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ESTAMPAS DE Mí CIUDAD

ALFONSO GARCÍA MUÑOZ

Estampas mi C i u d a d
QUINTA SERIE

de

P O R T A D A : MANUEL HUMBERTO AREVALO BURGOS

1.981

OBRAS

DEL MISMO

AUTOR:

Cinco Cuentos Moderno Amor - Ensayo de Novela Nuestra Señora La Moralidad - Comedia El Médico que pretendió la Gloria - Relatos Estampas de mi Ciudad - Primera Serie Estampas de mi Ciudad - Segunda Serie Estampas de mi Ciudad - Tercera Serie Estampas de mi Ciudad - Cuarta Serie Estampas de mi Ciudad Quinta Serie

Por esto. que publicamos constantemente. Antiguo mote y finalidad de la vieja comedia era reformar los hábitos dignos de rectificación. nacido en este querido suelo. Situaciones ridículas y franca ri sa fueron armas formidables. porque burla burlando pone el dedo en las llagas soci al es y procura. a luz. en los hogares. No a todos favorece el don divino de provocar risa sin caer en la grosería y el amaneramiento. Se ha reunido esta serie de «Estampas de mi Ciudad» y salen prolijamente c o l e c c i o n a d a s . es muy difícil. con cierto dejo de amargura por las peculiaridades y miserias que trae a colación. Ahí humorista inmortal: Cervantes. decía: Castigat idendo mores.PREÁMBULO: LIBROS Y REVISTAS «ESTAMPAS DE MI CIUDAD Los lectores del d i a ri o conocen el humorismo que en las dominicales «Estampas de mi Ciudad». don Alfonso García Muñoz. s i q u i e ra con el señalamiento de ellas desde la faz r i d í c u l a algún remedio. en las ca lles. en sus distintas capas. de modo que esos brochazos. Risa muy sana la de García Muñoz. está el . gasta el escritor humorista. El género j o c o s o que además resulta docente. tomadas en el sedimento social preferentemente. en las oficinas. reflejan las costumbres populares y entrañan una sátira moralizadora. con sus diálogos se nc i l l os y g e n i a l i d a d e s . en las autoridades.

el chulla. altos y bajos. a los que no se contentan con pasar la vista sobre las entretenidas y cáusticas páginas suministrará enseñanzas que contribuyan a la corrección de las costumbres y el mejoramiento social. de lo que el pueblo usa a diario. llegan a la entraña social y dejan allí clavada su espina que la ignara indiferencia no ha notado a c a so. COMERCIO* Ecuador . Los chagras. hasta los cuadros entre sombras de Quito en la noche. Sus gritos. sin que se note el peso del magister. Sin llamar la atención. sin empeños i d e o ló gi co s. que se confunden con la mueca alegre. s a l p i c a d o de barbarismos y gracejos. como si adrede estropeara la gramática y aplebeyara su estilo. García Muñoz es revolucionario. otros centros sociales. Pasan también algunas instituciones con sus deficiencias y rutinas. además. Del fondo de esas escenas familiares.El campo y la ciudad son teatro de observación sagaz para García Muñoz. Esta serie de «Estampas de mi Ciudad» proporcionará horas amenas a los lectores. se desprende. De «EL Quito. desde el comportamiento abusivo de los caciques de aldea. el despacho público. con la pobreza de e sp í r i t u y falta de elementos. pero. en lenguaje familiar y espontáneo. cierta lección filosófica que d e s d i buja la carcajada en los l a b i o s para inclinarnos a la reflexión melancólica. con más atención a las muchedumbres. son materia de regocijada censura para el autor de esas películas que la realidad le va i n s p i r a n d o . con más cultura. con más altruismo y e s pí ri tu de trabajo y de reforma». están ahí fotografiados. Las fiestas populares —como nuestro t í pi c o y bárbaro carnaval—. el arrabal quiteño.

A. M. .A quienes poseen el don de la sonrisa. que alegra el corazón y une más a los seres humanos. G.

Porque su cinismo. tenorio y farsante. amigo de todo el mundo. Del chulla plantillero y garboso que teje su vida con engaños. De aquel que vemos por las calles de Quito saludar a las damas encopetadas con una ligera inclinación de cabeza. del chulla de la clase media. De aquel pobre chulla. Del chulla pobre.EL CHULLA QUITEÑO EL CHULLA QUITEÑO El chulla es factor indispensable en el desenvolvimiento de la vida quiteña. mientras sus labios musitan por lo bajo. vamos a tratar. Nuestras profundas y científicas investigaciones nos han conducido a la evidencia de que en Quito —joya engastada en el anillo andino—. única y exclusivamente. su inteligencia y su buen humor hacen pintoresco este valle de lágrimas que lucha y existe en las faldas mismas del Pichincha. el chulla provinciano. por ahora. contamos con tres clases de chullas: el chulla de la clase media. volcán en huelga de cráteres apagados. rico en recursos y en audacia. que tiene todavía olor a tomillo y hierbas aromáticas. su audacia. En esta crónica que estamos hilvanando con el hilo de la observación. en afán de galanteo: . y. el chulla rico. con blasones de nobleza rancia.

todos los partidos son buenos. su donaire. mentiroso y exagerado. Cuando se encuentra con un liberal manifiesta que lo único verdaderamente grande que existe en el Ecuador es el Partido Liberal Radical. pone de manifiesto sus i de al es soc i a l i st a s. se balancean sobre la cuerda floja de la conveniencia. ¡Porque es nuestro chulla! Hablador infatigable. puestas al servicio de la más pura y humana de las doctrinas. Y cuando se habla del conservatismo asegura que el Partido Conservador es el único Partido de Orden y de Ju st i c i a . Pero. se llama Luis Suasnavas Z. Y p r i n c i p i ó la v a s e l i n a a b r i l l a r en su cabeza. lanzador de bombas y anheloso de la igualdad conseguida por la fuerza. Porque ahora su nombre —que lo ostenta en tarjetas de blanca cartulina — es el de Luis de Suasnavas y Z. Su vestimenta. es comunista recalcitrante. Sabe de economía y de política. sus a p e l l i d o s han evolucionado. Cuando la vida le enseñó a ser despierto. como buen chulla y plantillero. Cuando charla con un socialista.—¡Por qué Dios la haría tan bonita y tan bien d i s t r i b u i d i t a ! _____________ Este chulla nuestro —bromista y mal intencionado— es todo un monumento que se destaca por encima de la masa ciudadana. Estudió en la Escuela de los Hermanos del Cebollar. para el chulla. Cuando habla con un afiliado al Partido Comunista. saltones y p ic ar os. su manera de andar. alma y sangre de Eloy Alfaro. Sus ideas como la de muchos hombres que no son c h u l l a s. en donde ya se le conocía con el mote de el «ojitos». Es decir que. Son algo exclusivamente nuestro. sus costumbres son típicamente quiteñas. por sus dos ojos grandes. Nuestro héroe —e x t r a í d o de la realidad misma del ambiente quiteño—. El único terno que p o s e í a se lo aplanchaba poniendo . entonces creyó oportuno cuidar de su persona.

no dejaba doméstica tranquila en todo el barrio. Y la ha enamorado tanto. asístamos a un acto trascendental: la prueba de un terno que el chulla se ha mandado confeccionar. Cholero insigne. . alegre como un pasodoble. su prosa y su afán de p l a n t i l l e a r . Quiere entrar en sociedad y en plata. olfateando un porvenir seguro. tanto la ha seguido y presionado. . que ha vendido una hacienda y algunas tierras más para comprar casa en Quito y echar prosa a los ricos. el chulla respondía: ¡E1 médico me ha recetado una cocinera para el hígado! Lucho de Suasnavas y Z. tomado de la vida misma. se admiraba de la raya magnifica que había conquistado para su pantalón.el pantalón bajo el colchón de pajilla.. En este aspecto interesante y real. quiere casarse con la hija del terrateniente. Y al día siguiente. De a q u e l l o s dineros que llegaron a sus manos a i m p u l s o s del sudor del i nd i o que regó sus campos de terrateniente bravucón y corajudo. Y de jalón fueron creciendo sus ambiciones. De un nuevo rico —Facundo Espinaca—. hasta que ha sido correspondido en sus demandas de amor. Y que habrá de darnos un ejemplo de lo que es y puede el cinismo. antes. dejó al margen las criadas y picó más alto. El nuevo rico de siempre que quiere s o b r e s a l i r gracias al caudal inagotable de sus d i n e r o s . Es en este aspecto en el que vamos a admirar al chulla quiteño. Pero. Lucho de Suasnavas y Z. ante nada se d et ie ne. Frente al espejo —en la s a s t r e r í a del b a r r i o — el chulla exa- . Cuando alguien le preguntaba por aquel afán de p e r s e guir c r i a d a s . la pl a n t i l l a y el afán de ascensión que animan al chulla que. Ahora se ha enamorado de la hija de un rico. en el que solía dormir.

. Otro s il bi do. este cuello está muy angosto. de preámbulos. le dice. porque la ha rasgado completamente. Tengo miedo de tus ojos que hablan.. Vuelve la cabeza para asegurarse que nadie le ve y tomando las manos a la enamorada. que la noche se ha quedado desnuda! Y con el frío que hace. lector. que dé a su busto la apariencia de una estatua. chullita! —¡No. El chulla se acerca a la puerta de calle. Un s i l b i d o rasga la túnica de si le nc io que cubre la noche.. Y otro —definitivo—. —¡Maistrito —dice al s a s t r e —. el chulla sale a la calle y va pensando en un saco ceñido. hacia el domicilio de su amada. —¿Miedo? Yo no sé lo que es miedo —responde el chulla. vuelve a rasgar la túnica. con paso nervioso. maistrito. lleno de algodones en los hombros. más apretado que un día sin comer.. más agudo. ¡Es decir. dice la prometida temblando como una gelatina fresca. Luis—. Solamente las ventanas son p u p i l a s luminosas. está a obscuras. Entonces.. El zaguán de la casa de Facundo Espinaca. con voz mimosa: —¡Estoy temblando de quererte tanto! —¡Tengo miedo de que alguien nos vea.. deja a la noche sin túnica. Y vamos detrás del chulla que se encamina. de tus l a bi os que solo un .mina la prenda de vestir. Basta. quiero cuello más ancho! —¡Pero si está bien. una silueta femenina asoma su perfil en el zaguán. quiero que me haga un cuello bien grande para estar a la última moda! Y luego de recomendarle especialmente.

—!Qué regio!— clama el chulla....! ¿Qué importan los b i e n e s terrenales que tiene tu papá? —Ya lo sé que nada. . porque las virtudes me atraen. porque te miro y no lo creo. Porque te creo y no te miro. Trinitica.. la llama T r i n i .. íntimamente. —A propósito. Perdóname que me estoy haciendo un lío. Luis! —¡Me interesa tu persona. Trini de mi alma? me —Porque eres bueno. —¿Por qué te alegras? — Me alegro. —¡No.. de tus manos que a pr i e t a n. L uc ho. ¿cuánto dijiste que valía la hacienda que tiene actualmente? —Quinientos mil su c r e s. T r i n i ! Qué regio! —¿Regio qué? —¡Qué regio es tenerte cerca. qué regio. ... .. ... de nombre T r i n i d a d y a quien Lucho. T ri ni t a ! No se ha corrompido mi corazón porque mi pecho es una refrigeradora! —¿ P i e n s a s hablar mañana con papá? . muy cerca de mi pecho! ¿ S a b e s por qué no se ha corrompido mi corazón... ¿cuánto valen? —Están avaluadas en setecientos mil sucres! —responde la prometida.. Y las j o y a s que tiene tu mamacita. ¿Me q u i e r e s ? —¡Siempre.. Lo cierto es que no está lejano el día en que te entregarás a este hombre más noble que cualquiera . alegre por la noticia. —¡Oh.besan.. L u i s .

—¡Qué lindo hablas. . El p a r a í s o vivir junto a ti. Luis! —Hablo tan bien y tan sentidamente sólo cuando me acojo bajo el tejado de tus pestañas... Por ti soy capaz de todo.... arrullado por el dulce canto de tus l ab io s.... T r i n i . .. Pero será el p a r a í s o . .. . T r i n i . . y por el trepidante parpadeo de tus ojazos de morocha linda. Temblaba. Eres todo para mí. Casi se 10 — ...... .... El p r i n c i p i o y el fin.. ! Achachay!.. Del resto.. . Se puso l í vi do. Pero no importa. —¿Qué te ocurre Luis? —Es el frío. Y cuánto tiene tu papá depositado en el Banco? —¡Creo que unos dos millones de suc re s!.. Te quiero. Luis? —Sí.—Es claro.. desmaya. —Trinidad! .. Hasta de derramar la última gota de la hemoglobina que tengo en mis venas.. frío.. El día que amanece y la luz que agoniza y b u r i l a su perfil en el telón del cielo.. .¿ E s t á s resfriado. Te quiero.. Porque mí corazón es. . —¿Nunca has querido a nadie? —Únicamente a mi a b u e l i t a .. decir que te amo y que ambiciono hacerte feliz. Nadie me ha picoteado el corazón. Estoy d e c i d i d o a ofrecerte mi mano.e s t o r n u d a Lucho. a ninguna m u j e r... mi amor. —¿Soy tu primer amor? —El primero y el último. T r i n i ... ¿ S a b e s ? .g r i t a r o n dentro de la casa.. . Salí sin abrigo y sólo con guantes. .. .! A t c h i s s ! .. como una descarga eléctrica. Me están temblando hasta los sueltos que tengo en el b ol si l l o del pa nt a l ón.. Esta noticia fue para Suasnavas y Z.. T r i n i . ..

Antes de entrar en acción..... el chulla se ha conseguido un par de magníficas botainas color patito. salió a la calle. Pero sus reflexiones — 11 . . s i n t i e n d o no poder tenerlos a su alcance. las butacas forradas de terciopelo. para su s adentros.. y. Esos lujos que nunca llegaron ni llegarán al hogar del infeliz —extraña paradoja—.. marchó hacia su d e s t i n o . desapareció de su vista. el piano y otros menesteres finos.. en el pelo y en la ropa. no me dejes así!. Y nuestro chulla. pero tienen el fogón frío. lector amigo. no me dejes solo. Esos menesteres que no conoce el pobre y que el proletario lo ve e x h i b i r s e en los grandes almacenes..... las escupideras de loza. en donde no tienen piano pero tienen hambre. T r i n i . Hacia la casa de su prometida. i n d i s p e n s a b l e s para la holgura del burgués c ri ol l o y del terrateniente audaz.. por último. No conocen las butacas aterciopeladas.. con la frialdad de la injusticia y con el abandono. Sus lamentaciones se fueron con el viento.. los cortinajes de seda. untó de —¡Dame un emblema nacional de tu cariño. mi mamá! ¡Hasta mañana. amargo y cruel.. se ha echado al coleto dos copas dobles de m a yorc a. Admirando la alfombra tupida. se ha puesto algunas gotas de colonia en el pañuelo. de parte de don Lucho de Suasnavas y Z..—¡Jesús. Dijo que hablar con Don Facundo Espinaca. con la p u p i l a abierta al ritmo del momento. T ri ni ! No me dejes huérfano. Preguntaron qué quería. de quienes poseen y derrochan. L u i s ! — se d e s p i d i ó y se sombras el fondo del zaguán. e sbe l t o como una palmera y optimista como un liberal. Y así. en un salón.. como un huracán. se ha lustrado los zapatos. Ya está.. en una cantina cercana. .. Llamó. Así pensó el chulla. los cuadros maravillosos con marcos dorados. contento y feliz.

. —Muy buenas tardes tenga Ud. Más carne que hueso. señor Espinel. —D i s c u l p e Ud. señor Espinara... El gesto del nuevo rico que vale únicamente por su plata.. que es mejor tener tener! Unos pasos apagados hiciéronle volver la cabeza. gordiflón y redondo como una bola de b il la r. en carne y hueso.. —¡No hay duda —terminó de reflexionar—. —Le digo que me llamo Espinaca. señor Espinosa. . Mirada penetrante.. Una gran cadena de oro simulaba la línea equinoccial en su chaleco. por favor.naufragaron ante el intento de conseguir la mano y todo el resto de una mujer rica.. que no 12 — . Paróse el chulla y con una intensa inclinación del cuerpo. caballero.. —Espinaca. saludó.. es la última letra señor —afirmó el a l u d i d o . —Mucho gusto. —Habla con Facundo Espinaca. señor? —preguntó el dueño de casa.... —¿Y qué es la Zeta? —La Zeta. . con agrio ademán.. .. ¿ q u i é n es Ud.. digo Espinaca.? —Soy Lucho de Suasnavas y Zeta. . ordinario. . —¿Con quién tengo el alto honor de hablar? —preguntó el chullita. Gesto común. Ahí estaba Don Facundo Espinaca. Era toda una alternativa la que iba a j u g a r s e el chulla p l a n t i l l e r o . porque era un hombre con vientre hinchado... . —¿En qué puedo se rvi rl e . Para lo que Ud. or de ne . a su entero mandar.

con el objeto de manifestarle que. El chulla. como suena. estoy en el fondo de la cuestión. nada de lo que me está hablando. señor. esperó la respuesta... Le pregunto qué a p e l l i d o tiene además de San Navas. r e s p i r ó . Tran- — 13 . imp o s i b l e s . a b s u r d a s . —Digo que usted debe saber.. —Bien.... nuestro Lucho. señor Espinaca. señor. a s e s i n a d o . —Bueno.. le agradeceré que vaya al fondo. Pero soy un hombre que ha sido azaeteado.del alfabeto. ¿tengo yo acaso necesidad de escucharle el diccionario que me está repitiendo de memoria? —argüyó el señor Espinaca. señor Espinaca. señor Espinaca! Y el chulla... señor. —No. asíento y dígame en qué puedo serle útil... Usted debe saber... señor. groseras. -Tome Ud.. alzó la mirada cínica de que d i s p o n í a .. tontas... ¿Y quién es el criminal? —¡Su hija. anormales... señor... conociendo como conozco a fondo.... inquietantes. .. señor Espinaca... pero está vivo todavía... —No..... —Bueno.. arreglóse el nudo de la corbata y habló de esta manera: —Me he permitido. señor mío. mancillar su casa de usted. con cínica mirada..S u a s n a v a s ... Pues me Hamo Suasnavas y Z. que la vida tiene emboscadas y esquinazos.. embestidas y desvestidas b r u s c a s . traiciones y maldades. —Yo no sé nada.. —Exactamente...

señor.. —Vamos en orden.. que usted va a tener la bondad de explicarme el motivó de su visita.. suprimirme la Y. —Oiga. —preguntó. el motivo de mi vi si ta ? ¿No lo lee usted en mis p u p i l a s abiertas..quilo y sonriente: —¿Mi hija? ! Usted es un grosero para venir a faltar a mi hija en la casa de su padre! —No.. ... —De modo y manera. De modo y manera. sino en la de su padre. señor.. claras y puras? ¿No adivina usted en mis gestos. el motivo que puede traerme a su bien situada casa? !Ah. Quitarme el De es anular mi abolengo y mi estirpe. .. lo de mi hija.. si usted fuese madre. es cortar una rama entera en el árbol genealógico de mis antepasados. pero le repito que de haber sido usted .. su hermosa hija... señor. Además.... soy hombre que ha caído como una v ic ti ma. —De Suasnavas y Z... —¿No comprende Ud. —Puede ser... señor Espinaca? —No. oiga señor —reclamó. —¿Lo de la casa de su padre. yo no tengo padre... ya hubiera comprendido la causa de mi presencia en esta su casa! —Yo. de modo que su señorita. de lo contrario. me —Usted no es más que un padre y el padre no puede comprender hasta dónde puede llegar la victima de la hija de su padre.. señor... no comprendo en lo absoluto. señor Espinaca. su bella. don Facundo— quiero que a c l a r e . c ab al le ro? con dignidad de gacela herida. y. señor Suasnavas. c a b a l l e r o . ¿Qué significan sus palabras.. no ha sido faltada en la casa de mi padre. airado...

lo de la hacienda podemos dejar para d e s p u é s .. cuestión. Entonces.. de gana también se levanta. —¿Qué tengo yo que ver con usted? ¿A qué familia se refiere? —preguntó el viejo ya principiando a sal irse del marco de su ecuanimidad. en ella: en la flor que perfuma. —exigió don Facundo. —¿Qué quiere usted aquí? —clamó... Yo. señor... su ayuda. señor Espinaca. puedo administrar una de sus haciendas. haciendo gran alarde de cinismo. pero riquísima. o lo hago d e s p e d i r con c ri a d os... Quiero ser su nuero. le voy a decir con franqueza: me permito sol i c i t a rl e su permiso para entrar en su fa m i li a. . Desde entonces..... —a c l a r ó el vejete. —¿En las mañanas? —No.la madre. su compañero.. no puede tratar mal a un c a b a l l e r o .. Siéntese con confianza —b r i n d ó el chulla. poniéndose de pi e.. —Pero siéntese. ... como el dulce de higos. —¿Y qué es lo que quiere? Dígalo de una vez. —No se sulfure. Las mujeres los —Usted me dice el motivo de su visita. Sueño en ellas.... señor Espinaca.. señor don Facundito.. en el abanico de ná- 15 .. vayamos por partes... no ha habido mañanas ni misas que no sean mías.. —Pues se lo voy a decir: una mañana la conocí en misa.. . —Vamos por partes.. ... Usted que es un hombre rico y que tiene una hija rica.. ya hubiera dado con el quid de la madres siempre dan.. —¿Qué familia va a ser? La suya. . señor. —Bueno.... don Facundo. estimado don Facundo. .

Ese cielo con zapa-titos de cristal y esa felicidad que camina. despacito... señor. Consuélate. Estoy loco. Y el chulla. adoptó una pose de hombre serio.. al escucharle.. q u i s i e r a morir. con una naturalidad sorprendente.. Porque no son más que aire los s u s p i r o s . señor mió.. Sentado en la Alameda y dormido sobre mi mullida cama. en la luz que casi no alumbra. AI fin. caballero? —Esa es ni tengo con quiero.. Púsose definitiva en el rol de padre y dijo: —Entonces. —¿Y quién es usted.. Sin de mi... lector. señor. la mano en 16 - . —¿Y quién es ella. e s p í r i t u y carne. no como ni bebo. —¿ E s t á usted loco. lanzó un suspiro que fue a e st re l l a r se contra una lámpara del salón. que entre los héroes de la Independencia del Ecuador hay cuatro Suasnavas y Z.. que la lámpara no sufrió ningún daño. Y usted comprenderá que no solo sino todo lo que sea p o s i b l e . ¿viene usted a pedir la mano de mi hija? —Si...... en el río que corre.. señor! Estoy loco.... El viejo. qué cosa! Sepa usted.. ante todo. en la fuente que canta.. Sueño en el cielo y en el paraíso. quien pasear.. Mis antepasados fueron gente noble y de abolengo. La la quiero como a la vida y a la muerte. por las calles de Quito que sienten su peso livianito como una pluma y dócil como el pétalo de una flor. adivinó. para que se atreva con mi hija? —¿Yo? ¡Hombre. ella qué será la palabra. —¿Ella? ¿No lo sabe usted? ¡Ella es su hija! Esa hermosura hecha de carne y e s p í r i t u . señor? Dígamelo de una vez! —s u g i r i ó el viejo.car que sugiere..

—Bueno. señor.? —No he tenido el gusto —dijo la veterana. Un silencio embarazoso —como de seis meses... su tía... ¿Conoces al señor de Suasnavas y Z. voy a llamar a mi señora para que se entere de su pedido. —Ven. con palabra tan displicente que irritaba más que un parche poroso. — l A h ! Creo que no pasa de los ochenta.! La mujer del nuevo rico. en una palabra.. fatua y vacía. un admirador de Ud. — 17 . —Lucho de Suasnavas y Z... —¿Qué edad tiene? —¿La ropa? —No... más o mechulla. metida en joyas —mejor las joyas metidas en ella— y con aire ducal que olía a falsedad. —¿Tiene usted alguna profesión? —Ninguna. ruge que es un contento. señor. por el momento. ¿Tiene usted padres? —No. La cabeza echada para atrás. Tengo solamente una tía que es la que me plancha la ropa. —Pero yo no he pensado en casar a mi hija. Facundo? —indagó a su marido. Quisiera ser abogado para encargarme de todos los negocios de usted.Mi familia tiene un escudo con dos torres bien altas y un león que... —afirmó el alistándose para la acometida. pero una vez casado pienso entrar a la Universidad.. al pie de ellas... El gesto despreciativo. Porque quien apareció fue una veterana.. Aurora! —gritó el viejo. —¿Qué quieres. Y no precisamente una aurora asomó en la puerta de la sala.. siéntate.

hijo —habló la señora d i r i g i é n d o s e a su m a r i d o . hizo un gesto como si estuviese olfateando un huevo chulo y dijo: —¿Usted? ¿ C a s a r s e con mi hija? ¿Con una Espinaca? —Si.nos—. no puede hacer la felicidad de una mujer? —¡Fíjate. ha venido a pedir la mano de nuestra hija! La señora Aurora. Con d e s p r e c i o.. ya no estamos en la época de los pergaminos.. Elevóse sobre el pedestal de sus sentimientos y plantándose en el nivel que tenía. quiere dar el nombre a su hija. señora: un de Suasnavas y Z. reaccionó. Un si le nc io precursor de tragedia.. Facundo. Con sátira y cinismo. —¿Una Espinaca con un Suasnavas... tosió. con voz pausada y acento hiriente: —Señora.toda una Espinaca con una Suasnavas? ¡Qué horror. ya no estamos en la época de la sangre azul y el blasón nobil i a r i o. Ahora es noble el que tiene plata y decente el que tiene dignidad. que la nobleza sirven en estos tiempos? ¿Cree usted. . Ya no valen los b l a s o n e s carcomidos ni . el señor. .. . Vivimos en una época álgida por sus luchas y por sus consecuencias. un nombre cualquiera?/ ¡ja. qué horror!.. con buen nombre o sin él... señora. miró de pies a cabeza a nuestro chulla. que el abolengo... reinaba en la pieza. entonces.. —!Aquí. que un hombre honrado no puede casarse con una mujer honrada aun cuando tenga dinero? ¿Cree usted. que un hombre digno. entonces. contestó de esta manera. ja! Y la veterana rió. ja. -¿Y cree usted señora —sentenció nuestro chulla—. señora. El chulla.

. Ahora valen los hombres por lo que son: por su inteligencia.. Triunfa.. Pero es un triunfo que huele a intereses. Pero.. ¡Hasta luego.. .. si la —¿Y quiénes son u s t e d e s ? Ustedes no son más que unos chiflados que quieren renombre a fuerza de repartir bi l l e t e s. para defender su dignidad.! —¿Atreverse usted en mi casa.! Y maldita la gracia que me hace una Espinaca cualquiera como usted.. en mi s a l ó n ? —gritó. sí.. Ahora en este mundo.. el dinero.. señora.... ¡Adiós!.. .. . el pobre chulla quiteño — alma y corazón unidos por una mentira—. algún día asomará su silueta simpática y graciosa. el sentimiento. El chulla.. fuera de veterana. p e r d i ó s e entre la mu lt it ud. Ya no es la época. señores Espinacas. el chulla salió a la calle. el sentido humano para triunfar. en un triunfo total.. por su corazón.los pergaminos mohosos. de escupir al que no tiene.... es necesario la amplitud. Y bajando la escalera como una tromba. ni de maltratar al que ha nacido pobre.. y que su hija de ustedes se case con otro igual. por su bondad. Dejando a un lado su ambición..

Si no me falla mi computadora cerebral. cómo e st ás. era algo teatral y fabuloso. que al saludarlas preguntan por la salud y el bienestar de cada uno de sus familiares. Saludar con un quiteño de cepa —para que usted lo sepa-sobre todo en la década de los 40. además. mi cholo lindo! ¿Que tal. cómo has pasado? —Muy bien cholo querido. su paisaje pintoresco y por el subi-baja de sus calles coloniales y angostas.SOÑAR NO CUESTA NADA Quito es una ciudad maravillosa. ¿Y vos cómo te sientes? ¿Doña Petrona está mejorcita? ¿Y los guaguas? ¿Ya regresó tu adorada suegra de Guayaquíl? Todo lo cual era rubricado con un abrazo estrechísimo. sugestiva. por su clima p a r a d i s í a c o —a pesar de los latigazos del frió—. sino. más apretado que un presupuesto familiar. atentas y c or di a l e s. Los dos amigos ocupaban la vereda y los transeúntes tenían que caminar por la plena calle para dejar l i bres a los dos cholos quiteños que repetían los más o 20 — . el diálogo se iniciaba menos así: —¡Hola. No solo por sus gentes. atrayente y acogedora. incluyendo hasta el gato.

cholo. — 21 . Todo esto. Entonces era el Quito tranquilo sin mucha industria. claro está. Cuando se despedían. hacían las delicias del pueblo en épocas de inocentes. sin el permiso de las respectivas J e s u s a s que esperaban al marido detrás de la puerta y con la escoba en la mano. sin mucho automóvil. unos tubos largos de cemento que reciben miles y miles de automóviles desde las entrañas de la tierra y los vomitan a la superficie. Claro que había calles empedradas y también pavimentadas. Así era en los años 40. cholo querido —decía el otro—. coches de c ab al lo y «chullas» quiteños que. disfrazados de viudas y payasos. que con su gesto autorique te a todos. pero no se conocían los puentes a desnivel que hoy nacen por generación espontánea y que son —según definición de J e s u s a —. —Hasta lueguito. — «Asomado» mismo estoy —respondía el a l u d i d o —. esbozando una s o n r i s a picaresca y devolviendo el abrazo con el 20% de intereses. que habían muerto hace cosa de diez años. se bailaba hasta el amanecer en la antigua Plaza de Toros (Calle Antepara). sol ía n decir: —Bueno. ya que en esos días de trago y «chuchaquí» d ia ri o. sin mucha gente y sin petróleo.abrazos y se preguntaban hasta por sus respectivas a b u e l i t a s. cuando Quito tenía tranvía. j u s t o al pie de un semáforo o frente a la mano de un Agente de Tránsito vestido de color naranja. mis respetos «Asomaraste» y que no seas ingrato. como los honorables u s u r e r o s . me alegro de verte gordo. después de una semana de juerga. Algo verdaderamente t í pi c o. en el Teatro Puerta del Sol y en el Teatro Popular y se retornaba al hogar todavía v e s t i d o de payaso y sin un centavo en el b o l s i l l o . Así será el «morocho» da tu mujer.

Ahora que todos los ecuatorianos debemos hacer algo definitivo por el bien de nuestra tierra. Así meditaba yo. y como su nombre está sonando constantemente en el pueblo como p o s i b l e candidato.tario. señor Corral. es por pura buena suerte. Pero. ¿quién detiene el progreso? ¿Quién ataja la boca antidiluviana de las palas mecánicas que mastican escombros y que quisieran triturar lugares y casas que constituyen la historia de Quito? ¿Quién? ¡Nadie! Si conservamos aun cuando sea en mal estado nuestras j o y a s c o l o ni a l e s. Y ojalá que ésta nos siga acompañando hasta los si gl os de los siglos. c a b a l l e r o ? —Sabe usted. Francamente me quedé asombrado. en estos momentos estamos p i s a n d o las arenas movedizas de la política. me preguntó: —¿Don Evaristo Corral? —El mismo que calza y viste —respondí con mi acostumbrada cultura. mientras tejía el crochet de mis recuerdos. Cierto es también que el hombre demasíado modesto nunca a s p i r a a nada ni consigue nada. señor Corral —continuó el p e r i o d i s t a —. me pareció oportuno 22 — . un señor se presentó en mi pieza y saludándome atentamente. Cierto que varios amigos míos conocen de mi integridad y de mis i de a s acerca de lo que podríamos hacer por la Patria. Amén. me veré muy honrado si puedo obtener de usted unas declaraciones. que soy p e r i o d i s t a y deseo hacerle un reportaje para mi revista. sin saber cómo. —Como usted no ignora. cuando. intrigado. mas parece que estuviera deteniendo el alto costo de la vida. de la cual hace mofa mi querida Jesusa— ¿En qué puedo servirle. —¿Un reportaje a mi? —averigüé.

. señor. Soy ecuatoriano nacido en el Ecuador. . —Es Ud. Lo acercó. Lo encendió. digo yo también: «soy de izquierda. ¿qué hacia — 23 . —¿Es usted de izquierda o de derecha? —Como alguna vez dijera un gran e s t a d i s t a ecuatoriano. .p a r t i d o s » . Y con voz rotunda. lo dirá la Historia. Sacó un c i ga rr i l l o. —¿Dónde hizo sus primeras l e t r a s ? —Mis primeras letras las hice en la Escuela de las Señoritas Toledo.aceptar la propuesta. Vi la primera luz. porque los partidos tradicionales están «partidos» y los de izquierda están « r e . señor. Pregunte usted que soy todo oídos.. eléctrica en la Loma Grande.. lanza el humo arriba y dice: —¿Y pudiéramos saber quién fue el ecuatoriano que lo dijo? —Eso. contesté: —Con mucho gusto. Da una chupada a su tabaco. como la pitada de una locomotora. señor.. Y mirándome a través de sus ojos i n q u i s i d o r e s . Ahora dígame. por favor.. aún están sin cancelar. siéntese. pero tengo el corazón a la d e r e c ha ». El periodista sonrí e . don Evaristo. muy prudente. bueno. entre la Mama-Cuchara y el Arco de Santo Domingo. de cambio. señor. Buscó un cenicero.. me dijo: —¿Es usted ecuatoriano? —Si. Pero El caballero tomó asíento. . en la Escuela del Cebollar de los Hermanos Cristianos y las terceras le tr a s . las segundas. —¿Pertenece usted a algún Partido P o l í t i c o ? —A ninguno.

haría usted con la Reforma Agraria? —La Reforma Agraria es i n d i s p e n s a b l e para dar t i e r r a y trabajo no solo al i n d i o medio olvidado. Aquello de nacionalizar el petróleo es muy prematuro. señor? —Una vez lista la tierra para dársela al trabajador. por cuenta de señoritos a quienes más interesa pasar muy «chévere». Pero hay que hacerla aplicando sistemas modernos. especialmente los grandes latifundios que solamente producen una mínima parte. Pero comprobando que los préstamos sean para inversión agraria y no para importar Mercedes Benz a todo lujo. sino al campesino en general. Es decir que debemos cortar las «roscas» por lo sano. s e m i l l a s y todos los implementos de labranza y trabajo. antes que hacer producir sus haciendas. —¿Y qué piensa usted sobre nuestro santo petróleo? —Primero. Claro que estos menesteres los pagaría el nuevo propietario después de la segunda cosecha y con plazos amplios para que pueda c u m p l i r l o s . La atención inmediata a la agricultura es urgentísima y hay que dar amplias facilidades para el crédito. que creo que no es tan santo como se dice y luego que hay que fomentar la perforación y concesiones de nuevos pozos en condiciones ventajosas para nuestro país. Hay que parcelar las tierras no cultivadas. se le ayudaría con una mensualidad en efectivo para el sustento de su familia. quedando grandes extensiones improductivas. El Ecuador siempre ha sido y será un país agrícola. —¿Cómo los resolvería usted. juntamente con herramientas necesarias. Pero tampoco podemos esperar a que ya no tengamos ni una sola gota para 24 — . —¿Qué opinión tiene usted sobre la cuestión agrícola? —No podemos ni debemos despreocuparnos a cuenta de que tenemos petróleo.

hacer carreteras de penetración.. experiencia y después viene la —¿Qué haría usted con las obras p ú b l i c a s nacionales? —Incrementarlas a lo largo y ancho del territorio nacional. Aprovecho la ocasión. —¿Cómo trataría usted el asunto obrero? —La situación obrera es compleja.iniciar la nacionalización. para evitar que se vaya en busca de cerveza y más distracciones nocturnas. procurar prescindir del intermediario que gana más.. en cuanto se relaciona al capital y trabajo.. caminos vecinales que acerquen la producción a los centros de consumo. lo que no ocurre actualmente. Revisar sa l a ri os.. El campesino tendría más asegurado su porvenir. mucho más que el que suda en los campos. se reglamentará el pago del treceavo sueldo en el sentido de que éste llegue di rectamente a manos de las e s p o s a s . sus brillantes ojos 25 . Esto no solo daría trabajo al obrero sino que sería muy ventajoso para aumentar el nivel agrícola.. otro —Hay un poquito más: a las familias que tengan más de cuatro hijos se les entregará una máquina de coser que será pagada a plazos muy bajos.. para manifestarle que estimo muy conveniente el que se suprima el uso de la famosa píldora para que haya libertad de «importación» de niños. Creo que esto beneficiaría muchísimo a la i n d u s t r i a nacional. —¿Nada más? —pregunta el periodista. a fin de que puedan ayudar a su marido. Pero eso si. El p e r i o d i s t a sonrí e. Primero es la ciencia. a tiempo que enciende ciga rri l l o. dice un viejo adagio popular.. Además. declarar la guerra a los «chaquíñanes». Detrás de sus gafas. li br es de impuestos de Aduana... levantar puentes. detener la inflación para que cualquier aumento salarial vaya directamente en provecho del obrero. señor periodista.

A propósito.. —Tenemos. para que este reportaje tenga cierto sabor humano. consciente y d e c i d i d o a luchar por la felicidad de los suyos y hasta de brindar su vida por el Ecuador. Así no tenemos ni un si ni un no. —Ahora voy a permitirme hacerle una pregunta relativa a su hogar. ¡Hombre.. salió de la sala y enfrentándose a los familiares. . alguien me preguntaba hace poco si yo me llevaba muy bien con Jesusa.. cuando tuvo que operar de urgencia a un enfermo. sin pensarlo mucho—. señor. Es urgente la unión y comprensión de todos para lograr un seguro porve ni r. Terminada la operación. . claro que soy muy dichoso con mis hijos y con mi mujer. esto lo voy a decir a mi m u j e r !.. Contamos con el hombre ecuatoriano como factor b á s i c o y bien sabemos que es trabajador. Pregunta: —¿ S e r í a usted capaz de dictar d i s p o s i c i o n e s de esta clase? —Ya lo creo. Tiene usted un buen sentido del humor.. ja! -ríe el p e r i o d i s t a . me preguntaron.. ¿Es usted muy feliz con sus señora e h i j os ? —Naturalmente —digo. —Gracias. señor periodista. —¡Ja. ¿Cuál es?. Pero que en e st os momentos cruciales no vaya a pasarnos lo que le ocurrió a cierto médico «de cuyo nombre no quiero acordarme».me miran con asombro e incredulidad. Soy un hombre leal con mis p r i n c i p i o s y tengo muy bien puestos los pantalones. trabajo y pan. don Evaristo —manifiesta el p e r i o d i s t a . ja. .. a lo que respondí: ya lo creo y para ello tengo una fórmula. señor p e r i o d i s t a .. señor periodista. —Muy bien. que unirnos todos los ecuatorianos para hacer de esta tierra una Patria de paz. Respondí. . yo hago todo lo que ella dice y ella hace todo lo que le da la gana. . les dijo: 26 — .

. —. . por Dios..... Sentí que alguien me empujaba y me decía: —¡Evaristo. señores.. fue todo un é x i t o ! ... —Pero qué. Oí r u i d o s . sentí un golpe tremendo en la cabeza. Palabras entrecortadas. p e r o .¡Pero el paciente ha fallecido! De pronto. .. a donde nadie me llamaba. . —clamó la e s p o s a desesperada. P i s a d a s . te has caído de la silla en que estabas siesta! ¡Ya te rompiste la cabeza por bruto! haciendo la Y era cierto: por bruto me había metido. .—¡La operación. doc t or!. Pero. ¡es que soñar no cuesta nada!.. .. s i q u i e r a en sueños.

nuestros abuelos echaban polvos de Anthea a nuestras abuelitas. Nuestros antepasados. con recias y e sc a l o friantes mojadas. Ayer. Hoy. la forma en que se jugaba hasta hace poco el Carnaval. Ayer. puertas de calle y otros sitios aconsejables estratégicamente. en muchas ocasiones. se aventura por esas calles en estos días. tenían como epílogo verdaderas tragedias. en la actualidad. Somos lo suficientemente viejos para recordar.¡VIVA EL CARNAVAL! C l á si c o y tradicional es el Carnaval quiteño. se juega igual a antaño. pero de di st i n ta manera. Hoy. De generación en generación se ha venido transmitiendo esta costumbre que se la conserva a trueque de prohibiciones pol i c i a l e s y del triunfo de la civilización. el agua del grifo —cuando no lo 28 — . se lanza agua al transeúnte que. nos dejaron de herencia un d i a b ó l i c o deseo de conmemorar las festividades de Carnestolendas. antes. que fueron locos jugadores de Carnaval. como ser ahora. como un héroe. juntamente con fina agua de colonia. Porque a rendir tributo al agua se reduce esta añeja costumbre. el pueblo se revestía de verdadera furia para salir por calles y plazas a lanzar agua a todo el mundo. Si bien. desde ventanas. de barrio en barrio se realizaban luchas furibundas que.

huevos y otras menudencias. con la navaja de barba de multas y p r i s i o n e s . con canastos llenos de cascarones. sembrando el terror y cascarones en las ventanas de las c h i q u i l l a s buenasmozas o no. el proyectil de un cascarón. el entusiasmo del pueblo que juega hasta quedarse hecho una «vela» —como dice una comadre que tenemos—. y se terminaba con champaña y otras principia a jugar a la fuerza y tiribarbaridades. tirando la coquetería de un cascarón a la dama de sus s u e ñ o s . Y la dama de sus sueños le repite el obsequio. chullas elegantes. pretende cortar. como todo un caballero. agazapadas detrás de una puerta de calle.cortan a tiempo—. Hoy. basta y sobra para mojar a los ciudadanos. y porque. abiertos a la curiosidad de todas las gentes. y el de La Guaragua. en el colmo del optimismo. en el colmo del entusiasmo. Hoy. da la seguridad de que haga blanco en un ojo de la persona a quien se la dedica. porque están carísimos. etc. las c h i q u i l l a s buenasmozas o no. se — 29 . Ayer. en lugar de «cascarones» o de «bombas» se arrojaban huevos del campo. Hoy. ambulaban por las calles los señores «bien». Hoy. paseaban por las calles de Quito. el barrio de «San Roque» se lanzaba con «agua en boca» contra el de la Loma Grande. Ayer se principiaba a jugar el Carnaval con c a s c a r o n e s . Hoy. Ayer. bajo el grifo abierto. en coches suntuosos. Ayer. todos los barrios se lanzan contra el pelotón de P ol i c í a que. la dama lanza al chulla elegante un balde de agua y lo moja desde la coronilla hasta la punta de los zapatos. y el de San Marcos contra el de La Tola. contra la Calle Larga. o sea a lo «gallo». ofrece una c r i s t a l i na tentación. El chulla agradece. asaltando a los señores 'bi e n». Ayer. no es p o s i b l e lanzar huevos. los toman p r i s i o n e r o s y los introducen en la tina de agua que. anilinas de colores que no desteñían: maicenas de marcas registradas.

entre risa y risa. hoy es día de Carnaval. —Es que echan agua desde los balcones. entre pecho y espalda. —¿Qué importar a mi? ¿ Se r Carnaval algún héroe ecuatoriano? —A mi sí me importa míster. tazas. desde las primeras horas de la tarde. Porque hombres. Los hombres ya maduros. sobre todo por las tardes. porque no tengo más ropa que la que llevo puesta —manifesté. Quien me pidió que le acompañara a hacer una gestión. Y se termina tomando un «puro». sendas copas de «puro» de Baños. o un proletario que un socialista! canelazo más Domingo. míster —r e s p o n d í . sus pantorrillas o sus integras humanidades. lavacaras. lunes y martes de Carnaval. con sendos b a l d e s de agua. —¿Y qué tener que ver ropa con Carnaval? —arguyó el gringo. disminuye el movimiento de los transeúntes. Yo manifesté: —Imposible. 30 - . tarros vacíos. pasan la tarde detrás de las ventanas «mirando los toros desde las barreras». se disponen a echar agua a las víctimas que se aventuran por ahí. me encontré con mi amigo el simpático «gringo».tando de frío. Y oye usted a cada momento: —¡Qué bruto. el agua me está entrando por la espalda! —¿No sabe que estoy con gripe? ¡Vaya a mojarle a su abuela! En los barrios. Quito es intransitable. Por una de esas casualidades que cambian la ruta de la vida. señor míster. cómo me ha de dar pues en el ojo! —¡Achachay. Y poniendo. Las c h i q u i l l a s son atacadas con bombazos que mojan sus c a b e l l e r a s . muj e r e s y niños. j a r r a s .

Mí no ser un salvaja.. nos echan agua con pi st ol a y todo. —¡Oh...... pero en cuanto nos dispongamos a andar. lo cierto es que resulta muy p el ig ro so andar calles en estos d í a s. amigo? —Yes.r e p e t í . —Mí no tener miedo. ¿Querer acompañarme.. —Salvaje. amigo? Mí gratificarte dólares. sa lí an hechos unos o ro s!. —Mí también tener pi st ol a .—¿Agua? ¿Y por qué tirar agua? ¿Para lavar el calle? —No. . qué cosa tan brotal! — Bueno. Por eso es que después de tanto polvo. míster.. mientras hacía cuentas al cambio actual en bolsa negra. abriendo unos ojos de gran t a m a ñ o .. por las Mí —Mí haber peleado en segunda guerra mundial! Mi no tener miedo. ya sabe usted lo desinteresado que soy.. porque desde chiquitos los acostumbraban a bañarse en oro. —¿Querer explicarme este cosa. míster. —¿Dónde vamos? —le pregunté.. Las gentes se lanzaban oro hirviente y oro en polvo.. mister —a c l a r é — es vieja costumbre el mojar a todo el mundo en estos días... míster. ¡Basta. —¿Y no morirse señores Incas? —No.. míster: en el tiempo de los señores Incas. ya se jugaba el carnaval. —Mí no consentir... mister. míster. . tener p i s t o l a . Es costumbre que nos legó Atahualpa. con —¿ D ó l a r e s ? . . míster. —¿Costumbre? —Yes.. ..

me dio un poco de recelo. Mi va como un caballero y nadie echa el agua. tienen veintiocho callos. con ventanas a la calle. —Podrá usted ser todo lo que quiera. a pesar de la oferta del gringo. bajo cuyo cabello se encuentra el corcho de mi despejada inteligencia. me advirtió: —¿ S a l i r en día de Carnaval? Aura has de venir con pulmonía doble y tosiendo como un burro atorado con caña seca! Pero te juro que yo no te curaré! —Míster —clamé al gringo como disculpándome. para corresponder su galantería. desde la calle. de los Andrade Thomas. el único sombrero que cubría mi cabeza. Así ¿mojarse a la fuerza? ¿Reci bi r chaparrones de agua. buscando el blanco de las c h i q u i l l a s . Figúrense us t e de s: el único terno que cubre mi robusta humanidad. al salir. Estas. Los chullas tiritaban de frío.. —No venirme osté con tonteras. —Mi ser un extranjero y no gustar este j o e g o . pasaban las horas cabalgando sobre el b r i o s o corcel de la alegría. Al presenciar el furor con que se jugaba..El gringo tenía que ir a la Loma Grande. de los Serrano. algunos chullas. mis guaguas voy a hacer este sacrificio ¡Sólo por 32 — . —Puede usted ir con toda la prosa del caso y le dejan e s t i l a n d o . de los García Muñoz. bombas.. los únicos zapatos. Llegamos al Arco de Santo Domingo. de los Morejón y de las Señoritas T o l e d o . míster. cerca de la Mama Cuchara. lanzaban bombas y cascarones a las ventanas. harina y agua. cascarones. El barrio de los Pólit. Y entre ri sa s. los echaban agua en grandes b a l d e s . que guarecen la tersura de mis pies que. apenas. de lado y lado. y sin permiso de mi Jesusa que. pero nos mojan.

. agua!. debo declarar que. —¡Hay que mojar al gringo! —gritaban. al grifo! —fue el grito de abordaje.. Era de ver la cara de mi amigo: blanqueado a medias. mientras extraía hasta de los b o l s i l l o s de mí modesto vestido. tan.. resonó en todos los ámbitos de la Loma Grande. se acordó. —Dígale una mala palabra —i n s i n u é al gringo. El gringo.. Agua! —era el grito de guerra. En las primeras c a s a s principiaron a salir los ciudadanos a las puertas de calle. De un insulto atroz.. El gringo manifestó. estaba de comerle.. —¡Agua! —¡Mójenle al gringo. deteniendo su andar y con la furia más en cendida: —¡Mi no ser un c a b a l l o.acuático!. capaz de herir una dignidad forrada con cuero de baqueta. llena de cólera. —¡Agua. E iniciamos la marcha.. Y recibimos una catarata de agua en todo el cuerpo. al fin. masticando las palabras: —¡Sinvergüenzas! agua — 33 . Y el grito de guerra de ¡agua. señorita! Por qué ser osté tan. Y con voz tremenda. por más que esquivaba los golpes de agua. las ciudadanas por tando d i v e r s o s trastos llenos de agua. Hasta que el gringo piense una mala palabra. A las ventanas. les dijo. con agua chorreando por el rostro. Y harina. nos arrojaron más agua. para que aprenda! ¡Así! —!A1 grifo. de una mala palabra.. me iban mojando mucho más cada momento. En lo que a mí respecta. Y con resolución dimos un paso al frente..

míster. se dedicó a echarnos toda el agua del caudaloso Machángara.. el agua corría hasta los talones. medio aturdido por los golpes agua que nos propinaban. se comprenderá que estábamos en plena locura. no nos cobren el doble. si a esta amenaza.. seguía en sus labios. para que nos suban el precio del café. el agua penetraba en los b o l s i l l o s del saco y del pantalón. con más fuerza. —¡Vamos. amigo —contestó. las carcajadas y las palabras sueltas que volaban juntamente con las bombas. —le echaban agua mientras le aconsejaban— para cuando nos hagan préstamos. ¡Y la pipa. Mi ser persona honorable y unos sinvergüenzas!. Pero ya nos esperaban con otras cataratas. por la espalda. por el flanco derecho. tratando de sal ir del grupo.. Colorado. por el izquierdo. vamos. —¡Más agua para el gringo! —¡Sinvergüenzas! —¡Toma. imperturbable! —Ya no nos mojen más —s u p l i q u é . entre buche de agua. de 34 — . Y. ustedes no han de creer. que nos mojan más! —grité al gringo. corría como por una cañería. buche y ser ustedes Avanzamos. se agrega comentarios hechos a gritos. Los c a rr i l l o s hinchados. con el gringo! Si a esta gritería. si a esta cantidad de agua y harina que recibíamos. para que no crean que somos e sc la vos! Al grifo. Principiamos a recibir agua por todos los lados: por el pecho nos entraba hasta el Polo Sur. por el esfuerzo que hacia para contener su s ímpetus. —Sí. y.La poblada rió. gringo. La locura del Carnaval quiteño! El míster ardía en santa indignación.

nos lanzaron agua hasta hacernos convencer de que éramos un par de p e s c a d o s ! —¡Agua para que nos mate! —¡Así. cercándonos en grupo. Sin preocuparnos de la ropa. Y quitando a los muchachos los baldes de agua que portaban. Pero convencida de que el gringo. tratando de alcanzar con su mano derecha el b o l s i l l o de atrás del pantalón. ya fuera de sí. que iba armado de coraje—. el gringo y yo comenzamos a jugar como unas fieras. en simpática y casi desnuda — 35 . reanudó el ataque. ' —¡Así lavar caballos en mi tierra. como muchos chullas nuestros. mí matar ostedes este momento! —gritaba el gringo.a ul l ó el míster. La gente que nos mojaba. Con el solo fin de desquitarnos mojando al género humano. se intimidó. me abalancé sobre mi amigo y cogiéndole de las muñecas le impedí el movimiento para echar mano a su revólver. señor gringo —se dis culparon por ahí. sin mi Al oír aquello y convencido de que el gringo iba armado —igual que yo. Ni del seguro catarro. échenle agua al míster para que no sea atrevido! —¡Osté no fregar el paciencia! Mí no ser j í b a r o ni c a b a l l o ! —Si nadie le dice que es caballo. Como se nos concluyera el agua. Y ahí fue Troya —como suelen decir los escritores clásicos. era perfectamente plantilla.—¡Mi pegarle un tiro a la señorita esa que me echa agua encima. Las inquilinas y los i n q u i l i n o s . caráspita! —¡No nos queda más remedio que jugar nosotros también! —insinué al míster. permiso! . Y. Ni de la pulmonía. —¡Sinvergoenzas. al p r i n c i p i o . corrimos a la casa de al lado.

seguramente. Varios ciudadanos y ciudadanas se alistaron en los bandos de su simpatía. 36 — . —clamó el gringo ya entusiasta— a mi estar gustándome este cosa! —¡Señorita. —¡Entonces osté saber nadar. harina y huevos. cascarones. ¡Mi ser v e n ga t i vo !. —¡No más. . gringo bruto! ¡Me ahoga! —¿Osté saber nadar? —preguntó el mister. con su corpulencia. —Yo voy contra don Evaristo —respondió una señora ya entrada en años que. que no sé nadar! —r e s p o n d í . Osté echarnos cascarón en ojo que estar haciéndose más verde que potrero. . me odiaba de manera cordial por parecerse. cerrando los ojos y esperando el momento supremo. tomaba a la c h i q u i l l a en sus brazos y zambullía su linda cabecita en un barril lleno de agua que se encontraba bajo el grifo.amalgama. —¡Al agua no. gringo bruto! —clamaba la víctima. inmensa como olla de cuartel. osté permitirme que le moje ese lindo cabecita! Y el gringo. levantando como bandera una gran olla de aluminio. —¡Al agua don Evaristo —a u l l a r o n las multitudes embrav e c i d a s . en ba rri l ! Mi no ser bruto. Y p r i n c i p i ó la guerra organizada. —¡Yo le defiendo al gringo —gritaba una muchacha. . metiendo las manos en los bo l s i l l o s del pantalón. —¡Me ahogo. con agua. en gestos y figura. a mi nunca bien estimada Jesusa. se dividieron en dos bandos. — ¡Oh. bombas.

que se juega con furor. Y pensando en la locura del carnaval quiteño. pues. antes de ir al trabajo. en compañía de mi amigo el gringo. Es que los pueblos. Y con gran cantidad de agua que echaba por la boca. Como se dice vulgarmente. Y. Y vi. a mi costilla.No hubo manera de evadirse. ¿Qué sucedía? Pues. Eso. ¡Y adentro. Abrí los ojos.. una cosa muy sencilla: después del almuerzo.. . me condujeron al barril lleno de agua. no pueden desterrar las tradiciones que llevan inyectadas en la sangre. que trataba de levantarme del suelo. como suele decir Jesusa—. de un solo zambullón! Salí del barril. en «guando». amigos. Pusiéronme pies arriba. a pesar de sentirse más civilizados —o menos «subdesenrrollados».. entre risotadas de los presentes. soñado. acostumbro hacer una pequeña siesta. Total: me había quedado dormido sobre una silla. tomamos parte en la locura del Carnaval. Había. cuando trabajo.

Mientras la ciudad duerme.COLOQUIO AL AMANECER. He contado ovejas —que aseguran que es el mejor remedio para el insomnio —. hace pedacitos la madrugada con su k i . los amigos y hasta las «conocidas». sino a «calzón quitao» —como suelen decir los entendidos—. Además. no pol ít ic o como está hoy de moda. los c l á si c os movimientos de mi Jesusa que. Sin ningún miramiento aplico a las c ost i l l as de mi Jesusa un cariñoso codazo para iniciar el diálogo. con voz aguardentosa de tenorio irremediable. para aprovechar mi falta de sueño. desocupados.r i . y nada. como decimos los i n d i g e n i s t a s . ha parcelado injustamente las cobijas. un gallo.k i utulante que nos llega desde lejos. al que se le adelantó el reloj. las deudas que no puedo pagar. lenta y sonoramente. como la reforma agraria.k i .. Es decir «llucho». Al desgranarse. Sigo más despierto que un guambra en Nochebuena. Se envuelve más en las cobijas. decapitan el silencio. me tienen despierto y casi al aire.. Y para que nada falte a estas horas de mi desvelo. Las campanas de la igle si a de Santo Domingo dan las cuatro de la mañana. trata de voltearse — como cualquier ciudadano p o l i t i q u e r o que no sabe qué . Jesusa da un fuerte re sp i r o. una serenata quiteña nos trae un pasíllo «semental» —como suele decir un compañero mió—.

porque salieron igualitos a la mamá.! cara de Me encomiendo mentalmente a Santa Marianita y con voz del más paciente de los hombres. consolarme en estos momentos de mi amargo d e s v e l o . De pronto. Siento una sacudida. ve. da una las dietas de la Luna. para Oigo un gruñido.. como si tal cosa—..camino tomar—. Jesusa reacciona. sin darme por a l u d i d o — que hijos son buenas personas? —Claro. ¿ S e r á temblor? No. es Jesusa que se da la vuelta y me obsequia dos dedos de cobija. Jesusa —hablo. se empaca más en las c ob ij as. ve... —¿Te das cuenta. dueños de sus d e s t i n o s . porque con hambre te estoy viendo. exclama ¡achachay! y me d i s p a r a : —¡O quieres que me levante para servir el desayuno.. No son ni las doce de la noche y ya me estás despertando para trabajar! —¡No grites —s u p l i q u é — que se pueden despertar los guaguas! Los guaguas son José Stalin y Marlene que duermen su s u e ñ o en la pieza de al lado. le contesto: —No. nuestros 39 . no consultan nada con los padres. Eva. desgraciado! —¡Jesusa.. y dice: ligera sacudida a su cuerpo ajeno a —iDejá dormir. es que quiero disfrutar de la dulzura de tu voz. resopla. Jesusita. —En estos tiempos —s i g o . los muchachos quieren hacer lo que les viene en gana: se sienten l i b r e s . ¡Deja dormir. O será que ya e st ás con plata y no sabes qué hacer. Los guaguas son unos muchachos crecidos que ya mismo entran a Bachillerato. no puedo dormir! —Será la conciencia.

. ya no están para el lá ti go. —Y eso que son hijos ejemplares —asegura Jesusa... . Ahora. Mientras haya una madre 40 — . . Los tiempos son d i s t i n t o s . Solo yo no he cambiado de abrigo desde hace más de ocho años.. .. .. ya no eres amoroso conmigo. por Dios. nuestros hijos hasta hace poco nos decían «mami» y «papi». si gui ó pasando el tiempo y les decíamos: «mamá» y «papá». yo creo que el mundo ha cambiado.. mientras se acomoda en la cama... a la antigua. tranquilamente—. lo que sea.. Ahora para d i r i g i r l o s se usa el s i c o a n á l i s i s . . las gentes han cambiado. —Marihuana.... arrimándose muellemente al espaldar—... Ahora. ... . oyen nuestros consejos.. fue pasando el tiempo y los llamábamos «papacito» y «mama-cita8. Después.. —Qué si c o a n á l i s i s ni qué vaina.. ya no t i e ne s plata. . Les decíamos «sumercé».. a ti te dicen «qué hubo vieja» y a mí me dicen «qué tal V i c a r i o ». . Ya parezco fotografía. —Esto es cierto —asegura Jesusa—.. hasta vos has cambiado. —Jesusa. nos dijeron «ma» y «pa». aun cuando a mucha gente. Con la una mano el pan y con la otra el l á t i go. y te voy a dar un ejemplo: antiguamente tratábamos a nuestros padres con gran respeto.. ya no tienes bigote..Los nuestros son todavía obedientes.. Por eso yo los consiento pero les aprieto la tuerca.. —Bueno. Todo ha cambiado en este mundo.. —Es que yo les he educado a mi modo. todo ha cambiado.. Qué seria de nosotros si a nuestros guaguas les diera por aficionarse a la «marijuana».. — También es cierto que todo evoluciona —continúo. este sistema no les parece bien —responde J e s u s a — —Jesusa.. Jesusa —c o r r i j o —.

Jesusa: no se dice «más mejor» sino mejor.Así es más mejor.. a que tiene derecho por estar afiliada al Seguro Social —a c l a r o —. porque te las das de inte le ct ual.que se preocupe por ellos. por Dios! —exclamo y acomodándome un poco siento que el sueño reparador se acerca—. a la orden del marido que no hace nada. Sociales o sexuales. — 41 . poniendo punto final al asunto.. Me aprieta como zapato nuevo. ¿Y qué más? —Pues me contó que está hasta la c o r o n i l l a con el economista y le ha dicho que le va a renunciar el trabajo y que le va a exigir las prestaciones sexuales por los veinticinco años de l a b o r e s . quiero decirte una cosa. deben ser las prestaciones soci al es. perora entusiasmada: —Ayer estuve conversando con la señora Rita. Pero no puedo entregarme en brazos de Morfeo porque Jesusa. El sueño me abruma como una deuda impagable. ya estás de «m a i st ro».. —A mí me dijo así.. me propone: —Evaristo.. hablar —¡Jesusa. Cierro el paraguas de los párpados. —Mejores no hablemos. que está despierta.. Una no puede con vos. por favor. dándoselas de economista j o v e n . . creo que se parecen mucho —declara Jesusa... siempre serán buenos.. Abro los ojos asustado por la noticia.. Y digo: —¿ P r e s t a ciones sexuales? Jesusa....... pero no puedo aprovechar la ocasión porque Jesusa. Más bien dicho. que tiene esa gran tienda aquí a la vuelta y que desde hace 25 años trabaja como burra... que ya tiene cuerda para rato. así lo digo... —¡Ah! —digo apenas—... Y lo que me dicen. —Así es mejor..

. que ahora mismo te llevo donde un siquiatra para que te examine. ¿querrá comprar un Mercedes. que yo adoro a mi tierra y a todo lo que ella produce. Je susa ! ¡Mejor.. Por eso es que soy feliz ante la realidad petrolera de nuestra Patria. vení que llama tu taita!». proposición de Jesusa me deja atónito. ¿Qué otra cosa puede ser? A estas horas de la vida.. me vengas con estas propuestas? ¿No has pensado que hasta Dios se puede sonreír ante semejantes aspiraciones tuyas? En esta friega económica. Jesusa ? —Vos sa bes. pero quiero tener un hijo tuyo para gritarle: «¡Petróleo. sería inmensamente feliz. Si Dios y tú pudieran darme un hijo para ponerle el nombre de Petróleo. insomne hasta lo i m p o s i ble. en esta dureza de la vida por la que estamos pasando todos los ecuatorianos. —No. averiguo: —¿Qué quieres. para reclamarle estás yo te he la 42 — . Inmediatamente pienso en plata. déjame dorm i r!. Evaristo. medio sumisa—. —Todo será. Evaristo —responde. preciosa.. . ¿no te da vergüenza que a la edad que tenemos. A esta s horas de la madrugada.quiero pedirte un favor.. petroleros o no.. medio muerto. a ver si puedo tener un hijo? —interroga Jesusa—. esta —Jesusa. ¿ S a b e s que pensado e sc ri bi rl e una carta al Presidente.. acariciando las palabras—. Y eso no es todo. vienes a decirme que quieres un hijo sólo para tener la petulancia de ponerle el nombre de Petróleo? ¡Es inaudito. así produzca desencantos. para que te examine la cabeza porque creo que loca!. sin contar con un solo centavo? Con mucha diplomacia. —¿Para que me examine. Pero te advierto —clamé con voz rotunda—. —responde..

Mi marido. El c h i r r i d o de buses que frenaban y el sonido peculiar de sus motores eran i n d i c i o s de que se iniciaba la lucha de todos los d í a s . y.parte que me toca del petróleo. P r e s i dente.. señor Presidente. Actualmente.768. me dice que este fenómeno se debe a la inflación. Los conceptos y faltas de ortografía. el pueblo al que pertenezco —clase media alta. aunque continuamente se me vive confundiendo en la cartera. se debate duramente para s u b s i s t i r . porque yo también cuando salgo a la — 43 . al fin la encontré bajo mi almohada. ¡Qué caramba. La carta. 245. La humanidad daba muestras de volver al di ar io palpitar. ¡Dios mío. como si fuese un pedazo de sueño olvidado.. Se escuchaban ya las primeras inquietudes del día.. loca de remate! Y la mañana empezó a desperezarse. Dice así: «Señor P r e s i d e n t e : La su sc ri t a que s u s c r i b e se dirige a Ud. está loca. Así debe ser. de taco alto—. despertar a los guaguas y prender la estufa. No nos alcanza absolutamente nada de lo poco que se gana.. con todo respeto y le manifiesta lo siguiente: soy ecuatoriana desde chiquita y tengo la Cédula de Ciudadanía No. Te juro que yo le es cr ib o aunque me mates. estimados amigos. yo tenía una tremenda inquietud ante la noticia de que mi adorada cost il la pretendía e s c r i b i r al Sr. Busqué por todas partes el borrador de la carta. Señor. Jesusa se levantó de mala gana para abrir las puertas al desayuno. le pertenecen. la transcribo tal como fue pensada y escrita por Jesusa. para que me c or ri j a s. antes que otros se adelanten!.. —¡Dios mío! —exclamé—. Mientras tanto. en mi calidad de ecuatoriana? Ahora mismito te muestro el borrador..

. pero muchísimas mujeres en estado interesante. . señor Presidente. o sea bajo la inflación. han perdido las esperanzas de tener hospitales y e s c u e l a s.calle he vi st o muchísimas. ayudándonos a construir una casita aun cuando sea con cuatro dormitorios y una sala y j a r d í n y garaje para el carro que algún día también tendrán que darnos. señor Presidente. en el mercado al que voy a comprar los alimentos. ¿qué no faltará en infinidad de pueblos que regados a lo ancho y largo del Ecuador. Y teniendo como tenemos petróleo hasta en el tetero de los guaguas. Que el petróleo hay que sembrarlo. pero por más burra que sea. por lo cual se necesita mucha plata para comprar pocas cosas. prestándonos plata. señor. es lo más humano. Esto. se digne or- 44 — . carreteras. caminos y hasta médicos? Entonces. h o s p i t a l e s . creo yo. Si en Quito faltan la luz y el agua potable. digo d ó l a r e s . centros de rehabilitación para que los mudos dejen de serlo y para que los s o r d o s oigan. dice que no es así. antes de que se acabe. que se las da de entendido. es decir para mejorar la vida de los ecuatorianos. que lo que el petróleo produzca en sucres y dolores. j u s t o es que se atienda el clamor de la gente. El me explica que eso de sembrar es un decir. hace bajar el poder a d q u i s i t i v o del sucre. Pero el Evaristo. . pero yo no sé como se pueda sembrar petróleo si es una cosa negra que sale de la mismísima tierra y no creo que se le pueda volver a meter en esta tierra. La carne. dándonos trabajo. el arroz. Si estamos nadando en petróleo —aun cuando no sepamos nadar—. las papas. todos los días suben el precio de las co sa s. caminos vecinales que acerquen los productos a los mercados de consumo. ¿qué estamos haciendo con el tal petróleo y lo que él produce? Por eso. Fenómeno que dice el Evaristo. señor Presidente. las legumbres viajan por las nubes como si fuesen aviones de la línea «Hambre I l i m i t a d a » . señor Presidente. . Yo no entiendo de economía. me permito soli ci ta r a Ud. se debe invertir en es cu ela s.

. Que se me dé lo que me toque.. señor Presidente... como hace todo el mundo. Yo sé que Ud.. como ecuatoriana.denar al Ministro respectivo que se me dé la parte que... JESUSA DE CORRAL-. me corresponde en este reparto de las tales regalías. por ser padre de familia.. Su compatriota. Esta es la carta de J e s u s a . Que me convence. comprenderá mi petición y ordenará que mañana mismo se hagan las operaciones correspondientes en esas computadoras —perdone Ud. para poder atender a nuestras urgentes necesidades y hasta para ir a conocer Miami y traer mercaderías para las amigas. pero no en Bonos si no en d ó l a r e s. la mala palabra—. Confío en que su claro sentido humano habrá de resolver favorablemente esta solicitud petrolera. de que las mujeres ecuatorianas son pero muy «machitas».. que dizque tienen en el Ministerio para hacer cálculos y otras cosas que parecen de magia. mucho o poco. pero que se me dé. — 45 . una vez más..

Y la 46 . Es decir.. sin las instalaciones propias de un mercado que se respete... naturalmente. Así fue como nos dirigimos al «mercado c ri ol l o». Yo. haciendo giros y p i c a d a s como un avión sin ruta ni control. me parecía a mí..... una carterita con plata para las compras y una felicidad que se le escurría por todo el cuerpo. se entreveía a uno que otro ángel que viajaba en las alturas. con unos barquitos de hielo en el fondo del vaso. Esto. Pero. De pronto. que está situado a tres cuadras de nuestra casa.. un individuo mal encarado y peor vestido.. Quemaba como la mirada de una mujer enamorada. recuerdo que cierta señora iba al mercado portando en la mano un b o l s o de cuero. Uno propone y la mujer d i s p o n e . grande y acogedor. además de una s o n r i s a enigmática que b r i l l a b a en la comisura de sus l a b i o s. Y a través de su pureza de cristal. instalado en un gran lote sin cerramientos de ninguna clase. llevando dos grandes y barrigudas canastas y Jesusa una bolsa de pl á st i c o. A propósito. El cielo quiteño estaba límpido. se le acercó y le dijo con tono brusco: «Señora: la bolsa o la vida».EL MERCADO DE LA ESQUINA Salimos de la casa con un sol canicular. Que había amanecido con un chuchaquí de los mil demonios y que tenía una sed de jugo de naranjilla.

. señora.. con canastos.. los aguacates.. con la mayor tranquilidad le contestó: «Será la vida. no hacen llorar a las cocineras. A ver.. peras p a s p o s a s . caserita. tome viá caserita. venga y le damos tres aguacates por ochenta sucres. Los toldos.. niña. naranjillas. lleve p u e s . señor. tomates.. ofrecían la mercadería en distintos tonos de voz y con letanías así: —A ver. capulí. ya que la bolsa no puedo porque me voy para el mercado»..señora. venga y compre lo mejor. parcelaban el sol y defendían del calor. Lleve. Mote de Cuenca llegado en avión.. —¡Huevos. choclos con pelo y todo!. 47 ... mandarinas. rocoto del bueno. ¡Fresas. Estas cebollas. —¡Aguacates que levantan un muerto! ¡A ver. Bajo cada toldo los vendedores —hombres. mi niña. —Lleve lechuga fresquita. —Naranjas. Se respiraba un ambiente de verdadera feria de pueblo. el mejor queso del mundo. que alguna vez debieron de ser blancos. mujeres y muchachos— que se cubrían sus cabezas con gorros y sombreros ladeados—. huevos de gallo y de los otros! —Ají picante. Antes de llegar a nuestro sitio ya se alcanzaba a p e r c i b i r el vocerío de la gente que compra y de la gente que vende. Muchísimos carros de todas las marcas estaban parqueados alrededor del lote. venga que aquí le alimentamos barato.. Amas de casa con sus respectivos esclavos —d i g o . b o l s a s y demás implementos que permiten el acarreo. c e bo l l a s legítimas. maridos— guaguas de todas las edades iban detrás o adelante de sus respectivos p a p i s . casera. —Lleve pes esta mano de plátanos de exportación. Es decir la oferta y la demanda. —Venga.

O sea que somos la consecuencia del i nd i o e s p a ñ o lizado. Para completar la algarabía de este mercado. con la eterna sonrisa un tanto burlona y otro tanto incrédula.Como se ve. el campesino. El Ecuador. —Ve —dice Jesusa. patrona.. negros y cholitos con sogas al hombro. y con el retruécano de las palabras crea situaciones de humor y de alegría. Mi marido lleva el uno y este grande llevas vos. No es exageración si decimos que el i n d i o.. ofreciendo sus se rv i c i o s para transportar a «lomo de e s p a l d a s » . desde que el petróleo salió a flor de tierra. dirigiéndose a uno de ellos— ¿ q u i e r e s llevar compras a dos cuadras de aquí? —Cuánto pagará pes patrona —i n q u i e r e . . etc. las indígena. Pero. . . Creo que la sal quiteña ya no es solamente de Quito. Alrededor de los puestos de ventas deambulan i n d í g e n a s . es un país rico con gentes p o b r e s . —¿Cinco sucres no más? No. Como la pol ítica. los r a d i o s de transistores — hermanos mellizos de los pobres— lloran t ri st e mente p a s i l l o s y cachullapis amargando aún más la c a r e s t í a de la vida. La sal quiteña es ya un atributo nacional y es contagiosa. Son solo estos dos canastos. a pesar de esta desgracia con felicidad no pierde su característica de país alegre con música t ri st e. si aura todo ha su- 48 . prefiere dormir con el radio al lado.. antes que con su m u j e r . en esta feria anda suelta la sal quiteña y se derrama como una invitación a la s o n r i s a . — Te pago cinco s u c r e s —r e s p o n d e J e s u s a —. Lloramos con pañuelo y bailamos hasta sin música. el cholo. En todas partes del territorio nacional el hombre ecuatoriano sabe sonreír. los canastos de los compradores.

no se puede patrona. La b ol si ta de mote tiene dos l i b r a s y vale sesenta s uc re s. La dueña que la ve. casera que no compra —sentencia la dueña. —Bueno. Coje un plátano. compañero —digo al i n d i o — Coge la canasta vámonos de compras. déme veinte sucres de mote. y Pongo en sus e s p a l d a s el canasto grande. El aborigen se amarra con unas sogas y p r i n c i p i a la procesión. querido aborigen.bido. lo pulsa y casi lo aplasta. —Menos de quince. calor—. que eso es delicado y ni ha de comprar siquiera! —¿Cómo sabes que no voy a comprarte? —pregunta Jesusa en tono alto. señora. —intervengo. mientras me consulta con una mirada. que esté grande y no guardado. mejor —responde Jesusa. Vamos de puesto en puesto. Paga quince sucres y te llevo.. —Calla. Así de botarate que fueras conmigo. Avanzamos. Ni que te fueras a poner g a s o l i n a .. para apurar las c osa s y acosado por el Coge la canasta. —Evaristo —grita J e s u s a — vos si que sois un bruto. ¡Casera que aplasta el plátano. mirando lo que ofrecen las vendedoras. señora. Razón que no tienes en qué caerte muerto. - 49 . Jesusa busca por todos lados. Nos acercamos a otro puesto y Jesusa pide: —Señora.. grita: —¡ C u i d a d o . Te doy diez sucres. —Casera —responde la dueña—.. —No hagas caso. Aquí no tenemos nada guardado. Hasta mi marido es fresco. señora. Aura la vida está fregada... —Es que yo conozco a las caseras. Derrochas la plata como si no te costara trabajo.

cuando los guaguas o yo te pedimos plata. dobla los billetes. Mientras nos acercamos a otro puesto.. Jesusa se queja y me dice: —¡Es que yo no he visto un tipo más bruto que vos! Comprar el mote a semejante precio. me deja el motecito quieto. te haces el sordo y te pones más nervioso que novio en vísperas. mientras abre su cartera. pero eso vale.—¡Dios mío. Yo callo. vaya tranquila que no le estoy robando.. —No. dedicándome una mirada expresiva. —Supongo que estarán las dos l i b r a s completas —habla Jesusa. No sé quien haga los bil le te s. señora —responde la dueña—. Siempre los señores son más decentes —comenta. Si quiere compre y si no. Pero. abre la parte superior de su blusa y lanza al fondo de su seno —caja de ahorros de dos usos—. —Casera. temiendo que en cualquier momento salte la li ebre. Tomo de la mano a Jesusa y se la llevo de este lugar para evitar prenda la mecha. señor —di c e la dueña.. Vos pagas lo que te pidan por dártelas de caballero. —Si no.. qué caro! —se queja Jesusa y averigua: ¿vos crees nosotros hacemos los bi l l e t e s ? que — No te metas a d i s c u t i r.. al final. —Bueno —intervengo— déme una bolsa. Pero siento que se 50 . Parezco el c lá si co convidado de piedra. a todos nos toca fregarnos. —¿Si no qué? —pregunta Jesusa ya bastante irritada. —dice la dueña— al tiempo que coge la plata. —Aquí la tiene. extrae el dinero y paga. Jesusa —le digo—..

arroz. lo examinó. Parece que estaba en su día negro.. enfilando hacia las compras t ot a l e s. J e s u s a ? una embolia ce rebral. Y para evitar digo: —¿Qué mas compramos..a s e g u r a Jesusa. aceite. cosa que iba a parar al canasto que llevaba en sus e s p a l d a s nuestro compatriota. al puesto de las frutas.una revolución en mis entrañas. que nos seguía con la lengua afuera. frutas. c e bol l a s.. papas. —Bueno -dice Jesusa—. La dueña sinti ó el alfilerazo y r e s p o n d i ó más agria que chicha guardada: —Oro no tienen. sudando como negro para medio vivir como mestizo. sal. Los aguacates verdes. azúcar. Evaristo. locro y Nos acercamos. —¿Qué más? Si nos falta todo. Cosa que comprábamos.... pues. Vamos por ese lado en busca de tomates. que su — 51 . todo fue uno. lo miró por todos los lados y preguntó a la dueña: —¿A cómo son los aguacates? -A tres por sesenta sucres —contestó la dueña. vos me prestas y me descuentas de la quincena . provocativos. un poco inquieto. el aborigen. con tono grave y despectivo. ofrecían su tentador afrodisíaco. señora. unos redondos y otros alargados. a modo de indirecta. Lo que si tienen es una pepa más grande coto! Oír esto Jesusa y ponerse como una fiera. —¿Y dónde llevan el oro? —i n q u i r i ó Jesusa. J e s u s a cogió uno. —¿ T r a j i s t e suficiente plata? —investigo.. —Si falta. ahora solo nos falta los aguacates para el los tomates que a vos te gustan.

al tiempo que cogía aguacates y tomates. pensando que la india me había reventado un ojo. no s a b e s con quien e st ás hablando. vieja infeliz. —¡Evaristo —reclamó Jesusa— no dejes que me falten al respeto. El tomate se reventó y empezó a correr por su cara el l í q u i d o rojo. —¡Más chola serás vos. Y tomando un tomate lo lanzó a la vendedora dándole en la pura cabeza. i n d i a calenturienta! . —¡Jesusa. —¡Esta i n d i a desgraciada! . —¡A ver. El aguacate se reventó y el l í q u i d o verde se derramó sobre mi rostro. Saqué un pañuelo y traté de limpiarme. ya en plena furia. Erró el d i s p a r o y me dio a mí en plena cara y en pleno ojo. vieja ballena! —aulló la dueña y cogiendo un aguacate lo tiró apuntando a Jesusa. lanzándolos sobre su enemiga. Estoy hablando con una ballena! . como sangre.v o l v i ó a clamar Jesusa.c l a m ó Jesusa. hija de tu mama! —contestó la dueña. Traté de calmarla. me di cuenta de que a mi ojo derecho no le había pasado nada. por Dios. vámonos que ya apareció el marido de esa india! 52 . ¿No te das de machito? ¡Ahora es cuando debes demostrarlo! En medio de semejante trifulca y griterío.Furibunda contestó a grito herido: —Chola atrevida. Al fin lo conseguí. —¡Chola ratera. Sentí una impresión tremenda. Entonces cogí a Jesusa del brazo y a toda máquina la obligué a retirarse del campo de batalla. i n d i a jívara! —Claro que sé con quien estoy hablando.c o n t e s t ó masticando las p a l a b r a s . fuera de si.

Lo buscamos por todos lados.Efectivamente. Y tuve unos deseos inmensos de correr a un baño. Había d e s a p a r e c i d o robándonos las compras... Jesusa comentó. — 53 . Todos lo comentaban de d i s t i n t a manera: —¡No aparece un chapa ni para remedio! —¡Qué cholas tan tremendas! Una no puede preguntar nada porque ganas de matarnos. Me sentí pequeñito. acomplejado. Aproveché este brevísimo tiempo para alejarnos y desaparecer entre la gente que se había formado en corrillos para presenciar el incidente.. Yo. nos acordamos del in di o de los canastos. un hombre gordo y fornido llegó a todo correr y se acercó a indagar el motivo de la pelea. después de correr como dos cuadras. —¡A este mercado no vuelvo nunca! —¡La violencia está en todas p a r t e s ! Al llegar a la esquina. hubiera tienen Yo callé. entre lágrimas y gemidos: — Todo nos pasó porque vos sois un cobarde. matado a esa i n d i a desgraciada. Presentí un gravísimo impacto emocional. en tu lugar.

COSAS DE SEMANA SANTA Cuando en la Escuela estudiábamos aritmética. caen sobre nosotros el momento menos pensado. son las que van minando nuestra salud y nuestra vida y poniendo hilos de plata sobre el azabache de nuestros cabellos. 54 . la te rr ib le regla de tres nos parecía la operación más complicada: el problema capaz de hacernos perder el año y la cabeza. El problema de la carestía de la vida. Y nos aplastan. el problema del desempleo. Es la nieve de la experiencia que va cubriendo nuestra cabeza. Y de los gordos. son i ns i g nificantes. hasta convertirnos en peleles. sin misericordia. el problema de la contaminación ambiental. ahora que afrontamos la vida y que nuestras esperanzas —como los acordeones—. como si dijéramos un par de zapatillas viejas. como las gripes y las deudas. De la experiencia. Pero. al lado del problema de no tener ropa para levantarse de la cama. víctimas de sus caprichos y de sus d i a b ó l i c a s incógnitas. sabemos de otros problemas más complicados todavía. Los problemas. se inflan y desinflan al ritmo del vivir. que no es otra cosa que el dolor del pasado convertido en amargura del presente. Aquellas tragedias íntimas de las que nadie sabe. Este si que es problema. (Los calvos son los únicos mortales que se l i b r a n de este tributo capilar).

le diga a mi Jesusa: ¡Te quiero como a mis za patos v i e j o s!. para pagarlo. Jesusa se echó un cabezaso financiero: empeñó en otra casa de empeño. y nos llevan por la vida hollando los caminos nuevos que nos ofrece la esperanza. . que. Un número completo. s i l e n c i o s o s . según ella. porque el vendedor urgía más que una operación de a p e n d i c i t i s. Pero no pasaré adelante sin referirles el dolor inmenso que me causó la venta de a q u e l l o s zapatos viejos. Y sigamos el hilo. tuvo que empeñar el «veintiúnico» terno de este pobre mortal. Y. por i n s e r v i b l e s ! Con razón que en mis arrebatos de amor conyugal. . Lloran por sus ojos raídos abiertos en las punteras. a pesar del mal dormir de mi estimada pariente. soportan el peso de nuestro cuerpo y el de nuestras m i s e r i a s . Y cuando nosotros lloramos. . a fuerza de sufrir y a fuerza de su ambular continuo y fatigoso... a de abajo.Jesusa compró un número de la Lotería. sino a cumplir con mi trabajo. Con ese dinero y con el logrado mediante la venta de algunos pares de zapatos viejos y de otras c osillas. que saben de nuestras andanzas sin rumbo y que son testigos mudos de nuestro cotidiano fatigar. Ellos conocen las rutas de nuestra pobreza. Con una plancha eléctrica pedida a la vecina Jesusa me dejó el terno listo para l uc i rl o. pero no en c a l i d a d de protesta como ahora se usa. ellos también lo hacen. quise salir a la calle aún cuando sea en paños menores. me inspiraron siempre un amor profundo. Porque los zapatos viejos. En consecuencia dormí tres días con sus respectivas noches. Con sol o con lluvia. la boleta que amparaba mi terno. le incomodaban en la casa. El día miércoles —en plena semana santa—. ¡Zapatos viejos: tenéis la muerte lenta y dolorosa de las cosas que amamos y dejamos de amar. El único terno con que cubría mi delicada humanidad. redimió mi terno y pude levantarme. 55 ..

porque vamos donde mi comadre Susana. sin que ella se diera cuenta. tan suavecito que casi necesitas de una grúa. sil Decirles a los guaguas que arreglen los cuartos. De reojo la miraba. Jesusa p r i n c i p i ó a introducirse en las medias y poco a poco las fue subiendo: primero. d e s p u é s de hora y media "de espera. —Bueno. Cuando ya las tenía muy cerca de la cintura dio un tirón hacia arriba y se sacudió como quien sacude un saco lleno de papas. pintura azul en los párpados.. haciendo luego una trompita de perrito faldero. pintura rojo-p á l i d o en los l a bi os. porque las medias me entraron suavecito. Frente al espejo cumplió su cometido: depilación de cejas. tratando de meterse prácticamente en las medias. la pierna izquierda y después la derecha. ya estoy lista Evaristo —manifestó Jesusa. mi mujer se arregló para concurrir a la invitación. Dio dos saltitos para que las medias se encajaran en su pesada humanidad y dijo: —Parece que me he enflaquecido. Dos o tres veces se humedeció los l a b i o s con la lengua. —¿No se te olvida nada? —¡Ah. Jueves Santo. —Si. Al día siguiente. Parece que le faltó la r e s p i r a c i ó n por tanto esfuerzo y r e s p i r ó como un fuelle. Y luego. principió la orquesta sinfónica: Marlene lloraba a moco 56 . Y vi una verdadera gimnasia sueca.pesar de que tiene uno que otro remiendo en las partes escab r o s a s . nos muy Tan pronto como advertimos a los muchachos que íbamos a salir. Jesusa inició la operación mediaspantalón. movió las caderas de lado a lado. —r e s p o n d í . mientras yo leía el periódico. Quería presentarme decentemente en casa de unos compadres que nos invitaron a la clásica fanesca.

Qué pena. . fuera de sí. que nunca me da una gripe!. Ya en la calle. . Greta. nos — Así. dejaron de llorar y dijeron: —Gracias. como quien acompaña una música rock. y mejor chillemos sentenció. se tiró de los pelos y gritaba. que no hay como el tratar a los guaguas? —¿Y con qué plata vamos a comprarles todo lo que les ofreces? —No seas de m a goga . no les traeremos helados.. Jesusa. llegamos a la casa de nuestros compadres. sí que estás buenamoza. se puso a golpear una mesa. amigablemente —c o s a muy extraña entre marido y mujer—. José Stalin pataleó. —me contestó—. Los guaguas cambiaron de tono. ni es Santa palabra.. Salieron a re- — 57 . no poder llevar i los guaguas donde mis compadres —añadió dando un s u s p i r o que se fue derechito hacia los c ie los. —A mi no me vengas con indirectas —clamó J e s u s a — porque yo no tengo esa enfermedad. —Te fijas Evaristo —sentenció J e s u s a —. . digo o r g u l l o s o . Jesusa. ni las revistas de m o ni t o s. los gritó: —Si siguen fregando la paciencia. ¡ Vámonos. decir. —Desde chiquita. — ¿Llevar a los guaguas a una invitación de fanesca? ¿Quieres que hagan rodar las gradas? —Es que vos eres muy espumoso. grosero y ya veremos de donde sacas la p l a t a ! ¡ Decirme demagoga a mí. pastas. mami... Total: la catástrofe. . quizá con el aire juguetón que corría. tino para pregunté. —s a l i ó quejándose Jesusa. Se hizo el sil enci o..tendido... cambiamos de carácter y le dije a mi mujer: —Caramba..

una con Será el —Se dice «crem». Qué feliz me siento en su casa —i n d i q u é . Rodolfo —corrigió la comadre Susana a su marido. como siempre. mi comadre . —Sabe. —Mi compadre Rodolfo. —¿Y por qué no los trajeron? Oír esto mi mujer y lanzarme una mirada como diciéndome: «¿No te dije. Entramos. que nuestros guaguas tuvieron invitación a almorzar con los hijos del Ministro. Se comentó que 58 . Y pensando que decía «cuánto busto». Ustedes. —Vaya. comadre Susanita —r e s p o n d i ó Jesusa.a c e n t u ó . ayuno de los días santos —comentó. Una vez sentados. cuánto gusto! Mi mujer oyó mal. Parecía una hemorragia incontenible de buenas maneras. compadritos —nos pidieron. —Pero entren. Los abrazos y saludos menudearon con su acostumbrada repetición. venga déme un abrazo. usted sólo de repente no más se asoma. r e s p o n d i ó : —No crea. Susana era hija de un profesor de flauta.cibirnos a la puerta de la calle. comadre Susanita. la conversación giró sobre lo que se habla todos los años en estas fechas: sobre los Monumentos. —Compadre Evaristo. Nos recibieron en una salita bien presentada.t o d o fue uno. vaya. desgraciado»?. relacionados la crema de la sociedad. abrazando a mi compadre con efusión digna de mejor causa. entren. cuánto me alegro. . lo que explica su conocimiento de la lengua. —¡Comadre Jesusita. —Así no más.. —¿Y los guaguas? —preguntó mi comadre. más bien estoy flaca en estos días.

cada año. no pasaban de simples iluminaciones. Gracias compadre. que llenaba la Catedral con los católicos que oían. Evaristo me llevó en el automóvil a visitar todas las Igle si as de Quito. con igual pompa y con igual esmero. quien vino al mundo para anticiparse a todo lo humano y lo d i v i n o —. se entiende! —Bueno compadre —i n v i t ó el amigo Rodolfo—. La comadre salió. Y se comentó sobre a q u e l l o s acontecimientos r e l i g i o so s que el tradicionalismo quiteño los conserva a través de todos los tiempos y los practica. en la puerta de la sala. Pero era necesario hacer creer que teníamos automóvil. también del sermón de las Tres Horas. pero. creo que debemos tomarnos una copita de abre boca! —¡No gracias —se anticipó a decir Jesusa. acentuando la palabra—. se presentó la cocinera y dijo: —Oiga un ratito. a b s o r t o s . De repente. Evaristo no quiere! —¡Si quiere! —dije. para que nuestros compadres no crean que somos cualquier cosa. ña Susana. que antaño estaba a cargo de magníficos oradores sagrados. que ahora. Jesusa y yo no salimos los días santos ni a pie ni en automóvil. —El año pasado -habló Jesusa—. ¡Qué maravilla! ¡Qué aplomo para mentir! Dizque hemos sa l i do en automóvil y no tenemos ni s á b a n a s . entre los que se destacaba el Canónigo Escalante. Y pudimos escuchar que decía a la cocinera: 59 . Esto se llama el arte de vivir !De vivir de puro p l a n t i l l a s.los Monumentos eran famosos antes. su palabra elocuente. Todo lo cual obedece al cambio de Liturgia. Se habló.

—¿ P e r o no dijiste que sa bi a s hacer fanesca? —Si « p e s » . india bruta. Qué agilidad teníamos t o d o s . nos explicó que no se dice fanesca sino «juanesca». Jesusa. llorando como la viuda del soldado desconocido. pero de otro modo. hacía tajaditas de zambo y de zapallo. comenzamos cada uno nuestra labor. A propósito de este potaje criollo. aventaba las ollas a toda máquina. Además. me dediqué a picar cebolla. Y a mi que se me hacía la tonces. comadrita —r e s p o n d i ó remedio si queremos almorzar. ahora que estoy sales con esa media mecha. se llevaba uno que otro a la boca. La comadre Susana desgranaba choclos a toda velocidad. Mi compadre. pelaba chochos y. llamado Juan. el más desgraciado de la familia. Vamos a la cocina y entre todos haremos la fanesca. —Gracias. con gran disimulo. S u s a n a — No nos queda otro En grupo bajamos a la cocina. Y nos explicó que sabía hacer fanesca. —Calla. ¡Pero vaya usted a creerle a la comadre Susana! —¡Lucrecia —gritó la comadre— vos aplasta las papas para 60 . Jesusa. Yo. que es bien instruida. Trabajábamos en equipo. comadre. ¿Y ahora qué hacemos? Entró la comadre más brava que un brazo parecía una pierna de mar. como suele decirse en estos t i e m p o s . tan hábil para todo. calla. En —No se preocupe. La cocinera. le propuso: con invitados me de mar. amigos. era un gran cocinero y fue el inventor de la fanesca. ya que un hermano del Convento de Santo Domingo. Sentados en sendos caj o n e s . la comadre Susana. era las once de la mañana y recién estábamos principiando la confección de plato tan complicado como es el de la fanesca. niña. entre tanto. Y p r i n c i p i ó nuestro martirio de «comerás con el sudor de tu frente». Mejor: la cocinera no boca agua.

—A ver.. quien no —Claro. Caray. choclo. Rodolfo.c l a m ó mi c o m a d r e . ve. por momentos. Bonita cosa.. dale para que pique más cebolla.el «mólog»! —Vea. Se iba aumentando. ve. Lo que sobre hemos de utilizar en el locro de mañana. chochos. convertidos en cataratas. Lucrecia. Seguíamos afanosos en nuestro trabajo. ¡Suerte la de algunos! —¿Dónde p u s i s t e los huevos Rodolfo? —preguntó Susana. Me .querían hacer picar cebolla para toda la semana.. Desagua el arroz. —¿Hay más c e bo l l a ? —pregunté. pone a endurar los huevos que te dará el Pero pronto que nos coge la noche. zapallo y todo aquel surtido de granos para la fanesca.a c l a r ó la Lucrecia. porque este —Afílale en la piedra de moler el ají —le ordenó mi comadre. —¡Acaso soy gallina para poner huevos! —r e s p o n d i ó mi compadre. — Sí. compadre Evaristo teme una navajita para seguir cuchillo está bien bronco. —me p i d i ó el compadre— prés cortando el zambo. compadrito. al tiempo que me secaba los lagrimones que brotaban de mis ojos. —¿Vamos a hacer arroz con leche? —averiguó mi mujer. de lo contrario no valdría la pena.. 61 . habas. Lucrecia . —Ya voy «pes» niña. Lucrecia.— Peto los que compraste ayer. a una le cargan todo! Primero voy a hacer el «augado» para la fanesca. como quiere la cosa. niña . están en esa canasta colgada en la pared. comadre. hecho el gallo. la cantidad de fréjol. zambo.

62 . también olvidan sus promesas de virtud. casi no he comido nada! Con este bendito almuerzo terminó para nosotros la Semana Santa. Jesusa me dijo: —¡Acordándome de mis guaguas. Nos sentamos a la mesa y. dos de «mólog» y dos tazas de arroz con leche. ese mar profundo y misterioso en el que todos navegamos. es que no hay remedio!. siempre le digo que se haga ver de un médico porque su falta de apetito es sintomática. con fruición y con hambre. Los ricos con su puerto seguro y los pobres. ¡Púchicas. Mi Jesusa estuvo sin apetito: re pi t i ó cuatro p l a t o s. cada año. sin barca y con los guaguas hasta la coronilla. Es la vida. La Semana Santa en la cual los hombres conmemoran.. el sacrificio de Jesucristo. v i s i b l e mente arrepentidos. como el vaivén de las olas. Cada año los hombres lo ven morir crucificado y tratan de enmendar sus errores. de regreso a casa. Pero cada año. amigos. sin puerto.. bebimos algunas co-pitas de «puro» para que los granos no nos sentaran mal. elevan al hombre hacia el mejoramiento o lo hunden en la degradación. atacamos la fanesca. Molieron el ají afrodisíaco y provocativo.La leche ya estaba dando sus primeros hervores.. Ya estaba desaguándose el pescado bagre. En el trayecto. Es el eterno fluir de las pasiones humanas que. Pobrecita. Y como todo llega en la vida. llegó el momento de almorzar. Al terminar el almuerzo.

en busca del almuerzo. Como mi adorada Jesusa está haciendo la dieta de moda para guardar la línea. Entré resueltamente. con la mano en la cintura. respondía. Escenario: el corredor. El sol quema como un sinapismo. con igual ironía. con maravillosas p i n c e l a d a s . como cualquier ciudadano que se precia. Para contemplar el siguiente cuadro que.DUELO ENTRE CABALLEROS Son las doce en punto en el reloj del Palacio de Gobierno. lanzaba sus vocablos con el veneno de la ironía hacia el dueño de la casa que. Yo. da dos o tres vueltas sobre su eje. las indirectas y directas de J e s u s a. con dirección a sus hogares. en el extremo del mismo corredor. Las gentes empiezan a movilizarse desde la Plaza Grande. Llegado que hube a la puerta de la casa. alcancé a oír un griterío ensordecedor. desafiante como una Juana de Arco. me tiene a ración de hambre y con más verduras que un c a b a l l o. — 63 . lo d e s c r i b o a ustedes. Se abarrotan los b u s e s porque es la hora «punta». El gallo de la Catedral. me dirijo a mi casa para el frugal almuerzo. frente al departamento que ocupamos. aprovechando un soplo de viento. Jesusa. como para refrescarse de la canícula.

el ataque. —¿Va a asaltar algún banco. señor —grité al ser tocado en lo más s e n s i b l e del alma—. Marlene y la cocinera formaban la parte integrante. Que. —¿Y qué va a coger su marido? —Mi marido tiene que coger plata. porque el mes tiene cinco sábados. 64 — .. para quienes viven de trabajo.. al verme. en unión de José Stalin. se robusteció. cada día. comprenda que más de quinientos sábados que me está pagando! ya son el — ¡ F a l s o —t e rc i ó Marlene—. — ¡ Sepa y entienda. Voy a de c i rl o de un tirón: el dueño de casa estaba reclamando los tres meses de arrendamiento que le debíamos. como no ha sido b i s i e st o. en las casas pobres y humildes que tienen que sufrir por falta de los medios ne c e sa r i o s. —Ya le digo. so pedazo de sinvergüenza —aulló Je susa— que Evaristo tiene que coger plata y que le pagará el sábado! ¡Y no friegue más! —¡Pero. señor. del dueño de casa. que el d í a sábado tiene que coger mi marido.. Con mi llegada. E inauditas s o r p r e s a s también. No era más que este pequeño disparate. cuando el año es bi si e s t o y ahora. un tanto. del empleo oficial. ¿Qué sucedía? Lo que sucede. ya llegó ño Evaristo! ¡Aura hágase machito! —¡Ya vino papá! —fue el grito confiado de los muchachos. Lo que ocurre en los hogares que carecen de fortuna. En contra. señor. naturalmente.Mi costilla. no asalto bancos! —¡Ele —clamó la cocinera—. se si nt i ó respaldada y reanudó la carga: Porque Jesusa. señora —r e p l i c ó el dueño de casa—. señora? — ¡No. tiene alcances i n a u d i t o s .

son doce sábados en tres meses! —¡Con mi ñaña no se meta —t erci ó José St alin —, porque sabe matemáticas que usted! más

—¡Sepa, señor - c o n t i n u ó Jesusa—, que ya estamos también buscando piezas porque hay muchos ratones en estos cuartos.... ¡Y a lo mejor Evaristo me compra una r e s i d e n c i a en el Norte! terminó Jesusa, dándoselas de café con leche. —Sea lo que sea, señora, ahora me pagan los meses c a í d o s del arriendo o no me muevo de aquí! —Cipriana —gritó Marlene a la cocinera— pásale una silla al que tome a si e n t o. —Si, dije yo- háganos el favor de sentarse, señor. ¡Porque va mucho esperando que le paguemos el arriendo! —Usted no es el zoquete que viene a hacerse el machito, so respondióme el dueño de casa, ya bastante i r r i t a d o . señor a para

cansarse — ya

infeliz

-¡Y usted no le grita a mi e s p o s o , so sinvergüenza —clamó Jesusa, fuera de sí.

—¡Yo no comprendo cómo hay t i po s sinvergüenzas en el mundo! -habló el 'dueño de casa. —Y yo no comprendo - d i j e - como hay i di ot as en la vida! —¿Eso de i di ot a s es a mí? —i n q u i r i ó el dueño de casa. —¿Y eso de sinvergüenzas es por Jesusa? —pregunté, sacando fuerzas de flaqueza. —¡Alto ahí, señor —r e c a l c ó Jesusa—, yo consiento todo menos que me digan sinvergüenza. Y usted sale ya mismito de mi casa! —¡No señora! —a c l a r ó el dueño— si la casa es mía Y los que salen son ustedes, tramposos, mal educados, gr os e r os. . . .

— 65

—Los groseros somos nosotros.... digo, usted! respondí, más bravo que un perro dogo con pedigrí. —¡Ahora mismo les arrojo los cuatro trastos a la calle! —nos amenazó. —¡Nosotros queremos dejar su departamento, porque es muy sucio y muy mugre como usted! —dijo Jesusa, en el colmo de la r a b i a. —¡Los sucios serán u st e d e s ! —r e s p o n d i ó el dueño—, con la voz muy alterada. ya

Yo, como ustedes comprenderán, soy muy valiente. Pero, como es mejor prevenir que curar, me retiré prudentemente, plegándome junto a Jesusa y a los vecinos que estaban de nuestro lado. Cuando ya estuve a prudente distancia, grité: - ¡ U s t e d no ha sido un dueño de casa racional, sino un tirano! Comprenda que los se re s racionales no podemos vivir con los dos litros de agua que usted nos permite sacar del grifo. Comprenda que los se re s racionales no podemos prohibir el jugar a nuestros hijos. Comprenda que eso de que los chicos escriban con carbón en las paredes es p r o p i o de niños. Comprenda, por último, que no le pagaremos ni un centavo de a r ri e n do. . . . !Y sepa que está hablando con el siete machos! - g r i t é fuera de mi, mientras me temblaban las piernas debajo de los pantalones. —¡Viva papá! —clamaron mis hi jos, mientras los vecinos alzaban brazos en señal de apoyo a mis p a l a b r a s . —¡Pobre desgraciado! —díjome el dueño de casa- ¡En este rato ustedes a la calle! -¡A ver, acérquese m a r i c a ! - desafióle J e s u s a . -¡Si estoy desafiando al marica de su marido, al sinverse los van

66

güenza de su marido, que tiene pagar el arriendo!

para

beber en

las cantinas

y

no para

—¡Mi marido hace bien en beber! El no es ningún marica como usted. Y en lo hombrecito que es él, si no le bebe la sangre en este rato es porque está agripado. Creí muy conveniente toser. T o s í . Me demostré sumamente enfermo. Pero hablé: —Ustedes, los dueños de casa, a cuenta de que tienen unos sucres, no consideran la situación de los pobres.... ¡Son unos canallas y abusivos; son seres que no tienen corazón, ni alma, ni n a d a ! . . . . —¡Usted será el canalla, so atrevido—! —El sinvergüenza soy yo.... digo, ust ed.... —manifesté medio turbado ya porque el t i po se me iba acercando. —Donde le toque un pelo a mi marido, le parto el «celebro», me Jesusa. defendió

—Si, desgraciado —ratifiqué—. donde me toque un pelo, Jesusa le parte la masa encefálica. — La masa encefálica dónde también tendrá este desgraciado.... Lo que haré es rajarle la cabeza —aseguró Jesusa, en plan de verdadera pelea. Acudían más vecinos a la puerta de calle. Curiosos y asustados presenciaban el acontecimiento. Como el tipito aquel del dueño de casa fuese acercándose a mi con negras intenciones, y como viera, además, que los vecinos estaban formando grupo en el patio, se me encendió la dignidad en el candelabro de mi conciencia. No sé si fue el temor a que me digan que soy una gallina, lo que me impulsó a obrar. Pero es lo cierto que, en presencia de más de doce vecinos, a grito herido dije:

— 67

—Usted, so canalla —dirigiéndome al dueño de casa—, ha injuriado a mi señora, a mis hijos y a la santidad de mi hogar santo. Usted, por el hecho de tener plata, ha pisoteado nuestra dignidad que es digna y más limpia que cualquiera. Sepa y entienda que soy un caballero. Y como tal, no voy a ensuciar mis manos.... —Es que puedes lavarte después —me i n d i c ó oportunamente. José Stalin, muy

—Y, como caballero que soy —continué— no voy a ensuciar mis manos obsequiándole unos cuantos puñetazos, ni haciéndole rodar las escaleras de esta casa que es mía.... —¡Es mía, señor, muy mía! —De esta casa que es nuestra, entonces, para ponerle fuera. Pero como caballero que soy, ¡Jesusa —pedí— préstame uno de tus guantes! —¿Para pegarle con el guante? —averiguó. — Pásame un guante, Jesusa, no importa que sea derecho o izquierdo. Ya en p o s e s i ó n del guante, seguí: — Como caballero que soy, correspondo su injuria con esto: Y ¡zas! le di con el guante en plena mejilla. ¡Le había desafiado! —¿Con que es usted el marica que me desafía a duelo? Acepto, so desgraciado, para hacerle comprender que soy bien hombre. —Pero hijito —rogóme Jesusa,— si vos nunca has tenido buena puntería.... —¿Y los hijos que tengo, Jesusa? —Si no digo por eso, sino porque....

68 —

me habían dado en la Peluquería. —No hay tal.. — Mejores con jabón. en la mañana. que es menester de padrinos para ambas partes. —Mis padrinos serán los señores Robustiano Piñones y Juan vecinos míos que están aquí p r e s e n t e s. que lavo con sangre.. señor —expresó el dueño de porque me basto sol o. de un —¡Yo no necesito de p a d r i n o s .. —¡Que lavo con sangre las injurias viles de un hombre vil! Escoja usted las armas: la pi st ol a . 69 .. casa—.—Déjame concluir: los hijos que tengo. —¡Si. Desgraciadamente. el sable o lo que le dé la gana.. del primer garrotazo le mata al viejo dueño de casa —comentó José Stalin.. acogiendo mis i n d i c a c i o n e s . debido a la turbación que me embargaba resulta que la tarjeta no había sido mía. papá?— preguntó Marlene. Jesusa. Y la extendí. porque el Marqués de Cabriñán d i s p o n e en su Código de Honor.. niño —me aconsejó la Cipriana. Los aludidos agradecieron. —¡Y ahora mismo nombro mis p a d r i n o s ! —¿Tenemos algún bautizo. y Portilla.. dirigiéndose a un amiguito que encontró entre los v e c i n o s . sino una de propaganda que. usted nombra padrinos conforme dice el Marqués de Estupiñán o le rajo el alma! —gri t ó Jesusa. guiñándome un ojo. señor. —Con la puntería que tiene papá. serán fieles testigos de que soy un hombre valiente. so infeliz. Se trataba de un honrado zapatero hábil mecánico.. ¡Aquí tiene mí tarjeta!. el palo de escoba. la cuchilla. el cañón.

—Yo creo que a unos mil p a s o s . por si las moscas. No g r a c i a s . Llegó la valeriana. —dijo el dueño de casa. ahora mismo en la taberna te e s p e r o con la punta del a c e r o!. porque aún cuando nervioso. hombre.. para matarme. hicimos entrar a la sala a los p a d r i n o s . Y si quieres. . 70 . —¿A cuántos pasos será el d i s p a r o ? . Temblaba de escalofrío. anda a la cocina a limpiar todos cuchillos por si acaso necesite papá. . infeliz. pedí a Jesusa: —Ve. los —Mañana. es mucho. que acuciosa me trajo Jesusa. —No. dame una agüita de valeriana. Y con mi consiguiente nerviosidad. Terminado el incidente. . —¡Mañana. Renuncio al duelo porque no quiero ser criminal —sentencié.. . Me la tomé de un trago. respondí. so desgraciado! ¡Ahí veremos cuál de los dos es más hombre!. Fui muy aplaudido. a quince p a s o s . le espero en la cima del Panecillo. también.—Cipriana —ordenó José St a l i n —.— mañana estaré a esa hora en el sitio i n d i c a d o .p r e g u n t a r o n . que en el primer d i s p a r o puede Yo tengo mucha confianza en su puntería. —r e p l i q u é . matarlo. no estoy —Si. valga la franqueza. a las seis de la mañana. .. don Eva —dijo uno de los p a d r i n o s — es menester que tiemple bien sus nervios para que mate a ese canalla que lo ha injuriado.. temblándome las piernas. Con diez p a s o s es suficiente. lanzándome una mirada cargada de pólvora. Y de miedo. . —Yo creo —aseguró el otro—. hijita.E n t o n c e s . —Sufi c i e nt e. con tres d i s p a r o s .

— Pero ese buche que dice doña Jesusa no nos caería mal. —¿Un «buche»? Ojalá quieran fiar en la tienda de la esquina. que los c a b a l l e r o s de verdad van a los desafíos a duelo presentados elegantemente. recordóme Jesusa con simpáticos empellones. De un valor extraordinario. Y aseguró que si me pasaba algo. siendo como es usted caballero.A h o r a no hay otro remedio. pero fijo. s a l i é n d o s e por la tangente. 71 . Jesusa se secó una lágrima. tendrá que presentarse muy bien vestido. me había acertado un tiro en pleno corazón y que me había muerto de contado.. Con media botella calmé mis nervios. un Recordé. Porque las muertes a crédito salen muy c o st os a s. daba diente con diente. bufanda blanca de seda y zapatos de charol. Y creo que. ni a t i r on e s. Me vestí a la fuerza. dadas las circunstancias. Ni nada. ro di ll a con rodilla. Me sentí fuerte. A la mañana siguiente. a las cinco y media. fijo. hijita —a c l a r é — sino al sombrero de conocido entre nosotros con el nombre de «buche». cuando en la mitad de la noche me pasó el efecto del licor. . ¡Qué miedo tenía! Me levanté a la fuerza. —¿Puedes tú conseguirme un «buche».-Si con uno que me den. pelo. Yo no voy. Pero no.i n q u i r i ó Jesusa. Quieres una botella entera o media botella no más? . entonces. basta y sobra -clamé —. que le mataba al dueño de casa con revólver o sin revólver. con uno que otro beso aprovechado. De una excelente puntería. pierna con pierna. chaquet bien largo y ceñido. No quise café. —No me refiero al trago. Fue basta. Jesusa? —pregunté a mi c o s t i l l a . Sólo que. Y soñé que el bandido del dueño de casa. gracias.

luego de un constante fatigar. Ahí había estado esperando el dueño de casa. Al despedirme de Jesusa. Nos cruzamos los s a l u d o s de e st il o. . Y yo partí con los padrinos.. Ella me dio mucho valor. La mañana estaba triste. limpiándome las lágrimas. al despertarse. Bastante afectados por lo que iba a suceder. Y al Panecillo se ha dicho. (Lo que no sucede con J e s u s a ) . hubo lloro largo y tendido. Los chicos me dieron muchos be sos.. que es una mujer de arranque y con las pretensiones que se gasta había empeñado unas j o y i t a s suyas para alquilar las prendas que yo necesitaba para el duelo—. hermosa. . El sol no salía todavía. De manera que combatimos el frió. Acompañado de su mujer y de seis hi j os. Al ver la agrupación me entró más miedo en el alma. Mis padrinos pregun- 72 — . llegaron los p a d r i n o s . Las calles. o «buche». hacia el lugar en que habría de demostrar la fiereza y el coraje de mi e sp í r i t u. Llegamos a la cumbre. cuando son llenas de curvas y de aquella hermosura peculiar tan simpática como quiteña. Y se las supone arterias rectas. Y la nerviosidad. Porque pensé que si el bandido no me mataba del primer d i s p a r o . vi st as desde la cima del Panecillo. Para iniciar la ascensión al Panecillo. la familia se echaba encima mío y me hacía p a p i l l a. pierden un tanto su tipismo irregular. o sombrero de copa —porque Jesusa.. En la tienda de la esquina matamos el gusano con un trago doble. Se veía la ciudad de Quito.En momentos en que me ponía el sombrero de pelo. Al extender sus brazos perezosos para i ni c i a r su vida y movimiento di ar io. tomamos tres copas más. También vestido de caballero. como un gorrión apedreado. Seguramente estaba entretenido entre las faldas del Ic hi mbía..

—Son las únicas p i s t o l a s que tenia mi e s p o s o . qué susto! Podemos principiar a matarnos. —Tome cada uno su pi st ol a y venga acá en el e s p a c i o que dejan estos dos á r b o l e s — fue la última de las instrucciones. señor Morales —d i j e al dueño de casa. Parecen p i s t o l a s de la independencia... ya d e c i d i d o a todo. —Bueno— ordenó uno de los padrinos—. —Como yo he sido el ofendido —reclamó el dueño de casa— a mi me toca elegir el arma. señora? —¿Qué motivo? ¿Por qué ha i n s u l t a d o a mi marido? —Si yo no le he dicho nada.. —¡Púchicas. Contestaron: —Ahí Efectivamente. —¡Eso lo veremos! —grité... —¿Qué motivo he dado a usted. Mi mujer fue la que le i n s u l t ó . qué grandes no serian que las hablan llevado dentro de un estuche de vi ol í n. haciendo un porque — 73 . se protestó. Yo le mato a este con mi p i s t o l a — recalcó. señora.. está haciendo mucho frío. francamente asustado—. podemos p r i n c i piar. —Vea. —i n d i q u é yo.taron al adversario si había traído las las tienen. r e s p o n d i ó la mujer de éste. hecho el gallito. señor. —Pero éstas no son p i s t o l a s de reglamento—. s e ñ o r e s. —Pero es i m p o s i b l e batirnos con e st as p i s t o l a s. p i s t o l a s . que si usted no se bate con mi marido yo le tiro de los pelos y le arrastro hasta matarle— me aclaró la señora del dueño de casa. señora. —Sepa. mientras escogía una de las p i s t o l a s.

puedo matarlo. ¡Vamos! Puestos a veinte p a s o s de distancia vi muy de cerca la muerte.. con algún otro desgraciado? —¡Coja la pi st ol a y vamos al campo del honor! — Pero si ya estamos en el campo del honor. sino por consideración a usted. —Bien sabe... por mi abuela. —r e s p o n d i ó — Las injurias se lavan con sangre. cholito.. —Coja la pistola. todos vivos y con un apetito tremendo. mi señor Moralitos . le juro que todo lo que dije. y déjese de miedos. al fin. bien sabe el afecto que he —Ahora no me haga acuerdo de nada.i n s i s t í . —A mi no me importa nada. señor Moralitos. antes de darme la e s p a l d a para hacer el que pude el 74 ... por su mamá y hasta por su abuela .. con muchos hijos... que siempre le he querido.. Coja su pi st ol a. —Con sangre. Yo.. —Pero. No hubo forma. señor Moralitos. considere. —No. digo. —Ahora no hay vuelva luego. a ver si se le ablandaba c o r a z ó n . —No es por miedo...intento más para evitar la tenido a su familia. que yo también soy padre de familia.. Si le mato. ¿No le parece que puede volverse a casar... —Vea. le juro por mi mamá. . catástrofe—... .. Bien sabe que Jesusa es volada. lo dije sin intención.. Coja su pistola... se manchan peor. Y no la sostener... Por última vez. que no he... El bandido. Resuelto ya a morir. su señora se quedará huérfana. tomé la pistola. señor Moraliticos. señor Moralitos. Y no hay j a b ó n limpie......... —añadí—.... señor Moralitos..

Cómo temblaba de miedo! —S e r í a más conveniente —pedí— que contaran s i q u i e r a hasta ciento. No pude oír el fatídico ¡tres¡ porque como un resorte salté y me puse detrás de un árbol.... Y de pronto.. como quien apunta a un pajarito.... algo caliente me goteaba como si estuviera lloviznando. —No.. — Si el código no da más de tres. Yo hice lo p r o p i o . Pero me temblaba la mano y no podía sostener el arma.. por hacerte el valiente! —me dije interiormente. ¡Púc hi c a s! Cómo sudaba. — Y. Siquiera hasta cincuenta. — Temblé.. ¡Qué coincidencia! En el minuto pr e c i s o de gritar !TRES¡ los 75 . —Pero tres tiempos es muy poco. Ya no podía soportar martirio semejante. frente a mí. Uno de los padrinos gritó: —Señores. sentí que por entre los pantalones.. me apuntó primero con su gran pistola. señor. Cerrando el ojo izquierdo y atinando la puntería. el calibre por el cual habría de salir la m ue rt e . —¡Una! —clamó el p a d r i n o . Pido que se inicie la contada. él también hacia lo p r o p i o . al tiempo que yo me guarecía detrás de un eucalipto. —¡Dos! —g r i t ó — Volví a temblar.. Veía. ¡Toma. Ya no podía sostenerme de pie. Estaba a punto de desmayarme. ..giro c lá si co. Lo que sí me llamó la atención fue que mi contrincante.... se ponen de frente y se disparan al mismo tiempo. Al decir tres... . escondiendo su cuerpo para no ser herido por mi bala fratricida. voy a contar hasta tres..

con hacerse el gracioso! Era el cuadro más cómico que pensarse puede. Asomaba mi enemigo la punta de la nariz y ¡pun! un tiro. gritaban alarmados: —¡Cuidado que estamos aquí! —¡No d i s p a r e s . Los padrinos. Y era de vernos. otro tanto: mostraba yo la punta del pie y ¡pun! otro tiro detrás del árbol. Como un trueno.. para hacernos blanco. Mi contrincante. detrás de un árbol. apreté el gatillo de la pi st ol a.dos nos habíamos e s c o n d i d o . Que. siempre detrás del árbol.. Los padrinos y familiares que ya no podían sostenerse en las ramas de los á r b o l e s. como se comprenderá fácilmente. Manuel. Ante el estruendo del arma. por esconderme más. para evitar una desgracia. en igual forma. por Dios! —¡No sean tan salvajes! —¡No se maten. Yo. El. sin querer. Manuel. Y gritaban. los padrinos y los familiares de mi enemigo. por caridad! Como las cápsulas se habían agotado y los presentes ya 76 — . se ñores! Era de v e r l e s. la mujer y los hijos de mi contrincante. gritaban: —¡Ya no más t iros. d e s e s p e r a d o s : —¡Ya no d i s p a r e n más! —¡Por Dios. don Evaristo. pretendía hacer blanco en mi cuerpo. llegaba a cien metros de distancia del sujeto. se subieron a los árboles. acuérdate que eres taita de seis guaguas! —¡No se maten con tanta crueldad. Sonó un d i s p a r o . resulta que. como un solo hombre. que vas a matar un guagua! —¡Cuidado. Pero. Nos buscábamos.. me apuntaba con la pi st ol a. Y nos buscábamos el cuerpo para dispararnos las armas.

que salga ese primero! —¡Pero vea. una idea se ha prendido en mi cabeza. Tanto i n s i s t i e r o n. don Evaristo. hijita. Saludamos. —¡Pero ve. Porque se anuncian dos más que constituirán una verdadera demostración de caballerosidad. tanto porfiaron.no escuchaban d i s p a r o alguno. ¡Y sobre todo. Bajaron de los á r b o l e s . mientras p i e n s o en el retorno al hogar.. Nos cruzamos una inclinación de cabeza como en los tiempos del medioevo. nada tiene que ver con sus pantalones.. — 77 . si quiere que salga que me mande pistola! la Al fin. salga no más que ya no tiene tiros! —¡No gracias —r e s p o n d í — . creyeron que nos habíamos ases i n a d o mutuamente. ¿qué pensará de mi? Aun cuando creo que la valentía de un hombre. Y más graciosa todavía: ninguno de los dos queríamos salir de nuestros respectivos refugios. como un foco de cien bujías: cuando mi Jesusa aplanche. el día de mañana. el honor y la hombría de bien caballerosa y altiva. Después de cumplir con el deber que impone la dignidad. Mi desafío a duelo.. mis famosos pantalones. de magnifica puntería! Pero. Manuel. que terminamos por salir. «salí» no más. Y nos separamos. Y cosa graciosa: nos encontraron vi vo s. porque ya no te van a hacer nada! —¡No. no será el único. como verdaderos c a b a l l e r o s . desde luego. Muy altivos.

el cacique de aldea. De las ventajas del libre pensamiento. el montuvio «etá fregao con ese 78 . En los pueblos del litoral. Como ustedes habrán notado por el claro preámbulo que precede. en consecuencia. Del triunfo del derecho. en las poblaciones de la Costa y de la Sierra. A esos funcionarios que ejercen las atribuciones de su cargo —sobre todo en aquellos lugares distantes de las cabeceras cantonales— con abuso de autoridad. Sin embargo. me refiero a los Tenientes Pol í t i c os.CACIQUES DE ALDEA Sin embargo de la conquista de la civilización. un extracto de dominador. Y resulta. Sin embargo de haber llegado a la luna cabalgando un satélite. Claro que en este pícaro mundo hay de todo. A despecho de cuantos pretenden combatirla para que la libertad se expanda como un perfume y sea r e s p i r a b l e la atmósfera para todos los ciudadanos. De la reivindicación a que a s p i r a la mujer para lograr su completo dominio sobre su compañero de fatigas. Del avance de las doctrinas soci al es. Funcionarios honestos y funcionarios que no lo son. El que encarna el mandato. llamado hombre. La esencia de un poco de tiranía administrada con mano fuerte. El que todo lo puede. digo —y lo digo por última vez— todavía tenemos en nuestro hermoso y t r o p i cal país.

los «manda más» son dueños absolutos de la situación. Nosotros. Solicitudes en papel se l l a d o con la c l á si ca frase de «siguen dos mil firmas». En ciertas poblaciones. con gran acierto. ejercita el abuso de su puesto. aprovechando la distancia. En los lugares retirados de los centros urbanos. de cuyos nombres no es que no podamos recordar. Y en los de la Sierra. Gestiones. la ignorancia de la población indígena y otros detalles más. Y es de ver la guerra que se hacen entre si: comisiones que vienen a Quito. vamos a relatarles el siguiente hecho que presenciamos por una — 79 . por matrimoniar tan y por morir también>. miope de nacimiento—. podemos dar razón de todo aquello que hemos visto «con estos anteojos que se han de hacer tierra» —como solía decir un amigo nuestro. para destronar la autoridad y ascender al primer sitial de la población que encabeza el bando contrario. d e c i s i v o s en la vida de los p u e b l o s . el Teniente Político. Para demostrar hasta dónde llegan sus exigencias y humos de dominio. la falta de buenas vías de comunicación.mandón que moleta por to». Y existen pueblos en los que hay dos b a n d o s : el que está conforme con las actuaciones del Teniente Pol ít ic o y el que no lo está. la primera autoridad de esos p o b l a d o s es extraña al sitio en que va a ejercer el mando. Todo. Por lo regular. que «somos mas rodados que un neumático y que conocemos la mayor parte de los pueblos del país. que se remiten al Departamento respectivo. sino que no queremos meternos en líos. en definitiva. Y que constituye nada más que un pequeño detalle de todo lo grandioso que se mira y admira por esos mundos. p a l a n c a s . el cholo y el i n d i o «mismamente refriegados con amo patrón autoridad que j o r o b a mucho y cobra por nacer tan.

señor Teniente —ratifica el Agente... (Antes. señor Teniente —se d i s c u l p a el c h o l i t o —. —Pero mis puerquitos no tienen la culpa. señor Agente). —Entren... por el señor Agente. Nunca han tenido ni s i q u i e r a un catarro. luego. Al fi nal de la soga.. mi Teniente —expresa el Agente. detrás del escritorio. pues.. señor —apela el cholo. Sepan que me estoy sacrificando por ustedes y us tedes se hacen los vivos.. están atados dos puercos gordos que se encuentran inquietos sin saber la suerte que les aguarda.. —He ordenado que traigan los puercos al Despacho para hacerles un examen. señor. —Si busté hubiera conocido a su madre —tercia la mujer.. ¿Por qué tienen miedo? —Si no teñimos miedo.. . . . —Estaban hablando de usted. están dos cholitos que han sido traídos al Despacho... —Pero si son puercos bien robustos. señor Policía. —Ni hemos hablado también. Mi Robustiana lo único que dijo fue que no hay razón para que decomisen los dos puerquitos que hemos c r i a do. El señor Agente se queda en la puerta. —¿Y qué tengo yo que ver con los puercos de tu Robus tiana? Sepan que en este pueblo quiero hacerles gente y ustedes no quieren. Carabinero. Es que... por último. Ante la augusta presencia de la autoridad.de esas raras casualidades de la vida. . d e s p u é s . espera el saludo ritual de los dos ciudadanos.. teniendo en sus manos una soga.. Chapita. La autoridad. porque no puedo tolerar que se venda carne dañada.. Entran bastante turbados... Puercos «ca» sanos son. —Asimismo es.

(Ahora. lector amable. —Bueno —sentenció el Jefe—. Las fuerzas de Pol i c í a —un solo señor Agente—. En la plaza han quedado algunas vendedoras que formaron parte de la magnífica feria de la mañana. s a l i e n d o por los fueros de su Jefe. basta de d i s c u l p a s . Ya entrados en alcohol y con las mejores intenciones de organizar una bronca. Luego de examinar detenidamente a los puercos —que entre paréntesis son absolutamente sanos— el Teniente resuelve que se decomise el puerco. están arrimadas a la pared de la Oficina. contra mi Teniente? —reclama el señor Agente. cholo atrevido. se encuentra de pie en la puerta de su despacho. El Secretario. Meta los puercos a la oficina. En las puertas de las cantinas algunos i n d i v i d u o s discuten. e s c r i b e sobre una mesa que se sost i e ne por puro milagro. Pero. Es domingo por la tarde. vestido de poncho. De aquellos canosos y venerables que saben del correr del tiempo y que tienen el orgullo de s e n t i rs e s ó l i d a s columnas de los Andes. ya los novios y los enamorados de todas las razas — 81 . para conocer de las actuaciones de ciertas autoridades es menester que contigo. eliminando así un p e l i g ro para el p u e b l o . señor Pol i c í a. vestido de domingo. digo el cuerpo del delito. miremos por la claraboya de la observación. en la mitad de la plaza. con la mirada fija en la pila de piedra que. juega al carnaval con un poco de agua turbia. Al fondo del paisaje un nevado cualquiera. Indios con i n d i a s que se abrazan y no llegan al beso público como algunos enamorados de la raza blanca.—¿Qué dice. Y veamos: El Teniente. —Digo que la mamá de estos puercos era una puerca bien gordota y llena de salud. señores.

con b a r r i l e s de chicha y aguardiente para celebrar tan feliz acontecimiento. en las Igle si as. saludó el padre del novio. Zapata es un de la medida. ¡Y nada! sigue el caballo corriendo y el mayordomo baila en la montura una cumbia endemoniada. Y abrazados. Efectivamente. El novio con sombrero de lana. —¿Como estás. debía estar esperando el regreso de los novios. con r e b o s o colorado y falda rosa. del brazo de su prometida se encaminaba al sacrificio. En cuanto a la «bebitiva». se van felices y contentos sin importarles un pito). veloz como un mal pensamiento. Los padres de los novios y dos testigos constituían el resto de la comitiva. que se sostiene de puro milagro. La novia. —Buenas tardes.no se besan en la boca: se b e s a n en las calles. mi Teniente. con el «rengo» Luis. zapatos de tacón alto y una peineta cuajada de brillantes falsos en la cabeza. Y sigamos: la plaza tiene el aspecto de las mesas en las cuales se ha servido un almuerzo suculento y han quedado con restos de muchas cosas. mata de pelo con mata de pelo. Parece que ya mismo se cae de bruces. alpargatas nuevas y saco de dril. Zapata! Pol i c í a que sigue con la mirada fija en poquito s o r d o. un jamelgo cabalgado por un mayordomo borracho. cuando «pasposa» —Viá. —¡Qué frió está haciendo. Rosendo? ¿Qué q u i e r e s ? —i n q u i r i ó el Te—dice la autoridad al la pila. Pero aparenta serlo más le conviene. por mitad de la plaza avanzaba una comitiva con dirección al despacho de la Autoridad. en los cines. en las plazas. —i n d i c a el Poli— ya viene a casarse la 82 . una s o n r i s a en su rostro y un sal ero de chola donosa y aguerrida completaban su p e r s o nalidad. De rato en rato pasa. mi señor Teniente—.

Los novios. Tomaron asiento en una banca desvencijada y sobre dos sillas que. Frunció el ceño.niente. —Yo no sé. —Obvio —manifiesta el Secretario. — Es cuestión de Ley. —No hemos tenido tiempo para ir. Yo no tengo nada que ver. . T o s i ó dos veces y habló: —¿ T r a e n la fe de bautizo? —Si. para quien no existe otra palabra más convincente y oportuna. . al ser a l u d i d o s . mi señor Secretario. inclinaron ruborosos la cabeza. detrás de la Autoridad y del Poli. Lo sucede con todos los novios. Entró la comitiva. —Aquí venimos. —Obvio. Adquirió personalidad. —¿Y el certificado médico?— preguntó el Teniente Político. —Sin el certificado médico no los podemos casar —coadyuva el Poli. por lo menos contaban con dos. —Entren al despacho —invitó el Teniente Político. El Secretario también se revistió de importancia. La autoridad ocupó la mesa. pero es de ley presentar el certificado médico. Lejos es pes ir a buscar al doctor. a que haga pes contrair matrimonio a mi hijo con la Julia. sin la esperanza de llegar a tres. —Pero mi señor Teniente —manifiesta el padre de la noque 83 . señor Teniente. Sin el certificado médico no hay ceremonia. . si no tenían cuatro patas cada una. —Pero mi señor Teniente —indica el novio— si de aquí al pueblo en que vive el doctor hay dos días de c a m i no.

. Siempre vamos a tomar la chicha de la novia —manifiesta el Poli. — Vamos a buscar la forma de se rv i r l e s. sanita es. . . el «artículo» salvador era una del Secretario que encuentra «obvio» hasta su invención 84 — . esto es lo que necesitaban los novios para aurita mismo! casarse de los —Dios le pague T a i t i c o —agradece el padre del novio— «ele». Rubianes —ordena el Teniente. Como se comprenderá fácilmente.. que nos ayude —dice uno t e st i gos.. con autoridades así que dan facilidades al pueblo. el Código C i vi l .via. mi Teniente.. —Sí creo que vamos a poder c a s a r l o s .. consultando el Código de Comercio. Quizá podría hacerse algo.— mi hija «ca». Rubianes... —Obvio.. —Si nosotros procedemos sin ese r e q u i s i t o . antes de efectuarlo». . digo.. se ordenará al Secretario practique un examen a los novios. —¡Magnífico. quienes abonarán la suma que estimen conveniente. da gusto tratar. Luego de consultar el Código y de hojear páginas el Secretario expresa: —¡Aquí hay un articulo para estos casos! —Léalo. —Le agradeceríamos. por muerte del médico o por ausencia de éste. lanzándole una mirada pletóríca de p i c a r d í a . —Talvez habría una forma de solucionar esto —i n s i n ú a el Teniente Pol í t i c o. nos multan por infractores de la Ley. —El artículo dice: «en caso de falta del certificado médico.

el Luego de ciertas protestas. van sembrando en el pueblo la semilla de la mala administración. sin abonar absolutamente nada al señor Teniente Polí ti co que gana únicamente lo que le paga la Administración. cuando le pagan —termina manifestando el Secretario. Y esto es nada. naturalmente. son más o menos unos trescientos sucres. pagan y dan todo lo que les pide la autoridad y son explotados por aquella a n s i a de lucro. Y el poblado nunca avanza. Y eso. Los novios.manera de «obviar». Cuando la ceremonia ha terminado. Y después de extendido el Certificado médico. de abuso en abuso. sobre todo de parte de la novia. —Al poli que le den unos veinte huevos —sugiere el Secre. Qué huevos ni qué «Yépes». pensando que van a tomarle el pelo. —Tienen que abonar el pago de amanuenseria. — prefiero en plata. —Tienes que echarte en la banca para examinarte el hígado— i n s i n ú a Secre. tanto de gastos de escritorio. un poco turbados por el afán de casarse y en vista de que nada saben de leyes. Y esto —aclara—. sin médico. son examinados del hígado y de otros órganos que están más a la mano. Porque la autoridad se preocupa únicamente de extraer dinero cuantas veces se le presente la oportunidad. ya que para defender «desinteresadamente* los intereses de los in- 85 . —Son —va diciendo el secre. el Secretario solicita el pago de los honorarios. tanto del certificado médico. Así.— tanto de papel sellado. —¿Y los gastos del testigo? —reclama el Poli. se procede a formular el acta matrimonial. total. —No —reclama el Poli.

Vuelven a caer los minutos desbaratando el tiempo.. porque las gallinas están con aftosa. —Gracias —contesta el Jefe—. llegan al despacho.. yo mismo se lo enciendo. Y agobiados por el peso de alguna pena. piedra de moler—... —Una candela. que estos huevos son para mandar a Quito. ¿ S e r á n exageraciones? Quién lo sabe. pues los pide la Sanidad para examinarlos. —Aquí tiene. enterrar al —¡Sácate el sombrero. si es así lo de la clara. Rubianes —ordena—. dos i n d i o s — marido y mujer. Jefe.. Jefe? —pregunta el poli. bastante llorosos. a pedir la boleta para guagüito que acaba de morir. rama explotadora. Al tiempo que el poli se encamina a cumplir la comisión. porque dicen que las g a l l i n a s de este pueblo tienen aftosa y los huevos están s a l i e n d o con tres yemas y sin clara. —Venimos pes patrón. ¿No sabes que estás hablando autoridad? —grita el secretario ante tamaña con la 86 . otra El despacho queda despejado. —A ver. runa atrevido. amo autoridad. señor don Manuelito.dios y cholos pobres. Recuerde.. déme un tabaco.. Y el Teniente dice: —Rubianes. visite a todos los i n d i o s del poblado y exíjales que entreguen seis huevos cada uno. pues está muy clarito.. existen los «Tinterillos» o «Quishcas». mi Jefe.. Y el poli sale con dirección a la r e q u i s a de huevos para mandar a Quito. —Sepa usted —aclara el Secretario—. — Bueno. —¿Y a cómo nos toca. Zapata.

manifiesta que existe un articulo que ordena una fuerte multa a los que den sepultura a los tres d í a s de fallecida una persona. atento e insinuante.. patrón. entonces «ca». víctimas de la explotación. pes amo patrón. —ordena el Jefe—. Bravatas del Jefe. amigos?). Pero sudando mesmo vengo pes y puedo «bronconomanea». amo patrón. ley. Insistencias del i n d i o . —Nosotros no tenemos nada que ver. timbres y etc. revise la antes para Rubianes hojea la ley. los pobres i n d i o s . Y entre s ol i c i t ud e s de rebaja. 200 sucres de multa por venir a los tres días de muerto el guagua y 100 sucres por gastos de amanuenseria. a pedir boleta. Ustedes comprendan que no tenemos la culpa. ¿Por qué no han venido enterrarlo? —Lejos queda pes hacienda. Lloros de la i nd ia. « —Pobres somos. —¿El j u e v e s ? Y ahora es domingo.falta de respeto del i n d i o —. tienen que extraer sus ahorros hechos con sudores y con lágrimas para pagar lo que — 87 .. —¡Si. Y «obvios» del secretario.. Vayan y vendan un puerco o algo por el estil o. enterraremos al guagua... —Ya saben. — ¿Cuándo se murió tu guagua? —Amo patrón. Si busté acepta.. criatora murió pes el dia j u e v e s . —Apenas ciento veinte «socres» no más teñimos patrón. —Viniendo pes. coger una —¿Y qué quieres? —pregunta el jefe—. Y como quien dice cualquier cosa. amo patrón.. (¿Serán exageraciones. —¿Y qué tengo yo con que quede lejos la hacienda? Rubianes...

—¿Cómo les va.. Teniente Político y Secretario se pusieron de pie. asiéntese. —Así no más. —Don Luchito. zalamero y adulón. cuando se mueve. ¿Y doña Merceditas? ¿Y los guaguas? —Todos bien.. y. gracias. . Para presentar su s a l u d o más servil al gamonal. buenas tardes.. —Buenas tardes...... —Déme un tabaco. Los i n d i o s se van con su pena y sin su plata.... faltos de sentido humanitario. estaríamos f re ga do s.. —Aquí tiene mi señor don Manuelito. —Estos i n d i o s piensan que uno tiene que vivir con el poco sueldo gana. ¿Y por aquí? ¿Muchas multas? —Muy pocas.... por favor—. que —¡Obvio. . Pero.. amigos? —pregunta el gamonal. i n s i n u ó el Secretario..... mi señor don Luchito. De esos gamonales que todo lo remedian con la plata y para quienes la j u s t i c i a tiene andares de tortuga. eso.. mi señor don Manuelito! Si no fuera por estas «chauchas». De uno de esos propietarios. Y a s p i r a el ambiente de adulación 88 — .constituye un filón inagotable para las autoridades que no tienen conciencia de su labor ni sentido alguno de lo que es humanidad. Don Luchito toma asiento. . Como impulsados por un resorte. La iniciación de una charla amena se vio interrumpida por la entrada de un «gamonal». que explotan el trabajo y abusan del i n d i o a más y mejor. don Luchito. Mientras en el aire del despacho queda flotando una densa nube de i nj usti ci a.. Rubianes.

—¿Una vaca? Qué barbaridad. «bajen para abajo». Con su vestimenta humilde. Rubianes. a esos —Precisamente vienen en este momento —i n d i c a el señor don Luchito—. —Bendito alabado. dirigiéndose al i n d i o —. señor don Luchito? —Pues sabe que he venido para hacerle un reclamo. Y el i n d i o sostiene con un «guato» una botella de puro. la angustia perfila sus g a r r a s . En sus rostros que conservan el sudor de una larga caminata. —¿Vos dizque has robado una vaca en Las Mercedes? —inquirió el Teniente Pol í t i c o. amigos. Quiero que haga j u s t i c i a . apedreando la gramática. de este Temerosos entran los i n d i o s . Aurita mismo les pongo p r e s o s bandidos. — 89 . Teniente Político y su —¿En qué podemos se rvi rl e. taponada con una tusa. Ayer no más me robaron una vaca. mi señor don Manuelito. —Entren para dentro —ordena Rubianes que suele decir: «entren para dentro». La i n d i a trae una gallina suspendida por las patas. como si fuera un estudiante universitario. «suban para a r r i b a » . Usted tiene la palabra y nosotros j u s t i c i a . pero ¡ya! se me la —Obvio.que le ofrecen Secretario. —Hágales entrar. patrón —s a l u d a n humildemente. de un i n d i o y una i n d i a sumamente bandidos que tengo en la hacienda y que vienen cometiendo una serie de r o b o s. «salgan para afuera». Es que presienten lo que puede esperarles. para que respondan a las acusaciones caballero. ¿De qué se trata? — Pues se trata. mi señor don Luchito.

.. o se quedan p r e s o s . entregó pes la vaca.. pes? —No te hagas el inocente. —Tienes que devolver la vaca o te pongo preso tres meses —sentencia jefe. —Mi marido ca. El Código de Policía en el artículo 57.. la vaca que te entregué para ir a medias. amo patrón. —Obvio.. ¿Qué vaca he robado.. no es pes ladrón —t e r c i a la i n d i a —. don Manuelito —di c e el Secretario—. Devuelves la vaca o al calabozo.. trata sobre este punto. defendiendo a su e s p o s o que. —Vaca que amo patrón entregó para ir al partir. i n d i o bruto —clama el Secretario—. ha desaparecido de la hacienda. —¿Al calabozo? Por qué. ni soy ladrón tan. le obsequia con una linda pisa. Amo patrón Lucho el otro día mesmamente dijo que hi robado caballo t o r d i l l o y caballo mandó a Quito el sinvergüenza del mayordomo. Ni robado tan. —Vos no tienes nada que decir. pe s. patrón Lucho....—Con licencia. ¿dónde está la vaca que robaste? —Falso patrón. Y sólo entregó la vaca ordeño.. —No te hagas el macho.in potrero estaba.... Pero qué para ir al partir en el 90 — . pero en pago de j o r n a l e s que me de bí a ... i n d i o animal —reconviene don Luchito—. voy pes a decir que.. yo que sé pes.. —Entreguen la vaca ahora mismo. en cada borrachera. —Pero esta vaca estaba a tu cuidado y tienes que pagar sin remedio —Amo patrón Teniente.

..lástima —lamenta el Secre— la página que contenía este articu lo se han comido los ratones. se me olvidaba decirle que puede pueden — 91 .Tranquilo.... mi Teniente? — Magnífico. En él hago siempre los recorridos. Total que el i n d i o . mi señor don Luchito.. No haga caso.... Nada que sea claro y efectivo. don Luchito. Yo tengo muy buenas palancas en Quito y siga no más desviando el agua de la acequia. mi señor don Luchito. —Gracias.. —¿Y cómo va a arreglarme la cuestión del agua? Porque no quedarse sin agua los potreros. No faltaba más.. Como para terciar el asunto. !Ah.. aplíquele el artículo que siga.. sin pago alguno de j o r n a l e s .... ejerce su cargo abusando del mando.. el gamonal pregunta: —¿Qué tal esta el caballo que le obsequié. Obliga al i nd i o —quien no ha robado ninguna vaca—.. Primero son sus haciendas y después el pueblo. —Obvio. —No importa Rubianes. por el término de un año.. Y en atención al valimento del gamonal.. —No se preocupe usted —responde el jefe—. ¿Qué importa.. la primera autoridad de este pueblo apartado y de muy malas. mediante un acta por la que se compromete a trabajar. si pertenecen a la raza de los d e s v a l i d o s a quienes se pretende encuadrar dentro de la civilización? Pero sin hacer nada en su favor. Y qué espuela y qué trote tan bueno y suave. es y sigue siendo el i n d i o ... al pago del valor de la misma. el látigo cruel de la ignominia. Destinado a sufrir por toda la vida. Teniente. Los i n d i o s salen gimoteando..

Desterrando el abuso y considerando al i n d i o y al cholo. —No se moleste don Luchito. —Los que usted quiera. tenga su atardecer en los inhumanos procedimientos que se practican. El paisaje se obscurece con las primeras sombras.. ¿no? Luego de saludos c o r d i a l e s embadurnados de adulo. Rubianes. Principian a apagarse las luces del sol.. De buena a d m i n i s tración.. don Manuelito. Es ya el final de la tarde. Declina el día. el gamonal se d e s p i d e . Obvio. —Déme un tabaco. —Así lo e s pe ro. Me —¿Papa chola y bien lavada? —interviene el Secretario... por unos costales de papas que le guardé. con un amanecer cuajado de honradez. así le traigo las papas a mi Jefe. Y se va muy satisfecho. Quedándose el Teniente Político y su Secretario. De progresó y mejoramiento...mandar al poli cí a salió muy buena.. y me quedo con la chola. seres humanos y no esclavos por raza y t r a d i c i ó n . Creo que va a componerse nuestra suerte con lo del agua.. ¿A qué hora mando al poli? —Yo iré personalmente —d i c e el S e c r e t a r i o —. —¡Obvio! —como d i r i a el Secretario Rubianes. Y que amanezca para ellos. 92 .. guiñando un ojo con p i c a r d í a .. Quizás quiera la suerte que los pueblos apartados en los cuales se explota a los pobres..

en busca de «descanso». Y otros van a crédito. Y es así como se viaja para sentir en carne propia aquello de hacer «turismo». los ciudadanos de esta antes tranquila y pacífica ciudad de Quito. Además. para disfrutar de cuatro o cinco días de «dulce» sufrimiento y «gratas incomodidades». se viaja a cualquier parte aprovechando todos los caminos y las facilidades de transporte. Unos van en carro. la vi si t a a los Monumentos y olvidando la suculenta y tradicional fanesca.GOZANDO DEL DOMINGO Para evitar la furia casi salvaje del carnaval. a las que nos vamos acostumbrando: j e a n s unisexo. También en Semana Santa. empacan — 93 . Y salen a lucir las más variadas indument a ri a s. la mayoría de las gentes prefieren salir de la c a pi t a l. en avión. dejando de lado la liturgia del Jueves y Viernes Santo. cambio de ambiente o de atuendo. otros en autobuses. cuando el calendario señala un puente largo entre semana. en motos. se desplazan hacia las playas. en ferrocarril. pantalones femeninos más estrechos que la quincena de un empleado público y pantalones masculinos de variados estilos. etc. balnearios o cualquier «ojo* de agua termal de la Costa o de la Sierra.

Y es parte de la vida que ayuda a olvidar los s i n s a b o r e s de ta lucha d ia ri a. conociendo gentes. resolvieron viajar a Sangolquí un día domingo. Pero como disponemos de un vehículo de la década de los 60. pero todos cumplen con su misión de poner una nota «sulfurosa» en ese ambiente. Que se disfruta con alegría y optimismo. Playas. Ahora se ha convertido en una necesidad. donde sí hay que conocer. hace ya mucho tiempo. Y se ven bustos femeninos crecidos como c a p i t a l i s t a s y otros s u b d e s a r r o l l a d o s . del paisaje y hasta de los abusos que se cometen con el turista que. ya que nuestras fuerzas económicas no nos permitían ir a S a l i n a s . de la piscina. manejado. Baños. Punta Carnero. Ambular por nuestras tierras descubriendo paisajes. Pero es recomendable primero conocer la Patria. en fin. que no es propiamente nuestro. Pero que. El turismo. por este amigo de u s t e d e s . no sabe 94 — . Esmeraldas. Consecuentes con estos p r i n c i p i o s . donde llegue. el Oriente. Y entonces nos daremos cuenta de que nuestro país si es un pa í s de turismo. dejándonos el carro y una casa. porque tiene todos los elementos para ello. Pero se retorna con la satisfacción de haber gozado del mar. claro está. Como el automóvil y como el amor. que le conoce las mañas más que a la mismísima J e s u s a . No importa que se gaste todo lo que se ha ahorrado para el viaje.todas las anatomías. es el blanco de todas las punterías. que cuando sube una cuesta tose más que un asmático y suena por todas partes menos por el pito. hasta hace muy poco era un deporte. sino encargado por un gringo que pertenecía a los Cuerpos de Paz y que retornó a su país. Jesusa y este servidor. ríos.. Otavalo. amando la naturaleza y gozando de mares. nos sirve para realizar excursiones cercanas a Quito. cuando se trata de ajustarle tuercas —al carro y no a J e s u s a —. que están cerca de n o s o t r o s . El tal carrito. Que no sólo la cuidamos sino que la disfrutamos como nuestra. etc.

Apura. Todo. Hoy es. con un pedacito de pan a lo perro. a las 6 de la mañana me dan un café t ib io lleno de natas. una gran ración de «cosas finas de la plaza» y una cerveza helada. (Le llama Mercedes a ese dinosaurio que no se calienta ni nombrándole a la mamá). domingo. —Bueno mija— contesto mansamente. Café en leche sin natas. pues. con tamales de la «Llura» de la esquina. que tienes que poner gasolina al Mercedes. empanadas de morocho y una palanqueta untada sabiamente con mantequilla. De acuerdo con la vieja y clásica costumbre quiteña. ve. Nosotros —los vejetes—. 95 . «pero i n d i s p e n s a b l e s a pesar de la pr ob et a» !). Ellos quieren —como cualquier joven que se estime—. Cantan las campanas de las iglesias sus cánticos dominicales llamando a los fieles a la santa misa. bajo la mirada irritante de la patrona que se muere de iras al contemplar al Pacha acostadote. Pero como ahora estamos de viaje. José Stalin y Marlene —nuestros idolatrados guaguas que ya están al borde del b a c h i l l e r a t o —. nos contentamos con un buen par de huevos fritos aun cuando no tengan estrellas por ningún lado. mientras siento que me entran por las venas rachas revolucionarias. la mujer debe servirnos el desayuno en la cama. también. mandando y comiendo como un d e s e s p e r a d o . Este es el desayuno dominguero. no son partidarios de viajar en el carro. debe servírsele. (Y el eco le contesta. y gritan cada cinco minutos: —¡Apúrate Evaristo que ya son las seis! Estos hombres son una desgracia.ni como se maneja una llave. Pero si el marido ha amanecido chuchaqui. claro está. viajar en automóvil Formula UNO y llegar a Hoteles de 5 Estrellas para pasar chévere.

claro que no. como novia sin cariño. no abras a. a cualquiera que golpee. Enfilamos al Sur para coger la vía Oriental y llegar a la 96 . unos zapatos tenis cubren sus pies y un saco de cuero envuelve su busto que es más amplio que el de un Gerente de banco recién nombrado. nadie tiene que venir. De pronto. un cielo azul está arriba. atráncate la puerta como todas las noches. que yo sé cómo hago las cosas. cuidado. muy arriba y el sol tibio. ya s a b e s que «puerta abierta. Ahí te dejo las cosas para tu almuerzo. Evaristo. una bufanda de crochet enrolla su cuello. —Vaya tranquila. que te vas contra la puerta del garaje! Este bruto no se da cuenta de nada. Bueno. parece que estuviera desperezándose. (Aquí. te recomiendo bonifica.Ya está lista Jesusa: un sombrero de paja alón cubre su cabeza. ¿A ustedes les ha pasado algo i g u a l ? No. La mañana está alegre. nadie. entre nos. abres la ventana y le dices que no te han dejado las llaves. Pongo en marcha el motor. Jesusa imparte sus últimas instrucciones al estilo militar. —¡Cuidado. Casimira. Evaristo. «niña. un grito de Jesusa me hace frenar. tan en boga en estos tiempos: Casimira. ya estamos dentro del « c a rr e t e " . les cuento que a mí me pareció que la puerta ya estaba abierta). Y d e s p a c i o voy retrocediendo. ladrón adentro». porque ustedes no son de la familia BRUTONI como yo. unos pantalones amplios ciñen sus caderas. »ya sabe que yo no abro a «naides» —contesta Casimira. ¿No ves que la Casimira aún no abre la puerta? —T r a n q u i l a . nuestra vieja criada que nos acompaña desde hace más de diez años. cuidarás bien la casa. Jesusa. Me vas a matar de un susto. Los domingos hay menos tráfico en todas las ciudades del mundo.

Por esta curva tienes que seguir. ofrece esta naturaleza magnánima para satisfacer nuestras necesidades y llenar los b o l s i l l o s de los intermediarios. allá a la izquierda. Pero mi consorte. Y las tierras pródigas del Valle de los C h i l l o s. entramos definitivamente en la autopista. parece vestido de Primera Comunión. porque eres medio miope. Ahora ya estamos en la calle precisa y luego de dar vueltas y revueltas porque la vía está en arreglos u r b a n í s t i c o s . Rodamos y rodamos normalmente. Cuidado con ese camión que viene a toda máquina. por Dios. (Y vamos a treinta kilómetros). que estás corriendo más que una li eb re. allá. a lo lejos se ve el Cotopaxi completamente blanco. Es una geometría multicolor donde el maíz. Tendrás cuidado con esa moto. Y se nos presenta el paisaje: el Sincholagua semi envuelto en los algodones de las nubes. me aconseja a cada minuto: —Verás el semáforo. Cuidado. el trigo y muchísimos frutos que necesita el hombre. Evaristo. Fíjate en ese longuito que está haciendo pipi en media calle. que es más nerviosa que alambre de luz con corriente. cuidado con ese perro. volcán perfecto conformado por las mismísimas manos de Dios. Más d e s p a c i o . —¡Evaristo. la cebada. Por esa calle coge a la izquierda. con parcelas que se suceden a todo lo largo y ancho de los cerros. Evaristo. Me di cuenta de la col a la que se refería Jesusa y son- 97 . verás esas g a l l i n i t a s que no tienen la culpa de que vos manejes. Que col más jamás he visto una igual! inmensa.maravillosa autopista que nos llevará hacia el Valle de los Chillos. hay un p ol i c í a de tráfico. cuidado con ese i nd io que atraviesa la calle. ve esa col gigante. Cuidado Evaristo.

Yo me lancé al agua y al zambullirme topé con dos troncos que me parecieron de madera. pero que realmente habían si do las extremidades inferiores —pero muy superiores—. pálida y sin sentido. Era verdad: una chica.dente le aclaré: —Esa no es col. como un par de band e r i l l a s . Estaba 98 — . Me ayudaron a ponerla fuera desmayada. De pronto. Desde la democracia hasta la «longocracia». Y fuimos avanzando hasta llegar al Balneario de El Tingo de aguas sulfurosas y t i bi a s. ¡Socorro! Yo. la cogí de los brazos para que no me ahogara y logré acercarla hasta el borde. mientras me carcajeaba con toda el alma. ni una chapa. s u p e r s a b i o . de la piscina. Equivocaciones t u r í s t i c a s que suelen suceder. Por medio de esa col que tú dices puedes ver en la televisión todo lo que transmiten desde otros p a í se s. hacía desesperados esfuerzos por mantenerse a flote y se hundía y salía de las profund i d a d e s . las dos linternas de sus ojos v i v í s i m o s . Ni una aldaba. Ella no sabe nadar y se ubicó en un extremo de la pi sc in a. ¡Qué rica col! dije. de una bella señora. que soy tan comedido. Cualquier mortal puede equivocarse — aclaró Jesusa clavándome. Sin pensarlo dos veces me acerqué nadando hasta donde estaba la chica. Jesusa. Algo que no va bien para atraer t u r i s tas. —Disculparás no más. Los «desvestideros» en mal e s t a d o . Jesusa se de sv is ti ó en cinco minutos. me di cuenta del asunto. una voz gritó: ¡Se ahoga mi hermanita y no sabe nadar! ¡Auxilio!. lugar obligado de turismo. en media piscina. Bañistas de toda condición social con sus propias características. puertas t o r c i d a s . es una estación repetidora para los Satélites que dan vuelta a la tierra. No había mucha concurrencia.

En una leyenda quiteña que conoce todo el mundo y que hoy cobra singular vigencia: se dice que un fraile franciscano solía escaparse del convento todas las noches y salía por una ventana del coro que quedaba frente a un Cristo grande y magnífico t a l l a d o en madera. cuando el fraile ya salía. pero muy caro. Es que nos vieron con caras de t u r i s t a s . Recibí muchas s o n r i s a s agradecidas de las gentes que me habían rodeado y quedé como un héroe. para despreocuparme y no montar en la muía de la cólera. Me puse de pies.. a lo que éste le respondió: ¡HASTA LA VUELTA. ¡Eres un aprovechadote! comedido Era Jesusa. Sabroso. Como se dice. La chica —que ahora pude s a b e r l o . — 99 . hasta que sentí que me golpeaban en la e s p a l d a y me decían: —¡Te dormiste. Una noche. Jesusa me cortó el teléfono. pero seguí dándole mas oxigeno. reaccionó y me agradeció. Parece que dio resultado. Cristo le dijo: ¿Hasta cuándo padre Almeida?. furiosa como una leona.Me agaché sobre ella y p r i n c i p i é a moverle los brazos como quien hace gimnasia. Así lo hice. era muy bonita—. Evaristo! Basta de tanto aire. Pero. Me agaché más y resolví darle r e s p i r a c i ó n boca a boca. Nos vestimos. me puse a recordar las cosas de mi tierra. Pero se acabó el pa se o. Tenía los ojos cerrados y echaba agua por la boca. Sus miradas eran de pura dinamita. No hablamos ni una sola palabra. Parece que mi acción humanitaria no le gustó a Jesusa y resolvió regresar a Quito inmediatamente. Yo guardé silencio. que ya está bien. infeliz.. Se ñor!. Fuimos donde venden puerco hornado. la luz y el agua Me dejó sin comunicaciones. .

Por ellas ambulamos. Gratos o dolorosos. que han visto realizados sus mejores s u e ñ o s . piensa: «Ojalá que mi hijo. Por ellas vamos dejando nuestros recuerdos con j i r o n e s de nuestro propio corazón. para admirar la belleza de la novia. (La madre de él. La madre de ella. se va al campo en donde gasta mucho más. pero compromisos al fin. que nos ponen en la cumbre de la felicidad o nos sumergen en las aguas turbias de la amargura. halamos detrás de nosotros como vagones del tren de la familia.EL VELORIO La vida está compuesta de compromisos. que es perfecto. Ya es el casamiento al que tenemos que concurrir. Ya es el compadrazgo que nos impone un hijo espiritual como un apéndice de los otros hijos que. constatar la nerviosidad del novio y la satisfacción de los padres de ambos. Podría hacerse un catálogo de los compromisos que a diario surgen en nuestra existencia. Ya es el cumpleaños o santo de un íntimo amigo (al que siempre se le debe alguna plata). que para evitar gastos en la ciudad. que 100 . Ya es el fallecimiento de algún pariente cercano (sin derecho a herencia). también piensa: «Quiera Dios que mi linda hija se comprenda con ese «carebobo»). sea feliz con esa «cuica». F e l i c i d a d o amargura son dos rutas que nos ofrece el mundo. para nuestro futuro consuelo.

ante la seriedad y tristeza con que embadurné mi rostro. pero no la que sabemos. Ese artista que vive de la cabeza. voy a incumplir el contrato matrimonial. para su tranquilidad... —como dicen los abogados— creyóme a medias. Y así. se entiende. vamos viviendo mal. para ir de farra con unos amigotes. obligóme la otra noche a salir de casa. En la puerta de esa tienda una cortina negra abría sus alas a la muerte. que había muerto la mujer del peluquero que me corta el pelo y que tenía que ir personalmente a presentarle mi más sentido pésame. Un compromiso. Entré y abracé enternecido al viudo que me miró con ojos cargados de dolor y de amargura. De la cabeza del prójimo. por el hecho de salir a tales horas. le dije que había fallecido el sastre que durante muchos años tuvo el honor de fiarme la ropa. que se yerguen ante nosotros como leones enfurecidos. Tuve que explicarle. de compromiso en compromiso. Dudaba un poco de la verdad porque el otro día. Ojos que habían l l o r a d o lágrimas del copuerta ni a — 101 . pero bebimos. en fin.. se tragó la píldora. pues. vivimos. con la consiguiente protesta de mi Jesusa —que está convencida de la liberación femenina — y que cree que. Y me lanzó: —Vendrás pronto Eva. —¿Por qué? —Porque a esa hora pone la trampa de la luz y no abre la t ir os. digo. para clavarnos sus garras sin piedad. Pero. porque la dueña de casa está cerrando a las nueve la puerta de calle.nos obliga a ponernos de luto y a estar presentes en la triste ceremonia de la velación y del t r a s l a d o . Ofrecí a mi mujer regresar temprano y salí de casa. Mi parte contraria. Ya son las deudas. Sin ningún contratiempo llegué a la modesta tienda en donde habita mi amigo el peluquero.

Todos los concurrentes debían pensar y meditar íntimamente sobre el problema de la otra vida. Tres de ellos. Lo que no sucede con las otras herencias. porque sus caras iban revelando el dolor. pequeñitos. por el fallecimiento de su mujer que. la dueña de casa nos s u b i ó el arriendo del departamento — 2 dormitorios. Pensé en que no merece la pena vivir en una lucha continua para morirse después de un cólico —ahora se dice «oclusión i n t e s t i n a l » — del susto de la cuenta del médico y del valor altísimo de las drogas o triturado por un carro veloz piloteado por un «guambra» rico o por un viejo miope. tomé asiento en una silla. fui recordando las amarguras de mi existencia. le hubo dejado la herencia de cinco hi j os. Dos señoritas l l o r o s a s . aun en contra de su voluntad. no sabían de la catástrofe que les había ocurrido Como es costumbre en tales casos. la tristeza. sala. el desengaño. Tantos pensamientos dolorosos habían zumbado en mi cabeza. Herencia que. En mitad de la pieza el ataúd pobre. como ellos. en cuyas caras p á l i d a s la mala noche había puesto sombras inquietantes. Yo también. cocina. llegué a meditar en la pol í t i c a y en la Patria que hasta 102 . me puse a pensar en la belleza de la vida y en el tormento de la desaparición eterna. vestidos de negro. cuyos flecos negros le caían hasta el suelo. Y los cinco «guaguas» del viudo. como un grato y eterno recuerdo. Dos o tres compañeros de trabajo. agua cuando le da la gana y luz cuando hay—. Y es así como recordé que ayer. entre cuatro c irios. tenía que conservarla a través de su vida.razón. ¿Verdad? Saludé a los concurrentes: una señora ya entrada en años —que debía ser la suegra de mi amigo— envuelta en un pañolón «magdalena». se extendía trágico como sugiriendo t e rr i b l e s pensamientos sobre la muerte.

Un sil enci o que sugería desengaños al ver cómo se acaba la vida y desaparecen los seres queridos dejándonos el recuerdo de sus bondades. afirmé. — 103 . Un silencio preñado de nostalgia y de aburrimiento del vivir.y en el angustioso estado actual del i n d i o. Creo que hacen muy bien los que se mueren. un si le nc io t e r r i b l e nos cobija a t o do s. porque se l i b r a n de esta cadena que se llama existencia y que nos ata a todo lo malo que tiene el mundo. me r e s p o n d i ó . sin que nos llegue un astronauta que nos saque de esta angustia y p r i n c i p i e el d e s p e gue definitivo hacia lo normal. en el vía crucis del empleado público. una herencia de hijos y un mundo de días por sufrir todavía. Un s u s p i r o lanzado por el viudo puso fin a mis meditaciones. —Una afección que todo lo complica —e x p l i c ó el v i u d o — El corazón. Incluso a los viajes d i a r i o s en los autobuses urbanos que constituyen una amenaza p ú b l i c a . los pulmones. —¿Y qué es eso? —preguntó una señora que estaba a mi lado. —Y tan buena que era —i n d i c ó la misma señora. estimado amigo. Y le dije: —Cuánto lo siento. Creí del caso entablar con él una breve conversación. —¿Y de qué murió la señora Matilde? —Dicen los médicos que de Menopausia. en los problemas del obrero. don Evaristo—. Levanté la cabeza y pude contemplarle t ri st e y abatido. En fin. las arterias y muchas otras c osa s más del organismo. —Muchas gracias. y cuyas s o l u c i o nes están tan alejadas como la luna. —Le juro que siento con toda el alma esta d e s g r a c i a —.

se hizo más grave y más conmovedor. se puso a sollozar con verdadero ahínco. sin mi Matilde. éste le recetó unas inyecciones. a una sola voz. señor —sentenció uno de los presentes—. aunque sea al revés. Busqué en todas las b o t i c a s. la demasiada ciencia del médico y la carestía de las drogas. los botones del chaleco? Ella era tan hábil. —Y los guaguas que de j a . —¿Cómo es eso? —pregunté intrigado. que mi vida. recordando seguramente algo bueno de su mujer desaparecida. —Y ahora —decía el viudo— ¿ q u i e n me dará el arrocito de cebada? ¿Quién me coserá los calcetines y me pegará. Y el silencio. mi mujer se agravó y falleció.—Era una santa y abnegada mujer —e x p r e s ó la suegra de mi amigo. Los presentes pusimos en nuestras caras el máximo de dolor. Encontré en una a precios i m p o s i b l e s y como no tenía la plata y me demoré en conseguirla. porque mi difunta tenía más calorcito que una cobija de Guano. va a ser un vacío eterno. otra vez. . —¿Qué edad tiene el ultimito? —pregunté. Cuando la comadre Justina me hizo caer en la cuenta y me trajo un doctorcito buenazo.. —Le mata. 104 . —Verá —e x p l i c ó el viudo—: estaba mi mujer malísima con la menopausia y el inteligente del médico confundió la enfermedad con fiebre tifoidea. La conversación se interrumpió porque el viudo. . —¡Eso! —sentenciamos todos. —Entonces —añadió alguien— le matan las b ot ic as. s u s p i r a n d o — sobre todo las noches. —Nunca he de olvidarla —manifestó el viudo... . tan buena.

brindándole una s o n r i s a de profunda amistad. Además. pero no acudían la s lágrimas a mis ojos. Las señoritas se asociaron al llanto. (¿Me notan ustedes filosófico? Y en mi casa todos los días me llaman burro). Yo creo que las lágrimas que no brotan en las p u p i l a s de los hombres. iniciamos gestos de abatimiento y procuramos exprimir el limón de nuestra s e n s i b i l i d a d . Cada lágrima que no brota por los ojos. — 105 . uno de los presentes conversaba en voz baja con una señorita. inquietas se movían de un lado para otro. —Acompañará mañana al traslado. Sequía sollozando el viudo. es una cana que se aumenta a las muchas que nos ha ofrecido la vida.. tapándose los ojos con el pañolón y dando a su pecho movimientos rítmicos que se extendían por todo el cuerpo. De sus ojos se escapaban gruesas lágrimas que rodaban al suelo como cataratas de d o l o r e s i n t e n s o s . Y con gran d i s i m u l o iniciaban s o n r i s a s que morían en flor. Los cirios seguían cumpliendo su destino de alumbrar a la muerte. Los hombres. Es lo que pasa en estos casos. Por ahí. Su suegra también lloraba.—Cuatro meses—me r e s p o n d i ó . se transforman en canas que blanquean la cabeza. Y recuerda uno muchas cosas chuscas y «cachos» de todos los colores que provocan francas y apagadas carcajadas. se siente enormes deseos de reír. para no quedarse atrás. Es mi obligación— aseguré. Se iban agotando y s us Mamitas doradas.. por la nervios i d a d. don Evaristo— me p i d i ó el viudo. Yo no podía llorar.. Sentía pena.

sin cuidarnos del momento. recordando sus más íntimas acciones y hechos. cigarrillos y más licor. —Gracias. hasta las tres. Con él se festejan los acontecimientos más salientes de la existencia: nacer y morir. Todos sabemos que cuando se muere alguna persona. otro canelazo. amiga o no. Tan pronto como vimos la provocativa bebida. Con él se olvidan.. —Para este frío tremendo— di j o — y) ofreció el famoso canelazo a toda la concurrencia. nos ofrecieron licor. la suegra de mi amigo penetró en la salita mortuoria portando un gran charol con tazas de humeante canelazo.. que yo estaré a su lado.— ¿Y a usted qué le importa?— me contestó un vecino. Es decir. . Todos a q u e l l o s que se van para siempre son modelo de virtudes. —¿De qué edad murió doña Matilde? —pregunté ya un poco «chispo». sí 106 — . todos principiamos a t e m bl a r... Hablamos ya un poco más fuerte.. Tomamos algunas copas en honor de la desaparecida. . del frío.Al instante. siempre recordamos sus bondades. estimado Don Evaristo —me manifestó el v i u d o — Usted que es amigo de verdad. Yo no sé qué es lo que pasa... siquiera por el momento. Después. pero los dolores y las alegrías van siempre ligados al licor. mientras me clavaba sus ojos como b a n d e r i l l a s de fuego. —Le juro —afirmé—. No hay muerto malo. Se nos desató la lengua. de admiración. La tristeza fue desapareciendo de nuestros rostros y el licor p r i n c i p i ó a s u b í r s e n o s a la cabeza como un mico enloquecido. principiamos a pasar bien y a combatir el frío. las graves preocupaciones de la vida. de amistad.

Pero salí bastante «chispo» y con muchas d e s i l u s i o n e s en el alma..—Gracias. A pesar del susto recordé un verso que hace muy poco salió de la computadora de mi cerebro: Si me matan que me maten. El velorio. de algo tengo que morir. correspondiendo su abrazo. Todos estábamos ya alegres. — 107 . se fue convirtiendo en farra. que la vida no se compra aunque nos cuesta el vivir. —dijo— y me abrazó.. Apenas salido de la casa.. La una de la mañana era cuando salí de cumplir con un deber de amigo. Esta es una costumbre cruel arraigada en todas las clases soci al es y en todos los lugares de la t i e rra. poco a poco. bajé de la acera para atravesar la calle y en ese mismo instante un carro pasó a toda velocidad y casi. casi termina con mi vida. Con las copas me sentía heroico. Los «cachos» iban y venían produciendo r i s a s i n e v i t a b l e s . —¡Hasta las tres bot e l l a s! — aclaré.

las miradas antropófagas de quienes gustan de la belleza con o sin «tanga». lo repito. de otros muchos inventos debidos a la tecnología actual que transforma en realidad todo lo que sueña. mucha plata. dizque para «vivir mejor» (mejor no hablemos). por el precio de los artículos de primera necesidad que suben y suben tanto como ellos. No hay tal. que no acepta propinas como cualquier ser humano del mismo oficio. del rayo láser que traspasa hasta los malos pensamientos. de las computadoras que van a acabar con la inteligencia de los hombres. que las o b l i g a c i o n e s oficiales o privadas que todo ciudadano debe cumplir en este planeta. y. uno cree. Amén. en los Hospitales. en las parroquias por aquello del bautizo. se realizan en poquísimos minutos. Al pie del bus. del robot último modelo. Y muchísimo tiempo. en esta época de los hijos de probeta que jamás podrán decir MAMA a boca llena. señores. con gracia coqueta. en el pago de servicios p ú b l i c o s . quizás. Para todo corre el reloj como 108 . el matrimonio y la muerte. en el Banco. de la «tanga» que se deja acariciar por las olas del mar y que soporta. Todo cuesta mucho trabajo. sus mismos creadores.OPERACIÓN CÉDULA Uno cree que porque se vive en la era de los viajes espaciales. de los OVNI que nos visitan continuamente para averiguar.

—Tú no me comprendes. —exclama Jesusa comprendiendo mi noble ofreci- 109 . Ahí. Hora. peor vos! —contesta. me robaron la cédula.un galgo tras su presa. como liebre perseguida.. en ese tumulto. dirigiéndonos a la Oficina de Registro Civil para solicitar un d u p l i c a d o . —Si me ayudas a sacar la cédula —le digo—. recibos y comprobantes. o sea un plato de piza en un restaurante. Es decir. caí en la trampa de la «operación» papeleo. Por una de esa jugadas del destino. con el dinero y hasta con las esperanzas. Por ello estoy ahora del brazo de Jesusa. E integra el racimo humano que va colgado de puertas y ventanas del vehículo. te doy una buena «piza. credenciales. ¿Ahora sí? —! Ah. el maldito papeleo que termina con la c o r d i a l i d a d y la s o n r i s a ciudadanas y al usuario no le queda más remedio que lanzar indirectas y hasta malas palabras. Fue un j u e v e s . Se acaba con la paciencia. como para defenderse del ataque de todas las ventanillas del país y sus respectivos empleados. No de mi mujer.» —¿ P i s a s a mi? Pobre viejo. por la Avenida 10 de Agosto. sino del indicado documento. mientras dentro del aparato suena la música a todo timbal y se empujan y atropellan y hasta se sientan encima de cualquier inocente señorita. mientras me clava el puñal de una mirada. 12 m. Te digo una piza con «z». Jesusa. Pero hay que obtener papeles. con los zapatos. con la bayoneta calada de la desesperación. se lanza a la puerta del bus como si estuviese luchando para alcanzar cualquier colina en Vietnam. Lugar: un autobús urbano que corría. a mi no me ha pegado nunca ni mi taita. cuando el ciudadano. etc.

Muchísima gente sube y baja —como el dólar—. para vivir quejándose de la falta de agua potable: de la deficiencia de energía eléctrica. y de otros martirios que tiene que soportar la ciudadanía con mucha.miento—. Si no tienes pía ta yo te presto —afirma zalamera. del i n s o l u b l e problema del tránsito.. luego de pasar por muchos almacenes de los p i s o s primero y segundo. Jesusa me empuja detrás de una señora gorda. de los vendedores ambulantes que se han apoderado de calles y andenes. pero con mucha paciencia. advirtiéndome: —Métete aquí. Pero no pondrás cara de bobo porque te friegas. Llegamos a la puerta y nos abrimos paso hasta llegar al tercer piso. Hay un gentío tremendo frente a las ventanillas numeradas del 1 al 6. Ya estamos en las Oficinas. que me va a reventar.. ve. Le aclaro que el edificio es arrendado y que es inconsulto e inadecuado para el objeto.. Jesusa cree que los almacenes son del Gobierno. La mañana está alegre y un aire de juventud refresca el e s pí ri t u. Otros contentos conversan mientras caminan. «Quito es una ciudad para vivir». Así te ayudo en todo lo que q u i e r a s . Parece 1. En la puerta del edificio se ve ya muchísima gente aglutinada. Yo empujo más de la cuenta y la señora vuelve su cabeza. a las oficinas del Registro Civil. Unos tristes y decepcionados porque los han demorado la entrega de su Cédula. mientras enfilamos hacia la calle Mejía. me ve con ojos i n q u i s i t i v o s y dice: —No empuje tanto. llevando en sus manos el ansiado documento.10 — . Los autos pasan veloces afeitando a los transeúntes que están en la calzada. señor. No te preocupes p e n i c i l i n a de mi alma— le digo.

Pero hay todo un muro humano que me impide acercarme. luego de un poco de karate disimulado. la —Tenga la bondad de indicarme qué hago para solicitar una nueva Cédula —pregunto entre s u s p i r o s . Pienso que. muy atenta. 6. 6. No sean malitos. ¿podría informarme qué debo hacer para una nueva Cédula? —Vea —me dice—. Una señorita simpática. porque me aprietan por todos los lados.que usted vino al mundo cuando llamaron Tranquilo. ¿No cambia nada? ¿Es igual a la anterior? 111 . señores. permítame. Gentes de toda clase y condición. De pronto siento un remezón: es Jesusa que me da un caderazo imponente. señor. Al fin. Empujándose mutuamente y tratando de desplazar a la persona que está delante. puedo llegar hasta ventanilla No. En la ventanilla No. me dice: —¿Le dieron un papel? A ver. —Por favor. ahí le indicarán lo que debe hacer. A puro codazo y dando empujones por todos los lados arranco hacia la ventanilla No. que me están ahogando —clama un joven flaco con ojos de pescado en el segundo hervor. —¡Despacio. que para todos habrá. no se atropellen! —grita un señor de bigote. habrá para t o d o s . Pero no avanzo ni un milímetro. no empujen. tome este papel y vaya a la ventanilla No. 6. preciosa. 1 pregunto a la señorita empleada: solicitar —Dígame. Yo trato de hacer lo mismo. con la gordura de la señora. a los desesperados.

todo el mundo lo menciona. La gente aprieta más que la pobreza. 5. —¿Del sistema métrico? —pregunta alguien.. —Vea..Le digo que si y ella responde. —responde el a l u d i d o —. y ahí le Siento los oleajes humanos que pretenden ahogarme en este mar de confusiones. —No. la misma muque un 112 — . De pronto. Porque el «cambio» se impone. después de llenar un pequeño formulario. —Con este papel vaya a la ventanilla No. porque no tengo automóvil. hay quienes creen que nada cambiará en favor del pueblo. ¡Ahora gana el más macho! —Esta atención —comenta un tercero— es muy deficiente. Y los comentarios chuscos vuelan por el aire que ya va teniendo cierto tufo s o s p e c h o s o . Del sistema político. señor. de las estructuras que ahora sí vamos a ponerlas en práctica. Porque el «CAMBIO» se r e s p i r a por todas partes. señorita —dice un i n d i v i d u o — la veo a Ud.. La señorita de la ventanilla me pregunta: —¿Va a hacer algún cambio en la Cédula? —No. pero. paga diez sucres dicen lo que tiene que hacer. a la cola! Y una voz le contesta: ahora no hacen cola ni los carpinteros. alguien grita: ¡a la cola. La aludida le ve asombrada y le responde: —Yo de semáforos no sé nada. Esta palabra me golpeó el cerebro. Son cosas del sistema. más inútil semáforo dañado. tengo la misma dirección. —le digo .

Todo desorganización. De pronto. la voz de un empleado clama: —Señores. la misma profesión.jer. 113 . De jan las c osa s para última hora. Todos protestan. • — ¡Bravo! —gritan muchos jóvenes entusiastas— ¡Así se habla! Todo el movimiento se anquilosa... —¿La misma profesión? —La profesión si es d i s t i nt a porque me casé. Ríen. con ají. Que sea un cambio i g u a l i t a r i o . ¡El encargado ha ido a comprarlos! Un griterío inmenso es la respuesta. de pronto. déjate de estar pensando en otras c o s a s. humano. La señorita dice que firmes este papel y pagues diez s uc re s. En la ventanilla No. 6 siguen llenando los formularios y preguntando: —¿Lo mismo. «CAMBIO»: El Ecuador lo requiere. lo mismo pero como el «locrito» de todos los días. Es i n d i s p e n s a b l e el cambio que equilibre al rico con el pobre. Así lo hago. el mismo lugar de nacimiento. Un señor alto y bien vestido.. tienen que esperar un poco porque se acabaron los timbres. El Ministro es amigo mío y voy a contarle de este atropello para que cancele a todos los empleados. grita: —Señores: así es nuestra Patria. Pero. señorita —responde el u s u a r i o —. pacífico. netamente ecuatoriano para el futuro de nuestra Patria que necesita del apoyo y trabajo de todos los ciudadanos que vivimos en este suelo libre y bueno. valor del timbre. señor? —Lo mismo. la voz de Jesusa me vuelve a la realidad: —Ve. Manotean. Hay un li ge ro descanso mientras llegan los t i m b r e s . señorita. No cambio nada. Se queda quieto.

señores. Disparó el obturador y quedé fotografiado. que cuando llegue el cambio entonces si verán lo que es bueno. —p i d i ó una de las técnicas—. como dijo Jesusa y me pasaron a la ventanilla de la fotografía. rodeado por el público que esperaba su turno. señor. Mil g ra ci as. Me hicieron sentar en una silla. etc. Se mueve la masa a un sólo ritmo. ¡Como los políticos de costumbre! Al fin llegaron los famosos timbres de diez suc res. Que la falta de organización. Y perdone por las molestias hemos ocasionado. Así. que los empleados son muy jóvenes. salimos a la calle con dirección a un restaurante. etc. del enamorado o del marido que no fue anoche a dormir. señor. —Aquí tiene usted su Cédula. que las empleadas se pasan fumando y charlando del novio. Total. Eso. mire para este lado. Un poquito más atrás. donde dos señoritas — seguramente expertas—. manejaban una máquina automática de fotos a color.Pero el oleaje continúa. extendieron una franela roja —para los niños es de color amarillo—. —A ver. Me los recibió un joven «chamizudo». que le Creo que estas señoritas empleadas podrán no hacer mucho. tratando de consolidarse en los primeros p u e s t o s . Inmediatamente cortaron la foto al tamaño preciso y laminándola me la entregaron. Ya. Jesusa 114 =- . Porque todo llega en esta vida: hasta la muerte. Pagué los diez suc re s. Detrás de mi como telón de fondo. que les falta mística para el trabajo. La gente dejó de crit icar. cordiales y cultas. llena de manchas de tinta y muy suci a. Vaya lo uno por lo otro. que cumplida esta parte del tremendo papeleo. pero son atentas.

. mi viejo —respondió— yo quiero una piza con Ahora o nunca. ¿Sí. si no cumples lo ofrecido me enojo. —Ve. mejor vamos para la casa doy una buena pisa a puerta cerrada.me advirtió: —Evaristo. —No... a veces. Jesusita —le dije—. se pone muy «chicle». . mi amor? Es que mi Jesusa.

la que nos hable de la grandeza del pasado. Y será la historia —que algún día habrá de e s c r i b i r s e y que nunca se e s c r i b e —. y no por ello dejamos de admirar y de sentir todo lo que constituye orgullo de la estirpe de nuestros antepasados. lo legendario que en variadas manifestaciones muestra a las nuevas generaciones aún están de pie. Perduran todavía las huellas que los años dejaron en el recuerdo. también. casi todavía tranquila. 116 — . Si el paso de c i si vo que la civilización está dando entre nosotros. Si las modernas tendencias. se conserva latente.. lo sentimos y admiramos. Frente al edificio elevado que rasguña las nubes y desafía la altura.LA FONDA El impetuoso trajinar del tiempo no ha podido borrar el t i p i s m o quiteño. Y orgullosos.. No ha desaparecido.. soportando los siglos para gloria y honor de esta ciudad buena y ahora casi. se sostiene todavía la casa vetusta con sus paredes de adobe y con la Virgen pintada en lo más oscuro del zaguán. sin embargo del soplo creador que el progreso pone en todas las cosas y del olvido en que se ha dejado al Centro Histórico de Quito. Lo antiguo. Lo t í pi c o —en materia y e s p í r i t u —. Orgullosos estamos de lo nuevo.

Estos lugares —los humilladeros. los quiteños. etc. A ese lugar humilde que acoge al pobre para que pueda llenar su estómago con dos platos de cariucho con papas enteras y uno de caldo de chaquiango. a la fonda. amigos—. También las hay por el Aguarico. por la calle Bahía. Podemos admirar lo típico en las más diversas expresiones de la existencia: en el idioma. al Occidente de la ciudad. Unidas con el eslabón del humano afán por todo aquello que se relaciona con la grandeza pasada y la mejora presente. de la costumbre pasada y presente y hemos puesto la mira de nuestra observación en algo verdaderamente t í pi c o que palpita en algunos barrios de San Francisco de Quito. en la costumbre.de lo viejo. Ya es por la plaza de San Blas en donde pueden verse esa clase de tiendas en las cuales se provee de alimentación a diversas clases sociales que no cuentan con los medios suficientes para comer a la carta y con Menú en francés. la h is to ria de ayer y la historia de hoy. no por culpa de la inflación. Que significa para nosotros. En otras muchas manifestaciones que perduran todavía. 117 . en el carácter. vive aún y forma parte de nuestra vida. están situados en lugares estratégicos de Quito. en donde abren sus fauces para que el i n d i o. etc. como decimos la gente culta—. Ya es por la Calle «Flores» — conocida antiguamente y aún hasta hoy por la calle de «Manosalvas»—. el cholo y el chulla p l a nt i l l a puedan yantar a bajo precio. en donde esperan su clientela pobre o venida a menos. Nos referimos —como nuestros inteligentes lectores lo habrán comprendido desde el p r i n c i p i o —.. Lo t í pi c o... Cultores somos —ahora ya no es tiempo de la modestia. sino por falta de trabajo. Ya es en la Avenida «24 de Mayo». sin embargo del paso acelerado de los años.

según lo afirma la dueña. La hora por la que se inventa. riñones. que ya vamos llegando al lugar que te ofrecí. se miente y se humilla. Es la hora del hambre..Son tiendas t í pi c a s.. hace por igual el reparto de su calor y su alegría. sentado sobre 118 — . hierven en mapagüira. blanco y provocativo. en verdad. De lejos. Y sobre un fogón hecho de cajones. Es la fonda. no se ve la miseria. Pero que. muchos huevos fritos —soles dorados envueltos en capas blancas—. Paciencia. para presenciar el feliz d e s a r r o l l o de un almuerzo. cantarada lector.. Se miran dos enormes cazuelas de barro. l a d r i l l o s y tierra. se roba y se mata. Desde aquí se lo d i v i s a . La hora del hambre: trágica y dolorosa para los que no tienen dinero. llenas de arroz seco. Feliz y grata para los que algo pueden llevarse a la boca y algo pueden dar a los hijos de su corazón. hacen abrir el apetito. fobe. Sobre la estepa de ese arroz. que hace la competencia. La hora del hambre: la hora por la que se lucha..... Con dueñas t í p i c a s . Cuando suena las doce del día y el sol quiteño — comunista de verdad—. Del i nd i o aquel que. Fíjate: este es el humilladero. que esparcen desde la puerta de la fonda. descansa una lata grande que sostiene gran cantidad de s a l c h i c h a s.. Y es hacia esas tiendas a donde nos vamos a dirigir. hígado y «tripa-mishque» que hierven en manteca.. Y con típica forma de atender. no se sienten las tristezas ni se contempla la angustia que baila en las pupilas del humilde la «salsa» trágica de la desesperación.. refugio modesto para la modestia del pobre. un olor grato a comida. lector amigo. Pero.. servir y cobrar. según lo confirma la vecina de al lado.. Que estas c osa s pobres se palpan y se sienten sólo muy cerca de ellas. ¡Las doce del día!. entremos lector.

del locro de charqui. De la mazamorra de habas. cholos y p o b r e s . Es decir que hay una a s e p s i a completa. según popular expresión. es como la Emulsión de Scott. pasan de boca en boca —como los chismes—. en su afán de terminar hasta con la última gota de comida. Este plato tiene también el nombre sugestivo de . Las cucharas apenas se lavan. calificándolos de cholos la desprecian y la ponen al margen de su vida. porque el mendigo es ciego. sobre todo. sorbe el caldo con fruición. porque «hace hasta sudar y. ante la avidez siempre insatisfecha del cliente proletario. Del chulla p l a n t i l l e r o y garboso que dice a sus amigos que come en un hotel de lujo y sacia su hambre en esa fonda. que arrimando a la pared el bastón que le lleva por las calles. come la mazamorra y limpia el plato con sus dedos para lamérselos luego.una banca. llevando al paladar de los pobres el sabor crioll o de las viandas. repitiendo el arroz de cebada. con la atamba al hombro. que miran al cliente y lo tienen compasión. buscando las papas con la angustia de su terrible oscuridad. de las papas con salsa. en fin. Como con ojos d e s p o r t i l l a d o s por el uso. Del mendigo aquel. ataca un plato de cariucho. Las dichosas cucharitas frotadas en el delantal de la dueña —que es cocinera y mesera al mismo tiempo—. fatuos y o r g u l l o s o s . Del cargador que. un arroz y un vaso de agua. del caldo de nervio que. del caldo de chaquiango. cuando uno está chuchaqui. De aquel otro señor de abrigo viejo y raído que pide un caldo. el charqui y l i á n d o s e con un arroz seco con plátanos fritos. De todos a q u e l l o s. Los platos en que *se sirven son de hierro enlozado. ¡Porque son cholos sin plata! ¡Qué movimiento reina en la tienducha! Cómo vuelan los platos a posarse en las mesas —como si fuesen Platos Voladores—. Y que constituyen la gran masa de la clase trabajadora d i s p u e s t a siempre a sufrir la humillación ante el despotismo de quienes. del arroz seco. que por su destino nacieron i n d i o s .

al tiempo que sorbe. pues. con gran estruendo. una cucharada de caldo. busque no más con paciencia las carnecitas que deben estar debajo del agua. —No se queje. El individuo del ango. —repite el ciego. El 120 — . ¡Bien sabe. cubierto con un sombrero que hace 20 años d e b i ó haber sido sombrero fino—. señor Manuel —responde la dueña—. solicita viejecito del abrigo r a í d o. golpeando en los oídos de la dueña que se aturde por tantas voces que escucha al mismo tiempo y que le repiquetean como reloj despertador. que trabajo en la calle. sa l pi c a a la cara del ciego unos r e s i d u o s de caldo. porque no puede masticar con la premura que q u i s i e r a. da fuertes tirones con la mano "derecha. trabajando señor C i r i l o? —pregúntale el cargador. En uno de los últimos d e c i s i v o s tirones. atacando un ango con verdadera furia. —¿Dónde?. ¡Qué lástima que no traje el pantalón de baño para zambullirme en el caldo! —comenta. cruzando sus manos sobre la mesa y chasqueando la lengua inquieta por la comida que tarda—. apure dándome el caldito. —¡Vea.«rompe calzón». señorita —pide el ciego—. si sólo agua ha puesto en el caldo —reclama otro tipo raro. que está sentado junto al ciego. el —Vea. p i d i e n d o caridad! —¡A ver. señorita Petrona!—. esbozando una s o n r i s a que no tiene nada de alegre. pasen ají! —grita un cliente. —¡Ají. qué hubo de ese cariucho. Y los pedimentos más t í pi c o s y originales se cruzan y entrecruzan. porque tengo que ir a trabajar! —¿Dónde está.

—¡Sólo los domingos hay mondongo! —responde la dueña. así mismo hacemos de lambernos los d e d o s . —¡Repítame el caldito de nervio. . limpiándose las barbas con la manga del saco. ¡Apure el caldito. . s i r v i é n d o s e «rompe calzón». —Nosotros. humorista y g ra c i os o: —¡La señorita Petrona tiene cuatro guaguas y un marido! Los rostros de la clientela i n i c i a n un paréntesis de s o n r i s a ante la sa li da del chulla. musita: —Caray. señorita! —pide el ciego. . responde. señor Lucho —i n d i c a la dueña— ¿Quién p i d i ó el caldo de nervio? —pregunta. esto ha sido lo mismo que esperar el bus! — Tome. señor Ci ri lo —di c e la dueña al servir el plato al pobrecito ciego —. Pero muere en los l a bi os de las gentes. señorita! —manifiesta el ciego. . los pobres. antes de haber florecido en plenitud. Sírvase. manipulando con su mano e s c u á l i d a y temblorosa. una —Se acabaron los huevos. entonces. mi señorita Petrona —habla el c i e go —. es urgente! ¿oyó? —s ol ic it a por ahí voz gangosa. ¿qué es lo que tiene? Y el chulla que está al amparo de un biombo de cáñamo. —Entonces. buscando la cuchara sobre la mesa. ¡Qué buen nervio tienen aquí! un — 121 . grita el interesado—. por favor! —¡Pase dos arroces con huevo. que está de «lamberse» los d e d o s .ciego. —¡Entonces pase un mondongo! —i ns i s t e el de la voz gangosa que p i d i ó huevos fritos. parece que ya está principiando a l l o v i z n a r . ¡Ya más de dos horas que estoy esperando el caldito! ¡Jesús —comenta—.—Yo. limpiándose la cara con la manga.

entra una pareja. con dos dedos de la mano derecha va limpiando el plato y llevándoselos a la boca saborea y saborea. pero no p el ot as. extrae precisamente un bi ll et e de diez s u c r e s. que soy gente honrada.. mientras tanto. Mete la mano derecha en el bol si l l o de su saco raído y descolorido. Una chola de pañolón acompañada de un individuo que gasta mucha p r o s a . señorita Petrona —d i s c u t e el pobre ciego. me ha y 122 — . Está feliz. corazón contento».El cargador. Cóbrese los diez sucres que le debo. que «barriga llena.. Bien suele decirse por ahí. y. como suele asegurar una vecina.. Ya quedan solamente dos o tres personas en la fonda. ha terminado de comer el locro de charqui. —¿No se acuerda que le pasé papas con zarza? —¿ P a p a s con zarza? Loca creo que está. Sin embargo de su humilde indumentaria. En eso. ciego creo que está. Yo he comido dos nervios nada más. Piden dos platos de locro y él sigue su trabajo de conquistar a su cholita. Y para cumplir con el rito impuesto por la costumbre. —¿ Y quiere robarme el plato de chiaquíango? —Yo no robo a nadie —clama el c i e go —. escogiendo al tacto entre los bi l l e t e s que debe tener. a quien la dueña se excedía en cobrarle. —Qué es pues el señor Ci ri lo. El la mira con ojos de enamorado —con unos ojazos de pepa de aguacate—. señor C iril o. Dichoso. Siempre visto trabajar honorablemente. — Si —responde el a l u d i d o —. —Pero si sólo me ha dado dos nervios. Por ahí toman asiento.. —Bien sabe Ud. ciego soy.

Y siguen discutiendo. Pero salgamos. Puede ser que al final se pongan de acuerdo.. aprovechando este instante. allá por la década de los años cincuenta. — 123 . que todo lo borra. .. En cuanto a la dudosa higiene que reinaba en estas tiendas. .. para nosotros también ir por el almuerzo. camarada lector. podemos decir lo que Jesusa opinaba cuando se refería al criollo «puerco hornado»: «es puerquito.. lo cambia y lo empuja puede ser que haya acabado con estos humilladeros. Las nuevas generaciones no conocían estas Fondas que proliferaban en Quito. porque soy ciego de nacimiento.. . señora. que ya está haciendo hambre.—Yo no lo he vi st o nunca. El tiempo.. pero r i c o » .

las calles son testigos del afanarse de los hombres. caminan el dolor y la alegría. la virtud sin ficciones. Desde que el sol lanza a la tierra sus l a d r i d o s de luz. Y cuando la noche se cubre con el pañolón de las sombras. La caridad sin petulancias y la otra: esa que muchos la practican por ostentación y para hacer ver que son grandes. claro está.r i .k i . pincel y colores. La mentira que a todos alcanza y la verdad que casi nadie cree. Esas cintas grises en las cuales acecha la muerte en forma de automóvil. naturalmente.LAS CUATRO ESQUINAS Pródiga es la calle en acontecimientos. 124 — . de autobús o de cualquiera otro vehículo a motor excluyendo las suegras. saben del atribular del rico que apetece aumentar sus caudales y del pobre que anhela conseguir el maldito dinero para su yantar. que no necesita de alardes ni del k i . todavía se desenvuelve en ellas la tragicomedia de la vida.k i mundano para saber que es efectiva. La verdadera y la falsa honradez. más poderosos que los que abren sus l a b i o s para pedir y extienden sus manos en solicitud de una pobre caridad. y. Por sus aceras estrechas — serpentinas de largo metraje—. La virtud que se eleva sobre el andamiaje de la hipocresía. La hermosura sin afeites y sin pestañas postizas y la belleza fingida a base de rimmel. Todo.

con una señal de su diestra. como las nuestras. Allá él. . . Y se compadezca de ella. Para que todo el mundo la contemple. al tiempo que. . con el sol! ¡Cocos de la costa! ¡Lotería para el domingo! ¡Frescos de n a r a n j i l l a !. d i s p a r a el proyectil de un automóvil. Una s o n r i s a trágica a su dolor. que tienen el palpitar de la civilización y el pro greso.. Bicicletas que circulan a la fuerza. Así es la humanidad. Que perduran en la h i s t o r i a y en la leyenda. viva o muera. El rico y el pobre. en las e s q u i n a s . i n s e n s i b l e . Así: fría. A todos abre los brazos de sus aceras diminutas. son arterias por las que ha recorrido el tiempo dejando huellas imborrables. Nada tenemos nosotros que ver. Son — 125 . Por aquellos dos factores sin los cuales no es p o s i b l e concebir el mundo. Para procurar hallar en él un atractivo a su pesar. Buses que corren como locos con racimos humanos fuera de borda. Apuradas. Nadie como los desocupados para amar el b u l l i c i o de las calles. El i n d i o y el mestizo. Las calles. El pol ic ía. . lanza miradas incendiarias a la chola buenamoza que pasa con canasto al brazo y s o n r i s a en los l a b i o s. Porque nada nos importa que ese individuo sufra. A pesar de la cabalgata de los años que vienen y que van con su trotar perpetuo e i n c a n s a b l e . ¡Pero nadie repara en su existencia! Porque a nadie preocupa el dolor del semejante. por ejemplo. Para todos se hizo la calle. Frena el de más allá. unas. Despacio. A nadie rechaza. Automóviles que van y vienen... de esquina en esquina. y el consabido pitazo. De toda condición social: el cholo y el noble. Pita un auto. otras. . Gentes que ambulan.representado por hombres y mujeres. en el escaparate de sus p u p i l a s abiertas exponen su congoja. Un sedante a su angustia Y. el sello legendario del pasado. con ruido de hierros que se desarman. miserable y sin alma. y que guardan. por ello. . ¡Fritadaaa! ¡Empanaditas c a l i e n t e s.

circulan y c i r c u l a n .. el afecto que no sienten. Ya. componen la sinfonía de la calle.. Ya. . Y camina musitando palabras incoherentes. desde antaño y como joya de nuestra tra- 126 — . Ya. Y de ese amasijo nacen las b o l a s que van hasta la Plaza Grande y luego. Ponen en duro compromiso a algunos esposos. Cercanas se oyen unas campanas que cantan.. mintiéndose. . Con la lupa de nuestra observación hemos visto muchas cosas. La política también tiene en la calle su puesto de preferencia. Se amasa el comentario callejero alrededor de ciertos acontecimientos de última data. la pelea de dos mujeres que se halan de los cabellos y se lanzan las pedradas de palabras hirientes. levanta ante el acreedor un muro de d i s c u l p a s . a las once de la mañana. Abunda la calle en motivos dignos de observación. Se murmura. Y los ciudadanos se saludan. se recoge a su casa. Los escaparates de los almacenes tientan la honorabilidad de las gentes. Tal como las hemos contemplado. Ya. estaba a punto de cerrar las persianas de sus párpados. ¡Qué lástima de tipo y tan inteligente! Y eso que esto ocurre hasta en las mejores familias. Y hacen soñar a gran número de mujeres que prefieren vestir elegantes. a llenar el estómago. el paso zigzagueante del beodo que. mutuamente. lanzadas con mano maestra. de no tener qué hacer. Lo acompaña un cortejo de lamentaciones. sorprendido. el choque de dos autos furiosos que da margen para la intervención del policía que. el robo en tal almacén que abre la e spi t a de la curiosidad en el público.gritos que. unidos a los demás. Se ataca y se defiende. Aparece la sal quiteña que se rubrica con sonoras carcajadas. Existe en Quito. Las vamos a relatar sin exageraciones de ningún género. . Ya es el deudor que.

Unos con cordones y otros con — 127 . cuentan con «botines» de resorte que todavía tienen mercado amplio. por ejemplo. Criadas de mano de poco sueldo —porque las nuevas que están en onda. que viene del campo y que en ese puesto cubre sus pies «llagados» con hermosos modelos de zapatos de categoría. con tacones bajos. El puesto de negocio tan singular y lucrativo.dición. en sus arranques de erudición. por la estrechez del local. como suele decir nuestra adorada Jesusa. o crema. Sin razón. Por ello es que el color de los zapatos está de acuerdo con la clientela. está situado en la intersección de las calles Flores y Manabí. o amarillos color canario. En el portal del Teatro Nacional Sucre. zapatos de diversos modelos. en fin. Por la singularidad de la gente que ahí se calza. Ve usted. zapatos de mujer. Cada vendedora tiene uno o dos escaparates en los que expone su mercancía. de figuras estrafalarias. Y por lo que se ve y se oye. con tacones más altos que la torre de La Merced. ¡Las cuatro e s q u i n a s ! Decir a un chulla que se ha comprado los «botines» en las Cuatro Esquinas. De gente. es lanzarle una injuria. « pi e s e s ». desde luego. tienen para comprarse zapatos extranjeros—. más anchos que una avenida. Aquel puesto de venta de zapatos es digno de observación. Ya que nuestros abuelos tuvieron orgullo de calzar sus pies. para «pata ancha». un puesto de venta de zapatos. Por esa competencia que desarrollan las vendedoras que negocian casi j u n t a s . hijos de proletarios sin empleo. de color champaña. Para hombres. por el movimiento comercial que tiene. medio puntones. Plaza del Teatro. desde el «cuico» y largo que parece enfermo. con los botines que se vendían en las Cuatro Esquinas. Muchachos. medio ñatos. De proletarios que no tienen hijos ni tampoco empleo. hasta el regordete. luego. La clientela está formada por cocineras y c hol i t a s.

llega en busca de zapatos. en las Cuatro Esquinas. doctor —le grita una de las vendedoras—. También los pobres. no sabe qué hacer. Las gentes. lector. es mejor trasladarnos al sitio mismo del suceso. Para muchachos. suelen encontrarse zapatos con puntera de metal. le llama a grito herido. Vamos para allá. medio turbado. vea lindo. a q u e l l o s que no pueden contar con dinero suficiente para comprar calzado caro y de marcas extranjerizantes. Pero. con los botines en alto. quedar de —¿Qué quiere. como abejas. Donde el tráfico es intenso. aquí hay un par de zapatos que le han de primera. acérquese y contemple este par de o b r a s de arte! Estos zapatos que le ofrezco no resienten ni a los callos! El cliente. Si lanzarse sobre esa vendedora que le está mostrando un par de zapatos enormes. Ya hemos llegado al puesto de Las Cuatro E s q u i n a s . bonito. bonito. ¡Qué movimiento. garantizados para toda la vida. —¡Venga. venga! —Vea. o irse hacia esa otra que. qué agitación! En este instante. 128 — . Ya estamos en la e s q u i n a de San Agustín. Todas le ofrecen casi la misma mercancía. caserito? Tengo botas de charol para su mujer y unas de cuero de puerco para usted! Venga. tengo unos botines como para su cuerpo! —le clama una de las vendedoras —¡Venga. un campesino alto y fornido. buscan en las Cuatro Esquinas el zapato que habrá de acompañarlos en su caminar angustioso e interminable. zumban por todos los lados.h e b i l l a s.

mi señor. le agradó que le dijeran buenmozo. Junto a esta vendedora. —Sáquese no más.Pero él no sabe qué partido tomar. buen mozo. he bañado — 129 . se decide por una. «amamia». dejan de decirle {lindo!.. Al campesino. siéntese.. preferirle a la «bermeja». ¡mamitico!. —Me está ajustando en el «empaine». ¡bonitico!. para d i s p a r a r l e miradas que quieren decir: ¡cholo de sg ra c i a do !. —Pero estoy sin medias —responde el campesino—. aprieten los —Mis botines no hacen ca ll os. Pero que no me callos. Pri mero se muere usted. entonces. en este banquito. señorita. Yo le voy a prestar una media para que se pruebe este rico botín.. Y mostró buena cara. ir donde la «cuica» que vende botines sin refuerzo! —Venga. levantándose el vestido hasta la r o d i l l a y con gesto de delicadeza se prueba un zapato amarillo.. y no me porque estoy sufriendo de reumas. Alzóse el poncho sobre sus hombros y dijo: —Quiero un par de botines de buen cuero. como a cualquier individuo. Rió. Pero quiero un botín de pata ancha. Del sombrero me acuerdo que es 58.. sonriendo. Las demás vendedoras. —«Mejores» sáquese no más el botín derecho.... ¿No será el mismo número? —i n q u i r i ó . Y son bien durables. O ¡indio bruto. señorita. antes que acabarse mi calzado ¿Que nú mero calza. ¿Qué número dijo? —No me acuerdo. Casi un sueco.. otra calza a una chola que. Al fin. de tacón ancho y suela gruesa. bonito? —No recuerdo.

no tenga vergüenza de mostrar esa buena pierna que Dios le ha dado. por el trabajo que le cuesta el calzarle el pie izquierdo.—Entonces le voy a dar este otro. en más 130 — . —¡Qué es pues. todavía le ajusta el zapato. Ahora es en el talón. —No me haga pues tan duro. pruébese.. . Después de unos cinco meses ya se habrán amansado los botines y podrá caminar tranquilo. Después del cambio. . bonito... amamia! Si el color encendido está de moda! Pruébese no más. —Pero no me gusta ese c ol or. Arrimándose en la vendedora. —Entonces —dice la vendedora—. habla la vendedora. Luego de no pocos esfuerzos y de probar más de cinco pares de botines. —Pero no se meta de golpe los botines —aconseja la vendedora que está sudando tinta. Sin poder dar un paso.. A ver. pensando amoldarlo a su pie de enormes dimensiones. quien le dice: —Así mismo es al p r i n c i p i o . .. mientras se agacha y con su mano derecha va pulsando el cuero del botín. El campesino se va rabiando y dando pi ni t o s. señorita —pide el campesino que también se pone a sudar por el esfuerzo que re a l i za . el campesino sale con zapatos nuevos.. .. le diré que sus pies más parecen adobes. voy no más a darle una media delgada para que se pr ue be . casi sin poder tenerse pie. señor —. —Perdonando la franqueza. —¡Púchicas.. que me está apretando en el dedo gordo! —se lamenta el campesino.

como a zapato viejol». E i ni c i a su comercio con un nuevo cliente.. — 131 ... Dejando que la campesina luche sola con sus zapatos nuevos. venga acá! Tengo unos l i n d o s modelos para su gusto. Con razón dice el proverbio: «\Te quiero.... Venga no más!. patrona —dice la vendedora a una cholita que busca zapatos—.—¡Vea.

132 . con grosería y se va encendiendo la llama de la venganza. o sea hecho una fiera y no me levanto porque no me da la gana. se dio media vuelta entre las cobijas y envolviéndose entre ellas me dejó al «aire». con la falta de respeto. esperando que sus gobernantes resuelvan sus peleas particulares para bien de todo un país. Jesusa abrió los ojos al compás de una campana que. Si vos me vetas. Entre nubes de un sueño que se iba. barrido. como está el pueblo ecuatoriano. c ol oni a l e s? No son j o y a s coloniales —a c l a r ó Jesusa—. te veto.. ¿Ah. que yo pueda atender la cocina. arreglo de la casa. yo te boto —cont estó — y aplicándome un empujón desprevenido me lanzó al suelo. ¿Cómo puedes figurarte —gri t é —. en las cercanías. levántate que son las seis. Contesté: Hoy he amanecido político. Así p r i n c i p i a la violencia.. Jesusa i nsi st i ó: ¿Te levantas? No me levanto —dije. llamaba a misa con urgencia.UN MARIDO DE PUERTAS ADENTRO Sonó el despertador como un d i s p a r o .. si? Pues te levantas ahora mismo. masticando una rabia contenida—. Hizo pedazos el silencio y destrozó mi sueño. Evaristo. pero. Y si me sigues fregando la paciencia. en donde quedé como una zapatilla. oí que decía. etc.. a cuenta de que tú tienes que ir a tu trabajo de vendedora de j o y a s . entre dientes.

son a ni l l os de oro. antes de lanzar la primera trompada. . Que nunca llegue a nuestra tierra con sus horrores que su presencia significa. porque a pesar de sentirme macho y hasta «remacho» tuve que ceder. Bien dicen que el «hombre propone y la mujer d i s p o n e » . sosteniendo el pantalón de la pijama que trataba de caerse.. mas. ya que como personas civilizadas sostuvimos un d i á l o g o . Me puse de pie. La violencia anda suelta por el mundo como un vendabal que todo lo destruye. Es que yo no soy un gringo —i n s i s t í — y mi carácter no da para ir contigo al mercado llevando la canasta de las compras. Dibujé una ligera s o n r i s a en mi rostro que estaba embadurnado de seriedad y dije que los jóvenes son los llamados a ayudar a sus padres. Con tu pensión de j u b i l a d o no nos alcanza para nada. ¿No ves los gringos. Los jóvenes no tienen tiempo sino para estudiar e ir al cine con la enamorada —r e s p o n d i ó Jesusa ya un tanto calmada y d i s p o n i é n d o s e a vestir. todo el mundo dialoga. sino un bruto o r g u l l o s o que vive a la antigua. cadenas de plata. Es cierto —se lamentó J e s u s a — no eres gringo. Eva —p i d i ó plañidera—. porque eso de lavar los platos. siempre hay que dialogar. aguantar al marido y otras menudencias. Jesusa tenía razón. es — 133 . Yo te enseñaré a cocinar y verás los ricos locros que harás en el futuro. como ustedes lo saben. porque no estoy vendiendo el Arco de la Reina ni la Calle de la Ronda. La violencia es un nuevo jinete del A p o c a l i p s i s . pero nadie se pone de acuerdo. No soy gringo —grité. Pues lo harás o búscame una sirviente —afirmó J e s u s a . con el gusto que lavan los trastos y la loza? Pero yo no soy gringo y eso no lo haré nunca —Aclaré. tienes que ayudarme con lo de la casa. Ahora todos los maridos ayudan a sus mujeres en los quehaceres de la casa. cocinar. Hoy. barrer. aplanchar. . p u l s e r a s . Tienes que ayudar. para evitar la intromisión del salvaj i s m o y la barbarie que conducen a la violencia.

todo está claro y procederé de acuerdo con el programa. mueles el ají en la piedra de moler. mientras Jesusa abandonaba la casa. T i e n e s que hacer hervir la leche en esta olla. Jesusa. estos cuatro ajicitos que dejo aquí. para i ni c i a r las tareas culinarias que se me encomendado. así. la puerta de calle resonó al cerrarse. pero cuidarás que no se derrame. coges la papa así y el c uc hi ll o así y vas cortando la cáscara con mucho tino y sin lastimarte la mano. J e s u s i t a ? le propongo muy cariñoso. Y antes de que Jesusa saliera a la calle. esta otra con agua hasta que esté hirviendo para cocinar las papas para el locro. buscando un nuevo ambiente. para que se s in ti er a un poquito como «mujer liberada». la economía. eso no lo veremos ni trabajando horas extras! Reímos a dúo. encima de la mesa. trabaja. después. no seas burro.demasiado para una sola persona que. que todo es facilísimo. Y cuando las r i s a s se esfumaron. tienes que poner esta olla pequeña con agua para el arroz. Evaristo. habían P r i n c i p i é por arreglar las piezas. Por eso. Eso mejor ni hablar —contestó—. Y me quedé solo. Te digo. que en la actualidad todo se programa por adelantado: desde la política. me dictó un curso intensivo de media hora. —manifesté. cuando empieza a hervir sube la espuma y es el momento de retirar la olla con mucho cuidado. para indicarme que «tienes que lavar las p a p a s . «haciendo de tripas corazón» resolví ayudarla en todas las labores de «delantal». Cambié de lugar unas butacas. floreros y ador- 134 . ¿Cuándo programamos unos mellizos. Bueno. la carne fritaré cuando yo venga. sueltas las papas —¿en el s ue l o ? pregunto—. tienes que encender la estufa con esta peril la. la acción social. Jesusa. Quitando un cuadro de aquel sitio y poniéndole en la pared de enfrente. hasta los hijos. cuando esté el agua hervida. antes de pelar. ya ves. además. en la olla.

Al aplastarlo saltó una pepa y me entró en el ojo derecho. Total. Así lo hice y cuando todo estuvo listo llegó Jesusa muy cansada y con hambre.nos. Tapé todas las ollas y me dediqué a limpiarme el ojo enfermo. Quedando en el aire un humo parecido al i n c i e n s o. para evitar otra s o r p r e s a . se convirtieron en harina. debida a los queridos Tío y Sobrino que sabemos. Inicié la operación papas. semejaba una mancha de sangre sobre la piedra. Así no podía esperar a Jesusa. Otro problema. Me quedaron pequeñitas de tanto quitar la cáscara. la catástrofe. de tanto hervir. pero qué cosa más difícil. Me arriesgué y lo lancé dentro de la olla. a medio moler. Puse a calentar la leche y se derramó más de la mitad. Las papas. Pero se me ocurrió una idea luminosa: iría al restaurante de la esquina y compraría dos almuerzos para quedar muy bien con mi mujer. Mientras ésta hervía me dediqué a moler el ají. Casi la mitad del arroz cayó fuera de la olla. El ansi ad o almuerzo había fracasado. El ají. pero yo no s a b i a si era de echar el arroz como venía en el paquete. Cuando ya estuvo lista el agua para el locro «solté» las benditas papas y me saltó el agua hirviendo a la cara. El agua para el arroz ya hervía de lo l i n d o . Herví el agua para las p a p a s . Se sentó a la mesa y le serví. ¡Pero el almuerzo está de — 135 . El arroz s u b í a y bajaba como la angustia de los ecuatorianos ante la incertidumbre política y social que vive nuestro país. Con una mano llena de ají me froté el ojo y casi pierdo la vi si ón : no veía ni s i q u i e r a el más ligero arreglo en la tremenda c r i s i s política del país. No podía a b r i r l o y me quemaba. Casi me corto un dedo. desde lejos. Después de una hora me di cuenta de la tragedia: toda la leche se hizo humo. Limpié el polvo en algunos sitios estratégicos y me fui a la cocina resuelto a debutar como Cheff de clase A. Mientras más me frotaba el ojo más me ardía.

. don Evaristo? Un balde de agua fría no me hubiera dejado tan helado como quedé. 136 . —¡Conmigo!— contesté. atacando la comida con todo apetito. Me entregó un papel y dijo con voz fuerte: ¡Aquí tiene la cuenta de los dos almuerzos! Estaban ricos. como cualquier sacristán que dice AMEN. Abrí la puerta y apareció un muchacho. De pronto golpearon a la puerta. Jesusa dejó de comer y me lanzó estas frases calibre 45: ¿Eres tan bruto. levantándome de la mesa. tan incapaz. ¿No es cierto. tan i n s e r v i b l e que ni un triste almuerzo has podido hacer? Y levantando los brazos al cielo. clamó: ¿Con quien me casé Dios mió? ¿Con quien?.primera!— manifestó.. Yo abriré —dije..

Pero me convencí de una cosa: que ahora. de acuerdo con esa costumbre. Si. Tropecé con dos o tres p e r s o nas que se asombraron ante mi afán y los gritos que lanzaba. Era él. Sebastianito. — ¡P ss s! ¡Señor del coco! —grité. logré mirar sus poblados bigotes trenzados que constituían su más grande orgullo. Sebastianito seguía su camino muy campante. Corrí para alcanzarle. era él. d e b i d o a todos los transeúntes suelen regresar a ver. La gente lo miraba con curiosidad. aquel — 137 . porque al gritar: «el señor del coco». S o b r e s a l í a entre la multitud por el clásico sombrero coco que le cubría la cabeza. Yo continuaba llamándole la atención. Llenando la acera con su prosa auténticamente quiteña. era él. Y. sus botines de resorte. por último. por entre un bosque de piernas de muchísimas personas.UN QUITEÑO DE 5 ESTRELLAS Lo distinguí al instante. Si. —¡Psss! —lo llamé. Vi. la cual Nada. concretando el asunto. Alcancé a divisar las alas de su «chaquet». nadie sabe qué es «coco» ni «chaquet». Nada. todo el mundo abría la boca sin saber qué decir. — ¡ P s s s ! ¡Sebastián! —volví a gritar para hacer que se detuviera amigo que corría más que una liebre.

. mientras agradecía al Poli por su colaboración. yo soy un hombre. ajeno. Y arrancó como quien toma parte carrera olímpica. Creyó. que se trataba de algún acreedor —vulgo: culebra—. miraba y miraba a una puerta de calle y le dije: —Señor Policía: ese individuo que va corriendo por ahí. Sebastianito estaba asustado y sus grandes bigotes se movían al unísono debido a la respiración forzada. dos b u s e s y un automóvil. Me reconoció. endulzando la situación. seguramente. —¿Ese que va de sombrero raro y con un saco de aletas? —preguntó. Me acerqué a un Poli que. me acaba de robar una chequera. El Poli... —¡Psss! —continuaba llamándole. —Sí al menos lo parece. Corriendo. —Sí. parado en la acera. soy un hombre casi honorable. ¿lo ve?. Y 138 — . —No.. sino —¡Sebastianito! —le dije con voz de miel de abeja. se me ocurrió una idea.Sebastián apuró el paso. De pronto. Yo llegué más cansado que burro en cuesta.. le increpó: —Devuelva usted la chequera que le afanó a este señor! — ¿Yo? Señor poli cí a. —¡Vamos a cogerlo! —clamó. a pesar de ir disfrazado sin estar en temporada de inocentes. Yo iba detrás. Yo no tomo lo cuando se me brinda. A toda máquina. refiriéndose seguramente al coco y al chaquet. ese que no corre. Abrió la sombrilla de sus ojos p a r d o s . si no que vuela.. ese mismo. Casi me atropellan un camión. en una Al fin lo cogió. que le había sorprendido en la calle. señor.......

al tiempo que enfilábamos centro de la ciudad.lanzándose sobre mi. amistoso — Hace una semana. De costumbres criollas y muy apegado a la tradición. Sebastián? —le pregunté —¡Ay. —¡Pero vos. Grandioso. toma y fuma al mismo tiempo. ya en trance de diálogo. destilaron perlas de emoción. señores. hace treinta años yo era feliz! Pero una mujer — 139 . Tomamos algo y así charlamos. me propinó un abrazo de cariñoso amigo. Fue un encuentro magno. Sebastianito llenó sus ojos de lágrimas. Abrazo fraterno el que nos dimos. —¿Cuándo veniste. Muchísima gente que habla. Y los míos. Unido al pasado con el yugo de la vida y de los años. Evaristo —r e s p o n d i ó . Tan importante como el de Bolívar y San Martín en Guayaquil. —¿Y por qué desapareciste de Quito. Evaristo! El amigo íntimo a quien tanto he recordado. El ambiente está cargado de humo y de malas palabras que. es el quiteño auténtico. Sebastián. —¡Sebastián! —repetí. de rato en rato. Pero estoy despechado. se filtran fuera de las conversaciones. hijo. —Oye —sugerí— vámonos a un café. El hombre que hace treinta años abandonó su ciudad natal y viajó por el mundo. solíamos levantar el humor en todos los barrios quiteños. en hermosas j o r n a d a s del ayer. también. Sebastián? —le pregunté. recordando también al viejo amigo de toda la vida. para el Estamos ya alrededor de una mesa. con quien. —Estaría de Dios —musitó Sebastián.

Flores de Barril? Caray. por la salud de la mujer y los «guaguas». Y averigua: —¿Cómo dice el señor? —Pase dos Pichinchas d o b l e s. yes. Qué lástima de Quito. señor. señor? —inquiere.. —¿Barahonas. El mozo se quedó perplejo. —Sebastián. Se acerca el mozo y pregunta: —¿Qué desean los s e ñ o r e s ? —¡Pase dos Pichinchas dobles! —sol i c i t ó Sebastián.. —¿Cuál fue tu primera impresión? —¡Ah.. —¿Y cómo quiere que le baje el Pichincha. entonces. como antaño. K. porque aquí no viven esos se ño re s. Pásenos. se fue —¿Y te fuiste para los Estados Unidos? —Si. Pero pidamos unas c o p a s . ahora son otros tiempos. ¡Mozo! —llamó. Duda. Y al d e s p e d i r s e . etc. cholito!. sarcástico. usted creo que equivocado. Me fui. Tuve que intervenir.. el idioma. mejor. le dicen: ¡CHAO! se ha 140 — . —Bueno. Cómo ha cambiado Quito. Los amigos ya no le preguntan. Sebastianito se lamentó y dijo: —Yo regreso a mi tierra a los treinta años y encuentro que ya no es la tierra que dejé. amores nutridos durante diez años. A todo le responden O.con quien había sostenido con otro. dos cervezas. pásenos dos Barahonas d o b l e s o dos Flores de Barril. aclarando.

. al —Yo vine. Quito está cambiado. viejito bestia. todo evoluciona. Ayer. porque casi ningún taxi tiene la señal que le distingue en todas partes del mundo. como una venganza contra los h i p p i e s y los guangudos. morir en paz y como soy de los quiteños de Quito... Te juro que me vine por no ver a los hip-pies de largas cabelleras. Sebastián. Vengo acá y me encuentro con que aquí tienen más pelos en la cabeza. —Pero todo cambia. a buscar tranquilidad. debes comprender que hay que amoldarse a los tiempos.. las mujeres automáticas y el amor automático. —Especie de animales estos. hay que adaptarse ambiente.. ¿Te fijas? Uno pide Pichinchas d o b l e s .. que desde San Blas para el Norte. —Pero. porque no me adaptaba al ritmo que se vive allá... como antes se llamaba el mayorca y creen que uno es un i d i o t a .. —dice S e b a s t i á n —.. Figúrate. de overoles llenos de parches. las orejas y los ojos. —Yo no puedo. más p at i l l a s que les tapa la cara.. . Aquí están más «guangudos» que allá— Cansado de tanto gringo. me visto con chaquet y coco. vuelvo a mi tierra y resulta que el gringo soy yo. tú que has corrido mundo.. ¿no e st á viendo que este es un carro de Gobierno. sacándome unos ojos como de pepa de aguacate: —Vea. están muy l i n d a s . Evaristo. !. Evaristo. uno quiere parar un taxi y no sabe si el automóvil al que hace señas es particular o público. —i n s i n u é —.. ve st i dos como m uñe c os. Me mataban los bares automáticos. Evaristo. Vine de Estados Unidos p r e c i s a mente.. sin ir más lejos. ¡Esta es mi venganza! — 141 1 . En las calles de Quito.. hice parar un carro y el chofer me dijo.—Pero es la evolución de la e spe c i e.

.— Gracias. Evaristo ¿Cómo puede ser p o s i b l e que a un millón de habitantes que dicen tiene Quito. Dime —clamó— ¿Dónde están las c h u l l a s ? ¿Dónde están? El mozo que nos servia se acercó. Ahora. estimado amigo y compañero? —La falta de agua. una ciudad pequeña con calles empedradas.. porque a las ocho ya no hay agua ni para lavarse los d i e n t e s. —Gracias —contestó Sebastián. —¿Te acuerdas de los Baños de Los Milagros. poca gente.. porque hace rato que ni me baño. Solamente cuando vamos con Jesusa al T i ng o. Han desaparecido la manta y los alfileres de ca beza negra que utilizaban las chullitas para c u b r i r s e sus cimbreantes cuerpos. si en todo Quito encuentras siquiera un coche de c a b a l l o s como los antiguos que se estacionaban en Santo Domingo? Ya no hay las c lá si cas chullas quiteñas. Que era como antes. querido Sebastián yo no sé nada. En cuanto a los dientes...—Quizá tú pensaste —r e p l i q u é — que Quito se había estacionado. ¡Y la pol í t i c a ardiendo. Evaristo. . —¿Las chullas quiteñas. . Y pensando que a él le respondió: preguntaban. ya las veremos. ni para remedio. reposo y paz. Eva? Qué 142 ... . Por si acaso. —¿Ves.. jefe? Me parece que están en ese reservado de la izquierda.. dijo un cura. no se le provea de tan vital elemento? Figúrate que tienes que bañarte a las cinco de la mañana. Suponen que es mucho más ventajoso que hacer política. —De eso si. Sebastián. nadie hace política porque todo el mundo trata de hacer plata. yo siempre tengo mi botellita de agua de Güitig para lavármelos. —¿Y qué más te molesta.

permíteme que te diga que eres intransigente. Si progresamos.. Mas bien. Sebastián tomó dos cervezas más. Pero el Quito antiguo se conserva desde San Blas hasta Santo Domingo y hasta la Estación de Chimb a c a l l e .. . —Claro que se conserva.... Sebastián. Y con la boleta respectiva le daban a uno un buen pedazo de j a b ó n negro para sacarse el Ídem.... El portal de Santo Domingo que antaño era tan reluciente y limpio. . —Eso es verdad... Monumentos d e s c u i d a d o s . —Eso se debe al progreso...... cada tejado tiene antenas de t e l e vi sión.. Antes.. En par- — 143 . Las calles d e s c u i d a d a s .. Las casas viejas que no se r e f a c c i o na n.. que l i n d o era. —Ya te está s a l i e n d o el gringo.. Tú que conoces mundo puedes dar razón. se adornaban con siemprevivas. Ahora. sucias.. pero en qué c on di c i on es.... Sebastián.... pero conservemos en buen estado el patrimonio antiguo y colonial que no poseen en ninguna parte del mundo. Ahora... Entre todos nos conocíamos y éramos amigos del alma..maravilla de agua asoleada en grandes reposaderas.. querido Sebastián. Y te juro que ya mismito se mejora nuestra situación con San Petróleo que todo lo puede....! —Sebastián.. —El Quito de antaño.. ni nos hace caso. ¡Qué horror... .. . . nadie nos conoce ni nos saluda. Olor a fritada desde la mañana a la noche. las tejas españolas de las casas antiguas....... Pero que esté limpio...... Se puso eufórico.... pero poco a poco vamos cambiando. . está cada vez más mal presentado. cómo lo cambia todo el progreso. porque al turista no le asustan los precios sino la basura. Esos si eran baños... Alegre. como es el Quito nuestro. Evaristo.... nos anquilosamos..... no —Está bien.. si te d e s c u i d a s te atropellan.

franceses. Al fin diste en la cabeza del clavo. ... le niegan el agua y le cortan la coleta... . —¿Y qué me dices de los colegios y e s c u e l a s . digo. ¿O es que antes éramos más brutos que ahora? —Bueno.tes tienes razón... y otras que se me olvidan. —Esa si está muy buena. Le pidan referencias. . —Antes de tomarnos otra cerveza negra. porque el tiempo no pasa en v a n o .. .... italianos. i ng le se s. Evaristo: la dificultad de que a un padre de familia.. partida de bautizo de los ocho niños y certificado médico de que tiene buen dorm i r.. ¿ T e acuerdas? —Y otra cosa.. vámonos —s u g e r í . hay alemanes. —¿ S i g u e s dominado por tu mujer? —me preguntó mientras bebía último vaso de cerveza.. mi querido Evaristo? —Ahora.. etc.. cuando al dueño de casa le da la gana. Sebastián.. Antes. Y encima le cobran por meses adelantados.. los padres no saben en qué colegio poner a sus hijos. . le arrienden un departamento. según me han contado. el 144 — . porque. ¿Es que no somos humanos?. j a p o n e s e s y chinos. Sebastián. de las negras que me gustan... le cortan la luz. te diré una cosa: estoy por creer que los Alcaldes de Quito son d e n t i s t a s . . ¿ S a b e s por qué? Porque no hay una boca-calle a la que no quieran ponerle un pue nt e . americanos. con numerosa prole. partida de matrimonio.. cholito. no había mejor Colegio que el Borja ni mejor Escuela que la de las señoritas Toledo —que fueron mis i lu st re s profes o r a s — la Escuela del Cebollar. estén o no embotelladas. —Era verdad. .

. Que nos hería hasta el alma. Quería dar una serenata a la antigua.. Sebastián... como un puñal. Eso nos pasa a todos. . ¡Era el con hechos rotundos. víctima de tu propio invento.. Al pie de las ventanas templé mi guitarra. Viejas serenatas quiteñas que levantan el velo de la emoción en las noches oscuras de los tiempos mejores..! no era la de Jesusa. que Y como agradecimiento recibimos agua. —r e s p o n d í — .. donde estén. que al fiero mar te arrojas». —Bueno. cuando las golondrinas empiezan a encender sus motores para el viaje de todos los días. pero muy felices. Y mi voz. —sugerí—.. es cuando más se dan de machitos. («Semental»..—No. Bastante b e b i d o s . Vámonos a dar sereno a mi mujer... Canté la Barquilla. —S a b e s . De pronto se abrió una ventana.. Llegamos a mi casa. Y blanco en el coco de Sebastianito.. Y cuando los humanos. Marlene y José Stalin contra mi que soy la v í c t i m a . sólo que la otra parte tiene la mayoría: Jesusa. quiero que volvamos al tiempo pasado s i q u i e r a por unas horas. Vamos a mirar el cielo de Quito a la madrugada... Fuimos donde un amigo que hubo de prestarme una guitarra. .. Salimos del café.. Con música sentimental. un macetero que hizo presente que hablaba — 145 .. como suele decir Je su sa ). gozan del sueño de la madrugada.. . Sebastián me hacia segunda con una suave voz de tarro que rubricaba la música... horadó el sil enci o de la noche. Ahora que las mujeres usan pantalón. «Pobre b a r q u i l l a mía. a h o r a tenemos un gobierno compartido: mandamos los dos. Quería hacer sentir al barrio los recuerdos del pasado y la pena honda y oscura del vivir presente.

retrógados. había levantado el vuelo para siempre. dejen dormir.. que estas cosas ya no se usan! Lloramos. Lloramos por el pasado que.. No por el golpe del macetero. No por el coco que había de quedar fuera de uso. que nos gritaban: —¡Borrachos infelices. como un pájaro fugitivo.. enseguida. No por el agua.Oímos. 146 — . vayan a dar sereno a sus respectivas abuelas! —¡Sereno a estas horas.

cuya estatua se levanta un poquito menos que en el centro de la plaza que lleva su nombre. La gente. Su movimiento de b u s e s . Si a todo esto aumentamos los gritos — 147 . deja correr el río humano que va hacia el Sur y sus diferentes ramificaciones. tejiendo de este modo la tela de la vida cuotidiana. quizá porque la Iglesia y el Convento de los Padres dominicos están situados en el borde oriental de la misma plaza. El único que permanece indiferente y sereno es el Mariscal Antonio José de Sucre. parece una manifestación pública en favor de los derechos humanos tan pisoteados en e st os últimos tiempos. que desemboca en la plaza y que viene desde la de San Francisco.CURIOSIDADES CALLEJERAS La Plaza de Santo Domingo parece una colmena. peatones y vendedores ambulantes es intenso e intermitente. e incluso como verdaderos zánganos. pululan por sus cuatro puntos cardinales. pues. Es. Esta plaza es un punto neurálgico porque por las múltiples vías que desembocan en su perímetro. La calle Bolívar. muchedumbre de vendedores ambulantes que venden desde un bolígrafo hasta una lavadora. pero que todo el mundo la conoce como Plaza de Santo Domingo. como abejas. automóviles. un lugar donde el tránsito se hace un nudo más gordiano que el polí ti co Estacionamiento de taxis.

¡Le tenemos la canoa precisa para su hermoso busto! —Joven: venga y compre bolígrafos baratos que escriben solos y sin faltas de ortografía. el centro de la ciudad de Quito. pacífico. digo.. estimados amigos —no de borrico sino de individuo asustado—. —Mi señora. de grito en grito. los vendedores. venga y compre antes de que el sucre se le acabe! —¡Paisano: no vaya a pasar el tiempo en la Cámara oyendo palabras de grueso calibre! Venga y compre d i s c o s en realización. Sólo faltan unos cuantos borricos para que el panorama sea completo.. casi casi los meten en las propias narices de los transeúntes. —¡Mi señor: zapatos para sus pies! ¡Medias para sus huesos. ¡Música de todos los tiempos! ¡Acérquese y oiga cómo cantaban sus abuelos! Y así. sentado en un banco de la plaza. aproveche. tenemos la locura. portando en sus manos los objetos que ofrecen. corre el peligro de ser atropellado por cualquier «hijo de papi» que lanza su carro sin reparar en nadie. mirando 148 — .y reclamos comerciales que se lanzan a los aires. para sus p i e rn a s ! ¡Venga. Para decir la verdad y únicamente la verdad. no tenga miedo si es casada! Y si es soltera. ¡Qué barbaridad! Y el peatón desprevenido que trata de evitar tanta molestia.. —¡Mentolato extranjero! Quita todo dolor. hasta el de haber nacido. ¡acérquese.. hoy es una inmensa feria pueblerina que a s u s t a a quien cae en sus entrañas. Aquí me tienen. acogedor y hasta romántico. con exageraciones i n c r e í b l e s achacadas a la sal quiteña. que otrora fuera tan tranquilo.

el ir y venir de las gentes. Comparando las clases soc iales que existen en nuestro conglomerado y valorándolas según su ve st i menta, sus facciones y aún por su manera de caminar. Esto es lo que se llama sociología a primera vista. O como dicen los académicos: «a p r i o r i » . De pronto, una señora andrajosa con un niño e s c u á l i d o en sus parándose junto a mi, me dice con voz entrecortada: —¿ P o d r í a ayudarme con unos sucrecitos, señor? — Si el niño es suyo, con mucho gusto—, le respondo. —Entonces, señor —contesta—, ¿quiere que le traiga la partida nacimiento? —No, señora —digo—, pero como usted debe saber, hay muchas que a l q u i l a n niños para pedir limosna. de brazos,

personas del

—No, señor —a c l a r a la señora—, este es un desgraciado hijo desgraciado padre que me abandonó hace poco.

—Bueno, señora —termino—, tenga usted unos desgraciados sucres de ayuda. Y ojalá mañana no la vea por aquí con dos o tres hijos más desgraciados todavía. La señora sonríe con tristeza y agradeciéndome se aleja con paso apresurado. Después de pocos momentos un lustrabotas, masticando un chicle a lo puro gringo, me pregunta: —¿Le lustro, jefe? —¿Qué es lo que quieres lustrarme--------------------inquiero, dándomelas de picarón. —Los zapatos, señor —a c l a r a —, y no lo que usted está pensando, porque no tengo la bacerola apropiada. En el paradero de b u s e s que está cerca se oye un chirriar de frenos como si hubiese llegado un ferrocarril. Luego, se es-

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cuchan d i s c u s i o n e s , palabras violentas, d i s c u l p a s innecesarias y demás términos de cortesía para uso p ú b l i c o . Las pitadas del policía de tránsito se suceden a todo dar, lo cual significa «señal de arranque y corra» que le cogen señor chofer, apúrese descargando la mercancía humana. Es en este sitio donde se puede calibrar la gravedad de la OPERACIÓN TRANSITO en esta bella urbe. Causas: estrujamiento colectivo; avalancha humana que quiere entrar y salir al mismo tiempo; demasiada rapidez del bus para recibir y bajar pasajeros. Lo que da por resultado un choque de dos fuerzas avasalladoras que pujan por bajar a tierra y por encaramarse al aparato. Y como secuela hay piernas golpeadas, brazos medio rotos, carteras vacías, ojos amoratados, cabelleras femeninas d e s p l u madas, ropas desgarradas y manos t o r c i d a s . Es decir, el des contento y la angustia generales. Al tiempo que el chofer grita: —¡Apuren, por favor, que el enemigo está pitando! —Y claro, las imprecaciones danzan en el aire como si fueran bombas e x p l o s i v a s . —¡Cuidado, señor, que me está pisando! —clama una señora. —Tranquila, señora, que no soy gallo ni de a pe ll id o —responde una voz que sale del tumulto. —¡Grosero —truena otra voz—, suélteme la pierna que me está matando! Y de entre la muchedumbre que se agolpa en la puerta del bus, baja a tierra un hombrecito que sostiene sus pantalones con ambas manos y dice con voz doliente: ¡Casi me ahogan, c....! ¡Jesús, si no me los sostengo así hasta me roban los pan t a l o ne s, . . . ! La gente que logra bajar queda como mareada. Con caras

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de asombro, dando vueltas sobre sí mismo, admirada de encontrarse de pie y con vida. El bus arranca como un toro bravo, con tanta fuerza que los pasajeros que siguen el viaje entrechocan como burdos costales de papa chola. Total: la organización más desorganizada del mundo, porque no hay autoridad que ordene hacer cola en los paraderos señalados como se acostumbra en todas partes del planeta. Estos santísimos b u s e s no paran sino en el sitio que quiere el señor Chofer, a pesar de los timbrazos, de los gritos y del cons a b i d o : ¡Pare!.... ¡Pare, por favor, que no quiero ir a su casa!.... Después de cada grito el bus se sacude, como una manifestación de ira de quien lo conduce. Y cuando van volando por calles tortuosas y avenidas anchas, enhebrando puentes a desnivel, túneles y hasta «chaquiñanes» en los barrios en d e s e q u i l i b r i o , el tormento es mayúsculo para el usuario que no tiene otra cosa que hacer que encomendarse al santo de su devoción y recordar las «oraciones a bien morir» que le enseñó su querida mamacita. Como ballenas enloquecidas bajan las pendientes, ascienden por las alturas, se introducen por las calles estrechas y corren a toda máquina para llegar a tiempo al control. ¿Será que les persigue el d i a b l o ? Y cometen el pecado mortal de pasar los semáforos en rojo, verde y amarillo. Todo esto acompañado de música a todo tambor. El triste yaraví y los mariachis invitan al su i c i d i o al pobre pasajero, que si no llora de tanto desconsuelo, es porque ya se le acabaron las lágrimas.... Pero eso sí, para ver a las guambras, los choferes no son daltónicos y saben muy bien cuando deben frenar. Pero al timón, dueños de las vías p ú b l i c a s y se sienten pilotos de Jet,

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.. Porque un país sin 152 — . Las calles de Quito. Autoridades y público necesitan disciplinarse. son vías que sufren aun cuando tengan alma de piedra y pavimento.«angelitos» que quisieran volar hasta los cielos donde no hay policías.. disciplina es un país sin esperanzas. con esta organización del tránsito. semáforos ni costillas que romper.

hasta la moral baja de categoría para dar paso a toda clase de c l a u d i c a c i o n e s . A causa de este fenómeno social que con tanta inteligencia dejo descrito — perdonen ustedes la modestia—. ante la avalancha de la gente necesitada. son factores que impulsan al pueblo a manifestar su descontento y a reclamar un nuevo cambio en la dirección y metas del «establecimiento». la falta de facilidades para la educación. Y se aumenta la delincuencia. hasta los campos se quedan sin brazos de trabajo por el éxodo hacia las ciudades de labriegos y campesinos. el alto costo de la canasta familiar. la escasez y carestía de la vivienda. el desempleo. Y exigen soluciones inmediatas que resuelvan tan precarias condiciones de vida. Lo que constituye g r a v í s i mo problema que se bifurca hacia las capas sociales que integran el país. en todos los estamentos so c i a l e s. y.LLEGARON MAS CAMPESINOS Las desigualdades soc ia le s. Como consecuencia de esa angustia y de las necesidades inmediatas que el hombre requiere para s u b s i s t i r . las p r i n c i p a l e s — 153 . Crean los problemas en las ciudades. porque los «sintrabajo» recurren a los sistemas más fáciles fuera de lo normal para adquirir el dinero necesario que les permita vivir.

¿Les he contado. las «letras» vencidas las he pagado con sus respectivos i n t e r e s e s —. Y es así como han dado lugar para que problemas de toda índole traumaticen el desenvolvimiento de nuestras urbes. ¿Por qué no lo intenta usted? Decirlo esto a un poeta es un i n s u l t o .ciudades de nuestro hermoso p a í s se han «llenado» de campesinos. pensando. 154 — . claro. biografía. señores. para venir en busca de mejores perspectivas de vida. amigos. que más produce una calle pavimentada que un verde y prometedor potrero. que yo siempre he soñado con ser un gran periodista y un gran poeta? Pues sí. capaz de cambiar la política con un solo editorial a la altura de cualquier ciudadano de cuerpo chiquito. Ultima-mente «llevé» un poema maravilloso y sentimental al señor Director de un periódico. Mi mujer i nsi st e en decirme que me las doy de intelectual porque me gusta hablar con palabras difíciles y porque tuteo a los grandes autores de historia. Pero sí me siento capaz de hacer un buen reportaje. No llegó ni al segundo verso cuando me dijo. los tuteo. que han abandonado los lugares de nacimiento y de trabajo. Porque cuando atisbo una noticia me late el corazón como si fuese una rotativa y la saliva se me vuelve negra como tinta de imprenta. señor. la descripción de una catástrofe o la noticia-novelada de una boda interrumpida. Toda mi vida he luchado por conseguir un puesto destacado en las letras —pero eso si. no llegué sino a Sargento. Vea. cuando era militar. quizás. Pero no me fui a «Mayores» porque yo. hay muchísima gente que vive de hacer zapatos o l a d r i l l o s. ensayo y novela. folclóricamente llamado «omoto». pero no he tenido suerte. Pero no pierdo las esperanzas de ser algún d ía un hombre de «pluma en pecho». pero cuando están muy lejos.

la olfateo. Comprendí lo que tenía que hacer. Hacerlo sentar. señor. —¿Podría usted —digo—. estimado compatriota y amigo? —Lo que quiero es que me compre c i ga rri l l os. con mucho gusto. —¿Para qué?—pregunto. Es un campesino que se está buscando la vida en plena vía pública. Es. Y aquí viene nuestro diálogo: —¿Cómo se llama usted? vender — 155 . Es un campesino con una caja de Marlboro en las manos. Dulcifiqué la mirada y le hablé poniendo miel de abeja en las palabras: —¿Qué es lo que desea. contestarme algunas preguntas al respecto de su situación? —Si me compra los c i ga rri l l os. Eso fue exactamente lo que hice. señor! ¡Ayúdeme. Afiné mi voz. Brindarle una cola o una cerveza y hacerle hablar. Mi mujer y dos guaguas me están esperando. Son Hago trizas mis pensamientos. la siento cerca de mi. haciéndome el bobo. señor. no sea malito! Sí. precisamente.. Necesito urgentemente. —Señor —oigo que llaman—. ¿Me compra c i g ar ri ll os Mari-boro? de legítimo contrabando.. Y miro a quien me di ri ge la palabra. Llevar a este sujeto a algún sitio cercano. con un sombrero de la década de los 50. como el galgo que olfatea al pobre conejo paramero.Yo percibo la noticia.. ropa de tercera clase y una voz medio gangosa que insiste: —¡Cómpreme. —Para poder comer. señor. Es el reportaje cumbre que está golpeando en mi puerta para abrirme paso en el periodismo. la noticia que yo quería. señores.

digo de qué lugar. Aquí hay actualmente mucho desempleo. amigo. tosen todo el día y toda la noche. —Siempre es duro aquello de aventurarse. Vendí una parcela de tierra que tenía. —De Sigchos. en la Magdalena. un carro casi la mata. porque no hay quien quiera laborar. aquí se gana fácilmente la vida y se consigue trabajo en cualquier parte. Manejo la p a l a y la azada y sé algo de agricultura. Es lo que hacía en Sigchos. —¿De dónde viene? —De la casa. Dos meses he buscando trabajo y no he podido conseguir. Todo el mundo esta s a l i e n d o para las c i u d a d e s . —¿Y cómo le ha r e c i b i d o Quito? —Aquí hay mucha gente. Mi pobre mujer está enferma del susto porque cuando recién llegamos. señor. señor. —Eso no es verdad. —¿Dónde viven? —Por allá. con el frió que hace. —No. —Y cómo se sostiene actualmente sin ningún empleo? Trajo pasado 156 — . —¿Y por qué se vino a Quito? —Porque según me dijeron. para lo que usted mande. —Así es. Hace tres meses que estamos en Quito.—Sinforoso Gutiérrez. Los edificios son muy altos y dan miedo. Me mintieron y nos fregaron. ¿ T i e n e alguna profesión? —No. Conseguimos una piecita y nos acomodamos. Mis dos guaguas.

sin acercarse jamás a la dura realidad de los hechos.dinero? —Lo de la venta de la parcela. Y nos alegró el e s p í r i t u . Nos tomamos seis cervezas. Es muy difícil. pero en vista de tanta insistencia. Pero no me queda otro remedio. Sinforoso me' contó toda su h i s t o ri a . Fue un deseo s i n c e ro de ser útil. Es que nos da vergüenza regresar. entonces. Ojalá Dios nos dé salud. yo soy quien debe brindarle. señor? —Caray. Pero ya casi se me acaba. se me encendió en el alma el anhelo de servir a los demás. señor. Me dan al fío y pago cumplidamente y me vuelven a confiar. Vamos a aguantar hasta el último. Pensé. —¿Espera poder s u b s i s t i r sólo con la venta de c i g a r r i l l o s ? —Ya me estoy cansando. Historia triste de un campesino sin plata. como prólogo a la séptima cerveza. —¿No ha pensado en regresar a Sigchos? —Vamos a ver. que — 157 . ¿Me acepta una cervecita. señor. Después de la sexta cerveza y al considerar la triste situación de mi amigo Sinforoso. Y el alcohol fue subiendo y subiendo hasta el campanario. Por eso me conseguí de casualidad este trabajito de vender cig a r r i l l o s. ( T o d o s tenemos en el fondo un poquito de «chullas»). Y se nos facilitó la palabra. En sus ojos claros hasta se veían los trigales de su terruño y los paisajes de su campo lejano. No el deseo que tienen ciertos ind i v i d u o s al d á r s e l a s de «humanos» ideológicamente o detrás de un e sc ri t ori o. De tender la mano a quien la necesitaba urgentemente. gracias amigo. Y sentimos hasta castañuelas en el corazón.

chupo. tu víctima Jesusita — contesté—. Pensé. ¡Qué gracioso estás! —comentó—. —manifesté. Me quedé de una pieza. mi vieja. tiene también muy «malas p u l g a s » . a lo mejor ya estás tomando. en el patio. Yo no abro la puerta ni a bala. Dijo que no me preocupara. ponte en su lugar. Ellos están en Quito buscando trabajo. donde tú dispongas Je su si t a . Se me iluminó la mente. Contestó Jesusa: ¿Qué d e s e a ? Aquí. —r e s p o n d í — . ¡No. ¡Ya estás metiendo la pata como siempre.podría llevar a Sinforoso y su familia a nuestra casa. pero como dicen las malas lenguas. El vio en mi cara la decepción y la tristeza. debajo de mi cama. hay que ayudarlos como sea. ¡Allá tú! —r e s p o n d i ó — y me colgó el teléfono. gracias! —r e s p o n d i ó — Lo que si te digo es que si vienes con esa gente tendrás que dormir en la calle. que ya s a l d r í a adelante pero que no quería regresar al campo. en el garage. Te noto algo raro en la voz —contestó Jesusa—. su mujer y dos guaguas! ¿Y dónde quieres que los metamos? argumentó ya con mal humor. Ya lo sa be s: ¡ni a bala! Pero Jesusa. Y que Dios los ayudaría. No. 158 — . El amigo Sinforoso me miró con unos ojos i n q u i s i d o r e s . ¡posada para mi amigo. estoy con un nuevo amigo Sinforoso que juntamente con su familia necesitan urgente ayuda. ¿Vas a venir a comer? No —dije—. Jesusa! —aseguré—. ¿Y qué es lo que q u i e r e s ? Y le lancé la bomba. en la muralla china que personificaba Jesusa. rotundo—. bella mujer —manifesté—. Me acerqué al aparato y marqué el número de mi casa. De pronto vi un teléfono en el mostrador de la tienda. sino dos veces al año: cuando llueve y cuando no llueve. bien sabes tú que yo no bebo o mejor dicho. quien tiene buen corazón. Evaristo! ¡Con cuatro tragos eres capaz de dar hasta la camisa! ¡Déjate de ser bruto! ¿Con qué plata los vas a mantener? ¡Es que tenemos que ayudarlos. también. En cualquier parte.

Para pisotear la indiferencia de la humanidad. Y que conste que el mundo sigue girando.Pedí más cervezas. — 159 . Tomamos para calmar la amargura. Para sentirnos más hermanos frente a la dura realidad de la vida.

vaya lo uno por lo otro. al correr impetuoso de los años. Los si ti os que tienen el sello de la heroicidad pasada y cuentan con la veneración presente. Riñones tiene cualquiera. Paisajes multicolores y de ensueño. previa la aceptación del cigarrillo que tan galantemente nos ofrece. límpido y más tranquilo que una persona sin deudas. Pero. Desde cualquier esquina podemos admirar las calles legend a r i a s . además. deben estar sentándole un poco mal a los riñones de su robusta humanidad. se ha 160 — . sólo tiene la ciudad de Quito. que si le asombran los paisajes maravillosos que rodean la ciudad. estimado aunque desconocido Míster. cielo azul. Los templos en cuyas fachadas han dejado su arte las mágicas manos de los artífices de la colonia. permítanos que lo acompañemos en un ligero recorrido. usted y su inseparable Kodak se encuentran en la ciudad de Quito. Los lugares en donde la leyenda ha creado una historia y la historia. Y sé. estimado Mister. las empinadas calles de Quito—. en donde todos los transeúntes son malabaristas urbanos—. en vía de turismo. Para evitar errados comentarios y darle el j u s t o nombre a las gentes y cosas que usted y su inseparable Kodak habrán de captar en la ciudad. que.QUITO PARA TURISTAS Ya sé.

Abajo. caminemos. Justamente al pie de esta monumental estatua de la Virgen Inmaculada que abre sus brazos a la cristiandad quiteña. Ahí. Estamos ahora en la cumbre del P a n e c i l l o . se yerguen dominando las alturas. apenas se distingue la lombriz del río. ahí no más. un cono de nieve altivo y grandioso que quiere envolverse en las gasas de las nubes. están al alcance de sus p u p i l a s azules y del ojo automático y cr i s t a l i no de su inseparable Kodak. avanza el progreso con sus grandes avenidas. Y. sus puentes a desnivel. el gran Pichincha. Míster. cuajado en el blancor incólume de la nieve. o Plaza Grande. el Panecillo. que desde hace siglos está aprendiendo a ser grande con el ejemplo sublime del Pichincha. para esconderse de las caricias del sol. Y volviendo la mirada. bien abajo. contempla usted el Cayambe. con sus casas de juguete superpuestas como en un Nacimiento quiteño.convertido en leyenda. estimado Míster. Disparando la mirada hacia el horizonte. A nuestras plantas se extiende la urbe. Míster. es como una admiración de granito enclavada en la vértebra andina. Porque en este suelo ecuatoriano b r i l l a r o n las primeras luces de la libertad. al norte. está el Cotopaxi. Y cerca de nosotros'. Esta es la Plaza de la Independencia. los edificios altos que se empinan inútilmente hacia las nubes. ¿lo ve usted?. Los monumentos de indecible belleza y mil cosas más. montaña heroica en cuyas faldas cayó herido de muerte el león i b é r i c o. Míster. como saetas lanzados al infinito. es un símbolo a la Libertad Americana. Vamos ahora por esas calles. puede usted contemplar el paisaje andino en todo su e s p l e n d o r . Los picachos del llliniza. gran admiración y noto que inquiere significado de esas b o l a s —las que rodean al moel — 161 . Y este cerro pibe. allá. El monumento que usted ve. Como veo en sus ojos. Puede verse la ciudad antigua y colonial.

debo decirle que son también s í m b o l o s y adornos del monumento. son las cabezas calvas de los militares reti rados que se reúnen. . de los —Boeno. la Calle de la Ronda. ¿Bolas? Descubro. misteriosa y antigua. Míster. amigo mío..numento y están entrelazadas con cadenas de bronce—. Pero ¿qué se queda escuchando? ¡Ah. . —¿Esta fiera moerde? —me pregunta el gringo. Y digo al Míster: esas no son bolas. cuajada de recuerdos y de duendes de media noche. pero primero mi querer fotografiar este animal c u r i o s o .. El puente que usted d i v i s a es el Puente Nuevo. pero tiene el sortilegio de alegrarnos. todos los d í a s. Míster. —Al frente tenemos el Arco de la Reina. ¿Mataron envenenado? Expliqué al Míster todo el proceso previo al sacrificio del 162 — . Una joya colonial bajo cuyos do se l e s han desfilado muchas generaciones. asustado ante la presencia del provocativo y s u s t a n c i o s o hornado.. apaciblemente e s t i r a d o sobre una batea.. al fin. . como un río de piedra y de leyenda.. un «cachullapi!» Nuestra música es triste. ¿Qué más está mirando? ¿Al pobre puerco hornado que. —¿ Y esas bolas que aparecen detrás de esa mata de rosas? —i n s i s t e en averiguar el Mister. —Caminemos. —¿Qué b o l a s ? —pregunto mientras riego la mirada hacia el sitio que el gringo señala con su dedo regordete. Es un puerco que ha sido hornado para deleite paladares selectos. en este sitio apacible en su afán de recordar las g l o r i a s del pasado. Míster. pero tiene el divino don de consolarnos. lo que ocurre. corre.. serpenteando. —No. Por sus a rc os. El trago es caro. hace lo que los políticos fracasados? ¡Soñar estando m u e r t o s !. c u r i o s o como cualquier turista consciente de su p a p e l .

La grandeza del templo de La Merced y el decorado de sus naves interiores conmovió al Mister. y para remate.. comió muy satisfecho. Visitemos los Templos: La Compañía de J e s ú s .. ésta! Y le contaré que basta hundir un dedo en cualquier sitio de esa tierra. Y se lo —Cuando yo ir a mi tierra llevar mocho poerco embalsamado para ofrecer a mi e sposa . Se asombró ante la magnificencia de San Francisco. ' — 163 .. A cada medida el gringo abría los ojos más asombrado. el del Libertador Simón Bolívar. las frutas son maravillosamente grandes.. — Bueno. para que salte petróleo. —continué— se cosecha a los cuatro meses. yo pedí c i ga rri l l os.. Comentó: pero p i d i ó más puerco. ¡cómo será poerca! Mocho boeno.. ni un día menos! ¡Ah tierra fértil. ¡Ni un día más. Figúrese que se dan unos plátanos de este tamaño y unas yucas así. En desquite. su amplia escalinata de piedra. como si se hubiera roto una tu be rí a. dan a luz a los cinco meses. entre otros. Si poerco hornado ser s a b r o s o . doradas al sol ecuatorial. No me entendió casi nada. El Arco de Santo Domingo le pareció maravilloso y único. también a los cuatro meses. constituye una obra sin par en América.. .animal. El maíz. Míster. naturalmente. Tuvo la oportunidad de admirar muchos monumentos. le dije: Y las mujeres. Míster.. la caña de azúcar.. su atrio y sus altivas torres simétricas. Y le fui indicando los tamaños. exagerándole un poco. En el Oriente Ecuatoriano —hoy emporio de riqueza petrolífera. Los parques y la variedad de su flora le gustaron muchísimo. cuya fachada en filigrana de piedra. Conoció los primeros templos levantados en Quito al impulso de la fe cristiana. Alabó la calidad de las manzanas. Como colofón expliqué: —Esto es nada. . .. Esa sí es tierra p r i v i legiada. futura salvación de la patria—.

Míster. siempre le pedimos dos. señores. Somos tan atentos que a quien nos brinda un cigarrillo. A Otavalo. que con tanta alabanza de la tierra. nació Montalvo. vivimos esperanzados en que un d ía —el día en que los ecuatorianos nos dediquemos íntegramente al trabajo y hundamos nuestras manos en el vientre mismo de la t i e r r a — seremos mej o r e s y conquistaremos el bienestar al que tenemos derecho. de clima acogedor como los brazos de sus bellas mujeres. para demostrarle que le tenemos mucha confianza. ciudad industrial del Ecuador. nuestro puerto principal y Perla del Pacífico. Iremos a Cuenca. Rodeados de horizontes. A Loja. Desde el humilde arroz de cebada con cola de puerco. El cuy es otro plato nacional. le pedimos también fósforos.—El carácter de nuestra gente. hasta la suntuosa fanesca. la tierra de los lagos. (Me estoy temiendo. Las tortillas o «llapingachos» son bocados sustanc iosos y muy del gusto. avanzada de nuestros derechos y en donde hay dos cosas muy altas. Míster. —En otra oportunidad viajaremos hacia la inquieta y maravillosa ciudad de Guayaquil. lugar en donde usted podrá admirar la raza indígena más pura de Indoamérica. A Ibarra. uno de los p r o s i s t a s más grandes de América. que b r i l l a n bajo la mirada ardiente del sol. El ambiente es plácido para el vivir cotidiano. A Ambato. —Tenemos una variedad inmensa de comidas. cuna de la poesía ecuatoriana. es un plato de especial predilección. El locro de queso. servicial y atento. es apacible. Y. Iremos a muchos rincones ecuatorianos que habrán de 164 — . Míster. además. las montañas y las muías. para tenerlo contento. este gringo se nos quede. En Ambato.) — Como usted puede ver y sobre todo puede sentir. el sol de e s t a s latitudes es un sol que calienta. Míster.

950 metros sobre el nivel del mar. para combatir el frío que sentirá esta noche. Míster. ya que se encuentra a 2. Mientras tanto. no le queda más remedio que comprar dos o tres cobijas de Guano. a falta del calorcito de cristiano. — 165 .depararle sorpresa tras sorpresa.

o más bien un complejo: el de la timidez. De este afán de superación. De esta circunstancia ha surgido un problema. cuando ha nacido en Quito o en las Capitales de Provincia. esto era antaño. O sea. en pueblos o jur i s d i c c i o n e s alejados de los centros densamente poblados. riobambeños o guarandeños. Al menos. la bandera nacional pero guayaquileños. que experimenta el que no es c a p i t a l i n o. Hay Alcaldes de otros 166 — . por razones o b v i a s . corazón y esperanza—. Y el adjetivo de «chagra». humillante e injusto. se siente o r g u l l o s o y mira de reojo a quienes han visto la primera luz en tierra adentro. casi de vergüenza. porque en la actualidad hay menos capitalinos en varias ciudades del país y más afuereños que hasta dirigen la administración pública en puestos destacados con éxito maravilloso y con acierto. casi matrícula con la que se distingue a vinieron al mundo amparados bajo obnubilados de sentirse quiteños.EL CHAGRA Y LA NACIONALIDAD El hombre ecuatoriano —estructura de inteligencia. es la los que. cuencanos. de este anhelo de absorber un exclusivismo ciudadano. ha surgido una espe cie de alergia hacia quienes no han podido escoger el lugar de su nacimiento.

A tal punto ha llegado este complejo. montuvios de Guayaquil y de Junín. ¡soy de Sangolquí. que nadie tiene la entereza —léase o s a d í a —. cuando la oportunidad se presenta y median unos tragos que desatan la lengua y remojan las p a l a b r a s . o c a s i o n e s . — 167 . que los hay los hay—. No ocultan jamás el lugar de su nacimiento. he podido o b s e r var. además. una magnífica persona. lleno el corazón de orgullo: ¡soy de Otavalo!. lo dicen con orgullo e íntima satisfacción. considero i n d i s p e n s a b l e la «nacionalización» del patriotismo. sabiendo que el interesado es ecuatoriano y. en repetidas . la gente interesada en clavar e s p i n a s al prójimo. el cotacachense o el ibarreño dice. cómo en diversos p a í se s. el mejor pueblo del mundo! En cuanto a nosotros se refiere. ¡he tenido la honra de nacer en Cotacachi! ¡soy ibarreño. rica o pobre. con el amor materno que la tierra i n s p i r a . el otavaleño. grande o pequeña. el nombre del lugar donde ha nacido. suficiente para dar. a ver qué pasa! o.lugares que han hecho obras de valía haciendo prosperar la región y son artífices del progreso efectivo de muchas c a p i t a l e s. En contraste con este raro temor de dar a la publicidad el nombre del pueblo de donde uno proviene. donde uno ha tenido la suerte de venir a este mundo loco. quienes proceden de cualquier región —puede ser la más misérrima y apartada—. Porque madre es la tierra. Más bien. levantando los puños: ¡Viva mi pueblo que es Si ncelejo! O bien: ¡Soy de La Laguna. Pero no asegura. gritan con pasión. Y sin embargo. lanza el dardo pre-fabricado de «chagra». Y así. maldita sea! Es como si tuviesen miedo de dar el sagrado nombre de la madre. se unan en cruzada que abarque todo el país. que es «imbabureño». Que chagras de Quito y de Provincia —porque. angelicalmente y jurando en «contra».

pero el servicio de b u s e s. Y que vibren en nuestro corazón los sentimientos de clara y c ri st al in a ecuatorianidad. Todos unidos en un sólo haz de esperanzas. Si tenemos la materia prima que es el hombre ecuatoriano. j a m á s ) . constituya nuestro más caro orgullo y nuestra meta. vino a este pícaro mundo por «órgano regular». cuyo destino y grandeza son eternos. Para que lo califiquen de «chagra». ( P o d e mos nacionalizar muchísimas cosas más. industrias y hasta el pan de Ambato que ya no se hace en Ambato sino en Quito. como suelen decir los militares. conseguiremos hacer del Ecuador un pueblo grande en cultura y sentimiento. oro. entonces. Debemos trabajar para que nuestra Patria. Nacionalicemos.Que flamee la bandera de la Patria desde lo más alto de nuestros e s p í r i t u s . cobre. el patriotismo. Petróleo. azufre. Y dejémonos de humillar al conciudadano que. ¡Y tan buenas personas que son! 168 — . Nosotros tenemos muchas cosas que valen la pena de nacionalizar. está en nuestras manos el superarnos para conseguir tan sagrado objetivo. sin previa sol i c i t ud.

si gl os . No porque se le conceptúe como una figura de relieve en el paisaje multicolor ecuatoriano. sino porque constituye. es el i n d i o . . en los valles sole ad os. .. ahí está el i n d i o. En las cumbres enhiestas de los Andes. Fue dominado — 169 . en las laderas sin justificación geométrica. acari promesa de pan El i n d i o ecuatoriano. . siempre.. Trabajando como huella de su paso la e s pi ga dorada que ciada por el viento de la cumbre. símbolo de una raza creadora y altiva. Y así. en las hondonadas y en los páramos.. laborando desde que el sol enciende sus primeras luces hasta que la tarde se cubre de sombras y t r i s t e z a . en su expresión racial. años. donde quiera que pueda caber la planta de un hom bre y un arado. Ahí habrá de encontrársele cumpliendo con su destino de abrir el vientre fecundo de la tierra. desde que el blanco desembarcara en playas del Ecuador con a n s i a s de conquista. dejando se yergue... donde los ríos murmuran su caminar incesante.. como una para el mañana. desde su origen. pasó a segundo término. una fuerza constructora y creadora de riqueza. días.ALGO SOBRE EL INDIO Una de las manifestaciones más t í p i c a s del Ecuador.

.por el blanco. Ni la ruda caricia del sol sobre su piel tostada y cetrina. es un trabajador infatigable. Para él no existen d i s t a n c i a s . por quienes trabaja y lucha desesperadamente. Sus raíces de ancestro le aterran a su propio suelo. Es so br io en su manera de vivir. Y nunca olvida a ese perro de páramo que tanto en el monte como cerca a su choza. ni di fi cu lt ad es.. sintió la fuerza predominante sobre la propiedad i n d i s c u t i b l e de sus t i e r r a s . le está manifestando su cariño con un constante batir de cola.. ni la lluvia constante en la altura del monte. . Y mediante su lucha pacifica de si gl os ha logrado un puesto preponderante como factor decisivo en el afán ecuatoriano de crear bienestar para su pueblo. Es un hombre en plena lucha con la naturaleza. el i n d i o ha tratado de liberarse de esa opresión mediante el trabajo. Desde entonces. ni el viento huracanado.. El i n d i o ecuatoriano. ni alturas. El i n d i o es leal con quien le quiere. pero nunca demuestra su altivez de e sp í r i t u.. con su humilde manera de ser y de vivir. En el fondo inescrutable de su alma siempre hay un fuego que jamás se extingue. . al lugar en que ha nacido y en el que ha de dejar s u s propios huesos como semilla de su raza y de su e st i r pe . bonachón y de humildes modales.. nada pueden contra él que suele mantenerse impasible... El i n d i o es de carácter apacible. que lleva sobre sus hombros un poncho de ar co ir is y en las notas de su rondador toda la amargura y nostalgia de su raza. parece que perdonara las ofensas. a sus hij os. Tiene siempre una s o n r i s a burlona en la mitad de sus l a b i o s.. con su esfuerzo. como esos árboles de las cumbres que re si st e n todos los Ímpetus del vendaval.. pisoteado por él en su orgullo y altivez.. .. Ama a su mujer. Trabaja todo el día constante y rudamente. pero que no se dejan arrancar de las entrañas de la t i e r r a . Ya detrás del 170 — .

luciendo calzones nuevos y b l a n c o s . lo es también la industria. en la plaza del pueblo. roturando la tierra. ya en las labores del campo. y canta con amargura en su lengua nativa. d e s p u é s . De mirada franca y s o n r i s a subyugante.. en su huasipungo o en la hacienda del patrón. y. de esfuerzo creador. es ya un i n d i o educado. Un i n d i o altivo con peculiaridades de comerciante y a n s i a s de aventurero. pues la h a b i l i d a d manual que le distingue para la i n d u s t r i a textil.. Es decir que el i n d i o ya no está considerado como un ente dominado por el yugo — 171 . menos el domingo que se viste de colorín. Un individuo que se ha saturado de civilización.. pues gusta de andar de camino en camino.. en la serranía o en cualquier camino. ... Es un i n d i o l i m p i o . se embriaga de pa i s a j e s. sin lugar a equivocarse. Puede decirse.. en las siembras y cosechas... que es ya una forma constitutiva de patria.arado. Ya no es únicamente el arado un símbolo suyo. pues actualmente funcionan en el Ecuador muchísimas e s c u e l a s para indígenas.. Labora toda la semana. hace que su s manos rudas laboren magníficos paños apreciados en todas partes del mundo. en las dehesas. de ciudad en ciudad. que es fuente de trabajo. poncho de dos colores y sombrero de lana. para ir a la Iglesia. llevando sobre sus e s p a l d a s la mercancía que con sus manos fabrica. El i n d i o. de esperanza.. Es entonces cuando sale a la superficie de sus l a b i o s toda la rebeldía aprisionada de su e spí ri t u. algunas de ellas d i r i g i d a s por los mismos i n d i o s que coadyuvan de este modo en la enseñanza de sus semejantes. de licor y de c a r i ñ o . de manera especial el de Otavalo. Y levanta sus brazos hacia el cielo. la educación. que por fin el i n d i o ecuatoriano ha entrado en la ruta de la civilización. mientras se agita en las profundidades de su ser el fuego de su sangre y de su raza.

para tratar de rebajarle calidad humana a una persona. A mi. es un hombre que. lleva en el alma la plena seguridad de llegar hasta el pináculo.. insultante y degradante. se ha liberado del peso infinito de la incomprensión y del abuso. El i n d i o ecuatoriano ya no es una viñeta en el horizonte de la Patria. con sus mismas o b l i g a c i o n e s. de igual manera. le aclaro que todos los ecuatorianos tenemos sangre de esa raza abnegada. cholos. suele gritarme: ¡indio bruto.. 172 — . en donde las nieves eternas ponen un sudario de blancura en el paisaje. es en el instante en que.. a guisa de i n s u l t o . por el cruce entre i n d i o aborigen y español. Es una fuerza más que unida a las demás fuerzas creadoras del país. Y en su marcha ascendente. Es decir. cuando no acierto a realizar algo que a Jesusa le parece muy fácil. eso está mal hecho!. ¡Y a mucho honor.. sufrida y abandonada. longos y hasta indígenas. sino que tiene su s mismos derechos y cumple. o cuando trato de imponer mi autoridad —con tembladera de piernas y otras inquietudes—. como quien escalara las nevadas cumbres de nuestras montañas.. marcha por rumbos certeros hacia la conquista de un j u s t o y no lejano bienestar.. Y que. con tanto cariño. resultamos medio mestizos. qué caray! Pero cuando a uno más le duele. Cuando me trata así.. equivale a un i n s u l t o humillante.. mediante su trabajo..del blanco. por ejemplo. PUNTO Y APARTE Como un contra sentido respecto al nominativo de «indio» debo anotar que esta palabra se usa todos los días y a toda hora hasta en las mejores familias.

A pesar de todo.al ver a una mujer hermosa. se nos salta la liebre y al lanzarle la saeta de un piropo.. — 173 . seguiremos viviendo para formar parte de la clásica «fila india». ésta nos increpa con voz tonante: ¡Este indio atrevido!...

se rompía el hielo del primer baile con un bolero dulzón y lento como novio de pueblo.. y se i n i c i a b a el Sanjuanito con hincadas y pañuelo al aire. al fin. bandolín y un frío t e r r i b l e —. Y cuando la mañana. en la madrugada llegaba el trío de la esquina —dos guitarras. Luego seguía el fox —con trote de perro paramero—. no había fiesta.. los entendidos ensayaban los pasos equívocos de la rumba. atrevida como un cobrador. entonaba a todo pecho «Van cantando por la Sierra».DEL SANJUANITO AL ROCK Hasta hace algunos años —quizá treinta o cuarenta. alguno de los a si st e nt e s. En el colmo de la locura —d e b i d a al entusiasmo y al licor—. el «Alza que te han visto». suntuosa o de «arroz quebrado». aún cuando no se veía casi nada. el Cachullapi. y. con voz temblorosa y senti me nt al. Si la fiesta seguía de largo. en la que no se i ni ci ase el baile con música de vals o de alegres pasadobles. hasta el dolor de cabeza del día siguiente cuando «chuchaqui» se «curaba» con una cerveza y «cosas el 174 — . y claro. con figuras y descuartizamientos ad-hoc.. entraba en la sala del brazo del sol. nostálgico y alegre al mismo tiempo... d e s p u é s . desaparecidos definitivamente en el río del tiempo—. sentimental y arrabalero. no faltaba el tango. pobre o rica. ya «chumadito». Y nada más..

Como una ligera muestra de cómo eran las fiestas en aquellas épocas felices y tranquilas. cholito. Los jóvenes y las chicas se lanzan miradas investigativas. señora Beatriz. les llegan como pedradas lanzadas al d e s g a i r e . sobre lo i n s o p o r t a b l e s e inaguantables que son los «guaguas» hasta los seis años.finas» de la plaza. qué bien plantada sigues ¿cuándo se casa tu hijo Rafael? Así. herencia de cualquier tatarabuelo—. El dueño de casa levanta su copa y brinda con toda la concurrencia haciendo una inclinación de cabeza. se resquebraja un poco el hielo que reina en toda la sala. 175 . mientras las miradas i n q u i s i d o r a s de sus señoras. qué hubo. con palmaditas en la e s p a l d a y abrazos quizá cariñosamente hipócrit as. mi amor. El «Hola. todos los Invitados van buscando asiento y se reúnen según la amistad o el parentesco que los une. pero qué linda está su hija doña Aurora. una que otra s o n r i s a florece en labios de cualquier muchacha. qué gusto de vernos. mi Lucilita. permítanme relatarles algunos apartes i niciales: los invitados van llegando. Con el primer trago que se ofrece a lomo de un charol b r i l l a n t e . Las viejas amistades hacen el crochet verbal en comentarios breves: sobre la política. Y los viejos verdes se cuentan «cachos» colorados entre risa y risa disimulada. sobre la carestía de la vida. pero qué bien la veo. como solía decir un veterano técnico en la materia. Todos levantan el codo y «adentro fuerte». cholo. Saludos ceremon i o so s. preguntas y respuestas ágiles. Sombreros y bastones se cuelgan en el paragüero —viejo mueble. Fernando. misia Estefanía. que quiero hablar contigo. volaban como mariposas a s u s t a d a s . ven abrázame. sobre el comportamiento de sus respectivas parejas. cómo estás. Las conversaciones siguen en voz baja y cautelosa. hermano del alma.

en las manos. en las cabezas y en las caderas de todos los que b a i l a n . todas las miradas se cruzan esperando al más valiente que rompa el baile para iniciar la fiesta. La alegría ya se nota en todas las miradas y s o n r i s a s. Pero ahora es muy distinto. Cuando suena el primer pasodoble que abre la temporada. las chicas piden un Rock o una rica Salsa. Sube el termómetro. la batería. pues. etc. La pequeña orquesta contratada —una guitarra. Y desde que la orquesta arranca con la primera pieza. Los jóvenes bailan conservando sus d i s t a n c i a s y así continúan de principio a fin de cada pieza. inician la danza bien s e p a r a d i t o s . en agitada masa. Así era entonces. Grita la corneta. se mueven al compás del ritmo extenuante de esta música de moda. Pero nadie se lanza al ruedo. El joven que baila con una quinceañera mueve hasta las 176 . un veterano alegre resuelve i ni c i a r el baile y so li ci ta nd o de antemano su permiso a una hermosa vecina.El hielo se derrite un poco más. AI fin. amigos. en el fervor de la e p i l e p s i a . las muchachas son quienes buscan al parejo. Ya va entrando el humor. con grito desesperado y selvático y contestan los clarinetes. Su clamor ancestral se retuerce en el aire y se mete en los pies. Se sirve dos tragos más. en los bustos. Si las notas del Rock suben y bajan por el trapecio del pentagrama. separados como con una pared. el saxo. con angustioso canto. rompe el aire con sus alegres notas. Y es la selva africana la que invade la sala. se introduce en la sangre de los bailarines que. el movimiento de quienes lo bailan se acelera por momentos y las contorsiones más raras y peligrosas hacen del cuerpo humano un nudo que se tuerce y se retuerce como si fuese de caucho. y el Rock. bandola y contrabajo—. de acuerdo con el respeto que en ese entonces se debían mutuamente.

Pero todos quedamos con el corazón agitado y sudando como un carretero.. el cantar de los pájaros y el picotear del pájaro carpintero. el graznido de la lechuza. el croar de las ranas.... Truena la corneta. — 177 . Y como música de fondo. Se acentúa el cántico de la manigua: cántico del negro que desafía al rugido del león. el sonido que produce una bandeja llena de vasos cuando rueda e s c a l e r a s abajo. se mueve como una ola en mar embravecido. Pero el Rock y la Salsa están de moda. Los jóvenes piden repetición. como puntos s u s p e n s i v o s . hasta los pies. como quien recoge basura del suelo. Y el Rock se va diluyendo y se evapora en la d i s t a n c i a . sus brazos son dos aspas de molino enloquecido. el s i l b i d o de las serpientes.. el Rock enloquecedor que pone dinamita en los e s p í r i tus. en los pies y en las caderas. sin d e c i d i r s e nunca. Los bailan los jóvenes. Y las maracas —canción de cigarras noctámbulas—. Y los bailamos también los viejos aunque después tengamos que recoger los huesos. mientras sus p i e r n a s . acompañan el Rock d e s e s perado. se tejen y entretejen como los malos pensamientos.pestañas.. Y los vejetes anhelamos acostarnos de inmediato para pensar que no hay nada como una mazurca o el baile v er sa ll esc o de la cuadrilla. Sólo queda un magnífico dolor en todo el cuerpo. va de aquí para allá. en vaivén rutilante. Y ella rubrica la música con el ágil bamboleo de su cuerpo: desde el busto —y con qué gusto lo hace—. de aquellos l i n d o s tiempos que se fueron para no no volver. dejando escapar s u s p i r o s entrecortados. Y en los o í d o s el rugido de las fieras. Hasta que cesa de cantar la selva.

el viajero. su paisaje es variado y múltiple. el hombre de ciencia o el amigo que gusta de andar por tierras de América. Quito. cuando deambula por las calles coloniales y avenidas modernas y mira cómo los transeúntes —que son malabaristas urbanos—. No es uniforme ni cansón porque sus rúas van desde el empindao lomo hasta la planicie más perfecta. se sorprende ante el tipismo que la urbe encierra. Al sur de la ciudad se levanta un montículo conocido con el del Panecillo. incrustada en la mole andina. Y se sorprende aún más cuando visit a templos y museos. van de la calle de plano horizontal a la empinada cuesta que se acerca hasta los c ie los. ya recovecos en donde la leyenda ha dejado su sello inconfundible de historia y de pr e s t i gi o. Detrás de cualquier esquina se encuentra un horizonte. es una ciudad sin geometría. Por ello. Tal es la v i s i ó n que se aprecia por la variedad de sus casas superpuestas y la discontinuidad de sus calles que ya son avenidas. a 2. Y parece que en el alero de cualquier casa lejana se ha enganchado una nube. llega a la ciudad de Quito.860 metros sobre el nivel del mar.UNA VISION DE QUITO Cuando desde los cuatro puntos c a r d i n a l e s . En su cumbre estaba construido el nombre 178 — \ . ya callejas tortuosas.

un perfecto cono de nieve. Y muy cerca. eterno guardián de la ciudad. toda la decoración de un telón de fondo. amplísima. Y eucaliptos que mueven al viento sus cabelleras de hojas dan a este cerro pequeño. El Chimborazo. su huella incon- — 179 . en su cotidiano y afanoso trajinar. se cultivó la más variada manifestación artística: la pintura. El Cayambe. Desde su cumbre.310 metros de altura. que se envuelve entre las gasas de las nubes para ocultarse de las caricias del sol. sino que se admira también toda la pléyade de gigantes andinos: el Cotopaxi. volcán apagado.. Con sus casas coloniales y sus avenidas modernas. Pero no sólo se entra en las p u p i l a s la mágica vi si ón de una ciudad que conserva a través de los siglos su personalidad y su estructura. Quito fue y sigue siendo una ciudad de arte y sortilegio. el gran Pichincha: montaña heroica en cuyas faldas cayó definitivamente el león i b é r i c o . la escultura. como saetas de nieve lanzadas al infinito. desafía los tiempos y la inmens i d a d . con sus 6. En sus laderas las casas multicolores parecen de juguete. el Libertador Bolívar lanzó a la América y al mundo su gran «Delirio sobre el Chimborazo». Los picachos del Illiniza. desde la época de la Colonia. se yerguen dominando las alturas. En su seno. Con sus cuestas empinadas y sus templos maravillosos que elevan hasta los cielos las cúpulas de sus torres majestuosas. altivo y grandioso.. Y aún se logra divisar a la gente que ambula por las calles. con el correr del tiempo. A sus plantas bordea la serpiente del río Machángara.. cuajado de blancura. Se la mira completa. Es un monte que. al norte. en los si gl os XV y XVII. La enseñanza española dejó en nuestra ciudad y en las generaciones de entonces. Es hermoso contemplar la ciudad desde la cumbre del Panecillo.Templo del Sol. la orfebrería. se ha urbanizado. es como una admiración de granito enclavada en la vértebra del Ande.

Pintores maravillosos llevaron al lienzo diversidad de temas: Miguel de Santiago. joyas de arte. Javier Gorívar. Hasta cruzar las fronteras en alas de la fama y convertirse. luego. Gaspar Zangurima y los hermanos Samaniego. todo un monumento. Y los templos. Amalgamada con el arte indígena y c ri ollo creció y se superó más todavía. El templo de San Francisco. En el trabajo de su estructura y construcción. estuvieron presentes las manos de artistas quiteños en colaboración con humildes obreros. cuyos nombres se conservan en un libro propiedad del Convento. Dice la leyenda que el pintor Miguel de Santiago. . . llamando a la devoción y misticismo de los fieles. complementan a cabalidad la bien ganada fama de ciudad-museo. para orgullo y alabanza de quienes hoy contemplan. Escultores como Diego de Robles. Asombra al visitante su lujo y esplendor. por haber dado muerte a un d i s c í pulo suyo con el objeto de copiar la expresión de Cristo en su a go ní a . en su afán artístico de superación p a s ó muchos años recluido en el Convento de San Agustín. . La imaginería quiteña esta latente en la trayectoria artística de columnas y retablos. Padre Hernando de la Cruz. con admiración. José Olmos. cuyo atrio de piedra constituye por si sol o. La Compañía de Je sú s. es una de las i g l e si a s más hermosas de la ciudad de Quito. esta maj e s t u o s a obra de arte. Fray Pedro Bedón. Lienzos maravillosos de Miguel de Santiago se pueden admirar en d i v e r s a s naves de 180 — . con su fachada en filigrana de piedra y sus naves con los altares dorados que b r i l l a n a la luz de los cirios. conocido como Caspicara. en la Escuela Quiteña. Bernardo Legarda. han dado fama y tradición.fundible. Manuel Chilli. Arcos ligeramente góticos revestidos totalmente de ornamentación sustentan el admirable a la vez que artístico artesonado mudejar de graciosa esbeltez y morisca ejecución.

quien a su vez. Cristianizado por los franciscanos. que parecía un monstruo de fealdad. Como un dato histórico revelador del arte quiteño y en relación con el templo de San Francisco. para su c u l t o » . además del oro y de la plata. en el incendio de Quito cuando la entrada de los e s p a ñ o l e s . con la condición de levantar en su nombre una ca pi ll a a nuestra Señora. Junto a este templo se levanta conocida con el nombre de Cantuña. Mide un metro cuarenta centímetros y pesa treinta kilos. una pequeña igle sia El historiador Juan de Velasco ha querido dar a la creación de este templo un origen legendario y lo narra de este modo: «Cuéntase que Cantuña. re ci bi ó en su casa al desgraciado indígena. Como una muestra maravillosa de la orfebrería. pagó con largueza de oro. la más — 181 . bajo la advocación de los Dolores. deslumbradoras perlas y esmeraldas. entre otros t e s o r o s a rt ísti cos. su generosidad de r e c i b i r l e en su casa. uno de los capitanes de Rumiñahui. Compadecido un español de su triste suerte. De este modo se atribuye el origen de la fundación de esta C a p i l l a que conserva. Y el Templo de la Merced. cabe también anotar que la orfebrería se destacó entre el sentido artístico de la pintura y escultura de la época. San Francisco posee una custodia llamada «Custodia Antigua». con la altivez de su torre. hijo del Cacique Huanca. que fuese propia de los indígenas. llególe la hora de la muerte. al español. conocedor del escondite de los t e s o r o s del Inca. cuadros y esculturas de l a E s c u e l a Quiteña. revelando a su confesor el tesoro escondido. Su forma se adapta a la de un ciprés y s o b r e s a l e n en ella.San Francisco. atribuidos a Caspicara. sufrió quemaduras tan graves que desfiguraron totalmente su cuerpo.

y la Iglesia de Santo Domingo y el Convento de San Agustín. Y es el Túnel de la Paz. en cuyos muros laterales. . con su sala Capitular.. con casas que se besan los b a l c o n e s . cuando los cocuyos de neón guiñan a los paseantes. son j o y a s inestimables que hablan del Quito tradicional y a r t í st ic o. y la Catedral. Y en la noche. lóbrego y semioscuro.. 182 — . las naves viajeras de las nubes ponen sus notas blancas en la pureza de su azul nítido y c ri st a l i n o. Y cantan las mañanas con cánticos de esperanza.alta de la ciudad y su campana mayor que pesa 125 quintales.. maravilla arquitectónica enclavada en una calle. entre cuyos muros decorados los patriotas del 10 de agosto de 1. el que nos permite pasar para enhebrar otra calle que parece que nos condujera a la verde falda de una montaña. y muchas i g l e s i a s y templos más. Y en las calles el sol ríe de alegría. a veces. retorcida como una lombriz. fieles guardianes de nuestro arte y de nuestra fe. Su cielo infinito y perdurablemente azul es una perenne invitación a contemplar el paisaje sin c l a r o s c u r o s . . santificados por la t r a d i ción.562. que nos ofrece una v i s i ó n del Quito colonial. . milagrosas imágenes reciben el s a l u d o cristiano de los transeúntes. Límpido y sereno. por la semioscuridad de la pendiente. abriendo sus brazos de piedra. matizando sus voces con el p r i n c i p i o de un día claro y s u g e s tivo. bajo cuyos d os e l e s una calle se lanza. construida en el año de 1. Y es la Calle de la Ronda. la que llama la atención por la esbeltez de sus columnas y la majestuosa altura de sus a rc os. Y es el Arco de la Reina. las calles de Quito retornan a su tradición y su leyenda.809 se reunían para acabar con la tiranía española. Mientras las campanas tejen sus preces sonoras llamando a los fieles de todos los ámbitos. Y es el Arco de Santo Domingo. Quito está siempre lleno de luz y de color.

Y son mil calles más, tradicionales y modernas, que nos ponen en contacto con la ciudad auténtica, plena de arte y colmada de grandeza. Quito, ciudad puramente típica por su estructura; artística por obra y gracia de sus gentes que sienten galopar en sus arterias todo lo que es y significa arte y sentimiento, vive y palpita en donde viven los cóndores: en lo más alto del Ande ecuatoriano.

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NOCHE

DE

NAVIDAD

Noche de Navidad: maravillosa noche poblada de esperanzas. Multicolor, alegre y b u l l i c i o s a . En el alma de las gentes —cuya devoción las pone de r o d i l l a s a los pies del Niño Jesús—, brota la cascada policroma de la alegría. Y hasta las est re ll as del cielo quiteño —agujeritos por donde se mira a Dios—, hacen calle de honor para que la más luminosa siga su camino hacia Belén. Todos los hogares —los pobres y los r i c o s —, han encendido sus cirios de holocausto en los tradicionales Pesebres de Quito. Y en esta Nochebuena —sueño esperanzado de los niños—, se agrupa la gente para cantar vi ll an ci co s y dar fin al último día de la novena. Se mezclan las voces de los chicos y los grandes. Entrelazadas por la fe; unidas devotamente, como sus manos y sus corazones, para rendir su tributo al Divino Niño que duerme en el Pesebre, acariciado por el aliento humanizado del buey. En el Nacimiento quiteño del Niño Dios —figura perfecta, obra de la imaginería, tallada por las manos mestizas de Caspicara—, llama la atención de los devotos. Y mientras se entonan cánticos y los pitos y las flautas acompañan la música, la mirada curiosa de los niños descubre en el Pesebre el largo

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tren que enfila por los picachos andinos —cubiertos de nieve—, y asciende por montañas y montañas. Y el lago claro como un espejo, a cuyas orillas los arbolitos se yerguen cimbreantes; y las ovejas con sus pastores que van por caminos enarenados, y las cabañas enclavadas en las pendientes, con i n d i a s e i n d i o s v e s t i d o s de mil c ol ore s, cargadas sus e s p a l d a s con tradición de siglos; y valles, montes y ríos que corren y llevan sobre el lomo de sus aguas un caudal de i l u s i o n e s .... Y el musgo por todas las laderas y chaquiñanes, pone un color verdeoscuro que se ilumina con la luz tenue de una luna, que apenas se adivina detrás de papeles plateados que se mueven bajo el impulso del viento. La mirada de los niños se pierde en las maravillas que ofrece el Nacimiento, mientras entonan sus cánticos de Dulce Jesús Mió mi niño adorado, ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto! En las calles de la ciudad corre la pólvora de la alegría. Suben hacia el, cielo las voces que nacen, sinceras y puras, del corazón del hombre. Ya están en los balcones los zapatitos de los n i ñ o s . De los niños que aún creen en este milagro de los sueños. El zapato lustrado y b r i l l a n t e. Y el zapato con huequecitos en la puntera, pobre y caminado. En ambos, el Niño Dios dejará el premio de los juguetes para hacer la felicidad de los pequeños. Después de la Novena, de los villancicos y los cantos, el propietario del Nacimiento atiende a los devotos —a la moda antigua—, con mistela y d u l c e s . Luego, las gentes se vuelcan a las calles.

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cogidos de las manos de sus p a d r e s . Y los niños. hasta la media noche. pi st ol a s. Juguetes por todos los lados: muñequitas con alma de aserrín. con fe y esperanza en el futuro. La alegría es un buscapié que se mete en todos los e s p í r i t u s . Y en las calles culmina el bullicio desbordante de las gentes que cantan. En las casas se sirve la cena con los buñuelos t r a d i c i o n a l e s. c a b a l l o s .Calles y plazas están l l e na s de humanidad. que gritan. tambores. payasos con risa de albayalde. grúas. todo lo que pueda aspirar un niño en la Nochebuena. Así va llegando la Navidad —en alas de alegría y de campanas—. de colores subyugantes. buscando con sus ojitos de inocencia algo que les colme sus sueños más d o r a d o s . Por todas partes hay j u e g o s y rifas. 186 — . que esperan el amanecer de un nuevo día. se vuelven locos y van de aquí para allá. cornetas. pit os. automóviles pequeñitos de todas las marcas. Es decir.

García Muñoz.981 e\ Colombia.Este libro se terminó de imprimir en el mes talleres de la Tipografía de Octubre de en Bogotá. 1. .