Democracia, conflicto, violencia Algunas indicaciones para una reflexión sobre el asunto en Colombia desde el caso Marcha patriótica

Laura Quintana Universidad de los Andes Bogotá - Colombia

Hay una dimensión de la democracia, y para algunos autores contemporáneos (Lefort, Rancière, Arendt, entre otros), lo auténticamente democrático, que se escapa, se omite o tal vez incluso se doma, en algunos de los actuales debates sobre las relaciones entre democracia, conflicto político y violencia. Lo que se omite es que la democracia sea, más allá de una forma de constitución del Estado y de una técnica de gobierno, un espacio polémico nutrido por formas de protesta, interrupción o dislocación por las cuales se afirman y emergen subjetividades, así como nuevas formas de distribución del espacio político. Desde este punto de vista, la democracia no sería un régimen establecido para ordenar o prevenir el antagonismo en nombre de un “nosotros” bien integrado, sino un proceso en el que las formas institucionales llamadas democráticas se exponen a, pero a la vez son confrontadas y reconfiguradas por los conflictos que pueden emerger de un “nosotros” ya siempre plural, es decir, por las formas de intervención propiamente democráticas en las que se manifiesta el poder de un pueblo dividido. De modo que, más que el nombre enlazado con la posibilidad de alcanzar un consenso racional, la ‘democracia’ sería un significante vinculado con una cierta conflictualidad; una que no puede reducirse a la confrontación guerrera entre adversarios que se asumen como enemigos, ni a las diversas formas de violencia que pueden atravesar el espacio social. Pero ¿qué es lo que está en juego al enfatizar que el conflicto está en el corazón de la ‘democracia’? ¿Y qué podría implicar en países, como Colombia, en los que, desde unos ciertos enfoques, se enfatiza que la institucionalidad democrática ni siquiera parece haberse afianzado, asumir la democracia como un espacio social expuesto a la conflictualidad? Me interesa aproximarme a estas preguntas amplias desde una perspectiva filosófica que insiste en la importancia de repensar la democracia desde la división y el antagonismo, en el sentido apenas anunciado, percatándome de una cierta “insuficiencia” en ciertas perspectivas influyentes en el debate colombiano entorno a las relaciones entre democracia, conflicto y violencia1. Desde estos
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No quiere decir que sean las únicas influyentes. Ciertamente se han desplegado otras desde historiadores de la izquierda como Fals Borda, Mauricio Archila o Leopoldo Múnera, y desde autores de los estudios

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puntos de vista “institucionalistas”, en efecto, Colombia sería una democracia bastante débil sobre todo por sus carencias institucionales; en particular, teniendo en cuenta que los elegidos popularmente tienden a gobernar corruptamente y con ello a moverse en contravía con respecto al “bien público”; que el Estado no haya sido capaz de ejercer efectivamente su función de protección de los ciudadanos garantizándoles derechos fundamentales y sociales constitucionalmente reconocidos (la vida, en primer lugar, pero también la movilidad, la salud, la educación), y el que se haya mostrado también incapaz de asegurar “la administración imparcial y expedita de la justicia” a través de un “marco institucional adecuado” (Hoyos, 2002: 91, 98s). Todos estos factores estarían vinculados con los principales problemas sociales y políticos del país y, en particular, con su “falta de cohesión social” (Hoyos, 2002: 91, 98s). Sin negar la importancia que, como aduciré en estas reflexiones, puede atribuírseles a todas estas estructuras institucionales, cabe en todo caso preguntarse si este énfasis en la cohesión social que el Estado posibilitaría no invisibiliza o descarta unas formas de intervención que son vitales para la vida democrática, y no identifica además de manera problemática el espacio social como una unidad armónica que integra la diversidad de puntos de vistas e intereses. Más aún ¿en qué medida este ideal de integración social se ha reflejado en políticas públicas, en diseños institucionales que excluyen que el lazo social pueda emerger también de formas de división y antagonismo como las que se expresan en las acciones colectivas confrontacionales (manifestaciones, protestas, movilizaciones sociales)? ¿En qué medida esto ha sido consecuente con unas políticas públicas que han minimizado, desplazado y reducido los espacios de intervención no estatales, y que le reconocen un espacio de participación muy reducido, meramente privado, a los movimientos sociales? Claro, no estoy hablando aquí solamente de unas reacciones violentas del Estado en contra de los movimientos sociales, que rebasan ya la misma legalidad, y que pueden explicarse hasta cierto punto desde los discursos institucionalistas, si bien no es algo que haya que perder de vista; tampoco estoy desconociendo que esos discursos reconozcan la importancia de que tales movimientos, reducidos a lo que suele llamarse “sociedad civil”, puedan participar en las reglas de juego establecidas para la deliberación pública; lo que me pregunto es si en las comprensiones usuales de lo político en el medio colombiano se reconoce suficientemente que hay voces, discursos, actores que exigen intervenir en el espacio público haciendo ver objetos, problemas, y a sí mismos de una manera que no está del todo codificada por esas reglas y que llama a su ampliación, modificación o reconfiguración en acciones que no pueden reducirse a decisiones
postcoloniales, como A. Escobar, que enfatizan en la importancia política y democrática de los movimientos sociales y de las protestas políticas, pero han tenido influencia sobre todo en los estudios culturales, en los debates sobre sociología y teoría política y no tanto en las discusiones sobre filosofía política de nuestro medio.

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a una conflictualidad política generadora de relaciones sociales sostenidas por reivindicaciones de igualdad. sea condición necesaria y suficiente de las formas de acción democrática. estigmatizando esos movimientos como anomalía o insurgencia que rebasa el orden establecido. 2 No puedo aquí ahondar en esta dimensión del asunto. que se expone a su tratamiento polémico. quisiera mostrar por una parte que esas acciones se refieren y presuponen un cierto marco institucional. Para precisar mi punto de vista al respecto. emancipación e igualdad. respeto por las libertades individuales. y como una carencia sobre en la que en todo caso también ya siempre se puede intervenir– no es tanto una institucionalidad. humanitaria y policiva. es si que lo que hace falta en Colombia –aunque como algo que ya siempre “falta”. Y hasta qué punto se admite que la manifestación de esas acciones es vital para lo que suele llamarse democracia. siempre en todo caso irrealizables. 3 . me pregunto si al simplemente pretender administrar la conflictualidad se la tiende a violentar: o bien. Pero por otra parte quisiera sugerir también que un marco institucional dado puede considerarse como más o menos democrático en la medida en que haya sido más confrontado. entendida por supuesto no sólo como régimen político. con la democracia. ni meramente un espacio de consenso que permitiera la mediación deliberativa de las diferencias. Por último. no fácticamente reconocidos por tales gobiernos. No quiero sin embargo sugerir con lo anterior que un marco institucional fácticamente reconocido. pero me refiero a que la acción política puede remitirse claramente a unos derechos y en general instancias institucionales no fácticamente reconocidas para elaborar sus reivindicaciones y confrontar los ordenamientos dados. no fácticamente establecido2. Más aún. apelando a mecanismos de coerción que no rebasan las reglas de juego del Estado de derecho. por ende. en muchos casos virtual. o bien. para instituir en muchos casos nuevas posibilidades institucionales. que permitiera un mayor orden e integración de una “anomía social” dada. aunque a la vez ya siempre lo exceden en tanto que lo confrontan y reconfiguran polémicamente.técnicas o a procedimientos de deliberación. sino unos espacios públicos en los que pudiera darse la transposición de una violencia destructiva de la pluralidad humana. aunque él mismo no pueda identificarse con esas formas polémicas ni. que exceden los mecanismos institucionales y las reglas de deliberación establecidas. Piénsese en casos tan disímiles como las luchas de resistencias contra gobiernos dictatoriales que apelan al discurso de los derechos humanos. quisiera preguntarme por los efectos de violencia que se derivan de un orden social poco expuesto a esas formas de intervención confrontacionales. o una mayor justicia. validan y se exponen a la emergencia de las modalidades de conflicto y a sus efectos políticos de subjetivación. Lo que quisiera cuestionar con esto. sino precisamente en términos de las formas de ser-en-común que posibilitan. reconfigurado e instituido por esas formas de manifestación. o en las luchas contemporáneas de los sin-papeles que al actuar muestran que se apropian de los derechos de participación política que no tienen. para formularlo brevemente. es decir.

En este sentido lo que me propongo con este ejercicio del pensamiento no es simplemente aplicar un marco conceptual para comprender un contexto. 4 . Además.). ‘sociedad civil’. como lo son Arendt. Luego. Insistir en la conflictualidad de la democracia es subrayar entonces. para manifestar un conflicto irresoluble. que el pueblo es una forma vacía que se resiste a darse como un “cuerpo”. a toda institucionalidad. Este carácter irreductible del conflicto se debe en gran medida a un doble exceso: a la misma excedencia del demos con respecto a toda representación o “cuenta” que pueda hacerse de éste (en términos de Estado. o en términos de clase. violencia e institucionalidad. conflicto político y violencia. Se trata más bien del nombre de una pluralidad que se tiende a “representar” en términos de ‘nación’. como una sustancia dada o como una unidad por alcanzar. Rancière y Lefort. complejizándolas en dos momentos vinculados: primero haré explícitos algunos presupuestos e implicaciones que se derivan al insistir en la centralidad del conflicto para una comprensión de la democracia. que también permite delimitar el contexto en cuestión e iluminarlo. sirviéndome de una serie de reflexiones de autores tan disímiles pero convergentes en ciertos respectos. que la democracia se da en formas de acción que exceden las soluciones del “buen gobierno”. la daña excluyendo e invisibilizando a unos y produciendo una serie de relaciones de desigualdad. sino complejizar también este marco desde la consideración de un caso particular. opinión pública. Nación. con respecto a toda ordenación de la comunidad. para situar estas reflexiones en el contexto colombiano lo delimitaré a partir de una experiencia reciente en este país. este mismo caso me permitirá desarrollar unas preguntas que complejizan las reflexiones conceptuales apenas formuladas. con respecto a las relaciones entre acción e institucionalidad. pero también al “exceso de la igualdad” de cualquiera con cualquiera. el caso del movimiento “Marcha patriótica”. sino constitutivo de lo político mismo. y los modos de ordenación de lo social. La apuesta conceptual: la democracia como poder de un pueblo dividido La democracia y su exceso conflictivo Cuando insisto en pensar la democracia desde la confrontación y el litigio asumo. bastante inabarcable por cierto. en primer lugar. y cómo esto afecta la manera en que se piensa la relación entre acción política. etc. estratos. el cual permite poner de manifiesto algunos efectos de violencia que pueden darse en un orden social e institucional poco expuesto a ser confrontado políticamente por múltiples formas de manifestación y de protesta. identidad cultural. ‘Estado’. pues a la vez que ésta abre un espacio compartido en el que la igualdad se inscribe de cierta manera. a todo trazado de fronteras de pertenencia.En este texto me propongo desplegar las anteriores consideraciones y preguntas. no eliminable ni ordenable.

y con respecto a lo que se considera como problema dentro de esas mismas fronteras. gracias precisamente al “conflicto” que pone en juego la acción política misma: cuando unos y otros cualesquiera se vinculan de maneras inesperadas para exigir la participación pública que no se les atribuye. esas manifestaciones permitirían interrumpir y desplazar formas dadas de distribución de lo común. repartos de funciones. reconocer que el conflicto está en el centro de una política democrática es advertir que esas manifestaciones plurales se producen desde las identidades que ellas mismas confrontan. Así. Por esto mismo. Entonces. al configurar nuevas formas de ser-unos-con-otros. porque actuar supone ya un desplazamiento con respecto a la manera en que unos y otros son identificados en un espacio común. y para confrontar entonces en esas reivindicaciones la manera en que se ve y el espacio mismo de lo visto. el carácter plural de las manifestaciones políticas es consecuente con el hecho de que ellas mismas se asuman como locales. modos de interlocución y visibilidad (Rancière). 3 Me interesa referirme aquí a la manera en que la noción de comunidad se puede alterar desde una visión conflictiva de la democracia. como un común que es partición y división ( partage). o a la unidad en la diferencia de los intereses. De hecho. logrando desidentificarse con respecto a ellas. si el pueblo de la democracia aparece en comunidades que emergen en nombre de un litigio. a la pertenencia a una comunidad de valores. partidos. en la medida en que ella puede ser movilizada por manifestaciones políticas en las que precisamente se pone en cuestión el reparto de lo común. la comunidad política no puede reducirse a un consenso alcanzable o por alcanzar. Le déplacé interne (el desplazado interno): entre assujettissement humanitaire et «déshumanisation»). e interrumpiendo también con ello formas de violencia. exclusión. pero que puede exceder todas estas representaciones. incapaces de representar el todo de la sociedad. lugares. y a sus fronteras de pertenencia. 5 . prácticas y procedimientos que permiten producir esas mismas identidades. con fronteras contestables y reconfigurables. emergiendo de una serie de condicionamientos identificadores. Por eso la acción política tiene ya siempre algo de confrontacional. para tejer otros modos de ser unos con otros. con respecto a la “comunidad” de ese espacio. conflictivas. fijación que atraviesan una diversidad de discursos. para abrir nuevas formas de experiencia – otras formas de ser y de coexistir–. tiempos. que alteran el tejido de relaciones sociales dadas. reutilizándolas. para hacerse ver como actores políticos y hacer ver unos problemas que no se reconocían como políticamente significativos. ni algo dado.roles. desplazándolas. grupos de interés. a la que me he referido en otra ocasión (Quintana. Lo que estaría en juego en estas formas de ser unos-con-otros que se desplegarían en la acción política sería hacer visible lo común como un espacio disputado. En el caso colombiano pienso en experiencias como la Comunidad de paz de San José de Apartadó. sino un trazado que se reconfigura en las mismas manifestaciones de un pueblo dividido. La comunidad no sería un proyecto. e incapaces también de instalarse en una nueva totalidad social3.

the counterpart to an all-too visible subjective violence. podría pensarse que esas manifestaciones polémicas logran poner de manifiesto formas de explotación. que no suelen reconocerse como tales en los ordenamientos dados de lo común y que suelen estar relacionados con. cierta fuerza física. However. como lo matizaré a continuación. 2). fenómenos de desigualdad. y recojo en parte entonces la distinción arendtiana entre ‘violencia’ y ‘poder’ (Arendt. Johan Galtung introdujo este término para referirse a cualquier tipo de constreñimiento de las posibilidades humanas debido a estructuras políticas o económicas (Galtung. que alteran a los actores y a sus modos de ser unos-conotros.Conflicto político y violencia(s) Al enfatizar en la idea de conflicto político sugiero que las acciones democráticas en cierto sentido son “no-violentas”. Se trata de formas de dominación (o en los términos de Žižek. 2008. uno podría decir que esas prácticas litigiosas hacen visibles. 1969). 199-207. particularmente. En términos de Žižek. de “violencia objetiva”). 5 En palabras de Žižek: “subjective violence is experienced as such against the background of a non-violent zero level. e incluso manifestaciones de cierta violencia directa pueden estar presentes en conflictos políticos que confrontan los ordenamientos dados y sus fronteras de pertenencia. En esa medida. escenificándolos políticamente. que funcionan como parte de los mecanismos de la gubernamentalidad económico-política). exclusión. Aquí se entrecruzan distintos aspectos a los que cabe dirigir nuestra atención: por un lado. 6 . de coerción o dominación tanto “simbólicos” (que operan en prácticas de lenguaje explícitas y en la operación misma del lenguaje como imposición de un cierto sentido) como “sistémicos” (es decir. y por ende. It may be invisible. y emerger en. acogiendo los planteamientos de Rancière. 1970). asumo que en los conflictos políticos se pone de manifiesto el poder de una pluralidad que lejos de dividir para destruir y desvincular. En efecto. 1958. objective violence is precisely the violence inherent to this «normal» state of things. si bien acogiéndola en su complejidad y problematicidad. Asimismo. permite tejer redes de relaciones. p. que la capacidad que tienen 4 Como se sabe. por aquellos neoliberales. Systemic violence is thus something like the notorious «dark matter» of physics. p. peaceful state of things. actos de violencia directa (o de “violencia subjetiva”)5. but it has to be taken into account if one is to make sense of what otherwise seem to be «irrational» explosions of subjective violence” (Žižek. los conflictos democráticos no pueden reducirse a actos de violencia física aunque. que el litigio político podría distinguirse de una violencia destructiva de las relaciones sociales. marginalización y en este sentido confrontan fenómenos de violencia estructural4 que son invisibilizados por los mecanismos gubernamentales de los llamados regímenes democráticos. podría decirse. tipos de coerción. Objective violence is invisible since it sustains the very zero-level standard against which we perceive something as subjectively violent. It is seen as a perturbation of the «normal».

funciones e identidades asignadas para confrontar o interrumpir relaciones dadas de mando-obediencia. De la mano con esto cabe destacar la manera en que tales acciones pueden resistir a las formas de violencia simbólica (y en los términos de Galtung. sino que más bien manifiestan precisamente la contingencia del orden social y su incapacidad para integrar la pluralidad a un consenso sin conflictos. a aquella “cultural”6 que se da en los intentos de justificación de las formas de violencia física y estructural): a la violencia del todo. Pero. que están ligadas con las formas de violencia sistémica u objetiva. aunque a veces puedan hacerlo y con cierta violencia física o coactiva. o más concretamente. como lo había planteado en el apartado anterior. que emerge en un espacio configurado por una parte. pues las acciones políticas en las que se da la democracia no pretenden representar una unidad social. En este sentido. y para poder manifestar la contingencia y problematicidad de unas formas de inteligibilidad que una de las partes ha asumido como “dadas”. sino de sentidos excluidos que eventualmente pueden reconfigurar el espacio de interlocución e inteligibilidad. al señalar que estas acciones “hacen visible”. permite la circulación no sólo de voces silenciadas que pueden hacer oír sus argumentos en un espacio dado de interlocución. para que la otra pueda verla como adversario. de un consenso que reduce. que tal vez parezca irrazonable desde los presupuestos o criterios legales dados. de un tipo de lenguaje que violenta como alteridad irracional o inaceptable lo que supera ciertas reglas de interlocución. he sugerido que el litigio político implica la creación de una instancia de escenificación. pero que en todo caso exige ser entendido como algo más que una “mera reacción violenta ante una situación 6 Ver al respecto Galtung 1990. podría decirse que las manifestaciones colectivas en las que se pone en juego la democracia no simplemente reaccionan. sino que crean formas de enunciación en las que se produce la manifestación de un “argumento”. al manifestarse los actores pueden desplazarse de los lugares. por otro lado. la demostración de una razón o de un derecho no escuchado. experticia e ignorancia.las acciones políticas para poner al descubierto formas de dominación y exclusión va de la mano con su carácter emancipatorio: con el hecho de que. pueden interrumpir también la violencia frente a la pluralidad. De esta forma. excluye. pertenencia-exclusión. fuerza-debilidad. o condena a otras fuerzas a la inexistencia. ni lograr la integración plena de una comunidad. en tanto que se trata de unas formas de acción que lejos de reivindicar el privilegio del sentido. 7 .

Desde esta perspectiva entonces. Sin embargo. el que unas manifestaciones de cuerpos actuantes. En primer lugar. lo que hace parte de lo común. como mera reacción de necesidad inmediata. gracias al desplazamiento de ciertas formas del decir. como ya lo advertí. palabras que no lo eran. de la configuración sensible que recorta los dominios y los poderes del logos y la phoné.penosa”. atravesados por relaciones de fuerza. un espacio de inteligibilidad y que. al sugerir esta distinción entre conflicto político y violencia no quiero defender una “pureza de la acción”. sino en la manifestación que convierte esa reacción en una instancia de enunciación. hay que cuidarse de caer en una trivialización de la “no-violencia” o en la mera proclamación de un moralismo pacifista que terminaría por negar una cierta radicalidad de los conflictos políticos. pero que se dan en palabras confrontacionales. y marcados en muchos casos por 8 . o como afirmación destructiva. palabras-actos. de interrumpir las funciones que les han sido asignadas. de los lugares de lo visible y lo invisible […]” (Rancière 1996: 58). palabras-afectos. hay que insistir en que los argumentos políticos no se reducen a un mero intercambio discursivo entre interlocutores constituidos y sobre objetos establecidos. reconfigurando el espacio de lo visible. Son argumentos en los que se escenifica un conflicto y en los que no sólo se hacen visibles o se escuchan objetos. sino que éstos mismos se crean como objetos. que precisamente cuestionan las fronteras establecidas entre el sentido y el no sentido. Se trata de argumentos que también pueden exponerse en gestos aparentemente mudos. palabras-prácticas. Además. de moverse de otro modo. es decir. no hay política en lo que apunta a afirmarse como voz desnuda. que acogen la impropiedad y la contingencia del sentido. buscan ser reconocidas como manifestaciones significativas. por ende. unas que apuntan a construir un sentido. sin dejar de ser en todo caso voz. desde una lógica dada de argumentación. que no funciona sólo con palabras sino con palabras-gestos. y que en todo caso no son separables de acciones. son acciones que implican a unos cuerpos capaces de alterarse. lo razonable y lo irracional: lo que es digno de verse y escucharse. y a la utilización de unos juegos del lenguaje heterogéneos. sujetos y palabras que pueden hacerse visibles y audibles. à la Habermas. cuerpos que se vuelven parlantes en la materialidad de los cuerpos. voces que se vuelven logos. creando el mundo en el que esos argumentos pueden valer. sino que precisamente “son al mismo tiempo reordenamientos de la relación entre la palabra y su cuenta. En este sentido. sujetos.

empezando porque la fuerza misma con la que muchas veces irrumpen puede considerarse ya. como tampoco son equivalentes los saqueos a comercios con respecto a los daños materiales a centros simbólicamente importantes de poder político o económico. que el mismo orden social produce y a las que se ven expuestos quienes. 9 . no puede medirse en los mismos términos el uso de una cierta violencia física defensiva por parte de una multitud que inicialmente ha recurrido a formas simbólicas de desobediencia. pues en su violencia física confrontan a la ciudad con respecto a las violencias sistémicas. como ya lo advertía Arendt. al estilo de Billy Bud. del que no entiende lo que allí se expone porque sólo lo ve desde el orden que le es dado– como una forma de violencia: violencia de gestos o de voces indignadas. y a veces también a cierta violencia física7. con respecto los actos inicialmente agresivos que pueden ser empleados por distintos tipos de actores armados. Se trata más bien de enfatizar que hay una serie de conflictos que no deberían reducirse a mera violencia destructiva. A lo que apunto entonces con estas consideraciones es a indicar una cierta complejidad que emerge al trazar las fronteras entre política y violencia. violencia del choque de fuerzas. que produjeron considerables daños materiales en la ciudad.diversas huellas de violencia. no son equivalentes a las revueltas de rabia y resentimiento en las banlieues francesas. ni es equivalente. objetivas. y no se muevan en un espacio dado de interlocución. Pero estas últimas tampoco pueden ser consideradas simplemente como actos de vandalismo y expresiones de criminalidad. Recurramos por ejemplo a la siguiente comparación: sin duda las formas de protesta de los sin-papeles (ocupaciones. huelgas de hambre. violencia de mecanismos de presión y del dejar hacer. con respecto a la violencia calculada. y que no puedo desarrollar aquí por razones de espacio. sean acciones libres de toda reacción inmediata o de todo rastro violento. Por ejemplo. e incluso aunque apelen en muchos casos al uso de cierta fuerza o coerción (por ejemplo. la violencia de la reacción inmediata ante una injusticia. aquí también se precisaría pensar en la introducción de una serie de distinciones que permitirían complejizar el asunto en cuestión. funcional. bloqueos de vías y parálisis de actividades y servicios importantes). intervenciones en medios de comunicación) que hacen visible su condición de excluidos e invisibilizados a través de la conformación de asociaciones en las que los primero que está en juego es la reconfiguración del lenguaje para hablar de su situación en términos de arbitrariedad (como lo indica su autodenominación de “sin-papeles” para cuestionar la de “ilegales” y “clandestinos”). desde cierto punto de vista –por ejemplo. aunque irrumpan en los ordenamientos normativos. con tal 7 Ciertamente. premeditada.

De hecho. una “zona de abandono social” (Biehl . libertario. Se trata más bien de reconocer que la institucionalidad ligada con la democracia es precisamente aquella que reconoce y sólo se da “en una relación activa y renovada con su propia falta de fundamentación” (Nancy 2010: 87). emergiendo como condicionada por completo por éste. que ella esté ligada con un cierto marco institucional. cabría preguntarse en todo caso si estas expresiones aunque políticamente significativas. al exponerse al tratamiento polémico de sus mismas formas (criterios. procedimientos). rechazan desesperadamente su marginalización económica y política8. al mismo tiempo que en su « garante »” (Balibar 2009). p. 10 . estas consideraciones también apuntan a pensar que lo verdaderamente democrático reside en estas manifestaciones o acciones que pueden reconfigurar o transformar la 8 La palabra misma ‘banlieue’ indica ya un espacio al margen. pueden considerarse como manifestaciones políticas. no niego. se produce un desplazamiento emancipatorio de lugares. al enfatizar en esta conflictualidad de la democracia. que lo convierte en detractor de las libertades y las vidas. como una conflictualidad que podría inscribirse completamente en el orden institucional. ni tampoco. como en los movimientos de los sin-papeles. de la cité. Agamben. que irrumpe en el orden del Estado y excede por completo sus formas. estigmatizar estas expresiones de rabia como meros brotes de delincuencia sería reiterar y contribuir al mismo gesto de exclusión y marginalización de los mecanismos estatales (sociales. 34). anárquico. en la medida en que dejan ver una serie de problemáticas vinculadas con las fronteras de lo asumido como “común”. en las que. mi interés aquí no es insistir tanto en la democracia como ese momento insurgente. y resolviéndose en sus estructuras dadas. 2012). es decir. de una vida “in bando (abbandonata e bandita) que se incluye en el orden (social. por otro lado. 1995. del centro de la vida política y social. fronteras. con su ausencia de arhké. es incorporar a la institución su «contrario»: instituir la desobediencia como recurso último frente a la ambivalencia del Estado. o si más bien en ellas se reproduce la misma precarización que buscaban rechazar. En cierto sentido.. Y sin embargo. administrativo) de la ciudad para ser abandonada a su suerte. 2007): lieu (lugar) donde las personas quedan al ban (margen). jurídicos y policiales) que han producido esas zonas de exclusión (ver Merklen. Aquí puede pensarse en el ‘bando’ agambeniano (cf. Acción democrática e institucionalidad “democrática” Ahora bien. y que esta relación pueda pensarse de diversas maneras. con su propia anarquía. identidades y funciones. reinterpretado no tanto en términos de la inclusión-exclusión soberana sino en término de una política del abandono. O expresado en lenguaje arendtiano: que el “desafío que pone a prueba la verdad de las democracias.reacción. como ya lo advertí. Y sin embargo. y a la vez estigmatizada como vida proclive a la criminalidad.

identidades y por ende.. desplazando una comprensión puramente legal (o legalista) de éstos. sino que se dan propiamente confrontándolos. al establecer jerarquías. tales “insurrecciones” se dan en relación con “una ley o un orden comunitario que reconocen de manera crítica” (Balibar 2009: 25). ni la conquista o la destrucción de los órdenes institucionales establecidos. Desde una radicalización de la democracia. tienden a reducir los espacios públicos de intervención. tales órdenes tienen que ser una y otra vez confrontados por manifestaciones singulares en las que se demuestra su contingencia. En cierta medida entonces puede hablarse de una “institucionalidad democrática” para aludir a aquella que se expone a las intervenciones que la confrontan y muestran la contingencia de sus límites. Si vinculamos las dos cosas podríamos decir entonces que una institucionalidad es más democrática no cuando pretende incluir a todos y eliminar por completo las relaciones de desigualdad. y aquella que entonces ha sido más afectada también por esas intervenciones. estas últimas pueden servirse de las formas de inscripción dadas para construir sus casos de litigio. para poner de manifiesto en sus reivindicaciones la manera en que las formas institucionales también dañan de una u otra manera esa igualdad que más o menos inscriben. pero excediéndola. Y este reconocimiento crítico supone también que tales acciones pueden usar políticamente los derechos para formular sus reclamos de igualdad. pero asimismo tomando distancia de los modelos críticos-marxistas. en el sentido en que su poder no puede ser nunca completamente institucionalizado en una serie de formas legales. en la medida en que este marco institucional más o menos inscriba formas de igualdad. en efecto. exclusiones y en general relaciones de desigualdad. En este sentido. Por eso. sobre todo los derechos humanos pueden movilizarse como “argumentos” que permiten construir escenas de litigio y 11 . sobre todo. como la que se impone desde las representaciones usuales del Estado democrático. en tanto que son ellas las que han permitido mostrar e inscribir la igual capacidad de cualquiera para participar políticamente. porque todo orden institucional fija fronteras. los derechos. los derechos humanos se asumen como “«formas» desmentidas por su contenido o «apariencias» destinadas a ocultar la realidad” material (cf. sino cuando reconoce que las produce y por ello mismo se expone a las intervenciones que ponen de manifiesto esas relaciones de desigualdad. Es decir. produce nuevas formas de exclusión y relaciones de desigualdad.llamada institucionalidad democrática. Rancière 1996: 114). gracias al efecto de las mismas acciones políticas. a luz de lo dicho hasta ahora. desde los cuales los derechos garantizados por el Estado de derecho y. desestabilizando la manera en que éstos. también puede afirmarse que las acciones democráticas no buscan ni una mera reforma de las instituciones dadas. Asimismo. Y sin embargo. Pero por otra parte no hay ninguna institucionalidad que pueda identificarse con la democracia.

que es propio de la democracia abrir escenas políticas en las que “se entabla un combate entre la domesticación del derecho y su desestabilización-recreación permanente” (Abensour. que se pretendan universales. colindando con la sede del gobierno nacional. sino que. dada su misma polivalencia y su exterioridad o impropiedad. Por eso democratizar al derecho es también reconocer. desde los discursos institucionalistas se vinculan con la debilidad de la democracia en Colombia –y que entienden esta debilidad en términos de un frágil orden consensual para la integración de las diferencias–. en tanto formas escritas (Rancière 1996: 90). pero lo más importante es que ellas permiten articular reivindicaciones –esas reivindicaciones con la estructura del “como si”-. situándome en este horizonte conceptual me pregunto qué puede significar pensar una democracia expuesta al conflicto político en una sociedad como la colombiana. sin que puedan ser plenamente realizados por ningún ordenamiento social.000 y 50.000 personas interrumpieron el tráfico de varios sectores de Bogotá para llegar a la plaza que no sólo conmemora la emblemática figura del libertador. central para la escenificación simbólica del nuevo movimiento. con las que una parte de los sin parte puede tomar voz y subjetivarse. es decir. 2007: 254)9. como un “exceso igualitario” que permite exponer una y otra vez daños a la igualdad. textos. y con las que se estructuran entonces litigios en los que el daño puede aparecer de manera impropia. en fin.razones polémicas. textos que no se pueden encarnar en formas de ser comunitarias específicas ni en valores morales determinados. De modo que el derecho entendido políticamente se asume ya siempre como exceso con respecto a lo establecido. Ciertamente.discurso político y violencia Como es por todos más que conocido. reúne los principales 9 Al trazar esta proximidad no pierdo de vista la distancia entre Lefort y Rancière que este último. como lo había hecho ya Lefort. ha insistido en enfatizar. y en qué medida algunas formas de violencia que. 12 . de hecho. el 23 de abril del 2012 se lanzó en Bogotá el movimiento “marcha patriótica” [MP]. Ahora bien. que no pueden ser reducidos a un único sentido. pueden vincularse más bien con la inmunización de las formas institucionales con respecto a las intervenciones políticas que exceden tal espacio consensual. tales luchas pueden instituir nuevos derechos que no sólo pueden reconfigurar sino extender y afianzar las instituciones establecidas. por tratarse de textos que pueden verificarse ya siempre de nuevo en situaciones inéditas y diversas. El día del lanzamiento de este movimiento se calcula que entre 20. porque en su exterioridad permiten múltiples apropiaciones ya siempre impropias. y más exactamente. Democracia y conflicto en el horizonte colombiano El caso de la “Marcha patriótica”: conflicto e institucionalidad .

una pequeña fracción del liberalismo de izquierda. lugares asignados para manifestarse políticamente: para hacer oír unas demandas de unos cuerpos necesitados. por fuerzas estatales y paramilitares que lo acusaban de ser el brazo político de las FARC. el mismo gesto que es la manifestación política reivindicaba que esos cuerpos emitían más que ruido y más que la nuda voz del placer y del dolor. 13 . a la ya consolidada Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra. sino que vinculó a una multiplicidad de formas de asociación preexistentes. para vincularlo precisamente con la solución de una serie de problemas estructurales que lo habrían originado y. y algunos antiguos miembros de la extinta Unión patriótica. amenazaban con dejarlos en la indigencia. particularmente. sin embargo. para protestar por unas políticas antidrogas que. pero que no por eso reaccionaban meramente a la necesidad inmediata. del bastante debilitado partido comunista colombiano. y la Catedral Primada. confrontando la manera en que las políticas existentes producían unas exclusiones de lo común. desplazados. con especial énfasis en los derechos sociales. al contrario. así como con el reconocimiento de los derechos de las víctimas del conflicto armado. que se extendieron por todo el sur del país. FESCOL y los medios de comunicación más importantes del país (ver La silla vacía). MP se remite entonces a estas experiencias y. también hacen parte líderes y miembros de antiguos y extintos partidos. con la fumigación de las plantaciones de coca. con la reivindicación de derechos humanos. funciones. esta intervención no congregó a unos actores dispersos que de un momento a otro decidieron protestar por algo. con la cuestión de la redistribución de la tierra. Entre los marchantes se encontraban campesinos venidos de zonas muy distantes del territorio colombiano. Entre las principales propuestas del nuevo movimiento de izquierda se encuentra una solución política al que denomina “conflicto social. particularmente. el Capitolio Nacional. la sede de la alcaldía de Bogotá. Pero estas protestas no se reducían a reclamar otras medidas por parte del gobierno para poner fin a un estado de penuria. otorgado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Según uno de los líderes del movimiento. De la marcha. interesadas en articular unas propuestas políticas. recibió en 2011 el Premio Nacional de Paz. en especial de las víctimas del terrorismo de 10 Concretamente. todo ellos desplazados a su vez de los tiempos. e indígenas. armado que vive Colombia”.ejes del poder del país: el Palacio de justicia. su germen se encontraría en las movilizaciones campesinas del 2008 y del 2009. en particular. político. estudiantes. un partido cuyos líderes fueron masacrados. que representa a casi 30 mil campesinos del Magdalena Medio y que ha recibido reconocimientos institucionales “por desarrollar proyectos productivos en medio del conflicto armado para los campesinos ”10. y sin políticas viables de sustitución de cultivos. eran más bien movilizaciones en las cuales muchos exponían la vida que defendían. De hecho. expuestos a múltiples amenazas para sus vidas.

Tenemos entonces un nuevo movimiento político de izquierda. pero para alcanzar esto se apoya en un fortalecimiento “de todas las formas organizativas comprometidas con dicho objetivo. la pretensión de acceder a los órganos del poder 11 Ver: http://www. a la vez que defiende nuevas prácticas y formas de ser-en-común. que significan la marginación. y. “la representación”.Estado. lo que me interesa destacar es que para promover estas propuestas –cuyo análisis merecerían un texto aparte– este nuevo movimiento se escenifica a través de unas formas de enunciación que muestran un cruce interesante entre por una parte. cultural). unas formas alternativas de pensar la política y con ello el espacio de lo común desde el énfasis en las formas de participación de una diversidad de actores sociales que más que unificar. el movimiento afirma que trabajará por “el pueblo colombiano y su unidad a partir del reconocimiento de su carácter soberano” (es decir. bien sean éstas organizaciones políticas. asociados a la mercantilización de los territorios y las comunidades. el trabajo de base y la movilización social” (es decir.org/index. sociales. que se anuncia a través de la “movilización social”. desde el reconocimiento de la importancia de escenificar políticamente los conflictos. por la otra. una organización que. es decir.marchapatriotica. Así. la “soberanía”. emerge de ella y la promueve como uno de sus principios rectores. pero que a la vez pretende convertirse en un órgano de representación y de unificación de quienes se movilizan. “teniendo como principios rectores el respeto por la diversidad. Además. no niega su “vocación de poder”. étnicas”. en oposición a los modelos neoliberales de ordenamiento. gremiales. sectoriales.php?option=com_content&view=article&id=46:plataforma-delucha&catid=60:plataforma-de-lucha&Itemid=109 12 Ver: http://www. Ahora bien. de género. la desposesión y el desplazamiento urbano de los empobrecidos”12. esta organización popular también se reivindica en nombre de una “autodeterminación” que supondría poder acceder al “gobierno de la patria”. sociales. De modo que frente a una política de la gestión que se asimila con la racionalidad del neoliberalismo y la administración de un margen de abandono. étnica. culturales. sino aquellos de los conglomerados económicos.org/index. y las potencias extranjeras. el desarraigo.marchapatriotica.php?option=com_content&view=article&id=46:plataforma-delucha&catid=60:plataforma-de-lucha&Itemid=109 14 . parece reconocer una división del pueblo no meramente resoluble en el espacio del consenso liberal y neoliberal)11. la “unidad”. unas formas tradicionales de comprender la política desde el “gobierno”. insiste en la importancia de defender una institución como el Estado soberano). dividen al pueblo. y le permiten exceder sus formas de identificación étnicas. en lugar de solamente gestionarlos o gobernarlos. y la “identidad nacional” (pero también de género. para arrebatarle las riendas de ésta a unas “élites que no representan los intereses de las mayorías”. se promueve un modelo de política democrática “en el que las organizaciones cívicas y populares jueguen un papel determinante.

para servirse de ellas. tienen un efecto disruptivo en el orden consensual vigente. Ahora bien. la pluralidad. Asimismo. para desplazar el derecho de su uso meramente legalista y construir. pero que a la vez parecería reivindicar otras formas de gobierno para confrontar el gobierno de la gestión. y a la vez podría decirse también que se acomoda a cierto reformismo en la medida en que restringe la “efectividad” de las formas de acción no estatales a la reconfiguración de ciertas estructuras estatales. Y. como en otros que se han conocido recientemente en Latinoamérica. entendida como comunidad de pertenencia. la confrontación. nos podría confrontar a la siguiente disyuntiva: ¿en qué medida el énfasis en la división. la remisión a esos conceptos indica otras formas de interpretar la realidad que cuestionan la “objetividad” de aquella que se asume como dada. pero por otra parte. en el sentido destacado en la primera parte de este texto. es decir. y todo lo que ella implica.ejecutivo y legislativo. el discurso de la soberanía y la representación. no deja de ser problemática la asunción misma de la soberanía. en particular del discurso de los derechos humanos fundamentales y de los derechos sociales. En particular. sino para defender propuestas que confrontan las políticas públicas existentes. o en los términos formulados en la primera parte del texto. argumentos polémicos que apuntan a reconfigurar los límites establecidos del espacio público de participación y sus objetos. la excedencia con respecto a toda forma institucional organizativa y jurídica no despoja a las formas de intervención política de su eficacia. sin embargo. Parecería tratarse entonces de un movimiento que piensa que la democracia no puede reducirse a la lógica del gobierno y de la gestión. En efecto. ¿en qué medida el énfasis en la unidad y en la eficacia institucional no despoja a esas intervenciones de su capacidad crítica para hacer visible lo que excede siempre a todo orden institucional dado? 15 . a partir de éste. es interesante notar cómo este discurso se desvincula de la crítica marxista de las formas institucionales. Pero al mismo tiempo el discurso del movimiento no abandona un lenguaje “revolucionario” tradicional que apunta a la realización de un proyecto de sociedad nueva. tan problemáticos en ciertos respectos. no sólo estratégicamente. desde la misma democracia pluralizante y conflictiva. al trazar esta tensión parecería que no puede dejar de advertirse que en este caso. parecería que frente a las evidencias de la ciencia económica y de las decisiones de expertos que se ajustan a ella. que parta desde abajo y logre refundar sobre bases más incluyente la “patria”. aparenciales. como formas ideológicas. que estos movimientos reivindican. de su capacidad para producir transformaciones significativas en las realidades sociales?. sobre todo desde el esfuerzo por entenderla como un espacio expuesto al conflicto. Me parece entonces que un movimiento como MP abre preguntas interesantes para la reflexión contemporánea sobre democracia.

Mauricio Archila. sin embargo. las entidades privadas o los individuos”. pero que no han dado vida a movimientos sociales o “acciones sociales colectivas más o menos permanentes. Así plasman su inclinación democrática a conseguir vindicaciones o reivindicaciones por consenso y no por la imposición de las armas. con esta contención se generan otras formas de violencia. y a que no habrían podido lograr tampoco una cierta autonomía tanto con respecto a los mecanismos y a las instancias estatales. destacar que la pregunta por la “efectividad” de la acción política surge de manera visible desde la especificidad de un contexto como el colombiano. 16 . Aquí se hace visible de entrada una paradoja. han tenido poca efectividad para transformar visiblemente las realidades denunciadas en sus reivindicaciones o que se han convertido. pero en principio no violentas. no habría que perder de vista las ganancias de esas diversas formas de protesta. apuntando a una transformación mayor del espacio de lo común. insurgentes y paraestatales. pero que no por ello tendrían que comprenderse como manifestaciones violentas. que no han dejado de producir efectos puntuales en las decisiones gubernamentales. los movimientos sociales no derrocan gobiernos sino que buscan satisfacer sus necesidades en los marcos de la sociedad presente. a su modo de ver. sobre la que volveremos en un momento: precisamente cuando se intenta contener una presunta violencia que podría generarse en manifestaciones sociales disruptivas. que hasta cierto punto exceden los mecanismos institucionales establecidos para la participación política. por diversas razones -y en parte por su presunta “inefectividad” transformativa-. es decir. y sus potencialidades democráticas: No se debe olvidar que. a su modo de ver. desigualdades o exclusiones. orientadas a enfrentar injusticias. por lo común. y que tiendan a ser propositivas en contextos históricos específicos”. en manifestaciones violentas. esta cuestión de la efectividad estaría muy ligada con el problema de la organización e implica en realidad reconocer que en el país se han dado múltiples formas de protesta que se caracterizan por “expresar intencionalmente demandas” o por “presionar soluciones ante el Estado. aquella que indagaba por los efectos de violencia que pueden generarse cuando un orden institucional deja de exponerse a su confrontación por formas de protesta y en general de acción política. Las razones para no haber alcanzado una mayor capacidad organizativa y efectividad se encontrarían. cuya historia está atravesada por múltiples formas de manifestaciones y movilizaciones políticas no violentas que. como con respecto a los actores armados (Archila 2001: 18-19). ampliando hasta donde sea posible los marcos institucionales (Archila 2005: 457).Estas preguntas no se encuentran desconectadas de la cuestión inicial que animaba a este texto. aparentemente. y ello implica negociar y concertar. en que los actores sociales en el país habrían estado expuestos a diversas formas de violencia estatales. Según el conocido historiador de los movimientos sociales en Colombia. Por lo pronto me interesa. Sin embargo.

para ampliar los marcos institucionales vigentes. Para lograr esta efectividad reivindica su autonomía frente a los actores armados y frente a algunos de los canales institucionales tradicionales para la expresión política. Por otro lado. desde el punto de vista de varios historiadores de diversas vertientes políticas. si retomamos la disyuntiva bien discutible propuesta por Archila entre “consenso” o “imposición armada”.Me parece. que al vincularlo con los actores violentos. justificaron problemáticamente su exterminio. De hecho. buscando una organización representativa que parta desde abajo y rompa con la verticalidad desde arriba de las estructuras de partido tradicionales. sin embargo. se habría mantenido ambivalente en relación con este propósito. las hace objeto de sospecha. sino que su discurso y sus prácticas políticas sean de cierto modo deslegitimadas: mientras que los 17 . para el cual el discurso de la soberanía y de la representación popular es sólo retórica electoral frente a la realidad de las leyes del mercado. sino que con su pretensión de autonomía. intenta romper con esa causalidad de la violencia en la que un enfoque como el de Archila podría dejar encerrados a los movimientos sociales. MP no intenta simplemente conseguir sus reivindicaciones por consenso. pero a la vez confrontar. por lo menos en ciertos sectores que son bastante influyentes. sino que busca servirse de esos mismos marcos para manifestarse disensualmente y exponer unos argumentos que quiebran con el orden consensual dado. Parecería que en Colombia. MP ha sido comparada con la UP. y que aunque intentó separarse de un discurso guerrero justificador de la violencia política. incluso cuando insisten en la no violencia. no pueden sino vincularse con la insurgencia violenta. y derivar desde esta proximidad un vínculo entre aquellas y las FARC es aquí entonces más que una sospecha bienintencionada. Este vínculo es ya una estigmatización que produce como efecto no sólo el que la MP se convierta en objeto de ataques y nuevas formas de violencia que amenazan su existencia. sino que pretende constituirse en una acción colectiva permanente. Esto muestra también que se trata de un movimiento que no reacciona simplemente frente a la violencia que atraviesa la historia colombiana volviéndose simplemente reformista o utilizando una contraviolencia. el partido que en los años 80’s emergió desde el seno de las FARC en un fallido proceso de paz que se inició por entonces con ese grupo guerrillero. Y tal ambivalencia lo habría convertido en el blanco de una guerra sucia por parte de fuerzas estatales y para-estatales. Aproximar ahora la MP con la UP. y de la teoría de la “combinación de todas las formas de lucha”. que un movimiento como MP parece intentar responder. de carácter propositivo que pueda reconfigurar los marcos institucionales. unas formas de manifestación disensuales. Y esto mismo. las dificultades y expectativas que emergen de un discurso como el de Archila: se trata de un movimiento que no busca simplemente protestar para exigirle al Estado ciertas medidas o políticas.

quienes los vinculan con la FARC pretenden decir que todo esto es sólo una forma distinta de proseguir la guerra por otros medios. para este grupo. en una historia que. 1986. no sólo porque introduce a estas manifestaciones en el ámbito de la guerra y las expone entonces a la amenaza y a la destrucción. que se ha transformado en violento. Bogotá : Ediciones CEIS. ¿no sería un signo apreciable el que este grupo intentara otras formas de participación no guerreristas? En cambio. que ha minado el significado político de los movimientos sociales y de las protestas políticas para reducirlas a formas veladas de violencia. 18 . con lo cual intentan neutralizar las posibilidades políticas de esta emergente organización13. que reconoce su vinculación con la lucha armada de las FARC 14. incluso si MP tuviera algunos vínculos con las FARC. Que MP aspire a convertirse en un partido y reivindique también un lenguaje que aproxima tensamente sus reivindicaciones democráticas con cierta lógica del gobierno no es ajeno entonces a esta coyuntura. pero siempre nombrado y renombrado que fue la “masacre de las bananeras”. porque en realidad su discurso pacifista sólo encubre el afán de llegar al poder por otras vías. no guerreros. 14 Ver Unión patriótica y poder popular. pero me parece que ese vínculo puede indicar también la pretensión de este grupo armado se abrir canales de participación políticos. Al aducir tal vinculación es como si se dijera: “ellos no tienen nada razonable y aceptable que decir. Y es como si con esta pretensión institucional el movimiento intentara generar las condiciones para que pudiera modificarse el marco actual de consenso. Además. abriendo un espacio formalmente garantizado en el que pudieran ser presentables cierto tipo de argumentos. al rechazar la emergencia de un conflicto político. sino porque cierra también el espacio para que un conflicto. De modo que un orden institucional “obsesionado” por el orden social o la integración consensual de las diferencias. que sería problemático reducir de entrada a un afán estratégico de realizar la lucha por todos los medios. por parte de los actores violentos”. que por lo pronto se rechazan como 13 Al decir esto. Si nos detenemos por ejemplo en una suerte de manifiesto de la UP. puede contribuir a que éste se transforme en uno violento. puede traer consigo nuevas formas de violencia. Es como si en este caso la vocación institucionalista surgiera precisamente de unas formas de acción que pretenden reivindicar su excedencia con respecto a una institucionalidad dada. no desconozco que puedan darse vínculos entre sectores de la Marcha y las FARC. este argumento. para este grupo el uso de las armas fue la opción que quedó toda vez que los movimientos obreros y campesinos no encontraron otra forma de expresión de sus demandas sino que fueron silenciados y destruidos constantemente. negar el espacio para estas manifestaciones y exponerlas a la amenaza de su destrucción alimenta también las justificaciones que la misma insurgencia ha encontrado de su violencia. pueda escenificarse políticamente.miembros de este movimiento intentan constituirse en actores que exponen públicamente una serie de reivindicaciones para ampliar y transformar con ello el espacio público dado. se remonta a ese agujero negro en la memoria del país. Y esto desencadena una espiral en la que aún nos seguimos moviendo. En efecto.

Si se considera que en el país han emergido múltiples comunidades y formas de acción que. y que pese a ser reconocida institucionalmente por sus esfuerzos para generar prácticas sociales y productivas que permiten responder positivamente a condiciones de violencia. y con ello también su incapacidad para representar la sociedad como si fuera una totalidad. reforma agraria. pero han sido al mismo tiempo constantemente amenazadas y siguen expuestas a estas violencias. en las perspectivas de participación. Lo que un movimiento como MP puede olvidar.ruido del ignorante que no puede decir nada razonable al respecto. Para concretar mejor este punto podría mencionarse el caso de la ya citada Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra: una organización que forma parte de la MP. 2001: 473). no deja de resultar problemático que por esta vía toda transformación efectiva de la realidad se termine identificando con la posibilidad de acceder al orden de gobierno. o del insurgente que se expresa por la fuerza y no con argumentos aceptables. fundamentado en un proceso construido desde las bases sociales de las organizaciones campesinas. Esto se debe. a que recientemente esta asociación ha participado de iniciativas para una salida política al conflicto que empieza por replantear el crucial problema de la tierra. sin esperar que esas transformaciones tengan que venir desde arriba. entre lo social y lo político” (Archila. entre otras. 15 Ver: http://www. pretende alcanzar posiciones en los centros de poder desde los cuales se toman las decisiones y se deciden las políticas públicas. y alterando la manera en que unos y otros asumen los problemas que se encuentran entre ellos. es comprensible entonces que muchos de estos movimientos pretendan volverse efectivos vinculándose en un proyecto político que. recientemente ha sido tildada de vínculo con las fuerzas insurgentes. y que de esta forma el emergente movimiento pierda en parte su potencia crítica. Quizás también éste sea un peligro que se deja ver ya de entrada en la retórica misma de este movimiento: en su pretensión de que su proyecto social sí puede finalmente hablar por todos los marginados. soberanía alimentaria. al parecer. promovida por el gobierno. y acceso y goce efectivo de derechos”15. Pues lo que podría dejar de acoger por esta vía es que la efectividad de los movimientos sociales tiene que ver en gran medida con la manera en que su irrupción puede alterar ya el tejido de relaciones sociales. rompiendo “las rígidas separaciones entre lo privado y lo público. “un proyecto alterno. así. que se enmarca. han intentando romper con las formas de violencia paraestatales. estatales e insurgentes. como MP. y realizar un ideal de justicia social. es el mismo poder que le dio vida. y por discutir frente a la recién aprobada ley de restitución de tierras. Sin embargo. desde ciertas instancias de gobierno. sin esperar las decisiones gubernamentales y sin acogerse meramente a ciertas formas institucionales.org/acvc/ 19 . agroecología.prensarural. en particular con las FARC.

para modificar. formas de coexistencia más dispuestas a ser interpeladas y alteradas por litigios de anónimos que se rehúsan a ser nombrados. Quizás con todo esto lo que se ausenta es la invención de formas de relación que puedan acoger la división que atraviesa toda comunidad. en los que los diversos se incluyen en un mismo espacio de consenso. reconfigurar y permitir el despliegue de una institucionalidad y de una sociedad más expuestas a la democracia. Con estas consideraciones vuelvo. sus violencias y sus mecanismos de exclusión. Lo que nos falta es en parte la mayor visibilización de formas de intervención. para resistir organizativamente esta invisibilización. modos de ser que puedan asumir como propios problemas de otros que suelen asumirse como meramente ajenos. Las reflexiones anteriores me han permitido poner de manifiesto que en Colombia no han podido desplegarse sin dificultad –sin estar constantemente expuestos a la amenaza y a la destrucción– unos espacios públicos confrontacionales que exceden las formas de participación institucionalmente reconocidas. Lo que quise sugerir entonces es que lo que nos falta para hablar también aquí de un proceso democrático no son meramente políticas públicas que tienden a victimizar a quienes han sido invisibilizados. que no han dejado de darse en el país. y pasa por reconocer la larga historia de violencia del país que no es ajena a los obstáculos que han encontrado instancias de intervención no estatales. pero que en realidad se cierran a la posibilidad de que los propios actores expongan el daño que han recibido. para alterar también la manera en que son vistos e incluidos por quienes simplemente los ven como víctimas de un conflicto ajeno. 20 . poniendo de manifiesto sus formas de desigualdad. pero si deciden jugar a la lógica del gobierno. A mi modo de ver. en las que el daño –tantos daños a los que nos hemos acostumbrado en nuestro contexto– pudieran aparecer en su irreductible conflictualidad. sin restringirse en todo caso a su extensión. ya para finalizar.Así que MP plantea una disyuntiva y quizás también una cierta sin-salida para los movimientos sociales en Colombia: si éstos se mueven sólo en una dirección confrontacional con respecto a la lógica del gobierno. como lo he intentado mostrar en estas páginas. pueden ser fácilmente invisiblizados por gobiernos e instancias institucionales que se inmunizan frente a acciones no meramente reformistas. al cuestionamiento que servía de hilo conductor a este texto. pero que podrían incidir en la institucionalidad. políticas que funcionan meramente desde unos dispositivos de “reconocimiento-inclusión”. esta sin-salida emerge de la singularidad de la situación colombiana. desplazándose de los lugares que les han sido asignados. pueden terminar asimilándose a esa lógica y perder su capacidad crítica.

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