POR UN ACUERDO PARA REFUNDAR LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS

Nicolás Lynch César Germaná Colectivo docente “Todos somos Juana Huamán” Sinesio López

ÍNDICE

Nicolás Lynch Recuperar la vida académica y el liderazgo intelectual en la Facultad de Ciencias Sociales César Germaná Por una reforma intelectual y moral de la Facultad de Ciencias Sociales Colectivo docente “Todos somos Juana Huamán” Por la refundación de San Marcos y las Ciencias Sociales Facultad de Ciencias Sociales Universidad Nacional Mayor de San Marcos Ciudad Universitaria Abril, 2013 Sinesio López Acción universitaria para refundar San Marcos

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RECUPERAR LA VIDA ACADÉMICA Y EL LIDERAZGO INTELECTUAL EN LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Nicolás Lynch

Nuestra Facultad de Ciencias Sociales de nuestra querida Universidad de San Marcos languidece. El propósito fundamental de su existencia: la producción de conocimientos y la formación de profesionales e investigadores en el campo de nuestra especialidad, le es negado por la realidad actual. Domina la mediocridad y el clientelismo que ha atenazado la vida académica y los procedimientos democráticos para que ella sea posible. Por ser una Facultad emblemática de la más importante universidad pública del Perú nuestra responsabilidad es doble. No solo con la comunidad de Ciencias Sociales y la comunidad universitaria en general, sino con el país que financia nuestra actividad y permite que exista una universidad gratuita para que las mayorías accedan a ella como condición indispensable para el ejercicio científico desinteresado. La mediocridad y el clientelismo, sin embargo, han llevado a que no haya sido posible en los últimos cuatro años elegir autoridades de acuerdo con los procedimientos que señala la legislación vigente. Hay quien prefiere el goce temporal de alguna pequeña ventaja producto de relaciones personales o de grupo a la institucionalización de la Facultad. Esta situación debe terminar porque ofende moralmente, impide retomar la vida académica y nos lleva a una postración que ya nos ha colocado como los parientes pobres de las ciencias
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sociales en el Perú. Los inmediatos perjudicados son varias generaciones de estudiantes de las diversas especialidades, que luego de llevar algunos cursos pierden el interés y abandonan o semi abandonan la Facultad, lo que se muestra fácilmente en los altos índices de ausentismo a las clases. Más allá de las buenas intenciones de algunos colegas, esto no se arregla con jornadas curriculares y procesos de acreditación, que pueden ayudar pero no solucionar las cosas, sino con retomar la legalidad democrática que nos permita tener autoridades elegidas y respetadas por todos. La tarea de recuperación de la Facultad no será, sin embargo, de un grupo de colegas y sus simpatizantes estudiantiles, de ninguna manera. La tarea de recuperación debe ser tarea de todos, debe ser transversal a grupos y especialidades, permitiendo que cada estamento mantenga su autonomía y haga sus planteamientos para alcanzar un propósito común que supere las pequeñas historias y las antiguas rivalidades. De esta forma, podremos recuperar la vida académica y volver a formar profesionales respetados por la colectividad que desarrollen una agenda de investigación pertinente para el desarrollo del país y tener, nuevamente, una voz en el debate público que hoy está tan afónica que nadie la escucha. Si estas líneas y las del Colectivo docente “Todos somos Juana Huamán” y de los dos connotados maestros que siguen convocan a un debate y desatan una voluntad renovada en la Facultad de Ciencias Sociales habremos cumplido largamente con nuestro propósito.

POR UNA REFORMA INTELECTUAL Y MORAL DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES César Germaná

Ciudad Universitaria de San Marcos 11 de marzo de 2013

Un conjunto de docentes con trayectorias intelectuales y políticas diferentes pero unidos por la imperiosa necesidad de lograr una Facultad de Ciencias Sociales de calidad en una Universidad Pública, hemos constituido un espacio de análisis y debate sobre la situación actual de nuestra Facultad y sobre la ineludible necesidad de su renovación. Para lograr este objetivo, invitamos a todos los profesores, estudiantes y trabajadores administrativos a comprometerse con esta tarea orientada al establecimiento de una nueva Facultad de Ciencias Sociales. 1. Para resumir la situación actual de la Facultad de Ciencias Sociales, podemos utilizar la propuesta de análisis del científico social portugués Boaventura de Sousa Santos, alrededor de tres crisis que afectan a la vida universitaria. En primer lugar, la crisis de hegemonía que implica la idea de que nuestra Facultad no es considerada como la institución más representativa en nuestro país en la producción y transmisión del conocimiento sobre la vida social de los seres humanos. En segundo lugar, la crisis de legitimidad, en la medida que ha ido dejando de ser una institución que tenga el consenso de la comunidad para expresar sus necesidades e intereses. En tercer lugar, una crisis institucional por la creciente y caótica conducción académica, administrativa y de gobierno por la arbitraria —al no estar respaldada por ninguna norma legal— designación de las autoridades de la Facultad.

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2. En estas condiciones, ¿qué hacer para salir de la crisis? Creemos que es necesaria una reforma intelectual y moral de la Facultad. Solamente así seremos capaces de superar las tres crisis que nos agobian. Se trata de una reforma intelectual que haga posible que el quehacer académico sea renovado, por un lado, por las nuevas ciencias, las ciencias de la complejidad, que han revolucionado el trabajo científico en las diferentes áreas del conocimiento; y, por otro lado, con la incorporación de los saberes de los pueblos indígenas y afrodescendientes que han sido secularmente marginados y subalternizados. Además, es necesaria una reforma moral que elimine las nefastas formas del clientelismo y de corrupción que se han ido acentuando y que el gobierno de la Facultad sea efectivamente democrático; esto es, que responda a los intereses del conjunto de comunidad de ciencias sociales y no de una minoría que se perpetúa en el poder. 3. Podremos superar la crisis de hegemonía cuando la Facultad se convierta en la institución más avanzada en la producción de conocimientos sobre la sociedad peruana. Para lograr este objetivo será necesario incorporar en el quehacer académico lo más avanzado de la revolución científica-tecnológica que estamos viviendo en la actualidad; así como los conocimientos tradicionales que han hecho posible la supervivencia de amplios sectores de la población. Este diálogo de saberes le dará la característica distintiva a nuestra Facultad. 4. Podremos superar la crisis de legitimidad cuando la Facultad sea capaz de incorporar a sectores de la población que han sido excluidos (pueblos indígenas y afrodescendientes); cuando contribuya a la profundización de la democracia, a la lucha contra la degradación ambiental y a la defensa de la diversidad biológica y cultural. Así la Facultad será reconocida por su apoyo a los grupos excluidos y subalternizados. 5. Podremos superar la crisis institucional trabajando para cuestionar la perspectiva autoritaria y antiestatutaria en el gobierno de la Facultad. Es necesario lograr una mayor democracia en la Facultad que signifique una mayor participación en la toma de decisiones de profesores, estudiantes y trabajadores no docentes. 6. Necesitamos trabajar juntos para lograr objetivos in8

mediatos que nos permitan avanzar en la reforma intelectual y moral de nuestra Facultad, en la perspectiva de constituirnos en una institución pública de calidad. Queremos luchar para que la Facultad de Ciencias Sociales se convierta en una institución líder en el país y en América Latina cuando se produzca el bicentenario de la Independencia. Ambicionamos una Facultad con el más alto nivel de desarrollo científico y humanístico; pero profundamente democrática. Para aproximarnos a la Facultad que queremos, una Nueva Facultad de Ciencias Sociales, buscamos emprender una larga lucha para lograr hacer realidad las siguientes propuestas: —La reforma académica, tanto en la enseñanza como en la investigación. —La reforma del marco legal que garantice la autonomía y la democracia en la Facultad; el respeto a la libertad de pensamiento y de enseñanza, sin ninguna subordinación ni al poder económico, ni al poder político. —La reforma de la relación entre la Facultad y la sociedad, donde se privilegie la calidad del trabajo universitario para satisfacer las demandas del Estado, del mercado y del Tercer Sector (movimientos sociales, organizaciones populares, ONG). —La reforma de la gestión administrativa para hacerla eficiente y transparente. —La reforma de los mecanismos de la cooperación nacional e internacional para acrecentar tanto nuestra vinculación con las redes de producción científica y humanística, como para apoyar al conjunto de la educación nacional.

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POR LA REFUNDACIÓN DE SAN MARCOS Y LAS CIENCIAS SOCIALES Colectivo docente “Todos somos Juana Huamán”
“La política es un lento y esforzado pulir de duras maderas, hecho de una combinación de pasión y buen juicio. Es por cierto, enteramente correcto, y un hecho confirmado por la experiencia histórica, que lo que es posible nunca hubiera sido logrado si, en este mundo, la gente no hubiera intentado repetidamente lo imposible”. Max Weber, La política como vocación

Los profundos desafíos del mundo contemporáneo exigen a los intelectuales y académicos la necesidad de hilvanar nuevos horizontes de futuro que propongan alternativas históricas al capitalismo neoliberal. Aun cuando este horizonte sea todavía incipiente, debería estar articulado a un nuevo sentido de conocimiento cuya racionalidad básica supere el arraigado eurocentrismo que hasta ahora ha prevalecido en el pensamiento social moderno. Asumimos que la disputa por la construcción de ese otro horizonte será una tarea ardua, aunque urgente en los próximos años. En particular, desde la universidad pública ya que está directamente ligada a los procesos de producción de saber y conocimiento. Pero también creemos necesario asumir el desafío de producir una episteme que supere el eurocentrismo y la separación de las dos culturas científicas (la natural y la humana), y promueva nuevos sistemas conceptuales que esbocen una nueva relación con la naturaleza, y liberados, a su vez, de toda huella de racismo, sexismo y evolucionismo. Necesitamos aportar con urgencia a la producción de saberes sociales que planteen preguntas realmente significativas y estratégicas, y que comprendan los dilemas del nuevo paisaje contemporáneo. Por tanto, estamos convencidos de la necesidad de construir unas Ciencias Sociales emancipadoras. Esto es, generar conocimiento científico colectivo relevante cuyo
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propósito moral sea desafiar las diferentes formas de poder, desigualdad, exclusión, jerarquización y opresión humana y crear las condiciones para fomentar experiencias de vida e instituciones más justas, igualitarias, democráticas y plurales. Para llegar a tales objetivos consideramos que se nos presentan cuatro tareas centrales: 1. La elaboración de diagnósticos críticos de la sociedad que nos expliquen cómo las relaciones de dominación, poder y desigualdad son producidas por instituciones y estructuras sociales específicas. 2. Imaginar alternativas realistas y factibles que nos permitan diseñar los escenarios de un futuro posible, ya que de ellas depende proponer estrategias coherentes que tengan el potencial de movilizar las fuerzas sociales necesarias que apoyen el cambio social. 3. Desarrollar una teoría de la transformación histórica que haga inteligible a los agentes y movimientos sociales, las perspectivas, estrategias y acciones colectivas del cambio social. 4. Producir herramientas metodológicas que permitan el análisis concreto de la sociedad, desde las cuales se comprendan y expliquen las racionalidades de las prácticas y saberes emergentes, y que de este modo vinculen el conocimiento universitario con las necesidades y aspiraciones de los sectores excluidos y subalternizados. Estos aspectos suponen, no obstante, que la universidad debería transformarse en una institución abierta al diálogo de saberes y a involucrarse sustancialmente en un proceso de producción de conocimientos de carácter intercultural. Pese a estas urgencias, ni uno de estos desafíos ha sido asumido en nuestra Facultad de Ciencias Sociales. Muy por el contrario, la actual y anterior gestión de la Facultad y la universidad la han conducido a un callejón sin salida. Esta coalición de intereses subalternos ha convertido a San Marcos en una universidad encerrada en sus pugnas internas, enclaustrada en discursos anquilosados y en prácticas corruptas de poder. Pero, peor aún, han hecho de San Marcos una
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universidad desconectada de la sociedad, ya que no han sido capaces —ni les interesa— de proponer unas Ciencias Sociales para comprender los dilemas del país y sus destinos. En la actualidad, San Marcos es una universidad donde campea la arbitrariedad y, al contrario de su falso discurso —unas veces “revolucionario”, otras veces “técnico-pragmático”—, este grupo de poder solo promueve la perpetuación de la desigualdad educativa al no ofrecer a sus miles de estudiantes ni siquiera estándares mínimos de formación científica crítica y de calidad. Por su responsabilidad directa, San Marcos ha devenido en una universidad donde se reproducen brechas educativas insalvables en el marco del mundo global. En este escenario existe la necesidad de superar las tensiones y desencuentros actuales, e ir más allá de las disputas entre grupos y rivalidades personales, de asumir una mirada más amplia desde una perspectiva institucional acorde con las necesidades reales y retos que nos impone el país de hoy. Proponemos por ello como Colectivo docente “Todos somos Juana Huamán”, conformar una amplia coalición política y académica de todas y todos los docentes y estudiantes interesados en la construcción de un nuevo proyecto de Facultad de Ciencias Sociales, en el marco de una nueva visión de futuro de la universidad y de la sociedad. Partimos de la convicción de que en este proyecto nadie sobra. Por el contrario, los diversos aportes serán necesarios y urgentes. La magnitud de los retos y desafíos abiertos hoy para las universidades públicas en el marco de una sociedad posneoliberal, exige una perspectiva integral y de carácter estratégico, vinculada a la realidad de nuestro país. Lo que no debemos seguir permitiendo bajo ninguna circunstancia es que siga primando la disputa menuda, el aislamiento académico y el pragmatismo político sin perspectiva. Pensar un nuevo proyecto de Facultad de Ciencias Sociales requiere partir de la preocupación seria, rigurosa y sistemática por lo académico. Significa asumir el reto de priorizar la investigación y la producción científica, el trabajo inter y transdisciplinario, donde la especialización se organice por problemas y temáticas y no por campos disciplinarios arbitrariamente definidos. También exige animar el debate y
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la reflexión entre diversas corrientes de pensamiento, abrir la universidad a los actores democráticos de la sociedad y debatir con ellos nuevas lecturas y sentidos de la realidad; pero también nuevas propuestas para resolver los problemas que supone construir una sociedad democrática y plural en el siglo xxi. En este escenario como Colectivo Docente “Todos Somos Juana Huamán” planteamos reconstruir un rumbo y un futuro diferente para la Facultad de Ciencias Sociales y la Universidad de San Marcos. Proponemos levantar colectivamente un programa de investigación y una agenda concreta de reinserción de la Facultad de Ciencias Sociales en las discusiones académicas centrales del país y ubicarlas en las redes académicas nacionales e internacionales. Proponemos a docentes y estudiantes comprometidos con la institucionalidad y la calidad educativa buscar establecer una alianza académica y política para derrotar democráticamente a esta coalición corrupta que nos gobierna arbitrariamente. Esta alianza tendrá como objetivo central plantear una alternativa seria y coherente de desarrollo y apertura académica y crítica de San Marcos, que tenga como agenda central el cambio académico de la Facultad de Ciencias Sociales y la universidad. Invocamos a las y los docentes independientes y honestos, y al conjunto de estudiantes, que dejen atrás toda ambivalencia, tomen posiciones claras y se sumen a esta coalición. No nos dejemos sorprender por falsos radicalismos que solo buscan negociar nuevas cuotas de poder. Estamos seguros de que podemos y debemos derrotar a esta camarilla corrupta. No podemos seguir permitiendo esta terrible orfandad en la que actualmente estamos sumidos. Necesitamos comprometer a las Ciencias Sociales de San Marcos con la búsqueda de una sociedad más igualitaria, más democrática y más plural: utopía posible solo por la acción, la voluntad y el conocimiento de todas y todos nosotros como ciudadanos. Creemos que aún estamos a tiempo y que es posible construir otro horizonte de futuro y otro horizonte de conocimiento. Los distintos actores de la Facultad de Ciencias Sociales y la Universidad de San Marcos debemos comprometernos a ello.
Lima, abril de 2013
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ACCIÓN UNIVERSITARIA PARA REFUNDAR SAN MARCOS
Sinesio López

Las universidades constituyen un espacio elitista e institucionalizado de la educación superior en el que los diversos integrantes de las clases y estratos sociales que acceden a ellas disputan en el campo de la cultura la continuidad o el cambio de las sociedades que las albergan. En ellas se forman las élites de las diversas clases sociales que han logrado un cierto nivel de integración a la vida social. La historia de las universidades reproduce en el campo de la cultura especializada la historia de las élites que las integran. En un largo trecho de la historia republicana del Perú y América Latina (siglo xix y las tres primeras décadas del siglo xx) solo accedieron a las universidades las élites terratenientes y señoriales y los sectores sociales vinculados a ellas.
1. La Reforma universitaria: democratización y autonomía universitaria

Con la Reforma de Córdoba (1918) se incorporaron a las universidades las élites provenientes de la burguesía y de las clases medias. Los niveles y la dinámica de integración de estos sectores sociales dependieron de las relaciones de fuerza entre ellos y las oligarquías terratenientes. En los países (Perú y Argentina) donde hubo un cierto equilibrio entre la oligar14

quía y las clases medias y populares fracasó la inclusión o se produjo una inclusión agresiva; en donde la oligarquía fue más poderosa que las clase medias (Brasil, Chile, Uruguay y Colombia) la inclusión fue controlada y parcial; y en los países (Venezuela y México) en donde las clases medias y populares tuvieron más fuerza que las oligarquías la inclusión fue abierta y radical pues se incorporaron a la vida social las clases medias, los obreros y los campesinos. Los canales de inclusión fueron los partidos políticos y el Estado. En Chile y Brasil, las clases medias (y en menor medida las populares) fueron incorporadas a través de los aparatos del Estado; en Argentina y Perú, a través de los partidos populistas mesocráticos y populares; en Uruguay y Colombia, a través de los partidos tradicionales (Colorado y Blanco) y en Venezuela y México, a través de partidos populistas radicales. Según José Carlos Mariátegui, en la sociedad oligárquica “el objeto de las universidades parecía ser, principalmente, el de proveer de doctores o rábulas a la clase dominante. El incipiente desarrollo, el mísero radio de la instrucción pública, cerraban los grados superiores de la enseñanza a las clases pobres […] Las universidades, acaparadas intelectual y materialmente por una casta generalmente desprovista de impulso creador, no podían aspirar siquiera a una función más alta de formación y selección de capacidades. Su burocratización las conducía, de un modo fatal, al empobrecimiento espiritual y científico”. El movimiento estudiantil que impulsó la reforma de Córdoba, según Mariátegui, “señala el nacimiento de una nueva generación latinoamericana” que parece “hablar el mismo lenguaje” y que postula las mismas reivindicaciones democráticas de la reforma universitaria: la participación de los estudiantes en el gobierno de las universidades o el cogobierno, la implantación de la docencia libre y la asistencia libre, y la autonomía de la universidad, entendida como institución de los alumnos, profesores y diplomados. En el Perú, la primera reforma universitaria siguió un itinerario accidentado. Se apagó durante las dictaduras y emergió en los momentos democráticos. El movimiento de
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1919 tuvo una muy corta primavera. A principios del gobierno de Leguía fue reprimido cuando no convino a sus intereses reeleccionistas. El movimiento encabezado por el Dr. José Antonio Encinas, al regreso de su exilio europeo, tuvo también una vigencia corta (de 1931 hasta el cierre de San Marcos por Sánchez Cerro en 1932). Otro momento ocurrió entre 1946 y 1948, cuando se da el Estatuto Universitario y se elige rector de San Marcos a Luis Alberto Sánchez, pero con el golpe de Odría, San Marcos sufre una nueva clausura. Entre 1956 y 1968 y con la Ley 13417 San Marcos y el movimiento estudiantil sanmarquino tuvieron un respiro democrático más largo que les permitió organizarse y funcionar mejor. La oligarquía perdió gradualmente la dirección del movimiento estudiantil y de las luchas por la reforma universitaria luego de formar una coalición a mediados de los 50 con el APRA. Estas luchas pasaron a manos de la izquierda de orientación marxista. Aparecieron, asimismo, nuevas fuerzas populistas (Acción Popular, Democracia Cristiana, Social Progresista) que ocuparon el lugar del APRA en la lucha por las reformas antioligárquicas en el país y en el impulso tímido de un nuevo modelo de desarrollo y de acumulación basado en la ISI y en el papel activo del Estado. La oligarquía ganó el apoyo del APRA, pero perdió el respaldo de las fuerzas armadas y la iglesia que pasaron a sostener a las reformas populistas. Las incipientes élites empresariales y las nuevas clases medias de los 50 y los 60 no tuvieron los suficientes intereses diferenciados de la oligarquía. No tuvieron la fuerza social y política suficiente para formular y realizar un nuevo proyecto hegemónico nacional y democrático que acabara con la feudalidad e impulsara el desarrollo económico basado en la industria. Pero tampoco que organizara un Estado moderno con una burocracia weberiana e integrara a todas las clases sociales reconociendo la multiculturalidad del país. Ampliaron el acceso a la educación primaria y secundaria y aumentaron el gasto en educación (30 % del presupuesto), pero no impulsaron con energía la educación técnica que encausara las aspiraciones educativas de la población a nive16

les intermedios de formación técnica, y alentaron, más bien, una presión incontrolable sobre la educación universitaria.
2. La perversión de la reforma: masificación, mediocrización y anarquía

En los 60 se inicia la masificación de la educación universitaria. Crece la demanda por ingresar a San Marcos y surgen nuevas universidades estatales, en especial entre 1960 y 1990, pero el Estado, al mismo tiempo, las abandona a su suerte y recluta altos funcionarios públicos egresados de las universidades privadas donde se educan las clases medias y altas. Velasco, que llegó al gobierno para superar las incapacidades y traiciones de los anteriores partidos populistas y desarrollar un populismo tardío en el Perú, impulsó una reforma educativa para modernizar la enseñanza, acabar con el caos e imponer un orden autoritario a través de dos decretos leyes, el 17437 y el 19326, promulgados en 1969 y 1972 respectivamente, pero fracasó. La masificación y el abandono estatal de las universidades públicas generaron la mediocrización de la formación académica y profesional. Aquello incrementó, por el lado de la demanda, la dificultad para incorporarse al mercado de trabajo. Sobre la base de la masificación, la mediocrización y el abandono estatal, la autonomía universitaria se volvió autarquía y el cogobierno devino en anarquía creando un clima propicio para la frustración estudiantil y para la emergencia de ideologías de la desesperanza que culminan en el terrorismo. El movimiento estudiantil se diluyó y fragmentó, la calidad académica decayó, los operadores aparecieron en la escena, la corrupción se instaló en la universidad y las autoridades universitarias buscaron perpetuarse en el poder a través de métodos clientelares y mafiosos. Toda esta situación de descomposición de la universidad pública aumentó su desprestigio, la desvalorizó frente a la opinión pública y reforzó la voluntad de abandono por parte del Estado que, controlado por los poderes fácticos y por los intereses e ideologías neoliberales, alentó desde 1990
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en adelante la formación de universidades-empresa, la mayoría de ellas de baja calidad académica, para atender las demandas educativas de las nuevas clases medias emergentes y satisfacer la ambición de empresarios voraces que ven en la educación un negocio y una forma de enriquecimiento rápido. El Decreto Legislativo 882 de 1996 dio origen a las universidades con dueño y a la proliferación de universidades y sucursales por todo el territorio nacional, carentes de control alguno respecto del servicio que brindan. La formación de nuevas universidades-empresa incrementó la masificación y la mediocrización: en 1960 había 9 universidades y 30 247 estudiantes; en 2003, 81 universidades y 496 181 estudiantes, y hoy superan el centenar de universidades públicas, privadas y asociaciones civiles sin fines de lucro. Casi todas las universidades, sobre todas las privadas, venden cursos y títulos universitarios, pero no se interesan por la investigación ni el desarrollo de las ciencias básicas que, pese a sus limitaciones de financiamiento, reposan principalmente en algunas universidades nacionales y en las universidades que son asociaciones civiles sin fines de lucro. En la enseñanza de Biología, hay 13 universidades nacionales y 2 privadas; en la enseñanza de Física, 11 universidades nacionales y 2 privadas; en la de Química, 7 nacionales y 2 privadas y en las Matemáticas, igualmente 10 nacionales y 2 privadas. En el terreno de la investigación básica y aplicada, de las cinco universidades que tienen consideración internacional por su producción científica, tres son nacionales: la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Universidad Nacional Agraria y la Universidad Nacional de Ingeniería. Ni al Estado ni a las universidades-empresa les interesa promover la investigación, base del desarrollo económico, y las universidades nacionales que acceden al canon no tienen recursos humanos calificados para impulsarla, ni reciben los estímulos necesarios por las trabas que imponen los tecnócratas neoliberales del MEF mediante dispositivos legales estúpidos. El abandono de la universidad pública por parte del Estado, su masificación y su deterioro físico y moral someten a tratos inaceptables a profesores, estudiantes universitarios,
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trabajadores administrativos y no administrativos. Los sueldos de los profesores siguen siendo bajos debido al incumplimiento de la ley de nivelación, las condiciones de trabajo son deplorables (aulas en mal estado y sin los acondicionamientos técnicos necesarios, falta de oficinas de asesoría y de trabajo para los profesores a dedicación exclusiva, a tiempo completo y a medio tiempo), la carencia de una logística adecuada, la falta de bibliotecas y hemerotecas actualizadas atentan contra el buen desempeño de los profesores y el mejor rendimiento de los estudiantes. A todo ello se suma el enquistamiento en la gestión universitaria de autoridades incompetentes, mediocres y corruptas que buscan perpetuarse en el gobierno de las universidades por métodos clientelares y mafiosos.
3. Nuestra propuesta: calidad académica, transparencia y democracia

El espíritu de la Reforma de Córdoba sigue vivo, pero la situación y las condiciones han cambiado. Las universidades públicas han devenido, actualmente, en universidades populares. En ellas estudian los hijos de las clases trabajadoras, formales e informales, urbanas y rurales, limeñas y provincianas, mestizas y cholas. Eso es un gran desafío para los estudiantes y para los profesores que trabajamos en ellas. La misión es educar a las élites de primer nivel de las clases populares para que disputen, de igual a igual, a las élites de las clases medias y altas el protagonismo en los diversos campos del saber y de la vida nacional. Este reto exige a sus diversos estamentos desplegar todos los esfuerzos necesarios para transformarlas en universidades de calidad, donde se formen los profesionales de alto nivel y se produzcan mejores investigadores científicos que el desarrollo del país requiere. Exige, asimismo, impulsar un conjunto de reformas conducentes a la gran transformación de la universidad pública. Primero, queremos impulsar y realizar una profunda reforma académica. Tenemos que acabar con la mediocridad

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para instalar una universidad de calidad, tanto en la enseñanza como en la investigación y en la articulación con los intereses del país en un mundo globalizado. Una reforma académica que centre las actividades de las universidades en investigaciones articuladas con las necesidades nacionales y regionales del país. La profesionalización y la formación de posgrado partirán de la investigación. Las carreras profesionales, las maestrías y los doctorados se organizarán en torno al proceso de producción de conocimientos y no alrededor de la repetición mecánica y acrítica de conocimientos adquiridos en otras latitudes. Centrarse en la investigación debe significar también una reforma interna, que termine con la proliferación de carreras que no tienen ninguna relación con la demanda social, con las necesidades sociales ni con el desarrollo del país. Urge una red de universidades, tanto públicas como privadas, dedicadas prioritariamente a la investigación, para empezar a cubrir lo más pronto posible el abismo que nos separa de los países desarrollados en el proceso de producción de conocimientos. Segundo, defendemos la autonomía y la gestión democrática, transparente y eficiente de la universidad. Nos proponemos terminar con la actual pretensión de autarquía que condena a la universidad pública al aislamiento y a la mediocridad. Hay que acabar con el gobierno de las mafias y de los operadores. La pretensión de autarquía ha puesto a la institución universitaria de espaldas al país, llevándola a que se encierre en sus cuatro paredes y defina su futuro en función, en el mejor de los casos, de intereses corporativos de corto plazo. Terminar con la pretensión de autarquía no significa agredir la libertad de cátedra e investigación, tampoco vulnerar la necesaria autonomía de gobierno y de gestión de las universidades sino, por el contrario, lo que se busca es darle a la institución el contexto indispensable para que puedan desarrollar sus labores con la mayor libertad. Tercero, proponemos el cambio de la estructura del gobierno de las universidades públicas, cuya administración surge de la comunidad universitaria. Hay que acabar con en el asambleísmo que a la postre solo conduce a la ingobernabilidad, al reparto de prebendas y a la formación de clientelas
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universitarias. La seria confusión que hay en la actual normatividad entre gestión, deliberación y control, lleva a que parezca que los mismos órganos tuvieran las tres funciones. Es imposible que ello suceda en cualquier organización compleja y la universidad ciertamente lo es. Es urgente separar la función ejecutiva en las universidades que debe ser cumplida por los rectores y decanos con libertad para escoger a sus colaboradores, de la función deliberativa que debe estar en manos de consejos más amplios donde exista representación de profesores, estudiantes y graduados, manteniendo la proporción tradicional de dos tercios para los profesores y un tercio para los estudiantes, así como una representación supernumeraria para los graduados. Cuarto, exigimos un aumento sustantivo del financiamiento estatal para las universidades públicas con la finalidad de que puedan desempeñar sus actividades de docencia e investigación con eficiencia y calidad. La universidad nacional no puede seguir viviendo de las migajas que le da el Estado. Este aumento debe significar mejores sueldos para los profesores, más recursos para la investigación y la enseñanza, becas para los estudiantes más destacados, laboratorios bien equipados, aulas con multimedia, bibliotecas actualizadas, oficinas de trabajo para los profesores y una mejor infraestructura. Se debe promover también la generación de ingresos propios por parte de las universidades nacionales, pero ellas deben tener la libertad para gastar estos ingresos sin necesidad de entregárselos al Ministerio de Economía y Finanzas como sucede en la actualidad. Quinto, proponemos organizar un sistema universitario que articule los diversos tipos de universidades de las diferentes regiones del país para apoyarse mutuamente en el desempeño de sus funciones y para contribuir con eficacia al desarrollo del país. El sistema supone la existencia de una autoridad del conjunto que podría ser un Consejo Superior de Educación Universitaria, que cumpla las funciones de planificación, evaluación y control de las universidades. En este consejo debieran estar representados, además de los estamentos universitarios, la sociedad civil vía los colegios profesionales, los gremios laborales y empresariales, así como
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el gobierno de turno. Es absurdo que el gobierno no tenga participación en el nivel nacional de la gestión universitaria. No está por demás señalar que así ocurre en la mayoría de los países de América Latina. Sexto, exigimos limitar el excesivo número de universidades existentes. El país no puede seguir soportando el escándalo que significa que algunos políticos, incluso el Presidente de la República, se paseen por el país prometiendo universidades a cambio de votos. De igual manera, la educación universitaria tampoco puede quedar atada a la voracidad de empresarios inescrupulosos y evasores de impuestos. Proponemos una acreditación institucional de las casas de estudio que existen en la actualidad para que reparen sus deficiencias en un plazo perentorio y, en caso de que no sea así, se pueda eventualmente proceder al cierre de las mismas. Exigimos el cierre de inmediato de las llamadas filiales universitarias que se han convertido en un elemento pernicioso del actual caos existente. Séptimo, proponemos la creación de un sistema de control de calidad que tenga base en cada universidad pero que sea centralizado nacionalmente. Este sistema de control de calidad debe abarcar tanto a las universidades públicas como a las privadas, ya que el servicio educativo que brindan, más allá del origen de los recursos que disponen, es un servicio público. Sin embargo, en el caso de las universidades públicas el Consejo Superior de Educación Universitaria debe ser la última instancia de este sistema de control y la autoridad final en lo que respecta a la creación de universidades, creación o supresión de facultades, carreras profesionales y posgrados, nombramientos y ratificaciones de docentes.
4. Las coaliciones necesarias para la Refundación de San Marcos

coaliciones necesarias con otras fuerzas para lograrlo. En un primer momento, todo nuestro esfuerzo de reforma se va a concentrar en San Marcos como una especie de plan piloto. El enemigo que debemos derrotar son, por un lado, las fuerzas mafiosas, los operadores y sus aliados enquistados en el poder y, por otro, el terrorismo que se alimenta del caos y la mediocridad. Los profesores y los estudiantes tenemos que superar la fragmentación actual que nos anula como actores y organizarnos como fuerzas diferentes con nuestras propias reivindicaciones y plataformas para luego conformar una coalición vigorosa, capaz de derrotar a la mafia y al terrorismo. Como profesores apoyamos la organización de un movimiento estudiantil que, desde sus propias reivindicaciones, busque acabar con la mediocridad universitaria, las mafias y el terrorismo y que busque una reforma académica de calidad en la universidad pública.

La realización de nuestra propuesta de refundar San Marcos exige la conformación de los actores decididos y capaces de impulsar la gran transformación de San Marcos y de las universidades públicas, así como la organización de las
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