Año XXXV – Números 22 al 26 – Ciclo B – 5, 9, 10, 11 y 12 de abril de 2009

SEMANA SANTA 2009
LA PASCUA DE JESUS, PASCUA NUESTRA Todos sentimos en lo más hondo de nuestro ser un auténtico deseo de vivir libres de toda limitación, tanto de las que se encuentran en nuestro propio interior como de las que nos vienen del exterior, de la materia, del sufrimiento y del mal, deseando profundamente construirnos a nosotros mismos en la relación con los demás, construyendo un mundo verdadero y fraterno en el que reinen la paz y la justicia... Pero constatamos una y otra vez que todo esto termina en fracaso, debido a nuestras limitaciones, las de nuestro ser material, las del pecado, y en última instancia las de la muerte. Los primeros cristianos tuvieron la certidumbre de que un hombre, Jesús, que había vivido como ellos todas estas esperanzas y contradicciones, murió, pero al tercer día resucitó, y en adelante estaba vivo para siempre: Dios le había introducido en la vida definitiva; y además, su paso de la muerte a la vida, que le atañía en primer lugar a él, les concernía igualmente a todos. Para comprender verdaderamente lo que somos y el sentido de nuestra vida y de la historia, sería necesario poder situarnos al final de dicha historia. Ahora bien, en la resurrección de Jesús, tenemos ante nuestros ojos hecho realidad el acontecimiento del fin. En el resucitado podemos ya contemplar la meta hacia la que caminamos. Lo que se nos descubre es ni más ni menos que todo el sentido de nuestra existencia humana, personal y colectiva. En él sabemos, mejor dicho, «vemos» que la muerte es algo más, tiene otra cara oculta: la muerte es un nuevo nacimiento, desemboca en un «ser más». En Jesús resucitado contemplamos la vida de un hombre que ha triunfado, tal y como Dios nos lo había revelado en los albores del Génesis: un hombre que existe totalmente transparente para consigo mismo, totalmente orientado hacia Dios y hacia los demás, sin límites, en perfecta comunión con todos los seres y con el universo entero, con su cuerpo espiritualizado que no constituye ya un límite sino más bien un medio de comunión con todos los demás, ya que ha sido asumido en la gloria de Dios. Su resurrección constituye, en efecto, la anticipación de la nuestra. Por su resurrección, Jesús es introducido realmente en el seno de Dios. Como hijo del hombre, reúne en sí a todos aquéllos que al final de los tiempos serán igualmente introducidos en la gloria de Dios para vivir eternamente con él. De esta forma, lo que un día seremos todos nosotros se realiza ya en él. En él todos entramos en la gloria de Dios. Cierto que el cristiano continuará sufriendo la muerte, pero ya no podrá ser sorprendido por ella, ya que de antemano la ha vivido en Jesús. De esta forma, en Jesús resucitado se ha realizado todo. Dios ha cumplido su promesa para él y para nosotros. Y sin embargo, todo queda aún por hacer. Lo que se ha realizado en Jesús, no hace sino exasperar nuestra espera e incitarnos a trabajar para que la promesa se realice. La espera cristiana no tiene otro objetivo que Jesucristo que ya vino, pero al mismo tiempo espera de él algo nuevo que todavía no ha tenido lugar: espera la realización en todas las cosas de la justicia prometida por Dios, y el cumplimiento de la resurrección de los muertos prometida en su resurrección, así como el cumplimiento de la soberanía del crucificado sobre todas las cosas, prometida al ser elevado a la gloria. ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN AMIGOS!

NOTAS PARA LA SEMANA
«La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo, en días determinados a través del año, la obra salvífica de su divino Esposo. Cada semana, en el día que llamó “del Señor”, conmemora su resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua.» (SC nº. 102) «Revísese el año litúrgico de manera que… se mantenga su índole primitiva para alimentar debidamente la piedad de los fieles en la celebración de los misterios de la redención cristiana, muy especialmente del misterio pascual.» (SC nº. 107).

Así resaltaba el CV II la importancia de la Pascua, que es lo que nos disponemos a celebrar como culminación de la Cuaresma y la Semana Santa. Por eso las celebraciones de estos días exigen una especial preparación, tanto de formas (cantos, ministros, lectores, ramos de olivo, monumento, cirio pascual...), como de fondo (oración, meditación, contemplación) si se quiere vivir una Semana Santa verdaderamente cristiana, y no sólo folclórica. Ni fieles ni ministros estamos acostumbrados a algunos ritos de estos días, que no se vuelven a repetir en todo el año. Hay tres peligros que hemos de evitar a toda costa: a) La improvisación: buscar lectores en el último minuto, no tener preparados los elementos propios de cada celebración, que los ministros queden desorientados en plena celebración, sin saber muy bien "qué toca ahora" o preguntándose "esto cómo se hace"... b) El ritualismo vacío: limitarse a seguir el guión de los ritos previstos, sin vivirlos como una celebración de los misterios de nuestra fe. c) No establecer la correcta jerarquía entre las diferentes celebraciones y, dentro de cada una de ellas, entre sus diferentes partes. Iglesias y capillas se llenan el Jueves Santo, mientras que permanecen casi vacías en la Vigilia Pascual: esto revela una corregible falta de conocimiento (y de vivencia) del verdadero sentido e importancia de las celebraciones de la Semana Santa. Comentaremos ahora brevemente algunos aspectos de las celebraciones, refiriéndonos a éstas por orden de importancia: Vigilia Pascual, Viernes Santo, Domingo de Ramos y Jueves Santo. VIGILIA PASCUAL - La proclamación de la Palabra de Dios (el recorrido por los momentos fundamentales de la historia de la salvación), con el anuncio de la resurrección del Señor, es lo central de esta noche, además, obviamente, del rito eucarístico. - La liturgia bautismal es de lo más significativo de esta noche, pues el Bautismo es la incorporación a Cristo Muerto y Resucitado. Debe procurarse que los bautizos de la Comunidad se realicen en esta noche. De no haberlos, el rito de la aspersión, recuerdo/renovación de nuestro bautismo, debe realizarse con todo solemnidad. - Remarcar el canto del Aleluya y del Gloria, que se han omitido durante toda la Cuaresma. - El lucernario y el pregón pascual, aunque son ritos introductorios calan hondo en los fieles y debe aprovecharse su "tirón" para ahondar en el sentido de fiesta. - El cirio pascual simboliza a Cristo resucitado: debe resaltar, por tanto, por su tamaño, su ornato, su colocación, su calidad (cera auténtica)... - Remarcar todo aquello que ponga de manifiesto que estamos celebrando la fiesta principal de nuestra fe: adornos, luz, cantos, manteles del altar... No es superficial ni secundario el ágape posterior a la celebración que tiene lugar en muchas comunidades. VIERNES SANTO, CELEBRACION DE LA MUERTE DEL SEÑOR - El paso previo a la Pascua fue la Muerte del Señor; por eso ésta es la segunda celebración en importancia. - La muerte del Señor la vivimos en esta celebración de dos maneras: con la lectura de la Pasión y con la Adoración de la Cruz. Son, por tanto, los dos momentos centrales. - La lectura de la Pasión no es una dramatización, sino una Proclamación de la Palabra de Dios. Debe hacerse con dignidad, con solemnidad, siguiendo cualquiera de las formas ya conocidas: lectura seguida, por bloques, intercalando momentos musicales, por uno o por tres lectores... - Para la adoración de la Cruz se debe usar una Cruz de madera, que sea bien visible, facilitando que todos participen en el rito, con cantos apropiados. - La Cruz es la paradoja de Dios: donde vemos muerte, Dios pone vida; donde hemos puesto odio, Dios pone amor. La celebración debe "mostrar" esta paradoja a la comunidad celebrante. - Hoy no es día eucarístico: no se celebra la Eucaristía, aunque se comulga con el Pan consagrado el Jueves Santo y que ha permanecido en el Monumento.

DOMINGO DE RAMOS - No hay que olvidar que lo central de este domingo es la propia celebración eucarística, y no los elementos novedosos de este día. - Pero eso no quita para que tengamos presente que la Procesión con los ramos que hoy se realiza es la principal cuantas celebra la liturgia cristiana; otras procesiones de estos días son muy emotivas y muy espectaculares, pero son "otra cosa". - La bendición de los ramos debe hacerse en un lugar distinto al de la celebración eucarística, y la procesión debe resaltarse todo lo posible, incluso por encima de la misma bendición. Unos cantos adecuados ayudarán a vivir mejor el sentido de la procesión. - También hoy leemos el relato de la Pasión, para lo que valen las indicaciones hechas al respecto en el Viernes Santo. JUEVES SANTO, MISA VESPERTINA “EN LA CENA DEL SEÑOR” - En orden de importancia esta celebración es la de menor relieve en la Semana Santa aunque, como ya hemos indicado, sea la que mayor asistencia registra. - Debe procurarse que la de hoy no aparezca como la "Eucaristía" por antonomasia (aunque esto sea lo que se hace en muchas comunidades); la de hoy debe ser, es, un anticipo de la Eucaristía por antonomasia (ésta si) que es la Eucaristía pascual. - No hay elementos extraordinarios hoy, salvo a) el traslado de la Eucaristía al Monumento al final de la celebración. b) y el lavatorio de los pies; donde se haga, recuérdese a la Comunidad que san Juan, en su relato de la Última Cena, no narra la institución de la Eucaristía, sino el lavatorio de los pies, o sea, un equivalente que es el servicio a los hermanos. Y, en fin, procurar que sean celebraciones realmente comunitarias, que ayuden a vivir el misterio de la fe, que las homilías ayuden a esta vivencia, que haya unas buenas moniciones que ayuden a entender los ritos extraordinarios y, sobre todo, que quede renovada y fortalecida nuestra fe en Jesucristo Muerto y Resucitado.
EQUIPO DABAR

DOMINGO DE RAMOS

DIOS HABLA
Evangelio de Ramos: Mc 11, 1-10 1ª lectura: Is 50, 4-7 2ª lectura: Flp 2, 6-11 Evangelio: Mc 14,1-15,47

EXEGESIS
DE LA LECTURA EVANGÉLICA DE LA ENTRADA EN JERUSALEN Texto. El texto de hoy abre el cap.11 del evangelio de Marcos con una referencia a la cercanía de Jerusalén. Muy poco antes, en 10,32, Marcos escribía lo siguiente: En el camino hacia Jerusalén, Jesús iba delante de todos sus discípulos, que le seguían asombrados y asustados. Era la primera mención de Jerusalén como meta del caminar de Jesús; la de hoy es la segunda. Tras la mención de Jerusalén, el texto continúa con tres topónimos de las inmediaciones de Jerusalén. Menciones escuetas, sin añadidos, para introducir un encargo pormenorizado, preciso, soberano, de Jesús a dos de sus discípulos, con un final apremiante y perentorio: El Señor lo necesita y lo devolverá pronto. Es la segunda vez, tras 5,19, que Jesús se autodenomina el Señor, título exclusivo de Dios en el Antiguo Testamento. Desde el v.2 al 6 el texto adopta el esquema narrativo mandato – cumplimiento, recurso habitual en la épica griega y en la narrativa bíblica. A partir del v. 7 y hasta el final el protagonismo pasa de Jesús a sus seguidores. Son éstos quienes toman la iniciativa de un cortejo festivo, con vítores a Jesús, en quien identifican al enviado por Dios para restablecer el Reino de David. Puntos de reflexión. El texto de hoy es un claro ejemplo de interpretación de una palabra según el conjunto de valores de cada hablante. La palabra Jerusalén tenía connotaciones diversas para Jesús y para sus acompañantes. Para Jesús connotaba su muerte y resurrección; para sus acompañantes, la instauración del anhelado reino de David. La connotación de Jesús había suscitado en sus acompañantes asombro y miedo; la connotación de éstos suscitó en Jesús paciencia ilimitada. El borrico es el símbolo buscado de esa paciencia. Una vez más tenemos que reconocer que los caminos del Señor no son nuestros caminos. ¿Para cuándo la convergencia de ambos? ¡La Semana Santa que hoy iniciamos es una ocasión magnífica para darle vueltas a esta pregunta. ¡Que el Señor nos ayude a discernir caminos!
ALBERTO BENITO alberto@dabar.net

DE LA LECTURA PROFÉTICA Se trata del tercer canto del siervo, aunque no se le cite expresamente. Seguramente nunca quedará del todo clara la identidad del que habla: Isaías, Darío, el pueblo que vuelve del destierro, una figura emblemática... Pero sí sabemos que en estos poemas del segundo Isaías, los primeros cristianos hallaron una poderosa luz para entender y superar el escándalo de la cruz. El canto, que incluye también los dos siguientes versículos, nos presenta a esta figura en tres actitudes: docente/discente dócil (vv. 4-5), siervo sufrido (6-7), reo inocente y seguro de su valedor (8-9). Quien seleccionó los versos que se leen en la liturgia prefirió las dos primeras actitudes, pese a que las dos últimas parecen ofrecer mejor paralelismo con el Cristo paciente, ultrajado y encausado. No es muy claro el sentido del primer verso, aunque en la versión que leemos (que es la más común entre las traducciones modernas) resulta muy hermoso: “lengua de iniciado” o de instruido (linguam eruditam, tradujo Jerónimo; glôssan paideías ofrece la LXX; “lengua dócil” prefiere la Biblia de Jerusalén) para saber decir al abatido una palabra de aliento. Me espabila el oído “para que escuche como los iniciados” o como los instruidos (ut audiam quasi magistrum, insiste la Vulgata). Leamos una versión judía al castellano actual, en la que se aprecia parecida indecisión a la hora de traducir el mismo término (limudim):

“El Eterno Dios me dio (a mí, Isaías) la lengua de los que están instruidos, para enseñar al que está ávido de la palabra de Dios. Me despierta todas las mañanas, despierta mi oído para que yo oiga como los discípulos”. Discente o docente, a la larga, son dos caras de la misma moneda: homines dum docent discunt (las personas mientras enseñan, aprenden) sentenció el refrán latino. Hoy por hoy, nos preocupa más saber si es o no “decente” la postura sumisa y humilde del humillado. Hágase la prueba de leer el canto entero, porque el final que le da Isaías: “El señor me ayuda ¿quién me condenará? (Is 50,9) no es lo mismo que entonar el estribillo, desgarrador, con que respondemos al salmo 21: “Dios mío , Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Nos hallamos ante una paradoja parecida a la que nos suscita constatar que quien aconsejara ofrecer la mejilla izquierda a quien te abofetea en la derecha (Mt 5,39), supo rebelarse contra el que le abofeteaba gratuitamente: “si he hablado bien, ¿por qué me pegas? (Jn 18,23). La mansedumbre, la humildad, son indudablemente valores cristianos; pero “ofrecer el rostro como pedernal” y “no quedar avergonzado”, como hoy leemos, pueden estar indicando que no es decente, ni conveniente, contribuir al pecado de quien te humilla. Sin olvidar que en el Humillado se revela el auténtico rostro de Dios y que su silencio en la cruz hace menos incomprensible el dolor de los que sufren, si, como nos permitió entrever Bonhoeffer, el silencio de Dios no es la ausencia de la Palabra, sino su profundidad (Entre la galería de Mártires del siglo XX en la Abadía de Westminster figuran las estatuas de la Madre Isabel de Rusia, Martin Luther King Jr., el Arzobispo Óscar Romero, el Pastor Dietrich Bonhoeffer. Humillados que nos siguen alentando). O si, como sugiere Juan de la Cruz, otro humillado, Pascua es pasar por la nada para acceder al Todo.
JEREMIAS LERA jeremias@dabar.net

DE LA LECTURA APOSTÓLICA En el contexto de la Semana Santa el sentido del conocidísimo himno prepaulino de Filipenses aparece con mayor claridad, si ello fuera posible. En efecto, no se trata de subrayar sentimentalmente los sufrimiento de Jesús – así se interpreta a veces el “y muerte de cruz”, probablemente la aportación de Pablo al himno original, – sino de notar su total solidaridad del Hijo con la raza humana y su participación en nuestro destino hasta sus últimas y terribles consecuencias. Llega hasta la muerte y hasta tal muerte, causada por las circunstancias históricas de su vida y su actividad. El sujeto del himno es el Hijo/Jesucristo, sin hacer muchas referencias soteriológicas que se encuentran en otros textos paulinos. En contraste Con Adán que quiso ser lo que no podía ser, el Hijo vive en la tierra como uno de tantos, renunciando a actuar como lo que realmente es. No se trata de afirmaciones ontológicas sobre un “vaciamiento/kénosis” del ser divino, que es imposible de abandonas, sino de proposiciones históricas referentes a la vida terrestre de Jesús. Es otro modo de decir, más teórico si se quiere, lo que la Pasión narra, teniendo en cuenta que “lo de Jesús” no comienza absolutamente con su aparición en el mundo y en la historia, sino tiene una “prehistoria”. Llegado a lo más hondo y oscuro de la condición humana, la exaltación de Jesús es el destino definitivo en la nueva vida del Resucitado, a la que nos abre camino, igual que se unión en el movimiento descendente al hacerse hombre completo y sufrir las consecuencias.
FEDERICO PASTOR federico@dabar.net

NOTAS PARA LA HOMILIA

UN DOMINGO MESIANICO El tema central del Domingo de Ramos es el del Mesianismo. El Mesianismo tiene varias etapas en la Biblia. Pero en sí la idea más profunda de Mesías que el pueblo de Israel asumió consiste en la espera de la aparición escatológica de un líder carismático descendiente de David, que habría de instaurar definitivamente en la tierra el derecho y la justicia. La idea del Mesías y de los tiempos mesiánicos estaba fundada en la esperanza de que Dios cumpliera plenamente las promesas hechas al pueblo escogido, a la nación que él se había escogido como su heredad. La llegada del Mesías -enviado, ungido, siervo- de Dios es la instauración del Reinado de Dios en la historia y en el Tiempo, y es allí donde, según la concepción judía, Israel se vengaría de los paganos, de los no judíos. La idea mesiánica del Antiguo Testamento está basada en la fuerza político-militar de un enviado del Dios de Israel para dominar a todas las naciones de la tierra y hacer que Israel se convirtiera en una nación fuerte y poderosa capaz de someter a todos los pueblos que no tienen a Yahveh por Dios. El Mesianismo es una de las herencias que recibe el Nuevo Testamento de la tradición veterotestamentaria. En tiempo del Nuevo Testamento, gobernado el mundo de entonces por Roma con toda su fuerza, riqueza y pretensiones, también hay grupos mayoritarios que esperan la llegada definitiva del Mesías que los liberará del domino explotador romano. Todos entonces esperaban la intervención de Dios en la historia a través de un líder que fuera capaz de derrocar el poder imperial y hacer de Jerusalén la gran capital de Israel. Cuando Jesús asume la realidad del Mesianismo, sabe que le va tocar enfrentarse a tres fuerzas que son: - la clase religiosa de su tiempo, que no concebía a un Mesías pobre, sin armas, sin ejércitos, y menos aún a un Mesías que criticara el actuar de los líderes de ese momento. Ellos serán los primeros en oponerse a creer que Dios se sirva de un ser humano que nació en una familia pobre para anunciar la llegada inminente del Reinado de Dios; - la gente también será una fuerza de oposición para la propuesta de Mesianismo que Jesús viene enseñando, ya que ellos que han sufrido la explotación, el hambre y la muerte de cerca, no son capaces de aceptar al Mesías salido de esa realidad de miseria y de explotación, ni son capaces de asumir el nuevo planteamiento que Jesús les va a hacer; - y Roma, que será el más grande afectado si permite que la enseñanza del revolucionario Jesús de Nazaret se propague. Por eso busca por todos los medios aliarse con el poder religioso y manipular a la población aturdida para que se alíe para matar a Jesús. El Mesianismo de Jesús está basado en el servicio a los más vulnerables de la tierra y en la inclusión de todos aquellos que el legalismo judío y el poder Romano habían excluido y condenado. Su Mesianismo entonces supera la idea nacionalista, militar y política corno se entendía en el Antiguo Testamento.
EQUIPO DABAR

LA MISA DE HOY
RITO DE LA BENDICIÓN DE LOS RAMOS SALUDO Jesucristo, el Señor, cuya entrada triunfal en Jerusalén celebramos en este día, esté con todos nosotros. ENTRADA Queridos hermanos: en el camino de la cuaresma nos hemos preparado para celebrar el núcleo de nuestra fe cristiana: la muerte y la resurrección del Señor. Hoy, cerca de la luz Pascual, del triunfo de la vida, estamos reunidos para celebrar, en comunión con toda la Iglesia, la Semana Santa, para hacer presentes los acontecimientos que llevaron a Jesús a su Cruz y Resurrección, y que comenzaron con su entrada triunfal en Jerusalén.

Esto es lo que ahora recordamos con nuestra procesión y ramos. Que estos ritos sean expresivos de nuestra fe, de la certeza de que Cristo vive y actúa en medio de nosotros. ORACION PARA LA BENDICION DE LOS RAMOS Haz crecer cada día, Señor, nuestra fe, y atiende las súplicas de cuantas personas acudimos a Ti, para que quienes alzamos estos ramos en honor de Jesús permanezcamos siempre con El, dando frutos de amor para bien de todos los hombres. Por Jesucristo. (En silencio se rocían los ramos con agua bendita) MONICIÓN A LA LECTURA EVANGELICA El nuestro no es un rey encumbrado sino cercano, de a pie, porque así es mucho más fácil estar disponible para todos y así se hace cercano y vivo el Amor de Dios, en Jesús, que es aclamado por el pueblo sencillo como el que llega en nombre del Señor. MONICION A LA PROCESION Igual que el pueblo fiel y sencillo aclamó a Jesús en su entrada en Jerusalén, nosotros lo hacemos en este día, expresando nuestro deseo de seguirle cada día y de caminar a su luz, anticipando su vida sin fin.

RITO DE LA MISA MONICIÓN DE ENTRADA Vamos a comenzar la celebración de la eucaristía en este llamado Domingo de Ramos, una ocasión privilegiada para profundizar en el conocimiento de Jesús, su vida y su misión. Quizá somos con frecuencia demasiado presuntuosos al pensar que ya conocemos a Jesús, que sabemos su vida y su historia, cuando en realidad no pasamos de lo más exterior y anecdótico. Vamos a romper con esa presunción y a contemplar de verdad el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesus. SALUDO Cristo el Señor, a quien el Padre concedió el Nombre-sobre-todo-nombre, esté siempre con todos vosotros. ACTO PENITENCIAL (Para las misas en que no se hacen los ritos anteriores; para las que sí se hacen se sigue directamente con Oración Colecta) -Tú, que nos enseñas el único camino de la vida. Señor, ten piedad. -Tú, que te entregas por nosotros. Cristo, ten piedad. -Tú, que nos llamas a todos a construir el Reino. Señor, ten piedad. MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA Isaías nos hace una descripción del Siervo de Dios, siervo identificado con los profetas y, finalmente, con Cristo. SALMO RESPONSORIAL (Sal 21) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere». Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA Pablo nos recuerda que Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría, sino que se hizo un hombre más en todo, menos en el pecado. MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA Jesús entra en Jerusalén y es aclamado como el Enviado de parte de Dios; buenas palabras que, luego, no coincidirán con los hechos de aquellos mismos hombres. ORACIÓN DE LOS FIELES Reunidos, hermanos, para celebrar el Domingo de Ramos, oremos a Dios nuestro Padre y que todo el mundo se beneficie de su amor: -Para que la Iglesia esté‚ siempre libre de todo mal. Roguemos al Señor. -Para que los enfermos tengan atención médica y cariño. Roguemos al Señor. -Para que los tristes encuentren consuelo y alegría. Roguemos al Señor. -Para que los pobres y los oprimidos alcancen su liberación. Roguemos al Señor. -Para que nuestra comunidad (parroquial) experimente en estos días un especial encuentro con Jesucristo. Roguemos al Señor. Oracion: Que lleguen a ti nuestras oraciones, Padre, y tu amor nos ayude siempre. Por J.N.S. DESPEDIDA Estemos donde estemos durante estos próximos días, en casa, en el trabajo o de vacaciones, hemos de esforzarnos por recuperar el hondo sentido y la profunda significación que estas fechas tienen para los que nos proclamamos cristianos; que la Semana Santa de este año no sea una más, sino una muy especial que nos reafirme en nuestra fe y nos anime a llevar una vida más coherente con nuestra convicción de que somos hermanos, hijos de un mismo Padre.

CANTOS PARA LA CELEBRACIÓN
Bendición de Ramos y Procesión: Lauda Jerusalem (popular); Hosanna al Rey de los Cielos (disco "Cantos para participar y vivir la Misa"); Hosanna, Hosanna (disco "Hoy vuelvo de lejos"; es un canto propio y exclusivo de este momento); Alabad al Señor (popular); Hosanna al Hijo de David (de Palazón); Qué alegría cuando me dijeron; Alégrate y goza, Jerusalén (de Palazón). Salmo: Dios mío, de Cantalapiedra, o LdS. Aclamación antes del Evangelio: Cristo por nosotros (disco "Hoy vuelvo de lejos", de Erdozáin). Lectura de la Pasión: Podrían intercalarse algunas breves aclamaciones, por ejemplo: Victoria, Perdona a tu pueblo, Por las calles de Jerusalén, Pedro te negó tres veces, ¿Dónde estabas cuando crucificaron a Jesús?, etc. Ofertorio: ¿Cómo le cantaré al Señor? (de Cantalapiedra). Comunión: Beberemos la copa de Cristo; ¿Cómo pagarle al Señor? (de M. Alonso); Cerca de ti, Señor.

JUEVES SANTO

DIOS HABLA
1ª lectura: Ex 12, 1-8.11-14 2ª lectura: 1 Cor 11, 23-26 Evangelio: Jn 13, 1-5

EXEGESIS
PRIMERA LECTURA Acostumbrados como estamos al calendario solar, a algunos les resulta molesta la movilidad de la semana santa. Es una fiesta lunar y le plantea problemillas a los “solares”. ¡Los devaneos de las gentes en la edad antigua por acomodar sus vidas a un calendario bien acompasado al ritmo de los astros!. Julio César (con una manita que le echó el papa Gregorio XIII a finales del XVI) dejaron establecido el que ahora seguimos en buena parte del mundo. Los musulmanes siguen uno lunar. Y lunar es el calendario de los que escribieron y de los primeros oyentes y lectores de este texto. Un texto con sabor añejo; la traducción litúrgica ha conseguido, en buen castellano, un regusto épico; su repetición anual ha creado una cadencia. Es una fundación: la fundación de un nuevo pueblo merece

la refundación del calendario. O los que deciden cambiar el calendario se remontan a la fundación del pueblo para que todos la den por buena. El capítulo 12 en su primera parte (vv. 1-20) se debe a la pluma del redactor Sacerdotal (P), del 20 al 40 es mano de Elohista (E) y vuelve a aparecer la pluma del Sacerdotal en los últimos 10 versos. La forma tradicional de empezar el año era en otoño y llamar los meses según fenómenos naturales propios de la estación. Al final de la época monárquica se adoptaron los nombres babilónicos y se pasó a comenzar el año en primavera (El calendario romano primitivo, también empezaba el año en primavera, en marzo; y de ahí el ilógico nombre numeral de los últimos cuatros meses). Precisamente en la época del exilio la influencia de la astrología mesopotámica se hizo sentir palpablemente en la redacción sacerdotal y en su constante preocupación por datar. De manera que el redactor sacerdotal nos hace un puente desde la época mosaica a la época postexílica. La liturgia a su vez nos anima a dar el salto contrario: hacia el culmen de la historia: cuando las jambas de toda la humanidad quedan teñidas por la sangre del cordero. Los monitores de TV o de internet, esas ventanas por las que nuestra “tienda” de campaña se asoma al mundo, aparecen teñidos con sangre de corderos inocentes; y ni siquiera todas las sangres tienen acceso a esa pantalla. Pero haylas. Y es amargo el regusto de ser humano cuando uno ve la in-humanidad hecha injusticia. Como amarga fue, es y será la esclavitud.
JEREMIAS LERA jeremias@dabar.net

SEGUNDA LECTURA Este texto es claro por su paralelismo con las correspondientes narraciones sinópticas, especialmente con la de Lucas. Pero es el relato de la Eucaristía más antigua, pues la carta procede aproximadamente del año 55 y, como el mismo Pablo dice, presenta un texto anterior. La versión paulina y lucana subraya particularmente el valor salvador de la Eucaristía y ha sido recogida en la liturgia actual. Además de los temas eucarísticos ordinarios, que tienen su apoyo en estos texto, el día de hoy conviene resaltar la última frase de la perícopa, que empalma más directamente con la Pasión por un lado y con la parusía por otro. La Eucaristía, según Pablo, tiene una especial memoria y actualización de la muerte del Señor. El creyente que participa en ella se une al Señor. Pero al Señor muerto, es decir, al real, histórico, no únicamente soñado, aunque tal unión sea, evidentemente, de un carácter misterioso y, si se quiere, místico. Por otro lado, como en Pablo muerte y resurrección son inseparables, también el cristiano establece comunidad con el Señor resucitado, vivo actualmente. Participa así también de la nueva situación que Cristo tiene para si y para los que en él creen. Pero ello no puede hacernos olvidar el modo concreto en que esto se llevó a cabo, que recordamos y vivimos cada Pascua. De ahí la posibilidad y aun probabilidad de que también al que confiesa a Jesús le corresponda participar en una muerte y una resurrección. Por otra parte el obvio que este proceso de unión no ha llegado todavía a su total consumación y , por tanto, esperamos la realización total del Reino puesto en marcha por el Señor. Unirse con él es entrar en este reino y esperar la recapitulación definitiva, cuando vuelva y presente el mundo al Padre.
FEDERICO PASTOR federico@dabar.net

EVANGELIO Texto. Los tres primeros versículos gravitan sobre tres gerundios (sabiendo, habiendo amado, sabiendo) que retardan el comienzo de la acción. El resultado es una prótasis sin prisas, lenta, que confiere a la escena un aire solemne y grave. La hora del reencuentro de Jesús con el Padre; la hora de la culminación de la capacidad de amar por parte de Jesús; la hora del poder de Jesús. La lentitud y solemnidad de la prótasis contrasta con el ritmo rápido y directo de la apódosis en los versículos 4-5, conformados por una secuencia de hechos corrientes, que no parecen tener final: se levanta, se quita el manto, se ciñe la toalla, echa agua, se pone a lavar los pies. Si la prótasis era ausencia de acción, la apódosis es acción desbordada. Secuencia de hechos propios de esclavos en época de Jesús. La majestuosidad de la reflexión en los vs.1-3 contrasta con la vulgaridad de las acciones en los vs.4-5. ¡El amor y el poder de Jesús explicitados a través de acciones corrientes, insignificantes! Este comportamiento de Jesús cobra, a su vez, relevancia significativa por el momento en que acontece: la inminencia de la muerte. Pedro no acepta el comportamiento de Jesús. Desde el comienzo del cuarto evangelio el lector sabe que Pedro es la piedra del edificio creyente (Jn.1,42). En el texto de hoy comienza la particular crítica del autor del cuarto evangelio a Pedro, crítica que se prodigará a lo largo de lo que resta del mismo y a la que dará salida positiva en el capítulo 21, al que remite el más tarde de la frase del v.7 de hoy: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Es, en efecto, en 21,15-19 donde Pedro hace profesión expresa de amor a Jesús y de comprensión de su comportamiento en la última cena. El comportamiento de Jesús llama a un comportamiento semejante en sus discípulos. Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros (v.14). Pedagogía de la imagen que entra por los ojos. Lavar los pies es un ejemplo, uno entre mil posibles. Os he dado ejemplo para que hagáis vosotros lo mismo que yo he hecho. Lo realmente importante no es el ejemplo concreto sino aquello a lo que el ejemplo apunta: servicio mutuo, de pequeños gestos, callado, alejado de todo marketing, sin búsqueda de notoriedad. Puntos de reflexión. En la hora culminante de Jesús, el autor del cuarto evangelio presenta un signo del amor y del poder de Jesús. Resaltemos ambos substantivos: amor, poder. Este texto hace añicos el esquema amo-esclavo en particular y el extendido esquema de ejercicio social y político del amor y del poder en general. Pedro ejemplifica lo difícil y costoso que es esta ruptura. El amor y el poder son un largo esfuerzo que, al parecer, no todos entendemos ni estamos dispuestos a hacer. La Iglesia es la comunidad de los creyentes que aman hasta dar la vida por los demás. La cruz es el ejercicio máximo del amor y del poder. En la cruz acontecen el amor y el poder. El amor que se entrega sin reservas: ¡Ésta es la credencial del poder del creyente!
ALBERTO BENITO alberto@dabar.net

NOTAS PARA LA HOMILIA
Nos encontramos en los días más importantes del año para nosotros los cristianos. La misa de la Cena del Señor en el Jueves Santo abre el Santo Triduo Pascual, los días de su pasión, muerte y resurrección. Toda la Semana Santa es nuestra Semana Grande, ya desde la entrada de Jesús en Jerusalén, pero los días centrales son los tres finales: Viernes Santo de la pasión y muerte, Sábado

Santo del sepulcro y el silencio y el Domingo de Resurrección, la explosión de alegría final, la apoteosis que cierra la vida temporal de Jesucristo y le devuelve a la eternidad de Dios, desde la que se encarnó y nació de Santa María la Virgen. La Cena del Jueves Santo es, en realidad, el preludio. Forma parte del Triduo Sacro pero como una introducción a él. De hecho, la cena de Jesús con sus discípulos es la que contiene las claves para que sepamos interpretar los acontecimientos de los días sucesivos. Jesús va a darle un nuevo sentido a la pascua de los judíos; o, mejor, va a inaugurar una nueva Pascua. La fiesta por la liberación del pueblo al salir de la esclavitud de Egipto se convertirá en la fiesta por la liberación del pecado y de la muerte. El cordero sacrificado para compartir en cada casa y con los de fuera va a ser sustituido por el sacrificio de Jesús, el Cordero entregado cuya sangre libera de la muerte y del pecado. El éxodo del pueblo judío en el paso del Mar Rojo se va a convertir en el éxodo de Jesús al pasar de la muerte a la vida. Como decía al principio, la celebración de la cena de pascua nos da la clave de lectura de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Las autoridades han decidido dar muerte a Jesús; gracias a la traición de uno de los suyos, lo apresarán, lo torturarán y le darán muerte en una cruz como a un malhechor. Jesús conoce de antemano ese destino y lo ha aceptado por fidelidad al hombre y a Dios. Su muerte es una entrega, un sacrificio sacerdotal por los pecados de todo el mundo, una ofrenda voluntaria que expía los crímenes y delitos de toda la humanidad. Así, en la muerte de Jesús, toda la humanidad queda reconciliada con Dios. Jesús lo ha hecho, uno por todos. Es más, el sacrificio de Jesús no acabará en la muerte, sino que el Padre lo va a resucitar al tercer día. En la propia muerte de Jesús, su resurrección le ha dado vencimiento. El pecado y la muerte no tienen ya efecto para quienes creen en Jesús, el Hijo de Dios, que se ha entregado en sacrificio y que ha sido resucitado para la gloria. Y en la cena se recuerda la pascua de los judíos, pero se prefigura, mejor, se anticipa la entrega de Jesús; esta vez a los suyos, a su comunidad. La institución de la Eucaristía hará siempre referencia a su sacrificio en la cruz, pero Jesús se ha entregado antes, en el pan y en el vino, como alimento para los suyos. Y no sólo como alimento, también como vínculo de comunión con él y con los demás. Y no sólo como alimento y vínculo de comunión, sino como signo de amor que emana de la mayor manifestación de amor: Dar la vida por los que ama. Y en la Cena, la despedida. Un solo mandamiento; demasiados tenía el judaísmo. Incluso el Decálogo queda ya atrás; ahora, Jesús establece un solo mandamiento: hacer como él, amar como él, darse como él, entregarse como él; no consiste ya en amar como a ti mismo, sino como yo os he amado. Así, de verdad, sin reservas y por todos, incluidos los enemigos. El camino para vivir así, para amar así, para darse así no es otro que el camino de servir. El servicio al otro, a cualquiera, es la única manera de no endiosarnos, de superar las envidias y enemistades. Mientras servimos no nos sentimos señores de nadie y dejamos que Jesús sea el Señor. En este día se celebra también el día del amor fraterno. Cáritas nos recuerda que la Eucaristía, dignamente celebrada y compartida, es fuente de comunión y de solidaridad. Y el amor debe concretarse en vivir solidariamente, sobre todo en estos tiempos en los que la crisis económica afecta a tantas y tantas familias. Que esta celebración eucarística nos haga replantearnos nuestro espíritu de solidaridad y de comunión con los más necesitados; y que la celebración del Triduo Pascual nos lleve a la comprensión del misterio de Cristo para que sigamos sus pasos más conscientemente y con todas sus consecuencias.
JUAN SEGURA juan@dabar.net

LA MISA DE HOY
LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA En esta tarde santa vamos a hacer presente aquí la última cena del Señor con sus discípulos. La celebración de la pascua judía nos ayuda a interpretarla. La institución de la Eucaristía, el mandamiento nuevo y el lavatorio de los pies le dan un contenido diferente. Es la hora de la despedida porque es la hora de la entrega. La Nueva Alianza de Dios con los hombres se va a manifestar en el sacrificio de Jesús. Su paso de la muerte a la vida será el contenido de la nueva Pascua cristiana. Bienvenidos a esta celebración que abre el Triduo Sacro. Bienvenidos a la Cena y a la Pascua del Señor. ACTO PENITENCIAL - Tú, el Cordero Pascual sacrificado por todos. Señor, ten piedad. - Tú, presente hasta el fin del mundo en el pan y el vino eucarísticos. Cristo, ten piedad. - Tú, que nos amas y quieres que nos amemos de la misma manera. Señor, ten piedad. MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA La Pascua era la fiesta más solemne para los judíos. En ella conmemoraban su fundación como pueblo cuando fueron liberados por Moisés de la esclavitud en Egipto y adquirieron la libertad. La sangre de un cordero los libró de la muerte la noche de la salida. Con un cordero lo celebraban también cada año. El banquete era no sólo una reunión familiar sino que se compartía con quienes estaban solos. Esta pascua judía iluminará el significado de nuestra Pascua cristiana. MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA La liturgia de hoy toma el relato de la institución de la Eucaristía de la carta de Pablo a los Corintios, de manera que dedica el evangelio al exclusivo relato del lavatorio de los pies en el evangelio de San Juan. Pablo recuerda la tradición recibida de los apóstoles para que la Eucaristía tenga su continuidad en el tiempo, se recuerde siempre el sacrificio de Jesús hasta su regreso en gloria y sea vínculo de unión fraterna en la comunidad. SALMO RESPONSORIAL (Sal 115) El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo. Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo. MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA San Juan incluye este significativo texto del lavatorio de los pies en la Última Cena. Las posibilidades de que fuera una escena histórica son escasas, pero la reflexión que la comunidad de Juan ha hecho acerca de la Eucaristía le lleva a relacionarla con el servicio a los demás; a interpretar su entrega y muerte en la cruz como un servicio a todos y al Padre. Y lo plantea de una forma radical y exigente: El que no esté de acuerdo, “no tienes nada que ver conmigo”. Eucaristía, amor fraterno, entrega, comunión... sólo son posibles desde el camino que recorre el que sirve. ORACIÓN DE LOS FIELES La Eucaristía es también oración. Pongamos ante el Padre nuestras peticiones. - Por la Iglesia de Cristo, para que ame y sirva a ejemplo de su Maestro. Roguemos al Señor.

- Por las autoridades que rigen pueblos y naciones, para que lo hagan con espíritu de servicio al bien de todos. Roguemos al Señor. - Por los que padecen hambre, para que se resuelva para siempre la vergüenza del hambre en el mundo. Roguemos al Señor. - Por los que atraviesan por situaciones difíciles, para que no pierdan la esperanza ni las ganas de luchar. Roguemos al Señor. - Por la caridad y el amor entre los cristianos, para que la entrega de Jesús sea nuestro paradigma. Roguemos al Señor. - Por todos nosotros, para que la vivencia de esta Pascua afiance nuestra fe en la resurrección. Roguemos al Señor. Oración: Tú siempre nos escuchas, Padre, y nos das lo que más nos conviene; al celebrar la Cena del Señor, derrama sobre tus fieles los beneficios de la Eucaristía, prenda de la vida eterna. Por JCNS. TRASLADO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO Con solemnidad y reverencia, acompañado de cantos, de velas y de incienso, trasladaremos ahora procesionalmente el Cuerpo de Cristo, consagrado en esta misa de la última Cena, hasta el Monumento. Allí quedará para nuestra oración y adoración hasta la celebración litúrgica de mañana, viernes. Y puesto que el Viernes Santo no se celebra la Eucaristía, el pan consagrado que ahora veneramos y reservamos será el que comulgaremos en la celebración de mañana. La celebración de hoy termina en silencio, sin palabras, sin música, sin cantos, una vez cerremos el sagrario del Monumento. Os recordamos que tendremos la vigilia eucarística esta noche a las....... y que mañana, la celebración litúrgica de la Pasión del Señor será a las ....... de la tarde. Demos inicio a la procesión eucarística.

CANTOS PARA LA CELEBRACIÓN
Entrada: Después de haber ambientado la celebración con buena música polifónica o gregoriana, como cantos de entrada proponemos los siguientes: El Señor nos ha reunido junto a Él (Kairoi, disco "Vive"); Con nosotros está el Señor (de Erdozáin, disco "15 Nuevos Cantos para la Misa"); Danos un corazón grande para amar (1CLN-718). Gloria: Gregoriano, de la Misa de Angelis. Salmo: El cáliz... (de Cols); el LdS. Aclamación antes del Evangelio: Un mandamiento nuevo (popular). Ofertorio: Ubi caritas; Dios es Amor (disco "Dios es Amor"). Santo: Gregoriano. Aclamación al Memorial: 1CLN-J 22. Comunión: El gran convite (disco "Cantos para participar y vivir la Misa"); Donde hay caridad y amor (1CLN-O 26); Comiendo del mismo pan (de Madurga). Traslado del Santísimo: Cantemos al amor de los amores; Tantum ergo, Proclamemos el reino de la vida (Congreso de Sevilla); Cerca de Ti, Señor.

MEDITACIÓN ANTE EL MONUMENTO
Cuando Pedro dijo que no En esta noche de la fiesta del amor fraterno, vamos a orar recordando los actos de quienes, amando al Señor con todo su ser y siendo sus amigos más cercanos, le traicionaron en el extremo de su debilidad.

Jesús lo dio todo por ellos; se entregó hasta el límite de su amor, venciendo la resistencia humana a dejarse entero en manos del Señor y ampliando así las posibilidades de entrega de todos los que habríamos de seguirle. Intentaremos ponernos en la piel de Pedro. Haremos el camino desde la primera negación (“Aunque todos caigan, yo no”) hasta el llanto amargo del arrepentimiento que se siente después de abandonar al amigo que nos abrió nuevos horizontes y nos llevó más allá de las normas y los senderos trillados; más allá del ojo por ojo, más allá del cumplo-y-miento. Aunque todos caigan, yo no Jesús, amigo, estoy contigo en esta noche de sufrimiento. Estoy a tu lado y me siento fuerte. Mi fe es inmensa, mi fortaleza se nutre de la tuya y estoy seguro de poder seguirte a donde tú vayas. Sé que nada ni nadie me ha de desviar de tu camino, que no habrá fuerza capaz de apartarme de tu lado. Cuenta conmigo, Jesús, amigo. Cree en mí como yo creo ahora en mis fuerzas. Confía en mi amor como yo confío en el tuyo. No te abandonaré. Aunque todos caigan, yo no voy a caer. Soy el elegido, el mejor de tus discípulos, el ejemplar, el fuerte. Pero, Señor, ¿qué te hace mirarme con tanta lástima? ¿No crees que sea sincero, que mi determinación sea clara? ¿Por qué me hablas con tanta dureza? ¿De verdad me crees capaz de negarte? Simón, ¿duermes? Sí amigo, duermo. Duermo de fatiga y de agotamiento. Duermo y te falto, sintiendo que me conoces mejor que yo mismo. Porque mi fe sigue siendo la misma, pero algo tira de mí para satisfacer mi debilidad. Y mi orgullo, herido, se deleita en mi derrota. Porque no soy digno de ser tu elegido, ni casi de ser uno más del montón. Te estoy abandonando. Tanto como dije hace unas horas, y ahora no soy capaz ni de mantener mis ojos abiertos, mucho menos de sufrir contigo. Tenías razón. Mi espíritu es fuerte, mi carne es débil. Ni la ambición de hacerme mejor que todos éstos que nos acompañan me ha sostenido en este momento de prueba. Me conoces desde el vientre de mi madre, y ni cambiándome el nombre, ni prometiéndome ser el puntal de tu Iglesia has conseguido hacer de mí una persona de confianza. Porque yo no he dejado a tu espíritu acampar en mi alma. Me he resistido a tu acción, he desdeñado tu misericordia. También tú andabas con ellos Hay que ver, la tonta ésta, criada nada más, ¿quién se cree que es? ¿Cómo puede ponerme así en evidencia? ¿No ve que me va a meter en un lío? Andar con el Nazareno, pues sí, andaba. Pero… bueno, no tanto. En el fondo yo sabía que esto no podía acabar bien. Tenía que haberme distanciado a tiempo. Todo lo del Reino y eso, pues sí, parecía buena idea. Pero el mundo es como es, no le demos más vueltas. ¿Qué iban a cambiar doce pobres pescadores con un loco a la cabeza? Si es que no aprendo. Prudencia, Pedro, aún puedes salvar el pellejo. Si lo piensas bien, puedes sacar algo en limpio… Ahí vuelve, la mentecata. ¿Qué es eso? ¿El gallo? Sí, el gallo ¿Cómo podía saber Jesús que yo…? Lo sabía, sí. Me conoce mejor que nadie. Porque me ama… Y rompió a llorar… Perdóname, te he fallado. Yo era el discípulo favorito. Era tu amigo, me creía el mejor. Dime qué hago ahora. Ya no hay nada que quiera ocultarte. Ahora conoces mis miserias y mis secretos: soy un fanfarrón. No ha hecho falta ni un tribunal, ni una amenaza de tortura. Una simple criada me ha destapado. Unas cuantas miradas acusadoras han podido conmigo y he negado conocerte, haberte seguido y ser de los tuyos. Si tú me has dado la vida, la vida verdadera. Tú me has hecho ver más allá de la rutina, más allá de la ley, más allá de las reglas que garantizan el premio pero no la plenitud ni la felicidad. Me has hecho ver cómo de grande puede llegar a ser mi corazón, y yo te he pagado reduciéndolo hasta la medida de mi miedo y mi egoísmo…

No tengo remedio. Estoy en tus manos. Dependo de ti. Si tú quieres, yo puedo. Estoy dispuesto a volver a intentarlo. Procuraré presumir menos y trabajar más. Pensaré menos en mis fuerzas y más en confiar en ti. Seré de los tuyos, humildemente, con perseverancia, si tú aún me quieres… Déjame ir contigo. Poco valgo, pero quiero servirte. Mi llanto es sincero…
AURORA GONZALO aurora@dabar.net

VIERNES SANTO

LA DEBILIDAD DE DIOS Jesús entra en nuestra historia como un niño inevitablemente débil y muere como un hombre sin ningún poder social. A lo largo de su vida la encarnación la hace cotidianidad acercándose a las personas, no desde la imposición de la fuerza, sino desde la proximidad de su ser expuesto a los demás. En Jesús, Dios se expone, se arriesga, corre peligro al presentarse ante la humanidad en la debilidad de una existencia que se nos acerca sin ninguna fuerza armada ni institucional, simplemente como un hombre que expresa la sabiduría de Dios sin amparo alguno, sin el aval de títulos certificados, sino tan sólo con la autoridad que brota de su propia persona.

Jesús no forma un pueblo innumerable como Abrahán, ni lo saca de la esclavitud como Moisés, ni lo hace fuerte como David, ni construye un templo como Salomón… Muerto en la plenitud de su vida nos está expresando la radical debilidad de un Dios que se pone en nuestras manos y se expone a sufrir. La cruz de Jesús está formada por el amor vulnerable de Dios que se arriesga en la historia. Jesús es la debilidad de Dios y la debilidad de Dios nos descoloca. En muchas ocasiones se ha presentado la imagen de un Dios inalcanzable por el sufrimiento humano, repartiendo gracias desde la distancia de su cielo inaccesible, desde su felicidad inmutable. El dolor se veía exclusivo de la condición humana. Sin embargo, en Jesús se nos revela que el sufrimiento de cada persona es también el sufrimiento de Dios, que el dolor del mundo es la pasión de Dios y que, en consecuencia, la pasión por Dios tiene que ser inseparablemente la pasión por este mundo. La imagen de Jesús en la cruz es la expresión máxima de la debilidad de Dios pero también de su amor fiel e insuperable. En ella aparece Jesús como “un maldito”. No sólo se crucifica a su persona sino también todo su proyecto. El Reino de Dios parece desangrarse y morir con el Crucificado. En la cruz se nos revela lo cruel e injusta que es cualquier agresión a la vida. Cuando herimos a los demás, por acción o por omisión, herimos también a Dios, o cuando apartamos el rostro y la mirada de las personas destruidas (Is 53,3) o de sus verdugos, estamos huyendo del rostro del Dios vivo. En Dios, la debilidad se entremezcla con el amor. En su relación con la humanidad Dios es todo amor, pues El es “el Amor” (1 Jn 4,8). Sólo el Amor es todopoderoso y por eso, todo debilidad. En este día de Viernes Santo, somos invitadas e invitados a situarnos en la perspectiva de este amor “loco” de Dios que se ha manifestado en su hijo Jesús, sin paralizarnos por la debilidad de la cruz en sus manifestaciones más radicales y diversas. Sólo quien ama con pasión puede saborear lo que hay ya ahora de vida eterna, imperecedera, en los episodios sencillos de la vida cotidiana. Jesús vino, desde la debilidad, para vivir en plenitud y para que tengamos vida en abundancia; amar con esta pasión nos impulsa a un compromiso radical con la vida, especialmente con la vida más amenazada, y esto crea conflicto. Amar así conduce al sufrimiento y a la muerte, lo estamos contemplando hoy. Si acogemos la propuesta de Jesús también nosotras y nosotros experimentaremos la pasión del amor que nos llevará a ser, en medio de las gentes, una palabra expuesta de Dios. Nuestra propia debilidad ya no es excusa para el riesgo. Como El, desde nuestra fragilidad, nos entregaremos a la muerte gracias a la pasión que sentimos por la vida.
MARICARMEN MARTÍN carmen@dabar.net

DIOS HABLA
1ª. lectura: Isaías 52,13 - 53,12 2ª. lectura: Hebreos 4,14-16; 5,7-9 Evangelio: Juan 18,1 - 19,42

EXEGESIS
PRIMERA LECTURA Poema de un siervo de Dios paciente y glorificado. Literariamente el poema es muy sencillo y muy enigmático; su contenido es igual. Sencilla es la construcción: un hablante principal, Dios, pronuncia introducción y epílogo, enmarcando el cuerpo, anticipando y confirmando el sentido de los hechos. El cuerpo es la narración que un grupo hace de la pasión, muerte y triunfo del personaje. Esto es sencillo;

pero ¿[quién es el “nosostros”], quién es el grupo narrador?, ¿quién es el siervo?, ¿a qué hechos se refiere? Problemas, pues, de identificación, no de significado; podemos entender el poema con tal de aceptar como factor constitutivo su indeterminación [Para la liturgia cristiana la identificación no ofrece duda alguna: nadie mejor que el Nazareno encarnó este canto centenario]. El autor quiso trabajar con pronombres, quiso evitar los nombres (salvo “el Señor”): él, nosotros, ellos... frente al lector. En el centro nosotros y ellos referidos a él; el poeta ¿es uno de “nosotros”?, el lector, ¿dónde se coloca? El contenido es clarísimo, y por eso es tan extraño. Un inocente que debe sufrir (contra la doctrina de la retribución); un humillado que triunfa (esto es menos extraño, aunque siempre sorprende), un muerto que vive (esto suena a ilusión poética). El poema es así, y el lector puede limar la extrañeza calificando de hiperbólico lo extraño y restando esas hipérboles para hacer el mensaje “razonable”. Pero el texto protesta contra semejante ejercicio, proclamando que se trata de algo inaudito. Los encarecimientos del mensaje son algo extraordinario en toda la profecía de Isaías II y no tienen equivalente en el AT; por tanto no hay que reducirlo y nivelarlo con otros casos, aunque se puedan citar antecedentes y semejanzas. [...] ... todo es anónimo: sus antecesores pueden ser reyes o profetas o sacerdotes, la tierra puede ser la tierra prometida, puede llevar un nombre ilustre. Todo está borrado: no hay más que una pura presencia, llamativa por su dolor y humillación. Es un brote, la vida continúa, pero la tierra apenas puede alimentarlo. Es hombre, pero desfigurado; vive en sociedad, pero despreciado; a los dolores y sufrimientos corporales se une el abandono de los demás, que interpretan el sufrimiento como castigo de Dios, y temen contagiarse si se acercan, y se tapan el rostro para protegerse de él. O bien, según otra traducción, él se tapa el rostro abochornado... (Luis Alonso Schökel, Profetas I). SEGUNDA LECTURA La combinación de estos dos textos el día de hoy pretende subrayar un solo pensamiento: la solidaridad salvadora del Hijo con los seres humanos, de la cual se siguen claras consecuencias de seguridad y confianza en él. El Nuevo Testamento no cuenta la Pasión y Muerte de Cristo desde un punto de vista sentimental o pietista, sino para acentuar en los creyentes las dimensiones de confianza, esperanza y amor, al poner de manifiesto lo hondo de la acción del Señor Jesús. El autor de Hebreos insiste en la semejanza/identidad de Cristo con nosotros excepto en el pecado. De esa solidaridad nace precisamente el que sea constituido Sacerdote, es decir, Mediador. No por estar lejano de los seres humanos sino por su acercamiento a éstos y a sus circunstancias. Esa cercanía no ha sido fácil. El hombre Jesús siente la natural repugnancia humana ante la muerte. Pero por medio de la oración (muy probablemente el v. 7 se está refiriendo a la del Huerto de los Olivos) es capaz de aceptar su destino y poner en práctica los planes de Dios. La consecuencia es evidente: el Viernes Santo es día de Esperanza. Ante las pruebas totales y concretas del amor de Dios a los seres humanos, es inevitable tenerla. Y responder a ese Amor con semejante actitud. Hasta la muerte, si es preciso.
FEDERICO PASTOR federico@dabar.net

EVANGELIO

HA SIDO LLEVADO A TÉRMINO Son las últimas palabras de Jesús desde la cruz en el evangelio de Juan. El evangelista las ha introducido para el lector un poco antes: Sabiendo Jesús que ya todo había sido llevado a término (19,28). Esta indicación del evangelista evoca al lector otra similar en el solemne preámbulo a la última cena: Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el término (13,1). En las tres ocasiones el evangelista se mueve dentro de la misma familia léxica. De la mano de ella la mirada del lector se retrotrae desde la cruz al pozo de Jacob, donde Jesús habla a sus discípulos de llevar a término un trabajo (4,34). La formulación de la misión de Jesús con vocabulario laboral vuelve a repetirse en esa misma conversación, al decir Jesús más adelante a sus discípulos que él les envía a cosechar donde ellos no se han fatigado: son otros los que se han fatigado (4,38). El capítulo siguiente, a raíz de la curación de un enfermo, aclarará adecuadamente quiénes son estos otros: Mi Padre sigue trabajando y yo también trabajo (5,17). Los otros a los que Jesús se refiere en la conversación con sus discípulos son Dios Padre y él mismo. De ahí que no sea en absoluto casual que el evangelista haya presentado a un Jesús fatigado sentándose junto al pozo de Jacob (4,6). En la cena previa a la cruz, Jesús se dirige a su Padre en estos términos: Yo he manifestado tu gloria en la tierra, llevando a término el trabajo que me encomendaste (17,4). De esta manera, el arco de la vida de Jesús ofrece unos rasgos nítidos e inequívocos de comunidad y coherencia de trabajo con el Padre. La conversación de Jesús con su Padre en esa cena previa a la cruz nos aclara también el contenido del trabajo. He manifestado tu nombre a los hombres (17,6). Es lo mismo que ya se había formulado al comienzo del evangelio: Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, Dios, que estaba al lado del Padre, lo ha explicado (1,18). Los esfuerzos de Jesús, el trabajo de Jesús ha consistido en explicar a Dios, en revelar a Dios, en hacer ver quién y cómo es Dios. Trabajo denodado y costoso. Tan denodado y costoso, que su realización plena es la cruz. Miro hacia esa cruz y, anonadado, doy gracias a Jesús por su exégesis de Dios, por su explicación de Dios. Miro hacia esa cruz y, agradecido, confieso con los samaritanos: Eres realmente el Salvador del mundo (4,42).
ALBERTO BENITO alberto@dabar.net

NOTAS PARA LA HOMILIA
EL SÍMBOLO DEL CORDERO Mañana muchos cenarán siguiendo la tradición judía y cristiana. Se comerán un cordero que es el manjar por excelencia en todas las orillas del Mediterráneo y que ya va unido, desde muy antiguo, a nuestros banquetes, a nuestras tradiciones, a nuestras celebraciones importantes. En estas fiestas casi nadie recuerda a la víctima, reducida a su función de comida material, acompañada de aromas, sabores y especias, pero uno o dos días antes un animal, pequeño en edad, inocente, símbolo de la ternura, ha sido sacrificado para hacer posible la alegría festiva, la reunión celebrativa, el encuentro familiar o amistoso, la conclusión de un pacto, el final de un pasado, el comienzo de un futuro. Porque el cordero pasó a ser la comida que los pastores primero y los políticos después y todos más tarde, usaban como manjar encargado de sellar un pacto que ponía fin a tiempos de dificultad, períodos de guerra, épocas de enfrentamiento.

La comida era la celebración que culminaba el acuerdo y ponía punto final a las hostilidades, la violencia y las muertes. El cordero era el animal que significaba, con su muerte, la alegría y la vida, la fiesta y la paz, el acuerdo y el encuentro, un futuro mejor que el disfrutado hasta entonces. De ahí que en esa antigüedad pasara a utilizarse como símbolo también de la necesidad que el mundo tenía de personas que asumieran esa función de víctimas serviciales. Es decir, algunos comprendieron que esa función de sacrificarse existencialmente por los demás podía ser un horizonte moral para quienes fueran capaces de asumirlo. Semejante ocurrencia fue acogida con la misma sorpresa con que la seguimos viéndola hoy. ¿Cómo se le puede ocurrir a nadie ofrecer ese horizonte personal de sacrificio cuando todos anhelamos una vida de disfrute y tranquilidad? Asumir un tipo de vida así, la significada en el cordero sacrificado para que otros puedan vivir y disfrutar, va contra un sentido serio, lógico y normal de la vida. A lo sumo es una heroicidad absurda para unos, inalcanzable para otros y admirable en quienes pueden realizarla pero no para uno mismo. SU SIGNIFICACIÓN VITAL En esa actitud vio Isaías la solución a los problemas de su comunidad y nosotros a los profundos dilemas de la humanidad. Por eso Juan Bautista señaló a Jesús como el cordero pascual, porque, como él, los cristianos hemos leído su vida en esa clave. Jesús decidió vivir en una actitud de servicio, suena hoy mejor que sacrificio, para que todos, pero especialmente los más desprotegidos, encontráramos salida a la vida, futuro a nuestro limitado horizonte, esperanza a la insistente pesadilla del sufrimiento y el mal, alegría en la repetida experiencia del llanto y la tristeza. Su vida, vivida en esa decisión de ofrecimiento por los demás, parece una locura por la renuncia que supone a disfrutarla y a realizar lo que son las grandes aspiraciones del ser humano, pero la lectura de la pasión de S. Juan, que invitamos a releer en la tranquila soledad de casa o en cualquier momento, es, precisa y paradójicamente, un encuentro continuo con la sorpresa, porque el que se ha hecho víctima a favor de los demás es, curiosamente, el ser humano más completo y feliz. La libertad de Jesús para prescindir de las pequeñas cosas que constituyen nuestro sentido de felicidad, su personalidad para no acobardarse ante los poderosos, su señorío ante los que pensaban amedrentarle con la demostración de su fuerza. Todo en este Jesús es majestuoso, pero por dentro. Sin boato, sin corte, sin ejército, sin grandezas externas, muestra toda la grandeza de un ser humano que nos seduce por su sencillez, su confianza en Dios, su sentido realista de acogernos tal y como somos. En su ofrecimiento de la vida, en su sencillez humana, en su cercanía religiosa, tan vital, tan centrada en los problemas humanos, en su comprensión de nuestras dudas y debilidades, muestra que es un ser divino y es horizonte de invitación a asumir la cruz para dar vida a este mundo que sigue matando a tantos inocentes.
JOSE ALEGRE pepe@dabar.net

LA LITURGIA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA Es un día muy lleno de celebraciones. Procesiones, oficios, vía Crucis. Cada uno tiene sus preferencias. A unos les conmueve más la representación plástica y teatral de la tortura y la muerte de Jesús a través de las imágenes que la devoción popular ha encargado a los artistas para expresar los sentimientos que cada uno tiene. A otros recorrer el camino de la Cruz deteniéndose en los momentos especiales de ese camino para reflexionar sobre el camino de nuestra vida. Ahora vamos a celebrar el llamado oficio del viernes santo. Se divide en tres partes: Liturgia de la Palabra con la oración universal. Adoración de la Cruz. Rito de la Comunión. MONICIÓN A LA LECTURA PROFETICA Cuando todo parecía perdido, cuando no había espacio en la cabeza ni el corazón para la esperanza, cuando todo parecía noche, Isaías sorprende con un anuncio que es también una invitación a todos.

Hay que hacerse como los corderos que sirven par dar vida a otros. Ahí estará la salvación. Jesús asumió esa tarea de servicio. Nosotros podríamos hacerlo. SALMO RESPONSORIAL (Sal 30) Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos; me ven por la calle, y escapan de mí. Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios». En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. MONICIÓN A LA LECTURA APOSTÓLICA Alguien igual que nosotros decidió seguir lo que le dictaban sus sentimientos de solidaridad y compasión. Se identificó con los que sufrían, se ofreció a trabajar por ellos y Dios lo reconoció como Hijo. Nosotros lo entendemos como el modo de entender la relación con Dios. MONICIÓN A LA LECTURA DE LA PASIÓN El relato de la Pasión narra los últimos días de Jesús. Ahí aparecen, en el fondo, nuestros días también, nuestras preguntas y nuestras respuestas posibles. ¿Cuál es nuestra relación con Él? Palabras y hechos constituyen el conjunto de la respuesta. No vale solo sentir compasión, hay que vivir desde ella. La piedad es lo que nos hace más humanos, más personas y nos acerca más a Dios. ORACION UNIVERSAL Con todo lo que está cayendo sobre nuestro mundo, con tanta necesidad y tantas situaciones duras y dramáticas que conocemos, dirigimos a Dios una oración que hyo, todos los cristianos, en cualquier lugar rezaremos por un cambio de la humanidad. ADORACION DE LA CRUZ ¿De qué madera estamos hechos? Los humanos tenemos una cruz, la de ser solo humanos. Podemos llevarla sin ánimo o podemos llevarla con ánimo contagiando a otros nuestra esperanza. Mejor si miramos cómo la llevó Jesús, porque Él nos dice que la Cruz pasa y pronto llegará la vida que anhelamos. RITO DE LA COMUNION El pan que sobró de la cena de ayer es el que vamos a comer ahora. Es el pan que da vida. Es el pan de Dios que alimenta la esperanza, el amor y la confianza, tan importantes para vivir. Jesús nos lo da. Nosotros podemos darlo, no se acaba, se multiplica. Y otros necesitan alimentarse de esta pan para alimentar su sentido de la vida. DESPEDIDA Quizás nos queda la sensación de que al celebrar su tortura y su muerte todo queda en eso. El acompañamiento a Jesús en su e4ntierro, tan masivo, puede dar la impresión de que Jesús sufre, muere y se acabó. Sería un mal mensaje. El buen mensaje, el evangelio, es que superó la muerte y anunció la superación del mal y abrió así el mundo a la esperanza.

CANTOS PARA LA CELEBRACIÓN
Entrada. En silencio total. Salmo Responsorial: LdS o el estribillo del salmo A tus manos, Señor mi Dios (disco "Viviremos con Él"). Aclamación antes del Evangelio: Cristo por nosotros (disco "Hoy vuelvo de lejos"). Lectura de la Pasión: Se puede intercalar alguna melodía sencilla, por ejemplo, Perdona a tu pueblo, Señor. Adoración de la Cruz: Oh, Cruz fiel (disco "Cantos para el año litúrgico"); Victoria, tú reinarás; A la hora de nona (disco "Cristo libertador"); Oh Cruz, te adoramos (de Madurga). Comunión: Delante de ti, Señor mí Dios (disco "Cantos para participar y vivir la Misa"); Cerca de ti, Señor; Acerquémonos todos (2CLN-O 24).

VIGILIA PASCUAL

DIOS HABLA
1ª lectura: Gn 1,1 - 2,2 2ª lectura: Gn 22,1-18 3ª lectura: Ex 14, 15 - 15, 1 4ª lectura: Is 54, 5-14 5ª lectura: Is 55, 1-11 6ª lectura: Ba 3, 9-15.32-4,4 7ª lectura: Ez 36, 16-28 Epístola: Rom 6, 3-11 Evangelio: Mc 16, 1-7

EXEGESIS
PRIMERA LECTURA • Contexto. La salida o liberación del pueblo de Israel nunca se presenta en la Biblia como una victoria fácil; toda salida implica ruptura con algo conocido, familiar, cómodo..., y gran dosis de riesgo. Los obstáculos que se oponen a la liberación del pueblo son de diversa índole: físicos (desierto, mar Rojo...), políticos (mano de trabajo barata...) y, sobre todo, psicológicos: la obcecada y tenaz resistencia del propio pueblo a ser liberado. • Texto. Ex 14,15-23 contiene el mandato divino de cruzar el mar. Obedecer la orden, confiando en el Señor, lleva aparejada la salvación; al cumplirla, se libran del enemigo. Se cumple la palabra divina: el mar se abre e Israel, libre, camina por en medio de las aguas. El mar se carga de simbolismos; es muro de una cárcel: atravesarlo es salvarse; y también sepulcro, donde se deposita el cadáver de un grupo caduco, y resucita un pueblo nuevo y libre. El Señor hiende el mar y abre el camino a la libertad: salva y crea. Con el alba, Dios se hace presente como señor del cosmos que acude en auxilio del pobre. Desde su trono de fuego y nube, ofusca al enemigo: las ruedas se hunden en el cieno y los carros se revelan impotentes. Los egipcios reconocen, a la fuerza y a su pesar, que el Señor lucha contra ellos. A la orden divina, Moisés levanta de nuevo su mano y el mar se vuelve contra Egipto y lo destroza: en el mar de los Juncos se entierra el resto de su poderío, desaparece de la historia quien se oponía al proyecto divino. Una serie de paralelismos relacionan este final grandioso con lo anterior: al miedo de Israel responde el de Egipto, que confiesa al Señor casi con las mismas palabras que Moisés; a la falta de fe de Israel, contesta la confesión de Moisés y la de los egipcios. Todo se cierra con una confesión que lleva aneja la obligación de ser testigos porque han visto. El verbo "ver" se repite en momentos claves: ver a los egipcios vivos/verlos muertos; ver el poder del faraón/ver el poder del Señor. Y lo mismo el verbo "temer": de temer a los egipcios deben pasar a temer al Señor. El mismo verbo sirve para indicar dos actitudes diferentes: temer al Señor es obedecerle. Así concluye el relato: Vio Israel,.... temió al Señor y puso su confianza en él y en Moisés, su siervo. • Reflexiones. Ruh, espíritu, viento o aliento divino, que sopla sobre las aguas... es la fuerza que fecunda el seno de las aguas dando vida al pueblo de Israel, liberándolo. Dios salva al pueblo, lo libera, pero en esta tarea debemos estar comprometidos todos los cristianos. Nuestra Iglesia no puede quedarse con los brazos cruzados, como mera espectadora de la opresión de tantos hermanos que sufren. EPÍSTOLA Típico texto de la Cristología/soteriología y antropología teológica paulina. Pablo presenta a Cristo en función de los demás seres humanos y a los seres humanos en su relación de unión con el Señor. En el texto hay menciones de la muerte y resurrección de Cristo. Ambos están lejos de ser sucesos que afecten sólo a Cristo, sino a los seres humanos que se unen a ellas. Evidentemente se trata de una transformación para la salvación humana. Esta unión de Cristo y el cristiano se da en el bautismo y en la fe (piénsese en el bautismo de adultos como modelo en que la relación fe-bautismo es clara). A partir de ahí, como explica el texto nos hacemos solidarios con el Señor muerto y resucitado, igual que él se ha hecho solidario con la raza humana en la encarnación. La nueva condición humana es descrita en estos versículos con las imágenes de vida y libertad que se repiten a lo largo del capítulo. Especialmente el paso “de la muerte a la vida” intenta visualizar la transformación ocurrida. Lo cual indica su profundidad. Supera con mucho los límites de la ética o la moral para colocarse en el plano del ser, que san Pablo describirá otras veces con vocabularios como “creatura nueva” “ser humano nuevo”…

Dos consecuencias también presentes en esta perícopa: la primera es que esta vida nueva, siendo humana como es, es operativa y no sólo interna. Tiene actividades conforme a la nueva condición, pero no es automática, sino requiere actitudes por parte del ser humano unido con el Señor. Por eso en el texto se combinan expresiones en indicativo, que expresan lo ya ocurrido y lo que de hecho se es, y en tiempos de exhortación, que animan a vivirlo, a no dejarlo. Con Cristo hemos muerto al pecado, pero hemos de considerarnos muertos a él y no volver a la situación anterior. Tenemos vida nueva, pero hay que vivirla para Dios. Es una tensión entre el ser y el obrar conforme a ese ser. La segunda: una nueva tensión entre lo que ya se es y lo que todavía no ha llegado y se espera. Ambos extremos a la vez.
FEDERICO PASTOR federico@dabar.net

EVANGELIO Texto. Tres mujeres, identificadas con precisión. Amanecer del domingo (primer día de la semana en cómputo judío). Las tres mujeres van al sepulcro para hacer lo que había quedado inacabado el viernes: ungir y perfumar el cadáver de Jesús. Un único obstáculo les preocupa: la pesada piedra rodante cerrando el acceso al sepulcro excavado en la colina. Pero constatan que la piedra ha sido ya corrida. Entran en el sepulcro y ven dentro a un joven con una túnica blanca. En este preciso momento el susto se apodera de ellas y ya no las abandona. El evangelista refuerza esta reacción con todo tipo de reacciones sinónimas: huida, espanto, temblor, miedo. Al lector del evangelio de Marcos, el joven con túnica blanca se le antoja un trasunto del joven envuelto en una sábana la noche del arresto de Jesús (14,51-52). Entonces, el joven se les escapó a los que querían arrestarlo, en un anticipo de la situación que se encuentran las tres mujeres el domingo de madrugada. Jesús se le ha escapado a la muerte, aunque ellas no lo identifican como Jesús y, por eso mismo, les produce miedo. Este Jesús, no identificado por ellas como Jesús, les descubre la nueva realidad de su persona: el nazareno crucificado ha resucitado. Y les encarga hacérselo saber a los discípulos. Encargo que el espanto malogrará. Puntos de reflexión. La única reacción humana que el evangelista Marcos considera noticiable a la vista del sepulcro vacío es la de susto y espanto. Y nosotros podemos preguntarnos hoy si cabía otra distinta, para, acto seguido, deber responder que probablemente no cabía otra. ¿Quién no se identifica con aquellas tres mujeres que todavía tenían viva en su retina la durísima escena de José de Arimatea depositando en el sepulcro el cadáver de Jesús la tarde del viernes? ¿Quién de nosotros no habría sido también presa del mismo susto y del mismo espanto al no ver el cadáver en el sepulcro? Pero, por ello mismo, el que Marcos haya considerado noticiable la reacción de las mujeres tiene para nosotros un valor impagable: las testigos del sepulcro vacío no eran ni crédulas ni propensas a la credulidad. Un Jesús resucitado no entraba en absoluto ni en su mente ni en su imaginación. El nazareno resucitado no fue ninguna creación humana.
ALBERTO BENITO alberto@dabar.net

NOTAS PARA LA HOMILIA
“No está aquí, ha resucitado”. (Evangelio).

Después de escuchar la proclamación de esta gran mensaje a las mujeres, profundicemos en nuestra fe, ya que nosotros gozamos de una gran ventaja sobre ellas. No sólo no nos asustamos ante la novedad, sino que nos alegramos y damos gracias a Dios. Ellas buscaban cariñosamente su cuerpo para seguir cuidando con aromas al que habían servido en su vida mortal. Nosotros sabemos que “ese Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad”. ( 2 Cor 3, 17 ). Liberado de la muerte por la acción del Espíritu de Dios, Jesús comienza la etapa gloriosa de su vida que ha merecido con su predicación y su cruz. “Según el plan previsto por Dios, lo crucificasteis por mano de gente sin ley y le disteis muerte. Pero Dios, liberándolo de los rigores de la muerte, lo resucitó”. ( He 2, 23-24 ). Así lo proclamó san Pedro el día de Pentecostés en Jerusalén. Así lo proclamamos todos nosotros para nuestra salvación. Dejemos que el gozo de la victoria de Jesús y de su nueva presencia entre nosotros nos llene el alma de alegría. Nos podemos ayudar imaginando el encuentro del resucitado con su madre y con los que habían estado a su lado durante su terrible agonía en la cruz. Dejémonos invadir de la sorpresa y, guiados por la fe, acerquémonos con gozo a la contemplación de su persona glorificada. La experiencia primaria de los apóstoles fue que Jesús vive glorificado en Dios. Pero su nueva etapa de vida es la plenitud de nuestra salvación que Pedro resume con estas palabras:”A este Jesús lo resucitó Dios, y todos nosotros somos testigos de ello. Exaltado a la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado”. ( He 2, 32-33). “Con Cristo Jesús nos resucitó y nos sentó en el cielo”. Toda la vida de Jesús, lo que dijo y lo que hizo, son una revelación de Dios. Esta luz queda intensificada con su resurrección en la que se nos manifiesta el amor y la fidelidad de Dios. Esta manifestación de Dios nos afecta directamente también a nosotros, porque “ con Cristo Jesús nos resucitó y nos sentó en el cielo” escribe san Pablo ( Ef 2, 6 ). Así completó nuestra salvación, abriéndonos a todos las puertas de la casa del Padre:”Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”. ( Jn 20, 17 ). Jesús Resucitado es el mismo que predicó el Reino de Dios y murió en la cruz. Por eso su resurrección completa su mensaje sin prescindir de toda su enseñanza y revelación durante su vida mortal. De ahí que nosotros, al emprender una vida nueva, tenemos como camino y meta los valores y ejemplos que él predicó. “ He visto al Señor”. Jn 20, 18. Estas palabras resumen la experiencia pascual de María Magdalena. También resumen nuestra experiencia de la resurrección de Jesús. Como Pablo, nosotros no hemos conocido a Jesús en carne mortal, lo cual es una ventaja para contemplar su persona glorificada. En cambio María Magdalena tardó ansiosamente en encontrarle porque le buscaba en la forma de siempre; necesitó una ayuda del Señor para alcanzar la altura de su nueva existencia. Nosotros seguimos el mismo proceso de los primeros testigos. Es la Iglesia que nos proclama la gran verdad que dijeron la madrugada pascual unos personajes con vestidos refulgentes:”No está aquí, ha resucitado”. ( Lc 24, 6 ).

Aceptamos por la fe este mensaje de la Iglesia y seguimos los pasos de los primeros testigos: Sorpresa, miedo, huida, incredulidad, duda, silencio, espera, signos, FE, iluminación, adoración, alegría, fuerza, compromiso, testimonio. Esta noche renovemos nuestra fe en la resurrección de Jesús, la nuestra y la de nuestros difuntos, de los que Él es la primicia. Toda nuestra vida cambiará de sentido y se llenará de nuevas posibilidades y energías, si conseguimos con la gracia de Dios creer de verdad el evangelio de hoy: Jesús vive, ha resucitado. Aleluya.
LORENZO TOUS lorenzo@dabar.net

LA VIGILIA DE HOY
RITO DEL FUEGO ENTRADA Nos hemos reunido para celebrar el acontecimiento que fundamenta nuestra fe y da sentido a nuestra vida y a toda la historia de nuestra salvación: la resurrección de Jesús de Nazaret, nuestro Señor. Esta gran misterio nos abre sus misteriosas puertas para que desde nuestra fe nos adentremos en las riquezas de salvación que contiene. Sabemos que Dios es trascendente e inefable pero que ha tenido la condescendencia de acercársenos en Jesús. A lo largo del año litúrgico, especialmente de la cuaresma y de este triduo pascual, nuestra madre la Iglesia, sirviéndose de medios y símbolos acumulados por la fe, la piedad y la historia cristiana, nos ha ido adoctrinando en los misterios de nuestra salvación. Esta noche bajo el símbolo de la luz nos enseña la presencia de Jesús Resucitado, vencedor de la muerte. PREGÓN PASCUAL Ante este cirio que significa con su luz la presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros, después de incensarlo con devoción, se proclamará el pregón pascual. Es un texto poético, como no podía ser de otra manera, en el que la Iglesia da salida al profundo gozo que sentimos ante la novedad de Jesús Resucitado. Unámonos al gozo de los primeros testigos de la resurrección del Señor, para sintonizar con las hermosas palabras de este texto litúrgico. LITURGIA DE LA PALABRA Después de la bendición del fuego y del pregón pascual, entramos en la segunda parte de esta celebración. Escucharemos diversas lecturas del Antiguo Testamento. A lo largo de ellas veremos resumida nuestra historia de salvación, desde la creación del mundo y la liberación del pueblo de Israel hasta las promesas de Dios que anunciaban la plenitud de los tiempos que se realizó en Jesús de Nazaret, el Mesías, el Hijo de Dios. Entre cada una de las lecturas se intercalará un canto de meditación y una oración del sacerdote. MONICIÓN A LA EPÍSTOLA San Pablo nos recordará que nuestro bautismo nos ha unido a la muerte y a la resurrección de Jesús. A partir de esta gracia de Dios, también nosotros hemos recibido el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos. Por esta gracia de Dios Padre, hemos sido hechos hijos de Dios también nosotros. Por eso esta noche renovaremos las promesas de nuestro bautismo.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 117) Aleluya, aleluya, aleluya. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Aleluya, aleluya, aleluya. La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Aleluya, aleluya, aleluya. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Aleluya, aleluya, aleluya. MONICIÓN A LA LECTURA EVANGELICA Escuchemos ahora la primera noticia de la resurrección de Jesús tal como la presenta san Marcos. Son tres mujeres que tienen el privilegio de ser las primeras en saberlo. Habían seguido y cuidado a Jesús durante su vida, las que ahora van al sepulcro para embalsamar su cuerpo con aromas. Del cielo les llega la gran noticia por medio de un joven vestido de blanco. LITURGIA BAUTISMAL LETANIAS / BENDICION DEL AGUA / ASPERSION Después de escuchar la homilía entramos en la tercera parte de esta vigilia. Consiste en apropiarnos de una forma concentrada, lo que es todo el proyecto de nuestra vida cristiana: resucitar con Cristo. El sacramento del bautismo nos une a la muerte y la resurrección de Jesús, pero como seguramente lo recibimos cuando no teníamos conciencia de ello, esta noche, recordando nuestro proceso de conversión que hemos profundizado a lo largo de la cuaresma, queremos renovar nuestra adhesión a Jesús y a su Evangelio. Para ello primero invocamos la intercesión de los santos, luego el sacerdote bendecirá el agua, que nosotros recibiremos por aspersión en recuerdo del agua que derramaron sobre nuestra cabeza el día que nos bautizaron. Pero antes, renunciaremos al pecado y profesaremos nuestra fe. ORACION DE LOS FIELES Como hijos de Dios que vamos a sentarnos a la mesa del Padre, oremos por todos los hombres, nuestros hermanos. Respondamos: Ayúdanos, Señor. -Para que en esta noche de tanta gracia, participemos de la alegría de Jesús Resucitado al visitar a su Madre. Oremos. -Para que en esta noche del triunfo de Jesús Resucitado sobre la muerte, crezca nuestra esperanza. Oremos. -Para que la sorpresa y el gozo de las tres mujeres junto al sepulcro, nos llegue también a nosotros. Oremos. -Para que la nueva presencia de Jesús resucitado entre nosotros sea un alivio y consuelo para todos los que sufren. Oremos. -Para que la bandera blanca de Jesús Resucitado sea un signo de paz que alcance a todas las naciones. Oremos.

-Para que sepamos contagiar alegría y esperanza con nuestra vida, especialmente al lado de los pobres y de los que sufren. Oremos. -Para que la renovación de las promesas del bautismo que hemos hecho, sean de verdad un crecimiento en el seguimiento de Jesús. Oremos. -Para que la Resurrección de Jesús nos confirme en la fe en la vida eterna. Oremos. Oración. Escucha, Padre, las peticiones de tus hijos que esta noche, llenos de alegría, celebramos la vida gloriosa de tu Hijo Jesús; concédenos participar de su vida nueva y alcanzar para todo el mundo los frutos de su resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.

CANTOS PARA LA CELEBRACIÓN
Lucernario: La antífona del Misal Luz de Cristo, El Señor es mi luz (de Taulé), Cuando llega la luz (de Barja), Oh, luz gozosa (de Deiss). Salmo: LdS; 1) Oh, Señor, envía..., (1CLN-252). 2) LdS. 3) Cantemos al Señor (de Manzano). 4) Te ensalzaré, Señor, de Cantalapidra. 5) LdS. 6) Tu palabra me da vida. 7) Como el ciervo (1CLN-A 2). Gloria: De la Misa de Palazón o de Angelis. Aleluya-Salmo: Este es el día en que actuó el Señor. Liturgia Bautismal: Un solo Señor; Una nueva vida (1CLN-426); Iglesia santa (1CLN-428); Juntos como hermanos. Comunión: Yo le resucitaré (=Yo soy el Pan de Vida, 2CLN-O 38); Canta con júbilo... resucitó (1CLN-219); Resucitó (de Kiko Argüello); Hoy el Señor resucitó (versión de un canto americano). Final: Regina Coeli; se puede escuchar el Aleluya, de Haendel, u otro tema clásico triunfal.

PASCUA DE RESURRECCIÓN

DIOS HABLA
HECHOS 10, 34a.37-43 En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados». COLOSENSES 3, 1-4 Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto,

y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. JUAN 20, 1-9 El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

EXEGESIS
PRIMERA LECTURA Los discursos de Hechos contienen elementos claros del primer anuncio cristiano. Nos remontan, si los sabemos leer, a los momentos iniciales del cristianismo, no para satisfacción histórica solamente, sino para algo más. Los elementos esenciales del cristianismo, tal como se decían en un principio y han de decirse siempre, son: existencia histórica y real de Jesús, con su acción liberadora y presencia de Dios salvadora entre nosotros. Realización y culminación de esa acción en la muerte y resurrección de Cristo. Repercusión salvadora de todo ello en los creyentes de entonces y de todos los tiempos. Conocemos bien estos elementos, pero tenemos una acusada tendencia a no ver el bosque por causa de los árboles. Los cristianos actuales, no sólo los de a pie, sino probablemente más aún los dirigentes, tendemos a añadir a lo fundamental una serie de parafernalias eclesiales que, en realidad, ocultan más que muestran lo esencial del mensaje. El cristianismo existe porque existió Jesús y no porque exista la Iglesia, que es algo claramente subordinado, a pesar de todo. El mensaje de Jesús puede reducirse a ese "pasó haciendo el bien". Quería decir que Dios estaba a favor del ser humano de modo incondicional y real. No se trataba de enseñar una moral o de poner en marcha mecanismos religiosos. Tales cosas vendrían por añadidura y sólo son necesarias en la medida en que realicen de veras la transmisión y vivencia del mensaje de Jesús. Mensaje que no es mero anuncio, sino Persona que ama y es amada por sus seguidores, que vive y da vida a quienes se abre a Él. Convendría profundizar y centrarse en ese núcleo cristiano, que resulta atractivo también ahora de forma especial, olvidándonos del resto. Porque, si somos sinceros, la Iglesia institución es hoy el principal obstáculo para creer en Jesús. Por eso tenemos que volver a lo central que se nos presenta en esta lectura.
FEDERICO PASTOR federico@dabar.net

SEGUNDA LECTURA El tema de esta lectura paulina (y en el fondo de la alternativa de 1 Cor 5,6b-8) es paralelo al de Rm 6,3-11 que se lee en la vigilia pascual. El enfoque de la Resurrección es el mismo: la salvación

personal y colectiva humana que ha tenido y tiene lugar en ese acontecimiento y en la asimilación del mismo por los cristianos. No es inútil insistir en ese enfoque salvífico de la Resurrección, o casi mejor, del Cristo Resucitado porque es un tema todavía no integrado en las concepciones cristianas más extendidas. Realmente se trata de percibir y vivir la vida nueva en la que nos hemos insertado por el bautismo y la fe. Es una nueva forma de existir que lleva consigo una nueva actuación. Algo característico del texto de Colosenses es destacar, además de la dimensión operativa de esa vida – si no, no sería realmente vida – el hecho de que no aparezca del todo patente, sino está escondida de alguna manera, como el mismo Cristo estuvo escondido en su vida y muerte y, aun ahora, ya resucitado, no es alguien a quien se pueda ver y tocar en su dimensión gloriosa y resucitada. De ahí que los cristianos todavía hayamos de esperar algo venidero, aunque viviéndolo como ya presente.
FEDERICO PASTOR federico@dabar.net

EVANGELIO Texto. El relato se abre con la constatación hecha por María Magdalena en la madrugada del domingo de la losa removida a la entrada del sepulcro de Jesús (v.1). A partir de aquí se desarrolla una acción, con las siguientes peculiaridades llamativas. Primera: empleo del verbo en plural cuando la lógica exigía el singular. María Magdalena informa en los siguientes términos: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto (v.2). Comentando que el discípulo amado vio y creyó, el evangelista escribe: Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura (v.9). Segunda: La carrera simultánea de Simón Pedro y del discípulo amado al sepulcro, el orden de entrada en él y la actitud de cada uno de ellos. El discípulo amado es el primero en llegar, pero no entra (vs.4-5); llega después Simón, entra y ve (v.6-7); por último, entra el discípulo amado, ve y cree (v.8). De Pedro se dice que entra y ve; del discípulo amado, que entra, ve y cree. De Pedro no se dice que creyera y, por tanto, no puede estar incluido en el sorprendente plural del v.9. Comentario. La losa removida es un dato históricamente fundamentado y cierto. Pero, como ante cualquier hecho histórico, caben ante él diversas interpretaciones. El cuarto evangelista tipifica tres de ellas: robo, suspensión de juicio, fe. La primera (el robo) es la representada por María Magdalena. Sin duda, el evangelista no ignoraba que habían sido varias, y no sólo Magdalena, las mujeres que habían visto vacío el sepulcro de Jesús la madrugada del domingo. De ahí el no sabemos del v.2. Pero el evangelista no está interesado en dar la crónica de aquella madrugada, sino en tipificar las diferentes interpretaciones que se dieron del sepulcro vacío. Y esta primera (el cadáver ha sido robado) fue la más madrugadora y espontánea. La segunda interpretación (suspensión de juicio) es la representada por Simón Pedro: ve, observa con detención, pero no va más allá. Cualquier juicio queda en suspenso, preso como se está de la perplejidad. La tercera interpretación (fe) es la representada por el discípulo amado: ve, observa con detención y cree. ¡JESÚS VIVE! ¡JESÚS HA RESUCITADO! Esta tercera interpretación es la completa, la perfecta. Las dos primeras son parciales, provisionales. De hecho, el evangelista las completará más adelante: Jn. 20,11-18 en el caso de María Magdalena; Jn.21,1-19 en el caso de Simón Pedro. En este sentido, hay que decir que se trata de posturas comprensibles en el proceso de maduración creyente.
ALBERTO BENITO

alberto@dabar.net

NOTAS PARA LA HOMILIA
Yo también quiero resucitar A menudo en nuestros templos muchos de nosotros entonamos una canción que en su estribillo utiliza estas mismas palabras con las que acabo de encabezar el texto de hoy: «Yo también quiero resucitar». Es un cántico que se utiliza frecuentemente en celebraciones alrededor de la muerte de algún ser querido, afirmando en esos momentos la esperanza de esa otra ida en la que creemos los cristianos. Pero hoy esa frase resuena en mi cabeza una y otra vez. Yo también quiero resucitar. Yo también quiero nacer a la vida de nuevo, a esa vida mejor y eterna, a ésa que Cristo quiso regalarnos. El día de hoy es el día de la vida. Jesús ha mostrado que todas su promesas eran ciertas (¡de hecho, acaba de cumplir la más difícil de todas, la de resucitar al tercer día!). Durante esta semana que ha terminado hemos visto a un Jesús que se deshace en amor hacia los demás; le hemos visto sufriendo la traición y el abandono; le hemos visto rechazado, menospreciado, insultado, escupido, vejado; le hemos visto reclamando justicia, pero sin rebelarse a la misión que se le había encomendado; aceptando incluso la muerte para mostrar su amor. Hoy le vemos triunfante, vivo, presente entre nosotros enviándonos un mensaje que empieza con las palabras “Paz a vosotros”. Y ante esta resurrección, ante esta fiesta de la vida que celebraremos cada domingo al reunirnos para vivir la Eucaristía, podemos mantener posturas como las de los discípulos cuando acuden a ver qué ha pasado en el sepulcro. ¿Qué es lo que creemos sobre la Resurrección? En ocasiones somos como María Magdalena; nos acercamos a buscarle, pero no le encontramos y nos decimos: se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Ese curioso plural en el que habla nos sirve para incluirnos en el grupo de quienes en muchas ocasiones vemos signos de que Él sigue presente y resucitado pero preferimos pensar que son casualidades, o que es el destino, o que no acabamos de entender bien qué es lo que está pasando. Nos cuesta mucho creernos eso que Jesús nos anunció; preferimos buscar otras explicaciones, como María Magdalena, que cree que han robado su cuerpo… Incluso a veces le reprochamos que haya desaparecido de nuestras vidas. La muerte es un abismo de interrogantes tan fuerte para nosotros que no somos capaces de aceptar las explicaciones del Señor… las oímos, pero no las hacemos nuestras. En otras ocasiones somos como Pedro. El primero entre los Apóstoles, en ese momento ve, constata, comprueba, calla… pero aún no cree. En ese momento parece que le pasa como días después le ocurrió a Tomás: necesita ver para creer… y lo que está viendo no es suficiente. Ya no es como la Magdalena, que parece que necesita más evidencias; es que además necesita quedarse en una cierta duda razonable. Nuestra fe a veces es así: decimos creer, entendemos el por qué, descubrimos las razones… pero no es suficiente. Necesitaríamos una revelación divina con luces celestiales abriéndose en el techo de nuestra habitación, o una llamada telefónica de Dios diciendo: "Hola, hijo mío, ¿es esto suficiente ya para que creas en mí?” Afortunadamente en algunas ocasiones somos como el discípulo que de repente cree. Aunque parece que cree simplemente porque no le quedan más opciones… si éste es el sepulcro, si éstas son las vendas, si esto aquí enrollado aparte es el sudario, pues debe ser que ha resucitado… Y a veces manifestamos nosotros también ese mismo tipo de fe; quizás más consiste en descartar otras opciones, que realmente una convicción. Y nos pasa cada vez que creemos con esa fe pequeñita de quien en realidad lo que hace es repetirse una y otra vez cosas aprendidas, de puro recuerdo de lo que le transmitieron sus mayores, pero no toca el corazón. O cuando decimos lo que sabemos que los demás, nuestros devotos prójimos, quieren escuchar, pero con una actitud que denota que falta algo: convicción. La evidencia Yo siempre pienso que el Señor sabe bien de qué pasta nos ha hecho, y por eso no dejó esta historia en el final que hemos oído hoy en el Evangelio: se puso ante ellos cuando estaban reunidos y se les

mostró, tal cual, les transmitió la paz y les enseñó las manos y el costado. Era Él. ¿No creéis que quizás hoy es el día para ver esas manos y ese costado, esos signos de que es Él, muerto y resucitado, a nuestro lado? Celebrar la Pascua puede ser momento de eso: pararnos a mirar los signos evidentes de que Él está presente en nuestras vidas; reconocer cada momento de su presencia en lo cotidiano y en lo extraordinario; y como conclusión, con esa gran sonrisa que hoy debe adornar los rostros de quienes nos sabemos hijos de Dios, exclamar: ¡Gracias! ¡Aleluya!.
RAMON GARCÍA ramon@dabar.net

LA MISA DE HOY
MONICION DE ENTRADA Bienvenidos a esta celebración, la del día primero de la semana, en la que, reunidos como los discípulos del Señor, Él viene a ponerse en medio y hacernos su regalo de Pascua: transmitirnos la Paz a todos nosotros. Cada domingo del año será la repetición de esta celebración, porque en ella nos reúne lo fundamental de nuestra fe: que con su muerte y resurrección Jesús nos ha salvado, nos ha dado nueva vida, nos ha hecho hombres y mujeres nuevos. En la celebración que ahora comienza, os invitamos a, como los discípulos de Jesús, ir hasta el sepulcro donde le habían puesto, y vivir una experiencia radical. Ojalá hoy salgamos todos del templo distintos, como les ocurrió a ellos. Bienvenidos a esta celebración del día de la Pascua RITO DE LA ASPERSIÓN El agua limpia. El agua refresca. El agua da vida. Precisamente por eso el agua cumple un lugar tan importante como símbolo en la Pascua. Nos recuerda nuestro bautismo, que es una forma de recordar nuestro segundo nacimiento, el nacimiento a la fe. Nos recuerda que también en nuestro bautismo se nos limpió del pecado, y que debemos caminar siempre en una tarea constante de limpieza en la que evitarlo y procurar el bien. Nos recuerda también que en el bautismo Dios nos hizo sus hijos, y que ése es el mayor aliento y refresco que podemos tener cuando nos cansamos en el camino de la vida. Que el agua que vais a recibir os recuerde que sois hombres y mujeres nuevos, y que caminando como tales os veáis llenos de fuerza, de vida y de su aliento, para poder de esa manera manteneros limpios de pecado hasta la vida eterna. ORACIÓN COLECTA Padre del Cielo, que no quieres la muerte del pecador, sino regalarle tu propia vida: transforma nuestros corazones lavados por el agua del bautismo para que la gracia que entonces nos regalaste crezca en ellos día a día. MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA Ahora todo es nuevo. Ya no hablamos del Dios de los judíos, sino de ese mismo dios pero que ahora es el que resucitó a Jesús, ese mismo Dios que se hizo hombre para salvarnos; ese Jesús que nos ha hecho el mayor regalo, que no es otro que el de librarnos de las fuertes cadenas que nos ataban al pecado. Así lo descubrieron los discípulos y así se lo oímos predicar. SALMO RESPONSORIAL (Sal 117) Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.

Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA “Hoy empiezo una nueva vida”, solemos decirnos a menudo. O sea, decidimos morir a lo viejo y empezar desde cero, como un recién nacido… Pablo hoy nos muestra en qué debe consistir nuestra nueva vida, dónde debemos poner los ojos, qué es lo que nos debe guiar. Para ser hombres nuevos, resucitados con Cristo, tendremos que hacer nuestra la actitud que él propone. MONICIÓN AL EVANGELIO Ante la resurrección, ante la idea de la vida después de la muerte, pueden surgir en nuestros corazones muchos interrogantes. Podemos ver incluso como nuestra fe necesita mayores evidencias. Sólo con un corazón capaz de ver, entender y aceptar, más allá de nuestra razón, podremos alcanzar la fe que hoy nos reúne y debemos hacer cada día más fuerte. ORACIÓN DE LOS FIELES Dios cumple siempre sus promesas, y hoy, alumbrados por la luz deslumbrante de su Resurrección, nos cuesta menos tener esa confianza. Por eso, sabiendo que Él siempre nos escucha y quiere lo mejor para nosotros, presentémosle nuestros deseos. -Por la Iglesia universal, y por cada una de las iglesias locales y comunidades en que nos reunimos. Para que a pesar de nuestras dudas, desconfianzas o temores sepamos estar en medio del mundo no como los discípulos encerrados por miedo a los judíos, sino como los que salían a la calle a gritar la resurrección de Jesús. Roguemos al Señor -Por cuantos reciben el bautismo. Los niños, que tienen aún su fe como un germen, para que sus padres cuiden esa semilla y la hagan crecer y fructificar. Los adultos que se lanzan a la aventura de la fe, para que en nosotros encuentren ejemplo y apoyo. Roguemos al Señor -Por cuantos siguen atrapados a las cadenas de la muerte. Los que por su tristeza o depresión no le encuentran sentido a la vida. Los que por sus adicciones no consiguen caminar libres y resucitados. Los que sufren en su carne la enfermedad y eso les impide tener el alma resucitada. Los que caminan a oscuras sin encontrar sentido ni plenitud a sus vidas. Para que el sepulcro vacío de Jesús les haga llegar sus mismas palabras: ¡Paz a vosotros!. Roguemos al Señor -Por nuestros difuntos. Para que sigan vivos en nosotros, y para que el Señor les premie con el esfuerzo que en sus vidas hicieron por salir de las tinieblas e ir hacia su luz. Roguemos al Señor -Por nosotros y nuestra Comunidad. Para que la alegría de la Pascua nos contagie a unos y otros, y nos haga vivir haciéndole sitio al resucitado para que Él sea siempre el centro de nuestra Asamblea. Roguemos al Señor. Oración: Atiende, padre, las súplicas que te presentamos. Las dirigimos a ti con la confianza de los hijos hacia su padre, y lo hacemos por tu Hijos, Jesucristo, que vive y reina, resucitado y glorioso, por los siglos de los siglos. ORACIÓN OFRENDAS Nada podemos darte que tú antes no nos hayas regalado. Al ponernos ante ti, Señor, con nuestras manos vacías, queremos ofrecerte hoy nuestro esfuerzo por seguirte, nuestras dudas y temores, nuestra necesidad de evidencias, para que tú nos desmontes y hagas crecer a cambio nuestra alegría y nuestra deseo de seguirte. PREFACIO Sólo podemos expresar hoy nuestra alegría que se resume en un ¡Aleluya!. Has vencido a todas las dificultades; has sido fiel hasta la muerte; lo has dado todo por nosotros; cada uno de tus gestos es la prueba de tu amor. Tú, que prometiste tantas cosas, has hecho realidad hasta la más difícil de tus

promesas. Confiamos en ti, y por eso sabemos que la muerte ya no manda en nuestra vida, y que podemos vivir como resucitados, libres, tomados de tu mano, lejos del pecado que es la peor de las muertes. Por eso nos unimos a toda la humanidad y a toda la creación dándote las gracias por este gran regalo de tu amor. ORACIÓN GRACIAS Danos, Señor, tu misma vida, tu misma fuerza; que seguirte de cerca nos ayude a no desviarnos; que tenerte presente, vivo y resucitado, nos muestre bien el camino para que dejemos así la vida de las tinieblas y del pecado y no haya ninguna otra cadena que la del fuerte amor que nos regalas y te agradecemos. BENDICIÓN FINAL -Que el Padre del cielo, que jamás nos da la espalda a pesar de nuestras debilidades, llene vuestras vidas de bendición. -Que su hijo Jesús, el Resucitado, llene vuestros corazones de la Paz que transmite como regalo de la Pascua. -Y que su Espíritu os aliente para caminar cada día como hijos de la luz, resucitados y vivos con Cristo.

CANTOS PARA LA CELEBRACIÓN
Entrada: Alegre la mañana (de Espinosa); Canta con júbilo (1CLN-219); En la mañana de Resurrección (1CLN-213); A los tres días resucitó (1CLN-210). Gloria: de Palazón. Salmo: Este es el día en que actuó (1CLN-522). Aleluya: 1CLN-E 2. Santo: Gregoriano, de la Misa de Angelis. Aclamación al memorial: 1CLN-J 2. Comunión: Jesús, nuestra Pascua (1CLN-216); Resucitó (1CLN-208); La noche ya pasó (disco "15 Nuevos Cantos sobre Jesucristo-2000"). Final: Regina Coeli; Reina del cielo, alégrate (de Palazón).
Director: José Ángel Fuertes Sancho ·Paricio Frontiñán, s/n· Tlf 976458529-Fax 976439635 · 50004 ZARAGOZA Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

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