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Soy Carla Vidal, tengo 48 años, estoy casada y tengo 3 hijos de 22, 19 y 14 años.

Soy psicóloga y supervisora clínica, terapeuta familiar del Instituto Chileno de Terapia Familiar. Desde 1992 trabajé en esa institución en diversos roles, como terapeuta, docente, luego miembro del directorio, Directora Clínica y finalmente Presidenta en el año 2007. En ese momento compartía mi quehacer entre el Instituto y la consulta privada, donde atendía individuos, parejas y familias. Como temática me fui especializando en Duelo, realizando atención clínica y haciendo clases. Mi vida era una buena vida: tenía una familia cariñosa y sana, me iba muy bien profesionalmente, habíamos comprado recientemente nuestra casa cerca del colegio de los niños, vivíamos tranquílamente. Todo cambió en abril de 2007, hace cuatro años y medio. A partir de una peritonitis apendicular detectaron un tumor en el apéndice, y al hacer imágenes de abdomen y tórax se determinó que correspondía a la metástasis de un cáncer pancreático con múltiples nódulos en el peritoneo y en el pulmón. Así, de un momento a otro se me diagnosticaba un cáncer de páncreas nivel IV, con un pésimo pronóstico: se habló de sólo unos meses de vida. Estar hoy aquí refleja el proceso que he recorrido. Por una parte sigo viva, y con una muy buena calidad de vida, lo que incluye por supuesto el tratamiento que nunca ha cesado: me realizo quimioterapia de manera continua, cambiando la frecuencia (actualmente cada 15 días) y el esquema de drogas en función de la evolución de la enfermedad y su actividad tumoral. Por otra parte, hablar aquí es reflejo de una necesidad reciente de sistematizar todo aquello que me ha ocurrido, de ponerle palabra y organizarla, y transferir una experiencia que me ha resultado profundamente valiosa. Por eso, junto con preparar estas líneas he ido escribiendo de manera más extensa una cronología del proceso, con sus puntos de inflexión y con la conceptualización de aquellos aspectos que considero mis mayores aprendizajes en este camino que ha sido difícil y, a la vez, profundamente vital. En esta tarea no estoy sola: un amigo con quien he tenido una fuerte conexión en este tiempo está trabajando conmigo como un gran interlocutor, lo cual es una ayuda invaluable para concretar este desafío. El shock del diagnóstico
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Cómo enfrentar la enfermedad y todo lo que viene por delante ¿Debo luchar contra el cáncer? Primer punto de inflexión

Al saber del diagnóstico, en medio del shock, tuve una reacción de mucha fortaleza. Les prometí a mis hijos, con profundo convencimiento, que no moriría. Me dije a mi misma y a los demás que no era mi primera batalla y no sería la última. Sin embargo, el primer punto de inflexión se produjo seis días después, cuando unas amigas me llevaron a ver a Tom Heckel, un terapeuta norteamericano formado en la India considerado “consejero psíquico”. El me dijo que mi alma estaba muy cansada de luchar, que desde niña me había tocado hacerlo y que mi esencia estaba en la contemplación y la compasión, no en la lucha. Por lo tanto, si enfrentaba el cáncer luchando contra él me cansaría aun más, y la única salida era que lo enfrentase a través de conectarme profúndamente con el deseo de vivir. Esas palabras me estremecieron y

pese a haber jugado por años el rol de pilar sobre el cual el resto se apoyaba. y se convirtió en la posibilidad de conectarme en lo profundo con la vida que necesitaba vivir. Comencé a hacer caminatas temprano en la mañana junto a mi perrita por un parque cercano a mi casa. derivé a todos mis pacientes. de profunda contradicción al darme cuenta de cómo la enfermedad y la cercanía de la muerte estaban permitiendo conectarme con la vida. Complementaba la quimioterapia con medicinas alternativas y con cambios en mi alimentación. Este empoderamiento generó tensiones con algunos de mis seres queridos. Podía entonces entregarme al no control y a la incertidumbre con menos angustia. mi autonomía se restringía y tuve que aprender a depender de los otros. surgían la curiosidad y la gratitud como sentimientos nuevos que me llenaban de paz. A partir de ese momento dejé mi cargo en el Instituto. contrario al sentido común: no había que luchar. proyectarme. de manera de fortalecer el sistema inmunológico y ayudar a mi cuerpo a enfrentar el cáncer y el costo físico del tratamiento. Los planes. Así nació en mí un sentimiento de devoción. a pesar del dolor. convirtiéndose en el punto de partida del camino que he recorrido hasta hoy. de a poco. Comencé a relacionarme con mi cuerpo de manera que no sólo fuese el recipiente de la enfermedad: dos veces a la semana me hacían reiki y otras dos veces iba a yoga. con la naturaleza. el ejército contrario era muy poderoso. él me entregaba un mensaje inesperado. y la manera de vivir de antes dejó de interesarme. y eligiendo en función de aquello que a mí me hacía sentido y me resultaba amigable. del sol que sale porfiádamente todos los días. así como las medicinas complementarias que muchas personas me aconsejaban con carácter de urgencia. de maravillarme y sorprenderme. lo que se traducía en acciones sencillas. Fue fundamental sentirme con la entera libertad de elegir a mi médico. parecían inútiles o dimensiones de la vida a las cuales ya no tenía derecho. y a su vez con el misterio. Sin embargo la disminución de la autonomía no me impidió estar a cargo de mi tratamiento. mi vida y mi enfermedad se ponían en perspectiva: yo era parte de esa inmensidad. Sentí un alivio tremendo de poder enfrentar el cáncer de esta manera. Al ser testigo de los ciclos de la naturaleza. revolucionario. pero fue fundamental sentir que estaba activa haciéndome cargo de mi enfermedad. Así. ciertos deseos. la parte de un ciclo mayor que nos abarca y que no controlamos. y no como soldado de una batalla en la que. comenzó a tener profundo valor el momento presente. Ante la incertidumbre del mañana. el futuro tenía menos sentido ante la inminencia de una muerte prematura y por lo tanto la vivencia del presente adquirió un valor supremo. En ese tiempo. salían feos granos en mi cara y mi cuerpo. la enfermedad seguía su curso en la forma de continuas pérdidas: mi pelo se raleaba. A su vez. había que vivir. Gracias a esa conversación la enfermedad dejó de ser una carga intrusa de la que tenía que deshacerme para que la vida volviera a ser como antes. además.me hicieron mucho sentido. el mañana. casi siempre postergadas en mi vida anterior por mi falta de tiempo. Más tarde me di cuenta que no tenía por qué ser así. mi alimentación era menos libre. con el placer. conectada con la vida. me concentré en darme una buena vida cotidiana conectada con mi familia. y que me resultaban profúndamente placenteras. Junto con eso. a sorprenderme al constatar cuántas cosas dejamos de ver si caminamos con el único propósito de llegar rápido a alguna parte. las quimios me dejaban muy agotada. me veía flaca y ojerosa. a maravillarme de todo lo que veía. el miedo y la pena empezaba a disfrutar. .

no quiero que nadie se sienta en deuda conmigo: cuando una persona me llama y se disculpa por no hacerlo hace tiempo. La gratitud es un sentimiento que se relaciona con el amor incondicional y genera más libertad. y su buen criterio de respetar mis decisiones y procesos. permanentemente. El tercer anillo fueron los amigos.Desde ese primer año y hasta el día de hoy ha cumplido un rol fundamental la relación con mi doctor. Un aspecto muy importante para mi en este vínculo es el humor. . lo cual me vitalizó mucho ya que la casa seguía siendo un centro de reuniones adolescentes donde la vida transcurría con todos sus sabores. y a la vez en seguir viviendo la vida con humor y placer. y también la relación con los médicos que la entregan me ha permitido un vínculo muy provechoso para ir direccionando este camino. la cual fue muy provechosa para compartir nuestros sentimientos y hacer ajustes necesarios en nuestro funcionamiento como familia. distinguiendo aquí la cantidad enorme que formó la red general –colaborando económicamente y con muestras de cariño a través del correo electrónico y redes de oración– y aquellas amigas más cercanas que han ejercido hasta hoy un rol fundamental en la contención. Mis hijos estaban muy conectados conmigo pero a la vez continuaron con sus vidas. la deuda aprisiona. su deseo de interceder y dirigir en tanto padres y médicos. Y afortunadamente mi doctor —Conrado Vogel— ha sido un pilar en cuanto ha asumido mi caso con mucha dedicación y profesionalismo y. en escuchar sin tener que decir nada. como si flotase en el mar en vez de patalear para no ahogarme. En ese primer año se destaca nítidamente el poder de contención que tuvo la red de apoyo. en ayudar a pensar. me pregunto: ¿y por qué se siente mal si yo tampoco la he llamado? La enfermedad no tiene por qué dejarme en una situación diferente respecto de la reciprocidad de las relaciones. de donde recibí mucho amor y protección. sobre todo. El anillo fundamental fue mi familia directa: mi marido trajo su oficina para la casa y así podía acompañarme a cada quimioterapia y en los días que me sentía muy mal. a tomar decisiones. no un cáncer de páncreas. especialmente de mis padres a quienes veía hacer malabarismo emocional entre la devastación que les significó la noticia. Junto con la ayuda médica he recibido un muy buen acompañamiento de parte de mi terapeuta. por lo cual mi tratamiento es sin costo. si no sabe algo me lo dice y discute del caso con su equipo. Durante el primer año también recibimos ayuda de terapia familiar. Está siempre disponible. restringe. El apoyo de las medicinas complementarias ha sido también una ayuda invaluable para el buen estado en que me encuentro. junto con apoyo farmacológico de una psiquiatra amiga. no me habla desde las alturas sino en un plano totalmente cercano. obliga. El segundo anillo fue la familia extensa. lo cual genera más cercanía y le quita dramatismo. Pero no me siento en deuda. él estaba trabajando cerca de mí. Soy extremadamente privilegiada en el plano médico: hacía años habíamos tomado el seguro de la Clínica Alemana. haciendo que me sienta una persona. A su vez. Hemos tenido muchas conversaciones profundas. Sentir a tantas personas ofreciendo y dando ayuda tanto económica como práctica me generó la sensación de estar sostenida. Nos reímos muchísimo. en otorgar ayuda práctica cuando se hace necesaria. Frente a toda esta red familiar y de amistad siento una profunda gratitud. con una capacidad infinita de vincularse en un plano afectivo y personal. que se mantiene hasta hoy.

la mirada general era ¿por qué te pasó esto a ti? Esta pregunta tiene dos componentes: el de injusticia y el de la propia responsabilidad. fuera del club de los sanos. y eso se vive como sensación de vacío. haciendo cambios significativos que ayuden a fortalecer el sistema inmunológico. Entonces ¿qué hago ahora si no puedo o no quiero hacer lo que siempre he hecho? ¿Quién podría ser si no soy la terapeuta exitosa. me angustiaba por identificar qué cosa había hecho mal ese mes que explicara ese hecho. pero simultáneamente surgía una angustia profunda: ¿qué hago ahora? Ya no podía sólo dedicarme a recuperar energías. pero a la vez aceptar el misterio y el no control?. me sentía muy sola: significaba que me había ocurrido algo excepcional. y además yo no tenía ganas de trabajar asumiendo las angustias de otros. ajeno a lo que les sucedía a ellos. ¿Y qué se . incomprensible. Con mucho cariño. Una idea se iba haciendo cada vez más clara: esto se trata de vivir.Esto se vincula con un tema fundamental que quiero abordar: la mirada de los otros. o mis propios actos incorrectos que habían producido y sostenían el cáncer. que es la realidad de la incertidumbre y el misterio. y tenía claro que no quería y no debía volver a trabajar en lo mismo y de la manera que lo hacía antes. Me di cuenta que pensar en mi propia responsabilidad me generaba una ilusión de control muy exigente y que a la vez no me permitía enfrentar la realidad de la enfermedad. para poder enfrentar el cáncer a través de la conexión profunda con la vida y no a través de la lucha. Sin embargo. esta idea me sometía a una presión muy difícil de sobrellevar: si el antígeno pancreático volvía a subir. o condiciones. ni la representante del Instituto? Aparece así la sensación tremenda de que la enfermedad me estaba generando un quiebre de identidad. se instalaba la idea de una enfermedad con la que tendría que convivir un tiempo más largo. ¿cómo aceptar el misterio y el no control sin quedarnos de víctima de alguna maldición inmanejable? Trabajar en esas preguntas ha sido parte importante del recorrido que seguí haciendo. Ambos me resultaban muy difíciles. pues eso me permitía pensar que estaba en mis manos realizar cambios que lo mantuvieran bajo control. ¿qué me define? ¿Qué hago si no hago lo que siempre he hecho? ¿Cómo convivo con la pérdida de poder? Segundo punto de inflexión Al finalizar ese primer año. El segundo año      ¿Cómo convivir con la enfermedad? ¿Quién soy?. lejos de morirme como estaba pronosticado. Volver a un cargo institucional me parecía aun más impensable. Me enfrenté entonces a la siguiente interrogante: ¿cómo salir de los polos de la injusticia y de la propia responsabilidad?. ¿cómo empoderarse con el tratamiento. me gustaba pensar en cuáles eran las causas. Me sentía muy contenta. o –más bien– fuera del club de los vivos. ni la buena docente. Cuando veía a los otros con rabia por la supuesta injusticia que me había sucedido. no de durar. Atender pacientes sería malo para ellos ya que por el tratamiento no podía comprometerme como una terapia lo requiere. sorprendentemente todos los indicadores bajaban sostenidamente y. Cuando el componente era la propia responsabilidad. Se creaba así el sentimiento de separatividad: yo en la otra vereda.

Con esto se me abrió una nueva dimensión en la relación con los demás: la sanación. sino a través del cuerpo.hace con el vacío? Mirando para atrás creo que lo sostuve un tiempo. el yoga. y que estaba comenzando a probar nuevas maneras de ser y de realizar mi profesión. la vi vacía. pero. viví la dura experiencia de volver allí –no regresaba desde la tarde en que me hicieron el scanner que diagnosticó mi cáncer. sin darme cuenta. mis amigos. y eso generó oportunidad y crecimiento. pese a que anteriormente tenía una carrera profesional gratificante. teniendo a nuestro alcance insospechadas maneras de vivir y de ser a las cuales nos negamos por aferrarnos a una identidad. pero a la vez me quedaba mucho tiempo para cuidarme. la pena. Cuando digo que sostuve el vacío es porque ahora veo que fui capaz de aceptar no llenar el tiempo. lo cual me permitía vivir plenamente el dolor. Adquirí la . que siempre existen los espacios de libertad. y también para continuar con el tratamiento de quimioterapia. Cerré la consulta. y tomé conciencia de que estaba cerrando una etapa sin saber a cuál estaba entrando. el placer vivido en pequeñas y grandes cosas. manteniéndome activa y reflexionando. por lo tanto había cerrado la puerta sin saber que no volvería–. de mi fuente de gratificación y sostén económico. prometedora y desafiante. Armé en mi casa un lindo escritorio y allí comencé a supervisar. de a poco comienzan a surgir actividades nuevas que permitieron sentirme plena: lo primero es que me formé en reiki y comencé a ejercitarlo con otros. ya no a través de la palabra. por otra parte. actividad que mantengo hasta hoy. La práctica de la meditación y las lecturas sobre la vida y la muerte me fueron dando una sensación profunda de apertura a la experiencia con toda su dimensión. era el fin de la identidad que me representaba y por la cual los otros me reconocían. la cercanía con mi familia. la rabia y el miedo cada vez que aparecían. Así retomaba mi vida laboral en un espacio protegido. Fue el segundo punto de inflexión. más aun si ésta está llena de reconocimiento. El encantamiento con mi nueva vida reveló dos cosas: que había estado ciega a altos niveles de agotamiento y exigencia y. Lo sorprendente es que me estaba gustando más que la forma de vida que tenía antes. la gratitud. mi antiguo y conocido territorio. Me comenzaba a dar cuenta entonces que no existía una sola manera de vivir. Le dio una significación a aquello que intuitivamente estaba haciendo y descubriendo. saqué todos los muebles. para seguir con el reiki. El tercer año     La apertura a nuevas miradas La relación con la enfermedad y la muerte de manera más natural Ir aceptando la experiencia con todo lo que trae Tercer punto de inflexión El tercer año apareció la Psicología Budista. que yo era más que la identidad que se había quebrado. toleré no encontrar rápidamente la respuesta al ¿quién soy entonces? ¿Qué hago si no hago lo único que sé hacer? Aparece la sensación de apertura y así. la felicidad de estar viva. guiada por la psicóloga Verónica Guzmán. pudiendo también sentir el amor. Era el fin de mi actividad principal. las caminatas. sobre todo. y a la vez los podía dejar partir sin quedarme atrapada en ellos.

envuelto en su manto. En algún sentido nosotros. Esto me ha parecido muy importante. luego de lo cual le crecería el cabello y estaría sólo haciéndose controles. Si la enfermedad y la muerte son fenómenos naturales y no extraordinarios. La mirada que dice “pobrecita”. siendo que si nos comparábamos incluso ella podría estar en condiciones de salud mejores a la mía: es verdad que sin pelo. trae una trampa fundamental: uno queda atrapado por este sentimiento. Al ver la muerte como algo ordinario. Luego me daba cuenta de cómo había separado de mí a esa mujer para sentirme mejor. pero. al lado de lo que nos ha ocurrido. si la enfermedad y la muerte son fenómenos naturales. y también cabe la enfermedad como oportunidad de mirar y vivir aspectos nuevos e insospechados de uno mismo. no se adquiere de una vez y para siempre. al estar fuera del pedestal del “éxito” me encontraba en un lugar de mayor sensibilidad para conectarme con todo el sufrimiento de la humanidad. como si una injusticia hubiese caído cual maldición sobre mi cabeza. la ponía lejos de mí y en una situación de desmedro: ella había quedado calva y yo no. Este fenómeno que describo lo he visto en la mirada de muchas personas hacia mí. que le puede ocurrir a cualquiera. de com–pasión. En esa otra vereda. la víctima se niega el derecho a vivir como cualquiera. usar medicinas complementarias. por lo tanto. La tentación de poner al que sufre en la otra vereda también me ocurre: muchas veces me sucedió que al ver a una mujer con pañuelo en su cabeza decía “pobrecita”. que la vida es un espacio abierto donde cabe la enfermedad y sus dolores físicos y psíquicos. que nos ocurre a todos. tener un estilo de vida con . de compartir el dolor. aquel ritmo de las cosas considerado “natural”. ya que se tiende a pensar que uno es quien más sufre y que. “no tiene ni idea de qué se trata todo esto”. lo cual profundiza nuestro aislamiento y soledad ya que difícilmente nos sentiremos comprendidos por algún otro que “no está viviendo lo mismo que yo” y. los enfermos de cáncer. Este ha sido un proceso del que entro y salgo. Puedo cuidarme. con mucho cariño. Ya no me estaba pasando algo extraordinario. sin control sobre ella. disminuyó el sentimiento de separatividad. haciendo muy difícil que la vida continúe. profundizando la vivencia de separatividad como si todos los demás estuviesen sanos y felices. A partir de estas reflexiones fui llegando a ciertas respuestas sobre mis preguntas iniciales. pero ahora desde un auténtico sentimiento de compasión. no tengo que pensar que yo me he causado el cáncer y que de mí depende totalmente la curación. todo lo demás es insignificante y cualquier sufrimiento ajeno es exagerado y despreciable. que la muerte no se da en orden cronológico y que. sobre todo. a los cuales seguramente no les habría dado un espacio si todo hubiese seguido su ritmo. implementar acciones que protejan el terreno en que me habito. pero probablemente con un esquema acotado de quimios. Al contrario. como una buena alimentación. cuidar el cuerpo. porque el sentimiento de injusticia promueve quedarse en rol de víctima. lo que podría traer muchas ganancias secundarias. Desde el rol de víctima es muy difícil sentir compasión por otros. nos llegará a todos. y no hacerme cargo de él como muchas veces me debe haber ocurrido como terapeuta. somos portadores de malas noticias. no cabe la pregunta rabiosa del ¿por qué a mi?. Desde el rol de víctimas somos nosotros mismos los que nos situamos en la otra vereda. Somos los mensajeros que comunicamos que existe la enfermedad. pero que me relega a la vereda del frente. Al mismo tiempo. finalmente.sensación de que “todo cabe”. O sea.

debo aceptar que eso no me asegura la curación. traducir cuentos que había escrito mi tía italiana y que mostraban sus vivencias en tiempos de la guerra. la muerte no es ningún fracaso”. Este año volvimos a ir a Italia con toda la familia. Comencé a aprender italiano y se produjo el cuarto punto de inflexión. al mismo tiempo.mayor conciencia de qué me hace bien y qué me hace mal. finalmente. Surgió así la conciencia del estado de entusiasmo. tener una mayor conexión con las cosas que me vitalicen. saber poner límites. creándose un vínculo con algunos parientes de distintas generaciones que se fue profundizando en el año a través de correos electrónicos muy frecuentes y de mucha cercanía. con todo lo que trae de dolor y de novedad. y el sólo sentir el idioma me genera un sentimiento de bienestar que me permite convivir con todo lo difícil. que posibilite sentir la gratitud por lo que tengo y. que seguramente va a darme una mejor calidad de vida y tal vez una mayor sobrevida. fortaleciéndose aún más los lazos . que me permite mirar mi vida y buscar un sentido conectada profundamente con lo que quiero y me es coherente. a través de usar la experiencia del cáncer como algo que me interpela. surge el encuentro con el entusiasmo. comenzar a comunicarme de manera cada vez más fluida con la familia del Piamonte. Con una colega con quien compartimos la misma pasión. donde quepan tanto la libertad y el arrojo para tomar decisiones que me sean provechosas. El cuarto año     El encuentro con el entusiasmo El espacio de libertad Estar completamente viva Cuarto punto de inflexión En este camino donde voy viviendo una mayor apertura y aceptación de la experiencia. El cáncer está relacionado con el misterio. Todo esto me ha permitido salir de la tensión entre los polos de la casualidad–injusticia y la culpa–responsabilidad. porque su gratuidad no se conecta con ninguna otra necesidad que no sea el simple placer. pero suelto el resultado” y “La vida no es ningún premio. creamos una sociedad para traducir artículos de psicología desde el italiano al español: Venessandria Traduzioni. y parte de enfrentar plenamente la vida es reconocer y convivir con el misterio. El italiano se empieza a convertir en mi espacio de libertad. Los días de quimio veo películas y escucho canciones italianas. Eso produjo en mí. He hecho mías dos frases que me ayudan mucho: “Hago todo lo que creo que tengo que hacer para estar mejor. un efecto emocional muy intenso. y allí conocimos a nuestra familia de origen. como ha sido mi caso. abriéndole un espacio a la incertidumbre y al no control. y en todos. con la cual no se tenía ningún contacto desde 1912. El aprendizaje del italiano. admitiendo que todo ello es muy importante. como la aceptación de la incertidumbre y el misterio. todo ello me fue produciendo un estado de bienestar que me hacía abstraerme del tiempo. “ir por más”. Por diversas sincronías me llegó una invitación a Italia con mi familia. que me permita vivir a plenitud. Pero. de estar haciendo algo que me hacía mucho sentido y me daba satisfacción.

porque estamos totalmente vivos. y por tanto puedo vivir su presencia con total dignidad. a diferencia de lo que sentía al comienzo donde mi única conexión con la muerte era el temor de dejar a mis hijos y generarles un dolor irreparable.con los parientes piamonteses. Esa mirada hoy se ha ampliado: no quisiera morirme porque lo estoy pasando bien. los deseos. Todo eso es la vida. El futuro. más ojerosa y con menos pelo–. creándose situaciones verdaderamente mágicas y de mucha intensidad emocional. . una mirada que es posible por todo lo que aprendido a partir de mi enfermedad. no quiero dejar la fiesta. Y siento una profunda gratitud por todo lo que he podido vivir. y la de nosotros mismos. buscando el propio sentido. Esta vez me he conectado más claramente con la pérdida que a mí me significaría mi propia muerte. Cuando la mirada de los demás. y si tuviese que partir es maravilloso que sea desde este sentimiento. por el amor infinito que ha estado siempre presente. Pero por otro lado me siento privilegiada de sentir que estoy en una fiesta. por tanto es algo que le puede ocurrir a cualquiera. aunque todo este camino recorrido me ayuda enormemente. Sé que también eso ayudará a los míos si ocurre: en estos cuatro años me han visto sufrir. estamos “medio– vivos”. Tengo la convicción que nada de esto hubiese ocurrido sin la circunstancia de mi enfermedad. es fuente de profundas vivencias y reflexiones que me han enriquecido como ser humano. como me lo propuso aquel “consejero psíquico” la primera semana después del diagnóstico. Seguramente si ahora hiciera mis clases de Duelo incorporaría una mirada que antes no sospechaba. permite seguir soñando. físicamente también lo estoy –he pasado otros períodos más delgada. lo que ha ratificado la sensación de que aquel sentimiento de vacío que pude sostener ha permitido que en el espacio abierto vayan apareciendo aspectos inimaginables de mi misma. Eso me ha ocurrido varias veces en estos cuatro años. por las ayudas invaluables que he recibido. aunque suene extraño. Sin embargo. donde la plenitud incorpora todo lo difícil y también lo maravilloso. vinculándonos estrechamente. me han visto gozar. con todos sus colores. sin importar cómo termine”. y así podremos estarlo hasta el último momento. estamos completamente vivos. sino la certeza de que algo tiene sentido. los planes surgen como posibilidades a las cuales los enfermos también tenemos derecho. Nos llena de endorfinas que fortalecen nuestro sistema inmunológico y nos permite sentirnos completamente vivos. No me han visto en la lucha ni en el desgastador esfuerzo. tanto el nuestro como el de los demás. En este momento estoy en un período de mucha incertidumbre. y la cercanía de la muerte nos hace más conscientes de ella. nos coloca en la otra vereda. lo cual obliga a cambiar el esquema de las quimios. me han visto conectada profundamente con la vida. pero los indicadores actuales muestran una reactivación del tumor. me han visto “ir por más”. gozando del día a día. Quiero finalizar con una frase del checo Vaclav Havel: “La esperanza no es la convicción de que algo terminará bien. no sólo a nosotros. sea cual sea el tiempo que nos quede. aprendiendo cosas nuevas. si vivimos la vida a plenitud. Me siento muy bien. novedosos y profundamente enriquecedores. qué duda cabe. pero también me han visto ser profundamente feliz. que tener cáncer es parte de mi curriculum. Creo que el entusiasmo es una emoción fundamental en la relación con el cáncer. Este concepto ha sido clave en este nuevo punto de inflexión. Si algún plan no se puede concretar es parte del no control. compartiendo el dolor con otros. Puedo decir. Esa convicción evita ponernos entre paréntesis. Es duro. Pero esta vez es más difícil porque quedan menos drogas a las cuales echar mano.