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Los negocios de la corona española en Pemex Autor: Ana Lilia Pérez / Por enésima ocasión le negaron el acceso. El director general para México del consorcio español Abengoa, Luis Rancé Comes, ordenó al personal de seguridad impedir el paso de una obstinada empresaria de Campeche que, insistente, reclamaba el pago de los trabajos que su pequeña compañía hizo para Telvent, subsidiaria de Abengoa, en una obra encomendada por Petróleos Mexicanos (Pemex). Envuelta en su impecable traje sastre, sofocada aún por el largo viaje, Susana Salinas se topó de frente con el musculoso brazo de un hombre que, flanqueado en la puerta, le impedía cruzar el umbral. De un empellón, Susana se abrió paso hasta la recepción. Segura de que Rancé y el director de proyectos Alejandro Guerrero de nuevo la evadirían, decidió improvisar un plantón. De su portafolio, extrajo un folder en el que escribió: “¡Luis Rancé, exijo mi pago!”. Extendiéndolo de frente, entre sus manos, se sentó a esperar una audiencia fallida. De la dirección general, llegó la respuesta: “No le pagarán y no regrese”, machacó el guardia y la expulsó. Un año antes, en septiembre de 2006, Telvent contrató a Industrias y Publicidad Noble, la compañía de Susana Salinas, para que realizara los patines para la inyección de nitrógeno en la planta de Pemex Exploración y Producción (PEP) en Jalpa de Méndez, Tabasco. “Nos pagaron la primera y la segunda estimación de obra; luego, nada. Nos dijeron que siguiéramos trabajando, que nuestro dinero estaba seguro. Nosotros seguimos. Teníamos 20 trabajadores en campo más los supervisores. Para cubrir gastos, tuvimos que pedir créditos y dejamos en fianza el patrimonio familiar. Al fin que estábamos con una empresa española que cobraría a Pemex muchos millones, pensábamos. Nuestro pago estaba asegurado, o al menos eso creíamos”. A punto de terminar los trabajos, la compañía aún no les abonaba nada. Susana decidió apersonarse en las oficinas de Abengoa. Por más que intentó sensibilizar a los españoles al exponer su desesperación de que los créditos para costear el contrato generaban interés sobre interés, regresó a Campeche con la cuenta vacía, pero con la promesa de que, en cuanto concluyera la obra, le liquidarían y le darían nuevos trabajos. El 98 por ciento del trabajo estaba cumplido cuando Telvent le rescindió el contrato con el argumento de incumplimiento. “Me informaron que no me pagarían porque todo estaba mal. Era absurdo, porque tengo las bitácoras de obra que el director del proyecto, Alejandro Guerrero, y su jefe Ignacio Mérida firmaron de conformidad en cada avance”, dice y muestra los documentos, todos con el visto bueno de los directivos de Telvent. Con la documentación certificada por un notario público, decidió reclamar su pago en tribunales al grupo Abengoa. “Entonces –prosigue–, no sabía con quién me enfrentaba”. Los beneficios de Calderón Entre los accionistas y directivos de Abengoa, figuran Carlos Borbón dos Sicilias, Emilio Cassinello y Paula Chaves, reputados políticos españoles, aristócratas,

funcionarios y sus familiares. El primero no sólo es primo hermano del rey Juan Carlos I, sino su consejero y representante empresarial, de allí que la prensa española identifique al grupo Abengoa como una de las firmas en las que el rey tiene sus intereses económicos. El consorcio ingresó al mercado mexicano en 1993 como Sainco (Sociedad Anónima de Instalaciones de Control). Para Carlos de Borbón, el mercado no le era ajeno, dado su encargo como funcionario del Banco de México, según inscribe su biografía oficial. Tampoco a Emilio Cassinello, directivo de Abengoa que entre 1982 y 1985 fue embajador de España en México. En 1997, registraron la subsidiaria Abengoa México e ingresaron como presidente del corporativo a Luis Rancé Comes, directivo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Luz y Fuerza del Centro, el hombre de las relaciones públicas y políticas desde el sexenio de Vicente Fox. Pero ha sido el gobierno de Felipe Calderón el que ha entregado a Abengoa el mayor número de contrataciones en su historia de negocios en nuestro país, por montos que le aportan el 50 por ciento de los ingresos totales que el corporativo obtiene en América. Ello sin duda es del agrado de Carlos de Borbón, esposo de la princesa Ana de Orleans, primero en el puesto de la línea de sucesión a la corona después de los descendientes directos del rey Juan Carlos. No en balde Felipe Calderón ha recibido una suerte de distinción, como la condecoración de la Orden Isabel la Católica, que en junio de 2008 recibieron él y su esposa Margarita Zavala de manos del rey Juan Carlos. El consorcio tiene registrados como proveedores del gobierno federal a sus empresas Abengoa; Abener; Abener Energía, SA; Abener México, SA, de CV; Abener Energía El Sauz, SA de CV; Telvent Energía, y Medio Ambiente, SA (antes Sainco); Telvent México, SA de CV; Telvent Energía, SA; Telvent Git; Befesa México; Befesa Limpiezas Industriales, SA de CV; Sistemas de Desarrollo Sustentable, SA de CV; todas domiciliadas en el 174 de la calle Bahía de Santa Bárbara, colonia Verónica Anzures, Distrito Federal, a unas calles de la sede de Pemex. También a las firmas Telvent Tráfico y Transporte, SA, y Telvent Git (en Madrid, España) y Abener Energía (en Sevilla, España). Entre 2008 y 2010, a nombre de Abengoa México facturaron 8 mil 176 millones de pesos a Pemex. Uno de estos contratos, asignado en 2009 por Pemex Gas y Petroquímica Básica para la transformación del agua desmineralizada a vapor, representó un monto de 7 mil 429 millones 410 mil pesos. Telvent Energía, por ejemplo, facturó más de 600 millones de pesos a Pemex Refinación por implantar el sistema SCADA en siete poliductos. A Telvent México, III Servicios le pagó más de 100 millones de pesos por un diagnóstico de riesgos de estaciones de bombeo de ductos de Pemex Refinación (Pajaritos, Progreso, Juan Díaz Covarrubias, Loma Bonita, Tierra Blanca, Arroyo Moreno, Mendoza, Maltrata y San Martín Texmelucan), trabajos que, según su naturaleza, debía hacer la paraestatal. El gobierno de Calderón les entregó también créditos de Nacional Financiera (Nafin) por montos que fueron clasificados como “confidenciales”, según la respuesta que Nafin dio a Contralínea mediante el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos.

Subcontratación, el método Sin infraestructura ni planta laboral, Abengoa recibe contratos de obra, servicios y suministros por adjudicación directa, invitación restringida y licitación pública. Pemex, por ejemplo, le ha adjudicado unos 50 proyectos, algunos estratégicos y costosos, como la automatización de procesos en las terminales de almacenamiento y distribución de combustibles del país. Entre ellos, la instalación del calentamiento de crudo ligero en la Sonda de Campeche, contrato 418815809, por 324 millones de pesos; la ingeniería, adquisición, instalación y pruebas para el Proyecto del Sistema Supervisorio Operativo de Procesos para las instalaciones del Activo Integral Ku-Maloob Zaap –420836814– por 110 millones 425 mil 854 pesos; la construcción de líneas del sistema de deshidratación de crudo para el traslado del aceite a la Terminal Marítima de Dos Bocas –420847804–, por 73 millones 847 mil 375 pesos. También, el reacondicionamiento de la subestación eléctrica de potencia Samaria, del Activo de Producción Samaria Sitio Grade, contrato 415112993, por 6 millones 501 mil pesos; el acondicionamiento de instalaciones para inyección de aguas residuales en el Campo Hormiguero, contrato 4169088180 por 15 millones 625 mil pesos; el acondicionamiento de instalaciones para inyección de aguas residuales en el campo José Colomo, contrato 4169088190 por 12 millones 458 mil pesos; y la construcción y puesta en operación de separadores trifásicos de hidrocarburos en el Activo Integral Bellota Jujo, contrato 425029819 por 68 millones 780 mil pesos. Pero las adjudicaciones no parecen del todo legales, revela Armando Barragán, exejecutivo del consorcio Abengoa, cuya relación con la empresa inició durante su periodo como directivo de Pemex Refinación, y justo cuando los españoles iniciaron su relación contractual en la paraestatal. Entonces, como director de proyectos, “recibí la instrucción de ayudar a la compañía y yo los ayudaba”, admite. —¿A cambio de dádivas? —Ellos lo manejan de una manera muy diferente, de una forma política y de allí manejan todo. Todo lo que tengan que otorgar, lo otorgan. —¿Cómo qué? —Lo que requieran; lo que les estén pidiendo. —¿Le tocó conocer lo que dan a los funcionarios a cambio de los contratos? —A mí, por ejemplo, una vez me dijeron mis jefes de Pemex que me iba de viaje a España, y bueno, a mí Pemex me pagaba todo. Ellos (Abengoa) me dijeron: “¿Y si te damos el boleto de avión para tu familia?”. “Mmm… pues me los llevo”, respondí. Y me proporcionaron los boletos. Al cabo del tiempo, la relación se hizo tan estrecha y para el grupo Abengoa resultó tan rentable que, cuando a Armando le rescindieron su contrato en Pemex, “por no ayudar a una empresa priista”, dice, lo integraron como directivo del consorcio. La finalidad era que con sus contactos y amigos operara los contratos que Pemex les adjudicaría.

“Cuando salgo (de Pemex), y como conozco mucho, pues me contratan para que les ayude. Me dicen: ‘Ayúdanos. Tú conoces a todo mundo y puedes ayudarnos’. Me fui con ellos. Pudimos hacer el trabajo más rápido.” Operaciones oscuras La carta fuerte del grupo Abengoa en sus propuestas contractuales es un supuesto know how y tecnología. Su ejecutivo, Armando Barragán, dice que no hay tal, que “no tienen tecnología; la que venden a Pemex es canadiense y el software es lo mismo que los mexicanos. En realidad, no ofrecen nada”. Aunque lo que les ha resultado más lucrativo, explica, “son los contratos leoninos que firman con subcontratistas en los que al final son ellos los que terminan costeando los trabajos que Abengoa cobra”. Lo que le ocurrió a Susana Salinas y su empresa Industrias y Publicidad Noble no es un caso aislado. Una vez que la firma obtiene un contrato, recluta compañías locales a las que presentan en Pemex y CFE como si fuesen parte de su plantilla, narran otros tres empresarios. Si bien podría suponerse que representan una opción de empleo para docenas de compañías mexicanas, el resultado es completamente opuesto, pues en la ejecución de los contratos les abonan sólo las primeras estimaciones de obra, condicionándoles el pago al término total de los trabajos; pero cuando su conclusión se acerca, les rescinden el contrato y hacen válidas las fianzas de los subcontratistas. Por ello, las relaciones contractuales entre el grupo Abengoa y muchos de sus subcontratistas terminan dirimiéndose en los juzgados. El contrato que Pemex Refinación le asignó a Telvent para automatizar las TAD es representativo: el 95 por ciento de las subcontratistas demandó a la compañía por supuesto fraude. Armando Barragán, responsable del grupo Abengoa en este contrato, explica las razones: “Los contratos eran leoninos; estaban pactados a precio alzado, por lo que no podían hacerse modificaciones de obra ni de monto, pero en ellos se estipulaba mucho menos obra que la que era en realidad, para que sus precios fueran menores. Ya cuando empezaban a trabajar y se daban cuenta que era mucho más obra, pedían que se modificara el contrato. Como eran compañías que trabajaban de buena fe, se les decía ‘te voy a hacer los ajustes’, se confiaban y decían ‘ok, yo trabajo’. Luego se argumentaba que incumplieron y se les aplicaban penalidades del 20 por ciento por 10 días de atraso y 2 por ciento diario. Al final, las contratistas le debían a la compañía.” —¿Esto es deliberado? —Sí, es deliberado. Saben que no te vas a dar cuenta. —¿Cuántas empresas calcula durante el tiempo en que usted trabajó y que terminaron en pleito? —Como el 95 por ciento. Yo estuve trabajando con ellos cerca de ocho años. Los contratos grandes que yo manejaba de aproximadamente 30 compañías, 25 salieron con problemas. Pero el problema no termina allí, sino que ellos se cobran de mala fe. Dicen “a esta compañía la vamos a penalizar”. Llega un momento en que entregan los equipos, terminan los trabajos y no les pagan. Porque a muchas compañías, aunque entreguen a tiempo, les descuentan muchísimo.

Armando Barragán devela detalles que explican las ganancias del grupo Abengoa: “Como corporativo, trabajan un sistema denominado pago por banco a 180 días. Cuando el proveedor lleva la factura, ellos la revisan. En la revisión se pueden tardar de 15 días a dos meses. Cuando la aceptan, te dan la instrucción: ‘si quieres cobrar la llevas al banco’, y de sus líneas de crédito te pagarán 180 días después, pero si quieres cobrar antes deberás pagar comisión por factoraje. Cuando quieren perjudicar a una compañía, se van con el factoraje más alto, más intereses, de entre 8 y 10 por ciento. “Ellos se quedan con la mitad de los intereses o los puntos TIE que se manejen; la otra mitad es para los bancos. Es dinero fresco que entra a la compañía nuevamente. Ya seas contratista o proveedor, te aplican un descuento obligado que lo aceptas o lo aceptas porque normalmente el consorcio se queda con los contratos grandes (del gobierno). Entonces no te queda más que irte con él a venderle.” Los supuestos defraudados En 2007, PEP contrató al grupo Abengoa para proporcionar el servicio de “voz y datos” en más de 170 pozos, con el cual la paraestatal debía disponer de información en tiempo real durante la operación de los pozos. Se les encargaron también los sistemas satelitales. Adrián Fernández Delfín, un empresario tabasqueño que hasta antes de Abengoa daba ambos servicios a Pemex de manera directa, fue subcontratado a través de Telvent. Los españoles, dice, lo localizaron a través de los mismos funcionarios de Pemex que les asignaron el contrato. “En la zona de Veracruz, realicé todos los servicios de los sistemas satelitales y de comunicación de voz y datos. Luego los de voceo y alarmas audibles para los pozos desde Ciudad del Carmen hasta Reynosa. Ellos ganaron la licitación, pero no sé cómo si no tenían personal para estos trabajos; me buscaron ya cuando los tenían asignados. Uno se pregunta ‘¿cómo le hacen?’. Son muy raras las facilidades que tienen para ganar un concurso sin que acrediten ninguna infraestructura, pues a nosotros Pemex nos pide acreditarlo. “Empecé a trabajar con ellos en 2007. Desde el inicio, no querían pagarme los trabajos, que ellos llaman ‘órdenes de compra y pedidos’. Me dijeron que cuando terminara, me pagarían; y trabajé con ellos hasta 2009. Cuando reclamaba mi pago, me salieron con que yo les debía. Luego, de plano, me dijeron que no me iban a pagar. Presenté una demanda en Tabasco, pero la diligencia fue en México. Fui a hablar con Alejandro Guerrero (directivo de Abengoa) y me mandaron la guardia de seguridad para sacarme”, detalla en entrevista. Por los servicios de sistemas de intercomunicación, Telvent facturó a PEP casi 18 millones de pesos. Por los servicios de intercomunicación para prevención y respuesta a emergencias, 23 millones de pesos. Jorge Cámara Domínguez, de Ingeniería Cadeli, es un caso excepcional entre los subcontratistas de Abengoa. En 2009, logró ganar el juicio ante el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal contra el consorcio, integrado en el expediente 651/2007. Cadeli es una empresa mexicana especializada en sistemas contra incendio, proveedora del gobierno federal y del sector privado desde hace 25 años. En los contratos que

Refinación adjudicó a Telvent para automatizar las terminales de abastecimiento y distribución, se requería de equipos que sólo Cadeli maneja. Pero en lugar de que Pemex se los adjudicara de manera directa, fue un funcionario de la paraestatal, dice Cámara, el que le recomendó a los directivos de Telvent subcontratarlo. También le pagaron sólo las primeras estimaciones; la misma historia descrita: rescisión del contrato antes de cubrir los pagos, penalizaciones, hasta que el asunto llegó a tribunales. Pero Cámara aporta un dato que explica por qué Abengoa logra hacer válidas las fianzas, incluso sin informar a los subcontratistas: “El truco lo hacen con las fianzas para hacerlas válidas y de esa forma recuperar los primeros pagos que le dan a la subcontratista. Hacen negocios con las afianzadoras para poder cobrar con la simple reclamación, y que después la afianzadora se pelee con el contratista para recuperar su dinero. El negocio se hace con los grandes brokers de las fianzas. El acuerdo es ‘yo reclamo la fianza, tú me pagas’ y después la afianzadora recupera su dinero.” Enrique Santoscoy, de Integral Safety Systems México y de Comercialización Técnica del Norte, se vio de pronto con las afianzadoras reclamándoles el pago que supuestamente hicieron al grupo Abengoa por sus “incumplimientos”. Es uno de los subcontratistas que la española reclutó para automatizar las terminales de Pemex Refinación. Le encomendaron las de Acapulco y Tepic. “Cuando deciden cancelarte el contrato, te ejecutan las fianzas inmediatamente y la afianzadora te las cobra. Estás en dos pleitos legales: uno contra Telvent y otro contra la afianzadora. Ellos le apuestan a que tú no tengas capacidad financiera para defenderte. En un contrato de 4 millones de pesos, te demandan por 20 millones. Le apuestan a que no te defiendas y no le metas dinero bueno al malo. Por lo tanto, ya no les cobras. Pero su estrategia no es no cobrarte, sino hacer válidas las fianzas. Si sacamos el monto o la cantidad de empresas que trabajamos en ese proyecto, que fueron alrededor de 10 y a todas las demandaron por 20 millones de pesos, son 200 millones de pesos los que van a deducir de impuestos.” —¿Acudieron con los directivos de Pemex para exponerles la situación? —Así es, pero la respuesta fue que éste era un pleito entre particulares. La verdad es que el consorcio tiene muy buenas influencias; definitivamente sus relaciones son mucho más fuertes que las de nosotros. Protección oficial En julio de 2009, Javier Peña Gamboa publicó en su blog la denuncia que su compañía presentó en contra de Telvent por supuesto fraude. De todos puntos, del país le llegaron comentarios de subcontratistas de Abengoa en situaciones similares. Pensando en que en bloque obligarían a los españoles a cumplir sus obligaciones contractuales, Javier pensó organizar a los subcontratistas. La respuesta, dice, “fueron amenazas de directivos de la empresa”. “Hago responsable públicamente a todos los directivos de Telvent si algo le ocurre a mi persona. Sí tenemos miedo mi familia y un servidor de lo que nos puedan hacer, pero estamos sacando fuerzas para luchar por nuestra dignidad, nuestro patrimonio y, sobre todo, para que más de 20 padres de familia no pierdan el sustento que les representa trabajar en esta pequeña empresa”, inscribió en su blog en octubre de ese año.

Javier Peña Gamboa es un hombre serio. En Campeche se le conoce como uno de los primeros empresarios de la zona en afiliarse al Partido Acción Nacional, y de ser quien, en la década de 1990, presentó a los Mouriño –Manuel Carlos y su hijo Juan Camilo– con el presidente de su partido, Felipe Calderón Hinojosa, en la ciudad de México. “Nosotros nos preguntamos: ‘¿De veras tienen un padrino tan poderoso que los protege e influye para que hagan tantos negocios?’”, rememora Javier Peña, quien, junto con otros subcontratistas, documentó sus casos ante la Presidencia de la República y la Dirección General de Pemex. Incluso tuvo ocasión de comentarlo personalmente al titular de la paraestatal. Confiaba que el presidente Calderón atendiera el caso. La respuesta fue el mutis oficial y la asignación de nuevas y más redituables contrataciones para el grupo Abengoa, y en la vida pública, numerosos encuentros de Felipe Calderón y de su gobierno con el rey Juan Carlos y la realeza española. Bajo los cuestionados esquemas de trabajo descritos por sus subcontratistas, el grupo ha recibido contratos para construir terminales, líneas de transmisión y subestaciones de la CFE; infraestructura, tratamiento de aguas, remediación de pozos, alarmas, automatizaciones, sistemas de control de emisiones y servicios tecnológicos para Pemex, entre otros. Accionistas y gestores de alto nivel Abengoa es una empresa de origen sevillano, fundada en 1941 por Javier Benjumea Puigcerver, fallecido en 2002. En las primeras décadas, junto con sus hijos Javier y Felipe Benjumea y sus sobrinos Joaquín Abaurre y José Luis Aya, manejó la firma como una pequeña empresa familiar, hasta que la fue capitalizando con contratos de los ayuntamientos y las relaciones públicas y políticas que iba tejiendo. Diversas notas periodísticas de la prensa española documentan que bajo investigación de la Fiscalía Anticorrupción por una simulación en la compra de sus acciones –de Xfera por Telvet–, la familia Benjumea decidió abrir su negocio a influyentes personajes de la políticas y en la función pública de España, lo que además le garantizaba contrataciones gubernamentales. Actualmente, el directivo de mayor envergadura pública es Carlos de Borbón Dos Sicilias. Nacieron el mismo año, se criaron bajo el mismo techo, se educaron en las mismas escuelas. Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón Dos Sicilias, sucesor de Francisco Franco, nació en Roma el 5 de enero de 1938. Su primo Carlos María Alfonso Marcelo de Borbón Dos Sicilias vino al mundo 11 días después. Cursaron juntos el bachillerato en Las Jarillas y luego en el Instituto de San Isidro, en Madrid. A sus 26 años de edad, al morir su padre, el infante Alfonso de Borbón, Carlos se convirtió en jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias, luego en duque de Calabria y también en conde de Caserta. Catorce años después, su primo Juan Carlos subía al trono de España, heredero de la Dinastía de Borbón. En 1994, Juan Carlos le dio a su primo el título de infante de España, distinción que sólo se otorga a los hijos del rey y al príncipe de Asturias. Con dicho título, Carlos de Borbón recibe trato de alteza real. Así, Juan Carlos dejó clara la cercanía y confianza con su primo, según consideraciones de la prensa.

Carlos de Borbón es el hombre de los negocios del rey Juan Carlos. “Compagina su labor profesional, vinculada al mundo de las empresas y las finanzas, con la defensa de la naturaleza, y representa al rey en todas las actividades que el monarca le encarga”, cita su biografía en la página oficial de la Casa Real de Borbón (www.constantinianorder.org). Amén de su parentesco, en los círculos empresariales a Carlos de Borbón se le identifica como el operador de los negocios privados del rey. De allí que se aluda a los beneficios que en aquel país se le han dado a Abengoa, como ahora se hace también en México, particularmente con la feria de contrataciones entregadas por el gobierno federal. Además de su alteza real Carlos de Borbón Dos Sicilias, como reza el directorio de Abengoa, entre sus directivos y accionistas aparecen diplomáticos de carrera como Emilio Cassinello Auban; políticos y exministros de gobierno, como el de Presupuesto de Felipe Aznar, Ricardo Martínez Rico o Cándido Velasquez, del círculo estrecho de Felipe González o Paula Chaves Iborra, involucrada en un escándalo de tráfico de influencias para favorecer al consorcio con un contrato que le adjudicó su papá, Manuel Chaves, presidente del Partido Socialista Obrero Español, en su calidad de presidente de la Junta de Gobierno, para construir la Ciudad Digital de Almería, proyecto de 27 millones de euros del presupuesto público de esa localidad. Contralínea solicitó entrevista con Luis Rancé para saber su postura respecto de la información planteada por los subcontratistas y su excolaborador en Abengoa. Hasta el cierre de esta edición, no hubo respuesta. Fuente: Contralínea 221 / 20 de febrero de 2011

SEGUNDO TEXTO Abengoa: el millonario juicio contra México Ana Lilia Pérez Capitales

El consorcio español Abengoa pretende obtener más de 1 mil 200 millones de pesos de las arcas públicas por la clausura del confinamiento de residuos peligrosos en Zimapán mediante un juicio arbitral que litiga en Washington contra el Estado mexicano Zimapán, Hidalgo. En la vera de un accidentado camino, en el umbral del lomerío donde inicia el macizo montañoso –desde tiempos coloniales– Sierra Gorda, se despliega una extensa y moderna construcción que, a primera vista, rompe con la natural orografía de tierra caliza tapiada de cardones, órganos, biznagas, ortigas y mezquites. Es la planta que bajo el nombre de Sistemas de Desarrollo Sustentable, SA de CV, en 133 hectáreas del ejido Cuauhtémoc, construyó el consorcio Abengoa para confinar 4 mil toneladas diarias de desechos peligrosos durante 30 años. Galerones de ladrillo rojo recubierto de barniz, estructuras forradas con policarbonato como si fuesen invernaderos, pequeñas bardas de piedra y una extensa cavidad para 392 mil 988 metros cúbicos de residuos. Al frente del complejo, permanece impecable el equipo para la separación de polietielentereftalatos (conocidos como pet), que se usó como mascarada “para intentar convencernos que lo que aquí se haría sería reciclar basura y contribuir a la limpieza del planeta”, recuerda José María Lozano, presidente municipal de Zimapán.

Se trata de uno de los negocios más lucrativos para el consorcio español vinculado con la corona española, pues los lixiviados, además de ser altamente peligrosos, son letales para el medio ambiente, de manera que ningún gobierno los quiere en su territorio, por lo que pagan bien a quien admita confinarlos, claro, muy lejos de casa. La elección que se hizo del sitio no fue tampoco causal. Literalmente, en un mapa de México, los españoles apuntaron Zimapán por su ubicación en un área estratégica: cerca del Distrito Federal y con caminos directos hasta la frontera con Estados Unidos y hacia el Golfo de México, pues la mayoría de los desechos vendrían del extranjero. Abengoa ejecutó su proyecto a través de sus filiales Befesa y Compañía Española de Financiación del Desarrollo (Cofides), ambas de la división de negocios medioambientales y de limpieza industrial. En Europa, las dos se dedican al reciclaje y a la producción de energía verde, es decir son la “cara limpia” del consorcio. A México, traerían lo sucio, los desechos contaminados. El año pasado, el proyecto fue clausurado. En respuesta, la trasnacional llevó a México ante un tribunal del Banco Mundial. El juicio contra México En la 1818 street, de Washington, sede del Centro Internacional de Arreglo de Diferendos Relativos a Inversiones (Ciadi), se litiga uno de los juicios más caros contra México en el marco de los acuerdos comerciales internacionales, el número ARBAF/09/2, promovido por Abengoa y Cofides por la cancelación del permiso para operar el confinamiento tóxico en este municipio. El 22 de septiembre de 2009, Abengoa presentó en el Ciadi la demanda arbitral contra México. Días después, las secretarías de Gobernación y de Economía fueron notificadas por el Tribunal del Banco Mundial, y el 11 de diciembre entró el litigio del caso número 117. Ocho meses después, el 16 de agosto de 2010, se designó al jurado: Alexis Mourre, de Francia, como presidente; Juan Fernández-Armesto, de España, como árbitro designado por el demandante, y Eduardo T Siqueiros, de México, como árbitro designado por el demandado. Abengoa acusa a México de incumplir el Acuerdo para la Promoción y Protección Recíproca de Inversiones entre México y el Reino de España. Demanda 96 millones de dólares, unos 1 mil 216 millones de pesos, más intereses desde que el proyecto debió comenzar a operar (en 2007), hasta que concluya el litigio. Según el procedimiento arbitral del Ciadi, podría tardar unos cinco años, de manera que le tocaría al sucesor de Felipe Calderón asumir sus costos. El Acuerdo al que alude Abengoa fue signado por el Estado mexicano y ratificado por el Senado de la República en diciembre de 1996, considerando las garantías que debía dar el gobierno mexicano a los inversionistas españoles. En octubre de 2006, el gobierno de Vicente Fox modificó el Acuerdo para que los españoles tengan la opción de demandar a México en tribunales internacionales, particularmente el Ciadi, como los consorcios estadunidenses y canadienses, al amparo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Abengoa expone como argumentos en contra del Estado mexicano las protestas ciudadanas que llevaron a la revocación de la licencia municipal de funcionamiento y de un supuesto desvío de recursos públicos para impedir la operación del confinamiento.

Pero omite las irregulares condiciones en agravio de los zimapenses en las que les entregaron los permisos la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, acreditadas por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en su Recomendación 68/2009. Pese a la suspensión total de operación de la planta, Abengoa ha hecho recientes modificaciones a la infraestructura, amén de las constantes visitas a la planta de altos directivos del consorcio, explica un guardia de seguridad que vigila y fotografía a quienes transitan por la zona. También siguen vigentes los permisos otorgados por la Comisión Nacional del Agua, que en octubre de 2010 entregó una concesión indefinida para obtener derechos de uso de agua. La Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio observa que el juicio ante el Ciadi podría ser parte de la estrategia del grupo Abengoa como medida de presión para obtener las licencias de operación. El argumento suena lógico al considerar que la compañía no impugnó en tribunales la cancelación de los permisos, en cambio se trasladó directamente al Ciadi. La estrategia ha sido utilizada por Exxon Mobil contra Venezuela, por la nacionalización de la región petrolera en la Franja del Orinoco. Autorizaciones, en duda La licencia federal a Abengoa la otorgó la Semarnat el 11 de noviembre de 2004, bajo el nombre de Sistemas de Desarrollo Sustentable, SA de CV, para manejar residuos peligrosos durante 50 años. Pero la planta se construyó sin notificar a los habitantes de Zimapán, pese al impacto que tendría en el municipio que ocupa el segundo lugar en niveles de polución en el mundo, sólo por debajo de Bangladesh, donde la gente se envenena al beber agua potable contaminada con altísimos niveles de arsénico, de acuerdo con un estudio publicado por la Revista internacional de contaminación ambiental (volumen 24, número 2, 2008), la cual reúne a los más destacados científicos en medio ambiente del mundo. En esta tierra hidalguense envenenada de arsénico y plomo de los jales mineros, a sólo 6 kilómetros del Río Moctezuma (que conecta hacia el Norte con los cuerpos de agua de la Huasteca Potosina y al Sur, con el Río Tula), Abengoa levantó la planta a sólo 500 metros de una de las 18 comunidades hñahñü, que representan el 20 por ciento de la población; junto a los cuerpos de agua cavaron largo y hondo, colocando sólo una ligera geomembrana para separar los desechos. A pesar de que la Semarnat entregó la concesión, Abengoa construyó la planta de manera ilegal, pues carecía de licencia y autorización municipales. La Ley General de Equilibro Ecológico y Protección al Ambiente, en su artículo 33, indica que la autorización que expida la Semarnat “no obligará en forma alguna a las autoridades locales para expedir las autorizaciones que les corresponda en el ámbito de sus respectivas competencias”. Cuando la gente de Zimapán descubrió que los tours que Abengoa organizaba a la planta no eran para mostrarles cómo se separaría el pet, sino un truco para ocultar que se enterrarían residuos peligrosos, se organizaron para exigir la cancelación del proyecto. El justificado temor de los lugareños se basó en que el cáncer y las enfermedades relacionadas con la contaminación son los principales males en la zona.

Hasta agosto de 2008, cuando arreciaba el conflicto, Abengoa solicitó al ayuntamiento la autorización que debió tramitar cuatro años atrás, aprobada por el alcalde Eusebio Aguilar –el 6 de octubre– de manera unilateral, sin someterlo a consideración del cabildo. Al gobierno federal y al consorcio les urgía que operara la planta, porque Petróleos Mexicanos le había contratado el confinamiento de los desechos tóxicos y peligrosos que se sacarían de la exrefinería Azcapotzalco, para que, en el marco de los festejos del bicentenario, Felipe Calderón la inaugurara como parque ecológico. Los permisos que el alcalde Aguilar otorgó a Abengoa eran ilegales, pues sólo el cabildo pudo haberlos aprobado, y aun cuando el gobierno federal tenía conocimiento de ello, en los primeros meses de 2009 se sacaron contenedores atiborrados de los desechos de Azcapotzalco y se trajeron a Zimapán. La tarde del 7 de abril de 2009, los lugareños fueron sorprendidos por el arribo de camiones que anunciaban su paso con su destartalado vaivén de contenedores oxidados y el rechinido de las desgastadas llantas tallando el pavimento por la pesada carga, fuertemente custodiados por comandos de la Policía Federal. Sigilosamente, sepultaron hasta el último legado tóxico de la refinería, identificada como la más contaminante de México. Eran 300 toneladas de residuos peligrosos, dice el alcalde José María Lozano, enterradas junto a uno de los cuerpos de agua en los límites de Querétaro, a sólo 2 kilómetros del Río Moctezuma, que confluye con el Pánuco y desemboca en el Golfo de México. A pesar de ello, el 7 de noviembre pasado, Felipe Calderón inauguró en Azcapotzalco el Parque Bicentenario, obra que, irónicamente, calificó como “una proeza del rescate ecológico” y “símbolo de nuestro compromiso con el medio ambiente”. Por órdenes presidenciales, la Policía Federal ocupó Zimapán durante más de un año; retenes y sobrevuelos resguardaron la planta de Abengoa e intentaron desarticular el movimiento ciudadano. La lucha se prolongó más de tres años e implicó la represión gubernamental contra todo el pueblo, así como movilizaciones de organizaciones nacionales e internacionales en apoyo a los lugareños. El 10 de marzo de 2010, la nueva administración en el ayuntamiento, encabezada por José María Lozano, declaró la nulidad de las autorizaciones emitidas por Eusebio Aguilar. Presentaron también demandas contra Abengoa para que retirara los desechos confinados. Sin embargo, los directivos de la empresa no parecieron dispuestos a respetar la autonomía que el artículo 115 de la Constitución da a los municipios para este tipo de licencias y autorizaciones. No era la primera vez que un proyecto de Abengoa desata tal animadversión. En 2000, en sociedad con Bechtel, bajo el nombre de Aguas del Tunari, intentó privatizar el agua de Cochabamba, Bolivia, lo que generó el conflicto conocido como “la guerra del agua” o, como le llama el presidente Evo Morales, “la primera rebelión del siglo XXI”, que sacó a las calles a miles de bolivianos para defender el suministro del vital líquido. Aguas del Tunari (cuyo capital accionario es 55 por ciento de Bechtel, 25 por ciento de Abengoa y 20 por ciento de empresas bolivianas) decidió también acudir al Ciadi (juicio ARB/02/3).

Abengoa, bajo protección En noviembre pasado, las secretarías de Gobernación y Economía informaron al alcalde José María Lozano que debía coadyuvar en la defensa del Estado mexicano en el juicio de Abengoa. Por estos días, el cabildo y su alcalde clasificaron de nuevo estudios de impacto ambiental de expertos de varios países, España incluido; las consideraciones de la Corte Internacional del Medio Ambiente, de científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México y de Greenpeace. Con los planos geológicos que demuestran que el confinamiento impactaría de manera directa 14 manantiales de aguas termales y diversas comunidades indígenas (Xajhá, la más cercana), entre muchísimas otras pruebas, “demostraremos que el pueblo de Zimapán tuvo razón al oponerse al confinamiento”, asegura Lozano, quien, sin experiencia en política, encabezó el movimiento de defensa de Zimapán y fue electo alcalde con la mayor participación electoral en la historia del municipio. En entrevista, el alcalde comparte a Contralínea pasajes que develan cómo Felipe Calderón puso todo su gobierno a los pies de Abengoa: “Nosotros siempre pedimos ser escuchados, buscamos que el gobierno oyera a sus ciudadanos y que los tres niveles de gobierno analizaran y vieran que la gente se merecía una oportunidad de vida, y que al permitir el confinamiento, era condenar a un pueblo a que tuviera problemas. Todos decían que la empresa promovería empleo y progreso en Zimapán, pero en realidad sólo se contrataría a 20 personas. “Las autoridades de la Semarnat y de Profepa nos insistían en que actuábamos mal, que no permitíamos el desarrollo para Zimapán; que si entraba el confinamiento, la empresa nos beneficiaría. Yo les planteé que la gente se muere por enfermedades relacionadas con la contaminación, que muere de cáncer en sus comunidades porque no hay una ambulancia que los saque a un hospital; que si la empresa nos ayudaría a eso. Me contestaron ‘no, no, no, de ninguna manera. La empresa te apoyará cuando haya un torneo por ejemplo, o a organizar un evento deportivo’. Con ello, me dejaron claro de qué lado estaban.” Ha habido intervención telefónica, espionaje, amenazas de muerte y la advertencia de que “o dejábamos las cosas como estaban o nos iba a ir mal. La gente del subsecretario de Gobernación Abraham González nos decía ‘¡tú vas a pagar 35 millones de dólares que quiere la empresa?”’. Lozano acusa a Abengoa de pagar manifestaciones, inserciones y notas de prensa en su contra, aunque, dice, les resultó contraproducente: “Ellos pagaron la difusión que nosotros no podíamos pagar, ellos colocaron el asunto de Zimapán a nivel mundial, en medios de todas partes, y gracias a ello, tuvimos respuesta de ambientalistas de todo el mundo”. En septiembre de 2010, funcionarios de la Semarnat, entre ellos el secretario Juan Rafael Elvira Quesada, ventilaron en la prensa que el ayuntamiento de Zimapán debía pagar “cualquier costo” de la demanda de Befesa. “Si un cabildo determina retirar el permiso en Zimapán, ellos tendrán que ser parte del pago que se haga si este caso entra bajo un fuero internacional… Millones de dólares, quizás, o decenas de millones de dólares”. Parecía que quien hablaba era un representante de Abengoa y no las autoridades medioambientales.

Los senadores Carlos Sotelo García y Rosalinda López Hernández encontraron en las declaraciones de Elvira Quesada una “precondena” al municipio de Zimapán, ya que “otorgan a la empresa Desarrollo Sustentable un reconocimiento de derechos que no tiene, y sobre todo generan un ambiente de presunta responsabilidad a cargo del municipio, que no es congruente con la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente que se sustentan en la autonomía municipal”, cita un Punto de Acuerdo promovido por los legisladores para exigir rendición de cuentas a Quesada. La declaración se enmarca en lo que Chema Lozano define como la protección de las autoridades federales a favor del consorcio, pues las demandas ante tribunales arbitrales internacionales son contra el Estado y es el Ejecutivo federal el que, según los acuerdos comerciales, debe hacer frente a ellos. El dinero que se paga como supuesta indemnización, los intereses, gastos y costas del juicio se costean con recursos federales canalizados por la Secretaría de Economía. Bajo los mismos razonamientos de defensa del proyecto de Abengoa, la Semarnat y la Profepa rechazaron la Recomendación 68/2009 que emitió la CNDH por transgredir, entre otros, el derecho de las personas a un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar, e incumplir su obligación de regular el uso apropiado de la explotación de los recursos naturales y la preservación del equilibrio ecológico. En una posición que rayó en los excesos de la discrecionalidad, decidieron incluso clasificar como confidencial el oficio número 01/938, mediante el cual notificaron a la CNDH su rechazo a la recomendación. El argumento de confidencialidad se declaró improcedente por los comisionados encargados de revisar el recurso de impugnación 3856/10.

Bajo la lupa internacional Organizaciones no gubernamentales vinculadas a este tipo de litigios internacionales observan la falta de democracia e independencia con la que se conduce el Ciadi, privilegiando los intereses corporativos de las trasnacionales por encima del bien común, supuesto bajo el que se ubica este caso, en el cual el pueblo de Zimapán ejerció su derecho a rechazar el proyecto que afectaría su entorno ambiental. El doctor Alejandro Villamar, de la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio ?quizá el mexicano que ha seguido más de cerca los litigios en el Ciadi? observa que dicho tribunal “actúa bajo mecanismos poco transparentes y casi secretos”. En el caso de Abengoa contra México, no todo será miel sobre hojuelas para el consorcio. A nivel internacional, se plantea ya la posibilidad de iniciar una campaña mundial para exigir a la trasnacional española dejar el litigio. Hay casos similares, como la campaña –actualmente en marcha? contra la minera canadiense Black Fire Exploration, que acudió al Ciadi para exigir a México el pago de 800 millones de dólares por la clausura de su mina de barita en Chicomuselo, Chiapas. En este caso, organizaciones como la Common Frontiers, Sierra Club de Canadá, la United Steel Workers, entre otras, con fuerte influencia en el Congreso de esa nación, exigen al consorcio que se desista de su demanda, pues el cierre de la mina respondió al bien común del pueblo de Chicomuselo, ante el impacto medioambiental que provocaba.

Pronunciamientos similares los ha enfrentado Abengoa por 210 organizaciones de 30 países que en 2005 iniciaron una campaña en la que demandaban que abandonara “la guerra del agua” en Bolivia. Como parte de la campaña, la prestigiada ATTAC (fundada por el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, en 1998) y otras organizaciones enviaron cartas a los altos directivos de Abengoa, en España, exigiéndoles que se desistieran del juicio contra Bolivia –en el que demandaban una indemnización de 25 millones de dólares– porque “el agua no es una mercancía”, y que, además, la valorización de la indemnización estimada por Abengoa y su socia Bechtel no guardaba relación con la inversión real que hicieron en el país suramericano. En el caso de Zimapán, la indemnización que pretende Abengoa significa 18 años del presupuesto del ayuntamiento, que recibe 70 millones de pesos anuales. Aunque es el más grande en extensión territorial, es también el más pobre. Sólo por la energía eléctrica para traer el agua del vecino municipio de Tasquillo, para que los zimapenses no usen la de sus pozos contaminada con arsénico y plomo, se paga 1 millón de pesos mensuales. Ni los directivos de Abengoa ni las autoridades federales aceptaron la entrevista solicitada por Contralínea para hablar sobre el juicio que Abengoa sigue en Washington contra el Estado mexicano. En la Secretaría de Economía, se preguntó sobre la estrategia de defensa que el secretario Bruno Ferrari lleva en este caso; tampoco hubo respuesta. Fuente: Contralínea 223 / 06 de marzo de 2011

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