Nueva encrucijada para la revolución bolivariana.

Jesús Sánchez Rodríguezi

17/04/2013

En torno a los resultados de las recientes elecciones presidenciales en Venezuela es necesario diferenciar dos aspectos interrelacionados pero que requieren un análisis separado. El punto de partida es el mismo, los resultados electorales, que arrojan una victoria del candidato de la revolución bolivariana, Nicolás Maduro, por una pequeña diferencia del 1,5% de los votos frente al candidato de la oposición Henrique Capriles. La diferencia es reducida pero en una democracia es la que determina quién es el ganador y el perdedor, y en este caso es Nicolás Maduro y no habría nada más que discutir. Pero en un contexto de lucha de clases aguda, la aritmética pura de las democracias liberales no funciona, la contienda electoral forma parte de un escenario de enfrentamientos más amplios y complejos. El primer aspecto a analizar se refiere a la reacción de la oposición ante este resultado. El desconocimiento de su derrota por parte de Capriles, el llamamiento a no reconocerla y a movilizarse contra la victoria de Maduro, así como la violencia desatada por la oposición a continuación, son hechos que simplemente sirven para confirmar, una vez más, el carácter antidemocrático de la oposición a la revolución bolivariana, como ya quedó constatado en ocasiones anteriores con el intento de golpe petrolero, o el abortado golpe militar en el período 2001-3. Por otro lado, la derecha venezolana está alineada en el mismo comportamiento que el resto de las derechas latinoamericanas, inclinadas al golpismo y utilizando diferentes métodos, cuando se encuentran impotentes para recuperar el poder por medios electorales. Los ejemplos recientes son abundantes, con resultados diferentes. En Honduras y Paraguay consiguieron sus objetivos, en Bolivia y Ecuador fracasaron ante la resistencia popular y de las instituciones del Estado. Ahora, y una vez más, van a realizar otro ensayo en Venezuela. Y en todos los casos, la misma reacción de los gobiernos y medios de comunicación conservadores de todo el mundo: sembrar la duda sobre las victorias electorales de la izquierda, esparcir el odio entre la opinión pública internacional contra los gobiernos de izquierda y los movimientos populares, e intentar dotar de legitimidad a los golpistas, exitosos o fracasados.

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El problema planteado por esta reacción antidemocrática y violenta de la oposición a la revolución bolivariana es de autodefensa por parte de ésta, con la movilización de las capas populares y de las instituciones estatales para garantizar el mantenimiento de la legalidad democrática y el reconocimiento de los resultados electorales. Un problema realmente importante, pero quizás no el más serio para la revolución - dado que no parecen existir posibilidades reales de que la oposición sea capaz de desestabilizar la revolución en estos momentos - como analizaremos a continuación. Efectivamente, el segundo aspecto a analizar se refiere a la escasa diferencia de votos que han arrojado los resultados electorales. Y ello tiene que ver con dos aristas relacionadas, el de la tendencia histórica electoral que apunta a una derrota en el futuro, y al tipo de orientación política que puede seguir el nuevo gobierno de Nicolás Maduro. En un artículo anteriorii se analizaba la tendencia histórica de las distintas elecciones que demostraba un crecimiento del voto de la oposición y una pérdida de apoyo electoral por parte de la revolución, que solo las elecciones presidenciales con la figura de Chávez eran capaces de contener. En las primeras elecciones presidenciales de 2000 y 2006 la victoria de Chávez fue por una diferencia del 22% y 26% respectivamente, en las últimas de 2012 la diferencia bajó al 10,78%. Se podría alegar que hubo incluso una derrota del chavismo, la del referéndum de la reforma constitucional de 2007 por una diferencia del 1,4%, pero entonces la participación fue de solo el 55,8%, es decir, el descontento de los votantes bolivarianos se tradujo en abstención, no en apoyo a la oposición. Pero ahora, en estas elecciones presidenciales de abril de 2013, con una participación importante, del 78,7%, la oposición ha conseguido su mejor resultado electoral tanto en número de votos, como en porcentaje (a excepción del referéndum mencionado). Con altibajos, la tendencia electoral de la oposición es a crecer y la de la revolución a disminuir. Respecto a las elecciones presidenciales de noviembre de 2012 Nicolás Maduro ha perdido casi un 5%, el mismo porcentaje que ha ganado Capriles. Esta vez parece que ha existido un trasvase de votos y no una huida a la abstención. Ahora el problema planteado es más complejo, consiste en saber como recuperar la confianza de ese electorado que parece haber basculado hacia la oposición y romper con la tendencia histórica que podría llevar a una derrota de la revolución. ¿Se trata acaso de desconfianza en Nicolás Maduro? ¿Se trata de electores defraudados por los resultados de los gobiernos chavistas anteriores, o de aquellos que han conocido un ascenso social con las políticas sociales de la revolución bolivariana? “de los electores denominados nini, es decir, que no se alinean automáticamente ni con Chávez, ni con la oposición. Porque, a pesar de que la mejora de su situación social se ha producido gracias a las políticas sociales del chavismo, sin embargo, en 2

su nueva posición, estos sectores ascendentes abrazan los valores morales y culturales de las elites, cuyo modo de vida es su referencia”. La segunda arista se refiere a la línea política por la que va a optar el gobierno de Nicolás Maduro a partir de los resultados electorales obtenidos. No es lo mismo contar con un amplio respaldo electoral, y por tanto social, para profundizar en la revolución bolivariana, que encontrarse con el país dividido prácticamente en dos. Biardeau señalaba las posibles orientaciones a tomar en función de la diferencia de porcentaje electoral obtenido por los chavistas, “si el valor se sitúa entre 12-20 se trata de una victoria contundente que permite la radicalización, entre 7-12 de una victoria suficiente para una política de profundización democrática, entre 3,5-7 de una victoria en zona de riesgo que abriría la posibilidad a un escenario reformista-desarrollista de capitalismo de Estado, y por debajo de una brecha de 3,5 un riesgo grave de desconocimiento de los resultados por la oposición”. Ahora el problema, o el peligro, es que los dirigentes bolivarianos, ante el equilibrio de fuerzas sociales expresado en las últimas elecciones, y una vez contenida la insurrección derechista, opten por un repliegue de la revolución, no solamente de carácter táctico para acumular fuerzas, sino que sitúen a la revolución en un escenario reformista-desarrollista.

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Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog : http://miradacrtica.blogspot.com/, o en la dirección: http://www.scribd.com/sanchezroje
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Jesús Sánchez Rodríguez, Venezuela y las dificultades de la transición al socialismo, CEPRID, 28/11/2012

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