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Ilustrar libros para niños es, para mí, un accidente que no he querido evitar.

A veces, no eliges tú, sino que la complejidad de los sucesos te señala, sin que comporte esa elección un acierto. Estaré en la ilustración para niños mientras pueda implicarme personalmente y no alcance la suma profesionalidad de la indiferencia. Cuando te profesionalizas en exceso alcanzas un repertorio de rutina que no deja dar salida a las emociones.

Muchos creen que no es necesario dibujar para ilustrar. Pero para representar algo hay que dibujar, aunque hay muchas formas de hacerlo. La plasticidad no es suficiente. Hay ilustraciones que solo sirven como posavasos o merchandising de un museo. Hay que contar cosas con las imágenes, y a veces se limitan simplemente a decorar.

Yo vivo sin tecnología. Hay vida fuera de internet. El libro electrónico es el tránsito a algo que llegará en un futuro. En un e-book las ilustraciones no tienen sentido, pero las tablets abren un amplísimo territorio en animación, videojuegos... En un álbum digital hay aplicaciones con un valor añadido, como la interacción.
Alfonso Ruano nace en 1949 en Mocejón, Toledo, tras cursar Filosofía y estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en 1976 entra en contacto con el mundo de los libros, primero ocupado en diversas tareas gráficas y actualmente como director artístico de una editorial. Ha trasladado a imágenes los cuentos de autores como Michael Ende, Gustavo Martín Garzo, Carmen Posadas o Antonio Skármeta. Con varias decenas de libros publicados, con ediciones en diversos países de Europa, América y Asia y traducidas a múltiples idiomas, el ilustrador ha obtenido algunos de los más prestigiosos premios de ilustración por títulos como: El Caballo Fantástico (Premio Lazarillo 1985 y Premio Nacional de Ilustración 1986), El guardián del olvido (Premio Catalonia 1990, seleccionada como una de las cien obras indispensables de la Literatura Infantil española del siglo XX) o La composición (con los premios de la Biblioteca del Congreso de EE.UU y de la Unesco en el 2000). Alfonso Ruano es un maestro de la ilustración del que uno no deja de aprender, observando su trabajo o escuchándole. Hoy es un referente para las nuevas generaciones de ilustradores.

El Señor Viento Norte, Carmen Posadas (1984) El caballo fantástico, Moisés Ruano (1985-86) El libro de la selva, Rudyard Kipling (1986) Jeruso quiere ser gente, Pilar Mateos (1987) Pipeto, el monito rosado, Carlo Collodi (1987) Por arte de magia, Carmen Vázquez-Vigo (1987) Háry Jànos, Miklós Rónaszegi (1987) El mono imitamonos, Consuelo Armijo (1987) María, Lerner Mayer-Skumanz (1987) Zapatones, Pilar Mateos (1988) El talismán del Adriático, Joan Manuel Gisbert (1988). El circo de Paco, Francisco Carvajal (1989) El guardián del olvido, Joan Manuel Gisbert (1990) El nido de los sueños, Rosa Montero (1991) El hombre que no tenía nada que hacer, Peter Bichsel (1992) Besos, Alfonso Ruano (1993) Memorias de una vaca, Bernando Atxaga (1993) Ronda de suspiros, Juan Farias (1994) La escuela de magia y otros cuentos, Michael Ende (1995) Pelos de Bruja, María Menéndez-Ponte (1997) El cerezo, Claude Martingay (2000) La composición, Antonio Skármeta (2000) Insomnio, Antonio Skármeta (2001) El pequeño títere, Michael Ende (2001) Fi de Tardor, Joan Vinyoli (2004) Tempo de vô, Bartolomeu Campos de Queirós (2009) Dunas de Agua, Javier Sobrino (2009) El hada del agua, Gustavo Martín Garzo (2010)