TEMA 12.7.- GUERRA COLONIAL Y CRISIS DE 1898 Contexto.

La guerra de Cuba ocupará el centro de la acción del Gobierno conservador de Cánovas hasta la muerte del político a manos del anarquista italiano Angiolillo (agosto de 1897). En el momento de la nueva insurrección cubana, España se encuentra aislada del conjunto de las alianzas políticas diseñadas por el canciller alemán Bismarck. Debido a esta falta de apoyos internacionales, el régimen alfonsino apenas puede mantener el enfrentamiento, primero indirecto y más tarde directo, con Estados Unidos, que se presenta como una nueva potencia emergente LA GUERRA DE CUBA (1895-1898) A la altura de 1898, los restos del imperio colonial español, consistían en las dos grandes islas del Caribe: Cuba y Puerto Rico; las islas Filipinas y un conjunto de pequeñas islas situadas en océano Pacífico. El problema Cubano. La primera de guerra de Cuba concluyó con la firma de la Paz de Zanjón en 1878. Sin embargo, la insurrección siguió latente por las aspiraciones de la población criolla y los intereses de los Estados Unidos, que controlaban casi la mitad de las exportaciones de la isla. Además, la paz de Zanjón, fue más una tregua que el final del conflicto, ya que ninguna de las promesas ofrecidas en la paz o en la Constitución del 76 (Art. 89) se cumplieron, lo que motivó que el conflicto se repitiese. Estas promesas incumplidas se basaban en otorgar los mismos derechos políticos y representación en las Cortes a los cubanos, la participación de los cubanos en el gobierno de la isla, otorgar Libertad de comercio a los cubano y la abolición de la esclavitud. Debido a esto, tras la paz de Zanjón, se creó en Cuba un movimiento de oposición política a la Metrópoli. Siguiendo el modelo bipartidista de España, se crearon en Cuba dos grandes partidos. El partido Autonomista, que pedía la autonomía y reformas políticas y económicas sin llegar a la independencia; Por otro lado estaba la Unión Constitucional, un partido españolista. La falta de reformas en la colonia, estimuló los deseos de emancipación e independencia frente al autonomismo lo que produjo la aparición de un tercer partido; el Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí, cuyo objetivo era lograr la independencia. Este partido fue apoyado por Estados Unidos que lo financió e instruyó paramilitarmente. La guerra por la independencia de Cuba (1895-98). En 1895 estalló una nueva insurrección independentista en Cuba, tras un pronunciamiento independentista del Partido de la Revolución Cubana, realizado en el pueblo cubano de Baire (“ grito de Baire”). La base social del movimiento estaba compuesta por el campesinado, la burguesía criolla, que comercia mayoritariamente con Estados Unidos (94% del azúcar), y las clases populares. Desde el gobierno de España, Cánovas del Castillo, envió un ejército al mando del general Martínez Campos para pacificar la isla. Martínez Campos no va a poder controlar la rebelión por la vía de la conciliación, por lo que va a ser sustituido por Valeriano Weyler, quien va a llevar a cabo una gran represión con el objetivo de extermina a los rebeldes, para ello concentra a la población rural que les apoya en zonas controladas por el ejército, pero la aglomeración de efectivos militares y las malas condiciones de vida de la población producen un gran número de muertos por epidemias. Para los españoles, los mayores problemas no van a ser los guerrilleros cubanos, sino las enfermedades tropicales, causantes del mayor número de bajas. Tras el asesinato de Cánovas y conscientes del fracaso de la vía represiva de Weyler, el gobierno de Sagasta pone al General Blanco para volver a realizar una política de conciliación con la que intentar mantener la soberanía española en la isla y evitar el conflicto con Estados Unidos. Pero esta política llegó demasiado tarde, ya que los independentistas, se negaron a aceptar las propuestas españolas para finalizar la guerra. Filipinas. Al mismo tiempo que se produce el conflicto en Cuba, en el archipiélago de Filipinas se produce un movimiento insurreccional dirigido por José Rizal, también apoyado por Estados Unidos. Esto complicó aún más las cosas a España ya que tenía dos frentes abiertos.

Los Estados Unidos y el conflicto. Estados Unidos tenía grandes intereses económicos en Cuba (en torno a 54 millones de dólares de inversión), pero además ambicionaba por su carácter estratégico las colonias españolas, no sólo en el Caribe (control de este mar y proyectado canal de Panamá), sino también en Asia (trampolín colonial hacia China). Desde 1897 ya venía interfiriendo en el conflicto cubano bajo la presidencia de MacKinley. La posición oficial estadounidense es apoyada además por grupos de poder mediático. Una prensa belicista, que tiene como máximo representante al magnate de los periódicos William Hearst, desempeña un papel extraordinariamente hostil contra la dominación española desde las páginas del New York American y otros periódicos que posee, con ello se preparó a la opinión pública americana para una guerra contra España. El desastre del 98. Un oscuro episodio cambio el rumbo de la guerra: la voladura sin todavía hoy explicación del acorazado norteamericano Maine en febrero de 1898 en el puerto de la Habana. En el incidente murieron 254 marinos y dos oficiales El presidente estadounidense McKinley responsabilizó a España de la voladura de su acorazado y propuso al estado español la compra de la isla por 300 millones de dólares, dándole tres días para tomar la decisión. El gobierno español negó cualquier vinculación con este suceso y rechazó el ultimátum estadounidense. La consecuencia inmediata fue la declaración de guerra a España por parte del Congreso de Estados Unidos el 25 de abril de 1898. Los dirigentes españoles eran conscientes de la inferioridad militar española frente a Estados Unidos, pero consideraban el ultimátum de Estados Unidos como una humillación y se negaron a aceptarlo sin luchar. Así comienza la guerra hispano–norteamericana, que se extenderá a Filipinas, que termina de forma fulminante a causa del desequilibrio de las fuerzas enfrentadas. Las batallas navales de Cavite (mayo), en Filipinas, donde se impone el almirante Dewey, y la de Santiago de Cuba (julio), donde la flota española al mando del almirante Cervera es destrozada por la escuadra estadounidense, deciden la capitulación de las fuerzas españolas. El 17 de julio de 1898 se rinde Santiago; Puerto Rico lo hace en la última semana de ese mismo mes y Manila el 14 de agosto de 1898. A los pocos días se firmó el armisticio. El tratado de París. La guerra termina con la firma del Tratado de París en diciembre de 1898 por el que se liquidan los restos del Imperio Colonial Español . España reconoce la independencia de Cuba, cede a Estados Unidos las islas de Puerto Rico, Filipinas y Guam a cambio de una contraprestación económica, y vende a Alemania los archipiélagos del Pacífico de las Carolinas, las Marianas y las Palaos en 1899 por 15 millones de dólares. Para la política internacional, la resolución de esta guerra es decisiva. Estados Unidos aparece como una gran potencia militar que ocupa Puerto Rico, se reserva la posibilidad de intervenir en Cuba mediante la introducción de la enmienda Platt (1901) en la Constitución cubana y se instala en la base naval de Guantánamo (1903), lo que le proporciona el control total del Caribe. La ocupación de Filipinas pone en contacto a Estados Unidos con el mercado asiático LA CRISIS DE 1898. España se quedó sin pulso. “Sólo se advierte un nube general de silenciosa tristeza”. Así concluía un artículo titulado “Sin pulso”, publicado en El Tiempo el 16 de agosto de 1898 por el nuevo líder conservador Francisco Silvela. Con este artículo, se inició la literatura conocida como del Desastre, que reflexionaba sobre la decadencia española. El desastre colonial de 1898 tuvo consecuencias de todo tipo; sin embargo, ni las económicas ni las políticas tuvieron la trascendencia que un hecho de tal envergadura pudiera hacer pensar. Entre las consecuencias económicas destacamos como principales dos: - Una negativa: la pérdida de los mercados coloniales, de lo que, no obstante, se recuperó pronto la industria española.

- Otra positiva: la repatriación a España de capitales situados en América, que permitió un gran desarrollo de la banca española, como la creación del Banco Hispano Americano, por ejemplo. De igual modo, las consecuencias políticas tuvieron una doble vertiente. Se criticó con severidad la torpeza de la política oficial, pero el sistema político sobrevivió. En el terreno de la reflexión política surgió el regeneracionismo. No se trataba de una corriente de pensamiento unitaria y sistemática, sino más bien de un planteamiento ético ante la sociedad y la política que se expresaba en grupos, momentos y propuestas distintos. Por un lado, un regeneracionismo crítico, pero desde dentro del sistema, representado por Silvela o Maura, ministros del Partido Conservador, que, como es lógico, limitaban su crítica sólo a los aspectos más negativos del sistema, pero aceptaban su validez general. Y un regeneracionismo al margen del sistema, con figuras como Joaquín Costa, que criticaban al sistema político de la Restauración en su totalidad, como “organismo enfermo” y “degenerado”, incapaz de abrirse a verdaderas cuotas de democracia o a un Estado autonómico, que ya empezaban a reclamar otros territorios. Por otro lado, la Guerra de Cuba sacó a la luz el problema de los soldados de cuota, la costumbre del ejército de librar del servicio militar a aquéllos que pagaran una gran cantidad de dinero. La Guerra de Cuba fue especialmente dura para los soldados españoles (aparte de las muertes pasaron muchas penurias, hambre, malaria, etc.) e hizo más dura esa injusticia pues la mayor parte pertenecían a las clases bajas. Mayor repercusión tuvo el desastre en la psicología colectiva de la nación, pues provocó una auténtica crisis de la conciencia nacional, manifestada de forma muy especial en el pesimismo de los intelectuales de la llamada Generación del 98.

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