El Sindicalismo mexicano: entre al crisis y la recomposición.

Jaime Ortega Reyna Los golpes más importantes contra el sindicalismo en México comenzaron claramente en los años ochenta del siglo pasado. La forma de estos era mediante los “Pactos Económicos” que establecía el gobierno con los patrones y las centrales obreras, limitando cualquier reivindicación salarian en aras de la “estabilidad”. Posteriormente se pasó a una forma más violenta, arrebatando derechos ya conquistados o privatizando servicios a disposición de los trabajadores: comenzó la época del desempleo cotidiano. Finalmente la época contemporánea presenta una clara y directa ofensiva, en donde la destrucción de organizaciones sindicales ha sido descarada. El movimiento sindical, que en los años setenta logró sacudirse de las formas corruptas y corporativas en importantes momentos, pronto se vio acorralado. Ante esto sólo le quedo un continuo “movimiento defensivo”, de reacción. A la defensiva antes que a la ofensiva. El sindicalismo, aún el crítico, doblegado en su espíritu más combativo aceptó casi en su totalidad el orden neoliberal con todas sus implicaciones: imposibilidad de alzas de salario, gestión y reconocimiento de las direcciones sindicales a capricho del secretario en turno, imposibilidad de utilización de la huelga como forma de protesta. Las consecuencias para el sindicalismo han sido terribles. En el plano más inmediato y claro, hoy tenemos una débil fuerza sindical. Las organizaciones de éste tipo no pesan para la negociación de mejores condiciones de trabajo. Los derechos laborales son percibidos incluso como costosos lujos de algunos privilegiados. El sindicato dejó de considerarse un instrumento para la lucha económica y menos aún para la política. Las cifras son claras: menos del 10 % de los trabajadores mexicanos pertenecen a sindicato alguno. Estamos ante la más baja tasa de sindicalización, quizá sólo comparada a la del porfiriato, donde su organización era claramente considerada como un delito. A esta alarmante cifra habrá que añadirle que la situación económica del país orilla a la migración o al subempleo, en donde las organizaciones sindicales no suelen aparecer. Ante este número tan débil de sindicalizados hay que agregar además que no toda organización funciona como defensora de los intereses de los trabajadores, sino que incluso, forman parte del gremio patronal: la CTM y el Congreso del

a pesar de todo. No es asunto menor. que los trabajadores mexicanos a través de sus sindicatos más representantivos pueden hacer. el golpe al SME el que demuestra más claramente las contradicciones y problemas que surgen del estado actual del sindicalismo. es hoy la más urgente de las tareas.es representativa de sindicatos minoritarios que jamás se sometieron al poder coorporativo del PRI. reagrupando en gran medida las fuerzas sindicales opositoras y críticas.Trabajo son las formas más patéticas de la burocratización del sindicalismo. proponen participar (de nuevo) políticamente. cuando su dirigencia actual aparece siempre de manera defensiva. en busca de una mejor posición para negociar y rescatar algo de lo perdido. parece abrirse un pequeño resquicio por donde la luz se deja ver. Ha sido. Sin embargo. Si bien es cierto que claramente el SME ha sido una fuerza opositora e incluso su larga historia –más de 100 años. Esto explica en gran medida el número tan bajo de huelgas registradas anualmente durante las últimas dos décadas. Una historia de tanta dignidad no puede acabar suplicando al poder migajas. Recuperar y reorganizar las fuerzas existentes para politizar la grave crisis social que vive el país es una tarea urgente. Los trabajadores del SME. . Sin embargo también es representativa del estado actual del sindicalismo su actuación ante la más peligrosa ofensiva en su contra. pues los sindicatos opositores han dejado el terreno de la lucha política que tanto los caracterizó en épocas pasadas y en gran medida de ahí proviene su debilidad. aquellas que dieron vida en algún momento al Frente Sindical Mexicano.. sin embargo.

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