RECONOCER A LA CALANDRIA DE FUEGO

BASES HISTÓRICAS PARA UNA PROPUESTA POLÍTICA DE CONFRONTACIÓN ANTISISTÉMICA TOTAL Por David Roca Basadre
“Quizá conmigo empieza a cerrarse un ciclo y a abrirse otro en el Perú y lo que él representa: se cierra el de la calandria consoladora, del azote, del arrieraje, del odio impotente, de los fúnebres “alzamientos”, del temor a Dios y del predominio de ese Dios y sus protegidos, sus fabricantes; se abre el de la luz y la fuerza liberadora e invencible del hombre de Vietnam, el de la calandria de fuego, el del dios liberador. Aquel que se reintegra. Vallejo era el principio y el fin.” José María Arguedas, en El zorro de arriba y el zorro de abajo.

I CONQUISTA, COLONIA Y FORMACIÓN DEL NEOCOLONIALISMO CRIOLLO La conquista del territorio americano por los occidentales, entre lo cual el territorio andino, marca el inicio de una etapa decisiva en el planeta, desde la aparición del hombre. Fue el desencuentro histórico más grave y el inicio de un tremendo holocausto que ha marcado y sigue marcando profundamente a la humanidad. 1 Los conquistadores organizaron el territorio en función del saqueo, sobre todo de minerales. El descubrimiento de la plata en Potosí, principalmente, marcó buena parte de la política virreinal en Sudamérica – como lo harían los yacimientos de plata en Mesoamérica – empeñada en enviar cargamentos de minerales para abastecer la siempre creciente demanda de la corona española, dedicada a sus guerras de predominio en suelo europeo. Luego, con el descubrimiento de las vetas de mercurio en Huancavelica, que facilitan el trabajo con la plata, se creó un nuevo espacio de atención. La concentración en un solo virreinato de Nueva Castilla, y del Perú luego, de todas las posesiones en Sudamérica, con una sola salida por el puerto del Callao, tiene explicación racional en este propósito prioritario: un territorio destinado, sobre todo, a abastecer a la metrópoli de materias primas,
“… el descubrimiento de América, o más bien de los americanos, es el encuentro más sorprendente de la historia. (…) los europeos no ignoraban realmente la existencia del África, o de la India o de la China; el recuerdo (de esas regiones) estuvo siempre presente, desde el origen. La luna está más lejos que América, es verdad, pero sabemos hoy en día que este encuentro no es tal, que no comporta el mismo género de sorpresas: para fotografiar a un ser viviente allí sobre la luna, hace falta que un cosmonauta se ubique delante de la cámara fotográfica, y en su escafandra no vemos más que el reflejo de otro terrícola. A inicios del siglo XVI los indígenas de América existen efectivamente, pero se ignora todo sobre ellos (…). Un encuentro (como este) no volverá a darse jamás con tal intensidad, si cabe decirlo así: (y como consecuencia) el siglo dieciséis habrá visto perpetrarse el más grande genocidio de la historia de la humanidad.” – En “La conquête de l’Amérique – La questión de l’autre” por Tzvetan Todorov - Edit. Seuil – Paris 1982 (Traducción libre)
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fundamentalmente minerales con importante valor de cambio para los occidentales, como el oro y la plata. Para ello debían de ser de utilidad las poblaciones nativas que fueron obligadas a trabajar en estas actividades, mediante el reclutamiento forzoso. “La sociedad indígena, la economía inkaica, se descompusieron y anonadaron completamente al golpe de la conquista. Rotos los vínculos de su unidad, la nación se disolvió en comunidades dispersas. El trabajo indígena cesó de funcionar de un modo solidario y orgánico. Los conquistadores no se ocuparon casi sino de distribuirse y disputarse el pingüe botín de guerra. Despojaron los templos y los palacios de los tesoros que guardaban; se repartieron las tierras y los hombres, sin preguntarse siquiera por su porvenir como fuerzas y medios de producción. El Virreinato señala el comienzo del difícil y complejo proceso de formación de una nueva economía. En este período, España se esforzó por dar una organización política y económica a su inmensa colonia. Los españoles empezaron a cultivar el suelo y a explotar las minas de oro y plata. Sobre las ruinas y los residuos de una economía socialista2, echaron las bases de una economía feudal.” 3 Se instauran formas organizativas como la encomienda, primero, que entregaba a los encomenderos bajo su cuidado a un número importante de habitantes nativos y sobre los cuales tenían total control. Estos encomenderos cobraban tributo de sus encomendados a nombre del rey y – a cambio – asumían la responsabilidad de su cuidado y cristianización. Sin fiscalización verdadera alguna, los conquistadores occidentales se enriquecieron, así, del trabajo ajeno y de las reparticiones o ventas forzadas, y – como consecuencia – las cifras de población indígena decrecieron atrozmente debido a tales abusos y maltratos,4 además de las ocasionadas por las epidemias y la hambruna. “Solemos olvidar con demasiada frecuencia que el territorio que ocupamos es uno de los escenarios principales de experimentación política del planeta. Hasta la conquista española, los experimentos políticos se sucedían unos a otros alcanzando formas drásticas propias de las luchas por la hegemonía, pero lo que primaba eran los principios
Difícil llamar “socialista”, hoy en día, a la economía andina; quizá sí, socializante. Debemos entender, entonces, esa expresión en el texto en el sentido de distribución relativamente equitativa de la riqueza producida, lo que se acerca a la verdad, si bien no es exclusivo esto del incario y más bien propio de la tradición andina. 3 En “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana” por José Carlos Mariátegui – Edit. Amauta – Lima 1969 4 “En el año de mil e quinientos e treinta y uno fue otro tirano grande con cierta gente a los reinos del Perú, donde entrando con título e intención e con los principios que los otros todos pasados (…) creció en crueldades y matanzas y robos, sin fee ni verdad, destruyendo pueblos, apocando, matando las gentes dellos y siendo causa de tan grandes males que han sucedido en aquellas tierras, que bien somos ciertos que nadie bastará a referillos y encarecellos, hasta que los veamos y conozcamos claros el día del juicio; (…) Si se hubiesen de contar las particulares crueldades y matanzas que los cristianos en aquellos reinos del Perú han cometido e cada día hoy cometen, sin dubda ninguna serían espantables y tantas que todo lo que hemos dicho de las otras partes se escureciese y paresciese poco, según la cantidad y gravedad dellas.” – En “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” por Bartolomé de Las Casas
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de complementariedad y asimilación. Esto cambió radicalmente con la ruptura provocada por la irrupción europea, que vino acompañada de enfermedades novedosas que diezmaron a la población y vaciaron el territorio, y de ímpetus destructivos heredados de las guerras de la reconquista (española) y de los fanatismos religiosos que, lejos de propiciar la asimilación y la tolerancia, abrieron las puertas a una destrucción sistemática de milenios de cultura y de aprendizajes acumulados. Lo que se instauró entonces fue una sociedad depredadora, de cuya lógica hasta el día de hoy no hemos podido zafarnos.” 5 Desde el inicio, en efecto, el impacto ecológico de la conquista fue gravísimo. Los europeos venían además con las premisas, por demás eurocéntricas6, de que los recursos naturales en el continente al que llegaban eran ilimitados, que la tecnología nativa era inferior a la europea y que, al haber sido conquistados, se disponía entre los indígenas de abundante mano de obra a bajo costo. Se produce entonces, y como consecuencia de todo ello, el gran colapso. Colapso demográfico, entre la población americana de hombres y mujeres y colapso entre la flora y fauna nativa 7 con la consiguiente variación del paisaje y reordenamiento ecológico. Enfermedades nuevas para las que los americanos no estaban preparados (gripe, viruela, sarampión, tuberculosis, malaria, parásitos intestinales, peste, cólera, tifus, fiebre amarilla) diezmaron a una parte de la población desde el primer momento. A estas epidemias les siguieron las guerras, la sobre explotación de mano de obra (como en las minas, la mita y las encomiendas), la reorganización del territorio y de sus habitantes que desestructuró las relaciones sociales originarias y generó la ruptura de patrones culturales que estaban naturalmente ligados a las formas tradicionales de relación con la tierra, entre otras. Y llegaron además otros males bajo la forma de animales domésticos y algunas plagas. Entre estos se incluye caballos, vacunos, ovejas, cabras, puercos y asnos, pero también ratas, ratones, pulgas, piojos. Asimismo trigo, cebada, legumbres europeas, caña de azúcar y algunas frutas. Estas especies introducidas produjeron la variación de flora y fauna más grande de la historia, pues ocuparon nichos ecológicos vacíos o desplazaron a las especies nativas, al implantarse intensa y forzadamente. El impacto en los hábitats nativos fue tremendo, puesto que constituyó una nueva cadena trófica de origen antropogénico, como resultado del desplazamiento de las especies nativas. Ello produjo el agotamiento de los pastos y suelos por el sobrepastoreo y el desplazamiento de la fauna nativa por depredación o por competencia. Por ejemplo, en la región andina el ganado vacuno y ovino desplazó a los camélidos americanos, los mismos que pudieron sobrevivir sólo en las zonas más altas, como es la Puna, al tiempo que se introdujeron
En “La búsqueda de una alternativa civilizatoria” por Juan Abugattas – Edit. Ministerio de Educación – Lima 2006 6 De las cuales la idea de modernidad es heredera, como veremos. 7 En “Notas sobre la Historia Ecológica de la América Latina” por N. Gligo y J. Morillo – Rev. Estudios internacionales No. 49 – enero-marzo 1980 – Santiago de Chile
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muchas plagas, tal el caso de los roedores (con la depredación consiguiente de vida originaria). Asimismo, se produjo la propagación de pastos africanos y europeos que invadieron extensas áreas del continente, desplazando a la flora nativa. Se produjo la invasión de malezas europeas que tenían compuestos tóxicos para los herbívoros nativos y la expansión de especies nativas oportunistas, que desplazaron a los ecosistemas maduros, aprovechando el hecho de que estaban totalmente alterados. La organización económica a la que condujo la presencia de los esquemas mentales occidentales, trajo consigo un reacomodo de la naturaleza y una reorganización de las sociedades. Se dio, entonces, una simplificación del orden ecológico natural, pues se sembraban y utilizaban cada vez menos plantas útiles. La lógica agrícola fue la de vender la producción para conseguir ganancias, y se produjo, como consecuencia, una especialización productiva en función de la demanda de mercados lejanos; el centro de la actividad económica y cultural pasó a residir en las ciudades, todo aquello relacionado con el resto de la naturaleza fue considerado como inferior, y el precio de los productos agrícolas se comenzó a fijar en lugares distintos de donde eran producidos. El mundo americano – y el andino en ello – se insertó así en una economía ajena, desde ya mundializada, globalizada, por la conquista. Motivados por la urgencia de enriquecimiento, se talaron bosques – de manera más efectiva y brutal que antes, debido al conocimiento del hierro y el acero – y por la mayor demanda para las minas, sobretodo, para el uso de la madera como leña, para viviendas y para la habilitación de pastizales para alimentar a los ganados8; asimismo se introdujo el uso del mercurio para separar la plata, y su extracción y su traslado produjeron múltiples daños. El oro, la plata y otros minerales que jamás habían tenido valor de cambio para las civilizaciones prehispánicas americanas se convirtieron en el eje impulsor de la organización social occidental impuesta, en desmedro de la agricultura, la pesca, la ganadería de camélidos, que habían sido hasta entonces, y de manera muy elevada tecnológicamente, ejes de la vida de las comunidades andinas. “Antes y después de Colón es el contraste entre la cultura de los pueblos que habían aprendido a vivir ecológicamente sanos versus un desarrollo “minero” extractivo y deteriorante que no se preocupaba de la conservación de los recursos. Los pueblos pre-colombinos no vivieron en equilibrio con la naturaleza, sino que la artificializaron entendiendo la
eso, cuando los seres humanos llegan a este ecosistema y comienzan a talar los árboles, el impacto resulta ser muy grande. Por otro lado y sabiendo que durante el periodo Sicán la gente usaba los recursos del bosque como combustible y para materiales de construcción en gran escala, su presencia no fue ciertamente tan devastadora como lo ha sido la presencia del hombre durante los últimos 400 años. Con un periodo climático más seco durante estos años recientes, el rebrote del bosque fue más lento y menos pronunciado, lo que lo hizo más vulnerable ante gente que usaba herramientas de acero, caballos y eventualmente sierras para remover a los árboles más viejos.” - Entrevista (inédita) al paleobotánico David Goldstein: “El bosque fue visto como un recurso importante y por eso se le cuidaba.” – octubre 2003
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relación hombre-naturaleza en función de su aprehensión cognoscitiva, (pero) basada en la investigación de ella.” 9 La actitud del invasor frente al territorio, sus habitantes, la flora y la fauna, fue de vulgar rapacidad y desprecio; y la cultura que había sido procreada desde hacía más de diez mil años por el hombre andino, amazónico y costeño – y que constituye un bagaje importante de conocimiento y tecnología – fue absurdamente desestimada. Y es que “las prácticas alimentarias (del hombre andino) eran muy completas y consultaban conservación, ablactación y selección en base al poder nutritivo. Sorprende el crecimiento de cultivos o plantas cuyo poder nutritivo era muy alto. Además, a ella sumaban un conocimiento fisiológico avanzado. Al respecto Antúnez de Mayolo afirma que la comprobación en cuanto al rendimiento energético puede ser sencilla, pero ‘el conocer los efectos de respuestas a los alcaloides, esteroides y otros principios activos contenidos implicaba un conocimiento fisiológico profundo’. El mismo autor incluye una tabla donde calcula la dieta inca per cápita, obteniendo la cantidad de 2 420 cal muy superior a la meta internacionalmente aceptada de 2 183. Aunque no se detalla la metodología empleada, lo que lleva a considerar un margen de error, la cifra tiende a confirmar lo que es usual escuchar corrientemente: que los indígenas del Imperio Inca tenían una alimentación superior a los del actual mundo civilizado del área altiplánica.”10 Es así que, “el duro y cruel yugo castellano significó graves modificaciones en la estructura de la sociedad andina: una sociedad esencialmente agraria fue violentamente obligada a transformarse en minera. Después de la paralizante guerra fratricida entre Huascar y Atahualpa; después de la catastrófica epidemia de sarampión ocasionada por la llegada de los españoles; y en vista de la sangrienta consolidación de la conquista castellana, los intereses de los conquistadores no estaban enfocados hacia los campos de labranza sino hacia las minas de oro, plata y mercurio, con lo que se llenarían las agotadas arcas del imperio español. El caos en la producción de los campos, en la organización agraria, en la distribución y almacenamiento de los alimentos y el desorden social y económico que devinieron con los cambios de sistemas, con la diferente asignación de la propiedad de la tierra, con la nueva distribución del trabajo, el extraño reparto del producto, el mal cuidado de los sistemas de riego, abono y labranza, la desordenada sistematización de las diversas cosechas, etc. etc., ocasionaron el colapso del agro con su consecuencia fatal de hambrunas, pobreza, disgregación social y rápida despoblación. (…) se calcula que en los primeros cincuenta años después de la conquista, la población se redujo al diez o quince por ciento de lo original.” 11 El desprecio del conquistador por el conquistado, el sentimiento de superioridad que se engendró en el proceso de colonización, el objetivo principal de saqueo y extracción del territorio, la dependencia de la
En “Notas sobre la Historia Ecológica de la América Latina” por N. Gligo y J. Morillo – Rev. Estudios internacionales No. 49 – enero-marzo 1980 – Santiago de Chile 10 En “Notas sobre la Historia Ecológica de la América Latina” por N. Gligo y J. Morillo – Rev. Estudios internacionales No. 49 – enero-marzo 1980 – Santiago de Chile 11 En “Cien siglos de pan” por Fernando Cabieses – Edit. CONCYTEC – Lima 1995
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metrópoli que es referente y al mismo tiempo dicta el ritmo de la economía con aquellas demandas que es necesario abastecer, la absolutización del modo de vida occidental y de la actitud religiosa que sustentaba ideológicamente ese predominio, la separación de las comunidades europeas de las nativas con leyes y espacios diferenciados, la marginación y el desarrollo de una población servil con rasgos culturales y de pigmentación diferente a la de los propietarios y consignatarios, son producto de la conquista y del largo periodo de la colonia, que marcaron con sello de fuego la organización social en todo el territorio americano y, por consiguiente, también en el amplio espacio territorial que los españoles dieron por llamar Perú. En tal contexto, desde Manco Inca y durante todo el coloniaje, se producen muchos movimientos de rebeldía indígena que han de ser el cimiento permanente de una respuesta necesaria ante el proceso de desastre que aún no culmina. Movimientos precursores de rebeldía, de búsqueda de nueva identidad, de afirmación cultural, de nueva reorganización del territorio en el sentido originario. Entre tantos de ellos, destacan algunos por la trascendencia y capacidad de convocatoria, así como por la claridad de los objetivos políticos. La sublevación de Juan Santos Atahualpa en 1742, se produce en medio de resentimientos acumulados por el maltrato y el desprecio; pero asimismo, al producirse, incorpora a la historia oficial a los pueblos más olvidados de todos: las comunidades amazónicas, invisibilizadas hasta el extremo en tierras que nadie anhela entonces, y que sirven de refugio y acogida a una rebeldía invencible.12 Entre la leyenda y la realidad, la sublevación de Juan Santos Atahualpa asume con fuerza la imagen del inca que retorna y que congrega a todos los marginados. Y es el primer hito independista de los pueblos originarios del territorio – y de América, asimismo – que asume como reivindicación una vuelta a un pasado mítico, es verdad, pero anclado en lo real cuando congrega a pueblos que no eran parte del incario, como los nomatsiguengas, los ashaninkas y asheninkas – llamados campas –, a indios y mestizos andinos y con recelo – lo que es su principal limitación – a criollos pobres y esclavos negros. Este movimiento rebelde destaca por su afirmación de la cultura indígena, frente a los elementos aportados por los occidentales, que tan solo son asumidos selectivamente. La importancia de la rebelión de Juan Santos Atahualpa se acrecienta con el tiempo, por su voluntad de afirmación, por su dimensión abarcadora y por su imagen, hasta hoy, de triunfante desafío. Pero, más aún, visto desde una perspectiva contemporánea, como la primera gran propuesta reivindicativa de los pueblos originarios que le reclaman a la
“La sublevación de Juan Santos, tal vez una de las más importantes de las poblaciones indígenas de la selva sudamericana, refleja un estado de saturación alcanzado por las culturas nativas maltratadas y ofendidas en sus más hondas tradiciones. La clara conciencia indígena de que el creciente avance y la intromisión siempre mayor de los blancos y mestizos en sus territorios, es la causa principal de su decaimiento cultural y de su lenta agonía física, encuentra su expresión en una esperanza mesiánica encarnada en la figura de Juan Santos.” – En “La sal de los cerros” de Stefano Varese – Edit. Retablo de papel – Lima 1973
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historia su lugar, pero reconocen realistamente, asimismo, el proceso globalizador iniciado con la conquista, que es inevitable asumir; aunque manteniendo el control, sin doblegarse ante el extraño. 13 Luego, cuando José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, se subleva en 1780 contra las fuerzas coloniales, marca a su vez el hito más trascendente de la historia de las naciones del territorio andino y de América. José Gabriel Condorcanqui, cacique de Tungasuca, Pampamarca y Surimaná, asumido descendiente del último Inca de Vilcabamba, se subleva y convoca a una fuerza indígena que ni él mismo imaginaba al principio. Ello no sorprende visto desde ahora. Y es que entre las reivindicaciones de derecho por parte de sectores comerciales provincianos, mayoritariamente indígenas y mestizos, contra la prepotencia de los corregidores por un lado – y que José Gabriel Condorcanqui inicialmente encarnaba –, y el abuso de los repartimientos por la masa sufrida y dolorida que presentía, con ilusión milenarista, la llegada de un cambio radical, por el otro, subrayaba prioritariamente el precursor en sus proclamas, los terribles agravios de la dominación sobre los indígenas: "Nos oprimen en obrajes, chorrillos y cañaverales, cocales, minas y cárceles en nuestros pueblos, sin darnos libertad en el menor tiempo de nuestro trabajo; nos recogen como a brutos, y ensartados nos entregan a las haciendas para laborar, sin más socorro que a nuestros propios bienes y a veces sin nada". Túpac Amaru obliga, así, al mayor despliegue de tropas hasta ese momento organizado por los occidentales en la colonia, para la defensa de su sistema. En el proceso, el movimiento se va radicalizando hasta exigir la independencia de la corona. Esto correspondía al espíritu de lo que reclamaban los pueblos del territorio del entonces virreinato del Perú. Y el grito de rebeldía del 4 de noviembre de 1780 que encarna Túpac Amaru II puede ser considerado, por ello, como la legítima acta de proclamación de independencia de todos los habitantes del territorio; una proclamación de independencia sin exclusiones, lo que la distingue de la que habría de darse el 28 de julio de 1821, y donde las poblaciones indígenas, abrumadoramente mayoritarias – tampoco los afro-descendientes – no serían tomadas en cuenta por los criollos independentistas.

“…la rebeldía, (…) ha fluctuado a su vez entre dos polos ideales: el repliegue de la cultura andina sobre sí misma, rechazando a “Occidente”; o la apropiación de los instrumentos de dominación de los vencedores. Ambas variantes pueden rastrearse hasta el mismo siglo XVI. El movimiento del Taki Unquy a inicios del S. XVII, sería un ejemplo de repliegue. También la rebelión de Juan Santos Atahualpa a mediados del S. XVIII. Pero, en actitud contraria, recordemos que ya Manco II montaba a caballo (¿los camiones de entonces?) y buscaba españoles que le enseñaran el uso de las armas de fuego. Túpac Amaru II se acercaría más a este segundo polo; Túpac Katari al primero. Lo que nos interesa destacar, sin embargo, es que en el S. XX predomina la segunda forma de rebeldía: aquella que busca apropiarse de los instrumentos de poder de los dominantes y, entre ellos, de uno clave, la educación. Arrancarles a los mistis el monopolio de sus conocimientos es el equivalente del gesto de Prometeo arrebatándole el fuego a los dioses.” – En “Educación y mundo andino” por Carlos Iván Degregori – En: Zúñiga, Madeleine; Pozzi-Scott, Inés y Lópes, Luis Enrique: Educación bilingüe intercultural. Reflexiones y desafíos. FOMCIENCIAS; Lima, 1991, pp. 13-26.

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La formación elevada de Túpac Amaru y una natural inteligencia le permiten tener una visión clara de futuro. Aunque “…se evidenció que mientras los líderes proyectaban una revolución para romper con el colonialismo y modernizar el país, ampliando las posibilidades para el tráfico mercantil, los campesinos entendieron que eran convocados para un pachacuti…”14, es decir, una ruptura total. Una mirada contemporánea, sin embargo, permite apreciar que ambas visiones iban en el mismo camino precursor. La derrota de Túpac Amaru II acarrea muchas e insospechadas consecuencias, sin omitir las reformas obligadas que debió hacer el colonizador occidental para atender superficialmente, al menos, las demandas de los sublevados aunque, al final, mantuvieran y fortalecieran la esencia de la dominación colonial. Una de las principales y graves consecuencias, sin embargo, fue la desaparición progresiva de la mayoría del liderazgo propiamente indígena. Los nobles incaicos, que hasta ese momento habían recibido tratamientos especiales debido a su ascendencia, fueron considerados desde entonces, y gradualmente, como cualquier indígena, a pesar de que en su mayoría se plegaron a la causa de los occidentales y contra Túpac Amaru II, para defender prebendas y privilegios. La “república de indios” colonial dejó, poco a poco, de tener cabezas visibles. Resulta claro que, “la revolución violenta era indispensable para quebrar el orden vigente; pero los dominados no encontraron la manera de romper el nudo que representaba la sociedad colonial. Esta no era el mundo andino, pero tampoco era una prolongación de occidente. El sistema colonial permaneció por encima de la violencia desarrollada, sin lograr eliminarla. Por el contrario, la violencia se mantuvo acumulada como una pesada herencia aflorando en distintos conflictos de la historia republicana.” 15 Posteriormente, el advenimiento de la República en 1821, proclamada por los criollos, no cambió mayormente nada. “La Revolución de la Independencia no constituyó, como se sabe, un movimiento indígena. La promovieron y usufructuaron los criollos y aun los españoles de las colonias. Pero aprovechó el apoyo de la masa indígena. Y, además, algunos indios ilustrados como Pumacahua, tuvieron en su gestación parte importante. El programa liberal de la Revolución comprendía lógicamente la redención del indio, consecuencia automática de la aplicación de sus postulados igualitarios. Y, así, entre los primeros actos de la República, se contaron varias leyes y decretos favorables a los indios. Se ordenó el reparto de tierras, la abolición de los trabajos gratuitos, etc.; pero no representando la revolución en el Perú el advenimiento de una nueva clase dirigente, todas estas disposiciones quedaron sólo escritas, faltas de gobernantes capaces de actuarlas. (…) Mientras el Virreinato era un régimen medieval y extranjero, la República es formalmente un régimen peruano y liberal. Tiene, por consiguiente, la República deberes que no tenía el Virreinato. A la República le tocaba
En “Buscando un Inca” por Alberto Flores Galindo – Edit. IAA – Lima 1987 En “El nudo colonial” por Alberto Flores Galindo – Revista Cultura Popular No. 13 – Lima 1984
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elevar la condición del indio. Y contrariando este deber, la República ha pauperizado al indio, ha agravado su depresión y ha exasperado su miseria.” 16 No podía ser de otra manera, pues “la onda de la revolución era continental: no era casi peruana. Los liberales, los jacobinos, los revolucionarios peruanos, no constituían sino un manípulo. La mejor savia, la más heroica energía, se gastaron en las batallas y en los intervalos de la lucha. La república no reposaba sino en el ejército de la revolución. Tuvimos, por esto, un accidentado, un tormentoso período de interinidad militar. Y no habiendo podido cuajar en este período la clase revolucionaria, resurgió automáticamente la clase conservadora. Los encomenderos y terratenientes que, durante la revolución de la independencia oscilaron ambiguamente entre patriotas y realistas, se encargaron francamente de la dirección de la república. La aristocracia colonial y monárquica se metamorfoseó, formalmente, en burguesía republicana. El régimen económico-social de la Colonia se adaptó externamente a las instituciones creadas por la revolución. Pero la saturó de su espíritu colonial. Bajo un frío liberalismo de etiqueta, latía en esta casta la nostalgia del Virreinato perdido.” 17 El pueblo indígena, cuatro quintas partes de la población, nunca se enteró de la independencia, ni los esclavos de origen africano que mantuvieron su condición; con la república se confirmó, sin necesidad de las normas expresas coloniales, el apartheid colonial que separaba en repúblicas diferenciadas a los europeos del resto de los habitantes del territorio. Más aún, bajo el pretexto de las nuevas ideas liberales, las leyes sobre comunidades indígenas promulgadas durante la colonia, y que impedían la venta de sus tierras, fueron abolidas. Gracias a ello crecieron las grandes haciendas de los gamonales, los que obligaban a los comuneros a "vender" esas tierras a punta de bala y amenaza, y más muerte. Se amplió el comercio de los grupos criollos, 18 beneficiarios de la república así gestada, con la nueva potencia predominante, Inglaterra. Y sobre esta base, además de la inestabilidad política generada por las frecuentes e interminables guerras civiles entre las facciones criollas, en disputa por el poder, y el militarismo que constituyó su sello, se organizó una sociedad estamentalmente bien definida, con clases sociales – castas – que tenían como referente de identificación, además del poder económico y de la mayor o menor fuerza, culturas diferentes, color de la piel distintivo, lenguas diferentes, donde el más fuerte despreciaba y enseñaba a despreciar a sus hijos y promovía hegemónicamente el desprecio hacia todo lo que caracterizaba a los dominados.
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En “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana” por José Carlos Mariátegui – Edit. Amauta – Lima 1969 17 En “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana” por José Carlos Mariátegui – Edit. Amauta – Lima 1969 18 “Un crecido número de ellos habían luchado contra Túpac Amaru y eran sus vencedores, y se convirtieron más tarde en combatientes por la independencia criolla”, en Violencia y mentalidad colonial en el Perú” por Luis G. Lumbreras – Edit. Instituto Nacional de Cultura / Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Lima 2006

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Así, se mantuvo el referente occidental, europeo, de cultura como el ideal, lo que significaba también la persistencia de los prejuicios de la conquista que vieron al territorio como un lugar de saqueo pleno de recursos, se mantuvo la lógica de vivir del proceso de abastecer a las metrópolis y ordenar la administración del territorio en función de tales demandas, al mismo tiempo que se despreciaba la capacidad y valor de las culturas originarias y se acentuó la percepción del habitante del territorio como instrumento para los fines de las élites y de sus entornos. Nada había cambiado. 19 Al control ideológico por la influencia religiosa, se agregó el de la ficción de patria. El territorio que los sectores criollos habían organizado para sí, devino en entelequia con símbolos de ineludible veneración, con héroes provenientes todos – salvo inevitables excepciones – de los sectores europeizantes, con una sola lengua oficial que es la de la conquista, con aparentes objetivos nacionales que fuerzan la desvaída, importada y reaccionaria idea de Estado Nación hasta el extremo de declararla intocable, 20 obligando a todos a asumir las contradicciones entre intereses particulares de administraciones territoriales diferenciadas por núcleos de criollos e identificadas a partir de ello como países – y que surgen así como herencia de la organización colonial – llevando a la guerra entre hermanos, usando al pueblo indígena como carne de cañón, y negando la pluralidad, el valor y el aporte de las nacionalidades que vivieron desde siempre en el territorio. El capitalismo, al iniciar su desarrollo poco a poco y sin dejar de lado al sistema de dominación por castas instaurado con la conquista, adquiere, en el molde de la independencia criolla, formas particulares en el proceso de estructuración de sus formas propias de explotación del hombre por el hombre y de su relación con los ecosistemas, agudizando la capacidad destructiva y aniquiladora del territorio y de sus habitantes, por parte de los sectores dominantes. Es que las formas de relación para la dominación no solo se reconocen en la propiedad de los medios de producción, sino que también en las formas de producción, las prioridades en lo que se produce, el tipo de
Un ejemplo clásico de este divorcio, de esta extrañeza entre la oligarquía, todos los sectores europeizantes, y la población indígena, lo encontramos en el famoso relato, basado en hechos reales, de Enrique López Albujar, “El hombre de la bandera”, que Basadre cita en extenso en la Historia de la República. Un dirigente comunero indígena explica así su inicial negativa a Aparicio Pomares, el indio y héroe huanuqueño – tan olvidado en la historiografía oficial por ser indígena precisamente – cuando este lo quiere convencer, en medio de un episodio desastroso, de que participe en la resistencia contra el invasor chileno: “misti chileno, misti piruano, ¿cuál la diferencia?” – Ver en: “Nuevos cuentos andinos” por Enrique López Albujar. 20 “…los criollos aspirantes a burgueses, propietarios de las tierras, crecieron convirtiendo a sus héroes y símbolos en paradigma de la patria, imponiendo el castellano como lengua nacional, las leyes romano-occidentales como ‘la ley’ y consolidando Lima y su puerto, el callao, como cabeza (capital) del Perú. (…) Los barcos cambiaron de bandera; los nombres de las instituciones cambiaron, pero el nuevo poder ‘nacional’ no cambió nada: simplemente impuso, en nombre de la patria, lo que los españoles hacían en nombre del rey.” - en Violencia y mentalidad colonial en el Perú” por Luis G. Lumbreras – Edit. Instituto Nacional de Cultura / Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Lima 2006
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relación predominante con el territorio, la organización del proceso productivo y de la distribución de los productos, las formas asociativas entre la población para el acceso mayor o menor a los beneficios y, finalmente el usufructo y el tipo de tecnología imperante, todo lo cual, finalmente, está condicionado por la dependencia absoluta de la demanda externa en cada localidad. Instalada la república criolla, los beneficiaros de esta entraron en conflictos caudillescos que militarizaron la vida del país. 21 Eran estos conflictos de intereses entre los mismos grupos criollos y ante los que la mayoría de los demás habitantes del territorio permanecía ajeno; o más bien eran involucrados forzosamente, en cuanto que eran pasibles de ser eventual carne de cañón o usualmente mano de obra barata. Sin embargo, no aparecía una clase dominante cohesionada. Ello ocurriría recién a partir de la segunda mitad del siglo XIX, con la aparición del guano como fuente de riqueza. Los ejemplos acerca de las formas de dominación prevaleciente en la lógica de la conquista son múltiples. Los regímenes de hacienda, con gamonales de horca y cuchillo, dueños de toda ley en sus zonas de influencia y cuya presencia fue predominante hasta pasada la mitad del siglo XX, fueron las maneras novedosas de la encomienda y repartimientos que adoptó la república. El poder se diluyó entre grandes notables provincianos y los detentores del poder central asentados en la capital. El pueblo indígena sobre todo – pero asimismo los descendientes de esclavos, los inmigrantes no europeos llegados por la fuerza o la falsa esperanza – estaba destinado por el régimen criollo a servir a aquel orden a precio vil, sumiso este mismo a los designios y las aspiraciones y demandas occidentales. El fenómeno del guano nos permite apreciar el inicio del fortalecimiento del Estado criollo dominante, mediante la afirmación de la casta europeizante en un núcleo de poder heredero del poder virreinal, pronto consolidado con la aparición del partido civilista.

“Al desmoronarse (…) la dominación española bajo el estado patrimonial neotomista cuyos niveles administrativos funcionaban por la gracia de un monarca intervencionista y patriarcalista sancionado por la tradición y la fe, resultó imposible encontrar una autoridad sustituta que tuviera el consentimiento general. Entonces apareció la figura del caudillo que tenía, más o menos fugazmente, el control de un grupo clánico o improvisado por medio del carisma. Ante la falta de grupos de interés económico poderosamente desarrollados y en interacción que robustecieran con fuerza e interés el proceso constitucional, los nuevos países se vieron arrastrados a regímenes alternados de anarquía y de tiranía personalista (…). Como entre las provincias del derrumbado imperio hispánico no habían existido, repetimos, poderosos vínculos horizontales de interrelación sino un enlace vertical con la metrópoli; y, como las dificultades geográficas eran, a comienzos del siglo XIX, muy poderosas, sobre las ruinas del viejo y venerado estado se erigieron repúblicas independientes y a veces en discordia por la vaguedad de sus límites, al amparo de las ambiciones o de los intereses de los caudillos, mientras se acentuaban las fuerzas telúricas de las oligarquías regionales o locales y quedaban ahondados los sistemas familiares en una lucha por el poder y el prestigio. Surgió entonces el predominio de lo que Weber llamó el sultanismo, sistema estatal que carece de contenido racional y desarrolla en extremo la esfera del arbitrio libre y de la gracia del jefe.” – En “Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano” por Jorge Basadre – Edit. Milla Batres – Lima 1979
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La extracción del guano – excremento de las aves de las islas costeras del litoral peruano, con propiedades importantes como abono, que las condiciones climáticas mantenían en permanentes buenas condiciones, y era conocido desde siempre por los cultivadores indígenas – se desarrolló como empresa en el marco de una enorme demanda de las metrópolis occidentales, empeñadas en el desarrollo de su agricultura como consecuencia de las exigencias de la revolución industrial europea. Luego del oro y la plata que constituyeron las bases de la acumulación de la riqueza occidental, le tocó a las deyecciones de las aves contribuir nuevamente al despegue de sus economías. El Perú exportó alrededor de 12 millones de toneladas de guano entre 1840 y 1879, con lo que se produjo una inmensa ganancia. El Estado criollo retuvo una gran cantidad de los beneficios obtenidos, pero estos se fueron mayormente en mantener burocracia civil y militar y en pagar deuda externa que, con el guano como garantía, se contrató permanentemente. Había entonces una población de aproximadamente dos millones de personas en el territorio, de las cuales las 4/5 partes eran indígenas que no tenían contacto con el mercado. Y una población mínima con capacidad adquisitiva importante. Los ingresos de los consignatarios y otros beneficiarios peruanos del guano se fueron en la adquisición de productos importados – siguiendo la lógica habitual –, en préstamos al Estado y, a la hora de invertir, haciéndolo sobre todo en agricultura de exportación atendiendo a las demandas estacionales de las metrópolis. Así surgieron las grandes haciendas algodoneras y azucareras de la costa norte, pero no se produjo, por lo tanto, ninguna significativa inversión en industria, dado el poco atractivo e interés del mercado local posible, que estaba satisfecho con la oferta proveniente de las metrópolis. En esta actitud, se conjugaban y consolidaban más aún interés económico y concepción de la vida y la cultura que, siguiendo la misma línea de pensamiento colonial, miraba permanentemente a Occidente como referente incuestionable. Finalmente, el guano que pudo servir para propulsar un cierto desarrollo general, tan solo sirvió para afirmar a un grupo dominante que empezó desde entonces a crecer como capital mercantil, capital financiero – pues crean y controlan los primeros bancos – y la agricultura de exportación. Contradictoriamente, se empobrece el pueblo de las urbes por el encarecimiento de los productos básicos y la ausencia de recursos, mientras que la dependencia de la deuda externa va debilitando cada vez más al Estado. La sustitución del guano como materia prima agrícola en Europa por el salitre y productos de laboratorio, y luego la derrota en la guerra con Chile22, y la pérdida del recurso alternativo del salitre, dejan al Estado criollo de fines del siglo XIX, y a la población del territorio que gobierna,
“Con las muchedumbres libres aunque indisciplinadas de la revolución, Francia marchó a la victoria; con los ejércitos de indios indisciplinados i sin libertad, el Perú ira siempre a la derrota. Si del indio hicimos un siervo ¿qué patria defenderá? Como el siervo de la edad media, solo combatirá por el señor feudal.” – Manuel González Prada en el Discurso del Politeama.
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exangüe y devastado. La entrega de los recursos naturales por el gobierno de Cáceres a los acreedores británicos para el pago de la deuda, señala el inicio de la irrupción con fuerza de grandes monopolios extranjeros. Pero asimismo, la actualización por la casta dirigente del permanente criterio de que era necesario extraer recursos naturales para la exportación, como única posibilidad para el desarrollo que consideraban adecuado; desarrollo que mantenía, enfáticamente y como referente incuestionable el modo de vida europeo. La intromisión de capital en la selva amazónica durante el auge breve, pero significativo, del caucho a inicios del siglo XX, nos proporciona otros matices que debemos rescatar para ahondar en la comprensión real de nuestra historia. La demanda del caucho, cuya aplicación industrial fue súbitamente descubierta a fines del siglo XIX en los países del norte, encendió enormes pasiones y ambición desmedida. La selva amazónica peruana – y brasileña – fue el objeto de la codicia de inescrupulosos sujetos que no dudaron en esclavizar y asesinar a centenas de miles de nativos para satisfacer su sevicia. La empresa cauchera enganchó toda la mano de obra disponible en el Amazonas, entre indios y no indios, pero las concepciones racistas y etnocentristas occidentales hicieron que los indígenas llevaron la peor parte. 23 Esta empresa infame no solo no dudó en torturar, asesinar, esclavizar y atemorizar a nativos de diversas etnias – donde los huitotos sufrieron, en el Perú, la peor parte – sino que no se detuvo en problemas para devastar la región, mediante el tumbado de una de las especies de árbol de goma, allí donde se trabajaba con esta. Los más bárbaros asesinos conocidos fueron Fermín Firtzcarrald, fallecido aún joven, y Julio César Arana. Este último incluso obtuvo la complicidad del Estado criollo del Perú que le prestó fuerza militar para expulsar a caucheros colombianos en la región del Putumayo, convirtiendo la región en un imperio – el de la Peruvian Amazon Company – donde reinó una de las formas más crueles de explotación de cuantas ocurrieron en la historia del mundo contemporáneo. 24
“El trabajo en las estradas afectó profundamente a las estructuras sociales y forma de vida de los indios: convertidos en trabajadores a tiempo total, abandonaron sus actividades económicas tradicionales, sus patrones de asentamiento fueron modificados al ser las comunidades trasladadas de un lugar para otro y las unidades locales fraccionadas y dispersadas de acuerdo a la estrategia de maximización de la explotación (debilitamiento de la estructura social interna para evitar rebeliones y cobertura de la mayor extensión posible de bosque explotable). Sus estructuras de autoridad fueron sustituidas por el gobierno directo de los capataces o la creación de hombres de paja nativos designados por el patrono como intermediarios entre este y los indígenas de acuerdo al principio de indirect rule. En el peor de los casos, el régimen seringalista (cauchero) fue protagonista del genocidio de muchas poblaciones indígenas debido al trabajo abusivo y a las violencias y torturas cometidas contra ellos para forzarles a producir.” – En “La era del caucho en el Amazonas (1870-1920): modelos de explotación y relaciones sociales de producción” por Francisco Javier Ullán de la Rosa – Edit. Universidad Autónoma de San Luis de Potosí – México 2004 24 “Las actividades extractivas no han producido una clase de obreros y menos una clase social con conciencia de sí mismos. Han contribuido y contribuyen a destribalizar grupos nativos a través de un proceso de proletarización y de desintegración o
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Hubo en aquellos tiempos defensores de los derechos humanos, como el juez Carlos A. Valcárcel que batalló heroicamente, e inútilmente, para terminar con este estado de cosas, además de la intervención del héroe irlandés – entonces aún al servicio de la corona británica – Roger Casement, por los cuales los hechos fueron conocidos. Sin embargo el gobierno peruano defendió a Arana, y los crímenes del Putumayo, documentados incluso gráficamente, no solo se obviaron sino que han pasado, también, al olvido en la historia oficial. Es que el caucho había llegado a constituirse en el 30% de las exportaciones del Estado criollo del Perú y los sectores dominantes – además de los inversionistas ingleses – percibían importantes ganancias con ello. El régimen de explotación criminal impuesto en las zonas de explotación cauchera, donde la ganancia de los trabajadores indígenas era del 0%, no era obstáculo para priorizar con seriedad a las razones de Estado que velaban por la salud de la caja fiscal… y la de sus beneficiarios. 25 Comprobamos que la huella ideológica de la actitud colonial persistía, el esquema de organización socioeconómico era exactamente el mismo. La organización social y la mentalidad que la presidía, complejizada obviamente con elementos novedosos, era exactamente la misma26. El territorio como fuente inagotable de riquezas, la atención a las demandas de la metrópoli como acicate para la extracción del recurso y la consecuente transformación de los ecosistemas, la organización del territorio en función de este esquema, la explotación servil e inmisericorde de las castas nativas consideradas inferiores y sin derechos, el beneficio de unas minorías europeizantes en el poder y en complicidad con los inversionistas euroccidentales, la exclusión en
disolución étnica que procura, al mercado laboral local, una mano de obra económica, sumamente móvil desde el punto de vista geográfico, que está sujeta a trabajos temporales bajo forma de contratas, enganches, jornales y que en muchos casos abandona tierras aptas para la agricultura” – En “La sal de los cerros” por Stefano Varese – Edit. Retablo de papel – Lima 1973 25 La cifra de muertes varía entre 30 mil a 60 mil integrantes de los pueblos indígenas huitoto, ocaína, andoke, bora, muinames, monuyas, rezígaros y otros, tan solo en los dominios de Arana. Esta cifra, dada la necesariamente escasa población que es la que permite la conservación del entorno ambiental amazónico, es catastrófica y corresponde a casi el 70% de la población nativa de la zona. 26 “…la ideología dominante caracteriza a los indígenas, el indio es tipologizado a partir del contraste que produce su lengua, su cultura, sus costumbres, etc., con el modelo de “hombre occidental” que vive en la mente de los juzgadores. Por ello Occidente aparece siempre como un antecedente natural, de innecesaria explicitación. El juez no se preguntará qué entiende por civilización o por cultura, pues esos conceptos se hallan intuitivamente sobrentendidos en otro discurso previo, subtendido e indijetado dentro del sistema dominante. Quizá aquí la función de la ideología se expresa con mayor claridad: un discurso no enunciado que antecede al discurso propiamente jurídico, desde el cual los hombres califican, ordenan, sancionan y actúan. El indio (…) es (…) caracterizado desde un andamiaje a-científico y previo que explica el mundo y la violencia. En el discurso jurídico hay un implícito discurso seudo-antropológico manipulador del control social.” – En “Etnia y represión penal” de Francisco Ballón Aguirre – Edit. CIPA – Lima 1980 (Nota: esta afirmación sobre lo jurídico, en realidad recorre a todas las esferas e instancias de afirmación ideológica del sistema; v.g. la educación, la salud, etc.).

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nombre de un sistema de castas que organiza socialmente a partir de determinada cultura que se considera, sin cuestionamientos, como la superior y única posible: he allí la constante de un modelo que permanece y se afirma por la fuerza, por encima y más allá de las divergencias y contradicciones transitorias internas sobre formas de distribución, o la prevalencia de tal o cual sector de poder económico o social. II EL NEOCOLONIALISMO MODERNO Los años de la década del 20, aproximadamente, señalan el inicio de lo que hoy en día ha dado por llamarse modernización. Este concepto está ligado estrechamente al desarrollo del capitalismo con fuerte presencia de inversiones extranjeras 27 hasta la actualidad, lo que constituye la expresión de la presencia actuante del occidente contemporáneo. Por encima de los avatares de la anécdota menuda, la historia política del Perú reciente puede sintetizarse perfectamente como de habituales conflictos de poder entre grupos de los sectores dominantes, pero todos unidos en cierto sentido común acerca de la explotación de los recursos del territorio, del aprovechamiento al menor costo de la fuerza de trabajo de las mayorías señaladas como diferentes, la dependencia de las demandas de las metrópolis para la búsqueda de productos, y un referente occidentalizante como proyecto de desarrollo. Es decir, la ideología y los procesos de la conquista y la colonia con nueva apariencia, apenas. Donde las formas de explotación por el capital persisten unidas a formas de relación social que corresponden a un régimen de castas. Quinientos años de presencia occidental, y tan solo han cambiado las apariencias. 28 Es importante, por ello, describir sucintamente los recientes procesos de explotación y organización del territorio y las formas de penetración ideológica renovada entre la población mayoritaria, para entender los acontecimientos de hoy en día. Varios son los procesos que nos permiten entender esto. Uno de los principales es el de la minería moderna. La extracción de minerales
El canje de la deuda externa por recursos naturales, gestionado por el gobierno de Cáceres, es el antecedente más caracterizado. 28 Se trataba de continuar el “viejo sueño de los conquistadores: transformar al indio en sujeto cualitativamente lo más apto para su explotación, y (…), conforme a las nuevas circunstancias históricas que “modernizaban” al país, (esta tarea) se reducía a insertarlo de manera fluida y estable en los centros de expansión del capitalismo desligados del agro. Este intento se expresaba bajo la cobertura de la “occidentalización” de los indígenas, de modo que se obtuviera la uniformidad social que diera las bases a un mejor sistema de control y expansión de las relaciones sociales de producción capitalista. (Se trata, entonces, de) desaparecer al indio sin que desaparezca como mano de obra…”. – En “Etnia y represión penal” de Francisco Ballón Aguirre – Edit. CIPA – Lima 1980
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propia del monopolio colonial hispánico en la época mercantilista, se ha transformado en un asunto de grandes transnacionales poseedoras de una renovada y poderosa tecnología capaz de extraer minerales en lugares que antiguamente eran desestimados o considerados como de minas agotadas. La demanda de minerales para la industria moderna es de impresionantes dimensiones en las metrópolis y el territorio andino es enormemente rico en este tipo de recursos, lo que paradójicamente ha sido el origen de la pobreza de muchas regiones del país y de procesos de destrucción del entorno ambiental acelerados, que hipotecan decisivamente el futuro del país, al destruir fuentes de agua, tierras, fauna y flora y salud humana, sin siquiera dejar algún beneficio de la riqueza obtenida para las poblaciones locales o indemnizaciones compensatorias por el daño causado. Es así que, por citar los principales casos, “en el norte, las cuencas de Cajamarca y La Libertad (son las afectadas). Los pueblos vecinos de Cajamarca sufren la contaminación de sus ríos y en el segundo departamento, el río Moche recibe los relaves de las minas Quiruvilca y Shorey. La vida en el río ha desaparecido y la tierra ya no produce; los agricultores migran tras la ruta de las descargas, llegando hasta las playas. En el centro, por más de un siglo Cerro de Pasco, Junín y el valle del Mantaro (la cuenca del Mantaro), a través de los ríos soportan los tóxicos productos residuales de la minería. El 75% del lago Junín – reserva ecológica y uno de los más altos del mundo – es materia inerte; los relaves tóxicos y aguas ácidas que arrastran los ríos San José y San Juan lo han convertido en lodo de cianuro y sulfato de cobre. El río Rimac que abastece el 60% del agua a la capital del país, es literalmente una mina (relaves) que recorre 145 kilómetros bajo la forma de río. En la selva la degradación destruye la cuenca del río Inambari, en Madre de Dios. Cientos de cargadores frontales remueven diariamente sus márgenes destruyendo el suelo agrícola. Paralelamente el mercurio, utilizado para separar el oro, se arroja a los ríos y destruye todo ser vivo. En otras zonas los hidrocarburos y metales pesados amenazan todos los ecosistemas amazónicos. En el proyecto Camisea, de explotación e instalaciones de depósitos de gas, los organismos financieros internacionales como el BID y la CAF continúan financiando las obras, no obstante la resistencia popular y las denuncias de defensores del medio ambiente. El gasoducto en su recorrido destruye importantes poblaciones y ecosistemas. En el sur las cuencas del Osmore, Tambo y Locumba agonizan cargados de relaves, acompañados de gases residuales y escorias. Poco más al norte, el río Quilca se ha convertido en un río salado por los relaves.” 29 La lista de daños es interminable. Y la desolación, a simple vista, de muchos parajes antes ricos en vida, no requieren del análisis de un especialista. Más de lo mismo desde la llegada del conquistador, en efecto. Pero, cerca del 50% del presupuesto nacional depende de la minería y, por lo que respecta a los recursos energéticos, la totalidad de la energía
29 En “Transnacionales mineras y ecocidio en el Perú” por Jorge Lora Cam – Quivera, revista de la Universidad Autónoma del Estado de México – Toluca 2005

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que se utiliza es proveniente del combustible fósil, o subsidiaria de este. Y grandes empresas multinacionales son las principales propietarias de las acciones de las compañías extractoras, en alianza a veces con importantes empresas nacionales, y se han convertido en poderosos factores de poder, inmunes a toda justicia por los daños que causan, omnipotentes en lo que emprenden sin restricción alguna ni ley que los detenga y, más bien, beneficiarios de exoneraciones tributarias importantes con el pretexto de la reinversión de utilidades u otras excusas similares, como por ejemplo las que se refieren a explotación riesgosa – aún tratándose de inversiones totalmente seguras – de acuerdo con una ley dictada ya hace medio siglo por la dictadura de Odría para favorecer a la Cerro de Pasco Corporation y que nadie deroga por conveniencia. ¿Por qué es que, habiendo leyes claras y tajantes acerca del pago de regalías, impuestos específicos, sobre licencias de construcción incluso, las grandes mineras y empresas de extracción de este tipo de recursos tienen la licencia efectiva, que no tiene ningún peruano, para incumplir las normas? ¿Por qué los PAMA (Programa de Adecuación y Manejo Ambiental) son generalmente un trámite adicional que se incumple sin que nadie haga observaciones? ¿Por qué, ante las movilizaciones de poblaciones enteras afectadas por la minería o la explotación de gas y petróleo, una prensa unánime tilda a las víctimas de agitadores y terroristas e, incluso, son los dirigentes populares los que terminan presos y nunca – incluso cuando ha habido muertes u otros atentados de parte de esas empresas – se ha visto a un empresario o directivo minero preso o enjuiciado? Hay miles de millones de dólares en juego, la demanda de la industria de los países llamados desarrollados es apremiante, el sistema de mercado no admite retrasos, ni los accionistas de las empresas explotadoras una demora en sus ingresos. La presión sobre el Estado criollo es enorme, el cierre de una mina puede traer un descalabro en el juego de las finanzas internacionales. Atados de manos, aunque por otro lado, asimismo, confiados en que sus actos son realistas, los gobernantes se ajustan a la razón del sistema y, sin dudas ni murmuraciones, acatan las exigencias de los centros de poder neocolonial. No hay salida, dicen, y envían a las tropas para sofocar los tumultos, dejan hacer a los jueces corrompidos por los verdaderos dueños del poder, dictan leyes para impedir las protestas, la prensa calla obsecuente y cómplice. La actividad extractiva de minerales y recursos energéticos fósiles no requiere de mucha mano de obra y cada vez la requiere menos conforme se tecnifica más, no deja más que un 10% de sus ingresos fabulosos por concepto de impuestos, paga sumas mínimas por canon a las regiones, empobrece a las poblaciones al destruir el medio ambiente y dañar permanentemente las tierras y reservas acuíferas y por consiguiente las posibilidades de desarrollo agrícola, provoca problemas de salud al envenenar ríos y lagos o expulsar sustancias tóxicas de los hornos procesadores, no industrializa su producción, para generar así algún tipo de industria que pueda dar empleo, sino que exporta los minerales

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en bruto, atropella toda legislación o autoridad que le estorbe y obstaculiza la dación de leyes como la Ley del Ambiente o cualquier propuesta de creación de un Ministerio del Ambiente y, sin embargo, son los actores económicos más favorecidos por los gobiernos y una permanente propaganda los ubica, prácticamente, como los que sostienen al país. La frase “Perú, país minero”, falaz e interesada, se pasea como bandera y una población desinformada la ha asumido sin percibir su origen colonial. La mal llamada industria minera es el ejemplo más flagrante de persistente permanencia de un esquema de desarrollo iniciado con la conquista y la colonia, pero no es el único. La pesca, en uno de los mares más particularmente dotados del mundo, fue, desde fines de los años cincuenta, otra forma de bendición que devino en maldición. “Los países de América Latina son grandes exportadores de pescado y productos pesqueros y representan el 11 por ciento de las exportaciones mundiales, siendo Chile el mayor exportador neto. Las principales exportaciones son el camarón y la harina de pescado. El total de los desembarques marinos en la región ascendió a 23,1 millones de toneladas en 1994, el 85 por ciento de los cuales procedía del Pacífico sudoriental, donde las capturas alcanzaron un nuevo récord en 1994. El total de la producción sigue estando dominado por la anchoveta del Perú, y las fluctuaciones en el volumen total se deben a la variabilidad de esta especie.” 30 Las excrecencias de las fábricas de harina de pescado inundan los puertos. Millones de toneladas de anchoveta, sobre todo pero también jurel, sardina y otras variedades son transformados en harina que sirve para alimentar a ganado y animales de corral de los países de las metrópolis occidentales y de potencias en pleno desarrollo, como la China, particularmente, que utiliza el insumo para alimentar peces en sus enormes piscigranjas. Millones de toneladas de anchoveta se hacen polvo para ser exportados al extranjero. Y mientras que la desnutrición se acrecienta entre nosotros, nuestros recursos pesqueros se despilfarran para engordar el alimento de otros. El paisaje se empobrece y desaparecen áreas reservadas de gran importancia para la reproducción y supervivencia de distintas especies. Se hace, además, insoportable la vida cerca de algunos puertos. El despilfarro de la abundancia de hoy hipoteca nuestro futuro. Y todo eso se da a la par que el desarrollo de una industria de harina y aceite de pescado cuyas enormes ganancias tan solo benefician a unos pocos. Es que las harineras son voraces. Usan naves de gran arrastre, en un mar que consideran de propiedad privada, irrumpiendo incluso en las cinco millas marinas exclusivas, legalmente, para la pesca de consumo humano, depredando nuestro mar sin reparo alguno. La pesca incidental – que es el exterminio de especies que sin ser atrapadas directamente, son afectadas por la acción de los grandes
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De “Estado mundial de la pesca y la acuicultura” – FAO – 1996

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pesqueros – produce también víctimas incontables y contribuye a encarecer el abastecimiento del pescado de mesa, portador de proteínas y que podría significar una solución para un pueblo pobre y urgido como el peruano. El proceso es por lo demás contaminante, pues “la actividad pesquera genera contaminación por efluentes que se derivan de la descarga de productos hidrobiológicos, en este caso agua de bombeo, y por el procesamiento o manejo de los recursos; así como por embarcaciones que no hacen un buen manejo de la extracción, por ejemplo, aquellas que pescan muy lejos y otras que sobrecargan sus bodegas, descomponiéndose así el producto, de manera que al momento de desembarcar descargan un producto destruido, es decir, de baja calidad. Al botarla, esta agua de bombeo tiene más carga de contaminación por materia orgánica, perdiéndose así materia prima y produciéndose, por lo tanto, pérdida económica.” 31 Cada año, cerca del 90% de la pesca que se obtiene en el litoral peruano se transforma en harina de pescado y tan solo el 10% restante es para consumo humano; producto, además, que se vende a precios que son absurdamente altos para un país tan rico en este recurso. Lo que es absolutamente irracional y se encuentra, como puede verse, en el origen de abundante destrucción y pobreza, 32 todo lo cual es generado por la dinámica de enriquecimiento ilimitado del sistema, siempre en manos de unos pocos y al servicio de la demanda de las metrópolis. Existe una legislación pesquera que favorece los intereses privados en contra del interés público, obviamente. Si no, sería imposible explicarse el aire de honorabilidad que suele ofrecer la Sociedad Nacional de Pesquería, una verdadera mafia depredadora que pelea con uñas y dientes por preservar sus beneficios y ventajas. 33 La conservación de nuestros ecosistemas marinos y la alimentación popular, que estarían mejor atendidos apoyando a la pesca de consumo humano y particularmente a los pescadores artesanales, son temas de segundo plano ante la contundencia de los lobbys de la poderosa Sociedad
31 En “Presiones económicas e institucionales que afectan la biodiversidad marina en Perú” por Albertina Kameya – Edit. Instituto del Mar del Perú – Lima 32 “En su libro "El olor del dinero", el economista Juan Carlos Sueiro nos recuerda que una planta de harina de pescado, de tamaño mediano, puede generar y lanzar al mar una cantidad de residuos orgánicos similar a la de los desagües de una ciudad de... ¡un millón de habitantes!” – Citado por Martha Meier Miro Quesada – Diario El Comercio Lima – 1997 33 “Incluso el CONAM señala que ‘existe una relación directa entre volumen de producción de harina de pescado y el número de casos con infecciones respiratorias, irritación ocular, intoxicación y edema pulmonar, dependiendo del nivel de exposición.’ Uno de los compuestos que arrojan las pesqueras es el sulfuro de hidrógeno. Este tiene efectos en la salud, como irritación en los ojos y las vías respiratorias. Un reporte de la DIGESA indica que las concentraciones de este gas tóxico pueden alcanzar los 1.127,91 microgramos por metro cúbico: 800% más de lo que establece el estándar nacional. (…) La tecnología para reducir las emisiones de gas es la conversión al secado indirecto. Solo el 40% de la producción nacional utiliza este sistema. ‘Calculamos que dentro de 20 años, de acuerdo con el mercado, todas las plantas contarán con esta tecnología’, responden los representantes de la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP).” – En “Industria pesquera sin límites” – Informe por Nelly Luna Amancio – Diario El Comercio – Lima 27 de noviembre de 2006

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Nacional de Pesquería y de sus clientes en las metrópolis occidentales, o en la China que nutre sus peces con harina de pescado, para alimentar a sus propias poblaciones y cuentas financieras, con lo que el sistema de castas, neo-colonial y capitalista, le arrebata a la alimentación de nuestros niños y niñas. Otra área que nos sirve de referencia es la que tiene que ver con la relación establecida desde hace siglos, y luego tras la conquista y hasta ahora, con los bosques. Hemos mencionado la fiebre del caucho y sus terribles consecuencias en la Amazonía. Hoy, es la presencia de personas extrañas que depredan por la tala indiscriminada, sea para el comercio de madera o también para el desarrollo de haciendas de pasto y ganado o similares, inapropiadas y devastadoras actividades para los ecosistemas del boque húmedo tropical amazónico – promovidas irresponsablemente por el mismo Estado criollo para campesinos pobres andinos, sobre todo, empobrecidos estos por el abandono de sus propias tierras de origen –; y asimismo la casi desaparición de los bosques secos costeños o los, ahora, casi inexistentes bosques serranos. “El Perú está entre los diez países del mundo con mayores recursos forestales.34 Sin embargo – y por diversas causas – a lo largo de los años sus bosques han disminuido. En los Andes, de tres millones de hectáreas, ahora quedan unas 50 mil; en los valles costeros, los bosques secos han reducido sus áreas a una fracción de lo que eran antes; y en la Amazonía se han deforestado una 9.5 millones de hectáreas (sobre un total de 71 millones) talándose cada año alrededor de 250 mil adicionales.” 35 La actividad extractiva de madera no ha reportado, por lo demás, beneficios más que a los concesionarios forestales y a los taladores ilegales. Así, “los dos departamentos con mayor superficie de bosques naturales o tropicales (Loreto y Ucayali) presentan tasas de pobreza extrema superiores al 40% y porcentajes de niños menores de 5 años con desnutrición crónica mayores al 30%. (…) Cabe mencionar que hay una estrecha relación entre pobreza y deforestación. Así, San Martín es el departamento de la selva que presenta mayor área deforestada: 23% del total nacional al año 2000. En este departamento, actualmente, el 60,5% de la población es pobre, el 51,2% de los hogares tiene al menos una
“Según el Proyecto de Apoyo a la Estrategia Nacional para el Desarrollo Forestal (ENDF), los bosques naturales peruanos abarcan 78,8 millones de hectáreas: 74,2 en la selva, 3,6 en la costa y 1,0 en la sierra. Estas cifras ubican al Perú como el noveno país con mayor superficie forestal del planeta y el segundo en Sudamérica, después de Brasil. Los bosques de la selva peruana son sumamente heterogéneos; esto es, contienen una impresionante población arbórea dotada de la mayor diversidad de especies existente en el planeta, como lo demuestran los bosques Yanamono y Mishana (Loreto), con 300 y 289 especies de árboles por hectárea, respectivamente.” (Información del Centro de Información y Documentación Empresarial sobre Iberoamérica (CIDEIBER), disponible en http://www.cideiber.com/infopaises/Peru/Peru-04-02.html) – Citado en “¿Son sostenibles las concesiones forestales en el Perú?” por Galarza y La Serna – Economía y sociedad – CIES – Junio 2005. 35 La revista agraria – Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES) – No. 76 – julio de 2006
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necesidad básica insatisfecha y la tasa de mortalidad infantil es de 49 por cada 1.000 nacidos vivos.” 36 Pero la tala indiscriminada no es la única causa de la depredación de los bosques, pues una errada política del Estado criollo, desconocedora de la realidad de los ecosistemas selváticos, promovió desde siempre a la Amazonía como espacio vacío al que se podía y debía acceder para poblar. Ignorante apreciación que desconocía la fragilidad de los suelos amazónicos, la importancia de las formas de explotación alternada y bajo ciertas condiciones y que el habitante originario había desarrollado desde hacía miles de años y, finalmente, que asumía una mirada ajena y despreciativa hacia los nativos amazónicos ubicados rápidamente bajo los rubros de salvajes e ignorantes. Tal visión occidental y colonialista del Estado criollo hacia la amazonía, heredera de la visión occidental de la conquista, lo llevó a desarrollar intensas campañas de poblamiento del bosque amazónico tropical, campañas que alcanzaron su pico con la llamada “Conquista del Perú por los peruanos” iniciada en 1963 y que arrojó a decenas de miles de campesinos serranos sobre todo, empobrecidos por despojos anteriores en beneficio de los gamonales en su mayoría, a la tarea de tumbar árboles, sembrar pasto y criar ganado vacuno, sobre todo, consumándose con esto la desestimación de millones de hectáreas de bosques tropicales. Tal política iba acompañada por la construcción de carreteras sin estudio alguno de impacto ambiental que las sustentase y diseñados sus trazos desde la lejanía de los centros de decisión urbanos. De las 9 y medio millones de hectáreas perdidas, el 80% por lo menos se perdió de esta manera, por la colonización. 37 La pobreza de los pobladores originarios se incrementó. Sin bosques no hay animales que cazar, hay menos lluvias y si se suma a aquello el empobrecimiento de las aguas por la presencia de sembríos de coca que usan fertilizantes químicos, plaguicidas y otras sustancias venenosas, las fosas de maceración para los laboratorios de cocaína que arrojan insumos a los ríos, la presencia de empresas petroleras y de gas, además de las nuevas enfermedades que afectan particularmente a los nativos no contactados o semi-contactados, puede uno colegir la catástrofe que ha sobrevenido. Sobre la zona del Huallaga, dice la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR): “A pesar del esfuerzo y la inversión realizada por el Estado, el proyecto estatal de colonización fracasó debido a la falta de planificación en el uso racional de las tierras de aptitud agrícola (producto del conocimiento insuficiente de los suelos, que en el mejor de los casos se basaba en aproximaciones acerca de su disponibilidad y capacidad de uso mayor), así como en el uso de las tierras de protección, y el progresivo reemplazo de la producción agrícola de policultivo por
En “¿Son sostenibles las concesiones forestales en el Perú?” por Galarza y La Serna – Economía y sociedad – CIES – Junio 2005. 37 Cabe agregar que hasta bien finalizado el siglo XX, 1995, los terrenos para desarrollar hacienda en la floresta amazónica se daban bajo la estricta condición de deforestar en plazos previstos, que al no cumplirse privaban al colono de su propiedad.
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cultivos comerciales (café y cacao) dirigidos al mercado internacional. Entre otros errores se pueden mencionar: el virtual desconocimiento de prácticas agrícolas adecuadas para los ambientes amazónicos, el lento establecimiento de la infraestructura de servicios y de comunicación, la introducción de la actividad agraria donde antes se desarrollaba básicamente la actividad forestal y la no creación de mercados regionales que pudieran consumir los productos agrícolas de los colonos. El incremento de la nueva población colona originó: a) conflictos entre los nuevos colonos y los colonos asentados con anterioridad al proyecto estatal de colonización; b) un severo deterioro ambiental (la degradación de los suelos y la consiguiente baja productividad de los sembríos); c) la inseguridad en la tenencia de la tierra y; d) la fragmentación de las parcelas. Además, la creciente demanda internacional por pasta básica y clorhidrato de cocaína, provocó en su momento la masiva sustitución de los cultivos legales por los cultivos de hoja de coca (Aramburú, 1989; Gallo, Rivera, Tello, 1994; Villanueva, 1989). Sólo en el Alto Huallaga durante 1940 se albergaba a 11,623 habitantes. El 35.2% de esta población era urbana, y el 64.8% rural. En 1981 alcanza los 134,600 habitantes y en 1988 contó con una población de 200,000 personas (INEI, 1981; 1988). Es decir, en el lapso de cuarenta años la población crece más de diecisiete veces, algo que no ocurrió ni en Lima. La razón de este incremento es un proceso de migraciones generado por el estímulo de la Carretera Marginal y el supuesto apoyo del Estado, que permitió la movilización de grandes contingentes de pobladores. Por esta razón surgieron nuevos poblados como Venenillo, Santa Martha, los Cedros, Moena, Primavera, Moyuna, San José de Pucate, Santa Lucía, Sión, etc. En estas circunstancias, el narcotráfico ingresa al Alto Huallaga originando un verdadero boom económico y exhibiendo públicamente la enorme incapacidad del Estado para enfrentarlo, así como hace evidente las contradicciones en el ámbito internacional que, por un lado, paga grandes cantidades de dólares pero que, por otro lado, fuerza a los Estados a reprimir el cultivo de la hoja de coca de una forma inadecuada.” 38 En realidad, lo acontecido en la selva central es similar a lo ocurrido en toda la selva húmeda tropical. Las pérdidas en vidas humanas y en recursos son inconmensurables. Una visión de conquistador, de dependiente de las demandas de las metrópolis occidentales sobre todo y de la mano oscura pero no invisible del mercado, una visión eurocéntrica del desarrollo entre las castas dominantes en el Estado criollo – y que ha calado profundamente en el imaginario popular, alienado de la tierra y de futuros alternativos y posibles, debido en gran parte al desprecio consecuente por los conocimientos milenarios de las poblaciones originarias y la folklorización de las culturas nativas – presiden estos malentendidos y tales despropósitos que están en el origen de la intensa pobreza y desgracia de la mayoría de los habitantes del territorio.

38 2.12. “La estrategia de pacificación en la margen izquierda del río Huallaga” en Informe final de la Comisión de la verdad y Reconciliación – Lima 2002

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III LAS ARGUCIAS DEL SISTEMA Mientras – ya pasadas muchas décadas desde la independencia criolla – se poblaba la capital y las grandes ciudades sobre todo costeras por los pobres expulsados de las pobres tierras que les habían dejado conservar – sembradas de recursos invendibles y despreciadas o compradas a precio de saldo –, mientras se contaminaban y empobrecían los ecosistemas marinos por obra de las grandes arrastreras y las fábricas de harina de pescado que alimentan, mientras se perdían los bosques y se contaminaban los ríos para beneficio de pocos, mientras se extraían los minerales y se perdían tierras y recursos acuíferos y se envenenaba la atmósfera… persistía y se agudizaba la organización territorial al servicio de la exportación de materias primas y de todo aquello que sirviera para atender la demanda caprichosa de las metrópolis, se incrementaba el control ideológico bajo la forma de promoción del ideal de vida occidental como modelo de desarrollo y, consecuentemente, la sumisión al sistema que sustenta el modo de vida inalcanzable, mediante la importación de todo tipo de tecnología, desde instrumentos de siembra, hasta alimentos y medicamentos, incluyendo pesticidas, plaguicidas venenosos, o acaso, los cientos de juguetes de uso cotidiano que deslumbran en las vitrinas de los comercios. Súmase a todo esto el desinterés por el bienestar de la población nativa, mayoritaria, mal remunerada y requerida y usada tan solo para servirse de ella en términos abusivos y de inverosímil explotación, como trabajadores pero asimismo forjados en tanto que frustrados consumidores potenciales, a imagen y semejanza de los ávidos e insaciables y reales consumidores occidentales. 39 El símil con las formas de control colonial es inmediatamente reconocible y su sello inconfundible. Cuando, durante la conquista, se establece el castellano como única lengua y esta tan solo la manejan bien los invasores, cuando se obliga a ciertas formas de vestimenta, cuando se impone la supremacía de la escritura y se niega valor a toda otra forma de registro del pensamiento, cuando se arguye la misma imposición de la razón desde premisas intocables y muchas veces desconocidas por los conquistados, cuando incluso la vestimenta y las costumbres son impuestas obligatoriamente, cuando se desprecia todo conocimiento originario, amparado y presidido esto por el absolutismo
39 “De hecho, el capitalismo del siglo XX (y del XXI, obviamente) requiere uniformizar las poblaciones. Un rasgo común del capitalismo en Asia, en África, en Europa, en Oceanía, o en América Latina, es romper con las peculiaridades regionales y locales y establecer patrones comunes de consumo, de hábitos cotidianos y de comportamientos culturales. Es una necesidad inevitable para conformar un mercado para las industrias. Esto significó en el Perú el retroceso del quechua (y de todas las lenguas nativas). El retroceso por lo menos aparente de la cultura andina (y amazónica), que acabó colocada a la defensiva, como las culturas tradicionales de Asia y África, colocadas también a la defensiva en relación a la penetración constante del mundo occidental.” - En “Arguedas y la utopía andina” por Alberto Flores Galindo – Cuadernos de Sur – Lima 1992

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religioso, cuando se organizan corregimientos y reparticiones, todo ello se erigía en el antecedente fundador de lo que, transformado y ubicado en tiempo nuevo, se mostró y se propuso bajo el rubro del mercantilismo, primero, del capitalismo del siglo XIX nacido con la revolución industrial europea luego, del imperialismo occidental norteamericano en seguida; lo que devino en la resplandeciente modernidad de las transnacionales y sus Estados gendarmes de la actualidad neoliberal. El colonialismo como se vive hoy lleva la rúbrica y formalidad del Occidente colonialista de siempre y la aquiescencia e interés de las castas que controlan el Estado criollo desde una independencia que forjaron para servir el interés de ellos y sus descendientes. Y que solo cambia de aspecto y de lenguaje. Bajo la forma novedosa de la búsqueda permanente de acumulación de capital financiero, hoy proliferan los feudos de ese tipo cuyos intereses son independientes de los Estados-Nación. Con el apoyo de tecnócratas altamente formados en temas financieros se dedican al empeño constante de transformar toda forma de vida en productos útiles para el intercambio y la acumulación de riqueza monetaria, es decir un proceso acelerado y eficiente de conversión de capital natural en capital financiero. Al parámetro de desarrollo de esta modernidad se le ha denominado crecimiento económico, que teóricamente es la fórmula eficaz para lograr bienestar, tal y como se entiende hoy, es decir la acumulación de bienes que, a su vez, posibilitan cierta forma de vida que se plantea como ideal y se resume en el paradigma del confort. Tal dinámica, que es asumida por millones de consumidores, personas que habitan las metrópolis capitalistas, bajo la influencia permanente de cierto sentido común inducido permanentemente, requiere para sustentarse de un acelerado proceso de reducción sistemática de capital natural (bosques, minerales, agua dulce, biomasas pesqueras), que de tal manera va produciendo el aumento cuantioso de capital financiero. El momento más grave de este proceso se está produciendo de a pocos, cuando el capital financiero sobrepasa al capital natural. Según informe acerca del estado del medio ambiente mundial, alrededor de 3.600 millones de hectáreas, o el 70%, de las tierras secas del planeta (sin contar los desiertos hiperáridos) están degradados; se calcula que se han degradado aproximadamente 1,95 millones de hectáreas de tierra por causa de la industria y la urbanización. El tema de los bosques también es gravísimo. En 1982 se calculó el ritmo de deforestación en 11,3 millones de hectáreas por año. La Evaluación Mundial de los Recursos Forestales del año 2000, utilizando por primera vez una definición común de bosques como áreas de por lo menos 0,5 ha con una cubierta de copas de más del 10%, concluyó que la pérdida neta de área forestal en el mundo durante los años noventa fue de aproximadamente 9,4 millones de hectáreas (el equivalente del 0,2% del total de bosques). Esto fue el efecto combinado de un ritmo de crecimiento de deforestación de 14,6 millones de hectáreas por año y un ritmo de crecimiento forestal de 5,2 millones de hectáreas por año. La

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deforestación en los bosques tropicales alcanza casi al uno por ciento anual. 40 Es que la dinámica de destrucción del proyecto de desarrollo occidental es feroz y avasalladora, indetenible y persistente hasta ahora, tanto como la codicia de sus principales beneficiarios. Un estudio reciente del Earth Policy Institute de los Estados Unidos señala que “los chinos podrían convertirse en una auténtica catástrofe ecológica, en caso de que llegaran a plagiar en unas décadas el estilo de vida americano. (…) este modelo es incompatible con la vida en la Tierra, (y el estudio) advierte del riesgo que supondría que la economía china permitiese a la mayoría de los habitantes de ese país llevar un estilo de vida al más puro estilo capitalista, con su excesivo consumo de carne, sus tres coches por cada cuatro habitantes, sus viajes al extranjero y otras comodidades de las que disfrutan los países desarrollados. (…); de seguir con el crecimiento actual, en 2031 los chinos tendrían la misma renta per cápita que los estadounidenses, lo que entrañaría un riesgo planetario aún mayor que el que padecemos actualmente. En caso de que la economía redujera su desarrollo hasta el 6% anual, esa equiparación se alcanzaría en 2040. En la década de los treinta, habrá 1.450 millones de chinos sobre la Tierra. Si, para entonces, la mayor parte de ellos viviera como un norteamericano medio actual, la contaminación procedente de los combustibles consumidos por sus vehículos sería equivalente a las emisiones de todas las fuentes de polución activas sobre todo el planeta actualmente. El consumo de barriles de petróleo al día sería de 99 millones, frente a los 79 millones que se producen ahora mismo a diario en todo el planeta. Tantos barriles alimentarían a un total de 1.100.000 coches, que necesitarían para existir y moverse (por autopistas, carreteras, aparcamientos...) de un espacio equivalente a todo el destinado hoy por hoy en China al cultivo de arroz. En lo que se refiere al sector agroalimentario, el consumo de cereales por persona pasaría de los 291 kilos anuales a los 935 kilos. Los chinos comerían en 2031, 181 millones de toneladas anuales, frente a los 64 millones actuales. Para ese año, lo chinos consumirían además 1.352 millones de toneladas de grano anuales, frente a los 382 millones de toneladas que consumieron en 2004. En lo que se refiere al papel, otro de los elementos característicos de la modernización, los 27 kilos de papel por persona utilizados anualmente por los chinos pasarían a ser 210 kilos por persona, lo que supondría 303 millones de toneladas de papel, casi el doble de la producción mundial actual, que está en 157 millones de toneladas.” 41 Como marco de todo ello, resalta la ficción del mercado como único y eficaz distribuidor de los medios para la vida, y para el logro del ideal de vida incuestionable de la sociedad de consumo. Ficción que pasa por sentido común que nadie encara políticamente, hasta ahora, para subvertir y negar. Y que, incluso, es el punto infranqueable de
40 41

PNUMA, 2003 En Vanessa Marsh – “Una catástrofe ecológica se perfila en 2031”– Tendencias21 – 2005, Buenos Aires, Argentina. (Se ha consultado la fuente de la página web respectiva del Earth Policy Institute, donde pueden verse los cuadros).

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propuestas políticas de sincera confrontación con el sistema, y que declinan o fracasan al ser incapaces de plantearse el cuestionamiento de lo que constituye la fortaleza mayor y el eje de la propuesta neoliberal, hasta hoy hegemónica. “En los debates políticos y en diversos campos de las ciencias sociales, han sido notorias las dificultades para formular alternativas teóricas y políticas a la primacía total del mercado, cuya defensa más coherente ha sido formulada por el neoliberalismo. Estas dificultades se deben, en una importante medida, al hecho de que el neoliberalismo es debatido y confrontado como una teoría económica, cuando en realidad debe ser comprendido como el discurso hegemónico de un modelo civilizatorio, esto es, como una extraordinaria síntesis de los supuestos y valores básicos de la sociedad liberal moderna en torno al ser humano, la riqueza, la naturaleza, la historia, el progreso, el conocimiento y la buena vida. Las alternativas a las propuestas neoliberales y al modelo de vida que representan, no pueden buscarse en otros modelos o teorías en el campo de la economía ya que la economía misma como disciplina científica asume, en lo fundamental, la cosmovisión liberal.” 42 El debate ideológico es fundamental, prioritario e indesligable de toda lucha política que quiera llamarse revolucionaria. La ideología es vivencia, se concreta en sentido común, en vida cotidiana. Dice Gramsci: “La ‘igualdad’ real, o sea, el grado de ‘espiritualidad’ conseguido por el proceso histórico, se identifica en la historia con el sistema de asociaciones ‘privadas y públicas’, ‘explícitas e implícitas’ que se entretejen en el ‘Estado’ y en el sistema político mundial: se trata de ‘igualdades’ sentidas como tales por los miembros de una asociación, y de ‘desigualdades’ sentidas entre las diversas asociaciones; igualdades y desigualdades que valen en la medida que haya conciencia de ellas, individual o de grupo. Así se llega a la igualdad o ecuación entre ‘filosofía y política’, entre pensamiento y acción, o sea, a una filosofía de la práctica. Todo es político, incluso la filosofía, o las filosofías, y la única ‘filosofía’ es la historia en acto, o sea, la vida misma.” 43 Y así alude a la eventual liberación obtenida por la humanidad al cobrar conciencia de su valor, lo que le debe permitir el derecho a “vivir con independencia de los esquemas y de los derechos de minorías que se afirmaron antes históricamente. (…) La conciencia (…) se ha formado o se está formando a través de la crítica de la civilización capitalista, y crítica quiere decir cultura, y no ya evolución espontánea y naturalista.” 44 En suma, si se acepta como intocables las premisas de nuestra cotidianeidad y no se cuestionan – pues de eso se trata, de cuestionar sentidos comunes y no de solo confrontar programas – se cae en el más burdo reformismo. Y en el contexto propio, dentro del esquema de evolución de la historia del hombre en territorio andino, amazónico, costeño que nos tocó
En “Ciencias sociales: saberes coloniales y eurocéntricos” por Edgardo Lander – en “La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales” Perspectivas latinoamericanas – CLACSO – Buenos Aires 1993 43 En Antonio Gramsci: Cuadernos VII 44 En Antonio Gramsci: Socialismo y cultura - 1916
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habitar, esto significa asimismo adecuación actualizada a la trayectoria del hombre originario, para la construcción de los nuevos paradigmas y sus realidades consecuentes: “Lo indígena no es inferior. Y el día en que la misma gente de la sierra que se avergüenza todavía de lo indio descubra en sí misma las grandes posibilidades de creación de su espíritu indígena, ese día, seguro de sus propios valores, el pueblo mestizo e indio podrá demostrar definitivamente la equivalencia de su capacidad creadora con relación a lo europeo, que hoy lo desplaza y avergüenza. Y tal día vendrá de todos modos. Lo indígena está en lo más íntimo de toda la gente de la sierra del Perú. La vergüenza a lo indio creada por los encomenderos y mantenida por los herederos de estos hasta hoy será quebrantada cuando los que dirigen el país comprendan que la muralla que el egoísmo y el interés han levantado para superar la liberación del pueblo indígena, el libre desborde de su alma, debe ser derrumbada en beneficio del Perú.” 45 Es decir, debemos construir una respuesta antisistema, desde una crítica radical a todas las construcciones simbólicas que sostienen a las formas de relación capitalista neoliberal, y que son – entre nosotros – parte de una tradición cultural postcolonial que prevalece como sustento y fuerza para la dominación, y la fortalece. El sistema se sostiene así. En el espejismo de cierto progreso que depende de los niveles de consumo para alcanzar determinados espejismos occidentales definidos constantemente como ideales. Espejismos urbanos, alejados del entorno natural al que explotan, con imágenes consecuentes que desprecian lo alterno – lo nativo – o lo asimilan rápidamente en algunos aspectos utilitarios para integrarlo a la misma lógica del consumo, apoderándose del recurso y reconstruyéndolo como propio. El racismo en el territorio andino, amazónico y costeño de nuestro territorio, se explica así, por la supremacía histórica del dominio cultural occidental, desde la conquista. Y la incapacidad, hasta ahora, de revertir este proceso. La respuesta debe ser totalizante, holística, creativa, enraizada en las tradiciones culturales originarias, en los conocimientos acumulados desde hace casi 20 mil años por el hombre que llegara primero a nuestro territorio, y cuyo desarrollo fuera bloqueado desde hace quinientos años, en el momento de la conquista. No para resolverse en algún anacronismo pasatista, sino que para procesar un nuevo pacto con la Tierra, una reconciliación con el resto de la naturaleza mediante un esfuerzo radical de desarrollo armónico con el territorio que nos acoge, para hacerlo sustentable, posible para la vida durante muchos siglos por venir. Lo que implica, definitivamente, una propuesta política radicalmente diferente de la que hegemoniza hoy nuestras vidas, donde los nuevos actores sociales y los nuevos datos de la historia viva sean tomados en cuenta, cada uno en su importancia cualitativa y cuantitativa. Y sin temor alguno de ir a contracorriente.

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En José María Arguedas: “Canto kechwa” – Compañía de impresiones y publicidad – Lima 1938

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