Una casa en llamas

Imaginemos que vamos caminando tranquilamente por una calle, y de repente, al doblar en una esquina nos encontramos con una casa en llamas. Nos acercamos y descubrimos que hay personas adentro que piden desesperadamente auxilio. ¿Qué hacemos entonces? En primer lugar nos dolemos de la situación, fruto de la compasión por las personas que están adentro. Esto hace nacer en nosotros el deseo de salvar a estas personas. Esto es ya un primer paso. Nuestra humanidad se ha visto conmovida por el mal y ha engendrado un deseo santo y justo de ayudar a personas que ni conocemos. Pero a pesar de nuestrs deseos todavía no hemos hecho nada. Para que el deseo sea legítimo debemos llevar a término lo que deseamos. No podemos quedarnos llorando, lamentándonos por el incendio. El dolor no debe inmovilizarnos, debemos actuar. Pero entonces descubrimos multitud de obstáculos. Además de todos los obstáculos físicos que podamos descubrir, hay uno que nos limita mucho más: El miedo. El miedo es un sentimiento legítimo que hace que retrocedamos ante el mal. Éste es mal porque nos priva de algún bien que amamos. Quien no ama no teme nada. Por eso el valiente no es el que no teme nada, sino que el que sabe vencer sus miedos por el bien que ama. Por eso, el vencer el miedo es signo de gran amor. De ahí que el fuerte es mejor que el débil. No porque tiene menos miedo, o se esfuerza más, sino que es mejor porque ama más. (Aunque hay que agregar que es mejor siempre y cuando sea amor de algo bueno. Si el temor viene de un amor malo entonces no sirve para nada). Si no existiera el miedo, los hombres no tendrían resguardo frente a las situaciones que pueden hacerle daño. En esto el miedo es común con los demás animales. Pero en el hombre, el miedo, al estar penetrado de racionalidad, puede agigantarse por la imaginación, que adelanta el futuro y lo hace presente. Esto, que en principio es bueno porque le hace anticiparse a los hechos y medir sus fuerzas con mayor exactitud, puede desvirtuarse si la imaginación no está sujeta a la realidad haciendo que las cosas se hagan enormes. Entonces el hombre ya no sólo teme la realidad (lo cual es lo propio del fuerte) sino que empieza a temer sus propios fantasmas que hacen del problema algo insuperable. La fortaleza es el miedo proporcionado a la realidad. Fuerte es el hombre que teme lo justo: Ni tan poco que desprecie los males reales, ni tanto que lo inmovilice más de la cuenta. Si fuéramos de esos hombres fuertes, es decir de aquellos que saben ordenar sus miedos al bien que aman, entonces podríamos hacer aquello a que nuestro deseo nos impulsa. Podríamos tener la actitud justa ante la situación. Si la situación verdaderamente lo amerita; si las condiciones hacen razonable el entrar en la casa, lo cual es propio de la prudencia -sin la cual nadie es fuerte-, entonces, haremos lo que realmente deseamos, no dejando que nuestros miedos nos dominen sino haciendo lo posible por salvar a la mayor cantidad de personas. En este caso para que nuestro deseo sea legítimo bastaría que hagamos lo que podemos. Si a pesar de los esfuerzos sólo lográramos salvar a uno sólo de los diez que habitaban la casa, entonces habremos llevado a cabo nuestro deseo, por más que nuestro deseo fuera salvar a todos. Si hallándonos en esta situación, vinieran los bomberos, nadie nos reprocharía el no haber salvado a los nueve que no pudimos salvar, sino que nos felicitarán por haber salvado lo poco que pudimos. Pero puede ser que no podamos vencer el miedo. Somos cobardes y no tenemos el valor suficiente para entrar en la casa a salvar a las personas. Personas más heroicas hubieran entrado en la casa y, arriesgando su vida, hubieran salvado quizás a alguien. Nosotros no podemos, somos demasiado débiles. Pero aún así, aun cuando no podamos ser héroes, aunque no podamos ser nosotros los salvadores, aún así, podemos llevar a cabo nuestro santo deseo si no nos quedamos quedamos lamentando nuestros miedos y nuestra pobreza, sino que impulsados por nuestro deseo empezamos a correr pidiendo ayuda. Entonces, si llegamos a cansarnos; si llegamos a dar todas nuestras fuerzas, si llegamos a hacer que nos duelan los pies de correr y no nos desanimamos ni cedemos al cansancio; entonces, aunque nos vimos superados por la situación y no pudimos ser los héroes que queríamos, aun así, hemos sido fieles a nuestro deseo. Hemos hecho todo lo que pudimos.

El deseo y las obras
Esta imagen puede servirnos para comprender algo muy importante de nuestra vida espiritual. Jesús nos ha dicho que tenemos que ser perfectos como nuestro Padre celestial. Por lo tanto estamos llamados a ser perfectos, pero ¿Cómo es posible esto? Esto es posible en el deseo. Por el deseo nosotros podemos hacer lo que no podemos hacer. Del mismo modo que el fuerte del ejemplo llevó a cabo su deseo de salvar a los hombres de la casa en llamas aunque no pudo salvar a todos, nosotros podemos lograr cosas que están fuera de nuestro alcance por el deseo. No porque las realicemos de hecho, lo cual corresponde a los santos, sino porque las deseamos de tal modo que si las pudieramos hacer nos llenaríamos de alegría. Dios mirá el corazón. El sabe que somo de barro (sal 103), conoce nuestras miserias y debilidades y por eso no nos pide más de lo que podemos darle. Pero nos pide todo lo que podemos darle aunque ello no tenga ningún valor, ya a veces todo lo

“Ningún siervo de Dios puede dejar de tener este deseo: ¡Oh. La turbación y el desánimo son frutos del amor propio que querría vernos perfectos en un día y de la falta de confianza en Dios que nos hace olvidar que el progreso depende más de Él que de nosotros. y cuando llegue el día de mañana. con toda tu alma y con todas las fuerzas” (Dt 6. Aunque nosotros no podamos nada para llevar a cabo nuestros deseos. y tendrá que derramar el ungüento sobre el cuerpo de Jesús antes de derramar el bálsamo de su contemplación sobre su divinidad. El apresuramiento. no debemos inquietarnos por no realizar todos nuestros deseos. y todos los días de nuestra peregrinación. no interesarse por mejorar. Si no ponéis en práctica algunos de esos deseos. sin dudar de que también mañana volverá Dios a mandar maná. Hagamos un firme y general propósito de querer servir a Dios con todo nuestro corazón y nuestra vida y luego no nos preocupemos por el mañana. esto no impide que Dios sí pueda hacerlo. cada uno en su momento oportuno y según vuestras posibilidades Hay que hacer lo que podemos. esperando hacerlo un día a lo divino y angélico y según la eternidad. “Cuando el alma ha dejado las concupiscencias se ha purificado sus inclinaciones malas y mundanas y ha descubierto las cosa s espirituales y santas. sin artimañas ni sutilezas. pero al mismo tiempor nos lleva a alabar la grandeza de Dios. de nada sirven. luego tendrá íntimos diálogos con Él en el secreto de la meditación. Es algo que está en vuestro poder y debéis hacerlo. edificado sobre la humildad. ¿Pero en qué orden? Primero. cuánto desearía servir mejor a Dios! ¡Ay! ¿cuándo le serviré como deseo? Y como siempre podemos mejorar. Magdalena tiene que empezar por lavar los pies del Señor. Por eso el deseo de la perfección. de hacer servicios bajos y sencillos en la casa. en general. . para ser verdaderos. Para esto es también necesario tener una gran confianza y resignación en la providencia de Dios. donde no reside la perfección. los de la humildad y otras virtudes y veréis qué bien os va. La verdadera humildad nos hace ver nuestra pequeñez. como se hace en este mundo. ni por dar a Dios lo más que podemos. “El Señor es el unico Dios. Es buena cosa desear mucho. Esto basta. pero hay que hacerlo de buena fe. No desear la perfección es no confiar en la misericordia. que están más en nuestras manos: por ejemplo. Y pasado mañana. madre de todas las imperfecciones. Hay pues que hacerlos efectivos. sin jamás estar satisfechos de nosotros mismos. que la ocasión no os faltará. Por eso los deseos son buenos y nos hacen mejores. como una hambrienta se llena de tantos deseos y con tal avidez que acaba agotada. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón. pero hay que poner orden en los deseos y después llevarlos a cabo. la agitación en el esfuerzo. Tenemos que recoger maná solamente para el día de hoy y no más. aspiremos siempre a mayor perfección.4). Pero estas motivaciones deben ordenarse porque sino se enredan y pierden fuerza. se os irán multiplicando cada vez más. Nadie que quiera servir a Dios puede estar sin este deseo. enredarán vuestro espíritu y no sabréis cómo libraros de ellos. Os prohibo expresamente la agitación. Pensemos sólo en hacer el bien hoy. “Sabéis que. besarlos y enjugarlos. nadie dice que no debéis tener deseo de servir a los enfermos por amor de nuestro Señor. el deseo es bueno. porque también es gran obstáculo la condición de esta vida mortal en la que siempre nos es más fácil desear que hacer. Por lo demás. ya que vano sería proyectar cosas que no están a vuestro alcance o que son muy remotas dejando de hacer las más fáciles. los más visibles y externos. ya que Dios muestra más su poder al perdonar y elevar a los pecadores que al hacer el cielo y la tierra.. parece que la puesta en práctica de tales deseos no encuentra otro impedimento que nuestra falta de resolución. esos son deseos básicos. pero que sea sin agitación. Por eso haciendo lo que está a nuestro alcance podemos ser fieles a nuestros deseos a pesar de que estemos lejos de cumplirlos. Pero los deseos. también se llamará hoy. ejercitáos en la puesta en práctica esos deseos. Dios quiere que le sirvamos amándole por encima de todas las cosas y al prójimo como a nosotros mism os. La verdadera humildad lleva a la alabanza y a la confianza en la poderosa misericordia de Dios. Por eso es algo santo. y podremos pensar en él. Este deseo de la perfección y el obrar que le sigue en consecuencia deben estar apoyados en la humildad y en la confianza en la misericordia de Dios.. a lo humano y en el tiempo. inflamando nuestro corazón y animándolo a avanzar”. pero eso no es así.. sin los cuales los otros deben ser tenidos por sospechosos y despreciables. por humildad. es algo tranquilo y pacífico.que podemos darle es el deseo de ser santos. Un deseo que no se traduce en obras es algo vacío y engañoso. De esta forma ponemos por obra nuestros deseos que son el motor de nuestro obrar. El deseo hace que nosotros seamos capaces de lo que no somos ni podemos hacer.. Así que ejecutad fielmente los deseos bajos y serviles de la caridad. Pues bien. deben llevarnos a la práctica.

y dejemos que Dios cuide de lo demás. como son el desmesurado amor de sí mismo. Hasta la penitencia hay que hacerla con paz. podríamos caernos al huir. Entonces. pues al menos no tenemos voluntad deliberada que sea contraria. debemos recibirla con paz. como dice la Iglesia en el Santo Sacrificio. y muy especialmente os lo digo a vos. hija mía! A veces me parece que estamos llenos de Jesús. pues si nos apresuramos cometeremos muchas faltas. decía un penitente: «he aquí que mi amarguísima amargura está en la paz» (Is 38. He visto a muchos que habiéndose encolerizado. que os mantengan muy unida a esa eternidad y a esa sagrada providencia. No. trae la guerra. Porque si viéramos otros deseos distintos. mi querida hija? Primero. de no hacerlo así. le deja pálido. se inquieta y no quisiera verla pues teme que no se le vaya j amás. no tiene por qué atormentarse. “Descansad en Dios y cuando caigáis en faltas o tengáis defectos. Cuando nuestro Señor nos separa de estas pasiones tan queridas y acariciadas parece que nos desuella el corazón en vivo. yo no digo eso. Un corazón así. la gracia de Dios y luego no ser tan delicada.” Para evitar los „círculos viciosos‟ lo mejor es no dar importancia a esos „embrollos‟: distraerse. sino que. ¡No. no! Dios no es tan terrible para con los que ama. mi querida hija. descansar. que la paz después de una gran guerra pero la guerra es medio y no fin. Fomentad en vos pensamientos generosos y magníficos. burláos de esos „embrollos‟. pues no tenemos más deseo que la gloria de Dios ¿no es cierto? Así es. hija mía. “¿Qué remedio. que sois tan particularmente mi hija. y tendremos paz: tengamos la recta intención de querer en todo el honor de Dios y su gloria. Teméis el temor.. y luego teméis temer al temor. mi querida hija. todo está en paz. según el consejo de nuestro padre espiritual. hay que desear mucho. triste y tembloroso. con este fin. En esa misma carta el obispo indicaba a la abadesa el medio de mantenerse continuamente en paz: “Hagamos tres cosas. que sea con paz. que toda esa amargura. por amarga que sea. ni turbarse. Si hay que hacer el bien. dándonos perfecta cuenta. aun las tribulaciones: “Yo suelo decir a todas las almas que se dirigen a mí. las tribulaciones. la confianza en sí mismo. sino haciéndolos con mucho ánimo”. después de humillaros ante Dios. no os agitéis pensando que tenéis que rechazarlos con violencia. nuestra voluntad sigue resignada ante la de nuestro Señor y la tenemos allí. Todo eso me recuerda los círculos que se forman en el agua cuando se tira una piedra en ella: primero uno pequeño y de él sale otro mayor y luego otro mayor. “Hay que vivir con paz siempre y en todo. que los sufrimientos. digo. por lo que sentimos mucha amargura y casi no se puede impedir que se resista uno con toda el alma. Y mucho ánimo. de Chantal: “Cuando esta bagatela se presenta en vuestro espíritu. esa resistencia del espíritu es con paz y aunque agobiados por la pena. Sabed. no os asustéis. Os disgustáis por el disgusto y luego os disgustáis de haberos disgustado por el disgusto. la complacencia en sí mismo y otros afectos semejantes. que hay que elevar el corazón a lo alto. Pues entonces. ¿Qué hacer cuando encontramos en nosotros deseos que rechazamos pero que no podemos evitar que influyan en nosotros? El mecanismo de esas penosas complicaciones. Quien tiene a Dios por objeto de sus intenciones y hace lo que puede. hay que poner por obra ordenadamente nuestros deseos.. ese temor le disgusta y además genera en él otro temor más. es siempre humilde pues está establecido en la verdad y no en la vanidad. porque esa separación es dolorosa. cercanos y ordinarios afectos. las penas. ¿por qué nos atormentamos? ¡Viva Jesús. sino con espíritu de confianza y para animarnos”. procurad dormir bien. recordad que la fuerza divina se muestra más gloriosa en nuestra debilidad”. que produce un espanto mayor. dando facilidad al enemigo para matarnos. lo explica así el obispo a la Sra. elevado. ni temer... Es verdad. Se contenta con poco porque sabe bien que no tenemos mucho. con la certeza de que nunca pretendemos sino la gloria de Dios. lo poco que podamos. todo ello es causa de muchas dificultades y estorbos para el espíritu. en ese caso van acompañadas de una resolución tan firme de sufrirlas por Dios. burláos de ellos.. y sobre todo crecer en la confianza. Si tenemos una pena interior o exterior. los arrancaríamos enseguida de nuestro corazón. Dios nos llama a la paz. es con paz y tranquilidad . Si nos llega un a gran alegría. separando al corazón y al alma de sus más queridos. Pero también es cierto que antes de traer la paz a un lugar. Y ese temor quita la fuerza al espíritu. Si hay que huir de un mal.Este deseo fundado en la paz y la confianza en Dios puede verse contrariado por nuestras debilidades que pueden hacer que vayamos en contra de nuestros deseos más profundos. clavada a su divino beneplácito y sin dejar nuestra tarea y nuestros trabajos. que dejan el corazón abatido y extenuado. es dulce y pacífico porque no se preocupa de lo que pueda turbarle. Y no lo digo con arrogancia. hija mía. que en la Escritura se le llama a nuestro Señor Príncipe de la Paz y por tanto allí donde El es el dueño absoluto. al menos. sin turbarnos. pero todo eso sin turbarnos ni perder la paz. encima se encolerizan por haberse encolerizado.17)”. hagámoslo con paz. que ha preparado esta vida mortal solamente con vistas a la vida eterna. Pero decir que es dulce y pacífico no es decir que no tenga dolores ni penas. Sin embargo. hagamos de nuestra parte. hay que recibirla con paz. sin estremecernos por ello.. distraeos trabajando. mi queridísima hija. El deseo de servir a Dios hace que aceptemos todo lo que él quiera mandarnos con paz.

dejó entender que no concede a los desidiosos ni aun lo que les pertenece. sino que todo es fácil y llevadero con la condición única de que tengamos buena voluntad. ni como quien ahincadamente suplica. acabará por responderte. logró apropiarse de lo ajeno y como perrillo recibir lo que era propio de los hijos. sin embargo. les concede aun las cosas que no parecen oportunas. si no por amistad. por haber insistido con vehemencia. ciertamente por la constancia y no serán impedimento ni la enemistad ni la importunidad ni otra cosa alguna. serás antepuesto al hijo perezoso. si quieres ser bueno. y de haber llevado a cabo otras muchas maldades que no merecían perdón. si con insistencia frecuentemente ruegas. ¿Cómo? ¿por qué camino? Mediante la penitencia y el buen propósito de la enmienda. aunque de mil maneras el demonio se esfuerce. Pero cuando tú eliges la perfección y atraes de este modo a Dios como patrocinante. Aunque vea demasiado insistente al que pide. tras de honrarla grandemente. Dios no mira a . pidamos que él nos haga agradables. tras de haberse atrevido a cometer execrables crímenes. Quiere Dios que le roguemos casi como quien exige y te queda muy agradecido. Pues mucho menos querría Dios retenerte por la fuerza: El. En cambio. porque no nos acercamos a Él. jamás te abandonará. no hay pecado alguno que no ceda a la fuerza de la penitencia. por eso no ruego! Porque tal era la mujer sirofenicia. no porque no quiera dar. El rey Manases. aun cuando necesitaras sus servicios. a pesar que nos esforzamos y que intentamos agradar a Dios pero nuestras obras son malas y dejan mucho que desear. que por salvarte ha hecho todo lo que ha hecho y no por necesidad que de ti tenga. o mejor dicho.El deseo de los muy débiles: la oración Puede ocurrir muchas veces que. el demonio. nadie te lo impide. respecto de los judíos. y si a Él nos acercamos. aun nos quedan nuestras piernas. somos nosotros mismos la causa de nuestra perdición. de haber colmado el templo de abominaciones y la ciudad de asesinatos. Si esta condicion nos encontramos no todo está perdido. nos paga y da aun lo que no recibió de nosotros. Tampoco digas: ¡es que soy indigno. Y en este caso hizo ver que a quienes instantemente suplican. hoy estará a nuestro lado como nuestra ayudante. hay quien se esfuerza por impedírtelo. ni vamos a Él con la fe conveniente. Exhortación a la oración (San Juan Crisóstomo. lo dio a ella porque instantemente lo pedía. Mas por el contrario. Si hoy mismo nos convertimos. no oramos como es debido. Y no se quedó en los ejemplos. sino que por las obras manifestó lo mismo. comentario al Evangelio de San Mateo) Nada de lo que se nos ha mandado es pesado ni molesto. no nos llegamos suplicantes. y así podremos cumplir todos los preceptos aun cuando nos encontremos reos de infinitos pecados. En este caso estamos como el hombre que no pudo salvar a nadie por el terrible miedo que lo invadió. Por otra parte. Porque no. Si tuvieras tú un criado que te odiara y aborreciera y que con frecuencia se te apartara y huyera no querrías por cierto retenerlo por la fuerza. ni siquiera lo suyo recibieron. si tú muestras siquiera tu buena voluntad. Porque no pidieron. De modo que aun cuando seas un perrito. lo pudo la constancia en el pedir . lavó sus pecados. El difiere el dar. a la gracia de Cristo . cuando a la mujer sirofenicia le despachó su petición. Y sin embargo. Si no podemos agradar a Dios. aquél nada puede. sino porque le gusta que le exijamos. Ni alegues: he pecado mucho y no puedo rogar al Señor airado. lo hacemos ya como persuadidos de que nada vamos a alcanzar. nos da las gracias y nos devuelve aun lo que no habíamos puesto a rédito. Aun podemos correr a gritar ayuda. Aunque ni siquiera podamos mostrarle alguna obra que hayamos hecho para mostrar nuestro amor. sino dudando y con pereza lo hacemos todo. tras de tan grande perversidad. sino que aun lo suyo lo perdieron. puesto que lo que no logró la amistad. De modo que en resumidas cuentas. O más bien: sí. Porque es el único deudor que cuando le exigimos. Le dijo: No es bueno tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perrillos. mientras que aquella mujer. De modo que ellos no sólo nada recibieron. de haber extendido su mano contra las cosas santas. si te rehusas ¿cómo podrá El patrocinarte? El quiere que consigas tu salvación libremente y no forzado ni necesitado. Y si el que pide lo hace sin empeño. Por eso te puso el ejemplo de aquel amigo que se presentó de noche pidiendo panes y también el otro del juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres. Mas si no quieres. Tan grande bien es la constancia. No vayas a decir: Dios está enemistado conmigo: ¡no me oirá! Si con frecuencia le suplicas y le urges.

cuando no le pedimos es cuando se muestra airado. ama a sus hijos. pero vosotros. pues. más El se alegra y se dispone para hacernos dones mayores. Acusándolos de esto. echaremos de nosotros al demonio y excitaremos la misericordia divina. Con que le presentes una centellita. decía a los judíos: Mi misericordia es como nube matutina y a la manera de rocío matutino pasajero. acerquémonos a El suplicantes. a causa de vuestra indescriptible y enorme maldad. exclamaba: Como aurora está preparada su aparición. Ojalá ardiéramos en tal caridad como se inflaman en amor nuestro sus entrañas. Si al juez que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. Pero también esto entra en su providencia. Pues así como tenemos necesidad de la respiración. Acerquémonos oportuna e inoportunamente. con mucha mayor razón la constancia en las súplicas doblegará al Señor. Además. y no busca sino una sola cosa: no castigar por las injurias. que no puede ser dañado por las injurias. Y ese fuego sólo pide hallar ocasión. No se aira por las injurias recibidas. Se hizo pobre para que nosotros fuéramos ricos. Pero si siquiera un poco nos volvemos a Él. aun cuando cada día caigamos. conseguiremos los bienes futuros por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo. sino verte suplicante y convertido. aunque hayas dilapidado los bienes paternos y por mucho tiempo hayas estado fuera del hogar. y al punto apagarás su ira y te librarás de la condenación. pero yo no me olvidaré de ti. rogando y pidiendo perdón de nuestros pecados. En resumen: no desesperemos.) Acerquémonos. Si así oraras. aunque seas un degradado y el último de los pecadores. dice el Señor. recibirás todos los bienes. Si nada sacamos de su poder y virtud.Mateo 22). teniendo tan buenas ocasiones y esperanza. a El y digámosle: Sí Señor. a la manera de un sol ardiente que llega y disipa la nube y acaba con el rocío. brota más que una fuente y se extiende más que un océano en sus beneficios. lo encontraremos esperándonos. a suplicar. sino que. con tal que te resuelvas a orar. sino a la voluntad. Así como nunca es inoportuno el respirar. así nunca lo es el pedir: lo inoportuno es no pedir. Porque dice: Aunque la mujer olvidara al hijo de sus entrañas. Como si dijera: todo lo que estaba de mi parte lo puse. aunque te acerques a Dios airado e indignado. Lo inoportuno es no acercarse asiduamente. por los siglos de los siglos" Amén. Cuando no le pedimos es cuando se irrita. y si queremos. Pablo lo declara diciendo: Rico para todos los que lo invocan. muy pronto alcanzarías lo que pides. sino de que tú seas el injuriador y andes furioso como un ebrio. Cuantas veces a Él nos acerquemos. aunque se haya airado. Es que no ruegas como aquéllos.la dignidad. De este modo seremos más tardos en pecar. que amamos con amor natural nos dolemos. Insistirás diciendo: es que ruego pero no me aprovecha. Pues cuando nos ve que somos indignos de que se nos hagan beneficios. (Crisóstomo . no se dolerá de verte carnal? Si nosotros. . Indicando y declarando esto el profeta. Si siendo nosotros tan malos nos dolemos cuando los hijos resultan carnales ¿cuánto más Dios. siquiera lo suficiente para conocer que hemos pecado. los retiene para que no nos tornemos flojos. que es bueno. a volver a él. como la sirofenicia y el amigo que llegó de noche y la viuda que con frecuencia urgía al juez y el hijo que había dilapidado los bienes paternos. nosotros tenemos la culpa. lo doblegó aquella viuda. mucho más El que ama con un amor sobrenatural. Porque El estima que nuestra salvación son sus riquezas y el dar abundantemente a los necesitados. con toda facilidad lo atraeremos. pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. aunque pidas cosas que no se te deben. así la tenemos del auxilio de Dios. Pues siempre es oportuno pedir a quien está anhelando dar. De modo que aunque no seas amigo. así acabáis con mi liberalidad. al punto enciende grandes llamaradas de beneficios. Sufrió cuanto sufrió para atraernos a pedir. y cuanto más recibimos. Pues aun cuando haya sido injuriado. es Padre. a quien sea la gloria y el poder.(Is. que salta como una fuente.

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