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A6 El Comercio, jueves 23 de mayo del 2013 JUAN PAREDES CASTRO EDITOR CENTRAL DE POLÍTICA

Los tres planes de Nadine
Mientras los ex presidentes Alejandro Toledo y Alan García son llevados contra las cuerdas del cuadrilátero electoral del 2016, junto a competidores menores como César Acuña, la primera dama, Nadine Heredia, observa desde las tribunas con dos ases en la mano y otro bajo la manga. Si fuera cierto, como se especula, que lo que quiere el gobierno es despejar el camino por el que debe transitar la candidatura presidencial de la señora Heredia, dependerá de Toledo y García, así como de Acuña demostrar que esa estrategia política de linchamiento pesa más que las investigaciones fis-cales que enfrentan y que únicamente ellos pueden inclinar a su favor o en contra. Paradójicamente, la otra aspirante al poder, Keiko Fujimori, aparece cada vez más lejos de los tribunales y de las causas judiciales y más cerca de la posibilidad de llegar con menos magulladuras al 2016. Claro que la manera como los corredores prematuros se acomoda en el partidor no les depara éxito o fracaso anticipado. Casi siempre ocurre que no son los favoritos los que llegan a la segunda vuelta. Lástima que lo que pasa con nuestros ex mandatarios (uno en la cárcel y los demás investigados) y con nuestras instituciones partidarias y representaciones parlamentarias (sometidas al descrédito y la desconfianza públicas) nos priva de la reserva política que deberíamos exhibir como Estado y alimenta la tentación de descalificación desde las alturas del poder. Dios quiera que la señora Heredia se sienta más inclinada a salvar el sistema político (con los defectos y limitaciones propios) y sus reglas de oro (aunque parezcan precarias) que pretender quebrarlos. De ahí que sea bueno y oportuno pensar en los tres planes que podrían estar pasando por la cabeza de la esposa del jefe de Estado. El plan A no sería otro que el de seguir enfrentando los recelos públicos naturales de la gente por su actuación cercana al ejercicio del poder de Ollanta Humala. La esposa perfecta, pero también la compañera de ruta. Ni menos ni más que eso, que de hecho ya es demasiado y se asocia a la figura de la ‘presidencia conyugal’ acuñada por Alan García.

O sea que el plan A de la señora Heredia no perseguiría otra cosa que contribuir a la culminación exitosa del gobierno nacionalista y a asegurar una normal alternancia del poder, es decir: cero injertos reeleccionistas, desde hoy hasta el final. El plan B, hasta hoy negado a los cuatro vientos pero intensa-mente trabajado en la supraencarnación del asistencialismo social en Nadine Heredia, sí podría estar incubándose con todas las características de una potencial candidatura presidencial. Es más, la descalificación del sistema político vigente y de sus tradicionales actores guardaría relación directa con la puesta en forma y escena de la mesiánica promesa de gobierno y Estado que ella encabezaría. El plan C es menos traumático: encajaría en la alternativa, como consecuencia del plan A, de una Nadine Heredia camino al Congreso, como escalón previo de maduración racional antes de tentar conquistar el poder. EL JNE A PRUEBA Podría ser el matasello ideal — Una posible candidatura de la señora Nadine Heredia podría saltarse la prohibición legal y obligar al Jurado Nacional de Elecciones a optar por la Constitución. Es como tener un seguro (hoy en día) y no usarlo, que necesitarlo (mañana) y no tenerlo. ODIOSA COMPARACIÓN La reserva que Chile exhibe — En poco tiempo Chile celebrará elecciones. El país cuida su sistema político, garantía de su estabilidad. Pero el sistema político sabe también cuidarse a sí mismo. No se expone al ridículo y picadillo, como acá. Es una reserva moral.