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Un paquete para pacatas

El mundo entero se ha especializado en criticar el estilo de vida americano, o como lo denominan los propios Yankees: el American Way of Life. Los latinos de todo el mundo nos ufanamos de sus modismos gélidos y de la confusión que les provoca el hecho de asimilar conceptos tales como “amigo” o “amante”. Claro esta que nosotros nos creemos los profetas del amor sabrosón, pues recitamos al pie de la letra los mandamientos del buen sexo y las fábulas de la pasión latina. La cosa es que los americanos no son tan tontos ni nosotros tan vivos. La historia nos demuestra que han sido los estadounidenses quienes nos han abierto los ojos en muchos temas que creíamos tener bien sabidos, y que por el contrario, resulto ser que desconocíamos en absoluto. En el año 1946, a meses de terminada la Segunda Guerra Mundial, un químico de la firma DuPont llamado Earl Tupper escribía otra página en el libro de los grandes “sueños americanos”. Había acabado de crear un recipiente de polietileno maravilloso que permitía la expulsión del aire interior, creando un vacío. Aquel virtuoso recipiente llegó a las manos de la vendedora Brownie Wise que, ni lerda ni perezosa, supo vislumbrar el negocio e ideo un sistema de venta piramidal a domicilio que convenció al propio Tupper. Años más tarde, las famosas reuniones de Tupperware, en las que las compradoras se convertían en activas vendedoras, funciono tan exitosamente, que luego el sistema fue adoptado por firmas de cosméticos como Avon y Mary Kay. El sueño que había comenzado con un par de reuniones hogareñas, terminó con un millonario Earl Tupper tirado al sol de Costa Rica, donde murió luciendo un fabuloso bronceado y una sonrisa en la comisura de sus labios en el año 1983. Un gran camino han recorrido aquellas vendedoras de tupperware, pues los tiempos han cambiado y las mujeres se han cansado de hornear panecillos y cuidar el jardín. Pero en este cambio generacional han sido nuevamente los americanos los que tomaron la iniciativa de convertir lo cotidiano en cinematográfico. Quizá sea una característica propia del Tío Sam la de hacernos creer que actos sencillos pueden resultar extraordinarios si se los publicita correctamente. Ejemplos claros de esta forma superlativa de ver y disfrutar la vida son suicidios Sana Asana – salud - sanación – curación – Bienestar físico, mental, emocional y espiritual

voladores como los de Thelma & Louise, o la manera particular que tenía Humphrey Bogart de encender un simple cigarrillo. Todo este bagage de película, lo suelen aplicar a sus concepción cotidiana de la vida, y la forma en que la sobrellevan. Las imágenes fílmicas acompañaron siempre las vanguardias culturales, los movimientos sociales y las marchas políticas en Estados Unidos, es por ello que hago referencia al tema y lo relaciono directamente con la liberación sexual de ese país. Desde las Pin Ups inmortalizadas por el dibujante Alberto Vargas desde las páginas de la revista Playboy, pasando por el hippismo californiano y las prácticas abortivas despenalizadas, Estados Unidos se ha hecho merecedor, aunque más no sea en lo que a sexo se refiere, a ser el hogar de la Estatua de la Libertad. Convocadas por su propia historia, y copiando el slogan de los cigarrillos Virginia Slim, las mujeres americanas recorrieron un largo camino y tiraron por la borda más de un tabú, decidiéndose a disfrutar los placeres esenciales de la vida, tomando como punto de partida el sexo puro y duro. Cambiaron los Tuppers y las reuniones de cosméticos por una maleta repleta de juguetes sexuales, lencería erótica y cremas aromáticas, dispuestas a brindar placer y a recibirlo gustosamente. Este fenómeno denominado “Tuppersex”, en clara reminiscencia a las viejas reuniones domésticas, se parece más a un aquelarre donde se susurran dudas que se resuelven con gritillos de asombro y fascinación entre las presentes. Las primeras reuniones tuvieron lugar hace cinco años aproximadamente en el sur de Estados Unidos y luego se extendieron hacia Europa y con posterioridad a Sudamérica. La empresa “Passion Parties” fue pionera en California con su lema: “Donde cada día puede ser San Valentín”. Desde Passion Parties seducen a las mujeres a organizar una “fiestita” para compartir con sus amigas diversión, emoción y un plus educativo que siempre incrementa experiencia teórica a la práctica. En España el mercado esta dominado por la tienda “La Maleta Roja”, que tiene su sede central en Barcelona, pero se maneja con una amplia red de vendedoras que operan en toda la península. Esta empresa cuenta con una página web, donde las visitantes pueden encontrar un sin fin de productos y servicios que se adapten a sus necesidades. En el sitio, se presentan diversas razones por la cuales vale la pena organizar una presentación Tuppersex. Una de estas es presentar el evento como la excusa ideal para reunir a todas tus amigas, pues es cierto que en este tren se suben las solteras, las casadas y las viudas. Sobrado está aclarar que el target de las separadas y divorciadas es el que suele colgarse de la locomotora a la hora de motivar este tipo de encuentros. A parte de asegurar diversión, las organizadoras le regalan a la anfitriona algunos productos y les ofrecen a las invitadas discreción total y toda la información requerida para asegurarse el placer final. Cabe aclarar un punto de relevancia trascendental: todas las interesadas pueden probar el producto antes de comprar. Imagínense si cada mujer pudiera hacer esto antes de aceptar la invitación a comer o tomar una copa, sería la panacea de las féminas. Las reuniones no duran más de tres horas, tiempo suficiente para presentar un Sana Asana – salud - sanación – curación – Bienestar físico, mental, emocional y espiritual

asesoramiento que lúdicamente se encamina a la venta de productos, pues en definitiva, el sexo se correlaciona con un negocio altamente lucrativo. En España, para organizar una reunión de este tipo, la dueña de casa debe asegurarle a la empresa que sus amigas gastarán un estimado de 35 euros per cápita, y en caso de no llegar al monto estipulado deberán desembolsar los gastos del desplazamiento de la promotora. El sexo ha sido siempre el gran negocio, así es que la palabra sexo es la que más veces se repite en la web, pero en lo que va del nuevo siglo se ha multiplicado el mercado y los interesados en él. Los juguetes para adultos, los videos eróticos caseros o las reuniones Tuppersex son moneda corriente, siendo pocos los que se asombran con un bosque lleno de travestis y muchos los que sienten cierta presión social por consumir sexualidad. “La Juguetería” es otra de las empresas pioneras en instalar una boutique erótica on line abocada íntegramente a la mujer. Posee una tienda en Madrid, otra en San Sebastián con un showroom y su propia Universidad del Sexo, donde especialistas brindan, dentro de un temario surtido, talleres sobre técnicas japonesas ancestrales. También comercializan adaptaciones eróticas de los tradicionales juegos de mesa de toda la vida, tal es el caso del Monoputy, que representa la versión sexual del Monopoly. En general las reglas son las mismas, pero la diferencia radica en que cada jugador debe comprar burdeles, casinos e intentar adquirir el mayor puntaje posible haciendo las veces de proxeneta. “El mercado de productos relacionados con el sexo se está extendiendo entre las parejas y se utiliza como una herramienta para romper la monotonía”, dijo Francisca Molero, directora del Instituto Clínico de Sexología de Barcelona, durante una declaración hecha al periódico La Vanguardia. Todas las organizadoras de este tipo de eventos concuerdan en remarcar como mayor ventaja el hecho de que, al no tener que enfrentarse con la exposición pública que depara un sex shop, las mujeres se sienten más relajadas y desinhibidas a la hora de adquirir productos eróticos. En la Argentina el boom de las reuniones Tuppersex ha comenzado a proliferarse de la mano de la diseñadora de ropa íntima Ana Ottone. Esta joven emprendedora de 31 años ha importado desde Europa la moda de los juguetes eróticos y las fiestas para mujeres sedientas de nuevas experiencias. “A los sexshop sólo entran varones. En el 2004 los estadounidenses y los europeos se dieron cuenta de esto y crearon la “Tienda Erótica”, un negocio para clientela femenina. Después idearon las reuniones “Tuppersex”, que acá rebautizaron como reuniones Tupper.”, declaró Ana a un periódico argentino. Bautizó a su empresa como “Sophie Jones”. Sophie por ser el nombre de su pequeña sobrina, y sentir representada en ella la dosis de ingenuidad que conlleva toda mujer. El apellido Jones es por el personaje principal de la serie americana “Sex and the City”. Allí el personaje que interpreta Sarah Jessica Parker es el de una redactora vanguardista llamada Samantha Jones, que desde su columna semanal presenta una mirada crítica sobre los hombres, marcándole sus fobias y defectos con temple de acero. El promedio de edad de las mujeres que acuden a las reuniones es de entre 35 y Sana Asana – salud - sanación – curación – Bienestar físico, mental, emocional y espiritual

45, aunque existe otro target de menor edad que acude a ella en ocasión de una despedida de soltera. “La más jóvenes son más prejuiciosas. Priorizan la cantidad a la calidad del sexo”, confiesa la diseñadora. El tema generacional en las mujeres es quizá, mucho más marcado que entre los hombres, pues el cambio alcanzado por la liberación sexual de las últimas décadas se refleja en las adolescentes. Aún así, son las mujeres adultas las que integran la fuerza de choque, y las que se han decidido a revalorizar sus atributos femeninos, reclamando sus derechos sociales y sexuales. “Sex and the City” no es el único paradigma que las mujeres tomaron como bandera de su acercamiento al desenfado y liberación sexual, pues en la TV sobran programas en los cuales la sexualidad de las mujeres toma un protagonismo especial. Desde hace varios años la sexóloga Alessandra María Rampolla ganó popularidad con su programa “Intimamente Alessandra”, que emitía la señal Cosmopolitan Televisión en el 2002. En Argentina fue conductora del ciclo “Alessandra, sólo sexo”, con el cual se terminó de posicionar como un referente sexual para la cultura local. Esta profesional nacida en San Juan de Puerto Rico, logró hablar sin temores sobre las prácticas sexuales. Con sólidos conocimientos en la materia y habiendo realizado una Maestría en Terapia Matrimonial y de Familia”, respondía ante la cámara a las preguntas que le hacían sus espectadores. Las reuniones Tuppersex han venido a despertar un hecho social que estaba latente entre nosotros y que se resguardaba bajo los tabúes morales. El prototipo de la ama de casa sumisa y dispuesta a tragarse con un par de aspirinas la infidelidad ha muerto, al igual que el inconciente colectivo de separar a la madre de nuestros hijos de la imagen de femme fatale. Ahora se puede tener todo en uno, y las fiestas Tuppersex puede que sean un buen augurio para los hombres, pues en definitiva si ellas gozan… gozamos todos. Este tipo de encuentros se realizan en hogares de familia, en horarios donde las madres disponen de tiempo y los niños con sus padres se encuentran en el ajetreo de sus obligaciones diarias. Allí, en ese espacio resguardado de los quehaceres domésticos, en un entorno relajado, se reúnen en grupos de 10 mujeres aproximadamente. Continua en http://sanaasana.com/index.php/De-Sana-Asana/Un-paquete-para-pacatas.html

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En general la anfitriona dispone el lugar para la ocasión, valiéndose de velas, un par de botellas de buen vino, algunos appetaizzers y algún disco de bossa nova que le regaló su marido para hacer sentir dichosa durante la última celebración de su aniversario de casada. “Las que hablan e ironizan sin para, no compran nada. Las calladitas, en cambio, me susurran: ¿Me das el vibrador doble?”, dice Ana Ottone. Tal vez, en este punto la relación que guardan mujeres y hombres se condice, pues es sabido que el prototipo del macho latino suele ser una puesta en escena para los amigos del bar, mientras que los callados pueden llegar a ser de lo más pervertido. Pero como en todo este asunto, las matemáticas no cuentan y todo se maneja en un campo subjetivo. Lo que esta claro es que la industria del placer se dispuso conquistar un campo que hasta el momento estaba virgen, el de las mujeres que se han cansado de esperar a su príncipe azul y el de las señoras de cuatro décadas que, cansadas de llorar, rayaron sus discos de Ricardo Arjona con un juguete erótico de punta fina. Artículo publicado por Agustín Seijas Bellini en su blog y reproducido aquí con el permiso del autor.

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