ACTIVIDAD DE INTEGRACIÓN

Ponce, Amanda Susana- 3º EP

Profesora: Delia Céspedes

La educación romana
ACTIVIDAD DE INTEGRACIÓN
1- Delimite la educación en los siguientes tres grandes períodos, consignando Ideal
Educativo, método, estructura de la educación:
- Época heroica-patricia (S VI a III a.C.)
- Época de influencia helénica (S III a I a.C.)
- Época Imperial (S.I a.C. al V d.C.)
2- Describe el influjo griego en la educación romana
3- Ideas principales de: Cicerón y Quintiliano. Ideal del orador.
4- Realice con ayuda de un cuadro, mapa conceptual, diapositivas, o cualquier otro
soporte, un resumen de la educación griega y romana para ser presentado en clase
(actividad grupal).

BIBLIOGRAFÍA
Cuadernillo aportado por la cátedra, páginas 64 a 81.
FECHA DE ENTREGA:
30 de mayo de 2012

1- Época heroica- patricia

La vida familiar era la principal institución donde se educaba al niño. Fue una
institución jurídicamente reglamentada. Si bien el padre ejercía la máxima
autoridad, con un poder ilimitado, la madre ocupo un rango preeminente en la
crianza y educación de los hijos, ella misma los amamanta y los instruye en el
culto de los dioses domésticos. Incluso dirige las distracciones y juegos de ellos.
El ideal moral preside esta educación austera, condicionada por el amor a la patria
y el culto rendido a los dioses. Piedad, honestidad, austeridad.
Este ideal educativo tenía ciertas virtudes derivadas de la vida campesina. El
trabajo es el objetivo de sus vidas. La educación primitiva es práctica: sus elementos
intelectuales son limitados. El joven aprende solo lo que debe saber un propietario
rural, sobretodo la agronomía, aunque también, rudimentos del arte de curar. El
aprendizaje de memoria de las Doce Tablas, el ejercicio de un lenguaje conciso y
elocuente y una manifiesta habilidad guerrera para defender la patria y con ella, la
propiedad privada, también eran parte de la educación.
A los siete años, el niño pasaba de las manos de las mujeres a las del padre, quien
se ocupaba en lo sucesivo de su educación. Le daba a conocer las leyes y le ejercitaba
en la gimnástica, adiestrándole no solo tirar con el arco, a manejar las armas y a
gobernar un caballo, sino también a herir con el puño, a tolerar el calor y el frío y a
vencer nadando las corrientes y los remolinos de los ríos.
A los dieseis o diecisiete años el muchacho abandonaba la toga-pretexta para
adoptar la toga viril .Entonces entraba en el ejército y en la vida pública, pero
antes había dedicado un año al aprendizaje de esta.

Época de influencia helénica

La educación romana sufre un cambio completo como consecuencia de las
modificaciones que sufren la sociedad y la cultura. La influencia de la cultura
helénica tuvo la virtud de despertar la cultura de Roma, dando nacimiento a su
literatura y a su educación escolar.
La educación romana anterior, de tipo familiar, patriarcal, experimenta varias
transformaciones. En primer lugar, respecto a su organización. Los ciudadanos
más ricos tuvieron maestros o preceptores privados, generalmente
griegos inmigrados. Pero lo decisivo es que en esta época se fundan o desarrollan
escuelas independientes, aunque siempre con carácter privado o particular. Ahora se
generalizan las escuelas, las cuales son de dos clases: una en que se da la
enseñanza totalmente en griego y otra en la que predomina el latín.

La escuela primaria del ludus magister, llamada también del ludus literarius,
comenzaba a los siete años, tenía un programa muy elemental consistente en la
lectura, escritura y el cálculo, con algunas canciones, pero con una disciplina muy
rigurosa y frecuentes castigos corporales. A ella asistían los niños y las niñas
indistintamente. A la escuela elemental sigue la secundaria, la del grammaticus ,
en la que se hizo sentir la influencia de la cultura griega . Comienza a los doce
años y dura hasta los dieciséis. En ella se estudia la gramática latina y la griega,
sobre la base de Homero y los clásicos; la retórica, la oratoria y las matemáticas,
pero estos menos que aquellas otras disciplinas. Se cultivaba poco la música y
la gimnástica.
En el tercer grado de escuela, en la del retórico, llamado del rhetor, que era una
especie de escuela, de derecho, destinada a la minoría gobernante, y que inspiraba
en la filosofía y aún, mas en la retórica de las griegas.

Época imperial

Con el imperio cambia la estructura política y social, por lo tanto la educativa de
Roma. .
La educación Romana en esta época se distingue de la anterior, deja de ser un
asunto particular, privado, para convertirse, en una educación pública. Con la
creación de escuelas municipales, en las que el estado interviene más bien con
subvenciones y una cierta inspección; pero después llega a hacerse su legislador y
director.
Vespasiano es el primero que crea cátedras oficiales de retórica latina y griega con
sueldos anuales, una de las cuales llegó a ocupar con una buena retribución
Quintilano..
La organización de la enseñanza en la época imperial siguió siendo parecida a la de
la época anterior con sus tres grados del literato, el gramático y el retórico; pero con
su nuevo sentido imperial, de absorción y nacionalización de los países
conquistados.
Se crean entonces, los centros de altos estudios o universidades, primero en Roma y
Constantinopla, ampliándose luego a todas las capitales de provincia. En Roma el
sistema se volvió riguroso, debía acreditarse buena familia y conducta para poder
ingresar. Estos cursos fueron modelo para las escuelas claustrales y monacales que
vendrían mas tarde.



2- El influjo griego

El influjo griego estuvo enraizado en el lenguaje, la religión y la literatura de los
romanos, en un ambiente impregnado de helenismo como resultado de las
relaciones comerciales y el trato con esclavos helenizados.
Influjo que se propagó con la ayuda de la educación, con la escuela. En el caso de la
nobleza romana, el helenismo penetró durante los siglos lll-ll a.C. como un
refinamiento que acompañó los despojos de guerra de las ciudades griegas de Italia
y de las potencias helenísticas orientales, y caló tan hondo que las familias
adineradas no tenían reparos en hacer que sus hijos fueran educados por pedagogos
griegos traídos como prisioneros los cuales les enseñaban filosofía, retórica y
gramática. Sobre la enseñanza elemental se desarrollan las primeras escuelas para
lengua y literatura griega. Se traducen al idioma y literatura latinos. La cultura
griega se convierte en ideal. El conocimiento de la lengua griega se hizo
indispensable para los nobles romanos, es así que surge el ideal de HUMANITAS,
una idea de cultura general que trasciende los intereses locales y nacionales e
incluye no solo las lenguas extranjeras, sino conocimientos de su orden. Las
disciplinas humanísticas en las que los griegos se habían destacado, como la
especulación filosófica, la retórica y el refinamiento oratorio se incorporaron
gratamente entre los círculos mejor educados de la sociedad romana.
En lo que respecta a la vestimenta, la túnica fue una prenda copiada a los griegos
por los romanos, quienes la adaptaron a sus propias necesidades.
También la ciencia griega influyó en la romana, especialmente la matemática.
Cuando Roma se hizo con el poder político en todo el Mediterráneo entró en contacto
con la cultura griega y sus conocimientos científicos.
En arquitectura, los romanos tomaron los tres órdenes griegos, dóricos, jónicos y
corintios haciéndole algunas pequeñas modificaciones (dórico romano, jónico
romano y corintio romano).
Componentes culturales casi desconocidos para los romanos pero muy cultivados
por los griegos como la literatura, el drama y la escultura fueron adoptados por los
romanos o adquirieron nuevos impulsos. Familias romanas pudientes reunían en
sus casas estatuas provenientes del saqueo de ciudades griegas.
En muchos aspectos, los escritores romanos evitaron la innovación en favor de la
imitación de los grandes autores griegos: La Eneida, de Virgilio emulaba la épica de
Homero, Plauto seguía las huellas de Aristófanes, Ovidio exploraba los mitos
griegos, aunque los romanos imprimieron su propio carácter a la civilización que
herdaron de los griegos.
En Roma se produjo una rápida asimilación a nivel religioso de las deidades
tradicionales romanas con sus equivalentes griegas, generándose nuevas prácticas
de culto de características afines a las griegas, especialmente en aquellos aspectos
esotéricos y misteriosos.
3- Ideas principales de Cicerón y Quintiliano.
Ideal del orador.
Cicerón
Cicerón escribió, dentro de su numerosa producción literaria, una trilogía sobre la
elocuencia y la retórica, encaminada a delinear al orador ejemplar. De todas ellas se
pueden obtener varios rasgos para formar una concepción cabal del orador. Reconoce
que la imagen perfecta del orador que persigue hasta ese momento es un ideal.
Este debe reunir ciertas cualidades o dones naturales que Cicerón señala como
primordiales para ser un excelente orador: gozar de buena voz y de fuerza física, ser
de apariencia conveniente, tener facilidad y soltura de palabra.
Juntamente con estos atributos no menos importantes, es necesario que ese varón
tenga una suma autoridad, una suma virtud y sea un gran hombre dotado de
sabiduría.
La preparación es sumamente trascendental para llegar a ser un orador destacado;
por ello, sugiere una serie de ejercitaciones previas: improvisar casos ficticios,
escribir disertaciones, aprender de memoria versos, parafrasear discursos de
oradores griegos, ejercitar la voz, el cuerpo y el gesto imitando a los mejores actores,
una vez practicados en casa estos ejercicios, conviene hacerlos en público. Con todas
estas herramientas, el orador se encuentra preparado para cumplir con sus
principales finalidades frente al público: convencer, deleitar y conmover
No obstante, para alcanzar estos objetivos, Cicerón observa una cualidad más: un
estilo oratorio conveniente a cada situación, es decir, un modo de hablar que se
adapte a los temas, a las circunstancias y a las personas, para ello el orador debía
tener un gran criterio para discernir en cada caso qué era lo apropiado al discurso, a
las palabras y, sobre todo, a la causa.
Quintiliano
El orador ideal que Quintiliano pretende modelar debe ser un varón dotado de todas
las virtudes, de pensamientos nobles y de un talento natural, instruido, además,
en todas las bellas doctrinas. Quintiliano enfatiza la formación moral, como
fundamento principal para llegar a ser un excelente orador. De ahí que el vir bonus,
poseedor de sólidas costumbres morales, sea el único y verdadero orador, según
Quintiliano. Considera que “un hombre de bien” es el resultado de dos factores: de la
educación familiar y de la escolar que haya tenido. El autor atribuye gran
responsabilidad a los padres en los primeros años de vida del niño para inculcar
buenas costumbres y un empleo apropiado del lenguaje, y a los maestros para
formar hábitos de disciplina y estudio. Por lo tanto, el éxito de este ideal depende en
gran medida de la educación recibida en el núcleo familiar, pues de aquí el orador
sacará su arsenal moral.
Coincide con Cicerón al afirmar que los dones otorgados por la naturaleza (la voz,
la buena apariencia, la gracia, la fortaleza física) son sumamente importantes
para consolidar la preparación técnica.
Estima que el orador debe poseer ciertas virtudes: carácter, constancia, confianza en
sí mismo, fortaleza, armas poderosas frente a un auditorio.
La combinación de la educación familiar con los principios indispensables de la
natura y la doctrina producirán, sin lugar a dudas, un orador íntegro.
También estuvo de acuerdo con Cicerón en la formación que debía tener de manera
obligada el orador. La cultura general era imprescindible; por ello, era necesario
conocer disciplinas como la historia, el derecho civil, la filosofía; manejar
adecuadamente las ramas que forman parte de esta doctrina: la lógica, la física, y
la ética; igualmente recomendó tener nociones de música, y geometría. Todas estas
artes constituían el complemento para la formación de un orador integral y
universal. Por otra parte, Quintiliano señaló el proceso educativo práctico que
complementaba el teórico.
Quintiliano, a través de sus preceptos, traza la imagen de este orador perfecto como
defensor de causas justas, que evita privilegiar los intereses de los poderosos y
ensalzar a los desvalidos contra éstos. Para este autor, el único pago que debe exigir
el orador en su calidad de abogado es el agradecimiento.
Quintiliano admiró a Cicerón a tal punto que lo consideró como el orador perfecto
que representaba el prototipo ansiado; de ahí que el autor esté de acuerdo con la
opinión general de que Cicerón no era ya el nombre de un hombre, sino el nombre de
la elocuencia.

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