Por Scott Corrales

Institute of Hispanic Ufology
(IHU)

Alta Extrañeza

Capítulo 1 – La vejez del nuevo mundo
Basta con abrir cualquier libro de historia universal que aborde el tema de las
civilizaciones que existieron en el continente americano antes de la llegada de Colón a
Guanahaní en 1492 (o la llegada de Leif Erikson a Vinlandia, si se prefiere). Las tierras
que van desde el estrecho de Bering hasta el golfo de México, nos informarán los textos,
estaban mayormente vacías, pobladas por escasas tribus que vivían en las planicies o en
los bosques, dedicados a la caza y la agricultura. La construcción de grandes
civilizaciones estaba reservada a Mesoamérica y la cordillera de los Andes, cunas de
culturas impresionantes y cuyo adelanto superaba por leguas el de las tribus que existían
más allá de sus fronteras.
En América del Norte conocemos estas tribus poco avanzadas por sus nombres: los inuit
que persisten hasta nuestros días en el circulo polar, los chippewa de los Grandes Lagos,
los iroquois de los bosques de lo que sería Nueva York y cientos de agrupaciones
pequeñas, algunas que formaron comunidades religiosas impresionantes como Cahokia y
los aún desconocidos Anazasi, cuyas ruinas aún pueden verse en el desierto del suroeste
de Estados Unidos. Nos dejaron puntas de flechas, un poco de cerámica, algunos objetos
de culto y nada más. Las leyendas de estas tribus, sin embargo, siempre dejan claro que
las tierras que ocupan en la actualidad fueron ocupadas por otras culturas de las que se
conoce poco
Estados Unidos Antes de Cristo
La jovencísima misionera mormona no dejaba de sonreir al vez que me entregaba cada vez
más y más panfletos sobre su fe. “¿Ha oido hablar de nuestra religión?”
Acto seguido, pasó a pronunciar un discurso bastante bien memorizado sobre las virtudes y
metas de la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días y el mensaje que el libro de Mormón
guardaba para mi. Uno de los materiales que tuvo a bien de darme esa mañana de
primavera sí consiguió llamar mi atención: se trataba de una estampa mormona que
ilustraba un evento ocurrido en la “América primitiva” en la que los danitas y nefitas se
disputaban el control del continente desde urbes con nombres como Cumorah y Zarahemla.
Indagaciones posteriores revelarían la existencia de grupos de investigación mormona
enfrascados en la labor de precisar la ubicación exacta de estos imperios antiguos – algunos
asignándolos a la region de los indios pueblos en el suroeste de Estados Unidos, otros con
la cultura maya del Yucatán, y aún otros con la imponente Cahokia en el centro del país,
una verdadera metrópoli indígena que supuestamente dio refugio a doscientos cincuenta
mil habitantes.
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Los antropólogos se desternillan de risa ante todo esto, aunque hay detalles un tanto
inexplicables sobre los hechos sucedidos en Norteamérica en eras anteriores a la actual:
osamentas gigantes, algunas de ellas con cuernos; ciudadelas olvidadas por el paso de los
siglos; carreteras perfectamente trazadas que se remotan a eras desconocidas...¿pruebas de
que existió una civilización avanzada en esta parte del mundo hace milenios, o pura
superchería?
“Através de los valles de los ríos Mississippi y Ohio se encuentran todas clases de
estructuras antiguas”, escribe el destacado autor John A. Keel en su obra Disneyland of the
Gods (Nueva York: Amok Press, 1987), “y los restos de una civilizacion que pudo haberse
comparado a las primeras civilizaciones del valle del Indo en la India y en el Nilo de Egipto.
Las investigaciones en las capas superiores de los llamados «montículos indios» han
revelado artefactos de hierro, cobre y distintas aleaciones. Los indios norteamericanos
carecían de conocimento alguno sobre la metalurgia, y se limitaban a forjar hachas de hierro
meteórico, una sustancia tan poco común que las hachas se reservaban para ocasiones
religiosas y ceremoniales. Sin embargo, se han encontrado armaduras de cobre, diestramente
confeccionadas de tubos de cobre, en algunos montículos. Existe un gran número de
esqueletos con narices de cobre, aparentemente parte del rito de entierro; preparaciones tan
delicadas y complejas como el procedimiento egipcio de la momificación”.
“En la región de los Grandes Lagos existe una red de antiguas minas de cobre”, prosigue
Keel. “Algunas de éstas minas estaban en uso hace dos mil años, y debieron haber
requerido miles de obreros para extraer y refinar el mineral. La cultura india giraba en
torno a puntas de flecha de sílex y pieles de animal, no a la minería y a la metalurgia...La
evidencia concreta que hallamos através de todo el continente señala que una cultura
adelantada floreció aquí mucho antes de la llegada de los indios através de su cruce
mítico del estrecho de Bering. Debido a que los montículos, templetes etc., son
sorprendentemente parecidos a los que se encuentran en Europa, Asia y hasta las lejanas
islas del Pacífico, podemos especular que dicha cultura fue mundial. Probablemente
alcanzó su cenit antes de la glaciación hace diez mil años, y deterioró debido a las
catástrofes geológicas. Esta cultura realizó mapas del planeta entero, y fragmentos de
esos mapas sobrevivieron el paso de los siglos hasta que llegaron a las manos de Colón.
Los gigantes, que una vez habian cargado enormes bloques de piedra de un lugar a otro, y
construyeron los monolitos que aún se yerguen sobre todos los continentes, gradualmente
decayeron a un estado salvaje y fiero, motivados a ello por la necesidad de sobrevivir.
Posiblemente la Atlántida no se haya hundido bajo el mar. Tal vez estemos viviendo en
ella.”

Pero...¿siempre fue así?
A pocos kilómetros de dónde se escribe este trabajo existe una formación rocosa natural
que fue modificada por la mano del hombre en épocas desconocidas. Conocida como
“Rock City” (ciudad de las piedras) esta fortificación natural fue utilizada por los
indígenas que lucharon contra los ingleses en el siglo XVIII, pero estos defensores no
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fueron responsables de las modificiaciones. Esta formación modificada yace sobre uno
de los depósitos de cuarzo más grandes del continente, y algunas de sus enormes
columnas pétreas de 25 metros de altura formaron parte de los ritos de la tribu séneca.
Los fuegos rituales encendidos en “Signal Rock”, un promontorio de piedra dentro del
recinto, podían verse a 45 millas de distancia en la actual Holland, NY; otra formación
rocosa que atrae a miles de visitantes al año es la “piedra oscilante” – un enorme
pedruzco que supestamente está perfectamente balanceada sobre un fulcro invisible.
Rock City es tan solo una de muchísimas estructuras claramente artificiales o
modificadas por el hombre que se extienden a través de Estados Unidos y el sur de
Canadá, sugiriendo la existencia de una sociedad organizada que existió mucho antes de
la llegada de las tribus que se enfrentarían a los colonos europeos. Una sociedad que nos
legó estructuras, monedas extrañas y leyendas sumamente raras que han sido descartadas
por la antropología oficial...un pueblo desconocido que además de erigir fortificaciones,
sustrajo más de tres millones de toneladas de cobre de las minas del Lago Superior y creó
un impresionante sistema de carreteras. Hay evidencia de que esta civilización también
extrajo petróleo de sitios tan dispares como Enneskillen, Canadá y el estado de Kentucky
milenios antes del siglo XIX. Las tribus que ocupaban estas regiones a la llegada de los
primeros europeos no conocían los metales, ni necesitaban caminos, ni requerían
petróleo. Todo un enigma, no cabe duda de ello.
Los séneca – sobrevivientes de la poderosa confederación de los iroquois, que
desalojaron otras tribus de esta región de norteamérica – afirman que existió una tribu
perdida, los tudulo, que posiblemente hayan sido los habitantes primigenios de la zona.
Otras leyendas apuntan a la existencia de gigantescos caníbales – los allegewi – que a
pesar de su ferocidad y gran estatura, fueron desalojados por tribus de estatura normal
tras grandes batallas de las que aún encuentran restos los arqueólogos (aunque, por
supuesto, sin haber hallado las colosales osamentas de los allegewi caidos en batalla). Si
tomamos en cuenta que sí existieron primates de altura colosal, como el gigantopiteco (3
–4 metros caminando de forma erguida) y que se han producido avistamientos en
nuestros tiempos de “verdaderos gigantes” como los denomina el criptozoologo Loren
Coleman, no debemos descartar la posibilidad de una tribu de seres de estatura
comparable con la de los “anakim” bíblicos.
A comienzos de la década de los ’70, la revista Wild West publicó un trabajo de Ed Earl
Repp—escrito en 1899-- acerca de las investigaciones de los arqueólogos H. Flagler
Cowden y su hermano, Charles C. Cowden en torno a los misterios del oeste
estadounidense y las antiguedades del desierto. Repp afirma haber estado presente
cuando los hermanos Cowden desenterraron la osamenta de uno de los seres humanos de
mayor estatura y antigüedad hallados en los Estados Unidos. Los Cowden afirmaron que
el fósil se trataba de una hembra gigante que perteneció a una raza de seres antiguos que
desapareción cien mil años atrás. Carentes de los sistemas de datación radiactiva que
disponen nuestros sabios actuales, los hermanos determinaron la edad de los huesos con
base a la cantidad de sílice presente en la arena y tierra que rodeaba su descubrimiento,
así como el grado de cristalización de la médula ósea. Como si fuera poco, el hallazgo
también incluyó osamentas de mamíferos prehistóricos y restos vegetales.
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Cabe preguntarse qué fue de estos restos, ya que habrán ido a parar al sótano de algún
museo. La cúpula antropológica estadounidense suele hacer caso omiso de tales
descubrimientos, afirmando que los supuestos hallazgos de gigantes suelen corresponder
a mamíferos erróneamente identificados o, en el peor de los casos, intentos por parte de
investigadores “creacionistas” por encajar la ciencia con el dogma religioso de las sectas
evangélicas (caso de las fascinantes huellas del rio Paluxy).
Pero el descubrimento de los Cowden no acababa ahí. Escribe Repp que el hallazgo –
realizado en el Valle de la Muerte de California – tenía detalles adicionales, tales como la
presencia de extraños “botones” a lo largo de la espina dorsal que sugerían la posibilidad
de que dichos seres tuviesen cola; los incisivos en la mandíbula de la giganta también
eran más grandes que los del hombre neandertal o Cro-Magnon. Más interesante aún
resulta la teoría postulada por estos arqueólogos del siglo XIX en cuanto a la extinción de
estos primates: en la lejana época en que estas criaturas caminaron sobre la tierra, el Valle
de la Muerte era un pantano tropical; pero la repetina llegada de la primera glaciación
tomó por sorpresa a los habitantes de este mundo primigenio, congelándolos con feroces
vientos y hielos que acabaron aplastando la zona bajo múltiples capas de lodo glacial.
¿Fueron estos seres simios gigantes como el gigantopiteco u otro género de seres que
caminaron las tierras del continente americano en la noche de los tiempos? ¿Serían los
ancestros de los allegewi expulsados por la llegada de tribus humanas de estatura más
corta?
El reino bajo las montañas
En el abrir y cerrar de los ojos hemos ido desde las montañas de Nueva York hasta el
Valle de la Muerte. Antes de seguir nuestro viaje en busca de reinos perdidos,
detengámonos en las cordilleras que rodean este misterioso valle desértico, cuyas
temperaturas son las más cálidas del continente, para explorar un misterio sobrecogedor –
el reino bajo las montañas.
Para los entusiastas de los libros de J.R.R. Tolkien, el reino bajo las montañas era una de
las sedes de los enanos que forjaban metales en la mítica tierra media; la supuesta ciudad
que se oculta bajo la cordillera Panamint es un tanto más tenebrosa, ya que en vez de
estar ocupada por tozudos enanos enfrascados en sus tareas, es “la ciudad de los Shin-AnAuv” en las tradiciones de los indios paiute.
Estas leyendas indígenas fueron recogidas por dos autores: Bourke Lee en su libro Death
Valley Days y el investigador de los sobrenatural Vincent H. Gaddis en su trabajo Tunnel
of the Titans. Ambos autores coinciden que en 1920, Tom Wilson, un explorador indio,
afirmó que su abuelo había descubierto la cavernas del Valle de la Muerte y se había
pasado tres años explorándolas, entrando en contacto con seres que “hablaban un
lenguaje raro, consumían alimentos muy extraños y usaban vestimenta hecha de cuero”.

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Poco antes de que el taciturno Wilson diera a conocer su historia, el gambusino Albert
White sufriría un accidente en una mina abandonada del puerto de montaña de Wingate
que confirmaría la narración del indígena: el buscador de oro cayó por un agujero en el
piso de la mina, yendo a parar a galerías totalmente perdidas de la antigua operación
minera. Abriéndose paso por la galería, White encontró una serie de cuartos en los que
silenciosamente imperaba la muerte: cientos de momias vestidas en extrañas ropas de
cuero, algunas de ellas colocadas en nichos, otras sobre el suelo, y otras más sentadas en
torno a mesas.
Pero la sed de oro venció el temor del gambusino ante tan macabro espectáculo: White
afirmó haber encontrado lanzas, escudos, estatuillas y pulseras de oro repartidas por
doquier. Otras cámaras contenían oro en lingotes y recipientes llenos de piedras
preciosas. La arquitectura subterránea parecía corresponder a la megalítica, con enormes
losas de piedra que servian de puertas, montadas sobre goznes invisibles. El gambusino
White alegadamente regresó varias veces a las catacumbas de los Shin-Au-Av en tres
ocasiones, acompañado por su mujer en una de estas visitas y por su socio Fred
Thomason en otra.
Y sería Thomason el que informaría al escritor Bourke Lee acerca de los detalles del
reino bajo las montañas, diciendo que se trataba de un tunel natural de más de veinte
millas de extensión que atravesaba la ciudad subterránea, las bóvedas de tesoro, los
aposentos reales y las cámaras del consejo, conectándose con otra serie de galerías o
respiradores en las laderas de la cordillera Panamint que parecían ventanas y que
dominaban el Valle de la Muerte desde una gran altura.
El socio del gambusino especuló que dichos respiraderos eran, en efecto, entradas que
habían sido utilizados para embarcaciones que navegaron las aguas del Valle de la
Muerte – hace más de cien mil años, cuando había agua en dicho lugar.
Pero la narración de Bourke Lee no se detiene en ese detalle. Thomason regresó
posteriormente con el indio Tom Wilson, actuando de guía para un grupo de arqueólogos
profesionales que pudieron poner su natural escepticismo a un lado para ir en pos del
misterio, pero no hubo manera de encontrar la entrada a la ciudad perdida de los ShinAu-Av – como si jamás hubiese existido. Wilson y su grupo encontraron un pozo de mina
“que no tenía derecho a estar ahí”, según cita textualmente Bourke Lee. Al descender,
los exploradores encontraron que se trataba de un pozo ciego. Se intercambiaron
acusaciones de fraude cual saetas, pero tanto Thomason como Wilson gozaban de buena
fama en la región desértica de California y la opinión final fue que algún terremoto había
causado el desplome que negó el acceso a la ciudad perdida.
¿Existe, pues una ciudad perdida debajo de la cordillera Panamint, legado de una
civilización norteamericana que existió hace decenas de milenios? No lo sabemos. Sí es
cierto que el Valle de la Muerte y sus regiones aledañas han sido exploradas desde el
siglo XIX por gambusinos y otros buscadores de fortunas. El más famoso de ellos,
“Death Valley Scotty”, consiguió amasar una fortuna considerable y hacía alarde de saber
como llegar directamente hasta la ciudad perdida, pero se llevó su secreto a la tumba.
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Como ha especulado el autor George Wagner, es muy posible que la riqueza casi
inexhaustible de Scotty, que puede apreciarse hasta el día de hoy en su mansión al borde
del Valle de la Muerte, haya provenido de la milenaria ciuad de los Shin-Au-Av.
Pero el reino bajo las montañas no desaparecería para siempre.
En 1931, F. Bruce Russell, médico jubilado y buscador de tesoros, supuestamente visitó
el Valle de la Muerte para explotar una concesión minera cuando – al igual que sucedió
con el abuelo de Tom Wilson – la tierra cedió y el gambusino acabó en una cueva que
contenía varias habitaciones. Pero en vez de momias vestidas de gamuza y oro por todas
partes, Russel encontró varias momias gigantes cuya estatura superaba los ocho pies de
estatura (2.5 metros) así como restos de antorchas antiguas que habían sido humedecidas
en brea. Más inquietante aún era el montón de enormes huesos animales que ocupaba
parte de la cueva.
Russell salió del agujero para regresar varias veces en años posteriores, investigando la
caverna y los pasillos que la conectaban a otras estructuras bajo la superficie del desierto
y a siete millas de su entrada accidental a este mundo de tinieblas. Pudo advertir que
muchos de los pasillos habían sido obstruidos para siempre por derrumbes, pero aún así
pudo investigar treinta y dos cuevas que parecían ocupar un espacio de ciento ochenta
millas cuadradas bajo el Valle de la Muerte y el sureste del estado de Nevada.
Uno de los supuestos descubrimentos de mayor interés para Russell fue una sala que
conservaba los restos de dinosaurios, tigres diente de sable y mastodontes, colocados de
manera ordenada para fines de veneración.
En 1946, Russell se acercó a Howard Hill, amigo personal y vecino de Los Angeles,
California, para formar una organización destinada a explotar la indudable importancia de
este mundo importancia. Hill y varios asociados acompañaron a Russell y entraron en las
tumbas, viendo con sus propios ojos no sólo las osamentas de bestias prehistóricas sino
también las momias gigantes.
El 4 de agosto de 1947, Howard Hill emitió un comunicado de prensa advirtiendo a
mundo sobre el sensacional hallazgo que cambiaría no sólo el concepto existente de la
América primitiva, sino de la historia humana. Curiosamente ningún periodista se
interesó en el asunto y la ciencia hizo caso omiso. Sumamente molesto, Russell decidió
que la única manera de interesar al publico sería convocar una rueda de prensa en la que
presentarían artefactos extraídos del descubrimento subterráneo.
Una rueda de prensa que, por cierto, jamás llegó a celebrarse.
Siempre según Howard Hill, el automóvil que conducía Russell apareció abandonado en
el desierto sin rastro de su propietario. En el asiento trasero estaba un portafolios vacío,
que supuestamente estaba lleno de dinero y algunas muestras tomadas de las galerías
subterráneas. Los familiares del explorador dieron parte a las autoridades, y por más
pesquisas que se hicieron, nadie jamás volvió a saber de F. Bruce Russell.
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¿Un fraude? Siempre existe dicha posibilidad en cualquier empresa humana que pueda
suscitar la codicia de los demás. La desaparición inesperada de Russell sería la mejor
manera de desfalcar a sus socios, aunque Hill afirma que los miembros del sindicato
vieron con sus propios ojos las maravillas subterráneas. ¿Existirán aún las galerías llenas
de osamentas y momias gigantes? Es muy posible, aunque vale la pena aclarar que las
pruebas termonucleares realizadas en el desierto de Nevada en la década de los ’50 bien
pudieron haber causado derrumbes que destruyeron para siempre los restos de una
civilización antediluviana.
“El oeste,” escribe Ferenc Morton Szasz en su libro Great Mysteries of the West, “ha sido
el nido de una combinación inigualada de tradiciones culturales – la angloamericana, la
hispana y la nativoamericana. Cada una se ha valido de sus propias tradiciones populares
para contribuir al tema de los misterios del oeste,” agregando que “los misterios del oeste
emergen casi naturalmente, surgiendo de la magia de la tierra en sí”.
Desde hace un año, la televisión nos viene regalando programas sobre cómo sería el
planeta si desapareciesen los seres humanos repentinamente y sin explicación (o para los
aficionados de la nueva era, que nos viesemos sometidos a una “vibración repentina” que
nos trasladara a otro nivel). Los realizadores de estos documentales hipotéticos nos
muestran lo que sucedería al paso de los minutos, horas, dias, meses y años desde que se
esfumara nuestra especie. Hasta los monumentos mas impresionantes de nuestra
civilización, indican estos especiales televisivos, sucumbirían ante el inmisericorde
embiste del tiempo. Ni siquiera sobrevivirían – como había afirmado el autor Brad
Steiger en la década de los ’60 – las enormes represas de hormigón del oeste
norteamericano, y la hábil mano del experto en CGI nos ilustra la destrucción del Hoover
Dam con un detalle impresionante.
Es muy posible que nuestra especie sólo desaparecería tras un acto violento – una guerra
nuclear o el impacto de un asteroide contra nuestro mundo – o el proceso no tan violento,
pero igual de mortifero, de una pandémica o hambruna. Los escombros que encontrarían
arqueólogos de otro mundo que hundiesen sus azadones láser en la Tierra serían
sumamente interesantes. Podemos imaginar la curiosidad que sentirían los miembros de
una futura humanidad ante los objetos de nuestra cultura, cuyo propósito no sería
apreciable a primera vista.
Para los que crecimos leyendo comics y libros de ciencia ficción, es dificil olvidar la
novela de la película 2001: La odisea del espacio, escrita por Arthur C. Clarke y
traducida al castellano por Antonio Ribera. Uno de los protagonistas de Clarke, el
científico Heywood Floyd, mira absorto al gran “monolito negro” que juega un papel
principal en la narrativa, y se pregunta quíen lo pudo haber hecho y enterrado en la
superficie lunar. El escritor Clarke sugiere extraterrestres, como es de esperar, pero añade
casi enseguida “o una civilización no humana que vivió en el Pleistóceno”. A pesar de
que 2001 es una obra fantástica, ¿hay algo de cierto en este comentario aparentemente
pasajero que hace Clarke en su escrito? ¿Hubo una civilizacion proto-humana o no
humana antes de la nuestra?
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El romano Séneca afirmaba en su tratado Naturales Quaestiones : “Aún antes del
reinado de Filipo de Macedonia, los hombres se abrieron paso en el mundo de las
cavernas, donde resulta imposible distinguir la noche del día, y penetraron los lugares
más recónditos. Vieron grandes y poderosos ríos, enormes lagos inmóviles, y panoramas
que les hicieron temblar de miedo, pues habían descendido a un mundo en el que la
naturaleza está de cabeza. El suelo colgaba sobre sus cabezas (¿estalactitas?) y
escucharon el silbido sordo del viento en las penumbras. En las profundidades,
aterradores ríos conducían a la nada en una oscuridad perpetua e inhumana. Después de
tantas proezas, estos hombres ahora viven temerosos, tras haber desafiado las llamas del
averno”. (Boston: Loeb Classical Library, 1971). El filosofo estoico que fuera preceptor
de Nerón apuntó también que esos vientos podían tener tal fuerza que era la causa de los
devastadores terremotos que sacudieron el mundo antiguo – ya comenzaba a verse el
intento por parte de los sabios en encontrar causas a los fenómenos sin la necesidad de
adjudicarlas a cierta deidad u otra. No sabemos si el gran filósofo nacido en Córdoba
transmitió a Nerón su curiosidad por las cavernas y las entrañas de nuestro planeta, pero
sí tenemos constancia de que el emperador despachó una expedición al norte de África
bajo el mando de Celesio Baso, vecino de Cartago, para localizar una serie de cuevas
supuestamente llenas de tesoros. Aunque el legado del emperador regresó con las manos
vacías, se cree que la leyenda de dicha caverna de tesoros pudo haber sobrevivido para
inspirar la gruta de Ali Baba en Las mil y una noches.
El mundo de las cavernas tuvo un gran atractivo para nuestros antepasados. En todos los
continentes, estos espacios oscuros pasaron de ser meros lugares de cobijo – a menudo
arrebatados a un oso u otro animal salve – a convertirse en santuarios en los que veneraban
fuerzas elementales o totémicas. Lugares que conocemos por sus denominaciones
contemporáneas, como Lascaux y Altamira en Europa y Guitarrero y Lauricocha en las
Américas. Resulta casi incomprensible imaginar a nuestros ancestros enfrascados en la dura
tarea de ilustrar complejas escenas de caza que son bellas desde nuestra perspectiva, en la
oscuridad de las grutas, asistidos sólo por la luz de las antorchas.
Un sinnúmero de culturas considera que el origen de su pueblo se remonta a una cueva
específica. Los taínos del Caribe, por ejemplo, afirmaban haber salido de las entrañas de la
Caverna de las Maravillas en la actual isla de La Española. La cara opuesta de esta creencia
mantiene que las cavernas son lugares ocupados por seres inmundos. La mitología asigna
algunos de sus elementos menos inspiradores a estos sitios, como el caso de las brujas
trogloditas de Tesalia en la tradición griega, o a dragones, gnomos y otros seres en la
tradición germánica; los estudiantes de literatura anglosajona siempre comienzan sus
estudios con la lectura del temerario Beowulf internándose en las profundidades para
inmolar al temido Grendel.
Pero este trabajo no tiene por mira examinar situaciones ficticias ni las asociaciones
psicológicas de las cavernas: en nuestro propio siglo XXI, bisecado por la superautopista
informativa y al borde de la realidad virtual, persiste la creencia de que estos sitios siguen
representando una fuente de pasmo y de miedo.
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En diciembre de 2006, la cadena Discovery transmitirá un especial televisivo sobre las
extrañas cavernas localizadas por expertos en el monte Roraima de Venezuela –
oquedades de millones de años de edad donde las telarañas han pasado a convertirse en
estalactitas y los microbios se alimentan de sílice. Pero hay cavernas más extrañas aún,
vinculadas al mundo de lo paranormal.
Las experiencias del esoterista Alan Greenfield – cuyos escritos buscan el vínculo entre
el fenómeno ovni el ocultismo – difícilmente se comparan con las legendarias peripecias
del Alan Quartermain de H.Rider Haggard, pero representan un buen punto de partida
para nuestro trabajo. En su obra Secret Cipher of the Ufonauts (Atlanta: Illuminet Press,
1993), Greenfield aborda el tema de las cavernas en una entrevista con un tal “Terry R.
Wriste” (seudónimo fonético y jocoso, que significa “desgárrate las muñecas”),
presentado com “escritor de temas relacionados con la guerrilla urbana de los ’60”. En el
transcurso de la charla entre estos personajes, el tema del siempre controvertido Richard
Shaver – defensor de la existencia de los seres intraterrestres conocidos como “deros” o
“robots detrimentales” que aquejan a la humanidad y controlan su forma de pensar – sale
a relucir, y el guerrillero urbano hace el siguiente comentario a Greenfield: “Sería allá por
1961 o ’62. Ray Palmer [antiguo director de la revista FATE] estaba reeditando muchos
materiales [escritos por] Shaver en 1940 sobre el mundo subterráneo, que según Shaver,
estaba ocupado por una civilización antediluviana que se había trasladado a las entrañas
de la tierra, aunque Palmer y sus seguidores apostaban por una realidad mas esotérica,
como la cuarta dimensión o algo así...pues bien, Dick Shaver tuvo problemas con la ley,
abandonó Wisconsin y fue a esconderse. Curiosamente, fue durante este momento que
obtuve su dirección y me relacioné con un grupito de guerrilleros a ultranza que habían
decidido – sin mediar un solo concepto metafísico – internarse en las cavernas para matar
a los bastardos que controlaban nuestras mentes. Dick le había dado instrucciones a
varios grupos anteriores, y algunos de ellos habían ido. La mayoría no regresó, pero
algunos lo hicieron, entre ellos un veterano de la Segunda Guerra Mundial, que se
descubrieron una caverna cerca de Dulce, Nuevo México...”
Para los lectores que no estén familiarizados con la obra de Richard Shaver, el mundo
subterráneo de los “deros” se conecta al nuestro a través de una serie de cavernas y
pozos, muchas veces debajo de nuestras propias urbes. Aunque la mayor parte de este
“mito” ha sido rechazado como ciencia-ficción de pésima calidad, seguiremos con la
relación del Sr. Wrist.
“Esto habría sido en 1948, y este tío y su equipo se internaron a través de una puerta y
hacia abajo, a lo largo de lo que parecía ser un tiro de elevador sumamente antiguo hasta
parar en una urbe intraterrena, donde localizaron a los “deros” y – según me contó –
destruyeron algunas máquinas...no le creí, pero el mismo Shaver nos había dado algunas
ubicaciones aquí mismo en el sur de los EE.UU. que según él, eran las cavernas que
conectaban al mundo interior...el norte de Georgia en donde se encuentra el bosque
estatal de Chatahoochee, el sur de Carolina del Norte y el condado de White en Georgia.”

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En este momento del alucinante intercambio, el escritor le pregunta a su misterioso
entrevistado. “Así que tú y tu grupo de paramilitares buscaron la entrada al mundo
intraterreno. ¿Y qué pasó entonces?”
“Se abrió una puerta y entramos. Íbamos mucho mejor armados que el grupo en la
década de los ’40. Erramos un grupo variopinto – veteranos recientes de la guerra de
Vietnam, fugitivos de las brigadas armadas de resistencia contra la guerra de Vietnam, y
un fulano que había luchado con los Panteras Negras. Éramos diez en total...
descendimos y hacía mucho frío. Pensé que Shaver efectivamente había estado en este
sitio, y que se trataba de una antigua concesión minera, hasta que pude escuchar el
zumbido. Para entonces ya estábamos en una especia de caverna, una oquedad
excavada artificialmente e iluminada con un resplandor verde y difuso que no provenía d
ninguna fuente identificable. De todos modos, la zona parecía más una de las bases
alienígenas que se mencionan en la actualidad y no una de las ciudades de Shaver. Nos
enfrentamos con unos seres diminutos y de color gris – humanoides a grandes rasgos –

y uno de los nuestros exclamó “¡dero!” y abrió fuego. Tenía un subfusil M-1, si mal no
recuerdo. Un solo disparo, pero la pequeña criatura gris se iluminó repentinamente de
color azul y desapareció. Escuchamos un sonido y sentí que mi propia arma – un M-16 –
se volvía intolerablemte caliente. La dejé caer al suelo y me di la vuelta para salir
corriendo. En ese momento vi dos criaturitas que me amenazaban con una red. Parece
que la sugestión mental que me hizo soltar el subfusil no aplicaba a la vieja pistola Luger
que llevaba en mi cinturón, y una de las criaturillas recibió la sorpresa más desagradable
de su vida. Explotó, mientras que la otra criatura soltó la red y salió corriendo, corriendo
pendiente arriba. La perseguí, escuchando el zumbido y el ruido de ráfagas de balas y
explosiones detrás de mí. Pero cuando salimos a la luz, el diminuto ser desapareció... de
nuestro grupo, tres regresan a la superficie. Uno moriría de leucemia al año de haber
tenido la experiencia.”
A estas alturas, el dialogo entre el controvertido Greenfield y el Sr. Wriste pasa de las
aventuras intraterrenas a los códigos utilizados por Aleister Crowley para comunicarse
con los “jefes secretos”, dejando a lector más perplejo que nunca en cuanto a la realidad o
irrealidad de los hechos.
Pero las experiencias que han tenido otros con estos sitios subterráneos no pueden
pasarse por alto. Ron Calais, veterano investigador de lo forteano, señala la odisea vivida
por los mineros David Fellin y Henry Throne, supervivientes del colapso de una mina de
carbón en el estado de Pennsylvania en 1963. Tras su rescate, ambos mineros afirmaron
haber visto una enorme puerta abrirse en una de las galerías de la mina, revelando la
presencia de unas escalinatas de mármol bañadas de luz azul, y seres vestidos en
“atuendos extravagantes” que los miraban fijamente. Fellin y Throne juraron que su
experiencia no había sido una alucinación producida por la presencia de gases venenosos
o por la falta de oxígeno. Y casi una certeza que ambos supervivientes no tenían
conocimiento alguno de las experiencias de Alfred Scadding, el único que sobrevivió al
trágico desastre de la mina Moose River en 1936. Después del desplome, Scadding y
algunos compañeros de trabajo que aguardaban el rescate juraron haber escuchado el
sonido de carcajadas y gran regocijo proveniente de una de las galerías. Pensaron que tal
vez estaban escuchando juegos infantiles en la superficie, cuyos sonidos se filtraban a
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través de algún respiradero. “No había ningún desfogue, pero lo escuchamos claramente.
Risas y alboroto, como de gente que se divertía. El sonido duró veinticuatro horas.”
(Steiger, Brad. Atlantis Rising. NY: Signet, 1975).
Más sorprendente aún es el testimonio de Glenn Berger, inspector de minas para el estado
de Pennsylvania, quien informó a las autoridades estatales que el derrumbe de la mina
carbonera de Dixonville en 1944 no había sido un accidente, sino “un ataque por seres
capaces de manipular la tierra y cuyos lares habían penetrado los mineros”. Como si de
un cuento de H.P. Lovecraft se tratara, el inspector Berger apuntó que los mineros no
murieron aplastados, sino a consecuencia de heridas producidas por grandes garras. Uno
de los sobrevivientes dijo haber visto una criatura “inmunda” que causó el derrumbe. El
informe del inspector fue mencionado por primera vez en una nota de prensa por Stoney
Brakefield en el periódico Extra en julio de 1974.
El mismo año en que se produjo el desastre de Moose River, Jack McKenna, autor del
libro Black Range Tales (Rio Grande Press, 1969) tendría su propia experiencia con los
enigmas que circulan en el mundo bajo nuestros pies. Según el autor, había tenido la
oportunidad de ver la manera en que dos doncellas amerindias parecían caminar
directamente hacia la pared de un desfiladero, sólo para salir con cubetas de agua para
darle a sus burros. Intrigado, McKenna y su amigo, Cousin Jack, se acercaron para
descubrir una grieta que abría paso a una cueva oculta que contenía un manantial. Al día
siguiente, los dos amigos se propusieron explorar la cueva, pensando tal vez hallar oro o
minerales dejados atrás por bandidos. No habían avanzado mucho en su exploración
cuando se toparon con huesos humanos, escuchando una voz que suplicaba clemencia. El
lector se podrá imaginar la velocidad con que abandonaron el lugar.
Los enigmáticos OOPARTS
Hace algunos años la revista rusa Aura-Z publicó un artículo por el investigador ruso
Vladimir Rubtsov acerca de un hallazgo de alta extrañeza: un artefacto misterioso conocido
únicamente por el apelativo "la bola negra" y cuyo origen era supuestamente extraterrestre.
La esfera había sido sometida a la consideración de especialistas de gran prestigio de la
Academia Rusa de Ciencias, el Instituto de Ingeniería Física de Moscú, y la Asociación
Industrial y Científica Soyuz.
El descubrimiento del aparato fue producto de un accidente afortunado. En 1.975, durante la
realización de excavaciones rutinarias en una cantera en el sur de la Ucrania, los obreros
dieron con el objeto a una profundidad de 26 pies. Uno de los trabajadores quedó
sorprendido por la configuración casi perfecta del objeto y la extrajo, llevándola a su hogar
como una novedad para su hijo. Con el paso del tiempo, la capa de arcilla que cubría el
objeto comenzó a desmoronarse, revelando una esfera de consistencia parecida a la
obsidiana. Un maestro llevó la extraña formación al museo comarcal, en dónde permaneció
por muchos años antes de llegar a las manos de Boris Naumenko, académico adosado al
Instituto de Ciencias Terrestres. Naumenko y sus colegas habían oído relatos sobre el
supuesto origen "extraterrestre" del objeto y sus poderes "psíquicos", así que se lanzaron a
realizar una investigación científica del objeto para averiguar su composición y origen.
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Alta Extrañeza

Las pruebas iniciales ensayadas sobre la "bola negra" revelaron que pesaba entre
cuatrocientos y seiscientos gramos, tenían un diámetro de 18 pulgadas, y estaba revestida de
una capa amarillenta de depósitos varios. No fue posible determinar su edad, aunque el
descubrimiento se había producido en una capa de arcilla de diez millones de años de edad-tomando en cuenta la posibilidad de que el objeto pudo haber sido depositado allí
posteriormente. Sin embargo, resultó posible estimar que las partículas que rodeaban el
objeto tenían varios millones de años de edad
El investigador Rubtsov pasa a decir en su artículo que se practicaron varias radiografías al
objeto y se descubrió que tenía un núcleo cuya densidad era menor que cero. La superficie
vidriosa del objeto no guardaba parecido alguno con las sustancia vítreas conocidas, y la
antigüedad del objeto eliminaba la posibilidad de que el objeto fuese manufacturado por
civilizaciones humanas. Y si resultaba cierto que el objeto era artificial, representaba la
tecnología de una sociedad no humana y posiblemente extraplanetaria. La masa negativa del
núcleo del objeto llevó a varios sabios a pensar que se trataba de un envase que contenía
antimateria: parte del sistema de propulsión de una posible astronave. Rubstov comenta que
la única manera de determinar el contenido del objeto era perforándolo, con resultados que
bien pudieran ser catastróficos.
Parecería ser que otros objetos extraños (conocidos en inglés como OOPARTS, "out-ofplace-objects" u objetos fuera de sitio en el lenguaje de la investigación forteana) también
fueron descubiertos en la antigua Unión Soviética. En 1993, se encontró un objeto de forma
espiral en una mina de los Urales. Las pruebas metalúrgicas comprobaron que se trataba de
un artefacto hecho de wolframio y molibdeno y cuya edad podía fecharse entre veinte mil y
trescientos mil años de edad.
Pero mucho antes de que se descubrieran objetos extraños en Eurasia, una familia en la
ciudad de Jacksonville (Florida, EUA) había descubierto un artefacto que desafió todos los
intentos realizados por clasificarla.
Según una noticia de Prensa Asociada del 12 de abril de 1.974, Antoine Betz y su esposa
Gerri encontraron un objeto de forma esférica que pesaba unas veinte libras y cuyas
dimensiones eran menores que las de una bola de boliche. El extraño artefacto parecía estar
hecho de un metal altamente pulido y fue hallado justo en medio del patio delantero de la
casa de los Betz.
La "bola Betz", como se le llegaría a conocer, era capaz de realizar proezas verdaderamente
asombrosas, como rodar hacia un lugar determinado por su propia cuenta y regresar a la
persona que la había hecho rodar; vibraba y zumbaba como respuesta a los acordes de una
guitarra. El interés por la esfera la convirtió en la sensación del momento, llegando a atraer
la curiosidad de la Marina de Guerra de EE.UU., que la pidió prestada a los Betz para
someterla a una serie de pruebas. Los escépticos no demoraron en presentarse, alegando que
la milagrosa esfera de metal no era más que una válvula de retención de una fábrica de
papel, y la curiosidad del público se extinguió después de dicha aseveración.

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Alta Extrañeza

Sin embargo, el investigador Bill Baker llegó a establecer que la "bola Betz" era tan
increíble como se había pensado originalmente. Presentando los datos producidos por las
pruebas oficiales, Baker comprobó que el objeto parecía albergar cuatro objetos distintos en
su interior y que contaba con tres polos magnéticos no lineales: una anomalía científica. Si
se le golpeaba con un martillo, el objeto producía sonidos como una campana; si se le
colocaba sobre una mesa de vidrio, el objeto parecía ir "en busca" de la orilla de la mesa
para luego alejarse de ella; si se inclinaba la superficie de vidrio, el objeto se desplazaba-asombrosamente--en el sentido contrario. La especulación sobre la verdadera naturaleza del
objeto misterioso iba desde una sonda alienígena hasta un dispositivo antigravitatorio
extraído de un OVNI derribado.

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Alta Extrañeza
Capítulo 2 – La antiguedad bajo nuestros pies
Las ciudades y los templos subterráneos siempre han jugado un papel importante en las
culturas antiguas, siendo utilizados para celebrar toda suerte de ritos y reuniones. Algunas
tradiciones mantienen que fueron utilizados como alhóndigas o repositorios de tesoros y
sabiduría desconocida, mientras que otras creencias afirman que dichas estructuras bajo
nuestros pies no fueron obra de las civilizaciones a las quienes se asigna su procedencia,
sino de “razas primigenias” anteriores a la especie humana, cuyos únicos restos pueden
hallarse en las enigmáticas construcciones megalíticas esparcidas por la superficie de
nuestro planeta.
La ciencia oficial hace caso omiso de estas corrientes especulativas de la misma manera en
que ignoraría las proezas virtuales de Lara Croft en el juego Tomb Raider. No obstante, la
evidencia que apunta hacia tales civilizaciones es abrumadora: los relatos sobre redes de
túneles excavados por manos desconocidas en los cinco continentes no son precisamente
nuevos, ya que los escritores de temas aventurescos abundaron sobre ellos en la década de
los años ’30. Algunos escritores prestaron atención especial a los supuestos túneles o
pasadizos en Asia Central que supuestamente conducen al reino místico de Aghartha, la
sede del “rey del mundo”, identificado por ciertos esotéricos con el Melquizedec bíblico.
Otros escribieron sobre los túneles situados debajo del gran templo Potala en la ciudad
tibetana de Lhasa, que supuestamente llevarían al intrépido aventurero a otras lamaserías
del altiplano tibetano.
Las estructuras perdidas de Europa Oriental
Desde las costas del Báltico hasta las escarpadas cuestas de los Cárpatos, los países de
Europa Oriental siempre han sido considerados como bastante misteriosos. Estos misterios
no necesariamente tienen que ver con los vampiros – el producto de exportación más
conocido de esta región – sino con enigmas arqueológicos y geológicos de alta extrañeza.
Uno de estos lugares es la actual república checa – la Bohemia de los mapas antiguos –
cuyas montañas encierran varios misterios que aún aguardan investigación. En la cuenca
del río Vltava, al sur de Praga, pueden encontrarse asentamientos celtas, megalitos y
misteriosas piedras circulares. Cerca de la población de Zdikov se encuentra “la montaña
de los gigantes”, un cerro coronado por murallas y lo que aparecen ser restos de
fortificaciones que no corresponden a las invasiones bárbaras de los siglos IV al VII.
Estructuras parecidas existen en los montes que rodean los poblados de Sumava y Cesky
Les. Pero fue en Zdikov donde se produjo un hallazgo extraordinario en el siglo XVIII – el
fémur de un supuesto gigante.
De acuerdo con la investigadora checa Jana Hanka, los vecinos afirmaban el enorme hueso
(que casi seguramente correspondía a algún reptil prehistórico) correspondía a los gigantes
que en su momento vivieron en aquella comarca. Tan grande era el hueso que los vecinos
lo colocaron sobre un riachuelo y lo usaron de puente. Pero doscientos kilómetros al este de
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Alta Extrañeza

Praga, en la ciudad de Zdad nad Sazavou, se rumora que los labriegos dieron con la
osamenta de una mujer gigante cubierta con una extraña armadura, caso que recuerda a los
gigantes hallados en el continente americano.
¿Fueron dichos gigantes los creadores de la intrigante estructura sepultada en la roca viva
de las cordilleras de la Bohemia Checa que describió el doctor Antonin Horak?
Horak, quien en 1944 ostentaba el rango de capitán en la rebelión checa contra los nazis,
descubrió una estructura rarísima que describió como un “tiro de pozo” de piedra lisa
claramente artificial que existía al final de una cueva cerca de las aldeas de Lubocna y
Plavince. El relato del doctor Horak, que recuerda poderosamente a cualquier experiencia
vivida por un personaje de H.P. Lovecraft, tomó lugar el 23 de octubre de 1944 mientras
que los partisanos buscaban dónde refugiarse y recuperarse después de una “razzia” contra
la Wehrmacht del Tercer Reich. Las referencias que tenemos al respecto nos llegan de la
mano del mismo Horak, publicadas en marzo de 1965 en el boletín NSS News (Sociedad
Espeleológica Nacional).
Tras de describir una cruenta batalla contra los alemanes durante una nevada, el autor pasa
a describir la manera en que un granjero llamado Slavek se ofrece a ocultar a los
sobrevivientes de la refriega dentro de una gruta. Antes de entrar a la gruta, el granjero se
persigna de manera muy ceremoniosa, y una vez dentro, le pide a Horak que le prometa no
internarse en las profundidades de la cavernas, ya que se trataba de un lugar “encantado”.
El aguerrido soldado, más preocupado en buscar una salida alternativa a la cueva o
descubrir la madriguera de algún oso que pudiese atacar a sus hombres, hace caso omiso de
las advertencias del granjero y se dispone a explorar la cueva. “Comencé mi inspección de
la caverna”, escribe Horak, “con un rifle, una linterna, antorchas y pico. Después de una
caminata ni muy torcida ni azarosa, pude atravesar algunos sitios apretados, tomando
siempre los pasadizos mas fáciles y marcando los pasadizos laterales. Después de 1 ½
horas conseguí ganar un pasadizo largo y nivelado, que terminaba en un agujero del
tamaño de un barril”.
El partisano logra franquear el agujero casi arrastrándose para encontrar una maravilla
siniestra: algo que parecía un gran silo negro, descansando sobre un fondo blanco.
Pensando que se trataba de una cortina natural de carbón, sal negra, hielo o lava, Horak se
dispuso a tocarla, haciendo un descubrimiento que le causaría bastante azoro: “Me quedé
perplejo, luego sorprendido, cuando me di cuenta que se trataba del flanco – tan liso como
el vidrio – de una estructura hecha por la mano del hombre que ocupa las rocas por todas
partes. Su curvatura, bella y cilíndrica, indica que se trata de un cuerpo enorme con un
diámetro de unos veinticinco metros. Las estalagmitas y estalactitas constituyen el marco
de blanco refulgente que rodea esta estructura en los puntos en que se encuentra con las
rocas...”
La imaginación nos lleva a pensar, en este momento, en la lustrosa piedra negra e
indestructible con que J.R.R. Tolkien fabrica la torre de Orthanc en su epopeya El Señor de
los Anillos”. Pero estamos en las montañas del centro de Europa en plena guerra mundial, y
en vez de un explorador tenemos a un partisano que busca una vía de escape alternativa y
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Alta Extrañeza

no tesoros ni maravillas. Horak descubre que esta estructura primigenia parece combinar
las propiedades del acero, pedernal y caucho tras de atacarla con su pico, que no hizo mella
en la superficie y rebotó fácilmente. A estas alturas Horak comienza a sentir cierto temor
sobre una estructura desconocida en una montaña ignota, pero descubre una grieta en la
pared; arroja una antorcha a través de esta abertura y puede escuchar un sonido parecido al
de “un azadón caliente que hace contacto con un balde de agua”.
Al día siguiente, mientras que sus compañeros de batalla descansaban y consumían las
provisiones que les habían traído los granjeros a la caverna, Horak decidió internarse de
nuevo en las profundidades para proseguir su investigación. Esta vez logró internarse
físicamente en la grieta, sufriendo cortaduras producidas por las filosas piedras en su
interior, para describir un pavimento al otro lado que tenía la misma sensación de suavidad
que la misteriosa pared. “La lámpara seguía ardiendo a mi lado, pero se escuchaban
sonidos confusos. Encendiendo algunas antorchas, puede ver que me encontraba dentro de
un tiro de pozo curveado y negro con forma de creciente y casi vertical. No puedo
descubrir los susurros sombríos e interminables, los crujidos y sonidos rugientes, ecos
anormales de mi propia respiración y mis movimientos...”
Horak cierra su escrito diciendo: “Soy un individuo de formación académica pero me veo
obligado a admitir que entre aquellas peñas negras, satinadas y matemáticamente
curveadas me sentí como si fuera presa de un poder sumamente extraño y
maligno...durante mi última visita al lugar, examiné la ladera de la montaña sobre la zona
y no encontré ni sumideros ni pozos, las supuestas conexiones al “tiro de pozo de la luna”.
Pero en estas escarpadas pendientes de los montes Tatra, es muy posible que las
avalanchas hayan arrasado o rellenado cualquier conexión parecida”.

Misterios subterráneos aquí y ahora
No es a menudo que una publicación tan ilustre y respetada como The Bulletin of Atomic
Scientists -- famosa por el "reloj del juicio final" que aparece en la portada de cada ejemplar
-- aborda un tema que se sale claramente del tema que le ocupa. Pero los descubrimientos
realizados por los exploradores urbanos denominados Excavadores del Mundo Subterráneo
en Moscú claramente merecían aparecer en las páginas de tan prestigiosa revista.
Desde que Vadim Mikhailov vio las profundidades de la capital rusa a comienzos de
1970, viajando junto a su padre, maquinista del famoso subterráneo moscovita, se enamoró
perdidamente de los lugares oscuros hechos por la mano del hombre. Al cumplir los doce
años, Mikhailov y sus amigos, ya protoexploradores urbanos, comenzaron a realizar viajes
cada vez más osados en las profundidades de una ciudad en pleno control del régimen
soviético.
Internándose en las profundidades a través de las bocas de acceso en las calles y los
sótanos de ciertos edificios, los jóvenes llegaron a descubrir un mundo desconocido para sus
mayores: los refugios antiaéreos situados bajo el Leningradsky Prospekt y el almacén de la
Academia de Oceanografía. Como diría el propio Mikhailov en la entrevista que le hiciera
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Alta Extrañeza

Andrei Ilnitsky: "Imagina caminar por pasillos que parecen interminables mientras algo te
gotea desde arriba, y con la luz dispar de las linternas, te encuentras repentinamente en un
cuarto lleno de tanques de formol que contienen distintos monstruos marinos".
La madurez hizo que Mikhailov y sus compañeros de aventuras tomaran un acercamiento
más sistematizado a sus exploraciones, conservando apuntes detallados, mapas y planos de
los distintos niveles que existen bajo Moscú -- entre seis y doce--que incluyen antiguos
sistemas de alcantarillado, los cimientos de edificios, el basamento de muchas fuentes y los
restos de sistemas pluviales construidos bajo el reinado de Catalina la Grande.
Entre los peligros de las exploraciones subterráneas figuran las tribus urbanas que ocupan
los niveles próximos a la superficie: los túneles adyacentes a las vías del subterráneo
albergan gitanos, refugiados políticos y ermitaños, que se disputan el control del
inframundo--cual película de ciencia ficción--con los excarcelados, ya que la ley rusa
prohíbe que estos vivan dentro del perímetro urbano de Moscú. Los egresados del sistema
penal ruso ocupan sótanos con buena ventilación y varias salidas, viviendo en grupos que se
rigen por "la ley de la cárcel".
Pero el inframundo no es como lo pinta la cifi: hay lugares que gozan de calefacción, radio,
televisión, en dónde se puede cocinar y dónde viven familias enteras, cuyos padres salen
todos los días al trabajo por las bocas de registro. Esto no significa que Mikhailov y su
grupo no han enfrentado descubrimientos horrendos, como cadáveres descuartizados en las
alcantarillas. El explorador urbano recuerda haber encontrado los restos de un vagabundo
que perdió la vida durante una pelea.
Moscú, durante casi setenta años una ciudad llena de secretos, cuyos mapas urbanos jamás
revelaban lugares precisos por motivos de seguridad militar, protegida por un sistema
antibalístico único en el mundo, resulta tener pies de barro como cualquier otro gigante. Los
exploradores urbanos han detectado que la mayor vulnerabilidad de la ciudad consiste en la
incapacitación de sus enormes escaleras eléctricas, que no están protegidas y cuyo acceso es
fácil. Es posible entrar al mismísimo Kremlin desde tales lugares.
Gracias a la información suministrada por Mikhailov y su grupo, el consejo citadino de
Moscú ha tomado en serio la posibilidad de un ataque subterráneo, sobre todo con base en
una experiencia sufrida por los Excavadores del Mundo Subterráneo. Cuenta el explorador
urbano que su grupo llegó a ver individuos camuflados que llevaban máscaras y portaban
potentes lámparas halógenas. Nadie afirma conocer la identidad de estos extraños, ni lo que
hacen en las profundidades. "Si existe otra organización como la nuestra explorando las
profundidades, ¿quiénes son?" pregunta Mikhailov. "No se trata de una fuerza militar ni
policiaca. Los servicios de seguridad del estado reiteran que sus efectivos no operan debajo
de la ciudad".
Pero los niveles aún más alejados de la superficie contienen verdaderos misterios: ríos y
canales subterráneos, lugares llenos de cráneos y osamentas -- victimas de ladrones cuyos
restos fueron descartados donde nadie los encontraría --, un sistema férreo construido por el
dictador Stalin para transportar soldados y bombas de un lado de la ciudad a otro,
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Alta Extrañeza

laboratorios químicos clandestinos que parecen haber sido abandonados después de algún
experimento fallido...pero esto no es nada en comparación con lo que vieron debajo de la
catedral de Cristo el Redentor.

La principal meta de los Excavadores del Mundo Subterráneo, según su fundador, consiste
en localizar la biblioteca subterránea que supuestamente contiene la colección de
pergaminos y libros bizantinos trasladados a Moscú en 1472 como parte del ajuar de bodas
de la emperatriz Sofía Paleólogo. "Creemos que dicha biblioteca se encuentra aún bajo
Moscú, probablemente en una cámara construida al estilo egipcio, y que aún resulta posible
encontrarla junto con el tesoro que Iván el Terrible obtuvo tras el asedio de Kazán".
Por otro lado, América del Sur, famosa por ser un lugar de gran peligro y belleza, alberga un
sinnúmero de misterios. Pero entre tantos enigmas, el que posee el mayor atractivo hasta el
día de hoy envuelve la existencia de ruinas que apuntan a la existencia una o más
"civilizaciones perdidas" que han escapado a la clasificación por los arqueólgos modernos.
Civilizaciones al estilo de las que escritor inglés H. Rider Haggard plasmara en sus novelas - grandes urbes de piedra desmoronándose entre las lianas.
A diferencia de otros enigmas, dichas ruinas no pueden descartarse como fabricaciones de
las revistas de pulpa, ya que han sido documentadas a primera mano por una variedad de
peritos. Uno de los testimonios más inverosímiles proviene del diario del ex-presidente
norteamericano Teodoro Roosevelt, cuyo recuento de una expedición hasta el corazón del
Brasil apareció en el libro Through the Brazilian Wilderness (A Través de la Selva
Brasileña) en 1914. Mientras que su lancha surcaba las aguas de un poderoso río en el Mato
Grosso, el ex-presidente dirigió su atención hacia algo sumamente inusual:
Cerca de los rápidos del río, en las cataratas, Cherrie descubrió unas
talladuras muy extrañas sobre una masa de piedra desnuda.
Evidentemente, habían sido hechas por la mano del hombre hace mucho
tiempo. Hasta donde se sabe, los indios de la región no tallan símbolos
parecidos hoy en día...Sobre la parte plana de la piedra, consistían de
cuatro círculos múltiples con un punto en el medio, diestramente
grabados y con un diámetro de pie y medio. Debajo de ellos, al costado de
la piedra, había cuatro letras "M" o "W" invertidas. Por supuesto, no
teníamos la más mínima idea de lo que representaban estos símbolos, ni
de quién pudo haberlos grabado. Bien puede ser que en el pasado muy
remoto algunas tribus indias de cultura sumamente avanzada habían
penetrado hasta el precioso río, igual que lo habíamos hecho nosotros...El
coronel Rondon declaró que no pueden hallarse figuras semejantes en
ninguna otra parte del Mato Grosso, y que por consiguiente, resultaba más
extraño aún encontrarlas en este lugar, en un río desconocido, que jamás
había sido explorado por el hombre blanco".
Es posible que el caudillo estadounidense se sentiría decepcionado al saber que 80 años más
tarde, las enigmáticas runas, al igual muchos otros rasgos del Brasil, permanecen sumidos
en el misterio. La cultura Marajoara, que se desarrolló en la isla de Marajó en la boca del
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Alta Extrañeza

Amazonas, y las ruinas ciclópeas situadas en el corazón del estado de Bahía, aún desafían
las explicaciones de los sabios.
Los pantanos inexplorados de la Isla de Marajó tal vez resulten un repositorio de secretos
que nos permita desentrañar el misterio de las culturas perdidas. A juzgar por la evidencia
que sobrevive hasta nuestros días, los Marajoaras eran alfareros supremos, dedicados a la
creación de cerámicas extrañas y altamente ornamentadas que todavía son confeccionadas
hoy en día por un reducido número de artesanos. Se han hecho comparaciones con la
alfarería de la región andina, sugiriendo una posible relación entre ellas. Enormes cámaras
subterráneas, conectadas por túneles, constituyen evidencia adicional de la destreza de los
desaparecidos Marajoaras.
En consonancia con la tradición de las mujeres guerreras que legaron su nombre al río más
caudaloso del planeta, la alfarería Marajoara era obra de mujeres, quienes guardaban
celosamente el secreto de formar y cocer el barro. Los motivos que aparecen en la cerámica
representan mujeres embarazadas, ciclos lunares y otros emblemas representativos de una
tradición netamente femenina.
La heroica labor de Marcel Homet, realizada en los años de posguerra, ayudó a descifrar
muchos de los secretos del noreste del Brasil. Homet descubrió inscripciones talladas,
petroglifos y tradiciones nativas que sugerían la existencia de una civilización o
civilizaciones organizadas en algún momento del pasado en la cuenca del Amazonas. La
más importante de estas tradiciones orales es la de la tribu Makuschi, situada en las laderas
de las montañas Pakaraima. Dicha tradición hace referencia a "una ciudad perdida con
paredes y tejados de oro (arenisca?), dedicada a la alabanza del Sol". Homet vinculó esta
tradición con la ciudad perdida de Manoa, y aún con la Atlántida. Sus charlas con los jefes
de los Makú revelaron la existencia de otra ciudad ciclópea en el seno de las inexploradas
montañas Pakaraima. Los jefes le informaron, alegadamente, de que tal lugar existía en las
aguas altas del río Uraricoera. Un enorme pedrusco cubierto de petroglifos marca el rumbo
hacia las calles y fundamentos de la ciudad derruida. Si el explorador se encamina en dicha
dirección por espacio de dos días, llegará eventualmente a un gran arco en la pared de las
montañas, que le conducirá a una ciudad subterránea de piedra de dimensiones aún mayores.
Diez años antes de Homet, el autor latinoamericano Alejo Carpentier se había inspirado en
la posibilidad de ciudades megalíticas relegadas al olvido, como podemos ver en la siguiente
descripción de una metrópolis megalítica en su obra Los Pasos Perdidos: "Lo que pude ver
fue una ciudad titánica -- de estructuras con espacios múltiples -- con escalinatas ciclópeas,
mausoleos en las nubes, inmensas explanadas defendidas por extrañas fortalezas de
obsidiana sin torres ni ventanas, defendiendo la entrada a un reino prohibido al hombre".
A comienzos del siglo diecisiete, el explorador portugués Feliciano Coelho se internó en la
región que circunda lo que es hoy la ciudad de Joao Pessoa, donde descubrió un objeto
impresionante y completamente inesperado: un monolito de piedra grisácea, grabada en
bajorrelieve, conocida como la Piedra de Ingá. Sus símbolos tallados no concuerdan con
ningún sistema de escritura conocido en las Américas.

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Alta Extrañeza

Tratando de indagar el origen de la piedra mediante preguntas a sus guías, Coelho quedó
sorprendido de que los nativos no supiesen nada al respecto. El monolito tiene unos setenta
pies de largo y diez pies de alto. También existe una montaña en Havea que tiene el
semblante de un hombre barbado que lleva un casco cónico. Los expertos opinan que la
erosión del aire desgastó la montaña y que la mano del hombre añadió los toques finales.
Extrañas inscripciones parecidas a las encontradas en las Islas Canarias pueden verse en la
misma montaña, y no se ha aventurado ninguna explicación para ellas.
La Amazonia no tiene el monopolio sobre las ruinas enigmáticas. Las sábanas despobladas y
las cordilleras del estado de Goias, al suroeste de Brasilia, cuentan con secretos propios: los
restos de fortificaciones, esculturas colosales y paredes cuyos arquitectos permanecen en el
olvido. Las estatuas ciclópeas, que se asemejan a las de Marcahuasi en Perú, representan
rostros humanos y animales nativos a la región de Goias. Se considera que las estatuas
forman parte de Cidade de Pedra, formada por bloques rectangulares de piedra labrada que
en un entonces fueron los fundamentos de edificios. El trazado de las calles y los edificios
sugiere "un Mohenjo-Daro sudamericano", en la opinión de un arqueólogo. Una pared
compuesta de bloques de granito, unos trece pies de alto y cuatro de ancho, recorre toda la
extensión de un valle en el fondo de la Sierra de Gales, cerca de la ciudad de Jandaia. Al
noroeste de Goias se encuentra la Sierra del Roncador, cuya fama se extiende al mundo del
esoterismo. Dicha cordillera, que recibe su nombre debido a los ruidos que se escuchan a lo
largo de la misma, alegadamente alberga una ciudad subterránea cuyos habitantes son
descendidos de los sobrevivientes de la Atlántida. El hecho es que la Sierra del Roncador
contiene una enorme red de túneles, algunas de ellas lo suficientemente grandes como para
alojar a miles de personas. La existencia de tales maravillas geológicas pudo haber dado
origen a la creencia en una "Atlántida" Brasileña, que constituyó una parte importante de las
doctrinas teosóficas sudamericanas desde comienzos del siglo veinte.
Como regla general, las civilizaciones no existen en un vacío. Los estados vecinos juegan un
papel crítico en sus vidas económicas y políticas. Podemos suponer que la muralla que
recorre los pies de la Sierra de Gales representaba tal vez un muro defensivo o línea de
demarcación entre imperios antiguos, muchas veces más allá de la esfera de influencia
efectiva de dichos estados. Por ejemplo, en el desierto del Sahara, los romanos construyeron
el poderoso castellum Dimmidi mucho más allá del limes, o frontera, de sus posesiones
africanas, junto con otros emplazamientos defensivos que aún pueden encontrarse en
Algeria y en el Túnez. Fortificaciones parecidas pueden encontrarse en el desierto Sirio,
distantes de cualquier habitación humana actual. ¿Seria posible especular, entonces, que
estas ciudades brasileñas protohistóricas pudieron haber pertenecido a un gran imperio
controlado desde la fría y lejana Tiahuanaco?
Las paredes y ruinas en el sur del Brasil no son únicas: en su libro Not of this World, el
autor italiano Peter Kolosimo atrajo la atención de sus lectores a "la gran muralla del Perú",
descubierta por la expedición Johnson de 1930 -- un terraplén muy parecido a la muralla de
Adriano en Inglaterra. Esta muralla recorre uno de los paisajes más agrestes de América del
Sur. Junto con algunos complejos de palacios y templos, las ruinas han recibido el nombre
de "cultura Chimú", "cultura Chavín" y otros nombres que alivian las jaquecas de los
arqueólogos. El enorme estadio o anfiteatro natural conocido como El Enladrillado -situado a alturas muy por encima de los cinco mil pies, cerca de Alto de Vilches en el norte
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Alta Extrañeza

de Chile -- pertenece también al conjunto de ruinas ciclópeas. Las dimensiones de esta
estructura indican que fue construida para seres gigantescos: para su construcción se
utilizaron bloques cúbicos de 16 pies de alto y 26 de largo. La manera en que se
transportaron dichas moles a semejante altura, cruzando los insondables valles andinos,
jamás ha sido abordada por la arqueología. Y como si el estadio no fuese suficiente, El
Enladrillado también cuenta con una pista de media milla de largo por 200 pies de ancho,
formada por 233 enormes bloques de piedra con un peso estimado de 22,000 libras.
Marcel Homet expresó la creencia de que los ancestros de los habitantes actuales de la
Sudamérica ecuatorial y meridional emigraron a dichas regiones debido a la destrucción de
una civilización al norte -- tal vez debido a la decadencia y caída de los constructores de
Ciudade de Pedra y otras ruinas. Homet se aventuró a decir que dicho pueblo era de raza
caucasiana en vez de mongoloide, declaración fundamentada por la existencia de los
pobladores de las tierras que circundan al lago Titicaca y los famosos "indios blancos" de
Lagoa Santa en Minas Gerais.
Entre los hallazgos criptoarqueológicos más importantes en América del Sur figuran las
extrañas pirámides fotografiadas por un satélite Landsat en 1975. La foto mostraba la
existencia de ocho estructuras, aparentemente artificiales, localizadas a lo largo de la falda
de una cordillera en la provincia peruana de Madre de Dios. La inspección de cerca con un
helicóptero comprobó que existían doce en vez de ocho estructuras parecidas. El rigor del
entorno --nativos hostiles y animales peligrosos-- ha impedido una inspección física del
lugar. Si se llegara a confirmar que dichas estructuras son pirámides, resultaría casi
imposible describirlas como "ruinas incaicas", como se ha hecho con tantos otros hallazgos
en la zona.
Los altiplanos del Mato Grosso también han proporcionado restos humanos que disputan la
antigüedad de la vida humana en nuestro continente. Una tribu de cavernícolas, con
conocimiento del arco y la flecha, el cultivo y la crianza de animales, existió en Brasil hace
un millón de años -- un bofetón a la cara de las cronologías convencionales, que indican que
los humanos llegaron al continente hace 25,000 años (la cifra ha sido cambiada
recientemente a 49,000 años). El científico Maurice Chatelain sugiere una cronología aún
más heterodoxa e interesante: la ubicación del ecuador terráqueo hace 90,000 años
atravesaba vario lugares que albergan los restos de civilizaciones perdidas -- Tiahuanaco, la
Isla de Marajó, los macizos de Hoggar y Tassili en el Sahara, el valle del Indo -- que se
establecieron en dichas zonas para escapar las glaciaciones que afectaron al hemisferio norte
en dichas épocas. El clima agradable habría resultado idóneo para el cultivo, y el nivel
reducido del mar habría facilitado también la navegación y el comercio entre las culturas
existentes. Cabe pensar que según cambiaron las condiciones climatológicas, los focos de
las respectivas civilizaciones se trasladaron a otro sitio, o desaparecieron por completo.
Las ruinas ciclópeas de América del Sur constituyen un reto al hombre moderno, al igual
que muchas otras estructuras desconocidas en todo el mundo. Dejémosle la última palabra a
Teddy Roosevelt: "Las vicisitudes de la historia de la humanidad durante su estadía en el
continente del sur han sido tan extrañas, variables e inexplicadas...como la historia de las
formas más elevadas de la vida animal durante la era de los mamíferos."
22

Alta Extrañeza
Capítulo 3 – La magia de las ciudades perdiadas

“...las ruinas se elevaban sobre una línea que separaba, y que ocultaba mutuamente, los
costados oriental y occidental de los Desiertos del Sur. Durante épocas pasadas,
cuando estaba viva y próspera, dominaba perfectamente el norte de dicha región, y
ahora, los restos masivos de las fortificaciones atestiguaban que los habitantes
eran conocedores de su valor estratégico. Según las leyendas conservadas en el
Saber de Kevin, los habitantes habían sido belicosos, y necesitaban su localización
estratégica. Lord Calindrill había traducido su nombre como “plaza maestra” o
“desolación de enemigos”. Las leyendas dijeron que durante siglos, Doriendor
Corishev había sido la capital de la nación que vio nacer a Berek Mediamano”.
-- Steven R. Donaldson, Las Crónicas de Covenant el Incrédulo (1979)
El concepto de las ciudades perdidas es algo que apetece poderosamente a la mente
occidental, ya que conjura la imagen de ruinas antiquísimas cubiertas de lianas y
vegetación selvática, o enormes propíleos que sobresalen de las arenas de algún desierto
inexplorado. En las ciudades perdidas yacen tesoros olvidados por la mente del hombre o,
muy al contrario, culturas plenamente vivas de naturaleza beligerante o pacífica que se
aisló voluntariamente del flujo de la civilización humana, representando una fuente de
peligro y oportunidad para el aventurero o explorador. Por supuesto, las ciudades perdidas
en el mundo real tienen mucho más en común con yacimientos arqueológicos como Angor
Wat, Ebla o hasta la misma Troya que aquellas que nos ocuparán en este trabajo.
Al paso que se encogían las distancias durante el siglo XIX y los exploradores rebasaban
las fronteras de lo desconocido, resultaba necesario hacer que la ciudad perdida y sus
tesoros fuesen cada vez más remotas. Los autores de ficción como Julio Verne optaron por
poner sus sueños a buen recaudo, ocultando sus ciudades perdidas debajo de la corteza
terrestre en Viaje al centro de la tierra (1864). Su colega británico, H.Rider Haggard, envió
a su protagonista Allan Quartermain al corazón del Africa inexplorada en pos de Las minas
del rey Salomón (1885). Ambas corrientes novelescas se vieron inspiradas, en cierto grado
por los escritos de un apasionado creyente en la “tierra hueca”, el norteamericano John
Cleves Symmes, cuya novela Symzonia (1820) describía una sociedad tecnológica muy
adelantada bajo la nieve y el hielo de la Antártida.
Pero mientras que la ciencia y la ciencia-ficción se empeñaban en presentarnos dos clases
distintas de ciudad perdida, la tradición esotérica y la criptoarqueología amparaban su
propia variedad de ciudades prohibidas, accesibles sólo a los iniciados – o a los
desventurados que se internaban en ellas por casualidad.

En pos de la ciudad de Iarchas
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Alta Extrañeza

“En cuanto a Arellarti, nuestras leyendas cuentan varias historias acerca de una ciudad
perdida en ruinas dentro de Kranor-Rill. Se dice que la ciudad fue construida hace mucho
por los Rillyti, y que aún utilizan sus desmoronadas estructuras para sus rituales
obscenos...”
--Karl Edward Wagner, Bloodstone (1975)
Apolonio de Tiana fue un filósofo y matemático que vivió en el año 17 de la era
cristiana. Seguidor de la tradición pitagórica y contemporáneo de Jesús, se consideró que
este pensador oriundo de Capadocia también era divino y que disponía de poderes
paranormales. Se construyeron templos en su honor en todas partes del imperio Romano
después de su muerte y algunas ciudades llegaron a acuñar monedas cuyo obverso portaba
la imagen de Apolonio.
Este intrigante personaje merece su fama por sus viajes a todas partes de la cuenca del
Mediterráneo, Etiopía, Asiria y la india. Regresó al imperio Romano después de sus viajes
haciendo gala de algunas de sus dotes paranormales, particularmente después de haberse
afincado en Efeso (en la actual Turquía) para inaugurar su escuela. En aquel momento, la
ciudad estaba siendo arrasada por la peste, y el filósofo pitagórico mandó a apedrear a un
mendigo que era en realidad un demonio con aspecto humano. Cuenta la tradición que los
efesios se ensañaron contra el supuesto culpable, literalmente cubriéndolo de piedras.
Cuando se hizo el esfuerzo por sacar el cadáver del mendigo del montón de piedras, no
encontraron absolutamente nada, y la peste acabó enseguida.
Pero lo que nos interesa no son los supuestos milagros de Apolonio, sino su búsqueda de la
“ciudad de los dioses” durante sus viajes en las Himalayas. Fue acompañado por Damis, su
fiel aprendiz, que Apolonio llegó a la ciudad de Iarchas. Los historiadores se han esforzado
por identificarla—sin éxito—con algunas de las ciudades helenísticas fundadas por
Alejandro Magno en el Punjab. El mismo Apolonio dijo lo siguiente sobre esta urbe: “He
visto hombres que viven en la Tierra pero que no son de nuestra Tierra, que están
defendidos por todas partes pero que carecen de defensas, y que no tienen nada más allá de
lo que poseemos nosotros mismos”.
La leyenda nos dice que cosas extrañas comenzaron a suceder al paso que Apolonio y
Damis se acercaban a su destino. El camino que habían seguido se desvaneció y el paisaje
adquirió un aire surrealista. Se les llevó hasta el gobernante de la ciudad (a quien se le
identifica en algunas versiones como Iarchas) y se les dijo que habían llegado al reino “de
los hombres que lo saben todo” y pudieron apreciar una serie de maravillas, como una
maqueta del sistema solar construido bajo el domo de zafiro de un templo, así como
levitaciones impresionantes. El maestro y su aprendiz cenaron con el regente epónimo de la
ciudad, siendo atendidos en todo momento por cuatro autómatas; la noche se convertía en
día mediante el uso de “piedras luminosas” y Apolonio se quedó pasmado al ver que unas
“ruedas vivientes” transportaban mensajes de los dioses a los habitantes de la urbe. Siendo
geómetra, resulta perfectamente comprensible que el filósofo griego estuviese fascinado

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Alta Extrañeza

por el hecho de que la ciudad de Iarchas “se encuentra en la Tierra, pero a la misma vez,
fuera de ella”.
Los cronistas nos informan que Apolonio obtuvo poderes considerables tras su estadía en la
“ciudad de los dioses”, notablemente el don de poder “sacar fuego del éter” y el don de la
ubicuidad. Personas que presenciaron sus milagros lo atestiguaron durante el juicio
celebrado a Apolonio en el reinado de Domiciano. Se supone que el filósofo haya mirado al
emperador y le haya dicho: “Podrás apresar mi cuerpo pero nunca mi espíritu, y de paso,
¡tampoco mi cuerpo!” desapareciendo acto seguido en un gran destello de luz, cuya
brillantez fue aún mayor debido a que Domiciano había mandado pulir los mármoles de su
palacio como si fuesen espejos, para impedir que lo apuñalasen a traición. Y resulta
curioso que todas las fuentes concuerden en un hecho concreto: el 16 de septiembre del 96
d.c., mientras que Apolonio dictaba una conferencia en los jardines de Efeso,
repentinamente quedó callado y su semblante se vio torcido por una ira indescriptible a la
vez que exclamaba: “¡Maten al tirano, mátenlo!” Posteriormente, volvió a mirar a su
sorprendido público para decir: “¡Albricias, ciudadanos de Efeso! El tirano ha sido
asesinado hoy mismo en Roma”.
La vida de este singular personaje ha sido interpretada de varias maneras: para los teósofos,
y especialmente para George R. Stow, biógrafo de Apolonio, el pitagórico es un “maestro
espiritual” y una de las muchas caras del conde de St. Germain; Jacques Bergier sugirió
que Apolonio había tenido contacto con extraterrestres; otros opinan que este taumaturgo
del siglo I d.c. logró acceder a un extraño depósito de sabiduría oculta, posiblemente
ubicado en otra dimensión de nuestro propio mundo.
La capital olvidada de los Hsiung-Nu
A cada mano surgían las lúgubres reliquias de otra época olvidada: enormes fustes
truncados cuyas cimas melladas llegaban hasta el cielo; largas rectas de murallas
desmoronadas; enormes bloques caídos de piedra ciclópea; deidades astilladas cuyas
horrendas facciones habían sido medias borradas por la erosión del viento y las
tolvaneras...
-- Robert E. Howard, “El coloso negro” (1933)

Mientras que la misteriosa ciudad de Iarchas pudo haber existido “más allá de los círculos
del mundo” (para pedir prestada a J.R.R. Tolkien su evocadora frase) también podemos
suponer que muchos iniciados potenciales hayan perdido el pellejo tratando de buscarla.
Sin embargo, existen otras ciudades perdidas en el centro de Asia que gozan de un aura de
misterio igualmente poderoso.
Extendiéndose desde la cuenca del Tarim hasta el enigmático desierto del Gobi, Asia
central es considerada por muchos – entre ellos los historiadores Roy Chapman Andrews y
Henry Fairfield Osborne – como la cuna original de la humanidad. Durante su exploración
de esta enigmática región, Andres encontró los restos prehistóricos de árboles, follaje y
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Alta Extrañeza

crustáceos de agua dulce, apuntando a una época remota en que había agua y vegetación en
abundancia. Su expedición también halló los restos de un esqueleto humano de dos metros
de estatura, identificado como un “protomongol”.
El controvertido autor italiano Peter Kolosimo causó furor entre los entusiastas de la
criptoarqueología y los estudiosos con su libro “Timeless Earth” (1968) en donde el autor
nos informa que la cultura de los Hsiung-Nu no tenía nada que ver en absoluto con los
hunos que devastaron Europa en el siglo V de nuestra era. Lejos de ser salvajes al galope,
los Hsiung-Un tenían una cultura bastante avanzada que rendía culto a las estrellas y cuya
capital se localizaba en las desoladas regiones de la cuenca del Tarim (a poca distancia de
la instalación de pruebas nucleares de Lop Nor en la republica china). Los puntos de
contacto entre esta civilización y la desparecida cultura de los mitanni eran más estrechas
que con otros pueblos asiáticos. La mayoría de los textos de historia aportan poco sobre
esta raza olvidada. Uno de ellos nos dice escuetamente que “según algunos investigadores,
los hunos eran descendientes de los Hsiung—Un, un pueblo siberiano que se asentó entre
el lago Balkhash y Mongolia en el siglo IV a.c.” . Un mapa nos muestra que la extensión de
este reino llegaba hasta las fronteras de Corea, aunque el mismo mapa nos indica que la
“residencia del jefe de los Hsiung-Un estaba en las riberas del río Ongin en Mongolia. En
el 209 a.c., Mao-tun se convirtió en emperador de los Hsiung-Un e hizo que China le
pagara tributo.
Según Kolosimo, el padre Duparc, un explorador francés, llegó a las ruinas de la supuesta
capital de los Hsiung-Un en 1725, hallando una serie de monolitos que aparentemente
habían formado parte de un adoratorio. Otros descubrimientos incluían una pirámide de tres
escalones y un palacio real “con tronos adornados con imágenes del sol y la luna”. Las
expediciones posteriores encontraron joyas, armas y adornos, pero no encontraron las
ruinas vistas por Duparc, ya que estas habían desparecido debido a la acción de las
tormentas de arena. Un equipo de investigadores soviéticos llegó a la región en 1952 y
descubrió la punta de una estructura monolítica parecida a los monumentos de Zimbabue
en el sur de Africa. De acuerdo con los textos tibetanos examinados por los sabios de la
expedición rusa, la ciudad sin nombre de los Hsiung-Un había sido destruida por un
“cataclismo de fuego” que arrasó con la civilización y redujo sus sobrevivientes al
barbarismo.
No obstante, la relación entre los Hsiung-Un históricos y los creadores de las ruinas
misteriosas parecen ser pura coincidencia. Es muy posible que los avanzados pobladores
de la arruinada ciudad de la cuenca del Tarim tuviesen más en común con los “tocarios” de
las crónicas antiguas, y cuyas momias fueron halladas en 1997 cerca de la ciudad china de
Urumchi. Es posible que las exploraciones petroleras que toman lugar actualmente en el
desierto del Takla Makan puedan aportar más información sobre esta civilización olvidada
y su misteriosa ciudad. Existe una oportunidad valiosa en el uso de dispositivos de
detección a distancia como el SIR-CX-SR, desplegado por primera vez en el trasbordador
Discovery en 1994 para discernir las estructuras ocultas a lo largo de “la ruta de la seda”.
Este sorprendente sistema radárico es capaz de descubrir objetos enterrados en la arena
hasta 3 metros de profundidad. Se utilizaron dispositivos semejantes para localizar con la
ciudad perdida de Ubar en el Hadramaut (entre Yemen y Omán en la península arábica).
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La ciudad negra

Alta Extrañeza

El desierto del Gobi es un crisol de ciudades perdidas y civilizaciones desconocidas. A
miles de kilómetros de la cuenca del Tarim y la ciudad de los Hsiung-Un se hallan las
ruinas de Kahara-Hot, “la ciudad negra y muerta” del Gobi, destruída por la magia.
Los expertos afirman que Khara-Hot fue la ciudad más antigua del Gobi, situada en las
riberas del rio Ezen y a la sombra de la cordillera Altai, añadiendo que se trataba de una
población mayormente china encargada de esparcir la cultura del imperio celestial entre los
salvajes del norte a partir del s. II a.c. La historia ortodoxa agrega que el imperio de ShiShia, regido por los tángutos, controló la urbe por dos siglos hasta que Genghis Khan
volvió a retomarla. En 1372, Khara-Hot acabó siendo destruida por los ejercitos de la
dinastía Ming.
Pero otras fuentes sugieren que la ciudad negra tuvo un fin menos prosaico. La pujanza de
su gobernante, Khara Bataar Janjin (“el héroe negro con palabras de magia negra”) levantó
la cólera del emperador chino, quien le declaró la guerra y asedió a Khara-Hot. El “héroe
negro” preparó a sus caballeros para una última embestida contra los chinos, parecida tal
vez a la carga de Théoden y Aragorn durante el sitio del Abismo de Helm en Las dos torres
de Tolkien. Pero la hija de Janjin le suplicó que no lo hiciera y que permitiese la entrada de
los chinos por una de las puertas de la ciudad mientras que el héroe y sus tropas salían por
otra.
Khara Bataar Janjin salió con sus tropas según lo convenido, pero mientras que lo hacía, el
caudillo pronunció las “palabras negras” que causaron la transformación de todo el paisaje
circundante. Todos los seres vivos murieron; los árboles se desplomaron y surgieron
tormentas que anegaron la región en un mar de arena, enterrando al héroe-mago y los suyos
para siempre. Los chinos quedaron horrorizados al ver que la región – otora boscosa y llena
de pastizales – no era más que un desierto. Lejos de penetrar la ciudad y saquearla, los
ejércitos del emperador huyeron despavoridos.
Con el paso de los siglos, se han hecho intentos por recuperar el tesoro de Khara-Hot, pero
la tradición insiste que cortinas de fuego se alzan de las arenas para impedirlo. Durante
siglos, chamanes y lamas tibetanos intentaron vencer la maldición de las “palabras negras”
proferidas por Janjin, intentando rescatar el tesoro de un millón de onzas de plata perdido
bajo las arenas.
No fue hasta 1909 que el explorador ruso Piotr Kozoloff logró franquear las defensas de
Khara-Hot para hallar una bóveda llena de objetos de culto, bajorrelieves y manuscritos
antiguos...pero nada de tesoro. ¿Será que la magia del “héroe negro” sigue protegiendo su
tesoro?

¿La ciudadela del Preste Juan?

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La misma incertidumbre histórica que aflige a la arruinada ciudad de los Hsiung-Un en el
desierto se aplica también, en cierto modo, al preste Juan.
Una de las grandes leyendas de la baja edad media se refiere a las embajadas
supuestamente provenientes “del reino del preste Juan”, trayendo obsequios y cartas tanto a
los estados pontificios como a otros reyes de la época. En el 1165 d.c., el emperador
bizantino Manuel Cómneno recibió una misiva de un lejano príncipe conocido solo como
el preste Juan, quien alegadamente recibía “el tributo de 72 reyes” y que también era “un
cristiano devoto que protege a los cristianos en todas partes de nuestro reino”. En la era de
las Cruzadas, mientras que los reinos cristianos de levante se veían empujados
inexorablemente hacia el mar ante el empuje de los musulmanes, la novedades de un
poderoso aliado cristiano fueron recibidas como agua de mayo. Se hicieron intentos
múltiples por localizar su reino: Algunos dijeron que el preste Juan se encontraba más allá
de la India; otros afirmaban que vivía en el Cáucaso. Los cartógrafos que colocaron en sus
portulanos la figura de un monarca con cetro en la actual Etiopía fueron los que salieron
ganando, y el “reino del preste Juan” se convirtió en un dominio mágico salido de los
cantares de gesta del momento, situado en lo alto de las míticas montañas en cuyas laderas
nacía el Nilo.
Cuando los viajes de Marco Polo comprobaron sin lugar a dudas que el único gran monarca
más allá de la India era el Gran Kan, el esfuerzo por dar con el preste Juan en África
comenzó en serio. En 1520, Portugal envió una delegación a Etiopía para concertar una
alianza con este príncipe inmortal contra los mercaderes árabes que entorpecían el
comercio de las especias. Al llegar, se encontraron con que el monarca etíope jamás había
oído mencionar al preste Juan.
Aunque pudo haberse tratado de un fraude medieval, cada fraude porta en su seno las
semillas de la verdad. ¿Pudo haber existido algún obispo copto o nestoriano llamado Juan,
gobernante de algún diminuto señorío, cuya reputación fue magnificada para infundir
temor a sus enemigos?
Esta vía de especulación fue reforzada en 1994 por un artículo de J.J. Snyder aparecido en
la revista World Explorer (Vol. 1, No. 4) titulado The Mysterious Egyptian Castle-Fortress
(El misterioso fuerte-castillo egipcio). El autor afirma que mientras pilotaba un avión
cosechador desde el Sudán hasta la egipcia Aswan, tuvo la oportunidad de sobrevolar un
“castillo negro como una fortaleza” que dominaba una pequeña colina y que contaba con
“dos almenas que apuntaban hacia el sur” en la sección mas árida del desierto nubio en la
frontera sudanesa. Mientras que ninguno de sus colegas aviadores pudo confirmar su
avistamiento, Snyder tuvo la sensación de que la estructura “estaba vacía...y que pudo
haber estado abandonada por cientos de años, acaso más”.
¿Un truco del paisaje, producto de algún juego de luz y sombras? Quizás. Pero, ¿y si el
preste Juan hubiera sido menos rey y más un jefe como “el viejo de la montaña” que regía a
los Asesinos? ¿Pudiera haber sido la ciudadela vista por Snyder la ciudadela “perdida” de
este personaje medieval. Una posibilidad encantadora, a pesar de ser poco factible.

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Ciudades perdidas – físicas y metafísicas

Las leyendas sobre la existencia de esta ciudad perdida prehumana resultaron ser ciertas.
Pero aún más sorprendente que sus muros ciclópeos de piedra desconocida, que la
geometría precisa y extrahumana de sus calles radiales y edificios sin ventanas, los seres
monstruosos que ambulaban por esta obra maestra de un genio muerto hace edades, era
que Arellarti no era la ruina muerta que habían retratado las leyendas....
--Karl Edward Wagner, “Bloodstone” (1973)
Cuando cortamos los vínculos que nos unen a la historia, o aún con el folklore, nos
exponemos al riesgo de ser arrastrados por las poderosas corrientes de la especulación que
nos acercan cada vez más al misticismo. El mejor ejemplo de esto puede verse en las
creencias de algunos autores iberoamericanos, entre ellos Guillermo Terrera, quienes han
inventado una cosmología entera de ciudades perdidas y de parahistoria.
Terrera hace distinciones muy claras entre las ciudades perdidas “verdaderas” y las que son
puramente metafísicas (las subterráneas y las que podemos suponer extradimensionales),
aunque estas no son menos reales que las ciudades de los mayas, incas o aztecas. Entre las
urbes metafísicas figurarían Thule, Agharthi y Shamballah, aunque el eje central de esta
cosmología heterodoxa lo sería el mágico Cerro Uritorco. “El enlace entre el conocimiento
de los indios Comechingones y sus creencias ancestrales”, nos dice Terrera, “fue
comprobado por el hallazgo del legendario Bastón de Mando o Piedra de la Sabiduría en
1934 por Ofelio Ulises, justo después de su regreso de la ciudad tibetana de Shamballah
(¡!) en la que estudió por ocho años. Fue precisamente en esta ciudad que se le mostró la
localización del báculo de basalto cuya construcción había sido encargada por el jefe
Multán hace ocho mil años”.
Es natural que los planteamientos de Terrera nos sean difíciles de digerir, pero su forma de
pensar no es única. El francés René Guénón postuló la creencia de que la geografía no toma
en cuenta los pliegues o “arrugas” que pueden producirse en la superficie del mundo.
Denominando estas irregularidades con el nombre de dwipas (palabra de origen hindú),
siete de las cuales pueden ser accesadas por los iniciados. Al menos uno de estos mundos
está habitado y contiene la ciudad del “rey del mundo”, un lugar en dónde sobreviven las
tradiciones sagradas y dónde los iniciados van a someterse a prueba. Guénón también nos
dice que las sociedades secretas de nuestros mundo han jurado vedar a los legos el
conocimiento de cómo pueden alcanzarse estos lugares. A costa de sus vidas, si hace falta.
Aún persisten indicios de que América del Sur pueda contener ciudades perdidas que son
perturbadoramente “reales”. Un evento de alta curiosidad tomó lugar a fines de la década
de los ’60 mientras que Louis Pawels concluía su obra clásica La rebelión de los brujos. Su
coautor, Jacques Bergier, había recibido una enigmática muestra de mineral de parte de una
empresa minera brasileña llamada Magnesita, S.A. que buscaba derivados del magnesio
para el uso en una variedad de procesos metalúrgicos. Miguel Cahen, gerente de la
empresa, había enviado a Bergier una muestra de un extraño cristal hallado en los márgenes
de la misteriosa región del centro de Brasil conocida como “la tierra prohibida”. Bajo
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Alta Extrañeza

análisis, el fragmento resultó ser un fragmento de carbonato de magnesio de transparencia
y pureza inigualadas y “con propiedades sumamente curiosas en el espectro infrarrojo,
emitiendo radiación polarizada”, según agrega el mismo Pawels. Puesto que el cristal no
coincidía con nada en los textos de mineralogía, Bergier remitió la muestra a una agencia
del gobierno francés, que se pronunció favorablemente sobre el origen artificial del cristal.
No pudieron realizarse pruebas adicionales a falta de más muestras de la extrañilla
sustancia.
La “tierra prohibida” en que se encontró esta anomalía no es otra sino la región que yace
entre los ríos Amazonas, Tapajós y Xingú en el seno del Brasil, fuente de tantos rumores y
contradicciones. El escritor / explorador Alpheus Hyatt Varrill jamás franqueó los lindes de
esta “tierra prohibida”, creyendo a pies juntillas que de hacerlo, moriría. Pero a lo largo de
su vida, hasta su muerte en 1964, Varrill manifestaba la creencia de que civilizaciones
extraordinariamente adelantadas habían existido en América del Sur que algún día se
conocerían sus restos. Al igual que el desventurado Percy Fawcett, Varrill defendía la
existencia de la “ciudad Z”, una legendaria ciudad perdida dentro de los confines de esta
región.

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Capítulo 5 – Nuestros vecinos al norte

Basta con pensar en Canadá – o peor aún, Alaska – para que la mente se ponga a conjurar
toda suerte de inclemencias: nieve hasta la cintura, vientos inmisericordes, jaurías de perros
jadeantes que tiran trineos y osos polares al acecho. Ni decir tiene que este no es
necesariamente el caso y que más que eternas planicies blancas, el extremo norte del
continente americano tiene un color verde tenue tirando a pardo, desarbolado y lleno de las
formaciones geológicas conocidas como “drumlins”. Lagos cuyas aguas no han sido
consumidas por más que el caribú, el oso polar y los mamíferos de las zonas frías brillan
como espejos; de vez en cuando es posible ver asentamientos de la tribu inuit, que no viven
todo el tiempo en los iglúes que las películas y los libros de aventura nos han dado a
conocer, sino en estructuras más duraderas y en nuestra época, francamente modernas.
Estas zonas remotas y poco frecuentadas por los que no son nativos, militares o
ingenieros petroleros ofrecen al investigador de lo extraño toda suerte de misterios que
van desde la presencia del fenómeno OVNI hasta seres extraños que han llegado a causar
preocupación a los gobiernos que ejercen control sobre dichas regiones – Canadá,
Estados Unidos y en cierto grado, Dinamarca.

En la lejana Alaska
Resulta casi imposible abordar el tema de los OVNI en Alaska sin comenzar primero por
un espeluznante caso que – sin jamás haber sido confirmado – sigue formando parte del
gran corpus de información sobre el misterio, apareciendo en varios libros escritos por
autores de renombre. Se trata del caso de Eagle, Alaska, presentado por el investigador
canadiense Gene Duplantier en su opúsculo “The Night Mutilators” (SS&S Publications,
1979).
Duplantier no ofrece fechas para este evento, pero indica que fueron cinco los testigos
que un buen día decidieron irse de backpacking por el sendero del auge de oro de Eagle, a
la ribera del poderoso río Yukón. Tras de haber acampado y pernoctado en esta zona, uno
de los miembros del grupo decidió bajar al río para bañarse.
Fue en ese momento que el testigo anónimo presenció veinte objetos con forma de
platillo que cernían, en la luz del amanecer, sobre un claro en los bosques subpolares.
Una franja negra adornaba la parte central de cada uno de los objetos.
Corrió a despertar a sus compañeros. Posteriormente esos decidirían hacer caso al
sensacional relato que les contaba su amigo y el grupo caminó la distancia de media milla
que les separaba del claro en el bosque sobre el cual se habían cernido los extraños
objetos. Los objetos ya no estaban presentes, como era de esperar, pero algo más
espantoso les aguardaba: un enorme círculo de hierba quemada dominaba el lugar; la
hierba había sido aplastada en sentido sinistrorso desde el centro del círculo, y cuatro
huellas triangulares ocupaban la circunferencia, hundidas a dos o tres pulgadas.
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Dentro del círculo presenciaron un atroz apilamiento de cadáveres mutilados – cientos de
ellos, según Duplantier. “Los alces habían sido despojados de sus astas y sus patas, que
habían sido colocados en montones individuales”, escribe el investigador. “y sus órganos
brillaban por su ausencia. Los osos grizzli habían perdido tanto sus ojos como sus garras;
a los caribúes se les había extraído el esqueleto. No había indicios de sangre en ninguna
parte. Las heridas eran limpias y exactas”.
Pero lo que más azoro produjo entre los testigos fue un descubrimiento alucinante – el
cadáver de una ballena de quince pies de largo, totalmente vacío de órganos internos.
Cabe preguntarse si los backpackers tendrían cámaras fotográficas a su disposición, o si
este extraordinario caso no es más que una fabricación periodística...
Lo cierto es Alaska nos ofrece muchos misterios, y la mayoría de ellos recientes. Hace
tan solo dos años, la aldea inuit de Noorvik estuvo asediada por luces extrañas –
estructuras altamente brillantes que iluminaban la oscuridad de los breves días de
invierno como si de faros se tratase. Las descripciones de estos objetos variaban de
testigo en testigo – torres con luces, tres luces superpuestas en línea recta, y la más
curiosa de todas: una luz parecida a un estrobo que giraba en torno a la “torre de luces”
que se desplazaba silenciosamente en la noche polar. La mini-oleada de la costa norte de
Alaska fue dada a conocer al mundo muchos meses después por el periódico North Slope
Arctic Sounder de la ciudad petrolera de Point Barrow.
Teresa Pungalik, encargada de los socorristas de esta remota región del cuatrigésimo
noveno estado de la unión americana, manifestó a la prensa que el primer avistamiento se
produjo el 23 de diciembre del 2002, cuando un vecino de Noorvik que cabalgaba por la
tundra afirmó haber visto “un estrobo” en el fondo de la cantera local. Pensando que
podía tratarse de un avión estrellado que utilizaba una especie de baliza para pedir ayuda,
los socorristas se comunicaron con la Agencia Federal de Aviación (FAA, por sus siglas
en inglés) para preguntar si se tenía conocimiento de algún avión derribado. En las
solitarias regiones del norte, las avionetas representan para muchos la única forma de
comunicación con el mundo exterior, y sus pilotos son a menudo médicos y especialistas
que brindan sus conocimientos a comunidades aisladas.
"El oficial Leath en Kotzebue me llamó a las 0400 horas,” dijo Pungalik a los medios,
“así que enviamos cuatro trineos motorizados para revisar la zona. Llegaron hasta Sivu y
dijeron: estamos justo sobre Sivu, sobre los cerros, podemos ver las luces, están hacia
allá. Dijeron que iban a seguir un poco más allá, porque pensaban que estaba en Sivu.
Teníamos contacto mediante VHF. Dentro de poco informaron que las luces se les
habían adelantado.”
Los socorristas comenzaron a darse cuenta de algo no encajaba. Las luces no
correspondían a un objeto en el fondo de ninguna cantera, sino parecían tratarse de otra
cosa. La comunidad inuit de Sivu estaba a veinte millas de Noorvik por trineo

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Alta Extrañeza

motorizado, lo que indicaba que las luces estaban en movimiento. Pungalik dio la orden
de interrumpir la misión de rescate.
Pero la extraña experiencia sólo estaba a punto de comenzar: "Había muchas personas
despiertas a esa hora, viendo las luces”, añadió Pungalik. "Vieron que el primer trineo
motorizado regresaba al pueblo, hacia ellos, y repentinamente vieron que eran más de
cuatro. Los cuatro chóferes de los trineos motorizados dijeron que las luces les habían
seguido hasta llegar al pueblo".
Los OVNI también se hicieron sentir en el norte de Canadá durante el mismo
macroavistamiento de fines de los ’60 a comienzos de los ’70. En el mes de noviembre de
1967, los controladores de tránsito aéreo de Fort Simpson quedaron perplejos al ver en sus
instrumentos un objeto que ejecutaba una serie de virajes de 90 grados; meses después una
luz amarilla-anaranjada voló a baja altura sobre la población de Whitehorse en el Yukón.
Dos motoristas que cruzaban la tundra en sus trineos motorizados afirmaron que el objeto
era “más brillante que el sol” y que se cernía al nivel de los árboles, emitiendo una energía
desconocida que hizo que ambos trineos motorizados se detuvieran hasta que el objeto se
alejó del lugar.
En febrero de 1968, una mujer que vivía a las afueras de Fort Norman pudo ver un colosal
bólido anaranjado que se movía lentamente sobre los cables de alta tensión del tendido
eléctrico. La testigo, que afirmaba haber estado cortando leña cuando se produjo el
incidente, no tardó en subirse a su trineo y dirigir sus perros de tiro hacia el asentamiento
para comunicar lo sucedido.
Los avistamientos en el ártico canadiense se prolongaron más allá del macroavistamiento.
En fechas recientes, el periodista P.J. Harston exploró los avistamientos que tomaron lugar
en enero de 1996 sobre Fort Resolution, en las orillas del Great Slave Lake. Más de 50
vecinos de esta población vieron extrañas luces verdes y azules que fueron captadas en cinta
de vídeo. La magnitud del avistamiento fue tal que altos oficiales del ejército canadiense
visitaron la población, acompañados de investigadores militares. La cinta de vídeo, según
las averiguaciones de Harston, fue confiscada por estos funcionarios y remitida a su cuartel
general en North Bay, Ontario, para analizarla. El periodista añade el curioso detalle que
según el coronel Pierre Leblanc, el militar que visitó Fort Resolution, los estamentos
militares canadienses “llevan el registro de las investigaciones paranormales, aunque el
presupuesto para tales actividades se reduce cada vez más”.
Los misteriosos aparatos de Boshkung
Canadá será el segundo país más grande del mundo en su extensión territorial, pero su
población está confinada, en su mayoría, a una angosta franja de terreno al norte del río
San Lorenzo y de los Grandes Lagos. La provincia de Ontario, la más importante de estas
regiones, está llena de bosques y lagos que representan para el canadiense medio una
oportunidad de poseer una casa de veraneo en un sitio apacible. Uno de estos cuerpos de
agua es el lago Boshkung cerca del poblado de Minden.

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Alta Extrañeza

En noviembre de 1973, mientras que sus vecinos al sur experimentaban la gran oleada
OVNI de aquel año, dos agentes de bienes raíces – Jim Cooper y Earl Pitts – regresaban a
sus casas en Minden cuando vieron un objeto “sorprendente” que se desplazó ante sus
ojos en cuestión de segundos. El objeto tenía unos dieciocho pies de largo, era ancho en
su morro y ahusado hacia la cola, con una luz blanca en la punta de la misma. Un piloto
de avionetas confirmaría este avistamiento posteriormente, describiéndolo como “un
helicóptero sin cola” que se desplazaba a toda prisa con rumbo al lago Boshkung.
Desde aquel momento, el periódico local Minden Progress comenzaría a publicar
artículos sobre los distintos avistamientos en la zona, aunque a diferencia de los casos
estadounidenses de la misma época, no se produjeron encuentros espectaculares entre
humanos y los ocupantes de las luces ni efectos electromagnéticos sobre coches o
camiones.
No fue hasta febrero de 1974 que los OVNI parecieron interesarse por los habitantes de la
zona. El matrimonio Lunham, que vivía en una casa a la orilla del Boshkung, acaba de
cenar cuando vieron uno de los extraños objetos sobre la superficie de lago, dirigiéndose
justo hacia su hogar. A mitad del cuerpo de agua, el objeto comenzó a resplandecer con
una luz blanca intensa, generando suficiente calor como para derretir el hielo que se
adhería a las ventanas de la casa de los Lunham. La señora Lunham declararía
posteriormente que el vidrio estaba tan caliente que era imposible tocarlo, a pesar de que
la temperatura exterior rondaba los –20 grados Fahrenheit.
La superficie congelada del lago Boshkung acabaría convirtiéndose en un
“estacionamiento” para estos objetos extraños. Los aparatos desconocidos aparecían
sobre el lago durante el ocaso, a veces solos o en pares, hasta que era posible contar una
docena o más de ellos sobre el hielo. A veces se posaban sobre el hielo, otras veces se
mantenían suspendidos sobre el mismo, y en ciertos casos hacían algo sumamente
curioso: se cernían sobre los agujeros en el hielo que habían sido hechos por los
pescadores locales, aunque era imposible ver si extraían agua para fines desconocidos.
Los extraños objetos parecían sentirse muy confiados de la región: el 26 de febrero de
ese año se posaron a unos cuarenta pies de la casa de los Lunham, permitiendo que la
pareja ofreciese una descripción cabal de ellos: contaban con cuatro alas que se extendían
veinte o más pies de punta a punta; eran de color oscuro y equipados con faros de color
blanco azulado. Otros parecían disponer de antenas externas—hasta nueve en ciertos
casos—que parecían permitir la comunicación entre aparatos mediante una serie de
destellos, como si utilizaran algún tipo de código. Según el testimonio del señor Ashley
Lunham, los objetos no se parecían en nada a los aviones que conocemos, y menos en su
funcionamiento, ya que los objetos “rebotaban” varias veces, como pelotas, para
despegar, haciendo un sonido sordo que desparecía tan pronto como se separaban del
suelo. La señora Lunham afirmó haber presenciado un OVNI que tuvo problemas para
despegar, como si le fallara el motor. Esto le hizo pensar que fuesen lo que fuesen, no
eran producto de una civilización espacial avanzada.

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Alta Extrañeza

El reportero Peter Courtney fue responsable del primer intento de fotografiar los
alucinantes objetos que se daban cita en el helado lago Boshkung como parte de sus
reportajes sobre los ovnis que asolaban el condado de Halliburton. Con su pesada ropa de
abrigo, su trineo motorizado, Cámara fotográfica SLR de 35mm y trípode, Courtney
visitó el lago varias veces hasta que a las 9:00 pm del 10 de marzo de 1974, cuando la
luna llena bañaba la blancura del congelado Boshkung con su luz, pudo ver una luz roja
que se movía sobre los árboles. A pesar de su equipo, no pudo obtener una imagen clara
del objeto.
Pero lo que ignoraba el reportero era que a cierta distancia de donde observaba las
maniobras nocturnas del objeto rojo, se tendía una celada.
Cincuenta vecinos de Minden, cansados de ver tantos objetos extraños, se apiñaron en
una de las costas del lago con la intención de tomar acción decisiva. Entre su número
figuraban seis cazadores armados con escopetas de alta potencia que enfilaron sus trineos
motorizados hacia la superficie del lago conforme se acercaba uno de los no
identificados. Disparando casi al unísono, muchos de los presentes afirmaron haber
escuchado el lejano impacto de las balas contra el casco del intruso, que siguió de largo.
La comunidad exigía respuestas que ni las autoridades locales ni el departamento
canadiense de defensa estaban dispuestos a ofrecer. La policía insistía que los objetos
eran meramente reflejos de luz sobre el hielo; los militares ni siquiera se dignaron en
ofrecer una hipótesis.
La actividad anómala sobre el lago prosiguió una vez llegada la primavera, y los vecinos
insistieron que había sido posible localizar huellas del aterrizaje de varios objetos entre las
arboledas, como si los aparatos hubiesen utilizado los claros de bosque para protegerse de
las miradas de los curiosos.
Escribiendo detenidamente sobre este caso en su libro Strange Encounters, el
investigador Curt Sutherly (antiguo redactor de la desaparecida revista Pursuit, órgano de
difusión de la organización SITU creada por el criptozoólogo Ivan Sanderson) manifestó
lo siguiente: “Si los objetos fueron verdaderamente naves espaciales, estaban impulsadas
por motores sorprendentmente primitivos – motores escasamente mejores que los
nuestros, con dificultades al arrancar durante las frías mañanas de invierno...los objetos
caían al suelo para desaparecer dentro de la mismísima tierra. Finalmente, hay que
considerar que a pesar de la gran cantidad de avistamientos, nadie vio ni un solo
tripulante”.
Por increíble que puedan parecer los incidentes en el Lago Boskhung, eran tan solo parte
de un macroavistamiento que abarcaba el sur de Canadá en aquel momento. El
investigador Brian Vike de la organización HBCC con sede en la ciudad de Vancouver
menciona otro caso que tomó lugar en la década de los ’70 en otro cuerpo de agua: el
lago Scugog, al norte de la populosa Toronto. El testigo– Ian Harper, adolescente al
momento de producirse el caso – había salido al patio de su casa un verano con su padre

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Alta Extrañeza

para separar dos gatos enfrascados en una pelea. Harper le comentó a su padre que un
objeto en el firmamento parecía brillar con más intensidad que las demás estrellas.
El objeto en cuestión se desplazaba desde el sur hacia el norte y el padre del testigo – que
había sido controlador de tránsito aéreo en Escocia – dijo casi enseguida que no se trataba
de un avión, pensando que sería alguna especie de satélite. El objeto casi enseguida
comenzó a desplazarse en zig-zag, abarcando la gran distancia de este a oeste a gran
velocidad. Posteriormente regresó a su posición original para seguir su lento trayecto.
Meses más tarde, el joven Harper se encontraba cuidando de sus hermanos pequeños
mientras que sus padres habían salido a cenar. Después de acabado el partido televisado
de hockey, el testigo se levantó de su silla para cambiar de canales, y percibió una luz de
gran brillantez por la ventana del salón, observando que las sombras de los árboles
parecían desplazarse en la nieve. Su sorpresa fue mayúscula cuando pudo ver un objeto
de grandes dimensiones que se movía por encima de su hogar y se alejaba por encima de
los árboles. El objeto, según recuerda el testigo, era de color verde con un borde
anaranjado. El objeto se alejó a un cuarto de milla de distancia antes de bajar
repentinamente del cielo, como si fuese a chocar contra la tierra. Pero el intruso se detuvo
antes de hacer impacto y comenzó a cernirse antes de aterrizar detrás de la arboleda,
resplandeciendo en la oscuridad. El testigo y un amigo visitaron el lugar del supuesto
aterrizaje en la nieve sin encontrar nada.
Pero una sorpresa adicional aguardaba a Ian Harper.
Un año después del aterrizaje, se encontraba montado en su bicicleta y acompañado por
su perro, paseando por un camino que estaba al sur de su aldea. El can, un perro de aguas
de gran tamaño, repentinamente salió corriendo, gruñendo y ladrando. Harper pudo ver
que su mascota había visto un animal blanco—quizás un gato grande—y había salido a
interceptarlo. Bajándose de la bicicleta para ir tras el perro, se fijó que el animal se había
detenido en seco, como si se hubiera encontrado repentinamente con una barrera
invisible.
Fue entonces que “aquello” – como lo denominó Harper – comenzó a erguirse
lentamente. Lo que inicialmente había tomado por un gato de color blanco resultó ser
“algo de tres pies de alto, con brazos largos y delgados y una gran cabeza. Mi primera
impresión de “aquello” es que se trataba de un mono. Fue entonces que se produjo un
sonido que se me hace difícil describir: una especie de gruñido o grito subsónico. No creo
que el sonido haya salido de “aquello”, sino que parecía rodearme. Pude sentir el sonido
en todo mi cuerpo. El perro se detuvo, dio la media vuelta, y salió corriendo con el rabo
entre las piernas. Sentí tanto miedo que me fue imposible subirme a la bicicleta de nuevo;
Comencé a correr, empujando la bicicleta por delante. Cuando llegué a mi hogar, mis
padres tenían visita, así que me fui directo a mi habitación”.

La extraña dimensión desconocida de Qaumaneq

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Alta Extrañeza

A principios del siglo XIX, los mares de la zona ártica eran no sólo las aguas mas frías del
mundo, sino también un paraíso para los balleneros ingleses y norteamericanos, así como
para los exploradores de la región ártica. Estos intrépidos exploradores, muchas veces
afiliados con las "reales sociedades" de exploración de un país u otro, pasaban años enteros
en las regiones circumpolares realizando una variedad de estudios científicos. Quizá
ninguno de estos empeños haya recibido tanta atención como la búsqueda del "pasadizo
noroeste" o Northwest Passage -- el brazo de mar que uniría el Atlántico con el Pacífico.
Leer sobre las intrépidas expediciones de los Ross (tío y sobrino), Mackenzie y Franklin es
como internarse en una novela de Julio Verne: enormes veleros con cascos guarecidos
contra la presión de los hielos polares, cargados de instrumentos científicos y toda clase de
impedimenta, tripulados por oficiales de la marina británica vistiendo uniformes impecables
a pesar del gélido entorno que los rodeaba. Basta con ver un mapa de las zonas árticas de
Canadá para conocer sus nombres y los nombres de los monarcas a cuyo servicio estaban.
Pero detrás de la imagen romántica existían condiciones de vida cruentas, enfermedad y
muerte en uno de los lugares más inhóspitos del mundo. Y según la opinión de algunos,
muerte a manos de criaturas provenientes de algún lugar más allá del conocimiento humano.
Esta conspiración decimonónica--hábilmente orquestada por el "consejo ártico" del
Almirantazgo inglés--comenzó con la fallida expedición de Sir John Franklin en pos del
pasadizo noroeste en 1847. Franklin, al mando de los buques Terror y Erebus, tenía órdenes
de pasar tres inviernos en la zona ártica para realizar su objetivo. Se trataba de una de las
expediciones polares más ambiciosas armadas por el gobierno inglés--129 tripulantes, entre
marineros y oficiales.
Cuando no volvió a saberse de Franklin, el Almirantazgo envió varios buques de socorro
cuyos capitanes barrieron las islas del norte sin resultados positivos. La información recibida
de los Inuit (esquimales) resultaba curiosa y confusa: algunos relatos mencionaban una
contienda armada entre los kaploonas (hombres blancos) y una tribu de seres violentos.
Otros Inuit señalaban que había un buque hundido en una de las bahías de las islas polares-buque que había sido abordado por nativos curiosos y en donde hicieron un descubrimiento
espeluznante: señas de un combate feroz y el cadáver de un "gigante con colmillos largos"
cuyo gran peso requirió el esfuerzo de cinco esquimales para moverlo.
Estos datos confusos no fueron del agrado de las autoridades en Londres. Se lanzaron
expediciones militares y privadas--algunas de ellas costeadas por la desesperada Lady
Franklin, convencida de que su esposo y tripulación seguían con vida--a investigar distintas
regiones árticas pero no la región donde más probablemente encontrarían los restos de
última expedición de Franklin. Se utilizaron buques mal equipados, capitanes poco
experimentados en dichas regiones, y se hizo caso omiso de la información proporcionada
por los nativos. Era como si los miembros del "consejo ártico" estuviesen empeñados en
ocultar la verdadera misión de la expedición Franklin, a pesar de la presión ejercida por los
periódicos británicos de la época y de autores como Charles Dickens.

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Alta Extrañeza

Casi un lustro después de que la expedición Franklin franqueara la bahía de Baffin para
entrar a la historia del misterio, se descubrieron cadáveres de los miembros de la
expedición--cadáveres que habían sido mutilados de forma extraña, algunos de ellos con las
manos cortadas, el corazón extraído, y agujeros en el cráneo por donde se había substraído
el cerebro. Los restos de los tripulantes fueron exhumados nuevamente en la década de los
'80 por científicos que detectaron señales de canibalismo en los huesos.
El canibalismo entre exploradores extraviados no resulta sorprendente, pero ¿hay algo más?
Algunos tripulantes de los buques perdidos fueron vistos por los esquimales, presentando
barrigas hinchadas y labios y lenguas ennegrecidas. Los investigadores que han abordado la
desaparición de Franklin han dicho que los pocos sobrevivientes tenían los labios negros por
la sangre coagulada de sus festines caníbales, pero el autor Jeffrey Blair Latta opina lo
contrario: los vientres hinchados y labios negros son señas inequívocas de la exposición a
fuentes radiactivas intensas.
¿Radiación? ¿En el siglo XIX? ¿En las zonas polares?
Los testimonios Inuit apuntan hacia la existencia de unos seres gigantescos y colmilludos
cuya imagen está plasmada en el arte esquimal. Las mismas creencias también indican la
existencia de la "luz chamánica", no necesariamente una fuente de iluminación, sino el lugar
en el que se internan los chamanes en busca de información, una dimensión totalmente
aparte de las nieves que predominan en la zona y conocida como Omanek (anglización del
original Qaumaneq). Los datos recabados por los europeos indican que los buques de
Franklin "pasaron de nuestra tierra a Omanek".
Según afirma el autor Barry López en su libro Arctic Dreams, "resulta innegable la
existencia de un paisaje mucho más vasto en la región ártica que la que nos dice la ciencia y
que aparece en los mapas del U.S. Geological Survey. Se trata del país hacia el cual los
chamanes hacían brillar su luz chamánica o qaumaneq". Es de suponer que el paso a este
mundo desconocido involucraría el peligro de quedar expuesto a radiaciones desconocidas.
Curiosamente, los mensajes enterrados en cápsulas de metal por algunos de los oficiales que
sobrevivieron la misión dicen: "Todo bien" -- ¿señal de una misión realizada exitosamente, a
pesar de la pérdida de vida?
Cabe suponer que el Almirantazgo no estaba tan interesado en localizar el pasadizo noroeste
como dar con este mundo secreto, y que las vidas de Franklin y sus hombres, así como las
diversas expediciones de socorro, se perdieron por este motivo. Resulta curioso que la
curiosidad inglesa por la zona polar se remonta al siglo XVI, cuando el mago John Dee-adscrito a la corte de la reina Isabel, cuyos informes iban firmados "007"--informaba a su
monarca de la necesidad imperiosa de conquistar Groenlandia y su zona circundante, ya que
ahí se podía encontrar el secreto de "la entrada a otros mundos". Las primeras expediciones
a la región fueron las de Martin Frobisher y Henry Hudson en los siglos XVI y XVII.
¿Habrá sido necesario aguardar tres siglos para tener éxito?

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Alta Extrañeza

Sin embargo, permanece la interrogante de las extrañas muertes de los marineros y los seres
que, según la tradición esquimal, "invernaban" en la isla del Rey Guillermo. Los seres
colmilludos conocidos como Tunnit o Toonijuk parecen corresponder, por sus señas, a las
criaturas peludas conocidas como "Bigfoot" o "Yeti", y que representaron un verdadero
obstáculo para la colonización amerindia de esas inhóspitas regiones. El zoólogo Ivan T.
Sanderson agrega que los Toonijuk "eran considerados como torpes por los esquimales,
aunque con una fuerza física temible que les permitía cargar una foca adulta a cuestas sin
ningún problema". La torpeza de los gigantes polares, combinada con su temor a los perros
esquimales, fueron clave para la victoria de los inuit. Los Tunnit o Toonijuk desaparecieron
de las regiones polares para irse "a un lugar inaccesible". ¿Sería Qaumaneq?

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Capítulo 6 – Maldiciones antiguas y eventos modernos
Cuenta la leyenda que el explorador inglés Christopher Gist, explorando el oeste de lo que
sería el futuro estado de Pennsylvania, llegó al asentamiento del jefe indio Oppaymolleah,
ocupado hoy día por el pueblo de Jefferson en el condado de Greene.
Gist se puso a charlar con Oppaymolleah, informándole de las maniobras de los franceses e
ingleses que intentaban adueñarse de esta parte del Nuevo Mundo.
l jefe indio exclamó al enterarse: "¡Pero señor, me decís que nuestro padre, el rey de
Inglaterra, es dueño de todas las tierras a este lado del rio, y nuestros hermanos, los
franceses, dicen que su amo, el rey de Francia, es dueño de las tierras al otro lado! Decidme
pues, ¿Adónde están las tierras de los indios?"
Gist calló, no sabiendo que decir y temiendo la ira de Oppaymolleah, quien entonces
maldijo la tierra: "Su oro se hará hierro y
su hierro oro," dijo el indio, "Su agua se hará sangre y su sangre agua, y jamás habrá paz,
sino temor y miedo."
La maldición de Oppaymolleah, pronunciada en 1751, no tardó en hacerse realidad con el
comienzo de la guerra entre Inglaterra y Francia por la posesión del territorio. Siglos más
tarde, se invertirían capitales fabulosos para explotar el hierro de Pennsylvania, y ahora
sólo reina la pobreza. El temor y el miedo, sin embargo, existieron entonces y ahora más
que nunca, con el
aumento descomunal en avistamientos de ovnis, los seres peludos conocidos como
"Bigfoot", y el incremento en las prácticas de satanismo y brujería en los bosques de los
Laurel Highlands y el condado de Fayette.
Los rotativos publican varias veces al año artículos sobre el arresto de adolecentes
involucrados en la magia negra y en ritos ocultos que casi siempre envuelven la matanza de
ciertos animales pequeños (perros,gatos, etc.) y actos vandálicos realizados en cementerios,
iglesias o lugares públicos.
Resulta posible ver los indicios de estas actividades hasta en las autopistas, donde pueden
observarse pentagramas dibujados con pintura atomizada bajo los puentes que las cruzan.
Escriben el número "666" repetidas veces o "FFF" (la sexta letra del alfabeto) y frases que
alaban a los poderes de la magia negra.
Muchos departamentos de la policía de los condados en donde transcurren estos casos
prefieren dar la impresión que el problema es insignificante--meras travesuras de jóvenes
sin nada mejor que hacer. Pero otros miembros de la uniformada han dicho que el problema
va mucho más allá de las travesuras hasta el borde de lo aterrador.
Dennis Stadterman, uno de los miembros de la organización PASU (las siglas inglesas de
la Asociación de
Pennsylvania para el Estudio de lo Inexplicado), nos lo contó así
luego de haber concluído una de las funciones oficiales de la organización. Ex-miembro de
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la policía y avezado en las investigaciones paranormales, Dennis tuvo ocasión de visitar
sitios adonde se habían realizado aquelarres.
«Uno de los lugares quedaba en el condado de Fayette,» nos dijo. «en un claro del bosque
adonde se había sacrificado un ciervo sobre el tocón de un árbol. Alguien le había
arrancado de cuajo la pata delantera derecha al animal muerto, cosa que no puede hacer ni
el hombre más fuerte. El que estaba conmigo dijo que después de tantos años de estar
involucrados en estos ritos, los participantes habían adquirido poderes sobrehumanos de
fuerza--se habían vuelto energúmenos, por decirlo así. Encontramos algunos instrumentos
en el sitio, y los llevé al cura de la religión de mi esposa, que es Metodista, y luego a un
cura Católico. Ambos estuvieron de acuerdo en lo mismo: para deshacerse de ellos, lo
mejor sería destruirlos con fuego.»
Estas actividades no deben confundirse con las de los practicantes de "Wicca" o magia
blanca, que se dedican a rendir culto a las fuerzas de la naturaleza: estamos lidiando con
fuerzas dedicadas a la adoración del mal. Sus ritos y sacrificios tienen fines distintos, ya sea
obtener poderes, riqueza o venganza. Pero se ha visto que en otros lugares en los cuales
existen semejantes prácticas, no tardan en hacer actos de presencia animales extraños, casi
siempre de color negro--pájaros, panteras, perros, y la consabida figura de Bigfoot.
Durante la reunión mensual de PASU en el mes de marzo de 1993, uno de los miembros
trajo consigo un portafolios negro que fue abierto y enseñado a los presentes. Su contenido
era un pedazo de tierra marcado con una enorme huella de seis dedos. «Lo traje para ver
que opinaban los demás,» dijo Dan Bresnan, quien había recibido la huella de manos de un
hombre que ha visto a dichas criaturas centenares de veces. «Ando con el maletín por más
de una semana, yendo de un lado a otro a ver qué me dicen los expertos. Fuí al museo
Carnegie de Pittsburgh antier, y les dije que había encontrado una huella de una criatura
aparentemente homínida.» Dan alza las cejas. «Ni siquiera quisieron mirar dentro del
maletín antes de decirme que no estaban interesados.»
La población de Derry, capital extraoficial de los Laurel Highlands, una meseta que forma
parte de las montañas Apalaches, ha recibido el mote de Bigfoot Capital of the World
(Capital mundial de los Bigfoot) por el número de avistamientos que han tomado lugar a su
derredor. Un desfiladero boscoso vincula a Derry con el poblado histórico de Ligonier. El
grueso de los encuentros cercanos con los seres peludos ha ocurrido ahí, pero ya no con la
regularidad con que sucedieron en 1987-88, cuando familias enteras vieron seres de ocho a
doce pies de alto atravesando los patios de sus casas, o mirando curiosamente através de
sus ventanas.
Vale la pena recalcar que Bigfoot no "reacciona" como un ser viviente. Aunque se le ha
visto comer barriles enteros de manzanas, (engullendo una manzana entera a la vez) no se
han encontrado jamás desechos físicos, ni guaridas, ni nada que pueda indicar que es una
criatura terrestre desconocida. Durante el transcurso de un incidente que tomó lugar en el
verano de 1992, dos niños vieron a una de estas criaturas en el campo detrás de su casa, y
se le acercaron sigilosamente con una linterna. El haz de la linterna traspasaba al extraño
ser cada vez que se le apuntaba en su dirección. ¿Será que Bigfoot es un holograma?
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También existe una especie de relación entre los seres y los humanos que les ven: por lo
que parece, hay una "tradición familiar" de toparse con Bigfoot, pasada de abuelos a hijos y
a nietos. La señora Caroline McAdoo, de Springboro, se ha encontrado con Bigfoot tres
veces desde 1946. La primera vez, cuando niña, se hallaba jugando en el bosque cuando se
agarró de lo que creyó era un matojo: el "matojo" se incorporó, y Caroline se vió frente a
frente con una criatura bípeda de ojos oscuros, boca amplia y grandes dientes cuadrados. El
pelo de la criatura se asemejaba a "las agujas de un pino".
El autor John Keel comentó en el epílogo de la nueva edición de su monumental libro The
Mothman Prophecies ("Las profecías del hombre-polilla", IllumiNet Press,1992) que la
figura central en los encuentros con el ser alado que aterrorizó a la población riberina de
Point Pleasant, Ohio, en 1967, lo fué sin lugar a duda un hombre extraño, con peluca, que
intentó secuestrar a una de las jóvenes que vieron al "hombre-polilla" en sus maniobras
nocturnas. Keel opina que éste sujeto era el "hechicero" cuyas mutilaciones de perros
domésticos sirvieron para invocar al "hombre-polilla". Una criatura de éste tipo fue vista en
el parque Boyce, a las afueras de Pittsburgh, a comienzos de los años 70. Según los policías
que presenciaron el caso, la criatura iba de árbol en árbol, girando sobre ellos y saltando de
una rama a otra. En 1991, un guardia de seguridad en la instalación de la compañía
Westinghouse en Waltz Mill, Pennsylvania, vió como un hombre "extraño" arrojaba un
paquete por la ventana de su auto antes de alejarse a gran velocidad. Al abrir la bolsa de
papel, el guardia descubrió la cabeza de un animal que jamás había visto. «La piel había
sido arrancada del cráneo, o sea que lo que quedaba era pellejo sangriento y demasiado
grasosa para pertenecer a un oso u otra criatura local.» según explicó el guardia. ¿Se
trataba, acaso, de un sacrificio más? El guardia entregó la cabeza al forense del condado de
Westmoreland, y no se ha vuelto a saber de ella. Sólo sabemos que es cierto que ése mismo
verano sucedieron docenas de encuentros con los seres peludos--incluso uno de poca
estatura, denominado "Smallfoot" (pie chico) por los investigadores. Sus manifestaciones
iban acompañadas por alaridos espeluznantes y la muerte de docenas de gallinas durante
ataques nocturnos sobre los gallineros de las granjas de la región.
Aunque no se ha probado conexión alguna entre los misteriosos "helicópteros negros" que
han asolado a la región y los fenómenos supernaturales, existen aspectos de dicho
fenómeno que llevan a muchos investigadores a pensar que no se trata de helicópteros
normales.
Dos investigadores de PASU, John y Devin, decidieron recorrer el camino que conduce a
los acantilados de Laurel Highlands, desde dónde puede verse el valle que contiene al
poblado de Uniontown y el aeropuerto de Connellsville. Era de madrugada y la temperatura
estaba a varios grados bajo cero. Dejaron su automóvil cerca de una de las torres de
comunicación que pertenecen a la compañía AT&T y atravesaron a pie la región boscosa
hasta el borde del acantilado.
Repentinamente, escucharon el sonido de las hélices de un helicóptero volando en contra
del viento a unos 100 nudos por hora. El ingenio era de color negro, sin luces o números de
identificación, pasándoles a unos 150 pies de distancia. Con el aeropuerto plenamente
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visible en el valle al fondo del acantilado, la región es una zona aérea restringida, y un
helicóptero sin luces atravesándola es una violación blatante.
Los investigadores decidieron volver a su carro y bajar la cuesta con el propósito de seguir
al helicóptero desde la carretera. Al llegar a una encrucijada, se toparon con un camión
militar con toldo de lona y un automóvil de marca Lincoln Continental, tipo militar--este
último totalmente fuera de lugar en un camino sin pavimento.
Optaron entonces por seguir a los vehículos militares en vez de al helicóptero, que se alejó
hacia el sur. El problema es que los vehículos ya no estaban delante de ellos. Extrañados,
maniobraron a lo largo de los senderos sin encontrarlos: era como si se hubiesen esfumado.
Al darse por vencidos, descubrieron un sedán militar sin chofer estacionado bajo los
árboles a la orilla del camino. Siguieron de largo, y repentinamente, las luces del carro sin
chofer se encendieron y se puso en marcha, siguiéndoles. Otro automovil sin chofer se unió
al anterior al pasar otra encrucijada. Los investigadores decidieron que ya habían visto lo
suficiente, y un tanto asustados, se alejaron del sitio.
Volvieron al día siguiente para continuar sus pesquisas. Los vecinos del lugar dijeron que
los helicópteros negros eran una cosa común en la cuesta y que estaban enojados por sus
maniobras, pero que no había ninguna autoridad que les brindase ayuda con el caso.
Aunque no debe descartarse la posibilidad de que los helicópteros negros son parte de una
agencia supersecreta de los EEUU y que los carros sin chofer son guiados por control
remoto, resulta interesante que la torre de control del aeropuerto de Connellsville informó a
los investigadores de que no hubo tránsito aéreo la noche anterior a la hora en que avistaron
el helicóptero negro. Hasta los reactores más secretos del gobierno (el Stealth, por ejemplo)
llevan identificación y luces. Entonces, ¿por qué no los helicópteros negros? La
desaparición del camión militar y el Lincoln Continental en una región de caminos malos y
sin pavimento también resulta sospechosa.
Devin conversó con un granjero que había visto el aterrizaje de uno de los helicópteros en
su propiedad. Al acudir a ver qué pasaba, se encontró frente a un hombre vestido de negro
con un casco cuya visera cubría su rostro. Portaba metralladora. Según el granjero, el
hombre le preguntó: «¿Qué diablos hace usted aquí?", a lo cual repusó, «Esta tierra es mía.
¿Que diablos hace usted aquí?». El hombre de negro volvió a entrar a su ingenio y se elevó,
dejando la pregunta del granjero sin contestar.
Algo sucede en la Pennsylvania Occidental que desafía la imaginación de los
investigadores más experimentados. Tal vez todo se debe a la maldición de un jefe indio
hace doscientos años.

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Capítulo 7 – Desiertos y espacios yermos

Una visita casual a cualquier libería de ocasión casi seguramente resultará en el
descubrimiento amarillentas “pulpas” de portada sugerente de las décadas de 1930 y 1940.
Estos vetustos tomos de fantasía describen, en su mayor parte, los encuentros de fornidos
héroes contra seres demoníacos o bestias inmundas, a menudo contra trasfondos exóticos y
extravagantes. Edgar Rice Burroughs envió a su famoso “Tarzán” al legendario reino
africano de Opar a la misma vez que H. Rider Haggard dejaba a su protagonista, Allan
Quartermain, a merced de Ella, La Que Debe Ser Obedecida en las ciudad perdida de Kor.
Más de una generación de lectores a la vuelta del mundo pasó sus años mozos – y no tan
mozos – leyendo sobre las osadas escabullidas y encuentros cercanos de docenas de
personajes fantásticos que se abrieron paso en mundos que existieron exclusivamente en las
mentes de sus creadores, un paisaje repleto de ciudades perdidas y los restos de
civilizaciones perdidas.
Pero una vez que nuestras manos han depositado los viejos libros de edición rústica sobre
los anaqueles de nuevo, y vedamos la entrada a nuestra mente de cualquier pensamiento
escapista, aún nos queda la interrogante de los “reinos perdidos”. ¿Acaso existieron alguna
vez? Y de ser así, ¿qué habrá sido de ellos? ¿Nos sería posible dar con los restos de
poderosos reyes y reinas, grandes héroes y villanos, bajo las arenas del Sahara, o del Gobi, o
hasta del Mojave?
Garama, La ciudad bajo las arenas
“Allí vivieron hombres llamados garamantes, una gran nación que siembra en la tierra lo
que han puesto en la piedra...estos garamantes se desplazan en sus cuádrigas, persiguiendo
a los etíopes.”
Heródoto, Las Historias, IV. 183
En el cénit de su poderío, Roma controlaba casi toda Europa al este y al sur del Rin y el
Danubio (con la provincia transdanubiana de Dacia siendo agregada después), Asia Menor y
el Levante, y el norte de Africa desde Marruecos hasta Egipto. Más allá de estas fronteras
sólo merodeaban tribus bárbaras, pequeños reinos clientes (como los Bosforianos) e
imperios hostiles (los partos). La provincia romana de Africa, granero del imperio y cuna de
poetas, filósofos y emperadores, se extendía mucho más hacia el interor del Sahara de lo que
los muestran los libros de historia, poniendola en contacto a las tribus nómadas del desierto
y el reino de los garamantes.
Tal parecería que los inquietos fantasmas de los garamantes lucharon mucho por darse a
conocer al hombre actual. En 1914, el arqueólogo italiano Salvator Aurigemma se topó con
un fascinante mosaico de la era romana en la aldea de Zliten, al sur del antiguo puerto de
Leptis Magna, en la actual Libia. El mosaico representaba una jóven devorada por un
leopardo mientras que dos vícitmas más aguardaban la misma suerte. Estas víctimas
sacrificatorias se distinguían por sus narices aguileñas, pelo lacio y barbas que les
identificaban como garamantes. Casi 20 años más tarde, el francés Pierre Belair descubriría
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Alta Extrañeza

la alucinante cantidad de 100,000 tumbas en las cercanías de la olvidada capital de los
garamantes.
Conocida por su designación actual de Germa, la antigua ciudad de Garama se encuentra en
la región de Libia moderna denominada Fezzán, una versión arabizada de “Fazania”, el
nombre que conciedieron los antiguos a dicha región. El reino de los garamentes era, según
Heródoto, “un reino más grande que Europa” defendido por guerreros “que perseguían a los
trogloditas etíopes” en sus carrozas por pura diversión. Las imágenes de estos vehículos han
sobrevivido el paso de los siglos en los muros de piedra y desfiladeros de la región,
especialmente en Djebel Zenkekra, donde pueden hallarse otras figuras que se remontan a
una antiguedad de siete mil años, a pesar de que el Sahara se hacía cada vez menos apto para
la vida humana y animal. Los garamantes y sus cuádrigas corresponden a la época señalada
entre el 1250 y el 1000 A. de C. ; algunos estudiosos los han querido identificar con los
“pueblos del mar” que asediaron a Egipto desde el Mediterráneo oriental. Al ver fracasados
sus planes por controlar la cuna de los faraones, esta cultura guerra bien pudo haberse
asentado en Fazania, al oeste de Egipto.
También se hace mención de los garamantes en un téxto sumamente curioso del siglo XVI
titulado Reloj de Príncipes y escrito por el cronista Antonio de Guevara (1480-1525). El
vigesimosegundo capítulo de la citada obra ostenta el títtulo: “De cómo el gran Alejandro,
tras la derrota del rey Darío en Asia, pasó a conquistar la Gran India y lo que fué de los
garamantes”. Guevara coloca a los caballeros garamantes no en Africa sino en “las
montañas Ripeas” de la India, diciendo que “este pueblo bárbaro concodico como los
garamantes” jamás había sido conquistado por los persas, medos ni romanos (sic) debido a
su gran pobreza y la falta de recompensa material para los conquistadores. Pero Alejandro
Magno, reconocido entre todos los conquistadores por su gran curiosidad innata, les envió
una embajada para exigir tributo.
Guevara, citando el De antiguitatibus grecorum de Lucio Bosco, agrega que los garamantes
“todos tienen casas iguales, y que todos los hombres llevaban la misma clase de ropa, y que
ningún hombre era más rico que sus vecinos”.
¿Era tan grande el reino de los garamantes como lo pintaba Heródoto?
El incansable Henri Lhote, mejor conocido por su investigación de los pictogramas de
Tasili, logró hallar representaciones de las cuádrigas de guerras de los garamantes en el
macizo de Hoggar, casi mil quinientos kilómetros de distancia de Fazania. En el verano del
2000, un grupo arqueológico interdisciplinbario de las universidades británicas de Reading,
Newcastle y Leiscester confirmó la existencia de un canal de irrigación de más de tres mil
millas de extensión conectado a depósitos subterráneos de agua. Con esto se confirmó el
hecho de que los garamantes habían controlado un imperio de más de setenta mil millas
cuadradas con tres ciudades principales (las actuales Germa, Zinchechra y Saniat Gebril) y
media docena de asentamientos menores. La red de canales de irrigación permitió un
aumento en la producción alimenticia y el mantenimiento de una población no trashumante
de cincuenta mil personas. Los hallazgos también conllevaron una revisión de los
cronogramas existentes: los primeros pueblos aparecieron cerca del 500 A. de .C y los
garamantes llegaron a convertirse en una entidad política alrdedor del 100 A. de C., y
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Alta Extrañeza

desaparecieron alrededor del 750 D.de C. con la llegada de los conquistadores islámicos. El
periódico británico The Independent pone las siguientes palabras en boca del profesor David
Mattingly, director de la expedición: “Nuestra investigación ha sacado a la luz que, gracias
al ingenio humano y contra todas las posibilidades, los habitantes del desierto más grande
del mundo pudieron crear una civilización próspera y exitosa en uno de los parajes más
áridos y calientes del mundo. Los romanos consideraban a los garamantes como meros
salvajes, pero la nueva evidencia arqueológica ha puesto al relieve que eran granjeros
ingeniosos, ingenieros diestros y comerciantes emprendedores que llegaron a producir una
civilización digna de tomar en cuenta.”
Es posible que Mattingly se haya estado refiriendo a la ciudadela de Aghram Nadarif
(“ciudad de la sal” en el idioma de los beréberes), con dimensiones de 460 pies por 160 pies,
rematada con impresionantes torres sobre sus muros. Se ha sugerido la posibilidad de que
este puesto de avanzada haya sido un punto de transbordo para los cargamentos de sal
provenientes del Mediterráneo que iban de camino al Africa meridional a cambio de oro,
marfil y animales exóticos a ser inmolados por los gladiadores de Roma.

El enigma de los nómadas del velo
Tras la conquista del Fezzán por los ejércitos triunfantes del califato omeya, los garamantes
y su cultura desaparecen para siempre de la historia. Algunos historiadores han considerado
que los garamantes hayan sido los antepasados de la misteriosa raza de nómadas con velo
conocidos como los tuareg, y que no guardan ningún parecido físico con las demás tribus
beréberes, que parecen haber llegado desde el Sahara profundo tras la desintegración del
imperio romano en el siglo V. Sin embargo, hay otras tradiciones que nos indican que estos
habitantes del desierto tienen un origen más antiguo aún.
En su libro The Ancient Atlantic (Amherst Press, 1969), L. Taylor Hansen incluyó un relato
meramente anecdótico que enlazaba las tribus tuareg del Sahara con una tradición secreta
que se remontaba muy posibilemente al reino perdido de los garamantes.
Citando un encuentro fortuito con un hombre de raza árabe en la capital mexicana, Hansen
detalla la existencia de una tribu de “mujeres guerreras” que alegadamente existe aún en el
Sahara y que lucen con orgullo las dagas de brazo y espadines que se utilizaron en la
antiguedad, así como escudos y un arma parecido a un tridente que representa “los tres picos
del Hoggar” bajo los cuales existen galerías subterráneas repletas de petroglifos parecidos a
los de Tassili, represntando uros y otros animales prehistóricos. El extraño interlocultor de
Hansen le informó que los tuareg creían que su pueblo había venido del mar, y que el
nombre que se daban a sí mismos significaba “pueblo del mar”.
Por dudoso que pueda resultarnos el concepto de las amazonas africanas, tenemos el
testimonio de otro gran aventurero: el conde Byron de Prorok, un Indiana Jones de carne y
hueso cuyas exploraciones en tres continentes les concedieron fama mundial hace mas de
cinco décadas. Prorok pudo convivir con los tuareg por algún tiempo durante su expedición
al macizo de Hoggar, y sus indagaciones revelaron que el verdadero poder lo ostentan las
mujeres de esta misteriosa tribu, a pesar de no tratarse de un matriarcado. Su reina elige al
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Alta Extrañeza

rey, denominado amenokhal akhamouk, con el que compartirá el mando. De Prorok también
fue entre los primeros en escribir sobre los hartani, la casta de esclavos al servicio de los
tuareg.
Hansen obtuvo más detalles sobre las galerías subterráneas: supuestamente seguían estando
ocupadas por los tuareg modernos, y que un explorador europeo que participaba en un
relevamiento del macizo de Hoggar quedó sorprendido al encontrar una abertura tosca entre
las piedras, pero cuyo acceso se dificultaba debido a la sorprendente presencia de barras
metálicas verticales. Mirando hacia abajo, el explorador se dio cuenta de que se trataba de
alguna especie de respiradero o desfogue. Temiendo alertar a los tuareg de su presencia fue
lo único que le hizo abstenerse de arrojar una piedra por el agujero para determinar la
profundidad del tiro.
El relato comienzó a adquirir matices dignos de Rider-Haggard cuando el extraño le dijo
que bajo los kilómetros de galerías subterráneas, iluminadas tan solo por la luz de las
antorchas, había “un precioso lago artificial” alrededor del cual se conservan los antiguos
escritos de los ancestros de los Tuareg, que alegadamente se remontan hasta el Diluvio. Los
escritos del conde De Prorok también hacen mención de un lago subterráneo cuyas paredes
de piedra estaban cubiertas por inscripciones y dibujos de elefantes, búfalos, antílopes y
avestruces.
Somos absolutamente libres de aceptar o rechazar la narración de L. Taylor Hansen sobre
los tuareg y las construcciones de sus ancestros, pero un detalle de su conversación con el
forastero es sumamente intrigante: el hombre mencionó que los tuareg remontan sus
orígenes al antiguo héroe griego Heracles, mejor conocido bajo su apelación latina,
Hércules.
El escritor francés Louis Charpentier propone en su obra clásica Les Geants et les Mystéres
de Sont Origines (París: Robert Laffont, 1968) que el personaje de Heracles no se refiere a
un sólo héroe de facultades sobrehumanas, sino que se trata de un nombre que guarda un
significado parecido a “paladín” o “campeón”. El Heracles relacionado con el norte de
Africa y con el Sahara en particular habría sido el que recibió la misión de liquidar al
gigante Anteo y la tarea de procurar las manzanas doradas de las Hespérides. El poderoso
Anteo, dice Charpentier, había desposado a Tingis, la hija de Atlas – ambos nombres que
aparecen en la geografía norafricana – y gobernó un reino que rodeaba el Tritón, un mar
interior que ocupó el norte del Sahara y cuyo nombre existía aún en la época romana
(sobrevive hoy como el desierto salado Chott al-Djerid, donde se rodó la primera entrega de
La guerra de las galaxias en 1976). Para respaldar su argumento, Charpentier señala la
existencia del mausoleo de Anteo en Charf, una colina situada al sur de la moderna Tangier,
donde los legionarios romanos emprendieron excavaciones que tuvieron por resultado el
hallazgo de una osamenta de gran edad.
¿Llevarían los tuareg en sus venas la sangre de tan ilustre linaje, que incluiría entre sus
ancestros a una de las figuras míticas mejor conocidas de la historia?
En el oasis de Abelessa, a corta distancia de Tamanrasset, uno de los sitios mejor conocidos
del Sahara gracias al Rally París-Dakar, podemos hallar otro de los misterios del desierto: la
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Alta Extrañeza

demolida fortaleza de Tin Hinan, cuya arquitecutra no se asemeja en nada a la de las
estructuras erigidas por los habitantes del desierto. Los arqueólogos aún no han podido
indentificar a los arquitectos de esta desértica urbe, pero en 1926, un equipo de arqueólogos
logró dar con una cámara rectangular cubierta de tierra que a su vez ocultaba seis losas de
grandes dimensiones. Bajo toda esta piedra se hallaban los restos de Tin Hinan, la legendaria
reina considerada por los tuareg como su progenitora.
James Wellard, autor de The Great Sahara, atribuye al Dr. LeBlanc de la facultad de
medicina de la Universidad de Algiers la descripción de los restos mortales de la reina: “Se
trataría de una mujer de raza blanca...la conformación de su osamente recuerda
poderosamente al tipo egipcio que puede verse en los monumentos faraónicos, caracterizada
por buena estatura y esbeltez, anchura de los hombros, pelvis reducida y piernas delgadas.”
Esta opinión forense desató toda suerte de especulaciones sobre el posible origen de Tin
Hinan. ¿Eran sus restos, de hecho, los de Antínea, la legendaria última reina de la Atlántida?
Volviendo a la obra del conde De Prorok, este también consideraba haberse topado con los
restos de la Atlántida en los desiertos africanos, admitiendo esto sin ambages en su obra
Dead Men Do Tell Tales (los muertos sí hablan) publicada en 1942. En la región de
Moudir, el hombre de acción encontró “grandes precipicios que forman un muro de roca
viva, considerada por los tuareg como la fortaleza de las amazonas, gobernadas por una
reina blanca...”
Los historiadores más conservadores prefieren pensar que la fortaleza de Tin Hinan pudo
haber sido una guarnición romana, tal vez un deposito de aduana o almacén que custodiaba
las rutas comerciales transsaharianas.
El mapa de Gurdjieff
Son pocos los que no han oido hablar del extraordinario cronista Charles Fort, autor del
Libro de los condenados y otros textos relacionados con el misterio a comienzos del siglo
XX. Sin embargo, son pocos los que han oido hablar, efectivamente, del príncipe Yuri
Lubovedsky – tutor del místico Gurdjieff y recopilador incansable de datos sobre eventos
anómalos y paranormales. Entre sus intereses particulares figuraba la investigación del
Diluvio y del mundo antediluviano, una curiosidad que le llevó a visitar monasterios
budistas en los lugares más recónditos del Asia central. Lubodevsky logró transmitir su
pasión por estos temas a su famoso discípulo, y durante los muchos viajes realizados por
Gurdjieff, le tocó coincidir con un enigmático monje armenio que le mostró un mapa único
y totalmente desconocido al resto de la humanidad: un mapa que mostraba el aspecto que
guardaba Egipto “antes de las arenas”.
El místico ruso supuso que de no tratarse de un fraude, el documento tenía que ser
necesariamente anterior al reinado de Narmer (Menes), el primer faraón del que tenemos
conocimiento.
En 1982, una de las misiones fotograficas realizada por el transbordador espacial Columbia
sobre el continente africano, usando la entonces novedosa tecnología de la fotografía
radárica, sacó a la luz imagenes que revelaban la existencia de ríos desconocidos por el
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Alta Extrañeza

hombre, cuerpos de agua que iban a dar a un antiguo “mar interior” del tamaño del actual
Mar Caspio, entre diez mil y quince mil años antes de Cristo. ¿Sería este mapa un legado de
la civilización que – en los escritos de Graham Hancock y Robert Bauval – erigió la Esfinge
milenos antes del nacimiento de la civilización egipcia? ¿Dónde obtuvo ese mapa el monje
armenio?
Del Sahara a Siberia
“¿Cuándo descubriremos Wasukanni, la capital del reino de los mitanni?” se quejaba Ivar
Lissner en su libro “The Living Past”, publicado en 1962.”¿Cuándo excavaremos Kussara,
otora la sede de Anittas, primer rey de los hititas? ¿Quén descubrirá la ciudad de Nessa,
sepultada bajo la tierra de Anatolia oriental, o identificaré la ubicación de Arzawa?”
El azadón del arqueólogo, sin embargo, se hunde sólo en lugares para los que ha obtenido
los fondos necesarios para realizar sus excavaciones, o en dónde lo permitan las
condiciones políticas imperantes. La exploración de un sinnúmero de sitios de interés
histórico, por consiguiente, corresponderá a generaciones futuras que tal vez logren hacerlo
con medios mas adelantados en lo técnico de lo que existe actualmente.
Pero cabe preguntarse cual será la suerte de aquellos sitios cuyo hallazgo podría suponer un
verdadero desastre para la cúpula academica mundial.
En nuestro trabajo “Ciudades Perdidas” (Arcana Mundi 016) se hizo mención de la ciudad
perdida de los Hsiung-Nu en el desierto del Gobi y la controversia sobre sus orígenes. Estas
ruinas que predatan a la ocupación en épocas históricas se encuentran en la cuenca del lago
seco Lop Nor, utilizado por China para sus pruebas termonucleares. Resulta inverosimil que
ningún arqueologo se interese por estudiar este paraje, ni que lo permita el gobierno chino.
Sin embargo, al norte del Gobi se nos presenta otro misterio, esta vez en las estepas de
Siberia.
Para las tribus nómadas que vivían en esta enorme extensión territorial de nuestro mundo,
no era Siberia sino kanun kotan, la tierra de los dioses malignos. La casi impenetrable
foresta, el frío capaz de quebrar el hierro y convertir la madera en piedra, y las afloresencias
de basalto con formas extrañas eran fuentes de terror. Los nómadas temían su tierra en vez
de amarla, pues bajo las profundidades de esta región vivía Erlik Khan, el dios de la
oscuridad eterna y de la frialdad, en guerra constante con la única deidad benévola, el cielo
azul.
Rumores de estas lejanas y sobrecogedoras tierras llegaron a los oídos de las culturas
mediterráneas y semíticas, que no dudaron en identificarlas con los reinos apocalípticos de
Gog y Magog, circulándose la leyenda de que Alejandro Magno había edificado una gran
muralla defender al mundo contra las hordas de salvajes al otro lado. Algún cataclismo
habría producido un desplome que permitió la salida de estas huestes, dislocando los
imperios occidentales.

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Alta Extrañeza

A finales del siglo XIX, mientras que Ignatius Donnelly revolucionaba su época con el libro
Atlantis: The Antiluvian Mystery, otro escritor, James Churchward -- coronel del ejército
británico -- hacía lo mismo para otro continente perdido bajo las aguas del Pacífico con su
libro The Continent of Mu sobre la sumergida Lemuria o “Mu”. En 1868, Churchward se
encontraba en la India brindando ayuda humanitaria debido a la gran hambruna que asolaba
el continente. El occidental pudo ver un bajorrelive sumamente interesante en un templo y,
al preguntar a los monjes acerca de su significado, se le informó que se trataba de la obra de
dos “santos naacales” que en eras pasadas habían venido desde la desaparecida Lemuria
establecer colonias en el subcontinente. Fascinado por esto, Churchward emprendió una
serie de viajes por todas partes del mundo para descubrir las colonias establecidas por los
sobrevivientes del continente sumergido. Uno de estos lugares se hallaba en Siberia,
identificando este emplazamiento como la “ciudad capital” del imperio de los uigures (que
no guardaban relación con los uigures actuales, ya que estos eventos habrían ocurrido hace
unos dieciocho mil años), la legendaria Khara-Khoto. Este supuesto imperio, cuya
existencia choca con nuestros conocimientos de la historia, mantuvo relaciones con el
“imperio de los naga” en la India y la lejana Mu hasta que el hundimiento de Lemuria causó
un maremoto de dimensiones incalculables que anegó media Siberia y la porción occidental
de la península de Alaska, convirtiendo al Pacífico y el Oceano Artico por algún tiempo en
un solo mar.
Desde hace décadas, los pilotos rusos afirman haber visto ruinas de ciudades en estas partes
deshabitadas de nuestro planeta, fotografiando algunas de ellas. Las tribus mongolas tienen
leyendas de ciudades antiquismas cuyos restos quedan a la vista del hombre después de
enormes tormentas de arena, y que desaparecen después de la próxima tormenta que se
presente. Muchas de estas tradiciones llegaron a occidente de la mano del gran místico
Gurdjieff, quien se entregó a la busqueda de una de estas legendarias urbes del “imperio
uigur” en 1898 en el oasis de Keriyan hasta que uno de los miembros de su expedición tuvo
una muerte extraña y el místico decidió regresar a su punto de partida.
Los antropologos y arqueólogos que han explorado Mongolia y las regiones siberianas
tienen concocimiento de las estelas y menhires – algunas de ellas en pie, otras derribadas por
el paso del tiempo – y de las extrañas estatuas femeninas (babas) colocadas sobre los
túmulos. Pero un libro impreso en Inglaterra en 1876 contiene un grabado de lo que
seguramente serían los megalitos más grandes conocidos por el hombre. Dicho texto, The
Early Dawn of Civilization, (Howard, John Eliot. Victoria Institute Journal of the
Transactions, 9:239, 1876) presenta al lector un conjunto de cinco enormes megalitos casi
tan altos como un edificio moderno de diez plantas, penetrando a doce pies bajo tierra. Con
un peso estimado de casi cuatro mil toneladas, serían casi diez veces más pesadas que el
monolito de Er Grah en Bretaña, y doble el tamaño del la famosa plataforma de Baalbek,
que sigue en su cantera. El nombre dado a este conjunto pétreo es “las tumbas de los
genios” y supuestamente se hallaba en el valle del rio Kora. Los megalitos parecen más bien
obeliscos, y no hay manera de explicar la forma en que estructuras de tal envergadura (ni el
propósito que podrían servir. ¿Producto tal vez del imperio uigur de Churchward? Nunca lo
sabremos.

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Así lo describe el viajero inglés Thomas Witlam Atkinson en su obra "The Upper and
Lower Namoor":
"Habiendo viajado varias millas, llegué a la parte del valle en donde el Kora tuerce hacia
los desfiladeros del norte, dejando un espacio de 200 yardas de ancho entre la base de las
rocas y el rio. Al acercarme a este lugar, casi llegué a creer que enfrentaba la obra de los
gigantes, pues ante mi se erguían cinco enormes piedras, aisladas, y en posición vertical. A
primera vista tuve la idea que su trazado no era accidental, y que algún ingenio superior las
había dispuesto, ya que el conjunto trinaba perfectamente con su entorno. Uno de estos
bloques hubiera servido como la torre de cualquier iglesia, teniendo una altura de 76 pies
sobre el suelo, y midiendo 24 pies de un lado y 19 pies por el otro. Se encontraba a 73
pasos de la base de los acantilados, con una desviación perpendicular de 8 pies,
inclinándose hacia el río. Los restantes cuatro bloques tenían una altura que variaba entre
45 y 50 pies de alto. Dos de ellos se mantenían erectos y los demás [inclinados] en
direcciones distintas, con uno de ellos casi al borde de perder su equilibrio [...].
No lejos de estas piedras habia un amontonamiento de piedras de cuarzo que formaban un
domo con 42 pies de diámetro y 28 pies de alto. Hallar semejante túmulo en este valle me
sorprendió mucho, ya que no podia tratarse de un sepulcro de un jefe actual, sino algo tan
antiguo como los que se hallan en las estepas. Mis compañeros kirguies contemplaban el
sitio con temor...uno de ellos me ofreció la siguiente tradición: "El valle de Kora estuvo
ocupado en su momento por varios genios poderosos que guerreaban contra otros de su
género en distintas regiones del Tarbagatai, el Barluc y el Gobi. Frecuentemente asolaban
a las naciones o tribus al norte."
"Su osadía y crueldad llegó a tal extremo que fue necesario invocar a Shaitan para ayudar
a destruirlos ...repentinamente una nube de humo y vapor se elevó hacia el cielo;
relámpagos rojos emanaron de la nube, y los truenos se hicieron eco en todos los picos y
valles. La "artilleria del infierno" lanzó rocas al rojo vivo, causando la destrucción mortal
de las legiones del Kora. Los genios reconocieron el poderío de las tinieblas, y sintieron
pánico...las legiones, con Shaitan en la vanguardia, lanzaron vastas rocas desde los
precipicios, aplastando y sepultando a los genios. Después de este terrible evento, el valle
de Kora quedó sellado por siglos, pero la tradición fue transmitida de padre a hijo".
Sin embargo, las oscuras leyendas siberianas sugieren que este olvidado imperio dejó tras de
sí hace milenios objetos que son capaces de causar grandes daños y muerte, aún en nuestra
época.
En el 2004, los misterios del "desierto verde" de Siberia salieron a colacion
de nuevo gracias a un curioso trabajo realizado por el Dr. Valery Uvarov de
la Academia de Seguridad Nacional en San Petersburgo, Rusia. Según este estudioso,
los habitantes de la actual region de Yakutia conservan una extrañisima tradicion
sobre "el vally de la muerte" -- uliuiu cherkechekh, en su lengua -- situado en
la cuenca del rio Viliuy. Esta región boreal consiste en pantanos interminables y
mayormente intransitables a pesar de haber sido parte de una primitiva ruta comercial
que llegaba hasta las costas del helado mar de Laptev.
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La region se caracterizaba por la existencia de un extranyo punto geografico
denominado Khledyu--"la casa de hierro"-- en el idioma local. Esta estructura
claramente artificial consistia en un arco con escalera espiral que acababa en
camaras aparentemente hechas de metal. Los cazadores locales hacian uso de estructura
durante sus monterias, ya que parecia estar dotado de un calor natural. Muchos de ellos
comenzaron a enfermarse despues de haber trasnochado en Khledyu, y el lugar adquirio
fama de ser un sitio maldito "al que no se acercaban las bestias".
Siempre según Uvarov, los geologos rusos que se abrieron paso en Siberia dieron con
lugares extranyos. Uno de ellos, al mando de una cuadrilla de nativos, encontro una
estructura metalica en 1936 -- una especie de hemisferio que los yakutes consideraban "un
caldero". Mas de 50 años despues se hizo una expedición con el fin de localizarla
nuevamente y someterla a estudio, pero fue imposible hallarla. El estudioso cita su
correspondencia con Mikhail Koretsky, oriundo de Vladivostok, quien afirma haber visto
siete "calderos" parecidos, con diametros que oscilaban entre siete y nueve metros, a lo largo
de las aguas del Viliuy, donde era posible hallar placeres de oro. Los calderos "estaban
hechos de alguna especie de metal extraño ...el metal puede ser cortado ni martillado. Estan
cubiertos de una capa de metal extranyo que no es oxidacion y que tampoco puede astillarse
ni cortarse," escribe Koretsky, agregando el detalle de que la vegetacion en torno a los
"calderos" es sumamente prodiga. Seis personas pudieron dormir comodamente bajo uno de
los misterioso "calderos" aunque meses después algunos sufrieron pérdidas de cabello y
otros descurbieron marcas extranas en el cuero cabelludo.
En 1971, los investigadores Gutenev y Mikhailovsky entervistaron a un anciano cazador
de la tribu evenk que les relató la existencia de unos tumulos extranyos en la region de
Niugun Bootur. Estos sepelios de una epoca desconocida contenian los restos de los
kheligur, la "gente de hierro", ya que contenian los restos de "criaturas delgadas, negras y
de un solo ojo, vestidas en trajes de hierro" (¿armaduras?)
Uvarov comenta que estas estructuras posiblemente radiactivas (a juzgar por su propiedades
de hacer enfermar a los que las frecuentan) estan relacionadas de algun modo con los
llamados otoamokh o agujeros en la tierra, que son pozos de los que supuestamente emanan
aterradores bolidos que estallan justo al hacer contacto con la superficie, causando una
destrucción comparable con la de Tunguska en 1908, a juzgar
por las descripciones de los yakutes.
Las leyendas de las tribus tungus sugieren una especie de periodicidad de 600-700 años para
cada irrupción de los bólidos a la superficie. Las tradiciones, curiosamente, han asignado un
nombre a cada detonacion. Una de ellas, la antes mencionada en Niugun Bootur, estalló
sobre una tribu enemiga de los tungus, que la consideraron de buen augurio (y como no...),
dandole el numbre de "flamígero campeón".
Siglos después, otra explosión o bólido afectaría a todas las tribus por igual, afectando un
radio de más de mil kilómetros y causando una mortandad nunca antes vista entre las

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Alta Extrañeza

culturas que habitaban la bien llamada "tierra de los dioses malignos". Esta segunda
destrucción recibió el nombre del kiun erbiie -- "el resplandesciente heraldo del aire".
Con todo esto, Uvarov quiere proponer la existencia de un primitivo sistema de defensa
planetario creado por una civilización antediluviana para proteger a nuestro mundo contra
impactos meteoríticos, por dificil que pueda resultar creer en semejante situación. El hecho
es que antes del impacto o la explosión de Tunguska, las tribus nómadas organizaron una
gran reunión en la que los chamanes advirieron que nadie debería estar en la zona:
“Los primeros en tomar conocimiento sobre la calamidad que se avecinaba”, escribe
Uvarov, “fueron los chamanes de las tribus locales. Dos meses antes de la explosión, se
corrió la voz acerca del inminente “fin del mundo” de un lado de la taiga al otro. Los
chamanes advertian a los suyos del cataclismo, y la gente comenzó a trasladar su rebaños
desde el alto rio Podkamennaya Tunguska al Nizhinaya Tunguska y más lejos aún, hacia la
cuenca del rio Lena. El éxodo de [la tribu] evenk se produjo justo después de una reunión
(suglan) de los clanes nómadas durante el mes de teliat (mayo). Los ancestros declararon a
través de los chamanes que era necesario mudarse de las tierras tradicionales...”
Fue así, entonces, que las tribus siberianas evitaron morir abrasados por la gran
conflagración que se produjo en los bosques en junio de 1908, conocida en occidente
como “la explosión de Tunguska”.
Otro investigador ruso, Paul Stonehill, afirma que la región de Yakutia (conocida en la
actualidad como la Republica de Sakha) cuenta con grandes cuerpos de agua mayormente
inaccesibles al hombre que cuentan con una fauna lacustre monstruosa, principalmente
los lagos Labinkir y Vorota, tal vez producto de las radiaciones provenientes de estos
dispositivos creados por el supuesto “imperio uigur” o comoquiera que se haya
denominado la avanzada civilización antigua que floreció en Asia hace veinte milenios.
¿Tendrían razón Ouspensky, Gurdjieff, Roerich y Theodor Illion sobre la existencia de
una extraña élite de seres poderosos que desde hace épocas remotas controla el destino de
la humanidad desde el seno del gran continente asiático? La gran hermandad blanca, los
nueve desconocidos, el rey del mundo – no importa la nomenclatura que se les quiera dar.
Lo cierto es que objetos raros siguen cayendo sobre la enormidad siberiana: el 3 de
octubre de 2002, las agencias noticiosas se hicieron eco de la noticia de un supuesto
meteorito que hizo impacto en la región de Irkutsk, siendo visto por vecinos de las aldeas
de Bodaibo, Balaninisky, Mama y Kroptokin, pudiendose escuchar un ruido
ensordecedor y sintiéndose un terremoto poco después. ¿Habría sido derribado por las
baterías antiasteroide que postula Uvarov en sus investigaciones?

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Capítulo 8 – Aves gigantes

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Cualquier lector familiarizado con la trilogía, El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien y
su libro El Hobbit, recordará la frase “¡Vienen las águilas!” y su importancia para la
narrativa. Gwaihir, rey de las águilas, y sus hermanos, cuyos nidos dominaban las
montañas de Tierra Media, proporcionaron el deus-ex-machina ideal para los personajes
creados por el catedrático inglés – esperanza cuando no había ninguna, rescate de
peligros inminentes, e imágenes icónicas de la fuerza del Bien. Tal vez resulten más
memorable el pájaro roc de El segundo viaje de Sinbad – la colosal ave que moraba en
las alturas de un valle cuyo suelo estaba regado de diamantes y serpientes gigantes, que
constituyen comida para el roc y su cría. En la fábula, el navegante árabe pasó a tener
varias experiencias con estas aves, incluyendo su llegada a una isla que contenía el huevo
de un roc “tan grande que parecía el domo de un edificio”. La mitología maya nos habla
del Itzam Ye, un pájaro tan imposiblemente enorme que se sentaba “en la copa del mismo
árbol del mundo”, vigilando la actividad que tomaba lugar en la superficie. Tampoco se
queda atrás el pájaro Peng de los chinos, cuya espalda “se asemeja a una cordillera”.
Estos gigantes del aire – maravillosos, míticos y aterradores de un solo golpe – ocupan la
literatura de la imaginación, atesorados por muchas culturas. Pero debemos enfrentar el
hecho de que existen seres alados – tal vez no tan grandes como el roc, pero ciertamente
no tan amigables como Gwaihir – que han sido vistos en nuestra época, y encontrarse con
ellos resulta mayormente funesto.

El pájaro del trueno
La leyenda del “Thunderbird” o pájaro del trueno está ampliamente difundida entre las
tribus amerindias de América del Norte. Las crónicas describen un pájaro
verdaderamente colosal capaz de producir truenos, relámpagos y lluvia. Las antiguas
tradiciones de los indios sioux (Dakota del Norte) los mencionan como manifestaciones
vivas del poder de Dios sobre la tierra. Para los indios kwakiutl de la costa del Pacífico
norte, el pájaro del trueno descendía de las nubes hasta la superficie del agua para
capturar ballenas grises del mismo modo que un pelícano pescaría una mojarra. No era
inverosímil para estos nativos – ni para sus primos en Alaska – encontrarse con los restos
de grandes ballenas en medio del bosque, o en lugares totalmente alejados del mar. Pero
las especies más jóvenes o pequeñas, tal vez incapaces de levantar una ballena en vilo,
aún así podían atrapar un ciervo o un ser humano entre sus garras para llevárselo a su
nido y comerlo.
La región boscosa del estado de Pennsylvania conocida como “la selva negra”, ubicada
entre los condados de Cameron y Elk, representando el confín meridional del gran bosque
Allegheny, es supuestamente uno de los lugares de preda o de queda de estas superaves, y
naturalmente, existen largos antecentes de encuentros cercanos con estas criaturas.
Cuando los colonos comenzaron a ocupar esta gran y entonces inexplorada región del
país después de la guerra de la independencia contra Inglaterra, se encontraron que las
tribus indias hablaban con naturalidad de estos grandes pájaros, que no parecían hacerles
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Alta Extrañeza

daño. Los que se encontraban con estos especimenes en tierra describían su aspecto físico
como parecido al de los buitres, pero de proporciones agigantadas.
En 1910, el pionero Lewis Sheldon informó a Calvin Carpenter que había llegado a ver
hasta cinco y seis “pájaros del trueno” a la misma vez. En 1892, un vecino de la
población de Westfield, condado de Tioga, alcanzó a ver varias aves gigantes en Dent’s
Run, también en el condado de Cameron, coincidiendo con la descripción de estos
críptidos como parecidos a los buitres pero cuyas alas tenían una envergadura de 16 pies
(5 m) o más.
Sin embargo, de todas estas anécdotas, la que más sobresale es la de H.M. Cranmer,
aparecida en la revista FATE en septiembre de 1963. Reproducimos la cita textualmente:
“Vi mi primer pájaro del trueno en abril de 1922. Estaba parado cerca de la entrada de mi
hogar al atardecer cuando uno de ellos voló sobre mi cabeza, volando hacia el norte. Pasó
sobre un pino cuyas ramas se extendían 50 pies (15 m), así que me fue posible medir su
envergadura con bastante fidelidad: 35 pies (10.6 m). Me encontraba solo en aquel
momento y nunca hice mención del incidente por 35 años. Sin embargo, el 27 de marzo
de 1957, un joven entró y dijo: “hay algo enorme en el cielo”.Al salir, pude ver un
enorme pájaro volando tranquilamente a quinientos pies de altura. El batir de sus alas me
recordó al de una garza real, pero su color era más claro y gris. Me comuniqué con la
Legión Americana en Renovo y pregunté si alguien había visto un pájaro grande media
hora antes. Un hombre que recién acababa de llegar dijo que lo había visto volar sobre
Westport y descender cerca de Fish Dam Run. Comentó que sus alas medirían entre
veinticinco y treinta pies. El 4 de julio de 1962, pude ver otro de estos pájaros volando
hacia el sur, siguiendo el cauce de Hevner Run hacia Shintown Run. Me puse en contacto
con el puesto de la Legión para decirles que un pájaro del trueno pasaría por encima de
Shintown Run a las 9:15, y así fue. Voló sobre Halls Run después de haber cruzado el
río”.
Robert R. Lyman, autor de los libros de folclorismo Forbidden Land: Strange Events in
the Black Forest, Vol I y II, afirma haber visto un gran pajaro en 1940 que seguramente
correspondía a uno de los pájaros del trueno. “Estaba en tierra justo en medio de Sheldon
Road”, escribió el autor en el segundo tomo de su colección de cuentos y leyendas,” dos
millas al norte de Coudersport. Era de color castaño, con cuello y patas cortas, con una
estatura de entre tres y cuatro pies, caminando erguido como un buitre. Cuando me
acerqué a ciento cincuenta pies de distancia, el pájaro levantó el vuelo. Era evidente que
la envergadura de sus alas era igual que la carretera, que medí posteriormente y resultó
ser de 25 pies, aunque estoy dispuesto a conceder que haya sido de 20 pies, pero no por
debajo de esa cifra. Las alas eran muy angostas, menos de un pie de ancho”.
En el verano de 1969, Albert Schoonover y dos trabajadores fueron testigos de cómo uno
de estas aves se abalanzó sobre un cervato de quince libras y se lo llevó volando. Mas
estremecedor aún resulta el caso de una pareja que disfrutaba de sus vacaciones de
camping a la ribera de Robbins Run. Mientras que iban en su coche, vieron como uno de
estos pájaros se dirigía directamente hacia el parabrisas. La mujer gritó que el pájaro los
iba a llevar, y si no podía, morirían a consecuencia del choque contra algo de semejante
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Alta Extrañeza

tamaño. Pero sucedió algo sorprendente – con una sola garra, la enorme mole voladora
recogió una marmota muerta que yacía en la carretera, remontando su vuelo enseguida.
Tanto la tradición como las observaciones realizadas en las últimas décadas revelan que
las actividades de estas aves parecen producirse justo antes de las tormentas, tal vez
aprovechando las ráfagas de aire para volar.
Ataques desde el aire
Pero no todos han tenido la misma suerte que la pareja que evitó estrellarse contra una de
estas aves críptidas. El escritor Jacques Pearl, cuyos trabajos aparecieron regularmente en
la desaparecida revista Saga en la década de los ’60, recordó el caso de 1944 en
California en el que un “pájaro gigante” comenzó a merodear uno de los campos de
internamiento que alojaban a los estadounidenses de ascendencia japonesa durante los
tristes años de la Segunda Guerra Mundial. Durante varios meses, mas de una docena de
internados desparecieron de dicho campamento; las autoridades pensaron que se trataba
de una serie de fugas organizadas y redoblaron su vigiliancia, interrogando a los
internados sobre el escape de sus compañeros. Por más que insistieron los soldados, los
internados repetían una y otra vez que “una especie de pájaro” se había llevado a los
desaparecidos. El informe oficial indicó que los indios que vivían en los alrededores
seguramente habían proporcionado alguna especie de salvoconducto, pero las cosas
cambiaron drásticamente cuando comenzaron a desparecer soldados durante sus turnos de
guardia.
Los nativoamericanos informaron a las autoridades militares que un pájaro monstruoso
ocupaba las alturas de las montañas circundantes, y el comandante de la base hizo montar
grandes reflectores en el perímetro de la base, barriendo el cielo nocturno por si “aquello”
regresaba, y los haces de luz parecieron ahuyentar al depredador. Pearl señala que las
fugas de japoneses eran algo común durante esta época y que las autoridades no tardaban
mucho en localizarlos, aunque jamás se halló rastro de las supuestas víctimas del pájaro
desconocido.
En octubre de 2002, las agencias noticiosas reportaron el avistamiento de un pájaro
espectacular con alas de cuatro metros de envergadura por los aldeanos de Togiak y
Manokotak en Alaska. Naturalmente, las autoridades dijeron que se trataba del águila de
Steller, cuyas alas son inferiores a los dos metros. Uno de los primeros testigos de este
singular críptido lo fue Moses Coupchiak, quien lo vio volando a cierta distancia y pensó
que se trataba de una avioneta Pero cuando el objeto hizo una viraje a la izquierda, el
asombrado testigo pudo ver que se trataba, efectivamente, de un pájaro. Lo primero que
hizo el testigo al darse cuenta de esto fue comunicarse por radio a Togiak e informar a
sus habitantes que los niños deberían permanecer puertas adentro por algún tiempo. A las
pocas semanas se repetiría el avistamiento, pero esta vez desde el aire.
El piloto John Bouker estaba volando su Cessna 207 hacia la aldea de Manokotak
cuando tanto él como sus pasajeros pudieron ver un pájaro cuyo tamaño era parecido al
de una avioneta SuperCub. Bouker manifestaba cierto escepticismo hacia estas leyendas
nativas, pero su opinión cambió totalmente después de su avistamiento.
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Quimeras al vuelo

Alta Extrañeza

Entre las nueve y las nueve quince de la noche del Viernes Santo de 2004, Juan Carlos
Vázquez, vecino de la colonia Las Alamedas en Atizapan de Zaragoza, México,
manifestó haber visto “dos pájaros de dimensiones colosales volando sobre mi hogar,
justo por debajo del nivel de las nubes”.
Según Vazquez, la envergadura de las alas de las bestias aladas rondaba los ochenta
metros, juzgando que su tamaño asemejaba al de un DC-9 de la McDonnell-Douglas.
“Uno de ellos pasó justo por encima como un avión, mientras que el segundo batía sus
alas. Me quedé pasmado al ver esto”. Vázquez, trabajó por once años para
Aerocalifornia, y estaba plenamente familiarizado con el avión que utilizaba para fines de
comparación. “Sinceramente no podía creer lo que estaba viento. Le grité a mi mujer para
que viniera a verlo, pero para cuando llegó, [las aves] ya se habían ido”.
Las tradiciones sobre la existencia de estos pájaros gigantes tampoco son nuevas, como
podemos ver a continuación: La población guatemalteca de Concepción Chiquirichapa
sostiene una tradición que envuelve a las aves gigantes que se extiende a la colonización
inicial del lugar en la época precolonial. Cuenta la tradición que los primeros moradores
ocuparon un sitio fortificado en la cima del cerro Tuicacaix, donde comenzaron a levantar
sus estructuras y cultivar el maíz. Las cosas fueron bien hasta que los esforzados
labriegos descubrieron que los niños de la aldea desaparecían a un ritmo alarmante.
Fue entonces que descubrieron que los enormes pájaros conocidos solamente como “Tiw”
volaban desde lo alto para llevarse a los chicos a sus nidos y devorarlos. Los ancianos del
pueblo se ingeniaron la solución de colocar cestas sobre las cabezas de los niños para evitar
así que las aves pudiesen percibirlos. Pero esta solución no ofreció buenos resultados y las
desapariciones seguían tomando lugar. Un bando de guerreros salió para atacar a los
pájaros, pero los nidos se encontraban en las cimas de picos totalmente inaccesibles. Sin
embargo, uno de los “nidos” descubiertos por los colonos primitivos se encontraba dentro
de una especie de túnel de extensión desconocida, con una abertura de dos metros.
Enfrentando una situación imposible, los colonos abandonaron su aldea y con el paso del
tiempo localizaron una colina al lado de un gran lago. Emocionados ante la perspectiva
de asentarse en este sitio idóneo (donde se encuentra la actual Chiquirichapa), los colonos
tuvieron que enfrentar la dura realidad de que los pájaros Tiw prosiguieron sus
depredaciones. Llegado ese momento, los varones más fuertes de la tribu se juntaron para
sellar el extraño túnel del cual parecían surgir los pájaros. Sus esfuerzos tuvieron éxito:
las grandes aves quedaron selladas dentro del túnel y las depredaciones tocaron a su fin.
El Calendario del Más Antiguo Galván, publicado en 1926, refiere una historia curiosa
sobre las grandes aves. El 9 de noviembre de 1984, los aldeanos de Zacatlán en el estado
de Puebla quedaron azorados por la repentina aparición de “un pájaro de dimensiones
tremendas” sobre la región. “De la misma forma,” prosigue el texto, “un huracán hizo
que aves jamás vistas anteriormente se desplazaran desde las inexploradas montañas de
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Alta Extrañeza

Chilá. No resulta imposible que algún monstruo, como el que se está viendo estos días,
debe figurar entre ellos”.

58

Alta Extrañeza

Capítulo 9 - ¿Pasado, presente y....leyenda?

La cifra “1947” es casi sinónima para algunos lectores con el comienzo de la época
moderna de los avistamientos ovni, amén de otras cosas que hayan podido haber sucedido
ese año a mediados del siglo pasado. Existen otros años que conmemoran otros hitos del
quehacer ovnilógico, pero hay momentos que se escapan de las cronografías oficiales y
extraoficiales, ya que sus testigos y adeptos tienen una noción del tiempo muy distinta a
la del hombre occidental.
El fenómeno ovni ocupa un espacio bastante significativo entre las culturas primitivas o
aboriginales del planeta, y tampoco se le considera “fenómeno” sino más bien una
interacción normal entre los habitantes de este mundo – incluyendo animales – con los
habitantes de aquel mundo que tan solo percibimos por los resultados visibles que deja en
el nuestro. Estas culturas no entienden el concepto de los ovnis u ovninautas como
máquinas de otro mundo o científicos / astronautas de otro planeta que exploran nuestro
rincón de la galaxia: siempre han estado aquí, y seguirán estandolo después de que la
necedad de los humanos acabe con nuestra civilización. Sin embargo, estas tradiciones
nativas y autóctonas tampoco contestan a la interrogante que más nos interesa contestar -¿qué pretenden estos extraños con la especie humana?
Aquellos lectores cuyos años de infancia incluyeron largas horas sentados frente al
televisor posiblemente recuerden la serie animada Los Picapiedra y el diminuto marciano
“Gazú” cuyos sabios consejos y adelanto tecnológico nunca conseguían cambiar la
conducta de los protagonistas de la serie. No se sabe si los estudios Hanna-Barbera
estaban interesados en compartir algún mensaje secreto con nosotros, pero lo cierto es
que no sería sino hasta años después que se hablaría de “Las carrozas de los dioses” y lo
que conocemos ahora como el paleocontacto.
El estudioso francés Aimé Michel argumentaba en sus obras que las paredes de las
cavernas paleolíticas de Peche Merle contenían no sólo figuras innegables de platillos
voladores (que han sido reproducidas en las portadas de numerosos libros sobre el tema)
sino también de ovninautas: seres calvos e imberbes de craneos superlativos y ojos
alargados. Los antropólogos se mofan de tales argumentos y nos dicen que solamente se
tratan de “visones” propias de la experiencias chamánicas, plasmadas en piedra por
manos desconocidas hace treinta mil años cuando la humanidad apenas se diferenciaba de
los animales.
No obstante, las creencias de muchas culturas “primitivas” que aún sobreviven en
nuestros tiempos nos permiten entender el concepto que tal vez tenían nuestros
antepasados sobre estos seres.
Las tribus Onondaga y Mohawk de la gran nación de los Iroquois en el estado de Nueva
York (USA) mantuvieron la siguiente creencia: “Seres como hombres habitan en el lado
extremo del cielo visible” y la desaparecida tribu de los Natchez creía que el “rey del
cielo” había visitado su pueblo en la noche de los tiempos paa darles una especie de
transmisor que mantenía el contacto entre los sacerdotes de la tribu y el mundo de los
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Alta Extrañeza

extrahumanos. A fines de la década de los ’60, los indios Hopi del oeste americano
declararon públicamente que la historia de su pueblo había sido afectada por el contacto
con seres extrahumanos, y que en conjunto, los nativoamericanos siempre habían
aceptado la realidad de los ovni y el sitio que ocupaban en la jerarquía de los seres vivos.
No salgas de noche
Australia, con sus siete millones de kilómetros cuadrados, es uno de los sitios más
fascinantes del mundo por su extraña fauna y flora y sus habitantes autóctonos – los
aborígenes – que aún sobreviven en nuestros días y que hasta la llegada de los europeos
vivían bajo condiciones que no habían cambiado desde el paleolítico. El escritor
australiano Eirik Saethre llegó a realizar encuestas en entre las comunidades aborígenes
del centro de Australia hace unos diez años, concentrándose en los miembros de la etnia
arlpiri – que se autodenominan “yapa” y que reservan el termino “kardiya” para designar
a los australianos de ascendencia europea. Aunque los warlpiri opinan que el hombre
blanco es totalmente inmune a la hechicería de los magos nativos, si son víctima de otras
fuerzas: las enigmaticas presencias que se desplazan en los ovnis. De hecho, Saethre cita
el testimonio de Steven, un warlpiri de treinta y ocho años de edad: “Ellos (los
extrahumanos) son más listos que nostros y más listos que ningún ser humano. Los
kardiya se creen listos porque fueron a la luna, pero estos seres viajan por todo el
universo.”
Las comunidades aborígenes coincidían en que los visitantes extrahumanos venían por
agua, y que eran responsables de la desaparición de grandes cantidades de líquido de los
“billabongs” cuyo contenido es indispensable para mantener la vida en las condiciones
desérticas imperantes en esta región de Australia. Por este motivo era común ver luces
raras en la cercanía de estas fuentes de agua, aunque nadie afirmaba haber visto a los
extrahumanos realizar estas maniobras.
El detalle más curioso, sin duda, consistía en la creencia de que estas fuerzas poco
conocidas operaban de noche y que eran responsables de la desaparición de humanos
incautos, pero con la consiguiente salvedad. Los extrahumanos no se llevarían a los
warlpiri por formar parte de la realidad circundante, pero los kardiya sí corrían el peligro
de ser llevados para siempre por no “pertenecer” a esa región. Se comentaba el caso de
un proveedor de atención médica del gobierno – Bill – que había desaparecido,
supuestamente debido a su impaciencia al no querer esperar la luz del día. Los
extrahumanos, según los aborígenes, se lo habían llevado, a pesar de las repetidas
advertencias de que no debía aventurarse fuera de la comunidad por la noche. “Le
dijimos que no saliese de noche,” dijo Ronald, uno de los aborígenes, en la entrevista con
Eirik Saethre, “pero los kardiya nunca hacen caso. Esos alienígenas se lo llevaron”.
Leyendas indígenas
Parecería ser que las creencias aborígenes están reflejadas en América Septentrional,
donde las tribus salish y chippewa de Canadá, sin contar los esquimales o inuit,
mantienen largas tradiciones sobre el contacto con la gente de las estrellas no solo en el
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Alta Extrañeza

pasado lejano, sino en épocas recientes también. Sin pasar por alto la posibilidad de que
todo pueda tratarse de fantasías o formas de decirle al hombre blanco “nosotros
estuvimos en contacto con otras especies inteligentes antes de que ustedes”, examinemos
algunas de estas tradiciones.
En una gruta cerca del lago Christina en la Colombia Británica se puede ver un petroglifo
sumamente interesante que representa un disco de color blanco con protuberancias de
color negro. Este singular aparato se cierne sobre un grupo de cuatro figuras humanoides
que parece postrarse de hinojos ante la extraña presencia. El petroglifo tiene rayas
superiores que sugieren haces de luz y rayas inferiores que bien pueden ser fuego. Los
artistas primitivos, cuyo dominio de la perspectiva era casi nulo, se limitaban a
representar lo que veían. El objeto sigue siendo un misterio que recibe la tradicional y
cansina explicación de una adoración del sol por parte de los antiguos habitantes de la
región...¿un sol con protuberancias negras?
Parece ser que nos aguarda otro petroglifo igual de fascinante, localizado esta vez en un
refugio pétreo entre el lago Kootenay y Cayuse Creek. Esta expresión artística del
hombre primitivo nos presenta lo que a todas luces parece ser un cohete con forma de
cono que lanza humo y llamas, y por si fuese poco, un pequeño humanoide se aferra a la
“pared interior” del supuesto vehículo. Otro petroglifo parecido – esta vez representando
un vehículo estanco con un tripulante – se encuentra a varios kilómetros del lago
Kootenay.
La región de Prince Rupert, también en la boscosa Colombia Británica – mejor conocido
por sus tradiciones de los enormes y peludos sasquatch—nos regala otro petroglifo que
corresponde a las tribus Tsimshian de la zona. Esta vez no se trata de un disco ni ovalo
con rayos, sino de un humanoide grabado en la piedra y conocido como “el hombre que
cayó del cielo.” El investigador John Magor abunda sobre este extraño personaje en su
revista Canadian UFO Report: “Una posibilidad consiste en que los Tsimshian que vivían
en la actual Prince Rupert hallaron el cadaver de un hombre sumamente extraño en su
campamento, y según su lógica, algo tan inusual sólo pudo haber caído del cielo. Es
posible que este petroglifo haya funcionado como una especie de “fosa abierta” para que
el difunto pudiese regresar a su hogar en las estrellas, y si se trata de una fosa,
ciertamente no representaba la forma de entierro utilizada por esos nativos”.
Lamentablemente las tribus actuales no disponen de información al respecto, ya que los
artesanos nativos dejaron de crear petroglifos a mediados del siglo XIX, y la
interpretación de estos grabados se ha perdido. Sólo nos quedan las suposiciones de
siempre.
En el este de Canadá, en la región de los Grandes Lagos, las tribus chippewa contaban la
leyenda de una estrella “que se peleó con las demás” y que se dedicaba a vagar de una
tribu a otra, atraída por el fuego de los campamentos justo antes de la hora de dormir. Los
chippewa temían las apariciones de esta “estrella fugitiva”, pero una doncella de la tribu
– siempre según la leyenda – se enamoró del extraño objeto, y un día, mientras que la
joven recogía zarzamoras, la estrella generó una especie de tolvanera repentina que la
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Alta Extrañeza

levantó hacia su seno, despareciendo para siempre. Los chippewa supieron entonces que
el amor que profesaba la joven hacia la estrella errante era correspondido.
Pero no todo es amor. La tribu denna de la península de Alaska vive temerosa del
“pueblo del cielo” y a diferencia de los aborígenes australianos, los denna no sienten que
ser los habitantes autóctonos de la región les ofrece protección alguna contra lo
desconocido. De hecho, la tribu tiene un emblema especial que representa a estas
extrañas fuerzas – un símbolo que todos reconoceríamos fácilmente: una raya horizontal
rematada por una cúpula. A fines de los años sesenta se circuló una nota de prensa sobre
el hallazgo de una avioneta que se había desplomado del cielo luego de haber transmitido
un ultimo mensaje, captado por el radiotransmisor de un cazador en esas regiones del
norte. El desesperado mensaje de la avioneta indicaba que el aparato estaba siendo
rodeado de una extraña luz verde sobre la cordillera Talkeetna y que los motores se
habían cortado. Años después, rastreadores nativos se encontraron con los restos de la
avioneta y sus congelados ocupantes. Parecía ser que uno de los tripulantes no había
muerto durante el choque, y en un gesto sumamente dramático y digno de una narración
de horror, había tenido las fuerzas para realizar un trazo en el destrozado fuselaje de la
avioneta – la raya horizontal rematada por la cúpula. Los azorados nativos entendieron
enseguida que los desventurados pilotos habían sido víctimas del “pueblo del cielo”.
Escatología amerindia
Vale la pena dedicar un espacio a un tema que fácilmente merece todo un libro: la
presencia de seres extrahumanos en la escatologia de las tribus amerindias y las profecias
apocalípticas o milenialistas contenidas en dichas tradiciones. Las tribus norteamericanas
han producido varios profetas de renombre como Black Elk, cuya vida y obra está
recogida en el libro Black Elk Speaks; profecías en torno al nacimiento del ternero blanco
vaticinado por la “mujer de los lakota”, y otros. Pero siempre se ha hecho hincapié en las
tradiciones de los indios hopis (diminuta etnia cuya reserva nativa ocupa el corazón de la
gran reserva de los navajo) por su controvertida conexión con la vida fuera de nuestro
mundo.
A fines de la década de los ’40, casi coincidiendo con el primer avistamiento ovni de la
era moderna, Tomas Banyacya se convirtió en el primer profeta hopi de nuestros tiempos.
Su misión consistía en advertir al mundo sobre información conocida por todos los de su
tribu: los hopis debian estar pendientes de la edificacion de una “casa fabricada de mica”
(vidrio) en el extremo oriental de la isla Tortuga – la designación de la gran masa
continental norteamericana. La construcción de la sede de las Naciones Unidas en Nueva
York correspondía con dicha indicación profética, y en 1949, la tribu solicitó ser aceptada
por la Asamblea General de la ONU con el propósito de dar tres advertencias. La primera
consistía en buscar al “verdadero hermano blanco”, la segunda procuraba obtener justicia
para las tribus nativas y la gente de buena voluntad en todas partes del mundo, y la
tercera era un poco mas alarmante, ya que el mundo entraba en plena Guerra Fría:
advertir a los líderes mundiales de la Gran Purificación. Pahana, el “verdadero hermano
blanco”, es un personaje parecido al Quetzacoátl mesoamericano. Vivió por algún tiempo

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Alta Extrañeza

entre los hopis, instruyéndoles que regresaría durante el koyaanisqatsi, la Gran
Tribulación, para reivindicar las tribus nativas y reestablecer el equilibrio.
El jefe de la tribu hopi, Dan Katchongva, ya fallecido, dijo en su momento que las
creencias de su pueblo señalaban que el universo contenía otros pueblos habitados por
seres humanoides que reciben las plegarias de los hopis. La presencia de los ovnis, sobre
todo en la década de los ’60, estaba estrechamente relacionada con el cumplimiento de
los vaticinios y el regreso de Pahana. Los hopis no sienten temor alguno a los supuestos
habitantes de estos mundos, ni a los ovnis. Los tripulantes de las luces son de aspecto
humano y de muy buenas costumbres, como los ángeles de la tradición cristiana. Menos
mal.
Los secretos de la tribu
Aunque las demás reservaciones nativas del estado de Nueva York han obtenido
sustanciosas ganancias gracias al auge en las casas de juego, la reservación séneca sigue
viviendo de los productos que pueden venderse sin necesidad de pagar impuestos,
principalmente tabaco y combustible. Durante mis primeros años en la región, cometí el
imperdonable error de entrar en uno de los estancos de la reservación y hacer preguntas
inoportunas: "Buenas. Estoy buscando información sobre el folklore de la tribu. ¿Me podría
decir a dónde ir?"
Uno de los propietarios -- de pelo largo hasta la cintura, camiseta negra con el dibujo de un
jefe Lakota con penacho de plumas y cara de pocos amigos -- repuso: "Mira, si viniste por
cigarrillos, cómpralos. Aquí no hay esas tonterías de indios".
Pero lejos de tratarse de rechazo hacia su propia cultura, se trataba de un hermetismo total
sobre los asuntos de la tribu que hasta a los expertos les resulta difícil penetrar. En pleno
siglo XX, los tabúes sobre lo paranormal siguen siendo tan vigentes como lo fueron antes
del contacto con la cultura occidental, y se trata de algo que a la gente emprendedora de
nuestra era tecnológica les cuesta entender.
Los lectores de temas paranormales están acostumbrados a leer sobre incidentes en Irlanda,
por ejemplo, en dónde las cuadrillas de construcción de caminos se niegan a proseguir sus
labores si se topan con algún montículo que pueda servir de morada a los duendes. No
podemos decir lo mismo de EE.UU., en donde se construyó la carretera estatal 17 (que
cruza el estado de Nueva York de este a oeste, y que dentro de poco se convertirá en la
Interestatal 86) sobre un extenso corredor conocido como the witches' walk ("el paseo de
las brujas") por la tribu seneca, creándose así un pasadizo natural para los espectadores de
fenómenos paranormales.
Así fué que durante la "década heróica" del fenómeno ovni en el estado de Nueva York-los Setenta--la actividad se concentró sobre los territorios de la tribu seneca. En la noche
del 26 de octubre de 1973, los vecinos de los pueblos de Alfred, Angelica y Wellesville
(poblaciones situadas en ambos lados del "paseo de las brujas") quedaron atónitos al
presenciar un alucinante despliegue de enigmáticas luces voladoras y el paso de un extraño
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Alta Extrañeza

objeto de configuración triangular sobre las vaquerías de la región. Miembros de la policía
local figuraron entre los testigos.
El 20 de marzo de 1978, la policía de la ciudad de Salamanca recibió decenas de llamadas
entre las 23:00 y las 01:00 horas sobre un extraño objeto volador del tamaño de dos campos
de fútbol americano, rectangular y repleto de luces rojas, blancas y verdes que se desplazó
en silencio total sobre la reservación y de ahí hacia Ellicotville, donde los radaristas del
aeropuerto local dijeron no haber visto nada en sus pantallas. Los periódicos regionales
achacaron el incidente a la premiere de Close Encounters of the Third Kind pocos meses
antes--a pesar de que un policía local había logrado tomar fotografías del fenómeno
nocturno...
Los nativos insistieron que las misteriosas luces y fenómenos eran el resultado no tan sólo
de la construcción de la carretera, sino de un atentado aún peor contra la naturaleza: la
construcción de la represa Kinzua en 1960, obra que conllevó la inundación de vastas zonas
de terreno consideradas como sagradas por los seneca por incluir no sólo la tumba del jefe
Cornplanter, sino las entradas a las moradas de los célebres "Djogaos" y el hábitat natural
de High Hat ("Sombrero de Copa"), una criatura emparaentada con los yeti o Bigfoot.
Durante la construcción de la represa, los obreros tanto blancos como nativos dijeron haber
visto esta criatura mirándolos desde la orilla del recién creado pantano durante el alba y el
atardecer. La configuración craneal de la criatura hizo recordar a los trabajadores al
sombrero de copa llevado por el presidente Lincoln, quienes se preguntaban en tonos
jocosos si "alguien habia visto a Abe Lincoln."
En tierras donde lo sobrenatural está a flor de piel, los sabios prefieren no mencionar lo
paranormal y mucho menos los OVNI. Para los seneca, así como para muchas tribus del
noreste y hasta de las grandes tribus de suroeste (navajos, hopis, apaches) lo que el hombre
blanco ignorantemente llama OVNI y que persigue con tanto afán es en realidad un poder
que mata y se conoce con varios nombres de acuerdo a la tribu: el término más comunmene
utilizado es Mok-wa-mosa, traducido al inglés como skinwalker ("caminante en pieles" o
"trotapieles").
Uno de los mayores temores de los nativos es ir caminando por los bosques de noche y ver
una luz brillante entre los árboles y a menudo rozando las copas de estos--señal segura de
que algún hechicero o persona con el don de asumir la forma y poderes de un oso va hacia
un lugar en específico para causar el mal a sus enemigos. Las descripciones varían de tribu
en tribu: algunos dicen que el "trotapieles" no se muda de cuerpos como el hombre-lobo,
sino que simplemente se hecha la piel del oso encima y asume sus poderes, mientras que
otros afirman haber visto enormes osos, rodados en potentes auras de luz, caminando en
dos patas.
Los autores Joanne Teller y Norman Blackwater, ambos pertenecientes a la tribu navajo en
el suroeste de los EE.UU., escribieron un libro titulado The Navajo Skinwalker, Witchcraft
and Related Phenomena (Infinity Horn, 1996) que detalla el alucinante auge de
"trotapieles" entre dicha tribu. Teller y Blackwater expresan que uno de los motivos detrás
de su libro es alertar a las demás tribus nativas del país sobre este fenómeno.
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Alta Extrañeza

Según las tradiciones, los "trotapieles" entran en dicho estado para vengarse de sus vecinos
indigenas y nunca contra los blancos, ya que curiosamente, la magia nativa no surte efecto
contra ellos. Se dice que el "trotapieles" debe matar una persona al año para evitar que sus
enormes poderes se le vayan en contra y lo destruyan. Las reglas que gobiernan sus
andanzas son precisas-- solo pueden "trotar" entre las 21:00 hrs. y las 03:00 hrs.; su base de
operaciones puede ser una vivienda o guarida oculta; sólo pueden acercarse a las casas de
sus vecinos desde el oeste, y dicha actividad sólo puede realizarse cada 3 ó 4 días.
El lector puede pensar que no existe conexión alguna entre estas creencias y el fenómeno
OVNI, pero existen varios casos bien investigados por la ufología que bien pueden estar
vinculados con la magia de los "trotapieles". Sin alejarnos demasiado del tema, vale la pena
examinarlos.
En el atardecer del 20 de marzo de 1966, mientras que la familia Mannor se preparaba para
sentarse a cenar, los perros de la granja comenzaron a aullar y ladrar. Cuando el Sr. Mannor
salió a echar un vistazo, se sorprendió al ver una bola de fuego que cruzaba el firmamento y
que se detuvo en el aire para caer en picada hacia unos árboles en un pantano a cierta
distancia de la casa. La familia Mannor completa salió a ver el fenómeno, que podía
apreciarse como una intensa luz roja que se movía entre los árboles. Cuando dos de los
hermanos se internaron en el pantano a investigar, la luz aumentó de intensidad y luego se
apagó por completo. Para cuando las autoridades se personaron en el lugar, no quedaba
nada que investigar. El objeto se había esfumado. Un "trotapieles" haciendo de las suyas en
los bosques de Michigan? No lo sabremos nunca, pero el caso Mannor fue investigado bajo
el Proyecto Blue Book ese mismo año.
Otro caso de suma importancia que nunca ha sido reevaluado es el encuentro de Cisco
Grove (California) en 1964. Un cazador conocido sólo como "Donald S." se fue de cacería
con arco y flecha y se separó de sus compañeros de caza, perdiéndose en el bosque de las
sierras californianas. Temiendo ser atacado por osos salvajes, se subió a un árbol. Poco
después, pudo ver una luz rondeando la sierra y se alegró pensando que se trataba de un
grupo de rescate que había venido por el. Su alegría se trocó en pavor cuando vio que se
acercaban una figura humanoide en traje plateado ceñido y un enorme ser oscuro con ojos
rojos como ascuas. Acto seguido se produjo una contienda entre el cazador y los extraños
seres que jamás se ha vuelto a repetir en la fenomenología OVNI: Donald S. disparaba
flechas contra el gigante negro, algunas de ellas ardiendo, sin efecto alguno, mientras que
la gran mole oscura emitía un vaho que amenazaba con hacerle desmayar. ¿Podríamos ver
en este insólito caso la mano de un Mok-wa-mosa en vez de un alienígena?
En resumidas cuentas, la reducida cantidad de aportes sobre avistamientos y la dificultad de
entrevistar testigos indigenas estriba mayormente en la creencia en estos practicantes en la
magia negra. Para los seneca, el matrimonio Skiver no tuvo un "encuentro cercano del
primer tipo", sino un encuentro con fuerzas que sólo los necios quieren investigar.
Las reservaciones de las distintas tribus indigenas de los Estados Unidos son pequeñas
repúblicas con derecho propio que no responden ante las leyes de los estados que ocupan,
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Alta Extrañeza

sino únicamente ante el gobierno federal a através de la Bureau of Indian Affairs ó BIA,
cuando el sistema de "hacer tratados" con las naciones nativoamericanas tocó a su fin en
1871. En la actualidad existen unas 280 reservaciones con una población total de medio
millón de habitantes. La autonomía de estas regiones ha permitido el auge de casas de
juego que atraen a miles de turistas al año.
El estado jurídico especial de las reservaciones también las ha convertido en un objeto
experimentación militar de distintas clases (como puede apreciarse en el caso de la
reservación Jicarilla y la celebérrima "base subterránea de Dulce" en Nuevo México), ya
sea como zonas para entrenamiento militar o para probar aparatos experimentales. Durante
la década de los '70, aviones de la fuerza aérea canadiense y de la Guardia Nacional de
EE.UU. realizaban maniobras de vuelo sobre la reservación séneca de Salamanca.
El investigador Raymond Ambrosini está estudiando concretamente la presencia de
OVNIS, criaturas de tipo Bigfoot y personal militar en la reservación San Carlos en Nuevo
México. Realizando una serie casi contínua de vigilias nocturnas, Ambrosini ha tomado
fotografías de OVNIS que posiblemente resulten ser nuevos aparatos militares. El
investigador apunta que la formación geológica conocida como Poston Butte ha sido el
escenario histórico de fenomenos de alta extrañeza en la reservacion, produciéndose en
"erupciones" que ocurren cada cuatro años; las más notables tomaron lugar en 1990 y 1994.

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Alta Extrañeza

Capítulo 10 – Aviones del antiuniverso

Durante la Segunda Guerra Mundial, los pilotos estadounidenses y británicos que
regresaban a sus bases en el Reino Unido traían consigo no solo relatos sobre sus
experiencias con los controvertidos “foo fighters” – enigmáticas bolas de luz que
maniobraban entre las flotas aéreas de los combatientes de ambos bandos armados – sino
historias aún más extrañas sobre aviones fantasma: calcos idénticos de aviones conocidos
pero de procedencia desconocida. En 1944, las dotaciones de varias “fortalezas aéreas”
pertenecientes al 92 Escuadrón de Bombarderos afirmaron haberse topado con cazas P-47
Mustang en los cielos sobre Alemania a una altura de veintidós mil pies. Pensando que
eran aviones escolta de los aliados, los pilotos de los bombarderos observaron que los
cazas adoptaron posiciones de escolta en torno a sus enormes aviones justo antes de salir
disparados, ejecutando virajes de noventa grados, para volar directamente contra los
bombarderos. A una distancia de trescientas yardas, los P-47 repentinamente elevaron sus
morros para volar sobre los desconcertados miembros del escuadrón 92. Las
ametralladoras de los bombarderos abrieron fuego sin impactar ninguno de los cazas; sin
embargo, la identificación hecha por los pilotos fue positiva – se trataba, en efecto de
cazas Mustang, pero pintados de colores no reglamentarios; sus fuselajes eran de color
pardo y las alas totalmente negras, sin insignias que identificaran ni el pais de
procedencia ni el escuadrón. Según lo manifestado por John Keel en su libro Our
Haunted Planet (NY: Fawcett Gold Medal, 1970) la conclusión a la que llegó el informe
de inteligencia producido por los militares que tomaron cartas en el asunto era totalmente
equivocada: “Aviones P-47, tripulados por el enemigo, considerados originalmente como
cazas estadounidenses”. Los no identificados no abrieron fuego contra los bombarderos
en ningún momento – al contrario, fueron victimas de las grandes ametralladoras a bordo
de las “fortalezas aéreas”. De haber sido aviones capturados por la Luftwaffe, los pilotos
alemanes no habrían perdido la oportunidad de derribar tan siquiera uno de los
bombarderos.
El gorila aviador
Menos misteriosos y ciertamente más simpáticos son los relatos en torno a los “aviones
sin hélice” vistos por varios pilotos durante la guerra. El capitán Frederick Trapnell lo
recuerda así. “Me encontré formando parte de un grupo que abordaba los rumores que
emanaban de Europa sobre un extraño y maravilloso método de propulsión sin hélices.”
Trapnell no podía explicar a sus hermanos voladores que estaban presenciando la llegada
de los primeros cazas a reacción al teatro europeo, ya que él mismo era uno de los pilotos
de prueba del XP-59. De hecho, el hermetismo que debían guardar los pilotos de estos
primeros cazarreactores era total, al grado que Jack Woolams, piloto en jefe del proyecto,
se desplazó hasta Hollywood para adquirir bombines y bigotes postizos para repartir entre
los miembros del escuadrón de prueba para mantener sus identidades en reserva durante
los vuelos. Entusiasmados, los pilotos se autoproclamaron “Bell Bowlers” (los bombines
de Bell, ya que esta era la empresa que fabricaba el interceptor) y su esprit d’corps era
innegable. Un grupo de cazas P-38 que ejecutaba vuelos de entrenamiento sobre Muroc
Dry Lake presenció, con cierta alarma, la forma en que un avión desconocido se adhería a
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Alta Extrañeza

su formación. El avión intruso carecía de hélice, lo que estremeció a los aviadores a
bordo de los P-38, pero mayor fue la sorpresa al mirar dentro de la carlinga del intruso: su
piloto era un gorila con sombrero bombín, que fumaba un largo puro. El gorila se quitó el
sombrero en ademán de saludo y se alejó del sorprendido vuelo de entrenamiento a una
velocidad prodigiosa. Los atónitos espectadores no sabían que acababan de encontrarse
con el XP-59 y su piloto Jack Woolams, con una careta de simio que había obtenido para
Halloween. “En aquel otoño de 1943,” escribe el historiador Curtis Peebles en su
excelente obra Dark Eagles, “se dijo que muchos pilotos se habían vuelto abstemios
después de semejantes encuentros.”
Incidente sobre el Mar de Bohai
El 8 de enero de 2006, un periódico electrónico en ingles titulado The Epoch Times –
publicado en la república china – dio parte sobre un incidente sumamente curioso. Sin
precisar fechas ni ubicaciones, la noticia informaba que seis pilotos del “Equipo
Aerobático” de la fuerza aérea china habían sido testigos de una gran formación de
aeronaves no identificadas que se abalanzaban contra ellos a alta velocidad, casi
resultando en un choque en el aire, de no haber sido por los buenos reflejos de los pilotos
involucrados. Uno de los pilotos aerobátas de mayor antigüedad, de nombre Feng Yi, con
mas de 3000 horas de vuelo a su nombre, abordó la alucinante experiencia que tuvo su
grupo sobre el Mar de Bohai durante un programa de televisión.
Una vez que los pilotos chinos alcanzaron una altura de 21.000 pies en sus interceptores
MiG, tuvieron que enfrentar una gran formación de aparatos que se dirigían justo a ellos
desde el sudeste. Esta situación – altamente irregular – fue dada a conocer a los
controladores de tránsito aéreo (no se especifica en qué ciudad), pero estos advirtieron
que no podían confirmar la presencia de ningún otro aparato en los cielos aparte del
escuadrón de aeróbatas.
No obstante, los seis pilotos estuvieron de acuerdo en que habían visto la masa de aviones
que los obligó a tomar evasivas. El detalle de alta extrañeza en este encuentro, sin
embargo, reside en el hecho de que los aviones intrusos “representaban aviones de
distintos países y distintas épocas históricas; las formaciones incluían tanto aviones de
hélice como de reacción a chorro”.
The Epoch Times propone la teoría de que los pilotos aeróbatas sufrieron una alucinación
colectiva, o tal vez algo más inverosímil: que algún campo magnético con las mismas
propiedades que una de nuestras videocaseteras estaba en operación, duplicando escenas
de otros tiempos. Se barajaron otras posibilidades, inclusive que los aviones eran una
“escena de otra dimensión o de otra época” que estaba siendo transmitida a los aviadores.
Cinco meses después de este extraño evento sobre los mares de la China, el veterano
investigador ovni Stan Gordon recibió informes sobre un extraño avión “tipo
bombardero” volando en los cielos del estado de Pennsylvania (USA) en julio de 2006.
Sin embargo, sus indagaciones comprobaron que la teoría inicial -- que se trataba de un
avión antiguo que volaba con rumbo a una exposición aérea – era incorrecta. “No hubo
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Alta Extrañeza

ningún informe de semejante avión aterrizando ni repostando combustible en el
aeropuerto del condado de Allegheny, donde suelen realizarse tales operaciones”, escribe
Gordon. “Si bien es cierto que hay una exposición área programada para este fin de
semana en la zona de Pittsburgh, tengo entendido que no participará ningún avión
antiguo”.
Como podremos ver, estos incidentes que involucran la presencia de aviones extraños no
son nada nuevo.

Regresa Robur el Temerario
El 13 de julio de 2001, un periódico británico publicó la extraña noticia sobre un
acontecimiento extraordinario: un enorme dirigible rígido de procedencia desconocida
había aparecido sobre el puerto de Liverpool la semana anterior. A las 11:00 a.m. del 3 de
julio, docenas de testigos dirigieron sus miradas al cielo para presenciar un objeto
fusiforme, como un cigarro plateado. La mayoría de los testigos aquél cálido día de
verano coincidieron en que el objeto se había materializado de la nada. Una mujer afirmó
haber visto la enorme sombra proyectada por el objeto sobre la tierra, ya que era un día
soleado. Cuando se les preguntó por la descripción, la mayoría de los espectadores
coincidieron en que parecía un zeppelín o dirigible.
Las dimensiones del objeto desconocido se calcularon en unos 300 pies de proa a popa
(aunque otros manifestaron que el intruso era mucho más pequeño, con una longitud total
de ciento cincuenta pies). Las autoridades locales y los controladores de tránsito aéreo en
Liverpool se vieron inundados de llamadas provenientes de ciudadanos preocupados. El
intruso representaba un problema importante para los funcionarios del aeropuerto, ya que
representaba un problema potencial para los vuelos comerciales que pretendían despegar
o aterrizar en la región. A pesar de todo esto, el dirigible fantasma no podía ser captado
por los radaristas, aumentando la preocupación.
La nota de prensa informaba que las redacciones y estaciones de radio en todo Liverpool
recibieron tantas llamadas al respecto que las centralitas no se daban abasto. El dirigible
fantasma volaba a alturas tan bajas que los oficinistas en los rascacielos podían verlo casi
al ras de los edificios. Una empleada, temiendo la inminente colisión con el objeto, salió
corriendo de su oficina escaleras abajo. Pero quienquiera que haya estado al mando del
enorme aparato pudo esquivar el edificio y hacer que su nave se alejara flotando. Otros
informes indicaron que el aparato fue percibido en una multitud de ciudades inglesas, la
última de ellas siendo Blackpool, donde se le vio volando a una milla de la costa a eso de
las ocho de la noche.
Sin embargo, esta narración de alta extrañeza no culmina con la desaparición del objeto
en el horizonte: Gareth Maine, vecino de Hunts Cross, se valió de sus años de experiencia
en el campo de la radiocomunicación para rastrear al intruso con una antena parabólica
omnidireccional, supuestamente captando las conversaciones de los tripulantes del objeto
en la banda de onda mediana (MW). Aún así, no le fue posible entender lo que decían. La
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Alta Extrañeza

grabación fue transmitida por una estación de radio y una llamada al programa apuntó
que las voces grabadas – nítidamente masculinas y femeninas – hablaban “un dialecto del
japonés” y que el tema de su intercambio era de naturaleza técnica, consultando la altura
correcta y la dirección de los vientos predominantes. Las voces también comentaron
sobre el despliegue de equipo de grabación en vídeo, haciendo suponer a algunos que una
productora japonesa se había apoderado de un zeppelín para hacer algún rodaje.
Pero, ¿cuál era la verdadera naturaleza del dirigible fantasma? Cuando consultamos el
tema con John Hayes, director de la página web UFOINFO.com, nos dijo lo siguiente:
“No tuve noticias algunas del supuesto dirigible fantasma en aquel momento, pero algo a
tomar en cuenta es que los dirigibles regresaron en algún momento durante la década de
los ’80, manifestándose casi a diario. Recuerdo haber visto dos de ellos volando a muy
baja altura [...]. No estoy seguro que sigan apareciendo, pero eran mayormente plateados
como los que aparecen en la foto”.
¿Un dirigible extraviado y lleno de turistas, o tal ves turistas de una dimensión parecida a
la nuestra? A estas alturas sólo podemos especular.

Llegaron los aviones extraños
En febrero de 1996, el rotativo londinense The Times informó que un Boeing 737 de la
British Airways, con 60 pasajeros a bordo, había tenido un encuentro cercano con un
objeto volador no identificado. El incidente había tomado lugar un año antes, en enero de
1995, mientras que el avión realizaba sus maniobras para aterrizar en el aeropuerto de
Manchester. De acuerdo con el capitán Roger Wills, se hallaban a una altura de cuatro
mil pies cuando un “avión con forma de cuña” rebasó al aparato de la British Airways,
planeando tan cerca de estribor del 737 que el piloto se estremeció. Tanto el capitán
Willis como su copiloto estaban convencidos de que este incidente de “air-miss” (cercano
a pérdida en el aire) no tenía nada que ver con globos sonda ni ningún otro objeto
conocido, aunque el avión con forma de cuña supuestamente tenía pequeñas luces de
navegación y una raya negra a lo largo de su costado.
¿Sería posible pensar que algunos de estos aviones fantasmas pudiesen ser, en efecto,
OVNIS que se hacen pasar por nuestros propios aviones de pasajeros y de carga? Existen
casos que apuntan a esta posibilidad, como el caso sucedido en marzo de 1985 en el que
participaba un avión de pasajeros de la Aeroflot que volaba entre Tblisi (Georgia) a
Talinn (Estonia). Según el periódico London Sunday Times, el avión fue seguido por un
OVNI a una altura de treinta mil pies por espacio de casi ochocientas millas. El objeto
desconocido cambió de formas a lo largo del incómodo trayecto, llegando a asumir, en
cierto momento, la forma de un avión colosal con morro de aguja. Tanto la tripulación
como los pasajeros a bordo del avión de la Aeroflot fueron testigos de estos cambios, y la
presencia del extraño objeto pudo ser confirmada por las estaciones de rastreo localizadas
a lo largo de la ruta del vuelo.

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Alta Extrañeza

Y si no son OVNIS, ¿cuál pudiese ser la procedencia de estos aviones desconocidos? Los
adictos a la ciencia-ficción, por ejemplo, podrían conjurar una sociedad en otro nivel de
existencia cuyas fuerzas aéreas consisten de las antiguallas y desechados de nuestro
propio mundo, tal vez aviones que desaparecieron misteriosamente del espacio aéreo de
nuestro mundo para reaparecer en otro lugar o tiempo. Un concepto absurdo a primeras,
pero tal vez no tanto cuando traemos a colación los escritos de John Keel sobre los
vehículos claramente no humanos que han sido vistos en el proceso de robar bienes de
almacenes terrestres. “Algunos investigadores”, dice Keel en su obra Disneyland of the
Gods (NY: Amok Press, 1987), “comienzan a preguntarse seriamente si tal vez estemos
abasteciendo algún mundo extradimensional con materia prima,” pasando a citar un caso
ocurrido en la ciudad de Cherry Hill, Nueva Jersey (USA) ocurrido en 1966. Cuatro
testigos observaron las maniobras de un dirigible desconocido sobre una empresa
fabricante de computadoras y efectos informáticos, mientras que sus tripulantes
transferían cajas al aparato fantasma. Los entusiastas de Keel también recordarán sus
informes sobre aviones extraños guardando cierto parecido a los aerocargueros C-119
que volaban a la altura de las copas de los árboles – con las luces de cabina
brillantemente encendidas – durante las apariciones del ya legendario “hombre polilla” o
Mothman en 1966-67 (The Mothman Prophecies, NY: Signet, 1976, p.118) y la
desconcertante experiencia vivida por un testigo que presenció luces anómalas
sobrevolando una carretera durante una tormenta de nieve en 1968: las extrañas luces
estaban seguidas por un pequeño avión que normalmente sería incapaz de volar bajo
semejantes condiciones meteorológicas. ¿Un OVNI incapaz de desactivar su camuflaje?
La pregunta seguirá en pie.
La otra interrogante sin contestar se refiere directamente al punto de origen de dichos
aviones fantasma. El buen uso de la navaja de Occam – recién afilada – nos llevará a
considerar que muchos, tal vez la mayoría, de estos relatos son meramente informes
sobre antiguallas militares que se dirigen a las exposiciones aéreas celebradas en muchos
países de occidente. Tampoco podemos descartar el factor psicológico. No obstante, la
mente nos plantea otra posibilidad inquietante – al igual que hemos propuesto la
existencia de “antipersonas provenientes de la nada” es muy posible que existan
“antipaíses” en alguna dimensión desconocida cuyas aeronaves podemos ver de vez en
cuando al producirse una aberración en aquello que llamamos “la realidad”.

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Alta Extrañeza

Capítulo 11 – Lugares que nunca existieron

La historia se repite una y otra vez, cruzando fronteras y culturas. El escenario no deja de
ser el mismo: una carretera en un sitio despoblado, tiempo lluvioso, un automovilista
cansado con muchos kilómetros por recorrer. De repente hay alguien en la cuneta,
haciendo ademanes comunes a los que practican en “auto-stop” (el famoso hitchhiking
estadounidense). Sorprendido, el chofer detiene la marcha para permitir la subida de un
desconocido o desconocida a su vehículo. Entablan una conversación muy amena, o en
otras ocasiones el viaje sigue en un silencio total. Algunas veces el pasajero misterioso
pide abruptamente la bajada en un punto de la carretera; en otras, el chofer deposita al
hombre o mujer frente a algún edificio o casa. El viaje prosigue sin novedades.
No es sino hasta algún tiempo después que el chofer se entera por amistades – o por
haber concertado una cita, en algunos casos – que la persona que recogió en la carretera
había muerto tiempo atrás, y que aquel cuerpo que ocupó el asiento a su lado (y que abrió
y cerró la puerta por sus propios medios) no era más que una manifestación sobrenatural.
El azoro del chofer es total, y la anécdota pasa a formar parte de algún recopilatorio de
casos de fantasmas o de alta extrañeza de los que se han publicado a granel en las últimas
décadas.
El parapsicólogo intenta explicar estas aberraciones como desdoblamientos del
inconsciente o proyecciones del ánima o del ánimus (si el chofer es mujer); el
cazafantasmas se aventura a opinar que alguien murió en determinado sitio en la carretera
y que esa energía residual insiste en completar el viaje de regreso a casa; el escéptico le
echa la culpa a conducir con el estómago vacío o los tragos demás que lleva el chofer
adentro, aunque el testigo sea abstemio empedernido.
Se nos hace más difícil explicar, sin embargo, aquellos casos en que el chofer va
acompañado y no hay autostopistas por ninguna parte (o nadie pidiendo aventón, para los
lectores mexicanos). El automóvil y sus tripulantes, en plena posesión de sus facultades,
llegan a un sitio en el que la realidad se torna irreal y la locura amenaza a los testigos,
como en una novela de horror que se consiguen en los kioscos de cualquier aeropuerto.
De hecho, ¿qué otra posibilidad nos queda, cuando llegamos a un sitio que no existe?
El cafetín fantasma
El comer representa una de las actividades más normales y concretas de la existencia
humana, hasta en estos días en que la población considera comer unas briznas de lechuga
como su almuerzo. Nos sentamos, cortamos los alimentos con utensilios, los masticamos
y bebemos algo a la misma vez. Si estamos en un restaurante, tenemos más experiencias
concretas aún: la camarera nos extiende una carta, pedimos, comemos, pagamos y
dejamos una propina. Para un ingeniero en Irán, este proceso adquirió visos de lo irreal
(llamémoslo “stephenkingesco”, para los que gustan acuñar neologismos) en 1950.
Tony Clark era un ingeniero civil inglés que había ganado la oportunidad de desplazarse
Irán para prestar su ayuda a la construcción de una planta de cemento en la población de
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Alta Extrañeza

Manjil, cerca del Mar Caspio y a casi trescientos kilómetros de Teherán. Clark y su
intérprete habían consumido un desayuno sumamente ligero antes de salir de Manjil
rumbo a la capital del entonces reino persa. El vehículo en el que se desplazaban
comenzó la ardua tarea de ascender del litoral al altiplano iraní, y el ingeniero comenzaba
a sentir hambre. Su intérprete le informó que la posibilidad de encontrar un sitio para
comer en esta región era minúscula: lo mejor que podían anticipar antes de llegar a la
capital era toparse con la clase de comedero informal denominado tchae khana en la
lengua persa. Pero ni siquiera en esa clase de “cafetín de la cuneta” les sería posible
almorzar satisfactoriamente, puesto que esos locales se dedicaban a servir té y yogurt.
Sin embargo, mientras que los hombres intercambiaban opiniones sobre sus posibilidades
gastronómicas, se dieron cuenta de que la carretera les llevaba hacia un impresionante
amontonamiento de rocas, detrás de la cual podía verse una aldea con un cafetín de la
clase descrita por el intérprete. Se trataba de una estructura alargada, rodeada por los
camiones de transportistas iraníes que iban hacia Bakú o tal vez Isfaján. El propietario era
un hombre amistoso de etnia armenia que dijo llamarse, en perfecto inglés, Mister
Hovanessian.
Mejor anfitrión que el armenio no podía encontrarse en todo el país, pensó Clark.
Hovanessian se apuró a traerles cuencos de sopa de pepinos, pasas y yogurt, seguidos por
el plato fuerte, consistente en chelo kebab, la comida tradicional del país. El ingeniero y
el intérprete disfrutaron del manjar y luego bebieron sendas tazas de café turco, y el
inglés se quedó atónito ante el bajo precio de la cuenta. Hovanessian les invitó a regresar
durante su viaje de retorno de la capital y los viajeros prosiguieron su viaje sumamente
contentos.
Ni decir tiene que Clark informó a sus colegas de su agradable experiencia en el tchae
khana que la providencia les había puesto en el camino. Pero sus amistades dudaron
mucho que existiese un lugar de dichas características en aquel punto en el camino que
salía de Manjil. Tres meses más tarde, Clark repitió el viaje de la misma forma: saliendo
de Manjil, ascendiendo por la carretera al altiplano, pasando el curioso montón de piedras
y viendo la aldea. Pero no había rastro alguno del cafetín de Mister Hovanessian. Ni
siquiera rastros de que una estructura hubiese existido en el lugar en ningún momento.
Intrigado, Clark y sus acompañantes en este segundo viaje hicieron pesquisas en la aldea.
Uno de los vecinos afirmó que en los cuarenta años que llevaba viviendo en aquel
villorrio, jamás había visto ningún establecimiento de comidas en toda la redonda.
Clark nunca dejó de abogar por la existencia del tchae khana de Mister Hovanessian o los
excelentes platos que tanto él como su intérprete habían degustado aquel día en 1950.
Cuarenta años después, entrevistado por Mike Dash para su libro Borderlands (Nueva
York: Random House, 2000), el ingeniero afirmó que el ambiente dentro del cafetín “era
brumoso y casi irreal”. No obstante, el ingeniero se negó a adelantar cualquier teoría que
tuviese afinidad con el mundo paranormal o fantasmagórico.

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Alta Extrañeza

Hasta aquí la experiencia anecdótica. Dos hombres se alimentaron de comidas típicas del
país en un lugar que nunca existió. Si nos inclinamos por la vertiente escéptica, podemos
afirmar que el tchae khana era tan real como cualquier otro, y que Clark y sus colegas
fueron por un camino distinto al que transitaron la primera vez (a pesar de solo había un
camino de salida de Manjil, y que el ingeniero llevaba la cuenta del kilometraje
transcurrido desde su punto de partida, seguramente para reembolsos por contabilidad).
Por otro lado, algunos podrían ver en el cafetín fantasma la acción de aquellos
enigmáticos seres – más allá de los humanos, pero poco menos que los ángeles –
denominados jinas (del árabe djinn) cuyas acciones y existencia se debaten hasta el sol de
hoy en el seno del islam. Apiadándose de la debilidad que sentían los dos viajeros, estas
criaturas hicieron surgir de la nada un comedero típico sacado de la imaginación del
intérprete y regentado por un angloparlante, para hacer sentir más cómodo al ingeniero
británico. ¿Fantasear de lo lindo? Tal vez, aunque es posible leer las opiniones
juridicorreligiosas (fatwas) de los imanes musulmanes en Internet sobre las situaciones en
que los jinas se relacionan con los seres mortales.
O tal vez no sucedió nada en absoluto. Clark es un mentiroso, Mike Dash un iluso y el
que esto escribe, peor aún, por repetir una tontería tan obvia a todas luces. Sin embargo...

La espada y la piedra
Casi todos recordamos la leyenda del rey Arturo y la espada en la piedra. Para los que
tengan la memoria borrosa, repasemos: tras años de guerras intestinas por conseguir un
rey en Inglaterra, el mago Merlín hace aparecer una piedra (o un yunque, en algunas
versiones) con la leyenda “el que pueda sacar esta espada será el legítimo rey de
Inglaterra”. Muchos caballeros nobles intentan sacar la espada y no pueden. Un joven
escudero al servicio de su hermano de crianza acude a un torneo en que el ganador
tomará la corona del reino. Al olvidar su espada, el caballero manda al escudero a
conseguirle otra. El escudero ve una espada saliendo de la piedra y sin pensarlo dos
veces, la extrae con facilidad y se la lleva a su hermano. El escudero es Arturo, hijo del
rey Uter Pendragon, y el haber logrado esta proeza le establece como legitimo rey de las
islas británicas.
Una leyenda encantadora. Pero, ¿qué sucede cuando las leyendas se vuelven realidad?
Según el fallecido autor F.W. Holiday, entre 1952 and 1969, el matrimonio inglés de
John y Christine Swain realizó un total de doscientos cincuenta viajes a uno de los sitios
encantados de las Islas Británicas – el conocido “New Forest” o bosque nuevo. El
propósito de estos viajes no consistía en conocer más a fondo el bosque o sus alrededores,
sino algo más esotérico. Durante su primer viaje al New Forest, el matrimonio Swain
había encontrado un lago sumamente extraño. Lo que hacía singular a este cuerpo de
agua era hecho de tener en su centro un peñón del cual sobresalía el pomo de una espada.
Cuando volvieron posteriormente a buscar el lago (y tal vez sacar la espada, ¿quién
sabe?) no lo encontraron, y la búsqueda se convirtió en el motor principal de sus vidas. El
principal punto de referencia que tenían era la célebre abadía de Beaulieu, pero en la
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Alta Extrañeza

década de viajes a esta región nunca pudieron dar con el lago. Puesto a discurrir sobre el
tema, el estadounidense John Keel señala: “ De hecho, son numerosos los casos en que
los testigos descubren que no podían ubicar con éxito el lugar en que tomó lugar su
experiencia. Edificios y estructuras claramente visibles al momento de producirse el
hecho parecen desvanecerse. Los caminos y carreteras se esfuman. Este fenómeno
sorprendente también se da en la tradición psíquica, quizás porque muchas experiencias
psíquicas son alucinatorias. Hay relatos innumerables sobre restaurantes que parecen
haberse desvanecido después de que los testigos cenaron en ellos, así como relatos sobre
casas que se perdieron en la nada. Un viajero se detiene a pernoctar en una vieja casa
abandonada, al igual que en el cine, solo para descubrir que la casa ya no existe...o que
había sido pasto de las llamas años atrás”. (Keel, The Mothman Prophecies, Nueva York:
Signet, 1975). Cabe agregar a las opiniones de Keel que es común que senderistas y
guardabosques en ciertas areas silvestres afirmen haber visto cabañas o aldeas desde
ciertas perspectivas (con todo y chimeneas y ropa tendida en los patios) que dejan de
existir cuando el observador intenta llegar hasta ellas.
En décadas posteriores, Keel ofreció su opinión de que los fenómenos paranormales y
ovnilógicos son, en su mayoría, operaciones de magia negra dirigidas hacia un individuo
en particular (el testigo). Si seguimos esta lógica, algo o alguien quiso que la familia
inglesa percibiese el “lago encantado” con fines desconocidos. Tal vez para que se
bajaran de su automóvil para apreciar el fenómeno de cerca, o para que nadasen hasta el
peñón a sacar la espada con la facilidad de un Arturo, o ahogándose en las sobrenaturales
aguas y perdiendo sus almas en proceso. De hecho, ¿podemos concebir la posibilidad de
semejantes visiones sean trampas para los incautos? Otro famoso caso de lugares
“inexistentes” descrito por Colin Wilson en su obra Beyond The Occult nos presenta el
caso de una dama que, paseando por una ciudad europea, se encuentra con una calle cuyo
aspecto físico contrastaba marcadamente con el del resto del barrio, como si se tratara del
decorado para una obra de cine ambientada el siglo XIX. Le era posible ver personas
realizando labores cotidianas de aquella época, pero en vez de aventurarse, la testigo
siguió de largo. Al volver a dicho lugar poco después, descubrió que la calle
decimonónica no existía en absoluto. Cabe preguntarnos si haberse internado en dicha
calle “irreal” le hubiera hecho imposible regresar a nuestra época, quedando atrapada o
en una época anterior, o una especie de proyección de tipo holográfico. En estos casos a
veces envidiamos a los escépticos que sencillamente se deshacen de la intrigante,
afirmando que son “habladurías de la gente”.
Pueblos que no existen
En 1947 los dramaturgos Alan Jay Lerner y Frederick Loewe estrenaron una de sus
representaciones teatrales más populares: Brigadoon, recordada por muchos por su
versión cinematografica con el actor y bailarin Gene Kelly. La trama de esta obra musical
se desarrolla en la población escocesa de Brigadoon, victima de un hechizo que hace que
el poblado y sus habitantes se mantengan invisibles y apartados del resto del mundo salvo
por un día cada cien años en que el pueblo queda visible ante el mundo y puede recibir la
visita de forasteros.

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Alta Extrañeza

Lerner, el guionista, fundamentó su obra en la leyenda acerca de la villa alemana de
Germelshausen, recopilada por Friedrich Gerstacker. Al igual que la escocesa Brigadoon,
Germelhausen languidece bajo el mismo hechizo.
¿Tendrán ambas poblaciones una comunidad hermana en lo bosques de América del
Norte?
En 1971, Donald Weather tenía 17 años y aún le faltaba un año para graduarse de la
escuela superior. Acompañado por dos amigos, decidió ir a ver una ceremonia
nativoamericana (pow-wow) en la población de Linesville, Pennsylvania, cerca del lago
Pymatuning. Se desplazaron por una autopista moderna -- la interestatal 80-- hasta llegar
a una salida que, según el mapa de comunicaciones que llevaban consigo, les conduciría a
la vera del lago y a la ceremonia en cuestión.
Pero todo comenzó a irles mal desde el momento en que llegaron a la salida de la
autopista, perdiéndose en una serie de caminos rurales en la oscuridad (Weather indica su
experiencia se produjo entre las 22:30 y 23:00 horas). Al igual que en el caso del
ingeniero británico y su cafetín fantasmal, los jóvenes habían salido de la ciudad de
Columbus (Ohio) sin haber cenado. En este momento les importaba más llegar a un
restaurante que ver una ceremonia indígena.
“De repente”, indica Weather en su escrito para el boletín de la Mid-Ohio UFO
Associates (MORA), “hicimos un viraje a la derecha y no habíamos transcurrido más de
media milla cuando una oscuridad absoluta nos envolvió”.
La descripción que ofrece el testigo sobre la oscuridad en la que tanto él y sus amigos se
vieron sumidos es inquietante: “La oscuridad tenía cierta riqueza, casi podría decirse un
espesor, como si nos hubiésemos internado en el corazón de un túnel hecho de pudín de
chocolate del que no se escapaba ni la luz. Antes había sido pura oscuridad nocturna –
ahora era la oscuridad absoluta propia de las cavernas en la que no puede entrar la luz
[...]. El incidente era tan singular que todos nos quedamos callados, si no me falla la
memoria. Era como si anticipáramos que algo iba a suceder”.
Weather y sus amigos, presos de la oscuridad total que arropaba el camino vecinal, no
sintieron el pánico que esperaríamos en una situación de tal magnitud. El tiempo parecía
no haberse detenido, sino carecido de importancia alguna en este extraño vórtice. La
negrura total se vio sustituida por la oscuridad de una noche en la ruralía estadounidense.
Los adolescentes comenzaron a ver objetos normales pero que guardaban cierta
extrañeza: a cada lado de la calle podían ver los postes del tendido eléctrico, pero más
antiguos, indicando que habían entrado en una comunidad. “De todas las cosas raras que
vimos a continuación, no puedo decir quien fue el primero en darse cuenta, pero
gradualmente, todos descubrimos que no todo estaba bien en este extraño poblado”.
Lo que más impactó a los jóvenes en el automóvil fue el cine del poblado, afuera de
cuyas puertas había grupos de adolescentes aparentemente esperando la próxima función,
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Alta Extrañeza

aunque todos iban vestidos a la usanza de la década de 1950 – chicas con faldas
acampanadas y tobilleras, chicos de cabello engominado y chaquetas que reflejaban el
nombre de su escuela. Más sorprendente aún es que la película que estaba por ver era The
Blob, el gran clásico de la ciencia-ficción, que estrenó en 1958.
Weather y sus amigos no daban crédito a lo que estaban viendo. “Todos miramos a la
izquierda, conduciendo lentamente, sin poder creer lo que estábamos viendo.”
Lo singular de este caso anecdótico es que los visitantes de otro tiempo eran, por lo visto,
claramente visibles a los adolescentes de la década del rock-and-roll. “Mientras que
mirábamos a los adolescentes frente al cine, nos fijamos en que ellos también nos
miraban y hacían señas, apuntando con sus dedos y con un asombro total dibujado en sus
rostros. Luego percibimos coches de aquella época, los grandes y redondos, pero parecían
totalmente nuevos. En este momento Ray (el chico que conducía el vehículo) comenzó a
preguntar en voz alta si el detenerse en esta población para comer algo era una buena
idea. Entonces vimos un coche patrulla de los años cincuenta, con las luces rojas en el
techo...eso hizo que saliéramos disparados de ahí”.
Tristemente para nosotros, el relato concluye ahí. Donald Weather no nos indica el
momento en que él y sus amigos abandonaron la pseudorrealidad de 1950 y volvieron a
su tiempo (1971) o si al salir de aquella población fantasma les fue necesario internarse
de nuevo en la zona de oscuridad absoluta.
El caso Weather nos permite analizar estos “lugares que no existen” con un poco de
detenimiento. Lo primero es considerar la posibilidad de que tres adolescentes a
comienzos de los ’70 habían consumido ácido lisérgico (LSD) o algún otro psicotrópico
que les hizo conjurar toda una experiencia anómala (eso en conjunción con el hambre que
manifestaban sentir al momento). Siendo MORA una organización de investigación
OVNI, es fácil percibir que la intención de incluir esta experiencia de alta extrañeza en su
boletín es para promover el marco de referencia de las “memorias pantalla” (screen
memories, en inglés) que supuestamente experimentan aquellos que han sido victimas del
secuestro por supuestos seres alienígenos, aunque en ningún momento leemos que
Weather o sus compañeros de viaje vieron luces extrañas o ninguna manifestación que les
hiciera pensar que “un avión se había estrellado” o que les “seguía un helicóptero”, que
son las memorias-pantalla mas comunes en estos casos. Y de ser una memoria-pantalla,
¿por qué motivo elegirían los alienígenas memorias de una época y estreno que carecían
de significado alguno para los adolescentes? La nostalgia por la década de los ’50, su
música y su forma de vestir no se produciría sino hasta mediados de la década de los ’70.
El detalle más importante resulta no ser el misterioso poblado tipo Brigadoon, congelado
en 1958 hasta que un desventurado se interne en él, sino la oscuridad envolvente y
espesa. Sin tener que recurrir a la ciencia-ficción, nos sería posible pensar en una
concentraciones de momentos en el tiempo que se desplazan de un lugar a otro,
aleatoriamente, y a los que resulta posible entrar bajo ciertas circunstancias. Y si
recurrimos a la ciencia-ficción, recordaremos que Isaac Asimov se valió de una teoría

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Alta Extrañeza

parecida para explicar el predicamento de su protagonista en la novela A Pebble in The
Sky (1947).
Whitley Streiber y las casas de piedra
Sin lugar a dudas,Whitley Streiber – genial autor de temas de ciencia-ficción y horror –
fue uno de los autores más importantes en el ámbito ovni en la década de los ’90. Su obra
Communion (1987) dio a conocer el fenómeno de las abducciones al público no
especializado, y sus obras posteriores – Transformation y Breakthrough – no sólo
profundizaron en el tema, sino que ampliaron detalles sobre las experiencias vividas por
el autor desde su secuestro inicial en una apartada cabaña del estado de Nueva York.
Algunas de las experiencias de este destacado y controvertido escritor tomaron lugar no
sólo dentro de lo que generalmente consideramos el interior de una “nave espacial”, sino
en lugares totalmente apartados de la realidad cotidiana, y en la compañía de otros.
Cierto día en 1989, el autor transitaba en su coche a lo largo de la transitada carretera 17
del estado de Nueva Jersey (USA) con el propósito de llevar a un niño amigo de su
familia a un restaurante para encontrarse con su padre, con el fin de que padre e hijo
pudiesen desplazarse desde dicho punto hasta la vecina ciudad de Nueva York. El niño,
de 12 años de edad, iba sentado a la derecha de Streiber con el cinturón de seguridad
abrochado. El vehículo de Streiber llegó a una carretera dividida y el autor descubrió que
el restaurante estaba al otro lado del camino, siendo necesario cruzar un puente elevado
para bajar al carril opuesto. El autor pudo ver que la camioneta del padre del niño estaba
plenamente visible, estacionado afuera del local, y el padre estaba de pie, al lado de su
vehículo.
Justo cuando el coche de Streiber se disponía a cruzar el puente, el niño lanzó un grito al
aire.
“Y gritó con buenas razones”, explica Streiber en una entrevista concedida a la revista
UFO (Vol.5, No.8, 1993 p.23), “porque de repente estábamos dentro de nuestro vehículo,
pero en otro mundo. Ya no estábamos en la Carretera 17. Ya no estábamos al lado del
centro comercial. Al contrario, estábamos en una carretera de hormigón larga y vacía y de
aspecto pristino, preciosa, rodeada de gruesos árboles. No experimentamos ninguna
sensación de cambio – sencillamente estábamos ahí. Y el niño gritó al ver el cambio”.
Por espacio de veinte a cuarenta segundos, el autor de The Wolfen y Warday y su jóven
pasajero vociferaron, tratando de averiguar dónde estaban. Streiber se dirigió a la primera
salida de la autopista, que tenía el aspecto de no haber sido utilizada jamás. “Tan pronto
como abandonamos la carretera, comencé a darme cuenta de que algo terrible había
sucedido. Detuve la marcha. El chico intentó salir corriendo del vehículo, pero conseguí
detenerlo y tranquilizarlo, diciéndole que intentaríamos encontrar el camino de regreso.”
Streiber reanudó la marcha y se encontró en un vecindario de calles inusitadamente
amplias y silenciosas. El sol brillaba y los árboles eran verdes y de follaje abundante,
pero había un detalle anómalo. Las casas “parecían estar hechas de arenisca, eran de color
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Alta Extrañeza

tostado e idénticas, sin techos, sencillamente superficies planas. En las superficies de
arenisca, portaban diseños serpentinos, no parecían en absoluto a las casas que haya visto
jamás en este mundo. Y sin embargo”, prosigue el autor, “ahí estábamos los dos, abordo
de un Jeep. Y lo peor de todo, lo que me hace enfermar de temor, es que tengo el hijo de
otro hombre conmigo. ¿Cómo voy a encontrar la manera de sacarlo de esta realidad?”
Dando vueltas, Streiber pudo percibir un espacio entre el denso follaje – una rampa de
acceso. “Me dirigí hacia la rampa, y tan pronto como lo hicimos, nos encontramos en otra
carretera a veinte millas de la anterior. Así que tuve que retroceder 20 millas hasta el
restaurante”. Streber dejó al chico con su padre y por supuesto, el joven no dudó en
contarle la extraña odisea. Padre e hijo se pasaron el resto de aquel día buscando la
misteriosa carretera que conducía a las casas de piedra, pero nunca la encontraron.
“Dos semanas después”, dice Streiber, “intenté buscar la carretera yo mismo y no pude
encontrarla. No la hemos vuelto a ver. Es la clase de cosa que me sucede con frecuencia.
Puesto de otra manera, vivo en una situación en que sospecho que lo que percibimos
como la realidad no es real. Esto no es real. Esto es algo que tiene el aspecto de ser real,
que parece ser real, pero es tan solo parte de la trama”.

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Alta Extrañeza

Capítulo 12 – Un juego muy peligroso

Los dos jóvenes -- él y ella -- se aventuraron a abrir una puerta de hierro en el sótano de su
edificio de pisos para ver que contenía. A la tenue luz de sus linternas pudieron ver los
escombros del pasado--muebles rotos, latas de pintura, maquinaria inservible cuyo propósito
no era aparente a simple vista. El recinto en tinieblas conducía a otro pasillo..no, varios...que
conectaban a otros túneles de servicio de edificios contiguos y, según los rumores circulados
por sus amigos, con el sistema del tren subterráneo. Crudos grafitis de índole sexual y
satánica ocupaban algunos de los muros--señal inequívoca de que otros habían llegado este
sitio, y tal vez repetidas veces. La decisión que enfrentaba la pareja era muy sencilla...¿cuál
camino a seguir?
A comienzos de los '80 los periódicos comenzaron a publicar extrañas historias sobre
jóvenes de ambos sexos que intentaban jugar el juego Dungeons and Dragons en vivo,
transcendiendo el medio de papel, lápices y figurillas de plomo, a menudo con
consecuencias desastrosas. Para comienzos de los '90, sus hermanos menores seguirían el
mismo derrotero, pero sin miras a jugar ningún juego, limitándose a entrar en lugares
prohibidos por la sociedad de sus mayores. No se limitaban a los túneles ni sótanos de
edificios conocidos, sino a instalaciones totalmente abandonadas, desde fábricas hasta
antiguas bases de proyectiles teledirigidos. La prensa los bautizó "exploradores urbanos"
(urban explorers, en inglés) y sus actividades fueron asociadas con la moda gótica urbana y
el interés posmoderno por el pasado; las autoridades los condenaron como intrusos y
delincuentes y se hizo lo posible por desalentar sus exploraciones. Pero la exploración
urbana pasó a convertirse en un fenómeno a nivel mundial y en ciertos países como Holanda
ha inspirado una corriente artística que se interesa por las estructuras abandonadas: juntos
forman una cultura exclusiva interesada en realizar excursiones a sitios prohibidos--las
trastiendas de los hoteles, salas de hospitales abandonados, y peligrosos túneles
subterráneos.
En el transcurso de sus aventuras en las tinieblas creadas por la mano del hombre, los
exploradores urbanos han realizado descubrimientos insólitos...algunos que rayan en lo
paranormal.
Explorando manicomios

En 1998, la revista Weird New Jersey recibió el siguiente mensaje de un explorador urbano
adolescente que solo dio su nombre como "Creed".
El intrépido Creed decidió ir solo (acción sumamente insensata y nunca recomendada por
los exploradores urbanos más avezados) y explorar uno de los lugares más extraños del
estado de Nueva Jersey: el abandonado manicomio de Upper Saddle River, situado a la
riberas del mismo río en un lugar boscoso denominado Darlington Park. Según cuentan las
leyendas locales, el impresionante y tenebroso edificio había sido propiedad de una orden
religiosa que también administraba el manicomio. A comienzos de 1900, algunos de los
recluidos se rebelaron contra los religiosos, matando a varias monjas y un sacerdote. Poco
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Alta Extrañeza

después del incidente, las autoridades locales clausuraron el manicomio, temiendo que se
repitiese el incidente en esta comunidad que ya iba convirtiéndose en una de gran lujo.
Ingresando en la estructura, Creed se apercibió de algo raro: a pesar de ser un edificio
abandonado durante casi un siglo, había luz en una de las ventanas. ¿Quien hacia uso de esta
estructura tan lóbrega y destartalada? Muy probablemente deambulantes y vagabundos que
corresponden a las "tribus urbanas" del noreste de EUA.
Si la experiencia de este joven hubiese sido única, no pasaría ser más que una anécdota
curiosa. Sin embargo, otro investigador, visitando el manicomio de Cedar Grove en South
Orange, descubrió durante la inspección minuciosa de los cuartos abandonados del recinto
un dibujo pintado sobre un muro -- dos ojos con una frase que rezaba: "We watch always"
(vigilamos siempre). "Una de los hallazgos más espeluznantes", según el corresponsal
anónimo, "lo fue una muñeca bebé ensangrentada con colorante artificial y descuartizada".
La instalación representaba un paraíso para miembros de las contraculturas o adoradores del
demonio, con sus túneles llenos de escombros que conducían a otras secciones del inmueble
abandonado, sillas de ruedas destartaladas, equipo de electroshock abandonado y ficheros
llenos de expedientes con datos personales de pacientes que murieron hace décadas.
Pero la investigación mas inquietante de este manicomio abandonados fue la realizada por
Mark Moran a fines de los '90: Moran, veterano explorador urbano, decidió enfrentar a su
grupo de exploradores al enorme predio de Cedar Grove, conocido formalmente en los
mapas bajo el nombre Essex County Hospital Center, instalación que lindaba con tres
municipios dada su extensión. Al igual que el investigador anónimo, Moran se sintió atraído
por este complejo de edificios abandonados debido a las innumerables leyendas urbanas que
circulaban sobre el mismo: que era un nido de satanistas, que los locos aún vivían en el
laberinto de túneles abandonados, y más estremecedor aún, que muchos pacientes que
habían sido dados de alta décadas atrás habían regresado al lugar, como limaduras de hierro
atraídas por el imán, al no tener dónde ir. No cabía duda de que Cedar Grove y su enigma
representaba un misterio tan digno como el de Tiahuanaco o Stonehenge.
Conduciendo su automóvil a través de las comunidades suburbanitas de North y West
Caldwell, dignas de una teleserie sobre la vida en Estados Unidos, Moran y su grupo
llegaron a la entrada del predio abandonado, franqueando la barrera con el herrumbroso
letrero de "NO PASAR". Esquivando los edificios administrativos, los exploradores urbanos
se dirigieron hacia uno de los muchos edificios que en su momento habían alojado a los
recluidos. Uno de ellos, totalmente arruinado, ostentaba en los peldaños de la entrada las
palabras Beware of Ghost (cuidado con el fantasma) pintadas en escalones sucesivos. En el
pasillo podía leerse otra frase pintarrajeada-- Welcome to Hell (bienvenidos al infierno).
Lo más estremecedor de este "pueblo" de la enfermedad mental es el buen estado que aún
conservaban algunos de los implementos que existen dentro de los edificios: las camillas
tenían colchones razonablemente nuevos y limpios y los tocadores aún conservaban sus
gavetas. Los exploradores no encontraron señales de que el edificio había sido ocupado por
animales--los perros y gatos asilvestrados que a menudo toman posesión de las estructuras
abandonadas por el hombre. Pero el corazón les daría un vuelco al ver que un rostro
contemplaba sus acciones desde lo alto del segundo piso: la faz de un demonio displicente,
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Alta Extrañeza

ejecutada con pintura atomizada por un artista desconocido. Esto era precisamente lo que
habían venido a buscar los exploradores.
Descubrieron que otro edificio en el campus--el hospital mental Overbrook--tenía sus
instalaciones más o menos intactas y razonablemente limpias, incluyendo las celdas para
pacientes peligrosos y sus ataduras de cuero. Un vecino de la localidad, que acostumbraba a
visitar las ruinas para dar ejercicio a su perro, informó a los exploradores urbanos que se le
ocurrió entrar en Overbrook un buen día "porque escuchó un zumbido muy raro saliendo de
uno de los cuartos abandonados". Su sorpresa fue mayúscula al descubrir que la habitación
supuestamente abandonada estaba abarrotada de equipo de comunicación. "No sé si alguien
utilizaba la parte superior del edificio abandonado como estación de transmisión o de relé,
pero me dio escalofríos encontrar este corazón electrónico latiendo en el cadáver de un
edificio muerto".
Los descubrimientos en Overbrook nos instan a la reflexión. Si bien es cierto que la
población de deambulantes en Estados Unidos va en aumento con cada tropiezo de la
economía, estos no tendrían ni el dinero ni el deseo de instalar equipo sofisticado en un
edificio que les serviría de albergue, prefiriendo casi seguramente gastar lo poco que puedan
tener en algún medio de calefacción para aguantar los rigores del invierno. Los satanistas
que se valían del abandono de algunos de los edificios para sus aquelarres tampoco
necesitarían aparatos tecnológicos (aunque podemos suponer que un sistema de
comunicación privado para la secta resulta verosímil. Pero fundamentándonos en los
primeros hallazgos de Mark Moran y otros exploradores impactados por el detalle de la
limpieza y novedad de ciertas partes de los edificios abandonados, incluyendo las celdas
acolchadas, ¿sería ilógico suponer que estas estructuras pudieran estar al servicio de los
productores de películas pornográficas letales (los famosos y legendarios "snuff films"), o
peor, lugares dónde pudieran acabar cientos de personas que desaparecen año tras año,
torturados y luego muertos a manos de sádicos?
Una experiencia similar aguardaba a otro explorador urbano--Pete Katsos--en otro hospital
para enfermos mentales que había sido clausurado.
Katsos describe su investigación del Greystone Park Psychiatric Hospital en Morris Plains,
también en el estado de Nueva Jersey, en el mismo lenguaje que reservaríamos para la
exploración de la selva o las profundidades de la tierra. "He visto cosas y máquinas sobre las
que tan solo puedo limitarme a especular. Hay enormes calderas que en su momento
cocinaron alimentos para miles de personas a la vez. He visto celdas para los locos de atar y
enormes cunas humanas para aquellos con la mente totalmente vacía. Sólo puedo conjeturar
sobre lo que se hacía en el quirófano subterráneo que descubrimos, o los grandes apriscos en
las catacumbas. Para nosotros fue una experiencia sin precio, pero el precio fijado por el
departamento de servicios humanos de Nueva Jersey, cuando nos pillaron, fue un multa de
$150 dólares y cinco días de trabajo comunitario.
La exploración de manicomios abandonados no está limitada a los habitantes de Nueva
Jersey. A miles de kilómetros de distancia, el explorador urbano conocido por el mote
"Jester" informó a Cassandra Szklarski del rotativo Canadian Press (11.01.03) que el logro
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Alta Extrañeza

más enorgullecedor de su grupo de aventureros, los West Coast Explorers lo había sido el
hospital psiquiátrico Riverview en Coquitlam, Colombia Británica, un complejo con
numerosos edificios empleado como decorado para numerosas películas.
Los secretos del abismo
El explorador urbano japonés Taiju Fubuki comenta que el peor peligro que ha tenido que
enfrentar en sus investigaciones ilícitas has consistido en ser atacado por un perro bravo y
haberse cortado la muñeca con un pedazo de vidrio. "En Japón", agrega, "nunca se sabe
cuando la madera podrida en estos lugares va a desmoronarse".
En un país rígidamente conformista como Japón, las correrías de Fubuki atentan contra el
orden establecido. El explorador y sus amigos recorren el casco urbano de Osaka tomando
fotografías a edificios en ruinas y estructuras abandonadas, gozando de la sensación de que
el tiempo se ha congelado mientras que exploran lugares desocupados por décadas. Los
exploradores japoneses no caben en una categoría específica. "Hay los que están interesados
en la arquitectura reciente o antigua, hay los que gustan de tomar fotografías, y también hay
bastantes personas interesadas en el ocultismo". Fubuki pasa a explicar que los nipones, al
igual que los celtas, sienten fascinaciónn por los cuentos de fantasmas y que "muchos de los
exploradores urbanos son fundamentalmente cazafantasmas. Aunque en definitiva he visto
fenómenos misteriosos y extraños durante mis exploraciones, y le saco fotos a todo, puedo
decir jamás he fotografiado un fantasma".
A juzgar por varias listas de internet dedicadas a la exploración urbana, existe un marcado
interés en lo paranormal por parte de los que practican este deporte. Aunque muchos
afirman que no hace falta darle matices sobrenaturales a la exploración urbana, otros opinan
lo contrario. La ciudad de Victoria (Colombia Británica) supuestamente dispone de una
extraordinaria red de túneles que se remonta a la época de la llegada de los chinos a la costa
del Pacífico canadiense y estadounidense. Los túneles permitían el tráfico ilegal de chinos y
de opio, sirviendo posteriormente como casas de juego clandestinas. Algunos exploradores,
cuyos nombres no pasan de ser nicks en Internet, como en el caso de "Creed", afirman que
la mayoría de los túneles ha sido destruida por la creación de cimientos cada vez más
profundos para los edificios en la superficie, pero los que sobreviven están siendo usados
por los adeptos de sectas extrañas. Esto no resulta sorprendente, ya que la secta a la que
pertenecía David Berkowitz, el infame "hijo de Sam" cuyos asesinatos en serie conmovieron
la urbe de acero en 1977, solía reunirse en el parque Untermeyer de Nueva York, ocupando
una estructura de servicio abandonada.
Además de los satanistas existen los adoradores de los supuestos "reptiloides" que la tanto la
ciencia ficción como la creencia paranormal colocan por debajo de las montañas y ciudades
del oeste de Norteamérica. Muy conocida es la leyenda de la ciudad reptiloide que
supuestamente existe bajo Los Angeles, California, pero menos conocidos son los casos de
encuentros con dichos seres en la superficie y en las entradas a distintos túneles y minas
abandonadas.

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Alta Extrañeza

Según las tradiciones de la tribu hopi, existió una raza de "hombres lagarto" en las
profundidades de la costa del Pacífico. Una de estas urbes estaba situada bajo el monte
Shasta. En 1972, un montañista afirmó haber visto un humanoide reptilesco, vistiendo
pantalones y camisa, desplazándose por las laderas.
En 1930, el ingeniero en minería Warren Shufelt indicó al periódico Los Angeles Times que
una civilización no humana de casi cinco mil años de edad existía debajo de la ciudad, y que
era necesario llegar a ella. Un jefe hopi había informado a Shufelt que los hombres lagarto
tenían tablillas de oro que resumían la historia del mundo, la creación de la humanidad, y la
narrativa de su propia especie. Aplicando sus conocimientos, Shufelt determinó que una de
las cámaras de tesoro se encontraba a 350 pies de profundidad debajo de la calle North Hill;
la cámara con las tablillas de oro estaba justo por debajo de la plaza Times-Mirror, y que
también existían respiraderos que apuntaban hacia el océano Pacífico. Shufelt desapareció
poco después de anunciar estos descubrimientos, y el asunto quedó en el olvido. Décadas
más tarde se descubrirían túneles bajo la ciudad, pero se les ha asociado con estructuras
creadas para la importación ilegal de mano de obra china (como en el caso de Victoria) y
posteriormente de alcohol durante los años de la "ley seca".
A comienzos de los '90, la revista Strange Magazine publicó un mensaje enviado por una
mujer que había tenido un encuentro espeluznante en las profundidades de su propio edificio
de pisos.
En 1948, Virgina Staples vivía en Bremerton, Washington en un edificio con un sótano de
dimensiones superlativas. Los muros del sótano estaban llenas de agujeros y el gerente del
inmueble decía que era posible llegar a las aguas del Pacífico mediante algunos de ellos. A
la señora Staples le tocaba lavar la ropa y secarla en dicha parte del viejo edificio, cuando un
buen día sintió que algo la miraba.
Al dar la vuelta, percibió una cosa horrenda que acababa de salir de uno de los boquetes.
"Era tan alta como yo (5 ft.) y tenía un cuerpo anaranjado, piernas como las de una araña y
antenas sobre su cabeza que se movían de un lado a otro. Aquello se movió en mi dirección
y salí corriendo. Subí a mi piso e hice mis maletas, mudándome para Seattle a casa de mi
primo. Posteriormente fui a una tienda de animales a ver si era posible ver algo que se
pareciese remotamente a lo que vi, y la única comparación era con un camarón. Tuve
pesadillas terribles durante muchos años. Hace unos años tuve el valor de visitar Bremerton
de nuevo, pero la marina de guerra ha expandido tanto que el viejo inmueble en la calle
Denny ha sido destruido. Nadie creería lo que estoy diciendo, pero juro a Dios que así fue".
Aunque comenzamos a alejarnos de las experiencias de los exploradores urbanos de nuestra
época, cabe señalar que la lista de experiencias raras bajo nuestras ciudades no tiene fin.
Uno de los casos más significativos, según los trabajos del investigador Ron Calais, sucedió
en 1963 durante el derrumbe de una mina de carbón en el estado de Pennsylvania, EUA. Los
mineros Dave Fellin y Henry Throne afirmaron haber visto cómo se abría la pared de una de
las galerías de la mina para revelar una "hermosa luz azul y una bellísima escalinata de
mármol que conducía a las profundidades" y unas personas ataviadas "de forma rara" que
los miraban extrañados. Tanto Fellin como Throne insistieron en que estaban plenamente
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Alta Extrañeza

despiertos durante el incidente y que no se trataba de una alucinación producida por el
trance en que se hallaban.
Cinco años después, los obreros que excavaban un túnel para el underground de la ciudad
de Londres tendrían una experiencia parecida: trabajando debajo del río Támesis, el obrero
Lou Chalmers sintió que algo le tocaba la espalda. Al mirar, comprobó horrorizado que se
trataba de una figura gris con los brazos extendidos. El fornido trabajador puso pies en
polvorosa, diciendo posteriormente, "no me detuve a ver detalles, sencillamente corrí". Otro
trabajador tuvo una experiencia tan estremecedora que subió a la superficie, se tomó un
trago en un pub cercano, y renunció al trabajo.
Según el veterano investigador Brad Steiger, un detalle más siniestro tomó lugar durante
otro derrumbe minero en 1936 -- el famoso derrumbe de Moose River -- cuando los mineros
atrapados en las galerías dijeron haber escuchado "risa como de niños" y figurillas que se
alejaban con lo que parecía un quinqué poco antes del derrumbe. Los atrapados insistieron
en que la risa infantil pudo escucharse por espacio de 24 horas. ¿Delirio producido por el
aire viciado, o duendes haciendo travesuras mortales? Tal vez haya algo en las viejas
leyendas germánicas sobre los kobolds que compiten contra los humanos por las riquezas de
la tierra, y que dieron su nombre al mineral cobalto.
¿Habrán sido los kobolds responsables también de la desaparición de un minero inglés en
Bedlington Colliery, Northumberland? Las operaciones de dicha mina carbonífera cesaron
por una semana entera en 1928 mientras que las autoridades intentaban establecer el
paradero de un minero que había ido a la galería más profunda para relevar a uno de sus
compañeros. El desventurado nunca llegó y no volvió a saberse de él, a pesar de que un lado
de la galería estaba reforzado con una empalizada de madera, más allá de la cual estaban las
galerías viejas y pozos llenos de agua. No había evidencia de que el desaparecido hubiera
intentado franquear esta división artificial, y que tampoco tenía motivos para hacerlo. La
sección abandonada de la mina fue explorada y se sondaron los pozos sin obtener resultados.
La humanidad ha sentido fascinación por el mundo desconocido bajo nuestros pies.
Nuestros antepasados lejanos se internaban en las profundidades en busca de cobijo o para
cazar animales salvajes, dando pie a toda suerte de leyendas sobre monstruos que vivían en
las entrañas de la tierra. Generaciones posteriores crearon catacumbas para eludir la
persecución religiosa y ciudades enteras como la turca Derinkuyu para ser asolados por
fuerzas beligerantes. No debe sorprendernos que una nueva generación sienta interés
genuino por estos misterios, especialmente en el Tártaro de hormigón y acero que ocupa el
fondo de nuestras ciudades y los templos a la soledad que son nuestros edificios
abandonados. ¿Existe algo extraño bajo nuestros pies? La pregunta no tiene respuesta fácil.
John Keel, en su obra maestra Las profecías del hombre polilla, comenta la odisea de un tal
Rex Ball--ingeniero estadounidense que afirma haberse encontrado con una base
subterránea bajo el manto granítico que cubre el estado de Georgia. La instalación estaba
dotada de "hombrecillos de aspecto oriental" y algunos oficiales estadounidenses. Cuando
su intrusión en esta enigmática base fue detectada, uno de los oficiales dio la siguiente
orden: "Háganlo quedar como un loco". Ball despertaría posteriormente en un campo
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Alta Extrañeza

abierto, sin saber a ciencia cierta lo que le había ocurrido. Keel opina que todo este
fenómeno parece obedecer la misma consigna: "Háganlos quedar como unos locos".

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Alta Extrañeza

Capítulo 13 – Enigmas en la autopista

Un país de dimensiones continentales como los Estados Unidos de América
necesariamente tiene que tener una red de comunicaciones de primer orden para abastecer
sus necesidades energéticas, alimenticias y económicas. Aunque el sistema férreo para
pasajeros dejó de ser de importancia después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno
del presidente Eisenhower apostó por un proyecto que ha pagado con creces: el sistema
de carreteras interestatales (Federal Interstate Highway System) permite que un vehículo
realice el trayecto entre Nueva York y Seattle, por ejemplo, en cuatro días. El ciudadano
común hace uso limitado de dicho sistema de carreteras, valiéndose de los tramos que
pasan por la región en la que vive. Así que los “ciudadanos de las carreteras”, por así
llamarlos, son los transportistas que conducen los miles de camiones articulados de un
lado del país al otro, a menudo bajo condiciones climáticas inclementes.
En una nación compuesta de subculturas, los transportistas han formado la suya, con su
propia música (variaciones del country and western tan aceptado en todo el país) forma
de vestir (vaqueros, chaquetas de cuero y cinturones con enormes hebillas de bronce) e
intereses particulares (muchos se dedican al rodeo o al automovilismo). No es de
sorprender que en la soledad de una noche interminable, bajo la tenue luz de las estrellas
de las praderas o los desiertos de América del Norte, los transportistas figuren entre los
primeros testigos del misterio.

Fantasmas al acecho

Dennis K., vecino del estado de Kentucky, quedó azorado al ver que su cámara
fotográfica había capturado la imagen de un "camión fantasma". Según su testimonio,
había salido a tomar fotos de la bruma matutina junto a su esposa cuando un camión de
carbón pasó lentamente por la carretera frente a su propiedad-algo que le resultó
sumamente raro, puesto que los camiones de carga se desplazan a velocidades
sumamente peligrosas para poder negociar las subidas empinadas de la región. "Este
camión", recuerda Dennis, "estaba muy limpio y era de color negro, con ventanas
polarizadas que impedían ver a los pasajeros. Carecía además de rotulado, algo
imprescindible para un vehículo de esta naturaleza enfrascado en actividades
comerciales. Mi esposa logró tomar dos fotos del extraño vehículo, pero al revelar el
carrete, ¡no había ningún camión, sino una estela de luces! Mi esposa le describió el
camión a su madre y hermano, y ambos dijeron que jamás habían visto ningún camión
parecido en esa región."
Cabe señalar que las experiencias con “camiones fantasma” son numerosas en los
Estados Unidos. La carretera 98 entre las ciudades de Lakeland y Talahassee, Florida
(EUA)es el hogar del “silencioso camión fantasma” que se dedica a seguir a los
transportistas que acarrean cargamentos de víveres desde la costa Atlántica hasta Texas.
Más de setenta y cinco transportistas y chóferes en vehículos particulares afirman haber

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Alta Extrañeza

tenido un “encuentro cercano” con el insólito camión, que tiene la peculiaridad de no
emitir ruido alguno mientras que rueda por el camino.
En el 2000, a eso de las cinco de la tarde, un transportista que se dirigía hacia el oeste
cerca de la ciudad El Paso, Texas – región totalmente plana y de pocos árboles -- tuvo un
alucinante encuentro con una “camioneta fantasma”. Conduciendo a lo largo de la
autopista, el chofer pudo percibir una camioneta blanca de último modelo con todas sus
luces encendidas y que se desplazaba a velocidad reducida. El chofer decidió cambiar de
carriles para rebasar al vehículo más lento, pero al hacerlo, descubrió en sus retrovisores
que no había ninguna camioneta. “Pensé que se había salido de la carretera,” explicó el
transportista, “así que me detuve en la cuneta para echar un vistazo, pero no había nadie.”
Más curioso aún es el detalle de que su encuentro con la camioneta fantasma se produjo a
20 kilómetros de una populosa ciudad a una hora pico para la congestión de carreteras, y
no había ni un solo vehículo más en la ruta.
El 13 de febrero del 2004, un usuario anónimo del foro The Supernatural World" colgó
en dicha página electrónica un relato estremecedor que comprueba que las experiencias
paranormales de los transportistas no están limitadas a los Estados Unidos de América.
La experiencia en cuestión tomó lugar, según el miembro anónimo, a eso de las 00:45
horas en el otoño de 1981 a lo largo de la carretera A14 en Inglaterra, cerca de la ciudad
de Corby. El anónimo iba de acompañante de un transportista que tenía que entregar una
casa rodante de ocho plazas a un concesionario en el norte de Gran Bretaña. El
acompañante dormitaba en el asiento de pasajeros cuando repentinamente se dio cuenta
de que un perro negro de gran tamaño estaba justo en medio de la carretera: "el camión
llevaba las luces largas encendidas, así que me era posible ver la distancia".
El perro permaneció inmóvil. El acompañante miró al chofer, que parecía no haberse
dado cuenta del gran can. Justo cuando iba a comentar que iban a impactar contra el perro
si no reducían la marcha del camión o tocaban la bocina, el perro desapareció.
El acompañante se dijo a sí mismo que el perro seguramente había sido un residuo de un
sueño y decidió bajar la ventanilla para respirar un poco de aire puro. Fue en ese
momento que descubrió que el perro negro corría al lado del camión, marcando el paso
sin problemas. El testigo afirma que el perro era verdaderamente enorme, casi cuatro pies
de alto y de hocico corto.
El chofer le pidió sin rodeos que cerrar la ventana por el frío que hacía, pero el testigo
siguió mirando por el cristal cerrado. El perro seguía ahí, corriendo al lado del camión, a
pesar de que el velocímetro indicaba que iban a 60 millas por hora (110 km). "El perro
comenzaba a verse más tenuemente...me era posible ver a través de él, como si
parpadease. La última vez que lo vi era casi imposible distinguir la imagen. La duración
total del evento fue de 10 minutos.
Entre los comentarios vertidos sobre la experiencia figura el de una cibernauta llamada
"Lady Sabrina", quien afirmaba tener un novio transportista, cuyos compañeros de
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Alta Extrañeza

carretera hablaban en serio de haber visto "el perro negro" cuando estaban cansados,
considerándolo una advertencia a los choferes cansados.
A veces los transportistas tienen encuentros aún más cercanos: Kevin J. no recuerda
cuando sucedió su incidente, pero recuerda que estaba en Arizona una madrugada y que
se sentía exhausto, vencido por la necesidad de dormir. Logró salir de la interestatal,
descender la rampa curva, y estacionar su tractocamión en la cuneta. Después de eso se
metió en el camastro para obtener algunas horas de muy merecido descanso.
A la media hora, Kevin J. sintió que algo sacudía el tractor y despertó sobresaltado.
Estaba en medio del desierto y sin armas para defenderse de lo que pensó pudo ser un
ladrón interesado en matarle y robar el valioso cargamento en el remolque. Agarrando el
objeto más pesado a su disposición – su estuche de aseo – el transportista abrió las
cortinas que separaban el camastro de los asientos para asestar un golpe contundente
contra el presunto invasor. Sorprendido, vio que había un hombre sentado en el asiento
del chofer. “Oye, ¿podría saberse que rayos haces aquí?” le increpó Kevin J.
El extraño se dio la vuelta lentamente para mirar al transportista, contestando con cierta
tristeza, “I gotta keep going” (“tengo que seguir”). Al devolver la vista hacia el
parabrisas, la extraña figura se desvaneció en el aire.
Dos semanas más tarde, Kevin J. descubriría que su jefe había obtenido el camión
habiéndolo comprado a la viuda del propietario original – la triste y enjuta figura que no
tenía más remedio que seguir al volante del tractocamión, habiendo muerto de un infarto
en el patio de la compañía de transportes.

Seres de otros mundos
Desde los años ’70, cuando un transportista en el estado de Indiana (EUA) fue victima de
un “hombre lobo”, los choferes de camión han figurado de forma prominente en los casos
de encuentros con seres no humanos – y con esto no queremos decir supuestos
ovninautas, sino criaturas extrañas de procedencia desconocida. Una de las vivencias más
estremecedoras lo fue la del transportista australiano Rossco Macrae, de 37 años de edad.
Viviendo en el “país de las maravillas” que es Australia, con sus insectos, reptiles y
mamíferos que no tienen igual en otras partes del mundo, Macrae pensaba que no había
ningún bicho raro que no conociera—hasta que le tocó enfrentarse al “Yowie” – el yeti o
Bigfoot australiano.
En aquel momento, Macrae trabajaba para una empresa de transportes cuyos remolques
eran subcontratados por el servicio postal australiano para la entrega de correo en pueblos
distintos, tarea que exigía cruzar la cordillera conocida como Great Dividing Range entre
las poblaciones de Townsville y Mount Isa en Nueva Gales del Sur cuatro noches a la
semana. A pesar de considerarse como un individuo bastante curtido y de haber
participado en muchas peleas en los bares de la región, el transportista ha decidido jamás
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Alta Extrañeza

detenerse de nuevo en la sección de carretera que separa a Torrens Creek de Hughenden
– lugar donde se produjo la experiencia narrada a continuación.
“La primera vez que vi al “Yowie” fue hace dos años a eso de las 21:00”, dijo Macrae a
la desaparecida revista inglesa UFO Magazine. “Se trataba de un enorme hombre peludo
de 3 metros de alto que se sostenía de un poste eléctrico, sacudiéndolo como un animal
que intenta obtener comida de un árbol. Iba cubierto de pelambre pardo y tuve la
oportunidad de verlo por buen tiempo, y salí a toda velocidad de aquel sitio. No hay
manera de que nadie pueda hacerme quedar en ese lugar si estoy solo, ni siquiera por
motivo de un neumático perforado o amortiguador roto”.
Y esta sería sólo el primero de diez encuentros con el “Yowie” que tendría Rossco
Macrae:“La segunda vez ocurrió a eso de las 22:00. El ser estaba parado al lado de la
carretera, y es algo que mete miedo en el cuerpo. Jamás le tuve miedo a nada y pensé que
el cuento del “Yowie” era basura, pero ahora sé que no lo es.”
El transportista ha conversado con más de una docena de sus compañeros que afirman
haber visto al Yowie de noche en esa misma región. Los transportistas se reservan sus
comentarios por temor a ser blanco de burlas, pero saben que los gigantescos seres
efectivamente existen.
El artículo de UFO Magazine informa que el investigador Alfred Wilson logró
acompañar a Rossco Macrae en uno de sus viajes para ver si se presentaba la oportunidad
de ver al extraño ser otra vez. Wilson se sorprendió al saber que el fornido y rudo
transportista—hombre realista donde los haya—pensaba que los Yowie no eran cosa de
este mundo.
“Tienen que provenir de esos OVNIS que están en la zona todo el tiempo”, explicó
Macrae. “No hay manera de que el yowie pueda ser un animal ordinario...creo que bajan
de los ovnis y que habitan las cuevas que hay en esta región, tal vez investigando cómo
viven nuestros animales, puesto que los granjeros se han topado con muchas vacas y
ovejas muertas en esta zona.” Cuando ambos hombres detuvieron el remolque en la zona
para que Wilson pudiese tomar fotos, el nerviosismo del Macrae era palpable, al punto
que el transportista le gritó: “¡Quiero salir de aquí cuanto antes!”
Otros transportistas han tenido encuentros con este monstruo australiano en las zonas de
descanso a lo largo de la carretera. Deteniendo su vehículo para dormir unas cuantas
horas, un chofer anónimo despertó sobresaltado cuando uno de los seres comenzó a
golpear los cristales del camión tractor. El hombre salió del lugar a toda prisa, negándose
a detenerse de nuevo en la carretera por ningún motivo.
Otros transportistas han tenido el dudoso gusto de conocer al primo estadounidense del
Yowie – el controvertido Pie Grande – en muchas instancias. La más reciente data de
1997, cuando el 3 de septiembre de dicho año Richard Druery y Margie Krick, una pareja
de transportistas, detectaron un enorme ser de pelambre pardo caminando debajo de un

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Alta Extrañeza

puente en la autopista 406 de la canadiense provincia de Ontario, cerca de la ciudad de St.
Catherine.
La pareja de transportistas estaba en camino a hacer una entrega cuando cruzaron un
puente en la autopista 406. El puente, con rieles de hormigón a cada lado, no permitía que
los vehículos de pasajeros pudiesen ver el cauce que existía abajo, cosa que no
representaba un problema para un camión articulado. A cincuenta metros bajo el nivel del
puente, Richard detectó una criatura que caminaba en la ribera oeste del riachuelo y
llamó la atención de Margie, que lo acompañaba en el asiento de pasajeros. Ambos
testigos coincidieron en que el extraño ser “estaba completamente forrado de pelo”
aunque les fue posible ver sus brazos y codos. Los pies y tobillos del ser eran “enormes”
y los brazos eran más largos que lo esperado, siendo el detalle que atrajo la atención de
Richard en primer lugar.
En su informe a la Bigfoot Research Organization (BFRO) los transportistas recalcan que
el avistamiento no se hubiera producido de no haberse extraviado y haberse dirigido
hacia la neoyorquina ciudad de Buffalo en vez de hacia Detroit, la ruta que la empresa de
transportes les había mandado a tomar. ¿Qué hacía semejante criatura en un entorno
semiurbano? El criptozoolgo Loren Coleman hace tiempo dio a conocer su parecer al
respecto – que dichos seres peludos se desplazan a través de América del Norte siguiendo
el cauce de los miles de riachuelos y arroyos del continente, evitando así el contacto con
el ser humano. Tal vez la insólita experiencia de los transportistas sirva de corroboración
a esta teoría.
Un transportista que se comunicó con el popular programa radial Coast to Coast el 3 de
marzo del 2004 supo ponerle los pelos de punta a miles de radioescuchas con su
experiencia ocurrida en las cercanías de Crater Lake, estado de Oregon (EUA) durante
una tormenta de nieves esta temporada. Según el transportista, su tractocamión y
remolque se abrían paso lentamente durante una pesada nevada en esta inhóspita parte del
país cuando las luces largas de sus faros cayeron sobre un vehículo abandonado en la
cuneta – una camioneta accidentada. El chofer, temiendo que los pasajeros de la
camioneta estuviesen malheridos y sin posibilidad de recibir ayuda, detuvo su camión en
plena carretera y equipado de una diminuta linterna salió a socorrer a los presuntos
pasajeros de la camioneta. Podemos imaginar su sorpresa al descubrir que no había nadie
adentro.
“Fue entonces,” narra el transportista anónimo, “que pude escuchar un sonido siseante
que provenía de las copas de los árboles más allá de la cuneta.”
La camioneta abandonada estaba rodeada de escombros y sin pasajeros; el sonido emitido
por el ser desconocido—que parecía provenir de una altura considerable en los árboles,
comenzó a convertirse en un rugido insistente y amenazador. Llamando a las autoridades
con su teléfono móvil, el chofer descubrió que la camioneta llevaba largo tiempo
abandonada en esa lejana carretera...mientras tanto, el sonido amenazador en la oscuridad
iba en aumento. Con la mayor rapidez posible, abriéndose paso entre la nieve y el lodo, el
chofer regresó a la seguridad de su cabina y prosiguió la marcha. ¿Gato montés, Bigfoot,
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Alta Extrañeza

extraño ser alado? De haber descubierto la respuesta a la intrigante, es casi seguro que el
chofer no hubiera vivido lo suficiente como para llamar al programa meses más tarde.
“Les juro que si aquello hubiera bajado de los árboles, me habría dado un infarto.”

Alta Extrañeza: Las experiencias de Reese Sanders
Los investigadores “serios” han sabido huir de la alta extrañeza desde los primeros días
de la investigación ovni por considerarla totalmente imposible de clasificar o cuantificar.
Son los imprudentes los que se atreven a abordar situaciones en dónde no existe ningún
punto de contacto con la realidad cotidiana, o en dónde los escépticos prefieren tachar de
esquizofrénico o parafrénico al protagonista.
Un camionero estadounidense, Reese Sanders, vivió una serie de experiencias aterradoras
que le hicieron pensar que estaba loco, y que de hecho le valieron el curso de tratamiento
reservado para los esquizofrénicos, lo que no resulta sorprendente en sí, puesto que la
industria de transportes en Estados Unidos padece de altos índices de drogadicción y
alcoholismo por motivo de las largas horas y fechas topes irrazonables que enfrentan los
chóferes. Con cierta frecuencia las autoridades de carreteras se ven obligadas a llamar a
las empresas de transporte para avisarles que deben enviar un reemplazo para un
transportista que se ha vuelto loco de atar en una zona de descanso o al volante. Tras de
unas semanas de descanso, el transportista desquiciado vuelve a integrarse a sus labores y
el ciclo se repite.
Reece Sanders publicó sus experiencias en un trabajo llamado Terror on I-10 (terror en la
interestatal 10) que compite con cualquier obra escrita por Stephen King o Peter Straub.
En el mes de julio de 1989, el transportista Sanders se encontraba en una zona de
descanso en California cerca de la medianoche, esperando hacer contacto con otro chofer
antes de salir a toda prisa para hacer una entrega en Bakersfield a las 06:00 a.m. De
repente, una voz femenina le abordó por la radio del tractocamión: “Ven acá, chico, que
te voy a tratar bien.”
Sin titubear, Sanders tomó el micrófono y le dijo a la mujer que no sabía quién era ella ni
qué quería, pero que estaba a punto de salir de la zona de descanso. La dulzura
desapareció por completo de la extraña voz, que comenzó a increparle y vociferar
injurias: “¡Hijo de puta! ¡No hay quien se atreva a rechazarme!”
Justo en ese momento, varias voces masculinas – las de otros camioneros – comenzaron a
hacerse sentir por la radio, diciéndole que no abandonara el recinto si no quería evitarse
problemas. Sanders se alejó del lugar a velocidad moderada, pensando que se trataba de
las bromas que los transportistas suelen jugar entre sí para aliviar el tedio de sus labores.
Pero la voz de la mujer volvió a surgir, mandándole a cambiar de frecuencia para poder
hablar en privado. Otra voz –esta vez masculina- le instó a regresar a la zona de descanso
inmediatamente. Fue en ese momento que Reece Sanders se dio cuenta de algo extraño.
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Alta Extrañeza

“Cuando hablaban”, escribe el transportista, “los metros en mi radio aumentaban al
máximo, indicando que estaban muy cerca o que tenían una cantidad de potencia
inusitada”.
Al negarse a regresar a la zona de descanso, la voz masculina declaró tajantemente:
“¡Atrápenlo!”
De repente, el tractor y remolque de Sanders se vieron rodeados por automóviles y
furgonetas que trataban de hacer una encerrona en plena autopista. El vehículo que se le
puso enfrente era un camión de mudanzas; por la radio podía escuchar voces que
delataban su posición exacta a la voz masculina que había dado la orden.
En ese momento Sanders temió que se trataba de un atraco—algo común en la industria
de transportes comerciales.
La voz masculina insistía que Reece Sanders debía dar media vuelta y regresar a la zona
de descanso, a pesar de que a estas alturas, rodeado de vehículos dispares, el transportista
estaba a unos veinticinco kilómetros de distancia. Comenzó a preguntarse cómo era
posible que usando radios CB sus interlocutores pudiesen sostener comunicaciones a
semejante distancia, cuando el radio efectivo de dichos aparatos de varios kilómetros a lo
máximo.
Tratando de mantener la calma, el transportista tomó el micrófono y le dijo al
desconocido que volvería a esta región en algunas semanas, y que lo atendería en ese
momento. El hombre se identifico como “Porch Monkey, el gobernante de Los Angeles”
y ordenó a los vehículos a desistir.
Pero la pesadilla aún no había terminado: a los pocos minutos el transportista oyó los
gritos de una mujer a través del altavoz de su radio, y las voces de los que le perseguían
aparecieron de nuevo, avisándole que habían apresado a la mujer que había estado
esperando en la parada de transportes pero que no había aparecido. Esta vez le avisaron
que si no regresaba, descuartizarían a la mujer con una motosierra.
Aunque la experiencia comenzaba a resultarle alucinante, Sanders decidió dar media
vuelta y emprender el regreso a la zona de descanso, sólo para salvar la vida de la mujer,
cosa que podría costarle la suya. La voz de otro transportista le llamó por su apodo –
Cherokee – y le dijo: “Que pena, Cherokee, de haber seguido te hubieras escapado”, con
tristeza genuina.
Sanders entró de nuevo a la zona de descanso, estacionando el vehículo y saliendo de la
cabina del tractor con un salto, blandiendo una enorme llave inglesa como arma. Su
temor se había trocado en ira y estaba dispuesto a hacerle pagar caro a “Porch Monkey” o
quienquiera fuese el autor de la fechoría contra la mujer.

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Alta Extrañeza

“Me quedé parado por algunos minutos en la oscuridad, pero nadie se me acercó, y la
radio permaneció totalmente silenciosa. Volví a la cabina para reprocharles su cobardía y
estupidez, diciéndoles que si les daba miedo la llave la dejaría en el camión. Pero nadie
contestó, y no sé cuanto tiempo estuve ahí”.
De repente, Sanders se dio cuenta de que había un hombre sentado en un automóvil en el
estacionamiento. El hombre había permanecido ahí toda la noche sin hablar con nadie,
pero el desconocido repentinamente abandonó su vehículo para encaminar sus pasos
hacia el camionero. “Hola, veo que te lo han hecho a ti también,” luego, reflexionando,
agregó: “Me lo hicieron a mí.” Deseándole buena suerte al atónito transportista, el
hombre le dio la espalda y se alejó caminando—no hacia su coche, sino perdiéndose en la
oscuridad en dirección de las vías de tren.
Si nos empeñamos en ser sensatos, la experiencia de Sanders pudo haberse tratado de una
broma pesada aunque compleja por parte de camioneros aburridos y tal vez expertos en el
uso de los radios CB, o una alucinación producida en la mente cansada de un transportista
con cientos de kilómetros de carreteras oscuras a sus espaldas. Pero, ¿y las furgonetas y
vehículos que rodearon su vehículo? ¿Y la manera en que saltaron los metros del radio
CB, sugiriendo que algo de gran poder le abordaba? Reflexionando sobre su experiencia,
Sanders considera que fue víctima de un fenómeno parecido al EVP (electronic voice
phenomena – fenómeno electrónico de la voz o parafonías) mediante el cual los muertos
pueden comunicarse con los vivos. ¿Serían tanto “Porch Monkey” como la mujer que
intentaba seducir a Sanders voces de los muertos, haciendo pasar un mal rato a los que
transitaban por esa parte del país? La interrogante sigue en pie.

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Alta Extrañeza

Capítulo 14 – Control mental y armas espeluznantes

Si no fuera tan alarmante, sería motivo de risa. El sombrero ostentaba un logotipo
bastante simpático – la silueta de una cabeza humana abierta con bisagras, dejando ver
una antena de microondas. Debajo del dibujo figuraba la siguiente leyenda: “We deny our
own existence” – negamos nuestra propia existencia...angustioso detalle de una agencia
de inteligencia tan secreta que sus integrantes no temen imprimir su emblema y dejarlo, a
modo de tarjeta de visita, en el asiento trasero del coche de una de sus víctimas, una
mujer hostigada por el incesante bombardeo de microondas de origen desconocido.
¿Verdad apremiante o producto de mentes delirantes? ¿Resulta posible controlar el
comportamiento humano a distancia mediante el uso de microondas o dispositivos
implantados en el cuerpo de la víctima? Los estamentos oficiales niegan la existencia de
semejante tecnología, tachando a las víctimas del control mental o del hostigamiento
electrónico de conspiranóicos o chiflados. Tampoco es que se trate de un fenómeno Made
in the USA, ya que se conocen casos mundialmente. En el Reino Unido, los medios se
hicieron eco de las reclamaciones de Regina Cullen, una mujer cuyas experiencias con el
mundo de la criptoelectrónica comenzaron cuando ofendió a un fontanero – francmasón,
según ella – que había hecho un mal trabajo en su casa. En Suecia, Lars Ulrichsen acudió
a su dentista para una profilaxis rutinaria y acabó con extraños dispositivos colocados en
su cráneo.
Para poder ingresar en el tenebroso país de las maravillas del control mental, resulta
necesario dejar atrás cualquier concepto previo que podamos tener sobre el estado actual
de la tecnología o la falta de miramientos que pueda tener un gobierno hacia sus
ciudadanos...
El hombre del subfusil
La vida del estudiante universitario – reflejada en los productos de Hollywood como una
interminable fiesta llena de bebidas y aventuras sexuales – tiene su lado menos atractivo,
que consiste en las duras noches de estudio y la preocupación por aprobar el curso. Para
algunos esta preocupación resulta en trastornos emocionales que pueden llevar a las crisis
nerviosas o hasta el suicidio, pero...¿fue esto lo que sucedió en Montreal en 1989?
El 6 de diciembre de este año ha quedado grabado en sangre de manera inolvidable para
los habitantes de la más europea de las ciudades de América del Norte. A las 17:10 horas
del fatídico día, un hombre – posteriormente identificado como Marc Lepin – irrumpió en
la Ecole Polytechnique de Montreal portando un rifle semiautomático con la misión que
le había sido encargada por los demonios de su mente – matar cuantas mujeres como
fuese posible.
En una manera metódica y fría que no volvería a verse sino hasta una década después en
las aulas de Columbine, Lepin deambuló por la cafetería del instituto, las aulas y los
pasillos, perdonando la vida de los varones – ya fuesen estudiantes o docentes – y
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Alta Extrañeza

abriendo fuego contra las féminas que cruzaban su paso. Catorce estudiantes perdieron la
vida en menos de veinte minutos por el delito de tener ser mujeres; otras doce quedaron
heridas, con sus vidas cambiadas para siempre.
Marc Lepine portaba una nota de sucidio en el bolsillo de su cazadora, señalando al
feminismo como la raíz de todos sus problemas personales, y señalando más de una
docena de funcionarias notables del gobierno de Québec como el objeto de su venganza.
El jefe de la brigada de investigaciones criminales de esa provincia, Jacques Duchesneau,
se negó a divulgar los nombres de las mujeres seleccionadas por Lepin, pero comentó que
“ [Lepin] lo había hecho por razones políticas. Dijo que las feministas le habían arruinado
la vida y que la vida no le había ido bien, especialmente en los últimos siete años. Dijo
que el ejército canadiense le había rechazado por su bajo índice de sociabilidad...”
Las autoridades determinaron asimismo que Lepin no tenía vínculo alguno con la
politécnica, pero que parecía tener un conocimiento cabal de la instalación y sus salones.
Lepine, según las autoridades, disparó contra su primera víctima en un pasillo antes de
entrar en un salón de clases y mandar a los hombres y mujeres a pararse contra paredes
opuestas. Aquellos que pensaron que se trataba de una broma por parte del hombre
armado y vestido de cazador se dieron cuenta de su seriedad tras el primer disparo;
Lepine mató a seis mujeres en el salón y salió tranquilamente, encaminándose a la
cafetería, donde mató tres mujeres más. Subió al tercer piso para proseguir su cacería
humana, ultimando cuatro estudiantes más en su salón de clase. Después de esto, Lepine
puso fin a su existencia con el mismo rifle.
Mientras que la prensa canadiense se llenaba de notas que deploraban la matanza de las
jóvenes estudiantes y el caos de la sociedad actual, otros periodistas se dieron a la labor
de investigar un aspecto siniestro -- ¿qué había de cierto sobre la existencia de vínculos
entre la CIA y Marc Lepine?
Los periodistas Greg Watson y Jack Aubry del rotativo Toronto Star, con fecha del 7 y 8
de febrero de 1990, trazaron la compleja y fascinante madeja de la vida de Lepine, hijo de
Liass Gharbi, un algeriano al servicio de la desparecida Investor Overseas Services,
empresa que pudo haber sido utilizada en la década de los ’60 por la CIA para financiar
sus actividades secretas. El tío de Lepan había pertenecido a una estructura militar élite
dentro de las fuerzas canadienses y supuestamente lo había adiestrado en el manejo de las
armas de fuego. Los periodistas también dieron con una conexión más tenebrosa y directa
con el oscuro mundo de los servicios de inteligencia: un “padrastro” que entró en la vida
del joven Lepine a sus 14 años de edad por medio de la reconocida organización Big
Brothers Association (asociación norteamericana cuyas miras consisten en proporcionar
figuras serias y responsables en las vidas de jóvenes huérfanos). Este desconocido, cuyo
nombre ni paradero pudieron ser establecidos por los periodistas Watson y Aubrey,
supuestamente contaba con un “trasfondo extenso en el uso y diseño de aparatos
electrónicos” y había regresado a Europa repentinamente, sin dejar rastro de su
existencia.

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Alta Extrañeza

El investigador George C. Andrews, con base a estos datos, sugirió la posibilidad de que
el misterioso “padrastro” fuera responsable de haber iniciado el acondicionamiento
mental del joven Lepine (cuyo verdadero nombre era Gamil Gharbi) mediante sesiones
de hipnosis y el uso de dispositivos de electrónica avanzada – la técnica de control mental
conocida por las terribles siglas RHIC-EDOM (Radio Hypnotic Intracerebral Control –
Electronic Disolution of Memory, o control intracerebral radiohipnótico con disolución
electrónica de la memoria).
“RHIC-EDOM,” explica Andrews, “es capaz de programar a un individuo para realizar
acciones como un asesinato mientras que a la vez borra todo el recuerdo del evento, así
como el acondicionamiento mental que tomó lugar.” Andrews señala que el hecho de
que la nota de suicidio de Lepine rezase: Voy a morir el 6 de diciembre de 1989 refleja el
acondicionamiento del sujeto con las técnicas de RHIC-EDOM.
RHIC-EDOM, digna de las más rabiosas películas de ciencia-ficción, apareció por
primera vez como un documento preparado por la CIA justo después del asesinato del
presidente Kennedy en 1963. El informe – de 350 páginas de extensión – explicaba la
manera en que un ser humano podía ser convertido en un robot electrónicamente
controlado y capaz de matar por demanda. Durante la fase RHIC, el individuo entraría en
estado de trance y recibiría las sugerencias que serían activadas por ciertas palabras,
tonalidades, o hasta colores. La fase EDOM del acondicionamiento, sin embargo, la
interferencia electrónica con el cerebro humano causaría que los niveles de acetilcolina
presentes en la corteza cerebral produjeran una especie de “estática” capaz de bloquear
tanto el sentido de la vista como el del oído. Resulta igualmente posible hacer obstruir o
borrar recuerdos, o hacer que el sujeto del experimento sienta que un evento haya tomado
lugar mucho después de que se haya producido en realidad.
Por más que pueda escandalizarnos la inhumana frialdad de cualquier servicio de
inteligencia capaz de desarrollar semejantes técnicas, debemos preguntarnos: ¿por qué
Lepine? Y ¿de qué le servía a la CIA matar a las ciudadanas de un país no sólo amigo,
sino vecino? Recordemos que ese mismo año se había producido una matanza igual de
atroz en una guardería infantil en Stockton, California (17 Ene 1989) por Patrick Hurdy,
otro “loco” armado de subfusil. Algunos conspiranoicos opinaron que la muerte de
inocentes en ambos lados del continente tenía por mira hacer que el público reclamara a
los políticos una prohibición total de las armas automáticas, lo que sólo se conseguiría a
través de una suspensión total de las garantías civiles, resultando en una dictadura
derechista norteamericana... todo en aras de la “seguridad nacional”, que ha sido pretexto
para toda suerte de actividades ilegales y herramienta para acondicionar la opinión
pública.
Tal vez esta sea la finalidad en América del Norte, pero ¿podemos decir lo mismo de
casos en otras partes del planeta?
Electrodos en Suecia

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Alta Extrañeza

Una de los casos más tristes y desesperantes de control mental es el del sueco Robert
Naeslund, quien se presentó en el hospital Soder de Estocolmo a fines de la década de los
’60 para una cirugía ordinaria que acabaría arruinando su vida: sin su permiso, el cirujano
Curt Strand insertó un pequeño objeto denominado “transmisor cerebral” en su cabeza a
través de la fosa nasal derecha. No fue sino hasta 1983 que el sueco encontró a un
profesional de la medicina interesado en ayudarlo y revisar las radiografías que
claramente mostraban la presencia de cuerpos extraños en la su cabeza. El profesor P.A.
Lindstrom de la Universidad de California en San Diego escribió lo siguiente: “Sólo soy
capaz de confirmar que algunos cuerpos extraños, casi seguramente transmisores
cerebrales, han sido implantados en la base de su cerebro y en el cráneo. En mi opinión,
no existe excusa alguna para tales implantes.” El galeno pasó a asociar estas estructuras
con RHIC-EDOM y con ESB, la estimulación electrónica del cerebro que incluye la
telemetría cerebral, o control mental absoluto.
Pero obtener la confirmación de un experto-- y posteriormente diez más— y hallar un
cirujano dispuesto a extraer los implantes eran dos cosas muy distintas. Naeslund se vio
obligado a desplazarse hasta Indonesia, donde un médico de la ciudad de Djakarta – el
profesor Hendayo – examinó las radiografías y programó la intervención quirúrgica para
el 11 de agosto de 1987.
Pero algo muy raro había sucedido entre la entrevista inicial con el cirujano y el día en
que se practicaría la extracción de los implantes: Hendayo, inicialmente compasivo y
bondadoso, se había tornado irritable y tenso. Informó a su paciente que “había surgido
un imprevisto” y que lo mejor sería aplazar la cirugía. Naeslund se negó rotundamente,
insistiendo que el galeno realizara el procedimiento. El profesor Hendayo accedió de
mala gana y un enfermero administró la anestesia al paciente.
“A mitad de la intervención”, escribió Naeslund en carta al primer ministro sueco Carl
Bildt, “me desperté con un terrible dolor de cabeza. Mis brazos y piernas estaban
sujetados con correas...experimenté la sensación de que mi cabeza estaba a punto de
estallar. El dolor me hizo gritar y traté de soltarme de las correas, pero el dolor y el shock
me hicieron desfallecer. Lo próximo que recuerdo es que eran las 2 de la madrugada y
que habían transcurrido 18 horas desde la operación”.
Pero algo más terrible aún aguardaba al implantado: a pesar del terrible suplicio, los
implantes seguían en su lugar como siempre. El médico indonesio le dijo, sin inmutarse,
que la policía secreta de su país había tomado cartas en el asunto. “Usted debió haber
seguido mi consejo y pospuesto la cirugía para otro momento.”
Naeslund descubrió—horrorizado—que el servicio secreto sueco (SAPO, por sus siglas
suecas) parecía haber seguido sus pasos mediante la telemetría mental hasta Djakarta,
avisando a la estación local de la CIA a intervenir en el proceso. A raiz de esto, el
desventurado Naeslund regresó a Escandinavia para dedicarse a investigar la
participación de los servicios de inteligencia en el mundo del control mental: se
encontraría con que la SAPO se valía de ciudadanos inocentes para programas de
investigación a largo plazo desde sus emplazamientos en Tjädergarden, justo a las afueras
98

Alta Extrañeza

de la ciudad de Sundsvall. Dichos experimentos tenían que ver con el uso de armas
electromagnéticas y su efecto sobre la mente y el cuerpo humano. Naeslund acabaría por
formar una entidad dedicada a luchar contra el control mental, la International Network
Against Mind Control.
Ossian Anderson figuró entre estas cobayas humanos. En carta al gobierno de su país,
Anderson se quejó de que el bombardeo de radiación ultrasónica al que se le había
sometido le producía jaqueca constante, mareos, pérdida de la orientación y trastornos de
la vista, así como degeneración de la inteligencia con trastornamiento de la circulación.
“Las armas acústicas,” señaló el señor Andersson, “ no causan lesiones, sino que
transmiten una desorientación nebulosa capaz de alterar las actividades organizadas del
individuo. Estas armas funcionan mediante la creación del caos en la vida de la víctima.”
En 1984, el periodista Edward Kelley, extranjero afincado en Suecia desde los ’70,
contrajo una enfermedad sumamente extraña después de haber solicitado información del
Ministerio de Salud y Seguridad Social acerca de la experimentación con pacientes. Una
semana después de haber realizado la petición, Kelly sufrió fuertes dolores en la espalda
que le impedían salir de la cama; sus amigos observaron fenómenos extraños en el piso
que ocupaba el periodista en Estocolmo. Documentos engrapados a las paredes se rizaban
y caían, y posters adheridos con cinta adhesiva se caían por su propio peso. El gato del
periodista se rehusaba a negar en el cuarto de su amo. En menos de un año, Kelly moría
en su país adoptivo de un cáncer fulminante. Curiosamente, la muerte del periodista se
produciría en el hospital Karolinska de Estocolmo, donde desde 1946 se venía
practicando la trepanación de pacientes, sin su consentimiento, para insertarles electrodos
que les esclavizarían a un receptor central mediante ondas de radio. Se sabe que la
implantación de transmisores en este centro médico prosiguió hasta bien entrada la
década de los ‘70, cuando una mujer recibió un implante justo por debajo de la sien
izquierda. Las radiografías muestran manchas oscuras que sugieren la reducción en el
nivel de oxígeno al cerebro debido a las ondas radiales.
La turbulenta década de los ’70, dominada por la guerra de Vietnam y la crisis petrolera,
también fue conocida por las rebeliones universitarias en casi todos los países del mundo.
El dirigente de un sindicato universitario turco, Yaggi Haci Omar, tras de encabezar
múltiples manifestaciones contra el gobierno de su país en pro de los derechos humanos,
se vio obligado a huir de Turquía y solicitar asilo en Suecia. A diferencia de Francia, que
siempre ha acogido a los refugiados políticos, los servicios de inteligencia suecos parecen
no haber estado de acuerdo con la presencia de Omar en su tierra. Según el libro
Cybergods (Gruppen, 1998), a los pocos meses de estar en la nación escandinava, el
activista turco comenzó a sentir una especie de señal de radio dentro de su cráneo. El
extraño fenómeno comenzó a intensificarse y no tardó en poder escuchar voces que le
hablaban de forma inteligible, haciendo comentarios sobre cualquier actividad realizada
por Omar. Aterrorizado por la experiencia, el activista estudiantil fue conminado por las
voces a suicidarse, arrojándose por la ventana de un cuarto piso. Gravemente lesionado,
Omar fue trasladado al psiquiátrico de Ullerakers, donde se le administraron poderosas
drogas psicoactivas antes de ser sometido a una lobotomía láser que alteró su
personalidad totalmente. Según el libro, expertos de una empresa electrónica sueca
99

Alta Extrañeza

sometieron a Omar a una prueba con un analizador espectroscópico, comprobando que el
sujeto tenía una longitud de onda de 38 kilohercios operando dentro de su cerebro a una
potencia de diez microvoltios. “Mediante esta técnica”, explican los autores de
Cybergods, “el asesinato puede cobrar el aspecto de un suicidio, y personas educadas e
inteligentes pueden transformarse en esquizofrénicos paranoicos”.
John Lambros, ciudadano estadounidense encarcelado en Brasil, informó a la revista
norteamericana MIM (Octubre de 1994) que la policía brasileña lo había implantado con
“material radiotransmisor”. Lambros afirma haber sido víctima de tortura durante los
trece meses que permaneció encarcelado hasta su extradición. La policía federal en
Brasilia, arguye Lambros, había colocado implantes biomédicos dentro de su cuerpo que
pueden verse en las radiografías de su oído derecho.
Pero el hostigamiento por microondas y dispositivos electrónicos no existe sólo en los
países de occidente. En Japón se comienza a crear conciencia sobre los llamados
“crímenes de ondas eléctricas” o EWC. Dada la reserva de la sociedad japonesa por regla
general, los que han salido a la luz pública revelan la existencia de una situación muy
parecida a las de occidente: dolores de cabeza, dolores musculares, intercepción del
pensamiento y otros daños psíquicos. La policía japonesa se ha negado a reconocer la
existencia del EWC, sugiriendo que las experiencias son resultado de trastornos
psiquiátricos y no de tecnología avanzada. Por el momento se sabe de la existencia de dos
colectivos de victimas del acoso electrónico – uno de ellos bajo el nombre de “Panawave
Lab” y el otro “Testimonios de las víctimas de control mental japonés”, con seiscientos y
doscientos miembros respectivamente.
Los japoneses que padecen el acoso electromagnético se debaten el origen de su malestar.
Algunos consideran que están siendo hostigados por ondas electromagnéticas o de
tecnología escalar, ondas supersónicas o implantes operados por elementos de la policía
secreta japonesa, pero muchos se han aventurado a sugerir que grupos religiosos (al estilo
de Aum Shinrikkio) o hasta individuos con poder sobrenatural, puedan ser los
responsables.
En nuestros tiempos resulta engorroso tener que realizar cirugías para implantar a las
víctimas de la vigilancia por fuerzas extrañas. Lo verdaderamente “moderno” está
personificado por el rifle ID SNIPER, que puede disparar un microchip GPS (sistema de
posicionamiento global) a larga distancia contra cualquier individuo. El implante penetra
en el cuerpo y la víctima piensa que le ha picado un mosquito. El progreso en estos
asuntos es tristemente innegable...
El maravilloso mundo de las microondas
Pedro Albizu Campos, presidente del Partido Nacionalista Puertorriqueño y máximo
exponente de la causa de la libertad para dicha isla caribeña, fue encarcelado por las
autoridades norteamericanas por sus actividades políticas. Durante su encarcelamiento en
la antigua prisión La Princesa en San Juan de Puerto Rico, Albizu se quejó de que los
agentes del ejercito de Estados Unidos, particularmente los del U.S. Navy, lo estaban
100

Alta Extrañeza

agrediendo y quemando con “rayos electrónicos de bellos colores y gran precisión” que
lo bañaban con lo que posiblemente era radiación nuclear, con el fin de causar un cáncer
galopante que cegara la vida del adalid independentista.
Albizu padeció su primer ataque de microondas se produjo en Febrero de 1951,
perdiendo el conocimiento como resultado. Algunos meses después se produciría el
segundo bombardeo, con los siguientes siete u ocho produciéndose entre 1951 y 1953.
Albizu comenzó a protegerse la cabeza y el cuerpo con paños húmedos debido al
intensísimo calor que sufría durante el ataque. Varios médicos, incluyendo el Dr. Orlando
Damuy de la Asociación Cubana contra el Cáncer, tuvieron la oportunidad de examinar al
paciente y diagnosticaron que las llagas que desfiguraban el cuerpo de Albizu eran
producto de “radiaciones intensas”. Se comenta que cuando los galenos colocaron una
presilla de metal con una película sobre el cuerpo del preso político, la película quedó
totalmente irradiada.
Aunque la tecnología máser no existiría “oficialmente” por al menos una década más, la
existencia de las microondas y sus posibles usos se remonta a 1945, cuando el técnico
Percy Spencer descubrió accidentalmente que resultaba posible cocinar con ellas, la
naturaleza potencialmente mortífera de estos rayos siempre ha representado una fuente
de preocupación en Puerto Rico, máxime con la proliferación de enormes torres de
microondas erigidas durante la última década por empresas de servicio telefónico celular
y por los estamentos militares.
El opúsculo Contaminación Electromagnética y Lucha Comunitaria (San Juan: CILDES,
1997) por Manuel Muñiz Fernández realiza la crónica de todos los esfuerzos realizados
por la abrumadora y peligrosa presencia de las torres de transmisión de microondas en un
entorno de espacio reducido como lo es Puerto Rico, detallando los efectos producidos
sobre la salud humana por esta radiación. Se señalan los siguientes: destrucción /
transformación por calentamiento del tejido biológico, adhesión de lentes de contacto a
córneas, cataratas, cambios fisiológicos, cambios de conducta que pueden incluir fatiga,
insomnio, cambios de memoria, jaquecas, estrés y cambios en los sistemas
inmunológicos y reproductivos del cuerpo humano. Todos estos padecimientos serían la
consecuencia de la exposición puramente accidental a fuertes concentraciones de
microondas, pero ¿qué sucedería si dicha radiación fuese aplicada deliberadamente? Nos
basta con leer el martirio de Pedro Albizu para ver las consecuencias.
El ejército estadounidense anunció en fechas recientes que se proponía hacer uso de
“armas de microondas” en Irak como parte de su política de armas no letales contra
civiles.
El periódico británico Daily Telegraph en su edición del 19 de septiembre de 2004
incluyó una nota por Tony Freinbert y Sean Rayment sobre el uso de estas armas de
microondas o de “rayos electromagnéticos” adosadas a vehículos militares. Dice el texto:
“Usando tecnología semejante a la que ya existe en los hornos de microondas
convencionales, el haz de energía calienta las moléculas de agua dentro de la piel
rápidamente, causando dolor intolerable y sensaciones de ardor. El rayo invisible penetra
101

Alta Extrañeza

la piel a una profundidad inferior a un milímetro. Tan pronto como el objetivo se aparta
del haz, el dolor desaparece....” El trabajo de los periodistas británicos pasa a señalar que
el Pentágono considera que la ausencia de efectos secundarios hace de los cañones de
microondas “ [armas] particularmente útiles en los conflictos urbanos. El haz puede
utilizarse para dispersar multitudes en las que operan los insurgentes y en espacios
confinados, tanto contra civiles como uniformados”.
La nota del Telegraph incluye las declaraciones de Rich García, portavoz del laboratorio
de investigaciones de la fuerza aérea en Nuevo México, que afirma que el haz de
microondas tiene un kilómetro de alcance y “te hace sentir que tu piel está ardiendo”. Los
carros de combate que portarán los cañones de microondas (conocidos como ADS,
Active Denial Systems) se denominan “Sheriffs” (comisarios) y seis de ellos entrarán en
servicio en septiembre del 2005. Si su misión tiene éxito, el Pentágono piensa hacer uso
de ellos en zonas de combate.
Pero estos “juguetes” no están reservados a las fuerzas armadas: entre las armas de
microondas más diabólicas que existen en la actualidad figura el Rifle EMP, que incluyye
un magnetrón militar de microondas de cincuenta mil vatios y con alcance de trescientas
yardas. Digno de las tropas imperiales de Star Wars, el Rifle EMP puede destruir
microprocesadores, causar la ionización del aire o gases, borrar datos de cualquier
ordenador, crear sonidos RF y averiar instrumentos de tecnología sólida. Sin embargo, se
trata de algo perfectamente legal y obtenible por cualquier ciudadano que pueda pagar su
costo.
El hecho de que el gobierno se exprese tan abiertamente sobre el tema y ofrezca detalles
sobre el despliegue de estas armas nos lleva a pensar que los ataques de microondas a
civiles – ya sea por razones de control mental u hostigamiento político – son
perfectamente factibles y apoyan los espeluznantes relatos que nos brindan las víctimas
de estas armas en distintas partes del planeta. Pero el uso de las microondas no acaba
ahí...
Según la escritora Anna Keeler en su ensayo “Mind Control Technology”, las
microondas, moduladas a frecuencias biológicas muy bajas, pueden interferir con las
funciones neuroeléctricas, reduciendo el rendimiento del individuo, creando sensaciones
de malestar físico o síndromes diversos – todo esto a intensidades por debajo de diez mil
microvatios por centímetro cuadrado. Estos bajos niveles energéticos – si bien no aptos
para el campo de batalla – son igualmente devastadores contra individuos, ya que pueden
crearse trastornos cardiacos, sofocamiento y reacciones afectivas como excitación,
tensión subliminal, sugestibilidad y cambios en las ondas cerebrales: cosas que George
Orwell jamás hubiera concebido en su distópica 1984.
Y fue precisamente en 1984 que las mujeres responsables por las demostraciones
pacíficas contra la presencia militar de EE.UU. en inglaterra comenzaron a enfermarse.
El colectivo denominado Cruisewatch, acampado a la entrada de la base militar Greenhan
Commons como protesta contra la presencia de los misiles crucero en las Islas Británicas,
102

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comenzó a experimentar sensaciones físicas extrañas en otoño de 1984, cuando las
fuerzas militares y policíacas encargadas de mantener el orden se esfumaron
repentinamente y una serie de antenas extrañas aparecieron repentinamente dentro del
recinto militar. Kim Bealy, coordinadora de los padecimientos físicos sufridos por las
activistas, señala que los malestares incluyeron parálisis repentina, trastornos del habla,
desangramiento retinal y síntomas psicológicos que iban desde la pérdida de
concentración hasta la pérdida de memoria.

¿Control mental no gubernamental?
Por repugnante que pueda parecernos el hecho de que un gobierno, ya sea de occidente o
de oriente, haga uso de radiaciones para controlar a sus ciudadanos o afectar el
comportamiento de los posibles enemigos del régimen, se trata de algo que hemos podido
experimentar en la gran pantalla por muchas décadas, desde el “lavado cerebral” del
Candidato Manchuriano interpretado por Frank Sinatra en el largometraje de 1968 hasta
los conceptos de control mental expuestos en otras producciones como Johnny
Mnemonic, The Lawnmower Man (1990) y Telefon (1977). Conscientes de lo que es
capaz de hacer la cúpula política por mantener las riendas del poder, pasemos a examinar
lo que significaría dicho poder en manos particulares.
Desde hace varios años se han escuchado quejas por víctimas del hostigamiento por
microondas que sus victimarios no parecen ser agentes del gobierno ni agentes de fuerzas
extranjeras, sino grupos privados interesados en hacer enloquecer a ciertos individuos.
“Cada vez que rezo o me siento a leer la Biblia”, explica Tannie Braziel, una abogada de
ascendencia africana en Los Angeles, California, “me gritan blasfemias a tal volumen que
no me puedo concentrar. Gritan: “¡no queremos que nadie alabe a Dios!” “¡Queremos
que adores a Satanás!” “¡Dios nos ha condedido su trono y nos ha endiosado!”
La señora Braziel es propietaria de un próspero bufete de abogados en la mayor de las
urbes californianas, y considera que las voces que la hostigan no son transmitidas por el
aire, sino por debajo de la tierra. El hostigamiento comenzó en 1991 y las voces
corresponden a hombres que son capaces de vigilar todas sus acciones. Algunas de las
voces, explica Braziel, corresponden a hombres de raza blanca y otras a varones de raza
negra, que la plagan de insultos y vejámenes constantes, blasfemando contra Dios, Cristo
y el Espíritu Santo. El hostigamiento no solo ocurre en el hogar, sino en público,
particularmente en el casillero de damas del gimnasio Bally’s en Hollwood.
“El aspecto más horrorizante de la intrusión de estos hombres en mi vida”, escribe la
abogada Braziel, “es que son capaces de leer mi mente. Pueden articular mis
pensamientos a la par que se me ocurren, sin importar cuán breve sea el pensamiento.
Creo que estos sujetos se valen de alguna especie de rastreo satelital o actividad de
barrido...a veces me dicen que ellos son de la policía y que me están brindando
protección policíaca. A veces afirman ser “Dios”.

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Si estas afirmaciones proviniesen de cualquier otra persona que careciese del nivel
cultural y la formación profesional de Tannie Braziel, la tacharíamos de esquizofrénica y
le recetaríamos megadosis de diazepam. Pero la abogada Braziel no considera que los que
la han atormentado por más de una década sean extraterrestres ni demonios: al contrario,
piensa que su éxito como abogada afroamericana ha sido motivo de disgusto para la
policía de Los Angeles, cuyo racismo ha sido desplegado al público varias veces durante
la década de los ’90 con la golpiza propinada al motorista Rodney King y las
declaraciones racistas del policía Mark Fuhrman durante el juicio del exfutbolista O.J.
Simpson.
”Estoy preocupada no sólo por mí, sino por otras personas de raza negra que puedan estar
experimentando situaciones parecidas pero que no se atreven a buscar ayuda. Lo que es
mas, me preocupa que algunas personas hayan sufrido lesiones o hayan muerto tratando
de evitar o eliminar estas intrusiones electrónicas en sus vidas...”
Lo anterior representa tan solo la muestra más breve de la información disponible sobre
el control mental y el hostigamiento por microondas. Existen amplios dossiers llenos de
casos trágicos e información sobre anteproyectos de ley para prohibir el bombardeo
electromagnético o acerca de las armas y dispositivos de microondas más novedosos en
el mercado. Al pueblo llano le quedan pocas opciones, aparte de evitar convertirse en
blanco de un ataque de microondas motivado por sospechas gubernamentales o por
envidias ajenas.
Pero existe un tenue rayo de esperanza: ya comienzan a aparecer empresas especializadas
que se dedican no sólo a barrer casas y pisos para asegurarse de que estén libres de
cualquier tipo de emanación electromagnética, sino para proteger al individuo contra la
dominación y -- ¿por qué no? – la locura a raíz del uso estas tecnologías.
Las empresas en cuestión ofrecen Contramedidas de Vigilancia Técnica (TSCM, por sus
siglas en inglés) que intentan determinar si la víctima efectivamente está siendo hostigada
por microondas o por otros medios. Entre estos medios se señala la protección contra
“dispositivos dañinos de alta energía” cuya fuente puede localizarse fuera de una casa o
condominio o dentro de misma (a través de la modificación ilegal de un horno de
microondas, por ejemplo, para dirigir mil doscientos vatios de energía contra el usuario).
Entre los dispositivos más novedosos que representan una fuente de preocupación para
los expertos en contramedidas figuran los cañones de radar empleados por los
departamentos de policía para hacer valer los límites de velocidad en las carreteras. Estos
cañones, por sencillos que puedan parecer, tienen una salida de potencia de hasta tres
megavatios; un ciudadano puede obtenerlos en una tienda de electrónica o de abastos
militares con consecuencias funestas, puesto que las pulsaciones de energía de estos
aparatos pueden causar daño permanente o hasta la muerte de cualquier ser vivo.
Utilizados por una mano experta, los radares pueden producir daño cerebral o averías en
sistemas informáticos (para quienes deseen destruir el negocio de algún competidor).
Armas psicológicas

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En 1988, el investigador Jacques Vallée apuntaba lo siguiente en su libro “Dimensions”:
Durante la Guerra de Vietnam, una unidad militar estadounidense denominado el 4to
Grupo PsyOp inventó un proyector de imágenes denominado Mitralux. Utilizaba
diapositivas de 85 milímetros y un foco de 1000 vatios para proyectar imágenes sobre
edificios, montañas y bancos de nubes”. Como si fuera poco, el investigador galo agrega
que los militares británicos no se quedaban atrás en el uso de estas armas de guerra
mental. El psicólogo Peter Watson, integrante del equipo Insight del periódico londinense
Sunday Times, reveló que “se había desarrollado equipo que efectivamente utilizaba
nubes a baja altura para reflejar enormes despliegues propagandísticos. Se prepararon
grabaciones de deidades primitivas a ser proyectadas desde helicópteros, asustando a las
tribus indígenas”. (Dimensions, A Casebook of Alien Contact, p.224)
Consultando otras fuentes, podemos ver que una de las creencias más arraigadas de
Vietnam es la existencia de las “almas en pena” – una creencia tan difundida como la de
“La Llorona” en México. Si una persona muere lejos de su patria, o de su terruño, esto
puede tener por resultado que el alma, al desprenderse del cuerpo, vague por la tierra sin
paradero, sufriendo. Lo mismo aplica para las personas que no fueron debidamente
enterradas con los ritos y ceremonias familiares que les correspondían. Existen días
especiales como la fiesta de Vu Lan, en la que los familiares pueden pedir la remisión de
los pecados del difunto, ceremonia que tiene su manifestación física en las luces flotantes
colocadas en los ríos para guiar las almas al “otro lado”.
Sabiendo el gran valor que tendría esta creencia para fines militares, el ejército no tardó
en valerse de ella. La operación llevaría por nombre “Wandering Soul” (alma errante).
Los elementos del 6to Grupo Psyops pasaron semanas y semanas grabando sonidos
aterradores, mayormente tomados de grabaciones existentes creadas para “casas
encantadas” y programas radiales de terror, aunque modificando sus velocidades e
intensidad, al grado que resultan escalofriantes para los que conocen dichas grabaciones.
El objetivo era crear la idea, en las mentes de los combatientes del VietCong y el ejercito
regular norvietamita, que tales alaridos representaban las almas de los muertos de su
bando que no habían sido debidamente enterrados, y frente a las manifestaciones
sobrecogedoras, los combatientes no tendrían más remedio que abandonar sus armas y
huir. Especialmente cuando entre los alaridos y quejidos de los “muertos” podía oírse
claramente la voz de los “ancestros de ultratumba” exigiendo que sus descendientes
abandonasen la lucha y regresaran a sus aldeas.
Hasta las tropas estadounidenses sintieron el efecto de la guerra psicológica, pero se les
explicó oportunamente que los sonidos fantasmagóricos eran cortesía del batallón de
Psyops: “Si eres un Wolfhound del primer batallón del 27mo de Infantería, 25ta División
de Infantería, y estabas en la base Chamberlain la noche del 10 de febrero, lo que
escuchaste fueron sonidos fantasmagóricos y raros con la ayuda de altoparlantes y una
grabación de “El alma errante”, una leyenda de un VietCong que va hacia Buda. La
misión fue un éxito.” (Tropic Lightning News, Febrero 1970)

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El artículo del Tropic Lightning News pasa a citar al teniente Peter Boni, natural de
Boston, Massachussets, quien afirma: “Los budistas creen que si no se les entierra
correctamente, y si no se les lamenta, vagarán por toda la eternidad. Nos valemos de las
supersticiones psicológicas y los temores del enemigo. Se trata de un método muy
efectivo. La grabación hace que los aldeanos regresen a sus hogares, y cualquier
sospechoso restante acaba siendo detenido e interrogado”.
Según otras fuentes, el batallón de PsyOps llegó a combinar el rugido de un tigre del
parque zoológico de Bangkok con el “69-T” – la cinta del alma errante – y difundiendo
dicha combinación con altoparlantes portátiles. El resultado fue que dos soldados
consiguieron que más de cien combatientes enemigos evacuasen el cerro Nui Ba Den en
1970.
“Wandering Soul es una grabación diseñada por la división de operaciones psicológicas
en Bien Hoa,” explica un capitán que concede una entrevista en un vídeo de YouTube
(http://www.youtube.com/watch?v=ffPdrJgjluM) que es utilizada por las divisiones
operativas y brigadas, transmitiendo una apelación a los VietCong. La grabación en sí es
un tanto rara, combinando música fúnebre en el fondo con la voz de un padre que habla
con sus hijos, diciéndoles que ha muerto en el campo de batalla, alentando a sus
camaradas a unirse a la “causa justa”. Otro vídeo militar – U.S. Army Staff Film Report
67-2 --nos muestra a las tropas internándose en la maleza con los amplificadores llevados
a cuestas, aparte de los enormes altoparlantes adosados a los helicópteros Huey
(http://youtu.be/wDU1sM-lhLs)
Aunque está prohibido que los mandos militares utilicen estas tácticas y aparatos dentro
de los Estados Unidos, otras agencias como el Bureau of Alcohol, Tobacco and Firearms
y el FBI las han aprovechado en ciertas ocasiones, como el “asedio de Waco” contra la
secta de los davidianos, liderados por David Koresh. En 1992, los hombres, mujeres y
niños recluidos en el rancho Monte Carmelo de la ciudad tejana de Waco fueron
sometidos a un asalto constante de sonidos de animales llevados al matadero, ruidos de
maquinaria de perforación y clips de programas radiales sobre el odio que engendraba
Koresh. Durante la noche, las autoridades empleaban estrobos parpadeantes de gran
intensidad para inducir estados de insomnio.
El fenómeno ovni y sus vertientes tampoco se han salvado de ser utilizados para
campañas de PSYOPS. En septiembre de 1952, un documento de la agencia central de
inteligencia (CIA), firmado por H. Marshall Chadwell, director adjunto de inteligencia
científica, afirmaba lo siguiente: “Se recomienda que el Director de Inteligencia Central
informe al Consejo Nacional de Seguridad (NSC) sobre la consecuencias intrínsecas del
problema de los platillos voladores. La CIA, bajo las responsabilidades que se le asignan,
y en cooperación con la junta de estrategia psicológica, debe investigar de inmediato la
posible utilización ofensiva o defensiva de este fenómeno para fines de guerra
psicológica a favor y en contra de los Estados Unidos, advirtiendo a las agencias de
seguridad interna de los EE.UU. sobre cualquier hallazgo pertinente que afecte sus
respectivas competencias”( http://www.foia.cia.gov/search.asp?p...&sortOrder=ASC).

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Capítulo 15 – Crónicas de mutantes

Una de las películas más sobrecogedoras del cine de horror lo fue sin duda Island of the
Lost Souls (la isla de las almas perdidas), protagonizada por el primer actor Charles
Laughton y dirigida por Earle Kenton en 1932. Esta adaptación de la célebre Isla del Dr.
Moreau de H.G. Wells nos presenta a un científico desquiciado que intenta convertir
bestias en hombres mediante horripilantes prácticas de vivisección y crueles prácticas
médicas. Este intento por “superar la labor del Creador” resulta en patéticas figuras
semihumanas plasmadas en celuloide por los mejores maquillistas de efectos especiales
de la época. El espanto de esta isla maldita inspiraría a otro director casi cuarenta años
después a revisitar el tema en The Island of Dr. Moreau (1977) con Burt Lancaster como
el científico que intenta convertir animales en humanos mediante manipulación genética.
Posterioremente se rodaría una versión más con el fallecido Marlon Brando en el papel de
Moreau.
De cierto modo, resulta fácil entender esta fascinación por los humanoides animalescos.
Las tradiciones antiguas de casi todas las culturas recogen relatos de seres quiméricos –
hombres alados, criaturas con los atributos de distintos animales – y estatuas al estilo
egipcio, como la de Anubis, la deidad plasmada como hombre-chacal, o la diosa Thoeris
como mujer-hipopótamo...alegoría explotada por el macabro H.P. Lovecraft en su relatos
The Walls of Eryx, en la que los decadentes egipcios comenzaron a crear momias
compuestas de elementos animales y humanos que vagaban en la oscuridad de sus
tumbas. Algunos autores como Robert Mooney han llegado a pensar que esta obsesión
por las quimeras se debe a que – en algún momento olvidado de nuestas historia –
efectivamente existieron tales aberraciones: “Nuestras mitologías”, escribe Mooney en su
libro Gods of Air and Darkness (NY: Fawcett, 1976, p.94), “están pobladas por
numerosos monstruos extraños: ogros e infrahumanos peludos, gente con cuernos, satiros
con pies de cabra, hombres-lobo y vampiros. Aunque resulta dificil rastrear el origen de
estas leyendas, muchas de ellas parecen emanar de un punto específico en la historia, del
mismo modo en que todas las religiones del mundo aprecen haber surgido a la vez. ¿Será
que todos estos monstruos, tanto humanos como animales, fueron de hecho víctimas una
exposición masiva a la radiación? ¿Mutaciones de un encuentro demasiado cercano con
los motores atómicos de una nave espacial?”
Aunque otros pensadores posteriores, como Doug Elwell, han considerado que todas
abominaciones de las que conservamos recuerdos en nuestras leyendas estan
estrechamente relacionados con la tradición biblica de la creación de Adan y Eva por
aquel primer gran manipulador genético, Yavé. Adan y Eva habrían sido los sustitutos
perfectos de los experimentos anteriores que merodeaban la tierra.
En los primeros años del siglo XXI, cuando el menos interesado de nosotros ha oído
hablar del genoma humano, la cirugía genética, la reproducción in vitro y otros milagros
de la ciencia actual, la tentación de seguir los pasos del Dr. Moreau se ha hecho bastante
obvia. En la década de los ’70 aparecían fotos de “plantimales” (fusiones entre células
animales y vegetales, como la del tabaco) en las principales revistas del momento, como
107

Alta Extrañeza

Scientific American y National Geographic. En la siguiente década se hablaba de
bacterias diseñadas por encargo capaces de devorar el petróleo derramado por accidentes
en alta mar. Ahora hablamos de “hupigs” (abreviación de cerdos humanos, en inglés,
criados con genes humanos para minimizar el peligro del rechazo durante transplantes de
organos animales a seres humanos, en este caso, valvulas cardiacas) y otras quimeras
como si fuese lo más natural del mundo.
En el 2003, científicos chinos de la Segunda Universidad Médica de Shanghai
consiguieron fusionar con éxito celulas humanas a óvulos de conejo. Estos embriones
fueron—supuestamente—las primeras quimeras humanas/animales creadas exitosamente.
Los científicos permitieron que las células se desarrollaran en una escudilla de laboratorio
durante varios días antes de destruir los embriones para cosechar las células madre. Para
no quedarse a la zaga de los asiáticos, investigadores de la famosa clínica Mayo en
Minnesota (USA) crearon en el 2004 cerdos en cuyas venas fluía sangre humana. Ahora,
personal científico de la Universidad de Stanford en California ha sugerido la posibilidad
de crear ratones con cerebros humanos. Según los estudiosos, mientras más humano sea
el animal, más apto será para someterlo a pruebas con medicamentos, o posiblemente
usarlo para cosechar “refacciones” tales como hígados y riñones, a ser trasplantados
posteriormente a seres humanos.
Pero, ¿existe un lado oscuro a todo esto que nos es totalmente desconocido?

Mutantes, científicos y ovnis
Cuando se plantea el problema que representan las distintas descripciones de seres
extraños que se han visto en relacion con el fenómeno OVNI en las últimas cinco
décadas, se ha dicho que semejantes variaciones del fenotipo pueden corresponder a una
adaptación lógica a ambientes distintos: seres arbóreos capaces de subsitir en los bosques
y selvas de nuestro mundo, seres reptilescos para las zonas pantanosas, etc. Estas fusiones
serían el fruto de experimentos con criaturas terrestres, posibilidad sugerida por el autor
C.D.B. Bryan en su libro Close Encounters of the Fourth Kind: UFOs, Abductions, and the
Conference at MIT , texto que describe las supuestas experiencias de una abducida que
supuestamente pudo ver – a bordo de una nave espacial o en otro planeta – una jaula hecha
de malla que contenía varios potros. La secuestrada, totalmente atónita, se fijó en que los
caballos se distinguían por una característica muy particular. En vez de pezuñas, los potros
de cuatro o cinco meses de edad disponían de pies con dedos acolchados, como los caballos
prehistóricos. Al preguntarle a los no humanos el motivo de esto, le contestaron
sencillamente que los animales habían sido “transformados”. Esta misma persona afirmó
haber visto – durante otra experiencia de secuestro – una manada de vacas con apéndices
tubulares de tamaño considerable que les salían de los costados. Si podemos confiar en el
testimonio de una persona que se ha visto sujeta a un trauma de la magnitud de un
encuentro con criaturas no terrestres, ¿representará esto un intento por adaptar animales
terrestres al entorno de mundos totalmente desconocidos?

108

Alta Extrañeza

En 1993, la revista rusa AURA-Z publicó los experimentos de un doctor Moreau de carne
y hueso: el medico chino Tsian Kanchen, encarcelado durante la “revolución cultural” del
regimen maoista y que logro fugarse a la antigua URSS en 1971, obteniendo la
ciudadanía rusa en 1989. Las labores investigativas de Kanchen se concentraban en torno
a los campos bioelectromagnéticos y su relación con los distintos componentes de los
organismos vivientes, llegando a descubrir que dichos campos de energía formaban parte
del ADN, siendo este el componente pasivo, mientras que el campo bioelectromagnético
representaba el activo. Kanchen descubrió que la información genética podia copiarse y
proyectarse sobre el ADN, que funciona casi como una cinta magnetofónica, y que como
cualquier cinta, puede ser sobreescribirse.
Kanchen diseñó entonces un dispositivo que permite el escaneo y copiado del ADN de un
organismo determinado sobre el de otro. Sus experimentos con semillas de trigo y maíz
resultaron en una planta parecido al trigo cuyas características fueron heredadas por su
descendencia. Los campos bioelectromagnéticos de los cacahuetes, proyecados sobre las
semillas de girasol, resultaron en mutaciones extraordianarias. Las pipas adquirieron
forma de cacahuete y un sabor muy parecido.
Pero algunos de los logros más inquietants del doctor Kanchen – los que inciden con el
tema de este trabajo – estuvieron relacionados con los seres vivos. Quinientos huevos de
gallina sometidos al campo bioelecromagnético de un pato resultaron en 480 crías
palmípedas con cabezas achatadas, cuellos alargados y las características generales de un
pato. La proyección del campo bioelectromagnético de una cabra, al proyectarse sobre
una coneja encinta, resultó en conejitos con cabeza de camello y enormes dientes curvos.
Las fotos que acompañan el texto aparecido en AURA-Z nos presentan al doctor
Kanchen, muy satisfecho con los resultados de sus experimentos, y las aberraciones con
las características descritas anteriormente.
Con la disolución de la URSS en 1991 nos es difícil imaginar el grado en que haya
podido progresar esta tecnología en los pasados catorce años. El paradero del científico se
desconoce. ¿Habrá ido a parar en algún laboratorio militar en los desiertos de su país
natal, esa China con visos de superpotencia de la que resulta imposible obtener
respuestas? ¿O en algún lujoso laboratorio industrial o militar en Estados Unidos o
Europa?
Los mutantes del polígono de tiro Aberdeen
Para los que realizan el trayecto por carretera entre la zona metropolitana de Nueva York y
Washington, D.C. podrá sorprenderles ver en plena carretera un letrero que dice
“Aberdeen Proving Grounds” – uno de los mayores poligonos de tiro del ejército
estadounidense en una de las regiones más densamente pobladas del país, donde se
someten a prueba todo tipo de implemento bélico, desde proyectiles hasta carros de
combate. Según algunos, en Aberdeen se realizan otras pruebas menos explosivas, pero
más terribles.

109

Alta Extrañeza

Entre 1973 y 1976, la región del estado de Maryland entre las concentraciones urbanas de
Baltimore y Washington D.C. experimentaron una racha de avistamientos de “grandes
monstruos peludos” que a pesar de su hirsutez y tamaño no tenían nada que ver con el
célebre Bigfoot o Pie Grande de la costa del Pacífico. Estas violentas criaturas merodeaban
el entorno suburbanita de White Marsh (donde ahora existe un importante centro
comercial), atemorizando a los vecinos y desafiando a los agentes del orden público que no
sólo las vieron, sino que dedicaron gran parte de su tiempo libre a perseguirlas. Para estos
policías municipales y estatales, las criaturas de ojos verdes fosforescentes y gritos
ensordecedores no eran fruto de ningún azar evolutivo, sino de la mano del hombre. En un
incidente ya legendario, uno de estos seres se dedicó a lanzar grandes barriles llenos de
productos líquidos contra los policías que se habían personado al patio de un almacén en el
que merodeaba el intruso.
El sargento George Brooks del cuartel del condado de Essex recordó un caso de 1976 en el
que una vecina de Harewood Park se comunicó con las autoridades después de haber visto
un ente simiesco de 2 metros de estatura corriendo por el patio de su casa. El sargento
Brooks quedó atónito al llegar al lugar de los hechos para descubrir que el perro pastor
alemán de la señora – un animal de noventa libras de peso – había sido desgarrado a la
mitad por “algo” de fuerza descomunal. El policía afirmó haber encontrado huellas de
pisadas y haber escuchado un grito ensordecedor que provenía desde la arboleda cercana.
“Cuando llegamos al lugar encontramos las huellas y hallamos fibras de pelo cuando
aquella cosa atravesó una alambrada de púas. Escuchamos sus gritos, podimos oler su
hedor a azufre, vimos sus huellas, pero nunca pudimos verla. Pensamos que pudo haber
nadado desde el Arsenal Edgewood (el antiguo nombre del polígono de Aberdeen) y que
pudo haberse tratado de alguna especie de mutación genética. Los militares estaban muy
interesados en el caso, pero jamás nos llevamos bien con ellos, si enteniende lo que le
quiero decir”. (Entervista con Mark Opsasnick, revista Strange No.3, p. 65).
En junio de 1976, Clive Miller, otro vecino de Harewood, manifestó que docenas de
soldados provenientes del polígono de Aberdeen se habían internado en uno de los
pantanos circundantes para salir con alguna especie de enorme animal muerto embutido en
una bolsa de lona. La aparente captura del ente no puso fin a las manifestaciones de otras
criaturas, que se prolongaron por varios años despues.
Tanto los elementos de la policía como los investigadores de lo paranormal comenzaron a
recibir testimonios de pescadores y marineros que frecuentaban las aguas del golfo de
Chesapeake cerca de la salida al mar del polígono de tiro Aberdeen. Los testimonios hacían
mención de experimentos sumamente extraños que estaban tomando lugar en la isla Poole,
un centro de investigaciones adosado al polígono. Tom Sobotka, el más visible de estos
pescadores, hizo la siguiente declaración al prestigioso diario Washington Post (17 Octubre
1976): “Hay muchas cosas que están sucediendo en Edgewood que no conocemos:
experimentos y mutaciones. Ellos lo mantienen todo en secreto, pero hallaron un orangután
muerto cerca de las vías férreas hace dos meses. Un guardia me dijo que en la sección que
tienen ahí hay cosas increibles, como experimentos con humanos...”

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Alta Extrañeza

El pescador agregó que era facil encontrar mutaciones en las aguas que rodeaban la isla
Poole, como “un pez con patas de ciervo” (por inverosímil que pueda sonar). Pero existía
un hecho comprobado, y es que la isla había sido vedada a la población civil. La
investigación pudo establecer la existencia de cantidades considerables de agentes
teratogenicos como percloretileno, tri-iso-propilo fosfato y otros en la región, liberados
accidentalmente o a propósito en el perímetro del polígono de tiro. La posibilidad de
experimentos con hibridos de simios y humanos no fue desechada por los investigadores,
cuyos expedientes mencionan al menos un caso de cruce simio/humano que fue detenido al
último momento.
Mientras que los ciudadanos y policías del estado de Maryland lidiaban con la invasión de
seres extraños, al otro lado del continente, en California, se desarrollaba un escenario no
menos alucinante...
En la oscuridad del desierto
A no ser por la férrea disciplina militar a la que estaban acostumbrados, los centinelas de
base aérea Edwards seguramente hubieran abandonado sus puestos al ver los inquietantes
ojos luminosos que se movían silenciosamente en la oscuridad del desierto del Mojave.
Los agentes de la oficina de investigaciones especiales, mejor conocida por sus siglas OSI,
habían tomado cartas en el asunto cuando en el mes de mayo de 1974 uno de los centinelas
que patrullaba la zona restringida conocida como “proyecto Logic”. El soldado había
solicitado refuerzos desesperadamente por la radio a la misma vez que disparaba ráfagas
contra un intruso desconocido. Al llegar a la zona de la base que ocupaba el “proyecto
Logic”, una patrulla había descubierto que el vehículo del centinela estaba volcado y que el
soldado se hallaba en un estado de incoherencia y confusión tras de haber vaciado todas las
balas de su subfusil. Aunque la USAF jamás incluyó un informe sobre el asunto, se dijo
posteriormente que el centinela acabó hospitalizado y posteriormente fue transferido a una
base en otro país.
Según las pesquisas de la fallecida investigadora B.Ann Slate, tres guardias distintos en la
base Mojave tuvieron encuentros cercanos con seres simiescos de ojos azules
fosforescentes que se acercaban a las instalaciones más restringidas de la base, tal como la
estación MARS, que controlaba las comunicaciones con bases militares a la vuelta del
mundo. Las enormes y malolientes siluetas se desplazaban con rapidez pasmosa en la
oscuridad, dejando extrañas huellas en la dura arena del desierto. Llegó a decirse que la
causa de todos estos incidentes eran burros silvestres que se acercaban a las instalaciones
por pura casualidad, pero el personal destacado en el perimetro de la base no comulgaba
con ruedas de molino, entre ellos el sargento Barton de la policía aérea, oriundo de
Missouri, donde sus parientes habían tenido encuentros con la criatura denominada
“Momo” y habían disparado contra ella.
En el invierno de 1974, Barton estaba patrullando las inmediaciones del Laboratorio de
Propulsión a Cohete de la base milatar cuando percibió luces extrañas en el desierto. El
sargento se decidió a investigar, pero las luces desaparecieron justo cuando Barton llegó al
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Alta Extrañeza

lugar donde estaban. Para empeorar la situación, Barton descubrió que su Jeep se había
hundido en las arena, obligándolo a regresar a pie hasta el cuartel. Al regresar con un
remolque, pudo ver una serie de pisadas de catorce pulgadas de largo que rodeaban el
vehículo atascado, como si “algo” lo hubiera estado investigando durante la ausencia del
policía aéreo.
Tal vez más curiosa resultaba la renunencia de la jerarquía militar en atender los informes
proporcionados por centinelas como Barton, según escribe B.Ann Slate. Aquellos civiles
que frecuentaban el desierto y veían seres extraños u OVNIS en la oscuridad eran
amenazados con ser arrestados y que jamás volverían a ver a sus familiares. El destacado
investigador de críptidos Peter Guttilla recuerda que uno de sus contactos dentro de la base
Edwards había recibido la abrupta orden de sus superiores de no volver a abordar el tema
OVNI ni de los seres peludos. Durante una llamada telefónica con el hijo de su contacto, el
muchacho informó al investigador que “ellos [los militares] sabían lo que estaba
sucediendo, sabían lo que eran y de dónde provenían, y que se suponía que nosotros no
estuviésemos hablando del tema”.
¿Qué eran estos extraños seres? ¿Entes paranormales o extraterrestres? ¿O tal vez el
producto de algún laboratorio militar encargado de producir tales aberraciones,
utilizándolas quizás para probar la integridad de sus propias defensas? ¿O como veremos
más adelante, otro fallido intento en el estúpido propósito de crear un “supersoldado”?
Lo que sí sabemos es que en 1974, la psíquica Joyce Partise, durante el transcurso de un
experimento, recibió un sobre que contenía la imagen de una huella de Sasquatch o pie
grande. La sensación impartida por el retrato hizo que la californiana dijese lo siguente:
“Este hombre gorila...es de aspecto extraño pero es inteligente...es como si perteneciera
a una civilización antigua que comenzó a mutar debido a la radiación”. Pasó entonces a
describir un laboratorio genético y su contenido: “Estoy viendo un laboratorio con
animalillos enjaulados, y a su alrededor muestras de piedras, minerales y tierra. Tienen
a uno de estos hombres simios enjaulados y no le gusta [...]. Parece que intentan
controlarlo, como un robot”.
Las manifestaciones de estos seres hirsutos en el desierto no se limitan a esa década: en
los ’90, Andrew Montoya estaba pasando la noche con unos amigos en Santa Fe, Nuevo
México cuando decidieron regresar a sus hogares a eso de las tres de la madrugada. 10
millas al norte de Santa Fe, Montoya afirma haber sentido una sensación “sumamente
rara” mientras que conducía en la oscuridad del desierto. Repentinamete, miró a su
derecha y pudo ver como un simio de color blanco y ojos anaranjados corría al lado de su
vehículo, manteniendo el paso sin ningún problema. Montoya despertó a uno de sus
pasajeros, que reaccionó con la esperada sorpresa al ver al mono galopante que corría al
lado del vehículo. Repentinamente, el extraño ser se cansó de seguirlos y se desvió hacia
el desierto, perdiéndose de vista.
Según parece, son tan pocas las ganas de estas criaturas de permanecer bajo el control de
sus creadores que se escapan con frecuencia, y resulta necesario ir a recuperarlos...

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Testimonios radiofónicos

Alta Extrañeza

“Nuestra misión consistía en cazarlos”, dijo el hombre cuya voz filtrada ahora llegaba a
millones de radioescuchas en la madrugada. “Nos asignaron la tarea viajar alrededor del
mundo para recoger los que se habían escapado”.
Las declaraciones del hombre que decía llamarse “Major Zep” eran positivamente
delirantes. El individuo de acento sureño y pausado afirmaba haber pertenecido a un
comando denominado “freak squad” (literalmente la “brigada de monstruos”) cuya misión
consistía en nada menos que recoger a los seres extraños que se habían escapado de ciertos
laboratorios militares, facilitando el número de su unidad y el organismo gubernamental en
cuestión al locutor George Noory del programa “Coast to Coast AM” el 18 de febrero de
2005.
La misión de este inverosímil grupo de soldados era sencilla: ir a recoger las criaturas
extrañas que se habían escapado de los laboratorios o que habían sido puestas en libertad
deliberadamente para comprobar sus reacciones. “Eramos cinco”, explicó el testigo, “y
nuestras misiones tuvieron una tasa de éxito de veinticinco por ciento”. La mayoría de las
criaturas consistían en conejos con cabezas adicionales que salían de sus espaldas – las
tristes víctimas de la manipulación genética. Supuestamente, “Major Zep” y su comando
habían sido despachados a América del Sur cuando comenzaron a darse los primeros casos
del célebre Chupacabras para recapturar estas criaturas y devolverlas a sus creadores.
Fue precisamente esta criatura, afirmaba el militar, la que más problemas representó debido
a su alto grado de inteligencia: alegadamente producto de la fusión de “prisioneros
vietnamitas varones y hembras” con otras criaturas desconocidas. Los rusos, comentó Zep,
no se quedaron atrás en la creación de sus propias quimeras: en este caso, fusiones de
células humanas y de osos para la supuesta creación de un “supersoldado” – algo que
recuerda poderosamente a la trama de la última temporada de la serie Expedientes X .
La reacción natural y compresible de cualquier persona ante un relato parecido es la de
mofarse y descartarlo todo como producto de la imaginación de algún gracioso o de un
psicótico. Pero algunas semanas antes, una mujer se había puesto en contacto con el mismo
programa para relatar una historia de seres aberrantes y conejos de pesadilla que fueron
fruto de la manipulación genética.
“Kate”, vecina de Bakersfield, California, se comunicó con el programa para decir que
durante sus años de trabajo en el laboratorio Michaelson de la base militar China Lake en
California. Aunque deberes como analista de sistemas para el proyectil crucero, Tomahawk
y Sidewinder le mantenían ocupada, Kate descubrió que animales domésticos que
mostraban extrañas deformidades o mutaciones habían comenzado a aparecer cerca de la
base, mayormente en el poblado de Inyokurn a ocho millas del perímetro de la base. Tres
muchachos de doce, diez y ocho años respectivamiento escucharon gritos en el desierto
mientras que montaban en bicicleta; creyendo que se trataba de un gato en peligro, se
apresuraron a llegar al origen de los gritos. Lo que descubrieron les heló la sangre: en vez
de un gato, los chicos hallaron un conejo doméstico al que le crecía la cabeza de otro
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Alta Extrañeza

conejo en la espalda. La boca y ojos eran claramente visibles. Espantados por esto,
abandonaron sus bicicletas y regresaron corriendo a su hogar, informando inmediatatmente
a su padre de la abominación que habían encontrado en el desierto. El adulto regresó al
lugar de los hechos con sus hijos, revolver en mano, para ultimar lo que pensaba era un
producto de la contaminación química. Los chicos enterraron al conejo de dos cabezas en el
desierto y se alejaron del lugar. Al día siguiente, al pasar por el sitio, encontraron que algo
o alguien había desenterrado al conejo. Posteriormente encontrarían un gato con dos colas
y dieciocho animales quiméricos más en las cercanías de Inyokurn.
Pero el futuro deparaba sorpresas más desagradables aún: un grupo de estudiantes,
conduciendo a lo largo de la carretera 380 con camino a Mammoth con el propósito de
acampar, descubrieron un perro tirado al costado del camino que presentaba deformidades
monstruosas – inútiles patas adicionales que salían de sus costillas, una a cada lado del
animal. Una vecina llamó a las autoridades para quejarse de “un oso” que supuestamente
rebuscaba comida entre sus basureros todas las noches por más de una semana; cuando la
policía pudo sorprender al oso en una de sus fechorías, descubrieron atónitos que se trataba
de una criatura de casi dos metros de estatura, hedionda, cubierta de pelambre pardo tirando
a verdoso, y que parecía más humano que simio. Sorprendida por la presencia de las
autoridades, la extraña presencia no se inmutó en ningún momento y siguió comiendo
desperdicios sacados del vertedero. El ser acabó por alejarse del lugar, perdiéndose entre
los matorrales.
Desde el verano del 2004 se han venido hallando criaturas anómalas en el estado de Texas:
híbridos extraños de coyote u otros cánidos con características que hacen pensar en una
fusión de varias especies distintas (coyote, perro y zorro). ¿Será que la cúpula científica ha
refinado el proceso de tal modo que les ha sido posible producir animales quiméricos pero
sin deformidades físicas? Y de ser versiones pefeccionadas, ¿sería por este motivo que
“Major Zep” o personajes con tareas muy parecidas no se hayan dado a la caza de tales
seres? Mientras que la sociedad en general debate furiosamente sobre las células madre, los
embriones utilizados para fines genéticos y otros adelantos de la medicina genética actual,
es muy posible que algun doctor Moreau (o Morrow, en este caso) esté llevando acabo sus
experimentos con el beneplácito de una élite oscura y sin miramientos.

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Capítulo 16 – Desapariciones Enigmáticas

El cronista romano Julius Obsequens--merecedor, tal vez, del calificativo de "primer
investigador forteano"-- abordó el tema de las desapariciones misteriosas en su Liber
Prodigiorum ("Libro de los Prodigios") en un relato bastante bien conocido para los lectores
de aquella epoca: "Un dia, mientras que Rómulo, fundador de Roma, arengaba a sus tropas
en el pantano de Caprea, se produjo una repentina y violenta tormenta durante la cual
Rómulo quedó envuelto en una nube tan densa que desapareció de vista, para nunca jamas
ser visto por ojos mortales. Se le ascendió al rango de los dioses, y se le veneró bajo el
nombre de Quirino." Algunos historiadores señalan que el primer monarca romano
sencillamente fue victima de un complot y que sus asesinos se inventaron la desaparición
para cubrir su rastro. Pero desapariciones como la que describe Obsequens en su crónica
vienen sucediendo desde hace siglos.
La gente sigue desapareciendo, aunque tal vez no tan aparatosamente como Rómulo (y
tampoco se les endiosa). De hecho, resulta necesario distinguir lo que podemos clasificar
como desapariciones ordinarias (las que tienen que ver con prófugos de la ley, los
insumisos, los padres divorciados que secuestran a sus hijos para irse a vivir en lugares
remotos) de aquellas que resultan verdaderamente pasmantes y representan un desafio al
sentido comun: casos en los que personas se desvanecen sin rastro a bordo de aviones que
viajan a alturas estratosfericas, o que desaparecen dentro de habitaciones que han sido
cerradas con llave desde el exterior.
Tal vez aun mas que el fenómeno OVNI, el enigma de las desapariciones repentinas ha
desafiado a los investigadores por mas de un siglo, y la pregunta que resulta dificil enunciar:
¿A dónde se fueron estas personas? recibe un silencio de ultratumba como respuesta.
En tiempos antiguos, el poder de desvanecerse se consideraba propio de hechiceros y brujos.
Cuenta la tradición que el celebre Apolonio de Tiana se desapareció ante los ojos del
emperador Domiciano y sus cortesanos, causando gran azoro; el autor mexicano Artemio
del Valle Arizpe nos recuenta la leyenda de la "Mulata de Córdoba"--una bruja de la epoca
colonial encarcelada por su capacidad de encontrar objetos perdidos y tesoros ocultos.
Cuando su carcelero vino a verla un dia, se quedó pasmado al ver como la mujer abordaba
un pequeño velero que habia dibujado en la pared, desapareciendo a la vez que se despedia
de su opresor; los vampiros de la Europa oriental supuestamente gozaban del poder de
desaparecer y reaparecer a voluntad gracias a los poderes malignos que tenian a su
disposición.
Aun si se pudiese comprobar la veracidad de estos cuentos, el hacerlo no comenzaria a
resolver el dilema. Los casos contemporaneos relacionados con las desaparaciones
misteriosas por lo general no tienen que ver con individuos que tratan de esfumarse ante los
ojos de sus contemporaneos por alguna u otra razón. Sus desapariciones son, por lo general,
repentinas e inesperadas, ocurriendo de dia o de noche, y en algunas ocasiones resultando en
la desaparición del vehiculo que les transportaba.
En 1941, un equipo de rescate suizo recibió la orden de emprender la busqueda de algunos
alpinistas que no habian regresado a su campamento. Tras de varios dias, la misión de
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rescate encontró las huellas de los alpinistas, que se desaparecian abruptamente en medio de
un glaciar. En este caso, las autoridades dictaminaron que "se trataba de una desaparción
cuyas circunstancias resultaban dificiles de determinar con certeza, debido a la naturaleza
de los hechos."
Ciertos lugares en nuestro mundo han adquirido fama como sitios en donde las
desapariciones humanas no son nada fuera de lo comun. Algunos de ellos, como el malllamado "Triangulo de las Bermudas" en el Atlantico, el "Triangulo del Diablo" en el Japón,
o el "Triangulo de los Grandes Lagos" en Canada han formado parte del canon de lo
paranormal durante mas de 30 años. Pero en mayor grado que las aguas del mundo, las
montañas a menudo desempeñan el papel de lugares de desaparición. En las tradiciones
griegas antiguas, los viajeros que se acercaban demasiado a los montes Parnaso y Olimpo
corrian el peligro de desaparecer para siempre. La montaña de El Yunque en Puerto Rico, el
monte Glastonbury en Nueva Hampshire (EUA) y el monte Inyangani en el este de
Zimbabue
Las nubladas cumbres de El Yunque han representado una fuente de misterio ligado a los
fenomenos paranormales y en fechas mas recientes al fenomeno OVNI. Docenas de
individuos, principalmente excursionistas, han desaparecido misteriosamente en esta
montanya. Un nino desaparecio mientras que caminaba a lo largo de un sendero con sus
padres, y hasta equipos de rescate bien adiestrados y equipados parecen haberse esfumado
en la densa floresta tropical. Los guardabosques siempre replican lo mismo--que las arenas
movedizas y agujeros inexplorados son la causa de estos desavencimientos, aun cuando se
han producido en lugares lejos de donde se darian las condicioens descritas.
Las desapariciones en el Monte Glastenbury crearon una sensacion en la pacifica ruralia del
estado de Vermont. Durante un espacio de cinco anyos desde mediados de la decada de los
'40 hasta principios de la decada de los '50, siete personas desaparecieron inexplicablemente
en esta montanya vecina de Bennington, Vermont. A diferencia de El Yunque, el lugar no
tenia fama de ser un lugar misterioso ni peligroso. Se barajaron varias teorias--desde
actividades de magia negra hasta secuestros por OVNIs--para explicar las desapariciones.
La primera victima del Monte Glastenbury lo fue, curiosamente, un montanyista que se
dedicaba a guiar cazadores a traves del bosque. Este guia, mas cuatro cazadores,
desaparecieron y jamas volvio a saberse de ellos. Otra victima se esfumo bajo circunstancias
aun mas extranyas: abordo un autobus en la poblacion de Saint Albans, Vermont, tomo
asiento, atrajo la atencion del chofer y de algunos otros pasajeros...pero jamas bajo del
vehiculo, que realizaba un trayecto sin escalas hasta Bennington.
Pero tal vez el Monte Inyangani de Zimbabue sea la mas interesante de estas montanyas
causantes de desapariciones, precisamente porque algunos de los desaparecidos han
regresado con interesantisimas historias que contar. La fallecida investigadora de ovnis
Cynthia Hind, en una nota para la revista FATE (Julio 1995) trato el tema de la experiencia
vivida por un diputado adjunto del gobierno Zimbabueano quien llego a extraviarse en el
Monte Inyangani con dos companyeros. Segun el testimonio del diputado adjunto, los tres
hombres vagaron por la montanya en un estado de confusion, sin sentir ni sed ni hambre,
mientras que podian ver a los miembros del equipo de rescate que habia venido por ellos y
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**que parecia no poder verlos** a pesar de que los extraviados gritaban y agitaban los
brazos.
Segun Hind, parece ser que se hicieron ciertos sacrificios de sangre a los dioses tutelares de
la montanya, lo que permitio que los tres hombres pudiesen "reintegrarse" a nuestro
tiempo/espacio. La investigadora africana agrega que a comienzos de la decada de los '80,
un ayudante de distrito para la comunidad que incluye al Monte Inyangani tomo parte en la
operacion de rescate de otro funcionario que tambien desparecio en la montanya. Se dio
parte a los mayores de la triby Tangwena, quienes realizaron un ritual destinado a obtener la
"devolucion" del funcionario, quien aparecio al dia siguente sin haber sufrido ningun dano
aparente, pero incapaz de recordar lo que habia sucedido durante los ultimos dos dias. Otros
han tenido menos suerte y sus desapariciones jamas han sido resueltas. La eficiencia de los
rituales de magia en estos casos indica que existe una inteligencia de cierto tipo que en
ciertos casos puede ser persuadida a devolver a los que ha secuestrado, o a quienes han
entrado en sus dominios insospechadamente. Podriamos suponer que los antiguos Tainos de
la isla de Puerto Rico tenian conjuros para rescatar a sus parientes desaparecidos en las
nubladas cumbres de El Yunque, pero jamas lo sabremos a ciencia cierta.
Los seres humanos siempre han guardado un respeto prudente por los lagos, especialmente
los de agua dulce con reputacion maligna. Algunos de estos cuerpos acuaticos incluyen los
lagos escoceses e irlandeses investigados por el fallecido F.W. Holiday, y aquellos lagos y
lagunas en otras partes del mundo que supuestamente albergan monstruos o formas de vida
exotica. Pero existen otros lagos cuya fama proviene del asunto que nos ocupa aqui: las
despariciones misteriosas de seres humanos.
El investigador britanico H.P. Wilkins examino las tradiciones asociadas a los lagos
"calientes" del noreste de Islandia--la region despoblada conocida por el imponente nombre
de Odadharhraun. Esta vasta extension de terreno incluye el volcan Askja, un colosal crater
de trece millas de diametro rodeado por un paisaje lunar de campos de lava y ceniza negra.
En 1905, un grupo de jovenes geologos alemanes se internaria en este lugar--que asemeja la
Mordor de J.R.R. Tolkien--para estudiar la sorprendente actividad volcanica de Islandia.
El grupo llego al pueblo pesquero de Husavik y contrataron a un guia que los llevase hasta
el Odarharhraun, que en aquella epoca era un lugar evitado por los islandeses como un
escenario de lo sobrenatural y malevolo. Contra las advertencias de su guia, los alemanes
acamparon en la region prohibida y dos de ellos abordaron un pequeno bote para alcanzar el
centro del lago volcanico. Cuando su companero, que habia permanecido en tierra, se dio la
vuelta para ver como andaban sus colegas, se quedo perplejo al ver que ya no estaban--los
cientificos y su embarcacion habian desaparecido. Las autoridades posteriormente
intentaron dragar el fondo del lago caliente pero sin hallar rastro de los cientificos. Wilkins
agrega el detalle de que cualquier persona que se decida a recorrer el interior de Islandia
podra obtener un sinnumero de relatos parecidos en determinadas partes del pais.
Los lagos que invitan las desapariciones humanas no se encuentran comodamente lejos de
nosotros en regiones de acceso dificil en paises lejanos. George Andrews, autor del libro
Extraterrestrial Friends and Foes, hace hincapie en la actividad sobrenatural que rodea al
lago Whitney en la region de Dallas/Fort Worth en el estado de Texas (EUA). Citando una
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nota periodistica en el Fort Worth Star Telegram de 1976, Andrews nos presenta el
panorama de un cuerpo de agua en el cual han desaparecido personas en las maneras mas
extranas posibles. Casi una docena de automoviles han caido al agua desde la carretera
vecina desde 1950, y hasta aviones se han zambullido inexplicablemente a las
profundidades del lago. Tambien han desaparecido practicantes del buceo, a pesar de que el
Whitney es un lago encerrado sin corrientes peligrosas. Tambien se han dado casos de
OVNIs en los alrededores. No obstante, el en la mayoria de los casos, el veredicto oficial
sobre las desapariciones es "descuido malicioso que resulta en muerte por inmersion en
agua".
Los incidentes ocurridos en el Lago Whitney nos permiten hacer la transicion desde causas
pasivas de desapariciones a una causa activa que ha recibido mucha atencion en las ultimas
decadas: los OVNI. Es innegable que existe un vinculo entre la actividad OVNI y las
desapariciones misteriosas. El investigador Philip Imbrogno marca el aumento pronunciado
en las desapariciones de ninos poco despues del comienzo de la actividad OVNI en el valle
del rio Hudson a fines de los '80: casi 3,000 ninos desaparecieron en el condado de
Westchester (Nueva York) solamente. Los agentes del orden publico se quedaron pasmados
tanto por las altas cifras de ninos desaparecidos como por el hecho de que jamas volvieron a
aparecer en albergues juveniles o en zonas de prostitucion.
Sin embargo, debemos evitar la tentacion de culpar a los OVNI por las desapariciones,
puesto que la mayoria de estos casos se producen de manera independiente a las oleadas de
OVNI. Los platillos voladores y las inteligencias que los controlan son meramente un
sintoma, no la causa en si.
Las preguntas verdaderamente dificiles de contestar en torno a las despariciones de seres
humanos al paso de los siglos son las siguientes: (a) que fue lo que causo su desaparicion? y
(b) que fue de ellos? Se han circulado algunas teorias para ofrecer respuesta a esta
preocupante situacion.
El sabio britanico F.W.H. Myers expreso la creencia que para poder caer a traves de las
grietas que conducen de nuestra realidad a otra que no podemos imaginar bien, la victima
debe disponer de un talento "oculto" que Myers denomino diatesis psicorragica. Esta
condicion o capacidad mental produce una disrupcion del tejido de mente, la energia y la
materia, impulsando a la desventurada victima a traves de la metaforica grieta en la realidad.
Segun Myers, este don produciria la travesia accidental, abrupta e indeseada de nuestro
mundo tridimensional a otro cuatridimensional, o la entrada de criaturas extranyas de otra
dimension a la nuestra. Si Myers tenia razon en sus planteamientos, entonces resulta factible
suponer que pueden existir aquellos quienes han dominado este don y lo utilizan para
"teleportarse" entre mundos o niveles de existencia. Los felinos miseriosos, los monstruos
peludos y seres quimericos que represenan el espinazo de la investigacion Forteana tal vez
tengan un instinto para la teleportacion, lo que les permite conmutar a voluntad entre nuestra
realidad y la suya propia. Los autores Scott Rogo y Jerome Clark han sugerido que entre las
caracteristicas fisicas de muchas criaturas extranas, siempre figuran los ojos de gran tamano
y luminosos, lo que puede llevarnos a concluir que su "dimension de origen" esta sumida en
las tinieblas.
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Alta Extrañeza

Los testimonios de los funcionarios Zimbabueanos extraviados en el Monte Inyangani
representan nuestra unica manera de responder a la segunda pregunta: que suerte corren
aquellos que desparecen bajo estas circunstancias? Los Zimbabueanos vagaron sin rumbo
fijo, siendo capaz de ver a sus rescatadores pero incapaces de comunicarse con ellos.
Aunque no experimentaron hambre, sed ni suenyo, resulta dificil pensar que habrian podido
subsistir indefinidamente en tal estado. De hecho, resulta aleccionador saber que los
esqueletos de las victimas del Monte Glastenbury en EUA aparecieron muchos anyos
despues. Seria factible suponer, acaso, que el acto de morir fisicamente expulso sus
cadaveres a nuestra realidad?
Tal vez la accion de caer a traves de una grieta en el tiempo/espacio/realidad surte un efecto
devastador sobre la victima, revolviendo sus sentidos y ocasionado danyo irreparable.
Charles Fort hace mencion de la aparicion repentina e inusitada de "hombres salvajes" en
Inglaterra, aparentemente en estado amnesico, durante el invierno de 1904-1095. Estaban
desnudos y no hablaban ningun idioma conocido por los expertos consultados por la policia
de esa epoca. Serian estos las victimas de las desapariciones misteriosas, "expulsados"
aleatoriamente en otro tiempo y lugar, con sus mentes arruinadas por la experiencia
antinatural? Si los culpables de esto son los jinas u otros seres desconocidos que comparten
el mundo con nosotros, no somos capaces de imaginarnos cual sea el paradero de los
desaparecidos.

119

Alta Extrañeza

Capítulo 16 – Cañones aéreos y “cielomotos”

“¿Hay cañones en el cielo?” preguntaba la traducción al castellano de uno de los artículos
del desparecido Frank Edwards, uno de los máximos cronistas de sucesos extraños en los
EE.UU. en la década de 1960, cuando sus programas de radio sobre temas paranormales
se escuchaban por todas partes. El articulo en cuestión abordaba el tema de los célebres
“cañones de Barisal” en la India – detonaciones escuchadas por los funcionarios y
soldados ingleses destacados en dicha población que les hicieron pensar en un ataque
hostil. Pero las banderas del ejercito invasor jamás aparecieron en el horizonte, y los
nativos se deleitaron al ver la confusión que producía el fenómeno en los extranjeros.
Explosiones parecidas a las de un cañón de gran calibre podían escucharse sobre Barisal
en ciertas temporadas sin que su origen o naturaleza llegase a saberse a ciencia cierta. El
fenómeno parecía reproducirse a voluntad en ciertas partes del mundo, Nueva Inglaterra
entre ellas, donde los nativos que dieron la bienvenida a los colonos en Plymouth Rock
utilizaban la voz “Morhemoodus” para describir el lugar donde se producían
detonaciones que les llenaban de pavor. El nombre, reducido a “Moodus”, persiste hasta
nuestros días, utilizado para identificar los mismos sonidos extraños.
Pero los enigmas no se circunscriben al pasado, ni a las regiones antes mencionadas. El
26 de octubre de 2006, las pequeñas comunidades en la frontera entre Cornualles y
Devon en el Reino Unido informaron sobre misteriosas explosiones que causaron daños a
las casas de los pintorescos poblados de la región. Entre las 1130 y 1200 horas aquel día,
una explosión descrita como "parecida a un boom supersónico" produjo grietas en
algunas paredes en Bude y Holsworthy. Los vecinos se quejaron con las autoridades
mientras que empresas de servicio publico y el British Geological Survey emprendían
investigaciones sobre la naturaleza y la fuente del fenómeno. Una de las teorías que se
barajaron al momento fue que un interceptor o bombardero de la RAF había roto la
barrera del sonido demasiado cerca de la tierra, aunque muchos de los vecinos que
afirmaron conocer la fuerza e intensidad de dichas descargas arguyeron que se trataba de
algo mucho mas fuerte y misterioso.
Una vecina de la población de Bude manifestó que una grieta en su cocina se había
ensanchado a consecuencia de la explosión, mientras que otros dijeron que sus hogares
habían temblado. Un radioescucha de la BBC en Cornualles dijo que "los establos
temblaron físicamente, como antes sonaba el Concorde cuando solía romper la barrera
del sonido. Pero este sonido era mucho más potente".
A los cuantos días, los ingenieros de la Western Power Distribution habían completado
sus análisis sin haber descubierto ninguna avería en el sistema capaz de producir
semejante sonido. El ministerio de defensa afirmó que ninguno de sus aviones había
sobrevolado la región durante el evento, y las autoridades de aviación civil también se
cruzaron de brazos.
Los eventos sucedidos en Cornualles siguen sin explicación, aunque la noticia no tardó en
darle la vuelta al planeta y producir comentarios de otras personas cuyas comunidades
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Alta Extrañeza

habían experimentado situaciones parecidas. Brad, vecino de la californiana ciudad de
San Diego, comentó en la pagina web www.boingboing.net que un evento parecido había
tomado lugar en el mes de abril de 2006 en su ciudad, y que todas las entidades
gubernamentales que pudieron haber sido las causantes de semejante detonación
rápidamente negaron cualquier culpabilidad. "Aunque aquello sacudió mi edificio de
oficinas de cuatro plantas, aun no hay explicación".
Otros internautas comentaron que el mismo fenómeno sucedido en el Reino Unido había
tomado lugar en Toronto, Canadá una semana antes a eso de las cuatro de la madrugada.
"No pude escuchar el sonido yo misma", dijo Leah S. en un correo electrónico. "Pero al
despertarme, pude escuchar al presentador radial a quien suelo escuchar abordando el
tema con su compañero de cabina. Describieron el sonido como un boom supersónico y
que ninguna de las autoridades de emergencia civil de la ciudad les pudo proporcionar
información alguna sobre la causa del sonido. Mas tarde se dijo que personas tan lejos
como Mississauga habían escuchado el mismo estruendo".
El incidente de Pittsburgh
"Algo sucedió el 9 de febrero de 1994 a las 8:20 p.m. que se oyó y sintió en Pittsburgh y sus
cercanías", afirmó Lois Le Gros, investigadora del fenómeno ovni en el estado de
Pennsylvania "solo que nadie parece saber lo que fue".
El hecho es que se escuchó uno de esos ruidos que resultó ser "distinto" a los sonidos que
uno suele escuchar e identificar. Muchas personas pensaron, en un principio, que algún
vehículo pesado había chocado contra sus casas, mas al salir a revisar, solamente vieron el
hielo y la nieve de un invierno cruento. El cielo estaba nublado aquel día, pero las
condiciones no eran propicias para una tormenta de truenos.
Un matrimonio en el condado de Butler, al norte de Pittsburgh, afirmó haber escuchado el
insólito ruido, diciendo que provenía del este y que no se asemejaba a un trueno. Un vecino
de Bellvue, a cincuenta millas de Butler, declaró haber escuchado lo mismo, pero su
descripción del sonido era más bien una "implosión" que una explosión. Otra residente de la
ciudad escuchó el ruido y salió a la calle, pensando que un accidente había tomado lugar
frente a su casa: descubrió que no había ni carros ni accidente.
Al día siguiente, la ciudad entera parecía comentar el extraño suceso. Un hombre afirmó que
el nivel de agua en su bañadera se había reducido dos pulgadas en lo que duró el ruido,
regresando a su nivel normal más tarde. Las llamadas al Observatorio de Allegheny fueron
infructuosas. El Centro de Ciencias Carnegie reveló que habían recibido llamadas
telefónicas de lugares tan remotos como Virginia Occidental como resultado del inexplicado
fenómeno.
En el transcurso de sus pesquisas en torno a este misterio del aire, la investigadora Le Gros
obtuvo una entrevista telefónica con una representante del Cuerpo de Ingeniería del Ejército.
Aunque dicha agencia no tenía nada que decir oficialmente sobre el suceso, la representante
recordó haber presenciado algo insólito la noche del 9 de febrero. Aunque no podía precisar
121

Alta Extrañeza

la hora, dijo que era ya de noche y que el cielo estaba oscuro, cuando desde el patio de su
casa pudo ver "una luz en el cielo, que asemejaba las luces de una ciudad vista a la distancia
desde un avión". La luz desapareció tras algunos instantes, y no hubo ni truenos ni sonidos
asociados con dicha desaparición.
Los vecinos de Pittsburgh habían experimentado, sin duda, un fenómeno que ha desafiado
todas las explicaciones posibles: el fenómeno de los cielomotos (del inglés, skyquakes). Los
cielomotos llegaron a representar un enigma tan engorroso que el presidente Carter llegó a
ordenar una investigación oficial sobre el tema.
Sin embargo, no todos consideran que debemos levantar la cabeza a los cielos cada vez que
escuchamos cualquier sonido descomunal. Algunos investigadores dicen que el sonido que
parece provenir de las alturas efectivamente tiene su origen en la tierra bajo nuestros pies,
producto de un fenómeno sonoro asociado a los temblores de tierra que los sismólogos no
han sabido explicar hasta el día de hoy. El observatorio Weston de la universidad de Boston
viene realizando investigaciones sobre este tema desde hace 20 años. Pero aun así, existen
pruebas de que el fenómeno efectivamente proviene del firmamento...y la posibilidad de que
su origen no esté ligado a nuestro mundo.
¿Cielomotos y OVNIS?
En 1956, una franja de 70 millas de extensión que recorría la costa oeste de la Florida fue
sacudida repetidamente por una serie de explosiones en el cielo. Las oficinas del periódico
Herald Times de Sarasota fueron inundadas de llamadas telefónicas desde las 9:00 hasta las
11:00 p.m.. Un piloto afirmó haber visto dos destellos brillantes de luz al suroeste de
Sarasota. El supervisor de la defensa civil de Engelwood también dijo haber visto dos
destellos en el Golfo de México: "Tenía la apariencia de la estela de un meteorito, pero se
detuvo y no cayó al agua." Los cielomotos también se han escuchado en la Florida, lugar
familiarizado con el estruendo de los cohetes del programa espacial, y no son, en definitiva,
explosiones supersónicas.
Los cielomotos suelen verse acompañados por luces raras. En 1977, los vecinos de New
Canaan, Connecticut, quedaron aturdidos por un tremendo cielomoto acompañado por una
formación de luces, cuya trayectoria llevó muchos a pensar que se trataba de vehículos en
camino al célebre triángulo de las Bermudas. La jerarquía militar negó que había habido
aviones supersónicos o experimentales en la región la noche en que ocurrió el cielomoto.
John A. Keel, afamado investigador paranormal, autor de Las profecías del hombre polilla y
otros clásicos, menciona que durante una estadía en Suecia durante 1976, la ciudad de
Estocolmo fue sacudida por una explosión que estremeció las ventanas y que hizo que los
objetos en reposo se cayesen de las mesas y anaqueles. Los periodistas locales abrumaron de
preguntas al gobierno y a las fuerzas armadas sin obtener respuestas. Se corrió la voz de que
el estallido era el producto de la explosión repentina de una base de submarinos soviéticos a
cientos de millas al este, pero cuando otra explosión estentórea sacudió la capital noruega de

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Alta Extrañeza

Oslo días más tarde, pudo confirmarse que la detonación había tomado lugar en las capas
superiores de la atmósfera, sin dejar rastro alguno.
Ni la lejana Australia se ha salvado de la presencia de estas explosiones: en 1829, un grupo
de pioneros que se abría paso a lo largo del rió Darling cerca de Bourke, Nueva Gales del
Sur, quedó sorprendido por los misteriosos ruidos que se produjeron una tarde de febrero. A
continuación reproducimos una cita de la bitácora de los exploradores: “A eso de las 3 de la
tarde, el Sr. Hume y yo estabamos dibujando una carta sobre el suleo. El día había sido
sorprendentemente bueno, sin una nube en el cielo ni la mas leve brisa. Repentinamente
escuchamos lo que parecía ser la detonación de un cañón a una distancia de cinco a seis
millas. No era el sonido hueco de una explosión terrestre, ni el sonido producido por un
árbol que cae, sino el sonido clásico de una pieza de artillería. Todos estuvimos de acuerdo
en ello, pero nadie estaba muy seguro del origen del sonido. Tanto el Sr. Hume como el que
esto escribe habíamos estado demasiado preocupados por nuestras tareas como para
formar una opinión satisfactoria, pero ambos pensamos que provenía desde el noroeste.
Uno de los hombres se trepó enseguida a un árbol, pero no pudo ver nada fuera de lo
común.”
A comienzos de la década de los ’90, el sur de Francia experimentó una racha de
cielomotos que ha dejo hospitalizadas a muchas personas. La mayoría de los testigos dicen
que el sonido definitivamente proviene del cielo, aunque la tierra puede temblar bajo sus
pies. Algunos afirmaron haber visto OVNIS en el momento que se desató el estruendo. Las
vibraciones son tan fuertes que hacen que puertas y ventanas se abran por sí solas. Muchos
testigos de buena constitución física han quedado presa de jaquecas y trastornos digestivos
luego de haber experimentado el fenómeno.
El 12 de enero de 2004, los habitantes de Dover, estado de Delaware, vieron su población
sacudida por por un fenomeno parecido En Dover, como siempre, las autoridades
sacaron a relucir las teorias de siempre – el dinamitado de una cantera local, reparaciones
a la autopista cerca del aeropuerto de Lancaster, miniterremotos y detonaciones
supersonicas por aviones militares. El profesor Charles Scharnberger de la universidad de
Millersville indicó categóricamente que ninguna de las posibilidades vertidas era la
correcta, ya que cualquier explosión en una cantera o temblor, por leve que hubiese sido,
habría sido registrado por el sismógrafo de la universidad, mientras que los controladores
de los areopuertos de Lancaster y Hanover negaron rotundamente la presencia de aviones
supersonicos – civiles o militares – en las inmediaciones. “Mis operarios de control no
están conscientes de nada parecido”, apuntó Scott Miller, portavoz del aeropuerto
internacional de Harrisburg en Pennsylvania. “No hubo tránsito de aviones
particularmente grandes ese dia, ciertamente nada lo suficientemente grande como para
causar semejante fenomenono”. De haberse tratado de una detonación suepersonica, dijo
el controlador John Moeller del aeropuerto de Lancaster, muchas mas personas lo
hubiesen sentido. “Cuando se producen, a menudo ocurren sobre una zona muy amplia.
Cualquier cosa que provenga del morro del avion se va a sentir. Si lo sintieron en Lititz,
lo sentirian tambien en Neffsville y en Lancaster.”

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Alta Extrañeza

¿Existe alguna conexión entre los cielomotos y el CAT o "Clear Air Turbulence"
(turbulencia de aire despejado) que experimentan muchos aviones de pasajeros? Ciertos
ovnílogos piensan que los cielomotos son el resultado del paso de los ovnis a través de la
atmósfera, puesto que no existe ninguna causa natural que pueda explicar las tremendas
descargas aéreas. Aunque los cielomotos han estado tomando lugar desde mucho antes del
nacimiento de la aviación, los rumores que circulan en torno a las operaciones secretas
realizadas la famosa "Area 51" o "S-4", propiedad de la Fuerza Aérea, sugieren la existencia
de una fuente moderna de cielomotos: el proyecto Aurora.
La conexión militar
El proyecto AURORA parece haber incluido varios aviones que ostentan nombres sacados
de una novela de Tom Clancy – TR-3B, Firefly, Penetrator y Senior Citizen. Los presidentes
Reagan y Bush (el primero de dicho apellido) autorizaron una serie de proyectos bajo el
legendario “presupuesto negro” del Pentagono cuya dudosa existencia ha sido reforzada por
una serie de avistamientos en los ultimos diez años. Las plataformas de vuelo con forma de
dardo, como se les denomina en inglés, incluyen los UAV que comenzaron a utilizarse
durante la guerra contra Serbia y en fechas mas recientes, la invasión de Irak en el 2003.
Lejos de ser un artefacto ficticio, el TR-3B o “Black Mamba” fue fabricado con tecnologia
disponible en la decada de los ochenta, y los expertos piensan que al menos tres unidades de
este tipo han estado en servicio desde 1994. Estos vehiculos disponen de un revestimiento
externo que supuestamente les permite cambiar de color, reflectividad y grado de absorción
radarica, haciendo que en muchos casos tengan el aspecto externo de un cilindro o avion
mucho más pequeño. La existencia de los aviones “hipersónicos” salió a relucir en 1990
cuando los casos de detonaciones sónicas dobles despertaron a cientos de personas y
pusieron sismografos en movimiento en todo el sur de California, USA. Según sismologos
con el California Institute of Technology, mas de doscientos sismógrafos registraron las
explosiones provenientes de “algo” que se desplazaba a velocidades hipersónicas
sumamente altas, creando cielomotos a su paso.
Las pruebas de estos superaviones se detectaron no solo en USA sino tambien en el Reino
Unido: en 1992, el Scotsman Sunday Post un prestigioso periódico de Edimburgo (Escocia)
informó a sus lectores del aterrizaje de un avion extraño en Machrihanish, una peninsula del
Mar de Irlanda, mientras que el publico se quejaba de “aviones rugientes con forma de
cuña” que causaban pavor a los granjeros y sus rebaños de ovejas en los campos de Kintyre.
El ingeniero petrolero Chris Gibson informó a los medios que había sido testigo de un
objeto negro con forma triangular volando sobre el Mar del Norte a la par que repostaba
combustible de un aerotanque KC-135 y era escoltado por dos cazabombarderos F-111 –casi seguramente el famoso “Aurora” (SR-75). Los expertos en asuntos militares consideran
que dicho proyecto casi seguramente fue suspendido en 1993 pero que el “Aurora” en
sigueen perfecto estado y conservado en la enigmatica base de Groom Lake de Nevada.

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Alta Extrañeza

Capítulo 17 – Los adalides del integrismo religioso

En una encuesta realizada por la prestigiosa agencia Roper en Estados Unidos durante la
década de los '80, el cuarenta por ciento de los encuestados se autoproclamaron born-again
Christians (cristianos renacidos en el Evangelio): una cifra nada despreciable en un pais de
doscientos millones de habitantes. Este segmento de la población, amén de ejercer
considerable fuerza política y controlar la orden del día en ciertos aspectos del gobierno, se
destaca por tener sus propias cadenas de televisión (como la Christian Broadcasting
Network), sus propias películas de cine (como The End of the Harvest y Year of the Beast) y
en fechas más recientes, su propia literatura (la exitosa serie de libros Left Behind por Tim
LaHaye y Jerry Jenkins con millones de unidades vendidas).
No resulta inconcebible, pues, que los cristianos renacidos tuviesen también una óptica muy
personal sobre todas las facetas del misterio, desde la ovnilogía hasta los fenómenos de la
mente, aunque su enfoque sobre dichos asuntos es decididamente hostil: el cristianismo
evangélico opina que todos estas cuestiones tienen que ver con los engaños y fraudes del
Maligno para confundir a los creyentes y alejarlos de la comunión con Jesucristo. El único
antídoto contra la fascinación innegable del misterio consiste en la lectura de la Biblia.
Pensamientos parecidos quedaron plasmados en el papel por Nelson Pacheco y Tommy R.
Blann en su obra Unmasking the Enemy, que sugiere que las fuerzas del Mal hacen todo lo
posible por distraer a los humanos mediante "fenómenos".

Dinosaurios y demonios
El cristianismo evangélico no sólo no cree en las teorías de la evolución de Darwin y sus
sucesores, sino que también lanzado una campaña contra dicha creencia en los centros de
enseñanza pública, logrando que algunos estados de la unión americana forzosamente
tengan que enseñar la evolución darwiniana y la creación bíblica simultáneamente. Pero hay
ciertos fundamentalistas que están dispuestos a hacer salvedades en lo referente al papel que
desempeñaron los grandes reptiles de la época cenozoica y jurásica.
A raíz de la popularidad de la película Parque Jurásico a comienzo de la década de los '90,
el creacionismo se vio obligado abordar la existencia de estos gigantescos animales
prehistóricos. Algunos pensadores fundamentalistas indicaron que la Biblia no se quedaba
atrás mencionar a los dinosaurios, citando la aparición de la palabra hebrea tannyn (dragón)
en el Libro de Job así como los vocablos leviwathan (leviatán) y behemoth. Según los
exégetas fundamentalistas, las descripciones del behemoth (con sus "huesos fuertes como el
bronce" y cuya "cola se mueve como un cedro") se refieren a un braquiosauro, agregando
que las Sagradas Escrituras indican que esta criatura "es la cabeza de los caminos de Dios",
asignando a dicha frase el sentido de que esta enorme criatura fue entre las primeras
creaciones de Dios.
En cuanto a leviatán, el Libro de Job describe un ser cuyos "dientes son de espanto",
agregando que "las glorias de su vestido son escudos fuertes, cerrados entre sí
125

Alta Extrañeza

estrechamente". En este caso, los fundamentalistas dictaminaron que se trataba de una
descripción del tiranosaurio, el máximo depredador del mundo prehistórico.
Aprovechándose de ciertas dudas entre la comunidad paleontológica con respecto a ciertos
orificios descubiertos en los enormes cráneos de estos saurios, los fundamentalistas
manifestaron que una vez más la Biblia se había adelantado a la ciencia en obtener la
respuesta: los orificios eran utilizados para escupir el fuego que emana de las fauces del
tannyn o leviatán descrito en Job 40:18-20 "Con sus estornudos encienden lumbre..de su
boca salen hachas de fuego..de sus narices sale humo..su aliento enciende los carbones, y de
su boca salen llamas".
Otros investigadores pertenecientes al cristianismo evangélico se acercaron a la
problemática de los dinosaurios con una mezcla de gnosticismo y zoroastrianismo que
agrede contra las creencias "puras" de sus sectas.
Damien Royce y Jason Zolot, autores del panfleto Did God Destroy the Dinosaurs?
(¿Destruyó Dios los Dinosaurios?), argumentaron que el mundo que ocuparon los grandes
saurios fue, en efecto, el que existió antes de la creación bíblica: "un mundo de pesadilla,
horrendo e infernal, empapado en la sangre de la violencia, la muerte y la destrucción,
habitado por criaturas grotescas y monstruosas."
Royce y Zolot apuntan que basta con visitar cualquier museo o parque de ciencias para
comprobar su teoría de que "algo andaba mal" con el mundo de los dinosaurios y los reptiles
alados y marinos. "Es como si no fuesen criaturas de este mundo", escriben, "sino
fenómenos de la Naturaleza, caricaturas monstruosas de otras creaciones y de la vida en
sí...el resultado de un chiste obsceno practicado por un bromista perverso". Los autores no
tardan en señalar a Satanás como el culpable, vaticinando que algún día la ciencia descubrirá
los restos esqueléticos de un gigantesco dragón marino, alado y con múltiples cabezas, que
aterrorizó los aires, mares y tierras del planeta por espacio de millones de años. "Este
monstruo--parecido a nada que haya existido entonces o ahora--era la manifestación física
de Satanás".
Se puede decir que la teoría propugnada por Royce y Zolot tiene antecedentes un tanto
ilustres: en su novela de fantasía The Silmarillion, el catedrático inglés J.R.R. Tolkien
apunta que los grandes lagartos del pasado, o "bestias de cuerno y coraza", como las llama,
fueron creados por Morgoth, su versión literaria de Lucifer. Las leyendas mesopotámicas
nos proporcionan, a su vez, a Tiamat, el temible dragón de cabezas múltiples destruido por
el dios Marduk.
Los dos autores de Did God Destroy the Dinosaurs? insisten en que la versión hebrea
original del Libro de Génesis dice que "la tierra se encontraba en un estado caótico y
confuso" antes de la creación divina, y puesto que Dios no puede ser autor del caos, dicho
desorden fue causado por una fuerza ajena a la voluntad divina. El Génesis, según Royce y
Zolot, no describe la creación del mundo, sino muy al contrario, su reparación.
Pero, ¿a qué se debió el caos?

126

Alta Extrañeza

Los autores señalan que el arcángel Lucifer recibió el mandato de ayudar a terminar la
creación divina (casi como una especie de subcontratista angelical, si se quiere) y que los
desmanes del ayudante celestial tuvieron su origen en "el deseo de impresionar a los demás
ángeles". Tan pronto como Lucifer descubrió el don de crear la vida, descubrió asimismo el
poder de destruirla. Otros ángeles acudieron a su llamado para "divertirse" en este mundo
plagado de dinosaurios, reptiles alados, y otros seres grotescos, encarnándose en ellos y
participando en actividades sanguinarias.
Royce y Zolot, tal vez sin darse cuenta de ello, hicieron eco de las creencias del "profeta
durmiente" Edgar Cayce, cuyas numerosas lecturas todavía se estudian en el Centro A.R.E
en Virginia Beach. En estado de trance, Cayce manifestó que seres superiores se habían
encarnado en los animales como un juego, para disfrutar del placer de los sentidos, hasta
quedar atrapados en dichas formas físicas.
La represalias divina por las transgresiones de Lucifer y sus adeptos pueden leerse en el
libro del Apocalipsis, según los autores del panfleto. La destrucción de los dinosaurios y su
mundo, no obstante, no fue completa, y todavía podemos ver los cocodrilos y caimanes
como testamento del mundo anterior a la creación.
Sin embargo, Satanás sigue ansioso de recrear sus antiguas glorias: los autores insisten que
los avistamientos de criaturas extrañas (bigfoot, chupacabras, etc.) o especímenes gigantes
de seres conocidos (pulpos, calamares, tiburones) son prueba de que el Maligno sigue
haciendo de las suyas.
Las religiones orientales
La noticia se regó como pólvora: corría la primavera de 1985 en Washington D.C. y los
habitantes de dicha ciudad descubrieron un buen día que habían desaparecido todos los
pordioseros, deambulantes y otros marginados que acostumbraban sentarse en las plazas
públicas y entradas de las estaciones del metro de la capital estadounidense. Sencillamente
se habían esfumado.
A principios se murmuró que las autoridades municipales habían hecho una gran redada
para capturar a los desventurados y llevarlos fuera de la ciudad, pero la verdad salió a relucir
en los noticieros vespertinos: el elemento lumpen de Washington había se había trasladado
voluntariamente al villorrio de Antelope en el estado de Oregon, a miles de kilómetros de
distancia. Las cámaras de televisión presentaron imágenes de los vagabundos con guirnaldas
alrededor del cuello, divertiéndose y celebrando ritos hindúes. Habían sido invitados y
transportados por miembros estadounidenses la secta Rajneesh para aumentar la población
del villorrio y lograr el cambio de nombre de Antelope a Rajneeshpuram.
Al margen de los problemas que aparecieron en los telediarios y periódicos sobre las
ambiciones políticas de la secta Rajneesh y la gran colección de coches Rolls Royce de su
líder, Baghwan Shree Rajneesh, al fundamentalismo cristiano le preocupaba más otro
aspecto de noticia: el hecho de que el carismático líder sectario parecia estar poseído por un
demonio.
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Alta Extrañeza

El fundamentalista Tal Brooke, autor del libro Riders of the Cosmic Circuit (Jinetes del
Circuito Cósmico), había vivido por muchos años en la India, convirtiéndose en edecán de
Sai Baba y llegando a conocer personalmente tanto a Rajneesh como a otro importante gurú,
Muktananda. Para llegar a pertenecer a esta exclusiva cofradía de "jinetes", según Brook, era
necesario "sacrificar el alma sobre el altar del olvido, obteniendo a cambio una explosión de
superconciencia más allá del punto sin retorno. El resultado de dicha transformación es un
ente que afirma ser nada menos que un dios que utiliza el cuerpo físico como vehículo". Los
familiares y otros allegados al iluminado categorizan dicho cambio como posesión, pero se
trata de una posesión perfecta--la personalidad del individuo queda borrada del cuerpo y
susituída por "una inteligencia masiva y funesta que ha sido testigo de la creación del
cosmos, sumamente poderosa y sumamente maligna", según Brooke.
Cuatro años antes de la desaparición de los pordioseros de la capital estadounidense, Brooke
había visitado la ciudad india de Poona para conocer el ashram de Rajneesh, tal vez
impulsado por el hecho de que muchos europeos y estadounidenses se habían integrado a la
secta sin que volviese a saberse de ellos. En el ashram, según el autor fundamentalista, se
practicaba toda suerte de actividades sexuales y el ambiente resultaba "satánico" en su
opinión. Eckhart Flother, un periodista alemán que había formado parte del séquito del
Baghwan, confesó a Brooke que se habían formado grandes erupciones de poder diabólico
en torno al gurú: un hombre había padecido una visión en la que Rajneesh le arrancaba el
corazón y se lo devoraba; una mujer había sido violada por una imagen espectral del gurú.
El mismo Flother había sido testigo de una "enorme fuerza o ser sobrenatural" que se
desplazaba a gran velocidad de noche por las calles de Poona.
Cuando Flother tuvo una experiencia religiosa que le hizo convertirse al fundamentalismo,
se lo hizo saber a Rajneesh. Según el alemán, el semblante del gurú cambió de la
complacencia al horror al mencionar a Jesucristo. Sus manos se pusieron tiesas y comenzó a
temblar. El único comentario que pudo hacer el gurú tras un largo silencio fue decir: "que lo
disfrutes".

Integristas contra platívolos
El cristianismo evangélico parece estar indeciso sobre el fenómeno OVNI: algunos se
inclinan por creer que los extraños aparatos voladores y sus tripulantes son ángeles mientras
que otros los consideran menos buenos. Sin embargo, se puede hablar de una especie de
ovnilogía evangélica cuyos exponentes escriben libros, dictan conferencias y aparecen en
programas de radio y televisión, al igual que sus contrapartidas seculares. Mark Albrecht y
Brooks Alexander, que pertenecen a este movimiento, dijeron que los OVNI existían sin
lugar a dudas en una nota para el Spiritual Counterfeits Project Journal, apuntando que 20 a
30 por ciento de los avistamientos OVNI no pueden ser explicados como fenómenos
naturales. "Hay más de dos mil casos de encuentros entre humanos con ovnis en tierra, y
mas de setecientos casos en dónde se ha encontrado evidencia física." Estos ovnílogos
cristianos manifiestan su receptividad a la posibilidad de que Dios haya creado seres

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Alta Extrañeza

inteligentes en otros planetas o dimensiones, pero representan una minoría interesante dentro
del fundamentalismo.
En 1994, con el respaldo de la Fundación Bigelow, la investigadora Victoria Alexander
envió una encuesta sobre el impacto que tendría la declaración oficial de la existencia de los
OVNI como naves extraterrestres a mas de 1000 pastores, sacerdotes y rabinos. El resultado
de la encuesta desveló que la mayoría de los religiosos pertenecientes a religiones ortodoxas
no pensó que la "realidad ovni" afectaría en lo más mínimo las enseñanzas de su religión ni
la fe de sus devotos. Sin embargo, no resulta sorprendente que los pastores fundamentalistas
hayan representado la excepción a la regla. "De existir una civilización extraterrestre",
manifestó un pastor anónimo de Virginia Occidental, "formaría parte de la sección del
infierno puesta en libertad durante el plazo de tribulaciones del que nos habla la Biblia."
Tampoco puede decirse que sus razonamientos hayan sido muy claros, como puede
apreciarse por la respuesta de un ministro fundamentalista de Virginia: "Es muy difícil que
esto [la existencia de los OVNI] suceda, puesto que Dios creó el cielo y la tierra, y el
hombre fue creado para multiplicarse y henchir la tierra. No creo en las civilizaciones
extraterrestres".
La existencia de los OVNI como naves extraterrestres procedentes de civilizaciones más
adelantadas que la nuestra supone un problema mayúsculo para el cristianismo evangélico,
ya que la existencia de otros seres inteligentes pondría en duda el concepto de la creación
única de nuestro planeta y la encarnación de Jesucristo para redimir los pecados de la
humanidad. Con una indignación y asco que puede palparse en las páginas de su libro
Encounters With UFOs, los autores Zola Leavitt y John Weldon insisten que Jesucristo
tendría que encarnarse miles de veces en distintas razas alienígenas para redimirlas,
asumiendo aspectos a veces monstruosos (enanos cabezones, criaturas de brazos múltiples,
gigantes), a juzgar por las descripciones que tenemos de los ovninautas: "¿Se diría alguna
vez que Cristo el hermano de un monstruo (Heb 2:11), o que un ser parecido a un espárrago
es el hijo de Dios? Si Cristo debe morir por miles de especies alienígenas, su pasión y
muerte dejan de tener un sentido especial". La principal preocupación de Leavitt y Weldon
parece ser que no hay nada en la fenomenología ovni que conduzca a la existencia de un
sólo ser divino. Como señala Ralph Rath, otro autor cristiano: "Hay muchas cosas en el
fenómeno OVNI que contradicen el concepto de Dios revelado en la Biblia y en la tradición
cristiana."
Otros investigadores fundamentalistas prefieren dejar a un lado semejantes enredos
teológicos y dedicarse a analizar casos en donde las acciones de los OVNI o de sus
ocupantes reflejen buenas o malas intenciones que permitan asignarlos con facilidad al
partido divino o al maligno. Al ufólogo fundamentalista le preocupa sobremanera el
concepto de la "decepción" en las comunicaciones recibidas de parte de supuestas
inteligencias extrahumanas (ya sea a través del contactismo, las abducciones o mensajes
recibidos telepáticamente durante encuentros cercanos) y su prueba de tornasol es muy
sencilla: si las inteligencias extrahumanas no hacen mención de Jesucristo como redentor de
la humanidad, esto significa que son malévolas. De ahí que la ufología fundamentalista se
haya ocupado de desmentir los mensajes los "buenos hermanos de espacio" pregonados por
los contactados en distintas partes del mundo y de valerse de argumentos circulados por
129

Alta Extrañeza

investigadores mainstream como John Keel y Jacques Vallée sobre hadas, duendes, jinas y
demonios
como la posible explicación del fenómeno. Casi puede decirse que el Dr. Clifford Wilson,
cuya obras The Alien Agenda y UFOs and their Mission Impossible fueron traducidas al
castellano por el fallecido Antonio Ribera, liberó una batalla personal contra el "Ashtar" de
los contactados, especialmente los mensajes proporcionados al californiano George Van
Tassel. Ashtar, según Wilson, no era más que el Astaroth de los antiguos con ropa nueva y
la cara lavada.
El peor de todos los mensajes emitidos por el Comando Ashtar, para los fundamentalistas,
fue uno entre muchos recibidos por Thelma Terrell (mejor conocida como "Tuella") en que
el apuesto comandante espacial ofrece una nuevo concepto de la Trinidad, que se convierte
en una coalición entre el comandante Ashtar, Sananda (Jesús) y Atenea (la diosa griega de la
sabiduría).
Bill Alnor, uno de los representantes más conocidos de la investigación fundamentalista del
fenómeno OVNI, ha manifestado: "Creo que el dios de la Nueva Era de los ovninautas es
parte de la decepción, que bien puede ser una de las ofensivas demoníacas más hábiles de
todos los tiempos. Como podremos ver, la decepción atentada por los ovninautas tiene que
ver con la retraducción y falsificación de numerosos eventos futuros que, según el
Evangelio, tomarán lugar durante la tribulación, o durante los mil años de paz que según la
promesa de Dios, seguirán a su llegada".
La palabra final se le concede al teólogo alemán Kurt E. Koch, cuyos trabajos han servido
de baluarte a los fundamentalistas. En un suplemento para su monumental obra Occult ABC
(Kregel, 1992), el teólogo afirma que "jamás he visto un OVNI, y tampoco me interesaría
verlo," pasando a citar un caso de secuestro ovni en Namibia en 1972, en el cual una mujer
de la misión Kwa Sizabantu había sido llevada a bordo de un OVNI tripulado por seres
robóticos. Luego de haberla sometido a todas las pruebas que caracterizan semejantes
encuentros, los robots le dijeron que le concederían un deseo, ya que "Dios no contestará tus
plegarias, pero nosotros podemos hacerlas realidad". La mujer repuso que su mayor deseo
era contraer nupcias con cierto hombre. Según Koch, los robots concedieron su deseo, pero
su matrimonio estuvo plagado de dificultades. "Los tripulantes del OVNI," escribe Koch,
"representan un rechazo de Dios...antes de esta experiencia ovni, la mujer era capaz de rezar
y leer la Biblia, pero después del evento, perdió la capacidad de hacerlo."
Los escritos de Koch pasaron a formar parte del arsenal de textos fundamentalistas
empleados como respaldo a la técnica denominada spiritual warfare (guerra espiritual) que
estuvo de moda en los círculos cristianos a comienzos de los '90. La guerra espiritual sigue
existiendo, pero en la actualidad se concentra en la oposición masiva a programas de
televisión que hacen hincapié en la magia negra y los seres de ultratumba, como Buffy the
Vampire Slayer, Angel, Sabrina the Teenage Witch y más recientemente el largometraje
Harry Potter y la Piedra Filosofal.
Al tal grado ha llegado el rechazo al joven mago inglés, producto de la pluma de J.T.
Rowlings, que se han producido quemas de sus libros en algunos estados de la unión: Jack
130

Alta Extrañeza

Brock, pastor de la Christian Community Church en Alamogordo, Nuevo México, declaró
el 29 de diciembre de 2001 que su congregación efectuaría una quema de libros de
Rowlings, alegando que "estos libros incitan a nuestros jóvenes a querer saber más sobre
brujas, brujos y hechiceros". Brock agregó que Harry Potter "era una abominación ante los
ojos de Dios".

131

Alta Extrañeza

Capítulo 17 – Donde viven los monstruos

No hay quien olvide esas primeras películas de horror que se pasaron en el cine o por la
televisión y que nos hicieron temerle a la oscuridad, a los cementerios, a los lugares
yermos o – en el caso de la genial Psycho de Hitchcock – a las cortinas de baño. Con el
paso del tiempo, los maestros del suspense y del horror pasaron a tramas más complejas
que tenían que se fundamentaban en gran parte en crónicas verídicas de lo sobrenatural,
en el satanismo, el vudú, en las innumerables historias de aterrizajes y persecuciones por
platillos voladores y en fechas más recientes, las espeluznantes crónicas de secuestros.
Algunas de estas representaciones cinematográficas, como El Exorcista de William
Friedkin, llegaron a causar verdaderos problemas físicos en los espectadores (aunque en
gran parte debido al uso de ruidos subliminales por este director) y en los cines
estadounidenses y británicos no faltaba el predicador o clérigo dispuesto a asesorar a los
que salían de las salas. Pocos años después aparecerían las películas de gore y el género
del horror en la gran pantalla volvería a cambiar de aspecto.
Pero a pesar de las cinco o seis décadas de películas de horror que llevamos a cuestas en
términos culturales, hay verdaderas historias de horror en las crónicas de lo sobrenatural
que jamás han sido pasto de ningún guionista y que seguramente harían que más de uno
de nosotros durmiese con las luces encendidas...
Los monstruos del estado de Ohio
Alguien debió haberse dado cuenta de que las cosas iban mal cuando los carpinteros
amish renunciaron a sus trabajos.
Corría la primavera de 1981 y los carpinteros amish – de mirada aguileña, barbados,
ataviados en sus clásicas ropas azules y sombreros negros – habían sido contratados para
realizar labores de reparación en la granja de la familia Roberts en las afueras de Rome,
estado de Ohio. Para obtener la madera requerida, los amish se propusieron talar parte de
la arboleda adyacente a la granja, trayendo consigo grandes caballos para arrastrar la
leña.
Los taciturnos amish quedaron sorprendidos cuando, al día siguiente, las bolsas de
alimento equino que habían llevado a la zona para alimentar a las bestias aperecieron
desgarradas con su contenido desparramado por la tierra. Al día siguente, los habitantes
de la granja escucharon disparos. Al salir a ver lo sucedido, vieron que los amish salian
de la arboleda con uno de sus caballos, que tenía una gran y sangrienta desgarradura de
pulgada y media de profundidad en el costado. Los carpinteros se negaron a hablar sobre
el suceso, comentando muy parcamente que “habían disparado contra unas víboras”.
Trajeron un animal nuevo para ayudar en las faenas, pero a los pocos días abandonaron el
proyecto sin mediar palabra. No se les volvería a ver por buen tiempo.
Lo cierto es que algo raro venía sucediendo en las inmediaciones de la granja Roberts
desde hacía un año. Cazadores habían hallado un ciervo con la panza desgarrada y el
mismo granjero Roberts había hallado cuatro patos decapitados el bosque a la vez que
132

Alta Extrañeza

aparecieron enormes huellas con garras en el terreno. Todo esto apuntaba hacia algo que
ni la familia Roberts, ni los investigadores que acudirían a ayudarlos, serían capaces de
imaginar.
La situación estalló la noche del 25 de junio de 1981, cuando el granjero y sus hijos
vieron que había una “cosa” parada en el patio delantero de la granja, cerca del pinar. La
“cosa” era negra y con ojos rojos resplandecientes, corriendo en cuatro patas mientras
que perseguía a los animales. Mientras que uno de los hijos alumbraba la macabra silueta
con una linterna, el granjero Roberts disparó con su escopeta de calibre .410 –- “la cosa”
emitió un grito agudo y aterrador, desapareciendo hacia el oeste sobre los campos
sembrados como si estuviese volando. A pesar de que ya no podían verla, era posible
esuchar los gritos que provenían a la distancia.
A la noche siguiente, mientras que el granjero miraba la televisión, esuchó ladrar a sus
perros hasta que los ladridos se trocaron en gemidos. Cuando salió a investigar, pudo
constatar que uno de los perros intentaba meterse debajo de una podadora de césped para
escapar de algo. Al apuntar la linterna a varios metros, la fuente del pánico que motivaba
al can a actuar en semejante forma se hizo claramente visible: era una figura parecida a
un gorila con ojos rojos flameantes, emitiendo gruñidos. Roberts pudo verle la cara y los
colmillos claramente, aunque su enorme estatura de casi 3 metros le causó más espanto.
El granjero volvió por su escopeta, gritó a por sus hijos, y los varones de la casa salieron
a disparar contra el “monstruo”, que se alejaba hacia el oeste. Con esto comenzaría uno
de los episodios más extraños y controvertidos de la fenomenología paranormal
estadounidense – un caso en el que los OVNI y los seres peludos conocidos como Yeti,
Bigfoot o Sasquatch se darían cita en los extensos pastizales de Ohio. Investigadores
rechazarían la verosimilidad de cualquiera de los dos aspectos según su óptica personal,
pero la combinación de elementos era innegable y sucedería en muchos otros casos.
Durante el resto del verano de 1981, Roberts y sus hijos tuvieron numerosos encuentros
cercanos contra los gigantes de ojos flamígeros, teniéndolos lo suficientemente cerca
como para aportar detalles sobre su aspecto: la estatura promedio era de tres metros, su
pelambre oscuro podía variar entre pardo y negro. El rostro y la nariz eran achatados y
simiescos. Tal vez el detalle más espeluznante era el de los colmillos amarillentos que
sobresalían varias pulgadas de la mandíbula inferior.
Los encuentros fueron terribles, resultando en noches enteras de tiroteos dignos de una
película de horror. El granjero y sus hijos se apostaron en el tejado para abrir fuego
contra los intrusos, que en la noche del 28 de junio de 1981 aparecieron en un grupo
bastante nutrido, algunos de ellos portando “luces azules” que ondeaban en la oscuridad
del bosque. Una de las descargas de escopeta consiguió impactar contra uno de los
gigantes, que pareció caer en las aguas del aljibe que estaba en los predios del granjero,
pero nada apareció al día siguiente. ¿Qué eran estas cosas? ¿Supergorilas de alguna
especie? ¿Seres interplanetarios? ¿Los poderes y principados contra los que nos advertían
los textos religiosos?

133

Se persona el Sheriff

Alta Extrañeza

Los alguaciles del departamento del Sheriff del condado de Ashtabula, Ohio, se
personaron al lugar de los hechos en dos ocasiones esa noche. Recorrieron la zona de la
batalla entre el granjero y los suyos con los intrusos desconocidos y alumbraron la zona
boscosa con el reflector del carro policía sin detectar nada.
El informe de las autoridades dice lo siguiente: “Roberts manifiesta que durante la noche
del Miércoles y el Jueves de la semana pasada, él y su familia fueron despertados por
gruñidos extraños actividad en los patios delantero y trasero de su casa. Cuando fueron a
revisar, pudieron ver un animal grande de color negro, estatura aproxmada de 2 a 3
metros. Cada vez que alumbraban al ser con una linterna, o intentaban abrir fuego contra
el, se escaba corriendo hacia el bosque. El animal volvió anoche y estaba en el campo
norte detrás de la casa. Roberts y su hijo persiguieron el animal hacia un claro en la
empalizada, donde afirmaron haber visto tres pares de ojos grandes. Dispararon varios
tiros contra los animales y esperaron hasta que rayara el alba para investigar. Revisé la
zona junto con [Roberts] y no pude ver señas de tejido ni sangre. [Roberts] dice haber
llamado nuestra oficina y la del guardabosques Kelly y se le informó que no había nada
que hacer a menos que pudiese obtener una huella. El granjero mencionó haber perdido
cuatro patos y un pollo desde el comienzo de la actividad, y nos advirtió sobre otro
incidentes en los que caballos propiedad de leñadores amish habían sido víctimas de
ataque, así como otros animales domésticos.”
El escepticismo de las fuerzas del orden público queda claramente ilustrado en el escueto
informe de los alguaciles, pero era francamente dificil pensar que se había librado una
batalla contra seres de otro mundo en los pastizales de esta pintoresca región del país.
Pero la realidad de los eventos era una pesadilla para Roberts y su familia, y la llegada
del mes de julio no haría sino empeorar la situación.
Los investigadores se enfrentan al misterio
La noche del 1 de julio, mientras que dos miembros de la familia hacía guardia en el
techo de la casa, apoyándose contra la chimenea para no caerse, se produjo un fenómeno
de alta extrañeza que dejaría cortas las manifestaciones de los gigantes peludos.
Cuatro luces redondas, que cambiaban de color e intensidad, se paseaban entre la
arboleda lejana, guardando el aspecto de enormes tanques de petróleo, emitiendo luces
que podían alumbrar una zona de aproximadamente una hectárea como si fuese de día.
Los gritos aterradores “de mujer”, como los clasificarían Roberts y sus hijos, comenzaron
a escucharse casi enseguida. Peor aún – los defensores podían ver siluetas negras
corriendo entre los árboles, siluetas de ojos rojos.
Los defensores abrieron fuego. Cada impacto de bala hacía que las siluetas emitiesen
gritos, pero sin surtir efectos letales. Las siluetas acusaban el impacto y salían corriendo,
gritando, para refugiarse en la arboleda.

134

Alta Extrañeza

En un momento determinado, Roberts y su aguerrida familia percibió algo extraño. Uno
de sus caballos parecía haberse escapado y estaba en medio del campo, cerca de las
siluetas. Presos del temor, los granjeros se apuraron a revisar si otros animales habían
escapado de establo, pero no era así. La silueta oscura con forma de caballo no era más
que uno de “ellos”, haciéndoles creer que una de las bestias del establecimiento rural se
había escapado.
Cargando sus escopetas de nuevo, los defensores abrieron fuego contra el caballo
impostor, que emitió un grito y un gruñido, corriendo para refugiarse en la parte noroeste
de la granja.
Dennis Pilichis, el investigador forteano que acabaría por convertirse en el cronista de la
historia de Roberts y su asedio paranormal, escribiría lo siguiente en el monográfico The
Night Siege-The Northern Ohio UFO-Creature Invasion(1981):
“Es digno de notarse que durante todas estas correrías en la noche, un objeto volador
sobrevoló la granja a unos 200 pies de altura. Tenía la configuración de una caja de
cigarros. Los miembros de la familia que estaban apostados en el tejado en aquel
momento observaron que tenía luces azules a su derredor con una luz roja más brillante
en su centro. El objeto parecía provenir de las profundidades del bosque, pasando sobre
la arboleda, volando lentamente sobre la granja y cruzando la calle hacia el suroeste,
pasando sobre los maizales...el padre disparó contra el objeto mientras que volaba sobre
sus cabezas, apuntando hacia la luz roja. Creyó haber escuchado el sonido de una bala
que hacía impacto contra algo hecho de vidrio. El objeto siguió volando sin haber
acusado daño alguno, salvo que la luz roja ya no podía verse. Ningún miembro de la
familia recuerda haber esuchado sonidos provenientes del aparato y están seguros de
que no se trataba de ningún avión o dispositivo hecho por la mano del hombre”.
Durante las semanas de julio de 1981, Pilichis se convertiría en la única persona
interesada en el caso de los Roberts y en prestarles ayuda, documentando las extrañas
huellas halladas en los predios mediante fotografías en película de 35 mm y haciendo
moldes de escayola de pisadas de dos, tres y cinco dedos. Acompañado por otro
investigador – Jim Carnes, natural de Mecca, Ohio – Pilichis llegó a participar en la
defensa activa de la granja y a presenciar los “ojos rojos” de las siluetas, que a veces
emitían extraños resplandores blancos.
“El mejor avistamiento de toda la noche”, escribiría Pilichis en su monográfico, “se
produjo cuando pudieron observarse tres juegos de grandes ojos rojos – uno a la
izquierda, uno detras del árbol caído y otro más bajo, casi a ras del suelo. La criatura más
alta tendría unos 4 metros de altura, a juzgar por el arbol muerto. Le iluminé con la luz de
mi linterna; el cuerpo de la criatura proyectaba su sombra sobre los restos del gran árbol.
Podía apreciarse el resplandor de su pelambre negro a la luz de la linterna...a estas alturas
(3 a.m.) todos estabamos muy confundidos y frustrados por lo que estábamos viendo.
Después de que se alejara la gran criatura, el haz de la linterna cayó directamente sobre el
rostro del ser a la derecha, el que estaba casi al ras del suelo. Jamás podré olvidar esa
experiencia. Llegué a verlo arrastrándose para refugiarse de nuevo en la arboleda.”.
135

Alta Extrañeza

En agosto de 1981 llegarían los “refuerzos” bajo la forma de William McIntyre, el
controvertido director del grupo MARCEN e investigador del fenómeno Bigfoot en el
estado de Maryland. McIntyre y Larry Peters, otro asociado, propusieron usar jaulas con
conejos muertos como la carnada para atraer a estas criaturas...aunque los cadáveres
llevarían dentro de ellos cápsulas de cianuro para matar a cualquiera que los consumiese.
Propusieron el uso de bengalas, cilindros de ácido hidrofluórico a presión y escopetas de
varios calibres para la protección del grupo, y también un crucifijo, “por si resultaban ser
demonios”.
La llegada de los expertos adicionales – avezados investigadores del fenómeno bigfoot en
todas sus manifestaciones – se produjo justo cuando la situación llegaba a su punto
crítico. Las aves de corral del granjero Roberts seguían siendo victimas de los ataques de
los seres misteriosos, y las mismas fuerzas desconocidas habían hecho todo lo posible por
derribar un nuevo establo que Roberts y su prole intentaban construir en otra parte de la
granja. Los ataques furtivos ya no se limitaban al patio y las proximidades de la arboleda:
la caja de fusibles de la casa, localizada en el sótano, había sido destrozada por “algo”
que dejó las impresiones de sus nudillos en la superficie de la caja como consecuencia de
un puñetazo tremendo.
Peor aún era el problema que aquejaba a uno de los hijos del granjero (Pilichis no
especifica su edad ni nombre). Existía una especie de “afinidad” o “engranaje” entre los
seres extraños y el jóven—algo que resultaba profundamente alarmante para Roberts y
los demás miembros de su familia. Y este detalle recordaba poderosamente a los
investigadores al célebre caso de Uniontown, Pennsylvania, que había ocurrido en 1975.
Durante este incidente, en el que participaban seres peludos y ovnis por igual, el hijo de
un granjero de dicha población rural aparentaba haber sido “poseído” por uno de los seres
peludos, cayendo al suelo, hablando en voces grotescas y gruñidos cada vez que su
familia y amigos se le acercaban.
Otros vecinos de los Roberts comenzaban a acusar la actividad extraña, que ahora
también comenzaba a sentirse en la ribera opuesta del rio Grand. Uno de estos vecinos, al
ser entrevistado por los investigadores, afirmó haber escuchado los extraños sonidos
“como de jabalíes” provenientes de la arboleda. Al salir a investigar con su linterna, el
alboroto parecía amainar.
La noche del 21 al 22 de agosto de 1981, los investigadores colocaron sus jaulas con
conejos envenenados en un campo que había sido arado con anterioridad por el granjero.
Los conejos estaban atados a las jaulas con cordones de paracaídas capaces de aguantar
un peso de mil doscientas libras. A eso de las 9:30 p.m., los investigadores detectaron la
presencia de ojos rojos en la arboleda, atraídos tal vez por el olor de los conejos y por una
grabación en cinta contínua de conejos gritando. La presencia de los seres se vio
acompañada por luces fantasma de color blanco azulado.
Los ojos eran tan numerosos que Pilichis temió que la granja se vería abrumada por los
seres; McIntyre, vigilando la arboleda desde la protección ofrecida por el establo en
136

Alta Extrañeza

construcción, pudo ver una sombre que salía de entre los árboles. “¿Eres humano o
animal?!” gritó el investigador, a lo que la sombre emitió una serie de gruñidos. Sin
titubear, el investigador abrió fuego con su escopeta de alta fuerza. La sombra gritó y se
alejó profiriendo alaridos, perdiéndose entre los árboles.
Al amanecer, los investigadores descubrieron que dos de los conejos habían desaparecido
y que las cuerdas de paracaidas estaban deshilachadas. Huellas de tres y cinco dedos
rodeaban las jaulas.
La actividad decayó en torno a la granja de los Roberts de ese momento en adelante,
aunque no se pudo constatar que el cianuro en los conejos hubiese surtido efecto alguno.
Se produjeron otros eventos en la zona, principalmente en la comunidad de Rock Creek y
posteriormente en East Jefferson, Ohio, este último siendo investigado por el veterano
escritor y escéptico Jim Moseley.

137

Alta Extrañeza

Capítulo 18 – Universos paralelos

El concepto de los universos o mundos paralelos superimpuestos sobre el nuestro no es nada
nuevo, pero generalmente se la ha relegado al mundo de lo fantástico, como el mundo
estrafalario al otro lado del espejo en Alicia y el país de las maravillas, y el reino de Narnia
al fondo del ropero en El león, la bruja y el ropero de C.S. Lewis, amén de los numeros
reinos de acción y aventura en mundos paralelos que figuran tanto en la ciencia-ficción
como en la fantasía heroica. Desde la perspectiva literaria, la creación de un mundo paralelo
permite que el autor explore posibilidades o ucronias que no pueden darse en nuestra
realidad lineal. Por consiguiente tenemos obras artísticas en las que los protagonistas se
topan con sus "dobles", mundos en los que el resultado de una guerra fue totalmente distinto
al de la realidad de los protagonistas, o niveles de existencia totalmente ajenos al nuestro,
que van desde celestiales hasta infernales.
Estos autores de narrativas de ficción tal vez quedarían sorprendidos, o hasta consternados,
si supieran que la realidad de lo paranormal ofrece historias no menos extrañas que el fruto
de su imaginación.
Continentes perdidos de la mano de Dios
En el siglo V a.c., el filósofo griego Anaxágoras expresó la creencia de que "otros hombres
y otras especies vivientes" ocupaban una especie de antitierra que recibía la luz de su propio
sol y luna, y cuyos habitantes "al igual que nosotros mismos, poseen ciudades y fabrican
objetos ingeniosos". El filósofo ubicó su antitierra en la carátula opuesta de su universo
chato y discoidal. Los fragmentos que sobreviven de su tratado Sobre la Naturaleza no
cuentan si Anaxágoras pensaba que podía haber contacto entre los seres inteligentes de
ambos mundos, pero a miles de kilómetros de la cuenca mediterránea, otro grupo de
pensadores habían desarrollado una cosmología parecida y la habían integrado a su religión.
Los Puranas, un resumen de la mitología, filosofía y ritos del hinduismo, nos hablan de los
dwipas como parte de sus creencias cosmológicas. Estos niveles de existencia consisten de
siete continentes, a saber: Jambu, Plaksha, Shalmali, Kusha, Krauncha, Shaka y Pushkara,
con sus respectivos mares, montañas y habitantes.
Resulta difícil, sin embargo, separar lo claramente metafórico, como los mares de "zumo de
caña y mantequilla licuada" que rodean algunas de estas tierras metafísicas de aquellas que
están basadas más sólidamente en la realidad. Algunas de las provincias en las que está
subdividida el dwipa de Jambu, por ejemplo, parecen corresponder con el subcontinente
indio, cercado por las montañas Himadri (Himalayas) al norte y el Gran Mar Salado (el
Indico) al sur. Más allá de estos confines, los demás parecen fundirse con la irrealidad que
hemos asociado en la mitología occidental con Lyonnesse, Tirn-Na-Og, la isla de Avalon y
la isla de San Brandán.
El concepto de los dwipas fue dado a conocer en occidente a fines del siglo XIX por los
trabajos de la Sociedad Teosófica, alimentado por el interés general en lo asiático y oriental
que caracterizó dicha fase de la historia. "La opinión de muchos hoy en día," declara Charles
Johnson, F.T.S., en el ejemplar de abril de 1889 del boletín teosófico The Path, "es que los
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Alta Extrañeza

mitos casi grotescos y las descripciones geográficas y astronómicas contenidas en los
escritos religiosos...son en efecto alegorías deliberadamente construidas por los sabios de la
antigüedad que deseaban ocultar...las verdades sagradas que tan sólo podían darse a conocer
en los recintos de sus templos".
En la década de los '60, el escritor y científico francés Jacques Bergier se interesó
por los mundos metafísicos del hinduismo, creyendo que podía haber algo de cierto en ellos
según los principios de la matemática moderna. Bergier apuntó que las "superficies de
Riemman" están compuestas por cierto número de capas que no están encima de la otra y ni
siquiera lado a lado de las otras--las capas sencillamente coexisten. Es casi seguro que
Bergier simplificaba el asunto para los lectores inexpertos, pero la conclusión matemática
era que el espacio es mucho más complejo de lo que aparenta
"Si la tierra es una de estas superficies," escribe Bergier, "por fantástico que pueda
parecer, resulta posible que existan regiones desconocidas que son por lo general
inaccesibles y que no aparezcan en ningún mapamundi o globo terráqueo. No sospechamos
de su existencia, al igual que no sospechamos la existencia de los microbios, o de la
radiación invisible del espectro, antes de haberlas descubierto". (Viseé pour autre terre,
Albin Michel, 1974).
¿Acaso encontró el iconoclasta Bergier la manera de justificar las creencias de tanto
Anaxágoras como los escribas hindúes que redactaron los Puranas? Existen, de veras,
"espacios dentro de nuestro espacio" que se desarrollaron independientemente del nuestro,
tal vez accesibles sólo por lo que conocemos como puertas dimensionales, arrugas en el
espacio-tiempo, y otras descripciones?
Por inverosímil que pueda parecer semejante posibilidad, explicaría la creencias
ampliamente difundidas en el folclore mundial sobre lugares en que se puede entrar pero no
salir jamás, o que pueden visitarse en ciertas épocas del año o cada cuantos años. Las
ciudades fantasmales visibles desde el glaciar de Muir en Alaska, explicadas como efectos
ópticos, serán espejismos no de ciudades de nuestro mundo, sino de urbes cuyos
habitantes "fabrican cosas ingeniosas", como dijo Anaxágoras hace siglos?

El hombre que vino de Tuared
Pero no dejemos que Bergier se vaya todavía...
En 1954, a raíz de disturbios civiles de gran violencia en el Japón, las autoridades niponas
opinaron que los motines estaban siendo instigados por agitadores extranjeros y se dieron a
la labor de escrutinar los pasaportes de los visitantes de otros países para detectar
irregularidades, tales como señas de falsificación por grupos terroristas o
antigubernamentales. Bergier nos informa que los oficiales se toparon con un huésped de
cierto hotel en Tokío cuyos papeles parecían estar en buen orden, pero con un pequeño
problema: el gobierno que emitió el pasaporte no existía.

139

Alta Extrañeza

El documento no presentaba señales de falsificación. La fotografía del portador era
claramente visible y las huellas dactilares eran idénticas. Sin embargo, los funcionarios
japoneses no podían encontrar ninguna "República de Tuared" en sus mapas, a pesar de las
protestas del extranjero, que insistía que su país ocupaba la mayor parte del desierto del
Sahara, extendiéndose desde Mauretania en el oeste hasta el Sudán en el este. Era cierto, sin
embargo, que el hombre había venido al Japón con una misión poco edificante: comprar
armas para ayudar a emancipar los países árabes de la opresión occidental.
Según Bergier, el tuarediano anónimo convocó una rueda de prensa para exponer sus
razones, y la prensa trató en vano de localizar su país a pesar de haber solicitado la ayuda de
las Naciones Unidas de la Liga Arabe. El hombre que vino de Tuared fue internado en un
psiquiátrico japonés, donde es de suponer que permanece hasta nuestros días--un extraño en
tierras extrañas.
Está claro que todo el evento pudo haber sido un fraude--un esfuerzo por nacionalistas
magrebíes interesados en establecer su propio país y embaucar a los agentes de aduana.
Ciertamente, una situación parecida pudo haber sucedido hace sólo unos cuantos años,
cuando el Partido Independtista Puertorriqueño emitió sus propios pasaportes como la
"República de Puerto Rico" para aquellos que deseaban renunciar a su ciudadanía
estadounidense. Según portavoces de dicho partido político, los pasaportes emitidos por la
república inexistente fueron aceptados por agentes de aduana en varios países del mundo.
Aún así, podemos afirmar que un fenómeno extraño pudo haber depositado en nuestro
mundo a un ciudadano oriundo de un importante país africano en otro dwipa?
Algo parecido había sucedido un siglo antes y a miles de kilómetros del Japón. En 1850, se
descubrió a un hombre dando tumbos por las adoquinadas calles de un pueblo alemán.
Cuando las autoridades le echaron mano para interrogarlo, declaró llamarse Josef Vorin,
"ciudadano de Laxaria en Sakria". Los oficiales alemanes se volvieron locos tratando de
hallar estos lugares sin ningún resultado. Se desconoce cual fue la suerte de Vorin.

Vendrán caras extrañas
Estos ciudadanos de otras partes, como el hombre de Tuared, pueden no tener idea alguna
de que se han internado en una realidad distinta hasta sentir el terror sutil de encontrarse en
circunstancias desconocidas. Por otra parte, existe la posibilidad de que algunos vengan a
nuestro mundo a propósito.
Corría el año 1293 cuando un hombre extraño que no hablaba ninguna lengua conocida, se
materializó de la nada durante la boda del rey Alejandro de Escocia. Su aparición fue
considerada como un prodigio y la suerte del individuo no figuró en los libros de historia.
Un sujeto más tenebroso se manifestó en el año 1125 y supuestamente fue visto por miles de
personas, siendo supuestamente capaz de escupir bolas de fuego lo suficientemente
poderosas como para incendiar árboles. En fechas más recientes, Richard Popkin, autor del
libro The Second Oswald, menciona la irrupción de un sujeto que era el doble idéntico de
Lee Harvey Oswald, el asesino del presidente John F. Kennedy, en un campo de tiro
140

Alta Extrañeza

público. El individuo disparó un arma totalmente desconocida que lanzaba bolas de fuego-un parecido que no deja de ser curioso.
El investigador de temas paranormales Brad Steiger tuvo la oportunidad de mantener un
intercambio epistolar con un individuo supuestamente capaz de internarse a voluntad en
estos otros niveles de existencia. Al Kiessig, natural de Missouri (EUA) escribió
detalladamente sobre sus experiencias con los portales dimensionales o "puntos de acceso" a
otras realidades.
Kiessig informó a Steiger que uno de nuestros "universos vecinos" es un entorno insonoro
que carece de viento o de sol, aunque su cielo dispone de suficiente luz como para sugerir la
existencia de semejante astro, y que él mismo pudo internarse en dicho mundo mientras que
paseaba a su perro en Arkansas en diciembre de 1965. Este mundo silencioso parecía imitar
al nuestro, copiando hasta los detalles de las casas de madera descubiertas por Kiessig en su
paseo. Pero el silencio, la ausencia de vida animal y de seres humanos infundían pavor.
También parece haber una diferencia de tiempo considerable entre ambas dimensiones.
El corresponsal de Steiger pasó a mencionar una región sin nombre en las montañas Ozark
desde la cual podía ver otra dimensión con claridad, y ver la manera en que sus habitantes
entraban a la nuestra. Kiessig afirmó su creencia que esta otra dimensión paralela
representaba "el infierno terrenal donde Jesucristo predicó por tres días antes de ascender al
cielo". Según Kiessig, otras puertas dimensionales conducen "a una tierra sin vida. Otras te
llevan al pasado, y otras te conducen al futuro de este mundo".
¿Era Kiessig poco más que un mentiroso que se burlaba a costas de Steiger? un lunático?
¿O poseía, de verdad, el don de entrar y salir de los dwipas?

141

Alta Extrañeza

Capítulo 20 - ¿Un vuelo con destino al limbo?

Hay conspiraciones imborrables, invulnerables al paso del tiempo y al olvido de los
medios, que están más interesados en la sensación farandulera más novedosa. Hay
conspiraciones alarmantes, que resurgen al menos una vez por década, alimentando las
calderas de las revistas especializadas y representando una fuente de ingresos para el
escritor avispado. Pero hay conspiraciones que caen totalmente en el
olvido...conspiraciones que a pesar de haber sido ampliamente difundidas en su
momento, no tuvieron la masa crítica – por decirlo así – para convertirse en estrellas en el
oscuro mundo de la especulación.
Y la siguiente es una de ellas.
Durante mi primer año en la universidad, descubrí que además de los clubes políticos
establecidos en el ámbito académico (los republicanos y demócratas universitarios)
existían otros grupos como YAF – los “young americans for freedom” – colectivo
derechista creado por un legislador sureño con las mismas miras ultraconservadoras que
la famosa sociedad John Birch. Teniendo por compañeros de facultad a algunos de sus
integrantes, la noticia de que el fundador de su sociedad había muerto les sacudió
totalmente. Las circunstancias de su fallecimiento son conocidas de todos y en todas
partes del mundo.
En el otoño de 1983, la situación mundial era más inestable que nunca a la par que la
entonces pujante Unión Soviética y los EE.UU. proseguían su juego de ajedrez
planetario: ayuda a grupos insurgentes y terroristas, despliegue de proyectiles de alcance
intermedio, invasiones de pequeños países, y naturalmente, una carrera armamentista
desenfrenada. El 1ro de septiembre de 1983, dos interceptores soviéticos dispararon
contra un Boeing 747 propiedad de Korean Air Lines (vuelo KAL 007) sobre el Mar de
Japón, justo al sur de la gran isla siberiana de Sakhalin. Entre los doscientos y tantos
muertos que se dirigían desde Estados Unidos a Corea del Sur estaba Larry McDonald, el
antes mencionado fundador de los YAF, y la causa de gran lamentación por sus
seguidores.
La URSS afirmó que el vuelo había irrumpido en el espacio aéreo soviético durante la
prueba de un misil, acusando a EE.UU. de sacrificar las vidas de los pasajeros para
encubrir sus actividades de espionaje, o peor aún, provocar un enfrentamiento armado
entre las superpotencias. Rusia se negó a cooperar con las autoridades internacionales,
aunque la Organización de Aviación Civil Internacional (ICAO, por sus siglas en inglés)
llegó a determinar que un error de navegación efectivamente había resultado en la
desviación del aparato sobre la península de Kamchatka, en vez de seguir un rumbo más
al sur sobre Japón y de ahí a Corea. Los generales encargados de las defensas soviéticas –
Kamensky y Kornukov – tenían órdenes de destruir cualquier objeto, aunque fuese sobre
aguas neutrales. El hecho de que el vuelo KAL 007 sobrevoló Kamchatka
accidentalmente ya le había convertido en “intruso”. Una década más tarde, el piloto
Gennady Ossipovich, cuyo interceptor asestó el golpe de gracia, confesó lo siguiente a la
prensa rusa: “Llegué a ver [que el objeto] contaba con dos hileras de ventanas, y supe que
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Alta Extrañeza

era un Boeing civil. Pero eso no significaba nada para mí, porque es fácil convertir un
vuelo civil a uno militar.” El piloto también confesó haber mentido posteriormente sobre
detalles que se presentaron para alegar la legitimidad del vuelo: que el Boeing carecía de
luces de navegación o estrobos, que habían disparado bengalas, o que habían establecido
contacto por radio.
Doscientos sesenta y nueve...¿muertos?
Basta con acudir a cualquier enciclopedia para leer los pormenores del caso, las
acusaciones que se presentaron, la consternación internacional ante la destrucción del
artefacto, etcétera. Pero lo que nos interesa aquí es la posibilidad de que muchos
pasajeros sobrevivieron la destrucción del KAL 007, y – al igual que los pasajeros de la
mítica serie LOST – fueron a parar al infierno.
Se corrió el rumor de que uno de los pasajeros coreanos había llamado a su esposa
después de la tragedia – y esto era antes de los teléfonos móviles – pero que la llamada
había sido interrumpida súbitamente. La organización Comité por el Rescate de KAL 007
afirmó haber recibido una misiva de la hija de uno de los pasajeros, informando que
durante su niñez, su madre había confirmado el relato. La llamada había sido recibida y
almacenada en la cinta magnética de un antiguo contestador; la esposa reconoció la voz
de su marido enseguida, pero la llamada se cortó. La grabación fue remitida a las
autoridades coreanas para su análisis, pero se dijo posteriormente que aunque la voz era
en efecto la de su marido, se trataba de un mensaje antiguo que había “sangrado” de una
llamada posterior, pero tratándose de una cassette nuevo, la mujer descartó esta
posibilidad y comenzó a sospechar que su gobierno le ocultaba algo. ¿Hubo
sobrevivientes al desastre del KAL 007? Y de ser así...¿cual era su paradero?
Durante un viaje a la Federación Rusa tras la caída de la URSS, un activista
estadounidense afirmó que dos individuos se le acercaron para decirle: “Tenemos a tu
congresista”. Perturbado, el activista se apartó de ellos hasta darse cuenta que se referían
a Larry McDonald, supuestamente muerto en el KAL 007. ¿Una equivocación?
El ministro de una congregación protestante en Nueva York había ido a Rusia en esos
primeros años de la presidencia de Yeltsin para entrevistarse con pastores rusos que
habían luchado por su fe, acabando como víctimas del hostigamiento por la KGB y como
“huéspedes” del gulag. Uno de los pastores estaba convencido de que su campo de
concentración albergaba estadounidenses que habían llegado pocos días después de la
destrucción del avión de pasajeros. Vestían a la manera occidental hasta que se les puso
el uniforme que llevaban los presos.
El Comité por el Rescate de KAL 007 presenta una relato aún más desconcertante: David
Stavitski, un estudioso ruso, dijo que tres meses después de la destrucción del KAL 007,
tuvo la oportunidad de hablar con un militar ruso, el coronel Kodumov. Hablaron “sobre
el uso de la parapsicología para alterar la percepción” – un programa denominado
ADNURE, cuyo objetivo consistía en capturar ciudadanos de otros países para borrar sus
identidades, convirtiéndolos en espías antes de devolverlos a sus países de origen. Por
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Alta Extrañeza

descabellado que pueda sonar, los secuestros de ciudadanos japoneses y surcoreanos por
la dictadura norcoreana son de conocimiento común. ¿Intentos por parte de la dictadura
de Kim Il-Sung y Kim Yong-Il por hacer algo parecido?
Los dirigentes de la antigua URSS tenían un interés especial en el control mental, desde
enigmáticas señales de radio como el “pájaro carpintero” (Woodpecker) que inundaba la
banda de onda corta entre 1976 y 1989, y cuyo peligro sobre el sistema nervioso central
de los seres humanos fue dado a conocer por el Dr. Milton Zaret. Otro galeno, el Dr.
Andrew Michrowski, aseveraba: “Los soviéticos están al borde de un descubrimiento en
la nueva tecnología que resultará en la obsolescencia de los proyectiles y bombarderos.
Podrán infundir sensaciones de pánico o enfermedad en países enteros”. El interés de la
KGB por la PES y otros medios psíquicos fue investigado por Jacques Bergier, quien
describió la existencia de “comandos” de la KGB encargados de suprimir psíquicos
disidentes – los temidos “volkodav”. Vistas desde esta perspectiva, las alegaciones sobre
el programa ADNURE resultan perfectamente factibles
Pero sigamos con la narración de Stavitski: “Las personas acondicionadas regresarían a
sus países natales, respondiendo en todas las formas imaginables como ciudadanos de su
nación, pero manteniendo fiel obediencia a sus controladores de la KGB.” El coronel
Kodumov pensó que los pasajeros del KAL 007 acabaron como cobayas de este
programa de control mental. .
Si los pasajeros del vuelo Oceanic en LOST acabaron en un bondadoso – aunque
desconcertante – paraíso tropical, los supuestos sobrevivientes del KAL 007 acabaron en
la nieve y pantanos de Siberia. El fallecido Avram Shifrin, quien padeció años de
cautiverio en el gulag y formó un centro para desvelar la existencia de “cárceles,
psicoprisiones y campamentos de trabajos forzados en la antigua URSS”, afirmó haber
fraguado una red de contactos dentro del país a consecuencia de su estadía en Kazajstán.
Resulta interesante que Shifrin no era ningún insumiso o disidente, sino un militar de alto
rango en el ejercito ruso, acusado de espionaje.
Según los datos aportados por Shifrin, los sobrevivientes del 007 fueron rescatados del
mar por la guardacosta sovietíca y transportados a la base de la KGB en Sovetskaya
Gavan en Siberia (al otro lado del Estrecho de Tartaria) y a 400 kilómetros al norte de
Vladivosktok. La policía política dividió a los sobrevivientes en grupos de hombres,
mujeres y niños, transportados a un campamento localizado a lo largo de la línea
ferroviaria Baikal-Amur. Los varones fueron enviados a distintos campamentos en toda
Siberia, que alojaban a pilotos y prisioneros estadounidenses de las guerras de Corea
(1950-1952) y Vietnam (1964-1973). Según la organización de Shifrin, estos
campamentos para “forasteros” se caracterizaban por estar lejos de cualquier aldea o
villorrio. Los pilotos y personal con conocimientos aeronáuticos habrían sido llevados a
Rogers’ Bay en la isla de Wrangell, pero dichos campamentos fueron abandonados
posteriormente.
El destino del congresista McDonald, fundador de los YAF y vicepresidente de la
ultraconservadora sociedad John Birch, fue el siguiente: el 8 de septiembre de 1983, fue
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Alta Extrañeza

transportado por unidades especiales de la KGB hasta Moscú desde la ciudad de
Khabarovsk. Los lectores de las novelas de ficción de Ludlum, LeCarré y otros autores se
podrán imaginar las torturas a las que habrá sido sometido el político. Conocido solo
como “el prisionero número tres”, McDonald acabó recluido en la prisión de Lubyanka y
entrevistado repetidas veces por la alta directiva de la KGB. Posteriormente se le trasladó
a otra prisión conocida – Lefortovo – donde los presos enfrentan condiciones horrendas.
Siempre según las afirmaciones de Shifrin, la interrogación de McDonald prosiguió en
Sukhanova, donde se sospecha que la administración de drogas de control mental acabó
borrando su identidad del todo. El congresista fue a parar, en1987, en una pequeña cárcel
en Temir-Tau (Kazajstán), cuyos alcaide pudo identificarlo a partir de una fotografía
envejecida por medios fotográficos. Se desconoce su paradero actual.
“Hell is for Children”
Los niños tuvieron una suerte aún más cruel: fueron internados en orfelinatos de
Vladivostok y en las afueras de Novosibirsk con base a sus rasgos raciales para
“asimilarlos a las poblaciones de las respectivas regiones.”
El Comité por el Rescate de KAL 007 alega que dos hermanas de raza caucasiana –
Stacey y Noelle Grenfell, de tres y cinco años de edad, oriundas de Rochester, N.Y.,
fueron remitidas al orfelinato de Vladivostok, donde permanecieron hasta comienzos de
los ’90. La mayor fue enviada a estudiar medicina en el hospital de la ciudad de
Khabarovsk, egresando tres años más tarde y trasladada a un lugar desconocido. Su
identificación fue posible gracias al director del centro de estudios. De su hermanita no se
tuvo noticias. ¿Se les habrá borrado la memoria? ¿O tal vez el sufrimiento, los castigos y
la inanición les hicieron aceptar nuevas identidades y suertes? La miseria de Vladivostok,
para dos niñas criadas en los suburbios de una ciudad estadounidense, sería suficiente
como para enloquecerlas en su infancia.
Como si esta situación no fuese alucinante de por sí, tenemos el comentario realizado por
uno de los famosos “visualizadores remotos” del proyecto GRILLFLAME del ejército
estadounidense
El destino tampoco se apiadó de las supuestas sobrevivientes de raza coreana: el grupo
obtuvo noticias de una joven asignada a realizar trabajos forzados en un campamento de
leñadores en Tynda, Siberia. Perdió uno de sus brazos durante un accidente de trabajo
antes de 1985, siendo enviada después Nakhoda en el círculo polar ártico. Las
circunstancias le obligaron a contraer matrimonio con uno de los aldeanos, y se sabe que
tuvo varios hijos. “Los aldeanos viven en condiciones infrahumanas y casi no tienen
contacto con el mundo externo,” señala el informe. Resulta interesante que los aldeanos
la tomaron por siberiana debido a sus rasgos físicos, pero que la desventurada joven no
hablaba con nadie, y que “hombres de autoridad” la habían traído y se la habían llevado.
¿Como mantener control sobre alguien que ha conocido una vida mejor, y que
seguramente añora por volver a ella? La KGB designaba “controladores” locales
encargados de negar comida a los internados, comunicando su comportamiento a los
mandos de la policía política.
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Tal vez el lector se sienta defraudado al ver la cantidad de veces que se dice que la
información es un alegato, una sospecha, o según los datos proporcionados por terceros,
pero la enormidad de la situación es tremenda. A pesar de que la URSS ha desaparecido,
la Federación Rusa regresa lentamente al control de elementos de la antigua KGB, con
uno de sus antiguos agentes – Vladimir Putin – llevando la batuta. Admitir que el Boeing
747 sobrevivió un amarizaje forzado, y que muchos de sus pasajeros sobrevivieron sin ser
repatriados a sus países de origen, sería un destape tan sensacional y peligroso como
cualquier información supuestamente relacionada al choque de platillos voladores.

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Alta Extrañeza

Capítulo 21 – Nuestros vecinos en el mismo piso

El concepto de “no estamos solos” es de importancia máxima para los interesados en la
ufología y sus disciplinas afines, aunque la compañía que esperan encontrar se encuentra
planetas lejanos de la Tierra, ya sea en otros sistemas solares de la Via Láctea o en otras
galaxias como Andrómeda. Aficionados y estudiosos de la “ufología de pernos y tuercas”
como suele llamársele han calculado los posibles puntos de origen del fenómeno
supuestamente extraterrestre que nos visita asiduamente, o se han imaginado una
taxonomía completa de seres dignos de un rodaje de George Lucas – grises bajos, rubios
altos, impresionantes reptiloides y temibles insectoides – que son producto de astros
distintos.
Sin embargo, desde los primeros años del quehacer ufológico se viene barajando la
posibilidad de que nuestros visitantes no sean de sitios tan distantes, sino seres que
comparten este gran planeta azul con nosotros. Los escritos de Robert Shaver nos
indicaron que una raza primigenia abandonó nuestro mundo debido a los efectos nocivos
de la radiación solar, dejando atrás el remanente negativo y positivo de su especie – los
deros y teros de las crónicas shaverianas – que habita el mundo intraterrestre; escritores
de mayor seriedad como Ivan T. Sanderson escribieron ampliamente sobre los
“huéspedes no invitados” que se alojaban en el fondo del mar y que evitaban al máximo
el contacto con el homo sapiens; otros pensadores han ubicado a nuestros vecinos
invisibles en lo más remoto de la Amazonia o la meseta del Tíbet. Pero tradiciones de
mayor antigüedad nos indican que compartimos nuestro mundo con seres de procedencia
terrestre aunque no humana...seres que son considerados por las autoridades jurídicas de
una quinta parte de la humanidad como entidades reales y mayormente nocivas para el
ser humano. Varios autores importantes del tema ufologico-paranormal, como Salvador
Freixedo, Gordon Creighton y John Keel, han hecho mención de ellos en sus obras: se
trata nada menos que de los inexplicables jinas.
“Hechos de fuego sin humo”
Con el clima político que afecta a nuestro mundo actualmente, resulta un tanto arriesgado
citar párrafos de un texto religioso considerado por muchos como inímico al pensamiento
occidental. Se trata del Corán, la biblia musulmana, por así decirlo, que nos aporta los
primeros datos que tenemos sobre estos seres que ocupan un puesto intermedio en la obra
divina de la creación – a mitad de camino entre los ángeles, seres espirituales, y la
humanidad, seres “de barro”, como nos lo recuerdan nuestras propias obras religiosas.
Los jinas tienen una naturaleza distinta a ambos, ya que fueron hechos de humo y fuego,
como lo indica el capítulo del Corán dedicado a estos seres.

Los estudiosos islámicos mantienen hasta el día de hoy la existencia de estos seres, y
aunque se prohíbe a los devotos del Islam creer en fantasmas y participar en actividades
adivinatorias, creer en los jinas es un mandamiento.
El vocablo "jina" aparece 29 veces en el Corán, sin contar el "sura" o enseñanza llamado
"Surah Al-Jinn" que abunda detalles específicos sobre nuestros vecinos ocultos: estos
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seres viven en un mundo invisible a los ojos humanos, siendo capaces de "comer, beber y
procrearse" al igual que los humanos, y al igual que nosotros, los hay buenos y malos (en
este caso concreto se consideran "buenos" a los jinas que han aceptado el Islam). Aunque
no son inmortales en absoluto, se les asigna una longevidad prodigiosa y algunos
estudiosos afirman que hay jinas presentes en la actualidad que estaban vivos cuando
Mahoma comenzó sus prédicas en el desierto de la península arábica. Otra enseñanza
coránica indica: "De cierto, creamos a la humanidad de barro y lodo suave, y a los jinas
del fuego sin humo". (Qur. 15:26-27). El estudioso Ibn-Abbas manifiesta que dos
milenios antes de la creación de Adán y Eva, los jinas ya ocupaban nuestro planeta,
aunque su inquilinato estuvo caracterizado por la corrupción y la guerra. Regimientos de
ángeles enviados por Alá se batieron contra los seres hechos de fuego, acabando con ellos
y desterrándolos a ciertas islas. A diferencia de la tradición judeocristiana, no fue hasta
ese momento en que el Creador decidió emprender la confección del género humano.
Por motivos que no se explican, estos seres invisibles e inteligentes solo pueden
manifestarse ante nosotros asumiendo formas desagradables (específicamente serpientes
y perros negros, como el black shuck de las islas británicas), aunque veremos más
adelante que pueden imitar a los humanos. Mahoma estableció la existencia de tres clases
de jinas – los que se desplazan por los aires, los que se manifiestan como serpientes y
perros, y los que existen en un lugar específico pero tienen el don de viajar de un lugar a
otro.
La preocupación por estos seres que comparten nuestro mundo persiste hasta nuestros
días, con páginas web en Internet que cuelgan las opiniones legales (fatwas) de distintos
estudiosos del Corán sobre consultas relacionadas a los jinas. No es de sorprender que
una de las preguntas de mayor frecuencia tenga que ver con la posibilidad de que los
humanos puedan contraer matrimonio con estos seres, y tener descendencia. Una
preocupación extraña, pero tal vez no tanto si examinamos los siguientes casos.
Amores prohibidos
Durante una de sus participaciones televisivas en Estados Unidos durante la década de los
’90 (El Show de Cristina, 1991) el pensador y parapsicólogo Salvador Freixedo
consideraba que el interés por “lo generacional, lo genitivo, lo genital” que se desprendía
del fenómeno de los secuestros por supuestos extraterrestres en aquel momento guardaba
una relación estrecha con relatos de otros seres a través de la historia que se han
relacionado íntimamente con los humanos, al menos en el plan mítico-legendario, como
sucede con las sílfides, ondinas, ninfas y otras criaturas amparadas bajo distintos nombres
en las leyendas de todo el planeta.
A comienzos del 2007, el investigador y escritor de lo paranormal, Brad Steiger, volvía a
la carga con un nuevo libro, Shadow World: True Encounters With Beings from the
Darkside (San Antonio, TX: Anomalist Press, 2007) en el que visitaba casos inéditos de
seres claramente extrahumanos que buscaban la unión sentimental y física con humanos.
Uno de los casos más interesantes que recoge Steiger en su obra es el de Kent Grondhal,
un joven estadounidense de ascendencia escandinava que cursaba estudios en la
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Alta Extrañeza

universidad de Iowa cuando decidió montarse en su coche para dar una vuelta por el
campo, para ver si la perspectiva de los interminables maizales y pequeñas aldeas servía
para librarle de sus preocupaciones académicas. No tardó en pasar por una diminuta villa
que contenía unas cuantas casas, tienda de ultramarinos y estación de gasolina, pero en la
que se celebraba un festival de baile sueco tradicional.
Sumamente orgulloso de su herencia cultural, el joven Grondhal decidió estacionar su
vehículo e integrarse a las festividades. Pero justo cuando iba a hacerlo, un grandullón de
ojos azules e intimidadores le cerró el paso, aparentemente con la intención de asestarle
un puñetazo sin motivo alguno. En ese momento intervino otro hombre, alto y sonriente,
que se identificó como Erik Hagen. Cuando Grondhal se presentó, Hagen le preguntó
enseguida si su familia provenía de cierto lugar, y al recibir la respuesta afirmativa,
acogió Kent como si fuese un pariente lejano. El estudiante pasó a conocer a los demás
asistentes a la fiesta. “Hablaban con un acento escandinavo tan fuerte”, indicó Grondhal,
“que era como si acabaran de llegar de la misma Suecia”.
El estudiante no tardó en fijar su vista en Kari Rogeness, una encantadora rubia que
afirmaba vivir en esa misma aldea, mientras que los demás sencillamente se personaban
para una reunión anual. A pesar de que la chica había respondido positivamente a su
interés, con el paso de las horas comenzó adquirir cierta reticencia, especialmente cuando
Grondhal le preguntaba si sería posible encontrarse con ella de nuevo. Al final de la
velada, el estudiante volvió a la universidad con el recuerdo de Kari plasmado en su
mente. Enseguida buscó su nombre en la guía telefónica y nada. No existía nadie de ese
nombre.
Días después, al entrar a un restaurante, se encontró con Erik Hagen y toda su comitiva –
los mismos invitados a la fiesta campestre. Sin embargo, Kari Rogeness brillaba por su
ausencia. Hagen se acercó al estudiante para decirle que a pesar de haberle caído muy
bien a sus amigos, debía olvidarse absolutamente de Keri, ya que el desenlace anticipado
era imposible. “Estamos relacionados con ustedes, pero no de la manera en que tú lo
entiendes”, le dijo el sonriente Hagen. “Hay algunos entre nosotros que guardan rencor
hacia los tuyos porque fuimos los primeros, y a veces nos sentimos suplantados por los
tuyos. Pero escúchame, joven Grondhal, porque te tenemos afecto sincero. Te pedimos
que dejes de buscar a Kari. Lo que esperas nunca podrá suceder”.
Según lo describe Steiger, el estudiante se disponía a contestar cuando la camarera la
informó que su orden ya estaba lista. En los breves segundos que se distrajo para
atenderla, Hagen y su comitiva ya habían salido por la puerta. Al intentar seguirlos, no
pudo verlos por ninguna parte.
“Tres años más tarde, durante una visita a Nueva York para ver a un amigo”, escribe el
autor. “Kent Grondhal está seguro de haber visto a Kari Rogness y Erik Hagen
caminando por Times Square mientras que viajaba en un taxi”. Al llamar la atención de
ambos desde la ventanilla, el par le miró fijamente antes de internarse en el lobby de un
cine. “No puedo dejar de preguntarme cuantos Eriks y Karis y otros “parientes” nuestros

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Alta Extrañeza

deambulan entre nosotros, mezclándose entre la muchedumbre, ocultando sus verdaderas
identidades y propósitos”.
Hasta ahí la historia del joven estudiante que nos regala Brad Steiger.
La respuesta más sencilla casi siempre es la correcta. La joven Kari se sintió importunada
por la atención de Grondhal e hizo todo lo posible por esquivarlo. Erik Hagen, su
pariente, tutor o amante, pidió cortésmente al estudiante que mantuviese su distancia.
Caso cerrado. No obstante – si las palabras pronunciadas por Hagen en el restaurante son
una cita fidedigna – nos enfrentamos a una instancia curiosa: “Hay algunos entre
nosotros que guardan rencor hacia los tuyos porque fuimos los primeros, y a veces nos
sentimos suplantados por los tuyos.” Suena como una caracterización de la condición de
los jinas de acuerdo a lo expresado por Ibn-Abbas.
Las autoridades islámicas conceden la posibilidad de la unión entre humanos y jinas,
aunque consideran que es algo que no debe producirse, pasando a decir que el compendio
jurídico (shari’ah) no ofrece estatutos irrebatibles sobre el tema, de manera que algunos
opinan que la unión de humanos y jinas sería lícita mientras que otros sostienen lo
contrario. Una de las voces en contra es la de Al-Khateeb Asherbini, que establece que
hay dos clases de restricciones matrimoniales, las perpetuas y las no perpetuas. El
connubio entre humanos y jinas cae bajo las restricciones perpetuas. Ibd ‘Adein, un
estudioso hanifi, señala que las restricciones matrimoniales son especificas y que el
hombre no puede juntarse con otro hombre, con un hermafrodita, con una mujer
politeísta, con una mujer de parentesco cercano...o con una jina.
Otros juristas no son tan tajantes. Al-Hasan Al-Basri sostuvo que la unión de humanos y
jinas resultaba lícita “con tal que hubiese testigos” al hecho. El imán As-Suyuti, citando
autoridades anteriores, repuso afirmativamente al matrimonio entre nuestra especie y la
de nuestros enigmáticos vecinos.
Veamos lo que dice Ibn-Unus en el escrito Sharh Al-Wajeiz: “Si la unión fuese licita,
¿tendría el hombre la potestad de obligar a su mujer jina a quedarse en el hogar? (con el
conocimiento de que los jinas tienen la tendencia a desplazarse largas distancias).
Supongamos que al hombre le disguste ver a su esposa en otra forma que no sea la
humana, ¿le concedería esto el derecho de impedir su encarnación en otras formas?
Además, ¿se cumplirían las condiciones normales que requiere cualquier otro contrato
matrimonial? Por ejemplo, si se requiere la aprobación del jina guardián de la futura
esposa. ¿Sería válido su matrimonio bajo las leyes de los jinas? Supongamos que el
marido ve que su esposa ha asumido una forma distinta a la que conoce, y ella insiste en
su identidad, ¿sería él capaz de creerle y hacerle el amor? ¿Estaría obligado a
proporcionarle los alimentos que consumen los jinas, como osamentas y otras cosas?
Los debates sobre el tema – la carnalidad entre nuestro género y seres que para el mundo
occidental “no existen” – se extiende largo y tendido, pro y en contra, en la
jurisprudencia islámica. La respuesta final parece ser que el matrimonio entre un varón
humano y una hembra jina no está bien visto por el siguiente motivo: la posibilidad –
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remota, ya que se considera que dicha unión sería estéril – de tener prole mitad humana,
mitad jina. “Unos yemeníes le escribieron al imán Malik diciendo: un jina macho ha
venido ante nosotros para pedir en matrimonio a una joven humana, diciendo que su
intención era la de seguir el camino de los justos en este asunto. El imán Malik repuso:
“No veo que haya nada de malo en ello, pero me preocupa exponer a esta mujer a una
situación en la que se le pregunte por su marido y ella tenga que contestar que es un jina
macho. Esto puede resultar en corrupción entre los musulmanes”.
Sería interesante redactar una carta para estos estudiosos del Islam y preguntarles su
parecer sobre el supuesto hibridaje entre humanos alegadamente “secuestrados por los
ovnis” y los seres macrocéfalos que los tripulan...
¿Quieren ser como nosotros?
Uno de los casos más intrigantes con seres claramente no humanos, pero que adoptan la
forma de nuestra especie para fines desconocidos, también está asociado con las
manifestaciones de los rarísimos Hombres-de-Negro (HDN) que en su momento
ocuparon un renglón de estudio aparte en el quehacer ufológico. La mayoría de los
interesados en este fenómeno recordará que uno de los casos mejor documentados de este
tipo se produjo en 1976, cuando el psiquiatra estadounidense Herbert Hopkins recibió la
visita de un misterioso personaje vestido en un traje negro con sombrero tipo “derby”. El
rostro del enigmático visitante estaba cubierto por maquillaje blanco y llevaba carmín en
los labios. El personaje hizo algunas preguntas sobre un caso ovni que investigaba el
profesional (el caso Stephens, Maine, 1975) y luego hizo desaparecer una moneda de un
centavo de la palma abierta del sorprendido Hopkins, volatilizándola del todo. El extraño
le advirtió: “Ni tú ni nadie en este plano (no planeta) volverá a ver esa moneda”.
Pues bien: el 24 de septiembre de 1976, después de la inquietante visita por parte del
hombre de negro, una pareja igualmente inquietantes se personó en el hogar de John y
Maureen Hopkins, hijo y nuera del psicólogo que investigaba el caso ovni. La
descripción física de ambos personajes, y su total y completa ignorancia de la sociedad
estadounidense en aquel momento, hicieron pensar a al joven matrimonio Hopkins que
sus visitantes tenían algo de extraño. El hombre vestía ropa sacada directamente de un
catalogo de los años ’50, aunque se trataba de ropa perfectamente nueva, prácticamente
recién estrenada (detalles parecidos suceden en otros casos de HDN). La mujer era aún
más sorprendente por la extraña configuración de su cuerpo – abdomen abultado y senos
que parecían surgir de sus costillas, tambaleándose al caminar, como si sus piernas no
encajaran correctamente en la pelvis. Los intercambios en entre estos personajes eran más
bien un guión penosamente memorizado que la conversación que esperaría uno de una
pareja.
John Hopkins contestó algunas preguntas sobre su padre, el caso ovni de marras, y otros
asuntos. Pero el extraño hombre parecía más interesado en otros temas: “El hombre y su
compañera quedaron sorprendidos cuando John explicó que él y su esposa realizaban la
mayoría de sus actividades de forma conjunta. A la vez que hacía preguntas, el hombre
manoseaba a su compañera, preguntando a John si lo estaba haciendo correctamente.”
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Alta Extrañeza

(Schwarz, p.248). Poco después, el visitante importunaba a Maureen con preguntas
indiscretas, indagando sobre “la conformación de su cuerpo” y si tenía fotos de sí misma
al desnudo para enseñarle. Después de un rato, la hembra declaró que ya era hora de
marchar, y sucedió algo más raro aún: “Su compañero se puso de pie, pero sin emprender
el movimiento para salir. La mujer le dijo varias veces que se quería ir, finalmente
suplicando a John Hopkins: --Tenga la bondad de moverlo; no puedo hacerlo yo
misma.—como si no fuese capaz, o supiese, caminar alrededor de su inmóvil pareja para
llegar hasta la puerta de salida.
La explicación racional a este curioso evento de hace treinta años atrás es perfectamente
razonable. En las zonas rurales de América del Norte, como en cualquier otra parte del
mundo, se producen tristes casos de retardación mental y anormalidades físicas debido a
la mala alimentación o el incesto. Viviendo en comunidades aisladas, casi siempre bajo la
férula de un reverendo autoproclamado, hay personas totalmente ajenas al momento en
que viven o las modas acostumbradas. Es perfectamente factible que “Bill Post” (el
nombre dado por el hombre extraño) y su compañera perteneciesen a uno de estos
grupos.
Sin embargo, la posibilidad de que se tratasen de criaturas inteligentes que estuviesen
imitando a los seres humanos no deja de ser inquietante. El interés de “Bill Post” en ver
fotografías de la joven Sra. Hopkins desnuda y el previo manoseo de su propia
compañera vuelven a insistir en el afán estos seres en hacerse pasar por humanos,
calcando los detalles de la conducta íntima, que les resultan fascinantes. El hecho de que
la compañera del “Sr. Post” no supiese caminar alrededor de la extraña inmovilidad éste
sugiere también una falta de familiarización con el cuerpo humano, como si se tratara de
seres humanos intentando caminar en armaduras medievales.
¿Yanquis extraños de los bosques de Nueva Inglaterra, o criaturas fascinadas por lo
“generacional, genitivo y genital” que señalaba Freixedo? Le dejamos la decisión al
lector.

Animales y tecnología de los jinas
La literatura islámica nos indica que los jinas disponen de animales, y que está permitido
darles el excremento tanto humano como animal como alimento (con la consiguiente
prohibición del consumo de excremento por los humanos, como si fuese necesario). Sin
embargo, dichos seres carecen de descripciones y los estudiosos reponen que “así lo
quiere Alá”.
Nos toca a nosotros especular sobre si las criaturas de ojos fulgurantes que reporta la
criptozoología – ciertas especies de pie grande, el chupacabras, aves monstruosas, etc. –
corresponden a estos animales de los jinas, a pesar de que los hemos visto alimentarse de
sangre y carroña y no de materia fecal, aunque quién lo sabe. El psicologo Berthold
Schwarz, estudioso del fenómeno ovni desde la perspectiva psiquiátrica, manifestó en su
análisis del avistamiento ovni / encuentro con seres peludos en Greensburg, Pennsylvania
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Alta Extrañeza

(USA) en 1973, los ojos de color rojo intenso de los seres – un espécimen adulto y otro
aparentemente infantil, que a juzgar por los bocetos producidos por los testigos,
guardaban más parecido con el hombre lobo que con los simioides asociados con Bigfoot
– “sugerían la posibilidad de que su origen era un mundo totalmente a oscuras”.
(Schwarz, Berthold E., UFO Dynamics. Moore Haven, Florida: Rainbow Books, 1983).
¿Podría ser este mundo de tinieblas, que tanta repercusión ha tenido en las religiones
occidentales, la realidad asignada a los jinas? De ser así, no es de sorprender que quieran
visitar la nuestra de vez en cuando.
Un pensador contemporáneo se ha interesado en la posible tecnología disponible la
oscura vecindad de los jinas. Charles Upton, autor de The System of Antichrist (NY:
Sophia Perennis, 2001), aborda un aspecto que algunos podrán considerar delirante, o
cuanto menos, digno de una novela de Conan el Bárbaro: la posibilidad de que los jinas
dispongan de tecnología, ya sea de su propia confección o robada a los humanos.
Antes de pasar a los pensamientos de Upton al respecto, vale la pena considerar que otros
han discurrido brevemente en este sentido, tal vez inspirados por los grabados medievales
que muestran el “infierno” en todo su terror, lleno de demonios que atormentan a los
impíos con una variedad de implementos – ruedas de tortura, largas agujas, garfios y
otros objetos cuyos fines no quedan muy claros. Lo lógico, claro está sería suponer que el
artista medieval o renacentista ponía en manos de los amos del inframundo la utilería
disponible a cualquier torturador de la Santa Hermandad...
Pero Upton opina lo contrario, dando a conocer los escritos del sacerdote ortodoxo
Seraphim Rose, fallecido en 1982, que afirmaba que el fenómeno ovni, por ejemplo, no
era sino “demonios que hacen lo que siempre han hecho los demonios. Sus naves son el
producto de una tecnología “demoníaca” que comienza en el reino de lo sutil y que afecta
el reino de lo físico: “Queda claro que las manifestaciones de los platillos voladores de
la actualidad caben dentro de la tecnología disponible a los demonios. De hecho, no hay
nada que los explique de mejor forma. Las múltiples decepciones demoníacas que
aparecen en la literatura de la [iglesia ortodoxa] han sido adaptadas al mito de lo
espacial y nada más”. (Upton, p.334, citando a Rose). El fenecido sacerdote de la iglesia
ortodoxa sostuvo que los ovnis son “tanto naves físicas como dispositivos psíquicos”.
Upton asigna lo dicho por el sacerdote ortodoxo a sus propias investigaciones sobre los
jinas: “[...] Y esto está preciasamente alineado con el folklore sobre los jinas en todas
partes del mundo: son capaces de afectar el plano de lo físico, pero son incapaces de
mantenerse en él de forma estable. Me pregunto a veces si nuestra tecnología informática,
que siempre me ha parecido inspirada por los jinas en cierta medida, puede representar
una manera de construir vehículos para sí mismos que sean estables en nuestro mundo, en
vista del hecho de que los jinas y los OVNI parecen ser capaces de relacionarse con la
energía electromagnética”.
¿Será Upton partidario de los “luditas” del siglo XIX que abogaban por la destrucción de
la maquinaria infernal de la revolución industrial? Sus palabras parecen sugerirlo, pero no
sería ni el primero ni el único en pensar que el mundo informático – su mayor exponente
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siendo la red mundial, Internet – ha adquirido inteligencia propia o está bajo el control de
alguna fuente extrahumana. En 1997, el investigador Steve Mizrach abordaba el tema en
su trabajo “Ghost in the Machine: Haitian Voudoun and the Matrix” (Crash Collusion
No.8, Austin, Tx), recalcando que la nueva generación de programadores estaba
asombrada por los algoritmos que empleaban para escribir sus programas, algoritmos que
“parecian estar vivos por sus propiedades inesperadas y emergentes, y sus reacciones al
estímulo externo...muchos de los técnicos en robótica a menudo quedan azorados por las
respuestas casi “vivas” de sus creaciones, que parecen reacciones animales o humanas y
no definidas por los algoritmos de control. Terence Sejnowski, neurocientífico del
hospital Howard Hughes, no niega la posibilidad de que Internet haya adquirido
conciencia propia (The World Question Center, http://www.edge.org/q2006/q06_8.html).
Pero esto nos aleja demasiado de la cuestión de los jinas y su tecnología.

En los años ’60 y ’70 del siglo XX se dieron casos que fueron pasados por alto por
carecer de los elementos dramáticos recetados por la ufología – el avistamiento o
aterrizaje, persecución del testigo por los no humanos y luego su hostigamiento por los
militares. Estos casos que rayaban en lo “forteano” incluían descripciones del robo de
tecnología de computación de los almacenes de la Honeywell u otras fabricas de
computadoras de esa época por platillos voladores. Otros testigos, llevados a bordo de los
platillos, afirmarían haber visto tecnología humana en las naves. ¿Elementos técnicos
robados por los jinas, o esfuerzos de parte de la cúpula militar o política para confundir a
los testigos de lo insólito?
Si consideramos la posibilidad de los jinas generan su propia maquinaria o roban la
nuestra, ¿serviría esto para explicar la casuística aún inexplicada de los “dirigibles
fantasma” que crearon sensación entre 1896 y 1897? ¿O los aviones y cohetes fantasma
vistos en Escandinavia en 1946? Durante la oleada de los dirigibles fantasma, parecía ser
que pseudohumanos se divertían imitando los torpes esfuerzos de los humanos por lograr
el ansiado sueño de volar. La casuística va desde enormes dirigibles dignos de Robur el
Conquistador hasta aviones que batían sus alas al volar (según John Keel). Tan pronto
como los Hnos. Wright, Dos Santos y Bleriot se salieron con la suya, los armatostes
voladores dejaron de aparecer.
Las abducciones platilleras y los jinas
A esto es lo que queríamos llegar. Estamos en plena libertad de pensar que el fenómeno
de los secuestros por seres provenientes de los ovnis u otras realidades son una realidad
inquietante o uno de los casos de psicosis masiva más impresionantes de la historia
humana. Algunos escritores e investigadores han intentado abordar el tema
detenidamente, preguntándose si una civilización verdaderamente alienígena y
superavanzada se valiese de los métodos de estudio (o hibridaje) empleados por los
supuestos “grises”, “rubios” y “reptiloides” que aparecen en las crónicas contemporáneas.
Sería de esperar que una supercivilización manipularía la genética con mayor facilidad
que la nuestra, sin que el sujeto de la experimentación se enterase jamás de lo sucedido.

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Alta Extrañeza

Pero a pesar de los despliegues de tecnología (o pseudotecnologia) que los secuestradores
dejan ver a sus víctimas, sus métodos son primitivos, invasivos y hasta sádicos.
A nuestra civilización del siglo XXI, sumergida en la informática, obteniendo placer de
sus consolas de Nintendo y de la visualización pasiva de programas de televisión, le
resulta más fácil creer en visitantes técnicamente avanzados de otro planeta que en
criaturas cuya existencia conocemos mayormente gracias a “Las Mil y Una Noches”,
aunque todas las culturas se pronuncian sobre este otro orden de seres. La obsesión por
combinarse con los seres humanos es algo que sale hasta en nuestras obras fantásticas.
Un ejemplo clásico lo es el mago Merlín (Myrrdin) de la tradición celta, siendo hijo de
una mortal con un ser “que aunque no malo, distaba mucho de ser bueno” – descripción
que se ajusta perfectamente a los jinas.
Hemos visto que la tradición musulmana opina que los jinas son capaces de cambiar de
aspecto con facilidad, asumiendo formas agradables o repulsivas según les convenga.
Este don de mutabilidad parecería corresponder a los “grises” que se han vuelto parte del
establishment ufológico. Los testigos en muchos casos dicen haber copulado con machos
o hembras sumamente atractivos según los cánones de belleza humanos, pero que acaban
siendo enanos macrocéfalos (uno de ellos con peluca negra, según un secuestrado). Este
don de los jinas y de otros seres de la mitología humana ha sido tecnificado – cómo no –
y descrito como un “recuerdo pantalla” que los grises pueden superponer sobre los
recuerdos del abducido.
Los secuestrados también afirman – a veces bajo hipnosis, otras de forma consciente –
haber visto el fruto de esta mezcla de especies: seres mitad humano, mitad “gris”, débiles
y enclenques. A veces describen criaturas más desarrolladas, claros rasgos humanos pero
con los enormes ojos negros de su ascendencia extrahumana. Otros secuestrados hablan
largo y tendido de ayudantes humanos al cien por cien que trabajan lado a lado con los
grises. ¿Parte de una quinta columna humana que ayuda a los extrahumanos, o
sencillamente seres que asumen un aspecto agradable para tranquilizarnos?
“En fechas recientes, algunos secuestrados han referido sus visitas a una habitación
llena de fetos que flotan en tanques, o que se les ha entregado bebés o niños híbridos
para que jueguen con ellos o se relacionen. Si el testigo es llevado por los seres, el
destino es ultramundano, sin ser necesariamente otro planeta. Un breve viaje lleva a la
nave y sus tripulantes a un entorno subterráneo o submarino: un mundo intraterreno de
gran belleza pero sin luz solar, o un cielo iluminado de manera uniforme [...] a menudo
oscuro y desolado, con señales de ruina y destrucción”. (Bullard, Thos. “Abductions”.
The Encyclopedia of Extraterrestrial Encounters, Ed. Ronald Story. Nueva York: 2001.
p. 6).
Los elfos o duendes que describía el Reverendo Kirk en su obra The Secret
Commonwealth afirmaban ser capaces de destruir la humanidad de un solo tajo, pero no
lo hacían “porque aguardaban la Salvación”. Un miramiento sumamente cristiano,
naturalmente. Pero esta salvación o redención la conseguirían solamente a través de los
humanos, combinándose con nosotros para obtener aquello que los religiosos han
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llamado “el alma” – concepto que dibujará una sonrisa de desprecio en los labios de los
escépticos. Si tomamos por verdadera la suposición de que los presuntos secuestrados
han visto y vivido todo lo que nos han contado, ¿podemos suponer que a pesar de la
debilidad de la prole, y el cuidado intensivo que requieren, ahora tienen alma?
Por otro lado, no deja de ser interesante que los ufólogos hayan tomado esta amalgama de
especies por algo positivo. En la conferencia del Human Potential Foundation celebrada
en Washington, D.C., en 1993 y cuyo tema era “El encuentro entre culturas cósmicas”,
un ex-asesor legal del Consejo Nacional de Investigaciones haya clasificado a los
híbridos de gris y humano como “la próxima especie, homo alterios spatialis”.
Muchos secuestrados insisten en haber presenciado imágenes del futuro de la humanidad
en un planeta totalmente destrozado por las crisis ambientales, la contaminación o los
impactos con cuerpos del espacio exterior. Estas pavorosas escenas han sido proyectadas
directamente a las mentes de los secuestrados, o han sido parte de una especie de
“representación teatral” en la que muchos secuestrados miran fijamente lo que parece ser
una pantalla que muestra el futuro. Los únicos que podrán sobrevivir en este mundo
apocalíptico serán los híbridos de seres humanos y grises, perfectamente aclimatados al
terrible “nuevo mundo”.
Charles Upton nos ofrece una posibilidad francamente aterradora, pero que solo
convencerá a los religiosos: “Pero si están tan empeñados en fascinar a los pobres
mortales con sus poderes superiores, ¿a qué se debe su aparente envidia a nuestra
capacidad de ocupar cuerpos físicos? ¿Será que están plenamente conscientes de que la
figura humana es la imagen de Dios, aunque lo hayamos olvidado nosotros, y por
consiguiente hacen todo lo posible por sustituirlo, mayormente tentándonos a
desconstruirlo física y psíquicamente? Si ellos, con todo sus dones, aparentemente
quieren volverse humanos, a la par que quieren hacernos más parecidos a sí mismos,
¿qué nos dice esto sobre la autoevaluación de su condición? Tal vez sencillamente están
intentando evitar el Infierno”. (Upton, System of Antichrist, p. 338).

Todos los que vivimos en la actualidad, con algunas salvedades, somos producto del cine,
la televisión y la literatura de fantasía y ciencia-ficción. No nos molesta en absoluto
describir un aparato o situación como “digno de Viaje a las Estrellas o La Guerra de las
Galaxias”. Nuestro marco de referencia es la tecnología, desde la primerísima
calculadora de mano hasta el novísimo iPod® de la empresa Apple. Si vemos una luz
extraña en el cielo, o un vehículo discoidal en medio de un prado, tampoco dudamos en
ubicarlo dentro de un contexto tecnológico, en este caso, la nave espacial proveniente de
cualquiera de los planetas/civilizaciones/galaxias que nuestras lecturas e idas al cine han
creado en nuestras mentes. De hecho, es mucho más verosímil y culturalmente aceptable
hablar de alienígenas, extraterrestres, etc. que de elfos, jinas, sílfides y ondinas a pesar de
que existen tradiciones milenarias sobre estos seres y su relación con nuestra especie.
Está bien visto pensar que una cultura extraplanetaria envía sus naves para secuestrar
hombres y mujeres, utilizar su material reproductivo contra su voluntad por el bien del
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futuro de la humanidad, o para salvar otra especie que haya perdido sus facultades
reproductivas, o porque los miembros de dicha especie son en realidad “los Vigilantes”
del Antiguo Testamento, o porque su misión es la de conservar la vida en todos los
planetas habitados. Pensar en que dichos seres son en verdad los vecinos que siempre
hemos tenido, que estaban en nuestro mundo mucho antes de la aparición de la
humanidad y que posiblemente sigan aquí después de nuestra extinción, es
descabellado...o al menos eso nos dicen.

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