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Papeles de Liderazgo

Una publicación del Aula de de Liderazgo Público de MAS Consulting Group y Comillas-ICADE

Nº 4 | Junio 2013

INTELIGENCIA ECONÓMICA Y EMPRESARIAL: un riesgo necesario
Education is the cheapest defense of a nation.
Edmund Burke, 18th-century British philosopher.

Por Isaac Martín Barbero : Director General de Internacionalización de la Empresa, ICEX

Resumen
LA DESMASIFICACIÓN SIMULTÁNEA de la producción, la distribución y la comunicación han revolucionado la economía global y la práctica de las empresas. Progresivamente, la homogeneidad se ha visto sustituida por una extrema heterogeneidad. Percibir la necesidad de hacer frente al reto y dotarse de un entramado institucional adecuado es una condición necesaria pero no suficiente. Se requiere conciencia de la dimensión del desafío, comprensión de su alcance y se hace necesaria una transformación de la aproximación tradicional de los servicios de Inteligencia a su trabajo, de su metodología e incluso de su cultura. En materia de Inteligencia Económica y empresarial, donde casi todo ha cambiado, lo único que está asegurado es que no lograremos articular una respuesta a la altura de la que nos ha distinguido en otros campos mientras no cambiemos profundamente. Tanto las empresas como los agentes públicos orientados a apoyar a nuestros creadores de riqueza podrían ganar mucho si se aplicaran a examinar críticamente su actividad y pusieran en práctica algunas de las transformaciones que en este papel se reclaman para los servicios de Inteligencia del Estado.

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Inteligencia Económica: shock de demanda
y también en su entorno. El futuro de la Inteligencia Económica y empresarial no puede deslindarse del futuro de la Inteligencia del Estado. En España, la dimensión Económica y la acción de nuestras empresas constituyen el principal vector de proyección de poder e influencia del país. A principios de los 90, Edward Luttwak intuyó que se abría un tiempo en el que la importancia de lo militar se vería reducida, o al menos redefinida, en una

s un hecho indiscutible que la presencia de un volumen importante de inversión extranjera en un determinado país o la propiedad de una empresa de referencia en un sector clave otorgan al país de origen de la inversión un cierto grado de influencia sobre el país de destino de la inversión. De la misma manera, ese capital invertido hace que el país de origen del capital deba prestar atención a la evolución de los acontecimientos económicos, pero también políticos en el país de destino

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nueva era en la que la “geopolítca” cedería espacios a la “geoeconomía”. En aquellos años, Fred Bergstein, director del Instituto de Economía Internacional de Washington, veía con esperanza la “primacía” de las cuestiones económicas sobre las de seguridad y la consecuente sustitución de la confrontación militar por un enfrentamiento económico. Aunque ninguno de ellos atisbó la desaparición de la rivalidad y del conflicto en la esfera internacional, es posible que pecaran de una cierta ingenuidad. Tampoco prestaron suficiente atención al hecho de que, hasta en la guerra, una información precisa y minuciosa puede resultar más decisiva que el armamento. El futuro de las organizaciones de Inteligencia –tradicional instrumento básico de los intereses soberanos- en buena medida pasa por la creación de una capacidad suficiente en el ámbito económico y empresarial.

des y lagunas y, sobre todo, aprovechando los conocimientos especializados propios de los diferentes ámbitos de la Administración General del Estado, y sus especiales conexiones con ámbitos públicos y privados. En aparente concordancia con lo anterior, en los servicios de Inteligencia del Estado se percibe una creciente inquietud por los asuntos empresariales y económicos. Sin embargo, en la práctica, a juzgar por el grueso de su trabajo y su asignación de recursos humanos y económicos, en España hay aún una transición pendiente. Ésta requiere un cambio cultural tanto en la manera en la que se perciben a sí mismos los servicios de Inteligencia, como en la forma en la que se relacionan con las empresas y con los demás ámbitos públicos. El cambio necesario atañe a la propia esencia de lo que ha venido siendo el trabajo de los servicios de Inteligencia, al menos en nuestro país. El espionaje económico -a diferencia del industrial- es una actividad caracterizada por tratarse de acciones promovidas por gobiernos y no por entidades privadas. Está ganando presencia en un mundo en el que cada vez son más las naciones que, dando la razón a Luttwak y Bergstein, han optado por prestar menos atención a la construcción de su seguridad militar y más a perseguir supremacías económicas y empresariales. Esta reorientación exige dotarse de las herramientas ofensivas y defensivas novedosas y aceptar el cuestionamiento de pseudocertezas y su sustitución por conceptos cambiantes y crecientemente ambiguos. Los aliados militares o incluso políticos no por ello van a dejar de ser adversarios en el campo económico y tecnológico. En palabras de un ex responsable de la Dirección General de la Seguridad Exterior francesa (DGSE): “no sería normal que espiáramos a los Estados Unidos en el campo político donde somos aliados. Pero en el campo económico y tecnológico somos competidores”3. Son muchos y muy cualificados los profesionales y expertos en Inteligencia que destacan la creciente concentración del espionaje sobre los ámbitos de los negocios, la economía, la ciencia y la industria por su alta rentabilidad en términos de tiempo y dinero frente a la alternativa del alumbramiento o perfeccionamiento de soluciones originales propias.   España es hoy una potencia con importantes intereses económicos y empresariales de muy amplia extensión geográfica. En materia de Inteligencia Económica y empresarial, se requiere una revisión importante de objetivos, medios y cultura de trabajo por parte de todos los agentes públicos y privados que pueden (y deben) aportar a este empeño. Ponernos nuestras capacidades a la altura de nuestras necesidades y oportunidades es una tarea ambiciosa para la que contamos con un doble acicate: por una parte, es ineludible y por otro lado, puesto que llegamos a este juego con cierto retraso, tenemos la valiosa oportunidad de aprender de los aciertos y errores de los demás.

El espionaje económico es una actividad caracterizada por tratarse de acciones promovidas por gobiernos y no por entidades privadas
Recientemente, el boletín de novedades del Instituto Español de Estudios Estratégicos, en un trabajo de Álvarez Rubial recogía una declaración del Jefe del Estado Mayor de la Defensa1 señalando la crisis económica como la principal amenaza a la seguridad de nuestro país. Fuera de España, el Joint Operating Environment 20102 del Estado Mayor de la Defensa estadounidense, alertaba contra el nivel de endeudamiento del país y destacaba que los títulos del tesoro se encuentran en manos de algunos grandes países exportadores como la República Popular China, cuyos objetivos estratégicos no están alineados con los norteamericanos y respecto de los cuales Estados Unidos está desarrollando una creciente vulnerabilidad en la medida en la que la interrupción de ese crédito tendría graves consecuencias. En ninguno de los casos, y menos en el español, es poco razonable esperar que las Fuerzas Armadas lideren la construcción de respuestas frente a riesgos y amenazas de carácter económico. En España y en materia de diplomacia – en su sentido más amplio-, hemos asistido en los últimos años a un replanteamiento sustancial del discurso si no de las prioridades. Los negocios y la empresa han dejado de ser un elemento secundario -a veces una excusa- para abordar asuntos de política exterior y han pasado a convertirse en una cuestión capital de la política exterior. Frente a una eventual tentación centralizadora, resulta preferible, tanto en términos de eficiencia como de eficacia, reforzar la capacidad de proyección de nuestros intereses estratégicos en materia empresarial y económica evitando duplicida-

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Un siglo y un poco más de evolución de la oferta
comunidad empresarial japonesa pudiese desplegarse globalmente a la búsqueda de información sobre avances tecnológicos extranjeros. Informes de la CIA de finales de los años 80 situaban en tres cuartas partes los recursos de la Inteligencia japonesa destinados a la adquisición de secretos e información sobre avances tecnológicos en Estados Unidos y en Europa Occidental. Más recientemente, desde la caída del Muro de Berlín, con carácter general se ha producido un progresivo ensanchamiento de las interconexiones, e incluso el solapamiento entre el ámbito económico y de interés para la seguridad nacional. En Estados Unidos, se han definido términos como “tecnologías críticas” tanto por su importancia para la defensa nacional como por su relevancia para la economía nacional. El término “tecnologías críticas” ha recogido tecnologías existentes y también en desarrollo. El poder legislativo ha albergado importantes debates relativos a la búsqueda de parámetros y criterios para el establecimiento del peso óptimo que han de tener las consideraciones de seguridad nacional al fijar limitaciones o restricciones a la participación y capacidad de decisión de potenciales inversores extranjeros. Algunas decisiones de la Administración norteamericana en aplicación de esta legislación han sido objeto de fuertes debates dentro del país y provocado importantes desencuentros diplomáticos. El afianzamiento de la dimensión económica dentro de la estrategia de seguridad nacional se ha producido sin perjuicio de la alternancia entre las dos fuerzas políticas dominantes. En enero de 2009, el Presidente Obama, instruyó al Consejo de Seguridad Nacional para que le asesorara y apoyara en la conjugación de todos los aspectos de la política nacional de seguridad, citando expresamente las dimensiones doméstica, exterior, militar, de Inteligencia y económica y fijando para esta última la necesidad de la colaboración con el Consejo Económico Nacional6. De alguna manera, se intentaba poner remedio a lo que, también a comienzos de los noventa, Ellen Seidman del Consejo Económico Nacional denunciaba como falta de competencia en materia económica y empresarial de los responsables de Inteligencia y profunda ignorancia en Inteligencia de los responsables de asuntos económicos y empresariales.

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ran Bretaña, ofrece buenos ejemplos. Sin salir del ámbito mediterráneo y en materia de Inteligencia Económica, al menos desde 1912 -y hasta el final de la Primera Guerra Mundial- se utilizaron fondos de los servicios secretos británicos para adquirir paquetes accionariales sustanciales en los muelles de Estambul (Constantinople Quays Company) con el propósito de influir comercialmente sobre Turquía. Antes de ello, la toma de control económico de Egipto y la ocupación y explotación de plazas como Gibraltar, Malta, Adén o Chipre ilustraron la preeminencia de la dimensión económica en todo el planteamiento de la política exterior británica y de la manera en la que ésta influyó y se dejó influir sobre y por la actividad de sus servicios de Inteligencia4. Desde la otra orilla del Atlántico, a comienzos de la guerra fría, Sherman Kent5, el padre de la reflexión moderna en materia de Inteligencia, era plenamente consciente del valor del espionaje económico, hasta el punto de encomendar a los servicios de Inteligencia el seguimiento de las principales tendencias mundiales en el campo de la economía y también de las doctrinas y teorías económicas. Abogaba por vigilar todo lo que pudiera afectar al suministro de las fuerzas armadas sin dejar de atender a cualquier novedad en materia de aprovechamiento de recursos naturales, especialmente aquellas asociadas a la explotación agrícola y del agua. Kent primaba el espionaje geopolítico, fundamentalmente dirigido a detectar tempranamente cambios en las capacidades y en las intenciones de un estado enemigo en la conducción de un conflicto bélico, y prestaba menos atención a la obtención de Inteligencia Económica y tecnológica más propiamente encuadrada dentro del espionaje económico. Sin embargo, no dejaba de ser sensible al hecho de que el conflicto económico es comparable al conflicto bélico si atendemos a su capacidad de comprometer la seguridad y la estabilidad de las naciones.

A comienzos de la Guerra Fría, Sherman Kent era plenamente consciente del valor del espionaje económico

Ya en el Pacífico, a comienzos de los 70, el parlamento japonés estableció un Consejo Asesor en materia económica e industrial concebido para guiar las actividades de captación de Inteligencia en estos ámbitos. El Ministerio de Comercio e Industria en coordinación con este Consejo, entre otras misiones, apoyó un ambicioso programa de subsidios para que la

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Micromotivos de un macrocambio
su supervivencia a base de ejercer su diferencia y ser capaces de conseguir que terceros compartan esta valoración. Allí donde las diferencias entre gobiernos puedan zanjarse por el diálogo, sólo en entornos colusorios pueden alcanzarse acuerdos que limiten el ejercicio de la rivalidad entre empresas, y además éstos tenderán a ser inestables. Todas las diferencias pueden solucionarse pacíficamente con tal de que los oponentes mantengan el diálogo. Si el sistema de relaciones entre Estados parte de la premisa de que éstos son racionales, en el caso de las empresas y los negocios -dado el hecho contrastado de que en la práctica la mayoría de los negocios emprendidos fracasan-, la definición de la racionalidad sólo puede sostenerse si por tal se entiende una definición muy matizada que asume que, en cada momento, cada agente adopta la conducta que considera más conducente al objetivo que se ha marcado por irracional que éste sea. Urge la colaboración público privada en materia de Inteligencia más allá del puro suministro de coberturas por parte del sector privado a la parte pública y del contraste -a menudo apresurado- de referencias de posibles contactos o agentes por parte de la parte pública en favor de las empresas. Una colaboración permanente y eficazmente estructurada resulta urgente y crítica. En Inteligencia Económica, a diferencia de lo que ocurre en otros ámbitos más “clásicos” de la Inteligencia, la colaboración y la adquisición de información con el objeto de ser intercambiada, lejos de ser una actividad marginal, constituye un aspecto básico para salvaguardar la relevancia de los agentes públicos en un campo en el que es ilusorio pretender la autosuficiencia. En la actual realidad de los negocios, aun sin abandonar las jerarquías, éstas se sobreponen en una red de relaciones caracterizadas por autoridades formales difusas y por la presencia de normas informales compartidas que provocan un incremento del peso del factor influencia, y conducen a que la conducta de cada uno de los miembros de la red no pueda explicarse a partir de un único fenómeno ni sin tener en cuenta las interacciones de cada individuo con un conjunto cambiante de terceros. Es el peso del factor influencia el que explica que en determinados bienes o servicios se produzcan fenómenos por virtud de los cuales el éxito de los mismos -entendido como la capacidad de generar altas demandas- contribuya a aumentar todavía más la demanda. Es también el elemento de influencia el que explica lo que ha venido a llamarse como “ley de Metcalfe” que señala que el valor de pertenecer a una red, aumenta exponencialmente con el número de miembros de la misma.

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urgen nuevos elementos que inciden de manera directa sobre la prosperidad del país y sobre sus probabilidades de éxito en la exacerbada competencia global que rige las relaciones entre las empresas y las economías. Los flujos de bienes, servicios y capitales alteran los equilibrios comerciales e inciden sobre la estabilidad financiera de instituciones y países. Ciertas políticas económicas o acontecimientos en países “clave” inciden de manera directa sobre la estrategia de terceros países y favorecen o perjudican intereses empresariales. Tendencias y hasta episodios puntuales en mercados financieros, de materias primas, energía o en el ámbito de la tecnología pueden impactar severamente sobre una nación. Ciertas negociaciones entre gobiernos o el grado de cumplimiento de acuerdos comerciales firmados pueden tener repercusiones de carácter estratégico. El espionaje económico internacional y hasta la amenaza que supone el crimen organizado pueden desestabilizar países. Estos son elementos con potencial de distorsión y de confusión.

La Inteligencia debe construirse menos desde el paradigma liberal de las relaciones internacionales y más desde el punto de vista del funcionamiento real de los negocios:
Puede que haya quien pueda seguir pensando que nadie desea la guerra pero ignorar que la rivalidad matizada por la interdependencia es la esencia de la realidad empresarial es inexcusable. En un momento dado, nuestro competidor puede ser un elemento que contribuya de manera muy importante a nuestro éxito. Un importante esfuerzo de promoción por su parte puede generar tanta atracción hacia su establecimiento como para que la solución más atractiva para nosotros resulte instalarnos en las proximidades del “enemigo” a fin de captar clientes atraídos por él. Los gobiernos quizá sean por naturaleza adversos al riesgo, las empresas -salvo algunos monopolistas- tienen su razón de ser en la asunción de riesgos. Es muy simplista pensar que los gobiernos son imágenes especulares los unos de los otros, pero es inequívocamente erróneo ignorar que las empresas no sólo son diferentes sino que logran

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El reto de todas las Inteligencias
lismo esencial: Inteligencia -en sentido estricto- y contraInteligencia. La primera, persigue entender lo que ocurre a nuestro alrededor con independencia de que los objetos de nuestro interés colaboren o no con ese entendimiento, por otro lado, y de forma paradójica, la contraInteligencia ha de guiarnos en el control de aquella parte de nuestra actividad que queremos que sea entendida o que preferimos que permanezca oculta. El trabajo en materia de Inteligencia viene caracterizado por la necesidad de ser capaz de prosperar entre dualidades y paradojas. Así, si a menudo resulta muy útil mantener distintas fuentes de forma concurrente y en el desconocimiento de la mutua existencia -a fin de poder cruzar datos y contrastar la calidad de la información o la evolución en la credibilidad de las distintas fuentes-, en lo que atañe a la diseminación y circulación de la información, la estricta compartimentación está cada vez más desacreditada. En la búsqueda de la relevancia, se requiere el equivalente a una inversión de la carga de la prueba desde el mantenimiento del secreto por defecto hacia el fomento de la circulación de la información. Este último punto, es uno de los grandes cambios culturales pendientes y de cuyo buen fin depende, en buena medida, la capacidad de los servicios de Inteligencia de siempre para dar respuesta a las necesidades de Inteligencia Económica y empresarial de hoy y de mañana.

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a utilidad última de la Inteligencia viene determinada por el uso que se haga de ella. Este uso viene, en buena medida, determinado por el peso que la orientación hacia el propósito o fin último de la misión haya tenido en la determinación de los objetivos críticos de Inteligencia, y el grado en el que estos últimos hayan conseguido apoyar de manera efectiva a los primeros. En Inteligencia, como en los negocios, la principal causa de fracaso y malogro de los proyectos es la falta de atención a su propósito último. El objeto último de la Inteligencia es dar sentido a las cosas. Puede definirse, desde la perspectiva del producto, como la generación de conocimiento, o mejor entendimiento, destinada a apoyar la toma de decisiones. Pero la Inteligencia es también un proceso: un empeño ambicioso que requiere tiempo y capacidad para poner y quitar distancia a fin de facilitar que los hechos cobren sentido. Así, la Inteligencia se configura como una actividad puntillosa y puntillista en constante lucha por superar las limitaciones que imponen las dimensiones del tiempo y el espacio, y en compleja relación con la realidad a cuya comprensión se aplica y sobre la que puede incidir hasta configurarla decisivamente como consecuencia del simple hecho de intentar interpretarla. Una complejidad adicional de la Inteligencia reside en que como actividad se asienta sobre un dua-

El sentido último de la Inteligencia es dar sentido a las cosas

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El reto redoblado de la Inteligencia Económica y Empresarial: la deseable levedad del ser
En el mundo de la empresa, a diferencia de lo que ocurre con las finanzas, la contabilidad, el marketing o el desarrollo de negocio, la Inteligencia, como tal, no es una especialidad. Desde la vertiente pública, tampoco abundan los expertos porque es muy difícil hacer buena Inteligencia Empresarial en ausencia de una experiencia en el mundo comercial y de los negocios. La experiencia se adquiere a través de la exposición y de la reflexión en torno a los problemas a los que se ha luchado por dar respuesta. El experto ha debido acumular horas de análisis reposado de aciertos y de fracasos, de sus causas y de sus consecuencias. Puesto que el tiempo no puede comprimirse, y tanto

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i el “negocio” de la Inteligencia es complejo, el de la Inteligencia Económica lo es más. Se trata de un concepto compuesto por otros dos: el primero, tan sugerente como resbaladizo, y el segundo, profundamente desacreditado y percibido hoy con una despectiva familiaridad. La Inteligencia Económica adolece hoy de múltiples males. No sólo falta cultura y entendimiento de su objeto sino que también escasean los profesionales capaces de responder a los retos de esta actividad y sobre los que habría de concurrir una elevada competencia técnica en materia de Inteligencia, economía y práctica empresarial.

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la formación teórica como el “intercambio de experiencias” son sustitutos (muy) imperfectos del propio catálogo de seres y estares pasados, el “factor humano” seguirá escaseando en materia de Inteligencia Económica y empresarial. Esta limitación puede verse compensada en parte si, al menos en este campo se produce una fuerte reorientación en materia de recursos, desde la búsqueda de un ilusorio empeño por reunir especialistas “inhouse” en la provisión de respuestas, hacia una mucho más útil concentración en dotarse de individuos expertos en la formulación de preguntas. Quizá sea exagerado sostener con Angelo Codevilla, de la Hoover Institution, que se retiren masivamente como fuentes, espías e informadores y que sean sustituidos por empresarios, periodistas o civiles medianamente relacionados; pero su propuesta tiene la virtud de poner sobre la mesa la necesidad de que las agencias de Inteligencia sean antes brokers de información que gestores de (des)conocimiento y lo

En el mundo de la empresa la Inteligencia, como tal, no es una especialidad

que Robert Steele ha reclamado como paso desde una concepción de la Inteligencia a la “Just-in-case” por otra “Just-in-time”. Aquí parece que una empresa (en este caso Toyota) y su concepto de lean-manufacturing puede aportar inspiración para afrontar el carácter esencialmente dinámico de los requerimientos en materia de Inteligencia Económica y empresarial: lean-intelligence En Inteligencia, como en el mundo de los negocios, el término calidad cada vez se refiere más a la capacidad de un determinado producto o servicio para adaptarse a una circunstancia concreta y conectar con las necesidades que dicho producto está llamado a atender. Se impone la levedad que viene caracterizada por la movilidad, por el abandono de relaciones políticas en favor de relaciones modulares, por la aceleración de la obsolescencia del conocimiento, y por el incremento de la importancia de la habilidad y capacidad para hacer y deshacer relaciones -conectar y desconectar-.

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Quid pro quo

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e resultas de lo anterior se deriva la importancia de una adecuada gestión de las expectativas de los agentes responsables de la prestación del servicio público de Inteligencia Económica y también de los consumidores públicos y privados de esta información. Se hace particularmente necesario definir el ámbito de actuación de las agencias de Inteligencia Económica y la determinación de las actividades que han de encomendarse al aparato público, y también aquellas otras para las que éste podrá valerse de elementos privados que se mostrarán más o menos dispuestos a colaborar si sus requerimientos, necesidades e inquietudes tienen cabida dentro de las orientaciones y el trabajo de la Inteligencia Económica del Estado.

La cruda verdad
país esto no ha sido así. En Reino Unido, Sir George Makgill alumbró la “Organización Makgill”, un auténtico servicio de Inteligencia industrial creado después de la revolución rusa con el apoyo de la Federación de Industrias Británicas y las organizaciones de propietarios de minas del carbón y armadores dirigido a intercambiar información con los servicios de Inteligencia británicos en la década de los años 20. Dentro de esta iniciativa, las partes pública y privada llegaron incluso a compartir fuentes. Estamos ante un punto crítico a la hora de alumbrar un nuevo ecosistema de Inteligencia Económica y empresarial en España. Ningún agente ni institución podrá prosperar en solitario. En ausencia de jerarquías

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o podemos ignorar que, tradicionalmente, las actividades de Inteligencia en el campo de la economía de la empresa han servido para apoyar lo que se consideraban fines últimos de la acción de Inteligencia pública. Hace tan sólo una década, por lo general, en el mundo de la Inteligencia española costaba hacer que se entendiera el concepto de Inteligencia Económica. Se llegaba a confundir este campo con otros como el de la lucha contra la proliferación. Esta situación ha de entenderse como fruto de una relación tradicional del mundo de la Inteligencia con el de la empresa que ha sido puntual, táctica y carente de concepto. Por el contrario, fuera de nuestro

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formales, resulta clave la consolidación de pautas informales compartidas cuya práctica reiterada permita el alumbramiento de una confianza de base. La confianza es un bien muy escaso en el mundo de la Inteligen-

cia en el que abundan el engaño y el ocultamiento. El campo de la Inteligencia Económica y empresarial en España no es una excepción. Necesitamos un cambio en el que la crisis actúe de catalizador.

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La culpa es de todos y el futuro también

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n España, hasta hace muy poco, economía y empresa se consideraban ajenas al interés de quienes han estado tradicionalmente a cargo de hacer Inteligencia. Como norma general, nuestras empresas han sido esquivas con los responsables de velar por los intereses públicos o incluso los han visto con recelo y hasta prevención. La tónica general del sector privado ha sido sólo tratar con el sector público cuando no queda otra opción mejor, y, con algunos ámbitos como la fiscalidad y la seguridad, sólo cuando hacerlo es la salida menos mala. Este desencuentro es algo que ni nuestras empresas ni nuestros responsables de Inteligencia pueden permitirse.

Aula de Liderazgo Público
El Aula de Liderazgo Público es un centro impulsado por MAS Consulting y la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) que tiene como objetivo promover el diálogo y la cooperación entre la política, la empresa y la sociedad civil. Para ello, el Aula de Liderazgo Público desarrolla tres grandes actividades: docencia, conferencias y publicaciones. El Aula de Liderazgo Público pretende contribuir a la formación de los dirigentes de la política, la empresa y la sociedad civil, proporcionándoles un espacio de intercambio de ideas, reflexiones y experiencias que facilite la cooperación entre los tres ámbitos y repercuta positivamente en la sociedad. Esta publicación forma parte del programa de Inteligencia Económica y Competitiva que MAS Consulting y la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) han organizado y que consta de un ciclo de conferencias, de la publicación de varios documentos de análisis como este, así como de la celebración de la segunda edición del Postgrado de Inteligencia Económica y Seguridad (PIES).

Notas
Ver ABC, Entrevista al Almirante General Fernando García Sánchez, 4.MAR.12, disponible en http://www.ieee.es/Galerias/fichero/OtrasPublicaciones/ Nacional/JEMAD-ABC-04_03_2012.pdf, fecha de la consulta 7.NOV.12. 2 Ver United States Joing Forces Command, The Joint Operating Environment 2010, disponible en http://www.jfcom.mil/newslink/storyarchive/2010/ JOE_2010_o.pdf, fecha de la consulta 15.DIC.12. 3 Pierre Marion citado en Economic Espionage: A Framework for a Workable Solution. Mark E.A. Danielson 4 Keith Jeffrey The Secret History of MI6 : 1909-1949 , 2010 5 Strategic Intelligence for American World Policy” (Princeton University Press, 1949; 1966) 6 Presidential Policy Directive 1, The White House, February 13, 2009
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