Encrucijadas y obstinaciones en la distinción de historia y memoria: en torno a las prácticas memoriográficas en la Argentina

Omar Acha 1

Sumario

El objetivo de esta presentación consiste en elaborar algunos conceptos destinados a delinear el escenario argentino de la relación entre prácticas historiográficas y prácticas memoriográficas sobre los años setenta. Sugiero que la noción de memoria generacional es útil para captar las peculiaridades político-intelectuales de quienes en los últimos lustros se abocaron al esclarecimiento y crítica del pasado reciente. Esa memoria generacional atraviesa diversas producciones culturales y hace de la noción de violencia el nudo organizador de la comprensión histórica, a tal punto que el conjunto de estudios producidos parece perfilar una violentología argentina. Para pensar una de las figuras teóricas de la memoria generacional analizaré brevemente los aportes realizados por la ex activista montonera y actual politóloga Pilar Calveiro. Señalaré que la doble inscripción de las posiciones de enunciación de su generación –inserta en los ámbitos universitarios pero a la vez legitimada como actor político-intelectual– reguló la repercusión académica y pública de las reflexiones sobre el pasado reciente. La inclusión de los elementos centrales en los escritos de Calveiro en el panorama de su generación es clave para dar cuenta de una interconexión entre memoria e historia a la sombra de una experiencia compartida. Esbozaré como cierre una reflexión sobre los dilemas planteados por la inminencia de un posible relevo generacional para los debates por venir sobre sobre los “Setenta”.

UBA/CONICET. Ponencia presentada en las Jornadas Internacionales: Historia, memoria y patrimonio, Archivo General de la Nación / CEIRCAB – TAREA - Universidad Nacional de San Martín, Buenos Aires, 10-11 de noviembre de 2010.

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hallaríamos invenciones alternativas entre narraciones que conjugan una autoidentificación subjetiva (individual/colectiva) y relatos que demandan una carga de investigación documentable y argumentativamente justificable. los contactos e hibridaciones entre ambas maneras de tramitar la relación significativa con el pasado se multiplicarían. Sería posible desplegar un relevamiento de sus acepciones y esquematizar las relaciones entre memoria e historiografía a lo largo de los siglos. ciertas prácticas narrativas son clasificadas como ejercicios de la memoria o de la historia. y a la sombra de muy concretas prevenciones. Si adoptáramos una mayor sensibilidad fenomenológica. del mismo modo que sería factible cartografiar sus matices culturales en América Latina. en el espacio euratlántico.Temas y problemas de una pertenencia generacional La distinción entre las prácticas de la memoria social y las de la historiografía ha sido elaborada por diversos autores desde heterogéneas matrices disciplinares. a las tramas generacionales que estructuran la construcción. hay una multiplicidad de conceptos y puntos de vista que impiden detectar una sola y meridiana manera de articular dimensiones historiográficas y 2 . circulación y lectura de textos. Es claro que no se puede establecer una matriz única y compacta en la producción de discursos que conjugan prácticas de la historiografía y prácticas de la memoria. Antes que con nociones conceptuales abstractas y perennes. Sólo en precisas circunstancias. determinó hasta ayer el derrotero del correspondiente entramado de producción intelectual. de Carlo Ginzburg a Jan Assmann). intentaré mostrar que el enfoque es relevante para dar cuenta de las figuras que asume en la Argentina actual. Además de las diferencias disciplinares. Si bien el asunto convoca a la bibliografía corriente en el campo general de la teoría histórica (de Paul Ricoeur a Hayden White. En este trabajo voy a desarrollar una idea de cómo se relacionan memoria e historiografía (usualmente referida como “historia”) en un ámbito político-cultural singular de la Argentina contemporánea. En todo caso. o incluso en el plano global. en su seno. pienso que hay configuraciones específicas que remiten a la propia historia nacional y. Incluso diría que las maneras de discutir el reiterado entuerto entre la historia y la memoria tiene una estrecha relación con lo generacional. en la exacta medida en que una misma experiencia compartida afecta la articulación historia/memoria. por lo menos desde Herodoto.

generalmente dentro del amplio abanico de las izquierdas. quienes produjeron los principales textos críticos sobre la memoria de los Setenta tienen una experiencia directa de la época sobre la que se escribe. al menos en parte. Mi argumento principal sostiene. pues los procesos postdictatoriales favorecieron la constitución de espacios de producción académica estrechamente ligados a las derivas político-intelectuales de quienes durante los años precedentes habían participado en la política nacional. y un deber historiográfico de cultivar la ecuanimidad y pretensión de verdad en la indagación de archivo. aunque es aconsejable mantener y elaborar la distinción entre una memoria atenida a las derivas de las identificaciones subjetivas. por un lado. fuera que retornaron de los exilios externos o internos. en segundo lugar. aunque sí denota en la Argentina una vigorosa pertenencia epocal. pero también para estimular reflexiones comparativas con las prácticas conocidas por las y los colegas provenientes de Europa que participan en el presente coloquio. se insertaron y fueron partícipes de la reconstrucción de la vida universitaria. Tras el fin de las dictaduras. en la construcción textual se observa un continuum entre ambas exigencias. a pesar de que en general atestiguaron profundas modificaciones. que en la Argentina (y esto puede ser extendido a otros países del Cono Sur) suele encontrarse una marca generacional muy acusada en las mixturas más nítidas entre prácticas memoriográficas e historiográficas. en primer lugar. Así las cosas. se desplegó una 3 . Dentro de ese conjunto imposible de analizar exhaustivamente en una intervención como ésta. las y los intelectuales. Prosperó entonces la condición de doble inscripción de quienes se situaron en el marco académico pero no resignaron sus intereses político-intelectuales.memoriográficas. a veces de modo paralelo a las obligaciones docentes o de la investigación. a veces de manera sistemática. que el campo de las escrituras ligadas a la memoria social y a la historiografía en la Argentina está interconectado por flujos que atraviesan las difusas fronteras de las prácticas sociales. quiero detenerme en un fragmento del mismo que encuentro significativo para dar cuenta de algunas derivas de la cuestión en la Argentina. Entre las incumbencias académicas. con la esperanza de que las indicaciones realizadas puedan ser de utilidad para pensar dicha situación. Esto no constituye un rasgo intrasferible respecto de otras situaciones históricas. Propongo. En efecto. por otro lado.

De allí la primacía de la problemática de la violencia. pues la narración y análisis del pasado fue constitutiva de sus sensibilidades identitarias. producido por académicos nacidos aproximadamente entre 1935 y 1950. y la devaluación de otras miradas. sin embargo. las circunstancias de una configuración generacional en el campo fundacional de discursos sobre la memoria condujeron a la impostación de la Violencia como el nudo de la realidad histórica analizada. generalmente de la clase media universitaria e intelectual. Las restricciones de tiempo me impiden abordar los diferentes aspectos que asume la costura generacional que enhebró la primera fase los estudios académicos sobre la memoria y la historia argentina reciente.ostensible preocupación por la narración del pasado político reciente. la dinámica de las interrelaciones entre memoria e historia estuvo marcada por una fuerte impronta política y generacional. El rasgo fundamental que los vincularía sería. el mismo que atraviesa la producción 4 . de las figuras de sus experiencias y de la tramitación simbólica de una derrota política sufrida en un periodo todavía cercano y ante el cual se adoptan actitudes diversas. que aquí decidí enfocar en escritos contemporáneos de la intelectual argentina Pilar Calveiro. devino experiencia histórica válida para captar el tema de una “época”. es decir. de Oscar del Barco y de Hugo Vezzetti. No es por azar que fuera esa generación la que revelase una impronta de muy marcada hibridación de memoria e historia. para la historia reciente argentina. cuya escansión llega hasta nuestros días. De tal manera. transformada en signo de un periodo histórico sumamente complejo. Pienso en la habilitada por una historia social y políticocultural de las clases populares. aunque cada cual revelaría inflexiones existenciales y posiciones políticas distintas. De manera que hacia 1990 comenzó a percibirse la aparición de textos sobre la historia de los últimos decenios. Lo que fue la experiencia específica de sectores comprometidos. sólo parcial y complejamente vinculadas con la militarización de la estrategia revolucionaria. Creo que una posibilidad para tornar accesible el tema consiste en concentrar las referencias en las elaboraciones de un trabajo reconocible y situable. Por último. en tercer lugar. una generación que alcanzó una participación política plena en las décadas de 1960 y 1970. asociada a las izquierdas revolucionarias. podía haber elegido otro conjunto de textos que mostrarían un mismo calado generacional (pienso en algunos trabajos de Oscar Terán. entre otros posibles e igualmente significativos). 2 Doctora en Ciencias Políticas e investigadora de la Universidad Nacional 2 Ciertamente. no necesariamente separadas de implicaciones de memoria e historia.

Aunque Calveiro escribe casi siempre en tercera persona. 1989) 5 . Calveiro muestra con peculiaridades una de las figuras posibles de la tramitación generacional de la memoria e historia de una época. (Sobre la pertinencia de la clave generacional para la historia intelectual y política. Ex activista y actual investigadora universitaria. Entonces surgen los manifiestos y las proclamas. 1988. Calveiro elude la pretensión de definir subjetivamente la experiencia política de su época juvenil como una vivencia intransferible. Es ese acuerdo nunca consensuado el que expresa la cobertura generacional de autorías diversas. Winock. interrogación y tortura en los campos de concentración argentinos. la primacía asignada a la violencia como rasgo epocal. El caso de Calveiro recalca la implicación existencial y política con los hechos analizados. junto a las divergencias sustanciales en torno a las perspectivas políticas. ver Sirinelli. considero que existe un acuerdo implícito sobre el tema fundamental en debate. pues sólo excepcionalmente una trama generacional se hace explícita. me parece. una cicatriz que conserva su fuerza indicial de las prácticas de aprisionamiento. Más aún.Autónoma de México. Esa “experiencia particular” (2005b. es difícil desentrañar las afinidades entre prácticas memoriográficas y prácticas historiográficas (o más ampliamente de la investigación social) en la Argentina. la autora postula que la memoria de aquellos años constituye una “marca” en el “cuerpo”. Por lo tanto. no se refugia en una intuición solitaria. Calveiro forjó en los últimos años una serie de textos relativos a la violencia política y la represión dictatorial que la constituyen en una referencia para el campo de la historia reciente en la Argentina. a saber. la experiencia personal constituye un aspecto decisivo de las condiciones de su enunciación y establece un inconfundible “pacto de lectura”. sin embargo. Detenida “desaparecida” durante los primeros años de la dictadura militar y luego exiliada. Quien lee un texto de Calveiro es advertido desde el principio que enfrentará un escrito de alguien que vivió aquello que se relata. 5). de las marcas de experiencia. Calveiro subraya ese tegumento corporal de la memoria. aunque sí afirma el anclaje corporal e incluso sensorial. La “memoria política” en las dialécticas históricas de la violencia Los trabajos de Pilar Calveiro sobre la historia argentina reciente expresan una estampa específica de la situación generacional sin la cual. aunque sea de manera parcial y situada. Esto no entrañaría una de Calveiro. de la experiencia vivida. aunque para el caso francés.

de la cual la Guerra Sucia latinoamericana sería una forma subsidiaria. como por la centralidad asignada (de modo similar en las guerrillas como en los aparatos antisubversivos) al estado y a la violencia militar. ni anularía la complejidad e incluso la hondura crítica del análisis. sin solución de continuidad. el concepto central en Calveiro. proveería las “claves decisivas” para entender la historia nacional reciente (2005a. tanto por la imposición de una dicotomía comunismo/anticomunismo que organizó las lógicas represivas en todo el subcontinente latinoamericano. Esta no es. se puede pensar en que volvemos a vivir. éste se abre. Habría entonces una apertura al presente.reducción de la memoria a una operación simplificadora y centrada en sí misma. sostiene lo siguiente: “Cuando decimos que al recordar revivimos. actualizando a su vez la posibilidad misma de sentido en el presente” (2005a. el trasfondo estratégico dirimido en la tensión entre la política emancipatoria y el militarismo que la redujo a la acción instrumental. 188). Este momento esencial de la argumentación es facilitado por la afirmación de Calveiro sobre la inclusión de la realidad política argentina y latinoamericana de la década de 1970 en “procesos generales”. La conexión mundial se explica. entre las lógicas de la violencia pretéritas y presentes. La conexión de la cuerda intertemporal sigue las peripecias de una “memoria política”. En segundo término. en contraste con otras aproximaciones que subrayan la dimensión alucinatoria e imaginaria de la praxis política radicalizada. o en un “contexto mundial” determinado por la Guerra Fría. ni se regula automáticamente. una cualidad del recuerdo. empero. Calveiro supone así. La memoria política tiene dos rasgos definitorios. Como dice en una entrevista: “Para mí recordar la militancia de los años ‘70 es recordar la posibilidad del proyecto político” (2005c). De allí que se instaure un puente entre las experiencias individuales a las colectivas y. El “fenómeno extranacional”. 20). En contraste con otras nociones de revivencia o reactualización –este lugar crucial en la filosofía de la historiografía hasta Collingwood y Gadamer–. en consecuencia. la “memoria política” apremia un seguimiento de las reverberaciones actuales de la experiencia social pasada. Fue así como 6 . En primer término. desde nuestro cuerpo. la experiencia que está allí inscrita pero también que el acto de recordar nos da la posibilidad de volver a vivir. la singulariza la restitución del “sentido de las prácticas políticas pasadas”. Al reencontrar el sentido del pasado.

naturalmente. “Los sobrevivientes. en palabras de Calveiro. norteamericana) marca el paso de la historia interna. El problema reside en hallar en esa presión real las “claves decisivas”. y por lo tanto sujetos a la lógica contrainsurgente de la Guerra Fría. los militantes. El Plan Cóndor de la represión militar común a Sudamérica sería una expresión localizada de la geopolítica norteamericana o más ampliamente “occidental”. sin pretender que podríamos desconocer las experiencias que llevamos inscritas como sujetos y como sociedad” (2005b. ocluir la relevancia continental y mundial que tuvo la represión y la coordinación de la ola dictatorial de las décadas del sesenta al ochenta en casi toda América Latina. es decir. es lo que impide el devenir-locura de una experiencia que de otro modo se hundiría en el sinsentido. La modulación “política” de la memoria. entonces. “tienen que retomar la palabra. de una historia que. tanto las militares como las memoriográficas. buena parte de la memoria se replegará a los espacios privados y eludirá la dimensión política que le correspondió a aquella práctica” (2005a. 21). 7). una palabra crítica que dé cuenta de los sentidos y los sinsentidos de lo actuado. “el sentido de la memoria política es aportar al cauce de las apuestas del presente y el futuro. que neutraliza cualquier tentación de la mera repetición narcisista o traumática. las deudas con aquella época– y la esperanza demanda una “iluminación crítica” en el presente para imaginar presentes y futuros nuevos. dice Calveiro. No puede dejar de notarse aquí la fuerza con que la interpretación de la memoria y la historia es traccionada hacia una explicación típica del “revisionismo” argentino en que la presión externa (en este caso. Al introducir la inflexión “política” de la memoria se le imprime. El argumento de Calveiro llega incluso más lejos al instituir a la política como contención de las derivaciones indeseadas de las prácticas. no puede ser pensada y representada al margen de la confrontación mundial de la Guerra Fría. siempre según Calveiro. La responsabilidad compele a desarrollar las implicaciones de los agentes reflexivos con su pasado –sin evadir.todos los “proyectos de cambios” fueron clasificados por la política exterior norteamericana como formas más o menos solapadas de revolución comunista e intervención soviética. los actores políticos principales de entonces”. una cuota de “responsabilidad” y “esperanza”. Esto no implica. sin duda. En suma. la transformación estratégica del recuerdo epocal colectivo. La 7 . Mientras eso no ocurra.

en el mundo actual. Es así que en Firmenich habría un obstáculo político tanto en el pasado. 23). El anhelo de una activación política de la memoria es lo que abre. tanto en sus dimensiones geográficas (que transitan de la militancia política a la guerrilla. 12. tirando por la borda buena parte del trabajo previo” (2005a. como de las dificultades del presente para comprender el pasado. He aquí la definición de la operación de historización: “Historizar es una forma de unir lo que fue con lo que es. sería político. una expresión similar en 2005b. En el pasado: “Lo militar y lo organizativo asfixiaron la comprensión y la práctica políticas. y del cuerpo agredido a la confrontación de las grandes potencias hemisféricas) como en las temporales (donde el pasado. Mario Eduardo Firmenich. o más bien. Es habitual encontrar en sus escritos expresiones como la siguiente: “En este texto pretendo realizar un ejercicio de memoria. tenemos un déficit político que dificulta la comprensión de lo que pasó” (Ibidem). como en el presente de su obstinación en la defensa acrítica de su responsabilidad. el uso de la tercera persona y la transición inmediata al “contexto” y a los “procesos generales” conducen a una “historización” que abandona las circunvalaciones del recuerdo personal y sus tramitaciones intertemporales para inscribirse en una historia mundial que adquiere una prestancia universal. Debemos detenernos brevemente sobre el calibre asignado a las diferencias históricas. en este caso. Pero también es romper esas continuidades para indagar en las diferencias” (2005a. en su actuación como dirigente de la guerrilla peronista (cuya ausencia de política la condenó a la destrucción). 5). El problema de Firmenich. 19-20). y a la vez delimita. y en el presente lo mismo dañaría las interpretaciones de lo pretérito: “De igual manera. el presente y el futuro atañen a un entramado común organizado alrededor de la violencia). sobre las circunstancias que llevaron al momento de mayor violencia política en la Argentina (…) y el papel que les cupo en ellas a las organizaciones armadas” (2005a. las ‘violencias en democracia’. No obstante. reconocer las violencias pasadas en las presentes. Otro elemento decisivo de la argumentación de Calveiro es la fluidez del lazo entre memoria e historia. de falta de política. como el gatillo fácil o el asesinato de militantes sociales.muestra más clara de esa ausencia de política explicaría la perseverancia en los errores formidables del líder montonero. no una historia. entonces. la convocatoria de Calveiro a construir una memoria política: “la comprensión de los 8 .

se expresaría un rostro novedoso de lo que califica como la pervivencia de un “poder desaparecedor” (Ibidem). en tercer lugar porque se promueve la represión irrestricta al construir a los marginados como “delincuentes”. en América Latina. pero al mismo tiempo. como por las organizaciones revolucionarias de impronta guevarista que. ¿Estamos antes “formas” radicalmente diferentes.movimientos guerrilleros de los años 70. y del que este texto pretende ser parte. Reclama un debate –que de hecho ya ha empezado– en el que confluyan distintos puntos de vista. 24). 169). a saber. la “pacificación” política de las “democracias” (las comillas son de Calveiro) se asentó sobre la represión. En los tiempos del neoliberalismo. 1998). aunque no esencialmente de sus consecuencias destructivas. En primer lugar porque. El modo de reactualizar la política tiene una meta explícita ya en Poder y desaparición (Calveiro. en relación con la necesaria recuperación de la política en el mundo presente” (2005a. no se puede alcanzar en un momento ni con una sola mirada. sobre todo después de 1955. vigente en la vida política argentina desde el siglo XIX y perdurable tanto con las lógicas violentas impuestas por las Fuerzas Armadas. Lo que ocurrió fue una mutación de sus figuras. si bien no pueden ser estrictamente calificada de “terroristas”. como acto de memoria. El ciclo no se agotó con la hecatombe dictatorial. ni la cesura democrática y la implantación del estado de derecho después de 1983 implicaron un desplazamiento fundamental del lugar de la violencia en las prácticas sociales. de la destrucción del estado de bienestar y de la industria. Por lo tanto. por un lado. nos convoca a abrirlo como nueva fuente de sentido. según la autora nos hallamos en un escenario mundial en que una “política global” de carácter brutal es replicada por una “resistencia” también atenida al uso de la fuerza. sufrieron de antemano una derrota política a la militar porque se vieron arrastradas a una confrontación de aparatos de aniquilamiento. que “las formas del poder” han mutado pero en lo profundo se han mantenido. del pleno empleo y de la escuela pública. Más aún. no sorprende que Calveiro presente su análisis como el segmento de “una larga historia de violencia y autoritarismo”. porque la exclusión social de nuestras sociedades neoliberales (o postneoliberales) implican una “violencia sorda”. que por ende conservan una sustancia o un contenido? Calveiro responde: “sí y no” (1998. a rehistorizar ese pasado para rescatar el sentido político que tuvo entonces para sus protagonistas. en segundo lugar. “nos guste o 9 . Creo que nos obliga.

configura un cierto compromiso entre los espacios de experiencia y los horizontes de expectativa. la fundación misma y la trastienda del derecho en las sociedades modernas (Calveiro. Es una marca ideológica que atenaza las preocupaciones de una generación política en la izquierda intelectual y académica argentina. 2008). entonces. hasta asumir. Perspectivas de una problematización generacional El breve análisis aquí propuesto se refirió a un corpus textual específico perteneciente a una serie de estudios de la memoria y de la historia que compone un abanico de interpretaciones irreductibles a una argumentación sin fisuras. pues también había configurado el riel sobre el que se desplazaron. 19). Calveiro bordea la definición de una violentología argentina. como las del zapatismo en México o del movimiento altermundialista. El enfoque de Calveiro es 10 . según la autora. Surge como interrogación y respuesta de una experiencia generacional y propone una perspectiva específica para una problemática que es colectiva.no”. Ahora bien. que también sea la columna vertebral de su reflexión sobre la memoria. Porque debemos reconocer que hasta hace muy poco el debate sobre la memoria y la historia reciente en la Argentina fue un patrimonio casi exclusivo de las izquierdas y sobre todo de sus franjas intelectuales. subjetiva y objetiva. esta representación de la violencia como matriz epocal e histórica. Las perspectivas enunciadas por Calveiro instituyen a la violencia como el hilo conductor de la historia argentina. dice Calveiro. exploratorias nuevos caminos en que retoñan a la vez la política y la ética (2005b. con la venia de una cierta lectura de Walter Benjamin y Giogio Agamben. No emerge de una práctica desapasionada y neutra de indagación del proceso histórico nacional o global. No obstante. las prácticas políticas de los años setenta. existirían aperturas novedosas. Como otras posiciones en el debate sobre la historia reciente. El “poder” se transmuta en violencia y se expande en el eje horizontal de la globalidad y en el vertical de toda la historia nacional. Sorprende poco. noción que me parece adecuada en términos comparativos con la conocida especialidad disciplinar de la investigación política e histórica en Colombia o en los estudios colombianistas.

en la constitución del campo de consensos y divergencias en torno a la relación epocal entre violencia y política en la historia argentina reciente se puede hallar una memoria generacional. 2009. 2009]). No se me escapan las vicisitudes del concepto de generación. Ollier [1986]. Y ese problema. desde Ortega (1923) a Mannheim (1928) hasta nuestros días. El rasgo compartido con otras estrategias interpretativas reside en el lugar preponderante asignado a la violencia política como trama fundamental de la política revolucionaria de la década de 1970. Marín. la omnipresencia de la violencia (entre otras referencias: Del Barco [2005]. aunque no por eso unívoca. Terán [2006]. se puede hallar el mismo tema. constituyéndose en clave hermenéutica del debate sobre qué alcance asignarle a “1983”. una cuestión urgente en el periodo post-dictatorial. sino por el problema sobre el que se edifica una preocupación compartida. 2003). De Santos [2006]. se expandió sobre sus antecedentes y consecuencias. y las distintas tramitaciones desde los marcos académicos en la era de la democracia liberal. Hilb y Lutzky [1984]. esto es. Incluso para quienes no comparten la dialéctica entre responsabilidad y esperanza explícita en la fórmula de la “memoria política” en Calveiro. a la democracia 11 .tan singular como comparable con otras aproximaciones. es el que habilita captar la pregnancia de una experiencia común. Una generación política e intelectual como la que ha producido una serie consistente de intervenciones interpretativas sobre la memoria y la historia reciente argentinas no se define por la década de nacimiento (si bien una argumentación de este tipo tendría alguna relevancia). muy propio de la llamada “transición democrática” de los Ochenta y los tiempos posteriores. Faute de mieux. Romero [2003]. Así las cosas. En el mismo registro se puede situar el reclamo coral sobre la necesidad de reinstituir la dimensión ética en la construcción de toda estrategia de izquierda democrática. Pozzi [2006]. Vezzetti [2002. Son otras las opciones que desproblematizan la violencia o le otorgan una condición de elemento sistémico más o menos velado (Izaguirre y colaboradores. La centralidad de la violencia devino un concepto articulador del pensamiento de la memoria y de la historia para toda una generación marcada en los Setenta por opciones políticas radicales y ciertos orígenes de clase. fue la relación entre violencia y democracia. Kaufman [2007]. aunque no necesariamente antirrevolucionaria. Avanzó sobre la explicación de una época.

si este adjetivo es cargado en toda su plenitud). podemos preverlo. ¿Cómo explicar esta “influencia”? La generación de Pilar Calveiro no produjo sus escritos en un espacio libres de estrías y fronteras institucionales. inexorablemente. En Calveiro. la circulación de un conjunto de textos relativos al pasado reciente fue decisiva para la edificación de las más recientes investigaciones sobre la historia nacional y el balance crítico en torno a los años de radicalización política.liberal y al estado de derecho en la historia y memoria nacionales. pero también en la testimonial o confesional. 12 . Lo mismo sucedió con otras intervenciones. que desde el zócalo del ensayo crítico se difundieron como sostenes interpretativos de estudios académicos. El pasaje no debería sorprender. e incluso llegaron a oponerse. Mas compartieron por eso mismo un terreno de confrontación que compuso un lenguaje común. citadas en la bibliografía y bien conocidas en el ambiente intelectual argentino. Sobre ellas se construyó el trabajo de las nuevas hornadas de investigadores e investigadoras (no creo que aún alcancen la apostura y ambición de una nueva generación intelectual. Cualesquiera fueran los rasgos dominantes de la composición entre lógicas de la memoria y de la historia. Atravesó las barreras de las huellas no académicas de su producción primera para constituirse en “Bibliografía” de trabajos universitarios relativamente disciplinados. que insisten quizá en la vertiente analítica o historiográfica. La relación con la noción matriz de violencia fue diferente en cada caso. porque la generación que se lanzó a enunciar sus posiciones lo hacía en la vereda de sus anclajes institucionales. con su autoridad y legitimidad. la generación que desarrolló con mayor profundidad la reflexión sobre la temática de la violencia política en el pasado relativamente reciente constituyó un suelo de interpretaciones. Las posturas al respecto fueron variadas. Las fórmulas del enganche de la memoria con la historia son distintas en otros integrantes de su generación. como sea que se articularen los recuerdos del pasado y las apuestas del presente. memoria e historia se amarran en una relación íntima y ambivalente. He allí el nudo que agita las cuerdas de las prácticas de la memoria y de la historia. donde la experiencia vivida es reinterpretada gracias a una “historización” que moldea una memoria política. Pero lo compartido por dicha generación fue la primacía de la violencia en su relación con la política. al menos hasta que se produzca un relevo generacional que no se realizará. En efecto.

y quizá ya gobiernan. y por lo tanto. 2010. se transmitió una preocupación generacional y grupal. No obstante. ¿cuáles serán sus problemas? ¿Cómo incidirán sus puntos de vista en la refiguración del campo de estudios? ¿Qué efectos tendrá la previsible escisión entre experiencia. inimaginable para quienes nacieron en los setenta o los ochenta? Pero lo principal surgirá de las actitudes de las nuevas generaciones. El tema no es menor y plantea dilemas importantes para quienes hoy se encuentran ante la perspectiva de una transmisión intelectual y académica. tanto en sus referentes pretéritos como en sus reverberaciones contemporáneas. trabajos recientes tallan entradas de investigación hacia otras narraciones (por ejemplo. en la cual el provilegio otorgado a la deriva de las organizaciones armadas tendió a ocluir otras historias. vigorosamente articulada por pertenencias de clase. 13 . Entonces. Basualdo. que adeudan a sus precedentes la propuesta de posiciones sobre un tema fundamental como es el de la violencia política. otros actores y otras memorias. el quehacer investigador y eventualmente crítico de las (posibles) nuevas generaciones. 2010).capacidad de inducción interpretativa. el de las nuevas condiciones que regularán. estas son algunas de las principales preguntas que nos plantea la actual encrucijada argentina de la relación entre historia y memoria. así fuera que se realice pagando la aduana de una distancia. Al permear el campo de la historiografía. entonces un debate posible es el de los condicionamientos intransferibles que imprimieron trazos indelebles en el campo de la reflexión y la escritura sobre la memoria y la historia de los setenta. reclutamiento de pulsiones renovadas y reproducción conceptual. Cuando se menta la cuestión generacional no se alude sólo al corte. historia y rememoración. todavía hoy condiciona también la investigación y el presente de quienes se esfuerzan por indagar la experiencia setentista. En mi opinión. Si la argumentación que insiste en el calado generacional de los estrechos enlaces entre historia y memoria es pertinente (e insisto que podía haber tomado una “muestra” bastante diferente que los textos de Calveiro para arribar a un constelaciones temáticas afines. Si el paso a las nuevas hornadas es inevitable. aunque quizá con otras derivaciones). Lorenz. Se invoca también una cierta continuidad y aprendizaje.

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