La actualidad de Trotsky: una lectura a contrapelo.

Jaime Ortega Reyna1

No puede existir duda alguna sobre la relevancia histórica y política de un personaje como León Trotsky en el desarrollo de la historia del siglo XX. Plantearse la actualidad de su pensamiento, sin embargo, representa una problemática que tendrá que trazarce por varios senderos. Las razones de dicha situación se deben en gran medida a la polémica que suscitó su obra en medio de un movimiento político que en un momento de auge y explosividad social optó por otras visiones, luego dominantes, relegando la suya a grupos reducidos o periféricos. La consagración de Trotsky como un líder político derrotado, pero a su vez encumbrado como el padre fundador de una corriente política de cuño radical, vuelve más complicado asumir con suficiente cuidado su legado. Matizar siempre es complicado en situaciones que han nacido de extremos, sin embargo es posible seguir el impacto político y cultural, incluso literario (Padura, 2009; Aguinis, 2011; Young-Tulin, 2012) de su legado. Es a partir de estas consideraciones iniciales que el presente texto tiene como objetivo central proponer una lectura de Trotsky a contrapelo de la corriente que reclama su nombre y su legado: el trotskismo. Empresa desmedida, pero que me parece ha sido ya apuntada en otros ámbitos. Por ejemplo Jack Barnes propuso hablar de “Su Trotsky y el nuestro”, precisamente como una forma de rescatar el legado del revolucionario ruso más allá del

Agradezco a los integrantes del Proyecto Papiit IN305811: “Transformaciones recientes de Estado Ampliado en América Latina. Una aproximación desde la sociología política de Antonio Gramsci” cuya responsabilidad recae en el Dr. Lucio Oliver Costilla, con quienes he podido intercambiar ideas sobre algunos de los temas aquí expuestos.
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intento de ortodoxia que se construyó en su nombre. A propósito de los trotskismos Daniel Bensaid (2007) ha tenido a bien apuntar la pluralidad que componen a éste. Pluralidad que no ha obviado la formulación de un corpus más o menos homogéneo de ideas y concepciones sobre la práctica política. El trotskismo, más allá de sus diferencias múltiples y muy conocidas, guarda sin embargo un núcleo muy similar en cuanto a sus referentes históricos, sus argumentos políticos y sus concepciones sobre lo que debe de ser la práctica política. Desde mi perspectiva y siguiendo a Zizek hay que desembarazar la figura y la obra de Trotsky de esa visión construida por sus seguidores más fieles. La valía del personaje histórico, del teórico y del político, está más allá de las disputas por su legado. La valía tampoco puede ir siempre en concordancia sobre su relación con Lenin, el otro gran dirigente político que aparecerá a lo largo de la historia. El trotskismo construyó un Trotsky que valía al ser fiel seguidor de Lenin. Propongo entonces una lectura de Trotsky a contrapelo del trotskismo. En principio trataré de esbozar lo que me parece es difícil sostener como “actualidad” de su legado: lo escribo con la franqueza de que se trata de apuntes de una discusión muchísimo más amplia. A partir de la obra Nuestras Tareas Políticas escrita en 1904 (Abosch, 1974: 22) señalaré lo que me parece un núcleo crítico sumamente actual de su pensamiento, deteniéndome brevemente sobre la recepción de dicha obra en sus más importantes comentadores. Como resulta obvio, no sólo me ocuparé de Trotsky y su propuesta política de aquel momento, sino que tendré que hacer referencia en particular a Lenin y su conocida “teoría del partido”, la cual, me parece, ha

sin necesidad de desarrollar procesos de liberación nacional previos. La “ortodoxia” construida al seno de una corriente política que en la segunda mitad del siglo XX se volvió muy activa. 1998:63-70). Las llamadas tareas democráticas serían cumplidas por la revolución encabezada por el proletariado. puesto que en realidad fue lo que ocurrió en el inicio de la .comenzado a ser considerada desde ámbitos más amplios que hasta los hace un tiempo existentes. b) la concepción sobre los orígenes. Apelando a que la historia no tiene etapas definidas y que la política en tiempos de la expansión del mercado mundial conducía a ciertas sociedades por un tránsito de mayor prontitud a la revolución y que no había necesidad de subordinar las perspectiva revolucionarias a buscar la “revolución burguesa” que desarrollase el capitalismo (Trotsky. causas y derroteros del movimiento revolucionario. como por el movimiento comunista de cuño soviético. Si bien en esto no hay mayor problema. Quisiera detenerme en dos: a) la teoría de la revolución permanente. La teoría de la revolución permanente es el gran orgullo de las organizaciones trotskistas. tanto el heredado por el reformismo de la II Internacional. con ella. En resumen. Lo no-actual en Trotsky. Trotsky (2000) plantea la actualidad de la revolución en la periferia capitalista. han buscado desprenderse de las concepciones lineales que prevalecieron en cierto marxismo tradicional. nos ha entregado una visión de Trotsky asentada en algunos de los pilares que el día de hoy tienen serios problemas al ser encarados. aunque reconoce un retraso del tránsito sólido al socialismo.

hay una construcción historiográfica que hace parecer que el dirigente máximo de la revolución rusa. Esta influencia de Parvus siempre fue señalada por la ortodoxia soviética (Vasetski. Es aquí donde la cuestión se trunca en cuanto posibilidades interpretativas. 1978) Si bien la disquisición sobre la originalidad de la teoría de Trotsky en realidad no es un tema relevante para nuestro argumento –por lo demás. para Trotsky es el proletariado industrial el que “acaudilla” a las masas campesinas. éste propone una solución errónea en Nashe Slovo. en su autobiografía reconoce la paternidad a Parvus-2 si lo es la diferencia que existe en la construcción de las alianzas políticas para la conducción de la revolución. como un elemento a criticar. y de los mencheviques. 1987 y Kostin. Kostas Mavrakis un intelectual griego de filiación maoísta ha demostrado convincentemente que Lenin desde 1905 tenía una concepción muy similar a la que Trotsky expondrá en sus ideas sobre la revolución permanente (Mavrakis. Mientras que para Lenin la alianza obrero-campesina es la fundamental en un país como Rusia. en realidad adoptaba la posición de Trotsky. repitiendo su “original” teoría de 1905 y negándose a reflexionar sobre las causas por las cuales. 1974: 39-44). La diferencia entre Lenin y Trotsky está más bien en el papel que uno y otro le dan al mundo campesino. la vida ha pasado de largo ante esa magnífica teoría. Lenin escribía en noviembre de 1915 que: En lo que respecta a Trotski. . 1983). 2 . o la construcción de alianzas que permitan la hegemonía. Lenin. pues dicho dirigente socialdemócrata terminó atacando a la revolución bolchevique. durante diez años. Esta será la verdadera disputa en el seno de la historiografía marxista: la concepción de la vanguardia de la clase obrera que “acaudilla” a sectores campesinos.revolución de octubre de 1917. la “negación” del papel del campesinado (Lenin. La original teoría de Trotski copia de los bolcheviques el llamamiento al proletariado a una lucha revolucionaria resuelta y a la conquista del poder político.

articulada por Lenin al final de su vida. aunque más allá de las discrepancias existan cuestiones compartidas que han sido puestas de relieve recientemente (Sacarelli. No es casual que el gran crítico de la revolución permanente de Trotsky sea Gramsci. Desde una perspectiva que sigue al llamado Testamento político de Engels. para Gramsci. La revolución que se avecina en el siglo XX es la que se realiza por medio de mayorías conscientes. Lo cual explica los coqueteos del teórico fascista Curzio Malaparte (1975) con Trotsky a propósito del “Golpe de Estado”. Este punto ha sido reiterado en la distinción que hay. Es aquí en realidad donde se juega el problema: en la formulación teórica y la construcción efectiva de una hegemonía política. La teoría de la revolución permanente pertenece. Para Gramsci la revolución permanente pertenece a la etapa de las barricadas. En repetidas ocasiones Gramsci refiere a los aciertos de “Bronstein” al señalar temas de lo más relevantes para la construcción de la hegemonía política. que no sólo se apropian del aparato estatal ni apuntan a su destrucción sin más. donde el Estado no ha generado las suficientes mediaciones políticas para integrar a la clase obrera. de . para después marcar su distancia en lo que respecta a la revolución permanente. Gramsci insiste en reiteras ocasiones que la sociedad que se presenta en “Occidente” está compuesta por un sistema de “casamatas” que impiden el derrumbe inmediato del poder político burgués. a una época de minorías conscientes (que “acaudillan”) que sostienen la revolución como un golpe fulminante de fuerza. 2008: 11). Gramsci da un cierre a la forma primordial de la revolución en el siglo XIX: la de minorías conscientes que se apoderan del Estado.

Aunque existen versiones opuestas que tienen una lectura de Lenin como teórico del “ataque frontal”.fondo. sin importar los procesos nacionales o locales de construcción de la hegemonía. producto de la revolución rusa en un momento muy específico de esta. sino también con Lenin. en un periodo en el cual ese ataque sólo ocasiona la derrota”. Y esta línea. por más que se proclame internacionalista. a decir de Mavrakis un “fetichismo de la clase obrera”. El problema de la hegemonía no aparece en su forma de construcción de la táctica política. 1984:99). Trotski sigue siendo el “teórico del ataque frontal. siendo el caso de Salem (2009) el más importante. quien para 1917 tenía clara ya la necesidad de la construcción de la hegemonía y así lo han hecho notar los más disímiles comentaristas del dirigente Ruso. 3 . Esto con respecto Puede verse el trabajo clásico de Gruppi (1978). 1978: 337) Esta discusión sobre la hegemonía no aparecerá en el trotskismo dominante. La reconocida estudiosa de Gramsci. entre Trotsky y Gramsci. La idea “napoleónica” de exportar la revolución fue duramente criticada por Gramsci. El Trotski con el que discute ahora Gramsci no es el que escribe sobre el fascismo. porque seguirán anclados a la visión del vanguardismo de la clase obrera. Terminando por producir. Esto contrasta no solamente con Gramsci. Esto es claro en la discusión sobre el aislamiento de la revolución. la posibilidad y la derrota de ella en Alemania. no es má que el reflejo de una situación específicamente rusa (Buci. el del soviético Tropkin (s/f) y más recientemente el de Shandro (2010). como bien lo ha señalado Losurdo (1997: 204) e incluso por la ortodoxia soviética (Basamov.3 La consecuencia más grave de esto ha sido la tendencia a considerar que la revolución debía de ser extendida a toda costa. 1974:38). sino el que ha desarrollado una hipótesis estratégica errónea (la de la revolución mundial). El segundo plantea que en “Occidente” debe aplicarse la Guerra de Posiciones para generar una hegemonía proclive a las clases explotadas (Aguilera. Buci escribe: En una palabra.

Esta discusión que aparece como exclusiva del plano teórico sin embargo tuvo su importancia en la disputa por el poder político. omitiendo a los campesinos y en algún momento aduciendo la posibilidad de expander la revolución hacia Alemania por la fuerza. en la época actual. es una descripción de lo que ocurrió. Losurdo (2008) llama a esto la teoría de la “traición permanente”: la . que no es una teoría equivocada en su lineamento fundamental. así como la afirmación de que la teoría de la revolución permanente fue asumida por Lenin y el partido bolchevique sólo hasta 1917 (1978b: 20) y logro capitalizarlo. en su método hay un resabio del siglo XIX. de cómo la revolución con demandas democráticas.a la revolución permanente. Si en el planteamiento se corresponde con la época actual del capitalismo mundializado. después de 1928. Cualquier derrota política del movimiento comunista ha sido leída por una tradición política como una simple traición. ya dicho. Stalin (1978: 366) aprovechó en repetidas ocasiones esta debilidad de Trotsky por el sector campesino. La concepción general descansa sobre la idea de que la “burocracia” estalinista ha traicionado toda aspiración revolucionaria. hasta lograrlo desplazar de los círculos de poder. Más que un adelanto. El segundo punto refiere a la concepción que tiene Trotsky y el trotskismo sobre el desarrollo de lo que a principios del siglo XX era conocido como el movimiento comunista. sólo puede aspirar a ser completada por la forma socialista de plantearse el orden social. El problema está en la forma en la que Trotsky creyó pertinente hacerlo. El derrotero de éste ha sido analizado. momento del exilio sobre la base de algunos presupuestos del momento que se volvieron una forma universal de explicación.

Tiene también como defecto que en primer lugar ha generado un concepto que sirve como llave para entender cualquier proceso social por disímil que sea este. De inicio contiene una limitación inmediata que omite condiciones históricas concretas. tenían como objetivo su propia derrota. El concepto de “stalinismo”4 entendido este como un proceso de degeneración burocrática que congela el momento revolucionario. necesariamente estuvo traicionado por una burocracia que contuvo las aspiraciones revolucionarias de las masas. Una visión histórica complejiza muchísimo más cada uno de estos y otros sucesos. la liberación italiana y francesa y en general cualquier movimiento que no haya instaurado un “estado obrero” como el soviético. relaciones de fuerza nacionales e internacionales así como la construcción de la hegemonía a favor de la causa socialista. Hoy día hay versiones más elaboradas de esta categoría. la revolución China. los partisanos italianos y griegos e incluso la propia elite dominante soviética al iniciarse la segunda gran guerra europea. que se alejan de la visión primigenia (Fitzpatrick. Así resultaría que los milicianos comunistas españoles. Esta concepción ha tenido graves consecuencias. tal como se lo ha propuesto hacer Losurdo (2011) recientemente. 4 . La mayor parte de la concepción sobre el “stalinismo” proviene de una falta de investigación histórica y se presenta como conceptos a-priorísticos.guerra civil española. Como corriente política se ha leído la historia del movimiento obrero y comunista sobre la base de la existencia de una especie de búsqueda de auto-derrota encarnada por estas burocracias que continuamente traicionan a sus dirigidos. El “stalinismo” ha sido el macro-concepto que busca dar respuesta a derrotas políticas independientemente de condiciones concretas. 2000). la revolución griega. Aquí se Una exposición de la “teoría de Trotsky sobre el Stalinismo” en Frank (1978).

El trotskismo como corriente no podía intervenir más allá de sus análisis y declaraciones. culturales y políticos de naciones enteras. que se omitieran los cambios sociales. Esta situación generó un rezago de las corrientes trotskistas frente a otras que avanzaban en comprender la “naturaleza” del Estado soviético. Dicho rezago se tradujo en el apoyo político irrestricto a organizaciones de dudosa fidelidad socialista. Mucho ha cambiado. de alfabetización.múltiples realidades desde lo que fue el brillante prisma de los textos de Trotsky de los años treinta. la falta de investigación documental sobre procesos históricos concretos. en medio de un proceso de expansión del consumo. olvidando la transformación constantes del orden social (Lewin. Zubok. 2005: 331-335. 2008: 255). por ejemplo. Es el caso del problema del Estado y la forma productiva que impera en los países del “socialismo real”. pero la interpretación sigue siendo la misma: Estado obreros burocráticamente deformados que serán derribados por revoluciones políticas conducidas por vanguardias obreras. pues como fuerza . Moshe Lewin ha señalado que un efecto perverso de la “sobre-estalinización” de los análisis ha sido solo reparar en los aspectos represivos. Lo que si llegó fue la contra-revolución neoliberal conducida por estas mismas organizaciones. Esta concepción generó. El trotskismo leyó –y sigue leyendo.encuentra como consecuencia de este a-priorismo. 2008: 94). de industrialización y de expansión urbana e incluso de nacimiento de corrientes marxistas y leninistas que desafiaron el orden ideológico y discursivo en los países del “socialismo real” (Kagarlitsky. como Solidaridad en Polonia en los años ochenta. La esperada “revolución política” conducida por obreros decididos a llevar a buen término el socialismo y echar a la burocracia comunista nunca llegó.

en un país en que la clase obrera posee un fuente peso específico” (Gruppi. 1980: 59). No es. fue el de elaborar una crítica radical a la concepción leninista del partido político. en ese momento sustentada en textos como el ¿Qué hacer? y posteriormente en el Dos pasos atrás. Situación opuesta a la represión que vivía la entonces muy joven socialdemocracia rusa. Hasta aquí lo que consideramos inactual del legado de Trotsky. que mucho tiene que ver con el uso de su nombre: la construcción de una infranqueable ortodoxia que habrá que cuestionar. sino que se alejó aún más. 2007: 32). políticamente sufrió una derrota al observar como la perspectiva de Trotsky de desburocratización del Estado. La de Nuestras tareas políticas ha sido empalmada con la crítica hecha por Rosa Luxemburgo al partido que se construía en la entonces Rusia Zarista. La socialdemocracia alemana está ya sólidamente constituida. la única crítica que se hace a la concepción de Lenin. opera en la legalidad. uno adelante. . por cierto. tiene carácter de masas. Si bien la de Rosa Luxemburgo debe entenderse como un desatino en tanto que la situación en la que se encontraba el partido en el que ella militaba enfrentaba condiciones diametralmente distintas: “Los dos revolucionarios actúan en situaciones profundamente diferentes. La recepción de un texto polémico El objetivo central del texto que señalamos como el más actual.social había sido disuelta en los países del Este. vía la “revolución política” que cancelara el proceso de burocratización nunca llegó. Sin embargo. No es casual que exista una tendencia contemporánea a hilar esas dos críticas como un momento del renacer del marxismo revolucionario fuera de las concepciones de la socialdemocracia alemana (Tatcher. Nuestras Tareas Políticas.

Una parte de ello se debe al propio Trotsky en su autobiografía (1973) buscó olvidar el asunto y relegarlo definitivamente. Trotsky. . salvo Lenin. 2010: 122-123) A diferencia de otros temas que representan una ruptura clara entre Lenin y Trotsky. eso explica el porque no existe referencia alguna al texto. Robert Service tampoco aunque si el contexto (2001: 157).en la que se comenzaba a desarrollar el partido obrero en la Rusia Zarista. una larga la tradición populista. sugería que Lenin estaba demasiado preocupado por el papel del diario (Service. El texto polémico de Trotsky no parece causar mucha mella a la hora de revisar el itinerario de algunas biografías de Lenin. Algunos de los biógrafos más recientes de éste último no mencionan la aparición del folleto de ese joven revolucionario que conociera en Londres después de escapar de Odessa. como lo será el tema de los sindicatos bajo el nuevo Estado.En Trotsky no puede haber esta consideración. pues conocía bien la complicada situación –existencia de círculos de exiliados con su propia visión. el autor de Nuestras Tareas políticas no critica a ningún otro dirigente: “Trotsky se proponía probar que la influencia del líder bolchevique estaba disminuyendo y que su posición se iba haciendo “desesperada” y Lenin. la ilegalidad. Una concentración obsesiva en el centralismo y en la disciplina era dañina. En su biografía sobre Trotsky. según Trotsky. Service menciona como. Así Carrere dÉncausse (1998: 75-104) no menciona el texto. dejando a un lado su admiración inicial por (el) ¿qué hacer?. sólo Díez del Corral (2003: 157) le dedica un importante segmento dentro de las discusiones de la época. había olvidado la necesidad que tenían los marxistas de promover “la actividad independiente del proletariado”. (Ortega y Pacheco. 2012) Nuestras tareas políticas tiene una recepción diferenciada donde no hay condena absoluta. la represión. ni tampoco adhesión franca por parte de la tradición que se apropio de su nombre.

la biografía de Jean –Jacques Marie (2009) menciona el texto sólo en una ocasión.aunque sí del ambiente de escisión en el partido socialdemócrata en el que se da dicha polémica. En su clásica historia sobre el Partido Bolchevique Broué (1973) lo limita todo a una nota. 1987: 27-28). Como muchos otros detecta un aire juvenil anti leninista poco maduro. 1972:54). Existe el reconocimiento de un texto polémico. Un error de juventud sería el texto donde a pesar de buscar con Lenin la construcción del partido con la disciplina necesaria “estallaba en protestas individualistas” (Deutscher. ha sido la de Alain Brossat (1976) en su ya clásico texto sobre . aunque sus “intuiciones” se vieron confirmadas.”(Wilde. Uno de los pocos comentarios favorables procede de Norman Geras. En su biografía Wilde lo considera visionario aunque aclara que “Trotsky lamentó más tarde la publicación de este escrito. En El Profeta Armado describe el folleto de Trotsky y todas sus implicaciones. Entre la producción más reciente. no prestándole mucha importancia y centrándose en descalificar a quienes vieron el texto como “profético”. 1966: 96). de aquí viene el juicio severo sobre el texto que los más ortodoxos asumirán. La referencia clásica en esta línea es la biografía de Deutscher. Lo vigente en Trotsky: a propósito de Nuestras Tareas Políticas La lectura más acabada del texto de Trotsky. quien aduce que cuando escribe el folleto para polemizar “estaba escasamente predispuesto a cualquier religión del partido” (Geras. Victor Serge (1974: 21) con la sobriedad que lo caracteriza no hace juicio del folleto y retrata las posiciones al momento de la confrontación con Lenin. relegado u olvidado por una tradición política. pero que para la tradición será también equivocado.

Trotsky apenas ha comenzado a militar. es equivocada.el “pensamiento político del joven Trotsky”. dado el momento contra revolucionario que vive Rusia en ese momento. vivo. Todo esto es cierto. En el. La propuesta organizativa de Lenin le parece demasiado exagerada. cuya endeble experiencia en el movimiento obrero le hacen creer las ideas de Axelrod y compañía. en la falta de perspectiva política. en su provincialismo. Su crítica al partido propuesto de Lenin. Nuestras Tareas Política ? Considero que su valía no está per se en la crítica a Lenin. Retrata la disputa con la figura que interpela a esos dirigentes históricos y lanza constantes diatribas en su contra: Lenin. un revolucionario inmaduro que aún no es “hombre de partido” como Lenin. ¿Dónde se encontraría pues la actualidad del texto de Trotsky. sobre la necesidad de construir una socialdemocracia similar a la europea. Aquí . Sin embargo su crítica a una forma de partido será válida para el futuro: en la forma de construcción de la organización que adoptó la tradición comunista e incluso la trotskista. el destierro no ayuda mucho a estar en contacto con un movimiento obrero que se encuentra activo. Brossat exponer de forma magistral el estado de la discusión al seno de la entonces joven socialdemocracia rusa. espontáneo. El diagnóstico de Brossat sobre la inadecuación de Trotsky en ese momento es certero. Pero Trotsky parte de supuestos de una realidad que no existe. Brossat insistirá mucho en la inmadurez. desorganizado. teniendo un enorme respeto por las figuras histórico de un movimiento que comienza a renovarse. Indudablemente Brossat no tiene empacho en señalar los grandes defectos que aquejan a un joven intelectual que se acerca al campo revolucionario. La lectura de Brossat es canónica en tanto que permite construir un “Trotsky antes del trotskismo” esto es.

el Iskra. con el centro de la actividad en la publicación periódica. pues este cambio de perspectiva con el avance del proceso revolucionario a partir de 1905. Para Trotsky la relación entre la publicación periódica de los socialdemócratas y el movimiento obrero es vista por Lenin como muy simplista al pensar que la primera tiene algún impacto en la dirección política del segundo. Su pugna con Lenin empieza a aflorar en lo que este considera el instrumento más importante de organización: el periódico. Aquí considera que no todo puede depender de una publicación periódica: “el 5 p. Tal como se ha llevado hasta el momento. . Dicha actividad es “inutilizable como regulador de la viviente energía revolucionaria de las masas” (1975: 58)5. desprendiéndose de esta obsesión una concepción demasiado racionalista de la forma organizativa. en donde Trotsky expone lo que son y deberían ser las tareas prácticas de la organización. El texto inicia con un prefacio donde Trotsky expone lo que considere el problema fundamental: como un sector del propio partido se detiene en cuestiones mezquinas. 58. sino que se limita a ser una organización para la difusión de literatura socialista. como es la problematización de las formas de organización. De aquí se desprende su tercer capitulo. El combate esta obsesión. sino ante todo en la forma única de construcción del partido. En el capítulo primero Trotsky se lanza contra el periódico de Lenin. Trotsky considera que la organización no sólo no dirige al movimiento obrero real y actuante. Dice Trotsky que si bien hay que reconocer su papel. lo que en verdad hay que hacer es “el carácter históricamente limitado” (1975: 43) de dicha publicación.radica su actualidad: no en la crítica al partido de Lenin en general.

se encuentra así: “En la política interna del partido. desde afuera de la propia clase: “veremos una organización constituirá en sus tres cuartas partes –si no es en sus nueve décimas partes. por ejemplo) Trotsky llega al momento clave y más actual. 73. texto pensando en condiciones de dura represión. 97. esos métodos conducen a la organización del partido a “Reemplazar” al Partido. sin embargo. el pensamiento P. Las consecuencias extraídas por Trotski de la forma de organización son muy radicales y apuntan a una transfiguración organizativa: “separar la actividad consciente de la actividad ejecutiva. La relación partido-masas que se establece a partir de Trosky es muy distinta a la que se desprende del ¿Qué hacer? . a un dictador a “reemplazar” al comité central” (1975: 97)8. El sustituir la participación de la clase por el de una vanguardia es lo que está en cuestión. que fue emulado por la ortodoxia soviética y pro el propio movimiento trotskista. 8 P. No hay crítica. 65. Toda la argumentación de Troski recaerá en lo que considera el otro punto neurálgico a critica de Lenin: el peso que le da a los intelectuales socialistas que promueven la teoría y la concepción del mundo. No hay adelanto del “stalinismo”. P.por intelectuales marxistas que dirigen las manifestaciones primitivas de la lucha de clase del proletariado…” (1975: 73)7 Casi al final del capítulo II y haciendo caso omiso de los múltiples adjetivos con los que cubre a Lenin (casi al final del libro hablará de “Maximiliem Lenin”. finalmente. 6 7 . La famosa cita que sería un especio de adelanto. más acertada. al Comité Central a “sustituir” a la organización del Partido y.partido representa más que un simple dominio político bajo la influencia directa del periódico” (1975: 65)6.

y. de la que Lenin se retirará más adelante. que apunta a que el partido deberá ser el organizador colectivo de la conciencia colectiva. concepción heredara por Kautsky y la II Internacional. sólo se hallan los disciplinados ejecutantes de las funciones técnicas” (1975: 108). P. aparece entonces como el Centro de la conciencia socialdemócrata. En realidad una lectura de Nuestras tareas políticas beneficia las actuales formas organizativas política que buscan relación con los movimientos sociales de características radicalmente distintas: “Hay que abandonar la esferra de la disciplina de la descomposición y descubrir las exigencias y necesidades reales del movimiento. La “organización de revolucionarios profesionales”. que Trotski ve expresado en Lenin. 123.9 Indudablemente el Trotsky de 1904 está más cerca del Gramsci de los Cuadernos de la Cárcel.socialdemócrata de las funciones por medio de las cuales debe necesariamente realizarce. Esta actividad consciente de la que habla Trotski y que rompe toda la división social del trabajo en el seno de la organización política se asemeja mucho al Gramsci que piensa al partido como intelectual colectivo. en ambos. el momento entre el pensar/hacer no está escindido por revolucionarios profesionales y masas que reciben pasivamente la ideología socialista. La persistencia de estas férreas formas centralistas y disciplinadas conllevan a 9 10 P. comunes a todos…” (1975: 123)10 Las críticas a un supuesto “jacobinismo” ligado al problema de las clases sociales. coronada por un dictador”. hacia abajo. va acompañado de la crítica a las forma organizativas centralistas: “La preparación del proletariado para la dictadura es un problema de organización: consiste en preparar al proletariado para recibir una organización poderoso. 108. más exactamente: su cima. .

sino en un contexto posterior. desde la dirección. La crisis del movimiento comunista. Su postura tomará mucho más fuerza y relevancia no en el contexto ruso. Las fuerzas sociales que desafiaron al sistema. más allá de burocracias y periódicos.desactivar ese elemento “vivo” del movimiento. El espontaneísmo es parte integral y no es necesariamente un defecto. desde el comité central. más en tiempos de escaza libertad política. a encerrar a las masas en una actividad rutinaria. en sus sucesivas vertientes: 1956 y 1968 sobre todo. por fuera de los partidos comunistas y de las organizaciones trotskistas respondían al llamado de Trotsky en 1904: la auto actividad de las masas. ha formado sus cuadros y ha superado su conciencia economicista en la lucha cotidiana. pronto evaporadas a partir de la revolución de 1905. que impregnan al naciente movimiento obrero de la conciencia política de tipo social. La forma de organización centralista lleva a “reemplazar la dictadura del proletariado por la dictadura sobre el proletariado” (1975: 167) La actitud de Trotsky. provenientes de clases cultas. en que era necesario una organización de otro tipo. toman nuevas formas a partir de la segunda mitad del siglo XX. que en su lucha cotidiana organizaban la superación de la conciencia económica. Dicha movimiento espontáneo no puede ni debe . El movimiento obrero ha hecho su experiencia. carecía de sentido en el momento en que el movimiento obrero ruso se encontraba reprimido. La relación entre masas y organización del tipo planteado por Lenin en las condiciones rusas del momento. Dicha relación ya no está signada por revolucionarios profesionales. como han señalado algunos. pre-dipuesta desde arriba. a adormecer las capacidades de la clase y el movimiento. desataron esa “fuerza viva” de un movimiento de clase que superaba la dicotomía entre conciencia económica y conciencia política.

La lectura de Cliff permite ubicar los distintos momentos en que Lenin cambió su forma de ver la organización política. Lenin no se estancó. ni que su legado se vea traicionado. se presenta de diversas formas. inadecuada” (Mandel 1971: 28). a un partido de “puertas abiertas”. Lo que corresponde como forma histórica concreto se transforma en una visión abstracta y universal. como si lo harían las tradiciones posteriores. pero sin duda responde a la crisis de la ortodoxia comunista en cualquiera de sus variantes. Recientemente se ha traducido uno de los cuatro libros sobre Lenin que el intelectual Tony Cliff (2011) escribió a mediados del siglo XX. El elemento “vivo” al que Trotsky refiere en Nuestras tareas políticas. Pasando de un partido de cuadros. el imperialismo y la “teoría del . La fuerza de esos preceptos fue de tal dimensión que también aún hoy. de intelectuales que inyectan la conciencia a masas carentes de ella. tanto comunistas ortodoxas como las trotskistas. Lo trágico es que Trotski pudo detectarlo tempranamente pero sus seguidores renunciaron a esa posibilidad. Esto no quiere decir que Lenin no haya realizado aportes. Está claro que el propio planteamiento de Lenin sobre el partido se modificó sustancialmente. ni a un partido de revolucionarios profesionales. la sociología comenzó a llamarlo “movimiento social”. en la idea de un partido de vanguardia. Alargar esa forma organizativa a través de la historia se presenta como un anacronismo. reducido en número y con una actividad propagandística. incluso en trabajos críticos que reflexionan sobre las lecturas dogmáticas y anquilosadas de la obra de Lenin. Entre los partidos comunistas y los trotskistas existe un denominador común: la idea de que la mejor forma organizativa es la que identifican como “leninista” y quien no se apegue a ella tiene una concepción “idealista.ser eliminado por una organización centralizada. se repite el esquema en el que se encasillaron los aportes del dirigetne de la Revolución rusa en tres aspectos: la dictadura del proletariado.

Esta Lars T.partido”. la crítica de Trotsky pone en primer plano la actividad de la sociedad. 2010: 280).11 es contundente cuando dice que el ¿Qué hacer?. texto canónico de la organización política comunista es “históricamente importante. pero ciertamente no como un documento innovador o clave desde su perspectiva” (Lih. Raya Dunayevskaya. cuando parece agotarse. 2011: 25) Un estudioso contemporáneo de Lenin. remitiéndose esta última –insistimos. En cambio. Pero dicha forma no se compromete con un modelo “clásico” o “canónico” . La aceptación de la forma atribuida a Lenin por parte de Trotsky y la tradición que le siguió fue precisamente obsesionarse por aquello que criticaba: el peso tan relevante de una “dirección”. señaló lo que significó esta fijación en el propio Trotsky: “Esta preocupación derivó de su tendencia a subordinar al “sujeto” autodesarrollado a su propia concentración en el problema de la dirección. 2004: 111) como forma de superar la “resistencia” de los movimientos espontáneos. como un libro que muestra el fiero temperamento revolucionario de Lenin. El error más grave está en desechar el aporte de Trotsky frente al de Lenin. de elites intelectuales o políticas o de profesionales de la propaganda. sino también un grueso volumen sobre el ¿Qué hacer? (2006) 11 . hoy cuando la forma partido está tan desprestigiada. La crítica del por entonces joven Trotsky tiene mucha relevancia en las discusiones contemporáneas sobre la forma partido (Zizek. burocratizado. de las masas y las formas que podría tener sin ser un aparato centralizado. Lars T. Este último tuvo su relevancia pero fue superado por el propio Lenin.invariablemente al texto del ¿Qué hacer? (Concheiro. Una teórica expurgada de la ortodoxia trotskista. Lih. Lih ha escrito no sólo una reciente biografía en inglés de Lenin (2011). el más importante de la última década.

No se trata. su obra y su legado. aun dentro de la tradición de izquierda: “exactamente como lo hizo Trotsky a comienzos del siglo. En éste sentido toma relevancia lo que Antonio Negri dice a propósito de Lenin y la organización: “son las masas quienes escriben el nuevo ¿Qué hacer?” (2004: 281). cuando chocó contra los dogmas del marxismo ruso y de la Segunda Internacional. De lo contrario. saliendo más allá de los márgenes expuestos por las variantes dominantes de la tradición marxista. (Dunayevskaya. . Eso fue lo que se sacrificó con la adopción de la postura atribuida a Lenin en la forma organizativa. tiene aún mucho que decir. Es ahí donde Trotsky tiene su relevancia. dice Enzo Traverso que hay que. se re-piense la posibilidad de la organización política. su actualidad. hoy de combatir dogmas paralizantes sino de preparar nuevamente los fundamentos de un edificio que acaba de derrumbarse” (2011). será siendo relegado y a la espera de ser valorado sólo frente a su aceptación a Lenin. En eso reside su herencia más preciosa y su actualidad. En un contexto similar. Quizá más que nunca. 1977: 153). Siguiendo no al Trotsky adecuado a una postura supuestamente idéntica a la de Lenin (insistiendo que este transformó su idea de partido) de lo que se trata es de que sobre la base del movimiento mismo. la capacidad de auto organización sustituida desde arriba por la idea del partido “leninista” y que se expresaría claramente cuando sentenció que la crisis de la humanidad toda era la crisis de la dirección evolucionaria. atreverse a pensar de nuevo las concepciones dominantes. sino a atribuir a Lenin esa postura”. Y en esta re-escritura sobre las formas de organización es que el Trotsky de Nuestras tareas políticas.actitud lo indujo no sólo a levar el problema de la dirección al nivel de la teoría. sobre la base de su obra.

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