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LA NUEVA ESPAÑA

Avilés y comarca

Domingo, 26 de mayo de 2013

EL PERFIL DE LA SEMANA

AGUSTÍN GARCÍA DELESTAL
Debutante en la novela histórica

El novelista industrial
Jubilado de sus trabajos fabriles, primero en Ensidesa y luego en Fertiberia, Agustín García Delestal debuta como escritor tardío con «Biemparada», una historia gestada en Extremadura
Saúl FERNÁNDEZ
Agustín García Delestal (Sotillo de la Adrada, Ávila, 1941) ahora es escritor. Antes fue directivo de Fertiberia, profesor de Maestría, Maestro Industrial y, al principio de todo, trabajador pionero en el departamento de abonos de la antigua Ensidesa. «Llegué a Avilés en 1961...», cuenta. Delestal acaba de presentar «Biemparada» (Círculo Rojo, 2013), que es una novela de intrigas en marco incomparable: el valle del Ambroz, el norte de la provincia de Cáceres. García Delestal ha tardado en meterse a escritor.Y es que es natural, no ha parado de trabajar. Número uno de su promoción de Maestros Industriales, número uno en las oposiciones a profesor de Formación Profesional... «Nací en un pequeño pueblo de la provincia de Ávila», cuenta. El pueblo linda con las provincias de Madrid y de Toledo y, ahora, viven en él algo menos de 5.000 personas, la mayor parte, dedicadas a la agricultura. «Yo soy asturiano por parte de madre, Siempre tuve Asturias en el corazón: pasaba los veranos entre Gijón y Langreo. Conocí el mar en Gijón. Y también los caballos de Las Mestas y los grandes coches. Y las bicicletas», apunta.Y, además, García Delestal es primo hermano de un pionero de la lucha por la oficialización de la lengua asturiana: el periodista José León Delestal, premio «Ondas», autor militante... ¿Y cómo empieza todo? Agustín García Delestal responde con claridad: «Mi madre se llamaba Mercedes y era de Gijón», dice el escritor novel. Esteban García, el padre, conoció a Mercedes en Sotillo de Adrada... y terminaron casándose. –¿Amor a primera vista? –Es probable. Esteban García murió cuando Agustín García Delestal tenía poco más de año y medio. «Estudié en el seminario de los frailes agustinos de Leganés», recuerda el escritor industrial. Fueron seis años de formación continuada. «Terminé y regresé a Sotillo, entonces fue cuando mi madre decidió regresar a Asturias». –¿Y por qué a Avilés? –Una tía de mi madre vivía aquí por entonces –cuenta el escritor. Había que trabajar y el primer puesto remunerado del futuro escritor fue en Entrecanales, la legendaria primera auxiliar de Ensidesa. «Me destinaron a un puente grúa, justo donde está ahora el Niemeyer», recuerda García Delestal. Muy pronto entró en la fabricona directamente. De vigilante de cintas. –Y me puse a estudiar Maestría Industrial. Al día siguiente de haber terminado los estudios, el director me sugirió dar clase al curso siguiente. Natural. Severino Aguado, el director del Instituto, cazaba a sus profesores a lazo y Agustín García Delestal era una pieza codiciada: el primero del curso. Aguado puso su mirada en todos los que pasaron la reválida. «Un compañero no la había aprobado en junio, pero el director le prometió que entraría a trabajar en la escuela en cuanto sacara el examen», señala el escritor. Y eso sucedió en el mes de septiembre siguiente. Los mejores alumnos, los mejores profesores. Los tiempos han cambiado. Ensidesa, por aquellos primeros setenta, reconocía como propios los títulos de los maestros industriales. «Ingresé en la empresa como maestro eléctrico, en la fábrica de abonos. Todavía no existía Enfersa, que es la que luego se iba a transformar en Fertiberia», comenta ahora el escritor en ciernes. «Mi vida desde muy pronto se encaminó por el camino de la industria. Antes de esta novela había escrito cosucas».Y no fueron «cosas» por falta de tiempo. Y ahora el tiempo es más largo. García Delestal está jubilado. Desde principios de la década de los años 70 del siglo pasado el futuro escritor combinaba la enseñanza con el trabajo en Enfersa. «En 1979 aprobé las oposiciones de profesor tres semanas en Argelia y una aquí», comenta. «Biemparada» es una historia que se gestó en Extremadura. «Me casé, quedé viudo y me casé una segunda vez. Con una mujer extremeña. Cuando por fin me jubilé, me puse a escribir». García Delestal se entrenó con «Los taruelos», que es una historia familiar con la Guerra Civil de fondo. «Era un libro que se lo había prometido a mis tíos... y estaban empezando a estar mal, así que la escribí muy rápidamente», explica. «Quizás lo reescriba ahora, le quite las fotos y las referencias directas a los protagonistas. Podría ser mi segundo libro», piensa García Delestal. Mientras eso ocurre, el escritor habla de «Biemparada», el libro con que ahora se presenta y que surgió, de repente, «durante un paseo». El paseo fue el de la «Ruta de la Biemparada». A mitad del camino, está el convento. «La Junta de Extremadura piensa hacer una hospedería en él, pero la crisis ha aparcado el proyecto. Así que, de momento, sólo es un establo», relata García Delestal. «El convento es un lugar misterioso y mantiene huellas de la historia pasada. Era un punto de encuentro, un cruce de la Cañada Real. Fue un edificio muy rico: los que pasaban por ahí, tenían que pagar el diezmo, o sea, de cada diez cabezas de ganado, una era para el convento... El convento fue una promoción del duque de Alba. En sus jardines se desarrollaban veladas literarias... Garcilaso, Lope de Vega...» El paseo fue la mecha que encendió tres años de trabajo. «Y estoy contento. Hicimos una edición muy pequeña y vamos a sacar ahora una segunda. El medio que utilizamos es el de la coedición», confiesa. –¿Está contento? –Desde luego que sí. Estoy pensando en completar la novela. –¿Una segunda parte? –Podría ser –concluye el escritor industrial.

Agustín García Delestal, en el parque del Muelle. | MARA VILLAMUZA

de Secundaria», señala. Quince años enseñando prácticas eléctricas y otros tantos llevando a la realidad el magisterio de pizarra. «La enseñanza tiene sus ventajas: los objetivos que te planteas se ven muy lejos. La gratitud de los alumnos, sin embargo, apenas se nota. Por eso no deja de sorprenderme lo que me pasó el otro día. Estaba tomando un café. Se me acercó un hombre, se identificó y dijo: “Me enseñó usted mucho”, Esto no suele suceder», cuenta el novelista reciente. Final-

mente, García Delestal se tenía que haber jubilado en 2005. «Pero no me pude jubilar del todo. Un antiguo jefe, Emilio Aréchaga, me pidió que me fuera con él Argelia. a poner en funcionamiento una fábrica», cuenta. «Emilio siempre lograba convencerme. En 2007 regresé con una afectacón cardiovascular. Eso redujo la actividad. Volví a marchar, pero finalmente, me di cuenta de que no podía seguir», resume. Avilés. Orán. Otra vez Avilés. «Venía una vez al mes. Pasaba

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CRISIS MUNDIAL Y FIN DE LOS TIEMPOS
Con Fernando Alonso Treceño, abogado y escritor.

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