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EL CRONISTA ❚ Viernes 24 de mayo de 2013 ❚

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❚ 10 años de kirchnerismo ❚
Informe especial

Poder K y medios: una década bipolar
Primero fue “Clarín miente”, que se convirtió en un emblema del relato K contra toda la prensa crítica. Ley de Medios y de mercado de capitales, persecuciones, cepo publicitario, uso de la AFIP y embate contra la Justicia: todos instrumentos que ideó el Gobierno para ganar “la madre de todas las batallas”, su guerra contra el Grupo Clarín. La lucha sigue.
resto de los medios críticos; la oposición, la Justicia, (léase jueces y Corte Suprema), y gran parte del sector empresario. Desde entonces, primaron la desconfianza mutua, el alejamiento, las visiones encontradas, todo lo cual terminó por confluir en la declaración de una guerra abierta, descarnada y con final abierto. Comenzaron a aparecer los soldados y comandantes obedientes como Guillermo Moreno, Gabriel Mariotto, Carlos Kunkel, Julio De Vido, Carlos Zannini. Y más cerca en el tiempo, Martín Sabbatella y Axel Kicillof, para destacar sólo a los más emblemáticos. También se impulsaron medidas para desguazar y hacer desaparecer al Grupo, y que persistieron aun después de la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de octubre de 2010. No importó la súbita desaparición del alma máter de esta embestida. No se acabó la rabia. De hecho, una vez que el kirchnerismo salió de la parálisis que le provocó el deceso de su mentor, se profundizaron los enfrentamientos de la gestión de Cristina Fernández con el periodismo. Sobran ejemplos: rechazo a la aprobación de la fusión Cablevisión-Multicanal; acusaciones contra accionistas de Clarín de crímenes de lesa humanidad; anuncios sobre quite de licencias a la operadora de TV por cable y a Fibertel, su filial de Internet; avance sobre Papel Prensa; provocaciones en las asambleas de Clarín; uso de la AFIP también como soldado de esta guerra; el cepo publicitario; la Ley de medios y también otra ley, la del mercado de capitales, que permite a los accionistas minoritarios intervenir empresas sin orden judicial. Una herramienta pensada para usar, como método extorsivo, las acciones heredadas por la ANSeS no sólo en Clarín, sino en cualquier otro grupo empresario que intente independizar sus decisiones de la visión hegemónica kirchnerista. Desde Clarín, y el resto de los medios independientes se responde con denuncias de corrupción en las entrañas K. Valijas, millones de euros, testaferros, el caso Ciccone, para citar algunas. Y se sube la apuesta con Jorge Lanata, un aliado necesario para este momento de profunda confrontación. Sin embargo, es la Justicia la que se ha convertido en el último bastión de resistencia, hasta llegar a la Corte Suprema. O quizá hasta que las fuerzas políticas en el Congreso vuelvan a equilibrarse u otro gobierno asuma en 2015. Quizá por eso, la sociedad también asiste al embate oficial contra el Poder Judicial. Un embate también bajo el supuesto argumento de democratización, pero que encierra otra verdad: lograr que el relato, la percepción, termine pisando la realidad, la verdad. Como sea, la guerra no tendrá ganadores. No importa que en estos seis años de batallas, las bajas no solamente sean de los bandos en pugna. No importa que la sociedad también sufra los cañones de un enfrentamiento tan bipolar como la propia esencia del kirchnerismo. No importa que hoy, la "madre de todas las batallas" siga regando al país de sentimientos negativos como los de confrontar, polarizar y dividir. O sea, la fórmula inserta en las entrañas del Gobierno. ❚ we Por Andrés Sanguinetti i para el kirchnerismo, estos 10 años de gestión son una "década ganada" por contraposición a los años "perdidos" de menemismo, en la relación con el periodismo, se puede hablar de una década bipolar. De relaciones épicas, cercanas, aceitadas y casi carnales a la confrontación, las denuncias y la mayor persecución mediática de un gobierno constitucional contra empresas periodísticas independientes. Así, con estas comparaciones se pueden resumir, desde que el 25 de mayo de 2003 Néstor Kirchner fue entronizado en el poder, los 10 años de vínculos transcurridos con la prensa, aún mas allá de la que para el Gobierno es la “madre de todas las batallas”: la guerra contra el Grupo Clarín. Una década que de ganada no tiene nada para el país. Un país que, de espectador pasó a ser parte de un conflicto que fue sumando partidarios, al punto que puede ser considerada como el ejemplo de la división social que hoy separa a los argentinos. En principio fue sólo el "Clarín miente", que luego dejó de formar parte del dialecto kirchnerista para convertirse en un emblema ideológico del relato K contra toda la prensa crítica. Un estandarte bajo el cual se impulsa una fuerte persecusión a la libertad de expresión, a los medios no dependientes del pensamiento oficial. Bajo el paraguas de ese "Clarín miente" se han despilfarrado miles de millones de pesos en la construcción de un relato periodístico que difunde solamente el pensamiento hegemónico, sin dejar lugar al debate, a la crítica y mucho menos al cuestionamiento. Sólo en 2012, el Gobierno repartió $ 400 millones en publicidad oficial a 15 grupos de medios alineados, que concentraron el 47% de toda la pauta, según datos de la propia Jefatura de Gabinete. Lo contrario sucedió con los medios críticos, que en los últimos dos años sufrieron una fuerte caída de ingresos por avisos oficiales. El reparto selectivo de estos fondos fue una de las herramientas del Gobierno para disciplinar. Otra fue la propia creación, primero, y subsistencia, después, de diarios, radios, revistas, canales de TV, programas y faraónicos proyectos mediáticos. Algunos ejemplos son los medios controlados por empresarios como los grupos Vila-Manzano; Moneta; Garfunkel-Spolszki; Cristóbal López; Olmos; y también grupos como los de Telefónica o programas como 6,7,8 y la productora FPT con su publicidad electoral como armas usadas por el Gobierno. Un tercer instrumento fue la apurada sanción, en octubre de 2009, de una polémica Ley de Medios Audivisuales. Una norma supuestamente impulsada para democratizar la información, pero que en los hechos se aplica de manera selectiva para, en unos casos, favorecer y hacer crecer el monopolio periodístico K, y en otros casos, perseguir y complicar la subsistencia

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de los medios independientes. Quizá el caso Clarín sea el mejor ejemplo para ilustrar los vaivenes bipolares de la relación entre el kirchnerismo y el periodismo en esta década. Una relación conflictiva Si bien los vínculos nunca fueron cercanos, en los primeros años de gestión de Néstor Kirchner hubo charlas y encuentros entre el entonces Presidente y Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín. Con un enemigo en común, Carlos Menem, ambos trataron de acercar visiones sobre la Argentina post convertibilidad, y post devaluación. Igual hubo momentos de rispideces. Como cuando Kirchner demoró la prórroga automática de 10 años a la licencia de Canal 13. Si bien era el único canal que cumplía los requisitos, la demoró hasta diciembre de 2004, casi al filo del vencimiento, y la prorrogó junto con Telefé, que incumplía varios puntos. En marzo de 2005, y a pedido de los empresarios Daniel Hadad y Carlos Avila (cuyos canales 9 y 2 estaban concursados) también les prorrogó las licencias. Las cosas se fueron complicando por las

posturas de Clarín sobre los superpoderes; la reforma de la Magistratura; la crisis energética y la manipulación del INDEC. También jugó la investigación sobre el caso Skanska y la valija de Antonini Wilson. Ya en 2006 y 2007 se evidenciaron los primeros síntomas de la guerra que vendría. Desde el Gobierno se denunció por contaminación a Papel Prensa, como respuesta a la investigación sobre la gestión de Romina Picolotti. Fueron los mismos tiempos en los cuales, sin embargo, Kirchner autorizó la fusión entre Cablevisión y Multicanal. Pero a partir del 2007, la película comenzó a rodar de otra forma. Aún no están claras las razones del cambio de libreto. Oscilan entre unas supuestas intenciones de Kirchner de comprar acciones del grupo, pasando por la inflación, por denuncias de contaminación de Papel Prensa y hasta por el paro del campo de 2008. Algunos identifican a la derrota electoral de 2009 como el quiebre final del vínculo, ya que desde el Gobierno se culpó al tándem Campo-Clarín. Ubican en ese hecho el punto de partida para una embestida sin escalas no sólo contra Clarín, sino también contra el