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Jueves 23 de Mayo del 2013

Con confianza
RINCÓN DEL AUTOR

Por: Patricia Del Río Periodista Del 85 al 90 nos gobernó el joven Alan García y su primer período estuvo marcado por la corrupción y el despilfarro. Del 90 al 2001 le tocó a Alberto Fujimori, que está en prisión por robar y permitir el asesinato como forma de poner orden. Del 2001 al 2006 llegó al poder un supuestamente pulcrísimo Alejandro Toledo, que resultó tener una hija escondida a quien no quería reconocer y hoy es investigado porque su suegra ha comprado unos bienes de manera inexplicable. Y del 2006 al 2011 nos volvió a tocar el ya no tan joven García, que parecía haberse reivindicado, pero que hoy afronta investigaciones por permitir que se indultara a una cantidad estrambótica de narcotraficantes sin mayor justificación. Entre broma y broma, llevamos más de 25 años de gobernantes que, salvando las enormes diferencias y gravedad de las acusaciones, siguen reforzando en la población el concepto de que el Estado es un botín y que se llega al poder para robar, engañar. El ex presidente Toledo, con la voz más engolada que nunca, ha tratado de echarles la culpa a sus opositores de quererlo sacar de carrera. Alan García, haciendo uso de toda la labia que Dios le dio, también responsabiliza a sus adversarios políticos de sus desgracias y jura no haber tocado un sol de las arcas del Estado. Sin embargo, más allá de que la denuncia sea utilizada como una daga política para meterle cabe al otro en esa maratónica carrera rumbo al 2016, lo cierto es que material para investigar hay y de sobra: ¿qué motivó los miles de indultos y conmutaciones de pena que otorgó el presidente García? ¿Hubo tráfico de libertades? ¿Se cobró para sacar delincuentes de la cárcel? ¿Por qué la suegra de un ex presidente hace compras millonarias en el país utilizando un sistema tan poco transparente? ¿Por qué el ex presidente Toledo

cambia de versión todas las semanas? ¿Por qué el Congreso insiste en blindarlo? Preguntas válidas que deben hacerse cuando el personaje en cuestión no solo ha sido un funcionario público, sino cuando ha ocupado el puesto que mayor poder otorga en el país y que, obviamente, no puede ser usado para enriquecerse ni beneficiarse. Quienes consideran que con estas denuncias se está devaluando la figura presidencial olvidan que esa es una institución que sufrió tremendo mazazo el día que explotó la corrupción del gobierno de Fujimori, del que todavía no nos hemos recuperado. ‘Vladivideos’, maletas con plata, extorsiones, compra de congresistas, de periodistas, de jueces terminaron por convertir ante los ojos del ciudadano, al presidente chinito de la honradez, tecnología y trabajo, en una versión corregida y aumentada de los llamados políticos tradicionales que el mismo Fujimori había jurado combatir. Somos uno de los pocos países que tiene un ex presidente preso por delitos de corrupción, entre otros. Ante una situación tan compleja y desmoralizante como esta, solo les queda a quienes hayan ocupado o vayan a ocupar el maltrecho sillón presidencial conducirse con el doble de transparencia y responder con paciencia cuando surjan indicios sobre malos manejos de fondos públicos. Y esto también va para el actual inquilino de Palacio. Ya es hora de que el pueblo peruano recupere la confianza perdida en sus autoridades, pero esto no se consigue haciéndonos los locos y dejando de investigar a ex presidentes en nombre de un perdido respeto. Esto solo se consigue demostrando, cuantas veces sea necesario y en cuanta instancia lo requiera, que la gestión fue limpia, honesta, transparente.