Consideraciones acerca del debate ‘zonas rojas’ y la consecuente re categorización de la PROSTITUCIÓN.

Abril – mayo 2013

Consideraciones acerca del debate ‘zonas rojas’ y la consecuente re categorización de la PROSTITUCIÓN.

Entre abril y mayo de 2013 en el Consejo Deliberante de Salta, convocados por la Comisión de Derechos Humanos, intervinimos en debates a cerca de una solución a la tensión entre ‘vecinos’ y travestis por la actividad prostibular en algunos barrios de la ciudad.

Síntesis: Sobre las zonas rojas - Un problema social que implica políticas publicas transversales - El lugar de la enunciación - El contexto y la propuesta - El aporte de los hombres nuevos y la prostitución - La historia y las soluciones - Descriminalización y vida policial

Sobre las zonas rojas La ciudad no puede pensarse como un lugar de expulsiones. Eso son las zonas rojas. Hay que terminar con los lugares asignados por el sistema para que todo esté en orden: El de las putas en la esquina El de los políticos, técnicos y académicos en los escritorios Y el de las amas de casa en las casas. No se puede inventar una frontera física y mental construyendo un muro para luchar contra el miedo, o prefiriendo las vigilancias electrónicas de las cámaras; más sutil y sensible a la vida democrática. Hoy mucha gente se da cuenta que no es la solución, pero no se les propone otras alternativas, que debemos generarlas entre todos. Cualquier segregación divide cada vez más el espacio de la ciudad que hace tiempo es ya dos ciudades, una para ricos y otra para pobres. Es preciso convencer a las personas prostituidas para luchar por la inclusión de otras maneras que no las convierta en cómplices solitarias de la dominación y el poder. Es preciso convencer a la ciudadanía temerosa y reticente a hablar de sexualidad, que no les tenga miedo a las y los prostitutos.

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Es preciso convencer a la comunidad política para que miren a las y los prostitutos, para que generen políticas públicas inclusivas. Un problema social que implica políticas publicas transversales La habilitación tolerancia de ‘zonas rojas’ y la correlativa pregunta por la prostitución no es un problema de las prostitutas y prostitutos sino de todas las mujeres y hombres, porque las madres, hermanas y hermanos de unas son consumidos y degradados por otras madres, hermanos y hermanas de la misma sociedad. Considerar la existencia de ‘zonas rojas’ habilita el consumo de unas y unos por otros, habilita la eternización del sexismo, es decir de la explotación desigual de hombres y mujeres sobre otros hombres y mujeres construida sobre una creencia natural de desigualdad sexual.

El debate no debe ser si la prostitución en una ‘zona roja’ sea un trabajo o no, sino quién y qué intereses están detrás de estas discusiones y para qué. Hay que entender la lógica del otro y trabajar para traducirla en demanda y organización política. El sexismo se alimenta de la anuencia de las y los propios perjudicados para sostenerse. No se puede lograr que el trabajo sexual en una zona roja no convierta en paria en quien lo ejerce. ¿Se puede convertir en una identidad políticamente correcta la de la trabajadora o trabajador sexual en una zona roja? ¿Sin legislar sobre un desigual status de ciudadanos de segunda para ser consumidos por ciudadanos/nas de primera? Cualquier cambio de status sobre el espacio urbano habitaulmente marcado por el sexo y el sexismo y llamado ‘zona roja’ terminaría beneficiando más a quienes tienen poder para someter, sea por fuerza económica, sea por status familiar o por status político. Sin embargo no se puede menos que enorgullecerse de la actitud valiente de las y los propios interesadas/os de buscar soluciones al desamparo y la muerte cotidiana de tantas compañeras y compañeros. Por eso se vuelve primordial que busquemos todos juntos soluciones alternativas a que nos sigan explotando. Nunca el deseo de uno solo/la podrá ser ley sin que el deseo de otro/a le ponga un límite.

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El lugar de la enunciación Muchos y muchas se preguntan todavía a cerca de la legalidad o la ilegalidad de la prostitución callejera en espacios urbanos. Desde el a Asociación Ragone participamos de este debate porque para nosotros no es un problema moral ni de los tribunales de justicia, sino que intentamos pensar en complicidad como visibilizar y desmontar desigualdades que potencian los intereses de un sector de la clase dominante que ha pensado que son los dueños de la sociedad y de los recursos de todos. Entendemos profundamente la soledad como base para tematizar la dominación y la resistencia. Entendemos que esa soledad es la base de nuestras emotividades como personas con identidades privadas y políticas; y que la emotividad es sustancialmente el ingrediente de toda política pública que se precie de los intereses de la gente. Intervenimos en este debate en homenaje a los niños, a las hijas e hijos pequeños de las compañeras y compañeros prostitutas/os. Porque ellos son el producto del amor o de la contingencia, pero son la continuidad de la inocencia, de la compañía en la soledad. Contribuimos porque creemos que esta discusión es una búsqueda solidaria válida para cambiar algo que nos lastima. Y tiene la máxima importancia y vitalidad porque es desde el lugar de las propias personas que lo sufren. Lo decimos convencidos que no se puede intervenir y participar solo comunicando o interpretando, sin acompañar los procesos de las personas que sufren esta problemática que hoy estamos discutiendo. Como en cualquier problema de política pública, sobre todo cuando se trata de identidades y más de identidades sexuales. Ese campo que tan contradictorio y problemático nos resulta a los seres humanos. Porque es el primer lugar en el que nos construimos para comprender el mundo en que vivimos. Porque es fundante de todo lo maravilloso y lo monstruoso que podemos ser y hacer en la vida.

El contexto y la propuesta Discutimos sobre el status de las ‘zonas rojas’ en un tiempo en que existe una organización internacional de la ‘industria del sexo’ que se extiende con la globalización. La dimensión humana de la prostitución es un clásico debate en la generación de políticas públicas sobre la sexualidad. Entre las tendencias ‘reglamentaristas’ que conciben a la prostitución como un mal necesario y como una actividad rentable que hay que controlar y canalizar como un servicio público;

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y las tendencias ‘abolicionistas’ que la prohíben y se oponen a todo control legal y estatal y que termina reprimiendo el proxenetismo; es necesario debatir y desarrollar una tercera posición…. Que combata el sexismo, genere acuerdos políticos… y evite la criminalización de las mujeres y de los hombres postituidos. Es necesario abrir un debate sobre las posibilidades y debilidades de cada posición.

El aporte de los hombres nuevos y la prostitución Los movimientos de mujeres han despertado en muchos hombres un cambio sin retorno en relación a las conquistas del siglo xx, que no podemos perder en relación a derechos: al del placer sexual, aborto, criminalización de la violencia conyugal, redefinición de violación, reformas legales de la familia, en la educación, en el trabajo remunerado. La prostitución no es natural ni eterna, sino una construcción social que contribuye a alimentar un poder destructivo que beneficia a muy pocos varones y que los somete de formas extraordinarias hasta matarlos en son de los mandatos sociales que les impone y que los obliga a separar lo emocional de lo sexual, como muchas mujeres no prostituidas han aprendido; y que es justamente lo que degrada a las personas en situación de prestación, más allá de la libertad de elección que cada quien pueda tener. Es algo que excede la voluntad de cada uno, algo que nos controla desde afuera. Y nos hace cómplices voluntarios del estrago. Es lo opuesto al amor libre y al placer sexual. Es una opresión de las mujeres y tiene que ver con las condiciones de la comunidad en la que viven y no con una cuestión biológica como el deseo sexual o el desinterés de sí mismas de las mujeres, o tantos mitos que se construyen en cuanto a las motivaciones supuestamente electivas.

La historia y las soluciones Las soluciones comienzan por; Construir alianzas horizontales, de encuentro entre diferentes, para aprender a pensase de otra manera. Fortalecer un pensamiento político entre políticos y dominados y prostitutas, que se atreva al desacato como actitud y herramienta de cambio. Aunque aparezcan como alianzas prohibidas y exóticas. Por una política revitalizada a favor de quien necesita de la política.

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Modificar las actitudes sociales negativas ante la sexualidad y la libertad sexual de las mujeres. El estado no puede intervenir sobre la prostitución ni para prohibirla ni para reglamentarla o controlarla. Pero si para contribuir a la inclusión de las mujeres, hombres y travestis prostituida/os. Y dejar de clasificarlas en una única oposición de putas y honestas. La tradición política prohibicionista, más extendida en argentina del siglo xx, y la reglamentarista, muy salteña en la Salta de los ’50 y ’60; es incompatible con la tradición de los derechos humanos mundiales que surgen a mediados del siglo pasado después de la segunda guerra. Lo es porque criminaliza por igual a prostitutas, a sus explotadores y a los clientes. Es necesario encontrar nuevas proposiciones e impulsar políticas públicas que dejen de criminalizar a las prostitutas y a la prostitución. Eso debe surgir de observar el mundo de los clientes y de los explotadores tanto de la prostitución organizada como de la industria del sexo. Vivimos una época de avanzada en la lucha contra el tráfico de personas, donde el principal móvil es el reclutamiento sexista para la prostitución.

La discusión sobre ‘zonas rojas’ conecta directamente con la consideración del estatus de la prostitución. La pregunta es si ese cambio terminaría con la explotación sexista de las mujeres y muchos hombres por parte de otros hombres y muchas mujeres también. Si permitiría una inclusión real. Y la respuesta es definitivamente NO. No terminaría. El problema de la inclusión social de todas las personas prostituidas no es un problema del Concejo Deliberante, sino también de seguridad y de derechos humanos. Es un problema transversal de toda la política pública de un gobierno cuando se piensa en inclusión y en igualdad. Sospechamos de los sindicatos machistas que tradicionalmente han explotado a la mujer. Pero celebramos la apertura de estos espacios para la lucha. Porque de cualquier manera va articulando intereses de varios grupos en las demandas al Estado.

Sin embargo el emprendimiento de búsqueda de soluciones por parte de los grupos vulnerados y afectados no puede menos que enorgullecer a quienes trabajan para la búsqueda de soluciones desde el Estado, porque toda acción comienza con sus voluntades. Todo lo contrario de mirar para

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otro lado y de pensar primero en el riesgo racional de la construcción política en la opinión pública y en la opinión de los propios políticos. SI es precisa la descriminalización urgente de la prostitución. Que elimina el estigma que recae sobre las personas prostituidas pobres, y no sobre las ricas, y nunca sobre los clientes, ya sean pobres o ricos.

Descriminalización y vida policial Esa descriminalización no es una cuestión solo de seguridad y aplicación de normas policiales, sino fundamentalmente de educación, y de generación de trabajo genuino para la inclusión. El punto en cuestión no son los edictos contravenciones, sin embargo sería importante su derogación. Me refiero a los artículos 114 y 115. Debemos comprometernos en el impulso de trabajo genuino y de educación contra el sexismo y la discriminación. Lo cual incluye por igual a la ciudadanía y a esos ciudadanos especiales que son nuestros policías.

Fernando Pequeño.

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