Medófilo Medina

El ELEGIDO
Presidente Chávez

Ediciones

Aurora
B ogotá,

D.C., e n e r o

de

2001

P r im e r a e d ic ió n

Bogotá, enero de 2001
D e r e c h o s reserv a d o s

© M edófilo Medina, Bogotá, 2001 © Ediciones Aurora, Bogotá, 2001
D is e ñ o d e l a p o r ta d a

Carmen Huertas Ceballos
P r o d u c c ió n

amarillo, edición y diseño Patricia Espitia
P r e p a r a c ió n d ig ita l

E lograf Ltda. ISBN: 958-9136-09-5
I m p r e s o y t e r m in a d o

Panamericana Formas e Impresos S.A. Impreso en Colom bia Printed in C olom bia

Agradecimientos

Expreso mi reconocimiento a la joven historiadora Alicia Florián. Como auxiliar de investigación ella colaboró en la ubicación y sistematización de la información. Sin su competente ayuda el presente trabajo no hubiera sido posible. Al economista Alberto Castañeda Cordi agradezco su desinteresada asesoría en el esclarecimiento de algunos de los aspectos de la política económica de la Quinta República en Venezuela. En el establecimiento de contactos con personas de la política y del mundo académico venezolanos me resultaron de gran utilidad las sugerencias y gestiones de las historiadoras María Elena González Deluca, Inés Quintero y Raquel Gamus. Agradezco el estímulo y ayuda con los que me vi favorecido por parte del escritor y periodista Ibsen Martínez. Las entrevistas con algunos dirigentes sindicales las debo a Jerónimo Carrera miembro de la dirección del Partido Comunista Venezolano. A él,gracias por su tiempo y sus opiniones. Algo similar podría decir con respecto al profesor Agustín Blanco Muñoz. En este caso debo adicionar mi reconocimiento por los dardos que recibí de su permanente disposición a la polémica. Margarita López y Luis Lander me suministraron materiales y puntos de vista que me orientaron en el proceso de investigación. En los párrafos de agradecimiento los autores suelen consignar con fingida modestia alguna frase del tipo: “Mis gradecimientos al señor A o a la colega B por su sabia ayuda, sin embargo las bobadas son exclusivas dgl autor”. En este caso una salvedad de ese orden resulta absolutamente imprescindible en

un libro de naturaleza muy polémica como el que el lector tiene ahora en sus manos. Algunos elementos valorativos contenidos en mi trabajo pueden levantar pequeñas ampollas en la fina sensibilidad de quienes me ayudaron u ofrecieron con amabilidad su testimonio. Venturosamente se trata de personas cuyo más alto lugar común lo constituye la libertad de pensamiento. A Vera Weiler mi gratitud por su apoyo permanente y a Sarita Medina gracias por su pregunta sobre si el Comandante Hugo Chávez “tiene niños”. Medófilo Medina, Bogotá, Universidad Nacional.

Contenido

Introducción El fenómeno Chávez en Venezuela I El personaje II La ideología del chavismo m El fenómeno Chávez en la historia venezolana IV El movimiento conspirativo en las Fuerzas Armadas, 1982-1992 V El golpe militar del 4 de febrero de 1992 VI Venezuela: 1992-1998. La caída de un sistema político VII Constituyente y Constitución VIH La gran paradoja de 1999: triunfos políticos, severa recesión económica IX Aspectos propositivos de la política económica del chavismo

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X Planes económicos sectoriales y políticas sociales 155 XI Los procesos electorales del año 2000 XII La política internacional XHI Las relaciones con Colombia XIV La II Cumbre de la Opep Comentario final 171 185 203 215 225

Introducción El fenómeno Chávez en Venezuela

En la pantalla del televisor aparece con tranquilo aire veraniego Femando de la Rúa, presidente de Argentina. Al frente está sentado el entrevistador. La cámara enfoca el rostro adusto de Yamid Amat. Éste pregunta con vacilación, como dudando sobre la pertinencia de los interrogantes que formula. El presidente del país austral responde con distraída condescendencia, con la actitud desganada con la que ciertos adultos contestan a la curiosidad insistente de los niños. Fue una entrevista sosa que no logró animar la referencia del periodista a las peripecias de las relaciones amorosas del hijo del mandatario. En la segunda secuencia del program a el turno corresponde al presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Ahora Yamid se emplea, va al grano; seguro, lanza preguntas provo­ cadoras, acosa al Comandante. Este no se desconcierta. Responde con largueza, agita las manos, adopta el tono de quien quiere persuadir a un contradictor y asume la iniciativa en la entrevista. Yamid retrocede. El clima entre los dos hombres se ha distendido un poco. Al final el periodista ríe y el Presidente termina tratándolo como a un viejo camarada de su equipo de béisbol. La entrevista puede en su conjunto ser una buena pieza de análisis para estudiantes de periodismo. Por el momento los televidentes colombianos recibieron una muestra del famoso don mediático del actual presidente de Venezuela. Las entrevistas tuvieron lugar en Cartagena en algún momento de la Cumbre de países del Grupo de Río que se realizó en esa ciudad colombiana en junio de 2000.

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Pero, ¿a qué viene la evocación del episodio periodístico? Mencionamos la inicial actitud hostil de Yamid Amat, solo en cuanto constituye un reflejo de la posición adversa a Chávez que ha sido dominante en los medios de comunicación colombianos. Por cierto, es una disposición semejante a la de la prensa de varios países, que a su vez coincide con el trance hipercrítico en el que se ha mantenido la mayor parte de los medios de comunicación de Venezuela con respecto al Comandante y su gobierno. En esas condiciones, nos parecía importante tratar de despejar la maraña de prejuicios para llegar a una visión más acorde con la realidad política. Andábamos en tales cavilaciones cuando nos encontramos f con Jesús Aníbal Suárez en alguna librería de Bogotá. Entonces el gerente de Ediciones Aurora habló de su interés por encontrar a algún profesional de las ciencias sociales que estuviese dispuesto a escribir algo a la vez comprensivo y~breve sobre~Chávez, que ofreciera una presentación argumentada tanto sobre el Presidente y su ideología como sobre su primer año de gobierno. Como desde ~~hace algún tiempo nos hemos interesado por la historia de Venezuela, nos sentimos con una modesta ventaja sobre otro investigador que hubiese comenzado aterrizando directamente sobre el tema del chavismo. No estábamos en el caso del periodista a quien se le pide la elaboración de un informe sobre un gobierno o una guerra sin que nunca antes haya conocido o se haya ocupado del país en cuestión. De aquella conversación quedó claro que en los inicios del año 2000 empezaríamos la investigación, que debería culminar el 31 de octubre de ese año. En el aprestamiento específico que cualquier investigador debe realizar al abordar un nuevo objeto de estudio está comprendida una cierta puesta a punto conceptual. En este caso nos pareció obvio realizar lecturas nuevas y repasar las clásicas sobre el populismo en América latina. Sin embargo, a medida que avanzábamos en la compilación y sistematización de las observaciones sobre el chavismo encontramos que la noción de populismo -en verdad las nociones de populismo- no constituía un instrumento adecuado para explicar de modo satisfactorio el fenómeno político que se ha venido desarrollando en Venezuela

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desde finales de los años noventa. Los movimientos a los cuales se les ha aplicado la etiqueta populista desde la segunda mitad del siglo XIX han sido muy diferentes, tanto por la base social como por el sentido político y los programas que han impulsado desde la calle o han ejecutado en el gobierno. Se recordará que los populismos que pudiéramos denominar clásicos se originaron a fines del siglo XIX en entornos nacionales muy diferentes: el Narodnishestvo (1865-1895) en Rusia y el Populist Party (18951905) en los Estados Unidos. Los dos movimientos tuvieron y construyeron su referencia social más permanente en el mundo de los trabajadores rurales: el campesinado en el primer caso, los farmers en el segundo. La dirección política estuvo integrada por sectores radicalizados de la intelectualidad urbana. En América latina florecieron diversas formas de populismo, generalmente entre la Gran Crisis y los comienzos de los años cincuenta del siglo XX, asociadas algunas de ellas a corrientes de nacionalismo militar. Por ese tiempo se produjeron fenómenos económicos y sociales que implicaron a sectores muy vastos de la población: aceleración y ensanchamiento de los flujos migratorios del campo a la ciudad, expansión de la industrializa­ ción, urbanización, incremento del proletariado. En ese marco el populismo hizo posible la participación política de los sectores sociales vinculados con los anteriores procesos. Al tiempo, el populismo aportó fórmulas institucionales que permitieron en varios países la realización de programas socialmente avanzados. Getulio Vargas en el Brasil, Haya de la Torre en el Perú, Juan Domingo Perón en Argentina, Lázaro Cárdenas en México, Jorge Eliécer Gaitán en Colombia son los nombres de los caudillos de la prim era hornada que por esos años encabezaron los movimientos y partidos populistas y que, con la excepción de Haya de la Torre y Gaitán, presidieron los correspondientes regímenes políticos. Pero en el siguiente período el populismo prolongará su historia con otro tipo de dirigentes, como el general Velasco Alvarado en el Perú u Ornar Torrijos en Panamá. En el campo de la teoría sobre el populismo nos encontramos con una amplia diversidad de modelos elaborados
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por científicos latinoamericanos o por latinoamericanistas extranjeros. Esas variantes satisfacen un espectro amplio de la demanda. Sin embargo, la utilización de los paradigmas sobre el populismo aparece erizada de dificultades. Las diferencias subyacentes en las diversas definiciones de autores que gozan de notable prestigio teórico son radicales. Tal es el caso de las nociones acuñadas por Gino Germani, Torcuato Di Telia, Octavio Ianni, Francisco Weffort o Ernesto Laclau. Unas veces la definición resulta muy estrecha, al asimilar el populismo a una sola de sus características, al paso que en otras se incluyen tantos fenómenos, que la definición se ve despojada de su agudeza analítica. Una seria revisión de la investigación y del debate sobre el populismo la ha llevado a cabo Carlos M. Vilas en su libro La democratización fundamental en América latina. Tanto los trabajos de otros autores como los ensayos del propio Vilas contribuyen a la orientación en el abigarramiento conceptual sobre el populismo1 . Para soslayar el problema de la polivalencia de los modelos sobre el populismo se ha acudido a otros procedimientos. En Rusia, la patria de los narodnik (populistas), se mantuvo la tradición de reservar la denominación de populismo a los movimientos de fuerte implantación campesina. Durante el período soviético, para los movimientos que en América latina se denominaron populistas los latinoamericanistas elaboraron otras categorías, como movimientos nacionalistas,- democrático-revolucionarios o nacional-reformistas2. En conclusión, creemos que la denominación del chavismo como corriente o movimiento populista oscurece las cosas y toma más difícil la comprensión de la naturaleza del movimiento venezolano y el estudio de las políticas puestas en marcha por el

1 Carlos M . Vilas (com pilador). La democratización fundam ental en América latina. C onsejo Nacional para la Cultura y las Artes, M éxico, 1995. 2 Se puede consultar con respecto al tema una obra comprensiva para los “ movimientos nacionalistas” en A m érica latina: Natsionalism F Latinskoi Amerikie: Politicheskie i ideologiclíeskie Techenia, Editorial Nauka, M oscú, 1976.

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presidente Chávez. Aparte del trance de ruptura política en el que entró Venezuela a finales de los años noventa, los otros componentes de la situación del país difieren de manera notable de aquellos que asociamos para el tiempo de desarrollo de los populismos originarios. La estructura de clases en la actual Venezuela guarda pocas similitudes con la prevaleciente en Argentina o México en los años treinta o cuarenta. Hoy la mayoría de la población pertenece al sector informal y las grandes masas están compuestas por personas que nacieron en un entorno urbano o que hace tiempo están familiarizadas con medios citadinos. Podríamos seguir el procedimiento tan usual en nuestro tiempo de insuflarle aire a las antiguas categorías mediante el expediente de usar prefijos o adicionar adjetivos: neopopulismo, postpopulismo, populismo tardío. Nos parece que el recurso tiene algo de artificioso. A estas alturas el lector podría preguntarse: si ello es así, entonces ¿para qué dar vueltas con el concepto de populismo? ¿Será producto de la manía académica de invocar asistencias teóricas antes de entregar un trabajo al juicio de los lectores, como el futbolista que se echa la bendición ante las cámaras al momento de iniciación del partido? No, tal vez no. El asunto es que a Chávez, a su movimiento, a su gobierno se les presenta como populistas. Por ello vale la pena al menos plantear la discusión. Pero hay otro factor que amerita que se le incorpore en la discusión. En la controversia política los partidarios de la idea según la cual la economía, y en buena parte la sociedad, deben regularse por la lógica del mercado desposeyeron al concepto populismo de su condición de instrumento de análisis para convertirlo en un vocablo de descalificación. Si bien no consideramos pertinente clasificar al chavismo dentro de las variedades del populismo, valoramos como es debido la eficacia explicativa que conservan algunos de los componentes de los modelos sobre los regímenes y movimientos populistas. Ellos han servido, en calidad de prisma de observación, de valioso apoyo en la realización del presente trabajo. Nos hemos inspirado en otros dispositivos analíticos que forman parte del acervo con el que cuenta cada investigador y que en el presente caso han estado
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presentes de manera consciente. Es el caso de la tipologia construida por Max Weber o taxonomía de los tres tipos puros de dominación legítima: dominación racional, dominación tradicional y dominación carismàtica. De igual forma, la concepción de Marx sobre el bonapartismo desarrollada en la obra El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. De Gramsci tomamos las orientadoras reflexiones sobre el cesarismo y las distinciones de ese concepto en dos direcciones, una de perspectiva progresista (César, Napoleón I) y otra de tipo reaccionario (Napoleón HI). El modelo analítico-descriptivo de Michael Mann sobre las fuentes del poder social nos permitió fijar la atención sobre algunas características del movimiento chavista, especialmente en lo concerniente a la naturaleza y función de la ideología3. Aunque las explicaciones de Mann se proyectan verdaderamente sobre el largo plazo, ofrecen pautas interpretativas que retienen su validez en la aplicación al corto plazo. En particular, dispusimos de más elementos para comprender las implicaciones que tiene en un régimen la asunción de la prioridad de la política. Mencionamos los nombres y autores como manera de no ahorrar información y no para simular particulares “tensiones teóricas” en la elaboración del trabajo, que no las tuvimos. En el ensayo que el lector tiene en sus manos quisimos 1 ofrecer ima visión de conjunto sobre el movimiento de Chávez. La revolución iniciada en diciembre de 1998 en Venezuela no se precipitó como la tempestad que se desprende de un cielo sereno. Por ello construimos los contextos dentro de los cuales se levantó la poderosa ola política que cerró el siglo XX en ese país. Ofrecemos una semblanza del comandante Hugo Chávez, seguida de la reseña y el análisis de los procesos político-electorales vividos por Venezuela entre 1997 y el año 2000. Ala ideología dedicamos la exposición sobre sus componentes y desarrollo. Se presentan las transformaciones político-institucionales realizadas hasta finales del año 2000 y se reseñan las políticas económicas desarrolladas por el gabinete económico del Movimiento Quinta
3 M ichael Mann. Las fuentes del poder social, Alianza Universidad, Madrid, 1911.

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República (MVR). Los vínculos con los Estados Unidos, así como las conflictivas relaciones con Colombia, forman parte también de la exposición. En conexión con los distintos temas quisimos reflejar el ambiente de controversia dentro del cual se han desarrollado tanto el movimiento político como el gobierno presididos por Hugo Chávez. El presente trabajo quiere ser una contribución que anime los esfuerzos que se vienen haciendo, hasta ahora de manera muy incipiente, por mirar desde Colombia y con el instrumental que aportan las ciencias sociales, las realidades de otros países de América latina. Por razones obvias, Venezuela constituye para los colombianos la prioridad primera. Al respecto, habría que consignar una nota de optimismo. Ya, o mejor, al fin, se cuenta con trabajos conjuntos de investigadores de los dos países sobre los grandes temas que preocupan en ambos lados de la frontera. Se empiezan a presentar análisis comparativos4. Desde la campaña electoral 1997-1998 los venezolanos viven en un ambiente de hiperpolitización v polarización. Ésta se ha mantenido dentro del marco institucional y al respecto solo resta formular votos para que ello siga siendo así. La experiencia colombiana ha resultado trágica, y para bien de nuestros vecinos ellos pueden asimilar sus lecciones. A comienzos de marzo de 2000 tuvimos una estadía en Caracas con el objeto de recoger información y sobre todo impresiones para la realización del trabajo que ahora estamos presentando. Los primeros dos días sostuvimos encuentros con colegas universitarios, leíamos ávidamente los diarios y el café mañanero nos despertaba al tiempo que el conocido periodista Napoleón Bravo iniciaba de manera
4 La publicación más ambiciosa ha sido la del libro Colombia y Venezuela. Agenda para el siglo XXI. IEPRI, Universidad Nacional, Universidad Central de Venezuela, SECAB, CAF, Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1999. Este trabajo fue realizado por un grupo de investigadores pertenecientes a instituciones de los dos países. Un antecedente es el libro de Vladimir Acosta, Reformas liberales y acumulación originaria en América latina: Colombia y Venezuela en el siglo X IX . E dicion es F A C E S /U C V , Caracas, 1989. Recientemente apareció el interesante artículo de Marco Palacio Presencia y ausencia de populism o: un contrapunto colom bo-venezolano. A nálisis P olítico N° 39, IEPRI, Universidad Nacional, Santafé de Bogotá, enero/abril, 2000, p. 57-78.

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ruidosa el variado menú, predominantemente antichavista, de los programas de opinión de los canales de televisión. Alguno de esos días leimos comentarios impresionantes de una columnista, Sammy Eppel, más precisamente en la entrega del 8 de marzo de El Universal. Entre otras cosas ella escribía: “Sería preferible que el comandante en jefe diese su autogolpe porque aunque parezca absurdo por lo menos sabríamos a qué atenemos. En cambio se escogió el camino de la muerte lenta, una especie de sadomasoquismo político que desgasta y agota al enviar al gulag revolucionario a todas aquellas personas e instituciones poseedoras de reservas éticas y morales”.1 ¡Impresionante perspectiva! Al atardecer del mismo día, camino a casa de unos amigos, tuvimos una conversación con el taxista. Después de algún preámbulo sobre el estado del tiempo manifestamos: “Es muy dura la situación, verdad?”. “Que si dura, no es palabra”. Ya con más animación nos propusimos tirar de la lengua al conductor: “Con tanto desempleo y el gobierno no ha hecho nada”. El taxista volteó la cabeza al tiempo que replicaba: “¿Y le parece poco haber sacado a todos esos que se robaban todo?”. Firmes en nuestro papel de abogados del diablo insistimos: “Sí, sacó a los corruptos, pero ¿qué reforma ha hecho en favor de los pobres?”. Sin vacilar, nuestro interlocutor argüyó: “Nooooo, no lo dejan, a Chávez hay que darle tiempo” y esbozando una sonrisa concluyó: “Antes dijeron que cuando Chávez subiera todo iba a quedar patas arriba, y vea: no han pasado las cosas terribles que dijeron”. Ya como estribillo repitió: “hay que darle tiempo, las cosas no se cambian de un día pa’ otro”. Desde diciembre de 1998 se casó una apuesta entre sectores de la sociedad venezolana. Entre quienes se refugian en vaticinios catastróficos como el formulado por la periodista arriba citada, y quienes alientan una visión esperanzada sobre el futuro de Venezuela, como el taxista mencionado. Ojalá las páginas que vienen suministren a los lectores elementos de juicio para hacer sus propias apuestas.
1 El Universal, 4 de enero de 2000, p. 1-4.

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El personaje*

En Caracas avanzaba luminosa la mañana, esa mañana de incertidumbre que siguió a la madrugada de ansiedad del 4 de febrero de 1992. Había enorme curiosidad en la gente por saber quién era el jefe de los golpistas. No obstante que la temperatura era cálida, muchos sentían aún ligeros escalofríos al pensar que quizá el país había estado al borde de un cuartelazo dirigido probablemente por un general de rostro glacial y gafas oscuras, de esos que encabezaron la pesadilla del Cono Sur. Para los menos, el día era de frustración. Habían esperado un golpe “democrático”, “nacionalista”. Recibieron una derrota. Para todos, también para los que apenas si tenían curiosidad, por estar demasiado absorbidos por los apremios cotidianos de la crisis, apareció en la pantalla un oficial joven, un jayán hasta entonces desconocido, vestido con uniforme de campaña, tocado con una boina roja, aún armado, flanqueado por militares institucionalistas, esos sí, conocidos: el vicealmirante Elias Daniels Hernández, inspector de las Fuerzas

*La exposición correspondiente, al apartado introducido por el título E l personaje se ha basado, entre otros, en los siguientes trabajos: Agustín B lanco M uñoz, Habla el Comandante, Caracas, Universidad Central de Venezuela, tercera edición, 1998. Angela Zago, La rebelión de los ángeles, Caracas Warp Ediciones, S. A , cuarta edición, 1998. V íc to r A . Carrizales, Biografía de H ugo R afael Chávez F rías, Caracas, correo electrónico: vcarriza@telcet.net.ve. 1998. Luis José Uscátegui, Chávez mago de las emociones. Análisis psicosocial de un fenóm eno político, Caracas, Lithopolar Gráficas, 1999. A lfredo M eza, Hugo Chávez, Caracas, E l Universal Digital. Gabriel García Márquez, E l enigma de los dos Chávez, Bogotá, Cam bio, 3 al 10 de abril de 2000. Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, Currículum del presidente, internet. M ilagros Socorro, Hugo Chávez, Caracas, Venezuela Analítica, 14 de marzo de 2000, ( http://analitica.com).

Armadas, el general de división Iván Darío Jiménez Sánchez, el contralmirante Germán Rodríguez Citraro. Era el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías. El comandante de los golpistas pronunció un breve discurso iluminado y se fue a la cárcel. La imagen quedó impresa en la retina de la mayoría de los venezolanos: rostro mestizo, ojos pequeños, mirada penetrante, nariz de lanza. Alto, erguido “una figura que recuerda el plante de un llanero mejorado”, como anotaría Roberto de Vries, investigador avezado a los análisis de imagen. Algunas palabras quedaron zumbando en la memoria de todos: el famoso “por ahora”, promesa de futuro para unos, turbadora amenaza para otros. Hugo Chávez nació el 28 de julio de 1954 en el entorno rural de unapoblación de los llanos de Barinas, Sabaneta. La patria chica de Chávez era una población que extendía sus tres calles polvorientas a la orilla de un río. Con no poca razón algunos piensan que la sorprendente facilidad de palabra del Comandante la recibió de la cultura llanera, de la fuerza que la palabra hablada y cantada tiene en el folclore de los llanos de Colombia y Venezuela. Habría que decir, sí, que en Venezuela esa cultura memoriosa, ocurrente y decidora alcanzó un peso y difusión en la comunidad nacional que dista mucho de la significación casi marginal que ella ha tenido en Colombia. En ello han intervenido al tiempo factores demográficos e históricos diferenciados. El repentismo sorprendente, el tino para encontrar la imagen adecuada, el dardo que se lanza certero hacia el espinazo del ocasional adversario, la cascada de metáforas que reproducen el ritmo del contrapunto de los juglares llaneros, son parte de los materiales de los que está amasado el don comunicativo del Comandante. Esos ingredientes combinados con la informalidad caribe han dado lugar a la tan admirada y a la vez temida capacidad mediática del presidente Chávez. Son sus padres Hugo de los Reyes Chávez y Elena Frías de Chávez. El parecido físico lo sacó Hugo Rafael de doña Elena, y de ambos progenitores heredó una terquedad indomable; “disciplina”, llama la madre a ese rasgo del carácter. Ella recuerda: “Hugo era

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muy disposicionero, le gustaba montarse en las matas, agarraba un bejuco y se lanzaba como Tarzán en la selva, en fin, inventaba cosas”. ¿Será peligroso que la nave del Estado sea dirigida por un “disposicionero”? Hijo de una maestrayun maestro de primaria, Hugo fue temprano a una escuela, al Grupo Escolar Julián Pino, de Sabaneta. Por aquel tiempo batía el incensario en la iglesia como monaguillo. Allí debió aprender las primeras sentencias del Antiguo y del Nuevo Testamento, que como presidente habría de citar profusamente para irritación de ciertos obispos que, como él diría con soma, llevan “el diablo metido entre sus sotanas”. No tuvo la experiencia de estudiar en el Seminario, como su camarada de conspiración, compañero de prisión y a partir de marzo de 2000 enemigo político: teniente coronel Francisco Javier Árias Cárdenas. Por los tiempos de la escuela, los vecinos veían al escolar Chávez arrastrar una carreta en la que ofrecía frutas y topochos para contribuir a los magros ingresos familiares. Para cursar la educación sencundaria el adolescente Chávez se trasladó aBarinas, capital del Estado del mismo nombre, e ingresó en el Liceo Daniel Florencio O’Leary, en el cual obtuvo el diploma de Bachiller en Ciencias. Cuando avanzaba en sus estudios secundarios entró en contacto con grupos de la izquierda que tenían algún arraigo entre los liceístas. Que tíaya sido propiamente un militante de esos núcleos, ni él lo recuerda en sus entrevistas autobiográficas, ni otros lo comentan. Pero sin duda sus simpatías por las ideas de izquierda se fijaron de manera temprana. Para un joven con recursos económicos escasos, dos instituciones nacionales abrían posibilidades de realizar una carrera: la Iglesia y las Fuerzas Armadas. Árias Cárdenas se acogió a la primera, Chávez Frías a las segundas. Si al primero su espíritu piadoso lo llevó al seminario, al segundo Ia casualidad lo condujo a ja Academia Militar. En verdad, lo que al joven Chávez le atraía de manera irresistible era el béisbol: “...yo tenía ese sueño infantil de ser pelotero profesional”. Un camino para lograrlo era la vinculación a la Escuela Militar. Surgió una dificultad: había aplazado en el último curso una asignatura, Química, y en la Academia, en principio, solo recibían a quienes podían mostrar una hoja de
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calificaciones intachable. Sin embargo, fueron llamados algunos aspirantes con materias aplazadas. Así, una mañana el joven provinciano se encontró -sentado y sofocado dentro de una chaqueta que un amigo barinés le había prestado para la ocasion­ ante un jurado integrado por el director, el capellán, un psicólogo y algunos oficiales. Uno de los examinadores le inquirió por la bendita chaqueta, causa, amén de la incómoda pregunta, del sudor copioso. Después las pruebas continuarían en el campo de deportes. Allí les dieron prelación a quienes tenían asignaturas aplazadas. Tres batazos largos, certeros, dejaron definitivamente al joven Chávez del lado de adentro de la puerta de la Academia Militar. El béisbol providencial irá dando lugar a otras ambiciones. El mundo deportivo no ganó un pelotero famoso, pero con el tiempo la retórica política, los discursos oficiales se llenarían de términos e imágenes del deporte nacional de los venezolanos. Cuando Chávez inició la carrera militar, el buen sentido de los venezolanos, en mayor medida que las armas oficiales, estaba derrotando la alternativa de la guerra. El capítulo de la insurgencia armada, al cual haremos adelante una breve referencia, estaba en sus postrimerías. Las instituciones armadas del Estado, liberadas en parte de los apremios bélicos y de las tareas de represión a los apoyos, reales unas veces y supuestos las más, de la insurgencia, podían ocuparse de planes más constructivos. En 1970 la Escuela Militar se transformó en la Academia Militar, con lo cual la institución quedó incorporada al nivel universitario. Eso implicó cambios en el currículo y creó las condiciones para la iniciación de intercambios con las universidades del país en los campos científico, cultural y deportivo. En la primera fase de los estudios el énfasis del programa estaba puesto en las asignaturas militares y en el entrenamiento físico. En una segunda etapa se intensificó el componente académico, atendido por profesores civiles y militares en un ambiente de apertura. En efecto, se estrenaban programas y orientaciones sobre los cuales el control no podía provenir exclusivamente de la oficialidad veterana. Podía advertirse cierto grado de libertad de cátedra en la medida en que esta planta, que tanto necesita del oxígeno de la desobediencia
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intelectual, pueda crecer en un ambiente atravesado por los principios jerárquicos, las líneas de mando, la obediencia debida, la no deliberancia. En la Academia Militar hizo Chávez las primeras aproximaciones a la obra de Simón Bolívar y de Ezequiel Zamora. Pudo seguir con detalle la narrativa documentada sobre la gesta militar bolivariana y las alternativas de la Guerra Federal de Venezuela (20 de febrero de 1859 a 24 de abril de 1863). Otras asignaturas abrieron con cierta timidez sus ventanas: sociología, historia del pensamiento económico y político. Para comprender la incidencia que podía alcanzar esa experiencia curricular nueva en las Fuerzas Armadas venezolanas es necesario recordar que Latinoamérica vivía un segundo auge revolucionario después de aquel que había culminado con el triunfo de la revolución cubana en enero de 1959. Velasco Alvarado en el Perú, OmarTorrijos en Panamá, Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, son nombres y países que mostraron las tendencias políticas que entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta se revelaron como las más novedosas en el continente. Mientras tanto, en la Academia Militar, Chávez dejaba el béisbol para los ratos de descanso, se apasionaba por otros juegos y avizoraba nuevos senderos que aparejaban riesgos distintos. En diciembre de 1974 nuestro protagonista viajó junto con diez cadetes más al Perú, a la celebración de los 150 años de la batalla de Ayacucho. Allí tuvo la ocasión de conocer personalmente a Juan Velasco Alvarado y a otros dirigentes del proceso peruano. Entre sus alforjas Chávez llevará hasta el 4 de febrero de 1992 un librito azul llamado La revolución nacional peruana, obsequio personal del general Velasco. En los días de esa celebración los jóvenes militares venezolanos se encontraron, según lo contó Chávez, con el general Torrijos y “sus muchachos”. Pero también conocieron a militares chilenos que habían participado en el golpe contra Salvador Allende, actuación, señalaría Chávez, que era rechazada por panameños, peruanos, colombianos. Para él la muerte de Allende, elegido presidente de Chile en comicios democráticos, habría

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representado, según lo recogió Gabriel García Márquez, “el primer conflicto consciente con la política real”. El 28 de julio de 1975 Chávez culminó los estudios en la Academia militar y recibió el grado de subteniente. No había transcurrido un mes cuando ya el flamante oficial se encontraba en Barinas como oficial de comunicaciones del Batallón de Cazadores Manuel Cedeño. Era uno de los trece batallones que habían sido creados por el Ejército a comienzos de los años sesenta con el fin de enfrentar a la guerrilla. Ya para 1975 no existían guerrillas en Barinas. No obstante, por doquier podían advertirse las huellas de esa confrontación. En su calidad de jefe del pelotón de comunicaciones recibió el encargo de custodiar, en el cerro de La Marqueseña, equipos de comunicaciones muy sofisticados que habían sido traídos de los Estados Unidos. En estos escenarios el Comandante entró en relación con una faceta de su historia familiar que habría de servir como uno de los insumos de su incipiente mesianismo. Su bisabuelo, Pedro Pérez Delgado (Maisanta), fue un guerrillero que se unió a las huestes del caudillo José Manuel Hernández, El Mocho, y participó en el combate famoso de la Mata Carmelera. Por ese tiempo recibió el grado de coronel. Fiel al mochismo, volvió a tomar las armas contra el presidente Cipriano Castro (1901-1903). Retirado a Sabaneta, hizo alguna fortuna, compró tierras en La Marqueseña y las atendió hasta cuando su espíritu guerrillero volvió a conducirlo a la rebelión. En 19131914 se produjeron varios levantamientos contra Juan Vicente Gómez en los cuales tomó parte Maisanta. Aquellas rebeliones no tuvieron éxito. Pérez Delgado continuó con una guerrilla, y como caudillo importante en los llanos de Barinas y Apure persistió en rebelión intermitente contra Juan Vicente Gómez. Hecho prisionero en 1922, fue llevado a Ciudad Bolívar, y de allí, por instrucciones del dictador, fue trasladado al castillo Libertador de Puerto Cabello, donde murió en 19241 .
1 Una corta biografía de Maisanta se puede leer en el Diccionario de Historia de Venezuela, Caracas, Fundación Polar, 1997, t. HI, p. 570. En dicha sinopsis biográfica hay algunos datos que no coinciden con los suministrados por el comandante Chávez en su entrevistas al profesor Agustín B lanco Muñoz.

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Sobre el bisabuelo de Chávez existe una novela, Maisanta: el último hombre a caballo, del escritor José León Tapia, quien goza de cierto reconociniiento en Venezuela por el cultivo de la novela histórica2. En pos de los pasos de su bisabuelo, Chávez se aficionó a la investigación histórica. Hizo pesquisas de archivo, se armó de grabadora para la historia oral, entrevistó a barineses en edad provecta. Absorto en las cavilaciones sobre el pasado heroico, en alguna de sus correrías, sin advertirlo, se adentró en territorio colombiano. Un capitán de este país lo detuvo. García Márquez registró así el episodio: “Llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podrían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. ‘Yo estaba casi rendido -m e dijo Chávez- pues mientras más le explicaba menos me entendía’. Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: ‘Mire, mi capitán, lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ese que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?’. El capitán conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca”. Como jefe del pelotón Chávez no se encontró con la guerrilla colombiana en la zona fronteriza. En el Nula y el Sarare, sin embargo, por las habladurías, la presencia de los grupos armados rondaba por allí como un fantasma. A finales de diciembre de 1976 el Comandante recibió la información de que la guerrilla había matado a alguna gente humilde. Vio los muertos, la sangre, hizo preguntas, registró el robo de animales domésticos y por el Sarare emprendió la persecución de los supuestos guerrilleros, sin descubrir rastro alguno. Quedó con la duda, que nunca podría

2 A lexis Márquez Rodríguez. Historia y ficción en la novela venezolana. Caracas, La Casa de B ello, 1996. Otras dos obras de León Tapia son P or aquí pasó Zamora y E l

tigre de Guaitá.

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aclarar, si los autores de la masacre habían sido efectivamente guerrilleros o cuatreros desalmados. Pasado un año, el batallón Manuel Cedeño fue trasladado del occidente al oriente, a Cumaná. Allí una guerrilla renuente a entrar en el proceso mediante el cual ya se habían incorporado los combatientes de izquierda, ejecutaba acciones esporádicas. En sus testimonios, Chávez hizo alusión al conocimiento por ese tiempo del fenómeno de la corrupción en el ejército: negociados en la compra de víveres para las raciones de la tropa. Vinieron nuevas experiencias y con ellas adicionales motivos de reflexión. En una ocasión arribó al puesto que comandaba Chávez un coronel retirado de la D irección de Inteligencia M ilitar (DIM), acompañado de un grupo de soldados y tres campesinos, estos últimos en condición de “prisioneros de guerra”. En la noche se oyeron gritos. Los soldados golpeaban a los detenidos con bates envueltos en trapos para que no dejaran huellas visibles. Como comandante del puesto, Chávez exigió al coronel que dejara a los prisioneros bajo su custodia o que se trasladara del puesto. El de la DIM se marchó con sus soldados y prisioneros. Un día de finales de 1977, mientras Chávez compraba carne para la tropa en Barcelona, descendió un helicóptero que transportaba muertos y heridos como resultado de una emboscada de la guerrilla. Colaboró en el traslado de los heridos al hospital. Uno de ellos era un joven que había estado bajo el mando de Chávez y que le pedía con desesperación suprema que no lo dejara morir al tiempo que con fuerza le apretaba la mano. Por los mismos días, en compañía de un soldado, por cierto sobrino suyo, y dos sargentos llaneros, el teniente Chávez fundó un grupo al cual bautizaron con el nombre algo delirante de Ejército de Liberación del Pueblo de Venezuela (ELPV). El comandante se había lanzado a las aguas procelosas de la conspiración. Trasladado a Maturín, en los batallones de cazadores se encontró con oficiales que también rumiaban sordamente su descontento: Jesús Urdaneta Hernández y Jesús Miguel Ortiz. El ELPV estaba ya integrado por seis miembros. De allí pasó a un nuevo escenario, Maracay, donde fue designado como comandante del Pelotón y Compañía
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de Tanques AMX-3O, Batallón Blindado Bravos de Apure (19781979). En Maracay hizo nuevos contactos, en desarrollo de su actividad revolucionaria. Los más importantes fueron los del mayor Alastre López y el subteniente Díaz Reyes. Ocupará otros cargos en las Fuerzas Armadas: comandante de compañía y jefe del Departamento de Educación Física en la Academia Militar de Venezuela (1981), y jefe del Departamento de Cultura de la misma Academia en 1982. Entre labores militares, la hostilidad de algunos altos mandos y las discusiones con los compañeros del núcleo inicial revolucionario, se llegó al punto de inflexión del Juramento del Samán de Güere, de donde arrancó en firme la fase conspirativa. A esa etapa volveremos en la narrativa general sobre el movimiento chavista. En los esbozos biográficos sobre Chávez se mencionan sus hazañas deportivas o más precisamente las de los equipos en los que participó. Campeón nacional con Los Criollitos de Venezuela en 1969, sófbol militar en República Dominicana en 1980, Liga Universitaria en Caracas. No conocemos los juicios de los críticos literarios sobre los cuentos y poemas que han salido de la pluma del Comandante, pero el público sabe los títulos de algunos de ellos. Aunque sean de buena calidad, ellos no adelantan nada sobre sus condiciones de gobernante. En Colombia suele aplicarse a algunos presidentes el lugar común de “escritor extraviado en la política”. Quienes eso repiten, a lo mejor lo que quieren decir es algo menos exaltante: que algunas veces el país ha sido gobernado por “extraviados”. Por ello, dejemos la frase en suspenso con respecto a Chávez. De todos modos, una obra de teatro suya obtuvo el tercer premio de teatro histórico nacional (Cañafístola, 1987). Las condiciones histriónicas de Chávez son evidentes no solo por el premio sino porque se han puesto muy de bulto en los ademanes, gestos y manías, es decir, en los elementos no verbales que acompañan su inconfundible retórica. Bueno, y el presidente también canta, su voz y tono reflejan un entrenamiento que va más allá de quien agota su repertorio bajo la ducha matinal. Los opositores del Comandante pueden escuchar a Chávez cantante sin experimentar la irritación
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desesperada que el ecuatoriano Bucaran suscitara en los suyos. Sus seguidores recibieron muestras de ello cuando el presidente cantó “Canción mansa para un pueblo triste”, del cantautor Alí Primera. Su estilo de comunicación ha sido objeto de ensayos adversos y columnas venenosas. Por el momento baste decir que introdujo formas nuevas de comunicación política. Al verlo y oírlo en la tribuna, en “el balcón del pueblo”, por ejemplo -una ventana que reproduce la idea de aquella del Vaticano desde la cual el pontífice imparte la bendición urbi et orbi-, se cae en la cuenta de una serie de recursos verbales y no verbales que son puestos en juego: la interpelación, la reiteración, el diálogo coloquial que colocan a presidentes, banqueros, ministros y jerarcas en el trance de improvisar respuestas y ademanes, como escolares sorprendidos. Los aludidos en una broma o citados por una pregunta no tienen escapatoria: sonreír, balbucear algo. Lo peor quizá sería dar muestras de enfado cuando la digresión presidencial les ha puesto encima los reflectores y las cámaras. Es comprensible que ese estilo no seduzca a los intelectuales, ni guste a los empresarios, ni produzca el regocijo de un burócrata del Estado o de un solemne miembro de la Curia arquidiocesana, pero debe resultar atractivo para los hombres y mujeres de las barriadas de Caracas, aquellos que el día de las elecciones esperaron pacientes para relegitimar a Chávez y a los demás candidatos avalados por él. En estos ajetreos los cálculos pueden resultar equivocados.-Para el 30 de julio de 2000, ante declaraciones de personas de estratos sociales altos en el sentido de que estarían dispuestas a hacer largas colas para sufragar por Árias Cárdenas, los votantes de estratos bajos, como subrayaba alguna observadora, no debieron conmoverse mayormente con ese reto scout. “Al fin y al cabo han hecho tantas colas en la vida!” . En apariencia los discursos presidenciales carecen de itinerario. No obstante, entre broma y anécdota, entre una cita de Nietzche y otra del Oráculo del guerrero, entre una sentencia del Eclesiastés y algún pelotazo agresivo contra un directivo sindical o un monseñor, se entregan argumentos y datos, se muestran tablas, se articulan planteamientos políticos. Al final, tras tortuoso pero
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pintoresco recorrido, el orador llega a su destino. No todos lo acompañan hasta la meta, pero muchos hacen gustosos o resignados el camino completo. Las apelaciones y preguntas a miembros del gabinete, la invitación a funcionarios de alto rango para que se dejen ver en el “balcón del pueblo”, nos parece, no constituyen desprevenida pasarela, muestran a un Chávez como capitán que requiere el concurso de los miembros de su equipo. Este no suele ser un gesto de los caudillos populistas, para los cuales las masas deben recibir imágenes de la omnisapiencia del líder que no necesita de intermediarios visibles. Frente al estilo de Chávez lo más conveniente quizá sea la actitud de interés crítico, que no lleve a reemplazar la curiosidad frente al fenómeno por la execración aristocrática de los actores colectivos que lo hacen posible y a los cuales va dirigido en primer lugar. Esto último es expresado por algunos de los observadores de fuera y por participantes de la escena política actual de Venezuela. Al respecto, el juicio del escritor Mario Vargas Llosa nos parece muy representativo: “Que un número tan elevado de venezolanos apoye los delirios populistas y autocráticos de este risible personaje que es el teniente coronel Hugo Chávez no hace de éste un demócrata; solo revela los extremos de desesperación, de frustración y de incultura cívica de la sociedad venezolana”3. En estilo crudo y desdeñoso, un político venezolano no encontró un término más apropiado para calificar a Chávez, los miembros de su gabinete y en general sus seguidores, que el sustantivo lumpen. Se trata del dirigente político de origen izquierdista Alberto Franceschi*, quien al advertir con presunción
Mario Vargas Llosa. E l suicidio de una nación, El Nacional, 8 de agosto de 1999 £http://el-nacional.com .ve/). (A partir de esta cita todas las referencias a este diario fueron realizadas vía internet). * Franceschi perteneció en sus años mozos al M IR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), en su com ente troskista. Cuando el MER. desapareció, siguió a Argentina, donde se vinculó a movimientos radicales. A poyó la candidatura de Salas Romer. Salió elegido para el Congreso. Rom pió con el excandidato de Proyecto Venezuela y posteriormente salió elegido com o miembro déla Asamblea Nacional Constituyente. Retirado a sus cuarteles de invierno, desde allí hace su aparición de vez en cuando para lanzar flechas cargadas de rencor contra el gobierno de la Quinta República.

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profètica sobre la inviabilidad del gobierno de la Quinta República señalaba en febrero de 2000: “Entonces, de mantenerse la orientación política del actual régimen, que insta permanentemente al odio social y a una especie de autarquía, de la orientación e ineficacia que imparte esa especie de ‘lumpen’ político que rodea al presidente; lumpen no porque sea de bajo fondo sino de desclasados políticos, preñada o saturada (sic) de estatismo y de atavismo socializante, felizmente superados en otros países y que acá sencillamente están a la orden del día; cómo imaginamos que el país es viable y que este régimen es viable”. Y Franceschi precisó su caracterización: “Yo utilicé el término lumpen explícitamente, o desclasado político, porque ni siquiera utilizo el término popular para describir el sustento político de Chávez”. Franceschi establece una sencilla ecuación: informal = lumpen. Ahora bien, en Venezuela como en Colombia los informales superan el 50% de la población económicamente activa. Así, de la política entendida como una actividad digna, “formal”, quedaría excluida la mayoría de los venezolanos. Lo mejor tal vez sería retomar al voto censitario o a alguna forma de participación que reserve la política como actividad para las “almas bellas”. No sorprende que al final de su extenso reportaje el señor Franceschi haya convenido que, en comparación con Chávez, la alternativa deseable para Venezuela sea la de Fujimori. Pero entonces quienes suscriban la sugerencia del político venezolano se encontrarían con el inconveniente chocante de tener que admitir que un personaje como el señor Vladimiro Montesinos constituye una de las cumbres éticas del continente. Para concluir estas notas breves, que han sido apenas hilvanes para una biografía o pinceladas sueltas para una semblanza de Hugo Rafael Chávez, adicionamos una información familiar: Nancy Colmenares fue su primera esposa y con ella tuvo dos hijas, Rosa Virginia y María Gabriela, y un hijo, Hugo Rafael. En la actualidad el presidente de Venezuela está casado con María Isabel Rodríguez, la rubia y bella Marisabel, cuya extendida sonrisa pone una cuota de distensión en la retórica pendenciera de su marido. Sin que le falte energía y trabajo a la primera dama, ella ha sabido

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mantenerse en unos límites de discreción que tienen su propio valor político en Venezuela. Parte del fardo que se le carga al puntofijismo corrió por cuenta del ruido que metieron en los asuntos de Estado las amantes de Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez. En La Casona viven con el presidente y Marisabel, el hijo varón y la pequeña Rosinés, esta última fruto del segundo matrimonio. Las hijas mayores viven con la madre en Barinas.

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La ideología del chavismo

El árbol de las tres raíces. Para comenzar, detengámonos en la primera de esas raíces: Simón Bolívar. La primera aproximación sistemática de Hugo Chávez a Bolívar, a su acción y a su pensamiento se produjo en la Academia Militar. Se trata, por un lado, del genio militar y, por el otro, del personaje histórico convertido en el centro de una religión civil. Pero Chávez y sus compañeros acudirán a la exaltación del Bolívar del “poder moral” del Congreso de Angostura, a tono con la agitación anticorrupción que constituirá bandera muy importante del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200). La corrupción facilitada por el manejo estatal de la renta petrolera, columna vertebral de la economía venezolana, se convirtió de manera creciente en la causa de descontento de los sectores mayoritarios de la población con el establecimiento político venezolano y en factor crucial de la pérdida de prestigio de los partidos políticos. Dados los registros emocionales que suscita la evocación histórica dé Bolívar, resultan inevitables las agudas controversias sobre la naturaleza del bolivarianismo de Chávez. Han sido visibles las reacciones de historiadores profesionales que de alguna manera esgrimen la pretensión de ser los verdaderos intérpretes del Libertador. Desde diversas corrientes políticas se impugna la apropiación chavista del mito como una operación de manipulación y falseamiento. Quienes sostienen esto último lo hacen a nombre del “verdadero Bolívar”. Generalmente cada polemista reclama para “su” Bolívar la condición de la verdad. En la historia entendida como saber es difícil encontrar explicaciones que gocen

de acogida unánime. Sin embargo, es frecuente que en la investigación se produzcan consensos. Por supuesto esto no ocurre cuando la discusión histórica hace parte del debate político inmediato. I Pero además existen momentos de viraje en la historia de las sociedades o países, encrucijadas en las que el ritmo de los acontecimientos se acelera y los cambios se producen con rapidez. Tal es el caso de las revoluciones, las guerras, el surgimiento de los Estados, la caída de los imperios, etc. Parecería que en tales circunstancias se abriesen frente a la historia caminos diferentes, opciones diversas. Al menos así lo perciben los actores que giran en el remolino de tales sucesos. En el discurso de los protagonistas se refleja la marcha cambiante de los acontecimientos. Por ello, las contradicciones reales o aparentes de aquéllos son frecuentes. El proceso de la independencia de las colonias hispanoamericanas es uno de esos movimientos complejos en los que la corriente de la historia se precipita. Los hombres que actuaron como líderes vivieron al compás vertiginoso de los acontecimientos. Ellos -no todos, por supuesto- tenían unos principios, alentaban unos ideales, sin descartar a los aventureros, pero se veían precisados a dar respuestas militares, políticas, administrativas a las urgencias del día. En la apropiación posterior de sus ideas y su acción se destacan unos aspectos, se dejan en segundo plano otros, se iluminan unos comportamientos, al paso que a otros no se les rescata de la zona de penumbra. Desde los gobiernos autocráticos del general Antonio Guzmán Blanco ('1870-1888') se instauró el culto a Bolívar como especie de religión civil de los venezolanos. Desde entonces todos los gobiernos, independientemente del régimen político que representaran, han sido bolivarianos. Los partidos políticos modernos formalizados entre 1936 y 1948, y los surgidos posteriormente, han hecho desde sus respectivas orientaciones ideológicas su aporte a la construcción del mito bolivariano. Antes que la búsqueda de la visión política que corresponda al “verdadero Bolívar”, tiene más sentido la indagación sobre el

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modelo que cada corriente elabora. Con respecto al chavismo nos interesa identificar los elementos que el movimiento destaca de la obra y del pensamiento del Libertador. De forma genérica se subraya el papel de Bolívar en la lucha por la igualdad y la libertad. Esta última se enlaza más concretamente con la libertad de los esclavos. A partir de Bolívar el chavismo construye puentes con la vertiente más avanzada, desde el punto de vista social, del jnovimiento de la Ilustración: el pensamiento de Rousseau. ^Resulta expücable que en la polémica que suscita la apropiación de Bolívar por parte del Comandante se vuelvan a oír los ecos de los enconados ataques que los liberales del tipo del pensador francés Benjamín Constant dirigieran en su tiempo contra Bolívar. Constant representa la otra matriz del Iluminismo: el culto a la libertad absoluta, entendida como libertad individual, la intangibilidad del derecho a la propiedad privada, las prevenciones contra “la tiranía de la mayoría”. En los materiales destinados a la educación de las bases ! del MVR se exalta al “general de la guerra justa” y sus convicciones sobre el papel de la educación en la formación de las nuevas sociedades. Se pone de relieve la condición de Bolívar como “líder anticolonial” y su concepción de la anfictionía o unión de las antiguas colonias hispanoamericanas. Se rescata el Congreso Anfictiónico como evento que habría expresado de la manera más cumplida el alcance continental de las ideas de Bolívar. Como se recordará, por iniciativa del Libertador, del 22 de junio al 15 de julio de 1826 se reunieron en Panamá representantes de las repúblicas hispanoamericanas y algunos observadores extranjeros. Con frecuencia Bolívar tomaba inspiración en ejemplos de la historia antigua de Grecia y Roma no solo para sus discursos sino también para sus iniciativas. En este caso las asambleas de ciudades griegas hermanas que discutían asuntos de interés común alrededor de un santuario, fueron el paradigma. Cuestión muy importante de la asamblea de Panamá fue la visión sobre la necesidad de una preparación conjunta de los nuevos países para rechazar la posible intervención de aquellas potencias que aún no habían aceptado

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como hecho cumplido la independencia de las antiguas colonias españolas. Ciertos códigos usados en los materiales educativos del MVR dejan ver que al lado de las ideas bolivarianas sobre la anfíctionia aparecen otras de diferente estirpe1 . Tal es el caso de .“espacio específico de poder a escala internacional”, “objetivo estratégico”, “centro de poder”. Estas expresiones remiten a la terminología del ambiguo ideólogo argentino Norberto Ceresole. I~i El Bolívar del chavismo no se puede entender i acertadamente por fuera de la imagen trinitaria del árbol de las [ tres raíces: Simón Bolívar, Ezequiel Zamora, Simón Rodríguez^ La versión primera que recibió Chávez sobre Zamora procedía de la visión del héroe militar que se encuentra en el libro La guerra federal: causas y consecuencias, del hoy general (r) Jacinto Pérez Arcay, quien a comienzos de los años setenta era profesor de la Academia Militar. Se trataba ante todo de un libro típico del género de la historia heroica con finalidades moralizantes. Casi por casualidad, a mediados de los años setenta en el puesto militar barinensé de La Marqueseña, del que fue nombrado jefe de custodia del Pelotón de Comunicaciones, el joven oficial Hugo Chávez se encontró con el libro del historiador comunista Federico Brito Figueroa, TiempcTde Ezequiel Zamora, cuya primera edición se realizó en 1974. Se trata de una construcción del líder antioligárquico, caudillo de campesinos que luchaban por la tierra a mediados del siglo XIX. Antecesor, por tanto, de las luchas agrarias del siglo XX, a las cuales el autor se encontraba vinculado políticamente, dada su mil.itancia en el Partido Comunista Venezolano (PCV). Era el caudillo al que se identificaba con el “Programa”, como denomina Brito Figueroa el de “Tierra y hombres libres, elección popular, horror a la oligarquía”.\Zamora acentúa en el modelo ideológico chavista Uos elementos sociales de “las tres raíces” y la idea de la
' D irecció n N acional de Form ación y Doctrina del M ovim iento Quinta República. B olivarianos. E l árbol de las tres raíces (Papel de Trabajo). Primera reunión nacional de form ación y doctrina, 30 y 31 de octubre de 1999.

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movilización popular como factor indispensable del triunfo. La concepción de igualdad en Zamora se asocia a la necesidad histórica de una relación equitativa entre las “provincias históricas” que han conformado a Venezuela. Al paso que Chávez descubría a este nuevo Zamora, se topaba con los vestigios de la lucha guerrillera venezolana en los escenarios de la confrontación militar de los años sesenta. Por otro lado, aunque sin tener contacto directo con la guerrilla colombiana, conoció en parte el tipo de problemas que originaba la confrontación subversión-Estado en el vecino país. De los héroes tutelares los emeverristas quieren extraer títulos de legitimación para el espinoso tema del papel de los militares en la nueva sociedad que buscan:V‘Én Zamora, al igual que en Bolívar, está presente ja estrecha relación eiércitopueblo. El ejército comandado por Zamora bajo las banderas del más profundo rechazo a los intereses de la oligarquía, estuvo integrado por hombres de la más humilde extracción social que abrazaron la causa federal con el objeto de abrir cauces para el protagonismo popular”2, se dice en uno de los textos de formación de los “bolivarianos”. \ ~ ~ ” J" Por último, de la fragmentaria obra escrita de don Simón Rodríguez, así como de su frondosa leyenda, Chávez extraerá el tercer componente básico de su propuesta ideológica. Se ha visto a Simón Rodríguez como un utopista hispanoamericano que algunos han llegado a comparar con Fourier y Owen. Ante j os escritos del maestro y amigo de Bolívar el Comandante agudizará su atención sobre dos aspectos: de un lado, la educación popular como premisa fundamental para el ejercicio de las libertades republicanas la creación de la escuela nueva basada en los principios de la “civilización social”, y del otro lado la aceptación de la originalidad de los procesos hispanoamericanos. Esa noción de la peculiaridad latinoamericana llevará aparejada la necesidad de buscar soluciones también originales. A cada paso se destacará la sentencia del maestro de Bolívar: “Dónde iremos a buscar modelos? La América española es original. Originales han de ser
1 Ibid., p. 6.

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sus instituciones y su gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otros. O inventamos o erramos”3. Ya antes había resaltado “La necesidad de sentir bien la diferencia que hay entre adoptar y adaptar, para no desechar lo que pueda ser útil y para no errar en las aplicaciones”. Las tres raíces marcan un piso ideológico relativamente elaborado. No se trata de tres nombres ni de tres corpus independientes. Estamos ante una síntesis en la cual cada elemento cumple una función y se relaciona de manera orgánica con los otros. No parece sustentable la afirmación de 1998 de Alberto Arvelo Ramos: “En nuestro ejercicio de analista es ahora cuando el proyecto de Chávez puede entenderse mejor. Populismo autoritario desideologizado”4. El proyecto del chavismo puede calificarse de diversa manera, pero es contraevidente negarle contenido y proyección ideológicos. -"1 Si bien es preciso relacionar la formación de los postulados^ ideológicos del chavismo y la evolución de la crisis interna de Venezuela, no es menos cierto que el movimiento, como fenómeno ideológico y político, constituye un intento de ofrecer respuesta a los desafíos de la globalización desde Venezuela y para Venezuela. / Los pueHíos de Tos países^pobres verTcada vez conmaFtemoFIaí. injerencia de organismos como el Banco Mundial y el Fondo! Monetario Internacional y la relacionan con la miseria creciente.)) Pero no se trata únicamente del temor vinculado con las penalidades materiales sino también del vértigo frente al despojo de identidades. En esta interpretación nos apoyamos en una explicación de Michael Mann sobre el éxito de la difusión del cristianismo en el seno del imperio romano. Esta religión del libro habría respondido a las particulares tensiones características de los imperios entre universalismo y particularismo, entre uniformidad y lealtades preexistentes, étnicas o de otro tipo: “El

3 Simón Rodríguez. Inventamos o erramos. Monte Ávila Editores. Caracas, 1992, p. 151. 4 Alberto A rvelo Ram os. E l dilema__del chavismo: una incógnita en el poder, José Agustín Catalá, Caracas, 1998, p. 39.

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cristianismo no fue una respuesta a una crisis material, ni una alternativa espiritual al mundo material. La crisis era de identidad social: ¿a qué sociedad pertenezco yo?”5. No osaríamos negar la influencia de la crisis económica en los sobresaltos que ha experimentado Venezuela desde mediados de los años ochenta. Sin embargo, las tribulaciones de la gente de a pie no se agotan en el disgusto por el empeoramiento de las condiciones materiales de vida. De ahí que el esfuerzo por encontrar raíces propias constituya un mensaje que encuentra un terreno abonado en masas marginadas en su propio país y a las que se les invita a hacerse partícipes de una inasible ciudadanía^ universal.[LTg^lgbalización para los países de la periferia no está llevando a una equilibrada interdependencia sino a una mayor dependencia con respecto a los centros mundiales de poder. La globalización para América latina bien puede tomar el nombre de norteamericanización. j En las referencias escritas de la pedagogía del MVR se advierte la tensión por ofrecer formulaciones doctrinarias sobre los procesos actuales de globalización o “mundialización”, como se los denomina también: “Queremos plantear una concepción del mundo opuesta a la visión racional instrumental que define el neoliberalismo salvaje. Es decir, una visión histórica, filosófica: una doctrina para la revolución social”6. | No se permiten los “bolivarianos” expresiones utópicas contra la globalización; el énfasis está colocado en la necesidad $lebuscar caminos de inserción diferentes de aquellos que pregonan como únicos posibles los representantes del neoliberalismo. A esa fórmula para mirar la globalización corresponde “el modelo de una economía humanista, autogestionaria y competitiva”. Sucintamente, la economía humanista entraña tomar al hombre

3 M ichael Mann. Las fuentes del poder social I. Una historia del poder desde los comienzos hasta 1760 d.c. Alianza Editorial, Madrid, 1911, p. 441. 6 Dirección Nacional de Formación y Doctrina del M ovim iento Quinta República. El diseño de un partido y una doctrina progresista (Papel de Trabajo). Primera Reunión de Form ación y Doctrina, 30 y 31 de octubre de 1999, p. 1.

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/ como centro y objetivo del sistema económico; “un sistema económico autogestionario que estimule la democratización económica y las formas de una diversificación de la producción”; “un sistema económico competitivo que apoyándose en las ventajas comparativas y competitivas de nuestro país, genere productos capaces de satisfacer las necesidades de la población y competir con las mercancías extranjeras...”7. No se encuentran en estos documentos ni condenas ni abominaciones de las economías de mercado. Sugerimos que en sus aspectos ideológicos el movimiento bolivariano se asocia al tipo de fenómenos que en los países del Magreb y en países árabes han dado lugar a variedades del fundamentalismo: la respuesta a sentimientos de pérdida de identidad cultural, nacional y social. Las expresiones son sustancialmente diferentes, como diversas las culturas en las cuales florecen tales fenómenos. Chávez desarrolla la metáfora del árbol al anotar que éste no solamente se nutre de lo que las raíces extraen de la tierra. Las hojas toman oxígeno, se benefician de la lluvia, reciben el sol. Si las tres raíces tienen nombre propio, por el follaje el árbol absorbe la influencia de corrientes y tendencias. Una de ellas es la del nacionalismo militar, que recoge las banderas de las reformas políticas y sociales que impulsaron los generales Velasco Alvarado y Ornar Torrijos en Perú y Panamá, respectivamente. Pero en esta franja también entran algunas de las ideas de Norbérto Ceresole que en parte son de sentido diferente al de las anteriores. El ideólogo argentino lamenta el proceso de destrucción de las Fuerzas Armadas latinoamericanas que se estaría llevando a cabo por iniciativa externa. No menciona el hecho de que las instituciones armadas a las que se refiere se comprometieron a fondo, con apoyo de los Estados Unidos, en la guerra sucia, en la violación masiva de los derechos humanos, en la aplicación de la doctrina de la seguridad nacional en América latina. En la

7 Ibid., p. 4.

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actualidad, en países como Perú y Colombia las Fuerzas Armadas se encuentran comprometidas aún con la violación de los derechos humanos en relación con el desarrollo de la guerra contrainsurgente. Quisiéramos glosar de manera breve otras de las formulaciones de Ceresole, no tanto porque creamos que han entrado a formar parte orgánica del ideario chavista sino porque han recibido apreciable despliegue en la prensa venezolana y aun en el exterior. Una de las características de Ceresole es su disposición para reiterar las mismas ideas en diversos artículos y reportajes. La versión sobre la cual hilvanamos nuestros comentarios se publicó en la revista virtual Venezuela Analítica y aparece fechada en enero-febrero de 1999. En la exposición de su teoría, Ceresole mezcla un orden lógico con secuencias narrativas. Con ello la exposición traza un tortuoso itinerario. El punto de partida lo constituye la irrupción del líder militar. El evento inaugural o momento de la investidura es el golpe del 4 de febrero de 1992. Otro momento corresponde al triunfo de Chávez en las elecciones del 6 de diciembre de 1998. Entonces, “una persona física”, no una teoría, ni un partido, fue “delegada” “para ejercer un poder”. El líder militar devino en “caudillo o jefe nacional”. La orden del pueblo dada al caudillo es la de “transformar integralmente al país y reubicar a Venezuela de una manera distinta, en el sistema internacional”. En el anterior recorrido la premisa fundamental es la militarización de la política, “condición sine qua non de la existencia de un modelo venezolano posdemocrático”. Entre el líder y el pueblo, prosigue Ceresole, se constituye “un grupo importante de ‘apóstoles’ que intermedian con generosidad entre el caudillo y la masa”. Tales “apóstoles” son a su vez el núcleo del futuro partido “cívico-militar”8.

8 N orb e rto C e r e so le . “ C a u d illo , e jé r c ito , p u e b lo . El m o d e lo v e n e z o la n o o la posdem ocracia” . Venezuela Analítica. Biblioteca Artes Foros, Caracas, enero-febrero de 1999, p. 5. (R ev ista virtual consu ltada vía internet en la d ire c c ió n h ttp :// w ww.analitica.com A.

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En el camino de la ulterior elaboración del modelo posdemocrático Ceresole recomienda volver los ojos al siglo XIX hispanoamericano para “revalorizar positivamente el fenómeno de la ‘democracia inorgánica’, o del caudillismo como una forma específica de liderazgo”. Sobre la participación popular, el ideólogo argentino dictamina que ella se produjo en forma abrumadora el 6 de diciembre; a partir de allí todo quedó en manos del Caudillo nacional, quien debe convocar al pueblo cada vez que se plantee un conflicto. Lo demás sería una disolución del poder, del cual es portador el Jefe Nacional. Otro capítulo de la “teo ría” cereso.liana lo constituyen las fórmulas para la construcción de una Inteligencia Estratégica adecuada “que nos permita aliamos con los elementos fragmentativos que están operando en el plano internacional”. Pero no seguimos adelante en estas glosas, dado que la ideología de Ceresole no es el objeto de nuestras preocupaciones. Son múltiples las canteras conceptuales de las cuales Ceresole extrae materiales para su ensalada ideológica. En ella, aunque no se citen, se puede advertir la huella de pensadores prestigiosos, pertenecientes a contrapuestas vertientes filosóficas y políticas. Sería por supuesto desacertado atribuirles alguna responsabilidad en el producto ideológico que estamos comentando. La trayectoria política de Ceresole es diversa y accidentada. Algunos datos los publicó el diario El Nacional, de Caracas. En los años 60 participó en la fracción dé la izquierda libertaria del grupo que en Argentina dirigía Silvio Frondizi. A finales de los 60 y comienzos de los 70 fue asesor del presidente Velasco Alvarado en el Perú. En 1976 viajó.a Europa. Al regreso se vinculó, “según informes de prensa”, a los militares golpistas, los “carapintadas”. Esto lo niega Ceresole. En 1994, luego del sobreseimiento de los golpistas venezolanos, se produjo el encuentro de Ceresole con Chávez. El ideólogo registra el hecho con el tono de quien señala un acontecimiento mayor en el orden “teórico” y político: “Es en ese punto de la trama cuando yo tomo

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contacto con el comandante”9. Y prosigue: “En esos tiempos recorrimos juntos, varias veces, casi toda la geografía venezolana, en un periplo que había comenzado en la lejana Buenos Aires y, luego, continuado en Santa Marta, Colombia”. En 1995 Ceresole fue expulsado de Venezuela. Sus correrías de experto en posdemocracia lo han llevado a los países árabes y a Rusia, donde cuenta con amigos. Como antes señalamos, en los documentos del chavismo hay expresiones que coinciden con algunas de las que se pueden leer en los documentos del ideólogo argentino. A partir de tales pistas no resulta posible medir el alcance de esa influencia. El cuadro de ideas de Ceresole es muy abigarrado y gente de diversas lealtades políticas puede suscribir algunas de sus afirmaciones sin que se pueda cargar sobre sus espaldas todo el fardo ideológico del pensador argentino. A partir de la lectura de la carta que el presidente Hugo Chávez dirigió a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el escritor Jorge Olavarría llegó a la siguiente conclusión: “La carta del presidente Chávez a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia es una muy reveladora expresión de la quincalla ideológica que la (sic) ha sido transmitida por su mentor, el neonazi y antisemita argentino Norberto Ceresole. Yo no tengo duda que todo el pandemonium que el presidente ha desatado en el país, con el cual ha matado las enormes potencialidades de transformación y progreso que tenía su presidencia, han sido inspiradas (sic) por la mentalidad torcida y enfermiza de su amigo argentino”. Con respecto a la anterior apreciación puede traerse a cuento la frase acuñada por un presidente colombiano: “Ni tanto honor, ni tanta indignidad”. En 1994, cuando se produjo el encuentro entre Chávez y Ceresole, ya el futuro presidente de Venezuela poseía una ideología y había elaborado una propuesta política que eran producto de lecturas y discusiones realizadas durante los años de conspiración y en el tiempo del cautiverio en San Carlos y Yare. El 4 de febrero

5 Ibid., p. 5.

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de 1992, cuando los comandantes empezaron a hacer declaraciones para los medios, la gente pudo percibir que los golpistas tenían una orientación ideológica. De manera anecdótica, Teodoro Petkoff lo recordará ocho años más tarde. Aquel día al amanecer estaba el dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS) en los estudios de RCTV: «En un cierto momento, como a las 6 de la mañana, Árias Cárdenas habla desde el Zulia. A mi lado estaba Peter Bottome, de pronto me da un codazo y me dice: “Ese hombre es de izquierda”. Bottome había captado también que el discurso no “sonaba” como el de un golpista de derecha. A mí eso me llamó mucho la atención y luego cuando aparece por fin Chávez en televisión, recibo la llamada de un barinés, Luis Velásquez Alvaray, dirigente del MAS en Mérida, que me dice por teléfono muy exitado: “¡Teodoro, ese que acaba de salir en televisión es el ‘loco Chávez’, el de la Juventud!” Yo no sé si se refería a la Juventud del MAS o del MIR, pero Luis insistía: “¡el que pegaba los afiches con nosotros en el liceo, en Barinas!” Ahí tuve la seguridad de que estábamos frente a un golpe de signo obviamente distinto al clásicamente gorila latinoamericano»1 0 . Como atrás señalamos, el encuentro, quizá superficial, de Chávez con una ideología de izquierda y el contacto con militantes seguidores de tal orientación política se remontan a una etapa temprana de su vida. En el decreto N° 1, artículo 4 del gobierno provisional previsto por el golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 se anuncia la Asamblea Constituyente -y la elaboración y adopción de una nueva Constitución. Tanto la una como la otra son elementos centrales del proyecto del MBR-200 y se mantuvieron hasta cuando se plasmaron en la realidad en el año de 1999, bajo el gobierno de Chávez. En el proyecto de decreto N° 13, artículo único, “Se suspende provisionalmente el proceso de privatización de las propiedades y bienes de la República...” Estos elementos son fundamentales en el proyecto de Chávez y sus colegas militares. H abían sido concebidos desde mucho tiempo antes del
1 0 T eodoro Petkoff. La Venezuela de Chávez. Una segunda opinión. Un libro hablado con Ibsen Martínez y Elias Pino Jturrieta, Caracas, Grijalbo, 2000. p. 18.

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levantamiento militar de febrero de 1992. Y en modo alguno se pueden atribuir a Ceresole. La influencia de éste sobre Chávez, a nuestro juicio, es tardía y tuvo significación entre los “bolivarianos” en el período anterior al actual gobierno. La impresión contraria ha sido facilitada por el exhibicionismo del ideólogo argentino, quien no cesa de presentar previsiones catastróficas para Venezuela de no ser aceptadas sus fórmulas, veta la compañía del Canciller en algunos viajes del presidente, excomulga a la oposición, llama a una solución militar de orden preventivo. El hecho de que el señor Ceresole presente su teoría posdemocrática para Venezuela en un orden narrativo facilita a algunos espíritus devorados por el fuego antichavista el trazo de un gráfico de correlación estrecha entre las etapas del MBR-200 y el MVR y las estaciones del pensamiento ceresoliano. Si estos ejercicios se miran con tranquilidad parecen más divertidos que dramáticos. Altos dirigentes del Polo Patriótico, como Freddy Díaz, funcionarios del gobierno como Tarek William Saab y el canciller José Vicente Rangel se han pronunciado contra Ceresole y han negado que tal ciudadano sea funcionario del gobierno. El propio Chávez manifestó con respecto al ideólogo «que aunque lo conoce y le tiene mucho aprecio, ‘no es mi asesor ni está contratado por nadie’»1 1 . J C h á v e z no se clasifica a sí mismo como marxista, pero rechaza ser visto como antimarxista. A juzgar por sus discursos, el fogoso caudillo no conoce el marxismo, al cual califica de doctrina ajena a las realidades de América latina. El único libro de esta orientación que ha leído es, sintomáticamente, la obra del fundador del marxismo ruso, J. Plejánov, El papel del individuo en la historia. El Comandante encuentra en sus páginas argumentos que sustentarían la significación revolucionaria del liderazgo carismàtico. En el entorno de Chávez contestan a lista personalidades que reflejan las diversas tonalidades del marxismo

1 1 El Nacional. Caracas, 3 de marzo de 1999, p. d-2.

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y que influyen en la conformación de la ideología del movimiento. Esto último resulta en particular perceptible en los textos del MVR que tienen finalidades pedagógicas. En la alianza del Polo Patriótico han entrado organizaciones que se vinculan a la visión marxista de la historia o que en su trayectoria han estado vinculadas a ella, pero a su lado coexisten personas y organizaciones que poco o nada tienen que ver con el marxismo y más bien son afines _a modalidades diversas de nacionalismo y populismo. ¡_ _____i Podemos creer a Chávez lo que afirmaba el 27 de abril de 1995: “Debemos tomar elementos del pensamiento universal y del actual, de la ciencia, del marxismo, del capitalismo, del comunismo, de la experiencia de ese militarismo que va surgiendo con nuevo signo y que hace dos décadas trató de imponerse e implantarse en América latina”. Es claro que la ideología del | chavismo incluye un amplio campo para el eclecticismo. Sin "embargo, tal elasticidad doctrinariareconoceunos límites._Dentro de ellos nos aventuraríamos a denominar al chavismo, al menos en su modalidad organizativa, el MVR, como un nacionalismo popular de izquierda. En la introducción explicamos las razones por las cuales no acudimos a la categoría populismo para catalogar al actual fenómeno político venezolano. Al eclecticismo moderado en el plano de las ideas corresponde un fuerte pragmatismo en el campo de las decisiones políticas y en el diseño y puesta en marcha de los programas del gobierno. Por ello no parece razonable presentar al chavismo como un retomo anacrónico a las concepciones prevalecientes en la izquierda latinoamericana en los años sesenta. Esta suele ser una idea grata en particular a los antichavistas que proceden de la izquierda y que hoy, reverentes, llevan su tributo a los altares'de aquello que Roger Garaudy designaba como el “monoteísmo del mercado”.

44 ■ M edójilo Medina

ni
El fenómeno Chávez en la historia venezolana
Abordamos el tema del presente capítulo desde dos marcos. El primero es el comprendido por la historia de Venezuela como país independiente a partir de 1830. El segundo lo constituye el período más contemporáneo, o sea, el de vigencia de las instituciones de la democracia representativa: 1958-2000. El politólogo Diego Bautista Urbaneja anotaba, dos decenios atrás, que el valor del análisis histórico sobre el siglo XIX es muy reducido para la búsqueda de explicaciones sobre la historia contemporánea de Venezuela1 . A la luz de lo que viene ocurriendo en el sistema político de ese país desde 1997 quizá habría que relativizar la pertinencia de tal afirmación. El caudillismo gozó de larga vida en Venezuela. Constituyó la referencia más importante del proceso político durante el siglo XIX y se prolongó de manera modificada como poder personal por lo menos hasta 1935. Durante algunos períodos el caudillismo pareció compaginarse de manera armónica con las instituciones liberales y asegurar cierto control de la violencia. Eso es lo característico del período de los llamados “regímenes deliberativos” de 1830 a 1847 y de los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco de 1870 a 1888. En los primeros reinó una democracia tutelada: “Páez es el eje alrededor del cual gira la política venezolana. No solo mientras ejerce directamente la

1 D iego Bautista Urbaneja. “ Introducción histórica al sistema político venezolano” . Politeia, publicación del Instituto de Estudios Políticos. Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Central de Venezuela, 1978, p. 13.

Presidencia, sino también cuando se halla retirado, como simple ciudadano, en su hato de San Pablo o en su hacienda de Tapatapa. En la silla presidencial o en la de su caballo, continúa siendo el árbitro de la vida pública, el caudillo capaz de inclinar hacia uno u otro lado la balanza del poder”2. En los segundos tramos avanzó la centralización en materia fiscal pero se encontró la manera de asegurar subsidios “situado fiscal” a los Estados federales. Guzmán Blanco se cuidó de no tocar el poder de caudillos y caciques en el nivel de Estados federales y municipios. Los caudillos que habían florecido en la guerra federal (1859-1863), salvo en pocos casos, mantuvieron sus lealtades a Guzmán el “Ilustre Americano”. Por fuera de los dos períodos señalados durante el siglo XIX, Venezuela vivió un desencuentro entre las instituciones liberales y el “orden” de los caudillos, con predominio de los últimos. El caudillismo echó raíces sobre factores objetivos: “la escasez de excedente económico, la ausencia de grupos sociales homogéneos y con alta capacidad de gestión social”3. La población era escasa y dispersa. Para 1839 Codazzi estimaba el número de habitantes en 892.933, de los cuales alrededor del 80% estaba constituido por analfabetos. En las sociedades coloniales hispanoamericanas la condición más notoria la constituía la división jerárquica: castas, estamentos, capas, culturas. Esos agrupamientos excluían, pero también ofrecían a los individuos imágenes de pertenencia. El historiador Robert Gilmore, a quien se debe un serio estudio sobre el caudillismo y el militarismo venezolanos en el siglo XIX, se detiene en la descripción del papel que los fueros coloniales desempeñaban para todos los grupos en ese panorama de abigarradas jerarquías. “Los sectores medio y bajo de la sociedad gozaban de un cierto fuero a través de sus asociaciones religiosas y laicas: cofradías y gremios. La decadencia de esas organizaciones

2 Manuel Pérez Vila. “ El gobierno deliberativo. Hacendados, comerciantes y artesanos frente a la crisis, 1830-1848” . Política y Econom ía en Venezuela, 1810-1976 (p. 33-89). Fundación John Bulton. Caracas, 1976, p. 57. 3 Bautista. Op. cít., p. 13.

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privó a gran parte de la población del grupo de identificación y de acción para promover sus intereses económicos y sociales”4. El desplazamiento de los fueros se presentó en relación con decisiones políticas y no en relación con el surgimiento de partidos efectivos o de grupos de interés modernos. Ese espacio dejado por las formas de asociación de la Colonia fue cubierto en Venezuela, como en medida diversa en otras ex colonias, por el caudillismo en el nivel regional y el caciquismo en el local. “Los caudillos fueron los líderes naturales de una sociedad cuyo orden colonial fue destruido antes de que las bases para una sociedad independiente hubieran tomado forma consistente”5. En términos parecidos se expresa recientemente un investigador francés: “El caciquismo moderno nace cuando el mundo tradicional es negado y privado de toda existencia legal. Nace, pues, en la época en que la mutación de la Modernidad europea, que venía fraguándose desde hacía largo tiempo, triunfa en el campo de la legitimidad política con la victoria de la soberanía nacional: en la época de la revolución liberal y de la independencia”6. Ante la argumentación anterior es posible que se plantee una observación en cierto modo obvia: el caudillism o decimonónico no puede pretenderse como una peculiaridad venezolana. Es, con variaciones, una tendencia política que se registra en casi todos los países de Hispanoamérica. Por otra parte, los partidos, o por lo menos sus etiquetas, surgieron de manera temprana. Parte del patriciado, los comerciantes en particular, con el nombre de conservadores, se agruparon en tomo a Páez y los terratenientes tomaron la iniciativa en la creación del Partido

4 Robert Gilmore. Caudillism and Militarísm in Venezuela, 1810-1910. O hio University Press, U SA, 1964, p. 24. 5 Ibid., p. 50. 6 Guerra, Francois Xavier. “ Los orígenes socioculturales del caciquism o” . Boletín de ia A cadem ia Nacional de la Historia, tom o L X X X II, ju lio , agosto, septiembre de 1999, N° 327, p. 250.

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Liberal entre 1838 y 1840. Quizá al comparar el proceso político de Venezuela y la Nueva Granada en las primeras décadas del siglo XIX se puedan advertir las especifidades del primero. En Venezuela las agrupaciones que se inscribían en una lógica partidista entrelazaron su destino a los caudillos. Ya se señaló lo sucedido con los conservadores. Los liberales, luego de ganar apoyo de sectores populares urbanos y rurales, encontraron en José Tadeo Monagas su caudillo procer que los estrecha en un verdadero abrazo del oso a partir de 1847. En la Nueva Granada los partidos, que habrían de adoptar las mismas denominaciones, tuvieron una etapa de gestación entre 1819 y la llamada “Guerra de los Supremos” (1839-1842). Es el período de los protopartidos que formalizaron sus programas durante el segundo semestre de 1849 y que a partir de tal fecha se asumieron de manera más clara como formaciones partidistas. El citado Gilmore identifica las bases sociales del caudillismo en los siguientes términos: “El caudillismo como sistema de liderazgo político para el Estado fue un arreglo inherentemente jerárquico e inestable, una estructura compuesta de redes de alianzas personales consolidadas al tiempo por la comunidad de intereses, la fuerza de la personalidad, los vínculos de amistad e incluso los lazos familiares. El andamiaje fue recubierto con el material quebradizo de la aceptación popular”7. Los anteriores fundamentos sociales son los mismos que los investigadores han identificado en la base de lealtades del bipartidismo colombiano. En la Nueva Granada no faltaron los caudillos regionales y nacionales, pero estos inscribieron en los partidos sus intereses y subordinaron a ellos su acción política. En Venezuela los partidos se vieron sometidos al poder de los caudillos. Probablemente existirán varias razones que expliquen ese desarrollo político diferente, pero entre ellas hay una que tiene una significación privilegiada y que la expresa Manuel Caballero en los siguientes términos: “Es un caso con pocos semejantes en la

7 G ilm o re . Op. cit., p. 50.

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historia: la desaparición entera de una clase social. Se trata de algo diferente a la pérdida del poder, como la aristocracia francesa, o de la abolición de la esclavitud en Venezuela o en otras partes. Hablamos de la desaparición física: la guerra aniquiló uno por uno a los nobles criollos que la habían desatado con la independencia”8. Por supuesto que en la Nueva Granada también los criollos fueron víctimas de la reconquista de Morillo, pero su aniquilación física estuvo lejos de adquirir las proporciones que alcanzó en Venezuela. La primera generación de caudillos venezolanos estuvo integrada por figuras que se habían formado en la guerra de independencia. La burocracia neogranadina estuvo integrada por individuos miembros de las distinguidas familias criollas, cuya preeminencia venia de la época colonial. Con lo anterior hemos querido señalar que el personalismo. en la historia del poder en Venezuela ha dejado huellas más duraderas en la cultura política que en otros países. Incluso en el período 1958-1998 el juego de la democracia representativa no desdibujó los perfiles caudillistas. Los estilos de relación política de Rómulo Betancourt, Rafael Caldera o Carlos Andrés Pérez así lo indican. El militarismo, por su parte, ha tenido expresión propia en la historia venezolana. En el siglo XEX los militares, como cuerpo, no alcanzaron una figuración activa en la política. Sus manifestaciones estuvieron vinculadas al caudillismo. Este clausuró su ciclo como resultado de la “Revolución Restauradora” de 1899, encabezada por Cipriano Castro (presidente de la república de 1899 a 1908) y los Andinos. La rúbrica militar de la derrota histórica del caudillismo se produciría en la batalla de La Victoria, en octubre de 1902. Allí las fuerzas gubernamentales doblegaron a los caudillos coligados en la “Revolución

8 Manuel Caballero. “ Las tres muertes del Mariscal Sucre” . Insurgencia y Revolución. Antonio José de Sucre y ¡a independencia de los pueblos de América. Universidad Internacional de Andalucía. Sede Iberoamericana de La Rábida. C olección Encuentros Iberoamericanos. Primera edición, España, 1966, p. 136.

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Restauradora”, dirigidos por un banquero en trance de general y apoyados por inversionistas extranjeros9. Desde el gobierno de Castro el avance de las instituciones del Estado Central se tomaría irreversible. Dentro de ellas fue muy visible la consolidación del monopolio de la fuerza por el fortalecimiento y la simultánea modernización de las Fuerzas Armadas. El poder despótico desplegado bajo la larga administración de Juan Vicente Gómez (1908-1935) se realizó mediante la burocracia estatal y un ejército profesional encargado de la represión sistemática de cualquier brote de oposición. El poder personal se consolidó a la par con el fortalecimiento del Estado petrolero desde finales de la segunda década del siglo XX. A la muerte del dictador siguió una gradual apertura guiada por los militares y luego el golpe de Estado cívico-militar de octubre de 1945. El componente cívico de aquel evento corrió confusamente por cuenta de Acción Democrática y su líder Rómulo Betancourt. El presidente constitucional, Rómulo Gallegos, fue derrocado por un golpe de cuartel el 24 de noviembre de 1948. Los militares no parecían dispuestos a dejar de ser los protagonistas en la escena del poder. Marcos Pérez Jiménez encabezará por casi diez años la dictadura militar. En verdad, la celebrada democracia venezolana será todavía relativamente joven al terminar el siglo XX. Ahora nos detenemos de manera breve en la identificación de algunos rasgos del período histórico que va de 1958 a 1998, que son necesarios para comprender el fenómeno de Chávez, su evolución política, el discurso del chavismo y la organización. El 23 de enero de 1958 cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez como consecuencia del entrelazamiento del descontento en los cuarteles y del repudio al gobierno en amplios sectores de la sociedad venezolana, galvanizada por la acción clandestina de los partidos políticos. Se constituyó la Junta Provisional de

9 Nikita H arw ich Vallenilla. “ El m odelo económ ico del liberalismo amarillo. Historia
de un fracaso, 1888-1908” . Política y econom ía en Venezuela, 1810-1976. Fundación John Bulton. Caracas, 1976, p. 240.

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Gobierno, presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal. En este lapso se buscó crear las bases políticas de la democracia representativa. Desde este punto de vista el evento más importante lo constituyó el “Pacto de punto fijo” acordado por representantes de Acción Democrática (AD), Unión Republicana Democrática (URD) y Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei). Entre los firmantes del pacto no figuró el Partido Comunista Venezolano (PCV), que sí había estado en la primera fila de la lucha contra la dictadura. Fue excluido por especial insistencia de Rómulo Betancourt, el “padre de la democracia venezolana”. Hace falta una rápida referencia al Pacto de Punto Fijo por dos razones. La primera es obvia. Se trata de un evento fundacional en la historia política contemporánea de Venezuela. La segunda se relaciona más específicamente con este trabajo, dada la importancia que en el discurso chavista ha cobrado la enunciación del nombre del pacto. El término puntoftjismo ha sido convertido por los oradores chavistas en sinónimo de partidocracia, cogollocracia (dominio político de las cúpulas), corrupción, menosprecio al pueblo, sumisión al capital extranjero y algunas cosas más. Quizá muchos colombianos asocien el acuerdo venezolano con la caída de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (10 de mayo de 1957) y con el pacto sobre el Frente Nacional sancionado por el plebiscito de diciembre de 1957. Sin embargo, los pactos son diferentes, En Venezuela fueron tres los puntos del compromiso: “1) defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral; 2) gobierno de unidad nacional: se formaría un gobierno de coalición y ninguno de los tres partidos tendría la hegemonía en el gabinete ejecutivo; 3) los tres partidos se comprometían a presentar ante el electorado un programa mínimo común”1 0 .

1 0 Fundación Polar. Diccionario de historia de Venezuela. Caracas, 1997, t. n i, M -S, p. 461.

El elegido ■ S I

En Colombia el Frente Nacional excluyó de la posibilidad de acceder a los cuerpos colegiados de cualquier nivel a corrientes políticas distintas de los partidos liberal y conservador y consagró la paridad en el gobierno y en la representación popular &favor de los dos partidos tradicionales, independientemente del resultado de las votaciones. Luego se adicionó el acuerdo con la alternación de liberales y conservadores en la presidencia de la república. Es decir, el Frente Nacional recortó de manera sustancial las reglas del juego de la democracia representativa. El Pacto de Punto Fijo fue mucho más flexible y se plasmó como acuerdo entre partidos y no como parte de la Constitución. El 7 de diciembre de 1958 se realizaron las elecciones presidenciales. Compitieron tres candidatos, que obtuvieron los siguientes votos: Rómulo Betancourt, 1.284.092; Wolfgang Larrazábal, 903.479, y Rafael Caldera, 423.262. Partiendo de estas elecciones quisiéramos enmarcar las tendencias del desarrollo social y político en tres períodos: 1. 1959-1973: afianzamiento del sistema político. 2. 1973-1982: prosperidad y crecimiento. 3. 1982-1998: decadencia de los partidos y crisis institucional. En el primer período las nuevas instituciones políticas se afianzaron paulatinamente, superando diversos peligros. Se construyó la confianza entre los partidos signatarios del Pacto. Acción Democrática sufrirá divisiones pero mantendrá a la vez su proyección de partido de masas y de organización. Copei liquidó sus vestigios doctrinarios de extrema derecha y emprendió un camino de modernización y crecimiento. En 1962 la URD salió del gobierno para iniciar un descenso irreversible. La izquierda sucumbió a la tentación heroica y armó guerrillas a las que los gobiernos de Betancourt y Leoni combatieron sin tregua con el uso de medios legales e ilegales. El mismo fermento que alentaba la creación de destacamentos armados llegaba también a los cuarteles, como lo evidenciaron los intentos de golpe de Estado con signo de izquierda: el “campanazo” del 4 de mayo de 1962 y el “porteñazo” del 2 de junio de 1962. Desde el segundo gobierno se dieron pasos
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para facilitar la reincorporación a la vida civil de miembros de las organizaciones subversivas. Este proceso se afianzó bajo la siguiente administración, la de Rafael Caldera. Si bien hasta los años ochenta persistirán grupos guerrilleros aislados, en Venezuela la cuestión de la lucha armada se resolvió en el período que estamos analizando. En 1971 nació el MAS como un desprendimiento del PCV. La nueva formación política, que simbolizó la promesa de un socialismo renovado, saltó a la escena de manera briosa y despertó notoria simpatía en diversos sectores de la sociedad venezolana. Parecía que el MAS permitiría que el sistema de partidos funcionara de manera efectiva, pluralista, pero después del éxito inicial la agrupación se contrajo y hasta cierto punto se acomodó a las condiciones políticas creadas por los partidos mayoritarios. Del mismo origen y de manera paralela surgió La Causa R, que también produjo impacto político, obtuvo éxitos en las urnas y luego se estancó. De la división de La Causa R nacerá Patria Para Todos (PPT), formación política a la cual veremos como uno de los socios del Polo Patriótico, patrocinando la candidatura del comandante Hugo Chávez. En 1961 fue aprobada la Constitución que marcaría el espacio jurídico de Venezuela hasta la de 1999. En el período hubo una política de subordinación a los intereses de los Estados Unidos en dos direcciones. De una parte, se facilitó la acogida al capital norteamericano en el proceso de industrialización, y, de otra, la política internacional se diseñó a tono con los intereses geopolíticos de las administraciones norteamericanas. Así el presidente Betancourt convirtió su gobierno en el campeón continental del anticomunismo y de las campañas anticastristas. El segundo período (1973-1983) se corresponde con una etapa de florecimiento y optimismo. En el primero de esos años se registró una fuerte alza en los precios del petróleo que permitió al Estado multiplicar por tres sus ingresos en divisas. En 1975 se produjo la nacionalización de la industria de extracción y elaboración del hierro. En enero de 1976, victoriosamente, el presidente Carlos Andrés Pérez proclamó la reserva de la industria petrolera al Estado. Si bien la formalización de las decisiones
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tiene fechas precisas, el proceso de su preparación se prolongó por años e im p licó controversias, negociación con los concesionarios extranjeros, voluntad de recuperar para los venezolanos la explotación de las riquezas naturales. El poblamiento del país se convirtió en objeto de preocupación estatal, más que todo por el interés que se prodigó a las regiones del sur antes olvidadas. La industrialización alcanzó nuevas cotas, en especial por el fortalecimiento del sector estatal de la economía. Globalmente, “la contribución del sector público a la formación de capital se incrementó de un 24% en 1970 a 44% en 1976 y a 73% en 1982. Al sector público correspondió el 68% de todas las inversiones en la banca y el Estado era propietario de seis de las más grandes compañías en Venezuela”1 1 . Por esos años Venezuela alcanzó una condición importante de las democracias contemporáneas: la incorporación de los sindicatos obreros en el sistema de gobierno del país. Como instrum ento de esa política fungió la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), de orientación socialdemócrata y bajo la hegemonía política de AD. Sectores obreros y de capas medias vieron mejorados sus ingresos y ampliaron y diversificaron sus patrones de consumo. Los estudiantes venezolanos en el exterior solían despertar cierta envidia de sus compañeros del Tercer Mundo por sus bien provistas becas, recibidas del Estado venezolano. Es decir, el llamado “Pacto Tácito” marchaba llevado de la mano por los partidos, que del sistema pluripartidista que pareció remozarse con fuerzas nuevas a comienzos de los años setenta dio lugar, en la etapa que estamos analizando, a lin régimen bipartidista que alcanzó el 80% de los votos. En este período Venezuela amplió el campo de su iniciativa en materia de política internacional, por el fortalecimiento de su presencia en los países del Tercer Mundo, el restablecimiento de
" Trudie Coker. “ G lob a liza tion and state capital accumulation. Deteriorating econom ic and political right in V enezuela” . Latin American Perspectives, issue 108, vol. 26 N ° 5, September 1999, p . 7 5 -9 1 .

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las relaciones diplomáticas con Cuba en aplicación del respeto al pluralismo en las relaciones internacionales, las relaciones con países socialistas de Europa y Asia y el ingreso al Grupo Andino, entre otros hechos. En diversos análisis se subraya que en la nave que avanzaba a buen ritmo comenzaron a notarse grietas que las palabras gloriosas no podían ocultar. Tal es el caso de la corrupción, aupada por la concentración de enormes recursos en manos del Estado y por la dirección excluyente de ese Estado por los dos partidos, AD y Copei. Era tiempo de introducir correcciones en la dirección política del país. El tercer período es de decadencia de los partidos y crisis institucional. A la de los ochenta se la llamó en América latina la “década perdida”. Venezuela no escapó al signo negativo que presentaron los tiempos, con la particularidad de que la recesión económica y la deslegitimación política se prolongarían con altibajos por un decenio más. Esa prolongada crisis está en la base de los cambios ocurridos en el país al terminarse el año de 1998. Desde finales de 1981 se precipitó el derrumbe de los precios del petróleo y el gobierno del presidente copeyano Luis Herrera Campins quiso solucionar el problema fiscal mediante el peligroso expediente del incremento acelerado de la deuda externa a corto plazo. En el manejo de la política económica el mismo gobierno se reveló como incompetente y contradictorio. “Su política económica fue un zigzag permanente. Se mezclaron en ella elementos de neoliberalismo -especialmente la creencia en que el libre juego del mercado iba a conducir a la superación de la crisis-, de la doctrina social de la Iglesia -en particular el principio de subsidiaridad, según el cual el Estado debe atender las demandas de los individuos solamente cuando han agotado su capacidad de resolverlas ellos mismos-, el neokeynesianismo. El resultado de esta amalgama fue altamente contradictorio: se planteó la necesidad de abandonar la política de subsidios pero se pusieron en marcha otros; se planificó la privatización de empresas del Estado pero éste se hizo cargo de empresas comerciales y financieras al borde de la quiebra; se liberaron los precios pero se
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volvió a un ‘sistema administrado de precios ’, por mencionar tan solo algunos ejemplos” 12. En 1982 los países de América latina sufrieron el hondo sacudimiento que significó la precipitación del problema de la deuda externa. Venezuela, que había entrado en la corriente febril del endeudamiento, no escapó a esa conmoción. Los venezolanos tropezaban a cada momento con noticias de desastre. A mediados de febrero de 1983 se produjo la devaluación del bolívar. Si hasta entonces algunos habían ignorado la crisis, no podrían hacerlo en adelante. Fue el “Viernes Negro” de un país hasta entonces orgulloso de su moneda fuerte. Tabla N° 1 Deuda pública externa, 1958 - 1995 (en millones de dólares)

¡

Año

D euda p ú b lic a externa total

Servicio de la deuda

* :

Servicio de la deuda com o porcentaje de exportación de bienes • y servicios

1960
1965

1970 1975 1980 1985 1990 1994

153 119 729 1709 29.344 16.650 33.170 35.842

147.0 42.0 127.3 614.5 3.058.5 4.303.0 4.990.0 4.651.0

2.2 1.6 2.9 ’ 4.3 27.3 45.3 23.2 21.7

Fuente: BCV (1976: A -127; 1977; 1983: 88-100; 1985), Banco Mundial (varios años), BID (1996). Tabla tomada de Trudie C oker, op. cit., p.78.

1 2 Heinz Sonntag y T h aís M ain g ón . Venezuela: 4-F ¡992. Un análisis sociopolitico. Editorial N ueva S o cie d a d . Prim era edición, Caracas 1992, p. 91.

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Desde finales de los años setenta la deuda pública extema de Venezuela creció de manera espectacular. En 1980 llegó a 29.344 millones de dólares y en 1994 a 35.000 millones. En 1985 el pago del servicio de la deuda representó el 45% del valor de las exportaciones de bienes y servicios (ver Tabla No.l). La deuda externa se convirtió en un factor constitutivo de la acumulación de capital. Parece correcta la siguiente apreciación de Tradie O. Coker: “La caída de la economía y de los derechos políticos está asociada con el uso estatal del financiamiento extemo para acumular recursos. La acumulación estatal de capital dentro de un contexto democrático no afecta necesariamente de manera adversa la economía y los derechos políticos de los ciudadanos. Es la conjunción de esa acumulación con una integración dependiente a la economía global vía financiación extema la que así lo hace”1 3 . El modelo económico para la primera mitad de los años ochenta daba señales de agotamiento. “Desde 1979 hasta 1984, durante el gobierno de Luis Herrera Campins, la economía había decrecido en un 1.7%, la remuneración real promedio descendió un 25%, la tasa de desempleo abierto pasó de 5.6% a 10.3% y la distribución del ingreso empeoró”1 4 . En la segunda mitad de los años ochenta se extendió la pobreza. El porcentaje de hogares en situación de pobreza relativa pasó de 22.46 en 1984 a 32.20 en 1988. En el primer año la pobreza crítica cubría el 9.61% de los hogares y en el segundo el 26.60%1 5 . Jaime Lusinchi (1984-1989) agitó el “Pacto Social” como lema central de su campaña electoral a la presidencia de la república. No obstante, bajo su administración se agravaron los problemas. La concertación política se vio dificultada. La corrupción siguió su marcha. El Régimen de Cambio Diferencial (Recadi), que había sido creado bajo el gobierno anterior como
1 3 Coker. Op. cit., p. 79. 1 4 Luis G óm ez Calcano. “ Crisis de legitimidad e inestabilidad política en Venezuela” . Revista Venezolana de E conom ía y Ciencias Sociales. Instituto de Investigaciones E conóm icas y Sociales. Universidad Central de Venezuela, Caracas, abril-septiembre de 1995, p. 113. 1 5 Sonntag y M aingón. Op. cit., p. 95.

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oficina encargada de la tramitación de los dólares preferenciales, se convirtió en centro de saqueo de los recursos del Estado y en piedra de escándalo nacional. El precio preferencial de los dólares del Recadi era de 4,30 bolívares, al paso que en el mercado libre era el doble. El diferencial se incrementó posteriormente. La concentración de las decisiones en las cúpulas de los partidos AD y Copei se abatía sobre la soledad del ciudadano, quien no encontraba efectivos canales de participación política alternativa. Además de la indignación provocada por la extendida impresión de una corrupción profunda en el Estado y entre los partidos mayoritarios, se observaba el malestar originado en el escándalo por las relaciones afectivas del primer mandatario con su ex secretaria Blanca Ibáñez y por los rumores sobre la intervención de ésta en los asuntos del Estado. Los intentos oficiales de reforma político-institucional naufragaron, de un lado, por falta de voluntad política de los gobiernos, y por ausencia de partidos de oposición fuertes, de otro. Es claro que las reformas se abren camino si detrás de ellas hay redes organizadas que las impulsen. Los deseos de los ciudadanos partidarios del cambio no son un factor de transformación mientras esos ciudadanos permanezcan atomizados o dispersos. Un ejemplo de lo anterior lo constituyó la suerte corrida por la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (Copre), creada en 1983 y que murió tras haber cumplido solo parte de los cometidos para los cuales había sido conformada. Ciertamente se emprendieron algunas de las reformas presentadas por la comisión, pero se requería una reestructuración profunda del Estado y de los partidos. De manera menos acentuada y desde una época más reciente que en Colombia, en Venezuela la cultura política involucra como uno de sus rasgos el “fetichismo constitucional”. Por tal entendemos la creencia de grandes sectores de opinión en que los cambios en la letra de la Carta Magna equivalen a una transformación real, tangible de la sociedad y de las instituciones. Desde finales de los años ochenta la reforma de la Constitución se convirtió en una especie de aspiración nacional. Tanto el recorrido de esta propuesta entre la gente como su discusión en el
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seno de organizaciones corporativas, en los partidos y en el Congreso crearon las bases que hicieron posible que la promoción de la idea de una nueva Constitución se convirtiera en una de las claves del triunfo del 6 de diciembre de 1998 y en un factor muy importante del dinamismo político de 1999. En una situación de crisis del Estado y de desmoralización ciudadana se produjeron las elecciones presidenciales de 1988. Carlos Andrés Pérez obtuvo el triunfo con ventaja amplia sobre su contendor más próximo, Eduardo Fernández, candidato del Copei. El primero alcanzó 3.879.024 votos (52.91%) y el segundo 2.963.015 (43.26%). En las cámaras Acción Democrática no dispondría de la mayoría absoluta con la que había contado el gobierno de Jaime Lusinchi. Esta circunstancia determinaría buena parte de las dificultades políticas con que tropezaría el gobierno para asegurar la gobemabilidad. De momento, el triunfo de Carlos Andrés Pérez llenó de euforia a franjas numerosas de la población. Tal sensación sería de cortísima duración y apenas serviría como combustible para alimentar el sentimiento de revancha que expresarían los de abajo en fechas inmediatamente posteriores. “El rasgo más significativo de las elecciones de 1988 (...) es la tasa de abstención, que alcanzó un 18.5%, el más alto nivel para las elecciones nacionales desde 1958” 16. Es posible que este porcentaje de abstención no impresione al lector colombiano habituado a tasas mucho mayores. Sin embargo, debe anotarse que en Venezuela el voto es obligatorio y que la abstención de 1988 fue el doble del promedio de las elecciones nacionales que tuvieron lugar en el período comprendido entre 1958 y 1988. Un hecho significativo es la diferencia entre la votación por Carlos Andrés Pérez y la obtenida por su partido, AD. Si el primero resultó favorecido por el 52%,

1 6 Góm ez. Op. cit., p. 119.

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AD alcanzó solo el 43.26% de los votos1 7 . Es decir, una parte de la votación por Carlos Andrés Pérez corrió por cuenta del caudillismo. El retraso del partido, más notable aún por tratarse ciertamente de una agrupación de militantes disciplinados, se constituía en indicador adicional de la creciente desconfianza de las bases hacia los liderazgos partidarios. El 2 de febrero de 1989, con gran fasto, Carlos Andrés Pérez se posesionó de su cargo. La “coronación”, como con soma se llamó en Venezuela a aquella ceremonia, no podía disimular lo sombrío de la situación del país, que por supuesto el nuevo presidente no ignoraba. Sin el oropel del 2, el 16 de febrero se anunció el programa de ajuste que el mandatario se proponía llevar a la práctica, luego de firmada una carta de intención con el Fondo Monetario Internacional. Once días después las masas populares de Caracas se precipitaron a las calles a protestar furiosamente contra el “paquete” de medidas. Hay una lógica que engarza las fechas políticas más importantes del lapso que se extiende entre los finales del decenio de los años ochenta y el de los noventa. Esas fechas son el 27 de febrero de 1989, el 4 de febrero de 1992 y el 6 de diciembre de 1998. Como en el caso del 9 de abril de 1948 en Colombia, cuando con el nombre de “bogotazo” denominaron el levantamiento popular espontáneo suscitado por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, también en Venezuela la capital del país le prestó el nombre al estallido social que se precipitó aquel día. Pero en ambos casos la denominación, de origen periodístico, distorsionó los hechos. No se trató de acontecimientos que se hubieran restringido a las respectivas capitales sino que representaron una movilización nacional. La duración de la conmoción social y de la represión con la que se respondió se prolongó por unos días más: una semana. Sobre el 27 de febrero se ha producido un volumen apreciable de investigaciones. En artículo reciente Margarita López Maya recoge lo más importante de esa investigación y sobre

1 7 Ibid.

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la base de una nueva revisión de fuentes elabora un cuadro amplio de los acontecimientos de febrero de 19891 8 . En Caracas y en otras ciudades y poblaciones los disturbios empezaron muy temprano. En diversos puntos de la capital, generalmente en las estaciones terminales del transporte suburbano, se produjeron los primeros episodios cuando los usuarios del transporte se encontraron con tarifas más altas que las divulgadas en los días anteriores. Pero era poco realista esperar que los dueños de los vehículos se atuvieran al alza del 30% acordada con el gobierno, toda vez que el aumento del precio de la gasolina había sido del 100%. El segundo motivo de protesta lo constituyó el acaparamiento de víveres y artículos de primera necesidad. El alto costo de vida fue otra de las razones que se hicieron presentes en la movilización espontánea. De manera explícita, en algunos de los núcleos de la revuelta aparecieron consignas contra el “paquete”, es decir, el programa de ajuste inducido por el FMI. Las diversas reivindicaciones tenían que ver con el nuevo curso de la política económica del gobierno, de la cual las alzas no eran sino la consecuencia. Las formas de acción más importantes fueron: el incendio de vehículos, los saqueos de los comercios, que se constituyeron en una especie de sanción contra la especulación, la ocupación de las vías públicas, el enfrentamiento con la fuerza pública, que llegó a la forma armada en el caso de los francotiradores. Los actores de la protesta fueron las masas de las barriadas populares de Caracas y de las ciudades importantes, los pobladores de los cerros de la capital, estudiantes, buhoneros, amas de casa. En la

1 8 La autora, además de someter a nuevo examen el conjunto de acontecimientos de aquellas jom adas, se formula el interrogante de si ellas son expresión de la resistencia del pueblo venezolano a la modernidad. A l respecto concluye: “ Pero los m otivos esgrimidos por quienes hicieron suyas las calles esos días no expresaron un rechazo a la modernidad: antes bien lo que manifestaron fue un vehemente repudio a una forma de m odernización que en sus primeras acciones hacía desaparecer el Estado de derecho y el p roy ecto de m odernidad que la sociedad había im pulsado en el sig lo X X y condensado en la Constitución de 1961” .

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protesta cupieron todos aquellos sectores que no suelen inscribirse con facilidad en protestas cuando ellas toman formas típicamente modernas, como la huelga general obrera. No solo por el sentido político general sino por su cubrimiento geográfico, los acontecimientos del 27 de febrero y los días subsiguientes alcanzaron una significación verdaderamente nacional. Las ciudades de las diversas regiones se convirtieron con mayor o menor intensidad en otros tantos escenarios de las protestas19. La policía resultó rebasada en el control de los disturbios, no solo por las dimensiones que alcanzó la revuelta sino por la misma indecisión de que dio muestras el cuerpo policial. El estallido del 27 de febrero sorprendió al alto gobierno, comenzando por el presidente de la república. La reacción se demoró pero resultó brutal. Al atardecer del 28 de febrero fueron suspendidas las garantías constitucionales y declarado el toque de queda. En Caracas las Fuerzas Armadas ocuparon la ciudad. El objetivo privilegiado de la represión militar fueron los pobladores de las barriadas populares. La acción de la fuerza pública tuvo tanto de revancha como de terminante advertencia. Se estima en 400 el número de víctimas mortales, la mayor parte de las cuales se produjo después de la mañana del 28 de febrero20. Sin embargo, en el imaginario popular el número de víctimas mortales de la represión militar supera con creces las cifras documentadas. Incluso un perspicaz analista político, Leonardo Vivas, escribió en 1999: “Cuando el 27 de febrero de 1989 finalmente bajaron los cerros, los militares sí intervinieron y la confrontación produjo un número de víctimas todavía no estimado con exactitud que alcanzó varios miles”21. .

1 9 Margarita L ó p e z M aya. “ La rebelión popular del 27 de febrero de 1989. ¿Resistencia a la m odernidad?” . Revista Venezolana de Econom ía y Ciencias Sociales, Instituto de Investigaciones E c o n ó m ica s y Sociales, Facultad de Ciencias Económ icas y Sociales, Universidad C en tral de Venezuela, Caracas, abril-septiembre de 1999, p. 179-180. 20 Ibid., p.190. 2 1 Leonardo V ivas. Chávez la última revolución del siglo. Planeta, Caracas, 1999, p. 37.

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En un editorial la revista SIC examinaba de la manera siguiente el sentido de la represión: “Se dispararon más de cuatro millones de balas. Porque el objetivo no era controlár la situación ginñ' ateiToriz'fcdfetabrnaneEa a los'_yencidos que más nunca les quedaran ganas de intentarlo otra vez. Era una acción^punitiya contra enemigos, no un acto de disuasión dirigido a conciudadanos. Este objetivo fue redondeado con otras dos medidas: la detención al amparo de la suspensión de garantías, de cuanta persona pudiera ser proclive de una consciencia no resignada o de acciones encaminadas a las organizaciones debajg y a lajukurapopular y sobre todo, el rencoroso allanamiento de viviendas para sacarles todo cuanto se habían llevado de establecimientos sin pagar en esos días y no pocas cosas que antes habían comprado”22. Si los partidos y el sistema político en general venían deslizándose por una pendiente de deslegitimación, con el tratamiento al levantamiento de febrero la democracia venezolana mostró con procacidad sus desnudeces. Allí aparecían los últimos argumentos de un régimen político cuando se hace cierta la afirmación que Marx aplicaba a una etapa de la república francesa, por su disposición a “sustituir su lema de liberté, egalité, fraternité, por estas palabras inequívocas: ¡infantería, caballeríaartillería!” (las cursivas son del original)23. El presidente Pérez exageraba el grado de desinformación de los periodistas extranjeros cuando en declaraciones para la prensa internacional ofrecía su interpretación de los acontecimientos: “El movimiento especulativo que se ha producido en sectores del comercio y de la producción hoy ha tenido una lección tremenda, porque es bueno saber que estas manifestaciones, que se produjeron en Caracas, no tuvieron el sesgo político de ser una protesta contra el gobierno o contra los partidos, sino que fue una acción contra la riqueza, fue una protesta contra los ricos”24. Pero para sofocar esa “protesta

- Revista SIC. Caracas, m ayo, 1989, p. 148. 2 3 Carlos Marx, Federico Engels. Obras escogidas en dos tomos. Editorial Progreso, M oscú, 1955, p. 264. 24 El País. Madrid, 5 de marzo de 1989.

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contra los ricos” el presidente, reputado como la primera figura socialdemócrata del continente, no había vacilado en suspender las garantías constitucionales y entregar la ciudad al arbitrio de los militares. El “caracazo” tuvo muy amplia repercusión internacional, no solo por la gravedad de los acontecimientos mismos sino también por el hecho de la relación que se establecía con las políticas del Fondo Monetario Internacional. Poco después de los acontecimientos de Venezuela, en Argentina los habitantes de las “villas miserias” enfrentaban en las calles el ajuste puesto en marcha por el presidente Menem. El 30 de mayo de 1989 turbas enardecidas asaltaron y saquearon tiendas y comercios en la ciudad de Rosario. Los disturbios se extendieron a otras ciudades de la provincia de Santa Fe. El 31 de mayo la chispa saltó de Rosario a Buenos Aires, en cuyas barriadas los saqueos se convirtieron en motín25. Por ese tiempo se consideraba posible que ese tipo de acción de la multitud urbana se extendiera a otras ciudades de América latina, como protesta contra los ajustes neoliberales. En el análisis de Hugo Chávez sobre el 4 de febrero hay un aspecto que quisiéramos remarcar: la vergüenza con la que muchos miembros de las Fuerzas Armadas analizaron su propia actuación en los días de febrero de 1989. “Esa masacre del 4 de febrero de 1989 sensibilizó a muchos militares, especialmente a los más jóvenes, que fueron los que vivieron el terror de cerca. Porque los generales no salieron de Fuerte Tiüna. Los que cometieron y vieron el desastre fueron los sargentos y los tenientes. Eso fue como un boomerang para la mayoría de ellos, que sintieron vergüenza de lo que habían hecho26. Además, los miembros del MBR-200 tuvieron una razón muy directa para lamentar el papel del Ejército en el 4 de febrero. En efecto, en las acciones militares cayó asesinado Felipe Acosta Caries, uno de los oficiales bolivarianos m ás im petuosos y carismáticos. Murió en

15 El País, I o de m ayo de 1989. 26 B lanco M uñoz. O p. cit., p. 183.

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circunstancias confusas que hicieron pensar a Chávez y sus colegas que se había tratado de un asesinato perpetuado por las mismas “fuerzas del orden” con el fin de eliminar a uno de los más destacados conspiradores. El “estallido social” de 1989 constituyó una poderosa advertencia a la dirección del Estado, a las cúpulas de los partidos, a los mandos militares, a las organizaciones corporativas tanto de los empresarios como de los trabajadores, a la Iglesia. Sin embargo, en la mayoría de los casos la gente de esos círculos de poder, objeto de la violenta interpelación, prefirió hablar de los acontecimientos en tono autoexeulpatorio y lanzar sobre los vecinos miradas de severa acusación. El presidente Pérez había dado el ejemplo al respecto con declaraciones como la citada arriba. Al seguir los índices macroeconómicos se constata que 1990 y 1991 son años de auge económico. En el primero la economía creció en un 4.4% y en el segundo lo hizo en 9.2%. En 1990 la industria manufacturera aumentó en un 5% y el sector financiero registró un incremento que en general se mantuvo para 199127. En el plazo corto no resultan tan sorprendentes esos comportamientos de la economía, la cual responde con rapidez al tratamiento de “choque”. Por ejemplo, con las privatizaciones el Estado recibe recursos frescos que contribuyen a la reactivación de la economía. No obstante, los logros de las políticas neoliberales es preciso verlos a la luz de los resultados en el mediano y en el largo plazos. Lo que sí parece sorprendente es que los buenos desempeños inmediatos de la economía no condujeron a un cambio en el estado de ánimo de los sectores populares. Quizá la razón estribe en que no existe una correlación entre el buen suceso que registran los indicadores macroeconómicos y el mejoramiento global de la situación material de los trabajadores. Para 1990 el desempleo se incrementó y el primer año del segundo gobierno de Carlos Andrés terminó con una inflación del 83%. El papel de las reformas neoliberales coloca como su objetivo más global la

27 S o n n ta g y M a in g ó n . O p . c it., p . 7 2 -7 3 .

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mayor rentabilidad del capital. Es obvio que en el proceso algunos sectores resultan beneficiados. Así, en Venezuela la aplicación del “paquete” incidió en una concentración mayor del ingreso y el común de la gente vio sus ingresos abatidos por la inflación. Se produjo entonces una situación que en Colombia se expresaba en la siguiente frase de un dirigente de los industriales en la primera mitad de los años ochenta: “A la economía le va bien pero al país le va m al” . Las elecciones municipales realizadas a finales de 1989 tuvieron particular interés por cuanto fueron los primeros comicios en que se aplicó la reforma electoral promovida por la Copre. El sistema electoral fue definido como de “listas abiertas”, modalidad que permite a cada elector confeccionar su propia lista a partir de candidatos de distintos partidos o grupos o votar en bloque por candidatos de una sola lista. Fenómeno notable de esas elecciones lo constituyó la abstención, la mayor desde 1958: el 54% de los inscritos28. La indignación de amplios sectores sociales con la co rrupción continuó. Las investigaciones que se venían adelantando por el robo de los dineros del Estado a través del Reeadi se vieron congeladas. A los factores de corrupción atribuidos al gobierno de Lusinchi se unían los aportados por el propio gobierno de Pérez: casos como “El Turpial” y el de la corporación Margold, cuyos dueños eran muy allegados al presidente Pérez, se estaban-ventilando en el Congreso y en los tribunales. Se exigía públicamente no permitir la salida del país a los acusados de la corrupción en el Inos”29. En las Fuerzas Armadas se produjo también una serie de escándalos que involucraron a miembros de la alta oficialidad. Las encuestas daban cuenta de que en el grueso público el rechazo a la gestión del gobierno llegaba al 75% ó 76%.

28 G óm e z C alcañ o. Op. cit, p. 124. 29 Freddy D o m ígu e z. Chávez la revolución pacifica y democrática. Editado por Freddy D om ín gu ez R ., segunda edición, Caracas, 1999, p. 24.

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Los partidos políticos no parecían percatarse de la aravedad de la situación. Es cierto que podían encontrarse diferencias como la que se refleja en la aprobación por la convención nacional del Copei del principio programático de la economía social de mercado. La mayoría de la dirección de Acción Democrática encontró que la mejor manera de capotear el temporal era por el camino de refozar el comando de los líderes tradicionales dueños del aparato partidario. En la convención nacional de octubre de 1991 ello se expresó en el afianzamiento de la corriente de Alfaro Ucero y el consiguiente retroceso de la tendencia más identificada con Carlos Andrés Pérez. Margarita López ubica un “ciclo” de luchas populares en Venezuela que se extiende entre 1989 y 1993. Para ese lapso construye un “menú” de luchas que incluyen tanto formas convencionales o tradicionales como formas nuevas de confrontación social. Así, entre pobladas, marchas, cierres de calles, tomas de establecimientos, saqueos y disturbios, huelgas de hambre y paros cívicos se totaliza para cada año el siguiente número de luchas: 1989-1990,675; 1990-1991, 546; 1991-1992, 873 y 1992-1993, 1.047. La autora cuenta los períodos anuales desde octubre de un año hasta septiembre del siguiente30. Desde núcleos calificados de la opinión se reforzaban las críticas al gobierno, las exigencias de reformas políticoinstitucionales y las advertencias sobre una posible evolución de la situación impulsada por la iniciativa castrense. Entre tales círculos se destacaba el grupo de notables encabezado por Arturo Uslar Pietri, cuyos pronunciamientos eran acogidos como advertencias del oráculo por sectores tanto populares como de las elites. El tono agudamente antipartidista que cobró por este tiempo el discurso político de Uslar Pietri no obedecía únicamente a las mundanzas del ánimo del escritor sino también a un sentimiento muy extendido en la sociedad venezolana.
30 Margarita L ópez Maya. “ La protesta popular venezolana entre 1989 y 1993” . Lucha popular, democracia, neoliberalismo. Margarita L ópez (editora). N ueva Sociedad, Caracas, 1999, p. 233.

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La sensación de desastre llevaba no solo a conjeturas catastróficas sino a depositar la esperanza en salidas antidemocráticas, de las cuales paradójicamente se esperaba el timonazo que enrutara la nave del Estado quizá hacia un sistema de democracia tutelada. Eso era recogido en la afirmación de un analista político citado por Gómez Calcaño: “Todo este ambiente políticamente enrarecido (...) ha llevado a algunos a pensar que, antes que esperar un ‘estallido social’ o resignarse a la ‘aceptación desesperada’ de la actual situación, una solución sería un ‘golpe profiláctico’, es decir, que un sector consciente de la ciudadanía, obviamente apoyado por oficiales honestos de las FAN, asuma de facto el gobierno para poner orden en tanta corrupción, adecentar la política cortando por lo sano, obligando así a quienes pretendan en el futuro dirigir el país a hacerlo dentro de unos parámetros éticos y legales mínimos”31. En las páginas anteriores hemos presentado en líneas gruesas la situación política y social dentro de la cual se produciría el golpe militar del 4 de febrero de 1992, encabezado por el teniente coronel Hugo Chávez. Pero antes de comentar ese acontecimiento damos marcha atrás para reconstruir la línea roja del movimiento conspirativo de los militares bolivarianos.

3 1 G óm ez Calcaño. Op. cit., p. 131.

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IV El movimiento conspirativo en las Fuerzas Armadas, 1982-1992
Del título anterior se desprende que el movimiento conspirativo de los militares se gestó y fortaleció en el mismo lapso histórico que arriba señalamos, dentro del cual avanzaba la crisis institucional y política de Venezuela. El 17 de diciembre de 1982 se realizó el llamado juramento del Samán de Güere, proferido por tres capitanes de las Fuerzas Armadas venezolanas: Jesús Ernesto Urdaneta Hernández, Felipe Acosta Caries y Hugo Chávez Frías1 . En su comienzo el nombre usado fue el de EB-200 (Ejército Bolivariano). Sobre el empleo de la R en la sigla se habrían suscitado algunas discusiones. La letra R habría sido adoptada después de 19892. Para los efectos de la presente exposición se utilizará la sigla EBR-200. Si hemos de creerle al principal protagonista del acto fundacional, los objetivos políticos no se precisaron desde el comienzo: “Nuestra sede era la Academia Militar de Venezuela, Alma Mater del Ejército, donde comenzó, entonces, a funcionar
1Existe cierta confusión en lo tocante a la fecha del juramento. A partir de testimonios de los protagonistas, Ángela Zago recoge la fecha del 17 de diciembre de 1983. El testimonio de Hugo Chávez en el libro de Agustín Blanco habla del mismo día pero del año anterior. Quizá la confusión radique en’ que el código emblemático es el segundo centenario del natalicio de Simón Bolívar. Ahora bien, para los efectos de la celebración se consideró com o año del natalicio el comprendido entre el 24 de julio de 1982 y el 24 de ju lio de 1983. Los testimonios mismos dan pie para la confusión. En el primero de ellos dice Chávez: “ En 1983 el mundo celebraba el bicentenario del nacimiento de Bolívar y un pequeño grupo de oficiales se fue entonces agrupando en tom o a un movimiento interno alimentado por la comente bolivariana” (Zago, 1998, p. 58). En el segundo señala Chávez: “ Nosotros fundamos el movimiento el 17 de diciembre de 1982” . 2 Blanco. Op. cit., p. 58.

la Sociedad Bolivariana con toda la fuerza moral que emerge del laberinto garciamarquiano. Sin embargo, en aquella situación, el naciente M ovim iento Bolivariano no se planteaba objetivos políticos. Sus fines eran eminentemente internos, sus esfuerzos estaban dirigidos en primer lugar al estudio de la historia militar venezolana como fuente de una Doctrina Militar propia hasta entonces in e x isten te . Y, en segundo lugar, a enfrentar la problemática interna del Ejército con sus estudios analíticos y recomendaciones pertinentes”3. La historia oral tiene sus trampas y aunque quien rinde un testimonio no tenga la intención de distorsionar la verdad, las flaquezas de la memoria suelen cobrar su tributo. Probablemente los objetivos políticos no eran claros a comienzos de los años ochenta, como tampoco los medios para lograrlos. Con todo, no se bautiza con el nombre de ejército a un centro literario ni se profiere un juramento para ingresar a un círculo de controversias académicas. El espíritu conspirativo alentó entre los jóvenes oficiales bolivarianos y la cuestión del poder, así fuera en forma embrionaria, estuvo presente entre los juramentados. En los primeros cuatro años los miembros del núcleo inicial emprendieron, según la narrativa de Chávez, la creación de grupos de base del movimiento, los Comandos de Áreas Revolucionarias (CAR). “Esos Comandos tenían nombres indígenas; comenzamos a planteamos el concepto dé aquella lucha. Recuerdo que CARCaracas era el centro; Distrito Federal, Miranda; el CAR-Jirara era Falcón y Lara; CAR-Guajira era Zulia; Timotocuica era los Estados andinos; el CAR-Bariná era Barinas y Apure; CARCumanagoto era Margarita; el CAR-Piaroa era el más grande en extensión, Bolívar, Sucre”4. La memoria trae también a cuento la realización de cinco congresos del movimiento. El primero tuvo lugar en Caracas, el segundo en Maracay, el tercero en el Táchira. En este evento se incorporó a las filas de los bolivarianos el oficial Francisco Árias Cárdenas. El cuarto congreso se efectuó en

3 Á ngela Z a g o. L a rebelión de los ángeles. 4ta. edición, 1998, p. 58. 4 Blanco. Op. cit., p .1 2 6 .

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paraguaipoa y el quinto en Apure. Quizá no conviene tomar muy al pie de la letra la palabra congreso para denominar a las mencionadas reuniones. Con frecuencia los relatos tienden a conferir a las acciones del pasado rasgos de heroísmo, o a atribuirles niveles de organización o grados de consciencia que no alcanzaron en la realidad. Chávez enfatiza la participación civil en la dirección de los CAR. Si ella logró plasmarse en la práctica, debió ser muy marginal. Habría que comenzar señalando que los “congresos”, hasta donde puede colegirse de los testimonios, se realizaban en recintos militares a los cuales el acceso de civiles sería en extremo complicado, por cuanto se trataba de reuniones clandestinas. Para 1986 se acentúa en el MBR-200 la orientación político-conspirativa. Por este tiempo el proyecto militar recuerda la forma organizativa adoptada por los militares egipcios que en 1952, bajo el liderazgo de Nasser, habían derrocado a la monarquía: los “Oficiales Libres”. Se trata al parecer de una coincidencia. No hay muestras de una influencia de la revolución militar egipcia en el caso venezolano. Hemos mencionado a Arias Cárdenas, quien desde su ingreso al MBR-200 se convirtió en la segunda figura en importancia del movimiento. Sus datos biográficos los tomamos del libro citado de Ángela Zago. Procede de una familia andina, católica y pobre, muy similar a las familias tradicionales del oriente colombiano. La circunstancia de ser el mayor entre doce hermanos despierta en él un temprano sentimiento de responsabilidad que corre a la par con una disposición piadosa que junto con las estrecheces económicas de la familia lo llevan tempranamente al seminario. Allí pasará diez años, desde el cuarto de primaria hasta culminar el bachillerato. Cursa un semestre en la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes pero no continúa, por dificultades económicas. Ingresa a la Academia Militar, en la cual se distingue por su rendimiento. En 1974 culmina los estudios en la Academia. Obtiene posteriormente una beca para realizar un posgrado en la Universidad Javeriana de Bogotá, regentada por padres jesuítas. Al cabo de dos años regresa a Venezuela, continúa
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su vida militar y, como arriba se apuntó, se adentra por el sendero conspirativo. Después de 1992 se hizo notoria en el público cierta diferenciación en la percepción de los dos líderes golpistas. Chávez representaría al hombre de acción y Árias al intelectual. Como suele suceder con los lugares comunes, este también distorsiona un tanto la realidad. Lo que sí resulta evidente es el contraste entre la sensatez convencional de Árias Cárdenas y la verbosidad y desparpajo de Chávez Frías. En 1986 se produjo, según el testimonio de Chávez, la primera alarma entre la alta oficialidad con respecto a un movimiento conspirativo que tendría sus centros de dirección en la Academia Militar de Caracas y en el Estado de Apure. Un grupo de oficiales y suboficiales fue detenido y sus miembros fueron interrogados. Los “investigadores” más activos fueron los generales Heinz Aspúrua, Ochoa Antich y Peñaloza Zambrano. El revuelo y la investigación habían sido provocados por una delación5. Desde entonces los bolivarianos quedaron en la mira. Los altos mandos cuidarán de que aquellos oficiales que han aparecido como los más sospechosos no tengan mando de tropas. Con posterioridad ocurren otros episodios de indagaciones e intimidación contra los presuntos rebeldes. En diciembre de 1989 se producen nuevas investigaciones, en las cuales se interroga con largueza a Hugo Chávez y a un grupo numeroso de oficiales. De estos, algunos pertenecen al MBR-200 y otros no. De las delaciones los altos mandos concluyen-que se trata de pjanes de realización inmediata y no de un movimiento militar a largo plazo. En general, es más la confusión que sigue a la investigación que los puntos que ella logra esclarecer. Esa perplejidad la reflejan los comentarios e informaciones de prensa que presentan la conspiración militar como la consecuencia de la irritación de medios castrenses que verían con malos ojos los recientes avances electorales de La Causa R. Por el contrario, a Chávez se lo interroga por su presunto entendimiento político con miembros de

5 Ibid., p. 127.

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la dirección de ese partido. Se adoptaron entonces medidas de seg u rid a d que tomaron más difícil el trabajo de los comandantes conspiradores. Algunos de los que fueron investigados no pertenecían al MBR-200. Se habló de un general supuestamente involucrado con los golpistas. Llama la atención la relativa tolerancia del alto mando militar venezolano con la presencia de corrientes conspirativas en las Fuerzas Armadas. Sin necesidad de profundizar en las razones de e s e comportamiento, parecen evidentes ciertos argumentos. En el período político que se abrió con el derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez los pronunciamientos militares estuvieron encabezados por figuras de la oficialidad media. El ascenso a los rangos superiores parece imbricar de manera muy estrecha a los militares con la suerte del sistema político, del cual reciben los privilegios que comparten con el conjunto del estrato dirigente del establecimiento. La procedencia social de los altos mandos no difiere mucho de la de los líderes políticos. Es la ocupación de altos destinos en la dirección del Estado la que transforma-en-elites a unos y a otros, y no como en cierto modo ha ocurrido en Colombia, donde es la pertenencia a los medios oligárquicos la que interviene como prerrequisito para acceder a la dirección política. En el segundo país los militares, también de procedencia no elitista, permanecen en un estatus particular y privilegiado, pero diferenciado de las elites socioeconómicas, factor que los mantiene en cierta posición insegura y los convierte en celosísimos guardianes del fuero militar. El general (r) Ochoa Antich, ex ministro de Defensa de Venezuela, nos explicaba que la persistencia de un espíritu conspirativo en círculos de las Fuerzas Armadas ha llevado a tomar sin mucho apremio los rumores de insubordinación y golpe6. En Colombia no parece posible un margen apreciable de paciencia de los altos mandos frente a un hipotético movimiento rebelde de oficiales o suboficiales. La persistencia histórica de un

6 Entrevista con el general (r) Femando O choa Antich. El Hatillo, 12 de marzo de 2000.

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movimiento insurgente ha desarrollado unos reflejos antisediciosos muy fuertes, rayanos en la paranoia. Un intento de golpe militar solamente serla posible como resultado de un amplio consenso entre los altos mandos. Por último, habría que tener en cuenta las posibilidades de corrupción. Si se intentara seguir en plan de comparación habría que descartar la pregunta de en cuál de los dos países se ha dado un más alto nivel de corrupción en las respectivas instituciones armadas. Quizá las diferencias las suministre la cuantía de recursos entre los dos Estados, uno de los cuales administra como propia la renta petrolera. Desde octubre de 1989 Hugo Chávez venía adelantando su curso de Estado Mayor en la Escuela Superior del Ejército, y en diciembre siguiente, a raíz de la última investigación, fue trasladado de manera precautelativa a Maturín. En julio del año siguiente fue ascendido al grado de teniente coronel, pero no se le confió mando de tropa sino que se lo destinó a una función burocrática en Cumaná. Para comienzos de 1991, con excepción de Árias Cárdenas, quien era comandante de artillería en el Zulia, los líderes del MBR-200 no tenían mando de tropa. A comienzos del segundo semestre de 1991 la situación cambió. Uno tras otro recibieron el comando de batallones. Eso sucedió con Ortíz Contreras, Jesús Urdaneta, Yoel Acosta Chirinos. El 28 de agosto Hugo Chávez fue nombrado primer comandante del Batallón de Paracaidistas Antonio Nicolás Briceño, de Maracay. Arriba se aludió al ciclo de protestas populares que se abrió en 1989 y que se prolongará hasta 1993. Esas luchas, que se intensificaron de manera extraordinaria en el segundo semestre de 1991, obraron como catalizadores de los preparativos del golpe de Estado. Particular significación alcanzaron las protestas estudiantiles, que fueron sometidas a violenta represión policial. Uno de esos nefastos hitos lo constituyó el asesinato de trece estudiantes por parte de la fuerza pública. Se fijaron fechas para el levantamiento: una de ellas relacionada con la prevista participación de las Fuerzas Armadas venezolanas en la invasión a Haití; una segunda en noviembre,

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con ocasión del regreso del presidente Pérez de uno de sus viajes al exterior, y una tercera el 16 de diciembre. Esta última fue abortada por la delación. “En los meses de noviembre de 1991 y enero de 1992 nació y creció el Plan Ezequiel Zamora, puesto en ejecución a partir de las primeras horas del día 3 de febrero de 1992”7. Si para finales de 1991 los miembros del directorio evalúan la situación y buscan las condiciones más favorables para el triunfo del golpe de Estado, capitanes como Ronald Blanco La Cruz, que goza de gran prestigio entre los rebeldes, oficiales jóvenes y algunos suboficiales, presionan de manera decidida para que se dé curso al levantamiento. Quizá los impacientes miran desesperadamente la oleada de descontento popular pensando que si se deja pasar ese ascenso de las luchas sociales se perderá una oportunidad de victoria. En su desesperación no advierten que ese descontento se procesa por cauces propios y que.no.existen vasos comunicantes entre lo que acontece en las calles de Caracas y otras ciudades y el fermento que satura la atmósfera en los cuarteles. De otra parte, para los comandantes en trance de golpe debió hacerse evidente que el descontento no podía ir más allá de la línea de mando de comandantes intermedios, sin lograr fisuras favorables a los rebeldes en la alta oficialidad. Era arraigada persuasión entre los dirigentes rebeldes aquello que le gritó con procacidad cuartelaria uno de ellos, el capitán Gerardo Alfredo Márquez, al contestar a una pregunta provocadora del general de división Eutimio Fuguet Borregales en la mañana del 4 de febrero: “Mi general, me alzo de capitán porque lamentablemente los generales no tienen ‘bolas’, los castran de coroneles para poder ^ascender a general”8. Desde ese punto de vista, la espera no aparecía como promesa de cambio favorable en la correlación de fuerzas. Al contrario, podía conducir a la erosión de las fortalezas acumuladas.

7 Zago. Op. cit., p. 94. 8 Ibid., p. 106.

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y
El golpe militar del 4 de febrero de 1992
En esta parte reproduciremos en trazos gruesos los aspectos principales del golpe militar de febrero de 1992 y su influencia en el desarrollo político posterior de Venezuela. Nuestra síntesis de aquella jomada se hilvana principalmente a partir de los testimonios y recuerdos contenidos en los libros ya citados de Agustín Blanco Muñoz y Ángela Zago, y en el de Pablo Medina, dirigente del PPT1 . En el Plan Zamora figuran como principales escenarios militares Caracas, Maracay, Valencia, San Juan de los Morros y Maracaibo. No obstante, Chávez distingue un “teatro de operaciones” “que comenzaba en Maiquetía y terminaba en Acarigua”. Estaban previstos movimientos de fuerzas en los siguientes sentidos: de Valencia, capital del Estado Carabobo, y de San Juan de los Morros, Estado Guárico, hacia Maracay, Estado Aragua, y Caracas; de Maracay a Caracas; de Maracaibo, Estado de Zulia, a Barquisimeto, Estado de Lara; de Acarigua, Estado Portuguesa, a Valencia; de Guasdualito, Estado de Apure, a Barinas, Estado de Barinas. No tuvieron lugar todos los desplazamientos de tropas que habían sido previstos. El centro más activo de distribución de tropas para las diversas misiones en, Caracas fue Maracay. Al mando de los batallones de esta ciudad estaban figuras de máxima importancia en el Movimiento Bolivariano, tales como los comandantes Jesús

1 Pablo M edina. Rebeliones. Una larga conversación con María Cristina Iglesias y Farruco Sesto. E dición del autor. Caracas, agosto, 1999.

Urdaneta Hernández, Yoel Acosta Chirinos y Jesús Ortíz Contreras, y el propio Hugo Chávez Frías. Desde el mediodía del lunes 3 de febrero se inició de manera febril el alistamiento de tropas. En Maracaibo, a las 09:30, el comandante Francisco Arias Cárdenas había recibido una llamada en clave de Hugo Chávez en la cual le notificaba el comienzo de la operación militar de occidente, que en Zulia fue denominada por Arias como “Reconstrucción 92”. Prontamente las principales instalaciones militares de Maracaibo estuvieron bajo control de los rebeldes. A las 22:30 partieron de Maracay rumbo a Caracas las tropas transportadas en catorce autobuses contratados con varias líneas extraurbanas. Hacia la medianoche del 3 de febrero las tropas arribaron al peaje de El Tazón y allí se dividieron en tres columnas para el ingreso a Caracas. Chávez, con muy pocos hombres, avanzó hacia el Museo Histórico, que, como estaba previsto, serviría de centro de dirección del levantamiento. Allí se encontró con la sorpresa de que el lugar no estaba tomado por tropas bolivarianas sino en manos de fuerzas leales al gobierno. Mediante una estratagema y gracias a la aparición en el lugar de un refuerzo de 48 hombres de las tropas que procedían de Maracay, el museo fue entregado a los bolivarianos. Sin embargo, Chávez perdió toda movilidad y permaneció aislado, apenas con comunicaciones muy esporádicas con el resto de los epicentros de la operación. Los demás objetivos importantes de Caracas eran: reforzamiento del Fuerte Tiuna, principal centro militar de la capital, con el fin de evitar la salida de fuerzas leales al gobierno; captura de la base aérea de “La Carlota”; toma de la residencia presidencial “La Casona”; captura de las instalaciones del Canal 8 de televisión. La toma del Palacio de Miraflores, encomendada a fuerzas de Caracas, se intenta por parte de tropas y algunos tanques dirigidos por el capitán Ronald Blanco La Cruz. Aunque penetraron al interior del palacio, no tuvieron la capacidad militar de retenerlo, debido a la resistencia ofrecida por las tropas del regimiento Guardia de Honor. En La Casona se produjeron

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acciones cruentas. El capitán Carlos Rodríguez Torres tuvo a su cargo el mando de la operación que debía culminar con la toma de la residencia de los presidentes. A la cabeza de unos 48 hombres este oficial rodeó La Casona poco después de la medianoche. Los atacantes quedaron entre dos fuegos. Eran hostigados por las fuerzas que estaban dentro y por patrullas de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), que bloqueaban los accesos a La Casona. El enfrentamiento se prolongó por más de cuatro horas y dejó un saldo de víctimas en ambas partes. A las cinco de la mañana se convino el cese al fuego, al cual seguiría luego la rendición de los bolivarianos. Produjo honda indignación el aleve asesinato por parte de las fuerzas de seguridad del subteniente José Alberto Carregal Cruz, cuando estaba herido y por tanto en estado de indefensión. Bajo el mando del teniente coronel Yoel Acosta Chirinos, el capitán Gerardo Alfredo Márquez, a la cabeza de unos 150 hombres procedentes de Maracay, ocupó la base Francisco Miranda, en el aeropuerto de La Carlota. En esta acción se puso bajo arresto a los generales de división, comandante de la Fuerza Aérea, inspector general y jefe del Estado Mayor, al igual que a un gran número de oficiales y suboficiales. Las fuerzas bolivarianas estuvieron bajo permanente asedio externo. A media mañana, cuando era evidente el fracaso del levantamiento, las tropas atacantes de La Carlota convinieron en la entrega de la base y de las armas. En el Fuerte Tiuna la operación estuvo a cargo del capitán Carlos Guillén Bello y terminó en fracaso. Los rebeldes eran esperados y se vieron precisados a rendirse sin combate. Respecto al control de los medios, el movimiento no solamente terminó en un fiasco sino que a él se adicionó que el comandante de la operación que capturó el Canal 8 de televisión fue convencido por los periodistas de que la cinta que contenía el mensaje del comandante Chávez no podía ser difundida por razón de incompatibilidades técnicas. Del Fuerte de Canapoima de San Juan de los Morros, en el Estado Guárico, se desplazaron 17 vehículos transportando tropas, aunque los tanques que estaban previstos no salieron. Como
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comandante fungía el capitán Edgar Hernández Behrens, quien a las 2:30 del 4 de febrero, cuando se aproximaba a Caracas, se enteró de que ya el presidente Pérez había hecho su alocución televisada. En ella Pérez había dicho que oficiales que se habían rebelado pretendían asesinarlo y derrocar al gobierno. La tropa de Hernández Behrens fue detenida en el peaje El Tazón por personal de la policía militar y del Batallón Bolívar. A las 5 a.m. Hernández Behrens decide deponer las armas. También fracasó la captura de la comandancia general de la Armada. En Valencia se concentraba un destacado número de oficiales bolivarianos, como eran los capitanes Darío Arteaga Páez, Á ngel Godoy Chávez, Wilmer Barrientes Fernández, Pedro Jiménez Yusti, Ángel Martínez Alfonso. Sus tanques salieron a la ciudad, amén de cuatro que partieron para Maracay y catorce con destino a Caracas. En Valencia el control por parte de las fuerzas militares fue muy amplio. Además, la capital carabobeña fue uno de los pocos centros donde el apoyo civil a los golpistas se mostró de manera clara. Allí, en enfrentamientos con fuerzas leales al gobierno, murieron algunos militares y civiles. También resultó novedoso el control de las emisoras locales. Valencia será el último lugar donde se entregarán las tropas, lo cual sucedió solo después de la aparición de Chávez por televisión, al mediodía del 4 de febrero. De igual manera, en Maracay el comandante Jesús Urdaneta se entregará solo después del mensaje. En Maracaibo, bajo él comando del teniente coronel Árias Cárdenas, el reporte que de la situación podía rendirse a las 00:30 del 4 de febrero era de éxito. El gobernador y la casa de gobierno habían sido capturados, lo mismo que la base aérea, las centrales petroleras de la costa oriental, el aeropuerto civil de Maracaibo y algunas unidades militares. Pero al manecer las cosas empezaron a dar reversa. En un recorrido en helicóptero, Árias Cárdenas pudo comprobar el viraje de la situación. Regresó a la base aérea y allí decidió entregarla a los prisioneros y aceptar la derrota. En su propio testimonio Chávez señala: hacia las nueve de la mañana, después de haber logrado comunicaciones

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telefónicas con “Maracay y otros puntos claves, entendí que el objetivo político no había sido logrado”. En consecuencia, depuso las armas ante el general Guillermo Santeliz Ruiz. Del Museo Histórico Chávez fue trasladado al Fuerte Tiuná, sede del Ministerio de Defensa. Desde allí hizo su famoso llamamiento por la televisión en cadena para ordenar la rendición. Más adelante haremos algunas anotaciones sobre la significación de esa comparecencia televisiva. ¿Por qué no triunfó el golpe militar del 4 de febrero de 1992? En diversos testimonios de los protagonistas aparece la delación como una causa importante. En verdad, alrededor del mediodía del 3 de febrero se identifican al menos dos delaciones importantes. Sin embargo, tal como había transcurrido el proceso conspirativo, las probabilidades de delación tenían que tomarse como un factor real y como parte de los elementos a tener en cuenta en la preparación del golpe. En efecto, en ciertos círculos los nombres y la fijación de fechas sucesivas para la hora cero se conocieron ampliamente. Tal es el caso de la Universidad Central de Venezuela. Es bien sabido que una manera altamente eficaz de divulgar un secreto es confiarlo a círculos universitarios. Sin negar la fuerza disuasiva de las filtraciones y delaciones, es preciso buscar las causas del fracaso del golpe en otros terrenos. En su testimonio Hugo Chávez puntualiza que los rebeldes tenían el apoyo del 10% del Ejército2. Carecemos de versación en asuntos de táctica y estrategia militares para poder valorar en qué punto de la escala de uno a cien se establece la masa crítica mínima que en principio garantice la carta de triunfo de un movimiento militar como el que aquí se analiza. Por otro lado, el golpe se concibió como un movimiento cívico-militar, pero en la preparación final corrió a cargo del MBR-200, que tenía carácter militar. Si bien desde el comienzo del movimiento bolivariano hubo contacto de sus dirigentes, y especialmente de Chávez, con sectores políticos civiles, tales contactos no llegaron a plasmarse

2 B la n c o , O p . c it., p . 149.

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en mecanismos concretos de organización. El sector más persistente e n secundar a los militares en trance de rebelión fue el partido La C au sa R. Pero en noviembre de 1991, en vísperas del golpe, esta corriente desistió de honrar los acuerdos y se retiró de los planes conspirativos. Aunque sectores de LCR siguieron adelante con lo s bolivarianos, el apoyo civil organizado, que de suyo disponía d e una base muy estrecha, se resintió. ¿Qué condujo a lo que a primera vista puede calificarse c o m o un descuido de la participación civil en el evento revolucionario? Al respecto nos permitimos presentar la siguiente hipótesis. Los hechos de la muchedumbre política suelen conducir a resultados muy ambiguos. El 27 de febrero de 1989 dejó en la memoria de los venezolanos una huella profunda. Las valoraciones sobre su significado fueron diversas, pero el miedo en unos, o la esperanza en otros de que el “sacudón” o el “estallido social” se repitiera, condujo a una pérdida de realismo. Tuvimos ocasión de exponer este punto de vista a propósito de la visión que se formaron sectores políticos contrapuestos con motivo del paro cívico nacional que tuvo lugar el 14 de septiembre de 1977 en Colombia3. Desde diversas posturas emocionales y políticas se cultivó la idea de que en cualquier momento se podía repetir el “caracazo”. L a experiencia histórica muestra que esos levantamientos aluviales, esas avalanchas de la ira popular son poco frecuentes y que cuando se producen no muestran tendencias a repetirse durante un largo

3 A nuestro ju icio el paro cív ico nacional condujo a “ una pérdida crucial de realismo” . E l g o b ie r n o , los altos mandos juzgaron el paro a partir de un miedo profundo a las e x p r e s io n e s de descontento popular. La respuesta fue El Estatuto de Seguridad, que c o n s a g r ó en la legislación un conjunto de medidas antidemocráticas que se apartaron d e la s norm as constitucionales en materia de garantías individuales y de derechos d e m o c r á tic o s . En los comportamientos del período se abrió cam po al uso de las torturas y l o s apremios para obtener confesiones por parte de organismos del Estado. Era la p r im e r a etapa de la guerra sucia. A su turno, las Farc interpretaron el acontecimiento e n c la v e insurreccional. Concluyeron que al pueblo solo le habían faltado las armas p a r a convertir el paro en la revolución. Ver M edófilo Medina, Dos décadas de crisis p o l ít i c a en Colombia, 1977-1997 en A nálisis no coyuntura! de la coyuntura. Luz Á n g e l a A rango (com p.) Santafé de Bogotá, Facultad de Ciencias Humanas, Fundación S o c i a l , 1997, p. 29 y 30.

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período. En tal sentido, los acontecimientos de la muchedumbre política presentan unas características muy diferentes a las observables en las acciones convocadas por sindicatos y otras organizaciones de naturaleza gremial o política, como es la huelga general, por ejemplo. Adicionalmente, como ya se señaló, el pronunciamiento militar se produjo en medio de un sostenido auge de las luchas populares. En estas condiciones el golpe de los militares abriría una brecha en la muralla del poder por donde, raudo, se precipitaría el torrente popular. Esa previsión resultó infundada y el movimiento militar no superó su aislamiento, con la excepción de Valencia, donde se registraron acciones de la población civil. En Caracas el asunto de la participación de los civiles alcanzó ribetes pintorescos, como la historia del famoso camión con armas que los amigos del dirigente de LCR, Pablo Medina, estuvieron esperando en El Tazón, el mismo vehículo que según Chávez habría estado ubicado en inmediaciones del Museo Histórico en espera de que la población civil llegase por las armas. Alrededor del mediodía del 4 de febrero el teniente coronel Hugo Chávez Frías era el náufrago arrojado a la playa por el desastre de la noche anterior. A esa hora solo el comandante Jesús Urdaneta, en Maracay, y los rebeldes de Valencia continuaban sobre las armas, en un alarde sin perspectiva. Fue en ese momento cuando Chávez, como por arte de magia, transformó su derrota en victoria. No necesitó para ello sino un minuto y doce segundos... y, claro está, la televisión en cadena. No creemos que haya razón para pensar que aquel día las Fuerzas Armadas venezolanas perdieran a un gran estratega militar, pero quizá resulte más cierto decir que el sistema político venezolano encontró un político de primer rango. Para afirmarlo no hace falta necesariamente suscribir sus ideas políticas ni su estilo de hombre público. Este desenlace nos recuerda al líder populista colombiano Jorge Eliécer Gaitán en el tiempo inmediatamente posterior a su derrota en las elecciones presidenciales de mayo de 1946. Como resultado de la división, el partido liberal había sido derrotado y él había ocupado el último lugar entre los tres candidatos contendientes. Aun así, Gaitán no

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dio señales de vencimiento y comenzó de nuevo, con acrecida fuerza, su marcha en pos del poder, mientras su contendor del liberalismo oficialista, Gabriel Turbay, se retiraba congestionado po r la amargura para morir poco tiempo después en un cuarto de un hotel de París. Las siguientes fueron las palabras de Chávez: “Primero que nada, quiero dar buenos días a todo el pueblo de Venezuela, y este mensaje bolivariano va dirigido, a los valientes soldados que se encuentran en el Regimiento de Paracaidistas de Aragua y en la Brigada Blindada de Valencia: Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de evitar más derramamiento de sangre. Ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor. Así que oigan mi palabra. Oigan al comandante Chávez, quien les lanza este mensaje para que, por favor, reflexionen y depongan las armas porque ya en verdad, los obj etivos que nos hemos trazado a nivel nacional, es imposible que los logremos. Compañeros, oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo, ante el país, y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias”4. Ni una palabra más ni una menos; oraciones breves, precisas. Sorprende la economía del lenguaje en un orador que, como lo han demostrado sus discursos posteriores, derrocha la palabra, alarga los períodos y retiene por horas al auditorio o a la parte más paciente de éste. Aquel minuto y doce segundos constituyeron un momento de iluminación que no habría resultado más eficaz si hubiera obedecido a un desarrollo según guión previo.

4 Z a g o , Op. cit., p. 145.

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El texto de la alocución de Chávez ha sido sometido a análisis desde diversos puntos de vista. No quisiéramos reiterar tales interpretaciones en un trabajo que tiene un objetivo muy global. Baste señalar algo que por lo demás ha sido subrayado con insistencia: el centro de gravedad de aquella pieza de Chávez lo constituye el “por ahora”, con el que abrió un paréntesis que en su momento alimentó las más variadas conjeturas. Alarmantes para unos, esperanzadoras para otros. Tres intervenciones marcaron los puntos culminantes en el vertiginoso desarrollo de la situación política el 4 de febrero. En su orden cronológico fueron: la del presidente de la república, Carlos Andrés Pérez, la ya mencionada del teniente coronel Hugo Chávez y la del ex presidente de la república y senador vitalicio Rafael Caldera. A las dos de la mañana, escapado apenas de los insurrectos que habían estado por dos veces a punto de capturarlo -la primera en La Casona, la segunda en Miraflores-, apareció el presidente Pérez en las pantallas de televisión para informar a los venezolanos que se había producido “una conspiración golpista” que tenía por objetivo el magnicidio para establecer un régimen autoritario. Agregó que las fuerzas leales estaban enfrentando con denuedo a los golpistas y que los tenían bajo control. La imagen del magnicidio debía evocar el golpe de Estado contra la Unidad Popular de Chile, en dos direcciones: asimilaba a Pérez a la condición moral de Salvador Allende y colocaba a los sublevados en pie de igualdad con Pinochet. El presidente había sabido moverse con agilidad, había logrado ganar de mano a los golpistas en la cuestión vital del acceso a los medios de comunicación. Su acción, sin embargo, no llevó a la gente a la calle en defensa de la “democracia”. El mandatario fracasó tanto o más que los golpistas en concitar el apoyo popular. El gabinete ejecutivo acogió como propia la explicación o más bien la estigmatización de los militares rebeldes. El Congreso, previos acuerdos políticos promovidos por la Comisión de Mesa, aprobó el decreto 2086, que suspendió las garantías y que había sido emitido por el presidente de la república. Salvaron su voto La Causa R y el Partido Comunista. Pero como donde
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menos se espera salta la liebre, Rafael Caldera, el hombre retirado ya de la actividad pública, el catalogado por algunos como “cadáver político”, con decisión se incorporó como protagonista y no ciertamente para la sesión parlamentaria sino para el tramo final del siglo XX en la historia de Venezuela. Pidió la palabra e hizo una intervención que a todos tomó por sorpresa. De entrada, Caldera cambió el foco del debate nacional. Le negó verosimilitud a la tesis del magnicidio y con ello condujo la discusión hacia otros temas que consideró los de verdadera importancia. Caldera dirigió la mirada hacia los momentos iniciales de la democracia representativa luego del derrocamiento de la dictadura militar de Pérez Jiménez. Destacó tres elementos de aquel momento inaugural: la decisión del pueblo venezolano de jugarle a la libertad, la apertura social de la clase empresarial y la reorientación profesional de las Fuerzas Armadas. Con los mismos elementos el orador compuso un cuadro de Venezuela al momento de la intentona golpista del 4 de febrero: una dirección política olvidada de sus deberes públicos, cerrazón de la clase empresarial, debilitamiento en el seno de las Fuerzas Armadas del principio de la no deliberancia de los militares, desvalorización entre los ciudadanos del sentido de identificación con el orden constitucional. Con el mismo tono severo el ex presidente señaló la corrupción y el deterioro drástico de la seguridad personal como preocupaciones que gravitaban sobre la consciencia de los venezolanos. Frente a tal panorama de desastre puesto en evidencia de manera dramática por los insurrectos, el senador vitalicio exigió del presidente de la república y de la clase dirigente nacional una profunda rectificación. Enlazó los acontecimientos del día con los eventos del 27 de febrero de 1989. La ejecución del “paquete” estaría en la base de los dos acontecimientos. Este punto de la argumentación permitió a Caldera colocar la situación de Venezuela en relación con procesos globales. Alos jefes de Estado de los países ricos que habían expresado su solidaridad con el presidente Pérez les recordó los peligros que las políticas del Fondo M onetario Internacional representan para unos países empobrecidos y acosados por una ingente deuda externa.

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Finalmente Caldera hizo un enunciado que recoge de manera sibilina el “por ahora” del discurso de Chávez: habló de “la sublevación que ya felizmente ha sido aplazada por lo menos en sus aspectos fundamentales” (el resaltado es nuestro). El paréntesis que Chávez había abierto en su discurso no lo cerró Caldera en el suyo. En tono similar al de Caldera, aunque sin provocar el impacto del discurso del primero, en el memorable debate parlamentario del 4 de febrero intervinieron Aristóbulo Istúriz, de La Causa R, y Ricardo Gutiérrez, del PCV. Al primero, su trayectoria crítica frente al establecimiento y la intervención en aquella sesión del Congreso le permitieron remontar su popularidad, que lo llevaría meses después a ocupar el cargo de alcalde de Caracas, responsabilidad que siempre había sido monopolio del bipartidismo. Si la intervención de Caldera conmovió al país, no pareció inducir a la reflexión a los diputados y senadores, que con más irritación que curiosidad, lo escucharon en la tarde de aquel día turbulento. La aplastante mayoría del Congreso estaba más en el ánimo de participar en una sesión expedita que se ocupara de “condenar sin ambages la intentona golpista”, como lo manifestó Manuel Esculpí, jefe de la fracción parlamentaria del MAS. Quien expresó con mayor primitivismo tal estado de ánimo fue David Morales Bello, orador de AD, que con apremio señaló que el objetivo de la sesión era la condena de los golpistas, la aprobación del decreto de suspensión de garantías, y no el juicio al gobierno. Creyó cerrar con broche de oro su intervención con un grito bronco: “¡Mueran los golpistas!”5. Así fue aprobado el decreto de suspensión de garantías, concebido en los términos característicos de los pronunciamientos del presidente Pérez y de otros miembros del gobierno en aquellas jomadas. La grieta entre la abrumadora mayoría de la clase política y la opinión nacional seguiría intacta. Ella se ensanchará aún más en el período comprendido entre 1992 y finales de 1998, como veremos en las páginas que vienen.

5 D o m ín g u e z . O p . c it., p. 28.

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VI Venezuela: 1992-1998 La caída de un sistema político
El 6 de diciembre de 1998, con el triunfo del ex teniente coronel Hugo Chávez Frías, se produjo no un simple cambio de administración sino la sustitución revolucionaria de un sistema político por otro. La anterior afirmación demanda una explicación sobre la acepción en la que tomamos dos categorías en ella concernidas: sistema político y revolución. Sobre la primera, antes que a la formulación de una definición, nos limitamos a hacer explícitos las instituciones y los elementos asociados a la noción de sistema político. Son ellos el Estado, el derecho, los partidos, las organizaciones sociales. Pero solo en cuanto estas últimas entren en determinadas relaciones políticas. Integran también el sistema político las redes de comunicación entre actores tanto individuales como colectivos y el sistema de normas jurídicas y políticas. Todo el andamiaje del antiguo régimen se declaró en remoción. Teodoro Petkoff, ex dirigente del MAS y ex ministro del Cordiplan, presenta así el objetivo de Chávez: “Ahora bien, ¿cuál es su idea del ‘ajuste político’? Obviamente, producir el desplazamiento definitivo del viejo régimen (las cursivas son de Petkoff) de todas las posiciones de poder, lo que implica una aproximación no convencionalmente democrática al asunto, sino una aproximación revolucionaria -vamos a decirlo esta vez sin comillas-. No se trata, simplemente de ganar unas elecciones y luego gobernar coexistiendo democráticamente con las fuerzas derrotadas, sino de lo que se trata es de aniquilarlas'”1.

1 P e tk o ff. O p . c it., p . 2 3 .

Con respecto a la noción de revolución juzgamos pertinente anotar que usamos la categoría en la acepción blanda que propone Tilly, como “todo cambio brusco y trascendente de los gobernantes de un país”,2y no en la versión dura de la definición marxista. En la Ideología alemana Marx señala que la revolución nace de la contradicción entre las fuerzas productivas y la forma de intercambio,3 o como se conoce en la forma pedagógica: la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción. En el caso del chavismo es una revolución que en principio mantiene la estructura económica preexistente. Usamos la expresión “en principio” por cuanto antes aceptamos el calificativo de trascendental aplicado a los fenómenos revolucionarios. ¿Hasta dónde van a trascender a los campos económico y social las transformaciones políticas importantes que se iniciaron en Venezuela en diciembre de 1998? Las evidencias de que hoy disponemos, y que registraremos más adelante, son aún escasas y no permiten formular afirmaciones concluyentes. Habrá que dirigir la atención al futuro inmediato, cuando el orden de prioridades se traslade más decididamente de la esfera de lo político a los otros campos del desarrollo, como lo han prometido Chávez y los demás dirigentes de la Quinta República. El 27 de noviembre de 1992 se produjo otro intento de golpe militar. Como el del 4 de febrero, el nuevo conato castrense era un hecho anunciado. Incluso el alto mando militar había advertido a comienzos de ese mes que la normalidad en los cuarteles era apenas un deseo y que persistía un clima de agudo malestar. Además, el espectro de las protestas sociales se había ampliado, tanto por los sectores de la población que tomaban parte en ellas como por las formas nuevas que adquirían, entre las cuales se destacaban las modalidades espontáneas de acción. Ejemplo

2 C on base en un análisis h is tó r ic o , T illy bosqueja dos tipos de definición de las revoluciones: una restrictiva y otra de sentido am plio. El contraste y aplicación de esos conceptos de revolu ción se encuentra en Charles Tilly. Las revoluciones europeas, 1492 - 1992, Editorial Crítica, B arcelona, 1994. 3 M arx y Engels. Op. cit., p. 86.

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de las dos cosas lo constituyeron las manifestaciones de “las cacerolas”. La primera de ellas tuvo lugar en la capital y demás ciudades importantes el 10 de marzo de 1992. Hombres y mujeres, a la par que hacían sonar las ollas, agitaban consignas sobre la renuncia del presidente. De nuevo volvió a figurar en primer lugar entre las reivindicaciones de la ciudadanía la exigencia de reforma constitucional. El Congreso tomó en sus manos la demanda de la ciudadanía. La comisión de las dos cámaras integrada para la reforma constitucional elaboró una propuesta que consagraba avances de importancia. Pero el propósito reformista de los congresistas no estuvo en condiciones de superar un obstáculo que en el plano inmediato resultó insuperable: el “referéndum revocatorio”. Si bien, como hemos visto, la reforma constitucional se había configurado como una aspiración histórica de la sociedad civil venezolana al ritmo de la profimdización de la crisis política, la fórmula de la revocatoria del mandato se consagró como la representación simbólica del conjunto de la reforma. A las alturas de 1992 esa figura jurídica implicaba la salida de Carlos Andrés Pérez de la presidencia de la república. El senador del Copei Pedro Pablo Aguilar reflejaba sin duda el ánimo prevaleciente en la calle al presentar la propuesta de realizar una consulta popular sobre la permanencia de Pérez en el cargo. AD fue colocada ante una disyuntiva insoslayable: aprobar integralmente la reforma constitucional y de entrada despedir al presidente adeco, o posponerla para evitar el descalabro político del rechazo por los electores de una reforma escamoteada; Con ceguera, AD se inclinó por la postergación. Con ello, en el corto plazo no evitó la defenestración del presidente y en el mediano cavó su propia fosa. Dedicaremos ahora unas líneas a la intentona golpista del 27 de noviembre de 1992. Ella se gestó bajo el liderazgo del contralmirante Hernán Grüber Odremán, secundado por el general Francisco Efrían Visconti y por otros oficiales. En el pronunciamiento militar de noviembre hubo encuentros y desencuentros entre quienes comandaron la acción y los golpistas
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presos. La profundidad que unos y otros alcanzaron no se ha esclarecido hasta el presente. El rango de los militares comprometidos subió en relación con el movimiento de los “comacates” del 4 de febrero. Una vez más la movilización militar resultó insuficiente y errática. Por segunda ocasión la población civil estuvo al margen. Un analista de la historia más reciente de Venezuela recoge al respecto una hipótesis de ribetes surrealistas: “La concepción misma del golpe, según algunas versiones atribuidas a los comprometidos, hacía reposar el éxito en una masiva insurrección popular. El esquema era, si se cree una de estas versiones, que ‘el pueblo’, especialmente los habitantes de los barrios de Caracas, iba a salir a la calle gracias a la invitación de Chávez (o de los generales); que el gobierno llamaría a las Fuerzas Armadas para reprimirlos, y que un número significativo de unidades militares aprovecharía la ocasión para unirse a los alzados y dirigir las armas contra el gobierno”4. Tanto el 4 de febrero como el 27 de noviembre el descontento popular real llevó a los militares golpistas a una concepción nada realista de la participación civil en los movimientos militares. A juzgar por puntos de vista sostenidos posteriormente por líderes del 27 de noviembre, especialmente por el contralmirante Grüber Odremán y el general Visconti, la orientación política de los golpistas no era asimilable a la de los comandantes del 4 de febrero. Los segundos se ubicaban a la derecha de los primeros. Con el fin de presentar una síntesis del proceso político de Venezuela entre las intentonas golpistas de 1992 y el triunfo del Polo Patriótico en diciembre de 1998, destacamos para el análisis los siguientes aspectos: el derrumbe de los partidos AD y Copei, el fracaso de las alternativas dentro de los límites del sistema, el triunfo de la alternativa antisistema. Hemos usado la palabra derrumbe para referimos al proceso atravesado por los partidos AD y Copei en el decenio de los

4 Góm ez. Op. cit., p. 141.

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noventa, en la medida en que ha sido de uso frecuente en la literatura sobre el tema y en los medios de comunicación. Pero en verdad los partidos cayeron doblegados por el peso de sus propios errores tanto como por la presión de las corrientes alternativas y las manifestaciones de descontento de franjas anchas de la ciudadanía. Es decir, hubo propósitos y esfuerzos para el logro de resultados que resultan encubiertos cuando se acude a términos como derrumbe. No se trató de la superflua aplicación de energías para derribar una puerta abierta. Dos fenómenos resultan notorios en las elecciones municipales y de gobernadores que se realizan el 6 de diciembre de 1992: la abstención, que llegó al 50.8%, y el fraude electoral. Así se acumulaban nuevos motivos de deslegitimación de los partidos y otras instituciones políticas. El año de 1993 los dirigentes de los partidos tradicionales vieron declinar la buena estrella de sus formaciones políticas. No se trata de que la fecha marque la iniciación de la crisis políticoinstitucional. Esta viene, como ya lo señalamos, de atrás. Sin embargo, las cúpulas de los partidos se habían negado a mirar las grietas profundas que se habían abierto en la arquitectura, antisísmica en apariencia, de los partidos y las instituciones de Punto Fijo. Un primer revés lo representó la decisión de la Corte Suprema de Justicia del 20 de mayo de 1993 sobre la necesidad del enjuiciamiento y en consecuencia de la suspensión en el cargo del presidente de la república. AD aceptó sacrificar a Pérez, pero era necesario un profundo movimiento de renovación del partido, movimiento que no se produjo. En tales condiciones la salida del presidente debilitó aún más al socio mayoritario del bipartidismo. Mediante una negociación típica de cúpulas se llegó al acuerdo para la sucesión presidencial: “los conocidos mecanismos de concertación entre las máximas dirigencias de AD, Copei, la Iglesia, sectores empresariales y militares se pusieron en marcha y produjeron un candidato ‘de consenso’. Si bien el presidente encargado, Ramón J. Velásquez, era considerado como honesto y dotado de gran experiencia política, la forma en la cual fue

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seleccionado mostraba las restricciones a las que estaría sometida su acción”3. Pero en el malhadado año de 1993 la crisis política cortaba también la yerba bajo los pies en el campo copeyano. En junio es engendrado, con más ira que amor, por el ex presidente Rafael Caldera el movimiento Convergencia Nacional, conformado principalmente por ex militantes del Copei. Luego de que el 3 de julio se firmara el acta constitutiva nacional de Convergencia, Copei expulsó de sus filas a Caldera. El parricidio acarreará un castigo inexorable del cual no escapará el partido verde. Impulsado por su propio movimiento, Convergencia, apoyado por el MAS y quince agrupaciones o partidos políticos6, Rafael Caldera triunfó en las elecciones del 6 de diciembre de 1993 con el 30.46% de los votos. La segunda fuerza fue la representada por La Causa R, que avaló la candidatura del sindicalista Andrés Velásquez, quien obtuvo el 21.9% de los sufragios. La hegemonía de los dos partidos tradicionales había sido rota. Según Leonardo Vivas, en estas elecciones “la conmoción, el rechazo y el rencor de los excluidos y desengañados del sistema político se repartieron entre Andrés Velásquez, La Causa R y Caldera”7. Pero incluso en los partidos tradicionales las elecciones de 1993 sacaron a flote a figuras vistas como alternativas: Claudio Fermín (AD) y Álvarez Paz (Copei). En la misma jomada se escenificó otro acto del drama, en el cual los papeles estelares fueron interpretados por actores que expresaban los diversos matices de la alternativa moderada. Es cierto que resulta dudoso aplicar tal denominación a La Causa R, agrupación que venía atravesando un proceso de diferenciación interna que más adelante culminará en ruptura. En 1993 se quiebra la hegemonía adecocopeyana, en favor del pluripartidismo. En esta ocasión volvieron a inquietar los temas de la abstención y del fraude electoral.

5 Ibid., p. 146. 6 Sonntag y M aingón. Op. cit., p. 189. 7 Leonardo Vivas. Chávez. La última revolución del siglo. Editorial Planeta Venezolana S.A . Caracas, 1999, p. 39.

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Después de un lustro de continuos sobresaltos, con la elección de Caldera la sociedad venezolana pareció recibir un nuevo aire y una moderada confianza. Sin embargo los problemas económicos se hicieron sentir y redujeron el espacio de maniobra del nuevo régimen. Luego de las altas tasas de crecimiento económico que se registraron en 1991 y 1992, en 1993 comenzó una recesión económica. Caldera recibió el país en crisis, que se manifestaba en un desequilibrio fiscal relacionado a su vez con la baja internacional de los precios del petróleo y con el gasto colosal que afrontó el gobierno con ocasión de la crisis financiera más severa que haya experimentado Venezuela en el transcurso del siglo XX. Ya en sus últimos días el gobierno de emergencia de Ramón J. Velásquez se había visto obligado a intervenir al principal banco del país. La nueva administración acudió en auxilio de los barones del dinero por el camino de socializar las pérdidas. Se procedió a otorgar recursos cuantiosos a los bancos a través del Fondo de Garantías y Protección Bancaria (Fogade). “Los auxilios financieros del Fogade a la banca implicaron que el Banco Central de Venezuela (BCV) emitiera Bs. 840.000 millones de dinero inorgánico en cuestión de pocos meses. Esa suma -que equivalía al 10% del PIB, al 200% de la base monetaria de fines de 1993 y al 92% de las reservas internacionales netas en poder del BCV al inicio de 1994— significó una expansión desproporcionada de la base monetaria, buena parte de la cual se canalizó a la adquisición de divisas”8 . El tratamiento dado por el gobierno a la crisis bancaria condujo a una fuerte inflación. Las variaciones en el índice de precios fueron las siguientes: 1994, 70.8; 1995,56.6 y 1996,103.2. La tasa de desempleo pasó del 8.7% al 11.4%9. Las políticas económicas resultaron erráticas. En pocos años se ensayarontres planes económicos con similares saldos de fracaso. A contrapelo de las que habían sido las promesas de Caldera, la situación material de las masas populares siguió empeorando.
8 Pedro Palma y Juan B lyde. Colombia y Venezuela: coordinación de políticas macroeconómicas. Editores: M ónica Lanzetta Mutis y Santiago M ontenegro Trujillo. Bogotá, 1999, p. 16. 9 http://www.eclac.cl/espanol/Publicaciones/bal99/.

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Ahora volvamos la mirada hacia la evolución de la alternativa radical. Mientras los militares golpistas estuvieron en la cárcel no resultaba muy realista la proyección de los bolivarianos como un partido o movimiento adaptado a las reglas del juego democrático. La idea de la conspiración militar-cívica seguía alentando en la visión de los hombres presos en Yare1 0 . Este establecimiento se convirtió en un centro de discusión política no solo entre los compañeros de armas sino entre estos y los visitantes: políticos, militares, periodistas, que en verdadera romería pasaban por el lugar de reclusión. Los objetivos de los visitantes distintos a los familiares eran tan diversos como variopinta era la fila de los peregrinos. A unos los acicateaba la curiosidad, a otros los impulsaba el oportunismo, a los terceros los inspiraba un auténtico interés político y a unos cuantos los desvelaba el empeño de vender sus teorías políticas o sus estrategias o sus persuasiones éticas a" quienes podían convertirse en algún momento en factor político decisivo. En esta etapa se relacionaron con los comandantes algunos veteranos de la política que se convertirían en figuras importantes de la Quinta República. En marzo de 1994 el presidente de la república tomó una decisión que suscitaría profundas consecuencias, no solo para los militares presos en Yare sino para el futuro de Venezuela. Caldera sobreseyó a los uniformados comprometidos en los intentos de golpe de Estado del 4 de febrero y del 23 de noviembre de 1992. El gobernante optó por repetir su experiencia de gran pacificador que había obtenido durante su primera administración con respecto a quienes se habían comprometido con la lucha armada de izquierda en los años sesenta. Chávez rehusó ser liberado mediante el indulto e insistió en la figura del sobreseimiento, mediante la cual recibiría tratamiento de rebelde y no de golpista1 1 . Existen diversas definiciones sobre el sobreseimiento; tomamos una de

1 0 Nom bre de la cárcel del Estado Miranda, cerca de Caracas, en la que estuvieron detenidos la m ayor parte del tiem po los comandantes del 4 de febrero y del 27 de noviem bre de 1992. " Zago. Op. cit., p. 33.

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ellas, que incluye los elementos más característicos de esa figura jurídica: “es la suspensión del procedimiento por insuficiencia o falta de pruebas contra el acusado o al no aparecer cometido el delito supuesto; lo cual determina la liberación dél posible detenido y el levantamiento de todas las restricciones existentes contra los acusados”12. Es claro que no se trató del indulto, que implica el perdón de la pena, sino de la ficción jurídica de que no hubo delito. La decisión, como era de esperarse, fue objeto de controversias agudas. Esa contraposición de pareceres no se ha cerrado todavía. A la luz del curso posterior de la política en Venezuela hay quienes estiman que el sobreseimiento constituyó un costoso error. Leonardo Vivas, competente sociólogo y figura pública, escribió en 1998 a propósito del sobreseimiento de 1994: “No se restañaron las heridas dejadas por los eventos golpistas de 1992, pues no se produjo justicia, sino que más bien se buscó evitarla”. Adelante concluyó: “Total, que haber confundido reconciliación con justicia por parte de un hombre de la trayectoria democrática de Caldera salió bien caro y colocó a Venezuela al borde del abismo”13. Fue una decisión política del presidente, cuya pertinencia no cabe juzgar a partir del criterio de la aplicación o denegación de justicia, entendida ésta como cumplimiento de normas jurídicas. No obstante, la valoración del sobreseimiento de Chávez está unida de forma inevitable a un juicio de conjunto sobre la evolución política de Venezuela entre 1994 y los días que corren. Venturosamente para VenezuelayparaAmérica latina, laperspectiva catastrófica no se ha visto ratificada por los acontecimientos que han tenido lugar en el país desde diciembre de 1998. No siempre se cumple el proverbio de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, pero en la mayoría de los casos los viejos pretenden saber más que el diablo. No está excluido

Guillermo Cabanellas. Diccionario enciclopédico de derecho usual. Citado en Z ago, 1998, p. 34. 13 V iv as. O p . c it., p . 3 2 -3 3 .

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que entre las previsiones que llevaron a Caldera a actuar como lo hizo en marzo de 1994 estuviese la de ver despojado a Chávez de la aureola de perseguido por el sistema que había intentado derrocar. En tal hipótesis, ya en la calle, el Comandante, al aire la cabeza y no tocada por la boina roja, vestido de vecino, perdería, como Sansón, la fuerza que se fue con sus cabellos. Al comienzo esa posible conjetura pareció tener cumplimiento. Desde aquel Domingo de Ramos de 1994 el Comandante emprendió una travesía sin gloria por el desierto. Recorridos por la geografía venezolana, visitas al extranjero, indecisión en el camino por el que desarrollaría su acción política, y la pena mayor para un político: la baja en las encuestas y la desaparición de los medios, que tan solícitos se habían mostrado con los comandantes en los -para ellos- eufóricos tiempos de Yare. El 3 de diciembre de 1995 tuvieron lugar las elecciones para gobernadores y alcaldes. El comandante Francisco Árias Cárdenas había decidido acogerse al juego electoral y presentar su candidatura a la gobernación del Estado del Zulia. Allí saldría ' elegido con el apoyo de La Causa R y sin el respaldo del MBR200. Esta organización y su caudillo decidieron permanecer en los cuarteles de invierno de la abstención, por considerar que las elecciones eran inseparables del fraude. Esa no era en verdad la razón de mayor peso. En la mentalidad de la mayoría de los militares del MBR-200 gravitaba todavía una representación insurreccional del 27 de febrero de 1989 y de los intentos golpistas de 1992. Quizá, como es frecuente en los imaginarios de la revolución “la gran tarde”, vendría cuando el sentido y las fuerzas que se habían manifestado en esas fechas, fusionados, dieran lugar al “sacudón” definitivo. Esa visión no resultaba incompatible con el lema con el que Chávez recorrió el país en su campaña abstencionista del año 95 :Por ahora por ninguno. ¡Constituyente ya!1 4 . Entre 1993y 1996 el MBR-200 se proyectó como un partido fuerte por su “potencial de amenaza o chantaje”, antes que por su

1 4 Blanco. Op. cit., p. 410.

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“potencial de coalición”, para emplear las diferenciaciones que hace el politólogo Giovanni Sartori1 5 . El “por ahora” de la consigna dejaba abierta la posibilidad de acudir a las urnas en el futuro. En las elecciones de diciembre de 1995 uno de los resultados notorios fue el descenso del movimiento del presidente de la república, Convergencia Nacional, que se vio desplazado al quinto lugar. De esa manera la alternativa dentro de los marcos de lealtad al sistema se desvanecía. Con ello se preparaba la escena para el juego de alternativas más radicales. Mientras tanto tiene interés el seguimiento del itinerario de otra corriente política en la que actuaban dirigentes que habían estado con los oficiales rebeldes desde un período anterior a las tentativas golpistas de 1992. Se trata de La Causa R. Desde 1996 se desarrolló una discusión entre dos corrientes de la agrupación: la encabezada por Andrés Velásquez, figura legendaria de LCR,1 6 y Lucas Matheus, y la acaudillada por Pablo Medina, Aristóbulo Iztúriz y otros dirigentes. El nudo de la contradicción radicaría en concepciones distintas sobre la modalidad de organización que debería tener La Causa R. Según Andrés Velásquez, su idea y la de sus compañeros era la de conservar la condición de movimiento antes que de partido. Acusaban a los líderes de la corriente adversa de buscar una organización jerarquizada y centralizada. Además de las cuestiones organizativas, las diferencias se proyectaban sobre un espectro amplio de cuestiones políticas (tratamiento al problema de la deuda externa, actitud ante el FMI, etc.). El momento de ruptura se suscitó alrededor de las declaraciones de Andrés

1 5 Giovanni Sartori. Parties and Party Systems: A framework to analvsis. Cambridge, 1976, Vol. I. p. IX. 1 6 Pablo Medina se refiere en los siguientes términos a Andrés Velásquez: “ Y fue así, independientemente del enorme peso que tenía Andrés después de haber sido líder del N uevo Sindicalism o, Concejal, Diputado, Gobernador y tres veces candidato a la Presidencia de la República. ¡Imagínense ustedes!, Andrés era, para nosotros, mucho más que un candidato. Era un sím bolo de los trabajadores, del pueblo trabajador v en ezolan o, era parte fundamental del p roy ecto p o lítico , y de alguna manera él encamaba, personificaba, a La Causa R. C on el transcurso de los años Andrés logró expresar un sueño colectivo, que había que materializar” . Medina. Op. cit., p. 60.

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Velásquez al diario El Universal, de Caracas, en las que planteó lo que Pablo M edina llama “el eufemismo de la división civilizada”1 7 . La respuesta de Aristóbulo Istúriz y el equipo de Caracas a la invitación hecha a una serie de dirigentes de abandonar La Causa R - “Nosotros no seguimos a hombres sino a ideas”representó un primer paso en la constitución de una nueva corriente política, que se proclamó como tal el 28 de julio en una asamblea de 500 delegados. El 27 de octubre del mismo año, en una reunión de la dirección nacional, se acordó bautizar al desprendimiento de La Causa R con el nombre de Patria Para Todos (PPT). Igualmente se convino en iniciar un proceso de consulta entre las bases del PPT con miras al lanzamiento de una candidatura propia para las elecciones presidenciales de 19981 8 . En un análisis sobre las transformaciones políticas acaecidas en Venezuela en 1998 se señalan tres ejes que configurarían la personalidad ideológica del PPT. El primero, el nacionalismo, “era entendido como la defensa de la soberanía en un mundo crecientemente globalizado”; el postulado se asocia también a la defensa de los recursos naturales, a una posición matizada contra la privatización de las industrias básicas, a la denuncia de las consecuencias de la deuda externa. El segundo está representado por la reinvindicación de las condiciones sociales de las masas populares frente a las políticas neoliberales. El tercer eje lo constituye una concepción de la democracia que quiere ir más allá de la democracia representativa y que incorpora como campos del ejercicio democrático las esferas de lo social, lo económico y lo político19. Las anteriores líneas ideológicas configuran un campo amplio de coincidencias con el movimiento chavista.

1 7 M edina. Op. cit.s p.59. 1 8 Ibid., p. 67. 1 9 Margarita L ó p e z M aya y Luis Lander. Triunfos en tiempos de transición. Actores de vocación popular en las elecciones venezolanas de 1998. Manuscrito, enero de 1999, p. 15.

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En abril de 1996 el presidente Caldera presentó las líneas centrales de Agenda Venezuela, el nombre que se dio a la política económica que se llevaría a la práctica a partir del primer semestre de ese año. La agenda contemplaba dos etapas: la primera las medidas del ajuste, y la segunda la realización de reformas estructurales. El ajuste se pareció en lo fundamental, salvo en los aspectos cambiarios, al realizado en 1989. Las reformas estructurales solo se llevaron parcialmente a cabo20. Se volvió a la idea de la centralidad del petróleo en la economía venezolana. En este campo se estaría más atento a las señales del mercado que a los acuerdos de regulación de la oferta por parte de los países productores. El gobierno avanzó en la privatización de fases de la industria petrolera. Como en el caso del primer ajuste, en el segundo también se registró la recuperación (en los años de 1996 y 1997), medida por el comportamiento de importantes indicadores macroeconómicos. Sin embargo, el buen suceso de la economía no se reflejó en un mejoramiento de la situación de las mayorías de la población venezolana. Mirando la escena venezolana se llega a ima desoladora paradoja: en el actual estadio de la economía mundial la gente de bajos ingresos, y más aún aquella hundida en la pobreza atroz (para 1998 se consideraba que en tal situación se encontraba el 15% de la población venezolana), sufre en los países de la periferia tanto en situaciones de ascenso de la economía como en las de recesión. Cuando en 1998 se derrumbaron los precios del petróleo, el momentáneo respiro de la economía cedió el paso a una nueva crisis económica (ver Gráfico N° 1). En general, y a despecho de lo que promete la tecnocracia internacional, los resultados positivos de los ajustes reflejados en el buen comportamiento de los indicadores macroeconómicos se muestran muy volátiles. Hoy entran recursos frescos, se hacen inversiones, y al año siguiente se registra fuga masiva de capitales y severos condicionamientos de los inversionistas extranjeros. Ello seguramente señala que los

20 P a lm a y B ly d e . O p . c it., p . 2 0 -2 1 .

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problemas de un auténtico y sostenido desarrollo hay que buscarlos en reformas más profundas, globales e integrales que aquellas que entran en los paquetes del FMI. Gráfico 1 Precio del petróleo venezolano, 1978-2000

A lo largo de 1997 se fue desplegando un panorama electoral variopinto. La preposición ex parece importante, solamente que apunta a situaciones de origen muy disímil: la ex Miss Universo Irene Sáez, el ex gobernador de Carabobo y ex copeyano Henrique Salas Römer, el ex candidato presidencial y a partir de octubre de 1997 ex dirigente de AD, Claudio Fermín, y el ex golpista y ex teniente coronel Hugo Chávez Frías. En las campañas electorales colombianas es más frecuente encontrarse con el término “hijo de”: hijo de Laureano, hijo de López, hijo de Lleras, hija de Rojas, hijo de Pastrana.

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Los candidatos y la candidata, ufanos, mostraban credenciales que los acreditaban como independientes y apartidistas: Irene quería hablar poco pero la música que solía ofrecer a su auditorio era la de las obras adelantadas en la alcaldía del municipio capitalino de Chacao. Por supuesto, habría resultado de mal gusto que alguien le hubiese recordado que a ese cargo había llegado gracias al apoyo de AD y de Copei. Con los programas para el país, que es el radio de acción de un presidente o presidenta, Irene tenía menos suerte con los medios de comunicación. En el pasado el trabajo con el sector financiero aportó el atractivo empresarial2 1 tan necesario a una candidata que aspiraba a desarrollar programas de corte neoliberal. A su movimiento Irene le dio su nombre, y evadió así la que ya se había tomado palabra de mal agüero: partido, o alguno de sus sinónimos. Sin embargo, tempranamente, en junio de 1996 la directiva del Copei había dado señales de querer apoyar la candidatura de Irene. Ella lanzó discretos guiños a los copeyanos, pero se cuidó de dar un sí prematuro. A diferencia de la ex reina, Henrique Salas Römer no era una figura que a fuerza de aparecer en la pantalla chica se hubiese grabado en la retina de las venezolanas y los venezolanos. No obstante, contaba en su haber con títulos valorizables en la coyuntura y que era preciso hacer conocer del público. Había sido un gobernador eficiente en el Estado de Carabobo. Además, había llegado a tal cargo no de cualquier manera, sino mediante la derrota del poderoso clan adeco de los Celli, familia que parecía haber recibido por escritura el control político de aquel Estado. Salas Römer gozaba de excelente imagen en medios empresariales. Particularmente eran estrechos sus lazos con el grupo Mendoza22. De manera explícita había rechazado la posibilidad de recibir apoyo de las cúpulas de AD y Copei. Su programa como su

2 1 R og er Santodom ingo. La conspiración del 98. Un pacto secreto para llevar a Hugo Chávez al poder. A lfadil Ediciones. Caracas, 1999, p. 27. 22 Ibid., p. 46.

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movimiento se presentaban bajo la denominación futurista de Proyecto Venezuela. En una esquina reclamaba la atención Claudio Fermín, a quien difícilmente el público estaría en condiciones de disociar de su condición de dirigente de AD, aún después de su renuncia. En 1993 había aceptado con valor ser el candidato de su partido en un momento en que éste atravesaba por una crisis muy severa, luego de la destitución del presidente Pérez. Con decoro cumplió la tarea. Entonces el candidato supo lo que es rezarle a Dios en tierra de infieles. En la nueva campaña electoral Claudio Fermín vistió también la camiseta de los independientes. Chávez era el único candidato que no necesitaba hacer ostentación de su independencia. En efecto, la impronta confrontacional no solo es el rasgo dominante de su estilo sino que había sido el signo de su insurgencia en el panorama político. En lo inmediato Chávez procedía de la abstención. A comienzos de 1997 se arraigó en la mayoría de los bolivarianos la convicción de que era necesario cambiar de línea. La significación de persistir en el abstencionismo aparecía clara: era el camino de la ilegalidad. El Comandante lo expresará el 24 de septiembre de 1997 en estos términos: “Seguir en la línea abstencionista para el 98, sin ninguna otra posibilidad en lo inmediato, a corto plazo, nos llevaba a irrumpir o a amenazar el sistema imperante. En esa dirección, evaluamos el resultado de ir por esa línea abstencionista hacia el 98, el 2000, etc., y llegamos a la conclusión de que podía ser catastrófico. Es decir, visualizamos que nuestro movimiento podía irse alejando del campo de batalla, cercado, reducido, radicalizado, y terminar siendo como otros proyectos -sin nombrar ninguno- que terminan siendo pequeños grupos sin ninguna capacidad para influir en el escenario real del país”23. En esas condiciones, ante una asamblea extraordinaria que tuvo lugar en Valencia el 19 de abril de 1997, la dirección del movimiento presentó la propuesta de participación electoral.

23 Blanco. Op. cit., p. 410.

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Chávez presentará después la fórmula propuesta por la dirección en términos que no entendemos pero que suenan divertidos:"... la tesis que llevamos como dirección nacional, se puede resumir en una frase que es una ecuación: ofensiva táctica masiva enlazada con otro componente de la ecuación, aceleración estratégica, igual a desencadenamiento histórico”24. Afortunadamente la propaganda del movimiento no se formuló en esos galimatías físico-castrenses. En la misma reunión se acordó el lanzamiento de la candidatura presidencial de Hugo Chávez y la ronda de consultas para la posible promoción de candidatos al poder ejecutivo regional (alcaldes, gobernadores) y al poder legislativo en el Congreso y en las Asambleas Legislativas de los Estados. Como base del “Programa para un gobierno de transición” sirvió la Agenda Bolivariana que venía presentándose a la opinión desde 1995. El proyecto incorpora los planos económico, social y político, y se concibió en concordancia con la consigna de convocación de la Constituyente. Hemos visto cómo la Constitución, bien fuera su reforma o la elaboración de una nueva, se había convertido en símbolo de una renovación del país. Alentada por sectores de la sociedad civil, la idea pasó luego a los partidos y de allí al Congreso. Fue bandera ondeante en la campaña electoral de Caldera, aunque durante su mandato la reforma de la Constitución se aplazó para convertirse, en definitiva, en una promesa incumplida. Después de ese recorrido la reforma constitucional cristalizó también en clamoroso testimonio de la falta de voluntad del establecimiento político o de su incapacidad para convertir en realidad las aspiraciones que animaban a sectores mayoritarios de la sociedad. Esos mismos medios sociales terminaron aceptando que la única fuerza política realmente interesada en los cambios era el movimiento encabezado por los ex militares rebeldes. Por su parte, desde el comienzo los bolivarianos habían hecho de la Constituyente y de una nueva Constitución su más alto lugar común. De esta forma las corrientes

24 Ibid., p. 410.

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tradicionales habían aportado su propia y sistemática contribución al éxito de la campaña chavista. El 23 de septiembre de 1997 el Consejo Supremo Electoral (CSE) aprobó la solicitud de reserva del nombre Movimiento V República (MVR), que había sido introducida por el MBR-200 dos meses antes. El movimiento se dotó de una estructura electoral reconocida jurídicamente, pero simultáneamente se mantuvo al MBR-200, al menos al comienzo, como la vértebra del MVR. De manera un tanto abigarrada se desplegaron una serie de círculos por todo el país: círculos bolivarianos, círculos electorales, círculos constituyentes. La adopción de un nuevo nombre y la inscripción en el CSE no pueden interpretarse como actos puramente formales. Hubo algo más profundo: la aceptación de las reglas del juego electoral como camino de ascenso al poder. Esa decisión no es consecuencia únicamente de la buena voluntad de los bolivarianos, ni puede tomarse como una súbita conversión de los ex golpistas, al estilo de la de Pablo de Tarso en el camino de Damasco. Es el resultado de las interacciones en las que entraron los militares rebeldes desde los mismos días de los intentos de golpe de Estado. En ello también contaron los comportamientos negativos, como fue la renuencia de la población civil a secundar a los militares en la rebelión. Los partidos políticos garantes del Pacto de Punto Fijo caerán con estrépito, pero el espacio democrático que ellos mismos y el movimiento popular del 23-de enero de 1958 habían abierto pervivirá. Y será en ese espacio donde tendrán que moverse las corrientes que promueven el cambio. Diluida la alternativa de Convergencia Nacional para 1997, estaban desplegadas en la mesa las cartas de las diversas variantes alternativas independientes. Desde Claudio Fermín, pasando por Irene y Salas Römer, hasta el independentismo radical de Chávez Frías. Con variantes de tono los tres primeros candidatos suscribían las fórmulas neoliberales. Con estridencia, el cuarto manifestaba su rechazo a tales políticas. En el panorama electoral no asomaban aún los dos partidos, AD y Copei; tras bambalinas,

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sus dirigentes miraban con ansiedad el desarrollo de la acción que tenía lugar en el escenario. No atinaban a encontrar la manera de salir a escena. Así llegó el final de 1997 sin que se registraran novedades diferentes de las ya señaladas. La situación aparecía relativamente abierta para las distintas corrientes políticas. No se advertía polarización alguna. Irene subía en la voluntad de voto de los venezolanos; así lo registraban las encuestas, sin que ello quitara el sueño a las direcciones de los partidos mayoritarios. Al fin y al cabo, se trataba de una alternativa moderada, predecible, mensurable. Con Irene se podía negociar. La candidata le insuflaba aire a su experiencia al frente de la próspera alcaldía del atípico municipio capitalino de Chacao, hasta convertirla en un modelo de su futura administración del país. Ella veía a los venezolanos bajo el amable aspecto de “sus vecinos” antes que como ciudadanos, una condición social a la vez elusiva y problemática. En una situación de crisis la candidatura de Irene tenía los visos de un espejismo como aquel de los versos de Rubén Darío: La princesa persigne por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión. Espejismo que cautivaba no solamente a la bella alcaldesa de Chacao sino a sectores grandes de la opinión, que por momentos querían olvidarse de las duras dentelladas de la crisis. Pero veamos algunos datos de las encuestas que reproduce el analista político Sanoja Hernández25. En abril de 1997, por encima de los cinco puntos aparecen los siguientes nombres: Irene, 36%; Fermín, 14%; Eduardo Fernández, 9%; Salas Römer, 8%. En junio Salas Römer aparece en el segundo lugar y Fermín baja al tercero, y en el cuarto Chávez reemplaza a Eduardo Fernández. El mensaje de los sondeos era claro: subían los candidatos cuyos nombres no se identificaban con los partidos y descendían aquellos que se presentaban como aspirantes desde las filas de los partidos. En una reunión de la dirección del Copei celebrada a comienzos

25 Jesús Sanoja Hernández. Historia electoral de Venezuela, 1810-1998. Caracas: Los Libros de El Nacional, Editorial CEC, 1998, p. 217 y siguientes.

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de junio de 1997 se puso sobre la mesa la candidatura de la ex Miss Universo para ser apoyada por el partido. Los veteranos dirigentes, el ex presidente Luis Herrera Campins y Donald Ramírez, habían mostrado su favorabilidad por Irene de buen tiempo atrás, para contrariedad de quienes, incapaces de leer el signo antipartido de los tiempos, aspiraban a la candidatura oficial del Copei, tales como Eduardo Fernández y Calderón Berti. Los promedios ponderados de tres encuestas realizadas por la Compañía Venezolana de Investigaciones (CVI) entre fines de julio y el 17 de agosto daban cuenta de la siguiente puntuación: Irene, 25%; Salas Römer, 6.7%; Fermín, 6.4%; Chávez, 6%. Otros cinco nombres de precandidatos de distintos partidos quedaron por debajo del 1%. En tales condiciones Fermín debió pensar que si la veleidosa fortuna sonreía a quienes corrían en la pista de la “antipolítica”, lo mejor era soltar las amarras y salir a mar abierto sin la tutela agobiante de Alfaro Ucero o la emulación burocrática de Lewis Pérez. El 20 de octubre de 1997, en un programa de televisión, Fermín anunció su renuncia de los cargos de dirección en AD y su retiro del partido. Se guareció bajo el alero del Partido Renovación, donde esperaría el apoyo del ex presidente Pérez y su corriente, bautizada como Apertura Democrática. A la postre tal respaldo no se produciría, por cuanto Fermín annó también reyerta con su antiguo mentor. A partir de entonces el proceso electoral perdería el encanto de paseo de fin de semana para tomar cada vez más el ritmo de azarosa travesía. Ya antes, en septiembre, se había lanzado como candidato independiente Henrique Salas Römer, quien venía realizando campaña hacía ya tiempo. Siguiendo las síntesis de las encuestas ofrecidas por Sanoja Hernández, el año de 1997 tocaba a su fin con cambios importantes. En sondeos realizados entre el 22 de septiembre y el 30 de noviembre aparecían los siguientes porcentajes: Irene, 18.3%; Fermín, 8.3%; Salas Römer, 7.8%; Chávez, 6.8%. Irene mantenía una ya flaqueante delantera. El expediente de romper con su partido había llevado a Fermín al segundo puesto. Chávez se mantenía en el último lugar de las cuatro principales opciones. Esto último no resultaba sorprendente
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si se tiene en cuenta que el chavismo como movimiento claramente electoral tenía pocos meses de vida. Así arribamos al año de 1998, “annus horribilis” para el bipartidismo venezolano, año de frustraciones para las alternativas no antagónicas al sistema y “año de gracia” para la alternativa radical. Veamos los hitos principales. En marzo Chávez alcanza a la hasta entonces solitaria puntera. “Quizá sea coincidencia, quizás no, pero la fecha coincide con la moda de hablar de Pacto Nacional”26. Es decir, el establecimiento, al punto, acusó el golpe. El presidente Caldera asumió también la conveniencia del Pacto. La idea era la de un Frente Antichávez. Al candidato o a su movimiento MVR se acercaron personalidades políticas y también corrientes organizadas. “Desde 1997, el MVR contó con cuadros civiles de dilatada experiencia política provenientes de la vieja izquierda venezolana: Luis Miquilena, José Rafael Núñez Tenorio, Ornar Mezza Ramírez, entre otros”27. En la prisión de Yare se habían hecho muchos de los contactos y se habían adelantado conversaciones políticas con personas que aparecieron luego no solo en el MVR sino en responsabilidades en la dirección del Estado y en la administración pública bajo el gobierno de Chávez. Los anteriores y otros personajes de perfil similar desempeñaron un papel importante tanto en la organización del MVR como en el diseño de la política electoral y en el desarrollo de la campaña. Este concurso resultaba imprescindible para el Movimiento Bolivariano, que se había gestado y había vivido en un período largo en los cuarteles, como en una suerte de invernadero. El más destacado de ese equipo ha sido Luis Miquilena, quien sirvió de puente con sectores empresariales medios28 atraídos por la crítica de Chávez al desmonte de toda suerte de proteccionismo. Miquilena cumplió una función clave en la búsqueda de finanzas para la campaña y en la dirección política del movimiento como coordinador general
26 Santodomingo. Op. cit., p. 40. 27 L ópez y Lander. Op. cit., p. 14. 28 Santodomingo. Op. cit., p.45.

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del Comité Táctico Nacional (CNT). Núñez fungió como uno de los asesores políticos de Chávez; Mezza contribuyó a la preparación de toda la formalización jurídica del MVR y a la dirección de la campaña; William Lara, politòlogo, atendió los asuntos de organización. Los criterios del veterano periodista José Vicente Rangel orientaron la política de alianzas del chavismo, en particular en lo tocante al entendimiento con el MAS29. A comienzos de 1998 se produjo el acuerdo entre el movimiento Patria Para Todos y el chavismo. El pacto constituyó la base del Polo Patriótico, al que luego entrarían otras corrientes políticas. Con el PPT ingresó al campo bolivariano una vertiente política con un novedoso recorrido en los movimientos sociales. En el movimiento sindical La Causa R, de la cual, como atrás se vio, se desprendió el PPT, había inspirado un nuevo sindicalismo enfrentado al hegemonizado por AD. El trabajo político en los barrios y en el movimiento estudiantil era otra zona de experiencias de la gente del PPT. Las masas que se mostraban dispuestas a votar por Chávez, aquellas que las encuestas reflejaban, de momento configuraban un fenómeno electoral inorgánico; por eso resultaba muy valioso el concurso de corrientes que como el PPT traían en sus alforjas experiencias organizativas duraderas. ¿Por qué Polo Patriótico? Uno de sus fundadores lo explica así: “...pues porque consideramos que la contradicción fundamental era entre los intereses del país y los factores internacionales que estrangulan la vida económica y política de Venezuela y del continente. Por eso el Polo se llama Patriótico. Porque resulta muy difícil resolver el problema de la pobreza y que la sociedad alcance alguna felicidad, sin resolver esa tremenda contradicción”30. Al promediar los porcentajes de cuatro encuestas realizadas por firmas diferentes entre abril y mayo de 199831 se advierte que

29 Blanco. Op. cit., p. 598-602.
30 Medina. Op. cit., p. 76. 3 1 Sanoja. Op. cit., p. 225.

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aunque los porcentajes para cada candidato son diferentes en cada una de las encuestas, el orden es el mismo en las cuatro. El promedio de los valores obtenido es el siguiente: Chávez, 27.6%; Irene, 21.1%; Salas Römer, 15%; Fermín, 7.3%. Al comparar estos resultados con los obtenidos en junio del año anterior se encuentra que los cuatro nombres fuertes de los sondeos son los mismos pero la colocación ha variado sustancialmente. El Comandante se ha ido a la punta y Salas ha incrementado de forma notoria su puntaje. Irene ha descendido a un desesperanzador segundo lugar, mientras que Fermín es ya alcanzado por el fuego del que parecía haberse salvado a finales de 1997. La fiebre que produjo la publicación de los resultados de las encuestas llevó a los dirigentes del bipartidismo al desvarío. Los “cogollos” comenzaron a dar manotazos. La mayoría en el Congreso aprobó en mayo la separación de las elecciones para los distintos niveles de los cuerpos colegiados y los gobernadores, de los comicios presidenciales. Estos se realizarían en la fecha regular, el 6 de diciembre, y las primeras se adelantarían para el 8 de noviembre. El presidente Caldera se manifestó partidario de tal separación. Las esperanzas se depositaron en el rendimiento de las maquinarias partidarias regionales y en el principio según el cual la mecánica de las dos vueltas tiende a favorecer a las fuerzas del establecimiento. Se jugó la carta de la polarización. Pese a todo, la maniobra no le salvaría la vida al sistema político. En mayo de 1998 se formalizó el apoyo de Copei a la candidatura de Irene Sáez. Este matrimonio no pareció ayudar a ninguno de los contrayentes. A tales alturas los otrora orgullosos partidos hegemónicos venezolanos reproducían con signo negativo la leyenda del rey Midas. Lo que tocaban no se convertía propiamente en oro. La candidatura de Irene perdió uno de sus atractivos más importantes: su carácter de alternativa independiente. Luis Herrera Campins se constituía más en un pesado fardo en el séquito electoral de Irene que en una catapulta de relanzamiento. Al menos así debieron sentirlo aquellos intelectuales y profesionales que se agrupaban en el grupo Factor Democrático, que pusieron su capacidad prepositiva al servicio
El elegido ■ 111

de la candidatura de Irene. Para ella, era de lamentar que estos interesantes e inteligentes aliados no fuesen simultáneamente “factor electoral”. En diversos pasajes del presente ensayo han aparecido los componentes ideológicos y programáticos del Movimiento Bolivariano, tales como el antineoliberalismo, traducido como oposición a la apertura petrolera y las privatizaciones, la convocación de la Constituyente para la elaboración de una nueva Constitución, la lucha contra la corrupción, el ajuste de cuentas con el sistema político, la superación del sindicalismo dirigido por los líderes obreros adecos. Sin embargo, cualquier campaña electoral se desenvuelve bajo signos muy específicos que logran desplazar o eliminar los planteamiento de mayor peso programático o ideológico. Con frecuencia cada uno de los candidatos dedica mayor esfuerzo a elaborar y difundir las respuestas sobre lo que de él dicen los adversarios que al momento propositivo de su discurso. A la par, en esta carrera por los sufragios los candidatos se ven obligados a idear y desplegar anticampañas. En el proceso que estamos analizando la más intensa anticampaña se enfiló contra el candidato del Polo Patriótico. Constantemente se aludía a su condición de ex golpista, a sus vínculos con el mundo castrense, de los cuales acaso podría valerse para desconocer los resultados de las urnas si no le favoreciesen. La organización de frentes constituyentes, incluido el militar, daba pábulo a tales versiones32. Alrededor de este punto se incubó cierta ambigüedad. Para las franjas más populares de los partidarios de Chávez el supuesto respaldo de sectores militares al hombre del 4 de febrero de 1992 se constituía en garantía de que el resultado no pudiera ser ahogado por el fraude o desconocido por el establecimiento derrotado. Chávez no se cuidó de despejar tal equívoco. Los calificativos de militarista, autoritario, bronco, se endilgaron con largueza al candidato bolivariano. El historiador y prestigioso periodista Manuel Caballero lo llamó fascista o

32 Santodomingo. Op. cit., p. 82.

112 a Medófilo Medina

profascista33. En el menú antichavista también contaron las expresiones mediante las cuales se ponía en duda la preparación del candidato para gobernar y su versación en los temas económicos. Más globalmente Chávez representaba la amenaza. Por fuera de los recursos que se estimaron como lícitos en el ataque no estuvieron incluso las alusiones racistas. Tal aspecto lo ridiculizaría Pedro León Zapata en una de sus caricaturas de noviembre: “No es por Rambo, es por zambo”34. A lo largo de la movilización electoral el Comandante mantuvo un estilo duro, confrontacional contra las “cúpulas podridas”, los “cogollos”, la “partidocracia”. Para la agitación en tal tono Chávez no tenía que violentarse, y esto se avenía bien a su talante personal e incluso a su concepción de la política. El 27 de septiembre de 1997, ya en campaña electoral, al contestar a una pregunta del profesor Blanco Muñoz sobre la relación entre reformismo y revolución, respondió: “Y estaba pensando en otro ejemplo: la dicotomía paz y guerra. Yo tampoco creo que sea dicotòmico. Para mí todo esto es una guerra. No tengo el uniforme de campaña, puesto de campaña, que no hace falta, no tengo el fusil aquí a la mano. Está en otra parte. Pero es una guerra”35. Es la misma noción que en otras palabras expresa Michel Foucault al recoger la tradición del discurso sobre la guerra como relación social permanente: “En otras palabras, detrás de la paz se debe saber descubrir la guerra; la guerra es la clave misma de la paz. Estamos entonces en guerra los unos contra los otros: un frente de batalla atraviesa toda la sociedad, continua y permanentemente, poniendo a cadauno de nosotros en un campo o en otro. No existe un sujeto neutral. Somos necesariamente el adversario de alguien”36.

33 Sanoja. Op. cit., p. 225. 34 L ópez y Lander. Op. cit., p. 34. 35 Blanco. Op. cit., p. 461. 36 M ichael F oucault Genealogía del racismo. De la guerra de las razas al racismo de Estado. Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1992, p. 59.

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En determinados momentos de la campaña, Chávez, que tiene la manía de pedir ayudas divinas en sus discursos y que suele citar la Biblia profusam ente, debió sentirse como Cristo, blandiendo el látigo justiciero para sacar a los mercaderes del templo. Esos imaginarios y los fuertes sentimientos de revancha social y política seguramente bullían en grandes franjas del electorado de las barriadas y de los cerros que habían protagonizado el “caracazo”. En 1997, cuando comenzó la campaña en serio, el desempleo cubría a 1.109.002 personas y el empleo informal componía el 48.6% de la fuerza de trabajo del país37. Es preciso entender que las anteriores formas de sentir se dan la mano con la mitificación de la extraordinaria riqueza del país, riqueza que, en esa visión, no llega a los estratos bajos por la maldad e incompetencia de los sectores dirigentes. Verdades a medias que alimentan actitudes de descontento y rebeldía. La irreverencia de Chávez lo llevó a expresiones no ciertamente felices que se han reproducido en los diversos comentarios o análisis sobre la campaña electoral de 1997-1998. Expresiones como aquella de barrer a AD de la faz de la tierra, o la de las cabezas fritas de adecos y copeyanos. Tales exabruptos servían a los adversarios del Polo Patriótico para la satanización del candidato. . No obstante, la irreverencia de Chávez durante la campaña tuvo notas más pintorescas. Trascribimos una de ellas porque creemos que ciertos lectores colombianos tendrán razones para disfrutarla. Se trata de una entrevista del Comandante con Gustavo Cisneros, del grupo Cisneros, una de las más poderosas corporaciones económicas de Venezuela. El periodista Roger Santodomingo describe así el suceso, que habría tenido lugar en el mes de agosto de 1998. “La reunión fue tensa. Cisneros, acostumbrado a encuentros amigables donde el tuteo rompía el hielo se topó con un Chávez altanero que lo llamaba por su apellido. Cisneros quedó

37 Dom ínguez. Op. cit., p. 49.

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sorprendido del discurso de Chávez y los temores lo embargaron cuando el candidato del MVR dijo que iba a descabezar completamente al tren directivo de Pdvsa (Petróleos de Venezuela). Gustavo Cisneros le preguntó sobre su posición con respecto a la industria de la televisión. Chávez respondió que sus prioridades serán la atención al canal 8 y a Radio Nacional de Venezuela. -¿Y qué significa eso, Comandante? -Usted sabe lo que significa eso, Cisneros”38. Si Copei, con el apoyo a la candidatura de Irene, había fijado su posición, AD la clarificó más tarde con el lanzamiento de Alfaro Ucero. En el pasado la hoja de vida de este veterano dirigente había registrado no pocos méritos en la lucha contra la dictadura militar y en la organización del partido en condiciones de peligrosa clandestinidad. Con el tiempo y el ejercicio del poder interno, Alfaro devino en el empedernido jerarca, avisado como ninguno para los consensos cupulares, astuto en la manufactura de celadas, impulsor y al tiempo manipulador de la maquinaria partidaria. A comienzos de 1996 Alfaro Ucero se había ocupado de la preparación de AD para la postulación de su propia candidatura. Carlos Andrés Pérez había sido excluido del partido. Se adelantó una purga de miles de militantes. Se reformaron los estatutos y el 17 de marzo se produjeron elecciones internas. Todo al parecer había quedado a punto. El 4 de junio de 1998 fue lanzada la candidatura de Alfaro Ucero en un gran acto electoral en el Parque Central de Caracas. Se habían desoído las voces que llamaban a la búsqueda de un candidato por fuera de las filas partidarias. Alfaro confiaba en el poder de la maquinaria y en el “orgullo adeco”. Mientras tanto, en procelosas aguas avanzaba con velas desplegadas la nave dé la campaña del Polo Patriótico. A mediados de año el MAS, en cuyas filas se expresaban preferencias por diferentes candidaturas, superó sus vacilaciones y decidió entrar

38 S a n to d o m in g o . O p. c it., p. 35.

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en alianza con el MVR. La operación resultó mutuamente provechosa. Para el chavismo, “asegurar la alianza con el MAS significaba muchas cosas: era un partido institucional, lo cual contrarrestaba la imagen desarrollada por sus enemigos; le permitía tener presencia en el poder legislativo, en el Congreso, y en las gobernaciones que controlaba el MAS, así como en el CNE”39. Además de los socios mayores (MVR, PPT y el MAS), al Polo Patriótico ingresaron en 1998 otras corrientes y partidos políticos: el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), el PCV, Gente Emergente, SI, PST, Acción Agropecuaria, Nuevo Régimen Democrático40. Creemos de importancia subrayar las alianzas que se anudaron en tomo a la candidatura de Chávez y que en su momento se proyectaron con una perspectiva estratégica. Suelen producirse dificultades extraordinarias, la mayoría de las veces insuperables, cuando se trata de establecer entendimientos políticos entre un movimiento de origen militar y corrientes civiles, más aún cuando han mediado hechos como en la coyuntura histórica que comentamos, habían sido los levantamientos militares del 4 de febrero y del 23 de noviembre de 1992. Los miembros del movimiento original suelen mirar como advenedizos a los recién llegados. Los primeros se sienten revestidos de una condición especial, con frecuencia de una superioridad ética, y como los portadores de los ideales genuinos. En Colombia, en otro nivel, la contradicción entre civiles nuevos y militares “históricos” ha llevado al fracaso en la constitución de formaciones políticas alrededor de la reinserción de organizaciones guerrilleras. En el caso venezolano se manifestarán contradicciones similares en una etapa posterior a la que ahora analizamos. Para finales de 1998 las encuestas daban cuenta del ascenso de Salas Römer al segundo lugar de las preferencias electorales y de la continuación de la caída de Irene. Estaban

39 Domínguez. Op. cit., p. 68. '1 0 Medina. Op. cit., p. 76-77.

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sentadas las bases para la polarización Salas-Chávez, que solo se asumiría como tal en la recta final de la campaña por la Presidencia. En los primeros lugares de las encuestas habían quedado dos alternativas independientes: la moderada y la radical. Para las elecciones del 8 de noviembre el MVR, el MAS y el PPT hicieron un acuerdo que permitió llevar a la elección candidatos comunes. Aparte de la eficacia electoral del mencionado acuerdo para la conservación de los cargos de los partidos preexistentes, resultaba importante como experiencia para los propios miembros del Polo Patriótico y como imagen de unidad frente a la opinión pública. El 8 de noviembre tuvieron lugar las elecciones. En estas,ocho gobernaciones quedaron bajo la autoridad de mandatarios seccionales pertenecientes al Polo Patriótico. El padre de Hugo Chávez, Hugo de los Reyes Chávez, resultó elegido por el MVR en Barinas, el Estado de origen del Comandante. El Polo Patriótico obtuvo muy alta votación en Aragua con Didalco Bolívar (67,59%), en Zulia con Francisco Árias Cárdenas (54,42%) y en Lara con Orlando Fernández (53,53%). El total de votos obtenido por los gobernadores del Polo Patriótico fue de 1.096.000, al paso que la votación por los gobernadores elegidos por AD llegó a 564.391 sufragios41. El Polo Patriótico y AD obtuvieron el mismo número de gobernadores: ocho. En las anteriores elecciones los gobernadores de AD había sumado once. De acuerdo con la Tabla No. 2, al Polo Patriótico correspondieron 1.750.985 votos; AD, segunda fuerza en votación, apareció a notable distancia, con 1.246.567; luego, ya lejos, quedó la votación similar del Copei y de Proyecto Venezuela de Salas Rómer. Ni Irene ni Fermín fueron registrados en la tabla porque cada uno apenas supero los 60.000 votos. Entre el PPT, perteneciente al Polo Patriótico, y La Causa R, de la cual, como arriba lo anotamos, el primero se había desprendido, la ventaja en votos fue para el PPT. Era la primera vez que las dos organizaciones tenían ocasión de medir fuerzas en las urnas.

41 L ó p e z y L a n d e r. O p . c it., p . 26.

E l elegido ■ 117

Tabla 2 Conformación parlamentaria, período 1999-2004 Número de votos y cargos por agrupación política

Partido
P olo Patriótico -M V R -M A S - PPT - Otros AD C opei Proyecto Venezuela La Causa R Convergencia Apertura Otros ,

Senadores
Votos
1'750.985 1'008.693 465.977 171.469 104.846 1,246.567 620.642 518.976 151.960 119.951 123.948 • 488.954

Diputados
Votos
1'723.352 986.131 440.665 171.091 125.465 1.195.751 593.882 518.235 147.806 122.242 76.991 486.212

Cargos
18 12 5 1 0 20 7 3 1 2 1 1

Nominales Por li
37 25 8 4 0 33 10 6 0 2 0 0 38 21 10 3 4 29 17 14 6 3 3 9

Fuente: Tabla compuesta con base en datos del artículo de López y Lander12.

En la votación del Distrito Federal la victoria del Polo Patriótico fue contundente: le correspondieron dos senadores y nueve diputados, mientras una alianza de AD, Copei e Irene no alcanzó a elegir senadores y obtuvo solo dos diputados. Proyecto Venezuela sacó cuatro diputados43. Tomados los partidos individualmente, AD obtuvo la fracción mayoritaria en el Congreso por el número de senadores y representantes. Sin embargo, para las elecciones presidenciales AD, como partido, no podía cantar victoria. Para eso contarían el número absoluto de votos y las alianzas. Algunos dirigentes políticos leyeron los resultados electorales del 8 de noviembre con más realismo. Chávez no podría

',2 L ópez y Lander. Op. cit., p. 27-28. 43 L ópez y Lander. Op. cit., p. 26.

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convocar a la Constituyente, pieza central de su proyecto, con un Congreso de mayorías adversas que serían el palo entre las ruedas en el carro del vencedor. En los días siguientes a las elecciones -y para esta etapa las cuentas tenían que hacerse por días, dada la proximidad de los comicios para presidente- los dirigentes de AD se entregaron a un optimismo que no se entendía si era real o simulado. Interpretaban las cifras del 8 de noviembre de manera unilateral e ilusoriamente las proyectaban al 6 de diciembre. Se informaba al público sobre resultados de encuestas contratadas por el partido según los cuales subía la candidatura de Alfaro Ucero, la de Chávez detenía su carrera y la de Salas Römer retrocedía44. En las regiones de estaciones pronunciadas, a comienzos del otoño suele darse un fenómeno climático consistente en un ligero recalentamiento del clima que produce la impresión de una prolongación del verano. El “veranito de San Martín” le llaman en unos países, en otros el “verano de las viejecitas”. AD tuvo su propio veranito antes de que se le vinieran encima las brumas del invierno sin que mediaran los dorados matices del otoño. Entonces ese partido consideró necesaria la conformación de un “polo democrático” para oponerlo al Polo Patriótico, pero estimó también que podía convocarse tal encuentro alrededor de Alfaro. Entretanto, Salas Römer continuaba inalterable en su propósito de mantener una candidatura independiente, pero... otra vez las encuestas! La suerte se le mostraba esquiva. Pidió, ya con cierto patetismo, que las direcciones del Copei y AD permitieran a sus militantes votar de manera independiente. ¡Sancta simplicitas! Viendo el creciente desgano del Copei por su candidatura, Irene liberó en la práctica a sus aliados de votar por ella. Entonces se precipitó el último acto del drama o la comedia, como a bien tenga el lector calificar tales movimientos, protagonizado por los partidos del establecimiento. La secuencia de los episodios de la última década del mes de noviembre de

44 S a n to d o m in g o . O p . c it., p . 101.

1998 se encuentra en cualquiera de los diversos trabajos que se han ocupado de las campañas electorales de ese año. El 23 los gobernadores electos de AD se reunieron con el candidato para expresarle sus aprensiones en materia electoral. Alfaro no quiso oír hablar de renuncia a la candidatura. El 24, estos mismos gobernadores pidieron a la Comisión Nacional de Estrategia (CNE) reconsiderar la candidatura de Alfaro. Tal solicitud fue rechazada. El 25, en reunión del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y los gobernadores, por aplastante mayoría, le pidieron al candidato la renuncia. Ante la negativa de éste a renunciar, el CEN convocó a una reunión del Comité Directivo Nacional (CDN), la cual tuvo lugar el 27. En ella se decidió revocar la candidatura de Alfaro. De 300 delegados a la reunión solo cinco salvaron su voto. De esta manera lastimosa salió Alfaro del partido del cual había sido la figura más poderosa durante largos años. En cuestión de días saldría de la vida política, y ciertamente no del modo mejor. Pero el final político de Alfaro reflejaba las tribulaciones que esperaban a su partido en los próximos días. El 28 de noviembre el CEN ordenó a los miembros de AD sufragar por Salas Römer. De forma más expedita la dirección del Copei, en reunión del 30 de noviembre, acordó la cancelación del apoyo del partido a la candidatura de Irene. En este caso la decisión resultó más bochornosa para quienes la tomaron que para la candidata. En la calle se vieron los aspectos impresionistas de las decisiones: un anciano defenestrado y una dama desairada. Pero se advirtió algo de mayores consecuencias: el establecimiento se había unido en tomo de Salas Römer y contra Chávez. De la noche a la mañana el hombre del Proyecto Venezuela liquidó ,lo que había sido el sentido fundamental de su campaña: su independencia frente a los partidos. Aunque no mediaron compromisos explícitos, para muchos de sus posibles electores resultaba difícil soslayar el proverbio que suele aplicarse en tales situaciones: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Quizá con algo de ironía podría pensarse que con su retórica independentista el “candidato de la esperanza” había trabajado para el Comandante. A lo largo de la campaña electoral se habían puesto en lugar visible las diversas

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alternativas al sistema. Cada una de ellas tuvo su cuarto de hora. Al final, como proyecto independiente solamente pervivió el del Polo Patriótico. Sobre esa base se configuraron dos campos: la candidatura del anden régime y la candidatura antisistema. Tabla 3 Elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998
Candidato HugoChávez SalasRomer Irene Sáez Alfaro Ucero Otros
Fuente: Base de Datos de las Américas.

Votos 3.673.685 2.613.161 184.568 27.586 38.504

% de la votación 56,20 39,97 2,82 0,42 0,58

La polarización de la votación fue el fenómeno más notorio. Chávez y Salas Rdmer concentraron en conjunto el 96.17% de los votos. El único matiz fue el de Irene Sáez, cuya votación se acercó al 3%. Había conservado una franja de fieles cuyos sufragios seguramente expresaron la intención de resarcir cariñosamente a la ex Miss Universo del desplante copeyano. Con respecto a la obtenida por el Polo Patriótico en noviembre (Senado), el Comandante vio incrementada su votación en la impresionante cifra de 1.922.700 votos. No quisiéramos extendemos en comentarios sobre los resultados de las elecciones del 6 de diciembre de 1998. En la narrativa que hasta ahora hemos desarrollado se encuentran los elementos interpretativos de conjunto a la luz de los cuales entendemos los acontecimientos particulares. Baste decir que con el triunfo de Chávez se sentaron las bases para la superación de

E l elegido ■ 121

una larga crisis política que se había iniciado en los años ochenta. La salida militar a la crisis se frustró en dos ocasiones de manera visible y quizá en otras de manera invisible. De los intentos de golpe militar salió el líder carismàtico, pero este tuvo que entrar en las reglas del juego electoral para obtener una victoria civil. En la interacción de diversas fuerzas políticas y sociales se preservó la salida de las urnas como manera de resolver las contradicciones de una sociedad. Bordeando abismos, Venezuela había logrado culminar el siglo XX en democracia pero asumiendo al tiempo el compromiso de cambios políticos radicales. Es posible que una idea de Norbert Elias exprese lo que quisiéramos resaltar del proceso que ahora analizamos: “Son cada vez más los grupos y, por tanto, los individuos cuya seguridad y satisfacción de necesidades dependen de otros, a menudo sin que los mismos interesados comprendan este fenómeno. Es como si miles de personas, primero, luego millones y finalmente más y más millones andaran (sic) por este mundo con los pies y manos atados a los demás por ataduras invisibles. Nadie guía ese andar. Nadie queda fuera de él. Algunos quieren ir hacia allí, otros hacia allá. Caen unos sobre otros, y vencedores y vencidos siguen encadenados entre sí. Nadie puede dirigir los movimientos del todo; esto solo sería posible si una gran parte de ellos fueran capaces de comprender, como si lo contemplaran desde fuera, el gran cuadro global que forman todos juntos”45.

43 N o r b e r t E lia s . C om prom iso y 'd is ta n c ia m ie n to . E nsayos de sociología del conocimiento. E diciones Península, Barcelona, 1983, p. 20.

122 ■ M edófilo M edina

Constituyente y Constitución

El 2 de febrero de 1999 la palabra más reiterada por Hugo Chávez en la primera parte del discurso de posesión como presidente de Venezuela fue crisis. En combinaciones diversas. Crisis moral, crisis económica, crisis política, crisis social. En resumen, un panorama de catástrofe que sin embargo, en una alegoría de sentido típicamente cristiano, dejaba ver en lontananza la imagen luminosa del resucitado. Algunas exclamaciones del presidente en su discurso debieron parecerles sugestiones de difícil aceptación a muchos venezolanos partidarios de Chávez sumergidos en la miseria: “un momento grande”, “momento estelar” el que estamos viviendo, “momento esplendoroso”. Los adversarios debieron pensar más bien que se vivía una jomada de tormentoso eclipse. Un salto al vacío. Al lado de las evocaciones de nombres grandes -Bolívar, Miranda, Martí, Neruda-, alternadas con interpelaciones coloquiales a algunos de los jefes de Estado presentes, Chávez lanzó anuncios de ambiciosos planes de reconstrucción económica y de desarrollo estratégico. A lo largo de la década de los 90 diversos sectores de la sociedad venezolana plantearon con agudeza la necesidad de convocar una Asamblea Nacional Constituyente que reformara la Constitución de 1961. Sin embargo, fue solo con el ascenso de Hugo Chávez a la presidencia que se llevó a cabo tal iniciativa. Ya en 1992, como arriba expusimos, poco tiempo después del intento de golpe militar encabezado por Chávez contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, el Grupo de Estudios Constitucionales propuso la realización de una asamblea que introdujera cambios

en la Constitución, y más adelante un Consejo Consultivo designado por el propio presidente Pérez sugirió su convocación a raíz del golpe, y ella se incluyó en el proyecto de reforma general de la Constitución que adelantó Rafael Caldera en el Congreso. Pero la citación a la Asamblea Nacional Constituyente se postergó una y otra vez. Al ser electo Presidente en diciembre de 1998, Hugo Chávez se comprometió con la convocación de la asamblea que, por lo demás, había sido el tema central de su campaña electoral. Pero aunque existía acuerdo entre distintos actores sociales sobre la necesidad de reunir ese organismo, no eran claros los mecanismos para convenir su convocatoria. En la Constitución del 61 no existía una figura que permitiera hacerlo y un sector consideraba que era necesario primero reformar la Constitución del 61 para incluir en ella un artículo que permitiera la citación, pues de lo contrario el acto sería inconstitucional. Ese era el punto de vista de Alian B rew er Carias, reconocido constitucionalista y profesor universitario venezolano. De otro lado estaba la propuesta de Chávez de convocar a un referéndum en el que el pueblo venezolano expresara su opinión a favor o en contra de una Asamblea Constituyente. Ante la falta de claridad sobre el mecanismo para reunir ese cuerpo, un grupo de personas pertenecientes a la Fundación para los Derechos Humanos (Fundahumanos) interpuso ante la Corte Suprema un recurso que solicitaba la interpretación del artículo 181 de la Ley Orgánica del Sufragio y la Participación Política (LOSPP) y del artículo 4 de la Constitución de 1961; concretamente pedían a la corte determinar “qué sentido debe atribuírseles a las referidas normas, en cuanto a la posibilidad real o no de llevar a cabo dicha convocatoria a una Asamblea Constituyente”. El recurso fue presentado el 16 de diciembre de 1998 y un mes más tarde, el 19 de enero de 1999, las sentencias de la Corte Suprema abrieron la posibilidad de realizar el referéndum consultivo para convocar la Asamblea Constituyente con el propósito de redactar una nueva Constitución. A partir de dichas sentencias, y mediante el decreto N° 3 del 2 de febrero de
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1999, el presidente Hugo Chávez oficializó “la realización de un referéndum para que el pueblo se pronuncie sobre la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, con la función de elaborar una nueva constitución”. El instrumento electoral del referéndum contenía dos preguntas, sobre las cuales debía pronunciarse el elector con un “sí” o un “no”. En la primera se indagaba directamente al elector si convocaba una Asamblea Constituyente; la segunda pregunta, según el decreto de convocatoria dictado por el presidente el 2 de febrero de 1999, pedía que el elector autorizara (sí/no) al Presidente para que fijara las bases del proceso comicial en el cual se elegirían los integrantes de la Asamblea. Esta última pregunta fue motivo de críticas y por decisión de la Corte Suprema de Justicia debió ser cambiada. El texto definitivo preguntaba al elector si estaba de acuerdo con las bases propuestas por el ejecutivo nacional para la Asamblea Nacional Constituyente. El texto completo de las bases comiciales para el referéndum convocante de la Asamblea Nacional Constituyente no estaba incluido en la taijeta de votación pero fue divulgado por los medios de comunicación. Los resultados del referéndum fueron favorables a la Asamblea, a pesar de la campaña adelantada por el movimiento del “No”. Una mayoría abrumadora de los votantes se manifestó en favor de convocar la Asamblea. La revolución política chavista había iniciado su itinerario. No obstante su persistente campaña, los dirigentes políticos del movimiento por el No obtuvieron el magro resultado del 8% para la primera pregunta y del 14% para la segunda. Tuvo mayor significación la abstención, que alcanzó el 63%. Aprobada la convocatoria del organismo, el paso siguiente fue la elección de los constituyentes. Las bases comiciales autorizadas por el referéndum prescribían que la Asamblea debería ser bicameral, estar integrada por 131 miembros y sesionar por 180 días (seis meses) a partir de su instalación. Como requisitos para ser representante se estipulaban ser venezolano de nacimiento y tener más de 21 años de edad. La postulación de los candidatos

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podía obedecer a la iniciativa propia o a la de los partidos políticos legalmente constituidos o de cualquiera de los sectores de la sociedad civil. Las bases determinaban además que no podían ser representantes a la Asamblea el presidente de la república, los ministros, los presidentes y directores de los institutos autónomos, los gobernadores y secretarios de gobierno de los Estados y el Distrito Federal, los senadores y diputados del Congreso de la República, los diputados de las asambleas legislativas de los Estados, los alcaldes y concejales, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de la Judicatura, los demás jueces de la república, el fiscal general, el contralor general, el procurador general, los militares activos y los miembros del Consejo Nacional Electoral. El 25 de julio de 1999 fueron elegidos los miembros de la Asamblea. 24 constituyentes fueron escogidos por circunscripción nacional, 104 por las circunscripciones regionales según la división político-territorial del país y tres en representación de las comunidades indígenas. De los 131 constituyentes, únicamente seis no hacían parte de las listas electorales propuestas por el gobierno; por lo tanto, el organismo fue dominado por 125 constituyentes con respaldo del Presidente y la coalición de gobierno (Movimiento Quinta República, Movimiento al Socialismo, Partido Patria Para Todos y Partido Comunista). El 3 de agosto de 1999 se instaló la Asamblea y cinco días después tuvo su primera sesión plenaria, en la cual, de acuerdo con las exigencias de la base comicial octava del referéndum, se debatió acerca de su estatuto de funcionamiento. En cuanto a la naturaleza y misión de la Asamblea, se determinó que era “depositaría de la voluntad popular y expresión de su soberanía”; por lo tanto, todos los organismos del poder público quedaron subordinados a ella, y la Constitución de 1961 y el resto del ordenamiento jurídico tuvieron vigencia en tanto que no fueran contradictorios con las decisiones de la Asamblea. Como límites de la Constituyente las bases comiciales contemplaban “los valores y principios de nuestra historia republicana, así como el cumplimiento de tratados internacionales, acuerdos y compromisos
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válidamente suscritos por la República, el carácter progresivo de los derechos fundamentales del hombre y las garantías democráticas dentro del más absoluto respeto de los compromisos asumidos”. La Asamblea funcionó en 21 comisiones permanentes y cada representante hizo parte de una de ellas. Sus deliberaciones se desarrollaron en cuatro etapas. En la primera, del 8 de agosto al 2 de septiembre de 1999, se reorganizaron los poderes públicos constituidos; en la segunda, del 2 de septiembre al 18 de octubre, las Comisiones Permanentes y la Comisión Constitucional trabajaron en la elaboración del proyecto de Constitución; del 21 de octubre al 14 de noviembre se desarrolló la tercera etapa, en la cual se discutió la aprobación del proyecto de Constitución; y en la cuarta, del 15 de noviembre al 15 de diciembre, el trabajo consistió en la difusión del texto del proyecto para el referéndum aprobatorio.

Una nueva Constitución
El 15 de diciembre de 1999 la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela fue aprobada por 3.301.475 votos, que corresponden al 71,78% de un total de 4.819.786 votantes. El nivel de abstención fue del 55,62%. Con este acontecimiento, el presidente Hugo Chávez abrió las puertas al proceso de “revolución pacífica” que pretende dirigir hasta el año 2012. “El parto ha ocurrido”, comentó Chávez refiriéndose a la aprobación de la nueva Carta, que marcó el fin de la vigente desde 1961 y que había sido calificada por Chávez como “moribunda” en el acto de juramento como presidente de la república, el 2 de febrero de 1999. El texto de 350 artículos, un preámbulo y 18 disposiciones transitorias selló la disolución inmediata del Congreso y convocó a megaelecciones para la relegitimación de poderes, pasando por el propio Presidente, el Congreso, los gobernadores y los alcaldes. La prensa nacional e internacional registró la aprobación de la nueva Constitución como un “nuevo triunfo” para Chávez.

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El diario colombiano El Tiempo señaló: “Chávez, ex militar golpista, a sus 45 años viene de triunfo en triunfo desde que logró la presidencia el 6 de diciembre de 1998: el 25 de abril logró la aprobación de la convocatoria de la Asamblea Constituyente; el 25 de julio impuso el 96% de 131 puestos a la Asamblea para redactar la nueva constitución; y ahora una abrumadora mayoría le ha aprobado su proyecto revolucionario”. El Clarín, de Argentina, registró así mismo: “Ayer se realizaron los terceros comicios en lo que va del año, pero es la quinta elección popular desde noviembre de 1998. Jamás los venezolanos habían acudido cinco veces a las urnas en tan poco tiempo y tan divididos y enfrentados para decidir su futuro con un gobierno que tiene menos de un año en el poder. Desde que asumió la presidencia el 2 de febrero, Chávez logró barrer con los partidos tradicionales, Acción Democrática y Copei, a cuyas cúpulas acusó de “corruptas y podridas”, e impulsar el proceso constituyente que ayer culminó con la nueva Carta Magna, la cual cambia las estructuras políticas y jurídicas del país”.

Las novedades de la Constitución de 1999
En primer lugar, por la nueva Carta, Venezuela se declaró República Bolivariana y fundamentó su patrimonio moral y sus valores de libertad, justicia y paz en la doctrina del Libertador Simón Bolívar (art. 1). Este artículo fue objeto de encendidas controversias, pues unos consideraron que el término introducía un componente de tinte ideológico nacionalista, otros alegaron los costos de papelería que la nueva designación del país acarrearía, y los terceros lo calificaron como “un antojito revolucionario” para complacer a Chávez. Según la nueva Constitución, “los integrantes de la Fuerza Armada Nacional en situación de actividad tienen derecho al sufragio de conformidad con la ley”. La institución armada mantiene sin embargo su carácter apolítico y no deliberante. El derecho al voto por parte de los miembros de la Fuerza Armada Nacional implica la igualdad de condiciones frente a los civiles en cuanto al sufragio como derecho universal;

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es una decisión privada y no pública o institucional. El texto constitucional puntualiza que los militares no pueden optar a cargo de elección popular ni participar en actos de propaganda, militancia o proselitismo político partidista. Entre los cambios más significativos figuran los relacionados con los poderes públicos. En la Constitución de 1999 la presidencia de la república tiene distintas características, amplias facultades y figuras de colaboración inmediata de las que antes no disponía. La duración del período presidencial se extiende a seis años (art. 230), con posibilidades de reelección inmediata por una sola vez para un período adicional (art. 230). Como atribuciones del jefe del Estado (art. 239) la Carta señala, entre otras, dirigir la acción del gobierno con la colaboración del vicepresidente y dictar decretos con fuerza de ley, previa autorización por una Ley Habilitante aprobada por la Asamblea Nacional (art. 203). Como jefe de la administración pública, el Presidente puede nombrar y remover al Vicepresidente, nombrar y remover los ministros, reglamentar las leyes, administrar la hacienda pública, etc. En cuanto a los órganos de colaboración de la presidencia, la nueva Carta crea la vicepresidencia ejecutiva (art. 238 y 239) para ayudar al Presidente en la dirección de la acción del gobierno. Entre sus funciones están las de coordinar las relaciones con el legislativo y los demás entes de la administración pública y reemplazar al Presidente en todas las funciones que éste le delegue. El Vicepresidente no es elegido directamente por el pueblo sino que lo designa el Presidente y es susceptible del voto de censura de la Asamblea Nacional (poder legislativo), al igual que cualquier ministro. El poder legislativo en la nueva Constitución es de carácter unicameral. El nuevo Congreso (Asamblea Nacional) es un cuerpo con menor número de miembros y también con menos atribuciones, sobre todo en el ámbito militar. Sus integrantes, de mandato revocable, tienen menos prerrogativas de las que antes gozaban. Se introdujeron limitaciones a la amplia inmunidad de la que

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Tabla 4 Las elecciones de 1999
Referéndum de abril de 1999 Pregunta 1 ¿Convoca usted una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de crear un nuevo ordenamiento jurídico que permita el funcionamiento efectivo de una democracia social participativa? (Sí/No) Sí: 92% (3.516.558) No: 8% (290.540) Pregunta 2 ¿Está usted de acuerdo con las bases propuestas por el ejecutivo nacional para la Asamblea Nacional Constituyente examinadas y modificadas parcialmente por el Consejo Nacional Electoral en sesión de fecha 25/ 03/99? (Sí/No) Sí: 86% (3.275.716) No: 14% (512.967) Abstención: 63% (6.591.065) Conformación de la Asamblea Nacional Constituyente Julio de 1999 Polo Patriótico 94% Polo Democrático 5% Independientes 1% Abstención: 53% Referéndum del 15 de diciembre de 1999 ¿Aprueba usted el proyecto de Constitución elaborado por la Asamblea Nacional Constituyente? (Sí/No) Sí: 72% (3.301.475) No: 28% (1.298.105) Abstención: 55% (6.044.003)
Fuente: CN E. E leccion es realizadas 1999. Consultado por internet, agosto 2000. (w w w .cn e.gov.ve/elecc_real/ )

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anteriormente disfrutaban. La primera razón en favor de una sola Cámara fue la reducción de la burocracia, para hacer más eficaz la actividad legislativa. La Constitución establece el Poder Electoral, ejercido por el Consejo Nacional Electoral como ente rector, y organismos subordinados a él: la Junta Electoral Nacional, la Comisión de Registro Civil y Electoral y la Comisión de Participación Política y Financiamiento. Este nuevo poder público vino a responder a una reiterada exigencia de diversos sectores para que se diera rango constitucional al órgano encargado de realizar las elecciones. Las otras nuevas instituciones constitucionales del ámbito electoral que la Constituyente creó tratan de unificar el Registro Civil y el Electoral y la coordinación de la participación ciudadana, que ha sido emblema político de los últimos años. La nueva Carta establece que “El poder ciudadano se ejerce por el Consejo Moral Republicano, integrado por el Defensor del Pueblo, el Fiscal General y el Contralor General de la República”. El Defensor del Pueblo es una nueva figura cuyas funciones consisten en investigar y sancionar los delitos que atenten contra la moral pública y administrativa; velar por la buena gestión y la legalidad en el uso del patrimonio público; hacer cumplir y aplicar el principio de legalidad en toda actividad administrativa del Estado y promover la educación como proceso creador de la ciudadanía, así como la libertad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y el trabajo. En cuanto al manejo económico, la nueva Carta dispuso que el Banco Central de Venezuela (BCV) se rija por el principio de “responsabilidad pública”, por lo cual debe dar cuenta de las actuaciones, metas y resultados de sus políticas ante la Asamblea Nacional, de acuerdo con la ley. Según algunos economistas, la falta de autonomía del BCV podría generar una contradicción entre la política fiscal del Estado y la política monetaria del BCV, quedando esta última en desventaja, ya que sería la Asamblea Nacional la que presionase al BCV en su gestión. La evasión fiscal es calificada por la nueva Constitución como delito penal; se

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considera que en Venezuela una de las grandes debilidades de la recaudación fiscal ha estado precisamente en la evasión tributaria y en la corrupción administrativa. El Estado conserva la totalidad de las acciones de Pdvsa o del ente creado para el manejo de la industria petrolera, por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, exceptuando las acciones de las filiales, asociaciones estratégicas y aquellas que se constituyan como parte del desarrollo de la empresa. Para los expertos petroleros del antiguo régimen, con esto se reduce la expansión de la empresa estatal y la com petí ti vi dad internacional. No obstante, la disposición constitucional deja abierta la posibilidad de que las filiales puedan tener capital mixto y de que se realicen asociaciones estratégicas. La nueva Constitución, que contempla la regulación por parte del Estado de los derechos de los individuos, se compromete a garantizar la salud, la vivienda digna, la educación, la protección de los derechos humanos. Algunos analistas, como Alian Brewer, consideran que la Constitución del 99 ha incorporado importantes innovaciones, aunque así mismo señalan dificultades como el excesivo partemalismo del Estado en la regulación de los derechos sociales, en la cual consideran que se ha marginado a la sociedad civil. Los derechos consagrados con relación a los servicios de salud son los más avanzados de América latina. Habrá que ver si el gobierno asegura los recursos que tales servicios demandan y los instrumentos prácticos que permitan que tales derechos no se conviertan en un saludo a la bandera. La C onstitución del 99 amplía sustancialmente la normatividad en derechos humanos y otorga rango constitucional a las disposiciones de los tratados internacionales sobre esta materia. Contempla que todos los tribunales ampararán a los ciudadanos aun en aquellos derechos y garantías inherentes a la persona humana que no figuren expresamente en la Constitución. Garantiza la gratuidad de la justicia y que las denuncias sobre violación de derechos humanos por parte de funcionarios militares sean procesadas por tribunales ordinarios. En cuanto a los derechos sociales y de la familia, señala el derecho a una vivienda digna y
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garantiza el derecho a la salud: “los bienes y servicios de la salud pública son propiedad del Estado y no podrán ser privatizados”. Agrega que todas las personas tienen el deber de trabajar; por tanto, establece como uno de los fines del Estado el fomento del empleo. Según la nueva Constitución, el Estado garantiza a los trabajadores y trabajadoras del sector público y privado un salario mínimo vital que será ajustado cada año, tomando como una de las referencias el costo de la canasta básica. Sobre la educación, indica que la impartida en las instituciones del Estado es gratuita hasta el nivel de pregrado universitario. Los derechos indígenas fueron ampliados también. Según cifras oficiales del censo indígena realizado en 1992, en Venezuela existen 28 etnias, cuya población de 315.815 personas representa el 1,5 % del total nacional. Esta población está ubicada especialmente en zonas fronterizas rurales. La nueva Constitución reconoce “la existencia de los pueblos y comunidades indígenas, su organización social, política y económica, sus culturas, usos y costumbres, idiomas y religiones, así como su hábitat y derechos originarios sobre las tierras que ancestral y tradicionalmente ocupan y que son necesarias para garantizar sus formas de vida” (capítulo VH). Se trata de un aparte muy avanzado de la nueva Constitución, sobre todo en el plano cultural y de consagración de los derechos de las minorías. En el aspecto económico las exigencias hacia el Estado no tienen grandes consecuencias, dado el número reducido de la población indígena en el conjunto nacional. Esto último lo señalamos para no suscribir la exageración de las bondades de la Constitución a partir de los derechos ciertos señalados a los indígenas. Así Venezuela cambió su Constitución mediante procedimientos institucionales, sin que se hubieran desencadenado las tempestades que los adversarios de Chávez ominosamente habían pronosticado. El proceso mostró también que las innovaciones políticas pudieron abrirse paso contra el deseo de centros internacionales de poder que se creen en el derecho de señalar a los países de la “periferia” lo que sus gobernantes pueden hacer y aquello de lo que deben abstenerse. El periódico El País,
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de Madrid, registraba una de tales posiciones: “El presidente norteamericano Jimmy Cárter advirtió que cualquier cambio a la Constitución vulnerando su espíritu y letra puede significar la retirada de las inversiones extranjeras y de embajadores de Venezuela”. Estas declaraciones se concedían una vez conocido el triunfo de Chávez en las elecciones del 6 de diciembre de 1998. Cárter, que está clasificado entre las “palomas” en EE.UU., no podía ignorar que la convocación a una constituyente había sido el planteamiento central de la campaña electoral del candidato bolivariano. ¿Cuál entonces sería la posición de los “halcones”?

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Yin
La gran paradoja de 1999: triunfos políticos, severa recesión económica
Durante la etapa inaugural de la V República la economía lanzaba las peores señales, como si quisiera poner a prueba la capacidad de resistencia del nuevo mandatario. En el primer trimestre de 1999 la economía descendió en 9,3% del producto interno. En febrero el precio del petróleo estaba en el piso: 8,4 dólares el barril. En el comportamiento de los precios del crudo en el tiempo reciente correspondía una cuota de responsabilidad a las políticas expansionistas de la oferta aplicadas por el gobierno de Caldera. Además, a los factores inerciales de la recesión económica que venía desde 1997 se unió la incidencia del nerviosismo que se apoderó de los mercados financieros y de buena parte del mundo empresarial venezolano por la subida al poder de Chávez. Durante el primer trimestre de 1999 los analistas financieros registraron una salida de capitales de Venezuela de dos millardos de dólares1 . Los inversionistas extranjeros castigaron al nuevo régimen por su discurso antineoliberal y su hostilidad a las políticas de universal privatización. Según la Cepal, si en 1998 la inversión extranjera había sido de 3.597 millones de dólares, en 1999 llegaría apenas a 1.860 millones. Al final del primer semestre de 1999 las encuestas indicaban que las industrias estaban utilizando el 51.1% de su capacidad instalada2. En 1999 la economía venezolana registró un descenso del 7.2%, el más severo

1 El Nacional. Caracas, 24 de mayo de 2000, p. e-1. 2 El Universal. Caracas, 18 de mayo de 2000. http://vvww.elimiversal.eud/ (A partir de esta cita, todas las referencias a este diario fueron realizadas por vía internet).

de la década. Obviamente el desempleo se vio incrementado: venía de un promedio de 11.5% desde 1996 y subió a 15.4% en 1999. En términos absolutos eso correspondía a más de millón y medio de personas. 54% de la población económicamente activa se dedica a actividades informales, es decir, 5 millones 130 mil personas. El 46% de esas personas clasifican como desempleados encubiertos3. Es cierto que el anterior panorama desolador no fue exclusivo de Venezuela (ver Gráfico N° 2). Gráfico 2 Tres ciclos de auge y crisis Variación del PIB latinoamericano con respecto al mismo trimestre del año anterior

3 E l Universal, 24 de febrero de 2000.

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En 1999 la región padeció los efectos de la crisis internacional y entró en recesión. En ese año América latina enfrentó el doble problema de unos precios externos deprimidos y unos mercados de financiamiento estrechos. Esto, unido al alto volumen de pagos al exterior por concepto de intereses y dividendos, que se tradujo en una transferencia neta negativa de los recursos a la región por primera vez desde 1990, repercutió en el estancamiento de 1999. La recesión estuvo acompañada de altas tasas de desempleo. En el conjunto de la región la desocupación aumentó en 1999 de 8.0% a 8.7%), la más alta tasa registrada desde que se dispone de información sobre un número significativo de países (Cepal). Ahora nos detendremos en los aspectos macroeconómicos. El Comandante ha tenido éxito en el control de la inflación, la cual se redujo del 30% al 20% durante su primer año de gobierno. La tendencia continuó de manera más acentuada hasta colocar la inflación en un dígito (ver Gráfico N° 3). Gráfico 3 Tasa de inflación acumulada

Fuente: BCV.

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La deuda extema bajó del 34,2% en 1998 al 30,5% en 1999. Esta relación contrasta con la de los demás países de la Comunidad Andina de Naciones, (CAN). Por ejemplo, en 1999 la deuda externa de Colombia representó 47,7 puntos del PIB y la de Ecuador alcanzó la exorbitante proporción del 123,2%4. En el gobierno venezolano, en la búsqueda de solución a los problemas financieros, optó por el camino del endeudamiento interno. En el tema crucial del déficit fiscal también se obtuvieron éxitos notables. Para el año de 1999 el déficit se ubicó en el 4% del PIB (ver Gráfico N° 4). Gráfico 4 Resultado financiero del sector público central como % del PIB

Fuente: Cepal.

4 Bancoldex. Hojas de Trabajo: Comunidad Andina de Naciones. Santafé de Bogotá, febrero 17 de 2000.

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El gobierno se esforzó por el “mantenimiento del tipo de cambio del bolívar en una banda de flotación de 7,5 a ambos lados de una paridad central que se devaluaba mensualmente a razón del 0,28%.”5. Las reservas del Banco Central de Venezuela pasaron de 14.849 millones de dólares a 15.164 millones. En 1999 se creó el Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica (Fiem), al cual se ingresaron 216 millones de dólares6. Así, en enero de 2000 el total de activos de reserva y Fiem se colocaron en 15.265 millones de dólares. El gobierno jugó la apuesta de mantener aquello que los economistas del FMI llaman los “equilibrios económicos básicos”. La aplicación de este tipo de política tiende a hacer más severa la recesión y más prolongado el tiempo de salida de ella. Por supuesto esas políticas contribuyeron a hacer, de momento, más difíciles las condiciones de vida de muchos venezolanos. La política económica no se agotó en el manejo de los aspectos estructurales ya identificados. Nos quedan por analizar aspectos decisivos, como el tratamiento dado al tema de la oferta petrolera y las líneas que pudiéramos llamar prepositivas de la política económica. A ello nos referiremos más adelante. Algunos economistas y observadores del proceso económico plantearon numerosos interrogantes y críticas acerbas en dirección al gobierno. “¿Por qué el gobierno -se preguntaba Ramón Espinasa en febrero de 2000- amortizó deuda extema neta en una cantidad apreciable ante una situación de caída de las exportaciones de petróleo, la cual desde el segundo trimestre había evidencia que era transitoria?”. Y prosigue:“si la caída de los precios del petróleo era transitoria, lo lógico hubiese sido, lejos de amortizar deuda externa neta, aumentarla para amortizarla cuando se recuperaran los precios y no transmitir la totalidad de

5 http://www.espanol/Publicaciones/bal99/venezuela.htm 23/06/2000. 6 Veneconom ía Mensual. Indicadores E conóm icos y Financieros. Caracas, vol. 17, N° 8, m ayo de 2000, p. 3.

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la caída del ingreso a la población. Pero aún más, cabe preguntarse por qué el gobierno, cuando a partir de abril se inició el aumento sostenido del ingreso petrolero, lejos de ajustar hacia arriba su gasto, insistió en reducir el déficit fiscal, condenando al país y a su población a un sacrificio totalmente innecesario”7. Otros no preguntan, lanzan conclusiones en tono inapelable, con el pulso firme de quien arroj a la piedra para descalabrar: «Chávez -escribe Ysrael Camero- es un neoliberal de los “salvajes”». En inflexión menos apodíctica el mismo Camero anota: “Mi propuesta principal es que la política económica de Hugo Chávez, o la ausencia de ella, es en gran parte una terapia de choque, pero sin privatizaciones y sin devaluaciones”8. Las dos salvedades que hace Camero son significativas y toman la caracterización de la política económica de la V República en curioso enunciado. Nos preguntamos: ¿habrá elefantes sin trompa y sin colmillos? Janet Kelly anota con cierto dejo light: “Mi impresión es que el presidente Chávez ha expuesto un enfoque que es ni fu ni fa, cavando un nicho en territorio de nadie que se puede denominar la vía 2,5 -demasiado estatista para pertenecer a la Tercera Vía pero con suficientes genuflexiones al dios del mercado para no definirse como irremediablemente de izquierda-, Sui generis, pues”9. El comentario, que pretende ser adverso, nos parece que se convierte en un elogio para el gabinete económico de Chávez. ¿Por qué negarle la posibilidad de búsqueda de diseños nuevos que diverjan en algo de los modelos consagrados en los centros del poder político mundial? Al fin y al cabo una de las raíces del árbol chavista se identifica con el autor de la divisa “inventamos o erramos”. En el artículo citado Ramón Espinasa ofrece la clave para encontrar la explicación de las políticas puestas en marcha por el gobierno en 1999: “A esta segunda pregunta no hay respuesta
7 Venezuela Analítica. El destino del ahorro nacional. 15 de febrero de 2000, p. 3 (http:/ Avww.analitica.com/). 8Venezuela Analítica. El neoliberalismo salvaje de Chávez. 28 de noviembre de 1999, p. 1. 9 El Nacional, 24 de febrero de 2000, p. a-5.

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económica racional posible, la respuesta está en el ámbito de lo político”. En efecto, por cuanto no se conocen argumentaciones explícitas al respecto, ni de Chávez ni de los altos funcionarios económicos, no resta cosa distinta al juego de hipótesis. Dadas las consignas agitadas por el Comandante a lo largo de la campaña electoral de 1997-1998 contra el FMI, contra el neoliberalismo, calificado por él como “el camino al infierno”, contra las privatizaciones indiscriminadas, contra el sistema de partidos instalado en el poder desde 195 8 y en favor de una política exterior independiente, no aparecía realista esperar una buena disposición de los tecnócratas del Banco Mundial y del FMI hacia Venezuela bajo el gobierno de los bolivarianos. El Presidente jugó con ortodoxia la carta de los equilibrios macroeconómicos básicos con el fin de escapar al trance de verse tomado por el cuello por exigencias perentorias del Fondo. En las condiciones económicas y políticas del mundo de hoy el campo de maniobra para la puesta en marcha de proyectos alternativos se ha reducido mucho. Parecería que Chávez buscó y adoptó opciones que partieron de la evaluación de la suerte corrida por el régimen democrático de Salvador Allende o por el populista de Alan García. El camino escogido en Venezuela comportó el alto riesgo de que los electores aferrados a la ilusión de soluciones rápidas a sus demandas económicas y sociales, acumuladas, se decepcionaran rápidamente del líder. Ello no ocurrió, como de manera fehaciente lo muestran los resultados del interminable remolino electoral que zarandeó a los venezolanos entre finales de 1998 y julio de 2000. Esta es la gran paradoja.

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IX Aspectos propositivos de la política económica del chavismo
Nos interesa ahora presentar algunos aspectos de la política del Estado venezolano bajo la era chavista en el campo crucial del petróleo y en otros dos renglones en los cuales también el Estado ha corrido con la responsabilidad fundamental: los del aluminio y el oro. De igual forma se identificarán las líneas de gestión oficial que han afectado el desarrollo en áreas privadas de la economía. Detengámonos en el primer aspecto, el del petróleo. Durante la administración del presidente Caldera se puso en marcha un conjunto de medidas que plasmaban el enfoque desregulador de la oferta petrolera, la conquista de mercados, la compensación en la baja de los precios por los crecientes volúmenes de producción, la apertura económica y la privatización. Desde antes de ser candidato, el Comandante había dirigido el fuego de sus baterías contra la política petrolera del gobierno de “convergencia” y había lanzado un juego de surtidos epítetos contra el presidente de Pdvsa, Luis Giusti, de quien afirmaba en mayo de 1996: “Luis Giusti es un empleado de las transnacionales, así sea el presidente de Pdvsa. Él dirige una empresa transnacional que no es de los venezolanos. Lo mismo la gente de Guayana que dirige el oro y el aluminio, también es empleada de las transnacionales. Ese coro de diez o quince venezolanos que anda todo el día hablando del neoliberalismo, de la apertura petrolera, son empleados de las transnacionales”1 .
1 B la n c o . O p . c it., p . 3 8 1 .

Además de Giusti, en ese sacerdocio del neoliberalismo Chávez agrupaba a dirigentes políticos y empresariales tales como Alberto Quirós Corradi, Andrés Sosa Pietri, Ramón Espinasa, Humberto Calderón Berti, Erwin Arrieta. Si para el Ministerio de Finanzas Chávez retuvo a la ministra Maritza Izaguirre, quien venía ocupando tal responsabilidad bajo el gobierno de Caldera, para Pdvsa se aseguró de dar un vuelco. Lo primero que hizo fue deshacerse de Luis Giusti y nombrar a Maldini, a quien reemplazó poco tiempo después por el hasta entonces no muy conocido Héctor Ciavaldini. El primer paso fue restringir la oferta del petróleo con el fin de presionar el alza de los precios. Ese movimiento no podía producirse por la voluntad de un país. Desde comienzos de la administración bolivariana Venezuela reasumió el liderazgo en el seno de la Opep con el fin de que los once países miembros de la organización recobrasen la confianza mutua y la voluntad de enviar señales unificadas en dirección a los países consumidores. Los éxitos de la puesta en marcha de esta política no se hicieron esperar. Desde marzo de 1999 los precios del petróleo empezaron a subir. Si bien intervinieron también otros factores coyunturales en tales resultados, a ellos no son ajenas las políticas aplicadas. Eso, no obstante las limitaciones evidentes que aquejan a la Opep, la principal de las cuales es el dominio de menos de la mitad de la producción petrolera mundial: para comienzos del año 2000 a la Opep correspondía el 34.66%-de los 75 millones de barriles de la producción diaria de petróleo. Sin embargo, su influencia en el mercado no es simétrica a su peso específico en la producción. Tanto el poder económico como el ideológico y el militar se realizan mediante redes de interacción humana. Esas redes tienen posibilidades frente a un universo atomizado así como en relación con aquellas asociaciones que les compiten. Carlos Mendoza Potella reprodujo los cálculos del Departamento de Energía, publicados a comienzos del año 2000 y según los cuales “Los países de la Opep tendrán ingresos superiores a los 211 mil 500 millones de dólares, lo cual significa un 59% más de lo obtenido en 1999, año en el cual, a su vez, se
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registró un incremento del 34% respecto a 1998”-. El empeño de Venezuela resultó muy importante en la recuperación de los precios y en la redefinición de la Opep en la regulación de la oferta petrolera. La posición de liderazgo del país fue reconocida por las naciones miembros al desiganr como presidente de la organización aAlí Rodríguez Araque, ministro de Minas y Energía de Venezuela, quien venía de una militancia de izquierda muy comprometida. En los años sesenta había participado en la lucha armada revolucionaria al lado del comandante guerrillero Douglas Bravo. Reinsertado a la vida civil, se convirtió en importante figura política de La Causa R, por la cual ocupó un escaño en el Congreso en 1983. Por los años del gobierno de Caldera fue presidente de la Comisión de Minas y Energía del Congreso Nacional, y en 1998, como miembro del movimiento Patria Para Todos, entró a formar parte de la coalición del Polo Patriótico. Bajo el ministerio de Rodríguez Araque, y de acuerdo con el programa de Chávez, se tomaron las medidas destinadas a recobrar para el gobierno la primacía en las decisiones en materia de política petrolera en relación con Pdvsa3. Las presiones de los países consumidores sobre la Opep fueron diversas. Desde finales de 1999 los “expertos” se dieron a la tarea de publicar estudios sobre el indeseable impacto del alza de los precios del petróleo en los consumidores e incluso sobre lo inapropiado de tales alzas para los países productores. Los Estados Unidos, con la delicadeza que los caracteriza cuando se trata de ejercer presión sobre las naciones del Tercer Mundo, propusieron doblegar la voluntad de los países productores. En vísperas de la reunión de la Opep en Viena a finales de marzo de 1999, Bill Richardson, Secretario de Energía de los Estados Unidos, declaró en tono amenazante que si no se aumentaba la cuota de producción su país podría liberar parte de las reservas estratégicas con el fin de bajar los precios del crudo4. México, que no es miembro de la
1 Venezuela Analítica, 16 de marzo de 2000.
3 Para datos biográficos del ministro, ver Richard Gott, Op. cit., p. 168-169. 4 Venezuela Analítica, 13 de marzo de 2000.

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Opep, fue el primero en ceder, aunque antes se había acogido a la disminución de la producción. La misma decisión tomó Noruega. El reclamo de los países importadores de petróleo contra el alza de los precios del crudo suele presentarse envuelto en el argumento de la defensa del poder de compra de sus ciudadanos, quienes se verían castigados por los altos precios. En tal argumentación se oculta el hecho de que aun con el precio de 30 dólares el barril, esta suma resulta pequeña comparada con los 150 dólares que un ciudadano europeo termina pagando por un barril de productos petroleros. El Congreso norteamericano tomó parte en las presiones y amenazas hacia la Opep. Antes de ir a su descanso de mediados de año, una subcomisión del Senado aprobó un proyecto de ley mediante la cual las autoridades antimonopolio de los Estados Unidos podrían demandar a la Opep por establecer los precios y acordar los niveles de producción. Al respecto El Universal informaba a sus lectores: “El senador republicano de Ohio, Mike De Wine, quien preside la comisión antimonopolio del Senado, aseguró que el mayor contribuyente a los altos precios del crudo y de los combustibles son los inaceptablemente altos precios del crudo im portado, un precio establecido por acuerdos anticompetitivos entre las naciones de la Opep”5. Es la aplicación de la idea según la cual lo que es ley en lós Estados Unidos debe ser aplicable a cualquier país. La Opep no optó por lff confrontación abierta con los países consumidores. En marzo de 2000 ordenó un aumento de la producción de 1 millón 450 mil barriles diarios y en junio acordó un nuevo incremento de 708.000 barriles diarios. En la primera ocasión correspondió a Venezuela un incremento de producción de 125.000 barriles, y de 81.000 en la segunda. El gobierno venezolano jugó papel decisivo en la recuperación de la oferta petrolera mundial, mediante una activa diplomacia con respecto a los once países miembros de la Opep y

5 El Universal, 28 de ju lio de 2000.

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también a los países que están por fuera de la organización. Además, Venezuela se orientó en lo fundamental por la fuerza del ejemplo, mediante la observancia escrupulosa de la cuota venezolana. Esto resultaba importante en la medida en que se venía de un período de trampas a las cuotas fijadas colectivamente, cosa que había erosionado el prestigio de la organización y lastimado la confianza entre sus miembros. Por ello resulta aceptable la siguiente conclusión sobre el primer año de la política en materia de producción: “Si se observa la evolución del mercado petrolero a un año de distancia, después que se inició el estricto cumplimiento de acuerdos Opep de control de la producción por parte del nuevo gobierno venezolano, y se toma en cuenta lo que se hace desde los principales países consumidores para lograr romper el actualmente sólido frente de los exportadores netos, puede decirse que es innegable, para todo aquel que quiera ver, que la Opep ha demostrado por enésima vez en sus casi 40 años de existencia, que es un organismo útil y eficiente para la defensa de los intereses nacionales de cada uno de sus miembros”6. Por iniciativa de Venezuela se realizó una cumbre de jefes de Estado de los países miembros de la Opep a finales de septiembre de 2000. Esta fue la segunda cumbre de la organización desde su fundación, qué tuvo lugar en 1960. Una primera y única reunión de tal nivel se había efectuado en Argelia en 1975. En la preparación de esta cumbre el presidente Chávez desarrolló una intensa actividad, de la cual se destacó el contacto directo con los jefes de Estado y soberanos de los países pertenecientes a la organización de los exportadores de petróleo. El ministro Rodríguez Araque fue nombrado presidente de la Opep por el período de un año, como reconocimiento a su papel, dado que el período normal para ocupar la presidencia es de seis meses. Al presidente de la Opep se le facultó para autorizar a los países miembros, a partir del año 2000, a incrementar o reducir la
6 Carlos M endoza Potella. “ La vigencia que la Opep nunca perdió” . Venezuela Analítica, 9 de marzo de 2000.

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producción en 500.000 barriles diarios, según el comportamiento de los precios con relación a una banda que reconoce un máximo de 28 dólares y un mínimo de 22. A la II Cumbre nos referiremos en la última parte del presente trabajo. Las prioridades en cuanto a inversiones en el área petrolera se orientaron hacia el estímulo a la industria del gas, así como a la química y petroquímica, todo ello en consonancia con la estrategia de industrialización interna de los hidrocarburos7. Durante las deliberaciones de la Asamblea Nacional Constituyente, Chávez y Héctor Ciavaldini, presidente de Pdvsa, se mostraron decididos partidarios de la apertura de filiales de la petrolera estatal a compañías privadas, con lo cual se opusieron a proyectos acentuadamente estatistas de algunos sectores representados en la Constituyente. “El ministro Alí Rodríguez ha venido propiciando la participación del ahorro nacional en el tema petrolero, limitada hasta ahora al ámbito de los proveedores de bienes y servicios”8. Otro gran sector de la propiedad estatal es el de la explotación de las minas de oro y la producción de aluminio. Una nueva Ley de Minas contribuyó a la superación de la confusión jurídica que prevalecía en este sector minero no petrolero. Un hecho positivo ha sido la recuperación de los precios del oro en el último tiempo. Para el año 2000 el precio promedio se calcula en 290 dólares la onza y para 2001 se proyecta un precio de 310 dólares la onza9. Silvana Pezzella desagrega la política diseñada para la realización de la reestructuración de Minerven, “la empresa estatal propietaria, administradora y explotadora de las minas de oro”. Para los diferentes bloques está previsto un tratamiento diferenciado. El bloque A comprende 1.705 hectáreas, en las cuales sé localizan las minas Colombia, Unión, Mi Jardín y Sosa Méndez. En lo fundamental esta unidad se reserva al Estado, pero se contempla la concertación de
7 'acio Perroy. “ Perspectivas económ icas para el 2000” . SIC, marzo de 2000. Xlxtica, 27 de ju lio de 2000. . “ Minerven: apertura al capital privado” . VenEconomía Mensual,

algunas alianzas estratégicas. El bloque B, integrado también por cuatro minas (Laguna, Chile, Santa Rita y Panamá, en una superficie de 1.795 hectáreas) será subastado globalmente. El bloque C, que corresponde a la mina del Callao, de 2.500 hectáreas, “estará sujeto a negociaciones en una etapa posterior”. Al tiempo se prevé la conformación de alianzas estratégicas con el fin de explorar una zona en la cual están asentadas doce concesiones que la empresa CVG administra en una superficie de 42.000 hectáreas. También de Silvana Pezzella tomamos algunas de las lineas que ella bosqueja en relación con la rama del aluminio. “Venezuela es el principal productor de aluminio en América del Sur y el octavo en el mundo. Tiene el 2,8 de la capacidad mundial instalada y aproximadamente el 4% de la producción mundial”10. La Corporación de Aluminio de Venezuela (Cavsa) incorpora las empresas Alcasa, Venalum, Bauxilum, Carbonorca. El gobierno elaboró un programa para la incorporación de capital privado a la rama del aluminio. Para Venalum (procesadora del aluminio primario) figuran objetivos de producción, ventas y negocios. Esta empresa, que ha presentado una situación financiera halagüeña, se preservará como propiedad del Estado. La extracción de la bauxita y la obtención de alúmina se realizan por Bauxilum. Con respecto a esta empresa está prevista la firma de acuerdos con capitales privados en aspectos principales. En la operadora de.bauxita se proyecta instalar una planta de deshumidificación del mineral; la empresa privada la construirá y la manejará hasta cuando haya recuperado su inversión mediante el cobro a Bauxilum de una tarifa de uso. Amortizada la inversión, los activos de la firma se convertirán en propiedad del Estado. Para la fase de operadora de alúmina se prevén inversiones en función de dos objetivos: incremento de la capacidad de procesamiento y disminución del impacto negativo sobre el medio ambiente. Para la empresa más antigua, Alcasa, que transforma alúmina en aluminio primario y está integrada por
1 0 Silvana Pezzella, “ Alum inio: se crean espacios para el capital privado” . VenEconomía Mensual, v ol. 17, N ° 8, m ayo de 2000, p. 6.

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producción en 500.000 barriles diarios, según el comportamiento de los precios con relación a una banda que reconoce un máximo de 28 dólares y un mínimo de 22. A la II Cumbre nos referiremos en la última parte del presente trabajo. Las prioridades en cuanto a inversiones en el área petrolera se orientaron hacia el estímulo a la industria del gas, así como a la química y petroquímica, todo ello en consonancia con la estrategia de industrialización interna de los hidrocarburos7. Durante las deliberaciones de la Asamblea Nacional Constituyente, Chávez y Héctor Ciavaldini, presidente de Pdvsa, se mostraron decididos partidarios de la apertura de filiales de la petrolera estatal a compañías privadas, con lo cual se opusieron a proyectos acentuadamente estatistas de algunos sectores representados en la Constituyente. “El ministro Alí Rodríguez ha venido propiciando la participación del ahorro nacional en el tema petrolero, limitada hasta ahora al ámbito de los proveedores de bienes y servicios”8. Otro gran sector de la propiedad estatal es el de la explotación de las minas de oro y la producción de aluminio. Una nueva Ley de Minas contribuyó a la superación de la confusión jurídica que prevalecía en este sector minero no petrolero. Un hecho positivo ha sido la recuperación de los precios del oro en el último tiempo. Para el año 2000 el precio promedio se calcula en 290 dólares la onza y para 2001 se proyecta un precio de 310 dólares la onza9. Silvana Pezzella desagrega la política diseñada para la realización de la reestructuración de Minerven, “la empresa estatal propietaria, administradora y explotadora de las minas de oro”. Para los diferentes bloques está previsto un tratamiento diferenciado. El bloque A comprende 1.705 hectáreas, en las cuales sé localizan las minas Colombia, Unión, Mi Jardín y Sosa Méndez. En lo fundamental esta unidad se reserva al Estado, pero se contempla la concertación de
7 M iguel Ignacio Perroy. “ Perspectivas económ icas para el 2000” . SIC, marzo de 2000. No. 622, p. 62. 8 Venezuela Analítica, 27 de ju lio de 2000. 9 Silvana Pezzella. “ Minerven: apertura al capital privado” . VenEconomía Mensual, vol. 17, N ° 8, m ayo de 2000, p. 1.

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algunas alianzas estratégicas. El bloque B, integrado también por cuatro minas (Laguna, Chile, Santa Rita y Panamá, en una superficie de 1.795 hectáreas) será subastado globalmente. El bloque C, que corresponde a la mina del Callao, de 2.500 hectáreas, “estará sujeto a negociaciones en una etapa posterior”. Al tiempo se prevé la conformación de alianzas estratégicas con el fin de explorar una zona en la cual están asentadas doce concesiones que la empresa CVG administra en una superficie de 42.000 hectáreas. También de Silvana Pezzella tomamos algunas de las líneas que ella bosqueja en relación con la rama del aluminio. “Venezuela es el principal productor de aluminio en América del Sur y el octavo en el mundo. Tiene el 2,8 de la capacidad mundial instalada y aproximadamente el 4% de la producción mundial”10. La Corporación de Aluminio de Venezuela (Cavsa) incorpora las empresas Alcasa, Venalum, Bauxilum, Carbonorca. El gobierno elaboró un programa para la incorporación de capital privado a la rama del aluminio. Para Venalum (procesadora del aluminio primario) figuran objetivos de producción, ventas y negocios. Esta empresa, que ha presentado una situación financiera halagüeña, se preservará como propiedad del Estado. La extracción de la bauxita y la obtención de alúmina se realizan por Bauxilum. Con respecto a esta empresa está prevista la firma de acuerdos con capitales privados en aspectos principales. En la operadora de.bauxita se proyecta instalar una planta de deshumidificación del mineral; la empresa privada la construirá y la manejará hasta cuando haya recuperado su inversión mediante el cobro a Bauxilum de una tarifa de uso. Amortizada la inversión, los activos de la firma se convertirán en propiedad del Estado. Para la fase de operadora de alúmina se prevén inversiones en función de dos objetivos: incremento de la capacidad de procesamiento y disminución del impacto negativo sobre el medio ambiente. Para la empresa más antigua, Alcasa, que transforma alúmina en aluminio primario y está integrada por
1 0 Silvana Pezzella, “ Alum inio: se crean espacios para el capital privado” . VenEconom ía Mensual, vol. 17, N° 8, mayo de 2000, p. 6.

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cuatro unidades de negocios, el Estado busca como socio a un consorcio en el cual participen capitales nacionales y operadores internacionales. En las políticas económicas puestas en marcha en un campo decisivo para Venezuela como es el petrolero, e igualmente en ramas de importancia como el aluminio y el oro, se advierte, sin tener que meterse en honduras, el esfuerzo que ha invertido el gobierno de la V República para usar con pragmatismo los espacios que permiten a los Estados de los países subdesarrollados cierto juego en el diseño de sus políticas con alguna independencia. La existencia objetiva de tales espacios para el ejercicio de la autonomía no garantiza que ellos sean efectivamente utilizados por los gobiernos que en principio estarían interesados en aprovecharlos. La mayoría de los tecnócratas que trazan las políticas económicas en ese tipo de países opta por seguir de manera obediente los esquemas altamente normativos del FMI y el Banco Mundial. Esas pautas suelen adecuarse bien a los intereses económicos y sociales de las oligarquías financieras y demás grupos monopolistas, que miran con satisfacción las tendencias a la mayor concentración de los ingresos y se olvidan del simultáneo incremento de los índices de pobreza. En plan de síntesis, consignamos un comentario final al comportamiento global de la economía venezolana de 1998 a 2000, así como a las políticas macroeconómicas ejecutadas por la Quinta República y a sus resultados. La recesión iniciada en 1998, derivada del shock externo causado por las fluctuaciones del precio del petróleo y los impactos de la crisis financiera internacional, se agudizó en el primer trim estre de 1999 hasta reducir el producto en 9.3%. A consecuencia de los recortes de la producción acordados por la Opep, y de la caída de la demanda agregada resultante de la reducción del ingreso disponible y de la contracción del gasto público, la economía venezolana reportó un crecimiento de 2,6 puntos, señalando la salida de la recesión. En ello es indudable la reanimación estimulada por -los mayores precios del petróleo e iniciada en el primer trimestre de 1999 (ver Gráfico N° 5).
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Gráfico 5 Crecimiento trimestral del PIB Real 1998 - 2000

Si Chávez hubiese sucumbido a la tentación populista de producir una inopinada redistribución del ingreso, posiblemente habría dado lugar al espejismo de una reactivación momentánea. Por ese camino habría sacrificado el establecimiento de una base más firme para una recuperación económica de más largo aliento, acompañada de una política de privatizaciones (sectores eléctrico y de aluminio) y delimitación del gasto. La puesta en marcha del Fondo de Estabilización Macroeconómica; el despliegue de una política monetaria de corte restrictivo, instrumentada mediante un programa con metas de inflación anunciadas y explícitas, y la evolución del tipo de cambio, han sido los factores que otorgan a la política económica de Chávez un carácter más ortodoxo. Desde luego, las políticas económicas del chavismo dejan de manera inevitable un margen amplio para el descontento y el desacuerdo. Algunos sectores acusan al gabinete económico de

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ineptitud, inexperiencia y lentitud. Quizá haya algo de cierto en ello, pero en no pocos casos se trata de la posición de grupos que han sentido sus intereses lastimados por las medidas adoptadas. En otros casos las interpelaciones bruscas provienen de economistas y administradores que han sido desplazados de los acogedores nichos de la burocracia estatal en los que se encontraban confortablemente instalados. Es probable que la lentitud pueda explicarse a veces por la novedad de algunos procesos puestos en marcha. El paso es más rápido e incluso más seguro cuando se transita por senderos conocidos que cuando se exploran caminos nuevos. La inexperiencia aparece como inevitable cuando se tienen que conformar equipos con gente nueva; para el caso da igual que sean personas jóvenes o maduras, que por razones políticas o generacionales no habían ocupado altas responsabilidades en el Estado. En otras ocasiones los programas económicos de Chávez son controvertidos por opositores de izquierda que piden más profundidad en las reformas y mayor definición de su sentido. Un ejemplo ilustrativo lo constituye la actitud frente a las privatizaciones de entes de propiedad estatal. Para las mentes colonizadas por el neoliberalismo, la ola privatizadora se ha detenido y con ello se estaría de regreso a un “pasado cepalista”, a la “mentalidad rentista”, a la “era del despilfarro”. Para los izquierdistas a ultranza las asociaciones estratégicas y las privatizaciones son concesiones innecesarias y, en el caso de los más extremistas, entregas reprobables a los intereses de las transnacionales. Esta clase de opositores olvida que algunas transformaciones latinoamericanas muy radicales culminaron en una destorcida que aumentó la frustración de los pueblos. Es posible que el enunciado de Chávez en el discurso de la primera toma de posesión, el 2 de febrero de 1999, haya alcanzado la condición de una orientación práctica: “El proyecto nuestro no es un proyecto estatista. No, estamos buscando un punto intermedio, tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea posible”1 1 .

1 1 V e n e z u e la A n a lític a , 14 d e m a rz o d e 2 0 0 0 , p . 9.

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Quisiéramos aludir al carácter político de ciertos factores externos que, por supuesto, ejercen una influencia negativa en las tendencias de recuperación económica. A pesar de la ortodoxia en el manejo económico, el pobre desempeño de la economía venezolana en la última década (alta inflación, frecuentes crisis cambiarías,1 2 crisis financiera, caída del crecimiento económico y alto déficit fiscal), sumado a la inestabilidad política, constituye la principal causa de la alta percepción de riesgo de la deuda pública desde el exterior. Las entidades calificadoras de riesgo en el mercado mundial han considerado que la deuda venezolana tiene un mayor riesgo de no pago. Esto encarece y dificulta el acceso a créditos en moneda extranjera, reduce la atracción de inversión foránea al país y aumenta el riesgo cambiario (ver Gráfico N° 6). Gráfico 6 Diferencial entre los bonos globales y las letras del tesoro de EE.UU. a 30 años 1999 - 2000

1/ Septiembre 1. Fuente: BCV.

1 2 E1 sistema cambiario de crawling peg en 1993; .subasta de dólares en 1994; flotación del bolivar y bandas cambiarias en 1996.

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El Gráfico N° 6 muestra que, a pesar de la disciplina fiscal venezolana, los bajos niveles de inflación registrados (8.8% en el 2000), las perspectivas del sector petrolero y un nivel cómodo de divisas (14 mil millones de dólares), además de la sostenida recuperación económica (un crecimiento estimado del 3% en 2000), la percepción externa del riesgo del país, aunque se ha reducido a menos de la mitad del nivel que acusaba en 1998, coloca la deuda soberana de Venezuela en una posición menos favorable que la de Brasil, economía que hoy es percibida como la más frágil del continente, o la de Colombia, que mantiene un desequilibrio estructural en sus fundamentales macroeconómicos. Al actual gobierno venezolano debe juzgársele por el desempeño de sus prácticas económicas pero no debe cobrársele el efecto negativo de los criterios de retaliación usados en su contra por factores externos supuestamente imparciales.

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X Planes económicos sectoriales y políticas sociales
De manera rápida traemos, casi a manera de ejemplo, las líneas proyectadas en relación con sectores de la economía y la sociedad. Al mismo tiempo hacemos anotaciones sobre las políticas sociales de la V República. A comienzos del año 2000 se asignaron 731 millardos de bolívares al área agropecuaria. El gobierno espera resultados verdaderamente ambiciosos, tales como duplicar el número de hectáreas sembradas y generar 100.000 nuevos empleos directos1 . Desde finales de 1999 el Ministerio de Producción y Comercio (MPC) incorporó tres productos de origen agropecuario en la lista de artículos sometidos a licencia previa de importación: productos oleaginosos, caña de azúcar, leche y sus derivados. Posteriormente a esa serie han entrado otros productos, como el sorgo. Ya en una etapa temprana del gobierno se declararon como rubros bandera, objeto por tanto de las preocupaciones oficiales y de la formulación de planes especiales, los siguientes: arroz, palma aceitera, pesca, cacao, caña de azúcar, café. Hasta el presente el plan concebido de manera más integral es el del arroz. El MPC impulsará campañas encaminadas a incrementar el consumo con el fin de mejorar la dieta de la población. De otro lado, el mismo ministerio reorientará los esquemas financieros no solo para abastecer el mercado interno sino también para colocar el arroz en las exportaciones2. Por supuesto, esas políticas exigen el estudio de los círculos comerciales colombianos, dado el impacto que

1 Purroy. Op. cit., p. 62. 2 El Universal, 17 de mayo de 2000.

tienen sobre el comercio interregional y sobre los acuerdos suscritos por los miembros de la Comunidad Andina de Naciones. Parece inobjetable una política agraria que persiga la independencia de Venezuela con respecto a la producción de alimentos. El viceministro de Comercio, Eduardo Ortíz Bucarán, señalaba la legitimidad de las políticas de protección puestas en marcha por el gobierno y acotaba que los Estados Unidos, “un paladín de la apertura económica mundial, no es competitivo, comparado con Europa, en rubros como el trigo, pero subsidia su producción para apoyar su sector agrícola”. “Si ese país, que mantiene una economía indiscutiblemente fuerte, lo hace, ¿por qué nosotros, en Venezuela, no podemos?”3. Sin embargo, las críticas a la gestión económica del gobierno demandan de él respuestas al tiempo económicas y políticas. El ministro de Producción y Comercio, Juan de Jesús Montilla, declaró que era preciso buscar otros renglones en los cuales, “a pesar de no ser muy competitivos, pueda haber un reforzamiento de la producción, mediante una decisión política”4. Un enfoque de esa naturaleza puede abrir una peligrosa brecha por donde entren y se ensanchen prácticas proteccionistas que den la espalda a la productividad y la competitividad. En esos casos los sobrecostos terminan traduciéndose en altos precios al consumidor o en cargas fiscales. Además, pueden tener una perniciosa influencia en los compromisos de Venezuela en el comercio regional. El gobierno de Chávez ha mantenido la promesa de la reforma agraria, que responde a necesidades de sectores de la población rural pero igualmente al interés nacional. Este punto ha provocado una persistente y aguda controversia, en la cual se acude a argumentos especiosos. Es el caso de las invasiones de terrenos, que han sido magnificadas por los voceros de los grandes propietarios del campo para tomar ventaja frente al reformismo agrario cuando éste incluye elementos redistribuí ivos de la

3 E l N acional, 13 de marzo de 2000, p. e-1. 4 Ibid.

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propiedad rural. En efecto, especialmente desde comienzos del año 2000 se habla de las ocupaciones de tierras como si se tratara de una masiva amenaza confíscatoria. Se mencionan cifras distintas de predios invadidos. Se echa de menos una evaluación más serena por parte de los voceros corporativos de los damnificados sobre el número exacto de predios afectados, la superficie total de las tierras invadidas, su distancia con respecto a las vías de comunicación y a los mercados. José Luis Betancourt, presidente de Fedenaga, el gremio de los ganaderos, denunciaba que hasta el 19 de junio de 2000 su organización había contabilizado 80 fincas invadidas en todo el país. Si el señor Betancourt se hubiese tomado el trabajo de comparar el caso de Venezuela con lo ocurrido en otros países de América latina en años recientes, se habría visto precisado a reducir el volumen del ruido sobre el asunto a unos niveles más adecuados a su significación objetiva. El presidente de Fedenaga, según la periodista Rodríguez Pons, “piensa que ya las leyes para acabar con las invasiones existen, lo que falta es que las autoridades del país, es decir, el poder judicial, las haga cumplir”. “Los invasores se aprovechan de la falta de gobierno”, acotó sentenciosamente el líder gremial5. Otro dirigente empresarial, alejado del ecosistema productivo que representa Fedenaga, el presidente de Fedecámaras, Vicente Brito, según Katiuska Hernández, “dijo que es ilógico que cuando se pretende crear un mecanismo que sancione a los delincuentes, salen a relucir voceros y representantes que defienden los derechos humanos de quienes transgreden las leyes. El empresario afirmó que han surgido voces gubernamentales en apoyo al delito”6. Resulta sorprendente la similitud del discurso de los poseedores de medios de producción cuando son tocados en su fina sensibilidad de propietarios. Un escándalo sobre una frase de Chávez alcanzó en su momento difusión parecida a la desatada por el problema de las invasiones: “Si yo no tuviera que

5 El Universal, 20 de jim io de 2000. 6 El Nacional, 20 de ju n io de 2000, p. d-8.

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comer, también robaría”, expresión que ha sido presentada por los adversarios del Comandante como abierta apología del delito. La población de las barriadas de Caracas muy probablemente recibió con menos exaltación moral la ocurrencia del presidente. La gente con el estómago vacío puede aceptar que la relación que la frase contiene, una y otra vez le ha rondado la cabeza como una posibilidad real. Hasta ahora el presidente Chávez, que por otro lado ha sido vapuleado por autoritario, se ha negado a resolver manu militari el problema planteado por las invasiones, como era la costumbre inveterada bajo el anden regime. Habría que anotar que algunos de estos choques entre el gobierno y grupos de la oposición han resultado friego cruzado de palabras no justificado por medidas concretas tomadas por el primero. Así, la oposición a la reforma agraria comenzó antes de que se hubiese conocido un proyecto concreto que presentara sus alcances. Las amenazas sobre confiscación de tierras ociosas despertaron la tempestad antes de que fuese expropiada la primera fanegada. Tal “excitación estéril” -para usar una expresión del gusto de Simmel- agota al gobierno, que se queda sin el santo y sin la limosna, y debilita a la oposición que, por supuesto, debería invertir su energía en críticas de mayor envergadura, para las cuales ciertamente no carece de insumos. Hay algunos planes grandiosos del presidente Chávez con respecto a vastas regiones hasta el presente débilmente integradas al conjunto nacional. Para esas regiones se articularían proyectos de poblamiento y progreso económico y social alrededor de ejes de desarrollo. El primero de ellos es el eje Apure-Orinoco, para buscar el desarrollo del centro-sur del país. El otro es el eje surnorte, que parte de Guasdualito y alcanza al Lago de Maracaibo. Una presentación breve pero pintoresca de esos planes se encuentra en el libro ya citado del periodista Richard Gott7. Esos planes suponen recursos financieros tales, que no hay urgencia de

7 Richard Gott. In the shadow o f theLibertador. Hugo Chavez and the transformation o f Venezuela. Editorial Verso, Nueva York, 2000, p. 181-182.

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comentarlos por ahora, cuando solo desde el final del primer semestre de 2000 la economía venezolana comenzó a dar señales de recuperación. La esperanza de atraer migrantes de algunas de las densamente pobladas ciudades del norte del país hacia las nuevas zonas parece ir en contravía del sentido de los movimientos de población. Es posible que el innegable carisma del presidente no alcance para poner en marcha tan exigente empresa. Mientras en la agricultura es notable un esquema proteccionista, hay sectores para los cuales se ofrece la alternativa de apertura. Tal es el caso de las rentables y atractivas ramas de la electricidad y las comunicaciones. Con respecto a la primera, en mayo de 2000 Rodríguez Araque, ministro de Energía y Minas, recordaba: “La ley del sector eléctrico, aprobada el año pasado, estableció -con pleno consenso- el hecho de que se abriera totalmente el ámbito de la generación de electricidad a la inversión privada. Lo mismo decidió en materia de transmisión de electricidad”8. Es preciso interpretar estas declaraciones del funcionario como reacción rápida aúna oferta concreta. En efecto, “el 28 de abril, AES Corporation, una compañía con sede en Arlington, Virginia (EE.UU.), anunció públicamente una oferta para comprar 51% de las acciones en circulación de C.A. La Electricidad de Caracas”9. Después de forcejeos por parte de La Electricidad de Caracas, de la intervención de la CNV, Comisión Nacional de Valores, y de accionistas nacionales, la familia Capriles, se llegó a un acuerdo a finales del semestre entre La Electricidad de Caracas y AES. La oferta del comprador del paquete mayoritario resultó muy atractiva; a su vez, la compañía venezolana había presentado una situación de solidez financiera. Otra rama en la que el Estado ha buscado una transformación radical ha sido el turismo. En la tercera semana de mayo de 2000 el MPC anunciaba la reestructuración de Corpoturismo a un monto de inversión de 1,8 millardos de
8 El Nacional, 8 de mayo de 2000, p. e-1. 9 Robert Bottome. “ OPA de AES: descarga eléctrica” . VenEconom ía Mensual, vol. 17, N° 8, m ayo de 2000.

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bolívares. Se contempló la reestructuración y la privatización de la entidad. Se revisaron los programas turísticos existentes y simultáneamente se elaboró un “Plan estratégico 2000” pensado para toda el área del turismo y para el cual se calculaba una inversión de 43 millardos de bolívares. Con la realización de tales planes se esperaba la creación de 330.000 puestos de trabajo1 0 . Para la industria se ha puesto en acción una serie de estímulos de corte convencional a los cuales suele acudirse cuando se busca la reactivación económica: alivios tributarios sustanciales, políticas tributarias diferenciadas para algunas regiones. Esa reactivación del aparato productivo nacional se incentivará de manera privilegiada en el sector automotor, en las empresas metalmecánicas y de autopartes y en las empresas químicas. Ya se señaló el tratamiento dado a la rama del aluminio y del oro, donde será apoyada la industria que oriente su producción o parte de ella a la exportación. Serán objeto de subsidios las artesanías de venta en el exterior, que por ser exclusivas no caen bajo las normas de la OMC. Igualmente tendrán derecho a estímulos las empresas que produzcan con un alto valor agregado nacional y se destaquen en el uso de mano de obra, materia prima y tecnología nacionales1 1 . Cuando escribimos estas notas sobre la política del régimen chavista en sus dimensiones sectoriales, es decir, sin tener en cuenta la dimensión macroeconómica, a la cual ya nos hemos referido, forzoso resulta, en la mayoría de los casos, pensar en términos de futuro. No topamos aún con resultados evaluables en la mayoría de los casos. Ello no debe extrañar. Durante su primer año de gobierno el presidente Chávez dio prioridad al tema político o, para usar la expresión que prefieren los propios actores, a la revolución política. Luego, el proceso electoral y el aplazamiento de las megaelecciones del 28 de mayo al 30 de julio estiraron el período de prioridad de lo político. Es decir, hace muy corto tiempo que entró en vigencia la etapa de la “Constituyente económica”.

1 0 El Universal, 18 de m ayo de 2000. 1 1 El Universal, 25 de m ayo de 2000.

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Los planes están proyectados sobre diversas duraciones y el más ambicioso, el Plan Estratégico Industrial, se lanzó en febrero de 2000 como carta de navegación para veinte años. Desde el momento en que Hugo Chávez Frías recibió de manos de Cesar Peña Vigas, presidente del Consejo Nacional Electoral, la credencial que lo acreditó como presidente, el mandatario demarcó diversos momentos de su gestión. Para ello apeló a las virtudes de sus compatriotas: “Invoco la prudencia, invoco la paciencia y la tolerancia de todos, invoco el amor a la patria, invoco la esperanza y lo mejor que podamos tener los venezolanos para dedicamos de ahora en adelante a la reconstrucción social y económica de Venezuela, que es la esencia de la evolución”. Un postulado político importante del gobierno, como arriba lo anotamos, es el de la democratización de la economía. Si ese propósito es de verdad una meta importante en las condiciones de Venezuela, debe abrir la empresa vertebral de la economía nacional, Pdvsa, a las posibilidades de ahorro de sectores significativos de la población. Hasta ahora no se advierten novedades en este campo. Para el mismo objetivo democratizador está también en perspectiva la ancha franja integrada por los artesanos y los micros, pequeños y medianos industriales. Aquí se ubica un “oeste” de la economía donde las posibilidades de crecimiento son todavía vastas. En verdad, como afirma Michaela Ridgway, “Comparada con otros países, Venezuela tiene un número per cápita de pequeñas empresas muy bajo, 0,5 por cada 1.000 habitantes, mientras que en Alemania la cifra es de 8,2/1.000, en Japón es 5,9/1.000 y en Colombia 1,5/1.000”1 2 . A pesar del escaso número de pequeñas y medianas empresas (Pyme), ellas representan cerca del 7% del PIB venezolano. El gobierno ha mostrado un innegable interés por este sector de la economía y la sociedad y ha dado muestras de ello al traducirlo en medidas concretas. El problema que suele ser

1 2 M ichaela Ridgway. “ Pequeña empresa: gran futuro” . VenEconom ía Mensual, vol. 17, N ° 8, m ayo de 2000.

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endémico para los pequeños y medianos empresarios, no solo en Venezuela sino también en otros países, especialmente del Tercer Mundo, es el del financiamiento. Conocedor de la significación de ese cuello de botella, en octubre de 1999 el gobierno creó el Banco del Pueblo Soberano (BPS). Sin embargo, la constitución de la entidad no estuvo al parecer precedida de los estudios técnicos que hubieran establecido tratamientos adecuados para los muy peculiares problemas que plantean las instituciones bancarias de este nivel. Así, según M. Ridgway, ya citada, en sus primeros días de ftmcionamiento el BPS recibió 36.000 solicitudes de créditos y para mediados de marzo de 2000 la institución había aprobado solo 200, por la suma de Bs. 52 millones. Si la celeridad con la que se creó el banco habla de la disposición del gobierno para ofrecer soluciones para las pequeñas y medianas empresas, resultados como los presentados por el BPS aconsejan no descartar que los adversarios del chavismo tengan razón con respecto a algunos aspectos concretos de la gestión económica oficial cuando aluden a la inexperiencia y falta de capacidad gerencial de los funcionarios. Es también cierto que los servicios bancarios en Venezuela presentan problemas de ineficiencia para los cuales no parecen avizorarse soluciones, al menos a corto plazo. La política salarial auspiciada por el gobierno ha sido la de propiciar aumentos controlados. En 1999 el salario mínimo pasó de 100.000 a 120.000 bolívares. En un año de intenso movimiento electoral el gobierno no perdió la cabeza decretando alzas salariales más allá de los límites que la prudencia aconsejaba mantener. Para el año 2000, voceros de los empresarios pusieron sobre la mesa sus reservas. El vicepresidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, al referirse al incremento salarial acordado en ese año para el sector público, acotó: “Siempre nos ha preocupado el impacto fiscal de este tipo de política”. Antes que el equilibrio fiscal a los empresarios, conmovía la influencia de la determinación sobre la negociación con los trabajadores. Una y otra vez los voceros gremiales de los patronos sugirieron al gobierno dejar las negociaciones libradas al arbitrio del mercado. Con todo, el ministro de Trabajo, Lino Martínez, intentó por un

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lado la concertación tripartita de gobierno, empresarios y trabajadores, y por el otro mantuvo las reuniones bilaterales con los voceros de unos y otros. Después de agotadoras reuniones el ministro señaló: “La opinión pública ya ha detectado una posición contradictoria de Fedecámaras. Insisten en que no es necesario decretar la inamovilidad, por otro amenazan con cerrar empresas y despedir a los trabajadores, cosa que ya están haciendo”1 3 . Más adelante veremos cómo se resolvieron las diferencias sobre el incremento salarial.

Contradicciones gobierno-C TV
El gobierno debía negociar con la directiva sindical, dentro de la cual tiene enemigos declarados. En el plan de esta exposición general del fenómeno chavista en Venezuela no hemos previsto la presentación detallada de los conflictos y controversias del Comandante y de su gobierno con algunos sectores de la sociedad civil venezolana. Algunos temas permiten hacer alusión a tales controversias. En este caso nos referiremos de manera breve al conflicto del gobierno con la Confederación de Trabajadores de Venezuela. Desde la campaña presidencial Hugo Chávez colocó a la central sindical, dadas sus vinculaciones históricas con AD, en el conjunto de las denominadas por él “cúpulas podridas”. El ataque estuvo explícitamente dirigido contra las directivas de la CTV. La Constituyente a su vez colocó entre sus objetivos la intervención estatal en los asuntos del sindicalismo. El movimiento sindical está integrado por diversas corrientes y la CTV es la más importante, por los recursos de que dispone y por el número de afiliados. La Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV), dirigida por los comunistas, la Confederación General de Trabajadores (CGT) y Codesa, de orientación socialcristiana, completan el espectro. Han aparecido

13 E l N a c io n a l, 1° d e j u lio d e 2 0 0 0 , p. e-1 .

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así mismo formas asociativas nuevas del sindicalismo, como el Frente Nacional Constituyente de Trabajadores. En enero de 2000 tuvo lugar ima reunión de las anteriores organizaciones y corrientes con participación de miembros de la Asamblea Nacional Constituyente. En esa ocasión se firmó “un acuerdo de principios para la democratización, adecentamiento y reunificación del movimiento sindical venezolano. Quedó instituida una comisión con representación paritaria de todas las centrales y movimientos sindicales”1 4 . Pero estos propósitos de unidad fueron flor de un día. Las contradicciones entre el gobierno y la CTV y otras fuerzas sindicales han sido demasiado fuertes como para permitir que entre las asociaciones gremiales de los trabajadores se tejan acuerdos más o menos consistentes. Por su parte, el sindicalismo de los trabajadores del petróleo cuenta con varias organizaciones: Fedepetrol, Fetrahidrocarburos y Sintraip, esta última de tendencia chavista. Los problemas se han repetido. En varias ocasiones Fedepetrol ha amenazado con la huelga. La huelga petrolera tendría lugar en octubre de 2000. El núcleo de la confrontación se originó en la decisión de la Asamblea Nacional Constituyente de suspender la negociación sobre la convención colectiva de trabajo. Esto implicó el desconocimiento de derechos ya adquiridos por los trabajadores. Si se trasciende los motivos específicos del enfrentamiento se verá que en el enfrentamiento de buena parte del sindicalismo con el gobierno yacen razones políticas de fondo. En un régimen y en un movimiento como el chavista, el liderazgo carismàtico es uno de los elementos centrales que da lugar al esquema de acción que podría resumirse como “movilización por abajo y gestión por arriba”. Un arreglo político tal suele encontrarse en dificultades con respecto a organizaciones o instituciones que no entran de manera fluida en la relación líder-masas. Esas correas de transmisión, que suelen funcionar muy bien en las lógicas de dominación burocrática, en un modelo de dominación carismàtico se convierten en “obstáculos”. Los caudillos modernos intentan
1 4 El Universal, 26 de enero de 2000.

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controlar al sindicalismo, y en caso de que ello no sea posible, debilitarlo en sus alcances políticos. En Colombia esa contradicción se hizo notoria en el caso del gaitanismo de los años cuarenta. A Gaitán no le resultaba aceptable un sindicalismo dominado por comunistas y liberales oficialistas. En 1945, en vísperas del VII Congreso de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), el líder populista intentó crear una CTC nueva. Se trataba del proyecto enderezado a la constitución de un polo sindical que respondiera a las orientaciones del movimiento de “la restauración moral de la república”. Pasada la coyuntura, el caudillo perdió interés en la propuesta. Con posterioridad a la multielección del 30 de julio de 2000 el presidente Chávez fortaleció sus bríos en el ataque político contra la CTV y en favor de la construcción de un movimiento sindical “bolivariano”. Generoso en el uso de las expresiones folclóricas, en las que con frecuencia envuelve material explosivo contra sus adversarios, dijo sobre la suerte que le esperaría a la CTV: “candanga con burundanga”, y a sus dirigentes: “a cada cochino le llega su sábado”. Pero más allá de la mención de sustancias y platos, se han producido hechos y anuncios de importancia que demandan un comentario. El primero de ellos tuvo lugar a comienzos de septiembre de 2000 y fue la constitución, auspiciada por el gobierno, del Frente Bolivariano de los Trabajadores. Esta organización no exige sindicatos afiliados a ella sino grupos de trabajadores del sector formal e informal. El segundo es la convocación a un referendo sobre la organización gremial de los trabajadores. El Presidente expuso la iniciativa en términos crudos: “Señores de la CTV, la fuerza bolivariana de los trabajadores los va a arrollar, los vamos a echar y lo vamos a hacer con las mismas armas que ya conocemos. Vamos a hacer un referéndum nacional de trabajadores para preguntarles a todos si quieren la unión sindical en Venezuela y luego vendrán elecciones generales para elegir democráticamente a los verdaderos líderes obreros”1 5 .

1 5 Venezuela Analítica, 14 de septiembre de 2000.

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Habría que reconocer que la sostenida campaña de Chávez ha producido una reorientación de la CTV. Para buena parte de los dirigentes sindicales resulta ahora claro que el ambiente político dentro de cual ellos cumplieron un papel importante y se beneficiaron de las prerrogativas concedidas por el Estado, ya no existe más. Además, con respecto a ellos hay ojos vigilantes sobre la corrupción. Ante la abierta hostilidad del nuevo sistema político los sindicalistas han asumido que desaparecerán si no adelantan una transformación de la organización que han dirigido por décadas. Así lo reconocía Carlos Navarro, secretario general de la CTV: “Lo que se debe hacer en consecuencia es un proceso profundo de transformación, como creo que en efecto lo estamos haciendo, con 60 años de atraso, pero lo estamos haciendo”. Indicaciones de que ese propósito es real las da el establecimiento de las elecciones directas y del voto secreto para elegir a los directivos sindicales. En los estatutos que fueron aprobados en abril de 2000 se introdujo en el régimen interno de la CTV la figura del referéndum revocatorio, el referéndum aprobatorio y el referéndum consultivo. Si esas decisiones se llevan a la práctica significarán una real democratización del sindicalismo venezolano. En esta ocasión no parece conveniente que el recurso a la democracia plebiscitaria del presidente Chávez salga adelante. La Constitución bolivariana reconoce el derecho de asociación, el cual resultaría violado por el referéndum. Es obvio aducir que la democracia contemporánea no se agota, como sugería Schumpeter, en la técnica para elegir a los gobernantes, y que sus reglas del juego van más allá de contar la mitad más uno. La garantía del derecho a disentir y el respeto a. las minorías entran junto con otras reglas y valores en la noción y en las prácticas de un régimen democrático1 6 . Venezuela ha firmado acuerdos internacionales sobre los derechos de asociación sindical, que desde luego resultarían desconocidos por el referéndum.

1 6 C on respecto a discusiones sobre el contenido de la democracia resulta útil consultar, entre otros, a Um berto Cerroni, Regole e valori nella democrazia. Stato di diritto Stato sociale Stato di cultura. Roma, Editori Riuniti, 1989.

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Después de esta digresión reanudamos el hilo de nuestra narrativa. A comienzos de la última semana de junio de 2000 el presidente Chávez dio un plazo perentorio a los empresarios para definir el incremento salarial; en caso de incumplirse el término, el aumento sería establecido por el Ejecutivo. Lo último fue lo que ocurrió. Se señalaron aumentos diferenciados. Los trabajadores con ingresos entre 144.001 y 500.000 bolívares recibieron un 15% de incremento, y quienes ganaban entre 500.001 y 700.000 bolívares recibieron un aumento del 10%. Para los trabajadores de empresas afectadas por la tragedia del Estado de Vargas y para quienes laboraran en empresas de menos de veinte trabajadores el incremento fue del 10%. Aunque el Ejecutivo no mencionó expresamente la inamovilidad laboral, decretó que “las empresas deben mantener estable su personal durante 60 días”1 7 . Desde el principio de su gobierno Chávez puso especial empeño en el Plan Bolívar 2000, un programa asistencial para atender a necesidades básicas y urgentes de la población más pobre. El plan se convirtió en un programa emblemático del chavismo, por las siguientes razones: está orientado a los sectores dentro de los cuales figura la mayoría de los votantes por Chávez y demás candidatos de la Quinta República; ha sido dirigido por los militares; realiza de manera práctica el postulado de la unión del pueblo con la Fuerza Armada mediante la incorporación de los militares, sus instalaciones y sus equipos a trabajos con la comunidad; y responde a los principios autogestionarios por cuanto incluye la organización de las comunidades para la realización de las labores aprobadas. Las acciones que suelen realizarse mediante el Plan Bolívar 2000 son las campañas de vacunación masiva, la construcción de escuelas y centros de salud, la atención médica para urgencias, la apertura de tramos cortos de carreteras, la restauración de vías, la provisión a precios baratos de víveres para la población necesitada.

17 E l N a c io n a l, 4 d e ju lio d e 2 0 0 0 , p . d -4 .

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En verdad las acciones que se han enumerado corresponden a una fase del Plan Bolívar 2000. En su conjunto son tres las fases que lo integran. El Proyecto País (Propaís) imparte asistencia a gente más necesitada y en situación de máxima exclusión social. El Proyecto Patria (Propatria) prevé la incorporación de empleados públicos y desempleados en trabajos sociales; para esta fase se contempló la organización de grupos de la comunidad para el trabajo productivo. Finalmente, el Proyecto Nación (Pronación) se asocia con proyectos de orden estructural para la industrialización en algunos sectores de la economía y en vinculación con Cordiplán. El Plan Bolívar 2000 sustituyó a varios de los programas sociales compensatorios que antes existían; el criterio fue el de concentrar y racionalizar recursos con el fin de mejorar sustancialmente los resultados. El proyecto comenzó el 27 de febrero de 1999, al cumplirse el décimo aniversario del “caracazo”. En la alocución del 13 de mayo de 1999, con motivo de los cien primeros días del gobierno, el presidente Chávez presentó un balance de las realizaciones del Plan Bolívar 2000 en la fase Propatria. Las realizaciones a las que aludió el discurso merecen recordarse: se levantó un censo de desempleados y fueron organizados con miras a la iniciación de la fase productiva; se efectuaron 9.900 cirugías, correspondientes a situaciones de emergencia, y 151.041 consultas generales; se repararon 932 escuelas y 78 hospitales. El presidente, que como es bien sabido no ahorra la palabra, enumeró otras realizaciones del proyecto en el área de trazado de caminos, de construcción de viviendas, de carreteras, etc. En un período reciente el general de división Gonzalo García Ordoñez, comandante de la Fuerza Armada Nacional, aseguró: “Hemos generado 98 mil trabajos. La meta estimada en el primer semestre es de 105.0001 8 . Las cifras absolutas dicen poco si no se contrastan con el volumen de las necesidades. El plan presenta ventajas que se traducen en ahorro de inversión:

1 8 El Universal, 20 de junio de 2000.

168 ■ Medójilo Medina

ha laborado en parte con maquinaria que ya no se utilizaba en los cuarteles y que, sometida a reparación, se ha puesto en uso, y ha movilizado una fuerza de trabajo, la de los militares, que es cubierta por el presupuesto ordinario. En el desarrollo de los programas sociales inciden los problemas de la administración que influyen en los demás campos de la actividad del gobierno. William Fariñas, presidente del Fondo Único Social (FUS), señalaba a mediados de junio de 2000 que los desembolsos a favor de ese organismo resultaban muy lentos. El funcionario indicaba que el FUS debe recibir 30.000 millardos de bolívares por mes, pero hasta mediados de junio de 2000 había percibido en total solo 48 millardos. Fariñas atribuyó a problemas de orden político-técnico la causa de esos retrasos. “Por un lado dijo-, están los criterios macroeconómicos que apuntan a controlar el gasto público para evitar el déficit fiscal, y a no propiciar más inflación. Por el otro, aparecen los argumentos sociales respecto de que existe 80% de pobreza crítica y que hay millones de venezolanos en condición de exclusión o carentes de cualquier tipo de asistencia”1 9 . El Plan Bolívar 2000 ha provocado censuras de los opositores de la V República. Algunos reclaman mayor transparencia y critican la discrecionalidad con la que los militares manejan los recursos. Tal observación no carece de razón. Tuvimos ocasión de experimentar la dificultad de acceder a la información no propagandística sobre el Plan Bolívar 2000. Aunque en Venezuela es más fácil que en Colombia establecer contacto con funcionarios públicos y líderes políticos, nos resultó imposible lograrlo con los directivos militares tanto del proyecto como del FUS. Los ejecutivos de esos entes están protegidos por una eficaz muralla de secretarias desdeñosas que tampoco por sí mismas atienden las preguntas de quien busca informarse.

19 E l U n iv e rs a l, 19 d e ju n io d e 2 0 0 0 .

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Al Plan Bolívar 2000 se le ataca desde otro ángulo, el de los militares en retiro, aquellos que derrotaron los intentos de golpe militar de 1992 y que tienen razones subjetivas para el descontento por sentirse parte de aquella dirigencia del país que fue desplazada por los resultados de las elecciones del 6 de diciembre de 1998. En la declaración de principios del Frente Institucional Militar, difundida en marzo de 2000, puede leerse: “Se ha preferido utilizar a las Fuerzas Armadas en tareas que tienen un claro sentido demagógico y populista, sin ninguna programación en cuanto a la limitación de sus objetivos y tiempo de empleo. Esta equivocada política ha comprometido totalmente su entrenamiento y deteriorado gravemente sus equipos, provocando una grave disminución en su moral de combate y en su apresto operacional”. Se trata de un juicio político sobre la participación de la FAN en el Plan Bolívar 2000 que se basa en supuestos difíciles de demostrar. Es cierto que la tarea que desempeñan los militares en el Proyecto que estamos comentando se aleja de una visión convencional sobre la función de los militares en un país. No obstante, eso no quiere decir que tenga necesariamente las consecuencias negativas sobre las cuales advierten los militares en retiro. A estos programas asistenciales, por lo menos en lo que respecta a la primera fase, el gobierno les ha asignado un alcance parcial. Tienen la virtud de ofrecer soluciones en el corto plazo a necesidades muy urgentes de sectores socialmente muy deprimidos. Ese asistencialismo probablemente habrá tenido algún peso en el comportamiento del voto chavista.

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XI Los procesos electorales del año 2000

Las elecciones del año 2000 fueron las dos últimas de un total de siete que se llevaron a cabo en Venezuela entre noviembre de 1998 y octubre de 2000. Los venezolanos fueron a las urnas siete veces en dos años. Hubo elecciones para Congreso, gobernadores y asambleas legislativas (noviembre de 1998); elecciones presidenciales (diciembre de 1998); referéndum consultivo para convocar la Asamblea Constituyente (abril de 1999); elección de los miembros de la ANC (julio de 1999); referéndum aprobatorio de la Constitución (diciembre de 1999); relegitimación de autoridades nacionales y regionales (julio de 2000) y relegitimación de autoridades locales (octubre de 2000) ’. Las elecciones del 30 de julio del año dos mil pusieron fin al régimen de transición decretado después de la promulgación de la Constitución de 1999 y ratificaron a Hugo Chávez como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. La aprobación de la nueva Constitución, mediante el plebiscito de diciembre de 1999, fue el verdadero inicio de la “revolución pacífica” de Hugo Chávez. El 29 de diciembre de 1999 la Asamblea Nacional Constituyente aprobó el Régimen de Transición del Poder Público2, el cual contemplaba la relegitimación de los poderes para ponerlos de acuerdo con las nuevas normas constitucionales: “El presente régimen de transición

1 El Nacional, 29 de ju n io de 2000, p. a -10. 2Asam blea Nacional Constituyente. “ A probación del Régimen de Transición del Poder Público” . Gaceta O ficial N° 36.859, diciem bre 29 de 1999.

regulará la reestructuración del poder público con el propósito de permitir la vigencia inmediata de la Constitución aprobada por el pueblo de Venezuela y proclamada por la ANC”3. Y fue con base en ese decreto de transición que en enero de 2000 la ANC dictó el Estatuto Electoral del Poder Público4, que contenía las normas por las cuales se regirían las primeras elecciones en el marco de la nueva Constitución; en el estatuto citado se dispuso que las elecciones para relegitimar los poderes públicos se llevarían a cabo el día 28 de mayo de 2000. A este proceso de elecciones generales se le denominó “megaelecciones”, dada su magnitud: se elegirían desde el presidente de la república hasta juntas parroquiales, en total 6.241 cargos, algunos creados recientemente por la Constitución del 99. Se inscribieron alrededor de 33.000 candidatos. Las razones para la relegitimación fueron las siguientes: a) la entrada en vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela el 30 de diciembre de 1999, la cual contemplaba una estructura e integración de los órganos del poder legislativo nacional y estatal distintos de los que habían regido para los extintos Congreso de la República y asambleas legislativas de los Estados; b) el hecho de que los períodos previstos por la Constitución vigente para el presidente de la república y los gobernadores de Estado variaron con respecto a los períodos para los que fueron elegidos en 1998; c) el vencimiento de los períodos de los concejales y alcaldes municipales e integrantes de las juntas parroquiales y la necesidad de que dichos cargos fueran provistos democráticamente por las comunidades; d) el cambio en la estructura e integración de los órganos municipales del Distrito Capital; e) la necesidad de elegir democráticamente y de manera directa por el pueblo a los representantes de Venezuela ante los parlamentos Latinoamericano y Andino, respectivamente; f) el derecho de los pueblos indígenas a elegir una representación a los

3 Ibid. 4 Asam blea Nacional Constituyente. “ Estatuto Electoral” . Venezuela Analítica, 4 de abril de 2000.

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cuerpos legislativos del Estado; g) así mismo, el derecho de la Fuerza Armada Nacional a ejercer el sufragio. Conscientes de su debilidad política, algunos adversarios intentaron salirle adelante a la V República por los caminos judiciales. El Estatuto Electoral y el decreto a través del cual la Asamblea Nacional Constituyente dispuso que las megaelecciones se realizaran el 28 de mayo, fueron impugnados por el jurista Alian Brewer Carias, (ex diputado a la ANC y ex candidato presidencial), Claudio Fermín y Alberto Franceschi, quienes sostenían que después de publicada la nueva Constitución, el 30 de diciembre de 1999, la ANC debía someterse y respetar sus normas supremas, por lo cual no podía dictar más que los llamados actos constituyentes. Según los demandantes, la Sala Constitucional, en sentencia del 22 de enero de 2000, había establecido que los actos de la ANC emitidos después del 30 de diciembre de 1999 debían ajustarse a la nueva Constitución. Argumentaban que al dictar el Estatuto Electoral la ANC violaba la Constitución, teniendo en cuenta que el Estatuto prácticamente derogaba la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. Para ellos, según la nueva Constitución, la Asamblea Nacional debía ser la única entidad encargada de legislar sobre materia electoral. En general, lo que impugnaron Brewer Carias y sus diáconos fue el carácter inconstitucional del Estatuto Electoral, pues fue dictado por la Asamblea Nacional Constituyente y según la Constitución ese organismo no estaba facultado para legislar. El vicepresidente, Isaías Rodríguez, señaló que el recurso carecía de los fundamentos jurídicos necesarios, al considerar que se estaba en un régimen de transición, que según sus palabras era “la búsqueda de la consolidación de una legalidad que definitivamente le coloque un piso firme a las instituciones”...5 La Corte Suprema de Justicia decidió la legitimidad del estatuto y por tanto ratificó la fecha de realización de las megaelecciones para el 28 de mayo de 2000.

5 E l N a c io n a l, 23 d e fe b re ro d e 2 0 0 0 , p . d -2 .

El elegido m 173

La campaña electoral se desarrolló entre el Io y el 25 de mayo de 20006, inicialmente solo con dos candidatos, el presidente Hugo Chávez por el Polo Patriótico y Claudio Fermín por el movimiento denominado Encuentro Nacional. Pronto empezaron a verse fracturas dentro del Polo Patriótico. En el Movimiento V República, comandantes que eran compañeros de armas de Hugo Chávez decidieron hacer campaña aparte. Los desacuerdos en la plana dirigente del MVR se habían precipitado por las denuncias que Jesús Urdaneta Hernández, ex director de la Disip7 , presentara el 14 de febrero de 2000. Urdaneta había señalado que desde el gobierno se le estaba haciendo la guerra al organismo de inteligencia que él dirigía y acusó al ministro de Relaciones Exteriores, José Vicente Rangel, de estar detrás de la persecución y utilizar los derechos humanos como excusa. Así mismo Urdaneta Hernández denunció al presidente del “Congresillo” (nombre con el que popularmente se conoció la Comisión Legislativa creada por la Asamblea Nacional Constituyente), Luis Miquilena, por haber adjudicado a la empresa Micabú, de la que don Luis era socio, el contrato para imprimir el texto constitucional. Miquilena calificó a Urdaneta y a sus compañeros de “revolucionarios disfrazados”8 y sobre la denuncia explicó que a la empresa Micabú se le había adjudicado el contrato para imprimir la Nueva Constitución porque “no había otra imprenta, dada la prisa en publicar el texto constitucional”. A tales alturas el conflicto expresaba un fenómeno muy característico de los movimientos que tienen un origen conspirativo: la contradicción entre “cristianos viejos” y “conversos”. Los comandantes, copropietarios y custodios del Santo Grial, se pretendían depositarios de una legitimidad originaria, frente a títulos de menor mérito de quienes llegaron al movimiento en una época posterior. El 15 de febrero Yoel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta Hernández y Francisco Árias Cárdenas, los tres ex comandantes
6 Revista Comunicanet, Caracas, marzo 23 de 2000, año 2, N ° 42. 7 Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención. 8 El Nacional, 17 de febrero de 2000, p. d-1.

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del 4 de febrero, ofrecieron una rueda de prensa en la que exteriorizaron su inconformidad con algunas acciones del gobierno, aunque manifestaron su inconmovible respaldo al presidente y su confianza en el proceso adelantado por él: “Somos compañeros de un juramento de honor por Venezuela y lo vamos a cumplir a todo riesgo, en cualquier instancia”, dijo Árias. Por su parte, Yoel Acosta Chirinos declaró: “Tenemos un compromiso de vida con el pueblo venezolano y lo seguiremos teniendo hasta el final”; sobre el presidente de la república añadió: “...es un compañero que tiene sobre sus hombros la gran responsabilidad de conducir al pueblo por el camino de la verdadera democracia”. Sin embargo, dos días después el dirigente del Polo Patriótico Guillermo García Ponce aseguró que la alianza gubernamental había descartado totalmente el respaldo electoral a los comandantes Francisco Árias, Yoel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta Hernández. El distanciamiento se hizo más evidente ante las acusaciones de Ignacio Quintana9, quien se perfilaba como embajador en el Vaticano, contra Árias, que en febrero se desempeñaba todavía como gobernador del Estado de Zulia. Ignacio Quintana lo acusó ante la opinión pública de corrupción administrativa al otorgar contratos preferentes a miembros del Copei en ese Estado. La negativa de Hugo Chávez a respaldar al gobernador del Zulia fue tomada por éste como la aceptación de los cargos, y decidió renunciar a la gobernación. Se sumaron a su protesta Yoel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta Hernández. Los comandantes coincidieron en acusar al canciller José Vicente Rangel, al ex ministro de Relaciones Exteriores Ignacio Arcaya y al presidente de la Comisión Legislativa Luis Miquilena, de practicar el “puntofijismo”. En respuesta a las acusaciones de Quintana, Árias Cárdenas señaló que funcionarios del gobierno de Chavez habían desatado una campaña perversa para tratar de enlodar su gestión. Por su parte, el ex parlamentario Rodrigo Cabezas se refirió a Árias en los siguientes términos: “me quito el

9 E l N a c io n a l, 23 d e fe b re ro d e 2 0 0 0 , p. a - I b .

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sombrero ante la capacidad maquiavélica del señor gobernador (...) que pudo apoyar a Irene Sáez y al mismo tiempo a Hugo Chávez para la presidencia de la República, que fue candidato a la gobernación del Zulia por el MVR y también del partido socialcristiano Copei”10. A comienzos de marzo el Comando Táctico Nacional del MVR se dividió ante la decisión de dar o negar el apoyo a las candidaturas de los tres comandantes disidentes. Finalmente, la mayoría apoyó la negativa, en vista de las duras declaraciones de Árias Cárdenas contra Luis Miquilena, presidente del Congresillo. Ante la imposibilidad de la reconciliación, Árias Cárdenas inscribió su candidatura a la presidencia por un movimiento que se denominó Izquierda Democrática. Con este hecho los candidatos fueron tres: Claudio Fermín, Francisco Árias Cárdenas y Hugo Chávez. Si hasta entonces la confrontación entre los comandantes se había presentado como “contradicciones en el seno del pueblo”, como se decíq en lenguaje maoísta, a partir del lanzamiento de la candidatura se transformó en un hecho político de significación más amplia. La mayoría de la oposición antichavista creyó encontrar en Árias Cárdenas su tabla de salvación. En verdad, la candidatura del segundo hombre del movimiento bolivariano introdujo un elemento de claridad en la política venezolana. Permitió establecer la medida de apoyo a Chávez y el peso cuantitativo de la oposición. La candidatura de Claudio Fermín fue importante porque reflejó la enorme dificultad que tienen los partidos políticos para constituirse en alternativa a partir de los cambios que se han producido en la mentalidad política de la gente después de 1998. Los procesos de repolitización que se han producido en Venezuela han aparecido por fuera de los canales partidistas. Durante el proceso electoral se destacó la actuación del movimiento político Primero Justicia, de Henrique Capriles Radonski, Leopoldo López y Julio Borges. Hay sectores del

!0 El Nacional, 24 de febrero de 2000, p. d -I.

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espectro político que desde la oposición mantienen una actitud sobria contra el chavismo, una oposición que señala alternativas. No es poco el mérito de ese grupo de dirigentes políticos que se ha desmarcado de las formas patéticas de oposición características de esa franja de venezolanos que desde diciembre de 1998 vienen tascando con desazón los sentimientos que engendra la “viudez amarga”. En febrero empezó a verse el descontento en otros sectores de la coalición denominada Polo Patriótico, cuando dirigentes de Patria Para Todos y del Movimiento al Socialismo denunciaron falta de comunicación con el MVR. Miembros del PPT advirtieron que abandonarían el Polo Patriótico si el MVR no respaldaba algunas candidaturas suyas. Por su parte, Leopoldo Puchi, secretario del MAS, exhortó al MVR a negociar, señalando que existía la posibilidad de una fragmentación11. En los primeros días de mayo, al iniciarse la campaña electoral, se abrieron las pugnas entre los candidatos del Polo Patriótico por el apoyo del presidente. Durante su recorrido por las regiones, Chávez expresó públicamente su respaldo a determinados candidatos. En Anzoátegui, por ejemplo, invitó a votar por David de Lima, candidato respaldado por el MAS, y señaló que Alexis Rosas, miembro del PPT y gobernador de Anzoátegui en ese momento, lo había defraudado. Los miembros de Patria Para Todos criticaron la actitud del presidente y manifestaron: “lo respaldamos para que el proceso no se interrumpa, pero eso no quiere decir que hipotecamos nuestra visión y concepción de partido”12. Ante la propuesta de quitarle el respaldo a Hugo Chávez, se dividió el PPT. Un primer grupo, encabezado por Aristóbulo Istúriz y David Paravisini, pidió abiertamente retirarle el apoyo. El otro grupo, en el que se encontraban Pablo Medina, José Albornoz y el ministro de Minas y Energía, Alí Rodríguez, llamó

1 1 Venezuela Analítica, 29 de febrero de 2000. 12 E l N a c io n a l, 2 d e m a y o d e 2 0 0 0 , p . a-1 .

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a la conciliación y admitió que por conveniencia política, la subsistencia del partido y del proyecto político, era necesario continuar con el Presidente, porque una ruptura solo favorecería a la oposición. Finalmente, la dirección nacional del PPT acordó el respaldo a la candidatura de Chávez1 3 . Pero las declaraciones agresivas de Chávez contra los candidatos pepetistas llevaron, por tercera vez en quince días, a que los miembros del PPT consideraran la idea de quitarle el apoyo. El 15 de mayo se reunió de nuevo el PPT y al día siguiente las directivas anunciaron que no respaldarían al Presidente porque supuestamente “descubrieron que existía un pacto del MVR con AD para perjudicar a la dirigencia pepetista...” Tras la reunión, Aristóbulo Isturiz afirmó en tono resignado: “No vamos a hacer campaña contra Chávez (...) Nosotros solo formalizamos lo que Chávez ya había hecho: la separación de nosotros”1 4 . Ante tal decisión, Chávez señaló que para ganar las elecciones no le hacía falta para nada la taijeta de Patria Para Todos y aseguró que buena parte de la militancia de base del PPT se mantendría a su lado. Es posible que no le faltara razón al Comandante, pero la arrogancia no produce impresión estimulante en el observador desprevenido. Estimamos que siguen siendo garantía de calidad en la actividad pública aquellas virtudes que Weber asociaba al liderazgo político: pasión, mesura, sentido de la responsabilidad. Algunos pueden objetar que la mesura no da votos. Tienen razón. Pero no pocas veces la voracidad electoral lastima la ética. Al retirarle el apoyo al presidente Chávez, PPT se quedó sin candidato presidencial, pero a pesar de ello, según lo manifestó Pablo Medina, los pepetistas acordaron no llamar a votar en contra de Chávez, es decir, se retiraron de la alianza electoral pero no pasaron a la oposición. Al ser aplazadas la megaelecciones, el PPT contempló la posibilidad de lanzar candidato presidencial propio15, pero eso finalmente no sucedió. Isaías Rodríguez comentó
1 3 El Nacional, 4 de mayo del 2000, p. d-1. 1 4 El Nacional, 17 de m ayo del 2000, p. d-1. 1 5 El Nacional, 1 de junio de 2000, p. d-2.

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sobre la decisión de los pepetistas: “...el PPT no puede actuar como una maquinaria más. No puede ser un aparato que mire el proceso con una visión eminentemente electoralista. Como un problema de gobernaciones y de alcaldes. Como un asunto de reafirmación que tiene más de sectarismo que de otra cosa”16. El proceso electoral estuvo caracterizado, según sus propios protagonistas17, por la baja calidad del debate, la poca profundidad en los temas tratados, las divisiones dentro de los movimientos, la agresión verbal entre los candidatos y en algunos casos la agresión física entre sus seguidores. A pocos días de las megaelecciones del 28 de mayo, grupos de la sociedad civil y la Iglesia católica pidieron que los candidatos le bajaran el tono a la agresión y los invitaron a suscribir un pacto de no agresión, pero el intento falló, pues la iniciativa no fue asumida de verdad por ninguna de las partes. En ambientes polarizados esos llamados no son creíbles cuando son hechos por entidades o personas a quienes se les asome en el primer descuido el rabo de paja. Difícilmente, por ejemplo, el vocero de la Conferencia Episcopal, monseñor Baltazar Porras, puede clasificarse como paradigma de moderación en relación con el chavismo. Faltando solo unos días para las megaelecciones, de mayo de 2000 Liliana Ortega y Elias Santa, representantes de Cofavic18, solicitaron a la Sala Constitucional suspender las megaelecciones hasta que fueran superadas las anomalías existentes en el proceso. El recurso de amparo rezaba: “...venimos a solicitar justicia porque el país no está preparado para la realización de las elecciones...”1 9 Las razones que adujeron no fueron pocas: primero, la falta de garantías de la concordancia que las bases de datos de las postulaciones y de los candidatos debía tener con los tarjetones,

1 6 El U niversal, 16 de m ayo de 2000. Isaías R odríguez, el PPT y una reflexión desesperada. 1 7 Ibid. 1 8 Comité de Familiares de Víctimas de los Sucesos de febrero / marzo de 1989. 1 5 Venezuela Analítica, 27 de mayo de 2000. Acta de la Audiencia Constitucional del día jueves 25 de mayo de 2000.

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con las flash cards y con las Gacetas Electorales. En segundo lugar, la desorganización e imposibilidad de realizar un simulacro que diera confianza a la ciudadanía sobre el funcionamiento del sistema de automatización. En tercer lugar figuraban las irregularidades en el Registro Permanente, y en el cuarto, el hecho de que los miembros de mesa no habían sido notificados ni entrenados para su desempeño. Por ultimo, señalaron la supuesta parcialidad del Consejo Nacional Electoral y la inoperancia del Comité de Auditoría Externa, convocado por el CNE para que vigilara el proceso electoral. La Corte consideró que no existían condiciones técnicas que garantizaran la confiabilidad y transparencia del acto electoral a celebrarse el 28 de mayo de 2000 y ordenó remitir el fallo a la Comisión Legislativa (Congresillo) para que procediera a fijar una nueva fecha para la realización de los comicios con los mismos candidatos, sin admitirse nuevas postulaciones20. Ante esta situación de emergencia, los miembros del CNE se vieron en la obligación de renunciar, dando paso a la elección de un nuevo CNE integrado por diez miembros, cinco principales y cinco suplentes; entre los principales figuraban Vicente González, ex gerente de automatización del CNE; Alfredo Avella, quien representaba a Fedecámaras en el comité auditor del CNE; César Peña Vigas, ingeniero industrial, ex rector de la Universidad Tecnológica del Centro en Carabobo, por el movimiento Queremos Elegir; Rómulo Ramírez, ingeniero eléctrico postulado por el movimiento Refundación Gremial 2000, y finalmente Imelda Rincón, ücenciada en educación21. El 5 de junio, después de hacer el juramento ante la Comisión Legislativa, los.nuevos miembros del CNE tomaron posesión de sus cargos y nombraron como presidente del organismo a César Peña Vigas. Sin violencia y por los caminos de la negociación se salvó un obstáculo que habría arrojado sombras densas sobre la legitimidad de las elecciones.

3 0 Ibid.

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El nuevo organismo evaluó la situación y dispuso la realización de las elecciones en dos fechas. El 30 de julio fue escogido para elegir presidente de la república, representantes al Parlamento Latinoamericano y al Parlamento Andino, diputados a la Asamblea Nacional, gobernadores, alcalde metropolitano, concejales al cabildo metropolitano, diputados al Consejo Legislativo y alcaldes municipales. Para el primero de octubre se acordó la elección de autoridades locales (concejos municipales y juntas parroquiales). Tal solución concertada fue entendida por la opinión internacional como un signo de madurez política de los venezolanos. El contraste con la negativa que por esos días daba Fujimori al aplazamiento de las elecciones en el Perú elevó la calificación sobre el acuerdo de modificación del calendario electoral en Venezuela. La campaña electoral se abrió nuevamente el 3 de julio y se extendió hasta el día miércoles 26 del mismo mes. Aunque el nuevo CNE tuvo más aceptación, no faltaron las críticas de sectores políticos que lo consideraron demasiado afecto a Chávez. En esta nueva etapa de la campaña fue importante el mensaje que un grupo denominado Junta Patriótica dirigió al presidente por medio de un vídeo en el que un militar activo en ese momento, el capitán Luis Eduardo García Morales, le solicitaba al presidente la renuncia: “Señor presidente, sea inteligente y renuncie, ya que usted está acabando con Venezuela. De lo contrario tomaríamos las medidas pacíficas y convocaríamos a la desobediencia civil...”; además, pedía que “se le someta ajuicio por los daños causados a la patria...” El vídeo fue entregado a Hugo Chávez por el Frente Institucional Militar22. El presidente ordenó la investigación pertinente y puso en la cárcel al militar, quien tuvo que abandonar la institución. Hubo manifestaciones de apoyo por parte de algunos

2 1 El Nacional, 4 de ju nio de 2000, p. d-2. 22 El N acional, 27 de junio del 2000, p. d-1.

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miembros del FIM, grupo de militares retirados, poco contentos con la gestión del Presidente. Así mismo se presentaron denuncias de parte de un miembro de la Fuerza Aérea. Esos pronunciamientos llevaron a algunos medios de dentro y de fuera de Venezuela a hablar de “ruido de sables”. El ex presidente Carlos Andrés Pérez, a quien durante su gobierno irritaron diversos ruidos (de sables y de cacerolas), por ejemplo, declaró a comienzos de julio de 2000 para el Nuevo Herald, de Miami, que “habrá un golpe de Estado contra el mandatario Hugo Chávez Frías antes que concluya este año”. El ex presidente, que a finales de febrero de 1989 colocó a Caracas al arbitrio de las tropas, volvió a depositar su esperanza en los militares: “No se puede tener confianza en los procedimientos electorales -sentenció- puesto que él (Chávez) maneja todos los resortes del poder”23. Finalm ente llegó el 30 de julio y, como estaba pronosticado, Chávez ganó la presidencia y consiguió una mayoría indiscutible en la Asamblea Legislativa y en las gobernaciones. Un aspecto sintomático fue la declaración hecha por Árias Cárdenas al final del debate electoral de ese día, 30 de julio en el sentido de que él era el ganador en la contienda: se autoproclamó presidente desde muy temprano y hasta dos días después. Esas declaraciones de Árias sobre la claridad de su triunfo no pueden interpretarse como simple ardid de candidato; más bien eran manías del golpista. Al lanzar de manera contundente tales afirm aciones, enviaba señales hacia los cuarteles. Según comentarios de reconocidos periodistas, al atardecer del 30 de julio el ex presidente Jimmy Cárter visitó la sede del comando de campaña de Árias Cárdenas para exigir a nombre de los veedores internacionales que cesaran los boletines de contenido enteramente triunfalista de esta agrupación.

23 Venezuela Analítica, 4 de ju lio de 2000.

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Tabla 4
Elecciones del 30 de julio de 2000 Resultados para presidente de la República Población electoral: 11.795.440 Total de votantes: 6.600.196 (56.5%) Abstención: 5.081.449 (43.5%)

Candidato Hugo Chávez Francisco Árias Claudio Fermín
inicial.htm

Votos 3.757.773 2.359.459 171.346

Fuente: Consejo Nacional Electoral, http://www.cne.cantv.nei/

En estas elecciones los partidarios de Hugo Chávez conquistaron 14 de las 23 gobernaciones. En relación con la Asamblea Nacional las organizaciones del espectro chavista obtuvieron una mayoría incontrovertible. De las 165 cumies el MVR alcanzó 76, el MAS 21 y el PPT l 24.

1 A Base de datos políticos de las Américas.

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xn
La política internacional

En el presente capítulo recogemos los aspectos que estimamos centrales en la política internacional del actual gobierno venezolano: las relaciones con los Estados Unidos, la política latinoamericana y el enfoque tercermundista, la aspiración al multipolarismo, las relaciones conflictivas con Colombia. Hemos de advertir que tales puntos no agotan el tema y que ellos exigen un tratamiento más amplio del que aquí recibirán. Mucho antes de su llegada al poder, tanto dentro como fuera de Venezuela se conocía el propósito independiente de Chávez con respecto a la política internacional de su país y su convicción en la vigencia del principio de autodeterminación de los pueblos. Los desencuentros que desde el principio se precipitaron en las relaciones entre Washington y Caracas no podían aparecer sorpresivos para nadie. Las diferencias han tocado tanto los temas propiamente internacionales como el tratamiento dado a los asuntos internos por el gobierno chavista. El nombramiento de José Vicente Rangel como ministro de Relaciones Exteriores resultó emblemático. Se trata de un veterano periodista, columnista prestigioso del diario El Universal, director de un programa de televisión, varias veces candidato presidencial. A la edad de setenta años conserva su apego a principios que lo llevaron al exilio durante la dictadura de Pérez Jiménez y la simpatía con que acompañó a la revolución cubana desde los días alborales de enero de 1959. Rangel y don Luis Miquilena han sido las figuras clave que han hecho frente a las confrontaciones políticas suscitadas en tomo al régimen chavista en los planos

extemo e interno, aunque no en una rígida división del trabajo. Quizá otro sentimiento al que se ha conservado fiel el Canciller es su prevención frente a Colombia, de la que dio reiteradas muestras en su largo ejercicio del periodismo. Infortunadamente no es el único funcionario de la Quinta República que lleva tributo al altar de ese prejuicio. Solo que en el caso de Rangel la inclinación personal tiene en este aspecto consecuencias delicadas, dada la especificidad e importancia del alto cargo que desempeña. Los Estados Unidos empezaron su hostilidad hacia Chávez desde los días de la campaña presidencial venezolana de 19971998. El embajador en Caracas John Maisto se negó a conceder visa al Comandante para visitar los Estados Unidos. Con moderada hostilidad, el Departamento de Estado siguió los pasos del gobierno que se estrenó en Caracas el 2 de febrero de 1999. Los temores se revivieron en agosto del mismo año, cuando las fuerzas desalojadas del poder por los bolivarianos hicieron acopio de energía y de sus apoyos de masas para respaldar al Congreso en el conflicto planteado entre éste y la Asamblea Nacional Constituyente. A esa hora del canto del cisne hubo voceros de la administración norteamericana que hicieron pronunciamientos explícitos de apoyo a la movilización de la gente del viejo establecimiento, que miraba exasperada cómo se derrumbaban sus últimos baluartes. El embajador estadounidense, con paciencia pero con insistencia, ha hecho eco de manera intermitente a las campañas de la oposición. Por ejemplo, en marzo de 2000 aludía a la posibilidad del retiro de empresas norteamericanas del suelo venezolano, por problemas de inseguridad común1 . Por esos mismos días, en carta de Rangel a Maisto, Caracas expresó su descontento por la evaluación unilateral respecto de Venezuela contenida en el Informe Mundial 1999 sobre Derechos Humanos, presentado por el Departamento de Estado al Congreso norteamericano.

1 El Universal, 3 de marzo de 2000.

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A comienzos del año 2000, de nuevo el Departamento de Estado expresó su opinión adversa al proceso político venezolano. Peter Romero, secretario de Estado Adjunto para Asuntos Hemisféricos, se refirió con irritación a los referendos, elecciones y plebiscitos. Desde una posición de comprensión por la actitud del funcionario norteamericano y por ende de crítica a la parte venezolana, Elsa Cardozo, intemacionalista y profesora de la Universidad Central de Venezuela, comentó que “la alternativa en cambio es la claridad y la responsabilidad en la atención a un socio muy grande, a ratos muy incómodo, pero por lo pronto muy importante”2. Es decir, la confusión y la irresponsabilidad siempre se atribuirán a los más débiles en las relaciones de poder. Esas afirmaciones ponen en evidencia que la politología es una ciencia de muy reciente importación en Latinoamérica y que no en todas partes ha tenido aún tiempo para asumir los necesarios procesos de recontextualización. Sin embargo, la posición de los funcionarios norteamericanos no ha sido unívoca. Es notoria cierta vacilación nacida del cuidado de no precipitarse con respecto a Chávez como en el pasado sucedió en otros casos, agudizando contradicciones que en su origen no eran tan fuertes. Se trata de limitar el juego de la mecánica de las oposiciones. Tomás Pickering, subsecretario para Asuntos Políticos del Departamento de Estado, en el curso de su gira por América latina realizada a mediados de febrero de 2000 declaró que los EE.UU. respaldaban “la forma como el gobierno, la Asamblea Nacional Constituyente y el Congreso han consultado al pueblo venezolano a lo largo del proceso fundamental de grandes reform as políticas y económicas”3. Durante esa gira, Pickering se entrevistó con el presidente colombiano Andrés Pastrana en Colombia y con su homólogo ecuatoriano Gustavo Noboa. En Venezuela tuvo conversaciones con el vicepresidente Isaías Rodríguez; el ministro del Interior,

2 Elsa Cardozo Da Silva. “ En el filo” . Venezuela Analítica, 15 de febrero de 2000. 3 El Nacional, 16 de febrero de 2000, p. a-2.

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Luis Alfonso Dávila y el presidente del Congresillo, Luis Miquilena. Más allá de lo incidental, hay algo de mayor fundamento en la controversia entre los dos países. El profesor Carlos A. Romero plantea con razón que hay una contraposición entre la idea de democracia que tienen los Estados Unidos dentro de parámetros neoliberales y el “tipo de democracia participativa, directa y plebiscitaria” que Chávez está tratando de definir.4 Al respecto vale la pena recordar el hecho simple de que entre las nociones de democracia de los antiguos y los modernos hay distinciones fundamentales y que en las ideas y prácticas de la democracia en las sociedades contemporáneas también existen tales diferencias. Si ello es así, no solo es dable sino fecundo admitir que la democracia es un sistema perfectible. Que muy probablemente la democracia representantiva no constituye el último e insuperable estadio de cristalización de la democracia. El análisis del principio democrático por fuera de las fenomenologías históricas mediante las cuales él se desarrolla, resulta un ejercicio metafisico o una imposición política arbitraria. No pretendemos hacer afirmaciones tajantes sobre las excelencias de la democracia bajo la Quinta República, pero al menos creemos que lo más recomendable no es la condena y estigmatización de las búsquedas. Hemos puntualizado arriba, en una descripción sobre la cual no abrigamos pretensión de originalidad, que la democracia representativa en la modalidad partidocrática, o democracia de partidos, como la llama Brewer Carias, se adentró en un callejón sin salida. El liderazgo carismàtico de Chávez abrió posibilidades a un movimiento popular que no se precipitó por los desfiladeros del fascismo ni por los atajos de conflictos violentos, sino que entró por las urnas a un cauce de relaciones políticas democráticas cuyo marco todavía no se ha configurado del todo. Si la democracia representativa corrió en Venezuela el riesgo del anquilosamiento

4 Carlos A . R om ero, “ El antioccidentalismo de Chávez” . Venezuela Analítica, 22 de junio de 2000.

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burocrático y la descomposición ética, por su parte la democracia plebiscitaria enfrenta los riesgos de las formas de democracia directa: el autoritarismo y las modalidades tuteladas de participación ciudadana. Una zona de conflicto entre los gobiernos norteamericano y venezolano ha sido la concerniente a los sobrevuelos de aviones militares norteamericanos sobre territorios venezolanos. La discusión empezó temprano y por momentos ha subido de tono. Nos referiremos a episodios del duelo verbal sobre el tema en el año 2000. El 22 de febrero el general Charles Wilhelm, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, dijo que aunque Venezuela seguía obstaculizando el sobrevuelo de su territorio por Estados Unidos se sentía “alentado” por la aprobación de una solicitud de sobrevuelo5. El ministro de la Defensa, general de división Ismael Hurtado Soucre, negó que se hubiese concedido tal autorización. En el más reciente Informe Internacional de Narcóticos, que cada año elabora y difunde el Departamento de Estado y que fue conocido a comienzos del año 2000, se encendió una vela a Dios y otra al diablo. De una parte, Venezuela recibió elogios por el esfuerzo desarrollado contra el narcotráfico y el consumo de drogas, pero de otra se anotó que la interceptación aérea del narcotráfico había resultado ineficaz en la mayor parte de 1999. El Informe fue más allá al colocar al país en la condición de oveja negra: “A excepción de Venezuela -se señaló-, todos los países del hemisferio han tomado las medidas pertinentes para facilitar la extradición, incluyendo la de los nacionales. Esperamos que el gobierno tome los pasos necesarios para la eliminación de la actual Constitución la prohibición de la extradición”6. Maravilla lo perentorio del emplazamiento y la forma expedita como se ordena una reforma constitucional en otro país; así la Carta se hubiera acabado de aprobar, como era el caso de la Constitución bolivariana.

5 El Nacional, 23 de febrero de 2000, p. a-2. 6 Venezuela Analítica, 2 de marzo de 2000.

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Enjunio de 2000 el tumo en el ataque le tocó al zar antidrogas, Bany McCafírey, quien declaró “que la verdadera preocupación de Estados Unidos respecto a Venezuela es su falta de cooperación en la lucha contra el narcotráfico”. El funcionario consideró que la negativa de Venezuela a aceptar sobrevuelos habría creado un agujero negro en la vigilancia regional. Con la misma metáfora José Vicente Rangel devolvió el golpe: “El mayor hueco negro que tiene el narcotráfico es el territorio de los Estados Unidos”7. Por su parte, el 21 de junio de 2000, Mildred Camero, presidenta de la Comisión contra el Uso Indebido de las Drogas (Conacuid), terció en la polémica: “Le guste o no a Estados Unidos, tiene que aceptarlo (la negativa a los sobrevuelos) debido a que es una política de Estado instituida por el gobierno de Venezuela”8. Las entidades que tienen que ver con el control de las drogas son el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Fuerza Armada y el Conacuid. Con participación de las tres funciona desde 1999 una comisión especial en el Ministerio de Relaciones Exteriores. La posición de los militares, especialmente los de la Marina y la Fuerza Aérea, ha sido de total respaldo a la política del gobierno al respecto. En la oposición, no pocos estiman que es una terquedad de Chávez y del Canciller mantener el veto a los sobrevuelos norteamericanos. Desde tal perspectiva el desafío a un socio tan poderoso es visto como una provocación. Pero también desde la oposición se han escuchado voces de aprobación a la política gubernamental. En reportaje convertido en libro por el periodista y escritor Ibsen Martínez y el historiador Elias Pino, el ex ministro del Cordiplan bajo Caldera y figura política prestigiosa de Venezuela, Teodoro Petkoff, afirmaba sobre el tema: “En eso yo comparto el criterio de no permitir los sobrevuelos de Estados Unidos sobre territorio venezolano, y no lo hago por anti­ imperialismo. Sencillamente, me parece que la solicitud norteamericana resulta irrespetuosa para nuestra nación. Es una actuación que corresponde a la idea del gendarme universal, a la
7 El Nacional, 28 de junio de 2000, p._b-2. 8 El Universal, 21 de ju nio de 2000.

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idea de la pax americana que supone que los Estados Unidos puede realizar intromisiones en todas partes del mundo, y el resto de las naciones tiene que aceptarlas pasivamente”9. Por lo que puede verse, la controversia no ha terminado. Al contrario, es de esperar que arrecie, dados los procesos que está desencadenando el Plan Colombia. Una decisión tomada por Chávez ha quedado aún envuelta en las brumas del enigma. Probablemente muchos recuerden las imágenes de la televisión y la información de prensa en tomo a la impresionante tragedia que se abatió el 15 de diciembre de 1999 sobre el litoral central, muy cerca de Caracas. Un invierno prolongado represó las aguas en los pliegues del Ávila, que al liberarse lanzaron gigantescas avalanchas sobre la costa. En marzo de 2000, cuando el avión en que volábamos iniciaba el descenso en dirección a Maiquetía, pudimos ver desde la altura la huella de los deslaves como arañazos profundos dejados por monstruosas zarpas sobre el lomo verde de las montañas. El resultado fue de miles de muertos y heridos, miles de familias privadas del techo, escuelas y puestos de salud destruidos, etc. En esa ocasión el gobierno se movilizó con energía para tratar de suavizar los efectos más terribles del desastre. Entre las ayudas del exterior estuvo la ofrecida por el gobierno de los EE.UU. para el Estado Vargas, en arreglo, en principio, con autoridades venezolanas. Dos grandes naves se dirigieron a las costas de Venezuela. Según las autoridades norteamericanas, transportaban equipos para remover tierra, lodos y escombros. Cuando los barcos ya se habían puesto en marcha, el gobierno venezolano desestimó la ayuda y las naves debieron regresar a casa. Hasta ahora no se ha producido una explicación convincente de Chávez o de voceros de su gobierno sobre aquel episodio, que se conoció con amplitud fuera de Venezuela.

5 T e o d o ro P e tk o ff. O p . c it., p. 4 0 .

El elegido ■ 191

En diversos campos se han expresado también las diferencias del actual gobierno de Venezuela con respecto a los criterios e intereses de los Estados Unidos. Como lo comenta Steve Ellner en la 29 asamblea general de la OEA, que tuvo lugar en Guatemala en junio de 1999, José Vicente Rangel tocó varios puntos sensibles para la administración norteamericana. Se pronunció por la eliminación del mecanismo de certificación de los países latinoamericanos por parte de los Estados Unidos en lo tocante a la lucha contra el narcotráfico, llamó la atención sobre la posible corrupción de funcionarios antinarcóticos de ese país, se opuso a la resolución propuesta por Thomas Pickering y destinada a crear mecanismos dirigidos a evitar el deslizamiento de gobiernos democráticamente elegidos hacia regímenes dictatoriales. En la visión de Rangel la propuesta de resolución estaba concebida de manera tan vaga que serviría de pretexto para desencadenar intervenciones10. Venezuela se ha negado a suscribir resoluciones de condena a China, Cuba e Irán a propósito de violaciones de los derechos humanos. Respecto de los “bombar­ deos humanitarios” desencadenados por la Otan en Yugoslavia, es conocida la posición crítica de la administración venezolana. El gobierno venezolano ha aprovechado diversos foros internacionales y el activo programa de viajes del Presidente por el mundo para llamar la atención sobre los enfoques de la revolución bolivariana a propósito de las relaciones internacionales. Esa conducta ha sido presentada por adversarios de Chávez como manifestación del incontenible afán de protagonismo personal del mandatario. La crítica tiene probablemente parte de razón, pero nace también de la asimilación de la convención según la cual los grandes problemas del mundo globalizado deben ser objeto de pronunciamientos solamente de los países poderosos. En la décima cumbre de jefes de Estado y de gobierno del Grupo de los Quince, celebrada en El Cairo en junio de 2000, el vicepresidente Isaías Rodríguez se refirió a la
1 0 Steve Ellner. A rticle on President Hugo Chávez o f Venezuela. (S e consu ltó el manuscrito).

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necesidad de que los países en desarrollo tengan voz y voto en el diseño de las políticas mundiales, en particular las referidas al área económica. “Los esfuerzos que realizamos en cada uno de nuestros países no tendrán éxito mientras no tengamos voz y voto en el diseño de políticas económicas y mientras estas continúen siendo coto cerrado de los poderosos países industrializados”, manifestó. Escuchaban al vicepresidente venezolano las máximas autoridades de Egipto, Argelia, Argentina, Brasil, Chile, India, Indonesia, Jamaica, Kenia, Malasia, México, Nigeria, Perú, Senegal, Sri Lanka y Zimbawe. Rodríguez “Advirtió que tal situación aumenta la diferencia entre ricos y pobres”, razón por la cual consideró necesario “relanzar un diálogo franco y abierto con el Grupo de los Ocho”1 1 . En octubre de 1999 Chávez realizó una visita a China. En tal ocasión no escatimó manifestaciones de elogio hacia la revolución china y a la figura histórica del “Gran Timonel”. La visita tenía objetivos importantes para las relaciones económicas entre los dos países, pero las metas políticas de Caracas eran todavía más importantes. Chávez manifestó que la disolución de la Unión Soviética no podría tomarse como la aceptación de que todos los pueblos debieran apropiarse del modelo neoliberal. Se congratuló de que la dirección china mantuviera en alto la bandera de la autodeterminación de los pueblos. Tanto el viaje como el contenido de los discursos pronunciados en esos días obedecieron a la preocupación de Chávez por la conveniencia de un mundo multipolar. En 1989 cayó una forma de arreglo geopolítico trazada en Yalta y Teherán y que permitió al mundo vivir y desarrollarse sobre una paz relativa. Parecería entonces que la unipolaridad es la nueva fórmula y que ella debe tomar aire cuantas veces sea “necesario” en intervenciones desencadenadas por los Estados Unidos pero obligatoriamente apoyadas por los demás países poderosos de Occidente. La Guerra del Golfo en 1991 y la guerra de la OTAN contra Yugoslavia, pero también de advertencia a

" E l N a c io n a l, 21 d e ju n io d e 2 0 0 0 , p . e-2 .

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China y Rusia, cumplirían esa función de “zonas de alimentación” en la carrera hegemónica norteamericana. En el mundo hay otras maneras de ver las cosas y la actual política exterior venezolana es una muestra de ello. Con Chávez se ha producido una intensificación de las relaciones políticas con el Brasil. A nuestro entender, ese movimiento se inscribe dentro de las aspiraciones del gobierno de Caracas de contribuir a la configuración de un mundo multipolar. Por su población, tamaño, realidades y potencialidades, Brasil es un país llamado a constituirse en uno de los centros de poder de ese mundo multipolar. En el último año se han elaborado planes especiales de cooperación económica entre los dos países. Ciertos adversarios de la Quinta República presentan algunos de los aspectos de la ideología de Chávez y las orientaciones de la actual política exterior como flores “nativistas”, como efímeras pompas de jabón originadas en una visión no realista, anacrónicamente tercermundista de las realidades económicas y políticas del mundo actual. Sin embargo, flores parecidas expiden su aroma en ambientes ecológicos muy diferentes al medio venezolano. Entre los aprestamientos que cualquier ciudad del mundo debe realizar cuando en nuestros días se le hace el honor -que resultará cada vez más embarazoso- de ser la sede de las reuniones del BM y el FMI, está la de renovar los equipos antimotines e incrementar el número de policías. Lo propio hicieron las autoridades de la ciudad de Washington cuando se preparaban las reuniones de los dos organismos, que tendrían lugar en dicha ciudad en la tercera semana de abril de 2000. Las previsiones no resultaron exageradas. Mítines y manifestaciones callejeras suministraron la música de fondo de las sesiones. Esas movilizaciones coincidieron con ciertas turbulencias internas originadas en las pretensiones del Japón de ser tenido en cuenta para la dirección del FMI. Hasta ahora el Banco Mundial ha sido dirigido por un norteamericano y el Fondo por un europeo. Pero antes había producido mucho impacto mundial la ola de manifestaciones y disturbios que se produjo en Seattle en

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noviembre de 1999 en tomo a la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Cuarenta mil personas, en su inmensa mayoría con educación superior, se congregaron en esa ciudad atendiendo a la convocatoria de diversas ONG que desde comienzos de los años noventa pusieron su mirada crítica sobre los movimientos y decisiones de los organismos multilaterales que dirigen las relaciones comerciales, los sistemas financieros y el crédito internacional1 2 . La reunión de la OMC culminó en un fracaso. La 55 asamblea general del FMI corrió con peor suerte, no pudo ni siquiera terminar formalmente sus sesiones. Los delegados tuvieron por escenario a la bella ciudad de Praga y el Palacio de los Congresos del Partido Comunista. Quizá fue mal augurio para la tecnocracia del Fondo el haber escogido para su cónclave aquel recinto. La asamblea, que se inauguró el 26 de septiembre de 2000, debió concluir un día antes del previsto. No se tomó en verdad una decisión, el gran salón de las deliberaciones estaba casi vacío. La mayoría de los delegados abandonó precipitadamente la capital checa temiendo por su seguridad. La batalla campal que desataron los manifestantes anti-FMI dejó un saldo numeroso de heridos, entre ellos dos delegados, pérdidas por miles de dólares y 500 detenidos1 3 . Numerosos delegados sugirieron que ese tipo de asambleas del Fondo debía cesar, dada la creciente violencia que están despertando. Si nos hemos detenido en estos episodios de la lucha contra el tipo neoliberal de globalización es porque creemos que en parte coincide con el programa a largo plazo de la revolución bolivariana en Venezuela. El descontento contra las políticas del FMI y contra “el sistema de comercio manejado por las corporaciones” no es exclusivo de las mentalidades radicales o de espíritus fundamentalistas del Tercer Mundo sino que lleva también a las calles a ciudadanos orgullosos de poseer títulos de la Universidad de Harvard. Justamente una de las principales organizadoras de
1 2 Ver un artículo informativo sobre la reunión de Washington en la Revista Cambio, B ogotá, 24 de abril a primero de m ayo de 2000, p. 50 y siguientes. 1 3 El Tiem po, Bogotá, 28 de septiembre de 2000, p. 2-14.

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las protestas es una mujer joven, norteamericana, Lori Wallach, directora del Global Trade Watch. Que nos perdone el lector si nos apartamos un tanto de la línea de exposición para traer a cuento las palabras que la madre de la pequeña Lori le dijera alguna vez cuando la niña le narró una pelea escolar: “Patea a tus enemigos y escoge a tus amigos. Nadie debe adoptar una posición neutral con respecto a ti. Tus amigos deben amarte y tus enemigos, pensar que eres su peor dolor de cabeza”14. Quizá el niño Hugo Rafael Chávez no escuchó de labios de su madre tan espectacular y a la vez condensado programa de vida, pero su carácter confrontacional y polémico presenta los rasgos de la nerviosa y eficaz Lori. En las vidas de los hombres y mujeres se dan la mano aquello que Hegel llamaba “la necesidad histórica objetiva” y las experiencias subjetivas de deprivación o segregación. Verificar cómo se produce ese original encuentro es uno de los elementos que convierten la investigación histórica en un quehacer apasionante. Ahora presentaremos un par de apuntes sobre la política latinoamericana del chavismo. Este es el campo en el que más se muestra la distancia entre la filigrana del discurso y el consistente tejido de los hechos. Planes ambiciosos, realizaciones modestas. Entre los primeros estuvo en el diseño original la búsqueda de la integración de los tres polos comerciales con los que ha tenido relación diversa Venezuela: la cuenca del Caribe, el Amazonas (Mercosur) y los Andes (CAN)15. Si se mira hacia el entorno económico más inmediato, la Comunidad Andina de Naciones, esta organización no ha recibido estímulos inmediatos del gobierno venezolano. Las señales han sido desalentadoras. Por ejemplo, Venezuela ha dado muestras de inconform idad con el mantenimiento de una institución como el Tribunal Andino de Justicia, que dirime las diferencias entre los asociados. La eliminación de tal organismo le quitaría los dientes que la regulación del comercio interregional necesita. Al respecto,

1 4 M oisés Naim, “ Fuimos más veloces que los gobiernos más poderosos” . En Cambio, B ogotá, 24 de mayo a 1 de ju nio de 2000, p. 52. 1 3 Richard Gott. Op. cit., p. 192.

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parecería que el Comandante mostrara mayor preferencia por los movimientos de la mano invisible que por las inevitables coerciones de los reglamentos interestatales. Hasta comienzos de octubre de 2000 Caracas no había mostrado disposición de acatar el fallo del mencionado tribunal con respecto al transbordo de mercancías en la frontera colombo-venezolana. Causa sorpresa la actitud del gobierno de Venezuela frente a la CAN, dado que de este organismo forman parte los países vinculados de manera más directa a la herencia de Bolívar. Habrá que ver si esta actitud cambia en algo ahora, cuando Venezuela preside las instituciones directivas de esta comunidad. Habría que señalar, sin embargo, que en general la situación de la economía en la región ha sido lamentable y de ello no se podría adjudicar toda la responsabilidad a los gobiernos. Los países andinos se muestran muy vulnerables a los shocks externos y estos fueron muy impactantes en 1998 y 1999. Este último año fue el peor momento para el grupo desde su creación, como lo señaló el economista jefe de la Corporación Andina de Comercio, Fidel Jaramillo. Según sus estimaciones, la contracción promedio de los países andinos llegó al 4% del PIB regional y la tasa de desempleo alcanzó el 18%, la más alta desde el inicio de la integración. Igualmente los flujos de capital hacia la región fueron los menores en toda la década: la inversión extranjera disminuyó de un monto por encima de diez millardos de dólares a 5,7 millardos en 1999”16. Cuando cesen los efectos pertubardores de la crisis económica será posible ver con mayor claridad los reales alcances de la política latinoamericana de Chávez. De otra parte, están las aspiraciones de la Quinta República en relación con la constitución de una alianza de las Fuerzas Armadas de los países de América latina. En la medida en que la integración en este campo se proyectaría como realidad independiente de los Estados Unidos, no es posible tomarla como una meta sino a muy largo plazo. En la actualidad, con diferencias

16 E l N a c io n a l, 21 d e fe b re ro d e 2 0 0 0 , p. e-2 .

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por países, el grado de dependencia de la región con respecto al imperio es tan alto que no parece realista que el tema se convierta en punto de la agenda de los gobiernos latinoamericanos en un futuro próximo. Aunque la solución esté lejana, plantear el problema tiene sentido si se considera que la tesis básica está formulada en la filosofía de un mundo multipolar. Esta es una cuestión importante de los tiempos actuales. Diversos países están bajo la presión del poder del Estado más fuerte. En enero de 2000 se realizó en Alemania un seminario de representantes de la alta política militar sobre “Bundeswehr y formación política”. Allí un representante de los Estados Unidos, con claridad que desarma, señaló que las Fuerzas Armadas alemanas se están convirtiendo en un peligro para la Otan, dado su atraso. Afirmó que de manera inmediata se requerirían 50 millardos para asegurar la modernización en la alta técnica17. Los presentes en aquel seminario sabían bien a qué tecnología se refería el mensaje y también a qué proveedores norteamericanos debía acudirse. Cuando de manera tan cruda los Estados Unidos tratan a sus aliados de los países desarrollados, dirigidos además, como sucede en la actualidad, por gobiernos socialdemócratas, ¿podrá la gente del Tercer Mundo calificar de lunático o trasnochado a un jefe de Estado que lleve a la opinión pública estos problemas? No hemos hecho hasta ahora alusión alguna a los lazos de Chávez con Fidel Castro. Entre Venezuela y Cuba las relaciones han estado rodeadas de espectacularidad. Recuérdese, si no, el juego de béisbol que tuvo lugar en La Habana en noviembre de 1999, entre dos equipos de los cuales hacían parte los dos comandantes: el capitán del equipo cubano, más que otoñal y el del venezolano en la flor de la edad. Pero no existe una simetría entre la teatralidad y la importancia efectiva del tema. En

1 7 W .H. Gerling, “ Deutschland au f dem W ege zur Normalität? Auslandseinsätze der B undesw ehr” , B undesw ehr und p olitisch e Bildung. D ialog foru m für Fragen der Sicherheit und Zusammenarbeit, Dokumentation, Bundeszentrale für politische Bildung, Aussenstelle Berlin, Berlin 2000, p. 13-16.

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Venezuela y más allá de sus fronteras, los que no quieren a Chávez utilizaron el acercamiento de las dos naciones para desencandenar una propaganda adversa al caudillo que inició su gobierno revolucionario en la última estación del siglo XX. Se dijo que el comandante venezolano quería llevar a su país por los caminos que el cubano había conducido al suyo y se habló de la constitución de fantásticos ejes del tipo Habana-San Vicente del CaguánCaracas. No pensamos que quienes con crispamiento levantaron esas historias se las creyeran a sí mismos. Por supuesto, quienes han hecho seguimiento a la política económica de Chávez, o aquellos lectores que sin disponer de mayor información previa han tenido la paciencia de recorrer las páginas de este libro, encontrarán que las palabras de Chávez en el sentido de que estaría empujando la nave venezolana hacia el mismo mar por el cual navega la revolución cubana no tienen más alcance que el de las metáforas para subir el ánimo a la hora de los brindis antes que de eso se encargue el espíritu del vino. Desde luego, hay aspectos específicos de las relaciones entre los dos países que implican una disposición real para la ayuda mutua. Tal sentido han tenido, por ejemplo, los planes para la recuperación de la refinería de petróleos de Cienfuegos mediante una inversión de Pdvsa, así como la numerosa brigada de médicos y otros especialistas cubanos que llegaron a Venezuela por los días de la tragedia del Estado de Vargas. A su vez, el canciller Rangel ha tenido el suficiente tacto para resolver problemas que han surgido. Cuando dos de los integrantes de la brigada solidaria cubana pidieron asilo en Venezuela se les concedió visa de transeúntes. Con ello no se despertaron las iras de Castro, quien se habría sentido provocado con la figura del asilo, y se dejó con la boca cerrada a la oposición interna, que en una negativa de la cancillería habría hallado motivo para denuncias por violación de los derechos humanos. Así, mediante una ágil finta, el gobierno se aseguró con limpieza el punto. Un momento importante de las relaciones Cuba-Venezuela lo constituyó la visita de cinco días a Venezuela cumplida por el presidente Castro durante la última semana de octubre de 2000,
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la cual mostró la decisión del presidente Chávez de profundizar las relaciones de cooperación con los países del Caribe bajo los signos de independencia. En momentos de una importante alza del precio del petróleo en el mercado internacional y de la continuidad del bloqueo económico a los cubanos por parte de los EE.UU., Cuba y Venezuela firmaron un Acuerdo Integral de Cooperación por cinco años, prorrogables, que garantiza a la isla caribeña “el suministro de hasta 53.000 barriles diarios a cambio de asesorías y servicios en los campos médico, agrícola, turístico y deportivo18. Pocos días antes de esta visita se había firmado en la Habana “un acuerdo para el tratamiento de la deuda de 69,3 millones de dólares que tiene la isla con Venezuela”19. La visita se desarrolló en el marco de un abierto entendimiento entre los dos mandatarios y de acercamiento entre las dos naciones, pues la delegación cubana contó con la participación de niños, jóvenes, deportistas, médicos y técnicos que intercambiaron experiencias con sus homólogos venezolanos. Además del ritual partido de béisbol entre el equipo de casa y el visitante, en el cual los presidentes fueron protagonistas, Fidel Castro participó en el programa radial “Aló presidente” y en el mismo los gobernantes, durante varias horas y de manera coloquial, intercambiaron opiniones con el público de los dos países. Otra vez la oposición al gobierno criticó severamente al presidente Chávez a propósito de la visita del líder cubano. Fue convocada una manifestación en repudio del encuentro y en un artículo publicado en varios diarios del país el ex candidato presidencial Francisco Árias afirmó que “un gobierno tiene sus primeras obligaciones con su país y no en la consolidación a barrilazos petroleros, de un liderazgo internacional vano, aparente y a veces peligroso”20.

1 8 El Tiem po, 31 de octubre de 2000. 1 5 E l Universal, 24 de octubre de 2000. 20 El Tiem po, 31 de octubre de 2000.

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El Departamento de Estado estadounidense lia guardado silencio frente a la promoción de símbolos del gobierno de Venezuela en relación con Cuba. Esto no sorprende ni implica mayores esfuerzos de moderación. Una cosa era la significación geopolítica de la Isla antes de que en 1989 se derrumbara con estrépito planetario cierto muro, y otra muy distinta es su significación en los tiempos actuales de dominio indisputado vale aquí usar el sintagma de marras “por ahora”- de una sola superpotencia. En el silencio de Washington en tomo a las relaciones La Habana-Caracas no se pueden descartar las afinidades diferentes que tienen demócratas y republicanos con el exilio cubano en los Estados Unidos. El tratamiento al exilio tiene importancia electoral interna y causa repercusiones en la política exterior norteamericana hacia el Caribe.

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XIII Las relaciones con Colombia

“Me sorprende que el presidente Chávez esté otra vez opinando sobre asuntos internos de Colombia. Y ya que el presidente se refirió en términos bastante alusivos a la Biblia, habría que recordarle que es bueno ‘mirar la viga en el ojo propio y no la paja en el ajeno’. El presidente Chávez lo que debería hacer es arreglar los problemas de su propia casa -que son muy grandes- y no los del vecindario”1. Fueron palabras pronunciadas por el canciller colombiano Guillermo Fernández de Soto un día después de las declaraciones del presidente venezolano en las que había pedido apoyo internacional para el proceso de paz colombiano al paso que había lanzado fuertes dardos contra el componente militar del Plan Colombia. Chávez había expresado entonces: “El momento oportuno es ahora, pero no es mandando helicópteros artillados como se va a lograr la paz. Quién puede pensar que la paz se puede lograr con más armas y más máquinas de matar. Esa es nuestra crítica al Plan Colombia”2. Fernández no había hecho sino reiterar los términos de una declaración formulada por el presidente Pastrana en una entrevista concedida para el Washington Post un año antes, en septiembre de 1999. La saga de declaraciones hostiles o “diplomacia del micrófono” comenzó temprano y se ha mantenido con animación por parte de los dos gobiernos. La irritación del ministro de Relaciones de

1 El Tiem po, 9 de septiembre de 2000, p. 1.

2 El Tiem po, 8 de septiembre de 2000, p. 1-11.

Colombia, de ordinario un funcionario mesurado en sus pronunciamientos, se debió no tanto a las declaraciones del presidente venezolano como al escenario donde fueron pronunciadas: la Cumbre del Milenio, celebrada en Madrid a comienzos de septiembre de 2000. Por ese tiempo las autoridades colombianas continuaban en el esfuerzo de buscar entre los países europeos aportantes para el Plan Colombia. Los términos de la respuesta colombiana, aunque compresibles, parecían corresponder más a la réplica de un vecino malhumorado a otro de la misma cuadra que un pronunciamiento de Estado. El historiador ecuatoriano Enrique Ayala recordaba que el Putumayo, el primero de los escenarios del Plan Colombia, está ubicado más cerca de Quito que de Bogotá: “Todo cuanto suceda con el Plan Colombia es tan ecuatoriano como colombiano”3. Con mayor razón esa apreciación resulta aplicable en el caso venezolano. Colombia y Venezuela comparten una extensa frontera de 2.219 kilómetros con densa población a lado y lado. Además, se trata de regiones en las cuales, en la parte colombiana, se han configurado zonas sobre las cuales el Estado ha perdido control. Ha existido un conflicto histórico. La cuestión de la delimitación territorial ha sido tema central en la agenda de la seguridad exterior venezolana. Por la gravitación del conflicto interno, la preocupación por la seguridad de la frontera con Venezuela no ha sido objeto de igual atención en Colombia4. Durante la segunda mitad de siglo pasado las Fuerzas Armadas colombianas se reorganizaron y reequiparon bajo la influencia norteamericana de la primera etapa de la Guerra Fría y se configuraron ante todo como institución contrainsurgente. Al respecto es pertinente recordar la participación militar de Colombia en la guerra de Corea a comienzos de los años cincuenta del siglo

3 El T iem po, 23 de agosto de 2000, p. 1-3. 4 Este punto de vista lo desarrolla en particular Javier Torres en el capítulo “ Venezuela y C olom b ia: ¿seguridad nacional y ciudadanía?” , en el libro Colombia y Venezuela. Agenda para el siglo XXI, Santafé de Bogotá, Iepri, UCV, Secab, Tercer M undo, 1999.

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XX, con motivo de la intervención desencadenada por los Estados Unidos bajo la bandera de la ONU. La presencia y la acción de organizaciones armadas originadas en el lado colombiano de la frontera pero que no han contenido el movimiento a los límites de su propio patio han influido de manera muy fuerte en la compücación de las relaciones entre los dos países. En efecto, sobre regiones venezolanas se extiende la influencia de numerosos frentes de las Farc pertenecientes al Bloque Oriental del ejército de Marulanda. El EPL cuenta con tres frentes en Norte de Santander. El ELN, aunque ha visto disminuidas sus fuerzas en el último tiempo, no ha desaparecido de esos escenarios, en los cuales ha actuado desde 1987 en relación con la construcción y funcionamiento del oleoducto Caño Limón-Coveñas. Las Autodefensas hacen parte de este espectro armado, especialmente con sus bloques desplegados en Santander y Casanare5. Ambos países, aunque de manera diferente y con intensidad distinta, viven el problema común del narcotráfico. Colombia como productor y distribuidor, Venezuela como proveedor de insumos y área de lavado de activos del narcotráfico6. Con respecto a los problemas enunciados en el anterior párrafo, los gobiernos venezolanos han desarrollado la política de estimular las negociaciones entre el Estado colombiano y la insurgencia, al tiempo que han mantenido contactos con la guerrilla para el manejo de problemas concretos, surgidos de la acción de los grupos en territorio venezolano. Esa estrategia ha sido mantenida bajo la administración Chávez7. Pero son evidentes las novedades. Hasta diciembre de 1998, a ninguno, de los gobiernos que se sucedieron desde 1958 puede encontrársele afinidades con programas políticos de la izquierda radical. No es

5 Ver al respecto el informe periodístico de María Victoria Cristancho “ M iedo al contagio narco-guerrillero” , El Tiempo, 23 de agosto de 2000, p. 1-3. 6 C olom bia y Venezuela. A genda para el siglo X X I. 7 A l menos ese es el punto de vista de Teodoro Petkoff, Op. cit., p. 41 y siguientes.

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el caso del actual gobierno venezolano. En este aspecto son evidentes las coincidencias doctrinarias con los programas políticos de las Farc o del ELN. Este factor eleva las desconfianzas del gobierno de Andrés Pastrana hacia los gestos y propuestas oficiales u oficiosas que provengan de Caracas. En Bogotá provocaron amplio eco las declaraciones hechas el 13 de junio por Jesús Urdaneta ex director de la Disip, según las cuales en alguna oportunidad el ex ministro de Relaciones Interiores Ignacio Arcaya le habría pedido, por órdenes d e l mandatario nacional, el suministro de 300.000 dólares destinados supuestamente a suministrar recursos a las Farc para la compra de armas. Se diría que hay una disposición de los medios de comunicación colombianos para dar credibilidad a esas versiones. Hay quienes presentan la invitación de las Farc a la conformación de un movimiento bolivariano de carácter clandestino como una manifestación de la influencia de la Quinta República. Para contrastar tales especulaciones quizá sea útil recordar que el culto bolivariano es de vieja data en las Farc, que durante más de dos decenios largos trabajaron en estrecha colaboración política con el Partido Comunista. Ellas constituyeron parte específica de la organización de ese partido. Después de su VII Congreso, celebrado en Moscú entre julio y agosto de 1935, la Internacional Comunista dio un viraje y resolvió impulsar la recuperación de los símbolos y de los héroes de cada uno de los países. Incluso Gilberto Vieira, uno de los dirigentes dél Partido Socialista Democrático -que así se llamaban los comunistas colombianos por ese tiempo-, escribió un opúsculo que buscaba conciliar para Colombia la tradición del pensamiento revolucionario con las ideas de Bolívar. Antes de la nueva iniciativa presentada por Alfonso Cano, ya las Farc habían trabajado por un partido bolivariano en una etapa anterior. En su tiempo, el M-19 se presentó de manera espectacular como organización bolivariana; recuérdese el robo de la espada de Bolívar, que reposaba en un museo bogotano. Uno de los frentes del ELN fue bautizado con el nombre del Libertador. En septiembre de 1997, con el ingreso de las Farc a la Coordinadora guerrillera,

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ésta se convirtió en la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar. Así, la denominación emblemática no ha sido una importación guerrillera colombiana sino vieja idea de las organizaciones subversivas del país. Las proximidades doctrinarias no han inhibido al gobierno venezolano para recordar a las guerrillas colombianas sus deberes como vecinas geográficas. En un artículo de El Nacional se registró al respecto lo siguiente: “Chávez recordó que los insurgentes han dado demostraciones de haber cambiado ‘de verdad verdad’ su política agresiva hacia Venezuela, por lo que el gobierno ha facilitado el territorio para los diálogos de paz con Bogotá y enviado delegados a la zona del Caguán”. El mandatario habría añadido: “Pero si la guerrilla se metiera en Venezuela a secuestrar o asaltar, tendríamos que cerrarle las puertas del país”. Por su parte, Miguel Contreras, vocero del Servicio de Información Patria Libre, declaró a propósito de inculpaciones sobre la autoría del secuestro de un empresario venezolano: “No, de ninguna manera. El ELN está claro en unos acuerdos que hay con el Estado venezolano. Estos acuerdos se han venido cumpliendo y no se están adelantando ningún tipo de acciones en territorio venezolano”8. En la política de Chávez hacia los movimientos guerrilleros colombianos se han dado la mano las simpatías ideológicas con el pragmatismo político, es decir, con la defensa del interés nacional venezolano. No nos vamos a detener en el registro de las incidencias de la intermitente guerra verbal entre los presidentes y las cancillerías. Cada una de las partes ha cuidado de que el común amor al Padre de la Patria no la haga aparecer como débil ante la “hermana república”. Habría que reconocer que Chávez y Rangel han tenido la iniciativa en el contrapunto y han alcanzado el registro más alto. Quizá un momento que muestra las posibilidades de actitudes constructivas lo constituyó la visita oficial que realizaron a Venezuela los voceros tanto del gobierno colombiano

8 E l U n iv e rs a l, 21 d e ju lio d e 20 0 0 .

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(Luis Guillermo Giraldo) como de las Farc (Raúl Reyes) el 19 de junio de 2000. En este caso el derroche verbal corrió por cuenta del negociador de Tirofijo. Según la crónica periodística, “el vocero de las Farc señaló que tanto los planteamientos como los resultados de su compromiso con su gesta bolivariana, elevaron a Chávez a la presidencia de Venezuela y lo han convertido también en el estímulo para el pueblo colombiano y los demás pueblos bolivarianos”9. La visita pareció ofrecer resultados satisfactorios pero no dio lugar a nuevos pasos. No ha sido del todo transparente la conducta de Colombia en relación con los ofrecimientos de Venezuela a propósito del proceso de negociación. El gobierno de Chávez no fue originalmente invitado a la Audiencia Internacional sobre Cultivos ilícitos, organizada por el gobierno de Pastrana y las Farc. En la cumbre de mandatarios de los países que tuvo lugar en Cartagena en junio de 2000 Chávez en persona le hizo notar al presidente colombiano la no inclusión de Venezuela y Pastrana prometió enmendar el olvido. Pero más tarde en Caracas el canciller inquirió de nuevo ante la viceministra colombiana Clemencia Forero, quien atribuyó a “la insurgencia” la oposición a la participación venezolana. Entonces el ministro se puso en comunicación con Reyes, quien sostuvo que la negativa era responsabilidad del gobierno colombiano. Finalmente fue cursada la invitación y una delegación venezolana pudo asistir a la Audiencia Internacional10. Fenómeno preocupante es el decaimiento del intercambio comercial entre Colombia y Venezuela. Es obvio que unas relaciones económicas estrechas entre los dos países restaurarían tejidos que se han roto en otros campos de acción. El escenario más disuasivo es aquel que resulta del agravamiento de las relaciones políticas y el simultáneo retroceso de las económicas. Las relaciones comerciales entre los dos socios cayeron de 2,4 millones de dólares en 1998 a 1,7 millones en 1999“ . Las
9 Tal Cual, 21 de junio de 2000. Diario digital (http://www.talcualdigital.com/). 1 0 El Nacional, 29 de ju n io de 2000, p. a-2. " El Nacional, 24 de febrero de 2000, p. e-8.

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exportaciones de Venezuela hacia Colombia registraron una caída del 50% entre 1998 y 1999. En el primero de esos años habían llegado a 1.620 millones de dólares, al paso que en el segundo fueron de 835 millones. En esos comportamientos del comercio binacional se refleja la recesión económica que ha golpeado de manera severa a los países andinos. Sin embargo, ellos no son ajenos a medidas específicas de política económica. La decisión de mayor impacto negativo ha sido la referente a la obligatoriedad del transbordo de las mercancías colombianas en la frontera a medios de transporte de propiedad de venezolanos. No se ha demostrado hasta ahora que la citada determinación favorezca a alguna de las partes involucradas. Al contrario, parecería que mientras se mantenga vigente todos pierden. De momento se espera la respuesta que ofrezca el gobierno de Caracas a la providencia adoptada por el Tribunal Andino de Justicia que determinó el levantamiento de la exigencia del transbordo. Si Venezuela se acoge a la sentencia, las instituciones de la CAN se verán fortalecidas; en caso contrario, el comercio binacional seguirá resentido y la Comunidad Andina recibirá también un golpe. La previsión oficial de parte de Venezuela fue la de favorecer a los transportadores de ese país. Pero tal resultado no se ha obtenido. Como se reconoce por parte de gente entendida en las relaciones comerciales a ambos lados de la frontera, el verdadero problema radica en la ineficiencia y el atraso del sistema de transporte venezolano. Las empresas importadoras y exportadoras de los dos países han encontrado maneras de evitar las consecuencias del bloqueo en el transporte sin aparecer directamente violando la ley. Con alguna razón se alude a la inseguridad para los transportadores venezolanos. Sin embargo, el argumento no puede exagerarse y no debe dejar perder de vista que el nivel de la delincuencia común y la piratería terrestre es alto en Venezuela.

El elegido a 209

Sobre un panorama de suyo complicado, algunas de cuyas líneas hemos apenas bosquejado, se ha proyectado el Plan Colombia, al cual aludimos en las líneas iniciales del presente capítulo. Los países que tienen fronteras con Colombia han expresado, sin excepción aunque con diferencias de tono, su preocupación por lo que le espera a Colombia en los próximos años. La Cumbre de países suramerícanos que inició sus labores el 31 de agosto de 2000 en Brasilia se constituyó en ocasión de controversia sobre el Plan Colombia, no obstante que el tema no figuraba en la agenda. En los círculos gubernamentales de los países andinos solo “Nohra, los niños y yo”* no han reparado en este aspecto del Plan Colombia. El presidente Alberto Fujimori declaró: “Perú en su momento ha sido uno de los países en alertar del riesgo que significa introducir o tomar acciones de armas contra las guerrillas por un monto de tres mil millones de dólares”. El presidente peruano contrastó los 1.300 millones del aporte norteamericano al Plan Colombia con los 32 millones que recibe el Perú del gobierno norteamericano12. Hasta Gustavo Noboa, presidente del Ecuador, que tan obsecuente se ha mostrado frente a los Estados Unidos, declaró a su llegada a la reunión de Brasilia: “El Plan Colombia tiene muy preocupada a América, y con razón”1 3 . El canciller brasileño Luis Felipe Lampreia dijo que “el conflicto en Colombia es la más seria amenaza a la seguridad nacional brasileña”1 4 El día anterior el general Alberto Cardozo, del mismo país, había hablado sobre el tema en tono aparentemente tranquilizador: “Recién a partir de comienzos del próximo año iniciaremos el envío de cuatro brigadas, cada una con entre tres y cinco batallones de combate, que agrupan cada uno de ellos entre 700 y 800 hombres”. Si el general habló sonriente, las cifras de
* Expresión sacramental usada en las comparecencias por Ja televisión del presidente Pastrana. 1 2 El Tiempo, 26 de agosto de 2000, p. 1-12. 1 3 El Tiempo, 1 de septiembre de 2000. p. 1. 1 4 El Tiem po, 1 de septiembre de 2000, p. 1.

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hombres no suscitan hilaridad. La declaración es apenas un ejemplo del movimiento de tropas y de recursos bélicos que ha comenzado a producirse. Los equilibrios militares en la región se están alterando de manera importante como reacción al Plan Colombia. Por su parte, voceros de las Fuerzas Armadas ecuatorianas señalaron que la mayoría de las guarniciones que antes habían estado disponibles en la frontera con el Perú han sido trasladadas a la frontera con Colombia. Igualmente el gobierno panameño ha reforzado la policía en la frontera colombiana. La concesión por parte de Ecuador de una base aérea a los Estados Unidos en el puerto de Manta puede ser el inicio de la intervención internacional en Colombia sin tener que acudir a tropas estadounidenses. Privado de su dominio de la zona del Canal y con ella de una base territorial para el Comando Sur, el gobierno norteamericano busca encontrar lugares en Suramérica y las Antillas que reemplacen lo que con disgusto hubo de abandonar en Panamá. Ante los cuestionamientos e interrogantes que los gobiernos vecinos han planteado al colombiano, y frente a sus preocupaciones por los peijuicios que pueda acarrearles el Plan Colombia, el presidente Pastrana respondió de manera olímpica: “Estados Unidos cuenta con los recursos y la voluntad para tratar cualquier problema que se pueda presentar a medida que agilizamos el restablecimiento del control del Estado en el sur de Colombia”1 5 . Es la respuesta del chico fanfarrón puesto en aprietos: “Yo no puedo responder pero en cambio mi papá o mi tío...” Pero ya el tío se había referido al asunto: respondiendo a los países que han expresado sus temores o sus críticas por los probables efectos regionales del Plan, Thomas Pickering, Secretario para Asuntos Políticos del Departamento de Estado, replicó con enfado: “Los que han expresado sus críticas parecen no entender que el propósito del Plan Colombia es precisamente evitar que la situación colombiana se convierta en un problema mayor para toda la región. Además, los que hablan en su contra no están ofreciendo

15 E l T ie m p o , 9 d e se p tie m b re d e 2 0 0 0 .

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a

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alternativas, salvo dejar que los problemas destruyan a Colombia con la esperanza de que éstos no lleguen a sus países. Si creen que este es el caso deben también creer en cuentos de hadas”. Más adelante Pickering reconoció que podrían producirse algunos efectos para otros países, pero concluyó que para subsanar esos problemas el Plan Colombia también incluye cerca de 200 millones de dólares para los países vecinos1 6 . Nos parece que no es ocioso señalar que Venezuela está excluido de los países vecinos de Colombia que tienen acceso a esos 200 millones. No todos los objetivos que los Estados Unidos se propusieron con el Plan Colombia han sido colocados sobre el tapete. Un ex militar norteamericano puso incluso en duda que el principal cometido del Plan fuese la persecución del narcotráfico. En esa visión, el control sobre la producción petrolera sería el principal motivo. No obstante su modesta producción de petróleo en la actualidad, el Putumayo puede resultar zona de reservas en un momento de enrarecimiento del ambiente del mercado petrolero mundial1 7 . No tenemos elementos que nos permitan aceptar esa hipótesis en la forma en que ha sido formulada. Lo razonable de ella es que conduce a incorporar en el análisis el hecho de que el Plan Colombia es una estrategia a largo plazo de la cual hacen parte objetivos geopolíticos que miran más allá de Colombia. Tal vez pocos pongan en duda que en la guerra de la OTAN contra Yugoslavia había aspiraciones que llegaban a la Rusia eslava y que se prologaban hacia el Lejano Oriente, donde las ambiciones hegemónicas de China no son miradas con benevolencia por Washington y sus aliados. De lo expuesto en el capítulo se desprende la constatación de que las relaciones entre Colombia y Venezuela no atraviesan su mejor momento. Retroceso en el intercambio comercial, medidas económicas unilaterales, agudización de la inseguridad en las fronteras, cierta crispación en el guerreo de las declaraciones
1 6 El Tiem po, 26 de agosto de 2000, p. 1-12. 1 7 Ignacio Góm ez. “ El objetivo de los Estados Unidos es petróleo” . El Espectador, Bogotá, 8 de octubre de 2000, p. 7-A .

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económicas unilaterales, agudización de la inseguridad en las fronteras, cierta crispación en el guerreo de las declaraciones oficiales. Y como si faltaran elementos coadyuvantes al conflicto, el Plan Colombia es conducido por los Estados Unidos en momentos en que Venezuela le apuesta a una política internacional soberana. El buen sentido y los intereses más básicos de las grandes mayorías de los dos países aconsejan la búsqueda de dinámicas diferentes de aquellas que parecen tomar la delantera en el último tiempo. Sería una cruel paradoja que en el tiempo en que se quiere buscar en Bolívar la inspiración para la solución de problemas actuales las grietas de la relación entre los dos países bolivarianos por excelencia se vayan convirtiendo en abismo.

En el momento de entrar en imprenta este libro (noviembre de 2000), el embajador colombiano en Venezuela, Germán Bula, había sido llamado a consultas a Bogotá, en razón de la presencia de una representante de las Farc en una reunión del Parlamento Latino en Caracas, sin que el gobierno Venezolano hubiese consultado previamente al de Colombia.
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XIV La II Cumbre de la Opep

En tono emocionado, el 27 de septiembre de 2000 el presidente de Venezuela instaló en el teatro Teresa Carreño, de Caracas, la II Cumbre de Soberanos, Jefes de Estado y de Gobierno de los Países Miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep). Tiene interés reproducir la introducción vocativa del discurso: Excelentísimo señor Abdelaziz Bouteflika, presidente de la República Argelina Democrática y Popular; Excelentísimo señor Abdurrahman Wahid, presidente de la República de Indonesia; Excelentísimo señor Sayed Mahamad Khatami, presidente de la República Islám ica de Irán; Excelentísimo señor Olasegún Obasanjo, presidente de la República Federal de Nigeria; Su Alteza Real Abdullah bin Abdulazis Al Saud, Príncipe Heredero del Reino de Arabia Saudita; Su Alteza Real Hamad bin Mohammad Al Sharqui, Emir del Emirato de Fujairah, Emiratos Arabes Unidos; Excelentísimo señor Taha Yassin Ramadan, Vicepresidente de la República de Irak; Excelentísimo señor Mustafá Al Kharroubi, Ministro del Consejo Revolucionario de Yamahiria Arabe Libia Popular Socialista; Excelentísimo señor Saud Nasser Al-Sabah, Ministro de Petróleo de Kuwait; Ciudadano doctor Alí Rodríguez Araque, presidente de la Organización de Países Exportadores de Petróleo; Excelentísimo señor Rilwani Luckman, Secretario General de los Países Exportadores de Petróleo; Excelentísimo señor Seyyed Abdullah, Director del Fondo Opep; señores presidentes de los Poderes Públicos Nacionales de la República Bolivariana de Venezuela; señor Vicepresidente y demás miembros del Gabinete Ejecutivo; honorable cuerpo diplomático; miembros de las

altísimas delegaciones hermanas que hoy nos acompañan en la inauguración de esta II Cumbre de Jefes de Estado y de gobierno de la Organización de Países Exportadores de Petróleo; representantes de los medios de comunicación de Venezuela y del mundo; Marisabel; señoras y señores”. La variedad de adjetivos que acompañan a los nombres de los países, la diversidad de los títulos de los personajes saludados, la extensión de los nombres propios ya se pueden tomar como un cierto reflejo de lo abigarrado de la Cumbre, de la diversidad cultural, ideológica y política que en ella se expresó. Se requirió una energía extraordinaria, a la vez que un delicado tacto para poder tomar la foto oficial de la segunda Cumbre en la residencia presidencial de La Casona. Sus altezas y excelencias, además de portadores de títulos nobiliarios llamativos, lo son de dosis altas de excentricidades y caprichos. Alguien con gusto literario se solazaría combinando las exigencias de los delegados, que iban desde muy fuertes aunque comprensibles garantías de seguridad hasta las marcas del agua mineral que debería estar a su disposición en las habitaciones del hotel y desde vetos para compartir la mesa hasta la necesidad de ciertas condiciones para orar cómodamente a las horas que el ritual del Corán prescribe. Fácilmente se entiende por qué, desde que fuera fundada en 1960, la Opep reunía su segunda Cumbre solamente en el año 2000. La primera había tenido lugar en Argelia en 1975. Entre los once socios de la Opep, algunos se enfrentaron en guerra: IrakIrán en los años ochenta, Kuwait-Irak en la Guerra del Golfo en 1991. Por lo demás, el liderazgo de Venezuela y de su presidente es algo objetivo; sin tal reconocimiento no habría podido efectuarse la reunión, al menos en Caracas. Los soberanos, jeques, emires y demás altezas y excelencias que durante dos días se reunieron en el Teresa Carreño y en el Hilton, no habrían aceptado la cita si hubiesen sido llamados por la voz de mando de un sargento. A lo largo de la investigación siempre nos ha parecido a la vez sorprendente y divertida la filigrana que teje el estilo de Chávez entre los discursos de ronco tono cuartelario que no pocas veces dirige contra sus adversarios y un fino sentido del matiz de que da
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muestras cuando el tema o la ocasión lo demandan. Es el mismo espíritu que lo llevó a aparecerse con una fresca rosa roja en la cita con Irene en los días de la ruidosa campaña electoral de 1998, luego de que la bella candidata fuese desairada por la grosería de Salas Römer, tenido por insospechable caballero. Era el mismísimo Chavez que en la plaza pública, por los mismos días y a grito herido, amezaba freir en aceite hirviendo ilustres cabezas adecas y copeyanas. El éxito de la segunda Cumbre no hubiera sido posible sin el empeño personal que puso Chávez en su preparación. Recuérdese que cuando se creó la Opep Venezuela era el mayor exportador de petróleo. Para el año 2000 ocupa el tercer lugar. El viaje que realizó por los países miembros de la Opep durante la segunda semana de agosto de 2000 y la entrevista con las cabezas de gobierno fueron factor importante para asegurar la Cumbre de Caracas. La ruda animadversión entre algunos miembros de la Opep intervenía como poderoso factor disuasivo y quizá para reducirla no había otro camino que una activa diplomacia personal. En Venezuela algunos de los opositores no lo vieron así. Les parecía insensato provocar las iras de Washington por ciertas visitas incluidas en la gira. Programada ésta, el itinerario no podía ser sometido a la aprobación del Departamento de Estado de los Estados Unidos. La gira se inició en Arabia Saudí, el gigante petrolero con una producción de 8.512.200 barriles diarios hasta octubre de 2000, frente a los 3.018.800 de Venezuela. Su peregrinación petrolera llevó a Chávez a Kuwait, Qatar, Emiratos Arabes Unidos, Irán, Indonesia, Nigeria, Argelia. Hasta allí, santo y bueno! Pero quedaban los otros dos países donde el olor a petróleo, en virtud de cierto ambiente internacional, alcanza las emanaciones del azufre: la Libia de Muammar Gaddafi y el Irak de Saddam Hussein. Excluir de la gira a alguno de los miembros de la Opep resultaba inconcebible con miras al fortalecimiento de la organización. Por otra parte, provocar el disgusto de los Estados Unidos no parece estar entre las cosas que Chávez deteste.

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Y como en guión previsto, la reacción norteamericana no se hizo esperar. Richard Boucher, vocero del Departamento de Estado norteamericano, dijo que “resulta irritante que un presidente electo democráticamente realice la primera visita en diez años al dictador Saddam Hussein”. Manifestó que “desconoce si Estados Unidos, principal comprador de petróleo venezolano, tiene intención de penalizar al gobierno venezolano de concretar un viaje a Irak”. Chávez respondió: “No podemos olvidar que al igual que Canadá o Argentina, o Rusia o China, o Malasia, o Uruguay o Haití, Venezuela es un país soberano, con un gobierno soberano para tomar sus propias decisiones”1 . Anteriormente Richard Boucher había advertido: “Es obligación de Venezuela, como miembro de las Naciones Unidas, observar todas las resoluciones del Consejo de Seguridad referidas a Irak y el régimen de sanciones”. La visita a Hussein no podía en verdad ser catalogada como provocación. Algunos medios de la ONU puntualizaron que ninguna resolución del Consejo de Seguridad ha prohibido que la gente viaje a Irak, y destacaron que de todas formas está permitido hacerlo por tierra. Y por tierra arribó el presidente venezolano a Bagdad, cuna de la Opep. Aunque la Cumbre tuvo lugar los días 27 y 28 de septiembre de 2000, la ronda petrolera comenzó antes, el 25 de septiembre, con el recibimiento de los ministros de Relaciones Exteriores, de Petróleo y de Finanzas de los países de la Opep. La reunión triministerial se realizó durante todo el día del 26 de septiembre y culminó con una reunión de los ministros de los países miembros de la Opep con los ministros de Petróleo de Angola, Estados Unidos Mexicanos, Federación de Rusia, Reino de Noruega y Sultanato de Omán. De estos últimos países asistieron a la Cumbre, en calidad de observadores, funcionarios del más alto rango. Destacamos algunas de las ideas que expresó el presidente Chávez en el discurso de instalación, que introdujo con elación

1 El Universal, 8 de agosto de 2000.

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piadosa con la fórmula: “En el nombre de Alá el misericordioso y clementísimo...” Afirmó que un objetivo importante de la Opep había sido la estabilización de los precios, “...porque si bien es cierto que no estamos detrás de una escalada sin límites de los precios de nuestro petróleo, también es cierto que sí estamos articulándonos para cerrar las brechas y evitar que el precio del petróleo se nos vuelva a venir casi a cero, como ocurrió en los últimos años, hasta hace apenas año y medio”2. Afín con este planteamiento, en la Cumbre fue abordado el problema de la preocupación unilateral de los países consumidores con respecto a los precios, pues cuando éstos han subido la responsabilidad se atribuye a los países productores, particularmente los organizados, pero cuando los precios han descendido a casi ocho dólares el barril, ¿qué país entre los desarrollados se preguntó si en esas condiciones resultaba rentable la producción para un país que, como Venezuela, exporta crudos pesados cuya explotación es más costosa que la de los livianos? La misma inquietud fue expresada en su discurso por el presidente de Argelia, Abdelazis Bouteflika, quien había intervenido antes de Chávez, ya que su país había sido la sede de la anterior Cumbre de 1975. Puede decirse que la consigna central de la reunión fue la de precios justos. En términos emotivos Chávez dijo en el discurso citado: “Justicia, solo justicia, no podemos permitir, hermanos de la Opep, que de nuevo, como ha ocurrido en otras épocas de la historia, se nos señale como los culpables de un supuesto desequilibrio de la economía mundial. Los culpables están en otra parte, nosotros somos más bien víctimas del desequilibrio de las economías del mundo; no somos los culpables, los culpables están en otra parte”. Chávez se refirió a la enorme carga que implica la deuda externa para los países en desarrollo y al problema de la pobreza extrema en vastas áreas del mundo. Planteó iniciativas como la de la creación del banco de la Opep. El discurso de Chávez constituyó una pieza caracterizada por la moderación, no tanto

2 V e n ez u e la A n a lític a , 2 7 d e s e p tie m b re d e 2 0 0 0 .

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porque una de las palabras que, como en la misa, más se reiteraran fuera la de “hermanos”, sino por el espíritu de conciliación hacia los países consumidores. La contención verbal no fue exclusiva de Chávez. El caudillo libio Khaddafi también se acogió al lenguaje de Francisco de Asís. En carta que leyó su representante en la H Cumbre propuso “el establecimiento de un diálogo constructivo con las naciones consumidoras con base en la igualdad, el respeto mutuo y la fe sólida, porque en estos momentos no hay más espacio para el enfrentamiento y la lucha, sino que se deben aunar esfuerzos hacia un objetivo común como la cooperación, para lograr un sistema económico cuyo beneficio abarque a todos los habitantes del planeta, pasando por alto la raza, la religión o la nacionalidad”3. Pero no obstante la melodía fraternal que sirvió de fondo a la magna asamblea, ella fue bien aprovechada para presentar aspectos polémicos sobre diversos temas, uno de los cuales es el de la estructura del precio del petróleo en los países consumidores. Al asunto se refirió, entre otros, el canciller José Vicente Rangel en rueda de prensa: “...el precio del barril, tal y como ha sido expuesto hasta la saciedad, tiene otros componentes distintos al beneficio que perciben los productores, como son las ganancias de los intermediarios y especuladores y la fuerte carga impositiva de las naciones desarrolladas al consumo de los hidrocarburos”. Más adelante agregó: “Ahora son los consumidores de los propios países desarrollados los que adversan las políticas impositivas que contribuyen al aumento de los precios del petróleo”4. El presidente Bouteflika se manifestó contra los términos de intercambio entre los países industrializados y los del Tercer Mundo, de los cuales extraen ventaja los primeros: ‘Tarece que los países industrializados conciben la globalización para su solo beneficio”. El documento más importante de la II Cumbre, el que implicó mayores

3 Venezuela Analítica, 28 de septiembre de 2000. 4 Venezuela Analítica, 26 de septiembre de 2000.

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discusiones entre los miembros de la Opep, fiie la Declaración de Caracas. Destacamos algunos de los veinte puntos de ese documento. El tercer punto incluye una fórmula que expresaría el compromiso de la Opep “de continuar ofreciendo un flujo de petróleo adecuado, oportuno y seguro a los consumidores, a precios justos y estables, así como enfatizar el vínculo firme existente entre la seguridad de la oferta y la seguridad y transparencia de la demanda petrolera mundial”. Se bosquejó el paradigma del mercado petrolero: precios, remunerativos, estables y competitivos con otras fuentes de energía”5. Se destaca la necesidad de fomentar la cooperación entre la organización y los países productores de petróleo no miembros. Con claridad se consigna el punto de vista oficial de los miembros de la Opep sobre la principal causa de los altos precios del petróleo. El punto quince reza así: “Expresar preocupación por el hecho que los gravámenes sobre los productos petroleros constituyen el mayor componente del precio final al consumidor en los principales países consumidores y señalar la necesidad de aliviar esta carga tributaria para beneficio de los consumidores y para el crecimiento sostenible de la economía mundial”. Diversos participantes intervinieron de manera reiterada sobre la conveniencia y la urgencia de dar pasos concretos en el establecimiento de una perspectiva de diálogo entre los países productores de petróleo y los consumidores. Ese empeño lo recoge de manera concreta la Declaración: “Al respecto, se proyecta que el VII Foro Internacional de Energía, a realizarse en Riad, Arabia Saudita, durante el período del 17 al 19 de noviembre de 2000, representará una oportunidad excelente para un diálogo semejante, al cual se invita a los países consumidores a participar al más alto nivel”. La Declaración de Caracas consagró varias cláusulas a la consideración de los problemas tecnológicos en la búsqueda de recursos energéticos nuevos. Los países signatarios se mostraron dispuestos en propiciar el desarrollo de la cooperación científica

5 Se comenta el texto de la D eclaración de Caracas publicado por Venezuéla Analítica, 11 de octubre de 2000.

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y tecnológica. Se dio luz verde a planes para fortalecer las actividades de investigación tales como la creación de un instituto o universidad de investigación. Aunque se consagró un punto a la cooperación financiera, no se incluyó el proyecto de creación de un banco de la Opep, el cual seguirá siendo objeto de conversaciones. También en la Declaración hay referencia importante a los problemas globales: el impacto de la deuda externa en el desarrollo de los países débiles, el azote dramático de la pobreza en vastas zonas del mundo, la degradación ambiental. Al respecto se reiteró el compromiso de los países miembros de seguir participando “efectivamente en el debate y las negociaciones ambientales globales, incluida la Convención Marco sobre cambio climático de la ONU y el Protocolo de Kioto...” En el plano cultural e histórico la Declaración llamó a tomar conciencia de la riqueza y diversidad cultural de los países miembros de la Opep para promover una mayor interacción de la cultura. En el discurso de instalación de la Cumbre el presidente Chávez había hablado en la misma dirección: “El siglo XXI debe ser el signo de la vida, de la unidad, de la paz, de la confraternidad verdadera, de la unión de las civilizaciones, como bien lo decía el presidente Khatami allá en Teherán y allá en Nueva York, el encuentro de las civilizaciones”. En la declaración se dio cuenta de la decisión de institucionalizar la Cumbre de jefes de Estado y de gobierno de la Opep en intervalos que se definirán en futuras consultas. Aunque el punto de vista del gobierno venezolano defendía la pertinencia de discutir el tema del levantamiento del embargo que pesa sobre Irak, la delegación optó por no insistir en el punto. Como lo explicó el presidente del comité organizador de la segunda Cumbre, Jorge Valero, “el gobierno de Venezuela, respetuoso de las opiniones diferentes que sobre esta materia existen, ha preferido abstenerse de introducir este tema porque nosotros lo que queremos es la unidad de la Opep”. La Cumbre terminó en ambiente de consenso entre sus miembros y en medio

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del reconocimiento internacional. Con la celebración del certamen la Quinta República se había anotado un éxito rotundo en la política internacional. “Chávez despidió a los ilustres huéspedes con fragmentos de alguna canción, invocaciones a Dios y el adiós a los “hermanos”: “Váyanse con nuestro paisaje en sus sueños para que estos caminos se hagan cortos y para que algún día vuelvan a esta tierra que los ama, a sentir el amor del pueblo bolivariano de Venezuela. ¡Salam Alekum! Muchas gracias, hermanos”. Él, de todos modos, quedaba en medio de “nuestro paisaje”, movido por vientos no propiamente apacibles.

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Comentario final

Esta nota no debe tomarse como un apartado de conclusiones. El trabajo presentado es un ensayo abierto. Los procesos políticos por los que en la actualidad atraviesa Venezuela en cierto modo están en sus comienzos. No es el momento para las afirmaciones concluyentes. Pero ¿quién negaría que en 18 meses, que es el tiempo que lleva en el poder Hugo Chávez al momento de escribir este texto, se han realizado cosas muy importantes para el futuro de los venezolanos? Sí, trascendentales, independientemente de si se las valora de manera positiva o negativa. Es bien sabido que se las califica de modo muy diferente tanto en Venezuela como en el exterior. Entre los hechos importantes que han pasado está en primer lugar el derrocamiento de los partidos AD y Copei. Al respecto hemos usado, como ya algunos de quienes han escrito sobre el tema lo han hecho, la expresión derrumbe del anden regime. Pero su aplicación a la situación histórica que aquí se ha comentado debe tomarse cum grano salís. En efecto, los que cayeron en Venezuela no fueron partidos arcaicos. Allá se derrumbó un sistema moderno de partidos. Esos partidos deben ser reemplazados por formaciones políticas de mayor calidad, es decir, efectivamente democráticas. Esa es una tarea que en lo fundamental debe ser cumplida por la sociedad civil. Lo ideal al respecto es que el Estado ejerza un papel de facilitador y de garante de ese proceso. La Constitución bolivariana reemplazó a aquella que fue nombrada como “la moribunda” en febrero de 1999. Pero la letra de la Carta Magna no representa todavía la transformación de la

vida de millones de venezolanos que han cifrado sus esperanzas en el gobierno de la Quinta República. Podría decirse que toda esa gente ha recibido señales de la voluntad de cambiar las cosas y que, como el taxista que citamos en la introducción, espera, pero probablemente no esté dispuesta a hacerlo de manera indefinida. Claro, en el poder se ha instalado un equipo nuevo. Esto no resulta tan sorprendente en la historia de Venezuela, donde, al respecto, han sido más notorias las rupturas que las continuidades. Como señala la historiadora Inés Quintero, desde el surgimiento de Venezuela como país independiente han sido varias las ocasiones en las que de manera radical ha cambiado el elenco en la dirección del Estado. Pero, nadie se llama a engaño: lo más importante es el cambio en los métodos de conducir los asuntos de la república. Que el ciudadano no quede inerte en su soledad frente al Estado, sino que todo aquel que quiera se incorpore a la participación política, económica y social, es la expectativa de quienes con sorprendente persistencia han bailado con Chávez la danza electoral durante año y medio. Valdría la pena hacer un ejercicio de historia contrafactual. ¿Qué habría pasado en Venezuela si se hubieran prolongado las coordenadas de la crisis política que vivió el país en el período anterior a diciembre de 1998? ¿Un nuevo desbordamiento de la ira popular? ¿O más bien la descomposición y la anomia, caldo de cultivo de una violencia endémica? De momento lo que puede advertirse es una repolitización de la sociedad venezolana. En ese contexto se produjeron los cambios políticos de manera pacífica y mediante el recurso de las urnas. Ese es un mérito del pueblo venezolano. Pasaron los partidos que hicieron el tendido de vías hacia el establecimiento de las instituciones de la democracia representativa en 1958 sin que la democracia hubiera perecido. Ella ha entrado en una nueva fase. Pero el curso político de la Quinta República llama la atención de sectores de la opinión mundial porque ha planteado con energía algunos de los aspectos negativos de la globalización.

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Es a los países subdesarrollados a los que corresponde poner sobre el tapete las miserias de los procesos mundiales en la medida en que son víctimas de algunas de las asimetrías que han sido hasta ahora inherentes a tales procesos. La condición de país petrolero le confiere a Venezuela ventajas comparativas en la realización de ese propósito. Menester es decir que el actual gobierno venezolano no se ha inhibido en la utilización de dichas ventajas. Tiene interés inocultable el esfuerzo del Movimiento Bolivariano por articular una ideología a partir de conceptos y de material cultural tomado de la historia de Venezuela. Se ha hablado del antioccidentalismo de Chávez. A nuestro entender tal aserto es insostenible. Aunque, en la periferia, los países latinoamericanos forman parte de la cultura de occidente, el pasado indígena, la peculiaridad de los procesos de mestizaje han hecho que estos países hayan aportado elementos peculiares a esa cultura. Si se miran las ideas centrales que han inspirado a los fundadores de la Quinta República se advertirá, como lo subrayamos al presentar la ideología del chavismo, que en lo tocante a las ideas se han rescatado las más avanzadas del movimiento de la Ilustración. Es decir, las procedentes de matriz rusoniana, que trata de hermanar los principios de la libertad con los de la igualdad. Un proyecto laico muy distante de las respuestas fundamentalistas con las cuales se ha replicado a las tendencias de la homogeneidad cultural del mundo desde otras civilizaciones. La gente demanda alimentos, techo y servicios, pero también necesita ideas, símbolos, comidas, ritmos, en los cuales no solamente se autoreconozcan sino que también se proyecten hacia otros ámbitos.

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234 ■ Medófilo Medina

Copre. Comisión Presidencial para la Reforma del Estado. CTV. Confederación de Trabajadores de Venezuela. Cufan. Comando Unificado de la Fuerza Armada. DIM. Dirección de Inteligencia Militar. Disip. Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención. EBR-200. Ejército Bolivariano Revolucionario. Elpv. Ejército de Liberación del Pueblo de Venezuela. FAN. Fuerza Armada Nacional. FIM. Frente Institucional Militar. FMI. Fondo Monetario Internacional. IAN. Instituto Agrario Nacional. FUS. Fondo Único Social. MAS. Movimiento al Socialismo. MBR-200. Movimiento Bolivariano Revolucionario 200. Mecd. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. MIR. Movimiento de Izquierda Revolucionaria. MVR. Movimiento Quinta República. PAE. Programa de Educación Escolar. PCV. Partido Comunista Venezolano. PPT. Patria Para Todos. Recadi. Régimen de Cambio Diferencial. URD. Unión Republicana Democrática.

E l elegido B 235

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