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estudio de la gentrificacion

I christopher alexander / sistemas que generan sistemas I maria alba sargatal / I david harvey / el derecho a la ciudad I michael sorkin / variaciones sobre un parque tematico

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sistemas que generan sistemas
chistopher alexander
[en 3 aspectos de matemática y diseño]

1 . dos líneas se ocultan en la palabra sistema: la idea un sistema como un todo y la idea de un sistema generador
La palabra sistema, como todas las palabras técnicas tomadas del lenguaje corriente, tiene varios sentidos y es imprecisa. Esta falta de precisión ene una palabra técnica parece a primera vista muy peligrosa; de hecho, ayuda en muchos casos. Aunque vagas, permiten la creación de nuevas ideas y permite también que esas ideas se amplíen en lugar de limitarlas por definiciones precisas y prematuras. La palabra “sistema” es una de ésas. Aún mantiene ocultos muchos sentidos. De esos sentidos posibles se destacan dos: la idea de un sistema como un todo y la idea de un sistema generador. Esos dos aspectos aunque aparentemente similares, son lógicamente muy distintos. En el primer caso, la palabra “sistema” se refiere al aspecto particular holístico de una única cosa. En el segundo. La palabra “sistea” no se refiere en absoluto a una sola cosa, sino a un conjunto de partes y leyes combinatorias en grado de generar muchas cosas.

2 . un sistema entendido como un todo no es un objeto sino una manera de ver un objeto. Reside en un fenómeno
holístico que solo puede ser entendido como producto de la interaccion entre las partes. Observemos algunos ejemplos de fenómenos holísticos que deben ser considerados como sistemas. La crisis económica de 1929 es un ejemplo típico de fenómeno holístico. No podemos entender la crisis económica sino como resultado de la interacción entre niveles de consumo, inversiones de capital y ahorros: las interacciones pueden ser representadas por ecuaciones. Si seguimos esas ecuaciones hasta el final, comprobamos que, en algunos casos, conducen siempre a la crisis. La estabilidad de la llama de una vela es otro ejemplo de fenómeno holístico. ¿porqué conserva aproximadamente el mismo tamaño y la misma forma mientras se consume?. En este caso las “partes” son corrientes de cera vaporizadas, de oxígeno y gases en combustión -los procesos de la combustión y vaporización producen interacciones entre esas corrientes- y esas interacciones muestran en que tamaño y forma se estabilizará aproximadamente la llama. Otro tipo de comportamiento holístico es la inestabilidad de ciertos objetos muy vulnerables a cambios en una de sus partes: cuando cambia una parte, cambian también las demás partes. Observamos este fenómeno en el caso de la erosión: la desforestación priva a la tierra de las raíces que le dan consistencia, de tal modo que el viento y el agua pueden acabar con el resto de las plantas y convertir esa tierra en un desierto. Resumamos el contenido de estos ejemplos. Nos encontramos frente a objetos que se comportan de una manera determinada que sólo podemos entender como producto de una interacción entre partes. A este tipo de comportamiento lo llamamos comportamiento holístico. Se podría definir el fondo de todo el concepto de una manera muy sencilla. Las propiedades mas importantes de cualquier objeto son aquellas que se relacionan con su estabilidad. Es la estabilidad la que otorga a un objeto su carácter esencial. La resistencia de un arco, el arder uniforme de una llama, el equilibrio ecológico de un bosque, la corriente contínua de un río, la salud de un ser humano, la seguridad económica de una nación, todos son fenómenos que, de una u otra manera, están relacionados con la estabilidad. La estabilidad, en cualquiera de sus formas, es una propiedad holística. Solo puede ser entendida como resultado de una interacción entre partes. Sin embargo el carácter esencial de un objeto, que en realidad se basa en algún tipo de estabilidad, debe ser entendido como producto de interacciones dentro del todo. Cuando consideramos algo de esa forma, transcribiendo su carácter en términos holísticos, decimos que es un sistema.

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Para decir que algo es un sistema, debemos poder definir claramente: 1I. El comportamiento hoístico al que se enfoca, 2I. Las partes del objeto y las interacciones entre las partes, que producen de hecho el comportamiento holístico que hemos definido y 3I. El modo en que la interacción entre las partes produce el comportamiento holístico que hemos definido. Si estamos en grado de realizar esas tres operaciones, disponemos de un esquema abstracto de trabajo del comportamiento holístico en un objeto. En este caso, podemos llamar correctamente sistema al objeto. Si no somos capaces de realizarlas, no tenemos sistema y no tiene sentido llamar al objeto sistema. La idea de un sistema es sinónima de la idea de un esquema abstracto de cualquier comportamiento holístico específico. Podemos hablar del sistema económico de un país porque estamos en grado de elaborar un sistema de ecuaciones que reproducen los fenómenos como crisis o inflaciones. Si no pudiéramos hacerlo no tendría sentido hablar de sistemas económicos. No debemos entonces utilizar la palabra sistema para nombrar un objeto. Un sistema es una abstracción. No es un tipo especial de objeto sino un modo especial de considerar este objeto. Es un modo de llamar la atención sobre cualquier comportamiento holístico particular, de un objeto determinado, que solo puede ser entendido como producto de una interacción entre partes. Todo lo que existe en la tierra debe ser considerado como un sistema: un hombre fumando un cigarrillo, una hoja arrastrada por el viento; asimismo un ladrillo y la humanidad entera. Pero solo pasan a ser sistemas si podemos distinguir en ellos cualquier propiedad holística especial que no podemos explicar sino en término de interacciones de partes dentro de un todo. Sin una definición específica de qué comportamiento holístico tratamos, de qué interacciones entre qué partes producen este comportamiento, y cómo lo hacen, decir que algo es un sistema no es mas que decir: “se trata de algo complicado que no comprendo muy bien”. Siempre es oportuno recordar que un sistema es una abstracción. Pensemos en una flor como un sistema. Si deseamos comprender el hecho de que una flor brota, crece y florece tenemos que observar la flor como un sistema. En este caso es la interacción entre las partes, la que crea el comportamiento del conjunto. Pero la flor tiene otras propiedades que no se tienen en cuenta al considerarlas como un sistema: si la ofrecemos como regalo, aunque la situación sea muy compleja, la flor no necesita ser entendida como resultado de interacciones entre sus partes. La idea de un sistema no ayuda mas que a entender tipos de comportamiento que resultan de interacciones de partes. Además, aunque llamemos sistema a un objeto al considerarlo como un todo, no significa que lo veamos realmente en su totalidad. Cuando consideramos una línea aérea desde el punto de vista de los sistemas, podemos centrara nuestra atención sobre sus horarios por ejemplo. Comprobamos entonces que, como la línea cuenta con un número reducido de aviones, el horario de vuelo desde Nueva York hasta Chicago, depende del horario de otro vuelo desde Mineápolis hasta Salt Lake City. De este modo, estamos considerando la línea aérea “como un todo” porque estamos considerando las interacciones entre sus partes aunque no nos interese en absoluto el último botón que lleva en la camisa el último de los mecánicos. La noción de “todo” se refiere solo al alcance de la visión no a los detalles: sigue siendo abstracta. Con frecuencia, se confunde gravemente esta noción en el lenguaje cotidiano. Cuando hablamos del sistema solar, o de un sistema de alta fidelidad, o de un sistema de líneas aéreas, se utilizan las palabras de tal modo que inducen a creer que sistema es sinónimo de objeto. Pero el vocablo se utiliza a veces de modo correcto, incluso en el lenguaje común. Por ejemplo, cuando nos referimos al sistema de Ptolomeo como a un sistema opuesto al de Copérnico, en ambos casos la palabra “sistema” es empleada correctamente: se refiere a un modo abstracto de observar la interacción entre tierra, planetas, sol y estrellas - no a los objetos en sí. La disciplina de la abstracción presenta una dificultad. A veces nos enfrentamos como fenómenos que son claramente productos de interacciones, (en el movimiento de una bandada de gaviotas por ejemplo) pero las interacciones son tan complejas, que no podemos verlas con claridad y no conseguimos hacer con éxito este esfuerzo de abstracción. En esos casos, mantenerse con demasiada rigidez en la idea de que un sistema es un modelo abstracto puede fácilmente conducirnos a imaginar un sistema demasiado simple e inconsistente que perjudica el auténtico valor intrínseco. Por lo tanto, debemos aprender una segunda lección. La primera dice: no llamemos nada un sistema hasta que podamos identificar el sistema abstracto del que estamos hablando. La segunda continúa:; aprendamos la primera lección, pero no nos dejemos embobar por abstracciones demasiado fáciles. Cuando nos encontramos frente a algo complejo, empezamos muchas veces con la única impresión o “sensación” de que funciona como un sistema. Llevados de esta impresión, procuramos extraer con cuidado precisamente aquel comportamiento holístico que parece esencial, así como aquellas interacciones que producen el comportamiento. Este es un proceso activo. Empieza por una impresión, una sensación. Solo mas tarde se convierte en razonamiento. Se empieza por un aspecto de la vida tan intrincado que se tiene la impresión de que debe tratarse de un sistema aunque no se esté en grado de definirlo. Solo después, una vez que se ha podido sentir claramente, se procura fijar el sistema, definiendo el comportamiento holístico que está en discusión

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3. un sistema generador no es la visión de una cosa única. Es un conjunto de partes con normas que regulan el modo en
que esas partes pueden combinarse. Encontramos aquí otra utilización de la palabra sistema. En el lenguaje corriente se usa con frecuencia la palabra sistema para definir “la manera de hacer algo”: estos son los sistemas de apuestas, el sistema de Montessori, y el sistema democrático, por ejemplo. Cada uno de esos sistemas es, en realidad, un sistema de normas. Un sistema de apuestas nos india como debemos apostar, el sistema Montessori establece las normas que los niños y los maestros han de seguir en las escuelas, el sistema democrático de un gobierno establece ciertas reglas sobre la naturaleza de la representación , la elección de los representantes y el modo de llevar a cabo las elecciones. En todos esos casos, se crean normas para generar cosas. Podemos generalizar la noción de sistema generativo. Este sistema consistirá generalmente en un conjunto de partes (o elementos) mas unas reglas con las que se combinarán para formas “cosas” admisibles. En este sentido, los sistemas formales de matemáticas son sistemas. Las partes son los números, variables, y los signos como (=) y (+). Las reglas determinan los modos de combinar esas partes para formar expresiones, a partir de otras expresiones, modos de formar verdaderas proposiciones a partir de expresiones y modos de formar verdaderas proposiciones a partir de otras verdaderas proposiciones. La combinación de partes, que se generan con este sistema, son las verdaderas proposiciones “o teoremas” de las matemáticas. Cualquier combinación de partes que no se forme según las reglas, no tiene sentido o es falsa. En este sentido, un sistema generador puede comprender un conjunto de partes y de reglas muy simples. Asi, el sistema de triángulos, que pueden combinarse para formar un cuadrado, es un sistema generador. Sus reglas generan todos los modos de combinar esos triángulos para formar un cuadrado. Es típico de un sistema el que sus reglas excluyan muchas de las combinaciones de las partes. Por esto, aunque esos triángulos pueden combinarse de infinitas maneras, la mayor parte de esas maneras se excluyen precisamente porque el perímetro exterior no es un cuadrado, y esto cabe fuera de la previsión. El sistema del lenguaje es otro ejemplo de sistema generador. El lenguaje tiene leyes a distintos niveles. A un nivel las letras son las partes, y hay leyes que regulan el modo en que esas letras se combinan para formar palabras. En inglés por ejemplo, no hay palabras que empiecen con “rx”. Las leyes de fonología lo prohíben. A otro nivel las palabras son en sí mismas partes y hay leyes que regulan los tipos de proposiciones que pueden formarse a partir de palabras.

4. casi cada “sistema como un todo” se genera por un sistema generador. Si queremos hacer cosas que funcionen como
“todos” tendremos que inventar sistemas generadores que las creen. Hay una relación entre los dos conceptos de sistema que hemos definido. Casi todo objeto cuyo comportamiento depende de un “sistema como un todo”, interior al objeto, es creado el mismo por un sistema generador. Tomemos como ejemplo un caso simple: un sistema de alta fidelidad. La pureza de su funcionamiento solo puede ser entendida como producto del efecto combinado de todos los demás componentes distintos que trabajan conjuntamente. El mismo sistema de alta fidelidad también se genera por un sistema generador: el conjunto de todas las partes existentes en el mercado, las leyes que regulan las conexiones eléctricas, y la impedancia que establecen las corrientes entre esas partes. El caso de los animales es mas complicado. Una gaviota que toma tierra debe ser considerada como un sistema: también debe serlo casi todo lo que hacen las gaviotas además de tomar tierra. Esa gaviota es, a la vez, el producto de un sistema generador: el sistema genético. Un animal es algo que debe ser considerado holísticamente y, a la vez, generado por un sistema generador. La relación entre sistemas holísticos y sistemas generadores es fácil de entender. Si un objeto posee alguna propiedad holística, producto de una interacción entre partes, es evidente que esas partes determinadas y esas interacciones determinadas solo pasarán a existir si las partes mantienen relaciones muy estrechas entre sí. Por lo tanto, el objeto debe generarse mediante algún proceso que combine partes según ciertas coacciones, elegidas para aseguarar la interacción correcta de esas partes, cuando funciona el sistema. Eso es exactamente un sistema generador. El sistema generador no necesita ser conciente, ni tampoco siempre explícito. A veces, los procesos que crean los sistemas generadores se integran con el objeto que se ha formado. Así, la llama de la vela se genera por procesos químicos que son los mismos que mantienen después el equilibrio del sistema y producen la interacción de las partes, cuando consideramos la llama como una sistema holístico. Es cierto que casi cada “sistema como un todo” se genera por un sistema generador. Este axioma encierra una lección para los diseñadores. El hombre como diseñador está relacionado con el diseño y la construcción de objetos que funcionan como todos. La mayor parte del as propiedades que necesita, por ejemplo, una ciudad para mantenerse viva son propiedades holísticas.

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Nuestro axioma significa lo siguiente: para asegurar las propiedades de sistema holístico de los edificios y de las ciudades debemos inventar sistemas generadores cuyas partes y leyes crearán las propiedades de sistema holístico necesarias para su propio ajuste. La mayor parte de los diseñadores se consideran como diseñadores de objetos, pero si seguimos el argumento que acabamos de desarrollar, llegamos a una conclusión muy distinta. Para crear objetos con propiedades complejas, debemos inventar sistemas generadores que generarán objetos, con la propiedades holísticas necesarias. El diseñador pasa a ser un diseñador de sistemas generadores -cada uno de ellos capaz de generar muchos objetos- y no un diseñador de objetos individuales

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michael sorkin
[introducción]

variaciones sobre un parque temático

Con la presciencia precisa de un auténtico "maestro del universo", Walter Wrinston ha declarado recientemente que "los números de teléfono que empiezan con 800 y la tarjeta de plástico han convertido el tiempo y el espacio en algo obsoleto". Wrinston lo debe saber bien. En tanto que antiguo cargo de Citicorp (sugerente nombre), es un auténtico Barón Haussmann de la era eléctrónica, surcando los boulevares del capital por entre la rugosa matriz de la economía global. Esta comparación no debería ser desdeñada: la advertencia de Wrinston plantea cuestiones fundamentales acerca de la vida urbana. Los ordenadores, las tarjetas de crédito, los teléfonos, los fax, además de otras herramientas complementarias instantáneas y artificiales, están destripando rápidamente las políticas de la proximidad, que son el auténtico cimiento de la ciudad. Efectivamente, en los últimos años hemos asistido a la emergencia de un tipo de ciudad completamente nueva, una ciudad sin un lugar asociado a ella. Esta ciudad ageográfica está en una fase especialmente avanzada en Estados Unidos. Podemos verla en los grupos de rascacielos que se elevan desde los campos vallados próximos a las utopistas interestatales; en los enormes centros comerciales, instalados por las cadenas nacionales de grandes almacenes, y rodeados de enjambres de automóviles; en los hoteles con grandes vestíbulos herméticamente sellados y clonados de costa a costa; en las uniformes e "históricas" aglomeraciones de gente acomodada, y en los festival markets (centros comerciales y de ocio), en las disgregadas e interminables extensiones de nuevos suburbios, sin centro urbano; y en la maraña de antenas formada por cien millones de tejados, desde Secaucus hasta Simi Valley, en las nubes de antenas parabólicas orientadas hacia un mismo punto geosincrónico, todas ellas mamando a Arsenio y al A-Team procedentes del espacio. En realidad, la infraestructura de esta ciudad es como la de la televisión. El acontecimiento televisivo más importante es el corte, la elisión entre bits de emisión, el paso sin interrupción de una telenovela a un docudrama, o a unas palabras de nuestro patrocinador. En la televisión, el "diseño" consiste simplemente en borrar las diferencias que existen entre estos bits, en designar el mismo valos a todos los elementos de la red, con el fin de que cualquiera de las infinitas combinaciones producidas por la transmisión diaria pueda tener un "sentido". La nueva ciudad resultante elimina las peculiaridades genuinas a favor de un campo urbano continuo, una red conceptual de alcance infinito. Es un proceso de eliminación que resulta muy visible. En los años cincuenta y sesenta, se disparó la alarma sobre la "dispersión urbana" y la "megalópolis", es decir, la expansión de una zona de urbanización ininterrumpida por toda costa noreste americana: una ciudad convertida en región. Más recientemente, la atención se ha centrado en la explosión de las llamadas "ciudades suburbanas" en las periferias de las metrópolis existentes. En este territorio, vasto y virtualmente indiferenciado -que se extiende desde los condados de Fairfax y Virginia hasta los de Orange y California-, las viviendas, las oficinas, las fábricas y los centros comerciales flotan en un medio culturizador, en un "reino de no-lugares urbanos" que ofrece las funciones desnudas de la ciudad, al tiempo que renuncia a la mezcla formal, social y vital, aunque no suficientemente disciplinada, que hace que una ciudad esté viva. Ahora bien, la ciudad que se describe en este libro no es sólo un fenómeno de extensión. Su crecimiento ya no es meramente físico -es decir, un problema de densidad exagerada, o próxima a la metástasis- . La nueva ciudad ocupa también un vasto espacio conceptual impensable hasta ahora. Esta Cyburbia invisible, tan bien evocada por Wriston, va tomando forma como algo necesario, que brota como súbitos champiñones en la trama promiscua del capital. Lo que en esta ciudad se hecha de menos no son determinados edificios ni lugares en especial; sino los espacios intermedios, las conexiones que dan sentido a las formas.

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La historia de las ciudades siempre se ha basado en los modos como se yuxtaponen sus elementos y e las estructuras artísticas y normativas que gobiernan las amalgamas urbanas. Ambos problemas plantean qué cosas deben ir juntas y qué productos deben ir juntos, es decir los fundamentos de la morfología urbana. Las ciudades tradicionales los han resuelto estableciendo vínculos con unos lugares centrales. En el ágora, en el castillo, en la plaza o en el centro urbano, la idea de una ciudad hecha a base de centros representa, como mínimo, la idea de una ciudad espacial, cuyo orden está en función de la proximidad. A lo largo de la historia, esta ciudad física ha cartografiado las relaciones sociales con enorme claridad, incorporando a sus formas y a sus lugares una vasta información acerca de su estatus y su orden. Sean los "barrios bajos" de una pequeña ciudad, los campos comunales de Nueva Inglaterra o el barómetro de los valores inmobiliarios visible en la silueta de Manhattan, el orden social siempre se ha podido interpretar a través de la forma urbana. En cambio, en la nueva ciudad de las mezclas, la legibilidad de dicho orden ha sido dramáticamente manipulada, y ha menudo completamente oscurecida. Aquí todo parece ir con todo. Las jerarquías tanto se refuerzan como disimulan, como se fijan y se desubican. El valor sigue estando en función del lugar, pero la mano invisible ha aprendido una nueva geometría. Al mismo tiempo que el teléfono y el módem han convertido la calle en algo irrelevante, destacan otras dimensiones. La "calle Mayor" es ahora el espacio entre aeropuertos. Los cables de fibra óptica que unen las terminales de fax de las distintas oficinas de las multinacionales son una invisible madeja mundial de relaciones económicas. Liberada de sus centros y de sus límites por los adelantos de las comunicaciones y de la movilidad, así como por un nuevo orden mundial hecho a medida de un único modelo de ciudadanía consumidora, la nueva ciudad amenaza con ser de una uniformidad inimaginable, aunque multiplique las opciones ilusorias que ofrece la televisión. Esta ciudad tiene tres características especialmente relevantes. La primera es la pérdida de todas las relaciones estables con la geografía local, física y cultural, es decir, se reduce todo vínculo con el espacio específico. El capital globalizado, los medios electrónicos de producción y la cultura de masas uniforme detestan la diferenciación intima e indisciplinada propia de las ciudades tradicionales. La nueva ciudad sustituye las anomalías y encantos de estos lugares por una especificidad universal, un urbanismo genérico que se modula tan sólo por medio de la superposición ornamental. Lo local puede ser reconocido eficazmente por la prescencia del croque-monsieur en el Mc Donald´s del Boul´Miche o del Cajun Martini en la sala de espera del aeropuerto de Nueva Orléans (donde te invitan a que te lleves el vaso). Estos "lugares" son completamente ageográficos: pueden ser insertados tanto en el territorio abierto como en el corazón de la ciudad. Los hoteles de grandes vestíbulos encerrados en sí mismos son tan idóneos para plantar en ellos un césped monótono como lo es cultivas los centros urbanos abandonados. Cuando sus componentes han quedado reducidos a unas unidades mínimas que se repiten, el espacio queda desprovisto de sus peculiaridades. Obsesionada por los puntos de producción y de venta, la nueva ciudad es poco más que un enjambre de bits urbanos que echa por la borda la visión física de la totalidad, sacrificando la idea de la ciudad como el lugar para la comunidad y las relaciones humanas. La segunda característica de la nueva ciudad es sus obsesión por la "seguridad", con un creciente grado de manipulación y vigilancia sobre sus ciudadanos, y la proliferación de nuevas formas de segregación. Los métodos que se emplean son tanto tecnológicos como físicos. Los primeros utilizan tecnologías policiales invasivas -versiones domesticadas del "campo de batalla electrónico"-, así como un número cada vez mayor de conexiones diarias con la red informática, que va de los encuentros con el cajero automático al entorno ampliamente regulado del lugar de trabajo electrónico. Los medios físicos también son múltiples: suburbios paralelos de clase media que crecen en las periferias de los viejos centros que ahora abandonan y dejan para los pobres; enclaves comunitarios para los ricos; procesos de aburguesamiento; envolventes de ámbito mundial que cobijan al viajero (o la viajera) de negocios cuando se encuentran en el mismo aeropuerto, en el mismo hotel o en el mismo edificio de oficinas, desde Denver hasta Dubai; una filigrana de sistemas de circulación, tanto elevados como subterráneos, impuestos en Minneápolis o en Edmonton, con el fin de permitir que los compradores y los oficinistas puedan circular a través del amenazador territorio urbano con una seguridad climática regulada. Esta tendencia hacia una nueva forma de segregación urbana parece ubicua: en toda América, la planificación urbana ha renunciado a su papel histórico como integradora de comunidades, y propicia un desarrollo selectivo que enfatiza las diferencias. Finalmente, este nuevo reino es una ciudad de simulaciones, una ciudad-televisión: la ciudad como parque temático. Donde mejor se puede verificar este aspecto es en su arquitectura; en esos edificios que basan su autoridad en unas imágenes sacadas de la historia, de un pasado falsamente recuperado que sustituye a un presente exigente y vigilado. En la mayoría de las ciudades americanas, lo "histórico" se ha convertido en el único valor oficial y en fuente de complicidades. Como resultado, el interés por la conservación de los restos físicos de la ciudad histórica ha sustituido al interés por las ecologías humanas que la producen y la habitan. En la actualidad, el diseño urbano consiste casi exclusivamente en la..... producción, con la consiguiente creación de disfraces urbanos. Tanto en la mejor encarnación, la sucedánea calle Mayor de Disneylandia, como en la falsa festividad histórica de un mercado de la Rouse Company, o en la arquitectura aburguesada de la resucitada Lower East Side, este sofisticado dispositivo apenas puede mantener algún vínculo con un tipo de vida urbana que está en proceso de extinción.

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En esto consiste la renovación urbana, con sus siniestras tergiversaciones: la arquitectura de la decepción que, con su alegre familiaridad, se queja constantemente de la realidad más fundamental. La arquitectura de esta ciudad es casi pura semiótica, puesto que juega con el tráfico de significados: son edificios para un parque temático. Tanto si representa una historicidad genérica como si representa una modernidad también genérica, el diseño de esta arquitectura se basa en el mismo cálculo que utiliza la publicidad: la idea de la imaginería pura, que prescinde de las necesidades reales y de las tradiciones de quienes la habitan. Bienvenidos a Cyburbia. Este libro no pretende teorizar sobre esta nueva ciudad, sino describirla. Los lugares que aquí se estudian tienen un carácter representativo. No sólo tipifican la evolución del urbanismo norteamericano, sino que pueden constituir modelos válidos para el desarrollo urbano en todo el mundo. Así pues, el marco de referencia es limitado: el libro no trata de Soweto, del South Bronx o de Dhaka, ni tampoco directamente de Urbino, de París o de Savannah, esos agradables centros de la urbanidad tradicional. Y sin embargo, sí tiene que ver con ellos. El peligro de la nueva ciudad está en su antítesis: como reza la famosa frase de Victor Hugo, "esto va a destruir lo otro". Sencillamente, la nueva ciudad tiene capacidad no sólo para superar los escenarios tradicionales de la urbanidad, sino también para apropiarse de ellos, para relegarlos al papel de meras intersecciones de una red global, donde el tiempo y el espacio han quedado efectivamente obsoletos. Un refrán medieval dice: "El aire de la ciudad hace libre a la gente". Los preventivos ensayos recogidos en este volumen describen un viento malsano que está soplando en nuestras ciudades, una atmósfera que tiene el potencial suficiente para alterar irreparablemente el carácter de las ciudades en tanto que espacios primordiales de la democracia y del ocio. Los espacios más familiares de las ciudades tradicionales, es decir, las calles y las plazas, los patios y los parques, son los grandes escenarios del civismo, de lo visible y de lo accesible: son los agentes de nuestra cohesión. Al describir la ciudad que se presenta como alternativa, este libro reclama un retorno a una urbanidad más auténtica, a una ciudad basada en la proximidad física y en la libertad de movimientos, si realmente pensamos que la ciudad es la mejor expresión de nuestro deseo de una vida en colectividad. A medida que disminuye el espacio va disminuyendo también el grado de intimidad. La ciudad privatizada de los bits es una mentira que simula sus conexiones, que elimina la capacidad de los ciudadanos para actuar, tanto solos como conjuntamente. Este es el significado del parque temático: un lugar que lo incorpora todo, la ageografía, la vigilancia y el control, las simulaciones sin fin. Con sus formas artificiosamente embusteras, el parque temático ofrece una visión alegre y civilizada del placer que suplanta al reino de la democracia pública, y lo hace de un modo atractivo, con el aguijón de su descarnada y turbulenta urbanidad, de los pobres, del crimen, de la suciedad, del trabajo. En los espacios "públicos" de los parques temáticos o de los centros comerciales el propio discurso queda restringido: en Disneylandia no hay manifestaciones. El esfuerzo por recuperar la ciudad es la lucha de la democracia misma.

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estudio de la gentrificación
maria alba sargatal bataller
[revista bibliográfica de geografía y ciencias sociales - universidad de barcelona - nº 228, 3 de mayo de 2000]

Con este trabajo se pretende ofrecer una visión general del fenómeno urbano conocido como gentrificación, así como presentar las líneas generales que han seguido los estudios sobre el tema desde su origen hasta la actualidad, con el fin de obtener un marco teórico de estudio para su posterior aplicación en la ciudad de Barcelona. Aparición y evolución del concepto El fenómeno fundamentalmente urbano conocido como gentrificación consiste en una serie de mejoras físicas o materiales y cambios inmateriales -económicos, sociales y culturales- que tienen lugar en algunos centros urbanos viejos, los cuales experimentan una apreciable elevación de su estatus. Este proceso se ha venido desarrollando en los países industrializados básicamente a lo largo de la etapa llamada post-industrial o postmoderna, iniciada con el declive del modelo socioeconómico industrial tradicional, a partir de los años 1970. Se caracteriza normalmente por la ocupación de los centros de las ciudades por una parte de la clase media, de elevados ingresos, que desplazan a los habitantes de clase baja, de menores ingresos, que vivían en el centro urbano. El desplazamiento va acompañado de inversiones y mejoras tanto en las viviendas, que son renovadas o rehabilitadas, como en toda el área afectada: comercios, equipamientos y servicios. Esto implica, pues, cambios en el mercado del suelo y de la vivienda, de modo que desempeñan un papel decisivo los agentes del suelo: los propietarios, los promotores, los gobiernos -locales, estatales-, las entidades financieras, así como también los ocupantes -en régimen de propiedad o de alquiler-,. En conjunto, el fenómeno suele conllevar una mayor estima de las áreas renovadas e incluso una recuperación del valor simbólico de los centros urbanos. De hecho, tal como ha señalado J. Van Weesep (1994) actualmente se considera la gentrificación como la expresión espacial de un cambio social profundo. La primera referencia al término gentrification se atribuye a R. Glass (1964), que en su estudio sobre Londres en 1964 utilizó esta expresión comparando el proceso con un viejo hábito propio de la gentry, la clase media-alta inglesa, de las áreas rurales: solían mantener una vivienda en la ciudad además de su residencia en el campo, hecho parecido al que se observaba en Londres en los años 60. Las primeras descripciones que utilizaron el término de gentrification destacaban fundamentalmente la revalorización que experimentaban ciertos barrios (Van Weesep, 1994). En el presente artículo se ha utilizado la adaptación al español del término inglés gentrification, acuñado en Londres y usado en la mayoría de estudios sobre el tema, frente a otros términos como brownstoning -empleado en Nueva York-, whitepainting -propio de Toronto- (Pacione, 1990) o aristocratización, vocablo utilizado por J.E. Hardoy (1992) entre otros. Actualmente el estudio del tema constituye un importante foco de debate para la investigación en geografía, ya que se trata de un proceso fundamental en la reestructuración metropolitana contemporánea. Mientras que la suburbanización y el declive socioeconómico de los centros urbanos fueron temas básicos a estudiar en los años 1950 y 1960, desde los 1970 en adelante se redujo e incluso cambió la tendencia a la pérdida de población de clase media en los centros de las ciudades. En este sentido, la gentrificación supone un reto a las teorías tradicionales sobre localización residencial y estructura social urbana: Burgess y Hoyt sostenían que las clases más pudientes emigran del centro hacia la periferia, y que raramente volvían a las áreas centrales previamente abandonadas. Del mismo modo Alonso afirmaba en su teoría sobre el mercado del suelo urbano que la preferencia por la disponibilidad de espacio y las bajas densidades son elementos mucho más valorados que la accesibilidad al centro urbano. En definitiva, la aparición y desarrollo del proceso pone en tela de juicio los modelos sobre el cambio urbano residencial basados en etapas sucesivas, que consideran la suburbanización llevada a cabo por las clases medias como la fase final de la progresión desde la ciudad pre-industrial a la industrial (Hamnett, 1991).

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Además de la manifestación urbana del fenómeno, más recientemente se ha identificado un proceso similar en áreas rurales; a medida que las actividades tradicionales del campo pierden intensidad, algunas zonas se van convirtiendo en sede de nuevas actividades económicas, básicamente destinadas al ocio, y en sede de segundas residencias. Spain (1993) afirma que los problemas de la gentrificación rural son similares a los de la gentrificación urbana, en el sentido de que los nuevos habitantes tienen mayores facilidades de acceso a los servicios que los antiguos; M. Philips (1993) también propone un estudio comparativo entre el proceso en el mundo rural y en el urbano, en su trabajo sobre Gower (Reino Unido); Friedberger (1996) analizó el fenómeno en Texas. Sin embargo, hasta este momento el número de estudios sobre el tema es muy inferior a los dedicados a la versión urbana del fenómeno. El presente artículo solamente se ocupará de la gentrificación urbana. Desde su origen, el estudio de la gentrificación ha sido objeto de debate y discusión, tanto en relación a la delimitación del concepto como al enfoque metodológico de su análisis. A medida que se ha profundizado en su estudio el concepto se ha ido perfilando, a la par que se han identificado múltiples manifestaciones del proceso derivadas de las características que adquiere en cada contexto urbano, según las vicisitudes históricas de los barrios afectados; la gentrificación está profundamente enraizada en la dinámica social y económica de las ciudades, y está determinada en gran parte por el contexto local: los barrios, los agentes y actores urbanos, las funciones dominantes de la ciudad y la política gubernamental local. La mayoría de descripciones y análisis publicados a lo largo de los últimos quince años muestran que se trata de un proceso altamente diversificado: puede seguir varias trayectorias, puede transformar totalmente o parcialmente un área, está protagonizado por un amplio listado de agentes y actores, y sus causas y consecuencias son complejas y difíciles de determinar con claridad. Por todo ello la gentrificación ha sido calificada por muchos autores como un "concepto caótico" (Van Weesep, 1994). La misma naturaleza del fenómeno ha sido y sigue siendo objeto de controversia. De ella nos ocuparemos en el siguiente apartado. Sin embargo, hay que mencionar las aportaciones de diversos autores que han contribuido a acotar el concepto y a profundizar en sus características. En este sentido es interesante la visión sistematizada, amplia y crítica de M. Pacione (1990), quien establece criterios de delimitación del concepto: sostiene que para que exista gentrificación ha de existir movilidad espacial de habitantes y ha de afectar a áreas que no sean de alto estatus en el momento de reinvertir en ellas. El mismo autor expone un ejemplo clásico del proceso, esquematizado en tres pasos sucesivos en el tiempo: a)un barrio céntrico ocupado por clases medias experimenta pérdida de residentes a medida que estos van formando familias y sus ingresos van en aumento; b) el barrio va siendo ocupado por población cada vez de menores ingresos, que viven en alquiler; se experimenta un deterioro físico, ya que los ocupantes no pueden cubrir los costes de mantenimiento de los edificios; los propietarios no invierten en la mejora de las viviendas de sus inquilinos; hay sobreocupación y se subdividen las viviendas para ser alquiladas; c) las clases medias vuelven a interesarse por vivir en el centro; se reinvierte en el barrio, se desplaza a los antiguos ocupantes y se experimenta revitalización socioeconómica. También el citado Van Weesep (1994), que ha estudiado el fenómeno en los Países Bajos, destaca como elemento característico del proceso, al igual que M. Pacione, el desplazamiento de los grupos populares; afirma que se trata del efecto más notorio de la gentrificación. En este sentido, cabe mencionar el caso de la renovación urbana de París, en los años 70; la ejecución del gran programa de renovación afectó distintas áreas degradadas de la ciudad. M. Castells analizó el proceso (Castells, 1974) y manifestó que las dimensiones de la renovación eran mayores cuanto mayor era la proporción de clases sociales inferiores que albergaba el área en cuestión, en cambio no existía una relación tan directa entre el grado de deterioro físico de las viviendas y la importancia de la operación rehabilitadora. Las áreas más afectadas fueron, pues, las que albergaban trabajadores inmigrados y distintas comunidades étnicas. En ciertas zonas que presentaban posibilidades para la construcción de viviendas de alto nivel, próximas a los barrios de negocios en expansión, se crearon las condiciones básicas para una operación de lo que M. Castells califica de "reconquista urbana", con el fin de obtener un cambio físico, social, funcional y simbólico de la ocupación del suelo. Ante la amenaza de expulsión, ante el miedo a la privación del derecho a la vivienda o al alojamiento en viviendas provisionales, se organizó un proceso de lucha contra el programa de renovación. Las movilizaciones revistieron distintas formas, desde reacciones más o menos espontáneas por parte de los mismos afectados hasta manifestaciones organizadas, de carácter reivindicativo y político. El resultado de aquellas movilizaciones, sin embargo, no constituyó un éxito, fundamentalmente a causa de la poca solidez organizativa. El desplazamiento puede tener lugar bajo distintas formas: a través de la rehabilitación de las viviendas ocupadas por grupos populares, reclasificadas como residencias de alto nivel; el abandono involuntario del barrio por parte de habitantes con ingresos limitados (familias numerosas, ancianos, etc.), que no pueden pagar los crecientes impuestos sobre la propiedad, fruto de la política gubernamental local; la imposibilidad por parte de jóvenes emancipados, originarios del barrio, de pagar una vivienda en este; la emigración de residentes por la desaparición de instituciones sociales, económicas, religiosas e incluso por la pérdida de amistades en el barrio. Este aspecto constituye actualmente uno de los grandes temas de debate en relación con la gentrificación, y es valorado de distinto modo por los autores: Van Weesep, por ejemplo, afirma que algunos barrios funcionan durante mucho tiempo como áreas mixtas,

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donde convive gente de distinto nivel socioeconómico; en cambio otros se transforman rápida y completamente, de modo que cambia del todo la estructura socioeconómica del área. Ante la cuestión de si son preferibles los barrios homogéneos o heterogéneos socioculturalmente, opina que a pesar de los beneficios que puedan obtener los grupos populares al convivir con grupos de mayor estatus, como compartir los mismos servicios y equipamientos o tener la posibilidad de trabajar en servicios destinados al consumo de la población de mayores ingresos, es más beneficioso el desplazamiento a los suburbios por parte de las clases populares que permanecer en el centro. Así se evitan posibles conflictos sociales derivados del contraste socioeconómico en una misma área; además, en los suburbios existen mayores oportunidades de encontrar vivienda, ya que el espacio es mayor. Tales argumentos poseen un matiz segregacionista y no propician la integración ni la diversidad en un mismo espacio urbano. Esta visión, por el contrario, no es compartida por otros autores. Así, M. Pacione señala que paradójicamente, la economía de mercado que ha castigado a los desfavorecidos a través de la desinversión, confinándolos en los centros más o menos degradados de las ciudades industriales por su escaso poder adquisitivo, está castigando al mismo grupo en las ciudades post-industriales a través de la sobreinversión en los centros urbanos. Efectivamente, el proceso de gentrificación limita las posibilidades de encontrar vivienda para las clases inferiores en tales áreas y favorece su desplazamiento, sea voluntario o forzoso. Otras consecuencias del proceso, además del desplazamiento, se perciben en el mercado de la vivienda: aumenta significativamente el precio de la propiedad renovada y no renovada en la zona, se reducen las tasas de ocupación de la vivienda (el número de habitantes por vivienda) y la densidad de población del barrio o área afectada, se transforma progresivamente la modalidad de ocupación en alquiler por la de ocupación en propiedad, poseída por grupos de rentas más altas que van cambiando la estructura económica y física de tales áreas.. En cuanto al papel de los agentes del suelo, además de destacar el enorme peso del sector privado - entidades financieras, promotores de la propiedad-, la mayoría de autores y estudios otorgan un papel importante e incluso a veces decisivo al sector público, es decir, los gobiernos estatales, regionales o locales, que facilitan o promueven directamente la gentrificación, con el fin de renovar los centros de las ciudades. Se ha hablado del distinto grado de intervención del Estado a un lado y otro del Atlántico: en Europa interviene más que en Norteamérica, donde el mercado libre marca más las pautas. Se toman como referencia estas dos grandes áreas geográficas por el hecho de que en ellas se dan la mayoría de casos de gentrificación. Esta diferencia se debe al mayor intervencionismo del Estado en la tradición política europea. Esta diferencia de intensidad de la intervención estatal no determina, sin embargo, diferentes tipos de gentrificación, ya que puede haber más diferencias entre ciudades europeas que entre éstas y las norteamericanas (Van Weesep, 1994; Carpenter y Lees, 1995). En el caso de Barcelona, en España, el gobierno municipal constituye el principal impulsor del fenómeno en el barrio del Raval antiguo arrabal de la ciudad-, básicamente a través del reclamo cultural. En 1989 se puso en marcha el Proyecto Ciutat Vella, en el marco de la gran transformación urbana que tuvo lugar en la ciudad de Barcelona con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992. El proyecto pretendía ser integral: no sólo se basaba en actuaciones urbanísticas, sino que también abordaba con profundidad los aspectos sociales y económicos. Se insistió en el hecho de que el barrio del Raval, con una elevada densidad de población y una enorme degradación del espacio físico, no tenía que constituir un simple reclamo cultural de carácter museístico, sin vida propia; en lugar de ello había de mantener su función residencial aunque mejorando las condiciones de vida y de vivienda-, compatibilizando esta función con la terciarización, y también había que mantenerlo conectado a la ciudad. Una de las líneas de actuación fue el llamado eje cultural, vertebrado a partir de la nueva ubicación de diversas instituciones y organismos culturales y de la potenciación de las ya existentes: universidades, centros culturales, museos, el Liceu, etc. Dos de los centros proyectados, sobre los cuales se depositaron grandes esperanzas como focos de dinamización del barrio del Raval, fueron el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona y el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona MACBA. De ambas instalaciones se esperaba no sólo dinamización cultural sino también atracción de inversiones en su entorno, particularmente en el mercado de la vivienda (Ajuntament de Barcelona, 1989 y 1991). Observando los cambios urbanísticos experimentados por el área en cuestión durante los últimos años, el objetivo parece que se está cumpliendo, al menos en parte. Pero queda por debatir si esa opción fue la más adecuada o si hubiera sido mejor dedicar la inversión a crear equipamientos para los vecinos del barrio. Los mecanismos de intervención estatal son diversos: promoción de los barrios o zonas susceptibles de experimentar gentrificación -por ejemplo calificándolos como "históricos"-, oferta de beneficios fiscales para la rehabilitación, inversión de fondos públicos en la mejora de los servicios públicos en las áreas seleccionadas, intervenciones dirigidas a los propietarios para rehabilitar o vender su propiedad, rezonificación y recalificación del suelo, etc. Estudios recientes muestran que en muchos países la gentrificación refleja cómo el papel del gobierno se está redefiniendo, en relación con las tendencias generales de desregularización y privatización de muchas áreas que tradicionalmente han permanecido bajo la tutela gubernamental. Por lo tanto, este fenómeno muestra las consecuencias espaciales de cambios sociales complejos. El enfoque conceptual y el debate metodológico La discusión académica acerca de la naturaleza del fenómeno ha tenido lugar desde las primeras manifestaciones del proceso hasta nuestros días. En origen fueron dos las posturas defendidas por los pioneros en el estudio del tema, en principio opuestas

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entre sí. Actualmente se intenta abordar el estudio con una visión más amplia, de modo que se han superado los enfoques reduccionistas iniciales, bastante basados en relaciones de causa-efecto. Las nuevas visiones consideran los fenómenos que intervienen en la gentrificación como recíprocos e interactuantes. No se intentan discernir tajantemente las causas y los efectos: se ha pasado de una metodología de estudio centrada en el por qué a otra centrada en el cómo se desarrolla la gentrificación. En el mismo sentido cabe señalar que los primeros estudios abordaban el tema de modo genérico; a medida que se ha profundizado en el conocimiento del fenómeno, a través de los trabajos sobre ciudades concretas, se han ido estableciendo las características comunes y las peculiaridades locales que adquiere la gentrificación en cada área analizada. Con una óptica prácticamente excluyente, las teorías formuladas por dos autores ?David Ley y Neil Smith- abrieron el debate y contribuyeron a arrojar luz sobre la cuestión. Su razonamiento ofreció un panorama amplio que invitó a la reflexión y estimuló posteriores estudios aplicados a casos concretos, con lo cual se mantuvo candente la discusión. A lo largo de los años 1980, las teorías iniciales de los dos autores mencionados fueron flexibilizándose, incorporando elementos de la postura defendida por su oponente en el debate, pero sin cambiar el eje central del pensamiento de cada autor. Cabe mencionar que tanto Ley como Smith han seguido publicando trabajos durante los años 1980 y 1990. El geógrafo David Ley, profesor de geografía en la universidad de la Columbia Británica (Canadá), presentó en 1978 el documento "Inner city resurgence units societal context" en la Conferencia Anual de la Asociación de Geógrafos Americanos celebrada en Nueva Orleans (Ley, 1978). En este trabajo sentó las bases de su teoría, que fue completando posteriormente; en la bibliografía del presente artículo ofrecemos las referencias de varias de sus publicaciones. El autor formuló sus postulados fundamentalmente a partir del estudio del proceso en Vancouver, Canadá. La teoría de David Ley otorga un papel clave a tres factores: la economía, la política y la cultura; tradicionalmente se conoce como la teoría basada en la demanda, dentro del marco del post-industrialismo. Según este razonamiento, la gentrificación deriva de procesos recíprocos de reestructuración económica, sociocultural y demográfica. Un elemento clave a considerar es la transformación de la mano de obra en la sociedad actual, llamada post-industrial: los puestos de trabajo especializados ocupan un papel cada vez más relevante, en relación a la introducción de tecnologías modernas, del mismo modo que la sociedad ha pasado de ser básicamente productora de bienes a ser una importante productora de servicios. Así pues, ha emergido una nueva clase social con una base económica fuerte, identificada con frecuencia con los llamados trabajadores de cuello blanco o activos del sector cuaternario (ocupados en la banca, las compañías de seguros, etc.). La demanda de viviendas por parte de este colectivo está limitada espacialmente, ya que se siente atraído por las posibilidades de la vida urbana y por las ventajas derivadas de vivir en el centro de las ciudades. Asimismo ha aumentado en las últimas décadas la demanda de viviendas reducidas, en relación con factores socioculturales como la importancia del papel del individualismo y la irrupción de nuevos estilos de vida que hacen que parte de las clases medias se traslade a los centros urbanos. Ley destaca también que esta sociedad post-industrial se distingue de la industrial por el papel activo del gobierno, que contribuye a acelerar el proceso aumentando el precio del suelo y alimentando las expectativas de los propietarios. Además, la política impregna cualquier discusión o decisión, ya que actualmente los intereses de los diferentes grupos involucrados se debaten en el marco de la política. El autor no pone énfasis en el papel del mercado del suelo y de la vivienda ni en la oferta y producción de propiedades y áreas susceptibles de gentrificación: la oferta seguirá a la demanda de gentrificadores potenciales, cuyo poder económico determinará el desplazamiento de ocupantes con menores ingresos. Hamnett (1991) señala con certeza que este poder puede constituir un factor tan importante como las pautas culturales de consumo de las nuevas elites en la configuración del paisaje urbano. Las críticas a este enfoque han consistido básicamente en destacar que no tiene en cuenta el papel de los agentes del suelo gobiernos, promotores, entidades financieras- en la gentrificación, ya que el autor considera que su actuación se deriva de la demanda de viviendas por parte de los potenciales gentrificadores: según él, primero se daría la demanda, luego intervendrían los agentes del suelo, lo cual, desde luego, no parece adecuarse a las tendencias dominantes en el proceso, dado el papel activo y directo que desempeñan los agentes en la producción del espacio urbano; su actuación no puede considerarse como secundaria ni derivada, sino que es directa y decisiva en la mayoría de casos. El otro gran enfoque conceptual y metodológico es el propuesto por el también geógrafo Neil Smith, profesor y catedrático de geografía en la Rutgers University de New Brunswick (New Jersey). La publicación en 1979 de "Toward a theory of gentrification: a back to the city movement by capital, not people" en el Journal of the American Planning Association (Smith, 1979) fue en parte la respuesta al primer trabajo de David Ley, de 1978. En el marco de una óptica de tipo marxista, Smith formuló su teoría desde el punto de vista de la oferta de viviendas y espacios que pueden experimentar gentrificación, no de la demanda por parte de ocupantes potenciales. Defiende que una teoría sobre el proceso en cuestión ha de contemplar tanto la oferta (la producción) como la demanda (el consumo), pero otorga prioridad a la oferta en su explicación, de modo que los factores económicos son preponderantes por encima de los culturales. En el apartado de bibliografía damos las referencias de varias publicaciones del autor. El punto central de la tesis de Smith es el concepto de rent-gap o diferencia potencial del beneficio obtenible mediante un uso más lucrativo del suelo. Para el autor, en el siglo XIX la mayoría de ciudades presentaba un gradiente clásico de valor del suelo, mayor en el centro y menor hacia la periferia. En el marco del capitalismo, la suburbanización de la industria y de la población propias del siglo XX dieron un vuelco a esta gradación, ya que se devaluó el precio del suelo en los viejos centros urbanos en relación con el

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CBD y con los suburbios. Esta diferencia de valor se intensificó durante las décadas de1960, 1970 y 1980, en que la suburbanización fue importante. Según palabras del propio Smith, en los centros urbanos operó una barrera económica y física que impidió la nueva inversión en estos espacios: había que mantener los edificios y los mismos usos del suelo para amortizar el capital invertido en ellos, con lo cual la nueva urbanización se dio preferiblemente en los suburbios; así se desvalorizó el centro de las ciudades. Fue precisamente la desinversión que afectó a los centros urbanos, que comportó degradación, el hecho que posibilitó la posterior reinversión en los mismos: cuando el deterioro de un edificio o de toda una área es suficientemente importante, se llega al punto en que la diferencia entre el beneficio obtenido de la explotación del suelo y el que se podría obtener potencialmente con un uso óptimo -a través de la inversión- es tan amplia que hace posible la gentrificación. Por lo tanto, la gentrificación se da cuando esta diferencia o rent-gap es suficiente como para asegurar un beneficio económico. En este momento, los agentes del suelo aprovechan la ocasión para ofrecer viviendas rehabilitadas para las clases medias en los centros urbanos. Según este punto de vista, el proceso se inicia a partir de decisiones y actuaciones colectivas a escala de barrio o de sector dentro de un barrio, de la mano de los agentes urbanos, y no a partir de las preferencias y decisiones a escala individual.. El autor distingue tres tipos básicos de gentrificación: a) promotores de la vivienda que compran una determinada propiedad, la rehabilitan y la revenden con ánimo de lucro, b) particulares que compran una propiedad y la rehabilitan con el fin de vivir en ella, c) propietarios que rehabilitan las viviendas que poseen con el fin de ofrecerlas en alquiler. El enfoque de Smith se inscribe dentro de la llamada teoría del ciclo de vida de los barrios, según la cual éstos experimentan las fases de crecimiento, declive y revitalización o renovación potenciales. El ciclo de vida es inherente a la historia de los barrios y se desarrolla en términos económicos de competencia entre grupos sociales, que conduce a la diferenciación de comunidades, cuya manifestación material es el distinto precio de las viviendas.. Esta teoría constituye un punto de referencia clave incluso en los estudios más recientes, ya sea para defenderla -aunque no al pie de la letra-, ya sea para rehusarla. Cabe decir también que a lo largo de los años 80 el propio autor ha elaborado una explicación del fenómeno de modo más global, sin cambiar su propio enfoque, pero con una visión que enmarca la gentrificación en el contexto actual: Smith afirma que una vez superado el régimen de producción-consumo de masas, que declinó en los años 70 y 80, se pasó a un régimen de producción-consumo diferenciados. En este marco la clave está en la diversificación de productos y los mercados cautivos. Entonces la gentrificación se explica por el deseo de los gentrificadores de distinguirse de otros grupos sociales, es decir, se trata de una distinción cultural. Las pautas de consumo de este grupo y la propia gentrificación constituyen un rasgo propio de la clase social que la protagoniza, contribuyendo así a diferenciarla de la clase trabajadora y de las clases superiores. Así, según Smith, la gentrificación supone una rediferenciación del paisaje cultural, social y económico (Hamnett, 1991). Las críticas que ha recibido se centran fundamentalmente en el hecho de que no constituye una explicación de la gentrificación, sino más bien una de sus características, ya que no siempre que se da esta diferencia potencial de beneficio o rent-gap gentrificar es la mejor opción. Además, Smith no explica el proceso por el cual se forma dicha diferencia: puede que nazca precisamente porque existe demanda de estas áreas por parte de gentrificadores potenciales. Otras críticas se basan en estudios realizados, que muestran cómo las actuaciones individuales, las de los gentrificadores, no siempre van precedidas de la actuación de los agentes del suelo, como Smith defiende. Este es el caso de ciertas áreas de ciudades como Londres (Hamnett, 1991). Por otro lado, en diversas ocasiones el planteamiento del autor ha sido aceptado como una parte explicativa del proceso, pero ha sido revisado: S.C. Bourassa (1993) argumenta que la tesis de Smith no explica los cambios de usos del suelo que se experimentan en el marco de la gentrificación, ni cómo los barrios afectados por desinversión son percibidos en un determinado momento como zonas adecuadas para vivir. Recientemente, sin embargo, se ha publicado un artículo (Hammel, 1999) donde se defiende el concepto de Smith enfrente a la visión de Bourassa: la polémica, pues, está a la orden del día. La controvesia que siempre ha caracterizado la conceptualización y la aproximación metodológica a la gentrificación -se ha llegado a afirmar que sólo se han analizado partes ,no el todo- se está suavizando en la actualidad con enfoques conceptuales más consensuados, que concilian visiones en origen prácticamente excluyentes, tal es el caso del ya citado Hamnett (1991). Las posturas actuales en general consideran el proceso como resultado de una serie de factores interrelacionados, sin otorgar protagonismo absoluto a ninguno de ellos, a pesar de que los autores se inclinen por determinados puntos de vista y se centren más en el estudio de factores y elementos que creen fundamentales para entender la gentrificación. Tal como se ha citado anteriormente, se tienen en cuenta tanto el actual contexto socioeconómico mundial como el propio contexto urbano de cada ciudad estudiada, para tratar de establecer generalidades y desarrollos particulares. Las principales líneas y procedimientos metodológicos de investigación se tratan en el siguiente subapartado. La evolución de los procedimientos de estudio Las técnicas y procedimientos empleados por los estudiosos se muestran a lo largo del tiempo cada vez más sistematizados y se les presta más atención en cuanto que de un mayor rigor dependen unas conclusiones más acertadas. Como antes se ha dicho, los trabajos de los años 1970 pretendían dilucidar el origen del proceso y describir sus tendencias generales. En la actualidad la

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atención se centra en cómo se desarrolla en cada caso particular. De este modo se han ido delimitando cada vez más las áreas de estudio; ahora no sólo se enmarca la gentrificación dentro de unos determinados barrios en una ciudad, sino que incluso se investigan manzanas de casas perfectamente delimitadas, con lo que se gana en profundidad en el estudio. Esto no significa, sin embargo, que no se realicen análisis más generales a escala de barrio, depende del objetivo que se persiga: obtener información en detalle o descubrir tendencias más generales. En general puede afirmarse que para encuadrar los estudios se tiene en cuenta el análisis de la historia de la ciudad y del barrio, la planificación y el desarrollo urbano (Jauhiainen,1991); se considera el origen del barrio, sus particularidades en relación a la ciudad, las características de los habitantes en las distintas fases históricas, los espacios públicos, los edificios, etc. Así pues, la gentrificación adquiere su propio desarrollo y sus características particulares en cada área donde se da, a pesar de que como concepto parece que existe consenso en cuanto a sus rasgos generales; el debate actual se centra más en los procesos a través de los que se manifiesta y en las variables a tener en cuenta para su investigación. Algunos autores han intentado modelizar el estudio del fenómeno. Cabe destacar que, partiendo o no de un modelo, las variables que se analizan y se relacionan son de distinto signo: social, cultural, económico, político, material (como la tipología y características de los edificios), de manera que unas veces priman más unas sobre otras, según la visión del autor en relación a la gentrificación o según se constate una mayor primacía de alguna de ellas en cada caso particular. Citaré dos modelos de estudio que pueden considerarse como pautas más o menos sistemáticas de análisis, más que modelos en sentido estricto: Por un lado, P. A. Redfern (1997 a , b) afirma que han de combinarse ciertos factores para que se dé gentrificación: en primer lugar, es necesario que exista segregación social y residencial. En este sentido, se pueden estudiar las propiedades individuales, pero hay que tener en cuenta que la gentrificación repercute en toda una área o todo un barrio. Es decir, metodológicamente hay que trabajar tanto a escala de propiedades individuales como a una escala más general para analizar sus efectos. En segundo lugar, hay que partir del requisito de que las viviendas y las áreas susceptibles de experimentar gentrificación deben haber sido concebidas en sus inicios para ser ocupadas por las clases medias, las cuales las han abandonado en algún momento y han pasado a manos de clases populares. Otro aspecto a considerar es que la fuente básica de financiamiento para rehabilitar las viviendas son préstamos e hipotecas, más que los ahorros. Finalmente, Redfern otorga un papel importante, aunque no determinante, a las llamadas tecnologías domésticas, como la introducción de agua corriente y evacuación de aguas residuales, gas y electricidad, o los electrodomésticos: según el autor, en ello está implicado el progreso técnico. La explicación radica en que a partir de los años 1950 el coste de esas tecnologías descendió hasta el punto de que su incorporación a los edificios ya existentes fue rentable, de modo que la renovación de una vieja propiedad empezó a ser viable y ya no era mejor derribarla y construir otra nueva. Esta observación derivó del estudio realizado por Redfern en el barrio londinense de Islington, con residencias victorianas en proceso de gentrificación. Establecidos los factores, el autor relaciona distintas variables para valorar si es viable iniciar un proceso renovador, teniendo en cuenta el valor de los servicios domésticos a incorporar, los costes de las mejoras, las tasas de interés del momento, los posibles beneficios a obtener, así como el desplazamiento de los ocupantes de clases populares por nuevos ocupantes de mayores ingresos; para Redfern, constituyen características propias de la gentrificación el hecho de que tiene que existir cierta disparidad entre los ingresos de los dos grupos mencionados -no basta que los unos sean superiores a los otros- y que las mejoras tienen lugar después del desplazamiento (Redfern, 1997 b). No dice nada, sin embargo, sobre si este desplazamiento es voluntario o como muchas veces ocurre- forzoso. Por otro lado, es interesante presentar también el modelo basado en la distinción de estadios o fases evolutivas, elaborado por Juliet Carpenter y Loretta Lees (Carpenter y Lees, 1995) Las autoras justifican dicho modelo por la naturaleza histórica del proceso y por su adecuación al análisis comparativo, método que consideran muy apto para estudiar la gentrificación, ya que permite establecer las características comunes del proceso incluso a escala internacional y distinguir las características propias del contexto local. En este sentido constatan que a pesar de la similitud visual o superficial de los paisajes que han experimentado gentrificación, como pueden mostrar las pautas de consumo, su estructura interna y sus códigos culturales aparecen distintos a escala internacional. Carpenter y Lees proponen en su artículo la realización de estudios mediante la comparación del proceso en ciudades de diferentes países, tal como hacen ellas en su comparación de tres barrios de Londres, París y Nueva York, sobre todo para profundizar en la influencia del contexto local. Su modelo de análisis se basa, pues, en el establecimiento de fases y en la consideración de determinados puntos clave: hay que estudiar el proceso de suburbanización en la ciudad en cuestión, que en general ha traído consigo desinversión en los centros urbanos. En numerosas ocasiones esta desinversión ha sido potenciada políticamente, al nivel institucional, a través de la negativa a la concesión de préstamos destinados a la inversión en la propiedad, que con frecuencia ha sido objeto de abandono en las zonas en cuestión. Finalmente, las autoras consideran muy importante analizar el punto de inflexión entre la etapa de desinversión y la de inversión, para lo cual hay que tener en cuenta: a) el notorio papel de los gobiernos y de las instituciones financieras para facilitar el proceso; los gobiernos pueden intervenir directamente a través de programas de ayuda financiera, o indirectamente calificando determinadas zonas como objeto de protección o conservación por su valor patrimonial o histórico; b) los inversores, que pueden ser particulares, promotores, el sector público o compañías comerciales que desean establecerse en el área, cuyo papel creen que es crucial en la gentrificación; c) los paisajes asociados a la gentrificación, que reflejan en el espacio la forma como han cambiado las pautas de consumo derivadas de la

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globalización de la cultura en el llamado mundo postmoderno: aparecen, por ejemplo, establecimientos comerciales que muestran el mayor poder adquisitivo y las preferencias de los nuevos habitantes. Carpenter y Lees opinan que se configuran paisajes exclusivos, caracterizados con frecuencia por la instalación de diversos sistemas de seguridad en los edificios, lo cual es signo de que los nuevos ocupantes no se sienten del todo seguros; y critican la privatización de espacios públicos que a veces se lleva a cabo al mismo tiempo que se acometen estos procesos. En cuanto a las técnicas de análisis desarrolladas básicamente durante la última década, destacan tanto las de tipo cuantitativo como las de tipo cualitativo: en numerosos estudios se utilizan cuestionarios de carácter extensivo y entrevistas intensivas. El primer tipo es adecuado para aplicar al estudio del proceso a escala de sistemas urbanos, entre otros posibles usos, con el fin de obtener datos referentes a las características generales de la gentrificación. Las técnicas de carácter intensivo, en cambio, se emplean para profundizar en los rasgos propios que adquiere el proceso en cada ciudad o área en particular; tal es el caso de las entrevistas a los protagonistas de la gentrificación, en especial los mismos gentrificadores. Estos procedimientos han sido empleados por varios estudiosos, como los de C.A. Mills (1989) o J. Jauhiainen (1990). La precisión en el estudio se manifiesta en análisis como el que realizó Zuhal Ulusoy (1998) en la ciudad de Pittsburgh; según la autora, que es catedrática de la Facultad de Arte, Diseño y Arquitectura de la Universidad Bilkent de Ankara, la actividad de rehabilitación suele ser poco analizada en los estudios sobre el tema, y es tratada como si fuera una actividad homogénea y sin relación con otros aspectos del cambio. Propone un enfoque de estudio basado en la recogida de datos a escala de las propiedades individuales, con el fin de superar las limitaciones impuestas por los datos agregados a escala de barrio o de otras divisiones administrativas, con los que no se perciben las variaciones entre cada caso particular. De este modo analiza la historia de cada propiedad en términos de cambio de propietarios, de cambios de ocupantes y cambios en las condiciones físicas, de manera que es posible descubrir pautas similares entre distintas propiedades. El efecto combinado de estos cambios y el orden cronológico en que tienen lugar constituyen la base de los análisis. Ulusoy detalla los distintos tipos de datos a tener en cuenta: en cuanto a la actividad de renovación, distingue entre una gradación que va desde el mantenimiento básico, como la pintura o la limpieza de las fachadas, hasta otra de mayor envergadura, como el cambio de los suelos o de los techos; para ello hay que consultar fuentes como los registros de permisos de obras; en relación a los traspasos de propiedad, hay que considerar la modalidad - compra-venta, herencia-, la fecha de venta y su valor; para obtener estos datos hay que recurrir a los registros de las administraciones locales. En cuanto a los cambios de ocupantes, cree importante contar con información referente a la permanencia de cada ocupante en una determinada dirección, la frecuencia de cambio de residentes en cada vivienda, la posible subdivisión de las propiedades, y también considera interesante obtener datos sobre las características socioeconómicas de los ocupantes sucesivos. A través del análisis conjunto de los datos se pueden llegar a establecer pautas y regularidades en el marco de la renovación urbana. La autora establece distintos escenarios de la renovación, que clasifica en cuatro grandes tipos: a) cuando no hay cambio de propietarios ni de residentes en el momento de la renovación; el propietario es el ocupante y es quien se hace cargo de la renovación y el objetivo, por lo tanto, no es atraer a un nuevo tipo de ocupante; b) cuando la renovación conduce a un cambio de ocupación, pero no de propietario: hay nuevos ocupantes en alquiler, o bien se pasa de ocupación el alquiler a ocupación en propiedad, o el propietario se traslada para alquilar su vivienda habitual; el objetivo es adecuar la propiedad a una nueva clientela; c)cuando las mejoras se realizan después de que la propiedad haya sido comprada u ocupada por un nuevo propietario; la intención es adecuar el edificio a las necesidades y gustos de los nuevos propietarios u ocupantes, que pueden ser gentrificadores, según sus características socioeconómicas y las características del barrio o zona; el último caso que distingue Ulusoy se da cuando la propiedad es renovada y vendida durante o después de la renovación. Dentro de este caso se incluiría la modalidad de comprarenovación-venta, realizada básicamente por promotores. En este caso, el fin es obtener un considerable beneficio económico e incluso especular con él. Finalmente, Ulusoy señala que, en principio, la actividad de mejora es modesta durante los primeros años de rehabilitación, ya que los procesos más elaborados y de mayor alcance se dan más tarde, de manera que la renovación comporta cambios cuantitativos y cualitativos en las áreas donde tiene lugar a lo largo del tiempo. Nuevas líneas Cabe destacar que durante la década de los 90 se han iniciado nuevas líneas de investigación que introducen nuevas variables a las ya mencionadas. Fundamentalmente consisten en analizar la posible influencia del género y del ciclo de vida en el proceso de la gentrificación, en relación con la clase social. En este sentido, se considera un factor importante la incorporación de la mujer al mundo laboral, ocupando puestos de trabajo para los que se requiere una formación específica y que están bien remunerados: las mujeres que tienen que ocuparse de su hogar además de su trabajo profesional prefieren vivir cerca de sus lugares de trabajo, que suelen estar en el centro urbano, para evitar los desplazamientos. En cuanto al ciclo de vida, se tienen en cuenta las franjas de edad y la actividad que se desarrolla en cada una de ellas: los adultos en edad activa serían los protagonistas fundamentales de la

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gentrificación. Algunos autores se han interesado especialmente en el tema, como L. Bondi (1991, 1992 y 1999); otras publicaciones sobre este enfoque, referenciadas al final del artículo, son las de Butler y Hamnett (1994) y Lyons (1996). La gentrificación se ha abordado desde distintas disciplinas, como la demografía, la sociología, la antropología, la economía, y especialmente desde la geografía y sus ramas específicas, como los estudios urbanos y la planificación: puede decirse que en estos últimos campos la gentrificación ha constituido un foco de debate importante desde los años 70 (Redfern, 1997 a). Las ciudades estudiadas Tomando como base la publicación Geographical Abstracts- Human Geography (Norwich, 1989), de bibliografía, se han identificado sesenta y nueve referencias sobre gentrificación, correspondientes a trabajos citados por dicha obra entre enero de 1990 y diciembre de 1999. De estas referencias, tres corresponden a los artículos mencionados anteriormente sobre gentrificación en el ámbito rural, mientras que el resto se refiere al mundo urbano. Hay que tener en cuenta que para que se dé gentrificación, han de concurrir dos tipos de condiciones: en primer lugar, desde el punto de vista de la oferta, tienen que existir propiedades gentrificables en los centros urbanos, y además el mercado financiero ha de facilitar el financiamiento a través de hipotecas, ya que parece ser que este es el modo de financiamiento dominante en el proceso. En segundo lugar, ahora desde el punto de vista de la demanda, hace falta un colectivo de gentrificadores potenciales, constituido por gente cuyo perfil se ha descrito anteriormente (Hamnett, 1991). Así pues, no todas las ciudades más o menos importantes reúnen estas condiciones. Puede decirse que aproximadamente la mitad de los trabajos referenciados por Geographical Abstracts- Human Geography están dedicados a ciudades europeas y la otra mitad lo está a ciudades norteamericanas. Fuera de estos ámbitos, las publicaciones se refieren a Adelaide, Melbourne y Sydney, en Australia, a Kyoto, en Japón, a la capital de Corea del Sur, Seúl, a la capital de Israel, Tel-Aviv; a la caribeña Saint John, en Antigua y Barbuda, y a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. En Europa, la ciudad más analizada es Londres, que constituye una de las ciudades pioneras como ejemplo de gentrificación a una escala considerable, con la remodelación de los Docklands (Smith, 1989), un caso que sólo parcialmente encaja en el modelo, ya que el área no era propiamente un espacio residencial, sino portuario. El segundo lugar en número de estudios lo ocupa París. Cabe destacar el hecho de que se ha identificado el fenómeno en ciudades de Europa oriental a partir de la caída del comunismo, como Berlín, Magdeburgo o Budapest, debido a la entrada de la dinámica capitalista en su desarrollo urbano. Teniendo en cuenta los países, se ha analizado el fenómeno sobre todo en Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos, Finalandia, Dinamarca y Hungría. Las ciudades de América del Norte, tanto de Estados Unidos como de Canadá, constituyen también un foco de atención importante. Nueva York acapara la mayoría de estudios, pero también se han estudiado ciudades dispersas a lo largo y ancho del país, como San Francisco, Santa Fe, Nueva Orleans, Atlanta, Pittsburgh, Detroit, Northampton o Philadelphia. En Canadá se ha investigado sobre todo en Vancouver, Montreal y Toronto.

Bibliografía
A continuación se relacionan por orden alfabético las referencias bibliográficas identificadas a partir de la serie Geographical Abstracts-Human Geography (Norwich, 1989) bajo el epígrafe de gentrification, desde enero de 1990 hasta diciembre de 1999, junto a otras obras que se han utilizado para elaborar el presente artículo. Hemos consultado algunas de las publicaciones citadas en Geographical Abstracts-Human Geography, a las cuales se ha hecho especial referencia en el texto. En la siguiente bibliografía figura el código de referencia al final de los trabajos mencionados en la serie. ABU-LUGHOD, J.L. et al. From urban village to east village: the battle for New York's lower East Side. Blackwell, 1994. Ref. 95H/03356. AJUNTAMENT DE BARCELONA. Primeres Jornades Ciutat Vella. Revitalització urbana, econòmica i social. Barcelona, Ajuntament de Barcelona, 1989. AJUNTAMENT DE BARCELONA. Segones Jornades Ciutat Vella. Revitalització social, urbana i econòmica. Barcelona, Ajuntament de Barcelona, 1991. ALLAIN, R.Un exemple de valorisation spontanée d'un espace pavillonnaire pericentral. Le quartier sud-gare à Rennes. Géographie sociale, 1991, vol. 11, p. 283296. Ref. 93H/00299. ANDERSEN, H.S. Gentrification or social renewal? Effects on public supported housing renewal in Denmark. Scandinavian Housing and Planning Research, 1998, vol. 15, nº 3, p. 111-128. Ref. 7674. BAILEY,N. and ROBERTSON, D. Housing renewal, urban policy and gentrification. Urban Studies, 1997, vol. 34, nº 4, p. 561-578. Ref. 9911. BEAUREGARD, R.A. Trajectories of neighborhood change: the case of gentrification. Environment & Planning A, 1990, vol. 22, nº 7, p. 855-874. Ref. 91H/00444. BLOMLEY, N.K. The properties of space: history, geography, and gentrification. Urban Geography, 1997, vol.18, nº 4, p. 286-295. Ref. 4612. BONDI, L. Women, gender relations and the inner city. In KEITH,M. and ROGERS, A. (Eds.). Hollow promises? Rhetoric and reality in the inner city. Mansell, Cassell, 1991, p. 110-126. Ref. 91H/07850. BONDI, L. Gender symbols and urban landscapes. Progress in Urban Geography, 1992, vol. 16, nº 2, p. 157-170. Ref. 92H/08915. BONDI, L. Gender, class and gentrification. Enriching the debate. Environment & Planning D: Society and Space, 1999, vol.17, nº 3, p. 261-282. Ref. 9724. BOURASSA,S.C. The rent gap debunked. Urban Studies, 1993, vol. 30, nº 10, p. 1731-1744. Ref. 94H/05875.

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cuatro tap
anteproyecto

el derecho a la ciudad
david har vey

Vivimos en una era en la que los ideales de los derechos humanos se han colocado en el centro de la escena tanto política como éticamente. Se hagastado una gran cantidad de energía en promover su significado para la construcción de un mundo mejor, aunque la mayoría de los conceptos que circulan no desafían fundamentalmente las lógicas de mercado liberales y neoliberales o los modos dominantes de legalidad y de acción estatal. Vivimos, después de todo, en un mundo en el que los derechos a la propiedad privada y el benefició aplastan todas las demás nociones de derechos. Quiero explorar aquí otro tipo de derecho humano, el derecho a la ciudad. ¿Ha contribuido el impresionante ritmo y escala de urbanización de los últimos cien años al bienestar humano? La ciudad, en palabras del sociólogo urbano Robert Parker, es el intento más exitoso del ser humano de rehacer el mundo en el que vive de acuerdo con el deseo más íntimo de su corazón. Pero si la ciudad es el mundo que el ser humano ha creado, es también el mundo en el que a partir de ahora está condenado a vivir. Así pues, indirectamente y sin un sentido nítido de la naturaleza de su tarea, al hacer la ciudad, el ser humano se ha rehecho a sí mismo. [1] La cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede estar divorciada de la que plantea qué tipo de lazos sociales, de relaciones con la naturaleza, de estilos de vida, de tecnologías y de valores estéticos deseamos. El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos: se trata del derecho a cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad. Es, además, un derecho común antes que individual, ya que esta transformación depende inevitablemente del ejercicio de un poder colectivo para remodelar los procesos de urbanización. La libertad de hacer y rehacer nuestras ciudades y a nosotros mismos es, como quiero demostrar, uno de nuestros derechos humanos más precio-sos, pero también uno de los más descuidados. Desde sus inicios, las ciudades han surgido mediante concentraciones geográficas y sociales de un producto excedente. La urbanización siempre ha sido, por lo tanto, un fenómeno de clase, ya que los excedentes son extraídos de algún sitio y de alguien, mientras que el control sobre su utilización habitualmente radica en pocas manos. Esta situación general persiste bajo el capitalismo, por supuesto; pero dado que la urbanización depende de la movilización del producto excedente, surge una conexión íntima entre el desarrollo del capitalismo y la urbanización. Los capitalistas tienen que producir un producto excedente a fin de producir plusvalor; éste a su vez debe reinvertirse para generar más plusvalor. El resultado de la reinversión continuada es la expansión de la producción de excedente a un tipo de interés compuesto, y de ahí proceden las curvas logísticas (dinero, producción y población) vinculadas a la historia de la acumulación de capital, que es replicada por la senda de crecimiento de la urbanización en el capitalismo. La perpetua necesidad de encontrar sectores rentables para la producción y absorción de capital excedente conforma la política del capitalismo y enfrenta al capitalista con diversas barreras a la expansión continua y libre de inconvenientes. Si el trabajo es escaso y los salarios son altos, o bien el trabajo existente tiene que ser disciplinado normalmente los dos métodos más comunes son provocar un desempleo inducido tecnológicamente o asaltar el poder de la clase obrera organizada–, o bien deben encontrarse nuevas fuerzas de trabajo mediante la inmigración, la exportación de capital o la proletarización de elementos de la población hasta ese momento independientes. Los capitalistas deben también descubrir nuevos medios de producción en general y nuevos recursos naturales en particular, lo cual presiona de modo creciente sobre el entorno natural a la hora de obtener las materias primas necesarias y absorber los residuos inevitables. Los capitalistas necesitan también descubrir nuevas áreas de extracción de recursos naturales, tarea que es con frecuencia el objetivo de los esfuerzos imperialistas y neocoloniales.

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Las leyes coercitivas de la competencia también fuerzan la continua implementación de nuevas tecnologías y formas organizativas, dado que éstas permiten que los capitalistas venzan a sus competidores que utilizan métodos inferiores. Las innovaciones definen nuevos deseos y necesidades, reducen el tiempo de rotación del capital y mitigan la fricción de la distancia, lo cual limita el ámbito geográfico en el que el capitalista puede buscar suministros ampliados de fuerza de trabajo, materias primas y demás insumos productivos. Si no existe suficiente poder de compra en el mercado, deben encontrarse nuevos mercados mediante la expansión del comercio exterior, la promoción de nuevos productos y estilos de vida, la creación de nuevos instrumentos crediticios y el gasto público y privado financiado a través del endeudamiento. Si finalmente la tasa de beneficio es demasiado baja, entonces la regulación estatal de la «competencia ruinosa», la monopolización (fusiones y adquisiciones) y las exportaciones de capital ofrecen vías de salida. Si alguna de las mencionadas barreras no puede ser evitada, los capitalistas no pueden reinvertir rentablemente su producto excedente, bloqueándose la acumulación de capital y enfrentándolos a la crisis en la que su capital puede devaluarse y en algunos casos destruirse físicamente. Las mercancías excedentes pueden perder su valor o ser destruidas, mientras que los activos y la capacidad productivos pueden dejar de utilizarse como tales y quedar ociosos; el dinero mismo puede devaluarse mediante la inflación, y la fuerza de trabajo, conocer el desempleo masivo. ¿Cómo ha impulsado, pues, la necesidad de eludir estas barreras y de expandir las áreas de actividad rentable la urbanización capitalista? Sostengo aquí que la urbanización ha desempeñado un papel particularmente activo, junto con fenómenos como los gastos militares, a la hora de absorber el producto excedente que los capitalistas producen perpetuamente en su búsqueda de beneficios. Revoluciones urbanas Consideremos, en primer lugar, el caso del París del Segundo Imperio. El año de 1848 trajo consigo una de las primeras innegables crisis de capital excedente y de fuerza de trabajo ociosa a escala europea, que golpeó a París de modo especialmente duro, dando lugar a una revolución abortada protagonizada por los trabajadores desempleados y por aquellos utópicos burgueses que consideraban la república social como el antídoto a la avaricia y la desigualdad que habían caracterizado a la Monarquía de Julio. La burguesía republicana reprimió violentamente a los revolucionarios, pero no logró resolver la crisis, que se zanjó con el ascenso al poder de Luis Napoleón Bonaparte, quien organizó un golpe de Estado en 1851 proclamándose emperador el año siguiente. Para sobrevivir políticamente, recurrió a una amplia represión de los movimientos políticos alternativos, mientras que se enfrentó a la situación económica mediante un vasto programa de inversión en infraestructuras tanto en el interior de Francia como en el exterior, en donde acometió la construcción de ferrocarriles en toda Europa y en Oriente, apoyando grandes obras como el Canal de Suez. En el interior, Luis Napoleón consolidó la red de ferrocarriles, construyó puertos y dársenas, y desecó zonas pantanosas, pero sobre todo acometió la reconfiguración de la infraestructura urbana de París, encargando a Georges Eugène Haussmann las obras públicas de la ciudad en 1853. Haussmann comprendió claramente que su misión era contribuir a resolver el problema de la existencia de capital excedente y la situación de desempleo existente mediante la urbanización. Reconstruir París absorbió enormes cantidades de trabajo y capital para la época y, suprimiendo las aspiraciones de la fuerza de trabajo parisina, fue un instrumento esencial de estabilización social. Haussmann se inspiró en los planes utópicos que fourieristas y saint-simonianos habían debatido durante la década de 1840 para remodelar París, introduciendo, no obstante, una importante diferencia, ya que transformó la escala a la que se imaginó el proceso urbano. Cuando el arquitecto Jacques Ignace Hittorff le presentó sus planes de un nuevo bulevar, Haussmann se los devolvió diciéndole: «No es suficientemente ancho […] le has dado una anchura de 40 metros y yo lo quiero de 120 metros». Anexionó los suburbios y rediseñó barrios enteros como el de Les Halles. Para llevar a cabo estos proyectos, Haussmann precisaba de nuevas instituciones financieras y nuevos instrumentos de deuda como el Crédit Mobilier y el Crédit Immobilier, que fueron instituidos de acuerdo con líneas saint-simonianas. Haussmann ayudó, de hecho, a resolver el problema de la utilización del excedente de capital estableciendo un sistema protokeynesiano de mejoras urbanas en infraestructuras financiadas mediante el endeudamiento. El sistema funcionó muy bien aproximadamente durante quince años e implicó no sólo la transformación de las infraestructuras urbanas, sino también la construcción de un nuevo modo de vida y de persona urbana. París se convirtió en «la ciudad de la luz», un gran centro de consumo, turismo y placer; los cafés, los grandes almacenes, la industria de la moda y las grandes exposiciones cambiaron la vida urbana de modo que pudiera absorber enormes excedentes mediante el consumo. Tras un tiempo, sin embargo, el sistema financiero, sobretensado y especulativo, y las estructuras de crédito colapsaron en 1868. Haussmann fue despedido; Napoleón III, desesperado, declaró la guerra a la Alemania de Bismarck para perderla, creándose un vacío en el que se produjo la Comuna de París, uno de los grandes episodios revolucionarios de la historia urbana del capitalismo, desencadenado en parte por la nostalgia del mundo que Haussmann había destrozado y por el deseo de los trabajadores de recuperar la ciudad de la que habían sido desposeídos por sus trabajos [2].

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Saltemos ahora a la década de 1940 en Estados Unidos. La descomunal movilización para atender el esfuerzo de guerra había resuelto temporalmente el problema del uso del excedente de capital, que había parecido tan intratable durante la década de 1930, y el desempleo que había traído aparejado, pero todo el mundo temía lo que podría suceder una vez que la guerra concluyese. Políticamente la situación era peligrosa: el gobierno federal estaba, en efecto, dirigiendo una economía nacionalizada y mantenía una alianza con la Unión Soviética comunista, mientras que fuertes movimientos sociales con inclinaciones izquierdistas habían emergido durante la década de 1930. Como en la era de Luis Bonaparte, las clases dominantes de la época consideraban necesaria una vigorosa dosis de represión política, siendo demasiado familiar la posterior historia de la política del mccarthysmo y de la Guerra Fría, cuyos primeros signos abundaban ya a principios de la década de 1940. En el frente económico, persistía la cuestión de cómo podría absorberse el capital excedente. En 1942, apareció en Architectural Forum una larga evaluación de las iniciativas y trabajos de Haussmann, que documentaba con detalle lo que éste había hecho, intentaba un análisis de sus errores y buscaba recuperar su reputación como uno de los mayores urbanistas de todos los tiempos. El artículo no era sino de Robert Moses, quien tras la Segunda Guerra Mundial hizo en Nueva York lo que Haussmann había hecho en París [3]. Moses cambió la escala de pensamiento sobre el proceso urbano. Mediante un sistema de autopistas y transformaciones de infraestructuras, suburbanización y la remodelación total no sólo de la ciudad sino del conjunto de la región metropolitana, contribuyó a resolver el problema de la absorción de capital excedente. Para lograrlo, exploró las nuevas instituciones financieras y los modelos fiscales que liberarían el crédito necesario para la expansión urbana financiada mediante el endeudamiento. Cuando este proceso se extendió al conjunto de las mayores áreas metropolitanas estadounidenses –de nuevo otro cambio de escala–, desempeñó un papel fundamental a la hora de estabilizar el capitalismo global después de 1945, periodo en el que Estados Unidos podía permitirse propulsar la economía global no comunista incurriendo en déficits comerciales. La suburbanización de Estados Unidos no fue únicamente cuestión de nuevas infraestructuras. Como en el Segundo Imperio, implicó una transformación radical de los estilos de vida, la introducción de nuevos productos: de las viviendas a las neveras y los aires acondicionados, de los dos coches en el garaje a un enorme incremento en el consumo de petróleo. También alteró el paisaje político, ya que la propiedad subsidiada de una vivienda para la clase media cambió el objeto de atención de la acción comunitaria hacia la defensa de los valores de la propiedad y las identidades individualizadas, canalizando el voto suburbano hacia el republicanismo conservador. Se pensaba que era menos probable que los propietarios de una vivienda, aplastados por la deuda, recurriesen a la huelga. Este proyecto absorbió con éxito el excedente y aseguró la estabilidad social, aunque a costa de vaciar los centros de los cascos urbanos y generar descontento entre aquéllos, básicamente afroamericanos, a quienes se les negaba el acceso a la nueva prosperidad. A finales de la década de 1960, comenzó un tipo diferente de crisis; Moses, como Haussmann, cayó en desgracia y su solución se consideró inapropiada e inaceptable. Los tradicionalistas se agruparon en torno a Jane Jacobs e intentaron contrarrestar la modernidad brutal de los proyectos de Moses con una estética de barrio localizado. Pero las áreas suburbanas ya habían sido construidas y el cambio radical del estilo de vida que traía aparejado había tenido innumerables consecuencias sociales, llevando a las feministas, por ejemplo, a proclamar esas áreas como el lugar de sus descontentos primordiales. Si la haussmannización desempeñó un papel en las dinámicas de la Comuna de París, las características descarnadas del modo de vida suburbano también desempeñaron su parte en los espectaculares acontecimientos que tuvieron lugar en Estados Unidos en 1968. Los estudiantes blancos de clase media mostraron su descontento desencadenando una fase de revuelta mediante la búsqueda de alianzas con grupos marginales que reivindicaban los derechos civiles y agrupándose contra el imperialismo estadounidense para construir otro tipo de mundo, que incluía también otro tipo de experiencia urbana. En París, la campaña para detener la vía rápida de la margen izquierda y la destrucción de barrios tradicionales por la invasión de «gigantes de altura» como la Place d’Italie y la torre Montparnasse ayudó a animar las mayores dinámicas del levantamiento de 1968. En este contexto, Henri Lefebvre escribió "La revolution urbaine", que predijo no sólo que la urbanización era central para la supervivencia del capitalismo y, por lo tanto, susceptible necesariamente de convertirse en objeto crucial de la lucha de clases y de la lucha política, sino que estaba despareciendo paulatinamente la distinción entre el campo y la ciudad mediante la producción de espacios integrados a lo largo del territorio nacional, si no más allá del mismo [4]. El derecho a la ciudad tenía que significar el derecho a dirigir la totalidad del proceso urbano, que estaba dominando cada vez más el campo mediante fenómenos que iban del agribusiness a la segunda residencia y el turismo rural. De la mano de la revuelta de 1968 vino la crisis financiera de las instituciones crediticias que, al financiar la deuda, habían propiciado un boom inmobiliario durante las décadas precedentes. La crisis se intensificó a finales de la de 1960 hasta que el sistema capitalista colapsó, primero con la explosión de la burbuja del mercado inmobiliario en 1973, a la que siguió la quiebra de la ciudad de Nueva York en 1975. Como indicó William Tabb, la respuesta a las consecuencias de esta última avanzaron, de hecho, la

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construcción de la respuesta neoliberal a los problemas de perpetuar el poder de clase reanimando la capacidad de absorber los excedentes que el capitalismo debe producir para sobrevivir [5]. Rodear el globo Demos otro salto hasta la coyuntura actual. El capitalismo internacional ha conocido una rápida serie de crisis y debacles –Asia oriental y sudoriental en 1997-1998; Rusia en 1998; Argentina en 2001–, pero hasta tiem-pos recientes había evitado una crisis global, aun teniendo en cuenta la inestabilidad crónica para disponer del excedente de capital. ¿Cuál fue el papel de la urbanización para estabilizar esta situación? En Estados Unidos, se acepta la opinión de que el sector de la vivienda fue un importante estabilizador de la economía, particularmente tras el hundimiento del sector de la alta tecnología a finales de la década de 1990, y un componente activo de la expansión en los primeros años de la actual. El mercado de la vivienda absorbió directamente una gran cantidad de capital excedente mediante la construcción de centros urbanos así como de viviendas y espacios de oficina suburbanos, mientras que la rápida inflación de los precios de los activos de la vivienda –respaldado por una generosa ola de refinanciación hipotecaria a tipos de interés históricamente bajos estimuló el mercado interior estadounidense de bienes de consumo y de servicios. La expansión urbana estadounidense contribuyó parcialmente a estabilizar la economía global, en un momento en que Estados Unidos soportaba enormes déficits comerciales con el resto del mundo, endeudándose aproximadamente por un monto de 2 millardos de dólares diarios para alimentar su insaciable pauta de consumo así como las guerras de Iraq y Afganistán. Pero el proceso urbano ha experimentado otra transformación de escala. Se ha hecho, dicho en una palabra, global. Los booms inmobiliarios en el Reino Unido y en España, así como en otros muchos países, han ayudado a propulsar una dinámica capitalista de modos que se asemejan a grandes rasgos a lo que ha sucedido en Estados Unidos. La urbanización de China durante los últimos veinte años ha sido de un carácter diferente, concentrándose en el desarrollo de su infraestructura, siendo incluso más importante que el proceso estadounidense. Su ritmo se intensificó enormemente tras una breve recesión en 1997, hasta el punto de que China ha consumido casi la mitad de la producción mundial de cemento desde 2000. Más de cien ciudades han rebasado el punto de inflexión del millón de habitantes durante este periodo, y pequeños pueblos como Shenzhen se han convertido en gigantescas metrópolis de entre 6 y 10 millones de habitantes. Colosales proyectos de infraestructuras, que incluyen presas y autopistas financiadas de nuevo mediante el endeudamiento, están transformando el paisaje. Las consecuencias para la economía global y la absorción de capital excedente han sido significativas: Chile crece espectacularmente gracias al alto precio del cobre, Australia avanza a pasos de gigante e incluso Brasil y Argentina se han recuperado en parte gracias a la fortaleza de la demanda china de materias primas. ¿Es la urbanización de China, por lo tanto, el estabilizador primario del capitalismo global en la actualidad? La respuesta tiene que ser un sí matizado, porque China es únicamente el epicentro de un proceso de urbanización que ahora se ha hecho genuinamente global, en parte por mor de la impresionante integración de los mercados financieros que han utilizado su flexibilidad para financiar mediante el endeudamiento el desarrollo urbano en todo el mundo. El banco central chino, por ejemplo, se ha mostrado activo en el mercado hipotecario estadounidense, mientras que Goldman Sachs se ha involucrado intensamente en el vigoroso mercado inmobiliario de Bombay y el capital de Hong Kong ha invertido en Baltimore. En medio de una marea de migrantes empobrecidos, la construcción ha crecido de un modo inusitado en Johannesburgo, Taipei y Moscú, así como en las ciudades de los países capitalistas centrales, como Londres y Los Ángeles. Impresionantes si no criminalmente absurdos resultan los proyectos de megaurbanización que han emergido en Oriente Próximo en lugares como Dubai y Abu Dhabi, los cuales han absorbido los excedentes procedentes de la riqueza del petróleo en los modos más obscenos, socialmente injustos y ambientalmente despilfarradores. Esta escala global dificulta la comprensión de que lo que está sucediendo es teóricamente similar a las transformaciones que Haussmann supervisó en París, dado que el boom urbanizador global ha dependido, como sucedió con los que le antecedieron, de la construcción de nuevas instituciones y dispositivos financieros para organizar el crédito necesario para sostenerlo. Las innovaciones financieras lanzadas durante la década de 1980 –titularización y serialización de las hipotecas locales para ser vendidas en todo el mundo y establecimiento de nuevos vehículos para negociar obligaciones de deuda garantizada– han desempeñado un papel fundamental, siendo sus principales beneficios la dispersión del riesgo y la posibilidad de crear fondos de ahorro excedente de más fácil acceso para la demanda de vivienda. Estas innovaciones financieras también han reducido los tipos de interés globales, al tiempo que generaban inmensas fortunas para los intermediarios financieros que trabajaban con esos prodigios. Pero dispersar el riesgo no significa eliminarlo. Además, el hecho de que éste pueda distribuirse tan ampliamente, estimula comportamientos locales todavía más arriesgados, porque el pasivo puede transferirse a otra parte. Sin controles adecuados de evaluación del riesgo, esta ola de financiarización se ha traducido ahora en la doble crisis de las hipotecas subprime

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y del valor de los activos inmobiliarios. El resultado de todo ello se concentró primero en las ciudades estadounidenses, con implicaciones particularmente serias para los afroamericanos de bajos ingresos ubicados en el centro de las ciudades y los hogares a cargo de una mujer soltera. Ha afectado también a aquellos que, incapaces de permitirse los elevadísimos precios de la vivienda en los centros urbanos, especialmente en el sudoeste, fueron obligados a desplazarse a las periferias metropolitanas: aquí decidieron especular, inicialmente pagando tipos de interés baratos, con viviendas adosadas ya construidas, enfrentándose ahora a costes de desplazamiento crecientes a medida que aumenta el precio del petróleo y con cuotas hipotecarias cada vez mayores cuando comienzan a pagar los intereses de acuerdo con los tipos de mercado. La crisis actual, con sus severas repercusiones locales sobre la vida y las infraestructuras urbanas, amenaza también la totalidad de la arquitectura del sistema financiero global y puede desencadenar, además, una recesión de envergadura. Los paralelos con la década de 1970 son escalofriantes, incluida la inmediata respuesta con la concesión de dinero fácil por parte de la Reserva Federal en 2007-2008, que generará casi con toda seguridad fuertes corrientes de inflación incontrolable, si no una situación de estanflación, en un futuro no muy lejano. Sin embargo, la situación es mucho más compleja en la actualidad, y sigue siendo una cuestión abierta si China puede compensar una debacle seria de Estados Unidos; incluso parece que en aquel país el ritmo de la urbanización puede estar ralentizándose [6]. Los sistemas de negociación informatizados que operan prácticamente en tiempo real siempre amenazan con crear una gran divergencia en el mercado, que ya está produciendo una increíble volatilidad en la negociación bursátil y que precipitará una crisis masiva que requerirá repensar totalmente cómo funcionan no sólo los mercados monetarios y financieros, sino también su relación con la urbanización. Propiedad y pacificación Como en todas las fases precedentes, esta última radical expansión del proceso urbano ha traído aparejadas increíbles transformaciones de los estilos de vida. La calidad de la vida urbana se ha convertido en una mercancía, como la ciudad misma, en un mundo en el que el consumismo, el turismo, las industrias culturales y las basadas en el conocimiento se han convertido en aspectos esenciales de la economía política urbana. La inclinación posmoderna a estimular la formación de nichos de mercado –tanto en los hábitos de consumo como en las formas culturales– acecha la experiencia urbana contemporánea con un aura de libertad de elección, siempre que se disponga de dinero para ello. Grandes centros y superficies comerciales proliferan como lo hacen los restaurantes de fast food y los mercados de productos artesanales. Asistimos ahora, como señala el sociólogo urbano Sharon Zukin, a la «pacificación mediante el cappuccino». Incluso la incoherente, blanda y monótona promoción de vivienda adosada suburbana, que continúa dominando en muchas áreas, recibe ahora su antídoto en la forma de un movimiento en pro de un «nuevo urbanismo» que oferta la venta de comunidad y estilos de vida de calidad para cumplir todo tipo de sueños urbanos. Éste es un mundo en el que la ética neoliberal de un intenso individualismo posesivo y su correspondiente retirada política de las formas de acción colectiva se convierte en el modelo de la socialización humana [7]. La defensa de los valores de la propiedad se convierte en un interés político tan fundamental que, como señala Mike Davis, las asociaciones de propietarios en el estado de California se han convertido en bastiones de la reacción política, si no de fascismos fragmentados a escala de barrio [8]. Vivimos cada vez más en áreas urbanas divididas y proclives al conflicto. Durante las últimas tres décadas, el giro neoliberal ha restaurado el poder de clase en manos de las elites ricas. En México han aparecido 14 milmillonarios desde entonces, y en 2006 el país se jactaba de que un connacional, Carlos Slim, era el hombre más rico del planeta, al tiempo que las rentas de los pobres se habían estancado o directamente disminuido. Los resultados se hallan indeleblemente grabados en las formas espaciales de nuestras ciudades, caracterizadas cada vez más por fragmentos fortificados, comunidades valladas y espacios públicos privatizados sometidos a constante vigilancia. En el mundo en vías de desarrollo en particular, la ciudad se está dividiendo en diferentes partes separadas, con la evidente formación de innumerables «micro Estados». Barrios ricos dotados de todo tipo de servicios, tales como escuelas exclusivas, campos de golf y de tenis, y servicios privados de policía que patrullan el área de modo permanente, se entrelazan con asentamientos ilegales en los que puede disponerse de agua únicamente en fuentes públicas, no existe alcantarillado, la electricidad es pirateada por unos pocos privilegiados, las calles se convierten en barrizales cuando llueve, y donde compartir casa es la norma. Cada fragmento parece vivir y funcionar de modo autónomo, aferrándose tenazmente a lo que ha sido capaz de conseguir en la lucha diaria por la supervivencia [9]. Bajo estas condiciones, los ideales de identidad urbana, ciudadanía y pertenencia –ya amenazados por la difusión del malestar de la ética neoliberal– resultan mucho más difíciles de sostener. La redistribución privatizada mediante la actividad criminal amenaza la seguridad a cada paso, promoviendo demandas populares para que sea suprimida por la policía. Incluso la idea de que la ciudad podría funcionar como cuerpo político colectivo, un lugar en el que y desde el que los movimientos sociales progresivos podrían emanar, no parece plausible. Existen, sin embargo, movimientos sociales urbanos que intentan superar el aislamiento y remodelar la ciudad de acuerdo con una imagen diferente de la promovida por los promotores inmobiliarios respaldados por el capital

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financiero, el capital corporativo y un aparato de Estado cada vez más imbuido por una lógica estrictamente empresarial. Desposesiones La absorción de excedente mediante la transformación urbana tiene un aspecto todavía más siniestro, que ha implicado repetidas explosiones de reestructuración urbana mediante la «destrucción creativa», que tiene casi siempre una dimensión de clase, dado que son los pobres, los no privilegiados y los marginados del poder político quienes sufren primeo y en mayor medida las consecuencias de este proceso en el que la violencia es necesaria para construir el nuevo mundo urbano a partir de las ruinas del viejo. Haussmann desgarró los viejos barrios pobres de París, utilizando el poder de la expropiación en nombre de la mejora y la renovación cívicas, e implementó deliberadamente la expulsión de buena parte de la clase obrera y de otros elementos levantiscos presentes en el centro de la ciudad, donde constituían una amenaza al orden público y al poder. Creó una forma urbana en la que pensaba –incorrectamente, como se demostró en 1871– que, con niveles suficientes de vigilancia y control militar, podría garantizarse que los movimientos revolucionarios serían domeñados con facilidad. Sin embargo, como Engels señalo en 1872: En realidad, la burguesía dispone únicamente de un método para resolver el problema de la vivienda de modo vacilante, es decir, resolverlo de modo que la solución continuamente reproduzca de nuevo el problema. Este método se llama «Haussmann» […] No importa qué diferentes puedan ser las razones, el resultado siempre es el mismo; los escandalosos callejones y callejuelas desaparecen acompañados por las generosas autoalabanzas de la burguesía que explican el tremendo éxito cosechado, pero reaparecen de nuevo inmediatamente en algún otro sitio […] La misma necesidad económica que los produjo en una primera ubicación, los reproduce en otro lugar [10]. Llevó más de cien años completar el aburguesamiento del centro de París, con las consecuencias vistas en los recientes levantamientos y en la ola de violencia que sacudió los suburbios aislados que atrapan a los migrantes marginados y a los trabajadores y jóvenes desempleados. Lo triste en este caso, por supuesto, es que la situación descrita por Engels se reproduce de modo recurrente a lo largo de la historia. Robert Moses «empuñó el hacha en el Bronx», según sus propias palabras, cosechando largos y ruidosos lamentos de los grupos y movimientos vecinales. En el caso de París y Nueva York, una vez que el poder de las expropiaciones del Estado ha sido objeto de resistencia y contención exitosas, se desencadena una progresión más insidiosa y cancerosa a través de la disciplina presupuestaria municipal, la especulación inmobiliaria y la zonificación del uso del suelo de acuerdo con la tasa de beneficio de su «más elevado y mejor uso». Engels comprendió esta secuencia de modo más que certero: El crecimiento de las grandes ciudades modernas concede al suelo localizado en determinadas áreas, particularmente en aquellas que se hallan centralmente situadas, un incremento artificial y colosal de su valor. Los edificios erigidos sobre las mismas deprimen su valor en vez de incrementarlo, porque dejan de estar adaptados a circunstancias que no dejan de modificarse, siendo entonces derribados y sustituidos por otros, lo cual sucede sobre todo con las viviendas de los trabajadores que se hallan ubicadas en los centros de las ciudades y cuyas rentas, incluso forzando al máximo su congestión, nunca pueden, o lo hacen muy lentamente, incrementarse por encima de determinado máximo. Son demolidas y en su lugar se construyen tiendas, almacenes y edificios públicos [11]. Aunque esta descripción fue escrita en 1872, es aplicable directamente al desarrollo urbano contemporáneo en gran parte de Asia –Delhi, Seúl, Bombay–, así como a los procesos de gentrificación de Nueva York. En el corazón de la urbanización característica del capitalismo radica un proceso desplazamiento y lo que yo denomino «acumulación por desposesión» [12]. Se trata de la contraimagen de la absorción de capital mediante el redesarrollo urbano, que da lugar a numerosos conflictos en torno a la captura de suelo valioso en manos de las poblaciones de renta baja que han podido vivir en esas ubicaciones durante muchos años. Considérese el caso de Seúl durante la década de 1990: las empresas de construcción y los promotores inmobiliarios contrataron escuadras de matones con complexión de luchadores de sumo para invadir los barrios de las colinas de la ciudad, que no sólo demolieron y destrozaron las viviendas sino también todas las pertenencias de aquellos que habían construido sus propias casas durante la década de 1950 en terrenos que se habían convertido ahora en suelo de gran valor. Edificios de gran altura, que no muestran traza alguna de la brutalidad que permitió su construcción, cubren ahora la mayoría de esas colinas. En Bombay, entretanto, 6 millones de personas oficialmente consideradas como chabolistas se hallan instaladas en terrenos sobre los que no poseen título legal alguno; todos los mapas de la ciudad dejan estos lugares en blanco. Con la pretensión de convertir Bombay en un centro financiero global digno de rivalizar con Shanghai, el boom inmobiliario se ha intensificado y el suelo que ocupan estos habitantes ilegales parece cada vez más valioso. Dharavi, una de las áreas urbanas hiperdegradadas más prominentes de Bombay, se estima que puede tener un valor de 2 millardos de dólares. La presión para desalojarla –aduciendo razones ambientales y sociales que ocultan el apoderamiento del suelo– asciende día tras día. Los poderes financieros, respaldados por el Estado, presionan para que se produzca un desalojo por la fuerza, con la intención de apropiarse violentamente de terrenos en algunos casos ocupados durante una generación. Se trata de acumulación de capital mediante booms de actividad inmobiliaria, ya que el suelo se adquiere prácticamente sin ningún coste.

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¿Será compensada la gente que es desplazada? Los afortunados obtendrán algo, pero aunque la Constitución india especifica que el Estado tiene la obligación de proteger las vidas y el bienestar del conjunto de la población, con independencia de la clase o la casta, y de garantizar los derechos a la vivienda y el alojamiento, el Tribunal Supremo ha dictado sentencias que reescriben esa exigencia constitucional. Como los habitantes de esas áreas urbanas hiperdegradadas son ocupantes ilegales y muchos no pueden demostrar de modo irreprochable una residencia prolongada, no tienen derecho de compensación. Conceder tal derecho, afirma el Tribunal Supremo, equivaldría a recompensar a los rateros por sus acciones, de modo que los ocupantes ilegales, o bien resisten y luchan, o bien se trasladan con sus pocas pertenencias para acampar en los márgenes de las autopistas o donde puedan encontrar un reducido lugar para instalarse [13]. Ejemplos de desposesión pueden encontrarse también en Estados Unidos, aunque éstos tienden a ser menos brutales y más legalistas: el derecho del Estado al dominio eminente ha sido objeto de abuso a fin de desplazar a residentes establecidos en viviendas razonables en beneficio de usos del suelo de mayor importancia como grandes edificios de viviendas y centros comerciales. Cuando tal comportamiento llegó al Tribunal Supremo estadounidense, los jueces sentenciaron que era constitucional que las autoridades locales se comportasen de ese modo para incrementar la base imponible de sus impuestos sobre la propiedad [14]. En China, millones de personas están siendo desposeídas de los espacios que han ocupado durante largo tiempo, ascendiendo a 3 millones únicamente en Pekín. Como carecen de derechos de propiedad privada, el Estado puede simplemente desplazarlos por decreto, ofreciendo un pequeño pago en metálico para ayudarles en su nueva situación, antes de conceder con gran beneficio el suelo a los promotores. En algunos casos, la gente se ha movido voluntariamente, pero abundan las noticias de casos de gran resistencia, que son respondidos con una represión brutal por el Partido Comunista. En China abundan los casos de desplazamientos de población en los márgenes rurales, que ilustran el significado de la idea de Lefebvre, visionariamente articulada en la década de 1960, de que la distinción entre lo urbano y lo rural se estaba disolviendo en un conjunto de espacios porosos de desarrollo geográfico desigual bajo el poder hegemónico del capital y del Estado. Esto ha sucedido en India, donde los gobiernos central y estatal favorecen ahora el establecimiento de Zonas Económicas Especiales, supuestamente para el desarrollo industrial, aunque la mayoría del suelo se dedica a la urbanización. Esta política ha conducido a enconadas batallas contra los productores agrícolas, cuyo epítome fue la masacre de Nandigram en Bengala occidental en marzo de 2007, orquestada por el gobierno marxista del estado. El intento de encontrar terrenos para el Grupo Salim, un conglomerado indonesio, por parte del gobierno del PCI (marxista) se saldó con el envío de la policía para dispersar a los habitantes del pueblo, de los cuales 14 murieron y docenas fueron heridos. Los derechos de propiedad en este caso no proporcionaron ninguna protección. ¿Qué opinar, por otro lado, de la propuesta aparentemente progresista de conceder derechos de propiedad privada a las poblaciones que ocupan ilegalmente, proporcionándoles activos que les permitirían salir de la pobreza? [15]. Un plan de este tipo se está discutiendo ahora para las favelasde Rio de Janeiro, por ejemplo. El problema es que los pobres, asediados por la inseguridad de su renta y frecuentes dificultades financieras, puedenser persuadidos fácilmente de vender ese activo por un pago en me-tálico relativamente bajo. Los ricos habitualmente rechazan renunciar a sus activos de valor sin importar lo elevado que pueda ser el precio ofrecido por ellos, lo cual explica por qué Moses pudo empuñar el hacha en el Bronx de rentas bajas, pero no en la rica Park Avenue. El efecto duradero de la privatización de la vivienda social en Gran Bretaña por Margaret Thatcher ha sido crear una estructura de alquileres y precios en toda el área del Londres metropolitano que impide a los grupos de renta baja o incluso de clase media el acceso a una vivienda en punto alguno próximo al centro urbano. Apuesto que en quince años, si continúan las tendencias actuales, la totalidad de las colinas de Rio de Janeiro ocupadas por favelas estarán cubiertas por altos edificios de viviendas con vistas fabulosas sobre la idílica bahía de la ciudad, mientras que los anteriores habitantes de aquéllas habrán sido filtrados a alguna remota periferia. Formular demandas La urbanización, podemos concluir, ha desempeñado un papel crucial en la absorción de los excedentes de capital, siempre a una escala geográfica cada vez mayor, pero al precio de un proceso impresionante de destrucción creativa que ha desposeído a las masas de todo derecho a la ciudad, cualesquiera que sean éstos. El planeta como terreno de construcción choca con el «planeta de ciudades miseria» [16]. Periódicamente esto acaba en revuelta, como en París en 1871 o en Estados Unidos tras el asesinato de Martin Luther King en 1968. Si, como parece probable, las dificultades presupuestarias crecen y la hasta ahora exitosa fase neoliberal, posmoderna y consumista de urbanización capitalista mediante la absorción de excedente llega a su fin y se desencadena una crisis de mayores dimensiones, entonces se plantea la siguiente pregunta: ¿dónde está nuestro 1968 o, dicho más llamativamente, nuestra versión de la Comuna? Como sucede con el sistema financiero, la respuesta va a ser mucho más compleja precisamente porque el proceso urbano presenta ahora un alcance global. Los signos de rebelión se prodigan por doquier: el malestar en China e India es crónico, las guerras civiles desgarran África, América Latina está en fermento. Cualquiera de estas revueltas podría ser contagiosa. A diferencia del sistema financiero, sin embargo, los movimientos urbanos y periurbanos de

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oposición, que abundan en todo el mundo, no se hallan estrechamente interrelacionados; de hecho, la mayoría no tienen conexión entre sí. Si algo los hiciera conectarse entre sí, ¿qué exigirían? La respuesta a esta última pregunta es realmente simple en teoría: mayor control democrático sobre la producción y utilización del excedente. Dado que el proceso urbano es un canal esencial de uso del excedente, instituir una gestión democrática sobre su despliegue urbano constituye el derecho a la ciudad. A lo largo de la historia capitalista, parte del plusvalor ha sido gravado fiscalmente, y durante las fases socialdemócratas la proporción a disposición del Estado ha crecido de modo significativo. El proyecto neoliberal de los últimos 30 años ha estado orientado hacia la privatización de ese control. Los datos del conjunto de países de la OCDE muestran, sin embargo, que la parte gestionada por el Estado del producto bruto se ha mantenido prácticamente constante desde la década de 1970 ]17]. El mayor logro del asalto neoliberal ha sido, por consiguiente, impedir que la cuota pública se expandiese como lo hizo durante la década de 1960. El neoliberalismo también ha creado nuevos sistemas de governance que integran los intereses del Estado y de las empresas, y que, mediante el uso del poder del dinero, han asegurado que la utilización del excedente a través de la Administración pública favorezca al capital corporativo y a las clases dominantes a la hora de conformar el proceso urbano. Incrementar la proporción del excedente detentado por el Estado únicamente tendrá un impacto positivo si éste es sometido de nuevo a control democrático. Es obvio que el derecho a la ciudad está cayendo cada vez más en manos de intereses privados o cuasi privados. En Nueva York, por ejemplo, el milmillonario alcalde Michael Bloomberg está remodelando la ciudad en sintonía con los promotores, Wall Street y los elementos de la clase capitalista transnacional, promoviéndola como una ubicación óptima para las empresas de alta gama y un destino fantástico para los turistas. Está convirtiendo Manhattan en una inmensa comunidad vallada para los ricos. En Ciudad de México, Carlos Slim había remodelado las calles del centro para agradar la mirada de los turistas. Pero no sólo se trata de que individuos ricos ejerzan un poder directo. En la ciudad de New Haven, carente de recursos para la reinversión urbana, está Yale, una de las universidades más ricas del mundo, que está rediseñando gran parte del te-jido urbano para adaptarlo a sus necesidades. Johns Hopkins University está haciendo lo propio con la zona oriental de Baltimore, y Colombia University planea hacer lo mismo respecto a determinadas áreas de Nueva York: ambas iniciativas han desencadenado movimientos vecinales de resistencia. El derecho a la ciudad, tal como se halla hoy constituido, se encuentra demasiado restringido, en la mayoría de los casos, a una reducida elite política y económica que se halla en condiciones cada vez más de conformar las ciudades de acuerdo con sus propios deseos. Cada mes de enero, la Oficina del Interventor del Estado de Nueva York publica una estimación del total de bonos pagados por Wall Street durante los anteriores 12 meses. En 2007, un año desastroso para los mercados financieros desde todo punto de vista, esos bonos ascendieron a 33,2 millardos de dólares, tan sólo un 2 por 100 menos que el año anterior. A mediados del verano de 2007, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo inyectaron miles de millones de dólares en créditos a corto plazo en el sistema financiero para asegurar su estabilidad, y posteriormente la Fed redujo espectacularmente los tipos de interés e inyectó enormes cantidades de liquidez cada vez que el índice Dow amenazaba con caer estrepitosamente. Entretanto, aproximadamente dos millones de personas han perdido o están a punto de perder sus viviendas por la ejecución de sus hipotecas. Muchos barrios urbanos e incluso comunidades periurbanas en Estados Unidos han sido clausuradas y vandalizadas, destrozadas por las prácticas prestamistas de las instituciones financieras. Esta población no percibe bonos. En realidad, dado que la ejecución hipotecaria significa la condonación de la deuda, lo cual es considerado como una renta en Estados Unidos, muchos de los expulsados se enfrentan a una importante carga tributaria en concepto de impuesto sobre la renta por un dinero que nunca estuvo en sus manos. Esta asimetría no puede entenderse sino como una contundente y masiva forma de confrontación de clase. Está desencadenándose un «Katrina financiero», que amenaza, convenientemente para los promotores inmobiliarios, con barrer barrios enteros de renta baja ubicados en terrenos potencialmente de alto valor situados en el centro de las ciudades, de forma mucho más eficaz y rápida de lo que sería posible con los expedientes de expropiación forzosa. Durante el siglo XXI veremos surgir una oposición coherente a estas pautas de comportamiento. Existen ya, por supuesto, una gran cantidad de diversos movimientos sociales que se concentran en la cuestión urbana, desde India y Brasil hasta China, España, Argentina y Estados Unidos. En 2001, se insertó un anexo sobre la ciudad en la Constitución brasileña, fruto de la presión ejercida por los movimientos sociales, que reconocía el derecho colectivo a la ciudad [18]. En Estados Unidos, se ha sugerido que los 700 millardos de dólares destinados a rescatar a las instituciones financieras se entreguen a un Banco para la Reconstrucción que serviría para evitar las ejecuciones hipotecarias y financiar proyectos para revitalizar los barrios y renovar las infraestructuras municipales. La crisis urbana que está afectando a millones de personas se pondría por delante de las necesidades de los grandes inversores y financieros. Desafortunadamente, los movimientos sociales no son lo suficientemente fuertes como para imponer esta solución, ni han convergido todavía en torno al objetivo singular de obtener un mayor control sobre los usos del excedente y mucho menos sobre las condiciones de su producción.

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En este momento de la historia, ésta tiene que ser una lucha global, predominantemente con el capital financiero, ya que ésta es la escala a la que trabajan en la actualidad los procesos de urbanización. Obviamente, la tarea política de organizar tal confrontación es difícil, cuando no apabullante. Sin embargo, las oportunidades se multiplican, porque, como demuestra este breve texto, las crisis estallan recurrentemente en torno a la urbanización tanto local como globalmente, y las metrópolis se han convertido en el punto de colisión masiva –¿nos atrevemos a llamarlo lucha de clases?– de la acumulación por desposesión impuesta sobre los menos pudientes y del impulso promotor que pretende colonizar espacio para los ricos. Dar un paso adelante para unificar estas luchas supone adoptar el derecho a la ciudad como eslogan práctico e ideal político, porque el mismo plantea la cuestión de quién domina la conexión necesaria entre urbanización y producción y utilización del excedente. La democratización de ese derecho y la construcción de un amplio movimiento social para hacerlo realidad son imprescindibles si los desposeídos han de recuperar el control sobre la ciudad del que durante tanto tiempo han estado privados, y desean instituir nuevos modos de urbanización. Lefebvre tenía razón en insistir en que la revolución tiene que ser urbana, en el más amplio sentido de este término, o no será.

notas: 1 Robert Park, On Social Control and Collective Behavior, Chicago, 1967. 2 Para un examen exhaustivo, véase David Harvey, Paris, Capital of Modernity, Nueva York, 2003 [ed. cast.: París, capital de la modernidad, Madrid, Akal, 2008]. 3 Robert Moses, «What Happened to Haussmann?», Architectural Forum LXXVII (julio de 1942), pp. 57-66. 4 Henri Lefebvre, The Urban Revolution, Minneapolis, 2003, y Writings on Cities, Oxford, 1996. 5 William Tabb, The Long Default. New York City and the Urban Fiscal Crisis, Nueva York, 1982. 6 Richard Bookstaber, A Demon of Our Own Design. Markets, Hedge Funds and the Perils of Financial Innovation, Hoboken (NJ), 2007. 7 Hilde Nafstad et al., «Ideology and Power. The Influence of Current Neoliberalism in Society»,Journal of Community and Applied Social Psychology XVII, 4 (julio de 2007), pp. 313-327. 8 Mike Davis, City of Quartz. Excavating the Future in Los Angeles, Londres y Nueva York, 1990 [ed. cast.: Ciudad de cuarzo, Madrid, Lengua de Trapo, 2003]. 9 Marcello Balbo, «Urban Planning and the Fragmented City of Developing Countries», Third World Planning Review XV, 1 (1993), pp. 23-35. 10 Friedrich Engels, The Housing Question, Nueva York, 1935, pp. 74-77. 11 Ibid., p. 23 12 D. Harvey, The New Imperialism, Oxford, 2003, capítulo 4 [ed. cast.: El nuevo imperialismo, Madrid, Akal, 2004]. 13 Usha Ramanathan, «Illegality and the Urban Poor», Economic and Political Weekly, 22 de julio de 2006; Rakesh Shukla, «Rights of the Poor. An Overview of Supreme Court», Economic and Political Weekly, 2 de septiembre de 2006. 14 Kelo versus New London, CT, decidió el 23 de junio de 2005 en el caso 545 US 469 (2005). 15 Gran parte de estas ideas provienen del libro de Hernando de Soto, The Mystery of Capi-tal. Why Capitalism Triumphs in the West and Fails Everywhere Else, Nueva York, 2000; véase también el análisis crítico de Timothy Mitchell, «The Work of Economics. How a Discipline Makes its World», Archives Européennes de Sociologie XLVI, 2 (agosto de 2005), pp. 297-320. 16 Mike Davis, Planet of Slums, Londres y Nueva, 2006 [ed. cast.: Planeta de ciudades miseria, Madrid, Foca, 2007]. 17 OECD Factbook 2008. Economic, Environmental and Social Statistics, París, 2008, p. 225. 18 Edésio Fernandes, «Constructing the “Right to the City” in Brazil», Social and Legal Studies XVI, 2 (junio de 2007), pp. 201-219.

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cuatro tap
anteproyecto

object
stan allen

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field

The term 'field conditions' is at once a reassertion of architecture's contextual assignment and at the same time a proposal to comply with such obligations.1 Field conditions moves from the one toward the many: from individuals to collectives, from objects to fields. The term itself plays on a double meaning. Architects work not only in the office or studio (in the laboratory) but in the field: on site, in contact with the fabric of architecture. „Field survey", „field office", „verify in field": „field conditions" here implies acceptance of the real in all its messiness and unpredictability. It opens architecture to material improvisation on site. Field conditions treats constraints as opportunity and moves away from a Modernist ethic - and aesthetics - of transgression. Working with and not against the site, something new is produced by registering the complexity of the given. A distinct but related set of meanings begins with an intuition of a shift from object to field in recent theoretical and visual practices (figs 1 and 2). In its most complex manifestation, this concept refers to mathematical field theory, to non-linear dynamics and computer simulations of evolutionary change. It parallels a shift in recent technologies from analogue object to digital field (fig 3). It pays close attention to precedents in visual art, from the abstract painting of Piet Mondrian in the 1920s to Minimalist and Post-Minimalist sculpture of the 60s. Post-war composers, as they moved away from the strictures of Serialism, employed concepts such as the „clouds" of sound, or in the case of Yannis Xenakis, „statistical" music where complex acoustical events cannot be broken down into their constituent elements.2 The infrastructural elements of the modern city, by their nature linked together in open-ended networks, offer another example of field conditions in the urban context. Finally, a complete examination of the implications of field conditions in architecture would necessarily reflect the complex and dynamic behaviours of architecture's users and speculate on new methodologies to model programme and space. To generalise from these examples, we might suggest that a field condition would be any formal or spatial matrix capable of unifying diverse elements while respecting the identity of each. Field configurations are loosely bounded aggregates characterised by porosity and local interconnectivity. The internal regulations of the parts are decisive; overall shape and extent are highly fluid. Field conditions are bottom-up phenomena: defined not by overarching geometrical schemas but by intricate local connections. Form matters, but not so much the forms of things as the forms between things.

El término "condición de campo" es al mismo tiempo una reafirmación de los cometidos de la arquitectura contextual y una propuesta para poder cumplir su programa.(1)Las condiciones de campo se mueven de la unidad a la multiplicidad, de individuos a colectivos, de objetos a campos. El término en sí mismo juega con un doble significado. Los arquitectos no sólo trabajan en la oficina o estudio (en el laboratorio), sino también en el campo: en el sitio, en contacto con la fábrica de arquitectura. "Sondeo de campo", "oficina de campo", "verificar en campo", "condiciones de campo" implica aceptación de lo real con toda su confusión e imprevisibilidad. Abre la arquitectura a la improvisación en el lugar. Las condiciones de campo consideran las restricciones como oportunidades y van más allá de la ética modernista -y estéticasde trasgresión. Al trabajar con y no contra el sitio provoca algo nuevo al registrar la complejidad de lo dado. Un conjunto heterogéneo -pero relacionado- de significados emerge en recientes prácticas teóricas y visuales (figs. 1 y 2) con la intuición del desplazamiento del objeto al campo. En su manifestación más compleja, este concepto refiere a la teoría del campo matemático, rechazando las dinámicas lineales y las simulaciones de computadora de evolución del cambio. Este concepto pone mucha atención en precedentes del arte visual, de la pintura abstracta de Mondrian en los años '20 a la escultura minimalista y post-minimalista de los '60. Los compositores de post-guerra, en la medida que se alejaron de las estructuras del serialismo, emplearon conceptos tales como "nubes" de sonido, o en el caso de Yannis Xenakis, música "estadística", donde acontecimientos acústicos complejos no pueden ser desglosados en los elementos que los constituyen. (2) Los elementos de infraestructura de la ciudad moderna, enlazados por su naturaleza en redes abiertas/cerradas, ofrecen otro ejemplo de las condiciones de campo en el contexto urbano. Finalmente, un examen exhaustivo de las implicancias de las condiciones de campo en la arquitectura reflejaría necesariamente los comportamientos complejos y dinámicos de quienes la usan y especularía en las nuevas metodologías para modelar programa y espacio. Para generalizar desde estos ejemplos, deberíamos sugerir que una condición de campo sería cualquier matriz formal o espacial con la capacidad de unificar distintos elementos siempre que respete la identidad de cada uno. Las configuraciones de campo son conjuntos ligeramente vinculados caracterizados por su porosidad y conexión local. Las regulaciones internas de las partes son decisivas, sobre todo si su forma tiene alta fluidez. Condiciones de campo es un fenómeno

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Field conditions cannot claim (nor does it intend to claim) to produce a systematic theory of architectural form or composition. The theoretical model proposed here anticipates its own irrelevance in the face of the realities of practice. These are working concepts, derived from experimentation in contact with the real. Field conditions intentionally mixes high theory with low practices. The assumption here is that architectural theory does not arise in a vacuum, but always in a complex dialogue with practical work. The article is structured like a catalogue, with one thing after another. Part 1 is broadly concerned with issues of construction - the definition of the field, piece by piece - while Part 2 will treat questions of composition and the urban context.

de abajo hacia arriba: no se define por esquemas geométricos dominantes sino por conexiones locales intrincadas. La forma importa, pero no tanto las formas de las cosas como las formas entre las cosas. Las condiciones de campo no pueden reivindicar (ni lo intentan) producir una teoría sistemática de forma o composición arquitectónica. El modelo teórico propuesto aquí anticipa su propia irrelevancia ante las realidades de la práctica. Estos son conceptos de trabajo, derivados de la experiencia en contacto con la realidad. Las condiciones de campo mezclan intencionadamente alta teoría con prácticas menores. El supuesto es que la teoría arquitectónica no se convierta en algo vacío sino que siempre establezca un diálogo complejo con el trabajo práctico. El artículo está estructurado como un catálogo, con una cosa después de la otra. La Parte 1 se dedica ampliamente a los temas de construcción -la definición del campo, pieza por pieza- mientras que la Parte 2 analizará temas de composición y de contexto urbano.

part 1 I field conditions : architecture and urbanism Geometric versus algebraic combination
The diverse elements of classical architecture are organised into coherent wholes by means of geometric systems of proportion. Although ratios can be expressed numerically, the relationships intended are fundamentally geometric. Alberti's well-known axiom that "Beauty is the consonance of the parts such that nothing can be added or taken away" expresses an ideal of organic geometric unity. The conventions of classical architecture dictate not only the proportions of individual elements but also the relationship between individual elements. Parts form ensembles which in turn form larger wholes. Precise rules of axiality, symmetry or formal sequence govern the organisation of the whole. Classical architecture displays a wide variation on these rules, but the principle of hierarchical distribution of parts to whole is constant. Individual elements are maintained in hierarchical order by extensive3 geometric relationships to preserve overall unity. The mosque at Córdoba, Spain, under construction over a span of nearly eight centuries, offers an instructive counter example.4 The type-form of the mosque had been clearly established: an enclosed forecourt flanked by the minaret tower, opening on to a covered space for worship (perhaps derived from market structures, or adapted from the Roman basilica). The enclosure is loosely oriented toward the quibla, a continuous prayer wall marked by a small niche (mihrab). In the first stage of the Córdoba Mosque the typological precedent was respected, resulting in a simple structure of ten parallel walls perpendicular to the quibla, supported on columns and pierced by arches, defining a covered space of equal dimension to the open court. The directionality of the arched walls operates in counterpoint to the framed vistas across the grain of the space. The columns are located at the intersection of these two vectors, forming an undifferentiated but highly charged field. Complex parallax effects are generated as the viewer moves throughout the field. The entire west wall is open to the courtyard, so that once within the precinct of the mosque, there is no single entrance. The axial, processional space of the Christian church gives way to a non-directional space, a serial order of „one thing after another".5 The mosque was subsequently enlarged in four stages (fig 4). Significantly, with each addition, the fabric of the original remained substantially intact. The typological structure was reiterated on a larger scale, while the local relationships remained fixed. By comparison with Western classical architecture, it is possible to identify contrasting principles of combination: one algebraic, working with numerical units combined one after another, and the other geometric, working with figures (lines, planes, solids) organised in space to form larger

Parte 1 condicion de campo: arquitectura y urbanismo Geometría vs. combinación algebraica
Los diferentes elementos de la arquitectura clásica están organizados dentro de totalidades coherentes por medio de sistemas geométricos proporcionales. Aunque las proporciones pueden expresarse numéricamente, las relaciones previstas son fundamentalmente geométricas. El axioma muy conocido de Alberti: "La belleza es una armonía de las partes donde nada puede ser agregado o quitado", expresa un ideal de unidad orgánica geométrica. Las convenciones de la arquitectura clásica se refieren no solamente a las proporciones de los elementos individuales, sino también a las relaciones entre esos elementos. Las partes forman conjuntos que a su vez forman totalidades mayores. Reglas precisas de axialidad, simetría o secuencia formal gobiernan la organización de la totalidad. La arquitectura clásica despliega sobre esas reglas una gran variación, pero el principio jerárquico de distribución de partes hacia la totalidad es una constante. Los elementos individuales son mantenidos en orden jerárquico por medio de relaciones geométricas amplias (3) con el fin de preservar la unidad. La mezquita de Córdoba (España), que fuera construida durante un período de casi ocho siglos, nos ofrece un ejemplo contrario (4). El formato de la mezquita ha sido claramente establecido: un patio delantero cerrado, flanqueado por la torre de minarete, que se abre a un espacio cubierto para el culto (que tal vez derive de estructuras de mercados o de la basílica romana). El cerramiento está ligeramente orientado hacia la quibla, un muro de oraciones con un pequeño nicho (mihrab). En una primera etapa de la mezquita la tipología precedente fue respetada, lo que resultó en una estructura simple de diez muros paralelos perpendiculares a la quibla, sostenidos por columnas y penetrados por arcos, definiendo así un espacio cubierto de dimensiones equivalentes al patio abierto. La dirección de los muros con arcadas, oficia como contrapunto del panorama veteado del espacio. Las columnas están situadas en la intersección de esos dos vectores, configurando un campo indiferenciado pero muy cargado. Cuando el visitante se mueve a través del campo se generan efectos complejos (parallax). El muro oeste está abierto al patio, por lo tanto, una vez dentro de la mezquita no existe ninguna entrada. El axial, el espacio procesional de la iglesia cristiana, conduce a un lugar sin dirección, de orden serial, de una cosa atrás de la otra (5).

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Wholes.6 In Córdoba, for example, independent elements are combined additively to form an indeterminate whole. The relations of part to part are identical in the first and last versions constructed. The local syntax is fixed, but there is no overarching geometric scaffolding. Parts are not fragments of wholes, but simply parts. Unlike the idea of closed unity enforced in Western classical architecture, the structure can be added to without substantial morphological transformation. Field configurations are inherently expandable; the possibility of incremental growth is anticipated in the mathematical relations of the parts. It could be argued that there are numerous examples of Western classical buildings that have grown incrementally and have been transformed over time. St Peter's in Rome, for example, has an equally long history of construction and rebuilding. But there is a significant difference. At St Peter's ,additions are morphological transformations, elaborating and extending a basic geometric schema. This contrasts with the mosque at Córdoba where each stage replicates and preserves the previous stage of construction by the addition of repeated parts. And at Córdoba, even in later stages when the mosque was consecrated as a Christian church, and a Gothic cathedral inserted into the continuous and undifferentiated fabric of the mosque, the existing spatial order resists recentring. As Rafael Moneo has observed: ! „l do not believe that the Córdoba Mosque has been destroyed by all these modifications. Rather, I think that the fact that the mosque continues to be itself in face of all these interventions is a tribute to its own integrity."7 To extend briefly the argument to a more recent example, Le Corbusier's Venice Hospital (fig 5) employs a plan syntax of repeated parts, establishing multiple links at its periphery with the city fabric. The project develops horizontally, through a logic of accumulation. The basic block, the 'care unit' formed of 28 beds, is repeated throughout. Consulting rooms occupy open circulation spaces in the covered space between. The rotating placement of blocks establishes connections and pathways from ward to ward, while the displacement of the blocks opens up voids within the horizontal field of the hospital. There is no single focus, no unifying geometric schema. As at Córdoba, the overall form is an elaboration of conditions established locally. walking out of cubism Barnett Newman, it has been said, used a sequence of plane/ line/ plane to „walk out of the imperatives of Cubist space and close the door behind him".8 The story of post-war American painting and sculpture is in large part a story of this effort to move beyond the limits of Cubist compositional syntax. Sculptors in particular, working in the shadow of the achievements of Abstract Expressionist painting, felt that a complex language of faceted planes and figural fragments inherited from pre-war European artists was inadequate to their ambitions. It was out of this sense of the exhaustion of available compositional norms that Minimalism emerged in the mid-60s. Robert Morris' refusal of composition in favour of process, or Donald Judd's critique of composition by parts, evidenced this effort to produce a new model for working, a model that might have some of the inevitability that characterised the painting of the previous few decades.

La mezquita fue ampliada en etapas (fig. 4). Significativamente, luego de cada agregado, el molde original permaneció substancialmente intacto. La tipología de la estructura fue reiterada en una escala más amplia mientras las relaciones locales permanecían intactas. Si comparamos con la arquitectura clásica occidental, es posible identificar principios de combinación opuestos: uno algebraico, que trabaja con unidades numéricas combinadas una detrás de la otra, y otro geométrico, que trabaja con figuras (líneas, planos, sólidos), organizados en el espacio para formar grandes totalidades. (6) En Córdoba, por ejemplo, elementos independientes han sido agregados y combinados para configurar una totalidad indeterminada. Las relaciones de parte a parte son idénticas tanto en las primeras como en las últimas versiones construidas. La sintaxis local está determinada, pero no hay una geometría dominante y totalizante. Las partes no son fragmentos una totalidad, sino simplemente partes. A diferencia de la idea de unidad cerrada perteneciente a la arquitectura clásica occidental, aquí es posible agregar estructura sin una transformación morfológica sustancial. Las configuraciones de campo son expandibles en forma inherente; la posibilidad de crecimiento está anticipada en las relaciones matemáticas de las partes. Se podría argumentar que en Occidentes existen numerosos ejemplos de edificios clásicos que han sido transformados a través del tiempo. San Pedro en Roma, por ejemplo, tiene una larga historia de construcción y reconstrucción. Pero existe una diferencia significativa. En San Pedro, los agregados son transformaciones morfológicas que re-elaboran y amplían un esquema geométrico básico. Esto contrasta con la mezquita de Córdoba, donde cada espacio reproduce y preserva el anterior, por medio de la construcción de partes repetidas. En Córdoba, aun en su último período, cuando la mezquita fue destinada a funcionar como una iglesia cristiana y le fuera incrustada una catedral gótica dentro de su continua e indiferenciada estructura, el ordenamiento espacial se resiste a recentrarse. Como ha observado Rafael Moreno: "No creo que la mezquita de Córdoba haya sido destruida con esas modificaciones. En cambio, considero que si la mezquita continúa siendo ella misma a pesar de todas esas intervenciones ello es un tributo a su propia integridad" (7) Para ampliar brevemente el argumento, el Hospital Venice de Le Corbusier (fig. 5) emplea una sintaxis de partes reiteradas, estableciendo en su periferia múltiples enlaces con la estructura de la ciudad. El proyecto se desarrolla horizontalmente, a través de una lógica de acumulación. El block básico -la unidad de cuidado- que contiene 28 camas, se repite en todas partes. Las habitaciones de consulta ocupan espacios de circulación abierta en el espacio cubierto entre ellas. El emplazamiento rotativo de los blocks determina conexiones y pasajes de sala a sala, mientras que el desplazamiento de los blocks abre huecos dentro del campo horizontal del hospital. No hay un único foco ni un esquema geométrico totalizador. Como en Córdoba, la totalidad de la forma es el resultado de condiciones establecidas localmente.

abandonando el cubismo
Se ha dicho que Barnett Newman usaba una secuencia de plano/línea para "escapar de los imperativos del espacio cubista y cerrar la puerta tras de él" (8) La historia de la pintura y escultura norteamericana de la post-guerra es en gran parte la historia de un esfuerzo para ir más allá de los límites de la composición y la sintaxis del cubismo. En particular los escultores, trabajando bajo la sombra de los logros de la pintura expresionista abstracta, sintieron que un lenguaje complejo de planos facetados y fragmentos figurativos, heredado de los artistas europeos

Minimalist work of the 60s and 70s sought to empty the work of art of its figurative or decorative character in order to foreground its architectural condition. The construction of meaning was displaced from the object itself to the spatial field between the viewer and the object: a fluid zone of perceptual interference, populated by moving bodies. Such artists as Carl Andre, Dan

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Flavin, Robert Morris or Donald Judd sought to go beyond formal or compositional variation, to engage the space of the gallery and the body of the viewer. In written statements, both Judd and Morris express their scepticism toward European (that is, Cubist) compositional norms and place their work instead in the context of recent American examples: „European art since Cubism has been a history of permutating relationships around the general premise that relationships should remain critical. American art has developed by uncovering successive premises for making itself.'9 Both single out Jackson Pollock for his decisive contribution. Judd notes that 'Most sculpture is made part by part, by addition, composed ..." For Judd, what is required is consolidation: „In the new work the shape, image, color and surface are single and not partial and scattered. There aren't any neutral or moderate areas or parts, any connections or transitional areas."10 The aspirations of Minimalist work are therefore toward unitary forms, direct use of industrial materials and simple combinations: a „pre-executive" clarity of intellectual and material terms. Minimalism's decisive tectonic shift activated the viewing space and reasserted the work of art's condition as „specific object". Yet if Minimalism represents a significant advance over pre-war compositional principles, it remains indebted to certain essentialising models in its reductive formal language and use of materials. Its objects are clearly delimited and solidly constructed. (Donald Judd's later architectural constructions confirm this essential tectonic conservatism.) Minimalism develops in sequences, but rarely in fields. It is for this reason that the work of artists usually designated „PostMinimal" is of particular interest here.11 In contrast to Andre or Judd, the work of such artists as Bruce Nauman, Linda Benglis, Keith Sonnier, Alan Saret, Eva Hesse or Barry Le Va is materially diverse and improper. Words, movement, technology, fluid and perishable materials, representations of the body - all of these „extrinsic" contents that Minimalism had repressed - return in modified form. PostMinimalism is marked by hesitation and ontological doubt where the Minimalists are definitive; it is painterly and informal where the Minimalists are restrained; it remains committed to tangible things and visibility where the Minimalists are concerned with underlying structures and ideas. These works, from the wire constructions of Alan Saret, to the pourings of Linda Benglis, to the 'non-sites' of Robert Smithson introduce chance and contingency into the work of art. They shift even more radically the perception of the work, from discrete object to a record of the process of its making, in the field. The artist who moves most decisively in the direction of what I am calling field conditions is Barry Le Va (fig 6). Partly trained as an architect, Le Va is acutely aware of the spatial field implicated by the sculptural work. Beginning in the mid-60s, he began making pieces, some planned in advance, others incorporating random process, that thoroughly dissolve the idea of „sculpture" as a delimited entity, an object distinct from the field it occupies. He called these works distributions: „... whether random or orderly a distribution is defined as relationships of points and configurations to each other or

de la pre-guerra, era inadecuado para lograr sus objetivos. Normas de composición como el minimalismo surgido a mitad de la década de los '60 fueron resultado del agotamiento de las normas disponibles hasta entonces. El rechazo de Robert Morris hacia la composición favoreciendo el proceso, o la crítica de Donald Judd hacia la composición por partes evidencian un esfuerzo por producir un modelo nuevo de trabajo, un modelo que podría contener algo de la inevitabilidad que caracterizó la pintura de unas décadas anteriores. Los trabajos minimalistas de los '60 y '70 buscaron vaciar el trabajo artístico de su carácter figurativo o decorativo, prevaleciendo su condición arquitectónica. La construcción de significado fue desplazada del objeto en sí mismo hacia el campo espacial entre el observador y el objeto: una zona fluida de interferencia de percepciones, poblada de cuerpos que se mueven. Tales artistas, como Carl Andre, Dan Flavin, Robert Morris o Donald Judd decidieron ir más allá de la variación formal o de composición, para comprometer el espacio de la galería y el cuerpo del observador. En declaraciones escritas, tanto Judd como Morris expresan su excepticismo acerca de las normas de composición europeas (cubistas) y ubican sus trabajos en el contexto de ejemplos recientes de EEUU: "Desde el cubismo, el arte europeo ha sido una historia de relaciones cambiantes alrededor de la premisa general de que esas relaciones permanecerán exactas. El arte norteamericano se ha desarrollado a través de sucesivas y abiertas premisas de hacerse a sí mismo". (9) Para Judd, lo que se requiere es consolidarse: "En el nuevo trabajo, la forma, la imagen, el color y la superficie son únicos, no son parciales ni dispersos. No hay áreas o partes neutrales o moderadas, ni conexiones o áreas de transición". (10) Las aspiraciones del trabajo minimalista conducen hacia formas unitarias, el uso directo de materiales industriales y combinaciones simples: una claridad "pre-ejecutiva" de los términos materiales e intelectuales. El decisivo cambio minimalista tectónico activó el espacio del observador y reactivó la condición del trabajo artístico como un "objeto específico". Aun significando un avance sobre los principios de composición de la pre-guerra, en su lenguaje formal reductivo y en el uso de materiales, el minimalismo está en deuda con ciertos modelos básicos. Sus objetos son delimitados claramente y construidos sólidamente. (Las construcciones arquitectónicas posteriores de Donald Judd confirman ese conservadurismo tectónico básico). El minimalismo se desarrolla en secuencias, pero raramente en campos. Es por esta razón que aquí adquiere particular interés el trabajo de artistas generalmente mencionados "Post-Minimal". (11) Contrastando con Andre o Judd, el trabajo de artistas como Bruce Nauman, Linda Benglis, Keith Sonnier, Alan Saret, Eva Hesse o Barry Le Va es materialmente diverso e impropio. Palabras, movimiento, tecnología, materiales fluidos y perecederos, representaciones del cuerpo -todos esos contenidos "extrínsecos" que el minimalismo había reprimido- regresan formalmente modificados. El Post-minimalismo está definido por la indecisión y la duda ontológica mientras los minimalistas se preocupan por las ideas y las estructuras subyacentes. Estos trabajos, desde las construcciones de alambre de Alan Saret, los vertidos de Linda Benglis, o los "no-sitios" de Robert Smithson, introducen la casualidad y la contingencia en el trabajo artístico. Ellos desplazaron, aun más radicalmente, la percepción del trabajo desde el objeto discreto hacia el registro del proceso de su realización, en el campo. Quien se mueve más decisivamente en la dirección de lo que llamo condición de campo es Barry Le Va (fig. 6). Parcialmente formado como arquitecto, Le Va es claramente conciente del campo espacial implicado por la escultura. A mediados de los '60 comenzó a realizar piezas, algunas planeadas anticipadamente y en otras incorporando procesos aleatorios, que minuciosamente disuelven la idea de

concomitantly „sequences of events".12 As with the other examples described above, local relationships are more important than overall form. The generation of form through 'sequences of events' is somewhat related to the generative rules for flock behaviour or algebraic combination. Le Va signals a key compositional principle emerging out of Post-Minimalism, one that is linked to previous examples: the displacement of control to a series of intricate local rules for combination, or as „sequences of events" and not as an overall formal configuration. And in the case of Post-Minimalism, this is often

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And in the case of Post-Minimalism, this is often related to material choices. When working with materials such as wire mesh (Alan Saret), poured latex (Linda Benglis) or blown flour (Le Va), the artist simply cannot exercise a precise formal control over the material. Instead, the artist establishes the conditions within which the material will be deployed, and then proceeds to direct its flows. In the case of Le Va's felt pieces, it is a matter of relating fold to fold, line to line. In later works from the 60s, the materials themselves become so ephemeral as to function as a delicate registration of process and change.

field constructions
The common element in these two examples - one from within the culture of architecture, and one from outside - is a shift in emphasis: from abstract formal description towards a close attention to the operations of making. Questions of meaning are secondary. In the case of the Córdoba Mosque, the architects gave only rudimentary consideration to the exterior form (dictated by and large by the constraints of site), but paid close attention to the measure and interval of the individual elements. Similarly, a contemporary architect such as Renzo Piano works from the individual joint outwards (fig 7). For Piano, the joint is not an occasion to articulate the intersection of two materials (as is the case, for example, with Carlo Scarpa), but is instead a locus of an intensive design energy that proceeds outwards to condition the form of the whole. What is proposed here is not simply a return to the mystification of construction and the phenomenology of materials. Rather, it is an attempt to go beyond the conventional opposition of construction and form-making. By looking for a precise and repeatable link between the operations of construction and the overall form produced by the aggregation of those parts, it becomes possible to begin to bridge the gap between building and form-making. In Studies in Tectonic Culture, Kenneth Frampton has pointed to the split between „the representational scene and the ontological construct", expressing a clear preference for the latter.13 What is proposed here follows Frampton in its refusal of representation. The field is a material condition, not a discursive practice. But I also want to suggest that a return to the ontology of construction - solidly grounded in conventional tectonics - is not the only alternative to a scenographic or semiotic architecture. By remaining attentive to the detailed conditions that determine the connection of one part to another, by understanding construction as a 'sequence of events', it becomes possible to imagine an architecture that can respond fluidly and sensitively to local difference while maintaining overall stability.

“escultura" como una entidad delimitada, un objeto diferenciado del campo que ocupa. LLamó a esos trabajos distribuciones: "... tanto aleatoria u ordenadamente, una distribución es definida como las relaciones de puntos y configuraciones entre cada uno o concomitantemente, secuencias de eventos". (12) Tal como los ejemplos anteriores, las relaciones locales son más importantes que la forma del todo. La generación de forma a través de "secuencias de eventos" está un tanto relacionada con las reglas creativas para el comportamiento de grupo (flock behaviour) o con la lógica de combinaciones algebraicas. Le Va señala un principio de composición clave que emerge del post-minimalismo, que a su vez está asociado a ejemplos previos: el desplazamiento del control hacia una serie de reglas locales de combinaciones intrincadas o como "secuencias de eventos", y no como una configuración formal única., que en el caso del post-minimalismo, generalmente está relacionado con la elección de materiales. Al trabajar con materiales tales como un enredo de alambres (Alan Saret), vertido de latex (Linda Benglis) o harina (blown flour) (Le Va), el artista no puede ejercer un control formal preciso sobre el material. En su lugar, establece las condiciones donde el material será desplegado y entonces procede a dirigir sus flujos. En el caso de las piezas de fieltro de Le Va, es necesario relacionar pliegue a pliegue, línea a línea. En trabajos posteriores a los '60 los materiales se convierten en algo tan efímero como para funcionar como un delicado registro del proceso y del cambio.

campo de construcción
El elemento común en estos dos ejemplos -uno desde la cultura de la arquitectura y otro desde fuera- es el desplazamiento del énfasis: de la descripción abstracta formal hacia una cerrada atención sobre las operaciones de la producción. Las preguntas sobre el significado son secundarias. En el caso de la mezquita de Córdoba, los arquitectos solamente proporcionaron consideraciones rudimentarias acerca de la forma exterior (determinada por las restricciones del sitio), pero dedicaron mucha atención a las medidas e intervalos de elementos individuales. De la misma forma, un arquitecto contemporáneo como Renzo Piano trabaja desde el empalme individual hacia afuera. (Fig. 7) Para Piano, el conjunto no es una ocasión para articular la intersección de dos materiales (como es el caso, por ejemplo, de Carlo Scarpa) pero es en cambio un lugar geométrico (locus) de intensa energía que continúa fuera para condicionar la forma de la totalidad. Lo que se propone aquí no es simplemente un regreso a la mistificación de la construcción y la fenomenología de los materiales. Más bien es un intento de ir más allá de la oposición convencional entre la construcción y la forma de producción. Buscando un enlace preciso y respetable entre las operaciones de construcción y la totalidad de la forma que resulta del agregado de tales partes, resulta posible comenzar a tender un puente sobre la brecha existente entre edificar y la forma de fabricación (form-making). En estudios sobre la cultura tectónica, Kenneth Frampton ha puntualizado sobre la separación entre “la escena representada y la construcción ontológica”, manifestando una clara preferencia por lo último. (13). Lo que se propone aquí sigue a Frampton en su rechazo de representación. El campo es una condición material, no una práctica discursiva. Pero también deseo sugerir que un retorno a la ontología de la construcción basada sólidamente en tectonicas convencionalesno es la única alternartiva de una arquitectura semiótica. Al permanecer atentos a las condiciones de los detalles se determina la conexión de una parte con otra, al entender la construcción como una “secuencia de eventos” es posible imaginar una arquitectura que pueda responder fluida y sensiblemente a las diferencias locales al mismo tiempo que mantiene la estabilidad de la totalidad.

part 2 I distributions and combinations : towards a logistics of context distributions
Field conditions' is opposed to conventional Modernist modes of composition as much as it is to classical rules of composition. My thesis here is that in Modernist composition by fragments - montage strategies that work to make connections between separate elements brought together at the site of composition - the classical assumption that composition is concerned with the arrangement of, and connections among, those parts persists. As Robert Morris has put it, 'European art since Cubism has been a history of permutating relationships around the general premise that relationships should remain critical'14 While painting and sculpture have gone beyond Cubism, architecture, I would argue, is by and large still operating with

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Compositional principles borrowed from Cubism. The organisational principles proposed here suggest the new definitions of 'parts', and alternative ways of conceiving the question of relationships among those parts. What is required is a rethinking of some of the most familiar elements of architectural composition. Field conditions is not a claim for novelty, but rather an argument for the recuperation of an existing territory.

parte 2 distribuciones y combinaciones: hacia una logística de contexto distribuciones
Las condiciones de campo se oponen a las formas de composición del modernismo convencional, sobre todo si se refieren a reglas clásicas de composición. Mi tesis aquí es que en la composición modernista por fragmentos -estrategias de montaje que funcionan para hacer conexiones entre elementos separados- y la suposición clásica de que la composición se relaciona con la disposición y las conexiones entre esas partes, persiste. Como manifestó Robert Morris, “Desde el cubismo el arte europeo ha sido una historia de relaciones cambiantes alrededor de la premisa general de que esas relaciones permanecerían como fundamentales”. (14) Mientras la escultura y la pintura ha ido más allá del cubismo, yo argumentaría que la arquitectura aun opera con principios de composición tomados del cubismo. Los principios de organización propuestos aquí sugieren una nueva definición de las “partes” y caminos alternativos para concebir el tema de las relaciones entre esas partes. Lo que se requiere es repensar alguno de los elementos más familiares de la composición arquitectónica. Las condiciones de campo buscan la novedad, son más bien un alegato para la recuperación de un territorio existente.

The american city: open field
The rectilinear grid is one of architecture's oldest and most persistent organising devices. From the outset, the grid supports a double valence: at once a simple and pragmatic means to partition territory or standardise elements and at the same time an emblem of universal geometries, with potential metaphysical or cosmological overtones. Hence the Jeffersonian grid, projected unconditionally over the open territories of the western United States (fig 8) is at once a symbol of democratic equality and an expedient means to manage vast quantities of territory; an attempt to impose measure on the immeasurable. But as Colin Rowe has remarked in a different context, in America, the pragmatic tends to win out over the universal. Paraphrasing Rowe, we note that in this context, the grid is 'convincing as fact rather than as idea'.15 The earliest examples of gridded planning in the New World were Jesuit colonies, defensive enclaves organised hierarchically around the cathedral square in imitation of Spanish models. In sharp contrast to these self-enclosed units, and equally distant from the figural concepts of eighteenth-century town planning in Europe, the American cities of the Midwest and the West are local intrications and perturbations to the extended Jeffersonian grid (fig 9). The town is an elaboration of the order applied to the farmland surrounding it. The grid is given as a convenient starting point, not as an overarching ideal. Over time, the accumulation of small variations establishes a counter principle to the universal geometry of the grid. In these American cities, pragmatics unpacks the ideality of the grid, in the same way as the unthinkable extent of the grid itself nullifies its status as an ideal object. These cities are prototypical field conditions. Local variations of topography or history are smoothly accommodated within the overall order; borders are loosely defined and porous. They are connected with one another in larger networks. Organisation and structure display almost infinite variety within patterns that are publicly legible and institutionally manageable. Variation and repetition - individual and collective -

la ciudad americana: campo abierto
La cuadrícula rectilínea es uno de los dispositivos arquitectónicos organizadores más antiguos y persistentes. Desde el comienzo la cuadrícula sostiene una doble valencia: de una forma simple y pragmática significa la división del territorio o elementos standarizados, y al mismo tiempo un emblema geométrico universal con potencial de insinuaciones metafísicas o cosmológicas. Por lo tanto, la cuadrícula Jeffersoniana, proyectada incondicionalmente sobre los amplios territorios del oeste de Estados Unidos (fig. 8) es al mismo tiempo un símbolo de equidad democrática y un medio simple para manejar grandes cantidades de territorio, un intento de imponer medidas a lo inmedible. Pero, como en otro contexto ha señalado Colin Rowe, en América el pragmatismo tiende a ganar sobre lo universal. Parafraseando a Rowe, agregamos que en este contexto la cuadrícula es “convincente como un hecho mas que como una idea”. (15) Los ejemplos más tempranos de planificación en cuadrícula en el nuevo mundo fueron las colonias jesuitas, enclaves defensivos organizados jerárquicamente alrededor de la plaza de la catedral, imitando el modelo español. Contrastando con esas unidades auto encerradas, e igualmente distantes de los conceptos de planificación de ciudades en la Europa del siglo dieciocho, las ciudades de Estados Unidos del Medio Oeste y del Oeste son localidades intrincadas y perturbadoras de la cuadrícula Jeffersoniana. (Fig. 9) La ciudad es un ordenamiento aplicado a las tierras de granjas que las rodean. La cuadrícula es considerada un inicio conveniente, no un ideal general. Con el tiempo, la acumulación de pequeñas variaciones determina un contra-principio frente a la geometría universal de la cuadrícula. En estas ciudades americanas el pragmatismo se desembaraza de la cuadrícula y al mismo tiempo la incompresible importancia de la misma anula su estatus de objeto ideal. Estas ciudades son prototípicas de las condiciones de campo. Las variaciones locales de la topografía o de su historia son ubicadas dentro del ordenamiento totalizador, las fronteras son porosas y debilmente definidas. Están conectadas entre sí en grandes redes. La organización y la estructura despliegan una variedad casi infinita entre modelos que son públicamente legibles y manejables institucionalmente. La variación y la repetición individual y colectiva- se mantienen en un balance delicado.

are held in delicate balance. thick surfaces: moirés, mats
All grids are fields, but not all fields are grids. One of the Potentials of the field is to redefine the relation between figure and field. Legal and social theorist Roberto Mangabeira Unger has identified the traditional attributes of religious expression in the architecture of iconoclastic societies (that is to say, where explicit figuration is prohibited) 'The basic architectural devices of this expression were and are: blankness, vastness and pointing - pointing to a world outside this world...'16 The conjunction, within this short catalogue, of concepts which might recall Modernist values of abstraction ('blankness') and even suggest a universal, undifferentiated grid ('vastness') with the more figural concept of 'pointing' implies something more complex than a simple opposition between the figurative and the abstract, between field and figure. However, if we think of the figure not as a demarcated object but as an effect emerging from the field itself - as moments of intensity, as peaks or valleys within a continuous field - then it might be possible to

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imagine these two concepts as allied. While recognising a certain dependence on radical Modernist compositional models (Mondrian, for example), it seems important to differentiate this proposition from conventional Modernist compositional strategies. What is intended here is close attention to the production of difference at the local scale, even while maintaining a relative indifference to the form of the whole. Authentic and productive social differences, it is suggested, thrive at the local level, and not in the form of large-scale semiotic messages. Hence the study of these field combinations would be a study of models that work in the zone between figure and abstraction, models that refigure the conventional opposition between figure and abstraction, or systems of organisation capable of producing vortexes, peaks and protuberances out of individual elements that are themselves regular or repetitive. A moiré is a figural effect produced by the superposition of two regular fields (fig 10). Unexpected effects, exhibiting complex and apparently irregular behaviours result from the combination of elements that are in and of themselves repetitive and regular. But moiré effects are not random. They shift abruptly in scale, and repeat according to complex mathematical rules. Moiré effects are often used to measure hidden stresses in continuous fields, or to map complex figural forms. In either case there is an uncanny coexistence of a regular field and emergent figure. In the architectural or urban context, the example of moiré effects begs the question of the surface. The field is a horizontal phenomenon even a graphic one - and all of the examples described so far function in the plan dimension. Instead of refusing this characteristic, I would suggest examining it more closely. Although certain post-modern cities (Tokyo for example) might be characterised as fully three-dimensional fields, the prototypical cities of the late twentieth century are characterised by horizontal extension. What these field combinations seems to promise in this context is a thickening and intensification of experience at specified moments within the extended field of the city. The monuments of the past, including the skyscraper - a Modernist monument to efficient production - stood out from the fabric of the city as a privileged vertical moment. The new institutions of the city will perhaps occur at moments of intensity, linked to the wider network of the urban field, and marked not by demarcating lines but by thickened surfaces.

superficies espesas: moirés, mats
Todas las cuadrículas son campos, pero no todos los campos son cuadrículas. Una de las potencialidades del campo es la redefinición de la relación entre figura y campo. El teórico legal y social Roberto Mangabeira Unger ha identificado atributos tradicionales de expresión religiosa en la arquitectura de sociedades iconoclastas.: “Los dispositivos arquitectónicos básicos de esta expresión fueron y son el vacío (blankness), la vastedad y el señalamiento señalamiento a un mundo externo a este mundo…” (16) Este conjunto de conceptos podrían recordar los valores de abstracción del modernismo (vacío/ blankness) y aún sugerir un damero universal e indiferenciado (vastedad) pero con el concepto más figurativo de “pointing” o señalamiento, implica algo más complejo que una simple oposición entre lo figurativo y lo abstraco, entre campo y figura. Sin embargo, si pensamos en la figura no como un objeto demarcado sino como un efecto que emerge del mismo campo como momentos de intensidad, como picos o valles en un llano- entonces sería posible imaginar a esos dos conceptos como aliados. Mientras se reconoce una cierta dependencia en los modelos compuestos del modernismo radical (Mondrian, por ejemplo), parece importante diferenciar esta propuesta de las estrategias de composición del modernismo convencional. Lo que se intenta aquí es prestar atención a la producción de diferencia a escala local, aunque se mantenga una indiferencia relativa a la forma de la totalidad. Diferencias sociales auténticas y productivas, se sugiere, son exitosas a nivel local y no en la forma de mensajes semióticos de gran escala. Por lo tanto, el estudio de estas combinaciones de campo sería un estudio de modelos que funcionan en la zona entre la figura y la abstracción, modelos que refiguran la oposición convencional entre figura y abstracción, o sistemas de organización capaces de producir torbellinos, picos y protuberancias fuera de los elementos individuales que son en sí mismos regulares y repetitivos. Un moiré es un efecto figurativo producido por la superposición de dos campos regulares (fig. 10). Efectos inesperados, exhibición compleja y comportamientos aparentemente irregulares son el resultado de combinaciones de elementos repetitivos y regulares. Pero los efectos moiré no son aleatorios. Surgen abruptamente en escala, y se repiten de acuerdo a reglas matemáticas complejas. Los efectos moiré son usados a menudo para medir presiones ocultas en campos continuos, o para conectar formas (figural) complejas. En cualquier caso, existe una coexistencia misteriosa de un campo regular y una figura emergente. En el contexto arquitectónico o urbano, el ejemplo de los efectos del moiré nos lleva al asunto de la superficie. El campo es un fenómeno horizontal aun el gráfico- y todos los ejemplos descritos funcionan en la dimensión del plano. En lugar de rehusar esta característica, yo sugeriría examinar esto más cuidadosamente. Aunque ciertas ciudades post-modernas (Tokio, por ejemplo) podrían caracterizarse como campos tri-dimensionales, las ciudades prototípicas de finales del siglo XX se caracterizan por su ampliación horizontal. Lo que esas combinaciones de campos parecen prometer en ese contexto es una densidad e intensificación de experiencias en momentos particulares dentro del campo ampliado de la ciudad. Los monumentos del pasado, incluyendo los rascacielos monumento modernista a la producción eficiente- se destacan de la estructura de la ciudad como un momento vertical privilegiado. Las nuevas instituciones de la ciudad tal vez surjan en momentos de intensidad, vinculadas a la red más amplia del campo urbano y no delimitadas por líneas demarcatorias sino por superficies espesas.

digital fields
Analogue technologies of reproduction work through imprints, traces or transfers. The image may shift in scale or value (as in a negative), but its iconic form is maintained throughout. Internal hierarchies are preserved. A significant shift occurs when an image is converted to digital information. A notational schema intervenes. 'Digital electronic technology atomizes and abstractly schematizes the analogic quality of the photographic and cinematic into discrete pixels and bits of information that are transmitted serially, each bit discontinuous, discontiguous, and absolute - each bit „being in itself" even as it is part of a System."17 A field of immaterial ciphers is substituted for the material traces of the object. Hierarchies are distributed; 'value' is evened out. These ciphers differ one from the other only as placeholders in a code. At the beginning of this century, Viktor Shklosky anticipated the radical levelling effect of the notational sign: 'Playful or tragic, universal or particular works of art, the oppositions of one world to another or of a cat to a stone are all equal among themselves."18 This evening out of value has implications for the traditional concept of figure/ field. In the digital image 'background' information must be as densely coded as the foreground image. Blank space is not empty

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space; there is empty space throughout the field. If classical composition sought to maintain clear relations of figure on ground, which modern composition perturbed by the introduction of a complicated play of figure against figure, with digital technologies we now have to come to terms with the implications of a field-to-field relation. A shift of scale is involved and a necessary revision of compositional parameters implied. It might be noted that the universal Turing machine - the conceptual basis of the modern digital computer performs complicated relational functions by means of serially repeated operations of addition. Paradoxically, it is only when the individual operations are simplified as far as possible that the incredible speed of the modern computer is achieved.

campos digitales
Tecnologías análogas de reproducción funcionan a través de impresiones, huellas o calcos. La imagen puede cambiar de escala o valor (como en un negativo), pero su forma icónica se mantiene. Interviene un sistema de anotación. “La tecnología electrónica digital atomiza y esquematiza en forma abstracta la cualidad analógica de lo fotográfico y cinemático en discretos pixeles y bits de información que se trasmiten en forma seriada, cada bit discontinuo, discontiguo y absoluto; cada bit es en sí mismo aunque sea parte de un Sistema” (17) Un campo de cifras inmateriales es substituido por los trazos materiales del objeto. Las jerarquías se distribuyen: el valor es nivelado. Esas cifras sólo difieren unas de otras por ocupar un lugar en un código. En los comienzos del siglo, Víctor Shklosky anticipó el radical efecto nivelador de los signos de anotación: “Juguetonas o trágicas, obras de arte universales o particulares, las oposiciones de un mundo con otro, o las de un gato con una piedra son iguales entre ellas.” (18). Esta falta de valor tiene implicancias para el concepto tradicional de figura/campo. En la imagen digital la información de background debe ser tan densamente codificada como la imagen representada. Un espacio en blanco no es un espacio vacío, es un espacio vacío en el campo. Si la composición clásica buscó mantener relaciones claras de la figura en el suelo -la que fue perturbada por la composición moderna al introducir un juego complicado de figura contra figura- con la tecnología digital ahora tenemos que aceptar términos con las implicancias de una relación campo/campo. Está involucrado un cambio de escala e implica una necesaria revisión de parámetros composicionales. Debería saberse que la Turing universal la base conceptual de la computadora digital moderna- desarrolla complicadas funciones de relación por medio de operaciones de sumas seriales repetidas. Paradójicamente, solamente cuando las operativas individuales se simplifican tanto como sea posible, se logra alcanzar la increíble velocidad de la computadora moderna.

flocks, schools, swarms, crowds
In the late 1980s, artificial life theorist Craig Reynolds created a computer program to simulate the flocking behaviour of birds. As described by Mitchel Waldrop in Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos, Reynolds placed a large number of autonomous, birdlike agents, which he called 'boids', into an on-screen environment. The boids were programmed to follow three simple rules of behaviour: first, to maintain a minimum distance from other objects in the environment (other boids, as well as obstacles); second, to match velocities with other boids in the neighbourhood; third, to move toward the perceived centre of mass of boids in its neighbourhood. As Waldrop notes: What is striking about these rules is that none of them said „Form a flock" ... the rules were entirely local, referring only to what an individual boid could do and see in its own vicinity. If a flock was going to form at all, it would have to do from the bottom up, as an emergent phenomenon. And yet flocks did form, every time."19 The flock is clearly a field phenomenon, defined by precise and simple local conditions, and relatively indifferent to overall form and extent (fig 11).20 Because the rules are defined locally, obstructions are not catastrophic to the whole. Variations and obstacles in the environment are accommodated by fluid adjustment. A small flock and a large flock display fundamentally the same structure. Over many iterations, patterns emerge. Without repeating exactly, flock behaviour tends toward roughly similar configurations, not as a fixed type, but as the cumulative result of localised behaviour patterns. Crowds present a different dynamic, motivated by more complex desires, interacting in less predictable patterns (fig 12). Elias Canetti in Crowds and Power has proposed a broader taxonomy: open and closed crowds; rhythmic and stagnating crowds; the slow crowd and the quick crowd. He examines the varieties of the crowd, from the religious throng formed by pilgrims to the mass of participants in spectacle, even extending his thoughts to the flowing of rivers, the piling up of crops and the density of the forest. According to Canetti, the crowd has four primary attributes: the crowd always wants to grow; within a crowd there is equality; the crowd loves density; the crowd needs a direction.21 The relation to Reynolds' rules outlined above is oblique, but visible. Canetti, however, is not interested in prediction or verification. His sources are literary, historical and personal. Moreover, he is always aware that the crowd can be liberating as well as confining, angry and destructive as well as joyous. Composer Yannis Xenakis conceived his early work Metastasis as the acoustical equivalent to the phenomenon of the crowd. Specifically, he was looking for a compositional technique adequate to powerful personal memories: Athens - an anti-Nazi demonstration - hundreds of thousands of people chanting a slogan which reproduces itself like a gigantic rhythm. Then combat with the enemy. The rhythm bursts into an enormous chaos of sharp sounds; the whistling of bullets; the

bandadas, colegios, enjambres, muchedumbres
Al final de los '80, el teórico de vida artificial Craig Reynolds creó un programa de computación para simular el comportamiento de las bandadas de pájaros. Como describe Mitchel Waldrop en “Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos”, Reynolds colocó como agentes, en un medioambiente, a un gran número de pájaros autónomos virtuales, a los que llamó “boids”, Los boids fueron programados para seguir tres reglas simples de comportamiento: primero mantener “cierta” distancia” de otros objetos del ambiente (tanto de otros boids como de obstáculos); segundo, igualar velocidades con otros boids vecinos; tercero, moverse hacia el centro percibido de la bandada de boids . Como señala Waldrop: lo llamativo de estas reglas es que ninguna de ellas indica “formen una bandada”... , las reglas eran totalmente locales, solamente referidas a lo que un boid individual podía hacer y ver en su propia vecindad. Si se va a formar una bandada, tendría que hacerse desde abajo hacia arriba, como un fenómeno emergente. Y sin embargo las bandadas se formaron, todo el tiempo. La bandada es claramente un fenómeno de campo, definida por condiciones locales simples y precisas, y relativamente indiferente a toda forma y extensión. (fig. 11) (20) Porque las reglas están definidas localmente, las obstrucciones no son catastróficas para la totalidad. Las variaciones y los obstáculos en el medioambiente se acomodan por medio de un ajuste fluido. Una bandada pequeña y una grande despliegan fundamentalmente la misma estructura. Sobre todas las repeticiones emerge el patrón. Sin repetirse exactamente, el

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crackling of machine-guns. The sounds begin to disperse. Slowly silence falls back on the town, taken uniquely from an aural point of view and detached from any other aspect these sounds events rnade out of a large number of individual sounds are not separately perceivable, but reunite them again and a new sound is formed which may be perceived in its entirety. It is the same case with the song of the cicadas or the sound of the hail or rain, the crashing of waves on the cliffs, the hiss of waves on the shingle.22 In attempting to reproduce these global 'acoustical events', Xenakis drew upon his own considerable graphic imagination, and his training in descriptive geometry to invert conventional procedures of composition. That is to say, he began with a graphic notation describing the desired effect of 'fields' or 'clouds' of sound, and only later reduced these graphics to conventional musical notation. Working as he was with material that was beyond the order of magnitude of the available compositional techniques, he had to invent new procedures in order to choreograph the 'characteristic distribution of vast numbers of events'.23 Crowds and swarms operate at the edge of control. Aside from the suggestive formal possibilities, I wish to suggest with these two examples that architecture could profitably shift its attention from its traditional top-down forms of control and begin to investigate the possibilities of a more fluid, bottom-up approach. Field conditions offers a tentative opening in architecture to address the dynamics of use, behaviour of crowds and the complex geometries of masses in motion.

Comportamiento de la bandada tiende toscamente hacia configuraciones similares, no de un tipo determinado sino como un resultado acumulativo de patrones de comportamiento localizados. Las muchedumbres presentan una dinámica diferente, motivada por anhelos más complejos, que interactúan en un patrón menos predecible. (fig.12). Elías Canetti, en “Crowds and Power” ha propuesto una taxonomía más amplia: muchedumbres abiertas y cerradas; muchedumbres rítmicas y estancadas; la muchedumbre lenta y la rápida. Examina la variedad de muchedumbres, desde el gentío religioso formado por peregrinos a la masa de participantes en espectáculos, ampliando aun más sus pensamientos hacia el fluir de los ríos, los montones de cosechas y la densidad de los bosques. De acuerdo a Canetti, la muchedumbre tiene cuatro atributos primarios: la muchedumbre siempre quiere crecer; dentro de ella existe equidad, ama la densidad y necesita una dirección. (21) La relación con las reglas de Reynolds es oblicua, pero visible. Sin embargo Canetti no está interesado en predicciones o verificaciones. Sus fuentes son literarias, históricas y personales. Mas que nada, siempre está conciente que la muchedumbre puede ser tanto liberadora como limitante; enojada y destructiva como alegre. El compositor Yannis Xenakis concibió su trabajo “Metastasis” como el equivalente acústico del fenómeno de la muchedumbre. Buscaba específicamente una técnica de composición adecuada a memorias personales fuertes: Atenas una demostración anti nazi- cientos de miles de personas entonando un slogan que se reproduce a sí mismo como un ritmo gigantesco. El ritmo estalla dentro de un enorme caos de sonidos agudos; el silbido de las balas; el sonido de las ametralladoras. Los sonidos comienzan a dispersarse. Lentamente el silencio vuelve a la ciudad, tomado únicamente desde un punto de vista oral y desprendido de cualquier otro aspecto, esos eventos sonoros formados por un gran número de sonidos individuales no son percibidos separadamente, pero reúnanlos nuevamente y se formará un sonido nuevo que podrá ser percibido en su integridad. Es el mismo caso del canto de las cigarras o el sonido del granizo o la lluvia, el golpe de las olas en los riscos, el silbido de las olas en los guijarros. (22). Al intentar reproducir estos “eventos acústicos” globales, Xenakis recurrió a su propia imaginación gráfica y a su experiencia en la geometría descriptiva para invertir los procedimientos convencionales de la composición. O sea que comenzó con una escritura gráfica describiendo el efecto deseado de “campos” o “nubes” de sonido y solamente más tarde convirtió esas gráficas a la escritura musical convencional. Al estar trabajando con material que estaba más allá de la magnitud de las técnicas de composición disponibles, tuvo que inventar procedimientos nuevos para realizar la coreografía de “la característica de la distribución de amplia cantidad de eventos” (23) Multitudes y enjambres funcionan en el borde del control. Además de las sugestivas posibilidades formales, con estos dos ejemplos deseo sugerir que la arquitectura podría cambiar provechosamente su atención desde sus formas tradicionales de control arriba-abajo (topdown) y comenzar a investigar las posibilidades de una aproximación más fluida abajo-arriba (bottom-up). Las condiciones de campo ofrecen una posibilidad de apertura en la arquitectura dirigida a las dinámicas del uso, comportamiento de multitudes y la complejidad de las geometrías de masas en movimiento.

a logistics of context
One of modern architecture's most evident failings has been its inability to address adequately the complexities of urban context. Recent debates have alternated between an effort to cover over the difference between old and new (the contextualism of Leon Krier or the so-called 'New Urbanists'), and a forceful rejection of context (deconstruction, and related stylistic manifestations). The potential of a well-developed theory of field conditions is to find a way out of this polarised debate, acknowledging the distinct capabilities of new construction, and at the same time recognising a valid desire for diversity and coherence in the city. How to engage all the complexity and indeterminacy of the city through the methodologies of a discipline so committed to control, separation and unitary thinking? This is the dilemma of the architect working in the city today. Architecture and planning, historically aligned with technical rationality and committed to the production of legible functional relationships, have had tremendous difficulty thinking their roles apart from the exercise of control. This is all the more true today when the real power of architecture has been eroded everywhere by a swollen bureaucratic apparatus. Architecture and planning, in a desperate attempt to survive, have simply opposed their idea of order to chaos: planning versus uncontrolled growth. But this is a kind of zero-sum thinking, in which architecture can only be diminished in the measure to which it relinquishes control over the uncontrollable. We thrive in cities precisely because they are places of the unexpected, products of a complex order emerging over time. Logistics of context suggests the need to recognise the limits of architecture's ability to order the city, and at the same time, to learn from the complex self-regulating orders already present in the city. Attention is shifted to systems of service and supply, a logic of flow and vectors. This implies close attention to existing conditions, carefully defined rules for intensive linkages at the local scale, and a relatively indifferent attitude toward the overall configuration. Logistics of context is a loosely defined working framework. It suggests a network of

una logística de contexto
Una de las fallas más evidentes de la arquitectura moderna ha sido su incapacidad para vincularse adecuadamente con las complejidades del

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relations capable of accommodating difference, yet robust enough to incorporate change without destroying its internal coherence, Permeable boundaries, flexible internal relationships, multiple pathways and fluid hierarchies are the formal properties of such systems. Above all it is necessary to recognise the complex interplay of indeterminacy and order at work in the city. 'This place, on its surface, seems to be a collage. In reality, its depth is ubiquitous. A piling up of heterogeneous places,' writes Michel de Certeau. These 'heterologies' are not arbitrary and uncontrolled, but rather 'managed by subtle and compensatory equilibria that silently guarantee complementarities'.24 Even a very simple model of urban growth, ignoring large-scale accidents of history or geography, but incorporating fine-grained difference in the form of multiple variables and non-linear feedback, demonstrates how the interplay between laws and chance produces complex, but roughly predictable configurations of a non-hierarchical nature (fig 13). Field conditions and logistics of context reassert the potential of the whole, not bounded and complete (hierarchically ordered and closed), but capable of permutation: open to time and only provisionally stable. They recognise that the whole of the city is not given all at once. Consisting of multiplicities and collectivities, its parts and pieces are remnants of lost orders or fragments of never-realised totalities. Architecture needs to learn to manage this complexity, which, paradoxically, it can only do by giving up some measure of control. Logistics of context proposes a provisional and experimental approach to this task.

contexto urbano. Los debates recientes han alternado entre un esfuerzo para informarse sobre la diferencia entre viejo y nuevo (el contextualismo de Leon Krier o los así llamados “Nuevos Urbanistas”), y un fuerte rechazo del contexto (deconstrucción y manifestaciones de estilo relacionadas). El potencial de una teoría bien desarrollada de condiciones de campo es encontrar un camino de salida para este debate polarizado, reconociendo las distintas capacidades de la nueva construcción y un deseo válido de diversidad y coherencia en la ciudad. ¿Cómo involucrar toda la complejidad e indefinición de la ciudad con las metodologías de una disciplina tan comprometida con el pensamiento unitario de control y separación? Ese es el dilema del trabajo del arquitecto en la ciudad de hoy. Arquitectura y planificación, alineadas históricamente con la racionalidad técnica y comprometidas con la realización de relaciones funcionales legibles, han tenido tremendas dificultades para pensar sus roles separadamente del ejercicio del control. Esto es más claro hoy, cuando el real poder de la arquitectura ha sido socavado en todos lados por un aparato burocrático abotargado. La arquitectura y la planificación, en un desesperado intento de sobrevivir, simplemente han opuesto sus ideas de orden y caos: planificación contra crecimiento incontrolado. Pero esto es una especie de pensamiento cero-suma, donde el urbanismo puede ser repensado sólo en la medida en que renuncie a controlar lo incontrolable. Crecemos en las ciudades porque precisamente hay lugares inesperados, producto de un orden complejo que surge en el tiempo. La logística del contexto sugiere la necesidad de reconocer los límites de la arquitectura en su habilidad para ordenar la ciudad, y al mismo tiempo aprender del complejo ordenamiento auto regulado ya presente en la ciudad. La atención es conducida a los sistemas de servicios y abastecimiento, una lógica de flujos y vectores. Esto implica una atenta observación de las condiciones existentes, reglas definidas cuidadosamente para establecer vínculos fuertes a escala local, y una actitud relativamente indiferente hacia la configuración total. La logística de contexto es un marco de trabajo definido aproximadamente. Sugiere una red de relaciones con capacidad de acomodar la diferencia, suficientemente fuerte como para incorporar el cambio sin destruir su coherencia interna. Límites permeables, relaciones internas flexibles, múltiples senderos y jerarquías fluidas son las propiedades formales de tales sistemas. Sobre todo es necesario reconocer el complejo juego interno de indefinición y orden que funcionan en la ciudad. “Este lugar, en su superficie parece ser un collage. En realidad, su profundidad es ubicua. Un amontonamiento de lugares heterogéneos”, escribe Michel de Certeau. Esas heterogeneidades no son arbitrarias ni incontrolables, sin más bien “manejadas a través de un equilibrio sutil y compensatorio que garantiza silenciosamente la “complementariedad” (24). Aun un modelo muy simple de crecimiento urbano, que ignore una gran escala de accidentes históricos o geográficos pero que incorpore diferencias más detalladas en la forma de múltiples variables y no una información lineal, demuestra como el juego interno entre leyes y azar produce complejas pero predecibles configuraciones de naturaleza no jerárquica (fig. 13). Las condiciones de campo y la logística de contexto reafirman el potencial del todo, no atado ni completo (jerárquicamente ordenado y cerrado), pero sí capaz de cambiar: abierto al tiempo y estable solamente en forma provisoria. Reconocen que la totalidad de la ciudad no se ofrece inmediatamente. Al consistir en multiplicidades y colectividades, sus partes y piezas son vestigios de ordenamientos pasados o fragmentos de totalidades nunca realizadas. La arquitectura necesita aprender a manejarse en esa complejidad, lo que paradójicamente solamente se puede realizar abandonando alguna medida de control. La logística de contexto propone una aproximación provisoria y experimental a esta tarea.

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Notes
1 I first introduced the term 'field conditions', and a version of the conceptual structure outlined here, in the context of a studio taught at Columbia University in spring 1995. As the articles collected here demonstrate, I am not alone in my interest in the techniques and phenomena associated with the field. Jeff Kipnis and Sanford Kwinter should be mentioned. Here is Kwinter, for example, writing in 1986: 'This notion of „the field" expresses the complete immanence of forces and events while supplanting the old concept of space identified with the Cartesian substratum and ether theory ... The field describes a space of propagation, of effects. It contains no matter or material points, rather functions, vectors and speeds. It describes local relations of difference within fields of celerity, transmission or of careering points, in a word, what Minkowski called the word' ('La Città Nuova: Modernity and Continuity', Zone 1/2 (1986), pp88-89. 2 Xenakis. who has already an intimate connection to architecture, uses language and concepts very close to those utilised here, as described by Nouritza Matossian in her biography of Xeriakis: 'A concept from physics served as a useful cognitive scheme for characterising the experience; the notion of the field, a region of space subject to electric, magnetic or gravitational forces, Just as the magnetic forces create patterns in a field of iron filings, so fields of sound might be created by varying the qualities and directions of the forces, ie dynamics, frequency, duration.' Nouritza Matossian, Xenakis, Kahn and Averill (London). P59. 3 'One of the essential characteristics of the realm of multiplicity is that each element ceaselessly varies and alters its distance in relation to the others ... These variable distances are not extensive quantites divisible by each other; rather each is indivisible, or „relatively indivisible", in other words, they are not divisible above or below a certain threshold, they cannot increase or diminish without changing their nature [my emphasis].' Gilles Deleuze and Felix Guattari, A Thousand Plateaus, University of Minnesota Press (Minneapolis, MN), 1988, pp30-31. 4 The following discussion is adapted from Rafael Moneo: 'La vida de los edificios', Arquitecture 256 (Sept-Oct 1985), pp27-36. 5 This well-known phrase is taken from Donald Judd's discussion of the paintings of Frank Stella. The order is not rationalistic and underlying but is simply order, like that of continuity, one thing after another.' ('Specific Objects', Arts Yearbook. 1968; republished in Donald Judd, Complete Writings, 1959-1975, Nova Scotia Collage of Art and Design (Halifax, NS), p184. 6 The term 'algebra' derives from the Arabic al-jebr ('the reunion of broken parts'), and is defined as 'the branch of mathematics that uses the positive and negative numbers, letters, and other systematized symbols to express and analyse the relationship between concepts of quantity in terms of formulas, equations etc; generalized arithmetic'. 'Geometry' on the other hand is a word of Greek origin and is defined as the branch of mathematics that deaIs with points. lines and solids and examines their properties, measurements and mutual relations in space. Word origins and definitions taken from Webster's New World Dictionary, World Publishing (Cleveland, OH), 1966. 7 Moneo, 'La vida de los edificios', p35. 8 Cited by Rosalind Kraus in 'Richard Serra: Sculpture Redrawn', Artforum, May 1972. 9 Robert Morris, 'Anti Form', Artforum, April 1968, p34. 10 Judd, Complete Writings, p183. 11 In fact much of the work developed at nearly the same time. Posat here implies a certain degree of dependence and opposition rather than chronological sequence. Note, for example, the absence of women in the ranks of the Minimalists; Post-Minimalism would be unthinkable without the contributions of Benglis or Hesse. A certain fluidity in these categories is a required; Robert Morris, for example, is often grouped with the Post-Minimalists. See Robert Pincus-Witten, 'Introduction to Post-Minimalism' (1977) in Postminimalism to Maximalism: American Art, 1966-1986, University of Michigan Research Press' (Ann Arbor, MI), 1987. 12 Jene Livingston, 'Barry Le Va: Distributional Sculpture', Artforum, November 1968. 13 MIT Press (Cambridge, MA), 1995. 14 Morris,'Anti Form', p34. 15 Colin Rowe, 'Chicago Frame', In The Mathematics of the Ideal Villa and Other Essays, MIT Press (Cambridge, MA), 1976. P99. 16 Roberto Mangabeira Unger, 'The Better Futures of Architecture', Anyone, 1991, p36. It is, of course, Jeff Kipnis who first called attention to the suggestiveness of Unger's formulation; see'Towards a New Architecture', AD Profile 102: Folding in Architecture, pp41-49. 17 Vivian Sobchak, 'The Scene of the Screen: Towards a Phenomenology of Cinematic and Electronic Presence', Post-Script 10 (1990). P56. 18 Cited by Manfredo Tafuri in 'The Dialectics of the Avant-Garde: Piranesi and Eisenstein', Oppositions 11 (Winter 1977), p79. 19 M Mitchel Waldrop, Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos. Simon and Schuster (New York), 1992), pp240-41. 20 Linde Roy has studied swarm behaviour and its architectural implications in greater depth. See her upcoming article in ANY. 21 Elias Canetti, Crowds and Power, Farrar, Straus and Giroux (New York), 1984, p29. 22 Matossian, Xenakis, cited from an interview, p58. 23 Ibid, pp58-59. 24 Michel de Certeau, 'lndeterminate', in The Practice of Everyday Life, University of California Press (Berkeley, CA), 1984, p201. 25 This discussion of the Christaller model is taken from Ilya Prigogine and Isabella Stengers. Order out of Chaos: Man's New Dialogue with Nature, Bantam Books (New York), 1984, p 197ff.

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