You are on page 1of 155

FREDRIC BROWN

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

E

T

I

Q

U

E

T

A

N

E

G

R

A

JU C A R

FREDRIC BROWN

2

Colección dirigida por PACO IGNACIO

TAIBO

Título original: Night ofthe Jabberwock Traducción: S. I. González Cubierta: Juan Cueto y Silverio Cañada Ilustración de cubierta: Montaje realizado a partir de las ilustraciones de John Tenniel para la edición original de Alicia en el País de las Maravillas Primera edición: octubre de 1987

II

® 1950 by Fredric Brown ® de esta edición, Ediciones Júcar, 1987 Fernández de los Ríos, 20. 28015 Madrid. Alto Atocha, 1. Gijón I.S.B.N.: 84-334-3657-0 Depósito Legal: B. 37.502 - 1987 Compuesto en AZ Fotocomposición S. Coop. Ltda. Impreso en Romanyá/Valls. C/. Verdaguer, 1. Capellades (Barcelona)
Printed in Spain

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

FREDRIC BROWN

3

NOTA
Brown, nacido en 1906, es uno de los más prolíficos autores de litera tura popular norteamericana. Su obra se mantiene en niveles de dianía, me que se rompen de vez en cuando con una novela excepcional, tanto en la cienciaficción (Marciano, vete a casa), como en el policia co (The screaming Mimi The far cry y sobre todo La noche a través del espejo,en un claro homenaje a la obra de Lewis Carroll. Con un comienzo espectacular en el género policiaco, donde gana el Edgar por The fabulous Clipjoint Brown, alternando con novelas de primera calidad, produce en el género policiaco una serie protago nizada por un par de detectives, Ambrose Huntery su sobrino Ed, que goza de un inmerecido éxito entre los lectores. Algunas de sus obras han sido editadas en España aisladas entre sí, y en México la fenecida colección «Caimán» le publicó dos docenas de libros haciéndolo muy popular entre los lectores de Latinoamérica. La noche a través del espejo, que es una aportación a nuestra lección co del crítico catalán Javier Coma, ha sido considerada por na bue parte de la crítica norteamericana y francesa como la obra mayor de este autor. Jean Fierre Deloux ha dicho de ella: «La noche a través del espe jo, que une la novela criminal a lo fantástico, ocupa un puesto total mente aparte en la literatura policiaca. Incluso a pesar de los muymerosos nu escritos fantásticos y narraciones de F.B., a esta novela puede considerársela su obra maestra. Aparece en el conjunto de la obra de Brown como un enigma singular y extraño aunque el autor haya ofre cido algunas claves refiriéndose a Charles Ford y Carroll». Brown, alcohólico impenitente, se retiró en 1963 y murió nueve años después en Arizona.
PIT II

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

porque rara vez tomaba nada antes LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Entonces. así que me suministré una buena dosis. pero de todos modos nunca había ninguna. que esperaría hasta llegar a Smiley's. así que Pete no tendría que recomponer nada. Claro que no contaba ninguna novedad. En mi sueño estaba en medio de la calle Oak y era una noche muy oscura. Doc. —me dijo— solo tienes que cortar dos líneas de este último y acabamos. aunque estaba como un poco ido por haber estado dormitando mientras Pete se dedicaba a componer aquella última prueba. mirando a Pete por encima del hombro. sintiéndome mejor. Se fue hacia la linotipia. y los desliagilosos tovas girorroscaban y cernían por la vaguaba: mimosérrimos estaban los borogovos. Le pregunté a Pete si quería un sorbo y me dijo que no. —Doc. Y había estado bastante seguro al invitar a Pete. Decidí que aquello merecía un trago. plegando las alas y poniendo los músculos en tensión. el Carmel City Clarion estaba listo para imprenta temprano. la cerró. como había esperado poder hacer. La botella que tenía en el escritorio contenía bastante whisky para un buen trago o para dos cortos. —decía— despierta. Se arrastraba por el empedrado. Y no eran más de las seis y media y aún no estaba oscuro en la calle.FREDRIC BROWN 4 CAPÍTULO UNO Estaba rabríante. Y estaba empezando a atardecer en lugar de ser noche oscura. aquí y ahora. asombrosamente. por una vez. —Ya acabamos. Una mano —no era la mano de un Jabberwock— me sacudía el hombro. y al punto todo se quedó tranquilo. Doc. me habló. Cogí el lápiz azul y taché dos líneas. Me levanté y me estiré. solamente un pálido rayo de luna destellaba en la hoja de la enorme espada con la que hacía molinetes por encima de la cabeza mientras el Jabberwock se acercaba reptando. Me puso delante una galerada a la que solamente le sobraba una línea de tipos. preparándose para abalanzarse rápida y definitivamente. las uñas de sus garras repiqueteaban en las piedras como lo hacen los tipos sobre el rayado de la linotipia. Pete me sonreía. y resultaron ser una frase completa. Temprano. que todavía no. y estaba sentado en la silla giratoria ante mi escritorio destartalado. Por una vez. tan tranquilo que podía oír como goteaba el grifo del rincón más lejano. Las farolas estaban apagadas. Habíamos acabado varias horas antes de lo habitual. por un sólo jueves. y los razas de momio barrimullaban.

La bebida hizo el efecto de calentarme el estómago justo por debajo del cinturón mientras me acercaba. yo nunca he tenido conciencia como Miles Harrison. Era una forma de hablar. —Pon en marcha las prensas —le dije. hacia la ventana que estaba junto a la linotipia. Y no es precisamente de gran tirada. un rato al menos. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . El Clarion es un semanario que sale los viernes. Doc. Pete estaba preparando la última línea de tipos de la caja de la primera página. entra bien. y normalmente. porque. no se habría parado a tomar aquella cerveza.FREDRIC BROWN 5 de haber terminado la jornada. Detrás de mi. Creo que lo habría hecho. Pete siempre hace eso también. Pete todavía tenía por delante al menos una hora con las máquinas. y las de poca importancia pasan desapercibidas en Carmel City. no me lo pregunté entonces. aunque yo rara vez hago otra cosa que echarles una ojeada. lo dejamos acostadito los jueves por la tarde y Pete lo saca de las prensas el viernes por la mañana. cuando ha terminado de cerrar la edición. Y aunque mi parte del trabajo ya estaba acabada. mirando. Y ni siquiera iba a funcionar hasta la mañana siguiente. y además no bebo cuando estoy de servicio. caminando despacio. —Claro —le dije. Hemos terminado. Pete me preguntó: —¿Vas a ir hasta Smiley's? Era una pregunta tonta. si hubiese sabido que iba a estar muerto antes de medianoche. a la vez que contemplaba el quedo crepúsculo. pero no es prueba de nada porque yo lo habría hecho de todos modos. Me dijo: —De acuerdo. Se que yo lo habría hecho. Había estado soñando ¿qué había estado soñando? En la acera de enfrente Miles Harrison dudaba delante de la taberna de Smiley como si le tentase el pensamiento de una buena jarra de cerveza fresca. claro. siempre me llego hasta Smiley's los jueves por la tarde. La cerveza tendrá que esperar». Casi podía decir cómo le trabajaba el pensamiento: «No. Pete es demasiado buen tipógrafo corno para que yo sea capaz de apreciar erratas gordas. Me pregunto ahora. soy el alguacil del condado de Carmel y todavía tengo trabajo que hacer esta noche. naturalmente. Pete viene también. porque era una Miehle vertical con pistón y funcionaba de arriba a bajo. —Entonces te llevaré las pruebas ajustadas —dijo Pete. No había más que una prensa y ni siquiera era giratoria. debe haber ganado su conciencia porque ha seguido caminando. Las luces de Oak Street se encendieron como en un destello mientras estaba allí de pie. Sí. si.

y que no os engañe aquella siestecilla. A mí siempre me pareció un procedimiento estúpido. salía ahora de Smiley's pero demasiado pronto incluso para poder haberse tomado un trago a toda prisa. Y durante algunos meses del año. En un pueblo todo el mundo lo sabe todo. y tener en perspectiva un intenso plan de campaña de no hacer absolutamente nada durante el resto de la tarde. Había juzgado mal a Miles Harrison. Doc. Dije «Hasta luego. ya que era el alguacil. —Tómate un trago conmigo. el presidente del Banco de Carmel City. y estaba abriendo una cajetilla de tabaco. y Bonney podía muy bien recogerla junto con la cantidad correspondiente a la nómina del turno de día y guardarla en la oficina. Ya sabes. pensé. y me puse la chaqueta del traje y el sombrero. Miles. había estado trabajando. y tomó el rumbo adecuado. lo sabía. Pero luego tengo trabajo. pero aún faltan unas horas para eso. después del duro trabajo del jueves. Se iba en coche todos los jueves por la noche hasta Neilsville donde le abrían el banco para darle el efectivo correspondiente a la nómina del turno de noche. Me vio y me saludó con la mano.FREDRIC BROWN 6 Yo ya estaba libre y Smiley's me esperaba. ayudado además por unos cuantos tragos. así que tenía las cuentas en Neislville. Hacían fuegos artificiales. Pete». y bajé las escaleras saliendo a la cálida tarde de verano. que se vendían en todo el país. así tendrá alguien con quien beber. Miles Harrison. Bien. pero por alguna causa no tenía ninguna prisa por marcharme. Claro. se dio la vuelta. que estaba justo a las afueras de Carmel City. Me aparté de la ventana. como a una docena de pasos más allá de Smiley's se detuvo. Y Ralph Bonney tenía alguna cosa contra Clyde Andrews. tengo que ir con Ralph Bonney hasta Neilsville a buscar la nómina. Ralph Bonney era el dueño de la Compañía Pirotécnica Bonney. trabajaban en turnos de noche y de día para poder atender los pedidos del cuatro de julio. porque la nómina del turno de noche no ascendía a más de un par de miles de dólares. mayormente cohetes enormes para las ferias y los desfiles municipales. Miles Harrison. siempre le acompañaba en calidad de escolta. pero así era como hacía las cosas. justo hasta el primero de julio. Sacudió la cabeza lamentándose: —Me gustaría poder hacerlo. esperando a la puerta de Smiley's para encender un cigarrillo mientras yo cruzaba la calle. estar allí de pie contemplando la calle tranquila y el crepúsculo apagándose. Y un trago no LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Era agradable. Le dije: —Claro. Miles —le sugerí.

quizás tome algo más tarde. —Están muy bien los dos. Pero no lo sabía. Doc. Doc. porque da igual el grado de seriedad que uses. nadie pretende que haya noticias frescas en un semanario pueblerino. pero por una vez no se rió. me haces daño —le dije. y si no la sigo fielmente me hundiré como un plomo. —Diablos. Smiley cree que estás de broma. Doc. ¿Qué tal sigue el negocio de la edición? —y se puso a reír como si hubiera dicho algo graciosísimo. Y un asesinato hace años. Grande y calvo. y tiene la curiosa y equivocada idea de que es capaz de ocultarlo riéndose prácticamente de cualquier cosa que dice o que oye decir. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Me sonrió con una mueca: —Ya se que no. Me encantaría que por una vez en mi larga carrera tuviese una historia caliente con la que poder hacer estremecerse a los lectores. Llevo sacando el Clarion desde hace veintitrés años. Así que prefiero seguir la norma de no tomarme ni siquiera un trago antes de acabar el servicio. todo el pueblo ya se había enterado. Pasa a vernos cuando quieras. Esta tarde está todo muy aburrido por aquí. Si se hubiese reído le habría dicho donde me hacía daño. ojalá ocurriese algo un jueves por la tarde. ¿y qué? Uno de los obreros de la fábrica de Bonney tuvo una pelea de borrachos con otro y le pegó demasiado fuerte en la zurra que se dieron. Una noticia bien fresca. por eso me gustaría poder engañarles por una vez. —Ya ha habido un par de robos. —Smiley. y ya era agua pasada. Doc. ¿Es pedir demasiado? Smiley frunció el ceño. —Naturalmente —le dije. Me gustaría que me hubiera dejado invitarle a una copa. pero me habría gustado que no hubiese sido así. Pero por Dios. Tenía razón. Pero gracias de todos modos. pero probablemente me tomase otro porque el primero no me habría sentado mal. Miles». Smiley no tiene el más mínimo sentido del humor. —Ya lo sé —dije—. Me sonrió cuando entré y me dijo: —Hola. No es un asesinato.FREDRIC BROWN 7 va a hacerte daño. —Carmel City es siempre aburrido por las tardes —le dije— y en general me gusta que sea así. es un homicidio. porque aquello no valía ni el papel en el que estaba impreso para un hombre que iba a ser asesinado antes de la medianoche. y de todos modos ocurrió en sábado. y le pregunté por los niños. —Claro —dije yo—. el viernes siguiente cuando salió el Clarion. Siempre resulta más seguro decirle la verdad directamente. Me alegro de que hayas venido temprano. o a unas cuantas. así que no insistí. Smiley Wheeler estaba solo. y entré en Smiley's. Le dije: «de acuerdo.

Esta mañana acabó pronto en el juzgado y había ganado el caso. —No creo —dijo Smiley—. y también quien vende una lavadora usada y. pues como si se hubiese tenido que comprar la libertad. Me dijo: —Pues es así. Supongo que se habrá ido a casa a dormirla. Smiley. Esa mujer suya es una perra. ¿no habría podido esperar hasta esta tarde? Le habría ayudado. —Maldita sea —dije yo—. aunque éramos nosotros dos los únicos que estábamos en su local. estaba celebrándolo. y tuvo que acceder a todo lo que ella quiso. lo habrá perdido. ¿quieres un trago? —Ya era hora de que uno de los dos pensara en ello —dije. ¿me has dicho que Carl lo estaba celebrando porque había ganado el caso? Salvo que estemos hablando de dos cosas distintas. bueno. ¿entiendes? Así que.. Es lo más cercano a una buena noticia que viene en el número de esta semana. —¿Es eso lo que pones en el periódico. Doc. Me sirvió una copa. y le pregunté: —¿Crees que Carl vendrá esta noche? Me refería a Carl Trenholm. Bebimos. Doc? —Claro —le dije—. ¿entiendes? Solo que no tenía argumentos para presentar la demanda. Carl venía a menudo por Smiley's los jueves por la tarde. Bonney quería el divorcio. que mencionaras sólo que ella obtuvo el divorcio. Smiley sacudió la cabeza: — Carl me dijo que esperaba que no lo incluyeras. —Entonces Carl representaba a Ralph Bonney.. y uno de los tres o cuatro del pueblo que juegan al ajedrez y con quien se puede llegar a hablar de algún tema interesante que no sean o las cosechas o la política. no tenía a nadie a quien le hubiera gustado llevar a juicio. o que si lo hacías que quedase reducido a una nota pequeña. Dime. Carl estuvo aquí casi toda la tarde y se puso un tanto alegre. Pactó con ella para que presentara la demanda.. y la mujer de Bonney obtuvo el divorcio. ¿De dónde LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . ¿Por qué? ¿Acaso Carl no perdió el caso? Smiley se inclinó confidencialmente sobre el mostrador de la barra. Miran a ver si sus nombres aparecen en las notas de sociedad y en los servicios religiosos. el abogado. ¿Se trataba del divorcio de Bonney? —Claro. salvo su propio testimonio. porque sabía que yo aparecería siempre por allí para tomarme al menos un par de copas después de dejar lista la edición del periódico.. Doc. y para que no tuviera que bebérmela solo. Smiley. él se sirvió una corta. —No lo entiendo.FREDRIC BROWN 8 —De todos modos compran tu periódico. que es mi mejor amigo en Carmel City.

Carl dice que Bonney es un buen tipo y que todas las acusaciones de crueldad y malos tratos no eran más que invenciones. maldiciéndome por ser tan blando como para fastidiar la única noticia digna de mención que tenía. No conocía personalmente a Bonney. — Carl me dijo que sabía que no podrías contar la verdad del caso. Carl estaba preocupado por el caso. De acuerdo. Me puse a pensar en la única noticia de la semana. y gemí solo de pensar que tendría que volver a escribirlo todo o bien quitar la noticia. lo creo. Algo así como reseñar que la señora B: había obtenido el divorcio y que se había pactado un acuerdo. No puedo decir que los cargos eran falsos. Pero esa mujer era tal infierno en marcha que Bonney habría admitido lo que fuera con tal de verse libre de ella. —No sigas ahondando en la herida —le interrumpí—. pues así no es como va a aparecer en el Clarion.la noticia. —Pero Carl dijo que Bonney es un tipo decente y que le causaría problemas si enumerabas los cargos porque en realidad eran . Me tomé otra copa.. pero puedo hacer que no aparezcan. pero que esperaba que se hiciera poca mención. la historia no podía estar bien tal y como yo la había escrito. Y seguidamente decidió que no quería abusar de la amistad ni influenciar la forma de redactar . Lo único que tenía que haber hecho era cruzar la calle. Y tendría que quitarla.. Doc. —Claro que sí. Que nunca le había puesto la mano encima. pues solamente ha visto la apariencia. Smiley. cambiaré la noticia. —Bueno. Y encima tuvo que darle cien de los grandes para poder arreglarlo. dame otro trago. —Diablos —dije—. y en el cuidado que había puesto en enumerar todos los cargos que la mujer de Bonney había presentado en su contra. —Eso estaría muy bien por tu parte. solo de decirle «buenos días» por la calle. todos falsos y. ahora que ya conocía lo ocurrido. y que no mencionarías nada respecto a las acusaciones. porque las acusaciones de malos tratos eran una bobada en vista de lo otro. Doc. —Maldito idiota. pero sabiendo que tenía que hacerlo. y volveré a arreglarlo antes de que Pete se vaya. Le dije: —Maldito sea Carl. Y conocía lo bastante a Smiley como para estar seguro de que no me estaba tomando el LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Si Carl dice que fue de ese otro modo. ¿por qué no vino a contarme a mí lo que pasaba antes de que redactara la noticia y dejara el periódico listo para la prensa? —Pensó hacerlo. pero sí que conocía lo bastante a Carl Trenholm para estar asquerosamente seguro de que si decía que Bonney tenía razón.FREDRIC BROWN 9 sacaste tu versión? —Del juez —dije.

que es como hay que leer los tipos. el banquero de Carmel City. Esbozos sobre Hecht y MacArthur. lo cual quería decir que le gustaría a mucha gente. Lo único que había en aquella extensión era la historia de Clyde Andrews. Así que me volví murmurando mientras cruzaba la calle y subí las escaleras hasta la oficina del Clarion. Le dije a Pete que devolviese el resto de las líneas a la caja de tipos mientras yo iba hasta composición y preparaba unos titulares en caja de diez. Le pasé a Pete la línea y vi como cambiaba los tipos. Y el pobre asqueroso de Horace Greeley. ¿qué podemos poner? Suspiré. a la inversa. pero tendría la longitud adecuada si la recomponíamos con un metido para que apareciese en un recuadro. No era precisamente una noticia de importancia sobrecogedora. si aparecía en primera página. y así podremos meter el relleno en las nueve pulgadas de donde saquemos lo otro. Pete había acabado de recomponer la noticia de la subasta de Carldad cuando yo terminé con la página cuatro así que esta vez tuve que esperar a que acabase la primera página para podernos ir juntos a Smiley's. algo encontraremos en la página cuatro que podamos poner en la primera. La Panada. y fue hasta la caja de ramas para leer allí otra vez la noticia. Ahora de verdad que necesitaba una copa. Di vueltas por donde estaban las cajas de tipos hasta dar con la de la página cuatro. Y estaba llena de nombres. «Concedido el divorcio de Bonney». para reemplazar los tipos de a veinticuatro de la cabecera que aparecían en la versión larga. Así que la trasladamos. —Queda un hueco de nueve pulgadas en la página —me dijo—. Pete estaba empezando a preparar una prueba ajustada y le dije que LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y podía ser la noticia entera. Me puse a pensar en la portada mientras me lavaba las manos. Pete estaba ajustando la versión definitiva de la caja de la primera página. Pete la recompuso para convertirla en caja de portada mientras yo tapaba el hueco de la página cuatro con rellenos variados y volvía a cerrar la página. no en la portada. y eximio líder de la congregación Baptista local me había dado sobre la subasta de Carldad que la iglesia tenía prevista para la tarde del martes siguiente. Soltó las cuñas en cuanto le dije lo que habría que hacer. naturalmente. y especialmente a Clyde Andrews.FREDRIC BROWN 10 pelo respecto a lo que Carl habría dicho en realidad. El primer párrafo podía mantenerse según estaba. O más bien. —Tendremos que usar algo de relleno —le dije—. y cogí una regla de pica para tomar medidas. Pete fue hacia la mesa y cogió una galerada de relleno.

no pasaba mucho de las siete. Y si había una línea cabeza abajo. Doc. —Cincuenta por veintitrés son. —Supongamos que fuera algún amigo tuyo. Digamos que sea a Yehudi. Hubiera resultado divertido que Pete hubiera dicho «Doc. o un párrafo traspuesto. Pete se lavó y cerramos la puerta. mil ciento noventa y seis veces he dejado para prensa el periódico los jueves por la noche y nunca ha habido una noticia bomba de verdad. Bebimos y Pete dijo: —Bueno.. le expliqué: —Aquel hombrecillo que no estaba allí. lo más probable es que fuera una mejora. ¿Por qué? Hice el cálculo. sumado hace mil ciento noventa y seis. Pete? —le pregunté. pero yo no iba a hacerlo. Serví las bebidas para Pete y para mí. En cierto modo. Por ejemplo tu mejor amigo.. Pero con lo que habíamos dejado listo para la prensa. un asesinato? —Me encantaría un asesinato —le dije.. y yo no estaba de humor para esperar a Smiley. ¿Qué te esperas. Doc. Debería haber estado contento por esa razón. preferentemente a alguien a quien no conozca en absoluto. no obstante. Pete. Smiley tenía otro par de clientes a los que estaba sirviendo. mil ciento cincuenta. —¿Cuánto es cincuenta y dos por veintitrés.FREDRIC BROWN 11 no se molestara. Smiley y yo nos conocemos bastante. Quizá los clientes leyeran la primera página. Carl Trenholm.. así que pasé detrás de la barra y cogí la botella de Oíd Henderson dos vasos y me los llevé a una mesa para Pete y para mí. ¿No te acuerdas del poema? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . veintitrés por dos. —Esto no es Chicago. Todavía era bastante temprano para un jueves por la tarde. ¿Te gustaría que lo mataran únicamente para proporcionarle al Clarion una buena noticia? —Claro que no —dije—. y probablemente lo habría estado si el número de periódico hubiera sido bueno. que serían. y como parecía que no. pues ése hace otra semana. —¿Eh? Un montón. Miré a Pete para comprobar si me estaba tomando el pelo. y entonces me puse a pensar en cuantas veces habría pensado en ello. me preguntaba si aún serviría para algo por la mañana. —¿Quiénes Yehudi? —preguntó Pete. dijo algo aún más divertido. Me pregunté cuántas veces me lo habría dicho en los diez años que llevaba trabajando conmigo. si es que hay alguien en Carmel City a quien no conozca. así que no le importa que de vez en cuando practique el autoservicio si conviene y luego haga cuentas con él. y ¿por qué no tres en una noche?» Pero naturalmente no lo hizo.

y dijo: —Jabberwock. desde el otro lado junto al teléfono. Vaya.» Smiley me llamaba: «¡Eh. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . -¿Qué? Dije: «¡Cuidado con el Jabberwock. ¿Pero quién dice que sólo cito a Lewis Carroll cuando bebo? Puedo citarlo ahora mismo.. Ya casi me lo sé yo. y se rió como si fuera lo más divertido que hubiese ocurrido desde hacía mucho tiempo. pero se volvió. Pete se rió. como la reina de las rojas le dijo a Alicia: «Hay que beber todo esto para seguir en el mismo sitio. Pete se levantó. Pete debía estar ya junto a la puerta. Aquel hombrecillo que no estaba allí. más de cien veces. Doc. Doc. Dije: —Un momento. que es lo que citas siempre que te pones a beber? —Esta vez no. Y entonces me dijo: —Soy Clyde Andrews.FREDRIC BROWN 12 Vi a un hombre en la escalera. Ha habido un asesinato. —De acuerdo. Doc!». Cogí el aparato y dije «Aló». y me contestó «Aló». Y tapé entonces el micrófono con la mano mientras gritaba: —¡Eh.. pero no olvido algo. Me lo has recitado ya. Y luego me dijo «¿Doc?». diciéndole a Pete buenas noches en route. hijo mío! ¡Las mandíbulas que devoran. las garras que hacen presa! Cuidado con le pájaro Jubjub y evita Al frumoso. de Alicia a través del espejo. ese fue mi primer pensamiento.. —Doc. y esta noche apenas he comenzado a beber vaya. Me levanté y me dirigí hacia el teléfono.. Doc». Doc —su voz sonaba muy tranquila—. y yo le dije «¿Si?». Gracias por las copas. ¿Eso también es de Alicia en el país de las maravillas. y los desliagilosos tovos girorroscaban y cernían por la vaguaba. Smiley gritó: «Te llaman al teléfono. Pete! Estaba en la puerta. me gustaría que se fuera.» Pero escucha que te citaré algo que realmente vale la pena: Estaba rabríante. Clyde. Pero tengo que irme. y recordé que lo había oído sonar hacía medio minuto. estás más loco cada día. Tampoco estuvo hoy aquí. Pete.

La conversación de los otros dos clientes se cortó en mitad de frase y se volvieron a mirarme. con la botella en la mano. y entonces quité la mano del micrófono y dije con calma. como un disparo de revólver. Me están contando un asesinato. o casi aparentando calma: —De acuerdo. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . En realidad. Aquella botella estrellándose contra el suelo había sonado. la botella se le escurrió de las manos.FREDRIC BROWN 13 —No te vayas —le grité desde la otra esquina del bar—. me miraba. Smiley. se volvió para mirarme. Clyde. mientras me daba vuelta hacia el teléfono. Pete desde la puerta de la calle. y esta vez ni siquera sonrió. por un instante. ¡Tendremos que recomponer! Pude sentir el silencio que se hizo en el bar de Smiley. y chocó contra el suelo con un ruido que me hizo dar un brinco y cerrar la boca con rapidez para evitar que se me saliera por ella el corazón. adelante. Esperé hasta poder volver a hablar sin tartamudear.

me ocuparé de ello. le dije. me levantaré temprano y vendré contigo por la mañana y ya pensaré en algo. Así que ahora volvemos a tener un hueco de nueve pulgadas en primera página. anciano?». y alguien me contesto diciendo que ya no estabas allí. que estarías en Smiley's. Colgué. Si afirmo que apareceré por la mañana. el pedirte que cambies el texto cuando ya has cerrado la edición y ha quedado listo para imprimir. Se rió. Sabía muy bien que Pete inventaría algo si no me levantaba. así que eso debe querer decir que ya habíais cerrado. pero. —¿Qué ha pasado. Doc? ¿No dijiste algo sobre un asesinato? —Estaba bromeando. Me serví un buen trago de whisky y cuando Pete llegó le serví otro a él. —Se que es un asesinato. es respecto a la subasta que iba a celebrarse el martes. ¿verdad. Pete. «¿Cómo es que sigues vivo?» Su respuesta borboteó por mi cabeza Como agua por un colador. Me preguntó qué había sido la llamada y se lo expliqué. Volví a la mesa y me senté. Doc? —dijo la voz de Clyede—. bueno. pero si no apareces a las ocho. Probablemente. Pero esta noche que se vaya al diablo. —Claro. Doc. Smiley—. —De acuerdo —dije—. Me dijo: —Ya sabía yo que había truco en eso de acabar pronto esta noche. Seguro que debe de ser así porque te llamé a la oficina en primer término. —Eso es lo que dices ahora. —Haz lo que te de la gana. ha sido cancelada. ¿Podrías suprimir el anuncio aún? Si no es así habrá un montón de gente que la lea y acuda el martes por la noche a la iglesia llevándose un chasco. Cambiaría algo de la última página. —Ya habías cerrado la edición.. sigue contándome lo que pasa. Smiley y los otros clientes seguían contemplándome atónitos. y metería algún relleno o un anuncio LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Me bebí mi trago y Pete bebió el suyo. es seguro que apareceré. y ya te has ido de la oficina. Clyde —dije—. ¿Con qué lo rellenamos? —Que me condene si lo sé. Doc —dijo Pete—. ¿qué hago con la página? —Tu falta de fe me horroriza..FREDRIC BROWN 14 CAPÍTULO DOS «¿Quién eres. —¿Y si no lo haces? Suspiré.

cogí la botella y me fui hasta la barra. Pete Corey es un buen tipógrafo y le pago prácticamente lo mismo que gano yo. Y no es que uno tenga que ser muy misterioso para alcanzar tal distinción. si es que quieres venderlo? —¿Quién diablos ha dicho que quiera venderlo? Yo solo te he preguntado si tú querías comprármelo. quieres decir si quiero comprar el periódico. Vi como se marchaba. Pete dijo que era mejor que se fuera. Smiley parecía desconcertado. —Smiley. Al siempre necesita una jarrilla de agua. Al Grainger no es más que un joven pelanas. ¿Por qué no se lo vendes. me contabas la otra noche que Clyde Andrews quería comprártelo. Pero no es eso lo que quería decir. o el precio del kilo de huevas de mújol en el valle del Eufrates. envidiándole un poco. que entienden mi entusiasmo por Lewis Carrol. ¿quieres venderlo de verdad? Me había estado haciendo aquella pregunta. ya sabes. Me parece que no. nunca se si estás hablando en serio o no. Yo me pondría de mal humor porque ya había un anuncio de suscripción y demasiado relleno. Pero esta semana merecerá la pena esperar. aún menos. Trabajamos virtualmente el mismo número de horas. Doc. Me dijo: LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . ese tipo de notas que explican cuántos anillos tiene el tronco de una sequoya. —Doc. Dije despacio: —No lo sé. Doc. y como no quería estar sentado solo.. Se abrió la puerta y entro Al Grainger. y es además uno de los. —¿Y si lo vendieras. ¿no? —No —le dije—. Además es lo más parecido al señor misterioso de Carmel City. qué harías? —Supongo. Pero vaya. Smiley. Los otros clientes de Smiley se fueron en cuanto se fue Pete. Smiley. y Smiley sacó otro vaso y otra jarrilla de agua. pero es uno de los pocos que saben jugar al ajedrez en el pueblo. pero que cuando se meten en columnas enteras. ¿quieres comprarme el periódico? —¿Eh? —entonces se rió—. y esta vez lo hizo. pero yo soy quien se tiene que preocupar cuando hay que preocuparse de algo. Un buen número en veintitrés años. Para empezar mi ortografía no es buena. En este momento me gustaría poder sacar por lo menos un buen número. que pasaría lo que me quede de vida sin tener que ser el editor de un periódico. Cómpralo Smiley.FREDRIC BROWN 15 de suscripción. lo cual es casi siempre. En serio.. Smiley decidió que yo estaba de broma otra vez y se rió. Le saludé con la botella. Que están muy bien en pequeñas dosis. y se acercó hasta el lugar de la barra donde yo estaba de pie. —¿Eh? Ah. tendrá veintidós o veintitrés. No sale de prensas hasta mañana al mediodía. No creo que lo hiciera muy bien. bueno. Me estás tomando el pelo.

Carl Trenholm o como yo. estáis realmente chalados. Doc. —Entonces diría yo que naturalmente se morirá y tu dirías que eso debe ocurrir muy a menudo y yo diría que siempre.FREDRIC BROWN 16 —Hola. Sacudió la cabeza despacio. Solo el humo sale a mil libras por resoplido. pero el próximo movimiento será mejor. Smiley volvió a mirarnos y sacudió lentamente la cabeza. el cuerpo es de corteza y la cabeza un terrón de azúcar. Mantiene mal el equilibrio. Al. Así que si apareces antes de medianoche todavía estaré lo bastante sobrio como para jugar. Pero tengo que irme a casa y acabar un trabajo. ¿Aquí y ahora mismo? Smiley tenía un ajedrez a mano para contentar a los clientes relamidos como Al Grainger. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Al dijo: —Smiley. Le apunté con el índice. y cuando llegue me pondré a leer. Doc. Se alimenta de té flojo con crema de leche. Cruzó la barra para lavar y secar algunos vasos. Acuérdate de que llegaré en tren al cuarto. Las alas son rebanadas finas de pan con mantequilla. —Todavía estoy en el segundo cuadro —dije—. Doc? Quizás pueda sacar tiempo luego para una o dos partidas. Le serví un whisky en su vaso y tiré un poco al tratar de llenárselo hasta el borde. Y me tomaré una o dos copas. siempre que se lo pedíamos. Dijo: —El Caballero Blanco se desliza por el atizador. se supone que tienes que preguntar qué ocurre si no puede encontrarlo. Al sacudió la cabeza. —Me gustaría tener tiempo. Dijo: —Chicos. Smiley nos miraba volviendo la vista del uno al otro: —¿De qué diablos estáis hablando? No merecía la pena tratar de explicárselo. —No lo hagas esperar. Nos lo traía cogiéndolo siempre como si esperase que le iba a explotar en las manos. Lo bastante sobrio como para ganar a un jovenzuelo como tú en cualquier caso. y le dije: —Arrastrándose a tus pies puedes ver que hay una mariposa de pan y mantequilla. Al Grainger me sonrió: —¿Qué planes tienes para esta noche. —Estaba intentando convencerme de que debo ir andando a casa. ¿Vas a estar en casa y levantado? Dije que sí con la cabeza. ¿Cuándo vamos a volver a jugar al ajedrez? —Ningún momento mejor que ahora.

Tu puedes beber y pensar a la vez. saludó con la mano y salió pitando del aparcamiento. pues ya que Carroll tenía respuesta para ello. Se rió son sorna. Intentaré hacer lo posible para acercarme hasta tu casa para jugar al ajedrez. Ahora que LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . alcanzar una eternidad de tocar el arpa y despiojarme las alas. Doc. respondió el padre William a su hijo. Dirigió el dedo hacia la puerta: —No me gusta ese tipo. —¿Otra copa más? —Creo. Smiley volvió. no paro de hacerlo. Tienes prejuicios porque no sabes de dónde saca el dinero. Ni tampoco. Me sonócomo si pensase que tenía por lo menos ochenta. no hasta que acabe el trabajo.. como lo hacen muchos buenos convecinos. «tenía miedo a que se trastornase el seso.FREDRIC BROWN 17 Estuvo muy bien decir eso último porque era obviamente falso. y por el escaparate de Smiley pude ver como se metía en su descapotable reluciente.» Al me dijo: —Quizás tengas algo ahí dentro.. Quizá es un poco lechuguino. Me miré en el espejo y la blancura me asustó un peo. Quizás tenga una prensa y un juego de planchas particulares y se lo haga él sólito. al menos desde hacía más o menos un año. «Y tus cabellos han encanecido por completo. Pero ahora que estoy seguro de que no tengo. Vaya. Y no obstante no paras de hacer el pino ¿Te parece que a tu edad hay que hacer eso?». Y por mucho que me queje continuamente. a las diez y media a lo sumo. me gusta vivir. Espero poder hacer lo mismo cuando tenga tu edad... todavía no era un viejo. pero empezaba a serlo. vaya. claro está. Cumpliré cincuenta y tres la próxima vez. ¡o te echaré a patadas por las escaleras!» Porque de todos modos yo tengo que irme. Me miré en el espejo de detrás del mostrador del bar de Smiley y me pregunté cuántos años pensaba Al Grainger que tenía. dijo el joven. Y gracias por la copa. Especialmente porque no puedo esperar. Pero dejémonos de versos amebeos antes de que llegues al «lárgate. y me soltó esta cita: «Eres un viejo. —¿Al? No pasa nada. Bueno. No. yo también: «En mi juventud». una eternidad de apalear carbones aunque este sería el caso más probable en mis circunstancias. Pero tenía que admitir que parecía un viejo de esa edad y que el pelo se me estaba volviendo blanco. «Espero poder hacer lo mismo cuando tenga tu edad». creo que no. Tocó la bocina. No quiero envejecer y no quiero morir. padre William». Doc. Al solía ganarme dos juegos de cada tres. pero no me esperes si no estoy ahí a las diez. Salió.

por esta vez. mirando el calendario que había detrás del mostrador del bar. pero-Repentinamente me sentí avergonzado de todas las cosas que le había dicho a Smiley sabiendo que no las iba a entender. no hay mujeres así. En aquel preciso instante. —Demonios. esta noche. Era un poco molesto fijar la vista en él aunque aún no había bebido lo bastante como para nublarme el cerebro. y no quería emborracharme demasiado para poder jugar bien al ajedrez con Al Grainger si decidía aparecer por casa. y después será mejor que me vaya. Quizás lo sea. jo si que tengo una prensa. deberías quitar ese calendario. yo me puse una cortita. También tú hablas como un chiflado. Tómate un trago conmigo. Se dio la vuelta y se puso a mirarlo. me encontré mirando más allá de Smiley. y esa parte del cerebro seguía preguntándome por qué. no es eso. Comenzaba a sentir los efectos.FREDRIC BROWN 18 pienso en ello. maldita sea. para disgusto mío. Smiley. Le serví una copa y. pero eres un gran tipo. traté de eliminar aquel pensamiento diciéndome que no me importaba. En cambio cuando él me dice algo que no entiendo me lo dice de tal modo que me siento como un miserable cretino. Doc. Sin ninguna razón especial dije: —Eres un gran tipo. Smiley. y anunciaba los Almacenes de los Hermanos Beal. estás un poco chalado. Es de mentira. Mas la otra parte de mi cerebro se irritaba cada vez más con la ilustración del calendario. si alguien se anunciaba o no en el Clarion. pero lo haces de forma agradable. Doc. Es la manera que tiene de hablar. Y entonces. insistía en considerar si podría hacer que los Hermanos Beal pusieran un anuncio de cuarto de página en lugar del habitual octavo. Tenía la ilustración habitual del tipo de calendarios que se ven en los bares: una mujer desnuda de una voluptuosidad excesiva. ¿no? —Smiley. Es cuestión de conocimientos literarios. —Supongo que tienes razón. o de dónde lo saca si no lo gana. No hay mujeres así. ése no es el primer pensamiento profundo que hayas LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y dije: —Smiley. no acababa de decidirme mientras tenía la oportunidad de venderle el Clarion a Clyde Andrews. Pero uno puede soñar. Doc. Parte de mi cerebro. si era eso lo que sentía de verdad. Y él se rió y me dijo: —Tú también. No es asunto mío cómo se gana la vida la gente. Quizás debiera dedicarme a ello. —No es cuestión de inteligencia. por ejemplo. pensaba en dos cosas a la vez. como nos azoramos bastante al oírnos decir aquellas cosas. Conocimientos literarios o no.

Además tienes razón. Calculamos cuantas copas había servido de la botella y las pagué. Quizás es que estoy loco. incluso de aquellas que acabo de ver durante un momento. era que Andrews estaba metido en política y que si controlaba el Clarion. según tengo costumbre. lo cual ocurría muy a menudo. pero a mi me parece que ésa es la forma de llevar un LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Así que saqué la cartera y llamé a Smiley. Había algunos nuevos. antes de que el follón de aquella noche que aún no había empezado hubiese terminado. y me la envolvió. —Hasta luego. delante del tablón de anuncios para echar una ojeada a los bandos y a las circulares de «Se busca» que estaban allí expuestos. Tengo buena memoria fotográfica para las caras. Pero. así que entré. Doc —me dijo tan normalmente como si. Se rió. No quería llevarlo él en persona. no había nada importante.. Clyde Andrews y de su intención de comprarme el periódico. pero-contemos las cosas según ocurrieron. Smiley. él y yo no hubiéramos. El paseo hasta casa. Unas puertas más allá pasé por el banco y me acordé de su presidente. y se movió tras el mostrador para acabar de limpiar los vasos mientras yo seguía allí de pie y me preguntaba porqué no me marchaba a casa. y siempre he tenido la esperanza de que algún día sería capaz de identificar a algún criminal en Carmel City y conseguir así una buena noticia. hay otros además de Smiley y de Al que lo afirman. querría uno. Recogí el mío. naturalmente. servía para arrojar lodo sobre ambos bandos siempre y cuando se lo merecieran. decidí. es el más profundo. el Clarion respaldaría sus posturas. Lo que menos me gustaba de la idea. La ventanilla de cartas estaba cerrada. Tenía que pasar de todos modos junto a correos. tenía un hermano viviendo en algún lugar de Ohio que tenía experiencia en el tema de periódicos. y seguidamente compré otra botella. Salí con ella bajo el brazo y le dije: —Hasta luego.. y para echarles una buena flor cuando lo merecían. para cuando hubiera llegado a casa. faltaban unos minutos para las ocho. pero el vestíbulo exterior queda siempre abierto por las tardes para que quienes tengan casillas postales puedan recoger su correo. Tienes mi permiso y aprobación para dejar ahí el calendario. y entonces me detuve. de a litro. naturalmente.FREDRIC BROWN 19 tenido. Sin embargo no quería otro trago. y que sería quien lo llevase si me decidía a vendérselo a Andrews. o incluso una recompensa. Tal y como yo lo llevaba. y los leí y miré detenidamente los retratos. lo cual ocurría rara vez. Todavía era temprano.

me importaba un bledo personalmente. armó una buena bronca en una taberna en Neilsville una semana antes de las elecciones. Al doblar la esquina. se encontraba en ese estado delicioso en el que está cristalinamente clara en el centro y borrosa por los bordes. pero me olvidé de comprar el curso correspondiente. y la tienda de música de Deak. Mi mejor fuente era la oficina del alguacil. porque lo más fácil es que perdiese otro anunciante. un estado que hace que Carmel City parezca deliciosa. la tienda de Pop Hinkle. la mejor forma de hacer dinero. y la mayoría de los notables del pueblo lo bastante importantes como para poner anuncios tenían los dedos bien metidos en política. la comisaría. en el estado que todo bebedor moderado conoce pero que es incapaz de explicar o de definir. Me había hecho ganar muchos amigos y suscriptores. antes de ir a la facultad y cometer el gran error de estudiar periodismo. grosero. allí había comprado cierta vez un violín. pero también es un estúpido. Pero Ranee sólo quería acordarse de las cosas quejo decía de él. doblé la esquina y crucé la calle. por la que habían pasado mis padres. Pasé la funeraria de Hank Greeber. porque en este punto nunca estoy tan sobrio como suelo estarlo después. Todo lo cual. Kates es honrado. Ranee Kates.FREDRIC BROWN 20 periódico y. y lleno de prejuicios raciales. El Clarion dio la noticia además. pero me forzaba a obtener información de la policía por el camino más duro. No había publicado ataque alguno en mis editoriales contra Kates. Quizás me haya enrollado un poco. pero un periódico no gana dinero a base de suscripciones. Gana dinero gracias a los anuncios. y por el momento. ni antes ni después de su elección. así que probablemente el Clarion es responsable de que Ranee Kates fuese elegido alguacil. Pero mi cabeza ah. Pasé por la tienda de Gorham Feed. es una de mis manías personales. Y me temo que esa política tampoco servía de ayuda a la forma de obtener noticias. y los Hermanos Beal. cómo es habitual. también debo añadir. El paseo hasta casa. Pasé el supermercado. que tampoco era precisamente un peso pesado de inteligencia. aunque no sea un tema candente en Carmel City. Consiguió el cargo únicamente porque su rival. Volviendo la esquina. y el racismo. el alguacil. y que cosas tan raquíticas y escuálidas como sus actividades políticas puedan parecer divertidas. era prácticamente mi peor enemigo. donde todavía había luz en la LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . allí solía tomar granizados cuando era pequeño. cuando es el único periódico del pueblo. No es. debo señalar. en la que trabajaba por el verano mientras hacía el bachiller. así que apenas me dirigía la palabra en la calle. Pasé el teatro Bijou. hacía quince y veinte años. especialmente. así que daba igual a qué partido machacase. lo detuvieron allí y lo procesaron por alterar el orden público.

en otra taberna. y a mi me gusta. la casa en la que vivía Elmer Conklin cuando le compré el Clarion. también me gusta la gente. No. si leer un buen libro es algo casi tan entretenido como escuchar a quien lo escribió. y poner los pies en la mesa. La volví a comprar hará unos doce años porque estaba vacía y se vendía a buen precio. o para todo junto. o para jugar al ajedrez o a tomar una copa. en la que una vez gané un premio por aprenderme de memoria versículos de la Biblia. Así que hasta la esquina de la calle Campbell donde tengo que LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Pero no había nadie allí que me ofreciese mil dólares. Me gusta estar un par de horas en Smiley's o. No es más que una casita de tres habitaciones. Me gusta que vengan a verme para charlar un rato. Se puede cerrar y hacerle callar en cualquier momento si se precisa y coger otro distinto. pasando por la casa en la que había vivido Elsie Minton. y me sentí tan contento que. No. ¿Qué quiero decir con incluso? Creo que un baño sin estantería está tan incompleto como lo estaría uno que no tuviese retrete. que ahora esta casada y viviendo en Florida. pasando la iglesia a la que me enviaban a la escuela dominical cuando era niño. todo el día y todos los días. me habría parado a hablar con él. hasta que se llega a casa. por unos mil dólares o cantidad similar. Y además son buenos libros. una tarde cualquiera. e incluso hay un estante en el baño. Saliendo ahora de la manzana de tiendas. ¿Cómo podría sentirme solo con una botella en el bolsillo y con tan buena compañía esperándome? Vaya. alguna que otra vez al cabo de la semana. Más allá. El paseo hacia casa.FREDRIC BROWN 21 oficina del alguacil Kates. se puede olvidar quien es uno mismo y el hecho de que hay un periódico que te cuelga del cuello como una piedra de molino. al refugio y al olvido. tambaleándome un poco. Pero normalmente. no es demasiado grande para un hombre que viva solo. Mis padres la vendieron mudándonos a una casa más grande cuando yo tenía nueve años y cuando nació mi hermana. llegué a la casa en la que había sido concebido y en la que había nacido. y en la que había muerto cuando estábamos comprometidos. hacía ya veinticinco años. También me gusta jugar al poker de vez en cuando. no he vivido en ella durante cincuenta y tres años. y ya la invaden otras dos estanterías de la alcoba. Dos paredes de la sala de estar están cubiertas de libros. incluso si Al Grainger no viniera para jugar al ajedrez. porque uno no tiene porqué ser educado con él. Se puede beber y leer hasta olvidarse de todo menos de lo que uno está leyendo. me dedico a mis libros. no me sentiría solitario esta noche. Y uno se puede quitar los zapatos. y caminando. Es mejor en cierto sentido. si es que le gusta vivir solo. Acabé de pasar el pasado. Ah.

Puedo seguir viniendo. poniéndose el sombrero delante del espejo de la entrada mientras entré. Quizás. —Una ¿qué? —Tormenta. —Muy bien. Pero si quiere dejar de venir unos días.. Por cierto hay una tormenta horrorosa ahí fuera. y el aire nocturno casi me había devuelto la sobriedad en las nueve manzanas que había caminado desde el bar de Smiley. así que me temo que he tenido que limpiar un poco deprisa y que no debe haber quedado muy bien. El último giro. hará como una hora. Al no habría venido sin el coche y no había ninguno aparcado delante. señor Stoeger. así que vine por la tarde. Podría haber sido un misterio. Sabía que la había apagado cuando salí por la mañana para la oficina. No pude venir más temprano. —Oh.. pensé. le llamaron por teléfono.. Así que quizás fuese mejor que tomara un sorbito conmigo antes de irse. Mi marido. y vi que estaba la luz encendida en el cuarto delantero de la casa. Brindamos chocando los vasos y vacié el mío mientras ella bebía hasta la mitad del suyo. y es que hoy le llevaron a casa hacia las dos. Poco después LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . que es cuando suelo salir hacia aquí y.. Y si la hubiera dejado encendida. la asistenta que suele venir un par de horas por la tarde a limpiar y arreglar un poco. He tenido un día bastante malo. —A mi me parece inmaculada —había abierto la botella mientras ella traía los vasos—. Al Grainger ha terminado lo que tuviera que hacer y se ha venido más temprano y ha. una quemadura de segundo grado según el médico. y me parece buena idea. Iré a buscar vasos para los dos. entonces se durmió y vine corriendo hasta aquí. Me puse a andar un poco más deprisa. No es nada grave. —Me marcho señor Stoeger —me dijo—. —¿Un mal día? Espero que no haya pasado nada. Era la señora Carr quien estaba allí. pero no. nada serio.. —Gracias. pero fresca. Me dijo: —Ah. —Bueno. Lo haré. la habría apagado. ya basta. tempestad de nieve —levanté la botella envuelta—. se quemó un poco en un accidente que ocurrió esta tarde. trabaja. ¿No le parece? Se rió. pero le dolía bastante y me pareció mejor quedarme con él hasta después de la cena. Puse mi sombrero en el armario y la seguí hacia la cocina. señora Carr. la señora Carr. no. Va a estar en casa sólo unos días. Una tarde de junio. en la fábrica pirotécnica de Bonney. ya sabe. gracias. algo intrigado. Acabo de terminar. pero no lo fue. Espero que esté bien.FREDRIC BROWN 22 girar. y tuvieron que traerlo a casa..

Si vendo el periódico. me parece que no ha acertado. en realidad nadie sabe nada de nada. —Oh. ¿no? —No —le dije yo—. que me condene si no me voy a buscar trabajo en Bonney al día siguiente. tuve el deseo de haber arreglado las ruedas. pero dos eran demasiados. para ayudar a la señora Carr. señora Carr? Ladeó la cabeza y pareció pensarlo en serio. La acompañé hasta la puerta principal. Le dije que usted no llegaría a casa probablemente hasta las ocho o las nueve. esto es. No le dejaría llevarme aunque funcionase el coche. ¿En qué sección de la fábrica Bonney trabaja su marido? —En la sección de tracas romanas. —Bueno. así que decidí dejar el coche en el garaje hasta el sábado por la tarde. Sacudí la cabeza con tristeza. No obstante en aquel momento. Bueno. La idea. si es que hay algo que lo sea. Trabajamos para poder hacer cosas más importantes. y le dije que me habría gustado poder llevarla en el coche hasta su casa. —Es una manera rara de decirlo. que es cuando tengo tiempo libre. de todos modos. Hacer lo que uno quiere eso es lo que es importante. Sonrió.FREDRIC BROWN 23 de llegar yo. Su marido es un hombre de suerte. pero que tenía los neumáticos pinchados. e ir andando a trabajar todos los días lo que sería excelente. Buenas noches. —Eso. —¿Sabe quién fue? —No quiso decírmelo. Quien puede decir si este hecho es importante o no salvo aquella persona que lo sepa todo respecto al mismo. Lo había descubierto por la mañana cuando había tenido la intención de ir en coche al trabajo. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Me dijo: —Sólo vivo a unas manzanas. pero con vaguedad. Se acabó su bebida y rechazó una segunda. así que me decidí a hacerle una pregunta concreta: —¿A usted qué le parece que es importante. Aquello hizo que me olvidase por un instante de la razón de mi pregunta. es una de las mayores falacias del cerebro humano. Exclamé: —¡La sección de tracas romanas! Es un nombre maravilloso. el hombre que llamó dijo que volvería a llamar o que vendría por aquí. señora Carr. señor Stoeger. el trabajo es importante. Por uno me habría puesto a cambiarlo. que es lo que queremos hacer de verdad. dijo sólo que no era importante. pero mientras funcione el coche no lo hago. me encanta. espere un momento. Y además también está el que debería hacer ejercicio. señora Carr. pero quizá tenga razón. de que las cosas pueden ser divididas arbitrariamente en importantes y sin importancia. El trabajo no es más que un medio para alcanzar un fin.

Al señor Bonney no le gustaría que se publicase en el periódico. Sonó el timbre. Y si George Carr había sido el único herido y no había detalles del caso. Lo más probable es que echen a George si sale algo en el periódico. no me ha llegado nada de nada. ¿Sabe usted los detalles de lo que pasó? ¿Hay algún herido más? Había cruzado el porche de la entrada. señor Stoeger. Había un hombre de pie levantando la mano para volver a llamar. pero se volvió y se acercó a la puerta. y él si que necesita el trabajo. Creí que era Al Grainger que había venido temprano. es más agradable hacer las cosas poco a poco y ponerse cómodo por etapas. ¿De verdad que piensa vender el periódico? —Bueno. Volví a entrar y cerré la puerta. ni los zapatos.. ya tiene bastantes problemas para contratar trabajadores suficientes para servir los pedidos del cuatro de julio porque hay mucha gente que tiene miedo a trabajar con pólvora y explosivos. me serví un buen trago. Me puse cómodo quitándome la chaqueta y soltando el nudo de la corbata. seguidamente cogí la botella de whisky. era un tipo al que nunca había visto. había sido una buena idea mientras duró.. Pero no era Al. Le aseguré que no imprimiría ni una sola línea sobre el asunto. Dijo: —Ay. por favor no ponga nada en el periódico.FREDRIC BROWN 24 —Está de broma. me senté. estoy meditándolo —y eso me hizo coger el hilo—. Suspiré. y abrí uno de los libros. mi marido fue el único herido y además fue culpa suya según me ha dicho. No me quité la corbata del todo. un vaso y lo puse todo encima de la mesilla que hay delante del sofá. Cogí unos libros y los coloqué al alcance de la mano. No obstante me habría encantado poder meter aquella frase maravillosa «la sección de tracas romanas» en tipos impresos. Si no ha sido nada. Fui hasta la puerta y abrí. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . tampoco habría podido en más de una pulgada de texto. Nadie me ha contado nada del accidente de la fábrica..

una sonrisa agradable. —¿Es usted el doctor Stoeger? -me preguntó. La luz que salía de casa por la puerta se reflejaba en sus ojos que brillaban igual que los de un gato. quizá. y que sería una asociación especialmente ridícula al combinarse con Smith. Si aún quedaba alguno fuera de mi propia biblioteca sería una maravilla. da igual como le brillen los ojos. contrastando absolutamente con el vasto cuerpo. Lewis Carrol a través del espejo era una monografía de pocas páginas. Pero el cómo se ha enterado usted es un misterio para mí. hay uno que vive a cuatro puertas de aquí yendo hacia el Oeste. sino lo otro. —Sí —respondí—. Mis padres no podían tener ni idea de que iba a convertirse en un chiste. Si busca un médico. ganchuda.FREDRIC BROWN 25 CAPÍTULO TRES ¡Con qué alegría parece sonreír. Creo que se doctoró en mil novecientos veintidós. aunque no era corriente. pero no soy doctor en medicina. con qué limpieza extiende las garras. carecía que las connotaciones cómicas que tiene hoy. Verá. me pusieron ese nombre hace unos cuarenta años cuando el nombre de Yehudi. pero parecía más bajo porque su cintura era mucho más grande. doctor Stoeger. Me sorprendió totalmente. Y mi nombre de pila es Yehudi. —Doc Stoeger —corregí—. Pero no había nada siniestro en su aspecto. No tanto el hecho de que supiera cual había sido mi College y la fecha de mi magna cum laude. Lo primero que llamaba la atención de su cara era la nariz: larga... —¡No! —Sí. Si hubieran LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . se había imprimido hacía dieciocho años con una tirada de cien ejemplares. —Smith —contestó gravemente—. y da la bienvenida a los pececillos riendo contento con las fauces abiertas! Era bajo. —Ya me doy cuenta de que no es usted médico. señor. Y Reina roja y Reina blanca era un artículo que había aparecido por lo menos doce años antes en una oscura revista que había visto interrumpida su publicación y de la que nadie podía acordarse ya. sino doctor en letras por el Burgoyne College. afilada. Un hombrecillo bajo y gordo es difícil que pueda parecer siniestro. Sonrió. Es usted el autor de Lewis Carroll a través del espejo y Reina roja y Reina blanca. Y entonces se rió—. como de mi mismo peso.

Por Charles Lutwidge Dodgson. —Pero. hace que parezca plausible. y espero y supongo que será ridículo preguntarle a alguien que sabe de hojas vorpales si bebe o no. Naturalmente que en Jabberwock: ¡Uno. ¿Iba a tratarse de otra.. ¡por Dios! ¿Por qué nos ponemos a hablar de hojas vorpales en la puerta? Pase. había creado Alicia en el país de las maravillas y su continuación. —Hay gente que se llama Yehudi. Y también. —Entonces no le he juzgado mal. quien vivía disfrazado con la identidad supuesta de Charles Lutwidge Dodgosn. Me gustaba más del otro modo. Sonrió. dos! Y una y otra vez la hoja vorpal fue blandida de un lado a otro. ya sabe. Así que dije con cierta solemnidad: LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Volví. un amable profesor de Oxford. tengo una botella. Me dijo lentamente: —¿Está seguro. Yo volví a sentarme en el sofá y levanté el vaso para decirle: —Brindemos este trago. Me dio una. Por ejemplo Yehudi Menihin el violinista. doctor. mejor conocido en el País de las Maravillas. —Siéntese en cualquier parte. así que me la metí en el bolsillo en lugar de devolvérsela. ¿Qué prefiere. —Basta. dos! ¡Uno. De todos modos quise quedarme con la tarjeta. doctor? —¿Seguro de qué? —De la manera en que lo ha propuesto.. discusión del tipo que fue Bacon o fue Shakespeare? Históricamente no hay duda posible de que el reverendo Dodgson que escribía con el seudónimo de Lewis Carroll. y más ridícula aún. Ya se había acomodado en una silla tapizada. vaso alto o bajo? Sacudió la cabeza. por favor —le interrumpí—. Retrocedí y él entró. Pero lo esencial en aquel momento era beber el trago. Yo diría más bien: por Lewis Carroll. como Lewis Carroll.FREDRIC BROWN 26 adivinado la dificultad que para mí supone hoy convencer a la gente de que no les estoy tomando el pelo cuando les digo como me llamo —se rió estrepitosamente—. Ponía: Yehudi Smith No había dirección ni ningún tipo de información. y me fui hasta la cocina a por el vaso. Siempre llevo encima tarjetas de visita. Iré a buscar otro vaso. adelante. ¿Ha oído hablar de las Hojas Vorpales? —¿En plural? No. Me sentí vagamente desilusionado. se lo llené y se lo di.

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y le dije: —¿Y ahora qué? ¿Nos vamos a poner a discutir la identidad de Lewis Carroll? —Vamos a dar eso por sabido. a solas y con una toalla o pañuelo a mano. bebamos a la salud del autor de los libros de Alicia. y son obras magníficas. Y el whisky había seguido cayendo sin perderse una gota. doctor? —Nació en mil ochocientos treinta y dos. Así que me bebí el mío de forma harto más prosaica. Poseemos un secreto. —¿Sobre la identidad de Lewis Carroll? Quiere decir que ustedes creen —así como hay gente que cree que las obras de Shaskespeare las escribió Francis Bacon— que fuera otra persona diferente de Charles Lutwidge Dodgon quien escribió los libros de Alicia? Esperaba que me dijera que no. y se lo bebió todo de un trago. Volví a llenar los vasos. de hecho sus mejores libros están escritos para ellos. pero en realidad Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo. —No. naturalmente. Un secreto bastante esotérico. Había visto antes beber un trago sin tocar el vaso con los labios. Dejémoslo de lado hasta que pueda darle pruebas definitivas de lo que nos parece.aunque tengan gran atractivo para los niños. e inventó varios. matemático. Pero es algo más. No se casó y le gustaban los niños. Cualquiera que tenga afición por la literatura y sea parcial de la imaginación admira a Lewis Carrol. luego la echó para atrás. —¿Sabemos? —Las Hojas Vorpales.FREDRIC BROWN 27 —Para evitar problemas. —¿De admiradores de Lewis Carroll? Se inclinó hacia adelante: —Sí. Una pequeña asociación. pero decidí que tenía que probar aquella forma. Nunca había visto nada semejante. ¿Sigo? —Por favor. Fue profesor en Oxford. El vaso se había quedado repentinamente a unas tres pulgadas de la boca. Yo tarde un poco más con el mío debido a mi sorpresa. Le gustaban. en mil ochocientos noventa y ocho o noventa y nueve. Inclinó la cabeza con una solemnidad semejante a la mía. pero nunca con tanta naturalidad y precisión desde tanta distancia. y luego admiración por su manera de beber. señor Smith. y murió poco antes del cambio de siglo. o más bien. debería precisar. Una asociación. Escribió tratados de matemática. los acrósticos y otros rompecabezas y pasatiempos de problemas. Al menos el creía que escribía para niños. creemos que el propio Dodgson— ¿qué sabe de él. son libros para adultos. de lo que sabemos de seguro. factuales o semánticos.

Pero antes de seguir debo advertirle. Puedo citar todos y cada uno de los versos de los libros de Alicia. Por ejemplo. no obstante. Y hay líneas y versos e incluso estrofas buenas hasta en los peores poemas.FREDRIC BROWN 28 —También era capaz. Pero espero y supongo igualmente que no habrá venido para oírme dar una conferencia sobre Lewis Carroll. Hay algunos momentos en Silvia y Bruno que merecen la pena a pesar de las miles de palabras tediosas que hay que leer para encontrarlos. Creo que usted tiene los conocimientos y el tipo de mente capaces de asimilarla. Cada vez se ponía mejor. Admitiré. —Muy bien. y que cada viscosa criatura que se arrastra y repta se contoneaba añeramente por los muros. tengo es muy poco ortodoxa. La información que yo tengo aunque es bastante exhaustiva. Pero «se contoneaba artesamente por los muros» es maravilloso. Asintió con la cabeza: —Brindemos por ello. tan incongruente con LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Para una mentalidad más corriente todo esto no serían más que puras lucubraciones. Quiero indicar que existe un gran peligro. y las malas deberían enterrarse junto a sus huesos. Y no hablo a la ligera ni metafóricamente. Aquella nariz larga. y me gustaría escucharlo. La información que yo. Doctor. Brindamos por ello. Así que dije: —No se pare ahora. Me dijo: Siga. que todavía contenía el tercer trago. ganchuda. Naturalmente. doctor. afilada. y casi todo La caza de Snark. es. debería haberse parado ahí y no haber añadido otros quince o veinte tercetos malísimos. Debería ser solamente recordado por las cosas magníficas que escribió. y no me miraba. Volví a llenar los vasos. Tengo la impresión de que la suya no lo es. Tenía una cara interesante. me parece maravilloso. vemos los tres primeros versos de El Palacio de Humbug: Soñé que vivía en vestíbulos marmóreos. que incluso las malas tienen chispas ocasionales de gran brillantez. Se trata de información peligrosa. Debería haber algún tipo de ley que prohibiese imprimir Las obras completas de Lewis Carroll.ortodoxa. de escribir fatal. Me acabo de dar cuenta de que podría seguir hablando así durante horas enteras. debería decir nosotros. Sacudió la cabeza lentamente: —Tiene razón. —Eso —dije yo—. Me puse a estudiar su rostro. y lo hizo. un peligro mortal. Estaba allí sentado jugando con el vaso. y que podrá convencerse cuando haya visto las pruebas. muy . —No. no obstante.

me daba cuenta de que no había exagerado su edad. porque consideré que podría haberlo usado como material de repuesto. Quiero decir que son literal y realmente la verdad. y no tenía aspecto de chalado. Le miré fijamente: —Si crees eso. A primera vista habría dicho que tendría treinta años y no los cuarenta que declaraba. Hay una reunión cerca de aquí. o qué. ahora que estaba estudiando minuciosamente su rostro. hubiera o no peligro. haría unas dos semanas. de unos tres párrafos. Un individuo llamado Colin Hawks que vivía en las afueras de Bridgeport. Decía: HOMBRE MUERTO POR ANIMAL DESCONOCIDO Los hechos eran sencillos y escasos. —Creo que es una chifladura —dije—. y no tiene miedo. ¿quién. muy corto. era una nariz digna del mismo Cyrano de Bergerac. Me lo pasó. que son un reflejo de la realidad. Pero me dijo algo que sonaba totalmente a locura. y seguidamente sacó la cartera y de un compartimiento de la misma extrajo un recorte de periódico. —Doctor. podrá hacerlo esta noche. —¿A pesar de que va a correr un gran peligro? Naturalmente que iba a ir. y luego decidí que no a pesar de que el encabezamiento me había hecho interesarme. Pero quizá pudiera servirme de su insistencia al avisarme para poder sonsacarle. reconocí el tipo de letra y de composición. había sido hallado sin vida en la cuneta de un sendero del bosque. Y ahora que le daba la luz. pero trate de evitar que lo haga. Parecía muy serio. Pero ahora no se reía. entonces. ¿Quiere venir? —¿Puedo serle franco? —Por supuesto.FREDRIC BROWN 29 el resto del cuerpo que podría haber sido postiza. Había que reírse mucho y mucho tiempo para tener unas arrugas como aquellas. Lo leí. era un recorte del Bridgeport Argus. —Si de verdad quiere saberlo. Y recordé entonces que ya lo había leído. Así que le dije: —¿Puedo preguntarle qué clase de peligro? Pareció dudar por un instante. Que no son una ficción en absoluto. ¿ha pensado alguna vez que las fantasías de Lewis Carroll no fueran fantasías en absoluto? —¿Quiere decir en el sentido de que la fantasía a menudo está más cerca de la verdad auténtica que la ficción realista? —No. cree que era Lewis Carroll? Sonrió levemente. un tipo solitario. Su garganta estaba totalmente LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . pero no era una sonrisa de diversión. podía apreciar que tenía unas profundas arrugas en la comisura de los labios que contorneaban una boca generosa.

Tengo instrucciones para poder llegar a una casa de la carretera de Dartown Pike. Esta en especial era menos misteriosa que la mayoría. claro. o por un león. hasta que lleguemos allí. de hecho. si hubiera estado completamente sobrio. o cualquier otro animal específico. por peligroso y fiero que fuese. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Pero no obstante algo hizo que sintiera un escalofrío en la espalda. En verdad no contenía ningún misterio. Mire a Yehudi Smith justo a tiempo de ver cómo se bebía el whisky otra vez como si hiciera un truco mágico. no habría nada en ella que causara temor. que precisamente estaban en mis estanterías. muerto por un perro salvaje». —¿Llegar adonde? —A unas pocas millas de aquí. o un cocodrilo. que se hubiera escapado de un circo o de un zoológico fuera la causa de las heridas. O a sangre. No lo será. Reflexioné sobre Dartown Pike. Es fácil encontrarse con historias similares si uno se pone a buscarlas. sí. Y ahora ya es demasiado tarde para que diga que no. o incluso una pantera o un leopardo. Le devolví el recorte y volví a llenar los vasos. por eso le he enseñado el recorte. sin duda alguna un perro salvaje había sido el causante de la muerte. Pero «animal desconocido» si se tiene el tipo de imaginación que yo tengo. pues no puedo explicarlo. Le dije: —Es una historia interesante. No puedo decirle más. Debía tener el olfato embotado por el olor a chamusquina. y no el artículo. Dos. Tengo un automóvil. pero tiene las ruedas pinchadas. me habría dado cuenta de que todo aquel asunto era demasiado bueno para ser verdad. Es gracioso que la palabra «desconocido» y lo que puede implicar pueden hacer. sobre ese asunto. Me ha preguntado sobre la naturaleza del peligro. Era el encabezamiento en realidad. Dije yo sin venir a cuento: —Yo también. Si la historia se hubiera titulado «Hombre. y la versión oficial de la policía era que un perro enorme y asilvestrado le había atacado. No tenía especial sentido. quiero decir.FREDRIC BROWN 30 desgarrada. Pero el periodista que escribía el artículo apuntaba hacia la posibilidad de que un lobo. Doblé el recorte otra vez y se lo devolví a Smith. ¿La conoce? En aquel preciso instante y lugar. ¿Pero cuál es la relación? —Nuestra última reunión fue en Bridgeport. Y dije: —¿Por casualidad no querrá dirigirse a una casa conocida como Wentworth place? —Así se llama. Y si no se tiene. se entiende mejor lo que quiero decir. Un individuo llamado Charles Fort se había dedicado a ello encontrando varios miles y publicando al menos cuatro libros.

Al Grainger. me gustaría conocerlo.. Francamente. Quizás venga dentro de un momento un joven amigo mío a jugar una partida de ajedrez. o alguna cosa por el estilo. por si tiene importancia. O. de acuerdo. ¿Me está proponiendo el trato en exclusiva? Es decir. ¿Quién no lo estaría después del panorama que acababa de presentarme? Así que le sonreí y le dije: —Claro que sí. Me ha dicho que es joven. —¿Le gustaría venir? —Francamente —admití—. no tengo la menor idea. Era un fanático de Carroll. ¿Está seguro de que no tendrá miedo? Por Dios. me hará el favor de no decirle nada sobre lo que le he dicho. sería algo sin precedentes el que me tomase la libertad de LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . ¿Es ésa la razón por la que la han elegido? —Sí. Smith me dijo: —Espero que venga. Para empezar yo diría que hay que ser un entusiasta de Lewis Carrol y estar un poco chalado.. Esa casa está abandonada desde que yo era niño.. Entonces se me ocurrió una idea. ¿cuántos años tiene? —Unos veintitrés. tengo miedo. Se llama. claro que sí que lo tenía. Y si Al Grainger aparece. o a tratar de invocar al espíritu de Lewis Carroll. Pero trate de que no vaya. Puede hacer citas de casi tantas partes de su obra como yo. traté de imaginarme si a Al le interesaría o no. no estaría de más ir con alguien al que conociera. Dodgson no solamente jugaba al ajedrez. si es un admirador de Carroll. al menos hasta que haya tenido oportunidad para juzgarle. naturalmente. Tiene buenos gustos literarios y conocimientos de fondo. Pero si viene. —¿Y se van a reunir ustedes allí esta noche? Asintió con la cabeza: —A la una de la madrugada para ser exactos. Solíamos decir que estaba encantada.. si es que eso es un requisito y me parece que nada más. Hace poco que ha terminado los estudios. sino que basó A través del espejo en una partida de ajedrez.FREDRIC BROWN 31 —Tendremos que llevar velas o linternas. ¿le importaría que él viniese también si le apetece? —¿Cree que reúne los requisitos? —Depende de cuales sean los requisitos. —Una pregunta. pero. Si es que iba a ir a una casa encantada a la una de la madrugada a cazar Jabberwocks. lo que quiere decir que conoce y le gusta Carroll. —No son cosas muy distintas. no sabía mucho más. Pero cuénteme algo de su amigo. ahora que pienso en ello ¿no viene a ser la misma cosa? Se rió. señor Smith. Juega al ajedrez.

Recordé su familiaridad con aquellas cosas oscuras sobre Lewis Carrol que había escrito hacía tanto tiempo. Le dije: —Bueno. —¿No sería lógico pensar que ha heredado el dinero? —Desde cierto punto de vista. ¿Me puede contar algo más sobre él? ¿A qué se dedica quiero decir. o ellos si en verdad representaba a un grupo de personas. Y sabe como son los pueblos pequeños. Quizá ella tenía buenas rentas de las inversiones de su marido. y parece tener mucho dinero para gastos. en realidad no creo que haya conseguido colocar ninguna. Me encogí de hombros. Asintió. Y todo Carmel City anda muy revuelto por no saberlo. y quizás convenga decirle que el voto fue unánime. Ha vivido aquí toda la vida. vivía allí con su madre hasta que ésta murió hace unos años. pero nadie sabe de donde sale—. puede que escribir teatro no sea vivir ocioso. Sonreí—. recuerdo. Pero no creo que viva de eso. pues escribe obras de teatro. Y me parece que es todo lo que puedo contar sobre Al Grainger. sí. si tengo oportunidad de conocerle y creo que se ajusta a las normas. y nadie sabe de dónde saca el dinero. con excepción del período universitario. sabían unas cuantas cosas sobre mí. pero no es una actividad muy remunerativa salvo que uno venda las obras durante tantos años. Tiene un coche tremendo y casa propia. y seguí explicando: —Pero probablemente no haya misterio alguno. Es el pequeño misterio de Carmel City. Así que aquí nadie conocía a su padre. Probablemente no habla de sus asuntos porque le gusta ser misterioso. —Pero. Bueno. Smith asintió: LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO .FREDRIC BROWN 32 invitar a alguien a una reunión tan importante como la de esta noche de motu propio. En el pueblo. Su madre era sombrerera y trabajó toda la vida y ni siquiera llegó a tener tienda propia. A usted se le invita porque sabemos unas cuantas cosas suyas. Pero resulta imposible el hecho de que pudiera haber ganado lo suficiente para admitir eso y además haber dejado dinero suficiente para que él viviera ocioso. salvo que además me gana casi siempre al ajedrez. bueno. —¿Su padre era rico? —Su padre murió antes de que él naciera y antes de que la señora Grainger viniera a vivir a Carmel City. la gente se preguntaba como podía tener casa propia y pagarle estudios a su hijo con lo que ganaba. Pero no parece muy probable. de qué vive? Eso era difícil de contestar. y espero que tenga oportunidad de conocerlo. Se votó que fuera. y no puse en duda que él. y Al habrá heredado la renta o el capital del que se extraía. quizás me arriesgue y le invite.

y a continuación desaparecía. Al menos aunque no fuera por otra razón porque no me gusta el sabor del whisky. Con aquella forma de beberlo. Supongo que te habrás dado cuenta de que me has saboteado el número de esta semana al cancelarme la noticia de primera página. Pero me dice que tiene que aceptar ya la otra oferta. y si hablaba a la vez que bebía. pero como la subasta fue anulada. soy Clyde Andrews. Sonó el teléfono. naturalmente. no parecía posible que hubiera oportunidad de saborearlo. Doc.. ya lo tendré claro mañana por la mañana. Clyde. No pasa nada. —Doc —me dijo la voz—. Asentí con la cabeza y me di cuenta de que no podía verme. así que le dije: —De acuerdo. Doc. siempre que tu me vendieras el Clarion. totalmente fascinado. me excusé. lo pensaré. Clyde. Definitivamente era un truco que tenía que aprender. Me dice que le gustaría venir a Carmel City de acuerdo con la propuesta que le hice. Te diré lo que decido en LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . ¿Qué pasa ahora? —Lo siento. Clyde. supuse que no te gustaría publicarlo y que luego viniera la gente y. ya veremos. así que pensé que si te llamaba podría conseguir que te decidieras de una vez. Pero tengo que saberlo para mañana. Durante un segundo me puse absurdamente furioso. Así que ya ves que esta vez es por algo distinto. impaciente por reanudar la conversación con Yehudi Smith—. que tiene dos días para contestar si es que la acepta. ¿Qué si quiero o no? No lo sé. si te ha causado inconvenientes. ¿Qué quieres esta vez? —Me gustaría saber si ya has decidido si quieres o no quieres vender el Clarion. aunque disfrute con sus efectos. apenas parecía interrumpirse. pero acaban de entregarme una carta urgente de mi hermano de Ohio. Ni siquiera parecía que movía la nuez. y contesté. Estaba en el vaso. —Perdona por molestarte. Volví a fijarme en la manera increíble que tenía de beber. vienes a interrumpirme la única conversación interesante que he tenido desde hace años para preguntarme lo que llevamos meses discutiendo. Quiero y no quiero venderlo. Le han hecho una oferta en el Oeste. Echó una mirada al vaso vacío. —Naturalmente —le interrumpí. Bien. Siento haberme puesto así.FREDRIC BROWN 33 —Si viene. Puedo jurar que esta vez el vaso no estuvo a menos de seis pulgadas de la boca. Doc.. tampoco hay tantísima prisa. Le dije: —Maldita sea. Tengo que saberlo. —Bien. y yo me di por aludido y se lo rellené y llené el mío. No necesariamente esta noche.

por cierto. Ah. pero un amigo mío que acaba de llegar en coche de Neilsville me ha dicho que hay controles de carretera en ambos lados de la del manicomio del estado. después de haber oído aquella colección de fantasías que me había contado. —Lo del loco que se ha escapado. Supongo que te darán detalles si llamas al manicomio.FREDRIC BROWN 34 cualquier sentido que sea para que puedas actuar en consecuencia. no me habría dado cuenta antes. —Gracias Clyde. Hay tiempo de sobra. hay una pequeña noticia si no es demasiado tarde para que la incluyas. Colgué el teléfono y miré a Yehudi Smith. ¿O ya lo sabes? —Sí sé el qué. ¿Vale? —Muy bien. Me preguntaba porqué. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . No se los detalles.

me gustaba pensar que tendría que entregarlo a los loqueros para que lo llevasen al sitio de donde había salido. ¡porque algunos estamos sin aliento. o a sabe Dios qué. O quizás sería mejor la comparación diciendo que había sido como leer una historia de ficción que uno sabe que es falsa pero que es verosímil mientras la narración se extiende. doctor. que llamase al manicómio y que les dijera que se pasaran por mi casa si querían recoger al chiflado que se había fugado. Lo que era divertido era que todavía me gustaba. al igual que uno puede sentirse absorto jugando al ajedrez aunque sepa que los reyes y reinas del tablero no son entidades reales. Ya había estropeado algo más. Delante de mi. exclamo la Ostra. Bueno. «antes de que empecemos a charlar. pero naturalmente no iba a decírselo. me di cuenta con terrible desilusión. porque tuve que mantener el equilibrio. un hombrecillo que no estaba allí mentalmente. pensé. como tampoco podía decirle a Clyde Andrews cuando llamó por teléfono. la que había sentido ante las cosas que me contaba Yehudi Smith. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Yehudi. no había más que un hombre que se había escapado de un manicómio. excitación bastarda.FREDRIC BROWN 35 CAPÍTULO CUATRO «Pero espera un poco». Así que sacudí la cabeza cuando me puse a pensar cómo salir de la casa para poder llamar por teléfono desde la de algún vecino. Quizás estuviese un poco más bebido de lo que creía. o que íbamos a ir a una casa encantada a conjurar a un Jabberwock. Sospecho que había sido aquel tipo de excitación. por lo menos me ha proporcionado una noticia para llenar el hueco de nueve pulgadas de la primera página del Clarion. Me levanté. Pero había sido muy interesante pensar en ello. Me acuerdo de lo cristalinamente que tenía el cerebro. Me dijo: —Espero que la llamada no nos estropee los planes. y todos estamos muy gordos!» Me sentí totalmente desinflado. No es que me hubiera creído de verdad lo de las Hojas Vorpales. No . Era un tipejo agradable que me había proporcionado media hora fascinante. Ahora no había ni eso. hasta el momento. y que cuando un alfil se come un caballo en realidad no hay derramamiento de sangre. delante de Smith. aunque nada hay tan cristalinamente claro como un prisma que te hace mirar como volviendo esquinas.

así que se los di. y sírvase otro whisky. De la cocina fui hasta mi habitación y allí abrí el armario. Y recordé otra vez que conocía mis oscurísimos artículos y monografías. sino que un conocido al que le había prestado veinte dólares me la dejó en prenda. no podía ser más allá de las ocho y media. Nunca le había disparado a nada y esperaba no tener que hacerlo nunca. ¿Cómo? Así. Y en cuan extraño sería que uno de ellos fuera el cuerdo y todos los demás fuésemos los locos. pero él si que quería los cinco. Excúseme. Había luces en las casas de al lado y me pregunté a qué vecino debía molestar. Y como luego vino a pedir otros cinco. Ésta no la había comprado. En una caja de zapatos que había en el estante de arriba del todo había un revólver de calibre treinta y ocho. A veces había pensado que me gustaría tener oportunidad de hablar con un paranoico de sus ilusiones. ¿Así que por qué tenía prisa por llamar? No tenía ninguna. pero sin luna. Crucé la cocina y salí fuera a la negrura de la noche. Tengo que dar un recado aquí al lado. Ni siquiera me gustan las armas. relajarme y divertirme. reflexioné. Entonces volví dentro y fui lo bastante cobarde para hacer una cosa ridícula. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . aquel hombre que decía llamarse Yehudi Smith no era peligroso. contemplando un cielo de terciopelo negro. henchido de estrellas relucientes. Y entonces me pregunté porqué tenía tanta prisa por molestarlos. Yo no lo quería para nada.FREDRIC BROWN 36 —No. Parecía saber algo sobre Lewis Carrol. por tanto me quedé allí en las escaleras de atrás. claro. Ahora ya se me había pasado la desilusión que había tenido al saber que estaba loco. era el hombre más interesante con el que me encontraba desde hacía años. decidí que quizá fuera mejor dejar la llamada para dentro de una hora o tiempo similar. sin tener que estar de acuerdo o en desacuerdo. así que los vecinos todavía estarían levantados por lo menos una o dos horas más. al pensar en ello. y tampoco tenía idea de si le podría pegar a algo más pequeño que un elefante o a algo que estuviera a más de dos metros. Y la tarde acababa de empezar. En realidad. y ¿por qué no iba a encontrar su charla tan interesante como si fuera real y cierta? Interesante de otra forma. y pensando en qué habría más allá y en por qué los locos estaban locos. sino únicamente a ver si yo era capaz de darme cuenta de que es lo que lo hacía desbarrar. loco o no. la llamada no interrumpirá nuestros planes. Por supuesto tuve que hacer tiempo allí fuera para hacer razonablemente creíble el hecho de que hubiera ido hasta casa del vecino a dar un recado. uno de esos cortos y ligeros que se llaman Banker's Special. me dijo que si se los daba me podía quedar con el revólver. Y. salvo por unos minutos.

Alicia en el país de las maravillas se publicó en mil ochocientos sesenta y tres. De hecho quiero hablar de él. y ni siquiera sabía si aún dispararía o no. ¿Sabe lo que había publicado antes? Sacudí la cabeza. —Por poco. Tenía treinta y dos. No se había puesto un trago. —Me temo que es la forma que tengo de llamar la atención. Me gustaría poder comunicarle ciertos hechos que le permitirán comprender mejor las cosas. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Por ejemplo. Se rió. —¿Y se puede vivir con eso? —le pregunté. mucho más que de otro modo. Algunos ya los conocerá. Me ha dicho casi correctamente su fecha de nacimiento y muerte. hasta después de la reunión. Dudó durante un instante. en la reunión de esta noche? Naturalmente no habría reunión ninguna aquella noche. o de cualquiera otra de las obras? Su secuencia temporal es importante. ¿Conoce no obstante las fechas de los libros de Alicia. —Con exactitud no. pero ya antes había emprendido la pista tras algo. y además seguro que fallaría el blanco. habría querido decir que podía hacerle seguir hablando de su manía. Tampoco lo usaría. claro está. pero me lo metí en el bolsillo del pantalón. Me dijo: —Claro que no. pero quiero refrescárselos un poco. salvo en caso de imperiosa necesidad. un tirón del vaso hacia los labios. Esperé que me contestase adecuadamente. así que serví uno para cada uno y me senté otra vez en el sofá. —¿Le importaría que le contestase hasta que haya visto. Levanté mi vaso y por encima del borde volví a verle hacer aquel truco maravilloso. lo que sin duda verá. en general.FREDRIC BROWN 37 Estaba cargado con balas que ya tenía cuando cerramos el trato unos cuatro o cinco años antes. —Soy un estudioso. cuando andaba por los treinta. pero se me ocurrió que si llevaba la pistola la conversación que me esperaba sería más peligrosa e interesante. Antes me dedicaba al malabarismo. y le dije: —Me gustaría tener una cámara para filmar la manera en que lo hace y luego estudiarla a cámara lenta. Pero le dije: —Claro que no. ahora ya lo sabía. Un estudioso de Lewis Carrol y de matemáticas. Me bebí el mío menos espectacularmente. Creo que escribió el primer libro de Alicia cuando aún era relativamente joven. —¿Y ahora? Si no le molesta la pregunta. las fechas. Pero espero que no querrá decir que no podemos hablar de Carroll. Entré en la sala y seguía allí.

por ejemplo. No es técnico en absoluto. en la que cualquier cosa a la que Alicia mira se convierte en otra diferente. Había escrito y publicado Programa de geometría de planos en mil ochocientos sesenta. Un plano onírico. No obstante me doy cuenta de que no ha podido dar con la clave ya que no ha leído los tratados de matemática. Le contesté —Las matemáticas no son mi fuerte. Si le entiendo bien. tener acceso a él. y dejemos aparte la pregunta de quién o qué fue. su tesis es que Le-wis Carroll.FREDRIC BROWN 38 —Dos libros. —¿Pero qué clase de plano? ¿Un plano de fantasía a través del espejo. claro. Lo único que pasa es que no ha sido capaz de advertir la matemática que se contiene en los libros de Alicia y en la poesía. ¿Ha leído alguno? Tuve que volver a sacudir la cabeza. se dedicaba a la matemática y expresaba por medio de la fantasía el hecho de. —Todo son acrósticos pero de forma más sutil.. No he leído más que los libros que no son técnicos. ¿qué? —De que hay otro plano de existencia además de éste en el que estamos viviendo ahora. y la mayoría de las claves para entender los de fantasías están en él. —Espere un momento. pero tenía que hacerlo. Estoy seguro de que sabe que muchos de sus poemas son acrósticos. Acuérdese de la tienda en la que había una anciana oveja tejiendo. No es una expresión totalmente adecuada. Sonrió. —Sí. referencias en la Lógica simbólica. doctor. y me dijo: —No hay ninguno. un plano onírico? —Exacto. pero es la más próxima que puedo dar para explicarlo por el momento —se inclinó hacia adelante—. ¿Acaso no son un paralelismo perfecto de las aventuras de Alicia? La escena del agua y la lana. Hay aún más. publicado en mil ochocientos noventa y seis. y no tuvo modo de saber de qué. y al año siguiente su Fórmu las de trigonometría de planos. de cómo Alicia fijaba la vista en los estantes para ver lo que mostraban. y concluyentes. pero el estante que miraba estaba siempre vacío aunque todos los demás estaban llenos de algo. y le dije: —Me parece que el comentario que hace es «Las cosas no paran de LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO .. Que podemos. Me frunció el ceño: —Por lo menos debería haber leído ése. Asentí lentamente con la cabeza. apenas dos años antes de su muerte. pero son menos directas. Considere lo que son los sueños. Yo me supongo que no habrá leído el Tratado elemental sobre los determinantes. y a veces lo hacemos. ¿Ha leído las Curiosidades matemáticas? No me gustaba tener que desilusionarle otra vez.

pruebas matemáticas. Y considere que Jabberwock. se ha considerado poder alcanzar. Y espero. —Exactamente. doctor. Le dije: —¿Pero para qué hace falta postular la realidad de ese mundo? Puedo entender sus argumentos en el resto de los puntos. y espero que también usted las vea. Y entonces la oveja le preguntó a Alicia si sabía remar. En un sueño se pueden entender perfectamente sus significados. Pero por qué hay que suponer que Lewis Carroll no trataba simplemente. Sabía que ya tenía la voz un poco pastosa. y que resopla y borbotea. solo recientemente. en el sentido de que lo invadimos cada noche en nuestros sueños? Sonrió: —Porque ese mundo es real. ni Freud y James Joyce juntos podrían haberlo hecho mejor. que es probablemente lo mejor del segundo libro de Alicia. Carroll vivía un siglo por delante del suyo. ¿Por qué hay que admitir que ese mundo sea real? ¿Por qué hay que hablar de tratar de llegar a él. Pero no dio evidencias de sufrir los efectos de las copas que habíamos estado trasegando. No puedo decir lo mismo respecto a mí mismo. doctor. se tomó aquella última copa. que es la aproximación matemática? Confesé que no había oído hablar ni de Leibnitz ni de Winton. Verá. salvo. tendrá además pruebas factuales y reales. de forma física el objetivo al igual que de forma mental. Yo ya he visto esas pruebas. vaya. doctor. con ojos que echan fuego. o nosotros.FREDRIC BROWN 39 moverse aquí». No le serví otra vez. con la excepción de Carroll. está escrito en el auténtico lenguaje de los sueños. y mandíbulas que devoran. —¿Cómo Lewis Carroll lo alcanzó? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Está lleno de palabras como frumioso. manxomo. palabras que proporcionan una imagen perfecta en un contexto. Entre manxomo y tulgeloso. y las agujas se conviertieron en remos al cogerlas en las manos y estaba en una barca junto a la oveja que seguía tejiendo. y las garras que hacen presa. Oirá pruebas suficientes esta noche. sigamos llamándolo el plano onírico hasta que le haya demostrado lo que es en realidad. sobre los sensores que dirigen en la dirección adecuada. de escribir como si fuera un sueño. pero uno los olvida en cuanto despierta. y con gran éxito por cierto. comenzaba a preguntarme cuánto aguantaría la botella. Una secuencia onírica perfecta. El Jab-berwock es el epítome de las criaturas oníricas de pesadilla. ¿Ha leído algo de los experimentos recientes sobre el subconsciente hechos por Leibnitz y Winton. claro. pero nos es imposible saber cuál es el contexto. —Pues son poco conocidos en realidad —concedió Smith—. Pero por lo menos verá los cálculos y le explicarán cómo se derivan de Curiosidades matemáticas y cómo aparecen probados y corroborados en el resto de los libros. y se dio dos agujas de tejer. tulgeloso.

¿Porqué no? ¿Por qué no podía haber otras dimensiones además de la nuestra? ¿Por qué un sagaz matemático con un cerebro excepcional no podría haber encontrado el camino hasta uno de ellos? En mi cabeza maldije a Clyde Andrews por haberme contado lo del fugado del manicómio. Hubiera sido maravilloso no saber que era un demente para poder dejar de cuestionarlo y para poder ponerme a cavilar. Yo me serené un poco y le pregunté: —¿Qué es. ¿Está muerto? —Eso me han contado. Doc. para saber las cosas que sabía. Se le encendieron los ojos: —La sección de tracas romanas. tuve que explicar de qué me reía. —Por amor de Dios. —¿Doc? —era la voz de Pete Corey. Habría sido una velada en el país de las maravillas. ¿qué ha sido? No me cuentes detalles. y seguidamente ninguno de los dos dijo palabra y el silencio era tal que pegué un brico cuando sonó el teléfono. sería una tarde maravillosa de verdad. cuerdo o chalado. Cuerdo o chalado. ¿Recuerdas que hará unas dos horas deseabas que hubiera un asesinato o que pasara algo para poder tener una noticia con la que rellenar el periódico. Me reí. Es maravilloso. Si no hubiera sabido aquello. naturalmente. Agarré el teléfono con firmeza y dije: —No hace falta que te andes con rodeos. mi tipógrafo. Cosas tan revolucionarias y peligrosas que no se atrevió a revelar abiertamente. y te acuerdas de que yo te pregunté si te gustaría incluso si le ocurría a un amigo tuyo? Claro que me acordaba. La sección de tracas romanas. Durante un instante pasajero me parecía todo tan razonable que me pregunté si podría ser verdad. Lo cogí y contesté: —Sección de tracas romanas. Y.FREDRIC BROWN 40 —Como debe haberlo hecho. Pete? —Escucha. no se si lo atropello un coche o qué ha pasado. Doc. Bebimos a la salud de la sección de tracas romanas. Pete no se excita con facilidad. Se adivinaba tensa —. Incluso sabiendo que Smith estaba loco. figurativamente era un miembro de la sección en la que trabajaba literalmente el marido de la señora Carr. Carl Trenholm. me gustaba. Lo encontraron junto a la barrera. Tengo malas noticias. preguntándome si no tendría razón. quizás con ayuda del whisky. ¿Le ha pasado algo a Carl? —Sí. y entonces. —¿Dónde está ahora? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Pete. me encontré. había mencionado a mi mejor amigo.

pero es una barbaridad cuando uno está ansioso de llegar. un accidente a un amigo mío —me dirigí hacia el ropero para coger el abrigo—. Anduve deprisa.? —Si no le importa.. que me quedé sin resuello al cabo de dos manzanas y tuve que bajar el ritmo. —No lo sé. ¿Quieres esperarme aquí. —Estaré bien —asintió— espero que su amigo no esté malherido. ¿Habían asesinado a Carl? Claro que no. porque Ranees Kates le llamó por teléfono y le dijo que se acercara a cuidar la comisaría mientras él iba hasta allá. Doc. Y Hank sabe que no le gustas a Kates y que no te diría nada. Hank me llamó desde su casa antes de salir para la comisaría.. pero ha ocurrido algo importante. seré yo. esto es. pero me contestó que al diablo la falta que hacía porque quería ir. —Diablos. Lo único que sé es que Hank me ha llamado —Hank es el cuñado de Pete. —¿Has llamado al hospital? Quizá Carl esté herido solamente. Voy a volver al pueblo.. Habría sido un LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Si suena el teléfono. Nueve manzanas no es una gran distancia cuando no se tiene prisa. Seguía pensando en lo mismo que obviamente había pensado Pete: qué maldita coincidencia había sido el haber mencionado la posibilidad de que a Carl. —De acuerdo. y esta vez de verdad. Le dije que no hacía falta. Gracias.. maldiciendo los dos neumáticos pinchados del coche y el hecho de no haber tenido tiempo de arreglarlos por la mañana. Pero que no se te ocurra meter a Hank en un lío contando por ahí quién te dio el soplo. Esas cosas no pasan en Carmel City. Pero habíamos hablado de un asesinato. llamaré al hospital desde la oficina del Clarion. —Todavía no pueden haber tenido tiempo de llegar allí. Pete. Incluso Hank tenía información de tercera mano. Me puse el sombrero y salí deprisa de nuevo. y Kates acababa de llamarle desde allí porque se iba en aquel momento. Llámame allí si te enteras de algo más. Dije: —Lo siento. cójalo. Colgué el aparato y me di cuenta de que me había puesto en pie. y es alguacil ayudante— y me ha dicho que habían recibido una llamada de alguien que lo había encontrado en la cuneta. o .FREDRIC BROWN 41 —Creo que lo deben estar llevando a su casa. No discutí con él. Y sírvase cuanto whisky y libros quiera. o a donde quiera que le lleven. pero le llamaré por teléfono y se lo diré tan pronto como me sea posible. iré yo también. tan deprisa de hecho. así que Hank me llamó. siempre que no vaya a tardar mucho. Eso es precisamente lo que yo me estaba preguntando.

. sospechasen o no de él. Se habría largado tan pronto como yo me hubiera perdido de vista al doblar la esquina. ¿de dónde saqué la brillante idea de que era capaz de determinar si un tipo era chiflado inofensivo y no un maníaco homicida? Comencé a dar la vuelta pero me di cuenta de que volver no serviría de nada y sería una tontería. sería ridículo volver solo. Pero esa noche había un loco suelto por ahí. ni siquiera podía formarme una idea justa del tema hasta que supiera como eran las heridas de Carl. incluso aunque me había tomado la precaución de meterme el revólver en el bolsillo. o bien no sospecharía que yo sospechaba de él y me esperaría según le había dicho. estaba sentado en mi sala de estar.. Sí. pero a pesar de todo me puse a andar un poco más deprisa. que había sido una agradable tarde de junio. De pronto sentí que las luces de la calle no iluminaban lo suficiente.. y no me gustaría tener que usar el arma. pero ¿cómo podía estar seguro? No soy psiquiatra.FREDRIC BROWN 42 accidente. Así que lo único que tenía que hacer era llamar al manicómio tan pronto como pudiera para que mandasen a los guardias a mi casa y se lo llevaran si aún seguía allí. Si se hubiera escapado antes de la muerte de Bridgeport. que no lo hubieran internado en el manicómio hasta después de la muerte. la calle estaba vacía. Un escalofrío me recorrió la espalda: ¿qué pasaría si el cuerpo de Carl mostraba. Nadie salvo un. y que la noche. y. era algo LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Detrás.. incluso aunque tuviese el revólver en el bolsillo. ¿Con qué había estado hablando de Jabberwocks y de animales desconocidos? De pronto el arma que llevaba en el bolsillo se me antojó un gran consuelo. Si el animal desconocido que había matado a aquel hombre cerca de Bridgeport y el loco fugado fuesen una sola cosa. Quizás se resistiese. Seguí andando.? Y en aquel momento cristalizó el horrible pensamiento. Podría fácilmente haber sido un accidente de automóvil. salvo que se hubiera cansado de esperarme. Repentinamente recordé el recorte de periódico: «HOMBRE MUERTO POR ANIMAL DESCONOCIDO». Nadie más que un loco podría haber tenido la más mínima razón para matar a Carl Trenholm. Pensé en la licantropía y temblé. El acabar aquel pensamiento me hizo detenerme repentinamente. Había creído que era inofensivo. Nadie podía haber tenido la más mínima razón para asesinar a Carl Trenholm especialmente. un atropello en el que conductor se daría a la fuga. Miré por encima del hombro para estar seguro de que nada me seguía. hasta que yo le llamase. Me puse a andar tan deprisa como pude sin quedarme ahogara otra vez. especialmente porque yo carecía de pruebas que me indujesen a creer que había matado a Carl. o igualmente.

Un Buick sedán grande y azul oscuro se acercó al bordillo y aminoró la marcha para ponerse a mi altura. En la esquina de Oak Street di la vuelta y me encontré ya a una manzana y media del Clarion. Había dos hombres en los asientos delanteros. ya estaba lo bastante lejos y tenía que llegar hasta la oficina del Clarion para ponerme a llamar por teléfono desde allí. había luz en la ventana de la oficina del alguacil.FREDRIC BROWN 43 terrorífico y amenazador. Tenía miedo de verdad. si Kates se enteraba de que había estado en su oficina charlando con Hank. éste tendría problemas. dijo: —Eh. Incluso pensé en entrar. Pero no. borrachín ¿cómo sollama este pueblo? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Así que seguí andando. y el que iba conduciendo sacó la cabeza por la ventanilla y me. Además. Me alegré de pasar junto a la comisaría. Probablemente fuera Hank quien estuviese y Ranee Kates seguiría fuera. Pero me iba a llevar un buen rato aquella manzana y media. Quizás deba dar gracias por no haber comenzado aún a sospechar que todavía no habían empezado a pasar cosas.

contento está como una alondra. pero en aquel momento no me LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . sobre este último se apreciaba una sobra de pelo que parecía indicar que se estaba dejando el bigote. chaval. No me gustaba la pinta de aquellos tipos. y con desprecio hablará del Tiburón. Habría hecho falta cirugía estética. pero soy forastero —y seguí andando. Le dije: —Lo siento. y pararon un poco más adelante. Un minuto antes. No suelo ser grosero. pero puedo serlo si alguien se pone en ese plan.FREDRIC BROWN 44 CAPÍTULO CINCO Cuando las arenas están secas. y entonces me adelantaron. además. Tenía el revólver en el bolsillo. Había creído que se trataba de una coincidencia hasta que me había dado cuenta de que en vista de la similaridad entre Masters y Masterson el apodo de «Bat» sería el lógico. No podía equivocarme en cuanto al rostro. Me quedé de una pieza y traté de no delatarme cuando le reconocí. Oí como el hombre que estaba al volante del Buick le decía algo al otro. los ojos separados. La atención que había prestado a los carteles de «Se Busca» en el tablón de la oficina de correos había servido para algo. Hacía mucho tiempo que nadie me llamaba «borrachín». y una boca que no era más que una fina línea que separaba una mandíbula corta de un generoso labio superior. un famoso pistolero del viejo Oeste. El tipo que venía hacia mí y que estaba a dos pasos cuando me detuve era Bat Masters. y me acordaba perfectamente del nombre porque se parecía mucho al de Bat Masterson. ni tampoco el tono de voz con el que me había hecho la pregunta. Bat Masters. ahora pensaba de otro modo. su retrato no le reconociese. aunque teniendo en cuenta la expresión de su cara no iba a servir para lo que yo hubiera querido. pensaba que me gustaría cualquier compañía que no fuera la del loco fugado. de un volantazo subieron el coche a la acera. su voz tiene tembloroso y tímido sonido. para disimular aquella cara a fin de que quien la hubiera visto. Era un hombre grande. El conductor se bajó y vino hacia mí. con una cara larga de caballo. y era algo que no me gustaba especialmente. mas cuando sube la marea y los tiburones se acercan. de ninguno. cuya foto habían puesto la semana anterior y que seguía puesta en el tablón de anuncios. y una buena barba. aunque fuera sin prestarle atención. atracador y asesino.

porque si me hubiese acordado quizás hubiera tenido la idea de sacarlo. entró y arrancó marchándose. se dio la vuelta y miró al otro lado. Lo cual estuvo probablemente mejor. casi levantándome del suelo. naturalmente. pero seguramente sería un coche robado. Ni siquiera miré el coche cuando se iba. para ver si alguien o algo se acercaba por allí. La próxima vez que alguien te pregunte algo. —De acuerdo. no quieto chorradas. Bill. por encima de mi cabeza. y además no se me ocurrió. Ahora venía un coche. decir que no se quiere llamar la atención es la mejor forma de hacerlo. Carmel City. Venía hacia mí con los puños cerrados. muñeco. Supongo que debería haber anotado la matrícula. Y no creo que hubiera sido algo muy saludable. También pude oír el ruido de otro coche por detrás. no seas tan grosero. Y salían dos hombres de una tienda del otro lado de la calle. y él pesaba aproximadamente el doble y además le sobresalían los hombros de la chaqueta. pero no tenía ninguna pistola en ellos. pero tratando de no demostrar tanto miedo como el que tenía de verdad. No terminó la frase. No tenía el más mínimo temor a que yo le hiciera algo como para seguir prestándome atención. —Claro.FREDRIC BROWN 45 acordé de él. Dlinois. No queremos. perdón —acerté a decir haciendo queja voz me sonase llena de miedo.. No tenía intención de matarme. porque si llegaba a sospechar aunque fuera remotamente que podía haberle reconocido no me iba a librar tan fácilmente. Masters miró a lo lejos. llegó hasta nosotros: —Eh. Se dio la vuelta contoneándose y se fue hasta el coche. quizá una ligera bofetada que no me haría mucho más que desencajarme la mandíbula y hacer que me tragara la dentadura postiza. que giraba hacia Oak Street. no le hagas daño a ese tipo. no quería que pensaran que les estaba echando una buena ojeada. como LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . que estaba solo unas casas más abajo. si alguno de los dos miraba atrás. estaba como a una manzana. quien seguía en el coche. aunque podría hacerlo con gran facilidad con uno de sus puños sin esforzarse mucho: yo peso unos setenta kilos desnudo. —Carmel City —le dije—. Me dijo: —Mira. Masters se volvió hacia mí y me soltó para que pareciéramos dos hombres que charlábamos si alguien se fijaba en nosotros. y seguidamente sin soltar las solapas del abrigo. Te he preguntado algo. y la verdad es que comprendía perfectamente que se sintiera así. La voz del otro hombre. No había tiempo ni para dar la vuelta y echar a correr. Su mano izquierda me agarró repentinamente por las solapas del abrigo y me atrajo hacia él. Seguía mirándome como si no hubiera renunciado totalmente a la idea de regalarme algo para que me acordase bien de él.. muñeco.

Vaya. No quería darles motivo alguno para que cambiaran de opinión respecto a largarse. naturalmente. Me había librado por los pelos. por una vez iba a tener un periódico lleno de noticias. incluso si no los cogían. gracias a Dios no lo había estado cuando Masters había estado a punto de decidirse a convertirme en pulpa. incluso podían darme una parte de la recompensa por darles el aviso. Si la calle hubiera estado totalmente desierta. pero eso me importaba bastante menos que la noticia que ya tenía. era una noticia.. pero no llegan hasta bien entrada la tarde. ya que el aviso había partido de Carmel City. Ya había pasado la tienda de música de Deak. Y el supermercado. y hay mucha gente de Carmel City que compra los diarios de Chicago. pero preferí no correr el riesgo. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Y Hank Ganzer desde la comisaría daría el aviso a la policía del estado. Quizá hubiera hasta un tiroteo. el hecho de que hubieran pasado por el pueblo constituía una noticia. El volver a pensar en Carl me hizo caminar más deprisa. El banco. Incluso si no cogían a Masters y a su compañero. aunque los cogieran mucho más al norte.. Por una vez les ganaría a los periódicos de Chicago. había andado ya media manzana desde que el Buick se había ido. No se lo veía por ningún lado. Y si era así. así que habría muy buenas oportunidades de que le echasen el guante en un par de horas. Estaban oscuros. gracias a haber conocido tan de cerca a Masters me daba perfecta cuenta de que sería lo más probable. estaba como a cien metros de la comisaría y como a cien metros de Smiley's y de la oficina del Clarion que estaba enfrente. Y además estaba lo del loco que se había fugado. También en ellos vendría. yendo por el centro de la acera y aparentando ser un tipo al que sólo le preocupan sus propios asuntos. Desde cualquiera de los dos sitios podía llamar por teléfono para contarles la gran noticia de que Bat Masters y un colega suyo acababan de pasar en coche por Carmel City con dirección norte. y si lo hacían sería una buena noticia de verdad.. De todos modos la diferencia era de unas casas. probablemente hacia Chicago. Ahora-ya se podía. y lo de Carl Trenholm.FREDRIC BROWN 46 dicen los bandidos. y la calle volvía a estar tranquila. y el Clarion estaría a la venta horas antes.. Y perfectamente cronometrado todo además. pensé. También trataba de que dejaran de temblarme tanto las rodillas para poder seguir andando. Si alguien me miraba por el parabrisas trasero del coche al cambiar de dirección no sería una buena idea. Reemprendí la caminata. Por una vez pasaba algo un jueves por la noche. Y además una noticia local. Sí. Podía haber dado aviso en la comisaría unos momentos antes si me hubiese vuelto en aquella dirección.

pero mi oído me decía que lo había hecho. no me preguntéis porqué. pero no tan tontas como parar el soche en el que se están fugando justo al lado de lugar de la escena del crimen para preguntar en qué pueblo están. esto es.FREDRIC BROWN 47 También había pasado el banco cuando me detuve tan repentinamente como si hubiera chocado contra un muro. Masters y compañía no podían haber robado el banco. E incluso si no era así. o se había ido ya. y estarían dando una vuelta a la manzana. incluso si se hubiesen detenido. yo sí que lo había hecho. El ladrón seguía allí. Volví atrás algunos pasos y miré por el escaparate del banco. ¿pero seguía el ladrón dentro. Habían pasado el banco. Es verdad que podían haber robado el banco. Primero no pude ver nada excepto la vaga silueta de una ventana en la parte de atrás. Nuestro encuentro había tenido lugar apenas hacía unos segundos. Durante un instante me asaltó el horrible pensamiento de que Bat y su compinche acababan de robar el banco. como si alguien hubiera encendido una cerilla que se hubiera apagado antes de que el fósforo hubiera prendido en la madera. donde estaba la caja fuerte. la parte de arriba del trozo inferior del marco se veía claramente. Entonces la silueta se hizo menos vaga y comprobé que la ventana estaba abierta. la parte de arriba de una ventana que se aprecia encima del mostrador. Sólo pude darme cuenta del resplandor. distante solamente unos centímetros de la hoja de la ventana. hay una iluminación de seguridad encendida siempre sobre la caja fuerte. cuando se detuvieron para preguntarme en qué pueblo estaban. en casi media manzana. Y de repente brilló una lucecilla durante un instante. El coche había seguido adelante. Y no debería estarlo. dejando la ventana abierta? Esforcé la vista a través de la oscuridad hacia la izquierda de la ventana. Esa era la forma de entrar. Y tampoco iban a estar robándolo ahora. Y repentinamente me encontré corriendo de puntillas por el descampado que había entre el banco y la oficina de correos. A veces los criminales hacen cosas bastante estúpidas. Por Dios. También el banco estaba oscuro. no había tiempo material para que hubieran podido entrar. ya que estaba por debajo del mostrador. Había pasado miles de veces por delante del banco después de oscurecer y la luz nunca había estado apagada. de acuerdo. Naturalmente que tenía dinero LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . no pude ver quien podía haberla encendido. encima bajándose del coche para machacar a un peatón que ha respondido desairadamente a sus preguntas. no lo había visto. aunque los atracos y no el robo eran más del estilo de Masters. pero si lo hubieran hecho lo más probable es que estuviesen intentando largarse. No. y seguidamente me di cuenta de lo ridículo de aquel pensamiento.

y no era estrictamente asunto mío el hecho de que estuviesen robando el banco. esto es. según llegaba al lugar. Me agaché y lo empuñé justo a tiempo. Estaba saliendo. Quizá estuviese allí un buen rato. Si se le ocurría salir ahora. incluso con aquella luz tan tenue. No pensaba en nada. y me di cuenta de que me había caído. porque apareció una cabeza en la ventana. de maníacos homicidas licántropos. según me permitía la luz que llegaba desde la calle. y a continuación se oyó el ruido del palo al golpear contra el suelo blanco del callejón. Un momento antes. pero allí estaba yo corriendo ya por el callejón de puntillas. Estaba corriendo hacia la parte de atrás del banco. y apareció una mano en el alféizar. antes dejaría que se escapara a hacer eso. Allí la luz era muy tenue. y no había oportunidad de que yo pudiera marcharme sin que se diera cuenta. Si no hubiera sido por lo que creí haber visto en la última fracción de segundo antes de que fuera demasiado tarde para evitar descargar el LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Me parece que debe haber sido la reacción contra la cobardía que había demostrado hacía un instante. cómo saberlo. o quizá pensé que de repente me habían ascendido a la sección de tracas romanas. luego seguí tanteando por la pared del edificio hasta llegar al callejón. llamadlo como os parezca. y se oyó el ruido quedo de un cuerpo cayendo hacia el interior. atracadores. o los ladrones. La cabeza y la mano ya no estaban en la ventana. Corriendo.FREDRIC BROWN 48 en el banco. Y ya fue demasiado tarde porque de pronto se oyó un ruido apagado en la ventana. No hubo ruido ni movimiento alguno en unos segundos. Larguísimos segundos. no lo sabía. quizá acabaran de empezar a trabajar allí dentro. hacia la ventana que había dejado abierta para escaparse. al lado de la ventana donde me encontraba ahora. pero el banco tenía seguro contra robos. de Hojas Vorpales. el bastante para que Hank pudiera llegar y echarle el guante. un tarugo de medio metro de largo. Seguía abierta. había pisado un trozo de madera. ¿Por qué no había ido corriendo a la comisaría a buscar a Hank? El ladrón. de ladrones. Gracias a Dios no le di muy fuerte. En el último instante. quizá un poco desequilibrado. creí. pero me hubiera gustado no saberlo. Me paré mirándola vagamente al darme cuenta de qué locura había cometido. Qué es lo que iba a ocurrir. Esa era un arma que me gustaba. de bandidos. Debo de haber estado un poco borracho de Jabberwocks. pero era suficiente para que pudiera ver la ventana. Quizá estuviese borracho. ¿qué haría yo? ¿Pegarle un tiro? Era ridículo. Ni siquera me paré a pensar que sería mucho mejor noticia para el Clarion si conseguía atrapar al ladrón o si él me atrapaba a mí.

señor Stoeger. —Por supuesto. Le pegué en la cabeza con una estaca cuando iba a salir por la ventana. En consecuencia no podía ser nada peor que una conmoción. Entré por la ventana y le busqué el corazón. Sabía que estaría muerta de curiosidad pero que no escucharía. está cerrado. ¿Llamas tu a la policía. Le dije: —Soy Doc Stoeger. el señor Stoeger? —Sí —dije alegrándome de que hubiera reconocido mi voz—. Milly.. Date prisa. y fui a tientas hacia el escritorio más próximo. ¿Qué número quiere? Se lo di. Parecía respirar con normalidad. pensé cuanta suerte había tenido en conocer a Milly de siempre y que simpatizásemos. Pero. no había sangre. La voz de la operadora me dijo «¿Qué número. naturalmente.. presidente del banco.. Pasé despacio y con cuidado las manos por su cabeza y luego las saqué por la ventana. así que le dije: —¿Eres Milly? —Sí. ¿estás borracho o algo así? Qué haces en el banco. ¿Me harás un favor? No escuches la conversación. Quizás incluso llamase a la comisaría para decirles que alguien había llamado desde el banco. pero tenía que arriesgarme. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Tuve cuidado con lo que decía porque no sabía de antemano si habría más de una extensión en la línea. podría haber estado corriendo ahora hacia la comisaría. así que ahora está inconsciente. Clyde. busqué un teléfono hasta que encontré uno. y empecé a darle uno y entonces recordé que sabría de donde procedía la llamada y que el banco estaba cerrado. El alféizar no estaba mucho más allá de la altura de la cintura. Respondió la voz de Clyde Andrews. el de Clyde Andrews. pero no pasa nada. ¿Había conocido su voz? Me pareció que sí. Mientras oía el timbre al otro extremo. y vi que había tenido razón. Quizás ahora iba a ser mi cabeza. Así que naturalmente escucharía. ¿Es. —Voy. Y date risa. Escucha. o lo hago yo? —Ninguno. Estoy en el banco.. Vete a buscar a Minton y venid para aquí a toda prisa. pero no malherido. por favor?». había estado miles de veces en el banco. Cerré la ventana para que nadie se diera cuenta de que estaba abierta. Me eché sobre él y encendí una cerilla. así que me lo sabía de memoria. Ven ahora mismo. Pero para estar seguros tráete al doctor Minton de la que vienes para aquí. —Había alguien dentro. No llames a nadie. —¿Eh? Doc.FREDRIC BROWN 49 golpe. llamo desde el banco. No te preocupes. que latía normalmente.

y quien respondió en la comisaría. o para avisar que el loco fugado estaba en mi casa. Decidí que sería mejor esperar hasta estar en otro sitio antes de llamar para avisar de que Bat Master había estado en el pueblo. ¿entendido? Su tono de voz era distinto cuando me dijo: —Iré. por favor» se oyó de nuevo la voz de Milly y le pregunté si sabía algo de Carl Trenholm. No está malherido.FREDRIC BROWN 50 —Pero. ¿Cómo no vamos a llamar a la policía? ¿Es una broma? —No. Escucha. Cuando sonó el teléfono pegué un brinco de medio metro. Hubiera sido horrible si le hubiera pegado un poco más fuerte y le hubiera matado o herido gravemente. Sería demasiado arriesgado hacer la llamada desde allí. parecía ser uno de los ayudantes. No se nada de nada sobre las conmociones cerebrales. el hijo de Clyde Andrews. Habían pasado tantas cosas que me sentí un poco atontado. creí que sería mejor llamarle por si aún estaba ahí. ni siquiera sabía que hubiera pasado algo. Milly. Tanteé hasta alcanzarlo y contesté. pero por Dios deja de discutir y ven ahora mismo con el doctor Minton. es mejor que veas antes al ladrón. —Gracias. no entiendo. Clyde. y no el señor Kates. Cinco minutos. Había tanto en qué pensar que supongo que no pensé en nada. Di la vuelta. podía verlo por el escaparate. El «número. y se movió un poco y murmuró algo como si estuviera a punto de volver en sí. Colgué el teléfono y volví a descolgar. Estaba allí sentado en la oscuridad. Me senté en el suelo para tener la cabeza fuera de campo en caso de que alguien mirase por el escaparate. Alguien del supermercado de enfrente acaba de llamar a la comisaría para decirles que la luz de emergencia del banco está apagada.. que había comunicado una llamada desde una granja del pico a la comisaría haría media hora. La voz de Milly me dijo: —Señor Stoeger. tanteando en la oscuridad hacia la luz tenue de la ventana y me incliné de nuevo junto al muchacho. No sabía nada. y unos minutos más no tendrían importancia.. pero que había tenido más llamadas a la vez y que no había podido escucharla. muchas gracias. Se estaba parando un coche junto al bordillo. La respiración y pulso seguían bien. Suspiré aliviado cuando reconocí que los hombres que salían LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . dijo que iría a ver qué pasaba. como yo había hecho poco antes y esperé. pero me pareció una buena señal y me sentí mejor. Cuando le dije lo poco que yo sabía me dijo que sí..

—Miré en su habitación después de que me llamases. Tenía hecho el equipaje. pero puede también que esté en Smiley's o bien. lo llevaremos al hospital para hacerle un chequeo a fondo para estar bien seguros. Pero. bueno. al volver a pensarlo. pudieran ser vistos desde la calle. tengo que irme corriendo. así que había venido a ver qué pasaba. no puedo entenderlo. que alguien le había llamado igualmente. que la luz de seguridad estaba apagada. y me fui. y lo hicimos justo a tiempo. Lo movimos un poco hasta un lugar en el que ni él ni el doctor Minton. También yo me quité de en medio para evitar tener que explicar qué estaba haciendo allí. Doc.. Clyde. al sitio donde estaba tendido Harvey Andrews. No. Le dejé con la apariencia de un hombre que ha recibido un golpe mortal. Siempre ha sido un testarudo y alguna vez se ha metido en algún lío.. procura no calentarte la cabeza hasta ese momento. En cuanto pueda andar apoyándose en nosotros.FREDRIC BROWN 51 de él eran Clyde Andrews y el médico. Oí cómo Clyde Andrews abría la puerta y le explicaba a Hank que todo iba bien. házmelo saber. ¿en qué no había metido la pata aquella noche? Y seguidamente. Están pasando un montón de cosas esta noche. Pero tan pronto como sepas que el chico está bien. volvió Clyde. que estaba inclinado sobre él.. quizá esto último no LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Y muchas gracias por llamarme a mí en lugar de llamar a la comisaría. pero esto no lo entiendo—. Creo que quizá no sea nada tan terrible como lo que debes estar pensando. Se recuperará dentro de un momento. —Clyde —dije yo—. Hank estaba llamando a la puerta. Clyde? Escucha la versión del chico en cuanto pueda hablar.. un poco pálido. Y Clyde. Encendí las luces mientras Clyde abría la puerta principal. Me miró atentamente—. Doc —me puso la mano en el hombro—. Probablemente estaré en el Clarion. no sabía quién era antes de pegarle. Así que le respondí: —¿Podemos hablar de ello mañana. No tiene más que quince años. ¿Tú lo entiendes? Pensé que quizá lo comprendiese un poco. si es dentro de mucho rato. pero de pronto recordé a Bat Masters y el hecho de que se alejaba cada vez más y que sería mucho mejor avisar rápidamente a la policía del estado. El doctor Minton nos dijo: —No le pasará nada. ¿Por qué haría una cosa así? —sacudió la cabeza—. y que no era más que se había fundido la bombilla. Me encaminé calle abajo pensando en lo idiota que había sido al hacer lo que había hecho. Le avisé rápidamente de lo de la llamada que habían hecho a la comisaría mientras volvíamos dentro. —De nada. Estaba saliendo por la ventana de atrás y creí. —Claro. Cuando Hank se fue. seguramente estaré en casa.

De todos modos. Pero el robar un banco. pero un padre duro. Entré de golpe. Tampoco creo que hubiera fumado un cigarrillo ni dicho alguna obscenidad. Y no me pasó nada. y una pareja de atracadores a los que busca la policía pasaron en coche por aquí hace quince o veinte minutos. demasiado concienzudo y estricto para que su propio hijo llegue a quererle. En mis libros. más aún. al chico podrían haberle pegado un tiro en lugar de recibir sólo un estacazo que le dejara inconsciente. los diablos andan sueltos esta noche. Bueno. como de costumbre. le ha pasado algo a Carl Trenholm. Hay un loco suelto. creo. Estaba de espaldas mirando al teléfono en el momento en el que le estaba diciendo todo aquello. No se pueden esperar de un chico de quince años las cosas que Clyde esperaba de Harvey sin que no pasara nunca nada. ¡Trenholm!. disponiéndome a levantar el micrófono. Emprendí un trotecillo. vaya. por una vez en su vida. el mejor padre del pueblo era Carl Trenholm. y tengo que. Quizá un psiquiatra pudiera ayudarle.. el banco de su padre. Pero nunca había bebido ni un solo trago en toda su vida. Limpiando vasos. Pero nunca llegué a cogerlo. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . no podía decidirme si eso sería mejor o peor. Que Harvey se escapara de casa no me habría sorprendido en absoluto. Incluso a mi edad no me iba a quedar sin aliento por recorrer aquella distancia al trote. ¡y todavía no había tratado de enterarme de si estaba muerto o solamente herido! Estaba a media manzana de Smiley's y del Clarion. De este otro modo había la posibilidad de arreglar las cosas antes de que fuera demasiado tarde.FREDRIC BROWN 52 hubiera estado mal. Si hubiera llamado a Hank. no obstante. soy bastante tolerante. Era un buen hombre. supongo que en ese caso ni siquiera le habría echado la culpa. de todos modos ya nada podría pasarme hasta llegar a Smiley's. a mí me gustaba. era algo que yo no habría esperado. Eso habría estado mal. tendría una perspectiva totalmente distinta de las cosas. pero con todas las cosas que me habían pasado en route parecía que habían pasado días. Y de todos modos lo habrían detenido. Un hombre puede ser muy bueno y. absoluta y escandalosamente. Si Clyde Andrews se emborrachase. Vi por el escaparate que no había clientes en el bar y que Smiley estaba solo detrás de la barra. Lo único malo era que Clyde Andrews tendría que darse cuenta de que también debería consultar al psiquiatra. incluso aunque no volviera a probar ni una gota nunca más. creo que limpia siempre los mismos vasos una docena de veces cuando no tiene otra cosa que hacer. Pero me alegro de no haber tenido un padre como él. me dirigí al teléfono y le dije: —Smiley. Probablemente hacía menos de media hora que había salido de casa.. Me dejaba hecho un guiñapo.

FREDRIC BROWN 53 Una voz detrás de mí dijo: —Tranquilo. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . borrachín.

tenía las manos muy quietas. ¿eh. ven y únete al baile. contestó su escamoso amigo. Puede que tenga algún revólver por ahí y se le ocurra agacharse a cogerlo. Había unos vasos de cerveza vacíos. —¿Así que nos conoces. «Cuanto más lejos de Inglaterra. borrachín? No tenía sentido negarlo. Masters se rió. lo cual hizo que cambiase un tanto la opinión que tenía de él. yo soy famoso y tú no! George seguía con los ojos clavados en Smiley. no sé quién es ese amigo suyo. pero entonces no sabía quién era.FREDRIC BROWN 54 CAPÍTULO SEIS «¿Qué importa cuan lejos vamos?». que no sonreía. Smiley se acercaba bordeando el mostrador del bar. con cabeza de bala y ojos cerdunos. Pero no me pareció querías pistolas que tenían en las manos lo estuviesen. —Vengan los dos a sentarse con nosotros —dijo Masters—. Sabes. —¡Qué te parece. querido caracol. apuntaba hacia Smiley. Era rechoncho y bajo. Una de las pistolas. Y Smiley. Dije: —Lo siento. hay otras costas al otro lado. Es verdad que había estado grosero con él veinte minutos antes. pero dijo: —Me parece que es mejor que venga a este lado del mostrador. George? George dijo «cállate».» Me di la vuelta despacio. Seguramente la habrían elegido por esa causa. ya había hablado demasiado. la única que quedaba oculta a la vista desde la puerta o desde el escaparate. La pistola que estaba en manos de Masters me apuntaba a mí. Personalmente yo no me hubiera atrevido a decirle a Bat Masters que se callase empleando aquel tono. la que estaba en manos del acompañante de Bat Masters. George. más cerca de Francia. al que no había visto bien antes cuando estaba en el coche. Estaban sentados en la mesa del extremo del bar. Miré hacia el otro hombre. Parecía una Caricatura de un oficial del ejército alemán. Le dije: LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Así que no palidezcas. sin mover un solo músculo. Le dije: —Usted es Bat Masters. eh. Capté su mirada y le lancé lo que pareció que podía ser una sonrisa de circunstancias. Ni siquiera me había dado cuenta de lo grande que es. Vamos a festejarlo.

Y probablemente saben el tipo de automóvil que llevamos. Cogió dos botellas pequeñas de whisky y se metió una en cada bolsillo. Sacudió la cabeza. sal a ver. Dobló el dinero y se lo metió en el bolsillo del pantalón. el Clarion hubiera logrado al fin una buena noticia. Su rostro permanecía totalmente impasible. Me dijo: —No es culpa tuya. ¿No podrían atarnos? Si nos encuentran dentro de unas cuantas horas. hubiera tenido el bastante sentido común para echarle una ojeada. Marcó en la registradora «Abrir». y cogió los billetes que había dentro. Bat. Si hubiera tenido el cerebro en el lugar de mi anatomía donde normalmente debería haber estado. Y dijo: —Tampoco vamos a quedarnos aquí mucho rato esperando a que alguien venga. vagamente. Y si la policía del estado hubiera venido antes de que se hubieran largado del bar de Smiley. Ya sabía lo que aquello quería decir. Y si hubiera tenido el sentido suficiente. Así que les dije: —Escuchen. entonces dudó. —Me parece que tendremos que llevárnoslos. Me parece que nos hemos metido en líos al meter yo la pata. pero. Doc. ¿qué importancia podrá tener entonces? Estarán ya muy lejos. Así que guardó la suya en una pistolera que tenía debajo del sobaco. y regresó al bar. hay un trastero ahí detrás. Recordé que me había dado cuenta. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y miró a George.FREDRIC BROWN 55 —Lo siento. hubiera tenido bastante para cruzar inmediatamente la calle hasta las oficinas del Clarion en lugar de entrar en tromba y despreocupadamente en el bar de Smiley a echarme en brazos de Bat Masters y de George. Smiley. Seguidamente salió detrás del mostrador y se dirigió hacia la puerta. de que había un coche aparcado delante del local de Smiley. Quizá de esta forma llegara a ser también una buena noticia. y Masters debió advertir que bastaba con apuntarnos con una sola pistola. y hacia dónde nos dirigimos. así que no había nada qué hacer. Mientras miraba con atención a la cara de George. Masters se levantó y comenzó a dirigirse hacia la entrada. o que por lo menos estaba al mismo nivel que Masters. Bat. -¿Y bien? Lo cual volvió a darme pruebas de que el jefe era George. me di cuenta del porqué. —Y también puede que los encuentren dentro de unos minutos. ¿quién iba a poder escribirla? Smiley y yo estábamos pegados. no se molestó en coger el cambio. Masters era enorme y probablemente tenía entrañas de sobra. pero George era el que tenía más cerebro de los dos. Yo no estaba demasiado seguro de que no fuera así.

FREDRIC BROWN

56

A veces me da la impresión de que la gente está loca. Smiley extendió la mano y dijo: —Cinco dólares. Cada botella de ésas vale dos y medio. Podían haberle pegado un tiro, en aquel preciso momento y lugar, pero por alguna razón misteriosa a Masters le hizo gracia. Sonrió, se sacó el fajo del bolsillo, cogió un billete de cinco y lo puso en la mano de Smiley. George dijo: —Bat, déjate de chorradas. Mira ahí fuera. Me di cuenta de que estaba muy atento y de que mantenía la pistola apuntando al centro del pecho de Smiley, mientras Smiley se metía el billete de cinco en el bolsillo. Masters abrió la puerta y salió afuera, mirando en torno como quien no quiere la cosa, nos hizo una seña. Mientras George se había levantado y había andado hasta ponerse detrás de nosotros, metiendo la pistola en el bolsillo del abrigo para esconderla, pero con el dedo en el gatillo. Nos dijo: —De acuerdo, pollos, andando. En cierto sentido, sonaba muy amablemente. Cruzamos la puerta, saliendo a la tarde fresca y agradable que ya no duraría mucho, según se presentaban las cosas. Sí, el Buick estaba aparcado delante del bar de Smiley. Si lo hubiera visto antes de entrar, no se habría armado este follón. El Buick era un sedán de cuatro puertas. George nos dijo: —Siéntense ahí detrás. Y nos sentamos en la parte trasera. George entró delante, pero se sentó de costado, mirándonos por encima del asiento. Masters se puso al volante y encendió el motor. Me dijo por encima del hombro: —Bueno, borrachín, ¿a dónde? —A unas cinco millas hay un bosque. Si nos llevan hasta allí y nos atan, no hay posibilidad de que nos encuentren antes de mañana. No quería morir, ni que Smiley muriese, y como aquella idea me pareció buena en aquel momento, tuve esperanzas. Entonces me dijo Masters: —¿Qué pueblo es éste, borrachín? Y supe que no tendríamos ni una oportunidad. Sólo porque media hora antes le había contestado groseramente a una pregunta grosera, ni tendríamos ninguna posibilidad. El coche salió del aparcamiento y se dirigió al norte. Tenía miedo y estaba sobrio y sereno. No había la más mínima razón para seguir estándolo, así que dije: —¿Qué tal si tomamos un trago?

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

FREDRIC BROWN

57

George metió la mano en el bolsillo de Masters y sacó una de las botellas y nos la pasó hacia atrás. Me temblaban un poco las manos cuando abrí el celofán con la uña del pulgar y desenrosqué el tapón. Se la pasé primero a Smiley, que echó un traguito y me la devolvió. Yo me tomé uno bien abundante y puse calor en el lugar donde había tenido un carámbano. No quiero decir con esto que me sintiese feliz, pero me hizo sentirme un poco mejor. Me pregunté en qué estaría pensando Smiley, y recordé que tenía mujer y tres hijos, y deseé no haberme acordado de aquello. Volví a pasarle la botella, y volvió a tomar un sorbo. Le dije: —Lo siento, Smiley. —No pasa nada, Doc —y se rió—. Lo único malo es que aunque sea una buena historia para el Clarion, ¿será Pete capaz de escribirla? Me puse a reflexionar sobre ello, y bastante en serio. Pete es uno de los mejores linotipistas de Illinois, ¿pero qué podría sacar él en limpio, de todo lo que estaba pasando esta noche, a la mañana siguiente? De acuerdo, sacaría el periódico, pero nunca había escrito ni redactado noticias, por lo menos desde que trabajaba para mí, y no sería moco de pavo lidiar todo lo que habría ocurrido para mañana. Un loco fugado, lo que le hubiera pasado a Carl, y lo que fuera, si es que de verdad me importaba, a Smiley y a mí. Me pregunté si encontrarían nuestros cadáveres antes de sacar el periódico, o si se iba a dar únicamente como un caso de desaparición doble. Pronto nos echarían en falta a los dos. A Smiley, porque su taberna estaba aún abierta y no había nadie detrás de la barra. A mí, porque tenía que encontrarme con Pete en el Clarion dentro de una hora, y tan pronto como se diese cuenta de que no había aparecido, se pondría a buscarme. En aquel momento salíamos del pueblo, y comprobé que habíamos salido de la calle mayor que se convertía en carretera. La calle Burgoyne, en la que aún estábamos, empezaba a transformarse en carretera. Masters detuvo el coche cuando llegamos a una bifurcación, y se dio la vuelta. —¿A dónde van estas carreteras? —Van las dos a Watertown —le dije—, la de la izquierda va siguiendo el río, y la otra acorta un poco por las colinas; es más corta pero hay muchas curvas. Parecía que a Masters no le importaban las curvas. Giró a la derecha y empezamos a subir hacia las colinas. De haber ido conduciendo yo, no habría ido por allí. Las colinas son bastante abruptas y la carretera estrecha, llena de curvas y con precipicios a uno y otro lado frecuentemente. No se trata de abismos tremendos como los que hay en los puertos de montaña de verdad, pero lo bastante profundos como para dejar el coche hecho un montón de chatarra si se cae por el borde, y,

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

FREDRIC BROWN

58

desde luego, lo bastante para despertarme vértigo. El vértigo es una cosa ridícula, que se escapa a la razón. Sentí que me iba a dar desde el momento en el que pasamos el primer corte de cuneta según empezábamos a subir. En realidad, tenía más miedo a la altura que a la pistola de George. Sí, las fobias son una cosa curiosa. La mía, el vértigo, es una de las más comunes. Carl tiene fobia a los gatos. Al Grainger tiene pirofobia, le da miedo el fuego. Smiley me dijo: —¿Sabes qué, Doc? —¿Qué? —Estaba pensando en que Pete tenga que escribir el periódico. En si no podrías volver para ayudarle. ¿No hay escritores fantasmas? Solté un gruñido. Después de tantos años Smiley había elegido aquel momento para contarme la única cosa chistosa que le he oído decir. Habíamos subido casi hasta el punto más alto del camino, un poco más adelante había una revuelta y luego empezaba a bajar. Masters paró el coche. Nos dijo: —De acuerdo, primos, salid y empezad a andar. Empezad, dijo; no había hecho mención alguna a acabar nada. Las luces traseras del coche probablemente les proporcionasen bastante luz para dispararnos a gusto. Y seguramente habría elegido este lugar porque sería más fácil echar a rodar nuestros cadáveres cuneta abajo por la colina para que no los encontrasen con facilidad. Los dos estaban bajando del coche. La mano enorme de Smiley me apretó el brazo con rapidez; no sabía si era un gesto de despedida o una señal. Me dijo «adelante, Doc» con tanta calma como si estuviera recogiendo los vasos en el bar. Abrí la puerta de mi lado, pero tuve miedo de salir. No porque supiera que iban a dispararme, eso iba a pasar de todos modos, incluso si no salía. Tendrían que sacarme a la fuerza o matarme donde estaba o manchar de sangre el asiento trasero del coche. No, tenía miedo porque el coche estaba parado justo al borde de la carretera y el declive empezaba un metro más allá de la puerta. Mi maldito vértigo. Estaba muy oscuro y no podía ver más allá del borde del camino, y me figuraba que había un precipicio. Dudé, con la mitad del cuerpo dentro, y la otra ya fuera. Smiley volvió a sonreír. —Adelante, Doc —y le oí moverse detrás de mí. Entonces, repentinamente, sonó un click y se hizo la más completa y absoluta oscuridad. Smiley había estirado un largo brazo hasta el cuadro de mandos y había apagado el interruptor de las luces. Se apagaron todas. Sentí un temblor que me recorría la espalda y que me lanzó fuera del coche como si fuera un tapón de champaña. No creo que mis pies llegaran a tocar la franja de un metro que quedaba hasta el borde de la

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

Por lo menos habría estado muerto antes de que me echaran a rodar monte abajo. Y ya podía ver un poco. detenerlos? —dije con una voz que se entrecortó y que me pareció aguda y extraña. Eran las palabras más agradables que había oído desde hacía mucho tiempo.FREDRIC BROWN 59 carretera. sí la más sencilla de bajar la colina. Tenemos una oportunidad. a veces corriendo. Doc. y le oí decir a George: —No la malgastes. mis ojos empezaba a acostumbrarse a la oscuridad.? George gruñó: —¡Diablos. Me dijo: —No gastes palabras. oí una blasfemia y sonó un disparo detrás de mí.. a veces resbalando... Y la voz de Bat: —¿Quieres decir que vamos a. Vámonos rápido. cayéndome. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . sí! Eso de ahí abajo es un bosque. atravesando los árboles que se entreveían. Alcancé los árboles. sencillamente. Me daba la impresión de que mis brazos y piernas funcionaban perfectamente. Sonaron algunos disparos en nuestra dirección. Smiley. y a veces. ahora podía verle. Vámonos. Podía ver unos árboles más adelante. alejándonos de la carretera. Salió de detrás de un árbol llegándose hasta mí. y me arrastré tan deprisa como pude. Oí cómo se cerraba las puertas del coche. para poder detenerlos. resbalando. No podía pensar en nada que me apeteciese menos que ponerme a detener a Bat Masters y a George. lo cual era de hecho si no la forma más cómoda.. Podríamos perder horas jugando al escondite. Pero me cogió del brazo y empezamos a bajar la colina. y él me arrastraba consigo. Tenía tanto miedo a caerme que no me hubiera importado volver a la carretera para tratar de correr más que una bala en dirección al pueblo. y seguí dando trancos por la pendiente. y oí cómo llegaba Smiley justo cuando se encendieron las luces del coche en la carretera que quedaba por encima de nosotros. me caí y rodé. Mientras caía por el desnivel hacia la oscuridad y lo desconocido. Tropecé. y éste se puso en marcha. después de todo. gracias. era un desnivel de unos cuarenta y cinco grados y estaba cubierto de hierba. No era muy abrupto. aunque quizá sea mínima. —¿De. Podía oír a Smiley que venía detrás de mí. Buen trabajo. Vámonos deprisa. La voz de Smiley a unos dos metros a la izquierda me dijo: —¿Doc? ¿Estás bien? —Creo que sí. Me pregunté si Smiley se habría vuelto loco. así que no podía estar herido. Aplasté un par de arbustros antes de que uno me detuviese.

Y entonces estalló el depósito de gasolina. —¿A cazar atracadores? —Escucha. Le dije: —Yo tengo una.. a menos de cuarenta metros de aquí. pero me llevaba del brazo y ya habíamos salido de los árboles. la carretera hace una revuelta y vuelve a pasar justo por debajo de donde estamos. y se detuvo. —Busca un pedrusco. claro. Dio una vuelta de campana. Disparó por primera vez cuando estaba a unos treinta metros de distancia. y si puedo encontrar un buen pedrusco para echárselo en medio cuando vaya a pasar el coche. El segundo atravesó el parabrisas casi por el centro. Aparentemente Smiley tampoco estaba teniendo suerte. El coche se incendió y hubo un gran resplandor. y seguidamente chocó contra un árbol metiendo un ruido infernal. cuando estuvimos lo bastante cerca nos dimos cuenta de que era Masters. Labró un profundo surco en el cuello de Masters. se oía el ruido del coche. Recordé algo. pero Smiley apuntó con calma. me alegré que estuviera oscuro y de que ni él pudiera verme la cara ni yo ver la suya.. otra vez cuando ya sólo estaba a veinte. Se enderezó y miró hacia mí. Smiley me empujó hacia los árboles y él mismo se apostó detrás de uno. volviendo una curva. conozco esta zona como la palma de la mano. que uno de los dos hombres había sido lanzado fuera. según nos acercábamos. todavía no podía verlo.. entonces busca alguna cosa que podamos tirarles. Durante un segundo después del estrépito hubo un silencio casi ensordecedor. Le di el revólver. Estaba bastante lejos. Vengo mucho a cazar aquí. y las luces de los faros apuñalaron la noche como haciendo un arco borracho. El primer disparo le dio al radiador. En la distancia. pero se movía deprisa. una docena de metros delante y una docena de metros más abajo.FREDRIC BROWN 60 —Escucha. Doc. no quiero decir que entonces me diera cuenta de ello. Ya tenía los ojos acostumbrados a la oscuridad y vislumbraba la carretera. Si podemos llegar hasta ella antes de que ellos lleguen.. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . pero. sino que fue donde lo apreciamos luego. El coche apareció como un diablo saliendo del infierno. Si no encuentras uno lo bastante grande para poder echarlo a rodar.. Si conseguimos romperles el parabrisas o alguna cosa.. El coche volcó y se salió de la carretera cayendo por el talud del lado contrario al que estábamos nosotros. limitándose a sacar la cabeza y la mano en la que empuñaba el arma. Vimos. Doc. Las luces de los faros del coche comenzaban a dejarse ver en la curva. Lanzó un juramento: —Si tuviera una pistola. No es que yo estuviera grandemente emocionado ante la idea. haciendo ángulo.

pero se habría parado de todos modos. —Con eso de tener que apagar las luces y sacarte del coche y salir LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Peeble decidió que sería mejor no moverle. al igual que yo.FREDRIC BROWN 61 George seguía dentro del auto. ya que Masters sigue vivo. pero no se podía hacer nada. No sé lo que cualquiera de los dos podría hacer para ayudarle. debieron ser los cartuchos de la pistola de George que explotaron a la vez. Vaya. Parecía como si le hubieran metido la cara en una picadora de carne. tiene el bar abierto y no hay nadie para atenderlo—. Smiley estaba contemplando el incendio. Y era además un modelo del cincuenta—. —¡Qué bien! —dije—. pero seguía respirando y el corazón le latía. mira. Y en aquel infierno no había la más mínima oportunidad de que siguiera vivo en el minuto que nos llevó el acercarnos a la escena de la catástrofe. Volvió al coche y llamó por radio para pedir una ambulancia y para comunicar a la central lo que había ocurrido. Le dije a Smiley: —Uno de los dos tiene que volver andando. Me dijo: —Un Buick en perfecto estado que se ha ido al infierno. Por suerte conocía a uno de ellos. Si le pasaba alguna cosa más es algo que no éramos capaces de decir. Masters seguía vivo. Tuve un pensamiento repentino— Smiley. Miré hacia donde señalaba. viene un coche. hacia la franja del camino allá arriba donde nos habíamos bajado del coche. —Creo que tienes razón. Tendrán que prestar declaración. Arrastramos a Masters lejos del fuego antes de comprobar si estaba o no estaba vivo. y firmar impresos y todo eso. Peeble volvió y dijo: —Los llevaremos hasta el pueblo en cuanto llegue la ambulancia. y el pulso y la respiración seguían igual que cuando lo rescatamos. y Smiley conocía al otro. Willie Peeble. les conoce a los dos y dice que no pasa nada. Especialmente porque Peeble estaba enterado de lo de Masters y pudo identificarle a pesar de los cortes que tenía en la cara. pero el jefe me ha dicho que podrán hacerlo mañana. porque hubo una nueva explosión en el coche. se veían perfectamente las luces de un coche que venía en nuestra dirección. Salimos a la carretera para detenerlo. pero no podemos irnos los dos y dejarle solo. antes de la revuelta. Y en cuanto a Smiley. Sorprendentemente lo estaba. y tenía los dos brazos rotos. Sacudió la cabeza tristemente y dio un salto hacia atrás. El otro es mejor que se quede aquí. así que creyeron lo que les contamos. Era de la policía del estado y transportaba a dos agentes. ¿no tendrás por casualidad la botella a la que dimos unos tragos en el coche? Sacudió la cabeza. Tengo que volver a la oficina en cuanto pueda.

así que Pete debía estar allí. Suspiré pensando en aquel desperdicio de buen licor. se había cansado de esperar y se había ido. que la discrepancia era de un par de minutos. no hubiera sido ser hospitalario con un invitado. así que entré con él. Si había venido algún cliente. y tuve el deseo de que llegara pronto la ambulancia para poder irnos de allí. Se acercaba un coche que venía en dirección contraria y que se paró cuando el conductor vio el humo del incendio y el coche de la policía del estado. El conductor era un tipo de Watertown al que conocía Willie Peeble.FREDRIC BROWN 62 yo luego. En la acera de enfrente se veían las luces del Clarion. La otra botella. No me podría creer cuando lo vi en el reloj del tablero del coche que eran apenas las diez pasadas cuando entrábamos en Carmel City. Eran las diez y cuarto. Loco o no. Pero pasamos por delante de un reloj luminoso que había en el escaparate de una tienda y comprobé que el reloj del coche estaba bien. se ofreció a llevarnos a Smiley y a mí hasta Carmel City con él. Smiley se metió detrás del mostrador y sirvió dos copas mientras yo me acercaba al teléfono. El fuego comenzaba a apagarse. Nos dejó delante del bar de Smiley. tuve que perdonarle el que abandonase la botella que había tenido entre las manos. El local estaba igual que cuando nos habíamos ido. Era una buena noticia en cierto sentido. Me acordé de repente de Carl. y yo empezaba a sentirme un poco mal a causa del olor a chamusquina de carne quemada. y que se dirigía a Carmel City. Fue un alivio para Smiley y para mí. De todos modos. la que estaba en el bolsillo izquierdo del abrigo de Masters no había sobrevivido al choque. Pero deben haberlo cogido porque un poco más tarde volvieron a llamar cancelando el aviso. menos de cuatro desde que había salido de las oficinas del Clarion. Cuando Peeble nos presentó y le contó lo que había pasado. Quería decir que Yehudi no se había quedado esperando en casa después de todo. Y en realidad no me apetecía nada tener que pensar en avisar a los loqueros mientras estuviera allí. y le pregunté a Peeble si habían dado algún informe por la radio de la policía sobre Carl Trenholm. en tomarme un copa rápida con Smiley antes de ir a la oficina. no obstante. Sacudió la cabeza y me dijo: —Sólo lo de un loco que se ha escapado. me parecía increíble que tantas cosas hubieran pasado en tan pocas horas. Pensé.. Y el hecho de que no hubieran dado nada por la radio de la policía al menos no quitaba esperanzas. Iba a llamar al hospital para ver si sabían algo de Carl Trenholm. pero decidí llamar a Pete en cambio. Se fugó del manicómio público.. Seguro que él LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . como Smiley había salvado la vida de los dos.

Doc? Por alguna causa no quise contarle ni a él ni a nadie que el lunático fugado me había puesto tan nervioso que lo había cogido. Pero antes de nada. Llamé al hospital y me dijeron que le habían atendido y que le habían dado el alta. ¿dónde diablos te has metido? —Te lo contaré dentro de un momento. —Gracias. Te veré dentro de un momento. Llamé a su casa. la fuga y captura del loco. Smiley sonrió y me dijo: —Yo también estoy temblando. y que había estado un buen rato en mi casa. Ya tienes lo que pedías. Iré a tomar algo. Doc. ¿Pero dónde estabas? ¿Y dónde estaba Smiley. Esperé cinco o diez minutos y decidí que sería mejor venir por si alguien llamaba por teléfono y para ponerme a fundir metal para la linotipia. Escucha. sólo le faltan dos balas. Por cierto. No puede haber sido nada muy serio. si le dieron el alta con tanta rapidez. en cuanto nos pongamos en contacto con él. Doc. pero me dijeron que no me podían proporcionar ese tipo de información. —Bueno. en el bar de Smiley. Está bien. Prefiero hacerlo ahora por la noche. Doc. ¿Cómo es que lo llevabas encima. porque nadie cogió el aparato. pero él está bien. Ya te contaré. y no estabais ni Smiley ni tú. Todavía no sé qué es lo que ha pasado. Y estiró el brazo y comprobé que no estaba más firme que el mío. Cuando Pete reconoció mi voz. Pete. Cruza y ven a tomar una copa rápida para celebrar que Carl esté bien. Así que le di a la operadora el número del Clarion. va a haber un montón de cosas que tendremos que escribir. si no tienes inconveniente. así que me lo metí en el LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y Pete me acababa de llamar diciéndome que se había escapado un loco. vi que no estaban encendidas las luces aquí así que supuse que no habías llegado. Así que me parece que tendremos que hacerlo esta noche. Doc. toma tu revólver—. —Smiley y yo nos fuimos a dar una vuelta en coche. pero no había llegado aún.FREDRIC BROWN 63 ya habría llamado al hospital. —De acuerdo. y algo todavía mejor que esas dos cosas. Intenté que me contaran algo de las heridas y de cómo se las había hecho. —De acuerdo. Así que le contesté: —Tenía que venir andando hasta aquí. El accidente de Carl. —Por supuesto. me dijo: —Doc. Está como nuevo. Sacó el treinta y ocho corto y lo puso encima del mostrador—. pues ya tienes tu noticia. ¿sabes algo de Carl? —Está bien. por cierto? Entré a mirar de la que venía para la oficina. Pete. me temblaba la mano. Doc. Volví hacia la barra y cuando estiré el brazo para coger la copa que me había servido Smiley. ¿Dónde estás? —Enfrente.

—Pónmelo corto —le dije—. Porque salir por la otra no habría sido tan buena idea. si así lo quieres. Lo sopesó y manipuló muy contento. Llegó Pete. Había tenido tanto miedo que me había olvidado de que lo llevaba encima hasta que Smiley dijo que le gustaría haber tenido una pistola. supongo. Smiley. Y yo pensé. que no marcaba más que las diez y media. Les tengo miedo a estas cosas y estaré más seguro si no lo tengo. Sabía que estaba pensando que llevaba en el bolsillo aquel revólver durante lo que habíamos creído que iba a ser nuestro último paseo. y seguidamente sirvió otros dos tragos. Miró el reloj. Doc? Pues había pensado en hacerme con uno para tenerlo en el bar. Doc. Me miró y sacudió lentamente la cabeza. gracias por el revólver. de verdad. Y me la salvaste cuando me echaste a empujones de aquel coche hacia el terraplén esta noche. tienes razón en lo que estás pensando. —Claro. Quédatelo. pero no lo dije. —¿Eh? ¿De verdad.FREDRIC BROWN 64 bolsillo. y no había hecho el más mínimo intento de usarlo. Nervios. ¡vaya comienzo! Me pregunto qué es lo que habría pensado si hubiera adivinado que el comienzo no había empezado aún. Debe valir un pico. tengo todavía mucho que hacer. Yo no podría haber salido por aquella puerta si tú no hubieras salido antes. Al menos para mí. —Es un revólver muy bonito. —También lo vale mi vida. Sonreí forzadamente y dije: —Smiley. —Olvídalo. Bueno. Pinto tanto con un revólver como una serpiente con patines. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Lo quitó de la vista metiéndolo bajo el mostrador del bar.

aunque no decían mucho. dijo la Morsa «jugarles tal pasada. —Pete —le dije—. ¿Has oído hablar de Bat Masters? Pete sacudió negativamente la cabeza y cogió su vaso. y haberlo hecho a paso tan ligero!». —Doc. eso es lo que Smiley ha estado haciendo. para llamar luego a la policía del estado para que trataran de detenerlos en el camino de aquí a Chicago. pero por lo menos me había enterado de eso: Chicago. Estuve escuchando su conversación. Mata y captura asesinos. Son miembros de la banda de Gene Kelley. Miré a Smiley con atención. me estás tomando el pelo. Ni Smiley ni yo habíamos tocado la segunda copa que había servido. ¿Has oído hablar de George? —¿Georges qué? Abrí la boca para decir que no sabía.FREDRIC BROWN 65 CAPÍTULO SIETE «Es una vergüenza». así que Pete Corey llegó a tiempo para unírsenos. Smiley? ¿De verdad que te diste cuenta de quiénes eran antes de que yo llegase? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . ¿antes de que yo llegase? —Claro —dijo Smiley—. —¿Los habías reconocido? Quiero decir. Smiley le servio un vaso. —De acuerdo. —Mañana oirás hablar de él en el Clarion. —¿Cómo sabes su apellido? —Lo vi en una revista de las que cuentan noticias de crímenes. Eso es lo que hemos estado haciendo. Es un hombre de ingenio. y Smiley no tiene carné. Porque iban hacia allá. Miré a Smiley con mayor interés. Yo me limité a ir con él para disfrutar del paseo. eh. Y también venía una foto suya. pero Smiley me ganó por la mano al decir: —George Kramer. ¡Haberlos traído hasta tan lejos. Doc. y de Bat Masters. lee el número de mañana del Clarion. —¿No me estarás tomando el pelo. Smiley no tiene por qué saber conducir un coche. Es decir. —Si no me crees. pero no habría sido muy buena idea llamar a la poli mientras estaban aquí. ¿Qué es ese chiste de que Smiley y tú habéis ido a dar un paseo en coche? Me dijiste que tenías el coche estropeado. Tenían allí una cita mañana por la tarde. así que iba a esperar hasta que se fueran.

yo me la guardé en el bolsillo y me dirigí otra vez al teléfono. Fotos de todos los de la banda de Gene Kelley. —¿Cómo no me lo dijiste? Smiley se encogió de hombros. Tendrá mucha información de fondo sobre los tipos con los que estuvimos jugando a policías y ladrones esta noche. lo estáis exagerando un poco. Todavía tenía que enterarme de los detalles del asunto de Carl para ponerlo en el periódico. No. —No me lo preguntaste. Pero si hay un artículo entero dedicado a la banda de Gene Kelley en esa revista. Probé primero con el hospital. Les di las gracias.FREDRIC BROWN 66 —Te enseñaré la revista. si se trata de un chiste. Doc. Hubiera sido muy fácil. te creería si me dijeras que estabas mintiendo. pero que el señor Trenholm había sido dado de alta y que no podían dar más información. y hubiéramos acabado con ellos antes. Parecía Clyde Andrews. Se rió como si hubiera dicho algo divertido. con las fotos. Smiley salió por la puerta que llevaba al piso de arriba. Pete nos miraba de hito en hito. así que le proporcioné un rápido examen de nuestras aventuras con los gangsters. así que volví con Pete y Smiley. Doc. —Voy a buscarla. Pete me dio pena. Smiley volvió con la revista. lo que se me ha ocurrido es que esa revista me puede ahorrar muchos problemas. Probé con el número de casa de Carl. ¿Por qué no me dijiste tú a mí que tenías una pistola en el bolsillo? Me la podrías haber pasado en el coche. pero no contestaban. ¿dónde tienes esa revista de crímenes? ¿Puedes traerla? —Claro. está arriba. pero me contestaron más o menos lo mismo que a Pete. en la parte de atrás estaba tan oscuro después de que salimos del pueblo que George Kramer no se habría dado cuenta de que me la pasabas. —Alguien acaba de entrar en tu oficina. Doc. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Fue divertido ver cómo se le abría la boca de pasmo. Dije: —Smiley. ¿Qué pasa? ¿No me crees? —Smiley. supongo que será más que suficiente. que lo sentían. Se me había ocurrido llamar a la policía de Chicago para que me dieran información. y pensar en que un buen montón de bocas en Carmel City se abrirían de igual forma a la mañana siguiente cuando el Clarion se pusiera a la venta. ¿Qué diablos ha pasado? Ninguno de los dos le hizo caso a Pete. Quizá lo hubiera hecho. Smiley estaba mirando por la ventana. También los quería yo para información propia. Y nos dijo: —Escuchad. pero no tenían tanta importancia como el hecho de que no estuviera malherido.

es muy pequeña) de la Liga Antialcohólica. ¿Vas a venir por aquí? —Estoy enfrente. pero ya era demasiado tarde. Finalmente descolgó. Pete? Dijo que no con la cabeza. No le ha pasado nada. Me gustó mucho la forma en que me miraban Pete y Smiley. Llené los dos vasos y me senté. Sonó varias veces mientras Clyde. Clyde —dije. Lo más probable es que no hubiera entrado en una taberna en su vida. Le dije que esperaba que llegases en cualquier momento. —Soy Doc. en Smiley's. —Me parece que debe haber sido él. Clyde Andrews no es solamente un defensor de la templanza. Me olvidé de decírtelo. es la cabeza visible de la congregación local (aunque. y mira. se decidía a contestar o no. y se sentó. Doc. Quiero darte las gracias otra vez por lo que has hecho y quiero hablar contigo sobre cierto asunto. Me dijo secamente: —Voy para allá. Esperé un momento para darle tiempo al banquero a que subiese la escalera y entrara en el despacho. Con gran solemnidad pasé detrás del mostrador. Le miré cara a cara. Clyde. y le dije con seriedad: LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y «buenas tardes. Smiley me miró atentamente y dijo: —No te creo—. andando de forma envarada. en el bar de Smiley. —Siéntate. tendrá que ser aquí.FREDRIC BROWN 67 Pete también se volvió a mirar. señor Corey» a Pete. Hice que mi voz sonara grave—. Pete y Smiley miraron con mayor atención. Y se rió. a Dios gracias. y cogí una botella y dos vasos y me los llevé a una mesa. Clyde—. Se dieron la vuelta y miraron en dirección contraria cuando Clyde entró. —Me parece que no voy a poder. ¿Qué tal el chico? —Está bien. y entonces fui hasta el teléfono y pedí el número del Clarion. Apúntame un tanto. Doc. señor Wheeler». Me temo que si quieres hablar conmigo. —¿No podrías venir tú hasta aquí? Me dirigí una sonrisa. ¿Por qué no te acercas hasta aquí si quieres charlar un rato? Dudó un momento. a la de la esquina que estaba más lejos de la barra. Le dijo «buenas tardes. aparentemente. Se dio perfecta cuenta de todo. Volví tranquilamente hacia la barra y dije: —Va a venir Clyde Andrews. —¿Has cerrado la puerta. llamó hace veinte minutos mientras te esperaba en la oficina. a Smiley. —Espera. y a continuación se acercó al sitio donde yo estaba sentado. Smiley.

Y sabía perfectamente que no le ibas a dejar sacar todo su dinero y no podía sacarlo sin que tú te enterases. En cambio. así que no insistiré en ello. —Sí. Clyde. —Eso es lo que quería decir. Tenía que contártelo. Clyde. Escucha. llevaba trabajando varios veranos. pero me dijo que sería mejor que Harvey no hablara mucho hasta mañana. cualquier cosa. —Para ser un chico de quince años. —Tienes razón. se encogió de hombros un poquito y dijo: —Sigue. ¿no?. —Ahora ya está bien. sí». aunque él no lo sepa. pero supongo que no habría sonado normal que lo dijeras. se escapaba de algo.FREDRIC BROWN 68 —Clyde. Clyde. y no. Pero no será verdad. no hacia algo. ¿Qué te hace pensar que yo haya pensado en publicar una sola palabra de ese asunto? Me miró y la expresión de su rostro cambió. —Pero. Te apuesto a que sé exactamente la cantidad de dinero que tenía el chico en los bolsillos cuando se iba marchar. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO .. no se los miré. no me gusta —de antemano— lo que me vas a pedir. y que se iba a escapar de casa. porque yo también me habría enfadado y se habría estropeado todo.. —Estás en un bar. ¿has pensado en por qué se escapaba el muchacho? ¿Te lo ha dicho ya? Sacudió la cabeza lentamente. Doc. supongo que admitirás que tenía razón al haberte llamado a ti en lugar de llamar a comisaría. Doc —me dijo con énfasis y casi como rogándolo—. Te apuesto a que era exactamente la cantidad que había en su cuenta de ahorros. Supongo que tenía una cartilla de ahorros. Durante un segundo creí que se iba a enfadar. Y gracias por pensarlo antes de que lo supieses. Clyde. Da igual que tuviera veinte mil dólares. Toda la razón. Un antro de perdición. incluso aunque él crea que lo sea. Quizás te diga que se escapaba para alistarse en el ejército. —¿Se escapaba de qué? —De ti. ¿tienes que publicar lo que ha pasado? Harvey no quería. Harvey es un buen muchacho. o mas bien te la haría si tú quisieras apostar. El doctor Minton le ha dado un sedante. —Te voy a advertir ya que no va a ser una historia muy coherente. Deberías haber dicho «diantres. o para ser actor. durmiendo en la cama. Clyde. te hago una apuesta. Y en no publicar nada en el periódico. Ahora escucha. y me alegró de que no lo hiciera. —¡Doc! ¿No ibas a hacerlo? —Claro que no—. Respiró hondo. Me incliné hacia delante—.

perderás a tu hijo. Doc. y creo que hay un buen número de personas religiosas que tampoco lo creen. lo cual era señal de que había esperanza. Eres rígido. No hay nada malo en que seas religioso. Pero vamos a tomarlo en sentido figurado. inflexible. Ni una sola. Clyde. No dijo nada. pero tenía que seguir dando golpes mientras el hierro estuviera caliente. Clyde. En cualquier otro momento me habría dejado con la palabra en la boca al oír aquello. ante la raza humana. si te parece. pero si persistes en no serlo. es una de esas cosas que hacen la vida tolerable desde que. Le dije: —Escucha. Pero tienes que darte cuenta de que aquéllos que no piensan como tú no tienen por qué estar necesariamente equivocados. hay gente que no lo aguanta bien. en general. pero te lo tomas demasiado en serio. Quizá no sea así. levántate y márchate cuando quieras. Y decidí que ya bastaba. Clyde. ¡maldita sea!. El chico es un ser humano también. Nadie puede querer a una barra de acero. Ha sido un descanso para la raza humana. son seres humanos. O en los de su hijo.. ¿qué le dirás? —No. si así lo deseas.. veamos el caso del alcohol. Eres un desastre como padre. si cambias tu actitud con él. Y deja que se quede con el dinero. si es que lo prefiere. pero ésa no es razón para poner leyes que lo prohiban a la gente que puede tolerarlo muy bien y que disfrutan con su consumo moderado. No sabía nada más que pudiera decirle que LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Pero en otra ocasión no habría estado sentado en una mesa retirada de la taberna de Smiley. Quizás una décima parte de todo aquello llegase a formar poso. Clyde. Pero. cuando veas al chico y hables con él. la gente es más humana que nadie. Clyde. no puedes cambiar tu actitud con él y no doblegarte.. en general. Sobre todo no le hagas preguntas. desde que la raza humana se hizo humana. Los chicos son seres humanos. Pero dejemos el alcohol. o incluso con su consumo inmoderado en ciertas ocasiones. Es verdad. te lo voy a soltar todo directamente. —Pues no le digas nada. en efectivo. sin doblegarte. Lo que te quiero demostrar es que un hombre puede ser un buen hombre sin tener que meterse en los asuntos del prójimo. para que pueda marcharse cuando quiera. honrado. no lo sé. Y tú también podrías serlo si quisieras. Hay hombres que son religiosos. —Eres un buen hombre.FREDRIC BROWN 69 No me gustaba hacerlo. Por ejemplo. Podía darme cuenta por la expresión de su cara de que incluso ahora tampoco le gustaba. Le dije: —Mañana. Quizás creas que perderías tu alma inmortal si lo hicieras. maldita sea. tienes un vaso de whisky delante. siempre que no les convierta en individuos molestos o peligrosos. personalmente no lo creo así. La gente.

Clyde se fue cuando nosotros. Smiley. y paga Clyde. mucho mejor. Y me callé. Miraba absorto la pared por encima de mi cabeza. Ya nunca volvería a ser perfecto. no le iba a echar en cara eso. Le dije: —Vamos. señor Smiley? —Clyde.FREDRIC BROWN 70 no resquebrajara mis argumentos. donde estaban Pete y Smiley. Pero tenía prisa por cruzar la calle para ir al Clarion y ponerme a trabajar en todas las noticias que tenía que redactar. vamos a ver qué se esconde en el trastero. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . así que me la bebí. Cogió el whisky que tenía delante. Hizo algo mejor. En el Clarion Pete se puso a comprobar los depósitos de la linotipia. señor Andrews. aunque fuera vino. Le fruncí el ceño a Smiley porque tenía la cara pasmada de asombro. Le llevé hasta el mostrador del bar. Quizás nunca volviera a entrar en el bar de Smiley. era el cruce del Rubicón. Dije: —No lo bebas. y fue la primera vez en mi vida que hacía aquello. y maldita buena cuenta que me di. Me levanté y le di una palmada en la espalda. y tendría que practicar más. Clyde —dije yo. de que Harvey Andrews no volvería a escaparse de casa. ¿de verdad que te gusta esta porquería? —No. no recientemente. y sí que tiene. Miró hacia el vaso que tenía en la mano y tembló un poco. Y no intentes beberlo de un trago. ¿El señor Wheeler tiene vino? —Se llama Smiley —le dije—. pero era una ocasión. tengo que volver a escribir el periódico. tiene un sabor asqueroso. así que la terminé deprisa y Pete y yo nos fuimos. Le dije a Smiley: —Queremos una ronda. Tienes razón. Smiley se rió. porque quería volver a estar con su hijo. éste es Smiley. Clyde. Cuando respondió a lo que le había dicho. es horrible. Doc. pero me di cuenta. Desde aquel momento iba a tener un padre humano. —Sabe horrible. he probado vino alguna vez. y me pescó el gesto y puso una expresión normal. Clyde. y en realidad no quería la que me pagaba Clyde. Era una sonrisa un poco forzada. Hizo una mueca. Decidí que sería mejor que me callara. tampoco dijo nada. Yo ya había cogido el mío a tiempo de poder beberlo a la vez que el suyo. Pero el pedir un trago. Vaya. ¿Qué clase de vino quiere? —¿Tiene jerez. Estaba empezando a ser consciente otra vez de lo que había bebido. en un bar. y Clyde sonrió. Pareció pasar un rato muy largo antes de que dijera algo. Doc. El sorbo que has tomado basta como prueba. probablemente te ahogarías. yo tomaré una cervecilla esta vez. Vino para él. —Supongo que uno tiene que aprender a acostumbrarse. pero no me disgustaba del todo. no quiero decir que esperara que Clyde se fuera a convertir de repente en el mejor cliente de Smiley. Dijo: —Claro.

así que ha cantado.FREDRIC BROWN 71 y la caldera. y cabían. Le costará al estado algunos kilowatios. así que cogí el teléfono y llamé a la comisaría de la policía del estado en Watertown. Cuando iba por la mitad del segundo cuerpo. Contestó Willie Peeble. Fue el que asesinó a las mujeres. Me pareció que con la ayuda de la revista de noticias de crímenes que me había dado Smiley. Debería haber comprobado si era así y enterarme de cómo estaba. yo me puse ante la mesa de mecanografiar que hay junto a mi escritorio y comencé a sacarle jugo a la vieja Underwood. Mientras tanto. por una razón muy sencilla: lo había sido. —¿Entonces de qué le va a interrogar? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . aunque lo había dado por sentado en los titulares. Una era la cajera. está vivo. —¿Puedo poner la noticia de la confesión de Bat Masters? —No te puedo decir. El chiflado huido y Carl podrían esperar. en aquel atraco que . para cuando yo había acabado de redactar una prueba a fin de que pudiera empezar a componer con la máquina. mientras esperaba por una primera versión. Doc. hasta que hubiera acabado con la gran noticia. dos de ellos mujeres. pero no como él cree. —¿También estuvo George metido en aquello? —Por supuesto. podría escribir tres o cuatro columnas. Pete había preparado los titulares. Se cree que se está muriendo. Le dije a Pete. Hubo seis muertes. —Claro. que es lo que me habrían dicho en el hospital. Aquello me hizo sentirme mejor al recordar lo que le había pasado a George. Sabía lo que tenía que hacer si quería algún detalle aparte de saber si estaba vivo o muerto. pero no nos han comunicado los detalles. Y tampoco es que me preocupara el asunto. Hombre. —¿Se va a morir? —Claro.hicieron en Colby. la encontró lo bastante caliente. Hasta está consciente y ha hecho casi una confesión. así que tenía un buen montón de trabajo por delante. pero iba a convertir a Smiley en héroe. Ni siquiera creo que el capi se moleste en preguntarle sobre ese asunto. y nos han dicho que Masters está hablando. me di cuenta de que no sabía con seguridad si Bat Masters seguía vivo. Doc. sobre todo ahora que habían capturado al primero y que ya sabía que Carl estaba bien. El capitán Evans está en el hospital hablando con él ahora. claro que yo también iba a salir en la historia. que compusiera como titular de cabecera «TABERNERO CAPTURA ASESINOS BUSCADOS» para ver si podría caber bien. y la otra una dienta que tuvo demasiado miedo para tirarse al suelo cuando les dijeron que lo hiciesen. Pero como le importa un bledo ha soltado lo bastante para poner al fresco a toda la banda en cuanto los cojan.

dónde están. Y me encontré. Especialmente a Kelley. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . cuando de repente se abrió la puerta. Salía muy bien. en ese caso me acercaré en el coche. y escuchando complacido el click-click de las matrices y del carro de la linotipia. Colgué y volví a ponerme con la historia. —Claro. Escucha. ¿Dice que el doctor Buchanan está de camino? Qué bien. pero sí dos minutos después. No en aquel preciso instante. Era como miel sobre hojuelas. iba a conseguir la noticia del interrogatorio de Masters directamente de la fuente. El capitán Evans y el doctor Buchanan a la vez. Y lo hizo. mientras colgaba el aparato. en el punto de la historia donde tenía que meter el interrogatorio de Masters. El me interrumpió. Hay otros dos aparte de Gene Kelley. Entre tanto podía ponerme con las otras dos noticias otra vez. Estaba dando vueltas por las cajas de tipos contemplando pensativamente aquella portada sin noticias y pensando en lo maravillosa que iba a quedar dentro de un par de horas. Hasta luego. Así que no me molesté en hacerle preguntas por teléfono. cuando acabé de redactar aquella tira. ya que iba a llegar dentro de un rato. Me puso en comunicación antes de que pudiera explicarle quien era yo y qué quería. La telefonista me dijo que el doctor Buchanan. ¿podrías llamarme? Estaré aquí en el Clarion un buen rato todavía. pensé alegremente. ¿Está usted en las oficinas del Clarion! —Sí —dije yo— estoy aquí ahora. —Ahora está de camino para verle. —Muchas gracias. —¿El señor Stoeger? ¿Va a estar ahí dentro de quince o veinte minutos? —Probablemente estaré varias horas —le dije.FREDRIC BROWN 72 —Sobre el resto de la banda. y sería un buen tanto a nuestro favor si el capitán pudiera sacarle algo a Masters que nos ayudara a encontrar a los otros. Llamé al manicomio del condado. Willie. Acababa de llamar a Watertown y allí le habían dado aviso de mi llamada. el director. si te enteras de algo más. Las noticias venían a mí. Ya solo faltaba que Carl apareciera por allí y me contara todo lo que le había pasado. señor Stoeger. —Muy bien. Los dos que-hemos cazado esta noche son juegos comparados con Kelley. me preguntó si quería hablar con su ayudante. no estaba. que me llamaba desde el hospital al que habían llevado a Masters. Llamé a Carl Trenholm y tampoco hubo respuesta. así que decidí que sería mejor esperar hasta haber hablado con el capitán Evans. Iba por la cuarta columna cuando sonó el teléfono y era el capitán Evans de la policía del estado. y le dije que sí.

FREDRIC BROWN

73

y entró Carl. Tenía la ropa algo sucia y ajada; llevaba un enorme trozo de esparadrapo en la frente, y tenía los ojos un poco excitados y desvaídos. Sonreía ovinamente. —Hola, Doc ¿qué tal va todo? —me dijo. —De maravilla. ¿Qué te ha pasado? —Por eso he venido a verte, Doc. Creí que podían haberte dado una versión un tanto confusa y que estuvieses preocupado por mí. —Ni siquiera he podido conseguir que me den una versión confusa. No me han proporcionado ninguna; los del hospital no querían decir nada. ¿Qué paso? —Estaba borracho. Fui a dar un paseo hasta el pico para serenarme y me mareé tanto que tuve que echarme un poco, así que me encaminé hacia el prado que está al otro lado del foso que hay junto a la carretera y, bien, pues debí resbalar mientras cruzaba el foso, y el suelo, con una buena piedra en la mano, se levantó y me atizó en la cara. —¿Quién te encontró, Carl? —le pregunté. Se rió por lo bajo. —Ni siquiera lo sé ahora. Me desperté, o aparecí, en el coche del alguacil de camino hacia el hospital. Traté de convencerles de que no me llevasen allí, pero insistieron. Me trataron el hematoma, y me dejaron marcharme. —¿Cómo te encuentras ahora? —¿De verdad quieres saberlo? —Bueno, quizás no. ¿Quieres un trago? Se estremeció. No insistí. En cambio le pregunté dónde se había metido desde que salió del hospital. —He estado bebiendo café puro en el Greasy Spoon. Creo que ahora ya puedo ir a casa. De hecho me encaminaba hacia allá. Pero sabía que te habrías enterado y me pareció mejor que te enterases de la verdad completa. —No seas burro, Carl. No te mereces ni una línea, ni aunque la quisieras. Y por cierto, Smiley me contó la versión real de lo del divorcio de Bonney, así que te he dejado la noticia reducida a lo esencial y he quitado los cargos que se presentaron contra Bonney. —Eres un tío grande, Doc. —¿Por qué no me contaste tú la verdad? ¿Tenías miedo a entrometerte con la libertad de prensa? ¿O a aprovecharte de la amistad? —Bueno, algo así, supongo. De todos modos, gracias. Bueno, quizá te veré mañana, si llego a vivir tanto tiempo. Se marchó y yo regresé hasta el escritorio. La linotipia había dado alcance a la máquina de escribir, y tenía la esperanza de que Evan apareciera pronto, o bien el doctor Buchanan, el del manicómio, para
LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

FREDRIC BROWN

74

poder seguir por lo menos con una de las noticias para no tener a Pete trabajando has.ta más tarde de lo necesario. En cuanto a mi mismo, me importaba un bledo. Estaba demasiado excitado de todos modos para poder pegar ojo. Bueno, se podía hacer una cosa para ahorrar tiempo más tarde. Fuimos hasta las cajas y nos pusimos a quitar los rellenos de las páginas interiores para poder meter allí los artículos de menor interés de la portada y para hacer sitio a los dos noticiones que teníamos en el horno. Nos hacían falta por lo menos dos columnas enteras de la primera página, y más aún si se podía conseguir, para lo de la captura de los atracadores y la fuga del maníaco. Acabábamos de soltar las páginas cuando entró el doctor Buchanan. Una señora mayor que me resultaba un tanto familiar, pero que no acababa de localizar, venía con él. Ella me sonrió y me dijo: —¿Se acuerda de mí, señor Stoeger? —y su sonrisa lo consiguió; me acordé de quien era. Había sido vecina mía cuando yo era niño, haría unos cuarenta años, me daba galletas. Y también me acordé de que mientras estaba en la universidad, había oído que se había trastornado un poco, no era nada peligrosa, y que la habían internado en el manicomio. Eso debía haber ocurrido, santo Dios, había unos treinta años. Debía tener más de setenta ahora. Y se llamaba... —Claro, señora Griswald —le respondí— todavía me acuerdo de las galletas y los dulces que me daba. Le devolví la sonrisa. Parecía estar tan contenta que no se podía evitar el sonreírle. Me dijo: —Me alegra mucho que se acuerde de mí, señor Stoeger. Me gustaría que me hiciera un gran favor, y estoy muy contenta de que se acuerde de aquella época, porque quizá así me lo haga. El doctor Buchanan, es maravilloso, se ofreció a traerme para que pudiera pedírselo. Yo..., en realidad no me estaba escapando esta tarde. Estaba confundida. La puerta estaba abierta y se me olvidó. Creía que estábamos hace cuarenta años y me pregunté que estaba haciendo en aquel sitio y por qué no estaba en casa con Otto, así que me puse a andar hacia casa, nada más. Y cuando recordé que Otto había muerto hacía mucho tiempo estaba... La sonrisa se había vuelto trémula, y tenía lágrimas en los ojos. —Bueno, pues para entonces me había perdido y no fui capaz de encontrar el camino de vuelta hasta que me encontraron. Incluso traté de buscar la forma de volver una vez que me acordé de todo y supe que no estaba donde se supone que debo estar. Miré por encima de ella hacia la altura del doctor Buchanan, que me hizo una seña con la cabeza. Pero seguía sin saber qué pasaba. No entendía nada, así que dije:

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

FREDRIC BROWN

75

—Ya entiendo, señora Griswald. Su sonrisa era ahora amplia. Asintió enfáticamente. —¿Así que no lo publicará en el periódico? Quiero decir, lo de haberme escapado. Porque en realidad no tenía intención de hacerlo. Y Clara, mi hija, vive ahora en Springfiel, pero está suscrita a su periódico para tener noticias de casa, y si llega a leer en el Clarion que yo, que me he fugado, pensaría que no estoy contenta allí y se preocuparía. Y soy feliz allí, señor Stoeger, el doctor Buchanan se porta maravillosamente conmigo, y no quiero preocupar a Clara ni hacer que se aflija, y, no lo publicará, verdad? Le di unos golpecillos en el hombro y le dije: —Claro que no, señor Griswald. Y de pronto se echó sobre mí y se puso a llorar sobre mi pecho y yo me sentí terriblemente azorado. Hasta que el doctor Buchanan la separó con gran cuidado y se la llevo hacia la puerta. Se quedó atrás un momento para decirme muy bajo a fin de que ella no le oyera: —Es la verdad, Stoeger. Esto es, su hija probablemente se preocupase mucho, y en realidad ella no se había fugado, se había ido a dar una vuelta. Y es cierto que su hija lee su periódico. —No se preocupe, no habrá ni una pequeña mención. Detrás suyo pude ver como se abría la puerta mientras entraba por ella el capitán Evans de la policía del estado. Había dejado la puerta abierta, y la señora Griswald empezaba a salir por ella. El doctor Buchanan me estrechó la mano rápidamente. —Muchas gracias. Pero tanto en mi propio nombre como en el de la señora Griswald. A una institución como la que yo dirijo no le hace ningún bien tener publicidad referente a las fugas, naturalmente. No es que lo fuera a haber pedido personalmente que censurara la noticia por esa razón. Pero ya que nuestra paciente tenía una causa auténticamente buena y legítima para pedirlo merecía la pena. Se dio la vuelta y vio que su paciente ya estaba casi abajo de la escalera. Salió rápidamente en pos de ella antes de que pudiera volver a tener un nuevo ataque y desapareciese en el limbo. Otra noticia menos, pensé, mientras le estrechaba la mano a Evans. Aquellas galletas habían costado bastante caro, si es que habían merecido la pena. De pronto pensé en todas las noticias que tendría que suprimir aquella noche. El robo del banco, por razones muy justificadas y obvias. El accidente de Carl, porque después de todo había sido sin importancia, y el incluirlo habría perjudicado la reputación de Carl como abogado. El accidente de la sección de tracas romanas, porque podría costarle el puesto que tanto necesitaba el marido de la señora Carr. Lo del divorcio de Ralph Bonney, bueno esto no lo iba a suprimir del todo, pero había que recortar una noticia larga e importante hasta que quedara convertida en

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

El capitán Evans tomó asiento en la butaca que le acerqué junto al escritorio. capitán. porque la habían suspendido. Doc. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO .FREDRIC BROWN 76 una mera nota de sociedad. Incluso la subasta de la iglesia baptista. por la razón más obvia de todas. La fuga de la señora Griswald del manicómio. Me dijo: —Lo siendo mucho. cogí un lápiz para apuntar cuanto fuera a decirme. Bueno. ¿Pero qué diablos importaba mientras todavía tuviese la auténtica gran noticia. —Muchas gracias por venir. la noticia bomba? Y no parecía haber ninguna razón posible para no poder publicarla. que no publique nada de este asunto. yo me acomodé en el sillón giratorio. son órdenes de la superioridad. Tengo que pedirle. porque me había dado galletas hace mucho tiempo y para que su hija no se preocupase. ¿qué hay de lo que ha conseguido sacarle a Bat Masters? Se echó el sombrero hacia la coronilla y frunció el ceño.

Estoy seguro de que se me cayó el lápiz y de que tuve que aclararme la garganta cuando lo que quería decir se me atragantó. pero se rió. Y caviloso y pensativo estuvo un rato. Doc.. Asesinos de verdad. —No. Yo no hice más que acompañarle en el paseo. No sé qué pinta tendría mi cara. Indiana. Es cosa de McCoy. Largamente al manxomo enemigo buscó.FREDRIC BROWN 77 CAPÍTULO OCHO En la mano cogió su espada vorpal. —Fue Smiley Wheeler quien lo hizo. Doc. me está tomando el pelo. La única cosa de importancia que haya pasado jamás. ¿entiende? Cuando Kelley y los demás aparezcan en el lugar de la cita. ¿Es una broma? Sacudió la cabeza. —Capitán. Respiré hondo cuando le oí decirme que no podía tomar medidas legales para evitarlo. Le dije: —Adelante. Y me dijo: —Si pudiéramos mantener el secreto durante unas cuarenta horas. podríamos capturar a toda la banda.. bueno. Se inclinó hacia delante: —Pues esto es lo que pasa. En un hotel de Gary. pero concertaron una cita para reunirse a preparar el próximo. No puedo impedirle legalmente que censure la noticia. Los de la banda de Gene Ke-lley son tipos muy peligrosos. Será mejor que valga la pena oírlo. No puede pretender eso de verdad. los cogeremos. siempre que no tengan la noticia de que Masters y LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . el mismísimo Gene Kelley. hasta el sábado por la tarde. La segunda vez logró salir al aire. Así que descansó junto al árbol del Tumtum. hicieron ustedes un buen trabajo. Incluyendo al premio gordo en persona. naturalmente. —¿Por qué hasta el sábado por la tarde? —Masters y Kramer tenían una cita el sábado por la tarde con Kelley y el resto de la banda. Se separaron desde el último trabajo. —Esto es. Quizá para tenerme contento. por cierto. aunque con cierto esfuerzo. Ordenes directas del jefe. Pero quiero contarle todo lo que hay y espero que decida hacerlo. No iba a hacerme ningún daño escucharlo educadamente. Y. Supongo que ya lo habrá comprobado respecto a los dos de esta noche. Era un chiste malo.

pero era como un palo de escoba. digamos. —¿Y no podríamos cambiar un poco lo que ha pasado —sugerí— y decir simplemente que Masters y Kramer han muerto? Sacudió la cabeza. —Y conseguir el dinero. Me habrían despedido. Iba a esperar a que mi propio periódico estuviera ya en la calle. Entonces ya podrá enviarlo y conseguir que la acrediten a su nombre. Estará ayudando a salvar vidas si nos ayuda así a cogerlos. había estado leyendo alguna que otra cosa en la revista que Smiley me había prestado. esos tipos son unos asesinos. si llegan a saber que dos de los muchachos han sido detenidos o muertos. Lo que quiero es que sea el Clarion quien obtenga la exclusiva. Doc ¿quién es el corresponsal de las agencias en este pueblo? ¿Se ha enterado ya de lo ocurrido? —Soy yo —dije con tristeza— pero todavía no he telegrafiado nada en absoluto. Doc —me dijo— porque supongo lo que debe significar para usted. ¿verdad. Doc? Oiga. Levanté la vista. No era un individuo muy agradable. Dígame. pero le dije con alguna esperanza: —Quizás ninguno de los miembros de la banda lea el Carmel City Clarion. Pero así por lo menos no perderá lo de la corresponsalía de prensa. Traté de suponer qué estará pensando según la expresión de su cara. Siempre les puede decir que tuvo que retener la información por orden de la policía.FREDRIC BROWN 78 Kramer ya no cuentan para nada. el sábado a mediodía. si ésta podía hacer que Kelley se oliera la trampa en la que se metería en otro caso. —Lo siento. —El resto de esos chicos no iban a correr riesgos. hasta. Sabía que no iba a servir para nada. pero por una vez iba a tener la exclusiva de un notición en mi periódico antes de echársela a los perros. —Pero retendrá la información. sabe perfectamente lo que pasaría. y Pete estaba allí escuchando. Porque en otro caso Kelley y los otros no aparecerán —sentenció—. querrá decir. si es que ya no lo habían hecho los del viernes por la tarde —de repente le asaltó un pensamiento. maldita sea. No. y habría representado unos cuantos dólares menos al año. ¿Qué sabe sobre Gene Kelley? ¿Sabe algo? Asentí. Los periódicos del sábado por la mañana lo pondrían en primera página. y pareció alarmado—. Le hice una mueca y le dije: LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . —Doc. Otros periódicos del estado reproducirían la noticia. Suspiré. no aparecerán por Gary ni en sueños. Evans tenía mucha razón cuando me decía que podría costar alguna vida el que yo imprimiera la noticia.

Así que no dije nada. Pete. puedo poner ahí la noticia de las elecciones de la sociedad de las damas de la Caridad. Evans pareció un poco más aliviado. Fue hasta allá y la apagó. y me dijo: —Bueno. Pete—. pero encuadra el hueco con un buen crespón negro.FREDRIC BROWN 79 —Apaga esa puñetera linotipia. quizá sea lo justo.. Incluso aunque con ello la banda de Kelley se oliera la tostada y liquidasen a más gente. Gracias por venir y por todo. Buenas noche. —Claro. Por la mañana. —Lo haré tan pronto como. No tenía sentido alguno decirle que también podía imprimir un par de capítulos de la Guerra de las Galios. —Demonios. ¿Vas a quedarte un rato todavía? —Unos minutos. Bueno. Todo parecía estar tremendamente tranquilo con la linotipia parada. Me sonrió para demostrarme que sabía que no había tenido mala intención. le dije—: Esta noche no. Y también el hecho de que usted retenga la noticia hasta que los cojamos. podrá usar la historia la semana que viene. —Fue una gran suerte que Master odiara tanto al resto de la banda para entregárnoslo cuando suponía que se iba para el otro barrio. pero tenía unas ganas horribles. Doc. seguimos teniendo que rellenar con algo el hueco de nueve pulgadas de la primera página que ibas a acabar por la mañana. Son las once y media. Durante un instante quise haber sido un hijo de puta en lugar de un mamón y liarme la manta y sacarlo todo en el periódico. Me levantaré un poco más temprano en ese caso. sal de aquí antes de que me ponga a llorar a moco tendido. la semana siguiente. de César. Quizá ya que estamos aquí podríamos hacerlo. aunque el marido de mi asistenta LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . No puedo oírme pensar. y si lo compongo otra vez con letra más pequeña para que quepa en el recuadro. Doc.. Pete se acercó. y no me puse a sollozar. No quiero que nadie me vea. A las siete y media. Seguí sentado en mi escritorio un minuto después de que se marchó. Pero cuando comenzó a dirigirse hacia la linotipia para volver a ponerla en marcha. No me parecía posible que hubieran podido pasar tantas cosas y que no pudiera ni poner una sola línea de tipos. Doc. también sería historia antigua. Doc —dijo. Me pasé las manos por lo que me quedaba de pelo y le dije: —Imprímelo tal como está. —Gracias. y unos segundos después se levantó y se fue. No se me ocurría nada mejor. y sin razón aparente sacó un pañuelo y se puso a secarse la frente. Pete. Pete. Márchate a casa con tu mujer y tus chicos. Era una tarde algo fresca. —Oye. y me dijo: —Bueno.

La recogí y la miré. Todo estaba horriblemente silencioso. Anduve dando vueltas y me puse a mirar la portada que estaba allí tirada en la caja. y por hacer algo. la hora de cierre de los bares en Carmle City es medianoche. aunque preocupase a la hija de la señora Griswald y arruinase la reputación de Harvey Andrews al contar que le habían cogido robando el banco de su padre cuando se escapaba de casa. al bar de Smiley. Le había LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . pero no había nadie por allí. o un buen montón de ellas. Y sin duda alguna tienen periódicos mucho más grandes y mucho mejores. aunque hiciera que Carl Trenholm pareciera bobo. y entonces algo cayó revoloteando hacia el suelo. y de ese modo conseguiría que algunos conciudadanos hicieran un viaje en vano. Decía: Yehudi Smith De pronto la tranquilidad de la noche se había vuelto a romper. Me preguntaba porqué no quería emborracharme escandalosamente hasta perder el sentido. Todavía no había pasado la ronda nocturna ni recogido las aceras. una tarjeta. también podría cubrir de lodo a Ralph Bonney por el sencillo método de dar una lista de todas las acusaciones y cargos presentados en contra suya en el juicio por divorcio. Porque no quería hacerlo. Metí la mano en el bolsillo y saqué la cajetilla. Y también podría publicar lo de la subasta de Carldad dando como excusa que me habían avisado demasiado tarde de que la habían suspendido.FREDRIC BROWN 80 perdiera el empleo. Los que habíamos quitado para poner toda la basura de la primera página allí y dejar sitio en ésta para las noticias que íbamos a dar en exclusiva. Sería maravilloso ser un hijo de puta así para poder hacer todo eso en lugar de ser el gilipollas que soy. Volví a cerrar la página. Me pregunté porqué no me marchaba a tomar otra copa. A la que yo recordaba por su especial nombre. Pasó un coche y reconocí el de Ralph Bonney. Fui hasta la ventana y me puse a mirar a la calle que estaba tranquila y vacía. Los hijos de puta suelen pasarlo mejor que los demás. me puse a meter los rellenos en la página cuatro. Me decidí a fumar un cigarrillo y a irme a casa. Y mientras estaba pensando en todo aquello. que se dirigía seguramente a recoger a Miles Harrison para ir hasta Neilsville a por la nómina del turno de noche de la fábrica de productos pirotécnicos. Se me había olvidado totalmente el asunto Yehudi Smith cuando me enteré de que habían encontrado al loco fugado. incluso la de la sección de tracas romanas. y también podría escribir unos párrafos llenos de humor sobre como el más notable líder del partido antibares había estado en Smiley pagando una ronda a todos los clientes.

Ahora no se veía ningún coche. dos. No me acababa de creer que estuviera allí. pero lo estaba. La que tenía allí ya estaba un poco baja cuando salí. No miré atrás ni una sola vez al volver a casa. sólo Dios podía saber lo que le habría pasado desde entonces. Pedí mi número y se me hundía el ánimo al oírlo sonar una. y para alejarme de Yehudi Smith. Me puse apresuradamente el abrigo y cogí el sombrero. Y no es que sea un paseo muy largo o que me importe mucho pasear cuando no tengo prisa. Me sentía tan bien que me sentía estúpido. y dejé la calle mayor para meterme por las secundarias. Voy para casa ahora mismo. de amigo o de enemigo. Quisiera disculparme por haberlo hecho esperar tanto. pero esta vez tenía prisa. después de haber sonado la cuarta contestó la voz de Smith con un hola que sonaba a estar durmiendo. Esto es. El banco. Primero Smiley's. Yehudi Smith no era el loco suelto. —Muy bien. Han ocurrido unas cuantas cosas. Lo mejor de todo era que estaba sereno por culpa de todo lo ocurrido. —Soy Doc Stoeger. quería correr.FREDRIC BROWN 81 olvidado tan completamente que hasta se me había olvidado recordarle cuando el doctor Buchanan había traído a la señora Griswald a hablar conmigo. Cuando salía del bar de Smiley con la botella. Le dije «hola» y lancé el sombrero hacia el estante del LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . recogí una botella para llevarla a casa. y estaba listo y con el ánimo dispuesto a tomarme unas cuantas copas más y a seguir con conversaciones abstrusas. que venga. Casi se me olvidó apagar las luces y cerrar la puerta. más acogedoras y agradables y que ya no estaban plagadas de maníacos homicidas ni de otros horrores por el estilo. tres veces. Estaré ahí dentro de un cuarto de hora. que muy bien. quería hablar. Pasé todo cuanto había pasado mil veces. esta vez tenía la luz de emergencia encendida y no había trazas de crimen. Y gracias por esperar. pero no a tomar un trago. Repentinamente quise dar saltos y cabriolas. La vez anterior la había tenido porque creía que Carl Trenholm estaba muerto o malherido. Pasé el lugar donde se había parado el Buick y una voz le había preguntado a alguien llamado Borrachín qué pueblo era aquél. señor Smith. Tenía un aspecto tan familiar allí sentado que me pregunté por qué lo había dudado. Y entonces me acordé de que llevaba por ahí un buen rato y casi fui corriendo hasta el teléfono del escritorio. Pasé la oficina de correos. Esta vez tenía prisa por volver a verle. maldije una vez más el hecho de que mi coche tuviera dos ruedas pinchadas. que ahora estaba oscura. ¿Qué hora es? —Deben ser las once y media.

Como si me hubiera hecho falta aquello para darme cuenta. Algo pasó.. Smitty. He tenido un mal encuentro y una mala experiencia. Me senté enfrente de él. pero estuvo muy bien mientras duró. sí ya recuerdo. Creo que es usted un tipo excelente. Sabe. —Smitty —me dijo. —Sí. Fue que.. — Sonrió—. donde estábamos justamente cuando recibió aquella llamada. ah. Cuando sonó el teléfono estábamos hablando de la sección de tracas romanas. —Veamos. Doc. Algo cambiado. —Ahí es donde he estado desde que dejé la casa. Espere. lo importante es que haya vuelto. Sí. Lo que estuvo pasando fue bastante horrible. todavía de la primera botella. de la primera botella. eso me recuerda algo. bueno.. —Bien. Lo recordé y asentí. —Sabe. —¿De verdad? —Casi. y seguidamente me dijo: —Doc.. me dijo usted que era algo sobre un accidente que le había pasado a un amigo.. no es nada serio. aunque se acabó con aquella ronda. desagradable. no lo estuvo. en el mismo sitio-donde me había sentado antes. está usted distinto.FREDRIC BROWN 82 perchero. y no creo que quiera contármelo. Quitó importancia al asunto con un gesto casual y me dijo: —Nq^ importa en absoluto. pero esa relación no durará mucho. No sé lo que habrá pasado. Volvía a llenar los vasos... No quiero mentirle. que pasaron otras cosas que me hicieron estar fuera tanto rato. no. Era la primera que me pasaba desde hacía algunos meses y aquello me hizo darme cuenta de que era mi noche de suerte.. Acabábamos de brindar por ella. y serví una copa para cada uno. Todavía estoy temblando y mañana estaré más tembloroso aún cuando me dé cuenta de que me he escapado por el canto de un duro. Entonces. y un fracaso estrepitoso como héroe y como editor. pero le apuesto algo. y todavía estoy empezando a reaccionar. pero que sigo todavía siendo el mismo. ¿Me permite preguntarle? —Está bien —le dije—. He echado una siesta.. señor Smith. Me echaron hará media hora. aparentemente no había bebido mucho mientras estuve fuera. Ay. mientras duró. Chocamos los vasos y bebimos. pero chocó en una de las perchas y se quedó allí colgado. cincuenta y tres años. tuve que. —Doc —dije. y volvía a disculparme como había hecho por teléfono por haber tardado tanto. Un silencio de unos segundos. doctor. Enarcó un poco las cejas: —Entonces habla usted en serio. —Creo que es algo pasajero. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . me gusta. Doc Stoeger..

Smitty. Y no es que note tres copas cuando son las únicas. Doc. En algún otro momento estaré encantado de hacerlo. Había tomado ya unas cuantas más anteriormente.esta tarde. —Es una palabra maravillosa. y volver a pensar en Lewis Carroll.FREDRIC BROWN 83 —Gracias. No mucho. —¿Por qué? Y antes de que pudiera contestarle ya se había tragado lo que le había servido. sin que el vaso llegara a tocar los labios. Ahora me estaban haciendo efecto. De esta forma voy a sentir vergüenza del periódico. volvamos a Carroll. parloteo. Pero le apuesto a que me ha dicho que es un fracaso como editor porque ha tenido que censurar una noticia. antes de que el aire fresco de aquel paseíto con Bat y George me hubiera despejado la cabeza. o no había sido el adecuado. Me moví un poco y le dije: —Volvamos con los Jabberwocks. Era un truco que tenía que aprender. ¿Ganaría la apuesta? —Sí—. por alguna buena razón. Y una vez más tenía el vaso vacío. aquello que sonaba como a lo que diría Einstein borracho. es que todavía no quiero contar nada de nada. que en cuanto me pongo a hablar en serio se me pasa la moña. Me bebí el mío. y maldita sea que muy pocos somos héroes. ¿qué quería apostarme? —Que no es un fracaso como editor. que era el tercero desde que había vuelto quince minutos antes. Como héroe puede ser. Podía haber sido de Carroll. Y no es que no quiera contarle lo que me ha pasado . Pero la primera vez lo haría en secreto. Todos los periodistas. La habitación estaba como envuelta en niebla. y volvamos a Lewis Carroll. había vuelto a lanzarlo a la garganta del mismo y fascinante modo que antes. daba igual el tiempo que tardara en aprenderlo o cuánto whisky iba a tirar por ahí. porque me habría sentido avergonzado si no lo hubiera hecho así. deberíamos ser unos hijos de puta. Pero no me siento orgulloso de mí. No le dije que la abría ganado cinco veces seguidas—. Volvamos a tener una conversación igual. desaparecido. De acuerdo. por Dios. Smitty. sólo que había menos de eso en su época. De todos modos. Y no por egoísmo. pero el suficiente. pero ahora mismo quiero dejar de pensar en ello. y luego había tomado bastante más en el bar de Smiley. y él mismo contestó con una respuesta que tampoco se podía responder: —¿Para que los periódicos fueran más entretenidos? ¿A cambio de las vidas humanas que podrían deshacer o incluso destruir? Aquel estado de ánimo había. Y sigamos con el parloteo ése que me estaba dando. Estábamos ha LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Y. Me sonrió. Lo pasé tan bien al comenzar la tarde. pero éstas no eran las únicas. estaba empezando a notarlos.

. —Las doce menos diez. Durante un instante me pare ció que se difuminaba un poco y que avanzaba y retrocedía cuan do yo le miraba. preguntándome de qué estaría hablando. o Yehudi Smith hablaba en cualquier caso. muy bien. Y entonces me acordé. Sacudí la cabeza para despertarme un poco y decidí que sería mejor no tocar la botella durante un rato.. o algo por el estilo. —El reloj de la repisa —repitió—. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Entonces me di cuenta de que lo que acababa de decir era una pregunta. Y también su voz se me desdibujaba en senos y cosenos. En este momento estoy un poco ido. y le pedí perdón. Supongo que no estará pensando en marcharse ya. Todavía es temprano. ¿anda bien? Conseguí centrar la visión. claro. mientras yo trataba de concentrarme en lo que me decía. íbamos a ir a una casa encantada a cazar un Jabberwock. —¿Cuánto puede llevarnos llegar hasta allá? Tengo indicaciones de cómo llegar. Sí.FREDRIC BROWN 84 blando otra vez sobre Carroll y acerca de cosas matemáticas. Durante un segundo lo miré atónito. pero quizá pueda calcular el tiempo que podemos tardar mejor de lo que puedo hacerlo yo. pero.

y que a mí no me faltaran algunos más. que ni siquiera me acordase de mi propio nombre. me parece. y no quería decidir no ir. Así que aún tenemos cuarenta minutos si lo hacemos en media hora. según me había dicho. se podrían haber comprado. ¿Qué demonios íbamos a hacer allí? ¿Intentar pescar un Bandersnatch como sacándolo del limbo de la nada? ¿O atravesar un espejo y deslizamos por una conejera para ir a cazar uno en su habitat natural? Bueno. sin mirarme. y me pregunté qué estaba haciendo al escucharle todas aquellas historietas absurdas sobre las Hojas Vorpales y sobre la vieja casa de Wentworth. pero da igual. Asintió. estaba pasándolo en grande. Me equivoqué antes al mirar los números de la calle. a la una.. Quizá no se crean que pude haberme olvidado de aquello. —Entonces nos llevará de veinte a treinta minutos llegar a ese sitio.. doctor. quizá recuperara la sensatez y decidiera no ir. Quería serenarme un poco más. que me maravilla. «Luego.» Eso es fácil: con un penique. —¿Tiene usted coche? —le pregunté. creo. hay que comprar los peces. no del todo. pues mientras no me serenara lo bastante como para estropearlo todo. es señal de ancianidad y LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Mejor que nunca desde aquella víspera de Todos los Santos de hacía cuarenta años cuando. pero eso no quería decir que no le faltara algún tornillo. podría haberlos cogido. porque si estaba sobrio. pero le llené el vaso sin volver a llenar el mío. No era el loco que se había fugado. hay que coger los peces. así que fui yo quien le miró.» Eso es fácil: hasta un niño. Habían pasado tantas cosas desde que había salido de casa hasta que había regresado. Loco o no. me parece. —Está aparcado un poco más abajo. o del de Yehudi.. pero lo había hecho. pero estaba lo bastante cerca como para no molestarme en mover el coche. era maravilloso. Smith se había vuelto a echar en la silla.FREDRIC BROWN 85 CAPÍTULO NUEVE «Primero. Me empezaba a pasar el mareo. —Muy bien. Eran las doce menos diez y teníamos que estar allí.

Recordé la estrofa de Carroll que Al Grainger me había citado al comenzar la tarde: «Eres un viejo. Doc. vaya. Me sonreía. y se enderezó la corbata. dijo el joven. Por lo menos no del todo. estaba enfocando de nuevo los ojos correctamente. Así que no había nada que hacer. sino para que pudiera unirse a nuestra expedición. sentía un ligero malestar. salvo que Al apareciera en el transcurso de la media hora siguiente. padre William». Y no obstante no paras de hacer el pino. Se lo pregunté. El humo se estaba volviendo demasiado espeso. Le había dicho que viniera cuando quisiera antes de medianoche. «y tus cabellos han encanecido por completo. Le sugería a Yehudi que podíamos ver lo que había en la nevera. porque resultó estar LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . como habíamos planeado. sino de que era humo. Y no quería hacerlo. Sí.. y me dijo que le parecía una idea excelente.¿Mi número de teléfono? Y la torre negra se come al caballo blanco. me hubiera gustado que Al Grainger hubiera aparecido. Se me ocurrió que pudo haber venido o llamado por teléfono y que Yehudi no se hubiera acordado de mencionarlo. Las luces que tenía a la espalda la convirtieron en un espejo. Ya había sido bastante cobarde con anterioridad a aquella tarde. Doc. Claro que había notado las últimas copas. con gafas.pregunté si aún podría ser que apareciese por allí. ¿Te'parece que a tu edad hay que hacer eso?» Lo cual me hizo recordar a Al Grainger. se trataba de un malestar. —No. No vino nadie. Allí apareció mi reflejo. Medianoche. La ventana. Fui hasta la ventana y abrí la parte de abajo. ¿Dónde estabas a medianoche? Con Yehudi. y me di cuenta de que no era una neblina. De todos modos. Y lo fue. naturalmente. Me .. ¿Quién es Yehudi? Un hombrecillo que no estaba aquí.FREDRIC BROWN 86 decadencia el ponerse a recordar cosas que se han hecho de joven. Miré hacia la ventana y me pregunté si quería abrirla con la suficiente gana como para tener que levantarme y abrirla. Déjame verla. ¿Qué numero de teléfono tienes?. y ésa era la hora en aquel momento. ¡Dios mío!. o que le llamara. Pero tengo su tarjeta. bueno. y yo lerdo. Había comido un bocadillo poco después de mediodía. Un cuadrado negro que enmarcaba la noche. y con la corbata torcida. No es que tuviera miedo exactamente. y la única llamada fue la que usted hizo antes de volver a casa. Un hombrecillo insignificante con el pelo gris. No para jugar al ajedrez. y todavía no soy un viejo. pero de aquello hacía más de ocho horas. y no había tomado nada desde entonces. pero. pero la neblina seguía en la habitación. Sacudió la cabeza.

ponía de relieve la suave redondez de la cara. —¿Está listo? —me preguntó Smith. Fue un impulso. No.FREDRIC BROWN 87 tan hambriento como yo. Entre los dos nos comimos un kilo de jamón asado. Y un impulso me hizo ir hacia él y extender la mano para estrechar la suya cuando cogió la mía con cierto asombro. El reflejo era claro y preciso. la absurda rotundidad del cuerpo. y había algo que me hizo hacerlo en aquel momento. pero no recuerdo ahora. Yo le iba indicando el camino. por encima del hombro. cuál fue el que seguimos. la casa estaba bastante retirada de la carretera y no se la veía ni siquiera de día LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . No lo soy. y de que hablaba poco. Me dijo «gracias. Eran casi las doce y media cuando acabamos. De hecho me sentó tan bien que decidí llevarme la botella. Es raro comprobar lo claramente que uno se acuerda de unas cosas y lo vagas que resultan otras. También creo recordar que el motor mete mucho ruido. y no tengo ni la más remota idea de qué color era. pero incomodándole un poco. pero por primera vez nuestros ojos no se encontraron. y entró mucho mejor que la última anterior. Tengo idea de que había una radio en el tablero y que tenía conectada la emisora de la WBBM. Decidí que sería mejor cerrar la ventana. en realidad. las arrugas de risa en las comisuras de la boca y de los ojos. y también recuerdo que la palanca de cambio estaba en el suelo y no en el volante. Quedaba el tiempo justo para tomar una copa digestiva y nos la tomamos. por qué quería estrecharle la mano. y también recuerdo que el botón para encenderla era de ónice brillante. Como también me alegro de haberle dado de comer y de beber en lugar de haberlo dejado ir hacia su extraña muerte sobrio y con el estómago vacío. Me acuerdo de que conducía bien y con cuidado.» Pareció gustarle. Y todavía me alegro más de haberle dicho «Smitty. Sin embargo sí que me acuerdo de que no reconocí la entrada hacia Wentworth Place. podía ver el reflejo de Yehudi Smith que estaba de pie junto a la puerta esperándome. Con el estómago lleno tenía mucho mejor sabor. Después de todo podría haber una gran tormenta. No nos habíamos dado la mano cuando nos conocimos en él porche. me gustas. ni tampoco es que importe mucho. En el cristal. Doc». no sé. Pero en cambio no me acuerdo de si el coche era un coupé o un sedán. No quiero decir que yo sea clarividente. pero me alegro de haberlo seguido. ya habíamos empezado la segunda. casi una barra de pan moreno. porque en ese caso nunca habría ido. probablemente por culpa del ruido del motor. lo cual era mi única forma de saber si era un coche nuevo o viejo. y un tarro mediano de pepinillos y cebolletas.

—Somos los primeros en llegar —dijo Smith bajando la voz mientras apagaba el motor. Desde entonces había estado habitada de vez en cuando. pero un poco más allá sí que reconocí una granja en la que unos tíos míos habían vivido muchos años antes. lo mismo que a mi me da miedo la altura. no sé por qué. Lo habían matado en Francia en 1918. Dio la vuelta. Smith había apagado las luces del coche y estaba saliendo por su puerta. Haría un año o por ahí el Clarion había publicado un anuncio diciendo que se alquilaba. tiene que ser bien antigua. y a un precio muy razonable. No sabía por qué los pocos que habían tratado de vivir allí se habían marchado. Juntos habíamos explorado el lugar varias veces. porque a Johnny le daba miedo la oscuridad. que había vivido entre la granja de mi tío y esta casa. La conocía desde aquellas semanas de verano. y esta vez conseguí ver la entrada. y pude volver a ver cuando se acercó al costado del coche en el que yo estaba. por lo menos les tenía miedo. a la vieja casa de Wentworth. además. Pensé en Johnny Haskins. Pero nadie había llegado a vivir en ella mucho tiempo. Salí del coche y. Mis ojos comenzaban a acostumbrarse a la oscuridad y ya podía apreciar los contornos de la casa. de día. realmente estaba en un sitio un tanto deprimente. Doc. Y bebió un trago. Eso había pasado haría unos cuarenta años. supongo. y ya entonces era un edificio antiguo y deshabitado. de que estuviera encantada. o igual que todo el mundo le tiene miedo a algo. más miedo del que yo tenía. De día. Estaba tan oscuro allí fuera que no podía ver la botella que tenía delante de los ojos mientras la empinaba. en público por lo menos. pero nadie lo había hecho. casi al final de la primera guerra mundial. Tenía una linterna en la mano.FREDRIC BROWN 88 por culpa de los árboles. giramos y seguimos por el camino entre los árboles hacia la casa. o que Al Grainger le tiene miedo al fuego. pensé. y me puse a pensar en ella. Johnny había muerto. aunque no tanto como el que le LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y me di cuenta de que habíamos pasado de largo. pero en intervalos muy breves. aunque era unos años mayor. Creía en fantasmas un poco. Nunca se habían quejado. en las que visitaba a mis tíos en la granja de más abajo para tomar aires de campo en lugar de los de la gran ciudad que era Carmel City. Aparcamos junto a ella. Dios. Illinois. ¿o si lo sé? y cogí la botella. cuando era niño. Quizás no fuera más que la propia casa. Johnny tenía miedo. Le extendí el brazo con la botella y le dije: —¿Quiere un poco? —Me ha leído el pensamiento.

Y tome. Los haces de luz de las linternas bailaban delante perdiéndose en la extensión del vestíbulo. Había estado habitada el tiempo suficiente para que no estuviera destartalada. Yehudi Smith m'e dijo: —Vamos. pero no era una chaladura peligrosa. El último inquilino o propietario. sino con bastante buen aspecto. a la derecha del vestíbulo. ha conocido ya a tanta gente que ha muerto. pero eran sólidas. que los fantasmas. ¿por qué habría de tenerles miedo? Y tampoco faltan muchos años ya para que uno mismo este también a ese otro lado del muro. Claro que me vendría bien. Quizá la LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . un poco menos asustado de lo que lo estuve. Será mejor esperar dentro. que era un bobo por haber ido hasta allí. ni a la oscuridad. me gustaba demasiado para tenerle miedo.FREDRIC BROWN 89 tenía a la oscuridad. había estado vacío y desnudo aquella vez que la había explorado siendo niño. Enfoqué la linterna hacia la entrada. Entramos y cerró la puerta. ni a la casa encantada. quizá esperando poder alquilarla o venderla de ese modo. no tenía miedo a los fantasmas. Y sé dirigió hacia la puerta por las escaleras del porche. Doc. Cubiertos haría poco tiempo. porque las sábanas no estaban muy sucias ni había mucho polvo acumulado por todas partes. Algo hizo que un escalofrío me recorriera la espalda. menos miedo se tiene a los fantasmas. Me sorprendió que todo estuviese amueblado y cubierto de alfombras. Crujieron un poco mientras las subíamos. Quizá un poco chiflado. Pero ya no lo tenía. la había dejado amueblada. no son nada raro. que por la razón que fuera se había ido. No tenía miedo de Yehudi Smith. Doc. sin saber prácticamente nada de él. La puerta no estaba cerrada con llave. Smith sabía que no lo estaría por la forma en que la abrió. Cuando uno ha pasado de los cincuenta. pero tenia miedo de algo. Smith volvió a abrir la puerta del coche y me dijo: —Acabo de acordarme de que he traído velas. Y a mí se me pegó un poco. una vez que tuve la linterna y ya no estaba en peligro constante de quedarme solo en la oscuridad. se crea o no se crea en ellos. También había muebles cubiertos con sábanas. si es que la necesita. Sin duda alguna. Me sentí un poco mejor. Pero hubiera apostado cien a uno a que no era peligroso. y la casa seguía igual a como yo me acordaba de ella. Algunos de nuestros mejores amigos ya son fantasmas. me dijeron que no había corriente en la casa. tardando en quitárseme unos años después de haberme convertido en adulto. si es que existen. aquí tengo otra linterna. Cuanto más viejo se vuelve uno. Entramos en un salón enorme. No.

¿Por qué no me iba a casa? ¿Por qué no me había quedado en ella? No me gustaban aquellos muebles espectrales cubiertos de tela blanca.. Asentar corte para juzgar quién robó las tartas.FREDRIC BROWN 90 apariencia fantasmal de aquellos muebles cubiertos de sábanas. Smith delante y yo detrás.. Me temo que. Cualquier alternativa era una locura. Lo totalmente chalado que debía estar para haber venido hasta aquel sitio. Supongo que será lo mismo. con su trasero gordo delante de mí. Abrimos la puerta que llevaba a la escalera que subía al desván. Estabas borracho. del de Banchley. ¿Dónde estaba a la una? En una casa encantada. y quería que lo cruzásemos. también lo haría. ¿Qué estaba haciendo? Esperando a que llegasen las Hojas Vorpales. así que yo seguí adelante y me tomé un trago que me calentó ligeramente el frío que estaba empezando a asentárseme en el estómago. y. —¿Al desván? ¿Por qué al desván? —Porque allí se va a celebrar la reunión. —¿Esperamos aquí. ¿Quién es Banchley? ¿QuiÉN ES YEHUDI ? ¿Quiénes son tus quiénes? Doc. y no encontramos ni fantasmas ni snarks. o subimos al desván? —me preguntó Smith. Uba a haber una reunión? ¿Sería verdad que los otros iban a venir aquella noche? Ya era la una y cinco. Sí. Engendrar un niño en una mandragora. pero. El gordo trasero de Yehudi Smith subiendo por las escaleras del desván. Se lo diré. pero. Así que también podía ver el resto de la casa. Subimos las escaleras hasta el segundo piso. ah. o montar al caballero blanco en su caballo. ¿Qué me iban a hacer? No sé.. había llegado hasta aquello. O quizá únicamente leer el acta de la sesión anterior y el informe del tesorero. Muy lamentable. tan cierto seguramente. Pero quería darle otra metidita a la botella que llevaba. Así que le dije: —Subamos al desván.. Llegamos arriba y Smith me pidió que enfocase mi linterna al final del pasamanos hasta que pudiera encender una vela. no exactamente. no me gusta tener que decirlo. ¿no es así... Miré alrededor y me pregunté si me gustaría más quedarme allí o subir al desván. Ascendimos por ella. El cerebro me seguía recordando lo ridículo que era todo. Doc? Bueno. Con tal de xjue él cruzase antes. pero sacudió la cabeza. Todo aquello empezaba a gustarme cada vez menos. Le ofrecí a Smith. ¿Qué es eso de las Hojas Vorpales? No sé. Cualquier cosa. Sacó una vela corta LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Si había un espejo arriba en el desván. Un trasero de caballo subiendo detrás suyo.

Miré en derredor. Estaba bastante seguro de ello. Doc. Escuche. aunque me pareció haber oído como si un coche dejara la carretera y viniese hacia la casa. y aunque los muebles no estaban cubiertos con sábanas. Ningún ruido venía de abajo. mucha más luz. el centro estaba despejado. —¿Y ahora qué hacemos? —Esperar a los otros. estén o no estén aquí. Ya no oía el coche. y entonces. y la encendió. y yo hice lo mismo con la mía. y se hubiera vuelto a dirigir hacia la carretera. de pronto. mucho mejor que antes. Había baúles y unos cuantos muebles viejos y desvencijados en las esquinas del desván. Y tampoco me gustaban las sombras que producía. Sí. Pero allí arriba en el desván no era muy fácil de decir. se hubiera parado. contento de poder LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Yo le di un trago. seguramente lo que le sugerirían a la mente sería mucho más revelador que lo que se obtiene con las manchas de tinta. Doc? Conseguí ver el reloj a la luz de la vela y le dije que era la una y siete minutos. me habría gustado tener algo más de luz.FREDRIC BROWN 91 y gruesa del bolsillo. Podrían haber sido de Jabberwocks o de cualquier otra cosa imaginable. Temblé un poco. desde luego. —Ayúdeme a buscar una cosa. el sitio no me gustó más que el gran salón de abajo. Ya era bastante estúpido estar allí borracho. —¿Una mesa? Había vuelto a sacar la linterna y estaba enfocándola hacia una de las paredes del desván. Pero Smith se había metido la linterna en el bolsillo. Esta vez Smith también bebió. La única ventana daba a la parte posterior y estaba claustrada con tablas por dentro. Y además tampoco habría servido para gran cosa en una habitación tan grande. Las sombras se agitaron. Volví a descorchar la botella y a ofrecerle. Una mesa pequeña. —Esperaremos hasta la una y cuarto. ¿no es un coche? Escuché y me pareció que sí era. Pero el sonido parecía disminuir. como si el coche hubiera estado en el camino. ¿Qué hora es. así que yo fui hacia el otro lado. lo oí. Debería haber test de Rorschach hechos con sombras fugaces. Hay algo que debo hacer en este momento preciso. Estaba empezando a serenarme. como si me hubiera detenido y puesto en marcha de nuevo. una que se sostendría fácilmente sin palmatoria. La luz de una única vela era demasiado escasa para desvelar la oscuridad de un local tan grande. me parecía. también era suya. El ruido cesó del todo. y aquél no era sitio ni hora para estar sobrio. Debería estar por aquí a mano. y no había excusa ninguna para agotar las pilas teniéndola encendida.

La mesa de tapa de cristal que Alicia había encontrado en el vestíbulo del fondo de la madriguera del conejo. en la ilustración de John Tenniel hecha para Alicia en el país de las maravillas. —Le pido disculpas por no ofrecerle. No había razón alguna para que yo no pudiera y no debiera unirme al brindis siempre que mis labios. la mesa en la que había estado la llave que abría la puerta pequeña que daba al jardín. y entonces tendría que encontrar y usar una cajita con una etiqueta que decía «CÓMEME». A mí me resultaba divertido. Parecía auténticamente molesto.. ¿Ya es la una y cuarto? —Casi en punto. Ni siquiera estaba sonriendo. así que yo asentí para darle a entender que lo comprendía y que lo perdonaba. sí.. es ésa. Era pequeña. Todo era demasiado ridículo como para tener miedo. los del neófito. La encontré yo.. Guárdame esto —me metió la llave en el bolsillo—. y quité el corcho de la botella de whisky que yo llevaba. no manchasen el sagrado elixir que LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . pero me gustaba y no quería molestarle.FREDRIC BROWN 92 usar mi linterna para acabar con aquellas malditas sombras. me puse a reír a carcajadas. los demás deben haberse retrasado. tenía esa esperanza. y de pronto crecería tanto que. ¿Qué es lo que hacía la botella de «bébeme»? Ah. le dije «espere». sobre todo después de que haya compartido conmigo tan generosamente su bebida. Ya no tenía miedo. pensé. Pero allí no había ningún enemigo mío. Había visto aquella mesa a menudo. y en la que había estado la botella con una etiqueta de papel que decía «BÉBEME» atada en el cuello. Los pasos de Smith detrás de mí hicieron que dejara de reírme. Después de toda aquella sandez ridícula podría formar parte de un ritual. —Bien —cogió la llave en una mano y la botella en la otra—. tenía tres patas.. y el otro un frasco pequeño que tenía una etiqueta. se reduciría de tamaño hasta una altura de unas pocas pulgadas. y esto me lo bebo. Me dijo: —Sí. y también la levanté. El Señor me prepara la mesa en presencia de mis enemigos. Fantasmas y sombras o no fantasmas y sombras. Uno de los objetos que estaban en la mesa era una llave pequeña. Estaba en un rincón del desván.. pero empezaremos nosotros. y la parte de arriba de cristal. y comer una galleta que habría dentro. Encima tenía dos objetos pequeños. pero comprenda que hasta que no haya sido iniciado. Levantó la botella y dijo: —A la salud de Lewis Carroll. Quitó el corcho de la botella. Ya que aquello era un brindis. Empecé a reírme.

Dejó caer la botella con la etiqueta de «BÉBEME» y se echó la mano a la garganta. me parece. Estaba tapando la botella de whisky cuando Yehudi Smith murió. se le pusieron de repente en blanco. La cara se le contrajo espantosamente en una mueca de dolor. pero murió.FREDRIC BROWN 93 contenía la botella del «bébeme». Los ojos. Y el golpe que produjo su caída sacudió el suelo bajo mis pies. que seguían abiertos. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Pareció hacer temblar toda la casa. incluso antes de que la botella chocara contra el suelo. pero el dolor no pudo durar más que una fracción de segundo. completamente en blanco.

De hecho. Hubiera dado todo lo que tenía en mi cuenta corriente.FREDRIC BROWN 94 CAPÍTULO DIEZ Y. Supuse que tendría menos miedo si conseguía una explicación de lo que pasaba. Quería marcharme de allí. Le había visto la cara. Smiley había estado conmigo. surgió resuflando del bosque tulgeloso. y la tarjeta que tenía atada en el cuello había impedido que rodase lejos. Pero en el caso de George no me había importante tanto. Me levanté de nuevo y comprobé que me temblaban las rodillas. pero era todo una locura absoluta. y le había visto caer. por tener a Smiley conmigo en aquel desván. Al cabo pude moverme. ¿O sería ácido prúsico. La botella pequeña y vacía de la que había bebido era de un cristal bastante grueso. no tenía la más mínima duda de que estaba muerto. Quise estar totalmente seguro. trescientos doce dólares. ¡el Jabberwocks. No tenía ningún sentido el que un chiflado me hubiera llevado hasta allí con un pretexto como el que pudiera ser el público apropiado para presenciar su suicidio. y el olor a whisky disimularía el pestazo a almendras amargas? No sabía. Olía a buen whisky. por un lado. avanzando y echando burbupumas al venir! Me parece que no hice otra cosa que estar allí estremeciéndome durante unos segundos. Era el segundo hombre que veía morir aquella noche. pero estaba demasiado aturdido para moverme. ¿quién le había matado. Me arrodillé. Se lo merecía. y metí la mano entre la chaqueta y la camisa buscando el latir del corazón. y por qué? ¿Las Hojas Vorpales? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y por otro su cuerpo había estado dentro del coche escacharrado. No se había roto cuando la soltó. No se apreciaba ninguno. Pero. Tampoco estaba solo. lo puse sobre la boca y la nariz un momento pero no se empañó en absoluto. mientras con ponderoso pensamiento estaba. No había olor a almendras amargas. No la toqué pero me puse a gatas y olí la boca. con ojos de llamas. era de que Smith no se había suicidado. en realidad no le había visto morir. Pero tenía que asegurarme. La linterna que me había dado tenía el cristal redondo y plano. pero si lo que aquel whisky había contenido no era ácido prúsico sería algún otro veneno corrosivo de similar potencia. si de algo estaba seguro. y no pude detectar ningún otro olor.

enfoqué el círculo de luz al lugar en el que estaba tendido el cuerpo de Yehudi Smith. y la caída de Smith había sonado en todo el edificio. por algún motivo. Esforcé el oído. Pero tampoco podía dejar encendida la vela. sin tener que tocarla. hacia el desván y hacia mí? Miré a la puerta. Quizá hubieran venido. Cogí la interna en la mano izquierda y empuñé la botella con la derecha cogiéndola por el cuello. Bueno. Todavía estaba a medias y podría servir para dar porrazos perfectamente por su peso. gradualmente me encontré con que ya no tenía miedo a moverme. La sombras hacían guiños cuando el foco iluminaba la pared. apagándola de un soplido. Antes de empezar a bajar volví a echarle una mirada al desván con la linterna. la botella de whisky era una especie de arma. ya sabía que no estaba solo en la casa. quería poder decir que no había tocado nada de nada.FREDRIC BROWN 95 ¿Existía semejante sociedad? ¿Dónde estaban? ¿Por qué no habían venido? Un pensamiento repentino hizo que me estremeciera de arriba a abajo. Me maldije por haberle dado a Smiley aquel revólver. salvo que había buscado el pulso y que no lo había encontrado. y que la puerta que daba a aquél seguía cerrada. y luego. Tenía que salir de allí antes de que me volviera loco. dolor con el que había muerto. aunque breve. Llegué a una solución intermedia. sino que se había limitado a colocarla de pie. Miré el apoyo del pasamanos donde estaba colocado el velón que seguía encendido. No había el más mínimo ruido. La luz de la linterna me permitió ver que no había nada ni nadie en las escaleras que bajaban hasta el segundo piso. Si había alguien abajo. con la cara helada en el gesto de aquel horrible. ya que Smith no la había pegado con cera caliente. tal y como la habíamos dejado. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . La luz de la vela tembló. No quería ni tocarlo. y entonces. Creía haber oído llegar y marcharse un coche mientras estábamos esperando. pero aquello no me iba a devolver el revólver. y bailaron las sombras. podía pegarle fuego a la casa si se caía. salvo que fuera para no asustarme a mí mismo haciendo ruido. Fui de puntillas hasta el comienzo de la escalera. con anterioridad no habíamos guardado silencio. con los ojos desmesuradamente abiertos y mirando hacia las vigas del techo. No sé por qué fui de puntillas. deslabazado. Si había algo abajo. ¿Acaso no podría haber dejado algún pasajero? ¿Me estarían esperando abajo b que estarían deslizándose sigilosamente en ese mismo momento escaleras arriba. prefería descender y encontrarme con lo que fuese antes de esperar a que se decidiera a subir a por mí. Tenía miedo de moverme. pero no se escuchaba nada de nada.

Ah.. las dos ruedas que por la mañana habían estado pinchadas. o es que alguien las había sacado el aire la noche anterior y LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . pensé. con una franja. Todavía no había conseguido salir de allí. antes de soltar el embrague. Era algo tan imposible que se me olvidó tener miedo. pero no era más que una mesa cubierta de sábanas. con dos ruedas pinchadas porque no las había arreglado. O bien alguien las había arreglado. la casa habría sido el lugar adecuado. Metí la velocidad. Ni abajo. El porche. No me habría dejado llegar tan lejos. El coche seguía allí. La grava crujió bajo mis pies mientras me acercaba a él. Aunque fuera un pensamiento estúpido y sentimental. según aprecié entonces. y qué quería decir todo aquello? ¿Y por qué me había dicho que era peligroso ir allí aquella noche. y escaleras del porche abajo. la llave estaba en el contacto. Tendría que haber pensado en ello mientras estaba en el desván y haber rebuscado en sus bolsillos. y por qué de aquel modo siniestro. y recibí un susto momentáneo al pensar que algo blanco venía hacia mí. Ahora no lo estaban. además. Salí del auto y miré. Antes que eso volvería andando al pueblo. si alguien me había estado acechando. No podía evitar sentirlo. La cabeza de la palanca de cambio era de goma. Cerré la puerta y me sentí un poco más seguro dentro del coche cerrado. Giré la llave. seguía muerto de miedo pero no me atrevía a echar a correr. pero nada me esperaba al otro lado. que tuve una prisa horrible por huir de aquella casa. que estaba en casa. Había sido un tipo encantador. no era el pomo de ónice pulido que tenía el cambio del otro coche. Me pregunté si Smith habría dejado la llave en el coche. y sólo había parecido que se movía. y no habría dejado la llave del contacto en el coche para que pudiera marcharme en él. Ahora no podía volver allí arriba por nada del mundo. había algo de lógica en mi falta de miedo. También la puerta del desván metía ruidos. y entonces.? Ante de aquel pensamiento. Era un cou-pé. en el camino. con ayuda de la linterna. volví al punto muerto y me quedé allí sentado con el motor en marcha. ¿Quién demonios lo había matado. volvía a asustarme. Sí. Enfoqué la linterna al gran salón mientras alcanzaba la puerta. Aquél no era el coche en el que había llegado con Yehudi Smith. de la misma marca y modelo que el mío.. Por lo menos el coche no estaba cerrado. o por qué había tenido tan concluyente razón. en el garaje. y esperé desesperadamente que hubiera sido así. junto a la casa. Esta era más bien como la de mi coche. ¿Había algo o alguien esperándome abajo? Las escaleras del desván no tenían alfombra y crujían metiendo tanto ruido que renuncié a tratar de andar en silencio y deprisa. abrí el aire y el motor encendió a la primera.FREDRIC BROWN 96 No me gustaba tener que dejarle allí solo entre las tinieblas. Este era mi coche. por lo que a él se refería? ¿Y yo qué. y por qué. Me senté al volante y dirigí la linterna hacia el tablero.

Me di cuenta de que sería mejor que dejara de pensar por aquellos derroteros. la llave y la linterna. ni por lo más remoto. físicamente borracho. preocupándome muchísimo. aquellos tres recordatorios de mi experiencia. No. Di la vuelta al coche. Sí. y con el dibujo casi nuevo.? Es algo horrible creer que uno está completamente loco. La busqué por varios bolsillos. la fantástica e increíble muerte de Yehudi Smith. Seguía en el bolsillo en el que me la había metido Smith. En aquel preciso momento. Además del remate de la palanca de cambios. y que además es una locura con alucinaciones.. Saqué la linterna del bolsillo del abrigo y la miré. No era más que una linterna barata. Podía volverme loco si es que no lo estaba ya. y además estaba el hecho de que el motor metía ruido.. Aparqué en un lado de la calle y encendí la luz interior. Mientras lo hacía miré la llave. pero me eran bastantes para estar seguro. Bebí un trago de la botella que estaba ahora en el asiento de al lado.. ¿acaso era Yehudi Smith un individuo imaginario? ¿Podría ser que hubiera ido hasta allí conduciendo mi propio coche. me había vuelto al estado de sobriedad. y arranqué saliendo a la carretera.. no habría tenido significado alguno. no la toqué LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . que hubiera subido solo al desván. No iba deprisa. No había prestado atención a su coche salvo en tres detalles. me acordaba que uno de los botones de la radio estaba apretado. y las respuestas posibles. La tarjeta era lo mejor. y que tenía puesta la WBBM. ¿Podría ser producto de mi imaginación? Y en relación con aquello. La segunda idea me pareció más probable. en cualquier caso. Me sentí un poco mejor y volví a metérmela en el bolsillo. pero no era mía. No podía haber imaginado. ambos en buen estado. Tenía la tarjeta. solo en un coche. la tenía. puesto al ralentí. mi coche ni siquiera tiene radio. solo en la noche. Volví a ponerme al volante y estuve allí sentado con el motor en marcha. encima de la mesa con tapa de cristal. La llave que había estado junto a la botella de «BÉBEME». se hubieran pinchado a la vez estando el coche dentro del garaje. decidí. aquí. mentalmente. apenas podía oírlo. Pero al entrar en el pueblo volvió a asaltarme la duda. dirigiéndome al pueblo.FREDRIC BROWN 97 seguidamente las había vuelto a hinchar con la bomba que yo tenía en la maleta. ahora que pensaba en ello. mirándolo.. A no ser que estuviera loco. y el mío no lo mete. antes de conseguir encontrarla en el bolsillo de la camisa. preguntándome si podría haber sido remotamente posible que Yehudi Smith me hubiera llevado hasta allí en mi propio coche. Aquella cosa horrible que había pasado en el desván.. y no parecía pasarle nada raro. era raro que dos neumáticos. y seguía poniendo Yehudi Smith. aparcado junto a una casa embrujada. en parte porque estaba algo borracho.

Y el comisario ya me odiaba lo bastante como para que yo empeorara las cosas saltándome el conducto reglamentario al dar parte de un crimen de sangre. jamás le oído hablar en un tono de voz normal. las tres cosas del desván no habían sido lo que se suponía que tendrían que haber sido. Kates estaría fuera. Así que aparqué mi coupé en la acera de enfrente de la comisaría. y debería haber sido una llave pequeña de oro. Y además esta última acabaría por devolver el caso al comisario de cualquier forma. —¡Infiernos!. podría haberlo hecho llamando desde aquí. —Todavía no es ninguna noticia. y quizá su ayudante. lo de tener patas de madera no era lo adecuado. En realidad este asunto era de su incumbencia. Hank no estaba. pero aquella noche él iba a estar en mucha mejor posición que yo para poder armar follones y causarme molestias respecto a las que yo podría causarle. La llave no debería haber sido una Yale plateada. a ir a la comisaría. Hank Ganzer. incluso aunque yo los llamara directamente. despacio. y el sillón giratorio en el que estaba sentado chirrió mientras se daba la vuelta para ponerse frente a mí. No tuve esa suerte. La mesa tenía la tabla cubierta de cristal. pavo asado. Me decidí. y llámame antes de volver para acá. Me dirigió una mirada rabiosa cuando entré. Vete a ver al tipo ese. y le di otro trago a la botella para darme el valor necesario para contarle a Kates lo que tenía que contarle. y siguió hablando por teléfono. Ranees Kates grita siempre. Ahora que había vuelto al pueblo tenía que decidirme por ir hasta la comisaría o por llamar a la policía del estado. había sido parte de la causa de mi risa. según decía Alicia. ya me había dado cuenta de ello la primera vez que la había visto en la mesa del desván. un tipo de llave que no era el adecuado. Me soltó un aullido. Volví a conducir. pina. Era. pero tendría que haber sido una mesa de cristal entera. Seguidamente crucé la calle y subí las escaleras hasta la oficina del alguacil. y Kates estaba hablando por teléfono. Colgó el aparato. y el «BÉBEME» no debería haber sido un veneno (De hecho tenía un sabor mezclado. Y ahora que pensaba en ello. pensé. claro está. Claro.FREDRIC BROWN 98 ni la miré con gran detenimiento. como a tarta de cerezas. ni siquiera tranquilo. Si tenía suerte. Tiene una voz muy apropiada a esa LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Y no es que yo no le tuviera manía. estaría allí en cambio. Despiértalo y asegúrate de que está despierto como para recordar cualquier detalle que hayan dicho. la que Alicia había empleado para abrir la puerta de medio metro que daba al jardín maravilloso. aunque a disgusto. Era una llave Yale. caramelo y tostadas con mantequilla). No creo que le hubiera sabido a nada de aquello al pobre Smith. a no ser que llamara pidiendo ayuda a la policía estatal. natillas. que estaba en el segundo piso del juzgado.

Kates. —¿Eh? —pareció interesarle—. El cadáver está en el desván de la antigua casa del pico. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y de ese modo lo que estaba contando no parecería tan increíble cuando consiguiera terminar de contarlo. estaba empezando a sentirlos de ese modo desde dentro también. —He venido para denunciar un asesinato. Quizá aquel último trago que me tomé en el coche antes de cruzar hubiera estado de más. ¿Quiere decir que ha encontrado a Miles o a Bonney? Durante un instante no me di cuenta del significado de ninguno de los nombres. Vino a casa a verme. No podía hacer otra cosa que no fuera contestar a lo que me estaba preguntando. Kates. Tenía la voz pastosa. El Smith éste estaba interesado en temas de ocultismo. Fui con Smith a petición suya. en fenómenos psíquicos. y habría ido a ver el cadáver. No obstante lo que me acababa de gritar tenía tan poco sentido que me limité a decirle. y también me daba la impresión de que debía tener los ojos un tanto extraviados y brillantes. Me lo he preguntado. que siempre da la impresión de estar enfadado. —¿Para qué? ¿Qué iban a hacer allí? ¡En una casa encantada! Suspiré. —Stoeger. —¿Quién es ese Smith? ¿De qué le conoce? —Lo he conocido esta noche.FREDRIC BROWN 99 cara colorada que tiene. Al menos esperaba no estarlo. —Sí. y vengo directamente de allí. incluso yo mismo me lo notaba. Me pidió que fuera con él hasta allí para llevar a cabo un experimento. Hank me hubiera creído. Murió antes de que comenzásemos con él. Yo tenía entendido que habría otras personas presentes. Veamos. Wentworht place. —El tipo se llamaba Smith—. Supuse que sería mejor ir contando poco a poco lo de Yehudi. —¿Y qué estaba haciendo en el desván de Wentworth place? ¿Quiere decir que ha estado allí esta noche? Volví a tener el deseo de que en lugar de Kates hubiera estado allí Hank Ganzer. o quizá darle a Kates la tarjeta para que él mismo lo comprobara—. Me he preguntado con frecuencia si también tiene esa expresión cuando está en la cama. —¿Qué clase de experimento? —No lo sé. y aquellas malditas preguntas eran cada vez peores. ¿está borracho? —He estado borracho. pero no estoy borracho. ¿cómo podría conseguir contarle todo el caso sin que pareciera una locura absoluta? —Fuimos porque se supone que es una casa encantada. pero no aparecieron. pero no he sentido el más mínimo deseo de averiguarlo.

FREDRIC BROWN

100

—¿Usted y él estaban allí solos? —Sí, —y dándome cuenta de hacia dónde quería ir, añadí—: pero yo no le maté. Y tampoco sé quién lo ha hecho. Ha sido envenenado. —¿Cómo, envenenado? Una parte de mi mente quiso decirle «al beber de una botellita que decía BÉBEME , puesta encima de una mesa de cristal, como pasa en Alicia en el país de las maravillas». Pero la parte sensata de mi cerebro me dijo que sería mejor que él se molestara en averiguarlo. Así que le dije: —Bebió algo de una botella que estaba allí preparada para él. Por quién, es algo de lo que no tengo idea. Pero me da la impresión de que no me cree. ¿Por qué no va hasta allí a comprobarlo, Kates? Maldita sea, hombre, estoy denunciando un asesinato. Y en aquel instante se me ocurrió que en realidad no había ninguna prueba de ello, así que lo arreglé un poco: —O por lo menos una muerte violenta. Me miró fijamente, y me dio la impresión de que empezaba a convencerse, un poco al menos. Sonó el teléfono, y la silla giratoria volvió a chirriar cuando se volvió. Ladró: «Hola, soy el comisario Kates al aparato.» Moderó un poco la voz e inmediatamente dijo: —No, señora Harrison, no tengo noticia alguna. Hank está en Neilsville, comprobando lo que hay, y echará un buen vistazo a la carretera por la que vuelva. La llamaré en cuanto sepa algo. Pero no se preocupe, no puede haber sido nada grave. Se dio la vuelta. —Stoeger, si se trata de una broma, le parto la cara. Y tenía la intención de hacerlo, además era perfectamente capaz de ello. Kates es un tipo de talla media, no es mucho más grande que yo, pero está hecho una muía y físicamente es duro como una peña. Puede habérselas muy bien con tipos que le doblan en peso. Y además tiene una vena sádica que le permite hacerlo en cuanto tiene una excusa suficiente y disfrutar mucho con ello. —No es una broma. ¿Qué les ha pasado a Miles Harrison y a Ralph Bonney? —Han desaparecido. Salieron de Neilsville con la nómina de Bonney poco después de las once y media, y deberían haber estado de vuelta a medianoche. Son casi las dos y nadie sabe por dónde andan. Mire, si me pareciese que está usted sobrio, y que pudiera haber un fiambre en el pico, llamaría a la policía del estado. Tengo que quedarme aquí hasta que sepamos qué les ha pasado a Miles y a Bonney. Lo de la policía del estado sonaba muy bien, por lo que a mí tocaba. Yo había presentado la denuncia en el lugar adecuado, y a Kates no se lo iban a echar en cara si llamaba a la policía estatal. Iba a abrir la
LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

FREDRIC BROWN

101

boca para decir que me parecía una idea excelente, cuando volvió a sonar el teléfono. Kates respondió con un aullido, y siguió: —Según dice el cajero, volvían directamente, ¿no, Hank? ¿Por ahí no pasó nada raro, eh? De acuerdo, vuelve; y mira a ambos lados de la carretera por si acaso se han salido y han chocado o algo así... Sí, el pico. Es por el único sitio por el que pueden haber venido. Ah, escucha, párate en Wentworth place de la que regreses y echa una ojeada en el desván... Sí, he dicho en el desván. Doc Stoeger está aquí, borracho como una cuba, y me ha estado contando que hay un fiambre en ese desván. Si de verdad hay uno, ya me ocuparé de ello. Colgó el aparato de un mazazo y se puso a cambiar papeles de sitio en el escritorio, para dar una apariencia de tener mucho que hacer. Finalmente recordó algo y llamó por teléfono a la Compañía Pirotécnica Bonney para comprobar si Bonney había aparecido por allí, o había llamado. Aparentemente, por lo que pude oír de la conversación, no había hecho ninguna de las dos cosas. Y me di cuenta de que estaba de pie y que ahora, ya que Kates le había dado órdenes a su ayudante, no pasaría nada hasta que Hank volviera. Tardaría por lo menos media hora más si venía conduciendo despacio para poder mirar a ambos lados de la carretera. Así que me busqué una silla y me senté. Kates seguía moviendo y revolviendo papeles sin prestarme atención. Me puse a pensar en Bonney y Miles, y a desear que no hubieran tenido un accidente. Si había sido así, tenía que haber sido bastante grave para no haber aparecido dos horas más tarde de lo previsto. Salvo que ambos estuvieran malheridos, uno de los dos habría tenido tiempo para llegar hasta un teléfono. Claro que también podían haberse parado en algún sitio para tomar unas copas, pero no era muy probable, por lo menos no que pararan dos horas. Y, además, pensándolo bien, tampoco habrían podido; la hora de cierre de los bares era la misma para todo el condado, no se limitaba a Carmel City. Y las doce habían pasado hacía dos horas. Me gustaría que hubiera sido así. Y no es que necesitase o quisiera un trago en especial en aquel momento, pero hubiera sido mucho más agradable estar esperando en el bar de Smiley que en la comisaría. De repente, Kates giró la silla hacia mí. —¿Usted no sabrá nada de Bonney y Harrison, verdad? —Nada de nada. —¿Dónde estaba a medianoche? Con Yehudi. ¿Quién es Yehudi? El hombrecillo que no estaba allí. —En casa, hablando con Smith. No salimos hasta las doce y media. —¿Estaba alguien más con ustedes?

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

FREDRIC BROWN

102

Sacudí la cabeza. Ahora que pensaba en ello, nadie salvo yo, por lo que sabía, había llegado a ver a Yehudi Smith. Si su cadáver no estaba en el desván de Wentworth place, iba a pasarlo bastante mal para demostrar que había existido. Una tarjeta, una llave y una linterna. —¿De dónde ha salido ese Smith? —No lo sé. No me lo dijo. —¿Cómo se llamaba? Aquélla me cogió de sorpresa. —No me acuerdo. Tengo una tarjeta suya por aquí. Me dio una. Quería que pensase que la había dejado en casa. Yo todavía no estaba preparado para enseñársela. —¿Y cómo es que fue a verle a usted para ir a una casa encantada, porque se fue con él, si ni siquiera le conocía? —El sí que me conocía a mí, como experto en Lewis Carroll. —¿Como qué? —Lewis Carroll. Alicia en el país de las maravillas. Alicia a través del espejo—. Y la botella de BÉBEME encima de una mesa de cristal, y una llave, y Bandersnatches y Jabberwocks. Que Kates lo descubriera, pero después de haber encontrado el cuerpo y de que comprobase que yo no estaba ni borracho ni loco. —¡Alicia en el país de las maravillas! —dijo resoplando. Me dirigió una mirada fulminadora durante unos diez segundos y seguidamente debió decidir que estaba perdiendo el tiempo, porque dio la vuelta a la silla y volvió a los papeles. Rebusqué en los bolsillos para comprobar que la tarjeta y la llave seguían en ellos. Así era. La linterna estaba en el coche, pero la linterna no tenía especial importancia. Quizás tampoco lo tuviera la llave. Pero la tarjeta era el contacto que en cierto sentido tenía con la realidad. Siempre que tuviera impreso aún Yehudi Smith. Sabía que no estaba como una cabra. Sabía que esa persona había existido, y que no era simplemente un producto marginal de mi imaginación. La saqué del bolsillo para volver a verla. Sí, seguía poniendo «Yehudi Smith», aunque mis ojos enfocaban con dificultad. Las letras estaban un poco borrosas, lo que implicaba que, o bien me hacía falta otro trago, o bien bastante menos. Yehudi Smith, en tipos borrosos. Yehudi, el hombrecillo que no estaba allí. Y de pronto, no me preguntéis como me di cuenta, pero me di cuenta. No era capaz de entender el conjunto, pero sí aquellas partes. El hombrecillo que no estaba allí. Que no estaría allí. Hank volvería diciendo «¿Qué es todo ese lío del fiambro en el desván de Wentworth place? No encontré nada.»
LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

delante de mí. con un tono de voz tan tranquilo que nunca jamás le había oído antes—. Intenté no hacerle caso. cuando uno cree estar temblando al borde de la aprehensión de algo fundamental. —¿Cómo es el nombre completo? ¡Al diablo con Kates! —Yehudi. y perdí el hilo de mis pensamientos porque Kates me estaba mirando fijamente. se llega a su comprensión. Me estaba acercando a algo. Yehudi Smith. y esta vez lo logré sin dar tumbos. El culo gordo de Yehudi Smith que subía por las escaleras del desván. aquel pobre montón de barro frío que antes había sido un individuo tan agradable con arrugas de risa en la comisura de los ojos y de los labios. ¿qué número de licencia tiene? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Me contemplaba especulativa y sospechosamente. pero no demasiado. Un hombrecillo que no estaba allí. —Doc —me preguntó. hacía eses. Seguidamente levanté la vista de la tarjeta. tenía que estarlo. No podía estar allí. El hombrecillo que no estaba allí. Contempló la tarjeta. luego me miró a mí. Deposité la tarjeta delante de él y volví a sentarme. Creo que en ese preciso instante casi tuve la revelación que me habría descubierto parte de toda la trama. Ruido de la silla giratoria al mover Ranee Kates el cuerpo para alinearlo con la cabeza. a mirarme. Ay. Me levanté y fui hasta el escritorio de Kates. Vi a un hombre en la escalera. Es como cuando uno está borracho. Creo que en aquel momento ése era mi estado mental. intentaba volver a recuperar el desarrolló de mis ideas y avanzar. y volviendo. cósmico. Había visto hasta ese punto la trama. Y entonces supe que yo tenía que estar loco. Esta vez había vuelto la cabeza y no el sillón giratorio en el que estaba sentado. —¿Es esa la tarjeta que le dio aquel tipo? Asentí. Claro que no era aquél. por lo menos yo ya sabía eso. me gustaría que se fuera. volvió a mirar la tarjeta. Pero conseguí llegar sin caerme. su presencia en aquel lugar no encajaba en la trama que aún no podía entender ni descifrar. Por desgracia para mi dignidad. por último. el cadáver de rostro deformado. de algo que ha estado a punto de llegar a nuestro entendimiento siempre.FREDRIC BROWN 103 Yehudi. Hoy tampoco estuvo aquí. El nombre de Yehudi no era accidental. Vi a un hombre en la escalera. apenas por un instante. aunque no toda por completo. No. Todo estaba previsto de antemano. Y. no estaría cuando Hank Ganzer fuera a buscarlo.

Y aquellos impresores que no pertenecen el sindicato llaman al número que va junto al «bicho». —Mi número de registro es el siete. y el número de la empresa. naturalmente. el salario del convenio sindical.. y creo que el Sindicato Tipográfico está bastante bien. pero resulta que yo creo en la sindicación. siempre en qué empresa sindicada se ha hecho el impreso. ni del sindicato ni de cualquier otro tipo. En un pueblo tan pequeño como Carmel City se puede tener un establecimiento no sindicado. el «número del bicho. El número de registro. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . se puede decir. y que.» Kates no era impresor. Como somos una empresa sindicada. Después de todo no estaba loco. que es mi único empleado. ¿Cuál es la suya? Finalmente conseguí responderle: -¿Eh? —Su número de licencia. que está incluido en el logotipo. colocamos el logotipo del sindicato en todo lo que imprimimos.FREDRIC BROWN 104 CAPÍTULO ONCE «Ah. de ellos. Se trata de un sello pequeñito y ovalado. Por fin le entendí. dijo el Carpintero. con el registro. Dirijo una empresa del sindicato. «¡Qué magnífica carrera habéis tenido! ¿Volveremos también trotando a casa?» Pero no hubo respuesta. Uno de los dos estaba loco y durante la última hora pasada era algo que me había preocupado respecto a mi mismo. Kates habría tomado la expresión. Ya sabía lo que quería decir. y que le pago a Pete. Ostras». tan pequeño que apenas se leen los tipos a simple vista aunque no se la tenga mala. y que eran impresores que no pertenecían al sindicato.» Y realmente. Pero ese óvalo pequeño es conocido por aquéllos que no son miembros del sindicato como «el bicho. lo admito.. Me limité a mirarle fijamente. pero ahora recuerdo que tenía dos hermanos que vivían en Neilsville. Mediante la combinación del nombre del lugar. y los prejuicios que conlleva. Y junto al sello va un número minúsculo que indica que ha sido impreso en mi empresa para diferenciarlo del resto de las de la región. lo que quiere decir que he firmado contrato con el Sindicato Tipográfico Internacional. ¿Qué número de licencia tiene? Menuda pregunta para hacerle a un hombre en mi situación. el logotipo se parece bastante a un bicho que estuviera paseándose por la esquina en la que aparece impresa la licencia.

a menudo se lee que hay individuos que resoplan. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Seguía la estructura. ¿La mía. sin mirar las consecuencias. Elegí. era lo que lo indicaría. Necesitaba una copa. Empezó a levantarse. Maldito sea. Revolvió los papeles. ¿Y por qué no? También era parte de la trama general. —Siéntese. y usted me ha dicho que hay uno. Voy a buscar una cosa. Yo estaba allí sentado. y Kates bramó: —¿A dónde se cree que va? —Al coche. Es todo una broma. —¿Estoy detenido? ¿Por qué motivo? —Es usted testigo presencial de un asesinato. No va a marcharse de aquí. Stoeger. Chilló el sillón giratorio. No me levanté para comprobarlo. Volveré—. Ahora sí quería discutir con él. No quería empezar a discutir con él. Deseé haber ido a mi oficina y haber llamado a la policía del estado. Pero el hecho de que la botella de «BÉBEME» había estado llena de veneno y el de que Yehudi Smith ya no iba a estar allí cuando Hank fuera a ver. Empezaba a asustarme de la noche misma.. literalmente. y con urgencia. Aquel «número del bicho» que era la perspectiva de Kates.FREDRIC BROWN 105 Arrojó violentamente la tarjeta de visita sobre el escritorio que tenía delante.. prácticamente todas las imprentas tienen los Garamond de ocho puntos. tratando de asimilar el hecho de que. por lo menos aparentemente. Ya había tenido miedo varias veces aquella noche. Resopló. de la estructura de la noche. Si no lo hay podemos entonces acusarle de embriaguez y alteración del orden público. y ahora ya sabía de qué tipo de estructura se trataba. De algún modo estaba dispuesto a aceptar por bueno lo que me había dicho Kates. Volví a sentarme. Debería haberlo adivinado por mí mismo. que la tarjeta de visita de Yehudi Smith se hubiera imprimido en mis máquinas. me había hecho olvidar de cómo podría haber sido y por qué. esta puñetada la ha impreso usted mismo. pero esta vez era una clase especial de miedo. pero volvió a sentarse otra vez y a mirar los papeles que tenía delante. No por medio de los tipos. o la de quién? Estaba empezando a asustarme. Esperé. Yehudi Smith había hecho imprimir su tarjeta en mi imprenta. La propia de la locura. Me tenía bailando en la cuerda floja y me di cuenta de que le encantaba. Me levanté y comencé a dirigirme hacia la puerta. Volvió a mirarme y creí que me iba a decir que me largase a freír espárragos. —Stoeger. pero rara vez oye uno resoplar a nadie. cuando de pronto pareció decidirse a esperar hasta que Hank volviese. Sí es que hay un cadáver.

bueno. que siempre LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . En algún sitio había una cerradura en la que encajaba. ¿Sería mía? Me puse a pensar en mis llaves. Cualquiera podría haber entrado. Pero las bromas no suelen incluir cosas como una muerte repentina. aunque una cosa sí que se hizo evidente y que tenía todavía menos sentido que todo lo demás. Las muescas no casaban. No me era familiar ni desconocida. Ni siquiera muertes tan fantásticas como había sido la de Yehudi Smith. Hay que tener un poco de idea de las cajas de tipos para espaciar. Nunca uso la llave del garaje. ¿Por qué había muerto Yehudi Smith? Tenía que haber una clave en algún punto. La de la puerta principal de casa era de tipo Yale. así que Alguien se había tomado el trabajo extra de poner de relieve el hecho de que había sido impresa en las prensas del Ciarían. Habría sido mucho más fácil imprimir la tarjeta sin el logotipo que con él. podría haber impreso la tarjeta que ponía Yehudi Smith y que llevaba mi registro del sindicato en la esquina inferior. si practicaba lo suficiente. pero cualquiera podía coger una docena de letras. ¿Pero por qué Alguien habría hecho cosa semejante? Cuanto más pensaba en ello menos sentido tenía. pero ambas era de clases distintas.. La llave de la puerta principal es la de la izquierda. la saqué y la miré.FREDRIC BROWN 106 Y no es que el «cómo». Si no hubiera sido por la muerte de Yehudi Smith todo aquello podría haber tenido la pinta de ser una broma monstruosa. Es de ésas que poco menos que regalan cuando uno compra otra cosa. pero no era una Yale auténtica.. más o menos. Pero es que todas las llaves Yale son así. quizás un chico de enseñanza media. Ciertamente que la impresión no sería buena. ahora que reparaba en ello. La prensa de mano con la que imprimimos las tarjetas es tan sencilla que hasta un niño. Pero cualquiera. para escribir Yehudi Smith mediante el procedimiento de probar hasta que saliera. podría haber imprimido aquella tarjeta sin tener ni idea de impresión y tipografía. y la comparé con la que me había traído del desván. preguntándome qué podría abrirse con ella. así que no era un duplicado de ésa. Saqué el llavero del bolsillo y me puse a mirarlo. y la otra del garaje que tengo detrás de casa. Además. hubiera podido ser difícil. Una era la de la puerta de las oficinas del Clarion. la que daba a la calle paralela. y que malgastaría cartulina hasta conseguir la adecuada. no guardo nada de valor en él salvo el coche. Entre esas dos había otro par de llaves. Sí. Y todavía se parecía menos a la llave de la puerta de atrás. pero la cerradura no vale nada. Cierro con llave cuando salgo. Y Cualquiera. Lo cual me hizo acordarme de la llave que tenía en el bolsillo. se daría cuenta de cómo funciona. fuera quien fuese.

sino por todo en general—. Se abre sobre un jardín espléndido y maravilloso. y que debía de haber perdido una. Hubiera dado un potosí. —Déjeme ver esa llave—. me lo imaginaba. Todo me importaba un bledo. Estaba volviendo a ponerme frenético. No habría encontrado el cadáver de Yehudi Smith en el desván arriba en el pico. Oí llegar un coche. allí y en aquel momento. ¿qué diablos quiere? ¿Está sólo borracho. Se oían los pasos de Hank subiendo la escalera. sólo para saber lo que estaba pensando. Y cómo iba a reaccionar Kates. —Stoeger. Le devolví la mirada. Incluso. de la persona que había imprimido la tarjeta de Yehudi Smith en mi prensa de mano. Una clave para un asesinato. naturalmente. Una llave para descifrar el enigma. no por culpa de Kates esta vez. a pesar de que no había creído ni media palabra de lo que le había contado. —¿El qué? —Una puertecilla de medio metro que está en el fondo de una conejera. Pero supongo que es lo que se supone que debe abrir. ¿A usted qué le parece? Resopló. Kates debió girar la cabeza esta vez en lugar de la silla. Me preguntó: —¿Y eso qué es? —Una llave. La silla emitió entonces un quejido. Se la di—. Y hubiera dado muchísimo más. por poder meterme en el pensamiento de Cualquiera. Abrió la puerta y por casualidad sus ojos dirigieron la mirada hacía LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . si es que de verdad se había perdido. por saber lo que pasaba dentro del cerebro de Ranee Kates.FREDRIC BROWN 107 dejo cerrado. Me miró durante un buen rato. Probablemente sería Hank Ganzer. o de lo que tuviera en su lugar. Me dio la impresión de que tenía cinco y no cuatro llaves. pero que no era capaz de acordarme de dónde podía ser la que faltaba. o está chalado además? —No lo sé. y me vio contemplar las llaves. ¿De dónde es? —No lo sé—. porque no chirrió. No era la llave del coche. y de quien había puesto el veneno dentro de la botella de BÉBEME. no obstante. ésa no la llevo en el llavero porque me disgusta y no puedo soportar el balanceo del llavero en la cerradura del contacto. De algún modo yo ya lo sabía. Ésta no la podía comparar porque la había dejado puesta en la cerradura del contacto cuando salí del coche porque tenía pensado no estar más que un momento en la comisaría y que al salir iríamos directamente para Wentworth place.

Yo ya lo sabía. —De acuerdo. No parece que haya habido un accidente. Doc. Pero sí que me habría fijado en el velón si hubiera estado sobre el pasamanos. en la esquina del noroeste del desván? —No la vi. volviéndose seguidamente hacia Kates: —No hay trazas de que haya habido un accidente. por si aparece en otro sitio el coche de Bonney. aquí no han vuelto. Pero escucha.. Doc? —En la acera de enfrente. lárguese de aquí a hacer puñetas. Pero aunque hayan salido de allí. bueno. podríamos verlo mejor—. Me habló en un tono de voz que fue casi amable: —Stoeger. Váyase a casa a dormirla. Volvió a mirar a Kates. No iba buscando mesas. Busqué por todos lados con la linterna. Doc. He venido despacio. Hank. pero cerré los ojos.FREDRIC BROWN 108 mí en primer término. y en todo ese tiempo. Miró su reloj de pulsera—. No se hará de día hasta las seis. Pero. Estoy borracho o chiflado. Te llevaré a casa en el LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Kates asintió. voy a llamar a la policía del estado para este caso. Era igual que si yo no estuviera allí. Si uno de los dos alumbra las cunetas con el reflector mientras el otro conduce. Y dijo «Hola. Después de todo. Recuerdo que me agarré a él cuando bajaba. Sabemos cuándo salieron de Neilsville. Les interrumpí: —Hank. No son más que las dos y media. Pero quizá fuera mejor que lo comprobásemos juntos.. —Ranee. ¿Dónde tienes el coche. quizás fuera mejor que llevara a Doc a su casa mientras haces las llamadas. —De acuerdo. —De acuerdo. ¿de qué clase de broma se trataba? —¿Miraste en el desván? —Claro. —¿Y por qué no iban a hacerlo? —¿Cómo voy a saberlo yo? —dijo Kates—. oye. Kates me sorprendió. Ranee. Doc». —¿Y había una mesa con un cristal en una esquina. ¿has ido a Wentworth place? Me miró. mirando a los dos lados de la carretera. —¿Y no te fijaste en si había un cadáver en el suelo? Hank ni siquiera me contestó. ¿había un velón puesto en el pasamanos en la parte de arriba de la escalera? Negó lentamente con la cabeza. pero no estamos seguros de que vinieran para Carmel City. Oye. no te pondremos una multa. Hank. —Naturalmente. Volví a abrir los ojos y miré a Hank.

Pero no quiero volver a verle el pelo desde LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . no se parecía en nada a la normal. Supongo que esperaba que me rompiese el cuello al bajar la escalera. Su voz. Si me hubiera hecho pasar la noche en una celda. según creía yo. Hank. Me puse en pie. pasar la noche en una celda acusado de embriaguez y alteración del orden público. Si ahora me iba a casa. —Claro. —No voy a hacerle nada. Era de un odio absolutamente personal y de malquerencia. Después de cincuenta y tres años no me asombro con facilidad. Y en cambio me mandaba a casa a dormirla. Miró a Kates para obtener su aprobación. y lo usaba. Me sonreía. Me miraba de forma impersonal. Me tenía en una situación límite y sumamente desagradable. Hank Ganzer me dijo: —Vamos. supongo que sabe lo que podría hacerle por algo como lo que acaba de hacer. Las pisadas de Hank bajando los escalones. sabía lo que podía pasar. casi sin inflexión. contra gente como él. que podía permitirse ser generoso. Ranee. salvo por el hecho de que me hubiera gustado Yehudi Smith? ¿Y quién diablos era Yehudi Smith? Kates me adelantó en la entrada y dijo: —Adelante. Y si por la mañana insistía en mis fantasías. Yo estaba de pie delante del escritorio. Me odiaba. Odié intensamente a Kates por hacerlo.FREDRIC BROWN 109 mío—. Disminuyendo su percepción. Kates se la dio. un cretino y un estafador. No le respondí. Kates me miró. Me parece que es capaz de ello. Estaba ya saliendo por la puerta. Sí. podía llamar al doctor Buchanan para someterme a una exploración psiquiátrica. el asesino de Yehudi Smith tendría el resto de la noche para poder acabar. y hasta me ponía un chófer que me llevara. Mira a ver si tiene el coche bien aparcado y te lo mando a continuación. Y eso era algo que yo no había sospechado y me llamó la atención. me dijo: —Stoeger. anodina. Para empezar. maldita sea. E inmediatamente desapareció aquella mirada. ¿Acabar qué? ¿Y a mí qué rayos me importaba. pero yo le odiaba como se odia a un burócrata del que se sabe que es un patán. cómo a alguien que por ser editor de un periódico tiene poder. Pero la mirada que vi en sus ojos no era ésa. no creo que esperara que lo hiciese. tan repentinamente como cuando se apaga la luz. No quería irme a casa. podría quejarme. Odiaba a Kates y sabía que él me odiaba a mí. Le sostuve la mirada. tanto. tratando de no dar la impresión de ser un chico al que han pescado copiando en un examen delante de la mesa del profesor. pero casi di un paso atrás. Doc—.

no me sentía precisamente como un héroe. Nunca cierro el maletero del coche excepto en las raras veces en que voy de viaje LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . —Y un cuerno que no está cerrado. Debería haberle plantado cara. y la volví a sacar para abrir la puerta que acababa de abrir a fin de coger la botella de whisky que estaba en el asiento. —Estaba un poco lejos del bordillo. ¿Dónde tienes la llave? Otra parte de la trama del enigma se desvelaba. de mi llavero debería haber estado en él. Aquí tienes la llave. Crucé para reu-nirme con él. y fui hasta allí para ver lo que estaba mirando. Ahora supe que la quinta llave. —No está cerrado con llave. Desaparecí de allí. Lo he acercado. Aún no me lo podía creer. Bajé las escaleras y salí a la noche. Doc. Me la dio y me la metí en el bolsillo. por la mañana habían estado totalmente desinflados. Le dio una patada al que tenía más cerca. El coche de Hank Ganzer estaba aparcado justo delante. en la acera de enfrente. Y salí con gran soltura y facilidad. Parecía como si algo estuviera goteando por la parte de abajo del maletero. ¿Tenías ahí dentro un bote de pintura o algo por el estilo? Sacudí la cabeza. Salvo por la mirada que me había dirigido. No era cosa de dejarla allí aunque sí tuviera que dejar el coche. para intentar comprender qué demonios estaba pasando. hay algo en el maletero que debe haberse caído. No hay nada más que una cubierta vieja sin neumático dentro. Algo espeso y oscuro. Y aparentemente así fue. la del medio. Hank vino hasta allí y se detuvo a mi lado. Volvió hacia mí y se detuvo.FREDRIC BROWN 110 este mismo instante en adelante. ¿Entendido? Tampoco respondí. También esto era parte del enigma. Volvió a probar. Hank cogió la manilla y trató de abrir. —Y ahora desaparezca de aquí —me dijo. pero estaba saliendo del mío. y debería haber insistido en que había habido un cadáver en el desván. Luego di un paso atrás y fui hacia la parte trasera del coche para volver a mirar los neumáticos. yo estaba de acuerdo. —Oye. y luego fue hasta el otro y también le dio con el pie. Doc. Quería un poco de tiempo para meditar sobre el asunto. aunque el corpus delicti no estuviera allí ahora. No. Si prefería pensar que el que calla otorga. Nunca me molesto en cerrar. no les pasa nada. —¿Qué pasa. Pero yo mismo me encontraba bastante confuso. Doc? Si estás mirando los neumáticos.

Hank se echó hacia atrás. Volvió a mirarme por encima del hombro. —En serio. Ya sabía lo que eran aquellos regueros. También la llave sería mía. Hizo bocina con las manos en torno a la boca y gritó «Ranee. —Espera un momento. Cogió una linterna de su guantera y volvió. Todas las llaves Yale son parecidas. pero la tarjeta. —¿Eh? —dijo Hank. No pasó nada. Doc. Se abrió una ventana y apareció la silueta de Kates recortada por la luz que le daba por atrás. cruzó hasta la mitad de la calle. pero vigilándome. Tenía que ser así. No tenía ni idea de dónde era—. así que volvió a llamar. Ranee. Me miró con desasosiego. Hank volvió a mirarme por encima del hombro. Doc—. pero vaciló. mientras iba y venía. Ahora. Y empezó a andar hacia mi coche. había sido imprimida en mi establecimiento. Fui andando hasta el coche y casi acabé por encender una cerilla LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . ¿Por qué? ¿Qué cuentos te está contando ahora? —Baja la llave. Se la di a Ranee Kates. como si de pronto hubiera tenido miedo de tenerme detrás. y volvió rápidamente la vista para comprobar que yo no trataba de acercarme alevosamente ni de meterme en el coche para salir huyendo. No despiertes a todo el maldito pueblo. en cambio. o al menos sabía lo que Hank creía que eran. La ventana se cerró con gran estruendo. Ranee». Respondió a voces: —¿Qué diablos pasa. —La tiene Kates. Pero solía llevar la llave en el llavero. Se detuvo dos veces para comprobar que no me metía en el coche y salía de estampida. girando la cabeza. Y entonces le dijo: —¿Te ha dado Doc una llave? —Sí. volviéndose de forma que pudiera vigilarme.FREDRIC BROWN 111 y hay equipaje en el maletero. estaba bastante seguro. También yo me acerqué. Se agachó para ver mejor y de cerca aquellos regueros. la tarjeta de Yehudi Smith. Tampoco creí estar seguro de saber lo que había en el maletero. ¿dónde está la llave? —No hablo en broma. Deprisa. se dio la vuelta y comenzó a andar hacia mí. vuelve aquí arriba. Llegó a una solución intermedia quedándose donde estaba. mirando por encima del hombro. —La tiene Kates—. Y era una llave Yale que no estaba en él cuando había mirado unos minutos antes. Hank me dirigió una mirada rara. Hank? Si quieres algo. eh. Así que no tenía que mirar.

y me dijo: —¿Dónde ibas. y le dije: —A ninguna parte—. Hank se acercó unos pasos. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Y me senté. Y finalmente acabé por decidirme. Doc? Yo ya había llegado al bordillo.FREDRIC BROWN 112 para ver de qué eran aquellas manchas. A esperar. qué demonios me importaba todo.

FREDRIC BROWN 113 CAPÍTULO DOCE Llena luego los vasos tan deprisa como puedas. Había dos cuerpos. muy viejo. Se abrió la cerradura. —¿Cómo los han matado? —Les han pegado con algo en la cabeza. Está cerrado con llave. —Miles Harrison. Me puse de pie y levanté las manos para facilitarle el cacheo. La llave encajaba. me parece. Se la echó a Hank. Kates no guardó la pistola. Ranee. con óxido en los sitios donde se ha desprendido el baño. Los dos están muertos. dejarlo solo y subir a buscarla. Rebuscó en un bolsillo con la mano que tenía libre y sacó la llave que yo le había dado. —¿Le has registrado. —¿Está el dinero? ¿La nómina? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Metió la mano en la chaqueta y la sacó con una pistola. Y Ralph Bonney. enormemente feliz. y en el té ratones. Deben haberles dado unas cuantas veces a cada uno. y salpica la mesa con salvado y botones. Me ha dicho que te la dio a ti. Hank se acercó rodeando a Kates. Ranee. No podría decir de quiénes eran desde donde estaba. Hay muchísima sangre. y por tanto Hank Ganzer no podía verlo. hasta ahí llegué. Y no encontró nada más mortífero que ésta. Hank? —No. —Está limpio —dijo Hank. así que volví y miré. No quería. Parecía estar muy feliz. Un treinta y ocho. Me miró y le preguntó a Hank: —¿Y ahora qué pasa? —No lo sé. Kates cruzó la calle. Por eso te he dado una voz. Hay un revólver. echa en el café gatos. Kates asintió. Es un IverJohnson niquelado. eh. Hank se inclinó un poco y encendió su linterna. ¡Y treinta y tres veces sea bienvenida la reina Alicia! La puerta del edificio de la comisaría se abrió y se cerró. Le oí contener la respiración. —Abre el maletero. llegando por un costado. Tenía la botella en una de ellas. Hank abrió la tapa. Parece como si saliera sangre del maletero del coche de Doc. con sangre en la culata. Fuerte. Yo sí. —Adelante. Tenía el rostro vuelto hacia mí. —¿Hay algún arma ahí dentro? —Hay algo parecido.

sube arriba a por la cámara y el flash. —No. eh. y quizá a Carl Trenholm. Especialmente en el caso de Milly. De todos modos me sentía infernalmente solo. Pero tampoco los tenía yo. Tenía la cara tan pálida como la luz de las estrellas—. Pero Bonney había obtenido el divorcio aquel mismo día. lo cual puede tener algo que ver. es cuñado de Kates.FREDRIC BROWN 114 —Hay algo que parece un maletín debajo de Miles—. pero Carl me creería. siempre que quien hiciera la llamada supiera que Carl Trenholm era mi mejor amigo. Escucha. ahora me detendrían. no sabía si sería bueno o malo que nadie se sintiese como ella si me moría de repente. Y llama por teléfono al doctor Heil y dile que venga inmediatamente. ¿Quieres que llame también a Dorberg? —Dorberg es el de la funeraria y se encarga de todos los trabajos que el comisario le pueda proporcionar. Hank. Ranee.. Hank. pensé. Pero dile que no se dé prisa. quizá en conjunto era mejor que no me hubiese casado.. me había contado. seguro que vendría corriendo y que llegaría antes de que pudiéramos hacer que Dorberg se hiciera cargo de los cadáveres. lo cual implicaba que podía llamar a Carl para que me defendiera. ¿a quién se lo contarían? Al Carmel City Clarion. por lo menos en Carmel City. Hank se dio la vuelta. y tenía la botella en la mano. Pero eso era distinto. si es que alguien podía hacerlo. moverlo. Si me asesinaran a mí. —Quizá sea mejor no hacerlo. todavía no. Y quizá también podamos decirles a los de la fábrica dónde está la nómina LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Hank empezó a andar hacia la comisaría. Kates había estado pensando. Y. y a la fábrica de Bonney. de eso estaba seguro. Iba a tener más que buenos líos para explicarme. sí. a ninguna de las dos partes. creería en mi cordura. Bueno. A la mujer de Miles. Y me puse a pensar en qué sentiría la mujer de Miles Harrison aquella noche en cuanto recibiera la noticia. Sí. antes de que los traslademos. Tienen los cráneos machacados y hechos pulpa. Pero en aquel momento no me pareció muy digno hacerlo. por medio de Smiley. ¿estás seguro de que están los dos muertos? —¡Por Dios!. Menuda diferencia. además. Pensé en el divorcio de Bonney y en todo lo que había detrás que Carl. antes tiene que venir el forense a verlos. ¿llamo también a la mujer de Miles y a la fábrica de Bonney? Volví a sentarme en el bordillo. Hmmm. Quizá sea mejor sacar unas fotos primero. pero antes de llegar a la puerta se dio la vuelta: —Eh. también hay que llamar a los del manicómio. Ranee? Kates se lo pensó durante un instante. —Sí. Tenía la imperiosa necesidad de echar un trago. no tenía hijos. dile que traiga el coche. ¿Tengo que. no tenía parientes. claro. Ranee.

Hank entró en el edificio de comisaría. pero tenía que decirlo de todos modos. salvo que. claro. Me puse a quitarle el corcho. se supone que tendría que haber abierto una puertecilla de medio metro que daba a un jardín maravilloso. Me levanté. La llave. pues llamaré a Heil y a Dorberg y volveré con la cámara. No serviría de nada. Yo no lo he matado. la gente vive hacia atrás. Pero eso era una bobada. Podría decir. No me gustaría que viera a Miles de ese modo. en el país de Alicia a través del espejo. los libros de Alicia no fuesen más que unas tonterías deliciosas. Quizá Stoeger la haya escondido por ahí y no podamos recuperarla esta noche. pero recordé la mirada malévola que me había dirigido en su despacho. Yo no los he matado. no he sido yo. Kates me dijo: —Levántese. Pero incluso entonces. Tendría que esperar a que Carl me pudiese sacar de ésta. Andando. Y no tendría el más mínimo problema. o le pego un tiro aquí mismo. habría insistido hasta convencerle. No lo hice. Y tenía esa intención. Miles era un buen muchacho. Pensé que me habría gustado que Miles me hubiera dejado invitarle a aquella copa por la tarde. —Basta de charla. qué diablos. Allí y entonces. donde. Suspiré y pensé que. —Oiga. BÉBEME. —Hijo de perra. no me había ni molestado en mirar. Kates. Stoeger. y no puedo echarle la culpa porque lo piense. tenía el rostro en la sombra. Lo que había abierto era la puerta. bueno.» Me iba a pegar un tiro. si me daba la LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . hasta aquella noche. Stoeger. ya se había acabado todo. esto es. —Lo era. aquella mirada que parecía querer decir «me encantaría matarle. Si fuera así se podría evitar que ocurriesen. Me van a detener y Kates cree que he asesinado a Miles y a Bonney. como cuando la Reina blanca dio un grito y después se clavó una aguja en el dedo. ¿Por qué iba a hacerlo? Acababa de decir que por qué les iba a importar a Miles o a Bonney que le echase un trago a una botella que tenía en la mano. y morir repentina y horriblemente. ¿por qué recogió la aguja si sabía que se iba a pinchar con ella? Unas tonterías delciosas. naturalmente. a veces. no se pueden saber las cosas de antemano. —De acuerdo en lo de Milly. Excepto.FREDRIC BROWN 115 cuando los llamemos. naturalmente. —Levántese. Bueno. Me gustaría haber sabido lo que iba a pasar. Aquella noche alguien estaba convirtiendo en un horror de pesadilla los episodios más divertidos de Lewis Carroll. Según estaba él de pie.

Podría vivir unos segundos más si me daba la vuelta y echaba a correr. para que no volviera antes de algunos minutos. y estaba a penas a medio metro. pero le proporcionaba una buena excusa de momento para acallar su conciencia. no hablará en serio. en ese caso seguramente esperaría a que me hubiera alejado media docena de pasos. Hank estaría llamando por teléfono desde la oficina de atrás. Blandí la botella de whisky. no se iba desvanecer en el aire. Yo sí. Pero ya me odiaba de antes lo suficiente como para querer matarme sin tener que necesitar aquello. Al? Kates se dio la vuelta. Odio y sadismo. Probablemente nadie que estuviera despierto. O bien si me disparaba de frente diría que. Le dio a Kates en toda la cabeza y fue probablemente el espesor de su sombrero lo que LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y qué mejor excusa. —Kates. Pero a diferencia del gato de Chester. pero me daba cuenta de que sonreía. sí. pensaba. me había abalanzado sobré él para atacarle. al ser yo un maníaco homicida que ya había matado a Miles y a Bonney. cualquiera. —A un hombre que ha matado a uno de mis ayudantes. Carl Trenholm.FREDRIC BROWN 116 vuelta y empezaba a correr me dispararía por la espalda. si me tenía que disparar cara a cara tendría que haber quemaduras de pólvora para probar lo que había hecho cuando le atacaba. Por eso había enviado a Hank a hacer dos llamadas. A no ser que ocurriese algo inesperado. yo ni siquiera me acordaba de que la tenía en ella. ¿Y yo qué podía hacer? ¿Gritar? No serviría de nada. Y Kates diría que yo había gritado al saltar sobre él. andando por la acera de enfrente. y grité: —¡Hola. no era bastante. Stoeger. me oiría a tiempo de ver lo que había pasado. Una sonrisa incorpórea. El cañón de la pistola apuntaba al centro de mi pecho. Había matado a uno de sus ayudantes. Al Grainger. Seguía teniendo la cara en penumbra. como la del gato de Chester en Alicia. que estaba intentando escaparme. Tenía que hacerlo. No me mataría a sangre fría en presencia de un testigo. Y si no lo hago. Quizá debiera decir que fue mi mano la que la blandió. no podía arriesgarse a la posibilidad de que hubiera alguien de verdad. Naturalmente. Se acercó. Como por ejemplo que apareciese un testigo. no llegaría a tiempo a la ventana. al gritar no haría más que apretar el gatillo. puede echar las campanas al vuelo. Miré por encima del hombro de Kates. y ya eran algo más de las tres. No mataría a un hombre a sangre fría. Yo ya me aseguraré. Quizá le declaren loco y consiga librarse de mí. Volvió la cabeza lo bastante para poder echar una mirada rápida para asegurarse.

y siempre hay alguien de servicio toda la noche. pero había algo que me interesaba más urgentemente. en cualquier caso. entonces sí que estaba en un buen lío. y no metió mucho ruido. nadie me buscaría allí siempre que guardase silencio. Mi palabra contra nada si lo había matado. Abrí la ventana muy despacio. para que no sirviera de pista si decidían emprender mi búsqueda por el callejón. en caso de que sólo estuviera herido. para salvar la vida. La habitación en la que estaba era uno de los vestíbulos del juzgado. naturalmente. allí no hay nada que alguien pudiera robar. Me encontré detrás de la comisaría. y seguidamente me senté en él para recuperar el aliento y para pensar qué podía hacer. Quería. Pero tuve que moverme porque un perro se puso a ladrar. o quizás también le hubiera abierto la cabeza si no hubiera sido por el ala del sombrero. Paré un poco y fui hacia Oak Street. porque sería mi palabra contra la suya si decía que lo había hecho en defensa propia. Atajé por la primera callejuela. Tengo la impresión de que el golpe llevaba la fuerza suficiente para haberlo matado si hubiera estado descubierto. no el bastante.FREDRIC BROWN 117 le salvó la vida. La botella de whisky se me escurrió de la mano y chocó contra el pavimento. Eché a correr como un loco. La llave del contacto de mi coche seguía en el bolsillo de mi chaqueta. Volví a cerrarla. se rompió. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Ni siquiera me paré a comprobar si estaba muerto. en primer lugar. que está en el segundo piso y da a la calle principal. Corrí por espacio de una manzana. Supongo que no ponen gran cuidado en cerrar las ventanas del juzgado porque. La primera ventana que probé no estaba cerrada. y en segundo. A pie. El suelo debía de ser más duro que la cabeza de Kates. Si lo había hecho. porque la comisaría está encima. como para que lo hubieran oído en la comisaría. Kates y la pistola que empuñaba cayeron por separado sobre el suelo. Mi palabra contra la suya. Y mi palabra no valdría nada hasta que pudiera explicar lo de los cadáveres en el coche. con el mismo sigilo. Anduve a tientas hasta que encontré una silla y me senté para poner en orden el poco sentido que me quedase y pensar qué hacer seguidamente. quería saber si había matado o malherido a Ranee Kates. pero marcharme en el coche con dos cadáveres era la última cosa que me apetecía hacer. y me quedé sin resuello antes de tener la más remota idea de a dónde iba. claro. amén de que ya todas las pruebas estuviesen en contra mía. saber quién había matado a Ralph Bonney y a Miles Harrison y quién había puesto sus cadáveres en mi coche. Tropecé con un cubo de basura y me caí.

además después de haberme salvado la vida. así que no tropecé con nada ni me caí. que provenía de la iluminación del zaguán de la entrada. me parece. porque seguía respirando con dificultad cuando decidí que sería mejor moverme. al lado de la comisaría. ahora lo desearía tanto que lo haría incluso sin molestarse en tener que buscar alguna excusa. ahora habría muerto. Me maldije por haber dejado caer la botella haciendo que se rompiese. delante del propio Hank o de cualquier otro ayudante. Fui de puntillas casi hasta la esquina del zaguán y probé la puerta del catastro. Me los metí en los bolsos de la chaqueta y de puntillas crucé el juzgado hasta la escalera de atrás. Si lo había matado. quienes entrasen o saliesen de la comisaría. y seguía al mando. Me resbaló la mano en la manilla cuando iba a cerrarla desde dentro y casi dio un portazo. Si en cambio estaba bien. vaya. Si no la hubiera tenido en la mano. Pero tenía que saber lo que le había ocurrido a Kates. Ahora había una luz tenue. cuando llegara al final de la escalera. Me guié por la oscura escalera cogiéndome a la barandilla mientras trataba de no pisar el centro de los escalones ya que es donde solían crujir y rechinar. pero probablemente unos minutos. o quizá el propio comisario habría vuelto en sí y se había encontrado a sí mismo. Pero allí atrás estaba demasiado lejos para poder oír lo que decían. en cambio ésa no sería muy buena idea. Me moría por un trago. nunca había deseado tanto uno en toda mi vida. Ya que había tenido intención de matarme antes de que le atizara con la botella.FREDRIC BROWN 118 Ya habían encontrado al comisario. sin duda alguna. los pasos de más de una persona. los estaban despertando a todos para emprender la caza humana. delante del fiscal. Me agaché y me quité los zapatos antes de levantarme. Pero aquello podía esperar un par de minutos. así que no había peligro de que me vieran. pero conseguí cogerla a LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Si hubiera tenido una botella para hacerme compañía. seguramente que habría pasado allí el resto de la noche bastante contento. o de cualquier otra persona que estuviera presente. puesto que. si es que estaban diciendo algo. No tengo ni idea de cuánto tiempo estuve allí sentado. Por suerte hay un pasillo en los vestíbulos de la parte de arriba que va desde la escalera principal a la de atrás. Estaba abierta. de la que la separa únicamente un panel de vidrio opaco. o si se lo habían llevado al hospital y quedaba fuera del negocio. y en ese caso lo mejor que podía hacer era entregarme y acabar con todo el lío. Se oían pasos en las escaleras. Había estado en el edificio tantas veces que lo conocía tan bien como mi propia casa o como la oficina del Clarion. La abrí cautelosamente. que está al lado de la de la oficina del comisario.

Encontré a Watkins. Ya vienen para acá. más difícil de entender. Ranee —dijo la voz del doctor Heil—. Ahora podía oír voces según me acercaba a la puerta.. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Me hubiera gustado cerrarla con llave. La causa de la muerte es obviamente debida a golpes múltiples sufridos en el cráneo. Seremos cinco entonces.. Comparativamente. quiero decir. había mucha luz en la oficina del catastro. La voz del doctor Heil era baja. pero no fui capaz de distinguir de quién eran o qué decían hasta que pegué la oreja al cristal. pero ahora está más loco que un rebaño de cabras. o de camino para allá. Parecía urgir a Kates a que dejara que lo llevasen al hospital para estar seguros de que no había lesiones cerebrales. por él entraba luz bastante como para poder ver los muebles con claridad. Los evité con gran cuidado. Ya ha matado a Miles y a Bonney y casi me mata a mí. por favor. puede oír perfectamente. Entonces. —¿Siguen ahí delante? —No —dijo Hank—. Llegó con uno de sus chicos en el furgón funerario. Dos asesinatos y. ¿qué hay de los cadáveres? —Ya he hecho un examen preliminar rápido—. y fui de puntillas hacia el rectángulo amarillo. La voz de Heil era ahora más clara—. Hank. el panel acristalado de la puerta que daba a la oficina del comisario era un luminoso rectángulo amarillento. creo que no habrá razón para ponerlo en duda. Ranee. Sigo insistiendo en que debería pasar por el hospital a que le hicieran una radiografía para ver que no pasa nada. Quizá lo haya sido cuando estaba cuerdo. —Al diablo con todo. Estarán aquí dentro de unos minutos. pero no sabía si la cerradura metería ruido o no. estarán en el establecimiento de Dorberg. así que decidí que sería mejor no arriesgarme. Tengo que ponerme a resolver esto. Hank. —¡Y un cuerno amable! —era la voz de Kates—. ¡Ay! Tenga cuidado con el esparadrapo. Y con las manchas que hay en la culata. ¿a cuántos de los muchachos has localizado por teléfono? ¿Cuántos vienen? —Tres. No iré hasta que cojamos a Stoeger y antes de que mate a alguien más. a Ehlers y a Bill Dean. —Creo que ya no puedo hacer nada más aquí. Era la de Hank Ganzer diciendo: —Todavía estoy de una pieza. ¿ha acabado ya? Con ese maldito vendaje. —Doc —era la voz de Kates y me hizo dar un salto hasta que me di cuenta de que se dirigía al doctor Heil y no a mí—. y tan pronto como pueda. supongo que con la culata del revólver oxidado que está encima de su mesa. Un anciano tan simpático y amable como es Doc.FREDRIC BROWN 119 tiempo y cerré despacio.

en este edificio. Probablemente en el de Smiley. Te quedarás aquí de guardia en comisaría. Quizá haya ido a su casa. Bill. probablemente. dijo algo que no pude entender. es que quizá pueda haber pensado en venir aquí y haber entrado por detrás o algo así. Trabajaremos por parejas.FREDRIC BROWN 120 —Claro. y también buscaremos en cualquier otro sitio en el que pueda haberse escondido. Coged el coche e id por todas y cada una de las calles y callejas. Ranee? —No. Pude oír otros pasos subiendo las escaleras. es en el que suele estar habitualmente. Registraremos su casa y la oficina del Clarion. verdad? La voz de Heil. Hank. Walt. Hank y yo iremos a los sitios en los que se puede haber refugiado. pensando que el lugar más seguro para esconderse es justamente debajo de nuestras narices. Dick. Bill. incluso aunque robe un coche. ¿Irá hasta casa de Dorberg a ver cómo andan las cosas por allí. Kates dijo: —Ya lo has oído. Lo comprobaremos. dentro de un momento —parecía la voz de Bill Dean. Le dejaremos aquí. —De acuerdo. En cuanto consiga atrapar a Stoeger. Ése debe ser Dick. Peinaremos el pueblo. Doc. vosotros dos iréis juntos y Hank vendrá conmigo. ¿Viene Ehlers con vosotros? —dijo Kates. —No lo hemos visto. de todos modos. Hank dijo: —A veces hay tipos que se arriesgan cuando suponen que nadie podrá adivinar dónde están. Y no hay ni trenes ni autobuses hasta mañana a media mañana. otra vez baja. antes de que nos separemos? Llegaba Ehlers. —De acuerdo. por ejemplo. No podrá salir del pueblo con la policía del estado vigilando las carreteras. Quizá se le meta en la cabeza que necesita otro trago y se meta en un bar. ¿Alguien tiene alguna otra sugerencia respecto al sitio en donde pueda haberse ocultado? Dijo la voz de Bill Dean: —Tiene bastante amisad con Carl Trenholm. Puede haberse refugiado en una casa abandonada. Llegará. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . haya o no luces. Y rompió la botella que tenía. ¿Tenéis vuestras armas? Bien. ¿Alguna más? Hank dijo: —Me pareció que estaba bastante borracho. Escuchad. —Hola. No os preocupéis por las carreteras. Aquí. —Buena idea. Walt y Bill. Uno o más de los ayudantes del turno de día estaban llegando. ¿Alguien tiene alguna otra idea. Lo que quiero decir. los chicos del estado nos las están vigilando. Vosotros. y luego sonaron pasos en dirección al vestíbulo. de momento. —¿Nos lo vamos a dividir. Ranee. cubriréis todo el pueblo.

Bueno. estoy con Ranee en lo de disparar LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . aunque de todos modos no se lo llevó. —Y otra cosa. y probablemente creyó haberlo hecho. —Claro. y el dinero de la nómina. Escuchadme porque es la última vez que os lo advierto: es un maníaco homicida y será mejor que os acordéis de Miles en cuanto le echéis el ojo encima y disparéis sin preguntar. creo que era Bill. Lo siento en el alma. Alguien murmuró algo. Es peligroso. Había venido conduciendo en persona hasta aquí. dijo: —Sin embargo. y ha tratado de matarme a mí. porque en otro caso no habría salido corriendo sino que se abría quedado a acabar el trabajito. Está loco como una cabra. no lo entiendo.FREDRIC BROWN 121 ésa va a ser tu misión. Y escuchad. tiene un periódico con el que gana dinero. Tan loco como para poner en ella su propio número de registro. echadle una mirada a Ranee. En cuanto lo veáis. —¿Ha comprobado alguien eso? —preguntó Dean. Pero. Registra el edificio antes de sentarte. Y si no creéis que es peligroso. Ya ha matado a dos hombres esta noche. Me da una llave y me dice que sirve para abrir una puerta de medio metro que da a un jardín maravilloso. el número del sindicato. Y no os olvidéis de que uno de los hombres a los que ha matado esta noche era Miles. No está en apuros. Probablemente el dinero tenga muy poco que ver. Vino aquí antes contando no sé qué fantasías sobre un tipo al que habían apiolado en Wentworth place. Registré todo el edificio. Ranee tiene bastante razón al decir que está loco. —¿Contra Doc Stoeger? —La voz de alguno había sonado sorprendida y un tanto alarmada. ha perdido un tornillo. ¡maldita sea!. Aparcado justo enfrente. un tipo que se llamaba Yehudi Smith. Un tipo como Doc. y no es un bandido. Bill Dean. —Contra Doc Stoeger —dijo Kates—. No fui capaz de saber cuál de los ayudantes era. así que no corráis riesgos. Y además trataba de que fuera con él a una casa encantada. Nada. pero ésa es precisamente la pinta de los maníacos homicidas. Kates. a querer asesinar a dos hombres a cambio de dos mil miserables dólares? Kates lanzó una maldición. ¿Por qué iba. —De acuerdo. Sube y me da a mí la llave. ¿entendéis? En el que estaban los cadáveres de Miles y Bonney. figuraos. —Está chalado. sólo que la había imprimido él mismo. de repente. Y Doc tenía una tarjeta para probarlo. Bill —dijo Hank—. Cuando volvía de Neilsville. porque me gustaba Doc. Probablemente ahora ya vaya armado. abrid fuego. Estaba en el maletín que encontramos debajo del cuerpo de Miles. Yo mismo escuché parte de la historia. Quizá creáis que es un tipejo insignificante. pues era la llave del maletero de su coche.

¿Pero qué es lo que le ha hecho volverse loco? Quiero decir. me parece—-. Pasos. Y respecto a lo disparar primero. La voz de Kates dando voces desde ella. saliendo todos y a cogerlo. Alguien dijo: —¡Maldia sea!. según creo. Un puño chocó contra la mesa. muchos. y así... Ya he perdido un ayudante esta noche. bajando las escaleras. Hacia la oficina del catastro. Y otros que volvían por el vestíbulo y el pasillo. ¡zas! —Doc no bebía tanto. de pronto. Ablanda el cerebro. —No te olvides de registrar el edificio.. antes de instalarte. le haríamos un favor. muchos pasos pesados. dirigiéndose a la puerta. vamos. Ranee. Desde el sótano hasta los tejados. Si yo me pasara de rosca tanto. Andando. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO .. —El alcohol. Debió ser el puño de Kates contra su mesa. —De acuerdo. Se emborrachaba un poco una o dos noches a la semana. Dick. —Si está tan loco —dijo Dic Ehlers. Hacia mí. Además era un tipo tan agradable. Fue la silla de Kates la que chirrió al decir: —¿Para qué diablos estamos aquí de tertulia? Vamos. es una orden. pero no era un alcohólico. que me parta un rayo si no preferiría que me matasen a tiros a pasar el resto de mi vida en una celda acolchada. que si ha sido de repente.FREDRIC BROWN 122 primero y cogerlo después. Pasos. si ha matado a Miles. para ser un loco homicida.

Pero. Me pegué a la pared junto a la puerta.FREDRIC BROWN 123 CAPÍTULO TRECE Y era muy orgulloso y envarado. Al menos la puerta principal estaba franca si tenía que salir por ella. listo para darle con el tacón. No había descendido hasta el sótano. podría escaparme por delante o por detrás mientras estaba en los sótanos. Abrí la puerta y salí al vestíbulo tan pronto como los pasos se oyeron al final de las escaleras. podía oírle moverse por abajo. y mientras le oyese y él no me oyera a mí. y por esta oficina. en lugar de haber empezado por un registro general del edificio. donde estaba realmente. cualquier sitio al que se me ocurriese poder ir. Incluso aquí. Volví a respirar. a la cabeza de Ehler. agarrando el zapato. Así que fui de puntillas hacia la puerta. en el silencio de la noche. si aparecía. Pero no apareció. Nos dijo: «Iré a despertarlos. pero era difícil saber exactamente dónde estaba.» Cogí un sacacorchos del estante. había empezado por la planta baja. Mi casa. Los pasos siguieron de largo y bajaron por la escalera de atrás. por suerte. Si lo hacía así. Y eso era malo. en los juzgados. Emití un juramento interno contra el cuidado que Kates había puesto en los planes necesarios para encontrarme. Fui a despertarlos en persona. porque si seguía por el bajo no podía arriesgarme a usar ni la escalera principal ni la trasera. Aún podía oírle paseando por el piso de abajo. si. mi oficina. o cualquier otra taberna. Esperaba que siguiera al pie de la letra las órdenes de Ranee respecto a registrar el edificio desde los cimientos hasta el tejado. en aquel orden precisamente. Pero bien podría ser que empezara por esta planta. la de Smiley. la casa de Carl. estaba allí atrapado. si es que Ehlers subía por la escalera posterior. Afuera oí primero un coche y luego otro. Me coloqué en medio del pasillo. había dejado solamente a un hombre para hacerlo. probablemente además no creía LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Allí en el vestíbulo. sacando del bolsillo uno de los zapatos según me aproximaba. equidistante de ambas escaleras. Tenía que estar listo para moverme en cualquiera de las dos direcciones.

Incluso una sola copa me serenaría lo bastante para poder pensar correctamente. con la puerta abierta. y me acerqué. Sí. Miré en derredor con gran angustia y vi un armario. Así pues. Ranee? —y seguidamente estuvo es- LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . de cómo había sido usado a modo de cahiporra para matar a Miles y a Bonney. maldita sea. y si podía salir de allí. Estaba vacía. tenía una oportunidad. encima tenía que haber acabado la botella sin dejar ni gota. seguramente. podría conseguirlo de algún modo. como para encima ayudar a quien me había metido en él dejando mis huellas digitales en el revólver? Era lo único que me faltaba. ¿O acaso no lo estarían ya? Teniendo en cuenta como estaba todo. igual que mis pensamientos. y retiré la mano dando un respingo. Dijo: —Comisaría. que apareciesen mis huellas en el arma homicida. quizá tampoco fuera a tener tiempo de largarme en cualquier caso. y decidí que Ehlers estaría. Había una botella de whisky. ¿por qué no se daba prisa Ehlers? Quería beber algo. era un IverJohnson plateado en aquellas zonas en las que el niquelado no estaba gastado ni se había caído. Volví a cerrar el cajón con todo cuidado a fin de que no quedara señal de que había estado allí. Tal y como me sentía. Ah. Durante un segundo no presté atención al hecho de que estuviera oxidado. ¿eres tú. Y me quedé allí tratando de no respirar mientras Ehlers entraba y cogía el teléfono. aquella era el arma homicida.FREDRIC BROWN 124 que pudiera • estar allí. y además. Lo miré. Oí cómo. hacia el despacho de Kates. Extendí el brazo para cogerlo. no me habría extrañado mucho que así fuera. Cogí el Iver-Johnson y me acurruqué en el armario. Fui hasta su escritorio y abrí el cajón muy despacio y sin meter nada de ruido. en la parte de atrás del edificio. durante el silencio entre el primer y el segundo timbrazo. preguntándome si sería conveniente llevármelo. y de pronto me acordé de la descripción de Hank. detrás de la puerta. ¿No estaba en un buen lío ya. En el secante del escritorio de Kates había un revólver. Sólo que. así que fui de puntillas hacia delante. Y entonces casi brinqué hasta el techo. Maldije a Kates por lo bajo. Prueba A. Quizá Kates tuviera una botella en el cajón de abajo de su escritorio. Pero desde el despacho no podía saber si se acercaba por el frente o por detrás. No era ya bastante malo que hubiera tratado de matarme. las pisadas de Ehlers comenzaban a subir las escaleras. Escuché atentamente los ruidos que se oían abajo. Temblaba como una hoja. incluso si lo sabía. Y además era de muy buena marca. consideré que valía la pena probar. Sonó el teléfono.

FREDRIC BROWN

125

cuchando un rato. —¿Que llamas desde el Clarion? No estaba ni en el bar de Smiley ni ahí, ¿eh?... No, no ha habido llamadas... Sí, ya casi he terminado de mirar por aquí. He registrado la planta baja y el sótano. Ya sólo me queda este piso. Me maldije. Había estado en el sótano, y pude haberme escapado. Pero el edificio estaba tan silencioso que cuando había estado por allí abajo me había parecido que andaba por la planta baja. —No te preocupes, no voy a correr ningún riesgo, Ranee. Llevo la pistola en una mano y la linterna en la otra. También había una pistola en mi mano, y de pronto me di cuenta de qué gran tontería había cometido al cogerla del escritorio de Kates. Ehlers tenía que haber sabido que estaba allí. Si la echaba en falta, si de repente se ponía a mirar la mesa mientras hablaba por teléfono... Dios debió escucharme, porque no lo hizo. Dijo: —De acuerdo, Ranee, y colgó el aparato y volvió a salir. Le oí pasar por el pasillo hacia atrás, mirar en el altillo, y luego abrir las puertas de la zona trasera. Tenía que largarme deprisa, por la escalera principal, antes de que regresase. Probablemente, y por mera rutina, seguro que también miraría en el armario cuando volviera al despacho desde donde había salido. Salí y bajé las escaleras de puntillas. De nuevo la noche, de nuevo en Oak Street. Y tenía que desaparecer pronto, porque cualquiera de los dos coches que andaban buscándome podía aparecer de repente. Carmel City no es grande; un coche puede recorrer todas las calles y callejas con gran rapidez y facilidad. Además, todavía tenía los zapatos en los bolsillos y, entonces me di cuenta, una pistola en la mano. Con la esperanza de que Ehlers no estuviera mirando por alguna ventana, eché a correr doblando la esquina para meterme en el callejón de detrás del juzgado. Tan pronto como me encontré comparativamente a salvo en la amable oscuridad, me senté en el bordillo del callejón para ponerme los zapatos y me metí el revólver en el bolsillo. No había tenido la intención de traérmelo, pero ya que lo tenía ahora no podía tirarlo por ahí. De todos modos, iba a hacer que Dick Ehlers tuviera problemas con Kates. Cuando Kates buscara el arma y se diera cuenta de que había desaparecido, sabría que yo había estado en el edificio y que Ehlers no me había visto. Sabría que había estado justo al lado de su despacho y dentro de él mientras estaba por fuera buscándome. Así que allí estaba, en la oscuridad, a salvo durante unos minutos, hasta que un coche lleno de agentes decidiera desviarse por aquel callejón en particular durante mi búsqueda. Y tenía una pistola en el bolsillo que puede que sí, o puede que no funcionara, no lo había

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

FREDRIC BROWN

126

comprobado. Tenía los zapatos puestos y me temblaban las manos. No tuve que preguntarme «Buen hombre, ¿ahora qué?» Este buen hombre no sólo quería tomar un trago; necesitaba tomarse uno. Y Kates había estado en el bar de Smiley buscándome, y había visto que no estaba allí. Así que fui calleja abajo hacia el bar de Smiley. Era gracioso, pero estaba empezando a pasarme el miedo. Por lo menos un poco. Uno llega a un punto en que no puede tener más miedo, porque entonces les pasa algo a las glándulas de la adrenalina, o algo así. No recuerdo ahora mismo si la adrenalina produce miedo o si por el contrario sirve para evitarlo, pero la mía estaba empezando a funcionar o a dejar de hacerlo, según sea. Aquella noche había estado tan asustado que yo, o mis glándulas, ya estábamos hartos. Casi me estaba convirtiendo en un valiente. Y no era temeridad de borracho; hacía tanto tiempo desde la última copa que había tomado que se me había olvidado ya a qué sabía. Estaba asquerosamente sobrio. Unas tres veces en el curso de la larga tarde y de la más larga noche había estado al borde de la borrachera, pero siempre había ocurrido algo que me había impedido seguir bebiendo, y seguidamente algo me había serenado. Alguna bobada como el paseo con los gangsters, o el haber visto morir repentinamente a un hombre, o ver a otro morir horriblemente al beber de una botella con la etiqueta BÉBEME, o el encontrar gente asesinada en el maletero de mi propio coche, o el descubrir que un comisario trataba de matarme a tiros, a sangre fría. Futesas como ésas. Así que seguí andando por el callejón hacia el bar de Smiley. El perro que me había ladrado antes volvió a ladrar. Pero no malgasté el tiempo en devolverle el ladrido. Seguí andando por el callejón hacia el bar de Smiley. Tenía que cruzar la calle. Miré rápidamente a ambos lados, pero no tomé precauciones. Si el coche del comisario o el de sus agentes aparecían de repente en la esquina y empezaban a rociarme con reflectores y balas, pues daba igual. Uno puede llegar a preocuparse muchísimo, pero a partir de ahí uno deja de hacerlo. Cuando nada puede ir peor, salvo que te maten, o bien te quitan de en medio o las cosas comienzan a ponerse mejor. Las cosas se pusieron mejor; la ventana del cuarto de atrás del bar de Smiley estaba abierta. Esta vez no me preocupé de quitarme los zapatos. Smiley estaría durmiendo arriba, pero solo, y Smiley duerme tan profundamente que ni una granada que estallase en la habitación al lado de donde dormía le habría despertado. Me acuerdo de algunas veces en que había ido al bar por la tarde y le había encontrado durmiendo; era casi imposible despertarlo, así que normalmente me servía lo que quería y dejaba el dinero junto al estante de la registradora. Y se dormía tan rápida-

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

FREDRIC BROWN

127

mente y con tanta facilidad que, aunque Kates y Hank le hubieran despertado cuando fueron a buscarme allí, ahora volvería a estar dormido. De hecho... sí, podía oír arriba como un leve ronroneo, como un trueno muy lejano. Era Smiley roncando. Tanteé en la oscuridad del cuarto de atrás para cruzarlo, y abrí la puerta del bar. Había una luz tenue que quedaba encendida toda la noche, y las persianas no estaban echadas. Pero Kates ya había estado allí, y las posibilidades de que alguien pasara por la calle eran virtualmente nulas ya que eran las tres de la madrugada del viernes. Cogí una botella del mejor bourbon de Smiley de detrás de la barra, y ya que, muy probablemente, aquélla podía ser la última oportunidad de tomar un trago en mi vida, cogí una botella de seltz de la nevera que estaba debajo de la barra. Me las llevé hasta la mesa de la esquina, aquélla que no se ve desde la calle, la mesa en la que Bat y George habían estado sentados al comenzar la tarde. Parecía ahora que Bat y George se hubieran sentado allí hacía mucho tiempo, hacía años, y ya no me parecían ni la décima parte de terribles que cuando habían estado allí de verdad. Casi me parecían algo divertido, en cierto modo. Dejé las dos botellas en la mesa y volví a por un vaso, un agitador y cubitos de hielo de la nevera. Había estado esperando mucho tiempo por este trago, así que iba a ser uno bueno. Incluso pagué espléndidamente, ya que después de mirar en la cartera, comprobé que tenía varios billetes de diez dólares, pero que no tenía ninguno más pequeño. Puse uno de diez en la repisa de la caja y me pregunté si recibiría el cambio alguna vez. Volví a la mesa y me serví una copa, bien larga. También encendí un puro. Eso ya era arriesgarme un poco, porque si Kates volvía a registrar de nuevo, quizás viera humo del puro, aunque yo estuviera fuera del campo de visión. Pero decidí que el riesgo merecía la pena. Uno se puede meter, según me estaba dando cuenta, en tan grande berenjenal que arriesgarme un poquito más no parece tener ya mayor importancia. Tomé un buen sorbo de la bebida y seguidamente di una calada del puro, y me sentí bastante bien. Extendí las manos y comprobé que ya no temblaban. Era una idiotez que no lo hicieran, pero no temblaban. Ahora, pensé, tengo la primera oportunidad de pensar desde hace un buen rato. La primera verdad desde que Yehudi Smith había muerto. ¿Y ahora, qué, buen hombre? La trama. ¿Podía encontrarle algún sentido a la trama? Yehudi Smith, sólo que, sin duda, no se llamaba así, porque en otro caso la tarjeta que me dio no habría estado impresa en mi propio establecimiento, había venido a verme y a contarme...

LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO

en caso de que estuviera viva. Bebí otro sorbo del vaso y me supo a poco. No había ningunas Hojas Vorpales. Me había entregado al asesino al hacerlo. Recordé el revólver que había cogido de la mesa de Kates. dándose cuenta de que la señora Carr estaba allí. Miré y comprobé que llevaba tanto tiempo sentado entre trago y trago que casi todo el hielo se había derretido. Volví a cerrarlo y probé el gatillo. Planeada de antemano. Probablemente. Lo manipulé de tal modo que no tuve que tocar las manchas secas de la culata. Nadie lo había visto. que ni tu propia madre. Nada más que como martillo para hacer papilla los sesos de los hombres. hubiera llegado a poder creerte. y que sus cadáveres habían sido escondidos en el maletero de tu coche. aquello no era más que palabrería. no había sido utilizado como arma de fuego.FREDRIC BROWN 128 Olvídate de lo que te dijo. esperando a que ella se fuera para aparecer. Eché más bourbon y volvió a saber bien. y lo que habías sido y lo que podría interesarte. Así pues. sabía muchas cosas sobre ti. Tus distracciones y tus puntos flacos. fue a verte en un momento en el que no habría nadie más contigo. aquel oxidado con el que se habían cometido los dos asesinatos. Lo saqué del bolsillo y lo contemplé. Aquello no era más que un parloteo. justo la clase de cháchara que te invitaría a ir a un lugar tan absurdo a una hora tan absurda. sentado en su coche. Lo abrí para ver si había sido disparado. Smith era un cómplice del asesino al que habían pagado para mantenerte entretenido para que nadie te viera y pudiera proporcionarte una coartada mientras se cometía el crimen. Te había hecho ir por los cerros de Ubeda. Volví a metérmelo en el bolsillo. me dije. ni vacíos ni de otro modo. y comprobé que no tenía cartuchos. Siguiendo un plan. Y también te proporcionaría una historia tan increíble respecto al sitio donde hubieras estado. esto es. Pongamos todo eso en relación con el hecho de que Miles Harrison y Ralph Bonney habían sido asesinados mientras Yehudi Smith te entretenía y te tenía ocupado. Estaba agarrotado por el óxido. Era todo un galimatías ridículo. Su venida había estado cuidadosamente planeada. Y ciertamente que había hecho el tonto llevándomelo. Era fácil. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Te conocía. salvo tú. con toda seguridad que él mismo o algún otro habrían estado vigilando la casa toda la tarde. la tarjeta lo probaba. me corregí. te habría visto volver a casa. Pero pongamos esto en relación con el hecho de que Smith había sido asesinado también. Y con el hecho de que el dinero de la nómina estaba también en el maletero del coche junto a los cadáveres.

Como tampoco puedo decirle para quién trabajaba. siento muchísimo que haya muerto. decidí que ya había puesto en peligro a Smiley una vez aquella noche. Y escuche. así que eso hice. Me hubiera gustado que Smiley estuviera despierto. Smitty. Me sentí orgulloso de él y de mí mismo. No podía decirme nada que yo no supiera ya o que no pudiera pensar por mí mismo. —No pasa nada. Y tampoco quería complicar a Carl en esto. Tenía la impresión de que sería más capaz de poder pensar de aquel modo. Doc? —¿Cómo se llama de verdad. De acuerdo. Eso formaba parte de la broma. —Claro. Y éste era mi problema. No debería haberle hecho una pregunta que yo mismo no pudiera contestar. Smitty? Sé que no se llama Yehu-di Smith.FREDRIC BROWN 129 Tuve el deseo de tener alguien con quien hablar. sino un poco chiflado. Quizá Carl hubiera sido capaz de ayudarme a resolverlo. Y escuche. y Smiley no jugaba al ajedrez. quizá estuviera un poco chiflado. Y me alegro de haberle dado todo lo que quiso beber. pero volvió a quedarse quieto y dijo: —Doc. Quería hablar con alguien. y por un momento tuve la tentación de subir para despertarlo. allí sentado con una bebida imaginaria en la mano. No era la pregunta adecuada. —¿Sí. Era. como si fuera a desaparecer delante de mí. no era un asunto para que Smiley pudiera probar su corazón y redaños. Smitty —dije—. siento haberme reído LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . pero Smiley nunca. —Me alegro de haberle dado algo de comer. le habría servido una muy contento una de verdad si hubiese estado allí de verdad. ya que sólo estaba allí porque mi mente hacía que estuviera allí. como una partida de ajedrez. Eso ya tiene que saberlo. La tarjeta que me dio lo prueba. Atención: había dicho "para quién trabajaba" y no "con quién trabajaba". eso no se lo puedo decir. De acuerdo. —Smitty. No. Me lo imaginé sentando enfrente. Con el hombrecillo que no estaba allí. Pero quería hablar con alguien. más bien. Se agitó un poco y tembló. Además. lo siento. de acuerdo. bueno. Todos tenemos que morir en algún momento. borracho no. Me miraba de una manera rara. No habría estado bien complicar en él a Smiley. definitivamente no estaba borracho. Se agitó un poco. No debería haberlo preguntado. Doc. Y. hasta entonces había sido una velada muy agradable. un peligro del que nos había librado a los dos sin recibir la más mínima ayuda por mi parte.

pero me he hecho LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Está muerto y no puedo hacer nada de nada. De acuerdo. así que en realidad no puede prestarme ninguna ayuda. Doc. ya ha visto las pruebas. No sabía cómo era todo el argumento. Se rió. Doc? ¿Incluso si hace las preguntas correctas? — ¿Qué quiere decir? ¿Que quizá mi subconsciente sepa las re puestas aunque yo no las sepa? Se rió. Ya sabe que yo era un gran entusiasta de Carroll. No tenía pinta de ser hombre que quisiera morir. Debía haber supuesto que había algo más que lo que me habían contado — . Un actor contratado para representar un papel. Pero había muerto. no le culpo por haberse reído. No podría haber memorizado todos los datos para una sola ocasión. Daría lo que fuera por poder volver a tenerle aquí. Smitty. porque si no jamás se habría dado cuenta. Doc? Sacudí la cabeza despacio. Tiene que haberlo sido. Era tan divertido. Le estropeará los razonamientos. Es usted el hombrecillo que no estaba allí. no responde. Sonrió haciendo una mueca. Doc. Sigamos con Lewis Carroll. — Lo siento. Bueno.» La repetí y seguí en aquella línea a ver hacia dónde me llevaba. — No nos pongamos freudianos. — Claro. —Ya lo sé. Smittty? Maldita sea. Smitty. Había estudia do mucho sobre él pero no absolutamente todo. —¿Usted era un actor. La frase me chocó: «estudiado sobre él. ¿o sí. me arrepiento de haberlo hecho. — Y un actor no demasiado bueno. —¿Está seguro. Doc. del sistema. Y. por poder tenerle sentado aquí de verdad. Yo no tenía pinta de ser hombre que quisiera morir. Era parte de la representación. Si lo hubiera conocido. Y no puedo preguntarle nada que no pueda responder por mí mismo. Lo siento muchísimo. repentina y horriblemente. Acuérdese de que está tratando de pensar. Y bastante gilipollas. le he hecho una mala pasada. —No se ponga triste. No pude evitarlo. Pero tenía que actuar correctamente. eh. Tendría que haberlo adivinado. Pero tenía que quitármelo de dentro.FREDRIC BROWN 130 cuando vi la botella y la llave encima de la mesa de tapa de cristal. mirándole las arrugas de la risa que tenía en torno a la comisura de los labios y de los ojos. Pero era algo muy gastado. no me habría bebido lo que contenía aquella botella. Se encogió de hombros — . Doc. lo bastante como para haber aceptado el encargo.

pero por qué querría Alguien.FREDRIC BROWN 131 una peor a mí mismo. había muchas cosas que podían haber salido mal en un follón tan complicado como éste. Y. Y eso no va a ayudarle a descubrir quién es Alguien... ni siquiera me pagó por adelantado nada más que los gastos y dietas. se lo puedo contar.. Se puede meter dentro de mi cabeza. porque. Por si algo salía mal no iba a decírmelo. Brindamos por ello. Y hay peores formas de morir que repentinamente cuando uno no lo esperaba. —¿Alguien? —Así es como le llamaba cuando se puso a pensar en ello. Sí. Si le hubieran matado. cuando está ligeramente achispado y. Espero no vuelva a ponerse triste por eso. Pero yo no. Maldita sea. Doc. Supongo. como medio ajelado. Usted ya sabe quién es ese Alguien. Tiene que llegar a ser capaz de descubrirlo sin que yo se lo cuente. y yo me habría vuelto a. a usted y a Smiley.. sé cómo se llama. al menos si Alguien se hubiera enterado. me defrauda usted al comentar lo que es obvio. Recuerde cómo Alguien podía haber entrado en su imprenta y cómo Alguien podía haber compuesto una línea de tipos y haber sido capaz de imprimir una tarjeta comente con la prensa manual. Solamente me mataron. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . —No es justo. brindemos por ello. No me he estado gustando mucho estos últimos tiempos. Smitty. Por lo menos esta noche. Tenía que haber estado muy deprimido y poco cotizado como para aceptar un trabajo así. Pero aquel tema no llevaba a ninguna parte. Ralph Bonney y Miles Harrison no habrían sido asesinados más tarde. usted me gustaba. no hace tanto tiempo.. Hay cosas peores que ser asesinado. porque. bueno. supongamos que Al Grainger hubiera venido a casa para jugar al ajedrez y que luego hubiese venido con nosotros. al sitio de donde he venido. ¿No es así? —Siento que haya muerto.. Asentí. —Ni siquiera yo. así que no he sacado nada en limpio. demonios. Algo como. Doc.. más temprano. Ya me había escapado por los pelos una vez por la tarde. maldita sea. claro.. —Doc. es ahí donde está precisamente. supongo que no habría vivido lo bastante para poder volver a casa. como muy probablemente habría sucedido. nunca habría ocurrido. —Pero yo me alegro. —En ese caso. —Era un actor de carácter —dije. Doc. entonces. supongamos que usted hubiera sido el que cogiera la botella de BÉBEME cuando la encontró y la hubiera acabado antes de que yo pudiera decirle que era prerrogativa mía el hacerlo. Como ya se ha dado cuenta. Los planes no habrían podido encajar. Pero yo no puedo meterme en la suya. —Sí. Habría que cancelar todo. además por lo que me iban a pagar por él.

ha dejado que la mesa con tapa de cristal. No todo aún. —No se ponga tan puñeteramente dramático. Todavía verá como a la noche le sigue el alba. Le miré detenidamente. —Adelante. —Y de que sólo el humo cuesta mil libras por cada resoplido. Y. Pero usted está en el segundo. —En el segundo libro. claro. pero sí lo bastante para empezar. también puede habérselo hecho saber. Pero puede adivinarlo.FREDRIC BROWN 132 —Pero supongamos —dije— que me hubiera quedado en la oficina del periódico hasta la madrugada trabajando en uno de los noticiones que creí que tenía. Fuera. —No demasiado para poder haber interceptado a Miles Harrison y a Ralph Bonney cuando regresaban de Neilsvüle. de acuerdo con ciertas circunstancias. —Pero entonces habría sido demasiado tarde. —Ésa es la solución. Y cuando llamó para decirme que volvería dentro de un momento. y con los que estaba tan ilusionado. No me molesté en poner hielo ni seltz. Yehudi Smith sonrió. —Doc. y me pregunté qué es lo que habría querido decir. Doc. por Dios. Me serví otro trago. Cuando salió de casa y me dijo que volvería pronto. —De acuerdo con ciertas circunstancias —dije. El hombrecillo que no estaba allí se sirvió más whisky de una botella imaginaria y en un vaso imaginario. un reloj dio cuatro campanadas. Son de Alicia en el país de las maravillas. esta vez pequeño. Doc —me dijo muy despacio. Doc. en la noche. usted sabe tan bien como yo lo que Alicia encontró allí. —Ahora parece que ya lo tiene. Doc. pude haber llamado por teléfono para contárselo. —¿Qué quiere decir. Todavía está en la segunda casilla. Acuérdese de que tiene que ir en tren a la cuarta casilla. Cuyo título original. pero su próximo movimiento será mejor. Levantó su vaso. era Las aventuras subterráneas de Alicia. si sus planes se habían tenido que interrumpir hasta que estuviera seguro de que estaría en casa y fuera de circulación hasta la medianoche. para acompañarle. —¿En la segunda casilla? Es lo que me acaba de decir. Smitty? —le pregunté lentamente. ¿Cómo podría haberlo sabido Alguien? —Eso no se lo puedo decir. Supongamos que mis instrucciones comprendieran informar a Alguien de todos sus movimientos siempre que se salieran de lo corriente o de lo previsto. A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. Levantó el vaso y me miró burlón por encima del borde antes de beber. que veré LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Un escalofrío me recorrió la espalda. Doc. la botella y la llave le engañen. Un libro maravilloso.

cuando había estado por aquí. En cualquier caso. Quizá vuelva sobre todos sus pasos anteriores. Alguien que gritaba «¡Eh. Tenía los ojos somnolientos y el pelo. dentro de mi cabeza? Dios. Hice la única cosa lógica que podía hacer. ni siquiera en mi imaginación. Pero a través del espejo no. el treinta y ocho corto Bankers Special que yo le había dado haría unas horas. ¿no se ha dado cuenta? —¿Quiere decir que cada calada vale mil libras? Echó la cabeza para atrás y se rió. aquella misma tarde. revuelto. Smiley». matando a un hombre y malhiriendo a otro. Llevaba una pistola en la mano. iba a ser un infierno el tener que explicarlo. no tenía ninguno en el que pudiera mirarme. Me serví otra copa. Y está siendo muy descuidado al llenar el local de humo de puro. Si de verdad había estado hablando en alto conmigo mismo. y estaba descalzo. sabrá que estuvo en los juzgados cuado él le estaba buscando por aquí. Me pregunté cómo estaría el mío. Smiley»? Abrí la boca para decir «Hola. a las habitaciones de Smiley. pero no lo hice. —¿Incluso si Kates vuelve por aquí a buscarle? No se olvide de que cuando eche en falta ese revólver oxidado que tiene en el bolsillo. No tenía pinta de haber podido ser algo capaz de echar un Buick de la carretera. para decir verdad.FREDRIC BROWN 133 llegar el amanecer. porque un tenue ruido me hizo mirar hacia la puerta que llevaba a las escaleras. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . pero Smiley llevaba uno puesto. o lo que quedaba de él. ninguna. No sabía de nadie que llevara camisón en estos tiempos. abran la puerta!» con la voz del alguacil Ranees Kates. no lo sabía. ¿qué puñetas podía decir ahora que no fuera «Hola. había despertado a Smiley y le había dicho que me había vuelto loco. En camisón. Se abrió la puerta y apareció Smiley. ¿Había estado hablando alto? ¿Había sido mi conversación con Yehudi Smith imaginaria. No había expresión alguna en su rostro. En su mano enorme parecía un juguete minúsculo. y de pronto dejo de reírse y ya no estaba allí. Había alguien aporreando el cristal de la puerta de entrada. Especialmente si Kates.

El humo. y seguidamente fue hacia la puerta y abrió. Y ahora haga el favor de largarse de aquí. —Había dejado aquí el puro. cruzó hacia la puerta de entrada. y para más inri viene y me despierta a las tres y media.. Dejé ahí el puro —y su voz se volvió muy. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . No conseguí dormirme hasta las dos. incluso aunque hubiera sido capaz de pensar en algo que decirle. Smiley no iba derecho al caminar hacia al puerta. Kates volvió a machacar. —¿Qué quiere? ¿A cuento de qué viene este escándalo? —Creí que Stoeger estaba aquí. extendió el brazo y me quitó el puro de la mano. Smiley se agachó y colocó el revólver en el escalón que tenía detrás y luego fue desde la puerta hacia la taberna. naturalmente. —era la voz de Kates.? —Le he dicho que le llamaría si le veo. Le oí decirle algo a Hank sobre romper el cristal. Me lo imaginaba mirando a Smiley y dándose cuenta de que Smiley era dos veces más fuerte que él. dijo el joven. ¿Hace falta armar tanto follón? —Pero si hace más de media hora que estuve aquí —dijo Kates con beligerancia—. y al verle Kates dejó de armar aquel estrépito.. ni tampoco se me ocurrió sacar la cabeza por la esquina de la mampara. Me acordé cuando subía y volví a bajar para cogerlo. Sonó tal portazo que por poco se rompe el cristal. pero que muy suave y baja—. Y ahora.. Con gran paciencia. Se lo metió en la boca. Me quedé allí sentado sudando. desaparezca de aquí. Kates? —¿Está seguro de que Stoeger no está. Podía imaginarme a Kates poniéndose rojo. Smiley me miró asombrado y yo le miré a él.. un puro no puede durar tanto. y encima vuelve a las cuatro. y no obstante. Según pasaba. Ya me ha fastidiado la noche.FREDRIC BROWN 134 CAPÍTULO CATORCE «Eres viejo». a aquella distancia sin que con toda probabilidad Kates oyera mi voz. «apenas se podría suponer que tu vista es tan buena como siempre. hijo de puta. ¿Qué diablos le pasa. No podía decirle nada. Así que bajé hace unos minutos a tomarme una copa. Smiley le dijo: —No pude dormirme después de que se fuera. Sin mirarme. No podía ver en aquella dirección. hizo una leve curva que le hizo pasar junto a mi mesa. has hecho malabarísmos con una anguila en la punta de la nariz ¿cómo has sido capaz de ser tan listo?» Kates volvió a aporrear y trató de girar el pomo.

la amistad tiene que funcionar en los dos sentidos. Doc. ho-mi. nadie puede ayudarme. Pero maldita sea. Pensé en lo maravilloso que es tener amigos. Si le decía a Smiley que Kates había tratado de matarme y que seguía con esa intención. y lo más probable es que lo matara con sus propias manos.. pero lo más estrafalario de todo es que pareces estar desarrollando el sentido del humor. No tenía ni idea de que lo tuvieras. y muchísimas gracias. —¿En qué buenos líos te has metido. Todo esto era peligroso para mí.FREDRIC BROWN 135 Smiley volvió. ¿cómo demonios se dice? —Maníaco homicida. No te molestes en decirme que no lo hiciste. y le dio una calada al puro.. —Smiley. Le dije que le llamaría si te veía. Smiley —le dije. —Gracias. —Kates me dijo la primera vez que vino que eras un ho. A Miles Harrison y a Ralph Bonney. Doc. que odiaba a Kates ya. no más allá de hasta donde él mismo se había metido. me dijo muy tranquilo: —No te muevas. cogió un vaso y se sirvió un trago. Le pregunté: —¿Smiley. deberían lavarte la boca con jabón. y era problema mío. Y me pregunté otra vez si habría estado hablando en alto o solamente con mi imaginación cuando Smiley había bajado las escaleras y abierto la puerta.. Tomó un sorbo. Sonrió. entonces Smiley. Fue para detrás del mostrador. no tenía razón alguna para arrastrar conmigo a Smiley. Sin mirar hacia mí. o que le pegara un tiro al intentarlo. esta es la noche más estrafalaria de mi vida. Doc? ¿Puedo hacer algo? —Nada. Smiley. y entonces se me ocurrió que aquel «no te molestes en decirme que no lo hiciste» podía entenderse en ambos sentidos. crees que estoy loco? —Siempre he creído que estabas loco. volviéndose ligeramente hacia atrás para que el movimiento de sus labios no pudiera apreciarse desde el escaparate. Se trata de algo que tengo que pensar solo. había dos personas en Carmel City con las que podía contar si las cosas me iban mal. No podía LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Cree que he matado a dos hombres esta noche. Has contado una mentira. ¿O no has oído lo que le llamé? —Smiley. saldría a buscar a Kates. Mantuve el tono de voz quedo como el suyo. Quizá regrese a ver dentro de uno o dos minutos. Le llamé. Sólo lo que has hecho ya. Se sentó en la banqueta que tiene allí. Smiley y Carl. Incluso si estaba loco. Doc.. y de arreglar por mi mismo. Pero con una locura muy tolerable. —Que yo sepa no. —Ya.

Pero no estaba allí. Me dijo: —De acuerdo. Una habitación silenciosa en una noche silenciosa. y si hubiera tratado de decir algo. se que eres más listo que yo. Doc». Me temblaba la mano un poco mientras me servía otro trago. Lewis Carroll y asesinatos sangrientos. Echó una ojeada cautelosa al escaparate para asegurarse de que no estaba mirando nadie. No podía emborracharme. habría soltado un gallo. A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. Poner hechos en relación. —¿Estás seguro de que no puedo ayudarte en nada. y sería mejor que aquél fuera el último. El crujir de mis pensamientos al intentar volver a ponerlos en marcha. me dio la espalda y subió las escaleras. acábate la copa y vuelve a la cama. Volvió andando hacia la puerta de la escalera. lo dejó allí. quise. y entonces estiró un brazo y cogió el revólver del escalón en el que lo había depositado. ¿Qué es lo que Alicia había encontrado? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . pues no pude responderle cuando me dijo «buenas noches. Le vi subir asombrado. Buena suerte.. sobre lo que le había estado contando al hombrecillo que no estaba allí. no me atrevía. y si lo que necesitas es pensar. estoy impidiéndotelo. Tengo que ponerme a pensar. Intenté remontarme mentalmente a lo que había estado pensando sobre. Doc. La débil luz de la única bombilla de veinte watios sobre la registradora. Qué más puede hacer alguien para demostrarte que no cree que estés loco que darte un revólver cargado. Estaba muerto. Vino hacia la mesa. uno cortito. y no quería regresar. Hasta entonces.FREDRIC BROWN 136 hacerle eso a Smiley. Bueno. —Smiley. Se bebió el líquido que le quedaba y aplastó el puro en un cenicero. justo antes de cerrar la puerta tras de sí. darte la espalda y marcharse andando despacio. Nunca había visto a nadie en camisón que no me hubiera parecido ridículo. Miré al otro lado de la mesa donde en mi imaginación había estado sentado Yehudi Smith... Algo me hizo que se me pusiera un nudo en la garganta. No podía volver a traerlo. aquello antes de que Smiley bajara y de que los golpes de Kates me hubieran interrumpido. Estaba empezando a notarlos. Doc? —Seguro.. y en todos los chistes y bromas de los que le había hecho blanco. Tenía que pensar con mayor lucidez y claridad de lo que había pensado nunca. Y cuando entonces pensé en cuantas veces me había metido con él y le había tomado el pelo.

El dinero no había sido el motivo. terrenos e inmuebles. como a mí y que adoraba a Lewis Carroll. todo debía acercarse a la suma de. La trama. Empecé a servirme otra copa. ambos. pero Yehudi Smith me había dicho cómo. Un pensamiento frío y cruel. las trampas en las que podía caer. Yehudi Smith había sido otro peón. de la causa. porque no tenía ni asomo de motivos. y una partida de ajedrez. lo que quería decir que yo le conocía también. Sin tener siquiera ni idea. para alejar de sí cualquier sospecha. al no tener la más mínima prueba. bueno. O bien era así. Y cada resoplido de humo costaba a mil libras por unidad. Conocía mis puntos flacos. como yo. Ésa era la razón por la que había cruzado el tercer cuadro en tren. Ajedrez de a través del espejo. Un cerebro retorcido. y ajedrez real. y había jugado magníficamente. a Ralph Bonney y a Yehudi Smith. Fuera quien fuese quien había planeado el problema de ajedrez de esta noche. La fábrica de pirotécnica. quizá medio millón de dólares. y una partida de ajedrez. y ahora yo había descubierto el quién. junto con los dos cadáveres. Piezas de ajedrez. ni el más pequeño rastro de indicio alguno. Y había dejado el dinero que Miles y Ralph transportaban en el maletín. Sabía que iría con Yehudi Smith gracias a la fuerza de aquella historia loca y absurda que Smith me había contado. casi tan caro como podría haberme costado el humo de mi puro si Smiley no me lo hubiera quitado de las manos y hubiera dicho que era suyo. y entonces recordé que solo tenía parte de las respuestas.FREDRIC BROWN 137 Piezas de ajedrez. Sin lógica alguna. Consideremos los hechos. Fue asesinado esta noche. seguiría sin tener la más mínima idea de qué hacer con ellas. del LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . pero brillante. Y Alicia había sido un peón. y lo había puesto en el maletero de mi coche. ¿Pero por que] ¿Qué sacaba en limpio? Había matado a Miles Harrison. paradójicamente. inversiones. ¿Pero quién era el jugador? Y de pronto lo supe. lo había hecho muy bien. al que le encantaba la fantasía. Y me conocía muy bien. Y sin embargo. Alguien que mata por medio millón de dólares bien puede dejar dos mil como producto de un atraco junto a los cuerpos de los asesinados. y que si incluso llegaba a averiguarlas todas. en mi propio pensamiento. para procurar que le carguen el mochuelo al peón que ha elegido. o el motivo había sido tan gran cantidad de dinero que los dos mil dólares que Bonney llevaba no tenían mayor importancia. ¿Y no era uno de los hombres implicados uno de los más ricos de Carmel City? Ralph Bonney. No entendía el porqué. Ralph Bonney obtuvo el divorcio hoy. Entonces la muerte de Miles Harrison fue accidental.

Entonces fui al cuarto de atrás. y con pinta de tener la resaca más grande de la historia de la humanidad. Por suerte estaba en la calle siguiente a Oak Street y era paralela a ésta. ¿Estás metido en un lío. y me agaché escondiéndome detrás de un cubo de basura hasta que pasó. Iba despacio y era probablemente el del Hank y el comisario. Me despertaron hace un rato. Doc. pero encontré unas piedrecillas y me puse a tirarlas contra una ventana que resultó ser la adecuada. —No. dudé. tú eres el abogado de Ralph Bonney. pero no me contaron gran cosa. y por fin me lo metí en el bolsillo. Yo me llegué hasta el porche trasero y esperé hasta que se abrió la puerta y entré. Podía andar todo el camino por las callejas salvo cuando tuviera que cruzar las calles. —Ya voy. Se sentó también. Oí un coche acercándose mientras me aproximaba a la segunda calle. Solo alcanzaba a vislumbrar una posibilidad. Doc? (fías matado a alguien? —No. sin embargo. —Que me parta un rayo si sé dónde demonios tengo la linterna. Carl. o el de los ayudantes. la noche estaba tan tranquila que podría haber oído uno que estuviera a una manzana de distancia. No enciendas las luces. La casa de Carl Trenholm estaba a tres manzanas de distancia. Debía de haber alguno. Doc. mientras duraba la cerilla. No intenté mirar por miedo a que estuvieran iluminando con un reflector los callejones. no estaba seguro de cuál sería el dormitorio que estaría usando. Como su mujer no estaba. Pero ven por la puerta de atrás. todo lo demás había sido demasiado bien planeado. Escucha. escuchando para estar seguro de que no se acercaba ningún coche. Se abrió y apareció en ella la cabeza de Carl. Miré el revólver que Smiley me había vuelto a dar. La cocina estaba tan negra como el interior de una tumba. Me acerqué a la casa para no tener que gritar y le dije: —Soy Doc. déjalo todo a oscuras. Doc? Kates y Ganzer estuvieron aquí a buscarte. para acercarme a una silla y pude ver a Carl con una pijama arrugado. Esperé a que su ruido desapareciera por completo antes de cruzar la calle. era demasiado lógico. ¿no? Quiero LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Estuve allí sentado un rato. Cerró la ventana. Me deslicé por la puerta del jardín de la casa de Carl. el pelo revuelto. ¿No podríamos encender una luz? Me siento como en el infierno.FREDRIC BROWN 138 motivo. Cerré-la puerta. —¿Qué pasa. y me descolgué por la ventana hacia la calleja oscura. Encendí una cerilla.

Y sabe muchas cosas sobre Lewis Carroll y. Pero mantuvo a la madre de su hijo durante toda su vida. buscará o tiene ya pruebas de su paternidad. No. Me detuve y esperé. Serán unos trescientos mil. o que incluso podía tener sospechas. de tal forma que vivía mucho mejor de lo que podría haberlo hecho de otro modo. y no solamente el divorcio. Doc. —¿Te dijo Kates que Ralph Bonney ha muerto. como sombrerera. ahora que está divorciado? —Doc. —Adelante. por qué no llamarlo por su nombre— así es como Al Grainger ha podido vivir sin trabajar. pero él le pasaba suficiente dinero extra. —Dios mío. déjame hacer un intento y probar suerte. Las relaciones de Bonney con la señora Grainger y con Al han sido el secreto mejor guardado que conozco. —Hablaré —dijo Carl—.. Que debe andar en torno al medio millón. Carl? ¿Y que también ha muerto Miles Harrison? Han sido asesinados cuando volvían de Neilsville con la nómina. Así es como — demonios. —Sí. pero Carl no dijo nada. —Ya sé que se sigue suponiendo que no estás autorizado a decir nada hasta que se haga público el testamento. Si tengo razón en lo que digo tampoco tienes que confírmalo. limítate a no decir nada. yo era el único que lo sabía. Lo sabes tan bien como yo. me detuve porque todavía tenía que encontrar hechos y pruebas y no quería tener que ponerme a explicar. Y acertaste con lo de Al Grainger. —¿Quién es su heredero. ¿Cómo te has enterado? —Por lo que me ha pasado esta noche. La noche estaba acabándose. y por tanto podrá reclamar la mayor parte de la herencia. y así pudo enviar al chico a la universidad. pero el cómo lo has hecho es un misterio para mí. salvo las partes implicadas. De hecho. Se supone que un abogado no debe revelar los secretos de sus clientes. más o menos alrededor de medianoche. Seguí: —Bonney seguía pasándole al chico una renta. Y salvo que ya sepa que está en el testamento de Bonney. si es que existe alguno. que es demasiado complicado para explicártelo ahora mismo. Kates no me lo dijo.. —Bonney tuvo un hijo ilegítimo hará unos veintitrés años. Pero Al juega al ajedrez y tiene la clase de mente necesaria para hacer las cosas de forma complicada y así es como han estado ocurriendo.FREDRIC BROWN 139 decir que le llevas todos los asuntos. Pero escúchame. hasta que murió hace poco. trabajaba además. y tu sólo tienes que decirme si estoy equivocado. me temo que no te lo puedo decir. y darle todos los caprichos. Vi un resplandor verdoso en la oscuridad que me hizo recordar que Carl llevaba un reloj de pulsera LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO .

cuando Al me había ganado jugando al ajedrez.FREDRIC BROWN 140 luminoso. —¿Hay alguna razón por la que Al hubiera tenido tanta prisa? Quiero decir. le había sonreído maliciosamente y le había dicho «de acuerdo. pero inténtalo otra vez.. Ahora ya lo sabía todo. Ya me daba cuenta del porqué. puede reclamar el total de la herencia ahora que Bonney está soltero. Sabía por qué había hecho Al todo lo que había hecho. así que podrías contármelo todo.. Al tendría que haber esperado varios meses. desde el punto de vista legal. Tenía que haberme odiado. salvo los detalles. —Son casi las cinco. Era muy supersticioso a ese respecto. A veces se da esa circunstancia como consecuencia del divorcio. sus propios motivos serían muy obvios.» Sin que se me pasara por la imaginación. Cuántas veces. y que lo sabía. Tenía que haberme odiado como un demonio. Y Bonney tiene. Incluso podría haber reclamado una parte antes del divorcio. Carl lo pensó durante un momento. pero nunca quiso. ya saben lo que quiero decir. so bastardo. Escucha. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . que tampoco tenían gran importancia. si hubiera esperado en lugar de matar a Bonney la noche después del divorcio. —Bonney tenía intención de marcharse mañana para pasar una temporada fuera. y quizá pensara que Bonney podría volver a casarse. He tratado muchas veces de que lo hiciera. sea ilegítimo o no. que si habría algún cambio. naturalmente. tenía que desviar la atención sobre otra persona porque una vez que hubiera reclamado la herencia de Bonney. Aquella última información explicaba totalmente el motivo. Asentí. y lo había mantenido en secreto. hubiera podido cometer un asesinato por dinero. Sí. —¿Qué hora es? —le pregunté. —¿Lo sabía Al Grainger? —Supongo que debía saberlo. Tengo una lengua muy fácil y con gran frecuencia insulto a la gente aunque amistosamente. Y como hijo único. Al tiene pruebas de quién era su padre. ya me has contado mucho. Tenía solo cincuenta y dos años. alguien que más probablemente que yo. En cierto sentido podía haber elegido una víctima menos complicada. Casi menos diez. —¿No hay testamento? —Ralph nunca hizo testamento. Incluso podía atreverme a decir varias de las razones por las que me había escogido como chivo expiatorio. para mí mismo. que encontraría a alguna en el crucero que iba a hacer. ya que Carl no podía ver en la oscuridad. ahora que sabía más cosas sobre él. Doc. que él lo era. El resplandor desapareció cuando giró la esfera hacia él.

Así que me sentaré aquí y me quedaré callado a no ser que tú me hables. Quizá ése fuera el trato. No. tenía que proporcionarme una historia demencial de la que nadie pudiera creer ni media palabra. —A la porra. ¿Qué puedo hacer yo? —Nada. Quería matarme y tuvo de repente la oportunidad de hacerlo cuando encontraron los cadáveres en mi coche. fue eliminado. pero cuando Smith terminó su trabajo. no sabía que los cadáveres estaban allí. No. Otro peón. haberme clavado el cañón en el pecho y haber dicho que había entrado y que le había atacado. su plan era mucho más lioso. No podré dormir si estás aquí sentado pensando. Kates hubiera estado de acuerdo en matarme con la excusa y eximente de que yo le había atacado o de que había intentado escaparme. salvo por Yehudi Smith. pero sabe Dios LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y por la manera que me había opuesto a él en las elecciones. Era problema mío. —Bueno. Había dejado pasar una oportunidad mucho mejor. Naturalmente. pensé. —Vete a dormir. ¿Pero qué pruebas? En alguna parte. también dejaría fuera a Carl. Carl. sino que inmediatamente pensaran todos que me había vuelto loco. Pruebas. Al había contratado a Smith para tenerme entretenido. no de Carl. Tengo que seguir pensando un rato más. No. pues entonces cállate.FREDRIC BROWN 141 Al elegirme a mí. Doc? —dijo Carl—. Había estado sólo con Kates en su despacho durante casi media hora mientras Hank Ganzer estaba de vuelta de Neilsville. porque cuando había estado con él durante tanto rato en su despacho. si estoy callado. El ajedrez no se juega en equipo. A Kates le habría resultado mucho más fácil haberme matado entonces. de una total y absoluta malevolencia por culpa de las cosas que había escrito sobre él en los editoriales del periódico. no podía haber sido así. Y cuando apareciesen los dos cadáveres en mi coche todo aquello habría resultado perfectamente plausible. No podrás decir siquiera si estoy aquí o no. Me asaltó un pensamiento repentino. que por veinte o cincuenta mil dólares de la herencia. lo había tenido en cuenta. —¿Hasta dónde estás metido en esto. Los motivos de Kates para matarme eran puramente personales. Había mantenido fuera a Smiley. ¿estaría Kates de acuerdo con Al? Aquello explicaría que hubiera intentado matarme en lugar de encerrarme en una celda. Definitivamente esto era trabajo de un sólo hombre. Salvo por la información y ayuda que ya me había prestado. decidí al volver a pensarlo. Incluso habría confirmado la versión de que me había vuelto loco con manías homicidas. también sabía lo que Kates me odiaba.

¿Cuál es? —¿Quieres una copa? —¿Esa es la idea? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . no podría encontrar aquel coche para servir de prueba. Un levísimo asomo de luz se empezaba a apreciar por las ventanas. ni siquiera me diría la hora que era sólo porque le estuviera apuntando con un revólver. El coche en el que Yehudi Smith me había llevado hasta la casa de Wentworth. y mi convicción de que había sido él. Un individuo. —Carl. No sabía si era un Cadillac. o un Ford coupé. Había tenido horas para poder hacerlo. Se me ha ocurrido una idea. un descapotable. Y encima había un comisario con tres agentes que andaban buscándome listos a disparar en cuanto me vieran. Estaba dejándote pensar. un coche robado. y tampoco serviría para nada si lo encontraba. una idea. Y yo me reiría de mí mismo por intentarlo. —¿Sí. Llevaba el arma homicida en el bolsillo. y seguramente lo era. y este cargado. dos cadáveres y el dinero robado en el coche además. y tenía previstos desde hacía tiempo los pasos que iba a seguir. Doc? Dime. y de la radio. con el cerebro tan retorcido como para manipular algo semejante al plan que Al había puesto en práctica aquella noche. De lo único que me acordaba era de la palanca de cambios rematada en una esfera de ónice. así que su dueño quizá no se hubiera enterado de nada. mucho antes de que Al se lo hubiera llevado de Wentworth place. y ahora seguramente lo habría devuelto al lugar de donde lo había cogido. Podría haber sido. No. y que había cambiado por el mío después de haberlo usado para el asalto fingido. ¿Podía ir a ver a Al Grainger y atemorizarle tanto como para que hiciera una confesión por escrito y la firmara? Se reiría de mí.FREDRIC BROWN 142 dónde. Así que el cómo desembarazarse adecuadamente del cadáver era algo dispuesto muy de antemano. o quizá no. pero me alegro de que hayas hablado. Todo había sido planeado y muy bien planeado. —Eso es lo que me hace falta. Tenía que contar una historia increíble. ¿Se habría preparado Al una coartada? Quizá sí. estaba el cadáver del actor que Al había contratado para representar el papel de Yehudi. Ni siquiera me acordaba de qué 'modelo era. y cualquier conjetura de dónde lo habría escondido o enterrado podría servir. Ya podía distinguir la forma de Carl sentado enfrente de mí al otro lado de la mesa. Y otro revólver además. ¿pero qué más daba si no conseguía en-contar nada contra él salvo el motivo? Eso. Yo si que no tenía coartada ninguna. No iba a aparecer de repente.

Quizá el saber quién y qué era haya contribuido a ello. —Casi todos tenemos algo de todo. Es muy inteligente. Pero la de Al es bastante poco benigna. Tiene tanto miedo al fuego que ni siquiera fuma. Mucho antes —Me tomaré ese trago ahora. Pero eso ya lo sabes. Pero sigue con lo de Al. No me preguntes lo que tienes que decir. tengo una resaca de campeonato. —Calla. —Un toque de complejo de Edipo. —¿Cualquier cosa. yo siempre he creído que tenía algún tornillo flojo. El sadismo. —Bueno. Carl. Por ejemplo tu acrofobia y mi fobia a los gatos. pero acabo de darme cuenta de que soy un anfitrión de mierda. Mira. cuéntame cosas de Al Grainger. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Estaba muerto de miedo de pensar en lo que iba a hacer. complicado con su bastardía. No lo necesitaba físicamente. y casi todos tenemos algo de sádicos. me lo contó alguna vez. —Pirafobia. Pero sólo uno. lo que sea. pero sí está lo bastante cercano a ello como para hacer algo así. y mucho mejor persona. Probablemente. en alguna forma. y más de una vez le he visto dar un respingo cuando he encendido un ciga. Tenía que haber pensado en ello antes. que nosotros dos juntos. pero se había dado cuenta de que había algo fuera de lo normal. pero. —Mi opinión sobre Smiley ha cambiado mucho esta noche. Smiley también pensaba lo mismo. acabó por echarle a Bon-ney la culpa de la muerte de su madre. bueno retorcido... en cierto sentido. pero ya he tomado unas cuantas. ¿Quieres algo? —Gracias. No es que esté paranoico. Es mucho más listo. pero esta vez lo necesitaba mentalmente. lo que sea? —Cualquier cosa. Oye-. No es que Smiley sepa quién o qué es Al. Carl. Carl. y no me puedo tomar yo una. sólo que Al debe de tener algo más que los demás. No es que tengamos fobias todos. aunque uno bien abundante. Limítate a contarme cosas. Carl. Sigue.FREDRIC BROWN 143 —Sí ésa es.

O me pongo bien o me muero. —Estoy jugando. Doc. Si es inflamable o no lo ignoro. ahora que mis ojos ya se habían acostumbrado a la decreciente oscuridad. —Doc. —No. —Mi mujer tiene algún limpiador por ahí. —Maldita sea. ya podía ver a Carl claramente cuando se levantó hacia el armario y tanteó hasta que pudo encontrar la botella que estaba buscando. Quizás alguien me convierta en reina en el próximo movimiento. en este preciso momento. Así podría pintar unas rayas en los vasos y en la botella. Este tiene escrito «Peligro» con letras grandes y «Manténgase LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . quiero uno de algún tipo que no arda. y luego acercó los vasos a la mesa. ¿Tienes algún líquido limpiador? Había extendido la mano para coger el vaso. Si vas a hacer esto a menudo. voy a tener que hacerme con un poco de pintura fosforescente.FREDRIC BROWN 144 CAPÍTULO QUINCE ¡Uno. pero detuvo el brazo. Así podríamos sentarnos a jugar al ajedrez a oscuras. —Quiero un poco de uno que no sea inflamable. dos! ¡Y a un lado y a otro la hoja vorpal iba ziszas! Allí lo dejó muerto. Acabo de llegar al séptimo cuadro. rompiendo uno que le resbaló y se estrelló contra el mueble mientras llevaba a cabo el proceso. —¿Líquido limpiador? ¿Es que el whisky no es lo bastante bueno para tu gusto? —No lo quiero para bebérmelo —expliqué—. Dijo una palabrota. Carl. Cogió también dos vasos de encima del fregadero. Fue a ver. Será como una cura de caballo para mí. y con su cabeza volvió gloriofante de nuevo. Sacudió un poco la cabeza: —Repítemelo más despacio. llevándose mis cerillas y examinando las etiquetas de una hilera de botes que estaban en la alacena de debajo del fregadero. Las ventanas eran unos rectángulos gris pálido. dos! ¡Uno. parece que estás tan contento que me tomaré un trago contigo. Ya sabes lo que quiero decir. ¿Y sabes qué más haría? Podría pintar un tablero de ajedrez y las piezas con pintura fosforescente también. pero iré a ver. Encendí una cerilla y la sostuve mientras los llenaba de whisky. cuando llegue a la hilera final. y me miró. Volvió con uno y lo miró más de cerca.

Lo más probable es que concentraran ahora sus esfuerzos en las carreteras para evitar que saliera del pueblo. convencidos de que me habría ocultado en algún sitio. Ahora corría un gran riesgo. Y me fui rápidamente antes de que pudiera insistir más. Doc. y la solemne tontería que iba a hacer. Seguí por las callejas. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Manténgase lejos del fuego. —Doc. me habría dado un mamporro y me habría atado antes que dejarme marchar de allí. Nos tomamos la copa. Si hubiera adivinado ya en que follón andaba yo metido. Yo sí que tenía. Líquido limpiador. —Oye. Quizá me hagas falta entonces. espera. podrías arreglarte y vestirte. y ya no era necesario ir tanteando el camino. Pero si quieres hacer más. Tampoco le pedí una vela a Carl. pero en ese edificio no vive nadie. una botella de la que llevaba los avisos de «Peligro. pero no quería volver allí. igual que antes. Hubiera sido muy sencillo si Carl hubiese tenido la marca adecuada. El supermercado no estaba abierto todavía. De dos clases. Y el salir del pueblo era el pensamiento mas alejado de mi mente. listo a esconderme en un garaje o detrás de un cubo de basura en cuanto oyera acercarse un coche.. pero allá se fue de un solo trago. en casa. y tampoco me oyeron. Te llamaré por teléfono muy pronto si todo sale bien. ahora que había pensado mejor en ello. Ya había una tenue luz grisácea. Envolví la culata de uno de los revólveres con el pañuelo. podían verme Kates y sus ayudantes que seguían patrullando por ahí para buscarme. me llaman. ¿no hay nada que pueda hacer? Me di la vuelta ya en la puerta.» Creo que no debo tener ninguno que no sea inflamable. Eché el inflamable por un desagüe. Stoeger el pistolero. Me vestiré ahora y. Hizo un ruido tremendo. pero debían ser las cinco y cuarto.FREDRIC BROWN 145 lejos del fuego. Carl se estremeció al beber la suya. y no quería que Carl creyese que estaba chiflado ni quería tener que explicarle lo que iba a hacer. me hacía falta uno que no fuera inflamable y. pero se me ocurrió que quizá lo hubieran dejado por el momento. Pero no se oía ninguno. Carl. y rompí el cristal de una de las ventanas traseras. —No harás más que ponerte en medio. y le dije: —Ya has hecho mucho. de todos modos. Me introduje en el interior y comencé mis compras. Así que tendría que hacer una visita al supermercado. Me había olvidado de preguntarle a Carl qué hora sería otra vez.. La podía conseguir también en el supermercado. o en cualquier caso. Suspiré.» Abrí dos y olían muy parecido. Las cinco y cuarto es una hora temprana incluso para Carmel City. Regresé por donde había venido. nadie se preocupó en absoluto.

Llevaba un revólver. que dormía profundamente en la cama. una vela. para algunos al menos. Ya era casi de día. Pero dejé fuera el campo visual la mano derecha y el arma cargada. Lo que había hecho podía haberle impedido dormir durante un rato. Daba al porche trasero. También me aseguré de que no ardía. y suspiré aliviado al ver que tendría un problema resuelto. Había oído que una pastilla de jabón metida dentro de un calcetín constituye una buena cachiporra. así que podía entrar con facilidad. Si no era así. aunque si lo iba a ser o no para mí es algo que comprobaría pronto. de una pulgada de ancho. Una clara aurora gris que parecía ser heraldo de un buen día. con tres habitaciones. avanzando tres manzanas más allá de casa de Carl. si es que dormía alguna vez. Había acabado de hacer todo lo que había hecho a las dos. pero no le habría hecho pasar la noche en vela. no se despertó. Debían ser casi las seis. el cargado. Me agaché y me introduje por ella. ya que la ventana de la alcoba no estaba cerrada. Pero el trapo no ardió más de lo que lo hubiera hecho si lo hubiera empapado de agua en lugar de haberlo hecho con el líquido limpiador que olía a gasolina. Estaría dormido. Seguí por los callejones. Una casa de planta baja. y Al Grainger. Me quité uno de mis calcetines y me hice la cachiporra. rollos de cinta adhesiva. Abrí la cancela. el revólver que había sido usado como porra para matar a Miles y a Bonney. Cogí el Inver-Johnson oxidado y descargado.FREDRIC BROWN 146 y rellené el frasco con el líquido no inflamable. y no hubiera sido capaz de apagarlo. Pensé detenidamente en qué otras cosas necesitaba. cuatro horas antes. y una pastilla de jabón. La de Al Grainger. Y sin saber cómo pensé que tendría que estar dormido entonces. el jabón es lo bastante blando como para atontar sin matar. Tenía los bolsillos bien llenos cuando me fui del supermercado por la misma ventana por la que había entrado. le hubiera pegado fuego a todo el supermercado. más o menos del tamaño de la mía. Quizá hubiera estado en consonancia con todo lo ocurrido que si aquel trapo hubiera ardido. y hubiera añadido un incendio premeditado al resto de las otras maravillas que había acumulado durante la noche. sería para mi la prueba absoluta de que Al era culpable. regresando por el camino previo. eché un poco en un trapo y traté de prenderle fuego. en la mano izquierda. ni se me pasó por la imaginación dejar dinero para pagar aquellas compras. en la mano derecha y listo para usarlo si se despertaba. y fui buscándolas. no tendría la LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . No hice mucho ruido. Había pensado en hacer un experimento que si funcionaba. En aquel momento era un criminal auténtico.

—Al —le dije. Se sentó en la cama y me miró atentamente. Le dije: —Arriba las manos. Ese revólver no está cargado y aunque lo estuviera no podría disparar. podría darle demasiado fuerte. no iba a servir de nada saber que me iban a acusar de otro asesinato más. —Date la vuelta. Apartó las mantas para levantarse de la cama. y demasiado lejos como para que se arriesgase a tratar de quitármelo. Quería que viera el revólver. Estaba empezando a mover los pies hacia el borde de la cama cuando puse la mano derecha. especialmente desde una postura bastante molesta como es la de estar sentado en la cama. Me puse el revólver en la mano izquierda. Seguía mirándome pensativamente. Si no iba más que atarle. Le estaba apuntando a metro y medio de distancia. a la vista. Y le apunté con el revólver que tenía en la mano izquierda. y pon las manos a la espalda. así que seguiría adelante de todos modos. La habitación estaba todavía mal iluminada. Vi como desaparecía parte de la tensión cuando le dije aquello. Se agitó cuando se encendió la luz pero no se despertó. pero no se perdía nada por probar. pero no dejaba de probar nada. ahí la tenía. y le dije: —Este está cargado y funciona. y de nuevo a mi cara. Al. Dejó de mover los pies. y saqué la matraca improvisada que había hecho con el calcetín y la pastilla de LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . y extendí el brazo izquierdo para encender la lámpara que estaba junto a la cama. Entonces se despertó del todo. Al —repetí. Me dijo: —No seas imbécil. Llevó la vista de mi cara al revólver. demasiado cerca como para fallar si apretaba el gatillo. pero sí lo bastante cerca para que pudiera ver perfectamente el revólver a la luz pálida de la lámpara que había encendido. —Date la vuelta. empuñando el otro revólver. Al. Me daba cuenta perfectamente de lo que estaba pensando.FREDRIC BROWN 147 prueba. y cualesquiera que fueran mis intenciones. y amartillé el revólver. Me daba cuenta de cómo estaba considerando las oportunidades que podía tener. Doc. Se lo repetí: —Date la vuelta. quedándome lo bastante atrás como para que no pudiera echarse sobre mí. Me metí el revólver oxidado en el bolsillo de la chaqueta. Y si le mataba. si se daba la vuelta. Si necesitaba alguna prueba más. Se dio la vuelta. iba a machacarle el cráneo con la culata del revólver. Dudó un momento. fría e imparcialmente.

Cogí los rollos de cinta adhesiva del bolsillo y me puse a trabajar. te he dejado libre la mano derecha para que puedas servirte del papel y del bolígrafo. no había conseguido grandes progresos. consiguiendo. Me gustaría que me escribieras algo. pero la espera era espantosa. Cuando cogí el revólver de la mesita de noche dejó de intentarlo. Al? Se limitó a echarse ligeramente hacia atrás y a cerrar los ojos. Creí que lo había matado. Le amordacé la boca para que no pudiera gritar. y no le diera ni demasiado fuerte ni demasiado suave. Tan completamente recuperado que estuve totalmente seguro de que había estado fingiendo durante un rato. ponerlo casi en posición sedente. de su escritorio. Le até con la cinta la muñeca izquierda al muslo izquierdo. y le aticé. y le até las piernas juntándoselas en los tobillos y las rodillas. Así que lo dejé en la mesilla que estaba junto a la cama. El ruido me asustó. y los puse junto con mi propio bolígrafo al alcance de su mano derecha. Me miró furibundo. —Sólo quiero que escribas que mataste a Ralph Bonney y a Miles LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Te sostendré el apoyo para puedas leer lo que escribas. Elevé una plegaria para que al dar el golpe fuera con la fuerza justa. No me lo podía meter en el bolsillo porque estaba montado y no sabía como desamartillarlo sin disparar. y me agaché para buscarle el pulso. y utilicé un rollo entero para unirle el brazo derecho por encima del codo al costado. y supe que no estaba disimulando porque cayó como un fardo en la cama y se oyó un golpetazo casi tan fuerte como el primero. al Grainger nunca se levantaba temprano así que nadie le echaría en falta durante mucho tiempo. mientras lo hacía. Pero como tenía el brazo atado al costado hasta el codo. —Escucha. Y si hubiera estado disimulando podría haberme cogido totalmente desprevenido. Empecé a ponerme impaciente. Probablemente no había ninguna prisa. apoyándolo en la cabecera de la cama. folios. porque me asusté tanto que bajé el revólver. Al. Me senté cómodamente antes de proseguir. ¿O no te apetece mucho escribir. Ahora ya no tenía la más mínima prisa. Diez minutos. quizás quince. Tenía que tener libre la mano derecha. Seguía latiendo.FREDRIC BROWN 148 jabón. Encontré cuerda de tender la ropa en la cocina y lo até a la cama. ganando tiempo. Cogí una resma de papel. Estamos en el séptimo cuadro. Al. —Hola. ya estaba bastante claro fuera. Trataba desesperadamente de quitarse con la mano derecha que tenía libre el adhesivo que sujetaba su mano izquierda al muslo. Cuando volví a la habitación ya estaba despierto. Y ya no podía hacer nada más que no fuera sentarme y esperar.

Así que te sentaste en la parte de atrás. Al? No respondió. pero no lo bastante como para que me impidiese hacer lo que iba a hacer. Que te llevaste mi coche y les saliste al paso cuando volvían de Neilsville. —Supongo —proseguí—. Estaba un poco avergonzado. También se abrieron los ojos de Al Grainger cuando me puse a echarlo por las sábanas y por su pijama. Y tampoco tienes que comentar todos los detalles de cómo deshinchaste los neumáticos de mi coche para que no pudiera usarlo.FREDRIC BROWN 149 Harrison anoche. que es quien conducía. No hace falta que escribas el motivo. Me hace tener que avergonzarme un poco de lo que voy a tener que hacer para convencerte de que es muy conveniente que escribas todo lo que te acabo de decir. porque también quiero que expliques como contrataste a un actor para que se llamara Yehu-di Smith y me proporcionase una historia tan increíble que nadie me podría creer nunca. acabando por echar un buen charco cerca de una de sus rodillas para que pudiera verlo perfectamente. y puse allí con gran cuidado el trozo de vela. y la abrí. eso resulta obvio después de que todos sepan tu relación con Ralph Bonney. que con eso será bastante. o de cómo entraste en la imprenta para preparar la tarjeta con el nombre de Yehudi Smith poniendo en ella mi número de sindicato. y antes de que Miles. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Cogí la botella de limpiador no inflamable que olía a gasolina. Y también cómo se llamaba de verdad y qué hiciste con su cadáver. La habitación apestaba a gasolina. pudiera arrancar el coche. Y seguidamente fuiste hasta Wentworth place y cambiaste mi coche por el que me había llevado a mí hasta allá. le machacaste la cabeza y seguidamente se la machacaste a Bonney. ¿O quizá me equivoco en algún detalle. y si su vista era lo bastante buena. Te conocían y detendrían el coche para dejarte subir. Luego pusiste sus cadáveres en mi coche y apartaste el suyo de la carretera. —Tendrás que escribir bastante. Saqué la vela y un cortaplumas. y corté un trozo de vela como de medio dedo de la parte superior. pues se hará pública. pero tampoco esperaba que lo hiciese. lo más probable es que fueras a pie habiendo dejado mi coche fuera de vista. Tampoco hará falta que expliques porqué me elegiste a mí para cargar con los asesinatos. no me enorgullezco nada de esa parte.» Vacié toda la botella. también lo de la botella que dejaste allí y lo que contenía. Había cogido la botella de tal forma que pudiera leer la advertencia de «Peligro». Y que le advertiste que tenía que beber lo que contenía. De hecho. Alisé la zona húmeda de la cama. Al. también los tipos más pequeños que ponían «Manténgase lejos del fuego. Quiero que confieses como hiciste para que me convenciese para que fuésemos a Wentworth place.

Al? Sus ojos horrorizados pasaron de la vela a mi rostro. mirando lleno del más absoluto y completo terror. después de todo el único peligro que Al corría estaba en su imaginación. quizá creyendo en que no seguiría adelante si estaba incosciente. pero de todos modos seguí con ello. Al. pero los músculos del resto del cuerpo le traicionaban. Y estoy seguro de que un pirófobo no tendría el más mínimo interés en que le pasara algo así. mientras la dejaré encendida así que no habrás ganado tiempo con ello. Si no lo estás. consumiéndose hacia la sábana empapada. Pensé en los tres hombres que había asesinado aquella noche y aquello me galvanizó. volveré a poner la vela donde estaba. —Una pulgada de vela. Menos si te pones nervioso y mueves un dedo de la mano o del pie. Si no hubiera tenido la boca bien tapada habría aullado de terror. Empezó a escribir. Veremos si ya estás listo. Podía hacerlo con los ojos. Cogí la vela con gran cuidado y la deposité encima de la mesilla de noche. Al. encima del colchón. Le presenté el papel. y será mejor que no te muevas mucho. Tenía rígidos todos los músculos del cuerpo. pero no asintió. Fírmalo.FREDRIC BROWN 150 —Voy a encenderlo. Al? Tenía los ojos como platos por el horror cuando encendí la cerilla. —¿Estás listo para escribir. —¿Estás vestido y preparado? LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . ¿no. Quizás unos diez minutos si sigues estante tan quieto. porque en otro caso la tirarás. y de pronto se detuvo. durante un instante pensé en que se había dado cuenta del farol que me había echado. Esa vela no tiene mucha estabilidad así. estiré el brazo para coger la vela. pero inmediatamente me di cuenta de que la razón por la que no había asentido era porque tenía miedo de que el menor movimiento muscular hiciera caer la vela. Me odie por lo que le estaba haciendo. Al. Volvió a fingir un desmayo. le dije: —Ya basta. El bolígrafo volvió a moverse. mirando a la vela que ardía. Carl Trenholm debía haber estado sentado junto al suyo: lo cogió casi antes de que hubiera dejado de sonar el primer timbrazo. Después de un rato. Y creo que tienes pirofobia. Suspiré aliviado y fue hacia el teléfono. Aquel charquito de la sábana en realidad lo que haría sería precisamente evitar que ardiera. No podía relajarlos aunque con ello hubiera podido salvar la vida. si yo pensaba que se había desvanecido. Encendí la vela y volví a sentarme. Abrió los ojos de nuevo. —De acuerdo. Además.

—¿Doc Stoeger? Soy el doctor Buchanan. Sonó el teléfono y lo cogí. si aún está a tiempo. Eran las ocho en punto cuando llegué a la oficina. pero no es nada recomendable para mi seguridad que se la lleve en persona. así que probablemente no entraría en prensa hasta algo más tarde de lo habitual. teníamos una noticia que podíamos usar. Y llevaré a Ganzer para que detenga a Al. una incluso más grande que las que habíamos tenido que censurar. Me dijo que salía directamente para la imprenta para poner en marcha la caldera de la linotipia. ¿Qué tengo que hacer? —He conseguido una confesión de Al Grainger. Kates no se atreverá a disparar si estás conmigo y con Ganzer. Doc.FREDRIC BROWN 151 —Naturalmente. Quiero que llegue a manos de la ley para que sepan que soy inocente. Fue tan amable ayer por la noche respecto a no publicar nada del asunto de la señora Griswald. de su fuga y captura. Son las siete y media. —Voy para allá. que he decidido que en justicia debería publicarlo. Y gracias. Llamé por teléfono a Pete y le conté todo el infierno que había estado desencadenado y que. Miré por la ventana y comprobé que ya era de día. Pete se puso a trabajar desmontando la primera página para hacerle espacio. Tendrás que hacerlo por mí. He estado hablando con él y admite que otra persona pudo haber metido los cadáveres en tu coche. Llegaré dentro de un momento. Me senté y estuve temblando hasta que Carl y Hank llegaron. ya estamos retrasados para meterlo en prensas. Pero no te preocupes. Hank no disparará. Doc. De todos modos. ¿Pero cómo ha sido? Creí que la señora LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Me iba a llevar por lo menos un par de buenas horas escribir y redactar todo aquello. —Estaba a punto de salir. escuchará. No pasa nada. —¿Dónde estás? ¿En casa de Al? —Sí. le llamo desde el manicómio. y mucho. —Aún hay tiempo. Kates me pegaría un tiro antes de leerla siquiera. Una vez que Hank hubo visto la confesión dejó que Carl y yo le convenciésemos para que Grainger acabara de explicar lo que hiciera falta a fin de poder sacar el periódico a tiempo. por fin. Y cuando le cuente que hay una confesión firmada por Grainger. Lo eran. y no ha llegado a la oficina ni saben dónde está. —¿Y qué pasa con Kates? ¿Y cómo es que has estado hablando con Hank Ganzer? —Estuvo aquí buscando a Kates. Llamé al restaurante para que nos enviasen unos termos grandes de café puro y caliente y me puse -a dar golpes en la máquina de escribir. y quizá también alguno de sus ayudantes. Carl. Kates le dejó para volver a la oficina hace una o dos horas.

director de la fábrica de pirotécnica. Bebí más café negro. así que ya lo sabía. Creo que mi sintaxis no ha sido muy clara. Llegó el café y me bebí casi una taza de un sorbo. Lo que quiero decir es que hemos decidido que si se publica la verdad respecto a los accidentes que sí pasan de veras. —No es demasiado tarde. La noticia de lo del manicómio era breve y fácil de quitar de en medio. una a la que fuimos a ver mientras buscábamos a nuestra paciente. o quiere que se los dé? Dejé que me los diera y tomé nota y luego le pregunté que por qué querían que se publicara la noticia. se preocupara. Volvió a sonreír y acercó una silla. Le miré atentamente mientras me sonreía. así que fue lo primero que escribí.FREDRIC BROWN 152 Griswald no quería que su hija. pero no le presté atención. después de todo. Tiene una amiga aquí. servirá para acabar con los falsos rumores y los cuentos de viejas. —Muy bien. ¿Es así? —Ah. Le dije que lo entendía perfectamente y le di las gracias. —No me lo diga. seguí tecleando. la de Springfield. Ha habido rumores por el pueblo en el sentido de que han ocurrido varios accidentes. —Es un cambio de táctica. Ya ha llamado al manicómio para asegurarse de que su madre está bien. Doc. Tuvimos ayer tarde un pequeño accidente en la fábrica. Supongo que podré usar un par de líneas en la sección de anuncios por palabras. Ahora lo único que me hacía falta era. señor Stoeger. pero que hay quien supone que han ocurrido y que se ha impedido que salgan en el periódico. y luego prepararé la noticia de la sección de tracas romanas. y maldita sea que por poco me escalda la boca. publicar la noticia del paseíto que dimos Smiley y yo con los dos gangsters y cómo Smiley capturó a uno y mató al otro.. Acababa de terminar de redactarla cuando volvió a sonar el teléfono.. Ha venido para decirme que puedo. —Su hija ya lo sabe. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Se sentó en ella. que no han ocurrido en realidad. —¿Señor Stoeger? Soy Ward Howard. doctor Buchanan. siempre que el accidente haya sido en la sección de tracas romanas. Entonces se echó para atrás el sombrero y me dijo lentamente: —Pues es exactamente eso. De vuelta a la máquina de escribir. ¿Tiene ya detalles. y estuve trabajando un rato en la historia del asesinato de Bonney-Harrison-Smith. Entró el capitán Evans de la policía del estado. Es justo lo que me hace falta. Muchas gracias por llamar. y volví a ponerme con la gran noticia. y me gustaría que publicase algo sobre ello si no es demasiado tarde. que la llamó por teléfono y se lo contó todo. Así que como ella ya lo sabe. también puede usted publicar la noticia.

—Quizá usted estuviera de broma. y lo cogieron. así que ya puede publicar toda la noticia. Volví a mirarle con los ojos como platos y le dije: —Bueno. —¿No quiere el resto de la historia? —¿Qué resto de la historia? No me hacen falta los detalles de cómo han cogido a Kelley. Pero nos basta con haber metido a Kelley en el saco. Se dirigió hacia la puerta y de pronto se dio la vuelta cuando ya LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Ahora. no me diga nada más. Es algo local. aire. Se rió y se levantó. Desde mi punto de vista. Iban a pasar la noche ocultos en un escondite de ladrones y bandidos. Es un lugar aislado. —¿Eh? Pero si yo se lo decía en broma. y el punto de vista local es lo que pasó aquí.. y al resto de los que encontramos al registrar la granja de Dixon. Tengo mucho trabajo. Me dijo "Doc". Agarré ferozmente un lápiz. con George y Bat.. Sabíamos que Dixon había sido un ladrón pero nunca nos imaginamos que se dedicara a tener un albergue de reposo para tipos que querían ocultarse una temporada. —Doc. será una notita al punto de vista local. una granja de un tipo llamado George Dixon. —De acuerdo. Cogimos a cuatro criminales buscados en Chicago que estaban allí. Fuimos allí ayer por la noche. tranquilo. ¿Quiere nombres y esas cosas? Quería nombres y esas cosas. pues ya puede largarse con viento fresco. En dónde iba a poder meter la noticia era algo que aún no sabía. y con Smiley y conmigo. Gemí de felicidad. porque el resto de los miembros de la banda ya no van a acudir a la cita en aquel hotel seguramente. Doc. Y todo eso es local. Ya es bastante y estoy empezando a volverme loco. También le sacamos algo más a Bat Masters. Escribí otra frase. Telefoneamos rápidamente a Chicago. Hay algo que no le conté ayer por la noche porque era demasiado local y demasiado al rojo vivo. y por la forma en que me lo dijo aparté las manos de la máquina de escribir y le miré. y entonces le dije: —Ahora. en este condado. Puede publicar la noticia. ya es bastante con que lo hayan hecho. Evans habló un rato mientras yo tomaba apuntes y notas hasta que tuve suficiente. Y encontramos. pero yo no. cartas y papeles que nos dieron la pista del sitio donde estaba Gene Kelley. Doc.FREDRIC BROWN 153 Cometí cuatro errores de máquina en una palabra de tres letras. Han cogido a Gene Kelley en Chicago hace dos horas. y entonces me di la vuelta y lo miré. Doc. No se dirigían directamente ni a Chicago ni a Gary. en las colinas. entre otras cosas. por favor.

Llegué al bar de Smiley a las doce y media con el primer ejemplar salido de planchas en la mano. el que llevaba el escondite de bandidos. Sosteniéndolo con cuidado. Dixon. Lo puse con gran orgullo encima del mostrador. había estado pagando dinero de protección a Kates y tenían pruebas de ello. quiero volver a darte las gracias por lo que hiciste anoche. Clyde. EL CARMEL CITY CLARION. una cosa más: me acaba de llamar el señor Rogers. —Entonces es que no quiere saber cómo es que el comisario Kates ha sido arrestado. Clyde? Se rió. —Doc. —Has oído eso. Pero espera un segundo. Me dice que acaba de darse cuenta de que los Scouts van a usar el gimnasio de la parroquia el martes próximo en lugar de éste. —Me alegro que te lo tomes así. que llegó justo antes de que nos pusiéramos a cerrar la edición a las once y media. así que cantó. Pedí que mandaran más café. Oye. Si no lo has metido aún en prensa.. Y para decirte que el chico y yo hemos tenido una larga conversación y que todo va a salir bien desde ahora. Lo siento si que es que te habías decidido a venderlo. así que lo del periódico ya no interesa. va a aceptar por fin aquella oferta que le hicieron en el Oeste. espero que no sean malas noticias para tí. Doc. y si no tienes bastantes noticias. Doc. quita algo de donde sea y compon en tipos de cabecera: SE VENDE. Pete. porque he recibido un telegrama de mi hermano desde Ohio. Ya solamente hubo otra interrupción. pero conseguí decirle que incluiríamos el aviso. a las seis en punto. Así que podemos celebrar la subasta después de todo. Clyde Andrews. —Eso es maravilloso.FREDRIC BROWN 154 estaba saliendo. —Eso está muy bien. Esto es: confío en que no te hubieras decidido a vender el periódico. Salió y ya estaba a media escalera cuando le alcancé y le hice volver. Le dije a Smiley: LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . Cuando habían ido a hacer el registro Dixon pensó que Kates había jugado sucio. —Y otra cosa. Casi me ahogo al hacerlo. PRECIO: UN MILLÓN DE DÓLARES. Clyde.. y lo detuvimos justo cuando iba a entrar en el edificio de los juzgados. Y volví al teléfono. La policía del estado se dirigió entonces hacia el despacho de Kates. Voy a poner un anuncio en el periódico diciendo que está en venta. Le di un grito a Pete que estaba al otro extremo de la nave: —Eh.

cruzando el claribrillo. —Doc... Estoy medio muerto y no pruebo gota desde hace casi seis horas. Me dirigí hacia la puerta. Pero la silla más cercana estaba lejísimos. Estoy demasiado agotado para dormir.FREDRIC BROWN 155 —Lee. deja que te lleve a casa en el coche. y deprisa. Smiley. —Doc. Le vi dar la vuelta al mostrador del bar. Pero antes una botella y un vaso. La habitación empezó a difuminarse un poco. La advertencia de Smiley me había llegado al menos con medio segundo de retraso. Su voz venía de una lejanía de millas y millas. y los desliagilosos tovos girorroscaban hacia mí por la vaguaba. Mmsido madavillossso conocerle. Me tomé las tres mientras Smiley leía los titulares. Así que necesito tres copas rápidamente. LA NOCHE A TRAVES DEL ESPEJO . así que me di cuenta de que sería mejor que me fuera a la cama. siéntate y espera hasta que llegue hasta ahí antes de que te caigas de morros y te abras la cabeza. Le dije: —Buenas noches. Tengo que.