamente a los muertos. Cómo. Todos se apoyarían otra vez en ella. sola. Oh. Em calló de nuevo. —¡No. Era un excelente instrumento de trabajo.

llevaban faldas. que conocía tan bien el corazón humano. que Joey volvería. o uno parecido. adecuado a las circunstancias. Algunos meses antes.. Se preguntaban si él. esos ritos fúnebres respondían a una de las más viejas necesidades del corazón humano. una aventura aún fresca en el recuerdo de todos. Formaban ahora un semicírculo irregular. Antes de salir el sol. Cuando Ezra acabó de hablar de Joey. y al mismo tiempo el mundo se llenó de luz. Ish. en el centro. Los otros se habían puesto las ropas que les habían parecido más cómodas. él mismo se sentía mejor. blandiendo el martillo. todos estaban ya junto a la pequeña hilera de montículos. Los acontecimientos recientes lo habían hecho más humilde. Sewart miedo y duelo. ¡Sobre las lomas asomaba el primer rayo de sol! 109 . y los pinos no arrojaban todavía sus sombras sobre las tumbas. pues. la cabeza colgaba pesadamente. y pondría en marcha sus modestos proyectos. pero la pérdida era catastrófica. toda de negro. E Ish sabía muy bien que no podía resucitar a los muertos. Eligieron a Ezra para que celebrase la ceremonia y éste decidió que comenzaría al alba. él.La tierra permanece George R. Maurine. Una luz dorada asomaba sobre el perfil de las lomas. para declarar que Joey no se había ido. y quizás éstos encontraran un eco en el futuro. Había dejado la casa con las manos vacías. no realizaría algún milagro. los otros lo entendieron así. El martillo señalaba para los jóvenes la trascendencia del acto. Ish. y el martillo los hacía felices. Mientras Ezra hablaba de Joey. y quizá Molly. Puso. blusas y bufandas de vivos colores. pero luego miraría resueltamente el futuro. que Joey vivía aún. Ezra no repetía las viejas fórmulas.” Ish temía el discurso de Ezra. más largos. “Algunas tumbas descubiertas recientemente indican que practicaban la inhumación. Pero ahora había traído el martillo. dirigidos por Ezra. camisas deportivas y chaquetas livianas para protegerse del frío del alba. Pero los niños se limitaron a lanzar aquellas miradas furtivas. que sabía tantas cosas extrañas. No recordó que un año llevaba su nombre. los miembros de la Tribu se levantaban con el día. Estaban allí todos los sobrevivientes. cinco muertes eran más que cien mil en una vieja ciudad de un millón de habitantes. En realidad. No había más que cinco tumbas. Narró solamente los incidentes de un juego. llevaba un velo oscuro. los niños y niñas de la mano de sus padres. En cuanto a él. como condición que cuando acabaran los oficios todos volverían a la vida normal. Pero las mujeres y las muchachas. Y se abrirían las tumbas. Las niñas sólo se diferenciaban de sus hermanos por los cabellos. Sin embargo. quizás el mismo que acostumbraba ponerse en los funerales de los viejos días. sobrevivirían las viejas normas. Ish sintió un nudo en la garganta. habían cortado ramas de pino para cubrir los montículos. Ezra. le recordó la herramienta. Esa promesa no hubiera consolado a nadie. Aunque no había pensado en la reanudación de las clases. Mientras estos dos vivieran. salvo a George. Sobre las tradiciones religiosas del pasado pesaba la negra sombra del Gran Desastre. Ish no hubiese cedido y hubiera hablado de los peligros de la superstición. sin hablar. El cielo era claro pero en el oeste las tinieblas cubrían aún las faldas de las lomas. No hablaba de la vida eterna. Los hombres y los muchachos llevaban pantalones de lona azul. e Ish aceptó. La estación estaba muy avanzada. Si la Tribu necesitaba un emblema de fuerza y unidad. creyendo que era un olvido. Cuando hacia el fin del discurso pronunció el nombre de Joey. el antiguo. sentiría otra vez el dolor de la muerte de Joey. Ish advirtió que los niños lo miraban de reojo. en grupos de familias. George vestía un traje gris oscuro. escribiría. los bebés en brazos de sus madres. y ya no había flores. Ish. hizo aún algunas consideraciones generales. El tema era peligroso y era fácil caer en alguna torpeza. debía confesárselo. Para la Tribu. Nadie ignoraba que Joey era su hijo preferido. Pero desde las primeras palabras. y la vuelta a la vida normal. avanzaría quizás al terminar la ceremonia. La naturaleza parecía retener el aliento. Ezra se separó del grupo y se preparó a hablar. Luego Ezra se detuvo. Contó una anécdota curiosa de cada uno de ellos. ¿Por qué no se detenía? Era una falta de tacto prolongar inútilmente la ceremonia. “Poco se sabe de su modo de vivir”. La ceremonia le parecía sin sentido y opinaba que ante la muerte todos los discursos eran impertinentes. pero los niños. ¿por qué negarse en nombre del racionalismo? Quizás el racionalismo era un lujo de la civilización. Pasarían miles de años. se contentó con evocar el recuerdo de los niños muertos.. miraba a un lado y a otro. el americano. pero Josey. Ish tenía el martillo en la mano derecha. de cara a las tumbas. se reprochó su falta de confianza. Maurine. Ish sintió que se le doblaban las piernas. y un antropólogo estudiaría las costumbres de los sobrevivientes del Gran Desastre. Ezra no habló de la brillante inteligencia del niño. bruscamente. Como en casi todos los lugares donde no hay luz eléctrica. fieles a las tradiciones de la coquetería femenina.

pero un truco teatral. No es necesario que vaya tan lejos para desembarazarme de este viejo martillo. y no hacia el oeste. y me siento aún bastante débil. el más viejo de sus bienes. cuando moría uno de nosotros. no seremos hombres. Sentía aún aquella pena. Tampoco se llevó el revólver. Pero ninguna era como el martillo. Bueno. No siempre fue así. Seguía la larga avenida que llevaba a la universidad. Necesitas estar solo. O lo entregamos al fuego purificador. cuando un hombre muere no lo dejamos en el lugar donde ha caído. Terminaría por ser tan supersticioso como los niños. Al mismo tiempo comprendió por qué iba hacia el sur. No pudo impedir un movimiento de impaciencia. Siguió caminando. Ahora no necesitamos agacharnos. tomó el martillo de encima de la chimenea. está bien. Ish aceptó. salió de su tristeza y sintió otra vez el martillo en la mano. No permitiría que lo obsesionara. Vuelve así a la tierra. Advirtió también que no caminaba hacia el puerto. Basta que lo eche en algún matorral. Y si algunos pájaros lo picotean. Descendería hasta el puerto y desde el muelle la arrojaría a las aguas. Y comprendió en seguida que se engañaba a sí mismo. No lo arrojamos al agua para que lo arrastre la corriente. y pronto olvidamos. no lo tomamos por las piernas para arrastrarlo hasta el bosque y que sirva de pasto a los zorros y las ratas. Decidió desprenderse de ella. se dijo. Allí estaba el símbolo: tanto podía aplicárselo a la resurrección de los muertos como a la supervivencia de la raza humana. En el último momento. No estaba allí desde hacía tiempo. quizá porque éste le recordaba los primeros días que habían seguido al desastre. sin embargo. Aquella herramienta se había transformado en una idea fija. no tenía hambre y siempre podía entrar en algún almacén y tomar algunas latas de conserva. Antes. Pero hemos honrado a los muertos. Ella se adelantó entonces a sus deseos: —Sal un rato —dijo—. Somos realmente hombres. los que honramos a los muertos. y lo cubrimos con hojas y ramas. No llevó nada de comer. Después de la ceremonia. pensó. El terremoto había afectado particularmente a aquel barrio. le pesaba en la mano. En la casa había muchas cosas que tenía desde la infancia. no quería librarse de aquel objeto que tenía ahora tanta importancia en su vida. y pronto lo olvidaré. O lo colgamos de las ramas de un árbol. Como lo había temido. quedaba tendido a la entrada de la caverna. volvieron a San Lupo envueltos en la luz del amanecer. Ish tomó impulso y saltó el foso de más de un metro de ancho. lo acostamos con cuidado en una fosa. El martillo se hundiría. pues los pájaros son criaturas del cielo y el aire. Hay gente que busca compañía en los momentos de dolor. tan baja que no podíamos entrar en ella sin agacharnos. No.La tierra permanece George R. pero pensaba que debía quedarse junto a Em. ¡La resurrección del sol! Un símbolo viejo como el mundo. pero había elegido el momento y afortunadamente no había nubes en el cielo. Un paseo te hará bien. No. Aunque no era para él ni un fetiche ni un símbolo. era más fuerte que él. Luego recordó a Joey y olvidó su proyecto. ¿por qué no dejarlo caer simplemente y recogerlo a la vuelta? Pero no lo hizo. como las bestias. pero él prefería la soledad. Ahora. Bien planeado. madre de todas las criaturas. Ahora los dorados senderos de la luz solar corrían entre las altas sombras de los árboles. Balanceando el martillo. y cuando dejemos de hacerlo. 110 . Ezra era demasiado sincero como para prometer la inmortalidad. como si la decisión de aguantar el martillo lo hubiera aliviado. Una vez más se distrajo observando la acción destructiva del tiempo. Miró a su alrededor y vio que todos sonreían. aunque nadie se alejaba de San Lupo sin ir armado. y no se hablaría más de él. Y que aunque arrojara el martillo a alguna cañada no olvidaría el lugar. Iba hacia el sur. Sewart Ish no sabía si alegrarse o disgustarse. con el único deseo de quedarse solo. Ish deseaba estar solo. Luego retomamos nuestra vida. Se sintió más animado. y honramos a los muertos. pero con menos fuerza. comprobando con alegría que a pesar de la enfermedad no tenía las piernas muy débiles. Renunció a las escapatorias. la ceremonia lo había trastornado. Se alejó de la casa y marchó sin rumbo. ¿Por qué ese martillo ocupaba tanto sus pensamientos? No era. Una enorme grieta cortaba en dos la calzada. La distancia es muy larga. y lo confiamos a los vientos del cielo. No dejó de sentir ciertos escrúpulos. al fin y al cabo. tras algún titubeo. Em no lo inquietaba. El martillo era un estorbo. y el agua de las lluvias la había transformado en un estanque donde flotaban hojas de árboles y arbustos. Al cabo de un rato. Lo más irritante no era el peso del martillo.

Atravesó otros matorrales y el edificio de la biblioteca apareció ante él. Y los niños lo imitaban. unos jóvenes tallos crecían en un suelo de humus y hojas muertas donde no hubiese podido brotar ninguna otra cosa. El edificio estaba aún en buenas condiciones. A la entrada del parque universitario había un bosquecillo de pinos. A la izquierda se alzaban algunos edificios. Pero no. Pero menos quizá de lo que hubiera podido esperarse. En realidad había intentado siempre inculcarles un respeto casi místico por los libros. como si no se hubiese recobrado aún del fresco de la noche. casi toda la sabiduría del mundo al abrigo de cuatro paredes. Por otra parte. Elegían a sus amigos y enemigos. Siguió su camino. Pasó el dedo por el lomo de un volumen y lo retiró sucio de polvo. se lo aplastaba para proteger a los niños. y siguió adelante. Pero no odiaba la raza de los crótalos. unos años atrás. más de un millón de libros. quizá por la ventana rota recientemente. pues unas altas malezas le cerraban el paso. ni siquiera de reducir sensiblemente su número. Ish se abrió paso dificultosamente. Hasta tuvo que trepar por el tronco caído de un pino. que era tabú. Recordó que el puente era viejo ya en su infancia. Pero no se emprendía ninguna campaña contra las serpientes o los pumas. cubiertas por plantas trepadoras. algo disimulado entre los arbustos. Había también huellas de ratas o algún otro roedor. Buscó en los estantes los libros familiares. Hasta podía sentirse agradecido y elegir a la serpiente de cascabel como tótem de la Tribu. Nada había cambiado. Y mataban a las serpientes de cascabel. No podía recordar qué departamento universitario se había alojado allí. Parecía atontada. 111 . Al pie de un pino. que en sus tiempos de estudiante había sido su refugio preferido. Pero ahora la naturaleza había recuperado su independencia. Ish se detuvo un momento. Los matorrales se estremecieron e Ish se sobresaltó. Una espesa maleza cubría las orillas del arroyo. pues no llevaba armas. Sí. una serpiente de cascabel dormitaba al sol. pensó con satisfacción. Atravesó el vestíbulo y entró en la sala de lectura. Quizás era un puma. pues no había posibilidad de exterminarlas. No. En realidad. para llevarse algunos libros de obstetricia. pero al pie del árbol no había ningún retoño. El seto. No se veía allí la confusión común en los jardines. En una ventana había un vidrio roto. Sería neutral. Había bastante suciedad. Después de todo. Llegó al fin a la ventana que había roto hacía tantos años y que luego había tapado con una tabla. Los árboles formaban una bóveda espesa y la sombra no favorecía el crecimiento de plantas y hierbas. Se sintió allí como en su casa. Hasta había enseñado a los niños que la respetaran. allí estaban todos aún. bajo un eucalipto australiano. Bajó por una escalerita de caracol y fue hacia la sección geográfica. era evidente que los murciélagos habían logrado entrar en el edificio. Los árboles habían invadido los porches. En vez de glicinas y camelias había muchos rosales trepadores. su tolerancia no alcanzaba sólo a las serpientes de cascabel. Desclavó la tabla y entró en el edificio. los hombres se sentían realmente amos del universo.La tierra permanece George R. Dio una vuelta a la biblioteca. Notó al pasar las especies que habían sobrevivido. era posible que la mordedura le hubiese salvado la vida. Pero cuando salió de la espesura. Los lobos y los perros salvajes frecuentaban también las cercanías de los arroyos. no sin algunas dificultades. Una quemazón de libros le había parecido siempre uno de los peores crímenes que el hombre pueda cometer. antes tan bien podado. Había entrado así por vez primera cuando Em esperaba el primer hijo. Matar una serpiente de cascabel era un trabajo inútil. El accidente no había ocurrido antes de su última visita. hasta les había hecho creer. Contempló aquel tesoro con ojos de avaro. Bajó una escalera cubierta de musgo y hierbas y cruzó un crujiente puente de madera. Titubeó. A pesar de sus precauciones. lo habían mordido una vez y recordaba aún aquel horror. Podía matarla fácilmente. temía. Sewart A ambos lados de la avenida las casas no eran más que montones de ruinas. no vio más que unos ciervos que pacían entre los árboles. ocultaba ahora las ventanas bajas. Tuvo una sensación de seguridad y esperanza. Una rama de pino la había golpeado durante alguna tormenta. El problema que le había parecido entonces tan angustioso se había desvanecido. En los tiempos de la civilización. Había guardado la biblioteca como reserva para el futuro. No aceptaba dictadores. en otro tiempo orgullo de los jardineros. aunque el camino estaba asfaltado. Pero los excrementos no habían dañado los libros. En cambio. el martillo me servirá de algo. Sí. Hubiera debido concluir que era inútil inquietarse y que casi todos los problemas se resuelven por sí solos. Un cedro del Himalaya extendía sus ramas vigorosas. Si un reptil se atrevía a acercarse a las casas. En todas partes las plantas del país estaban matando las plantas exóticas.

pero los negocios. pero renunciaron también al mundo. Habría sido un hombre desgraciado. Pero están Maud y los niños. en vivir en una isla desierta? Sólo una cabaña en los bosques. dominado por la angustia. Lo recogió. Y los hombres intentan escapar por mil disimuladas sendas. El mundo entero se hubiese aliado contra él. Sí. Joey. nunca. Hubiera luchado con todas sus fuerzas hasta caer vencido. interesante.. de Brooks. esos millones de otros. había leído el libro en el último trimestre de sus estudios. Es hora de descansar. pensó. Pasta de madera y negro de humo. pensó por primera vez en Joey sin sentirse aplastado por la pena. Thoreau y Gauguin. sin teléfono. » ¡Qué raro! Luego de edificar una magnífica civilización. pues. pensó. Saltó un trozo de unos cinco centímetros. sintiendo otra vez aquella desolación. Al fin. En realidad. sus teorías no tenían ningún valor práctico. conocemos sus nombres. Pero ¿era un dios o un demonio? ¿Por qué las viejas leyendas nos hablan siempre de la edad de oro de la simplicidad? Uno podría creer que esta gran civilización no es realmente la materialización de sueños humanos. Nunca feliz. Dio algunos pasos y de pronto sintió que en su mente todo se derrumbaba.. de pie junto a una ventana polvorienta que dejaba pasar una vaga claridad.. La obra era El clima a través de las Edades... Balanceó tontamente el martillo. Golpeó con más fuerza. Se estaría tan bien. era como yo. Ezra ayudaría a sus vecinos. ni pintaron cuadros. sin entusiasmo. hemos visto sus ojos. y él.. George haría trabajos de ebanistería hasta el día de su muerte. los hombres se ven obligados a renunciar a una vida libre y feliz. Había olvidado el martillo. Lo abrió. ahora débilmente. una civilización destruida sin el concurso de misteriosas fatalidades? 112 . en sus sueños. No era más que un niño inteligente. Y mientras martillaba. La playa a orillas del mar. Luego. ¿Para qué servía al fin aquel millón de volúmenes? ¿Por qué cuidar y preservar los libros? Nadie sabía leerlos. Conocía bien la obra. salió de las aguas para enseñar a los hombres las artes y las leyes. la habían envejecido. Aunque lo tirara o lo hiciese pedazos no sería una gran pérdida. la civilización? Hemos escuchado sus palabras. Dio un martillazo en el borde de un peldaño. Alzó el martillo sobre un trocito de granito y rencorosamente lo hizo trizas.. Zeimer quizá..La tierra permanece George R. Tardó algunos segundos en comprender que ese tal Isherwood Williams no era otro que él mismo. Los caldeos pretendían que Oanes. no servían para nada si no había una inteligencia capaz de interpretarlos. El peldaño parecía dirigirle un mudo reproche. Terminó su trabajo y se fue a sentar en los escalones de piedra. que rechazaron. ¿Nunca pensaste. Siempre inquieto. Recordó un viejo cuadro donde se veía un hombre —¿César? ¿Aníbal?— sentado entre las ruinas de Cartago.. Nadie lo había llamado por su nombre completo desde hacía años.. el granito. Poco a poco las ciudades son más numerosas. encontró la tarjeta y vio que el último lector —un mes antes del Gran Desastre— había sido un tal Isherwood Williams. Dejó el martillo para tener las dos manos libres. en el mismo sitio donde lo había dejado al sacar el libro. Era uno de esos actos de vandalismo que lo habían horrorizado siempre. Sewart Un tomo voluminoso encuadernado en rojo le llamó la atención. sin esperanza. Dio media vuelta.. pero los trabajos de un alemán. ¿Y esos otros. sino la obra de una fatalidad misteriosa. a leer allí. Nadie iría. Necesito un poco de descanso. Se alejó tristemente y subía ya la escalera de caracol cuando notó que tenía las manos vacías. mellando el granito. los hombres sólo habían tenido un deseo: huir de ella. Así el monstruo de Frankenstein impone su tiranía a sus aterrorizados creadores. lentamente. ¿Para qué clavar la tabla? De nada serviría. el dios—pez.. A veces desearía. seguiría pensando ilusionado en los libros y el futuro. y los hombres abandonan la excitación de la caza por los duros afanes de la cría de ganado.. De pronto se detuvo.. y lo vio en el suelo. Pero ¿no olvidamos a otros miles? No escribieron libros. George. hojeó el libro. con inmenso alivio. a la fácil recolección de los frutos silvestres siguen los penosos trabajos de la agricultura. Era una buena obra. Las malezas asaltaban por todas partes los edificios en ruinas. hundió otra vez los clavos. Poco a poco. Ish.. ¿Cómo renacería. y subió por la escalera. Pero lo devolvió respetuosamente a su sitio.. «Qué hermoso era el bosque donde acampamos. Salió por la ventana rota y maquinalmente se puso a clavar la tabla. Lo sacó del estante y sopló el polvo del lomo. Joey no hubiera podido cambiar el curso de las cosas. a medida que crecen las ciudades.

Pero ¿cómo saber qué ocurriría luego de tres o cuatro generaciones? Se incorporó y se volvió hacia San Lupo. Joey se había ido. No habría hambre. quizá tenga más éxito. Era posible. La lluvia molestaba sus planes. No la necesitaba. Se abrirían latas de conserva. Mis tentativas han fracasado. Durante algún tiempo continuaría el pillaje. era pasajera. sí. Sí. Pero esta curiosidad. Con los acontecimientos recientes se había olvidado del tiempo. Ish lo miró tristemente. Y con Joey. el granito era ahora un polvo fino. para ocuparme del futuro. Sí. tarde o temprano. Desde el día anterior. Claro. pero ¿qué pasaría cuando se terminaran los cartuchos? ¿Cuando no hubiera fósforos? En realidad. estaban en el mes de noviembre. Y de pronto se le ocurrió una nueva idea. Todos serían felices. Todos los ojos se alzaron hacia él con una rara curiosidad. sé que empezaré otra vez. que luego de tres o cuatro generaciones la raza humana se extinguiese. A pesar de todas sus resoluciones. Luego. Estaba más tranquilo ahora. ¡Los planetas y las estrellas! Bajo los repetidos martillazos. y los cambios que se producían en el cielo eran el símbolo de los acontecimientos terrestres. pero no las mañas. llegó a San Lupo. No era sólo un abismo de años. No tenía aún cincuenta años y los otros fundadores de la Tribu eran mayores que él. No obstante. sin haber aprendido aún las técnicas con que los salvajes vencen las dificultades cotidianas. Ish se sorprendió. Ish se sintió muy viejo. La Tribu no resucitaría la civilización. Roger y Ralph lo habrían afectado y él no hubiera podido resistirse. Ish vio ante él la larga perspectiva del futuro. aunque haya vivido veintidós años con Em. sino también de modos de pensar y vivir. Golpeó de nuevo con fuerza el borde del escalón. Sewart De pronto. y mientras. el pensamiento del futuro seguía atormentándole. pensó. después de una larga caminata. El zorro pierde el pelo. y cuando despertó. y que la tierra era cada vez menos propicia al hombre. o el medio sobre el hombre? ¿La época napoleónica creó a Napoleón o al contrario? Si Joey hubiese vivido. podía perfeccionarlos. Y sin embargo. La pólvora se estropea con el tiempo. sentados en sillas o en el suelo. su pensamiento había cambiado tanto que la ruidosa llegada de los chicos lo sobresaltó. aunque Joey hubiese vivido nada hubiese podido aminorar el vertiginoso descenso. mientras reducía a trizas el pedazo de granito. incapaz de pasar de la vida vegetativa y parásita a condiciones más estables que permitiesen un lento progreso. En suma. pero no habría creadores. ¡Los planetas y las estrellas! ¿Cómo podía modificar el hombre lo que estaba escrito en los cielos? Sí. la población aumentaría y los víveres empezarían a faltar. Saltó otro trozo de granito. es cierto. pues el ganado abundaba en los campos. y se consumirían cartuchos y fósforos. Y ahora que mi meta es menos ambiciosa. no habría que esperar a que se agotaran las municiones. pero los pondría en marcha a la mañana siguiente. y caerían otra vez en aquella apatía que había combatido sin éxito. Nunca había habido distancia semejante entre dos generaciones. a no ser que ocurriera algo imprevisto. y quizás Ish cambiara las lecciones. Bajó las escaleras. necesito un poco de descanso. había muerto la última esperanza. Estaban todos allí. Recordó que el sol se ponía cerca del sur y que. la posición de las estrellas mostraba que el sistema solar cambiaba continuamente. unas nubes bajas y grises ocultaban el cielo. y quizá preferible. 113 . no creía en la astrología. excepto Joey y otros dos más pequeños. Sentado en los escalones de la biblioteca. Había vacas y toros en los campos. todo se reducía a la vieja pregunta: ¿el hombre influye sobre el medio. vienen a clase. Pero entre él y sus hijos el abismo era muy grande. el futuro era previsible. las confusas circunstancias que habían modelado a Jack. A la noche estalló una tormenta. —Sí —pensó en voz alta—.La tierra permanece George R. Quizá la astrología era una verdadera ciencia. pero no había prisa. Olvido el pasado. para emplear las palabras de los viejos días. __________________________________________________________10____ Cuando. La vida continuaría. Tres o cuatro generaciones más y los hombres serían unas miserables criaturas que habrían perdido los secretos de la civilización. Ish no lo ignoraba. sus vagos proyectos habían tomado forma. ¡Los planetas y las estrellas! No. y yo seré siempre un atormentado.

La apoyó contra el suelo. Habló sin remordimiento ni pena: —Se acabaron las clases —anunció. Ish lo apoyó contra el suelo. Pero el clima convenía a los limoneros. Ish tenía la mano cubierta de ampollas. y contentos. Algunos se levantaron para irse.. al sol. pero al fin logró cortarla. Trabajaré con materiales que puedan obtener ellos mismos. Algunos de los retoños habían sobrevivido a los rigores invernales. Regresaron a la hora del almuerzo. no estaba allí el elegido.. —¿Qué haces. Ish se sintió muy abatido. La escuela no había sido más que un breve episodio en sus vidas. El retoño tenía una longitud aproximada de un metro y medio. había visto cómo se apagaban las luces eléctricas. y hasta pensó en utilizar hilo de pescar de nailon. Siguieron tres días de lluvia. Descortezó entonces el retoño y afiló las puntas. No. talló unas muescas en cada extremo y se guardó el cuchillo en el bolsillo. Resolvería él mismo sus problemas. Sewart Miró todos los rostros. Durante un rato. Era la única solución razonable. pero le dijo que prefería el cuchillo. Era un trabajo lento y difícil. A la caída de la tarde. Ish reflexionó y maduró sus planes. consternados. pero tampoco ninguna mente excepcional. y comprobó que se enderezaba con fuerza. eligió un retoño del grueso de su pulgar. pero había cambiado de modo de pensar. pues debía interrumpirse a menudo para afilar el cuchillo en una piedra de amolar. pero había terminado. Al fin salieron lentamente. pero sobraba tiempo. Los niños lo miraron un momento. El trabajo le llevó bastante tiempo. ¡Joey. pensó con un poco de amargura. El fin de las clases les parecía algo grave. En otro tiempo había intentado mostrar la utilidad de la instrucción. nunca. pero luego se había doblado bajo las ramas de los pinos. se dijo. aunque ahogado entre dos pinos y dañado por las heladas. La madera era dura como el hueso. Buscó el cuero de un ternero sacrificado recientemente y cortó una larga tira. En aquella zona nunca se habían cultivado comercialmente los cítricos. Sobraban los cordeles. doblándolo. Llevó a su casa el tallo de limonero y se sentó en el porche. Buscó un tiempo en los jardines selváticos. Luego trenzó tres de estas tiras. —Preparo un juego —respondió Ish. casi primitivas. e hizo un nudo en cada extremo. Podía haber consultado algunos libros. Al fin un frío viento del norte barrió el cielo y un sol brillante empezó a secar las hojas húmedas. Se acabaron las clases. pensó. Esta vez aprovecharía la afición de los humanos al juego. E Ish creía recordar que la madera de limonero era la más apropiada. Pasó un minuto y sólo se oyó el rumor de la lluvia. A la mañana siguiente. los niños difundieron la novedad. Luego del almuerzo. Era a la vez fuerte y flexible. aunque no se atrevían a mostrar abiertamente su alegría. la dobló hasta formar un semicírculo. Satisfecho. Cortó ante todo la parte doblada y tuvo una vara recta de un metro veinte. sin hacer ruido. En lo que había sido en los viejos días un hermoso parque privado encontró un limonero. uno a uno. Limpió de pelos la tira y la recortó hasta que pareció un cordel. la olvidarían pronto. continuó el trabajo. y la soltó. por lo menos como árboles de adorno. Los extremos de la vara estaban simétricamente afilados. eran niños otra vez. Pero no estaba arrepentido. Había llegado el momento. y nunca la echarían de menos. papá? —preguntó Josey. Sí. Esta vez la consternación no se desvaneció. No habrá más clases. Los niños se quedaron inquietos. Eran hermosos niños. —Se acabaron las clases —repitió Ish.La tierra permanece George R. Era necesario hacer el trabajo con las herramientas más simples. —Se acabaron las clases —murmuró—. Luego estalló un griterío. No había ningún estúpido entre ellos. A la tarde apareció George. no necesito nada más. que trenzaría hasta obtener una cuerda suficientemente gruesa. El árbol vivía aún. Y recordó de pronto que en aquella misma sala. Walt y Josey habían ido a jugar con los otros niños. sintiendo que adoptaba involuntariamente un tono dramático—. Con el torno trabajarás más rápido. obtuvo una cuerda. nerviosos. 114 . Había crecido rectamente hasta alcanzar un metro veinte de altura. aunque no sabían bien por qué. Joey!. y sacó su cuchillo. aunque ya le dolía la mano. Había llegado el momento. Era un error que no volvería a cometer. Ish se abrió paso entre unos matorrales espinosos. hacía muchos años. Ish le dio las gracias. No. —¿Por qué no vienes a mi casa? —preguntó—.

—Te felicito. Nunca habían visto nada parecido. El sol se ponía ahora detrás de las lomas. Pero las flechas no tenían punta y no volaban muy lejos. Perfeccionaban continuamente sus arcos y afilaban sus flechas una y otra vez. Probaron arcos de diferente longitud y forma. Luego echaron a correr. —Déjame probar. todos los niños de la Tribu se preparaban afanosamente un arco. Ish disparó varias veces. Las primeras lluvias habían reverdecido la tierra. Al fin.» «Prohibido jugar cerca de las casas. Ish no había esperado semejante triunfo.La tierra permanece George R. —Vamos a hacer una prueba —les dijo. papá —suplicó Walt. La vibración lo hizo sonreír. Walt —dijo—. el pobre conejo entristeció a Ish. y luego Weston. «Prohibido disparar el arco contra alguien. que la creación sea también destrucción. se oyeron unos pasos precipitados en la calle. Walt y Weston. Antes de la hora de cenar. Acudieron Walt y Josey. Ish le aconsejó poner unas plumas de codorniz en el extremo posterior de la flecha.» Se organizaron concursos. que no podían usar los fusiles. Hubiese podido buscar en una tienda de artículos de deporte y hubiera encontrado un arco más perfecto. Sewart Se quedó un momento con la vara en una mano y la cuerda en la otra. —¡Mira. y Walt y Weston entraron sin aliento en la sala. que sabían manejar los fusiles. A la mañana siguiente cortó una rama de pino para hacer una flecha. —¡Mira! —gritó de nuevo—. Qué lastima. los niños tiraron al blanco. tal como Ish esperaba. Llamó a los niños. Pocos días después. Josey y Weston probaron también. Las madres pensaban preocupadas en la posibilidad de que alguien perdiera un ojo. 115 . La flecha vaciló un poco. llegó la inevitable petición. La niña obedeció y triunfó sobre Walt. papá! —gritó Walt. El genio creador del hombre se manifestaba otra vez sobre la tierra. Yo estaba escondido detrás de un matorral y cuando paso. Pero había preferido tallar la madera él mismo con una herramienta primitiva. y dos niños regresaron llorando y quejándose de haber recibido flechas en distintas partes del cuerpo. Otra vez satisfecho. unas flechas torpemente lanzadas se entrecruzaban en el aire alrededor de las casas. Los mayores se dejaron arrastrar por el entusiasmo de los chicos y también prepararon arcos. Fue un buen tiro. Una tarde. aunque podían emplear armas de fuego. Ish contempló el arco. Pero los arqueros más entusiastas eran los niños. Todas las flechas se adornaron entonces con plumas de codorniz y ganaron en potencia de vuelo. Pero se establecieron severas reglas. se quedaron un momento con la boca abierta. Josey se quejó de que Walt ganaba siempre. Los tres niños. Bajo la dirección de los mayores. y hacer una cuerda con tiras de cuero. se habían enredado en alguna misteriosa confabulación infantil. El primer tiro de Walt no pasó de los seis metros. al sur de la Golden Gate. Dobló la vara. La cuerda era un poco más corta y la rama se dobló. La blanda madera verde se cortaba con facilidad y media hora más tarde la flecha estaba lista. El éxito superó las esperanzas de Ish. pensó. y fijó los nudos de la cuerda a las muescas de los extremos. maravillados. Tiró de la cuerda. pero Ish había apuntado hacia arriba y luego de recorrer unos quince metros cayó y se clavó en el suelo. apenas se los veía. gritando de alegría. Disparó el arco. Ish esperaba su hora. desmontó el arco. para traerle la flecha. y tendió a Ish el patético cadáver de un gordo conejo traspasado por una flecha de madera. disparé y lo maté. No hubo que deplorar ningún accidente grave. Durante las horas de sol. Símbolo de su triunfo. pero el niño celebró ruidosamente su hazaña. ambos de doce años.

Como no había marmotas en aquella región. Pero el 4 de julio y todas las otras fiestas patrióticas habían desaparecido. los niños se cansaron de arcos y flechas y se entusiasmaron con alguna otra cosa. el sol se puso casi en el mismo sitio. Andarían con la cabeza erguida. Ahora podía enseñarles a servirse de una barrena de arco. el mundo había perdido su frescura e inocencia. George. Los más chicos proponían el nombre de año del arco y la flecha. Pero nadie lo imitaba. con el arco en la mano. a la vez Navidad y Año Nuevo. Durante veinte años. cuando se agotaran las municiones. tallarían sus arcos con piedras afiladas. Ezra. Ish legaba al futuro ese precioso don. No le demos ningún nombre a este año. las festividades habían cambiado mucho. Los mayores recordaban otras cosas y guardaban un turbado silencio. tomó la palabra. de acuerdo con la costumbre de los viejos días. pero no había prisa. El día de los Inocentes y el de Todos los Santos eran motivo de regocijo general. allí estaría. Un día o dos más y empezaría a rehacer el camino. y no sugieren nada desagradable. o quizá natural. Sewart El sol se ponía casi siempre en un cielo sin nubes. Ish adivinaba que aún pensaban en Charlie y la muerte de sus compañeros. Se reunió toda la Tribu. en la misma estación. Al fin. Siguió un profundo silencio. Los niños discutían entre ellos el nombre del año. decretaron que la fiesta se celebraría al día siguiente. y un símbolo de vida. según los ritos de costumbre. la habían reemplazado por la ardilla. Era ahora la mayor de las fiestas. Los números son cómodos. Habrían olvidado la civilización. como el de los niños. El sol había llegado al extremo sur de su trayecto. el arco sería un juego infantil. la marmota podía ver su propia sombra. Llamémoslo simplemente el año 22. Ya volverían al juego más tarde. Un día. Joey. Y si no disponían de cuchillos de acero. Para él. Luego. Ezra y él habían decidido la muerte de Charlie. siempre oportuno. Y la confianza y la fe se habían extinguido en él al abandonar la esperanza de ver renacer la civilización. recordaba incesantemente las desgracias del año. como hombres libres. quizás al año siguiente. y cualquier nombre despertaría tristes recuerdos. Y el día que Em. Tenía otro plan. Ish preguntó cómo se llamaría el nuevo año. que había pertenecido a un sindicato. Como todo lo demás. Era el arma más perfecta del hombre primitivo. En lugar de saborear la victoria de la fabricación del arco y su éxito entre los niños. y era amigo de conservar las tradiciones. El día era claro y cálido para la estación. Cuando se grabaron los números todos los que sabían hablar se desearon un feliz Año Nuevo. Un día. y la más difícil de inventar. el niño irreemplazable. Pero todo esto no era nada comparado con la fiesta que los reunía al pie de la roca. Sus tataranietos no tendrían que defenderse a puñetazos de los osos. La Tribu celebraba aún el día de Acción de Gracias y se reunía alrededor de una mesa bien servida. y no se morirían de hambre rodeados de rebaños. y las madres habían llevado sus bebés. y los padres. su entusiasmo. y los niños repetían las tradiciones que les habían transmitido sus padres. había muerto. otros preferían año del viaje.La tierra permanece __________________________________________________________11_____ George R. Ish no se preocupó. 116 . seis semanas después del solsticio de invierno. Todos se preparaban para la ceremonia de grabar los números en la roca y bautizar el año. George. con gran alegría de los niños. la Tribu sabría encender un fuego. —Este año nos trajo muchas penas. dejaba de trabajar y se ponía su mejor traje cuando creía que había llegado el día del trabajo. y cuando no hubiese más fósforos. las fiestas populares habían sobrevivido a las oficiales. se enfrió con el transcurso de las semanas. Sin embargo. Al fin. cien años si fuera necesario. Cosa curiosa. Al fin. pero no serían por lo menos hermanos de los monos. tan repentinamente que casi se podía haber fijado la hora y el minuto. No tardaría ya en volver atrás. cada vez un poco más al sur. y según la leyenda. para reemplazar a los fusiles. o quizás un poco más al norte. La fabricación y el manejo de los arcos no caerían en el olvido. los mayores acontecimientos de aquellos últimos doce meses eran la muerte de Joey y su propia desilusión.

Se sabía. las mesitas con carpetas. de las moras. Sin embargo. pero su voz grave dominaba aún cualquier discusión. Así pasaron los años. Los jóvenes apenas notaron su desaparición. 28. Había vivido con ellos y nadie sabía si había sido feliz o si habían hecho bien al salvarle la vida. Cuando la discusión entre dos jóvenes subía de tono. y sus pequeñas molestias eran achaques de la edad. que no se había curado totalmente de su vieja herida. Ish daba un martillazo y los adversarios callaban inmediatamente. Maurine siguió viviendo un tiempo en la casita de las rosadas pantallas con flecos. legaré estas costumbres al porvenir. la curiosidad era más fuerte. Todos los otoños. Ish conocía por otra parte el peligro de los matrimonios entre parientes cercanos. Jack. sobre todo aquellos que no estaban casados. El recuerdo de Charlie aconsejaba prudencia. y además muchos deseaban que el número de miembros de la Tribu. Cuando el mensajero comunicó cuál era el propósito de su visita. de la lluvia interminable. ya nadie reparó los techos ni pintó las fachadas de las casas. desde hacía un tiempo. todos lo escuchaban con atención. Entonces habló Em. apoyado por Ezra. Nuestros hijos y nietos necesitan mujeres. no se vive rechazando la vida. y los que querían hablar se incorporaban y lo saludaban respetuosamente con una inclinación de cabeza. Sewart Años fugitivos_______________________________ El río de los años pasó otra vez rápidamente. y murió antes de fin de año. Sólo una vez había salido de la sombra: cuando Charlie la había elegido entre todas las muchachas de la Tribu. Desde hacía años los hombres eran más numerosos que las mujeres y algunos muchachos parecían condenados al celibato. menos numerosa. Ahora los fundadores de la Tribu eran sólo cinco. Y los años pasaron: 27. Una tosecita seca atormentaba a Ezra. hasta que se cansaban y buscaban otro juego. y así se pareció más a todos. el mudo aparato de radio. El año se llamó año de la muerte de George y Maurine. sobre todo el de las mujeres. fuese mayor. se oponía a la alianza por temor a las enfermedades. del lobo furioso. pero para los mayores desaparecía con ella una criatura de los viejos días. Había estado pintando. pues el asunto era muy importante. todos disfrutaban de una salud excelente. La figura de Em había perdido un poco de su gracia real. Cuando llegó el año 26. obligaba a todos. Molly se quejaba de vagos malestares y caía en crisis de llanto. Pero era tan vieja como George. El año 23. En seguida estalló una animada discusión. Sin embargo. que otra Tribu. Ish presidió con el martillo en la mano. Tenía ahora la cabeza cubierta de canas. —Lo he repetido a menudo —dijo—. Ish presidía siempre. Ish. Ish tenía el martillo en las rodillas o lo balanceaba maquinalmente. el 25. Nadie supo nunca si había sido un ataque al corazón o una caída accidental. se convocó al consejo. Pero lo encontraron muerto al pie de la escalera. Pero los más jóvenes. Si intervenía en los debates. 29. y los mejor conservados. Roger. Lo que allí se decidía. vivía en el extremo norte de la bahía. pero bastante para obtener una pequeña cosecha y guardar algunas semillas. pensando en las muchachas de la otra Tribu. Al temor de las enfermedades se unía el prejuicio contra los extraños. cojeaba un poco. y ahora Ish no se resistió. y se dejó llevar. inevitables en el seno de la Tribu. En estos años la Tribu cultivó un poco de maíz. ¿El año del maíz había seguido al año del crepúsculo rojo. Desde entonces. a medida que pasaban los años. subido a una escalera. protestaban ruidosamente. los jóvenes influían más y más en el curso de las sesiones. Ya era difícil recordar los nombres y su orden. los niños retomaban los arcos y las flechas. Ralph. Quizás haya un grave peligro. 117 . el viejo George no estaba ya con ellos. pero aquel año llegó un mensajero a proponer la unión. pensaba Ish. Jean e Ish eran los más jóvenes. 30. Se sentaba en el sitio de honor. como si la primera lluvia fuese una señal. Sin embargo. Pero Ish. De cuando en cuando los adultos se reunían a deliberar.La tierra permanece George R. Sin embargo. El año 34 fue un año memorable. Ish le prohibió al joven que se acercara. no mucho. pero habrá que afrontarlo. Por lo menos. los mayores y sus hijos recordaban demasiado bien el año 22 y se pusieron de su lado. el año 24. aunque nunca seguían sus consejos. o éste precedía al año de la muerte de Evie? ¡Pobre Evie! La enterraron junto a los demás.

118 . Ella estaba muy débil. Irían adelante. No se atrevía a hundir el bisturí en el costado de la que amaba. y el sol fue del norte al sur. Y pronto debió reconocer que no era apendicitis. Pero pronto curaron. y una mujer alta. Estaba solo ahora. se decía Ish una vez más. Como siempre. La tristeza lo abrumaba. era ella quien lo consolaba a él. Ish vio en su rostro unas raras arrugas que no eran de vejez. ¿Desde cuándo pensaba ella así?. Serán felices. ni por los nietos y todos los que seguirán. pensó Ish. Nada la aliviaba. Pero cuando llegaba el momento siempre retrocedía. no tenía valor. Em dejaría de sufrir. Un día se había sentado al lado de Em y le había tomado la mano. y nos dispersamos como las hojas de la última primavera. los americanos. Tus hijos te cantarán alabanzas y tus hijas te bendecirán. y comprendió que la hora de la separación había llegado. El mismo año. Hubo una sola epidemia. cuando se paseaba por las faldas de la loma. Nosotros. y no ocurriera como en los pueblos primitivos. Y los años siguieron pasando. sino de dolor. Vivirían. La alianza se votó por unanimidad. ¿Por qué no operarla? Podría leer libros. En las farmacias en ruinas. Ish pensaba si no debería aumentar la dosis y terminar aquel tormento. Todo había terminado. de grandes pechos. tomándole la mano y cambiando de cuando en cuando algunas palabras. se preguntaba Ish. Enterrarían a la madre de las naciones y no pondrían en su tumba. La piel antes mate era ahora de un gris ceniciento. Irán adelante. A veces. A Ish le asombraba que la mujer tuviese tan poca influencia. De todos los hijos era quien más se parecía a Em. Ish sintió miedo y frío. Josey se ocupaba ahora de la casa y cuidaba a su madre. No pienses demasiado en la civilización. somos viejos. Oh madre de las naciones. Cuando el dolor volvía. y el fin tan cercano. Cuando el sol inició su marcha hacia el sur. de acuerdo con las costumbres de la Tribu. pues la muerte se había ido llevándose a Em. que contrajeron los otros. Poca tristeza y mucha alegría. Em calló. Se grabaron otros números en la superficie de la roca. Pues sabía que Em amaba aún la vida y no perdería el valor. y del sur al norte. como un monstruo de pesadilla. en los sombríos meses que siguieron. con los ojos secos. invadió a Jean. Y de pronto Ish sintió junto a ellos una sombría presencia. veía niños que jugaban y jóvenes que hablaban animadamente. Em perdió hasta la sombra de su gracia real. animaron a todos. Ish lo miró. como hacían los hombres desde el principio de los siglos. y madres que amamantaban a sus bebés. Le duele en ese sitio. ni cruces ni epitafios. Todos venían a visitar a la enferma. Es el fin. y los dedos le temblaron ligeramente. nadie la acusó. y cuando se dio muerte. Un día. La simplicidad es índice de fuerza. más que sus palabras. Ish comprendió que Em tenía razón. Un día de primavera. Desde entonces la Tribu se dividió en dos clanes: los Primeros y los Otros. Esta vez tuvieron suerte. ella dormía o permanecía inmóvil. Uno de los muchachos le daría éter. a pesar de sus torturas. Le temblaba la mano. Sin embargo. Ish encontró polvos y jarabes que atenuaron los sufrimientos de Em. Ish veló a la muerta bienamada. encorvado. las hijas y los nietos. pensó Ish. ella había sido para él una madre tanto como una esposa. y paso gracioso. Josey era también madre. Pero no lo hizo. Se pasaba largas horas a su cabecera. Los nietos mayores eran casi muchachos. ¿Había sabido Em que él fracasaría? ¿Había presentido lo que iba a ocurrir merced a su intuición o a la sangre diferente que le corría por las venas? De nuevo se preguntó en qué residía la grandeza del hombre o la mujer. en aquel cuarto donde hacía poco habían sido tres. Ezra fue a verlo y le dijo: —Deberías tomar otra mujer. Pero las viejas tradiciones eran muy fuertes. un enorme tumor. Se quedó allí. Sí. Y. Por lo menos serán tan felices como hubiesen podido serlo en los viejos días. y en las nietas asomaba la mujer. Sewart La serenidad y seguridad de Em. Ish pensaba: Quizá no es más que apendicitis. los hijos.La tierra permanece George R. Molly murió de repente. Em cayó en cama y no se levantó más. sonriendo. El año siguiente. Luego de haber tomado el calmante. aprender lo necesario. de escarlatina. En el peor de los casos. desde que el amor y su hermano el dolor habían aparecido sobre la tierra. Nunca se encontraría otra vez tanta grandeza y serenidad. me parece. de una embolia sin duda. Los niños que nacían de un matrimonio mixto pertenecían al clan del padre. Em sólo contaba con ella misma. —No te atormentes por los niños —le dijo Em un día—.

La tierra permanece

George R. Sewart

—No —dijo Ezra—, yo no. Soy demasiado viejo. Tú eres más joven. Hay una muchacha entre los Otros y ningún hombre para casarse con ella. Si no se es muy viejo, siempre es preferible no estar solo, y tú podrás tener más hijos. Ish se casó con la muchacha. Ella fue el consuelo de sus largas noches y le dio hijos, pero para Ish fue siempre como si aquellos hijos no le pertenecieran, pues Em no los había llevado en su seno. Se grabaron otros números en la roca. Salvo Ish y Ezra, todos los americanos habían desaparecido ya. Y Ezra era un viejecito seco y arrugado, que tosía y enflaquecía cada vez más. Ish mismo tenía el pelo gris. Aunque no era gordo, se le redondeaba el vientre y se le adelgazaban las piernas. Le dolía siempre el costado, en el lugar donde el puma le había clavado las garras, y caminaba poco. Sin embargo, el año 42 su mujer le dio aún otro hijo. No sintió mucho cariño por la criatura. Además, ahora ya tenía bisnietos. El último día del año 43, Ish no se sintió con fuerzas para llegar hasta la roca, y Ezra estaba demasiado débil. Dejaron para más tarde el bautizo del año. De cuando en cuando se prometían ir al día siguiente, o confiar la misión a alguno de los hijos. A veces los jóvenes y hasta los niños se inquietaban. Pero al parecer no había prisa, y la ceremonia se postergaba indefinidamente. Un día llovía, el otro nevaba, y otro era ideal para pescar. Nunca se grabaron los números, el año no tuvo ningún nombre, y la vida siguió su curso. Y los años pasaron sin que nadie pensara en bautizarlos. Desde hacía un tiempo, la mujer de Ish no tenía más hijos. Un día se presentó ante él acompañada de un hombre de su edad y los dos le pidieron respetuosamente permiso para unirse. E Ish comprendió que recorría ya la última etapa de su vida. Empezó a pasarse las horas con Ezra, su compañero de vejez. El espectáculo de dos viejos que se sientan juntos a recordar el pasado, no hubiera sido raro en otros días; pero aquí eran los únicos viejos. Todos los demás eran jóvenes, al menos comparativamente. La Tribu festejaba nacimientos y enterraba muertos, pero los nacimientos eran más numerosos que las muertes, y donde hay muchos jóvenes hay también risas. Los años seguían pasando y los dos viejos, sentados en la ladera de la loma, al sol, hablaban cada vez más del pasado. Los años recientes habían dejado pocos recuerdos. Algunos eran buenos, otros malos, o por lo menos así se los clasificaba. Pero la diferencia no era grande. De modo que los viejos retrocedían hasta el pasado lejano y, de cuando en cuando, echaban una ojeada al porvenir. Ish admiraba la sabiduría de Ezra, y su amor a los hombres. —Una tribu es como un niño —comentó un día Ezra con su voz aflautada de viejo, que cada día se parecía más a un grito de pájaro. La tos lo interrumpió y cuando recuperó el aliento dijo—: Sí, una tribu es como un niño. Educas al niño, le das consejos, pero al fin hace siempre lo que quiere. Lo mismo una tribu. —Sí —dijo otro día—, el tiempo aclara los misterios. Todo me parece hoy mucho más claro que antes. Dentro de cien años, si vivo todavía, el mundo no tendrá secretos para mí. A veces hablaban de los otros americanos, los desaparecidos. Recordaban, riéndose, al viejo George y Maurine, y el hermoso aparato de radio de donde no salía ningún sonido. Y sonreían al pensar cómo se resistía siempre Jean a los oficios religiosos. —Sí —decía Ezra—, todo es más claro ahora. ¿Por qué hemos sobrevivido al Gran Desastre? Nunca lo sabré, pero creo entender por qué no sucumbimos al dolor de ver que todos morían. George y Maurine, y quizá también Molly, vivieron sin enloquecer gracias a su apatía y su falta de imaginación. Jean se aferró a la vida. Yo me olvidé de mí mismo para pensar en los otros. Y tú y Em... Ezra hizo una pausa y entonces Ish dijo: —Sí, tienes razón, creo... Seguí viviendo porque me mantuve aparte, observando qué ocurría. En cuánto a Em... Esta vez fue Ish quien se interrumpió, y Ezra retomó la palabra. —Bueno, la Tribu será como fuimos nosotros. No habrá genios entre ellos porque no los hubo entre nosotros. Quizás un genio no hubiese podido sobrevivir... En cuanto a Em, sobran las explicaciones. Era la más fuerte. Sí, necesitábamos de George y sus trabajos, y también de tu previsión. Y quizá yo era un hombre útil como elemento de unión entre gentes tan distintas. Pero necesitábamos sobre todo a Em. Nos daba valor, y sin valor la vida es una muerte lenta. A sus pies, en la falda de la colina, un árbol creció ante ellos —así le pareció a Ish— y pronto su pantalla de hojas ocultó el puente y sus enmohecidos pilones. Luego el árbol se secó, murió y cayó con el viento. Ish pudo ver otra vez el puente. Un día un incendio estalló en la ciudad en ruinas del otro lado de la bahía, e Ish recordó que muchos años atrás, cuando él no había nacido aún, el fuego había devastado aquella misma ciudad. Esta vez el siniestro duró una semana; el viento del norte hacía crecer las llamas que nadie combatía, y que a nadie preocupaban. El fuego no se extinguió hasta que no quedó nada por devorar. 119

La tierra permanece

George R. Sewart

Luego, hasta la misma conversación fue un penoso esfuerzo. Ish se contentaba con tumbarse al sol; cerca de él tosía un viejo arrugado. Sin que supiera cómo, los días se transformaron en semanas, y el río de los años corrió sin detenerse. Ezra estaba siempre allí, y algunas veces Ish pensaba: Tose y enflaquece, pero vivirá más que yo. Al fin hablar era algo agotador. La mente se replegaba sobre sí misma, e Ish meditaba en las rarezas de la existencia. ¿Qué diferencia había al fin? Aun sin el Gran Desastre, sería un viejo. Profesor honorario, sacaría libros de la biblioteca, hablaría de sus investigaciones y sería considerado un viejo chocho por sus colegas de cincuenta o sesenta años, que sin embargo les dirían a los estudiantes: «Es el profesor Williams, un gran sabio. Estamos muy orgullosos de él». Ahora los viejos días parecían tan lejanos como Nínive o Mohenjadaro. Él mismo había visto cómo el mundo se derrumbaba. Sin embargo, cosa curiosa, la catástrofe había respetado su personalidad. Era aún el profesor honorario, ahora que unas tinieblas le oscurecían el pensamiento, y se calentaba al sol en una loma solitaria, patriarca de una tribu primitiva. Y con aquellos años que pasaban, había extraños cambios. Los jóvenes venían siempre a pedirle consejo a Ish, pero no con la actitud de antes. Mientras estaba sentado en la falda de la loma, o cuando se quedaba en su casa los días de niebla o lluvia, le traían pequeños regalos: un puñado de moras dulces, una piedra brillante, un trozo de vidrio de color que relucía al sol. Ish no prestaba mucha atención a las piedras o al vidrio, ni siquiera a los zafiros y esmeraldas sacados de alguna joyería, pero recibía todo con alegría, pues comprendía que los jóvenes le traían lo que más admiraban. Rendido el homenaje, aprovechaban algún momento en que Ish tenía el martillo en la mano para hacerle ceremoniosamente alguna pregunta. A veces lo consultaban sobre el tiempo. Ish miraba entonces el barómetro de su padre y predecía, ante los jóvenes asombrados, que las nubes se disiparían con el calor del día o que se preparaba una tempestad. Pero otras veces las preguntas eran menos simples. Por ejemplo adónde debían ir para encontrar buena caza. Ish no lo sabía. Pero los jóvenes, descontentos, lo pellizcaban. Ish les gritaba entonces cualquier cosa: —¡Al norte! ¡Detrás de las lomas! Los jóvenes se iban satisfechos. Ish temía que regresaran a decirle que no habían encontrado nada, pero esto no ocurría nunca. A veces sus pensamientos eran claros; otras, una niebla le invadía el cerebro. Un día se encontraba con la mente despejada, y mientras los jóvenes le hacían una pregunta, comprendió que se había transformado en un dios, o por lo menos en el oráculo que expresaba la voluntad de un dios. Y recordó que una vez los niños no se habían atrevido a tocar el martillo y habían asentido cuando les dijo que era un americano. Sin embargo, nunca había deseado ser un dios. Un día, sentado en la loma, al sol, vio que Ezra no estaba a su lado, y comprendió que su compañero había partido para siempre. Nadie se sentaría ya junto a él. Apretó con fuerza el mango del martillo, ahora tan pesado que apenas podía levantarlo con las dos manos. Los mineros lo manejaban en otros tiempos con una sola mano, pensó. Y ahora es demasiado pesado para mí. Pero se ha transformado en el símbolo del dios tribal, y me acompaña aún cuando todos los otros, incluso Ezra, han desaparecido. Entonces, como si el dolor de la pérdida de Ezra le hubiera dado una mayor lucidez, miró alrededor y recordó que en aquel sitio había habido antes un cuidado jardín. Ahora sólo se veía una hierba alta que crecía desordenadamente entre árboles y arbustos, y una casa en ruinas rodeada de malezas. Alzó los ojos al cielo. El sol estaba en el este, no en el oeste como había esperado. Era ya pleno verano y él creía que apenas se había iniciado la primavera. Sí, en el curso de aquellos años había perdido la noción del tiempo. Confundía el cotidiano viaje del sol y el más lento a lo largo del año con las cuatro etapas de las estaciones. Y se sintió entonces muy viejo, y con una profunda amargura. Esta tristeza despertó el recuerdo de otras y pensó: Em ha partido, y también Joey, y Ezra, mi buen compañero. Y al sentirse solo entre tantas desgracias, se echó a llorar quedamente, pues era muy viejo y no sabía dominarse. —Sí —murmuró—. Se han ido todos. Soy el último americano.

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La tierra permanece

George R. Sewart

3 EL ÚLTIMO AMERICANO
En la alegría de los hermosos bosques. VIEJA CANCIÓN

Quizá fue ese día, o ese verano, u otro año... Ish alzó los ojos y vio a un joven ante él. Llevaba pantalones de lona azul en buen estado, con unos relucientes ribetes de cobre, y se cubría el torso con la piel de una bestia de la que colgaban aún las afiladas garras. Llevaba un arco en la mano y a la espalda un carcaj donde asomaban los cabos emplumados de unas flechas. Ish parpadeó, pues el sol le lastimaba los viejos ojos. —¿Quién eres? —preguntó. El joven respondió con un tono respetuoso: —Soy Jack, y tú bien lo sabes, Ish. En el modo de decir «Ish» no había una familiaridad excesiva con un anciano, sino al contrario, deferencia y hasta temor, como si el nombre fuese un título honorífico. Ish, desconcertado, entornó los ojos para ver mejor, pues con los años había perdido un poco la vista. Jack tenía el pelo negro, estaba seguro, o quizá gris ahora, pero este muchacho que se presentaba con su nombre llevaba una larga melena rubia. —Haces mal en burlarte de un viejo —protestó Ish—. Jack es mi hijo mayor y lo reconocería en seguida. Tiene el pelo negro, y es más viejo que tú. El muchacho, con una risita cortés, respondió: —Hablas de mi abuelo, y tú bien lo sabes, Ish. Otra vez el nombre «Ish» tuvo en su boca un sonido extraño. E Ish se sintió sorprendido por la repetición de la fórmula: «Y tú bien lo sabes, Ish ». —¿Eres de los Primeros o de los Otros? —preguntó. —De los Primeros —dijo el joven. Ish lo miró atentamente y le asombró que un joven que hacía tiempo había dejado de ser un niño llevara un arco en vez de un fusil. —¿Por qué no llevas un fusil? —le preguntó. —Los fusiles no son más que juguetes —dijo Jack con una risa un poco desdeñosa—. No se puede confiar en un fusil, tú bien lo sabes, Ish. Algunas veces el fusil dispara y hace un gran ruido; pero otras veces aprietas el gatillo y sólo se oye un “clic”. —Castañeteó los dedos.— No se puede cazar con fusiles, aunque los viejos dicen que así se hacía antes. En cambio se puede confiar en las flechas. Vuelan siempre. Y además... —y aquí el muchacho se irguió orgullosamente—, además es necesario ser fuerte y hábil para matar con el arco. Cualquiera, parece, podía matar con un fusil, tú bien lo sabes, Ish. —Muéstrame una flecha —dijo Ish. El joven sacó una flecha del carcaj, la miró, y se la tendió. —Es una buena flecha —dijo—, la hice yo mismo. Ish miró la flecha y la sopesó. No era un juguete de niño. De un metro de largo, había sido tallada en buena madera, y redondeada y alisada. Llevaba unas plumas en el cabo, pero Ish no pudo reconocer de qué ave eran. Los dedos le decían, sin embargo, que habían sido muy cuidadosamente dispuestas. Así la flecha giraría en el aire como una bala de fusil y llegaría muy lejos. En seguida examinó la punta de la flecha, con el tacto más que con la vista. Era una punta muy afilada. Se pinchó el pulgar. Sus asperezas le revelaban que era de metal trabajado con martillo. El color parecía ser de un blanco plateado. —¿De qué está hecha? —preguntó. 121

¿Se había encontrado alguna vez respuesta a esos por qué? Quizá las cosas existían. —¿Y eso por qué? —preguntó Ish. y otro el pelo largo hacia atrás. y los toros. Y se detuvo.— En otras. Eso me asombra. Uno tiene barba. las puntas de los dos metales eran igualmente duras y puntiagudas. he oído decir que los Antiguos hicieron a los americanos. Ésta no se borró del todo. —¿Y esta punta blanca? —preguntó—. pues sabía que Jack no podría entenderla. Dijo la última palabra con humor malicioso. las puntas de flecha. no es cierto. No me interesa la cosmogonía. mientras que la plata convenía a los ciervos y la caza menor. Es una mujer con alas en la cabeza. A veces están guardadas en rollos muy pesados. Ish. ¿Tenía también una figura? Jack tomó la flecha de las manos de Ish. los halcones. Nuestros Antiguos. hombres.. pero lo olvidé. Jack calló e Ish comprendió que el muchacho estaba orgulloso de su propia elocuencia y quería decir algo más. Quizá las mujeres con alas nacieron de un halcón y una mujer. Jack continuó: —Sí.— Sí. —¿Por qué? ¿Por qué? ¿Quién sabe por qué? Excepto. Jack no comprendió. Como no cayó ningún rayo del cielo. No. y otro una cara seria sin barba y pelo corto y gran mandíbula. no pudo evitar romper una última lanza en favor de la verdad. pero dudo que hayan creado las lomas y el sol. y las cosas redondas que usamos para las puntas de las flechas. los americanos. pues su racionalismo se rebelaba contra aquellas supersticiones ridículas. Hay cajas y cajones llenos. se me ocurrió algo. Pero los Antiguos no se ofenden porque usemos sus figuras para hacer puntas de flecha. —Sí —continuó Jack—. Sin embargo. —Titubeó otra vez y el sol atrajo su atención. E Ish reflexionó y se preguntó si aquella aparente ingenuidad no ocultaba algo profundo. pero sintió que en el tono de Ish había cierta ironía. —Sí. ¿Pero qué ganaría? Jack quedaría desconcertado y se sentiría incómodo entre los otros. Las rojas para los toros y pumas. que vivieron antes que nuestros Antiguos. Sin embargo. e Ish no parecía disgustado. tú. Por lo menos no le faltaba imaginación. ¡lsh! Es así. Ish reflexionó y comprendió. —¡No! —gritó. Superstición pura. Ish sintió renacer en su interior su viejo odio por las falsas ideas. Los hombres. y se la devolvió. La vida humana sin causalidad era inconcebible. Sewart —De una de esas cosas redondas con figuras. Hay dos clases de blancas. ni se lo pregunta. Para aquellas mentes primitivas. —Jack estaba contento de poder hablar. y tú bien lo sabes. y guardó silencio. Creía oír una hermosa voz de contralto que le decía al oído: «Calma». —¿Sabes tú quiénes son esos hombres? —Oh. los Antiguos de los Antiguos. A pesar de sus años. —Háblame de las puntas de flechas —dijo Ish—. pero quedaría impresionado por el sonido. que son los Antiguos. así habrá sido. era mejor callar. son muy duras. —Todas tienen figuras —dijo—. el argumento era falso. Ish. Aunque era demasiado fácil reírse de la ingenuidad de Jack. En otras hay halcones. y nada más. Blancas o rojas. El joven se detuvo como para que Ish le informara.La tierra permanece George R. Quizá son demasiado grandes para ocuparse de cosas tan pequeñas o quizás hicieron sus obras hace mucho tiempo. hicieron quizá las lomas y el sol y hasta a los mismos americanos. Los viejos les daban un nombre. y tú bien lo sabes. Estas puntas de flecha de distintos colores lo probaban. tan bruscamente que Jack se sobresaltó—. ¿Y por qué tendría que haber un por qué? Jack sonrió gravemente como un filósofo que acaba de expresar una verdad eterna. como lo había sido el pequeño Joey. 122 . Ésas no sirven. aunque no verdaderos halcones. El joven creía que para matar toros y pumas las puntas de flecha debían ser de cobre. por lo menos parecen hombres. pero no recibió respuesta y continuó. Al fin continuó—: Empleamos las rojas y las blancas. pero los otros. No. Unas tienen la figura de un toro con una joroba.. creemos. Podía llegar a persuadir a aquel joven que era sin duda inteligente e imaginativo. Ish estaba seguro. el factor determinante era el color. Algunas son rojas y otras blancas como ésta. miró. —Sí —dijo—. y ahora están viejos y cansados. orgulloso de saber tanto sobre flechas: —Las encontramos en las viejas casas. las puntas de flechas —dijo el otro titubeando. es como el sol que da vueltas alrededor de la tierra. Pero la relación causa—efecto era absurda. Pero naturalmente nadie sabe por qué. Las blancas para los ciervos y la caza menor. Ish no pudo resistir a la tentación de una broma. hicieron las casas y los puentes.

—Es una hermosa flecha —declaró tendiéndosela a Jack. No había habido luz eléctrica desde hacía años y no la habría nunca más. Tragó saliva varias veces y se sintió mejor. menos eficaces. Se oyó un ruidito familiar. más joven. Podríamos pasarnos la vida haciendo puntas de flecha. y miró otra vez la flecha. era su biznieto y era también biznieto de Em. y se pasaba las horas sentado en la loma. En realidad era incapaz de recordar si había conversado con el muchacho aquel mismo día. Quizá sus descendientes habían superado ya el momento crítico. Luego pensó en su otra mujer. El sonido del interruptor había engañado su viejo cerebro y le había dado la ilusión de la luz. pensó Ish. Y de pronto. Y mientras reflexionaba. su pensamiento franqueó años. utilizarían las piezas de cobre de los teléfonos. La vida es como es. Y recordó que el agua había dejado de correr hacía años. fue hacia el baño para beber un poco de agua. Ish se sintió contento. simplemente. era siempre la misma cama. En seguida. y tambaleándose sobre sus viejas piernas anquilosadas. No salió agua. En seguida se encontró otra vez en penumbras. y yo soy parte de la vida. aunque en verdad no sabía mucho de flechas. Tenía la garganta seca. en unos pocos segundos. y comprendió que la luz no se había encendido. Pero no. Al darles los arcos. y preguntó: —Esas cosas redondas. tan raras. no había sentido nunca una emoción semejante. y durante un momento creyó haber vuelto a los años de su infancia cuando se metía al alba en la cama de su madre. En vez de deslizarse hacia el salvajismo. los olores 123 . pues una mujer debía tener hijos para que la Tribu creciera y retrocedieran las tinieblas. le parecían familiares. para calentarse. olfateando. u otro día. o habían empezado a subir. soy feliz. No creía. y el mismo cuarto. Al entrar alzó la mano para encender la luz eléctrica. Em había muerto. Al fabricar el primer arco. Con el curso del tiempo. pero la sed no era mucha. recordó. Este Jack. dejó lentamente la cama. y aprendían. Desde que era viejo. sí —dijo—. o quizás ocultaba una profunda filosofía? No pudo decidirlo. estaba solo. —Sí —dijo al fin—. Habían dejado de olvidar. Era probablemente cierto. Hacía mucho tiempo se la había dado a otro hombre. Y comprendió entonces que era muy viejo y que estaba solo en su cama. Se quedó inmóvil. Ish sintió una inmensa ternura. los había ayudado realmente. había imaginado que la Tribu le pondría a sus flechas puntas de piedra. haberlas oído nunca. había afirmado. que sin duda dormía junto a él. sonrió al joven. que pertenecía a los Primeros. Ish lo miró con afecto y le hizo una pregunta inesperada. Ish calló pues. Ish no podía recordar quién había sido esa persona. e Ish notó que hacía una marca en el cabo antes de meterla en el carcaj. Se le ocurrió algo. había miles y miles de monedas en los cajones de los armarios y en las cajas fuertes sólo en aquel rincón de la ciudad. y tendió la mano hacia Em. Pues el muchacho no había preguntado. —Muchacho —dijo—. Sin embargo. pues no era la primera vez que ocurría. se preguntó Ish. Sewart Las puntas de flecha de cobre no eran. y la claridad inundó el cuarto. Volvió a su dormitorio y se detuvo. Aquellas palabras. pero tuvo una impresión de tibieza y dulzura. sin saber dónde estaba. Al cabo de un rato.La tierra permanece George R. o quizás otro verano. Tenía la garganta seca. sin embargo. Cuando salió de su ensueño y alzó otra vez los ojos. ¿Qué sentido tenía esta frase?. Pero no se preocupó. ___________________________________________________________2_____ Una mañana. y si los cazadores les atribuían un poder mágico. Aunque hubiese ahora cien hombres en la Tribu. ¿eres feliz? Jack pareció perplejo y miró a todos lados antes de responder. No podía beber. Ish despertó tan temprano que su cuarto estaba todavía en penumbras. ¿las encontráis fácilmente? El muchacho se rió como si la pregunta fuese absurda. —Oh. Pero habían tomado un atajo y ya trabajaban el metal. En la cara de Jack brilló una sonrisa de felicidad. este pensamiento los haría más valientes y daría mayor firmeza a su pulso. Tampoco estaba allí. Y cuando se agotaran las monedas. pero una persona que había conocido en otro tiempo podía haberlas dicho. se mantenían en un mismo nivel. Abrió el grifo de la palangana. al fin y al cabo. ¿Era la fórmula ingenua de un semisalvaje. la niebla le invadió otra vez la mente. como para poder reconocerla entre las otras.

Pero aquella mañana había un humo acre en el aire. Pero tenía sueño aún. Se enviaba a alguien para que le llevara el martillo y lo ayudara a caminar hasta la loma donde se sentaba los días de sol. Por eso se había despertado. De pronto. ¡He olvidado el martillo! En seguida se arrepintió de haber gritado tanto por una pequeñez. Ish lo había previsto hacía tiempo. Los otros dormían en otras partes. Luego había seguido el olor de los campos y las hojas. Seguiría dando vueltas y vueltas en su cama hasta que alguien —y esperaba que fuese el muchacho llamado Jack— viniese a traerle el desayuno. Llegaban a la acera cuando el fuego creció en las malezas que rodeaban la casa vecina. y él estaba tan viejo que ya casi no vivía. ese olor se había desvanecido y ahora en las casas sólo se respiraba un olor de vejez y moho. no atraía a nadie. Un viento del norte agitaba los pinos que ahora rodeaban la casa. las llamas devastarían esta orilla de la bahía como habían devastado la otra. con sus fantasmas del pasado. Sólo era cuestión de tiempo. Ish retrocedió. el aire había tenido el olor característico de las grandes ciudades. y el puente orgulloso que cruza el abismo sólo será un poco de ceniza roja en las orillas. pero no sintió ningún temor y se acostó otra vez. Pero a veces los jóvenes que lo creían un dios se impacientaban y lo apremiaban para que respondiese a sus preguntas. Bajaron precipitadamente. Ish sintió que alguien lo sacudía. Todos los años los jardines desiertos eran más y más un depósito de hojas muertas. Los tres se miraron. que quema el acero. Sería un hueso de ternera bien cocido. Avivadas por el viento. aunque era un viejo inútil. Muy lejos. Jack se volvió bruscamente y corrió hacia la casa. En cierto sentido parecía como si hubiese dejado el tiempo por la eternidad. Entonces Ish recordó: ¡El martillo! —gritó—. El viento seguía soplando y las ramas azotaban los muros. Estaba solo en la vieja casa. la mente y el cuerpo de Ish parecieron moverse más rápidamente que de costumbre. unos vagos resplandores le indicaban que el sol no tardaría en salir. aunque no sabía qué. —Vuelve. y un poco de harina de maíz hervida. aterrados.La tierra permanece George R. —¡Levántate! ¡Levántate. A falta de reloj. Un día el fuego encendido por algún cazador provocaría un incendio. el joven tenía el rostro crispado por el terror. pero su voz no era muy fuerte. El siniestro no era sorprendente. vuelve —le gritó Ish. Aguijoneados por aquel brusco despertar. Los pasos de la montaña y los largos terraplenes de las carreteras parecerían. Sewart habían cambiado varias veces. vio a Jack inclinado sobre él. que él podría chupar. Pero el acero y la madera perecerán. le lagrimeaban los ojos. que miraban el fuego. Al fin. 124 . y el humo lo sofocaba. Al salir de la casa. rápido! —gritó Jack. y al cabo de un rato se durmió. Había dormido bastante para un viejo. lo cuidaban y protegían. Ish tosió. En ese momento Ish advirtió que había olvidado algo. Concededle algunos siglos. Pero el fuego más rápido es el de las llamas. Hubiera querido saber la hora. Los devorarán tres fuegos. El más lento de todos es el fuego de la herrumbre. hundiéndose en la espesa humareda que subía de los matorrales del jardín. Se le reservaba especialmente la harina de maíz. La vieja mansión. Y al abrir los viejos ojos. estrechos valles y pliegues. Jack lo arrastró lejos de las llamas. Afuera se oía crepitar la madera. y las ramas silbaban y golpeaban los vidrios y los muros. Casi siempre era Jack quien venía. Las grandes masas de cemento de las presas durarán como el granito. El ruido le impedía dormir. Con ayuda de Jack se puso algunas ropas. Más rápido es el fuego de la podredumbre que ataca la madera. El martillo no tenía importancia. la fuerza del viento asombró a Ish. y en un momento tan crítico. ni horarios de trabajo? Las costumbres habían cambiado radicalmente. a pesar del ruido. ¿Qué importaba el tiempo cuando no había citas a las que acudir. Pero para Ish los muertos estaban más cerca que los vivos. o al aire libre en verano. pero desde hacía muchos años no daba cuerda a los relojes. El humo huía ante las ráfagas en un torbellino de hojas y ramitas encendidas. La Tribu lo colmaba de atenciones. Se encontraron con otros dos muchachos. Y más tarde. Todos los años la avena silvestre crecía y se secaba en el mismo lugar. Pero vio asombrado que sus palabras consternaban a los muchachos. aun dentro de mil años. Sí. un producto raro. Ahora había un humo espeso en la habitación. en el pasado. Se despertó sobresaltado. Ish se había habituado a él y ya no lo notaba.

Tenía la mente aún más lúcida que hacía un rato. Y este otoño sigue al verano en que conocí a Jack. que se tocaban casi en la punta y parecían encontrarse formando una gruta natural. Y bien. se durmió. Pero Jack volvió sano y salvo. Calzaban unos zapatos de piel de ciervo. Se habían refugiado entre dos rocas inclinadas. Me rodean de cuidados y atenciones porque soy el último americano. se los hubiera llamado en los viejos días. aún con la fatiga de la larga carrera. Luego recordó que cuando los jóvenes salían de caza le preguntaban también adónde debían ir. pues las llamas aún crepitaban. y sin huellas de temor. tampoco es así. Pensó con una intensidad que no conocía desde hacía tiempo. Pensó en la roca donde en otro tiempo habían grabado los números de los años. A Ish le asombró que consultaran a un viejo. Estoy seguro. pensó. Uno tenía una lanza tan alta como él. y recordó que poco antes había temido que ese mismo muchacho lo pellizcara. Sí. y llevaban pantalones de lona con guarniciones de cobre. después de tantos años. Desde entonces Jack me cuida. Al abrir los ojos. que Jack muriera en el incendio a causa de un simple martillo. Y otra vez. aunque no llegamos por el camino que todos preveían. No tenía deseos de morir quemado con sus amigos. Ish la miró con atención y vio que terminaba en un viejo cuchillo de carnicero. cuando hablamos de puntas de flechas. —¡Hola! —dijo uno de los muchachos señalando a Ish con un movimiento de cabeza—. y hoy pienso con claridad. soy un dios. no soy un dios.. pero allí no corrían peligro.. —Vamos a las rocas —ordenó. No podían quedarse allí. vio la bóveda gris de la roca y comprendió que estaba acostado de espaldas. Vio sorprendido que además de los tres jóvenes había en la cueva dos perros. Sewart Sería horrible. el fuego que nos calienta y que nos destruye. sin aliento. 125 . No le gustaba que lo pellizcaran e interrogó su viejo cerebro. Cuando recuperó el sentido. corriendo. podía reconocer en los tres muchachos la unión de las tres épocas. o se desmayó. se lo ordenó la Tribu seguramente. Los muchachos podrían correr y salvarse. Los otros dos jóvenes mostraron una rara alegría al ver que traía el martillo. Es el presagio del fin. ¡Está mejor! Nos mira. Ish llegó agotado. Lo devoran las llamas. no sólo la mente. pero no sobreviviré a la destrucción de este mundo pequeño. se quedó inmóvil. el presente y el futuro. Ish se volvió en seguida hacia los jóvenes. A pesar de la ayuda de los jóvenes. Se acostó. feliz. Al cabo de un momento. Eran perros que se utilizaban para la caza. y poco a poco recobró las fuerzas. He sobrevivido a la pérdida del mundo grande. Ish miró entonces los rostros de los muchachos y vio que no se parecían a los rostros de los hombres de su tiempo. Ish? —preguntó uno de los muchachos. y volvemos a la caverna. Algo le parecía asombroso. ni de que lo molestaran. Ish cayó en un sueño que era casi un desmayo. henos aquí en una caverna. No. la sequedad del otoño y los vientos del norte favorecen los incendios. evidentemente. era un arma temible. Se cubrían el torso con pieles de puma. El fuego que conocemos desde hace tanto tiempo. Ahora que veía a la vez el pasado. —¿Adónde vamos. preocupaciones o fatiga. que no ofrecían alimento al fuego. se sintió bastante fuerte como para sentarse y mirar alrededor. Se decía antes que las bombas nos obligarían a vivir otra vez en las cavernas. Eran serenos. Al fin y al cabo soy muy importante. y pensó que no había dormido mucho. lo pellizcaban. He visto cómo se hundía el enorme mundo de antes. despertó nuevamente. Al cabo de un rato. Si callaba. No. La hoja.La tierra permanece George R. y las garras les colgaban a la espalda. Ahora desaparece este pequeño mundo. pensó. ha desaparecido también. y un cuchillo a la cintura. Soy viejo. Oyó el ruido de unos pies que se arrastraban y el ladrido de un perro. Todos llevaban su arco y carcaj con flechas. pero él no tendría fuerzas para seguirlos. y ellos entendieron en seguida de qué hablaba. mi segundo mundo. con una lucidez a la que no estaba ya acostumbrado. Salimos de la caverna. Este segundo mundo. de unos cuarenta centímetros de largo. pero sí quizás el oráculo de un dios. con la piel de puma un poco chamuscada. y luego se asustó un poco pues tenía la impresión de ver el futuro al mismo tiempo que el presente. Todos vestían como Jack. El incendio continuaba su obra devastadora. Alrededor había otras piedras altas y desnudas. aquellos muchachos hablaban todavía un idioma que en otro tiempo las gentes llamaban inglés. no muy grandes. Parecían inteligentes y bien enseñados. Las llamas se acercaban. y sus pensamientos brillaron y oscilaron como la llama de una vela. tan lúcida que se sorprendió en un principio. pues aquella huida precipitada había afectado su viejo corazón. incapaz de decidir rápidamente. pensó. perros de pastor. A Ish se le habían aclarado también los ojos. de pelo negro y blanco. Había alegría en su voz e Ish lo miró con ternura. y estaban quietos y silenciosos.

Después bebieron los otros. Con el curso de los años. aunque se sepa qué hay dentro. No pensaron en pedirle consejo a Ish. Oh. Había perdido el marbete y parecía herrumbrada. cien años más. El símbolo de su dios es un martillo. Sus mujeres caminan orgullosamente. los jóvenes no habían cambiado mucho. La Tribu contaba ahora con algunos centenares de miembros. El animal y el muchacho parecían compartir la misma sencilla felicidad. Cultivan también algodón. declaró uno. Aunque no conocía sus nombres. y la calma de los jóvenes permitía suponer que todos estaban sanos y salvos. pues saben que es un símbolo de poder. ¿Todo había sido para bien. Pasó el tiempo y tuvieron hambre y sed. ahora ardían los últimos restos de la ciudad.La tierra permanece George R. Algunos viven temiendo el infierno y no satisfacen ninguna necesidad natural sin una plegaria. con una voz pastosa. pues la figura tenía caderas anchas y pechos abundantes. El fuego se había apagado en algunos sitios. y recolectan algas. Luego. cultivan maíz en las llanuras a orillas del río. cazan conejos con trampas y no tienen arcos. cayó en una somnolencia entre el pensamiento y el sueño.. Los perros gimieron. y no pueden pronunciar la r. Se la ofreció ante todo a Ish. Hay muchos otros. Otro de los jóvenes tallaba una madera de pino. Si Ish hubiera entrado en la discusión. E Ish sonrió. hay más diferencias entre los hombres que en los primeros días del mundo. Y las tribus viven aisladas y siguen sus propios caminos. El cuchillo iba formando una figura que apareció poco a poco ante Ish. las tribus se multiplicarán y se aliarán con matrimonios y amistades. Algunas personas habían muerto. Pero el aire seguía siendo fresco e Ish no se asustó. y el milenio siguiente serían épocas interesantes. según la costumbre de los ancianos. Pero estaba demasiado cansado para hacer preguntas. para examinar el contenido. Las llamas crepitaban más cerca. no se podía saber qué comida era. hablan distinto lenguaje y adoran a una madre y un niño oscuros como ellos. Al rato volvió con una vieja tetera que había llenado de agua en un manantial. Se preguntó qué les habría pasado a los otros. Jack se había acordado del viejo que era también un dios y dormía solo en su casa. y sabía que discutían por el gusto de discutir. Joey. todo sería diferente. Luego. Sewart Pero en realidad ese idioma ya no era el mismo. según quiera el ciego destino. nacerán nuevas civilizaciones y estallarán nuevas guerras. Sentados en aquella gruta. Pero la vejez le había dado sabiduría y experiencia. salvo el de Jack. Observó otra vez a los muchachos. Otros son más oscuros aún. Los tres jóvenes discutieron si convendría o no comer el contenido de la lata. Luego el muchacho sacó una lata del bolsillo. por haber comido conservas. La civilización había desaparecido hacía muchos años. Se había pasado la vida observando a los hombres y hubiese querido seguir así indefinidamente. Adelantaba la mano y la retiraba y el perro trataba de atraparla con alegres gruñidos. todos diferentes. se alimentan de peces y moluscos. ahora lo más simple era quedarse quieto y mirar y reflexionar sin hacer preguntas. aquellos tres jóvenes parecían felices. en el mejor de los mundos? ¡Salimos de la caverna y volvemos a la caverna! Si el elegido no hubiese muerto. Pero ¿no era mejor así? De pronto sintió deseos de vivir mucho tiempo. Desafían a las mareas en sus botes. El humo penetraba ahora entre las rocas y lo hacía toser. y debido a las características de los sobrevivientes y el lugar. El dios que adoran tiene la figura de un lagado y se llama Olsaytn. se habían alejado a la primera amenaza de incendio. y sin embargo. en el último instante. Uno de ellos jugaba ahora con un perro. Debía de arder alguna casa o algún árbol próximo. todos debían de ser nietos o bisnietos suyos. Sí. Otros tiran con habilidad el arco y la flecha y amaestran perros de caza. pero sólo para ofrecérselo a su dios. pero no le rinden grandes homenajes. de piel más oscura. pensó. jugaban con un perro o esculpían figuras mientras a su alrededor rugía el fuego. El acento había cambiado. y quizás. Seguramente. Hablan inglés. que bebió a grandes tragos. Otros. Otro declaró entonces que una lata con herrumbre siempre es peligrosa. Crían caballos y pavos. si hubieran nacido otros parecidos a él. Uno dijo que como faltaba el dibujo con un pescado o frutas. Crían cerdos y gallinas y siembran trigo. Joey. 126 . El siglo siguiente. y otros cien. y que al fin se pondrían de acuerdo. les hubiera aconsejado abrir la lata. entre dos altas rocas. Discuten en los debates y asambleas.. y uno de los jóvenes salió a reconocer el terreno.

Ish no estaba seguro de haber descubierto la verdad. e Ish recordó las primeras palabras de la canción: «Oh. indefenso. El olor era agradable. Pero eran incapaces de representarse un buque en alta mar. y hasta los hermanos desconfiaban unos de otros. no había arrugas ni sombras. soy feliz. La vida no le había sido fácil. y una fiesta. Otra vez sintió Ish aquella ternura. Quizá Jack no había comprendido exactamente la pregunta de Ish cuando había respondido: «Sí. como en los de los otros.. que a Ish le parecía familiar. aunque había olvidado el nombre y la letra. les hubiera dado a aquellos jóvenes una conferencia sobre los milagros que les permitían comer aquella porción de salmón. pues se creían más fuertes que él. Ish y los tres muchachos dejaron la caverna y. y a pesar de la claridad de su mente. ¿Qué significa esto?. y ahora parecía más alegre que nunca. se debía quizás a su envejecido paladar. Repartieron el salmón entre los cuatro. Pero ahora la población era escasa. ¿Por qué mi mente está tan despierta? ¿Por la emoción del brusco despertar y la huida de la casa en llamas? Sólo sabía que nunca había pensado tan claramente. decidió. Quizá nadie veía ya una clara diferencia entre la alegría y la pena. Ish no comía salmón desde hacía mucho tiempo. Qué importaba que todos hubieran muerto en algunos meses o más lentamente con el curso de los años. en efecto. evitando los sitios aún cubiertos de cenizas ardientes. se debía a alguna diferencia entre el presente y los días de la civilización. sin dejar de mirar a los muchachos. Si los hombres de los viejos días no hubiesen sido víctimas de una epidemia. se preguntó Ish. debía recurrir a todas sus fuerzas para poder seguirlos. la alegría no había dejado la tierra. abrieron la lata con un cuchillo y descubrieron una sustancia rojiza. de una lucidez casi aterradora. pero su sabor. y a menudo Ish se apoyaba en ellos.. No sabía cómo explicárselo. Gracias a los caprichos del viento y la frescura de la vegetación. sobre todo a aquel que se llamaba Jack. pues los hombres eran demasiado numerosos. Pero de cuando en cuando necesitaban un camarada.. a más de mil quinientos kilómetros. Sí. Sólo pensaban en vencerse mutuamente. Por lo menos. Y el que tallaba la estatuilla. Sewart Al cabo de un rato. Uno de ellos. y nieve. Mientras Ish descansaba. Sí. Pero se encontraba demasiado cansado para formular preguntas. los otros se rieron de él y trajeron algunas brasas del incendio. La carne se había oscurecido y tenía poco gusto. Era una canción que evocaba campanas. como en los tiempos de la vieja civilización. Aunque tenía la mente clara. Cuando caía la tarde. la herrumbre había respetado el interior de la lata. que estaba muy cerca. pensaba. Pero los muchachos no lo hubieran entendido. Los muchachos lo esperaban pacientemente. seguidos por algún perro. La vida es como es. seguramente había sido una canción muy alegre en los viejos días. La alegría había sobrevivido al Gran Desastre. Si no le costase tanto hablar. ¡El Gran Desastre! Ish no pensaba en aquellas palabras desde hacía tiempo. Entonces los seres humanos no prestaban mucha atención al mundo exterior. Era una canción alegre. Ish reconoció el salmón.La tierra permanece George R. Por el lecho del arroyo corría un hilo de agua. Quién sabe si no se habían borrado también otras diferencias. Los jóvenes se dispersaron armados de sus arcos y volvieron con varias piezas. El joven silbaba animadamente. Quizá. y si los ojos no lo engañaban a Ish. Tenía una cicatriz en el brazo derecho.. el incendio se había alejado para alimentarse de otras regiones todavía intactas. Sin embargo. Los jóvenes seguían evidentemente un itinerario ya establecido. ». Podía preguntarle cómo seguía al escultor. A pesar de la cicatriz y la mano torcida. Ish se contentó con comer en silencio. 127 . e Ish se preguntó si algún día el mundo no lo atacaría y lo sorprendería. y sin embargo en su rostro. Al mediodía. pero los conejos y las codornices se habían ocultado entre las hojas. qué alegría. El lenguaje había sufrido pocos cambios. sin duda por costumbre. e Ish ya no podía tenerse en pie. pero las ideas y sentimientos de antes habían desaparecido. se puso a encender un fuego con una barrena de arco. Ish no hizo preguntas. Recordó la pregunta que le había hecho a Jack: «¿Eres feliz?» Y Jack había respondido de un modo tan raro que Ish no sabía si había oído bien. Lo habían pescado hacía muchos años. En los viejos días estos jóvenes hubiesen sido rivales. levantaron un campamento a orillas de un arroyo. descendieron la falda de la colina y fueron hacia el sur. Estos muchachos ambulaban libremente con el arco en la mano. algún accidente le había torcido la mano izquierda. las llamas habían respetado aquellos sitios. silbaba una canción. probablemente en las costas de Alaska. o falta de sabor. Le asombró la confianza y la serenidad de los jóvenes mientras todo ardía afuera. y no podían imaginar largas distancias. Reían a menudo. El ganado y los ciervos habían huido ante el fuego. el joven parecía inocente como un niño. Conocían el océano. Jack había sufrido. y luces verdes y rojas. En cuanto a la pérdida de la civilización. y yo soy parte de la vida». Ya otras veces le había ocurrido algo parecido. lo habrían sido del tiempo. Ahora le parecían sin sentido. y por nada. los jóvenes jugueteaban con los perros o bromeaban entre ellos.

se oyó un grito lejano. En todo caso. Las reglas del juego habían cambiado. ¿Por qué pensaré que voy a morir?. Ish revisó su vida e hizo una lista de sus pecados y virtudes. lo oí alguna vez. ¿Qué significa esto? Miró a los jóvenes. y no hubiesen desaparecido los sacerdotes y las iglesias. había sido aprobado por unanimidad. sometido a la asamblea de la Tribu. bastante débil pero con la mente despejada. cosa común en un viejo. Lo oí alguna vez. y preguntarse si se ha acercado uno a los propios ideales. —Toma. Era un sitio magnífico.La tierra permanece George R. Sewart La comida le ayudó a Ish a recobrar fuerzas. tiritando de frío. Los tres jóvenes cedieron. vio las ruinas de un gran edificio. Sentado a orillas del arroyo. no tuvo ningún sueño. y no me quejaré. se dijo ordenando silenciosamente sus pensamientos. era necesario estar en paz consigo mismo. Sí. sin necesidad de religión ni sacerdotes. y soy el último americano. y comprendió que habían acampado en el parque universitario. se preguntó. soy muy viejo. ¿Sabiduría o vejez? ¿O simplemente desesperanza y resignación? Se despertó varias veces durante la noche. se incorporó y distinguió los muros de la biblioteca. a la que sin embargo seguía queriendo. El humo de la leña había dado a la carne tierna un delicioso sabor. logró descansar algunas horas. Miró a su alrededor. Si fuese católico. pensó. que Ish no intentó seguir. que preparaban el desayuno. Hubo entonces una larga discusión. y al rato apareció otro personaje. tenía la mente clara. veo todo y oigo todo. así lo esperaba al menos. Ni siquiera veía en qué dirección iban. pues no habían sido consultados. En ese momento. Aquel mismo incidente alegró a Ish. La vida es hermosa. Sin embargo. Cualquier hombre puede juzgarse de este modo. En realidad se sentía como si ya no perteneciera a esta tierra. no se sintió perturbado. A pesar de su fatiga. según el recién venido. Pero el otro explicó que el proyecto. Comprendió sin embargo que toda la Tribu se mudaba a una región lacustre que el incendio no había tocado. El escultor silbaba alegremente la canción que le hablaba a Ish de campanas y felicidad. había dado pruebas de coraje. un ala de codorniz. Sólo de cuando en cuando se daba cuenta de algún incidente. ___________________________________________________________3_____ Despertó al amanecer. pensó. Ish —dijo el muchacho—. tú bien lo sabes. Antes de despedirse de la vida. Ish le dio las gracias y comió la carne felicitándose de haber conservado los dientes. y envidió a los jóvenes que dormían profundamente. Casi en seguida se prepararon a reiniciar la marcha. Al terminar su examen de conciencia. Los muchachos bromeaban a propósito del poco peso de Ish. La mente de un hombre se aclara poco antes de la muerte. Ish se alegraba de no ser una carga excesiva. iban más rápido que el día anterior. Ish. aunque todo hubiera cambiado en el mundo. o más probablemente lo leí en algún libro. sintiendo aún el olor acre del humo. Suprimido el obstáculo de la lentitud de Ish. uno de los muchachos declaró que el martillo pesaba más que Ish. Los tres compañeros de Ish protestaban. estaban aún intactos. el archivo de la humanidad. y con los edificios de la universidad a su espalda. pues descubrió que las nieblas le invadían otra vez el cerebro. Y él. me gustaría confesarme. Es raro. según una vieja costumbre que había crecido con los años. poco le importaba ahora que la biblioteca se conservara o destruyera. Había cometido errores. Ish estaba tan débil que apenas podía sostenerse en pie. Pero recordó entonces a Charlie y sintió pena y remordimiento. Él había sido el iniciador de las reuniones de la Tribu. uno de los muchachos le trajo un bocado de algo que habían asado al fuego. ¿Para quién? Ish no intentó responder a la pregunta. Pues bien. En estos últimos años no entendía muy bien qué pasaba a mi alrededor. 128 . No se unió a la conversación de los jóvenes y no hizo preguntas sobre los proyectos del día. Llevado por el Gran Desastre a circunstancias sin precedentes. Quizás el traqueteo afectó a Ish. Todos los volúmenes. Y desde ayer. no había sido inútil. El fuego había destruido los árboles de alrededor sin tocar las piedras. y como estaba tan fatigado. y se preguntaban entre risas por qué los viejos serían tan flacos. a un centenar de metros. y su vida. «clara como el tañido de una campana». pero siempre había buscado la justicia. y se pusieron en camino. Los jóvenes decidieron que se turnarían y lo llevarían a hombros. ¿Para bien o para mal? No podía decirlo. Después del desayuno.

En aquel barrio había ruinas de fábricas. podía derrumbarse en cualquier momento. o bien el puma. Pasaron así algunos segundos. agazapados. o una casa en ruinas. Más allá se extendía el puente. como si hubiesen retrocedido para evitar un árbol caído. De pronto. Ish no pudo dejar de pensar que los hombres habían perdido su vieja arrogancia. Los jóvenes no parecían tenerle miedo al puma. y aquí y allá unos claros con hierbas facilitaban la marcha. Alzó la cabeza y vio un pilón con unas letras: U. Ish sintió despertar su interés y lamentó no poder hablarles a los jóvenes de los viejos tiempos y contarles cómo había sido el puente con autos que corrían como trombas hacia arriba y hacia abajo. —No seas loco —replicó el primero. reteniendo a los perros. Era una flor escarlata. Hacía mucho tiempo que no veía números y tardó en reconocer que aquellos dos se leían «cuarenta». verdes y castaños. Retrocedieron un poco. con una flecha en la cuerda. y el animal no temía a los hombres. es la vieja ruta 40 que lleva al este. 129 . si los jóvenes no hubieran llevado la carga de un viejo. Al atravesar una espesura. Sin embargo. Ish se sintió muy contento y todos se rieron de él.. Aunque en aquel laberinto sólo podían guiarse por la posición del sol. advirtió que lo habían acostado en la hierba. Pero más a menudo seguían el asfalto de las calles. que tendió la mano y gritó. invadido por el musgo y las plantas salvajes. de modo que ningún peatón podía cruzarlo sin jugarse la vida. y había perdido la flor en alguna parte. no los creía peligrosos.La tierra permanece George R. Sewart Después de haber marchado largo rato. Los hombres y los perros aguardaban. Ish miró hacia abajo. Los muchachos se detuvieron riéndose a carcajadas. o algún punto lejano.. y sin embargo los jóvenes seguían despreocupadamente su camino. Ahora el mundo era una discreta armonía de azules. poco acostumbrado a ver a aquellos raros bípedos de inofensivo aspecto. Los dos perros. hasta que de nuevo hicieron alto. algo atrajo la atención de Ish. En las cercanías del puente. El rojo casi había desaparecido de la superficie de la tierra. Las malezas y los árboles lo invadían todo. Entonces esta ruta que apenas puede verse bajo las hierbas y matorrales. Feliz aquel que detrás de la niebla y las nubes bajas ve —o cree ver— la otra orilla. el suelo se había hundido en algunos sectores y los pilones no estaban a un mismo nivel. Aquello era una derrota.S. Ish perdió otra vez la conciencia. Llegaron a la cabecera del este. un 4 y un 0. quizá. La mente se le nubló otra vez. vio cómo rompían las olas y advirtió que la armazón. pero evitaban todo conflicto. Ish tuvo un escalofrío y pensó que el viento había cambiado y estaban ahora cerca del puerto. Ish no se molestó. las calzadas estaban muy estropeadas. salieron de la región incendiada y llegaron a una parte de la ciudad que el fuego no había alcanzado. herrumbroso. Cuanto volvió en sí. Antes había habido como un llamear de púrpuras y bermellones. Ish vio también unas vías de ferrocarril. como de un niño. y ahora las bestias eran sus iguales. roto. para que no excitaran y alarmaran al puma. Tenía seis calzadas de ancho. alegremente. CALIFORNIA. roída por el agua salada y la herrumbre. Uno de ellos fue a buscar lo que había atraído a Ish. En medio del puente tuvieron que caminar por una viga. El aire era muy húmedo. dando un rodeo por la derecha. agrietado. gruñían sordamente. Los muchachos estaban sentados. Ish vio ante ellos al dueño de la lanza. Los otros dos tenían los arcos en la mano. el que llevaba la lanza habló con una voz baja y serena: —No nos atacará. La fiera quedó dueña del camino. Quizá fuera por la falta de armas de fuego. Éste es el puente que nadie ha atravesado completamente. y no un puma. Ish estaba asombrado. un enorme puma cerraba el camino. pero intacto. Pronto llegaremos al puente. Pero sacudido por la marcha rápida del muchacho que lo llevaba a hombros. pero la sequedad de los largos veranos había impedido que la región se convirtiese en una selva. un geranio que se había adaptado a las nuevas condiciones y crecía como antes. —¿Disparo? —preguntó otro. Éste es el camino que ningún hombre recorre hasta el fin. Tenía lo que quería. y por encima del hombro del muchacho. Éste es el río tan largo que ningún viajero llega por él a la mar. Pero ahora no descansaron en la hierba. descansando. Éste es el sendero infinito que serpentea entre las lomas. se habrían mostrado más agresivos. bromeando. pensó. En ese momento lo llevaba Jack. A cierta distancia. y luego unos números. Pero lo que había atraído a Ish era el color del geranio. Y. El puma parecía prepararse para saltar.

Sin embargo. alcanzó a distinguir a los dos perros. Alzó los ojos hacia los altos pilones. Deseaban que erigiese a alguien y le diese el martillo. en aquella tribu donde nadie sabía leer. más allá del grupo de jóvenes. El martillo ya tenía heredero. Ish. era el último representante del mundo antiguo. Eso lo alegraba. como él. Los otros tres retrocedieron unos pasos. pero recordaba que el propietario del auto había sido un tal James Robson —con una E. Ahora. Los labios se movieron más y más rápido. Se inquietó. Eran jóvenes. ¿Recomenzaría la lenta evolución del pasado? Esperaba que no. pero no podía articular una palabra. Demasiados males habían ayudado a crear la civilización: la esclavitud. Sewart Luego. Los jóvenes se habían mostrado respetuosos y amables todo el día. Pero por lo menos todos parecían aliviados. era una molestia no poder hablar. Él. propio de la vejez. Se repetía vagamente una frase inconclusa que había leído en un libro. Te rinden homenaje y te maltratan.. Ish comprendió que estaba sordo. Los parapetos. no podía ignorarlo. y los grandes cables de curvas perfectas. cuando leía tantos libros: «Los hombres van y vienen . y que los otros tenían miedo. pensó. y nadie le había propuesto hasta hoy que lo regalara. Esta comprobación le dio más alegría que pena. Ish recordó el coche que había estado allí tanto tiempo. Los otros dos miraban. Ish volvió otra vez al mundo de las tinieblas hasta que advirtió que lo habían sentado sobre una superficie dura y sintió en la nuca el contacto de algo frío. Tenía los pies helados. Ahora podía descansar. es decir los restos de un auto. Ahora se impacientaban.La tierra permanece George R. Cuántos otros habían muerto allí. en sus últimos instantes. ellos eran los primeros del nuevo. o una inicial parecida en el medio—. o una P. Ish. como si Jack gritase. Sin embargo. y en el ciclo de la humanidad tenían miles de años menos que él. Pero generaciones de gaviotas habían blanqueado la cima de los pilones. Ish sintió en los pies —y en las piernas. Los ojos de Ish buscaron el puente. e Ish sintió una rara piedad por el joven que heredaba su único bien. Desde entonces gozaría de una paz que el hombre normal no puede conocer. Se moría. había sido parte de la civilización.. Ish comprendió al fin. en el puente. hasta las rodillas— un frío que podía llamarse mortal. El puente. Él hubiese pedido morir. conquistas. Tenía una niebla ante los ojos. Entendió también. Es raro. una T. con la cabeza apoyada en la baranda. en un accidente semejante. Sin embargo. se sentía más cerca del puente que de los seres humanos. De pronto. y los ojos se le llenaron de lágrimas. Los otros se pusieron a hablar. guerras. y la herrumbre no los había atacado sino superficialmente. Estaba sentado sobre la acera. indigna del último americano. Ultimo sobreviviente de la civilización. Ish era aún sensible al dolor. Podía aún mover los brazos y con un ademán indicó que le daba el martillo al joven Jack. Alguien le frotaba las manos y él recobraba lentamente el conocimiento. había cumplido su tarea y estaba en paz consigo mismo. víctimas de algún accidente de tránsito. domiciliado en Oakland. tus adoradores emplean la violencia. en el suelo. Dos de los jóvenes le frotaban las manos. No sería el primero. que aquello no había sido un simple desfallecimiento. también. ante él. A cierta distancia se veía un auto. Resistiría mucho tiempo y vería pasar a varias generaciones humanas. y todos parecían inquietos. perplejo. y no podía ver muy bien. volvía allí para morir. echados tranquilamente. pensó Ish. es decir a hacer gestos. Esa parte del puente parecía aún en perfecto estado. los pilones y los cables tenían un color purpúreo. Trataban desesperadamente de hacerse oír. allí.. Al fin los jóvenes se impacientaron y empezaron a pellizcarlo. y a los cuatro jóvenes —tres estaban juntos. con el mango hacia arriba. Lo miraban. y el otro un poco apartado— sentados a su alrededor en un semicírculo. Miró a sus compañeros. Gritó. Pero poco importaba y además deseaba que dejaran de pellizcarlo. Ish adivinaba que le pedían algo y temían que él no lo hiciese. pues se le había despejado de nuevo la mente. Jack tomó el martillo y lo balanceó en la mano derecha. No es justo. Se sintió avergonzado de esta debilidad. ser un dios viejo. los neumáticos se habían desinflado. Quería explicar que los sonidos no llegaban a él. La pintura se había descascarado. sino una especie de ataque —apoplejía o síncope cardíaco—. El martillo era suyo desde hacía mucho tiempo. sacudió la cabeza. Lo primero que vio fue el martillo. a fuerza de reflexionar y observar la mímica de los jóvenes. no significaba nada. Era raro. tiranías. Jack movió los labios como si hablara y sin embargo no salía ningún sonido. » Pero sin la segunda mitad era trivial. y los excrementos de las aves marinas cubrían la capota. Ish no se quedó mirando el coche. Era incomprensible. y por otra parte sin importancia. y dejaron de atormentar a Ish. 130 . Gesticulaban y señalaban el martillo pero a Ish le pareció inútil tratar de comprender. En el caso de que no atiendas en seguida sus ruegos.

. Por lo menos con esta débil luz que hay en mí ahora. a pesar de su forma. Los hombres van y vienen. se le entumecían los dedos. se volvió hacia los jóvenes.. La tierra. y un día de tormenta caería un arco. cansado y moribundo. Había luchado. pero la Tierra permanece. tal como lo concebía el hombre en su estrecha imaginación. recibirán mi cuerpo. Ish moría en el mundo donde había vivido. también cambian. como la vida. El tiempo. aunque sin amor. FIN Descargado desde http://racionalismo. como él mismo. Los terremotos sacudirían los cimientos. Viejo. He estudiado las leyes del mundo físico.. Ahora volvía a ellas. Cerró los ojos e imaginó las curvas de las montañas que rodeaban la bahía. Me entregarán a la tierra. Desde la destrucción de la civilización. Es necesario que vea claramente la muerte. perdía la vista. Abrió otra vez los ojos y vio los dos picos puntiagudos que coronaban la cadena. Se acordó de Em y su madre. ¿Qué importaba todo ahora? ¿Qué había hecho realmente? Nada quedaba de todos sus esfuerzos. Miró otra vez las cimas lejanas. Se dormiría. aunque eternas a los ojos de los hombres. En seguida. pero ellas me recibirán. ni con mi madre. Tenía frío. pensó al cabo de un momento. Las creaciones del hombre. no las había afectado. Les soy indiferente. Sewart Sí. pero la herrumbre lo consumiría poco a poco. y sé que las montañas. pensó. madre de los hombres. No. Gracias a la bahía y las lomas. no tienen nada en común con Em. no serían eternas.. descansaría en las faldas de aquellas montañas que se parecían a los pechos de una mujer y eran a la vez un símbolo y un consuelo. Había mirado hacia el pasado y el futuro. Estas montañas. aunque apenas veía ahora. así se los llamaba en otro tiempo. Y yo también los entrego a la tierra.org 131 .La tierra permanece George R. Se había esforzado tanto. Ish hubiese querido encontrar ante sus ojos algo que no fuera dominado por el tiempo. «Los Pechos Gemelos». el puente podía durar años. Em y su madre se unieron en su mente y se sintió feliz. la forma de las lomas no había cambiado.