40 Años Después: La Oleada OVNI de 1973

Un vistazo al "Almanaque Mundial" o cualquier cronografía del siglo XX no hará mención alguna de ello: leeremos acerca de la guerra en el Medio Oriente, los enredos del presidente Nixon en Vietnam y con la Crisis de Watergate, la crisis de energéticos y la muerte de Pablo Neruda, pero no hallaremos ni el más mínimo detalle sobre el "año del humanoide" -- el mote otorgado a dicho espacio de doce meses a comienzos de la década de los '70. Antes de dicha fecha se habían producido oleadas ovni y casos espectaculares; posterior a ella sobrevinieron casos aún más alucinantes. Pero 1973 marca la fecha en que cientos--tal vez miles--de personas presenciaron no sólo los sempiternos "platillos voladores" sino las grotescas criaturas que parecían tripularlos. A raíz de estos encuentros con lo desconocido, quince millones de estadounidenses afirmarían su creencia en el fenómeno ovni en una encuesta de la agencia Roper. Casi parecía que los problemas contra los que luchaba el mundo de día en los campos de la política, la economía y la religión tenían su segunda parte después de la puesta del sol. No sólo había que enfrentar largas filas para repostar carburante, sino que también había preocuparse por lo que pudiera estar al acecho en la oscuridad. La investigadora Irena Scott, recordando al "año del humanoide", comenta que los avistamientos múltiples llegaron a tal grado que hasta la fuerza aérea (USAF) se vio obligada a calmar el pánico que experimentaba la población al decir que las luces y explosiones en el cielo habían sido producto de una prueba atmosférica realizada el 18 de octubre de 1973 desde la base Eglin. "De ser así", pregunta la investigadora, "¿cómo es posible que una prueba creara ovnis que perseguían taxis y los camiones de los granjeros?" Pocos días después, el general George S. Brown de la USAF hizo una declaración estremecedora: "No sé si se habrá contado esa historia antes, pero ellos [los OVNI] nos plagaron durante la guerra en Vietnam". Estas palabras, recogidas por los investigadores Stanton Friedman y B. Ann Slate, resultan en una franca admisión por la cúpula militar estadounidense en la existencia del fenómeno, aunque el general concluyó que los ovni que habían resultado en "una batalla en que un destructor australiano recibió un impacto directo" habían sido un fenómeno atmosférico. Tales descripciones podrán sonarnos un poco melodramáticas, vistas desde nuestra perspectiva en los albores del siglo XXI, pero la preocupación entre el público en general alcanzaba niveles alarmantes. Irena Scott afirma que su madre, vecina de la ciudad de Columbus en el estado de Ohio, declaró que muchas personas que no creían en el fenómeno habían comenzado a tener sus propias experiencias y avistamientos: "Dijo que la gente comenzaba a esconderse en sus casas y que daba miedo salir de noche". En otras partes del país, a la par que progresaba la oleada ovni, las madres se negaban a dejar que 2

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sus niños fuesen al colegio por temor a ser secuestrados. El fallecido investigador Leonard Stringfield, cuyos informes especiales alimentarían las calderas de la creencia en el choque de Roswell durante los '90, describió la situación así: "Durante el asedio de 1973, Cincinnati (Indiana, EUA) al igual que muchas otras ciudades, mantenía una apariencia externa de sosiego durante el día, tramitando sus asuntos como siempre. Pero la ansiedad sobre el fenómeno OVNI aumentaba después del crepúsculo. La prensa, la radio y la televisión abanicaban las noticias ovni con tal intensidad que llegué a preguntarme si los vecinos de Cincinnati estaban siendo sometidos a pruebas de reacción psicológica. Se podía palpar el nerviosismo de la ciudad a la par que se recibían cientos de llamadas en cualquier organismo oficial interesadas en recibirlas. La centralita de la policía de Cincinnati estaba abarrotada. Sin embargo, la gente que vivía en granjas aisladas y otros lugares apartados a menudo sentían un terror crudo cuando sus rutinas cotidianas tocaban a su fin después del ocaso." Palabras impresionantes que podemos leer desde la comodidad que nos ofrecen la distancia y el tiempo. El "año del humanoide" no comenzaría 1973, sino unos días antes. En diciembre de 1972, mientras que la última misión del proyecto Apolo abandonaba la superficie lunar, el celador argentino Ventura Maceiras tendría su encuentro nocturno--histórico en los anales de la ufología--con una enorme luz suspendida sobre un cultivo de árboles de eucalipto. El objeto fuente de la luz cambiaría de colores varias veces, pasando de anaranjado a violeta, y Maceiras llegaría a ver dos figuras con escafandras y vestidos en lo que tomó por "trajes de buceo". Los tripulantes del extraño aparato le miraban fijamente con sus ojos rasgados a la par que su nave se inclinaba hacia el extrañado terrícola. Súbitamente, un rayo de luz salió disparado del fondo del vehículo, cegando a Maceiras por unos instantes. La nave se movió lentamente hacia el noreste hasta desaparecer detrás de unas colinas. La "iluminación" de Ventura Maceiras y sus estremecedoras secuelas físicas (el desarrollo de una nueva dentadura a los pocos meses del incidente, así como un aumento en sus facultades mentales) se convertirían en un hito de la ufología. El 2 de enero de 1973, una docena de testigos miraban absortos hacia el firmamento mientras que un ovni, descrito por una mujer como "lo más extraño que he visto en mi vida", se cernía sobre la ciudad de Santa Ana, California. La policía recibió informes provenientes de distintas partes de la ciudad sobre el "extraño objeto luminoso" de dimensiones colosales, midiendo más de 50 pies en diámetro con una cúpula redonda en su parte superior. El platívolo tenía un anillo de luces multicolores a su alrededor. Otro testigo informó que el objeto producía un sonido "parecido al de un generador 3

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eléctrico" a la par que el no identificado desaparecía. Los avistamientos por testigos múltiples irían en aumento en aquel año de misterios: el pueblo de Dighton (Kansas, EUA) cada uno de sus 1000 habitantes serían testigos del fenómeno. "Seremos un pueblo chico", afirmó en el momento el jefe de policía M.R. Shelton, "pero somos lo suficientemente grandes como para ser de interés a quienquiera esté dentro de esas naves". Desde comienzos del año, afirmó el policía, todos los habitantes del pueblo habían tenido experiencias ovni en grupo o individuales. "Si hasta yo mismo he perseguido uno a velocidades de hasta 100 millas por hora", agregó Shelton. En el este de los Estados Unidos, la vanguardia ovni comenzaba a hacer un impacto físico sobre las comunidades. El 25 de enero de 1973, un no identificado produciría averías en los radares del aeropuerto de Pittsburgh (Pennsylvania, EUA) resultando en demoras en el aterrizaje de más de veinte aviones comerciales. Aunque los funcionarios del Greater Pittsburgh Aiport achacarían sus males a la ineptitud de un operario, el investigador Stan Gordon recibió llamadas noche y día de alarmados residentes de la zona, dando parte sobre la presencia de ovnis sobre el aeropuerto, especialmente una "formación de cinco o seis objetos brillantes y redondos" que permanecieron suspendidos sobre las casas cercanas al aeropuerto por más de diez minutos antes de dividirse en dos formaciones distintas. La policía de North Huntingdon Township corroboró la información recibida por Gordon. Ese mismo mes, el transportista Gerald Sumney confesó que "tenía miedo a ser secuestrado por un platillo volador", y quién podría culparlo después de su experiencia. A principios de enero, Sumney conducía su camión en las heladas carreteras del estado cuando percibió que una luz le venía siguiendo a baja altura en el camino. En las siguientes semanas, la luz parecía acercarse a su vehículo y apartarse cuando Sumney detenía la marcha para poder observar el fenómeno. Otros transportistas--hombres curtidos por las exigencias de su trabajo--no tardaron en mofarse de su camarada, pero sus burlas se extinguieron cuando el fotógrafo Tommy Franklin y la reportera Edith Low siguieron el camión de Sumney en su propio coche, observando el extraño objeto con prismáticos y tomando algunas fotos del mismo. "El alistamiento nos impresionó," confesaron los periodistas. "En definitiva no se trataba de un avión, globo sonda, ni planeta o estrella. De eso estamos seguros." El 12 de mayo, un automovilista circulando a lo largo de la Interestatal 76 cerca de Kent, Ohio tendría un avistamiento sorprendente. Mirando por su parabrisas a las 21:20 horas, pudo ver un objeto casi directamente sobre su automóvil. Debajo del óvalo luminoso desconocido se materializó una figura humanoide vestida en un traje plateado, descendiendo en vertical hasta tocar la superficie de la supercarretera directamente en frente del vehículo. "Su conformación era idéntica a la de un ser humano", manifestó el chofer anónimo a la organización NICAP, "pero totalmente plateado, sin cabello ni orejas, 4

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nariz angulada y boca angosta, con una barbilla pequeña y puntiaguda". El extraño encuentro mereció ser incluido en el HUMCAT de 1973. A los pocos días (18 mayo 1973) la Sra. Phillips de vecino contiguo estado de Illinois observaría otro objeto singular desde su vehículo - un domo con luz anaranjada que parecía estar detenido sobre la Edison Junior High School en la comunidad de Pekin. Ni la señora ni los familiares que la acompañaban detectaron sonido alguno que acompañara las lentas pulsaciones del objeto, que acabó desapareciendo hacia el río Illinois. El fenómeno y su interés - o gusto - por las amplias y extensas carreteras estadounidenses se proyectó a través del verano del '73, con un encuentro el 14 de junio presenciado por tres mujeres jóvenes que viajaban a lo largo de la Interestatal 80 a las tres de la madrugada. El objeto "de color plateado, gris y negro" emitía una luz verdosa, ejecutando maniobras abruptas, acompañado por otros artefactos. Curiosamente, las jóvenes informaron a la policía estatal que un hombre en una de las zonas de descanso de la autopista afirmó haber fotografiado el objeto con una lente de alto poder, pero abandonó la zona de prisa antes de la llegada de la policía. A mediados del mes de julio de 1973, un vecino de la comunidad de Emden en Missouri se despertó a las tres y media de la madrugada debido a los ladridos incesantes de su perro (una constante en casos de ovni y de Bigfoot). Al asomarse por la ventana de su casa rural, pudo ver un objeto "con forma de huevo, del tamaño de un automóvil normal, con aspecto tridimensional...era posible ver a través del objeto, o directamente hacia su interior." El fenómeno brillaba con luz anaranjada por afuera y tenía un color ligeramente distinto en su centro. "Como el color del sol al ponerse, pero no tan oscuro para considerarse rojo". El mes de agosto sería aún más ajetreado: testigos en la cercanía de Princeton, Indiana, indicaron ver un objeto con forma de domo durante una tormenta que se desató a las nueve de la noche en una fecha no precisada. El aparato tenía la forma de un platívolo clásico, con cúpula en vez de domo, que en la opinión de los testigos "no parecía ser algo sólido". A comienzos del octavo mes del año, Sr. Bud Sedgwick, agricultor de la comunidad de Greenup, Illinois, estaba en la compañía de su esposa y suegros cuando un objeto rectangular "se les vino encima" al cruzar un camino vecinal en las cercanías de Greenup, cerca de las vías férreas de la Penn Central Railroad. El aparato, descrito con la forma de "un furgón de grandes dimensiones", contaba con una luminosidad pálida. Sedgwick aplicó los frenos abruptamente, haciendo que uno de los pasajeros se golpeara contra el salpicadero del coche. La extraña figura acabó por descender en un maizal, perdiéndose de vista. Por azares del destino, otros testigos de la comunidad de Greenup, Illinois (con 1500 habitantes) se contraría con lo desconocido esa misma noche. El 4 de agosto de 1973 en 5

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horas de la noche, Bill McMorris y su hijo regresaban de un día de pesca, conduciendo entre los caminos vecinales de la zona, cuando vieron un objeto enorme sobre una casa de granja propiedad del Sr. Walter Gabel. "Era tan grande como una casa", afirmó McMorris, director del periódico de la localidad. El objeto parecía estar a tres cuartos de milla de distancia y parecía estar a punto de aterrizar. La afinidad del fenómeno OVNI por el encanto rural de Greenup se prolongaría durante varios encuentros más, incluyendo un caso anónimo el 19 de agosto, cuyo protagonista juró haber visto "un OVNI que aterrizó a 200 pies de mi coche en la ruralía y luego trató de interceptarme durante mi regreso al pueblo de Charleston". Resulta interesante que la población de Greenup y su afinidad por los fenómenos luminosos se extendió posteriormente por muchos años, incluyendo el avistamiento de una “nave nodriza” en 1977. Greenup también queda cerca de Mattoon, Illinois, aldea que pasó a la historia por las extrañas manifestaciones de la criatura (¿o humano descarriado?) conocido como el “gaseador de Mattoon” – parecido al “Springheel Jack” de la Inglaterra victoriana. Pero no todos los casos ovni tomaban lugar en los estados del centro de la unión americana. Tres amigos, sentados en sillas de jardín al frente de la cochera de su hogar en West Seneca, Nueva York, jamás olvidarán aquel mes de agosto hace cuarenta años. Su charla se vio interrumpida por un zumbido de baja intensidad que les obligó a mirar sobre sus hombros hacia el cielo sobre el garaje: un objeto que parecía “la mitad de un huevo” y de color plateado metálico, rodeado de una luz anaranjada que tiraba a azul, estaba en pleno descenso vertical directo sobre el techo de la estructura. Uno de los testigos exclamó desesperadamente al objeto – “¡Detente! ¡Vas a aplastar el garaje!” – y el intruso detuvo su bajada, alejándose a gran velocidad. Varios días más tarde, otro testigo escuchó el mismo zumbido, salió a la calle con su perro, y pudo ver el mismo objeto al nivel de la calle y a tan solo tres o cuatro pies sobre el suelo. El testigo sintió el extraño deseo de acercarse más al intruso, y comenzó a caminar hacia el objeto. Su perro comenzó a ladrar frenéticamente hasta que el testigo logró romper la extraña coacción que le impulsaba hacia el objeto, que sencillamente comenzó a elevarse lentamente antes de desaparecer en la oscuridad. Los expedientes de Francis Ridge, director estatal de MUFON para Missouri a comienzos de los '70, contienen datos aún más sorprendentes. Su monografía Regional Files: The FC Files - A Century of UFO Sightings and Close Encounters in the Midwest (UFO Filter Center, Mt. Vernon, Indiana) presentan la sorprendente realidad de los sucesos del mes de septiembre de 1973 en el estado de Missouri. Un objeto de color verde oscuro apareció repentinamente en el retrovisor de una persona que conducía a lo largo de una carretera el 2 de septiembre de ese año. A la par que el objeto se acercaba al vehículo, el chofer llegó a ver que el objeto era de color gris, iluminado por dentro, con un "parabrisas" delantero curveado. Dentro del objeto se 6

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encontraban dos sujetos de apariencia indistinta. El testigo afirma que el objeto proyectó "escenas" dentro de su mente durante el trayecto. El 23 de septiembre, una mujer sentada en su coche, esperando su turno para ingresar en el centro comercial Glennbrook de Fort Wayne, Indiana a las siete de la noche, quedó sorprendida al ver un objeto en el cielo con la configuración y dimensiones de "un transatlántico" que se mantuvo visible por espacio de varios minutos. El increíble objeto tenía cinco hileras de luces amarillas parpadeantes, y se desplazaba lentamente antes de perderse en una arboleda. Días antes de este avistamiento, testigos en los vecinos estados de Tennessee y Ohio comunicaron a las autoridades sus "encuentros cercanos del segundo tipo". La monografía de Ridge incluye un sorprendente EC-3 que tomó lugar el 1 de octubre de 1973 en la vecindad de Anthony Hill, estado de Tennessee: un OVNI de configuración ovoide fue visto - supuestamente - por tres adolescentes que declararon ver un "enorme ser tipo robot de cabeza grande" caminando mecánicamente con las manos en alto, durante una tormenta eléctrica esa noche. El 5 de octubre del año en cuestión, la agencia noticiosa UPI circuló la noticia de que el transportista Eddie Doyle Webb había sido cegado por un ovni mientras que circulaba por la autopista en el sureste del estado de Missouri, al volante de su camión tractor Peterbilt de fabricación reciente con un semitractor frigorífico Dorsey. Webb, de 45 años de edad, se apercibió de que un objeto de aspecto parecido al aluminio se acercaba a su camión desde atrás y a gran velocidad. “Algo sin faros venía por la carretera detrás de mi camión,” dijo Webb en una grabación. “Se nos acercaba con velocidad inusitada. Las luces eran preciosas y brillantes, del color del arco iris, pero más brillantes”. El chofer decidió despertar a su esposa Velma, quien compartía la conducción del articulado con él, para que fuera testigo del insólito fenómeno. Un tanto molesta, Velma miró por el retrovisor del lado derecho del articulado y dijo que no podía ver nada. “Para esas alturas,” prosigue el testimonio grabado de Webb, “el objeto ya me había alcanzado. Era una luz brillante, como el faro de aterrizaje de un avión o una luz incandescente que relucía contra la rueda trasera izquierda de mi remolque. No podía ver lo que era, así que me asomé por la ventana”. Webb no supo identificar el objeto más allá de decir que se parecía a “un nabo o trompo” de color plateado y de unos 30 pies en diámetro y tal vez seis a ocho pies de alto, con un arco iris de luces a lo largo de su centro. El transportista tuvo la impresión de que la parte inferior de extraño objeto parecía estar girando. 7

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“En aquel instante, una bola de fuego de color amarillento-rojizo impactó contra mi rostro. Se me cayeron las gafas y no podía ver. Aún así, pude detener el camión. El motor del vehículo murió al instante, aunque no sé si fue el objeto el responsable de ello o si lo hice yo al pisar el freno. Según la señora Webb, su marido había gritado: “¡Dios mío! ¡Me han quemado! y no puedo ver”. La bola de fuego o plasma había derretido la montura de las gafas del transportista, haciendo que una de las lentes cayese al suelo de la cabina. La señora Webb tomó el volante y condujo a su marido al hospital Barnes en la ciudad de St. Louis. La policía estatal levantó un informe sobre lo sucedido y las gafas derretidas fueron enviadas al doctor Harley Rutledge de la Universidad de Missouri, quien dictaminó que la montura de las gafas había sido “calentada internamente” (¿microondas?) resultando en el desprendimiento de la lente en cuestión. La nota de prensa acababa ahí, pero hubo detalles adicionales que jamás se hicieron de conocimiento público justo en medio de la crisis platillera que afectaba al país en dicho momento. El detalle más significativo es que la empresa de transporte para la que trabajaba el desventurado Webb se negó a pagarle la indemnización por accidente de trabajo debido a que el chofer no podía comprobar la existencia legal del OVNI que causó sus heridas. Ni corto ni perezoso, Webb puso sus asuntos en mano del abogado Edward O’Herlin de la población de Malden, Missouri. Cuando el investigador Leonard Stringfield de la MUFON quiso indagar los pormenores del caso, el abogado O’Herlin le dijo que la ley no le permitía divulgar la información del acuerdo a que habían llegado Webb y su empresa, pero que el testimonio jurado del transportista había sido tan convincente que la empresa no tuvo más remedio que pagarle. Un oftalmólogo en el hospital de San Louis determinó que la visión de Eddie Webb se había reducido al veinte por ciento y que el chofer tenía dificultades en visualizar colores. Tras ese momento se pierde la pista del chofer...otra víctima más del fenómeno ovni. El primer encuentro con humanoides del que se tiene constancia para 1973 fue el ocurrido el 26 de enero en las afueras del poblado de Gaffney, Carolina del Sur. Un joven de 24 años de edad, cuyo nombre quedó en reserva "para evitar que fuese blanco de la burla", conducía su coche al sur de Gaffney cuando se fijó en un cúmulo de luces rojas parpadeantes en la carretera. Pensando que podían tratarse de las luces de vehículos de la policía perdonándose a un accidente de tránsito, el hombre redujo la marcha de su vehículo. Lo que vería a continuación le impactaría por el resto de sus días. Los faros de su coche iluminaron un objeto de configuración discoidal que descansaba 8

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sobre tres patas en medio de la carretera. Frente al vehículo había una docena de figuras humanoides que parecían dedicarse a la tarea de reparar "algo" en el fondo de su vehículo. Según los directores del periódico Gaffney Ledger, a quienes el testigo relató su experiencia, los supuestos ovninautas llevaban puestos monos blancos con correas y hebillas. Su estatura era promedio, tenían facciones caucásicas y pelo negro recortado de la misma manera. Sus manos parecían estar cubiertas por guantes blancos. Los ovninautas no prestaron el menor caso al automóvil y su atónito chofer. La actividad ovni se mantendría esporádica por los siguientes meses, sobre todo durante el verano, con informes sobre luces brillantes que volaban sobre casas, granjas, depósitos de agua o camiones remolque que transitaban caminos solitarios en horas de la madrugada. El 10 de septiembre, la agencia de prensa United Press circularía la noticia de que la población de Griffin, estado de Georgia, estaba siendo asediada por objetos multicolores por espacio de dos semanas. Un alguacil en el condado de Spalding había visto luces rojas descender a la tierra antes de desaparecer, mientras que dos policías militares de la base aérea Hunter cerca de la ciudad portuaria de Savannah informaron que "algo" había perseguido su vehículo mientras que efectuaban una patrulla rutinaria. Los avistamientos y encuentros con los extraños tripulantes de los objetos voladores no identificados alcanzarían su punto álgido en el mes de octubre de 1973, cuando los medios noticiosos de todas partes de los Estados Unidos informarían sobre alienígenas, monstruos y manifestaciones extrañas. Remitiéndonos de nuevo a los escritos de Irena Scott, parece ser posible precisar el momento justo en que los avistamientos y encuentros dejaron de ser algo casual y se convirtieron en una verdadera invasión: el 11 de octubre a las 21:00 horas, cuando una enorme detonación cuyo origen jamás pudo ser precisado, se hizo sentir en más de 10 estados de la unión americana, desde Indiana hasta Maryland e incluyendo sus estados circundantes. El periódico Columbus Dispatch, un rotativo de gran circulación informó que los informes OVNI habían precedido la extraña explosión. Se vieron ovnis en Ohio justo antes de una ensordecedora detonación que pudo escucharse en por lo menos diez estados, incluyendo Ohio, Pennsylvania, Virginia, Maryland y Virginia Occidental. Casi resulta posible imaginar un gran mapa de los Estados Unidos cuyas luces se encienden según se recibe información sobre los casos: el 17 de octubre, una docena de condados en el estado de Alabama darían parte sobre objetos extraños con resplandores verdosos, así como un "robot espacial" fotografiado por el comisario Jeff Greenhaw a 17 millas del Arsenal Redstone en Huntsville. Cuando los faros de la patrulla de Greenhaw bañaron una figura plateada, el comisario pudo ver que se trataba de una figura que caminaba hacia él. "¡Hola, forastero!" le saludó Greenhaw, pero el extraño seguía con su caminar mecánico y 9

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no le contestó. Con su cámara reglamentaria Polaroid, el comisario tomo cuatro fotos: una del ser a 50 pies de distancia, otra a 25 pies, y dos más cuando el extraño "robot" se encontraba a 10 pies. Las instantáneas-- ya legendarias -- le costarían a Greenhaw su matrimonio, su carrera y posiblemente resultaron en la destrucción de casa-remolque. Un día antes, en la ciudad universitaria de Athens, Georgia, una nave desconocida supuestamente aterrizó en medio de un camino para permitir el desembarque de dos figuras diminutas en trajes plateados que fueron bienvenidos a nuestro mundo a tiro de bala, cortesía del azorado granjero Paul Brown. El 19 de octubre, en Tifton, Georgia, se verían más humanoides salir de una nave espacial. En el estado de Kentucky, el alcalde del pueblo de Mundfordville vería "naves aterrizando" en la noche del 15 al 16 de octubre, mientras que en Huntingdon, Indiana, el granjero Richard Pape informaría a Prensa Asociada que un OVNI le había seguido a lo largo de la carretera de regreso a casa; el 21 de octubre, los vecinos de Hartford City, Indiana, presenciarían el desembarco de dos humanoides. El 16 de octubre de 1973 el periódico Camden News de Arkansas se hacía eco de los avistamientos de luces raras en el estado de Indiana, cientos de millas al norte. Tanto la policía como los ciudadanos de las regiones sur, oeste y norte de dicho estado se maravillaban ante los "extraños objetos de colores múltiples" que se vieron durante dos noches seguidas. "La luz me siguió hasta mi casa", afirmó el granjero Richard Pape, quien presenció luces rojas y azules mientras que regresaba a su propiedad cerca de Huntingdon. El objeto "estaba sobre mi cabeza a no más de 500 pies de altura". El granjero se había bajado de su camión para poder ver las luces mejor, y al montarse de nuevo y reanudar la marcha, descubrió que el objeto se había interesado en él. A pesar de conducir a 60 millas por hora, el objeto no tuvo problema alguno en seguirlos. "No pudo ser un avión, ya que no hacía ruido. De haber sido un helicóptero, igual lo hubiésemos escuchado. El aparato acabó "cerniéndose sobre la granja" por algún tiempo. Está claro que ninguno de estos encuentros cercanos tendría el impacto popular que ejercería el secuestro de dos pescadores en el pueblo de Pascagoula, estado de Mississippi-Charles Hickson y Calvin Parker--el mismísimo 11 de octubre y a la misma hora en que el noreste de EUA escuchaba la ensordecedora explosión. Hickson y Parker se dieron cuenta que una luz azul les acechaba; aterrizó y de ella salieron tres seres humanoides con manos como pinzas (descritos en algunas crónicas como robots) que los escoltaron a bordo de la nave espacial y los sometieron a pruebas. Este caso sería uno de los más sensacionales de la ufología y se sigue debatiendo cuarenta años después. Ampliaremos detalles sobre este evento más adelante. Pennsylvania se llevaría la palma en octubre de 1973, con 103 informes de criaturas 10

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extrañas en todas partes del estado. Uno de estos casos sería presenciado por trece personas, incluyendo policías y los integrantes de una organización de estudio ovni. Una fuente policiaca clasificó la situación existente como "una pesadilla" y las agencias de seguridad pública comenzaban a preocuparse. El sistema de radio de emergencia del condado de Westmoreland estaba basado en la estación de policía de la ciudad de Greensburg. Las llamadas de policía y bomberos se despachaban desde esa central, y durante un plazo de tiempo, a la par que incrementaban los avistamientos de criaturas extrañas, se transmitía una señal especial de "código rojo" a la unidad de radio del investigador Stan Gordon por medio del canal de radio de la defensa civil. "Esto me alertaba," rememora Gordon en su libro Silent Invasion, "al hecho de que alguien acababa de dar parte sobre un hecho inusual, y que yo tenía que comunicarme con el centro de emergencia para obtener la información y proseguir la investigación. Tenía un radiorreceptor de alta frecuencia en mi automóvil, así que podía monitorear dichas llamadas constantemente. También tuve varias reuniones con investigadores de la policía estatal en el cuartel de Greensburg, deseosos de mantenerse al corriente de nuestras pesquisas. Me habían contado - pero nunca lo llegué a comprobar - que algunos policías que patrullaban las carreteras del condado de Westmoreland durante esta etapa llevaban armas de fuego de gran calibre en sus vehículos". La sensación de pánico que se experimentaba en todas partes del país a raíz de la "invasión extraterrestre" tuvo su expresión más visible en la ciudad de Wheeling, Virginia Occidental, la noche del 17 de octubre: entre veinte y veinticinco objetos fueron vistos sobrevolando la ciudad, creando revuelo. Según las estimaciones hechas por el Dr. J.Allen Hynek, una tercera parte de todos los avistamientos y encuentros producidos durante el "año del humanoide" tuvieron su origen en informes de los distintos departamentos de policía del país, aumentando la fiabilidad de los casos, dado que los comisarios y jefes de policía recelan incluir eventos OVNI o de alta extrañeza en sus bitácoras. La policía de la ciudad de Chattanooga, Tennessee, tuvo su momento de gloria el 17 de octubre de 1973, cuando a las 19:00 horas el expedidor recibió una llamada de una mujer que había atestiguado el aterrizaje de un enorme ovni fusiforme en un paraje cercano a una escuela primaria. El sargento Lester Shell y el patrullero Harry Jarrett fueron enviados al lugar de los hechos con órdenes estrictas de evitar que el caso transcendiese a los medios. Los uniformados se encontraron con una luz potente que brillaba entre los árboles de la zona pantanosa; la configuración era efectivamente parecida a la de un cigarro puro y las luz tenía matices azulados. El objeto desconocido parecía estar suspendido a unos quince pies sobre el pantano. Cuando el sargento Shell decidió acercarse para investigar, el aparato ascendió verticalmente "como si me estuviese 11

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mirando" a una altura de noventa pies antes de salir disparado hacia el este con rumbo al aeropuerto de Chattanooga. El comisionado de la policía, Gene Roberts, acudió al pantano para buscar cualquier evidencia del intruso, pero sus técnicos sólo hallaron restos de papel y basura en lo alto de los árboles, sin explicarse cómo pudieron haber llegado hasta allí. Cabe agregar que el día 17 sería uno de los más intensos de la oleada del '73, puesto que más de cincuenta ciudades en Estados Unidos dieron parte sobre avistamientos de objetos extraños a baja altura o encuentros con seres no humanos. El 19 de octubre, el investigador Charles Wilhelm acudió a Goshen, Ohio para visitar la granja de un individuo que deseaba identificarse exclusivamente como "Sam" para evitar ser juguete de los medios noticiosos que explotaban inmisericordemente la actividad OVNI sobre el estado de Ohio. A las 20:30 horas, una vecina de "Sam" le llamó por teléfono para informarle que una luz de gran brillantez había descendido en su granja. "Sam" salió de la casa, acompañado por sus dos perros cazamapaches ("coon dogs", en inglés) para investigar el suceso, pero descubrió que era necesario arrastrar a los canes hasta el lugar de marras, como si presintiesen la presencia de lo extraño y desearan evitarlo a toda costa. A trescientos pies de distancia, el granjero quedó sorprendido al ver que la luz era una nave extraña de 50 pies de diámetro y con una cubierta superior acampanada. Dos luces azules y blancas marcaban el exterior del aparato, que descansaba sobre lo que parecían ser zancos. Debajo del objeto, "Sam" llegó a ver tres figuras que parecían seres humanos en la penumbra. Una figura ascendió las escaleras para desaparecer en el interior de la nave mientras que los dos restantes permanecían en tierra. Los perros cazamapaches ladraban descontroladamente, atrayendo la atención de los extraños. En cuestión de minutos, las dos figuras restantes habían subido la escalerilla y el objeto ascendió con lentitud, haciendo un ruido que "Sam" describiría como "el silbato de un tren" antes de realizar un repentino ascenso vertiginoso y desaparecer de vista completamente. El 29 de octubre se produciría un caso recogido en los cuadernos de trabajo del fallecido Leonard Stringfield pero poco divulgado por los medios noticiosos. En el estado de Georgia, uno de los más afectados por la oleada del '73, un chico identificado sólo como "S.R." regresaba a su hogar después de haber vendido dulces para auspiciar una actividad escolar. Repentinamente, un OVNI "configurado como una lata de cerveza" apareció a 25 pies sobre la cabeza del sobresaltado estudiante sin hacer ruido alguno, manteniéndose suspendido en el aire por unos 20 segundos. Al llegar a la seguridad de su casa, "S.R." hizo lo posible por contar lo sucedido a sus padres, quienes le prestaron poca atención. Al día siguiente, escribió una nota para sus padres, diciendo que le era necesario huir de la zona, ya que el OVNI le había infundido un temor pavoroso. Los guardias de seguridad del aeropuerto de Atlanta, Georgia, arrestaron al joven y lo llevaron a su casa, aún titiritando de miedo por el OVNI. Casi un año después, el investigador Stringfield descubrió que "S.R." había visto un rostro humanoide, arrugado, sin nariz y con una ranura por boca a 12

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través de una claraboya en el OVNI. La criatura le había dicho por vía telepática que no tuviese miedo y que se lo llevaría con él. Cabe recordar que el 28 de octubre de 1973 se produciría uno de los casos ovni más controvertido del aquel lejano año, pero a miles de millas de la frontera estadounidense: el secuestro del transportista Dionisio Llanca a las afueras de Bahía Blanca, Argentina. El 4 de octubre de 1973, el agente de seguros de vida Gary Chase irrumpió en el cuartel de policía de Anderson, California y se dirigió directamente al sargento de guardia. "Mire, no estoy borracho, no fumo marihuana y tengo algo increíble que contarle". Durante los siguientes veinte minutos, Gary Chase describió lo acaecido a las 6:40 p.m. ese mismo día mientras que dirigía su automóvil hacia Simi Valley, 40 millas al norte de Los Angeles. Al llegar a su salida de la autopista, Chase se fijó en un objeto alargado con forma de cigarro puro que tomó por un dirigible, pero que desapareció con una rapidez inusual. El agente de seguros siguió su camino, mirando por la ventanilla de vez en cuando para ver si el objeto reaparecía, pero sólo alcanzó a ver una pequeña tolvanera saliendo del lado de la carretera, proveniente de un desfiladero. Movido por la curiosidad, Chase decidió dar la vuelta y regresar al lugar para echar un vistazo. En el fondo del desfiladero, a 100 pies de dónde se encontraba el agente de seguros, un aparato de forma elíptica se cernía y basculaba a uno diez pies sobre el terreno. El objeto parecía tener unos treinta pies de largo y más de setenta de largo, con un color difícil de describir, pero que Chase asemejó "al imprimante de la pintura automotriz. Un aparato con forma de tubo colgaba del fondo del objeto y conducía a un riachuelo. Atónito, el agente de seguros vio como un "ser" salía del enorme aparato para cotejar el funcionamiento del tubo, o al menos eso parecía. El ovninauta parecía un hombre de dimensiones normales que llevaba un uniforme ceñido "parecido al traje de un buzo" y cuyas facciones no podían verse por el escudo facial de su uniforme. El humanoide se percató de la presencia de Chase, mirando directamente hacia la orilla del desfiladero. Acto seguido, el ser volvió a internarse en la extraña nave, esta vez gateando hacia la parte posterior del aparato. Chase afirma haber escuchado un zumbido bajo semejante a una vibración. Una sustancia nubosa comenzó a cubrir el objeto; aunque la neblina artificial no llegaba hasta dónde el agente de seguros, el olor dulzón y desagradable sí lo hizo. La extraña nube tomó 60 segundos en formarse y para cuando se disipó, la enorme nave había desaparecido por completo. Otro factor de alta extrañeza lo es el hecho de que en ningún momento se acercó otro automóvil por la carretera--nadie que sintiese curiosidad por lo que veía Chase. Dos días después de que Chase contara su experiencia a la policía, una maestra jubilada y su hija (cuyos nombres jamás fueron dados a conocer) salían de la comunidad de El 13

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Centro en la tarde del 5 de octubre de 1973 en dirección a San Diego cuando vieron un autobús de pasajeros de la compañía Greyhound en la orilla del camino. Otros automóviles y furgonetas se hallaban detenidos por delante y detrás del autobús. Pensando que se trataba de un accidente de tránsito, la maestra detuvo la marcha antes de llegar a la altura de los demás vehículos. Pero al acercarse, descubrió que no se trataba de ningún accidente: todos los pasajeros del autobús, el chofer, y los ocupantes de los demás coches, se habían detenido para presenciar las maniobras de un objeto discoidal rodeado de un vapor resplandeciente y delicado. La maestra jubilada y su hija declararon a R. Michael Rasmussen, director adjunto de la desaparecida organización APRO, que el objeto se elevó a una altura de 1200 pies, dando una vuelta y volviendo a bajar, antes de desaparecer en cuestión de un instante. Lo único que quedó fue el vapor brilloso -- ¿la misma sustancia que produjo la desaparición del enorme aparato visto por Gary Chase? Tal vez nunca se sepa. Timothy Green Beckley, futuro director de numerosas revistas sobre el fenómeno ovni, firmó un artículo para la revista SAGA UFO Report (invierno 1974) sobre un poblado en el estado de Texas que se había convertido en un punto de cita para el fenómeno OVNI en todas sus manifestaciones: desde comienzos del 1973, y llegando a su punto máximo en noviembre y diciembre de dicho año, los dos mil habitantes del poblado de Calvert, en el condado Robertson del centro de Texas, padecieron interferencia con sus radiorreceptores, misteriosas muertes de ganado vacuno y encuentros con seres desconocidos. Según Gracia Unger, directora del periódico Calvert Tribune, se habían registrado doscientos avistamientos fidedignos en un espacio de dieciocho meses aunque los vecinos de Calvert se mostraban reacios a abundar detalles. "Los que han visto ovnis creen en ellos", dijo Unger, "y los que no han sido expuestos al fenómeno de manera directa se burlan de los que lo han visto". Los avistamientos han tomado lugar constantemente con el paso de los años, pero según los datos más fiables, Calvert no recibió su porcentaje más grande de fantasmas del aire hasta Noviembre de 1973. “Supongo que fui uno de los primeros en dar el asunto a conocer a los vecinos de esta región”, afirma el técnico de televisión Virgil Chappel. Entusiasta de los radiorreceptores “ham” por muchos años, Chappel dijo haberse dado cuenta de la presencia de los nuevos “vecinos” cuando la radio que utiliza comenzó a captar conversaciones raras y comportarse de manera extraña. “Casi todas las noches durante las primeras semanas de noviembre de 1973, los aficionados a la radiodifusión se vieron plagados de interferencia extraña que impedía que nos comunicáramos como de costumbre. En vez de escuchar los mensajes normales de los 14

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compañeros radiodifusores, lo único que se escuchaba eran unos “clics” en serie, parecidos a la clave Morse. Como estoy bastante entendido en las claves, puedo dar fe de que era distinto a todo lo que había escuchado hasta el momento. Hasta el tono del sonido era raro. Se trataba de una señal inteligente, hasta donde pude determinar. No me atrevo a decir de dónde vino, y tampoco puedo decir quién era el responsable. Lo que sí puedo decir es que escucharlo resultaba espeluznante”. La realización de que algo definitivamente andaba mal se produjo cuando el fornido tejano de mediana edad salió a su traspatio el 15 de noviembre, mirando al cielo. Lo que pudo ver le dejó maravillado y atónito. “El aire resplandecía con una multitud de luces parpadeantes. Era como un árbol de navidad – esa es la mejor descripción que puedo dar. Estas esferas parpadeantes me rodeaban. Corrí hacia la casa, pidiéndole los prismáticos a mi esposa". Al mirar los objetos por los prismáticos, Chappel pudo ver los colores vivos de las luces, pero no fue capaz de enfocarlos lo suficiente como para determinar la solidez de las mismas. “Eran vagamente redondos y con forma de huevo...pero esos colores, vaya, son algo que nunca olvidaré. Eran las tonalidades violeta más bellas que había visto en mi vida. Violeta, rojo, amarillo y azul. Casi me atrevo a decir que parecían sacadas de un arco iris”. En cuanto a la maniobrabilidad de los ovnis, Chappel dijo que se cernieron en un mismo sitio por 30 minutos, y luego se desplazaron para hacer lo mismo en otra parte del cielo. A veces se movían con gracia, como si fuese un ballet aéreo. Durante el transcurso de su vigilia nocturna, el Sr. y la Sra. Chappel se vieron acompañados por una docena o más de vecinos quienes habían sido alertados por teléfono sobre el fenómeno inaudito. Entre los que pudieron verificar el evento estaba Billy Hall, ex-presidente del Robinson State Bank. Billy Hall no es muy dado a agregar detalles a los hechos: un hombre activo en la vida financiera y cívica de Calvert, el astuto comerciante se sintió profundamente afectado por lo que había visto. ‘No soy creyente en los platillos voladores y alienígenas del espacio exterior”, declaró Hall al comienzo de nuestra conversación. “Había oído hablar de tales cosas, claro, pero siempre supuse que existía una explicación lógica para lo que habían visto las gentes. Se podrá imaginar el impacto que tuve al mirar por los prismáticos y determinar que aquello no era ni una estrella, ni globo, ni cualquier aparato convencional”. Unger recordó los extraños eventos que han sucedido durante los últimos 18 meses, comenzando con lo que ella misma vio el 21 de noviembre de 1973 cerca del puente que cruza el río Brazos. Tres otros testigos la acompañaban en aquel momento en las cercanías del puente de 200 pies de largo en una zona de campos de algodón y terrenos de pastoreo. “Durante varias noches recibimos informes sobre extrañas luces de colores suspendidas 15

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sobre el río Brazos a baja altura. Dado que todos los avistamientos anteriores se habían producido justo sobre la Carretera Agrícola 979, decidimos vigilar el cielo desde este punto. A eso de las siete de la noche pudimos ver dos esferas pulsantes que cruzaron el cielo muy lentamente, aterrizando posteriormente en el canal de río Brazos”. Gracia los descubrió como “grandes – en exceso de 125 pies de largo” y con la forma de “un ladrillo con las esquinas desgastadas.” Un domo de luz tenue también podía verse en la parte superior, con una serie de luces rojas, blancas y azules que parpadeaban alocadamente. Según su testimonio, después de cernirse unos 25 a 30 segundos sobre la superficie del agua, los objetos se “asentaron en el río simultáneamente, extinguiendo sus luces y desapareciendo bajo las lóbregas aguas”. Sorprendida, Gracia, que estaba con su marido Jack Unger, contemplaba el espectáculo con Tommy Blann y su esposa Linda, ambos vecinos de Merlin, Texas. Posteriormente pude entrevistar a Tommy Blann por varias horas, y me dijo que llegaron a percibir los ovnis cuando estos estaban a unos 1000 pies de altura. Para comprobar que se trataba de una experiencia real, Blann presento una foto convincente de una de las naves, tomada – según dijo – mientras que la nave pasaba sobre unos postes de teléfono silenciosamente a unas 25 millas por hora. Describió la nave como “sumamente grande” y unida en el centro por lo aparentaban ser “cuatro estructuras esféricas”. Trabajando como investigador independiente para varios periódicos, Blann dijo que al tomar la foto estaba utilizando una lente de 50mm con exposición de 2 segundos. “Esto seguro que esto respaldará nuestro testimonio,” aseveró con firmeza. Durante los próximos siete días, los OVNIS se desplazaban de un lado del firmamento al otro, esfumándose a velocidades increíbles. “Los perros silvestres, coyotes y lobos son los primeros en detectar la presencia de un ovni”, nos dijo mientras que hojeaba montones de informes mecanografiados. “Ladran furiosamente, aúllan y justo antes de que aparezca el ovni, corren como locos por los pastizales y bosques, cruzando la carretera en su confusión. Nuestra propia perra se vuelve muy alerta, y comienza a inclinar la cabeza hacia el cielo como si buscara algo, pero sin hacer sonido alguno. Según otra vecina, Liliana Juárez, propietaria de una taberna, las luces pulsantes han aterrizado repetidas veces detrás de su casa en el Camino Agrícola 1644, a poca distancia del puente del río Brazos. “Espantaron a mi familia”, afirma la mujer mexicana de 40 años de edad, “pero casi nos hemos acostumbrado a su presencia. El momento más destacado de los acercamientos a la propiedad de la familia Juárez se produjo cuando una esfera de color blanco y azul aterrizó en un campo cercano a su casa. Puesto que la cercanía de la extraña luz les infundía temor, la familia se negó a salir de su casa por más de una hora para ver si el intruso se había ido. 16

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El 15 de noviembre de 1973, los vecinos del pequeño pueblo ganadero miraron al cielo para verlo lleno de esferas brillantes y parpadeantes de color violeta, rojo, amarillo y azul. El teléfono del periódico del pueblo no dejó de sonar al día siguiente mientras cientos de personas intentaban dar parte sobre lo sucedido. El 19 de noviembre, dos mujeres alegaron que su vehículo había sido perseguido por un "OVNI flamígero" (una década antes del célebre caso Cash/Landrum) al acercarse a Calvert. "No era más que un punto al principio, como una estrella, [visible desde] el lado izquierdo del coche, y luego cambió de lados. Descendió a 30 pies del terreno", explicó la testigo Faye Seely, "como desafiándonos a que nos acercáramos más..." Mientras que el temor por lo desconocido alcanzaba niveles de crisis en Calvert, una mujer que se negó rotundamente a dar su nombre informó que a las 6 a.m. un día en el mes de noviembre había tenido un encuentro aterrador con un enorme monstruo de siete pies de estatura, que se movía tiesamente entre una neblina sumamente densa. El extraño ser bloqueaba el tránsito sobre el puente sobre el rio Brazos, que divide a Calvert en dos secciones. Cuarenta años después resulta muy posible que ni siquiera los mismos habitantes de Calvert se acuerden de los eventos que hicieron de su comunidad un "punto caliente" del fenómeno OVNI. Sin embargo, el asedio OVNI de 1973 marca el comienzo extraoficial de las mutilaciones de ganado que devastarían a Norteamérica dos años después. Tommy Blann tuvo la distinción de figurar entre los primeros investigadores del fenómeno de las mutilaciones a raíz de sus actividades ufológicas durante el asedio de Calvert. El investigador hizo la observación que los animales silvestres de la zona -- perros asilvestrados, coyotes y lobos -- representaban la primera línea de detección del fenómeno OVNI, ya que comenzaban a aullar, ladrar y correr por los bosques y parajes, a veces corriendo enloquecidamente hacia las autopistas. Poco después de esto descubriría que el ganado vacuno tenía su propia reacción, que consistía en aparecer muerto al día siguiente con heridas sumamente extrañas. En el Kings Ranch al sur de la megaurbe tejana de Houston se informaba que muchos animales habían desaparecido, incluyendo caballos purasangre y ganado de primera calidad. En la noche los ovnis se paseaban a sus anchas sobre el rancho, sembrando temor y confusión entre los peones. Las mutilaciones también afectarían otras partes del país. El estado de Ohio, agobiado por semanas de intensa actividad, se vería obligado a enfrentar este nuevo fenómeno: el 14 de octubre la policía de la población de Greenfield recibiría una llamada de una mujer--casi histérica--que decía que un OVNI había aterrizado en su granja y que su única vaca se había esfumado. El 22 de diciembre, los titulares del periódico Kansas City Times anunciarían la muerte inexplicada de más de cuarenta vacas en un pastizal que lindaba con la interestatal 81. Las 17

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vacas habían padecido la extracción de sus ojos, lenguas y órganos sexuales. Minnesota, estado limítrofe con Canadá había sido fuente de casos de mutilaciones desde la primavera de 1973, cuando comenzaron a aparecer bovinos mutilados en los condados de Lyon y de Lincoln. Según el comisario A. Thompson, los afectados no habían visto ovnis sobre sus haciendas, sino los helicópteros negros que pasarían a formar otro factor en el alucinante fenómeno de las mutilaciones. No fue sino hasta 1975 que vine a tener conocimiento del famoso “caso Pascagoula” – el secuestro de dos pescadores, Calvin Parker y Charles Hickson, de un muelle en el transitado puerto de Pascagoula, Missouri, en el sur de los Estados Unidos y en aguas del Golfo de México. El furor nacional creado por el caso (y que introduciría a Carl Sagan a un público televisivo de millones) ya había mermado, pero había sucedido algo mejor: el matrimonio de Ralph y Judy Blum, periodistas ambos, había publicado su libro “Beyond Earth” que ampliaría todos los detalles del caso. Libro que aún ocupa un lugar de honor en mi biblioteca. Desde hace varios años, Travis Walton, el protagonista de otro supuesto secuestro en las afueras de Snowflake, Arizona, viene dictando conferencias en todas partes del mundo, manteniendo vivo el recuerdo de su odisea. Pero el caso Pascagoula es uno de los más inquietantes, tal vez el hecho de que uno de los protagonistas se negó rotundamente a abordar su experiencia debido al traumatismo que experimentó después del evento, con secuelas que subsisten cuarenta años después. El 11 de octubre de 1973, Hickson y Parker decidieron irse de pesca desde uno del muelle de uno del astillero Shaupeter, estructura abandonada a las orillas del río Pascagoula, cuando escucharon un zumbido inusual, y más porque era emitido por un objeto “con forma de pelota de fútbol americano” sin remaches y de más de quince metros de largo que pasaría a descender a varias docenas de metros de los atónitos espectadores sobre una masa de coches abandonados, equipo en desuso y escombros. Como si de una película de ciencia-ficción se tratara, una especie de portezuela se abrió en el objeto para permitir la salida de tres seres extraordinarios – y un tanto espeluznantes – que dirigieron hacia Hickson y Parker, flotando en el aire. Hickson se había desempeñado como jefe de obras en el astillero Walker & Sons por más de un año antes de producirse el incidente. Tenía cuarenta y dos años al momento de producirse el encuentro con lo desconocido, y era considerado como un hombre digno de fiar y sumamente mesurado. Calvin Parker tenía apenas diecinueve años de edad y era hijo de unos amigos de familia de Hickson, quien le había conseguido empleo en el astillero. Los seres, según la descripción ofrecida por los testigos, tenían piel gris y arrugada, patas como las de un elefante, brazos que acababan en pinzas y sin rostro aparente aparte de protuberancias que ocupaban el lugar donde se encontrarían las orejas y la nariz de un ser 18

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humano. Dos de estos seres se colocaron a cada lado de Hickson, tomándolo de los brazos e impartiéndole una sensación de electricidad que le hizo sentir una parálisis inmediata. Parker, incapaz de absorber la experiencia que estaba viviendo, se había desmayado, y el tercer personaje lo sostenía. En este momento, Charles Hickson no sabía si estos seres tenían pensado matarlos o llevárselos para siempre. Bajo el poder de estos seres, los dos pescadores fueron trasladados al interior de la nave, donde fueron sometidos a una especie de examen físico realizado por un gran “ojo” que se desplazaba en el aire sobre su cuerpo, que flotaba en el aire. “No hay otra forma para describirlo”, aseveraría Hickson durante entrevistas posteriores. “Parecía un ojo. Un ojo muy grande, con una especie de conexión. Un ojo muy pero que muy grande. y recorrió muy cuerpo. Luego me dejaron ir”. Hickson trató de pedirle a los seres que no se lo llevaran a otro planeta, pero no podía mover los labios. Dentro de poco, sintió que los seres lo transportaban al exterior de la nave. Una vez fuera, las criaturas lo soltaron y Hickson cayó de bruces, incapaz de hacer uso de sus piernas. En ese momento, sin embargo, pudo ver que el joven Calvin Parker ya estaba afuera, de pie pero con los brazos extendidos como un sonámbulo y en un estado de shock total. El objeto comenzó a emitir el zumbido que había anunciado su llegada y a pesar de su mal estado, Charles Hickson alcanzó a ver que ahora emitía destellos azulados antes de desaparecer; también llegaría a escuchar una voz en su cabeza que le decía: “Somos apacibles. No era nuestra intención lastimarte”. Profundamente afectados por la experiencia, Hickson (cuyas piernas le funcionaban a esta altura) y Parker lograron meterse en su coche, haciendo lo posible por calmar sus crispados nervios por casi una hora. Una botella de whisky que llevaban consigo les ayudó a calmarse mientras que pensaban en lo que iban a hacer – aunque valerse de este remedio les acarrearía más problemas a la postre. Los pescadores decidieron salir del astillero abandonado y dirigirse al primer teléfono público que pudiesen hallar en la carretera. Insertando una moneda temblorosamente en la ranura, Hickson logro que la operadora le conectara con la base Kessler de la Fuerza Aérea, a sesenta kilómetros al oeste de Pascagoula. L declararon tajantemente que su rama del servicio militar no se dedicaba a los ovnis, y que lo correcto era llamar a la oficina del comisario local. Sin otro remedio, los pescadores fueron en persona a la oficina del comisario del condado de Jackson, trayendo consigo los bagres que habían sacado del río para constatar su experiencia. El comisario Fred Diamond, detectando la presencia de alcohol en el aliento de los dos pescadores, no dudó a probarlos con el alcoholímetro, posteriormente dejándolos solos 19

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(con una grabadora encendida, a sabiendas de los testigos) para ver si se delataban. Pero al contrario de lo que se podría esperarse de unos confabulados, la grabación solo captó la desesperación de dos personas que habían tenido una experiencia totalmente desconocida. Una de las expresiones vertidas por Hickson y captadas por el magnetófono ha pasado a convertirse en un clásico de la ufología: “No nos van a creer. Lo creerán un día de estos. Tal vez sea demasiado tarde. Siempre pensé que había gente de otros mundos allá arriba. Siempre lo supe. Pero nunca pensé que me sucedería a mí...” Por su parte, el nervioso Calvin Parker comparaba la forma en que se le habían congelado los brazos como “haber pisado una serpiente de cascabel”. Se nos hace difícil imaginar la clase de noche que habrán pasado ambos hombres en sus respectivos hogares, pero el hecho es que se personaron a su trabajo en el Astillero Walker y no hablaron del asunto con nadie. Pero recibieron una llamada del comisario, conminándolos a ir enseguida la comisaría, que estaba abarrotada de reporteros que se habían enterado del asunto. El propietario del astillero les aconsejó conseguir un abogado, recomendando a su cuñado, el licenciado Joe Colingo. Ahora con representación legal, los pescadores pidieron al comisario Diamond dos cosas: que les sometiera al detector de mentiras y un análisis para comprobar que no habían absorbido cantidades excesivas de radiación durante el secuestro. El abogado Colingo y uno de los alguaciles trasladaron a los protagonistas del secuestro a la base Kessler, donde médicos de la Fuerza Aérea les sometieron a un examen médico total para determinar si ambos habían sido irradiados. Aquí se produjo un detalle interesante: el funcionario de inteligencia militar se interesó en el caso y procedió a interrogarlos sin dar mucha importancia en los pormenores de la experiencia hasta que Hickson mencionó que los “ovninautas” tenían “manos como garras”. Esto hizo que el interrogador, y un coronel que estaba presente durante el proceso, intercambiaran miradas. La realidad sencilla que hasta entonces habían conocido los dos pescadores de Mississippi había cambiado para siempre. Además de los cientos de periodistas que se dieron cita en Pascagoula, las grandes organizaciones ovnilógicas del momento comenzaron a darse cita en el pueblo. James Harder de la APRO y J. Allen Hynek tomaron cartas en el asunto, y el primero trató de hipnotizar a los testigos infructuosamente. Calvin Parker acabaría hospitalizado con una crisis nerviosa a raíz de la atención prestada al caso. En enero de 1974, Charles Hickson sería uno de los invitados del presentador norteamericano Dick Cavett, formando parte de una mesa de discusión en la que aparecerían otros testigos e investigadores del fenómeno ovni: el capitán Larry Coyne, cuyo helicóptero se había visto afectado por la presencia de un aparato desconocido en el estado de Ohio; el doctor Hynek; John Spencer, autor de libros sobre el triángulo de las Bermudas; el astronauta James McDivitt, y un joven astrónomo que había participado en 20

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las vistas congresionales sobre ovnis en 1968 – Carl Sagan. Cavett comenzó su programa con una exposición del fenómeno ovni y la actividad que tomaba lugar en EE.UU. en aquel momento, mostrando fotos de ovnis (consideradas fiables en aquel momento) entre ellas la del platillo de San José de Valderas. Pero lo más importante fue la lectura hecha de la fe notarial del examen poligráfico realizado a los testigos del caso Pascagoula: “Tengo algo que me gustaría leerles”, dijo el presentador a su público de dos millones de televidentes. “En mis manos tengo una copia de termofacsímil de una prueba de detector de mentira: “Se certifica que el infrascrito, Scott Glasgow, operador de polígrafos de la agencia de detectives Pendelton de Nueva Orleans, Luisiana, a petición de Joe R. Colingo, abogado de Pascagoula, Mississippi, y la oficina del comisario del condado de Jackson, realizó una examinación poligráfica de Charles Hickson sobre la veracidad de su declaración de haber visto una nave espacial, tres criaturas provenientes del espacio, y de haber sido llevado al interior de una nave el 11 de octubre de 1973. Opino que Charles Hickson ha dicho la verdad cuando declaró que: (1) creyó haber visto una nave espacial; (2) creyó haber sido llevado al interior de una nave espacial, y (3) creyó haber visto tres criaturas del espacio exterior”. El abogado Colingo comentaría en privado al escritor Ralph Blum que las pruebas poligráficas a menudo no toman más de veinte minutos, pero que el análisis impartido por Glasgow a Charles Hickson había tomado horas. Glasgow, a su vez, le dijo a Colingo: “Me temo que este sujeto nos está diciendo la verdad”. Uno de los momentos impactantes del programa fue la declaración de Hickson sobre la ausencia de Calvin Parker. Al preguntarle el presentador por la salud de Parker, Hickson repuso: “No anda muy bien. Tuvo una crisis nerviosa y está internado en el hospital de Laurel. Iré a verlo tan pronto como regrese a casa”. Carl Sagan abordó la imposibilidad del contacto con extraterrestres – salvo mediante comunicaciones radiotelescópicas – dadas las distancias que nos separaban de otros posibles mundos habitados. Esto le llevó a un enfrentamiento legendario con el astronauta James McDivitt, quien había visto y fotografiado objetos anómalos durante una misión del programa Géminis de la NASA. El astronauta arremetió contra Sagan, diciendo: “Usted trata de complicar la cuestión desde la perspectiva científica, y yo sería el último en argumentar contra la perspectiva científica, pero creo que las experiencias personales que han vivido estas personas no pueden descartarse. Usted sabe que yo tengo alguna experiencia con las señales de radio, y cuando recibimos señales de radio del espacio, ¿cómo sabemos que la señal no proviene del interior de su sistema en vez de alguien que le habla desde el espacio? La respuesta más sencilla es que el Sr. Hickson ha hablado con ellos en directo”. La notoriedad del caso Pascagoula comenzó a desvanecerse poco después. Hickson regresó a Gautier, Mississippi, su pueblo natal, y habiendo ido de cacería, recibió un mensaje 21

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telepático de origen de lo que pensó pudo haber sido el misterioso objeto del 11 de octubre: “No queremos hacerte daño. No queremos hacerle daño a nadie. Tú lo has soportado. Tus has sido elegido. No debes temer. Nos comunicaremos nuevamente”. El 12 de mayo de 1974, y en la compañía de su esposa e hijos, Hickson regresaba a su hogar de haber visitado a unos amigos, y todos pudieron ver el ovni a una distancia de 200 yardas. Kenny Gurley, uno de los yernos de Hickson, afirmó que el objeto era grande y ovalado, con ventanillas que proyectaban una luz blanca. Hickson quería bajarse del automóvil para tener otro encuentro con las criaturas desconocidas, pero su esposa comenzó a llorar, presa del histerismo, y su hija le suplicó que no le causara más angustia a la familia. La familia se alejó del lugar a 145 kilómetros por hora. Se desconoce si el protagonista del caso volvió a tener otro encuentro con los seres no humanos; Calvin Parker tardó años en recuperarse de la crisis nerviosa, mudándose de Pascagoula para siempre y rehusando todo contacto con la comunidad ovni y la prensa. Las palabras más sabias sobre todo el evento, retrospectivamente, fueron las pronunciadas por J. Allen Hynek al finalizar el programa de Dick Cavett: “Si [estos seres] efectivamente son inteligentes, entonces saben algo del mundo físico que nos son desconocidas, y también saben algo sobre el mundo psíquico que nos son desconocidas – y se valen de todas”. Charles Hickson falleció en su natal Mississippi el 2011 a los 80 años de edad. Calvin Parker concedió una entrevista a un periódico en el estado de Tennessee en 1993. Manifestó estar convencido de que los extraños seres que lo secuestraron en 1973 eran demonios, "enviados del mismísimo Satanás", que los habían visitado esta noche. El secuestrado vive ahora en Carolina del Norte y se niega rotundamente a hablar del tema. Los humanoides en Puerto Rico A modo de observación, resulta curioso que esta intensa actividad anómala se veía reflejada--aunque con diferencias un tanto significativas--en otros países. El autor Sebastián Robiou, comentando la casuísitica OVNI del Caribe en su libro Manifiesto OVNI, apunta que desde "mediados de diciembre de 1972 hasta finales de abril de 1973 nadie reportó un avistamiento en toda la República Dominicana [...] En Puerto Rico, excepto un extraño accidente de una avioneta [...] pasó otro tanto desde finales de octubre de 1972 hasta finales de septiembre de 1973. ¡Once meses de preparación de la nueva tormenta!". A mediados de agosto del "año del humanoide", dos jóvenes puertorriqueños tendrían un encuentro con lo desconocido mientras que conducían entre los pueblos de Sábana Grande y Maricao en el suroeste de la isla. Dispuestos a ir a un baile, lo menos en lo que pensaban los dos amigos eran "marcianadas" -- sin embargo, se dieron cuenta de una luz 22

40 Años Después: La Oleada OVNI de 1973
sobre una montaña cercana que pensaron provenía de un farol. Sin embargo al acercarse, se dieron cuenta que la luz aumentaba de dimensiones. El chofer, Antonio Jusín, decidió encender las luces largas del coche para ver mejor. Lo que tomaron por "farol" se aumentó su brillantez exponencialmente, inundando los alrededores de una luminosidad extraña. El objeto pasó por entonces sobre los jóvenes antes de desaparecer. El inesperado destello de luz acabó fundiendo la circuitería del vehículo, dejando inservible la batería, el alternador, el radio y el tocacintas. Ni decir tiene que Jusín y su amigo nunca llegaron a la ansiada fiesta. El 27 de septiembre se recibieron informes sobre un ovni plateado y alargado en horas de la mañana sobre la ciudad de Mayagüez; el 20 de octubre se produciría el ya legendario encuentro con seres humanoides en el Bosque Estatal del Caribe, mejor conocido como "El Yunque", protagonizado por el ingeniero Heriberto Ramos y ocho personas más, empeñados en grabar el paso de algún OVNI que pudiese sobrevolar la región. La alta extrañeza no se hizo de rogar: llegando a la impresionante montaña a las 18:00 y comenzando el ascenso a la cima a pie, el grupo se encontró con tres muchachas "casi idénticas" que vestían igual y parecían desconocer la manera de bajar de la montaña. Para las 0:00, ya acampados entorno a una caseta de comunicaciones alumbrada por un farol exterior, los buscadores de platillos se dieron cuenta de que algo les acechaba: no tardaron en escuchar ruido y descubrir huellas profundas en el terreno. Heriberto Ramos y Efraín Arroyo, un estudiante de universidad, decidieron bajar la cuesta para investigar. Descubrieron que cuatro figuras que "caminaban en zigzag" venían subiendo por el camino. Según Ramos, la figura que parecía ser la principal portaba un dispositivo que emitía luces de distintos colores, moviéndola en sentidos opuestos. Los intrusos eran poco amigos de la luz artificial, puesto que al apuntar una linterna contra ellos, retrocedieron con rapidez. En varias ocasiones, los ocho humanos confesaron estar completamente rodeados por esto seres, descritos como altos, de brazos largos, ojos desmesuradamente grandes y orejas puntiagudas. El azorado grupo oró porque amaneciera pronto, ya que el asedio de los seres no humanos era interminable. El encuentro de El Yunque figura entre los casos más importantes de los que se tiene conocimiento dada la cantidad y la calidad de los testigos. No sólo eso, sino que el incidente tuvo secuelas inesperadas: el día después del incidente, la madre de uno de Efraín Arroyo, quien había tomado fotos infrarrojas del incidente, sintió que una presencia 23

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invisible trataba de extraer la película su recipiente, colocado sobre una repisa. El temor la obligó a abandonar su hogar. Posteriormente se producirían fenómenos clasificables como "poltergeist"; al ser procesada, la película infrarroja no presentó resultados esclarecedores. Otros testigos se quejaron de haber padecido pesadillas o de haber sido visitados por seres parecidos a los no humanos de El Yunque, conminándolos a no hablar del asunto y olvidarlo. Los OVNI seguían llegando en bandadas: el 26 de octubre el rotativo El Nuevo Día presentaría en su segunda página la foto del ovni fotografiado por William Rosario, fotógrafo profesional enfrascado en labor de captar imágenes del recinto universitario de Mayagüez. "Era un objeto redondo que volaba rápidamente, pero no hacía ningún ruido", declaró Rosario al periódico. "Súbitamente, dio un viraje de unos 45 grados y se perdió tan rápidamente como desapareció...volaba a la misma altura de los aviones comerciales, pero es algo muy distinto a todo lo que he visto en mi vida". Otro OVNI, girando y echando llamaradas, deslumbraría a docenas de testigos apiñados en la plaza pública del pueblo de Maricao el 7 de noviembre; en pocos días más platívolos harían acto de presencia sobre San Juan de Puerto Rico, siendo fotografiados no sólo en el casco urbano sino en comunidades adyacentes. Ese mes se produciría otro caso clásico y que muchos lectores recordarán de los escritos del investigador Salvador Freixedo: el encuentro entre una recepcionista y un "hombre de negro" (MIB, por sus siglas en inglés) en horas de la tarde y en plena ciudad. La señorita D.L.I., recepcionista en una agencia de empleos, entabló una conversación con un hombre vestido de traje negro que parecía recién estrenado. La camisa blanca el individuo parecía estar hecha de "una tela que nunca había visto". El hombre tenía manos y brazos inusualmente largos, con dedos alargados y finos que intentaba disimular. La conversación giró sobre temas ambientalistas y antibelicistas, y que la humanidad debía plantearse cambios morales. Al concluir su intercambio, el personaje le dijo "Nos veremos pronto" -- despedida idéntica a la que se ha registrado en otros casos de HDN en los EE.UU., donde la supesta despedida de estos seres ha sido "we'll see you in time". Como si la situación de pánico producida por los ovnis (amén de las presiones del diario quehacer, como la guerra del Yom Kippur entre Egipto e Israel) no fuese lo suficientemente insoportable, pronto comenzarían a llegar informes de todas partes de la unión americana sobre la presencia de seres de pesadilla en lugares donde el fenómeno ovni se hacía presente. En el suroeste de estado de Pennsylvania, el grupo de investigación Western Pennsylvania UFO Study Group, dirigido por Stan Gordon y asesorado por el Dr. Berthold Schwarz, trabajaría estrechamente con la policía del condado de Westmoreland en la investigación de la oleada de "monstruos peludos" cuyas manifestaciones parecían coincidir con las del fenómeno OVNI. 24

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El 2 de septiembre, la familia McCracken de Indiana, Pennsylvania, vería una enorme figura peluda y gris de cara achatada justo afuera de su hogar. "Se trataba de una criatura enorme con espalda encorvada y brazos colgantes," dijo Betty Ruffner, hija de la Sra. McCracken. "Pero lo que más me impresionó fueron las zancadas que daba. Cada uno de sus pasos equivalía a tres pasos de un humano. En menos de nada había cruzado la carretera para perderse en el bosque". El extraño ser merodearía los alrededores de la morada de los McCracken como si buscara algo, hasta que las descargas de las escopetas de los hombres de la casa consiguieron ahuyentarlo. No sería hasta el 27 del mismo mes que dos niñas se toparían con un ser de 7 pies de alto, cubierto de pelambre gris, que portaba una extraña esfera luminosa en sus manos. Las niñas, presas del terror, regresaron a la carrera a su hogar para relatar el pavoroso encuentro a su padre. Según relatarían las jovencitas a los investigadores del caso, el padre salió de la casa para investigar y permaneció en el bosque por más de una hora. Posteriormente, el hombre se negaría terminantemente a comentar el caso, diciendo que "hay cosas sobre las que es mejor no hablar". Uno de los casos más electrificantes de la oleada de monstruos y ovnis ocurrió el 25 de octubre de 1973, cuando un trabajador conocido como Stephen. conducía su furgoneta por los caminos de Uniontown, Pennsylvania. Se fijó en una bola de luz anaranjada que caía del cielo en un campo cercano. Tomando su escopeta de caza, Stephen estacionó el vehículo y fue a investigar. La luz anaranjada se había trocado en un objeto de más de cien pies en diámetro, "tan grande como una casa", según el atónito testigo, que emitía un leve zumbido. A corta distancia del objeto, había dos seres peludos--cubiertos de pelambre gris--que producían sonidos parecidos "al llanto de un bebé" y que emitían un hedor sulfuroso (otras versiones del caso describen un hedor "a caucho quemado"). Los dos seres gigantes caminaban a lo largo lado de la verja del campo. Stephen decidió disparar su escopeta en el aire; los dos seres repentinamente se dieron la vuelta y comenzaron a caminar hacia él. Azorado, Stephen disparó directamente hacia los seres peludos: una de las criaturas--la más grande--alzó la mano y el objeto resplandeciente desapareció por completo junto con el zumbido. Los seres dieron la media vuelta y desaparecieron entre los árboles. Aunque el enorme objeto se había esfumado, todavía persistía un resplandor en la zona "lo suficientemente intensa como para leer un periódico a su luz". Un toro y varios caballos que ocupaban el predio adjunto se negaron posteriormente a pisar el lugar donde había aparecido el objeto. "Este caso", comentaría Stan Gordon, "ayudó a convencerme de que los seres tipo Bigfoot, especialmente la variedad que encontramos en Pennsylvania, y los OVNI forman parte del mismo fenómeno". 25

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El 15 de octubre de 1973, George Wills se despertaría en horas de la madrugada en el dormitorio de su casa en Omro, Wisconsin, después de escuchar un sonido intenso y percibir un resplandor anaranjado. Tres seres de pesadilla, con cabezas abultadas, orejas grandes y piel arrugada y grisácea le miraban fijamente. Tal fue la impresión que Willis perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí, los seres le habían apoyado contra la pared para auscultarlo con un objeto ovalado. A pesar del temor que lo embargaba, Willis se atrevió a mirar el objeto, pudiendo ver a través del mismo los huesos de su pierna. La impresión le hizo desmayarse de nuevo. Al despertar por la mañana, el hombre descubrió que las luces de su recámara estaban encendidas y que la ropa de cama estaba muy bien doblada. La experiencia del Sr. Willis, analizada posteriormente por el Dr. J.A. Hynek, sería una de las precursores a la procesión de experiencias de "visitantes de dormitorio" veinte años más tarde. Aunque no hubo ningún OVNI presente, la descripción de los seres coincidía a grandes rasgos con la de los seres que habían secuestrado a Hickson y Parker cuatro días antes en Pascagoula. Otro de los casos recogidos por Leonard Stringfield incluye el de la "Sra. Heit". El 21 de octubre, esta vecina de un suburbio de Cincinnati llegó a presenciar una cápsula luminosa que descansaba cómodamente en medio de un estacionamiento cercano a su casa remolque. Al despertarse en horas de la madrugada, la Sra. Heit percibió una intensa luz blanco-azulada que penetraba el interior de su hogar. El objeto tenía la forma de un fanal de aproximadamente siete pies en diámetro, iluminada por una luz "blanca como la de un quirófano". Dentro del fanal había una criatura simiesca de color gris, de cintura abultada y sin cuello, con brazos poderosos. La impresionante mole no tenía facciones aparte de una nariz larga y ahusada. Medio dormida, la Sra. Heit despertó a su hijo adolescente para que confirmase lo que estaba viendo; el muchacho dijo que podía ver la luz extraña, pero no alcanzaba a ver la criatura en su interior. Un trabajo como el presente quedaría incompleto sin haber consultado a algunos de los investigadores que realizaron pesquisas en 1973 o cuyo interés por el fenómeno OVNI fue avivado por el despliegue de alta extrañeza de aquél momento. "Recuerdo la oleada del '73 perfectamente", nos dice Joe Trainor, director del boletín electrónico UFO ROUNDUP. "Es altamente significativo que fuera la primera gran oleada desde el verano de 1947. También fue la época en que se produjo el caso de abducción más conocido--el de Charles Hickson y Calvin Parker en Pascagoula, Mississippi. También fue la oleada que investigué como reportero para el periódico Fitchburg Sentinel en Fitchburg, 26

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Massachussetts. Nuestra oleada local comenzó con un avistamiento OVNI y con "pisadas extraterrestres" en los bosques del poblado de Ashby, culminando cinco días más tarde con el avistamiento de un gran objeto fusiforme de color plateado sobre la Leominster High School, cinco millas al sur de Fitchburg. Este fue el avistamiento que verdaderamente despertó mi interés por la ufología; suficiente interés como para documentar la oleada de 1909, igual de amplia, en un artículo que apareció en Fortean Studies #1". Para George A. Filer, ex-coronel de la USAF y director del informativo electrónico Filer's Files, las oleadas son importantes porque "representan una buena señal de que grandes cantidades de personas están viendo algo raro en los cielos que clasifican como OVNIS". Filer coincide con Trainor en la importancia del caso de Hickson y Parker: "Es muy probable que el caso más famoso [de la oleada] sea el secuestro de dos trabajadores de astillero en Pascagoula el 11 de octubre de 1973. Este caso produjo ciento de notas periodísticas y los medios noticiosos a nivel nacional se hicieron eco de él". "Por supuesto," agrega Filer, "no todos los relatos fueron favorables para Phillip J. Klass y otros que pusieron en entredicho la validez del caso. En menos de 48 horas, ambos hombres se lograron hacerse famosos a nivel internacional. Esta concientización brinda la oportunidad para que el público trate el caso y pueda crear conciencia sobre la posibilidad de la intervención alienígena en nuestras vidas. Hickson y Parker contaron un relato relativamente factible al público estadounidense. Hickson participó en el programa televisado de Dick Cavett y posteriormente en el Mike Douglas. Su descripción de los seres del espacio transportó la posibilidad y la realidad de los alienígenas a los salones de nuestros hogares". "Este y muchos otros casos OVNI durante la oleada de 1973 prestaron credibilidad al campo de la ufología y resaltaron--dentro del sistema de creencias del público--la posibilidad de que los OVNIS eran reales. Creo que estamos listos para otra buena oleada OVNI después de 30 años y la Tierra está lanzando una flota de satélites y módulos de aterrizaje hacia Marte. Don Worley, veterano investigador de homínidos extraños y secuestros por extraterrestres en el estado de Indiana (EUA), comenta lo siguiente sobre la oleada del 1973: "En mi región de Indiana los alienígenas se comportaron de manera muy osada. Un disco volador de tres fondos distintos apareció 4 veces en 15 días. Otros sobrevolaron ciertos condados muy lentamente. Se dijo que los objetos en esta zona realizaban un "levantamiento de la roca madre". Pero con todos los informes a nivel nacional, no podemos tener certeza sobre el motivo de los avistamientos". William E. Jones, director de la Mid-Ohio Research Associates (MORA) y director regional de la MUFON no sólo recuerda la megaoleada del '73 sino ofrece información más 27

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reciente. "En 1992," dice Jones, "conocí a un hombre que decía haber sido un sargento en el ejército estadounidense y veterano de la Guerra del Golfo. Alegaba haber formado parte de un equipo secreto que era convocado en ciertas ocasiones para desempeñar misiones relacionadas con los OVNI. Le preocupaba mucho recordar las cosas a las que había sido expuesto, y trataba de averiguar cuánto sabía la comunidad OVNI sobre estas cosas". "El hombre ofreció mucha información sin corroborar", prosigue Jones. "Al respecto de la oleada de avistamientos del '73, afirmó que existían convenios entre los gobiernos de la tierra y ciertos alienígenas. Se había producido una renegociación de estos convenios a mitad de los '70 porque se habían producido infracciones a los mismos. Al preguntarle por qué había ocurrido la megaoleada del '73, repuso que los alienígenas habían montado un despliegue de su poderío como táctica de negociación. No tengo manera de confirmar lo dicho por este hombre ni su identidad salvo por un pariente cercano, y naturalmente, no puedo confirmar su pertenencia en dicha unidad militar. Esto sigue siendo un dato atractivo pero sin confirmar". Para Stan Gordon, el destacado investigador de Pennsylvania, la oleada del ’73 representó largas noches de llamadas telefónicas incesantes de personas atemorizadas por los sucesos totalmente aberrantes del momento, así como consultas con las autoridades que sentían cierto alivio en tener alguien capaz de orientarles sobre los eventos de alta extrañeza que se daban en su medio. “A juzgar por las llamadas telefónicas recibidas por los medios, la policía y nuestra propia línea caliente,” recuerda Gordon, “quedaba claro que el público en general, particularmente en zonas donde se daban avistamientos de criaturas raras, querían saber más sobre el origen de estos seres. Algunas personas comenzaban a pensar que la situación merecía la atención del gobierno, y por lo que parece, algunos ciudadanos del estado de Pennsylvania comenzaron a comunicarse con sus congresistas para que estos tomasen cartas en el asunto, con miras a esclarecer la situación. Un miembro de nuestro grupo descubrió que dos miembros de la Cámara de Representantes en su región comenzaban a interesarse en los casos y se disponían a comunicarse con la policía estatal sobre los hallazgos. También se recibió la llamada de la oficina de otro congresista en el oeste de Pennsylvania, indicando que deseaban saber más.” R. Michael Rasmussen, director adjunto del boletín APRO, escribió la siguiente nota para la revista ARGOSY (Septiembre 1976, p. 6): "Los años 1973 y 1974 fueron testigos de una oleada OVNI de dimensiones prodigiosas. Cientos de avistamientos tomaron lugar a nivel mundial durante este breve plazo, y algunos de ellos recibieron un tratamiento sensacionalista en los medios. Fueron tantos los informes que los investigadores aún tratan de ponerse al corriente, catalogando y analizando los avistamientos. Es posible que transcurran muchos años antes de que el impacto total de la oleada del '73-'74 se pueda sentir." 28

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Después de su punto culminante en octubre de 1973, los avistamientos y encuentros con extraterrestres iniciaron una prolongada acción descendente que duraría al menos 18 meses más. Había llegado la hora de reflexionar sobre las causas detrás de la abrumadora cantidad de casos y adivinar su significado. ¿Se trataba, como sugerían algunos, de la avanzada de la inminente invasión extraterrestre que sojuzgaría a la humanidad? ¿Una psicosis producida por las tensiones sociales y políticas del momento? ¿Hábil manipulación política para distraer al público de las tropelías de sus gobiernos? Jacques Vallée--una de las voces más influyentes de la ovnilogía -- examinó los patrones obedecidos por las oleadas de ovnis y sugirió que se trataba de un programa de refuerzo similar al que utilizan los psicólogos experimentales para inculcar ciertas conductas en los animales. El patrón de periodicidad/imprevisibilidad, sugirió el astrónomo francés, sería útil para el aprendizaje de conceptos nuevos. Otros, como Richard Hall de la desaparecida NICAP, opinaron que la oleada del '73 había sido una manera útil de desensibilizar a la humanidad a la presencia de los OVNI, acostumbrándonos a ellos hasta el momento en que se tomase lugar el macroaterrizaje de los supuestos alienígenas. Kevin Randle, por su parte, publicó un libro titulado The October Scenario (el argumento de octubre) en el que postulaba el concepto de la oleada del '73 como parte de una visita programada por parte de una civilización extraterrestre a nuestro mundo--la primera visita semejante desde épocas prehistóricas--con el corolario de que todos los avistamientos anteriores habían sido identificaciones erróneas o fraudes. Todas estas teorías, por supuesto, estaban predicadas sobre la creencia en la HET (hipótesis extraterrestre) y no tomaban en cuenta ni ofrecían explicaciones para los seres peludos que asolaron ciertas partes del país, ni las mutilaciones, ni el aumento en casos OVNI con aspectos paranormales. El 15 de diciembre de 1974--casi un año después del último caso registrado en 1973--la telecadena NBC presentó un documental histórico titulado UFOs--Do You Believe? (OVNIS- ¿Cree Usted?) que encapsulaba los eventos del "año del humanoide" y presentaba algunos de los grandes casos de la ovnilogía. El especial televisivo presentaba los casos ocurridos en los sectores rurales del país sin añadir detalles ni explicaciones. Los directores de las agencias de investigación que existían en el momento, como APRO, NICAP y MUFON, presentaron sus ideas y argumentos sin ser expuestos al ridículo por el presentador. Tal vez lo más interesante del documental haya sido la toma de los expedientes ovni conservados en la base aérea Maxwell: casi trece mil informes individuales contenidos en cinco archivadores de metal negro. ####

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40 Años Después: La Oleada OVNI de 1973

El caso emblemático de la oleada de 1973: el secuestro de Charles Hickson (izq.) y Calvin Parker (der.) en Pascagoula, Mississippi, a orillas del Golfo de México. Los dos trabajadores que disfrutaban de una noche de pesca fueron raptados por seres de piel arrugada con orejas y nariz en forma de pico.

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40 Años Después: La Oleada OVNI de 1973

La oleada ovni de 1973 – “el año de los humanoides” – se caracterizó por la proliferación de encuentros cercanos del primero, segundo y tercer tipo, según la escala Hynek. Los casos parecían concentrarse en el centro del país, aunque se reportaron casos en todos los estados de la unión, con la excepción de Nebraska, Idaho y Montana. Para más detalles, consultar el mapa preparado por Larry Hatch en http://www.larryhatch.net/NAM73.html

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40 Años Después: La Oleada OVNI de 1973

El capitán Larry Coyne tuvo una experiencia singular a bordo de su helicóptero militar el 10 de octubre de 1973 durante un vuelo entre las ciudades de Columbus y Cleveland, en el estado de Ohio. El helicóptero hizo toda suerte de maniobras para esquivar un objeto volador no identificado.

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Bocetos altamente detallados sobre eventos anómalos de la oleada de 1973, preparados por el grupo U.F.O.R.I.C., y que dan una idea al lector de la seriedad que se le prestaba a las descripciones ofrecidas por los testigos en una época anterior a la proliferación de imágenes digitales y programas de televisión.

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OBRAS CONSULTADAS: Blum, Ralph. Beyond Earth. NY:Bantam, 1975. Gordon, Stan. Silent Invasion, The Pennsylvania UFO-Bigfoot Casebook, 2010 Granger, Michel. Le Grand Carnage. Paris: Carrére, 1986. Randle, Kevin. The October Scenario. NY: Berkley, 1988. Robiou, Sebastián. Manifiesto Ovni. SJ: Punto y Coma, 1979. Scott, Irena C. UFOs and the Millennium. OH: Greyden Press, 1999. Schwarz, Berthold. UFO Dynamics. FL: Rainbow Books, 1983. Stringfield, Leonard. Situation Red-The UFO Siege. NY: Doubleday, 1977.

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