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\ ORIGEN DEL DUALISMO CULTURAL EN BOLIVIA Instituto Nacional de Arqueología

Por Carlos
Director del Centro de I nvest iqaciónes

Ponce Sanginés
Arqueológicas

Disertación le ida en la sesión inaugural de la mesa redonda sobre exprp,siones de la cultura en Bolivia el 31 de julio de 1974 y en el salón-teatro de la Casa municipal de la cultura "Franz Tamayo".

1. Antecedentes

conflictivos.

La visión precolombina del mundo era eminentemente or.lenada, plena de sirnetr ia en su delineamiento. Reposaba en la ar monir y en la presunción de que todo encajaba dentro de un modelo prefijado. Dentro del esquema, por tanto, no pod ía jamás florecer el individualismo, ni llegar tampoco a extremos exacerbados. Se hallaba entroncado a añeja tradición, que se remonla a centurias atrás, a la sabiduria alquitarada de los

arna utas. Supie.ron ellos forjar pensamiento.peculiar, que la indagación cient rf ica, con paciencia va desentrañando. Para definirlo, se podr ra
adoptar el enunciado de Lévi-Strauss en sentido de que el hombre arcaico aceptó como propio un sistema simbólico que abarcaba la totalidad de su horizonte vital (1) . Durante el l nkario se conceb

ra el espacio

distribuido

de manera

equilibrada. El mundo compuesto por serie de tres capas cósmicas superpuestas que se suced (an en progresión vertical. Arriba, en el plano alto resid ían los dioses, que moraban en ambiente celestial. Abajo, en el subsue!o radicaban los muertos y los gérmenes, inrner sos en losubterráneo: Entre ambos yada la tierra, donde vivían seres humanos, animales y plantas. Se la percib ía como dividida en cuatro cuadrantes (Tawantinsu yu), de conformidad naba el plano terrenal abiertas y extendidas ción céntrica la calificaba a los puntos cardinales (2). Al parecer, se imagicomo figura antropomorfa, con las extremidades a las cuatro direcciones del horizonte y en sí tuase cada

la urbe principal, el Cuzco: De ah ¡' que a la capital como ombligo del universo (3). Por supuesto, que

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capa se suponía comunicada con la siguiente. Asi, la superficie terrena con el inframundo a través de cualquier oquedad, a saber grutas, manantiales Y por el estilo. Eso explica la motivación por la cual el relato preceptuaba que las parejas de héroes culturales surgieron de las cuevas de Pakharijtampu. Se afirmó, con justeza] que los inkas posaran cosmovisión tetráctica(4) . Pronunciadamente etnocéntrica, ya que dentro de su estereornetr ía se reputaba a su sede capitalina como el centro del orbe. La división espacial se vinculaba a una cronovisión, también ensamblada según pautas finamente simétricas, desdoblada primero en el calendario ligado a la agricultura y al ceremonial religioso y segundo en la doctrina de las edades del mundo. Gracias a ella pretendian que el pasado se encuadraba a un armazón arquitecturado en cuatro edades pretéritas, cada una con su creación o inicio pertinente y consecuente desenlace trágico que la truncaba de súbito (;:i) . Se entendia que dichos periodos duraban un milenio. La terminación de uno significaba catástrofe, pero simultáneamente la renovación que marcaba el advenimiento de nueva era .6. Sobre las cuatro edades fenecidas reposaba la quinta, que se declaraba como correspondiente al Inkario y que deb ía periclitar igualmente por inusitados acontecimientos (7) . Encarnaba, entonces, la concepción del tiempo un sistema c íclico, de contextura sinusoidal, prohijando que el decurso histórico se repet ía según módulo preestablecido, con alternancia de generación y desolación, recurrencia de sucesos, noción del eterno retorno (8) . Expresiones semejantes mantuvieron mayas y aztecas (9) La cultura a juicio de los indios precolombinos errergia abruptamente y por gestación prodigiosa. Carecía de configuración evolucionista. Desprovista de avance pausado paso tras paso. Asi la narración de Huarochiri alud la a la taumatúrgica aparición de andenes agrlcolas y canales de riego por acción de Koniraya Wirajocha(10) . O el traslado portentoso de grandes bloques I íticos para edificaciones, que menudea en variados relatos(11) No se limitó el ordenamiento patentemente simétrico a la representación del tiempo y del espacio en el imperio inkaico. También repercutió en la estructura social, en la estratificación estamental, con la aristocracia gobernante en la cima y el campesinado en la base de la pirámide. Asimismo, en la división del trabajo y en los grupos de edad . (12). En general, todo se traducía en correlaciones y en que los roles se hallaban predeterminados. La fórmula permitió en el rubro productivo la obtención de un

excedente económico que posibilitó el imperio inkaico.La comprensión territorial del mismo, el momento histórico en que fue sojuzgado por los invasores españoles, francamente dilatada. Abrazaba regiones que ahora integran las repúblicas de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Si bien los autores discrepan sobre la exacta y cabal extensión, las apreciaciones asignan un mínimo de 900 kilómetros cuadrados y un máximo de cuatro millones (13) . Con relación a la longitud, que ostentó, los pareceres también difieren, variando entre 3200 y 4800 kilómetros lineales. En lo tocante al monto de población los especialistas discuten con énfasis guarismos. Baste indicar que las estimaciones oscilan entre 30 y 3 millones de habitantes, siendo razonable aceptar alrededor de trece. En cualquier caso, el volumen demográfico fue elevado. No resulta inadecuado hablar de un milagro inka. Se consiguió acumulación de capital, principalmente en la forma de artículos agropecuarios y derivados, que concentrada permitió su aprovechamiento para fines sociales. Reposó el sistema en la obtención de los excedentes comunales. El armazón estatal y religioso se sostuvo merced a los aludidos excedentes de cosechas, logrados por los campesinos en el medio rural. La planificación cuidadosa culminó con pleno y rotundo éxito. Los tratadistas intentaron catalogar al Inkario con variadas etiquetas. Pretendieron tipificarlo como comunista primitivo, socialista, totalitario, colectivista, paternalista, forma blanda de despotismo oriental, etc. El examen detenido conduce a asegurar que no se acomodó a los cánones del viejo rnundo, ya que si bien ostentaría facetas que se identificarían dentro de algunos de esos esquemas; no coincidió con ninguno global mente. El I nkario se tornó en experimento auténticamente andino, fruto indiscutible del desarrollo aborigen, que engendró un régimen propio. Muy bien gobernado, en expresión del obispo de Chiapas, el benemérito Bartolomé de Las Casas. Quizá, por añadidura, sus lejanas ra íces se adentraron en resabios de un reino andino precedente, el de Tiwanaku. La gente que vivió durante el Inkario alcanzó la felicidad? Se contestaría el interrogante propugnado, con certeza, que cuando men0 nunca padeció miseria, pobreza, hambre, desamparo, desocupaciÓn; que contó con garantizada confianza en su existencia vital y que si acaso no culminó en la felicidad total, jamás fue infeliz.
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Sus disposiciones legales permitieron la conjunción de un pueblo laborioso. Sintetizadas en los siguientes postulados muy sencillos, condensaban el derecho penal vigente: No seas mentiroso, ladrón, asesino, perezoso y afeminado. Dichas prohibiciones podrían ser rememora-

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das respecto berantes

a ciertos

drculos

latinoamericanos

de la actualidad,

rever-

de corrupción. Lo expuesto con precedencia describe a grandes trazos el perfil la

organizado del imperio inkaico, donde buena disposición, el diseño sirnétrico, qcorné h ica, si cabe el término. Se comprende honorable la invasión ahora el impacto española de 1532.

estaba vigente la euritmia, la mentalidad de información

sin úrutes y que incurr ra sin rubor en ostensible contradicción entre las normas de conducta que proclamaba y su actuación tortuosa no sujeta a ninguna inhibición ética. Por últ.mo. la epidemia de sarampión que asoló el imperio de 1525 produjo acentuada mortalidad, flajelo que antecedió a Pizarro y que vino desde Centroamérica por contagio. Yel derrumbe fue tajante. Y luego un pavor, un pavor, que aún dura, aún dura ... en expresión del poeta. ASI' se gestó la implantación del régimen
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colonial, que significó para ese pueblo El derrumbe súbito del irnperio

de opresión Hoy

implacable

y que introdujo tuvo éxito

una cultura el hallazgo

foránea

al

lado de la nativa. en dra, cuando de documentos que registran el punto de vista de los sometidos, resulta más fácil comprender el colapso del imperio inkaico. Se supuso en principio que terminaba una edad histórica o ciclo y que en consecuencia su fenecimiento estaba coneclado al advenimiento de seres extraordinarios y fabulosos. De ah i que a los españoles se calificó de Kapajkochas, ep rtoto equivalente a señores del mar (15) . La f antas ía popular troqueló quimérica concepción de los caballos y se consideraba que jinetes integraban unidad, a guisa de centauros .(16) , Asimismo, alimentaban de áureo metal, lucro estimulaban sonrientes creencia que en su desmedido los soldados hispánicos (17)
,

inkaico pOI la acción audaz de un puñado de aventureros hispánicos se produjo en un instante en que las circunstancias históricas se tornaron propicias rala el invasor Habr ia que enumerar, entre ellas, éstas: El de b il i l amie n l o de la unidad poi itica como consecuencia de la infortunada querra civil entre Waskal' y Atawallpa, entre Cuzco y Quito. que envolvió al sur y norte del reino. La coincidencia entre la vic toria del ejército norteño y la cap tura del monarca cuzqueño por su rival, con el desembarco de los barbudos y desaseados irruptores. En tiempo de Waynu ¡'<,araj tales desfavorables condiciones no se dieron '/ el resullado acaso hubiera sido distinto, Añádase la superior idad del armamento europeo. el empleo de hierro y pólvora. Recuérdese que el estampido de las al mJS de fuego ocasionaba pánico. El uso de la caballer ra, con jinetes protegidos por armaduras metálicas invulnerablcs. que equivaldr ian él los lanques bien blindados del presente, aniquilaba u los escuadr o nos (le combatientes afectados por su ataque. Súmese la ausencia de individual isrno entre los nativos y un sistema piramidal disciplinado que no pel mií ra IJ improvisación, de modo que al ser cercenada la dirección no atinó a reaccionar con rapidez. Además, la errónea interpretación inicial do conceptuar a los blancos como al dios Wirujochu y sus acompariantos que re l ornaban desde el océano por el poniente, donde sequr Sl! CIJllu:pción otrora se hab ia marchado, para castigar a 105 incolas al cierro de un ciclo histórico. Tar d io el descnqaño al comprender que la recepción

con los que se

apetito de La invasión

blanca fue reputada como un desastre traumático, saturado de desorden, que lo traslrocaba todo, que derribaba el orden estatuido. Corroboraba la presunción el cúmulo de atropellos cometidos por los conquistadores, que saqueaban templos, destru (an efigies de los dioses (como en Pachakamaj) y" violaban mujeres. La masacre de Caja marca y las llevadas a cabo en otras localidades casi extinguió la realeza y su linaje, hecho que 'impidió pronta inka Manko y del enclave y eficaz reacción. deWiHK~pampafueron insinceridad, La ulterior resistencia del estériles.5e instauró el holganza en beneficio de

régimen eJe violencia, brutalidad, una rninor ia privilegiada.

crueldad

no era a seres divinos sino a sujelos e ignominia. Esa confusión de mdole

modales, reliqiosa

que rebosaban perdió también

a Molecllhzoma II con Cortés, cuando le envió a playas de Vcracruz, atav.os que le revest ian de lOS =mbternas de Ouctzalcóatl, como el tocado

serpientes

de largas plumas entrelazadas. del hombre andino (14)

y la máscara de turquesas adornada con dos Fatal equivocación, por la naturaleza devota, , Pero no sólo influyó la superioridad tecnológi-

Se inició el proceso de erigir el sistema de dominio sobre la cultura ind I'gena y de explotación persistente de las masas nativas. Ese momento comenzó 'también una corriente de lransculluración con la introducción de elementos culturales europeos. Asimismo, aconteció el desequilibrio en muchos aspectos, que afectó a la sociedad aborigen. Uno de los efectos más nocivos de la expoliación derivó en la alarmante despoblación en proporción mayor al 600/0 (18) . La tributación impuesta obligó a los varones a emplearse en trabajos remunerados en moneda, con la consiguiente proletarización y pauperización. La célebre extirpación de idolatr ias, más intensa a principios del siglo XVII, barrió practicamente con la religión inka y dejó tan sólo un sustrato mágico popular evaluado meramente como supersticioso (19) Ó. La cristianización operó en profundidad. La implantación de la mita, para inóemen-

ca del F~enacimiento en la esfera bélica, sino lambién la pohtica fr ia, iridiscen to de triquiñuelas, argucias e intrigas, con la apucación de dividir a los oponentes. Cortés fue asiduo lector de El Pr íuc ipc de Maquiavelo y si Pizarra cra intelectualrnen.e ignaro. supo seguir las huellas del conquistador del Anáhuac. Gente desprovista de freno para su codicia

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tar la minerla, repercutió en la traslación por lapsos definidos d" los mejores contingentes de fuerza laboral. Además, si bien los encomenderos no eran dueños de la propiedad rústica, en realidad disponían de mano de obra a discreción en beneficio propio. La operación de distorsión llegó inclusive a intentar adulterar hasta los orígenes mismos de los nativos y su cultura, mos trándolos como descendientes de algún nieto de Noé y por ende de filiación semita (20) La colonia, por consiguiente, instauró un sistema de imposición de la cultura occidental sobre la nativa y de opresión del grupo humano español sobre la sociedad aborigen. Precisamente ah I reside la ra íz fidedigna d~1 dualismo cultural que se avista en la hora actual en los países andinos y con más vehemencia en Bolivia. Una realidad escindida, con opuestos rotundos y evidentes (21) Una primera Bolivia. aproximación para el diagnóstico del dualismo cultural en

patológico que tenia que enmendarse. Días en que circulaba el libro Enfermedades sociales de Manuel Ugarte y que se leía con avidez (24) La década del 40 marcó un señalado giro. Era evidente que el indio no se había esfumado y por el contrario moraban alrededor de veinte millones de nativos a lo largo de América. En consecuencia advino la preocupación por la problemática que entraña y su consecuente dilucidación. La tarea tropezaba con el obstáculo que no se disponía de la información adecuada, ni de nociones conceptuales apropiadas. El enfoque necesariamente cienHfico, requiriéndose comenzar desde la definición misma de lo indio. Con tal propósito en 1942 el eminente antropólogo Gamio propuso un criterio histórico cuantitativo, para eludir la mera apreciación personal. Previamente había que clasificar por su origen los elementos culturales, catalogándolos por su filiación prehispánica, posthispánica (colonial y contemporánea) , o mixta si derivaba de la combinación de aquéllos. Cuando predominaban en la composición porcentual los de procedencia precolombina, el grupo pertinente era reconocido como nativo. La dificultad fincaba en la no siempre fácil identificación de ciertos rasgos como anteriores o posteriores a la conquista española por una parte y por otra que no instrumentaba el acercamiento a los núcleos aborígenes para prestarles colaboración a fin dé subsanar sus aprietos en el campo de la salud, alimentación, etc. Con tal inquietud en 1945 Oscar Lewis (quien propugnó después la antropología de la pobreza (25) . Y su colaborador Maes aseveraron que bastaba el listado de los requerimientos de un asentamiento humano y corrobar su nivel deficitario para promover su mejoramiento ulterior, de modo que si se comprobaba un desequilibrio notorio el grupo consiguiente era· indio (26) . Posición de fondo humanitario, pero cienHficamente incorrecta, ya que no todos los segmentos depauperados resultaban ind ígenas. Un insigne antropólogo, Alfonso Caso, abordó el tema en 1948. Se abocó a pergeñar la respuesta más satisfactoria a la pregunta zqué es lo indio? Apuntó cuatro criterios para solventarla. "El biológico, que consiste en precisar un importante y preponderante conjunto de caracteres f isicos no europeos. El cultural, que consiste en demostrar que un grupo utiliza objetos, técnicas, ideas y creencias de origen indígena o de origen europeo pero adoptadas, de grado o por fuerza, entre los ind ígenas y que sin embargo han desaparecido de la población blanca. Estos rasgos deben ser también preponderantes en la comunidad. El criterio lingüistico, perfecto en los grupos monolingües indígenas, aceptable en los bilingües, pero inútil para aquellos grupos que ya hablan castellano; y, por último, el criterio psicológico, que consiste en demostrar que el individuo se siente formar parte de la comunidad indígena". Agregó que

Cuando se repasa las paginas de Pueblo Enfermo de Alcides Arguedas, cuya edición pr íncipe data de albores de la vigente centuria, no se puede reprimir sonrisa indulgente ante su racismo intransigente, desprovisto de asidero científico y saturado de incongruencias. Como corolario, contempló a Bolivia aquejada por pronunciados síntomas patológicos. Estigmatizó al indlgena como siqno de estaqnación y como remanente de un pasado extinguido de torvos trogloditas, condenado a irremisible extinción. Sugerente al respecto este pasaje, pletórico de menosprecio, que copio de inmediato: "En la región llamada interandina (sic). vegeta, desde tiempo inmemorial, el indio aymara, salvaje y huraño como bestia de bosque, entreqado a sus ritos gentiles y al cultivo del suelo estéril en que a no dudarlo concluirá pronto su raza" (22~ . Desaparición pronosticada, pero que se incumplió no obstante el persiste esfuerzo del liberalismo político por extirpar las comunidades indígenaspara convertirlas en latifundios que beneficiaban a los áulicos. Resalta que Arguedas padeció aguda rniop ía metodológica, dado que en su escrito incurrió en la mayoría de los defectos que impiden la investigación dotada de seriedad, incurriendo en subjetividad a ultranza, impresionismo acentuado, generalización insustancial de estereotipos vulgares (23) . Transcurrían los tranquilos años de la bella época precedente a la primera guerra mundial y en que el colonialismo europeo proclamaba la superioridad del hombre blanco en detrimento de los demás. Se pronunciaba sin reticencia que el abismo entre la civilización y el primitivismo concluiría de modo tajante con la eliminación de cuanto se opusiera a la expansión occidental. El indio, sin remedio, sentenciado al eclipse definitivo. Lo' que escapaba a las pautas europeas se tildaba como síntoma

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"es indio, todo individuo que se siente pertenecer a una comunidad ind¡'gena; que se concibe as i mismo COMO ind rqena, porque esta con, ciencia de grupo no puede existir sino cuando acepta totalmente la cultura rlpl qrupo; cuando se tienen los mismos ideales .éticos, estéticos, sociales y pol rt icos del grupo; cuando se participa en las sirnpet ias y antipahas colectivas y se es de buen grado colaborador en sus acciones y reacciones. Es decir, que es indio el que se siente pertenecer a una cornunidad ind iqena' (27) ,Caso reivindicó lo intr mseco nativo, pero todavía no vislumbró la dicotomia cultural existente, El adelanto tecnológico ulterior a la segunda guerra mundial con la consiguiente velocidad en los medios de comunicación y la mayor seguridad en los viajes permitió a los estudiosos nor teamer icanos yeuropcos conf ront ar su realidad con la ajena. Con perspicacia cumplió su cometido el antropólogo John Gillin hacia 1948, Como fruto de sus observaciones formuló un modelo explicativo, que ha confirmado su .coherencia y consistencia. Divisó la presencia de dos amplias culturas en Latinoamérica y con meridiana claridad tal coexistencia en la región ardina. Denominó a la primera como cultura criolla o lat inoarnericana moderna, La preferencia por el rótulo criolla arranca en ser más expl ícit a, ya que antaño cuando imperaba el régimen colonial servra para nombrar a una persona nacida en el nuevo mundo aunque con antecesores hispánicos y con género de vida diferente al de sus antepasaclos metropolitanos. Más taxativa, además, que el término mestiza, con connotación racial y que representa al hrbrido con ingredientes provenientes de dos fuentes únicamente y no con mezcla compleja. Gillin distinguió en la cultura criolla una personalidad bien configwada, compuesta de aqlut inarnient o de rasgos adoptadcs de los núcleos abor íqenes precolombinos , del, aporte español y portugués durante la férula colonial, de Europa occidental del siglo XIX y de Norteamérica de la actualidad (28) . No una yuxtaposición caótica, sino una simbiosis concertada, con fisonom I'a nueva y que no coincide nunca en su integridad con los hontanares originales. No resulta fatigoso elucidar, a guisa de ejemplo, algunas de esas contribuciones puntualizadas. De la revolución francesa deviene el remedo, de democracia politica y varias instituciones republicanas, De los Estados Unidos el influjo en la música, en la vest imenta, en la ,tecnologl'a, De España, el deseo de enriquecimiento ilicito, la represión dura, el poco apego al trabajo manual, el transfugio p ol rt ico. De raiqarnbro india mucho de la alimentación y de la cocina. La cultura criotla, en smtesis. no ha terminado su formación y es de indole joven, Gillin insistió en ma.nifestar que no ostenta todavía fuerte homogeneidad, sino por el contrario variantes regionales (v.g. la mexicana, la andina, la brasileña), Colocó enfrente a la llamada cultura nativa (republicana, según Kubier) (29) que en propor ción elevada mantiene supérstites

rasgos precoloniales, pero también incorporaciones en el decurso de los siglos e inclusive muy recientes, Desciende de los antiguos pueblos prehispánicos, pero no conserva r iqur osa identidad con ellos, a causa de la interacción mutua con la cultura criolla ahora y otrora con la europea a través del cauce español. Conviene indicar que la conquista en el siglo XVI liquidó a las aristocracias abor rqenes, que plasmaron excelentes obras en múltiples esferas, quedando la masa campestna con menor alcance por supuesto. De esta suerte la actual cultura nativa es heredera de dicha masa campesina, lo que explaya la pérdida de la vetusta religión y filosofJ'a aborigen.

Si se traslada la concepción de Gillin a nuestro pa is, se sent ar ía la premisa de que coexisten en Bolivia un par de culturas bien tipificadas, la criol!a latinoamericana,preponderantemenie urbana y castellano hablante, que alcanza apenas a un tercio de la población total; y, la nativa con los dos tercios restantes y pr imor dialrnente usuaria de las lenguas vernáculas como la aymara y la kechwa. POI' tanto, se observa uualisrno cultural incontrastable. Negarlo ser i'a colocarse anteojeras a' sabiendas. Ser ra aventurado pOI' ahora predecir' el destino de la cultura nativa. Sin embargo, el escritor norteamericano Heath se animó a rubricar este párraf o. que lo transcribo sin más trámite. "Hay entre los campesinos de Bolivia la conciencia creciente de una comunidad de intereses, que podr ra formar un biuque electoral impresionante, si pudiera superarse la competencia entre los Il'deres locales que tienden a convet tirse e~ caciques" 1:31), Como la prognosis es materia especulativa, en pro o en contra no muevo alfil en el tablero. El modelo explicativo dualista ha sido retomado recientemente por algunos investigadores peruanos, en virtud que el meollo del postulado de Gillin no fue aventajado. Matos Mar sospechó su causación en el 'desarrollo desigual. He aqu i resumido cuanto meditó al respecto en relación al hc.rnano pa is: "La sociedad nacional aparece como repartida en islotes geográficos, económicos, sociales y culturales, dando la impresión de ,un archipiélaqo débilmente comunicado. Los sectores de producción o los grupos sociales no producen efectos sobre los atlas, ni unos generan a los otros, ni hay un sistema nacional de relaciones que impulse o canalice aspiraciones. lealtades o actitudes de nacionalismo y participación. En estas condiciones la difusión del pr oqreso cienUfico y técnico tiene limitaciones. El sector moderno es el industrial y el sector tradicional el agricola. Es decir, se piensa en una ecoriorn ra dualista en la que Lima representa el sector moderno y la provincia el trad icional;

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I~,costa, la agricultura moderna y la sierra la agricultura tradicional; en otros aspectos se contraponen el gobierno local de las comunidades indígenas con el gobierno local nacional, lareliqión y magia tradicionales con la religión católica, etcétera. Esta caracterización podría dar piepara afirmar la coexistencia de dos sociedades o culturas.en el seno de 'ta sociedad actualEs en este sentido que se ha planteado la tesis del dualismo de la cultura y de la sociedad peruana, en la cual las formas lejanas, correspondientes a la sociedad tradicional y arcaica y las formas próximas y modernas conformarlan dos mundos en sí. Lo que ha ocurrido es que desde 1532 a la fecha unos sectores, regiones o áreas, han evolucionado en forma diferente debido a complejos factores" (31) Fuenzalida Vollmar acudió a las siguientes palabras para emitir su opinión: "Aplicada al Perú, la conceptualización dualista conduce a la imagen de un país conformado por dos segmentos desarticulados. El uno dinámico, moderno o por lo menos modernista, abierto al cambio y a la innovación y propenso a la industrialización. El otro estático, tradicional y conservador, agrícola y preindustrial. Dos razas y culturas se enfrentan en el Perú -para el dualista- desde los tiempos coloniales. La una extranjera, la de los conquistadores. La otra, la indígena o autóctonao En este enfrentamiento ambas han resultado, por lo menos parcialmente, modificadas. Ha surgido el mestizaje y con él la posibilidad de una nación. El conflicto no ha logrado, sin embargo, solucione-se plenamente y la peruanidad se muestra profundamente dividida. E ..nfrentamiento es ahora entre lo mestizo y lo indígena. Son todavía dos razas y culturas: la una como producto de una fusión bien realizada; la otra como residuo aún mayoritario que no ha podido ser ni eliminado ni absorbido. Historia, actividad, proceso nacional en marcha; frente a naturaleza, pasividad y sentimiento" (3?), '

empleada. Acude a la memoria lo que signó Farrel: "Ante todo es conveniente distinguir entre dos usos del término plural. El primero se refiere a las sociedades plurales, esto es, a aquellas situadas en una categorla particular porque satisfacen plenamente ciertas condiciones -Claramente especificadas. El pluralismo, en este sentido, es una variable dicotómica. Una sociedad es plural o no la es. El segundo uso contempla el pluralismo como una variable continua al reconocer que hay muchas sociedades que no satisfacen plenamente la definición' de plural bajo los requisitos que exige el primer uso, pero que se aproximan a él en .qrado variable. Son más o menos plurales. En la literatura hay muchasdeclaraciones aparentemente contradictorias porque no reconocen claramente esta distinción. Las sociedades plurales se mantienen juntas por la fuerza implfcita o explícita, no por un consenso normativo"(34) . Por consiguiente, jamás ni Bolivia ni Perú ser ían pluralistas, sencillos agregados de unidades menores aglutinadas por acción coactiva, en situación similar al Congo con multiplicidad de 250 grupos tribales. El mexicano González Casanova derivó el modelo explicativo del dualismo cultural a la proposición del colonialismo interno. Se tr asunta aquí las frases con que sintetizó la misma: "Estos fenómenos, el marginalismo o la no participación en el crecimiento del país, la sociedad dual o plural, la heterogeneidad cultural, económica y poi ítica que divide al país 'en dos o más mundos con características distintas, se hallan esencialmente ligados entre sí y ligados a su vez con un fenómeno mucho más profundo que es el colonialismo interno, o el dominio y explotación de unos grupos culturales por otros. En efecto, el colonialismo no es un fenómeno que sólo ocurra al nivel internacional -corno comúnmente se piensa- sino que se da en el interior de una misma nación, en la medida en que hay en ella una heterogeneidad étnica, en, que se ligan determinadas etnias con los grupos y clases dominantes y otras con los dominados. Herencia del pasado, el marginalismo, la sociedad plural y el colonialismo interno subsisten hoy en México bajo nuevas formas, no obstante tantos años de revolución. reformas, industrialización y desarrollo y configuran aún las caracterlsticas de la sociedad y política nacional" (35) Resalta su tenor erróneo, ya que el sistem~ colonial denota siempre la presencia minoritaria extranjera (en cualquiera de sus formas) que avasalla a lo nacional. Jamás seria conducente calificar a mexicanos o bolivianos, nacidos en su solar, como colonialistas en su territorio. Otra posición equivocada es la que esgrime la tesis que los nativos constituyen nacionalidades sojuzgadas. Hace poco que Marcelo Grodin la ha sostenido en un articulo concerniente a los aymaras (36)

Salazar Bondy se encaminó por senda más amplia, al prohijar no la perspectiva dual sino el pluralismo. "Difícilmente puede hablarse de la cultura peruana, en singular -expone. Existe más bien una multiplicidad de culturas separadas, dispares, además, en nivel y amplitud de difusión, correspondientes a diversos grupos humanos que coexisten en el territorio nacional. Piénsese, por ejemplo, en las comunidades hispano hablantes, en las comunidades kechwa hablantes y en las comunidades con otras lenguas; en la occidentalidad costeña, la indianidad serrana y el primitivismo selvático. Este pluralismo cultural -que .' en un esfuerzo de simplificación algunos buscan reducir a una dual idad- es un rasgo típico de nuestra vida actual" (33) •. Se nota que el autor citado asignó a la cultura un sentido infrecuente y la confunde con la expresión lingüística. Tampoco la noción de pluralismo parece correctamente

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No deja de sorprender que Grondin oculte la paternidad de la idea, ya que el li ne amierito corresponde al pensamiento de Stalin, recogido en volumen con el ep íqrafe de El marxismo y cl prob lcma uacional y colollial (37) , Como reflejo del mismo sus fanáticos seguidores, aplicando la fórmula en mera repetición mecánica propusieron resolver el problema del indio en México, Perú y Bolivia conforme al modelo de la pequeñas nacionalidades puesto en vigencia al eriqirse la Unión de Re· públicas Soviéticas (38) Kecuél'd~se que cuando los bolcheviques tomaron el poder, organizaron un estado multinacional que conced ía cierta aulonomía a las variadas nacionalidades, antes sujetas a los rusos blancos 'proclives al zarisrno. Empero, se reservaron la facultad de sustituir los patrones institucionales que consideraban negativos para arquitecturar su régimen pol ítico. Causa extrañeza, por consiguienle , que Grondin desempolve el trasnochado stalinismo, inadaptable a nues h o medio porque es imprescindible para una nacionalidad la continuidad territ orial, lo que no acontece con los ayrnaras, cuya área de dis ribución es
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Se pretendió lisa y llanamente que una cultura en la otra, blanco de enérgica

superar el dualismo trasvasando en bloLa cilada meta inteqracionís a es ahora
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cr rt ica. Se le acusa de gradualisla.

de

f avo r ece r ,

el

cambio no acelerado sino lento en magros frutos, Se le tilda también nativa, Se declaró. entre variados puede llegar con la actual po ht ica nas desaparezcan como elementos

extremo y como remate de cosechar de disolver (o de intentar) la cultura argumentos. que "a lo mJS que se indigenista es a 10gl'M que los indiqoportadores de rasqos cul uralos difeí

rentes a los nacionales. pero sus problemas económicos. sociales y humanos persistirán" (41) ,Conviene. pOI' último. no confundir el indiqonismo mencionado con el indianismo, que prop icia el estudio autónomo de la cultura india para valorarla justamente y dentro de un ángulo no

alienado.
La segunda cor riente se inclinó pOI el mantenimiento de la side subordinación de lo indio al reqimen de predominio de lo juzgado éste como pervivencia bastante directa de 1<1 colonia

tarace ada a guisa de mosaico, Cabe aqreqar que según el propio Stalin la racionalidad emerqió a la par que el capitalis.no, lo que tampoco sucede con respecto al indio. que no ha salvado la etapa de eco norn I'a subsistencial. En smtesis, Grondin y sus acól itos tratan de ornar COIl engoladas galas confesionales de su molino una postura inadapt able a todas luces. incurriendo en transferencia acr It ica de postulados (3!:i) . Innegable la presencia de dualismo cultural en Bolivia, Por un

tuación criollo.

Enlazada con el hispanismo, que preqonó siempre la superioridad de cuanto antaño era español y que simpatizó con el mestizaje racial por su inqi ediente peninsular (42) Su mdo!e. retróqi ada y conservadora de los viejos odres. Obnubilada por presunta
,

misión

redentora

de España

que

se quiere resucitar par a ser continuada to Olmeda consignó al respecto (431 solución. en avalar

en sus excolonias. Sabroso cuanEn el fond.o no proyectó ninquna arcaicos. inclusive

lado la cultura criolla y por otro la población y por ende mayor

la nativa, esta última con dos tercios de ií aria Fenómeno no exclusivo. ya que

se parapetó en la defensa de los privileqios la servidumbre campesina ind ,'gena,

acontece en otros estados latinoamericanos. aunque con la salvedad que la irid rqena no ofrece tan enorme proporción. Exponente de las relacionos asirnet ricas que exhibe nuestra patria. que además ostenta otras inarrnoruas estructurales que tienden a desarticular la.

Ahora bien. zcórno solventar el problema? Se suqirier ori tres soluciones. concatenadas estrechamente a otras tantas corrientes, que podr ían ser calificadas de ideológicas, La primera nombrada como indigenista auspició como única vra la incorporación del indio a la comunidad nacional (en este caso nacional aparece como equipolente a criollo). En tal aserción cristalizaron las aspiraciones y experiencias de personalidades de la qeneración pasada como Gamio. Sáenz. Mendizábal y Caso (40) , Dicha tendencia. que surqió en suelo mexicano. fue acogida en otros puntos del continente, As,' la ley de reforma aqr aria boliviana en su sección considerativa aludió taxativamente al propósito de "incorporar a la vida nacional a la población ind ¡'gena, reivindicándola en su jerarqul'a económica y en su condición humana" y se inspiró en aquélla

La tercera' corriente abogó por la coexistencia de ambas culturas, Respecto a su integridad. sin subalterniz ar a ninguna. ni tampoco f usionarlas. No se insinuó para el efecto aislamiento. sino que interactuaran, pero sin aniquilar la personalidad intrinseca de cada una, La alternativa parece tener probabilidades de éxito. siempre que se tenga convicción del imperativo de encarar el dualismo cultural con mirada cientif ica. Sin embargo. ambas tienen de manera conjunta que dar un viraje para rccoqer los adelantos que confiere la tecnolog I'a contemporánea, Todo lo opuesto a Ull sitial arcaiz anl e. La fórmula ceñida sPI'¡'a entonces dualismo cultural SI' pero sumado a la modernización tecnológica sin perder Por constreñida estilo propio,

otra por

parte. la república de Bolivia en su totalidad se halla la dependencia que la liga a estados desarrollados de

occidente. la cual afecta a las dos culturas existentes en el pais. Si quiere escapar .de la pobreza y del atraso en general necesariamente debe industrializarse (44) , No plasmar tal proceso dentro de las pautas

20

21,

decimonónicas del tiempo del carbón y del vapor, ya que nacería anticuado, sino tomando en cuenta todo lo que fuere posible de la llamada revolución tecnotrónica (neologismo que subraya la etapa incoada después de la segunda guerra mundial y que se apoya en la eléctrónica en vasta escala). como acertadamente la bautizó Brzezinski (45) . La industrialización indicada impactará lógicamente en la cultura criolla como en la nativa, que tendrán que acoger la tecnología reciente como tal, sin olvidar sus instituciones básicas y que les otorgan fisonom ía auténtica. Un modelo semejante a Egipto, para no mencionar otros ejemplos. Resta esclarecer el sentido semántico de la palabra cultura que se utilizó en el presente escrito. El término cultura parece poseer hoy en d ra dos acepciones completamente distintas. Una, popular y común; otra, técnica y especializada (46) . En cualquier caso discernir con finura sus connotaciones no resulta empresa sencilla. Ya experimentó los escollos al respecto Thomas Eliot, que dedicó un volumen al tema con el título de Notas para la definición de la cultura (47) . Su sentencia de que ella incluye todas las actividades e intereses caracter rst icos de un pueblo, se muestra como demasiado exigua. También un escritor de los quilates de Maritain se adentró en confusión al pretender .aquilatar la (48). De ah í que con justeza Spranger puntualizó que lo Jn;co seguro en la hora vigente es que no se habla ya de la cultura én singular, como durante tanto tiempo sucedió en el occidente cristiano, sino de culturas en plural, en atención a que se identifican distintas y variadas unidades culturales. Significó este punto de vista una modificación del sustentado con anterioridad. "Para la conciencia europea de los siglos XVIII y XIX, basada sobre todo en los tres fundamentos principales del antiguo humanismo, el cristianismo y la constitución de unidades nacionales era cosa manifiesta que el europeo debía llevar su cultura, que era la única cultura, al resto de la humanidad" (49) . Posición mesiánica indiscutiblemente y que se halla superada. En un comienzo se aludia al cultivo de lo anímico (cultura Ya Cicerón aseguraba que "cultura animi philosophia cst " , (50) . Pasó al léxico popular con el equivalente de refinamiento y al calificar a una persona de culta se tenia en mente que djspon ía de. conocimientos por encima del nivel corriente. Sin embargo, distinto significado le asignó la moderna antropología y con éste se lo empleó eñ la disertación presente. De entre las muchas definiciones acuñadas por los científicos en tal disciplina, entresaco la que rubricó Herskovits, que rezaba aSI': "Cultura es la parte del ambiente hecha por el hombre". A continuación formuló unas aparentes paradojas, que merecen transcripción: "La cultura es universal en la experiencia del hombre; sin ernbargo, cada manifestación local o reqional de aquélla es única. la cultura es

T,

estable y no obstante la cultura es dinámica también, manifiesta cuntinuo y constante cambio. La cultura llena y determina ampliamente el curso 'de nuestras vidas y sin embargo raramente se entremete en el pensamiento consciente" (51) . Aquí cabe subrayar que Lévi-Strauss percibió el carácter inconsciente de los mecanismos mediante los cuales se plasma la cultura y lo evidenció en su panorama estructuralista (52) . Cumple relievar 'asimismo la advertencia de Linton: "Cualquier cultura sobrevivirá, aunque sea en una forma latente y mutilada, mientras exista un solo individuo que se haya criado dentro de ella" (53;

@'

animi).

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NOTAS 1 Tullio-Altan, p. 49, en Fleischman 1971. 2 Valcárcel 1945, p. 167. 3 Imbelloni 1942b, p. 6 4 Imbelloni 1942a, p. 400. 5 Ponce Sanginés y Mogrovejo 1970, pp. 16-17. 6 Wachtel 1973, p. 50; Pease 1973, p. 18; 1972, p. 28. 7 Imbelloni 1946, p. 263. 8 Ponce Sanginés, Baptista y Hermosa, 1.974, p. 142 9 León Portilla 1968. 10 Avila 1966, p. 23 11 Jiménez Borja 1973, p. 13. 12 Wachtel 1973, p. 50. 13 Ponce Sanginés, ms. 14 Ponce Sanginés, 1969, p. 130 15 Guillén s/d, p. 155 16 Vaillant 19t1-4,p. 308. 17 Guillén 1974, p. 41. 18 Wachtel 1972, p. 137. 19 Duviols 1971. 20 Habich 1974, p. 13. 21 Kusch 1962, p. 195. 22 Arguedas, A. 1910, p. 44. 23 Pardinas 1971, pp. 4-5. 24 Ugarte s/d, p. 17. 25 Lewis 1969. 26 Lewis y Maes 1945, p. 111. 27 Caso 1948, p. 245. 28 Gillin 1945, p. 151; 1948, p. 33. 29 Kubler 1946, p. 353. 30 Heath, en Manghin 1967, p. 85. 31 Matos Mar y otros 1970, pp. 26, 29 32 Fuenzalida Vollmar y otros 1971, pp. 15, 16. 33 Salazar Bondy, en Matos Mar y otros 1970, p. 120. 34 Farre11969, pp. 173, 175. 35 González Oasanova 1967, p. 72. 36 Grondin 1972, p. 1. 37 Stalin 1946. 38 Aguirre Beltrán 1970, p. 135. 39 Cfr. Mi comentario en la revista Pumapunku, núm 6. pp. 60-61 (1972). 40 Romano 1969, p. 1067. 41 Olivera, p. 99. Comentario al final de Romano 1970. 42 Arguedas, J.M. 1970, p. 43. 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 Olmeda 1954, pp. 36-37. Ponce Sanginés, Baptista y Hermosa Virreira Brzezinski 1970, p. 17. Cámara Barbachano 1947, p. 165. Eliot 1949, p. 44. Maritain 1940, p. 7. Spranger 1947, p. 32. Braudel 1970, p. 13. Her skovits l SbZ, p. 30. Tullio-Altan p. 39, en Fleischman 1971. Linton 1942, p. 331. 1974, P.110

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