15-M

Un intento de recuperar el control
Manuel León Méndez

LICENCIATURA DE SOCIOLOGÍA-DESVIACIÓN Y CONTROL SOCIAL 2010/2011 – U.B. – PROFESOR: FERNANDO GONZÁLEZ PLACER

“El orden es la miseria y el hambre convertidos en estado normal de la sociedad;… es el obrero sublevado convertido en máquina. Es el fantasma del obrero a las puertas del rico, el pueblo indignado, armado cual gigantesca Némesis, a las puertas de los gobernantes” Piotr Kropotkin

"Tal a Ulises le ladró el corazón indignado de tales vilezas, pero él le increpó golpeándose el pecho y le dijo: "Calla ya, corazón, que otras cosas más duras sufriste..." La Odisea, Canto XX, 15-18

Digno, na.

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Indigno, na. (Del lat. indignus). 1. adj. Que no tiene mérito ni disposición para algo. 2. adj. Que es inferior a la calidad y mérito de alguien o no corresponde a sus circunstancias. Indignar. (Del lat. indignāri). 1. tr. Irritar, enfadar vehementemente a alguien. U. t. c. prnl. Participio.

(Del lat. dignus). 1. adj. Merecedor de algo. 2. adj. Correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo. 3. adj. Que tiene dignidad o se comporta con ella. 4. adj. Dicho de una cosa: Que puede aceptarse o usarse sin desdoro. Salario digno. Vivienda digna. 5. adj. De calidad aceptable. Una novela muy digna.

Indignado

Fuente: DICCIONARIO DE LA REAL LENGUA ESPAÑOLA – 22ª edición
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Desde el día 15 de marzo de 2011, parte de la población española se ha alzado de forma pacífica, acampando en las principales plazas de un sinnúmero de ciudades, reclamando una democracia real en la que el pueblo sea realmente representado por los políticos en el poder y respetados por el sistema económico actual. Esta movilización social que se ha extendido no sólo por España, sino que ha alcanzado en mayor o menor grado a países de todo el mundo, desde Islandia hasta la malograda Grecia, ha surgido debido a la crisis global que nos azota y a los consiguientes recortes sociales que los gobiernos se han visto forzados a llevar a cabo azuzados por las instituciones económicas supra nacionales para que el sistema económico no acabe de derrumbarse. Estos recortes afectan desde el sector público de la sanidad y la educación hasta el aplazamiento de la edad de jubilación y recortes en las pensiones, pasando las altas tasas de paro y la precarización y flexibilización de los contratos laborales. Además hemos sido testigos de cómo los gobiernos han inyectado fondos de las arcas públicas en el sector privado, mientras veíamos atónitos como las pensiones y salarios de banqueros y políticos llegaban a niveles exorbitantes, mientras la gran masa de la población sufría problemas para llegar a fin de mes con los salarios actuales. Por todo esto, diferentes capas de la sociedad se manifestaron, presas de la indignación, el día 15 de Marzo, reclamando, no una derogación del sistema democrático actual, sino una reforma estructural que lime desigualdades y lo torne más equitativo a la par que representativo, teniendo en cuenta las necesidades de los diferentes colectivos que componen el entramado social, reclamando nuevos medios de representación política y permitiendo una mayor participación en el juego político a la ciudadanía, harta de no ser representada por los partidos políticos, que se han hecho con el monopolio del mercado político, actuando la mayor parte de las veces en función de sus propios intereses, cuando no lo hacen en función de los intereses de terceros. En definitiva, la población se ha levantado cuestionando las relaciones de poder existentes en la sociedad occidental actual.

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Cualquier sociedad, desde la más primitiva hasta la más compleja, está organizada en base a las relaciones de poder. Aunque el concepto siga teniendo la misma intencionalidad, someter a unos por la voluntad de otros, históricamente la articulación y la gestión del mismo ha ido cambiando, adecuándose a las nuevas estructuras sociales emergentes. En la actualidad, la forma de ejercer poder sobre la población es, según M. Foucault, una constante interacción entre, por un lado, el poder disciplinario, capaz de educar cuerpos individuales por medio del castigo físico produciendo eficiencia y adiestramiento por medio de la vigilancia panóptica y por otro lado la tecnología no disciplinaria de poder, ejercida de tal forma sobre la población que ya no es necesaria una constante vigilancia, ya que este poder ha hecho que interioricemos las normas sociales y las cumplamos sin ser coaccionados directamente, lo que Foucault llamó Bio-poder. En síntesis, en la sociedad actual se entremezclan sutilmente la norma de la disciplina y la norma de la regulación. El ser humano se comunica mediante símbolos sociales que él mismo ha creado ad hoc para la sociedad en la que se encuentra y así poder orientarse en ella, estos símbolos acaban penetrando en el individuo dotándolo de personalidad y autonomía, permitiéndole subsistir dentro de la sociedad al haber interiorizado las coacciones transmitidas por los símbolos compartidos convirtiéndose de este modo en auto-coacciones. La adaptación conformista a las normas impuestas y autoimpuestas y el temor a las represalias económico-sociales de cualquier posible protesta ha venido siendo la constante en el caso de los españoles desde que el país salió de la dictadura y entró en la transición, excepto en ocasiones puntuales y dejando de lado cualquier valoración moral sobre los medios utilizados para evitar esa normalización, como es el caso del movimiento independentista vasco o los movimientos obreros y estudiantiles de los años ochenta. Pero el caso del movimiento 15-M pone en tela de juicio las normas impuestas por los poderosos que han querido presentárnoslas como algo natural, como algo universal, sin darnos la posibilidad a que contemplemos otras maneras de hacer, de organizarnos, de gestionarnos.

En este momento de la historia de la democracia cada vez es más visible que esta cosmovisión ha estado al servicio de los intereses económicos y políticos de la hegemonía capitalista y quizá sea conveniente echar mano de la hermenéutica diatópica para hacer voto de humildad, en el sentido de que debemos tomar conciencia de que nuestro sistema no es completo, del mismo modo que no lo es ningún otro sistema, y que a partir de la toma de conciencia de esa incompletud, los ciudadanos indignados puedan cuestionar el topoi2 de la democracia del siglo XXI, al ser del mismo modo incompleto. La crisis que afecta a la sociedad actual, no es una crisis superficial que se pueda arreglar con simples apaños momentáneos, para salir del paso, esperando que éstos sean suficientes para sortear la situación para que todo siga igual. La crisis que nos afecta, es una crisis del sistema societal capitalista y por ende, una crisis estructural que afecta a nuestros más interiorizados topos: las relaciones parentales (patriarcado), políticas (Estado) y económicas (capitalismo), que han sido cuestionadas y cambiadas por los movimientos sociales emergentes dando paso de ese modo a la creación de un nuevo universo simbólico. El cuestionamiento del modelo patriarcal de familia, de la división sexual del trabajo, la incompetencia del Estado para gestionar los problemas a nivel macro y micro y la nueva articulación entre economía y política, están poniendo de manifiesto una carencia de la normativización a la que hemos sido condicionados. Y como normas condicionante que son, susceptibles de ser cambiadas a partir de las interrelaciones de los sujetos. Pero para llegar a un replanteamiento de la democracia, hace falta que los ciudadanos tomen conciencia de que son ellos los que moldean reflexivamente la realidad en la que viven y de que, en palabras de Campillo, son nuestras decisiones prácticas y políticas las que condicionan y orientan nuestra relación teórica o científica, e incluso fáctica, añadiría yo, con el mundo.

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Los tópicos (topoi, topos) son lugares comunes retóricos de mayor alcance en una determinada cultura, son esquemas del pensamiento y de la expresión ya prefijados, arquetipos retóricos para la persuasión, y la creación de argumentos.

Un mundo, que según Campillo no deja de ser un horizonte de condicionamiento de la experiencia individual. Este condicionamiento es a la vez recibido de forma pasiva y apropiado de forma activa, lo que denota que es un condicionamiento flexible, liquido, susceptible de cambio producido por una constante interdependencia e interpelación entre sujetos, un condicionamiento que puede permitir la transformación del otro al estar en continuo contacto social. Hasta ahora, e impelidos por la sociedad neo-liberal del máximo beneficio que ha cosificado a los individuos, convirtiéndolos en productos consumidores de productos, con la consiguiente homogeneización de la sociedad, ya que para competir en el mercado, ya no sólo en el económico, sino también en el social es necesario ser “para todos los públicos”, el individuo se ha visto a si mismo, debido a esta expansión del discurso dominante y a la auto-coacción a la que se han sometido unos a otros para poder explicarse y formar parte de la sociedad, y que ha acabado por deshumanizar y construyéndolo al individuo , presentándolo como el centro de la sociedad. Un individuo, un “otro” que ha sido producido para poder distinguirnos y evitar caer nosotros en la alteridad y ser víctimas del racismo, el machismo o el clasismo y de esa manera poder sistematizar lo diferente. La creación artificial del otro, imposibilita la relación natural del individuo, al estar obligado a producirse, como decía para evitar caer en la diferenciación discriminatoria que conlleva el no ser otro tipificado, otro construido, otro normalizado, pero ese constructo que es el otro es según Baudrillard la definición misma de alienación, al no ser capaces de definirnos sin haber de pasar por el rasero de las normas, estemos de acuerdo o no con ellas. Pero llevar a cabo un cambio estructural por parte de los individuos, no es tarea fácil. El proceso de individualización al que el individuo se ha visto sometido junto con el agotamiento de los topoi, ha destruido las formas tradicionales de relaciones sociales, forzando estos a tener que generar sus propias biografías ignorando el acervo cultural que hasta el momento había servido de guía y tomando sus propias decisiones de forma responsable y basadas en la propia moral ante las nuevas situaciones que entre todos generan.

Hoy en día y gracias a la generación de discurso científico desde las Ciencias Sociales, que ha permitido a los individuos aproximarse a la comprensión de la interrelación entre hombre y sociedad y a la generalización de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), los individuos, cada vez más, se auto-perciben como como parte de un entramado cuajado de relaciones de interdependencia y equilibrios de poder del más diverso tipo. Esto permite que se produzcan nuevas formas de percepción del entorno social, de comunicación entre individuos, y de gestión y organización de los nuevos conocimientos adquiridos por las capas hasta ahora ciegas y sordas a ellos, redistribuyendo de una forma transversal el poder que estos saberes generan y permitiéndolos organizarse y actuar para modificar y cambiar las interdependencias “naturales”. Los ciudadanos tienen que tomar conciencia del poder transformador que subyace en ellos mismos, el poder de la minoría económica aunque sean mayoría numérica, un poder que es el de argumentar para convencer a la mayoría, pero para ello es necesario aprender a pensar de otro modo para poder plantar la semilla del cambio por el que se han levantado y por el que acampan. Para ser capaces de realizar el cambio, además de poder cuestionar el incompleto acervo cultural, organizarse socialmente como individuos conformados por la propia elección biográfica, es necesario, y además se deriva de todo lo anterior, que el individuo opte por un estilo de vida que le permita emanciparse de las tradiciones perniciosas y de las condiciones impuestas por la dominación jerárquica, un estilo de vida donde las decisiones políticas son fruto de la libertad de elección y son generadoras de cambio, una política de vida que aloje estilos de vida basados en la decisión moral de cada sujeto, permitiendo la realización de éste en un marco de interdependencia e interrelación con el resto de individuos y que vaya más allá de los imperativos de la justicia y de la participación una política de vida, en definitiva, donde el desarrollo de iniciativas políticas que superen los intereses impuestos por las hegemonías dominantes y aboguen por el desarrollo del individuo y de la totalidad de la sociedad sea posible.

Es decir el individuo tiene que llegar a ser soberano, negándose a ser siervo, tiene que ser capaz de articular un pensamiento libre, renunciando a la pragmática impuesta por la sociedad del máximo beneficio, tienen que ser capaces de ponerse en juego y der capaces de apostar sabiendo que es posible perder. Han de ser capaces de liberarse de la eterna paradoja que ha acosado al ser humano desde que se inventó el trabajo remunerado y la propiedad privada. Para que individuo pueda ser supremo, tiene que ser capaz de abstraerse del temor a la muerte que ha sido encastado en él por la lógica del beneficio y materializado por la subordinación al sistema de producción que nos convierte en medios para conseguir determinados fines, cosificándolos y alienándolos y agarrarse al amor a la vida, disfrutándola, intensificándola, viviendo el presente y no pensando en el futuro, priorizando la comunicación y la convivencia con el resto de individuos de la sociedad, convirtiéndose en un fin en sí mismo. Todo esto cobra un nuevo enfoque si añadimos un elemento más a la ecuación, la sociedad conflictiva globalizada en la que nos movemos. Según Souza “la globalización es el proceso mediante el cual una determinada clase social o entidad local extiende su influencia a todo el globo y al hacerlo desarrolla la capacidad de convertir en local otra clase social o entidad rival”. 3 El movimiento social del 15-M está entrando en la descripción de lo que sería un movimiento social globalizado del tipo que Sousa define como patrimonio común de la humanidad, ya que el reclamar unas medidas sociales, una mayor representatividad política y una menor presión económica, no solo afecta a la sociedad española, sino a toda aquella sociedad donde impere el capitalismo neoliberal y la desvirtuada democracia representativa, donde la organización societal sea jerárquica de tal manera que las bases populares se lleven la peor parte del pastel mientras que las elites político -económicas ostentan el poder político, económico y de normalización.

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Las tensiones de la modernidad, Boaventura de Sousa Santos Pág. 167

Digo que es un movimiento globalizado patrimonio común de la humanidad porque lo que empezó como una protesta local, se está extendiendo principalmente por medio de las TIC a un ámbito, primero nacional y después global ya que se han llegado a contabilizar en momentos cumbre del movimiento cerca de seiscientas acampadas por todo el mundo reclamando una democracia real y mostrando su indignación con el sistema actual. Es un movimiento globalizado radicalmente opuesto al localismo

globalizado que es la imposición del modelo americano que nos dicta las políticas económicas de corte neoliberal que además de lo evidente, bombardea al resto del globo con una serie de valores y creencias enfocadas desde el economicismo que se funden y se desdibujan con el resto de estructuras sociales y cognitivas, imponiéndonos un universo simbólico cargado de intencionalidad y así llevar al individuo creado, deshumanizado y cosificado, a adoptarlos es pos de conseguir las metas de éxito en la sociedad. Un modelo donde el Estado ha sucumbido a la economía y ha privatizado la educación, la sanidad e incluso la cultura, un modelo que ha hecho recaer sobre el individuo toda la responsabilidad del fracaso a la hora de conseguir el éxito. Y eso es precisamente lo que el movimiento 15-M reclama y pretende transformar. Una vez nos hemos dado cuenta de las posibilidades del individuo anónimo de influir en fehacientemente en su entorno más próximo, hemos de tomar conciencia también de que hemos estado viviendo en una sociedad heterónoma, en el sentido en que nosotros como individuos no hemos tenido nada que ver con su constitución, viene dada de forma histórica, una sociedad donde nadie puede ir en contra de los normalizado sin ser sancionado de forma disciplinaria o simplemente siendo tratado como un antisistema, con la discriminación y la segregación que la categorización como grupo minoritario comporta en la sociedad actual. El individuo, consciente de sus capacidades transformadoras en la sociedad modernas, posibilitadas por todo lo mencionado más arriba, tiene, en definitiva la capacidad de transformar su entorno en algo autónomo, algo modelado y moldeado por la densa red de interdependencias de las que forma parte.

Desde esa perspectiva, la democracia actual, fruto de un proceso histórico que ha ido coartando las capacidades de ser escuchados y de poder actuar de los teóricamente representados, a partir de la sucesiva toma de poder de las potencias económicas y políticas del sistema capitalista moderno, es un sistema político que limita las posibilidades de los individuos de verse representados. Así y siguiendo las aportaciones sobre la autonomía y la heteronomía hechas por Castoriadis, es necesario que el individuo instituya la sociedad, o las instituciones, que cree el “nomos” a través de un consenso continuo, sometido a debate y a crítica y ponga en cuestión las instituciones actuales. La institución democrática es el tipo de gobierno considerado como el sistema de gobierno “menos malo” de todos los que se han puesto en práctica hasta ahora, y es característico de los países llamados desarrollados. Pero no es otra cosa que una “oligarquía liberal” que no suprime la jerarquía entre los hombres sino que aumenta la división política entre naciones y la división económica entre clases. La democracia tal y como la conocemos, ha caído en la obsolescencia ya que no cumple las funciones para las que un día fue creada y el poder político ha quedado en posesión de la regulación del orden social coadyuvado en unas ocasiones y coaccionado en otras por el poder económico. La democracia surgida a mediados del siglo XX, fruto de la racionalidad imperante en el momento, ha resultado ser un orden generado de forma artificial del mismo modo que lo fue el comunismo, un orden llevado a cabo por medio de una burocracia perfectamente coordinada para conseguir los fines que se había marcado, un orden social que ha conseguido, mediante la legislación, la regulación y normalización del individuo por cuenta propia, convertirlos en seres sumisos a unas fuerzas que no controlan y muchas veces ni siquiera entienden, pero que siguen por el miedo al castigo o simplemente porque “es lo que se debe hacer”, sin ni siquiera plantearse quien dijo que era lo que se debía hacer, comportándose de forma mecánica y heterónoma. El temor de que ser objetos de la violencia física es una de las formas más fuertes de socialización, que genera el autocontrol y la adaptación a las normas preestablecidas, pero es un temor que oculto ya que la violencia física ha

quedado desplazada del ámbito de los social y solo se emplea cuando las conductas, acciones y/o pensamientos se derivan hacia lo asocial, es decir, hacia un cuestionamiento de los valores y normas culturales de la sociedad. Pero la desaparición de la violencia de la cotidianeidad, no es sino un triunfo de los que ostentan el poder, ya que pasan a ser ellos y solo ellos los que monopolizan de forma legítima su uso, debido a que los ciudadanos han delegado ese poder por medio de votaciones periódicas, en unas elecciones democráticas, dejando indefensos a los representados frente a las decisiones preñadas de intereses partidistas que toman continuamente sus representantes. Es por ello, por no poder hacer uso de la violencia si ser represaliados por las fuerzas del orden que los representan legítimamente desde un sistema heterónomo, que la única forma que tienen los individuos de cambiar el orden establecido, es la movilización de estos, a todos los niveles imaginables, creando una fuerza paralela a la política legitima, una subpolítica activa que la determine, generada por individuos conscientes de su poder causante de cambio en base a un abandono paulatino pero inexorable de los viejos topoi y a una toma de decisiones basadas no sólo en la racionalidad técnica, sino en el amor a la vida y en la esperanza de convertirse en individuos soberanos capaces de crear una sociedad autónoma libre de los viejos fantasmas del pasado. Si algo puede conseguir la movilización social 15-M es precisamente eso, crear nuevos símbolos sociales acordes con el contexto actual, fundamentados en las necesidades y demandas de los componentes más numerosos de la sociedad, para que seamos capaces de crear un sistema que sea un consenso de muchos y no una decisión de pocos. El único impedimento con el que se pueden encontrar es la falta de práctica organizativa, la falta de medios y espacios habilitados para tal efecto, además de los impedimentos burocráticos que puedan convertir este tipo de acciones en meros “derecho a pataleta” de unos cuantos antisistema, a ojos de una opinión publica producida u ocultada por la red mediática hegemónica al servicio de las esferas de poder dominante.

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