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Revista de Filosofía, nº 40, 2007, 91-106

Rawls, Habermas y el proyecto kantiano de la paz perpetua
JOSÉ LUIS LÓPEZ DE LIZAGA*

Resumen: Este artículo examina los intentos de actualizar la concepción kantiana de un orden político internacional justo y pacífico que Rawls y Habermas han llevado a cabo en algunos de sus escritos más recientes. En su último libro, Rawls argumenta que la estructura democrática de las instituciones de los Estados es una condición indispensable para la paz en las relaciones internacionales, más importante incluso que la construcción de instituciones supranacionales. Esta tesis de Rawls puede completarse con algunas consideraciones de Habermas acerca de las relaciones entre Estado y nación: para que los Estados, aún si son democráticos, sean realmente pacíficos, es necesario que las sociedades estén integradas mediante formas postnacionales de identidad colectiva. Palabras clave: Derecho internacional. Paz perpetua. Kant. Rawls. Habermas.

Abstract: This paper reviews the actualization of the Kantian conception of a fair and peaceful international order, which Rawls and Habermas have tried to accomplish on some of their recent writings. On his last book, Rawls argues that the democratic structure of the state’s institutions is a necessary condition for international peace, even more important than the creation of international institutions. This thesis can be completed with some of Habermas’s considerations about the relations between state and nation: if the states (even the democratic ones) have to be peaceful, it is necessary that societies are integrated by postnational forms of collective identity. Key words: International Law. Perpetual Peace. Kant. Rawls. Habermas.

En los dos «artículos definitivos» que constituyen la parte central del opúsculo de 1795 titulado Hacia la paz perpetua, Kant señala cuáles son las condiciones que deben cumplir los Estados y las relaciones entre ellos para que la guerra quede definitivamente erradicada de la historia humana. Son bien conocidas las tesis de Kant: por lo que respecta a los Estados, Kant señala en el Artículo Primero que sólo un determinado tipo de régimen político, la «constitución republicana», es apto para garantizar la paz. Y por lo que atañe a las relaciones interestatales, el Artículo Segundo extiende a éstas el modelo contractualista de la formación del Estado: al igual que los individuos, también los Estados deben superar el estado de naturaleza en el que «se perjudican unos a otros ya por su mera coexistencia»1, y someterse a leyes que regulen sus relaciones mutuas. Resumiendo la argumentaFecha de recepción: 10 mayo 2005. Fecha de aceptación: 25 enero 2006. * Departamento de Filosofía IV, Facultad de Filosofía. Universidad Complutense, Ciudad Universitaria, 28040 Madrid. Email: jlizaga@yahoo.es. El autor presentó una primera versión de este artículo en una sesión del Seminario Internacional de Jóvenes Investigadores que organiza el Instituto de Filosofía del CSIC (Madrid), en mayo de 2005. 1 I. Kant, Zum ewigen Frieden, Ak VIII, 345 (trad. castellana: I. Kant: Hacia la paz perpetua, Madrid, Biblioteca Nueva, 1999, p. 89. Traducción de J. Muñoz. En lo que sigue, citaré por la edición de la Academia Prusiana, y añadiré entre paréntesis la página de la traducción castellana.)

En el primer Artículo. nº 40. siguiendo a Rawls y Habermas. nota). A continuación examinaré cuáles son las limitaciones de la opción teórica que Kant desarrolla. 350 Anm. de un orden político anarquista. (p. a la que se encuentran sometidos «en cuanto súbditos». la «dependencia de todos respecto a una única legislación común». Tecnos. Kant excluye toda interpretación democrática de su propio concepto de legitimidad republicana. una opción que. 1996. típicamente liberal) según la cual la libertad consiste en «hacer todo lo que se quiera. la que el propio Kant escoge. Podemos dejar aquí de lado el tercer rasgo característico que Kant menciona. la idea de una república mundial deja paso a la de una federación de Estados soberanos. El propio Kant desarrolla este concepto menos que los otros dos. Y en el segundo de los Artículos. Por último. Siguiendo a J. Se trata. Es éste un lenguaje extrañamente monárquico cuando de lo que se trata es de explicitar los principios del republicanismo. en: R. Frankfurt a. Ciertamente. pero su sentido parece ser éste: el hecho de que una acción perjudique (o no) a otras personas es completamente contingente y dependiente de las circunstancias. pues. examinaré las dos condiciones que. Aramayo. En primer lugar.2 La igualdad de todos los ciudadanos ante la ley consiste en que «nadie puede imponer a otro una obligación jurídica sin someterse él mismo también a la ley»3. (p. C. 2007 3 . 83. permitirían reinterpretar el proyecto kantiano en un sentido alternativo tanto a la república mundial como a la federación de Estados nacionales soberanos. Cf. Höffe: Kategorische Rechtsprinzipien. y otra versión. y los súbditos (niños. El argumento con el que Kant rechaza esta concepción de la libertad jurídica es un tanto oscuro. ya en el propio concepto de republicanismo. y por tanto no puede constituir una determinación 2 Op. cuando se refiere a la «dependencia». O. Pero más interesante y original es el concepto de libertad jurídica con el que Kant caracteriza el republicanismo.): La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración. argumentando que «no necesita explicación». aleja las esperanzas de una paz perpetua. podemos interpretar este principio como la introducción. debilita notablemente la relación entre republicanismo y pacifismo. Ak VIII. Höffe propone interpretarlo del siguiente modo: se trata de un principio que elimina la posibilidad (meramente teórica) de una sociedad sin Estado. cit. Kant habla de súbditos. mujeres y proletarios) que carecen de ellos. Kant. Daimon. que entre otras cosas (como el propio Kant señala pocas líneas después) eliminan el derecho divino y la nobleza hereditaria. como veremos. Zum ewigen Frieden.92 José Luis López de Lizaga ción kantiana. que se mantiene dentro del marco conceptual del Estado nacional no democrático. Roldán (eds. una exclusión que. 349-350. J. Abellán: «En torno al concepto de ciudadano en Kant». Revista de Filosofía. del conocido principio jurídico del «imperio de la ley».M. con tal de no perjudicar a nadie». intentaré mostrar cuáles son las razones por las que Kant se inclina por la versión menos ambiciosa de su propio proyecto. a la luz del texto kantiano la única diferencia respecto de la igualdad jurídica parece consistir en que. Kant llama constitución republicana a aquella que cumple los principios de libertad e igualdad jurídica. Muguerza. de manera que nadie puede situarse por encima de ellas. una vez más. O. podríamos decir que el republicanismo de las constituciones nacionales y la juridificación de las relaciones internacionales son las dos condiciones fundamentales de una paz duradera entre Estados. Kant rechaza la concepción «usual» (y podríamos añadir. de la distinción entre los ciudadanos dotados de derechos políticos. Kant: de la república mundial a la libre federación de Estados 1. 1995. y en qué medida puede resolverlas un orden internacional como el que surge después de la Segunda Guerra Mundial. 83). Pero quizás lo más interesante de estos artículos es que en cada uno de ellos podemos encontrar dos versiones distintas del proyecto de la paz perpetua: una versión más ambiciosa que parece seguirse de las premisas de la argumentación kantiana y que sugiere una transformación radical de la soberanía de los Estados y de las relaciones internacionales. Suhrkamp. Ak VIII. conforme al cual las leyes del Estado no admiten excepciones ni privilegios.. Madrid. es decir. 1. y no de ciudadanos.

palacios de recreo..Rawls. Parece obvio que. ésta es para el jefe del Estado «la cosa más sencilla del mundo». cit. sino también la de la acción política de un gobierno. cacerías. 351 (p. Al no estar sometido a una legislación común a todos que le obligaría a padecer los sufrimiento de la guerra. pues ambas se siguen directamente de la idea de contrato. aquel en el todos los ciudadanos están sometidos por igual al imperio de leyes a las que podrían dar su consentimiento racional. dependiese del consentimiento de los ciudadanos. La guerra sólo parece aceptable a quien no tiene que sufrir directamente sus consecuencias. que Kant considera el «principio de todos los derechos». Ahora bien. y por tanto no podrían considerarse legítimas. fiestas cortesanas»5. el Estado puede ser democrático. Nadie daría su consentimiento para emprenderlas. El orden político republicano es aquel que cumple estas dos condiciones. Ak VIII. pues. de un modo que no es contingente o relativo a las circunstancias. autocrático o aristocrático. ni siquiera es necesario presuponer en los ciudadanos una especial sensibilidad moral para anticipar su oposición a la guerra. la guerra nunca encontraría legitimación en un Estado republicano. definir la libertad de otro modo: como «la facultad de no obedecer otras leyes exteriores que aquellas a las que he podido dar mi consentimiento». pues esto significaría tanto como escoger libremente o «decidir para sí mismos todos los sufrimientos de la guerra»4. § 45. sin necesidad de recurrir siquiera a razones morales. rechazarán la guerra ya sólo por razones prudenciales. nº 40. Cf. Revista de Filosofía. dependiendo de si el poder legislativo reside en el pueblo. Sin embargo. Daimon. el republicanismo es una «forma de gobierno» que no se opone a la 4 5 6 Op. además. Nunca los ciudadanos darían su consentimiento a una declaración de guerra. esta interpretación no se ajusta al pensamiento de Kant. si no sólo la legitimidad de las leyes. Kant sostiene. es decir. Desde el punto de vista de su forma de soberanía. Kant propone. Kant disocia los conceptos de legitimidad republicana y democracia mediante la distinción entre «forma de soberanía» y «forma de gobierno». en una minoría o en un único individuo. Doctrina del Derecho. que estas dos propiedades. libertad e igualdad. y por eso sólo puede ser un instrumento político habitual en aquellos regímenes que permitan al monarca situarse por encima de las leyes y comportarse como el propietario del Estado. Para Kant existe un vínculo muy estrecho entre esta forma de legitimidad y el proyecto de la paz entre Estados. Como estos sufrimientos no forman parte de los intereses racionales de nadie. 85). cuando hablamos de acciones libres nos referimos a cierta propiedad que unas acciones tienen y otras no. la única fuente de legitimidad de las leyes. es decir. Nada parece más natural que interpretar esta argumentación de Kant en el sentido de una defensa de la democracia como garantía contra la guerra. Actuamos libremente (siempre en un sentido jurídico) cuando las leyes a las que nos sometemos cuentan con nuestro asentimiento racional. no como un ciudadano más. Es decir. Nos sentiríamos tentados de resumir el argumento kantiano de este modo: en un Estado democrático. Rechazarán la guerra simplemente si son capaces de perseguir racionalmente sus fines. En cambio. cit. las guerras no encontrarían legitimación. son constitutivas de todo orden político verdaderamente legítimo. Habermas y el proyecto kantiano de la paz perpetua 93 de la acción misma. 2007 . La democracia es para Kant una forma de soberanía. «una especie de juego» que «no le hace perder lo más mínimo de sus banquetes. una determinada manera de distribuir el poder legislativo del Estado6. Loc. en aquellos regímenes que incumplan al menos uno de los principios del republicanismo: el principio de igualdad jurídica. que sorprendentemente no extrae de su concepto de legitimidad republicana las consecuencias democráticas que parecen seguirse necesariamente de él. es decir. también Metafísica de las Costumbres.

sólo si quien legisla no es al mismo tiempo quien gobierna. 353 (p. Una expresión directa de la voluntad de los ciudadanos es para Kant inimaginable. que previamente han expresado su voluntad. se define como la falta de separación de poderes? ¿No emplea Kant dos definiciones distintas. cabe esperar el ejercicio de un gobierno republicano de la sabiduría de un príncipe que esté dispuesto a renunciar al despotismo y gobernar en representación de los intereses racionales de los ciudadanos. que Kant caracteriza por la ausencia de la separación de poderes. el soberano se verá obligado a promulgar leyes que también él pueda aceptar como ciudadano. 352 (p. idénticos). aunque Kant piensa que todos estos conceptos están emparentados (si es que no son. Si el republicanismo se define por los principios de libertad e igualdad. que en algún pasaje Kant presenta como la definición misma del republicanismo8. Ak VIII. la distinción entre republicanismo y despotismo es independiente de la forma de soberanía del Estado. En efecto. el despotismo. Op. sino completamente diferentes? Pero esta dificultad desaparece si se observa bien la argumentación de Kant y se advierte que estos tres principios están inseparablemente unidos. de tal modo que. la democracia puede derivar fácilmente en una tiranía de la mayoría.: «El republicanismo es el principio político de la separación del poder ejecutivo (gobierno) del legislativo». Nos topamos aquí con una aparente incoherencia. sino de que el monarca anticipa cuáles son esos intereses. Loc. sólo si se cumple la separación de poderes. sino que va más lejos aún y sostiene que la soberanía de una sola persona o soberanía autocrática (es decir. pues «toda forma de gobierno que no sea representativa es en realidad una no-forma». cit. puede ser despótica o republicana tanto la democracia como la aristocracia o la autocracia.94 José Luis López de Lizaga aristocracia o a la autocracia. mientras que la democracia tiende al despotismo. cit. El despotismo es «el principio de la ejecución arbitraria por el Estado de leyes que él mismo se ha dado. Pero Kant no se limita a suprimir de este modo el nexo interno entre republicanismo y democracia. sino al despotismo. de modo que cuanto menor es el número de soberanos. en la que se impone la opinión numéricamente dominante contra la de aquellos que están en minoría. la introducción del concepto de separación de poderes permite interpretar el republicanismo en un sentido muy diferente del que sugieren los conceptos de igualdad y. Kant argumenta aquí como si la anticipación de los intereses de los ciudadanos por parte del gobernante 7 8 9 10 Kant.. en principio. en el fondo. A su vez. sobre todo. existirá una garantía de que las leyes habrán de ser aceptables para todos los ciudadanos por igual. La razón de ello estriba en que la democracia impide la separación de poderes: al ser todo el pueblo al mismo tiempo legislador y gobernante. En primer lugar. cit. la monarquía) es la forma más apta para gobernar de acuerdo con principios republicanos. con lo que la voluntad pública es manejada por el gobernante como si se tratara de su voluntad particular»7. «tanto más abierta está la constitución a la posibilidad del republicanismo»10. La separación de poderes permite a Kant disociar republicanismo y democracia. de libertad. puesto que el poder ejecutivo no eximirá de cumplirlas a quien las haya promulgado. Pero es importante advertir en qué sentido habla Kant de «representación»: no se trata de que el monarca haga valer los intereses de sus súbditos. el gobernante se ve sometido al imperio de la ley. nº 40. puesto que también él se verá obligado a cumplirlas. Ak VIII. En efecto. Revista de Filosofía.9 En cambio. Sin embargo. Daimon. y su voluntad como legislador coincidirá con la de todos los ciudadanos. Si existe la separación de poderes. estos dos principios son indisociables del principio de la separación de poderes. 87). 2007 . ¿por qué su contrario. como si se tratase aquí no de conceptos opuestos. 86) Loc. el concepto de igualdad es indisociable del concepto de libertad: si en un Estado todos están sometidos a las mismas leyes. Zum ewigen Frieden.

op. cf. y por supuesto también de declarar la guerra o firmar la paz. También en la república kantiana habrá guerra si el monarca así lo quiere. 12 G. Habermas. Ésta parece ser la conclusión que se sigue necesariamente de la crítica de Kant al derecho internacional que regulaba las relaciones entre Estados desde la Paz de Westfalia. «Debe recordarse». afirma que el «gobierno más despótico de todos» es el gobierno «paternalista» que «trata a los ciudadanos como niños». 2. Lo cierto es que también este «gobierno patriótico» parece una forma de despotismo. concebidos como «participantes en un juego estratégico»14 de autoafirmación frente a otros Estados. La segunda condición de la paz perpetua. que no es un teórico del republicanismo. Habermas y el proyecto kantiano de la paz perpetua 95 valiese más que la expresión de dichos intereses por parte de los propios ciudadanos. Pues bien. 2007 . Revista de Filosofía. Daimon. 117.M. 2004.Rawls. la juridificación de las relaciones internacionales. pp. La inmunidad de los funcionarios y representantes de los Estados es una consecuencia de este mismo principio general15. W. cast. en: Der gespaltene Westen. El derecho de gentes se limita a establecer las reglas de ese juego estratégico entre Estados soberanos: reconoce a éstos el ius ad bellum. op. en: El Occidente escindido. y los ministros se han visto en cierto modo obligados a emprenderla»12. sino el monarca o el «jefe del Estado» (Oberhaupt) en su condición de intérprete autorizado de los verdaderos intereses de sus súbditos. F. nº 40. Pero lo que de este modo fundamenta Kant no es la república democrática.. Será Hegel. Habermas. Habermas muestra que el proyecto original de Kant. 14 Habermas. «Hat die Konstitutionalisierung des Völkerrechts noch eine Chance?». pero a la vez como ciudadanos». dice Hegel. cit. Y cita el ejemplo de Inglaterra. en la Metafísica de las Costumbres (Doctrina del Derecho § 49). cit. el gobierno despótico ya no se contrapone al republicano.: «¿Tiene todavía alguna posibilidad la constitucionalización del derecho internacional?». Pero en este mismo pasaje. donde «en más de un caso la totalidad del pueblo ha instado a la guerra. es decir. conduce a una limitación de la soberanía de los Estados y a la construcción de instituciones soberanas supranacionales. 13 J. 117-118. Madrid. 1999. Hegel. p. 2006). el derecho a declarar la guerra. sino más bien el despotismo ilustrado11. sino al «patriótico» o aquel que «trata a sus súbditos efectivamente como miembros de una familia. para nuestros propósitos es importante subrayar que esta interpretación no democrática del republicanismo tiene consecuencias para el proyecto de la paz perpetua. entonces también la guerra y la paz quedan sustraídas a la voluntad democrática. pero al mismo tiempo llevando hasta el final la argumentación kantiana. Agregado. En el Estado hegeliano el monarca tiene la potestad de decidir la política exterior. En un largo ensayo reciente13.. «que con frecuencia las naciones se han entusiasmado y han sido víctimas de sus pasiones más que sus príncipes». Principios de la Filosofía del Derecho. quien atribuirá expresamente esta función al monarca. sino de la monarquía constitucional de la Restauración. son los Estados.. Pues si quien decide el curso de la política del Estado no son los propios ciudadanos. tal vez de despotismo ilustrado. o lo que hemos caracterizado más arriba como la versión más ambiciosa de su propuesta. 11 Es verdad que Kant. El sujeto de este derecho internacional clásico. § 329. Frankfurt a. Suhrkamp. (trad. o «derecho de gentes». 15 Para esta caracterización somera de los principios del derecho internacional clásico. y establece un principio general de no intervención en los asuntos internos de otros Estados. se ramifica también en dos versiones completamente diferentes. El monarca debe tomar a su cargo las relaciones exteriores precisamente porque su juicio es más racional que el de sus súbditos. Barcelona. La paz estará mejor custodiada por el juicio sereno del monarca que por la voluntad ignorante y apasionada del pueblo. Pero lo interesante es que Hegel fundamenta esta prerrogativa del monarca distanciándose de las intuiciones originales de Kant. Edhasa. Trotta.

Daimon. pero no la paz. por tanto. una paz perpetua y no un mero armisticio. Pero más importante aún es la segunda modificación del derecho de gentes que introduce el derecho cosmopolita. cit. puesto que limita la soberanía de los Estados en. cit. 360 (p. pues. un «derecho público de la humanidad»20. el principio fundamental del derecho internacional de la época de Kant. la obligación de respetar los derechos humanos dentro y fuera de sus fronteras.96 José Luis López de Lizaga La intangibilidad de la soberanía de los Estados es. Según Habermas. según Kant. el derecho a declarar la guerra. otra cosa que un armisticio se rompe tan pronto como los Estados tienen fuerza suficiente para romperla. dos aspectos decisivos: elimina el ius ad bellum e impone a los Estados la obligación de tratar «hospitalariamente» a los extranjeros.. a lo sumo. un armisticio temporal basado en un fáctico equilibrio de poder entre Estados. y «de la que el añadido del calificativo perpetua es ya un pleonasmo sospechoso»17. Este derecho sólo será capaz de fundar. Op. Op. Kant lleva a cabo el desplazamiento de los Estados a los individuos como sujetos de derecho en el Tercer Artículo para la paz perpetua. nada en absoluto»18. 123. A la luz de estas dos características. 358 (p. o derecho de los Estados a declarar la guerra. Ak VIII. 92). «no puede pensarse. 343 (p. En consecuencia. al menos. Ak VIII. Por consiguiente. exigiría la abolición de al menos uno de los principios del derecho de gentes: el ius ad bellum. a no ser oprimidos ni esclavizados por las potencias (en tiempos de Kant. que exige una sustitución de las relaciones estratégicas por relaciones jurídicas. 16 17 18 19 20 Op. Zum ewigen Frieden. y también en el derecho de los habitantes de cualquier territorio (con independencia de su condición de miembros de alguna forma de organización política) a ser tratados humanamente. 95). en la dirección de un orden internacional completamente distinto del que establece el derecho de gentes: parece conducir a la institucionalización de un derecho internacional vinculante para los Estados nacionales que pudiera hacerse cumplir mediante la intervención y el poder de sanción de las instituciones supranacionales de una república mundial.. las potencias europeas) que llegan a sus tierras impulsadas por el expansionismo político o comercial. y contra él dirige Kant sus críticas y su propuesta de un derecho cosmopolita. El derecho cosmopolita apunta. Una paz que no es. 73). cit. Ak VIII. pues. p. y la «transformación del derecho internacional como un derecho de los Estados en un derecho cosmopolita como derecho de los individuos»16. el orden jurídico cosmopolita niega a los Estados el derecho a declarar la guerra.. cuya validez es independiente de las constituciones políticas nacionales y de los pactos y tratados entre los Estados. La primera de estas dos innovaciones se debe a que el orden internacional que establece el derecho de gentes no pasa de ser un orden meramente estratégico. 2007 . en el fondo. dado que no existe ningún poder superior capaz de obligar a su cumplimiento. el derecho cosmopolita kantiano introduce dos importantes innovaciones en relación con el derecho de gentes: la abolición del ius ad bellum. un derecho éste bajo cuyo concepto.. una paz jurídica y no simplemente estratégica. La «hospitalidad universal» que debe garantizar el derecho cosmopolita consiste en «el derecho de un extranjero a no ser tratado hostilmente por el hecho de haber llegado al territorio de otro»19. 98). 356 (p. El derecho cosmopolita es. en realidad. Op. es evidente que el derecho cosmopolita no pretende ser una ampliación o extensión del derecho de gentes. Revista de Filosofía. cit. pues su vigencia depende exclusivamente de la voluntad que los Estados tengan de cumplir los pactos que firman entre sí. Kant. Ak VIII. nº 40. sino que introduce restricciones a este derecho. o como hoy diríamos.

Rawls. ¿Por qué se inclina Kant. 367 (p. y aduce este hecho contra el modelo de una república cosmopolita: los Estados son Estados nacionales. Op. (p..: De la forma de gobierno de un imperio mundial sólo cabe esperar «un despotismo sin alma». ni representar 21 22 23 24 25 26 27 28 Op. que para Kant consiste precisamente en «no estar sometido en absoluto a ninguna fuerza legal externa»24. Revista de Filosofía. Pues si el Estado nacional soberano es la forma que necesariamente ha de adoptar toda organización política desarrollada. Ak VIII. que el modelo de Estado que representa el Estado nacional soberano condiciona enteramente la argumentación de Kant. Una vez más Kant se inclina por una versión menos ambiciosa de su propio proyecto. así la idea del derecho cosmopolita tampoco se concreta finalmente en el proyecto de una república mundial. cit. un orden político mundial sólo podría cobrar la forma de un Estado nacional que hubiese extendido su poder por todo el mundo. Kant concibe esta república mundial según el modelo contractualista de la formación del Estado mediante la cesión de la libertad de cada individuo.. Y también explica por qué el proyecto de un orden mundial acaba resultando sospechoso a ojos del propio Kant. señalando la ineficacia27 y la ilegitimidad28 de un gobierno mundial que ni podría dominar su inmenso territorio. Habermas y el proyecto kantiano de la paz perpetua 97 Sin embargo. Ahora bien. 93). 354 (p. Kant dispone de varios argumentos contra ella. la forma de un imperio mundial. la república mundial es incompatible con la identidad cultural de los pueblos. 2007 . 91). Ak VIII. Ak VIII. 89). pero un Estado es una entidad jurídicamente legítima. a la que nada obliga a formar con otros un gran Leviatán supranacional a costa de su propia soberanía. puesto que ya poseen una «constitución interna jurídica»23. 355 (p. cit. Loc. cit. op. 125-127. Op.» Loc. basados en una identidad cultural a la que ni los pueblos querrían renunciar. su renuncia al ideal de una república mundial a favor del «sucedáneo» de una federación voluntaria de Estados nacionales soberanos. es decir. 354 (p. Ak VIII. Zum ewigen Frieden. Cf. ni es lícito exigirles que lo hagan. cit. El hecho de que Kant sólo tuviese en mente un Estado de este tipo explica. sobre esto J.. 107): «las leyes pierden su eficacia al aumentar los territorios a gobernar. Habermas. es decir. Ak VIII. A pesar de que la «República mundial» sería el único medio verdaderamente eficaz para acabar con las guerras. 90).26 Kant rechaza expresamente este modelo con argumentos empíricos y normativos. la diferencia entre la república mundial y este «sucedáneo» es decisiva. Kant parece creer que es imposible fundar un Estado si no es sobre la base de una nación. pp. una vez más. porque Kant concibe esta federación como una asociación voluntaria. es decir. Kant. porque éstos no están obligados moralmente a salir del estado de naturaleza.22 Pero existe una diferencia decisiva entre la aplicación de este modelo a los individuos y a los Estados. en la que los Estados conservan intacta su soberanía. y sustituye «la idea positiva de una república mundial por el sucedáneo negativo de una federación permanente»21 de Estados. cit. Un individuo que no forma parte de la comunidad jurídica es simplemente un proscrito. de una identidad cultural compartida.. cit. cit. así como antes veíamos que la constitución republicana no adopta en el «Primer Artículo definitivo para la paz perpetua» la forma democrática que cabría esperar de las propias premisas kantianas. por esta versión más débil de su propio proyecto? La respuesta a esta pregunta parece clara: Kant presenta la libre federación de Estados como un compromiso entre las exigencias de la razón práctica y las condiciones que impone la naturaleza del Estado. Los pueblos «no deben fundirse en un solo [Estado]»25. Op. Daimon. 89). nº 40.. Pero además de amenazar la soberanía del Estado. 357 (p. en último término. Vemos. pues.

1999. Daimon.. Paradójica conclusión ésta. en cuanto individualidad. un individuo que se autoafirma frente a los otros Estados mediante el poder militar32. en el que la máxima manifestación de la soberanía del Estado coincide también con la realización. por parte del individuo. Quizás es ésta la razón por la que. La nación y la guerra. una sociedad de naciones sólo podría constituirse como tal definiéndose a su vez contra un nuevo enemigo. son fáciles de indicar y precisar»30. pp. El Estado mundial sería necesariamente ingobernable y despótico. 384 (p. § 322. además. Kant no desarrolla los principios del derecho cosmopolita en las últimas páginas de la obra. también J. en su Filosofía del Derecho. op. cit. Pero la guerra no sólo es la consecuencia necesaria de la constitución ontológica del Estado como individuo o como «unidad excluyente». no es otra cosa que «una paz generada y garantizada mediante el equilibrio de fuerzas»29. desde el punto de vista de las relaciones internacionales el Estado es un «individuo. cf. Loc. Una vez más. El Estado es una unidad excluyente. 34 Hegel. al punto de partida de su argumentación. Al final la república cosmopolita se queda en sociedad de naciones.34 Pero es. en cambio el derecho de gentes sigue teniendo la última palabra cuando ya sólo se trata de construir una federación de Estados. § 324. Con independencia de su constitución política interna. es Hegel quien. después de todo. como una propuesta que comete la doble falta de ser ingenua y de ser incompatible con la dignidad del Estado. Agregado. incompatible con «la naturaleza de una colectividad y el orgullo que tiene un pueblo por su independencia»35. Para Hegel. y la paz perpetua se queda en equilibrio de fuerzas.98 José Luis López de Lizaga adecuadamente los intereses de su inmensa y heterogénea población.. Agregado: «Por lo tanto. contentándose con señalar que «sus máximas. § 324. esta unión. Es importante reparar en las consecuencias de este giro de Kant hacia una versión mucho más débil del proyecto original de la paz perpetua. en cambio. cit. cit. Es ingenua porque. cit. 131) Hegel. si es cierto que la guerra es consustancial al Estado.. con la que Kant regresa. Murcia. extrae las conclusiones últimas de las premisas kantianas. §271. sino que además contiene un «momento ético». y en la individualidad está contenida esencialmente la negación»31. L. Op. 35 Hegel. entonces no hay esperanza de construir un orden internacional pacífico. Res Publica. cit. El propio Kant reconoce que la paz «sucedánea» de la federación de Estados. op. en cierto modo. sobre esto la Introducción de J. por la analogía del mismo con el derecho de gentes.. al derecho de gentes que se había propuesto criticar. op. cit. capítulo I. Revista de Filosofía. tendrá una nueva oposición y engendrará un enemigo». Pues si bien la república mundial exige un derecho cosmopolita. del supremo deber del sacrificio33. cit. cf. 16-20. Op. Muñoz a Hacia la paz perpetua. Villacañas. Ak VIII. op. Cf. El orgullo nacional no aceptaría nunca someterse a las regulaciones de un orden jurídico cosmopolita. también §326. 2007 29 30 31 32 33 . alternativa al estado de guerra permanente pero también a la república mundial gobernada por un derecho cosmopolita. si este Estado nacional soberano es el actor de la política internacional. El propio Kant expresa ideas parecidas acerca de la guerra en algunas páginas que parecen contradecir enteramente la letra y el espíritu de Hacia la paz perpetua.. aunque se constituya una familia con diversos Estados. es decir. El proyecto kantiano de un orden internacional pacífico y regulado jurídicamente aparece.. nº 40. y perpetuando la guerra a otro nivel o en otros lugares.

Por eso al final de la Segunda Guerra Mundial los cincuenta Estados que firmaron la Carta de las Naciones Unidas se hicieron cargo. las potencias europeas asumieron el compromiso de resolver sus conflictos por medio de tratados y conferencias. 1991. 1995. como ya vio Kant. Carrillo Salcedo: El Derecho internacional en perspectiva histórica. Las dos guerras mundiales del siglo XX muestran de manera inequívoca la debilidad. La historia de los siglos XIX y XX parece confirmar la tesis kantiana de que en un orden internacional de Estados soberanos sólo se mantiene la paz en la medida en que exista un equilibrio de fuerzas. de la necesidad de restringir la 36 O. las potencias prohibieron recurrir a la guerra para el cobro de las deudas contraídas por los Estados. Habermas y el proyecto kantiano de la paz perpetua 99 2. 38 En esta Conferencia de la Haya de 1907. incluso. que sólo puede apelar a la buena voluntad de los gobernantes como garantía del cumplimiento de los pactos y del mantenimiento de la paz. el Tratado de Londres (1841) que abolía el comercio de esclavos. «un aplazamiento de las hostilidades» que inevitablemente reaparecen tan pronto como alguno de los Estados se siente lo suficientemente fuerte para romper el equilibrio en su beneficio. Höffe36. un Consejo. la URSS fue expulsada de la Sociedad de Naciones (a la que pertenecía desde 1934) en diciembre de 1939. y al que se adhirieron 54 naciones más durante el año siguiente. especialmente en el Pacto Briand-Kellog. por primera vez en la historia. por ejemplo las limitaciones del derecho de declarar la guerra (ius ad bellum) introducidas en la II Conferencia de Paz celebrada en la Haya. 37 Citemos. es decir. 39 Por ejemplo. Tras el Congreso de Viena. y por la firma permanente de tratados y convenios entre los Estados. 2007 . quedando relegado el resto del mundo poco más que a la condición de botín de esas grandes potencias). En efecto. o la regulación del Canal de Suez en 1898. a raíz de la ocupación de Finlandia. El orden internacional de los Estados soberanos y la restricción de su soberanía Como señala O. Daimon. en lugar de recurrir a la guerra.37 En algunas de esas conferencias los Estados adoptaron. Frankfurt a. la propuesta kantiana de la federación de Estados no está expuesta a las usuales críticas hegelianas que ven en la filosofía práctica de Kant poco más que la expresión impotente del «mero deber». esta propuesta de Kant coincide con el aspecto que adquirió el orden internacional (sobre todo europeo) en el siglo XIX y la primera mitad del XX. por lo demás. Cf. Tecnos.M. Y a pesar de las innumerables guerras que se libraron en el siglo XIX. a modo de ejemplo. la política internacional de esta época está caracterizada por instituciones o semi-instituciones como el Concierto de las Potencias. y que apenas dispone de otra capacidad de sanción que la expulsión39. También introdujeron algunas regulaciones del ius in bello que hoy sorprenden por su ingenuidad. la prohibición de la guerra aérea que los avances tecnológicos hacían ya posible. También en esta época se intentó sustituir la guerra por procedimientos pacíficos de resolución de los conflictos internacionales. como la federación kantiana. 277. la resolución de 1815 sobre la neutralidad de Suiza. la Conferencia de Berlín para el reparto de África (de 1885. un «mero armisticio». Höffe: Kategorische Rechtsprinzipien. de hasta qué punto la lógica pactista de la época sólo afectaba a las grandes potencias europeas y sus aliados. un buen ejemplo.. Suhrkamp. nº 40. Asimismo se hicieron esfuerzos para limitar el armamento de las potencias. como la prohibición de arrojar explosivos desde globos. Madrid. como en las Conferencias para el Desarme convocadas en 1925 y 1932 (y suspendidas definitivamente en 1934). p. y hasta la Primera Guerra Mundial. ciertos compromisos que restringían su propia soberanía. J.38 La Sociedad de Naciones surgida de la Primera Guerra Mundial se propuso prevenir nuevos conflictos bélicos mediante la sustitución de los pactos y conferencias por instituciones internacionales (una Asamblea. o más bien la fragilidad de un orden internacional que. ni la Sociedad de Naciones logró evitar la Segunda. e incluso una Corte penal internacional). firmado por 15 naciones en 1928. en 1907. ni el Concierto de las potencias europeas del siglo XIX pudo evitar la Primera Guerra Mundial. Un orden de este tipo es.Rawls. Ahora bien. mantiene intacta la soberanía de los Estados. A. Revista de Filosofía.

cit. y las Naciones Unidas se reservan el derecho de sancionar. Las teorías del derecho y la política internacional que encontramos en Habermas43 y. Revista de Filosofía. Velasco: «Ayer y hoy del cosmopolitismo kantiano». por sofisticados que lleguen a ser los armamentos (y la actual ocupación de Irak lo muestra perfectamente). desde 1945 la legislación internacional restringe la soberanía nacional. Esta vía retoma dos elementos del proyecto de la paz perpetua kantiana que el propio Kant indica. J. pero que no hace suyos: la interpretación democrática del republicanismo. Sin embargo. la supresión del ius ad bellum (Art. Así pues. la Carta hace referencia. El propio Habermas es ante todo un defensor de la construcción de instituciones internacionales como la ONU. en el caso de Rawls. suspendiendo así el principio de inmunidad que también es característico del derecho internacional anterior. la fuerza militar es un recurso que probablemente nunca resultará completamente eficaz. ya en sus primeras líneas. probablemente nadie afirmará que las Naciones Unidas han sido capaces de realizar con un éxito indiscutible esta restricción de la soberanía estatal con vistas a mantener la paz internacional o a garantizar el cumplimiento de los derechos humanos. apartados 3 y 4). y unas instituciones supranacionales que nunca resultan completamente eficaces y que siempre están expuestas a actuar despóticamente. 157 y ss. Salvo en casos de defensa legítima. irreprochables moralmente. nº 16 (1997). Habermas señala en la Carta de las Naciones Unidas varias innovaciones que establecen diferencias esenciales respecto del Pacto de la Sociedad de Naciones. Las sanciones de la ONU contra los Estados no son. No en vano todas las sanciones e intervenciones militares autorizadas por la ONU han tenido un carácter muy controvertido y han suscitado enormes polémicas en el espacio público. La clave de esta propuesta estriba en transformar la soberanía de los Estados. también afectan a las Naciones Unidas las objeciones de despotismo e ineficacia que Kant dirigía contra la idea de un Estado mundial. en el de Habermas. 42 Esta prohibición va mucho más allá la «aceptación de ciertos compromisos de no recurrir a la guerra» a los que todavía aludía el preámbulo del Pacto de la Sociedad de Naciones. la innovación más importante de la Carta de las Naciones Unidas estriba en la prohibición expresa de la guerra. Cf. C. Esta apelación a los derechos humanos no es meramente retórica. quebrantamiento de la paz o acto de agresión» (Art. en lugar de restringirla desde el exterior. pues justifica la supresión de un principio fundamental del derecho de gentes: el principio de no intervención en los asuntos de política interna de los Estados41. 40 J. la guerra queda prohibida como vía de solución de los conflictos internacionales42. pp. una vía que va más allá de la alternativa entre una estratégica y frágil federación de Estados. en Rawls resultan interesantes por el hecho de que permiten explorar otra vía para lograr el objetivo de la paz internacional. nº 40. a los «derechos fundamentales del hombre» como principio de legitimidad. Esta supresión ha permitido a las Naciones Unidas intervenir en conflictos intraestatales (como los que se produjeron en la antigua Yugoslavia). op. Habermas.100 José Luis López de Lizaga soberanía de los Estados como condición para mantener la paz. 41 Es verdad que el Artículo 2 de la Carta sigue admitiendo este principio («Ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados»). desde luego. 2. Y en cuanto a la facultad de imponer la paz o defender los derechos humanos. 2007 . a los Estados que incumplan esta prohibición. 39). 43 Aquí me serviré de los argumentos de Habermas sobre la identidad postnacional para reforzar las tesis de Rawls. sobre todo. y la posible disociación de los conceptos de Estado y nación. En primer lugar.. así como juzgar como crímenes contra la Humanidad las acciones de los funcionarios y representantes de Estados soberanos. incluso cuando no se trata de sanciones de tipo militar. Pero sobre todo. incluso militarmente. Al menos en parte. y del derecho internacional de los siglos anteriores40. Isegoría. Daimon. 91-117. es decir. pero exceptúa los casos en que exista una «amenaza a la paz.

«Cuestiones de método en la teoría de John Rawls». «Frente al problema de la guerra». la última obra de Rawls. en efecto. 46 J. cit. nº 40. «La teoría rawlsiana de la justicia internacional: maximalismo en la justificación. op. 47 Th. Barcelona. El derecho de gentes. nº 23 (2004). Pogge. minimalismo en la universalización». cf. Rawls. afirma Rawls ya en la introducción de la obra. nº 15 (1997). 157-175. Desde la perspectiva forzosamente imparcial que impone el «velo de la ignorancia». pp. p. es un intento de extender al terreno del derecho internacional el modelo contractualista de fundamentación que Rawls ya había aplicado en sus dos obras más importantes. Rawls: El derecho de gentes. Th. la libertad religiosa. «el tamaño del territorio.. Habermas y el proyecto kantiano de la paz perpetua 101 3. Rawls retoma en El derecho de gentes la tesis kantiana de la relación entre republicanismo y pacifismo. Paidós. E. Cf. es la condición más importante para la pacificación definitiva de las relaciones internacionales. y más en concreto su organización democrática. en general. Rubio Carracedo. El derecho de gentes.. «La incoherencia entre las teorías de la justicia de Rawls». sino más bien el análisis de las condiciones que deberían satisfacer los sujetos de ese hipotético contrato para que éste pudiese cumplirse. Rawls muestra en El derecho de gentes que este mismo modelo permite fundamentar los principios «familiares y tradicionales»46 que regulan las relaciones internacionales.45 Como es sabido. Pogge ofrece una interpretación distinta de El derecho de gentes. la primera de estas obras trata de determinar qué principios políticos fundamentales acordarían los sujetos racionales que tuviesen que elegir en condiciones de restricción de la información. también J. etc. Bello. pp. resultaría aceptable una concepción pacifista y legalista de las relaciones internacionales. subrayando las diferencias entre este libro y las obras anteriores de Rawls.47 Si los representantes de las naciones se encontrasen en una situación en la que tuviesen que acordar las reglas de sus relaciones mutuas en condiciones de restricción de la información que garantizasen su imparcialidad (de tal manera que ignorasen. la Teoría de la justicia y El liberalismo político. la población o la fuerza relativa del pueblo cuyos intereses fundamentales representan»48). Sin embargo. El derecho de gentes44. y en cambio parecerían inaceptables la doctrina nazi del «espacio vital» o también la actual doctrina norteamericana de la lucha contra el «eje del mal». Daimon. la obligación de cumplir los tratados.Rawls. cit. Sobre la formación de la teoría del derecho internacional en el contexto de la totalidad de la obra de Rawls.) desde la perspectiva de los ciudadanos de una sociedad en la que conviven diferentes formas de vida y concepciones del mundo. por ejemplo porque dispusiesen de una potencia militar superior a la del resto. Pues. 29-48. Pues bien. Revista Internacional de Filosofía Política. p. Rawls parte del dato histórico de que las democracias liberales son. La alternativa de la transformación de la soberanía 1. pero dando al primero la interpretación democrática que el propio Kant deja de lado. y en la segunda Rawls trata de hacer plausibles algunos de esos principios (especialmente los que atañen a libertades individuales básicas como la libertad de conciencia. para la cuestión que nos ocupa lo más interesante de esta última obra de Rawls no es la fundamentación contractualista de los principios del derecho internacional. «el hecho decisivo es que las democracias constitucionales no libran guerras 44 J. en: Daimon. nº 15 (1997). pp. Rawls. frente a otros principios que sólo beneficiarían a quienes estuviesen en condiciones ventajosas. La estructura institucional interna de los Estados. 50. menos beligerantes que los regímenes autoritarios. por ejemplo. 45 Sobre el método constructivista de Rawls. 177-201. 48 J. cf. el derecho a la defensa en caso de agresión o ciertas reglas de la guerra (el ius in bello). es razonable suponer que escogerían los principios usuales del derecho internacional antes mencionados. op. en: Daimon. 45. Revista de Filosofía. 2007 . tales como el principio de independencia e igualdad de los pueblos en sus relaciones mutuas. 2001.

entendiendo este término como el conjunto de ciudadanos de un Estado en contraposición a los ciudadanos de otro Estado.. La estabilidad del orden social se mantiene porque «sus miembros tienen un profundo deseo. 24.. El derecho de gentes. 53 En la Historia de la guerra del Peloponeso. p. Revista de Filosofía. op. Daimon. la causa principal de este carácter pacífico reside en el tipo de integración social que caracteriza a estos regímenes: las sociedades democráticas se caracterizan por estar integradas fundamentalmente por principios normativos compartidos por los ciudadanos.»52 Si Kant pensaba que los ciudadanos de una verdadera república rechazarían la guerra por razones prudenciales. p. Ahora bien. la ciudadanía de las naciones democráticas. entendida como la capacidad de aceptar un pluralismo de formas de vida y concepciones del mundo distintas de las propias. Habermas. o integradas por intereses estratégicos. como sucede en los regímenes totalitarios. cit. FCE. como sucede en formas de asociación menos estables. El derecho de gentes. el contenido de los intereses de los Esta49 Op. las democracias constitucionales modernas) «todos aceptan y saben que los otros aceptan los mismos principios de la justicia». la gloria y un lugar bajo el sol.. Es decir: el pacifismo es una consecuencia del sentido de la justicia de los ciudadanos de los Estados democráticos. Tucídides pone en boca de los atenienses el principio general de la política de los Estados en sus relaciones mutuas: «La regla ha sido siempre que el débil esté sometido al fuerte». al principio de autoafirmación excluyente y de lucha contra otros Estados. 50 J. Cf. de actuar según lo requieren los principios de la justicia»51. Rawls. como son los mercados50.102 José Luis López de Lizaga entre sí»49.. México. Rawls. la sociedad o el hombre. pues. Rawls cita como ejemplos los conflictos dinásticos. op. normalmente eficaz. En una terminología menos psicologista y más sociológica. probablemente demasiado optimista. y no los Estados o las burocracias que los representan. cit. podrá tener una estabilidad basada en principios normativos compartidos. p. o como sostiene Hegel. siguiendo a Max Weber. así como «la religión verdadera. op. §69. Rawls. que estas sociedades están integradas principalmente por la creencia compartida en la legitimidad de los principios que las regulan. cit. cit.. pero han desplegado hacia otros regímenes una beligerancia que nada tiene que envidiar a la de los regímenes autoritarios. cit. 2007 . Habermas recuerda que las democracias constitucionales han mantenido relaciones generalmente pacíficas entre sí. priva de su fuerza de movilización a muchas de las causas tradicionales de la guerra. Rawls cita este pasaje en El derecho de gentes.. «Hat die Konstitutionalisiserung.. p. Para Rawls. podríamos decir también. si esto es cierto. 1995. J. Rawls cree que el pacifismo de los regímenes liberales y democráticos se relaciona más bien con la disposición de sus ciudadanos a la tolerancia y a convivir de acuerdo con principios que consideran moralmente aceptables. de la historia o de sí mismos. op. siquiera aproximadamente. que más bien se atienen (como enseña la teoría política desde Tucídides53) a la lógica de la «razón de Estado».?». convivir en base a unos principios que aceptan con independencia de cuáles sean sus creencias religiosas o sus convicciones «metafísicas» acerca del mundo. En un pasaje de la Teoría de la justicia expone Rawls con más detalle esta misma tesis: en una sociedad «bien ordenada» (como lo son. 52 J. Los ciudadanos de estos regímenes pueden.. en las «sociedades bien ordenadas» la creencia en la legitimidad de los principios democráticos se ha desligado de la religión o de las concepciones generales del mundo. integradas por el terror. I. 410-411. 76.. Pero además. 11. y no. Ahora bien. 51 J. Pero no es una propiedad de los Estados. 40. sólo un orden político internacional cuyo sujeto sean los pueblos. en lugar de reducirse a un mero equilibrio de poder: «Una diferencia entre pueblos (. n. 17. Teoría de la justicia. 17. En contraste. el poder. Contra esta tesis. y también de los «pueblos». Rawls sostiene que este sentido de la justicia es una propiedad de los sujetos individuales (ya en tanto que personas morales. pp. ya en tanto que ciudadanos de un Estado).) y Estados radica en que aquellos limitan sus intereses básicos como lo exige lo razonable. La secularización y la disposición a la tolerancia. p. 143. por ejemplo. nº 40.

dado que las numerosas violaciones del derecho internacional de los años 30 del siglo XX fueron llevadas a cabo por Estados autoritarios o totalitarios (la invasión de Manchuria por Japón en 1931. la invasión alemana de Polonia en 1939. que confiriese a «los pueblos» (a la gente. pues nada impide que las instituciones democráticas sirvan para canalizar una voluntad política belicista. cit. una confianza exagerada en la capacidad de las democracias para evitar las guerras. la ocupación alemana de Renania en 1936. que la construcción de instituciones supranacionales. Los datos históricos que Rawls menciona apoyan la tesis de que los regímenes democráticos tienen un carácter relativamente pacífico. cit. Cuando han intervenido en guerras contra terceros. como en la intervención de Estados Unidos en Chile para eliminar a Allende. Podríamos citar otros ejemplos históricos que avalan las tesis de Rawls. que tendría que explicar por qué. 65.. 49.Rawls. En efecto. con Rawls. El derecho de gentes. por lo que respecta a la paz. p. la Sociedad de Naciones fracasó porque no disponía aún de la capacidad de restringir la soberanía de los Estados. p. y sobre todo. Rawls recuerda que desde hace dos siglos. Revista de Filosofía. Rawls parece pensar que esta transformación de la soberanía es mucho más eficaz. el recurso a la historia puede volverse contra el propio Rawls. Suele afirmarse que el fracaso de la Sociedad de Naciones se debió a la inexistencia de instituciones supranacionales con poder de sanción. a pesar de todo. como sucedió en las dos guerras mundiales. esto ha sucedido «sin el conocimiento ni la crítica del público»56. de ignorar o reprimir la expresión de su voluntad contraria a la guerra57. Pero más importante es el hecho de que cuando estos regímenes que se proclaman liberales y democráticos (o como dice Rawls. Rawls tiene razón cuando afirma que. 2007 . Pues también para Rawls. Op. capaces de hacer cumplir el derecho internacional. No obstante. existe un nexo empírico no menos manifiesto entre la guerra y los regímenes autoritarios. Si hubiese asistido a la actual guerra de Irak. muchos hechos históricos confirman la relación entre la estructura interna democrática de los Estados y la paz internacional. Según esto.. Pero «el poder y la gloria»58 de las naciones pueden seguir siendo motivos suficientes para legitimar democráticamente una polí54 55 56 57 Op. p. nº 40. Daimon. La transformación de la soberanía del Estado en una soberanía democrática de las relaciones internacionales. que la verdadera garantía del derecho internacional reside en la constitución interna de los Estados. 2. lo han hecho como aliados. la anexión de Austria en 1938. Rawls reformula en un sentido democrático la tesis kantiana de la relación interna entre republicanismo y pacifismo. aceptar y cumplir un justo derecho de gentes»54. Op. 58 J. Hay en Rawls un optimismo excesivo. como para Kant.. a los ciudadanos) el poder de determinación de la política internacional. la agresión de Japón a China en 1937. los motivos dinásticos o religiosos han perdido su fuerza política para desencadenar guerras. Rawls hubiera podido añadir que otras veces esto ha sucedido a costa de engañar a la población. sería la condición más importante de la paz perpetua. 41. por otra parte. estos regímenes «supuestamente constitucionales») han llevado a cabo sus innumerables acciones de expansión imperialista. En cambio. parece razonable pensar. Habermas y el proyecto kantiano de la paz perpetua 103 dos no les permite ser estables por las razones correctas. la invasión italiana de Abisinia en 1935. mientras que. y la invasión de Finlandia por la URSS. la idea de un Estado mundial se asocia a «un despotismo global o un frágil imperio desgarrado por frecuentes guerras civiles»55. op. 17. han tenido que hacerlo en cierto modo de espaldas a sus ciudadanos. De este modo.. Rawls. en las democracias constitucionales. es decir. esas mismas «democracias liberales establecidas» (y muy especialmente Estados Unidos) han continuado librando guerras constantemente. p. las «democracias liberales establecidas» no han luchado entre sí. cit. cit. también en 1939). Rawls recuerda que en algunos casos. Ahora bien.

op.. J. IV. y obliga a buscar nuevas fuentes de solidaridad. el carácter universalista que. 64 Op. 89..61 Por eso los análisis de Habermas sobre el concepto de Estado nacional y la superación de las identidades nacionales o nacionalistas deben completar. Habermas. Habermas sostiene que estos dos componentes de la base ideológica del Estado nacional no sólo mantienen entre sí un vínculo contingente. L. Ahora bien. en lo que J. cuyo carácter dual permitió resolver dos importantes problemas: el problema político de la legitimidad. nº 40.. mediante el monopolio de la violencia. los gobiernos podrán recurrir a él para legitimar políticas belicistas. cap. en: La inclusión del otro. 154. p. El Estado moderno es una entidad jurídica. Habermas considera el Estado nacional como un híbrido político. como la amenaza de las armas de destrucción masiva o la colaboración de los Estados del «eje del mal» con el terrorismo islámico. La nacionalidad viene a cumplir exactamente esta función. como una síntesis de dos conceptos de origen muy diferente. a mi juicio. el concepto de nación desempeñó una función decisiva para la formación de los nuevos Estados democráticos. La relación empírica entre autoritarismo y belicismo quizás se basa. Villacañas ha llamado la «afinidad electiva» entre nacionalismo y guerra. 63 Op. designa originariamente una comunidad cultural. pero al mismo tiempo. Paidós. que atribuye al individuo una identidad naturalizada y prepolítica capaz de distinguirle de quienes pertenecen a otras 59 De hecho. 60 Cf. El término «nación». por su capacidad de «apelar al corazón y al alma de una manera más enérgica que las nociones de soberanía popular o derechos humanos»64. Villacañas. El nacionalismo es una ideología política estrictamente contemporánea de los Estados constitucionales modernos que no ha contribuido a hacerlos más pacíficos que sus predecesores absolutistas60. p. p. cuando ya han perdido toda credibilidad otros pretextos. la modernización social capitalista socava las formas tradicionales de vida. Mientras siga desempeñando (o pueda recuperar) una función importante en la integración de las sociedades democráticas. cit. 1999. En efecto. porque permitió acotar el ámbito de extensión de los derechos políticos: la nacionalidad determinaba quiénes eran «los súbditos [que] podían llegar a ser ciudadanos políticamente activos»63. sino que incluso son contradictorios entre sí. Una vez que pierden su fuerza de convicción las legitimaciones teológicas del poder. Surge así el Estado nacional. son motivos de este tipo los que probablemente explican hoy el apoyo de un sector de la población norteamericana a la política exterior de su gobierno. el Estado moderno apela a la participación política de los ciudadanos como principio de legitimidad. op. p. en buena medida.104 José Luis López de Lizaga tica belicista59. Daimon. Barcelona. 163. en: La inclusión del otro. cit. por su propio sentido. L. 88. J. el orden interior y la integridad territorial hacia el exterior62. y por eso se convierte en la fuente de la solidaridad social. Revista de Filosofía. caracterizada por extenderse sobre un territorio delimitado. 2007 . las tesis de Rawls sobre la democracia como condición de la paz internacional. 61 Cf. «El Estado nacional europeo». y el problema sociológico de la solidaridad entre los habitantes de los Estados modernos. poseen los derechos humanos y los derechos políticos. 62 J. más definida por la posesión de una lengua o una historia común que por alguna forma de organización política. pp. 85 y ss. La nacionalidad posee una carga afectiva mucho mayor que las nociones estrictamente políticas de las que el Estado moderno extrae su legitimación.. cit. y por mantener. A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. cit. nuevos vínculos afectivos entre los ciudadanos del Estado. Puede aplicarse a Rawls una crítica de Habermas al optimismo con que Kant veía la constitución republicana. Habermas. en cambio. y que no necesariamente han de ir asociados. se contrapone al particularismo de la idea de nación. «La idea kantiana de la paz perpetua desde la distancia histórica de 200 años».

126. Habermas. también O. 2000. Es verdad que Estados Unidos no es un Estado nacional como los europeos. 68 Me refiero sobre todo a las tesis de S. Esto explicaría el fracaso (momentáneo al menos) de esa nueva y ampliada versión de la ideología nacionalista. duraderamente pacíficas. 2007 . Tecnos. Madrid. también Kant parece asumir que todo Estado debe fundarse sobre la identidad cultural de una nación. La preponderancia que durante el siglo XIX adquiere el elemento nacionalista frente al elemento republicano del Estado nacional se explica. entre los Estados. p. y de hecho esta tesis se convierte. ambos elementos se encontraban tan entrelazados que el discurso nacionalista se utilizaba directamente para defender la institucionalización de las libertades políticas. la guerra fría contribuyó a reforzar esta identidad postnacional: al neutralizar el típico expansionismo de los Estados nacionales. Cf. quizás Habermas tiene razón cuando señala. op. en la forma de la expansión colonial o como conflicto con otras naciones. 270-271. contra Kant. Los discursos recientes sobre la lucha de Occidente contra el «eje del mal» o contra el 65 En el caso de los liberales alemanes del siglo XIX. cit. 1989. op. sobre la aceptación de los derechos humanos y el ejercicio de los derechos políticos. que sólo las identidades colectivas basadas en la ciudadanía política. Tecnos. Paidós. en: La constelación postnacional. es decir. buena parte de los ciudadanos de los Estados democráticos anteponen hoy su condición de tales a su adscripción prepolítica a una comunidad cultural. en uno de los argumentos principales contra la idea de una república mundial66. 2002. pues éste sería tan extenso que carecería inevitablemente del soporte integrador que proporciona una identidad colectiva. 66 Cf.67 Con independencia del grado de «patriotismo constitucional» que cada cual profese. Habermas y el proyecto kantiano de la paz perpetua 105 naciones65. basada en la participación política y no en la nacionalidad. sobre esto el artículo de Habermas.. nº 40. cit. y sobre todo. es decir. también sobre este tema Habermas. Kant no conocía aún la desviación nacionalista de los Estados europeos en el siglo XIX. si son acertados los análisis de Habermas sobre la relación contingente entre Estado y nación.Rawls. Habermas llama identidad postnacional a este tipo de identidad colectiva. Identidades nacionales y postnacionales. entonces cabe pensar en formas de integración social que ya no apelen a identidades nacionalistas prepolíticas. los derechos humanos y el ejercicio de los derechos políticos. la autocomprensión de los ciudadanos pudo definirse más por la participación que por la pertenencia a una nación. Cf. Pero nada impide que las identidades colectivas se sustenten sobre el otro elemento constitutivo de la ideología del Estado nacional. o del entusiasmo o desencanto con que cada uno participe en política.. como ya hemos visto. sino al otro elemento normativo del Estado moderno. Daimon. Quizás Kant tuviese razón al juzgar imposible la constitución de un Estado mundial. cit. permiten establecer relaciones realmente pacíficas. Huntington. ¿Choque de las civilizaciones?. Madrid.. «¿Qué es un pueblo? Sobre la autocomprensión política de las ciencias humanas en el Vormärz». y no en la nacionalidad. op. No obstante. en: El Occidente escindido. 67 En «El Estado nacional europeo». «Hat die Konstitutionalisierung. puede confiarse en que estarían dispuestos a dar prioridad a su identidad política sobre su identidad nacional en caso de conflicto entre ambas. y también porque las ideologías imperialistas en las que desembocó el nacionalismo permitieron neutralizar y desviar hacia el exterior los antagonismos interiores derivados de la modernización capitalista. Habermas sostiene que además de la experiencia del fascismo. p. Sin embargo. cit. Höffe.». según Habermas. Ahora bien.. Barcelona. op. pero la religión civil americana y la ideología de la «civilización» son equivalentes funcionales de la nación como principio de legitimación de una política exterior belicista. en: El Occidente escindido. op. Cf. esta identidad postnacional no es una simple hipótesis. sobre esto Habermas. «¿El núcleo europeo como contrapoder? Aclaraciones». J. basada ya no tanto en la nación cuanto en la civilización68. en muchos casos (como el de Alemania) establecidos de forma completamente contingente.. sino que al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial determina de hecho la autocomprensión política de muchos ciudadanos de los Estados democráticos. y la entrevista «¿El núcleo europeo como contrapoder? Aclaraciones». Revista de Filosofía. porque la idea de nación permitía dotar de una sanción normativa a los límites territoriales de los Estados. cit. Por supuesto.

Así pues. Daimon. nº 40. la democracia y la superación de las identidades colectivas nacionalistas son dos condiciones de un orden internacional pacífico al menos tan importantes como la creación de instituciones supranacionales. el proyecto aún pendiente de la paz perpetua exige la transformación de la soberanía y la cultura política de los propios Estados. Más aún que la restricción de la soberanía de los Estados. no habrá guerras. Revista de Filosofía.106 José Luis López de Lizaga resto del mundo apenas han convencido a nadie en Europa porque existe ya hoy una identidad colectiva definida políticamente. 2007 . Y los ciudadanos que se autocomprenden de este modo confirman las tesis de Kant sobre el republicanismo: si de ellos depende. postnacional y universalista.