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EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Y DE LA RECONCILIACIÓN Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios El nombre de este sacramento Se le denomina

sacramento de conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión, la vuelta al Padre del que el hombre se había alejado por el pecado. Es llamado sacramento de la confesión porque la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. Se le denomina sacramento de reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia. La penitencia interior La llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia mira, en primer lugar, a la conversión del corazón, la penitencia interior. La conversión y la penitencia diarias encuentran su fuente y su alimento en la Eucaristía, ya que esta "es el antídoto que nos libera de nuestras faltas cotidianas y nos preserva de pecados mortales" El sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación El pecado es, ofensa a Dios, ruptura de la comunión con él; atenta contra la comunión con la Iglesia. Por eso la conversión implica a la vez el perdón de Dios y la reconciliación con la Iglesia. Sólo Dios perdona el pecado Sólo Dios perdona los pecados, Jesús confiere este poder a los hombres para que lo ejerzan en su nombre. Reconciliación con la Iglesia Jesús no sólo perdonó los pecados, también manifestó el efecto de este perdón. La reconciliación con la Iglesia es inseparable de la reconciliación con Dios. El sacramento del perdón Cristo instituyó este sacramento en favor de todos los pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. Este sacramento posee una estructura fundamenta, que comprende los actos del hombre que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, y la acción de Dios por ministerio de la Iglesia,quien, en nombre de Jesucristo concede el perdón de los pecados.

Es "un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar" Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama "contrición perfecta"(contrición de caridad). La confesión de los pecados La confesión de los pecados, incluso desde un punto de vista simplemente humano, nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás. La satisfacción Muchos pecados causan daño al prójimo. La absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó. Liberado del pecado, el pecador debe todavía recobrar la plena salud espiritual. Por tanto, debe hacer algo más para reparar sus pecados: debe "satisfacer" de manera apropiada o "expiar" sus pecados. Esta satisfacción se llama también "penitencia". Tales penitencias ayudan a configurarnos con Cristo que, el Único que expió nuestros pecados una vez por todas. El perdón de los pecados reconcilia con Dios y también con la Iglesia. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador. El confesor no es dueño, sino el servidor del perdón de Dios. El fin y el efecto de este sacramento son, pues, la reconciliación con Dios. Este sacramento reconcilia con la Iglesia al penitente. El pecado menoscaba o rompe la comunión fraterna. El sacramento de la Penitencia la repara o la restaura. En este sacramento, el pecador, confiándose al juicio misericordioso de Dios, anticipa en cierta manera el juicio al que será sometido al fin de esta vida terrena. La celebración del sacramento de la Penitencia Como todos los sacramentos, la Penitencia es una acción litúrgica. Ordinariamente los elementos de su celebración son: saludo y bendición del sacerdote, lectura de la Palabra de Dios para iluminar la conciencia y suscitar la contrición, y exhortación al arrepentimiento; la confesión que reconoce los pecados y los manifiesta al sacerdote; la imposición y la aceptación de la penitencia; la absolución del sacerdote; alabanza de acción de gracias y despedida con la bendición del sacerdote. Así la confesión personal de los pecados y la absolución individual están insertadas en una liturgia de la Palabra de Dios, con lecturas y homilía, examen de conciencia dirigido en común, petición comunitaria del perdón, rezo del Padrenuestro y acción de gracias en común. Esta celebración comunitaria expresa más claramente el carácter eclesial de la penitencia. En casos de necesidad grave se puede recurrir a la celebración comunitaria de la reconciliación con confesión general y absolución general. Cristo actúa en cada uno de los sacramentos. Por tanto, la confesión personal es la forma más significativa de la reconciliación con Dios y con la Iglesia.