ACADÉMICA

Explotando la innovación
Por: Jacqueline Saettone Profesora de la Universidad del Pacífico

La riqueza natural del Perú es innegable. Expresiones comúnmente usadas como “el Perú es un mendigo sentado sobre un banco de oro” o “vale un Perú”, aluden tanto a nuestra riqueza en recursos naturales, como a nuestra incapacidad – hasta el momento - de lograr que ella se traduzca en un mejor estándar de vida para todos los peruanos. Ello no se debe tanto a no haber sabido explotar nuestros recursos tangibles tales como los yacimientos de oro, plata, estaño o zinc, sino a no haber sabido explotar otra veta: la de nuestros recursos intangibles, tales como ideas, trabajo en equipo, pasión, valores, conocimiento o capacidad para innovar. Explorar y explotar recursos mineros nos resulta más natural que explotar recursos intangibles, en parte porque los yacimientos, las vetas, las reservas, podemos verlas y tocarlas. Tienen un cuerpo físico. Los activos intangibles tales como el conocimiento o la innovación, en cambio, no tienen un cuerpo físico y por ello son a menudo ignorados por empresas que se convierten en “mendigos sentados sobre un banco de oro”. Empresas “sentadas sobre yacimientos de innovación” que aún no han sido explorados ni, menos aún, explotados. Además, la cantidad de mineral extraído puede medirse en onzas, pero ¿cómo medimos la cantidad de innovación generada? Dado el viejo dicho en administración “lo que se mide es lo que se gerencia”, la dificultad de medir la innovación lleva a que nuestros “yacimientos” continúen sin ser sistemáticamente explotados. Sin embargo, según algunos expertos como la profesora Teresa Amabile de la Escuela de Negocios de

Harvard, la innovación puede ser administrada. A diferencia de una mina que se encuentra en un lugar específico, por ejemplo, la capacidad innovadora se encuentra repartida por toda una organización o por todo un país. Y muchas veces las ideas innovadoras provienen de personas que no son consideradas innovadoras dentro de la empresa. Eso fue lo que sucedió con el programa “Game Changer”, de Shell. Se “liberalizó el mercado de ideas”. Es decir, se permitió que todos los empleados, sin importar su rango, pudieran enviar sus ideas de proyectos por el Intranet. Estas luego eran evaluadas por un comité. El resultado: de los cinco proyectos implementados, cuatro fueron generados a través de este mecanismo y varios de ellos provinieron de personas que no eran consideradas como innovadoras dentro de la empresa. En esta era en que la tecnología y los modelos de gestión se transfieren rápidamente y en que los cambios se dan de manera discontinua - pensando por ejemplo, en nuestras vidas antes y después del Internet - innovar es la capacidad más importante que pueden tener las empresas. Dado que el conocimiento es uno de los insumos de la innovación, países como Malasia se han trazado la meta de convertirse en una sociedad líder en conocimiento. Explotar nuestros “yacimientos de innovación” requiere de la creación de mecanismos para medirla y de analizar las condiciones que la favorecen, a fin de recrearlas dentro de nuestras empresas y de otras organizaciones y regiones de nuestro país.

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