Nº 32

abril / 2013

Bogotá, Colombia

issn- 2215-8332

Régimen político y discurso La reinvención de la política: la paz en su laberinto Conflicto y solución política El foro por las garantías y la participación política · Zonas de Reserva Campesina vs. Zonas de Desarrollo Empresarial Subversiones intelectuales Extractivismo y teoría de las instituciones Nuestra América Hugo Chávez y el internacionalismo Capitalismo y crisis China y cambios en la estructura de la economía mundial Luchas populares Los movimientos campesinos y la agudización de las luchas sociales · Estéticas de la resistencia: Jóvenes y territorio Editorial ¡A la carga!

Jairo Estrada Álvarez Director Jesús Gualdrón Sandoval Jefe de redacción Álvaro Vásquez del Real, Daniel Libreros Caicedo, César Giraldo Giraldo, Frank Molano Camargo, Jorge Gantiva Silva, María Teresa Cifuentes Traslaviña, Nelson Fajardo Marulanda, Patricia Ariza, Ricardo Sánchez Ángel, Sergio De Zubiría Samper, Víctor Manuel Moncayo Cruz Consejo editorial Beatriz Stolowicz (México), Julio Gambina (Argentina), Ricardo Antunes (Brasil), Antonio Elías (Uruguay) Consejo asesor internacional Las opiniones emitidas por los autores no comprometen al Consejo Editorial de la Revista. Tatianna Castillo Reyes Diseño y diagramación Espacio Crítico Ediciones Publicación auspiciada por Espacio Crítico Centro de Estudios www.espaciocritico.com ISSN-2215-8332 Nº 32, Abril de 2013. Bogotá, Colombia

Todo el contenido de esta publicación puede reproducirse libremente, conservando sus créditos.

Régimen político y discurso 4
La reinvención de la política: La paz en su laberinto
Jorge Gantiva Silva

Conflicto y solución política 10 política 14
El foro por las garantías y la participación
Jaime Caycedo Turriago

Zonas de Reserva Campesina vs. Zonas de Desarrollo Empresarial
Carlos Medina Gallego

Subversiones intelectuales 20 Pablo Dávalos
Extractivismo y teoría de las instituciones

Nuestra América 28 Ricardo Sánchez Ángel
Hugo Chávez y el internacionalismo

Capitalismo en crisis 34 economía mundial
Daniel Munevar

China y cambios en la estructura de la

Luchas populares 42 agudización de las luchas sociales
José Honorio Martínez

Los movimientos campesinos y la

48 Juan Camilo Díaz M. Editorial 54 Jesús Gualdrón
¡A la carga!

Estéticas de la resistencia: Jóvenes y territorio

La reinvención de la política:

la paz en su laberinto
Régimen político y discurso
Jorge Gantiva Silva
Filósofo Universidad Nacional de Colombia Profesor Titular Universidad del Tolima

A la memoria de Hugo Chávez, comandante de la paz, y Jorge Eliécer Gaitán, Tribuno del pueblo.

El momento histórico de la paz
ras múltiples avatares, el proceso para dar por “terminado el conflicto armado” en Colombia constituye un acontecimiento histórico que despierta múltiples reacciones, posiciones y emociones: respaldos, simpatías, odios y repulsiones. Para propios y extraños el inicio de los diálogos de paz pudo haber sido una sorpresa, una “jugada maestra”; hoy, sin lugar a dudas, es un camino cierto y realizable. En opinión de algunos, las FARC carecían de voluntad para abrir estos diálogos; les parecía “inimaginable” e “imposible” lograr una “hoja de ruta” de la paz; no pocos, las consideraban subsumidas en una “guerra infinita” que les impedía asumir este reto político. No obstante, la realidad es otra. La insurgencia ha ido produciendo un giro histórico que aún tiene desconcertados a la extrema derecha y la izquierda agrupada en el Polo. Por la “naturaleza” del conflicto interno era de esperarse la
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Régimen político y discurso

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reacción negativa de los diversos sectores del latifundio armado, de las élites hacendatarias reaccionarias y de las tendencias de extrema derecha. Se trata de fuerzas que disputan la hegemonía del poder como fracciones del capital en una sociedad “abigarrada” como la colombiana. El presidente Santos como jefe de este proceso expresa la lógica del gran capital transnacional para la “terminación del conflicto”: una apuesta que compromete la subsistencia estratégica de estos dos contendientes. Este proceso ha demostrado que su “curso de acción” es irreversible, pese a los odios, las divisiones, los realinderamientos de las élites y sectores de la derecha y de la izquierda. No cabe duda de que este fenómeno representa el asunto crucial de la sociedad colombiana que despierta la potencialidad, el choque de perspectivas y el camino histórico de la posibilidad de la negociación política del conflicto interno colombiano. Son muchos los peligros, los riesgos y las limitaciones. Su eje de inflexión radica justamente en el “punto de no retorno” que las partes están comprometidas a concluir con éxito. La extrema derecha jugará a desestabilizar el país y creará un bloque de poder, político, electoral y armado que buscará torpedear los acuerdos de paz e intentará disputar la hegemonía como fracción del capital ligada al latifundio armado. Aún son imprevisibles los escenarios de esta confrontación. Sin embargo, Colombia ya sabe que la paz es un camino de altibajos, contrastes y coherencias. Conoce además los rigores de la estrategia de la “guerra sucia” y del paramilitarismo. El temor y el terror siguen gravitando sobre la cabeza de la sociedad civil. La movilización ciudadana, la participación popular y el entusiasmo de la sociedad civil podrían desatar el “nudo gordiano” de la polarización y el pesimismo. El compromiso ciudadano, la movilización popular, el respaldo internacional, la potencia del sujeto plural y la organización de la sociedad civil marcarían un horizonte cierto y viable.

La gran marcha del 9 de La paz encuentra una socieabril es el gran termómetro dad despolitizada, dormida y fracturada. La noción de “crisis del apoyo ciudadano y de la política” se confunde con la idea sociedad civil a los diálogos de de la crisis de la política. Por supaz. Movilizarse, apoyarla de puesto, no es un caprichoso juego manera entusiasta y creadora, de palabras. Es un asunto crucial es aterrizarla en el suelo de la del pensamiento, de la estrategia conciencia nacional y popular. y de paz. La crisis de la política Hacerla visible, comprensible, alude al agotamiento de ciertas formas de pensar y actuar formaes enriquecerla en la vida de las lizadas y objetivadas en la cultura comunidades y del pueblo. Sólo occidental, las cuales representan si este proceso se afirma en el un momento del desarrollo histó“alma matinal” de una Colombia rico del capitalismo. Su crítica y surgida de la política como transformación son cruciales para potencia creadora, la paz no será fundamentar un proceso de paz. exclusivamente el silenciamiento Su reinvención no nace de la noche a la mañana; ni depende de la de los fusiles, sino el camino de magia formal de expertos y tecnotransformar el país, de cimentar logías. Se trata de la superación de un horizonte del poder alternativo la forma fetichizada, instrumental de territorios y comunidades. y pragmática de la política, basada en la “representación”, la delegación, la jerarquización y el juego de poder omnímodo del Leviatán desalmado y despótico. La manera como ha operado tradicionalmente la política la descalifica como proyecto de transformación. No se trata tampoco de inventar una política de ángeles, sino de crear otra política que articule ética y política, proyecto histórico y organización social, modelo económico y participación ciudadana, territorios y autonomía sobre la base de la construcción de Lo común que en modo alguno está referido a la síntesis de petitorios, ni universales vacíos de generalizaciones. La superación de la crisis de la política es un asunto estratégico del proceso de paz, en la medida en que busca resolver de manera creadora las dimensiones estructurales que originaron el conflicto y exigen potenciar un sujeto plural como fuerza participante en dicha transformación. La política es la forma como se puede cimentar el proyecto de la paz en la comunidad. Lo abierto, lo plural, lo participativo y lo creativo,
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Reinvención de la política

sería su signo distintivo. Sin embargo, no es nada fácil. Transitar de la crítica de las armas al arma de la crítica exige recorrer el camino de la palabra, de Lo común, de la vida como creación individual y/o colectiva. Despertar este entusiasmo por la política; asumirla como tal sería hacerse arte y parte en un escenario marcado por la desigualdad, la desconfianza y las asimetrías que operan contra la “parte sin parte” que el conflicto interno y la sociedad capitalista acentuaron destructivamente en los cuerpos, los territorios, los saberes y los lenguajes. Reinventar la política sería superar la política-maquínica, los sistemas de representación y conculcación de la inmanencia autonómica de la subjetividad; y doblegar, por ende, la distorsión de la política como marketing, mera representación parlamentaria, aparatos electorales y estructuras jerárquicas de gamonales y caudillos. Se trata de construir un proceso de paz abierto al mundo que fundamente ontológicamente
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las transformaciones históricas. Las lecciones de los anteriores procesos de paz en Colombia y en el mundo ilustran que sin un horizonte de perspectivas creadoras; sin una política, arraigada en la territorialidad de las comunidades y del sujeto plural; sin la visión estratégica contrahegemónica, los procesos terminan anquilosados en la reproducción del Establecimiento, de las prácticas caudillistas, de las neocorporativización de la paz. Atrapados en el asistencialismo y la cooptación del régimen renuncian al proyecto histórico, como sucedió con la AD-M19 a finales del siglo pasado. La idea de la paz es cimentar esta posibilidad de transformación democrática que exige construir otra política en el horizonte del sujeto plural, de las comunidades, de los territorios y de la vida. Esta perspectiva potencia el sentido del poder constituyente y de la democracia profunda. La paz es la afirmación creadora de Lo común, esto es, de la política.
Régimen político y discurso
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http://www.univision18.com/2013/03/11/colombia-restituye-mayorextension-de-tierras-por-via-judicial-a-desplazados/

La izquierda en su eterna encrucijada
El proceso de paz encontró a la izquierda colombiana en su mayor dispersión y confusión. Su actitud sectaria, mezquina y pragmática la tiene sumida en una completa parálisis. Los esfuerzos por concretar frentes, partidos y movimientos han recorrido caminos fallidos. El predominio de la cooptación, del caudillismo, del desenfrenado parlamentarismo y de la renuncia de la política como estrategia, han desatado las formas más perversas y morbosas de la defección de las izquierdas. La múltiple acción envolvente tendida por el Establecimiento y el olvido de su proyecto histórico han conducido a perpetuar el odioso sistema de fragmentación, confusión y esclerosis. El proceso de paz constituye el campo de interpelación de la nueva política y el ejercicio creador de la potencia de Lo Común. En tiempos pasados se decía que no había enemigos a la izquierda; hoy, podría decirse que la izquierda conversa juega un papel de remozamiento de las élites y del régimen hacendatario y gran burgués; que la izquierda que otrora presumió constituirse como “alternativa”, como el Polo, se convirtió en un aparato burocrático-electoral, conservador y sectario ante los nuevos retos de la historia. La oposición a la Marcha del 9 de abril es un embeleco que encubre sus apetitos electorales y devela el grado de incomprensión del momento histórico. No entender que el proceso de paz constituye un campo abierto de posibilidades históricas para la transformación democrática, es seguir aferrados
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al discurso neoconservador de la satanización del conflicto, el desconocimiento de los avances de los diálogos en La Habana, el respaldo internacional, el significado de los territorios, de sus autonomías y de las comunidades. El miedo al proceso de paz radica en que la extrema derecha, como fracción del capital representada en el latifundio armado y el régimen señorial, y el sector de la izquierda caudillista y aparatista del Polo pierden su espacio político. En vez de comprender los nuevos tiempos y construir sus perspectivas desde el horizonte de la paz, quedan subsumidos en la lógica electoral y en la defensa de sus aparatos partidistas. No ven el país, desprecian Lo común, olvidan el interés nacional-popular. Al carecer de grandeza, pisotean la historia.

La nueva lógica del País Común
La gran marcha del 9 de abril es el gran termómetro del apoyo ciudadano y de la sociedad civil a los diálogos de paz. Movilizarse, apoyarla de manera entusiasta y creadora, es aterrizarla en el suelo de la conciencia nacional y popular. Hacerla visible, comprensible, es enriquecerla en la vida de las comunidades y del pueblo. Sólo si este proceso se afirma en el “alma matinal” de una Colombia surgida de la política como potencia creadora, la paz no será exclusivamente el silenciamiento de los fusiles, sino el camino de transformar el país, de cimentar un horizonte del poder alternativo de territorios y comunidades. Sólo la política de Lo Común nos abre este camino, y la paz podrá cimentar el proyecto de transformación histórica. Esta es la apuesta. Con sus riesgos y peligros. En medio de la voracidad del capitalismo transnacional, la paz es un campo de lucha hacia un País Común.

http://colombia-wikiciudadana.blogspot.com/2009_11_01_archive.html

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Régimen político y discurso

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El foro por las garantías y la participación política
Conflicto y solución política
Jaime Caycedo Turriago
Secretario General Partido Comunista Colombiano

a iniciativa de la Mesa de diálogo de La Habana de convocar a un Foro sobre garantías y participación no puede ser más importante y oportuna. Ayuda, ante todo, a comprender que el tema no se refiere exclusivamente a los derechos y garantías de la insurgencia sino al hecho de que en Colombia tales garantías y derechos están gravemente limitados, que no existe igualdad de condiciones para todas las fuerzas sociales y políticas, que, no obstante, tienen una real existencia en la vida nacional, aun si el régimen legal no las reconoce. Empezar a darle puntadas al segundo tópico de la agenda no significa que el primer punto, sobre tierra y territorio, haya sido concluido. Menos aún que, como pregonan voceros empresariales existan acuerdos ya suscritos. Como dice el propio Acuerdo general, “nada está acordado hasta que todo no esté acordado”. Es claro que se trata de entrar en la discusión dura del tema político. Nadie puede pensar que se está ante asuntos de liviana y pronta solución. La tendencia del régimen político colombiano a encerrarse, a inventarse límites, a excluir en consecuencia a la oposición de origen popular de las prerrogativas elementales que una república democrática puede otorgar a los contradictores de la dominación, ha ido creando criterios que pretenden erigirse en condiciones “naturales” de extrañamiento y exclusión políticos. La envoltura jurídica de estas determinaciones de clase se ha ido formando por capas, por sucesivas reformas y contrarreformas que han opacado el fondo de pluralismo e inclusión que pudieron tener, al
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Conflicto y solución política

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http://pais-real.blogspot.com/2010/10/los-derechos-de-las-victimas-en.html

menos como intención, en algunos de sus momentos estelares. Esa realidad actual es la que empieza a estar cuestionada y a ser puesta en debate. La deuda política con la UP debe repararse Discutir esta temática en un Foro de amplia representación ayudará también a responder a las especulaciones sobre si la reparación política que exige con razón la Unión Patriótica, UP, movimiento político sometido al exterminio con la complicidad del Estado en un proceso de paz anterior, va a convertirse en el receptáculo de la participación política de las FARC-EP. Tanto la delegación de paz en La Habana como los directivos de la UP en Bogotá han disipado todo equívoco sobre la identificación UP - FARC en una coyuntura como la actual. No existe una transposición mecánica de una situación del pasado a las condiciones presentes. La reclamación por verdad, justicia y reparación integrales, el cese definitivo de la victimización de la izquierda de inspiración comunista, la extensión hoy de la misma a los activistas de la Marcha Patriótica o de otras sensibilidades de la izquierda avanzada es una exigencia de todo el campo democrático que el régimen no puede eludir ni silenciar. El tema tiene hoy un amplio interés general. El problema se sitúa en el ámbito de una deuda social y política con los esfuerzos cívico-democráticos que fueron frustrados violentamente en el último cuarto del siglo XX provocando uno de los peores genocidios que registre la historia contemporánea. Esta deuda con la sociedad colombiana y la opinión democrática mundial tiene que saldarse, no como un gesto obsequioso y puntual sino como una decisión irreversible de apertura política para favorecer el ámbito de las libertades y el avance de la paz. Esto es, como una conquista democrática del pueblo colombiano en su conjunto y no solo como la reparación formal a un movimiento o como el único objetivo de un proceso de paz.

El 9 de abril es la demostración inicial de lo que puede ser el gran frente amplio por la paz, la gran movilización de ‘los de abajo’, que no solo aspiran a no ‘seguir siendo gobernados como antes’ sino a construir las bases del cambio democrático que haga real e irreversible la paz en Colombia.

El des‘congelamiento’ de los partidos
El debate y el Foro anunciados permitirían la discusión, entre otras, del sistema político de partidos que aparece hoy congelado por las sucesivas reformas que han modificado, cada vez más restrictivamente, la Constitución de 1991. Además, los fenómenos de reagrupamiento desencadenados por la decisión del gobierno nacional de adelantar un proceso de diálogo con las FARC-EP están atorados en los cálculos estrechos de Santos y su entorno en cuanto a las perspectivas de su reelección en 2014. El temor, exagerado y con visos de chantaje, de que la ultraderecha uribista puede bloquear o llegar hasta el boicot del proceso de diálogo frena la necesaria reforma política que incluya figuras como la escisión de partidos o la opción de coaliciones en listas para cuerpos colegiados. El anuncio del Registrador de que no tiene recursos con qué modernizar el sistema electoral para superar las formidables deficiencias de ese aparato, dominado en regiones enteras por la corrupción y el control narcoparamilitar, desinfla la confianza y las expectativas de cambio para ofrecer garantías a la participación electoral de la izquierda. Sin una seria reforma electoral, comparable a la de Venezuela, no es concebible una democratización real del régimen político colombiano.

La paz es justicia social
Por otra parte, la agenda planteada por el gobierno al parlamento en la primera legislatura de 2013 contiene elementos como la ley estatutaria del fuero militar que constituyen una auténtica provocación en contravía de la paz, en medio del diálogo, y una alteración de las condiciones de discusión del segundo punto sobre garantías y participación política. Si se agregan a ello temas como la reforma pensional, guiada por los intereses oscuros del capital financiero, los fondos de pensiones y el señor Sarmiento Angulo, o la reforma a la salud bajo un imperio semejante, queda en claro el propósito del régimen
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de apuntalar los privilegios existentes a favor de legislar en contraposición a los propósitos de la paz con justicia social. La movilización popular tiene en su centro el rechazo a estas pretensiones.

El 9 de abril: movilización con sentido de cambio
Santos debe entender que el pueblo colombiano reclama un cambio democrático vinculado a la paz, el fin de la guerra, el restablecimiento de la soberanía sin “plan Colombia” y la desmilitarización del país. La gran marcha nacional y patriótica del 9 de abril se corresponde con el gran remezón que desde las bases populares quiere sentar el rumbo de la movilización de masas como ruta de las transformaciones necesarias. Quienes especulan morbosamente con la idea de que el 9 de abril es un acto de adhesión a Santos muestran en el fondo su total incomprensión del momento político y la deformación vulgarmente electorera de su proyecto. La oposición democrática se distingue en todo y por todo de una supuesta “oposición” desde la ultraderecha uribista, cada vez más desprestigiada y recalcitrante, que critica al gobierno por su política de diálogo, pero que conserva profundos entronques en el poder, en el Estado y en las fuerzas militares. El espacio en disputa, en la coyuntura actual, es el de la oposición democrática de masas al régimen, a su lógica guerrerista, violenta y excluyente. Es el espacio de la convergencia y de la unidad de las fuerzas y vertientes de la opinión comprometidas en la lucha por una paz democrática, justa, que haga posible construir una auténtica
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justicia social y abrir caminos de progreso y bienestar para las mayorías. El derecho a la oposición democrática, que en su momento se le negó a la UP y al Partido Comunista, es lo que ahora se impone como una necesidad esencial del pueblo colombiano. Es la batalla por la democracia, por la ‘libertad política contra la autocracia’ oligárquica, como hubiera dicho Lenin. El 9 de abril es la demostración inicial de lo que puede ser el gran frente amplio por la paz, la gran movilización de ‘los de abajo’, que no solo aspiran a no ‘seguir siendo gobernados como antes’ sino a construir las bases del cambio democrático que haga real e irreversible la paz en Colombia.

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Conflicto y solución política

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Conflicto y solución política

Zonas de Reserva Campesina vs. Zonas de Desarrollo Empresarial
Carlos Medina Gallego
Profesor Departamento de Ciencia Política Universidad Nacional de Colombia

as conversaciones de La Habana entre el gobierno colombiano y las FARC-EP van bien, mejor de lo que algunos escépticos esperan; las permanentes declaraciones de las partes anuncian importantes acuerdos en el tema agrario, notifican que tienen elaborado ya un largo documento que seguramente dará origen a una serie de reformas sustanciales, conducentes a la materialización de los acuerdos sobre temas de acceso y uso de la tierra, tierras improductivas, formalización de la propiedad, frontera agrícola y protección de zonas de reserva y todo lo relacionado con el desarrollo agrario integral, lo cual convoca adicionalmente el reordenamiento ambiental, social y productivo del territorio. Inevitablemente, un tema fuerte de los acuerdos parece ser el de las zonas de reserva campesina, que no puede reducirse a un tratamiento marginal o residual, pues en ellas se soporta en gran parte la estabilidad de los acuerdos, el fin de la confrontación y las posibilidades de un desarrollo agrario que reconoce la importancia de las economías campesinas en la sustentabilidad alimentaria de la nación, en la conservación del medio ambiente y en la defensa soberana de los territorios. El artículo 81 de la ley 160 de 1994 señala que las zonas de colonización y aquellas en donde predomine la existencia de tierras baldías, son zonas de reserva campesina. Zonas que de ninguna manera pueden ser estigmatizadas como nuevas repúblicas independientes y condenadas a nuevos ciclos de violencia, ni ser objeto de la voracidad de los empresarios agrarios. En este aspecto un buen acuerdo de finalización del conflicto
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consiste en que las partes queden conformes, a este respecto, aun cuando no queden satisfechas. Lo peor que le podría pasar a las dinámicas del conflicto agrario es que ahora ‒después de sesenta o más años de lucha por la tierra, cuya lógica fue que los campesinos reclamaran las tierras improductivas de los terratenientes‒, los empresarios entren a disputar los baldíos y las Zonas de Reserva Campesina para el fortalecimiento de las llamadas Zonas de Desarrollo Empresarial (ZDE) reguladas por el Acuerdo 028 de diciembre de 1995 de la Junta Directiva del INCORA con el fin de proteger y promover la inversión de capital privado, con arreglo a lo previsto en los artículos 82 y 83 de la Ley 160 de 1994. La Ley 160 señala que se “ delimitará zonas de baldíos que no tendrán el carácter de reserva campesina sino de desarrollo empresarial de las respectivas regiones, en las cuales la ocupación y acceso a la propiedad de las tierras baldías se sujetará a las regulaciones, limitaciones y ordenamientos especiales que establezca el Instituto (INCORA), para permitir la incorporación de sistemas sustentables de producción en áreas ya intervenidas, conservando un equilibrio entre la oferta ambiental y el aumento de la producción agropecuaria, a través de la inversión de capital, dentro de criterios de racionalidad y eficiencia y conforme a las políticas que adopten los Ministerios de Agricultura y del Medio Ambiente” (Articulo 82). Esta situación instaurada hace casi dos décadas no deja de ser preocupante en la medida que establece la excepcionalidad formulada en el articulo 81 y posibilita, en el marco del postconflicto armado, el acceso de la iniciativa privada en las zonas baldías consideradas como zonas de reserva campesina y, más aún, cuando al describir las ZDE el Acuerdo 028 precisa que son “ las áreas donde se encuentren establecidos, o puedan establecerse predios en condiciones de óptima y eficiente explotación económica, uso adecuado de los recursos naturales y con sostenibilidad ambiental, que generen empleo en el municipio y cuya fragmentación
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Las ZRC tienen un especial sentido social y político en el conflicto agrario colombiano, en cuanto que ayudan en los procesos de paz a construir las propuestas de solución de las contradicciones, desigualdades y violencias rurales desde la reivindicación y defensa del territorio; están unidas a la recuperación de las tierras que les fueron usurpadas a campesinos, indígenas y colectividades afrocolombianas en el desarrollo del conflicto armado y a la construcción de un modelo de desarrollo campesino que se preocupa por la vida, el bienestar y la convivencia democrática en el campo.

implique deterioro en los volúmenes actuales o potenciales de producción, unidades de empleo y generación de ingreso, serán adoptadas como zonas de desarrollo empresarial...”, lo cual significaría en la práctica un proceso de proletarización campesina en el marco de una economía de desarrollo comercial, desalojo del campesinado y mayor concentración de la tierra puesto que la norma establece: “… cuando la sociedad adjudicataria… hubiere dado cumplimiento a las obligaciones contraídas, se autorizará la venta del terreno baldío correspondiente, al precio que determine la Junta Directiva del Instituto”. En la práctica lo que se cuece es un proceso de ampliación de la frontera productiva no sobre la base de la optimización y recuperación del latifundio improductivo, sino de la incorporación de las Zonas de Reserva Campesina y los baldíos, a los circuitos productivos empresariales en el marco del desarrollo capitalista del campo y las lógicas comerciales del neoliberalismo y la globalización. El camino que se debe seguir al respecto, si no se puede mejorar, es al menos sostener lo planteado en el Decreto 1777 de 1996, en el cual se reglamenta parcialmente lo consignado en la Ley 160 en relación con las ZRC y se fijan los objetivos de estas, que no son otros que “controlar la expansión inadecuada de la frontera agropecuaria del país; evitar y corregir los fenómenos de inequitativa concentración, o fragmentación antieconómica de la propiedad rústica; crear las condiciones para la adecuada consolidación y desarrollo sostenible de la economía campesina y de los colonos en las zonas respectivas; regular la ocupación y aprovechamiento

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de las tierras baldías, dando preferencia en su adjudicación a los campesinos o colonos de escasos recursos; crear y construir una propuesta integral de desarrollo humano sostenible, de ordenamiento territorial y de gestión política; facilitar la ejecución integral de las políticas de desarrollo rural y, fortalecer los espacios de concertación social, política, ambiental y cultural entre el Estado y las comunidades rurales, garantizando su adecuada participación en las instancias de planificación y decisión local y regional”. Además define mínimamente las responsabilidades institucionales con el propósito de hacer efectivos esos objetivos señalando: “la acción institucional del Estado en zonas de reserva campesina  será concertada, con el fin de promover y encauzar recursos y programas que definan un propósito común de desarrollo en la región. La acción del Estado se realizará con condiciones preferenciales en cuanto al otorgamiento de subsidios, incentivos y estímulos en favor de la población campesina en materia de créditos agropecuarios, capitalización rural,
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adecuación de tierras, desarrollo de proyectos alternativos, modernización y el acceso ágil y eficaz a los servicios públicos rurales”. Desde luego, en una propuesta tan importante para la finalización del conflicto como resulta serlo las ZRC es necesario ampliar el número de las mismas contemplando lo indicado por el Decreto en el sentido de que… “estas se constituirán y delimitarán…, en zonas de colonización, en las regiones en donde predomine la existencia de tierras baldías y en las áreas geográficas cuyas características socioeconómicas requieran la regulación, limitación y ordenamiento de la propiedad o tenencia de predios rurales”, lo cual se da incorporando cada vez una mayor cantidad de hectáreas a la propiedad y a la economía campesina (hoy se habla que las ZRC apenas alcanzan las 830.000 hectáreas) que contribuya decisivamente a superar los contradicciones y desigualdades rurales, en el entendido de que “las zonas de reserva campesina tienen por objeto fomentar y estabilizar la economía campesina, superar las causas de los
Conflicto y solución política
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conflictos sociales que las afecten y, en general, crear las condiciones para el logro de la paz y la justicia social en las áreas respectivas”, conforme claramente lo señala el Decreto en mención. Las conversaciones sobre el problema rural deben seguir hasta afinar suficientemente los acuerdos de manera que estos se constituyan en los soportes de una paz duradera y estable. Con el tiempo serán los campesinos a través de sus asociaciones y de sus propios mecanismos de organización y movilización los que han de garantizar que estos se cumplan. No deja de preocupar, sin embargo, la ola de criminalización que se está desarrollando contra líderes campesinos y sociales que han salido a representar a sus comunidades en los procesos de restitución de tierras y la creciente estigmatización que se despliega contra las ZRC, que constituyen por su naturaleza un fundamento esencial del proceso de solución política al conflicto armado. Tampoco deja de preocupar que las Zonas de Reserva Campesina y los baldíos del país se conviertan en blanco de la voracidad empresarial a través de la Zonas de Desarrollo Empresarial y su modelo de agroindustria, afianzamiento del capitalismo extractivista comercial agrario y de proletarización campesina. Sin embargo es importante señalar que la puja de ZRC - ZDE no solo es del capital (narco, empresarial y transnacional) y su modelo productivo frente a otros modos de vida y producción cultural, sino que el pulso es también por la guerra, como ampliación y control territorial del régimen burgués-terrateniente, y la paz, como posibilidad y viabilidad de una nación soberana que reconoce y permite el ejercicio de los derechos económicos, sociales y políticos a las comunidades rurales y al conjunto de la nación colombiana, preservando los ecosistemas tropicales y valorando derechos ambientales en todos los territorios en beneficio de las actuales y próximas generaciones humanas. Las ZRC tienen un especial sentido social y político en el conflicto agrario colombiano, en cuanto que ayudan en los procesos de paz a construir las propuestas de solución de las contradicciones, desigualdades y violencias rurales desde la reivindicación y defensa del territorio; están unidas a la recuperación de las tierras que les fueron usurpadas a campesinos, indígenas y colectividades afrocolombianas en el desarrollo del conflicto armado y a la construcción de un modelo de desarrollo campesino que se preocupa por la vida, el bienestar y la convivencia democrática en el campo. No sería bueno para el país, que sin haber terminado de resolver un conflicto, en las entrañas de la solución política, se estén gestando nuevas dinámicas de exclusión y violencia.
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Conflicto y solución política

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Extractivismo y teoría de las instituciones
Subversiones intelectuales
Pablo Dávalos
Economista y profesor universitario ecuatoriano

Introducción
xiste una trama de conflictividad que atraviesa toda América Latina y que está signada por el fenómeno del “extractivismo”. Gobiernos de derecha, de centro, de centro izquierda e, incluso, de izquierda radical, convergen de grado o por fuerza hacia el extractivismo. Es como si la fuerza gravitatoria de la presión extractivista excediese todo discurso político, obligándolos al pragmatismo de la real politik. Por paradojas de la historia, el extractivismo se hace presente en la región en momentos en los que el discurso ecologista se ha convertido en parte fundamental, tanto de las nuevas políticas públicas que legitiman al extractivismo, cuanto de los discursos que lo critican. De México a Argentina, y sea cual sea el color de su sistema político, la presión extractiva provoca despojo territorial, conflicto social, pobreza económica, intervención y control gubernamental, contaminación ambiental, destrucción patrimonial, violencia militar y paramilitar. En todos los países de la región las sociedades resisten al extractivismo y, en consecuencia, son perseguidas, violentadas, criminalizadas. En México, el extractivismo está asociado a la crisis del sistema político y del propio Estado mexicano, al extremo que el país ha sido puesto en la lista de “Estados fallidos”. La violencia del extractivismo, en este país, además, está asociada al crimen organizado, al terrorismo del
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paramilitarismo y a la corrupción del gobierno. En Guatemala el extractivismo se asienta en un proceso previo de terrorismo de Estado que incluye el asesinato a líderes sociales, como por ejemplo, el asesinato de Carlos Hernández miembro de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas, COPISCO. Incluso en el país más ecologista de toda la región, Costa Rica, la presión extractivista provoca conflicto y tensión social. Existen países cuyos territorios, casi en su integridad están entregados a las corporaciones extractivistas, como son los casos paradigmáticos de Perú y Paraguay. Existen casos emblemáticos de patrimonio natural, como los glaciares de Pascual Lama en Argentina y Chile, que están amenazados directamente por la presión extractiva. El extractivismo amenaza con provocar verdaderos genocidios de pueblos indígenas, como son los casos de los pueblos indígenas de Brasil, Colombia, México, Chile, Ecuador y Perú.

Paradojas del extractivismo
En el extractivismo convergen varias paradojas, quizá la más importante es la convergencia que muestran gobiernos tan dispares y disímiles en sus discursos y proyectos políticos. ¿Cómo es posible, por tanto, que un gobierno que se dice de “izquierda”, en la ocurrencia, el de Evo Morales en Bolivia, sea tan extractivista como gobiernos declaradamente de derecha, como el del PRI de Peña Nieto en México, o el de Piñeira en Chile? Sobre esta misma línea, ¿cómo es posible que la mayor parte de los intelectuales de izquierda del continente sean conniventes con el extractivismo de gobiernos afines a su ideología y sean ferozmente críticos con el extractivismo de los gobiernos de derecha? ¿Quizá existe un extractivismo bueno y otro malo? Otra paradoja del extractivismo es aquella que hace referencia al discurso ecológico y del calentamiento global. Un discurso que no solo lo recogen casi todos los gobiernos de la región sino también las agencias internacionales de cooperación para el
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desarrollo, en especial las agencias del sistema de Naciones Unidas. Mientras más se habla de ecología y calentamiento global más se profundiza el extractivismo. De hecho, los programas más extractivistas son aquellos que se cubren de ecología y discurso “verde”, en la ocurrencia, los programas REDD de la Naciones Unidas, y de la UNCTAD, que tienen en los gobiernos de “izquierda” de Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, entre otros, a sus referentes más importantes. Otra paradoja radica en el discurso de los derechos humanos y los nuevos instrumentos para su defensa suscritos y apoyados por todos los gobiernos de la región. En efecto, no hay gobierno que no haga reiteradas y profusas confesiones a favor de los derechos humanos, pero que, al mismo tiempo, no criminalice a sus sociedades para permitir el extractivismo. Los ejemplos son numerosos. El asesinato de Sabino Romero, líder indígena de los Yukpas, en el gobierno bolivariano de Venezuela, para concesionar los territorios yukpas a las corporaciones mineras del carbón; las persecuciones y encarcelamientos a líderes sociales en Ecuador por el gobierno de la “revolución ciudadana” para permitir la expansión de la frontera petrolera, la minería abierta a gran escala, los programas ONU-REDD, los biocombustibles, etc.; la represión en el TIPNIS por el gobierno del MAS en Bolivia y la persecución a las organizaciones sociales que se oponen a los ejes multimodales IIRSA en este país; la criminalización social en Paraguay; la represión a los pueblos mapuches y el asesinato de varios de sus líderes históricos, en Chile; la persecución social a los movimientos sociales que se oponen al proyecto minero Conga, en Perú, etc. En fin, en todos los gobiernos de la región el expediente de abusos, crímenes, torturas, encarcelamientos, despojos, etc., en contra de las sociedades que resisten al extractivismo, es largo y con evidencias
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contundentes. Empero, todos los gobiernos se han declarado respetuosos de los derechos humanos y algunos de ellos incluso han apoyado las declaraciones más importantes de Naciones Unidas a favor de los derechos de los pueblos indígenas. Sin embargo, la presión extractiva no realiza concesiones a los derechos humanos ni a los derechos de los pueblos indígenas. Así, mientras más se habla de derechos humanos, más se extiende y consolida el extractivismo y más violencia sufre la sociedad, independientemente de todas las declaraciones a favor de los derechos humanos. Otra paradoja está en el hecho de que casi todos los gobiernos de la región han adecuado sus marcos jurídicos al tenor de las recomendaciones de la OMC con respecto a las garantías, protección y seguridad a los inversionistas y la inversión extranjera directa, a pesar de las frecuentes declaraciones a favor de la soberanía nacional y, en algunos casos, de los discursos en contra del imperialismo. Este proceso de adecuación de las legislaciones internas de los países en función de los requerimientos de protección y seguridad jurídica de los inversionistas, ha sido denominado “convergencia normativa” y es una parte fundamental, por ejemplo, de los ejes de integración multimodal de la IIRSA. En la región, no hay un solo gobierno que se haya alejado un milímetro de los procesos de convergencia normativa, independientemente de su color político y de su retórica antiimperialista. Asimismo, otro hecho que llama la atención es la forma por la cual se disculpa y legitima el extractivismo: la renta extractiva financiaría el gasto público en el área social, sobre todo en salud, educación y previsión social. Es como si en una especie de cinta de Moebius el gasto social, que en la época del ajuste macrofiscal del FMI fue utilizado como dispositivo de control social para garantizar la privatización del Estado y la desarticulación social, ahora se convierta nuevamente en argumento de legitimidad de la renta extractiva asociándolo con el financiamiento de lo social. Con la diferencia de que ahora es el Estado el que administra directamente la renta extractiva para gestionar el gasto social. Es esta nueva función del Estado lo que lleva a numerosos teóricos ‒muchos de ellos críticos del neoliberalismo‒ a pensar que en América Latina se viven momentos de cambio radical, y es sobre esta percepción del nuevo rol del Estado que se posiciona el discurso del “posneoliberalismo”. Sin embargo, una de las paradojas que más llama la atención en la dinámica extractivista es el hecho de que, al menos en América Latina, aún no hay marcos teóricos para comprender en su complejidad al fenómeno del extractivismo. Es tan fuerte la carencia de un marco
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teórico para asumirlo, comprenderlo y criticarlo, que el discurso teórico que subyace a toda la propuesta extractiva, en la ocurrencia, aquel del discurso del institucionalismo anglosajón, aún no está inscrito en el horizonte del pensamiento crítico latinoamericano. Es más, muchos de sus críticos eluden la crítica a la teoría del institucionalismo, aunque utilicen algunos de sus conceptos y categorías, como por ejemplo, el concepto de “acción colectiva”.

La ausencia de un marco teórico para el extractivismo
Ahora bien, quizá pueda parecer una exageración afirmar que aún no existe un marco teórico para comprender el extractivismo, pero pongo algunos ejemplos al respecto. En el VI Congreso Latinoamericano de Ciencia Política, realizado a mediados de junio del año 2012 en Quito (Ecuador) en la sede de FLACSO, de las más de mil ponencias presentadas en ese evento en ninguna hizo alusión a él, ni tampoco tuvo como tema central de análisis los procesos extractivos en el continente. De su parte, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, hace algún tiempo una de las instancias más críticas al neoliberalismo y que de alguna manera permitió el acercamiento y acompañamiento de intelectuales críticos del continente a los procesos de movilización y resistencia social contra el neoliberalismo, no tiene, desde hace algunos años, un solo grupo de trabajo dedicado a estudiar el extractivismo y sus consecuencias, entre ellas, la criminalización social1.
1 Para inicios de 2013 existían los grupo de trabajo “Cambio climático, movimientos sociales y políticas públicas”, coordinado por Augusto Castro Carpio y Pablo Chacón Cancino, y “Patrimonio biocultural, territorio y sociedades afroindioamericanas en movimiento”, coordinado por Francisco López Barcenas y Matías Carámbula Parejas, en los que de alguna manera se aborda la temática extractiva, pero los marcos teóricos, institucionales, epistemológicos y geopolíticos del extractivismo no forman parte de las preocupaciones actuales de CLACSO.

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Una revisión de los textos más radicales sobre el extractivismo (Svampa; Acosta; Gudynas; Machado Araoz, etc.)2 tampoco da cuenta de la profunda relación entre el extractivismo y el marco teórico de la teoría del institucionalismo político y económico. Ahora bien, no se trata de una cuestión teórica o académica, sino del centro mismo del debate teórico y crítico sobre el extractivismo y su praxis. Si no existe una percepción clara de esa relación, la crítica teórica y, en consecuencia, las posibilidades de movilización y resistencia se acotan. En efecto, una dinámica fuerte del extractivismo es el Pago por Servicios Ambientales y es el centro de todas las propuestas de despojo territorial llevadas adelante por los programas ONU-REDD en todo el continente. Otro aspecto predominante del extractivismo es el pago por derechos de propiedad para los OGM (organismos genéticamente modificados) o transgénicos. Los programas de captura de carbono y sumideros de carbono de los mecanismos de desarrollo limpio (MDL) se vinculan con la creación de swaps de naturaleza y productos financieros derivados y tienen en la teoría de los costos de transacción y los derechos de propiedad su eje central. Estos dos conceptos son, de hecho, el núcleo teórico que permite esa articulación entre los mercados financieros especulativos, la convergencia normativa de la OMC hacia la “seguridad jurídica” para los inversionistas y las dinámicas extractivistas. En el caso de la minería abierta a gran escala también puede verse la carencia de esa relación y crítica teórica. En efecto, a veces es más importante la concesión territorial realizada por el gobierno que la explotación de la mina en sí misma, porque la concesión territorial pueda ser negociada y vinculada con instrumentos financieros (futuros, swaps de commodities, derivados, etc.), de forma independiente de la explotación, producción y comercialización. Asimismo sucede con la renta del agua, de la biodiversidad, del clima, de la belleza escénica, etc. Todos estos procesos tienen en la teoría anglosajona de las instituciones no solo su marco teórico sino sus condiciones de posibilidad.

Teoría institucional, especulación financiera y extractivismo
Quizá sea necesario precisar en qué consiste la relación entre la teoría institucional, la especulación financiera y el fenómeno del extractivismo en el capitalismo tardío. El neoinstitucionalismo económico plantea una

2 Se pueden ver los textos de E. A. Gudynas y Acosta, entre otros, en la página web www.alainet.org , los textos de M. Svampa y H. Machado pueden verse en la revista de la OSAL-CLACSO, Noviembre 2012, CLACSO, sitio web: www.clacso.org.ar
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revolución teórica en la economía neoclásica que es consustancial al extractivismo. Esa revolución teórica está en la ampliación del horizonte de posibilidades epistemológicas de la ley del valor. Mientras la teoría de la economía clásica adscribía la ley del valor a las posibilidades de la producción (valor trabajo) o el consumo (valor marginal), el neoinstitucionalismo propone una versión más amplia del valor que consiste en la incorporación de los denominados “costos de transacción” a toda actividad económica. Pero los costos de transacción significan todo el entramado social e histórico en el cual se realiza el intercambio económico. Mientras que la teoría económica clásica miraba a la sociedad desde el mercado y la consideraba un proceso óptimo, eficiente y en equilibrio, le teoría institucionalista integra a la misma sociedad al mercado y no deja absolutamente nada fuera de él. Por ello es más realista que la teoría económica

convencional y reconoce aquello que ella misma denomina “fallas de mercado”. Pero estas fallas de mercado son la sociedad en sí misma. Son la existencia humana en su totalidad. Mientras que para la teoría económica clásica era una tarea casi imposible fijar un valor a aquello que sobrepasaba su horizonte teórico (sea el trabajo o la preferencia del consumidor), por lo cual era impotente para calcular un valor, por ejemplo, a la naturaleza, para la teoría institucionalista de los costos de transacción todo tiene un valor en el sentido más literal del término. Si este valor no está incorporado al circuito económico, como, por ejemplo, el clima, la contaminación, el ADN o la belleza escénica, es porque aún no han sido definidos sus costos de transacción. Una vez definidos estos costos, todo puede ser incorporado a los circuitos de mercado. El avance más importante de la teoría económica del institucionalismo está, precisamente, en la valoración ambiental. Todo

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http://www.centromemoria.gov.co/

el esquema de la puesta en valor de la naturaleza y, por tanto, de su mercantilización, subyace al esquema teórico de los costos de transacción de la teoría institucionalista. La cuestión es cómo definir los costos de transacción. Y la respuesta que da la teoría del institucionalismo es relevante: transparentando los derechos de propiedad. Y, ¿cómo se transparentan los derechos de propiedad? Pues por la vía del derecho, las leyes y los acuerdos internacionales que garantizan la seguridad jurídica a los inversionistas y a las inversiones. Si esto es así, la transformación más importante no es la del mercado, sino la de la sociedad en su conjunto, especialmente la del Estado. La economía del institucionalismo anglosajón se convierte en aquello que había perdido el discurso económico neoliberal: en economía política. El cambio institucional, en consecuencia, es más político que económico y, a largo plazo, se convierte en cambio histórico. Si la historia de alguna manera había estado alejada de las coordenadas mercantiles, ahora, con la teoría del institucionalismo anglosajón, toda la historia humana puede ser inscrita en las coordenadas del mercado.

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Hugo Chávez y el internacionalismo
Ricardo Sánchez Ángel

Nuestra América

Doctor en Historia Profesor Universidad Nacional de Colombia

La tarea principal
estaco en la personalidad del internacionalista Hugo Chávez su origen humilde. También su condición de militar, lo cual siempre exhibió con orgullo en la tradición de Lázaro Cárdenas en México, Juan Velasco Alvarado en Perú, Juan Domingo Perón en Argentina y Omar Torrijos en Panamá, todos ellos insertos en el torbellino de los intereses en pugna sobre el papel de las Fuerzas Armadas en América Latina. Hugo Chávez luchó por emancipar a la institución de la tutela de los Estados Unidos y de los poderosos, logrando cambios más sustantivos en el campo armado que aquellos personajes. Sus creencias eran las del cristianismo, con su imagen ejemplar: Jesucristo. Predicó el evangelio revolucionario, conectándose con las comunidades cristianas de base y la Teología de la Liberación, esta última de reconocido ascendiente entre los católicos y marxistas. Su estampa era la de uno de los nuestros: indígena y mulato, popular hasta los tuétanos, alegre y enérgico. Un líder de multitudes y un combatiente de la igualdad y la justicia. Nos mostró que las libertades formales deben acompañar a las reales, que los procedimientos republicanos son imperativos de la democracia y que las mayorías se construyen y no se suplantan. Su perspectiva era el partido político que organizó en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
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El legado de Hugo Chávez es múltiple en dimensiones e intensidades. Revivió el internacionalismo a partir de luchar por la integración y unidad de Nuestra América, de los revolucionarios, de los pueblos y de los Estados, a través de distintas organizaciones que vienen coordinando las ventajas comparativas de la región. Su idea estratégica era la de un bloque continental que le diera fluidez a las transformaciones democráticas y revolucionarias. El programa del bolivarismo que Hugo Chávez remozó era para construir el socialismo en Afroindoamérica, no sólo en Venezuela. De allí su enérgico internacionalismo, que dejó atrás cualquier ilusión del socialismo en un solo país. Su temprana alianza con Cuba, la constitución de Petrocaribe, del ALBA, la CELAC, su apoyo a UNASUR –iniciativa de Lula da Silva como presidente de Brasil‒ sumado a foros, encuentros, coordinaciones… todo ello estuvo siempre en el día a día del presidente de Venezuela. Estas iniciativas están convirtiéndose a su vez en alternativas frente a la anacrónica OEA. Venezuela no participó en la militarización de Haití, dedicando su ayuda a lo social. Dio siempre un apoyo a la causa Palestina, al igual que a los pueblos árabes, denunciando las guerras de agresión y clamando sin cansancio por la solidaridad con ellos. En esa misma perspectiva apoyó las iniciativas de Paz en Colombia, como la actual entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos, estimulando al ELN a seguir el mismo camino. El gobierno que presidió Hugo Chávez durante 14 años enfrentó con dignidad y eficacia a la potencia imperial de los Estados Unidos, contra la explotación y la injerencia. Rescató con ello un sentido de pertenencia y de orgullo en nuestros pueblos. Al colonialismo cultural que los grandes medios agencian por doquier, opuso la creación de una creativa red televisiva de alcance continental ‒TELESUR‒, al igual que otras iniciativas contraculturales.

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La tarea principal de América Latina es su unidad, luchar por una confederación de Estados hacia el socialismo. Integrando sus economías, sus culturas, sus intelectuales, su envidiable naturaleza, sus pueblos multicolores, su historia, sin hegemonismos de parte de ninguno de los países, colocando la dignidad como primer punto de esa unidad, asunto que empieza con Haití. La deuda histórica y moral con la cuna de nuestra independencia debe ser saldada. La columna vertebral del socialismo del siglo XXI es el internacionalismo. Hugo Chávez lo aprendió en la experiencia global. Asistió al derrumbe de esa máquina horrorosa de la burocracia de la Unión Soviética y los Estados del “socialismo real”. Por ello el revolucionario venezolano pudo reivindicar con frescura las figuras y pensamientos de Rosa Luxemburgo y León Trotsky. Y tuvo la audacia de proponer, con todas las letras, la creación de una nueva internacional: la Quinta Internacional. No puedo dejar de escribirlo: qué maravilla de sueño, de utopía, la que proponía Hugo Chávez, como lo soñaron para su tiempo los creadores de la utopía comunista, los científicos de la revolución: Carlos Marx, Vladimir Lenin, León Trotsky. Es verdad, Hugo Chávez no encontró eco en ello, ni condiciones, ni tiempo, pero lo planteó meritoriamente.

Bolivarismo
Para Hugo Chávez el legado de la Unidad que diseñó Simón Bolívar y los libertadores era el de la patria grande. Si la dominación española era continental, la liberación no era posible sino en la misma dimensión. A la dominación global, la independencia global. Se suma a la concepción decimonónica de Simón Bolívar el reconocimiento formulado por su “maestro loco”, Simón Rodríguez: o nos unimos o pereceremos. El paisaje internacional era el de los grandes bloques y potencias, desde los imperios en ascenso –Inglaterra y Francia‒ hasta el imperio en decadencia –España‒, que volvió a sus andanzas
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El proceso revolucionario en Venezuela realizó la reforma, o mejor, las reformas, impulsando la primacía de lo humano y de lo social sobre el mercado y la economía. La dinámica de este proceso no ha superado el capitalismo, pero lo cuestiona, lo limita y crea condiciones para la transición revolucionaria. Este es el sentido, a mi juicio, del proceso revolucionario en Venezuela: la reforma y la transición.

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con su empresa criminal de la reconquista. El jefe del ejército pacificador, Pablo Morillo, fue un terrorista de Estado más que un militar. Y ese ejército fue derrotado de nuevo en la histórico combate de Ayacucho en diciembre 9 de 1824, una de las más grandes batallas de la era moderna y la más importante de Nuestra América. El genio de Simón Bolívar y de su élite militar, con Antonio José de Sucre, quien dirigió la batalla, hicieron posible el hundimiento de la dominación hispanocolonial y el surgimiento de las repúblicas. Hugo Chávez creía firmemente en la grandeza de esta herencia, en la trascendencia de la primera independencia, en la proyección de esa revolución. Finalmente Simón Bolívar y la élite libertadora resultaron derrotados y traicionados. El asesinato de Antonio José de Sucre en el punto más alto de su carrera políticomilitar, marca una inflexión negativa en el curso de los acontecimientos libertadores. Bolívar murió solo y desilusionado en Santa Marta, con plena conciencia del desastre incoado por la fragmentación de la Gran Colombia recién divida en “repúblicas aéreas” bajo la égida de caudillos y políticos como José Antonio Páez en Venezuela, Francisco de Paula Santander en Colombia y Juan José Flores en Ecuador. Todo el continente siguió el curso de la división con su programa de defensa de los intereses de las oligarquías de la tierra y el comercio. La revolución fue interrumpida para la entrada impune de los nuevos colonialismos, siendo tergiversada desde entonces, sometida a la caricatura de una historiografía superficial o alienada.

El programa internacional de Hugo Chávez desenterró esta herencia de Simón Bolívar, con orgullo y conocimiento. Con documentación, redimió la gesta de nuestros libertadores, los puso en la escena de la historia en forma visible, actual, proyectando el pasado vigoroso a un presente creativo, con nuevas y difíciles tareas por adelantar. Se trata de una potencia creativa, multitudinaria, como praxis, memoria, conocimiento, cultura y herencias sentimentales profundas, acompañada de la gran tradición comunitaria de los indígenas y la libertad de los negros. Esta síntesis de Hugo Chávez sirve de ilustración:
“Hace 200 años los padres libertadores no pudieron, ellos no pudieron hacerlo, y Bolívar recogió en una frase profunda, en una frase dramática aquella realidad dolorosa cuando dijo: “He arado en el mar…” ¿De qué sirvió esta independencia, decía Bolívar, muriéndose ya, ellos no pudieron, no pudieron cuajar las repúblicas que querían, eliminando las desigualdades, los privilegios, creando repúblicas de iguales y de libres; y luego, al mismo tiempo uniéndolas en la liga de repúblicas para equilibrar con el Norte, con el Este y con el Oeste; así los planteaba Bolívar cuando convocó al Congreso de Panamá en 1824. El Congreso se reunió en el 26 en Panamá, pero murió al nacer, él decía que era necesario, era indispensable conformar la Unión del Sur, una Liga de Repúblicas, en lo político, en lo económico, en lo social y en lo militar, para luego ir en condiciones de igualdad y de dignidad a negociar sobre la paz, la economía y la guerra, con el Norte, con el Este y con el Oeste. Esa estrategia, la estrategia de Bolívar, que era la misma de todos ellos, esa estrategia; sólo que quizás Bolívar logró llevarla más lejos, logró clavar una pica allá en Flandes, logró orientar la brújula mejor”1.

Reforma y transición
En forma simultánea, combinó el internacionalismo con la realización de las tareas revolucionarias en Venezuela. Sus realizaciones saltan a la vista: incorporó a las multitudes de trabajadores de toda condición
1 Chávez Frías, Hugo. La Unidad Latinoamericana. Sergio Rinaldi (Ed.), Bogotá D.C.: Ocean Sur, 2006. p. 265.

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a la vida social y política, convirtiéndolos en protagonistas de su propio destino, con mayoría de edad. Los venezolanos se visibilizaron y se apropiaron cada vez más de sus decisiones, fundando democracia, donde el protagonismo de las mujeres es evidente. El gobierno bolivariano procedió a una tarea colosal de reformas sociales de tipo educativo, salud, vivienda, alimentación y creación de vigorosas redes de solidaridad. Se logró un avance significativo contra la desigualdad y la pobreza, en contraste con la mayoría de los países del continente. El proceso revolucionario en Venezuela realizó la reforma, o mejor, las reformas, impulsando la primacía de lo humano y de lo social sobre el mercado y la economía. La dinámica de este proceso no ha superado el capitalismo, pero lo cuestiona, lo limita y crea condiciones para la transición revolucionaria. Este es el sentido, a mi juicio, del proceso revolucionario en Venezuela: la reforma y la transición.
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El fortalecimiento de la industria petrolera y el ejercicio de la soberanía nacional estatal es un avance cualitativo frente al pasado de apropiación parasitaria de la renta petrolera. La acusación de los analistas de los grandes medios, de los ideólogos del neocapitalismo, de que el gobierno de Hugo Chávez se gastó la renta petrolera en la inversión social y en la solidaridad internacional, es cierta. Lo cual es una realización plausible que hay que defender. Los gritos de que ello es populismo son etiquetas para la galería de las élites ricas. Otra cosa es que este sea un proceso lleno de contradicciones y con las asechanzas y fortalezas de la burocracia y la corrupción, del atraso, los personalismos y los dogmatismos. Toda experiencia revolucionaria, y la de Venezuela no es la excepción, se encuentra en permanente peligro. No es un lecho de rosas, sino un desafío permanente. La tarea de Hugo Chávez debe ser continuada.
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China y cambios en la estructura de la economía mundial
Capitalismo en Crisis
Daniel Munevar
Economista Miembro de CADTM Colombia y de la coordinación del CADTM Abya-Yala Nuestra América

l rápido crecimiento económico de China a lo largo de las últimas décadas ha cambiado de manera radical la estructura de la economía global. América Latina no ha sido ajena a este proceso y se ha visto beneficiada de manera directa por el impacto de China sobre los mercados de materias primas. En el periodo comprendido entre 2012 y 2013, en un proceso amplificado de manera significativa por la especulación en materias primas, los precios de estas se incrementaron en términos reales un 111%1. Para el mismo periodo, el valor de las importaciones de materias primas por parte de China creció en un 1.136%2. Como resultado de esta dinámica, las exportaciones de América Latina a China pasaron de 10 mil millones de dólares en el año 2000 a 241 mil millones en el año 20113.

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1 Datos del Banco Mundial de precios reales de materias primas con base 100 en el año 2005. Promedio de incrementos no ponderados de los precios de los grupos de materias primas de energía, metales, alimentos y metales preciosos. 2 Datos de UN Commtrade utilizando clasificación SITC Ver. 3. 3 Ver, K. Kolesli, “Backgrounder: China in Latin America” US-China Economic and Security Review Commision, disponible en: http://origin.www.uscc.gov/sites/default/ files/Research/Backgrounder_China_in_Latin_America.pdf. Para datos de 2011 ver, “China´s trade with Latin America grew in 2001” disponible en: http://in.news.yahoo. com/chinas-trade-latin-america-grew-2011-050334275.html

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En el corto plazo, este rápido crecimiento de las exportaciones ha beneficiado a la región. Al permitir la diversificación de las exportaciones regionales en términos de mercados de destino, facilitó el proceso de recuperación económica de los países de América Latina tras la recesión de los Estados Unidos en el año 2001 y la crisis financiera de 2008. De la misma forma, al incrementar los ingresos fiscales de los países de la región, ha jugado un rol central en la reducción significativa en los volúmenes de endeudamiento externo, al mismo tiempo que ha permitido el financiamiento de mayor gasto social. De cierta forma, independientemente de la orientación política de las administraciones, la mayoría de los gobiernos en la región basan sus proyecciones y políticas de desarrollo a futuro en el supuesto de que estas dinámicas son de carácter estructural. Vale decir, que la insaciable demanda de China por materias primas constituye una base estable tanto para el crecimiento de las exportaciones regionales como para la estabilización de los términos de intercambio en niveles altamente favorables para los países de América Latina. Sin embargo, este supuesto muestra un profundo desconocimiento de los elementos que componen el modelo de desarrollo de China. Como en otros ejemplos históricos de desarrollo, tales como Corea del Sur o Japón, el modelo de desarrollo de China se basa en una transferencia sistemática de ingreso y riqueza de los hogares al sector productivo exportador. Dicha transferencia tiene como resultado una represión del consumo interno, aumento de la producción nacional y, por definición de cuentas nacionales, un aumento del ahorro y superávit externo4. En la medida que la transferencia
4 Por definición de cuentas nacionales, el ahorro nacional es igual a la diferencia entre la producción y el consumo. En presencia de equilibrio fiscal, el ahorro nacional es igual a la diferencia entre exportaciones e importaciones. Por ende, mayores niveles de ahorro nacional se corresponden por identidad macroeconómica con un aumento del superávit externo.
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de ingresos por parte de los hogares limita la capacidad del consumo doméstico de impulsar el crecimiento económico, este depende de la inversión del sector productivo exportador y la demanda externa para mantenerse en el tiempo. La transferencia de ingresos de los hogares al sector productivo tiene lugar a través de un conjunto de políticas económicas de las cuales es importante destacar tres. La primera es una represión sistemática del crecimiento de los salarios por debajo del crecimiento de los niveles de productividad. Dicho esquema representa un subsidio directo de los hogares al sector productivo y se constituye en un elemento clave para mantener la tasa de ganancia de este último. En el caso de China, esto se ha reflejado en una reducción de la participación de los salarios en la economía de un 52% del PIB a finales de los años noventa a menos de 40% del PIB en 20075. Al mismo tiempo, los retornos sobre la inversión crecieron en 20 puntos del PIB6. Así, es importante anotar que el impacto negativo de la represión salarial sobre el bienestar de los hogares ha sido compensado por el crecimiento del empleo que ha tenido lugar durante las últimas décadas en China. Visto de otra forma, menores ingresos a nivel de hogares individuales han sido compensados con un mayor número de hogares con ingresos. El segundo mecanismo es la represión financiera. El establecimiento de tipos de interés artificialmente bajos implica una transferencia de recursos de ahorradores a prestamistas. En la medida que los hogares son un sector con ahorro neto positivo y el sector productivo es un sector ahorro neto negativo, las bajas tasas de interés perjudican al primero y favorecen al segundo. De manera práctica los hogares se ven forzados a subsidiar el costo de las inversiones del sector productivo. En las fases iniciales del proceso de desarrollo, este mecanismo de subsidios acelera el
5 Ver, “Should China raise wages”, disponible en: http://www.economonitor.com/ blog/2008/12/should-china-raise-wages/ 6 Ver, “Percentage of wage income in GDP falls”, disponible en: http://english.caixin. com/2010-05-12/100143324.html
http://diarioadn.co/actualidad/colombia/censo-del-icbf-sobrehu%C3%A9rfanos-del-conflicto-armado-1.48748

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crecimiento al reducir el costo de inversión. Sin embargo, al mantenerse por periodos prolongados de tiempo, puede tener como efecto una distorsión sistemática de dichos costos, lo que puede llevar a un aumento de proyectos de inversión poco viables desde el punto de vista económico y, más importante aún, sin capacidad para hacer frente al servicio de la deuda que los financió originalmente. La revisión de la experiencia de Corea del Sur y Japón muestra que la mala asignación de créditos en el sector corporativo jugó un rol clave en las crisis experimentadas por ambos países en los años noventa. En los dos casos, la crisis obligó a una reorientación de las políticas económicas para hacer frente a los problemas de endeudamiento del sector productivo tras años de bajas tasas de interés y subsidios masivos que incentivaban la toma de riesgos excesivos. En el caso de China, la evidencia sugiere que el país asiático está empezando a enfrentar precisamente el mismo problema. Entre 2007 y 2012 la deuda del sector corporativo no financiero en China paso de 130% del PIB a 190%7. Dicho incremento del endeudamiento se dio en el marco del plan de estímulo del gobierno para hacer frente a la crisis internacional; sin embargo, la evidencia muestra que el impacto del crédito sobre el crecimiento económico se ha reducido de manera progresiva 8. En la medida que
7 Ver, E. Chancellor y Mike Monelly “Feeding the Dragon: Why China´s Credit System Looks Vulnerable”, disponible en: http://es.scribd.com/ doc/121710465/EC-FeedingtheDragon-1-pdf 8 Ver, “Yuan lending expansión keeps momentum”, disponible en: http://www.chinadaily.com. cn/cndy/2013-02/22/content_16246058.htm
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se reduce la productividad del capital fijo, mayores niveles de crédito y endeudamiento son requeridos para mantener los niveles de crecimiento actuales, lo cual incrementa la vulnerabilidad de la economía china, tal y como ocurrió anteriormente en Japón y Corea del Sur. El tercer mecanismo de la estrategia de desarrollo de China es un tipo de cambio artificialmente alto. Durante los últimos años este se ha convertido en un tema altamente controversial en el marco de la llamada guerra cambiaría. Mientras la atención se concentra en el aumento de la competitividad de las exportaciones chinas producto de un tipo de cambio alto, el elemento que se pierde en el debate es su impacto sobre el consumo y el ahorro dentro del país. Al aumentar el costo de las importaciones, el tipo de cambio alto reduce el ingreso real de los hogares en términos de su capacidad adquisitiva. En otras palabras, tiene como efecto directo una reducción del consumo por parte de los hogares en China. Si esta reducción en el consumo es superior al incremento en la producción, por definición el ahorro nacional debe crecer y con ello el superávit externo del país. Es decir que la represión del consumo interno, vía tipo de cambio, va de la mano con el crecimiento de los superávit externos para sostener el crecimiento económico. Para que la relación entre estos tres elementos pueda mantenerse en el tiempo se requieren dos componentes clave. En primer lugar, disposición por parte del país en general y de los hogares en particular de mantener unos términos de intercambio altamente desfavorables que afectan directamente el ingreso real y capacidad de consumo de la población. Como en el caso de la represión salarial, el sacrificio en términos de capacidad de consumo se ve compensado por la capacidad del sector productivo de generar nuevos empleos que permitan aumentar los niveles de vida de los cerca de 20 millones de personas que emigran anualmente de las regiones internas de China hacia las costas, donde se encuentran las masivas zonas de manufactura y exportación del país. En segundo lugar, el resto del mundo debe estar dispuesto a acomodar el incesante crecimiento de la producción y ahorro de China en la forma de exportaciones de manufacturas y flujos de capital. A medida que la participación del consumo como porcentaje del PIB se redujo de cerca de 50% a menos de
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9 Ver, ¨ Household Consumption as a Percentage of GDP¨, disponible en: http://www.chinaglobaltrade.com/fact/us-china-trade-data-householdconsumption-share-of-GDP 10 Ver, “Deflating Shadow Credit in China”, disponible en: http://ftalphaville.ft.com/2013/02/27/1397152/ deflating-shadow-credit-in-china/
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35% a lo largo de la última década9, el resto del mundo ha tenido que acomodar cada vez mayores volúmenes de exportaciones provenientes de China. Llegados a este punto, resulta claro que en la actualidad el modelo de desarrollo de China enfrenta dos grandes obstáculos. El primero de ellos es el rápido crecimiento de los problemas de crédito asociados a un sistema financiero altamente distorsionado. Las presiones del gobierno para mantener un rápido crecimiento del crédito han resultado en una creciente malversación de recursos, toda vez que las posibilidades rentables de inversión que justifiquen los créditos son cada vez menores10. La implicación directa es que tarde o temprano las pérdidas derivadas de esta situación tienen que ser reconocidas. En la medida en que las pérdidas del sistema financiero sean subsanadas por medio de mayores impuestos o captura de los ahorros, ello solo empeorará los desequilibrios presentes dentro de China en términos de reducir aún más la participación del ingreso y consumo de los hogares en la economía y, por ende, la dependencia en la inversión y el crecimiento de las exportaciones. Por otra parte se encuentra la disposición del resto del mundo de seguir acomodando los excedentes comerciales de China. Aun si el gobierno de ese país es capaz de

posponer el reconocimiento de las pérdidas en el sector financiero, las mayores presiones comerciales asociadas al contexto actual ‒en el que la economía de los Estados Unidos sigue recuperándose lentamente y las principales economías europeas se hunden en la recesión‒ hacen poco probable que el país asiático pueda mantener su estrategia de desarrollo indefinidamente. Ante esta situación, no es una casualidad que tras la crisis en 2008 China haya aumentado sus esfuerzos para exportar sus excedentes de ahorro hacia América Latina y África. En la medida que las exportaciones de capital equivalen a una importación de demanda

de otros países, este mecanismo representa un intento de última instancia para mantener el crecimiento económico y de empleo asociado con las exportaciones a costa del sector productivo de estos otros. Así, el rebalanceo que debe ocurrir en la economía China, de la misma forma que tuvo lugar en Corea del Sur y Japón, será a través de una combinación de reducción de la tasa de crecimiento económico, reducción del ritmo de crecimiento del empleo y, más importante aún, una mejora significativa de los términos de intercambio del país. Debido a que las políticas de transferencia de ingresos de hogares al sector productivo exportador están orientadas a la constitución de un sector manufacturero competitivo que permita retener el valor agregado generado por la economía, es lógico que una vez se alcanza este objetivo y se agotan las posibilidades iniciales del modelo de desarrollo cambien las condiciones de vida de la población. En este punto es importante dejar en claro que una reducción en el crecimiento económico no necesariamente se traduce en un deterioro de las condiciones de vida de los hogares. En realidad sucede lo contrario. Toda vez que el cambio de modelo implica inevitablemente el abandono de las políticas de transferencia de ingresos, la desaceleración en el crecimiento de la economía y el empleo se ve compensada por una mejora en los ingresos reales de los hogares. Los ejemplos históricos muestran que medidas tales como el incremento de los salarios, mejoras en la red de seguridad social y de los términos de intercambio de la economía, son todos elementos que tienen lugar y permiten el desarrollo de un mercado interno una vez ha sido establecida una base manufacturera exportadora. Y lo que es más importante aún, son elementos absolutamente necesarios para mantener el apoyo político de la población por medio de la consolidación de una clase media con creciente capacidad adquisitiva, en un contexto marcado por el estancamiento en el crecimiento del empleo. Este es el proceso por el que China, aun de manera renuente, debe atravesar en los próximos años. Visto desde esta perspectiva, la transformación del modelo de desarrollo de China posee profundas implicaciones para América Latina, las cuales pueden ser desagregadas en tres grupos: su impacto sobre los precios de las materias primas y, por definición, sobre los términos de intercambio de América Latina; su impacto sobre los ingresos reales de la población, y su impacto sobre los ingresos fiscales y la estrategia de desarrollo de los países en la región. Estos elementos serán explorados en artículo que aparecerá en el próximo número de Izquierda.

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Los movimientos campesinos y la agudización de las luchas sociales
José Honorio Martínez
Profesor Departamento de Ciencia Política Universidad Nacional de Colombia

Luchas populares

urante los primeros meses de 2013 se manifestaron en el país diversos conflictos sociales: huelga de trabajadores en el Cerrejón, paro nacional cafetero y cacaotero, movimientos en defensa del territorio contra proyectos hidroeléctricos y mineros1 y la continuación de las luchas del movimiento agrario en pro de un sistema de Zonas de Reserva Campesina. En el conjunto de estos conflictos hubo dos focos de especial atención, el problema del café y el problema del territorio, sobre ellos se centrará el análisis del presente artículo.

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De los cafetales a las carreteras
El paro cafetero, en el que se movilizaron más de cien mil manifestantes durante doce días, representó un gran cuestionamiento a la política neoliberal, demostrando que sectores sociales, relativamente integrados al frágil consenso que sostiene al Estado colombiano tienden a impugnar con mayor radicalidad el orden político vigente. Los caficultores plantearon que la cosecha del grano se ha reducido ostensiblemente porque los precios vigentes no permiten recuperar siquiera los costos de producción. En el curso del último año, la especulación con los commoditys agrarios ha llevado el precio a una baja
1 El 14 y 16 de marzo se desarrollaron movilizaciones en contra de la construcción de represas en el Quimbo (Huila) e Ituango (Antioquia). Ver: Katalina Vasquez, “Hambre en el río de los millones”, Página 12, abril 1 de 2013. Disponible en: http://www. pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-217054-2013-04-01.html

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sustantiva 2, que desalienta la producción de un bien, cuya cosecha ha tenido una dramática caída de doce a siete millones de sacos entre 2008 y 2011. A pesar de la reducción de la producción cafetera mundial3, los precios no encuentran mejoría, contradiciendo el credo neoliberal y resaltando que los factores que inciden en la determinación de los precios superan “el libre juego de oferta y demanda”. La cantidad de tierras que salen de la producción para engrosar la concentración rentística y especulativa, los embargos hipotecarios a los caficultores, los jornales y empleos que dejan de generarse, la reducción de los ingresos para los trabajadores agrícolas y la pauperización generalizada de las regiones que derivan su dinamismo económico del café son, entre otras, las consecuencias más notables del declive de la economía cafetera. La bursatilización del café ha conseguido la eliminación de los beneficios para los productores; contrariamente, continúa dando grandes ganancias a los comerciantes, intermediarios y especuladores. La política de liberalización, que ha dado grandes dividendos a los monopolios agroalimentarios, a los rentistas de la tierra, a la tecnocracia del café (Federación Nacional de Cafeteros4) y a los especuladores de la bolsa, ha acabado por resultar infame para los caficultores. El proceso de pauperización está llevando a los caficultores a radicalizar sus posiciones frente a la política gubernamental y al Estado. Si las condiciones para la reproducción de su existencia ni siquiera pueden ser aseguradas por quienes los explotan, solamente les queda el camino de la protesta social. En el conflicto cafetero salieron a relucir “en carne viva” las contradicciones del capitalismo y los antagonismos de clase: ¿es consistente que un sistema que promueve la creación de riqueza y el lucro, desaliente la fuente de ellas que es la producción? Cuando
2 Javier García, “Precios bajos por especulación mantienen en zozobra a los productores cafetaleros”, Jornada, enero 11 de 2013. Disponible en: http://www.jornadaveracruz.com.mx/Nota.aspx?ID=130111_085244_80 3 Según la Organización Internacional del Café, entre 2011 y 2012 hubo un descenso de 2,3% en la producción mundial de café. Ver: “Pronósticos señalan que caerá producción mundial de café”, Portafolio, julio 9 de 2012. 4 De forma acertada Fernando Dorado sostiene que: “La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia es una institución paquidérmica, de tipo “corporativo”, controlada por el gobierno, alejada de los intereses de los caficultores, burocratizada y clientelizada, que requiere de una transformación democrática para ser puesta al servicio de los intereses de las amplias mayorías de productores”. “El paro cafetero: una rebelión cívico-popular”, Alainet, Marzo 14 de 2013.
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más de medio millón de familias caficultoras denuncian la brutalidad de la política económica en curso, no hacen otra cosa que confrontar las decisiones de las clases que las someten; cuando miles de manifestantes deciden bloquear las carreteras y desobedecen las ordenes policiales de desalojo es notorio que la legitimidad del Estado está cuestionada. La capacidad de movilización y la convicción de los caficultores derrotaron la política represiva con la que se trató de disolver la protesta y torcieron el brazo del gobierno, obligándolo a atender y ceder ante sus exigencias. El carácter coyuntural de la solución ofrecida por el gobierno5, consistente en los “contratos de protección de precio”, aplacará transitoriamente el descontento popular, sin embargo, mantendrá latente un conflicto que reclama salidas estructurales que afectan al conjunto de la política económica y que, como el resto de los conflictos sociales acaecidos, sitúan el debate en la necesidad de modificar a fondo el modelo económico. Lo acaecido con el movimiento cafetero es solamente una muestra de lo que le espera al país en los próximos meses y años, pues las funestas consecuencias sociales de las políticas neoliberales, profundizadas con los tratados de libre comercio, se acumulan y acrecientan.

Las comunidades campesinas contra los megaproyectos
Colombia es un país sobreofertado en materia eléctrica6; sin embargo, en la agenda gubernamental ocupan un lugar privilegiado los grandes proyectos eléctricos que causan grandes desastres sociales y ecológicos. Proyectos como Hidroituango, Hidrosogamoso e Hidroquimbo implican el desplazamiento de cientos de comunidades campesinas y la destrucción de sus formas de sustento, la degradación de arterias hídricas y fluviales estratégicas, como son los ríos Cauca y Magdalena, el arrasamiento de miles de hectáreas forestales y de especies que allí habitan y el sometimiento del Estado ante los intereses corporativos que aseguran sus ganancias por medio de un sistema tarifario oligopólico.
5 El único acuerdo concreto fue en relación al precio, el movimiento cafetero exigía un precio de sustentación de $700.000 por carga. Al final de las negociaciones se acordó un apoyo para la Protección del Ingreso Cafetero (PIC) que consiste en un valor de $145.000 por carga de 125 kg sobre el precio publicado por la Federación Nacional de Cafeteros. 6 A 31 de diciembre de 2011 había una capacidad instalada de 14.629 megavatios (MW) de energía, sin embargo la demanda máxima del país fue de 9.295 MW. Ver: Olimpo Cárdenas, “La energía eléctrica, depredación y desigualdad en Colombia”, Revista Cepa No.15 2012.

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Las Zonas de Reserva Campesina pasaron de ser un mecanismo jurídico a convertirse en el instrumento político fundamental del campesinado en la actual disputa por el territorio. Hasta el presente se encuentran constituidas y en curso de formalización 23 ZRC; adicionalmente, 40 comunidades campesinas están exigiendo constituirse en tales.

Una situación similar acontece con el auge de los megaproyectos mineros: casos como los del Páramo de Santurbán, La Colosa y Marmato son muestra de la política minera que ha entregado a las compañías transnacionales gran parte del territorio nacional para la extracción de minerales. El empeño del Estado colombiano en imponer violentamente los megaproyectos minero-energéticos de las transnacionales, reafirma a Marx cuando afirma que “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza”7. ¿Por qué tanto empeño en llevar adelante proyectos que son a todas luces antipopulares? La resistencia popular contra los megaproyectos minero-energéticos expresa el rechazo colectivo de las comunidades campesinas ante los modelos de desarrollo que destruyen las bases ecosistémicas de su sustento. Tal rechazo ha dado lugar a una serie de procesos organizativos en el transcurso de los cuales se han arraigado y afirmado intereses comunes, constatando la necesidad de la lucha por la apropiación del territorio y los recursos naturales.

Protesta con propuesta: las Zonas de Reserva Campesina
Luego de transitar un largo que camino que pasó por la elaboración de diagnósticos, análisis, encuentros, y numerosas protestas, el movimiento agrario reunido en el tercer Encuentro de Zonas de Reserva Campesina (ZRC) ha convergido en proponer que la conformación de un sistema de ZRC8, definidas en la ley 60 de 1994, constituye en este momento

7 Carlos Marx, El Capital. Crítica de la economía política, Tomo 1, Fondo de Cultura Económica, México 2001, p. 646. 8 ANZORC, “Propuesta política y programática para una reforma agraria integral, el reconocimiento de los derechos de los campesinos y la paz con justicia social”, San Vicente del Caguán, marzo 23 de 2013. Disponible en: http://www. prensarural.org/spip/spip.php?article10505
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la alternativa más viable para dar salida a los numerosos problemas del campesinado colombiano. Para el movimiento agrario, las zonas de reserva representan la forma más consistente para dar sustento a la economía campesina y protegerla ante la voracidad de los monopolios agroindustriales, garantizar la participación política del campesinado, frenar la concentración de la tierra y la expansión de la frontera agrícola, y proteger los recursos naturales y el territorio. Las ZRC pasaron de ser un mecanismo jurídico a convertirse en el instrumento político fundamental del campesinado en la actual disputa por el territorio. Hasta el presente se encuentran constituidas y en curso de formalización 23 ZRC; adicionalmente, 40 comunidades campesinas están exigiendo constituirse en tales9. La decisión con la
9 Camilo González Posso, “Las Zonas de Reserva Campesina ya existen”, marzo 19 de 2013. Dis-

que el campesinado ha acogido la iniciativa de las zonas de reserva denota el gran valor que esta figura tiene en la mediación de sus intereses. La convergencia del movimiento campesino en torno a las ZRC revive el histórico reclamo de reconocimiento del campesinado, para situarlo como un actor político protagónico en el debate público nacional. En la medida que las ZRC se han convertido en la principal bandera de lucha del movimiento campesino, los señalamientos de los latifundistas no se han hecho esperar. Para el presidente de Fedegan, José Félix Lafaurie, las ZRC son “republiquetas independientes” controladas por las FARC. La demonización, propio de la época del macartismo, revela el profundo temor de la

ponible en: http://www.prensarural.org/spip/spip. php?article10455

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clase terrateniente frente a reformas que les signifiquen perder el control de tierras, peones, votos y microestados. Por su parte, el gobierno, que ha acompañado la discusión del movimiento campesino con el objetivo de ganar respaldo para el programa de las Zonas de consolidación territorial, la iniciativa de las Zonas de desarrollo empresarial y la campaña reeleccionista del presidente, ha tendido en los últimos días a recular en sus planteamientos sobre las ZRC para acercarse a las posiciones de los sectores reaccionarios10.

Finalmente
El incremento de la inconformidad popular ante las políticas agrarias y minero-energéticas marca la agudización de las luchas sociales en Colombia. La reivindicación del territorio planteada por el movimiento campesino ocupa el centro de la disputa con el gobierno. A esta reivindicación se opondrán desde luego el capital trasnacional, interesado en consolidar sus megaproyectos, y la clase terrateniente contraria por naturaleza a cualquier reforma que beneficie al movimiento agrario. La agudización de esta disputa se lleva a cabo en una coyuntura muy particular, ya que se desenvuelven diálogos de paz entre el gobierno y las FARC-EP y se aproxima una fase preelectoral. La disposición de unidad y movilización del campesinado, las comunidades rurales y los sectores populares hace prever que con la intensificación de las luchas populares vendrán cambios favorables para los desposeídos.

10 Ver: Luis Celis, “La embarrada del Ministro de Agricultura”, Arco Iris, Marzo 15 de 2013.
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Estéticas de la resistencia: Jóvenes y territorio
Juan Camilo Díaz M.
Filósofo Candidato a Magister en Historia Universidad Nacional de Colombia

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“You may say I'm a dreamer But I'm not the only one I hope someday you'll join us And the world will live as one”

maginar. Caminar, conocer, encontrarse con los otros en un lugar y comenzar desde allí a tejer relaciones, amistades, conocimientos, proyectos, sueños y, por qué no, “otros mundos posibles”. Pequeñas narrativas que se enfrentan a los grandes discursos públicos que se promueven desde las instituciones del Estado y los grandes medios de comunicación; historias que se configuran en la acción cotidiana de actores “invisibles”, de actores que se niegan a ser parte de las dinámicas del mercado y cambian sus formas de actuar y de comprender el mundo a través de pequeños tejidos colectivos. Movimientos que cambian poco a poco las dinámicas sociales, culturales e históricas de un territorio ‒formas de organización que se encuentran determinadas por lo cotidiano‒ y que crean nuevas narrativas a través de la mezcla de procesos de resistencia originados en lo rural y en lo urbano de los territorios: una minga, el mambeo, la defensa de la Pacha Mama, espacios del diálogo y la no-violencia; nuevas dinámicas urbanas como el grafiti, la marcha carnavalesca, la toma de espacios culturales, los cine-foros, la educación
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Jhon Lennon - Imagine

1 Ver, http://www.lafogata.org/zibechi/zibechi6.htm 2 Cf. James Scott, Los dominados y el arte de la resistencia, Ediciones ERA, México: 2004, p. 32.
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popular en barrios, los clubes de ciencia, las escuelas de formación política, la agremiación de estudiantes, etc., en palabras de Raúl Zibechi: “...las formas de resistencia y de construir mundos nuevos que se arraigaron en zonas rurales, están comenzando a instalarse con fuerza inusitada en algunas grandes ciudades. Es la primera vez que en las metrópolis, corazón del capital y de la dominación, los de abajo son capaces de abrir espacios autónomos desde los que resisten al sistema, lo desafían y en los que construyen mundos nuevos.” 1 Espacios de mezcla entre lo local y global, lugares que crean nuevos significados y narrativas para comprender y construir un mundo diferente, estéticas de la resistencia: discursos colectivos que se vuelven relevantes gracias a que comparten una posición de clase, o mejor aún, a que se tejen a través de lazos sociales comunes2. En esos espacios de encuentro, mezcla y tejido aparecen los jóvenes como sujetos históricos y sociales heterogéneos, quienes desde sus experiencias y cotidianeidades generan diversas formas de pensar el mundo. Sujetos que no son pasivos o negativos para la sociedad, como en algún tiempo se les quiso ver, sino que, por el contrario, su rebeldía o resistencia a ser parte de una serie de dinámicas y de control impuestas desde el Estado y los poderes económicos se convierten en su mejor cualidad. Los jóvenes generan desde su propia subjetividad, individual o colectiva, procesos sociales que responden a las crisis políticas que las instituciones no pueden resolver, pero, a su vez, formas diversas de expresarse como ciudadanos. La juventud, aparece así como un tejido social en el que se presentan formas de representación, apropiación y comunicación múltiples de sus esperanzas, miedos, ideas, sueños, y, lo más importante, acciones

que buscan transformar el mundo3. Estas acciones ya no se encuentran tan lejanas del territorio y no se enmarcan únicamente en la puesta en escena de identidades simbolizadas bajo el adjetivo de “tribus urbanas” o “pandillas”; por el contrario, los jóvenes tejen hoy en día sus relaciones sociales a través de la comprensión del territorio que habitan y en el cual se configuran como sujetos de manera cotidiana: es allí, en su barrio, colegio, pueblo, ciudad o vereda, en donde salen a buscar a sus parceros para armar un parche, a buscar sus compas para armar su colectivo. Se reúnen en salones comunales, humedales, parques, en alguna esquina para rayar, o en una biblioteca. Otros deciden salir a caminar el territorio, suben los cerros buscando huellas, algunos rompen el baile tradicional con sus pasos, mientras del otro

3 Cf. Rossana Reguillo Cruz, Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto, Editorial Norma, 2000.

lado de la ciudad unos “mechudos” vestidos de negro hacen un programa en una radio virtual. Todos sueñan, al igual que aquellos que se reúnen por iniciativa propia para iniciar un pre-universitario popular, entre tanto, otro grupo organiza de manera muy espiritual la Revolución de la Cuchara y algunos fomentan la formación de jóvenes críticos a través de charlas y mesas por la paz. Las calles se llenan de símbolos y representaciones estéticas de la resistencia: Feel, Bla, Cazucarte. En las veredas, junto al río Bogotá, otro grupo está En la Juega por la recuperación de unos viejos y olvidados espacios culturales. La autopista es un paso más de viajeros, cuando las cotidianeidades que se viven en el territorio son diversas y configuran de manera diferente los lugares que a simple vista observamos cuando pasamos por ella. Soacha es una noticia violenta llena de dolor y madres llorando cuando los medios de comunicación consideran que vende

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http://www.ciase.org/boletinsfd.shtml?s=z&m=7

más el llanto de una familia que las acciones llenas de imaginación de un grupo de jóvenes que prefiere re-significar el territorio y, a través de sus acciones, comenzarlo a llamar Suacha. Las acciones juveniles, en muchos casos, y en especial del que me convoca, las de los jóvenes de Suacha, emergen como estéticas de la resistencia. Estéticas, porque no sólo hablan de sus formas de expresarse y representarse ante el mundo, sino que también estas formas aparecen como potenciadoras de la vida, es decir, generan lazos, sentimientos e ideas que pretenden transformar su entorno, son acciones políticas envueltas en narrativas innovadoras. Pero, además, porque convergen en dos aspectos importantes: el primero, su situación cotidiana y, el segundo, su contexto. De la resistencia, porque se oponen a la cultura dominante, porque se niegan a entrar en las incertidumbres del mercado y de la política tradicional, porque retomando a Ulrich Beck: “A la juventud la conmueve aquello que la política, en gran parte excluye…” La destrucción del medio ambiente, la desocupación, la violencia, etc.

“Estéticas de la resistencia”, es decir, representaciones o narrativas que usan los jóvenes para potenciar sus vidas e identidades, pero, lo que es más importante aún, para romper con los paradigmas tradicionales e invitarnos a pensar e imaginar “otro mundo posible”.
la vida, comienzan a configurar y reconfigurar esos espacios que la política dominante excluye de sus planes de gobierno. Comienzan a pensar la ciudad y sus efectos a través de otros modos de vida, pero sobre todo a través de la relación hombre y naturaleza, recuperan saberes ancestrales y los comparten con los otros. Siembran para agradecer a la tierra, siembran vida y no moles de concreto, resignifican el uso y sentido de los recursos naturales.

Sábado 8:00 a.m.
Un grupo de jóvenes se reúne en un cuerpo de agua llamado Humedal del Neuta, convocados por la madre tierra, siembran chacras de tabaco, maíz, frijoles, y preservan semillas originarias. Aunque la comunidad de los barrios aledaños ha convivido con este cuerpo de agua, pocos han sido los interesados en preservarlo, algunos miran escépticos el trabajo que realizan estos jóvenes; otros los ayudan con la preparación de una olla comunitaria, un sancocho de solidaridades, encuentros y tejidos. De una vieja casa sacan una balsa hecha en guadua, están decididos a tomarse el Humedal y comenzar a configurar lo que ellos denominan “Aula Ambiental Intercultural del Neuta”, para esto realizan jornadas de limpieza, siembra y, sobre todo, aperturas del espejo de agua: allí alrededor de este recurso natural que simboliza
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Sábado 3:00 p.m.
Otro grupo de jóvenes se reúne en la Vereda El Charquito del Municipio de Suacha. En su
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recorrido tuvieron que pasar por las contaminadas aguas del río Bogotá, pero no importa, todos están “En la Juega”, como dice Jorge, uno de los líderes del proyecto de la recuperación de espacios culturales. Junto a la que fuera la primera planta generadora de energía eléctrica para la capital se encuentran unas viejas casas abandonadas y un viejo teatro; para Jorge, es importante comenzar a recuperar estos lugares y generar a través de la cultura y las expresiones artísticas espacios donde la niñez y la juventud puedan expresarse y potenciar su vida. El agua aparece otra vez como recurso articulador; no sólo es la contaminación del río, sino también la recuperación de un cuerpo de agua lo que confluye entre sus intereses, todos están de acuerdo en que la vereda de El Charquito representa histórica, social
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y culturalmente un lugar para emprender nuevas formas de configuración del territorio. De manera paralela se reúne en la única Biblioteca Pública del municipio un grupo de jóvenes que sueñan con entrar en la Universidad Nacional. Suacha Preuniversitaria es un tejido de solidaridades en el que se comparten conocimientos y saberes de manera libre y sin ningún interés económico: educación popular y solidaria.

Lunes 7:00 a.m.
Un grupo de estudiantes de la I.E. San Mateo se reúne en el Parque Principal del municipio para iniciar desde allí una caminata hasta los cerros de Canoas Gómez. El recorrido está guiado por un colectivo de jóvenes que se denomina, Suacha: Memoria, Identidad y Territorio. El objetivo es

http://www.flickr.com/photos/78745438@N06/7211788848/

reconocer los lugares de memoria del municipio, van tras las huellas que dejaron los antiguos habitantes de la ciudad del Dios Varón, huellas ancestrales que nos convocan a pensar la relación de los mismos con su entorno natural. Los integrantes del colectivo hablan de reconocer el territorio y a través de este reconocimiento generar herramientas pedagógicas que permitan crear un sentido de pertenencia con la ciudad que habitan. A través de esto generan cartografías sociales e invitan a los jóvenes a pensar sobre sus recursos naturales, medio ambiente y patrimonio; en los recorridos han logrado identificar los conflictos que se presenta en torno a estos momentos y promueven la necesidad de planear desde la visión de las comunidades y todos sus actores sociales un ordenamiento del territorio diferente al que les ha legado el desarrollo.

***
He querido destacar estos proyectos, no porque sean los únicos; alrededor de ellos confluyen otro tipo de expresiones, como el arte urbano, la participación política y la educación. Ellas constituyen otras formas de representación diversas que se entretejen en un solo objetivo, pensar y habitar el territorio de una manera diferente, y que, al mismo tiempo, demuestran como los jóvenes generan a través de sus acciones otra clase de ciudadanías y narrativas sociales, una ciudadanía que se conecta más con su espacio y tiempo y que les permite configurarse como sujetos históricos, políticos y culturales a través de acciones que van más allá de la simple manifestación o queja, recobrando el poder de la imaginación para reflejar lo que he llamado “estéticas de la resistencia”, es decir, representaciones o narrativas que usan los jóvenes para potenciar sus vidas e identidades, pero, lo que es más importante aún, para romper con los paradigmas tradicionales e invitarnos a pensar e imaginar “otro mundo posible”.

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http://www.telesurtv.net/

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Gran marcha nacional y patriótica del 9 de abril

¡A la carga!
jenos a las auténticas necesidades del pueblo colombiano en materia de paz, democracia con justicia social y de avances reales en los diálogos de La Habana, los personeros del régimen airean ante la opinión sus intrascendentes e inicuas veleidades como si se tratara en verdad de profundas contradicciones, disimulando el propósito real de torpedear los diálogos de paz y sustraerles legitimidad y apoyo. Todo hace parte de los movimientos de apertura de la campaña para las elecciones de 2014, en las que la postura frente a la reelección de Santos se convierte en punto de referencia y alineación. Los jugadores buscan asegurar sus posiciones y despojar al proceso de diálogo de su trascendencia para que entre a hacer parte del inventario de recursos demagógicos de la politiquería. Pastrana niega que los diálogos respondan a un mandato popular ‒ como si la búsqueda de la paz no constituyera obligación constitucional y un impositivo ético y político prioritario‒, mientras que Uribe se desgarra las vestiduras porque su sueño de aniquilamiento a sangre y fuego de la insurgencia armada no se ve hecho realidad, pese a los esfuerzos de quienes desde el interior del Estado y de la Fuerzas Armadas hacen todo lo posible por lograrlo. Compiten los dos en demostrar cuál de las dos administraciones que presidieron fue más eficaz en la obstaculización de una salida verdaderamente democrática del conflicto: si la del Caguán y el Plan Colombia o la de la “seguridad democrática” y la confianza inversionista. Y esta discusión ‒en verdad, obscena, dadas las circunstancias en las que se tramita‒ encuentra eco y es comentada una y otra vez por los medios de comunicación obsecuentes, mientras que se tergiversan groseramente propuestas presentadas ante la Mesa de diálogo, como ocurre en el caso de las zonas de reserva campesina, verdaderos logros democráticos de los trabajadores del campo colombiano en su lucha por la tierra, la defensa de la vida, la soberanía alimentaria y la paz, a las cuales, dicen los medios, las FARC pretenden convertir en “republiquetas independientes”
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Jesús Gualdrón

Editorial

DATOS IMÁGENES Las imágenes presentadas en este número fueron tomadas de las fuentes indicadas en cada pie de foto. *Bandera:
http://nuevomundocomunicaciones.blogspot.com/ Movice eventos desaparecidos

*Página actual:
http://www.marchapatriotica.org

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por fuera del marco legal constitucional. Mucho nos tememos que detrás de semejante campaña se esconde el propósito de ir generando desde ahora “pretextos válidos” para una nueva etapa de violencia estatal-militarista, si es que de La Habana llegara en el futuro un barco cargado de paz. El expediente ya ha sido utilizado, como seguramente todos lo recuerdan. ¿Qué, entonces, de las garantías que deberían rodear a quienes se acojan a un hipotético proceso de paz? ¿Correrán la misma suerte de los militantes de la Unión Patriótica y de otras fuerzas de izquierda que surgieron en los años 80 como resultado de negociaciones de paz de la insurgencia armada con los gobiernos de la época? ¿Y qué, entonces, de los derechos y garantías de los millones de víctimas del terrorismo de Estado y de la criminalidad paramilitar, que no acaban? En efecto, siguen llegando sin cesar los comunicados de las organizaciones populares sobre los crímenes de que son víctimas los luchadores populares, crímenes que en lo fundamental permanecen impunes:
El 26 de marzo fue hallado el cuerpo sin vida de José Alonso Lozano Rojas, presidente de la Asociación de Trabajadores Campesinos de la región del río Guaviare - ASOCATRAGUA, afiliada a la Mesa de Unidad Cívica, Agraria y Popular del Oriente colombiano - MUCAPOC, miembro activo de la Fundación para la Defensa de los Derechos Humanos del Oriente Colombiano - DHOC, e integrante del movimiento político y social MARCHA PATRIÓTICA. José Alonso había sido desaparecido el día 24 de marzo de 2013 en jurisdicción del Municipio de Mapiripán (Meta), mientras se trasladaba a su domicilio luego de participar en la ciudad de Villavicencio en la Asamblea General de MUCAPOC y DHOC, en desarrollo de planes organizativos y sociales.

Tanto más urgente se torna, en consecuencia, la movilización popular, y tanto más necesario promover una gran manifestación nacional de apoyo a la búsqueda de la paz democrática y de rebeldía contra el modelo antisocial que el bloque de poder sigue implementando. ¡Y que sea precisamente el 9 de abril, cuando se cumplen 65 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán! ¡Gaitán ‒a quien las elites dominantes han pretendido convertir en pieza de museo‒ de nuevo en las calles, encabezando la protesta popular, clamando con decisión ‒sin rodeos ni cortapisas‒ por la unidad popular contra las oligarquías, que hoy como ayer sacan ventaja de la fragmentación de los de abajo, y exigiendo con voz rotunda y valerosa la paz para Colombia y la democracia para todos sus habitantes!
Nº 32, Abril de 2013 · Bogotá, Colombia Editorial
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