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“Se Busca Verdugo: La Tragicomedia De Arquímedes” © 2013 Jacqueline Petingi Labastie

- Capítulo III -

- PRESENTACIÓN DE ARQUÍMEDES Sin las iridiscencias de la impresionante radiación de las más altas esferas celestiales, un estival cielo azul despoblado de nubes sustituye como sombra al anterior paradisíaco escenario. El sol está alto ya, en la mañana montevideana de un cálido día de Enero que promete ser casi tropical, y sus rayos caen con todo su vigor sobre el centro de la capital. Pequeños grupos de personas se desplazan por una de las calles perpendiculares a la Avenida 18 de Julio, pese a que gran parte de la población citadina se ha ido de Montevideo en busca de lugares más frescos para veranear en las zonas costeras. Y a pesar de la temporada de vacaciones, aún ha quedado un importante sector de gente en actividad, y así lo evidencia el agitado movimiento peatonal, tanto como el tránsito vehicular. El centro va revelando su carácter propio, como si fuera una vida autoconsciente, independientemente de sus moradores y transeúntes, a través de los registros sonoros compuestos de toda variedad de ruidos naturales y artificiales. Entre el bullicio, un ritmado rumor semejante a una respiración va descubriendo la vitalidad de una ciudad sedienta de estímulos, y esto se percibe en los murmullos de la gente, en los motores de los automóviles y algunos bocinazos del transporte colectivo. Un lejano rugido de motos y unas sirenas abiertas de coches de patrulla policial, indican que toda la actividad se ha instalado a pleno. Sobre la calle Cuareim, a la altura de Colonia, un grupito de tres chicas adolescentes va charlando animadamente, caminando hacia la principal avenida. Sus aspectos alegres y desenfadados sugieren tiempo libre y diversión, muy a pesar de que sus mochilas no se ven muy livianas, ni parecen haber pasado por agua en meses. Una de ellas lleva una carpeta en el antebrazo, y a ninguna de las tres parece haberle importado demasiado ordenar el cabello más que en una improvisada torzada, sin duda muy práctica en los días de calor. No obstante ello y la hora temprana, el look estudiantil no les impide exhibir sus armoniosas formas, delatando breteles de mallas bajo las sugerentes blusas y pantalones pescadores de tonos claros combinados con llamativos turquesas y fucsias, y accesorios veraniegos. Por alguna razón desconocida, una de ellas queda rezagada a la mitad de la cuadra. Parece que le ha sonado el celular, y se ha detenido para sacarlo de la mochila. Sus compañeras siguen andando, hasta casi llegar a la esquina de Dieciocho, cuando reparan en la falta de la tercera, que ha quedado dando pasos muy relajados, al atender a lo que parece ser una llamada clave. Las dos chicas adelantadas vuelven sobre sus pasos, y cambian algunas breves palabras con la chica más alta, que está al celular. Luego de ponerse rápidamente de acuerdo, emprenden la marcha sin ella. La chica alta de cabello castaño recogido a medias, las despide con una pícara sonrisa, y sus amigas, con un evidente ataque de hilaridad, le hacen algunas bromas y se van muertas de risa. La chica rezagada sigue al teléfono, muy animada. Habla unas pocas palabras mientras sigue caminando hacia Dieciocho, buscando algo en los alrededores, con ojitos inquietos y una sonrisa que anticipa alguna emocionante experiencia fuera de lo usual. Quedando a la espera en la proximidad del semáforo, permite el paso a las personas que están listas para cruzar. Pero ella, buena chica, queda expectante, aguzando la vista 2
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hacia el otro lado de la Avenida Dieciocho de Julio. Deja de hablar por teléfono y activa la videocámara del celular. Cuareim es una calle en bajada hacia el sur, y la chica delgada y alta está convenientemente apostada en el sitio perfecto como para ver lo que ocurre del otro lado de la avenida, en la vereda de enfrente. Al otro lado de la avenida, pequeños grupos de personas van marchando por Cuareim, desde San José “hacia arriba”, esto es de Sur a Norte o, digamos mejor, hacia donde se encuentra la chica con la cámara del celular activada. Uno de los pequeños grupos de personas comienza a “emerger” del asfalto, casi en forma literal, al avanzar hacia Dieciocho, y la chica se pone bien alerta, activando el zoom. En su “cuesta arriba” las cabezas van asomando gradualmente, así luego los hombros, y finalmente los cuerpos enteros de los transeúntes se van dejando ver poco a poco, en lo que podría llamarse un “striptease urbano-natural” bastante curioso desde el punto de vista de la chica. Las personas van avanzando a buen ritmo, algunas más apresuradas que otras, pero todas ellas van con cierto grado de prisa, algo muy lógico para ser las nueve y media de la mañana. En medio del pequeño grupo humano asoma una cabeza, y luego enseguida asoma otra. Por más que esto sucede muy rápido en la calle, la chica vuelve a activar el zoom de su maravilloso aparatito móvil, y cierra plano en este par de cabezas, tal como si le hubiera sido dada alguna orden específica al respecto. Toda su actitud, muy concentrada, denota que la “acción” se ha iniciado. Una bella cabeza masculina ha asomado, dejando ver una renegrida cabellera suavemente ondeada como el marco perfecto para un rostro de tez clara, con una estructura ósea bien definida en sus pómulos y quijada. Sus rasgos son muy varoniles, iluminados por sus magnéticos y bien delineados ojos oscuros, a la sombra de unas diabólicas y sensuales cejas oscuras en el reborde frontal. Es como si esos ojos tuvieran mira telescópica, mientras sueltan sus chispas de atracción fulminante. Como remate para su mirada seductora, una cierta distensión en su atractiva y ligeramente avanzada mandíbula hace ver unos pequeños hoyos a los lados de las comisuras de los carnosos labios. Luego, unos bordes blanquísimos de su perfecta dentadura permiten detectar en sus labios sensuales una media sonrisa que parece saborear una indescriptible anticipada satisfacción. Del otro lado de la avenida, la chica castaña y alta, revelando una expresión embelesada, aún extasiada, no pierde tiempo ni escatima en detalles para registrar tal espectáculo, y - lo que es la tecnología! - con el zoom de la videocámara, cierra plano en esa imagen, con lo cual el bombonazo queda en un riguroso primerísimo primer plano. Lo mantiene en foco sin perder uno sólo de sus detalles, por más que al lado de él, y medio paso por detrás, aparece en la imagen la cara de su amigo. Con pulso firme, ella sostiene el celular bien frente a sus ojos, y al mismo tiempo piensa que valió la pena madrugar hoy. Ah, chiquita junadora... Y sí..., no hay hora que no sea buena para deleitar la vista. Especialmente con esa pequeña maravilla digital de tecnología avanzada. A su alrededor, nadie parece estar molesto por la contaminación acústica. Sin amplificadores, sin audífonos en los oídos, ni cablecitos a la vista, ni siquiera auriculares inalámbricos, ni conectores a puertos seriales de ninguna especie, nadie sabe con certeza en qué momento la chica delgada y alta pudo haber conectado el MP3 del celular, aunque no parece posible que el pequeño aparato reproduzca música por sí sólo... ¿o sí?... Inexplicablemente, en concordancia con la mirada matadora y el aire de spot publicitario de perfume de marca de este bombonazo, comienza a sonar la intro de un conocido tema setentoso: “Howzat”1, de Daryl Braithwaite (*), con la carga del 3
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sensual y bamboleante bajo, y sus percusiones pausadas y contundentes como los bombeos de cada latido cardíaco. Por si esta maravilla digital no tuviera ya suficientes funciones, cuenta además con un recurso muy peculiar: mientras en la acera de enfrente todo sucede a ritmo normal, en la imagen de la pequeña videocámara, la excitante escena está siendo grabada en cámara lenta, en alta definición y con sonido en estéreo. Sin duda, más perfecto, no podría ser. El bombonazo va asomando el largo cuello, los hombros y tórax longilíneo tan bien proporcionados, al tiempo que parece ir marcando el ritmo de la música con sus alargados pasos y su natural elegancia. Todo en él parece gritar “¡SEXO!”... Es una visión sobrenatural, propia de un clip de excelente calidad, absolutamente perfecta, sólo que..., es una lástima que..., bueno, que el amigo quede siempre inevitablemente en el cuadro. No se sabe con certeza que sean amigos, en realidad. Tal parece que van caminando juntos, y no hay manera de que ese otro muchacho salga de plano. No tan alto, ni tan garboso, ni tan atractivo como el otro, tampoco es del todo feo. No está mal hasta el momento, en lo que puede verse de él, excepto porque al lado de ese semi-dios, cualquiera quedaría un tanto deslucido. A pesar de este otro, el “no tan lindo”, la encantadora chica junadora insiste en mantener a la bella criatura en su camarita, a cualquier costo. Mientras la esbelta figura va mostrando toda su estampa, el amigo, andando a otro ritmo, apenas viene asomándose hasta los muslos. Por momentos parece retardar su ritmo, para luego adelantarse inoportunamente, en cortos pasitos desiguales y sumamente descoordinados. Eso no sería tan grave, de no ser porque el marcado y sexy ritmo del tema setentoso no concuerda con el andar de este infiltrado. Sin ningún balance en su andar, el cabello oscuro desperejilado, como si hubiera salido de su casa sin peinarse, sus grandes ojos de mirada bovina pestañean espasmódicamente y por momentos se abren como si hubiera visto algún fantasma. Su cara redonda se crispa por momentos, y para colmo, tiene el suficiente desubique como para... - ay, por Dios!...como para mirar de frente a la cámara, con una expresión de arrastrado por la vida, que..., en fin... Bueno, tampoco es un despropósito. Tal vez tenga arreglo. Después de todo, es de complexión media, y si bien la elegancia no es lo suyo, su físico es de proporciones normales. Todo sería cuestión de hacer algo respecto de su actitud, ropa, y sobre todo, esa cara. Aunque probablemente sea mejor descartarlo. Y luego, al editar la imagen, se lo podría borrar del fondo, ya que a fin de cuentas, no parece ser más que un recontra-extra. Como si fueran siameses, adonde va uno, ahí está el otro. Hermanos, no parecen ser. Tal vez sean compañeros, o amigos. ¿Serán amigos?, pero..., ¿qué importancia puede tener eso? El ojito-avizor de la chica junadora no le pierde pista al bombonazo, que está siendo captado por la cámara hasta en sus más sutiles movimientos. “Well, I’ve been lookin’ at you..., lookin’ closely at the things you do-o...” (1), las primeras líneas de la canción (1 1 ) son la apoyatura perfecta para el avance de este maravilloso ejemplar del género masculino, acompañando su presentación digna de un desfile de moda casual en pasarela. Los últimos botones de la holgada camisa están desprendidos, dejando ver por momentos la hebilla del cinto contra un abdomen plano, con sugestivas contracciones abdominales, muy naturales, por cierto, tanto como la eventual brisa que le da vuelo a la liviana prenda. Este espectáculo llega al clímax de su pletórica perfección al alcanzar el extremo de la cuadra, cuando llega a la esquina, y ya está listo para cruzar. El eterno semáforo en
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1 “Howzat”.- Daryl Braithwaite (del álbum “Howzat” de Sherbet) Compuesto por Garth Porter y Tony Mitchell, producido por Infinity, Australia, 1976.

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rojo participa de una conspiración ex-profeso para mantener a la extasiada chica en suspenso. El bombonazo sabe que la chica alta de cabello semi-recogido lo tiene chequeado desde hace rato. Entornando los ojos con cierta malicia en su prometedora media sonrisa, hace un giro de cabeza, mirando sin ver de izquierda a derecha, estilo “paneo”, luego de lo cual sacude el pelo de su frente en un movimiento muy natural. La chica ve este giro de cabeza en cámara lenta, con un espectacular efecto antigravitario, como si todo flotara para ella. Casi se está moviendo ella también, como si bailara, meneando apenas los hombros y las caderas, aunque ella ni se da cuenta de estar haciéndolo. Jurándose a sí misma que terminará ese curso de comunicación audiovisual, ella se muerde el labio inferior, sin poder dejar de sonreír de la emoción. El amigo del bombonazo, con movimientos impacientes, se desplaza de un lado a otro, acercándose y alejándose alternativamente, para quedar invariablemente siempre al lado del fachero amigo. Sea como fuere, parece tener toda la intención de romper la delicada lente de la cámara de la chica. La luz del semáforo ha cambiado, ahora está en luz amarilla, casi tan interminable como la roja. El inquieto amigo del bombonazo, se ha puesto adelante, cual cortamambos de los que tanto abundan, y enseguida vuelve a quedar al lado. El tema musical llega a la parte del comienzo del estribillo: “Há - a - How - zát!”, y se corta bruscamente, como con una daga. Sin una explicación clara para esto, la chiquita junadora, de pronto cambia su expresión, y pone cara de haber visto una cucaracha. Ahí están los dos muchachos. La cámara de la chica desvía el enfoque del bombonazo al inoportuno cortamambos. Es como si tuviera que decidir entre uno de los dos. Titubea, la chica junadora, y pasa de uno a otro, como si no pudiera decidirse por ninguno de ellos. Quien sabe lo que pudo pasarles a las múltiples funciones de la maravilla digital en la mano de la chica, ya que en este momento se escucha un ruido, el ruido característico de tribuna de estadio en un clásico, como cuando la pelota que iba a un gol seguro, termina pegando en el palo. Por alguna razón oculta, pone en foco a este otro muchacho, el amigo del bombonazo. Está la luz verde ahora, y el muchacho apenas empieza a cruzar, deteniéndose cada medio paso, como si se tropezara con sus propios pies, pero sin duda, avanzando en dirección a la chica. Ella tiene una imagen de él, visto de cuerpo entero. Le da un acercamiento, y lo tiene de medio cuerpo. Un poco más cerca, en primer plano, y luego, tomando coraje, un primerísimo primer plano. La chica junadora se aleja en imagen, como espantada. Por un segundo, deja al muchacho fuera de foco, aún en pantalla, pero borroso. El muchacho sigue cruzando, pero hace un viraje en dirección hacia el Este, o sea como yendo hacia el Obelisco, en tanto que el bombonazo, que también ha cruzado, se ha distanciado, dirigiéndose hacia el Oeste, es decir, hacia la Ciudad Vieja. De modo que ni se conocían, después de todo. Nuestra joven amiga sufre un bloqueo psicológico, y por un segundo tiene a una señora gorda con una chismosa en la pantalla de su celular. Pero, rápidamente reacciona y dirige su camarita apuntando hacia el Oeste, en un movimiento desesperado por rescatar la glamorosa imagen del bombonazo, a quien ya le vemos la espalda, unos cuantos cuerpos de por medio. La chica alta y delgada pone en acción sus largas piernas, y se va detrás de él, rumbo... hacia el Oeste? Pero, no... No, chiquita, ¿qué me estás haciendo?... No, así no, mi vida, que me vas a cambiar la historia... Mil veces se le dijo que todas las historias empiezan en Oriente, y terminan en Occidente... Es para el otro lado. Sí, date vuelta, mi amor..., así, mi querida. Ahí está. Sí. Perfecto..., seguí derecho. Gracias, chiquita. Listo. Y bueno, pobrecita..., es lógico, la hicimos pasar del Valle del Edén a “La Noche De Los Muertos Vivientes”. La dulce chica alta y delgada de pelo castaño semirecogido, le ha dado un lánguido adiós a la espalda del bombonazo. Pero que no se 5
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desanime esta chica, que tenga un poquito más de paciencia, que ya le va a mejorar un poco la imagen. Ahí va nuestra chica junadora, valiente y esforzada, resignadamente también, detrás de la otra espalda, acercándose paulatinamente a la descoordinada figura, que se sale de foco debido a sus hiperquinéticas reacciones motrices. Pronto localiza la nuca, y conecta la imagen de la desordenada cabellera, cuyo corte de pelo parece haber sido hecho con una podadora de césped. Lo sigue a unos tres o cuatro metros de distancia, esto es según..., según el variable ritmo del nervioso muchacho. No nos queda otra. Éste es el personaje-punto de partida de esta historia y hay que seguirlo, qué se va a hacer? Habrá que darle cámara, nomás. Este es Arquímedes, que sigue caminando a los tumbos, pero sigue, hasta llegar a un edificio. Se detiene a examinar bien el portero eléctrico. Toca el timbre, y espera con rostro demudado y una notoria ansiedad en su expresión. º-º-º-º-º-º-º-º

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