DRAGON

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MISERICORDIOSÍSIMO CON LOS CREYENTES.

EN EL NOMBRE DE DIOS, CLEMENTÍSIMO CON LA CREACIÓN,

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DRAGON I.
La serpiente y la manzana de los hijos de Adán y Eva: El reptil del paraíso perdido hechiza con su serpentear ondulante todos los sentidos de los seres. Son legión las miríadas de placeres que ofrenda en pago del contrato con el que ha comprado las almas, ávidas de sibilinos gozos. El bífido ente genesíaco recaptura los corazones con nuevas manzanas; otra vez demostramos ser hijos de Eva y Adán al caer en billones de ocasiones en el truco de la fruta de oropel. ¿Y hay alguno que diga seriamente que no nacimos con la mancha original? La sierpe convirtió las originarias eses de su rastro en la duna, en formas idénticas que penetran con su llamado de sirena a hombres y mujeres sin voluntad ni sabiduría. Hinca sus colmillos grávidos de veneno en durmientes deseosos de sucumbir a la irrealidad del sueño eterno. Es el ensueño de sus sonidos, sus imágenes, sus tactos, sus sabores, sus olores, sus ideas. Los seis sentidos presos en su quijada salivosa e impía.
Les voy a contar una historia, si Aquel que nos ha creado y nos sustenta lo permite. Es la historia de un ente hecho de humanos y de objetos. Esta entidad tenía el poder de ver cada rincón de la Tierra y voltear hacia el cielo y escudriñarlo también. Su vista era superior a la de cualquiera pues era capaz de observar aquello que a nuestros ojos resulta invisible, y su memoria también nos aventajaba, pues cada escena que veía la guardaba nítidamente en sus recuerdos para cuando la requiriera observar de nuevo. Le fue otorgada la capacidad de herir, enfermar y matar con sus ojos, e igualmente podía hacerlo con su boca, que tenía la habilidad de comunicarse en todas las lenguas para hacerse entender por quien quisiera. El surgimiento de esta bestia fue anunciado por 124,000 mensajeros a lo largo del mundo y a lo largo de las eras. A estos hombres les concedió el Señor verla antes de que naciera a través de sueños y visiones, para que proclamaran ante aquellos que les escucharan el inminente nacimiento de este ser único, tan grande y poderoso. Fue por ella que en cada lengua se inventó la palabra Dragón y cada pincel inspirado le pintó como le imaginaba. Por esto en cada sitio donde se resguardó el mensaje de los profetas también se le hicieron figuras explicando su existencia a través de cada arte. Inclusive se inventaron danzas y cantos para transmitir a lo largo de las generaciones el emergimiento del Dragón y su manera de hablar, de atacar y de moverse. Todo lo anterior tenía un propósito. Advertirnos. Instruirnos. Protegernos. Evitar que cuando rindiéramos cuenta de los actos en nuestro juicio pudiéramos pretextar que fuimos víctimas ingenuas del dragón, o sus cómplices sin saberlo. Mostrarnos la omnisapiencia misericordiosa de Dios, y la vía que autoriza para entregar a sus criaturas la verdad, fue quizá la razón más noble para compartirnos la parte más dificil de nuestros porvenires. Porque no todos los que tienen voz son sinceros y porque quien avisa no traiciona. Así, Dios designó a personas sumamente especiales para que pudiéramos tener certeza cuando nos compartían las cartas de Dios. Y así, Dios nos hacía comprender que a pesar de que fueran nuestras manos las que terminarían construyendo y alimentando al Dragón, aún allí, Él lo había previsto y además, nos daba la oportunidad de escapar de sus garras. Y el tiempo transcurrió, y gente de mala voluntad y manos malignas se encargaron de destruir esas cartas divinas cada vez que tuvieron la oportunidad, no importando si estaban escritas en pergaminos o cinceladas en la roca dura. Y la maldad creció, y esas personas también reescribieron las historias cuando no podían destruirlas. Y mientras cambiaban esas Escrituras, al mismo tiempo llenaban de inventos oscuros la reputación sin mancha de esos mensajeros, no sólo para hacerlos pasar como gente malvada, igual que ellos, pues deteriorándolos a la vista de la gente, era más probable que no creyeran en los mensajes que les sobrevivían: querían hacerlos ver como personajes

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indignos de que se les siguiera para que nadie pudiera acceder al secreto del Dragón y éste naciera y creciera sin obstáculos. Sin embargo el anuncio de la llegada del Dragón permaneció dicho de tantas formas y plasmado en tantos lugares, que les fue imposible erradicarlo. Y aquellos que no sabían de él, fueron enterados de una u otra manera. La tribu de los náhuas le llamó Tezcatlipoca, la tribu australiana le llamó Serpiente Arcoiris, y para esta historia que contamos, le llamaremos el Dragón de 7 Cabezas. Así es como le fue dado llamarle a Juan, un mensajero muy conocido por todas las tribus y naciones, así se lo mostró Dios a este profeta, y como tal nos lo compartió en el libro que Dios le encargó escribir, libro llamado Apocalipsis, o Revelaciones. Su libro pudo llegar a nuestro tiempo porque no dice las cosas tal cual son. Fue escrito como un enigma, como una suerte de adivinanza o acertijo, para que quienes quisieran destruirle no pudieran ver claramente que allí, en sus palabras, se escondía el misterio de misterios, y entonces, lo dejaran persistir al no pensar que les amenazaba a ellos, precursores de la bestia y siervos suyos. Este fue el truco que usó Dios, en primer lugar, para permitirnos obtener parte de la historia del Dragón, y este truco también Lo usó para dar lugar a esos dones que tienen nuestras cabezas al imaginar, al indagar, al entender. Al despertar... Tan sólo esta historia bastaría para alertar a quien quisiera salir del ensueño de su fantasía, pero para que los que tienen esta visión apocalíptica no se creyeran los únicos poseedores de este conocimiento, Dios decidió permitir que subsistieran otras versiones del Dragón en muchos lugares y de muchas formas, complementarias todas entre sí. Así, los apocalípticos no se sentirían como los únicos creyentes y poseedores de esta profecía y por lo tanto una especie de congregación elegida, para desprecio de los demás fieles de Dios. Y así también, todos los visionarios de la bestia podrían entender que el lazo que une los corazones con Dios corre a lo largo de todas las almas para que quien lo quiera se aferre a él en la hermandad humana. Video de esta sección en internet con audio y subtítulos: http://youtu.be/MEt3CK1sNxs

DRAGON II.
En el gráfico que emula la forma de las ondas sonoras puedes observar su caminar. en la palabra que no enaltece está su rastrero paso. En el ruido perturbador. En música que incita al desconcierto. En las torturas sónicas que el hombre crea: desde las bocinas de sonoridad increíble que desquician la paz inherente del espíritu humano, hasta los sonares militares de los barcos y submarinos de guerra, esos por los cuales protestan los humanos del mar encalando en las playas del hombre en un suicidio que lo denuncia, pues con sus mecanismos marcianos llevan desorientación y demencia a los sensibles oídos de nuestros hermanos delfines, nuestras hermanas ballenas.
Casi todos los niños conocen los dragones. Saben que de sus fauces sale fuego capaz de quemar hasta las cenizas a quien se le ponga enfrente. Aquellos que conocen la historia más reciente de dragones saben que son muy ambiciosos: les da por robar el oro, las joyas, los tesoros, en fin, aquello que atesoran los animales pensantes de dos patas creyéndolo lo más valioso. No es casual que el dragón de siete cabezas también busque los tesoros, se apodere de ellos, los acumule, y vaya por más incansablemente. Pero nuestro dragón no es de fantasía, aunque físicamente no se parezca al monstruo de las novelas y de las películas de tercera dimensión. Esto nos dificulta un poco darles a entender cómo es, pues las imágenes dragonescas que diseñan en las computadoras no son un espejo de cómo es el nuestro, sólo son una alegoría, es decir, tendremos que imaginar que quizá el fuego de nuestro dragón lo veremos con la cabeza, no con los ojos o a través de los lentes 3D.

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Es posible que sus llamas sean invisibles, aunque no por esto sus quemadas no duelan, hagan poco daño, o maten menos víctimas. Al juego de calabozos y dragones le añadimos un grado de dificultad y quien logre pasar de etapa, ganará un gran tesoro más valioso que el hurtado por estas bestias. Ellos se apoderan de cosas que duran poco tiempo, sólo una vida, la vida de quien las atesora; nuestro tesoro dura más que eso y es más grande: ¡es infinito! Aquel que creó todo lo que existe, cuando nos hizo decidió dotarnos de vista como parte de todos los dones con los que nos obsequió. Gracias a los ojos podemos ver casi cualquier cosa, y nos dio dos. Con ellos podemos ver en tercera dimensión sin necesidad de usar las gafas 3D que nos dan a la entrada de la sala de proyección. Si sólo tuviéramos un ojo, veríamos las cosas como se ve una película que no ha sido filmada como "El hobbit". Nuestra visión sería plana y encontraríamos que caminar es un asunto delicado, pues no sabríamos a qué distancia están los objetos. Tener dos ojos es una bendición maravillosa. Empero, nuestros ojos no son como los del búho, que puede ver de noche. A este simpático animalito alado, su inventor lo dotó de ojos hechos de tal forma, que en ellos trae sensores construidos con los materiales necesarios para ver en la oscuridad. ¡Y no sólo él puede ver de noche! Los murciélagos también pueden ver, con las orejas. Esto es más raro todavía. Con estos dos ejemplos podemos empezar a entender que existen muchas formas de ver y en variadas circunstancias. Hay quien ve de día, hay quien ve de noche, hay quien ve con ojos, hay quien ve con las orejas. En la naturaleza podemos comprender que existen variadas maneras de ver, diseñadas por ese gran ingeniero que construye con perfección sus obras, y que con su ejemplo y las cualidades que nos otorgó de inventores también a nosotros, nos invitó desde hace tiempo a seguir sus pasos. Por eso nos hemos aventurado a buscarle cómo fabricar ojos que nos ayuden a ver de noche igual que el búho hace, y ojos que vean con orejas, al modo del murciélago. Como Dios nos dejó los ingredientes adecuados, manos capaces de maniobrarlos, y suficiente creatividad en nuestras cabezas para hacerlo, lo conseguimos. Ahora tenemos ojos que ven de noche o que lo hacen con orejas. ¡Gloria a Dios! Igual a como hacemos cuando nos ponemos los lentes antes de la película, debemos hacer para ver de noche. Los anteojos que nos permiten observar en la oscuridad se llaman "gafas de visión nocturna". En su primera etapa eran muy grandes y estorbosas, y sólo dejaban ver como las películas planas, pero ahora son ligeras y permiten ver con profundidad, son 3D. Un granjero encontraría útil la visión nocturna. Si un coyote está comiéndose sus gallinas, sencillamente lo esperaría una noche con su rifle y ¡tarán!, pocos días después tendría unas pantuflas suavecitas de piel de coyote y a sus emplumadas amigas contentas poniendo huevos despreocupadas. La cosa estriba en que a ese granjero no es a quien le venden estas gafas. Un explorador marino estaría encantado de ver el fondo del mar y a las sirenas y leones acuáticos danzar enfrente de su submarino, y para hacerlo estaría bien que le dieran los ojos del murciélago del agua, que existen y se llaman sonares marinos, el problema es que le entregan estas herramientas a alguien diferente y con otras intenciones. Recordemos que a los dragones les encantan los tesoros, y que en el fondo del mar se encuentran muchos. Bueno, pues resulta que este bicho se hizo de algunos visores acuáticos y se los prestó a sus sirvientes prometiéndoles que si le ayudaban a robar todos los tesoros de la Tierra, iba a compartir con ellos una parte. Y como hay personas ambiciosas a las que no les importa nada más que los tesoros, accedieron al contrato de la bestia: ahora casi todos los mares de nuestro planeta son surcados por piratas ávidos de los tesoros del mar; pueden ver hacia el fondo marino, y

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más lejos todavía, pueden ver también adentro del lecho del mar. Por darles un ejemplo, allí encontraron el aceite de las rocas, o petróleo, muy preciado por estos bandoleros. Cada que pueden lo extraen y lo embotellan en grandísimos barriles con forma de barco y los llevan flotando por la superficie marina hacia donde se los compren o adonde se los transformen en productos más valiosos todavía para venderlo más caro, como la gasolina que hace andar a los carros, la turbosina con la que vuelan los aviones, etcétera. Es común que dejen sucio allí donde chupan con sus maquinarias este líquido, tan sucio que la sirenas y los leones del mar no pueden vivir más allí, y los que no pudieron mudarse a tiempo mueren envenenados junto con sus vecinos peces chiquititos y grandototes. Y esto comenzó gracias a un gran regalo usado incorrectamente, pues si el Dragón y sus secuaces no se hubieran hecho con estos ojos artificiales, jamás hubieran despojado el cofre inmenso de aceite de roca de adentro del mar. Respecto a los lentes que ven de noche, no son usados para impedir que los coyotes se traguen a las gallinas. Resulta que ese Dragón malvado se los renta a sus súbditos para que puedan robar en lo oscurito y por aire y por tierra a los granjeros y campesinos que no les regalan sus pertenencias a la luz del día. Así, es el hombre de alma coyotesca el que ve en la oscuridad. El que atraca. El que puede vigilar que no le vigilen para pasar de noche a llevarse nuestras granjas completitas en un trailer con todo y gallinas y vacas y burros, y nuestros sembradíos enteritos en un ferrocarril, con todo y campesinos y granos y tierras. Las cosas están al revés, con este asunto de las gafas del Dragón. Y así ocurrió porque había mucha gente rascándose la barriga empachada cuando fue la repartición de los ojos de búho, y a pocos les importó que los hombres coyotes se hicieran con esos ojos, con la fábrica de ojos, y con las granjas y sembradíos. Y a los que protestaron, esos que se rascan la panza llena no los ayudaron. Por eso no pudieron impedir que los ojones vieran sus riquezas y se les fueran encima para apropiárselas por la mala. ¡Ay ojón! Video de esta sección en internet con audio y subtítulos: http://youtu.be/NMlr6o54vcA

DRAGON III.
Hay un espectro visible de diabólica magia en la luz, desde el infrarojo hasta el ultravioleta, lleno de imágenes excitantes que mueven, manejan, dictan, condicionan. a los ojos llegan los caleidoscopios satánicos para apresar incautos y desatentos con trampas obvias y ocultas, visibles y subliminales. en pantallas pequeñas o gigantes reptan por igual los fotones cazadores, aquellos que roban el destino de los observadores que renunciaron a la videncia, al testimonio, a la atención.
¿Quién le da voz al Dragón? En ocasiones, para hacerle hablar, se necesita que alguien se encargue de encender el fuego de sus fauces. El ritual por medio del cual escupe llamaradas vociferantes ocurre cuando una persona prende una de sus cabezas para lanzar por ella a gran distancia sus propias palabras. Es decir, a cambio de darle vida al Dragón, éste le ofrece a su súbdito trasladar con su propia voz de fuego los mensajes de su sirviente tan lejos como éste lo desee y a quien le plazca entregárselos, tan rápido como los va hablando su boca humana. Así es como una de sus cabezas revive una y otra vez para atacar, tanto a su esclavo, como a la víctima que éste ha elegido. El nombre con el que es conocida esta cabeza portátil del Dragón es el de teléfono celular o móvil. Es la más conocida de todas, y es extraña la persona que no la trae consigo.

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¿Cuál es la lengua del Dragón?, ¿en qué idioma habla que sólo ciertas personas pueden escucharle? Las palabras que pronuncia se escuchan con tres tipos de orejas. El primer tipo de oidos que son capaces de mostrarnos su discurso, se parecen mucho a los ojos de búho que las fábricas militares producen. Sin ellos no podríamos verlo y oirlo. Los teléfonos inalámbricos pueden escuchar la voz del Dragón que nuestras orejas no perciben y la traducen a sonidos que se escuchan en sus bocinas pequeñitas, y que podemos sentir cuando recibimos una llamada de alguien y contestamos. En este caso, lo primero que pasó es que una persona está hablándonos desde algún lugar, su teléfono traduce su voz humHay un espectro visible de diabólica magia en la luz, desde el infrarojo hasta el ultravioleta, lleno de imágenes excitantes que mueven, manejan, dictan, condicionan. a los ojos llegan los caleidoscopios satánicos para apresar incautos y desatentos con trampas obvias y ocultas, visibles y subliminales. en pantallas pequeñas o gigantes reptan por igual los fotones cazadores, aquellos que roban el destino de los observadores que renunciaron a la videncia, al testimonio, a la atención. ana a la lengua del Dragón y la lanza hasta donde estamos, y a su vez nuestro teléfono la escucha y la traduce a los sonidos que nuestras orejas sí escuchan y comprenden. Es importante entender que cuando descolgamos el teléfono, la voz que escuchamos no es la misma que pronunció la gente que está hablando desde el otro extremo de esa llama-da: sus palabras fueron transformadas por la cabeza que encendió para aventarnos su discurso y a la cual le habla, ella las convierte en fuego invisible y arroja sus llamaradas una y otra vez hasta donde está la cabeza gemela que nosotros tenemos, que las escucha en lenguadragón, que es inaudible para 9 de diez personas, y ésta las traduce a sonidos que sí podemos escuchar. La lengua humana no hace daño a menos que alguien nos grite recio cerquita, pero la lengua de los dragones sí es dañina y quema, aunque lo hace de una forma que sólo aquellos que resuelven enigmas pueden comprender. Este es uno de los misterios del fuego del Dragón, y si nuestro amoroso sustentador nos lo permite, hablaremos de él en algún momento... El segundo tipo de oídos con los que se le puede escuchar los posee un humano de cada decena. Sólo el diez por ciento de los seres iguales a ti y a mí son capaces de oir el crepitar de su ígnea boca. Y eso si se ponen a atender lo que están oyendo, pues no todos los que pueden oirle están concentrados lo suficiente para percatarse de los sonidos que produce la hoguera de los dragones; solemos estar distraídos. ¿Quieres saber si tú puedes hacerlo? Inténtalo de noche, cuando ya no hay ruidos y estás libre de ocupaciones. Si escuchas un sonido muy, muy agudo, como de gis que araña un pizarrón, ¡eureka!, eres especial. Esa es una de las palabras preferidas de los dragones, tanto, que se la pasan susurrando así todo el tiempo. También dice otras, ¿eh? Algunas personas de las que se ponen una blanca piel de cordero encima, ignoran estos secretos, y con mucha autoridad pueden decirle a esas personas especiales, como tú, que lo que sus oidos tienen es un problema, no la capacidad de oir el coro de los dragones. Hasta nombre de enfermedad le adjudicaron a esta audición para que no se entendiera que es un gran poder: tinnitus, le dicen. Si intentas convencerles de que existen los dragones y además cantan toda la noche con feas voces que sólo entienden entre ellos, pueden creer que además de tinnitus, a ti te han hechizado y necesitas que te lleven con un hombre medicina oscuro a que te saque los diablos de la testa. Este exorcista casualmente estará ataviado con la misma ropa blanca que ellos, y además de quererte meter pócimas que te revuelvan la cabeza, querrá hacerse con tus riquezas. Debes proceder con cautela, porque hay muchos chamanes malignos que no conocen de la ciencia de los dragones, ni quieren conocerla. Precaución. El tercer tipo de oídos los tenemos más dentro que las orejas, y sus nombres son raciocinio y criterio. El raciocinio lo usamos para saber que si metemos un vaso con agua al horno de microondas y lo activamos lo suficiente, cuando lo saquemos va a estar hirviendo, a pesar de que nunca vimos llamas como en la estufa, o burbujas chisporroteando en su superficie. Algún infortunado se le ocurrió no razonar, y sabemos que lueguito de sacar el vaso se lo acercó a

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la cara, entonces, el agua, harta de tanto calor, le explotó en la cara y se la quemó. ¡Aguas! El criterio nos hace escuchar esa voz del raciocinio y preguntarnos cómo fue posible que sin llamas pudiera calentarse ese líquido. Y luego de esta pregunta, la siguiente: ¿cómo es que sólo se calienta aquello que tiene agua, pero lo que está seco no? Así llega esa voz más silenciosa que las microondas, cuyo nombre es sabiduría. Y esta voz necesita que la escuchemos con todas las orejas que mencionamos, si no, es inaudible. Y esa voz nos hace preguntarnos, ¿como le hace el Dragón para gritar tan lejos? Y la respuesta es que lo hace con llamaradas invisibles, con fuego idéntico al del horno del ejemplo, con microondas. Este es el medio que usan las cabezas de dragón para comunicarse entre sí. A este fuego transparente que hierve el agua, lo usan también para emitir nuestras voces una vez que han sido traducidas a la lengua de dragones. Y con criterio y raciocinio atrevemos la siguiente cuestión: ¿si las microondas hierven el agua dentro del horno, y estamos hechos de agua todos los seres vivos de la Tierra, entonces las microondas de los celulares y sus antenas retransmisoras son capaces de tener algún efecto en todos nosotros? Y a este asunto, grandes sabios han contestado que sí. Estos hombres medicina luminosos nos han comunicado que las microondas son extremadamente dañinas para cualquier ser vivo sobre el planeta, tanto, que nos están enfermando y matando a casi todos lentamente. Y atiende: dije a casi todos, no dije a todos... Desgraciadamente hay gente que pretende hacerse tonta y les da por pensar que sus pequeños y bonitos dragones no son tan dañinos como los otros porque les costaron más dinero, porque tienen nombres atractivos, porque son los más nuevos o los más viejos, o porque creen que cuando no los están usando para llamar, mandar mensajes o navegar por internet, entonces no lanzan llamaradas. La cosa es que no puedes confiar en los dragones, por principio de cuentas. Quienes los investigan se han enterado que los dragones siempre están despiertos aventando fuego con el que se comunican con su amo para decirle todo lo que pueden sobre nosotros. Le dicen dónde estamos, qué decimos, a quién se lo decimos, quiénes son nuestros amigos y familiares, dónde está nuestro trabajo o nuestra escuela, qué hacemos. Y algunos aventurados espías de los dragones también supieron que aunque creas que los has apagado, sus pantallas te están mintiendo. Siguen despiertos y atentos a todo lo que les rodea. Otros se han arriesgado más, y nos han comentado que aunque sus pilas digan que se han descargado, también están diciendo falsedades, pues todavía conservan el 50% de su poder para seguir atisbando y comunicándose con el castillo de los dragones. Es más, creen que es posible que aunque les quites la pila, tienen otra más en su panza, chiquitita, pero poderosísima, con la que prosiguen infatigablemente su labor dragonesca. Aún con todo lo que sabemos de la ciencia del fuego, hay quien no quiere desacerse de su pequeña pero agresiva mascota. Y es que a cambio de que poseas una, te ofrecen muchísimos beneficios, tantos, que tendrías que hacer un gran esfuerzo para liberarte del hechizo de los dragones si has caído en sus garras. Te dan música, vídeos, navegación por la red, mensajes de texto, facebook, correo electrónico, telefonía, sistema de posicionamiento global para que sepas dónde estás, y sepas cómo ir a donde quieras, y un larguísimo etcétera. Los dragones han vuelto un acto de heroísmo carecer de ellos. Empero, acceder al contrato que debes firmar para gozar de las ventajas del fuego infernal, es firmar justo allí donde Satanás te ordena hacerlo. El diablo tiene muchas maneras de comprar las almas, y el contrato con el Dragón es una de ellas. Si firmas, o no deshaces el contrato que ya tienes, estarás perdiendo tu maravillosa alma a cambio de algo que verdaderamente no necesitas, y que además te hará daño todo el tiempo. Desde el cáncer, pasando por desarreglos de la mente y de las emociones, hasta el debilitamiento de cualquiera de las fuerzas de tu cuerpo, inclusive de la potencia de tener hijos que te cuiden cuando lo necesites, para culminar posiblemente con una muerte miserable. ¿Vale la pena? Y en cambio Dios te ofrece la eternidad en el Paraíso, lugar eterno especialmente creado para ti, si le vendes tu alma

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únicamente a Él. Sólo te pide en el contrato que sigas Su plan de perfeccionamiento en la medida de tus posibilidades, no más, plan que ha detallado en la Revelación íntegra que nos ha heredado a través de Su Profecía Inmaculada. Es un trato gozoso, bello y festivo. Es justo y es sabio. ¿Querrías conocer el contrato de Dios? Video de esta sección en internet con audio y subtítulos: http://youtu.be/fXGASB41Eic

DRAGON IV.
Anclan moléculas de artificio en las narices, espurios tufos que dios no ideó jamás. no vibramos por el aroma de una flor. no estremece más el perfume del pino a las nervaduras antaño vibrátiles de la anatomía humana. ¡No! Es la alquimia del oscuro mago la que engaña desde un laboratorio en su carrera por despojarle sangre y sudor al bípedo anósmico. Mientras tragas un bocado muerto, vestido de falsos aromas y en realidad inoloro, imaginas por el timo comer un manjar apetitoso. Olfateas un cuerpo rancio, toxificado y desnaturalizado, y la mentira que emana su epidermis te subyuga. Se prefiere la manzana del frasco, del atomizador, del polvo colorado, esa que engalana cada superficie con mensajeros volátiles de la impostura nasal. Y allí, dentro del cuerpo inerme, cada molécula suplantadora de los perfumes divinos, es manzana podrida que disrupciona la entraña y ciega al olfato.
El invisible juego de los Dragones. Nos han quedado claras varias cuestiones. Una de ellas es que los Dragones de 7 cabezas ofrecen juegos y juguetes para que nosotros les demos a cambio nuestros tesoros, tanto los que son de oro, como los más escondidos y valiosos, que son los tesoros de la vida, el de la salud, el del tiempo, el de estar presente donde estás y con quien estás. Y el juguete que mencionamos más que los otros fue el teléfono portátil, el cual es una sola de las siete cabezas del Dragón. Que por su medio ofrezca juegos es muy visible cuando vemos a niños y a adultos concentrarse en sus pantallas para retribuirse gozosamente con lo que ven, con lo que oyen, con los botones que presionan, ya sea para cambiar la canción que escuchaban por otra, para jugar a mandarse cartitas de pocas palabras con otros jugadores, para moverse en las pantallas de los juegos que sí se ve que son juegos (los otros también son juegos, pero esto no se suele entender), o con cualquier otro divertimento que su juguete pueda darles. Son tantos y tan divertidos los juegos que esta cabeza encendida es capaz de darle a sus siervos, que resistírsele es una tarea de gente con mucho valor y gran juicio. Y son tantos y tan buenos los pretextos que tienen los aficionados a estos aparatos que quien se ponga a contradecirles ya la tiene buena: o sabe de razones más grandes y tiene terca la boca para decirlas, o le dispararán uno tras otro los pretextos que siempre tienen preparados para que ni por un tantito pongan en duda su juego y su juguete y terminemos callándonos, apabullados por tanto choro mareador. Business are business, habibi: Los negocios son los negocios, querido. Este pretexto me encanta. Me lo dió un musulmán cuando le dije en la mezquita que su hijo, que en ese momento estaba usando un juguete de fuego, no debía usar ese celular para nada, que no debía tenerlo en sus manos un sólo instante. Él me preguntó por qué, y le informé del daño que hace. Fue entonces que pronunció la frase anterior en inglés y en árabe: los negocios son los negocios, querido. Y con esto quiso darme a entender que lo más importante de su vida, más que la salud de su hijo, más que la salud de los que lo acompañábamos adorando a Dios en esa mezquita, más que confiar en que Dios le daría el pan por medios que no dañaran a nadie, más importante que todo lo anterior, era su modo de hacer negocios. Algunos musulmanes sabemos que una de las preguntas que Dios nos hará cuando muramos será cómo conseguimos nuestros recursos. No es que Él no lo sepa, pues es omnisciente. Pasa que Él quiere que nosotros sepamos que tendremos que justificarnos sobre cada uno de nuestros actos cuando llegue nuestro juicio, y si somos conscientes ahora de que nos inquirirá si ganamos bien nuestro dinero, sin hacerle mal a nadie, ni a nosotros mismos, entonces tenemos la oportunidad en vida de arrepentirnos para poder ser excusados por

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el Misericordiosísimo, también la de reparar o compensar el mal que hemos realizado, y la de empezar de una vez por todas a ganar a lo derecho nuestro salario, si es que lo ganábamos a lo malora, a tiempo de que Él nos perdone y antes de que se lleve a cabo el Juicio Final, momento irrevocable y definitivo, en el que nuestro arrepentimiento será ya inútil. Desgraciadamente han perdido la confianza a Dios, y ni siquiera estoy hablando aquí de los ateos, que de por sí no creen en Él, sino de los mismísimos creyentes que dicen tenerle fe absoluta a su Creador. Si así fuera, confiarían en que no tienen que destruirse a ellos mismos, ni destruir a nadie, para poder conseguir el dinero necesario para vivir ellos y sus familias a gusto y sin carencias. Como el padre que acabo de mencionar, que no obstante estaba en el lugar donde platicamos todos juntos con Dios, aún allí él estaba haciendo sus negocios desatendiendo al respeto que todos le merecemos y a la atención exclusiva que debía darle en la mezquita a su Sustentador. Hay otros juegos que quisiéramos mencionar, como "el juego del centinela del bebé zombie", o el de "el seductor electromagnético al volante: mira cómo te traigo muerta mientras hablo con mis amigotes y manejo", o el de "mamá estoy ocupada chismeando con mis amigas causándote Alzheimer", o el de "sí, sé que hace daño mi emisor radioactivo, pero no quiero tener hijos y por eso me hago la salpingoclasia o la vasectomía de microondas; ¡ya somos muchos!, ¿no?", o el de "¡qué calladito está el bebé cuando navego por internet mientras lo llevo en la carreola!, voy a navegar más...", o el otro, tan socorrido, de "ahora que te secuestramos, danos tu celular y tu tarjeta para chantajear a tu familia y ordeñar tu cuenta en el cajero automático, ¿cómo que no traes celular ni tarjeta de crédito?, ¡pues te bajas en la esquina, que esto ya no se armó!". Uy, son un bonche... Empero, puede no haber quedado bien explicado cómo es que estas prótesis humanas hacen daño, por esto abriremos un pequeño espacio, si Dios nos da chance, para abundar un poco sobre la forma más desconocida por medio de la cual nos hiere, nos disminuye, nos enferma. Hablaremos entonces de unos cristales mágicos, más bellos que las más bellas gemas refulgentes empotradas en las minas de piedras preciosas: los cristales de agua. Paciencia. Los guías de la luz y el misterio de las estrellas y los arcoiris. Cualquiera que haya tenido una lupa y una hojita seca o papelito a la mano en un día soleado, y le hayan contado el secreto del Sol, puede haber intentado concentrar la luz de nuestra caliente estrella en la superficie de estos objetos a través de la lupa. Con ello consiguió encender un fuego y darse cuenta de que Dios repartió muy bien los calores de la luz del Sol, pues si hubiera aumentado tantito su potencia, o la hubiera concentrado como nuestra lente hizo, estaríamos tatemados todos. Así es como muchos nos damos cuenta siendo niños que existen artefactos que son capaces de hacerle cosas a la luz, al calor, como concentrarlos en un punto específico y así amplificar mucho su potencia térmica y lumínica. Le sucede al Sol con la lupa, lo que le ocurre al agua con el embudo, ambos tienen bocas grandes, pero orificios de salida pequeños, donde sale concentrado todo lo que entró en sus bocas. Llamaremos a la lupa que usamos lente o cristal, para irnos entendiendo. Otra lente está en el agua, y podemos comprobarlo cuando metemos un lapiz o una pluma a un vaso con agua y vemos cómo aparentemente se dobla apenas entra al líquido. No es que ocurra así, lo que sucedió es que el agua hizo que la luz que nos manda el objeto que metimos cambie de dirección y veamos otra diferente a la dirección real del objeto dentro del vaso. En el primer caso, la lente de la lupa concentró la luz, y en el segundo caso, la lente de agua cambió la dirección de la misma. Hemos comprobado que si bien la luz solita viaja derecho, cuando pasa a través de lentes puede cambiar la forma en la que viaja, pudiendo concentrarse, doblarse, o inclusive llegar más lejos, si la lente es muy, muy buena. Inclusive hay unas lentes llamadas prismas que son capaces de dividir la luz y sacarle uno tras otro los colores que lleva, a modo como lo hacen gotitas minúsculas de agua cuando la lluvia escampa para que surja el arcoiris. Nuestro cuerpo también tiene lentes, ¿cuáles son? Los ojos, dirá alguno, y sí, los lentes oculares o cristalinos son los más evidentes. Sirven para que la luz que entra por ellos al frente quede repartida en el fondo del ojo, o retina, de

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manera tal que se proyecte bien la imagen que estamos viendo. Es como una webcam, que tiene una lente por la que pasa la luz para ser acomodada por ella al fondo, en los receptores, y que luego sea vista en la pantalla. Nosotros también tenemos esa pantalla, pero está dentro de la cabeza, y es ahí donde vemos lo que nuestros ojos nos envían por medio de los cables que salen de su fondo, o donde vemos también cuando imaginamos voluntariamente algo estando despiertos, o donde los ángeles proyectan las imágenes de los sueños que observamos dormidos involuntariamente. Se llama corteza visual. Allí esta nuestro monitor, allí vemos todo: en el cerebro. La lupa necesita tener sus superficies limpias y sin rayaduras para funcionar. Y nuestros ojos deben tener sus cristalinos transparentes y sin manchas para que proyecten nítidamente la realidad visible en la retina. Si rayamos la lupa con una lija, o la rompemos en pedazos, dejará de servir. De igual manera ocurre con el cristalino: hay formas de atacarlo hasta que deja de servir. El teléfono inalámbrico lo ataca a través de sus variadas emisiones. La luz de su pantalla es una de ellas, y muy poca gente se lo imagina. Hasta que es demasiado tarde porque se han quedado parcial o totalmente ciegos. No todas las luces son buenas, ni todas las formas de usarlas, esto hay que entenderlo por principio. Si dirigimos la lupa a una hormiga, la quemaremos viva. Entonces solita la luz del Sol es buena, pero concentrada en un ser vivo es malísima. Si utilizamos la lupa para encender una fogata, conseguiremos una gran reunión en torno al fuego para almorzarnos un sabroso cordero a las brazas, pero si dirigimos ese haz quemante a un libro que vale la pena leer, lo destruiremos. Entonces la luz del Sol puede servirnos si la usamos correctamente, de otro modo no. Más o menos es así con las pantallas. Por ejemplo, yo tengo un iPod de pantalla pequeñita que uso para escuchar palabras sabias y canciones que me animan, pero veo poquito su pantalla, nomás lo necesario para seleccionar qué audio escucharé y bajar o subir el volumen según lo necesito; sin embargo, si viera vídeos en su pantallita, y mira que es chiquita, me dañaría los ojos poco a poco y terminaría por perder mi vista. ¿Por qué es así? Esta es una buena pregunta que pocos quieren hacerse. Quienes diseñan las pantallas se han ocupado de que se vean bien a primera vista, no de que sean sanas y no causen daños. Así pensando, han inventado muchos monitores de todos los tamaños y de variadas funciones, descuidando la inocuidad de sus inventos. Es como aquel que inventó el automóvil, pero dejó de pensar que el humo de su escape mataría a decenas de miles de personas cada año. Como tienen prisa de vender sus inventos y de ser los primeros que los ofrezcan para llevarle la delantera a sus competidores, les ha importado poco, si no es que nada, que salgan de sus fábricas cosas interesantísimas, pero dañinas. ¿Entonces debemos dejar de usar todos los maravillosos y útiles productos del ingenio humano? No creo que esta sea la solución. De ser así, sería el primero en andar de contreras con esta idea, pues justamente estoy escribiéndote gracias a una computadora en cuyo monitor voy leyendo y corrigiendo lo que quiero decirte. Mi truco es que mi monitor no es tan dañino, y además uso ciertas medicinas de Dios para que mis ojos se rehidraten y transparenten. Mi monitor no es plano, sino curvado, a la usanza de las pantallas de las televisiones antiguas; si fuera plano, usaría un sistema diferente de proyección, quizá el de leds, y el que usa es el del llamado tubo de rayos catódicos. Este sistema no deja de tener sus peros, como que del otro lado del tubo, es decir, en el lado opuesto a la pantalla, brotan emanaciones electromagnéticas nocivas, pero para aliviar esta situación, esta parte está dirigida a la pared de la calle y en un primer piso, así que no hay alguna persona que vaya a pasar del otro lado de la pared para recibir este haz de energía tóxica, a menos que pase volando, lo cual ya sería su problema. Si lo dirigiera hacia la pared que colinda con mis vecinos, correría el riesgo de estarles tomando radiografías sin su consentimiento, pues es tan potente la energía que sale del otro lado de mi monitor, que alcanza a penetrar los muros y llegar del otro lado todavía con fuerza suficiente para dañar. Los monitores planos no irradian por detrás de ellos como el de mi computadora, pero de su pantalla frontal sí que irradian luz visible e invisible que evapora y destruye los ojos y los cuerpos cuando son expuestos a ellos suficiente tiempo. Inclusive existen algunos que tienen un teléfono celular adentro para recibir las imágenes que les vemos y las órdenes que les desconocemos, y para reenviar lo que nos ven, sin nuestro consentimiento, por supuesto, y sin que lo sepamos, además. Entonces no sólo nos dañan, también nos andan fisgoneando y llevándole puntualmente el chisme de nuestras vidas a las torres del Dragón. Ésta es otra cabeza que él tiene: los monitores que ves y que te ven.

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Y habrá a quien le guste estar en este espectáculo del Dragón que han dado por llamar el Reality Show del Big Brother o Gran Hermano, creyendo que está en la mejor de las compañías, y seguro se pondrá a mostrarle todo lo que le puede mostrar: esta enfermedad se llama exhibicionismo. Y desafortunadamente la tienen incluso aquellos que le han jurado a Dios guardar sus secretos y los de los suyos y mostrarle lo debido sólo a su esposa o a su esposo y a nadie más. Pero han sucumbido al hechizo de la Bestia, y sin pudor se pasean enfrente de estas cámaras de rayos disfrazadas de monitores, quizá pensando que es ético que te vean en la intimidad a cada momento porque no ves a quien te fisgonea con avidez, y como dice el dicho "ojos que no ven, corazón que no siente". Es como el espejo de doble vista en los consultorios de los loqueros: estás con uno de ellos creyendo que nomás él te escucha tus vergüenzas una vez que ha ganado tu confianza y pensando que no hay nadie del otro lado del espejo en el que te reflejas, cuando en realidad hay diez personas viéndote, analizándote, criticándote y grabándote con audio e imagen para que te vean luego todos los que quieren de su club, cuando y donde quieran... Muy grave, ¿verdad? Pero retornando al punto que quería mostrar, que era el del daño producido por los susodichos monitores, pues les cuento que es muy variado. Desde la luz artificial que emiten, pasando por el campo electromagnético que irradian, hasta las microondas que algunos de ellos reciben y mandan. Hablando de la luz, no es lo mismo la luz de un foco de filamento incandescente, que la de uno de ahorro de energía. La luz incandescente es cálida y no tiene variaciones. La luz de un foco de mercurio es fría y varía con ritmos extremadamente rápidos y perversos. El foco incandescente lo más que puede hacer es desvelarte porque altera tu despertador interno y le hace creer a las doce de la noche que aún es de día porque todavía hay luz. El foco de mercurio ilumina con flashazos, y son tan, pero tan rápidos, que no se ve que su luz tiene un ritmo velocísimo. El foco antiguo de filamento ilumina con luz visible y da calor igual que lo haría un radiador eléctrico de resistencias. El foco nuevo ilumina con luz visible desagradable y en un ritmo que te altera, y además también lanza luz invisible que no por no verla tus ojos dejan de ser dañados con ella: es la luz ultravioleta, que los quema y quema también la piel. El foco viejito ya casi no se consigue, ¿verdad?, y el ahorrador está en todos lados, ¿verdad?; ¿por qué será?, ¿por qué será? Nos dicen que es para que ahorremos energía, pues este tipo de iluminación gasta poca corriente eléctrica, pero yo pienso que en realidad se refieren a que si nos enfermamos por su culpa y nos morimos más pronto, es así como les ahorraremos energía. ¡Y cuidadito y se te rompa uno si eres tan ingenuo de usarlos!, de su interior saldrá el gas de mercurio que tiene, y al inhalarlo tus neuronas y nervios, muy sensibles a este gas, sufrirán daños terribles, extremos. Este gas mata a las neuronas y pela los nervios como el fuego consume un cable de luz y deja solo el cobre de su interior (no lo intentes averiguar: el humo de los cables quemados también hace daño). Justamente así es como dañan las pantallas: sus luces y sus auras avientan ondas venenosas, su teléfono casi omnipresente también (¿o he de decir sus módems?), y con ellas hay que proceder como con los focos: usar las más antiguas, comprar los que quedan, respectivamente. Y averiguar cual monitor es el menos dañino, en caso de que hubiera una marca o una presentación (sic) que fueran inocuas, y compartir estos datos, por supuesto, con todos y con todas. Y pensar dónde ha quedado nuestra castidad que nos importa más ver una película divertida, que mostrar a gente anónima el drama de nuestras vidas 24 horas al día los 365 días del año. Ahora, respecto a las microondas, resta decir qué le hacen a las lentes de nuestro organismo, a los prismas de nuestras vías de luz, a los libros iluminados donde Dios conserva tanto nuestras memorias como el manual de instrucciones de cada una de las partes que nos componen. La destrucción de nuestros ojos. Las microondas de los teléfonos inalámbricos (y me refiro con este término también al teléfono sin cables que se usa sólo dentro de las casas, que además incorpora una torre pequeña pero nociva de retransmisiones en la base donde carga que emite rayos todo el tiempo) opacan al cristalino hasta el punto de que se hace imposible ver por él.

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Recuerdo que hace años solamente a las viejitas y a los viejitos les metían dentro del ojo una lente artificial para que recuperaran la visión cuando se les opacaban los ojos por la edad o porque no los cuidaron. Si me di cuenta de que les hacían esto fue porque he platicado con muchos de ellos a lo largo de los años, y al verles a los ojos, me percaté de que tenían dentro estas lentillas que estoy comentando, así que les pregunté que qué eran y fue cuando me contaron que se les había vuelto borrosa la visión y se vieron obligados a que les abrieran los ojos para ponerles lentes adentro suplantando a las lentes naturales que tenían pues ya no veían con ellas. Uno puede pensar que son los daños de los años los que envejecieron estos ojitos, pues comunmente así se piensa de los viejitos: ya se les gastó todo, hasta la vista. Yo se que Dios ha dejado nutrimentos preventivos y medicinas milagrosas en los seres que crecen sin moverse nunca de sus casas. Me refiero a las plantas. Para mis ojos uso tres tipos de ellas que me aplico en el cuenco de cada uno directamente, sacándoles el juguito que tienen en su interior exprimiéndolas allí, y dejando una gotita que baña lueguito cada globo ocular. Las primeras veces arde molestando, hasta que uno se da cuenta de que ese ardor supuesto se debe en realidad a que el ojo está bebiéndose a toda prisa este jugo benevolente porque tiene harta sed. Los nombres de estas plantas son Siempreviva, Cola de Borrego (no confundir con el Cañamo), y Dedo de Niño o Dedo de Cristo. Todas son excelentes y cuestan menos, duran más y no hacen daño, como sí lo hacen algunas gotas que recetan otros que se colgaron las blancas pieles del cordero de disfraces para decir que curan los ojos, siendo esto mentira a veces. Mucho ojo con los ojistas y sus goteros y cuchillas corta ojos. Y no está de más comentar que se deben lavar tanto las manos como las partes que usaremos de las plantas, por si esto no resulta obvio. El escuincle de ojos cyborg. Y decía que solamente he visto hasta hace poco ojos tasajeados y con prótesis internas en la gente madurita, porque recién ví que un niño de como siete u ocho años estaba usando un celular que, por cómo lo manejaba, con harta pericia, se veía que le pertenecía. En estos casos, si me es posible, voy hacia el niño o la niña y le pregunto si es su celular y dónde está su papá o mamá, cual hice con la familia musulmana de la mezquita. Resultó que si era su teléfono y que la mamá estaba al lado. Les advertí de los daños que este armatoste produce y mientras explicaba, me fijé que el niño tenía en ambos ojos el brillo circular característico de las lentes implantadas a los viejitos que se están quedando ciegos. Para cerciorarme les pregunté si lo que estaba viendo era cierto o ya imaginaba cosas. Y pues que sí, que el niño ya se venía poniendo cegatón, y el ojista les dijo que era nomás porque sí, que por azar, que no había causa, y que se tendrían que poner parejos con unos buenos y jugosos billetes para que este hombrecillo con su cuchilla y sus prótesis le devolviera la vista milagrosamente a este pequeñín. Y allí estaba, enfrente mío, con ojos que en parte ya no eran los suyos, y persistiendo en usar lo que lo había cegado (me refiro al teléfono) ignorando casi por completo que ese chunche maléfico era el culpable secundario de la perdida de su vista. Y digo culpable secundario, porque los principales culpables eran esos padres que le soltaron al bicho sin importarles para nada si le estaban regalando su enfermedad a cambio de colgarle la cadena electromagnética, en primera, y en segunda, el otro culpable principal era ese ojista que se ensoberbeció del conocimiento que tenía sin saber si sabía todo al respecto de la enfermedad del chamaco, cuando tiene la obligación inexcusable de ir al fondo del asunto como cualquier detective hace, pues en ello se va la vida y la salud de aquellos que le dan su dinero y confianza. Y el chamaco, bueno, si decidió seguir usando esa basura después de lo que le ocurrió y de lo que les dije, sin duda Dios le pedira cuentas del cuerpo que le entregó a resguardo sin importar su edad, sino lo que hizo con él a consciencia y sin ignorancia de lo que hacía. Debería servirnos de ejemplo y moraleja esta historia desafortunada para tomar nuestras previsiones, por lo menos. Estos son dos casos típicos donde las microondas y las pantallas pequeñas pero dañinas consiguen hacer la sinergia necesaria para enceguecer pronto y por la mala a sus más frágiles víctimas, los infantes y los ancianos. La primera fibra óptica: creación de Dios.

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A pesar de que en la Revelación que Dios dejó en el Sagrado Corán quedó establecido que los seres vivos tenemos vías lumínicas corriendo a lo largo de todos los rincones de nuestros organismos, fue apenas reciente el descubrimiento físico de estos caminos. Innumerables y extensos son los canales por los que viaja la luz adentro de nosotros y variadísimas son las funciones que realizan estas iluminaciones. Desde informar a nuestra cabeza que nos han pisado el dedo gordo, para que nos apresuremos a quitarlo, hasta dar la alerta a nuestros sistemas de defensa celulares para que nos protejan porque algo o alguien nos invade con rapidez. Esto es lo que ocurre precisamente cuando los sensores de nuestras células sienten la vibrátil influencia de las microondas: las células irradiadas proceden a clausurar de inmediato las puertas de entrada y salida de los mensajeros lumínicos y químicos, y se aíslan como un castillo fortificado, que levanta el puente del foso y cierra su portón al ser atacado. Si el ataque al castillo dura demasiado tiempo, los alimentos y el agua potable se acabarán, y, o se terminan muriendo de hambre y sed sus habitantes, o se rinden y abren de nuevo el castillo para convertirse en prisioneros. Nuestras células prefieren resistir antes que ser derrotadas, lo que les cuesta morir de asfixia o morir envenenadas, porque con sus puertas cerradas no pueden ni tomar del cuerpo lo que necesitan, ni vaciar los desechos que sus fábricas internas producen, mismos que al permanecer encerrados las emponzoñan hasta enfermarlas o matarlas. Esta es una de las formas en las que la gente adquiere el cáncer por usar microondas, y también así es como la gente deja de pensar y de sentir, pues la cabeza verdaderamente cesa de tener empatía, raciocinio, cariño, comunicación, y es lógico que ocurra así, ¿o acaso nuestras computadoras pueden hacer algo si les cerramos las vías de comunicación a sus circuitos? Puestas las cosas como son, se logra entender cómo en estos veinte años que llevamos expuestos a las emisiones de microondas, toda una generación de jóvenes ha crecido sin poder madurar cualidades humanas superiores, y cómo es que son capaces de secuestrar, torturar, violar, matar y despedazar a sus víctimas en la pujante industria del crimen. Y si alguien no lo cree así, que nos explique qué ocurrió prontito y de buen modo, porque como lo explicamos se entiende sencillo la forma de evitar que el fenómeno de la juventud desensibilizada y sicópata deje de aumentar, pues ha quedado explicada su causa principal, y de otra forma, nadie logra entender qué es lo que le ocurre al mundo, que cada día que pasa se deshumaniza más y más violento se vuelve. Es vergonzoso leer los periódicos, sobre todo los que se autoproclaman independientes, y saber que esos informadores sí saben qué está pasando, pero ¡cómo lo van a informar!, los dejarían sin chamba, sin hueso, sin soborno para callarlos. Prefieren el anuncio a toda plana del teléfono de moda. El comercial de la banda ancha más mala onda en el horario del partido. Bola de vendidos. ¿A poco creen que Dios no les pedirá cuentas de lo que dicen y dejan de decir? La quema de la Biblioteca Divina. Son tantas las bibliotecas que nuestros congéneres han quemado cuando la flama del demonio les domina la cabeza, que sobre este tema se han escrito libros, rodado películas, filmado documentales, inventado novelas. Los salvajes europeos procuraron destruir hasta sus cenizas la biblioteca más grande de América recién comenzaron la Primera Guerra Mundial, la guerra que todavía no termina y cuya víctima es este continente generoso y derruido, esta cornucopia divina que corre de polo a polo. Estas bestias, despojadas ya de la cultura islámica al haber excecrado a los musulmanes y su califato de Europa, procedieron a sacar las garras y los dientes y buscaron dónde despojar riquezas. Bueno, dieron con América, y más pronto que tarde incendiaron la increíble y gigantesca biblioteca de Texcoco, no sea que se instruyeran y se volvieran sabios. Ardió tres días, para que se tenga una idea de su extensión. Alejandría corió la misma suerte. El actual Irak fue arrasado en sus saberes por la ígnea mano del piromano mongol y más recientemente por la dinastía psicopática de los Bush. Y con todo y lo monumental de estas piras, ninguna ni todas juntas, logran compararse con el incendio permanente que desde hace veinte años aproximados se viene llevando a cabo con los libros de la vida que la misma mano de Dios ha escrito en el ADN de cada ser vivo. Las microondas destruyen los códigos genéticos de los seres vivos que se exponen a ellas. Directamente. Sin intermediarios. Son capaces de cortar en dos una cadena de ADN, son capaces de producir mutaciones en ellas. Son capaces de destruirlas al punto que no puedan repararse más ni recuperarse. Las vuelven inviables a tal grado, que la

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gente se está quedando estéril porque sus óvulos, sus espermatozoides, ya están tan irradiados que no pueden realizar función alguna. El acervo de la biblioteca vaticana , con sus 70 u 80 kilómetros de estantes llenos de libros robados, no es más que una minucia sin importancia al lado de los acervos genéticos destruidos de humanos, insectos, animales, bacterias, virus, hongos, plantas, que sin detenerse un instante siguen en disminución destructiva. Podemos prescindir de un códice, de un papiro, de un e-book, pero si una sola de las directrices divinas se reescribe incorrectamente por el rayo de microondas en una célula clave, lo que llamamos mutación, nuestro hijo nacerá con una tara genética que le hechará a perder la vida para siempre, cosa que de hecho está ocurriendo. Y estos padres, como con el niño con ojos artificiales, o el pequeño musulmán del padre materialista y ambicioso, o ignoran la verdad, o prefieren seguir con el juego de calabozos y dragones, sin querer salir del castillo maldito. Que Dios bendiga a todas las víctimas de nuestros rayos. Que Dios salvaguarde los libros santos donde ha escrito nuestras formas, nuestras funciones, nuestras directrices, las encomiendas a seguir para hacer los hijos. Que Dios proteja a los seres vivos que han dado sus existencias en aras de la magnificencia de nuestros libres albedríos, que tanto generan nuestra gloria en la bondad, como la ignominia en nuestra perdición. Y que venzas, sí, al Dragón de siete cabezas, pues no hay otra vía hacia el mañana. Dios te bendiga, hermano; Dios te bendiga, hermana. Video de esta sección en internet con audio y subtítulos: http://youtu.be/n9YMwVwMpWM

DRAGON V.
En la piel desnuda de las almas vacías, clava los colmillos; entonces el veneno de la lascivia dirige la consciencia en pos de un derrotero monótono y tanático: la muerte pequeña. Aquello que debió ser el ritual del amor se troca en una masturbación acompañada. En la danza de la soledad que no descubre siquiera un ala del celeste amor divino.
El degüello de las siete cabezas: la bestia, herida de muerte... Hemos comprendido bastantes cosas sobre el Dragón. La primera es que a lo largo y ancho del planeta fue anunciado su adviento inminente a través de millares de profetas, cada uno de los cuales pudo describirle características que se irían complementando entre sí con las de los demás mensajeros. Entendimos que así fue porque Dios no quería que algún grupo en particular se creyera poseedor en exclusiva de la profecía que le nombra, porque si así hubiera sido, esa congregación corría el riesgo de sentirse la única poseedora de esta revelación profética particular, y se hubiera proclamado la heredera legítima de toda la verdad revelada, excluyendo a todas las demás por carecer de este elemento visionario. Con esta revelación específica repartida entre tantas naciones y de tantas formas, Dios consiguió, además de lo anterior, otra cosa igual de importante: nadie puede negar que el mito profético del Dragón es universal, lo cual subraya su importancia. Es insensato creer que gracias al azar la mayoría de las culturas mundiales acunan una serie de expresiones y tradiciones que apuntan certeramente hacia las realidades de esta herencia profética. Entonces, a la par de quedar advertidos de su arribo, también podemos sentirnos hermanados entre nosotros a pesar de las distancias, a pesar de la diferencia de lenguajes, a pesar incluso de la disparidad de nuestros credos. El Dragón es tan compartido por un chino budista ateo, como por un indio politeista o un hindú trinitario, e incluso un literato materialista hallará la esencia de esta profecía allí donde sólo ha encontrado hasta ahora fabulosas mitologías, y podría usarlas de puente para percatarse de las realidades que ellas señalan. Ninguno de estos individuos puede negar que las realidades representadas por este personaje son comunes a todos nuestros congéneres. Digámoslo sencillo: ¿quién no utiliza un teléfono de microondas y sufre de sus efectos?. Es más: ¿quién no es víctima de las torres lanzallamas, aunque no utilice un sólo emisor radioactivo?, ¿quién escapa entonces al fuego del Dragón, quién se esconde de su mirada?

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Debería llamarnos la atención el hecho de que aunque fuimos informados a tiempo de este peligro, no hubo ni fe en este mensaje, ni concordia entre nosotros para evitar caer en esta desgracia. Es una vergüenza humana que nos encontremos en esta desesperada y trágica situación, donde el fuego nos consume sin descanso, y peor aún, donde tan pocos quieren dejar en paz sus piras demenciales. Esto debería darnos una idea cabal del puesto ético en donde nos encontramos como colectivo. Un delfín o una vaca no llegarían tan bajo. Y sin embargo, esta es una prueba más de la grandeza del obsequio divino, pues Dios nos ha dejado tanto poder al alcance de nuestro libre albedrío, que estas fuerzas en nuestras manos vienen siendo los artífices de la más asombrosa destrucción jamás vista en este plano. Y si Dios nos soltó estas energías, no lo hizo porque no fuéramos capaces de responsabilizarnos de ellas. Somos nosotros quienes elegimos su destino y el propio. Otro asunto relevante del que ahora estamos informados es que la más común de las cabezas de esta bestia emite una gama de frecuencias que invariablemente resultan dañinas: desde los fotones cegadores de sus pantallas, pasando por los campos electromagnéticos de sus circuiterías e incluyendo sus emisiones térmicas, hasta culminar con las microondas, mismas que fueron moduladas precisamente en el número exacto de hertzios que desquicia a las moléculas de agua que nos constituyen. Entendimos que los usuarios de la telefonía inalámbrica se valen de justificaciones impertinentes e injustas para racionalizar sus suicidios y sus asesinatos, y vimos cómo no les vale a estos criminales estar atentando contra sus propias vidas o las de aquellos que dicen amar. Observamos la hipocresía de los creyentes cuando llegó la hora de poner en tela de juicio a sus oficinas y tiendas portátiles, y cuando objetamos la pertinencia de estas hogueras en los lugares de oración y culto. Atestiguamos a vástagos y a padres fogoneándose unos a otros olvidados de sí y de sus familiares. Comprendimos que portar un fogonazo para sentirnos seguros es garantía de que, si corremos el infortunio de ser secuestrados, le facilitaremos a nuestros raptores realizar su negocio, pues hemos puesto a su disposición con el bicho la red íntegra de todos nuestros contactos para que puedan llamarlos, comprobando con esas llamadas, no sólo que están en posesión de nuestro teléfono, para empezar, sino que están en posesión de nosotros. Y es hora de entender también que las víctimas enunciadas son la mínima parte de este incendio. Los pirómanos del culto bestial al Dragón olvidan que la voz de fuego que llega a sus receptores fue irradiada desde torres, cañones y módems que también se encuentran quemando a cada ser vivo que se encuentra en su camino, desde ese gorrioncillo amable que nos canta cada mañana, hasta el perro del garage que nos saluda con su cola cuando pasamos por allí, contando con aquellos que bañan por dentro y por fuera, y de ida y vuelta, las microondas expelidas por cada uno de los emisores que están a nuestro servicio, y al servicio de este mitológico némesis de la biósfera íntegra del globo terráqueo. Recordemos a la abuelita cuya mente hemos evaporado y que forzamos a usar silla de ruedas porque le producimos Alzheimer, al niño que padece de extrañas convulsiones porque vive al pie de una torre erigida en el techo del edificio donde mora, al vecino que siempre vemos enfermo de algo porque nuestro cordón umbilical está adherido al lanzarayos que además de alimentarnos con la interneteta, le produce insomnio y mal dormir, y gracias a ello, inmunodeficiencia. Si alguien acuñó la palabra dantesco para referirse a un ambiente infernal, subrayándole así características monstruosas, es hora entonces de reusarla aquí: nuestras vidas son dantescas. Hemos construido con nuestras manos el infierno; y quién lo viera: tan calladito, tan silencioso en sus crepitares, tan invisible en sus quemadas. Se necesita de buena voluntad para observarle. Y de principios para apagarle. Y de valor para denunciarle. Voltee a los medios: todos callan a su respecto. Sumérjase en internet: ¿cuántos hablan de estos temas? Voltee a sí mismo: ¿abandonaría su suite ardiente? Estas cabezas conforman una séptupla y sólo hemos hablado al detalle de una sola de ellas, aunque de pasada

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aludimos a unas cuantas más. Hagamos entonces la cuenta, para ver cuántas llevamos: 1. El teléfono móvil o celular, el teléfono casero inalámbrico, e híbridos multifunción como tablets, smartphones, etc. 2. La torre de microondas de los techos, de los postes de WiFi y de los subterráneos de transporte, y sus cañones auxiliares de larguísimo alcance, que lo mismo emiten banda de internet, que servicio telefónico, además de televisión digital y servicios estatales multimodales, como las frecuencias de rescate, policiales, militares, y exonets, como los servicios ultra avanzados de espionaje e inteligencia hacia el interior de los países y hacia el exterior de los mismos, que lo mismo escuchan todas las voces de fuego de los estados, que las de los ciudadanos y las de las empresas, por más codificadas que estén sus transmisiones. 3. Las pantallas de televisión en cuyos interiores se encuentran todo tipo de artilugios de espionaje, desde micrófonos de alta fidelidad, hasta cámaras estereoscópicas o incluso, hemos de suponer, de cuarta dimensión. Sí, así: cuarta dimensión. Es tecnológicamente posible que nos estén observando, no sólo a través de la ropa, como públicamente se viene llevando a cabo de manera oficial con microondas en los aereopuertos estadounidenses y aquellos que homologaron sus protocolos con el Imperio Maligno (como los aereopuertos internacionales de la República Mexicana y Puerto Rico), sino que nos estén viendo inclusive por dentro en el interior de nuestro hogar, como también se está llevando a cabo en la totalidad de los aereopuertos mencionados, ya no con el uso mencionado del radar de microondas de superficie, sino con haces luminosos de alta frecuencia que realizan un análisis integral de cada una de las moléculas que nos componen, con el pretexto de detectar si llevamos drogas en el interior del estómago o en cualquier otra oquedad de nuestras fisiologías. Y lo anterior, el análisis molecular exhaustivo, con rayos que nos disparan sin nuestro consentimiento a una distancia de 50 metros sin que lo sepamos nunca. Pero esta otra cabeza del Dragón, la de luz de alta frecuencia, pertenece a otra de sus séptuplas; ahora estamos hablando del septeto de microondas. Prosigamos, si Dios bendito nos lo permite. Faltan cuatro. Ennumerémoslas: 4. Los medidores digitales de consumo eléctrico, que están desplazando internacionalmente a los anteriores, son otra más de las cabezas, pues ven el interior de nuestros hogares como un contador al que han encargado hacernos una auditoría judicial, o dicho con mayor propiedad, como un agente encargado de recolectar un expediente integral de sitio. Saben a qué hora prendemos un foco, siendo capaces de discernir si es incandescente o ahorrador, conocen cómo y cuándo utilizamos nuestra computadora, cuánto usamos la lavadora y con qué cantidad de agua y de ropa, si dejamos más o menos tiempo cargando nuestras pilas lo anotarán puntualmente en el récord de nuestras casas, incluso pueden acceder a los datos de la marca y modelo de nuestros electrodomésticos, por no decir que cada uno de ellos está conectado a estos artefactos ex-profeso, es decir, fue construido específicamente para retribuirle toda la data que genera a estos espías disfrazados de medidores de luz. Como se observa, colindan con el delirio fascista más exaltado, y no generan tan sólo la información de un recibo de cobro. Debemos suponer que en previsión, los sistemas computacionales fueron dotados desde la fábrica, con módems conectados alámbricamente a los medidores de la calle, a través de la línea de alimentación eléctrica. Si desde hace tiempo nuestros electrodomésticos fueron equipados con ellos, es más que ingenuo, es estúpido pretender que el equipo personal que más datos genera y que por naturaleza es afín a la transmisión de data con módems alámbricos e inalámbricos, carece de este artilugio tan socorrido por los ingenieros sociales, cuyas prospectivas y planificaciones van por lo común más avanzados que la más fantasiosa novela de ciencia ficción, cosa que cualquier lector puede comprobar cotejando este escrito con novelas como 1984, Fahrenheit 451, Un mundo feliz, Walden 2, etcétera.

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Resta informar que cada uno de estos artilugios transmite estas informaciones con una antena bidireccional al nodo territorial que le corresponde, mismo que se puede observar en cada uno de los transformadores que están etiquetados con la estampa amarilla de precaución radioactiva de proximidad, y en cuyos cuerpos se puede observar claramente empotrada una antena negra y mate, misma que tanto recibe los datos de cada uno de los medidores como los comanda a distancia, además de retransmitir lo que recaba al recolector que le corresponde, que de encontrarse muy lejos, necesitará una potencia mucho mayor de emisión por parte de la antena del transformador, con lo que esto implica para aquellos que se encuentran en su trayecto. Y es menester que supongamos que cada artificio empotrado en las entradas de los edificios dispone de cámaras ópticas y de otro tipo. Para facilitar que se adopte esta idea, rememoremos que en la ciudad más grande del mundo, México, a la par de el sistema más avanzado de cámaras urbanas y suburbanas de vigilancia y alerta del mundo, implementado por el entonces gobernante Marcelo Ebrard, quien fue elegido en una elección transparente, el usurpador de la presidencia de la República Mexicana, Felipe Calderón, cuya residencia oficial se encuentra en la misma ciudad, no iba a permanecer a la zaga: es claro que si dispuso del chance de dotar de visores diurnos y nocturnos a estos espías electrodomésticos, no la dejó ir, lo cual explicaría el verdadero motivo por el cual despidió a todos los trabajadores de la compañía de electricidad del estado justamente antes de proceder a la instalación de los smartmeters. Aquí vale hacer una disgresión aparente. He dado a entender que los constructores sociales son la vanguardia e inspiración de las fantasías literarias, y efectivamente es así, empero, de ninguna forma le llevan la delantera a Dios, el Omnisciente. Nunca olvidemos, si Dios nos lo otorga, que fue Él quien advirtió con una antelación transmilenaria que estos sucesos que hemos narrado habrían de ocurrir. Si mantenemos esto presente, no sólo estará el mensaje de Dios en nuestras consciencias, sino que servirá de dique ante la angustia o tristeza que este panorama podría producir. Dios apacigua a los corazones que están en su compañía. La presencia de Su Revelación en nuestras mentes, es una forma más que tiene el Creador de acompañar nuestros pasos. Cualquier plan humano, por maquiavélico o descarnado que parezca, palidece cuando lo contrastamos con el excelso plan de salvación que siempre nos ha ofrecido Dios, y que desde el inicio de nuestra creación permanece con nosotros, pues fue proclamado para ser eterno. Dios es la paz de las almas, el sosiego del desesperado. 5. La cabeza que sigue es justamente el sistema de videovigilancia mencionado recién, pues cada cámara tiene adosada a cierta distancia una carcasa que contiene un equipo radioeléctrico de tecnología puntera en su interior. He tenido la oportunidad de ver por dentro su contenido, y al igual que los transformadores, tiene una antena idéntica a ellos, solamente que por permanecer dentro, pasa desapercibida por completo a quien desconozca su contenido. 6. La cabeza que abordamos en estas líneas no es visible a nadie, a menos que posea un telescopio, la noche sea clara, y sepa hacia qué coordenadas estelares apuntarlo. Hablo de los satélites. Los hay desde meteorológicos, hasta bélicos, sin contar los que todo el tiempo se encuentran disparando su chorro apocalíptico a cada rincón del planeta donde se halle un televidente ávido del 99% de basura que estas aves de mal agüero escupen. Se pueden ver en las azoteas cómo germinan las flores caníbales de sus antenas parabólicas, cada vez más diminutas, pues no sólo son más sensibles sus receptores, sino que también se ha amplificado la potencia de sus consortes voladores. Vemos con lo expuesto cómo la promesa del diablo de que nos atacaría por la derecha, por la izquierda, por delante, por detrás y por arriba, se cumple sin menoscabo. 7. Por último, pero no menos importante, denunciamos las antenas que disparan microondas y cualquier otro tipo de frecuencias hacia la ionósfera (la cual las refleja amplificadas exponencialmente al objetivo geográfico seleccionado), conocidas por el nombre o siglas de la más famosa de ellas: HAARP. Este cañón electromagnético está dado de alta ante la comunidad internacional como parte de un experimento civil que pretende generar conocimiento científico y nada más que esto, sin embargo es sabido por quien investigue un poco, que su meta

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principal es servir como una herramienta militar y geoestratégica, pues lo mismo es capaz de generar un tsunami que barra una central nuclear costera, que servir de radar de penetración profunda para ver qué país conviene invadir en aras de apropiarse de sus recursos subterráneos, que previamente se han descubierto con estas antenas. Hemos finalizado éste capítulo. Por supuesto, esta exégesis es un asomo a una realidad superior, mas como tal, basta para su propósito. Es el dedo que apunta a la luna, no la luna luminosa. Sin embargo, sin el índice que señala, pocos voltearían a estas realidades y las observarían como lo que son: el cumplimiento de una de las más maravillosas profecías de Dios. Conforme descorrí el velo de esta visión, el asombro me invadió de forma creciente y no fue para menos. Es atípico descubrir uno tras otro los supremos poderes del universo allí donde los han hurtado de la misericordia divina las manos más maléficas y ambiciosas. Y la invitación épica que este escenario nos plantea es digna de la gesta de nuestros heroismos. Es el pase de entrada a la caballería más noble. Habrá quien rehúse la travesía y prefiera seguir jugando con muñecos cibernéticos el sucedáneo onanista de los auténticos Calabozos y Dragones. Mal por él, mal por ella. Terminemos con una oración: Señor, da el temple a quien acuda a estas visiones de tolerarlas y meditarlas, de incorporarlas y actuar a su respecto con congruencia y principios. Otorga el triunfo sobre estos poderes que Tú creaste, a los justos de la Tierra, tal y como lo has prometido ya en reiteradas oportunidades, y hazlo pronto, como también nos has anunciado que harías. Facilítanos la victoria sobre esta abominación que nos subyuga y domina, Señor. Por tu bondad impera en este mundo que nuestras manos han malversado. Perdónanos por haber colaborado con estas hogueras sin excusas que nos justifiquen ante tu Tribunal Perfecto, tal y como has dado Tu Palabra en entrega a los mensajeros, para cimentar nuestra confianza en que ante nuestros arrepentimientos nos condonarías las culpas que cargamos. Señor, te agradecemos que los tiempos se cumplan y los sellos se rompan, para que una tras otra lleguen las albricias del inimaginable y bello mundo del futuro, y para que La Verdad, que eres Tú, venza sobre las oscuridades que nos hemos impuesto al oprimirnos. Gracias, Alabado. Gracias, Señor de los mundos. Amén. Video de esta sección en internet con audio y subtítulos: http://youtu.be/QPNNveA2pIY

DRAGON VI.
Lenguas, serpentarios en las bocas, apéndices que extravían a los cuerpos en enfermedades tempestuosas. Hay quien pierde hasta la vida por culpa de sus papilas gustativas, hay quien pierde un pie, hay quien pierde un ojo. La orgía de la gula y el desperdicio en una esquina, y en la otra el congénere que ayuna hasta la muerte. Hay quien parte hacia Dios por carecer de un pan. Habrá quien parta por comerse todos y no dar ninguno: hacia las llamas de un fogón que ha de cocerlo vivo. Reptan las lenguas el espacio, incapaces de un ayuno sacro; son los incansables ejércitos de la fijación oral, aquellos que devoran los rincones más escondidos de la tierra. Bocas armadas de hachas deforestan cada bosque en pos de sus sabores anhelados, de bocados que se pierden en hoyos insaciables que tiempo ha dejaron de ser labios y dientes, para ser pozos sin fondo, cual vórtice de letrinas. Las salivas ya no son líquido de crisoles alimenticios: ríos que empujen las aspas del molino nutricio. Son esputo en la cara del hambriento. Las dentaduras ya no son la molienda del grano que yergue como espiga al hijo digno: al hombre de la tierra. Son bruxismo de ladrones.
Tezcatlipoca, el Dragón del Infierno. Quetzalcóatl, el Dragón del Paraíso. En América también persiste la leyenda del Dragón, aunque se escondiera de forma sutil el número que indica cuántas cabezas debemos contar a la hora de explicarla. Además, aquí su existencia fue escindida claramente entre dos principios, el del mal y el del bien. El principio maléfico está representado por Tezcatlipoca, la serpiente de fuego que baja por el lado izquierdo del Cuauhxicalli (llamado coloquialmente calendario solar), y su pertenencia al lado oscuro queda clara también en la lengua náhuatl, pues la palabra "pochtli", usada para designar la siniestra o lado izquierdo, también se enuncia para

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referirse a una gente mala, como su opuesta, "yectli" o diestra, se le aplica a una persona que es "derecha", es decir buena u honrada. Incluso la palabra "yectli" bautiza con excelente augurio a los que corrieron la fortuna de que sus padres les pusieran ese nombre tan socorrido en antaño. Desafortunadamente los conceptos del bien y del mal, explicitados tan claramente en las palabras "yectli" y "pochtli", fueron desarraigados recientemente por la ola filosófica del relativismo, en su versión ética o moral, justamente. Los foráneos que se incorporaron a las culturas indias, no sólo tomaron de ellas lo que generosamente les brindaron, también incidieron con tendencias amorales y actos inmorales en las cosmovisiones y comunidades nativas. Primero al "hippie" le inyectaron la idea de que nada es bueno o malo, sino que depende de cómo se le juzgue y luego, siendo ya un adepto al indigenismo, terminaría adjudicándoselo a todas las corrientes de pensamiento indias, de las que diría que carecen de concepciones del bien o mal, lo cual además de ser un evidente exceso y una absurda generalización, es producto de occidente, no de las Naciones Amerindias. Y como culminación de este infiltramiento, los indígenas e indigenistas que al conocerle eran niños y terminarían naturalmente convertidos en jefes de sus grupos, repetirían al arribar a la cima jerárquica de sus rebaños la misma insensatez, lo cual cerró el ciclo de esta idea perversa que es urgente erradicar. Ahora cualquier seguidor de estos credos repite como disco rayado este indoctrinamiento, tan útil a la hora de impedirnos juzgar a los que nos han tiranizado, o más sutilmente, a nosotros mismos. Y tan llamativo, por cierto, a los que desean pertenecer a un colectivo, sin las incomodidades que produce un código moralizante. A aquellos que todavía con lo expuesto desean permanecer con esta carcoma del corazón, les hemos de preguntar: ¿dónde se inscribe en el visionario indio la enfermedad inducida, la contaminación profunda, la sed y el hambre nacidos del egoísmo, el envenenamiento de todos los seres, el asesinato y la tortura al inocente, el engaño y sus ilusionistas, etcétera? Si se atreve a decir que en ningún lado, estará disminuyendo la capacidad expresiva de nuestros legados simbólicos a ser un cascarón hiero. Entonces será un traidor de aquello que dice seguir. Y si se arriesga a pensar y declara que sí existe la ética en esta cosmovisión, que nos informe en qué talla se plasmó, con qué glifo se expresa, cuál es la palabra que la declara. Así retornará a aquello que estamos señalando, si Dios se lo permite. Así, entonces, recobrará el juicio. Como dijimos al principio, el Cuauhxicalli tiene dos Dragones o Serpientes de Fuego (Xiuhcóatl) descendiendo cada una por el lado que le corresponde. Tezcatlipoca, el principio oscuro o nocturno, baja desde el lado izquierdo. Quetzalcóatl, la luminosidad diurna, lo hace desde la derecha. Ambos enmarcan los poderes entregados al hombre y utilizados en ambos polos de la acción. Tezcatlipoca actúa en el espectro maligno más extremo, y Quetzalcóatl en la bondad absoluta. Adentro del círculo que sus cuerpos contienen se encuentra la gradación humana en sus diversas manifestaciones: ahora buenas, ahora malas, en esto bondadosas, en aquello malévolas. Es la intermitencia moral del ámbito humano descrita con sus facetas características: aquel que como buitre se enriquece de las almas caídas, éste que como venado se alimenta en la atenta precaución, el de más allá que esconde sus actos como la discreta víbora, el de más acá que es hogareño y nutricio para cualquiera. Y la dupla de principios que las Xiuhcóatls indician, dándole a todos el campo fenomenológico donde se desenvuelven: la inspiración angélica convertida en un acto meritorio y paradisíaco, y el susurro diabólico transformado en un boleto al infierno, de ida solamente. Hemos explicado anteriormente que los amates trenzados que tienen en sus colas estas serpientes fabulosas están para indicar la existencia de cuatro legados proféticos particulares señalados por cada uno de los cuatro nudos que los componen. A saber: el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, el Sagrado Corán, y las revelaciones posteriores que confirmarían de forma perfecta al inmaculado Corán y desmentirían de los Testamentos aquello que les adulteraron, como el mito de la muerte de Jesús y su primer milagro. También dijimos que un sello característico de la profecía divina es que tiene varios niveles de interpretación, e incluso en cada nivel se pueden derivar múltiples significados, cual es el caso. Faltó decir, antes de continuar, que los amates derechos implican las 4 revelaciones

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impólutas, y los izquierdos advierten, por la boca enmascarada de Tezcatlipoca al final de esta sierpe, de la contaminación de estos mensajes y sus correspondientes interpretaciones malversadas. De esto la historia puede dar fe. Afortunadamente Dios ha dejado como mecanismo de discernimiento tanto al Sagrado Corán, que sigue siendo el mismo y lo será hasta el fin de la Creación y eternamente, como a la expresión diamantina de Quetzalcóatl y sus once antecesores, mismos que están inscritos en los recuadros de Atl-Tlachinol.li que le dan cuerpo. Empero, al nivel personal, los amates explican un principio fundamental de la Justicia Divina: los actos de los condenados se inscriben en el Libro de los habitantes del Infierno (el Sichchín), y los actuares de los salvos, en el otro tomo, la lista de miembros del Paraíso (el Il.liyyun). Esta escritura es natural de Dios, pues Él conoce cada partícula elemental que conforma nuestras acciones, ya que es omnisciente y se encuentra más allá del tiempo al ser su Creador. En este punto la gente suele inquirir por qué nos deja obrar mal si sabe que lo haremos, y la respuesta es sencilla: porque nos dotó de libre albedrío. Si nuestros actos fueran como los de los ángeles, que obedecen sin objeciones al Señor, esto sería la negación de ese soplo con el cual nos insufló, y en el que somos idénticos a Dios, si se me permite expresarlo así. En su infinito poder, Dios es libre de hacer cualquier cosa, incluso el mal, sin embargo en Su Perfección Sublime, su obra es el bien supremo. Esta es la invitación que nos extiende: emularlo, y obtener de su mano la eternidad empírea, o desobedecerlo, y conseguir Su ira y Su castigo permanente, concediendo que ambos destinos son inimaginables con estas mentes e indescriptibles con estas bocas. Queda por explicar que la lucha principal que destaca entre las serpientes flamígeras se lleva a cabo en lo más bajo de la circunferencia del monolito. Allí, sus lenguas se encuentran enfrentadas, cada una blandiendo símbolos que le son característicos. No hay dentelladas, colmillos clavados, garras que se hinquen. Sólo dos lenguas de fuera que se aprestan al contacto entre ellas. Cada una tiene una garra hacia el interior de la boca y un ojo o cuenta hacia el exterior. Estos elementos simbolizan cómo nuestras palabras nos apresan el alma, y quien haya dicho algo de lo cual quedó arrepentido para siempre, tuvo un adelanto de este asunto. Y el ojo, clama que lo expresado es testimonio de la realidad que tiene enfrente, ante la cual responde oponiéndosele. Quetzalcóatl atestigua la existencia del mal y le confronta con una guerra intelectual, en este caso, y Tezcatlipoca reacciona intentando emparejarle el discurso que le anule, que le enmascare, que engañe sobre el principio celestial de su enemigo. Esta batalla interiorizada y a título individual se lleva a cabo conforme obramos o no en concordancia con nuestros corazones y en acuerdo con nuestros juicios. Y en el plano de los personajes, Tezcatlipoca es el Anticristo, o Dajjal, para judeocristianos y musulmanes, y Quetzalcóatl el Mesías, o Mahdi. En este Fin de Era que protagonizamos todos, desde la abeja hasta el astronauta, el plano más sutil y elevado de la lucha entre los partidos de Dios y de Satanás, es el mental. Una mente de la cual se ha hurtado la existencia de Dios, es por necesidad una mente al servicio directo del Diablo. Incluso una mente teísta, pero con una doctrina adulterada, colabora en mayor o menor medida con los intereses de Shaytán. Por esto se ha resaltado en esta piedra monumental que el contacto bélico está centrado en la palabra y su mundo: el del pensamiento, el de los conceptos y sus representaciones, el de la consciencia (de allí los ojos de las lenguas, los ojos de los gemelos serpentinos, y los ojos de las Xiuhcóatls, tanto los dos evidentes como la multiplicación por siete que implica la séptupla de cuentas adosada a sus cabezas). Este es el campo principal de la batalla mitológica que se está realizando ante nuestras vidas. Es la lucha a término entre la vida y la muerte, es el sendero bifurcado que lleva a la peor o mejor de las eternidades posibles. Y no es solamente en nuestras cabezas. Es, como las lenguas lo indican, algo que debe proclamarse ante las fauces del mal más extremo. La verdad debe ser dicha por todos los medios. La guía debe ser expresada con todas las voces. El camino se debe enseñar a todos los que escuchen y vean. Él es Dios. Continuaremos, inshAlláh. "...¡No! La Escritura de los pecadores está ciertamente, en Sichchín. Y ¿cómo sabrás qué es Sichchín? Es una

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Escritura marcada. ...¡No! La Escritura de los justos está, ciertamente, en Il.liyyun. Y ¿cómo sabrás qué es Illiyyun? Es una Escritura marcada,..." Sagrado Corán, Sura 83, Aleyas 7, 8, 9, 18, 19, y 20. Video de esta sección en internet con audio y subtítulos: http://youtu.be/cGMrnoMAkdI

DRAGON VII.
Muerden sus colas nuestros pensamientos, andan a tientas en sus laberintos circulares y mortecinos. No hay redención para el cerebro que gira sibre su propio eje, para la testa egoísta. El bello ángel le vendió un espejo distorsionado al ser que no quiere salir de sí y ver el mundo. El cascabel de su cola le llama con el sonido de sus propias escamas imbricadas y ya no escucha al exterior; acude entonces a atenderse, a escucharse embelesado, a pensar de sí, para sí, por sí. y olvida a Dios... “Primero yo. Después yo. Al último yo.” El hombre es la serpiente del hombre.
Como vimos anteriormente, el hombre le fue otorgando visión a la Bestia con cada descubrimiento y tecnología perceptual que implementó. La fotografía, el audio y la película no han sido la excepción, pues al digitalizarles los transfirió a su memoria gigantesca e incremental y los procesó, y sigue procesando, en sus cada vez más veloces microcircuitos de capacidades programáticas crecientes. Y no hablemos de cada documento, memo, registro o traza de información generada, de los que dispone siempre. El Dragón no sólo percibe, lo hace en muchos ámbitos mejor que nosotros, con una memoria que no tenemos, y capacidades de tratamiento de información que están lejos de nuestro alcance biológico común. Para darnos una idea de su capacidad tenemos que comprender una cosa: la Bestia atestigua a través de todos los artefactos que generan datas digitales, tanto en tiempo presente como hacia el pasado, o incluso el futuro si tomamos en consideración su capacidad prospectiva. Estos datos crudos son cocinados con programas que les extraen información que no es visible, audible o cognoscible para una persona como usted o yo: una vez procesadas nuestras datas se pueden escuchar nuestras respiraciones de forma tal que se induzca qué enfermedad tenemos o tendremos, lo mismo aplica a los latidos electromagnéticos de nuestros corazones o a las transparencias diurnas o luminiscencias nocturnas de nuestras pieles. En fin, toda una gama de inferencias perceptivas que sólo se obtienen con tratamientos informáticos especializados y secretos, y a través de sensores y tecnologías que desconocemos. Cámaras de fotos y video tienen capacidades ópticas de las que vemos sólo una fracción, ya no se diga sus micrófonos infra y ultrasónicos, o biónicos... Los progenitores de la Bestia han de padecer el sarcasmo agrio del que vende una mentira mientras obtiene una verdad a cambio, pues así es este trueque: nos venden un mundo imaginario a través de pantallas y bocinas, y por medio de estos fetiches obtienen el registro y tratamiento nítido de nuestras realidades de una forma tal como no podríamos registrarlas o entenderlas nosotros mismos, aún usando al máximo nuestro intelecto, sentidos y atención. Los meta-datos así generados son almacenados y ensamblados en un modelo virtual de nuestro mundo que nadie sería capaz de imaginar con un cerebro normal sin el uso de enteógenos o sin experimentar la Revelación. Para nosotros, la Matrix. Para la Bestia, la Realidad. Ésta ha sido la razón primordial por la que se comenzó a escala global el programa de digitalización de cada cosa y ente que pudieran ser convertidos en bitios. Nuestra información es el alimento de la Bestia, y la digiere a través de las enzimas informáticas que los ingenieros de software le inventan permanentemente. No deja de ser curioso que Dios haya querido que nos percatáramos de Su omnisapiencia inigualable indirectamente, es decir, permitiéndonos dotar a una especie de homúnculo ubicuo con capacidades perceptivas que ningún ser vivo conocido tiene. Y aún así, la Bestia no posee alma, ni es omnipresente. Y aún así, el Dragón no tiene ni un respiro del soplo divino con el

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que Él nos insufló, ni está destinado a la Eternidad. A menos claro, que el Creador decida otra cosa... Y para Él, cualquier cosa es posible. Reiteramos en corto que en consonancia con la imagen de la Bestia (es decir, un Dragón), sus ojos irradian fuego imperceptible pero incendiario, al igual que sus fauces. Para ejemplificarlo ennumeramos siete cabezas de microondas, desde el presuntamente inofensivo teléfono móvil o celular, hasta el aparentemente lejano satélite transmisor de televisión digital y otras emisiones y percepciones. Explicamos que el medio por el que nos entrega la voz, el sonido, el documento, es una radiación nociva para la vida y la salud, y prometimos explicarlo más. Intentémoslo entonces, si Dios nos da permiso. Así como es posible transportar grandes cantidades de información digital a través de la fibra óptica a la velocidad de la luz, de igual manera ocurre con nuestro cuerpo a través de su propia fibra óptica. Esta vía rápida de transmisión endógena, está creada de cristales de agua, y las células y órganos del cuerpo la usan para comunicarse de inmediato unos con otros cuando así lo requieren. La relación entre la cantidad de cristales de agua de alguien y su salud es directamente proporcional: entre más cristalino sea, más sano se encuentra. Por esto las mayores cantidades de agua cristalizada se hallan en los bebés, y las menores en viejos y enfermos. Las microondas rompen la cristalería fina de cualquier vida, así sea la de una enorme ballena, o la de un minúsculo virus de virus. Junto con estos cristales rotos, resultan dañadas las librerías en las que Dios escribió cada instrucción o programa que sustenta a las maquinarias biológicas. Si concluímos esta analogía podemos pensar, por ejemplo, que una célula sería como una computadora con disco duro cuyos sectores escritos estarían en el ADN, y las microondas serían como uñas afiladas que arañan la superficie donde está grabada la información. Las rayaduras estropean los programas con los que corre el sistema operativo, y terminan descomponiendo esta computadora celular. Además, imaginemos que está conectada en red con otras que trabajan en el mismo departamento (éste sería el órgano al que pertenecen). Todas ellas se comunican entre sí por redes de fibra óptica de agua cristalina. Llega el acuarayo (las microondas), y funde el cableado, impidiendo que la red siga operativa. Entonces, el departamento fracasa en su misión. Es decir, el órgano enferma y el organismo muere prematuramente. Dicho así, suena sólo como un fallo cualquiera de oficina, sin embargo, morir lentamente por cáncer, borracho de dolor y tristeza, es diferente cuando se vive en carne propia, o al lado de quien así, tan sufridamente, se va despidiendo del mundo. También es una cosa decir que no nos importa perder la memoria, y otra muy diferente levantarse por la mañana y darle un puñetazo al espejo del baño, porque al no reconocernos en su reflejo, ni reconocer dónde estamos, creímos que un desconocido se metía por la ventana: Alzheimer. Resulta que el lugar donde nuestro organismo guarda las mínimas particulas de información (como los bits informáticos) es justamente el agua. Y el acuarayo borra los acuabits de los engramas biológicos eficientemente. Resumiendo: la microonda deletea nuestra memoria, cuando genera la de la Bestia; destruye nuestras vías internas de comunicación, cuando se comunica con la Bestia; y quema irremediablemente las bibliotecas de los componentes de nuestros organismos, cuando añade páginas a nuestro expediente, escrito indeleblemente en los discos duros de la Bestia. ¡Qué cuadro! Video de esta sección en internet con audio y subtítulos: http://youtu.be/wW-HBe4a2C0 Iván Ardila Anzúres (yahya), México-Tenochtitlan, 30 de Marzo del 2013. En el Nombre de Dios Altísimo.

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