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ACTINOMICOSIS

Es una enfermedad producida por el actinomices bovis, o variedades de éste actinobacilo de Spintz y Lignieris, bacilos Wolff-Israel, también llamado streptotrix o corinebacteria Israeli; estafilococo aureus y bacilo piógeno. Todos los agentes forman nódulos; pero a la coloración por el Gram se comportan de forma diferente. El agente principal de la actinomicosis del hueso del buey y de la ubre del cerdo es el streptotrix Israeli. La actinomicosis de los tejidos blandos es producida, casi siempre, por el actinobacilo Lignieris. El estafilococo piogenes se encuentra sobre todo en la actinomicosis de la ubre del bóvido, cerdo y cabra. Esta enfermedad se observa con mayor frecuencia en el buey y cerdo, más raro en el caballo, oveja y cabra, habiéndose comprobado también en el elefante, oso, ciervo, y corzo. Así mismo el hombre puede enfermar. La enfermedad está caracterizada por una inflamación crónica de carácter formativo, con supuración, con la particularidad de contener pequeñas granulaciones amarillas, de dimensiones variables, desde la de un grano de licopodio a la de un grano de mijo. En la lesión, el actinomices está constituido por granos de color blancoamarilllo, comprendiendo dos zonas concéntricas, la una central, hecha de filamentos entrecruzados, colorables por el Gram, y la otra periférica, figurando una corona de masas radiadas que dan a los granos, vistos superficialmente, un aspecto muriforme. Estas masas no son otra cosa que la extremidad abultada de un filamento central, producidas por la lucha con el organismo. Esta alteración a seguida de la calcificación, lo que le da dureza y la apariencia de granos de arena. La actinomicosis se propaga por contigüidad y jamás por vías linfáticas. La infección natural tiene lugar por muchas partes, pero de preferencia a través de la mucosa bucal y faríngea, por la alimentación con espigas y paja de cebada o trigo principalmente; pues, una vez que las raspas con actinomicetos se ponen en relación con una mucosa dislacerada, o con una solución de continuidad de la piel, se introducen por los conductos glandulares, avanzan por los tejidos próximos y no pueden retroceder por la forma de arpón que presentan las aristas de las raspas de las espigas. Las lesiones anatómicas son características y terminan por la destrucción completa del tejido invadido. Una vez llegado el actinomiceto a un tejido, manda prolongaciones micelianas en todos los sentidos, y la reacción defensiva del organismo forma un pequeño nódulo. Después, rodeando a estos nódulos primarios, se constituye un tumor de naturaleza fibrosa, denominado actinomicoma o actinomicetoma, en la que intervienen todos los tejidos de la región afectada: piel, conjuntivo, subcutáneo, músculos y hueso; cuyo tumos se encuentra infiltrado de numerosos tubérculos desenvueltos alrededor de cada grano parasitario. Más tarde, dichos tubérculos, por la acción licuefaciente de una toxina llamada actinomcetina se funden transformándose en otros tantos pequeños abscesos, que al reunirse con los próximos constituye una bolsa cada vez mayor la se abre hacia el exterior.

En los huesos, el actinomices invade el tejido esponjoso con preferencia y produce una osteítis de marcha aguda, con supuración difusa, hipertrofia local y destrucción de las láminas compactas, por lo que su fragilidad es mayor. Así mismo se desarrollan abscesos y tejidos fungosos sin la menos tendencia a la reparación. Los síntomas son variables según el órgano afectado. Así la actinomicosis maxilar se inicia en las arcadas molares; a la lengua le da una consistencia dura, de aquí la denominación de lengua de madera; se observan localizaciones en los senos, ganglios submaxilares, faringe, labios, parótida, nódulos linfáticos, mucosa, piel ubre y diversos órganos internos, con dificultades en la deglución, respiración, fístulas, etc. Tratamiento. La comprobación de un tumor fistuloso y pus con gránulos, hará pensar en la actinomicosis, sobre todo si se encuentra en la cabeza o cuello de un bóvido. La certeza se obtiene por el examen microscópico de una gota de pus aplastada entre dos portas y seca por el calor; con esto se hacen visibles los granos característicos amarillos en su forma muriforme y radiados, pero sólo los de mayor tamaño, pues para verlos a todos es necesario colorearlos por el picrocarmín Para diferenciar la actinomicosis de la actinobacilosis nos fijaremos que en ésta suelen estar infectados los ganglios linfáticos regionales y sobre todo porque al examen microscópico se ve que las granulaciones carecen de zona central filamentosa, por lo que no toman el gram, a diferencia de los granos del actinomices bovis, que se tiñen por él. Pronóstico. Siempre es grave; lo que es menos para las alteraciones de los tejidos blandos que para las localizaciones óseas, además de curarse pocas veces, se complican de fracturas. Tratamiento. Si lo permite el tamaño y el lugar de la lesión, la terapia más segura para obtener éxito es la operación radical, extirpando la neoformación total. Todas las localizaciones actinomicósicas se pueden resumir en do grupos, para el tratamiento: 1. Actinomicosis de tejidos landos 2. Actinomicosis ósea. En el primer grupo están incluidas las lesiones de los labios, lengua, faringe, parótida, tejido subcutáneo y piel. Muchos de estos casos, con solo el tratamiento médico, se suelen curar, pero es preferible comenzar extirpando, con el bisturí o el cauterio, todo el tumor carnoso exterior; después raspar con la cucharilla los fondos o partes que no se hayan podido eliminar y aplicar sobre la herida tintura de yodo, solución lugol, o glicerina yodada. El tratamiento interno a base de estreptomicina, es el más eficaz para la actinomicosis de los tejidos blandos, en especial la lengua. La actinomicosis ósea resiste a la medicación con estreptomicina y para obtener curaciones es preciso, además, intervenir quirúrgicamente. La operación consiste en raspar con la cucharilla, o en extirpar con instrumento apropiado, todas las partes del hueso invadidos por el actinomices. Si esto no se realiza de una manera completa, la lesión reaparece, después de una mejoría temporal. Estas intervenciones se acompañan de hemorragia en capa abundante.