Q UÉ H AY D E L O N UE S TR O

Toni Soler

C

¿Estos a quién llaman nazi?
entre vecinos que hablan el mismo idioma. Al fin y al cabo, Ciutadans, las gentes de Valencia, Baleares y Catalunya, somos compatriotas. ¿O no? ¿Qué sentido tiene aislarnos unos de otros? Y no se atrevan a acusarnos de imperialismo. Con lo que me gusta a mí que los baleares nos colonicen con discos como el último de Joan Miquel Oliver. (Por cierto, en Mallorca los médicos castellanoparlantes se manifiestan porque les quieren imponer el catalán. Prefieren seguir siendo ellos los que impongan a sus pacientes la lengua en que tienen que contarles dónde les duele. Esto, amigos míos, esto es imperialismo del bueno. ¡Y lo pagan los baleares con sus impuestos!) Ante este nivel de desatino, es lógico que a los primeros misioneros de Rosa Díez se les vaya la pinza. Su portavoz, Juan Perán, se ha puesto en la boca la palabra “nazi” en dos ocasiones consecutivas, la primera para cargar contra la inmersión, la segunda para referirse al PSC. A mí que un individuo llame nazi a la inmensa mayoría que no piensa como él me remite, otra vez, a los traumas infantiles, pero estoy un poco harto de que se utilice un calificativo tan monstruoso de forma tan ligera. La apología del nazismo es delito; su frivolización también debería serlo. Perán y algunos otros merecerían pasar una buena temporadita en Mauthausen o en Treblinka (como turistas, desde luego) para aprender un poco de historia, y más aún, un poco de decencia.

asi lo único bueno que se puede decir de la actual situación de crisis es que no hay rastro de la temida ola ultraderechista que, según pronosticaban los agoreros, cabalgaría a lomos de la desconfianza, la pobreza, el escepticismo y la xenofobia. La situación política española es mucho más estable que la económica. El bipartidismo ensancha su hegemonía, Izquierda Unida es una sombra, los experimentos neoespañolistas a lo Rosa Díez han perdido fuelle. Claro que en junio hay elecciones europeas y el personal suele aprovechar para entregar su voto a outsiders de diverso pelaje, de Batasuna a Ruiz Mateos, así que puede haber alguna sorpresilla. Es un respiro para Mariano Rajoy, que puede mantener su viaje al centro sin presiones en sentido contrario. Es un viaje que siempre le lleva a Barcelona. Estos días, la plana mayor del PP ha estado por aquí de visita y casi acaban bailando una sardana. Sánchez-Camacho incluso elogió el nivel de catalán de Rajoy (le debe parecer más fácil que el gallego). Lástima que también estaba el indomable Mayor Oreja reivindicando “más España” para salir de la crisis. Para el PP catalán también es un alivio poder fijar su ruta sin que los pepitos grillos de Ciutadans (C's) le toquen las narices. El grupo de Albert Rivera acusa el nerviosismo y se pasa el rato compitiendo con el embrión catalán de UPyD en una especie de concurso de

PACO CAMPOS / EFE

La presidenta de UPyD, Rosa Díez, en un acto de su partido

neoespañolismo con ribetes freakies, debidamente jaleado desde la Cope –hasta ahora– por Jiménez Losantos y César Vidal, ese que con su anticatalanismo ha terminado por hartar a Juan Carlos Girauta, que ya es decir. Lo último de C's es que quieren que los mapas del tiempo de TV3 excluyan a Valencia y Mallorca, lo que ellos lla-

man “el imperio”, en un ejercicio de confusionismo mental difícil de explicar si no hay un trauma infantil de por medio. Uno se pregunta por qué esta fijación; por qué se aplaude que las cadenas españolas ignoren al catalán o que el Gobierno valenciano corte de raíz las emisiones de TV3, y en cambio se fustiga cualquier intento de establecer lazos

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