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La pasión según Eduardo Favario La militancia revolucionaria como ética del sacrificio 1
Ana Longoni
Publicado en: revista El Rodaballo año VI Nº 11/12, Buenos Aires, primaveraverano 2000, pp. 54-61.

Este texto se plantea un acercamiento a los últimos años de la vida y a las circunstancias de la muerte de un hombre. El caso de Eduardo Favario, descollante artista experimental rosarino, más tarde militante del ERP, permite pensar hasta qué punto la lógica bélica que atravesó la militancia de la izquierda revolucionaria se apoyó en una ética que impuso como mandato no volver nunca atrás, aún cuando por delante sólo se vislumbraba la derrota, la muerte. En ese sentido, una línea que recorre el texto se interroga acerca de cómo se cruzó la pasión (por el arte, por la política) con la muerte en tanto mandato de sacrificio. Eduardo Favario fue uno de los más activos integrantes del Grupo de Artistas de Vanguardia de Rosario, que desde mediados de la década del ‘60 alteró con contundencia la escena artística rosarina, abandonó rápidamente la pintura y los formatos tradicionales para experimentar con objetos, ambientaciones y acciones de arte fuera de los estrechos límites de galerías y premios. Junto a un núcleo de plásticos experimentales porteños, el grupo rosarino protagonizó en 1968 un acelerado itinerario de acciones artístico–políticas que culminó en “Tucumán Arde”. Ese itinerario marca la intención de redefinir las prácticas artísticas a partir de su vinculación con la política radicalizada, de fusionar el arte y la política, en una poco delimitada zona común en la que comparten, superponen, intercambian los procedimientos y los materiales de cada una de las esferas. Los límites de esta experiencia (evidenciados en la clausura de la muestra de “Tucumán Arde” en la sede de la CGT de los Argentinos de Buenos Aires) son también los límites de la vanguardia artística de la década: se generaliza en esta formación —o, mejor, red de formaciones— el abandono del arte. Poco después de finalizar “Tucumán Arde”, Favario pasó a ser militante activo del PRT, que fundara dos años después el ERP. En 1975, cae bajo las balas del Ejército, mientras realizaba ejercicios militares en una zona rural de Santa Fe. Dentro del revival que las experiencias ditellianas y aledaños vienen teniendo en la última década, el silencio casi unánime en el que está sumida la obra de Eduardo Favario no puede explicarse sino por la dificultad de leer su vida artística a la luz (o a la sombra) de su historia política.2 La saña con la que las fuerzas represivas se volvieron contra las telas y los papeles de Favario, que fueron destrozados, pisoteados y tajeados durante los allanamientos a su domicilio incluso cuando él ya estaba muerto, dan cuenta de que aún esas imágenes —en su mayoría abstractas — molestaban en tanto testimonios de que el guerrillero era (¿o había sido?) también un artista. No trato aquí de biografiarlo, sino de aproximarme a los escasos rastros de lo que fue esa secuencia final de su vida. El caso de Eduardo Favario es un caso extremo en la época (pero no por ello insólito) del intelectual que opta por abandonar su ámbito y su actividad específica, y decide pasar a la acción política (que deviene político-militar). Su historia permite pensar la disolución de la vanguardia artística, del abandono del arte de muchos de sus integrantes, de la supeditación de las prácticas intelectuales a los mandatos de la política que predominó en esos años. Recorre las formas que adoptó en él la pasión revolucionaria (por transformar el arte, el mundo), las decisiones vitales por las que transitó y aquellas instancias en las que ya no le fue posible decidir.

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por lo tanto. de algún modo también aplazó el comienzo del debate. se agrega aquí la circunstancia de su muerte: Eduardo Favario no es un desaparecido. pensando en cómo se construyó la figura del desaparecido como una posición que no se mancha con las —veladas o explícitas — acusaciones de “quiebre”. Partir de hacer explícita esa condición. en la muerte y la desaparición de decenas de miles de personas. recuerda acerca de la vorágine de violencia en la que se vieron involucrados. escribe recientemente el mismo Schmucler en “El olvido del mal”5. nos hunden en la necesidad.6 La posición de Helios Prieto (que fuera parte del Comité Ejecutivo del PRT-ERP) avanza en el camino de la autocrítica hacia formulaciones más generales acerca del lugar de la violencia. A su vez. acerca de la violencia política (y —dentro de ésta— de las formas políticas bélicas que asumió gran parte de la militancia revolucionaria) en los primeros años ‘70. (A las dificultades de la izquierda para hacer este balance. “Entender lo que pasó está lejos de justificarlo”. pero estas situaciones nos alejan de la libertad. En el mismo sentido.2 Estas notas apuestan a integrarse a un balance. Héctor Schmucler y Rubén S. En este último artículo otorga una nueva densidad a una expresión que suele servir de muletilla: “clima de época”. eso no lo decía nadie”. José Aricó. Y sigue: “El ‘clima de época’ naturalizaba la violencia armada como un transitar necesario para eliminar la permanente violencia que significaba la injusticia y la humillación cotidiana”. En situaciones límite es inevitable el recurso a la violencia. entrevistado por Carlos Altamirano. intenta explicarse las expectativas políticas que el grupo gramsciano de Pasado y Presente cifró en Montoneros. en los ‘90 radica en gran medida en la mitificación que cobró en ciertos círculos nuevos impulsos en torno a ciertas figuras (el Che). A fines de la dictadura y comienzos del gobierno de Alfonsín. Menos libertad. Y justamente porque operan como mito —diría Sorel. la ausencia o la debilidad (auto)crítica de este balance en los años de la llamada “transición democrática”. Algunas voces empezaron tempranamente un balance autocrítico de las experiencias armadas encaradas por la izquierda. todavía sin resolver. varios artículos en revistas) han avanzado en encarar los caminos de una autocrítica de la experiencia armada de los ’70. la estrategia jurídico-política de los organismos de derechos humanos de elidir el reconocimiento de la participación de muchas de las víctimas del terrorismo de Estado en las formas de la violencia política de los años previos. traición o delación que corren contra los sobrevivientes ni con la certeza de la pertenencia a una organización armada que roza a los “caídos en combate”3). Caletti publicaron a fines de los ‘70 y principios de los ’80 algunos tempranos artículos que avanzan en ese sentido4. En la revista Controversia. no por ello deseable en tanto socava la libertad de todos los hombres: “La lucha armada requiere organizaciones jerarquizadas y no democráticas. ni del 2 . sino que reclaman para sí una adhesión global y sin fisuras. vamos al desastre’. en los que hay indicios de que empieza a procesarse colectivamente esa experiencia. Cuando hay violencia no es la hora de la izquierda. El resultado es siempre más poder para los violentos de una u otra parte. editada por un grupo de exilados argentinos en México. parece ceder en los últimos años. Digo ominosas. Esta noción posibilita “poner en evidencia sistemas de ideas que en un tiempo circularon y permitieron aceptar complacientemente lo que luego pudo revelarse como siniestro”. ni es un reconvertido integrado a los círculos de poder. Es un guerrillero caído mientras hacía ejercicios militares. balance que no termina de cerrarse hasta hoy. Reconoce que es fuerza constitutiva de la historia. ni analizarse. Si un escollo insalvable para realizar dicha autocrítica en los ‘80 parece ser la táctica discursiva hegemónica en el movimiento de derechos humanos. La obturación. para la mayoría de los ciudadanos y fortalecimiento del Estado. procesos políticos (Cuba) y experiencias (la guerrilla). son evidentes dentro de la izquierda las dificultades de formularla —y más aún de hacerla pública—. como veremos más adelante— no pueden descomponerse. la “Teoría de los dos demonios” desplaza a una posición de externalidad respecto del conjunto de la sociedad tanto a la militancia revolucionaria como a las fuerzas represivas. “’No. que culminó en una encarnizada represión. A pesar de que algunas voces (unos pocos libros. puede ayudar a pensarla desde un lugar que se resguarde de ciertas valoraciones ominosas al respecto.

Nada hace más desiguales a dos seres humanos que un arma. en el sacrificio de la vida de uno en el cuerpo mayor de la revolución. podría traerse a colación la referencia de Mannheim a que las sectas milenaristas viven en un clima de excitación orgiástica9: ¿No hay mucho de ello en la disolución del propio cuerpo individual en el cuerpo colectivo de la organización. el sentido que sus muertes alcanzarían. formal. de que no había ninguna chance de que la revolución triunfara en lo inmediato. y lo que percibían íntimamente: quiero insistir en la contradicción que aparece velada entre la línea explícita. que adopta rasgos sectarios. del arrojo. Todavía más crudo. su autoconciencia de las señales de derrota y la proximidad de la muerte. 178-179. los síntomas del estado de ánimo. dedicatorias. al sacrificio y a la abnegación que puede leerse como el revés del discurso público triunfalista que se proclamaba contra todo sentido común. presente incluso en líderes máximos. y la “estructura de sentimiento” de la militancia. cuando ya había señales más que evidentes del aplastante accionar represivo. presentes en la realidad política.3 socialismo. viva la revolución” A partir de una serie de rastros. entendida como “acontecimiento único y total. del coraje. Matilde Ollier8 —entre otros— considera que la “militarización de la izquierda revolucionaria (IR)” provocó un aislamiento que hizo que no vieran la inmediatez del “exterminio”: “La IR (sobre todo la guerrillera. autorreferenciales. es un componente a tener en cuenta para entender la persistencia en realizar acciones armadas aisladas. de lo familiar. entre los militantes de las organizaciones armadas.. más bien. e incorporando una 3 . Allí aparece aquella estructura de culto al heroísmo. de fragmentos escritos (de Favario. En torno al cruce entre la secta política y la secta religiosa. para ser dignos de ellos. que proclama una victoria segura y próxima. Diversos testimonios coinciden en reconocer cierta conciencia. dejando sembrado el ejemplo para que las generaciones venideras lo recojan. Mi intención es trabajar sobre los bordes. En el balance de su experiencia en el PRT-ERP que aparece en este mismo número. Creo. que era la más numerosa) no percibe su debilidad militar” (p. a la propia muerte. “Santucho dijo que aunque estuviéramos seguros de que nos matarían a todos teníamos que iniciar la lucha armada porque alguien tenía que dar una lección de dignidad en la Argentina”. por un lado. Sin embargo. sólo queda seguirlos. Sin embargo. el destacado el mío). justificaban el inicio y la continuidad del combate. por otro. Helios Prieto relata que en la primera reunión del Comité Central luego de la ruptura con el sector que lideraba Nahuel Moreno (1968). incluso de lo secreto. esta conciencia no se tradujo en la deserción de la lucha armada ni en una rebelión contra la línea de la dirección. una irrupción en el mundo”10? Otra respuesta posible: en estos militantes opera el autoconvencimiento de que aunque aislados. dejar un testimonio escrito con sangre para las nuevas generaciones. propongo en esta parte una aproximación al registro no tanto público como íntimo de las formas que adoptó la pasión política entre los que optaron por integrarse a la lucha armada. ni de la libertad. de sus compañeros). ¿Por qué persistieron? Una respuesta que a mi entender no alcanza es pensar en la distorsión que provoca la pertenencia a una organización política cerrada. En este corpus encuentro indicios de una cierta conciencia incluso previa al golpe del ’76. escritos personales y anécdotas del orden de lo privado. del riesgo. sin sentido político. El culto de la valentía. “La praxis del coraje no admite cuestionamientos subalternos”. que se ponen de manifiesto en cartas. tienen la razón (histórica) y deben marcar el camino (para el futuro). En ese sentido. repudiadas por la población en general y por los mismos obreros que pretendían defender las organizaciones armadas. incluso de la hombría. pública. de que se dirigían irremediablemente a una derrota militar aplastante. Nada menos libre al que no la tiene”7. escribe Brocato11: frente al valor demostrado por los que ya murieron. un “grupo juramentado” (Sartre). “Ha muerto un revolucionario. que hay un quiebre profundo entre lo que proclamaban públicamente.. Aquí entra en juego la concepción leninista del partido (y su reformulación sesentista en el foco) como vanguardia. El microclima de secta impediría “reconocer” las señales contrarias a los análisis y perspectivas del grupo.

o que al menos permita discutir la superioridad de unas hipótesis sobre otras” (p. en busca de alguna otra respuesta. sostenido más allá de la razón por la subjetividad de un colectivo (la clase proletaria). tendencias que se posesionaron del espíritu con la insistencia de los instintos en todas las circunstancias de la vida. y a la huelga general como una imitación en pequeña escala. que “aplasta definitivamente al adversario”. el mito da forma al orden de los deseos colectivos. la resistencia a la tortura. 127). La huelga general es el mito en el cual. No se trata de descomponer o analizar esos mitos en sus elementos. Otra entrada posible sería considerar que existe una moralidad de la violencia. “Es preciso considerar a los mitos como medios para obrar en el presente. 120). 29. “la experiencia nos prueba que las imágenes de un porvenir indeterminado en el tiempo pueden poseer una gran eficacia” cuando “se trata de mitos en los cuales se reencuentran las más fuertes tendencias de un pueblo.. s. como renuncia. que sostiene que son los intelectuales los que analizan las condiciones objetivas y orientan la acción de las masas. la entrega a la muerte. por ejemplo. para Sorel. va contra la concepción de la línea predominante en el “socialismo científico” (pienso. contra el sentido común que asocia blandura y honradez. en el marxismo de Kautsky). son expresiones crecientes de la política entendida como sacrificio. El mito de la violencia “Los hombres que participan en los grandes movimientos sociales imaginan su más inmediata actuación bajo la forma de imágenes de batallas que aseguran el triunfo de su causa. Esto es. y que otorgan un aspecto de plena realidad a las esperanzas de acción próxima sobre las cuales se funda la reforma de la voluntad” (p. pero también con la pretensión científica del marxismo. que intentan ocultar y evitar el componente violento del proceso social. Abordaré esta cuestión a partir una asociación quizá más pertinente que las anteriores: la de la violencia revolucionaria. La Pléyade. Sin embargo. Pero importa poco o nada que lo que contiene el mito se produzca en el futuro. 125). En relación a la proyección del mito hacia el futuro. la acción armada concebida como mito.. Lo único que interesa es el conjunto del mito” (p. Se podría indagar. y quienes no”. Y en ese sentido distingue: “Hay que cuidarse de 4 . en el sentido que le otorga Georges Sorel a ese término para referirse a la huelga general proletaria en Reflexiones sobre la violencia (1908). Su definición del “mito social”. Georges Sorel. las condiciones sacrificadas de vida. ensayo o preparación del cataclismo final” (p.4 dimensión terriblemente rudimentaria y machista de las prácticas políticas. p.f. la apelación a la entrega y a la abnegación del militante es la que termina en la ecuación militancia política = muerte. Reflexiones sobre la violencia. de un partido o de una clase. sino tomarlos en conjunto como “fuerzas históricas”. se condensa el socialismo: “una organización de imágenes capaces de evocar instintivamente todos los sentimientos que corresponden a las diversas manifestaciones de la guerra entablada por el socialismo contra la sociedad moderna” (p. con la concepción racionalista-iluminista de la historia. 125-126). Buenos Aires. El renunciamiento a los “proyectos personales”. Compara la huelga general con la batalla napoleónica. Helios Prieto cuenta en el artículo recién citado que muchas veces el aliciente para seguir realizando delirantes acciones armadas “se había reducido a un debate testicular según el cual se trataba exclusivamente de saber quiénes tenían h.. La posición de Sorel discute con los socialistas parlamentarios. Yo propuse denominar mythes (mitos) a esas concepciones cuyo conocimiento es de tanta importancia para el historiador: la huelga general de los sindicalistas y la revolución catastrófica de Marx son mitos”. Los sindicatos revolucionarios “reducen todo el socialismo a la huelga general y observan toda combinación como convergente en ella. Sorel sostiene que “no existe procedimiento adecuado para prever lo futuro de un modo científico. en cierta práctica de la política que se vincula con el sacrificio. 129).

en términos más recientes. La diferencia fundamental entre ambos pensamientos radica en quién es el agente de esa revolución: la vanguardia de agitadores profesionales concentrada en el Partido Comunista. De allí. Sorel ha desplazado el terreno en un punto decisivo: el campo de las llamadas ‘leyes objetivas’ ha perdido su carácter de sustrato racional de lo social y ha pasado a ser el conjunto de formas a través de las cuales una clase se constituye como fuerza dominante y se impone al resto de la sociedad” (op. al imaginario colectivo. la crítica sesentista de Régis Debray a Sorel se resume en la analogía: “La guerrilla es a la sublevación campesina. Laclau y Mouffe señalan que: “respecto al marxismo ortodoxo. Este aspecto es señalado por Laclau y Mouffe: “Poco importa si la huelga general es realizable o no: su papel es el de un principio regulatorio que permita al proletariado pensar la mélange de las relaciones sociales como organizadora en torno a una línea de demarcación clara”12. su planteo no asimila el mito a una utopía. Laclau y Mouffe proponen una nueva lectura de Sorel. La violencia es entendida como un impulso emocional que aglutina. y consideran que el gran hallazgo de Sorel es que deja de pensar la clase en términos económicos (la relación del proletario con los medios de producción) para postular que lo que cohesiona a la clase y a sus organizaciones sindicales es el mito.5 comparar los hechos acaecidos con las representaciones que habían sido aceptadas antes de la acción”(p. op. inscribiéndola en lo que llaman los aportes a la crisis del marxismo. justamente. El documento que en el IV Congreso del PRT aprobó la mayoría (lo que dio origen a la fractura entre los que optaban por la lucha armada foquista y los que insistían en inscribirla en las acciones de la clase obrera) se titulaba. contra estas pretensiones de la socialdemocracia.. un quiebre: la identidad del sujeto puede dejar de pensarse en términos de clase. en los ’80 la democracia constituye para Laclau y Mouffe el nuevo mito que cohesiona a un sujeto social que ya no se define en términos de clase. “a medida que los intelectuales repartan cortesías. fortalece y concretiza la noción intelectual de lucha de clases (Ciria. que podría equipararse al concepto de “ideología” o. que pretenden la toma del poder y no la liberación del hombre que trabaja. Como vemos. En la segunda mitad de los ’80. las instituciones económicas del proletariado. Su desconfianza ante todos los políticos. Y así como “la ‘huelga general’ sindicalista o la ‘revolución’ de Marx son mitos en tanto funcionan como puntos ideológicos de condensación de una identidad proletaria constituida a partir de una dispersión de posiciones de sujeto”. 47). y planteaba que la vía para arribar al socialismo era la toma de “el poder mediante la lucha armada en sus formas de guerra de guerrillas. la violencia. p. Y de allí podemos recuperar otra dimensión del planteo de Sorel que es significativa en nuestro análisis: aquella que. es pensable un corrimiento. “El único camino hacia el poder obrero y el socialismo en Argentina”. para Sorel. digna de ser estimulada. y su deseo de derrocarlo por la violencia sindical. dice Sorel. cit. El concepto soreliano de mito fue retomado desde diferentes posiciones ideológicas. postulan Laclau y Mouffe. sabotajes y terrorismo” (marzo de 1968). cit. la clase proletaria) y lo impulsa a actuar en el presente. “Es en las huelgas donde el proletariado afirma su existencia”. que no sólo es constitutiva. siguiendo a Marx.. sino que además es progresiva. lleva a Sorel a plantear un modelo de 5 . sino. plantea que la violencia es constitutiva de la historia. un factor de desorden que aminorará en tanto se negocien equilibrios y armonías entre las clases. a una construcción ideal del porvenir. y no es una anomalía. Heredera de la línea de la organización de vanguardia. El mito de la acción armada. p. como “único camino”. encuentran un continuador práctico en Lenin”13. a una representación que aglutina a un colectivo (para él. que van del fascismo de Mussolini hasta el latinoamericano de Mariátegui. También podría pensarse también en términos de mito la cohesión interna de los sectores involucrados directa o periféricamente con las organizaciones que optaron por la lucha armada en los años ’70. para Lenin. por el contrario. pasando por Gramsci y su noción de “bloque histórico”. estupideces y muecas en honor de la unión de las clases” como dice Sorel. Y postula. lo que Marx es a Sorel” 14. 18). Alberto Ciria señala las apropiaciones e influencias que estas nociones de Sorel en Lenin: “La oposición de Sorel al gobierno burgués. 30). la violencia intrínseca de la lucha de clases.

en principio general de democracia”. paradigmas para las revoluciones por venir (p. desprecio y promoción de los derechos del hombre. p. Esta distinción no estaba presente en Marx. de la cual cada huelga constituye un episodio”.. Sorel considera que existe una moralidad de la violencia. Contra la asociación habitual entre mansedumbre y decencia. y otros para servir a la tiranía” (L. muerte y regeneración”. “El miedo revolucionario. la segunda.. Unen.) entre ella misma y las pasiones impulsivas de movimiento y de exceso” (p. se metamorfosea en Terror.. en efecto. pero es necesario agregarla: la diferencia entre la fuerza que se encamina hacia la autoridad y busca lograr una obediencia automática. “La opacidad y la ceguera” que terminan envolviendo a los protagonistas más lúcidos de los movimientos revolucionarios son efecto de esta lógica de hibridación paradojal.) La revolución social es una extensión de esa guerra. “La virtud. el terror.) El terror es un arma de doble filo.. por otra parte. pasiones que hasta entonces estaban vedadas en su acceso a la razón. “adquieren su diferenciado poder de discernimiento” y se vuelven más frías y previsibles colonizadas por la razón. aquello que es quizá ineluctable en el largo período” (p. típico del despotismo. 362). el segundo para los actos insurrectos. 297)..6 construcción de la nueva sociedad en base a los sindicatos como forma de organización. de los gobiernos republicanos democráticos). A partir de esas “hibridaciones” nacen “’mutantes’ conceptuales como el ‘despotismo de la libertad’”. alcanzan a considerar las ventajas otorgadas por la prosperidad de sus patronos y a tomar en cuenta los intereses nacionales”). 361). Remo Bodei15 se refiere al quiebre que imprimen en la tradición de las ideas políticas las prácticas en el poder y las doctrinas de los Jacobinos. presentada como necesaria. “ellos los recombinan en formas nuevas y ‘monstruosas’(. puede resultarnos productiva. 1902) recupera explícitamente la tradición jacobina. propone un antídoto en los sentimientos de violencia que provocan y mantienen las huelgas en los trabajadores organizados (Ciria. en tiempos breves. de la que unos se han servido para vengar al pueblo. “El terror se vuelve ahora racional y la razón terrible.. “Cesan de ser vistas como nocivas a la razón misma o a la moral pública”. “El socialismo no podrá subsistir sin una apología de la violencia” (p. se transforma el rol del miedo y de la esperanza. Con los jacobinos. 178). definiendo al militante 6 . “La razón estipula un tratado de alianza (.. y ambos se proclaman pilares de la virtud” (p. “La huelga es un fenómeno de guerra (. La distinción que establece entonces entre los términos fuerza y violencia.. sin el cual la virtud es impotente” (M. Robespierre). 182). (. Pasiones que antes habían estado excluidas del ámbito de la racionalidad.. La analogía del jacobinismo con experiencias revolucionarias posteriores no es forzada.. “La fuerza tiene por objeto imponer la organización de un cierto orden social en el cual una minoría es la que gobierna. y la violencia que quiere quebrar esa autoridad (p. fuerza y razón. op. institucionalizado. Conciente del peligro de “aburguesamiento” de los sindicatos (“una vez que se vuelven prudentes.). cit. terror y filosofía. despotismo y libertad. La moralidad de la violencia “La fuerza no hace ni el derecho. Si el miedo y la virtud eran hasta Montesquieu incompatibles (el primero. sin la cual el terror es funesto.. Pero es quizá imposible abstenerse de ella para hacer respetar el derecho y la razón. ni la razón.. con audacia inaudita. aquello que se había mantenido separado con cuidado por la tradición política y filosófica: miedo y virtud.. en tanto que la violencia tiende a la destrucción de ese orden” (p. Bodei señala que uno de los riesgos de esta nueva disposición es el de “una caída en lo inconmensurable y en lo incomprensible”.. 17). “En esta elección oximórica. en la medida en que la teoría leninista del partido ( Qué hacer. 381). de Saint-Just). el primero para hablar de los actos de la autoridad. que induce a los revolucionarios a sentirse llamados a realizar.. burocratizado y nacionalizado. 364).

siguiendo su propia experiencia en Cuba (de la acción a la teoría). una psicóloga santafesina que se hacía llamar Ramona y que desapareció poco después del golpe militar de 1976. un núcleo duro que permanece intacto. a partir de las herramientas del marxismo científico. La doctrina de Ernesto Guevara. El foquismo guevarista en el que se sustentó el armazón ideológico del ERP y el de otras organizaciones armadas latinoamericanas de esos años. le regaló a Rita el libro de Julius Fucik. combinó. ese carácter heroico será reconocido (“algún día”). “La muchacha me decía 'no llore. Reportaje al pie del patíbulo. algún día su hijo va a ser reconocido como un héroe'. Lo único que podemos hacer ahora por él es seguirlo. La misma muchacha. manuscrito inédito de José 7 . se lamenta. Para que comprenda que en eso no estuvo ni estará solo. ya no hay condiciones objetivas y subjetivas para la revolución: las objetivas se consideran dadas. señora. preservado más allá de flujos y reflujos de las masas. 21-10-75): “Es que debe resultar extremista a los ojos de la burguesía un hombre que renuncia a una vida cómoda. ya no hay lugar para la “ciencia marxista”. pero también sabía por qué lo hacía y que su fusil sería inmediatamente recogido por otros brazos” (los destacados son míos). a la seguridad para si mismo. parece considerar que el momento de la teoría (la conceptualización de la experiencia) es posterior. no anterior como sí lo es en Lenin (de la teoría científica a la práctica correcta). y al partido como un destacamento de vanguardia. sino que muchos revolucionarios lamentablemente tendremos que dar la vida para afirmar la vida. el nombre de guerra de Favario (manuscrito fechado en Rosario. sino por los intelectuales del partido (provenientes de la pequeño–burguesía). Aparece aquí el tópico de la compensación de la muerte por el heroísmo.. la madre de Favario. entonces. las crea el foco a través de la acción. Pero no”. sino la del foco guerrillero. La madre de Favario lo relata hoy sabiendo que ella no va a vivir ese día: el dolor de la muerte de un hijo se potencia ante la falta de reconocimiento público de algún valor (positivo) en aquel sacrificio extremo. me cuenta que la que había sido la compañera de Eduardo en los últimos años la visitó poco después de la muerte de Eduardo. el jacobinismo con un extremo voluntarismo y un gran subjetivismo.7 como un conspirador profesional.16 La reelaboración de esta idea vanguardista de la política que implica el foquismo en los ‘60/’70 se nutre en esta misma matriz y la exacerba. sino que lo mataron porque eligió una forma de vida. de inevitabilidad de la muerte. En él. Para la madre. Ramona escribió la siguiente dedicatoria: “Para que comprenda que su hijo no eligió la muerte. Rita. en 1975. sino para la pura práctica fundante. La idea de renuncia a la vida. propio del discurso militar (“murió como un héroe”).) Jorge sabía tan bien como lo sabemos cada uno de nosotros que la muerte lo podía sorprender en cualquier parte. Un partido que es el portador de la conciencia del proletariado: la tesis de la externalidad de la conciencia de clase implica que ésta sería elaborada no por el proletariado. ni simultáneo como aparecía en Marx (teoría/práctica=praxis). El primero es el párrafo inicial de “En caso de muerte”. A diferencia de la teoría vanguardista de Lenin. aunque la vanguardia no adopte estrictamente la forma del partido. La muerte Hay palabras que estremecen. un Estado Mayor de la revolución.. a pensar en lo individual para entregar lo mejor de sus fuerzas a la lucha por una Patria de todos (. de la que fue su compañera en los últimos años” (los destacados son míos). las subjetivas. escritos por dirigentes de la misma organización. Transcribo otros dos fragmentos. también está inscripta en la Carta de la Dirección política y militar del ERP a la “compañera madre de ‘Jorge’”. pero con un fuerte desplazamiento: cuando triunfe la revolución.

no le doy la bienvenida. “El miedo primitivo. También Montoneros abonó un imaginario similar. y que podría leerse en el sentido de una “moral de la violencia”. es también un honor. cuando de la propia decisión depende delatar o callar bajo la tortura. recurriendo a los mismos tópicos. un esbozo de estos tópicos. Caito está muerto. pero quiere gozar personalmente de sus frutos. por tanto vinculada a la política. El temor por perder la vida o resultar gravemente amputado físicamente o mentalmente.8 Joe Baxter. por cierto. 1) La ausencia del miedo a la muerte. 26). empieza diciendo: “posiblemente ya sabía que alguna vez tendría que escribir esta carta. de la ratio como tal. pues amo la vida. no ha podido sustraerse a un destino que no le correspondía pero que sabía que le podía tocar. El sentido innato de autoconservación se convierte en el miedo racional a la muerte violenta (p. lo corroe consciente o inconscientemente. Lo que sigue es apenas un señalamiento. que nace de la comprensión de la reversibilidad y de la simetría especular de todas las amenazas de violencia”(p. Hay una serie de lugares comunes en estos registros fragmentarios. 84). No ha podido vivir más pero nos ha dejado. en el impresionante testimonio que brinda la carta que Enrique Sapag escribe a su familia el 3 de julio de 1977 para comunicarle que su hermano Ricardo había sido muerto unos días antes. Remo Bodei (op. Muchos otros mejores que yo han muerto en esta guerra. trataré de hacerlo con dignidad y decoro. el individualista tenderá a ser débil” (p. esto es. que también aporta en el mismo sentido: “A partir de este momento la posibilidad de morir es un hecho terriblemente cercano y posible. cit. firmado en Buenos Aires el 30 de mayo de 1970. Por ejemplo. que fuera publicada en La gaviola blindada. La pasión hegemónica en el despotismo es. y ustedes que la recibirían. acá. ante la amenaza inmediata de una muerte real o simulada (sic). una tópica que tiene que ver con una dimensión ética y hasta religiosa presente en la concepción de la militancia política como sacrificio (de la vida privada. 83). integrante de la dirección del ERP. señala “el temor por sí mismo”: “El individualista puede luchar sinceramente por la Revolución. Bueno. cuando de su propia decisión depende avanzar o retroceder bajo el fuego enemigo. el más alto al que se pueda aspirar: morir por la liberación de la Patria y del pueblo. pues viviré siempre en ellos y me tendrán en la revolución” (los destacados son míos). de la vida misma). justamente. acepto la muerte como un acto de servicio. (Mis hijos) no quedarán huérfanos. revista de los presos del PRT en la cárcel de Rawson (aquí las adversas condiciones de producción del texto vuelven más significativa la explicitación de la ética del sacrificio extremo). Al encontrarse en momentos difíciles en que se pone en juego la labor de mucha gente durante mucho tiempo. cada uno de los cuales merece un tratamiento más exhaustivo. Entre los rasgos que expresan el “individualismo” propio de la moral burguesa que los militantes de las organizaciones revolucionarias deben combatir. el 8 .) señala en Hobbes el reconocimiento del miedo como una pasión “civilizadora esencial”. no es exclusiva del discurso del ERP. Julio Parra [seudónimo de Luis Ortolani] escribe una preceptiva del militante. de las actividades y ámbitos de pertenencia específicos. se sublima en el hombre en miedo racional y constituye la fuente primaria de todo cálculo de reciprocidad. Si me toca hacerlo. En la subjetividad que enuncian varios de los textos citados puede señalarse como un trastocamiento de las pasiones racionales la ausencia de miedo a la muerte. titulada “Moral y proletarización”. compartido por los otros animales. una lección de vida”. Esta dimensión frente a la muerte.

escribe Schmucler (op.. La muerte de los combatientes aparece como inevitable. Aún la muerte de los que aún no han muerto. aún sin alentar expectativas de inminencia de triunfo revolucionario. El relato de María Seoane de los preparativos del ataque del ERP a Monte Chingolo (1975) muestra que la dirección estaba advertida de que habían sido infiltrados y de que las fuerzas de seguridad estaban preparadas para repeler el ataque.. op. Esta cotidianeidad de la muerte se resignifica y deja de ser un costo inútil. sino desde un orden distinto. Que no fue el puesto del que triunfará. condensaban la pretensión del ERP (y de otras organizaciones guerrilleras) de construirse a la manera del Ejército Regular. un gesto circular (“otros brazos levantarán el fusil del caído”) para ocupar su puesto. encaminarse (concientemente) a la propia muerte. guardadas con indudable orgullo. 379). Y sigue operando como trasfondo en el juicio que sobre los sobrevivientes de la represión se cierne: la culpabilización (propia y ajena). no ve en ello “una pública calamidad”: “¡Qué me importan los peligros! Mi vida pertenece a la patria (. La muerte (la sangre de los caídos) nutre el gran cuerpo colectivo de la Revolución (el cuerpo de uno subsumido en ese cuerpo mayor). ni reversibilidad del proceso. en el caso de los hombres y mujeres entregados a la lucha armada. porque no dieron la vida.. La muerte individual no es tal porque se redimensiona como vida (mítica) colectiva. 355). fotos de su viaje a Europa. al mismo tiempo que dejaban ver la desproporción entre esa pretensión y la realidad. es un compromiso ético de reparación. Renunciar a la vida. porque tuvieron miedo. Robespierre. 378). sigue Bodei respecto del Jacobinismo. p. Morían y mataban”. 8). Es esta lógica la que lleva a que sentir miedo se experimente como signo de culpabilidad (Bodei. cit. ¡Viva la revolución!”. puede leerse —además de como síntoma de la descomposición de la dirección— como la expresión paroxística de esta fruición de los militantes por encaminarse hacia una muerte anunciada. ante la amenaza de que la suerte violenta de Danton se vuelva contra él mismo. estaban las condecoraciones militares que señalaban los grados que había alcanzado Favario dentro del ERP.. que considera “paradigma para las revoluciones por venir” (p. cit. 2) La muerte (del guerrillero) alimenta la vida (de la revolución). Ya habíamos revisado juntas las carbonillas de sus años en el taller de pintura del artista rosarino Juan Grela.. frente al cual el individuo pierde importancia”. En una caja de cartón. en coronas florales y banderas sobre los ataúdes de los combatientes dice mucho al respecto: “Ha muerto un revolucionario. p. 9 . de metales nobles. 4) La política como guerra. Pero esto que iba a dejarme ver ahora se percibía a todas luces con una carga distinta.. cit. La segunda vez que entrevisté a Rita decidió mostrarme algo que valoraba mucho entre los pocos recuerdos que le quedaban de su hijo. ¿Cuál es. Ejemplos no faltan. 3) La inevitabilidad de la muerte. Aquí actúa una dimensión de la ética: hay que morir para ser dignos de los que ya murieron. 361). que se parecían más a las que lucen los boy scouts que a aquellas..) y si he de morir será sin reproche y sin ignominia” (citado en Bodei.9 miedo a la muerte (p. 358). hechas con pana de distintos colores. p.. de un pacto con el horror. “El pueblo y la Revolución son un absoluto. cuando se la considera parte del costo del triunfo final. envueltos en un nylon transparente. que —según Montesquieu— los franceses sólo logran desterrar “a través de una satisfacción superior a él” (p. La operación “Retorno” que organizó Montoneros con sus militantes y simpatizantes exiliados en pleno auge de la dictadura militar (1979). Un sino trágico los constreñía a seguir: un mandato que se puede comprender desde una racionalidad de la lógica política o militar. la suposición no probada de una traición. Había algo dolorosamente patético en esas insignias. y aún así insiste en llevar a cabo la operación que costó cerca de 60 vidas y desmanteló a una ya debilitada organización17. sino lamentablemente el del próximo en caer. “Los guerrilleros en la Argentina sabían que la lucha en que se habían empeñado los colocaba en un trato cotidiano con la muerte. que portan los oficiales del Ejército. op.. esa “satisfacción superior” que los lleva a semejante olvido? Creo que el slogan que apareció en volantes y discursos. catálogos de sus muestras. No hay marcha atrás. Esas insignias.

En el mismo sentido.) Marchas agotadoras de día y noche.. ve a los pueblos rebelarse y nos recuerda que en la lucha ya han muerto hombres 10 . aumentándolas paulatinamente y llevándolas siempre al borde de la extenuación” (Escritos y discursos. 77).).) El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor(. que imperó en los ‘60/’70..). Brocato (op. sin permitirse un solo instante de reposo (. del cual el culto al militarismo y a las insignias que señalan jerarquías. (. y que se verifica cotidianamente en la exclusión social.. Pero incluso sus orígenes se pueden remontar mucho más atrás.. de aquel que generaron las duras condiciones de construcción del Partido Bolchevique antes del triunfo de 1917: “militantes que sólo viven por y para la revolución (. conoce el sacrificio (. que no tiene más fin que la muerte. “El revolucionario que está en situación clandestina debe ser un perfecto asceta..) El revolucionario. 5) El hombre nuevo. de algún modo.) Quizá sea uno de los grandes dramas del dirigente. 12 de marzo de 1965. Montevideo. una especie de ascesis permanente”19. de donde transcribo un pasaje representativo: “El individuo de nuestro país sabe que la época gloriosa que le toca vivir es de sacrificio.. motor ideológico de la revolución dentro de su partido. Sin embargo. “El soldado guerrillero tendrá que ser infatigable (. La jerarquización en el perfil del guerrillero de aquellos valores tendientes al sacrificio. Otras voces empiezan a señalar. y además vive para probar una de sus cualidades como es la disciplina” (p.10 La mención de la existencia de una “guerra” ha sido eludida en el discurso de los organismos de derechos humanos en los ’80 para no legitimar la argumentación justificatoria que hacían los militares de la represión de Estado. es herencia. Este modelo de la militancia.. p. a algunos exponentes del socialismo utópico. En un principio el hombre vivió una felicidad edénica.. aisladas. a menos que la construcción se logre en escala mundial” (Carta a Carlos Quijano. La violencia en la Argentina fue producto —entre otras causas— de un ascendente y consciente objetivo perseguido por formaciones políticas que veían en la guerra el único camino posible para el logro de sus ideales” (op. Marcha. También queda desplazada en las lecturas de la violencia que.. En Palabras de un creyente (1833) ya aparece formulada una concepción de la revolución como redención y de la lucha para alcanzarla en términos de una ética del sacrificio. incluso a los que identificaban emancipación social con redención cristiana.) alude al militarismo y al verticalismo (antidemocrático) que primaba en las organizaciones revolucionarias.. éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. 169).). replicando a aquellas que la interpretan como “recurso extraordinario” del Estado (la “legítima” coerción física) y. los destacados son míos). en consecuencia. condenan la legitimidad de la violencia popular. Un ejemplo típico lo ofrece el Abate de Lamennais20.) debe ser sufrido hasta un gran extremo” (p.) Su existencia privada está totalmente sometida a las contingencias de la lucha revolucionaria. pero no alcanza a explicar la disociación creciente entre las acciones de masas y la insurgencia guerrillera después del Cordobazo. 166). Lo que sin duda es cierto. se consume en esa actividad ininterrumpida... tomo 1. definitivo. Lamennais anuncia que “los tiempos se acercan”. pero la codicia diabólica volvió a la tierra “tenebrosa y fría”... Son varios los autores que vinculan el desprecio por la muerte que traslucen los discursos y las acciones de las organizaciones guerrilleras con la doctrina del “hombre nuevo” que enunciara el Che Guevara en “El socialismo y el hombre en Cuba”. al ascetismo. uno y otro día. honores y grados es apenas una manifestación. al rigor extremo. se limitan a insistir en que la violencia es estructural e históricamente constitutiva de la política y el Estado (y el Derecho). las responsabilidades de sectores de la izquierda: “Los promotores de la lucha armada revolucionaria — escribe Schmucler— veían en la guerra el momento heroico. de la acción política (. cit. sin necesidad de trabajar. cit.. se reiteran en muchos de sus escritos18: “La base del ejército guerrillero es la marcha y no podrá haber lentos ni cansados (.

¿Cuánto de esto ha sobrevivido o se ha reproducido de nuevas formas en un modelo de militancia política que se asumía laico y ateo? Como si nos respondiera. nacido en “la disposición a la muerte”. Castañeda insiste en la superposición entre Ernesto Guevara y Cristo. no es gratuita. sus saberes esotéricos y exotéricos. a escondidas y en fragmentos. por la alegría hemos ido al combate y por la alegría morimos. por extensión. que significó. desconfiando profundamente de lo que ese movimiento estaba diciendo. por todo el espectro marxista. escribió: “Caito. Condenado a muerte De aquel libro de Fucik que recibió de manos de Ramona. más allá del discurso público que enunciaran. y a la luz de lo ocurrido después. con la certeza de que el enemigo iba a ser muy pronto derrotado. El autor los homologa también en cuanto la muerte del Che (como la de Cristo) fue la elegida por él. murió para que vivamos”. sin posibilidad de cambiar una situación en la dirección del movimiento. 6) Religiosidad. Una nueva homología. En el primer capítulo de su biografía del Che22. sus ritos y ceremonias. empero sus nombres vivirán eternamente en la tierra. contra lo que se quería creer en ese momento. como la creencia que una confrontación frontal con el Ejército podía llevarlos a ellos al triunfo. Se pensaba a sí mismo como el último combatiente en morir. La primera edición local es de 1950 y siguió reeditándose hasta la última dictadura militar. El mismo Cristo ha muerto para redimirnos y “el día de su muerte fue día de pánico para el infierno y de inmenso júbilo para el cielo”. esta vez entre Favario y Fucik. No es equivalente (ni objetiva ni subjetivamente) la situación que viven los militantes revolucionarios argentinos en los años ‘70. con su culto del líder. Eso no lo creía Quieto. pero obligado a defender cosas absurdas. Más abajo dice: “Y muchos morirán en el combate. invitan a pensar en la existencia de un nivel no consciente de la política. en la carta ya citada. que emparenta con la secta religiosa. José Aricó relata sus impresiones sobre el “desplome moral y político” del montonero Quieto poco antes de su detención. o a referirse a “la imagen crística de la vida que sigue a la muerte”. Que la tristeza no sea unida nunca a nuestro nombre”. en un imaginario institucional que gobierna invisiblemente la vida de la secta política. urgido por la inminencia de su ejecución. No sólo es la imagen la que lleva a Castañeda a nombrarlo como “el Cristo de Vallegrande”.11 y pueblos enteros. como Jesucristo. religiosa”: “El clima mágico de la secta política. derrotado. Otro abordaje a la cuestión de la religiosidad presente en estas formas de militancia ha sido señalado recientemente por Horacio Tarcus en su análisis de la secta política. retomando aquella definición de Marx de que “toda secta es. Alfredo Pucciarelli24 pone en cuestión el carácter de “fiesta popular” del gobierno camporista. que muera por la redención del género humano”. como destellos de la gloria de Dios”21. una derrota para la Nueva Izquierda. preso y condenado a muerte por la Gestapo en la Checoslovaquia de la segunda guerra. titulado “Muero pero no muero”. en realidad. Reportaje al pie del patíbulo fue asiduamente leído por la izquierda argentina de esos años. sus libros sagrados. mesianismo. fundamentalmente dentro del comunismo y. y lo describe como “un dirigente aniquilado. al punto tal que su parecido con las viejas sectas religiosas es asombroso”23. que quedó fijada en las fotos que devinieron en emblema mítico. provocada por la forma en que se expuso el cuerpo inerte del Che que prepararon los militares bolivianos. Pero la muerte aparece compensado en su texto por su confianza absoluta en la proximidad de la derrota del nazismo y en el triunfo de la revolución en Checoslovaquia. Enrique Sapag. y que es necesario “un pueblo mártir. un “sacrificio consentido”. Quieto era un hombre que estaba derrotado antes y su detención es 11 . Fucik escribió el Reportaje encarcelado. En ese sentido. Rita tomó una cita que hizo grabar como epitafio en la lápida de su hijo: “Y lo repito una vez más: hemos vivido para la alegría. su esperanza mesiánica en el triunfo definitivo del Bien (el socialismo) y su profecía del derrumbe final del Mal (el capitalismo). en diversas traducciones.

op.12 la consecuencia lógica de ese desplome moral. Por otra parte. cuando interrumpían su llama creadora. era él —sin paradoja alguna— quien triunfaba sobre sus enemigos. sino que esos dispositivos fueron tan eficaces porque ya llegaban derrotados al campo. cit. El sacrificio carga a la muerte de una dimensión mística que las miserias de la vida terrena no tiene. el Centro Cultural Parque de España (Rosario) presentó la exposición Favario. “Si acepta la muerte con serenidad. de reafirmar los ideales que inspiraron su existencia” (el destacado es mío). es que el modelo de militancia que se impuso en la izquierda revolucionaria de los ’70 extendió como mandato moral incuestionable el renunciamiento a la vida privada. 8). Fucik era “ajeno a cualquier esperanza de salvar su vida”.) resalta que los militantes revolucionarios no eran derrotados al ser secuestrados por los organismos represivos y doblegados por la tortura y el terror de los campos de concentración. ajena). lee el testimonio de Fucik. de acuerdo a la lectura ya citada de Castañeda. del futuro” (p. Una condena en la que todavía sigue actuando la ética del sacrificio. en una renuncia a la vida misma. y político que se produjo en este hombre” (entrevista a Aricó. igual que la del Che en Bolivia. Del abandono del arte a la renuncia a la vida Lo que intento dejar planteado aquí. Otra línea de la lectura de Varela que vincula el texto de Fucik con la ética de las organizaciones guerrilleras es el mandato moral de resistir a la tortura: “El no se pregunta si puede ceder o no. Sencillamente. un quebrado. Asimismo. Pilar Calveiro (op. los enemigos del hombre. no flaquea”. 10)25.. que repara parcialmente este vacío. diría. velada o explícita. y sobre los cuales pesa una acusación. No se lo pregunta a su cuerpo martirizado. Y sigue: “Porque cuando lo ajusticiaban. en cuanto aparecen apelaciones inscriptas en la tópica que recién recorríamos. y el dolor de sus familias y sus amigos). las pasiones” dictado en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) en 1998 por Beatriz Sarlo.). en cuanto a la relación con la muerte. el escritor comunista Alfredo Varela.) No conoce la derrota. un delator. Estaríamos ante una forma de entender la política que se instala en el registro de lo sacrificial: la pasión política arrastra a una inevitable e inminente muerte (propia. por no haber corrido la misma terrible suerte que sus compañeros. sino para imaginar otras formas de hacer política. de la que haría falta deshacerse no sólo para entender lo ocurrido. Blas de Santos y. Un sentido de la ética que no permite regresar tras los propios pasos ni resguardarse ni abandonar. de Horacio Tarcus. Uno de los traductores al español (el oficial). el texto de Fucik permite ser leído en los términos de un decálogo del militante revolucionario. a quien agradezco su incisiva lectura y sugerencias.. con todo el cuidado que requiere el caso (el de Favario y el de todos los muertos que acarreó esta lógica. especialmente. Otros aportes no menos agudos vinieron de Ezequiel Adamovsky. 12 . aquellos militantes de las organizaciones armadas que salieron con vida de los campos de concentración. lo nombra como a un “moribundo” (p. al entrar en una cruenta lógica bélica. que no debe elegir (. a los ámbitos de pertenencia y de actividad específicos (proceso que hemos visto en Favario como abandono del arte) y terminó convirtiéndose. cit. es porque resulta la única manera de continuar viviendo. Para él. La muerte de Fucik se vuelve contra los enemigos. (Noviembre de 1999. 2 En septiembre de 1999. Reconocer los modos en que esta “moral de la violencia” moldeó la pasión política de esa generación puede ayudar a pensar no sólo en los que murieron sino también en los “sobrevivientes”. sabe que no puede. sin ser considerado un traidor. un enemigo. marzo de 2000) NOTAS 1 Una primera versión de este texto fue presentada como trabajo final del seminario doctoral “La pasión. en su prólogo de 1965 en esa clave.

“La secta política. Nº 9. p. 15 Remo Bodei. El cielo por asalto.M. Buenos Aires. 25 Cito la edición: Julius Fucik. 23 Horacio Tarcus. septiembre de 1999. 1997. La creencia y la pasión. Buenos Aires. 14 En: “¿Revolución en la revolución?”. 13. 13 . Buenos Aires. La vida en rojo. 9. verano 1998/99. El Rodaballo Nº 5. en revista Controversia Nº 1. 22 Jorge G. “Nuestra generación”. 18 Cito de: Ernesto Guevara. FCE. Georges Sorel. enero de 1980. en: revista Praxis. “Los marxismos que supimos conseguir”. y el libro de Pilar Calveiro. Buenos Aires. muy influyente en las elites intelectuales latinoamericanas del siglo pasado. Madrid. “10 Tesis sobre la crisis de la izquierda”. p. Escritos y discursos. Antonio. 1987. América Latina. Nº 5. 11 Carlos Brocato. Buenos Aires. Partenón. Una biografía del Che Guevara. Buenos Aires. Geometría de las pasiones. Montevideo. CEAL. v. en Pasado y Presente. Aricó”. Caletti. Buenos Aires. Hegemonía y estrategia socialista. Mouffe. 1976. Sílaba. Colihue. 50. 1997. 1998. Córdoba. Buenos Aires. p. en revista Controversia Nº 23. México. Ensayo acerca de la pervivencia de lo sagrado en la modernidad”. 1991. 10 Michael Löwy. 13 Alberto Ciria. Nº 5. Buenos Aires. octubre de 1979. 12 E. Planeta. verano de 1986. 16 Para un estudio de la concepción leninista del partido y sus variaciones. 1945. octubre de 1979. 1985. 1958. “La última entrevista a J. 1995. 9 Karl Mannheim. Aguilar. 8 Matide Ollier. Laclau y Ch. 1999. 1973. Editorial de Ciencias Sociales. Siglo XXI. p. del Buenos Aires. Buenos Aires. 9 tomos. Buenos Aires. verano 1996/97.). México. y “La revolución del voluntarismo”. Ideología y utopía. Castañeda. 21 Abate de Lamennais. Espasa. Nº 1. 5 En: revista Artefacto nº 3. abril de 1967. Eudeba. Madrid. p. Rubén Sergio. Buenos Aires. La Habana. 20 El Abate de Lamennais (1782-1854) fue un antecesor del catolicismo social. al respecto el artículo de Héctor Schmucler en la revista Controversia N° 1. v. 2/3. 6 Carlos Altamirano (entrevista) y Rafael Filipelli (filmación). reeditado hace pocos años en La Ghandi Nº 1. enero-junio de 1995. 28. 17 María Seoane. 4 Además del texto de Schmucler ya citado. “La concepción leninista del partido”. 19 Denise Avenas y Alain Brossat. Instituto Cubano del Libro. Reportaje al pie de la horca. Rev. en Estudios. Ariel. un proto-socialista. 1972. 293. Poder y desaparición. Palabras de un creyente. 7 Helios Prieto. 25. Buenos Aires. Francisco Bilbao y toda la generación del ’37. México. 24 Alfredo Pucciarelli (ed. La primacía de la política. 1993.13 3 V. La Argentina que quisieron. Redención y utopía. Todo o nada. en: revista El Rodaballo. 1998. leído y difundido por Esteban Echeverría. México. p. Carlo. SudamericanaPlaneta.